2. Lovey-Dovey
2. Lovey-Dovey
El
tenue parpadeo de las luces de las aeronaves, agrupadas como pequeñas hormigas
al otro lado de la ventana, se reflejaba débilmente en el cristal. Ki
Tae-jeong, tras soltar un breve chasquido con la lengua, ajustó los controles
sin dudar. Si el término ‘galopar’ pudiera usarse en el cielo, eso era
precisamente lo que él llevaba haciendo durante horas: galopar ferozmente por
las alturas.
Ignorando
los hologramas que proyectaban diversos indicadores y señales de advertencia,
giró el morro de la nave en una maniobra acrobática. El caza se invirtió
bruscamente, como si estuviera a punto de tajar el cielo de forma vertical.
A
medida que la tecnología avanzaba, el factor decisivo que marcaba la diferencia
quedaba siempre en manos del ser humano. Así como se valoraba más un objeto
hecho a mano o se consideraba más seguro un registro en papel que en un
servidor, las tácticas de combate seguían la misma lógica. Solo la anomalía
capaz de burlar la previsión de una inteligencia artificial determina la
victoria. Y en eso, Ki Tae-jeong se sentía más seguro que nadie en el mundo.
Cerró
los ojos un instante, saboreando una sensación que no experimentaba hace
tiempo. Ese momento en el que, por voluntad propia, se desafían los límites
humanos y la gravedad misma. Esa sensación de estar vivo mientras los músculos
gritan y los huesos parecen retorcerse. El instante en el que, tras acorralar
al enemigo hasta el límite del combustible y obtener la victoria sin un solo
error de cálculo, uno puede permitirse mirar al mundo bajo sus pies con
absoluta arrogancia.
Si
había algo lamentable en el hecho de que las estrellas de su rango aumentaran,
era haber tenido que retirarse del combate real para sentarse en el centro de
mando a ver o escuchar informes. Más que matar a alguien o destruir algo,
extrañaba esta sensación de correr a su antojo por el azul profundo del cielo.
Aunque
en el momento de su nombramiento no tuvo mucha opción, cree que, de haber
podido, habría elegido la Fuerza Aérea. En lugar de la tierra o el agua, donde
es relativamente fácil echar raíces, prefiere el cielo inalcanzable. Bueno,
aunque hubiera servido en el ejército de tierra o en la marina, seguramente lo
habría hecho igual de bien.
Tras
sumergirse en sus pensamientos solo un momento, manipuló el controlador para
invertir la nave una vez más. Simultáneamente, lanzó bengalas de señalización
mientras calculaba el ángulo exacto para que los cazas de retaguardia pudieran
abrir fuego entre los destellos de luz.
Como
era de esperar de un caza diseñado para asegurar la superioridad aérea, la
velocidad de respuesta era rápida. Pero eso era todo. Para el simple propósito
de confundir la visión del enemigo estaría bien, pero para un ataque preventivo
abrumador, resultaba muy insuficiente. Considerando el presupuesto invertido en
la producción de estos nuevos cazas, este resultado era inaceptable.
Tendría
que retocar sin falta tanto el dispositivo de aceleración gravitatoria como los
hologramas y este maldito controlador. Podría apostar las vitaminas que Hae-rim
se tomará hoy a que el tipo que diseñó la cabina ni siquiera ha participado en
un combate simulado. Si para alguien como él, curtido en mil vuelos, resultaba
incómodo presionar los botones y tirar de la palanca con rapidez, ¿cómo lo
manejarían los demás? Sería una suerte si no provocaban un accidente mayor.
Y
por supuesto, también tendría que corregir la habilidad y la mentalidad de los
aliados que cubren la retaguardia. De nada sirve abrir camino en el frente si
los van a devorar por detrás de inmediato.
“VK9157,
código número 3001, nombre en clave TJ, notificando regreso previsto”.
—
VK9157, código número 3001, nombre en clave TJ, regreso previsto confirmado.
¡Victoria!
“Victoria”.
Desde
el momento en que se convirtió en Mayor General, Ki Tae-jeong ordenó una
reestructuración masiva del entrenamiento. Y ese proceso se volvía más riguroso
cada día. Sabía que, en comparación con el pasado, desde sus ayudantes hasta
los soldados habían progresado de forma impecable, pero aun así, no estaba
satisfecho.
Incluso
esta vez, ni siquiera les había pedido algo difícil. Les dijo que no usaran
técnicas vistosas, que simplemente lo siguieran por el camino que él abriera,
pero ahí estaban todos, dando pena por no poder aguantar el ritmo….
Grabando
en su mente los detalles que debía solicitar al laboratorio de investigación,
redujo la velocidad lentamente. Por supuesto, era un ‘lentamente’ bajo sus
propios estándares. Mientras pilotaba la nave de forma acrobática, al ver las
luces que brillaban borrosas aquí y allá, no pudo evitar pensar en Lee Se-hwa.
Como
una flor, como un animalito, como una joya… su esposo, para quien cualquier
palabra hermosa del mundo resultaría insuficiente.
En
el mundo donde vive Ki Tae-jeong, el fuego desolador que emiten los cazas y la
torre de control es lo más bello y brillante que existe, así que, incluso en
medio de un estruendo ensordecedor, pensó en Se-hwa durante todo el
entrenamiento de vuelo.
