2. Presagio

 


2. Presagio

El día que Tae-oh se marchó, unas nubes densas y grisáceas cubrieron el cielo por completo y comenzó la temporada de lluvias. Swaaaa— tras una cortina de agua torrencial, la mansión se llenó de un olor a musgo sumergido. El sonido de la lluvia golpeando el tejado despertaba a la casa de su letargo, mientras un velo gris se filtraba por las ventanas, envolviendo la sala en penumbras. Era una atmósfera lúgubre, como la de una prisión sin barrotes.

Do-eon, que siempre había vivido en la mansión, estaba acostumbrado a esto. Sin embargo, Do-ha parecía asfixiado por el encierro y merodeaba por la casa una y otra vez, como un niño en busca de un tesoro. De pronto, señaló las escaleras que bajaban al sótano.

"¿Qué hay ahí?"

"El sótano. No puedes bajar ahí."

"¿Por qué?"

"Porque mamá dijo que no se podía bajar."

"Qué gracioso. Mamá ya no está."

"Aun así, no puedes."

Do-eon, sentado en el sillón reclinable pasando las páginas de un libro, lo observaba inquieto, temiendo que realmente bajara. Do-ha soltó una risita burlona y se acercó a él murmurando para sí mismo.

"No es que te hayas liberado, entonces."

"¿Qué?"

"Nada."

Al libro solo le quedaba el último párrafo. Pero Do-eon, distraído por la presencia de Do-ha, no podía concentrarse. Parecía que a Do-ha le molestaba que Do-eon mantuviera la calma y la compostura ante sus provocaciones, así que se quedó a su lado para fastidiarlo.

"¿Es interesante?"

"¿Eh? Sí."

"No sé qué le ves de divertido a un libro como ese."

"Si lo lees, se vuelve interesante."

"¿Hasta cuándo va a llover?"

"Según el pronóstico, lloverá seguido hasta este sábado..."

Era un monzón implacable.

"Qué asco. Igual que este cuchitril."

Pagando su frustración con los muebles, Do-ha le dio una patada a la mesa con un ¡kung! y desapareció en la habitación de invitados del primer piso.

Era mejor que se hubiera ido. Do-eon se llevó a la boca un trozo de crepe que quedaba sobre la mesa. Debido a la humedad, se había ablandado y se deshacía de forma pegajosa en su paladar.

Tras sacudirse las migas de la comisura de los labios, intentó concentrarse de nuevo en la lectura. No obstante, todos sus sentidos estaban alerta hacia la habitación donde se había ocultado Do-ha. ¿Cuánto tiempo pasó? De repente, se escuchó el estruendo de una puerta abriéndose violentamente.

"......?"

Siguieron unos ruidos sordos, kung, kung, como si alguien pisoteara con fuerza el suelo. Era el sonido de pies descalzos presionando el mármol sin llevar pantuflas. Do-eon cerró el libro y salió al vestíbulo.

"Tú... ¿a dónde vas?"

Do-ha, vestido con camiseta de manga corta y pantalones cortos, se estaba poniendo las sandalias. Le lanzó una mirada fugaz mientras se revolvía el cabello corto.

"No aguanto más este encierro."

"¿A... a dónde piensas ir?"

"A cualquier parte."

"¿A cualquier parte, dónde?"

"¿A ti qué te importa, 'hyung'?"

"Está lloviendo, no puedes ir a ningún lado..."

"¿Lluvia? Ya paró."

Do-ha señaló la ventana con un gesto breve. Al mirar, Do-eon vio que, efectivamente, había dejado de llover. Pero era época de monzón; no se sabía cuándo volvería a arreciar. La mansión estaba en una zona aislada, lejos del centro, y los autobuses no pasaban con frecuencia. Do-eon dejó escapar un suspiro bajo.

"No habrás olvidado ya lo que dijo papá, ¿verdad? Dijo que debías hacerme caso."

Al ver a Do-eon con los labios firmemente apretados, Do-ha se burló.

"Hyung, cuando te pones así, pareces un viejo amargado."

En la comisura de sus labios burlones se vislumbraba algo de diversión. Para Do-eon, la situación era simplemente agotadora. No le importaba que lo llamara viejo amargado; si Do-ha buscaba pelea, él prefería ceder. Bajó la voz con calma.

"No importa si parezco un viejo. Hazme caso."

"Si me quedo aquí, voy a morir de aburrimiento. ¿A ti no te aburre esto?"

"Aunque pare de llover, no es que haya lugares a los que ir por este barrio."

"Qué deprimente. ¿Cómo has podido vivir en un sitio así? Ah, ¿será porque eres un beta y no te importa?"

"... Puede ser."

Do-ha creía que él era un beta. Su comentario implicaba que, al no tener necesidad de buscar entretenimiento o de encontrar una pareja con quien vincularse, podía vivir refundido en las afueras. Para los que tenían rasgo, el proceso de encontrar a un compañero y marcarse era sumamente importante.

Desde la perspectiva de un alfa como Do-ha, la vida de un beta sin opciones debía parecer una existencia marginal, fuera de la corriente principal. Do-eon también era un omega, pero deseaba que su vida se apagara así, como una luz tenue en la periferia, sin llamar la atención de nadie. Precisamente dentro de esta mansión.

Para lograrlo, necesitaba la cooperación de esos dos alfas, Tae-oh y Do-ha. Para heredar la mansión sin problemas, debía ganarse a ese padre y a ese hijo. Se presionó las sienes para calmar sus nervios tensos.

"Quédate dentro de la mansión. No puedes irte."

"Paso de tus sermones. Con tener a uno como Seo Tae-oh ya es suficiente."

Do-ha no cesaba en sus sarcasmos hirientes. Agitando sus largas piernas, cruzó el umbral de la entrada sin vacilar. Su espalda se alejó rápidamente.

"¡Seo Do-ha...!"

La puerta se cerró con un golpe y Do-eon se quedó solo. Empezó a morderse las uñas sin darse cuenta. Merodeaba frente a la entrada con mirada inquieta, asomándose al exterior una y otra vez bajo la luz del sensor que se encendía y apagaba constantemente.

¿Qué pasaría si Do-ha se iba y se metía en problemas? ¿Y si papá se enteraba? Todo sería su culpa. Sus pensamientos se encadenaban uno tras otro, fluyendo siempre hacia el peor escenario. Al fin y al cabo, mientras su padre no estaba, él era el responsable. Si ese chico rebelde llegaba a causar un accidente... Se mordía los dedos con tal ansiedad que casi sangraban, hasta que finalmente no pudo más.

"¡Seo Do-ha!"

Do-eon abrió la puerta y salió corriendo hacia el jardín. Miró a su alrededor, pero no había rastro de él. ¿Ya se habría ido de la propiedad? Debería haberlo seguido de inmediato para impedirlo. Justo cuando el arrepentimiento empezaba a pesarle...

Champu, champu.

Escuchó el sonido de alguien chapoteando bajo el puente del jardín, donde crecían los lirios amarillos. El alivio lo inundó de inmediato. Bajó hasta la orilla y vio una camiseta de manga corta doblada sobre una roca.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Le resultó extraño que alguien más hubiera invadido su lugar secreto. No sabía por qué, pero se sentía raro. Se puso en cuclillas. Desde allí, observó el brazo de Do-ha abriéndose paso en el arroyo crecido, empujando el agua con fuerza y destreza.

Mientras lo observaba en silencio, Do-eon se levantó apresuradamente cuando la cabeza de Do-ha emergió del agua. Unos párpados que reflejaban el cielo gris lo miraron mientras las gotas de agua resbalaban por su rostro.

"¿Has venido, viejo amargado?"

"¿Vas a seguir llamando así a tu 'hyung'?"

"¿Tanto quieres actuar como un hyung? De todos modos, cumplí mi promesa. No salí de la mansión."

"......."

Do-ha, flotando de espaldas mientras miraba al cielo, habló como si esperara un cumplido. Do-eon no tuvo más remedio que ceder y elogiarlo.

"Bien hecho..."

Do-ha soltó una carcajada fresca, pareciendo bastante divertido. Luego, moviendo los brazos para impulsarse, se acercó lentamente a la roca donde estaba Do-eon.

Apoyando ambos brazos en la piedra, susurró:

"Como me has felicitado, yo también te contaré un secreto."

"¿Un secreto?"

"¿Quieres oírlo?"

"¿Eh? Sí..."

Esos ojos grises enigmáticos brillaron con intensidad al leer la curiosidad en Do-eon. Do-ha apoyó la rodilla en la roca y salió del agua.

Hilos de agua resbalaban por sus hombros firmes y su abdomen. El recorrido de las gotas por su cuerpo le resultó a Do-eon extrañamente provocativo, algo difícil de explicar. Sintiéndose abrumado, bajó la cabeza sin saber dónde poner la mirada.

"Papá no se fue a ninguna reunión."

"¿En-entonces?"

Do-ha entornó sus ojos alargados con parsimonia.

"Se fue a ver a su prometida."

"¿Pro... prometida?"

¿Mí padre tenía una prometida?

Do-eon levantó la cabeza de golpe. Sintió un vuelco en el corazón. Sus pupilas claras temblaron desorientadas. ¿No había dicho que era una reunión urgente?

"Su prometida es abogada."

Bueno, era lógico que un hombre tan apuesto no estuviera solo.

"Supongo que una cita con su prometida también cuenta como una 'reunión'."

Al ver cómo el rostro de Do-eon se ensombrecía, Do-ha esbozó una sonrisa maliciosa. Una brisa cálida y húmeda tras la lluvia agitó su flequillo.

"Y lo más divertido es..."

Do-ha se acercó a Do-eon e inclinó la cabeza hacia él.

"......?"

"Que papá piensa traer a su prometida a esta mansión para vivir juntos hasta la boda."

"¿Qu-qué...?"

Las cejas de Do-eon se contrajeron. Por un momento, dudó de sus oídos. No podía creerlo. ¿A quién pensaba traer a vivir a esta casa? Perdiendo el control, Do-eon no pudo ocultar cómo su rostro cambiaba de color por la impresión.

Do-ha, manteniendo la frialdad, le clavó la última estocada susurrándole al oído el dato que consideraba más entretenido:

"Y una vez que se casen, piensa vender esta mansión."

"......!"

El rostro de Do-eon se volvió pálido como el papel. ¿Vender la mansión? ¿Con el permiso de quién?

"¿Con... con el permiso de quién piensa ven... venderla? Es... es mi mansión..."

"No te enteras de nada. Eso solo sería verdad si tuvieras el dinero para la herencia. Pero como no lo tienes, por eso ibas a pedirle ayuda a papá, ¿no?"

A Do-eon le temblaban las manos. Incapaz de ocultar su mirada errática y confusa, murmuró en voz baja:

"En-entonces, ¿qué va a pasar con... conmigo?"

¿Qué pensaba hacer con él, que vivía en esa casa? Era la pregunta más importante. Do-eon empezó a respirar con dificultad, jadeando por el impacto. Sus orejas se tiñeron de un rojo intenso por la impresión. Do-ha giró la cabeza y miró la superficie del agua que ondulaba lentamente.

"Tú estás en la misma situación que yo."

"¿La misma... situación?"

"Nos va a tirar en una tierra con gente y agua distintas."

"¿... Tirarnos?"

"Nos va a mandar lejos, al exilio, a un país extranjero a treinta horas de distancia. Como quien se deshace de un trasto molesto."

Do-ha soltó una risa autodespreciativa. No podía creerlo. ¿Acaso el testamento que su madre escribió en vida no era más que un trozo de papel mojado? Do-eon preguntó con voz temblorosa:

"¿Y... y si yo no quiero irme?"

"No podrás desobedecer a papá."

"¿Por... por qué?"

"Nadie puede desobedecer las órdenes de Seo Tae-oh."

"......!"

"Si lo haces, estás acabado."

Ante las inesperadas palabras de Do-ha, la expresión de Do-eon se desmoronó. Sintiendo un dolor agudo, como si le partieran el corazón, apenas pudo dejar escapar un suspiro entrecortado. El rostro de Do-ha, que lo observaba, comenzó a volverse borroso frente a sus ojos.

* * *

¿Cómo es que su padre podía estar planeando algo así?

Ni siquiera recordaba cómo había logrado regresar a su habitación. Una vez allí, se pasó todo el tiempo dando vueltas en la cama. El sueño no llegaba. Todos sus planes de ganarse la confianza de su padre para heredar la mansión sin problemas se habían desmoronado por completo.

