9. Cueste lo que cueste

 


9. Cueste lo que cueste

 

“Jennifer, reduce un poco más el vino tinto”.

“Sí, Chef”.

“Marco, el puré más suave. No quiero grumos en la salsa”.

“Entendido, Chef”.

El Jefe de cocina Shin Jae-yeon se movía constantemente entre los ingredientes crudos y los productos semielaborados, dictando órdenes sin cesar. Gracias a sus instrucciones precisas, lanzadas en el momento justo como si pudiera ver cada rincón de la cocina, la brigada de ‘Inspire’ lograba procesar las comandas que llegaban sin tregua.

“Quedan impurezas ahí, Avery”.

“¡Sí, Chef!”.

Finalmente, le tocó a él. Avery tomó el colador y retiró los restos del caldo que burbujeaba. Su corazón latía con fuerza. Sabía que Jae-yeon le hablaba como Jake Shin, el Jefe de cocina, y no como su novio, pero el simple hecho de que se dirigiera a él le hacía feliz. Avery tuvo que esforzarse para no sonreír como un tonto.

“¿Ustedes dos se han vuelto más cercanos últimamente?”.

Avery creía haberlo disimulado bien, pero parece que los ojos de águila del entremetier captaron el leve movimiento de sus comisuras. Avery fingió demencia.

“¿Eh? ¿Cercanos? Ni que fuera amigo del Chef”.

“Tu actitud es extrañamente familiar. Él no es de los que se comporta así con alguien con quien no tiene confianza”.

“B-bueno, será que de tanto insistir, el Chef ya se acostumbró a mi presencia”.

“Y tú ya ni te pones nervioso cuando te habla”.

“Es que soy humano, también me adapto…”.

“Vaya, así que eras humano, no lo sabía. ¿Pero sabes qué? El otro día le vi sonriéndote. Como si estuviera orgulloso. Me dio hasta escalofríos”.

“¿En serio? No me di cuenta, jaja… Al menos vale la pena el esfuerzo”.

“Mmm, te esfuerzas, sí… ¡Ah, rápido, trae aquello!”.

Afortunadamente, el exceso de trabajo no dejó espacio para más sospechas. Uf… Avery suspiró aliviado mientras iba a buscar las hojas de tomillo que había deshojado antes. A él no le importaba que los descubrieran, pero sabía que a Shin Jae-yeon no le gustaría. Si reaccionó así solo con Nick, Avery temía que los nervios de su novio no aguantaran si más gente se enteraba.

Ese día hubo un grupo grande en el turno de comida. Atender a grupos es una carga pesada para la cocina: treinta personas pidiendo casi al mismo tiempo, sumadas a los clientes individuales. Al terminar el servicio de almuerzo, la mayoría del personal estaba exhausto. Jae-yeon también debió de sudar la gota gorda, especialmente cuando se agotó un ingrediente y tuvo que improvisar con otro.

“Joder, hoy sí que nos han dado caña”, se quejó Marco.

Avery, aunque no tenía grandes responsabilidades por ser aprendiz, también había corrido de un lado a otro. Solo quería descansar y olvidarse de la comida por un momento. Mientras caminaba por el pasillo tras lavarse las manos en el baño, un brazo apareció de repente y tiró de él.

“¡Ahhh—!”.

“Chist, Avery. Soy yo”.

Perdió el equilibrio por un momento, pero al reconocer la voz familiar en su oído, supo que el culpable era su novio y que el lugar al que lo habían arrastrado era su oficina. Avery se giró con una sonrisa radiante. Allí estaba su pareja, con el rostro tan cansado como el suyo.

“¿Qué pasa? Me ha dado un susto”.

“Lo siento, estoy agotado. Sé que estamos en horario laboral, pero necesitaba una 'recarga' urgente…”.

“Hoy ha sido una locura. ¿Ha sido muy duro?”.

“Sí, un poco…”.

Shin Jae-yeon se quejaba con un tono ligeramente mimado. Avery sintió que podría llorar de la emoción al pensar que él era la única persona en el mundo autorizada para escuchar las quejas del gran Jefe de cocina. Odiaba que el trabajo fuera duro, pero si eso significaba que Jae-yeon vendría a buscarlo para refugiarse en sus brazos, estaba dispuesto a trabajar sin descanso todo el día. Como aquí no estaban los ojos de Marco, Avery se permitió sonreír de oreja a oreja.

“Entonces, ¿cómo quiere que lo recargue, Chef?”.

“Solo abrázame así un momento…”.

Eso no era nada difícil. Avery lo rodeó con sus brazos, dándole espacio para que apoyara la cabeza en su pecho. Aunque Jae-yeon era un hombre robusto de más de seis pies, el cálido abrazo de Avery era lo suficientemente amplio para cubrirlo por completo. Jae-yeon cerró los ojos con fuerza, como si realmente estuviera absorbiendo energía. Su cabello negro olía a una mezcla de todos los platos cocinados.

“¿No necesita un beso?”.

“……Dame uno también”.

“Sus deseos son órdenes”.

Avery inclinó la cabeza y lo besó. Como técnicamente seguían trabajando, Avery se contuvo para no excitarse demasiado; en lugar de un beso húmedo e intenso, fue uno dulce y suave. Al separarse, el hombre seguía sus labios con la mirada, con un aire de insatisfacción.

De verdad, uno intentando controlarse y él no ayuda, pensó Avery antes de darle un pequeño tirón de orejas figurado.

“Es un problema que el Jefe de cocina ponga esa cara tan sexy”.

“Yo… yo no he puesto ninguna cara…”.

“Sí que la ha puesto. Estaba pensando que quería un beso intenso de esos que te dejan sin aliento, ¿verdad?”.

“…… ¿No se puede?”.

“No se puede. Tiene que ir a comer y sacar fuerzas para el servicio de cena”.

“…….”.

La decepción fue evidente en el rostro de Jae-yeon.

Ay, ¿qué voy a hacer con este Chef?

Avery moría por besarlo, pero temía que se encendiera algún interruptor. No podía dejar que Jae-yeon saliera ante los demás con esa expresión tan impúdica. Avery volvió a abrazarlo y le susurró al oído.

“Esa clase de besos se los daré todos los que quiera después del trabajo”.

“…… ¿Solo besos?”.

“Me temo que sí, mañana también hay que madrugar”.

“…….”.

“Sea bueno. Aguante un poco más hasta el día libre. He pedido algo a la tienda y creo que le va a encantar. Pienso atarle de pies y manos para que no pueda moverse y atormentarle con ello todo lo que quiera”.

“¿A la tienda de…?”.

“Sí, a esa donde nos encontramos”.

“…….”.

“Ahora, es hora de volver a ser el Jefe de cocina. Salga usted primero, Chef”.

La situación era peligrosa. Avery sentía que si se quedaba un segundo más con Jae-yeon, querría llegar hasta el final, así que levantó las manos en señal de rendición y retrocedió. Jae-yeon suspiró levemente, se acercó y le dio un beso rápido en la mejilla. Mmua. Avery abrió mucho los ojos y el hombre soltó una risita.

“……Gracias por la recarga. Nos vemos luego”.

Esa sonrisa perfecta hizo que el corazón de Avery diera un vuelco. El hombre le acarició el cabello, se aseguró de que no hubiera nadie fuera y salió. Avery, solo en la oficina, se mordió el labio y golpeó el escritorio con frustración.

O es tierno o es genial, pero que no sea las dos cosas a la vez, que mi corazón no aguanta… Dios, ¿qué habré hecho en mi vida anterior para tener un novio así?

Aunque estaban en los inicios, la relación entre Avery Remington y Shin Jae-yeon iba viento en popa. Al menos así lo sentía Avery. Si había que buscar un problema, era que Jae-yeon le gustaba tanto que le costaba concentrarse en su vida diaria. Le gustaba tanto el Jake Shin Chef como el Shin Jae-yeon novio, y la adrenalina brotaba como una fuente sin descanso. Intentaba reprimir esos sentimientos en el trabajo, pero no siempre lo lograba. No era raro que Marco sospechara. Pero quitando eso, sentía que lo estaban haciendo bastante bien.

Ah, yo también tengo que salir rápido.

Pero sus comisuras no querían bajar.

Secuestrar a su novio en medio del trabajo para recargar pilas en la oficina… ¿cómo se le ocurrió algo tan adorable? Jamás imaginé que fuera de ese tipo…

Avery agarró el pomo de la puerta mientras seguía sonriendo. Sabiendo que Jae-yeon no era de los que mostraban sus emociones abiertamente, no esperaba grandes cambios al empezar a salir, pero una vez abierta la puerta que estaba cerrada bajo llave, Jae-yeon empezó a expresar su afecto sin reparos.

Era maravilloso, pero también complicado. ¿Cómo se suponía que iba a aguantar a este Shin Jae-yeon tan sincero? Si bajaba la guardia un momento, temía lanzarse sobre él olvidando la razón y las miradas ajenas.

Uf, tendré que resistir como sea…

Nunca había envidiado tanto a la gente que puede tener una relación pública. Avery suspiró y abrió la puerta, sin imaginar que esa misma noche empezarían a llover obstáculos sobre su perfecta relación.

***

“Queda algo de lechuga romana”.

“Las hojas no parecen estar mal… ah, los bordes están un poco marchitos”.

“Mañana por la mañana las pondré en agua con hielo para ver si reviven. Si no, nos las comemos nosotros”.

“Como quieras”.

Jae-yeon asintió ante la solución de Marco. A veces, tras el cierre del restaurante, revisaban así los ingredientes sobrantes. Por supuesto, Avery, como aprendiz, no tenía voz ni voto. Mientras Marco y Jae-yeon hablaban, él se limitaba a esperar a un lado, aprovechando para observar a Jae-yeon. Le entristecía un poco pensar que, aunque ya eran novios, seguía teniendo que mirarlo a escondidas. Marco se dio unos golpecitos en la espalda y lo llamó.

“Ay, me duele la espalda, me estoy haciendo viejo. Avery, sube esos limones ahí arriba”.

“¡Ah, sí!”.

