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Episodio 85
23.
Al caer la tarde, cuando el sol comenzaba a
ponerse, el coche regresó por el mismo camino que había tomado por la mañana.
Como de costumbre, Cassian, sentado en el asiento trasero, se frotaba el
entrecejo con el rostro contraído por el dolor.
Maldita migraña.
Le dolía tanto que sentía como si los ojos se
le fueran a salir de las cuencas durante todo el día. Hubiera preferido
desmayarse, pero ni siquiera eso le resultaba fácil. No recordaba en absoluto
cómo había pasado el día; solo era consciente de que la luz se estaba
desvaneciendo.
... Qué cansancio.
Soltó un profundo suspiro y, de pronto, notó
que la velocidad del coche disminuía. Finalmente había vuelto. A su castillo...
donde se encontraba ese ‘cacahuate’ loco.
En ese instante, una parte de su cerebro se
espabiló. Cassian se detuvo en seco y parpadeó. Apartando lentamente la mano de
su frente, giró la vista y el familiar castillo entró en su campo de visión,
junto con la figura de la mayordoma esperando frente a la entrada principal,
como siempre.
“¿Ha llegado, conde? Oh, cielo santo...”.
Penélope, que había abierto la puerta del
coche con su sonrisa habitual, abrió mucho los ojos por la sorpresa. Fue porque
Cassian, al bajar del vehículo, se tambaleó violentamente por un momento. Él extendió
una mano hacia Penélope, quien palideció e intentó sostenerlo con urgencia,
indicándole que estaba bien. Luego permaneció en silencio con los ojos cerrados
un instante. Penélope lo observó con tensión, pero afortunadamente, Cassian
recuperó la compostura pronto y entró al castillo con zancadas firmes, como de
costumbre.
Penélope subió las escaleras apresuradamente
tras él. Al oír los pasos urgentes detrás de él, el conde se detuvo de nuevo y
se dio la vuelta. Cuando Penélope se frenó en seco, sorprendida por su reacción
repentina, Cassian habló con el ceño aún fruncido.
“¿Y el ca... no, Bli, Blair?”.
Una voz baja fluyó de sus labios tras sacudir
la cabeza con fuerza. Ante la inesperada pregunta, Penélope parpadeó y
respondió con un tiempo de retraso.
“Ah, hoy dijo que estaba cansado y lo acosté
temprano”.
¿En dónde?
Cassian quiso preguntar, pero las palabras no
salieron de su boca. Ante la reacción del conde, que la miraba fijamente en
silencio y con el rostro contraído, Penélope preguntó de nuevo, sintiéndose
internamente tensa.
“¿Tiene algún recado para él? ¿Quiere que lo
llame ahora mismo?”.
Cassian no respondió esta vez tampoco. Se
limitó a observar a Penélope en silencio y, tras soltar un corto "No hace
falta", subió las escaleras a una velocidad tres veces mayor que la
anterior, casi corriendo.
***
Como era de esperar, el dormitorio estaba
vacío. Era una situación previsible, pero nunca se había sentido tan
decepcionado de que sus predicciones fueran correctas. Cassian soltó un suspiro
y se quitó la chaqueta del traje para entregársela a Penélope. Ella, que lo
atendía observando sus reacciones, le sirvió una copa de vino antes de hablar.
“¿Necesita algo más?”.
Ante la modesta pregunta, Cassian simplemente
hizo un gesto con la mano para que se marchara. Tras cerrar la puerta en
silencio y salir al pasillo, Penélope miró hacia la habitación con
preocupación.
Por mucho que lo mire, el estado del Conde no
es bueno.
Sus ojos hundidos y su mirada afilada le
recordaban a cómo era él antes de que llegara Bliss. Seguramente se debía a que
no había podido dormir bien la noche anterior. Sería bueno que llamara a Bliss
ahora mismo...
¿Cuándo pensará el Conde admitir lo que
siente? Reconocerlo pronto sería mejor para su salud, pensó mientras caminaba
por el pasillo.
Penélope sacudió la cabeza con un suspiro y
cerró la puerta de su propia habitación. Exactamente diez minutos después de
haberse acostado, el sonido de su teléfono resonó en el cuarto.
―Trae a ese ‘pedazo de cacahuate’. Ahora mismo.
Penélope comprendió de inmediato la orden de
Cassian, emitida entre dientes.
***
“Hwaaaaam”.