Lo que Do-ha le había revelado era devastador.

Que su padre tenía una prometida, que pensaba traerla a vivir con ellos hasta la boda y que, tras la ceremonia, planeaba vender la mansión. Y, para colmo, que pretendía enviarlo a él lo más lejos posible.

Una película de lágrimas transparentes cubrió rápidamente los ojos de Do-eon. Los cerró con fuerza. En sus oídos aún resonaba la voz suave de Tae-oh.

'Papá también quiso venir a tu lado durante muchísimos días. Mientras esta flor brotaba y caía.'

"Todo era mentira..."

¿Acaso todas esas palabras afectuosas habían sido falsas? Do-eon no encontraba forma de contener la sensación de traición que lo invadía sin remedio. ¿Aquella voz dulce no había sido más que un engaño momentáneo?

Quizás no debió haber contactado a su padre desde el principio. Pero, pensándolo bien, la noticia del fallecimiento de su madre habría llegado a sus oídos de cualquier manera. Si le había echado el ojo a esta mansión desde el comienzo, seguro que estaba esperando esta oportunidad.

Lo único que Do-eon podía hacer era apretar con fuerza sus manos temblorosas y acurrucarse como una bola bajo las mantas, soportando en soledad el peso de la madrugada.

* * *

En sus sueños se convierte en un ave que surca el cielo. Es una libertad absoluta. Al descender poco a poco, aparece la mansión familiar. Una construcción blanca que se siente a la vez como una prisión y como un búnker. Sobre el tejado, plega sus alas agotadas para descansar.

Exhala y observa a su alrededor. Pero el entorno ha cambiado. Como si una luz tenue se hubiera encendido, todo se vuelve gradualmente más claro hasta que una cama aparece ante sus ojos.

¿Una cama...?

Sus párpados se abren y se cierran repetidamente mientras su visión aún está nublada. Entonces, en medio de la nitidez que gana su vista, divisa una silueta recostada en la cama. Cabello negro azabache, cuencas de los ojos profundamente sombreadas y facciones que recuerdan a las de un felino salvaje.

¿Seo Do-ha...?

Sobresaltado, retrocede de un salto. ¿Cómo es posible que haya terminado en la habitación de Do-ha? Do-eon mira hacia atrás; la puerta del cuarto de invitados está abierta.

¿Fui yo quien la abrió y entró?

¿Cuándo...?

Seguramente, debido a la ansiedad extrema, se han manifestado síntomas de narcolepsia y sonambulismo. Se ha quedado dormido sin siquiera darse cuenta y su cuerpo se ha movido por voluntad propia. Con el rostro lleno de frustración, Do-eon lanza una mirada furtiva al rostro de Do-ha.

Do-ha mantiene los párpados cerrados, sumido en un sueño profundo. Tiene que salir de allí cuanto antes. Debe marcharse en silencio. Justo cuando se da la vuelta y da el primer paso, no ve las pantuflas de Do-ha en el suelo, tropieza y provoca un sonoro golpe.

"¿Quién es?"

"......!"

Aquella voz gélida hace que todo su cuerpo parezca congelarse. Do-eon se queda clavado en el sitio, como si se hubiera transformado en una estatua de piedra. Poco después, la pregunta que tanto ansiaba no escuchar surge a sus espaldas.

"¿Hyung?"

"......."

"¿Do-eon hyung?"

"......."

"¿Qué haces ahí?"

"Ah..."

Do-eon recompone rápidamente su expresión de desconcierto. Fingiendo naturalidad, gira la cabeza y fuerza su voz, que se niega a salir, para responder con dificultad.

"Es que... escuché un ruido extraño en tu habitación y vine a ver..."

"¿Un ruido extraño?"

Do-ha se rasca la mejilla con el rostro aún nublado por el sueño. ¿Se lo creerá? Tiene que creérselo. Do-eon retrocede vacilante mientras contesta:

"Sí... debió ser el sonido del viento..."

"¿El sonido del viento de aquí abajo se escucha hasta el segundo piso?"

"S-sí."

En ese preciso instante, el silbido del viento golpeando los marcos de madera de las ventanas capta la atención de ambos. Ante aquel sonido, similar a un lamento, Do-ha entrecierra levemente los ojos. Do-eon se apresura a hablar con sus labios carnosos.

"Sigue durmiendo."

Do-ha no pregunta nada más y, con el rostro todavía pesado por el sueño, vuelve a hundir la cara en la almohada. Do-eon deja escapar un suspiro silencioso. A pesar de haber tomado la medicación, se han manifestado síntomas anormales.

¿Tendré que buscar al doctor Kang para que me aumente la dosis? Su rostro pálido se hunde en la oscuridad mientras cierra la puerta de la habitación.

* * *

¡Kururung, kuang!

El viento que la noche anterior golpeaba las ventanas de la habitación de Do-ha no era una brisa cualquiera. Durante la madrugada estallaron los rayos y una tormenta feroz empezó a azotar la mansión. Do-eon, que apenas había pegado ojo, soltó un pequeño bostezo mientras introducía papel de periódico doblado en las rendijas de la puerta. Do-ha, que observaba la escena con los brazos cruzados, sacudió la cabeza.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

"¿De verdad es necesario hacer esto?"

"Sí... no te olvides de hacerlo también en los huecos de las ventanas de tu cuarto. Si no, el cristal podría romperse."

"Esta mansión es tan vieja que da demasiado trabajo. Es un asco."

"No rechistes y hazlo."

"¿Qué cosa?"

"Tápalo tú también."

Do-eon le entregó un fajo de periódicos y él, refunfuñando, aceptó las hojas cortadas a la mitad.

Mientras el tifón número 22, Karang, se desplaza rápidamente hacia el norte de la península, se espera que el país entre de lleno en su radio de influencia a partir de la mañana del día 6. Se pronostica que este tifón, con una presión central de 930 hectopascales, será uno de los más fuertes de la historia...

Las noticias sobre el tifón resonaban desde el televisor. Do-ha, que se había detenido a escuchar con atención el pronóstico del tiempo, entrecerró los ojos ante la gravedad del anuncio.

Hacía un momento estaba haciendo papiroflexia con los papeles cortados, pero ahora tomó las tijeras con determinación.

"Dicen que es superfuerte."

"Te he oído."

Gracias a que Do-ha recalcó lo de "superfuerte", Do-eon se apresuró a meter el papel en las ranuras de las ventanas sin dejar un solo espacio vacío.

"Aun así, como estamos en una zona alta, nunca hemos tenido que evacuar."

"Bueno, eso es un alivio."

"Haa..."

Do-eon dejó de colocar el papel y soltó un suspiro. Su rostro estaba encendido, de un rojo intenso. Do-ha lo miró con extrañeza al notar que jadeaba levemente y preguntó con naturalidad:

"¿Tienes calor?"

"¿Eh? Sí, un poco."

Do-eon se limpió el sudor frío de la frente con el dorso de la mano y estiró la espalda.

"Voy a beber un poco de agua."

Ese calor repentino, que no había sentido hasta hacía un momento, le pareció una reacción extraña incluso a él mismo. Entró en la cocina y se sirvió un vaso de agua fría del purificador que habían instalado hace poco.

Bip-bip.

Una pequeña alarma sonó en su reloj de pulsera. Era el recordatorio para tomar el supresor del ciclo de celo. Do-eon se palpó el bolsillo del pantalón por instinto y, de repente, abrió la boca de par en par como si hubiera recibido un golpe seco en la cabeza.

No había pastillas en mi bolsillo.

No estaban...

¿Desde cuándo... no tenía las pastillas?

¿Cuándo olvidó guardarlas?

¿Por qué la alarma no había sonado a su hora?

Su cerebro, aturdido, no lograba procesar nada. ¡Piensa! ¡Recuerda! Se sujetó la cabeza con las manos y se dio un pequeño golpe con el puño.

Do-eon intentó rebobinar el tiempo en su memoria. Probablemente fue desde que regresó a casa con su padre y Do-ha. El primer día sí tomó la medicina, pero después de eso...

Debido a la obsesión de no abandonar la mansión, ni siquiera se le pasó por la cabeza que se le estaban acabando. La alarma tampoco había funcionado correctamente, así que no fue consciente de que debía tomarlas. Idiota. ¡Imbécil! ¡Estúpido descuidado! ¡Cómo pudo olvidar algo así!

"Hyung, ¿qué haces?"

"¿Eh? ¿Ah?"

Do-eon se dio la vuelta sobresaltado. Do-ha estaba allí, de pie, sin que se hubiera dado cuenta de cuándo había llegado. Al ver a Do-eon allí parado como un pasmarote, Do-ha preguntó con curiosidad. Do-eon lo miró con la mente en blanco.

"Hyung, dame agua a mí también."

"Ah, sí. Claro."

Le temblaban las manos. El tiempo que tardó en sacar un vaso de cristal del armario superior y llenarlo de agua se le antojó una eternidad. Intentando no temblar demasiado, le tendió el vaso a Do-ha. Él, que parecía tener mucha sed, se llevó el vaso a los labios de inmediato.

Su nuez de Adán se movió arriba y abajo mientras bebía. Vació el vaso de un trago, lo dejó en el fregadero y arrugó la nariz.

"Hyung, ¿usas perfume?"

"¿Eh? ¿Por qué?"

El corazón de Do-eon dio un vuelco. No podía ser...

"Es que desprendes un aroma muy agradable."

"No... no uso ninguno..."

"¿Ah, sí?"

"Sí..."

Do-ha observó a Do-eon de frente, extrañado. Sus ojos grises brillaban con claridad. El corazón de Do-eon latía con violencia. Protestó con voz temblorosa:

"Ah... probablemente sea el olor del suavizante de la ropa."

"Ah, ya veo."

"Sí..."

Do-ha apartó la mirada, aparentemente sin notar cómo le temblaban las manos. Do-eon tomó aire disimuladamente mientras vigilaba sus reacciones.

"Yo... me voy ya a tapar las ventanas de mi cuarto."

Ahora que Do-ha había percibido el aroma de sus feromonas, tenía que alejarse de él lo máximo posible. Justo cuando salía de la cocina para subir las escaleras del segundo piso...

"Hyung."

Do-ha lo llamó desde atrás. Do-eon se detuvo en seco y un sudor frío recorrió su espalda.

"¿Dime?"

Incapaz de mostrarle su rostro pálido, respondió girando solo un poco la cabeza. Do-ha se acercó cargando el montón de periódicos.

"Tienes que llevarte esto para tapar tus ventanas."

"Ah, gracias..."

Conteniendo la respiración, aceptó los periódicos cortados. Do-ha, observando cómo Do-eon inflaba las mejillas y lo miraba con ojos inquietos, entornó la mirada y preguntó:

"¿Te encuentras mal?"

En lugar de responder, Do-eon se limitó a sacudir la cabeza. Sentía que si decía una sola palabra, cometería un error.

"¿Seguro que estás bien? Tienes las mejillas muy rojas."

"Es... estoy bien..."

Do-eon volvió a sacudir la cabeza rápidamente, se dio la vuelta y subió las escaleras a toda prisa. Do-ha se quedó mirándolo sin entender nada y se limitó a encogerse de hombros.

* * *

"¡Haa...!"

En cuanto cerró la puerta de la habitación con un estruendo, se desplomó apoyando la espalda contra ella. El montón de periódicos que sostenía en brazos cayó al suelo, desparramándose por doquier.

A pesar de que las hojas volaban cubriendo todo el piso, no tenía margen para preocuparse por eso debido a la súbita fiebre que lo asaltaba. Tenía calor. Se sentía asfixiado. Respirando agitadamente por la boca, desabrochó con rapidez los primeros botones de su impecable camisa blanca.

"Haa, haa..."

Se limpiaba el sudor frío de la frente alternando ambas manos, pero el sudor empapaba su frente y su nuca a una velocidad alarmante. Justo cuando pensaba que sería mejor cambiarse a una ropa más ligera y se disponía a quitarse la camisa...

"¡ugh...!"

Sintió un dolor punzante, como si unas garras le revolvieran las entrañas, y de pronto, un flujo brotó de su interior. Fue instantáneo. Sus pantalones de algodón beige se mancharon de una sombra oscura justo en la zona del perineo, como si hubiera tenido un accidente. Qué desastre. Sus ojos de color claro temblaron violentamente.