Su
corazón, que ni siquiera se inmutaba al caer desde lo más alto del cielo, se
vuelve pesado con solo ver el nombre de Se-hwa cruzar por su mente. Sabe
perfectamente que últimamente se ha portado distante con él sin motivo, que por
eso Se-hwa solo está pendiente de su humor y que se siente un poco herido... lo
sabe todo.
‘General,
sabe una cosa…’.
Fue
en ese momento en el que, tras entrelazar sus cuerpos como siempre, bañarse
juntos y besarse incontables veces, estaban a punto de quedarse dormidos
acurrucados como dos cucharas.
‘¿Mmh?’
‘Hay
algo que quiero tener’.
Que
Lee Se-hwa, cuya única compra suelen ser masas de harina, fuera el primero en
decir que quería algo... Ki Tae-jeong soltó una risita mientras le apartaba el
flequillo con el dedo índice.
El Lee Se-hwa que no se siente intimidado por mí. El Lee Se-hwa
que no está pendiente de mi humor. El Lee Se-hwa que me pide cosas….
Pensó
que era un buen cambio y le resultó curioso que, después de vivir juntos varios
años, por fin llegara un día así. Estaba preparado para comprarle y traerle lo
que fuera que deseara. No era broma; sería capaz de bajarle hasta las estrellas
del cielo nocturno. De hecho, conseguir fragmentos de estrella no sería
difícil; bastaría con presionar al Instituto de Investigación Aeroespacial
durante unos días.
En
fin, Ki Tae-jeong deseaba con ansias que Lee Se-hwa pusiera a prueba su amor de
esa manera, así que esperó con gusto sus siguientes palabras.
Sin
embargo….
‘¿Ah,
sí? ¿Qué es?’
‘Un
segundo... quiero tener un segundo hijo’.
¿Qué
acaba de decir...? Ki Tae-jeong se detuvo en seco mientras le acariciaba el
cabello. ¿Qué es lo que quiere? ¿Un segundo hijo? No puede ser. Debo haber
escuchado mal.
‘...¿Qué
dijiste que quieres?’
‘Un
hermanito para Hae-rim’.
‘…….’
‘He
estado pensando desde hace tiempo que sería bueno tener un hijo más... Hae-rim
ya creció un poco, así que creo que es el momento justo. ¿Qué piensa usted,
General?’
Mientras
decía eso, Se-hwa sonreía radiantemente. Ki Tae-jeong, que al principio se
quedó desconcertado pensando en qué era lo que había oído, pronto recuperó la
calma. Seguramente Se-hwa encontró hoy algún test psicológico divertido. Sí, no
hay duda; que diga que quiere un hijo con tanta naturalidad solo puede
significar eso.
Cerca
de la época en la que Hae-rim, que gateaba sobre su panza, empezó a ponerse de
pie, Se-hwa comenzó a estudiar con mucho esfuerzo diciendo que quería ser un
papá del que su hija no se avergonzara. Como tenía complejo por no saber bien
la ortografía, practicaba la escritura cada día en su diario y no descuidaba la
lectura.
Que
se interese en diversos campos es bueno, el problema era que, de vez en cuando,
traía tests psicológicos que no tenían ningún fundamento. Los días que leía
esos libros, Se-hwa rondaba a su lado un buen rato hasta que, de la nada, le
lanzaba alguna pregunta.
‘General,
¿y si...?’
‘Dime’.
‘Imagínese
que tiene que cruzar el desierto y tiene que llevarse sí o sí a un mono, una
serpiente y un pájaro. ¿Cómo se llevaría a esos tres animales?’
‘A
mí me resultaría más cómodo un caza, y los animales... no lo sé. Supongo que
podría solicitar un avión de transporte de animales. ¿De qué especie son? ¿De
qué tamaño?’
‘¿Eh?
No... no es así, no me refiero a armar un plan de operaciones de verdad, solo
hay que imaginarlo’.
‘Eso
que te dije es mi imaginación’.
‘No
me refiero a eso. Ignore todas las condiciones reales y dígame el método que se
le ocurra al instante. No lo piense demasiado’.
‘Bueno.
Como en el desierto hará calor, llevaría a la serpiente rodeando mi cuello solo
hasta que mi temperatura corporal baje y luego la soltaría. Y el mono y el
pájaro... ¿no pueden caminar ellos solos desde el principio? No creo que tenga
que llevarlos yo’.
Aunque
era una pregunta sin pies ni cabeza, respondió con sinceridad a su manera.
Pensaba que era la respuesta más racional ante una suposición tan absurda. Si
uno tiene que cruzar el desierto a pie, no puede cargar con animales
estorbosos. Sin embargo, antes de que Ki Tae-jeong terminara de hablar, Se-hwa
ya estaba haciendo un puchero.
‘¿Por
qué esa cara?’
‘Es
que esto es, en realidad, un test psicológico muy famoso. La serpiente
representa la riqueza y el alarde, el mono representa a la pareja y el pájaro
representa a los hijos’.
‘¿Qué
significa eso?’
‘Significa
que el General es una persona para la que presumir su dinero es lo más
importante’.
‘¿De
qué hablas? Te dije que al final soltaría a la serpiente’.
‘Aun
así’.