Finalmente tenía algo que hacer. Avery fue rápido y levantó la caja de limones. Estaba bastante pesada por la cantidad de fruta. Justo cuando iba a colocarla en el estante superior, Jae-yeon lo agarró de repente.

“Espera, esos limones también hay que revisarlos…”.

“¡Ah…!”.

¡Pum!

La acción de Jae-yeon era normal para un Jefe de cocina. El problema fue que Avery, que no esperaba que lo agarrara de la muñeca, reaccionó de forma exagerada y soltó la caja. Los limones amarillos rodaron por todo el suelo del almacén. Avery se quedó petrificado un segundo por la sorpresa y, al darse cuenta de su error, se disculpó de inmediato.

“¡L-lo siento mucho!”.

“……No, perdona, fui yo quien te agarró de repente”.

Avery se agachó enseguida a recoger los limones. Jae-yeon se agachó con él. Mientras los metían de nuevo en la caja, no cruzaron ni una palabra. Un sutil aroma a limón inundó el almacén en silencio.

Maldita sea, quiero morirme…

Avery se daba bofetadas mentales. De nada servía arrepentirse por los limones derramados. Por otro lado, Marco, que no ayudaba y solo observaba la escena, pareció darse cuenta de algo.

“Un momento, un momento… esto es muy raro…”.

Avery sintió un vuelco en el corazón y bajó la cabeza para ocultar su rostro nervioso.

“Esto, viéndolo bien…”.

“Marco, no te muevas. Tienes un limón al lado—”.

“¿Ustedes dos se traen algo?”.

“¿Qué?”.

“¿Eh? ¡N-no!”.

Maldición.

Avery cerró los ojos con fuerza.

¿Por qué este hombre tiene tanta intuición?

“Mira cómo responden a la vez, qué sospechoso. Oigan, ustedes se traen algo. No intenten engañarme, que yo para estas cosas soy como un detective”.

“Qué detective ni qué nada. Deja de decir tonterías y ayuda a recoger. ¿Es que no te quieres ir a casa?”.

“¡A la mierda los limones! Hay una tensión tan espesa entre ustedes que no me extrañaría que se pusieran a besarse aquí mismo. Parece que si yo no estuviera, ya lo habrían hecho”.

“No sabía que tenías talento para las novelas eróticas. Deja de decir bobadas y recoge. ¿Quieres irte ya?”.

“Vaya, así que vas a fingir que no pasa nada. Si te pones así, Jake, tengo mis métodos”.

“…….”.

“¡Avery!”.

“¡¿S-sí?!”.

“¿Estás saliendo con Jake?”.

De repente, la flecha apuntó a Avery. Tomado por sorpresa, Avery balbuceó un segundo antes de soltar un ‘no’. Aunque lo negó, Marco pareció obtener su confirmación de ahí.

“¡Ja! Lo sabía. Avery ha estado todo el día radiante, y tú, Jake, tienes un aura extrañamente suave. Me preguntaba qué pasaba. No me digas que se han estado viendo a mis espaldas”.

“¡N-no es eso—!”.

“Déjalo, Avery. Creo que ya es tarde”.

“Ajá, así que era verdad”.

“Marco, te pido un favor. No se lo digas a nadie más”.

“Jake, jamás pensé que tú, de entre todos, harías algo así”.

“…….”.

“¿Quieres que hablemos fuera? ……Avery, tú sigue recogiendo limones”.

“¿Eh? Un momento, yo también—”.

“Está bien, Avery. Espera aquí, voy a hablar con Marco”.

Era la primera vez que veía a Marco tan serio, así que quiso seguirlos, pero como Jae-yeon también lo detuvo, no pudo insistir. Click. La puerta del almacén se cerró. Por la ventana vio que se dirigían a la oficina de Jae-yeon. Avery, solo otra vez, volvió a agacharse para recoger limones.

“Haaa…”.

No se pondrán a pelear, ¿verdad?

No esperaba que Marco reaccionara así, y estaba desconcertado. Por el carácter de Marco, pensó que se limitaría a bromear o burlarse un poco, pero se le quedó la cara de piedra y miró a Jae-yeon con reproche. ¿Por qué? ¿Qué había hecho Jae-yeon de malo…? Avery terminó de recoger los limones y esperó ansioso a que volvieran. Pensó que sería rápido, pero pasaron casi 20 minutos hasta que reaparecieron.

“¡…!”.

Al ver que ambos se veían bien, se alivió de que no hubieran llegado a las manos. Al ver a Avery acercarse emocionado, Marco soltó un comentario mordaz diciendo que ya ni se molestaba en ocultarlo. Avery no sabía qué decir por la vergüenza y se rascó la nuca. Jae-yeon sonrió al verlo y, como era tarde, dijo que lo llevaría a casa en coche.

“Ve a cambiarte”.

“¡Ah, sí! ¿Pero los limones—?”.

“No te preocupes. Marco dice que él se encarga de revisarlos. ¿A que sí, Marco?”.

“Lárguense de una vez”, refunfuñó Marco.

Aunque su actitud era brusca, no era muy distinta de su yo habitual.

Menos mal. Parece que todo se ha arreglado.

Avery fue al vestuario aliviado. Al salir ya cambiado, Jae-yeon lo esperaba en la puerta. Aunque era tarde y podía ir en metro, Avery se sintió feliz y agradecido de que Jae-yeon se ofreciera a llevarlo hasta Queens, que ni siquiera le quedaba de paso. Subió al asiento del copiloto del Mercedes.

“Jae-yeon, ¿puedo preguntarle algo?”.

“Claro, dime”.

“¿De qué habló con Marco? Estuvieron casi 20 minutos en la oficina y pensé que había pasado algo malo”.

“…….”.

Esperaba una respuesta inmediata, pero Jae-yeon se quedó en silencio un momento.

¿Qué pasa? ¿Realmente ocurrió algo?

Avery se puso tenso ante el silencio de Jae-yeon, hasta que finalmente oyó su voz.

“No lo sabía, pero parece que Marco te aprecia mucho”.

“¿Eh? Qué va, si siempre me está regañando”.

“Te regaña porque te tiene afecto, supongo”.

“Espere, ¿n-no me diga que Marco está enamorado de mí?”.

“…….”.

“¡Dios! ¿Es verdad? ¿Qué hago? Marco es buena persona, pero nunca lo he visto así…”.

¿Y si por mi culpa se rompe la amistad entre Marco y Jae-yeon?

Al ver a Avery tan serio y preocupado por la paz laboral, Jae-yeon no pudo contener la risa.

“Jajaja, me encantaría que Marco oyera eso. Probablemente intentaría matarte”.

“¿Eh? ¿Entonces no es eso?”.

“¿Cómo va a ser eso, si tiene hasta una hija? Eres guapo y atractivo, sí, pero Marco es un hombre fiel a sus principios”.

“Y-ya… ¿Entonces qué es?”.

“Marco me echó una bronca increíble por 'ponerle las manos encima' a un aprendiz. Casi sentí que era un padre atrapando a su hija de quince años escapándose con un hombre”.

“……Pero en este caso, más que usted ponerme las manos a mí, fui yo quien se las puso a usted…”.

“Puede ser, pero al final fui yo quien aceptó, así que no me siento muy digno”.

“¿Por qué no va a ser digno? No tengo quince años, tengo veintiuno”.

“Estás más cerca de esa edad que de la mía”.

“No sea así… Además, Marco no es mi padre”.

“Él parece creer que sí lo es”.

“Tch, pues que me trate mejor normalmente”.

“……Por cierto, Avery, ¿es verdad que no tienes padres?”.

“Ah, sí”.

“Me lo ha dicho Marco hace un momento. Sabía que vivías solo, pero no tenía ni idea”.

“Ah, no es que quisiera ocultarlo. Es que murieron hace tanto tiempo que ni pienso en ello. Se me olvidó mencionarlo”.

Los padres de Avery murieron cuando él era muy pequeño. Estaba tan acostumbrado a no tener a nadie que lo cuidara que a veces olvidaba que eso podía ser un tema importante para los demás. Pensó que quizás debería habérselo dicho a su novio antes; habría sido mejor que se enterara por él y no por un tercero. Miró a Jae-yeon con cautela, pero él le dijo con voz suave: “No te estoy reprochando nada”.

“Solo me ha sorprendido un poco”.

“La próxima vez que me acuerde de algo importante, se lo diré lo antes posible”.

“Te lo agradecería”.

“¿Le regañó mucho Marco?”.

“¿Un poco? Pero cuando supo que iba en serio, dijo que hiciéramos lo que quisiéramos”.

“…….”.

“Creo que le preocupaba que solo estuviera jugando contigo. Especialmente porque siempre dices que me admiras, existía la posibilidad de que me hubiera aprovechado de esa inocencia”.

“¿Pero qué piensa Marco de usted? Se conocen de hace tiempo, debería saber que usted no es así”.

“Lo sé, pero por si acaso. Seguramente es porque te aprecia mucho”.

“…….”.

Como lo habitual era que lo regañara duramente varias veces al día, Avery no tenía ni idea de que Marco lo estimaba tanto. Se rascó la mejilla. Agradecía la preocupación de Marco, pero se sentía un poco cohibido al pensar en lo que le estaba haciendo a Shin Jae-yeon. Todos los días libres lo estaba ‘devorando’ hasta los huesos... Al ver a Jae-yeon soltar una risita a su lado, supuso que él estaba pensando algo parecido.

“En fin, la charla terminó bien, así que no te preocupes”.

“Menos mal. Pero, ¿entonces usted está bien, Jae-yeon?”.

“¿Eh? ¿Con qué?”.

“Ahora hay otra persona que lo sabe, además de Nick. Si yo hubiera actuado un poco mejor antes...”.

“…Marco también es una persona de confianza, así que está bien. Además, trabajas con él todo el día, ¿no? Aunque nos hubiéramos librado esta vez, tarde o temprano se habría dado cuenta. Ya que nos descubrió, pues tendremos una relación valiente cuando estemos con él”.

“Me temo que a Marco le va a dar un patatús”.

“Eso suena bien”.

