3. Darling (1) y (2)

 


3. Darling (1)

Se-hwa yacía con la mejilla pegada a la mesa fría, contando perezosamente las botellas vacías con la mirada. ¿Cuándo se había quedado dormido? ¿Y cuánto había bebido? Aquel licor extranjero que decían que le gustaba al Brigadier... no, al General, y también el vino que había en casa.... Al mezclar de todo un poco, la pesada embriaguez se negaba a abandonarlo.

La poca sensatez que había recuperado al terminar sus compras impulsivas se evaporó por completo en cuanto vio la vitrina donde Ki Tae-jeong guardaba ordenadamente sus licores. Allí estaba, tal cual, el mismo alcohol que el Subteniente Kwon le había entregado hace un rato. Parecía que últimamente no lo bebía mucho, pues lo habían relegado al estante inferior, y eso le molestó aún más. ¿Para qué guardaba con tanto esmero un licor que ni siquiera consumía?

Se-hwa, que llevaba bajo el brazo una botella de vino que solía buscar de vez en cuando por su sabor dulce, hizo un puchero y sacó todas las botellas del licor en cuestión. 'Me pone de malas, así que me lo voy a beber todo hasta que no quede nada'. Como ya estaba algo entonado, por decirlo llanamente, no veía más allá de sus narices.

“Ugh...”.

No podía quedarse desparramado para siempre, así que intentó levantarse haciendo acopio de fuerzas en su cuerpo lánguido. Pero se desplomaba, volvía a tensar la cintura, y caía de nuevo.... Tras repetir el proceso varias veces, Se-hwa se rindió y volvió a desplomarse sobre la mesa. Sentía como si todos los músculos de su cuerpo se hubieran derretido, cual pastel de arroz tostado a fuego lento.

“¿Qué hora... es...?”

Quiso mirar el reloj moviendo solo los ojos, pero el agua helada que goteaba de la cubitera se había quedado atrapada en sus pestañas, impidiéndole abrir los ojos correctamente. Se quedó allí tumbado, respirando con dificultad, se quitó un trozo de cáscara de manzana que le colgaba de un diente y se frotó con la manga la comisura de los labios, húmeda por el jugo de la fruta. Aun así, el mareo no remitía, por lo que sacudió la cabeza de lado a lado rápidamente, solo para terminar aún más aturdido.

Sujetando una botella medio vacía, caminó tambaleante hacia la cama y sacó una de las medicinas de tratamiento para tragársela. Normalmente, solo las tomaba cuando era estrictamente necesario y tras pasar por exámenes exhaustivos por insistencia de Ki Tae-jeong, pero....

“¿Qué más da?”.

Si había un hombre que se inyectaba por encima de la dosis normal sin consultarle, y encima lo hacía casi a diario, ¿qué problema había en que él tomara un poco de ese tratamiento suave cuya eficacia garantizaba el ejército?

Sin embargo, el H1 solo controlaba síntomas como el dolor de cabeza por la resaca o las náuseas, no era un fármaco para recuperar la sobriedad, por lo que Se-hwa repetía el ciclo de recobrar la conciencia a medias para volver a embriagarse. Su estómago se sentía bien, lo cual era de agradecer, pero en cuanto a su estado mental, el tratamiento era peor que no haber tomado nada. Al perder la sensación de estar borracho, creía que estaba bien y seguía bebiendo licores fuertes.

Se-hwa resopló inflando los labios y dio un golpecito con el índice a los enormes paquetes amontonados sobre la cama. Las cajas, apiladas de forma precaria, se derrumbaron ruidosamente, lo que le hizo asomar la cabeza hacia la sala por instinto.

“Ah, cierto, Hae-rim no está ahora...”.

Tenía que hacer un modelo para... no recordaba qué, algo relacionado con las prácticas de la academia para niños superdotados, así que su padre dijo que se quedaría con el niño por hoy. Se-hwa lo había olvidado por completo, a pesar de que eso fue lo que le dio la resolución de ponerse a beber.

“¡Ah!”.

Sintió una sed abrasadora, como si la garganta le ardiera, e intentó beber lo primero que encontró a mano, pero por accidente terminó derramando el alcohol sobre el edredón. Tuvo la suerte de que, al caer sobre algo blando, la botella no se rompió.

Se-hwa soltó un quejido, dejó la botella vacía sobre la mesa de noche y gateó sobre la cama para revisar la ropa de cama empapada de alcohol. Quizás fue porque el aroma alcohólico se dispersó por el aire, pero sentía que la embriaguez aumentaba.

'Tengo que quitar esto rápido, antes de que se moje también la sábana de abajo'. Con ese pensamiento, Se-hwa gateó de un lado a otro, pero se cansó enseguida. Al ser una cama hecha a medida según la altura, complexión y gustos de Ki Tae-jeong, era tan grande y pesada que resultaba difícil quitar las mantas uno solo.

Tras lograr doblar apenas una esquina, se quedó un rato tirado recobrando el aliento. Entonces, su mirada se dirigió a las cajas amontonadas en medio de la cama y volvió a acercarse gateando con esfuerzo. Su concentración era tan baja que se comportaba de forma más dispersa que Hae-rim, pero debido a la borrachera, Se-hwa ni siquiera era consciente de sus propios actos.

“...¿Habré comprado demasiado?”.

Aunque las compró con mucha valentía, cada caja tenía fotos horribles y vergonzosas impresas en grande, por lo que ni siquiera se atrevía a tocarlas.

Haber ido a comprar artículos para adultos... fue algo puramente impulsivo. Mientras ya estaba con los nervios de punta pensando que Ki Tae-jeong y ese tal Subteniente Kwon habían tenido algún tipo de historia en el pasado, oír que él se inyectaba y tomaba medicinas a su antojo le impidió seguir razonando con lógica.

Ki Tae-jeong parecía olvidarlo a menudo, pero él también era una persona temible. Había subido con uñas y dientes del Distrito 2 al 4, logrando convertirse en el administrador de un casino a una edad temprana; en aquel entonces, fumaba como un carretero y su boca no era precisamente limpia.

Simplemente había cambiado tras conocer a Ki Tae-jeong. Al principio porque quería sobrevivir, y después porque llegó a amarlo.... Por eso, elegir los comportamientos que a Ki Tae-jeong le gustarían se convirtió en un hábito, pero no era para nada la persona dócil y blanda que él creía.

***

—Esto, pero... señor. ¿Puedo preguntar para qué compra esto específicamente?

—Para hacer que el General se enoje.

—¿Hacer que se... enoje? ¿Al General?

—Sí.

Como no había instrucciones de impedirle comprar artículos para adultos, el Suboficial Choi, que lo había seguido confundido ante el ímpetu de Se-hwa, se frotó bajo la nariz con gesto perplejo.

—Pero... si lleva esto, ¿no cree que al General le va a gustar?

—...

—Creo que le va a gustar mucho, pero mucho, mucho más de lo que usted piensa...

***

'Es para protestar porque su superior lleva tiempo evitando la cama con su cónyuge, así que planeé usar su tarjeta para comprar artículos para adultos y hacerlo desconcertar cuando vea el nombre de la tienda en el historial de pagos. Es para alardear de que soy una persona que puede disfrutar perfectamente sola, sin necesidad de sexo...'.

Por muy cercano que fuera el edecán que servía a Ki Tae-jeong, no podía explicarle todo eso con tanto detalle. Así que Se-hwa mantuvo la boca cerrada como una ostra mientras llenaba el carrito. Si quería informar de sus movimientos, que lo hiciera. Deseando más bien que cada uno de sus pasos le fuera comunicado a Ki Tae-jeong, Se-hwa terminó sus compras con una rudeza sin precedentes.

No recordaba con exactitud cuánto dinero había gastado en la tienda, ni qué había comprado. Solo recordaba vagamente la cara de impresión del empleado, que incluso aplaudió al oírle decir: "Deme todo, desde aquí hasta allá". ¿Acaso dijo que era la primera vez que veía a alguien decir esa frase en la vida real...?

“Mmm...”.

Rodando sobre el edredón que olía a alcohol, Se-hwa intentaba recordar lo sucedido en la tienda. De pronto, estiró con agilidad su cuerpo encogido y, aprovechando el rebote del colchón, se sentó con las piernas cruzadas. Hasta el tiempo del suspiro que soltó a mitad de camino fue perfecto, digno de un gimnasta.

“Realmente compré un montón”.

Se le había olvidado qué era lo que iba a hacer antes de tumbarse, pero ya que trajo las cosas, pensó que sería bueno echarles un vistazo.

“¿O sea que esto... se mete por detrás?”.

Se-hwa ladeó la cabeza sosteniendo el juguete más común, uno con forma de vara. Por su aspecto, estaba claro que era para eso, pero la descripción de la etiqueta lo dejó pensativo. ¿Decía que este era un tamaño superior al promedio? ¿Acaso el promedio era así de pequeño...?

“¿Pero para qué gastar dinero en algo de este tamaño...?”.

Se-hwa balanceaba su cuerpo de lado a lado como un tentetieso mientras examinaba el dildo normal. Al presionar aquí y allá los botones de la base, descubrió que tenía función de vibración... pero si realmente necesitara un artículo para adultos, jamás compraría ese. Para sentirse bien, tendría que ser mucho más grueso y largo.

Tras años de recibir el pene de Ki Tae-jeong, que se salía de toda lógica y sentido común, Se-hwa ya no era capaz de medir lo que era normal. Sacudió la cabeza y arrojó lejos el dildo que decía ser más grande que el promedio.

“Huuum”.

Con la embriaguez a flor de piel, Se-hwa empezó a hablar de forma aniñada sin darse cuenta, como cuando trataba con Hae-rim, mientras abría los paquetes con torpeza. Lo que había dentro eran varias pinzas pequeñas y unas esferas redondas como guijarros.

“...¿Eh? Es un producto defectuoso”.

Se-hwa sujetó la esfera entre sus manos y estiró los brazos. Pensó que tal vez había visto mal, pero no. Al observar aquel objeto de forma indefinida —que no era ni un círculo perfecto como la luna llena ni un óvalo, sino algo más bien deforme—, se juró a sí mismo que mañana iría a pedir el reembolso sin falta. Es cierto que quería sacar de quicio a Ki Tae-jeong con el historial de compras, pero no a costa de pasar por un incauto al que estafan con facilidad.

Como solo había agarrado las cosas que parecían más populares, a excepción de esa "piedra" de identidad desconocida, el uso del resto se adivinaba fácilmente sin necesidad de leer las instrucciones. Un dildo con protuberancias rugosas, un falo artificial con venas marcadas como si fuera real, bombas de baño que convertían el agua de la tina en lubricante, una braga de encaje más pequeña que la palma de su mano, y….

“… ¿Cin…, turón de castidad?”.

Se-hwa ladeó la cabeza mientras leía las letras grandes impresas en el plástico que envolvía el objeto. ¿Él había comprado eso? Al principio intentó abrirlo con cuidado pensando en devolverlo, pero luego le dio pereza y, en un arranque de irritación, desgarró el plástico como un hámster escarbando entre virutas de madera.

“¿Qué es esto?”.

Tras despojarlo de varias capas de envoltorio, el objeto que finalmente apareció no era gran cosa comparado con su ostentoso empaque. Se parecía a la braga de encaje, pero si tuviera que buscar una diferencia, sería que la pieza de cuero destinada a cubrir la parte frontal tenía una forma un tanto peculiar. Estaba cortada en un cuadrado perfecto, como un trozo de tofu, y era bastante amplia; solo la parte delantera era casi del tamaño de la palma de Se-hwa.

Parecía demasiado tosco para ser lencería erótica. El candado, los trozos de tela extra y las correas quedaron como un misterio, pues Se-hwa perdió el interés rápidamente, arrojó el cinturón de castidad a un lado y volvió a desplomarse en la cama.

*Bzzzz.* El dildo que había encendido antes seguía vibrando sin descanso cerca de su oído. ¿Sería porque el colchón era de buena calidad? Cuando lo tenía en la mano, el zumbido le recordaba al de un insecto y le resultaba molesto, pero ahora se había convertido en una especie de ruido blanco. Era perfecto para quedarse abstraído, como cuando uno escucha la lluvia o el crepitar de una fogata.

'Por cierto, ya ha pasado bastante tiempo... ¿Vendrá el General a la residencia hoy?'.

Había oído que el entrenamiento se llevaría a cabo en el Distrito 2. La distancia hasta el Distrito 5 es considerable, pero Ki Tae-jeong es oficial y, para colmo, de la Fuerza Aérea. Es una de las personas en este país que más vive ignorando las limitaciones del espacio-tiempo, así que si no había regresado todavía... ¿habría surgido algún problema? O tal vez él mismo había buscado trabajo extra a propósito….

