7. Pesadilla

 


7. Pesadilla

El torbellino de maná se apaciguó y sintió que su cuerpo tocaba tierra de nuevo. Enoch abrió los ojos de golpe y revisó su entorno. Su visión se llenó de un bosque frondoso y tupido. Al inhalar profundamente, sintió cómo una energía pura y desbordante lo inundaba.

“¡He vuelto…!”

Enoch alzó la voz, rebosante de júbilo. El bosque que tenía ante sí era, sin lugar a dudas, el hogar donde había nacido y crecido.

“Madre Bosque, gracias. Muchas gracias.”

Conmovido, Enoch ofreció sus agradecimientos hacia la espesura una y otra vez. Creía firmemente que el milagro había ocurrido porque la Madre Bosque escuchó sus plegarias. De lo contrario, ¿cómo habría surgido la oportunidad de salir de la mansión y cómo se habría activado por casualidad la magia del botón de puño? Solo podía explicarse como un milagro.

Tras serenar sus emociones, Enoch se adentró en el bosque. El sonido de las hojas mecidas por la brisa parecía el saludo de los árboles dándole la bienvenida a casa.

<¡Mira, un elfo!>

<¿Eh? ¿Por qué entra un elfo desde fuera del bosque?>

En ese momento, se oyeron voces cargadas de curiosidad. Enoch levantó la vista y vio a los espíritus asomándose a lo lejos. La presencia de los espíritus, que le confirmaba una vez más su regreso, le resultó sumamente grata.

Pronto, Enoch observó con calma los alrededores para orientarse. Enseguida, la geografía del bosque se dibujó con claridad en su mente.

‘Tardaré unos dos días en llegar a la aldea.’

El asentamiento de los elfos se encontraba en lo más profundo del bosque. Para Enoch eran dos días porque conocía el camino; los aventureros que entraban con arrogancia solían quedar atrapados en senderos laberínticos, siendo devorados por monstruos o muriendo de hambre al no hallar la salida.

¡Grrrr! El repentino rugido de un monstruo hizo que Enoch se encogiera de hombros por la tensión. A juzgar por el sonido, no estaba lejos. Era imposible enfrentar a una bestia sin arma alguna.

Como ya era noche cerrada y resultaba difícil avanzar, Enoch decidió esconderse cerca y ponerse en marcha al amanecer.

Se alejó lo más posible del rastro del monstruo mientras buscaba un lugar donde pasar la noche. Tras caminar un buen trecho, divisó una cueva. Debido a sus recuerdos con Isaac, le producía rechazo entrar en una, pero al oír de nuevo el rugido de la bestia, no tuvo más remedio que encaminarse hacia ella.

La cueva no era profunda. Parecía haber sido el cubil de algún animal tiempo atrás, pues había pelos desparramados por el suelo. Enoch encendió una pequeña hoguera con las ramas que recogió por el camino y se sentó apoyado contra la pared. Como solo llevaba la capa puesta, sentía frío en las nalgas, pero era soportable.

Al quedarse mirando fijamente la fogata, la sensación de haber regresado al bosque se volvió más real. ‘¿De verdad he logrado escapar de ese mago loco? ¿No será un sueño?’ Seguía aturdido. Por si acaso, se pellizcó la mejilla, pero todo seguía igual.

‘¿Ya habrá despertado y me estará persiguiendo?’

El rostro de Enoch se ensombreció de preocupación. Isaac sabría que su destino era el bosque natal, así que vendría directo hacia aquí. Recordando su obsesión, no creía que fuera a rendirse fácilmente. Lo bueno era que, por muy mago que fuera, resultaba difícil encontrar el camino en el bosque de los espíritus una vez caída la noche.

Sin embargo, le surgía una duda: ¿cómo lo encontró Isaac aquella noche de luna llena roja? Podía ser simple casualidad, pero le resultaba sospeoso.

- Enoch, lo supe desde el momento en que te vi. ¡Somos el destino! ¡Hagamos un contrato y estemos juntos para siempre!

Al recordar las palabras que Isaac le dijo entonces, Enoch sintió un escalofrío y se estremeció. Sacudió la cabeza con fuerza intentando apartar los pensamientos sobre él.

“El destino... eso es absolutamente imposible….”

Enoch murmuró mientras se acurrucaba. El cansancio acumulado empezó a pesarle y sus párpados se cerraron lentamente. ‘Dormiré solo un poco y me marcharé de inmediato.’ Con ese último pensamiento, no pudo aguantar más y se sumió en el sueño.

* * *

Enoch, que estaba sumido en el sueño, frunció el entrecejo y comenzó a agitarse. Sus extremidades no se movían como deseaba, como si estuvieran atadas. En el momento en que sintió algo extraño y abrió los ojos, la vista familiar de su dormitorio entró en su campo de visión. Era un empapelado que había visto hasta el día anterior, por lo que era imposible no reconocerlo. Precisamente por eso, la situación actual le resultaba inaceptable.

“No, no. No puede ser.”

Murmuró Enoch, sumido en el impacto y negando la realidad. Sin embargo, por más que cerraba y abría los ojos, la escena frente a él no cambiaba. Si esto era un sueño, sin duda era una pesadilla. Intentó levantar el brazo para golpearse la mejilla, pero por más que hizo fuerza, no se movió ni un milímetro.

Al girar la cabeza hacia un lado, vio algo enrollado firmemente en sus brazos y piernas. Ese algo contorneaba levemente su cuerpo largo y liso. La mirada de Enoch se agitó, llena de espanto. Eran los mismos tentáculos que habían encadenado su cuerpo aquel día en el pasado.

“¿Qué es lo que no puede ser? Enoch, ¿estás hablando en sueños?”

En ese momento, una voz suave y cargada de diversión se escuchó a su lado. Enoch se estremeció de pies a cabeza por la tensión. "¿Estoy teniendo alucinaciones auditivas?". Deseó fervientemente que así fuera. Pero el rostro que apareció de repente frente a él era demasiado nítido para ser un sueño.

“Me diste un susto cuando te desmayaste de repente. ¿Tan bien se sintió?”

Preguntó Isaac con una sonrisa en los ojos. Solo entonces Enoch fue consciente del estado de su cuerpo. Sus pezones y su clítoris palpitaban por lo mucho que habían sido succionados, y sus piernas estaban abiertas de par en par por los tentáculos mientras el pene de Isaac estaba clavado en su vagina. Debido al semen que desbordaba al no poder ser contenida en el orificio, toda la zona de unión estaba pegajosa.

“Ya que has despertado, probemos otra postura.”

“¡Huuu…!”

Tan pronto como Isaac terminó de hablar, los tentáculos comenzaron a moverse. Tiraron de las extremidades de Enoch y lo elevaron en el aire. Al subir su cuerpo, el pene que estaba dentro de su vagina se deslizó hacia fuera. La sensación del glande raspando las paredes internas al salir fue excesivamente estimulante, haciendo que Enoch moviera las nalgas sin querer.

Acto seguido, su cuerpo fue volteado bruscamente. Enoch intentó patalear tarde, pero su fuerza no era rival para la de los tentáculos. Estos doblaron sus brazos hacia atrás y encadenaron sus muslos y pantorrillas pegándolos entre sí, impidiendo que cerrara las piernas. De sus dos orificios expuestos, el flujo comenzó a gotear sobre la cama.

“¡Ugh… no, no quie-, ah!”

En el momento en que Enoch negó con la cabeza intentando resistirse, una descarga eléctrica punzante golpeó su útero. Soltó un grito mientras sacudía la cintura. Al ser un castigo que no recibía en mucho tiempo, la intensidad se sintió aún más fuerte. El placer atroz desmoronó su razón en un instante, provocándole el celo.

Lágrimas brotaron de sus ojos, que estaban medio en blanco. Sus pupilas no lograban hacer foco. El instinto que dominó su mente en un segundo solo deseaba una cosa.

“Semen… juhu, por favor, deme semen. Quiero recibir el semen del amo en mi útero.”