El semáforo cambió a rojo y el coche se detuvo suavemente ante la línea. En el momento en que Shin Jae-yeon giró la cabeza, Avery lo atrajo por la nuca y lo besó. Sabía perfectamente cuán estricto era Jae-yeon separando lo público de lo privado. Incluso el hecho de que fuera gay era algo que solo se rumoreaba entre cocineros; Jae-yeon nunca había mostrado su orientación públicamente. Le resultaba asombroso y gratificante que alguien que protegía tanto su vida privada estuviera tan tranquilo a pesar de que ya dos personas conocían su relación. Sentía que habían superado otro obstáculo.

Ahora todo irá bien, pensó Avery. Creía que todos los elementos que podrían perturbar su paz habían sido eliminados. Pensaba que ya solo quedaba disfrutar de un dulce romance con Shin Jae-yeon. Sin embargo, pocos días después, Avery se daría cuenta de que el incidente de aquel día no era más que una pequeña colina comparada con el verdadero abismo que se avecinaba.

***

—Sí, lo siento, pero hoy no puedo faltar. Iré directamente en cuanto termine el voluntariado.

“¿A qué hora crees que terminarás?”.

—Para cuando termine de recoger, serán las tres o las cuatro. Jae-yeon, dijiste que hoy ibas a la librería, ¿verdad?

“Sí, tengo que comprar otras cosas también, pero creo que terminaré antes de las dos”.

—Entonces ve a casa a descansar primero. Yo intentaré llegar lo antes posible.

Tras responder que así lo haría, Shin Jae-yeon terminó la llamada. Era su día libre después de una semana, pero Avery dijo que tenía un voluntariado regular en un refugio juvenil en Queens. Al parecer, era una actividad que realizaba con sus amigos desde hacía tiempo. Le daba pena no pasar todo el día juntos, pero no le pareció correcto impedirle hacer una buena obra, así que lo dejó ir. Aprovechando el tiempo libre, pensó en ir al centro a comprar lo que necesitaba y, si le sobraba tiempo, darle vueltas al nuevo menú de la temporada de primavera.

Faltaba apenas un mes para el inicio de la temporada de primavera. Aunque no era la primera vez que abría una temporada ni la primera vez que renovaba el menú, este año estaba poniendo especial empeño. Se rumoreaba que la inspección de Michelin se llevaría a cabo durante la primavera. Normalmente, la guía Michelin de Nueva York se publica en octubre, pero este año se decía que la fecha se adelantaría unos meses y saldría en verano. De ser así, era muy probable que los inspectores visitaran el restaurante durante la temporada de primavera.

‘Hay mucho interés en nuestro restaurante por todas partes. Todo el mundo me pregunta si cree que podremos mantener las tres estrellas esta vez’.

‘¿Y por qué te preguntan a ti? ¿Qué vas a saber tú, que solo vienes a decir tonterías cada dos por tres?’.

‘Eso digo yo. Les dije que le preguntaran al Chef Jake Shin, y me soltaron que a ver dónde se le puede encontrar’.

‘Qué pregunta más estúpida. ¿Dónde va a estar un cocinero sino en su restaurante?’.

‘¿No será porque no se le puede ver en ningún otro sitio que no sea el restaurante?’.

‘……Déjalo, no voy’.

‘Qué rápido eres. No seas así, vamos. ¿Crees que invitan a cualquiera a la fiesta de cumpleaños del gobernador?’.

‘Invitarán a gente seleccionada. Gente como Diego Finnegan, de la familia Finnegan’.

‘Exacto. Y el señor Diego Finnegan puede llevar a un acompañante’.

‘No quiero. Ya no tenemos esa clase de relación’.

‘Siento decirte que ni siquiera cuando la teníamos quisiste ir. Decías que no querías que se rumoreara que eras gay’.

‘…….’.

‘Y esta vez te pido que vengas simplemente como socio. Necesitas hacer un poco de vida social, Jae-yeon. Los contactos que se hacen en esos sitios ayudan a gestionar el restaurante’.

‘Por eso el gestor eres tú y no yo. Se me dan fatal esas cosas. Ya lo sabes’.

‘Dicen que vendrá alguien relacionado con Michelin. Alguien bastante importante’.

‘¡……!’.

‘Se comenta que podría salir información útil. A ti te importan las tres estrellas, ¿no?’.

‘……Me importan, claro. La gente valora el restaurante por eso’.

Esa era la realidad. Desearía poder pensar que esas estrellas son solo uno de tantos indicadores para evaluar un restaurante, pero la realidad era distinta. En la industria gastronómica actual, una estrella Michelin no es solo una medida de calidad culinaria. Era la herramienta más poderosa que definía el prestigio y el valor económico de un restaurante, y marcaba la carrera de un chef.

Por supuesto, solo con aparecer en la guía Michelin ya se obtenía atención mundial, pero las tres estrellas estaban en otro nivel. Especialmente en Nueva York. Los restaurantes que mantenían las tres estrellas en el centro de la gastronomía mundial se podían contar con los dedos de una mano. Por lo tanto, mantenerlas no era solo una cuestión de honor, sino la estrategia de marketing más potente y una táctica de supervivencia para prevalecer en un mercado feroz.

Se dio cuenta del impacto de las estrellas en su primer año con la tercera. Aunque el sabor de la comida era el mismo antes y después de recibirla, las reservas de ‘Inspire’ se llenaron sin excepción. La gente hacía cola diciendo que esperaría meses con tal de comer allí, e incluso había clientes que viajaban a Nueva York exclusivamente para visitar ‘Inspire’. El nombre del Jefe de cocina ‘Jake Shin’ aparecía en todos los medios, y le llovían peticiones de entrevistas y apariciones en televisión. Todo aquello era impensable antes de la publicación de la guía.

Así de brillantes son las estrellas de Michelin. Sin embargo, se parecían más a un préstamo que a un regalo. Las estrellas podían desaparecer en cualquier momento. Y si una estrella se desvanecía, no solo disminuiría la afluencia de clientes, sino que las inversiones y el apoyo al restaurante se reducirían drásticamente. Shin Jae-yeon no ignoraba este hecho. Michelin es importante. Pero también pensaba que obsesionarse demasiado con una sola evaluación no era lo ideal para un cocinero. Diego, como si leyera sus pensamientos, asestó el golpe final.

‘Ganar más estrellas está bien, pero perderlas... jamás. Ya sabes cómo lo vería la gente’.

‘Exacto. Entonces, ¿confirmo que vas a la fiesta del gobernador?’.

Parecía que no podía negarse. Si era por el bien del restaurante, no había otra opción. Shin Jae-yeon asintió. Ya se sentía mal de solo pensar en tener que forzar una sonrisa y estrechar manos con ricos, políticos y celebridades presumidas en un lugar donde solo conocería a Diego.

Si Avery estuviera conmigo, sería mejor... ¡Ah! ¿Por qué no lo pensé antes?

Daba igual llevar a dos que a tres personas. Alguien como Diego no tendría problemas en conseguir otra invitación, y aunque a él le horrorizaban esos eventos, Avery nunca había ido a uno y quizás le parecería divertido. Sobre todo, le ayudaría mucho a mantener la calma.

Pensando en preguntarle a Avery cuando se vieran más tarde, Shin Jae-yeon recorrió los pasillos repletos de estanterías. Le gustaban las librerías de segunda mano. Le agradaba el olor a libro viejo y la atmósfera tranquila, así que, aunque tuviera libros pendientes, solía entrar y comprar alguno si lo veía al pasar.

Compró una novela de ciencia ficción con un argumento interesante tras hojearla relajadamente. Ahora solo tenía que pasar por la tienda de deportes para comprar unos tenis y, como Avery dijo que quería probar comida coreana, compraría algunos ingredientes coreanos y volvería a casa...

“…… ¿Eh?”.

De pronto, al darse cuenta de que el paisaje de esa calle le resultaba extrañamente familiar, Shin Jae-yeon se detuvo en seco. La razón le vino rápido a la mente. A pocas manzanas de allí estaba ‘aquella tienda’. ‘Bound & Beyond’, el lugar donde se encontró inesperadamente con Avery y lo sumió en el pánico. Hubo un tiempo en que la visitaba a menudo para comprar diversos juguetes y jugar solo, pero desde que empezó su relación con Avery, no había vuelto a poner un pie allí. Avery solía encargarse de preparar el juego, y parecía que le gustaba hacerlo. ¿No había dicho hoy que había encargado algo y que lo recogería al venir? No sabía qué planeaba esta vez, pero seguramente...

“…….”.

No, no pienses en eso.

Al menos no debería pensar así en plena calle. Jae-yeon aceleró el paso. El viento frío del invierno golpeó sus mejillas, que se habían calentado ligeramente. Se sentía patético por estar ya deseando que llegara la noche cuando el sol aún estaba en lo alto, pero no podía evitarlo. Supuso que era inevitable teniendo un novio guapo que era amable de día y una fiera de noche. Su físico era totalmente su tipo y, para colmo, era dominante; ¿cómo podía existir alguien tan a su medida? Al principio le costó creerlo. Se preguntaba si era posible tener tanta suerte.

Mientras caminaba deprisa, recordó que la distancia entre el lugar donde Avery hacía el voluntariado y su ubicación actual era considerable. Le llevaría bastante tiempo terminar el voluntariado, pasar por la tienda y venir...

¿Y si lo recojo yo y le digo a Avery que venga directamente a mi casa?

Avery dijo que lo que preparó era un secreto, pero si no miraba dentro de la bolsa, estaría bien. E incluso si lo veía por error, no sería un gran problema. Quizás recibiría un castigo, pero eso también...

“…….”.

No tengo remedio.

Shin Jae-yeon se mordió el labio y giró en la siguiente manzana. Sintió que sus mejillas se encendían más, pero por suerte era un callejón apartado y no se cruzó con nadie hasta llegar a su destino.

***

“……Hola”.

“Ah, hola. Hacía tiempo que no venía, ¿verdad?”.

“Sí, supongo que sí”.

Había llegado a la tienda, pero no esperaba que el empleado recordara su cara. Jae-yeon carraspeó con incomodidad. Había venido a recoger el paquete en lugar de Avery, pero al tener al empleado enfrente, no sabía cómo empezar. Sin embargo, para su sorpresa, el empleado habló primero.

“De hecho, me preguntaba cuándo volvería”.

“¿A mí?”.

