3. Vida cotidiana (3)

 


3. Vida cotidiana (3)

<¡Es un elfo, un elfo!>

<¿Qué hace un elfo ahí?>

<¡Hala! ¡Está gateando en cuatro patas!>

<Qué raro. Siento la energía de un elfo, pero ¿por qué se comporta como una bestia?>

El parloteo de los espíritus era incesante. Enoch sintió que la vergüenza lo consumía y cerró los ojos con fuerza. Por un lado, se sentía aliviado de que, como elfo, aún pudiera escuchar las voces de los espíritus; por otro, le resultaba humillante tener que mostrarse así ante ellos.

En ese momento, la correa que rodeaba su cuello se tensó bruscamente. Enoch contuvo un gemido y levantó la cabeza. Con el movimiento, su sedoso cabello resbaló hacia atrás.

"Enoch, ¿te gusta estar en el jardín?".

Isaac preguntó con una sonrisa en los ojos. Él, que normalmente vestía cualquier cosa que tuviera a mano, hoy llevaba una camisa y un chaleco que le daban un aire aristocrático. Aun así, entre su cabello revuelto y las mangas holgadas por no haberse abrochado bien los botones, seguía viéndose igual de rebelde.

En su mano sostenía la correa. La cuerda estaba unida al collar de perro que rodeaba el cuello de Enoch. A diferencia de Isaac, que estaba bien vestido, Enoch no solo gateaba a cuatro patas como un animal, sino que estaba completamente desnudo. El cuerpo del elfo, sin un solo hilo de ropa, estaba manchado con las marcas de sus encuentros sexuales previos. Además, una larga cola colgaba desde sus glúteos.

"Te saqué porque parecías agobiado, ¿por qué no respondes?".

Isaac frunció el ceño con descontento y volvió a tirar de la correa. Al sentir que el cuello se le cerraba, Enoch abandonó su intento de resistencia y soltó la respuesta que Isaac quería oír.

"¡Ugh! Me gusta. Gracias... amo".

Enoch tragó saliva tras forzar su agradecimiento. Aquella conducta, realizada únicamente para complacer al otro, terminaba de desmoronar el noble orgullo de un elfo. Pensó que ya no le quedaba nada más que cenizas de su dignidad, pero al sentir que aún le dolía el amor propio, Enoch se sintió extrañamente aliviado al notar que aún no se había degradado por completo a ser solo un familiar.

"No tienes que agradecer. Es lo normal entre amantes".

Solo entonces Isaac, con rostro satisfecho, volvió a caminar. La palabra 'amantes' que salió de su boca le resultó extremadamente molesta, pero en su estado de familiar, Enoch no podía replicar. Más bien, estaba demasiado agotado mentalmente como para rebelarse por cada detalle. Era una sensación de impotencia a la que se había acostumbrado sin darse cuenta.

Siguiendo a Isaac, Enoch gateó a cuatro patas mientras observaba los alrededores. El jardín de la mansión era bastante amplio en comparación con el tamaño de la casa, rodeado de árboles que impedían ver el interior desde fuera. Daba la sensación de un bosque, pero también de una prisión sin barrotes. Enoch miró los árboles por un momento, añorando el bosque donde nació y creció.

Entonces, el parloteo de los espíritus se escuchó más cerca. La razón por la que había espíritus allí era puramente por el poder mágico de Isaac. Los espíritus se sentían atraídos por el poder intenso. Además, la mansión estaba en un lugar remoto y cerca de la naturaleza, el sitio ideal para que se reunieran.

<¡Es la primera vez que veo un elfo! ¿Todos los elfos gatean como tú?>

<¡Mira eso! ¡Tiene cola!>

Al oír eso, Enoch apretó los glúteos por reflejo. Al hacerlo, sintió vívidamente el consolador insertado en su ano.

"¡Jut—!".

El consolador no tenía la forma común de un pene, sino que estaba formado por una serie de esferas ensartadas que estimulaban sus paredes internas con cada movimiento. Además, la cola sujeta al mango del consolador se mecía, rozando la parte posterior de sus muslos y provocando una sutil sensibilidad sexual.

Enoch se esforzó por no ser consciente de su parte trasera mientras seguía moviendo sus extremidades. La hierba se aplastaba bajo sus palmas y rodillas. Sabía que si se retrasaba aunque fuera un poco, el humor de Isaac podría torcerse.

<¡Elfo, elfo!>

<¿Será que no nos oye? ¡Es imposible!>

Los espíritus curioseaban con extrañeza. Pero Enoch bajó la mirada al suelo, evitando el contacto visual a propósito. Su orgullo no le permitía entablar una conversación con los espíritus en ese estado. Deseaba que lo ignoraran, pero los curiosos espíritus no dejaban de revolotear alrededor de ambos.

Isaac se sentó en una mesa de té dispuesta en un rincón del jardín. Sobre la mesa había un juego de té y postres sencillos, todo preparado de antemano por el gólem doméstico que trabajaba en la mansión.

Los gótems eran marionetas de los magos; dependiendo del objeto usado como medio, podían ser para combate, construcción o tareas domésticas. Especialmente en el caso de los domésticos, la capacidad del mago se reflejaba claramente en qué tan meticulosas podían ser tareas como la cocina.

"Tiene un aroma diferente al de la última vez".

Isaac olió el té y bebió un sorbo. No era de los que se quejaban por el sabor; mientras pudiera saciar su sed o llenar su estómago, comía lo que el gólem le trajera sin protestar.

"Enoch, ¿quieres una galleta?".

Isaac bajó la mirada hacia Enoch, que estaba sentado a sus pies, y le ofreció un trozo de galleta. Enoch frunció el ceño y apretó los labios. Un familiar no necesitaba comer, ya que se mantenía con el poder mágico del mago con el que tenía el contrato. Saber eso y aun así ofrecerle comida era como un juego de niños.

El trozo de galleta presionó entre los labios de Enoch. Era una insistencia implícita para que abriera la boca. Como Enoch seguía con los labios cerrados, el tatuaje rojo en su bajo vientre comenzó a brillar y sintió un hormigueo punzante en su útero.

"¡Huuuu…!".