La palabra "semen" salió una tras otra de la boca de Enoch. Con su rebeldía anulada, suplicó de forma vulgar mientras su vagina palpitaba. El orificio, ensanchado por haber contenido el pene hace un momento, mostraba su interior como una cueva abierta. La forma en que el flujo mezclado con semen escurría de entre la abertura era sumamente indecente.

“¿Me estás rogando por semen? Qué tierno.”

Isaac se lamió los labios mientras miraba con descaro la vagina de Enoch. Se excitaba tanto cuando su amante le suplicaba por su simiente que sentía una punzada en la nuca. Sin dudarlo, acercó la cabeza de su pene, que ya había aumentado de tamaño, y la frotó contra el orificio.

“¡Ugh! Rápido, por favor, métalo rápido.”

Incapaz de esperar, Enoch movió las nalgas con impaciencia. Isaac frunció el ceño al ver cómo ofrecía su agujero activamente para tragar el pene. Originalmente planeaba hacerlo sufrir un poco yendo despacio, pero ya no podía aguantar más.

Pronto, las manos de Isaac agarraron con fuerza la pelvis de Enoch y tiraron de él. Entonces, el pene que tocaba la vagina se hundió profundamente en el orificio. La enorme masa de carne se abrió paso sin miramientos a través de las paredes internas reblandecidas. ¡Puck! Con un sonido feroz, sus pelvis chocaron y el glande romo golpeó la entrada del útero.

“¡Ah-! ¡Aaa, ah…!”

Enoch soltó un gemido lánguido y se estremeció. Antes de que el placer vertiginoso terminara de teñir su mente, su cuerpo alcanzó un orgasmo seco. Su vientre bajo se tensó tanto que se hundió, y el útero succionó el pene con todas sus fuerzas.

“¡Ah! ¿Me pides semen y empiezas a ordeñarme en cuanto te la meto? Eso me hiere un poco.”

Dijo Isaac con malicia mientras movía la cintura. ¡Chiguck! ¡Chiguck! Cada vez que el pene entraba y salía sin miramientos del orificio vaginal, un sonido húmedo resonaba con fuerza. El eco era tan profundo que parecía que estaban dentro de una cueva.

“¡Ah, at! ¡Ah! Por favor, más en el útero, ¡Ugh!”

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Incluso mientras su útero era hurgado, Enoch rogaba frenéticamente por más golpes allí. Y es que, en cuanto el pene se alejaba un poco, su útero hervía y lo atormentaba. Apretó su vagina con toda su alma para recibir pronto el semen en su interior.

¡Puck! ¡Puck! Al ser golpeado repetidamente por la pelvis de Isaac, el cuerpo de Enoch, atado en el aire, se balanceaba de un lado a otro. El ver cómo sacudía solo la cintura con sus extremidades encadenadas era más erótico que cualquier prostituta.

“¿Te gusta que te clave el pene en el útero como querías? ¿Eh?”

Isaac se inclinó y pegó su pecho a la espalda de Enoch. Entonces, el pene se deslizó naturalmente hacia lo más profundo de la vagina. Continuó con estocadas cortas mientras el glande presionaba con fuerza el útero.

“¡Ah, ugh! Me gus, me gusta…!”

Enoch asintió frenéticamente mientras jadeaba. Su cabello desordenado revoloteaba con él. Sus ojos estaban perdidos y sus mejillas ya estaban empapadas en lágrimas. De sus labios, abiertos de par en par por los gemidos, caía saliva de forma descuidada. Sin importarle lo humillante de su aspecto, en su mente solo existía la idea de que debía recibir el semen.

En ese momento, surgieron más tentáculos que se acercaron serpenteando hacia el cuerpo de Enoch. Estos nuevos tentáculos tenían un aspecto algo diferente; tenían ventosas en la punta, como los brazos de un pulpo.

La punta del tentáculo merodeó el pecho de Enoch como si acechara a una presa. Acto seguido, las ventosas cayeron sobre sus pezones y se adhirieron firmemente a la piel. Ante la sensación de que sus pezones eran succionados con fuerza de repente, Enoch sacudió el torso sin saber qué hacer.

“¡Ah! ¡Mis pezones, ugh! ¡Huu…!”

Enoch quería pedirle a Isaac que hiciera algo con los tentáculos de su pecho, pero lo único que salía de su boca eran gemidos lascivos. Estaba abrumado recibiendo el placer de sus pezones siendo ultrajados por las ventosas y su vagina siendo hurgada por el pene desde atrás.

“¡Ah, ah! ¡Ugh!”

Bajo el estímulo constante, Enoch bajó la cabeza y vio cómo un tentáculo delgado se dirigía lentamente entre sus piernas. La punta afilada se retorcía como si decidiera dónde adherirse para atormentarlo. En el momento en que estuvo a punto de tocar su agujero, cambió de dirección.

“¡A, no, ahí no…! ¡Ah!”

El tentáculo desplegó sus ventosas y cubrió el clítoris erecto. Inmediatamente, Enoch soltó un gemido agudo y alcanzó el clímax. Su cintura se arqueó violentamente y un chorro de agua brotó de su agujero. Todos sus nervios se concentraron en el clítoris, olvidando incluso que debía informar que había llegado al orgasmo.

La vagina se contrajo fuertemente alrededor del pene. Ante la presión súbita, Isaac tragó un gemido y detuvo el movimiento de su cintura.

“¡Ah! ¿Qué pasa? ¿Te has corrido sin avisar? Eso no está bien. Tendré que castigarte.”

Tras comprender la situación, Isaac miró el estado de Enoch y habló con malicia. Extendió una mano hacia abajo y agarró con fuerza el agujero de Enoch, que acababa de terminar de eyacular.

“¡Ah! Me equivo, me equi… ¡ajung! ¡Ugh! ¡Ugh!”

Enoch intentó pedir perdón por instinto, pero como si no tuviera intención de escucharlo, el pene de Isaac se hundió profundamente en su vagina y golpeó su útero con fuerza. ¡Kjung! Sin tiempo para recuperarse de la resaca del clímax anterior, Enoch no pudo hacer más que aullar como un animal ante el placer que se le venía encima.

¡Chiguck, chiguck! Las estocadas que entraban y salían de su vagina se aceleraron. El útero, dándose cuenta de que pronto recibiría el semen, apretó la masa de carne para no dejarla escapar. Isaac sacudió su cintura y eyaculó mientras pegaba sus pelvis con fuerza.

Al sentir el líquido ardiente invadiendo su útero, el cuerpo del elfo tembló de júbilo.

“¡Aaa, ah…! ¡Me voy, me vooy…!”

Enoch anunció su orgasmo de forma vulgar mientras soltaba un alarido. Su cuerpo encadenado por los tentáculos no dejaba de tener espasmos. No solo de su agujero, sino también de su vagina brotó flujo a borbotones, empapando y ensuciando la cama.

“Huuuu-.”

Finalmente, cuando la eyaculación de Isaac terminó, Enoch se desplomó jadeando. Se quedó parpadeando aturdido, sumido en la resaca del clímax. Antes, la sensación de tener el vientre hinchado de semen le resultaba espantosa, pero ahora le brindaba una estabilidad tras haber satisfecho su lujuria.

“¿Te gusta recibir semen en el útero, Enoch?”

Preguntó Isaac mientras acariciaba el vientre bajo de Enoch. A través de la piel, se podía notar el contorno de su pene clavado en el interior. Enoch soltó un gemido sensible de inmediato.

“¡Ugh! Sí, me gus, me gusta.”

“Pero sabes una cosa.”

De repente, la voz de Isaac se volvió fría. Enoch se estremeció. Por instinto, reaccionó con tensión ante el cambio de humor de Isaac. En ese momento, una mano agarró su cabello con fuerza y tiró de él.

“¡Ah!”

Ante el dolor de sentir que le arrancaban el cabello, Enoch recuperó un poco la conciencia. Sus ojos, que miraban al techo, se movieron para vigilar a Isaac. El rostro de este apareció de repente frente a él y sus miradas se cruzaron.