“Sí, usted solía comprar a menudo juguetes para jugar a solas. Como últimamente ha subido mucho la demanda de ese tipo de artículos, hemos traído una nueva colección. Estaba esperando a que viniera para enseñársela”.

“……Ah, ya veo”.

“¿Quiere verla? Está por allí”.

Viendo que el empleado estaba a punto de levantarse de la silla, Jae-yeon hizo un gesto apresurado con la mano diciendo que no. El empleado puso cara de extrañeza.

Maldición...

Sintió que le ardía la cara. Arrepintiéndose de haber entrado tan a la ligera en ese lugar peligroso, Jae-yeon finalmente logró decir.

“Se lo agradezco, pero no hace falta”.

“¿Eh? ¿Por qué? Son artículos realmente buenos. No tiene que comprar nada, solo escuche la explicación”.

“No, no es eso... Es que ya no necesito jugar solo”.

“¡Ah…!”.

“…….”.

“¡Cielos, me alegro mucho! Definitivamente se siente mejor tener un compañero que hacerlo solo. Ahora podrá disfrutar de una variedad de juguetes más amplia”.

“……Sí, así es”.

Sentía que la cara se le quemaba. Ante el empleado que sonreía felicitándolo sinceramente, Jae-yeon dijo rápidamente que había venido a recoger un encargo para poder irse de allí cuanto antes.

“Yo no hice el pedido, ¿puedo recogerlo?”.

“Ah, lo encargó su pareja. Sí, somos un club de socios, así que si me da el nombre, es posible”.

“Avery Remington”.

“……Avery... Remington... Eh, lo siento, pero no me aparece como socio. No hay resultados”.

“¿Eh? Eso es imposible. Me dijo claramente que lo encargó aquí... Debe de ser un cliente habitual”.

“¿Habitual? Si lo fuera, yo lo sabría. ¿Quizás usa un seudónimo?”.

“No creo... Ah, debió de verlo aquel día. El último día que vine—”.

“¡Ah, ya recuerdo! ¿El día que compró el Hot Pink Luxury Wave Majestic Super XL Tower?”.

Quería morirse. ¿Por qué le pasaba esto...? Jae-yeon apretó los dientes y respondió a duras penas.

“……Sí, c-creo que sí”.

“Por cierto, ¿qué tal le fue con eso? Como no volvió después, me preguntaba si no le había gustado”.

“……No, el artículo estaba bien. Por cierto, ¿recuerda al chico rubio que me saludó aquí delante aquel día? Alto, de unos veinte años—”.

“¡Ah, sí! Claro que lo conozco. Ha venido a menudo últimamente. Se refiere al señor Tyler Grant, ¿verdad?”.

“¿Tyler Grant? No”.

“Ese día también recogió un paquete a nombre de Tyler Grant”.

¿Qué?

Jae-yeon encendió el teléfono y fue a la galería. Por suerte, le había hecho una foto a Avery hacía unos días. Al enseñársela, el empleado asintió confirmando que era él.

“El Tyler Grant que yo conozco es él”.

“……No entiendo qué está pasando”.

“Ah, ahora que lo pienso, creo que la primera vez que se registró como Tyler Grant fue otra persona... Pero desde aquel día solo ha venido él, así que se me había olvidado”.

“¿Desde aquel día se refiere al día en que nos encontramos?”.

“Sí, aquel día fue la primera vez que lo vi. Parecía muy desubicado al entrar en la tienda, así que pensé que era un novato que entraba por curiosidad...”.

“¿Parecía desubicado?”.

“Sí, ¡parecía que acababa de iniciarse en este mundo!”.

“No, eso no puede ser... Me dijo que tenía mucha experiencia. Que solía ir a clubs y esas cosas—”.

“Mmm, al menos a mis ojos no lo parecía. ¿O quizás se acaba de mudar a Nueva York?”.

Que él supiera, Avery era neoyorquino de pura cepa. De Queens, y fan de los New York Mets desde pequeño. Probablemente casi nunca había vivido fuera de Nueva York.

“Que yo sepa, no. ……¿Por qué?”.

“Es que Tyler, digo, Avery, vino también la semana antepasada, y justo estaba de visita un amigo mío. Él gestiona varios clubs de BDSM famosos en Nueva York y le invitó a pasarse cuando tuviera tiempo, pero Avery lo rechazó. Si fuera asiduo a los clubs, seguramente conocería a mi amigo...”.

Algo andaba mal. Nada encajaba. El Avery que él conocía era, sin duda...

“…….”.

Viendo que Jae-yeon se había quedado en silencio, el empleado debió de pensar que se había metido donde no le llamaban y le entregó rápidamente la bolsa con el pedido de Avery. Al salir con la bolsa, Jae-yeon repasó mentalmente todo lo ocurrido. Desde el momento en que encontró a Avery allí por primera vez, el día de su primer juego en el hotel de Brooklyn, todos los encuentros posteriores, el día que lo invitó a casa y la conversación que acababan de tener; analizó cada recuerdo sin dejar pasar nada. La conclusión fue solo una.

Avery Remington le había mentido. Era un hecho innegable.

***

“Ya llegué……”.

Avery abrió la puerta con cautela. Los zapatos de Shin Jae-yeon estaban en la entrada. Parecía que estaba en casa, pero ¿por qué no salía a recibirlo? Avery se puso sus pantuflas color limón y entró.

“…….”.

Al mirar la bolsa de papel que estaba sola sobre la mesa, vio el pedido que había hecho en ‘Bound & Beyond’. No había duda, Jae-yeon había ido a la tienda. Al ir a recoger el paquete tras el voluntariado, el dependiente le dijo que su pareja ya se lo había llevado, lo cual lo sorprendió. Pero la expresión del dependiente al decir eso fue muy cautelosa. Por eso vino corriendo a casa de Jae-yeon pensando que algo había pasado, pero por mucho que llamó a la puerta, no hubo respuesta. No contestaba el teléfono ni respondía a los mensajes. Sin embargo, al girar el pomo, la puerta estaba abierta.

¿No le habrá pasado nada, verdad?

“¿Jae-yeon…?”.

No estaba en el salón. Tampoco en la cocina. Lo más probable era que estuviera en el dormitorio. Avery abrió la puerta del cuarto y llamó suavemente a su amante. Entonces vio una silueta familiar moviéndose en la oscuridad de la habitación. Aunque solo era una sombra, la persona que estaba junto a la ventana mirando el paisaje oscurecido era, sin duda, Shin Jae-yeon.

Uf, menos mal, parece estar bien.

Avery entró aliviado.

“¿Por qué estás así sin luz? Y no respondías el teléfono”.

“…….”.

“Está muy oscuro, voy a encender la—”.

Click. En lugar de responder, se encendió la lámpara de la mesilla. Avery parpadeaba por la luz repentina cuando Jae-yeon se giró y caminó hacia él con paso firme. Al ver su expresión, Avery sintió que se le caía el alma al suelo. No sabía qué era, pero... le había hecho enfadar.

“P-perdón—”.

“¿Por qué?”.

“Bueno, pues...”.

“¿Por qué te disculpas si ni siquiera sabes por qué? ¿Solo porque parezco enfadado?”.

“No, bueno... sí”.

“…….”.

“H-habré hecho algo mal para que estés así... Tú no eres de los que se enfadan sin motivo”.

Avery recordó el incidente de la piel de zanahoria. Al ver que Jae-yeon, que apenas se enfadó con él aquella vez, estaba así de furioso ahora, supo que era algo grave. Le daba miedo porque sabía lo aterrador que podía ser Jae-yeon enfadado. Más que su enfado, le aterraba que no lo perdonara nunca. Si con eso se le pasaba, le pediría perdón mil veces. Tras un silencio, Jae-yeon preguntó con una agudeza hiriente.

“¿Fue divertido?”.

“¿Qué? ¿El qué?”.

“No sé ni cómo llamar a esto, de lo absurdo que es. ¿Debería decir que has jugado conmigo?”.

“¿Eh? ¿Jugar? ¿Yo?”.

“¿O debería decir que dejé que jugaras conmigo? No sé ni qué pensar. ¿Por qué hiciste algo así, Avery?”.

“Sigo sin entender de qué estás hablando—”.

“Tú nunca habías hecho juego. Bueno, ahora sí, pero me refiero a antes de conocerme”.

“¡¿C-cómo lo sabe…?!”.

“¿Quién es Tyler Grant?”.

“……Mi amigo”.

¡Ah! ¿Acaso oyó algo cuando fue a por los juguetes?

¡Ahora que lo pensaba, había hecho el pedido a nombre de Tyler...! Avery se dio cuenta y entró en pánico. Había dado el nombre de Tyler la primera vez que fue a la tienda y, como le dijeron que acumulaba puntos de descuento, los estuvo guardando allí sin pensar, nunca imaginó que eso se volvería en su contra... ¿Hasta dónde sabía? Sabía que mentir estaba mal y pensaba confesarlo algún día, pero no esperaba que lo descubrieran así, por lo que se quedó con la mente en blanco.

“¿Amigo?”.

“Sí, un amigo”.

“Entonces, ¿qué hacías en la tienda el día que nos encontramos?”.

“…….”.

“Avery, responde”.

“……Mi amigo me pidió que recogiera algo por él y pasé por allí…”.

“¿Y te encontraste conmigo?”.

“……Sí”.

“Ja, con razón tu reacción fue tan extraña. ¿Nunca habías ido a la tienda antes de eso, verdad?”.

Avery asintió dócilmente, y Jae-yeon soltó una carcajada amarga, como si no pudiera creérselo.

“¿Por qué mentiste? Todo era mentira. Lo del 'Látigo de Oro de Queens' y todo lo demás. Ahora que lo pienso, no sé cómo me lo tragué. Era una mentira de niño”.

“…….”.

“No te quedes callado, di algo. Me siento como un completo idiota ahora mismo”.

“……Siento muchísimo haber mentido”.

“¿Pero?”.

“Pero... en aquel momento estaba tan desesperado por convencerte que lo dije por eso”.

“¿Convencerme? Aunque no hubieras mentido—”.

“¿Me habrías aceptado? ¿De verdad?”.

“…….”.

