8. Caída y Epílogo
8.
Caída
Enoch
estaba sumido en una tensión insoportable dentro de la oscuridad que cubría su
vista. Cada vez que soltaba un aliento febril, su pecho, pegado al suelo, subía
y bajaba, mientras sus nalgas, alzadas hacia arriba, se estremecían. Al tener
los ojos vendados, sus otros sentidos se agudizaron, concentrándose en la
presencia que sentía a sus espaldas.
Una
masa de carne pesada rozó sus nalgas, que estaban ligeramente hinchadas como si
hubieran recibido varios azotes. Enoch inhaló con un 'juk' y su parte inferior
tembló. Acto seguido, el glande romo se deslizaba entre sus nalgas hasta
posarse sobre su esfínter. Tras frotarse un momento, como si le diera un beso,
comenzó a abrirse paso lentamente hacia el interior.
“¡Ugh...!”
Enoch
soltó un gemido mientras su cintura se sacudía. La sensación de plenitud que
recorría su interior, un área que le había estado picando desde hacía rato, era
placentera. Cuando el glande golpeó sus paredes internas, su vientre se tensó
por reflejo, atrapando la carne. En ese instante, el movimiento del pene se
detuvo en seco.
“Ha...
Otra vez lo mismo.”
Isaac
suspiró y retiró por completo el pene, que no había entrado ni a la mitad.
Luego, golpeó con fuerza la nalga de Enoch con la palma de la mano. ¡Plas! Un
sonido agudo fue seguido por un dolor punzante que arrancó un quejido de los
labios de Enoch.
“¡Ugh!”
“Enoch,
te dije que no apretaras y abrieras el camino. Recibes mi pene todos los días,
¿tan difícil es?”
Isaac
chasqueó la lengua con desaprobación. Su mirada recorrió las nalgas de Enoch,
ahora más rojas por el golpe, y volvió a clavarse en su esfínter. El orificio
de color rosa intenso palpitaba como si suplicara que le introdujeran el pene.
Era una imagen obscena para cualquiera.
Tras
consolidar el contrato de familiar, Isaac estaba en proceso de domesticar de
nuevo los dos orificios de Enoch. El camino que antes él mismo había abierto a
la fuerza, ahora debía ser Enoch quien lo despejara voluntariamente para
albergar el pene hasta lo más profundo de sus entrañas. Todo para que no tuviera
más remedio que desear fervientemente el fruto de su amor.
“Lo
siento, lo hice mal. Ugh... Por favor, métalo de nuevo. Esta vez lo haré bien.”
Enoch
suplicó con urgencia. Aunque la venda le impedía ver, giró la cabeza por hábito
para intentar adivinar los movimientos de Isaac. Bajo el cabello negro
ligeramente alborotado, la venda que cubría la mitad de su rostro y sus labios
rojos resaltaban. Isaac tragó saliva en silencio ante esa imagen que, por sí
sola, estimulaba su deseo.
“Te
daré una oportunidad más. Si fallas esta vez, te castigaré de verdad.”
Isaac
volvió a pegar su pelvis y comenzó a introducir su pene en el esfínter de
Enoch. Se escuchó un sonido viscoso, 'chuep', mientras el orificio húmedo se
ensanchaba y la gran masa de carne avanzaba lentamente por las paredes
internas, como si entrara en su propia funda.
“¡Ugh...!”
Enoch
cerró los ojos con fuerza y respiró hondo, soportando el placer que ascendía de
inmediato. Si volvía a apretar el pene por descuido, no terminaría con un
simple azote en las nalgas. El miedo al castigo hizo que su vientre quisiera
tensarse, pero logró contenerse con esfuerzo.
“¡Ugh,
ah...!”
Enoch
sacudió la cintura en cuanto el pene, que entraba con una lentitud exasperante,
rozó sus paredes. Frotó su frente contra la alfombra, intentando mantener la
cordura. Todos sus sentidos estaban enfocados en su parte trasera, tan nítidos
que podía sentir hasta la última vena en la superficie de la carne que
ensanchaba su interior. Los dedos de sus pies se encogieron por instinto.
Sus
paredes húmedas intentaban apretar la carne por instinto, pero se detenían una
y otra vez. Enoch se esforzaba por mantener su esfínter relajado, como si
estuviera despejando el camino para que entrara hasta lo más profundo.
“ah...
Así, lo estás haciendo bien.”
Isaac
sujetó la pelvis de Enoch y miró hacia abajo, al punto de unión. El esfínter
totalmente dilatado, tragándose poco a poco el tronco del pene, era una imagen
sumamente erótica. Cuando casi todo el tronco estaba dentro, Isaac embistió con
la cintura. El glande, impulsado por la fuerza, golpeó instantáneamente la
entrada del colon y se hundió profundamente.
“¡Aaa,
ah...!”
Un
placer vertiginoso tiñó su mente de blanco y un gemido agudo brotó de la boca
de Enoch. Sacudió la cintura sin darse cuenta y apretó el pene con fuerza con
su esfínter. Isaac sintió la fuerte presión, frunció levemente el ceño y tragó
un gemido.
“C-jut.
¿Te gusta que te golpee el colon? Aprietas como si quisieras cortarme el pene.”
La
voz cargada de risa acarició el oído de Enoch. Al darse cuenta tarde de que
había apretado, Enoch inhaló con un 'jok'. Intentó relajar el vientre de
inmediato, pero su cuerpo no respondía porque el pene seguía presionando el
colon.