Se-hwa
soltó un gran suspiro diciendo que el General podía practicar el desapego
material como quisiera, mientras que él y Hae-rim cruzarían el desierto por su
cuenta. A él solo le dio por reírse ante lo absurdo de la situación, pero desde
entonces, Se-hwa siguió insistiendo con tests psicológicos que no tenían ni
pies ni cabeza.
Realmente
ese tipo de cosas no eran para nada del gusto de Ki Tae-jeong, pero aun así,
por ver la cara de Lee Se-hwa, solía responder con esmero. Y es que le gustaba
ver a Se-hwa con los ojos brillantes esperando su respuesta.
‘General,
¿qué haría si un día se despierta y yo me he convertido en una cucaracha?’
‘¿Por
qué precisamente en una cucaracha?’
‘Rápido.
¿Qué haría si una cucaracha está acostada usando su brazo como almohada?’
‘Primero,
tendría que pedirle responsabilidades al administrador de la residencia, ¿no?
Por negligencia en su trabajo’.
Al
escuchar su respuesta con cero imaginación, Se-hwa negaba con la cabeza, pero
aun así parecía disfrutar del intercambio de suposiciones sin sentido, pues sus
mejillas no paraban de moverse. A veces, él mismo terminaba mordiéndole las
mejillas de lo tierno que le resultaba.
‘He
estado viendo libros, videos y varias cosas... y creo que si tenemos un segundo
hijo ahora, la diferencia de edad con Hae-rim sería perfecta’.
‘¿De
qué hablas de repente? ¿Un segundo hijo?’
Esta
vez también pensó que era parte de uno de esos tests. Pero, para su sorpresa,
parecía que Se-hwa deseaba de verdad un hermanito para Hae-rim.
‘Ya
vio los resultados de mis chequeos cada vez, he recuperado mucho la salud.
Mire, hasta he subido de peso….’
Ahora,
él incluso empezó a enumerar con los dedos las razones por las que consideraba
que podía tener un segundo hijo. Se estiraba las mejillas para mostrar que
había subido de peso y se golpeaba suavemente los bíceps para que comprobara lo
firmes que estaban.
‘…….’
‘Y
la medicación psiquiátrica... ahora solo tomo una pastilla antes de dormir. Es
la dosis más baja y dicen que es un medicamento muy suave. Puede que la próxima
vez ya ni siquiera necesite receta’.
Ki
Tae-jeong se quedó sin palabras, conteniendo el aliento, y por primera vez en
mucho tiempo puso el rostro rígido.
‘No’.
‘¿Eh?
¿Por qué?’.
‘¿Cómo
que por qué? ¿Me lo preguntas porque no lo sabes?’.
La
mirada de Ki Tae-jeong recorrió cada rincón del cuerpo delgado de Se-hwa. No se
trataba de si había subido de peso o no. El problema era el cuerpo de Lee
Se-hwa en sí, que se había vuelto infinitamente frágil.
Y
él mismo era la persona que más había contribuido a que su cuerpo se rompiera
como un cristal agrietado. ¿Y aun así quería otro hijo? Si él aceptara
encantado, ¿no sería eso un problema mayor?
Ante
la presión silenciosa que emanaba de su mirada, Se-hwa desvió la vista
disimuladamente y se mordió el labio inferior. Se quedó así un momento, pero
como si no pudiera rendirse, levantó la cabeza poco a poco y se pegó al cuerpo
de Ki Tae-jeong mientras insistía.
‘General’.
‘Basta.
En este asunto no voy a cambiar de opinión’.
‘Pero…’.
‘Pídeme
algo que pueda cumplir’.
‘Usted
tampoco le disgustan los bebés, ¿verdad?’.
‘Me
disgustan. Hae-rim es la excepción porque es mi hijo. Precisamente porque es un
hijo tuyo y mío’.
‘Por
eso mismo. Si es así, tal vez un segundo…’.
‘Cariño.
¿Por qué quieres provocar algo tan incierto que incluso tienes que usar la
suposición de un "tal vez"?’.
‘…….’
‘No.
Primero aclaremos esto. ¿Por qué te dieron ganas de tener otro hijo? Tiene que
haber un motivo concreto por el que tomaste esa decisión’.
‘…….’
‘¿Porque
crees que Hae-rim se sentirá solo? ¿Porque ves que todos a tu alrededor tienen
un segundo hijo? ¿Porque como tenemos personal de ayuda crees que no será
difícil criar a uno más?’.
Le
preguntó el motivo porque tenía la confianza de refutar lógicamente cualquier
cosa que Se-hwa dijera. El asunto de un hijo no era un test psicológico barato
de esos que buscan formas de cruzar el desierto con un mono, una serpiente y un
pájaro. Sin embargo, cuando le preguntó la razón, Se-hwa se hizo ilusiones y
sus grandes ojos brillaron.
‘No
es nada de eso, en absoluto. Independientemente de lo que piensen Hae-rim o los
demás, simplemente yo… yo quiero tener un segundo hijo. Y no lo digo por
impulso. Creo que lo mencioné un par de veces antes…. Siempre he deseado que
tuviéramos un segundo o incluso un tercero’.
‘…….’
‘La
Capitana Na también lo dijo. General, ahora estoy realmente sano. Dice que no
hay ningún problema’.
Se-hwa
tomó la mano de Ki Tae-jeong y la puso sobre su pecho. Con la punta de los
dedos de Ki Tae-jeong sobre el lugar donde fluía un latido tranquilo y
pacífico, la prueba de que estaba vivo, Se-hwa lo miró a los ojos y habló
despacio.
