9. Cueste lo que cueste
9. Cueste lo que cueste
“Jennifer, reduce un poco más el vino tinto”.
“Sí, Chef”.
“Marco, el puré más suave. No quiero grumos en
la salsa”.
“Entendido, Chef”.
El Jefe de cocina Shin Jae-yeon se movía
constantemente entre los ingredientes crudos y los productos semielaborados,
dictando órdenes sin cesar. Gracias a sus instrucciones precisas, lanzadas en
el momento justo como si pudiera ver cada rincón de la cocina, la brigada de
‘Inspire’ lograba procesar las comandas que llegaban sin tregua.
“Quedan impurezas ahí, Avery”.
“¡Sí, Chef!”.
Finalmente, le tocó a él. Avery tomó el
colador y retiró los restos del caldo que burbujeaba. Su corazón latía con
fuerza. Sabía que Jae-yeon le hablaba como Jake Shin, el Jefe de cocina, y no
como su novio, pero el simple hecho de que se dirigiera a él le hacía feliz.
Avery tuvo que esforzarse para no sonreír como un tonto.
“¿Ustedes dos se han vuelto más cercanos
últimamente?”.
Avery creía haberlo disimulado bien, pero
parece que los ojos de águila del entremetier captaron el leve movimiento de
sus comisuras. Avery fingió demencia.
“¿Eh? ¿Cercanos? Ni que fuera amigo del Chef”.
“Tu actitud es extrañamente familiar. Él no es
de los que se comporta así con alguien con quien no tiene confianza”.
“B-bueno, será que de tanto insistir, el Chef
ya se acostumbró a mi presencia”.
“Y tú ya ni te pones nervioso cuando te
habla”.
“Es que soy humano, también me adapto…”.
“Vaya, así que eras humano, no lo sabía. ¿Pero
sabes qué? El otro día le vi sonriéndote. Como si estuviera orgulloso. Me dio
hasta escalofríos”.
“¿En serio? No me di cuenta, jaja… Al menos
vale la pena el esfuerzo”.
“Mmm, te esfuerzas, sí… ¡Ah, rápido, trae
aquello!”.
Afortunadamente, el exceso de trabajo no dejó
espacio para más sospechas. Uf… Avery suspiró aliviado mientras iba a buscar
las hojas de tomillo que había deshojado antes. A él no le importaba que los
descubrieran, pero sabía que a Shin Jae-yeon no le gustaría. Si reaccionó así
solo con Nick, Avery temía que los nervios de su novio no aguantaran si más
gente se enteraba.
Ese día hubo un grupo grande en el turno de
comida. Atender a grupos es una carga pesada para la cocina: treinta personas
pidiendo casi al mismo tiempo, sumadas a los clientes individuales. Al terminar
el servicio de almuerzo, la mayoría del personal estaba exhausto. Jae-yeon
también debió de sudar la gota gorda, especialmente cuando se agotó un
ingrediente y tuvo que improvisar con otro.
“Joder, hoy sí que nos han dado caña”, se
quejó Marco.
Avery, aunque no tenía grandes
responsabilidades por ser aprendiz, también había corrido de un lado a otro.
Solo quería descansar y olvidarse de la comida por un momento. Mientras
caminaba por el pasillo tras lavarse las manos en el baño, un brazo apareció de
repente y tiró de él.
“¡Ahhh—!”.
“Chist, Avery. Soy yo”.
Perdió el equilibrio por un momento, pero al
reconocer la voz familiar en su oído, supo que el culpable era su novio y que
el lugar al que lo habían arrastrado era su oficina. Avery se giró con una
sonrisa radiante. Allí estaba su pareja, con el rostro tan cansado como el
suyo.
“¿Qué pasa? Me ha dado un susto”.
“Lo siento, estoy agotado. Sé que estamos en
horario laboral, pero necesitaba una 'recarga' urgente…”.
“Hoy ha sido una locura. ¿Ha sido muy duro?”.
“Sí, un poco…”.
Shin Jae-yeon se quejaba con un tono
ligeramente mimado. Avery sintió que podría llorar de la emoción al pensar que
él era la única persona en el mundo autorizada para escuchar las quejas del
gran Jefe de cocina. Odiaba que el trabajo fuera duro, pero si eso significaba
que Jae-yeon vendría a buscarlo para refugiarse en sus brazos, estaba dispuesto
a trabajar sin descanso todo el día. Como aquí no estaban los ojos de Marco,
Avery se permitió sonreír de oreja a oreja.
“Entonces, ¿cómo quiere que lo recargue,
Chef?”.
“Solo abrázame así un momento…”.
Eso no era nada difícil. Avery lo rodeó con
sus brazos, dándole espacio para que apoyara la cabeza en su pecho. Aunque
Jae-yeon era un hombre robusto de más de seis pies, el cálido abrazo de Avery
era lo suficientemente amplio para cubrirlo por completo. Jae-yeon cerró los
ojos con fuerza, como si realmente estuviera absorbiendo energía. Su cabello
negro olía a una mezcla de todos los platos cocinados.
“¿No necesita un beso?”.
“……Dame uno también”.
“Sus deseos son órdenes”.
Avery inclinó la cabeza y lo besó. Como
técnicamente seguían trabajando, Avery se contuvo para no excitarse demasiado;
en lugar de un beso húmedo e intenso, fue uno dulce y suave. Al separarse, el
hombre seguía sus labios con la mirada, con un aire de insatisfacción.
De verdad, uno intentando controlarse y él no
ayuda, pensó Avery antes de darle un pequeño tirón de orejas figurado.
“Es un problema que el Jefe de cocina ponga
esa cara tan sexy”.
“Yo… yo no he puesto ninguna cara…”.
“Sí que la ha puesto. Estaba pensando que
quería un beso intenso de esos que te dejan sin aliento, ¿verdad?”.
“…… ¿No se puede?”.
“No se puede. Tiene que ir a comer y sacar
fuerzas para el servicio de cena”.
“…….”.
La decepción fue evidente en el rostro de
Jae-yeon.
Ay, ¿qué voy a hacer con este Chef?
Avery moría por besarlo, pero temía que se
encendiera algún interruptor. No podía dejar que Jae-yeon saliera ante los
demás con esa expresión tan impúdica. Avery volvió a abrazarlo y le susurró al
oído.
“Esa clase de besos se los daré todos los que
quiera después del trabajo”.
“…… ¿Solo besos?”.
“Me temo que sí, mañana también hay que
madrugar”.
“…….”.
“Sea bueno. Aguante un poco más hasta el día
libre. He pedido algo a la tienda y creo que le va a encantar. Pienso atarle de
pies y manos para que no pueda moverse y atormentarle con ello todo lo que
quiera”.
“¿A la tienda de…?”.
“Sí, a esa donde nos encontramos”.
“…….”.
“Ahora, es hora de volver a ser el Jefe de cocina.
Salga usted primero, Chef”.
La situación era peligrosa. Avery sentía que
si se quedaba un segundo más con Jae-yeon, querría llegar hasta el final, así
que levantó las manos en señal de rendición y retrocedió. Jae-yeon suspiró
levemente, se acercó y le dio un beso rápido en la mejilla. Mmua. Avery abrió
mucho los ojos y el hombre soltó una risita.
“……Gracias por la recarga. Nos vemos luego”.
Esa sonrisa perfecta hizo que el corazón de
Avery diera un vuelco. El hombre le acarició el cabello, se aseguró de que no
hubiera nadie fuera y salió. Avery, solo en la oficina, se mordió el labio y
golpeó el escritorio con frustración.
O es tierno o es genial, pero que no sea las
dos cosas a la vez, que mi corazón no aguanta… Dios, ¿qué habré hecho en mi
vida anterior para tener un novio así?
Aunque estaban en los inicios, la relación
entre Avery Remington y Shin Jae-yeon iba viento en popa. Al menos así lo
sentía Avery. Si había que buscar un problema, era que Jae-yeon le gustaba
tanto que le costaba concentrarse en su vida diaria. Le gustaba tanto el Jake
Shin Chef como el Shin Jae-yeon novio, y la adrenalina brotaba como una fuente
sin descanso. Intentaba reprimir esos sentimientos en el trabajo, pero no
siempre lo lograba. No era raro que Marco sospechara. Pero quitando eso, sentía
que lo estaban haciendo bastante bien.
Ah, yo también tengo que salir rápido.
Pero sus comisuras no querían bajar.
Secuestrar a su novio en medio del trabajo
para recargar pilas en la oficina… ¿cómo se le ocurrió algo tan adorable? Jamás
imaginé que fuera de ese tipo…
Avery agarró el pomo de la puerta mientras
seguía sonriendo. Sabiendo que Jae-yeon no era de los que mostraban sus
emociones abiertamente, no esperaba grandes cambios al empezar a salir, pero
una vez abierta la puerta que estaba cerrada bajo llave, Jae-yeon empezó a
expresar su afecto sin reparos.
Era maravilloso, pero también complicado.
¿Cómo se suponía que iba a aguantar a este Shin Jae-yeon tan sincero? Si bajaba
la guardia un momento, temía lanzarse sobre él olvidando la razón y las miradas
ajenas.
Uf, tendré que resistir como sea…
Nunca había envidiado tanto a la gente que
puede tener una relación pública. Avery suspiró y abrió la puerta, sin imaginar
que esa misma noche empezarían a llover obstáculos sobre su perfecta relación.
***
“Queda algo de lechuga romana”.
“Las hojas no parecen estar mal… ah, los
bordes están un poco marchitos”.
“Mañana por la mañana las pondré en agua con
hielo para ver si reviven. Si no, nos las comemos nosotros”.
“Como quieras”.
Jae-yeon asintió ante la solución de Marco. A
veces, tras el cierre del restaurante, revisaban así los ingredientes
sobrantes. Por supuesto, Avery, como aprendiz, no tenía voz ni voto. Mientras
Marco y Jae-yeon hablaban, él se limitaba a esperar a un lado, aprovechando
para observar a Jae-yeon. Le entristecía un poco pensar que, aunque ya eran
novios, seguía teniendo que mirarlo a escondidas. Marco se dio unos golpecitos
en la espalda y lo llamó.
“Ay, me duele la espalda, me estoy haciendo
viejo. Avery, sube esos limones ahí arriba”.
“¡Ah, sí!”.
Finalmente tenía algo que hacer. Avery fue
rápido y levantó la caja de limones. Estaba bastante pesada por la cantidad de
fruta. Justo cuando iba a colocarla en el estante superior, Jae-yeon lo agarró
de repente.