¿Qué
hago? ¿Me va a castigar? No, no puede ser... La respiración de Enoch, preso del
miedo, se agitó. En ese momento, la mano de Isaac se acercó y acarició
suavemente el bajo vientre de Enoch. El tacto que trazaba el contorno del pene
fue tan escalofriantemente estimulante que Enoch soltó un gemido de “¡Ugh...!”
mientras su cintura temblaba.
“A
partir de ahora, cada vez que empecemos el coito, vas a albergar mi pene como
acabas de hacer. ¿Entendido?”
Isaac
habló con voz baja y, de repente, movió la cintura. El pene monstruoso hurgó a
su antojo dentro del esfínter, golpeando el colon. Siguiendo ese movimiento, la
piel del vientre de Enoch sobresalió y se sacudía.
“¡Sí...!
¡Ah, ah! ¡Me gus, me gusta!”
Enoch
respondió frenéticamente y movió la cintura por su cuenta al ritmo de las
estocadas. Ya no quedaba ni rastro de vergenza en su rostro, que se había
desmoronado por completo. Se comportaba de forma vulgar, buscando el placer
como un animal en celo. Todo para cumplir fielmente con la voluntad de su amo
como su familiar.
¡Puck,
puck! Isaac continuó embistiendo, y las nalgas de Enoch, que ya estaban
hinchadas, se pusieron aún más rojas. El dolor punzante en la zona que había
sido golpeada con la mano avivaba su excitación. El pene de Enoch ya estaba tan
erecto que golpeaba contra su propio vientre.
“¡Ah!
¡Ugh, ah! ¡Más profundo, ah...! ¡Me gusta!”
Enoch
se estremeció sin remedio cuando el pene, que entraba y salía violentamente,
comenzó a presionar el colon como si quisiera aplastarlo. La venda que cubría
sus ojos se empapó de lágrimas, y la saliva caía de sus labios, que no podían
cerrarse debido a los gemidos. Su cuerpo, ardiendo por el calor, se sacudía de
forma impúdica.
“Parece
que sientes más de lo normal por tener los ojos tapados.”
Observando
al elfo deshecho por el placer, Isaac puso más fuerza en sus movimientos de
cintura. El pene, que se había retirado a medias entre las nalgas, volvió a
arremeter rápidamente hacia el interior, triturando el colon.
“¡Ah,
ah! ¡Ah! ¡Me voy, me vooo...!”
Enoch
anunció su clímax echando la cabeza hacia atrás. Su mente estaba en blanco,
teñida por un placer vertiginoso. Su vientre se tensó tanto que sus músculos
abdominales se marcaron claramente, y su esfínter apretó con fuerza el pene de
Isaac.
“¡Ah...!
¿Me estás exprimiendo porque quieres mi semen rápido? Qué tierno.”
Isaac
soltó una risa entre gemidos. Luego, retiró la cintura y embistió con fuerza.
¡Puck! El pene hurgó violentamente dentro del esfínter y golpeó su punto
máximo. Sin importarle que Enoch acabara de alcanzar el clímax, las estocadas
brutales continuaron como si estuviera espoleando a un caballo.
“¡Ah,
ugh! ¡Ugh...!”
Enoch
soltó gemidos frenéticos ante el placer que lo inundaba mientras su colon era
golpeado sin piedad. Mientras experimentaba un orgasmo seco, su pene, que
acababa de eyacular, volvió a erguirse y a soltar gotas de flujo preseminal. La
alfombra debajo de su parte inferior ya estaba profundamente empapada.
Tras
embestir durante un buen rato, Isaac tiró de la pelvis de Enoch para pegar sus
cuerpos sin dejar el más mínimo espacio. De forma natural, la masa de carne que
había entrado hasta la raíz dentro del esfínter empujó su glande profundamente
dentro del colon. Isaac, disfrutando de la presión de la mucosa sobre su
tronco, eyaculó allí mismo.
“¡Ah!
¡Ah, ah!”
Enoch
arqueó la cintura al sentir el líquido caliente esparciéndose en lo más
profundo de sus entrañas. Su esfínter se contrajo al máximo, como si no
quisiera dejar escapar ni una gota de semen. A medida que su bajo vientre se
volvía más pesado, sintió una sensación de seguridad. Finalmente, cuando la
eyaculación de Isaac terminó, Enoch jadeó y dejó caer su cuerpo relajado.
Acto
seguido, Isaac atrajo el cuerpo de Enoch hacia él y frotó sus labios contra su
nuca. De su piel, teñida de rojo por el calor, emanaba un intenso aroma
corporal. Isaac inhaló profundamente y cerró los ojos para luego abrirlos. Sus
pupilas púrpuras brillaron con un matiz escalofriante.
“Enoch,
¿te gusta recibir mi semen?”
“ah,
sí. Me gusta su semen. Por favor, deme más.”
Enoch
asintió y suplicó. No era una actuación para buscar una oportunidad de escape
como antes; ahora deseaba puramente el semen de Isaac. Solo al recibirlo a
través del coito podía confirmar que no sería abandonado, calmando así la
ansiedad grabada en lo más profundo de su ser.
“¡Ah...!
¡Ah...!”
Mientras
continuaban con los juegos posteriores de forma pausada, el pene de Isaac se
deslizó fuera del esfínter. Enoch recuperó el aliento y abrió ligeramente las
piernas para que el pene de Isaac pudiera entrar directamente en su vagina. Sin
embargo, en contra de lo esperado, sintió que Isaac se alejaba.
“¿Amo...?”
