3. Artrópodo

 


3. Artrópodo

Cuando recobró el sentido, su cuerpo estaba empapado en sudor. Como alguien que despierta de una pesadilla espantosa, Do-eon parpadeó con ojos aturdidos.

Poco a poco, su visión se enfocó en un espacio familiar. La cama de caoba. La puerta que daba a la terraza del segundo piso. La curva del colchón hundida de un solo lado. Incluso el tenue aroma a feromonas, similar al de las rosas secas. Era la habitación de su madre.

'¿Cuándo vine a la habitación de mi madre? ¿Acaso se manifestó de nuevo mi sonambulismo?'

Tal vez, con la llegada del celo, había aparecido un nuevo síntoma. Después de todo, tal como decía su madre, él no tenía buena suerte. Desconcertado, Do-eon giró la cabeza hacia la ventana arqueada. La tormenta eléctrica que había partido el cielo se había detenido, y un amanecer azulado comenzaba a asomar.

Se frotó las sienes, esforzándose por revivir los recuerdos. Anoche, se había unido a Do-ha una y otra vez, tantas que era difícil contarlas. Luego, agotado, se desmayó primero...

Fue entonces cuando Do-eon bajó la mirada y se sobresaltó. Estaba completamente desnudo. Al mismo tiempo, un dolor muscular punzante recorrió todo su cuerpo.

"ugh..."

Se mordió el labio y, aunque no había nadie mirando, cruzó los brazos para cubrir su pecho hinchado y lleno de marcas. Probablemente Do-ha seguiría sumido en un sueño profundo; parecía que solo a él se le había activado el sonambulismo para terminar en el cuarto de su madre. La penumbra del alba resultaba extrañamente gélida. No podía quedarse allí; debía regresar a su habitación de inmediato.

Sintiendo un escalofrío, Do-eon se frotó los hombros y dio la espalda a la cama para dirigirse a la salida. Justo cuando iba a cruzar la puerta...

¡Pa-gak!

Escuchó el sonido de algo siendo pisado. Do-eon giró la cabeza por reflejo. No había nada, excepto el paisaje del amanecer ganando terreno. La habitación sin dueño permanecía en silencio. Pensó que sería el sonido de la vieja madera de la ventana absorbiendo la humedad, pero cuando intentó girarse de nuevo...

Pa-gak, pa-gak, pa-gak...

Una serie de ruidos grotescos lo anclaron al sitio. Ante aquel estrépito imposible de ignorar, Do-eon se detuvo. Aunque el miedo le erizaba la piel, el sentido del deber lo obligó a darse la vuelta para investigar. Aguzó el oído; el crujido provenía exactamente de debajo de la cama.

Con una expresión de desagrado, se acercó a la cama a regañadientes. Intentando convencerse de que solo era el marco de madera —usado desde los tiempos de su abuelo materno— deformándose por la humedad, se arrodilló y asomó la cabeza bajo el mueble. En ese instante...

¡Ffuit— da-da-da-da!

"¡ugh...!"

¿Qué era eso? ¿Qué demonios era?

Un objeto de cuatro patas, con el cuello torcido, salía gateando velozmente de debajo de la cama extendiendo sus extremidades de forma errática. Do-eon, aterrorizado hasta la médula, retrocedió de golpe dejando caer su cuerpo hacia atrás.

Pa-gak, pa-gak...

Aquella criatura similar a una araña, que sacudía su larga cabellera y giraba la cabeza 360 grados, tenía un rostro negro que parecía haber sido quemado por el fuego.

"¡¿Q-qué... qué es esto?!"

No podía creer lo que veían sus ojos. Se los frotó varias veces con el dorso de la mano, dudando de si aquello era una alucinación. El monstruo abrió una boca que ocupaba la mitad de su rostro y susurró con una voz más pesada que la oscuridad:

['Do... eon....']

Do-eon se mordió los labios. ¿Cómo era posible? El monstruo pronunció su nombre con precisión. Lo observó con el ceño fruncido; el brillo azulado en los ojos de la criatura le resultaba familiar. Se parecía a alguien. Era esa mirada neurótica típica de las personas que han estado enfermas durante mucho tiempo.

"¡......!"

En un breve instante, las lágrimas brotaron en sus ojos. Entre los espasmos de aquella cabellera negra que repetía su nombre como un mantra, reconoció al fantasma de una persona fallecida. Su verdadera identidad era...

"¿M-mamá? ¿Es usted, mamá?"

El espectro continuó con su letanía:

['De...bes... pro...tejer... la... man...sión.... La... man...sión...']

"L-lo siento, mamá... In-intenté protegerla..."

Según Do-ha, su padre traería a su prometida, vendería la mansión y lo enviaría lejos a él. Era la mansión que su madre tanto amaba. ¿Acaso ella no había podido irse y se había convertido en un fantasma para protegerla?

['No... pro...teges... la... man...sión... y... solo... re...cibes... una... su...cia... se...milla...']

Sus ojos, rasgados hacia los lados, brillaron con agudeza mientras observaban fijamente la parte inferior del cuerpo de Do-eon. Sus muslos, pegajosos por toda clase de fluidos, estaban expuestos sin defensa. Do-eon juntó las piernas apresuradamente.

"F-fue porque el celo llegó de repente... fue un accidente... ¡fue solo un accidente!"

['¿Sa...bes... qué... pa...sa... si... re...cibes... la... se...milla... de... tu... pro...pio... her...mano?']

Era injusto. Las cejas de Do-eon se contrajeron de dolor. No había sido su voluntad. Él había dicho claramente que no quería...

"D-dije que no quería, pero Do-ha me f-forzó... ¡es la verdad!"

El fantasma, cuyas patas recordaban a los apéndices de un ciempiés, hundió la cabeza entre la entrepierna de Do-eon y olfateó.

['¿De... ver...dad...?']

"¡L-lo siento, mamá, me equivoqué! ¡Por favor, perdóname!"

Al final, él también se había embriagado de placer, aferrándose a Do-ha y soltando gemidos. Do-eon cerró los ojos con fuerza y echó el torso hacia atrás mientras las lágrimas caían sin cesar. Del fantasma emanaba un aroma peculiar, como a resina de pino. El espectro volvió a susurrar:

['Si... con...cibes...... Si... con...cibes.......']

¿Concebir?

El fantasma guardó silencio sin terminar la frase y se desvaneció. Do-eon abrió los ojos lentamente.

"¿M-mamá?"

Había desaparecido como si nunca hubiera estado allí. Miró a su alrededor confundido; tras la ventana, el alba comenzaba a despuntar. ¿Había sido un sueño? ¿Una pesadilla momentánea?

Parpadeó con las pestañas pesadas por el llanto. Se sentía como si hubiera tenido una visión o hubiera sido hechizado. Entonces, sintió una humedad viscosa en su parte inferior y bajó la vista.

"Ugh..."

Debido a que se había caído hacia atrás, el semen que Do-ha había depositado en él resbalaba por sus muslos. No sabía cuántas veces lo había recibido anoche. Después de desmayarse, ni siquiera fue consciente de la frecuencia. De repente, sintió una oleada de náuseas.

['No... pro...teges... la... man...sión... y... solo... re...cibes... una... su...cia... se...milla...']

La voz lúgubre de su madre no se borraba de su mente. Tal como ella decía, era una semilla sucia. Una semilla producto del incesto. Sintió la urgencia inmediata de sacársela.

Salió de la habitación de su madre y entró en la suya, en el segundo piso. Fue directo al baño y abrió la ducha. Dejó que el agua cayera con fuerza como si quisiera desprenderse de la pesadilla. El agua transparente resbalaba por su cuerpo blanco, que parecía recubierto de porcelana.

¡Suaaaaaa—!

"¡Ut...!"

Bajo el chorro de agua fría, sus pezones hinchados se irritaron, causándole un dolor punzante. Al mirarse al espejo, vio que todo su pecho estaba lleno de hematomas.

"Pero qué es esto..."

Además, sus pezones estaban tan masticados que se habían inflamado hasta alcanzar el grosor de un dedo meñique. Do-eon, horrorizado, enfrió su rostro ardiente con el agua helada.

El problema más urgente era el semen en su interior. Extendió la mano hacia atrás y apuntó con el dedo índice hacia su orificio. Tenía miedo incluso de tocarse. Cerró los ojos y deslizó la punta del dedo sobre los pliegues.

"Ugh..."

Sus labios temblaron. La entrada, que normalmente permanecía cerrada, estaba dilatada e irregular. Nunca le había pasado algo así. El cambio en su cuerpo debido a la fustigación despiadada del pene lo aterraba.

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Su zona más íntima, donde normalmente no cabía ni un dedo y que nadie debía ver, estaba tan abierta que podía sentir cómo succionaba el aire exterior con cada respiración. Esa diferencia era tan desconocida que le daban ganas de llorar, pero, temblando, logró introducir el índice. Al presionar y tirar hacia un lado, grandes trozos de la semilla acumulada en su interior comenzaron a derramarse.

El fluido viscoso y blanco desaparecía en el desagüe formando remolinos. Continuó saliendo hasta que Do-eon quedó lívido por el agua fría, pero él ni siquiera sentía el frío.

El fantasma había dicho 'concebir'. Desapareció antes de terminar la frase, pero él sabía que eso significaba quedar encinta. No debía quedar embarazado de su propio hermano. Eso iba en contra de la moral y el sentido común. Así lo había aprendido en los libros, y él no era una persona tan degenerada. Quizás por eso se le había aparecido el fantasma de su madre.

Para regañarlo por caer en la lujuria en lugar de proteger la mansión. Para evitar que, por casualidad, concibiera un hijo de su hermano. Do-ha le había asegurado que no pasaba nada porque las probabilidades de embarazo para un omega recesivo eran escasas, pero aun así estaba inquieto. También le preocupaba haber despertado en la habitación de su madre.

'Tengo que ir a ver al Doctor Kang.'

Debía visitarlo para que le recetara algo para su narcolepsia y sonambulismo, además de inhibidores de celo y anticonceptivos de emergencia.

Cuando dejó de ver rastros de la sustancia blanca en el desagüe, Do-eon cerró el grifo. Su cuerpo desnudo, enfriado por el agua, estaba completamente pálido; lo único rojo eran sus pezones hinchados, las aréolas y los hematomas de las succiones de Do-ha.

"¡Uugh...! A-duele..."

Al secarse con la toalla, rozó accidentalmente un pezón y sintió un dolor agudo. Estaban tan sensibles y maltratados por las mordidas de Do-ha que le resultaría difícil ponerse una camiseta así. Sin más remedio, abrió el cajón, sacó unas tiritas y se paró frente al espejo. Cortó las tiritas y las pegó en forma de cruz sobre sus pezones tensos.

"Tener que hacer esto..."

Pero si no lo hacía, el roce le causaría dolor, así que no tenía opción. No había tiempo para lamentarse. Tenía que ir a ver al Doctor Kang antes de que Do-ha despertara. Bajó al primer piso de puntillas, moviéndose sigilosamente. Al echar un vistazo a la habitación de invitados, vio que la puerta estaba abierta de par en par, tal como él la había dejado.

Do-ha seguía sumido en el sueño, desnudo, con su ancha espalda hacia él y moviendo ligeramente los omóplatos al respirar. Do-eon salió de la casa a hurtadillas, como un ratón.

* * *

La clínica del Doctor Kang estaba en el centro de la ciudad. Con una atmósfera tan sosegada como el propio médico, que ya entraba en la vejez, el lugar estaba tan en silencio que se podía oír incluso el sonido de alguien tragando saliva. Do-eon esperaba ansioso a que pronunciaran su nombre.

Ante el llamado de la enfermera de recepción, Do-eon entró trotando al consultorio como un perrito, se sentó en la silla y le tendió la mano al Doctor Kang de inmediato.

"Me enteré de lo de su madre. Mis más sentidas condolencias."

Mientras medía la concentración de feromonas con una punta de extracción de sangre, el Doctor Kang expresó un breve pésame por el fallecimiento de su madre. Probablemente, la tía Sun-hee había enviado un mensaje de texto masivo con la noticia del deceso a los pocos contactos guardados en el teléfono de su madre.

"Gracias..."

Do-eon respondió con el rostro rígido. Solo quería recibir pronto la receta del inhibidor para calmar sus feromonas, que saltaban sin control. Temía que la despiadada primera experiencia de la noche anterior lo hubiera transformado de alguna manera.

Esperó a que terminara la medición observando de reojo al Doctor Kang. El indicador de espera parpadeaba en la pantalla. Él se acomodó las gafas que se le habían resbalado y le lanzó una pregunta seca, como si solo estuviera saludando.

"¿Cómo va su narcolepsia últimamente? ¿No ha tenido síntomas como sueño repentino o despertarse después de andar deambulando por la noche?"

Do-eon se preguntó si debería contarle que había despertado en la habitación de su madre. También la historia del monstruo araña que vio bajo la cama. Y que ese monstruo se parecía a ella. Pero, aunque las palabras subieron hasta su garganta, se las tragó por miedo a que lo viera como a un loco.

"...A-a veces sucede."

"¿Cree que necesita medicación?"

"¿Perdón? Ah, sí..."

"Se la recetaré."

El dispositivo de medición emitió un pip, anunciando que el proceso había terminado. El Doctor Kang observó fijamente la pantalla del medidor de feromonas antes de hablar. El corazón de Do-eon se encogió al unísono.

"Estaba en su ciclo de celo."

"¿Eh? Sí..."

"Sin embargo, sus feromonas están bastante estables. Dibujan una curva constante. Parece que no olvidó tomar sus inhibidores y lo hizo correctamente. No parece haber ningún problema especial."

"Ah..."

"Le recetaré el inhibidor con la misma dosis que la última vez."

Do-eon inhaló silenciosamente. No era por el inhibidor, sino porque su celo se había aplacado tras recibir la semilla de Do-ha. Sus sentimientos eran complejos, pero eso no era lo importante ahora. Tenía que conseguir la anticoncepción de emergencia. Do-eon se frotó las palmas de las manos, húmedas por el sudor frío, contra sus muslos para secarlas.

"Esto... Doctor..."

"¿Sí?"

Una mirada sin brillo se posó sobre él, preguntándole qué pasaba. Bajo la luz blanca, Do-eon se veía aún más pálido. Aunque no había nadie más en el silencioso consultorio, susurró en voz muy baja:

"...¿Podría recetarme también la píldora del día después?"

"¿La píldora del día después?"

El Doctor Kang levantó los párpados gruesos con sorpresa. Do-eon sentía que prefería morir en ese instante. Un hijo omega recesivo que pedía anticonceptivos de emergencia antes de que pasara siquiera una semana del funeral de su madre; no podía ni levantar la cara frente al médico.

"Sí..."

"Está bien. Se la recetaré junto con lo demás."

"G-gracias..."

En ese momento, el Doctor Kang le pareció un salvador enviado del cielo por no preguntar nada. Justo cuando el asiento, que sentía como un nido de espinas, empezaba a ser un poco menos incómodo...

"Solo por esta vez. La próxima necesitaré un consentimiento del tutor para recetársela."

"M-mi madre ha muerto..."

"Si su madre no está, debe traer el consentimiento de algún pariente cercano. Así es la ley."

"......."

"Nos vemos en la próxima cita."

El rostro severo del Doctor Kang parecía culparlo. Bajo esa mirada indiferente que le indicaba que saliera a recoger la receta, Do-eon sintió que moría de humillación.

* * *

Tras beber el agua del dispensador de la farmacia y tomar la píldora del día después que le habían recetado, su corazón finalmente se calmó un poco. Lo de ayer fue un accidente inevitable. Un accidente evidente... fue un accidente... Do-eon se lo repitió a sí mismo una y otra vez.

Jurándose que algo así no volvería a ocurrir, salió de la farmacia. Sin embargo, no quería entrar a casa de inmediato. Se sentía incómodo con la idea de ver el rostro de Do-ha.

Caminó sin rumbo por el centro de la ciudad, abarrotado de gente. Letreros de diversos colores y nombres, puestos callejeros de todo tipo, personas que caminaban con la cabeza en alto, riendo y charlando como si tuvieran un destino fijo. Entre todos ellos, él caminó y caminó sin dirección alguna.

Cuando estuvo a punto de agotarse de tanto andar, entró en una cafetería, pidió un café y se quedó sentado durante mucho tiempo. Después de observar a la gente hasta el cansancio, viendo cómo la luz del semáforo cambiaba de rojo a azul decenas de veces, el paisaje en su mente se transformó de repente en la familiar mansión.

La mansión con ese seductor aroma a abeto. Los grandes ventanales arqueados donde se fragmentaba la luz. El pequeño arroyo que cruzaba el jardín. El destello del sol rompiéndose sobre la corriente de agua. Los lirios amarillos junto al arroyo. Los alcaudones surcando el cielo. Su madre sentada en la terraza del segundo piso...

Aunque le había dicho a su madre que la vendiera, lo cierto era que él mismo no podría sobrevivir sin el caparazón que representaba esa mansión. El lugar donde debía estar no era este, sino aquel. En un instante, sintió una profunda nostalgia por su hogar. La humedad empañó sus claros ojos. Se frotó los párpados con el dorso de la mano sin motivo aparente. Sin nadie más a quien ver ni otro lugar a donde ir, el único sitio donde podía estar tranquilo era su casa. Solo su propia mansión.

'Vayamos a la mansión.'

Como si estuviera hechizado, Do-eon se levantó de su asiento y salió de la cafetería.

* * *

Pero estar frente a la puerta principal requería de mucho valor. Tras pensarlo un largo rato, Do-eon decidió entrar por la puerta trasera para evitar encontrarse con Do-ha.

Aún existía esa puerta trasera que utilizaban los empleados cuando su abuelo materno vivía, aunque ahora no se usaba. Pensaba entrar a hurtadillas por allí para llegar a su habitación en el segundo piso.

Se dirigió hacia la puerta trasera pegado a la pared de la mansión. La pequeña puerta oxidada, que cualquiera confundiría con la de un depósito, estaba cerrada con un pestillo. Lo deslizó hacia un lado, abrió la puerta silenciosamente y entró.

"......."

La puerta trasera conectaba con la despensa de la cocina, diseñada así para que los empleados pudieran entrar y salir con facilidad.

Cuando su abuelo vivía, seguramente habría estado llena de víveres, pero ahora solo quedaban unas pocas latas con la fecha de caducidad vencida. Con el corazón amargado, abrió la puerta opaca y salió hacia la cocina.

"Vaya, y yo que pensaba que era algún ratoncito."

"......!"

Do-ha estaba apoyado contra el fregadero con los brazos cruzados. Do-eon había considerado que podría estar despierto, pero no esperaba encontrárselo de frente así. Paralizado, Do-eon forzó su voz para hablar.

"¿C-cuándo te despertaste?"

"Recién. ¿A dónde fuiste?"

"T-tenía... unos asuntos que atender fuera por un momento..."

La mirada afilada de Do-ha se dirigió hacia la bolsa de medicamentos que sostenía Do-eon.

"¿Qué es eso?"

"¿Eh?"

Nervioso y paralizado, Do-eon escondió torpemente la bolsa tras su espalda.

"N-no es nada."

"Si no es nada, ¿por qué lo escondes?"

"¡No tiene nada que ver contigo!"

La mirada de Do-ha estaba clavada detrás de la cintura de Do-eon. Este intentó pasar a su lado fingiendo naturalidad, pero Do-ha le arrebató rápidamente la bolsa. Do-eon soltó un grito agudo.

"¡Dámelo!"

"¿Qué será esto?"

Do-ha sostuvo la bolsa en alto. Aunque Do-eon se puso de puntillas, la diferencia de altura impedía que alcanzara su mano. Do-eon gritó con tal fuerza que se le marcó la nuez del cuello.

"¡Dije que no es nada!"

"¿Clínica General Kang? ¿Fuiste al hospital?"

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Do-ha leyó la bolsa sin darle importancia. Do-eon arrugó el entrecejo sintiéndose acorralado. Al ver el rostro pálido y descompuesto de Do-eon, Do-ha preguntó:

"¿Acaso por lo de anoche...?"

"¡N-no es eso...!"

Do-eon negó con la cabeza apresuradamente. A pesar de su negativa, Do-ha arqueó una ceja al notar su semblante atribulado.

"Si no es nada, ¿puedo tirarlo?"

"¡¿Q-qué estás diciendo...?!"

"Dijiste que no era nada."

Dejando a Do-eon estupefacto, Do-ha fue hacia el fregadero, abrió el grifo, sacó el frasco de la bolsa, lo abrió y volcó las pastillas en el sumidero.

"¡¿Qué estás haciendo?!"

Do-eon, que se había quedado pasmado por la sorpresa, reaccionó e intentó arrebatarle el frasco, pero la fuerza de Do-ha no era normal y le resultó imposible.

Jadeando, Do-eon se rindió y, con el rostro enrojecido, golpeó con fuerza la espalda de Do-ha.

"¡Maldito seas! ¡Es mi medicina! ¡Era mi medicina!"

"Por eso te pregunté qué era y no pudiste explicarlo."

"......¡Es... es el inhibidor!"

Do-eon no se atrevió a decir que también estaban sus medicamentos para la narcolepsia y el sonambulismo. Sabía perfectamente cómo lo trataría si se enteraba de sus otros padecimientos. Lo trataría como a un inútil, un omega recesivo con enfermedades incurables.

Se le heló la sangre al pensar que, si no se hubiera tomado la píldora del día después en la farmacia, Do-ha se la habría quitado también y no habría podido evitar el embarazo.

"¿Inhibidor?"

Tras un breve silencio, Do-ha repitió la palabra con tono seco. Do-eon asintió mientras intentaba regular su respiración.

"¡Sí... el inhibidor! Se me había acabado, por eso anoche contigo...!"

"¿Conmigo qué?"

"Ja... ya da igual. Ahora nada tiene sentido... Basta ya..."

Do-eon miró con desolación el sumidero vacío. No podía volver al hospital por otra receta; los inhibidores solo se recetaban una vez al mes para evitar el abuso de fármacos en los omegas recesivos. Podía conseguirlos de forma privada, pero el costo era demasiado alto y no tenía ese dinero.

Su situación era patética. Le punzaba la cabeza. Miró a Do-ha con una expresión hundida, sus ojos castaños temblaban de resentimiento.

"Tú eres un alfa dominante, así que no lo entenderías... pero yo necesito esa medicina... ¿lo entiendes?"

"......."

Más allá del inhibidor, no sabía qué pasaría si no tomaba el control para su narcolepsia y sonambulismo. Tenía miedo de los cambios en su cuerpo y del propio Do-ha, que lo bloqueaba. Do-ha, estudiando sus profundos ojos castaños, habló.

"Tengo una solución."

De repente, Do-ha sujetó ambas manos de Do-eon. Al entrelazar sus dedos, un brillo grisáceo cruzó sus ojos. Do-eon puso una expresión asustada.

"¿Q-qué solución? ¡Suéltame...!"

"No es nada extraño."

Do-ha continuó para tranquilizarlo.

"Se cree que las feromonas de un alfa solo sirven para excitar al omega, pero tienen otros efectos."

"......?"

"Si un omega se expone constantemente a las feromonas de un alfa dominante, su ciclo de celo se estabiliza."

"N-no digas tonterías..."

"Es verdad. ¿No sabías que los omegas que se exponen con frecuencia a feromonas de alfa dominante pueden, con suerte, cambiar su rasgo a beta o incluso alfa?"

"......."

