7. La misma sangre

 


7. La misma sangre

Allí se alza una mansión.

Las paredes exteriores, hechas de abeto con vetas naturales a la vista, poseen una elegancia antigua que cambia de color según la luz del sol. Bajo la compleja línea del tejado, se extiende una terraza en el segundo piso con pequeñas columnas dispuestas a intervalos regulares. Al entrar, las ventanas arqueadas revelan tallas minuciosas y pesadas cortinas de terciopelo que se arrastran por el suelo.

Es una vista que despierta curiosidad sobre lo que habrá dentro. Alguien podría imaginar un interior de color marrón oscuro con fastuosas lámparas de cristal, una gran chimenea, muebles de madera clásica y un viejo reloj de péndulo.

También surgiría la duda sobre quiénes viven allí. Probablemente se pensaría en una familia de la alta sociedad. Alfas exitosos que valoran el estatus y el honor. Personas que llevan una vida culta y ética, rodeadas de libros antiguos y obras de arte.

En ese momento, una brisa fresca sopló a través del gran ventanal. Las cortinas de seda, ocultas tras las de terciopelo, ondularon ligeramente revelando el interior, donde ocurrían cosas que nadie afuera podría siquiera sospechar.

"¡Ah...! ¡Ah...! ¡Papá, me gusta, ah...! ¡ugh...!"

Sobre la enorme cama en el centro de la habitación, se desarrollaba un ardiente encuentro sexual a plena luz del día. Un cuerpo blanco y delgado como un lirio de jardín tenía las piernas abiertas, y un hombre de complexión sólida las separaba brutalmente. Como una bestia en celo, embestía sin cesar su entrepierna contra el delicado cuerpo que yacía debajo con sonidos húmedos.

"Fuu, Do-eon, ha...."

Cada vez que el largo y grueso pene entraba y salía del tierno agujero, los jugos que brotaban del interior escurrían por el perineo aplastado.

"10 minutos."

Además de los dos que estaban acoplados como un solo ser, había alguien más al pie de la cama. Su cuerpo desnudo, sin un solo hilo de ropa, guardaba un equilibrio perfecto, como una escultura.

"Papá, ya pasaron los 10 minutos."

Do-ha leyó el tiempo mientras miraba el reloj en su muñeca izquierda, la única prenda que llevaba. Teo-oh detuvo sus embestidas. Conteniendo el placer extremo de haber estado escarbando el interior, giró el pene que estaba clavado como un perno en el agujero trasero y lo retiró lentamente.

"Fuu, ¿ya pasó tanto tiempo?"

"Sí."

El pene se retiraba interminablemente, deslizándose como una pitón saliendo de su cueva. Cuando el glande, que hasta hace un momento besaba la matriz, salió del apretado agujero, cayó pesadamente hacia abajo. Teo-oh, aguantando las ganas de eyacular, sujetó con la mano su pene palpitante y se alejó de entre los muslos blancos.

"ugh... el p-pene... dámelo... ¿a dónde se fue...? El p-pene...."

Al sentir que el enorme pene que llenaba su vientre desaparecía, Do-eon frunció el ceño con el rostro aturdido y buscó el pene.

'No sé cómo pudo vivir sin un pene todo este tiempo.'

Chasqueando la lengua, Do-ha gateo entre las piernas de su hermano. Empujó los muslos temblorosos de Do-eon hasta su cintura y, de un solo golpe, clavó su propio pene erecto en el agujero que había quedado con la forma del de su padre.

"¡Aaaaaah!"

Las paredes internas que el padre había perforado primero estaban húmedas y calientes. El interior, calentado por otro alfa, se adaptó de inmediato al nuevo pene, apretando con su mucosa tensa el pene donde las venas se marcaban con fuerza. Do-ha embistió con tanta saña que se formaban hoyuelos en las nalgas elásticas de su hermano, haciéndolo a propósito para que su padre lo viera. Do-eon abrió la boca de par en par mientras sus ojos se ponían en blanco.

"¡Ah...! ¡Ah...! ¡Es profundo, ah, profundo, ah...! ¡Se siente extraño, ah...!"

Su expresión, perdida por el placer del pene, parecía la de un idiota. Do-eon ya había llegado al orgasmo solo por la estimulación trasera. Su pequeño pene blanco, contraído como si le hubiera caído escarcha, había dejado un charco de semen blanquecino sobre su bajo vientre.

"¿Ya te viniste? Papá y yo no hemos soltado ni una gota. ¿Por qué te vienes tan rápido? ¿Será porque eres una ramera?"

"¡Ah...! ¡ugh...! ¡N-no, no soy una r-ramera, ah...!"

"Claro que eres una ramera de mierda. ¿Quién más se comería el pene de su padre y de su hermano al mismo tiempo? ¿Eh?"

"¡ugh, ugh!"

Do-ha metió los dedos en los labios que chorreaban saliva por el clímax y estiró la delicada mucosa bucal. El rostro de Do-eon se contrajo por la tensión en las comisuras. Do-ha escupió dentro de esa boca que mostraba la lengua roja.

"Trágatelo."

"¡ugh...! ¡Ugh...!"

Verlo tragar la saliva mientras jadeaba le dio una gran sensación de saciedad. Este tipo de actos, para demostrar un sentido de posesión cada vez más grande al compartir a su hermano con su padre, solo eran posibles durante el coito. Fuera de eso, debía dividirlo todo con Teo-oh de forma estrictamente equitativa: el número de veces, el tiempo de penetración y el orden de eyaculación.

"10 minutos pasaron."

Invariablemente, el tiempo voló. Do-ha retiró el pene que estaba encajado en las entrañas tras haber golpeado la matriz como un taladro eléctrico. Esta vez, Teo-oh se sentó erguido con su pene rojoscuro apuntando hacia arriba y llamó a Do-eon con dulzura.

"Do-eon, ven aquí."

"Mmm... je, papá... el p-pene...."

"Sí. Ven rápido."

Do-eon gateo y se sentó sobre los muslos de Teo-oh. Con familiaridad, rodeó el cuello de su padre y levantó las nalgas. Teo-oh sujetó la base de su pene y hundió de golpe el enorme pene, que estaba recto hasta el ombligo, entre el valle de las nalgas.

"¡Aaaaaaaah!"

Ante la penetración que parecía hacerle estallar la coronilla, Do-eon echó la cabeza hacia atrás y tembló violentamente. Las manos firmes de Teo-oh apretaron las nalgas pálidas como si fueran a romperlas, iniciando un movimiento de vaivén que chocaba con fuerza el trasero blando contra su entrepierna.

"¡Ah...! ¡Ah...! El v-vientre, ¡ah...!"

"Fuu, ¿mi Do-eon siente el vientre lleno por comerse el pene de papá?"

"¡Ugh...! ¡Mmm...! Siento que voy a e-estallar, ¡ugh...!"

El pene golpeaba incluso el estómago, revolviendo sus entrañas, y Do-eon tuvo que tragarse las náuseas que subían por su garganta. Sin embargo, no quería detenerse. Simplemente se concentró en el placer que lo destrozaba por dentro. Sacudió la cintura apretando aún más el pene que desplazaba sus órganos internos.

Cada vez que las nalgas blancas eran aplastadas contra el pubis de Teo-oh, el lubricante salía disparado. La espuma blanca, mezcla del líquido preseminal de ambos y los jugos del agujero, se pegaba al vello púbico de Teo-oh, produciendo sonidos pegajosos de 'plop, plop' cada vez que la piel se separaba.

"Hoy, fuu, yo eyaculo primero."

"Sí. Yo soy el segundo."