“Espera, esos limones también hay que
revisarlos…”.
“¡Ah…!”.
¡Pum!
La acción de Jae-yeon era normal para un Jefe
de cocina. El problema fue que Avery, que no esperaba que lo agarrara de la
muñeca, reaccionó de forma exagerada y soltó la caja. Los limones amarillos
rodaron por todo el suelo del almacén. Avery se quedó petrificado un segundo
por la sorpresa y, al darse cuenta de su error, se disculpó de inmediato.
“¡L-lo siento mucho!”.
“……No, perdona, fui yo quien te agarró de
repente”.
Avery se agachó enseguida a recoger los
limones. Jae-yeon se agachó con él. Mientras los metían de nuevo en la caja, no
cruzaron ni una palabra. Un sutil aroma a limón inundó el almacén en silencio.
Maldita sea, quiero morirme…
Avery se daba bofetadas mentales. De nada
servía arrepentirse por los limones derramados. Por otro lado, Marco, que no
ayudaba y solo observaba la escena, pareció darse cuenta de algo.
“Un momento, un momento… esto es muy raro…”.
Avery sintió un vuelco en el corazón y bajó la
cabeza para ocultar su rostro nervioso.
“Esto, viéndolo bien…”.
“Marco, no te muevas. Tienes un limón al
lado—”.
“¿Ustedes dos se traen algo?”.
“¿Qué?”.
“¿Eh? ¡N-no!”.
Maldición.
Avery cerró los ojos con fuerza.
¿Por qué este hombre tiene tanta intuición?
“Mira cómo responden a la vez, qué sospechoso.
Oigan, ustedes se traen algo. No intenten engañarme, que yo para estas cosas
soy como un detective”.
“Qué detective ni qué nada. Deja de decir
tonterías y ayuda a recoger. ¿Es que no te quieres ir a casa?”.
“¡A la mierda los limones! Hay una tensión tan
espesa entre ustedes que no me extrañaría que se pusieran a besarse aquí mismo.
Parece que si yo no estuviera, ya lo habrían hecho”.
“No sabía que tenías talento para las novelas
eróticas. Deja de decir bobadas y recoge. ¿Quieres irte ya?”.
“Vaya, así que vas a fingir que no pasa nada.
Si te pones así, Jake, tengo mis métodos”.
“…….”.
“¡Avery!”.
“¡¿S-sí?!”.
“¿Estás saliendo con Jake?”.
De repente, la flecha apuntó a Avery. Tomado
por sorpresa, Avery balbuceó un segundo antes de soltar un ‘no’. Aunque lo
negó, Marco pareció obtener su confirmación de ahí.
“¡Ja! Lo sabía. Avery ha estado todo el día
radiante, y tú, Jake, tienes un aura extrañamente suave. Me preguntaba qué
pasaba. No me digas que se han estado viendo a mis espaldas”.
“¡N-no es eso—!”.
“Déjalo, Avery. Creo que ya es tarde”.
“Ajá, así que era verdad”.
“Marco, te pido un favor. No se lo digas a
nadie más”.
“Jake, jamás pensé que tú, de entre todos,
harías algo así”.
“…….”.
“¿Quieres que hablemos fuera? ……Avery, tú
sigue recogiendo limones”.
“¿Eh? Un momento, yo también—”.
“Está bien, Avery. Espera aquí, voy a hablar
con Marco”.
Era la primera vez que veía a Marco tan serio,
así que quiso seguirlos, pero como Jae-yeon también lo detuvo, no pudo
insistir. Click. La puerta del almacén se cerró. Por la ventana vio que se
dirigían a la oficina de Jae-yeon. Avery, solo otra vez, volvió a agacharse
para recoger limones.
“Haaa…”.
No se pondrán a pelear, ¿verdad?
No esperaba que Marco reaccionara así, y
estaba desconcertado. Por el carácter de Marco, pensó que se limitaría a
bromear o burlarse un poco, pero se le quedó la cara de piedra y miró a
Jae-yeon con reproche. ¿Por qué? ¿Qué había hecho Jae-yeon de malo…? Avery
terminó de recoger los limones y esperó ansioso a que volvieran. Pensó que
sería rápido, pero pasaron casi 20 minutos hasta que reaparecieron.
“¡…!”.
Al ver que ambos se veían bien, se alivió de
que no hubieran llegado a las manos. Al ver a Avery acercarse emocionado, Marco
soltó un comentario mordaz diciendo que ya ni se molestaba en ocultarlo. Avery
no sabía qué decir por la vergüenza y se rascó la nuca. Jae-yeon sonrió al
verlo y, como era tarde, dijo que lo llevaría a casa en coche.
“Ve a cambiarte”.
“¡Ah, sí! ¿Pero los limones—?”.
“No te preocupes. Marco dice que él se encarga
de revisarlos. ¿A que sí, Marco?”.
“Lárguense de una vez”, refunfuñó Marco.
Aunque su actitud era brusca, no era muy
distinta de su yo habitual.
Menos mal. Parece que todo se ha arreglado.
Avery fue al vestuario aliviado. Al salir ya
cambiado, Jae-yeon lo esperaba en la puerta. Aunque era tarde y podía ir en
metro, Avery se sintió feliz y agradecido de que Jae-yeon se ofreciera a
llevarlo hasta Queens, que ni siquiera le quedaba de paso. Subió al asiento del
copiloto del Mercedes.
“Jae-yeon, ¿puedo preguntarle algo?”.
“Claro, dime”.
“¿De qué habló con Marco? Estuvieron casi 20
minutos en la oficina y pensé que había pasado algo malo”.
“…….”.
Esperaba una respuesta inmediata, pero
Jae-yeon se quedó en silencio un momento.
¿Qué pasa? ¿Realmente ocurrió algo?
Avery se puso tenso ante el silencio de
Jae-yeon, hasta que finalmente oyó su voz.
“No lo sabía, pero parece que Marco te aprecia
mucho”.
“¿Eh? Qué va, si siempre me está regañando”.
“Te regaña porque te tiene afecto, supongo”.
“Espere, ¿n-no me diga que Marco está
enamorado de mí?”.
“…….”.
“¡Dios! ¿Es verdad? ¿Qué hago? Marco es buena
persona, pero nunca lo he visto así…”.
¿Y si por mi culpa se rompe la amistad entre
Marco y Jae-yeon?
Al ver a Avery tan serio y preocupado por la
paz laboral, Jae-yeon no pudo contener la risa.
“Jajaja, me encantaría que Marco oyera eso.
Probablemente intentaría matarte”.
“¿Eh? ¿Entonces no es eso?”.
“¿Cómo va a ser eso, si tiene hasta una hija?
Eres guapo y atractivo, sí, pero Marco es un hombre fiel a sus principios”.
“Y-ya… ¿Entonces qué es?”.
“Marco me echó una bronca increíble por
'ponerle las manos encima' a un aprendiz. Casi sentí que era un padre atrapando
a su hija de quince años escapándose con un hombre”.
“……Pero en este caso, más que usted ponerme
las manos a mí, fui yo quien se las puso a usted…”.
“Puede ser, pero al final fui yo quien aceptó,
así que no me siento muy digno”.
“¿Por qué no va a ser digno? No tengo quince
años, tengo veintiuno”.
“Estás más cerca de esa edad que de la mía”.
“No sea así… Además, Marco no es mi padre”.
“Él parece creer que sí lo es”.
“Tch, pues que me trate mejor normalmente”.
“……Por cierto, Avery, ¿es verdad que no tienes
padres?”.
“Ah, sí”.
“Me lo ha dicho Marco hace un momento. Sabía
que vivías solo, pero no tenía ni idea”.
“Ah, no es que quisiera ocultarlo. Es que
murieron hace tanto tiempo que ni pienso en ello. Se me olvidó mencionarlo”.
Los padres de Avery murieron cuando él era muy
pequeño. Estaba tan acostumbrado a no tener a nadie que lo cuidara que a veces
olvidaba que eso podía ser un tema importante para los demás. Pensó que quizás
debería habérselo dicho a su novio antes; habría sido mejor que se enterara por
él y no por un tercero. Miró a Jae-yeon con cautela, pero él le dijo con voz
suave: “No te estoy reprochando nada”.
“Solo me ha sorprendido un poco”.
“La próxima vez que me acuerde de algo
importante, se lo diré lo antes posible”.
“Te lo agradecería”.
“¿Le regañó mucho Marco?”.
“¿Un poco? Pero cuando supo que iba en serio,
dijo que hiciéramos lo que quisiéramos”.
“…….”.
“Creo que le preocupaba que solo estuviera
jugando contigo. Especialmente porque siempre dices que me admiras, existía la
posibilidad de que me hubiera aprovechado de esa inocencia”.
“¿Pero qué piensa Marco de usted? Se conocen
de hace tiempo, debería saber que usted no es así”.
“Lo sé, pero por si acaso. Seguramente es
porque te aprecia mucho”.
“…….”.
Como lo habitual era que lo regañara duramente
varias veces al día, Avery no tenía ni idea de que Marco lo estimaba tanto. Se
rascó la mejilla. Agradecía la preocupación de Marco, pero se sentía un poco
cohibido al pensar en lo que le estaba haciendo a Shin Jae-yeon. Todos los días
libres lo estaba ‘devorando’ hasta los huesos... Al ver a Jae-yeon soltar una
risita a su lado, supuso que él estaba pensando algo parecido.
“En fin, la charla terminó bien, así que no te
preocupes”.
“Menos mal. Pero, ¿entonces usted está bien,
Jae-yeon?”.
“¿Eh? ¿Con qué?”.
“Ahora hay otra persona que lo sabe, además de
Nick. Si yo hubiera actuado un poco mejor antes...”.
“…Marco también es una persona de confianza,
así que está bien. Además, trabajas con él todo el día, ¿no? Aunque nos
hubiéramos librado esta vez, tarde o temprano se habría dado cuenta. Ya que nos
descubrió, pues tendremos una relación valiente cuando estemos con él”.
“Me temo que a Marco le va a dar un patatús”.
“Eso suena bien”.