Era la primera vez que escuchaba algo así. En ese momento, Do-ha cerró los ojos lentamente. Un intenso aroma a madera penetró en sus fosas nasales. Sintió un calor sofocante en las palmas de sus manos que se extendió por todo su cuerpo.

Su corazón, que latía con fuerza y rapidez, encontró un ritmo constante y sintió que su mente caótica se calmaba. Incluso sintió su cabeza despejada. Do-ha abrió los párpados lentamente.

"¿Viste?"

Do-eon, que mantenía sus manos unidas a las de él aturdido, asintió levemente. No podía negar el efecto que sentía en su corazón, su cabeza y sus palmas; literalmente en todo su cuerpo. Realmente las feromonas de un alfa eran algo increíble.

De hecho, lo había sentido anoche durante la relación. Su cuerpo, que parecía a punto de estallar, se había calmado al unirse a Do-ha sin necesidad de inhibidores. Incluso en el hospital le habían dicho que sus feromonas estaban estables.

Como Do-eon nunca antes había experimentado las feromonas de un alfa, no tuvo más remedio que creer en los efectos que Do-ha mencionaba.

"Y algo más potente que las feromonas."

"......?"

Do-ha puso su mano sobre el hombro delgado de Do-eon. Al contacto con la palma que aún conservaba feromonas, su cuerpo tembló como si respondiera.

"Es la semilla de un alfa."

"...¡N-no, no quiero!"

Do-eon sacudió la cabeza. Había jurado que no volvería a ocurrir. Lo de ayer fue claramente un accidente. Incluso el fantasma de su madre se le había aparecido para regañarlo por recibir una semilla sucia. Ante un Do-eon con el rostro rígido, él sonrió como un demonio de la noche.

"Hyung tiene que recibirla en abundancia también por la mañana."

"N-no se puede. ¡N-no habrá una segunda vez...!"

Do-eon se apartó empujándolo por el hombro. Quería escapar de esa pesadilla viscosa y del fantasma con forma de araña. Aunque fuera su madre, era un monstruo. No podía volver a cometer ese pecado con su hermano. Pero Do-ha, sin remordimiento alguno, ensanchó su sonrisa.

"Justo tengo un regalo para hyung."

"¿Q-qué regalo...?"

Abrió un cajón del fregadero y sacó un delantal tipo vestido con bordados de flores. Era un delantal en forma de H.

"Sería bueno que hyung se pusiera esto e hiciera una omelette como la otra vez."

"¡No quiero!"

Do-eon sintió un escalofrío. No quería seguirle el juego. Entonces, Do-ha sacó su teléfono, presionó el teclado y comenzó a recitar pausadamente:

"Si no quieres, no tengo opción. Tendré que contarle a papá lo de ayer. Papá, ayer con hyung tuve sexo..."

"¿E-estás loco?"

"No es broma. Voy a llamar ahora y decírselo. De todos modos, me pica la lengua por contarle cómo se puso hyung cuando recibió mi pene."

El tono de llamada empezó a sonar. Si la llamada se conectaba y su padre respondía... Se le heló la sangre. ¿Acaso a este tipo no le importaba nada? Finalmente, fue Do-eon quien se rindió primero.

"¡E-está bien! ¡M-me lo pondré!"

Frente a un Do-eon que resoplaba de furia, se depositó el delantal de flores. Ante la mirada de descontento, Do-ha esbozó una sonrisa triunfal.

Con resignación, Do-eon tomó el delantal y suspiró. Le dolía la cabeza por culpa de Do-ha, que estaba sentado en una silla del comedor con los brazos cruzados, observándolo como si fuera un espectáculo. Justo cuando iba a colgarse el delantal de un hombro...

"Quítate la ropa primero."

"...¿Qué?"

"Eso se usa sobre la piel desnuda. Es especial."

"N-no..."

Do-ha agitó el teléfono como si fuera a usarlo antes de que pudiera negarse.

"Ja..."

Do-eon no tuvo más remedio que tragarse sus palabras. Tragándose también los insultos, dejó el delantal en un extremo de la mesa y se dio la vuelta para quitarse la camiseta. Sentía punzadas en la espalda bajo su mirada.

Inhaló brevemente; le faltaba el aire por culpa de aquel sujeto. Al bajar la vista nublada, vio que la tirita que se había puesto en el pezón antes de salir se estaba despegando. El pezón hinchado no mostraba señales de calmarse. Do-eon, vigilando de reojo a Do-ha sentado detrás, llevó su mano para intentar quitarse la tirita.

Al despegar un poco el extremo, el pezón inflamado saltó y la cinta se desprendió por completo. 'ugh', Do-eon se mordió el labio para contener un gemido ante el repentino calor que se concentró en su pecho.

"¿Qué haces?"

Sus hombros temblorosos lo delataron de inmediato. Do-eon arrugó rápidamente la cinta y la dejó caer al suelo.

"N-nada, no es nada."

"Nada, si estás temblando como si te hubieran atrapado robando."

Do-ha se levantó de la silla y caminó lentamente hacia él. Cuando Do-eon cruzó los brazos para ocultar la tirita del otro pezón, Do-ha frunció el ceño.

"¿A estas alturas te da vergüenza? Después de todo lo que hicimos."

"N-no es eso..."

Do-eon movía sus ojos castaños de un lado a otro. ¿Quién querría mostrarle a alguien que tiene tiritas en los pezones? Era humillante. Do-ha lo miraba con frialdad.

Con las pestañas bajas y temblando, era evidente que ocultaba algo. Do-ha lo sujetó de la muñeca y tiró con fuerza.

"¡N-no lo hagas...!"

"Mmm..."

El entrecejo de Do-ha se contrajo levemente. El torso delgado de su hermano estaba cubierto de los hematomas que él mismo había dejado ayer. Las puntas de su pecho, que subía y bajaba agitadamente, estaban tan inflamadas que sobresalían formando picos.

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Además, en el pecho izquierdo tenía una tirita pegada en forma de cruz, que ya estaba a punto de caerse. Do-ha extendió la mano y, con un movimiento brusco, arrancó la cinta.

"¡ugh...!"

Do-eon soltó un gemido agudo. Un placer punzante se concentró alrededor de su pecho.

"¿Dónde dejaste la otra? ¿La perdiste por ahí? Qué descuidado."

"¡N-no la perdí...!"

Acababa de tirarla al suelo a escondidas. Do-eon protestó con lágrimas en los ojos ante ese dolor que se sentía como un placer difuso. Dolía, debía doler, pero la extraña sensación de placer que surgía tras el dolor lo hacía sentir extraño.

Tras observar fijamente los pezones que temblaban, Do-ha sujetó ambos pechos de Do-eon y comenzó a amasarlos.

"¡ugh...! ¡N-no hagas eso...!"

"Mira cuánto han crecido. ¿Acaso quedaste embarazado anoche?"

"¡No digas esas cosas! ¡N-no estoy embarazado!"

Como se había tomado la píldora del día después antes de volver, la probabilidad de embarazo era prácticamente cero. Fue una suerte entre tanta desgracia haberla tomado.

Do-ha aplicó más fuerza en sus manos mientras amasaba sus pechos como si fueran masa. Los pezones rosados e hinchados sobresalían entre sus dedos.

"¡Ugh, Ugh...!"

Sin darse cuenta, Do-eon retorció la cintura dejando escapar un gemido. Do-ha, con el ceño fruncido, se inclinó hacia sus pezones.

Con un brillo extraño en sus ojos grises, sacó la lengua y comenzó a lamer suavemente los pezones turgentes. Al contacto de las papilas gustativas con su pecho, un escalofrío recorrió la espalda de Do-eon.

"¡Huu.... n-no lo hagas, hua... aaa...!"

Do-eon arqueó la espalda con espasmos mientras echaba la cabeza hacia atrás. Su rostro se había tornado de un rojo intenso como el de una rosa.

Mientras disfrutaba de la expresión de su hermano, que convulsionaba bajo el juego de su lengua, Do-ha comenzó a lamer también el otro pezón irritado.

"¡ugh, Ugh, b-basta, Ugh...!"

Los pezones de Do-eon estaban rígidos y endurecidos por la excitación. Cuanto más los lamía, más se hinchaban hasta alcanzar el tamaño de una uña pequeña.

Do-ha pasó de lamer a morder suavemente con sus dientes. Los pezones rojos y turgentes eran triturados entre sus dientes como fruta madura. Do-ha disfrutaba viendo cómo cambiaba el semblante de su hermano a cada momento.

"¡Ugh, b-basta ya, Ugh...!"

Entonces, la mano de Do-ha descendió lentamente. Por estar jadeando, Do-eon ni siquiera se dio cuenta de que le estaban bajando los pantalones. Se escuchó el sonido de la cremallera y los pantalones cayeron hasta sus tobillos.

Su pene ya estaba completamente erecto. Al ver el trayecto del pene rosado moviéndose hacia arriba, Do-ha rió por lo bajo.

"Hyung, ¿qué tal si llegamos al final solo con tus pezones?"

"¿Ugh...?"

Do-eon, aturdido por la excitación y con la parte inferior descubierta, entreabrió los ojos. Do-ha, con una mirada burlona, puso la mano de Do-eon sobre su propio pecho.

"Quiero que hyung se corra masturbándose el pecho."

"¡N-no, no quiero, n-no puedo...!"

Do-eon bajó la mano espantado. Era una zona que le causaba vergüenza y dolor incluso al rozarla. Que le pidiera masturbarse tocándose allí... Do-eon apretó los molares. Do-ha sonrió con desprecio ante su negativa.

"¿Por qué no puedes? Si con lo que yo te hice ya la tienes así de dura, terminar no te llevará nada."

Al señalar el pene erecto, Do-eon se giró con el rostro lleno de vergüenza. Por alguna razón, su cuerpo volvía a traicionar a su mente. Acababa de pasar; se sentía humillado y avergonzado, pero abajo... la sangre se acumulaba. El calor hervía.

Do-eon tuvo que admitir que sintió una excitación extraña cuando Do-ha estimuló sus pezones. Pero no tenía confianza para hacerlo con sus propias manos. Se sentía patético retorciéndose con los pezones hinchados y el pene expuesto, y le frustraba más no tener respuesta.

"Si no lo haces, yo tampoco tendré piedad contigo."

"¿Q-qué...?"

En ese momento, Do-ha cerró los ojos lentamente. Un intenso aroma a madera se esparció y todo el cuerpo de Do-eon tembló mientras sentía un cosquilleo en su vientre bajo. Específicamente donde estaba el útero. El cuello uterino, donde el glande había hurgado ayer, sentía una picazón insoportable.

"¡ugh, b-basta...!"

En lugar de calmarlo, había liberado feromonas de alfa para ponerlo en celo. Era como un dolor fantasma. Similar a una contracción imaginaria que le hacía desear nuevamente la penetración de anoche.

"¡Ha, Ugh-Ugh.... b-basta...!"

Involuntariamente, el fluido comenzó a brotar del orificio. Do-ha observaba el rastro del fluido recorriendo su perineo mientras su mente se nublaba. Deseaba morir de vergüenza. Sin embargo, era mayor el dolor punzante en su vientre bajo. Do-eon se abrazó el abdomen lloriqueando.

"¡Hic... e-está bien...! ¡B-basta ya...!"

Una vez más, tuvo que rendirse. Ante las feromonas de un alfa dominante, un omega recesivo era una criatura impotente, menos que una hormiga bajo una bota. Siempre era el omega recesivo el que terminaba aplastado. Cuando Do-eon puso su mano sobre su pecho, Do-ha detuvo el flujo de feromonas.

"Hazlo."

Tras la exposición a las feromonas, su sensibilidad estaba a flor de piel. Solo con acercar la mano a los pezones enrojecidos sentía un placer punzante.

"¡ugh...!"

Sin siquiera tocarlos, al rozarlos con la mano, el pezón giró elásticamente presumiendo su forma madura. Do-eon arqueó la espalda mordiéndose el labio.

"Úsalos con el pulgar y el índice como si estuvieras ordeñando."

"Ugh, Ugh...."

Al ver que no podía hacerlo bien, Do-ha le ordenó los movimientos. Do-eon tragó saliva y puso ambos pulgares e índices sobre su pecho, atrapando los pezones hinchados entre ellos.

Los pezones, con su centro endurecido, emanaban calor. Al presionarlos levemente, sintió mareo. Apenas podía mantenerse en pie.

"Ugh, uu, huuuu...."

Se impacientó ante su pene que palpitaba. Sentía que le faltaba muy poco, pero al hacerlo él mismo no alcanzaba el clímax extremo. No podía llegar. Con el ceño profundamente marcado y rozando sus pezones con el dedo medio, miró a Do-ha.

"¡ugh, d-ayúdame...!"

"¿Cómo quieres que te ayude?"

Do-ha solo observaba la situación con parsimonia y los brazos cruzados. Las lágrimas brotaron. Su pene, donde se concentraba el calor, estaba al rojo vivo. Sentía que le faltaba un paso, pero estaba bloqueado por una membrana de frustración que solo Do-ha podía resolver.

"¡Ugh, d-ayúdame... p-por favor...!"

"¿Quieres correrte?"

"¡ugh, Ugh...!"

Do-eon suplicó mientras las lágrimas caían de sus ojos. Do-ha, que estaba inmóvil como una estatua, se puso detrás de él y apretó ambos pechos como si fuera a reventarlos.

"¡ugh...! ¡A-duele...!"

"Mi hyung es un bebé. Tengo que ordeñarte para que te corras."

Entonces, con una fuerza brutal, comenzó a presionar y retorcer los pezones como si estuviera ordeñando. Do-eon sacudía la cabeza violentamente mientras lloraba. Cada vez que apretaba con esa fuerza, sentía relámpagos ante sus ojos.

"Bebé, ¿te gusta?"

"¡ugh! ¡ugh! ¡ugh! ¡Ha-aa-ng!"

Su pene se irguió rígidamente y, tras unos espasmos, roció el semen dibujando una parábola. Su mente se quedó en blanco por un instante.

"ugh, ugh, ugh...."

Los muslos de Do-eon tuvieron espasmos leves. Se quedó apoyado en el pecho de Do-ha un buen rato jadeando con la mirada perdida.

"Mi bebé, ya eres grande, te corres solo con que te toquen los pezones."

Escuchó la burla de Do-ha en su oído, pero no tenía fuerzas para reaccionar. Su pecho, marcado por las manos rojizas, subía y bajaba con violencia.

"Ya te ayudé con una, ahora ponte el delantal y haz la omelette, hyung. La que hiciste aquella vez estaba rica."

Do-eon sentía que se iba a desmayar. Sus piernas temblaban. Con el rostro encendido, se apoyó en la mesa para levantarse y tomó el delantal. Al colgárselo del hombro, la tela áspera rozó dolorosamente sus pezones.

"Ugh...."

Al colgarlo del otro hombro, las tiras largas colgaban tras su espalda. Mientras las miraba confundido, Do-ha chasqueó la lengua y se acercó por detrás. Do-eon hizo un gesto para alejarlo, temiendo mostrar su trasero desnudo.

"Y-yo lo haré, n-no vengas...!"

"¿Ni siquiera sabes atar un moño? Realmente eres un bebé."

"N-no es eso, es que es difícil atarlo por detrás..."

"Te lo ataré bonito."

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Aunque le dijo que no viniera, Do-ha se paró justo detrás y tomó las cintas. El sonido del roce de la tela hizo que, por alguna razón, se relajara. Do-eon cerró los ojos involuntariamente ante el sueño que lo invadía. Al sentir la ligera presión en su cintura, abrió los ojos y Do-ha estaba frente a él.

"Te queda bien."

Do-eon bajó la barbilla para mirarse. Las tiras de los hombros eran tan largas que el delantal cubría hasta sus pezones. A través de la delgada tela, la silueta de los pezones turgentes era perfectamente visible.

Con el rostro atónito, bajó la mirada un poco más. En la parte inferior bordada con pequeñas flores, la silueta de su pene se marcaba con claridad. No quería ni pensar en cómo se veía por detrás. Se le descompuso el gesto al pensar que estaba desnudo, solo sujeto por cintas.

"Cambia esa cara, hyung. Estás muy lindo."

"¡C-cállate...!"

Le resultaba injusto sufrir tal humillación solo porque él había descubierto que era un omega recesivo. Pero por ahora, no tenía otra forma de callarlo que accediendo a sus demandas. No tenía más opción que convertirse en su muñeco.

"Para hacer la omelette, ¿qué necesitamos? ¿Huevos?"

"Ugh..."

"Vamos a prepararlo."

Do-ha sacó huevos de la nevera. Rebuscó en los estantes de la cocina y trajo un bol grande y un batidor.

"Venga, empieza."

Do-eon suspiró levemente y acercó los huevos que estaban sobre la mesa. Rompió los huevos en el bol y comenzó a batir.

Pensó que la forma en que los huevos perdían su estructura se parecía a su propia situación. Todo había cambiado desde que su madre murió. Estaba perdiendo su forma original y todo se volvía caótico.

Mientras los huevos se volvían líquidos, sintió algo duro presionando contra sus nalgas desde atrás. Sorprendido, Do-eon giró la cabeza y vio a Do-ha sonriendo levemente con sus ojos grises brillando.

"Continúa."

Do-eon tragó saliva y volvió a mirar al frente. Do-ha lo sujetaba por la cintura mientras frotaba su bulto contra sus nalgas. Con cada roce, el bulto crecía de forma aterradora, obligando a Do-eon a arquear la cintura.

"Mmm..."

A medida que Do-ha se frotaba contra su trasero, el movimiento de la mano de Do-eon con el batidor se volvía notablemente más lento. Le costaba mantenerse en pie frente al fregadero. Con cada empujón desde atrás, su vientre golpeaba la mesa. Parecía que los huevos ya estaban listos...

"¿H-hasta cuándo tengo que h-hacer esto...?"

"¿Crees que ya está?"

"¿Eh? S-sí..."

Mirando el contenido del bol sobre su hombro, Do-ha extendió la mano y revolvió los huevos con el dedo. Tras frotarlos con los dedos, habló con tono satisfecho.

"Parece que quedó bien."

"¿D-de verdad?"

"Sí. Servirá para el coño de hyung."

"¿Q-qué...?"

De repente e inesperadamente, un dedo resbaladizo se hundió con fuerza en su orificio.

"¡ugh...!"

Do-eon apretó los dientes. Resultó que esa era la razón por la que le pidió batir los huevos; Do-ha comenzó a mover su dedo bañado en huevo dentro de sus paredes internas. Se escuchó un sonido viscoso, como si estuviera aplicando pegamento.

"¡ugh, Ugh, b-basta, Ugh...!"

Al aplicar el huevo resbaladizo dentro de las paredes rugosas, estas se volvieron elásticas y atraparon el dedo con fuerza. Do-ha abría y cerraba los dedos como si fueran tijeras para dilatar el orificio. Do-eon sintió deseos de desplomarse ante el placer que lo inundaba.

"¡Ugh-Ugh... n-no lo hagas, Ugh...!"

De repente, el fluido brotó del orificio que atrapaba el dedo. El huevo amarillo se mezcló con el fluido transparente, y un líquido de color claro comenzó a escurrir por la muñeca de Do-ha.

"¡Ugh, Ugh...!"

"Mira el color de tus jugos. Definitivamente eres una perra."

A pesar de las burlas de Do-ha, Do-eon soltó un gemido mientras su cintura sufría espasmos. La sensación del dedo resbaladizo frotando su punto sensible era extasiante. Cada vez que su cadera temblaba, el fluido brotaba sin que pudiera detenerlo.

"Mira cómo suplicas por un pene, de verdad..."

"N-no es cierto... ¡No quiero...!"

Acababa de tomarse la píldora del día después. Si volvían a tener sexo con penetración... por muy omega recesivo que fuera, este tipo de relación era peligrosa.

Cuando Do-eon forcejeó para escapar, Do-ha lo sujetó firmemente de la cintura con una mano. Entonces, se escuchó el sonido de la cremallera bajando. Por instinto, Do-eon giró la cabeza. El pene que saltó hacia fuera tenía una majestuosidad imponente.

Con venas oscuras entrelazadas como raíces de árboles, el pene palpitaba con fuerza, como si detectara el aroma del orificio y ansiara entrar de inmediato.

"Tienes hambre, ¿verdad? Te daré de desayunar ahora mismo, hyung."

"¡No, n-no quiero, n-no puede ser...!"

En cuanto ajustó el grueso glande a la entrada del orificio palpitante, los pliegues se contrajeron hacia dentro y, con un sonido húmedo, el agujero se tragó el glande. En el momento en que se escuchó el sonido pegajoso de la succión interna, Do-ha empujó su cintura de un solo golpe.

"¡ugh...!"

Do-eon echó la cabeza hacia atrás mientras su mandíbula temblaba ligeramente. Un placer que parecía desmoronar su cuerpo lo golpeó por completo. El punto donde la punta del pene golpeaba se hinchó, provocándole escalofríos. Do-eon se estremeció violentamente, sacudiendo sus extremidades delgadas al ritmo que dictaba el sexo de su hermano.

"U-un poco... más d-despacio, Ugh...!"

No podía recuperar el juicio ante las embestidas de Do-ha. Cada lugar que el grueso glande presionaba se convertía en un punto de placer extremo, inflamándose y pegándose entre sí como masa. El sonido de la carne de las nalgas golpeando contra el hueso ilíaco resonaba por toda la cocina.

"Fuu..."

Do-ha redujo la velocidad lentamente y retiró el pene hasta que la corona del glande quedó atrapada en los pliegues del orificio. La mucosa roja y brillante asomó como pétalos de flores. Sin piedad, Do-ha volvió a hundir el pene profundamente. Las extremidades delgadas de Do-eon temblaron sin control.

"¡ugh, ugh...!"

Sintió un pinchazo en el cuello uterino. Si el cuello uterino volvía a abrirse... Como el celo parecía haber pasado, no debería abrirse de nuevo, pero aun así era una posición peligrosa.

Sin embargo, cuanto más peligroso era, mayor era el placer. Sus nalgas, suaves como tofu, se aplastaban y temblaban bajo la fuerza de las embestidas.

Do-ha no se detuvo ahí. Retrocedía hasta que la punta del pene rozaba los pliegues exteriores y luego arremetía con tal fuerza que las nalgas se deformaban por el impacto. Una mezcla de huevo y fluidos salpicaba por todas partes. Sin darse cuenta, Do-eon empezó a desear que lo penetrara más profundo y más rápido.

"ugh... ugh... ¡B-basta... por favor...!"

"Fuu, ¿entonces quieres que lo haga rápido?"

"Ugh, sí, sí. Hu-ub..."

Tras obtener la respuesta inevitable de Do-eon, Do-ha sujetó sus muñecas juntas como si fueran riendas. Luego, poniendo toda su fuerza en el pene, empezó a embestir violentamente. El cuerpo de Do-eon se sacudía con desenfreno.

"¡ugh, ugh, ugh, ugh...!"

El punto donde el glande golpeaba ardía como si tuviera fuego. Sentía como si los puntos de placer hinchados se pegaran unos a otros sin poder separarse. La punta del pene recorría sus entrañas estrechas y golpeaba el colon. La mucosa, tan castigada por las embestidas, terminó envolviendo suavemente el glande de Do-ha, succionándolo con cada movimiento.

La visión de Do-eon se volvió borrosa por el clímax. Sentía que su cuerpo ya no le pertenecía. Bajo el delantal, la silueta de su pene erecto sobresalía notablemente.

Cada vez que Do-ha golpeaba el cuello uterino, el pene de Do-eon saltaba con espasmos.

"¡ugh, ugh...! ¡N-no puede ser...!"