‘General,
¿sabe que Hae-rim es mucho más grande que los niños de su edad? Es alto, tiene
las piernas larguísimas…. Y no es solo el ritmo de crecimiento; ¿su capacidad
física? Dicen que está al nivel de un niño de primaria. La incubadora en la que
estuvo Hae-rim... dicen que hasta el día de hoy todos se pelean por conseguir
una porque no hay suficientes, ¿sabe? Y eso que Hae-rim ni siquiera necesitó
usar ninguna de sus funciones…’.
‘…….’
‘Ah,
no es esto lo que quería decir… en fin, que me he vuelto muy fuerte, y por eso
puedo cargar en brazos a Hae-rim, que es tan grande y pesado. No me canso nada
aunque lo sostenga mucho tiempo’.
‘…….’
‘Es
verdad, también estoy haciendo ejercicio con muchas ganas. El mes pasado me
hice un chequeo físico… ¿quiere ver mi puntaje?’.
‘Se-hwa’.
Al
interrumpirlo llamándolo por su nombre en voz baja, las cejas de Se-hwa se
curvaron con tristeza. Parecía desanimado ante una negativa que no dejaba ni el
más mínimo margen. A Ki Tae-jeong tampoco le hacía sentir bien, pero lo que no
se podía, no se podía.
‘Mejor
cría un perro o un gato’.
‘General…’.
‘¿O
quieres que te traiga otra cosa? Cambiaré las leyes si es necesario para
traértelo, solo dime qué: un delfín, un elefante…’.
‘¡General!’.
‘¿O
qué tal flores o árboles? No se mueven como los animales, pero dicen que las
plantas también tienen su encanto al verlas crecer’.
‘Usted
sabe que no lo dije con esa intención, no es que quiera criar algo… es solo que
me gustaría que tuviéramos un segundo hijo…’.
‘Lee
Se-hwa’.
‘Si
no hay otra razón más que mi salud, ¿no podría pensarlo una vez más? No espero
que lo decida ahora mismo—’.
‘¿Otra
razón? ¿Qué otra razón necesito yo que no seas tú?’.
‘…….’
‘Lee
Se-hwa, solo de imaginarte acostado en una mesa de operaciones se me seca la
sangre. ¿Y me preguntas si no está bien aparte de mi debilidad física? ¿Que lo
piense si no hay otro motivo? Tú… ¿tanto quieres ver cómo se le va la cabeza a
tu esposo?’.
Finalmente,
se le escapó un reproche afilado.
Como
le ha dicho varias veces, no se trata de discutir su resistencia física básica.
Se-hwa tenía una constitución muy peculiar de nacimiento. No hace ni unos pocos
años que empezó a ser como cualquier persona normal.
Hasta
hace apenas unos años, Se-hwa, valiéndose de un cuerpo que no se intoxicaba,
ingería sustancias dañinas con frecuencia. Luego, de repente, tuvo una hija que
no estaba en sus planes y, poco después, fue sometido a una cirugía abierta con
el cuerpo y el alma gravemente heridos.
Y
en ese proceso, incluso se le administró una gran cantidad de A7. En aquel
entonces el Teniente Primero Na, no, la Capitana Na, suspiró diciendo que,
exagerando un poco, la mitad de la sangre de Lee Se-hwa habría sido reemplazada
por A7.
Todo
fue culpa de Ki Tae-jeong. Que el cuerpo de una persona ya de por sí débil se
rompiera hasta el punto de no tener más remedio que verter un fármaco tan
peligroso como el A7.
Recuerda
al Lee Se-hwa de aquel entonces, que parecía que se desmoronaría con solo
rozarlo. Recuerda vívidamente al Lee Se-hwa que se consumía pálido y sin rastro
de vitalidad, al que cojeaba todo el tiempo sufriendo dolores fantasma, al que
no podía ni mirarlo a los ojos y tartamudeaba, al que prefería borrar sus
recuerdos de vez en cuando porque el dolor era insoportable, al que no se
atrevía ni a emitir un sonido mientras las lágrimas gruesas caían una tras
otra.
Por
lo tanto, él tiene la obligación de que, mientras Lee Se-hwa viva, no
experimente ningún tipo de dolor.
Sí,
es una obligación. Vivimos en un mundo donde los autos vuelan y basta con sacar
al bebé del vientre temprano y meterlo en una incubadora. Si le brinda cuidados
minuciosos volcando todo tipo de artes médicas que solo se usan en el ejército,
su joven y frágil esposo podrá vivir sin conocer ni un poco de los dolores del
pasado hasta el día en que cierre los ojos. Para eso sigue atado a este maldito
sector militar.
Cuando
se hartaba de las vigilancias desgastantes y de las aburridas luchas entre
facciones, pensaba en Lee Se-hwa, que cada día se parecía más a una flor en
pleno apogeo. Entonces, incluso las discusiones estériles de despacho se
volvían tolerables. En la vida de Ki Tae-jeong, donde no había nada más que el
deseo de sobrevivir, finalmente aparecieron el significado y la felicidad.
‘Si
te hacemos una cirugía para sacar al bebé y la sangre no para de nuevo…’.
‘……’.
‘En
ese momento, puede que ni el A7 ni ningún otro medicamento surta efecto, ¿qué
planeas hacer entonces?’.