Hoy era el día en que el padre eyaculaba primero. Do-ha observó con atención, deslizando lentamente su mano por su propio pene, cómo el pene oscuro penetra las nalgas pálidas partiéndolas a la mitad en su camino hacia el clímax.

"Do-eon, ¿quieras que papá te dé su leche?"

"¡Ah...! La leche de papá, ah, dómela adentro... Do-eon quiere... q-quedar embarazado...."

"¿Mi Do-eon quiere quedar embarazada?"

"¡Ah...! Sí, voy a q-quedar embarazada, ¡ah!"

Do-eon asintió con vehemencia. Teo-oh sujetó la carne de las nalgas y, mientras embestía con fuerza, empujó la cintura hacia arriba de golpe.

"¡Ah, aaaaaah!"

Ante la embestida final, la cabeza de Do-eon saltó y él gritó mientras frotaban sus pezones contra el pecho firme de Teo-oh. El calor quemaba por dentro y todo su cuerpo vibraba. Con un último golpe que le nubló la vista, el glande encajó en la matriz y comenzó a disparar chorros de semen caliente.

"¡Heh, ah, ah! Siento el v-vientre lleno, ¡je!"

Do-eon perdió el conocimiento, temblando por la semilla que llenaba su vientre. Incluso con el agujero desbordando semen, Teo-oh no olvidó dar un par de empujones más profundos para enviar el líquido hacia las entrañas más recónditas. Tras la larga eyaculación, Teo-oh recostó a Do-eon en la cama con cuidado para dejar lugar a Do-ha, que estaba esperando.

"Hic, ah, ah, mmm...."

Entrar segundo es algo que hiere el orgullo como alfa. Sin embargo, ver esas piernas abiertas y el agujero chorreando el semen de Teo-oh era tan excitante que no podía resistirse a penetrarlo. Un sentimiento de perversión pecaminosa. Do-ha dio unos golpecitos en la mejilla de Do-eon, que estaba ebrio de saciedad.

"Hyung, ¿no vas a recibir mi semen?"

"Mmm... D-Do-ha... quiero recibir... t-tu semen...."

Aunque estaba exhausto, Do-eon respondió balbuceando con los labios entreabiertos, como si tuviera sed.

"Entonces levántate. Dijiste que querías quedar embarazado."

"Mmm... ¡ah!"

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Do-ha giró el cuerpo de su hermano y lo puso a gatas como un perro. Tiró hacia un lado de una de las nalgas, donde aún quedaba la marca roja de la palma de Teo-oh. Luego, liberó su pene, que buscaba el agujero palpitando con fuerza, y lo hundió hasta la raíz en medio de la carne blanda.

"¡Aaaaaah!"

El agujero donde Teo-oh había eyaculado hervía como una sopa caliente, quizás por la presión del semen. Las paredes internas relajadas se pegaron de inmediato al pene con su mucosa pegajosa, apretándolo como si lo masticaran. Realmente, no habría otro receptáculo como su hermano. Do-ha chocó su pubis contra las nalgas tentadoras y estiró la mano para sujetar con fuerza el cabello de Do-eon.

"¡Ah!"

La cabeza de Do-eon se elevó hacia el techo y su cintura se arqueó en un semicírculo. Do-ha sujetó el cabello suave como si fueran riendas y sacudió la cintura con violencia, mientras que con la otra mano golpeó con fuerza la nalga que tenía la marca de su padre.

"¡Ah! ¡Duele, ah! ¡ugh!"

Sacudiendo la carne blanda de su trasero, hyung derramó lágrimas claras por sus sienes. Do-ha no se detuvo y golpeó también la otra nalga; el castigo pareció excitar a Do-eon, pues su interior se contrajo violentamente apretando el pene. Las marcas rojas del azote cubrieron la huella de la palma de Teo-oh.

"Tienes que quedar embarazado rápido para soltar leche también por los pechos; así podré beberla cada vez que tenga sed mientras te follo."

"ugh, e-está bien, ¡aaaaah!"

Pensar en Do-eon soltando líquido blanco por sus pechos hinchados le provocó a Do-ha unas ganas repentinas de eyacular. Golpeó la matriz ferozmente con su glande romo; el pequeño pene blanco de Do-eon, que estaba inerte, volvió a endurecerse y apuntó hacia el ombligo. 'Ya se viene otra vez.' Do-ha observó el sexo de Do-eon mientras clavaba el glande hinchado en la matriz, que ya estaba sensible de tanto castigo.

"¡Aaaaaaaah!"

Mientras el semen brotaba de la punta de su pene palpitante, un líquido blanquecino y poco viscoso escurrió también del pene de Do-eon. Do-ha retiró lentamente el pene del agujero que vibraba. Como si se hubiera derramado un cartón de leche, el líquido blanco salió a borbotones del orificio abierto.

"Heh, heh, ah, mmm...."

Do-eon se desplomó sobre la cama, completamente agotado. Su vientre estaba más hinchado que antes por la cantidad excesiva de semen recibido. Ese abdomen abultado realmente lo hacía parecer embarazado.

"Do-eon."

"Hyung."

Dos alfas llamaron a Do-eon. Al abrir sus ojos nublados, Teo-oh y Do-ha estaban parados junto a la cama mirándolo hacia abajo. En sus ojos negros y grises brillaba una extraña luz. Ah, es cierto. Aún quedaba algo por hacer.

"Ya usamos el pene, así que tienes que limpiarlo bien."

"Ah... sí...."

Do-eon gateo sobre el colchón grueso y bajó de la cama. Se arrodilló en el suelo con las piernas temblorosas y estiró las manos. Entonces, sujetó con cada mano los gruesos penes que habían estado escarbando su interior.

Con los ojos entrecerrados, abrió la boca y lamió de arriba abajo los penes cubiertos por una capa de espuma blanca. El olor metálico inundó su nariz, pero él recorrió los penes con su lengua como si estuviera lamiendo crema dulce, limpiándolos por completo.

"Hyung, el mío también."

"Slurp, mmm, ugh, slurp...."

Succionó alternando entre la derecha y la izquierda, como si comiera caramelos de distintos sabores. Los alfas comenzaron a masturbarse mientras sujetaban sus penes limpios por la boca de Do-eon.

Follarlo por detrás, alimentarlo por la boca y, finalmente, esparcir el semen lleno de feromonas sobre ese cuerpo limpio como la primera nieve del invierno era el cierre del acto. Jadeando por los orgasmos consecutivos, Do-eon cerró los ojos lentamente para recibir la lluvia de semen.

* * *

"¿Y hyung?"

"Duerme profundamente."

Solo después de haber consumido hasta la última gota de la lujuria que quedaba en su cuerpo, Do-eon se sumergió en un sueño profundo, agotado. Do-ha y Teo-oh pudieron sentirse tranquilos únicamente después de lavar a Do-eon, que estaba sucio por los rastros del acto sexual, y de colocarle el cinturón de castidad.

La razón oficial era que no sabían cuándo ni dónde Do-eon podría quedarse dormido y mostrar síntomas de sonambulismo, pero la realidad era para evitar que alguno de los dos tuviera sexo con él mientras el otro no estuviera presente.

La llave del cinturón de castidad la escondía en la mansión aquel que saliera de ella, y solo se abría el candado cuando Do-eon presentaba síntomas de sonambulismo. Entonces, se turnaban de manera equitativa como primero y segundo para poseerlo.

Una regla tácita.

Habían creado un reglamento para que padre e hijo pudieran compartir a un mismo omega sin competir ni pelear por él.