“Seguro ya vio todas las notificaciones… y no dice nada…”.

Ya ni siquiera estaba enojado, solo se sentía melancólico. Especialmente por lo del Subteniente Kwon. Lo de tomar medicamentos de forma imprudente era algo que, por supuesto, sentía que tenía derecho a reclamar. Pero… lo del Subteniente Kwon, ya fuera una aventura de una noche o un compañero de sexo en el pasado, ¿no era algo en lo que él no tenía jurisdicción? No es como si Ki Tae-jeong no estuviera durmiendo con él por estarle siendo infiel ahora….

Mientras rumiaba lo sucedido hace un rato, la aguja de sus pensamientos volvía siempre al punto de partida.

'Entonces, ¿por qué me siento tan mal?'.

'¿Es por darme cuenta de que no fui el primero?'.

Definitivamente no era eso. Él no era del tipo que le daba importancia a la virginidad, y sabía de sobra que Ki Tae-jeong no carecía de experiencia.

Además, estaba convencido de que era verdad que él nunca había tenido una relación seria con nadie antes. Si Ki Tae-jeong hubiera sido alguien capaz de amar a otro, si hubiera tenido una relación profunda aunque fuera una o dos veces, no les habría costado tanto trabajo unirse.

Desde que admitió sus sentimientos con honestidad, Ki Tae-jeong jamás había hecho que Se-hwa se sintiera inseguro. Aunque a menudo se desconcertaba por su forma de pensar tan propia de un militar, nunca llegó a sentirse triste por falta de amor. Se-hwa nunca se lo había dicho a Ki Tae-jeong, pero él era cariñoso de una forma un tanto violenta. Solo que a veces esa densidad y concentración de afecto resultaban asfixiantes…. Si Ki Tae-jeong hubiera tenido mucha experiencia en el noviazgo, y no solo en el sexo, su relación habría avanzado de forma mucho más rápida y sencilla.

En cualquier caso, nunca había tenido la sensación de que ese hombre no lo amara o que anduviera en cosas raras a sus espaldas. No había razón para prestar atención a las palabras de un pandillero que solo buscaba burlarse de él. ¿Por qué seguía sintiéndose tan absurdamente herido?

“… ¿Soy demasiado pequeño?”.

Tras quedarse sumido en sus pensamientos mientras movía las manos cerradas en puños, Se-hwa estiró los brazos hacia el techo ante esa repentina hipótesis. Tal vez el tipo ideal de Ki Tae-jeong era alguien como el Subteniente Kwon. Alto, de complexión sólida y ancha, con una impresión afilada y vil. …Aunque lo de "vil" fuera una apreciación personal añadida con despecho, era un hecho que el Subteniente Kwon era el tipo opuesto a él.

Incluso cuando se conocieron, ¿no le había manoseado el cuerpo diciendo que habría sido bueno que comiera bien y entrenara con ganas? Viendo que ahora está obsesionado con hacerlo subir de peso… sí. Parece que, originalmente, los cuerpos delgados como el suyo no eran de su preferencia.

“Pero el Subteniente Kwon es más que yo…”.

Se-hwa murmuraba distraído cuando, al darse cuenta de lo que estaba por decir, se dio un golpe en la boca. Al tirar de sus labios con el pulgar y el índice para sellarlos, su aliento caliente se derramó sobre el dorso de su mano. También el fuerte olor a alcohol que subía por sus fosas nasales.

Tras jadear pesadamente durante un buen rato, Se-hwa decidió finalmente admitir ese sentimiento ruin que había intentado ocultar.

'Esto es… celos'.

Hay momentos en los que los sentimientos se desbocan por su cuenta, incluso antes de que uno sea consciente de qué es exactamente lo que siente. Así fue cuando empezó a querer a Ki Tae-jeong, cuando él lo dejó ir en la playa, cuando pensó que no podría vivir sin él a pesar de todo… y ahora también es exactamente así.

Para no parecer alguien sin seguridad, se engañó a sí mismo en aquel momento, pero la realidad era que cada vez que el Subteniente Kwon mencionaba a Ki Tae-jeong, se le secaba la boca. Le costó mucho fingir que no pasaba nada cuando por dentro estaba que ardía de pura rabia.

Ya hubiera sido una vez, o varias, y aunque fuera algo del pasado… odiaba que el Subteniente Kwon fuera alguien que se había acostado con Ki Tae-jeong. Le dolía muchísimo que el antiguo amante supiera que a Ki Tae-jeong le gustaba hacerlo con varios o que prefería usar juguetes, mientras que él, su esposo, lo ignoraba por completo.

Y precisamente porque sabía racionalmente que no era motivo para sentirse decepcionado, se irritaba más consigo mismo. Ya no era un niño de veintiún años, ¿por qué era tan inmaduro?

Desde que empezaron a vivir juntos, nunca habían estado distanciados tanto tiempo. El hecho de que él hubiera abusado de los medicamentos por su cuenta fue el detonante de su descontento acumulado, es cierto. Pero el sentimiento perverso que ahora empujaba a Se-hwa hasta el límite era un celo cuyo objetivo ni siquiera estaba claro.

“… Qué calor”.

Tal vez por rumiar pensamientos negativos sin cesar mientras estaba bajo los efectos del alcohol y el fármaco desintoxicante, el calor no remitía. Se-hwa se levantó el borde de la camiseta para frotarse la frente y la cara, y finalmente, tras un gran forcejeo, se quitó los pantalones. Solo entonces se dio cuenta de que, queriendo secarse el sudor, se había quitado la prenda inferior en lugar de la superior.

“… hip”.

'¿De verdad estoy borracho?'. Tan pronto como lo pensó, le dio hipo.

“Algo de beber… algo, de be, ber…”.

¿Sería porque el hipo era tan fuerte que le retumbaba en la cabeza? Sintió sed y volvió a gatear hasta la mesa de noche para terminarse todo el alcohol que quedaba.

Se-hwa se presionó los párpados enrojecidos y se desplomó boca abajo en la cama. Enterró la cara en las mantas hasta que se le aplastó el puente de la nariz y parpadeó lentamente. El sonido de sus pestañas rozando el edredón y la vibración del zumbido le daban una extraña sensación de confort.

'Así se siente estar muy borracho…'. Ahora que lo pensaba, casi no había bebido desde que su constitución se volvió como la de una persona normal. A lo sumo, unos sorbos en su aniversario de bodas o en su cumpleaños. Como Ki Tae-jeong era extremadamente sensible con su salud y no parecía gustarle, naturalmente lo evitaba.

“Esto también es absurdo… hip, él bebe todos los días, ¿entonces por qué a mí…? ”.

Se sentía lánguido, como si estuviera a punto de dormirse, pero sus pensamientos se expandían sin control como manchas de pintura. Y la estación de destino era, inevitablemente, Ki Tae-jeong.

La persona que me ama, y a la que yo amo.

Mi esposo legal, con quien celebré mi boda.

La persona tan alta y corpulenta a la que Hae-rim llama "papá grande".

Un esposo malo que se pone serio y hasta evita el sexo solo porque le pregunté si no quería un segundo hijo….

“Sé que fumas… cuando trabajas…”.

No sabía qué trucos usaba para eliminar todo el rastro de olor a cigarrillo antes de llegar a casa, pero hace poco, cuando fue al cuartel de la Fuerza Aérea, vio un cenicero que aún no se había secado del todo. Por supuesto, también sabía que sus edecanes siempre llevaban los puros que a Ki Tae-jeong le gustaban. Estaba agradecido de que él intentara ni siquiera dar muestras de fumar frente a él, así que, sabiendo todo, fingía no saber nada.

Tsk, haciendo todas las cosas malas él solo…”.

En realidad, no era tan importante si Ki Tae-jeong bebía o fumaba. Por algo existía el término "productos de placer". Como era un hombre que no tenía más pasatiempo que hacer ejercicio y trabajar a diario, no tenía intención de detenerlo si liberaba el estrés de esa manera. Ahora, simplemente... como le tenía rabia, soltaba cualquier cosa.

Por cierto, el Subteniente Kwon... como también es militar, se habrán cruzado varias veces después de aquello, ¿verdad? ¿Se habrá acostado con otros militares aparte del Subteniente Kwon...? Era una pregunta sin sentido. Siendo el método más rápido y fácil de resolver el deseo sexual, era obvio que lo habría hecho.

Se-hwa infló las mejillas y soltó un gran suspiro. Con la cara enterrada en el edredón, sonó un fúuu, como el ruido que hacen los niños al jugar.

'No es bueno seguir pensando así. ¿Debería escribir el diario de hoy? Pero... hoy no hubo ni una sola cosa por la cual agradecer. Ni nada feliz…'.

Intentó gritar un ¡uaaa! contra la manta, pero su ánimo no mejoraba. Al contrario, el olor al licor que había derramado antes subió de golpe y solo le provocó más mareo. Tras forcejear un rato a solas, sintió una brisa fresca en sus piernas desnudas; se frotó una pantorrilla con el tobillo opuesto y soltó una risita tonta al ver lo gracioso que era su cuerpo: caliente por arriba y fresco por abajo.

“¿Qué es tan gracioso?”.

“… Naaada…”.

Como no podía abrir los ojos como quería, siguió rodando con la cara hundida en la ropa de cama. Cada vez que abría la boca, masticaba la tela del edredón. Sintiéndose como una cabra, dio un par de mordiscos a la manta, pero se cansó rápido y giró la cabeza bruscamente.

Con una mejilla aplastada contra la cama y soltando jadeos pesados, el sueño empezó a invadirlo. El dildo encendido seguía zumbando, la mano grande que le daba palmaditas en el muslo estaba cálida, y ese aroma punzante a perfume que parecía traer el viento del exterior….

“…… ¿Eh?”.

¿Eh…? ¿Por qué huele a perfume en lugar de alcohol?

“¡Ah…!”.

Sus ojos se abrieron de par en par por instinto. Se-hwa intentó levantarse de un salto, pero como su rodilla estaba pisando el borde de su camiseta, estuvo a punto de caerse de bruces.

“Lee Se-hwa”.

Afortunadamente, un toque familiar lo sostuvo, evitando que se rompiera la nariz. … No, espera. ¿Es fortuna o desgracia?

“Tú ahora…”.

Se-hwa, que se había quedado paralizado como si alguien hubiera presionado el botón de pausa, reaccionó tardíamente y se incorporó con un respingo.

“¿G-General? ¿Cuándo, cuándo llegó?”.

“… Cuando estabas gritando con la cara tapada por el edredón”.

“E-eso es…”.

¿Por qué rayos tenía que entrar justo en ese momento? Y si entró a casa, o al menos si abrió la puerta, podría haber hecho algún ruido. Se-hwa no se atrevió a regañarlo en voz alta y se dedicó a arreglar su apariencia, que debía de ser un desastre. Se limpió la saliva de la comisura de los labios y aplastó con nerviosismo los mechones de cabello que se levantaban como pelusa de diente de león. Sin embargo, a Ki Tae-jeong no parecía importarle nada de eso.

Haa…”.

Ki Tae-jeong, que tenía dedos largos, se presionó ambas sienes con una sola mano y luego se echó el flequillo hacia atrás. Su mirada ardiente recorrió los envoltorios de plástico desparramados por la cama, los diversos artículos para adultos, las botellas de licor en la mesa de noche y las piernas desnudas de Se-hwa.

Ah…. Se-hwa, que había estado inquieto por dentro mientras estaba boca abajo como un animal de cuatro patas, se dio cuenta recién entonces de que su apariencia desordenada no era el problema principal y se encogió un poco. No fue a propósito, pero al bajar las caderas hacia los talones, terminó en una postura de rodillas.

Con el semblante rígido, Ki Tae-jeong apartó una esquina del edredón y enrolló la parte que estaba empapada de alcohol. También apagó con facilidad el dildo que seguía zumbando. Al ver cómo Ki Tae-jeong encontraba el pequeño botón de la base al primer intento, la irritación volvió a brotar en Se-hwa.

Sin pensar en que desde su ángulo la forma del dildo se veía con todo detalle, volvió a rumiar las palabras del Subteniente Kwon. Su cerebro empapado en alcohol convirtió las insinuaciones vagas en certezas, y las suposiciones en hechos consumados.

“… Es por culpa del General”.

“¿Qué?”.

Se-hwa, que logró captar el flujo de su mirada con solo ver cómo su cuerpo se movía ligeramente, se sintió herido por el largo suspiro de Ki Tae-jeong y terminó levantando la voz.

Todo se arruinó. Había planeado este momento meticulosamente, incluso viendo videos y tomando notas, pero todo se fue al traste.