‘……’.
‘Yo,
Hae-rim, el General Oh Seon-ran… ¿cómo se supone que vivamos nosotros?’.
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Pero
mi lenguaje, ¿por qué no es tan tierno y hermoso como el tuyo? No sé cómo
envolver con palabras bonitas y delicadas, como haces tú, el hecho de que no
puedo estar sin ti o que no quiero que vuelvas a sufrir ni un poco más de
dolor.
Ki
Tae-jeong se esforzó a su manera por reprimir su temperamento de mierda, pero
no pudo ocultar la voz que le salía como un hervor ni la vena que se le marcaba
en la sien por la agitación. Todo esto a pesar de ser consciente de que, al
verlo, Se-hwa encogía los hombros cada vez más.
‘…
Ya veo’.
‘……’.
‘No
había pensado hasta ese punto’.
Solo
después de que Se-hwa lograra articular palabra con dificultad, Ki Tae-jeong
cerró la boca. Al verlo tan desanimado, sintió una punzada de arrepentimiento,
pero aun así, lo que no podía ser, no podía ser. Incluso si la cirugía fuera un
éxito, Lee Se-hwa tardaría mucho tiempo en recuperarse por completo, y si
fracasaba….
Si
algo llegara a pasar, por supuesto que priorizaría a Lee Se-hwa y lo salvaría a
toda costa, pero él era el tipo de persona que sufriría de por vida si algo le
pasaba al bebé. Si se empeñaba en tener un hijo y solo él sobrevivía, era
evidente que pasaría mucho tiempo sumido en la culpa, sin siquiera atreverse a
quejarse. ¿Por qué demonios iba a empezar algo que solo traía pérdidas?
‘Es
solo que… como los resultados de los exámenes siempre salen bien, pensé que
todo estaría bien… Si de verdad mi constitución se volvió como la de una
persona normal, pensé que tener un hijo más no sería un problema. Solo pensé en
eso’.
Por
suerte, Se-hwa no estalló en lágrimas de amargura como en aquellos tiempos en
los que estaba herido. Simplemente se quedó lacio y suave, como una hoja
delicada empapada por la lluvia. Era una expresión tan lastimera que, como era
de esperar, Ki Tae-jeong no pudo evitar que se le partiera el corazón.
‘Siento
haber insistido de forma tan inmadura. Por favor, simplemente olvídelo’.
Sus
miradas se cruzaron de forma incómoda y en sus respiraciones, algo agitadas, se
sentía una emoción pesada y húmeda.
Incluso
cuando discutieron para decidir el lugar de la luna de miel no se habían
sentido tan distantes…. Bueno, comparado con lo de hoy, aquello ni siquiera
podría llamarse pelea. Había terminado de forma insípida, con Se-hwa quejándose
entre sollozos mientras él, para molestarlo, seguía insistiendo en hacer un
crucero.
‘Voy
a lavarme… no, ya me lavé antes…. Iré a comer algo ligero. Me ha dado un poco
de hambre’.
‘…
Está bien’.
‘Puede
irse a dormir si quiere’.
Sabía
que era una excusa cualquiera que Se-hwa soltaba para huir del lugar. Aun así,
terminó respondiendo con indiferencia, diciéndole que hiciera lo que quisiera.
Normalmente,
le habría dicho de comer juntos. Aunque él no tuviera hambre, le habría
preparado algo a Se-hwa y se habría sentado frente a él, disfrutando a solas al
ver sus mejillas regordetas moverse mientras masticaba.
Sin
embargo, esa noche se acostó primero. Aunque pudo leer una leve herida en los
pasos vacilantes de Se-hwa al volver al dormitorio, Ki Tae-jeong no abrió los
ojos hasta el final.
Si
tan solo Se-hwa hubiera pedido algo que se pudiera comprar con dinero. Si le
hubiera pedido que alejara a las serpientes y que, abrazando solo al mono y al
pájaro, cruzara el desierto a mediodía descalzo, lo habría hecho con gusto
aunque muriera quemado por el calor….
Aunque
tenía los ojos cerrados, el sueño no llegaba. Aun sabiendo que a Lee Se-hwa,
acostado a su lado, le pasaba lo mismo, era una noche en la que todos cerraban
los ojos para escapar de la incomodidad del momento.
Y
un par de días después, Ki Tae-jeong echó un vistazo al diario de Se-hwa a
escondidas. Desde hacía unos años, Se-hwa había empezado a escribir lo que
llamaba un diario de gratitud y, de forma muy cautelosa, siempre dejaba algo
encima de la tapa del cuaderno. A veces eran unos pétalos de flores, otras
veces el papel de regalo de algún obsequio o una cinta. Si la posición del
objeto cambiaba, significaba que alguien había tocado el diario; parece que se
las ingenió con ese propósito de vigilancia.
Fuera
lo que fuera, todos los objetos que Se-hwa elegía eran cosas que él mismo le
había comprado, por lo que Ki Tae-jeong sentía una extraña euforia cada vez que
abría el cajón donde escondía el diario.
A
pesar de todos esos esfuerzos, por desgracia para Lee Se-hwa, su esposo era un
pervertido obsesivo —tal como él mismo se quejaba a veces en el diario— y
además era un soldado excepcionalmente capaz entre los de su generación. Como
recordar la posición de esos trastos esparcidos como comida para pájaros no era
difícil, Ki Tae-jeong a veces, o mejor dicho, a menudo, miraba el diario de
Se-hwa sin remordimientos.