Al despertar, Do-eon se había mostrado muy desconcertado al ver el cinturón de castidad que oprimía su cuerpo, pero lo tranquilizaron usando a Do-ha como excusa.

Por el momento, la razón de la permanencia de Do-ha en la mansión se justificó como una suspensión de sus estudios en el extranjero debido a problemas con la emisión de su visa. Gracias a esto, le susurraron a un Do-eon temeroso de que Do-ha volviera a tocar su cuerpo como antes, que el cinturón de castidad sería el medio para protegerlo. Desde ese instante, para Do-eon, el cinturón de castidad no fue una prisión, sino una armadura.

De ese modo, parecía que la paz regresaba a la mansión.

* * *

La mañana en la mansión era tan apacible como un campo silencioso donde incluso el viento vacila. Era como si la salvaje escena de sexo entre los tres hombres sobre la cama de la madre, la noche anterior, hubiera sido solo la baja imaginación de un chismoso.

Los tres estaban sentados frente a frente a la mesa, comiendo en silencio. Solo el sonido ocasional de las cucharas de plata chocando contra la porcelana resonaba como ruido blanco.

"¿Podrías pasarme la pimienta?"

"Sí. Aquí tiene."

Era una mañana ordinaria para este padre y sus dos hijos, como la de cualquier otra familia. El hecho de que pudieran mantener esa superficie de agua tan mansa, sin una sola onda, se debía precisamente a Do-eon.

Anoche, solo después de recibir una lluvia de semen que apestaba a la hombría de su padre y de su hermano, tanto en sus entrañas como en su piel, Do-eon pudo conciliar un sueño profundo. Al llegar la mañana, despertó en un estado normal después de mucho tiempo. Vestía una camisa blanca abotonada hasta el cuello y, con un aspecto tan gélido y claro como el cristal, se llevaba a la boca la ensalada del plato con parsimonia.

Las miradas de Teo-oh y Do-ha, quienes movían sus cubiertos con indiferencia, estaban pegadas a Do-eon, quien parecía una nieve transparente que se derretiría antes de ser tocada. Un rostro inexpresivo y desinteresado. Una mirada indiferente, como si no tuviera interés en el mundo mundano. Unos ojos tan inocentes que parecían desconocer la pasión o la excitación.

Sin embargo, Teo-oh y Do-ha sabían que, aunque pareciera tan puro como la primera nieve, una vez que caía en sus sueños, bajo esa capa se revelaba un anhelo más profundo que un pantano cenagoso.

A pesar de que las ardientes miradas de los alfas parecían dispuestas a despedazarlo y devorarlo en cualquier momento, Do-eon simplemente seguía desayunando en silencio, sin darse cuenta.

Fue en el momento en que Do-eon, que masticaba silenciosa y diligentemente, pinchó con el tenedor una bola redonda de queso bocconcini e intentó llevársela a la boca. De repente, su rostro se arrugó como un papel y, como si le subieran ganas de vomitar, se cubrió la boca rápidamente con la palma de la mano.

"¡Ugh, un... un momento, ugh...!"

'¡Kiiiik!', la silla se arrastró hacia atrás raspando el suelo de madera y Do-eon se levantó, desapareciendo de la cocina como si saliera huyendo.

"Yo iré a ver."

"Yo iré."

Teo-oh y Do-ha hablaron al mismo tiempo. Al solaparse sus voces, ambos evitaron la mirada del otro con rostros incómodos.

"......."

"......."

La regla de compartir a Do-eon de manera equitativa y justa, sin inclinarse hacia un lado, también operaba en esta mesa. Era evidente que si solo uno de ellos iba tras Do-eon, la regla tácita se rompería y el orden se destruiría debido a la envidia y los celos.

"...Si esperamos, regresará."

"Hagámoslo así."

Finalmente, los dos decidieron esperar pacientemente hasta que Do-eon volviera.

 

Después de que pasara un tiempo, Do-eon regresó a la mesa. Sus mejillas blandas parecían haber adelgazado en ese intervalo, y estaba tan pálido y sin sangre como un copo de nieve bajo la luz de la luna.

"Lo siento... por salir de repente mientras comíamos...."

"No es nada. ¿Te sentías mal del estómago?"

"Sí, un poco...."

Parecía que un sabor nauseabundo aún rondaba en su boca, pues asintió levemente mientras fruncía sus cejas perfectas. Teo-oh deslizó un vaso de agua sobre la mesa. Tras humedecer su boca reseca con el agua recibida, la mirada de Do-eon bajó hacia la ensalada sobrante.

"Yo... ¿podría subir primero?"

"¿No quieres ir al hospital?"

"No. Estaré bien si descanso...."

"Está bien. Ve arriba a descansar. Si te sientes aunque sea un poco mal, avísale a papá."

"Sí. Gracias, papá."

Do-eon hizo una pequeña reverencia y abandonó la mesa con un rostro en el que apenas se sentía vitalidad. Teo-oh y Do-ha ya sabían desde antes que el estómago de Do-eon era sensible. Se empachaba con facilidad y su digestión era lenta.

Como de por sí tenía poco apetito y comía raciones pequeñas, habían ordenado preparar comidas que fueran nutritivas en cantidades mínimas, pero hoy parecía que la ensalada fría le había caído pesada.

O tal vez, anoche recibió demasiado semen y le hizo daño.

Sea como sea, en momentos así, lo mejor era dejar que Do-eon descansara tranquilo. Era lógico que su fuerza física se agotara y se cansara rápido, ya que cada noche, cada vez que caía en su vagabundeo onírico, se entregaba a un trío con no uno, sino dos alfas hasta quedar exhausto. Do-eon, que cuando no estaba envuelto por sus sueños se la pasaba solo tumbado en su habitación, probablemente malinterpretaba que ese cansancio que le impedía mover siquiera un dedo no se debía al sexo diario, sino a la enfermedad que padecía.

Era mejor dejar que siguiera en ese error.

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Teo-oh y Do-ha también estaban sumidos en su propio error. Mientras fingían ser una familia normal en la superficie, poco a poco se fueron asimilando a su juego de roles. Creían solo lo que querían creer, cayendo en una autosugestión: que poseer a Do-eon no era por un deseo retorcido, sino un tratamiento realizado con el cuerpo.

Racionalizándolo con necesidad y legitimidad, el sentido de culpa por cometer incesto se desvanecía, mientras que la obsesión por Do-eon crecía cada vez más.

"Tendré que ir a una clínica de medicina tradicional para que le preparen un tónico reconstituyente."

"He oído que el asta de ciervo es buena para los omegas."

"Es cierto. El asta de ciervo estará bien."

Sin enviar a un subordinado, Teo-oh se dirigió personalmente a la clínica, diciendo que quería verificar con sus propios ojos los ingredientes que entrarían en la medicina. Do-ha, que se quedó en casa, sacó la cortadora de césped del depósito para arreglar la maleza del jardín que no había atendido en este tiempo.

Vaya, me he convertido en un campesino.

Do-ha chasqueó la lengua mientras cambiaba la cuchilla de la máquina. Pensar que su padre dejaba de lado incluso los asuntos de la empresa para ir a preparar un tónico para su hermano, y que él estaba cortando maleza como un perro guardián, era algo que no habría imaginado hace apenas dos meses.

Fue cuando terminó de podar la hierba alta que le llegaba hasta las pantorrillas y entró en la mansión. Do-eon, que pensaba que estaba durmiendo en su habitación, estaba parado en la entrada con un rostro ansioso, mordiéndose las uñas.

"¿Qué pasa? ¿No estabas durmiendo?"

"Tú... ven aquí un momento."