Do-eon frunció el ceño y se bajó los pantalones. El flujo viscoso resbalaba por sus muslos. Cerró los ojos con fuerza por el desconcierto y volvió a abrirlos. Era la primera vez que enfrentaba un ciclo de celo sin haber tomado los supresores a tiempo.

Al no haber ingerido la medicina, sentía que la vista se le nublaba en blanco. Tengo que recuperar la cordura. Limpió el flujo de sus muslos con papel y sacó pantalones y una camiseta limpia del armario. Tenía que ir a ver al doctor Kang. Debía verlo para conseguir los supresores...

"¡Ugh...!"

Un dolor terrible, como si alguien le atenazara el interior del perineo, lo recorrió junto a una extraña sensación de apertura en su cuerpo. Do-eon no tuvo más remedio que desplomarse sobre la cama. Desde su interior, que acababa de limpiar, el flujo espeso comenzó a brotar de nuevo con fuerza.

"ugh..."

Junto al dolor lacerante, volvió a empaparse. Más que la frustración por haber arruinado la ropa, el temor de no poder siquiera ponerse en pie debido al dolor punzante y al picor insoportable se apoderó de él.

Pero debía levantarse. En el primer piso había un alfa. Si Do-ha lo descubría, sería cuestión de tiempo para que llegara a oídos de su padre. Se cambió de ropa nuevamente y tomó una sudadera con capucha, atándosela a la cintura por las mangas. Abrió la puerta sin hacer ruido. En el primer piso ya no se oía la televisión; todo estaba en silencio. Probablemente Do-ha se había retirado a su habitación.

Bajó las escaleras a hurtadillas. Aunque el dolor le revolvía el bajo vientre, con una paciencia sobrehumana se mordió los labios hasta que sangraron y logró llegar a la entrada principal.

Solo un poco más. Solo un poco más.

"......!"

Al abrir la puerta principal, Do-eon se quedó petrificado, incapaz de hacer otra cosa que mover los ojos con asombro.

¡Kururung, kuang!

Parecía que el cielo se estaba rompiendo. La lluvia, acompañada de truenos y relámpagos, caía desde las enormes nubes negras clavándose sin piedad sobre la tierra. El viento soplaba de forma amenazante, como si fuera a arrancar los árboles del jardín.

Si daba un solo paso en este clima, moriría por un rayo o por algún objeto volador antes de conseguir los supresores. ¿Qué hago? ¿Qué hago? Pero no había otra opción. Si tan solo pudiera eliminar este tormento que reclamaba una sed ilusoria desde su interior...

Tenía que irse. Justo cuando cerró los ojos con fuerza y se disponía a lanzarse al tifón...

"¡¿Qué crees que estás haciendo?!"

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

De repente, alguien le sujetó la muñeca. Al abrir los ojos, vio a Do-ha frente a la puerta, con las cejas arqueadas con severidad, tirando de su brazo. Al contacto con la mano de Do-ha, la fiebre pareció hervir con más fuerza. Do-eon forcejeó desesperadamente.

"¡S-suéltame...!"

"Hay un tifón ahí fuera, ¿a dónde pretendes ir?"

"¡N-no es asunto tuyo!"

Do-ha frunció el rostro mientras empujaba con fuerza a Do-eon hacia el interior, sujetando sus brazos mientras este se resistía. A duras penas logró cerrar la puerta principal, que parecía querer salir volando, y entrecerró el entrecejo sin comprender la situación.

"Me dijiste que no saliera de la mansión."

"ugh, suéltame, suéltame, haa..."

Sin embargo, la imagen de Do-eon acurrucado en un rincón de la entrada, abrazándose a sí mismo y temblando, era extraña. Su intento de salir bajo ese viento demencial y el hecho de que temblara como un pájaro herido...

"Te he preguntado si te duele algo. Si estás enfermo, dímelo."

Do-ha, sin darse cuenta, acercó su mano a la mejilla roja de Do-eon, que jadeaba entrecortadamente.

"¡N-no me toques...!"

Al instante, Do-eon se puso a la defensiva y levantó la mirada. Sus tupidas pestañas estaban empapadas, oscureciendo su color. Y el suave aroma a lavanda que percibía desde antes se filtró intensamente en sus fosas nasales al estar frente a él. No era el Do-eon de siempre. Una pequeña duda surgió en su mente.

"¡A-apártate...!"

Repentinamente, Do-eon lo empujó y corrió hacia la sala. Do-ha lo persiguió. Justo cuando Do-eon intentaba subir las escaleras, Do-ha lo sujetó del brazo.

"¡Hyung!"

"¡ugh, t-te he dicho que me sueltes...!"

Al zafarse bruscamente, Do-eon soltó un gemido y se desplomó. Se encogió allí mismo, temblando como una presa alcanzada por una flecha.

"¿Estás bien?"

"¡N-no me toques...!"

"¿Qué te pasa?"

"D-déjame en paz... por favor... te lo ruego..."

Do-ha sujetó a Do-eon por los hombros para levantarlo, pero al ver que la parte inferior de su ropa estaba empapada de un rastro oscuro, no pudo evitar abrir los ojos de par en par. Específicamente, solo la zona del perineo estaba mojada.

La duda en su cabeza comenzó a tomar una forma concreta. Sobre todo, empezó a sentir interés por este hermano que siempre le había parecido aburrido con su rostro pálido. Ah, ya veo. Do-ha soltó una risita burlona.

"Hyung, ¿eres un omega?"

"......!"

Sus ojos grises brillaron como si hubieran encontrado una presa. Do-eon, acurrucado como un animal pequeño, levantó la cabeza y negó rápidamente.

"¡No, no lo soy!"

Su cuerpo confirmaba totalmente que era un omega, así que lo único que podía hacer era negarlo con palabras. Do-ha negó con la cabeza, incrédulo.

"Podemos comprobarlo."

Su mano ancha se acercó y desató la sudadera que rodeaba su cintura. Do-eon, sobresaltado, se cubrió el vientre.

"¡No lo hagas! ¡No me toques!"

"Solo un momento."

Tras apartar con facilidad la mano que intentaba detenerlo, Do-ha puso su mano sobre el vientre de Do-eon y liberó sutilmente sus feromonas de alfa. Aunque fue una cantidad mínima, Do-eon empezó a retorcerse como un calamar sobre una plancha caliente.

"¡B-basta, basta...!"

A pesar de ser poco, el cuerpo de Do-eon, expuesto directamente por primera vez a las feromonas de un alfa, reaccionó de inmediato: sus pezones se endurecieron y su pene se erectó con firmeza.

"¡ugh, ugh, ugh...!"

La mirada afilada de Do-ha se clavó en la silueta de los pezones de Do-eon que se marcaban bajo la camiseta. Do-eon se abrazó a sí mismo, encogiéndose.

"¡ugh, n-no mires...!"

"Viendo cómo reaccionas a mis feromonas, definitivamente eres un omega."

Era humillante. Por mucho que fueran alfa y omega, reaccionar a las feromonas de su propio hermano... Do-eon apretó los dientes. Do-ha sonreía con sus cejas oscuras curvadas. Maldito. ¿Te parece divertido?

Lo extraño era que ese dolor en el vientre, que parecía partirlo en dos, se calmaba poco a poco incluso con esa mínima cantidad de feromonas. Y cuando se dio cuenta de que deseaba que liberara un poco más, no pudo evitar pensar que se había vuelto loco.

"Viendo que tus feromonas son débiles, debes ser un recesivo."

"......."

Con sus extraños ojos grises brillando, él se puso de pie. Al levantarse, su figura espigada proyectó una larga sombra sobre Do-eon. Murmuró con voz sombría:

"Es una lástima, hyung."

"......?"

"Papá detesta a los omegas recesivos. Ni siquiera los trata como seres humanos. Se podría decir que es una tradición familiar."

Tradición familiar...

'¡Si se enteran de que eres un omega recesivo, dirán que eres la vergüenza de la familia y serían capaces de venir a enterrarnos a ti y a mí en cualquier parte!'

Las palabras de su madre resonaron como una alucinación. La vergüenza de la familia. Lo que ella decía era verdad. Él era objeto de aborrecimiento. Un omega recesivo que ni siquiera merecía ser tratado como persona.

"Si se entera de que eres un omega recesivo, en lugar de mandarte a estudiar fuera, te vendería como concubino a algún viejo gordo. Ese es el estilo de Seo Tae-oh."

Do-ha contaba esa historia escalofriante como si fuera una broma divertida. Pensar que su única utilidad era ser vendido como una pieza de recambio para un concubinato hizo que a Do-eon se le erizara la piel. Y si además descubrían su enfermedad... ¿qué pasaría entonces?

Si él se marchaba así. Si iba y se lo contaba a papá. Tenía miedo. Do-eon se aferró desesperadamente a sus pies.

"¡Do-ha, por favor! ¡N-no se lo digas a papá!"

Afectado por la fiebre y con la visión temblorosa, Do-ha, erguido frente a él, parecía un dios. Él dobló las rodillas y levantó la delicada barbilla de Do-eon con la mano. Lágrimas brotaban de sus ojos llenos de angustia.

"Haa... ¿q-qué tengo que hacer...?"

Do-ha sonrió con arrogancia, relajando sus ojos grises.

"¿No has oído lo que dijo papá? Dijo que nos lleváramos bien."

Pestañeando con sus ojos claros, Do-eon asintió.

"ugh... s-sí, es verdad..."

Sentado torpemente en las escaleras que subían al segundo piso, respondió con voz intimidada mientras miraba hacia arriba. Do-ha estiró su brazo largo y acarició con el dorso de la mano la mejilla suave. Estaba algo irritada por las lágrimas, pero el tacto era delicado.

"Ahora me han dado ganas de llevarme bien con mi hyung."

"¿E-eh?"

Con las lágrimas colgando de sus pestañas, Do-eon lo miró y Do-ha entrecerró los ojos maliciosamente, liberando sus feromonas con una intensidad casi obscena. Un denso aroma a madera inundó el lugar. Do-eon se sintió mareado por el picor de las feromonas.

"¡ugh...!"

Al mismo tiempo, de forma vergonzosa, el flujo comenzó a brotar violentamente de su interior. Era como si mil hormigas recorrieran su perineo mientras sentía una sensación de desgarro en el bajo vientre.

"¡B-basta...!"

Intentó subir las escaleras gateando, apoyándose en sus brazos, pero una mano que lo sujetó por la cintura lo hizo resbalar de nuevo hacia abajo. La mano de Do-ha entró por la parte delantera de su vientre y bajó la cremallera de un tirón.

"Yo te ayudaré."

"¡ugh, n-no quiero...!"

"El celo es duro, ¿no?"

Incluso con las feromonas que Do-ha emanaba ya era suficiente esfuerzo. Él estaba a punto de cometer algo que superaba cualquier imaginación. Do-eon subió la cremallera apresuradamente y estiró los brazos, golpeando los hombros de Do-ha para detener la mano que buscaba el cierre.

"¡¿Q-qué estás haciendo?! ¡¿Es que no vas a parar?!"

"Hyung, solo quiero ayudarte con tu celo."

"¡ugh, detente! ¡He dicho que pares! ¡Eres mi hermano!"

Incluso en un ciclo de celo insoportable, hay líneas que no se deben cruzar y normas que se deben respetar. Con ganas de llorar, frunció el rostro con amargura. Entonces, Do-ha sujetó sus delgadas muñecas y tiró de la barbilla de Do-eon hacia sí.

"Entonces, ¿quieres que le diga a papá que eres un omega recesivo?"

"E-eso..."

"Solo trato de ayudarte."

"......."

"Ahora mismo estás sufriendo, ¿o no?"

"......."

"Solo haré petting."

"...¿Petting?" (CARICIAS)

Do-eon, que había vivido prácticamente recluido en la mansión, era un ignorante en temas sexuales y ni siquiera conocía el significado de la palabra petting. Al preguntar parpadeando con sus ojos de iris claro, Do-ha lo observó con curiosidad, entrecerró la mirada y dejó escapar un suspiro bajo.

"Que solo nos vamos a tocar."

"E-eso tampoco está bi-bien...!"

"¿Entonces piensas pasar la noche entera así?"

"......."

"Solo será tocarte, nada más."

¿Realmente estaría bien si solo era tocarse? ¿Sería eso una conducta que no cruzaba la línea? En su mente, la razón y el instinto libraban una batalla feroz.