“¿Por qué no lo hacemos?”.

Aunque en su cabeza parpadeaba una señal de advertencia pidiéndole que cerrara la boca, sus palabras infantiles y sin filtrar salieron en tropel sin darle tiempo a detenerlas.

“¿Es porque dije que quería un segundo hijo que no quiere hacerlo últimamente? Está evitándolo por si llega a pasar algo, por si me quedo embarazado, ¿verdad?”.

“… Ahora mismo pareces estar bastante borracho, así que mañana, cuando se te pase…”.

“Antes simplemente lo hacías”.

Se-hwa se mordió los labios y levantó la cabeza con determinación. De repente, su postura sumisa de rodillas dejó de gustarle e intentó estirar las piernas, pero perdió el equilibrio y terminó cayendo de espaldas. Esta vez también, si Ki Tae-jeong no lo hubiera sostenido rápido, se habría golpeado contra el suelo.

“Espera. ¿Esto no es H1?”.

“…….”

“Lee Se-hwa, ¿bebiste y tomaste medicina?”.

“…….”

“¿Te volviste loco? ¿Cómo te atreves a tomar medicina así como así…?”.

“¡Sí! ¡La tomé! ¡¿Y qué?!”.

Le molestó un poco que su pronunciación fuera más cercana a un '¡Síi!' que a un '¡Sí!' por tener la lengua trabada, pero Ki Tae-jeong no pareció notarlo. Siendo el tipo de hombre que se habría burlado cien veces preguntándole por qué hablaba como un bebé, el hecho de que se quedara callado significaba que no se dio cuenta. O tal vez estaba tan sumido en otros pensamientos que ni siquiera prestó atención a eso….

“Primero vamos al hospital”.

“¡No quiero! ¡Ya me enteré de todo por mi padre!”.

“¿Por el General Oh Seon-ran? ¿De qué?”.

“¡De to-todo! ¡De absolutamente todo!”.

Ki Tae-jeong, que parecía estar considerando algo mientras movía la lengua por el interior de la mejilla, puso una expresión de desinfle, como si acabara de comprenderlo.

“Lo has malinterpretado”.

“…….”

“La vasectomía… no es que realmente fuera a hacérmela… es solo algo que le comenté al Capitán Na porque también tengo mis dudas…”.

“… ¿Cirugía?”.

Los ojos de Se-hwa se agrandaron tanto que parecía que se le iban a salir.

“¿Por qué…? ¿Dónde le duele…? Espere un momento”.

Espera, espera un momento. Su entrecejo pálido se tensó al máximo. Se-hwa, con el rostro lleno de confusión, ladeó la cabeza. ¿Vasectomía? Conozco esa palabra. Sé perfectamente lo que significa….

“¿Vasec… vasectomía, cirugía…?”.

Ah, ahora me acordaba. Eso….

“… ¿No era de esto de lo que hablaba?”.

Eso, lo de amarrar esa parte por completo para que, aunque tuvieran sexo sin medicinas ni preservativos, no hubiera bebés… El rostro de Se-hwa pasó de una palidez mortal a un rojo encendido en un instante. Sintió que la sangre le hervía, con una intensidad que no se comparaba en nada a la de hacía un momento.

“Se-hwa, por favor, trata de calmarte”.

Al darse cuenta tardíamente de su error, Ki Tae-jeong intentó sentarse a su lado para consolarlo, pero Se-hwa lo empujó sin contemplaciones. Se estremecía de pura indignación. ¿Cirugía? ¡¿Cirugía…?!

“¿No le bastó con ignorar las dosis de las medicinas e inyecciones… que ahora también pensaba operarse?”.

“Ah, la medicina…”.

Fue entonces cuando Ki Tae-jeong comprendió qué era lo que Se-hwa había escuchado del General Oh Seon-ran y tragó saliva ruidosamente.

“Bueno, eso es…”.

“¡Cállate!”.

Sintió un picor punzante en la nariz y Se-hwa se cubrió el rostro con la manga. Aunque la tela era fina y dejaba ver el rastro de sus lágrimas, él se esforzó por contener aquel llanto que no brotaba hacía mucho tiempo.

“Usted… me dijo que se le helaba la sangre, hip, de solo imaginarme en una mesa de operaciones…”.

Había planeado comprar un licor decente, aunque no fuera caro, para crear ambiente y llevar la conversación de forma madura. Había practicado varias veces, leyendo libros y viendo videos… pero nada de eso importaba ahora. Este hombre estaba investigando métodos quirúrgicos sin decirle una palabra….

“Lee Se-hwa”.

“¡¿Por qué sigue llamándome as…?! ¡Ay!”.

Le irritaba que pronunciara su nombre como si estuviera apaciguando a un niño, así que intentó levantar la cabeza para protestar, pero terminó dándole un cabezazo en la mejilla a Ki Tae-jeong, que se había acercado demasiado. Claramente fue él quien arremetió, ¿pero por qué sentía que solo a él le dolía? Se-hwa se frotó la frente dolorida mientras sorbía por la nariz.

“Quédate quieto. Ya de por sí te caes con facilidad…”.

Ki Tae-jeong sujetó con firmeza los hombros de Se-hwa y lo obligó a sostenerle la mirada. Lo hizo de forma tan persistente y directa que incluso Se-hwa, que esquivaba la vista por la pena y la humillación, se dio por vencido.

“Cuando dijiste que querías un segundo hijo, yo también le di muchas vueltas al asunto. Cambiaba de opinión varias veces al día”.

Con el dedo índice doblado, Ki Tae-jeong le secó con delicadeza las lágrimas acumuladas. Se-hwa, sintiéndose extrañamente cohibido, solo protestaba por dentro. '¿Cree que porque me mira así voy a decir "ah, bueno" y perdonarlo?'.

“Le pregunté a la Capitána Na cómo sería mejor planificar un embarazo, y también le pregunté si el método anticonceptivo que estaba usando era el correcto… Pero luego, al pensar en tu salud, sentía que era algo que no debía permitir bajo ninguna circunstancia, y por eso surgió el tema de si no sería mejor que yo me hiciera el procedimiento. Solo fue eso”.

Se-hwa, que jadeaba pesadamente con los hombros subiendo y bajando, volvió a entornar los ojos con suspicacia ante la última frase. Si llamaba "procedimiento" a la cirugía, ¿acaso eso hacía que dejara de ser una cirugía? '¡Este hombre debe de creer que soy tonto porque no tengo estudios y se está burlando de mí…!'.

“No pensaba hacerlo sin decírtelo. Y de todos modos somos esposos, no podría ocultarlo. Para hacer cualquier cosa en el hospital, es obligatorio el consentimiento del cónyuge”.

“…….”

“Y sobre la medicina… sí, fui poco reflexivo”.

Ante esa disculpa tan directa y clara, la respiración de Se-hwa, que antes subía con violencia como si estuviera a punto de abalanzarse sobre él, se calmó un poco, aunque fuera de forma mínima.

“Ya sabes que mi capacidad de recuperación es excesiva”.

No era una constitución que pudiera definirse con claridad como la de Se-hwa, y nadie se atrevía a analizarla. Como se decía que entre soldados extranjeros o mercenarios aparecían casos similares de vez en cuando, todos asumían que era un hombre de huesos fuertes con una recuperación sobrehumana.

“Me daba miedo que, si la medicina no hacía efecto y cometía un error, volviera a cargar tu cuerpo con una carga innecesaria… por eso tomé más de lo que la gente normal toma”.

“Yo…”, murmuró Ki Tae-jeong mientras acariciaba suavemente la mejilla húmeda de Se-hwa.

“Odio que sufras. No, me aterra. Hasta el punto de que me cuesta respirar de solo imaginarlo por un momento”.

“…….”

“Pero aun así, cuando dijiste que querías volver a formar una familia conmigo, me sentí un poco feliz y emocionado”.

“…….”

“Tenía el corazón tan dividido que no sabía qué hacer. Por eso intenté no dormir contigo últimamente”.

Ki Tae-jeong pasó el pulgar por la comisura de la boca de Se-hwa y retiró un trozo minúsculo de cáscara de manzana que él ni sabía que estaba ahí. Luego, se llevó el dedo a la boca y lamió el rastro de su descuidado esposo sin darle importancia. No era un acto hecho para presumir. Era ese cuidado desinteresado imbuido en su vida diaria lo que hizo que a Se-hwa se le saltaran las lágrimas otra vez.

“¿Por qué lloramos otra vez, eh?”.

Ki Tae-jeong, que llegaba a extremos desgarradores con tal de no permitir que Se-hwa pasara por lo mismo otra vez, siempre lograba conmoverlo. Al mismo tiempo, le dolía ver cómo él descuidaba su propio cuerpo de esa manera. 'Diciendo que está bien porque su recuperación es increíble... ¿cómo se le ocurre tomar medicinas a su antojo por una razón así?'.

Mientras tragaba saliva con amargura, Se-hwa sintió que podía entender un poco cómo se sintió Ki Tae-jeong cuando le rogó por el segundo hijo. Sentir alegría pero también miedo. Ser feliz pero sentirse herido al mismo tiempo. Estar preocupado porque él no se cuidaba y sentir rabia por ello.

Y, sobre todo, amarlo tanto que resultaba insoportable….

Aunque todavía se sentía algo resentido, su enojo ya era como hielo derretido. Era demasiado injusto. Cuando este hombre, tan reservado y autoritario, mostraba sus verdaderos sentimientos de esta manera, Se-hwa se desmoronaba sin remedio. Olvidaba que estaba dolido y solo quería comprender cada uno de sus sentimientos.

“Entonces, entonces… General”.

“Espera. Suénate primero”.

Se-hwa se sonó la nariz en la manga de Ki Tae-jeong y, con mucha cautela, sacó el tema que más le intrigaba.

“Hace tiempo”.

“Sí”.

“¿Se acostó… con el Subteniente Kwon?”.

“… ¿Eh?”.

“El Subteniente Kwon. Se ha acostado con él, ¿verdad?”.

“¿Yo con quién hice qué?”.

Parecía más sorprendido ahora que cuando hablaron de la vasectomía, pues su voz hasta se quebró un poco al preguntar.

“¿Y con otras personas también… así… entre tres, o con muchos? ¿Usando de todo, de esa forma…?”.

“… ¿Y ahora qué es esto?”.

Ki Tae-jeong lanzó una mirada atónita hacia algún punto de las sábanas. Parecía estar tratando de recordar quién demonios era ese "Subteniente Kwon" con el que supuestamente se había acostado.

“¿Acaso estás hablando del Subteniente Kwon Jin-young? ¿Me estás preguntando si tuve sexo con ese imbécil?”.

“… ¿Es verdad? ¿De verdad se acostó con él?”.

“No, pero ¿de qué hablas de repente? ¿Por qué me acostaría con él?”.

“Si lo hizo… por eso lo reconoció de inmediato aunque solo dije 'Subteniente Kwon'… habiendo tantos apellidos Kwon en el mundo…”.

“Para empezar, ese es el único Subteniente Kwon que hay… no, ese no es el punto, cariño”.

“¡Y ahora ni siquiera fo…, follas conmigo…! ¡¿Qué cariño ni qué ocho cuartos?!”.

Ki Tae-jeong pareció quedarse estupefacto por un momento, mirando fijamente a Se-hwa, hasta que finalmente soltó un largo y profundo suspiro. Se cubrió la boca y giró la cabeza, lo que irritó a Se-hwa al no poder ver qué expresión tenía. Parecía que se reía, pero también que estaba un poquiiito enojado….

“¡¿Qué?! ¡¿Qué pasa?!”

Pero de verdad, ¿qué? Ya fuera que ese hombre se estuviera riendo o estuviera enojado, ¿qué le importaba a él? Se-hwa volvió a frotarse la cara con la manga para controlar las lágrimas que amenazaban con brotar de nuevo. Ahora todo le causaba tristeza. Odiaba a ese Ki Tae-jeong tan maduro que, como si se burlara de los sentimientos mezquinos y sombríos que él había albergado todo este tiempo, lo hacía quedar como una persona verdaderamente infantil y tacaña.

“Se-hwa”.

Un brazo sólido como una roca rodeó la cintura de Se-hwa. Por hábito, estuvo a punto de apoyar la mejilla en ese pecho ancho, pero reaccionó a tiempo, abrió mucho los ojos e intentó distanciarse de Ki Tae-jeong. Sabía que debía de tener una cara feísima, con los ojos forzados para no llorar y la barbilla arrugada como una nuez… pero no quería dejar pasar esto como si nada con una simple caricia.