"¿Por qué?"

"Lo sabrás si me sigues."

Do-eon lo tomó de la mano y lo arrastró a través de la sala hasta su habitación, como si tuviera algo muy importante que decirle. El hecho de que cerrara la puerta con tanto cuidado despertó su curiosidad.

"¿Y bien? ¿De qué se trata?"

"......."

Sus labios claros y tiernos se abrieron ligeramente y se volvieron a cerrar. Parecía un ambiente en el que estaba a punto de soltar algo, pero no se atrevía.

"Si no tienes nada que decir, me voy."

"¡Es... espera...!"

Ante el amago de Do-ha de darse la vuelta para salir, Do-eon sacó de su bolsillo un objeto largo, parecido a un bolígrafo o una carta, y lo puso sobre la palma de su mano.

"¿Qué es esto?"

Ante la pregunta, Do-eon bajó la mirada. Las sombras de sus pestañas, extendidas densamente sobre sus ojos, creaban una oscuridad profunda, y la línea de sus labios, trazada con delicadeza, temblaba levemente.

"Una... una prueba de embarazo...."

"¿Embarazo?"

Do-ha fijó su mirada en el objeto de plástico sobre la palma de Do-eon. La línea en el espacio que indicaba el reactivo era tan tenue que era difícil distinguirla.

De todos modos, el resultado era obvio sin siquiera mirarlo. Claro, con tanto sexo que tuvimos, ¿acaso este omega recesivo podría evitar quedar embarazado aunque quisiera?

Do-ha, ocultando su sorpresa, abrió sus labios afilados y elegantes.

"¿Estás embarazado?"

"No lo s-sé bien...."

"¿Y qué quieres que haga yo?"

Aunque no podía decirlo en voz alta, sinceramente estaba bastante feliz. Pero su orgullo iba por delante. Ante el tono frío que soltó a propósito, los ojos de Do-eon se llenaron de una humedad clara que parecía a punto de desbordarse. Él tragó un sollozo mientras sus hombros temblaban levemente.

"Es... es t-tu hijo, Do-ha...."

"¿Dices que es mi hijo?"

La comisura de sus labios, esculpida con precisión, se elevó hacia un lado formando una burla fría. Bueno. Podría ser mi hijo. Pero mi padre y yo hicimos el 'knotting' en el útero de mi hermano como si estuviéramos compitiendo. Nadie sabría de quién era la semilla que finalmente se implantó en ese útero, siempre hinchado por el semen, hasta que el bebé naciera.

Do-ha se cruzó de brazos lentamente y ladeó un poco la cabeza, mirándolo hacia abajo.

"¿Tienes pruebas de que es mi hijo? Seguro que abriste las piernas para cualquier pene mientras yo no estaba. Parece que te preñó otro tipo y quieres cargarme el muerto a mí porque soy un blanco fácil."

Ante el tono gélido, la mirada de Do-eon flaqueó como si se derrumbara. El extremo de sus cejas alineadas temblaba en silencio, como si hiciera un esfuerzo sobrehumano por ocultar su llanto.

"¡N-no es cierto...! ¡No abrí las piernas para nadie...! Yo... yo solo lo hice contigo... La p-primera vez también fue contigo... ¡y la ú-última fue antes de que te fueras a Estados Unidos...!"

"¿Esa fue la última vez?"

"S-sí... ese día...."

El último sexo. El recuerdo de Do-eon se había detenido en aquel día, antes de que Do-ha fuera enviado a Estados Unidos, cuando Teo-oh descubrió su relación. Do-eon no recordaba en absoluto que, durante el mes que Do-ha estuvo fuera, había recibido el pene de su padre incontables veces debido a su sonambulismo, ni que desde que su hermano regresó a la mansión, hacían tríos todos los días.

Para Do-eon, el niño en su vientre solo podía ser la semilla de su hermano. Como si hubiera tomado una decisión, Do-eon contuvo apenas el llanto que estaba a punto de estallar, con sus ojos profundamente empapados.

"ugh, no... no te preocupes... no te pediré que te hagas responsable... voy a abortar al niño...."

"¿Abortar?"

"¿C-cómo... podría tenerlo...? Un h-hijo bastardo sin compañero... cómo... si p-papá se entera... e-estamos acabados...."

"No puedes."

"¿Eh...?"

A diferencia de Do-eon, que aguantaba parpadeando con fragilidad, el rostro de Do-ha, quien arqueaba una ceja con los brazos cruzados, rebosaba tranquilidad. No sabía si el niño en el vientre era su hermano o su propio hijo, pero de todos modos la probabilidad era de cincuenta y cincuenta.

Quería proteger al menos esa mitad de posibilidad. Y la otra mitad debía dejarse a la decisión de su padre. No podía permitir que su hermano abortara por su cuenta al hijo de su padre y el suyo, de manera tan imprudente.

"Tengamos al bebé, hyung."

"...¿Qué? ¿E-estás loco? No se puede. P-papá... si se entera... se enfadará... ¡a ti te echarán de nuevo y a mí...!"

En ese momento, Do-eon había regresado a aquel día. El día en que se arrodilló ante Teo-oh para suplicarle tras ser descubiertos. Probablemente, Do-eon se estaría torturando solo imaginando una situación más miserable que aquella. Pero Do-ha lo sabía. La posición y la decisión de Teo-oh ahora eran abismalmente diferentes a las de aquel entonces.

"Papá también dirá que lo tengamos."

"¿C-cómo puedes estar tan seguro...?"

"Tengo mis razones. Confía en mí."

"¿De... de verdad... nos dará su permiso...?"

"Sí. Te digo que nos dará permiso."

Ante su respuesta, Do-eon giró levemente su rostro lloroso y contuvo el sollozo que subía por su garganta. Era como si hubiera estado esperando, precisamente, que él le dijera que tuvieran al bebé en lugar de aceptar el aborto. Que el débil Do-eon pudiera tomar la decisión de matar a una vida que ya latía en su vientre era, desde el principio, algo imposible.

Cuando le dieron la noticia del embarazo de Do-eon a Teo-oh tras su regreso a la mansión, él se quedó sin palabras por un momento, como si estuviera en shock.

"¿Do-eon... está embarazado...?"

"...A-aún no lo sabemos con certeza, pero parece que sí."

Do-eon estaba temblando tanto que parecía que estallaría en lágrimas con solo una palabra de Teo-oh. Mientras observaba a Do-eon, quien tenía la cabeza gacha como si hubiera cometido un pecado mortal, la comisura de los labios de Teo-oh se elevó lentamente y pronto sus ojos se entrecerraron en una sonrisa plena y suave. Era una sonrisa cálida que parecía iluminar el mundo entero.

"Nuestro Do-eon embarazado... ¿hay un bebé dentro del vientre de nuestro Do-eon?"

Teo-oh estaba tan feliz que le faltaba el aliento, como si no pudiera creerlo. Do-ha nunca había visto una alegría tan ferviente en él. Ante la imagen de un Teo-oh conmovido, muy diferente a lo que había imaginado, Do-eon olvidó incluso que estaba a punto de llorar y se quedó con la boca entreabierta, desconcertado.

"Me parecía solo un niño... pero es realmente admirable. Admirable. Estoy orgulloso de ti, mi Do-eon."

"P-papá...."

Como si estuviera conmovido, Teo-oh puso su mano con cuidado sobre el vientre de Do-eon. Conteniendo incluso la respiración, como alguien que temiera romperlo con solo tocarlo. Cerró firmemente sus labios elegantes y, con la cabeza gacha, estuvo acariciando el vientre durante mucho tiempo.