"ugh... ¿lo prometes?"

"Sí. Vamos a mi habitación."

Al final, Do-eon cedió. En cuanto aceptó, Do-ha lo llevó a la habitación de invitados donde se hospedaba y lo sentó en la cama como si hubiera recibido un regalo valioso. Do-ha inclinó la cabeza con curiosidad cerca de la entrepierna de Do-eon. Por pura vergüenza, Do-eon se cubrió el rostro con el dorso de la mano.

"No te tapes la cara."

Do-ha lo obligó a bajar las manos.

"Con que sueltes una carga, te sentirás mejor que ahora. Confía en mí."

"......."

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Do-eon solo podía sonrojarse, pues no estaba acostumbrado a que alguien dijera palabras tan vergonzosas con tanta naturalidad. Unos dedos largos y rectos bajaron lentamente la cremallera de su pantalón. Sentía que el corazón le iba a estallar. Era la primera vez que la mano de alguien tocaba su zona íntima. Y nunca imaginó que esa mano sería la de su hermano.

La mano firme apartó la tela y sacó su pene, que ya estaba erecto. El glande descubierto se veía suave y de un tono claro, sin vello alrededor.

"¿Hyung, no tienes pelo?"

"N-no lo digas así..."

"Es curioso. Es lindo."

Do-ha bajó el rostro para observar de cerca, como quien mira un pez tropical en un acuario. La cara de Do-eon se encendía de un rojo tan intenso que parecía que iba a explotar.

Curiosamente, al sentir el contacto de la mano del alfa, ese calor abrasador que sentía en el cuerpo se calmó un poco. Cuando Do-ha sujetó la base y apretó con fuerza, Do-eon frunció el entrecejo de golpe.

"ugh..."

Sujetando la base, empezó a subir y bajar la mano lentamente por el tronco. El vientre de Do-eon, antes plano, comenzó a ondularse violentamente mientras jadeaba por aire. Cuando la mano grande apretó con fuerza el tronco y luego acarició suavemente el orificio de la uretra con el pulgar, Do-eon echó la cabeza hacia atrás y su mandíbula tembló en un espasmo.

"¡ugh...!"

La mirada de Do-ha, que observaba la expresión empapada de excitación de Do-eon, se tiñó de diversión. Ver a su hermano, que siempre le había parecido tan plano y aburrido, transformarse de esa manera era entretenido y, por otro lado, le provocaba deseo.

Pensaba que era un beta estirado, pero resultó ser un omega recesivo. Además, tenía el talento de excitar a un alfa sin darse cuenta, fingiendo que no sabía nada. Su aroma de feromonas, parecido a una suave fragancia de hierbas, también era agradable.

Esto hace que me den más ganas de burlarme de él.

Do-ha sujetó los testículos con una mano y aceleró el ritmo en el tronco con la otra. Do-eon, que tenía los ojos entrecerrados, los abrió de par en par.

"¡ugh, ugh...! ¡ugh...!"

Do-eon arqueó la espalda y soltó un gemido agudo. Pareció sorprenderse de su propio sonido y se tapó la boca con la palma de la mano, pero Do-ha no disminuyó la velocidad.

Más y más rápido, hasta que su mano envolvía incluso el glande de color rosa pálido. Do-eon apretó los dientes. Sentía que veía estrellas parpadeando frente a sus ojos.

Siguiendo el ritmo de los movimientos, empujaba la cadera hacia arriba, entregándose al placer. Esa sensación de que la punta de los dedos de Do-ha rozaba la corona del glande era tan buena que lo hacía estremecerse.

"B-basta, ugh, b-bastaaa, ¡ugh...!"

Su cuerpo se preparó para el clímax, elevando un placer eléctrico desde la base de la columna hasta la coronilla. Cuando el glande se tornó de un rojo intenso por la congestión, Do-ha apretó con fuerza justo debajo de la punta. El glande palpitó y lanzó varios chorros de un fluido blanco.

"¡ugh! Haa, haa..."

El fluido blanco manchó tanto la camiseta de Do-eon como el costado de la mano de Do-ha. Do-eon respiraba con dificultad. Sentía que todo le daba vueltas.

Sin embargo, aunque le habían dicho que se sentiría mejor tras soltar una carga, no entendía por qué su zona íntima le picaba aún más. La sensación de picor se volvía más severa.

Reacciona.

Enderezó su espalda tensa e intentó recuperar la lucidez. Do-ha, limpiándose el semen de la mano con los dedos, preguntó:

"¿Te gustó?"

"Haa, n-no lo sé..."

Do-ha estaba sentado tan cerca que podía oír su respiración. Do-eon sintió una punzada de humillación. Se subió los pantalones apresuradamente mientras hablaba:

"Y-ya está, así que ahora me..."

"Espera."

"¿E-eh?"

"Hyung, tú también tienes que ayudarme."

¿Ayudarlo? Do-eon se detuvo mientras se subía los pantalones y lo miró.

"...¿Qué?"

"Me puse así porque se me pegaron tus feromonas."

La mirada de Do-eon se detuvo en el bulto prominente de la entrepierna de Do-ha, lo que terminó de aturdir sus sentidos.

"L-lo siento..."

"¿Crees que con pedir perdón basta?"

"E-entonces, ¿qué...?"

Su voz, carente de confianza, se fue apagando. Ese bulto en su campo de visión crecía cada vez más, haciendo que su corazón se helara. Aun así, la voz de Do-ha no vaciló.

"Los hermanos deben ayudarse, ¿no crees?"

"¿Ah...? ¿Ayudarse...?"

"Sí."

Los hermanos deben ayudarse. De alguna manera, esas palabras le hicieron sentir una carga de culpabilidad. Después de todo, Do-ha lo había ayudado. Aunque no podía decir que el método fuera el correcto... sentía que le debía algo. Al ver su rostro de aceptación, Do-ha sentenció:

"Acabas de aprenderlo, petting."

Do-ha apoyó la espalda en la cabecera de la cama y separó ligeramente los muslos. Antes de que cayera el siguiente rayo, el silencio en la habitación era tan insoportable que Do-eon tragó saliva con dificultad.

"Hazlo tal como lo hice yo."

Viendo que Do-eon se quedaba allí parado como un pasmarote por los nervios, Do-ha tiró de su muñeca y puso la mano de su hermano directamente sobre su entrepierna. Do-eon se asustó y retiró la mano de un salto.

"¡N-no quiero...!"

"O si no, llamaré a papá. Le diré que fingías ser un beta pero que en realidad eres un omega recesivo. Y que entraste en celo delante de mí."

Do-ha sacó el teléfono del bolsillo de su pantalón y empezó a marcar. Do-eon, invadido por la ansiedad, le sujetó la muñeca.

"¡N-no lo hagas! Está bien. L-lo haré...!"

Do-eon no tuvo más remedio que poner la mano sobre la entrepierna de Do-ha. Con solo acercar la palma, creía sentir los latidos del corazón de su hermano allí mismo. Lo que estaba envuelto bajo la tela era algo que, sin duda, le daba miedo y pavor.

Cerró los ojos con fuerza y bajó los pantalones y la ropa interior de Do-ha de un tirón. Al soltarse, el pene saltó hacia adelante con un sonido que dejaba clara su pesadez.

Abrió los ojos lentamente. El pene que se erguía ante él era, a diferencia del suyo, aterradoramente grande. El glande tenía la piel retraída y era rojizo, similar al suyo, pero el tronco estaba lleno de venas oscuras y abultadas que se entrelazaban de forma grotesca.

La palabra "feroz" era la que mejor lo describía. Do-eon se tapó la boca y contuvo el aliento sin darse cuenta. Era casi tan grueso como su propio antebrazo.

¡Kururung, kuang!

Un rayo surcó el cielo, como si quisiera recordarle que estaba haciendo algo prohibido con su propio hermano. Do-eon reaccionó y retrocedió bruscamente. Sentía que el juicio final estaba cerca. Imaginó que su madre, desde la torre de la mansión, los observaba con ojos inyectados en sangre.

"¡N-nosotros no po-podemos hacer e-esto...!"

"¿Ahora sales con esas? Si yo acabo de tocarte a ti."

"E-eso es..."

Do-ha se burló fríamente de sus ojos vidriosos. Se arrodilló sobre la cama y, con su mano como una garra, tiró de la cintura de Do-eon. Su cintura delgada quedó atrapada por completo en el agarre de Do-ha, y la frente de Do-eon terminó estampada contra la cama.

"¡Ah...!"

"Hyung, el sexo siempre es así."

"¡S-suéltame...!"

"Es algo que quieres hacer aunque no debas."

"¡...Suéltame!"

Do-eon levantó el rostro de la cama y estiró la mano hacia atrás con desesperación. Sin embargo, Do-ha inmovilizó sus manos errantes tras su espalda y liberó sus feromonas.

"Algo que tienes que hacer sí o sí."

"¡ugh...!"

"Eso es el sexo."

Do-eon se derrumbó hacia adelante, sintiendo un dolor punzante que le revolvía las entrañas. Ante las feromonas de un alfa, un omega recesivo no tenía escapatoria; se sentía frustrado y miserable por su propia impotencia, jadeando con la lengua fuera como un pez fuera del agua.

Do-ha le quitó los pantalones hasta los tobillos. Sus muslos, blancos como la porcelana, brillaban pálidos bajo el resplandor intermitente de los rayos que se filtraban por la ventana. Con sus rodillas firmes y musculosas, Do-ha empujó las piernas de Do-eon para hacerse lugar en el centro. Sus glúteos, redondos y tensos, llenaron por completo la visión de Do-ha.

Sujetó con ambas manos las nalgas de su hermano, apretándolas como si quisiera reventarlas, y tiró de ellas hacia arriba. El cuerpo delgado de Do-eon se elevó con facilidad. Al separar las nalgas con fuerza, quedó expuesto su orificio, que burbujeaba con una espuma viscosa como si fuera una telaraña hirviendo.

De aquel orificio, similar a la boca de una carpa, goteaba un flujo espeso y dulce como la miel que resbalaba por el perineo. Era un banquete al que Do-ha deseaba hincar el diente de inmediato. Sus ojos alargados se entornaron con lascivia.

"Mierda, hyung... ¿siempre estás así de mojado?"

"S-suéltame... por favor..."

La voz de Do-eon era apenas un hilo quebradizo. Sentía una vergüenza y una humillación insoportables. Mostrarle el trasero a su hermano —a quien acababa de reencontrar después de diecinueve años— era una agonía. Quería morir.

Se sentía patético por haber entrado en celo justo en ese momento. Sin embargo, su corazón latía con una fuerza extraña. Deseaba que ese anhelo pecaminoso que hervía en su interior no fuera suyo. A pesar de saber que Do-ha lo observaba desde atrás, el flujo que brotaba de su interior seguía un rastro lento y descarado que cautivaba la mirada del alfa.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

"Joder, hasta el agujero es de color rosa pálido."

"B-basta, suéltame... por favor..."

El orificio rosado palpitaba, soltando pequeñas cantidades de flujo transparente como si suplicara por algo que lo llenara. A diferencia de su dueño, esa parte de su cuerpo parecía hecha de puro vicio.

Do-ha tiró con más fuerza de las nalgas hacia los lados, estirando la piel hasta que los pliegues desaparecieron. Entonces, vio un pequeño lunar negro que antes estaba oculto. Do-ha entrecerró un ojo y comentó:

"Ja... tienes un lunar aquí."

"¡ugh! ¿Qué...?"

"Tienes un lunar justo al lado de tu entrada, hyung."

"¡N-no lo digas así...!"

"Dicen que tener un lunar ahí significa que eres un vicioso."

Como hechizado, Do-ha inclinó el rostro hacia el lunar. Sacó la lengua y le dio una lamida lenta. Al sentir el contacto de la lengua húmeda y blanda, Do-eon se sobresaltó violentamente, arqueando la espalda.

"¡¿Q-qué estás haciendo?!"

"Besé el lunar de tu entrada."

"¡N-no hagas eso...!"

"A partir de ahora, esto es mío."

Do-ha abrió la boca y comenzó a succionar con fuerza el lunar al lado del orificio. El rostro de Do-eon se relajó con estupidez; sentía que iba a perder la cordura. La zona succionada ardía como el fuego.

"¡ugh, ugh, ugh...!"