El semáforo cambió a rojo y el coche se detuvo
suavemente ante la línea. En el momento en que Shin Jae-yeon giró la cabeza,
Avery lo atrajo por la nuca y lo besó. Sabía perfectamente cuán estricto era
Jae-yeon separando lo público de lo privado. Incluso el hecho de que fuera gay
era algo que solo se rumoreaba entre cocineros; Jae-yeon nunca había mostrado
su orientación públicamente. Le resultaba asombroso y gratificante que alguien
que protegía tanto su vida privada estuviera tan tranquilo a pesar de que ya
dos personas conocían su relación. Sentía que habían superado otro obstáculo.
Ahora todo irá bien, pensó Avery. Creía que
todos los elementos que podrían perturbar su paz habían sido eliminados.
Pensaba que ya solo quedaba disfrutar de un dulce romance con Shin Jae-yeon.
Sin embargo, pocos días después, Avery se daría cuenta de que el incidente de
aquel día no era más que una pequeña colina comparada con el verdadero abismo
que se avecinaba.
***
—Sí, lo siento, pero hoy no puedo faltar. Iré
directamente en cuanto termine el voluntariado.
“¿A qué hora crees que terminarás?”.
—Para cuando termine de recoger, serán las
tres o las cuatro. Jae-yeon, dijiste que hoy ibas a la librería, ¿verdad?
“Sí, tengo que comprar otras cosas también,
pero creo que terminaré antes de las dos”.
—Entonces ve a casa a descansar primero. Yo
intentaré llegar lo antes posible.
Tras responder que así lo haría, Shin Jae-yeon
terminó la llamada. Era su día libre después de una semana, pero Avery dijo que
tenía un voluntariado regular en un refugio juvenil en Queens. Al parecer, era
una actividad que realizaba con sus amigos desde hacía tiempo. Le daba pena no
pasar todo el día juntos, pero no le pareció correcto impedirle hacer una buena
obra, así que lo dejó ir. Aprovechando el tiempo libre, pensó en ir al centro a
comprar lo que necesitaba y, si le sobraba tiempo, darle vueltas al nuevo menú
de la temporada de primavera.
Faltaba apenas un mes para el inicio de la
temporada de primavera. Aunque no era la primera vez que abría una temporada ni
la primera vez que renovaba el menú, este año estaba poniendo especial empeño.
Se rumoreaba que la inspección de Michelin se llevaría a cabo durante la
primavera. Normalmente, la guía Michelin de Nueva York se publica en octubre,
pero este año se decía que la fecha se adelantaría unos meses y saldría en
verano. De ser así, era muy probable que los inspectores visitaran el
restaurante durante la temporada de primavera.
‘Hay mucho interés en nuestro restaurante por
todas partes. Todo el mundo me pregunta si cree que podremos mantener las tres
estrellas esta vez’.
‘¿Y por qué te preguntan a ti? ¿Qué vas a
saber tú, que solo vienes a decir tonterías cada dos por tres?’.
‘Eso digo yo. Les dije que le preguntaran al
Chef Jake Shin, y me soltaron que a ver dónde se le puede encontrar’.
‘Qué pregunta más estúpida. ¿Dónde va a estar
un cocinero sino en su restaurante?’.
‘¿No será porque no se le puede ver en ningún
otro sitio que no sea el restaurante?’.
‘……Déjalo, no voy’.
‘Qué rápido eres. No seas así, vamos. ¿Crees
que invitan a cualquiera a la fiesta de cumpleaños del gobernador?’.
‘Invitarán a gente seleccionada. Gente como
Diego Finnegan, de la familia Finnegan’.
‘Exacto. Y el señor Diego Finnegan puede
llevar a un acompañante’.
‘No quiero. Ya no tenemos esa clase de
relación’.
‘Siento decirte que ni siquiera cuando la
teníamos quisiste ir. Decías que no querías que se rumoreara que eras gay’.
‘…….’.
‘Y esta vez te pido que vengas simplemente
como socio. Necesitas hacer un poco de vida social, Jae-yeon. Los contactos que
se hacen en esos sitios ayudan a gestionar el restaurante’.
‘Por eso el gestor eres tú y no yo. Se me dan
fatal esas cosas. Ya lo sabes’.
‘Dicen que vendrá alguien relacionado con
Michelin. Alguien bastante importante’.
‘¡……!’.
‘Se comenta que podría salir información útil.
A ti te importan las tres estrellas, ¿no?’.
‘……Me importan, claro. La gente valora el
restaurante por eso’.
Esa era la realidad. Desearía poder pensar que
esas estrellas son solo uno de tantos indicadores para evaluar un restaurante,
pero la realidad era distinta. En la industria gastronómica actual, una
estrella Michelin no es solo una medida de calidad culinaria. Era la
herramienta más poderosa que definía el prestigio y el valor económico de un
restaurante, y marcaba la carrera de un chef.
Por supuesto, solo con aparecer en la guía
Michelin ya se obtenía atención mundial, pero las tres estrellas estaban en
otro nivel. Especialmente en Nueva York. Los restaurantes que mantenían las
tres estrellas en el centro de la gastronomía mundial se podían contar con los
dedos de una mano. Por lo tanto, mantenerlas no era solo una cuestión de honor,
sino la estrategia de marketing más potente y una táctica de supervivencia para
prevalecer en un mercado feroz.
Se dio cuenta del impacto de las estrellas en
su primer año con la tercera. Aunque el sabor de la comida era el mismo antes y
después de recibirla, las reservas de ‘Inspire’ se llenaron sin excepción. La
gente hacía cola diciendo que esperaría meses con tal de comer allí, e incluso
había clientes que viajaban a Nueva York exclusivamente para visitar ‘Inspire’.
El nombre del Jefe de cocina ‘Jake Shin’ aparecía en todos los medios, y le
llovían peticiones de entrevistas y apariciones en televisión. Todo aquello era
impensable antes de la publicación de la guía.
Así de brillantes son las estrellas de
Michelin. Sin embargo, se parecían más a un préstamo que a un regalo. Las
estrellas podían desaparecer en cualquier momento. Y si una estrella se
desvanecía, no solo disminuiría la afluencia de clientes, sino que las
inversiones y el apoyo al restaurante se reducirían drásticamente. Shin
Jae-yeon no ignoraba este hecho. Michelin es importante. Pero también pensaba
que obsesionarse demasiado con una sola evaluación no era lo ideal para un
cocinero. Diego, como si leyera sus pensamientos, asestó el golpe final.
‘Ganar más estrellas está bien, pero
perderlas... jamás. Ya sabes cómo lo vería la gente’.
‘Exacto. Entonces, ¿confirmo que vas a la
fiesta del gobernador?’.
Parecía que no podía negarse. Si era por el
bien del restaurante, no había otra opción. Shin Jae-yeon asintió. Ya se sentía
mal de solo pensar en tener que forzar una sonrisa y estrechar manos con ricos,
políticos y celebridades presumidas en un lugar donde solo conocería a Diego.
Si Avery estuviera conmigo, sería mejor...
¡Ah! ¿Por qué no lo pensé antes?
Daba igual llevar a dos que a tres personas.
Alguien como Diego no tendría problemas en conseguir otra invitación, y aunque
a él le horrorizaban esos eventos, Avery nunca había ido a uno y quizás le
parecería divertido. Sobre todo, le ayudaría mucho a mantener la calma.
Pensando en preguntarle a Avery cuando se
vieran más tarde, Shin Jae-yeon recorrió los pasillos repletos de estanterías.
Le gustaban las librerías de segunda mano. Le agradaba el olor a libro viejo y
la atmósfera tranquila, así que, aunque tuviera libros pendientes, solía entrar
y comprar alguno si lo veía al pasar.
Compró una novela de ciencia ficción con un
argumento interesante tras hojearla relajadamente. Ahora solo tenía que pasar
por la tienda de deportes para comprar unos tenis y, como Avery dijo que quería
probar comida coreana, compraría algunos ingredientes coreanos y volvería a
casa...
“…… ¿Eh?”.
De pronto, al darse cuenta de que el paisaje
de esa calle le resultaba extrañamente familiar, Shin Jae-yeon se detuvo en
seco. La razón le vino rápido a la mente. A pocas manzanas de allí estaba
‘aquella tienda’. ‘Bound & Beyond’, el lugar donde se encontró
inesperadamente con Avery y lo sumió en el pánico. Hubo un tiempo en que la
visitaba a menudo para comprar diversos juguetes y jugar solo, pero desde que
empezó su relación con Avery, no había vuelto a poner un pie allí. Avery solía
encargarse de preparar el juego, y parecía que le gustaba hacerlo. ¿No había
dicho hoy que había encargado algo y que lo recogería al venir? No sabía qué
planeaba esta vez, pero seguramente...
“…….”.
No, no pienses en eso.
Al menos no debería pensar así en plena calle.
Jae-yeon aceleró el paso. El viento frío del invierno golpeó sus mejillas, que
se habían calentado ligeramente. Se sentía patético por estar ya deseando que
llegara la noche cuando el sol aún estaba en lo alto, pero no podía evitarlo.
Supuso que era inevitable teniendo un novio guapo que era amable de día y una
fiera de noche. Su físico era totalmente su tipo y, para colmo, era dominante;
¿cómo podía existir alguien tan a su medida? Al principio le costó creerlo. Se
preguntaba si era posible tener tanta suerte.
Mientras caminaba deprisa, recordó que la
distancia entre el lugar donde Avery hacía el voluntariado y su ubicación actual
era considerable. Le llevaría bastante tiempo terminar el voluntariado, pasar
por la tienda y venir...
¿Y si lo recojo yo y le digo a Avery que venga
directamente a mi casa?
Avery dijo que lo que preparó era un secreto,
pero si no miraba dentro de la bolsa, estaría bien. E incluso si lo veía por
error, no sería un gran problema. Quizás recibiría un castigo, pero eso
también...
“…….”.
No tengo remedio.
Shin Jae-yeon se mordió el labio y giró en la
siguiente manzana. Sintió que sus mejillas se encendían más, pero por suerte
era un callejón apartado y no se cruzó con nadie hasta llegar a su destino.
***
“……Hola”.
“Ah, hola. Hacía tiempo que no venía,
¿verdad?”.
“Sí, supongo que sí”.
Había llegado a la tienda, pero no esperaba
que el empleado recordara su cara. Jae-yeon carraspeó con incomodidad. Había
venido a recoger el paquete en lugar de Avery, pero al tener al empleado
enfrente, no sabía cómo empezar. Sin embargo, para su sorpresa, el empleado
habló primero.
“De hecho, me preguntaba cuándo volvería”.
“¿A mí?”.