“¡Ugh…!”

Enoch inhaló aire, sobresaltado. El rostro de Isaac, que hace un momento estaba normal, estaba cubierto de sangre. A pesar de que los hilos de sangre que caían de su cabeza empapaban su cara, Isaac no le prestó atención y ladeó la cabeza mientras miraba fijamente a Enoch.

“¿Por qué me golpeaste la cabeza con la botella de vino?”

El tono de Isaac era tan calmado que Enoch tardó en comprender el significado de sus palabras. Sus manos, que habían perdido la sensibilidad por estar tanto tiempo atadas, temblaron. De repente, recordó el impacto de cuando golpeó la cabeza de Isaac con la botella.

“¿Para escapar de mí? ¿Crees que podrías lograrlo?”

Isaac soltó una risita burlona. El verlo sonreír con la cara ensangrentada fue tan aterrador que Enoch se quedó paralizado por el miedo. Su rostro, que tenía color por los orgasmos seguidos, se volvió pálido en un instante.

“Enoch, quedamos en que estaríamos juntos para siempre.”

Ese susurro apretó la garganta de Enoch como una serpiente. Enoch comenzó a emitir estertores mientras su conciencia se nublaba. Pronto, se hundió sin fin en una oscuridad asfixiante.

* * *

“¡Ugh…!”

Enoch abrió los ojos de golpe y, jadeando, miró a su alrededor. No había rastro de Isaac por ninguna parte de la cueva. Solo entonces se dio cuenta de que todo había sido una pesadilla y soltó un largo suspiro. Sin embargo, su corazón seguía latiendo con fuerza por la ansiedad.

‘Es por la cueva, no debí haber entrado aquí desde el principio’, pensó Enoch mordiéndose el labio. Sentía que solo echándole la culpa al lugar podría calmarse tras haber tenido esa pesadilla tan vívida. Intentó levantarse para salir de allí cuanto antes, pero se detuvo en seco. La entrepierna le resultaba completamente húmeda.

‘No puede ser…’.

Un mal presentimiento cruzó su mente. Por mucho que intentara negarlo, la imagen de la capa pegada por la humedad, revelando el contorno de su zona íntima, no cambiaba. Tenso, Enoch levantó lentamente el borde de la capa.

“Ah…….”

Un sonido lleno de desesperación escapó de sus labios. En cuanto levantó la capa por encima de las rodillas, un olor acre y familiar lo golpeó. Cerró los ojos con fuerza sin necesidad de comprobar nada más. Le producía una profunda repulsión el hecho de que ya estuviera familiarizado con el olor de el semen.

'¿Me he corrido en sueños mientras tenía esa pesadilla?'. El impacto era indescriptible. Incluso en el sueño había aparecido el rostro ensangrentado de Isaac. El hecho de que su cuerpo hubiera tenido una polución nocturna mientras soñaba algo así le provocó una inmensa desolación.

Tras quedarse sumido en el shock por un largo rato, Enoch se levantó de un salto y se preparó para partir. Para recuperar su cuerpo, la única opción era deshacer el contrato de familiar lo antes posible. En la aldea encontrarían alguna forma. No, tenía que haberla.

Al salir de la cueva, apresuró sus pasos como si lo estuvieran persiguiendo. El camino más corto desde allí hasta la aldea era bastante accidentado. Se abrió paso por senderos cubiertos de zarzas espinosas y evitó hoyos que aparecían como trampas por doquier. Mientras caminaba frenéticamente, los espíritus del bosque comenzaron a acercarse sigilosamente.

<Elfo, ¿por qué estás solo?>

<¿A dónde vas? ¿Eh? ¿Eh?>

La presencia de los espíritus, que ayer le resultaba grata, ahora le parecía molesta. Enoch continuó caminando hacia la aldea con el ceño fruncido. Aunque era el bosque donde había crecido, era tan laberíntico que era fácil perderse si la concentración flaqueaba aunque fuera un poco.

“Uuk-.”

De pronto, Enoch se tambaleó y se detuvo. Por muy elfo que fuera, era demasiado moverse sin parar durante más de medio día sin beber ni una gota de agua. Además, el cansancio se había acumulado, quizá por efecto de la pesadilla, y sentía el cuerpo pesado. No tuvo más remedio que sentarse a descansar un momento apoyado en un árbol.

'Ya sabrá que estoy en el bosque, ¿verdad? ¿Por dónde me estará persiguiendo ahora?'. Enoch se mordió el labio con inquietud. Al quedarse quieto, los pensamientos no dejaban de fluir. Naturalmente, la ansiedad se disparó. Sentía que, en cualquier momento, Isaac aparecería frente a él para llevárselo.

Pensó que sería mejor seguir moviéndose, pero en el momento en que intentó levantarse, Enoch dio un respingo y volvió a desplomarse en el sitio.

“¡Ah!”

Sintió una punzada en el vientre bajo y, en un instante, su cuerpo comenzó a arder. Al sentir ese calor inusual, el rostro de Enoch se puso pálido. Al bajar la mirada y observar por debajo de la capa, vio que el tatuaje rojo había aparecido en su vientre. Al haber pasado mucho tiempo lejos de su amo, el contrato de familiar se había activado automáticamente.

“No, no.”

Enoch murmuró con ansiedad. No podía entrar en celo precisamente aquí, en medio de su bosque natal. La sola idea lo horrorizaba. Sin embargo, un familiar no tenía derecho a elegir.

Poco después de que apareciera el tatuaje, su útero empezó a bullir. Era la señal para regresar pronto al lado de su amo y recibir su simiente. '¡No, después de cómo he escapado! ¡No pienso volver!'. Enoch se mordió el labio y resistió encogiéndose sobre sí mismo.

Pasó un largo rato soportando el calor que lo invadía. Como si su firme voluntad hubiera funcionado, en cierto momento su útero se calmó. '¿Por fin ha terminado?'. Pero justo cuando Enoch iba a tomar aire, un cosquilleo recorrió su orificio inferior. Era un picor intenso, como si insectos caminaran por sus paredes internas.

“¡Huuuu!”

Un gemido escapó involuntariamente de la boca de Enoch. Sin darse cuenta, llevó su mano hacia su entrepierna. Sintió un fuerte impulso de rascarse el interior del orificio para aliviar ese picor.

<Elfo, ¿qué te pasa?>

<¡Parece que el elfo está enfermo! ¡Hace sonidos extraños!>

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Varios espíritus revoloteaban cerca de Enoch. Al volver en sí por el parloteo, Enoch se levantó con dificultad. Tenía que esconderse en alguna parte. Quería evitar a toda costa que los espíritus vieran su estado vergonzoso, tal como ocurría en la mansión.

Fiuuuu-. Una ráfaga repentina de viento hizo ondear su capa. Su parte inferior, que no llevaba nada puesto, quedó expuesta por completo. Enoch, sobresaltado, tiró de la capa hacia abajo, pero los espíritus ya lo habían visto todo.

<¿Han visto eso? ¡El elfo no lleva nada debajo de la capa!>

<¿En serio? ¡Yo también quiero ver!>

<¡Enseñádmelo a mí también!>

Los espíritus se amontonaron junto a Enoch con miradas curiosas. Enoch agitó un brazo apresuradamente para intentar espantarlos.

“¡Ut, fuera de aquí…!”

Gritó Enoch, pero su voz temblaba por la excitación que no podía ocultar, por lo que no resultaba nada amenazante. Los espíritus, pensando que estaba jugando, soltaron carcajadas mientras esquivaban su brazo de un lado a otro.

Al darse cuenta de que no tenía más remedio que huir él mismo, Enoch intentó moverse rápido. Sin embargo, antes de dar unos pocos pasos, sus piernas perdieron la fuerza y cayó de rodillas.

“¡Ugh!”

'Me pica. Me pica tanto que voy a volverme loco'. El cosquilleo en su orificio era fatal mientras intentaba mantener la cordura. Enoch frotó su mejilla contra el suelo de tierra, esforzándose por recuperar el sentido. Pero, lamentablemente, el picor no hacía más que intensificarse con el paso del tiempo.