Al sentir que su cuerpo se calentaba por sí solo, Enoch no tuvo más remedio que abrir la boca y aceptar la galleta. Ignorando cómo la punta del dedo de Isaac rozaba su labio inferior antes de apartarse, Enoch masticó. El dulzor del azúcar se extendió por su boca. El entrecejo de Enoch se frunció por un instante antes de volver a la normalidad.

"¿Qué tal? ¿Es de tu gusto?".

Isaac preguntó con los ojos brillantes. Ante eso, Enoch asintió levemente. Fuera o no de su gusto, lo importante era el humor de Isaac. Enoch sintió escalofríos al darse cuenta de cómo su cuerpo vigilaba instintivamente el estado de ánimo de su amo.

"Qué lindo eres".

Acto seguido, Isaac sonrió satisfecho y acarició la cabeza de Enoch. Ser tratado claramente como un perro hizo que Enoch sintiera una profunda vergüenza. Sus orejas alargadas se tiñeron de rojo rápidamente. Incluso la brisa que rozaba su cuerpo desnudo parecía burlarse de su situación.

Isaac pareció disfrutar de su hora del té por un momento, hasta que su expresión se volvió aburrida y dejó la taza.

"¿No te aburres estando así quieto?".

La mirada de Enoch vaciló con ansiedad, como si la pregunta de Isaac fuera una señal. Quería sacudir la cabeza, pero se contuvo y apretó los puños. Su única respuesta permitida era la aceptación. Solo pensar en negarse o decir que no hacía que el calor inundara su útero.

"Ugh, sí…".

Finalmente, Enoch respondió en voz baja. Como imaginaba, el paseo de hoy tampoco terminaría de forma tranquila. Su vientre hormigueaba entre el miedo y la expectación.

Sin perder tiempo, Isaac llamó al gólem y le ordenó traer un objeto. Enoch tragó saliva con nerviosismo, incapaz de adivinar qué sería.

Recordó la vez que le hizo aplicar un ungüento parecido a la miel en sus pezones y su pene. El recuerdo de los insectos atraídos por el aroma dulce mordiendo sus partes sensibles era aterrador. Ese día, Isaac había atormentado con especial saña sus pezones y su pene hinchados.

Poco después, la expresión de Enoch se tensó al ver el objeto que el gólem, con forma de peluche, le entregaba a Isaac. Era uno de los objetos que le habían causado la peor humillación poco después de convertirse en el familiar de Isaac.

"Ha pasado tiempo, ¿verdad? Me acordé de él y aproveché para modificarlo, así que te gustará más que antes".

Isaac parloteaba emocionado. Llevó el objeto hacia su pie y ajustó las correas. Sobre el empeine del zapato se erguía una columna con forma de pene. Su superficie estaba llena de protuberancias rugosas y desagradables.

<¿Qué es eso? ¡Qué forma más rara!>

<¡Yo sé qué es! Los animales sacan algo así y lo meten cuando se aparean.>

<¡Cielo santo! ¿Entonces el elfo va a aparearse ahora? ¿Con eso que tiene el zapato?>

Los espíritus observaban a Enoch soltando ruidos de sorpresa. Aquella mirada de curiosidad pura resultó más humillante que nunca, y el rostro de Enoch ardió.

"Anda, puedes restregar tu vagina aquí todo lo que quieras".

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Isaac adelantó el pie que tenía el consolador sujeto. Enoch seguía paralizado, simplemente mirando el objeto frente a él. Las palabras de Isaac significaban que debía comportarse como un perro en celo, montarse sobre ese pie y mover la cintura sobre el consolador.

'No quiero'.

Sin poder evitarlo, el rechazo brotó con fuerza en el corazón de Enoch. Inmediatamente, su útero comenzó a hervir con punzadas. Se encorvó y rodeó su bajo vientre con las manos.

"¡Ugh—!".

De pronto su respiración se agitó y su cuerpo se calentó en un instante. Intentó ser terco a pesar de saber que resistirse era inútil.

"No seas tímido, rápido".

Isaac movió el pie instándolo a empezar. Ver a Enoch tan avergonzado en el jardín despertaba su sadismo de forma natural. Aunque nadie pudiera verlos gracias a los árboles, Enoch intentaba cubrir su cuerpo de cualquier manera. Por eso, Isaac lo había sacado fuera completamente desnudo a propósito.

'¿Por qué Enoch se fija en otras cosas cuando está conmigo? Qué impertinente'.

La comisura de los labios de Isaac se torció. Su humor empezó a decaer. Le molestaba que Enoch añorara a su raza o su bosque natal siquiera por un momento. En la cabeza de Enoch solo debía existir él. Sus ojos amatista brillaron con un deseo de posesión absoluto. Solo tenía que hacer que se olvidara de ese bosque.

"Enoch, tienes que obedecerme".

"¡Ah-juuu…!".

Enoch soltó un gemido y tembló violentamente. El tatuaje rojo de su vientre brilló con intensidad, y una sensibilidad sexual punzante, como descargas eléctricas en su útero, floreció. El calor que subía desde lo más profundo de sus entrañas nubló su mente en un segundo. Acto seguido, el flujo comenzó a gotear desde su vagina y su ano.

'Quema, no quiero. El útero me punza. Semen... necesito recibir el semen...'.

Pronto, el cuerpo de Enoch se movió siguiendo su instinto. Enderezó el torso y gateó hacia el consolador que tenía enfrente. Se puso de rodillas y levantó los glúteos, alineando su orificio vaginal con la cabeza del consolador. En ese breve intervalo, su útero palpitaba de impaciencia.

Apurado, Enoch bajó la cintura. Su vagina, que había albergado el semen recibido por la mañana, se abrió de forma viscosa y comenzó a tragarse el consolador poco a poco.

"¡Uuuun! ¡Ah, ah…!".

Enoch puso los ojos en blanco cuando el placer se disparó al sentir las protuberancias raspando su carne interna. Su torso pareció inclinarse hacia atrás, pero sus manos forcejeantes se aferraron a los pantalones de Isaac para recuperar el equilibrio.

"Huuu—".