“Sí, usted solía comprar a menudo juguetes
para jugar a solas. Como últimamente ha subido mucho la demanda de ese tipo de
artículos, hemos traído una nueva colección. Estaba esperando a que viniera
para enseñársela”.
“……Ah, ya veo”.
“¿Quiere verla? Está por allí”.
Viendo que el empleado estaba a punto de
levantarse de la silla, Jae-yeon hizo un gesto apresurado con la mano diciendo
que no. El empleado puso cara de extrañeza.
Maldición...
Sintió que le ardía la cara. Arrepintiéndose
de haber entrado tan a la ligera en ese lugar peligroso, Jae-yeon finalmente
logró decir.
“Se lo agradezco, pero no hace falta”.
“¿Eh? ¿Por qué? Son artículos realmente
buenos. No tiene que comprar nada, solo escuche la explicación”.
“No, no es eso... Es que ya no necesito jugar
solo”.
“¡Ah…!”.
“…….”.
“¡Cielos, me alegro mucho! Definitivamente se
siente mejor tener un compañero que hacerlo solo. Ahora podrá disfrutar de una
variedad de juguetes más amplia”.
“……Sí, así es”.
Sentía que la cara se le quemaba. Ante el
empleado que sonreía felicitándolo sinceramente, Jae-yeon dijo rápidamente que
había venido a recoger un encargo para poder irse de allí cuanto antes.
“Yo no hice el pedido, ¿puedo recogerlo?”.
“Ah, lo encargó su pareja. Sí, somos un club
de socios, así que si me da el nombre, es posible”.
“Avery Remington”.
“……Avery... Remington... Eh, lo siento, pero
no me aparece como socio. No hay resultados”.
“¿Eh? Eso es imposible. Me dijo claramente que
lo encargó aquí... Debe de ser un cliente habitual”.
“¿Habitual? Si lo fuera, yo lo sabría. ¿Quizás
usa un seudónimo?”.
“No creo... Ah, debió de verlo aquel día. El
último día que vine—”.
“¡Ah, ya recuerdo! ¿El día que compró el Hot
Pink Luxury Wave Majestic Super XL Tower?”.
Quería morirse. ¿Por qué le pasaba esto...?
Jae-yeon apretó los dientes y respondió a duras penas.
“……Sí, c-creo que sí”.
“Por cierto, ¿qué tal le fue con eso? Como no
volvió después, me preguntaba si no le había gustado”.
“……No, el artículo estaba bien. Por cierto,
¿recuerda al chico rubio que me saludó aquí delante aquel día? Alto, de unos
veinte años—”.
“¡Ah, sí! Claro que lo conozco. Ha venido a
menudo últimamente. Se refiere al señor Tyler Grant, ¿verdad?”.
“¿Tyler Grant? No”.
“Ese día también recogió un paquete a nombre
de Tyler Grant”.
¿Qué?
Jae-yeon encendió el teléfono y fue a la
galería. Por suerte, le había hecho una foto a Avery hacía unos días. Al
enseñársela, el empleado asintió confirmando que era él.
“El Tyler Grant que yo conozco es él”.
“……No entiendo qué está pasando”.
“Ah, ahora que lo pienso, creo que la primera
vez que se registró como Tyler Grant fue otra persona... Pero desde aquel día
solo ha venido él, así que se me había olvidado”.
“¿Desde aquel día se refiere al día en que nos
encontramos?”.
“Sí, aquel día fue la primera vez que lo vi.
Parecía muy desubicado al entrar en la tienda, así que pensé que era un novato
que entraba por curiosidad...”.
“¿Parecía desubicado?”.
“Sí, ¡parecía que acababa de iniciarse en este
mundo!”.
“No, eso no puede ser... Me dijo que tenía
mucha experiencia. Que solía ir a clubs y esas cosas—”.
“Mmm, al menos a mis ojos no lo parecía. ¿O
quizás se acaba de mudar a Nueva York?”.
Que él supiera, Avery era neoyorquino de pura
cepa. De Queens, y fan de los New York Mets desde pequeño. Probablemente casi
nunca había vivido fuera de Nueva York.
“Que yo sepa, no. ……¿Por qué?”.
“Es que Tyler, digo, Avery, vino también la
semana antepasada, y justo estaba de visita un amigo mío. Él gestiona varios
clubs de BDSM famosos en Nueva York y le invitó a pasarse cuando tuviera
tiempo, pero Avery lo rechazó. Si fuera asiduo a los clubs, seguramente
conocería a mi amigo...”.
Algo andaba mal. Nada encajaba. El Avery que
él conocía era, sin duda...
“…….”.
Viendo que Jae-yeon se había quedado en
silencio, el empleado debió de pensar que se había metido donde no le llamaban
y le entregó rápidamente la bolsa con el pedido de Avery. Al salir con la
bolsa, Jae-yeon repasó mentalmente todo lo ocurrido. Desde el momento en que
encontró a Avery allí por primera vez, el día de su primer juego en el hotel de
Brooklyn, todos los encuentros posteriores, el día que lo invitó a casa y la
conversación que acababan de tener; analizó cada recuerdo sin dejar pasar nada.
La conclusión fue solo una.
Avery Remington le había mentido. Era un hecho
innegable.
***
“Ya llegué……”.
Avery abrió la puerta con cautela. Los zapatos
de Shin Jae-yeon estaban en la entrada. Parecía que estaba en casa, pero ¿por
qué no salía a recibirlo? Avery se puso sus pantuflas color limón y entró.
“…….”.
Al mirar la bolsa de papel que estaba sola
sobre la mesa, vio el pedido que había hecho en ‘Bound & Beyond’. No había
duda, Jae-yeon había ido a la tienda. Al ir a recoger el paquete tras el
voluntariado, el dependiente le dijo que su pareja ya se lo había llevado, lo
cual lo sorprendió. Pero la expresión del dependiente al decir eso fue muy
cautelosa. Por eso vino corriendo a casa de Jae-yeon pensando que algo había
pasado, pero por mucho que llamó a la puerta, no hubo respuesta. No contestaba
el teléfono ni respondía a los mensajes. Sin embargo, al girar el pomo, la
puerta estaba abierta.
¿No le habrá pasado nada, verdad?
“¿Jae-yeon…?”.
No estaba en el salón. Tampoco en la cocina.
Lo más probable era que estuviera en el dormitorio. Avery abrió la puerta del
cuarto y llamó suavemente a su amante. Entonces vio una silueta familiar
moviéndose en la oscuridad de la habitación. Aunque solo era una sombra, la
persona que estaba junto a la ventana mirando el paisaje oscurecido era, sin
duda, Shin Jae-yeon.
Uf, menos mal, parece estar bien.
Avery entró aliviado.
“¿Por qué estás así sin luz? Y no respondías
el teléfono”.
“…….”.
“Está muy oscuro, voy a encender la—”.
Click. En lugar de responder, se encendió la
lámpara de la mesilla. Avery parpadeaba por la luz repentina cuando Jae-yeon se
giró y caminó hacia él con paso firme. Al ver su expresión, Avery sintió que se
le caía el alma al suelo. No sabía qué era, pero... le había hecho enfadar.
“P-perdón—”.
“¿Por qué?”.
“Bueno, pues...”.
“¿Por qué te disculpas si ni siquiera sabes
por qué? ¿Solo porque parezco enfadado?”.
“No, bueno... sí”.
“…….”.
“H-habré hecho algo mal para que estés así...
Tú no eres de los que se enfadan sin motivo”.
Avery recordó el incidente de la piel de
zanahoria. Al ver que Jae-yeon, que apenas se enfadó con él aquella vez, estaba
así de furioso ahora, supo que era algo grave. Le daba miedo porque sabía lo
aterrador que podía ser Jae-yeon enfadado. Más que su enfado, le aterraba que
no lo perdonara nunca. Si con eso se le pasaba, le pediría perdón mil veces.
Tras un silencio, Jae-yeon preguntó con una agudeza hiriente.
“¿Fue divertido?”.
“¿Qué? ¿El qué?”.
“No sé ni cómo llamar a esto, de lo absurdo
que es. ¿Debería decir que has jugado conmigo?”.
“¿Eh? ¿Jugar? ¿Yo?”.
“¿O debería decir que dejé que jugaras
conmigo? No sé ni qué pensar. ¿Por qué hiciste algo así, Avery?”.
“Sigo sin entender de qué estás hablando—”.
“Tú nunca habías hecho juego. Bueno, ahora sí,
pero me refiero a antes de conocerme”.
“¡¿C-cómo lo sabe…?!”.
“¿Quién es Tyler Grant?”.
“……Mi amigo”.
¡Ah! ¿Acaso oyó algo cuando fue a por los
juguetes?
¡Ahora que lo pensaba, había hecho el pedido a
nombre de Tyler...! Avery se dio cuenta y entró en pánico. Había dado el nombre
de Tyler la primera vez que fue a la tienda y, como le dijeron que acumulaba
puntos de descuento, los estuvo guardando allí sin pensar, nunca imaginó que
eso se volvería en su contra... ¿Hasta dónde sabía? Sabía que mentir estaba mal
y pensaba confesarlo algún día, pero no esperaba que lo descubrieran así, por
lo que se quedó con la mente en blanco.
“¿Amigo?”.
“Sí, un amigo”.
“Entonces, ¿qué hacías en la tienda el día que
nos encontramos?”.
“…….”.
“Avery, responde”.
“……Mi amigo me pidió que recogiera algo por él
y pasé por allí…”.
“¿Y te encontraste conmigo?”.
“……Sí”.
“Ja, con razón tu reacción fue tan extraña.
¿Nunca habías ido a la tienda antes de eso, verdad?”.
Avery asintió dócilmente, y Jae-yeon soltó una
carcajada amarga, como si no pudiera creérselo.
“¿Por qué mentiste? Todo era mentira. Lo del
'Látigo de Oro de Queens' y todo lo demás. Ahora que lo pienso, no sé cómo me
lo tragué. Era una mentira de niño”.
“…….”.
“No te quedes callado, di algo. Me siento como
un completo idiota ahora mismo”.
“……Siento muchísimo haber mentido”.
“¿Pero?”.
“Pero... en aquel momento estaba tan
desesperado por convencerte que lo dije por eso”.
“¿Convencerme? Aunque no hubieras mentido—”.
“¿Me habrías aceptado? ¿De verdad?”.
“…….”.