“Entiendo perfectamente que estés dolido por las estupideces que te dijo ese maldito del Subteniente Kwon. Lo entiendo, así que primero escucha lo que tiene que decir tu esposo. ¿Eh?”.

“… No quiero”.

“¿No quieres?”.

“… No. No quiero”.

“Vaya. Ahora resulta que no eres mi pareja, sino un bebé. Ni siquiera Hae-rim se pone así últimamente”.

“¡No me digas bebé!”.

“Ah, claro, claro. No eres un bebé. Definitivamente no lo eres. Después de todo, ¿cómo podría yo follar con un bebé, verdad?”.

Ki Tae-jeong tenía la cara iluminada por una sonrisa. Parecía que no podía contener la alegría que sentía. A Se-hwa le molestaba que suspirara por su culpa, pero esto, a su manera, también le resultaba exasperante.

“… Si ya ni siquiera lo haces conmigo…”.

“¡Que no fue a propósito, te lo digo en serio!”.

La risa se filtraba en la voz de Ki Tae-jeong mientras empezaba a engatusar a Se-hwa para calmarlo. Se-hwa también lo notaba, por lo que entornó los ojos con más saña. Pero como tenía el contorno de los ojos rosado, la punta de la nariz rosada y hasta las puntas de sus dedos apretados rosadas, no resultaba nada amenazante. Al contrario, daba ganas de morderlo. Como cuando un animalito joven lanza zarpazos al aire y uno siente curiosidad por saber qué se siente y hasta se deja golpear.

“No sé por dónde empezar a explicarlo… Bueno. Primero, con ese tipo, el Subteniente Kwon, nunca me he acostado”.

“… Mentira”.

“Cariño. De verdad lamento que, incluso pasado los treinta, solo sepa usar expresiones tan vulgares, pero es que yo me fijo un montón en la cara”.

Ki Tae-jeong susurró con un semblante impecable. Se portaba con tanta desfachatez que Se-hwa lo fulminó con la mirada, pero él ahora hasta le guiñaba un ojo ligeramente.

“Por eso no me gustó nadie hasta que te conocí a ti. ¿No sabías que tú eres mi primer amor?”.

Él arqueó una ceja, añadiendo que le resultaba desconcertante y hasta injusto que lo vincularan con alguien tan de la nada.

“¿Pero de verdad ese tipo dijo eso? ¿Que se había acostado conmigo en el pasado?”.

Ki Tae-jeong pareció molestarse solo de imaginarlo y murmuró de forma sombría: “¿Ese loco está usando el nombre de un oficial para soltar mentiras? ¿Y encima frente al cónyuge de ese oficial?”.

“E-eso…”.

Se-hwa vaciló. Es cierto que el tipo le preguntó si no querían hacerlo entre los tres, y que hablaba como si conociera muy bien los gustos de Ki Tae-jeong… pero en realidad nunca definió exactamente qué tipo de relación habían tenido.

“Tú ni siquiera sabías quién era ese tipo. ¿Entonces creíste ciegamente todo lo que te dijo alguien que ni conocías?”.

Al ser engatusado con esa voz suave, los grandes ojos vidriosos de Se-hwa temblaron violentamente. Tal vez por su naturaleza dócil, parecía que su berrinche de borracho ya estaba llegando a su fin.

Ki Tae-jeong podía imaginar más o menos cómo el Subteniente Kwon le habría revuelto el estómago a Lee Se-hwa. Ese tipo era famoso por ser el "hijo descarriado" de su familia, alguien que solo causaba problemas a pesar de su incompetencia. Si tenía algo mejor que Kim Seok-cheol, era que al menos no se drogaba.

Como ya le había dado instrucciones al Suboficial Choi, mañana recibiría el informe detallado de la situación. No tenía intención de dejar pasar por alto a un tipo que se atrevió a molestar a su esposo. En fin, eso era para después; ahora mismo era el momento de concentrarse en Lee Se-hwa.

“El que tiene ganas de llorar soy yo, cielo. De repente sospechas si me acosté con un tipo con cara de m...”.

'Por cierto, con esta cara y siendo tan ingenuo, ¿cómo puedo seguir dejando que salga solo? Debería haberlo dejado encerrado en casa para que solo me viera a mí. Dan ganas de encerrarlo en la habitación y que no pueda dar ni un paso fuera…'.

Es verdad que quería poner en las manos de Se-hwa todo lo valioso y hermoso del mundo, pero a veces bullía en él un deseo de posesión retorcido que le hacía querer restringirlo, permitiéndole solo usar una bata como antes.

Ki Tae-jeong se lamió el labio inferior con la punta de la lengua saboreando la idea, pero enseguida se dio cuenta y se esforzó al máximo por ocultar sus instintos feroces. Se puso la máscara de amabilidad que solo le mostraba a él y que tanto le gustaba a Se-hwa, curvando suavemente la comisura de sus labios.

“Es que, es que…”.

Ki Tae-jeong acarició largamente la espalda de Se-hwa, quien se resistía a ser abrazado. Tras repetir su nombre varias veces como si lo estuviera arrullando, sintió que el cuerpo que estaba tan tenso se ablandaba un poco.

“Hoy, en cuanto regresara, pensaba pedirte perdón por haberte evitado tanto últimamente. Siento que te rechacé continuamente sin darte ninguna explicación, aunque no fuera mi intención”.

“…….”

“Perdón. Por hacer que mi cariño se sintiera mal”.

“Le dije que si al General no le gustaba, yo tampoco necesitaba un segundo hijo, que lamentaba haberle insistido… Pero por qué…”.

“Sí, así fue”.

“Es porque soy un idiota”, respondió él en broma, y Se-hwa le dio un golpe en el antebrazo. Incluso en este estado, no aplicaba fuerza real por miedo a lastimarlo.

Probablemente Lee Se-hwa no lo sabía. Lo poderosos que eran esos puñetazos de algodón para su corazón. Que su cuerpo, que no se inmutaba al soportar la tensión, la gravedad y la aceleración de un caza de última generación, se derretía así de fácil con un solo gesto de su mano.

“Como dije antes, el hecho de que sinceramente quieras tener otro hijo conmigo, eso en sí mismo… bueno, honestamente me hizo feliz. De verdad, estoy tan jodidamente feliz que siento que podría morir de alegría”.

Hubo un tiempo en el que te sostenía y te consolaba con mentiras mientras te desmoronabas porque tu constitución cambió sin querer y apareció un hijo en el que nunca habías pensado. Que tú, que nosotros, hayamos llegado a soñar con un nuevo mundo juntos, me hace tan feliz que dan ganas de morirse. Pero….

“Asimismo, no quiero volver a verte sufrir jamás”.

Aunque su tono era más suave que antes, su negativa era mucho más firme. Se-hwa pensó en aprovechar el ambiente relajado para insistir una vez más, pero poco a poco abandonó su ambición. 'Es cierto. No es por otra cosa, sino porque se preocupa por mí que lo odia tanto…'.

“La pastilla anticonceptiva que suele tomar… ¿cuánto dura el efecto normalmente con una sola toma? ¿Cuál es la frecuencia?”.

“… Mmm”.

Por una vez, él dudó antes de hablar.

“Esta vez dígame la verdad, por favor. No me voy a enojar”.

“… Para una persona normal, un mes. La inyección es cada dos semanas”.

'¡Este hombre de verdad…!'. Se-hwa apretó el entrecejo con fuerza para reprimir la furia que volvía a brotar. Como él, a diferencia de Ki Tae-jeong, era una persona que cumplía sus promesas, intentaba no enojarse, pero…, pero….

“¡Ah!”.

'¿Tomó esas medicinas varias veces al día? ¡Y se inyectaba a diario! ¡¿Este hombre está loco?!'. Al final no pudo contenerse y le dio un manotazo en el brazo a Ki Tae-jeong, quien soltó un quejido totalmente monótono. Se notaba a leguas que no le dolía nada y que solo le estaba siguiendo el juego, lo que le dio más rabia. 'De verdad lo odio. Qué molesto es…'.

"Ah, espera un momento. Cariño, cielo, de verdad me duele."

"¡Le pego para que le duela!"

Y además, ¿de qué se quejaba si ni siquiera le dolía? Se-hwa frunció los labios como el pico de un pajarito, preparándose para soltar una ráfaga de palabras mordaces. Sin embargo, el hombre más exasperante del mundo le plantó un beso sonoro, dejándolo mudo de repente.

"Ah, ahora siento que vuelvo a la vida."

Ki Tae-jeong lo miró fijamente a una distancia tan corta que apenas permitía enfocar la vista, y volvió a besarlo ligeramente varias veces más. No era un beso intenso de lenguas entrelazadas, pero aun así a Se-hwa le costaba recuperar la cordura.

Habían compartido besos como este incluso durante el tiempo en que no habían tenido intimidad. Sin embargo, quizás porque el ambiente había cambiado, aquel ligero contacto que apenas podría llamarse beso hizo que se le erizara el vello de la nuca.

"Te extrañé."

A pesar de que se habían visto puntualmente todos los días, excepto aquellos en los que él no podía volver a casa por el entrenamiento, Ki Tae-jeong se comportaba como si no se hubieran visto en una eternidad. Se-hwa se juró a sí mismo que no cedería tan fácilmente. ¿Acaso creía que se ablandaría solo con unos besos? Aunque intentó cerrar su corazón con firmeza, no era fácil ignorar el afecto que desbordaba de los ojos del General.

"Yo también…."

Jadeando con avidez ante la calidez que tanto había añorado, Se-hwa terminó aceptándolo también en voz baja. Después de todo, nunca en la historia le había ganado en nada a Ki Tae-jeong.

"¿Así que por eso bebiste solo y hasta compraste artículos para adultos? ¿Porque estabas furioso pensando que me había acostado con el Subteniente Kwon en el pasado?"

"… Por eso, y también porque el General tomó medicinas a su antojo sin decirme nada y me dio mucha rabia…."

Cuando confesó que solo quería causar un poco de problemas, Ki Tae-jeong soltó una risita burlona. Cada faceta de él lo hacía estremecer, pero era ese rostro de hombre maduro el que más aceleraba el corazón de Se-hwa.

"¿Se asustó mucho?"

Al mirarlo de reojo, Ki Tae-jeong le presionó la punta de la nariz, como diciendo que era una pregunta obvia.

"Por cierto, ¿qué tendría que hacer yo para que a mi cariño se le pase el enojo por completo?"

"Ya estoy bien."

"¿De verdad?"

"……."

"No me lo parece."

Ki Tae-jeong sentó a Se-hwa sobre uno de sus muslos y lo balanceó un par de veces como si estuviera arrullando a Hae-rim. Incluso hizo ruiditos de mimos, y cuando Se-hwa, avergonzado, le pidió que se detuviera, el General empezó a cubrirle toda la cara de besos.

"Cariño, de ahora en adelante, no dejemos que pase ni un solo día."

"¿Qué cosa?"

"Ya sea que tú estés dolido o decepcionado, o que yo aún no tenga mis sentimientos claros… sea lo que sea."

Ki Tae-jeong extendió de pronto el dedo meñique, proponiendo que, si les resultaba difícil explicar con detalle cómo se sentían o qué pensaban, al menos se lo dijeran así de simple.

"No, tú no tienes por qué hacerlo, Se-hwa. Pero yo prometo que te lo diré siempre."

Fue el golpe final que desarmó su resistencia. Se-hwa agachó la cabeza como si no tuviera opción y finalmente entrelazó su meñique con el de Ki Tae-jeong. Él sacudió los dedos arriba y abajo de forma juguetona, como si cerraran un trato, y en lugar de sellarlo con el pulgar, le dio un mordisquito travieso en el dorso de la mano.

"… Esto, General."

"¿Eh?"

Fue justo cuando el peso que apresaba sus dedos desapareció. ¿Acaso se sintió estimulado inconscientemente por sus palabras de decir cualquier cosa, aunque fueran frases sin pulir? Se-hwa dejó escapar algo que nunca tuvo la intención de mostrar, algo que no había escrito ni en su diario y que solo guardaba en secreto en su mente.

"La verdad es que… a solas… me lo imaginaba como San-ho."

"¿Mmm? ¿A qué?"

Al mirar los labios rojos de Ki Tae-jeong, brillantes por la saliva, Se-hwa extendió la mano como hechizado. Aunque estaba más sobrio que antes, todavía sentía una falta de realidad, y pensó que solo tocándolo así podría sentirse tranquilo.

"Si llegáramos a tener un segundo hijo. Pensaba en cómo sería ponerle de nombre San-ho…."

"……."

"Creo que combinaría bien con Hae-rim, y quedaría bien sin importar el género, y también…."