Do-ha observaba la reacción frenética de Do-eon mientras golpeaba repetidamente el mismo punto. Al notar la silueta abultada bajo el delantal, sonrió levemente y lo abrazó con fuerza por la cintura.

"¿Qué debería hacer con esta perra en celo?"

"N-no es cierto, yo... esto es por t-ti. ¡ugh...!"

Debido al fuerte abrazo, sintió el pene de su hermano aún más vívido, sin dejar ni un espacio entre ambos. Do-ha, rodeando el cuerpo delgado, empezó a embestir con una ferocidad salvaje. Sus entrañas eran removidas sin piedad por el sexo bárbaro.

"Ugh, p-profundo, ¡ugh-ang...!"

Do-eon se mordió los labios mientras sus pestañas temblaban. Al mismo tiempo, dentro del delantal, se derramó su segundo cargamento de semen. Sentía que su mente se quedaba en blanco. Do-ha, que vislumbró el delantal empapado desde atrás, se burló:

"ugh, ugh..."

"¿Te has meado como un perro?"

"E-eso..."

Era humillante. Do-ha mordisqueó el lóbulo de la oreja de Do-eon, que se había puesto rojo al instante. Luego, embistió con una fuerza brutal una vez más. Ante el sexo que machacaba su interior ferozmente, Do-eon se mordió el interior de la mejilla hasta que brotó sangre.

"¡ugh, ugh, d-de repente, a-así, ¡ugh...!"

La punta del pene, que buscaba llegar aún más profundo, le provocó un escalofrío en el corazón. Las manos que sujetaban su cintura apretaron sus nalgas mientras removía las paredes internas con furia. En el perineo de Do-eon burbujeaba una espuma blanca.

"Fuu, si yo soy un perro, soy uno especial."

"¡Ugh, u-un poco, d-de-despacio, ¡haaaa...!"

"Un perro que quiere montarse a su propio hermano mayor."

'Kung', golpeó con fuerza el clímax con la punta del glande. 'ugh', es demasiado profundo. Do-eon se retorció perdiendo el conocimiento. Ante la sensación electrizante, su visión se volvió blanca.

"Un perro que quiere dejar preñado a su hermano."

"E-el embarazo... ¡n-no puede ser...!"

Do-ha gruñó en voz baja y giró bruscamente el cuerpo de Do-eon. En ese movimiento, el pene que estaba profundamente insertado se salió, dejando una sensación de vacío. Al liberarse la obstrucción, el fluido y el huevo acumulados cayeron al suelo.

¡Wajang-chang!

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Do-ha empujó el bol y el batidor que estaban en la mesa, tirándolos al suelo. El recipiente se volcó y la mezcla de huevo que Do-eon había batido con tanto esfuerzo se desparramó por todo el piso.

Si iba a hacer esto, ¿para qué le pidió que hiciera la omelette? Mientras Do-eon lo miraba con incredulidad, Do-ha lo levantó en el aire sujetándolo por la cintura y lo recostó sobre la mesa.

"¡ugh...!"

En esa posición vulnerable, con los muslos abiertos, Do-eon se veía provocativo. Las tiras del delantal se habían resbalado dejando ver sus pezones hinchados, y la tela se había subido tanto que el orificio, que palpitaba con cada respiración, quedaba al descubierto.

"Eres malditamente sexy, hyung."

"N-no digas e-eso...!"

Sujetando firmemente las corvas de Do-eon, Do-ha hundió su pene erecto directamente en el orificio que aún jadeaba. El glande penetró sin obstáculos hasta el colon.

"¡ugh-ugh...!"

Do-eon echó la cabeza hacia atrás y sus ojos se pusieron en blanco. Un placer asfixiante se extendió por todo su cuerpo. Do-ha, con los vellos púbicos rozando el perineo sin dejar espacio, trazó círculos lentos mientras abría y cerraba los ojos, humedeciendo su labio inferior.

Asegurando las piernas de su hermano bajo sus brazos, empezó a embestir sin descanso. Los testículos pesados de Do-ha golpeaban rítmicamente contra el perineo de Do-eon. La piel delicada se tornó de un rojo hirviente.

"¡ugh ¡ugh! ¡ugh! ¡ugh!"

Cada vez que Do-ha embestía con todo su peso, la mesa de mármol crujía y se movía con ellos. Las tiras del delantal habían terminado de caer, dejando sus pezones hinchados apuntando rígidamente hacia el techo.

"Fuu, hasta la forma de tus tetas es un espectáculo, hyung."

Con una expresión de deseo incontenible, Do-ha se inclinó y succionó un pecho con fuerza. El calor de la succión dentro de su boca hacía sentir a Do-eon como si fuera a derretirse. Él arqueó el pecho soltando gemidos constantes.

"ugh, ¡q-quema, ¡ugh...!"

La lengua de Do-ha envolvía la carne derretida con insistencia. Los pezones, que se endurecían al contacto con la humedad, parecían soltar un jugo dulce con cada succión.

"Chuu, chyu-ub, está malditamente rico, chyu-ub."

Como un adicto, Do-ha succionaba su pecho con ferocidad. Enterró el rostro en la carne mullida y succionó los pezones como si fueran caramelos, hasta que sus mejillas se hundieron.

Realmente parecía salir un sabor dulce de esos pezones pequeños. Se preguntó cuánta leche dulce saldría si quedara embarazado. Tenía grandes expectativas. Lamió y succionó vorazmente la pequeña carne que aún no secretaba leche.

"ugh, hru-u, ¡b-basta...!"

Aunque la probabilidad de embarazo en un omega recesivo es escasa, Do-ha sintió un deseo ardiente de dejar preñado a su propio hermano. Levantó más los muslos de Do-eon y embestió con violencia una y otra vez.

"¡ugh, ugh, ¡ugh...! ¡B-basta...! ¡N-no puede ser...!"

Sobre el vientre plano de Do-eon, la silueta del pene se marcaba como una serpiente antes de desaparecer en cada embestida. Do-ha, que removía el interior con furia, sintió de pronto un espasmo en sus muslos y descargó una gran cantidad de semilla dentro de él.

"Fuu..."

Cuando dejó caer su cuerpo hacia delante para apoyarse en el pecho de Do-eon, un líquido transparente que no parecía semen salpicó el abdomen de ambos.

"......?"

Sintiendo algo extraño, Do-ha levantó el torso y vio a Do-eon respirando agitadamente con el rostro encendido. Algo no cuadraba. Al mirar hacia abajo, vio un charco de líquido transparente en el vientre que no era su eyaculación. Cuando bajó la cabeza para comprobarlo, Do-eon se cubrió el vientre.

"L-lo siento, y-yo lo limpiaré...!"

"¿Por qué? ¿Qué es esto?"

Do-ha apartó la mano de Do-eon. El líquido transparente no tenía olor ni color, por lo que no podía ser orina. Do-ha soltó una carcajada incrédula.

"Hyung, ¿has tenido un squirt?"

"¿S-squirt...?"

"Lo que sale cuando te sientes muy bien."

"¿Y-yo?"

"Sí."

Recordándolo bien, cada vez que Do-ha succionaba sus pezones, sentía que iba a volverse loco. Do-eon sintió un escalofrío por todo el cuerpo ante ese placer que parecía derretirle el cerebro. Era un placer peligroso que sentía que debía detener. ¿Ese líquido transparente... era por eso...?

"¿Te sentiste bien?" preguntó Do-ha con voz ronca.

El placer.

No creía que se hubiera sentido bien...

Trató de cubrir su rostro rojo de vergüenza y giró la cabeza. Mentiría si dijera que no odiaba su cuerpo por ser tan débil ante el placer.

Era peligroso acostumbrarse a esa sensación. Y volverse adicto a ella también. Al igual que empezar a sentir algo diferente por Do-ha, el causante de todo ese placer...

-rrr.

En ese momento, sonó el timbre de la mansión. Un timbre que no debería sonar. Do-eon, temiendo que fuera una alucinación, le preguntó con cuidado a Do-ha. Podía ser una alucinación producto de su narcolepsia o sonambulismo.

"¿Lo oyes?"

"Sí. Lo oigo."

Al ver que Do-ha también lo oía, supo que no era una alucinación. Do-eon logró tranquilizarse un poco.

"No debería venir nadie..."

No había nadie que visitara la mansión. Desde que su madre murió, la señora Sun-hee ya no venía. El problema era que ambos estaban desnudos. Do-eon se levantó rápidamente de la mesa.

"D-date prisa, vamos a limpiar."

Se vistió apresuradamente y empezó a recoger los utensilios esparcidos por el suelo. Al verlo, Do-ha también comenzó a limpiar el huevo desparramado con un paño.

Mientras tanto, el timbre seguía sonando insistentemente. Do-eon y Do-ha se miraron tratando de adivinar quién sería el intruso. Do-eon preguntó:

"¿H-habrá vuelto papá?"

"Aún no debería."

"Entonces... ¿quién es...?"

Si no era su padre, ¿quién podría venir a esta mansión?

"Quédate aquí, hyung. Yo saldré."

"No."

La voz de Do-eon, que ya había dejado los platos en el fregadero y revisado su ropa, sonó tranquila.

"Yo saldré. Soy el dueño."

Como dueño de la casa, le correspondía salir a él.

Do-eon avanzó hacia la entrada soportando las ganas de apagar el timbre de inmediato. Sentía que el corazón se le iba a salir por la garganta.

¿Y si lo que estaba tras la puerta era el monstruo araña? ¿Y si lo criticaba por haber tenido relaciones con su hermano otra vez? Las pesadillas empezaron a encadenarse una tras otra en su mente.

Tras respirar hondo frente a la puerta principal, la abrió. Fuera, se encontraba un hombre con traje negro y el cabello impecablemente peinado hacia atrás.

"Hola, joven amo."

"......!"

¿Joven amo?

El hombre le hizo una reverencia respetuosa. Do-eon también inclinó la cabeza y la volvió a levantar. Lo observó con desconfianza. Parecía estar a mediados de sus treinta años. Su traje no tenía ni una sola arruga.

"¿A qué ha venido...?"

Ante su voz cautelosa, el hombre sacó una tarjeta de su bolsillo y se la entregó. Tenía una actitud segura, como si pudiera demostrar su identidad. En la tarjeta cuadrada estaba grabado el nombre de la empresa de su padre: Teogra.

"Trabajo en la empresa de su padre. Me llamo Jung Tae-seok."

"¿A-ah, la empresa de papá...?"

¿Por qué vendría alguien de la empresa de Teo? Mientras lo miraba con ojos llenos de dudas, escuchó una voz detrás de él.

"Papá dijo que enviaría a alguien para las tareas domésticas, ¿pero qué hace aquí el Jefe de Gabinete Jung?"

"Son instrucciones del Presidente."

Al girar la cabeza ante la voz, vio a Do-ha. Él miraba a Jung Tae-seok con una sonrisa torcida. Do-eon miró a Tae-seok y luego le preguntó a Do-ha:

"...¿Tú también lo conoces?"

Do-ha observó fijamente a Jung Tae-seok y dijo:

"Lo conozco muy bien."

"¿Cómo lo conoces?"

"Es el secretario ejecutivo de mi padre."

"¿Secretario?"

"Más que un secretario, diría que es su mano derecha."

"¿Mano derecha...?"

Al escuchar "mano derecha", Jung Tae-seok volvió a hacerle una breve inclinación de cabeza a Do-eon. Do-ha, con los brazos cruzados y manteniendo su tono de burla, comentó:

"Jefe Jung, ¿sabe cómo limpiar?"

"Sé cómo hacerlo."

"¿Y cocinar?"

"También sé hacerlo."

Do-ha soltó una risa irónica ante las respuestas inmediatas.

"¿Sabe preparar Galbi-jjim? A mi hermano le gusta mucho."

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Estaba inventando gustos que ni siquiera le habían preguntado. Do-eon le dio un toquecito en el brazo, pero a Do-ha no le importó y volvió a preguntar como si la respuesta de Tae-seok fuera lo más importante.

"¿Sabe preparar Galbi-jjim real? ¿Eh?"

Ante la mención del Galbi-jjim real, una ceja de Jung Tae-seok se movió levemente. Soltó un breve suspiro y respondió:

"Haré el esfuerzo."

"Con el esfuerzo no basta para entrar en esta mansión. Retírese."

"D-Do-ha."

No le entusiasmaba que un extraño entrara en la mansión, pero tampoco se sentía cómodo rechazando de esa forma a alguien enviado por su padre. Do-eon sujetó el brazo de Do-ha y le dijo a Jung Tae-seok:

"P-pase, por favor..."

"No. Dile que no entre."

"Do-ha... dice que lo envió papá..."

Tal vez era una oportunidad. Pensó de pronto que, más que estar a solas con el incontrolable Do-ha, le beneficiaba tener a un supervisor en casa. Necesitaba a alguien que pudiera frenar los impulsos de su hermano.

"Con su permiso, entraré."

Jung Tae-seok entró en la mansión. Do-ha lo miraba con desprecio. Tae-seok observó el interior de la casa. Do-eon revisó rápidamente su semblante temiendo que notara el desorden de la cocina de hace un momento, pero afortunadamente no parecía haberse dado cuenta.

Tras echar un vistazo a la sala, Jung Tae-seok comentó:

"Es una mansión magnífica."

"...Gracias."

Aunque solo era una mansión vieja. Justo cuando se sentía un poco avergonzado por el cumplido vacío, Jung Tae-seok caminó lentamente hacia la cocina. Do-eon se sintió ansioso por si descubría los rastros del encuentro sexual de hace un momento. Tae-seok miró la cocina y dijo con indiferencia:

"Deben haberse sentido muy solos los dos."

Ante sus palabras, Do-ha comentó con una sonrisa cínica en los labios:

"No hemos tenido tiempo para eso."

"¡S-Seo Do-ha...!"

Involuntariamente, sintió ganas de taparle la boca a Do-ha. Pero a él no le importó y solo se encogió de hombros.

"¿Cuándo vuelve papá?"

"Según el itinerario, volverá en tres días."

¿Tres días?

Los ojos de Do-eon se movieron de izquierda a derecha. En tres días su padre volvería. Eso significaba que podría poner fin a los actos desviados con Do-ha. Sin embargo, Do-ha fruncía el ceño como si algo no le gustara.

"Si vuelve en tres días, ¿para qué envía a un espía?"

"Parece que estaba preocupado."

"Ja, ¿preocupado? ¿De qué?"

Cuando Do-ha lo miró desafiante, Jung Tae-seok entrecerró los ojos levemente y miró alternativamente a Do-eon y Do-ha.

"¿No será que le preocupaba dejarlos solos a los dos en esta mansión tan grande?"

"No somos niños de siete años para que se preocupe. Él seguro que se lo está pasando bien con su prometida."

Do-ha se inclinó para burlarse con total seguridad. A pesar del desprecio evidente, Jung Tae-seok mantuvo su expresión impasible y su actitud calmada.

"¿Así que el Jefe Jung ha venido hasta aquí para hacernos la comida y la limpieza?"

"Sí, así es."

'Fut', Do-ha soltó una risa incrédula ante su actitud sumisa. Parecía encontrarlo absurdo. Sus ojos irradiaban naturalmente una mirada que parecía decir "eres una serpiente". Entre los dos hombres, en una situación que parecía a punto de estallar, Do-eon se quedó allí con el corazón en un puño.

"Entonces, prepárenos Galbi-jjim real mañana por la mañana. A ver qué tan bien lo hace."

"Sí. Entendido."

Aunque Do-ha no paraba de burlarse, Jung Tae-seok lo aceptaba todo en silencio. Esa actitud sumisa hacía que, extrañamente, Do-eon estuviera más pendiente de sus reacciones.

Sin embargo, a Do-eon no le disgustó la primera impresión de aquel hombre que parecía prudente. En cualquier caso, se sentía aliviado de que hubiera aparecido un tercero que pudiera poner fin a los excesos con Do-ha.

* * *

"......?"

Cuando abrió los ojos, lo primero que lo asaltó fue la oscuridad. Todo a su alrededor estaba sumido en las sombras. De repente, sintió miedo.

¿Qué... qué es esto?

¿Dó... dónde estoy?

¿Era una parálisis del sueño? Intentó mover la mano. Al ver que sus dedos se movían con total facilidad, supo que no se trataba de eso.

En ese momento, un aire frío y seco rozó la punta de su nariz. Poco después, un olor húmedo y lúgubre lo golpeó de lleno. Parecía olor a moho. Ante el hedor penetrante, se tapó la nariz sin darse cuenta.

Al mismo tiempo, al sentir la dureza en su espalda y levantar el torso, se dio cuenta de que aquel no era su cuarto.

¿Cuándo me quedé dormido?

¿Habrá vuelto a manifestarse el sonambulismo?

Sus nervios se pusieron en tensión. Desde que Jung Tae-seok llegó a la casa, se había quedado todo el tiempo en su habitación y no había salido. Evitaba a Do-ha por temor a que Tae-seok notara la sutil tensión que fluía entre ellos.

¿Acaso Do-ha también sintió ese esfuerzo? Él simplemente entrecerró sus largos ojos y se retiró dócilmente a su propia habitación.

Pero, ¿dónde era este lugar?

"¿H-hola...? ¿A-hay alguien...?"

Intentó hablar con urgencia, pero lo único que regresó fue un eco vacío. Para que hubiera eco, debía ser un espacio bastante amplio. Y eso significaba que estaba vacío.

Tanteó el suelo con las manos. Sus dedos tocaron una superficie fría y cubierta de polvo que no había sido tocada por nadie en mucho tiempo. Polvo, olor a moho, un espacio amplio y vacío...

"...¿El sótano?"

Se preguntaba por qué habría bajado al sótano. El miedo de estar solo en la oscuridad absoluta lo invadió. Do-eon se levantó y se pegó a la pared. Gateó sigilosamente tanteando la superficie, buscando el interruptor que debería estar allí.

Entonces, su palma tropezó con algo. Al accionar el interruptor con un 'clic', una luz incandescente se encendió, iluminando el oscuro sótano.

"......!"

Bajo la luz, el sótano resultó ser completamente distinto a lo que imaginaba. Todas las paredes estaban cubiertas de espejos. Como siempre había obedecido a su madre cuando le decía que no bajara, nunca lo había hecho. Por eso, no sabía que el lugar estaba tapizado de espejos.

Do-eon tuvo la ilusión de que iba a ser succionado por los espejos. Su propia figura estaba en todas partes, multiplicada en decenas, cientos de imágenes residuales. Sentía que perdía el juicio. Tenía miedo. Todo su cuerpo comenzó a temblar levemente.

Fue entonces.

"Hyung."

Al oír la voz familiar, giró la cabeza. Do-ha estaba de pie en la entrada del sótano.

"¿C-cómo estás tú...?"

Entonces, la expresión de Do-ha se distorsionó de forma extraña.

"Tú me dejaste un mensaje diciendo que viniera al sótano."

"¿Yo?"

"Sí."

"N-no, yo no hice eso..."

¿Un mensaje? No haría algo como enviarle un mensaje. Mucho menos cuando ni siquiera sabía su número de teléfono.

"¿Quieres que te muestre el celular?"

Do-ha sacó el teléfono de su bolsillo. Do-eon negó con la cabeza, diciendo que no era necesario. No podía ser. Él mismo acababa de despertar en el sótano como si saliera de un trance, ¿y resulta que había quedado en verse con Do-ha allí...? Era imposible.

"N-no, yo no fui."

"Claro, sigue negándolo si quieres."

"......."

Do-ha sacudió la cabeza como si no pudiera creerlo. Do-eon no pudo replicar más, temiendo que, si seguía negándolo, se descubriera su narcolepsia y sonambulismo.

Do-ha echó un vistazo a los espejos de las paredes y chasqueó la lengua.

"Qué tétrico. ¿De quién es este gusto?"

"N-no lo sé..."

"¿Habrá habido algún pervertido entre nuestros antepasados?"

"......."

Do-ha observaba fijamente cómo la expresión de Do-eon se alteraba sutilmente. Cuando Do-eon intentó desviar la mirada, Do-ha se acercó a grandes zancadas y le sujetó la barbilla. Una de sus cejas se elevó con desagrado.

"¿Estás pensando que el pervertido soy yo?"

"¡N-no...!"

Al mirar a Do-ha con ojos desconcertados, se encontró con esos extraños ojos grises que lo observaban con un rastro de risa.

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"Hyung."

Do-eon parpadeó sorprendido al oír que lo llamaba claramente. ¿Cuándo se acostumbraría a ese apelativo? Aún le resultaba extraño.

"Q-qué..."

"¿Pensaste que me detendría solo porque vino Jung Tae-seok?"

"Q-qué..."

"Si es así, te equivocas."

Ante la mirada intensa que se acercaba cada vez más, Do-eon cerró los ojos sin darse cuenta. Entonces escuchó una pequeña risa. Sus pestañas temblorosas se abrieron de par en par. Do-ha se reía con los ojos entrecerrados.

"Tan recatado cuando ya lo sabes todo."

De pronto, su rostro se encendió. Este tipo de bromas eran lo peor. Do-eon se frotó las mejillas calientes con el dorso de la mano y dijo:

"Me voy."

Su muñeca fue sujetada con fuerza. Cuando intentó zafarse, el agarre se volvió aún más firme.

"No te vayas."

"......!"

Sentía que había caído en una trampa de la que no podía escapar. Sus piernas flaqueaban. Pero Jung Tae-seok estaba en la casa. La transgresión debía terminar esta mañana.

"S-suéltame, ¡m-mmp...!"

Una lengua caliente chocó contra sus labios y devoró sus siguientes palabras. La lengua decidida succionó con fuerza la punta de la de Do-eon y recorrió su paladar.

"Mmm, mmp..."

Do-ha le sujetó la barbilla y succionó con fuerza su labio inferior como si le insuflara el aliento. Cuando los labios rojos e hinchados se estremecieron y se abrieron más, él acogió la lengua aún más húmeda y la succionó como si quisiera sellarla.

"Mmm, nng, chyu-ub, ugh..."

Sentía que el cerebro se le derretía. Era un beso que le dejaba la mente en blanco. Cada vez que las papilas de la lengua recorrían su paladar sensible, su bajo vientre se tensaba y su orificio palpitaba.

"Mmm... ugh..."

Do-ha, que succionaba los labios de un Do-eon aturdido, se apartó lentamente con una expresión lasciva. Entonces, metió la mano bruscamente en el pantalón y hundió el dedo índice en el orificio.

"¡ugh...!"

"Ya estás chorreando fluidos de perra."

Incluso solo con el beso, el fluido brotaba a borbotones. Mientras el dedo largo hurgaba en las paredes internas con un sonido húmedo, la pared carnosa y elástica mordía el dedo, aferrándose a él como si suplicara que entrara más profundo.

"Ja, mira con qué fuerza succionas. ¿Qué habrías hecho si no te hubiera hurgado?"

'Ssu-kuk'. Do-ha metió también los dedos medio y anular en el agujero para removerlo. La zona, que apenas había comenzado a cerrarse tras el sexo de la mañana, se ensanchó siguiendo la forma de los dedos que arremetían.

"¡, ja, n-no lo hagas, ...!"

'Jil-kyuk, jil-kyuk, jil-kyuk'. Do-eon no podía recuperar el juicio ante la sensación de los dedos largos separando las suaves paredes internas y rascando sin piedad con las uñas.

"D-Do-ha, b-basta, n-no debemos hacerlo..."

Un fragmento de razón intentaba ponerle freno. Jung Tae-seok estaba en la mansión ahora mismo. Sus múltiples figuras reflejadas en los espejos parecían reprenderlo, diciéndole que se detuviera.