“Sabes que no. Si todavía te obsesionas con algo tan insignificante como la edad, me habrías puesto una barrera si me hubiera acercado con sinceridad. Al menos el Jake Shin que yo conozco lo habría hecho”.

“¡Pero aun así—!”.

“Yo también estaba desesperado a mi manera. Quería crear una oportunidad como fuera. No pretendía jugar contigo. De verdad que no. Ni siquiera sé cómo se juega con alguien”.

“……Precisamente eso es lo que me molesta. Me pregunto qué demonios he estado haciendo con un chico que no sabía nada”.

“Tú tampoco sabías nada sobre el juego, Jae-yeon. Estamos en las mismas”.

“Ha... Maldita sea, nunca me imaginé... No, espera. Un momento”.

Jae-yeon, que se presionaba las sienes con el ceño fruncido por la decepción, levantó la cabeza de repente como si recordara algo. Miró a Avery con una expresión de sospecha.

“Aquello no fue... tu primera vez, ¿verdad?”.

“…….”.

“¿Lo fue?”.

“……Sí”.

“¡Pero si tenías novia! ¿Por qué...?”.

“Eso es diferente. Salir con alguien no significa necesariamente tener sexo”.

“Ha... No, yo... ¡Ha!”.

“Normalmente la gente se agobia si dices que es tu primera vez. Por eso no dije nada”.

“Es que no me lo puedo creer. ¿Cómo pudo ser la de un virgen...?”.

“Aunque no lo hubiera hecho, había visto mucho a otros hacerlo y.… bueno, en Google sale de todo si buscas”.

“¿Dices que veías a otros hacerlo a menudo?”.

“Cuando vivía en el refugio. Como los chicos no tenían dinero, traían a sus novias a los espacios comunes. Lo entiendo, pero vivir ahí era un suplicio. Quizá por eso me volví tan apático con esos temas, pero... al conocer a Jae-yeon, parece que todo lo que tenía acumulado explotó. De haberlo sabido, habría guardado incluso mi primer beso, creo que lo di solo por curiosidad. Ni siquiera sentí nada especial”.

Confesó con timidez que, en realidad, quería haberle entregado incluso su primer beso, pero Shin Jae-yeon, lejos de conmoverse, parecía aún más impactado. Se escuchó un profundo suspiro. Al verlo morderse el labio como si no supiera qué hacer, Avery sintió que, lamentablemente, su confesión no estaba siendo bien recibida. Pero el agua ya se había derramado. No podía volver a pegar una virginidad que ya no existía. ¿Por qué Shin Jae-yeon se ponía tan serio? ¿Acaso le disgustaba haber sido su primero? Ese pensamiento le dio un pinchazo en el corazón. Desanimado al instante, preguntó.

“... ¿Tanto le disgusta?”.

“No, Avery. No es que me disguste...”.

“A decir verdad, a mí no me disgusta. Es más, me alegra. No soy de los que le dan mucha importancia a esas cosas, pero creo que es una suerte haber podido tener mi primera experiencia con alguien que me gusta tanto. Por supuesto, lamento mucho haber mentido y me arrepiento, pero...”.

“...”.

“Lo hice mal”.

“No, no digas eso. Está bien. Ahora que te escucho, entiendo por qué mentiste... Es solo que me siento muy estúpido por no haberme dado cuenta de nada”.

“¡Jae-yeon no es estúpido! Todo es culpa mía. Yo lo engañé”.

“Creo que yo también tengo la culpa en este caso, por ni siquiera sospecharlo. Entonces, eso significa que ni siquiera tienes una inclinación natural como Dom. No me digas que te obligaste a hacerlo solo para adaptarte a mí...”.

“¡Eso no es cierto! ¿Acaso le pareció que estuve fingiendo durante nuestras sesiones?”.

“... No. Pero ahora ya no sé qué parte era actuación”.

Al ver a Shin Jae-yeon murmurar con resignación, Avery se impacientó. ‘Actuación’; Jae-yeon estaba malinterpretando las cosas seriamente. No era eso en absoluto. Con el corazón ansioso, le tomó las manos con fuerza; solo entonces Jae-yeon levantó la cabeza y lo miró a los ojos. Avery exclamó casi como una súplica.

“¡No hubo nada de actuación! Jae-yeon, soy más joven que usted, pero soy un adulto hecho y derecho. ¡Todo lo hice porque quería! Es cierto que originalmente no tenía una inclinación Dom, pero... disfruté las sesiones con usted al 100%, no, al 1,000%. Si solo hubiera sido por adaptarme a sus gustos, ¿habría pedido juguetes por iniciativa propia?”.

“Eres una persona muy dulce, así que...”.

“Por muy dulce que sea, eso no ayuda en una sesión. Más bien sería al revés”.

“Aun así...”.

“Está bien. Si soy honesto, no creo ser un Dom innato. Porque no siento deseos de hacer esto con nadie que no sea usted. Al principio también me preocupaba si realmente podría excitarme. Busqué materiales de referencia y escuché historias de gente con experiencia, pero nada me convencía. No entendía por qué alguien querría tratar mal a otro y causarle dolor”.

“...”.

“Pero en el momento en que me llamó ‘Amo’, lo comprendí de inmediato. Mis dedos hormiguearon, sentí escalofríos por la espalda... No podía pensar en nada más que en dominarlo y hacerlo completamente mío. Quería controlar hasta la última de sus células, no podía contenerme. Usted es diferente. Para mí, usted es distinto a cualquier otra cosa, Shin Jae-yeon”.

“... ¿Es en serio?”.

“Sí. Así que, ¿no podría decirse que soy un Dom exclusivo para Shin Jae-yeon?”.

“... Nunca había oído hablar de una inclinación así”.

Avery se sintió aliviado al ver que Shin Jae-yeon finalmente soltaba una pequeña risa. Hace un momento, cuando se dio cuenta de que su mentira había sido descubierta, pensó que todo estaba acabado, pero al hablar, parecía que había un rayo de esperanza. Por supuesto, no estaba orgulloso de haber seducido a Jae-yeon con la mentira de que era un experto, ni tenía excusa por haberlo ocultado hasta ahora, pero su amor por él era real. Si Jae-yeon comprendía eso, no le importaba que lo regañaran más.

“Ya basta, no vuelvas a mentirme nunca más”.

“...”.

“No tienes idea de todo lo que pensé mientras te esperaba”.

Shin Jae-yeon se hundió en su pecho y lo rodeó con los brazos. Avery, aliviado, le besó la frente.

“Lo siento, Jae-yeon. No volveré a hacerlo. Lo prometo”.

“¿Tenías intención de decírmelo?”.

“Llevaba tiempo pensando que debía confesárselo todo. Pero cada vez que iba a hacerlo, no me salían las palabras. Honestamente, no es nada genial. Que tu amante, que creías que era el rey del BDSM, resultara ser un novato que ni siquiera había perdido la virginidad... está muy lejos de ser sexy”.

“Lamento decirte esto, pero ‘El Látigo Dorado de Queens’ tampoco sonaba muy sexy que digamos”.

“Eso fue porque me lo inventé a toda prisa... Quizá debí elegir algo como ‘El Dominador de la Noche’”.

“Pff. Tu sentido para los nombres es terrible, pero parece que tienes talento natural para lo demás. Sinceramente, nunca sospeché que fuera tu primera vez. Yo tampoco he practicado con nadie más que contigo, así que no puedo estar seguro, pero...”.

“Jae-yeon, esto no volverá a ocurrir. De eso puede estar seguro”.

“... Está bien”.

La expresión del hombre, que respondió con un tiempo de retraso, se había suavizado notablemente en comparación a cuando lo estaba interrogando. Qué alivio. Avery jugueteó con las puntas del cabello del hombre mientras decía.

“Me alegra que se haya aclarado el malentendido”.

“El malentendido se aclaró, pero todavía me da vueltas la cabeza por el impacto. De verdad, no puedo creerlo. ¿Cómo se te ocurrió decir una mentira tan audaz? Sin haber perdido ni la virginidad”.

“Bueno, cuando uno está desesperado... resulta que no hay nada imposible”.

“Ahora creo entender por qué Marco se burlaba”.

“¿Marco?”.

“Sí, la otra vez cuando hablábamos, le dije que no me sentía orgulloso de haberme metido con un chico tan bueno y frágil, y se rió de mí. Dijo que alguien así no habría sobrevivido tanto tiempo en una cocina”.

“Marco tiene razón”.

Avery se separó con cuidado. Aunque estaba mejor que antes, el rostro de Shin Jae-yeon aún mostraba rastros del impacto. Considerando que lo había engañado durante meses, sin importar el motivo, esta reacción podría considerarse muy moderada. Al acariciar suavemente su mejilla tersa, Jae-yeon lo miró con ojos confundidos.

“... ¿Necesita tiempo para pensar a solas?”.

“Si digo que sí... ¿te irás?”.

“Si eso es lo que desea, no tendré más remedio”.

“...”.

“O.… puedo hacer que no tenga que pensar en nada en absoluto”.

“¿Qué acabas de...?”.

“¿Por casualidad revisó el interior de la bolsa?”.

Al ver que Shin Jae-yeon se sobresaltaba, preguntó con cautela; para su sorpresa, el hombre asintió levemente. ‘Lo vio’. La esperanza creció un poco más. Avery reprimió las ganas de sonreír.

“¿Se puede mirar así las cosas ajenas?”.

“Al recibir el paquete, el empleado me pidió que confirmara si los productos estaban correctos...”.

“Ah, ya veo. ¿Y bien? ¿Estaba todo en orden?”.

“... Eso creo. No sé mucho porque no fui yo quien lo pidió, pero...”.

“Entonces, ¿lo comprobamos ahora? Para ver si están bien”.

Aunque ya sabía que los objetos estaban ahí porque él mismo los había revisado, Avery hizo la sugerencia con descaro. Al mirar fijamente a Shin Jae-yeon, vio cómo el calor se extendía lentamente desde su nuca. ‘Ah, ¿qué voy a hacer con este hombre...?’ Avery se humedeció los labios secos con la lengua. Él también estaba empezando a encenderse. Cuando sugirió salir a comprobarlo, el hombre asintió dócilmente.