Enoch soltó un suspiro excitado y, de forma inconsciente, observó su propio agujero. Entre sus labios vaginales abiertos, el grueso consolador asomaba por la mitad. Cada vez que apretaba y relajaba la vagina sin querer, la sensación de las rugosidades presionando su carne era tan estimulante que su cintura daba pequeños saltos.

Colgado de la pierna de Isaac, bajó sus glúteos introduciendo el consolador centímetro a centímetro en su canal vaginal. El flujo que resbalaba por sus muslos goteaba sobre el zapato.

"¡Ugh!".

De repente, Enoch soltó un gemido agudo y se detuvo. Sintió que la cabeza del consolador estaba cerca de su cuello uterino. Tras haber obedecido a Isaac, su razón, que había vuelto débilmente, hizo sonar una alarma. Era un instinto de supervivencia nacido del miedo a no saber qué tan degradado terminaría una vez que el consolador penetrara su útero.

"Aún no lo has metido todo. Tus glúteos deben tocar el suelo por completo".

En ese momento, las manos de Isaac sujetaron los hombros de Enoch y presionaron hacia abajo con fuerza. Al ser obligado a sentarse, los glúteos de Enoch se pegaron al zapato y el consolador se clavó ¡pum! hasta la base en el interior de su vagina.

"¡Ahh—!".

Enoch se deshizo sin remedio y arqueó la espalda. Al ser presionado el útero por la cabeza del consolador, el semen que guardaba en su interior se agitó. Un placer vertiginoso tiñó su mente de blanco, destruyendo su razón en un instante. Sin pizca de vergüenza, el semen diluido brotó del pene del elfo, que estaba rígidamente erecto, manchando los pantalones de su amo.

"¿Te viniste justo después de que te clavaran el útero?".

Una risita escapó de Isaac. Cada vez que movía el pie de forma juguetona, el consolador golpeaba suavemente el cuello del útero. Enoch soltaba gemidos lastimeros sin saber qué hacer mientras se apoyaba en la pierna de Isaac. Incluso llegó a restregar su pecho y sus pezones erectos contra él. Su estado vulgar era idéntico al de un perro en celo colgado de la pierna de su dueño.

"Ahora, muévete tú solo, Enoch".

Isaac miró con adoración a Enoch, que se había derretido tras unos pocos movimientos de su pie. Definitivamente, su amante se veía mejor cuando estaba deshecho por el placer. Deseaba que se ensuciara y fuera conquistado de forma tan estrepitosa que ni se le ocurriera pensar en volver a su bosque natal.

Al oír la orden de Isaac, las pupilas nubladas de Enoch vacilaron sin rumbo. Podría pensarse que, habiéndose montado ya sobre el zapato y con el consolador dentro de su vagina, no habría motivo para dudar, pero había una diferencia crucial. Al ser forzado, podía usar la excusa de que no tuvo opción; pero si se movía por voluntad propia, sería como confesar que él también lo deseaba.

'Yo... yo soy un elfo... no es posible que quiera mover la cintura colgado de una pierna como un perro en celo...'.

Mientras su mente dudaba haciendo un último esfuerzo, su cuerpo ardiente no pudo esperar y comenzó a sacudir los glúteos poco a poco. Justo cuando estaba a punto de sucumbir al instinto...

<¿Viste eso? ¡Esa cosa tan grande entró entera en el agujero del elfo!>

<¡El elfo está haciendo ruidos raros!>

<¡El elfo se está apareando con lo que tiene el humano en el pie!>

"Ja-ak—".

Enoch tomó aire y sus labios temblaron. Al ser consciente de nuevo de que los espíritus observaban toda su vulgaridad, se detuvo en seco.

"Ugh no, no puedo hacerlo. Si el amo lo hace como recién…".

La voz de Enoch al suplicar era ansiosa. Sabía que si se negaba, su útero volvería a hervir, así que para evitarlo eligió el mal menor: dejar que Isaac siguiera moviendo el pie. Sinceramente, no era un juicio racional correcto, pero Enoch, acorralado, no tenía capacidad para pensar con claridad.

"¿Por qué? No es la primera vez. Estás tan excitado que goteas flujo hasta empapar el zapato, ¿qué dudas ahora? ¿Eh?".

Una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro de Isaac. Movió la punta del pie y golpeó suavemente el perineo de Enoch con la punta lustrosa del zapato.

"¡Jut…! ¡Ah…!".

Enoch dio un respingo sensible y, por instinto, apretó con fuerza ambos orificios. Al sentir la presencia del consolador por delante y por detrás, su cuerpo se calentó aún más. Exhaló un suspiro excitado mientras arrugaba la tela del pantalón que apretaba entre sus manos.

La mirada de Isaac recorrió la coronilla del elfo que se aferraba a su pierna. Aunque era obvio que Enoch intentaba usar sus artimañas para salirse con la suya, no se sentía molesto. Al contrario, el hecho de que de la boca de Enoch hubiera salido una petición directa tenía un significado enorme. Ver a su amante dejando de lado todo su orgullo para depender de él... ¿cómo no iba a parecerle adorable?

“No tengo remedio. Soy demasiado débil ante ti, Enoch. Te ayudaré un poco.”

Isaac agarró el cabello de Enoch con fuerza, como si cediera a regañadientes. La cabeza del elfo fue echada hacia atrás bruscamente, revelando un rostro empapado en placer. El enrojecimiento de sus ojos y mejillas delataba una excitación imposible de ocultar. Aquel semblante, que en el pasado fue tan frío y ascético, se había transformado ahora en algo infinitamente obsceno. Esa visión hizo que la entrepierna de Isaac se tensara dolorosamente.

Pronto, sus miradas se cruzaron. Enoch detectó el peligro, pero no pudo apartar la vista. Era como si sus ojos estuvieran encadenados a las pupilas amatistas de Isaac.

“¡Ah, no…!”

Enoch quiso gritar que no, que se detuviera, pero el conjuro de familiar grabado en su mente se activó mucho más rápido. La sensación de que su cerebro era amasado fue verdaderamente horrible. En un instante, sus pupilas se nublaron como si se apagara una luz, y de su boca entreabierta comenzó a chorrear saliva.

“Enoch, sé sincero. Ahora mismo te mueres de ganas de que te ensarte el pene. Quieres recibir semen en tu útero, ¿verdad?”