Bliss, que había sido arrastrado
repentinamente en medio de un sueño profundo, soltó un bostezo enorme sin
disimulo. Con el cabello revuelto, los ojos entrecerrados y las piernas
tambaleantes.
Al ver a Bliss, que proclamaba con todo su
cuerpo: "Estaba durmiendo tan bien hasta hace un momento", Cassian
sintió que le hervía la sangre. ¿Por qué, demonios? Él no podía pegar un ojo
sin él, pero ¿por qué ese maldito ‘cacahuate’ dormía tan plácidamente? ¿Por
qué?
“Vamos, Bliss. Ven por aquí”.
“Mmm...”.
Siguiendo las indicaciones de Penélope, Bliss
caminó dócilmente. "Acuéstate aquí, así está bien", dijo Penélope
mientras la guiaba de forma segura hasta la cama y le daba palmaditas en el
pecho para que volviera a dormirse. Por supuesto, no fue una tarea difícil.
Bliss empezó a roncar suavemente antes de que pasaran diez segundos desde que
se acostó.
“Uf, ya está”.
Como si hubiera terminado un trabajo arduo,
Penélope hizo el gesto de limpiarse el sudor de la frente y se giró hacia su
señor. Cassian, que había estado sentado en el sofá bebiendo vino hasta
entonces, soltó un suspiro de resignación.
Por fin podré dormir.
No era un hecho que le agradara, pero podía
sentir cómo sus nervios, que habían estado tan tensos y sensibles, se relajaban
instantáneamente desde el momento en que Bliss apareció en la habitación.
Quizás era solo autosugestión, pero mientras pudiera dormir, no le importaba.
“Bien, buen trabajo, puedes retira...”.
“Conde”.
Cassian, que iba a decirle que se fuera, se
detuvo y giró la cabeza al ser llamado de repente. La mayordoma, con las manos
entrelazadas a la altura de la cintura, lo observaba con expresión seria.
“Tengo algo que decirle, ¿tendría un momento?”.
Cassian se extrañó ante la actitud de su
anciana empleada, que parecía incluso algo tensa.
¿Qué querrá decirme para ponerse así?
Tuvo un presentimiento incómodo, pero no podía
decirle que no era necesario. Penélope no diría tonterías en un ambiente como
este. Finalmente, Cassian señaló con la mirada el asiento frente a él.
“Gracias”.
Tras agradecer rápidamente y sentarse frente a
él, Penélope inhaló y exhaló profundamente mientras miraba directamente a los
ojos de su señor. Parecía que iba a soltar una declaración bomba, pero Cassian
no tenía paciencia para darle mucho tiempo. En su mente solo estaba la idea de
querer dormir profundamente en esa cómoda cama lo antes posible.
“Penélope, si no terminas de hablar en tres
minutos...”.
“Tenemos que preparar una contramedida, Conde”.
Penélope soltó las palabras atropelladamente
en cuanto él habló con irritación. Al ver que Cassian se quedaba desconcertado
por el giro del tema, ella continuó hablando rápido.
“No habrá solución si Bli... Blair, no, si
Bliss declara que no lo ayudará a dormir, como pasó ayer. Por lo tanto, debemos
preparar un plan para eso”.
Era un argumento razonable. Sin embargo, había
algo que Cassian no podía comprender.
“Ese ‘caca’... no, ¿no dijo Bliss que vino
hasta aquí porque le gusto? Entonces, ¿por qué se niega a dormir conmigo?”.
Sí, de hecho, debió pensar que era extraño
desde el día anterior. Pero se había enfurecido tanto por la repentina rebelión
del cacahuate que no pudo pensar con claridad.
Realmente pierdo la calma en cuanto me
involucro con esa criatura.
Pero no era tarde. Cassian, que hasta hace un
momento solo pensaba en despachar a Penélope para irse a dormir, despejó su
mente y se concentró seriamente en el tema que ella había propuesto. Si la
misma situación se repetía, el más perjudicado sería él.
Al confirmar la reacción del Conde, que la
observaba con expresión grave, Penélope se aclaró la garganta con un
"Ejem" y habló con el rostro más serio que nunca.
“Es porque está herido por la actitud de su
excelencia”.
“¿Que está enfadado conmigo?”.
Penélope usó una expresión madura, pero
Cassian cambió las palabras de inmediato al nivel de Bliss. La mayordoma,
desconcertada por un instante, asintió con una sonrisa forzada.