Su vagina, impaciente, palpitaba, y cada vez que el aire entraba en el orificio sentía punzadas. El cosquilleo parecía haber llegado hasta su cerebro, devorando su razón poco a poco. Enoch soltó un jadeo excitado y se contorneó levemente. '¿Y si me rasco solo un poco? Solo tengo que meter el dedo un momento y sacarlo'. El instinto le susurraba entre las grietas de su razón nublada. Sus dedos trémulos se dirigieron hacia su entrepierna.

Tanteando sus muslos, sus dedos se deslizaron hacia el interior y tocaron su agujero empapado. Enoch tragó saliva y vaciló. Como si quisiera apresurar esa duda, su útero volvió a bullir con fuerza.

“¡Ah! ¡Ugh!”

En el momento en que Enoch se estremeció, la punta de su dedo se desvió y penetró ligeramente en su vagina. Fue solo eso, pero en cuanto sintió que algo entraba en el orificio, su mano se movió como si el hilo de su razón se hubiera roto de golpe.

Sus dedos se hundieron en la vagina y comenzaron a rascar suavemente las paredes internas. Pero lejos de ser un alivio, eso solo sirvió de estímulo y el picor aumentó.

“¡Ah! ¡Ah! Me pica. Más, más….”

La fuerza en sus dedos aumentó mientras rascaba el interior. Las paredes vaginales, viscosas y húmedas, se envolvían en sus dedos y tiraban de ellos como si le pidieran que hurgara más profundo. Sin embargo, por mucho que hundiera los dedos hasta la raíz, se desesperaba al no poder alcanzar la profundidad que solía tocar aquel pene monstruoso.

<¡Las nalgas del elfo se estremecen!>

<¿Qué está haciendo ahora?>

“¡Ah, n-no mire. Largo de aquí!”

Al oír las voces de los espíritus, Enoch se ruborizó de vergüenza. Sin embargo, no podía detener su mano. Pronto ya eran tres los dedos que hurgaban. ¡Chiguck, chiguck! El sonido húmedo que provenía de sus partes íntimas resonaba en el bosque, lo cual le avergonzaba y excitaba al mismo tiempo.

Su pene se puso erecto y la capa se levantó de forma natural. Sin siquiera darse cuenta de ello, Enoch estaba absorto hurgando en su vagina. Abrió más los muslos e introdujo sus dedos profundamente, rascando las paredes internas una y otra vez. Aun así, el picor no disminuía. Por instinto, empezó a sacudir las nalgas con impaciencia.

<¡Parece que le pica el agujero!>

<¡Vamos a ayudarle!>

<¡Sí, sí! ¡Será divertido!>

Los espíritus que observaban a Enoch decidieron ayudarlo por su cuenta. Unas lianas de los árboles, movidas por su voluntad, comenzaron a contonearse una a una.

Enoch, que estaba absorto intentando aliviar el picor de su orificio, no se dio cuenta de que las lianas se acercaban hasta que estuvieron a su lado. Solo cuando una liana se enroscó suavemente en su tobillo, dio un respingo de terror.

“¡Ah! ¡Sueltenme!”

Cuando Enoch intentó zafarse con urgencia, las demás lianas se lanzaron sobre él al mismo tiempo. Sujetaron sus brazos y piernas, lo obligaron a ponerse a cuatro patas y elevaron sus nalgas. Era la postura de apareamiento. Al darse cuenta de eso, sintió que se le erizaba el vello y una fuerte sensación de peligro lo invadió.

“¡No lo hagas, he dicho que no lo hagan!”

Enoch forcejeó, pero cuanto más lo hacía, más fuerte se enroscaban las lianas. El hecho de que actuaran igual que los tentáculos de aquel mago hizo que el corazón de Enoch se diera un vuelco. Aprovechando su vacilación, una liana se acercó hacia sus nalgas.

“¡N-no quiero, no la metas. No, ¡Ah-!”

Enoch negó con la cabeza frenéticamente al sentir la presencia de la liana. Pero esta, sin inmutarse, apoyó su punta en el ano y comenzó a abrirse paso serpenteando. Al sentir la sensación de sus paredes internas siendo ensanchadas bruscamente, Enoch hizo fuerza en el orificio para intentar expulsar la liana. Esta pareció vacilar un momento, pero de repente embistió con fuerza. ¡Puck! El extremo de la liana chocó contra la entrada del colon, haciendo que su vientre se sacudiera.

“¡Aaak…! No te, no te muevas, ¡juuuu!”

Enoch soltó un gemido que era casi un grito. Intentó zafarse pataleando, pero fue inútil. La liana que hurgaba en su ano sin miramientos se movía más como el pene de una bestia salvaje que se aparea por primera vez. Sin ninguna destreza, simplemente lo embestía con fuerza una y otra vez.

“Por favor, basta, ¡Ah! ¡Ah!”

'¿Por qué, por qué tiene que ser así?'. Enoch se sintió abrumado por la tristeza. Pensó que todo estaría bien al regresar al bosque, pero el contrato de familiar seguía atormentándolo, y ahora estaba siendo ultrajado por lianas de árboles a causa de los espíritus. Lo más terrible de todo era su propio cuerpo, que pronto empezó a aceptar el dolor como placer.

Independientemente de la voluntad de Enoch, su ano reaccionaba a las estocadas internas tal como había sido entrenado, humedeciéndose y dejando escurrir el flujo por sí solo. ¡Chiguck, chiguck! Cada vez que la liana se clavaba, el sonido viscoso resonaba con más fuerza. A medida que las estocadas en el orificio se volvían más fluidas, el placer que sentía su cuerpo también aumentaba de forma natural.

“¡Ah! ¡Ah, ahí…!”

Enoch, que gemía sin parar, arqueó la cintura violentamente en un momento dado. Pero al contrario de lo que esperaba, la liana pareció que iba a atravesar la entrada del colon pero se detuvo y retrocedió. Enoch, inconscientemente, movió las nalgas con ansiedad por la falta de estímulo. Sin darse cuenta, deseaba que lo penetrara más profundo y con más fuerza, recordando el pene de Isaac que solía golpear su colon sin piedad.

Acto seguido, la liana volvió a arremeter y golpeó la entrada del colon con un ¡puck! Sin perder la oportunidad, sus paredes internas atraparon la liana con fuerza. Entonces la liana, al verse inmovilizada, presionó la entrada del colon y comenzó a abrirse paso hacia el interior.

“¡Ah-!”

Enoch se estremeció mientras su mente se teñía de blanco ante la sensación de su colon siendo ensanchado a la fuerza. El clímax lo invadió en un instante. 'Un poco más, solo un poco más'. Dominado por el instinto, apretaba y relajaba el ano repetidamente para estimular la liana. Siguiendo su inducción, la liana golpeó el colon una y otra vez, acorralándolo.

<Elfo, ¿qué tal? ¿Te gusta?>

<¡Su voz está subiendo! ¡Parece que se siente bien!>

Los espíritus soltaron carcajadas. Estaban concentrados en el aspecto inusual del elfo, algo que veían por primera vez. Pensaban que todos los elfos eran serios y aburridos, ¡pero ver a uno emitiendo sonidos como una bestia en celo mientras era penetrado por una liana porque le picaba el agujero era un espectáculo divertido que no podían perderse!

La gruesa liana se contoneó y volvió a hurgar en el estrecho orificio. Ensanchando las paredes internas empapadas, se hundió profundamente y golpeó la entrada del colon con fuerza una y otra vez, sin vacilar.

“¡Ah, ah! ¡Ugh! ¡Ugh, ah…!”

Pronto Enoch alcanzó el clímax soltando un gemido agudo. Su cintura se arqueó con flexibilidad mientras, por instinto, apretaba con todas sus fuerzas la liana que estaba dentro de su orificio. El tallo de la liana, que recibía una fuerte presión, tuvo un gran espasmo desde la raíz y expulsó savia como si estuviera eyaculando. El chorro de líquido golpeó sus entrañas, llenando su vientre por completo.