“Pene… sí, el pene es bueno. Quiero el semen.”

Enoch, bajo el lavado de cerebro del susurro de Isaac, respondió sumisamente. En ese momento, una lascivia indescriptible lo envolvió. De inmediato, mientras seguía mirando hacia arriba a Isaac, comenzó a mover la cintura frenéticamente. Como un perro en celo haciendo mounting, restregó su pene contra la espinilla de Isaac mientras embestía el consolador en su vagina sin dudarlo. Parecía un potro al que finalmente le hubieran soltado las riendas.

“¡Ah, ugh! ¡Ugh!”

Enoch soltaba gemidos melodiosos, entregando su cuerpo a la lujuria. Una vez que se le implantó el objetivo de ser penetrado por un pene, el parloteo de los espíritus que antes le molestaba se alejó hasta que dejó de escucharlo.

Isaac soltó el cabello de Enoch y una sombra de fatiga cruzó su rostro. Por muy familiar que fuera, controlar la mente de alguien con una inteligencia tan alta como la de un elfo requerería no solo una cantidad ingente de poder mágico, sino también un control extremadamente delicado. Sintió un gran agotamiento tras haber exprimido su magia, que estaba tan seca como el lecho de un río en sequía por mantener el contrato de familiar.

Sin embargo, no se arrepentía. Las comisuras de sus labios se elevaron en una sonrisa burlona. No apartó la vista de Enoch, que sacudía la cintura de forma vulgar colgado de su pierna.

“¡Ah! Es bueno, más, más…!”

Enoch movía los glúteos desesperadamente, esforzándose por hacer que el consolador alcanzara su útero. La cola se agitaba violentamente siguiendo sus movimientos. ¡Plop, plop! El sonido viscoso resonaba continuamente, y el flujo salpicaba en todas direcciones.

“¡Ah! Me vengo, me vengo…!”

Entonces, cuando la cabeza del consolador golpeó el cuello del útero, Enoch puso los ojos en blanco y se deshizo. El placer de un clímax intenso tiñó su mente. Al arquear el pecho hacia atrás, se hicieron evidentes sus pezones rígidamente hinchados y su bajo vientre abultado por el contorno del consolador.

“Ves qué bien se siente ser sincero. Pareces un perro en celo de verdad, Enoch. Te queda muy bien.”

Isaac miró de reojo el bajo de su pantalón, ensuciado por el semen de Enoch, y soltó una risita. Luego, extendió la mano para acariciar la cabeza de Enoch y rascarle suavemente bajo la barbilla. Enoch tembló sutilmente con los ojos entornados, como si disfrutara de ser tratado como un perro.

Pronto, sus nublados ojos verdes se fijaron de forma descarada en la entrepierna de Isaac. Enoch tragó saliva con rostro ausente, como si imaginara lo extasiante que sería que el pene dentro de esos pantalones perforara su interior. Siguiendo a su dueño, su útero ansioso comenzó a latir con fuerza.

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Al notar la mirada de Enoch suplicando por semen, Isaac adelantó su entrepierna con ostentación. El bulto era tan grande que parecía que el pantalón iba a rasgarse, resultando imponente.

“Ladra como un perro, guau, guau. Si lo haces, te daré el semen que tanto quieres.”

Isaac habló con malicia mientras jugaba con la oreja de Enoch. Sus dedos ásperos recorrieron el pabellón auditivo y tiraron bruscamente del piercing. Incluso eso, más que dolerle, resultó estimulante, por lo que Enoch soltó un pequeño gemido.

Que le pidieran ladrar como un perro... si el Enoch de la época en que era un noble elfo lo hubiera escuchado, habría tensado su arco de inmediato. Pero, ¿qué hay de ahora? El familiar Enoch, sentado vulgarmente sobre el zapato con la vagina pegada a él, estaba cegado por el deseo de semen y no conocía la vergüenza.

“¡Guau, guau…!”

Enoch ladró mientras miraba ansiosamente a Isaac. En su rostro solo se reflejaba el deseo puro de recibir semen.

“A partir de ahora, cuando te presente, en lugar de elfo, podría decir que eres un perro. Un elfo en celo o un perro, al final es lo mismo.”

Isaac sonrió complacido. Tendría que mandarle a hacer un collar nuevo. Observó el collar de perro que Enoch llevaba puesto y pensó que debía añadirle una placa de identificación. Grabar los datos de Enoch en el frente y su propio nombre en el reverso. Para que, dondequiera que fuera, todos supieran exactamente a quién pertenecía este elfo en celo.

Tras terminar de diseñar mentalmente el collar y la placa, Isaac se levantó. Se bajó los pantalones con una lentitud casi deliberada, disfrutando al máximo de la mirada excitada de Enoch que devoraba su pene.

Tan pronto como los pantalones cayeron, el pene, que había estado apretujado de forma incómoda, saltó hacia afuera levantando la cabeza. A pesar de haber descargado semen varias veces por la mañana, el monstruoso pene estaba tensamente hinchado sin rastro de debilidad. Al inhalar el fuerte aroma masculino que parecía haberse concentrado mientras estaba dentro del pantalón, Enoch se sintió mareado por un instante.

“Ahora que lo pienso, solo yo he tomado té. Enoch, ¿tienes sed?”

Isaac acarició su pene erecto. La columna de carne, con las venas marcadas de forma desagradable, estaba ardiendo de calor. Mirando aquel enorme pene, cuya forma difícilmente podría llamarse estética, Enoch sintió una sed insoportable. Ya fuera por su garganta o por su orificio inferior, estaba ansioso por recibir semen de inmediato.

“Amo, por favor, descargue su semen en mi agujero. Quiero comer semen.”

La súplica que escapó sin pasar por su cerebro fue cruda. Enoch, con un rostro que ni siquiera era consciente de lo que acababa de decir, movió los labios mirando el pene frente a él. Recordaba a un perro de caza entrenado que esperaba la autorización de su dueño frente a un bocadillo.

“¿Me estás rogando por semen? Enoch, de verdad eres demasiado lindo. Está bien, te pondré el pene en la boca, pero no uses las manos, solo chúpalo.”