“Sabes que no. Si todavía te obsesionas con
algo tan insignificante como la edad, me habrías puesto una barrera si me
hubiera acercado con sinceridad. Al menos el Jake Shin que yo conozco lo habría
hecho”.
“¡Pero aun así—!”.
“Yo también estaba desesperado a mi manera.
Quería crear una oportunidad como fuera. No pretendía jugar contigo. De verdad
que no. Ni siquiera sé cómo se juega con alguien”.
“……Precisamente eso es lo que me molesta. Me
pregunto qué demonios he estado haciendo con un chico que no sabía nada”.
“Tú tampoco sabías nada sobre el juego,
Jae-yeon. Estamos en las mismas”.
“Ha... Maldita sea, nunca me imaginé... No,
espera. Un momento”.
Jae-yeon, que se presionaba las sienes con el
ceño fruncido por la decepción, levantó la cabeza de repente como si recordara
algo. Miró a Avery con una expresión de sospecha.
“Aquello no fue... tu primera vez, ¿verdad?”.
“…….”.
“¿Lo fue?”.
“……Sí”.
“¡Pero si tenías novia! ¿Por qué...?”.
“Eso es diferente. Salir con alguien no
significa necesariamente tener sexo”.
“Ha... No, yo... ¡Ha!”.
“Normalmente la gente se agobia si dices que
es tu primera vez. Por eso no dije nada”.
“Es que no me lo puedo creer. ¿Cómo pudo ser
la de un virgen...?”.
“Aunque no lo hubiera hecho, había visto mucho
a otros hacerlo y.… bueno, en Google sale de todo si buscas”.
“¿Dices que veías a otros hacerlo a menudo?”.
“Cuando vivía en el refugio. Como los chicos
no tenían dinero, traían a sus novias a los espacios comunes. Lo entiendo, pero
vivir ahí era un suplicio. Quizá por eso me volví tan apático con esos temas,
pero... al conocer a Jae-yeon, parece que todo lo que tenía acumulado explotó.
De haberlo sabido, habría guardado incluso mi primer beso, creo que lo di solo
por curiosidad. Ni siquiera sentí nada especial”.
Confesó con timidez que, en realidad, quería
haberle entregado incluso su primer beso, pero Shin Jae-yeon, lejos de
conmoverse, parecía aún más impactado. Se escuchó un profundo suspiro. Al verlo
morderse el labio como si no supiera qué hacer, Avery sintió que,
lamentablemente, su confesión no estaba siendo bien recibida. Pero el agua ya
se había derramado. No podía volver a pegar una virginidad que ya no existía.
¿Por qué Shin Jae-yeon se ponía tan serio? ¿Acaso le disgustaba haber sido su
primero? Ese pensamiento le dio un pinchazo en el corazón. Desanimado al
instante, preguntó.
“... ¿Tanto le disgusta?”.
“No, Avery. No es que me disguste...”.
“A decir verdad, a mí no me disgusta. Es más,
me alegra. No soy de los que le dan mucha importancia a esas cosas, pero creo
que es una suerte haber podido tener mi primera experiencia con alguien que me
gusta tanto. Por supuesto, lamento mucho haber mentido y me arrepiento,
pero...”.
“...”.
“Lo hice mal”.
“No, no digas eso. Está bien. Ahora que te
escucho, entiendo por qué mentiste... Es solo que me siento muy estúpido por no
haberme dado cuenta de nada”.
“¡Jae-yeon no es estúpido! Todo es culpa mía.
Yo lo engañé”.
“Creo que yo también tengo la culpa en este
caso, por ni siquiera sospecharlo. Entonces, eso significa que ni siquiera
tienes una inclinación natural como Dom. No me digas que te obligaste a hacerlo
solo para adaptarte a mí...”.
“¡Eso no es cierto! ¿Acaso le pareció que
estuve fingiendo durante nuestras sesiones?”.
“... No. Pero ahora ya no sé qué parte era
actuación”.
Al ver a Shin Jae-yeon murmurar con
resignación, Avery se impacientó. ‘Actuación’; Jae-yeon estaba malinterpretando
las cosas seriamente. No era eso en absoluto. Con el corazón ansioso, le tomó
las manos con fuerza; solo entonces Jae-yeon levantó la cabeza y lo miró a los
ojos. Avery exclamó casi como una súplica.
“¡No hubo nada de actuación! Jae-yeon, soy más
joven que usted, pero soy un adulto hecho y derecho. ¡Todo lo hice porque
quería! Es cierto que originalmente no tenía una inclinación Dom, pero...
disfruté las sesiones con usted al 100%, no, al 1,000%. Si solo hubiera sido
por adaptarme a sus gustos, ¿habría pedido juguetes por iniciativa propia?”.
“Eres una persona muy dulce, así que...”.
“Por muy dulce que sea, eso no ayuda en una
sesión. Más bien sería al revés”.
“Aun así...”.
“Está bien. Si soy honesto, no creo ser un Dom
innato. Porque no siento deseos de hacer esto con nadie que no sea usted. Al
principio también me preocupaba si realmente podría excitarme. Busqué
materiales de referencia y escuché historias de gente con experiencia, pero
nada me convencía. No entendía por qué alguien querría tratar mal a otro y
causarle dolor”.
“...”.
“Pero en el momento en que me llamó ‘Amo’, lo
comprendí de inmediato. Mis dedos hormiguearon, sentí escalofríos por la
espalda... No podía pensar en nada más que en dominarlo y hacerlo completamente
mío. Quería controlar hasta la última de sus células, no podía contenerme.
Usted es diferente. Para mí, usted es distinto a cualquier otra cosa, Shin
Jae-yeon”.
“... ¿Es en serio?”.
“Sí. Así que, ¿no podría decirse que soy un
Dom exclusivo para Shin Jae-yeon?”.
“... Nunca había oído hablar de una
inclinación así”.
Avery se sintió aliviado al ver que Shin
Jae-yeon finalmente soltaba una pequeña risa. Hace un momento, cuando se dio
cuenta de que su mentira había sido descubierta, pensó que todo estaba acabado,
pero al hablar, parecía que había un rayo de esperanza. Por supuesto, no estaba
orgulloso de haber seducido a Jae-yeon con la mentira de que era un experto, ni
tenía excusa por haberlo ocultado hasta ahora, pero su amor por él era real. Si
Jae-yeon comprendía eso, no le importaba que lo regañaran más.
“Ya basta, no vuelvas a mentirme nunca más”.
“...”.
“No tienes idea de todo lo que pensé mientras
te esperaba”.
Shin Jae-yeon se hundió en su pecho y lo rodeó
con los brazos. Avery, aliviado, le besó la frente.
“Lo siento, Jae-yeon. No volveré a hacerlo. Lo
prometo”.
“¿Tenías intención de decírmelo?”.
“Llevaba tiempo pensando que debía
confesárselo todo. Pero cada vez que iba a hacerlo, no me salían las palabras.
Honestamente, no es nada genial. Que tu amante, que creías que era el rey del
BDSM, resultara ser un novato que ni siquiera había perdido la virginidad...
está muy lejos de ser sexy”.
“Lamento decirte esto, pero ‘El Látigo Dorado
de Queens’ tampoco sonaba muy sexy que digamos”.
“Eso fue porque me lo inventé a toda prisa...
Quizá debí elegir algo como ‘El Dominador de la Noche’”.
“Pff. Tu sentido para los nombres es terrible,
pero parece que tienes talento natural para lo demás. Sinceramente, nunca
sospeché que fuera tu primera vez. Yo tampoco he practicado con nadie más que
contigo, así que no puedo estar seguro, pero...”.
“Jae-yeon, esto no volverá a ocurrir. De eso
puede estar seguro”.
“... Está bien”.
La expresión del hombre, que respondió con un
tiempo de retraso, se había suavizado notablemente en comparación a cuando lo
estaba interrogando. Qué alivio. Avery jugueteó con las puntas del cabello del
hombre mientras decía.
“Me alegra que se haya aclarado el
malentendido”.
“El malentendido se aclaró, pero todavía me da
vueltas la cabeza por el impacto. De verdad, no puedo creerlo. ¿Cómo se te
ocurrió decir una mentira tan audaz? Sin haber perdido ni la virginidad”.
“Bueno, cuando uno está desesperado... resulta
que no hay nada imposible”.
“Ahora creo entender por qué Marco se burlaba”.
“¿Marco?”.
“Sí, la otra vez cuando hablábamos, le dije
que no me sentía orgulloso de haberme metido con un chico tan bueno y frágil, y
se rió de mí. Dijo que alguien así no habría sobrevivido tanto tiempo en una
cocina”.
“Marco tiene razón”.
Avery se separó con cuidado. Aunque estaba
mejor que antes, el rostro de Shin Jae-yeon aún mostraba rastros del impacto.
Considerando que lo había engañado durante meses, sin importar el motivo, esta
reacción podría considerarse muy moderada. Al acariciar suavemente su mejilla
tersa, Jae-yeon lo miró con ojos confundidos.
“... ¿Necesita tiempo para pensar a solas?”.
“Si digo que sí... ¿te irás?”.
“Si eso es lo que desea, no tendré más
remedio”.
“...”.
“O.… puedo hacer que no tenga que pensar en
nada en absoluto”.
“¿Qué acabas de...?”.
“¿Por casualidad revisó el interior de la
bolsa?”.
Al ver que Shin Jae-yeon se sobresaltaba,
preguntó con cautela; para su sorpresa, el hombre asintió levemente. ‘Lo vio’.
La esperanza creció un poco más. Avery reprimió las ganas de sonreír.
“¿Se puede mirar así las cosas ajenas?”.
“Al recibir el paquete, el empleado me pidió
que confirmara si los productos estaban correctos...”.
“Ah, ya veo. ¿Y bien? ¿Estaba todo en orden?”.
“... Eso creo. No sé mucho porque no fui yo
quien lo pidió, pero...”.
“Entonces, ¿lo comprobamos ahora? Para ver si
están bien”.
Aunque ya sabía que los objetos estaban ahí
porque él mismo los había revisado, Avery hizo la sugerencia con descaro. Al
mirar fijamente a Shin Jae-yeon, vio cómo el calor se extendía lentamente desde
su nuca. ‘Ah, ¿qué voy a hacer con este hombre...?’ Avery se humedeció los
labios secos con la lengua. Él también estaba empezando a encenderse. Cuando
sugirió salir a comprobarlo, el hombre asintió dócilmente.