"¿Pero tu orificio dice otra cosa?"

¡Jil-kyuk, jil-kyuk, jil-kyuk! Cuando Do-ha aumentó la velocidad removiendo las paredes internas, Do-eon agitó la pelvis como si fuera a desplomarse, negando con la cabeza frenéticamente.

"Si... si haces eso... si lo haces así, ¡ugh...!"

Do-eon soltó un gemido con lágrimas colgando de las comisuras de sus ojos. Cada lugar que el dedo presionaba se convertía en un punto de placer máximo, provocándole escalofríos intensos. Tenía miedo.

"Ponte derecho."

Do-ha le ordenó a un Do-eon que no podía ni sentarse ni estar de pie debido al exceso de sensibilidad.

"E-es que... t-tienes la m-mano dentro..."

"Ponte derecho."

¡Jil-kyuk! Los dedos se hundieron profundamente raspando las paredes internas. Golpeó su punto sensible. El cuerpo de Do-eon se inclinó hacia adelante como si fuera a caerse, chocando contra el de Do-ha.

"¡Ugh...!"

Do-eon se limpió las lágrimas y miró a Do-ha con furia. En los ojos grises de Do-ha no había ni un ápice de piedad. Do-eon no tuvo más remedio que erguir el cuerpo. La sensación del objeto extraño en su interior tironeaba de su parte inferior de forma incómoda.

"Vamos a caminar juntos hasta aquel espejo de allá."

"¿Q-qué?"

"Si mi mano se sale, empezaremos de nuevo desde el principio."

Tenía que caminar con la mano de Do-ha dentro hasta el espejo. Con dificultad, dio el primer paso que tanto le costaba separar del suelo.

"Uno."

Sintió los dedos dentro de su orificio presionando con fuerza la pared interna, lo que le provocó un escalofrío que le erizó la coronilla. Do-eon dio otro paso con los muslos temblando.

"Dos."

El rostro de Do-ha, sonriendo con malicia, se reflejaba en el espejo. ¿Te divierte jugar conmigo? ¿Te divierte? Quería agarrarlo de las solapas, pero no podía hacer nada debido a la mano que llenaba tensamente su agujero.

"Tres."

Finalmente llegaron juntos frente al espejo. Al estar allí, sus figuras se reflejaban cientos de veces, volviendo la situación aún más extraña.

"Ponte a gatas."

"P-para eso... t-tienes que... s-sacar la mano..."

Era imposible ponerse a gatas con la mano dentro.

"¿Así?"

¡Jil-kyuk! ¡Jil-kyuk! ¡Jil-kyuk!

"¡A-ah, nooo, ugh, ha-Ugh...!"

Sin embargo, lo que recibió fue el castigo de remover despiadadamente su punto sensible.

"¡E-está bien...! Me pondré a gatas... ¡ugh...!"

Con las nalgas temblando violentamente, no tuvo más remedio que arrodillarse y ponerse a gatas ante el espejo en silencio.

Solo entonces, cuando Do-eon se agachó, los dedos salieron de su orificio. En su lugar, el pantalón fue bajado bruscamente hasta sus muslos. Do-ha, que observaba en silencio las nalgas blancas y desnudas, comenzó a golpear el perineo con la palma de la mano.

'Chul-ssuk, chul-ssuk'.

"¡ugh...! ¡A-ah, duele!"

'Ugh, Ugh'.

"¡Ugh, q-que duele...!"

Los fluidos que chorreaban del perineo se pegaban como pegamento a la palma de Do-ha. A pesar del dolor punzante, resultaba extraño que su pene empezara a endurecerse con fuerza.

"Has ganado mucha resistencia antes de comer pene, hyung."

Do-ha se burló sutilmente al ver cómo el pene de su hermano ganaba fuerza. Era humillante. Se sentía avergonzado de considerar el dolor como placer y de que su cuerpo estuviera cambiando gradualmente por culpa de Do-ha.

"Comiste esta mañana, pero ¿quieres comer otra vez?"

"N-no, n-no quiero..."

"¿De verdad? ¿Incluso cuando estás soltando fluidos así?"

Do-ha recorrió lentamente el perineo mojado con el dorso de los dedos. Un escalofrío recorrió la columna de Do-eon.

"¡N-no hagas eso...!"

"¿Por qué? ¿Se siente raro?"

"Uu-ung..."

Entonces, Do-ha comenzó a frotar rápidamente el perineo con el dorso de los dedos. El rostro de Do-eon se encendió y los fluidos brotaron en abundancia.

"Si lo haces así... ¡haaaa...!"

"¿Te gusta?"

"¡Ha-Ugh...! ¡N-no quiero...!"

Las nalgas de Do-eon temblaban violentamente y sus muslos se juntaban y separaban repetidamente. Los pliegues del orificio, que se habían tornado rojizos, palpitaban revelando una oscuridad profunda. Lo que chorreaba entre ellos era un fluido dulce como la miel.

"Cómo que no quieres."

Do-ha trazó el contorno de los pliegues con el dedo y preguntó con un tono bastante generoso:

"¿Qué es lo que más necesitas ahora, hyung?"

"¡ugh, n-no lo sé...!"

"Si no lo sabes, no puedo dártelo. ¿Qué hacemos?"

"ugh... eres un cruel..."

Sentía que iba a volverse loco. Sabía lo que quería, pero no podía decirlo en voz alta. Como si conociera perfectamente su situación, Do-ha rascaba la zona del orificio de forma exasperante. Prefería que no hiciera nada.

"Uu-ung..."

"No te lo daré hasta que me lo pidas."

"ugh..."

Había muchas formas de derretir la impaciencia de una persona. Calentarlo hasta ese punto para luego decir que no se lo daría hasta que se lo pidiera... Sentía que iba a estallar en llanto.

"Ugh..."

"Hyung, ¿estás llorando?"

"N-no..."

Lágrimas contenidas colgaban de las comisuras de sus ojos. Al ver esas gotas a punto de caer de sus pestañas, Do-ha entrecerró sus ojos bien definidos.

"Pídeme el pene, vamos."

"N-no puedo..."

"¿Ah, sí? Entonces es que no la necesitas."

Do-ha apartó la mano del orificio como si fuera a irse de inmediato. El agujero abierto palpitó al perder el contacto. Sintió que su corazón se hundía. Do-eon gritó con voz quejumbrosa:

"¡N-no...!"

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"Entonces tienes que decirlo."

"...Dámela..."

"¿Qué? No te oigo."

"¡D-dame el pene...! ¡Dame el pene...!"

Gritó frunciendo el ceño sin darse cuenta. Acto seguido se tapó la boca con la mano, pero ya era tarde. Sus orejas se tiñeron de rojo.

"Deberías haberlo hecho desde el principio."

Como si lo hubiera esperado, Do-ha bajó la cremallera y apartó la tela, dejando que su pene del tamaño de un antebrazo saltara hacia fuera. El pene, con venas abultadas y rojizas, se erigió implacable buscando un lugar donde descargar su simiente.

Una vez que las palabras salieron de su boca como una represa rota, lo siguiente fue más fácil. Do-eon movió las nalgas buscando el pene.

"Ugh... el pene... r-rápido..."

"Está bien, te la daré. No me ruegues tanto."

Do-ha se arrodilló justo detrás de Do-eon. Sus nalgas suaves como pastel de arroz temblaban ante la expectativa de recibir el pene.

"Ha-uuu... el pene... r-rápido..."

Do-ha sujetó las nalgas pálidas con fuerza, amasándolas como si fueran masa, y luego tiró de una de ellas hacia el lado contrario. El contorno del agujero, parecido a la boca de una carpa, se estiró horizontalmente.

"Mira cómo es tu orificio. ¿A que no sabes qué aspecto tiene?"

La forma palpitante era tan provocadora, como si suplicara devorar el pene pronto. Do-ha masculló un insulto y escupió en el orificio.

"¡ugh-Ugh...!"

"Pareces una maldita perra. Como un baño público que cualquiera usaría por ahí."

Untó con el dedo el fluido denso que recorría el agujero, admirando el brillo que se extendía. Al ver las curvas hinchadas por haber recibido el pene durante días, se le hizo la boca agua.

"ugh-um... r-rápido..."

Do-eon no pudo contenerse y movió las nalgas con desesperación, soltando gemidos para que le diera el pene de una vez. Entonces, recibió un fuerte azote en la nalga. La carne delicada se estremeció.

"¡Ha-ak...!"

"Te he dicho que no te comportes como una perra. Hyung, ¿andas por ahí ofreciendo tu orificio como una perra? ¿Eres un baño que mendiga semen?"

"¡N-no...! ¡No voy por ahí ofreciéndome...! ¡Y-yo no soy un b-baño...!"

"Entonces, ¿por qué no eres recatado y te comportas de forma tan barata?"

"L-lo siento..."

Se sentía mal por sentir placer incluso después de ser azotado en las nalgas. Tal vez, como decía Do-ha, se había convertido en una perra.

No iba por ahí ofreciéndose, pero sentía que había caído al mismo nivel que esa clase baja de personas. De lo contrario, no podría desear tanto el pene de su hermano.

Solo quería que le diera el pene de una vez...

Incluso en ese momento, su mente solo estaba llena del deseo de que lo penetrara. Sentía que su cabeza estaba estropeada. En ese instante, ni siquiera recordaba a Jung Tae-seok, que estaría en la habitación de invitados.

Do-ha sujetó la base del pene y golpeó el grueso glande contra el perineo, haciendo que el fluido acumulado allí salpicara por todas partes. Al imaginar el momento de la penetración inminente, se puso tan tenso que su vientre se contrajo. Aunque no era la primera vez que recibía el pene, cada vez se sentía igual de emocionado.

El glande resbaladizo acarició la entrada de los pliegues del agujero. "Ah, ahora me penetrará con su pene pesado". El momento de la penetración que tanto esperaba estaba ante él.

De repente, Do-ha detuvo sus movimientos y murmuró como si recordara algo:

"Hyung, inténtalo tú mismo. Puedes hacerlo."

"¿Y-yo?"

"Sí. Sujeta mi pene."

Do-eon estaba en un aprieto. Al girar la cabeza, vio a Do-ha con una expresión seria y firme. Do-ha le recriminó con voz ronca:

"¿Solo vas a recibir dócilmente lo que te doy?"

"¿Eh?"

"También tienes que aprender a comer por ti mismo."

"¿C-cómo...?"

Se sintió cohibido por el tono de regaño, como si lo tratara de alguien perezoso. "¿Habré estado haciendo algo mal hasta ahora?". Las lágrimas en sus ojos dulces no paraban de brotar.

"¡Ah...!"

Do-ha tiró de la muñeca de Do-eon hacia atrás y le hizo sujetar la base de su pene. La base, gruesa como la raíz de un árbol, estaba ardiendo. Esa masa de carne palpitaba con fuerza como un ser vivo.

Quema. El pene oscuro y rojizo, en contraste con su delgada muñeca, era tan voluminoso que no cabía en su mano y sobresalía entre sus dedos. Apenas podía sostenerlo.

"¿Solo vas a sostenerlo? Tienes que meterlo dentro."

'Chul-ssuk', recibió un azote en la nalga pálida. El fluido que la empapaba salpicó por doquier mientras la carne se estremecía.

"¡ugh...! ¡A-ah, duele...!"

Do-eon arqueó la espalda con el rostro encendido. Quema demasiado. El pene que palpitaba en su palma era ardiente y enorme.

No creía ser capaz de meterlo dentro de sí mismo con su propia mano. Pero, por otro lado, su orificio, ansioso por devorar el pene, estaba desesperado por tenerlo ya.

Finalmente, cerró los ojos con fuerza y tiró con firmeza de la mano que sujetaba la base. Entonces sintió cómo el glande suave tropezaba con los pliegues del agujero.

"Ugh..."

Exhaló hasta que su vientre quedó plano. Con las nalgas alzadas hacia Do-ha, introdujo lentamente el pene firme en su orificio palpitante.

'Ugh', mientras su vientre se contraía, los pliegues del agujero se curvaron hacia dentro tragándose el grueso glande.

"Ha-uuu... e-es d-demasiado grueso..."

Pero quizás porque el ughulo no era el correcto, el interior se sentía demasiado estrecho y solo logró que entrara la cabeza del glande. Do-eon, sin saber qué hacer al quedarse atascado, retorció la cintura y arqueó la espalda.

"ugh, uu-uu, Do-ha, p-por favor..."

"Tsk, ni siquiera cuando te lo doy sabes cómo comerlo correctamente."

Do-eon era un espectáculo, retorciéndose con el cuerpo hecho un nudo mientras el grueso glande apenas colgaba de la entrada de su orificio. Do-ha lo observaba desde arriba con el rostro impasible y preguntó.

"¿Qué quieres que haga por ti?"

"T-tú... métela... p-por favor... r-rápido..."

"¿Que la meta?"

"R-rápido..."

"¿Así?"

Do-ha sujetó con firmeza ambos lados de la cintura de Do-eon y, de un solo golpe, embistió con fuerza. '¡Pu-uk!'.

"¡ugh, ugh...!"

El glande se clavó de golpe en el estrecho colon. La visión de Do-eon parpadeó en blanco. Era un placer tan intenso que sentía que perdería la cordura. Do-ha bajó las manos de su cintura para apretar sus nalgas como si quisiera arrancarle la piel, mientras continuaba embistiendo con golpes secos. La carne delicada de su trasero se estiraba hasta el límite, como si fuera a desgarrarse.

"¡ugh! ¡ugh! ¡ugh! ¡Uu-ung!"

'Ah, está lleno'. Sentía una plenitud indescriptible. La sensación del pene empujando sus entrañas hacia arriba y ocupándolo todo por completo era aterradora, pero tan abrumadora que sentía ganas de llorar.

Las paredes internas, elásticas y apretadas, mordían el tallo del pene, envolviéndolo con firmeza y arrastrándolo hacia lo más profundo. Los fluidos calientes rodeaban el pene con calidez, elevando la sensibilidad al máximo.

"¡ugh, e-es... d-demasiado... p-profundo...!"

Sentía que perdería el juicio por el ángulo en el que la embestida llegaba desde atrás. Cada vez que veía la silueta de su bajo vientre abultarse y hundirse con nitidez, se sentía mareado.

"Fuu... ¿Quieres que te la clave más profundo, hyung?"

En ese momento, Do-ha cambió de postura. Sujetó a Do-eon por el hueco de las rodillas con ambos brazos, levantándolo en vilo para sentarlo sobre sus muslos.

"¡ugh... n-no, no puede ser...! ¡Kkyk...!"

Casi se desmaya ante el ángulo de noventa grados en el que el pene lo hurgaba. El pene, clavado como una estaca entre sus muslos abiertos de par en par, entraba y salía del agujero sin darle respiro.

"Hyung, ¿está rico mi pene?"

"¡ugh-, ugh, ugh...!"

"Fuu, ¿por qué no respondes?"

'Chul-puk, chul-puk'. Cada vez que el perineo de Do-eon se frotaba contra la entrepierna de Do-ha, el fluido derretido se convertía en espuma blanca que salpicaba por doquier.

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Justo encima del pene que entraba y salía, el pene blanco de Do-eon, que giraba como un torbellino, estaba hinchado y tenso, balanceándose sin control.

Como Do-eon tardaba en responder, Do-ha tiró con fuerza de los brazos que sujetaban sus rodillas hacia arriba y embistió la cintura repetidamente con violencia. Su cabello fino ondeaba y su torso se doblaba hacia adelante como si fuera a colapsar.

"¡ugh...!"

'Jil-puk, jil-kyuk, jju-puk'. El sonido del pene hurgando en su orificio mientras sus nalgas se aplastaban se extendió ruidosamente. Do-eon sentía que perdería el conocimiento por el placer. Su cabeza daba vueltas y no podía coordinar un solo pensamiento.

"¿Vas a seguir sin responder hasta el final?"

Cuando Do-ha hizo el amago de tirar de sus rodillas otra vez, Do-eon, aterrorizado, finalmente abrió la boca.

"¡Ugh, e-está r-rico...!"

"Está rico, ¿verdad? Mi pene."

"¡Ugh, hmp, s-sí, Ugh!"

Do-eon respondió tragándose el llanto a duras penas. Ante eso, Do-ha soltó las rodillas de Do-eon, estiró ambos brazos tras su propia cintura y dijo con parsimonia.

"Come mi pene con gusto."

Do-eon, con el ceño fruncido por el volumen del pene que lo llenaba tensamente, giró la cabeza hacia atrás ante esas palabras repentinas.

"¡Ugh, ¿q-qué...?"

Do-ha sonreía con los ojos entornados y los labios entreabiertos.

"Si quieres ser mi receptáculo exclusivo, deberías ser capaz de hacer al menos esto."

"¡Hmp, ¿q-qué... qué...?"

Hablaba de la vulgar palabra 'receptáculo' como si fuera un cumplido. Do-eon frunció el ceño como si hubiera escuchado algo inaudito. Entonces, Do-ha tiró hacia un lado de una de las nalgas carnosas que envolvíán su pene y dijo.

"Es la verdad, eres mi receptáculo."

"Tú... cómo puedes decir eso... ¡eu-ugh...!"

Antes de que pudiera seguir hablando, Do-ha embistió con la cintura. Chispas saltaron ante sus ojos. Encorvó la espalda como una pelota y bajó la cabeza. Podía ver claramente sobre su abdomen la silueta del enorme pene hurgando con tal fuerza que su bajo vientre se abultaba.

"¡N-no lo hagas... a-así... d-de repente, hmp...!"

Sintiendo que todo su cuerpo se elevaba, extendió apresuradamente las manos que agitaba en el aire hacia atrás para apoyarse en el suelo. La mirada de Do-ha, que observaba tranquilamente su torso arqueado en semicírculo, se clavó en sus pezones tensos y maduros como frambuesas de temporada, para luego bajar lentamente.

"Hyung, eres mi receptáculo."

Esa mirada era tan punzante que sintió escalofríos en todo el cuerpo. Más aún por haber escuchado palabras como 'receptáculo'. ¿Cómo podía aplicarse un término así a un hombre tan delgado como él?

Sin embargo, Do-ha, como alguien poseído, solo recorría el cuerpo de Do-eon con sus ojos alargados y entrecerrados. De repente, sujetó ambas nalgas que estaban elevadas y lo obligó a sentarse bruscamente sobre él.

"¡N-no, n-no, ugh...!"

"Fuu, ¿solo vas a tragar mi pene, verdad?"

Movía rítmicamente ambos brazos que sujetaban las nalgas mientras embistía con la cintura al mismo tiempo. 'Ssu-kuk, ssu-kuk'. El pene oscuro y rojizo entraba y salía frenéticamente entre las nalgas blancas, como si hubiera perdido el control.

"¡ugh, hru-at...! ¡E-es d-demasiado... p-profundo...!"

Todo dentro de su cabeza ardía. Cada vez que Do-ha chocaba bruscamente ambas nalgas contra su entrepierna, un sonido húmedo y pastoso resonaba desde abajo.

"¿No vas a responder?"

No estaba en condiciones mentales para responder. Do-eon lloraba a mares con la lengua fuera, jadeando. Tenía el rostro de alguien que ha perdido el juicio.

"¡ugh, v-voy a... t-tragarlo... ugh...!"

La respuesta fluyó a regañadientes. Do-ha extendió la mano y acarició su rostro dócil y su barbilla frágil. La piel suave, como la de una muñeca de porcelana, quedó atrapada en su mano grande. En lugar de embestir con violencia como antes, comenzó a girar la cintura suavemente, hurgando en las paredes internas.

"Promételo. Que solo comerás mi pene."

"¡ugh...! ¡E-está bien...! ¡ugh...!"

'Jil-puk, jil-puk'. El sonido viscoso se enredaba de forma pegajosa en sus oídos. Al sentir que el pene hurgaba profundamente en lo más recóndito de su orificio, sus ojos cerrados se abrieron de par en par. Do-ha, sin perderse el brillo en sus pupilas claras, preguntó.

"¿Es aquí?"

"¡ugh, ugh, n-no, e-en ese lugar no, hmp...!"

"Es aquí."

No podía mantener el juicio mientras el grueso glande golpeaba su punto máximo. Ante el movimiento de cintura que machacaba finamente su punto sensible, Do-eon negaba con la cabeza con la boca abierta.

"¡N-no puede ser...! ¡Eu-ugh, ugh, ugh...!"

Su visión se volvió borrosa. Sentía que su punto sensible, hinchado, iba a estallar bajo la presión del grueso glande.

"¡N-no, s-saca... s-sacalo, Ugh...!"

Del extremo de su pene blanco, que se balanceaba trazando círculos sin control, brotaron chorros de fluido seminal. El semen salpicó en gotas sobre su pared abdominal, que subía y bajaba agitadamente.

"Fuuu...."

Do-ha mordió sus labios levemente al ver los rastros del semen que él mismo había provocado. Tras mirar fugazmente a un Do-eon que había bajado la cabeza con resignación, Do-ha soltó una risita y frotó con la palma de la mano el semen que brillaba como perlas.

"E-está sucio... n-no hagas eso..."

Do-eon, aterrorizado, intentó detenerlo, pero Do-ha, sin inmutarse, elevó sus cejas oscuras e introdujo en su boca el dedo manchado con el semen de Do-eon, succionándolo.

"Es el semen que eyaculó mi receptáculo, ¿qué tiene de sucio?"

"T-tú... ¿estás l-loco...?"

"Es dulce porque es el jugo de mi receptáculo."

Do-eon se sentía mareado ante la sarta de locuras que escuchaba. ¿Qué demonios podía tener de dulce? Le resultaba difícil mirar a Do-ha mientras este se lamía los dedos con sonidos vergonzosos, como si estuviera comiendo un caramelo.

"Si s-sigues diciendo esas cosas..."

"¿Por qué? ¿Acaso vas a terminar amándome?"

"L-loco... ¡ugh...!"

Quería soltarle una maldición, decirle que era un loco y que se detuviera, pero el resto de sus palabras fueron devoradas por la ruda embestida.

Amarlo... esa sola frase parecía desordenar todo dentro de su cabeza. Era imposible que lo amara. Incluso ahora, él hurgaba en su cuerpo y en su mente a su antojo...

"Ah, a hyung solo le gusta mi pene, ¿verdad?"

Una perra a la que solo le gustan los penes grandes. Do-ha, sujetando la cintura de un desprevenido Do-eon, lo obligó a sentarse bruscamente sobre él. La cabeza del pene se clavó verticalmente como si quisiera atravesar el cuello uterino.

"¡ugh-aa-aa...!"

Do-eon echó la cabeza hacia atrás, convulsionando. Un placer que derretía la materia gris inundó todo su cuerpo. Con los ojos en blanco, Do-eon arqueó la cintura en forma de semicírculo.

"Fuu, si a hyung le gusta, puedo follarte todos, todos los días."

"¡ugh, n-no, n-no quiero...!"

Apenas logró soltar que no quería, pero incluso él mismo dudaba de si era verdad. Sentía que su cerebro se había estropeado por el placer que le impedía pensar en nada. ¿Qué pasaría si realmente se hubiera echado a perder?

Do-eon tuvo miedo. Y cuanto más miedo sentía, más escalofríos recorrían su cuerpo, haciendo que sus pezones se tensaran. Do-ha extendió la mano y retorció con las uñas el pezón congestionado de color púrpura que apuntaba hacia el techo.

"¡Ha-Ugh...!"

"Puedo mimar tu orificio, todos los días también."

"¡ugh, b-basta...!"