“¿Quieres sacar lo que hay dentro?”.

Sobre la mesa estaba la bolsa que él había revisado antes. Al ofrecérsela, el hombre la abrió con rostro tenso. Pronto, sus dedos engancharon una vara larga y la sacaron. Aunque nunca la hubiera usado, probablemente Shin Jae-yeon intuía el propósito de esa herramienta. Avery tomó la vara de manos del hombre y dijo.

“Es esta. Elegí este color plateado porque pensé que le quedaría bien a su ‘herramienta’”.

“...”.

“Dicen que, por su longitud y grosor, no es para principiantes, pero creo que usted podrá soportarlo bien. ¿Lo ha usado antes?”.

“N-no...”.

“Pero sabe cómo se usa, ¿verdad? Además, le prometí que lo haría por usted”.

“...”.

“¿Qué le parece? ¿Está emocionado? Por el momento en que esto atraviese su uretra”.

Shin Jae-yeon tuvo un leve temblor. ‘Ah, se encendió el interruptor’. Avery sonrió ampliamente. Ahora solo quedaba complacer a Shin Jae-yeon. Cuando preguntó: "Entonces, ¿aprovechamos la oportunidad para probarlo?", Jae-yeon asintió como si hubiera estado esperando. Seguramente su cabeza ya estaba llena de toda clase de fantasías impúdicas.

Avery llevó al hombre al sofá, lo hizo sentar y desplegó las herramientas sobre la mesa. Mientras desinfectaba y preparaba todo, sentía cómo el hombre lanzaba miradas furtivas, fingiendo que no lo hacía.

Lo estaba deseando. Qué tierno.

Tras terminar los preparativos, Avery le quitó los pantalones y, para no lastimarlo, le puso grilletes con pelo acolchado en las muñecas y los tobillos. Parecía que ya se había acostumbrado a estar atado, la forma en que extendía los brazos con calma, como si estuviera completamente domesticado, le resultaba excitante.

“¿Sabe por qué lo ato?”.

“... ¿Porque me gusta...?”.

“Jaja, claro, es cierto que lo hago porque le gusta, pero hoy hay una razón más”.

“... ¿?”.

“Es para que no se lastime. Porque, vamos a insertar el plug aquí”.

Al pinchar la punta de aquello que empezaba a revelar su volumen a través de la ropa interior por la excitación de ser atado, Shin Jae-yeon se sobresaltó violentamente. Avery pudo sentir cómo la respiración del hombre contra su oído se aceleraba. Con una sonrisa, explicó.

“Me dijeron que esta es una parte sumamente sensible. Si el plug se inserta mal, la uretra puede dañarse gravemente y, en el peor de los casos, la polla podría quedar inservible para siempre”.

“... ¿Qué?”.

“Por eso lo ato. Sería un problema si Jae-yeon se agita demasiado y se lastima la uretra. Por supuesto, yo tendré el mayor cuidado posible, pero por si acaso”.

“...”.

“¿Tiene miedo? Bueno, hasta hace poco yo era virgen. Me pregunto qué pasaría si cometo un error al meter el plug y dejo su polla inservible”.

“... E-eso no puede ser...”.

“¿Por qué? De todas formas, Jae-yeon no va a meter su polla en ningún lado, así que no hay razón para que funcione correctamente. Aunque no sienta nada por aquí...”.

“¡Ah...!”.

“Llegó al clímax perfectamente por dentro, ¿qué importa si la polla se estropea un poco? Aunque a mí también me daría pena arruinar algo tan bien formado”.

“N-no, Avery...”.

Shin Jae-yeon forcejeó patéticamente con sus extremidades atadas, suplicando. Avery, en lugar de responder, le bajó la ropa interior de un tirón. A pesar de decir que no, su miembro estaba erecto y soltaba gotas de líquido transparente por la punta. Tras acariciar el glande húmedo con el pulgar y presionar la carne alrededor del orificio uretral para abrirlo ligeramente, Shin Jae-yeon tembló visiblemente y lo miró con ojos vidriosos. Avery chasqueó la lengua y advirtió.

“Si no quiere que su polla se arruine, tiene que quedarse quieto, ¿verdad?”.

“Ah... no, si pasa eso, ni siquiera podré ir al baño...”.

“Yo le ayudaré, ¿de qué se preocupa? Solo tiene que llamarme cada vez que quiera ir”.

Se excitó solo de imaginarlo. La imagen de Shin Jae-yeon viniendo a él cada vez que tuviera ganas de orinar para susurrarle al oído con vergüenza ‘Avery, necesito ir al baño...’ hizo que su entrepierna se sintiera pesada. En cada sesión llamaba pervertido a Shin Jae-yeon, pero lo cierto es que él no era quién para hablar. Quizá Shin Jae-yeon pensó algo parecido, porque tenía las orejas completamente rojas y jadeaba.

“Voy a empezar a meterlo”.

“Ah, e-espera...”.

Avery ignoró olímpicamente la petición, sujetó el tronco con una mano y comenzó a deslizar el plug lentamente por el orificio de la uretra. Gracias al lubricante, al principio entró sorprendentemente suave. Apenas habían entrado unos centímetros cuando Shin Jae-yeon, incapaz de soportar la sensación de expansión, echó la cabeza hacia atrás y soltó un gemido que parecía un grito.

“¡Hii...! Ah... ugh...”.

“¿Ya le gusta tanto?”.

“Esto es extraño, Avery... Algo... algo parece estar mal... ¡ah!”.

“Sé que se siente bien, pero aun así quédese quieto. ¿Quiere que se le arruine?”.

“No puedo... quedarme quieto... ¡ugh!”.

Las cadenas de las muñecas se tensaron con un sonido metálico. Shin Jae-yeon temblaba mientras se aferraba a los hombros de Avery. Era la primera vez que lograba una reacción tan intensa de inmediato, por lo que Avery también se excitó rápidamente. Al acariciar suavemente sus muslos firmes que se sacudían con cada centímetro que el plug avanzaba, Shin Jae-yeon arqueó la espalda con un gemido dulce.

“¡Ah! ¡Basta, detente...! ¡¿Hasta dónde piensas llegar?!”.

“Tiene que entrar hasta donde se sienta bien. Relájese, eso es... mira cómo entra”.

Siguió empujando según el camino se abría, el plug ya había penetrado a una profundidad considerable. "Hmm, parece que ya casi llegamos..." Avery presionó el extremo del plug con el dedo índice. En ese momento, Shin Jae-yeon arqueó la espalda como si le hubiera caído un rayo y soltó un grito ahogado.

“¡Ahhh...!”.

¿Ya estaba? Por el hecho de que no avanzaba más aunque empujara, parecía que sí. Al presionar repetidamente contra esa pared interna, Shin Jae-yeon empezó a temblar como si se hubiera roto y arañó los hombros de Avery suplicando que parara. Esa reacción confirmaba que había alcanzado la próstata. Cada vez que la vara presionaba el interior, una cantidad considerable de fluido salía a borbotones por la abertura de la uretra donde estaba insertado el plug. "Qué bien debe sentirse al tener la próstata estimulada directamente". Sabía que cuando el placer es excesivo se vuelve cercano al dolor, pero su adorable amante aceptaba incluso el dolor con dulzura. De hecho, su voz suplicante era extremadamente tierna.

“Haa... Avery, por favor... ¡ahí no...!”.

“¿Le gusta que le presione la próstata con la vara? ¿Eh? Mire nada más, está perdiendo el juicio”.

“Hng... ah, esto es peligroso... peligro... ¡Hic, ugh!”.

“Tiene la mirada perdida. Debe recuperar el sentido. Su polla podría arruinarse en cualquier momento, ¿y a usted solo le importa que se siente bien?”.

“¡N-no...! ¡Ah!”.

Avery giró al hombre de lado con la facilidad de quien mueve a un muñeco e insertó un dedo de golpe en el agujero que seguramente llevaba tiempo palpitando. Como esperaba, entró sin resistencia. Pensando que no era necesario prepararlo más, Avery añadió otros dos dedos de golpe. Ante esto, Shin Jae-yeon jadeó y retorció el cuerpo. Se veía cómo las esposas se tensaban ruidosamente. No era la primera vez que entraba ahí, pero cada vez le resultaba más extraño que un hombre con un trasero tan firme y pequeño tuviera un agujero tan impúdico. Al remover el interior lubricado con tres dedos, las paredes internas se contrajeron y atraparon sus dedos con fuerza.

“Ah... A-Avery...”.

“¿Sabe lo que voy a hacer ahora, Jae-yeon?”.

“Ugh, n-no lo sé...”.

“¿No lo sabe? No, claro que lo sabe. Lo está esperando. Aquí...”.

“¡Ah!”.

“Voy a presionarle la próstata también desde atrás. ¿Qué le parece? Si la presionamos desde ambos lados, ¿se romperá? Aunque no le importa, ¿verdad? Con tal de sentir placer, a un pervertido como usted le da igual”.

“¡No, Avery! ¡Si los presionas al mismo tiempo...!”.

Al golpear la próstata a través de la pared interna con los dedos y, simultáneamente, empujar el plug, Shin Jae-yeon se quedó rígido como una estatua por un instante. No salió ningún sonido de su boca abierta, pero por lo mucho que se le dilataron los ojos, parecía que un impacto devastador había sacudido todo su cuerpo. Tras un momento de espera, su cuerpo empezó a temblar violentamente como si realmente se hubiera averiado. Avery continuó presionando la próstata rítmicamente. Entonces, Shin Jae-yeon finalmente derramó lágrimas y llamó su nombre entre sollozos.

“A-Avery, ya no... ugh, no puedo... m-más, ah... Por favor...”.

“¿Es porque se siente demasiado bien?”.

“Demasiado... bien... No, si sigo así me voy a volver loco...”.

“Pues vuélvase loco. Yo estoy aquí, ¿qué importa? Ya le dije que me haré responsable de todo”.