“¿Quieres sacar lo que hay dentro?”.
Sobre la mesa estaba la bolsa que él había
revisado antes. Al ofrecérsela, el hombre la abrió con rostro tenso. Pronto,
sus dedos engancharon una vara larga y la sacaron. Aunque nunca la hubiera
usado, probablemente Shin Jae-yeon intuía el propósito de esa herramienta.
Avery tomó la vara de manos del hombre y dijo.
“Es esta. Elegí este color plateado porque
pensé que le quedaría bien a su ‘herramienta’”.
“...”.
“Dicen que, por su longitud y grosor, no es
para principiantes, pero creo que usted podrá soportarlo bien. ¿Lo ha usado
antes?”.
“N-no...”.
“Pero sabe cómo se usa, ¿verdad? Además, le
prometí que lo haría por usted”.
“...”.
“¿Qué le parece? ¿Está emocionado? Por el
momento en que esto atraviese su uretra”.
Shin Jae-yeon tuvo un leve temblor. ‘Ah, se
encendió el interruptor’. Avery sonrió ampliamente. Ahora solo quedaba
complacer a Shin Jae-yeon. Cuando preguntó: "Entonces, ¿aprovechamos la
oportunidad para probarlo?", Jae-yeon asintió como si hubiera estado
esperando. Seguramente su cabeza ya estaba llena de toda clase de fantasías
impúdicas.
Avery llevó al hombre al sofá, lo hizo sentar
y desplegó las herramientas sobre la mesa. Mientras desinfectaba y preparaba
todo, sentía cómo el hombre lanzaba miradas furtivas, fingiendo que no lo
hacía.
Lo estaba deseando. Qué tierno.
Tras terminar los preparativos, Avery le quitó
los pantalones y, para no lastimarlo, le puso grilletes con pelo acolchado en
las muñecas y los tobillos. Parecía que ya se había acostumbrado a estar atado,
la forma en que extendía los brazos con calma, como si estuviera completamente
domesticado, le resultaba excitante.
“¿Sabe por qué lo ato?”.
“... ¿Porque me gusta...?”.
“Jaja, claro, es cierto que lo hago porque le
gusta, pero hoy hay una razón más”.
“... ¿?”.
“Es para que no se lastime. Porque, vamos a
insertar el plug aquí”.
Al pinchar la punta de aquello que empezaba a
revelar su volumen a través de la ropa interior por la excitación de ser atado,
Shin Jae-yeon se sobresaltó violentamente. Avery pudo sentir cómo la respiración
del hombre contra su oído se aceleraba. Con una sonrisa, explicó.
“Me dijeron que esta es una parte sumamente
sensible. Si el plug se inserta mal, la uretra puede dañarse gravemente y, en
el peor de los casos, la polla podría quedar inservible para siempre”.
“... ¿Qué?”.
“Por eso lo ato. Sería un problema si Jae-yeon
se agita demasiado y se lastima la uretra. Por supuesto, yo tendré el mayor
cuidado posible, pero por si acaso”.
“...”.
“¿Tiene miedo? Bueno, hasta hace poco yo era
virgen. Me pregunto qué pasaría si cometo un error al meter el plug y dejo su
polla inservible”.
“... E-eso no puede ser...”.
“¿Por qué? De todas formas, Jae-yeon no va a
meter su polla en ningún lado, así que no hay razón para que funcione
correctamente. Aunque no sienta nada por aquí...”.
“¡Ah...!”.
“Llegó al clímax perfectamente por dentro,
¿qué importa si la polla se estropea un poco? Aunque a mí también me daría pena
arruinar algo tan bien formado”.
“N-no, Avery...”.
Shin Jae-yeon forcejeó patéticamente con sus
extremidades atadas, suplicando. Avery, en lugar de responder, le bajó la ropa
interior de un tirón. A pesar de decir que no, su miembro estaba erecto y
soltaba gotas de líquido transparente por la punta. Tras acariciar el glande
húmedo con el pulgar y presionar la carne alrededor del orificio uretral para
abrirlo ligeramente, Shin Jae-yeon tembló visiblemente y lo miró con ojos
vidriosos. Avery chasqueó la lengua y advirtió.
“Si no quiere que su polla se arruine, tiene
que quedarse quieto, ¿verdad?”.
“Ah... no, si pasa eso, ni siquiera podré ir
al baño...”.
“Yo le ayudaré, ¿de qué se preocupa? Solo
tiene que llamarme cada vez que quiera ir”.
Se excitó solo de imaginarlo. La imagen de
Shin Jae-yeon viniendo a él cada vez que tuviera ganas de orinar para
susurrarle al oído con vergüenza ‘Avery, necesito ir al baño...’ hizo que su
entrepierna se sintiera pesada. En cada sesión llamaba pervertido a Shin
Jae-yeon, pero lo cierto es que él no era quién para hablar. Quizá Shin
Jae-yeon pensó algo parecido, porque tenía las orejas completamente rojas y
jadeaba.
“Voy a empezar a meterlo”.
“Ah, e-espera...”.
Avery ignoró olímpicamente la petición, sujetó
el tronco con una mano y comenzó a deslizar el plug lentamente por el orificio
de la uretra. Gracias al lubricante, al principio entró sorprendentemente
suave. Apenas habían entrado unos centímetros cuando Shin Jae-yeon, incapaz de
soportar la sensación de expansión, echó la cabeza hacia atrás y soltó un
gemido que parecía un grito.
“¡Hii...! Ah... ugh...”.
“¿Ya le gusta tanto?”.
“Esto es extraño, Avery... Algo... algo parece
estar mal... ¡ah!”.
“Sé que se siente bien, pero aun así quédese
quieto. ¿Quiere que se le arruine?”.
“No puedo... quedarme quieto... ¡ugh!”.
Las cadenas de las muñecas se tensaron con un
sonido metálico. Shin Jae-yeon temblaba mientras se aferraba a los hombros de
Avery. Era la primera vez que lograba una reacción tan intensa de inmediato,
por lo que Avery también se excitó rápidamente. Al acariciar suavemente sus
muslos firmes que se sacudían con cada centímetro que el plug avanzaba, Shin
Jae-yeon arqueó la espalda con un gemido dulce.
“¡Ah! ¡Basta, detente...! ¡¿Hasta dónde
piensas llegar?!”.
“Tiene que entrar hasta donde se sienta bien.
Relájese, eso es... mira cómo entra”.
Siguió empujando según el camino se abría, el
plug ya había penetrado a una profundidad considerable. "Hmm, parece que
ya casi llegamos..." Avery presionó el extremo del plug con el dedo
índice. En ese momento, Shin Jae-yeon arqueó la espalda como si le hubiera
caído un rayo y soltó un grito ahogado.
“¡Ahhh...!”.
¿Ya estaba? Por el hecho de que no avanzaba
más aunque empujara, parecía que sí. Al presionar repetidamente contra esa
pared interna, Shin Jae-yeon empezó a temblar como si se hubiera roto y arañó
los hombros de Avery suplicando que parara. Esa reacción confirmaba que había
alcanzado la próstata. Cada vez que la vara presionaba el interior, una
cantidad considerable de fluido salía a borbotones por la abertura de la uretra
donde estaba insertado el plug. "Qué bien debe sentirse al tener la
próstata estimulada directamente". Sabía que cuando el placer es excesivo
se vuelve cercano al dolor, pero su adorable amante aceptaba incluso el dolor
con dulzura. De hecho, su voz suplicante era extremadamente tierna.
“Haa... Avery, por favor... ¡ahí no...!”.
“¿Le gusta que le presione la próstata con la
vara? ¿Eh? Mire nada más, está perdiendo el juicio”.
“Hng... ah, esto es peligroso... peligro...
¡Hic, ugh!”.
“Tiene la mirada perdida. Debe recuperar el
sentido. Su polla podría arruinarse en cualquier momento, ¿y a usted solo le
importa que se siente bien?”.
“¡N-no...! ¡Ah!”.
Avery giró al hombre de lado con la facilidad
de quien mueve a un muñeco e insertó un dedo de golpe en el agujero que
seguramente llevaba tiempo palpitando. Como esperaba, entró sin resistencia.
Pensando que no era necesario prepararlo más, Avery añadió otros dos dedos de
golpe. Ante esto, Shin Jae-yeon jadeó y retorció el cuerpo. Se veía cómo las
esposas se tensaban ruidosamente. No era la primera vez que entraba ahí, pero cada
vez le resultaba más extraño que un hombre con un trasero tan firme y pequeño
tuviera un agujero tan impúdico. Al remover el interior lubricado con tres
dedos, las paredes internas se contrajeron y atraparon sus dedos con fuerza.
“Ah... A-Avery...”.
“¿Sabe lo que voy a hacer ahora, Jae-yeon?”.
“Ugh, n-no lo sé...”.
“¿No lo sabe? No, claro que lo sabe. Lo está
esperando. Aquí...”.
“¡Ah!”.
“Voy a presionarle la próstata también desde
atrás. ¿Qué le parece? Si la presionamos desde ambos lados, ¿se romperá? Aunque
no le importa, ¿verdad? Con tal de sentir placer, a un pervertido como usted le
da igual”.
“¡No, Avery! ¡Si los presionas al mismo
tiempo...!”.
Al golpear la próstata a través de la pared
interna con los dedos y, simultáneamente, empujar el plug, Shin Jae-yeon se
quedó rígido como una estatua por un instante. No salió ningún sonido de su
boca abierta, pero por lo mucho que se le dilataron los ojos, parecía que un
impacto devastador había sacudido todo su cuerpo. Tras un momento de espera, su
cuerpo empezó a temblar violentamente como si realmente se hubiera averiado.
Avery continuó presionando la próstata rítmicamente. Entonces, Shin Jae-yeon
finalmente derramó lágrimas y llamó su nombre entre sollozos.
“A-Avery, ya no... ugh, no puedo... m-más, ah...
Por favor...”.
“¿Es porque se siente demasiado bien?”.
“Demasiado... bien... No, si sigo así me voy a
volver loco...”.
“Pues vuélvase loco. Yo estoy aquí, ¿qué
importa? Ya le dije que me haré responsable de todo”.