Do-ha pudo entender qué sentimiento albergaba ese gesto. Era una caricia llena de la certeza de que, fuera lo que fuera el bebé en el vientre, no había duda de que era su propio hijo.

Vaya con papá, sí también podría ser mi hijo.

Do-ha superpuso su mano sobre la de Teo-oh. En el momento en que los dos acariciaban el vientre de Do-eon sin decir palabra, pareció que una pequeña vida se agitaba más allá del cálido calor corporal.

* * *

"Mamá, ya estoy aquí".

Do-eon visitó el pabellón de cenizas donde descansaban los restos de su madre tras mucho tiempo sin ir. Al ver la foto de su madre sonriendo tras el frío cristal de uno de los nichos en la pared, sintió un tirón ardiente detrás de sus ojos.

"Has estado bien, ¿verdad?"

Levantó la mano y acarició suavemente la pequeña puerta de cristal, como si tocara el rostro de su madre. Innumerables recuerdos surgieron tras ese contacto gélido. Al final de esos recuerdos, siempre estaba aquel rostro de mejillas hundidas y ojos brillantes que le suplicaba que protegiera la mansión.

"He cumplido mi promesa, mamá. He venido para decirte eso".

En la foto, su madre sonreía radiante, como si realmente lo estuviera escuchando. El rostro de su madre seguía igual, pero él había cambiado demasiado. Bajó la mirada discretamente y vio su vientre, aún plano, sin rastro de hinchazón. Bajó la mano que acariciaba el cristal y rodeó su abdomen con ternura.

"¿Quién terminará siendo tu papá?"

Su voz, que antes estaba empapada en una nostalgia abrumadora, desapareció para dar paso a un susurro gélido que resonó en el silencioso pabellón. Una sonrisa de intención indescifrable se dibujó en sus labios, que recordaban a pétalos delicados.

"Ahora, ya no importa quién sea".

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Echó la cabeza hacia atrás y soltó una risita; su rostro mostraba una burla evidente. Su boca sonreía, pero sus ojos marrones no lo hacían en absoluto. Esos ojos, que solían estar perdidos en una mirada vacía, estaban ahora más enfocados y afilados que nunca. Los resultados médicos habían sido decepcionantes: no era un embarazo real, sino que se había diagnosticado como un leve síntoma de embarazo psicológico. Sin embargo, tarde o temprano, terminaría quedando embarazado. Así sería. Porque él se encargaría de que así fuera.

"Je...".

Se mordió la comisura de los labios y miró a su alrededor, temiendo que su risa, que rondaba de forma tétrica por el lugar, se filtrara al exterior. Tras confirmar que no había nadie, reprimió el temblor de sus labios. Con una mano tras la espalda y la otra protegiendo su vientre, caminó con paso firme por el pasillo del pabellón.

Fuera, caía una lluvia fina. Al ver a Do-eon bajar las escaleras, Teo-oh bajó del coche, abrió un gran paraguas y se acercó a él.

"Do-eon".

Líneas faciales elegantes y perfectas. Una mirada refinada, sin rastro de impurezas. Un padre que, aunque a veces parecía frío, podía desarmar a cualquiera cuando sonreía arqueando sus hermosos ojos.

"Papá...".

En cuanto Teo-oh se acercó, Do-eon bajó ligeramente la mirada y se mordió el labio, como si estuviera a punto de estallar en lágrimas. Fingir una expresión triste era ahora tan fácil para él como masticar chicle.

"¿Has podido ver bien a tu madre?"

"Sí...".

"No me digas que has llorado".

"A-ah, no...".

"Tienes la punta de la nariz roja".

"No es nada. De verdad que no he llorado...".

Estuvo a punto de llorar un momento al ver a su madre, pero al final no derramó ni una lágrima. Porque sus lágrimas ya se habían secado por completo. Aun así, no había nada más divertido que estimular la culpa de su padre. Él era débil ante su primer hijo, esa criatura trágica y melancólica que, por desgracia, había nacido como un omega recesivo.

Cuando se frotó los ojos con el dorso de la mano como si hubiera llorado a propósito, los suaves ojos de aquel hombre, cuya belleza no se marchitaba a pesar de rozar los cuarenta, se entornaron con afecto.

"¿Tienes frío? ¿Volvemos?"

"Sí...".

"Cuidado con la cabeza".

Teo-oh rodeó los hombros de Do-eon con cuidado, como si temiera romperlo si lo abrazaba con fuerza, y abrió la puerta trasera del coche. Do-ha estaba esperando en el asiento trasero. Se hizo a un lado y puso la palma de su mano en la espalda de Do-eon para facilitarle el asiento.

"Vaya momento elegiste. ¿Tenías que salir precisamente en un día tan molesto como este?"

Unos ojos de un gris gélido miraron de reojo a Do-eon. Do-ha, que se quejaba ladeando su afilada mandíbula, poseía un encanto peligroso impropio de su edad. Pero, aunque emanaba una atmósfera difícil de abordar, era un tipo inesperadamente devoto que pasaba de la alegría a la tristeza por un solo gesto de su hermano.

"Podrías haber esperado en casa... por qué...".

"¿Para que abras las piernas para cualquier pene en cuanto me descuide? Tengo que salir a vigilarte".

Aunque sus palabras eran toscas, su mirada rebosaba preocupación. La mano de Do-ha, que le abrochaba el cinturón de seguridad, ya acariciaba con cuidado su nuca.

En fin, alfas.

Son tan predecibles.

Tan predecibles que aburren.

Cuando las comisuras de sus labios empezaron a elevarse en una mueca de desprecio, Do-eon agachó la cabeza y ocultó el escarnio que asomaba en su rostro.

"¿Comemos algo antes de volver a casa? Do-eon, ¿hay algo que quieras comer?"

"Cualquier cosa... está... bien para mí".

"Ah, la otra vez hyung comió muy bien el lomo alto de ternera coreana. Vamos a comer eso".

"Está bien. Hagamos eso".

Teo-oh, sentado al volante, pisó el acelerador suavemente y el coche salió del aparcamiento del pabellón de cenizas. Mientras el vehículo se deslizaba por la carretera, Do-eon observaba tranquilamente y por turnos a Teo-oh y a Do-ha.

A los alfas que tenía en la palma de su mano.

Él era, tal como Do-ha lo llamaba vulgarmente, una ramera. Una ramera entre rameras cuya suciedad de pene ya no podía satisfacerse con un solo pene.

'Do-eon, no te pongas ropa larga'.

Llegó a pensar que el hecho de que su madre no le permitiera usar ropa que revelara ni un centímetro de piel, y que lo obligara a vivir solo dentro de la mansión fingiendo ser un beta, quizás no se debía a su rasgo o a su enfermedad, sino a que ella había detectado desde temprano su naturaleza de seductor.

Esa naturaleza promiscua de un omega recesivo que pierde la cabeza en cuanto ve un pene de alfa.

El primero en despertar esa posibilidad en Do-eon fue su padre, Teo-oh.

'Papá... llega muy tarde, ¿verdad?'.

Lo supo desde el primer momento en que vio a su padre. Una atracción instintiva. No era nostalgia por un padre, sino la lujuria y el celo que un omega recesivo sentía por un alfa dominante.

¿Qué tipo de afecto paternal podría sentir por un padre al que conocía después de 19 años viviendo como extraños? Simplemente se quedaba sin aliento ante esa belleza que cambiaba el aire a su alrededor con su sola presencia.