Al
principio, le parecía tierno ver cómo sus frases simples se volvían más
variadas. Al ver las líneas tachadas con esfuerzo sobre las letras,
probablemente por vergüenza de haber cometido errores ortográficos, a Ki
Tae-jeong le venía a la mente el azúcar glas que Se-hwa espolvoreaba sobre las
galletas.
Una
vez le preguntó por qué se molestaba en espolvorear azúcar glas por todos lados
si no sabía a nada, a lo que Se-hwa respondió con una pequeña sonrisa: ‘Pero
queda bonito, ¿no?’.
Ki
Tae-jeong se sentía exactamente así. Sin ninguna razón, incluso las líneas de
tachadura que parecían adornos le resultaban bonitas. Eran simples líneas
trazadas, trozos de papel cuyo sabor no se podía conocer solo con la vista,
pero por el simple hecho de que Lee Se-hwa las hubiera tocado, le resultaban
tan dulces como el azúcar.
Cuando
descubría que Se-hwa seguía escribiendo mal palabras que usaba a menudo porque
estaba convencido de que eran así y no se molestaba en buscarlas, sentía deseos
de besarlo de inmediato y de poseerlo con fuerza. De por sí, su sadismo, que no
ocultaba especialmente, solía hervir de forma sombría cada vez que Se-hwa se
portaba de forma linda, pero no sabía que llegaría a excitarse solo con ver las
letras que él garabateaba.
Sin
embargo, esta vez no había ido al estudio para satisfacer algún tipo de zona
erógena mental a espaldas de Se-hwa, sino con la intención de averiguar cuáles
eran sus verdaderos sentimientos.
Como
siempre, al abrir el último cajón, el diario con unos cuatro o cinco pétalos de
flores ligeramente descoloridos encima recibió a Ki Tae-jeong. ¿Ya era hora de
comprarle flores nuevas? Parece que duraron menos de lo habitual…. Ki Tae-jeong
abrió el cuaderno mientras contaba los días desde la última vez que le había
regalado un ramo.
Desde
aquella vez que le entregó un enorme ramo de rosas con la excusa de haber
encontrado una flor que se le parecía, se le quedó el hábito de comprarle algo
nuevo antes de que las flores de casa se marchitaran por completo. Al principio
se empeñaba solo en rosas rosas, pero desde hacía un tiempo empezó a regalarle
otras flores según la estación.
Sin
darse cuenta, en el jarrón de la mesa del comedor empezaron a aparecer flores
que Se-hwa colocaba de forma descuidada siguiendo las instrucciones de Hae-rim,
y en algún momento, la imagen de contar el tiempo mirando los pétalos coloridos
y delicados se volvió algo natural.
‘General,
mi nombre... me lo puso un apostador de Hwatu. Ah, ¿ya le había contado esto?’.
¿Fue
el segundo día que le regaló un ramo? Se-hwa se tambaleó un momento por el peso
de las enormes flores y luego, asomando la cabeza, soltó una risita. Era esa
sonrisa de algodón de azúcar derretido que Ki Tae-jeong tanto amaba.
‘Dijo
que como me habían apostado como parte del botín cuando era un bebé, debía
convertirme en una flor jodidamente fuerte, y por eso me puso Se-hwa de forma
descuidada. El apellido me lo pusieron según mi origen. Como nací en el
Distrito 2... no, ¿no nací allí? En fin, como me vendieron en el Distrito 2, me
llamaron Lee Se-hwa, así’.
Al
decir eso, Se-hwa volvió a relatar su pasado, algo que ya había mencionado un
par de veces.
‘Además,
como yo era un "Marzo", hubo mucha gente que me molestó y me hizo
daño usando las flores. Por eso yo también odiaba las flores sin motivo. Pero
ahora…’.
Su
voz se fue apagando hacia el final y la última frase no llegó a oírse, pero se
entendía perfectamente lo que quería decir. Que ahora ya no, que ahora le
gustaban las flores. Aquel fue un día en el que Ki Tae-jeong no pudo apartar la
mirada durante un buen rato de los pétalos de colores que temblaban siguiendo
el movimiento de los labios de Se-hwa, fascinado por ese movimiento etéreo.
Mierda,
¿era posible ponerse tan sentimental pensando en Lee Se-hwa por unos simples
pétalos? Ki Tae-jeong, pensando que lo suyo era un caso grave, abrió el diario
secreto de Se-hwa. Y… se quedó allí parado, como clavado al suelo, durante
mucho tiempo.
Ante
el humilde deseo de Se-hwa de que aumentara el número de personas a las que
aprecia y ama, y ante su afecto inocente diciendo que se armaría de valor
porque tenía al General a su lado, lo invadió una emoción indescriptible.
Cómo
puedes ser tan bueno,
Cómo
puedes ser tan adorable,
Y
cómo puedes… amarme tanto.
Desde
entonces, Ki Tae-jeong se encontraba en una inusual encrucijada. No quería
permitir ninguna variable cuando se trataba de la vida de Lee Se-hwa, por lo
que lo correcto era ni siquiera considerar lo de un segundo hijo. Pero la
ilusión y la emoción de Se-hwa, que se sentían incluso en su caligrafía clara,
y ese deseo cosquilleante de formar una familia junto a él, no dejaban de
sacudir el interior de Ki Tae-jeong.