Enoch
llamó a Isaac, desconcertado. Al separarse sus cuerpos, sintió un frío
repentino. ¿Acaso me ha dejado solo? La pesadilla del bosque volvió a su mente
y su corazón se hundió. Levantó la cabeza con urgencia.
“¡Isaac...!
¿A-a dónde fue? No me deje solo, por favor.”
La
voz de Enoch tembló ligeramente. Debido a la venda, no podía ver nada, y la
ansiedad creció rápidamente. Se mordió los labios con inquietud. No quiero
estar solo. Por favor, no me abandone. Pensando que debía encontrar a Isaac a
toda costa, se quitó la venda sin pensarlo dos veces.
“No
te di permiso para quitarte la venda.”
Antes
de que sus ojos verdes, llenos de miedo, pudieran registrar el entorno, escuchó
la voz familiar. Enoch giró la cabeza rápidamente; Isaac estaba de pie junto a
la mesa. Al ver a Enoch sin la venda, Isaac frunció el ceño con desaprobación.
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“L-lo
siento. Ah... Me asusté porque no podía verlo, Isaac...”
Enoch,
volviendo en sí, se disculpó de inmediato mientras temblaba. Por un lado,
vigilaba su reacción, pero por otro, se sintió aliviado al confirmar que Isaac
estaba en la misma habitación. Estaba dispuesto a aceptar cualquier castigo con
tal de no quedarse solo.
En
ese momento, Isaac se acercó a Enoch a grandes zancadas. Sujetó la cabeza de
Enoch con brusquedad y lo obligó a mirar hacia arriba para besarlo.
“¡Ah...!”
Enoch
abrió la boca dócilmente y un líquido dulce pasó a su garganta. Era vino.
Aceptó gustoso la bebida que le ofrecía su amo. Acto seguido, sus lenguas se
entrelazaron de forma desordenada. Isaac succionó con avidez la lengua de
Enoch, bebiendo la saliva acumulada en su boca. Quizás por el vino, la lengua y
la saliva de su amante se sentían tan dulces que su razón comenzó a nublarse.
“¡Ah,
ah!”
Un
gemido quebrado escapó de la garganta de Enoch. Sin embargo, no retiró la
cabeza; al contrario, movió su lengua torpemente siguiendo la masa de carne que
hurgaba en su boca. Isaac sintió su pene erguirse por completo ante ese
movimiento de lengua tan falto de habilidad pero encantador.
Cuando
sus labios se separaron, un hilo de saliva se estiró entre ellos hasta
romperse. Como si incluso eso fuera un desperdicio, Isaac sacó la lengua y
lamió la comisura de la boca de Enoch. Este bajó la mirada dócilmente mientras
jadeaba. Tras concentrarse en recibir esa lengua que se movía como una
serpiente, su ansiedad desapareció como la nieve al sol.
“¿Por
qué piensas que me iría? Por supuesto que estaré al lado de Enoch.”
Al
escuchar las palabras de Isaac, el rostro de Enoch mostró un alivio evidente.
Luego, frotó su mejilla contra la palma de la mano que sujetaba su cabeza,
buscando su calor. Solo sentía seguridad cuando estaba tan cerca de Isaac que
sus pieles se tocaban.
“Mi
Enoch, te has vuelto todo un mimado.”
Isaac
soltó una risa complacida. Ayudó a Enoch a levantarse y se dirigieron a la
cama. En las sábanas manchadas aún quedaban los rastros del encuentro anterior.
Isaac
se sentó apoyado en el cabezal de la cama y sentó a Enoch sobre sus piernas.
Enoch, adivinando lo que le pediría, tragó saliva. Sus orejas alargadas se
tiñeron de rojo rápidamente.
“Quieres
recibir mi semen en tu útero, ¿verdad? A partir de ahora, Enoch, introduce tú
mismo el pene y muévete.”
Isaac
sonrió levemente y acarició con suavidad la cintura de Enoch. Al sentir ese
contacto, el cuerpo de Enoch tuvo un espasmo de sensibilidad. Sus ojos,
nublados por el deseo, miraron hacia abajo, atraídos por el pene de Isaac. Su
bajo vientre comenzó a palpitar por sí solo.
“¡Ah-!”
Pronto,
Enoch se apoyó en sus rodillas y posicionó sus nalgas sobre el pene. Cuando el
glande romo rozó su vagina, los pliegues de carne se contrajeron. Al bajar
lentamente su parte inferior, el pene fue ensanchando el orificio vaginal y
adentrándose paso a paso.
“¡Ah...!
¡Ah, ah!”
Las
manos de Enoch se aferraron a los hombros de Isaac. Mientras tanto, la vagina
seguía tragándose el pene poco a poco. Continuó bajando sin detenerse. La
sensación de esa enorme presencia abriéndose paso a través de su mucosa
relajada era vertiginosa. En el pasado, sin duda le habría parecido algo
terrible, pero ahora no podía soportar la ansiedad si no albergaba el pene en
su interior. Necesitaba estar sumido en el placer para poder olvidar la
pesadilla de haber sido abandonado por todos.
“¡Ah,
ugh-!”
Enoch
jadeó y se detuvo en una posición inestable. Estar sentado sobre la parte
inferior de Isaac hacía que sintiera como si su cuerpo fuera atravesado, por lo
que la penetración resultaba especialmente difícil. Al bajar la mirada, vio
cómo su bajo vientre sobresalía siguiendo el contorno del pene. Aunque no era
la primera vez que usaban esa posición, le invadió el miedo de que, si cometía
un error, el pene realmente podría atravesar su vientre.