Y además, aquel denso aroma a madera que se filtraba por sus fosas nasales... Ah, realmente era un éxtasis absoluto. Su corazón, reaccionando a las feromonas de su padre, latía con fuerza. Sentía que iba a volverse loco. Desde el momento en que sintió esas densas feromonas, su agujero empezó a palpitar por sí solo, soltando jugos lubricantes.

'Es la primera vez que nos vemos, hyung'.

Pero resulta que no había uno, sino dos alfas dominantes. A diferencia de su padre, que parecía refinado, Do-ha, que se veía tosco y desenfrenado, estimuló incluso el deseo de conquista de Do-eon, una faceta que ni él mismo sabía que poseía.

Era como si un monje que solo hubiera comido vegetales y practicado la meditación oliera por primera vez el aroma de la carne asada; no podía recuperar el juicio ante una excitación que sentía por primera vez en su vida.

Quería poseerlos. Quería que lo poseyeran.

Pero había restricciones.

Su rasgo despreciable de omega recesivo. Y la relación de ser familia de la misma sangre.

Era obvio que su padre y su hermano, alfas dominantes, ni siquiera lo mirarían. Para ellos, su presencia era como la de un perro abandonado que de repente se cruza frente a un coche.

Un ser que necesitaba ser procesado tras perder a su madre en un accidente, alguien que recibía caridad. Un niño pobre que necesitaba desesperadamente un lugar donde caerse muerto.

Esa era su posición.

Tras el funeral de su madre, probablemente no volvería a ver a su padre ni a su hermano. Regresarían a ser menos que extraños, sin promesas de volver a encontrarse.

Pero más importante que esos sentimientos eran los problemas reales. Lo primordial era proteger la mansión, que estaba enredada en deudas complejas como hipotecas para subsistir, pensiones e impuestos de sucesión.

La última voluntad de su madre era importante, pero para él, la mansión era como el caparazón de una tortuga: algo de lo que no podía prescindir. Nunca había considerado vivir fuera de esa casa.

Ahora mismo soy un indigente que necesita compasión.

¿Qué debería hacer?

¿No hay alguna forma?

'¿Qué te parece si te quedas con nosotros por un tiempo?'.

Entonces, su padre le mostró una vía de escape inesperada. Con esa sola frase, toda la situación dio un vuelco. En su cabeza, la calculadora empezó a funcionar a toda velocidad.

Pensó que, tal vez, una sola elección podría resolver varios de sus problemas al mismo tiempo.

Matar dos pájaros de un tiro. Comerse al faisán y también sus huevos. Hasta reventar de saciedad.

'Papá espera que esta sea una oportunidad para que Do-eon se haga cercano a su hermano'.

Esa semana en la que su padre estuvo ausente... pensó que era lo mejor. Porque así podría empezar a tenerlos en su mano, paso a paso, lentamente.

A medida que el tiempo encerrado en la mansión se alargaba, Do-ha, que antes ni siquiera lo miraba, empezó a dirigir su vista hacia él. Fue un buen comienzo. Fingía leer libros sin entrar en su habitación, sentado en el sillón reclinable de la sala, disfrutando en secreto de la mirada que lo espiaba mientras pasaba las páginas.

Do-ha, que consideraba a su hermano mayor —a quien conocía tras 19 años— como un aburrido beta intelectual que vivía recluido en el campo, parecía tener la lengua inquieta ante la ansiedad de Do-eon y le reveló el secreto que su padre ocultaba.

Que su padre tenía un prometido, que planeaba traerlo a vivir con ellos hasta la boda y que, tras el matrimonio, pensaba vender la mansión. No pudo confirmar de inmediato la veracidad, pero si era cierto, resultaba fatal.

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No pensó que el plan de atrapar a los dos conejos fuera fácil, pero inesperadamente surgieron muchos obstáculos. Do-eon decidió que, antes de que Teo-oh regresara, debía hacer suyo a Do-ha, quien mostraba un ápice de interés en él.

Y si era posible, el método sería más efectivo cuanto más explícito fuera. A propósito, no tomó los supresores para el ciclo de celo. Liberando feromonas tenues, se abrazó a sí mismo en un rincón, temblando, esperando que Do-ha lo descubriera.

Do-ha cayó fácilmente en la apuesta en la que Do-eon arriesgó su cuerpo. La ausencia del padre. El espacio cerrado de la mansión. Un omega en celo. Esas tres condiciones se presentaron como una tentación inevitable. Sin saber que era una trampa, Seo Do-ha lo poseyó.

El coito fue un mundo nuevo.

El pene de un alfa, recibido por primera vez, le entregó un placer supremo. Hasta el punto de lamentar los años vividos sin conocerlo. Pudo presentirlo: en adelante, no podría vivir ni un solo día sin llenar su agujero con el enorme pene de un alfa.

Sin embargo, un omega recesivo estúpido que solo buscara el pene terminaría aburriendo pronto. Si el interés decaía, Do-ha pronto buscaría a otro omega, y él, que ya conocía el sabor del pene de alfa, terminaría vagando por burdeles para llenar su gastado agujero trasero, conformándose incluso con penes viejos y sucios con tal de sentir algo ahí dentro.

Un omega recesivo indigente que solo buscara alfas, sin mansión y sin alfas.

No quería convertirse en algo tan miserable y barato. Por eso, ocultó sus sentimientos en cada palabra, expresión y acción, haciendo que Do-ha se impacientara. Incluso se dejó descubrir las medicinas recetadas a propósito. Do-ha, al decir que la exposición constante a las feromonas de un alfa dominante estabilizaría el ciclo de celo del omega, resultó ser de lo más tierno. Gracias a que su paciencia se había forjado cuidando a su madre enferma durante mucho tiempo, fingió ser engañado, actuando de forma torpe mientras lo atraía al sótano o tenía sexo con él evitando la mirada de Jung Tae-seok; fue extremadamente emocionante.

Do-ha fue un buen maestro de penes. Un maestro amable que le enseñó a usar no solo su agujero trasero, sino también su boca y sus pechos.

El problema era el monstruo araña.

[La... mansión... no... protegiste... y... recibiste... semilla... sucia....]

Al principio pensó que era el fantasma de su madre que rondaba la mansión para condenarlo por caer en la lujuria sin pensar en proteger la casa, pero probablemente era una alucinación fruto de su propia culpa.

¿Ja, culpa? La culpa era un sentimiento completamente inútil. ¿Acaso la culpa te da de comer? ¿Acaso te rasca el picor del agujero trasero? Con los planes que tenía por delante, iba a hacer cosas mucho peores.

Tras una semana de entrenamiento fálico que pareció un sueño, su padre regresó. Do-ha tenía razón: Teo-oh trajo a Yubin como su prometido. ¿Cómo podría deshacerse de ese arrogante omega dominante que se atrevía a pensar en convertir el jardín de la mansión en un campo de práctica de golf mientras sonreía absorto en sí mismo? Probablemente tendría que esperar al momento adecuado. Do-eon esperó desde entonces para atrapar su oportunidad.

Para eso, primero tenía que hacer suyo a su padre. Seo Teo-oh, que había pasado por innumerables tormentas en la vida, era un ser más complejo de abordar que el impulsivo Seo Do-ha. Así que esta vez optó por un método que dejara una imagen impactante. Un plan maestro para plantar la semilla del pecado en la mente de su padre.

Puestos a hacerlo, pensó que el día de la fiesta de bienvenida que Yubin tanto mencionaba sería ideal. Mientras recibían a los invitados de Yubin, envió un mensaje a su padre pidiéndole en secreto que fuera a su habitación porque tenía algo que decirle.