‘General,
me dijeron que me buscaba’.
‘Ah,
sí. Es que… Se-hwa’.
‘Sí’.
La
Capitana Na, muy tensa, revisó su tableta y abrió la ficha del esposo del
General. No era para menos, ya que era la primera vez que veía a su superior
hablar con tanta vacilación y con un rostro tan atribulado.
‘No
es nada del otro mundo, es solo que últimamente Se-hwa… dice que quiere tener
un hijo, o sea, un segundo’.
‘¡Ah!
¿Él mismo? ¿Es en serio?’.
‘Sí.
Yo le corté en seco diciéndole que no dijera tonterías y que pensara en su
salud. Si más tarde Se-hwa te agarra para decirte bobadas, convéncelo con
buenas palabras’.
‘Ah…
¿tengo que convencerlo de que no lo haga?’.
‘¿Que
si tienes que convencerlo? ¿Te han pegado un tiro en la cabeza? Piensa en el
cuerpo de Lee Se-hwa’.
‘Pero
si él está, bueno, lo siento…. En fin, está en una condición física mucho mejor
que cuando tuvo al joven Hae-rim’.
‘Mierda,
te lo digo porque me parece que estar mucho mejor no es suficiente. Supongamos
que tiene un hijo, ¿cómo haremos con la cirugía? ¿Vamos a usar el A7 otra
vez?’.
‘Ah,
sí. Por supuesto que digo esto teniendo en cuenta esa parte. Como no hay otros
casos, hemos observado el estado de su esposo con mucho esmero, de diversas
formas y en diversas situaciones…’.
Su
mente, que había vacilado por un momento, volvió al punto de partida. Las
palabras de la Capitana Na sobre que "no había otros casos" se
sentían como un fuerte golpe en la nuca. Se sintió como un imbécil por haber
dudado, aunque fuera por un instante.
‘No
hay nada más que escuchar, así que no le des falsas esperanzas a Se-hwa bajo
ninguna circunstancia. ¿Entendido?’.
‘Sí,
entiendo’.
Ki
Tae-jeong negó con la cabeza con firmeza y se levantó de su asiento. Era algo
que no podía suceder bajo ningún concepto. Lee Se-hwa era la única persona en
el mundo que había pasado de tener un metabolismo raro que filtraba sustancias
desintoxicantes a ser una persona normal tras recibir grandes dosis de A7;
¿cómo podía confiar en el optimismo de que una cirugía abierta no tendría
complicaciones? Además, no es que tuvieran datos acumulados de décadas. Apenas
habían pasado unos años desde que empezaron el seguimiento….
‘Capitana
Na’.
‘¡Ah!
Ge... ¡cof! Lo siento, General. No sabía que vendría tan de repente…. ¿Ya
almorzó?’.
‘¿Cuánto
tiempo antes hay que dejar de fumar o beber?’.
‘…
¿Perdón?’.
‘Cuando
se planea tener un hijo’.
‘Lo...
siento. No estoy seguro de entender a qué se refiere…’.
‘Me
pareció haber escuchado algo de que es mejor abstenerse del alcohol y el tabaco
al menos unos meses antes de concebir’.
‘Ah...
sí, lo ideal es no hacerlo, pero eso es algo más tradicional, no tiene por qué
preocuparse demasiado. De todos modos, la incubadora tiene su propio sistema
inmunológico y, además-’.
‘En
fin, que es mejor dejarlo, ¿no?’.
‘Bueno,
pues sí, pero…’.
Pero.
‘Capitana
Na’.
‘¿General?
¿Qué lo trae por aquí…?’.
‘Creo
que tendré que ajustar la frecuencia de mis inyecciones’.
‘¿Se
refiere a las inyecciones anticonceptivas?’.
‘Sí.
Mi cuerpo tampoco parece del todo normal, así que no creo que deba confiarme
solo con eso. Me sentiría más tranquilo si fuera dos veces al día’.
‘Mmm...
pero hasta ahora no ha habido ningún problema y usted también toma la
medicación aparte, ¿no? Además, ponerse la inyección con más frecuencia no
significa que el efecto vaya a mejorar. Ya lo sabe’.
‘¿Y
si llegara a pasar algo?’.
‘Le
aseguro que eso no ocurrirá, pero si tanto le inquieta, también podría su
esposo…’.
‘¿Estás
bromeando? ¿Me estás diciendo que haga que Lee Se-hwa se ponga inyecciones o
tome pastillas anticonceptivas ahora mismo?’.
‘…
Lo siento’.
‘Sácame
sangre o arráncame la piel, haz lo que sea, pero investiga otro método’.
‘Si
dice otro método, ¿a qué se refiere... busca una nueva forma de
anticoncepción?’.
‘¡Maldita
sea! ¿Acaso crees que te estoy preguntando cómo dejar embarazado a Lee
Se-hwa?’.
‘…
No, lo siento’.
Incluso
después de eso, Ki Tae-jeong continuó.
‘Sería
mejor hacerme la vasectomía’.
‘¿Eh?
¿A quién?’.
‘A
mí’.
‘¿A
us... Ah... Ahhh, ya veo…’.
‘He
estado investigando y creo que si sigo con las inyecciones como siempre y
además me hago la vasectomía, estaría bien, ¿no crees?’.