Do-eon movía la cadera frenéticamente, echando la cabeza hacia atrás con los ojos en blanco. Do-ha, que mantenía el orificio abierto con sus pulgares, lamió el lunar con insistencia antes de erguir la punta de la lengua e introducirla sutilmente en el agujero. Los muslos de Do-eon temblaron en un espasmo.

"ugh... ¡¿Qué... qué haces?! ¡B-basta...!"

Sintió algo entrar y salir. Do-eon giró la cabeza para mirar hacia atrás y vio a Do-ha, que hasta entonces tenía el rostro hundido en su trasero, devolviéndole la mirada con sus ojos grises y una sonrisa radiante.

"Hyung, tu agujero sabe malditamente bien."

A Do-eon se le puso la piel de gallina. Aquella sonrisa fresca no mostraba ni un ápice de culpa. La culpa era toda suya. Se sentía hundido en la desesperación de haberse corrompido; las ruinas de su moral destrozada eran un problema que solo él debía cargar.

Tenía miedo. Pero a pesar del miedo, el placer —ese demonio que lo había dominado— lo hacía desear de nuevo el contacto de esa lengua pecaminosa. Lágrimas brotaron de sus ojos cerrados.

Do-ha susurró con malicia contra el orificio rosado, ahora más intenso por las succión:

"Has estado ofreciendo este agujero por ahí, ¿verdad?"

"¡ugh! ¡N-no es cierto...!"

"¿De verdad?"

"¡S-sí...!"

"No puedo creerte."

Solo el susurro le provocaba un cosquilleo insoportable en el bajo vientre. Deseaba que le metiera algo. Aunque fuera la punta de la lengua, como antes... Sin saber lo que Do-eon sentía, Do-ha siguió susurrando obscenidades. Do-eon no podía evitar que su orificio palpitara ante el aliento de su hermano.

"Míralo. Claro que lo has ofrecido."

"¡ugh! ¡Que no...! ¡No lo hice...!"

Do-eon respondió sollozando. Era un tormento. Movía la cadera negando con la cabeza mientras el flujo brotaba locamente desde su interior. Do-ha, usando ambos pulgares, estiró el orificio hasta que empezó a doler. Entonces, se oyó una voz despreocupada desde atrás:

"¿Lo comprobamos?"

"¡S-sí...!"

Tan pronto como Do-eon dio su consentimiento, tres dedos penetraron el orificio de golpe. Como había soltado tanto flujo, se escuchó de inmediato un sonido húmedo y pegajoso.

"¡ugh...!"

Do-ha dobló los dedos y comenzó a moverlos con rapidez. Do-eon encogió su vientre plano y sacudió la cabeza con fuerza. Sus paredes internas, ansiosas, se aferraban a los dedos de Do-ha sin soltarlos. Un punto sensible fue alcanzado por las uñas de Do-ha, y lágrimas cristalinas rodaron por las mejillas de Do-eon.

"N-no lo hagas... ¡ugh...!"

Chul-jjuck, chul-jjuck. El flujo estalló como una inundación, corriendo por la muñeca de Do-ha. Él movía la mano con tal velocidad que parecía querer meterla hasta el antebrazo. La espalda de Do-eon se arqueó en semicírculo mientras jadeaba.

"Joder, te pones a chorrear agua en cuanto te meten algo largo, ¿y me dices que no eres un experto?"

"¡ugh! ¡N-no, basta! ¡P-por favor, ugh...!"

Era natural que malinterpretara la situación. El interior de Do-eon era cálido y acogedor, envolviendo sus dedos y succionándolos con cada movimiento. Además, la sensibilidad aumentaba con cada entrada y salida, provocando una sensación placentera indescriptible. Sus paredes internas, extremadamente sensibles, soltaban chorros de flujo con el más mínimo roce.

"A menos que lo estés haciendo a propósito para provocarme."

Do-ha clavó las uñas y rascó las paredes internas. Los pequeños pliegues se enganchaban entre sus uñas mientras él los estimulaba sin piedad.

"¡ugh, ugh...!"

Do-eon se retorció, enderezando la espalda. De pronto, un chorro de fluido blanco salió disparado desde la punta de su pene erecto, trazando una parábola. El líquido blanco goteó por todo el lado izquierdo de la cama.

"¿Siempre has sido una perra?"

"ugh, ugh, ugh, ugh..."

Todo el cuerpo de Do-eon convulsionó. Era su segunda eyaculación. Su visión se volvió borrosa. Pero incluso después de terminar, el picor interno persistía; deseaba fervientemente algo que expandiera sus cimientos y lo llenara por completo.

Do-ha, que había estado ayudando a su hermano con los juegos preliminares moviendo la mano lentamente en su interior, retiró los dedos. Estaba empapado de flujo no solo en la muñeca, sino hasta el codo.

Llevó esa mano húmeda a su propio pene erecto y comenzó a subir y bajar desde la base. El flujo viscoso y transparente hizo que su enorme tronco brillara intensamente. Do-ha untó el fluido meticulosamente por todo el tronco y el glande, sin apartar la vista del orificio de su hermano, que él mismo había mantenido abierto con la otra mano.

Con la palma empapada, estimuló su propio glande. El ano de Do-eon, ahora una protuberancia ovalada y rojiza similar a la boca de un pez, palpitaba con cada respiración. Al verlo, Do-ha se lamió los labios y tragó saliva.

Do-eon se sentía inquieto por los sonidos húmedos que venían de atrás. Exhausto, giró la cabeza y vio el torso firme de Do-ha, quien se había quitado la camiseta cruzando los brazos.

"......!"

Hombros anchos, músculos del cuello marcados y una pared abdominal perfectamente definida. Se sintió abrumado por un cuerpo tan distinto al suyo, que era solo piel y huesos finos. Sintió asombro y, luego, miedo. Se encogió como una presa que intenta ocultarse de su depredador.

Pero a esa distancia, cualquier movimiento era inútil. Do-ha soltó una risita burlona y, de repente, sujetó a Do-eon por la cintura y lo giró de un tirón. Sus ojos grises, afilados, lo miraban desde arriba mientras sonreía. Do-eon forcejeó inútilmente con la cintura atrapada.

"¡S-suéltame...!"

"Quiero hacerlo mirando tu cara."

"¡N-no quiero! ¡N-no lo hagas...!"

"¿Prefieres hacerlo como los perros? Pues así será."

"¡ugh...!"

Respondió Do-ha con tono monótono antes de volver a girar la cintura de Do-eon hacia un lado. Su visión dio una vuelta completa; se sentía mareado. Pero el mareo duró poco; la mano que manoseaba sus nalgas apartó una de ellas y tiró de su trasero hacia arriba.

"¡Ah, ugh...!"

Algo grueso y ardiente rozó su entrada, una sensación tan extraña que su parte inferior se contrajo y sufrió un espasmo. Él iba a llegar hasta el final. Do-eon soltó un grito agudo:

"¡N-no lo hagas! ¡P-por favor, te lo ruego...!"

"Dijiste que lo harías hace un momento."

"E-eso... eso era..."

Era solo petting. Se suponía que solo iba a ser eso. Pero lo que Do-ha estaba a punto de hacer era algo completamente distinto. Do-eon no tenía la elocuencia para explicar la diferencia en ese estado; solo sabía que ambos actos, tratándose de su hermano, eran pecados que cruzaban una línea peligrosa.

Mientras Do-eon sollozaba, Do-ha volvió a separar sus nalgas contraídas y se pegó a él como una estatua de obsidiana. Si cruzaban esa frontera, las consecuencias serían impensables. Do-eon giró la cabeza, suplicando con la mandíbula temblando violentamente.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

"N-no... estoy en c-celo... podría quedar... ¡podría quedar embarazado! ¡Me voy a quedar encinta!"

Do-ha respondió con una calma aterradora, como si fuera un detalle insignificante.

"Lo sé, hyung."

"¡S-si lo sabes, detente...! ¡ugh...!"

"También sé que las probabilidades de que un omega recesivo conciba son bajísimas. Tienes sueños muy grandes para ser alguien tan mediocre."

"¡A-aun así...!"

"No voy a hacer notting, así que olvida tus fantasías."

Do-eon no pudo replicar ante el tono cargado de desprecio. Aprovechando que la resistencia de su hermano flaqueaba por la humillación, Do-ha sujetó una de sus nalgas y la tiró hacia un lado con fuerza.

"¡N-no, por favor, ugh...!"

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Sujetando la base de su grueso pene, alineó el glande con el orificio empapado de flujo. El esfínter, que antes palpitaba, se detuvo un instante al reconocer el olor del alfa. Do-ha empujó con la cadera y el orificio, estirando sus pliegues al límite, succionó y tragó el glande de un bocado.

"ugh... ugh..."

Do-eon restregó la mejilla contra la sábana, soportando la invasiva sensación de un cuerpo extraño. Sentía que sus terminaciones nerviosas se encogían. Las puntas de sus dedos se contrajeron y sintió un hormigueo eléctrico hasta en la raíz del cabello.

Sentía que, si Do-ha avanzaba solo un poco más, aplastaría un punto profundo en sus entrañas. Pero, cruelmente, Do-ha retiró el pene casi por completo, dejando que la corona del glande enganchara dolorosamente la salida.

"¡ugh...!"

Do-eon tembló como una rana aplastada. Do-ha repitió el proceso: alineaba el glande, lo introducía apenas un poco y lo retiraba bruscamente. El orificio, desesperado, estalló en una inundación de flujo que corrió por su perineo hasta formar un charco en la cama.

Do-eon estaba al borde de las lágrimas. El deseo lo consumía de forma involuntaria. El picor interno era una tortura. El hecho de que Do-ha solo estimulara la entrada y se retirara lo estaba volviendo loco.

Con lágrimas colgando de sus ojos, arañó las sábanas con las uñas. Do-ha, manteniendo las nalgas separadas con los pulgares, volvió a meter solo la punta del glande antes de retroceder con parsimonia. Incapaz de aguantar más, Do-eon empezó a empujar su trasero hacia atrás rítmicamente, buscando el contacto.

Al ver a Do-eon moviendo la cadera con esa ansiedad temblorosa, Do-ha soltó una carcajada incrédula.

"Hyung, sé sincero. Quieres quedar embarazado."

"¡N-no es cierto... ugh...!"

"Mientes. Estás desesperado por probar mi pene."

"¡N-no, ugh...!"

La verdad era que el picor interno era insoportable. Sentía que sus entrañas deliraban. Quería que algo lo golpeara con fuerza, que un madero grueso rascara ese punto exacto con violencia. Así de grande era su agonía.

"Haa..."

Do-ha frotó su glande —blanco y redondo como una ciruela pelada— contra el orificio que goteaba fluido transparente, siguiendo el contorno de la abertura hasta el perineo. Chil-jeock, chil-jeock. El sonido obsceno resonó en sus oídos. Un escalofrío recorrió su columna. Él susurró con voz sombría:

"Si dices: 'Quiero comer pene', te la meteré."

"¡N-no quiero...!"

"Entonces quédate así hasta que amanezca."

"......!"

Fue como un jarro de agua fría. Do-eon sacudió la cabeza con desesperación mientras sollozaba. Do-ha, soltando una risa baja que vibró en su garganta, comenzó a dar pequeños golpes con el glande contra el orificio que sufría espasmos. Esa tortura de meter solo la cabeza y sacarla era peor que la muerte.

"Puedo jugar así toda la noche."

"¡B-basta, ugh, ugh...!"

El flujo salpicaba en todas direcciones y las venas del cuello de Do-eon se marcaron con un tono azulado. El estímulo superficial era insoportable. Sus puños cerrados se clavaban en sus propias palmas.

"Dilo. 'Quiero comer pene'."

Do-eon no pudo resistir más. Cerró los ojos con fuerza y finalmente abrió la boca.

"Q-quiero... comer p-pene..."

En ese instante, Do-ha, sujetando sus nalgas como si fuera a reventarlas, hundió su pene de un solo golpe. El glande se estrelló contra el fondo, llegando hasta el colon.

"¡ugh...!"

Todo el tronco oscuro quedó albergado en el interior de Do-eon, dejando solo el vello púbico de Do-ha fuera. Las paredes internas, atravesadas de repente, sufrieron una convulsión y se aferraron al pene. Do-ha cerró sus ojos alargados, disfrutando de la calidez del interior de su hermano.

"ugh, ugh... ugh..."