“Sí, por así decirlo. Tiene el corazón un poco
herido por el Conde...”.
“¿Pero qué he hecho yo?”.
Cassian interrumpió a Penélope bruscamente. El
que debería estar ofendido era él, así que ¿qué demonios había hecho para que Bliss
se enfadara?
“Shhh, silencio”.
Ante el arrebato de Cassian, Penélope hizo
gestos urgentes y miró rápidamente detrás de él. Tras confirmar que Bliss
seguía durmiendo y roncando, suspiró aliviada y miró a Cassian.
“¿Qué hará si Bliss se despierta? Baje la voz”.
Cassian no tuvo más remedio que callarse, pero
seguía furioso.
¿Cómo se atreve ese cacahuate a estar enfadado
conmigo? Si no me das una razón lógica, lo echaré ahora mismo.
Sin embargo, la respuesta de Penélope fue aún
más absurda.
“Es que no ha hecho nada”.
Cassian se quedó tan atónito que su mente se
detuvo por un segundo.
“... ¿Qué has dicho?”.
Episodio 86
¿Acaso Penélope se había vuelto loca de
remate?
Ese fue el primer pensamiento que cruzó la
mente de Cassian. De lo contrario, no había forma de que estuviera diciendo
semejantes disparates.
En cuanto amanezca, lo primero que haré será
llamar al médico de cabecera para que la examine.
Ante la mirada de su señor, que la observaba
con expresión grave, la mayordoma hizo una inhalación profunda y asintió con
determinación.
“Piénselo, conde. Vino desde los lejanos
Estados Unidos hasta aquí solo para verlo. ¡Y lo hizo solo! ¿Cuántas
expectativas cree que tenía? Cosas como esta, o como esta, ¿eh? O incluso como
esta”.
Penélope, que gesticulaba frenéticamente
subiendo y bajando los brazos, frunciendo los labios y balbuceando, observó
rápidamente la reacción de Cassian. Sin embargo, ante su mirada de
desaprobación, ella recuperó la compostura de inmediato y continuó con
solemnidad.
“Pero usted, a pesar de haber reconocido a
Bliss a primera vista, sigue fingiendo que no sabe quién es y solo le lanza insultos.
Además, aunque duermen en la misma cama, se limita literalmente a dormir. Es
normal que Bliss esté decepcionado. ¡Debe de estar sufriendo tanto! La tristeza
de tener a la persona amada frente a sus ojos y no poder hacer nada... Solo de
pensarlo se me parte el corazón...”.
Penélope volvió a darse toquecitos en los ojos
con un pañuelo, pero, por supuesto, Cassian no se dejó engañar. Para él, lo más
importante en ese momento era decidir hasta qué punto debía aceptar las
palabras de la mayordoma.
Lo que dice Penélope no es del todo erróneo.
Si Bliss vino hasta aquí porque le gusto, es natural que tuviera esas
expectativas.
Sin embargo, había una restricción enorme. Por
mucho que lo sintiera por Penélope, no podía cumplir con esas expectativas.
Bliss era menor de edad.
Por cierto, ¿cuándo era el cumpleaños de ese
mocoso?
Cassian hizo cálculos mentales. Aún faltaban
unos dos meses...
De pronto, sacudió la cabeza con urgencia.
Espera, ¿qué importa eso? No hay ninguna
posibilidad de que pase nada, ni besos ni nada de nada con ese tipo.
“¿Conde?”.
Al ver el rostro perdido del conde, Penélope
lo llamó con extrañeza, pero Cassian seguía sumido en sus pensamientos, con la
mente trabajando a toda prisa.
Piensa con frialdad. Ese tipo es solo mi
remedio contra el insomnio. Como un muñeco de apego. No, un ‘cacahuate de apego’.
Tras respirar hondo, regresó al tema anterior.
En cualquier caso, la idea de Penélope no era mala. Si Bliss se negaba a
ayudarlo, no podría obligarlo, así que lo mejor sería apaciguarlo adecuadamente.
“... Está bien”.
Los ojos de Penélope brillaron ante la voz de
Cassian. Sin notar su reacción, él murmuró absorto en sus pensamientos.
“Mañana sacaré algo de tiempo, así que
prepáralo todo. Te llamaré”.