Provocó intencionadamente a Do-ha para que lo poseyera con más violencia. Sus gemidos se filtrarían incluso fuera de la puerta. Justo tras alcanzar el clímax, Seo Teo-oh abrió la puerta en el momento preciso, tal como Do-eon había planeado, y vio a sus dos hijos copulando sobre la cama.

Para que el instinto de alfa despertara a través de la vista, el oído y el olfato, más que con cualquier palabra abstracta. Sintió que la mirada de su padre se posaba instintivamente en el agujero que estaba recibiendo el pene. Envolvió las piernas alrededor de la cintura de Do-ha con toda la intención, dejando escapar gemidos lastimeros.

Para que su agujero quedara grabado profundamente en la mente de su padre.

Sin embargo, su padre, más moral que Do-ha, impuso un castigo. Cuando Do-ha fue enviado a Estados Unidos y Do-eon se desmayó por la asimilación a sus feromonas, revelando incluso el secreto de que era un omega recesivo, su padre declaró que le buscaría un pretendiente. Pensó en vender a su primer hijo como segunda esposa a un viejo, en lugar de quedarse con él, que era tan seductoramente bello, o dejarlo con el radiante Do-ha. Fue un pensamiento imperdonable. Do-eon presintió que había llegado el momento de usar con su padre las habilidades sexuales que había aprendido de Do-ha. ¿Cómo seducirlo para que no pudiera rechazarlo y lo aceptara? El método estaba cerca: usar su propia enfermedad.

La enfermedad que padecía desde los quince años. Quién iba a decir que esa enfermedad tediosa que su madre llamaba "mala suerte" se convertiría en su carta de triunfo.

Controlaba la narcolepsia con medicación, pero el sonambulismo era algo que, al mejorar los síntomas, podía controlar hasta cierto punto sin necesidad de medicinas. Do-eon decidió usar de buena gana aquel sonambulismo que una vez lo ató a la mansión.

De día, un hijo inocente y dócil; al dormir, despierta con otra personalidad convertida en una seductora en celo. Su padre no pudo rechazarlo, incluso más de lo que Do-eon había imaginado. Las artimañas previas de plantar la semilla del pecado en su mente y estimular su compasión por tener que cuidar a un hijo enfermo habían funcionado.

Usando la enfermedad como excusa, seducía a su padre en cualquier momento. Ver a aquel hombre bello vacilar entre la lujuria y el amor paternal mientras lo poseía inevitablemente era tan excitante como si un rayo atravesara su corazón. Ja, para esto se vive. Al copular sin importar el momento ni el lugar, que Yubin los descubriera era solo cuestión de tiempo.

Tras la partida de Yubin de la mansión —quien cayó solo por la terraza como un estúpido—, ya no quedaba nadie que pudiera detener al padre y al hijo desenfrenados. Su padre se volvió adicto a él. Ese mismo Seo Teo-oh acabó perdiendo la cabeza por el agujero de su propio hijo biológico. Do-ha, que no podía olvidar el sabor del agujero trasero de su hermano, también regresó a la mansión, por lo que Do-eon empezó a recibir dos penes de alfa en una sola noche. El placer estallaba por todo su cuerpo. Una sensación que ponía los pelos de punta. Esa era la prueba de que estaba vivo.

Pero para cerrar el plan a la perfección, necesitaba el golpe final.

[Si... con... cibes... tú...]

Aquel último método se lo había indicado antes el monstruo araña. Aquel monstruo que recitaba hechizos mientras clavaba sus patas, como espadas largas con tentáculos, en su vientre. Recordaba el conjuro que recitaba aquella pequeña boca cubierta de vellosidades:

[Si... con... cibes... tú... ten... drás... la... man... sión....]

El embarazo. Tenía que quedar embarazado.

No fue intencionado, pero el embarazo psicológico resultó ser una excelente prueba. En cuanto vio el resultado de la prueba de embarazo, lo primero que sintió fue curiosidad por saber cómo reaccionarían los dos hombres si decía que esperaba un hijo. ¿Intentarían zafarse o se alegrarían pensando que era suyo? Ambos alfas dieron la respuesta más satisfactoria. No solo se alegraron por la noticia, sino que ni siquiera pensaron en discernir quién era el padre biológico. Sin importar de quién fuera la semilla, ambos estaban dispuestos a ser el padre.

Ellos cuidaron con esmero de Do-eon, quien sufrió emocionalmente hasta que se descubrió que era un embarazo psicológico, y la herencia formal de la mansión fue parte de esos cuidados. La mansión que dejó su madre pasó a ser de "beta" Seo Do-eon, el único heredero, en apenas dos meses.

Y a Do-eon, que estaba ocupado recibiendo sus penes en sueños, le hicieron una promesa más. Si Do-eon llegaba a quedar realmente embarazado en el futuro, criarían al niño como el tercer hijo de Seo Teo-oh, sin importar de quién fuera la semilla. Con esto, el hijo de Seo Do-eon que nacería algún día no sería un bastardo fruto del incesto, sino un hijo legítimo de Seo Teo-oh, y también podría heredar su fortuna. En ese entonces, el "Do-eon que no vaga por los sueños" fingirá no saber qué hacer ante la noticia de su embarazo, pero bastará con seguirles el juego a los dos alfas.

El indigente que perdió a su madre y estuvo a punto de ser expulsado de la mansión con las manos vacías... Además, el omega recesivo con una enfermedad crónica, Seo Do-eon, tiene ahora una familia nueva, completa e impecable. No podría ser mejor.

El plan fue perfecto y el objetivo se ha cumplido.

* * *

Do-eon sacó sus pezones, hinchados a más no poder, y un chorro de un líquido blanco y traslúcido salió disparado por el aire.

"Ah...."

Sus turgentes areolas, enrojecidas por la presión, goteaban una leche acuosa. Últimamente, sus pechos estaban tan sensibles que el líquido brotaba con solo rozarlos. ¿Acaso no era un síntoma de embarazo psicológico esta vez, sino que finalmente se había quedado encinta como tanto deseaba?

Pero primero, tenía que vaciarlos.

Para extraer la leche que ya empapaba su camiseta, sacó del cajón de madera un extractor que parecía tener pequeñas copas transparentes.

"¿Se usará así...?"

Lo había pedido en secreto en una tienda online, escondiéndoselo a Teo-oh y a Do-ha, debido a ese flujo incontenible. Siguiendo las instrucciones, se levantó la camiseta, pegó el embudo transparente a su pecho y pulsó el botón. El aparato succionó su carne con un sonido rítmicamente pegajoso, mientras el líquido blanco empezaba a correr por el tubo.

"Qué ruidoso...."

La presión era débil, no lograba succionar con la fuerza necesaria para sentir alivio, y el zumbido de la máquina era molesto. Do-eon la apagó de inmediato.

"Uf... qué fastidio...."

Estaba harto de tener que usar aparatos para lidiar con el exceso de leche. Sus pechos, hinchados y calientes, le provocaban una incomodidad insoportable que debía resolver de alguna manera.

"¿Debería pedirles que me succionen...?"

Después de todo, para eso estaban sus maridos. Do-eon arrojó el extractor de vuelta al cajón y salió de la habitación. Al final del pasillo, una tenue luz anaranjada se extendía por el suelo, proveniente de la habitación de invitados que Teo-oh ahora usaba como estudio provisional.

Todavía no se había dormido.

Bajo la suave iluminación, Teo-oh leía unos documentos con el ceño ligeramente fruncido. Su mandíbula afilada se veía aún más definida bajo el resplandor naranja. Era una belleza que no dejaba de admirar. Verlo tan concentrado hizo que su corazón diera un vuelco.

Ah,  quiero recibir pronto el pene de papá.

Ayer mismo había recibido los penes de su padre y de Do-ha en abundancia, pero quería que le succionaran los pechos hasta eyacular, mientras sentía cómo llenaban su garganta y su viento con su semen. Era hora de entrar en escena. Do-eon relajó la mirada y puso una expresión vacía. Esa cara de inocente hambriento de pene era ya su marca registrada.

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"Uuuh... papá...."

"¿Do-eon...?"

Con la boca entreabierta, se acercó a Teo-oh y se colgó de su cuello. Los ojos concentrados del hombre parpadearon con sorpresa mientras examinaban sus pupilas.

"Mmm... a-ah, papá...."

Do-eon miró al vacío con ojos desenfocados. Teo-oh, pensando que una vez más estaba sumido en un sueño, le acarició el cabello mientras su mirada se suavizaba.

"Mi Do-eon, ¿qué quieres que haga por ti?"

"Pe-pechos... follar mis pechos...."

"¿Tus pechos? ¿Por qué?"

"Mmm... los pechos de Do-eon... duelen...."

Sujetó el borde de su camiseta y la subió hasta la clavícula. Entre sus pechos, que parecían a punto de estallar, la leche blanca se acumulaba y chorreaba por su torso. Ante esa escena tan explita, la mirada serena de Teo-oh se volvió turbia al instante. Do-eon arqueó la espalda y eyaculó mientras las lágrimas asomaban en sus ojos.

"Ah... mis pechos queman... suc-succiona mis pechos, por favor...."

"¿Quieres que papá te ayude?"

"Sí... r-rápido...."

Ante sus súplicas y el contoneo de sus caderas, Teo-oh lo agarró de la cintura y lo sentó sobre el escritorio del estudio. Los bolígrafos y papeles rodaron por el borde y cayeron al suelo. Parecían documentos importantes, pero a su padre no le importó; abrió la boca y envolvió una de sus areolas, ya oscurecidas, de un gran bocado.

"¡Ah...!"

Un placer electrizante recorrió su columna. Fue como si un rayo atravesara su cabeza, haciendo que sus pies se tensaran. Con una presión que nada tenía que ver con la del extractor, Teo-oh selló sus labios contra su piel, rodeando el pezón con la lengua y succionando con fuerza hasta que sus mejillas se hundieron.

"¡Ah, ah, qu-qué bien, ah, mmm...!"

La leche brotó como si se hubiera roto una presa, pasando rítmicamente por la garganta de Teo-oh. Esto era. Así sí. Por fin sentía que podía respirar. Con los ojos en blanco por el éxtasis, echó la cabeza hacia atrás y su mandíbula tembló violentamente. Mientras sus pezones eran devorados, su agujero trasero ya estaba empapado y su pequeño pene palpitaba con fuerza.

"¿Qué tal? ¿Ya no duele?"

Teo-oh separó los labios un momento para preguntar. Una gota de leche blanca resbalaba desde la comisura de su boca perfecta hasta su barbilla. Sacó la punta de la lengua y se lamió los labios. Era una imagen increíblemente erótica. Do-eon, sin poder evitarlo, tiró de la nuca de su padre para hundirlo de nuevo en su pecho.

"Ah, más... ¡más!"

En ese momento, se oyó un golpe en la puerta. Do-ha estaba allí apoyado, con una mueca de desprecio en el rostro.

"Ya estamos otra vez. ¿Tengo que ponerte el cinturón de castidad de nuevo? En cuanto te dejo libre, no puedes esperar para zorrear a escondidas."

Aunque sus palabras eran frías, su mirada estaba clavada en los pechos que su padre succionaba con avidez.

"Mmm, Do-Do-ha... v-ven aquí...."

Aún quedaba un pecho libre. Do-eon comprendió perfectamente por qué tenía un par: para que cada uno de sus alfas tuviera uno que succionar.

"M-mis pechos... aquí también...."

Al señalar el otro lado, Do-ha, que a pesar de su actitud tenía las orejas al rojo vivo, se acercó como hechizado y agachó sus anchos hombros. Do-eon empujó el torso hacia adelante para facilitarle el acceso. Sus labios se abrieron y atraparon el pezón restante, mordisqueándolo con ansia.

"¡Ahhh...!"

La punta de su pecho chocó contra el paladar liso de Do-ha mientras la leche salía disparada. Sus hombros saltaron como un resorte. Era un éxtasis divino. Sus alfas succionaban con la voracidad de bebés que hubieran pasado hambre todo el día. Ver esas dos cabezas de curvas suaves pegadas a su pecho pequeño era una imagen perfecta, como si ese fuera su lugar natural.

"¡Ah, más, mmm, más fuerte, ah...!"

Do-eon acarició ambas cabezas con sus manos, presionándolas contra su pecho. Ante ese empuje, Teo-oh y Do-ha parecieron competir por succionar con más fuerza. Quería que tiraran de sus pezones hasta que quedaran flácidos y desgastados; quería derretirse en las bocas de su padre y de su hermano.

"¡Ah, ah, sale, ahhh...!"

Dentro de sus pantalones de pijama, su pequeño pene eyaculó repetidamente. Su visión se volvió blanca. Como para prolongar el placer de la descarga, sus alfas envolvieron sus pezones maltratados con la lengua, bebiendo hasta la última gota de leche.

"¡Ah, ah, mmm...!"

Mientras jadeaba con fuerza, se oyó un sonido de succión al separarse los labios de su piel.

"Hyung, te han quedado los pezones hechos un asco."

"Mmm, ah...."

Debido a la presión brutal, sus pechos, ahora con bultos rojizos, colgaban como los de una vaca. Los pezones de color púrpura tenían pequeñas grietas y estaban en carne viva. Ese placer doloroso le proporcionaba una euforia que casi le cortaba la respiración.

"Ah... pe-pene... denme sus penes también...."

Después de los pechos, ahora quería recibir los penes en su boca y en su agujero trasero. Se dio la vuelta y se bajó los pantalones empapados, revelando sus gluteos firmes y sonrosados.

"Papá, hoy me toca a mí primero, ¿verdad?"

"Está bien, yo usaré su boca."

Do-ha sacó su pene grueso y ferozmente erecto de su pantalón, golpeando sus nalgas con él como si fuera un mazo, anunciando la inserción. Ah, el momento antes de recibir el pene era el más emocionante. Do-eon llevó su mano hacia atrás y separó sus glúteos sin dudar.

Con un sonido húmedo, se reveló su agujero, que soltaba hilos de flujo como telas de araña. El orificio palpitaba, buscando el aroma del pene en la oscuridad.

"Tienes mucha leche y mucho flujo. Definitivamente, hyung, naciste para recibir nuestros penes."

Las palabras de Do-ha eran ciertas. Si no recibía los penes de su padre y de su hermano cada día en su interior, sentía un auténtico síndrome de abstinencia.

"Mmm... denle a la boca de Do-eon... el pene también... ahhh...."

Do-eon abrió la boca de par en par. Solo se sentía satisfecho cuando su agujero trasero era penetrado hasta la matriz y, simultáneamente, su boca era invadida tan profundamente que su garganta quedaba bloqueada. Ya nada le bastaba si no era un placer que lo hiciera sentir al borde de la muerte.

Uno, dos, tres.

Sus alfas contaron para penetrarlo al mismo tiempo por ambos orificios. Un placer que lo arrasaría todo como una marea violenta estaba a punto de llegar. Do-eon rogó fervientemente que estos días prohibidos no terminaran nunca.

<Fin de la historia principal de La Mansión del Sonámbulo>