Aunque decía que no quería, a Do-eon no parecía desagradarle la sensación de su pezón siendo aplastado entre las uñas; sacó más el pecho y sintió el placer, entregándole sus pezones a la mano de Do-ha.

Las esporas de placer que se extendían desde la punta del pezón se tiñeron de rojo, hinchándose como si fueran a estallar en cualquier momento. Do-ha utilizó su dedo medio para golpear rápidamente el pezón hinchado, como si tocara una campana.

"¡Ja, n-no lo hagas, ugh...!"

Ante el movimiento de los dedos de Do-ha, sus gemidos subieron de tono. Su rostro se tiñó de un color similar al de los pezones que estaban siendo ultrajados por los dedos.

"Fuu, voy a darte de comer hasta que mi receptáculo esté bien lleno, para que no te sientas vacío."

Al ritmo de la estimulación de los pezones, la velocidad con la que embestía con la cintura también aumentó. El hueco de las rodillas de Do-eon estaba completamente abierto a 180 grados, suspendido en el aire.

"¡Ha-uuu, e-es d-demasiado... p-profundo, n-no puede ser...!"

'Tu-uk, tuk'. El grueso glande, que golpeaba intermitentemente el cuello uterino, comenzó a presionar seriamente la matriz. Sintió escalofríos por toda la espalda. La cabeza del pene que no paraba de rozar el cuello uterino le resultaba inquietante.

"¡ugh, n-no puede ser, b-basta...!"

Por instinto, retorció el cuerpo. Do-ha sujetó la cintura temblorosa de Do-eon, levantó el torso y, abrazándolo, lo tumbó en el suelo.

"¡Ugh...!"

El peso de los hombros anchos y la pared abdominal firme presionando su cuerpo era considerable. Do-eon contuvo el aliento sin darse cuenta.

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"Buen chico. Respira, hyung."

Do-ha hizo que Do-eon rodeara su cuello con ambos brazos y comenzó una profunda embestida. 'Ssu-kuk, ssu-kuk'. Dolía por el roce contra el vello púcbico áspero.

"¡ugh-aa-aa...! ¡P-profundo...! ¡N-no puede ser...! ¡ugh...!"

Do-eon no paraba de negar con la cabeza. Sentía que estaba siendo succionado por un placer abismal. Cada vez que Do-ha elevaba la cintura y embestía con fuerza, el fluido salpicaba por todas partes y las nalgas de Do-eon temblaban violentamente.

"¡ugh...! ¡Me... me gusta...! ¡M-más... más... p-profundo...!"

Do-eon gemía como alguien que ha perdido la razón. Su cordura se había evaporado ante las embestidas que golpeaban su punto máximo una y otra vez.

"¿Te gusta?"

"Me... me gusta, el pene, m-me gusta...! ¡Ha-Ugh...!"

Como si su razón se hubiera averiado, Do-eon seguía balbuceando. No podía pensar en nada. Nada excepto el pene que hurgaba violentamente en su interior. No podía sentir nada más.

"Fuu, hyung, cuando te pones así, de verdad."

Do-ha abrazó con fuerza a Do-eon y comenzó a clavar el pene con una rapidez aterradora. 'Kuk, kuk'. Era una embestida despiadada que le cortaba la respiración.

"¡ugh, ugh, el pene... me gusta, ugh...!"

Do-eon, frunciendo el ceño y llorando a mares, sentía que perdería el conocimiento. Sin embargo, Do-ha no detuvo su violencia, lamiendo con la lengua las lágrimas que rodaban por las sienes de su hermano. Incluso las lágrimas de Do-eon eran dulces.

"Ja, haces que quiera... dejarte embarazado."

"¡ugh, eso... n-no se puede...! ¡ugh...!"

Su razón, que se desvanecía, regresó de golpe. En ese momento, Do-ha gruñó y hundió su frente en la clavícula de Do-eon. De inmediato, sintió que su interior se llenaba de calidez. 'Kku-ruk, kku-ruk'. El semen calentaba sus entrañas. Al mismo tiempo, Do-eon frunció el ceño.

"N-no debías eyacular... t-todo dentro..."

"Mira quién habla, después de llorar diciendo que te gustaba mi pene."

"E-eso..."

Había sido una tontería dicha en medio del delirio. El sentido de la realidad, de que no debían estar haciendo esto, lo golpeó con retraso. Do-eon exhaló con dificultad y retorció el cuerpo.

"B-basta, s-sácala..."

"No quiero."

Do-ha, con la actitud de no dejar ni una sola gota de semen fuera, terminó de eyacular y siguió moviendo la cintura lentamente.

'Chal-pak, chal-pak'. El sonido del líquido llenando sus entrañas lo mareaba. Era un movimiento obsesivo. Peligroso. Reacciona. Seo Do-eon. Tienes que reaccionar.

Pero, al contrario de los gritos en su corazón, Do-eon fue perdiendo la conciencia gradualmente. Tanto el sonido del líquido agitándose en su interior como el suave movimiento de la cintura de su hermano se fueron alejando cada vez más hacia los confines de su mente.

* * *

"ugh...".

Cuando abrió los ojos lentamente, la luz del sol de la mañana se filtraba a través de la ventana. Aunque el resplandor se sentía cálido, un dolor sordo y terrible se extendía punzante de la cintura para abajo, haciendo que Do-eon frunciera el ceño mientras levantaba la cabeza.

"Aquí es...".

El lugar donde estaba acostado no era su habitación. Eso ya era un problema, pero además, se dio cuenta de que un brazo ajeno rodeaba su cuerpo, desde la espalda hasta el pecho.

"¡......!".

Sus ojos, nublados por el sueño, se abrieron de par en par. Al girar la cabeza con urgencia, vio a Do-ha durmiendo plácidamente justo detrás de él. Y para colmo, estaba desnudo. Él mismo se encontraba en la misma situación, sin un solo hilo de ropa encima.

"¡......!".

Los sucesos de la noche anterior pasaron por su mente como un relámpago. Desde que despertó en el sótano hasta que se desmayó por el agotamiento mientras compartían sus cuerpos. ¿Acaso Do-ha lo había traído hasta la habitación donde se hospedaba después de que perdió el conocimiento?

'No puede ser, ¿acaso Jung Tae-seok habrá visto esa escena?'.

¿Es que ese tipo no era consciente de que ahora había un vigilante en la casa? Dormir así, abrazados y desnudos de forma tan descarada.

Do-eon se mordió el labio inferior, que estaba hinchado, y apartó con cuidado el brazo que rodeaba su pecho. Escapó de la cama de un salto y bajó la mirada hacia el rostro del chico, que seguía sumido en un sueño profundo.

Tenía unos ojos de mirada fiera, pero al ver el surco de sus pestañas cerradas, parecía dócil. 'Ojalá se quedara dormido para siempre'. Se quedó absorto en ese pensamiento hasta que reaccionó de golpe. Tenía que vestirse primero.

Por suerte, sobre la mesa de luz estaba la ropa que el otro había dejado prolijamente doblada. Era contradictorio cómo podía ser tan delicado para doblar la ropa después de haberlo acorralado de forma tan despiadada.

"Uu-m...".

Las pestañas del chico temblaron levemente y sus brazos se agitaron en el aire, como si buscaran algo que se les había escapado. En ese instante, Do-eon abandonó sus reflexiones. Tenía que irse antes de que despertara. Se vistió a toda prisa y salió de la habitación.

"Fiuuu...".

Fue justo en el momento en que cerraba la puerta y soltaba un suspiro de alivio.

"Buenos días, joven amo".

"¡......!".

Al levantar la vista ante la voz que sonó tan cerca, vio a Jung Tae-seok de pie en el umbral de la cocina, vestido con una camisa y pantalones de vestir negros. Do-eon parpadeó sin cesar. ¿Lo habría visto salir de la habitación de Do-ha? Su corazón empezó a latir con fuerza, haciendo un ruido irregular como si estuviera averiado.

'Hem, hem'. Intentando aparentar normalidad, Do-eon aclaró su voz lo mejor que pudo y abrió los labios.

"...Buenos días".

Saludó de vuelta mientras observaba de reojo la reacción de Jung Tae-seok. El hombre lo miraba con su característica actitud serena. Esa mirada tranquila hacía que, sin motivo aparente, su corazón se encogiera.

"Parece que anoche durmieron juntos".

"¡......!".

'Lo vio salir de la habitación de Do-ha'. Su visión se oscureció por un momento. Se mordió el labio inferior y puso a trabajar su mente buscando alguna excusa.

"Sí. Es que... nos quedamos jugando videojuegos hasta tarde y terminé quedándome dormido en el cuarto de Do-ha, jaja...".

Se revolvió el cabello de la nuca mientras soltaba una risa forzada y torpe. Jung Tae-seok lo observó en silencio un momento antes de preguntar con indiferencia.

"¿Qué clase de juego?".

"Ah... de... de cartas...".

'Por favor, que se lo crea. Por favor'. Con una comisura de los labios elevada de forma extraña, dio esa respuesta y Jung Tae-seok asintió como si lo comprendiera.

"Los juegos de cartas son divertidos. La próxima vez invítenme a mí también".

"Jaja... sí...".

Tras la risa incómoda, se hizo el silencio. La situación de estar frente a Jung Tae-seok lo hacía sentir una vergüenza insoportable. Fue el secretario quien rompió el mutismo.

"Fui a hacer las compras temprano".

"¿Las compras?".

Do-eon preguntó de vuelta, alegrándose de que el tema de conversación hubiera cambiado.

"El joven amo Do-ha me pidió que les preparara estofado de costillas real".

"No era necesario que se molestara...".

"Me dijeron que al joven amo Do-eon le gusta mucho, así que debo hacerlo".

"Ah, ¿en serio?".

Esa era una mentira que el otro había inventado solo para molestar a Jung Tae-seok. Sentía que se atragantaría si comía el estofado preparado por él. Sin embargo, fingió alegría con una sonrisa y se acercó a la cocina.

Sobre la mesa estaban las bolsas con los alimentos que había comprado. No terminaba de imaginar a Jung Tae-seok, con su expresión gélida, haciendo las compras desde temprano. Pero lo primordial era borrar de su mente el hecho de que había salido de la habitación de Do-ha.

"Yo también lo ayudaré".

"No es necesario. Puedo hacerlo solo".

Jung Tae-seok se desabrochó los botones de los puños y se arremangó la camisa hasta los codos. Al quedar al descubierto el tatuaje 'irezumi' que empezaba desde su muñeca, Do-eon soltó un jadeo ahogado sin querer.

¿Por qué su padre habría contratado como secretario a un hombre con un tatuaje tan aterrador? Aunque surgió esa duda, intentó no demostrarlo.

"Al menos lavaré las verduras".

En la bolsa de plástico había zanahorias, castañas, rábano y cebollino. Mientras los sacaba uno por uno para llevarlos al fregadero, Jung Tae-seok trató de detenerlo.

"Está bien, joven amo".

"Es que si lo hacemos juntos terminaremos más rápido".

No quería que Jung Tae-seok cayera en las bromas de Do-ha. Por mucho que fuera el secretario de Tae-o, Jung Tae-seok era un adulto al que Do-eon no podía dar órdenes, y además era el vigilante que debía detener las travesuras de Do-ha. Pensó que no perdía nada tratando de causarle una buena impresión.

Jung Tae-seok, con sus pobladas cejas fruncidas en señal de desaprobación, se acercó a su lado. Mientras observaba de reojo el perfil de Do-eon frente al fregadero, una grieta sutil apareció en su expresión.

"Joven amo, aquí...".

"¿Sí?".

Al girar la cabeza para mirarlo, notó que la vista de Jung Tae-seok estaba fija en su nuca. El hombre señaló su cuello con la mano y soltó unas palabras como si estuviera hipnotizado.

"Parece que tiene una marca de mordida aquí...".

En un instante, su rostro se encendió como si lo hubieran quemado con fuego. Era el rastro que había dejado el encuentro sexual con Do-ha. Do-eon cerró el grifo y retrocedió apresuradamente.

"¡E-es una erupción...! ¡Una enfermedad de la piel o algo así...!".

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Subió el cuello de su camiseta para ocultar la nuca, y Jung Tae-seok mostró un alivio evidente en su rostro. De inmediato, puso una expresión de preocupación.

"Vaya... debe ser difícil para usted".

"Sí, e-es que... por la mañana suele ponerse peor... ¡Iré a ponerme medicina!".

"Sí. Vaya tranquilo".

Balbuceando incoherencias, retrocedió y subió corriendo al segundo piso. '¡Maldición, maldición!'. Sus piernas temblaban tanto que casi tropieza y rueda por las escaleras, pero logró llegar a su habitación y cerró la puerta con llave.

Se acostó en la cama y se encogió. Se cubrió con la manta hasta la cabeza. Un escalofrío que nunca antes había sentido recorrió su cuerpo.

¿Acaso Jung Tae-seok se habría dado cuenta? De que anoche tuvo sexo con Do-ha en el sótano. ¿Será que lo sabe todo? Que yo... que yo le supliqué a Do-ha que me diera su pene.

"No, ese no era yo...".

Quería negarlo. Que no era él. Esa persona que se entregó al placer explosivo, que abandonó la razón y soltó gemidos pecaminosos, no era él. Quería negarlo una y otra vez. Pero, sin duda, había sido él. La imagen de sí mismo gimiendo frente al espejo del sótano no se borraba de su cabeza.

* * *

Fue una cena que se sintió como sentarse sobre un lecho de espinas, pero Do-eon no tuvo más remedio que dejarse arrastrar. Podría haber puesto la excusa de que no se sentía bien, pero no tenía el valor para mentir ni las energías para soportar las consecuencias de ignorarlo.

"¿A qué viene ese cuello de tortuga? ¿No tienes calor?"

"......."

Do-ha observó con extrañeza a Do-eon, que bajó vestido con una camiseta negra de cuello alto, y le apartó la silla de la mesa. Do-eon se sentó sin responder, fingiendo no haberlo escuchado. Sabía que, si le decía que lo llevaba puesto por su culpa, ese tipo se regodearía aún más.

"Aquí tienen el estofado de costillas real que solicitó el joven amo Do-ha".

Jung Tae-seok trajo el estofado en una olla de piedra. Era un plato tradicional, con costillas de res tiernas coronadas con rábano, castañas, zanahorias y ginkgo.

"El aspecto es pasable".

Do-ha tomó una costilla sin dudarlo, probó un bocado y frunció el ceño de forma exagerada.

"Puaj, qué asco".

Y, para que todos lo vieran, escupió el trozo de carne en un plato vacío. A pesar de la crítica mordaz, Jung Tae-seok mantuvo la compostura y trasladó su mirada hacia Do-eon.

Do-eon, sintiendo la presión implícita de esa mirada que lo invitaba a probarlo, no tuvo más remedio que levantar los palillos y tomar un trozo de carne. Al darle un bocado, la carne tierna, empapada en el jugo jugoso del estofado, envolvió su lengua. No estaba nada mal.

"...Está rico".

"Gracias, joven amo".

"No lo digo por decir... de verdad está muy rico".

Cuando su madre aún vivía, cuando estaba sana y no pasaban penurias, solía prepararle estofado de costillas para la cena. ¿Por qué le venía ese recuerdo ahora? Era un sabor cálido y reconfortante, tanto que parecía disipar su melancolía.

"Me alegra oír eso".

Do-eon notó un cambio sutil en el rostro inexpresivo de Jung Tae-seok. Parecía indicar que el esfuerzo había valido la pena. Entonces, a su lado, se escuchó el fuerte golpe de unos palillos al ser soltados.

"Cómetelo todo tú, hyung".

Do-ha empujó la silla haciendo que chirriara y salió de la cocina a grandes zancadas. Su espalda se veía cargada de desprecio. Do-eon, desconcertado, se levantó para seguirlo.

"Iré a traerlo".

"Está bien, joven amo".

No entendía por qué reaccionaba de esa forma tan infantil ante una comida que habían preparado con tanto esfuerzo para ellos. No era un niño de siete años haciendo un berrinche; aquello era una falta de educación elemental en la mesa.

"¡Seo Do-ha, espera...!"

Do-ha no detuvo su paso y llegó a salir por la puerta principal. Do-eon lo siguió apresuradamente al jardín.

"¡¿A dónde vas, Seo Do-ha?!"

"No me sigas".

Do-ha atravesó el jardín hacia la zona donde se alineaban los árboles. Su espalda rígida delataba su enfado. Do-eon aceleró el paso y lo sujetó del brazo.

"¡Te he preguntado que a dónde vas!"

"Te he dicho que no me sigas".

Frente a un robusto pino, Do-ha se zafó del agarre con un movimiento brusco y arqueó las cejas. Do-eon retrocedió por el impulso, parpadeando confundido.

"Hyung...".

Do-ha frunció el ceño como si estuviera conteniendo algo y clavó una mirada gélida en Do-eon.

"¿Siempre eres así?".

"¿Yo qué...?".

"¿Siempre seduces a la gente de esa manera? Con esa cara de tonto, fingiendo ser recatado".

"¡S-seducir! ¡¿C-cuándo...!".

Fue el grito más fuerte que Do-eon había dado jamás. Era una acusación indignante. Seducir era algo que ni se le pasaba por la mente, ni estaba en su capacidad. Para un omega recesivo, flaco y poco atractivo, la palabra seducción estaba tan lejos como cruzar una cordillera y una galaxia entera.

"Ayer también me enviaste un mensaje diciendo de vernos en el sótano, y luego lo negaste".

Cuando los largos muslos de Do-ha dieron un paso hacia adelante, Do-eon retrocedió instintivamente, negando con la cabeza.

"N-no. ¡Yo nunca hice eso!".

Ni siquiera recordaba haberle enviado un mensaje para quedar. Era inimaginable que él llamara a Do-ha al sótano, el lugar donde su madre le había suplicado que nunca bajara.

Do-ha, observando con frialdad cómo el rostro de Do-eon se ponía pálido, elevó una comisura de sus labios en una sonrisa gélida.

"¿Y ahora vas a embrujar a Jung Tae-seok con esa cara de que no sabes nada?".

"¡¿D-de qué estás hablando...!".

Do-ha dio dos pasos más, sujetó ambas muñecas de Do-eon con rapidez, se las torció tras la espalda y lo empujó contra el pino.

"¡Ah...! ¡Duele...! ¡Suéltame...!".

Su mejilla rozó contra la superficie rugosa de la corteza. Luchó con todas sus fuerzas para liberar sus manos, pero su fuerza era insuficiente para resistir a un alfa.

"¿Acaso tu orificio se emociona porque ha llegado un alfa nuevo?".

La voz gélida de Do-ha, pegada a su espalda, le nubló los sentidos. Al sentir el aliento de Do-ha, el pabellón de su oreja se calentó al instante.

"¡N-ni siquiera sabía que ese hombre fuera un a-alfa...!".

Quizás era porque estaba empapado en las feromonas de Do-ha, pero realmente no había podido sentir las de Jung Tae-seok. O tal vez su cuerpo había aceptado las de Do-ha hasta el límite, bloqueando cualquier otra percepción.

"Veamos si ese orificio de perra sí lo reconoció".

De repente, una mano fría se introdujo bajo su cintura. Los ojos de Do-eon se abrieron de par en par. Estaban en el jardín. Era una zona algo apartada, pero cualquiera podría verlos desde el ventanal del salón si se lo propusiera.

Do-eon se mordió el labio inferior y retorció la cintura desesperadamente. Sin embargo, la mano despiadada acarició su entrada y hundió el dedo índice con fuerza dentro de él.

"¡ugh...!".

"Ya veo que lo reconoció, porque ya está mojado".

Las paredes internas, levemente rugosas, mordisquearon el dedo. Con cada movimiento que hurgaba en su interior, los fluidos brotaban sin piedad.

"¿Tanto deseabas el pene de Jung Tae-seok?".

"¡N-no es cierto...! ¡ugh...!".

"¿Acaso palpita tu orificio porque ha venido un pene nuevo?".

"¡He dicho que no...!".

Do-eon protestó temblando. Era una injusticia. Si estaba mojado, no era por Jung Tae-seok, sino por el estímulo que Do-ha le estaba dando. Le avergonzaba humedecerse con solo el roce de los dedos de ese tipo. Arañó la madera del árbol con la punta de los dedos mientras restregaba su mejilla contra la corteza áspera.

"ugh... b-basta...".

"¿No será que estabas coqueteando para que él también te coma con gusto?".

"¡No... de verdad...!".

Había sido un cumplido por la comida, nada más. En medio de esto, se sentía morir porque Do-ha lograba amplificar su placer con un solo dedo. Estaba tan empapado que los fluidos resbalaban por la muñeca de Do-ha.

"Maldita sea, naciste para ser un receptáculo de perra, hyung".

Al dedo índice se sumó el medio, hurgando con fuerza y revolviendo sus paredes internas. Sintió como si una corriente eléctrica recorriera su cerebro.

"¡ugh-aa...!".

"Si no te mantengo controlado de esta forma...".

"¡Ugh, por favor... por favor, Do-ha...!".

Cada vez que las uñas cortas arañaban las irregularidades de su interior, sentía escalofríos recorrer su espalda, pero al mismo tiempo era un placer delirante. "No debería gustarme". Sentía que estaba loco por disfrutarlo.

Cuando Do-ha dobló los dedos con decisión y comenzó a raspar sus paredes con los nudillos, Do-eon finalmente rompió a llorar.

"N-no, ugh, Ugh, ugh..".

"Enseguida buscas otro pene".

"N-no... yo no...".

Negó con la cabeza con las lágrimas colgando de sus pestañas. Do-ha era el único con el que había compartido su cuerpo. Y no por voluntad propia, sino por la fuerza. Él le había abierto el cuerpo y le había inyectado placer a la fuerza. Y ahora, que lo tratara como a un trapo sucio le producía una inmensa tristeza. A pesar de verlo sollozar desvalido, Do-ha susurró con frialdad.

"Tu especialidad es decir que no mientras chorreas fluidos".

Do-eon no tenía cómo rebatir esas palabras cargadas de desprecio. Era un omega que se humedecía en cuanto Do-ha lo tocaba. Si tan solo fuera un beta... Si fuera un beta, no pasaría por esto y podrían haber vivido como hermanos normales. Maldecía su propia naturaleza. En ese momento, los dedos salieron de su orificio de golpe y escuchó tras de sí el sonido de una hebilla desabrochándose.

Era un sonido aterrador. Do-eon reaccionó de inmediato. Estaban afuera. En un lugar donde Jung Tae-seok podría descubrirlos en cualquier momento. Giró su rostro encendido para intentar detener a Do-ha.

"¡A-aquí no... p-puedes...!".

"¿Por qué?".

"¡E-estamos fuera...!".

"¿Y qué?".

"¡S-si alguien nos ve...!".

"Me gustaría que nos vieran. Que vieran que eres mi receptáculo".

Do-ha, con los ojos entornados y la mirada algo perdida, bajó la cremallera sin inmutarse. Su pene semirrecto asomó a través de la abertura.

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Al ver el pene, Do-eon tragó saliva sin darse cuenta. Al mismo tiempo, su interior comenzó a palpitar con un picor insoportable. De forma pecaminosa, deseó que lo penetrara profundamente con algo más grueso y largo. Aun así, debía aferrarse a su cordura.

"¡¿Q-qué harás si ese hombre nos ve...!".

"Ah, ¿eso es lo que te preocupa? ¿Que ese alfa nuevo descubra que tu orificio ya ha sido usado?".

"¡N-no es eso...!".