“¡Sí! ¡Así se habla! Ha tomado una excelente
decisión, conde. De verdad, una excelente decisión”.
Ella respondió con entusiasmo, se puso de pie
de un salto y añadió con alegría.
“Entonces, me retiro. Duerma profundamente,
conde. Mañana será un día muy importante”.
Penélope corrió hacia la puerta y, antes de
salir, se volvió una vez más.
“Debe tener éxito. Solo si hace a Bliss muy
feliz, tendrá garantizada una noche tranquila”.
Tras su advertencia, hecha con un rostro más
solemne que nunca, ella desapareció. Cassian se sirvió vino y se lo llevó a los
labios.
Bien, primero intentemos dormir.
Ya pensaría en el mañana cuando llegara el
mañana. Se acostó en la cama, cerró los ojos y esperó a que llegara el sueño.
Hoy realmente podría dormir. La migraña desaparecería. Poco a poco, su mente
empezó a nublarse...
... Debería estar quedándome dormido.
Después de que pasara un tiempo, Cassian abrió
los ojos de par en par. ¿Por qué no podía dormir? No podía entenderlo.
Claramente, a su lado, el cacahuate estaba roncando profundamente. Al mirar de
reojo, confirmó que Bliss estaba en un sueño profundo. En ese caso, ¿no debería
él también dormirse? Volvió a cerrar los ojos y esperó, pero el resultado fue
el mismo.
“Maldita sea, ¿qué demonios pasa?”.
Se incorporó bruscamente, furioso, y miró a su
lado con los puños apretados. Él estaba sufriendo así, pasando la noche en
vela, ¿y por qué este tipo dormía tan bien? ¿Por qué?
... No me digas que.
Una idea repentina lo dejó paralizado. Primero
movió las pupilas y luego giró la cabeza. Al final de su mirada estaba Bliss,
durmiendo plácidamente dándole la espalda.
No será por esa razón, ¿verdad?
Le costaba creerlo, pero solo había una
explicación posible. Cassian observó a Bliss con el rostro contraído, sin
moverse por un momento. Solo el sonido de los ronquidos de Bliss llegaba a sus
oídos.
¿De verdad es solo por eso?
Apretando los dientes, extendió la mano con
cuidado. Sus largos dedos se dirigieron hacia Bliss con vacilación, como si no
quisiera hacerlo. Al sentir el tacto suave bajo la punta de sus dedos, tuvo un
escalofrío, pero ya no había otra opción.
“Maldita sea”.
Finalmente, soltó una maldición y tiró de
Bliss hacia él.
“Mmm...”.
Bliss murmuró algo entre sueños, como si se
quejara, pero afortunadamente se quedó sumido en un sueño profundo de
inmediato. Cassian soltó un suspiro de alivio y abrazó a Bliss.
... Es suave.
Sintió una sensación de estabilidad en sus
brazos junto con el calor corporal. Le pareció percibir un aroma agradable.
Inconscientemente, Cassian hundió la nariz en el cabello de Bliss y respiró hondo.
Sintió cómo sus nervios, que habían estado
tensos y ansiosos, se relajaban en un instante. Soltó un suspiro de
satisfacción y cerró los ojos.
Su memoria se cortó ahí, y cuando despertó, se
sintió con más energía que nunca.
***
“Hmph”.
Sentado frente al desayuno, Bliss tenía las
mejillas infladas. Cualquiera que lo viera notaría su descontento, pero ni
Cassian, sentado enfrente, ni Penélope, que servía el jugo, parecían prestarle
atención. Cassian tenía su habitual expresión antipática y Penélope estaba tan
animada que parecía a punto de ponerse a tararear.
Sabía que eras su cómplice, Penélope
Bliss bebió el jugo mientras los fulminaba con
la mirada a ambos alternativamente.
Al abrir los ojos, se encontró de repente en
la cama de Cassian. Mientras miraba a su alrededor confundido, escuchó, para su
indignación, el canto de aquel tipo insoportable desde el baño. En ese momento,
las neuronas de Bliss empezaron a trabajar rápido. Afortunadamente, la
respuesta fue fácil.
¿Incluso me secuestras mientras duermo?
No había otra explicación. No había razón para
que él estuviera allí a menos que Cassian lo hubiera secuestrado.
Seguro que fue porque no podía dormir.
Y sin embargo, ahí estaba sentado con tanta
desfachatez, fingiendo elegancia.