Se-hwa deslizó la mano que tenía sobre los labios hacia abajo, acariciando el músculo del cuello que se tensaba en el General. Tras dudar un momento, rodeó el largo cuello de Ki Tae-jeong con ambos brazos y, aunque no aplicó fuerza, él se dejó caer sobre Se-hwa. Ante su calidez recuperada después de tanto tiempo y el peso familiar que lo llenaba todo, las lágrimas volvieron a asomar de forma incontrolable.

"Busqué el significado y es un carácter que representa el cielo, 'Ho'."

"……."

"Así que, pensando en el General… por ahora le puse ese nombre. Como el nombre de Hae-rim lo elegí yo a mi antojo, quería que el del segundo fuera un nombre que recordara al General…."

Incluso había sonreído solo imaginando que, a cambio, el nombre prenatal lo elegiría el General, sin que este supiera nada de sus pensamientos.

"Solo… eso era lo que pensaba…."

Se-hwa se frotó los ojos para secar las lágrimas que le resbalaban por las sienes. Con esto era suficiente. Sus celos solitarios, su decepción… ya se había desquitado con Ki Tae-jeong con todas sus fuerzas, así que era momento de dar marcha atrás.

"Ya no tengo nada guardado. De verdad está bien si no tenemos un segundo hijo. Hablo en serio."

"……."

"Pero General, de ahora en adelante, me gustaría que no tomara tantas medicinas por su cuenta."

"……."

"Me duele mucho cuando hace eso."

Usted dijo que se le helaba la sangre de solo imaginarme de nuevo en una mesa de operaciones, pero a mí me duele el corazón de solo pensar en usted, que ni siquiera pudo llegar a una….

La voz de Se-hwa, que susurraba como si se estuviera quejando, era infinitamente débil y precaria, como si fuera a apagarse en cualquier momento.

Irreversible. Estando en brazos de Ki Tae-jeong, Se-hwa recordó una palabra de un libro budista que había leído tiempo atrás. Como le pareció un término con una sonoridad elegante, buscó el diccionario para ver si podía usarlo en su diario, y decía: 'Algo que no cambia fácilmente ante las variaciones del entorno'.

Al conocer el significado, le pareció una palabra demasiado grandiosa para usarla en cualquier parte, así que la guardó en su corazón hasta ahora, que sentía que por fin había encontrado el uso correcto. Este amor, este sentimiento, es irreversible.

"… Lo haré."

Ki Tae-jeong, que se había quedado sin palabras por un momento, le lamió las lágrimas a Se-hwa y asintió. Al principio fue un movimiento leve, pero luego asintió con tanta fuerza que las mejillas de Se-hwa se hundieron y se desplazaron.

"De ahora en adelante no tomaré medicinas según mis suposiciones. Y me pondré las inyecciones siguiendo estrictamente los intervalos."

"¿Es una promesa…?"

"Sí."

"Así que no llores por mi culpa, cariño", concluyó Ki Tae-jeong con voz grave y reconfortante, y la visión de Se-hwa empezó a nublarse entremezclada. Mientras entrelazaban sus lenguas como si fueran a morir si no se besaban en ese instante, Se-hwa, sin darse cuenta, terminó subiéndose encima de su cuerpo.

"Ugh, mmm…."

Incluso mientras se besaban, Se-hwa sentía que las lágrimas estaban a punto de brotar de nuevo con un júuk, pero el General lo consolaba con dulzura. Su manera de hacerlo era tan intensa y obscena que no le dejaba tiempo para sollozar. Ki Tae-jeong movía su lengua húmeda como si fuera un pene; la introducía con tanta fuerza en su boca que era difícil distinguir si solo se estaban besando o si ya estaban teniendo sexo.

"Hut, General... despacio... mmm...".

"¿Crees que puedo?".

"¡Ah...!".

Ki Tae-jeong le mordió el labio inferior a Se-hwa hasta que le dolió un poco, y luego procedió a mordisquear sus mejillas sonrojadas y manchadas de lágrimas, bajando hacia su cuello. Aunque no habían unido sus cuerpos en mucho tiempo, esa simple razón no explicaba el calor abrasador que arañaba salvajemente su bajo vientre.

Se sentía perder la cabeza por Lee Se-hwa, quien se había imaginado el nombre de un segundo hijo pensando en él, y por ese mismo Lee Se-hwa que derramaba gruesas lágrimas preocupado por su estado de salud, algo que ni él mismo se cuidaba.

"El... condón...".

Mientras Ki Tae-jeong jadeaba como un perro con los labios hundidos en el hueco de su clavícula, Se-hwa recuperó un poco de cordura y removió su cuerpo.

"Seguro está por... ¡ah, ugh...!".

El General presionó el cuerpo blando de Se-hwa, que intentaba alcanzar la mesa de noche, y apretó su pecho magro con avidez. Al atrapar el pezón entre sus dedos y sacudir toda la carne del pecho, Se-hwa pareció alcanzar un clímax ligero solo con eso.

"Yo... todavía no estoy seguro".

Ki Tae-jeong retorció el pezón turgente como si lo pellizcara y luego lo acarició con el pulgar, haciendo que la cabeza de Se-hwa se echara hacia atrás bruscamente. Al verlo quedar lacio y temblando, era evidente que su reacción era mucho más intensa de lo habitual. El hecho de saber que no era el único a punto de volverse loco complacía enormemente a Ki Tae-jeong.

"Sé que no es algo que deba decidirse a la ligera por un impulso del momento, lo sé, pero...".

Ki Tae-jeong masajeó la piel blanca, ahora resbaladiza por el sudor, y pegó sus labios al pabellón de la oreja de Se-hwa.

"... ¿Qué tal si hoy simplemente lo hacemos?".

"¿Hacer... qué?".

Un destello de asombro apareció tardíamente en los ojos de Se-hwa, que estaban algo nublados por la excitación. Comprendió el significado de las palabras del General con un segundo de retraso.

"¿De verdad... de verdad?".

"Sí".

"¿Está bien? ¿En serio? Pero el segundo hijo... el bebé... podría llegar a concebirse...".

"No lo sé. Sé que mañana me arrepentiré, pero...".

Ki Tae-jeong presionó sus labios contra el contorno de los ojos de Se-hwa, irritado y rojo, como si quisiera dejar un sello antes de separarse.

"Es extraño. Hoy solo quiero hacer todo lo que tú desees".

"……."

"... Siento que debo hacerlo".

Se-hwa estuvo a punto de soltar una sonrisa radiante por instinto, pero se mordió los labios con fuerza como si no debiera mostrarse tan feliz. Aun así, sus mejillas estaban encendidas de color rosa por la emoción y miró al General preguntándole vacilante varias veces si estaba seguro, si no se arrepentiría. Si Se-hwa tuviera cola, probablemente se estaría moviendo ruidosamente como una hélice.

No era de los que mostraban sus sentimientos de forma tan directa. ¿Sería porque el efecto del alcohol no se había ido del todo? Se-hwa estaba fuera de sí de la alegría, como un cachorro pisando la primera nieve.

"¿Por qué te pones tan feliz? Hacerlo sin condón ahora no garantiza que un bebé vaya a concebirse de inmediato".

"Eso es cierto, pero...".

Se-hwa divagó un poco sumido en sus pensamientos y pronto se acurrucó en los brazos de Ki Tae-jeong mientras murmuraba algo. Con sus mejillas blancas ligeramente apretadas contra él, susurró: "San-ho...". Era alegría pura, sin rastro de avaricia ni intención de presionar.

Tal vez estaba emocionado solo de poder imaginar que un segundo hijo llegara, o quizás estaba conmovido porque el General finalmente había escuchado sus deseos.

Ah, esto es jugar sucio. Ki Tae-jeong apenas pudo tragar su respiración ardiente. Confiaba en que, debido a las medicinas e inyecciones que había tomado, no pasaría nada. Solo quería que Se-hwa se sintiera bien ya que lo deseaba tanto... pero verlo así de feliz hizo que su propia determinación empezara a flaquear.

¿No estará bien? Tanto el Capitán Na como los médicos militares aseguraron que no pasaría nada, así que el segundo hijo... ¿podríamos intentarlo una vez?

"... Por si acaso, tendrás que ir al hospital con juicio de ahora en adelante".

La línea firme de los labios de Ki Tae-jeong, que se habían cerrado con dificultad, terminó desmoronándose por completo. Al final... ¿cómo podría ganarle a Lee Se-hwa?

"No quiero que sufras".

"¡Sí...! Lo haré. Estoy muy sano, de verdad".

"Si no sucede, abandonamos la idea de inmediato. ¿Entendido?".

Cuando le advirtió con firmeza que ni soñara con tratamientos de fertilidad o cosas por el estilo, Se-hwa sonrió con el rostro iluminado diciendo que no pedía tanto. Realmente no tenía idea de lo que él sentía por dentro.

"Comeré mucho, tomaré mis medicinas y haré ejercicio todos los días. Si es necesario, iré al hospital a diario y le mostraré los registros...".

"Bien. Entonces, cariño".

"¿Sí?".

Ki Tae-jeong levantó la barbilla de Lee Se-hwa con el dedo índice, quien parecía haber olvidado por completo que hace un momento jadeaba con la lengua entrelazada. Luego, le mordió ligeramente la oreja, encendida por un tipo diferente de excitación, y le susurró con un toque de picardía:

"Ya que te tomaste la molestia de comprarlos, ¿no deberíamos usar esas cosas?".

Independientemente de cuánto lo amara y de lo mucho que se preocupara por él, era hora de darle una pequeña lección a su joven esposo por haberlo asustado tras escuchar las tonterías de un tipo cualquiera.


4. Darling (2)

"No, no quiero…."

"¿Por qué?"

"¿Cómo que por qué…? Ah, ugh…."

La saliva goteaba de la boca de Se-hwa, que no podía cerrarla del todo. Como si castigara ese aspecto que carecía de toda decencia, Ki Tae-jeong colocó un succionador de plástico también en el otro pezón. Era un artículo para adultos que, al encenderse, hacía que las protuberancias de silicona en su interior giraran lentamente, rascando y frotando el pezón.

Por supuesto que quería quitárselos, pero al tener ambas muñecas esposadas, no podía moverse como deseaba.

"Suélteme… suélteme esto… por favor…."

"Yo también quiero soltarte, pero mi cariño no me hace caso."

En su parte inferior, tenía firmemente ajustado un cinturón de castidad que no sabía muy bien cómo funcionaba. Tal como imaginó la primera vez que lo vio, era una prenda que se ponía como la ropa interior, pero desde la perspectiva de Se-hwa, la estructura lo hacía sentir atrapado.

Una pieza de cuero ancha y tosca, del tamaño de una palma, envolvía meticulosamente su pene y el escroto, presionando para impedir que eyaculara a su antojo. Mientras tanto, una delgada correa que nacía bajo el escroto cruzaba hacia atrás. Al ser literalmente solo una tira, sus glúteos estaban prácticamente al desnudo.

Bueno, hasta aquí podría considerarse solo una prenda de interior algo perversa, pero el verdadero problema del objeto residía en el candado de la parte posterior. Ki Tae-jeong hizo un nudo en el tramo intermedio que unía el frente y la parte trasera, y de la fina correa que cruzaba el surco de las nalgas colgó un candado redondo del tamaño de una uña.

Por su aspecto, el candado —que parecía más una cuenta ovalada— quedó colgando peligrosamente justo en la entrada del orificio de Se-hwa. Cuando el lubricante natural empezaba a brotar por detrás, el candado se asomaba y, deslizándose por la correa mojada hasta el perineo, golpeaba rítmicamente la zona sensible. Por eso, sin importar qué postura tomara o cuánto forcejeara, no podía evitar que el candado lo estimulara por todas partes.

"¡Ah, mmm… h-ugh…!"

Los succionadores adheridos a ambas areolas empezaron a desbocarse. Ante ese estímulo desconocido, tan distinto a ser succionado por una boca o frotado por una mano, la parte inferior de su cintura temblaba de forma aterradora.

Quizás fuera cierto eso de que beber alcohol disminuye el vigor, porque a pesar de que su cuerpo estaba encendido por la excitación, no sentía que fuera a llegar al orgasmo fácilmente. Al contrario, eso hacía que Se-hwa tuviera más ganas de llorar. Bueno, de hecho ya estaba llorando a mares.

Esa sensación de estar a punto de llegar pasó por él varias veces, pero no lograba alcanzar el clímax. Por supuesto, el cinturón de castidad que lo restringía por debajo también tenía algo que ver….

"No es algo difícil, ¿por qué no me haces caso?"