Do-ha bajó bruscamente los pantalones de Do-eon, dejando al descubierto sus nalgas blancas. Al separar una de ellas con la palma de la mano, el orificio que acababa de ser dilatado por los dedos se mostró ante el aire frío, abriéndose y cerrándose como la boca de una carpa. Al ver aquello, Do-ha murmuró con voz sombría.

"Grábate a fuego que yo fui quien te estrenó".

"¡¿E-estás loco?! ¡A-aquí no, n-no puede ser...!".

Con la mano que le quedó libre por un momento, empujó la pared abdominal firme de Do-ha. Pero no era un cuerpo que se fuera a mover por un empuje tan débil. Ese gesto ligero como una bruma fue en vano, ya que sus muñecas volvieron a ser apresadas tras su espalda por la mano grande de Do-ha.

"Voy a mostrarle que eres mi receptáculo".

"¡N-no...! ¡He dicho que no...!".

"Bien que te gustaba cuando te lo clavaba".

"¡C-cállate...!".

No quería que nadie se enterara de que era un monstruo que se acostaba con su propio hermano. Mientras su corazón pesaba como una piedra por la culpa, lo que sucedía de cintura para abajo era muy distinto.

"Veamos si también dices que no cuando te lo dé".

"¡N-no, b-basta...!".

A pesar de sus súplicas, Do-ha pegó su entrepierna firmemente contra el perineo blanco de Do-eon. La alta temperatura del pene, que ganaba volumen, calentó la zona como si fuera a quemarla. 'Está caliente'. Tan caliente como un ser vivo palpitante. Su espalda tembló ante una tensión indescriptible.

Con la otra mano, Do-ha sujetó la base de su pene y comenzó a frotar el grueso glande contra el perineo. El glande se deslizaba suavemente sobre la zona empapada en fluidos, subiendo y bajando, mientras el pene crecía aún más en tamaño.

'Jil-kyuk, jil-kyuk'. El sonido lúbrico de la fricción resonaba a sus espaldas. Do-eon, con las manos apresadas, no podía hacer nada más que apoyar la mejilla contra el árbol y temblar.

Sentía que en cualquier momento Jung Tae-seok aparecería para observar su conducta. ¿Acaso no los vería y llamaría a Tae-oh para informarle detalladamente de que el hijo mayor se estaba acostando con el menor? Si eso pasaba, en lugar de recibir ayuda con la herencia, sería expulsado de la mansión sin nada.

A pesar de ese miedo, no podía evitar que toda su atención se centrara en la cabeza del pene que frotaba su entrepierna. Mientras jadeaba con dificultad, escuchó una voz feroz tras de sí.

"¿Por qué diablos te pusiste este cuello de tortuga?".

"E-eso es...".

Quería decir que era por la marca que él le había dejado, pero las palabras no salían con facilidad. Ante la falta de respuesta inmediata, la voz de Do-ha se volvió aún más sarcástica.

"¿Para parecer formal ante Jung Tae-seok? ¿Querías anunciarte como un omega recatado?".

Era una suposición absurda. Do-ha se comportaba como alguien que sentía celos. Pero ese pensamiento se detuvo de inmediato. ¿Celos? Era imposible. Para Do-ha, él solo era un juguete fácil de manipular. Como era de esperar, Do-ha alineó la punta del glande con el orificio que había dilatado previamente con los dedos y empujó su entrepierna lentamente. 'Ugh'. Su respiración se volvió agitada al instante.

"¡ugh...!".

"Tu silencio confirma que tengo razón. Finges ser un beta, pero te vuelves loco en cuanto ves a un alfa".

"¡N-no es verdad...!".

Sus ojos se calentaron. Por muchas veces que pasara por esto, no se acostumbraba a que lo trataran como a un trapo sucio. Las lágrimas nublaron sus pupilas. Cuando el glande que estaba empujando retrocedió, las paredes internas que lo succionaban se estiraron hacia atrás.

"¡ugh...!".

Do-ha hizo un sonido vergonzoso al retirar el glande y volver a alinearlo con la abertura, pegando su entrepierna de nuevo. Do-eon conocía esa persistencia de dilatar el orificio con la forma de su pene antes de la penetración real, y finalmente rompió a llorar.

"Ugh...".

"Siempre usabas camisetas. ¿Por qué ahora un cuello de tortuga? ¿Acaso apareció alguien a quien quieres gustarle?".

Al clavar de nuevo el grueso glande en la abertura que se deshacía sin fuerzas, todo su cuerpo sufrió una convulsión.

"¡ugh...!".

"¿No respondes?".

"¡N-no es eso...! ugh... No hay nadie a quien quiera gustarle... Ugh....".

"¿Entonces qué es?".

"¡Hat...!".

Nuevamente, el pene retrocedió tras estimular solo la entrada, y su orificio se hinchó siguiendo el movimiento. Al escuchar el sonido del aire escapando cuando el pene salía, sintió que su alma se derretía de impaciencia. Do-eon no pudo contenerse y comenzó a llorar sonoramente.

"¡Ugh, es que tú... Ugh...!".

"¿Yo qué?".

"¡Es por tu culpa, Ugh...!".

"¿Por qué es mi culpa?".

Se mordió la delicada carne del interior de su boca y dejó caer las lágrimas. Giró su rostro afligido para mirar por encima del hombro a la enorme figura que estaba pegada a su espalda.

"Porque... Ugh... me mordiste el cuello, y... Ugh... tenía miedo de que ese hombre lo viera... Ugh...".

Debido a las lágrimas que nublaban su vista, no podía ver la expresión de Do-ha. En su lugar, escuchó una voz mucho más calmada que antes.

"Ah, ¿era por eso?".

"Ugh.... Por eso, detente ya....".

Ahora que el malentendido se había aclarado, debía detenerse. Rogaba que Do-ha fuera consciente de que Jung Tae-seok estaba en la casa y dejara sus crueles juegos. Para él quizás solo era una broma de mal gusto, pero para Do-eon era como si le estuvieran rompiendo el cuello. Como una rana que muere por una piedra lanzada por diversión. Era una situación miserable.

"¿Dices que te lo pusiste por si Jung Tae-seok lo veía?".

"S-sí... Ugh....".

¿Acaso sus razones habían surtido efecto? Do-ha dejó de frotar su orificio con la punta del glande y se quedó quieto un momento. Fue un alivio. Si entraban en la casa como si nada hubiera pasado y fingían ser hermanos que no se llevan bien, podría aguantar hasta que llegara su padre.

Estaba observando ese cuerpo imponente a través de su visión borrosa cuando un brazo largo se extendió hacia su cuello. De repente, su cabeza fue obligada a echarse hacia atrás por un tirón violento en el cuello de su camiseta.

"¡ugh...! ¡ugh...!".

El cuello de tortuga apretó su tráquea, cortándole la respiración por un momento. Entonces ocurrió. Escuchó un sonido de tela desgarrándose tras su nuca. El aire frío rozó su piel. Do-eon, aterrado, giró los ojos hacia atrás y vio a Do-ha sonriendo sombríamente tras haber rasgado la camiseta por la mitad.

"¿Para qué esconderlo? Si es tan hermoso".

Bajo la tela desgarrada, su espalda quedó expuesta. Al contacto con el aire, sintió escalofríos cerca de su columna vertebral. Más aún por la punta del dedo frío que recorría las marcas rojas que manchaban su piel.

"N-no hagas esto. ¡B-basta...!".

Pero las caricias obscenas no se detuvieron. La mano descendió por las vértebras prominentes hasta sujetar con firmeza una de sus nalgas suaves. Con la otra mano, Do-ha sujetó la base de su pene y esparció sobre el glande la espuma blanquecina que resbalaba por su entrepierna, como si fuera crema.

"Maldita sea, ¿cómo dices que pare si estás empapado ahí abajo?".

Cada vez que el glande firme frotaba su entrepierna, sentía escalofríos. El deseo por el placer, que era mayor que el dolor de la penetración inminente, hervía en su cabeza.

"N-no...".

Aunque sus labios decían que no, su orificio palpitaba con fuerza, deseando el pene. Cuando los pliegues se abrieron mostrando el vacío oscuro, el pene largo y grueso comenzó finalmente a abrirse paso.

"¡ugh-aa...! ¡N-no puede ser, Ugh...!".

Do-eon apretó los labios con fuerza. Contuvo el aliento hasta que su abdomen quedó plano. Sentía como si una estaca gigante se clavara en su cuerpo. Su orificio succionaba la cabeza del pene, pero al llegar a la parte más gruesa del tallo, se ajustó tanto que la entrada se detuvo un momento.

"Tienes que respirar, hyung".

"Ugh... e-es... d-demasiado... g-grande... ¡Ugh...!".

A diferencia del grueso pene, los dedos delicados acariciaban su cintura delgada para consolarlo. Aun así, Do-eon no tenía fuerzas para exhalar con calma. Solo podía temblar y morderse los labios. Una vena se marcó en su sien por el esfuerzo de la penetración forzada.

A pesar de lo difícil de la entrada, lo que ocurría en su interior era distinto. La cabeza del pene machacaba las irregularidades de la mucosa y aplastaba su punto máximo.

Poco a poco, el pene empapado en fluidos se introdujo por completo. Incluso sentir las venas prominentes del pene rozar sus paredes sensibles le producía un placer excesivo.

"Fuu, siempre aprietas como si fuera tu primera vez. Por eso no puedo dejarte".

"Ha-u... u... s-sácalo... ugh...".

Se sentía peor que un insecto por estar siendo atravesado por el pene de su propio hermano, pero al mismo tiempo era terrible desear que lo clavara aún más profundo.

Entonces sintió que unas manos frías sujetaban con fuerza ambas nalgas. Do-eon parpadeó y una lágrima cayó de sus pestañas. Estaba tan ido por el placer que ni siquiera se daba cuenta de que estaba sollozando.

"¿Tendré que convertirte en un trapo sucio para que te tragues mi pene de una vez?".

"¡B-basta, n-no...!".

En un instante, Do-ha sujetó ambas nalgas y empujó su entrepierna con violencia contra el perineo de Do-eon. 'Ssu-kuk'. De un solo golpe, la cabeza del pene se clavó hasta el colon.

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"¡ugh...!".

La visión de Do-eon se volvió blanca. Tuvo la ilusión de que el pene de Do-ha le atravesaba el cerebro. Sentía como si todas sus entrañas hubieran sido perforadas. Por instinto, bajó la cabeza.

"Ha-uuu... n-no puede ser....".

Bajo la camiseta desgarrada, se veía la marca del pene abultando su bajo vientre. Una sensación vertiginosa, como estar al borde de un precipicio, recorrió todo su cuerpo. Su respiración se volvió agitada, como si hubiera corrido a toda velocidad.

"Ha, ha....".

Su cuerpo debilucho ya había alcanzado el clímax máximo solo con la penetración, antes incluso de empezar el acto real. Odiaba su propio cuerpo y, al mismo tiempo, se sentía absurdo.

Se mordió el labio inferior por el autodesprecio y restregó su frente contra el árbol rugoso. Su frente se puso roja enseguida. Entonces, una palma suave se introdujo entre su frente y la corteza del árbol.

"Te vas a hacer una herida".

Do-ha estiró la mano para cubrir su frente. Había estado restregándola contra la corteza por el dolor de estar empalado por su pene, pero que el causante de todo intentara consolarlo le pareció una burla. Do-eon no necesitaba una compasión tan barata. Soltó el tronco y apartó de un manotazo la mano que protegía su frente.

"Basta... ¡¿qué te importa a ti...?!".

Escuchó una risa seca y burlona antes de que Do-ha retirara la mano, solo para que un instante después esos mismos dedos se enredaran con fuerza en su cabello revuelto.

"¡Ah...!".

"Cierto. A mi hyung le va lo salvaje, ¿verdad?".

Su orificio, penetrado hasta la base, estaba estirado al límite, sin una sola arruga. Do-ha, sujetando su pelo como si fueran las riendas de un caballo, embistió con fuerza hacia arriba. Con cada sacudida, los pliegues de la entrada se curvaban hacia adentro siguiendo el recorrido del tallo.

"¡Ha-ugh...!".

Sus paredes internas succionaban el pene rítmicamente. El glande se machacaba contra la mucosa cálida y acogedora, marcando su territorio de forma feroz. Era un acto instintivo, animal. El movimiento de caderas de Do-ha se volvió cada vez más rápido y violento.

"D-despacio... p-por favor... ¡ugh...! ¡ugh...!".

Do-eon, olvidando el dolor de los tirones en su cabello, comenzó a balancear las caderas y a soltar gemidos involuntarios siguiendo el ritmo del pene que entraba y salía de él. Jadeaba con la lengua afuera, encendida de un rojo intenso, mientras las lágrimas no paraban de caer.

De pronto, Do-ha soltó su cabello y llevó ambas manos hacia abajo. Agarró sus nalgas como si quisiera reventarlas y, sin previo aviso, le cruzó la cara con la palma de la mano.

¡Plas!

"¡ugh...!".

Un grito desgarrador escapó de su garganta, como si de repente hubiera recuperado la voz. Vio chispas estallar ante sus ojos. Mientras la carne blanda de su trasero vibraba como gelatina, sus paredes internas sufrieron una convulsión. El interior que envolvía el pene comenzó a ondularse, apretando el tallo con fuerza.

"¡ugh, d-duele...!".

Sin darse cuenta, el propio pene de Do-eon se había hinchado y apuntaba hacia su ombligo. Con cada embestida de Do-ha por detrás, los fluidos que salían de su orificio se mezclaban creando una espuma blanca que goteaba al suelo.

Era el semen pegajoso que Do-ha había depositado anoche, saliendo ahora mezclado con su propia lubricación. Do-eon puso los ojos en blanco ante el placer delirante. Por un instante, cruzó por su mente el deseo de recibir otro azote. Estaba loco, sin duda.

"Sabía que te gustaba que te trataran así".

Do-ha murmuró con satisfacción al ver a Do-eon deshecho en lágrimas. Acto seguido, levantó la mano y comenzó a azotar ambas nalgas de forma consecutiva y severa.

¡Plas! ¡Plas!

"¡ugh...!".

A pesar de que su trasero blanco se teñía de rojo por las marcas de los golpes, Do-eon no podía recobrar el sentido debido al placer de sentir cómo su carne vibraba profundamente mientras mordisqueaba el pene.

Do-ha embestía con saña en medio de esas nalgas que se agitaban, llegando con el glande hasta el mismo cuello del útero. Do-eon, con los ojos en blanco mostrando solo la esclerótica, encogió la espalda por instinto.

"¿Es aquí?".

Atento a cualquier reacción, Do-ha detectó el punto que Do-eon sentía como peligroso y comenzó a machacarlo con embestidas insistentes. Do-eon no pudo más y rompió a llorar mientras llegaba al orgasmo.

"¡Ugh, p-por favor, a-ahí no...! ¡Ahí...!".

El orgasmo de Do-eon fue el detonante para Do-ha. Abrió las nalgas con las palmas de las manos para dilatar el orificio y comenzó a clavar su pene con una fijación casi maníaca. Do-eon sacudía la cabeza esparciendo sus lágrimas. El placer, afilado como una cuchilla, parecía estar despedazando todo su cuerpo.

"¡B-basta, Ugh, b-basta...!!".

En el punto máximo del placer, el fluido seminal brotó de la punta de su pene trazando una parábola y aterrizó sobre el pino. Las gotas blancas salpicaron el tronco como si fuera resina brotando del árbol. Se sintió patético por alcanzar el orgasmo y eyacular sin necesidad de estímulo directo en su parte delantera.

"Ha, ha...".

Sus mejillas sonrosadas delataban su excitación. Sentía que se estaba volviendo adicto a este placer peligroso.

Como para ayudarlo con el sopor tras el orgasmo, el ritmo de Do-ha se volvió más pausado y su palma fría acarició su nuca.

"¿Y si te marco, hyung?".

Do-eon, que jadeaba con la lengua afuera, recuperó la consciencia de golpe. Levantó la cabeza con el rostro contraído.

"¿E-estás... l-loco?".

¿Marcarlo? ¿Acaso sabía lo que significaba una marca para un omega? Era algo reservado para compañeros de vida. No era una palabra que debiera pronunciarse en una relación tan pecaminosa como la suya.

Era un tema serio que debería surgir en una relación sagrada, sólida y estable; no algo que se soltara a la ligera mientras se mantenía el pene enterrado en el cuerpo abierto de un hermano. Las lágrimas volvieron a nublar su vista.

Al ver sus ojos grandes y llorosos, el rostro de Do-ha se volvió gélido. Una voz baja escapó de sus labios apretados.

"Si no quieres la marca, ¿qué tal un nudo?".

"¡No digas esas cosas a la ligera...!".

Un nudo era algo que, bajo ninguna circunstancia, debía ocurrir entre ellos. Atravesado por ese pene enorme, Do-eon retorció su cintura delgada. Ante el gesto, Do-ha pegó su entrepierna con fuerza y aplastó el útero con la cabeza de su pene.

"¡Sácalo...! ¡Sácalo ahora mismo...!".

Tenía miedo. Por mucho que las probabilidades de embarazo en un omega recesivo fueran escasas, no podía evitar temblar cada vez que él se comportaba así. ¿Por qué se empeñaba en cruzar todas las líneas? Pero la burla no terminó ahí.

"¿Qué tal si te quedas embarazado y escapamos juntos?".

"¡N-no...! ¡He dicho que no...!".

Era absurdo. Él no podía huir a ninguna parte. Tenía que cumplir la última voluntad de su madre. Tenía que proteger esta mansión con sus propias manos. No podía permitir que nadie se la quitara. Era lo único que le quedaba, lo único con valor. Su meta era aguantar sin incidentes hasta que su padre regresara para heredar legalmente la propiedad. Nadie iba a arruinar eso.

"Creo que me excitaría verte con el vientre hinchado por mi semilla".

"¡No...! ¡He dicho que no...! ¡Eso nunca pasará...!".

Las pupilas grises de Do-ha se oscurecieron mientras observaba el rechazo visceral de Do-eon. Sujetó la barbilla afilada de su hermano y lo obligó a levantar la cabeza. Giró el rostro de Do-eon hacia un lado y capturó sus labios hinchados.

"Umm, Ugh, chyu-up...".

Su lengua caliente se introdujo entre los labios. Recorrió lentamente la dentadura y las papilas gustativas estimularon la mucosa bucal. Do-eon sintió que perdía la razón ante esa masa de carne que se movía con la astucia de una serpiente y cerró los ojos con fuerza.

Si el pene que destrozaba su interior era una bomba a punto de estallar en su punto crítico, la lengua que navegaba por su boca era de una suavidad capaz de derretirle el cerebro. Al inclinar más la cabeza, sus narices rozaron y la saliva transparente comenzó a resbalar por las comisuras de sus labios.

Tras devorar los labios de Do-eon por un largo rato, Do-ha se alejó con los ojos entornados, dejando un hilo de saliva que se estiró hasta romperse.

"¿Quieres que me coma tu boca cada vez que digas que no?".

"N-no...".

Iba a decir que no quería, pero se mordió los labios inflamados. Le indignaba que se refiriera a su boca con términos tan vulgares, pero lo que más le asombraba era sentir una punzada de añoranza por la lengua que acababa de retirarse.

"Parece que no quieres que me coma tu boca".

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Su tono sarcástico tenía un tinte de amargura. Do-eon experimentó una extraña sensación de culpa, como si él hubiera hecho algo malo, cuando el culpable era Do-ha. Sin darle tiempo a limpiarse la saliva, el pene salió de su orificio de un solo golpe.

"¡ugh-at...! ¡D-duele...!".

Fue un retroceso tan violento que sus nalgas se elevaron en el aire. La mucosa interna se estiró siguiendo el camino del pene al salir. La carne roja que se despegaba con resistencia volvió a asentarse en pliegues hinchados, palpitando con fuerza con la forma del pene que acababa de perder. Era como si su cuerpo estuviera buscando desesperadamente lo que le faltaba.

Do-eon sintió el escozor del dolor y sus ojos se enrojecieron. ¿Se habría acabado ya? Sintió alivio, pero al mismo tiempo, ese vacío persistente. De repente, unas manos sujetaron su cintura y lo giraron.

"¿Q-qué pasa ahora...?".

Al quedar frente a frente, vio un brillo extraño en las pupilas grises de Do-ha.

"Si no quieres que me coma tu boca, al menos deja que me coma bien tu orificio".

"¿Qué...? ¡Oye, espera...!".

Sujetado por la cintura, su cuerpo fue levantado y depositado de espaldas sobre el césped. La hierba húmeda por el rocío le hizo cosquillas en la espalda. La enorme figura de Do-ha se inclinó sobre él de inmediato y se arrodilló entre sus muslos.

"¡S-Seo Do-ha...! ¡¿Q-qué estás...!".

Do-ha sujetó los huecos de las rodillas de Do-eon y las empujó hacia su pecho, elevando ligeramente sus nalgas. En el borde de su visión, Do-eon alcanzó a ver su propio orificio hinchado palpitando. Ver su perineo totalmente expuesto, como si buscara el pene, lo avergonzó tanto que estiró las manos hacia abajo.

"¡B-basta, no lo hagas, n-no quiero...!".

"Te dije que no dijeras que no querías".

El pene, apuntando verticalmente, se hundió en su orificio. Por un instante, Do-eon dejó de ver y oír.

"¡Ugh, Ugh...!".

Do-ha hundió su pene hasta la base, frotando su vello púbico contra el perineo de Do-eon. El glande, tras girar una vez y machacar directamente el cuello del útero, comenzó a hurgar con violencia en su interior.

"¡ugh, e-es demasiado p-profundo, ha-u-ung...!".

A pesar del dolor, soltó gemidos entrecortados. Rayos de luz estallaban ante sus ojos y su mente se perdía en un placer incontrolable.

'Plas, plas'. Do-ha embestía sus caderas con furia, haciendo que Do-eon temblara por el placer. Su cuerpo, sacudido por espasmos, dejaba ver a través de la ropa desgarrada sus pezones erectos y endurecidos. Do-ha, con su mirada de depredador, no pasó esto por alto.

"Vaya, mi hyung tiene los pezones excitados. ¿Tan rico está mi pene?".

"¡ugh, ugh, ugh..!".

Do-eon respondió con gemidos. En cierto modo, sonaba como una afirmación. Do-ha elevó las comisuras de sus labios con satisfacción y pellizcó con la punta de la uña el pezón que sobresalía.

"¡ugh...!".

Una corriente eléctrica recorrió su pecho. El pezón rosado se tiñó de un tono violáceo y apuntó aún más hacia el cielo. El pene de Do-eon, que se había relajado tras su primer orgasmo, volvió a ganar volumen y a soltar gotas de líquido preseminal.

"Dicen que sentir placer por los pezones es de gente lujuriosa".

Do-ha comenzó a agitar ambos pezones con sus dedos medios mientras aceleraba el ritmo de sus embestidas. Do-eon se retorcía esparciendo sus lágrimas.

"¡ugh-aa-Ugh...!".

Sus paredes internas, empapadas en semen desde ayer, se estrechaban alrededor del pene, mordisqueándolo y succionándolo sin cesar. El glande golpeaba la entrada del útero, amenazando con cruzar la frontera de forma peligrosa.

"¡N-no, a-ahí no, b-basta...!".

Do-eon no podía soportarlo más. El placer había superado todos sus límites, haciéndole perder la razón y cruzar la línea moral que él mismo se había trazado. Se sentía arrastrado por una ola de placer feroz. Do-ha susurró con malicia:

"Eres un lujurioso, ¿verdad, hyung?".