Isaac, divertido, acercó su pene a la boca de Enoch. Apenas el glande rozó su labio inferior, Enoch engulló el pene apresuradamente. Abrió la garganta con bastante destreza para recibir la gruesa masa de carne profundamente, mientras lamía la columna de su pene una y otra vez con la lengua. El sabor repulsivo que llenaba su boca ahora le resultaba simplemente extasiante.

“¡Ah! ¡Ah!”

Acto seguido, Enoch comenzó a succionar el pene con fuerza moviendo la cabeza hacia adelante y hacia atrás. Chup, sss, chup. Sus delgados labios fruncidos apretaban la columna de carne, mientras la punta de su lengua puntiaguda recorría las venas marcadas sobre la piel. Aunque sus ojos lagrimeaban por la reacción fisiológica al sentir el glande golpear su úvula, no detuvo el movimiento de su cabeza. El líquido preseminal que bajaba por su garganta era dulce.

“¡Ah! Chupas como si estuvieras loco. ¿Tan rico es? Ah, mastúrbate apretando tus pechos con las manos. Eso es, así.”

Siguiendo las instrucciones de Isaac, Enoch subió las manos a tientas y apretó sus propios pechos mientras mantenía el pene en la boca. Aunque apenas había carne que reunir en su pecho plano, aquello resultaba paradójicamente erótico. El ver cómo movía sus manos tratando de amasar ese poco de carne pectoral era sumamente excitante.

“¡Ah! ¡Ah…!”

Cuando sus dedos presionaron involuntariamente los pezones, un gemido dulce escapó de la garganta de Enoch. Esa vibración se transmitió íntegramente al pene de Isaac. Sintiendo que la necesidad de eyacular aumentaba, Isaac agarró el cabello de Enoch y comenzó a embestir su pene profundamente en su garganta.

“¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!”

Enoch se aferró a las piernas de Isaac mientras tragaba las arcadas con el rostro empapado en lágrimas. Sin importarle el dolor en la mandíbula, mantuvo la boca abierta al máximo esperando el semen que Isaac le daría.

Tac, tac. El pene entraba y salía rápidamente de la estrecha boca como si ganara velocidad. Los gruesos testículos se balanceaban golpeando continuamente la barbilla de Enoch. La piel se inflamó de rojo en un momento.

“Ahora, ¡Ah! voy a descargar. Bébete todo.”

Finalmente, Isaac tiró con fuerza del cabello de Enoch que tenía en la mano y clavó el glande profundamente en su garganta. Un líquido con olor a orín brotó con fuerza y fluyó por el esófago hacia su vientre.

“¡Huuu-uuu!”

Enoch abrió mucho los ojos y bebió tragando el líquido que golpeaba con fuerza su garganta. Sin embargo, el sabor que sentía en la lengua era extraño. No era el sabor espeso y viscoso característico del semen, sino que percibió un fuerte olor a orina. En ese instante, al darse cuenta de que el líquido que se disparaba en su boca era orina, Enoch forcejeó. Sintió unas náuseas insoportables.

“¿Te decepcionó que no fuera semen? Lo siento. Será porque tomé una taza de té, pero de repente me dieron ganas de orinar.”

Isaac presionó a Enoch para que no pudiera levantar la cabeza. Enoch, con la cara hundida en su entrepierna, agitó el cuerpo desesperadamente, pero no tenía fuerzas para escapar. Al final, no tuvo más remedio que tragarse toda la orina que se colaba por su garganta.

Solo después de descargar hasta la última gota de orina, Isaac soltó la cabeza de Enoch. En cuanto la mano que sujetaba su cabello se apartó, Enoch se tapó la boca y se desplomó de lado. Al caer su cuerpo del zapato, el consolador que estaba clavado en su vagina también se salió.

“¡Huuu… uup…!”

Enoch jadeaba sin saber qué hacer por las náuseas. El olor a orina impregnaba su boca. Deseaba con toda su alma vomitarlo todo, pero no se atrevía por miedo a las consecuencias. Resultaba aterrador verse vigilando el humor de un humano para no molestarlo. En ese estado, mientras contenía a duras penas las náuseas, su mente, que había estado sumergida en el conjuro de lavado de cerebro, regresó débilmente.

‘Qué asco, qué asco. Quiero escapar.’

Enoch, que forcejeaba, gateó poco a poco. Sin embargo, no llegó lejos antes de colapsar por las náuseas. Se apretó el pecho con sentimiento de desgracia. En medio de esto, le horrorizaba el hecho de que incluso el roce de la hierba contra su piel fuera estimulante y calentara su cuerpo.

“Esta vez no será orina, te haré comer mucho semen. De verdad.”

Isaac prometió mientras recorría con la mirada el trasero de Enoch con ojos brillantes. De inmediato, apartó de una patada el consolador que le estorbaba y se acercó a Enoch a grandes zancadas.

“Posición de apareamiento. Ah, no. ¿Dijiste que los perros muestran la barriga cuando se someten?”

Isaac frunció levemente el ceño, dudoso, y luego lo relajó. Que los perros realmente mostraran la barriga o no era un hecho que no importaba mucho. Si obligar a Enoch a ponerse en esa posición servía para humillarlo, había razones más que suficientes para hacerlo.

“Enoch, panza arriba.”

Isaac ordenó mientras se relamía. Al oír eso, los hombros de Enoch se estremecieron. En el momento en que la palabra ‘posición de apareamiento’ salió de la boca de Isaac, su corazón se hundió por completo.

“ugh.”

Enoch tragó su llanto y movió sus extremidades con dificultad. Siguiendo la orden, comenzó a adoptar la posición. Se giró para acostarse mirando al cielo y, cuando estaba a punto de abrir las piernas de forma natural, se quedó paralizado al encontrarse con la deslummerante luz del sol. De repente, le golpeó el impacto de ser consciente de que estaba a punto de aparearse con un humano al aire libre, a plena luz del día.

<¡Parece que el elfo va a aparearse ahora con el humano!>

<¡Vaya! ¡Vamos a llamar a los demás también!>

<¡Los elfos son iguales a las bestias cuando se aparean! ¡Qué curioso!>

Ante las voces de los espíritus que se escuchaban de nuevo, Enoch contuvo el aliento. Las puntas de sus dedos se enfriaron. Habría sido mejor que su conciencia no regresara; la vergüenza le invadió como una marea.