“¡Ah-!”

Enoch tembló de pies a cabeza con los ojos desorbitados. Su cuerpo se estremeció al identificar la savia que la liana vertía en su orificio como si fuera semen. Su vientre bajo, cargado de líquido, se hinchó pesadamente. Poco después, tras terminar de eyacular, la liana se retiró lentamente del ano.

Enseguida, las lianas que envolvían sus extremidades también se aflojaron, y Enoch se desplomó jadeando. Estaba tan sumido en la resaca del clímax que ni siquiera pensó en corregir su postura, quedándose con las nalgas elevadas.

La savia que goteaba de su ano resbaló de forma pegajosa por su perineo. Cuando esas gotas tocaron su vagina, el picor que había olvidado momentáneamente por el placer volvió a despertar.

“¡Ah!”

Enoch movió las nalgas sin saber qué hacer. Su vagina comenzó a picarle intensamente, como si ahora ella también le suplicara que la hurgaran. Un simple dedo no bastaría para aliviarlo. Necesitaba algo grueso que penetrara profundamente y la golpeara con fuerza, tal como había sucedido con su ano.

No quedaba ni rastro de razón para reflexionar. Enoch, llorando y con los labios trémulos, alzó la voz.

“Abajo también, aah hurgadme aquí también. Por favor….”

Enoch suplicó mientras extendía su brazo hacia atrás. Introdujo dos dedos en su vagina y los abrió como pinzas, mostrando su indecente cueva. Al sentir la brisa en sus paredes internas, el picor se intensificó aún más. Soltó un gemido de “¡Ji-it-!” mientras esperaba con ansia la liana que hurgaría en su vagina.

El flujo goteaba de entre su vagina abierta. Tras esperar un momento en esa postura, una gruesa liana se acercó contoneándose. Era la misma liana que había estado penetrando su ano hace un momento.

La liana movió su punta roma frente a su vagina como si estuviera olfateándola. Entonces, Enoch ensanchó aún más el orificio vaginal con sus dedos. Se sentía como si estuviera poniendo una trampa y esperando. 'Rápido, húrgala ya, por favor rápido'. Estaba impaciente porque el picor interno era tan insoportable que apenas podía aguantar un segundo.

Pronto, la paciencia de Enoch se agotó y, justo cuando iba a hurgarse él mismo, la liana se movió como si saltara hacia él. La superficie de la liana, al abrirse paso por el orificio reblandecido, rozó sus paredes internas provocándole un estímulo. En cuanto sintió el placer eléctrico que aliviaba el lugar que le picaba, un gemido excitado brotó de la boca de Enoch.

“¡Ugh, ah! ¡Qué bien! ¡Ah! Más, húrgala más.”

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Enoch movía la cintura diciendo que se sentía bien, sin pizca de vergüenza. Con los ojos perdidos y entregado al placer, su aspecto no difería del de una bestia en celo. El acto de dejarse penetrar por una liana era, claramente, un apareamiento.

¡Chiguck, chiguck! La liana hurgaba en la vagina con movimientos más diestros que antes, hundiéndose profundamente. En el momento en que el extremo del tallo tocó y golpeó el cuello del útero, Enoch se estremeció sin remedio. Siguiendo su reacción violenta, la liana golpeó el cuello del útero una y otra vez.

“¡Ugh! Me voy a…! ¡Ugh!”

Acto seguido, Enoch echó la cabeza hacia atrás al sentir el orgasmo. Sus ojos se pusieron en blanco y de sus labios entreabiertos caía saliva que no llegaba a tragar. Su aspecto era tan vulgar que resultaba difícil creer que fuera un elfo.

El cuello del útero, al alcanzar el clímax, tuvo espasmos y apretó con fuerza la liana clavada en su interior. Entonces la liana, que se contoneaba de forma inusual, expulsó su savia. El chorro de líquido golpeó el interior de su útero provocándole un placer intenso que hizo que Enoch temblara violentamente. Aunque su útero solo había estado vacío por una noche, la sensación de ser llenado por completo le resultó infinitamente extasiante.

“¡Ugh!”

Poco después, la liana se deslizó fuera de la vagina. Las lianas que envolvían sus extremidades también se retiraron, y Enoch se desplomó sobre el suelo jadeando, llevando inconscientemente su mano hacia su abdomen. Su vientre bajo, hinchado por la savia, estaba abultado. Sintió una extraña sensación de estabilidad.

Al quedarse quieto en esa postura, el placer fue disminuyendo gradualmente y la razón de Enoch regresó poco a poco. Habría sido mejor que no regresara; una profunda desesperación se reflejó en su mirada al darse cuenta de la situación.

'Yo, qué es lo que he hecho…'.

El rostro de Enoch se puso pálido por el impacto. El recuerdo de haber suplicado con su propia boca que le hurgaran la vagina era tan nítido que ni siquiera podía usar la excusa de que lo habían obligado. Por mucho que hubiera sido por influencia del contrato de familiar, el hecho de que él mismo hubiera abierto su orificio para aparearse con una liana no cambiaba. Se quedó petrificado, sumido en la desolación.

<¿Ya ha terminado? ¿Ya no le pica el agujero?>

<¡Si ya no va a hacer más, yo me voy a otra parte!>

Los espíritus, tras terminar de observar, se fueron marchando uno a uno, dejando al bosque en un profundo silencio. Enoch, que se quedó solo, bajó la cabeza y rompió a llorar con tristeza.

“ah.”

Lo que llenó el lugar dejado por el calor fue un profundo sentimiento de autodesprecio. Enoch sollozó cubriéndose el rostro con las manos. Era la vergüenza de la raza elfa. Deseaba desaparecer en ese mismo instante.

“En la aldea encontrarán una forma… así será….”

Tras llorar por largo rato, Enoch se levantó murmurando con expresión ausente. Su única esperanza era que su pueblo no lo abandonara, tal como ocurrió en el pasado cuando empezaron a comerciar con la torre mágica para salvar a sus semejantes que morían por una epidemia.

Enoch se ajustó la capa como pudo y comenzó a caminar con paso vacilante. El líquido goteaba de entre sus piernas, dejando un rastro sobre el suelo de tierra.

* * *

Enoch se aferró a un árbol cercano, soltando jadeos erráticos. Tras caminar un día entero, finalmente había llegado a los límites del territorio de la aldea elfa. Levantó la cabeza y escudriñó los alrededores; ahora solo faltaba encontrar la entrada oculta de la aldea.

En ese momento, junto a un crujido de hojas, alguien apareció. Un rostro de una belleza gélida e inexpresiva, con orejas largas y puntiagudas. Era, sin duda, un elfo.

“Intruso, retrocede.”

El elfo advirtió mientras alzaba su arco. Enoch, reconociéndolo, se quitó la capucha que cubría su cabeza y gritó:

“¡Oliver…!”

“¿Enoch?”

El elfo llamado Oliver vaciló y observó a Enoch con detenimiento. Un instante después, bajó el arco como si relajara la guardia.

“Enoch, ¿realmente eres tú?”

“Sí, soy yo. Soy Enoch.”

Asintió él con ansiedad. Estaba tenso, temiendo que Oliver no lo reconociera. Aunque sus orejas puntiagudas eran prueba suficiente de su herencia, no podía evitar la inseguridad tras haber estado tanto tiempo lejos de los suyos. Oliver se acercó a grandes zancadas y lo envolvió en un fuerte abrazo. Enoch, sorprendido, inhaló hondo y se quedó rígido.

“No sabes cuánto te buscamos cuando desapareciste de repente.”

Oliver habló mientras acariciaba la espalda de Enoch. Solo entonces este se relajó y le devolvió el abrazo. El alivio de estar de nuevo entre los suyos lo desbordó, y las lágrimas amenazaron con brotar.

“Pasaron muchas cosas. Te lo contaré todo en la aldea.”