‘Teniendo
en cuenta su capacidad de regeneración, bueno... a veces los conductos vuelven
a unirse incluso después de la cirugía. Y por encima de todo, para la vasectomía
se necesita el consentimiento del cónyuge’.
‘Soy
oficial. ¿Incluso un General necesita ese consentimiento?’.
‘¿Perdón?
¿Acaso piensa operarse sin el consentimiento de su esposo?’.
‘¿Y
quieres que se lo pregunte a Se-hwa antes de hacerlo?’.
‘Mmm,
bueno, el formulario de consentimiento en sí se podría omitir de alguna manera,
pero creo que él se sentiría muy herido si llegara a enterarse después. Por muy
sencillo que sea, es una cirugía, y si su pareja la lleva a cabo sin
consultarlo…’.
‘¿Cómo
se enteraría Se-hwa? Él es tan bueno que incluso si le pongo el teléfono o el
reloj delante para que revise mis registros, solo dice que está bien’.
‘Bueno,
puede que su esposo no se entere, pero ¿no cree que llegaría a oídos del
General Oh Seon-ran? No, estoy segura de que se enteraría. Los registros
médicos especiales de los oficiales se guardan permanentemente en el servidor
militar’.
‘Maldita
sea…’.
‘Pero...
de todas formas, echaré un vistazo’.
De
forma inusual en él, no lograba decidirse.
‘Capitana
Na’.
‘Dígame,
General’.
‘¿Cuál
es la probabilidad?’.
‘Sí,
justo el laboratorio estaba con el tema de las armas bioquímicas-’.
‘No,
eso no. ¿Cuál es la probabilidad de que el cuerpo de Lee Se-hwa no sufra daños
al tener un segundo hijo?’.
‘…
¿Eh?’.
‘Dijiste
que tenías los datos’.
‘Ah...
b-bueno, sí. Los tengo, pero no puedo garantizar que no sufra ningún daño…’.
‘¿Qué?
¿No dijiste que Se-hwa estaría bien?’.
‘Así
es, pero-’.
‘Dijiste
que la condición física de Se-hwa es mucho mejor que antes. ¿No dijiste que
podría someterse a una cirugía perfectamente sin necesidad de usar el A7?’.
‘Sí,
eso es cierto. Pero General, ninguna cirugía puede garantizar el 100%.... Si me
pregunta por la probabilidad de que su cuerpo no sufra ni el más mínimo daño,
como médico militar no puedo darle una respuesta. Lo siento…’.
‘…
Mierda. Sí, por eso yo hasta ahora…’.
Agarraba
a la pobre Capitana Na y cambiaba de opinión decenas de veces al día. Los días
que espiaba el diario de Se-hwa, la intensidad de su mal genio se volvía aún más
fuerte.
Era
la primera vez que se portaba como un idiota. Pero como era algo relacionado
con Lee Se-hwa, y además era algo en lo que él no hacía nada y solo suponía una
carga para el cuerpo de Se-hwa, no podía tomar una decisión fácilmente.
Le
habían dicho que este método anticonceptivo era el más seguro y eficaz, ya que
era mejor que él se pusiera las inyecciones y tomara la medicación en lugar de
que lo hiciera Se-hwa; pero empezó a preguntarse si no había sido demasiado
negligente al confiar solo en los fármacos y el preservativo, por lo que
incluso sentía dudas ante el sexo habitual.
Lo
absurdo era que, en medio de todo eso, de vez en cuando se le escapaba una
sonrisa. Lee Se-hwa, aquel que antes prefería morir a estar a su lado, ahora
deseaba poder formar una nueva familia junto a él. Aunque a veces se sumía en
el silencio cohibido por su presencia, se armaba de valor para acercarse.
Definitivamente,
Lee Se-hwa se parecía a una flor. Infinitamente débil y suave, pero capaz de
vencer a las estaciones y volver a florecer sin cansarse. Era obvio que Ki
Tae-jeong no podía evitar amarlo en cualquiera de sus formas.
En
fin, como llevaba varias semanas limitándose solo a los besos, Se-hwa parecía
notablemente extrañado y para él mismo también empezaba a ser difícil de
soportar. Pero sentía que si intimaban, el tema del segundo hijo volvería a
salir…. ¿Qué debería hacer entonces? ¿Qué debería hacer de ahora en adelante?
No
había podido llegar a una conclusión desde el momento en que leyó el diario de
Se-hwa. Sentía que ya no podía mantener una negativa tan tajante como al
principio, pero tampoco podía aceptar sin más.
Otro
mundo que Lee Se-hwa y él crearían juntos.
Familia.
Solo
imaginarlo causaba una gran conmoción en Ki Tae-jeong, pero la idea de que no
podía dañar el cuerpo de Se-hwa seguía siendo firme. Aquello a lo que no podía
renunciar y el hermoso ideal que quería alcanzar al menos una vez chocaban con
fuerza en su mente cada minuto y cada segundo. Como elegir uno significaba
perder el otro para siempre, el sentimiento era aún más desesperante.
Además,
había algo más que le preocupaba.
‘¡Papá!’.
El
niño, que corrió a los brazos de Ki Tae-jeong al verlo volver del trabajo, besó
sin parar el rostro de su querido padre y luego hizo un saludo militar
impecable. