7. Bonus track: Te amo

 


7. Bonus track: Te amo

Ki Tae-jeong contempló en silencio el dibujo de un dinosaurio pegado a la altura de su espinilla. Era algo que no había visto antes... y para colmo, era un tiranosaurio rex, precisamente al que San-ho más miedo le tenía.

Al ver cómo los ojos y las patas estaban dibujados de cualquier manera, parecía que lo hubiera hecho con los ojos apretados con fuerza. Al principio se preguntó qué sería, pero lo reconoció al ver que estaba pintado con los colores que los niños suelen usar para el tiranosaurio.

A diferencia de Hae-rim, que desde pequeño no soltaba su muñeco de Appy, San-ho, el segundo hijo, no tenía mucho interés en los dinosaurios. Solo después de escuchar hace poco, por boca del General Oh Seon-ran, que su hermano quería ser un dinosaurio cuando tenía su edad, empezó a murmurar tímidamente que él también quería convertirse en uno.

Aunque lo decía con una cara que sugería que rompería a llorar si realmente se transformara en dinosaurio, su intención de compartir algo con su hermano era tan tierna que Ki Tae-jeong solo pudo sonreír. Probablemente, ese dibujo también lo habría hecho con esfuerzo esperando que su hermano se alegrara.

“San-ho.”

Llamó a la puerta del cuarto de juegos, donde el feo tiranosaurio estaba pegado con orgullo, y pronunció el nombre del niño un par de veces, pero no obtuvo respuesta; parecía que estaba profundamente resentido.

“¿Papá va a entrar, de acuerdo?”

Tras esperar un momento, abrió la puerta y lo primero que vio fue la manta de apego del segundo, que formaba un bulto en medio de la habitación. ¿Estaría hecho un ovillo ahí dentro? La silueta abultada como un cuenco de arroz era irresistiblemente tierna, pero Ki Tae-jeong contuvo la risa para no entristecer más al pequeño, que ya de por sí estaba afligido.

“¿Por qué estás aquí solo? Tu hermano dice que te estuvo esperando porque quería jugar contigo, pero al final tuvo que irse al campamento porque no aparecías.”

En cuanto mencionó a Hae-rim, la pequeña manta se sacudió violentamente como una vela frente al viento. Aun así, el pequeñajo se negaba a asomar la cara, a pesar de que normalmente se desvive por su hermano.

“Lee San-ho.”

Mientras acariciaba el fuerte de algodón que era la manta, lo llamó con suavidad, y entonces se escuchó el sonido de alguien sorbiendo la nariz.

— ¿Hola?

‘Sí, hola, cariño.’

— …¿Por qué siempre hace esas bromas?

‘Pero si soy tu esposo, ¿por qué va a ser una broma?’

— En fin… ¿No estás muy ocupado ahora, verdad?

‘No. Ya iba de camino a casa. ¿Por qué? ¿Quieres que compre algo?’

— No, no es eso… Es que hoy San-ho se escapó de casa por un momento.

‘¿Eh? ¿Qué hizo San-ho?’

— Se escapó de casa.

Cerca de la hora de salida del trabajo, recibió una llamada de Se-hwa. El contenido era para quedarse boquiabierto, pero como Se-hwa no dejaba de reírse mientras hablaba, a Ki Tae-jeong le costaba discernir si era algo que realmente había pasado o si se trataba de una broma sin importancia.

‘¿Qué pasa? ¿Otra vez un test psicológico?’

— No, es en serio. ¿Viste el muñeco de conejo que le gusta a San-ho? Santos. Se escapó un rato por la tarde con él.

‘…¿San, qué?’

— Santos.

‘¿Santos? ¿Ese muñeco no se llamaba Toto?’

— Ah. Hae-rim le cambió el nombre hoy. El conejo de San-ho… ¿cómo era? Bueno, tenía su significado, pero ya se me olvidó. Luego le vuelvo a preguntar.

¿No se habría escapado por ponerle un nombre así a su muñeco favorito? Ki Tae-jeong murmuró "Santos" mientras recordaba aquel conejo rosa que era casi del tamaño del torso de San-ho, pero reaccionó de inmediato. El nombre del muñeco no era lo importante ahora. ¿Cómo que ese pequeñajo que apenas camina tambaleándose se había escapado de casa?

— El caso es que San-ho debió de sentirse muy dolido hoy, porque agarró fuerte a Santos y se salió al jardín.