De tanto morderse, los labios del hombre estaban tan rojos que parecían a punto de sangrar. Si sus manos y pies hubieran estado libres, habría intentado evitar el estímulo, pero en ese momento Shin Jae-yeon dependía totalmente de Avery. Lo único que podía hacer era retorcer la cintura intentando escapar de los dedos que golpeaban su próstata sin descanso, pero incluso eso tuvo que dejar de hacerlo en cuanto Avery chasqueó la lengua y le advirtió que no se moviera. A pesar de ser un hombre con un cuerpo tan robusto, daba lástima verlo incapaz de mover su propio cuerpo a voluntad. Sus ojos estaban dolorosamente enrojecidos de tanto llorar.

“Por favor... hng, p-perdóneme... Amo...”.

“¿Perdonarlo? Ni hablar. El que se portó mal hoy fui yo, ¿no? Por eso voy a hacerlo sentir así de bien”.

“E-está bien... ¡ah! ¡Ugh! Está bien, eso ya... ya no me importa...”.

“¿Ya no le importa? Ahora que estamos así, seré sincero: antes me sentí un poco decepcionado. Pensé que tal vez se alegraría aunque fuera un poco. Al fin y al cabo, usted se llevó mi primera vez. Significa que mi polla es exclusiva para usted... y me pregunté si eso no era nada especial para usted”.

“M-me alegra... A mí también me alegró, pero decir eso... es muy...”.

“¿Muy qué?”.

Avery acosó a Shin Jae-yeon con una respiración agitada. Su amante estaba completamente desecho. Él también sentía su parte baja tan rígida que llegaba a doler. Avery sintió el impulso de meter lo suyo hasta el fondo en ese agujero cálido y viscoso que apretaba sus dedos y embestir hasta que su cerebro se derritiera.

“Patético... ugh...”.

“Jaja, ¿y no es patético estar en este estado?”.

Shin Jae-yeon no pudo responder; bajó la mirada con las mejillas encendidas.

Si piensa que es patético, a mí me gustaría que lo demostrara aún más. Que me deseara más, que me anhelara, que me devorara.

Avery dejó besos ardientes en los muslos tensos de Shin Jae-yeon y en su columna que temblaba levemente. Cada vez que sus labios suaves rozaban la piel sensible y febril, Shin Jae-yeon gemía sin saber qué hacer.

“No se preocupe por esas cosas innecesarias; simplemente dígame todo lo que está pensando”.

“Ugh... mnh...”.

“Tiene que responder, Jae-yeon”.

“Está... está bien, ya entendí...”.

“¿Cómo se siente haber sido mi primero?”.

“Se siente... bien... Me hace feliz... saber que yo soy el único... al que conoces... ¡Ahhh!”.

Avery no pudo contenerse; Shin Jae-yeon se veía demasiado tierno confesando aquello con tanta vergüenza. Hizo girar el objeto insertado en su parte delantera, estimulando la próstata, y Jae-yeon sollozó diciendo que ya quería llegar al clímax. Sin embargo, con la uretra bloqueada, le sería imposible.

“Quiero... quiero venirme... Quita esto, por favor...”.

“Todavía no”.

“Avery... hng, por favor...”.

“Hm, entonces...”.

Avery acarició el cabello de su atribulado amante mientras sacaba su propia erección. Estaba tan tensa y amenazante que se agitaba en el aire, casi tocando su propio abdomen. Al darse cuenta de lo que Avery planeaba hacer, Shin Jae-yeon lo miró con una mezcla de terror y anticipación.

“Le dejaré eyacular después de que yo termine”.

“Ah... No, si lo metes ahora—“.

“Se lo prometo. También quitaré esto...”.

Jae-yeon forcejeó, pero con las extremidades atadas no tenía forma de resistirse. Avery apoyó las dos piernas del hombre sobre sus hombros y, de una sola estocada, se hundió hasta el fondo en aquel agujero. El sonido de la penetración profunda y el impacto de piel contra piel resonó en toda la sala.

“¡Khh...! Ah, ugh...”.

El hombre, atravesado en su mitad inferior, abrió los ojos de par en par como si despertara de un largo letargo.

Ah, esto es increíble...

Avery soltó un largo suspiro. No importaba cuántas veces entrara, el interior de Shin Jae-yeon siempre era extasiante. Era casi increíble que existiera algo tan placentero en este mundo. Sentir cómo las paredes internas se contraían y envolvían su miembro sin dejar un solo espacio, sin importar dónde presionara, lo hacía sentir que había valido la pena nacer.

“¡Ah, mnh...! ¡Ah... Avery!”.

Cada vez que Avery embestía hacia arriba, el pene de Shin Jae-yeon, todavía obstruido por el plug, soltaba lastimosamente un hilo de líquido transparente. Cierto, no debía olvidar esa parte. Mientras se movía rápidamente manteniendo el glande enganchado en el fondo, hizo girar el plug para estimular la próstata desde el otro lado; Jae-yeon arqueó la cintura soltando un jadeo agónico. Parecía haber alcanzado un orgasmo seco, sin poder eyacular.

“Sabía que llegaría al límite en cuanto le metiera la polla. Lo sabía”.

“Haa... uuh...”.

“Nuestro Chef... ¿qué voy a hacer con usted, que ama tanto la polla? ¿Qué tal si deja de ser cocinero? Si lo hace, podría follármelo así todos los días”.

“Mnh, ugh...”.

“¿Acaso no estará pensando que quiere que le hagan esto incluso mientras trabaja?”.

“N-no es cierto...”.

“Dígame la verdad: ¿Alguna vez se ha tirado a un novato inocente como yo? Responda con sinceridad”.

“Nunca... Eso es... imposible... ugh...”.

“No debe hacer eso por mucha hambre de polla que tenga, ¿entendido? Tiene que hacerse responsable de haberse comido una polla virgen. Nadie más podrá satisfacerlo nunca. El único que llega hasta aquí soy yo. El lugar que más le gusta a Jae-yeon...”.

“¡Ahhh!”.

“Nadie más puede golpearlo aquí, ¿verdad? Su agujero ahora es de mi propiedad exclusiva... ¡Grábeselo bien!”.

“Ah... aaaah...”.

Avery, tras hundirse lo más profundo posible hasta tocar el colon, se quedó quieto, presionando firmemente contra las paredes internas sin mover la cintura. Shin Jae-yeon lo miró con gemidos ansiosos; tenía la comisura de los labios hecha un desastre por la saliva derramada. Parecía un perrito, tan lindo. Incluso sin moverse, el interior de Jae-yeon se contraía y dilataba por sí solo, esforzándose por sentir la presencia de lo que tenía dentro.

“Epa, eso no está permitido”.

Jae-yeon intentó mover las nalgas sutilmente por su cuenta, pero Avery lo sujetó con fuerza para impedirlo, recibiendo una mirada llena de reproche. Le dio un azote en las nalgas ordenándole que se quedara quieto; al ver cómo Jae-yeon bajaba la cabeza y temblaba, pareció que incluso ese golpe lo había hecho venirse un poco. Su cuerpo era demasiado lascivo. El solo pensamiento de que otros hombres hubieran conocido este cuerpo antes que él le provocaba una oleada de irritación. Si pudiera, borraría todos los recuerdos de esos hombres. Menos mal que no tenía que verles las caras.

“Avery... por favor...”.

“¿Por favor qué?”.

“Muévete... quiero... llegar...”.

“¿Que me mueva? ¿Cómo? ¿Así?”.

“¡Ahhh!”.

Sin sacar el miembro, Avery frotó suavemente las paredes internas y Jae-yeon reaccionó al instante. Tras haber llegado al clímax una vez, estaba tan sensible que sentía hasta el más mínimo estímulo.

Es tan sexy que me mata.

Con ese pensamiento, Avery hundió los labios en la pierna de Jae-yeon y succionó con fuerza para dejar una marca. Jae-yeon volvió a llamarlo con ansias: "Avery...".

“¿Ahora qué?”.

“Muévete... mejor... No es... suficiente...”.

“Hoy está muy exigente. Ya me moví hace un momento”.

“A-así no... más fuerte... Métela y sácala...”.

“¿Ah, que la meta y la saque? ... ¿Así está bien?”.

“¡Hic!”.

En lugar de mover su propia polla, Avery empezó a meter y sacar el plug que estaba en la uretra de Jae-yeon, castigando su próstata; Jae-yeon soltó un sonido casi sin aliento. Una vez que sus pensamientos empezaron a divagar, Avery se preguntó con amargura quién habría sido el primer hombre de Jae-yeon o si ya habría usado su parte delantera antes. Jae-yeon le suplicó que se detuviera con eso, por favor. Avery hizo un mohín. Si hubiera nacido antes, al menos les habría ganado a unos cuantos.

Bueno, al menos soy el primero con el que practica este tipo de juegos...

“Avery... ugh, no hagas... eso...”.

“Esa no es forma de hablarle a tu Amo, ¿verdad?”.

“... Amo, no haga eso... haga lo otro... ahhh...”.

“¿Qué cosa?”.

“La polla... Amo... la polla... Métala y sácala, por favor...”.

“¿En dónde?”.

“Donde la tiene ahora... En el... agujero exclusivo del Amo...”.

Avery pensaba seguir molestándolo un poco más, pero al ver a Shin Jae-yeon suplicando de forma tan lastimosa y patética, no tuvo otra opción.

Soy un Amo generoso y misericordioso.

Avery levantó la parte inferior del cuerpo de Jae-yeon y, tal como él deseaba, sacó su miembro casi por completo para luego hundirlo de golpe hasta lo más profundo del colon. Jae-yeon soltó un gemido como si lo hubieran golpeado. Bueno, técnicamente estaba siendo golpeado por dentro, así que la descripción era exacta.

“Ugh... mnh... un poco... más... despacio...”..

“Hace un momento quería que me moviera y ahora... ¿no es usted muy caprichoso?”.

“Siento que... voy a morir...”.

“Morir durante el sexo... bueno, supongo que tiene cierto romanticismo, ¿no cree?”.

Era una broma, pero Jae-yeon sacudió la cabeza con horror. Cierto, si fuera a morir, preferiría que fuera en la cocina. ¿Estaría bien entonces morir teniendo sexo en la cocina? Pensamientos extraños llenaron el vacío dejado por la razón. Avery se dejó llevar por el instinto; sentía que ya estaba cerca. Al tenerlo atado y follarlo a su antojo, sentía como si estuviera usando a Jae-yeon como una herramienta para descargar su deseo. A juzgar por cómo el interior de Jae-yeon sufría espasmos y apretaba su miembro, parecía que él ya se había venido varias veces. Avery anunció: "Me voy a correr", y en el último momento, empujó con todas sus fuerzas hasta el fondo.