Cuanto más miraba al hombre frente a él, más
le hervía la sangre. Pero lo que más le enfurecía era él mismo. Todos en la
familia Miller envidiaban a Bliss porque una vez que se dormía nada lo
despertaba, pero nunca pensó que eso se convertiría en una desventaja tan
fatal.
No, la culpa de todo esto la tiene ese tipo.
Bliss intentó lanzarle el jugo a Cassian, tal
como había aprendido en los dramas. Pero en el momento en que agarró la copa
con fuerza y miró hacia abajo, se detuvo en seco. La copa de jugo estaba vacía.
¡Me lo he bebido todo!
Mientras se sentía frustrado por su error,
Cassian aprovechó la oportunidad para levantarse de su asiento. Bliss observó
con indignación cómo Penélope salía tras él de inmediato.
“¿Recuerda lo que hablamos anoche?”.
Susurró Penélope en cuanto cerró la puerta.
Cassian respondió con tono de fastidio.
“Lo sé. Te llamaré más tarde, así que tenlo
todo preparado”.
“Sí, entendido”.
Penélope lo siguió con una gran sonrisa y paso
ligero.
“¡Ánimo, conde!”.
Tras darle ánimos una vez más antes de que se
cerrara la puerta del coche, retrocedió rápidamente. Después de despedir al
coche que se alejaba en un instante, Penélope se dirigió deprisa a la
habitación del conde.
Bien, lo siguiente.
“Bliss, ¿estuvo rico el desayuno?”.
La mente de la mayordoma, que entró con
energía en la habitación, ya estaba llena de los eventos espectaculares que
tendrían lugar hoy.
No pasa nada. El conde seguramente planeará un
evento maravilloso. ¡Después de todo, es alguien que en el pasado tuvo romances
increíbles sin parar!
Un tarareo fluyó de sus labios, vibrando de
expectación. Sin notar en absoluto la mirada feroz de Bliss que la observaba,
Penélope seguía sumida en sus fantasías románticas.
***
¿Qué debería hacer?
Cassian estaba sentado en el asiento trasero
del coche, sumido en sus pensamientos con expresión seria. Recordando el rostro
de Bliss, que estaba completamente hinchado de indignación durante el desayuno,
ya no podía posponerlo más. No quedaba mucho tiempo. Tenía que pensar pronto en
algo para calmar a ese ‘cacahuate’...
El problema era que no se le ocurría ni una
sola idea. Después de todo, habían pasado más de diez años desde la última vez
que Cassian tuvo una cita.
Episodio 87
Aun así, él estaba lejos de ser un Casanova.
En su adolescencia y principios de los veinte, solo había tenido unas tres
novias en total. Por supuesto, incluso Cassian, que siempre había vivido como
un estudiante modelo y diligente, tuvo una experiencia de una sola noche en la
época en que soñaba con desviarse del camino. Pero el resultado de su única
disipación regresó al día siguiente en forma de un feroz puñetazo de un ‘cacahuate’
que no sabía nada del mundo.
Sí, ese maldito mocoso. Qué fuerte pegaba ese puño
tan pequeño.
Cruj. En el momento en que apretó los dientes,
el pasado en el que Bliss había golpeado a su propio ‘alter ego (erección
matutina)’ recién despertado revivió instantáneamente.
“... Ah”.
Al recordar vívidamente ese recuerdo terrible
que había enterrado, sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral.
Cassian inhaló bruscamente y bajó la mirada a toda prisa. Afortunadamente, todo
estaba a salvo allí. Era algo obvio, pero aun así.
“Haaa”.
Tras soltar un suspiro complejo, volvió a
mirar por la ventana con expresión seria.
¿Qué solía hacer con mis novias en aquel
entonces?
Desenterrar recuerdos de hace más de diez años
no era tarea fácil. Y mucho menos planear una cita para complacer el humor de
ese ‘pedazo de cacahuate’ inmaduro. No podía imaginar qué demonios hacer.
¿Debería pedirle a Penélope que diseñe un
plan?
Ya no le importaba su dignidad. Tenía que
hacer lo que fuera para evitar la crisis que tenía ante sus ojos, mientras
intentaba ignorar la miserable realidad de tener que ganarse el favor de un
cacahuate. Cassian llamó rápidamente a Penélope antes de que el sentimiento de
autodesprecio lo hiciera rendirse.