“Adentro, por favor, entremos….”

La voz de Enoch al suplicar temblaba miserablemente. No podía soportar la sensación de que todo el entorno natural, incluyendo el cielo despejado y los árboles que lo rodeaban, lo estuviera observando. Cerró las piernas, cubriendo su pene que estaba erecto a pesar de todo y sin conocer la vergüenza. Aunque no era algo que él hubiera deseado, la culpa se disparó. Deseaba esconderse, incluso si eso significaba volver a entrar en la terrible mansión.

“¿Por qué? ¿Hay algo que te sigue molestando?”

La sonrisa desapareció del rostro de Isaac. ¿En quién más estás pensando aparte de mí? Solo debes mirarme a mí, concentrarte en mí. Sus ojos amatistas ardieron como si su deseo de posesión estuviera hirviendo. Finalmente, su humor se torció del todo y estalló en ira.

“Estando con tu amante y distraído con otras cosas… Enoch necesita un castigo.”

Isaac habló en voz baja. El ambiente alrededor se volvió gélido. Enoch se dio cuenta de su error, pero ya era demasiado tarde para congraciarse.

“Abre las piernas.”

Isaac se arremangó y cerró y abrió su mano izquierda en un puño. Al adivinar qué tipo de castigo iba a recibir, el rostro de Enoch se puso pálido como el de un muerto.

“Me equivoqué. En el futuro no lo haré más, así que por favor….”

“Sí, si te equivocaste, debes ser castigado. Te dije que abras las piernas.”

Isaac ordenó con calma. Era la última oportunidad. Si no obedecía esta vez, él mismo se encargaría de abrirlas, y entonces la situación se volvería incontrolable. Tal vez no terminaría solo con un castigo en el jardín. El terror grabado en su mente basándose en experiencias pasadas hizo que las extremidades de Enoch se movieran.

“ugh.”

Sus manos temblorosas sujetaron la parte posterior de sus rodillas y abrió las piernas hacia ambos lados como una rana. Al hacerlo, quedaron totalmente expuestas sus partes íntimas: su pene medio caído por el miedo en contraste con su vagina, que palpitaba con avidez, y sus glúteos de los que colgaba la larga cola. Aquella estampa era idéntica a la de un perro que muestra la barriga por puro miedo.

“Si al final ibas a mostrar la barriga de todos modos, ¿para qué dijiste esa tonería de entrar? Si no fuera por esas palabras, habríamos podido aparearnos con buen ambiente, pero lo arruinaste todo.”

Isaac se situó entre las piernas de Enoch y apretó con fuerza sus muslos antes de soltarlos. Las leves marcas de sus manos sobre la piel blanca estimularon su lujuria y despertaron su sadismo al máximo.

‘Me pone muchísimo. Quiero destrozarlo por completo.’

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Excitado, Isaac sacó la lengua y se humedeció los labios. Ver a Enoch asustado era el afrodisíaco más potente. Se esforzó por contener el impulso de clavarle el pene de inmediato; como dueño y amante, tenía la responsabilidad de corregir los malos hábitos de Enoch para que no empeoraran.

Seguro que el amor devoto es algo como esto. Absorto en su propio narcisismo, Isaac contuvo la risa que amenazaba con salir. Entonces, agarró sin contemplaciones la cola que sobresalía de los glúteos de Enoch y tiró de ella con fuerza. Siguiendo la tensión de la cola, el consolador que estaba clavado en el interior de su ano comenzó a ser arrastrado hacia afuera.

¡Plop!, con un sonido viscoso, el ano comenzó a abrirse gradualmente y la esfera reluciente asomó un poco. A medida que la bola era arrastrada hacia afuera, el ano se dilataba por completo.

“¡Ah…!”

Enoch soltó un gemido y arqueó la cintura. La curva suave de la esfera presionaba sus paredes internas, dilatando al máximo la salida, y la sensación de evacuación al salir por la estrecha abertura con un ¡pop! trajo consigo una excitación extraña. Sintió que su pene, que se había desinflado, volvía a ponerse erecto.

Tener una erección mientras evacuaba algo... era lo peor. Ni siquiera una bestia haría algo así. Enoch se mordió los labios por el autodesprecio y se esforzó por ignorar las sensaciones de abajo. Sin embargo, en cuanto sintió que la siguiente bola empujaba y salía a la fuerza por su ano, se derrumbó sin remedio.

“¡Ugh! ¡Aaah…!”

Cuando la esfera que estaba atorada en el orificio fue arrancada, una sensación de alivio indescriptible tiñó su mente, haciendo que Enoch encogiera los dedos de los pies involuntariamente. Finalmente, ¡pop!, tras salir la última bola por completo, su ano dilatado no dejaba de palpitar. Era como si suplicara que volvieran a llenar el vacío de su interior.

“¿Que tu ano palpite es la forma de seducción de los elfos? Está desesperado por que lo ensarte.”

Isaac se burló maliciosamente de Enoch al ver su ano. Disfrutó viendo cómo Enoch no podía decir nada y se sonrojaba, mientras observaba el consolador que tenía en la mano. El cuerpo formado por varias esferas estaba totalmente reluciente. Su ano soltaba flujo poco a poco, como si estuviera salivando al tener el pene y el consolador frente a sus ojos.

‘Qué desperdicio habría sido dejar que este agujero trasero tan lujurioso se pudriera toda la vida. Definitivamente, que nos hayamos conocido es el destino.’

Isaac se sintió satisfecho. El ano de Enoch no siempre se humedecía por sí solo. Al principio estaba extremadamente seco y no se humedecía en absoluto, por lo que ni siquiera podía meterle el pene bien. El dolor era mayor que el placer, pero Isaac no dejó de intentarlo para amar por igual la vagina y el ano de Enoch. El ano, que recibió todo su afecto, se transformó con el tiempo en un agujero obsceno que chorreaba flujo igual que una vagina. Era, literalmente, el fruto de su amor y esfuerzo.

“¡Ah!”