Enoch tragó sus sollozos y recuperó el aliento. Para él, Oliver era como un hermano de sangre; incluso su primera cacería de monstruos la había hecho a su lado. Confiaba plenamente en que Oliver lo ayudaría.

“Sí, vamos a la aldea. Todos se alegrarán de saber que regresaste con vida.”

Oliver sonrió y tomó la mano de Enoch. Su agarre se sentía cálido y firme, llenando el pecho de Enoch de esperanza. Sentía que, a partir de ahora, todo saldría bien.

Mientras caminaban, Oliver le relató cómo los elfos habían rastreado cada rincón del bosque buscando, al menos, sus restos. Los ojos de Enoch se enrojecieron al escucharlo.

‘Pensaron que había muerto en el bosque. Es lógico.’

Al fin y al cabo, ningún elfo imaginaría que había sido secuestrado por un mago y forzado a un contrato de familiar. Seguramente la Torre Mágica también habría ocultado cualquier rastro.

Tenía la intención de contarles a todos cuán hipócritas y cegados por la codicia eran los magos. Sinceramente, le aterraba confesar las humillaciones sufridas a manos de Isaac, pero creía que sus hermanos de bosque, con quienes había crecido, se pondrían de su parte y lo protegerían.

A medida que se adentraban en el territorio profundo, la energía pura se volvía más intensa. Enoch inhaló y exhaló profundamente, emocionado por estar tan cerca de casa. Sin embargo, justo antes de llegar a la entrada de la aldea, Oliver se detuvo en seco. Enoch alzó la vista, extrañado. La atmósfera se había vuelto pesada de repente. A lo lejos, se escuchó el rugido de un monstruo.

“¿Qué está pasando? Siento una energía siniestra emanando de tu cuerpo.”

Oliver habló con el rostro endurecido. Al principio pensó que se debía a algún monstruo cercano, pero al llegar a la entrada de la aldea, la persistencia de esa sensación le permitió identificar el origen. La aldea elfa estaba protegida por la Madre Bosque, impidiendo el paso de monstruos. La mirada de Oliver se clavó en el vientre de Enoch. De ese vientre plano emanaba un maná oscuro y perturbador.

“Oliver, puedo explicarlo todo. Por favor, créeme….”

Enoch suplicó aferrándose a la mano de Oliver. Sus dedos estaban gélidos por el pánico. Oliver lo miró con lástima, pero apartó la vista.

“No es una decisión que pueda tomar yo solo.”

Cuando Oliver soltó su mano bruscamente, el corazón de Enoch se hundió. Pensó que regresaría a la paz de su hogar, pero la situación estaba tomando un rumbo nefasto.

Los elfos de la aldea comenzaron a congregarse en la entrada. ¿Quién es ese elfo? ¡Es Enoch! ¡Enoch ha vuelto!, murmuraban sorprendidos. Pero cuando un elfo en particular dio un paso al frente, todos guardaron silencio.

“Enoch.”

La voz era baja y solemne. En su frente brillaba con nobleza el emblema que lo identificaba como el líder de los elfos. Abrumado por una autoridad que no se atrevía a cuestionar, Enoch cayó de rodillas. Sintió una punzada de rechazo en sus entrañas, pero la ignoró.

“Líder, por favor, ayúdeme. ¡Ugh! Un mago me forzó a un contrato de familiar. No puedo escapar de esto por mi cuenta.”

Enoch suplicó con desesperación. Su única esperanza era su bosque natal y su gente; por eso no se había rendido hasta llegar allí. Pero al verse bloqueado en el umbral de su hogar, la ansiedad se volvió insoportable.

“¿Un contrato de familiar?”

Se escucharon exclamaciones de horror. Que un elfo, nacido para proteger la naturaleza, se convirtiera en el familiar de otro ser era algo inaudito. Era natural que no lo creyeran. El líder alzó la mano para calmar el alboroto y miró seriamente a Enoch.

“Si realmente existe tal contrato… debe haber una marca en tu cuerpo. Muéstramela.”

Enoch asintió con pesadumbre, sabiendo que este momento era inevitable. Aunque sabía que no había otra forma, la vergüenza de exponer su deshonra ante sus iguales lo carcomía. Con manos trémulas, levantó lentamente su capa.

Al no llevar nada debajo, su vientre quedó expuesto de inmediato. Se escucharon jadeos de sorpresa por doquier. Enoch bajó la cabeza, incapaz de mirar a nadie. Como si interpretara su temblor como excitación, el tatuaje rojo emergió alrededor de su ombligo.

“¡Ugh-!”

Enoch soltó un gemido involuntario y se mordió el labio con urgencia. Cada vez que el tatuaje aparecía, su cuerpo se calentaba de forma incontrolable. No podía detener el calor que nacía en sus entrañas y se extendía por todo su ser. Cerró las piernas intentando ocultar su erección.

En ese momento, el pie del líder se introdujo entre los muslos de Enoch. No fue con mucha fuerza, pero Enoch, incapaz de resistirse, abrió las piernas temblando. Su pene, medio erecto, quedó a la vista de todos. El hecho de que estuviera dilatado y con una gota de flujo en la punta gritaba claramente que estaba excitado.

“Está erecto.”

Murmuró el líder con indiferencia, con la misma frialdad con la que se juzga si un monstruo caído está vivo o muerto.

“¡Líder, por favor…!”

Presintiendo lo peor, Enoch se aferró a las piernas del líder, perdiendo cualquier rastro de dignidad. Ante su patético esfuerzo por no ser abandonado, el líder soltó un suspiro de lástima.

“Enoch, tu cuerpo ya ha sido mancillado. No hay forma de volver atrás.”

“Eso… ¡eso no es verdad! Por favor, no me abandone.”

Enoch rompió a llorar, negando con la cabeza. La idea de que no hubiera retorno lo arrojó al abismo de la desesperación. Quería negarlo a toda costa; pensaba que al volver al bosque todo se resolvería. Pero la realidad era cruel: al ver a un elfo degradado a familiar, sus congéneres le dieron la espalda con frialdad.

“No puedes entrar en la aldea. Retírate.”

Una vez que el líder tomó la decisión, los elfos obedecieron. Uno tras otro, alzaron sus armas y apuntaron a Enoch, amenazándolo con las puntas afiladas como si ahuyentaran a un monstruo. Enoch retrocedió tambaleándose por el impacto. La escena parecía una pesadilla. ¿Acaso mi cuerpo fue ensuciado porque yo quise? ¿Y me dicen que no puedo volver? ¿Me apuntan con armas para echarme? Entonces, ¿quién me ayudará? Si iba a terminar así, ¿para qué vine hasta aquí…?

Entonces, entre la multitud, Enoch divisó a Oliver, el único que no había alzado su arma. Al cruzar miradas, el rostro de Oliver se contrajo con dolor.

“¡Oliver, no me dejes…! ¡Por favor…!”

Enoch gritó sollozando. Rogaba que al menos una persona se pusiera de su parte. No necesitaba que lo salvaran, solo que estuvieran a su lado. No quería quedarse solo tras ser repudiado por todos.

“…Enoch, lo siento.”

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Finalmente, Oliver apartó la vista y alzó su arco. En ese instante, una flecha disparada por alguien se clavó a los pies de Enoch. Cuando la lluvia de flechas comenzó, Enoch no tuvo más remedio que correr. Desandó el camino que había recorrido con tanta ilusión, huyendo desesperadamente fuera del territorio protegido.

Una flecha rozó su pierna. El dolor repentino hizo que su pierna cediera. ¡Kudangtang! Cayó al suelo levantando una nube de polvo.

“¡Ugh…!”

Enoch hizo una mueca de dolor. La herida en su pierna ardía, pero no tenía tiempo para quejarse; no sabía cuándo caería la siguiente flecha. Se incorporó rápidamente y revisó su entorno.

“ugh, ah”

Pronto no quedó más sonido que su respiración agitada. Todos habían regresado a la aldea tras cumplir con su tarea de expulsarlo. Lo habían abandonado así, sin más.