—Sí, Conde. Habla Penélope. ¿Hago salir a
Bliss ahora mismo?
Tras apenas dos tonos de llamada, la voz de la
mayordoma sonó tan animada que parecía que iba a salir volando. Como si no le
importara en absoluto que no hubiera pasado ni una hora desde que Cassian dejó
el castillo.
“No, Penélope. No es eso”.
Tragando apenas un gemido que subía desde lo
profundo de su garganta, respondió con una voz fingidamente indiferente.
“No sé cuáles son los gustos de ese cacahua...
de Bliss, así que averigua qué sería bueno hacer. No estaría mal que tú misma
propongas algunas ideas”.
—¡Vaya! Solo tiene que hacer lo que hace
siempre, lo de siempre.
“¡Por eso pregunto qué es eso!”.
Aunque la mayordoma se rio y bromeó, la
determinación de Cassian no cambió.
“Llámame de nuevo en una hora. Corto ahora”.
Antes de que ella pudiera seguir crispándole
los nervios, colgó el teléfono.
Bien, ahora esperemos la respuesta de Penélope.
Cassian respiró hondo y se recostó
profundamente en el asiento, cuando algo entró en su campo de visión.
... Ahora que lo pienso.
Observando distraídamente a una bandada de
pájaros que alzaba el vuelo, recordó vagamente.
¿Cuándo fue la última vez que observé pájaros?
Se sentía tan lejano como su última cita. Los
pájaros ya habían desaparecido de su vista, pero Cassian seguía sumido en sus
pensamientos, incapaz de apartar la mirada del vacío.
***
Tras terminar la llamada, Penélope miró su
teléfono con los ojos muy abiertos. Estaba atónita, incapaz de creer lo que su
señor acababa de decir.
¿El conde pidiéndome consejo a mí?
No tenía sentido. Como veterana fanática de
las novelas románticas, Penélope conocía al dedillo a todos los hombres ‘cotizados’
de la alta sociedad londinense. Entre ellos, Cassian Strickland, el actual
Conde de Heringer, era literalmente un cisne en medio de una bandada de gansos.
Porte elegante, estatura alta, belleza gélida
y, además, una riqueza y honor inmensos. Siendo un hombre que lo tenía ‘todo’,
seguramente tendría innumerables experiencias amorosas.
Por supuesto, en los últimos años... bueno, ha
pasado bastante tiempo. En fin, con la experiencia acumulada, seducir a Bliss
debería ser más fácil que respirar sentado.
¿Y un conde así me pide un consejo a mí?
“¿Qué estará pasando?”.
Murmuró Penélope para sí misma mientras
caminaba de un lado a otro. No podía ser que el conde no supiera nada sobre
citas...
“¡Ah, ya entiendo!”.
Penélope dio una palmada al darse cuenta de
repente. Incluso un hombre con mucha experiencia tiende a cometer errores y no
saber qué hacer cuando se trata de la persona de la que se ha enamorado por
primera vez.
Sí, el conde ha entrado en esa etapa.
Hasta ahora habría ganado el corazón de
cualquiera sin esfuerzo, pero con alguien por quien siente algo ‘verdadero’, es
natural que su mente se quede en blanco.
En ese caso...
“¡No se preocupe, Conde! ¡Confíe en esta Penélope!”.
Se declaró a sí misma con confianza, mirando
hacia la dirección donde probablemente estaba Cassian. Bien, lo siguiente.
“¡Bliss, digo, Blair! ¡Blaaaair!”.
Gritando el nombre de Bliss, quien debía estar
en algún lugar del enorme castillo, Penélope corrió por el pasillo con pasos
ligeros como si volara.
***
“Iik, iik”.
Frotando con fuerza el polvo viejo incrustado
en el marco de la ventana, Bliss frunció el ceño al máximo.
¿Por qué no sale? ¿Será que esto es parte del
diseño?
“¿Qué pasa, Blair? ¿Hay algún problema?”.
Dorothy, que estaba limpiando la ventana de al
lado, le preguntó a Bliss mientras este examinaba el marco con ojos
entrecerrados. Bliss respondió sin dejar de mirar seriamente el lugar.
“No importa cuánto frote, esto no sale. Me
preguntaba si es que el marco es así originalmente”.
“Déjame ver. Ah, esto”.