"¡N-no, n-no es cierto...! ¡ugh...!".

No lo era. Nunca había llevado una vida promiscua. A pesar de que su orificio, abierto brutalmente por ese pene enorme, lo succionaba como si estuviera hambriento, él seguía pensando que la lujuria era algo ajeno a su persona.

"Eres tan lujurioso que sedujiste a tu propio hermano menor".

"¡E-eso fue porque t-tú primero... ugh...!".

Como si se burlara de sus palabras, Do-ha se inclinó y capturó uno de sus pezones endurecidos con la boca. Sabía dulce, como una fresa silvestre. Do-ha comenzó a succionar el pecho de Do-eon como un bebé tomando leche materna.

"¡ugh, ugh, ugh, d-demasiado f-fuerte, ugh...!".

Gemidos erráticos escapaban de su boca al ritmo de la succión. Sus pezones, que se volvían más grandes que los de la mayoría al excitarse, eran perfectos para jugar con la lengua. Eran, sin duda, dignos de ese nombre vulgar que Do-ha les daba.

Ugh, Ugh. Do-ha se concentró en succionar sus pezones hasta que la saliva resbaló por su boca. El pezón estaba tan firme que daban ganas de morderlo, mientras que la areola que lo rodeaba era extremadamente suave.

Cuando Do-ha envolvió el pezón erecto con la lengua y comenzó a succionar con fuerza mientras aplastaba la areola con la punta de la lengua, Do-eon arqueó la cintura y sacudió la cabeza. Sentía que se volvía loco. Escuchó el sonido de su cordura rompiéndose en mil pedazos. Sentía que, aunque Jung Tae-seok estuviera observándolos desde un paso de distancia, no podría detenerse.

"¡ugh, ugh, ugh, ugh...!".

Do-ha succionaba con presión y mordisqueaba el pezón con los dientes, haciendo que Do-eon jadeara con el rostro encendido y la mandíbula temblorosa. Su visión se volvió borrosa y un pitido agudo resonó en sus oídos.

¡Plas, plas! Do-ha succionaba sus pechos con ansia mientras embestía con sus caderas a gran velocidad. Parecía que su pecho y su orificio iban a terminar destrozados. Ante el placer extremo que quemaba su cuerpo, Do-eon puso los ojos en blanco, incapaz siquiera de gemir.

El pene pesado desplazaba sus entrañas, llenando todo su interior con su enorme tamaño. Sentía cada centímetro, desde el calor ardiente hasta las venas hinchadas, como si marcaran puntos en sus paredes internas. Cuanto más rápido se movía, más pegajosa se volvía la mucosa, atrapando el pene sin soltarlo. En ese momento, los muslos de Do-ha sufrieron un leve espasmo.

"Fuu... tienes que tragarte toda mi semilla".

"¡Ha-ugh...! ¡N-no puede ser...! ¡ugh...!".

Justo en la entrada del útero, el glande comenzó a sacudirse y a expulsar el semen. Sintió cómo el fluido cálido salpicaba sus entrañas por todas partes.

Y al mismo tiempo.

Psh- psh-.

El semen también brotó de la punta de su propio pene. Debido a que sus abdómenes estaban pegados, el fluido blanquecino no llegó lejos y resbaló por el torso firme de Do-ha. Agotado tras su segundo orgasmo, Do-eon apenas podía respirar.

"Ha... ha...".

Al sentir que el cuerpo de su hermano se relajaba, Do-ha entornó sus ojos rasgados. Miró las pupilas dilatadas de Do-eon y levantó el torso. Fue entonces cuando notó que Do-eon había eyaculado sobre él.

"Deberías darme las gracias".

"¿......?".

"Gracias a mí, has descubierto que tienes un cuerpo nacido para disfrutar por detrás".

".......".

¿Darle las gracias?

Aquello era una maldición. Su mente, antes nublada, se aclaró un poco ante esas palabras, como si le hubieran echado un jarro de agua fría. Pero no tenía fuerzas para responder a sus burlas sobre haber ensuciado su abdomen. Do-eon cerró los ojos.

Al cerrarlos, el olor a hierba machacada bajo su espalda inundó sus fosas nasales. Ese aroma, que lograba filtrarse a través de las intensas feromonas de Do-ha, le resultó amargo e insoportable.

* * *

Al abrir los ojos bajo un frío gélido, la oscuridad lo envolvía de nuevo. El aire era cortante y seco, impregnado de ese olor húmedo y sombrío que le provocó un 'déjà vu' asfixiante. Superando el dolor punzante en sus sienes, tanteó el entorno. Sus manos rozaron un suelo frío y cubierto de polvo.

El sótano. De nuevo, el sótano.

'¿Cuándo bajé aquí?'. Intentó reconstruir el camino, pero su memoria era un lienzo en blanco. Recordaba el jardín, el acecho de Do-ha, el baño en su habitación... y después, nada. Como si un interruptor se hubiera apagado. Con manos temblorosas, buscó el interruptor en la pared.

'Click'.

La luz fluorescente parpadeó, revelando la sala de espejos que cubría las paredes. Su propia figura, multiplicada hasta el infinito, lo observaba desde todos los ángulos. Una soledad poblada de reflejos que le erizó la piel.

Su narcolepsia y el sonambulismo estaban empeorando. Si no tenía cuidado, Do-ha o su padre lo descubrirían. Debía aparentar normalidad para heredar la mansión; ese era su único escudo. Do-ha ya sabía que era un omega recesivo, y estaba pagando un precio carnal altísimo para mantener esa boca cerrada. 'Solo tengo que aguantar', se repetía. Seguramente Do-ha se aburriría pronto de él. Sus palabras sobre el embarazo o huir juntos no eran más que delirios para avivar el fuego de su perversión.

Do-ha decía que su padre vendería la mansión tras casarse, pero eso no eran más que palabras sin pruebas. Quizás solo quería asustarlo. Cuando su padre regresara, Do-eon le mostraría que había sido el hijo mayor responsable, el que cuidó de la casa y del impredecible Do-ha. Así obtendría el favor necesario para la sucesión.

'Solo tengo que mantenerme cuerdo. Do-eon, reacciona'.

Justo cuando iba a apagar la luz para marcharse, un sonido seco lo detuvo.

'¡Crack!'.

No era la primera vez que lo oía. Do-eon aguzó el oído, paralizado.

'Crack, crack, crack...'.

"¡......!".

Era el mismo ruido grotesco que había escuchado en la habitación de su madre. '¿Estoy soñando? ¿Sigo dormido?'. Se pellizcó el muslo con fuerza, pero el dolor fue real.

'¡Fiuuu— ¡tata-ta-ta!'.

Algo de cuatro patas, con las articulaciones invertidas, salió disparado desde un rincón oscuro.

"¡Hiii-ik...!".

Era una criatura arácnida, con una cabellera larga y una cabeza que giraba 360 grados sobre un cuello roto. Su rostro, negro como si hubiera sido consumido por el fuego, cargó hacia él tal como lo hizo en el cuarto de su madre.

"¡N-no te acerques...!".

—Do... eon... ah... —

El espectro pronunció su nombre. El monstruo nacido de la sombra de su madre. Aterrado, Do-eon se pegó a los espejos, con los ojos inyectados en sangre por el miedo, observando a la criatura.

—Te... dije... que... no... bajaras... al... sótano... —

Cada giro de su cabeza iba acompañado de ese crujido lúgubre. Los ojos del monstruo brillaban con una luz azulina y gélida. Sus patas espinosas parecían listas para atravesarle el corazón. Do-eon tragó saliva, sintiendo un nudo en la garganta.

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"L-lo siento... ¡cuando desperté, y-ya estaba aquí!".

En los espejos, cientos de monstruos arácnidos lo acechaban. Sentía que iba a desmayarse en cualquier momento. La criatura retorció su pequeña boca en medio de ese rostro de carbón.

—Su... cia... se... mi... lla... —

"¡L-lo siento, mamá! Yo... yo no quería, ¡fue D-do-ha! ¡Él... por su culpa!".

El monstruo hablaba como si hubiera presenciado cada acto carnal ocurrido en ese sótano, incluso lo del jardín bajo la mirada del cielo. El rostro de Do-eon se encendió de vergüenza. Quería culpar a Do-ha de todo, necesitaba esa vía de escape.

—Tienes... que... proteger... la... mansión... la... mansión... —

Un aroma extraño, como a resina de pino, emanó de la criatura mientras sentenciaba. Su voz resonaba como un eco en todas las direcciones.

"¡La protegeré! ¡Lo haré! ¡Cuando papá vuelva, h-heredaré la mansión legalmente! ¡Lo juro!".

Do-eon respondió con todas sus fuerzas, aunque su cuerpo no dejaba de temblar.

—Si... con... cibes... —

El monstruo abrió las fauces de par en par. Sus labios rígidos sufrieron un espasmo, como si intentara decir algo más que Do-eon no lograba descifrar. Asumiendo que se refería a evitar un embarazo, Do-eon agitó las manos con desesperación.

"S-soy un omega r-recesivo, ¡no me quedaré e-embarazado! ¡No se preocupe, m-mamá!".

—Si... con... cibes... tú... —

"¡No lo haré! ¡Lo juro! ¡Solo soy un omega r-recesivo sin suerte!".

A pesar de sus súplicas serviles, el monstruo extendió sus largas patas cubiertas de vello negro y se acercó centímetro a centímetro. Si esas patas afiladas lo alcanzaban, sería su fin. Do-eon cerró los ojos con fuerza, esperando el impacto.

"......."

Pasó el tiempo. Al abrir los ojos lentamente, la criatura había desaparecido. En los espejos solo quedaban cientos de reflejos de sí mismo, pálidos y exhaustos. Sin embargo, la huella del monstruo permanecía grabada a fuego en su mente.

* * *

La semana pasó volando. Una semana que podía ser larga o corta según se mirara. Sucedieron muchas cosas en ese tiempo. Y esta mañana fue un poco diferente. Do-eon, que tenía el sueño ligero debido al ruido de la primera planta, abrió los ojos.

Últimamente se había vuelto tan sensible que despertaba ante cualquier sonido mínimo. Miró el reloj de pared distraídamente y las agujas marcaban las ocho en punto.

¿A qué venía tanto alboroto desde temprano? Do-ha solía dormir hasta tarde y Jung Tae-seok vivía como una sombra, casi imperceptible; no tenían motivos para hacer ruido a esta hora.

El hoy, a diferencia del ayer, traía consigo ansiedad. Como los últimos días habían sido una cadena de inquietudes, Do-eon no pudo volver a dormirse. Ya que era inútil intentar dormir más, decidió levantarse. Se puso la sudadera que colgaba del cabezal de la cama y se puso de pie.

"¿Se ha despertado, joven amo?"

Al bajar a la primera planta, Jung Tae-seok, que estaba en el salón, lo saludó. Do-ha no estaba a la vista. Seguramente seguiría durmiendo en su habitación.

"......?"

En el salón, además de Jung Tae-seok, había dos hombres más a los que no conocía. Ambos vestían trajes rígidos como el de él. Estaban de pie con las manos entrelazadas, como esperando las órdenes de Tae-seok.

Cuando Do-eon miró a Jung Tae-seok con extrañeza, este les hizo una señal a los hombres con la mirada. De inmediato, se alejaron de su campo de visión.

"Siento haber hecho ruido, joven amo."

"Ah, no... pero esas personas son..."

¿Quiénes eran? ¿Gente que había llamado Jung Tae-seok? Sintió que el número de intrusos aumentaba y, sin darse cuenta, su voz se volvió sombría. Al notar su semblante, Tae-seok añadió una explicación.

"Son empleados de nuestra empresa."

"¿Por qué personas de la empresa...?"

"El Presidente vendrá hoy."

"¿El Presidente...?"

"Sí, joven amo."

Presidente significaba que su padre vendría. Así que hoy era el séptimo día. Sus ojos, que habían estado nublados por el olvido, recobraron poco a poco el brillo. Era una buena noticia. Significaba que por fin podría escapar de las garras de Do-ha. Cuando su rostro pálido recuperó algo de color, Jung Tae-seok sonrió.

"He recibido la agenda de que llegará durante la mañana."

Cuanto antes, mejor. Do-eon se alisó el cabello alborotado y preguntó:

"...¿Hay algo que deba preparar aparte?"

"No tiene que preparar nada en particular. El Presidente desea almorzar con los jóvenes amos, así que he convocado al personal de nuestra empresa de antemano. Le ruego su comprensión."

"Ah... sí..."

Normalmente, al pensar en personal para preparar la comida, uno imaginaría a una mujer de mediana edad y aspecto cálido como la señora Sun-hee, pero ¿hombres con trajes impecables? ¿Qué clase de empresa era Teogra? No parecía nada común.

"Puede dormir un poco más. Le avisaré cuando llegue."

"Aun así, si pudiera ayudar en algo..."

"Está bien. El personal de la empresa es suficiente para los preparativos del protocolo del Presidente."

Mientras Do-eon estiraba el cuello con rostro inquieto, Jung Tae-seok le hizo la sugerencia con su habitual rostro refinado. En realidad, no era muy distinto a una orden de expulsión.

'El dueño de la mansión soy yo.'

Con mirada ansiosa, se apoyó en la barandilla de las escaleras del segundo piso. Estaba siendo tratado como un extraño y no como el dueño de la casa. A pesar de ello, no podía protestar adecuadamente.

Do-eon no tuvo más remedio que subir al segundo piso con amargura. Al volver a su habitación, merodeó cerca de la ventana. El portón que se veía a lo lejos seguía firmemente cerrado. Tras soltar un suspiro, abrió el armario.

El interior del armario era modesto. ¿Cuándo había sido la última vez que compró ropa? Solo había camisetas de colores neutros y pantalones de algodón. De entre todas, sacó la única camisa blanca que tenía, se quitó la sudadera y se cambió. Sería mejor lucir pulcro.

Se miró en el espejo del armario. Un chico lamentablemente delgado estaba allí. Su semblante era peor que cuando se celebró el funeral de su madre.

Incluso a sus propios ojos, estaba lejos de parecer el hijo mayor confiable. Un hijo mayor del que avergonzarse en cualquier lugar no sería necesario.

Sin embargo, Do-eon anhelaba a su padre. Era la única persona que tenía la llave para proteger la mansión.

A medida que pasaba el tiempo, sus palmas se humedecían por los nervios. Se las secó contra los muslos mientras miraba alternativamente el reloj de pared y la ventana con impaciencia.

¿Cuánto tiempo habría pasado?

Fue cuando se quedó medio dormido apoyando la barbilla en la mano.

El portón, que no parecía que fuera a abrirse, se ensanchó y un sedán negro entró. Do-eon, que observaba la escena entre sueños, reaccionó de inmediato y se guardó en la cintura los documentos que tenía en el cajón.

Es papá. Por fin ha vuelto papá.

Do-eon salió de la habitación sin mirar atrás y bajó a la primera planta. En su mente se grabaron con claridad el alivio de poder terminar con los actos perversos con Do-ha y el objetivo de completar hoy mismo los trámites necesarios para la herencia.

Al bajar, los hombres que antes estaban en el salón ahora formaban una fila ante la entrada con las manos entrelazadas. Jung Tae-seok, que revisaba la pantalla de su teléfono con urgencia, lo miró de reojo y habló.

"Justo iba a subir a buscarlo."

"Ha llegado, ¿verdad...?"

"Sí. Ha llegado."

Do-eon contuvo el aliento y se acercó al lado de los hombres alineados. Al estar junto a esos cuerpos robustos de hombros anchos, sintió una gran disonancia. Ellos miraban estrictamente al frente, como si Do-eon no fuera asunto suyo.

Sombras. El aura que había sentido en Jung Tae-seok también se percibía alrededor de ellos.

"¿Es necesario un recibimiento tan escandaloso?"

En ese momento, Do-ha, vestido con pantalones cortos, salió de la habitación de invitados desperezándose lentamente.

"Es patético."

Do-ha metió las manos en los bolsillos y con la otra mano se revolvió el cabello mientras se burlaba de la gente formada ante la entrada. Entonces, al ver a Do-eon parado torpemente junto a los hombres de traje, abrió mucho los ojos.

"Ja, ¿hasta tú, hyung?"

"Papá ha llegado. Ven aquí tú también."

Las cejas de Do-ha se contrajeron, como si no le gustara el tono firme de Do-eon.

"No soy gente de Teogra, así que no quiero seguirles el juego."

Las palabras sarcásticas de Do-ha se clavaron en los oídos de Do-eon, quien estaba alerta ante el regreso de su padre. No tenía tiempo para escuchar sus quejas. Era un momento crucial para mostrar que se habían vuelto cercanos durante la semana y para destacar su madurez como hijo mayor. Con los labios tensos por los nervios, alzó la voz.

"¡Te he dicho que vengas aquí!"

"Vaya, hasta sabes gritar."

Do-ha soltó una risa seca, entornando sus ojos alargados como si le sorprendiera. Se acercó caminando pesadamente, colocó su brazo sobre los hombros de Do-eon y bajó la cabeza hacia su oído.

"He hecho lo que me has dicho, así que ¿qué me vas a dar?"

Aunque era un susurro, Do-eon temía que los demás lo oyeran. Miró de reojo, pero los hombres seguían mirando al frente. Se sacudió el brazo de encima y habló entre dientes.

"N-no hay nada de eso..."

"¿Me dejarás correrme en tu boca?"

"C-cállate..."

El rostro de Do-eon pasó por todos los colores. ¿Lo habrían oído? Sin atreverse a girar la cara, se mordió los labios. Con las manos apretadas por la tensión, miraba al frente cuando ocurrió.

"¡Presidente, bienvenido!"

Ante el estruendoso saludo de los hombres que se inclinaron noventa grados, Do-eon giró la cabeza hacia la entrada. Quien apareció por la puerta abierta era el padre al que tanto había esperado.

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Vestido con un traje azul marino y el cabello liso peinado hacia atrás dejando ver su frente, los rasgos definidos de su padre cautivaban a la gente de una manera casi irreal. Bajo su frente recta destacaban ligeramente los huesos de las cejas, y bajo ellos, una mirada aguda sombreada; sus ojos almendrados contenían unas pupilas tan negras y profundas como la obsidiana.

Cuando miraba de frente parecía tan radiante como la luz del sol, pero cuando bajaba la vista, se volvía tan sombrío como la lluvia de invierno.

A medida que su padre se acercaba, un aroma a incienso o madera profunda —su feromona— se filtraba en su nariz. Do-eon inhaló sin darse cuenta. Era una fragancia adictiva.

Su padre entró tranquilamente con una sonrisa, como si estuviera acostumbrado a los saludos excesivos. Jung Tae-seok se colocó rápidamente tras él como el secretario que era.

Do-eon miró a su alrededor. Estiró el cuello para ver más allá de la entrada. Él solo llevaba a Jung Tae-seok como un accesorio; estaba solo. Lo de la prometida tenía que ser una mentira de Do-ha.

'Qué alivio. Realmente qué alivio.'

Justo cuando soltaba un suspiro y se relajaba, su padre se acercó hacia Do-eon, que estaba al final de la fila. Desde el momento en que sus ojos se cruzaron con esas pupilas de obsidiana, su corazón empezó a latir con fuerza.

¿Cómo podía parecer un hijo mayor diligente? ¿Cómo podía hacer que pareciera una relación de hermanos normal, como si los actos perversos con Do-ha nunca hubieran sucedido? Do-eon estaba absorto en esos pensamientos.

"Do-eon."

"Sí, p-papá..."

El apelativo papá sonó extraño incluso en sus propios oídos. Aún no se acostumbraba a la existencia de un padre después de diecinueve años. Quizás fuera por su apariencia, que parecía demasiado joven para ser llamado así. Se aclaró la garganta y esperó sus siguientes palabras con calma.

"¿Has estado bien durante este tiempo?"

¿Cómo había estado? El recuerdo de haber sido devorado brutalmente por Do-ha volvió a su mente, haciendo que su parte baja sintiera un hormigueo. Ante esa reacción fisiológica, Do-eon parpadeó y sacudió las imágenes de su cabeza.

"Sí... he estado bien."

"¿Do-ha no te ha causado problemas?"

"¿Yo qué iba a hacer?"

Do-ha, que estaba a su lado, interrumpió la conversación respondiendo por Do-eon. Casi fue un alivio. Si miraba fijamente esos ojos que parecían agujeros negros, sentía que podría confesar la verdad: que en lugar de estar bien, se había pasado el tiempo acostándose con su propio hermano.

"He estado... bien."

Do-eon forzó una sonrisa hacia Tae-o. Las comisuras de sus labios, tensas por los nervios, sufrieron un pequeño espasmo.

"Me alegra oírlo."

"Sí..."

"¿Y te has vuelto más cercano a Do-ha mientras no estuve?"

"......."

Debía responder que sí, pero su boca se cerró con fuerza. Si dijera que no solo se habían vuelto cercanos sino que incluso habían unido sus cuerpos, ¿cómo reaccionaría su padre? ¿Lo trataría como a una basura que sedujo a su querido segundo hijo?

"Vaya pregunta. Nos hemos vuelto muy, muy ín-ti-mos."

Do-ha respondió enfatizando las sílabas. Eran palabras con doble sentido. Éramos íntimos, eso era cierto. Ya que compartíamos un secreto que no podíamos contar a nadie: el secreto de que nos habíamos acostado usando como excusa que yo era un omega recesivo.

"¿Ah, sí? Me dan celos."

"......."

Su padre rió con alegría. Parecía no haber notado los labios temblorosos de Do-eon. Este tragó saliva, pensando en los documentos que escondía en su cintura.

'Debo crear un momento para estar los dos solos y preguntarle si puede revisar y procesar estos papeles necesarios para la herencia.'

Para él, las deudas de esta mansión no serían nada. Y un padre tan rico difícilmente tendría interés en una mansión tan vieja.

'Si le entrega la herencia de su madre a su pobre hijo mayor —a quien acaba de conocer tras diecinueve años— y cada uno vuelve a su lugar, ¿habrá un final feliz más perfecto que ese?'

Do-eon creía que la oportunidad de crear ese final feliz aún estaba en sus manos. Hasta que otra silueta apareció tras la puerta abierta.

"El jardín es tan hermoso que perdí la noción del tiempo admirándolo."

"......!"

Un hombre con un jersey azul claro entró en la casa. Las feromonas que traía el viento fresco se asemejaban a la Daphne, cuyo aroma se dice que llega a mil millas. Esa fragancia intensa era, sin duda, la de un Omega Dominante.

'¿Un Omega Dominante...?'

Incluso Do-eon, que no solía distinguir entre rasgos, no pudo evitar reconocer esa feromona tan potente. Era una fragancia de Omega Dominante, más suave que la de un Alfa pero cautivadora. Ante ese aroma desconocido, incluso Do-eon, siendo también omega, se sintió fascinado.

El hombre, que parecía tener unos treinta y pocos años, se acercó al padre de Do-eon y lo tomó del brazo con total naturalidad. Ante esa actitud descarada, el rostro de Do-eon se volvió gélido.

'Papá planea traer a su prometido a vivir a esta mansión hasta la boda.'

'Y una vez que se casen, planea venderla.'

Las palabras que Do-ha le había dicho antes resonaron en su mente como un eco. Al girar sus ojos confundidos, Do-ha se encogió de hombros como diciendo: '¿Ves cómo tenía razón?'.

Do-eon miró de reojo al hombre. Él sonreía de forma radiante, como la luz del sol. Tras esa sonrisa se percibía la superioridad de un dominante que no podía ocultarse. Do-eon apretó los dientes al verlo. Todas sus esperanzas se desmoronaban.