“¿Por
qué te detuviste? ¿Ya entró todo?”
Isaac
preguntó extrañado, examinando el punto de unión. Menos de la mitad del tronco
del pene asomaba fuera de la vagina. Los pliegues de carne que mordían la
gruesa masa de carne se estremecieron como si fueran conscientes de la mirada
de Isaac, lo cual resultaba muy impúdico.
“Aún
falta un poco.”
En
ese momento, las manos de Isaac sujetaron la pelvis de Enoch y la presionaron
hacia abajo con fuerza. Sin tiempo para prepararse, Enoch fue obligado a
sentarse de golpe. El pene que estaba en su vagina se hundió hasta la raíz de
una sola vez; el glande golpeó el cuello del útero y se quedó allí, presionando
con fuerza.
“¡Ah-!
¡Ah, ah...!”
Enoch
abrió los ojos de par en par y se estremeció. Un clímax tan potente que le
cortó la respiración barrió todo su cuerpo. El líquido que fluyó del extremo de
su pene ensució el abdomen donde ambos cuerpos se tocaban. Al mismo tiempo, su
orificio vaginal sufrió espasmos y apretó el pene que tenía dentro como si
quisiera cortarlo.
“¡Ah...!
¿Qué, te corriste solo con la penetración?”
Isaac,
sorprendido por la repentina presión, tragó un gemido. Pronto observó el estado
de Enoch y soltó una carcajada de felicidad. El elfo, temblando tras alcanzar
el clímax solo con ser penetrado, le resultaba adorable. Por eso no había
tenido más remedio que enamorarse a primera vista hasta la locura. Su mirada
brilló con un intenso deseo de posesión.
“¡Ah,
me, me vine. ¡Ah...!”
Enoch
respondió jadeando y arqueó la cintura de golpe. La mano de Isaac había
atrapado su pene con firmeza. Su carne, que ya estaba sensible por haber
eyaculado hace un momento, fue manipulada sin miramientos por esa gran palma,
haciéndole perder el sentido. Un placer vertiginoso brotó de nuevo y su visión
comenzó a parpadear en blanco.
“Parece
que vas a seguir soltando flujo. Yo te lo detendré.”
“¡Ah!
¡Ah...!”
Isaac
disfrutó de la reacción de Enoch bloqueando el meato urinario con su pulgar.
Enoch soltó gemidos sin saber qué hacer. Sentía que alcanzaría el clímax de
nuevo en cualquier momento y quería pedirle que no tocara su pene, pero no fue
capaz de articular palabra.
“Enoch,
muévete ahora.”
Siguiendo
la orden de Isaac, Enoch comenzó a mover la cintura con dificultad. Al alzar
sus nalgas con un leve temblor en los muslos, el tronco del pene comenzó a
salir lentamente de la vagina. Se escuchó un sonido viscoso, 'chuguck'. La
mucosa roja salió pegada al pene antes de soltarse.
“¡Ah-!”
La
respiración de Enoch se aceleró. El simple hecho de sacar el pene de su vagina
era demasiado estimulante. La sensación del glande rozando su mucosa sensible
era tan vívida que sintió cómo la sangre se concentaba en su parte inferior.
Inevitablemente, sus movimientos se volvieron lentos.
“¡Ah!”
En
ese momento, una punzada de placer doloroso nació en su pecho. Enoch abrió los
ojos de par en par por la sorpresa y las lágrimas acumuladas rodaron por sus
mejillas. Antes de que el dolor se desvaneciera, Isaac volvió a morderle el
pezón.
“¡Ah...!
Ugh, duele, me duele.”
“No
es solo dolor lo que sientes. Tu vagina no deja de estremecerse cada vez que te
muerdo el pezón, ¿verdad?”
Isaac
esbozó una sonrisa de lado y mordisqueó el pezón con saña. Tal como él decía,
cada vez que el pezón era mordido, la vagina de Enoch se contraía por reflejo,
apretando el pene al máximo. Era una reacción de excitación innegable, por lo
que Enoch se sonrojó de vergüenza.
“A
partir de ahora, morderé tu pezón cada vez que detengas tu cintura. Si no
quieres que te duela, muévete rápido.”
La
punta de la lengua de Isaac lamió y jugueteó con el pezón inflamado. Ante esto,
Enoch soltó gemidos de queja mientras volvía a mover la cintura. Al subir y
bajar las nalgas repetidamente, el pene se hundía una y otra vez en su vagina.
Su bajo vientre se sacudía siguiendo el contorno del pene.
“¡Ah,
ugh! Es demasiad, ¡Ah!”
Enoch
tembló sin saber qué hacer. Perder un poco de fuerza en las piernas significaba
que el glande presionaría con fuerza su útero, haciéndole perder la razón.
Mientras
tanto, el juego de lengua de Isaac en su pecho era persistente. Si sentía que
las nalgas de Enoch vacilaban, de inmediato mordía su pezón para apremiarlo. Al
ensañarse deliberadamente con un solo lado, la atención de Enoch se desvió
hacia allí y comenzó a retorcer su torso con impaciencia.
“¡Ah...!
¡Ah, ugh!”
Ante
el incesante bombardeo de placer, Enoch retiró la cintura inconscientemente
para evitar que su útero fuera golpeado. Isaac se dio cuenta de inmediato, puso
su mano sobre el abdomen de Enoch y presionó hacia abajo sin contemplaciones.