Mientras Do-eon convulsionaba sin control, Do-ha levantó los párpados, revelando sus pupilas grises oscurecidas. El verdadero comienzo de la pesadilla fue en ese momento.

"Haa, hyung... estás tan malditamente apretado que es increíble."

"ugh... ugh..."

Do-eon no oía nada. Tenía la boca abierta pero no podía articular ni un grito. Solo podía espasmódicamente mantener su cadera elevada mientras sus extremidades temblaban. Sentía que su vientre había sido perforado por un garrote gigante.

La sensación de invasión era tan fuerte que no podía recuperar la cordura. Se sentía ensartado en una estaca de carne. Era un dolor similar a que un taladro gigante lo partiera en dos desde la coronilla hasta los pies.

Como si el deseo anterior hubiera sido solo un juego, ahora un dolor desgarrador pisoteaba cada rincón de sus paredes internas. Do-eon agitó los brazos hacia atrás, suplicando.

"B-basta... no p-puedo... ugh..."

"Dijiste que querías comer mi pene."

"¡ugh...!"

"Trágatelo. Y da las gracias."

Do-ha golpeó los glúteos de Do-eon con la fuerza de un mazo contra masa de arroz, y luego, apretando la carne blanda, empujó su abdomen firme contra él para meter el pene aún más profundo.

"¡ugh...!"

El grueso glande expandía los estrechos intestinos, irrumpiendo en los valles más profundos. Do-eon se mordió el interior de la boca hasta sangrar para soportar el dolor punzante y extraño.

Debido a su posición encogida, su interior se contraía aún más, aumentando la presión. Do-ha, mordiéndose el labio inferior, recorrió con la mirada la línea profunda de la columna de Do-eon.

"ugh... ¿vas a romper el pene de tu hermano? Respira."

"ugh, ugh... ugh..."

En el momento en que Do-eon soltó el aire, Do-ha retiró el pene, arrastrando consigo las paredes internas de color rojo vivo que estaban acopladas sin dejar huecos. Sus entrañas eran tan delicadas como su piel exterior.

Do-ha movió la cadera con suavidad, pegando sus cuerpos sin dejar espacio. El vello púbico áspero rozó el perineo de Do-eon, quien cerró los puños con un respingo.

"ugh... ¡ugh...!"

Las lágrimas corrían por su rostro hasta quedar colgando de su nariz. En ese momento, sintió que le levantaban los hombros; una mano entró por su vientre y tiró de su camiseta hasta el cuello. Al girar la cabeza por instinto, vio a Do-ha tirando de la prenda.

Do-eon encogió los hombros por la vergüenza, pero una mano enorme atrapó su pecho ligeramente prominente y lo apretó con fuerza.

"¡ugh...!"

Do-ha ladeó la cabeza, extrañado.

"¿Por qué tienes las tetas tan grandes?"

"ugh... ¿p-por qué...?"

La suavidad de la carne en su mano era excepcional. Do-ha inclinó la cabeza y tiró del pecho de Do-eon hacia un lado para examinarlo. La piel se estiró bajo su agarre.

"¡Aaah, a-duele...!"

"Espera un momento."

Do-eon no entendía de qué hablaba Do-ha. ¿Tetas? ¿Grandes? Él no lo sabía, pero desde que se manifestó como omega a los quince años, sus pechos habían crecido de una forma ligeramente redondeada para ser un hombre.

Como siempre se bañaba solo y no tenía con quién compararse, Do-eon nunca pensó que su cuerpo fuera diferente al de los demás. Sin embargo, para los ojos de Do-ha, el pecho de su hermano no era plano; tenía una cantidad de carne ideal para ser estrujada. En esos pechos discretos destacaban unas aréolas rosadas del tamaño de una moneda, coronadas por pezones más oscuros y firmes como granos de aduki.

"Son unas tetas perfectas."

Al apretarlas, la elasticidad de la carne hacía que parecieran pechos femeninos. Do-ha comenzó a estrujar esa carne suave con fuerza, como si quisiera reventarla.

"ugh, ah, ugh..."

La masa suave se deshacía bajo su palma dura, adhiriéndose elásticamente a su agarre. Do-eon, sin darse cuenta, empujó el pecho hacia adelante soltando gemidos de dolor y placer.

Su pene, que se había ablandado por la tensión de la penetración, volvió a erguirse y a cabecear. Un placer extraño se extendía por cada célula nerviosa.

"¿Te gusta que te toque las tetas?"

"¡N-no lo sé, ugh...!"

"Viendo cómo aguantas los gemidos, parece que sí. ¿Te gusta más el pene?"

Do-ha susurró de forma seductora mientras pellizcaba los pezones de Do-eon con el pulgar y el índice, al tiempo que embestía con su pene, golpeando con saña las paredes internas. Cada vez que el grueso glande hurgaba en los pliegues más profundos de sus entrañas, Do-eon sentía que sus terminaciones nerviosas eran calcinadas por una corriente eléctrica.

"¡ugh! ¡ugh, ugh...!"

La estimulación simultánea, arriba y abajo, lo hacía sentir como si fuera a perder la razón. Sus manos, cerradas en puños sobre la cama, se deslizaban sin cesar hacia adelante por la fuerza de los impactos. Do-eon jadeaba con la lengua fuera.

"Te he preguntado si esto te gusta más que el pene, hyung."

A diferencia de antes, cuando se había tomado el tiempo de preparar el orificio con la lengua y los dedos, ahora Do-ha arremetía sin piedad. Chul-puck, chul-puck. El sonido de sus testículos golpeando el perineo de Do-eon resonaba con fuerza, haciendo que el cuerpo del omega se sacudiera violentamente hacia adelante.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Cada vez que el glande presionaba el cuello uterino, la ansiedad de Do-eon crecía. Gimió como un cachorro asustado y negó con la cabeza.

"¡ugh, n-no... ugh, no me gusta...!"

"¿Y entonces por qué la tienes tan dura?"

Do-ha atrapó con su otra mano el pene de Do-eon, que ya estaba completamente erecto. Lo apretaba con su palma caliente como si fuera un juguete de arcilla, llevándolo al borde del delirio.

"¡ugh, d-detente, ugh...!"

Do-eon no podía entenderlo. Se sentía humillado por haberse excitado tanto solo con la estimulación de su pecho. Él, que siempre había llevado una vida recta, casi puritana, y que jamás se había masturbado, estaba descubriendo un mundo desconocido.

Fue a través de Do-ha que aprendió que sus pechos podían ser una vía hacia la excitación genital. Lloraba no solo por el placer, sino por la culpa de creer que reaccionar así era algo intrínsecamente malo. Aunque, a estas alturas, ya habían cometido pecados más que suficientes.

"L-lo siento... ugh... ugh..."

Con lágrimas en los ojos, Do-eon no tuvo más remedio que eyacular de nuevo. Do-ha apretó el pene de su hermano hasta que el glande se puso rojo y, tras soltarlo, subió la mano lentamente para acariciar el surco entre sus pechos.

"Sería un espectáculo verte embarazado, hyung. Te saldría leche de aquí, ¿no?"

"......!"

"¿Quieres que te deje encinta? ¿Quieres que haga knotting?"

"¡N-no, no digas e-eso...!"

El hecho de estar teniendo sexo sin protección con Do-ha lo aterraba. Aunque fuera un omega recesivo con bajas probabilidades, ese '1%' de posibilidad existía, y la palabra 'quizás' martilleaba su mente. Do-ha retorció con la uña uno de sus pezones, que ya estaba hinchado y firme como un grano de aduki.

"¡ugh...!"

"¿Debería dejarte embarazado antes de que llegue papá?"

Do-ha sujetó con firmeza la cadera de Do-eon y embistió con fuerza. Los impactos eran tan rudos que la cabeza de Do-eon se sacudía violentamente y su visión se nublaba.

"¿Quieres quedar encinta?"

"¡N-no, no quiero...!"

"Sería digno de ver cómo cambia la cara de ese hombre cuando se entere de que su hijo menor dejó embarazado al primogénito después de diecinueve años."

"¡N-no, ugh, ugh, ugh...!"

Las nalgas pálidas de Do-eon chocaban contra los huesos ilíacos de Do-ha, deshaciéndose como tofu suave. En medio de esa carne tierna que temblaba por el impacto, el pene oscuro entraba y salía repetidamente como una anguila excavando en la tierra. Chul-puck, chul-puck. El sonido húmedo del choque de piel contra piel llenaba la habitación.

Do-eon, que apenas lograba mantenerse mientras era empujado desde atrás, se dio cuenta de que su propio pene se había vuelto pesado de nuevo. El glande, teñido de rojo por la sangre acumulada, cabeceaba con fuerza.

Fue entonces cuando Do-ha rodeó el vientre de Do-eon con sus brazos y levantó ligeramente su torso mientras seguía penetrándolo.

"¡ugh...!"

Sus cuerpos se solaparon tanto que la espalda de Do-eon quedó pegada al pecho de Do-ha. Este comenzó a mover la cadera con una ferocidad renovada. El glande, como un garfio vivo, hurgaba en las dobleces internas y golpeaba rítmicamente el cuello uterino.

"¡ugh, es d-demasiado p-profundo, ugh...!"

En el vientre plano de Do-eon, el contorno del glande se marcaba por un instante antes de desaparecer. Veía estrellas parpadeando frente a él.

"¡ugh...!"

Do-eon puso los ojos en blanco y abrió la boca. Un placer que vaciaba su mente recorrió todo su cuerpo. Por tercera vez, un chorro de fluido transparente salió disparado desde la punta de su pene trazando una parábola.

"Haa, haa, haa..."

Antes de que pudiera recuperar el aliento, escuchó unas palabras que le helaron la sangre.

"Hyung, ahora es mi turno."

"Haa, e-espera, no querrás hacerlo... ¿adentro?"

Do-eon giró el cuerpo para mirar hacia atrás. Los ojos ardientes de Do-ha estaban fijos en el punto de unión. Era una mirada animal, aterradora. Do-eon, temblando, suplicó:

"A-adentro no."

"¿Qué es lo que no se puede?"

"ugh... correrte... correrte adentro."

Do-eon estiró un brazo hacia Do-ha, pero este lo presionó contra la cama con su palma ancha. Obligado a agachar el torso, Do-eon terminó con el rostro hundido en las sábanas por la fuerza del alfa.

"Joder, te he dicho que te voy a dejar embarazado durante tu celo."

"¡Ugh...! ¡N-no, ugh...!"

Sujetando ambas nalgas, Do-ha comenzó a golpear el cuello uterino con su grueso glande. Do-eon se mordió el interior de la boca hasta sangrar. El cuello uterino, que estaba ligeramente entreabierto, cedió ante la fuerza bruta de los impactos, mostrando una abertura apenas suficiente para que la cabeza del pene se asomara. Do-ha se concentró en ese punto, machacándolo sin descanso.

"¡ugh, Do-ha, m-más d-despacio, p-por favor...!"

Do-eon ya había terminado, pero Do-ha no lo escuchaba. El instinto del alfa de dejar su marca en el omega había despertado un deseo de conquista absoluto, queriendo deshacer las mucosas con su pene. Cuanto más presionaba Do-ha, más cedían las entrañas de Do-eon, envolviendo el pene con sus paredes elásticas.

"¡N-no, no... ugh, ugh!"

Cuando Do-eon intentaba gatear hacia adelante para escapar, Do-ha lo tiraba de vuelta hacia él sujetándolo por las nalgas. Eso hacía que el pene se clavara hasta el fondo, estimulando cada terminación nerviosa.

"ugh... ¿a dónde crees que vas? Tienes que recibir esto."

"¡ugh... ahí no... ugh, nooo...!"

Do-eon echó la cabeza hacia atrás, con la mandíbula temblando. La saliva se le escapaba por la comisura de los labios. Do-ha tomó la barbilla de su hermano, cuyo rostro estaba completamente ido por el placer, y lamió con avidez la saliva que caía.

Chul-jjuck, chul-puck. El cuello uterino terminó de abrirse lo suficiente y Do-ha hundió su pene por completo, frotándolo contra las paredes internas mientras entraba y salía sin ningún miramiento. Do-eon sentía que estaba a punto de desmayarse.

Incluso en ese estado, el único pensamiento en la mente de Do-eon era que no debía dejar que Do-ha se corriera dentro. Pero su cuerpo y su mente, derretidos por el placer, no tenían fuerzas ni para levantar una mano.

"Te voy a llenar de mi leche. Trágatelo todo."