Enoch, que jadeaba pesadamente, se tensó al sentir de repente el hueso de un puño presionando con fuerza su perineo. Sus dos orificios, presa del pánico, se contrajeron al máximo.

“¿A qué agujero debería castigar? ¿A la vagina? ¿O al ano?”

El puño de Isaac presionó firmemente sobre la vagina y luego descendió despacio para tocar el ano. Cuando el aterrorizado Enoch contuvo el aliento, los latidos de su corazón, que martilleaban con violencia, parecieron resonar por todo su cuerpo. Debido a la fuerza que aplicó involuntariamente, sus abdominales bien definidos se marcaron con claridad en su vientre bajo.

Mientras los nudillos prominentes rozaban el perineo y pinchaban alternadamente la vagina y el ano como si lo estuvieran tanteando, las nalgas de Enoch temblaban espasmódicamente. Las puntas de sus dedos, que sujetaban la parte posterior de sus rodillas, estaban blancas, delatando lo tenso que se encontraba.

“Uju… por favor, perdóneme solo por esta vez. Haré todo lo que el amo me ordene, r-recibiré bien el pene… por favor….”

Enoch suplicó servilmente entre sollozos. Ante el puño que amenazaba con atravesar su agujero, la autoestima del elfo se desmoronó sin dejar rastro. Ya no le importaban las miradas de los espíritus que tanto le habían molestado hasta hace un momento. Con tal de evitar el castigo, estaba tan desesperado que incluso se sentiría dichoso de montar el pene de Isaac y aparearse de inmediato.

Isaac, que lo observaba con una mirada densa, como si lamiera la figura lastimosa de Enoch desesperado por el miedo, abrió la boca.

“Habría sido mejor si lo hicieras desde el principio. Reflexiona profundamente mientras recibes el castigo esta vez. ¿Entendido?”

Aquellas palabras hundieron a Enoch en el abismo de la desesperación. Antes de que pudiera volver a rogar, sintió el puño contra su ano. Para recibir el puño que se abría paso brutalmente, los pliegues del ano se estiraron por completo y el flujo comenzó a brotar de las paredes internas uno tras otro.

Sss-up. A medida que el ano, dilatado con esfuerzo, engullía el puño, un terror extremo asfixió a Enoch. En el instante en que su vientre bajo, antes hundido, se abultó siguiendo la forma del puño, Enoch puso los ojos en blanco y gritó.

“¡Ah! ¡Me va a explotar la barriga, va a explotar…! ¡Por favor, deténgase…!”

“Si todos los días te tragas mi pene, ¿a qué viene tanta exageración por un simple puño?”

Isaac se tragó las palabras de que le parecía lindo que estaban a punto de salir de su boca y empujó el puño con más audacia. Ante la presión de los nudillos que aplastaban y empujaban las paredes internas, Enoch emitió sonidos de asfixia y sus muslos temblaron violentamente.

“Mira esto, si tu ano está apretando con gusto. Incluso cabría todo el antebrazo.”

Los ojos de Isaac se curvaron con satisfacción. Disfrutó plenamente de la presión de las paredes internas que envolvían su puño. Estaba caliente y era acogedor. Sintió un fuerte impulso de terminar pronto el castigo para clavarle el pene en el agujero.

¡Paj! El puño, que había salido y vuelto a entrar en el ano, golpeó la entrada del colon. Cuando un placer y un dolor indescriptibles tiñeron su mente de blanco, Enoch se retorció perdiendo el sentido.

“¡Ahhh…!”

La presencia del puño dentro de sus entrañas era nítida. No podía recuperar la cordura, como si su cerebro también hubiera sido golpeado. El puño de Isaac golpeó la entrada del colon un par de veces más y luego retrocedió.

“A partir de ahora, ladra como un perro cada vez que entre el puño.”

Ordenó Isaac mientras movía sin vacilar el puño insertado en el ano de Enoch para golpear la entrada del colon. ¡Paj! ¡Paj! Debido al impacto de los golpes sucesivos contra sus entrañas, Enoch no pudo entender la orden de Isaac y se deshizo. Al ver eso, Isaac le dio un fuerte azote en las nalgas. ¡Planch!

“¡Ahhh!”

“Te dije que ladres. ¿Vas a desobedecer? ¿Acaso quieres que te siga castigando?”

¡Paj, paj! Los puñetazos contra la entrada del colon continuaron, presionando a Enoch sin piedad. Al recibir en todo su cuerpo un placer excesivamente violento y cruel, Enoch terminó rindiéndose.

“¡Ji-it! ¡Ja-ut! ¡Guau…!”

Mientras las lágrimas caían de los ojos de Enoch, que estaban en blanco y hacia atrás, los ladridos de perro brotaron de sus labios entreabiertos.

“¡Ah, guau! ¡Gua-au! ¡Gua!”

Siguiendo el ritmo de los puñetazos que entraban y salían de su ano, el elfo ladraba continuamente como un perro con voz entrecortada por los gemidos. Su pene erecto, tan pegado a su vientre que este se abultaba repetidamente, se balanceaba de forma vergonzosa. De su vagina palpitante, el flujo salía disparado en ráfagas una y otra vez. Era una estampa tan vulgar que resultaba increíble que en el pasado hubiera sido un ser noble que nunca había sentido lujuria.

“Enoch, debes de ser el único elfo en el mundo que ladra como un perro. Me pregunto qué dirían los otros elfos si vieran cómo estás ahora.”

Isaac, cuyo humor se había despejado por completo, soltó una risa alegre. En su mente se dibujaba vívidamente la imagen de los elfos horrorizados. Sin embargo, estaba seguro de que ellos también se transformarían como Enoch una vez que descubrieran el verdadero amor y la lujuria.

“¡Guau…! Ah, parece que me voy a…! ¡Ah, por favor-.”

Enoch, que aullaba medio inconsciente por los puñetazos contra la entrada del colon, de repente apretó el ano con fuerza. Fue debido a que sintió ganas de orinar. Su vientre bajo se tensó hasta hundirse y el orificio de la uretra palpitó. Al observar con atención su reacción, Isaac pareció notar algo y arqueó las cejas con malicia.

“Ah, ¿te vas a orinar encima? Te dije que ladraras como un perro, ¿y de verdad te has convertido en uno? Qué divertido. Está bien, puedes orinar.”