Solo y desamparado, Enoch parpadeó aturdido. Lo que acababa de vivir le parecía una alucinación. La imagen de sus hermanos elfos, con quienes antes se protegía espalda con espalda, apuntándole con armas, quedó grabada como una cicatriz en su mente.

“Seguro que estoy en una pesadilla. Si no, no es posible…”

¿Cómo pudieron abandonarme? No tiene sentido. Las lágrimas acumuladas rodaron por sus mejillas. Una desesperación incontenible lo envolvió de pies a cabeza. Se hundió en la impotencia, sintiendo que su cuerpo pesaba. Tuvo el estúpido pensamiento de que, si moría allí, quizás sus hermanos al menos recogerían su cadáver.

Mientras tanto, el cielo se oscurecía. En el bosque, la noche caía con rapidez. ¡Grrrr! El rugido de un monstruo resonó no muy lejos. Enoch se estremeció, asustado. Aunque hace un momento quería morir, ante el peligro real, sus extremidades se movieron primero.

“¡Ah!”

Enoch frunció el ceño. La herida de su pierna, que había olvidado momentáneamente, volvió a doler. Pero el rastro del monstruo estaba cerca, así que no tenía tiempo para curarse. Arrastró una pierna mientras caminaba en dirección opuesta al rugido. Debía encontrar un lugar donde esconderse hasta el amanecer.

¿Si ya no tengo a dónde volver, a dónde voy? La mirada de Enoch se ensombreció. Aunque lograra pasar la noche, ¿qué vendría después? Sin armas, con el celo acechando y herido de la pierna, era difícil sobrevivir en el bosque. Todo parecía gritarle que abandonara el bosque. Decirle que se fuera era lo mismo que pedirle que muriera. Cuanto más pensaba, más profunda era su desesperación.

De repente, recordó la mansión. Ese lugar del que tanto había querido escapar. La obsesión del mago loco lo asfixiaba, pero allí estaba a salvo de cualquier otra amenaza. Enoch volvió en sí y se mordió el labio. No podría volver allí a menos que me hubiera vuelto loco. No puedo.

Mientras su paso se ralentizaba por sus pensamientos, una sombra oscura apareció a su espalda. ¡Puck! Sin tiempo para esquivarlo, el cuerpo de Enoch fue arrojado al suelo por un impacto masivo.

“¡Ugh!”

Enoch levantó la cabeza con dolor y se quedó petrificado. Frente a él había un monstruo oscuro. Tenía la forma de un oso enorme y parecía excitado, pues babeaba sin cesar. Su respiración pesada era aterradora.

El instinto de supervivencia le ordenó huir, pero antes de que pudiera levantarse, el monstruo se abalanzó sobre él. Enoch se quedó sin aliento bajo el peso masivo. En ese momento, algo picó sus nalgas.

“¿S-no puede ser…? ¡No, no lo hagas!”

Enoch gritó con el rostro pálido. Forcejeó desesperadamente para salir de debajo del monstruo, pero pronto el dolor de la herida le restó fuerzas. Al cesar la resistencia de la hembra, el monstruo desgarró la capa con sus colmillos afilados. Al ver su única prenda hecha jirones, Enoch tembló de pavor. En el pasado, habría luchado con cualquier cosa que tuviera a mano, pero ahora no se sentía capaz. Su cuerpo, dominado por el miedo, se rindió a la resistencia como ya era costumbre.

Entonces, su mirada fue arrastrada hacia abajo. Entre las ingles del monstruo, una masa de carne erecta se sacudía. Su tamaño amenazante y las venas marcadas en su superficie se parecían de forma espeluznante al pene de alguien.

“Jic-.”

Enoch retrocedió por instinto. Tuvo el presentimiento de que, en el momento en que esa carne monstruosa lo desgarrara y vertiera su simiente, su alma caería en un abismo de donde nunca volvería a ver la luz. Se convertiría en algo tan degradado como el monstruo.

‘¡Madre Bosque, por favor sálveme…! No me abandone usted también. ¡Por favor, por favor!’

En lugar de una respuesta de la Madre Bosque, la garra del monstruo presionó el torso de Enoch. Ante la presión que parecía a punto de romper sus costillas, Enoch soltó un jadeo de “¡Kjuk…!”. Mientras tanto, el monstruo pegó su pelvis. En cuanto la masa de carne caliente frotó sus nalgas, sus dos orificios comenzaron a secretar flujo.

“¡Mátame! ¡Mátame ya!”

Enoch gritó agitando los brazos. Como si ese movimiento le molestara, el monstruo soltó un rugido amenazante. Enoch deseaba que los colmillos del monstruo le desgarraran el cuello de una vez, pero la bestia eligió otro método para someter la resistencia de su presa.

La punta del pene presionó sobre su vagina. Al sentir la carne abriéndose paso hacia el interior, el rostro de Enoch se tiñó de horror.

“¡No, no, n-… ¡aaaaak!”

A pesar de su grito desgarrador, el pene del monstruo desgarró bruscamente su orificio vaginal y se hundió hasta la raíz. Enoch gritó y se estremeció ante la sensación de plenitud que llenaba su vientre. De sus labios abiertos brotó una arcada. Lo más terrible era cómo su cuerpo, por puro reflejo condicionado, comenzaba a calentarse a pesar de su voluntad.

Sin importarle la reacción de la hembra que tenía debajo, el monstruo comenzó a mover la cintura. ¡Puck, puck! Su pelvis golpeaba con fuerza las nalgas de Enoch, hurgando sin miramientos en su vagina para encontrar el cuello del útero donde verter su semilla. Las estocadas, que golpeaban las paredes internas húmedas, obedecían a un instinto reproductivo puro.

“¡Ah, ugh! ¡Nooo! ¡Ahhh!”

Enoch rompió a llorar mientras retorcía la cintura. Sentía asco del pene del monstruo entrando y saliendo de su vagina. Pero lo más doloroso era que, cada vez que la carne hurgaba en su interior, el placer que se extendía le hacía sentir impaciente por más. Intentó reprimir sus nalgas, que querían sacudirse buscando el clímax. No podía permitir que su cintura se sacudiera al ritmo de un monstruo.

En ese momento, el glande que hurgaba en su vagina rozó la entrada del útero. Solo con eso, un placer vertiginoso lo recorrió, haciendo que su vientre se tensara.

“¡Grrrr!”

El monstruo soltó un gruñido gutural. Acto seguido, embistió su pelvis repetidamente como si quisiera golpear de nuevo el punto donde Enoch había reaccionado. ¡Puck! ¡Chiguck, chiguck! El sonido viscoso resonó en el bosque. El sentimiento de culpa por profanar el bosque aumentó su excitación.

“¡Ah…! ¡Ahhh!”

Enoch sollozó sumido en el autodesprecio y la vergüenza. Aunque sabía que no era algo que deseara, al excitarse su cuerpo empezó a confundirse. ¿Realmente es tan terrible? ¿O es que en realidad deseaba que hurgaran en mi agujero sin importar qué fuera? Su mente, derretida por el calor, estaba confusa. Entonces, sintió que el pene volvía a arremeter contra la entrada del útero y se quedó rígido.

“¡A-ahí no…!”

Enoch negó con la cabeza frenéticamente y se aferró a las patas delanteras del monstruo. Pero este, incapaz de entender sus palabras, golpeó con fuerza su pelvis. El pene se hundió en el estrecho cuello del útero, abriéndose paso a la fuerza.

“¡Ah-! ¡Aaa, ah!”

Inmediatamente, Enoch echó la cabeza hacia atrás y se estremeció. Un placer tan intenso que le erizó el vello tiñó su visión de blanco. Al mismo tiempo, sintió un terror que le oprimía el alma. Era una sensación de peligro mucho mayor que cuando era poseído por tentáculos o lianas. Sucio, está sucio, está sucio. No quiero recibir el semen de un monstruo. Por favor, que alguien me salve. Su corazón suplicaba en un grito silencioso.