De tanto morderse, los labios del hombre
estaban tan rojos que parecían a punto de sangrar. Si sus manos y pies hubieran
estado libres, habría intentado evitar el estímulo, pero en ese momento Shin
Jae-yeon dependía totalmente de Avery. Lo único que podía hacer era retorcer la
cintura intentando escapar de los dedos que golpeaban su próstata sin descanso,
pero incluso eso tuvo que dejar de hacerlo en cuanto Avery chasqueó la lengua y
le advirtió que no se moviera. A pesar de ser un hombre con un cuerpo tan
robusto, daba lástima verlo incapaz de mover su propio cuerpo a voluntad. Sus
ojos estaban dolorosamente enrojecidos de tanto llorar.
“Por favor... hng, p-perdóneme... Amo...”.
“¿Perdonarlo? Ni hablar. El que se portó mal
hoy fui yo, ¿no? Por eso voy a hacerlo sentir así de bien”.
“E-está bien... ¡ah! ¡Ugh! Está bien, eso
ya... ya no me importa...”.
“¿Ya no le importa? Ahora que estamos así,
seré sincero: antes me sentí un poco decepcionado. Pensé que tal vez se
alegraría aunque fuera un poco. Al fin y al cabo, usted se llevó mi primera
vez. Significa que mi polla es exclusiva para usted... y me pregunté si eso no
era nada especial para usted”.
“M-me alegra... A mí también me alegró, pero
decir eso... es muy...”.
“¿Muy qué?”.
Avery acosó a Shin Jae-yeon con una
respiración agitada. Su amante estaba completamente desecho. Él también sentía
su parte baja tan rígida que llegaba a doler. Avery sintió el impulso de meter
lo suyo hasta el fondo en ese agujero cálido y viscoso que apretaba sus dedos y
embestir hasta que su cerebro se derritiera.
“Patético... ugh...”.
“Jaja, ¿y no es patético estar en este
estado?”.
Shin Jae-yeon no pudo responder; bajó la
mirada con las mejillas encendidas.
Si piensa que es patético, a mí me gustaría
que lo demostrara aún más. Que me deseara más, que me anhelara, que me devorara.
Avery dejó besos ardientes en los muslos
tensos de Shin Jae-yeon y en su columna que temblaba levemente. Cada vez que
sus labios suaves rozaban la piel sensible y febril, Shin Jae-yeon gemía sin
saber qué hacer.
“No se preocupe por esas cosas innecesarias;
simplemente dígame todo lo que está pensando”.
“Ugh... mnh...”.
“Tiene que responder, Jae-yeon”.
“Está... está bien, ya entendí...”.
“¿Cómo se siente haber sido mi primero?”.
“Se siente... bien... Me hace feliz... saber
que yo soy el único... al que conoces... ¡Ahhh!”.
Avery no pudo contenerse; Shin Jae-yeon se
veía demasiado tierno confesando aquello con tanta vergüenza. Hizo girar el
objeto insertado en su parte delantera, estimulando la próstata, y Jae-yeon
sollozó diciendo que ya quería llegar al clímax. Sin embargo, con la uretra
bloqueada, le sería imposible.
“Quiero... quiero venirme... Quita esto, por
favor...”.
“Todavía no”.
“Avery... hng, por favor...”.
“Hm, entonces...”.
Avery acarició el cabello de su atribulado
amante mientras sacaba su propia erección. Estaba tan tensa y amenazante que se
agitaba en el aire, casi tocando su propio abdomen. Al darse cuenta de lo que
Avery planeaba hacer, Shin Jae-yeon lo miró con una mezcla de terror y
anticipación.
“Le dejaré eyacular después de que yo
termine”.
“Ah... No, si lo metes ahora—“.
“Se lo prometo. También quitaré esto...”.
Jae-yeon forcejeó, pero con las extremidades
atadas no tenía forma de resistirse. Avery apoyó las dos piernas del hombre
sobre sus hombros y, de una sola estocada, se hundió hasta el fondo en aquel
agujero. El sonido de la penetración profunda y el impacto de piel contra piel
resonó en toda la sala.
“¡Khh...! Ah, ugh...”.
El hombre, atravesado en su mitad inferior,
abrió los ojos de par en par como si despertara de un largo letargo.
Ah, esto es increíble...
Avery soltó un largo suspiro. No importaba
cuántas veces entrara, el interior de Shin Jae-yeon siempre era extasiante. Era
casi increíble que existiera algo tan placentero en este mundo. Sentir cómo las
paredes internas se contraían y envolvían su miembro sin dejar un solo espacio,
sin importar dónde presionara, lo hacía sentir que había valido la pena nacer.
“¡Ah, mnh...! ¡Ah... Avery!”.
Cada vez que Avery embestía hacia arriba, el
pene de Shin Jae-yeon, todavía obstruido por el plug, soltaba lastimosamente un
hilo de líquido transparente. Cierto, no debía olvidar esa parte. Mientras se
movía rápidamente manteniendo el glande enganchado en el fondo, hizo girar el
plug para estimular la próstata desde el otro lado; Jae-yeon arqueó la cintura
soltando un jadeo agónico. Parecía haber alcanzado un orgasmo seco, sin poder
eyacular.
“Sabía que llegaría al límite en cuanto le
metiera la polla. Lo sabía”.
“Haa... uuh...”.
“Nuestro Chef... ¿qué voy a hacer con usted,
que ama tanto la polla? ¿Qué tal si deja de ser cocinero? Si lo hace, podría
follármelo así todos los días”.
“Mnh, ugh...”.
“¿Acaso no estará pensando que quiere que le
hagan esto incluso mientras trabaja?”.
“N-no es cierto...”.
“Dígame la verdad: ¿Alguna vez se ha tirado a
un novato inocente como yo? Responda con sinceridad”.
“Nunca... Eso es... imposible... ugh...”.
“No debe hacer eso por mucha hambre de polla
que tenga, ¿entendido? Tiene que hacerse responsable de haberse comido una
polla virgen. Nadie más podrá satisfacerlo nunca. El único que llega hasta aquí
soy yo. El lugar que más le gusta a Jae-yeon...”.
“¡Ahhh!”.
“Nadie más puede golpearlo aquí, ¿verdad? Su
agujero ahora es de mi propiedad exclusiva... ¡Grábeselo bien!”.
“Ah... aaaah...”.
Avery, tras hundirse lo más profundo posible
hasta tocar el colon, se quedó quieto, presionando firmemente contra las
paredes internas sin mover la cintura. Shin Jae-yeon lo miró con gemidos
ansiosos; tenía la comisura de los labios hecha un desastre por la saliva
derramada. Parecía un perrito, tan lindo. Incluso sin moverse, el interior de
Jae-yeon se contraía y dilataba por sí solo, esforzándose por sentir la
presencia de lo que tenía dentro.
“Epa, eso no está permitido”.
Jae-yeon intentó mover las nalgas sutilmente
por su cuenta, pero Avery lo sujetó con fuerza para impedirlo, recibiendo una
mirada llena de reproche. Le dio un azote en las nalgas ordenándole que se
quedara quieto; al ver cómo Jae-yeon bajaba la cabeza y temblaba, pareció que
incluso ese golpe lo había hecho venirse un poco. Su cuerpo era demasiado
lascivo. El solo pensamiento de que otros hombres hubieran conocido este cuerpo
antes que él le provocaba una oleada de irritación. Si pudiera, borraría todos
los recuerdos de esos hombres. Menos mal que no tenía que verles las caras.
“Avery... por favor...”.
“¿Por favor qué?”.
“Muévete... quiero... llegar...”.
“¿Que me mueva? ¿Cómo? ¿Así?”.
“¡Ahhh!”.
Sin sacar el miembro, Avery frotó suavemente
las paredes internas y Jae-yeon reaccionó al instante. Tras haber llegado al
clímax una vez, estaba tan sensible que sentía hasta el más mínimo estímulo.
Es tan sexy que me mata.
Con ese pensamiento, Avery hundió los labios
en la pierna de Jae-yeon y succionó con fuerza para dejar una marca. Jae-yeon
volvió a llamarlo con ansias: "Avery...".
“¿Ahora qué?”.
“Muévete... mejor... No es... suficiente...”.
“Hoy está muy exigente. Ya me moví hace un
momento”.
“A-así no... más fuerte... Métela y
sácala...”.
“¿Ah, que la meta y la saque? ... ¿Así está
bien?”.
“¡Hic!”.
En lugar de mover su propia polla, Avery
empezó a meter y sacar el plug que estaba en la uretra de Jae-yeon, castigando
su próstata; Jae-yeon soltó un sonido casi sin aliento. Una vez que sus
pensamientos empezaron a divagar, Avery se preguntó con amargura quién habría
sido el primer hombre de Jae-yeon o si ya habría usado su parte delantera
antes. Jae-yeon le suplicó que se detuviera con eso, por favor. Avery hizo un
mohín. Si hubiera nacido antes, al menos les habría ganado a unos cuantos.
Bueno, al menos soy el primero con el que
practica este tipo de juegos...
“Avery... ugh, no hagas... eso...”.
“Esa no es forma de hablarle a tu Amo,
¿verdad?”.
“... Amo, no haga eso... haga lo otro...
ahhh...”.
“¿Qué cosa?”.
“La polla... Amo... la polla... Métala y
sácala, por favor...”.
“¿En dónde?”.
“Donde la tiene ahora... En el... agujero
exclusivo del Amo...”.
Avery pensaba seguir molestándolo un poco más,
pero al ver a Shin Jae-yeon suplicando de forma tan lastimosa y patética, no
tuvo otra opción.
Soy un Amo generoso y misericordioso.
Avery levantó la parte inferior del cuerpo de
Jae-yeon y, tal como él deseaba, sacó su miembro casi por completo para luego
hundirlo de golpe hasta lo más profundo del colon. Jae-yeon soltó un gemido
como si lo hubieran golpeado. Bueno, técnicamente estaba siendo golpeado por
dentro, así que la descripción era exacta.
“Ugh... mnh... un poco... más...
despacio...”..
“Hace un momento quería que me moviera y
ahora... ¿no es usted muy caprichoso?”.
“Siento que... voy a morir...”.
“Morir durante el sexo... bueno, supongo que
tiene cierto romanticismo, ¿no cree?”.
Era una broma, pero Jae-yeon sacudió la cabeza
con horror. Cierto, si fuera a morir, preferiría que fuera en la cocina.