En un instante, el glande arremetió contra el interior y golpeó el útero como
si quisiera aplastarlo.
“¡Ah!
¡Aaa, ah!”
Un
gemido agudo brotó de la boca de Enoch. Su cuerpo, experimentando un orgasmo
seco, tembló, y su vientre se tensó marcando sus músculos abdominales. El
cuello del útero atrapó el pene con fuerza de forma natural, e Isaac exhaló un
aliento agitado.
“Juu...
Tienes que albergar bien mi pene para recibir mi semen en tu útero. ¿Eh? ¿No
quieres quedar embarazado?”
Susurró
Isaac mientras presionaba repetidamente el bajo vientre de Enoch. Era
exactamente el lugar donde se encontraba el útero. Al recibir presión tanto por
arriba como por abajo, Enoch puso los ojos en blanco y se estremeció.
“ah...
Q-quiero quedar embarazado. Lo deseo.”
Poco
después, solo cuando la mano que presionaba su abdomen se retiró, Enoch pudo
responder jadeando. El elfo, degradado a familiar, aceptó su destino. Ya no
existía el rechazo en su corazón. Si el embarazo significaba no ser abandonado,
incluso el acto que antes le parecía tan terrible ahora le resultaba sumamente
grato.
“Entonces,
demuéstrame cuánto deseas quedar embarazado.”
Isaac
sonrió con la mirada y frotó sus labios contra el pecho de Enoch. Al sentir el
tacto de los labios jugueteando con su piel sensible, Enoch inhaló
profundamente. Entonces, empezando por alzar sus nalgas, comenzó a sacudir todo
su cuerpo como un animal en celo. ¡Chulssuck, chulssuck! El sonido de la piel
chocando era brutal. Hundió el pene hasta lo más profundo de su útero, haciendo
que el bajo vientre que Isaac había tocado antes sobresaliera repetidamente.
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“¡Ah,
ah! ¡Ah! ¡Ugh!”
Gemidos
suaves brotaron frenéticamente de la boca de Enoch. Cada vez que su útero era
golpeado, un placer vertiginoso lo invadía, destrozando su mente. Su instinto
movía su cintura con el único propósito de recibir el semen. Sus piernas
temblaban como si estuvieran a punto de ceder, pues su cuerpo ya había
alcanzado el clímax innumerables veces. Aun así, no dejó de permitir que el
pene atravesara su útero.
El
rostro del elfo, manchado por el placer, era un desastre. Sus pupilas llevaban
tiempo perdidas y desenfocadas, y sus ojos húmedos y mejillas estaban teñidos
de rojo. Sus labios, que no dejaban de soltar gemidos, dejaban escapar saliva
de forma descuidada. No quedaba ni rastro de su antigua imagen ascética; ahora
se veía completamente vulgar.
“¡Ah!
¡ugh!”
Poco
después, junto con un gemido agudo, Enoch puso los ojos medio en blanco. Tras
recibir repetidos golpes en su útero, sus nalgas finalmente cedieron y se
desplomaron mientras alcanzaba el clímax. La carne clavada en lo profundo de su
vagina aplastó su útero sin piedad.
“¡Ugh,
Isaac, por favor...”.
Enoch
pronunció el nombre de Isaac con voz sollozante. Era como una súplica pidiendo
misericordia. Isaac reaccionó inhalando con fuerza y golpeó su pelvis hacia
arriba de inmediato. Ante el repentino movimiento del pene, Enoch soltó un
gemido de sorpresa.
“¡Ah!
¡Isaac, ugh!”
“Sabes
que no puedo contenerme si dices mi nombre, ¡jaj-! Lo hiciste a propósito,
¿verdad? Qué astuto.”
Isaac
no pudo ocultar su satisfacción y movió la cintura con violencia. ¡Puck, puck,
puck! El pene entraba y salía de la vagina a una velocidad que no tenía
comparación con cuando Enoch sacudía las nalgas solo. El glande hurgaba en el
interior del útero, desatando un placer tan fuerte que resultaba violento.
“¡Ah!
¡Ugh, qué bueno...! Más profundo, ¡Ugh, ah!”
Enoch
repetía que se sentía bien entre cada gemido. Se apoyó en el hombro de Isaac y
alzó las nalgas para que el pene pudiera entrar aún más profundo en su útero.
Se aferró a él de forma desordenada, poseído por el instinto de recibir el
semen.
¡Chuguck,
chuguck! El pene monstruoso entraba y salía de la vagina con rudeza, golpeando
el útero una y otra vez. En ese lapso, Enoch perdió la cuenta de cuántas veces
alcanzó el clímax. Soltaba gemidos como si se estuviera quedando sin aliento,
“¡jic, jiit!”, mientras se ahogaba en un placer agónico. Al cabo de un tiempo,
la parte inferior de ambos cuerpos, así como las sábanas, estaban pegajosas por
el semen y el flujo.
“Te
daré un montón de semen, ¡jaj-! No dejes caer ni una gota. ¿Entendido?”
Con
esas palabras, el pene que hurgaba en su útero palpitó y eyaculó. Una expresión
de éxtasis cubrió el rostro de Enoch al sentir el líquido caliente
esparciéndose en sus entrañas.
“¡Aaa,
ah...!”
Enoch
soltó un grito y su cuerpo tembló violentamente. La sensación del semen
llenando su útero lo desbordó. Ahora, incluso sin una orden de Isaac, apretó su
vagina con fuerza por su cuenta para no dejar escapar ni una gota.