"¡N-no...!"

En ese momento, Do-ha apretó las nalgas de su hermano con tal fuerza que parecía que iban a estallar y hundió la cadera con un golpe seco. De pronto, se oyó un gemido bajo de Do-ha; su abdomen firme sufrió un espasmo y el fluido comenzó a fluir lentamente, oleada tras oleada, dentro de Do-eon.

"ugh... a-adentro... no debía ser..."

Sintió vívidamente la sensación de la semilla llenándolo. Era una sensación extraña que se extendía por sus entrañas. Do-eon se mordió el labio inferior y frunció el ceño. El pene de Do-ha, sumergido en el interior empapado, parecía querer recuperar su tamaño una vez más mientras disfrutaba del momento posterior.

El resentimiento afloró en Do-eon. Le había pedido muchas veces que no lo hiciera. Lágrimas volvieron a brotar de sus pestañas mojadas. Al pensar en el aroma denso de las feromonas y en la humedad de la eyaculación acumulada en su interior, sintió que su ánimo caía al vacío.

"¡T-te dije que no lo h-hicieras adentro, ugh...!"

Do-eon giró la cabeza bruscamente para recriminarlo. Sus ojos estaban inyectados en sangre. La mirada afilada de Do-ha se suavizó y respondió con un tono que casi podría considerarse tierno:

"¿Así que estás enfadado?"

"Claro que lo estoy..."

"¿No deberías estar agradecido? Hice que dejara de dolerte."

"......."

Se quedó sin palabras, sintiendo que de alguna manera había perdido la discusión. Era cierto que el dolor punzante en su bajo vientre parecía haber remitido un poco. Sin embargo, lo único que quería ahora era que Do-ha sacara lo que tenía dentro, pero él no parecía tener intención de moverse.

"S-sácalo ya..."

"Está bien."

"¡ugh!"

En cuanto Do-ha retiró su pesado pene, una mezcla de flujo y semen comenzó a derramarse lentamente desde el perineo. El orificio rosado, que antes estaba cerrado con recato, ahora estaba rojo e hinchado por el esfuerzo. Cada vez que palpitaba, dejaba ver fugazmente su interior de un rojo vivo, cubierto por las gotas de la eyaculación.

"Mira cómo ha quedado tu agujero. Ah, cierto, tú no puedes verlo."

Do-ha usó sus dedos para recoger el fluido blanco que resbalaba por la entrepierna de Do-eon y lo introdujo de nuevo en el orificio. El fluido fue tragado con facilidad por la entrada, que ahora estaba más laxa. Ante la invasiva sensación, Do-eon se asustó y se encogió de rodillas.

"¡¿Q-qué haces?! ¡D-detente...!"

Do-eon bajó su camiseta, que se había subido hasta la clavícula, cubriéndose hasta el vientre. Sus pantalones estaban en el suelo, y tuvo que inclinarse apoyando los brazos para alcanzarlos.

"M-me voy..."

Mientras intentaba meter las piernas en el pantalón con cautela, Do-ha permanecía arrodillado sobre la cama con los brazos cruzados, mostrando sin pudor su pene todavía imponente.

Do-eon no podía creer que algo de ese tamaño hubiera estado entrando y saliendo de su cuerpo. Intentando no hacer ruido por miedo a ser 'devorado' de nuevo, se puso los pantalones y se levantó.

"Ah..."

Sentía una pesadez en el trasero. Aunque ya no tenía nada dentro, un dolor sordo y persistente le provocaba dolor de cabeza. Frunciendo el ceño, intentó alejarse tímidamente. Apenas dio un paso cuando...

"No puedo. Quiero comer un poco más."

"......!"

Fue sujeto por la muñeca y arrastrado de vuelta. El cuerpo imponente de Do-ha, que se había puesto en pie, era abrumador. Desnudo, parecía una bestia salvaje. Do-eon temblaba ante la diferencia física entre ambos. Do-ha lo empujó de nuevo sobre la cama y, haciendo inútiles los esfuerzos previos de su hermano, volvió a bajarle los pantalones hasta los tobillos.

"¡Suéltame! ¡N-no puedo más...!"

"Veamos si de verdad no puedes, hyung."

"¡No, n-no quiero...!"

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Con una sonrisa, Do-ha le quitó también la camiseta y se posicionó entre sus piernas con sus muslos gruesos. Ambos quedaron frente a frente, completamente desnudos.

A lo lejos, se escuchó el estruendo de la tormenta. En la habitación en penumbra, las facciones marcadas de Do-ha capturaron la mirada de Do-eon. Era hermoso y despiadado, como una estatua esculpida por un dios.

Do-eon intentó girar la cabeza, pero Do-ha soltó una risita y se inclinó hacia él. Por instinto, Do-eon cerró los ojos. Entonces, escuchó una risa baja y unas palabras susurradas al oído:

"¿Qué es lo que esperas?"

"......!"

El rostro de Do-eon ardía como si estuviera en llamas. No se había detenido a pensarlo: ¿qué era lo que esperaba? Había cerrado los ojos por puro instinto, pero si ese gesto parecía el de alguien que anhelaba algo más...

"¡A-no, yo... es decir, esto...!"

Do-eon parpadeó desconcertado. En ese instante, Do-ha sujetó la parte posterior de una de sus rodillas y la elevó con fuerza.

"¡ugh...!"

El muslo de Do-ha, cubierto de músculo firme, presionó su entrepierna hacia arriba mientras intentaba la inserción, empujando el glande contra el orificio que palpitaba abierto. Do-eon contuvo el aliento, soportando el momento en que ese grueso ser vivo invadía su cuerpo.

"¡ugh...!"

Sus entrañas, tensas por la invasión, fueron desplazadas con familiaridad hacia el cuello uterino. Las paredes internas, sensibilizadas por la penetración anterior, envolvieron el tronco del pene con una presión asfixiante.

"¡Haaa, ugh...!"

Do-eon se cubrió el rostro con el dorso de la mano, soportando el dolor de sentir cómo revolvían su vientre. Do-ha, con un gesto brusco como si le molestara no ver su expresión, atrapó sus muñecas y las inmovilizó por encima de su cabeza.

"¡ugh!"

"Hyung, te he dicho que no te tapes la cara."

Cada vez que Do-ha lo llamaba 'hyung', el sufrimiento de Do-eon se intensificaba. Le resultaba increíble estar así, con el cuerpo abierto, siendo atravesado hasta la médula por su propio hermano menor. Y lo que más le dolía era que su propio cuerpo empezaba a someterse a ello.

Mientras el pene, firme como una estaca, entra y sale como si quisiera excavar en su interior, el semen que lo llenaba comenzó a escurrirse por el perineo con sonidos húmedos y explícitos: byu-reuk, pyu-reureuk.

Do-ha chasqueó la lengua y, tras recoger con el índice el fluido que resbalaba, lo introdujo a la fuerza en el orificio que, debido al grosor del pene, estaba tan estirado que no mostraba ni un solo pliegue. Empezó a girar el dedo en su interior con insistencia.

"Si dejas que se salga el semen, no quedarás embarazado, hyung."

"¡ugh, s-si haces eso... se va a r-romper...!"

Ya era bastante difícil albergar ese pene monstruoso; sentir además un dedo hurgando en la entrada le hacía sentir que iba a desgarrarse. Los bordes del orificio, totalmente expandidos, se hinchaban como pétalos bajo el toque del hombre. Do-eon, con el ceño fruncido y el rostro encendido, jadeaba con fuerza.

"¿Tienes miedo de que se te rompa el coño?"

"¡N-no hagas eso...!"

"Entonces deberías haber tragado bien mi leche."

De repente, Do-ha retiró el pene hasta que solo la corona del glande quedó enganchada en la entrada, y entonces embistió con un golpe seco y brutal. ¡Puck! El fluido salpicó en todas direcciones. El pene caliente, untado con el semen cremoso, se hundió de golpe en sus entrañas. El cuello uterino sufrió una convulsión al ser golpeado por el glande.

"¡ugh...!"

"¿Te has portado mal o no?"

"ugh, ugh, ugh..."

Sus extremidades sufrieron espasmos violentos y gruesas lágrimas brotaron de los grandes ojos de Do-eon. Su visión se volvió blanca mientras abría la boca y su mandíbula temblaba. Las paredes internas machacadas vibraban, enviando ondas de placer y dolor por todo su cuerpo.

"¿No vas a responder?"

Do-ha rugió con voz severa mientras elevaba la cadera. La sensación punzante del glande enganchado en la entrada era el preludio de un nuevo impacto que prometía atravesarlo como si fuera un mortero. Do-eon estaba aterrorizado.

"L-lo siento... p-por favor..."

En el momento en que el pene salía del orificio, una inundación de fluidos brotaba a borbotones; no solo era el semen que Do-ha había depositado, sino también el flujo que Do-eon acababa de secretar. El líquido lubricante salpicaba con cada vaivén de Do-ha, empapando incluso su vello púbico, desde donde caía en gotas cristalinas como perlas.

"¿Vas a tragar bien mi leche ahora?"

"ugh... s-sí..."

"Succiónala y trágatela toda."

"¡ugh...!"

Sin piedad, Do-ha volvió a machacar su interior como si clavara un poste de hierro. El cuerpo de Do-eon vibró con espasmos. Sus paredes internas se deshacían mientras envolvían y palpitaban alrededor del tronco del pene. Do-eon tenía miedo de esos temblores involuntarios; sentía que su cuerpo ya no le pertenecía. El temor a quedar embarazado se mezclaba con las sensaciones desconocidas que lo arañaban y hurgaban por dentro. Todo daba vueltas. Sentía que iba a volverse loco.

"¡B-basta, Do-ha, p-por favor...!"

"Me gusta que digas mi nombre. Dilo más."

A Do-ha le excitaba de una forma distinta que su hermano lo llamara por su nombre durante el acto. Los espasmos intermitentes que envolvían su pene le provocaban escalofríos de placer. Quería llegar aún más profundo. Quería poseerlo de forma más sádica.

"Te he dicho que lo digas más."

Sujetó con fuerza las corvas de Do-eon, elevando sus rodillas, y se inclinó hacia adelante cargando todo su peso mientras rodeaba el cuello de su hermano con los brazos. El glande se clavó verticalmente, penetrando incluso el cuello uterino.

"¡N-no, Do-ha, es d-demasiado profundo, ahh...!"

Era peligroso. Muy peligroso. A este paso, realmente podría quedar embarazado. La punta roma del glande, que empujaba con violencia, revolvía sus entrañas de forma tiránica. Las lágrimas no dejaban de brotar.

"¡ah, ugh...!"

Do-ha abrazó a Do-eon con fuerza. Las rodillas de Do-eon quedaron dobladas contra su propio pecho. Estaban tan cerca que sus narices se rozaban, y Do-eon se encontró de frente con esas pupilas grises que se desbordaban de deseo.

"......!"

Do-eon no podía moverse, como alguien que está perdiendo el conocimiento. Las rodillas de Do-ha, cargadas de músculo, se movían como resortes, golpeando una y otra vez desde arriba. Los ojos de Do-eon rodaron hacia atrás.

"¡ah, ugh... ahí es...!"

"ugh... hyung, ¿te gusta que te folle así?"

"¡ugh, ugh, ugh...!"

"No puedes hablar porque te gusta demasiado, ¿verdad?"

"¡ugh... m-muy profundo...!"

Un grito corto escapó de su garganta delgada, donde se marcaban las venas azules. Con cada golpe y cada retirada, gemidos entrecortados salían de los labios de Do-eon.

"¡ugh, d-despacio, p-por favor, ugh, ugh!"

Al golpear repetidamente el mismo punto con rapidez, las paredes internas machacadas se abrían para recibir el glande y, una vez dentro, se cerraban con fuerza succionándolo, negándose a dejarlo ir. Con cada embestida, el flujo —que parecía crema derretida— salpicaba por todas partes con un sonido obsceno: jjil-jjeok, jjil-puck. Do-eon no podía hacer más que arañar el sofá con sus manos extendidas. Incluso en eso, se dio cuenta horrorizado de cuánto fluido se había acumulado bajo él, ya que sus uñas resbalaban constantemente en el charco que empapaba el mueble.

Molesto por los movimientos desesperados de Do-eon sobre ese charco de fluidos, Do-ha inmovilizó ambas manos de su hermano sobre su cabeza. Se inclinó y atrapó uno de los pezones erguidos en su boca, succionándolo con fuerza.