‘…¿A eso se le puede llamar escaparse de casa?’

El segundo hijo los había hecho sufrir mucho; a Se-hwa con náuseas y todo tipo de complicaciones durante el embarazo, y luego con un proceso de cirugía difícil que casi mata a Ki Tae-jeong de la angustia. Incluso después de nacer, solía enfermarse a menudo, dándole constantes sustos a sus papás.

A pesar de eso, tenía una personalidad dócil y era muy inteligente. Aunque su desarrollo era un poco más lento que el de Hae-rim, era incomparablemente rápido para los niños de su edad y, sobre todo, era extremadamente sensible.

¿Quizás por eso? Desde que empezó a hablar, San-ho solía decir cosas inesperadas y se sumergía profundamente en asuntos que el resto de la familia simplemente dejaba pasar. Seguramente hoy había sido uno de esos días.

‘Por cierto, ¿por qué se fue de casa?’

— Eso… mmm. Entra y pregúntaselo tú mismo a San-ho.

Se-hwa rió suavemente diciendo que era una razón muy tierna. Por suerte no parecía nada grave... Al parecer, justo antes de que Hae-rim se fuera al campamento para niños superdotados que organiza el centro educativo, mientras jugaban felices en el cuarto de juegos, el pequeño San-ho rompió a llorar de repente.

Por más que Se-hwa le preguntaba, no respondía; se quedó con los hombros caídos como hierba marchita y, finalmente, anunció que se iba de casa cargando a cuestas a su conejo rosa (el cual tenía las orejas ya algo sucias de tanto que el niño las succionaba al dormir).

Eso sí, en cuanto le dio hambre, regresó a casa para comer con su papá pequeño, se terminó toda la merienda que le dieron y volvió a intentar su fuga. Sin embargo, cuando empezó a atardecer y todo se volvió oscuro, le entró miedo y regresó a hurtadillas al cuarto de juegos, donde se quedó derramando lagrimitas.

Solo de escucharlo, a Ki Tae-jeong le daban escalofríos de lo tierno que era, pero no se sentía del todo bien sabiendo que algo había sido tan triste para el pequeño como para querer irse de casa.

“Lee San-ho, ¿no vas a mirar a tu papá grande?”

“…….”

“Es cierto. Si ni siquiera le respondiste a tu hermano, no hay forma de que quieras ver a tu papá… Y eso que yo te extrañé todo el día.”

“…….”

“Bueno, entonces tus papás y tu hermano tendremos que irnos de casa y vivir aparte. Parece que San-ho ni siquiera nos quiere ver.”

“¡No, eso no es cierto...!”

Al murmurar fingiendo una voz solitaria, el rostro blanco y empapado por el llanto asomó de entre la manta.

“No es eso, no es así... de verdad que no...”

“¿Ah, sí? ¿No era que ya no querías a papá y por eso no querías mostrarme tu cara?”

“No. Quiero a mis papás, y también quiero a mi hermano...”

Por lo que había dicho Se-hwa, no llevaba tanto tiempo bajo la manta, pero su pequeña frente y sus mejillas estaban empapadas de sudor. Al ver a San-ho con sus finos cabellos pegados a la cara, angustiado por aclarar que no odiaba ni a su papá ni a su hermano, las comisuras de los labios de Ki Tae-jeong se elevaron, haciendo que su actuación de padre dolido se desvaneciera.

“¿Y entonces por qué estabas aquí solo y tan triste?”

“Es que, eso es...”

“Tu papá pequeño y tu hermano se preocuparon mucho.”

“Mmm... San-ho lo hizo mal...”

Al sentarse a su lado con cautela, el niño se frotó las lágrimas con sus manos pequeñitas y subió al regazo de Ki Tae-jeong. Apoyándose en los músculos de las piernas de su padre, que eran firmes como rocas, San-ho logró acomodarse sobre él como si estuviera escalando una montaña y dejó escapar un suspiro inusualmente pesado para su edad.

Al nacer, el segundo hijo se parecía tanto a Ki Tae-jeong que sus ayudantes casi sufren un síncope, pero a medida que crecía, su aire iba cambiando. ¿Sería porque reía y lloraba con facilidad? Aunque su estructura física seguía siendo similar a la de su padre, últimamente San-ho escuchaba más a menudo que era el vivo retrato de Lee Se-hwa. Era algo parecido a lo que le pasaba a Hae-rim, quien antes era una copia exacta de Se-hwa y ahora, sin necesidad de presentarse, todos sabían que era hijo de Ki Tae-jeong.

“Oye, papá.”

“Dime.”

“¿Por qué a San-ho... no lo llamaron?”

“¿A qué te refieres con que no te llamamos?”

“A la boda de mis papás….”

“…¿Eh?”

Ki Tae-jeong, que se sentía conmovido con solo mirar a su hijo, respondió con la voz un poco entrecortada ante la inesperada pregunta.

“Lo vi todo con mi hermano hace un rato….”

San-ho comenzó a contar a las personas en el holograma doblando sus deditos regordetes.

“Estaban el papá grande, el papá pequeño, el abuelo, el hermano Hae-rim y también... el doctor y los señores militares. Pero San-ho no estaba ahí, buuu, yo no estaba….”

Al recordarlo de nuevo, la tristeza lo invadió y sus grandes ojos se llenaron de lágrimas otra vez. Aunque a Ki Tae-jeong le parecía irresistiblemente tierno que el niño pensara que no lo habían invitado a la boda de sus padres, se le partía el alma al ver su piel delicada ya irritada y roja de tanto llorar.

Preferiría que hiciera un berrinche y pidiera que le compraran algo. Pero el segundo hijo era tan dócil que se quedaba solo sollozando hasta que sus mejillas se paspaban con la sal de las lágrimas, y solo cuando se calmaba un poco era capaz de confesar su tristeza de esta manera.

“No es que no te invitáramos a propósito, es que en ese entonces San-ho todavía no existía en este mundo, por eso no pudimos llamarte.”

“¿Por quéee…? ¿Por qué San-ho no estaba…?”

“Mmm…. Hay una diferencia de edad entre  Hae-rim y tú, ¿verdad?”

“Mmm….”

“Eso significa que San-ho nació después que su hermano. Por eso, en aquel entonces, aún no estabas en el mundo. ¿Entiendes lo que quiero decir?”

“Mmm….”

“Tus papás nunca harían una boda dejando fuera a San-ho a propósito.”

Al sentir las caricias suaves en sus mejillas, San-ho pareció querer refugiarse en el afecto y rompió a llorar con desconsuelo en el pecho de Ki Tae-jeong.

“Pero... soy el único... el único que no está. No quiero ser el único que no está. Yo también quiero ir a la boda de mis papás.”

“Mmm….”

“Papáaa….”

Ki Tae-jeong se acarició la barbilla mientras arrullaba a San-ho, que no dejaba de llamarlo entre llantos.

Parecía que el niño no terminaba de comprender la razón de su ausencia en la boda.... ¿Cómo explicárselo? No podía decirle: ‘Es que tu papá grande fue un desalmado que molestó a tu papá pequeño, que era mucho menor, y por eso tu hermano llegó antes de la boda’.

Aunque Hae-rim era excepcionalmente brillante, San-ho también era muy destacado. Su uso de las palabras y su forma de construir frases eran fuera de lo común, y tenía una gran imaginación. De hecho, su capacidad de empatía parecía ser incluso mayor que la de su hermano.

Aun así, San-ho solía sufrir en silencio a menudo porque sentía que no podía alcanzar a su adorado hermano mayor, y a veces se entristecía pensando que le faltaba mucho en comparación con el resto de la familia. Probablemente esta vez también pensó que lo habían dejado fuera por ser menos capaz que su hyung, y por eso estaba tan desconsolado.

“¿Es porque... no me parezco a mi papá pequeño…?”

“¿Qué?”

Mientras Ki Tae-jeong buscaba las palabras adecuadas acariciando la espalda del niño, la vocecita frágil y cargada de lágrimas lo sacó de sus pensamientos. ¿Cómo que era por no parecerse a Se-hwa? ¿De qué estaba hablando...?

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“A mi papá grande... le gusta más cuando dicen que me parezco a mi papá pequeño y no a él….”

Las pestañas largas de San-ho, adornadas con gotas de llanto, se bajaron con tristeza.

“¿Por eso no me llevaron con ustedes…?”

Ki Tae-jeong se sintió como si le hubieran dado un golpe por sorpresa y miró a San-ho a los ojos, aturdido.

“Lee San-ho, ¿de qué hablas? ¿Cuándo dijo eso tu papá?”

Ya fuera Hae-rim o San-ho, él sí deseaba que se parecieran a Lee Se-hwa antes que a él mismo. Pero eso era simplemente porque amaba profundamente a Se-hwa, no por ninguna otra razón especial. ¿Cómo no le iba a gustar que Se-hwa hubiera dado a luz a un niño que se le pareciera a él?

Ahora entendía por qué dicen que delante de los hijos hay que tener cuidado hasta con cómo se bebe agua.... Ki Tae-jeong se dio cuenta de que las palabras que había soltado a la ligera y las actitudes que consideraba irrelevantes se habían convertido en espinas que se clavaron una a una en el tierno corazón de San-ho. Y lo notaba recién ahora.

Le dolía el alma pensar que su pequeño hijo había estado llorando solo con esos pensamientos. Si pudiera, desearía que todas esas espinas regresaran a él. No le importaba si se le clavaban en el lugar más doloroso bajo las uñas, con tal de que no volvieran a herir al niño.

“Pero papá, oye… a San-ho le gusta parecerse a su papá grande.”

Al ver el rostro serio de su padre, San-ho se asustó un poco y apretó con fuerza la ropa de Ki Tae-jeong con su cuerpecito inclinado.

“Porque, eh, porque… San-ho ama mucho a su papá….”

“…….”

“Amo a mi hermano y a mi papá pequeño, pero a mi papá grande lo amo de verdad, muchísimo.”

San-ho observaba ansioso la expresión de su padre mientras sudaba por el esfuerzo. La ropa de Ki Tae-jeong comenzó a humedecerse con el sudor de las manos del niño. Las huellas de sus manos regordetas, como malvaviscos, quedaron marcadas como sellos sobre la chaqueta del uniforme.

“Así que por favor, papá... en la boda... invítame también….”

“Porque San-ho ama mucho, mucho a su papá”, añadió el niño en voz baja.

Ah…. Ki Tae-jeong sintió que el aire se le escapaba y soltó un quejido sin darse cuenta.

¿Cómo era esto posible? Él no había hecho nada. Se-hwa fue quien llevó al niño en su vientre y pasó por una gran cirugía. Él simplemente, por un golpe de suerte, se convirtió en el padre de este niño.... ¿Se podía recibir un amor tan puro y hermoso por una razón tan simple?

“…Sí.”

Tras dudar un largo rato por la abrumadora emoción que recorría su cuerpo, lo único que pudo ofrecer fue esa respuesta corta y algo ruda. Aun así, San-ho soltó una carcajada de felicidad.

Cuando está con Se-hwa, a veces se sumerge en el remordimiento de si realmente puede amar tanto a esa persona; y cuando está con sus hijos, se siente abrumado pensando si realmente merece recibir tanto amor. Sin querer ser melodramático, a veces Ki Tae-jeong sentía un nudo en la garganta y un escozor en los ojos por esos sentimientos indescriptibles.

Solo por el hecho de haber recibido el permiso para amar con libertad a estas personas tan adorables, sentía ganas de buscar a un Dios en el que nunca había creído.

“Está bien, grabemos un holograma todos juntos con San-ho. Papá lo siente.”

“Mmm… está bien, no pasa nada. Pero la próxima vez, invita a San-ho sin falta….”

“Entendido. Esta vez solo te invitaré a ti.”

“No. A mi hermano también... invita a mi hermano también….”

“Está bien. ¿Ya no estás triste?”

“¡Mmm, ya no estoy nada triste!”

“Entonces, ¿puedes darle un abrazo a papá?”

“Mmm….”

El calorcito de su cuerpo se acomodó perfectamente en su regazo. Dejando marcas claras de lágrimas y mocos en el uniforme, como si de un calco se tratara, esta vez fue San-ho quien consoló suavemente a Ki Tae-jeong.

“¿El papá grande se asustó porque San-ho se fue con Toto?”

“Sí, papá se asustó mucho.”

“Ya entiendo, no lo volveré a hacer….”

Mientras le limpiaba el rostro pegajoso al niño, Ki Tae-jeong desvió la conversación hacia otro tema con naturalidad.

“¿Pero por qué Toto se convirtió de repente en Santos?”

“¡Ah, es cierto\! Mi hermano le puso ese nombre otra vez, mmm, Santos…. ¿Por qué era? ¿Qué era? Se me olvidó….”

En todo caso, tenía que recordar cómo habían grabado el holograma de la boda. Debía recrear el mismo lugar, con la misma ropa, las flores y la decoración de forma perfecta para registrarlo de nuevo. Ya habría tiempo para darle una explicación lógica cuando creciera; ahora mismo, lo único que importaba era que su amado Lee San-ho estaba tan triste y dolido por no haber podido ver la boda de sus papás. ¿Qué importancia tenía una solución racional frente a eso?

“Papá.”

“Dime.”

“Te amo.”

Cada vez que San-ho susurraba, su aliento cálido le hacía cosquillas en el pecho a Ki Tae-jeong. Sentía como si se estuviera quemando por dentro, como cuando se traga algo muy caliente de un solo bocado. Cerrando los ojos para saborear la sensación de ese momento, Ki Tae-jeong le dio al pequeño hijo la respuesta que tanto esperaba, repitiéndola una y otra vez.

“Papá también te ama, nuestro San-ho.”

“¿De verdad?”

“Claro. Y a papá no le importa a quién te parezcas. Tanto el papá grande como el papá pequeño te amarán igual aunque te parezcas a un tiranosaurio rex. ¿Entendido?”

“¿Tiranosaurio…?”

Parecía que eso no le terminaba de gustar, porque San-ho movió sus deditos regordetes con duda.

“Significa que el papá grande te ama muchísimo. No es que te vayas a convertir en un tiranosaurio de verdad.”

“Mmm…. Entonces está bien. A San-ho también le gusta.”

San-ho asintió con fuerza cuando su padre sugirió que más tarde también le dieran un ‘te amo’ al papá pequeño, quien seguramente estaría escuchando la conversación tras la puerta, de puntillas y muy preocupado. Dar un ‘te amo’ era una promesa implícita y un ritual para recuperar ánimos entre los miembros de la familia: consistía en abrazarse fuerte, decirse que se amaban y luego cubrirse las mejillas con muchísimos besos.

“Te amo.”

Ki Tae-jeong susurró aquellas palabras una y otra vez mientras abrazaba con tesoro a ese niño adorable que se le parecía como si hubiera salido de un molde, pero que en ciertos aspectos no se le parecía en nada. Con toda la sinceridad de su corazón, una que jamás se agotaría por más que se entregara, quería transmitirle que él, el esposo de Lee Se-hwa y el padre de ambos, era inmensamente feliz.

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Al día siguiente, Ki Tae-jeong tuvo que liderar una operación confidencial y, como siempre, escribió su testamento. No es que hubiera peligro real ya que no se trataba de un combate directo, e incluso si fuera a entrar en acción, confiaba plenamente en que nunca perdería; sin embargo, ese grupo de necios militares siempre imponía procedimientos ineficientes.

Era un documento que había manipulado hasta el cansancio desde que fue comisionado. Deseaba que sus ayudantes se encargaran de ello, ya que al terminar la misión el archivo se descartaría sin siquiera guardarse, pero el testamento era lo único que, sin importar el rango, debía ser redactado y firmado personalmente.

Tras ingresar el número de documento S-4858702 según el formato establecido, Ki Tae-jeong puso su sello, completó el proceso de seguridad con el reconocimiento de iris y pulsó el botón de guardar. Ya solo faltaba entregarlo, pero... hoy, extrañamente, los nombres de su familia escritos allí le pesaban en el corazón.

Después de saborear los nombres de sus seres queridos por un momento, Ki Tae-jeong comenzó a modificar impulsivamente el documento que ya estaba terminado.

> 2.  Deseo que se le comunique a mi esposo Lee Se-hwa, y a mis hijos biológicos Lee Hae-rim y Lee San-ho, que los amé más de lo que las palabras pueden expresar.

Era la primera vez que incluía un ruego nacido del corazón en su testamento.

Sabía que era un documento que nadie vería y que sería desechado. Sabía bien que era mucho más eficiente transmitir su sinceridad directamente con una mirada cálida o una palabra en lugar de garabatear en algo que nunca saldría a la luz.

Sin embargo, desde cierto momento, Ki Tae-jeong dejó de calcular la eficiencia o la utilidad en lo que respectaba a su familia. Hasta el punto de no poder evitar escribir su amor, sin dejar un solo hueco, en un papel que sería destruido en unos pocos días.

Tras contemplar su extraño testamento durante un largo rato, Ki Tae-jeong pulsó lentamente el botón de enviar.

Te amo.

Te amo.

Te amo.

Deseando que su sentimiento, plasmado en letras que no podían mostrarse, llegara a sus seres más amados.

\<Fin\>