Poco
después, el torso de Enoch se tambaleó y cayó sobre el pecho de Isaac. En el
punto de unión de sus pechos, los latidos de sus corazones golpeaban con
fuerza, sin saber de quién era cada uno. Enoch no podía distinguir si su
corazón latía por miedo, como antes, o por una emoción completamente distinta.
Sin embargo, lo que sí tenía claro era que el semen llenando su útero y la
presencia del pene clavado en su vagina le daban una inmensa sensación de
seguridad.
“¿Sientes
tu útero lleno de semen? ¿Qué tal, crees que podrás quedar embarazado?”
Isaac
sonrió levemente y acarició el abdomen de Enoch. Estaba satisfecho al ver que
el bajo vientre, más inflado que antes, parecía el de una mujer embarazada.
Incluso ese toque resultaba estimulante, por lo que Enoch se estremeció. Bajo
la palma cálida, la presencia del pene dentro de sus entrañas se sentía aún más
nítida.
“¡Ah...!
No es suficiente. Deme más, más semen en mi útero.”
Enoch
suplicó y apretó con fuerza el pene clavado en su vagina. Que el embarazo entre
diferentes especies fuera imposible ya no era un problema importante. Solo le
bastaba con recibir el semen de Isaac en su útero.
Sorprendido
por la inesperada acción de Enoch, Isaac abrió los ojos de par en par. ¿Dijo
que no era suficiente? ¿En serio? Sintió una excitación incontenible, como si
acabara de escuchar una declaración de amor.
“No
puede ser insuficiente. Te daré más, mucho más. Te daré semen hasta que tu
vientre estalle.”
De
inmediato, Isaac se abalanzó sobre el cuerpo de Enoch. Enoch, que fue tumbado
en un instante, miró a Isaac mientras este se posicionaba sobre él y abrió las
piernas de par en par con gusto. Sintiéndo cómo el pene se abría paso con
rudeza hacia lo profundo de su útero, Enoch se aferró a Isaac como si sus
brazos fueran su mundo entero.
*
* *
“¡Ugh!
¡Ah!”
Los
gemidos resonaban con fuerza en el cuarto de baño. Al escuchar el eco de su
propia voz, las orejas de Enoch se tiñeron de un rojo intenso. Mantenía la
mirada baja mientras soltaba alientos entrecortados; el aire cargado de vapor y
humedad hacía que su cuerpo se sintiera aún más febril.
En
ese momento, la palma de Isaac impactó contra el muslo de Enoch. ¡Plas! El
dolor repentino hizo que Enoch se encogiera por instinto.
“¡Ah!”
“Enoch,
abre bien la vagina.”
Ante
la orden de Isaac, Enoch puso fuerza en los dedos con los que mantenía sus
labios abiertos. ‘Chuep’, el orificio se dilató aún más y el semen que retenía
en su interior comenzó a filtrarse poco a poco, deslizándose por sus muslos
inflamados. Echó una mirada fugas hacia abajo y, abrumado por la vergüenza,
desvió la vista de inmediato. Aunque no era la primera vez que se aseaba de
esta manera, no podía evitar que su rostro ardiera.
Isaac,
arrodillado con una pierna en el suelo, devoró con la mirada la figura impúdica
de Enoch de pie frente a él. Cada vez que se bañaban, obligaba al elfo a
permanecer en esa postura, abriendo su propio agujero. Verlo tan avergonzado y
sin saber qué hacer le resultaba tan excitante que nunca se cansaba de la
escena.
Poco
después, los dedos de Isaac se dirigieron nuevamente hacia la vagina de Enoch.
Sin molestarse en limpiar el flujo que manchaba su piel, sus yemas brillantes
se hundieron profundamente en la cueva dilatada.
“¡Ugh!”
Enoch
soltó un gemido preñado de placer mientras retorcía la cintura con
sensibilidad. El movimiento de los dedos, que hurgaban y separaban bruscamente
las paredes de su vagina, era tan estimulante que sus piernas temblaban sin
control. Se apoyó con firmeza contra la pared, esforzándose por mantener la
postura abierta.
Su
orificio, ablandado por ser penetrado diariamente por el pene, aceptaba tres
dedos sin ninguna dificultad. Al contrario, parecía palpitar con ansia, como si
lamentara no estar completamente lleno. Ante tal espectáculo de obscenidad,
Isaac introdujo también su dedo meñique. La mucosa húmeda se enredó con sus
dedos como si le diera la bienvenida.
Acto
seguido, su mano comenzó a moverse de nuevo, hurgando con fuerza en el
interior. El pulgar, el único que no había entrado en el agujero, golpeaba
rítmicamente contra los pliegues externos.
“¡Ah!
Ugh”
Enoch
frotó la nuca contra la pared y se mordió los labios. Le resultaba
especialmente vergonzoso que sus gemidos rebotaran y se amplificaran en el
baño. Al notar que el volumen de sus quejidos disminuía, Isaac mostró una
expresión de descontento.
“Te
dije que no reprimas los gemidos.”
Reflejando
su humor, el movimiento de Isaac dentro de la vagina se volvió más violento.
Flexionó los dedos como garfios y comenzó a raspar las paredes internas sin
piedad. Ante esto, el semen que estaba acumulado en lo profundo salió en
grandes cantidades, cayendo al suelo con un sonido sordo.
“¡Ugh!
¡Ugh!”
Enoch
cerró los ojos con fuerza y soltó un alarido. No podía mantener la cordura
mientras sus paredes internas, sensibilizadas y ardientes, eran raspadas con
tal intensidad.