El puño de Isaac cambió ligeramente de trayectoria y comenzó a machacar la próstata. Frotó sin miramientos ese punto abultado como si quisiera aplastarlo. Era un ataque con el puño que claramente tenía la intención de presionar la vejiga.

“¡Ahh! ¡Gua-au, guau! Jut, no, es sucio, es sucio-.”

Enoch sollozó y sacudió la cabeza. A pesar de estar a punto de volverse loco por la sensibilidad sexual incontrolable, luchaba por mantener el último rastro de dignidad como ser inteligente. De nada servía; en su estado actual, tumbado panza arriba con las piernas abiertas y un puño clavado entre sus nalgas, resultaba patético.

“Te acabo de decir que orines. Siendo un perro, ¿por qué te pones a cuestionar si es sucio o no?”

Cada vez que Isaac pronunciaba una palabra, clavaba el puño en el ano de Enoch sin dudarlo. ¡Paj, paj! Ante los golpes contra la entrada del colon, su vientre se elevó peligrosamente como si el puño fuera a atravesar su piel. Parecía que algo iba a salir mal, ya fuera que su barriga o su vejiga explotaran. La mente de Enoch, acorralada, se apagó en blanco por un instante. Y entonces, un chorro de agua amarilla brotó con fuerza de su uretra.

“¡Ahh! ¡Aaah, ah…!”

Enoch soltó un gemido melodioso y arqueó la cintura. Un clímax intenso recorrió todo su cuerpo. Su pene se sacudía de arriba abajo rociando orina por todas partes como si fuera un aspersor. Era un espectáculo sin igual.

“Te meto el puño por el ano y te pones tan feliz que hasta te orinas. ¿Eh? Al final, más que un castigo, parece que te he dado un premio.”

A pesar de recibir salpicaduras de orina estando justo al lado, Isaac no paraba de reír. Disfrutó del éxtasis que le provocaba ver a Enoch desmoronado mientras se orinaba encima. Pensando que definitivamente había hecho bien en castigarlo, finalmente sacó despacio el puño que tenía insertado en el ano de Enoch. Las paredes internas se pegaron a su mano mientras retrocedía, como si no quisieran soltarla.

Cuando Isaac sacudió ligeramente la muñeca para desprender las paredes internas pegadas a su puño, Enoch sollozó y su cuerpo tembló violentamente. La carne interna enrojecida que quedó expuesta sobresalía del ano y no mostró intenciones de volver a entrar durante un buen rato. Isaac se sintió aún más satisfecho al ver que aquello parecía el capullo de una flor.

“Juu….”

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La cabeza de Enoch, totalmente exhausto, cayó hacia un lado. Su cuerpo tendido se estremecía intermitentemente. Su mirada fija observaba distraídamente los árboles que rodeaban el jardín. Las hojas que se mecían con el viento parecían hacerle señas.

‘Ah, si tan solo pudiera volver al bosque….’

En un estado en el que su mente era prácticamente papilla debido al exceso de sensibilidad sexual, Enoch recordó con ansias el bosque de su hogar. Añoraba la vida pacífica y el orgullo que sentía al proteger el bosque junto a su gente. Aunque su cuerpo se había ensuciado de forma irreparable, creía que si regresaba al regazo del bosque, la naturaleza, como una madre, no lo abandonaría. Era el último soporte que mantenía su cordura en medio de los actos horribles que se repetían día tras día.

<¡Mira cómo se ha empapado de orina! ¡Qué asco!>

<¿Cómo puede caber un puño en el trasero? ¡Qué curioso! ¡Es divertido!>

<¡Ya me aburrí de ver cómo se aparean! ¡Vámonos a otro lado!>

Las voces de los espíritus que escuchaba se fueron desvaneciendo poco a poco. Inconscientemente, Enoch siguió el rastro de los espíritus que se alejaban. Entonces, como si de repente hubiera tenido una revelación, abrió mucho sus ojos verdes.

La mente de Enoch, que estaba empapada de placer, despertó de golpe y comenzó a trabajar a toda velocidad. No sabía dónde estaba este lugar, pero si lograba salir de la casa y obtener la ayuda de los espíritus, volver al bosque no era algo imposible.

A diferencia de un contrato de familiar normal, el conjuro que Isaac le había impuesto a Enoch solo se mantenía si se inyectaba poder mágico constantemente. Es decir, cuanto más se alejara de Isaac, más débil sería la fuerza de restricción del conjuro. Si lograba distanciarse lo máximo posible y escapar para llegar al bosque de alguna manera…. De repente, el corazón de Enoch latió con fuerza cargado de esperanza.

El problema era que, desde que entró en esta mansión, a menudo salía al jardín, pero nunca había cruzado la puerta principal. Por su personalidad, Isaac vivía prácticamente pegado a su dormitorio y a su laboratorio, y si acaso salía, lo hacía solo y regresaba lo más rápido posible.

‘Tengo que crear una oportunidad para salir. Para eso….’

Enoch tragó saliva y su mirada se fijó en Isaac. Al ver al hombre que sonreía con el pene erecto mientras observaba su cuerpo cubierto de orina y otros líquidos sucios, le pareció un auténtico loco. Sintió escalofríos. Pero para llevar a cabo su plan, tenía que seguirle la corriente a ese mago loco, hacerle creer que estaba completamente subordinado como familiar para que bajara la guardia y entonces buscar una oportunidad.

Finalmente, Enoch cerró los ojos sintiendo un cansancio extremo. Estaba tan agotado, tanto mental como físicamente, que no podía seguir pensando.

“Como te has ensuciado con la orina, dejaremos el paseo por ahora. Entremos a bañarnos juntos, Enoch.”

Isaac tarareó una canción mientras tomaba el cuerpo de Enoch en brazos. Tambaleó un momento por el peso, pero pronto recuperó el equilibrio y comenzó a caminar. Las piernas de Enoch, que sobresalían de sus brazos, se mecían colgando y el líquido acumulado en las puntas de sus pies goteaba hacia el suelo.

De ese modo, la mansión en la que entraron ambos solo lucía tranquila, como si fingiera inocencia igual que siempre.