En ese momento, su brazalete vibró levemente con un tintineo. A continuación, una voz familiar resonó en los oídos de Enoch. Al principio la pronunciación era difusa, pero pronto se clavó con nitidez en sus tímpanos.

<Enoch.>

La mirada de Enoch se agitó. Era una voz que, por mucho que quisiera olvidar, parecía grabada en su mente. Esa voz lo llamaba desde la distancia. Aunque pensó que era una alucinación, sus ojos buscaron confusos a su alrededor. Su corazón latía con fuerza. Sentía que en cualquier momento aparecería aquel cabello castaño.

Sin dejarle tiempo para distraerse, el pene del monstruo clavado en su vagina se movió y golpeó sin piedad el cuello del útero. ¡Puck, puck! Mientras la carne cargada de fuerza parecía aplastar su útero, le invadió un placer tan salvaje como las estocadas.

“¡Ah! ¡Ugh, ah!”

Enoch soltó gemidos frenéticos mientras rascaba el suelo con sus dedos. En su interior, el clímax y el rechazo formaban un torbellino. Sentía arcadas constantes. Su útero, que normalmente debería sacudirse deseando el semen, se contraía repetidamente intentando expulsar al intruso. A estas alturas, no tenía más remedio que reconocerlo: el semen que su cuerpo deseaba no era ni de tentáculos, ni de lianas, ni de monstruos. Era el de aquel humano que le profesaba un afecto obsesivo y unilateral—.

“¡Ugh…!”

No pudo seguir pensando, pues el pene del monstruo que hurgaba en su útero se hundió tan profundamente que pareció que iba a atravesar su vientre. Al darse cuenta de que era un movimiento para aumentar la probabilidad de concepción antes de eyacular, Enoch intentó empujar al monstruo con todas sus fuerzas.

“¡Ah! ¡No…! ¡Ah, por favor no lo hagas…!”

Enoch gritó sollozando. Su mente, acorralada, se tambaleaba con inestabilidad. No había vuelto al bosque para ser el receptáculo de semen de un monstruo. Si hubiera sabido que todos lo abandonarían, no habría escapado de la mansión. Se arrepintió de lo que había hecho.

¡Grrrr! Enojado por la interrupción antes de la eyaculación, el monstruo presionó el torso de Enoch con sus garras. Enoch soltó sonidos entrecortados mientras sus labios se movían sin palabras. Sus uñas, que antes rascaban el suelo, se habían roto y sangraban.

El monstruo, aplastando a la hembra, volvió a pegar su pelvis. El estímulo de la enorme atrocidad hundiéndose en su útero fue tan fuerte que los ojos de Enoch se pusieron medio en blanco. Acto seguido, la raíz del pene del monstruo comenzó a hincharse de forma descomunal para eyacular.

“¡Juuuuu!”

Enoch aulló de dolor y retorció la cintura. Le resultaba insoportable que esa masa de carne ensanchara su útero a su antojo. ¡No, no, no! ¡No te corras dentro de mí! Dominado por un terror extremo, forcejeó como si sufriera un ataque. Finalmente, el resentimiento hacia la Madre Bosque, que no le tendía una mano salvadora, estalló. El alma noble del elfo que había perdido la fe se derrumbó en un instante.

<Enoch, di mi nombre.>

Entonces, una voz más suave que la anterior susurró. Enoch buscó frenéticamente el origen de esa supuesta alucinación. Ahora, el único que podía salvarlo era el dueño de esa voz. El nombre, ¿cuál era su nombre? Enoch buscó en su memoria con urgencia. Sus delgados y trémulos labios finalmente soltaron la respuesta como si exhalaran un suspiro.

“A… ¡Isaac, Isaac…!”

Fue un grito que rozaba la súplica. Enoch evocó el rostro del mago que lo había degradado a familiar, pero que también era el último que le quedaba para salvarlo tras ser repudiado por todos. Isaac, seré tu familiar, así que por favor no me dejes. En el momento en que se aferró a él con desesperación, el tatuaje rojo de su vientre se extendió rápidamente por todo su cuerpo.

“¡Aaa, ah-!”

Enoch se estremeció al sentir cómo su cuerpo ardía de forma incontrolable. El calor era tan intenso que su mente parecía derretirse y sus nervios quemarse. Mientras parpadeaba repetidamente, el paisaje cambió. Sus ojos verdes, perdidos por el placer, enfocaron la figura de Isaac, que estaba encima de él.

“Mi Enoch, ahora estaremos juntos para siempre. Te amo.”

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A continuación, la voz de Isaac se filtró en sus oídos como un hechizo mágico. Enoch no pudo resistir más y perdió el conocimiento. El alma del noble elfo finalmente cayó al abismo.

* * *

La habitación, impregnada de una fragancia blanquecina, se llenó de risas cargadas de júbilo. Isaac atrajo hacia sí el cuerpo desmayado de Enoch mientras sacudía la cintura. Luego, con el pene hundido hasta lo más profundo de la vagina, vertió su semen a voluntad.

‘Finalmente eres mío por completo.’

Isaac se estremeció mientras contemplaba a Enoch con una mirada ardiente. Recorrió con la vista el tatuaje rojo que antes solo aparecía en el bajo vientre de Enoch, pero que ahora se extendía cubriendo todo su cuerpo. Era la prueba de que el contrato de familiar finalmente había logrado encadenar el alma del elfo.

¿Cuánto tiempo había anhelado el día en que tendría el alma de Enoch entre sus manos desde el momento en que se conocieron? En realidad, el contrato de familiar entre Isaac y Enoch había estado en un estado muy incompleto. A pesar de haber volcado su maná amplificado por la influencia de la luna llena roja, no había sido suficiente para dominar por completo el alma del elfo.

Lo que más inquietaba a Isaac era el comportamiento que mostraba el Bosque de los Espíritus. El ser que los elfos adoraban y llamaban Madre Bosque enviaba constantemente su energía desde la distancia, intentando purificar el maná que ataba a Enoch. Por eso, Isaac no había podido separarse de su lado ni un solo instante hasta ahora. Cada día, inyectaba su maná clavando su pene en el orificio de Enoch.

‘Con lo difícil que fue vincularme a Enoch… jamás podré dejarlo ir.’

Isaac tramó un plan para romper la confianza hacia la Madre Bosque y la raza elfa, que eran el sostén del alma de Enoch. Encontrar y obtener hierbas alucinógenas lo suficientemente potentes como para vulnerar la fuerza mental de un elfo le tomó más tiempo de lo esperado.

Quemó el polvo de las hierbas en el dormitorio para crear un incienso y, aprovechando que Enoch estaba absorto en el placer y fuera de sí, lanzó un hechizo de lavado de cerebro. Lo empujó al borde del abismo, haciendo que creyera que la pesadilla de ser abandonado por aquellos en quienes confiaba era la realidad, hasta que no tuvo más remedio que recordar a la única persona que amaba.

‘—A… ¡Isaac, Isaac…!’

Isaac cerró los ojos y recordó de nuevo la voz de Enoch gritando su nombre con desesperación. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, sintiéndose tan eufórico como si estuviera alcanzando el clímax. Era la primera vez que descubría lo placentero que era que su amante pronunciara su nombre. Quería tener a Enoch a su lado y escucharlo por siempre.

“Enoch, ahora nadie podrá interferir en nuestro amor.”

Isaac sonrió radiante y besó la frente de Enoch. Una lágrima rodó por el rabillo del ojo de Enoch, quien aún no lograba escapar de la pesadilla.

Poco después, la cintura de Isaac volvió a moverse, comenzando a poseer a su antojo el cuerpo de su amante, ahora completamente subordinado a él. A medida que el placer lo invadía, el tatuaje que se había extendido por todo el cuerpo de Enoch regresó a su vientre y se filtró en él.

“¡Ahhh! ¡Ugh, ah…!”

No pasó mucho tiempo antes de que las respiraciones agitadas y los gemidos se entrelazaran de forma desordenada en la habitación. Mientras tanto, más allá de la mansión, el eco del llanto de los árboles resonaba, como si lamentaran el destino irreversible del elfo.