Observando
su reacción, Isaac presionó firmemente una protuberancia interna con la punta
de sus dedos y comenzó a sacudir la mano con vibraciones rápidas. Esa fuerte
vibración se transmitió íntegramente a través de las paredes hasta el cuello
del útero, provocando que el placer de Enoch se disparara.
“¡Ugh!
¡Ah…!”
Enoch
se estremeció violentamente mientras sus muslos temblaban sin parar. Un clímax
vertiginoso barrió todo su cuerpo. Su pene, medio erecto, ya no tenía nada que
expulsar y solo se sacudía espasmódicamente. Cuando sintió que sus piernas
perdían la fuerza y comenzaba a tambalearse, la mano de Isaac se extendió para
sujetar su cintura con firmeza.
“Te
mueres de placer cuando te raspo la vagina. El agujero de este elfo es un
desastre, ¿está bien que sea así? ¿Eh?”
Isaac
habló con malicia, burlándose de él. Sacudió los dedos un par de veces más,
como si quisiera desprenderse de la mucosa que se aferraba a ellos. Enoch
retorció la cintura sin saber qué hacer; acababa de alcanzar el clímax, pero
sentía que estaba a punto de irse otra vez.
“¡Ah!
Amo, Isaac, por favor...”
Enoch
llamó a Isaac con voz entrecortada, suplicando. Isaac sonrió al notar lo que
esa voz pedía. ‘Mi Enoch se ha convertido en un juguete completo’. Una euforia
punzante lo inundó; su pene ya estaba erguido de forma amenante entre sus
piernas.
Sintió
un impulso irrefrenable de hundir su pene en el agujero que tenía enfrente,
pero aún no era el momento. Isaac inclinó la cabeza, acercándose al agujero de
Enoch. Retiró parcialmente los dedos que hurgaban en el interior y los puso en
forma de tijera para ensanchar las paredes al máximo. A través de la abertura,
la mucosa roja se contraía mientras el flujo brotaba a borbotones.
En
esa posición, la mano de Isaac que sujetaba la cintura de Enoch cambió de
lugar. Al sentir la palma sobre su bajo vientre, Enoch se tensó, presintiendo
lo que estaba por ocurrir. La palma, que acariciaba suavemente el abdomen
tenso, de repente se hundió con fuerza sobre la zona donde se encontraba el
útero.
“¡Ah!
¡Ugh!”
Un
gemido largo brotó de la boca de Enoch. Incapaz de soportar el placer que
ascendía con violencia, su torso se dobló y su cabeza descansó de forma natural
sobre el hombro de Isaac. Experimentando otro orgasmo seco, vio a través de su
visión borrosa cómo un líquido blanquecino caía entre sus piernas. Era el semen
que había estado guardado en su útero.
Después
de eso, Isaac presionó el bajo vientre de Enoch unas cuantas veces más para
terminar de vaciar el semen del útero. En cada ocasión, Enoch se estremecía
sumido en el orgasmo.
“ah,
ah.”
Poco
después, Enoch jadeaba completamente exhausto. Isaac retiró los dedos de la
vagina y se puso de pie, sosteniendo el cuerpo de Enoch. El elfo, apoyado sin
fuerzas contra él, observó el semen mezclado con flujo que manchaba el suelo.
La sensación de vacío en su útero tras ser purgado no era una simple
imaginación.
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“No
lo lamentes. Hay que limpiar bien para tener un bebé sano.”
Isaac
lo consoló, malinterpretando sus sentimientos a su antojo. Luego, hizo que
Enoch se girara para apoyarse contra la pared y comenzó a frotar su pene entre
las nalgas del elfo. La masa de carne, que llevaba tiempo esperando su turno,
estaba caliente como el fuego. Enoch inhaló con un ‘juk’ y, por instinto,
relajó su orificio.
“Bien,
ya sacamos todo lo que había dentro. Ahora te llenaré con semen nuevo.”
Con
el susurro de Isaac, el pene se deslizó suavemente hacia el interior de la
vagina. Enoch soltó un gemido parecido a un sollozo y ofreció sus nalgas con
gusto, ansiando el semen que volvería a llenar las profundidades de su útero.
Tras
salir del baño, Isaac sentó a Enoch en el sofá como de costumbre y comenzó a
secarle el cabello personalmente. Enoch, entregando su cabeza dócilmente a las
manos de Isaac, miraba distraídamente por la ventana. Se sentía lánguido y el
peso del nuevo semen en su útero le daba tal seguridad que sentía que podría
quedarse dormido en cualquier momento.
Finalmente,
Isaac dejó la toalla y hundió la nariz en el cabello de Enoch, inhalando
profundamente. Aunque no se había aplicado ningún aceite aromático, su cabello
desprendía una fragancia refrescante. El aroma se filtró en sus pulmones,
provocándole una oleada de calor. Tras deleitarse con el perfume, levantó la
cabeza y miró en la misma dirección que Enoch.
A
través de la ventana, los árboles que rodeaban el jardín mecían sus hojas al
compás del viento. Observando el paisaje pintoresco, Isaac soltó un sonido de
sorpresa.
“Ha
pasado tiempo desde la última vez que fuimos al jardín. ¿Quieres que vayamos a
pasear mañana?”
Desde
que habían sellado el contrato de familiar de forma completa, nunca habían
salido de la mansión. Habían estado demasiado ocupados entregándose al deseo
cada día, celebrando la alegría de ser finalmente uno solo.