"Incluso podríamos convertir el jardín en un campo de golf. Podríamos poner un búnker y convertir el arroyo en un lago."

El hombre habló con alegría apoyando la barbilla en el hombro del padre de Do-eon. Aunque coqueteaba abiertamente frente a los demás, no se veía fuera de lugar. Tae-oh inclinó la cabeza hacia él como si le pareciera tierno y dibujó una curva con sus labios perfectos.

"Eso lo veremos... poco a poco."

Do-eon sentía que se quemaba por dentro. ¿Quién se creía que era para convertir su jardín en un campo de golf? ¿Quién se creía para talar sus árboles y convertir en un lago el pequeño arroyo donde crecían los lirios amarillos, su único refugio?

Sintió que los ojos le ardían. Mordió con fuerza el interior de su mejilla para no romper a llorar. Un dolor de cabeza inexplicable lo invadió. 'Mantente firme, Seo Do-eon.' Apretó los puños con tal fuerza que sus uñas se clavaron en sus palmas para no perder el sentido.

"Primero las presentaciones. Este es mi hijo mayor, Seo Do-eon."

Con el corazón martilleando contra sus costillas, Do-eon escuchó cómo Tae-oh lo presentaba. El hombre, de ojos nítidos y párpados marcados, lo escaneó de pies a cabeza con una mirada aún más afilada. Incapaz de sostenerle el contacto visual, Do-eon bajó la vista.

"Parece que ha salido a su familia materna, ¿verdad? No tiene ningún parecido con usted, Presidente."

Era natural que sus constituciones fueran distintas, ya que sus rasgos lo eran. A Do-eon le dolió el pecho por el miedo a que descubrieran que no era más que un frágil omega recesivo.

"Te he dicho que te presentes primero."

Su padre golpeó suavemente la mejilla del hombre con el dedo índice. El joven rió entre dientes y extendió una mano hacia Do-eon. A pesar de ser ambos omegas, el hombre era tan alto que su sombra cubría la frente de Do-eon.

"Soy Jung Yu-bin, el prometido del Presidente. Es un placer."

Prometido. En ese instante, las palabras de Do-ha quedaron demostradas. Tragándose el suspiro que amenazaba con escapar de sus labios, Do-eon estrechó la mano de Yu-bin. Una intensa fragancia de feromonas pareció filtrarse desde la palma del otro hasta su propia piel.

"Soy Seo Do-eon..."

No pudo obligarse a decir que era un placer. Bajo la mirada que escudriñaba cada rasgo de su rostro, sus pestañas temblaron con pesadez.

"A este ya lo conoces bien. El segundo hijo, Seo Do-ha."

"Lo conozco perfectamente. Joven amo Do-ha."

Yu-bin rió con franqueza mientras soltaba la mano de Do-eon y se la tendía a Do-ha. Este, con una postura rígida, frunció el entrecejo.

"Abogado Jung... No, ¿cómo debería llamarlo ahora? ¿Madastra?"

Cuando Do-ha soltó el sarcasmo torciendo la comisura de los labios, Yu-bin estalló en una risita.

"Mientras el Presidente esté de acuerdo, me da igual cómo me llamen. Presidente, ¿quiere que sea la madrastra del joven amo Do-ha?"

Yu-bin miró directamente a su padre. Tae-oh le apartó un mechón de cabello tras la oreja y respondió con una voz suave pero firme.

"No vayas tan lejos."

Ante la negativa, Yu-bin entornó sus ojos redondos y abultó los labios con fingida decepción.

"Está bien, Presidente. Seguiré siendo 'el abogado'."

Al observar la escena, Do-eon se sintió abrumado por el fracaso. Su padre había vuelto a la mansión con un prometido. Un invitado no deseado. ¿Y qué vendría después?

'Te arrojará a una tierra donde el idioma y el agua son extraños.'

Si lo que Do-ha predijo estaba ocurriendo, ¿el exilio al extranjero también era el siguiente paso? 'No puedo dejar la mansión. El monstruo arácnido podría matarme', pensó Do-eon mientras ocultaba sus manos temblorosas y vigilaba las reacciones de Tae-oh y Yu-bin.

"Presidente, el almuerzo está servido."

Jung Tae-seok anunció la comida. Tae-oh se dirigió cariñosamente al paralizado Do-eon.

"¿Podrías guiarnos al comedor, Do-eon?"

"¿Eh? Sí..."

Casi rompe a llorar ante la voz de su padre, que le pedía que hiciera de guía con total naturalidad. Debía mantener la cordura. Forzando una sonrisa, caminó por delante hacia la cocina.

La mesa estaba servida con una elegancia que bien podría llamarse banquete. En platos dorados y circulares resaltaban chuletas de cordero junto a brochetas de verduras a la parrilla. Había varios recipientes con salsas, y para su sorpresa, uno de ellos contenía gelatina de menta.

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'¿La gelatina no es para el postre?', pensó Do-eon, observándola con curiosidad tras sentarse. Al ver que no comía, Tae-o, sentado en la cabecera, dio el ejemplo untando la gelatina sobre el cordero.

"El cordero combina de maravilla con la gelatina de menta."

"¿Como nosotros?"

Yu-bin aprovechó el hueco para soltar el halago, haciendo que Do-ha pusiera cara de asco, como si hubiera perdido el apetito. Tae-oh le dedicó una sonrisa tenue a Yu-bin y luego miró a Do-eon.

"Pruébalo. No está nada mal."

"Sí..."

Desde que su madre enfermó y fueron estafados por charlatanes que prometían curas milagrosas, la carne había sido un lujo inalcanzable. Al ver ese festín, su estómago vacío rugió de forma inoportuna.

Do-eon dio un mordisco al cordero con la gelatina verde. El sabor refrescante de la menta se extendió por su boca, realzando el sabor de la carne. Sin darse cuenta, empezó a comer con avidez. No recordaba cuándo había sido su última comida decente. Siempre pensó que comía poco por naturaleza, pero ahora comprendía que solo era porque no había qué comer; ante el banquete, su instinto de supervivencia tomó el mando. En medio de ese festín...

"Joven amo Do-eon, ¿usted es omega?"

"¡Cof, cof...!"

Casi se atraganta con el cordero. Do-eon dejó el tenedor tras lograr tragar. Yu-bin hacía girar su copa de vino con elegancia mientras lo observaba con una mirada curiosa y seductora.

El único que no estaba relajado era Do-eon. Intentando recuperar el aliento y fingir normalidad, abrió sus labios para mentir.

"A-ah, no. Yo... soy un beta..."

"Ah... Como es el mayor pero tiene una constitución más pequeña que la del joven amo Do-ha, pensé que era omega."

Yu-bin asintió con una expresión de haberlo comprendido todo. Parecía tener una personalidad directa, incapaz de soltar cumplidos vacíos. El cuello de Do-eon ardió ante la desagradable sensación.

"¿No es un poco anticuado andar dividiendo a la gente entre rasgos frente a la comida?"

Do-ha soltó el comentario con frialdad desde el otro lado de la mesa. Do-eon parpadeó sorprendido; parecía que su hermano lo estaba defendiendo.

"¿Tú crees? He sido descortés, joven amo Do-eon."

"N-no, no se preocupe..."

Yu-bin le sonrió, aunque su rostro mostraba una confianza total, como si no creyera realmente haber cometido una falta.

"Aun así, de todos nosotros, el más lindo es el joven amo Do-eon. ¿No cree, Presidente? Tiene la cara pequeña y sus ojos parecen los de un ciervo a punto de ser cazado."

Ante las palabras de Yu-bin, su padre fijó la vista en Do-eon por un momento.

"Es cierto."

Con la confirmación de su padre, Yu-bin bebió un sorbo de vino mientras escaneaba a Do-eon con una mirada indescifrable. '¿Habrá notado que, aunque soy recesivo, soy de su misma clase?'.

Como Do-ha había tirado sus supresores, ahora no estaba tomando nada. ¿Habría captado Yu-bin su débil feromona? O peor, ¿estaría emanando de él la fragancia de Do-ha?

Aunque pasaba más de una hora bañándose cada día para eliminar el rastro, el fuerte aroma de un alfa dominante no desaparecía tan fácilmente, especialmente después de que Do-ha hubiera dejado su marca en lo más profundo de su ser.

Do-eon estaba aterrorizado. Él era una presa fácil y Jung Yu-bin era un omega dominante, un depredador superior.

'¿Sabes cuánto te despreciarían por no ser dominante sino recesivo? ¡Si en la familia de tu padre se enteraran de que eres un omega recesivo, me apedrearían hasta matarme! ¡Por eso corté lazos con ellos!'

Si su padre o Yu-bin descubrían su rasgo, en lugar de la herencia, lo echarían de inmediato. O como decía Do-ha, lo venderían como concubina a algún alfa viejo. En esa mesa de depredadores, él era el más débil. Se sintió acorralado.

"El rasgo no importa. Lo importante es que la familia está reunida."

Tae-oh levantó su copa. Yu-bin chocó la suya con elegancia, luciendo una sonrisa impecable.

"Presidente... ¿yo también estoy incluido en esa familia?"

"Pronto lo estarás."

"Espero que ese día llegue rápido."

Yu-bin no ocultó su entusiasmo. Sin oportunidad siquiera de sacar los papeles de su cintura, la situación se precipitaba hacia el desastre. Do-eon lo supo: él nunca sería parte de esa familia.

"Ya que tenemos un nuevo miembro, ¿qué les parece si celebramos una fiesta de bienvenida?"

Tae-ohdejó la copa con un tercio de vino y lanzó la inesperada propuesta.

"¿Una fiesta?"

Do-ha frunció el ceño con irritación. Se frotó la barbilla con su mano alargada, negando con la cabeza como si los problemas se multiplicaran. Yu-bin, en cambio, respondió radiante.

"¡Me encanta la idea, Presidente!"

Ignorando a un Yu-bin que parecía a punto de agitar una cola invisible, Tae-oh observó a Do-eon.

"Sería una buena oportunidad para que Do-eon debute en los círculos sociales y empiece a relacionarse."

"¿Y-yo...?"

Su mente se quedó en blanco. ¿Él, relacionándose con la alta sociedad? Odiaba las multitudes. Ya se veía a sí mismo arrinconado en una esquina como un objeto olvidado. Además, la idea de una fiesta en la mansión, con Jung Yu-bin presente, le provocó un dolor punzante en las sienes.

"¿Es porque es beta? Es una fiesta para dominantes, pero también habrá empleados beta, así que no se preocupe tanto, joven amo Do-eon."

Aunque Yu-bin fingía ser considerado, el desprecio hacia los betas era evidente. Si supieran que no era beta sino un omega recesivo, lo tratarían como a un insecto. Se le revolvió el estómago.

"Es la semilla de Seo Tae-o. Ser beta no es ninguna tara."

Tae-oh cortó el cordero con un movimiento elegante del cuchillo. Do-eon sintió el corte como si fuera en su propia carne.

"Ah, por supuesto. Siendo hijo del Presidente, tiene cualidades de sobra."

Yu-bin cambió de tono al instante para halagar a Tae-o.

"Do-eon no se queda corto para alternar en la sociedad."

'¿Cómo no me voy a quedar corto?', pensó Do-eon. 'Soy un omega recesivo con narcolepsia y sonambulismo'. Era una tortura seguir sentado allí fingiendo que nada pasaba.

"Les pido el favor de que me excluyan de esa farsa de fiesta y círculos sociales."

Do-ha, que había guardado silencio, dejó el tenedor con un golpe seco. El ambiente se volvió gélido y Do-eon empezó a morderse las cutículas bajo la mesa.

"También invitaré al hijo del Director Kim. Deberías estar allí, ¿no crees?"

Ante la mención de Tae-o, Do-ha se mostró visiblemente nervioso. Do-eon lo observó con extrañeza. Los ojos grises de Do-ha evitaron su mirada e incluso giró la cabeza.

"La familia del Director Kim... ¿es con la que el joven amo Do-ha tiene un compromiso desde pequeño, verdad?"

Yu-bin parloteó con sus labios carnosos, como recordando algo.

"La familia Kim tiene prisa, pero el problema es que este chico no deja de posponerlo."

Un impacto atravesó la coronilla de Do-eon. ¿Do-ha tenía a alguien con quien estaba comprometido para casarse? ¿Y aun así había hecho eso conmigo...?

Sintió un sabor amargo en la boca y sus manos empezaron a temblar. Las apretó una contra otra para contener las lágrimas, bajando la cabeza y tragando saliva repetidamente.

"Apenas tengo veinte años, ¿y ya quieren que busque pareja y haga un marcaje? ¿No es demasiado pronto?"

Do-ha alzó la voz mientras miraba a un Do-eon que permanecía con la cabeza gacha. Pero Do-eon ya no escuchaba nada. Se sentía traicionado por la persona en la que había confiado, sentía una herida profunda.

'Nuestra relación nunca debió existir. Es absurdo pensar que he perdido algo o sentir algo por él', se reprendió. Solo podía explicárselo a sí mismo pensando que tantas relaciones sexuales y la exposición a las feromonas de Do-ha habían nublado su juicio.

"¿Pronto? A mí me da pena no haber conocido al Presidente antes."

Yu-bin se quejó juntando sus pobladas cejas. Do-eon sintió indignación. ¿Antes? Por haberlo conocido tan pronto, su madre tuvo dos hijos en la adolescencia y sufrió un divorcio. Mientras su padre se casaba de nuevo, su madre había luchado contra la enfermedad hasta morir. No habían pasado ni dos semanas desde que sus cenizas fueron depositadas en el columbario, ¿y qué estaba haciendo él allí? Sus ojos volvieron a arder. 'Resiste. Tengo que resistir'.

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"Joven amo Do-eon, ¿no le parece buena idea buscar pareja en la fiesta? A veces hay alfas u omegas a los que les gustan los betas."

"......."

Las palabras de Yu-bin carecían de sentido para él. Aunque conociera a alguien bajo la mentira de ser beta, tarde o temprano descubrirían que era un omega recesivo enfermo y lo echarían. Podría ser apedreado por Tae-oh por manchar el nombre de la familia.

"Abogado, ¿no era su fiesta de bienvenida? No creo que necesite preocuparse por mi hyung."

Do-ha cortó el interés de Yu-bin. Do-eon se sintió agradecido por la defensa, pero tras saber lo del compromiso, todo lo que Do-ha decía le sonaba mal. Se sentía como una impureza metida entre esa familia.

"¡Ah! Joven amo Do-ha, ¿me está cuidando? Qué amable."

"Soñar es gratis."

A pesar del tono frío, Yu-bin no perdió la sonrisa. No era un hombre común. Él también codiciaba su mansión, pensando en convertir el jardín en su campo de golf.

"Mi hyung, ¿eh...?"

Tae-oh arqueó las cejas saboreando las palabras de Do-ha. Apoyó los codos en la mesa y entrelazó los dedos; sus brazos tensaron la camisa hasta marcar los músculos. Al inclinarse hacia adelante, su perfil esculpido se hizo más evidente. Era una imagen fascinante.

"Parece que hice bien en dejarlos solos esta semana."

¿Hizo bien? Para Do-eon, esa semana fue un infierno. Pesadillas cada noche, despertar en lugares desconocidos, enfrentarse al monstruo arácnido con el espectro de su madre. Pero Do-ha lo despachó con ligereza.

"Fue divertido. Hacía tiempo que no lo pasaba así."

"Llévense bien en el futuro también."

Do-ha soltó una risita y miró fijamente a Do-eon.

"¿Has oído a papá, hyung?"

"¿Eh? Sí..."

La respuesta salió forzada de su garganta. Una ansiedad rastrera subió por su columna vertebral. Do-eon no sabía cómo librarse de ella.

* * *

Los preparativos para la fiesta de bienvenida comenzaron meticulosamente al día siguiente. Lo primero que hizo Yu-bin fue contratar a un planificador de eventos. Consultó con él cómo decorar la mansión de más de seiscientos metros cuadrados, mientras medían las dimensiones del salón principal que serviría como escenario central.

"Aquí tiene la lista de asistentes."

"Son aproximadamente cincuenta personas. Prepararé una propuesta detallada del plan de la fiesta y se la informaré."

"No lo haga demasiado escandaloso. Que sea sobrio pero lujoso. Al Presidente no le gusta el ruido excesivo. Y que la iluminación sea tenue."

"Entendido. Así se hará."

Yu-bin, dirigiendo al planificador y a su equipo, parecía ya el dueño de casa. Al observar la escena desde el segundo piso, Do-eon sintió una opresión en el pecho, como si estuviera a punto de asfixiarse.

'Es mi casa. ¿Qué creen que están haciendo? Váyanse todos ahora mismo', quería gritar, pero el miedo a las repercusiones lo frenaba. No podía arruinar la fiesta de bienvenida cuando necesitaba desesperadamente ganarse el favor de su padre. Tenía que cumplir su papel en esta farsa de comedia.

Inquieto como un animal que ha fallado en marcar su territorio, Do-eon rondó por el segundo piso hasta que Yu-bin y el equipo de la fiesta salieron por la puerta principal. Entonces, bajó a la primera planta.

El silencio original de la mansión lo envolvió, como si la casa hubiera estado esperando a su verdadero dueño. Do-eon contuvo el aliento y, como hechizado, apresuró sus pasos.

Abrió la puerta de madera en arco situada al fondo del pasillo. Un aroma a rosas secas se filtró en su nariz; las feromonas de su madre aún permanecían en la habitación, a pesar de que su dueña ya se había ido.

Las lágrimas brotaron ante el olor nostálgico. Quería proteger el cuarto de su madre sin que nada fuera alterado. Do-eon se acercó a la cama de tamaño queen y se acostó con cuidado, cubriendo con su cuerpo el hundimiento del colchón que conservaba la estatura de ella.

La tenue luz del sol se fragmentaba al entrar, revelando la terraza tras la ventana. Más allá, podía ver a Yu-bin discutiendo con el planificador mientras tomaban fotos del jardín. La angustia volvió a golpearlo.

"Mamá... ¿qué debo hacer... para proteger la mansión...? Por favor, dime cómo..."

Una lágrima rodó por su sien. Se sentía furioso ante su propia impotencia. 'Aun así, para no molestar a papá, debo terminar la fiesta sin incidentes y luego discutir los trámites de la herencia'.

'Solo un poco más... esperemos un poco más...'

'Seguro habrá un momento para estar a solas con él.'

Do-eon hundió el rostro en la almohada que aún conservaba el aroma de su madre e inhaló profundamente. Quería impregnarse de su olor, para borrar cualquier rastro de Do-ha como si nunca hubiera existido. Para volver al principio, cuando nada malo había pasado...

"¿Joven amo Do-eon?"

"......?"

Al escuchar que lo llamaban, giró la cabeza y vio a Yu-bin, quien había entrado sin que se diera cuenta. Para no mostrar que había estado llorando, se limpió los ojos con la manga y se incorporó. Bajó la vista para ocultar sus ojos enrojecidos; su cabello caía sobre sus pestañas.

"¿Q-qué hace aquí...?"

"¿Esta es la habitación principal, verdad?"

"¿Eh? Sí..."

Yu-bin estiró el cuello y echó un vistazo alrededor. Los muebles antiguos y clásicos le daban al cuarto un aire solemne a pesar de los años. Al ver a Do-eon acostado entre las maderas nobles que pertenecieron a su abuelo materno, Yu-bin clavó la mirada en la terraza y preguntó:

"¿Es esta su habitación, joven amo?"

"No. Es la habitación de mi madre."

"Ah... ¿en serio?"

"Tiene terraza", murmuró Yu-bin para sí mismo mientras caminaba hacia el ventanal y lo abría de par en par. Un viento frío y húmedo se coló en el cuarto. Do-eon se levantó por completo de la cama, encogiendo los hombros ante la espalda de un Yu-bin que parecía entusiasmado. ¿Qué estaría tramando?

"La vista es excelente."

Se podía ver hasta el pequeño lago. De pronto, Do-eon imaginó a Yu-bin practicando tiros de golf hacia el agua.

"¿La barandilla está rota?"

"......."

Yu-bin señaló la esquina derecha de la barandilla de yeso, que estaba destrozada. Do-eon se mordió los labios con angustia.

Era un accidente que deseaba olvidar. En este lugar, su madre, temiendo que a él le pasara algo mientras nadaba en el lago, intentó asomarse con todo y su silla de ruedas y cayó. Un error de juicio momentáneo. El accidente definitivo que le arrebató la vida.

"Hubo un accidente..."

"Habrá que repararla, ¿no cree?"

Sin preguntar qué clase de accidente fue, Yu-bin se agachó para mirar la barandilla, hablando solo de lo que le interesaba. Do-eon observó inexpresivo la espalda de Yu-bin mientras este tomaba fotos del daño.

"Sería perfecta como habitación principal."

Yu-bin murmuró esto mientras enviaba un mensaje por el móvil. Fue entonces cuando la máscara de Do-eon se agrietó. El cuarto de su madre era un santuario; nadie más que ella podía usarlo. ¿Usarlo como habitación principal? ¿Tae-oh y Jung Yu-bin aquí? Al imaginar a los que ahora ocupaban el cuarto de invitados instalándose allí, su corazón se hundió.

"Es la habitación de mi madre... No es un cuarto que cualquiera pueda usar..."

"Lo era. Ahora ella no está."

El tono indiferente de Yu-bin le irritó los nervios. A diferencia de cuando estaba con Tae-o, Yu-bin se comportaba con frialdad. Do-eon no supo qué responder ante tal descaro. Aunque su madre no estuviera, su habitación debía permanecer igual. Frustrado, se frotó con fuerza los ojos llorosos.

"Ahora no está, pero para mí... para mí tiene significado..."

Era la habitación que guardaba intactos los recuerdos con ella. Aunque estuvo marcada por la larga enfermedad, la tenue feromona de su madre le brindaba el consuelo de que ella aún estaba a su lado. Le hacía sentir que, al menos, no estaba solo.

"Es una lástima lo de la difunta, pero los vivos deben seguir viviendo. Es un desperdicio dejar una habitación tan buena vacía."

"¡N-no está vacía...!"

Era una habitación llena de los rastros de su madre. Era el núcleo de la mansión, un lugar sagrado que debía proteger a toda costa.

'Mira qué carácter tiene este pequeño', murmuró Yu-bin para sí mismo antes de lanzar un comentario gélido a un Do-eon cuyo rostro estaba encendido por la rabia.

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"Si sigue así, la difunta no podrá descansar en paz, joven amo Do-eon."

"......!"

En ese instante, la imagen del monstruo arácnido cruzó su mente. El monstruo que habitaba en su abismo más profundo. El que aparecía para culparlo cada vez que cometía actos pecaminosos con Do-ha. ¿Acaso el monstruo era también una alucinación por no poder dejar ir a su madre de su corazón?

"...Mamá... mamá... no se ha ido... todavía... no se ha ido..."

Do-eon murmuró para sí mismo con voz baja, como alguien que ha perdido el juicio. Al verlo sumido en la visión del monstruo, Yu-bin, pensando que simplemente extrañaba a su madre, sentenció con frialdad:

"Sería mejor que pusiera sus cosas en orden para que su madre pueda irse tranquila."

"......!"

Yu-bin salió del cuarto tras clavar ese puñal en un Do-eon que se quedó petrificado como una estatua. No podía moverse.

¿No bastaba con invadir la mansión, sino que ahora también debía entregar la habitación principal? ¿Hasta dónde pensaban quitarle? El aroma a rosas secas parecía desvanecerse por momentos.