“Uuugh...”.

Jae-yeon se retorció ante la sensación del semen derramándose caliente en su interior. Tenía la mirada completamente perdida y el rostro era un caos de lágrimas, fluidos nasales y sudor.

¿Me habré pasado?

Avery sintió un fugaz remordimiento y sacó su miembro lentamente. Incluso la sensación del glande rozando las paredes al salir fue demasiado para Jae-yeon, quien tembló una vez más. Parecía estar totalmente exhausto. Pero una promesa es una promesa.

“Haa... mnh...”.

“Voy a sacar esto”.

Avery sujetó el plug que estaba en la polla del hombre y deslizó la vara hacia afuera con cuidado para no lastimarlo.

“¡Aaaahhh!”.

En el momento en que la larga vara metálica salió, como si hubieran quitado un tapón, el semen y los fluidos acumulados salieron disparados de la uretra de Shin Jae-yeon como si fuera orina. A borbotones. El líquido blanquecino brotó como una fuente, empapando el abdomen de Jae-yeon e incluso salpicando su mejilla. Se vio a Jae-yeon arquear el cuello hacia atrás, temblando violentamente ante el placer de la liberación que tanto había anhelado.

Ah, debí haber puesto una toalla...

Avery pensó eso mientras lamía el líquido que había saltado a su propia mejilla. El costoso sofá de Shin Jae-yeon se había empapado de fluidos eróticos.

Supongo que después podré contratar un servicio de limpieza.

“...”.

“Jae-yeon, ¿está bien? Voy a soltarle las manos y los pies, espere un momento...”.

Pero el sofá no parecía ser el problema principal. Avery soltó rápidamente las ataduras. Los brazos y piernas de Shin Jae-yeon cayeron lánguidamente, sin fuerza. No pensó que quedaría tan agotado. Si hubiera dicho la palabra de seguridad, se habría detenido de inmediato... Pero, para su preocupación, Jae-yeon nunca la había usado ni una sola vez, como si no tuviera límites para aceptar cualquier cosa. Avery cargó al hombre en brazos y lo llevó al dormitorio. Trajo agua, pero como al hombre le temblaban las manos para sostener el vaso, Avery tomó el agua en su propia boca y se la dio a través de un beso.

“... Cof, ya es suficiente...”.

“¿Está bien? Creo que le exigí demasiado”.

“Estoy bien. Solo... me quedé sin energías”.

“...”.

“En serio, estoy bien. Si de verdad te sientes mal... acuéstate a mi lado y abrázame”.

Eso era algo que podía hacer en cualquier momento. Avery se metió rápidamente en la cama y abrazó con fuerza a su único amor. Sabía bien que Shin Jae-yeon había salido con otras personas antes que con él, pero lo había torturado por celos innecesarios. Aunque a Jae-yeon le gustaba que lo ‘maltrataran’, Avery sabía mejor que nadie que lo de hace un momento no fue para complacer a Jae-yeon, sino para desahogar su propio mal humor. Aunque el resultado fuera el mismo, el proceso fue distinto. Y ese proceso estuvo mal.

“Lo siento”.

“Te dije que no te disculparas. Fue una sesión acordada por ambos. Yo también... me sentí bien. Solo que fue un poco demasiado...”.

Confesó Jae-yeon con timidez. Se veía tan adorable que Avery empezó a masajear suavemente sus brazos y piernas, besando su cabello negro empapado de sudor y sus muñecas enrojecidas por la fricción. Tras un buen rato de mimos, el cuerpo de Jae-yeon pareció recuperar su estado normal.

“¿Se siente mejor ahora?”.

“Por supuesto. No es que esté herido, solo me quedé sin fuerzas por el cansancio”.

“Bueno, eso es un alivio...”.

Aunque le preocupaba porque Jae-yeon no era de los que se quejan, al menos físicamente parecía haber recuperado la vitalidad. Avery se pegó a él para compartir su calor. Veía cómo su pecho subía y bajaba suavemente al respirar. Recordando que hoy no había acariciado mucho su pecho, jugueteó con sus pezones entre los dedos; Jae-yeon se sobresaltó y le dio un golpecito suave en el dorso de la mano. Al mirarlo, sus orejas estaban rojas. El hombre refunfuñó.

“Ahora no. Todavía están... sensibles”.

“...”.

Ante esa reacción tan linda, estuvo a punto de lanzarse a por una segunda ronda, pero pensó que hacerle eso a alguien que acababa de ser llevado al límite sería comportarse como una bestia, así que se contuvo. En su lugar, lo abrazó fuerte y frotó su mejilla contra su piel suave. Entonces, una mano grande se acercó y empezó a acariciar su cabello. Avery disfrutó de esa caricia por un rato y, al levantar la vista, vio cómo los ojos negros del hombre oscilaban suavemente. Avery tomó la mano del hombre y besó cada uno de sus nudillos. Eran manos largas y hermosas, pero tenían marcas de quemaduras y cicatrices aquí y allá. Avery besó una gran cicatriz en la palma y preguntó.

“¿Cómo se hizo esta herida tan grande?”.

“Eso... debió ser cuando era aprendiz. Estaba abriendo ostras, se me resbaló la mano y me corté profundo”.

“Debió tener más cuidado...”.

“Es que en ese entonces no dormía mucho. Creo que dormía unas tres horas al día”.

“¿Y esta quemadura?”.

“Esa fue por agarrar mal el mango de una sartén”.

“¿Y esta?”.

“Hmm... ¿fue limpiando pescado? No lo recuerdo bien”.

“... No sabía que ser cocinero fuera una profesión tan peligrosa”.

“Lo es. Usamos cuchillos y fuego”.

“Son demasiadas heridas, de todos modos”.

“Suelen ocurrir cuando hay mucho trabajo. Si vas a seguir con la cocina, ten cuidado, Avery”.

Avery miró sus propias manos. A diferencia de las de Jae-yeon, estaban limpias. Aunque se había cortado o golpeado alguna vez, nunca había tenido una herida lo suficientemente grave como para dejar cicatriz. ¿Sus manos se volverían así algún día si seguía en esto? Si seguía... cocinando...

“... ¿Cree que seguiré en esto?”.

“¿Eh?”.

“¿Cree que seguiré cocinando en el futuro?”.

“Jaja, ¿me estás preguntando eso a mí? ¿Si tú vas a seguir cocinando?”.

“No estoy seguro de si tengo talento”.

“Apenas llevas un año”.

“Pero todavía no hay ningún plato que sepa hacer realmente bien...”.

“¿De qué hablas? La comida que me hiciste la otra vez me pareció deliciosa”.

“Cualquiera puede hacer eso si practica...”.

“Avery, ¿cuántas personas en el mundo crees que practican así solo porque quieren cocinar algo rico para alguien? La mayoría se queda solo en el pensamiento. O lo intentan un par de veces y lo dejan”.

“... ¿Usted cree?”.

“Claro. Dije que solo llevas un año, pero en cierto modo, es un logro haber durado un año entero. Piensa en cuántos de los aprendices que empezaron contigo ya lo han dejado”.

“Eso... es cierto”.

Mucha gente solicitaba puestos de aprendiz atraída por la fama de ‘Inspire’, pero la mayoría terminaba renunciando en pocos meses o incluso semanas, agotada por el duro trabajo en la cocina. A menos que hubieran estudiado cocina profesionalmente, aquellos que empezaban desde cero como él no solían aguantar mucho. De hecho, si no fuera por el enorme privilegio de ver a Jake Shin todos los días, él también habría considerado seriamente renunciar al menos una vez. Aunque ahora ya se sentía mucho más adaptado. Jae-yeon le sonrió con dulzura para consolarlo.

“Lo estás haciendo muy bien, Avery”.

“Gracias. Pero cuando lo veo a usted, siento que el camino por delante es demasiado largo...”.

“No tienes que compararte conmigo. No es una cuestión de diferencia de talento, es solo que yo empecé a cocinar desde muy pequeño”.

“También debe haber una diferencia de base. Ojalá hubiera podido empezar a estudiar antes. Aunque Marco me ayuda y aprendo en los ratos libres, nuestra cocina siempre está muy ocupada”.

“... Es cierto”.

Jae-yeon sonrió, pero su sonrisa se veía extrañamente amarga.

¿Habré dicho algo malo?, pensó Avery observando su reacción, pero no parecía ser el caso. Sin embargo, antes de que pudiera preguntar, Jae-yeon cambió de tema.

“Es un poco repentino, pero Avery, ¿te gustaría ir a la fiesta de cumpleaños del gobernador de Nueva York?”.

“¿Qué? ¿Del gobernador de Nueva York?”.

El tema era totalmente inesperado. Ni siquiera recordaba bien el nombre del gobernador, y que de pronto lo invitaran a celebrar su cumpleaños le parecía extraño. Pero tras la insistencia de Jae-yeon, Avery finalmente aceptó ir a celebrar el cumpleaños de aquel hombre al que solo había visto un par de veces por televisión. Se sentía un poco desconcertado, pero si Jae-yeon lo deseaba, iría a cientos o miles de fiestas de cumpleaños. Jae-yeon pareció alegrarse con su respuesta.

“Le diré a Diego que consiga otra invitación”.

Avery asintió mientras acariciaba el cabello de Jae-yeon. Deseaba que días como este continuaran para siempre. Superaría cualquier obstáculo con tal de que estos momentos no terminaran...

“Ya le envié el mensaje a Diego”.

Jae-yeon se giró hacia él con una sonrisa. Era una sonrisa tan hermosa que Avery sintió un nudo en la garganta. Amaba a este hombre. Lo amaba demasiado. Avery se inclinó y capturó los labios del hombre con cuidado.

Que los obstáculos, la desgracia o las pruebas pasen de largo sin notarnos.

Avery rezó en silencio, pero con todo su corazón.

 

 

Continuará en el volumen 3 de Calor abrasador