Ante
la palabra ‘pasear’, los hombros de Enoch se tensaron bruscamente. Se incorporó
con rapidez y se giró hacia Isaac; su rostro, lastimeramente descompuesto,
estaba lleno de ansiedad.
“ah
Quiero quedarme en la mansión. No quiero salir.”
Enoch
sacudió la cabeza mientras se aferraba a Isaac. Comenzó a llorar, repitiendo
una y otra vez que no quería irse. La sola idea de cruzar los límites de la
mansión le traía recuerdos de pesadillas que le asfixiaban. No quería ser
abandonado, no quería regresar al bosque. Sus manos, que sujetaban la camisa de
Isaac, temblaban violentamente.
Las
pupilas púrpuras observaron en silencio al elfo que se aferraba a él con
desesperación. El sentimiento que se filtraba en esa mirada era de puro júbilo.
“Está
bien, no salgamos.”
Isaac
respondió con una sonrisa radiante. Luego, abrazó el cuerpo de Enoch con
fuerza, como si quisiera sepultarlo en su regazo.
“Enoch,
te amo. Estemos juntos para siempre.”
Sintiendo
cómo ese susurro se enredaba en su alma como un hechizo, Enoch recibió con
gusto la lengua de Isaac que invadía su boca. Finalmente, se sumergió por
completo en ese calor sofocante.
Epílogo
Mason,
que visitaba la mansión de Isaac después de mucho tiempo, tragó un suspiro.
Ante sus ojos se desarrollaba una escena tan obscena como la última vez.
“¡ugh!
¡ugh, ugh!”
El
elfo, postrado sobre la mesa, hurgaba incesantemente en su propio orificio
vaginal con el frasco de vidrio que sostenía en su mano. ¡Chuguck, chuguck!
Junto al sonido escandaloso, el flujo saltaba de un lado a otro. Sus
movimientos, que buscaban puramente el placer, eran vulgares.
Parece
que finalmente ha sido dominado por completo. Mason desvió la mirada sintiendo
lástima en su interior. Aunque el elfo frente a él le daba lástima, una vez que
el contrato de familiar se había sellado totalmente, ya no había forma de
escapar.
Su
mirada recorrió sutilmente el suelo. Al verlo en ese estado, dedujo que no
debió encontrar el gemelo. De todos modos, era un misterio si el elfo hubiera
podido usarlo incluso si lo hubiera tenido en sus manos.
Hice
algo innecesario. Hasta antes de su visita de hoy, Mason estuvo preocupado todo
el tiempo por cómo lidiar con las repercusiones si su relación con Isaac se
rompía. Sin embargo, al encontrarse con él, Isaac lo trató como siempre, sin
diferencias. Solo entonces Mason pudo tranquilizarse. Dada la personalidad de
Isaac, lo más probable era que no le importara quién hubiera dejado caer un
gemelo y ni siquiera lo supiera.
“Aquí
tienes, cinco frascos.”
Poco
después, Isaac tomó el frasco de la mano del elfo y lo dejó sobre la mesa con
un golpe seco. Dentro de los cinco frascos alineados, el fluido puro estaba
lleno hasta el tope.
Mason
tomó los frascos de inmediato y se levantó. Estaba complacido de poder salir
finalmente de ese espacio tan incómodo. Sabiendo que el dueño de casa no
saldría a despedirlo, caminó a grandes zancadas directamente hacia la entrada.
“Mason.”
En
ese momento, Isaac llamó a Mason, deteniéndolo. Al escuchar su nombre en boca
de su compañero después de tanto tiempo, Mason vaciló y se dio la vuelta. Al
encontrarse con el rostro inexpresivo de Isaac, sintió un escalofrío
recorriéndole la espalda.
“Llévate
esto también.”
Isaac
extendió algo. Al ver el objeto en su palma, Mason se quedó visiblemente
petrificado. El pequeño y redondo cristal mágico incrustado en el centro había
perdido su brillo y tenía finas grietas, como si hubiera agotado todo su poder
mágico.
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“…….”
Al
reconocer que era su propio gemelo, Mason palideció y comenzó a sudar frío.
¿Desde cuándo lo sabía? ¿Acaso lo supo desde el principio y fingió no saberlo?
Como su compasión por el elfo había sido descubierta, estaba tan aterrado por
lo que Isaac pudiera hacer que no podía mover el cuerpo.
Isaac,
que observaba en silencio a Mason, caminó lentamente hacia él. Se paró frente a
Mason, abrió el bolsillo de su chaqueta y metió el gemelo descuidadamente.
“No
deberías dejar caer tus pertenencias en casa ajena de forma tan imprudente.”
Como
las cosas salieron bien, te lo dejaré pasar esta vez. Isaac habló con voz baja.
Luego, le dio un ligero empujón en el hombro a Mason, como indicándole que ya
podía irse. De inmediato, Mason salió corriendo de la mansión como si lo
estuvieran persiguiendo.
Isaac
observó a través de la ventana hasta que Mason rompió el pergamino y desapareció,
y luego se dio la vuelta. Un tarareo fluyó de su boca de forma natural.
Al
entrar en la sala de estar, el elfo seguía en posición de coito sobre la mesa.
Al ver a Isaac acercándose hacia él, soltó un gran suspiro de alivio.
“Enoch,
¿esperaste dócilmente?”
Isaac
sonrió mientras levantaba a Enoch para abrazarlo. Ya no quedaba nada que
pudiera interferir entre ellos.
<Los días del elfo degradado> Fin de la historia
principal.