Ki Tae-jeong terminó de desabotonar su camisa con una sonrisa lánguida. Parecía muy satisfecho con el estado de Se-hwa, restringido según su voluntad; sus movimientos eran pausados, como los de un depredador generoso tras un gran festín.

"Solo te pido que te sientes sobre mi cara."

"E-eso, ahhh, hugh…."

"Si normalmente ya te lamo bien el agujero. Esto no es nada diferente."

Se-hwa sacudió la cabeza con violencia, con el rostro al rojo vivo. Para empezar, a él no le gustaba mucho que le lamieran por detrás. Dejando de lado lo mucho que sentía, le resultaba vergonzoso y humillante, lo que le generaba un cansancio enorme. Además, lo que Ki Tae-jeong pedía no era simplemente lamerlo.

Sentarse completamente sobre su rostro, dejarse lamer hasta que el orificio quedara blando y luego derramar todo el semen sobre él. La condición que Ki Tae-jeong le propuso a cambio de quitarle esos horribles juguetes era de lo más vulgar.

Se habían unido en posturas vergonzosas incontables veces. Él mismo había tomado el pene de Ki Tae-jeong en su boca mientras el General le lamía por detrás en varias ocasiones. Pero que le pidiera que eyaculara directamente sobre su cara era la primera vez.

No…. Pensándolo bien, era la segunda. Cuando abrió su cuerpo por primera vez en la Casa, él le había hecho una petición similar. Pero en aquel entonces parecía más una burla y un insulto deliberado, y esta vez… ahora mismo….

"¡Ah, ugh…!"

Mientras negaba con los ojos cerrados, el cuerpo de Se-hwa fue levantado en el aire. Tras unos instantes de aturdimiento por el cambio de perspectiva, Se-hwa se dio cuenta de la postura en la que había quedado y se mordió los labios con fuerza.

"No hay remedio, tendré que esforzarme al máximo para que a mi cariño le den ganas de hacerlo."

Quedó tendido boca abajo sobre las piernas de Ki Tae-jeong, con el cuerpo desnudo. Era la postura ideal para azotar las nalgas descubiertas, como cuando se castiga a un niño travieso. El General todavía vestía sus pantalones de uniforme, y el hecho de ser el único que mostraba su trasero empapado de lubricante le provocaba una vergüenza que le hacía saltar las lágrimas.

En medio de todo, su garganta ardía de deseo, queriendo que ese pene sólido que empujaba la tela del pantalón lo penetrara de una vez por detrás. En lugar de solo pincharle el vientre, quería que lo embistiera salvajemente, como si fuera a desgarrar ese orificio que incluso en este momento soltaba lubricante a borbotones….

"No voy a pegarte."

"Pe… pero…."

Ki Tae-jeong acarició con ternura las nalgas de Se-hwa, que temblaban por la tensión o quizás por una pizca de expectación, diciéndole que no tenía por qué ponerse nervioso.

"¿Cómo podría pegarte?"

Y no era mentira. Él arañaba suavemente los glúteos redondeados con las yemas de los dedos, o los apretaba con tanta fuerza que la carne se escapaba entre sus dedos, pero nunca aplicaba la fuerza necesaria para causarle dolor.

"En lugar de mi lengua, voy a meterte esas cosas atrás."

¿Esas cosas…? Se-hwa cerró los ojos y los abrió, dejando que las gotas acumuladas cayeran bajo su barbilla. Y entonces se horrorizó al ver todos los objetos frente a él. No solo había dildos de diversas formas, sino también cosas que parecían piedras deformes y que él había pensado que eran productos defectuosos. No sabía que eso también se metía por detrás.

"General, no… eso no… no puede ser…."

"Hoy no tengo intención de prepararte el agujero con las manos."

"De verdad, no… yo no, no puedo…."

"Pero si hace tiempo que no recibes mi pene por ahí atrás."

Ki Tae-jeong estiró la mano para acercar un dildo y le dio unos golpecitos en las nalgas a Se-hwa. Era una vara repugnante cubierta de protuberancias.

"Si te meto varios y los dejo un buen rato ahí dentro, se abrirá todo por completo, ¿no crees?"

La punta redondeada del dildo se deslizó cerca del orificio. Ki Tae-jeong apuntó el juguete con cuidado hacia el lugar que se contraía atrapando el candado. Se-hwa se estremeció de espanto. Parecía que pensaba insertar el dildo ahí mismo sin quitarle el candado que ya tenía clavado. Eso de "meter varios"… ¿a eso, a eso se refería?

"Por favor, General… yo… es difícil… ¡ah, ugh…!"

Se escuchó el clic de un control remoto y la vibración de los succionadores en sus pechos se volvió aún más intensa. Se-hwa se agitó sobre los muslos de Ki Tae-jeong. O al menos eso intentaba, porque el brazo sólido del General lo presionaba hacia abajo, permitiéndole solo sacudir las nalgas. Sin saber que esa imagen no hacía más que alimentar la perversidad de Ki Tae-jeong.

"¿Tanto lo odias? ¿Quieres que te quite esto?"

"Sí, sí, lo odio… no, lo odio…."

"Entonces, ¿cómo quieres que lo haga?"

El estímulo de las máquinas que hacían vibrar su cuerpo con una intensidad constante y sin descanso. La correa de cuero hundida en su surco y el candado llenando su entrada. El dildo que parecía un arma a punto de atravesarlo…. Con la mirada perdida y jadeando con dificultad, Se-hwa apretó las sábanas con todas sus fuerzas.

"Dime, ¿cómo quieres que te lo haga?"

Diversas frases aparecían y desaparecían en su mente nublada por la bruma. ¿Acaso se está portando así conmigo por malicia? ¿Por qué…? ¿Pero esa vara no es más corta y delgada que la del General? Y además, por mucho que sea él, no creo que vaya a meterme todo eso ahí atrás…. Por lógica, es imposible que quepa todo. Si ya tengo el candado dentro, con un solo dildo ya estaría lleno….

No, al menos en la cama, él nunca ha dicho cosas solo por hablar. Es capaz de meterlo todo y que aún sobre espacio. Si fuera alguien que supiera tener sexo de forma lógica, yo….

"… Démelo."

"¿Eh?"

La nuca de Se-hwa, que murmuraba entre dientes, estaba tan roja como si le hubieran pasado una capa de pintura escarlata.

"Há... hágamelo."

La sensación de que este tormento no terminaría nunca si seguía así, sumada al deseo primitivo de liberar el calor acumulado en su cuerpo, terminó por aplastar lo que quedaba de su razón.

"Lámame... ah, h-ugh, lámame, por favor...".

Se-hwa, jadeando, intentó levantar un poco el torso. Quiso girarse para mirar el rostro de Ki Tae-jeong y suplicarle, pero como no tenía fuerza en los brazos, volvió a caer estrepitosamente boca abajo. Debido al ligero cambio de postura, el roce de la erección hinchada que presionaba contra su cuello hizo que se le hiciera agua la boca involuntariamente.

"¿Vas a eyacular sobre mi cara, verdad?".

"H-ugh...".

"¿Mmm? Cariño".

"Voy... voy a hacerlo. Así que...".

Ki Tae-jeong respondió con un fresco "sí, te voy a lamer" y le dio un manotazo en las nalgas que no llegó a doler. Luego, dejó caer el cuerpo de Se-hwa sobre la cama. ¿Qué...? ¿No le había dicho que se sentara sobre su cara?

"Ven aquí".

Como Ki Tae-jeong siempre usaba su fuerza para colocarlo en la posición necesaria con facilidad, Se-hwa esperaba que hiciera lo mismo esta vez, pero parecía que el General quería que él mismo se sentara sobre su rostro por voluntad propia.

Ki Tae-jeong apoyó la nuca de forma oblicua contra la cabecera de la cama y observó a Se-hwa intensamente. Su mirada decía: 'Muestra con tus propias manos tu parte más vergonzosa, enséñame hasta la última pizca de humillación que nunca antes me habías revelado'.

"Rápido".

Sentía que el rostro le iba a estallar de calor, pero la mirada densa de Ki Tae-jeong, su voz grave que parecía un rasguño y aquel rostro hermoso nublado por la lujuria que clamaba por devorarlo, no dejaban de presionar a Se-hwa. Lo hacía de tal forma que le resultaba imposible negarse.

Se-hwa gateó con dificultad sobre la amplia cama, haciendo tintinear las esposas. Apoyó las rodillas cerca del costado de Ki Tae-jeong para recuperar el aliento y, tras cerrar los ojos con fuerza, logró subir sobre el abdomen del hombre.

Al abrir tanto las piernas, el dichoso cinturón de castidad empezó a apretar su pene con mucho más dolor que antes. La correa de cuero que se hundía en el surco de sus nalgas y en su orificio también se tensó, haciendo que la piel incluso llegara a arderle.

"General...".

Miró a Ki Tae-jeong con ojos lagrimosos esperando ayuda, pero él negó con la cabeza con firmeza. Quería que él mismo abriera su orificio y subiera sobre él.

"Sube".

Con el rostro hecho un desastre por las lágrimas y entre hipos, Se-hwa movió las nalgas para avanzar hacia arriba. Cada vez que lo hacía, los succionadores en su pecho vibraban con más fuerza y el candado en su interior seguía estimulándolo; cuando se detenía un momento a temblar, su orificio derramaba lubricante viscoso a borbotones.

El sonido húmedo de su parte íntima frotándose contra la piel del General hacía que todo fuera más difícil para Se-hwa. Le daba vergüenza que Ki Tae-jeong estuviera viendo toda esa escena y sentía que iba a volverse loco por su entrepierna, que no dejaba de crecer impulsada por el sonido de la fricción obscena.

"Ah-ugh...".

Pasó así por los abdominales firmes que parecían tallados uno a uno, y por ese pecho ancho y sólido, hasta que finalmente....

"H-hugh...".

Apenas logrando apoyarse en la cabecera de la cama, Se-hwa cerró los ojos con fuerza. Al quedarse suspendido dudando un momento, sintió el aliento de Ki Tae-jeong entre sus piernas abiertas. Tenía tanto calor que sentía que le saldría humo de la coronilla.

No debía sentarse por error sobre sus ojos o su nariz.... Pero como no se atrevía a abrir los ojos, Se-hwa movió su cuerpo de forma torpe sin siquiera mirar hacia abajo. El sonido de las esposas metálicas siguiendo el temblor de su cuerpo le hacía sentir, más que nunca, que estaba haciendo algo indebido.

"Un poco más abajo".

¿Qué significaba "más abajo"? Siguiendo las instrucciones de Ki Tae-jeong, Se-hwa empujó sus nalgas hacia atrás.

"Ahí no".

Unas manos tan calientes como su propio cuerpo sujetaron sus glúteos y tiraron de ellos lentamente. Como el ángulo de su cuerpo se abrió mucho más de lo que esperaba, su mirada cayó involuntariamente hacia abajo.

Como si hubiera estado esperando que Se-hwa captara toda esa escena obscena, Ki Tae-jeong arrancó la correa que estaba encajada atrás. Se-hwa, jadeando, observó cómo su propio pene, aprisionado por la tela, rozaba el puente de la nariz bien perfilada del General.

"¡Ah-ugh, mmm..., ah, ah...!".

El candado que bloqueaba vagamente el orificio salió expulsado. Pero, mientras su parte delantera seguía firmemente atada por el cinturón de castidad, la lengua de Ki Tae-jeong arremetió. Esa masa de carne que se hundía más profundo que la pequeña esfera, el ritmo desordenado que parecía querer alisar cada pliegue de sus paredes internas y la fuerza con la que Ki Tae-jeong apretaba sus nalgas llevaron a Se-hwa al clímax en un instante.

El placer excesivo, más que bueno, resultaba terriblemente doloroso. Cada vez que Se-hwa retorcía el cuerpo incapaz de soportarlo, cada vez que intentaba separar las nalgas de su boca sin poder aguantar más, Ki Tae-jeong le daba un azote firme pero sin dolor en el trasero. Con la vibración, su pene y escroto atados al cuero temblaban, y al apretar los dientes por el vértigo, un placer residual arañaba el vientre de Se-hwa.

"Esto, ah-mmm, suélte... suélte-melo... ¡ah, ah-ugh...!".

Llegó incluso sin haber eyaculado. Sin tiempo para asombrarse por esa sensación, Se-hwa sacudió frenéticamente las nalgas sujetas por Ki Tae-jeong. Sin darse cuenta de que, al hacerlo, restregaba cada vez más su parte trasera contra el rostro del hombre sobre el que estaba sentado, Se-hwa suplicaba llorando.

Podía alcanzar el clímax sin eyacular, pero en su lugar, la excitación que no se liberaba se acumulaba capa tras capa. El estímulo constante iba y venía como una ola, y sentía que en cualquier momento algo en su cuerpo se rompería. No, de hecho ya se sentía roto. Era un placer espantoso, como si su sistema nervioso central estuviera paralizado.