¿Estaría bien entonces morir teniendo sexo en la cocina? Pensamientos extraños
llenaron el vacío dejado por la razón. Avery se dejó llevar por el instinto;
sentía que ya estaba cerca. Al tenerlo atado y follarlo a su antojo, sentía
como si estuviera usando a Jae-yeon como una herramienta para descargar su
deseo. A juzgar por cómo el interior de Jae-yeon sufría espasmos y apretaba su
miembro, parecía que él ya se había venido varias veces. Avery anunció:
"Me voy a correr", y en el último momento, empujó con todas sus
fuerzas hasta el fondo.
“Uuugh...”.
Jae-yeon se retorció ante la sensación del
semen derramándose caliente en su interior. Tenía la mirada completamente
perdida y el rostro era un caos de lágrimas, fluidos nasales y sudor.
¿Me habré pasado?
Avery sintió un fugaz remordimiento y sacó su
miembro lentamente. Incluso la sensación del glande rozando las paredes al
salir fue demasiado para Jae-yeon, quien tembló una vez más. Parecía estar
totalmente exhausto. Pero una promesa es una promesa.
“Haa... mnh...”.
“Voy a sacar esto”.
Avery sujetó el plug que estaba en la polla
del hombre y deslizó la vara hacia afuera con cuidado para no lastimarlo.
“¡Aaaahhh!”.
En el momento en que la larga vara metálica
salió, como si hubieran quitado un tapón, el semen y los fluidos acumulados
salieron disparados de la uretra de Shin Jae-yeon como si fuera orina. A
borbotones. El líquido blanquecino brotó como una fuente, empapando el abdomen
de Jae-yeon e incluso salpicando su mejilla. Se vio a Jae-yeon arquear el
cuello hacia atrás, temblando violentamente ante el placer de la liberación que
tanto había anhelado.
Ah, debí haber puesto una toalla...
Avery pensó eso mientras lamía el líquido que
había saltado a su propia mejilla. El costoso sofá de Shin Jae-yeon se había
empapado de fluidos eróticos.
Supongo que después podré contratar un
servicio de limpieza.
“...”.
“Jae-yeon, ¿está bien? Voy a soltarle las
manos y los pies, espere un momento...”.
Pero el sofá no parecía ser el problema
principal. Avery soltó rápidamente las ataduras. Los brazos y piernas de Shin
Jae-yeon cayeron lánguidamente, sin fuerza. No pensó que quedaría tan agotado.
Si hubiera dicho la palabra de seguridad, se habría detenido de inmediato...
Pero, para su preocupación, Jae-yeon nunca la había usado ni una sola vez, como
si no tuviera límites para aceptar cualquier cosa. Avery cargó al hombre en
brazos y lo llevó al dormitorio. Trajo agua, pero como al hombre le temblaban
las manos para sostener el vaso, Avery tomó el agua en su propia boca y se la
dio a través de un beso.
“... Cof, ya es suficiente...”.
“¿Está bien? Creo que le exigí demasiado”.
“Estoy bien. Solo... me quedé sin energías”.
“...”.
“En serio, estoy bien. Si de verdad te sientes
mal... acuéstate a mi lado y abrázame”.
Eso era algo que podía hacer en cualquier
momento. Avery se metió rápidamente en la cama y abrazó con fuerza a su único
amor. Sabía bien que Shin Jae-yeon había salido con otras personas antes que
con él, pero lo había torturado por celos innecesarios. Aunque a Jae-yeon le
gustaba que lo ‘maltrataran’, Avery sabía mejor que nadie que lo de hace un
momento no fue para complacer a Jae-yeon, sino para desahogar su propio mal
humor. Aunque el resultado fuera el mismo, el proceso fue distinto. Y ese
proceso estuvo mal.
“Lo siento”.
“Te dije que no te disculparas. Fue una sesión
acordada por ambos. Yo también... me sentí bien. Solo que fue un poco
demasiado...”.
Confesó Jae-yeon con timidez. Se veía tan
adorable que Avery empezó a masajear suavemente sus brazos y piernas, besando
su cabello negro empapado de sudor y sus muñecas enrojecidas por la fricción.
Tras un buen rato de mimos, el cuerpo de Jae-yeon pareció recuperar su estado
normal.
“¿Se siente mejor ahora?”.
“Por supuesto. No es que esté herido, solo me
quedé sin fuerzas por el cansancio”.
“Bueno, eso es un alivio...”.
Aunque le preocupaba porque Jae-yeon no era de
los que se quejan, al menos físicamente parecía haber recuperado la vitalidad.
Avery se pegó a él para compartir su calor. Veía cómo su pecho subía y bajaba
suavemente al respirar. Recordando que hoy no había acariciado mucho su pecho,
jugueteó con sus pezones entre los dedos; Jae-yeon se sobresaltó y le dio un
golpecito suave en el dorso de la mano. Al mirarlo, sus orejas estaban rojas.
El hombre refunfuñó.
“Ahora no. Todavía están... sensibles”.
“...”.
Ante esa reacción tan linda, estuvo a punto de
lanzarse a por una segunda ronda, pero pensó que hacerle eso a alguien que
acababa de ser llevado al límite sería comportarse como una bestia, así que se
contuvo. En su lugar, lo abrazó fuerte y frotó su mejilla contra su piel suave.
Entonces, una mano grande se acercó y empezó a acariciar su cabello. Avery
disfrutó de esa caricia por un rato y, al levantar la vista, vio cómo los ojos
negros del hombre oscilaban suavemente. Avery tomó la mano del hombre y besó
cada uno de sus nudillos. Eran manos largas y hermosas, pero tenían marcas de
quemaduras y cicatrices aquí y allá. Avery besó una gran cicatriz en la palma y
preguntó.
“¿Cómo se hizo esta herida tan grande?”.
“Eso... debió ser cuando era aprendiz. Estaba
abriendo ostras, se me resbaló la mano y me corté profundo”.
“Debió tener más cuidado...”.
“Es que en ese entonces no dormía mucho. Creo
que dormía unas tres horas al día”.
“¿Y esta quemadura?”.
“Esa fue por agarrar mal el mango de una
sartén”.
“¿Y esta?”.
“Hmm... ¿fue limpiando pescado? No lo recuerdo
bien”.
“... No sabía que ser cocinero fuera una
profesión tan peligrosa”.
“Lo es. Usamos cuchillos y fuego”.
“Son demasiadas heridas, de todos modos”.
“Suelen ocurrir cuando hay mucho trabajo. Si
vas a seguir con la cocina, ten cuidado, Avery”.
Avery miró sus propias manos. A diferencia de
las de Jae-yeon, estaban limpias. Aunque se había cortado o golpeado alguna
vez, nunca había tenido una herida lo suficientemente grave como para dejar
cicatriz. ¿Sus manos se volverían así algún día si seguía en esto? Si seguía...
cocinando...
“... ¿Cree que seguiré en esto?”.
“¿Eh?”.
“¿Cree que seguiré cocinando en el futuro?”.
“Jaja, ¿me estás preguntando eso a mí? ¿Si tú
vas a seguir cocinando?”.
“No estoy seguro de si tengo talento”.
“Apenas llevas un año”.
“Pero todavía no hay ningún plato que sepa
hacer realmente bien...”.
“¿De qué hablas? La comida que me hiciste la
otra vez me pareció deliciosa”.
“Cualquiera puede hacer eso si practica...”.
“Avery, ¿cuántas personas en el mundo crees
que practican así solo porque quieren cocinar algo rico para alguien? La
mayoría se queda solo en el pensamiento. O lo intentan un par de veces y lo
dejan”.
“... ¿Usted cree?”.
“Claro. Dije que solo llevas un año, pero en
cierto modo, es un logro haber durado un año entero. Piensa en cuántos de los
aprendices que empezaron contigo ya lo han dejado”.
“Eso... es cierto”.
Mucha gente solicitaba puestos de aprendiz
atraída por la fama de ‘Inspire’, pero la mayoría terminaba renunciando en
pocos meses o incluso semanas, agotada por el duro trabajo en la cocina. A
menos que hubieran estudiado cocina profesionalmente, aquellos que empezaban
desde cero como él no solían aguantar mucho. De hecho, si no fuera por el
enorme privilegio de ver a Jake Shin todos los días, él también habría
considerado seriamente renunciar al menos una vez. Aunque ahora ya se sentía
mucho más adaptado. Jae-yeon le sonrió con dulzura para consolarlo.
“Lo estás haciendo muy bien, Avery”.
“Gracias. Pero cuando lo veo a usted, siento
que el camino por delante es demasiado largo...”.
“No tienes que compararte conmigo. No es una
cuestión de diferencia de talento, es solo que yo empecé a cocinar desde muy
pequeño”.
“También debe haber una diferencia de base.
Ojalá hubiera podido empezar a estudiar antes. Aunque Marco me ayuda y aprendo
en los ratos libres, nuestra cocina siempre está muy ocupada”.
“... Es cierto”.
Jae-yeon sonrió, pero su sonrisa se veía
extrañamente amarga.
¿Habré dicho algo malo?, pensó Avery
observando su reacción, pero no parecía ser el caso. Sin embargo, antes de que
pudiera preguntar, Jae-yeon cambió de tema.
“Es un poco repentino, pero Avery, ¿te
gustaría ir a la fiesta de cumpleaños del gobernador de Nueva York?”.
“¿Qué? ¿Del gobernador de Nueva York?”.
El tema era totalmente inesperado. Ni siquiera
recordaba bien el nombre del gobernador, y que de pronto lo invitaran a
celebrar su cumpleaños le parecía extraño. Pero tras la insistencia de
Jae-yeon, Avery finalmente aceptó ir a celebrar el cumpleaños de aquel hombre
al que solo había visto un par de veces por televisión. Se sentía un poco
desconcertado, pero si Jae-yeon lo deseaba, iría a cientos o miles de fiestas
de cumpleaños. Jae-yeon pareció alegrarse con su respuesta.
“Le diré a Diego que consiga otra invitación”.
Avery asintió mientras acariciaba el cabello
de Jae-yeon. Deseaba que días como este continuaran para siempre. Superaría
cualquier obstáculo con tal de que estos momentos no terminaran...
“Ya le envié el mensaje a Diego”.
Jae-yeon se giró hacia él con una sonrisa. Era
una sonrisa tan hermosa que Avery sintió un nudo en la garganta. Amaba a este
hombre. Lo amaba demasiado. Avery se inclinó y capturó los labios del hombre
con cuidado.
Que los obstáculos, la desgracia o las pruebas
pasen de largo sin notarnos.
Avery rezó en silencio, pero con todo su
corazón.
Continuará en el volumen 3 de 『Calor abrasador』