Ella se acercó, comprobó el lugar que Bliss
estaba limpiando, soltó una risita y sacó uno de los detergentes que había en
el suelo para rociarlo allí.
“Ya está. Déjalo así unos 5 minutos y luego
límpialo”.
“Vaya, ya veo”.
Bliss asintió asombrado, dándose cuenta de que
todos esos tipos de detergentes tenían un propósito específico. Mientras Bliss
asentía maravillado, la empleada volvió a guardar el detergente en la caja y
dijo.
“No es la gran cosa. Supongo que los
estadounidenses no lo sabrían”.
Ella elevó las comisuras de sus labios de
forma artificial mientras arqueaba las cejas en un gesto de lástima fingida.
Ante su voz aparentemente amable, Bliss soltó una carcajada y respondió.
“Es que nunca he hecho este tipo de cosas.
¡Gracias por enseñarme!”.
Por un instante, el rostro de Dorothy se
tensó. Pero pronto recuperó la compostura y señaló otro lado.
“Ahora limpia por allá. ¿Puedes hacerlo?”.
“Sí, puedo”.
Respondiendo con entusiasmo, Bliss tarareó una
canción mientras rociaba detergente en el marco.
Bien, 5 minutos a partir de ahora.
Justo cuando iba a guardar el detergente,
Dorothy, que lo observaba, mostró una sonrisa extraña y tomó la botella que
estaba al lado de la que Bliss había usado.
“Es esta”.
“Ah”.
Tras rociar el detergente de manera ostentosa,
ella añadió con una sonrisa burlona.
“No es tan fácil como piensas, ¿verdad? Lo
entiendo. Los estadounidenses parecen hablar mucho pero no les funciona muy
bien la cabeza, aunque al menos es un alivio que tú no seas ruidoso”.
Cuando Bliss se detuvo y giró la cabeza,
Dorothy le mostró una amplia sonrisa. Al encontrarse con ese rostro que sonreía
con aparente inocencia, él también le devolvió una sonrisa radiante y respondió.
“Es que suelo ser bastante reservado”.
“¿Ah, sí?”.
Cuando Dorothy desvió la mirada con una
risita, Bliss añadió una frase más.
“¡Había oído que todos los británicos tienen
mal genio y hablan a espaldas de los demás, pero qué bueno que Dorothy sea tan
amable!”.
El rostro de Dorothy se congeló al instante.
Ante la mirada que ella le dirigía, Bliss volvió a curvar sus labios con
dulzura.
Un cumplido se devuelve con otro cumplido. Soy
una persona educada, después de todo.
Justo cuando inflaba el pecho con orgullo, el
timbre de su teléfono sonó en el bolsillo de su pantalón.
Ladeando la cabeza, revisó quién llamaba y
frunció las cejas mientras miraba la pantalla. Luego, tras un suspiro, contestó
y de inmediato escuchó una voz familiar.
—¿Bliss? ¿Es Bliss?
“Sí, Penélope. Sí. Sí... ¿Ahora mismo?”.
Tras repetir la misma respuesta un par de
veces, se sorprendió y luego soltó un pequeño suspiro.
“Entendido, sí”.
En cuanto colgó, Bliss miró a la empleada,
quien preguntó con un tono cargado de sarcasmo.
“¿Te llama Penélope?”.
“Sí, dice que vaya ahora mismo”.
Ante su respuesta sincera, ella arrojó el
trapo al cubo de agua con un fuerte chapoteo y torció el gesto burlonamente.
“Entonces vete. No te preocupes. Este tipo de
cosas son para gente como nosotros. Tú eres ‘diferente’ a nosotros, ¿no, Blair?”.
A pesar de su sarcasmo evidente, la reacción
de Bliss fue totalmente inesperada.
“Tienes razón, entonces”.
Bliss también lanzó el trapo que sostenía al
cubo con un golpe seco y le sonrió ampliamente a la atónita Dorothy.
“Me retiro. Ah, por cierto, hay una mancha
enorme por allá. No te olvides de limpiarla también. ¡Adiós, Dorothy! Nos vemos
luego. ¡Adiós!”.
“Espe...”.
Dorothy intentó detenerlo desconcertada, pero
Bliss se dio la vuelta y salió corriendo de inmediato. La empleada, que se
quedó mirando fijamente el lugar por donde él desapareció, terminó gritando con
el rostro rojo de furia.
“¡Maldita sea! ¿De dónde salió un tipo así?”.