"¿Tanto quieres eyacular?".

"Sí, sí..., suélte... quiero eyacu... lar, h-ugh...".

"¿Me prometes que lo harás sobre mi cara?".

Ki Tae-jeong susurró mientras lamía largamente el perineo de Se-hwa con la punta de la lengua. Su voz, vibrando contra ese lugar vergonzoso, lo hizo llegar ligeramente una vez más. Solo después de eso pudo procesar el contenido de las palabras.

"Cariño".

Ki Tae-jeong deslizó su mano hacia abajo y llamó a Se-hwa con urgencia. Al mismo tiempo, frotaba y arañaba rápidamente el perineo empapado de saliva. Tocaba el cinturón de castidad, que se había encogido por la humedad, con golpecitos irritantes, como burlándose y preguntándole si no quería que se lo quitara.

Ante el estímulo que lo dejaba a medias, sintió que de verdad perdería la cabeza, por lo que Se-hwa terminó asintiendo. El movimiento, que antes era como un aleteo leve, se volvió gradualmente intenso y rápido. "Por favor, lo haré, eyacularé", suplicaba con una voz urgida que ni parecía la suya.

"¡Mmm, mmm, mmm..., ah, ah-h-ugh!".

El pene que estaba bloqueado por el nudo apretado y la tela encontró por fin la ansiada liberación. Con el cuerpo ligeramente levantado por las manos de Ki Tae-jeong, Se-hwa derramó su semen como un grifo estropeado. El espeso fluido salpicó suciamente por todas partes: en la cabecera de la cama e incluso en el apuesto rostro de Ki Tae-jeong.

"H-ugh...".

"Bien hecho".

Ki Tae-jeong sujetó a Se-hwa por la cintura y lo deslizó hacia abajo. Aun así, lo dejó sentado sobre su pecho, en una posición donde se veía perfectamente su rostro embadurnado de semen. Se-hwa no solo hipaba, sino que empezó a tener un fuerte ataque de hipo mientras extendía las manos. Quería limpiar el fluido sucio que había salpicado las mejillas y la barbilla de Ki Tae-jeong, pero debido a las esposas en sus muñecas, no podía mover el cuerpo como quería.

"¿Te dolió?".

Se-hwa pensó que le iba a soltar las esposas, pero Ki Tae-jeong solo le quitó los succionadores de ambos pechos mientras preguntaba. Como Se-hwa no respondió y solo seguía sollozando, él le acarició la espalda desnuda una y otra vez, diciendo que de verdad se había sentido muy bien.

No parecía broma, realmente parecía haberlo disfrutado, y Se-hwa tembló ante la faceta perversa y sin límites de este hombre. ¿Qué podía tener de bueno lamerle por detrás a alguien o que te derramen semen en la cara?

"Entonces, ahora ya paramos, h-ugh, ¿verdad? Ya terminamos...".

"¿Mmm?".

Ki Tae-jeong, que se limpiaba la cara descuidadamente con una almohada que encontró al lado, dejó escapar un gruñido desde el fondo de su garganta, como si estuviera confundido. Se-hwa parpadeó rápidamente mientras una inquietud creciente lo invadía. No sería... no me pedirá que eyacule de nuevo, ¿verdad? No puede ser....

"Cariño, yo...".

Ki Tae-jeong se lamió la comisura de los labios, saboreando el semen que Se-hwa había esparcido, y sonrió de forma radiante.

"Sé muy bien que tú puedes expulsar algo más que semen por aquí".

Con la barbilla fija y bajando solo la mirada, lo que le daba un aire aún más seductor y malicioso, Ki Tae-jeong observó fijamente el pene de Se-hwa, que brillaba empapado por diversos fluidos. Se-hwa, que no entendía a qué se refería y se limitaba a mirar también su propia entrepierna, comprendió finalmente que el General planeaba lamerle por detrás hasta que brotara agua clara de su órgano sexual.

"Eso no existe... Además, ya lo h-hice, ya terminé...".

"¿Acaso dije que lo haríamos solo una vez?".

Al ver cómo la boca de Se-hwa se contraía por el llanto inminente, Ki Tae-jeong apoyó perezosamente la nuca sobre sus manos entrelazadas.

"¿Qué esperas?".

"¿No vas a hacerme una fuente en la boca?". La forma en que lo presionaba era tan irritante que daban ganas de darle un golpe. ¿Por qué se comportaba así de verdad? Para decir que estaba excitado por tener sexo después de tanto tiempo, ni siquiera lo había penetrado y se limitaba a acorralarlo hasta el agotamiento. ¿Será por los juguetes que trajo? Pero eso fue porque el Subteniente Kwon le dijo que..., ah.

Al analizar la causa y el efecto de esta situación perversa y desordenada, Se-hwa comprendió algo tardíamente. Este hombre se estaba portando de forma maliciosa con él. El hecho de que se hubiera dejado llevar por las mentiras de un desconocido, y que incluso se hubiera sentido dolido al escucharlas, no le había gustado nada al General....

De no ser por eso, no tenía sentido que utilizara artículos para adultos que nunca usaba solo para acorralarlo.

Su visión, bloqueada por el agobio, se aclaró un poco. Pensándolo bien, Ki Tae-jeong no era de los que dejarían que un objeto molestara los pezones o el orificio de Se-hwa. Con lo que le gustaba lamer y penetrar por sí mismo, definitivamente no era de los que tolerarían que algo más invadiera ese espacio.

"Cariño".

Tras observar un momento el rostro pensativo y perdido de Se-hwa, Ki Tae-jeong apretó con fuerza una de sus nalgas para que reaccionara. Su fuerza era tal que dolió mucho más que cuando le había dado los azotes juguetones.

"General...".

Lo llamó con voz encogida, pero él no se inmutó. No sabía si estaba emocionado por haber encontrado una excusa para jugar o si estaba de mal humor por las dudas de Se-hwa, pero en cualquier caso, Ki Tae-jeong no parecía dispuesto a ceder ni un milímetro. Parecía decidido a lamerlo y lamerlo hasta verlo soltar ese líquido transparente como el agua.

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"No voy a tener piedad aunque intentes engañarme".

Ki Tae-jeong amasó la carne de sus nalgas como si le pareciera ridícula la forma en que Se-hwa movía los ojos de un lado a otro. Bajo su tacto, el orificio empapado de lubricante se abría con un sonido húmedo, y cada vez que su pulgar rozaba la entrada palpitante, Se-hwa soltaba un aliento entrecortado.

"A este paso se nos va a hacer de día-".

"Esposo...".

Sin atreverse a mirar el rostro de Ki Tae-jeong, Se-hwa lo llamó con una voz apenas audible. No fue 'General', ni 'Señor', sino 'Esposo', así.

Como no podía pensar en otra cosa que no fuera detener esta locura, reunió todo el valor que no tenía para pronunciar por primera vez de forma adecuada ese apelativo que solo se usa entre cónyuges.

Dado que Ki Tae-jeong lo había estado llamando 'cariño' hace un momento, él también intentó su propia estrategia, pero tras decir las palabras, se dio cuenta de que, de alguna manera, todo estaba fluyendo como lo había planeado ayer: beber alcohol, llamarlo 'esposo' o 'cariño' para relajar el ambiente, hacerlo una vez y tener una charla seria. El orden era un desastre y el único borracho era él, pero....

"Ya, deténgase...".

Se-hwa cerró las piernas que tenía abiertas y rodeó la cintura de Ki Tae-jeong apretándolo con fuerza. Como tenía el rostro encendido y agachado, no podía ver su reacción, pero se sintió aliviado al notar que su pecho subía y bajaba con una respiración pesada, lo que indicaba que no estaba molesto. Temía que pudiera disgustarle que usara ese apelativo que nunca antes había dicho solo en un momento así....

"En lugar de hacerlo con la lengua, esposo... me gustaría que lo hiciera con lo suyo... atrás...".

No fue capaz de decir las palabras 'penétreme' o 'clávemela', así que terminó balbuceando el final de la frase. Se-hwa levantó sus manos atadas y se secó con dificultad el sudor del rostro. Mientras presionaba sus mejillas con el dorso de la mano para enfriar el calor abrasador, Ki Tae-jeong no dio ninguna respuesta.

"Esposo..., ¡ah-h-ugh!".

En el momento en que levantó la barbilla extrañado por el silencio, una mano feroz lo sujetó de la nuca. Entre sus labios abiertos, una lengua caliente como metal fundido invadió su boca. Al mismo tiempo que su cuerpo daba un pequeño brinco por la sorpresa, la restricción que apresaba sus muñecas se rompió con un golpe seco. No es que se hubieran abierto las esposas, sino que Ki Tae-jeong había roto la cadena metálica con sus propias manos para liberarlo.

"Espere, esto... duele...".

El resto de la frase fue tragada por su boca. La lengua ardiente frotó las rugosidades de su paladar y recorrió cada rincón de la carne tierna de su boca. Fue un beso despiadado en el que no se podía encontrar ni rastro de dulzura.

"H-ugh, mmm...".

"... ¿Te duele mucho? ¿No puedes aguantar?".

"¿Eh? No, haah... no es por mí... es por el General...".

La respiración agitada del hombre, que normalmente solo se escuchaba tras un par de eyaculaciones, golpeó el oído de Se-hwa. A pesar de que los trozos de metal de la cadena rota le arañaban la piel debido a los movimientos bruscos, Ki Tae-jeong ni siquiera se dio cuenta. Como si le dijera que en lugar de preocuparse por esas tonterías se concentrara en sentir, succionó la punta de su lengua y retorció sus pezones, hinchados por el succionador.

Al verlo tan excitado, pensó que quizás le había gustado mucho que lo llamara 'esposo', pero también le preocupaba que, a diferencia de lo habitual, no estuviera diciendo ninguna obscenidad. Tal vez se sentía extraño ante un gesto de afecto tan obvio. Usar la palabra 'esposo' en este momento... sí que había sido un poco ventajista de su parte.

"... ¿No le gustó?".

Sin darse cuenta, ahora era él quien estaba apoyado sobre la almohada. Le resultaba extraño mirar a Ki Tae-jeong desde abajo después de tanto tiempo, ya que no era solo por unos días; era la primera vez que pasaban varias semanas sin tener sexo.

 

"Pero, es-esposo-".

"Se-hwa".

Fue una voz que se acercaba más a un gruñido, como el de un depredador amenazando. El tono bajo que raspaba su garganta hizo que la sangre bajara de golpe a su entrepierna. Se-hwa encogió un poco el cuello, avergonzado de que su parte inferior se hubiera levantado de nuevo y empezara a soltar fluido preseminal.

"Lee Se-hwa".

Y sorprendentemente, el hombre que más se esforzaba por burlarse de un Se-hwa así, actuó como si eso ni siquiera le importara. Enterró su nariz en el cuello de Se-hwa mientras su mano impaciente acariciaba y frotaba su orificio. Aunque la entrada estaba muy mojada, el interior de las paredes no se había abierto suavemente todavía, por lo que parecía querer terminar de prepararlo con la mano.

"Si sientes que te desgarras ahí abajo, bofetéame".

"¿Eh?".

 

"Con la mano que tiene el anillo, cierra el puño y golpéame la cara con fuerza".

"Qué dice..., ¡ah-h-ugh!".

Sin previo aviso, el pene de Ki Tae-jeong, mucho más grueso que cualquier juguete, desgarró su parte trasera. Ki Tae-jeong introdujo rápidamente sus dedos entre los labios de Se-hwa, que se abrieron por la sorpresa, como si quisiera evitar que se mordiera la lengua en el impacto.

"U-uuuuh...".

La saliva goteaba por el hueco bloqueado por la mano. A diferencia de su habitual ritmo pausado, Ki Tae-jeong hundió el glande de golpe y de inmediato impulsó su cintura hacia arriba. En una sola embestida, el pene endurecido y turgente se deslizó profundamente dentro de sus paredes internas.

Dado que había estado soltando mucho lubricante y que el General lo había lamido intensamente, la entrada fue más fácil de lo esperado, pero el interior del orificio, que volvía a morder su pene después de tanto tiempo, todavía estaba muy apretado. Aunque penetró en tres tiempos, solo había logrado entrar hasta la mitad.

"H-ugh, ah-ah, ugh...".

Aun así, parece que le pareció suficiente, porque los dedos que bloqueaban la boca de Se-hwa se retiraron. En su lugar, de inmediato, comenzó un embiste tan feroz que parecía que le iba a dar la vuelta al orificio, dejándolo sin aliento.