"¡ugh, ugh...!"

De la boca de Do-eon escapó un gemido que jamás había emitido en su vida. Do-ha ya había notado que su hermano era sensible a las caricias manuales en el pecho, pero la succión bucal era un estímulo mucho más potente. Do-ha esbozó una sonrisa de lado.

"¿Te gusta que te chupe las tetas?"

"¡ugh, n-no... no es eso...!"

"¿Seguro que no?"

Do-ha soltó una risa sombría y envolvió el otro pezón con sus labios rojos, succionando con avidez. La mucosa de sus labios atrapó el pezón con una presión intensa.

"¡Ah...! ¡Ahí n-no, d-detente...!"

La sangre se acumuló en su parte inferior y las paredes internas que albergaban el pene se contrajeron y expandieron repetidamente. La mirada de Do-ha se volvió lánguida.

"Ah, joder... hyung, te sientes demasiado bien."

'Dame más'. Do-ha estrujó ambos pechos de Do-eon con sus manos como si fuera a reventarlos, alternando entre el derecho y el izquierdo mientras succionaba las aréolas rosadas y los pezones con fuerza.

"¡ugh, ah...! ¡N-no...!"

Tras humedecerlos con su saliva, Do-ha empezó a morder suavemente la punta del pezón con sus dientes incisivos. Do-eon echó la cabeza hacia atrás, convulsionando.

"¡Haaaaaa...!"

"ugh... cada vez que te muerdo las tetas, tu coño me aprieta de una forma increíble. ¿Dónde aprendiste a moverte así? ¿Eh?"

"¡ugh, n-no... no he estado con n-nadie, ugh...!"

Su propio pene, que se había encogido un poco, volvió a ganar volumen y se endureció bajo el abdomen firme de Do-ha. Do-eon sentía la boca seca. Se sentía como si fuera la presa de una bestia salvaje.

Chyu-reup, jjeok, chyu-up.

Su visión era borrosa mientras miraba la cabeza de Do-ha, que no dejaba de succionar su pecho. Sin embargo, el placer de esa sensación extraña dominaba su cerebro de una forma innegable.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Mientras se abandonaba al placer en ese estado de estupor, Do-ha levantó el rostro de repente. Sus ojos oscuros lo observaban fijamente. Do-eon, sobresaltado, intentó girar la cabeza, pero Do-ha fue más rápido.

Asomando la lengua entre sus labios rojos, Do-ha lamió el labio de Do-eon. Parecía estar sonriendo levemente. Sus labios rosados brillaban humedecidos. Sus pupilas, ahora de un color más intenso, recorrieron la línea de su boca sin perder detalle.

"Tus labios parecen un coño también. Un coño labial."

"¡N-no digas esas cosas, up...!"

En un instante, sus labios fueron devorados. Un aliento denso lo invadió. Una lengua decidida presionó su paladar y recorrió cada uno de sus dientes. Su mente se nubló por completo.

"Cállate, ttt....

La punta de la lengua de Do-ha, dura y erizada con diminutas papilas, se enredó con la de Do-eon. El cerebro de este último parecía hervir. Do-eon abrió la boca jadeando, mientras la saliva se deslizaba por la comisura de sus labios. Do-ha separó sus labios con lentitud y susurró con voz ronca:

"Pensaba hacerlo con paciencia, pero, ja, no puedo aguantar."

"......?"

La respiración agitada se sintió peligrosamente cerca; Do-ha atrapó la barbilla de su hyung y elevó la cadera. De su pene goteaba una espuma blanca de aroma acre.

"¡ugh...!"

La corona del glande se enganchó en la entrada del orificio. Do-eon frunció el ceño ante la sensación punzante, pero no podía bajar la mirada porque Do-ha succionaba su barbilla con avidez.

No hubo tiempo para el silencio. Sin darle espacio para asimilar la extraña quietud, Do-ha bajó la cadera como si clavara una estaca, golpeando deliberadamente el cuello uterino. Al embestir repetidamente y con rapidez el mismo punto, los ojos de Do-eon se inyectaron en sangre y su cuerpo saltó como si fuera a estallar.

"¡ugh, a-ahí, ahí no, n-no se puede, ugh...!"

Sentía que los capilares de sus ojos estaban a punto de romperse. Do-ha, sujetando con firmeza las corvas de su hyung, apoyó las rodillas para aprovechar el impulso y acelerar el pistoneo.

Do-ha podía ver claramente cómo la cadera de Do-eon se elevaba y cómo su cuerpo temblaba cada vez que el pene entra y sale, devorando su centro.

"¡ugh, ugh, es d-demasiado p-profundo, te digo, ugh...!"

Al entrar, el pene hacía saltar el flujo con un sonido chispeante, arrastrando espuma blanca hasta la base; al salir, el glande emergía cubierto por una densa capa de fluido cremoso. Las paredes internas se aferraban al tronco del pene, exponiendo la carne roja del orificio hacia afuera en un intento por no dejarlo ir.

"Joder, hyung, no tienes idea de lo rico que tu coño se come mi pene... te sorprenderías si lo vieras."

"¡D-despacio, un p-poco más despacio, p-por favor, ugh...!"

Do-eon sentía que perdería el juicio ante la velocidad de Do-ha. El grueso glande, curvado como un garfio, machacaba el colon y atravesaba el cuello uterino, tentando peligrosamente la entrada de la matriz. Un escalofrío recorrió su columna vertebral.

Todo, por dentro y por fuera, era un desastre. Ignorando las súplicas de Do-eon, Do-ha no disminuyó la velocidad; al contrario, golpeó su cadera una y otra vez con fuerza y le dio un azote sonoro en las nalgas que temblaban violentamente.

"¡Hau-ung... a-duele...!"

"¿Tienes un coño de perra y pides que lo haga despacio?"

Fue un golpe tan seco que las lágrimas brotaron de las comisuras de sus ojos. La carne de sus glúteos vibró por el impacto. Do-ha estrujó las nalgas de Do-eon como si quisiera reventarlas, amasándolas antes de empujarlas aún más hacia arriba.

"¡ugh...!"

Ahora sus piernas estaban tan elevadas que sus rodillas rozaban sus orejas. Completamente doblado a la mitad, Do-eon se encogió sobre sí mismo. Tenía miedo. Si el pene se insertaba de forma tan vertical y despiadada, era un hecho que llegaría a sacudir su matriz.

"¡L-lo siento, Do-ha, l-lo sien, ugh...!"

Pero ya era demasiado tarde. Do-ha sujetó con fuerza las nalgas turgentes y, cargando todo su peso, comenzó a embestir con rapidez.

"Creo que tu vientre se hinchará aunque no haga nudo."

"¡Haaa, n-no, ugh...!"

Con las nalgas suspendidas en el aire, Do-eon no tuvo más remedio que presenciar con sus propios ojos cómo ese pene feroz excavaba en su interior, salía y volvía a arremeter. No era un sueño.

El flujo que rebosaba del orificio resbalaba por su pene erecto. De forma contradictoria, su propio pene también se mantenía firme, con el glande endurecido y cabeceando.

"¡Do-ha, n-no, ugh, ugh...!"

El grueso glande, que golpeaba con saña, terminó por abrirse paso hacia el interior de la matriz. Los ojos de Do-eon se dilataron al máximo. El punto donde estaba siendo atravesado ardía; sentía que iba a volverse loco de calor.

No debía ser así, no debía... pero sus entrañas abrían camino al pene invasor, envolviendo y succionando el tronco que lo penetaba con furia. El sonido húmedo llenaba sus oídos.

A este paso...

De repente, cruzó por su mente la idea de que no le importaría quedar embarazado. Su cabeza se llenó con el pensamiento de que no importaba lo que pasara con su cuerpo. Do-eon abrió la boca y soltó un grito de placer. Acto seguido, el glande que golpeaba su punto máximo sufrió un espasmo violento.

"¡ugh, n-no...!"

Fue el momento en que recuperó la cordura al sentir la anomalía del glande agitándose en su interior.

"ugh...."

Tras varias embestidas finales, los muslos de Do-ha sufrieron una convulsión y se desplomó sobre el torso de Do-eon. Al mismo tiempo, el vientre de Do-eon se abultó siguiendo la trayectoria del glande antes de desaparecer.

"¡Haaaa-ak...!"

El glande, que finalmente había perforado la matriz sobre el cuello uterino, vomitó una larga oleada de semilla.

"ugh...."

Aplastado por el peso de Do-ha, el pene de Do-eon soltó un latido y disparó su fluido blanquecino. Era su cuarta eyaculación. Su mente se evaporó por completo. Un líquido transparente, que ya había perdido color y viscosidad, se acumuló en su abdomen hasta cubrir su ombligo.

Do-ha no liberó sus piernas; presionando la parte posterior de sus rodillas, movió la cadera lentamente hacia arriba. Lo hacía para asegurar que la semilla fluyera más profundo. Parecía que se podía escuchar el chapoteo del fluido desbordándose en su interior. Era un gesto posesivo y obsesivo. Do-eon tembló de hombros.

"¡Y-ya, suéltame ya...!"

"Te soltaré cuando te hayas tragado toda mi leche."

"¡E-eso es im-posible...!"

"¿Por qué?"

"¡P-porque, incluso ahora, se está d-desbordando...!"

El pene, firme como una estaca, taponaba el orificio sin dejar espacio, siendo lo único que evitaba que el fluido se derramara. Do-eon protestó frunciendo el ceño.

El rostro de Do-eon, encendido por haber recibido la semilla, se veía pálido y puro bajo la luz de los relámpagos. Do-ha lo observó como si estuviera ebrio de deseo y se inclinó para atrapar en su boca el pezón hinchado.

"¡ugh, n-no hagas eso...!"

"Si se desborda, tendré que correrne más veces para rellenarte."

"¡¿Qué?! ¡N-no...!"

El entrecejo de Do-eon se frunció hasta casi juntarse. Sin embargo, ante la sensación de su aréola siendo succionada y jugueteada por la lengua, la tensión de su frente se relajó rápidamente.

Sus facciones, antes contraídas, se suavizaron gradualmente y Do-eon respiró con dificultad ante el placer que ascendía. El contorno de su pecho se sentía entumecido y vibrante.

Do-ha, presa de la excitación, mordisqueó con sus dientes el pezón que se hinchaba turgente. Do-eon, ante el placer que lo desbordaba de nuevo, echó la cabeza hacia atrás y encogió los dedos de los pies.

"¡B-basta...! ¡ugh...!"

La saliva brillante que rebosaba de su boca se filtró y escurrió por su pecho. Do-ha, mientras masticaba el pezón con insistencia, comenzó a girar la cadera suavemente con total parsimonia.

Jjil-puck, jjil-puck. El pene, que se agitaba dentro del semen, volvió a endurecerse con firmeza. Y no solo eso; mientras Do-ha mordisqueaba el pezón entre sus dientes como si fuera un caramelo, Do-eon también mantenía su pene erecto una vez más.

"¡ugh, a-duele, ugh...!"

Do-ha soltó una risa burlona, sujetó la base del pene de Do-eon y tiró de él hacia arriba mientras se mofaba. La sangre caliente se concentró de inmediato en el glande.

"¿Dónde aprendiste a ponerlo duro mientras me pides que pare?"

"¡E-eso es...!"

"Quieres recibir mi pene, por eso pones tieso este trozo de carne sin vello."

"¡N-no es cierto...! ¡A-no lo es, ugh...!"

Do-ha, entrecerrando sus ojos grises, apretó con fuerza la carne endurecida e hinchada mientras no dejaba de succionar su pecho.

"ugh, ugh... ugh...!"

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Pensó que sería un coño de una sola vez, pero no importaba cuánto comiera, no se cansaba. El cuerpo de su hyung era dulce por más que lo succionara.

Manteniendo presionadas con fuerza sus delgadas corvas, su cadera firme y bronceada comenzó a embestir de nuevo contra el centro de esas nalgas turgentes como si fuera a partirlas a la mitad. ¡Puck, puck! Con cada impacto en su centro, el fluido blanco no solo rebosaba, sino que salpicaba ruidosamente.

"¡ugh, ugh, es tan p-profundo que n-no puedo, ugh, ugh...!"

Ante el placer que se sentía como si su carne se derritiera, Do-eon soltó gemidos entrecortados. Parecía que esta noche de depravación no terminaría fácilmente.