"Esposo... ¡ah, ah-at! ¡Ah!".

Ki Tae-jeong se apoyó al lado de la cabeza de Se-hwa, pegando su abdomen contra el de él. Con el otro brazo, lo rodeaba y lo abrazaba con todas sus fuerzas. Como estaban encajados sin un solo espacio desde el cuello hacia abajo, Se-hwa, sin saber dónde poner las manos, se retorció torpemente hasta que, incapaz de soportar la penetración cada vez más violenta, terminó abrazándose a su espalda.

Tenía miedo de que las esposas lo presionaran y le causaran alguna herida, así que intentó aferrarse a las sábanas, pero este hombre testarudo ni siquiera le permitió eso. Al contrario, como si le complacieran las marcas que dejaba, el General movía la espalda de vez en cuando, provocando que los trozos de metal trazaran líneas sobre su piel.

"¡Ah, ahí, de-demasiado, ah, ah-ugh!".

Era el acto que tanto había deseado, pero la sensación era mucho más vertiginosa de lo que imaginó, impidiéndole mantener la cordura. Quizás por haber estado atado tanto tiempo, el semen goteaba de la punta de su pene enrojecido, pero Ki Tae-jeong seguía embistiendo con fuerza, como si estuviera bajo el efecto de alguna droga.

Tal como él dijo, no se desgarró por detrás, pero sí sentía un calor abrasador. Era un dolor leve, un escozor que resultaba extrañamente placentero. A diferencia de hace un momento, cuando lo atormentaba con delicadeza para avergonzarlo, ahora le gustaba esa sensación de golpeo constante en sus puntos sensibles. Se-hwa lloraba y sollozaba, pero al mismo tiempo mordía el hombro del General sin darse cuenta; sentía que iba a morir de placer.

"¡H-ugh, mmm...!".

"Fuuu...".

No era solo que su cuerpo estuviera completamente entregado al placer, sino que Se-hwa no podía recuperar el juicio al ver a Ki Tae-jeong moviéndose como si no supiera qué hacer con tanto calor, rompiendo su habitual control de los tiempos.

Y todo solo por haberlo llamado 'esposo'. Solo había sido una pequeña treta para que dejara de lamerlo por detrás. Verlo perder los estribos y volverse loco por eso le provocaba una satisfacción emocional inmensa.

"Esposo, ah, me gus-gusta... qué hago... bésame... mmm, es-esposo, bésame... por favor... ¡ah-ugh!".

Los labios se unieron con urgencia y torpeza, con tanta fuerza que casi se aplastan las narices. Tragaban apresuradamente los gemidos ardientes del otro; a veces sus dientes chocaban o se mordían los labios con desorden. Sin embargo, ni Ki Tae-jeong ni Lee Se-hwa tenían margen para reírse; no tenían ni un ápice de calma.

"¡Mmm, ah, ah-at...!".

Un clímax destructivo, de esos que te hacen sentir que el cerebro va a estallar, cayó sobre Se-hwa. A diferencia de la euforia constante de antes, esta era una sensación tan intensa que le resultaba difícil incluso mantenerse consciente.

"H-ugh, h-hugh...".

"Haah...".

¿Sería porque encogió los dedos de los pies y contrajo su parte trasera con fuerza al mismo tiempo? Ki Tae-jeong también derramó su semen mucho antes de lo habitual. Los músculos adheridos a su cuerpo de acero parecieron hincharse como si fueran a explotar, y las venas azuladas saltaron con fuerza en su cuello, en el dorso de sus manos y en sus sienes. Cada vez que él exhalaba, Se-hwa sentía cómo el espeso semen llenaba sus paredes internas con un latido húmedo.

"... Quédate quieto".

Ki Tae-jeong rió por lo bajo, advirtiéndole que si seguía apretando así, solo él sufriría las consecuencias.

"Ah...".

Él se desplomó sobre el cuerpo de Se-hwa como si acabara de terminar una carrera a máxima velocidad, intentando recuperar el aliento. Como las cadenas de las esposas le preocupaban, Se-hwa intentó soltar lentamente sus manos de la espalda del General, pero este impulsó su cintura hacia arriba a propósito para impedirle cualquier movimiento.

"Due-duele, ejem, me duele".

Se-hwa se asombró de su propia voz, terriblemente rota, y soltó una tos seca; solo entonces Ki Tae-jeong levantó la cabeza.

"¿Estás bien?".

El sudor acumulado en su barbilla y el flequillo ligeramente húmedo y desordenado resultaban tan eróticos que Se-hwa bajó la mirada, incapaz de verlo directamente a la cara. Sentía que estaba viendo algo demasiado indecente que no debería mirar.

"... Sí".

"¿Y atrás?".

"... Estoy bien".

"¿No te desgarraste?".

"No me desgarré...".

Si de verdad quería cuidarlo, debería haber sacado esa cosa enorme que aún mantenía dentro antes de preguntar. Al notar sus labios fruncidos, Ki Tae-jeong le mordió la punta de la nariz y la mejilla con suavidad.

"Esto... ¿tanto le gustó? Que lo llamara... es-esposo...".

"¿Todavía lo preguntas?".

Ki Tae-jeong pareció recuperar el juicio tardíamente y retiró su cuerpo con cuidado, levantando las piernas de Se-hwa para revisar su estado. Estaba enrojecido, pero eso era por la fricción. Estaba un poco hinchado, pero seguro se debía a la mezcla de lubricante y semen....

"Esposo".

"¿Mmm? ¿Qué pasa? ¿Te tira en alguna parte?".

"No es eso...", divagó Se-hwa, y Ki Tae-jeong soltó una risita burlona como si ya lo supiera.

"¿Todavía tienes vergüenza después de haberme mostrado cosas peores hace un momento?".

Se-hwa intentó protestar débilmente diciendo que en ese momento no estaba en sus cabales, pero terminó callándose al ver que el General parecía igual de cohibido. A pesar de haber terminado el acto más primitivo y explícito, siempre le resultaba vergonzoso exponer su cuerpo de esa manera. Específicamente, le daba mucha pena sentir cómo subía su temperatura ante la mirada de él, que ahora examinaba su cuerpo sin ninguna connotación sexual aparente.

¿Era una suerte? Al mirar de reojo, el pene de Ki Tae-jeong todavía no se había relajado por completo. Era un milagro que no se hubiera deshinchado después de estar tan empapado.

"Mañana pensaba pedir que me devolvieran el dinero de todo eso...".

Se-hwa intentó incorporarse con esfuerzo, pero se rindió y volvió a tumbarse. Seguramente quería comprobar el estado de los objetos esparcidos por la cama, pero como ya les había quitado el envoltorio, la devolución era imposible. Y sobre todo, Ki Tae-jeong....

"Los productos usados no tienen devolución, ¿verdad?".

Él tenía la intención de usar absolutamente todos los artículos que Se-hwa había comprado por despecho.

"Pero hay más cosas que no hemos usado".

"Eso es ahora".

"¿Eh...?".

Hasta que la noche se volviera blanca. O tal vez, incluso después de que amaneciera.

"¿No decías que querías un segundo hijo? Con esto no es suficiente".

"Espere... usted dijo que lo haríamos despacio, ¡ah, mmm...!".

Moviendo con lentitud su pene, que no había perdido ni un ápice de su imponente tamaño a pesar de haber eyaculado una vez, Ki Tae-jeong apartó el flequillo sudado de Se-hwa. Tenía una frente bonita y redondeada, como si hubiera sido esculpida con esmero. Sentía que se moriría de amor con solo ver su frente, y se preguntó si realmente estaba bien sentirse así. Ki Tae-jeong chasqueó la lengua ante el estado de su propio cuerpo, que se hinchaba con fuerza solo con observar la piel pálida de Se-hwa.

"General, ah, mmm, no haga eso... h-ugh, lo que hay dentro... se está... saliendo...".

"No importa. Lo volveré a llenar".

Cuando el pene se hundió más lento y profundo que antes, los muslos de Se-hwa, completamente abiertos, temblaron como si tuviera un calambre.

"Por quéé... si ya lo llamé... así...".

Los grandes ojos de Se-hwa se llenaron de lágrimas. Era como si no entendiera por qué lo presionaba de forma tan maliciosa cuando él lo había llamado 'esposo', recurriendo a un apelativo que normalmente nunca usaba solo para complacerlo.

"Me gustó tanto que me volví loco. No sé ni cómo explicarlo, joder, hasta pensé que de verdad podría morirme en ese instante".

Por eso fue el problema, dijo Ki Tae-jeong mientras impulsaba su cintura con un golpe seco que resonó con fuerza. Parecía querer enterrarse en un lugar aún más profundo que antes; la punta de su pene, erguido y firme, ensanchaba con insistencia las paredes internas que ya de por sí estaban al límite. Sobre los pantalones del uniforme que Ki Tae-jeong aún no se había quitado, goteaba una mezcla de fluidos que ya no se sabía si eran de uno o del otro.

"Te amo, cariño."

"No, no... esto es, ¡ah, h-ugh!"

"¿No te gusta?"

"Un poco... más de-despacio... esto, ¡ah!"

"Esposo, ¿de verdad no te gusta?"

Ki Tae-jeong preguntó como si realmente estuviera dispuesto a detenerse si él se lo pedía. Actuaba con una dulzura aparente, pero en el fondo subyacía esa fastidiosa seguridad de que era imposible que no le gustara.

"Siga, h-ugh, siga... por favor... ."

"¿Qué dijiste?"

"Lo... amo, por eso... ."

Solo un poco más despacio. Logró decir Se-hwa entre vacilaciones, sorbiendo la nariz mientras sollozaba; Ki Tae-jeong soltó una carcajada como si no pudiera evitarlo. Como tenían las mejillas pegadas, Se-hwa sintió la vibración de su risa recorriéndole todo el cuerpo.

Con una sensación que parecía hacerle cosquillas en el corazón, Se-hwa jadeó intentando recuperar el aliento y levantó sus pestañas, pesadas por las lágrimas. Ki Tae-jeong presionó sus ojos con el dedo índice para retirar la humedad, despejando su visión por completo. El asombroso rostro del General llenó el pequeño mundo de Se-hwa. Era una belleza a la que, a pesar de verla todos los días, nunca terminaba de acostumbrarse.

Sin embargo... Se-hwa ahora lo sabía. Aunque un día Ki Tae-jeong se despertara convertido en el hombre más feo del mundo, o incluso si se transformara en un pequeño insecto, lo amaría igual que ahora.

"Ya sea uno o dos pájaros, ellos volarán por su cuenta algún día, pero el mono no podrá hacerlo, ¿verdad?"

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Fue un cambio repentino de conversación. Se-hwa, que se había quedado embobado admirando las facciones de Ki Tae-jeong, parpadeó rápidamente al volver en sí un poco tarde.

"Por eso creo que tendré que abrazarlo con fuerza. De ahora en adelante y para siempre, toda la vida."

¿Pájaros? ¿Monos? Se-hwa estuvo a punto de preguntar de qué estaba hablando, hasta que recordó una conversación de hace tiempo, cuando lo había retenido a pesar de que estaba ocupado para insistirle en una respuesta.

'General, ¿y si...?'

'Dime.'

'Imagine que tiene que cruzar el desierto y le dicen que tiene que llevarse obligatoriamente a un mono, una serpiente y un pájaro. ¿Cómo se llevaría a esos tres?'

"Cruzaré el desierto así contigo."

Ante la promesa de Ki Tae-jeong de que abrazaría a su pequeño y preciado mono para que no tuviera que enfrentar las tormentas de arena, Se-hwa sonrió con todas sus fuerzas. Quiso decirle que él estaba pensando lo mismo hace un momento, pero no quería volver a mostrar esa imagen lamentable rompiendo a llorar, así que simplemente mantuvo su sonrisa.

"Esposo."

"Dime."

"Bésame, por favor."

Con las esposas rotas colgando de ambas muñecas, Se-hwa le pidió besos una y otra vez.

"Pareces un mono de verdad."

"... Y eso que antes decía que era como una flor."

Ki Tae-jeong soltó una risita justo antes de atrapar el labio inferior de Se-hwa, que protestaba con un murmullo.

"Sí, también eres como una flor."

"... ¿Y usted, Esposo?"

Fue una pregunta algo inesperada que no encajaba con la respuesta sobre la flor. Sin embargo, Ki Tae-jeong pareció entender perfectamente sin necesidad de explicaciones; sus ojos, que parecían dibujados con un pincel, se curvaron con ternura. Sus labios, pegados a los de Se-hwa, también trazaron una suave línea curva.

No hacía falta escuchar la respuesta para saber cuál era.

Yo también te amo.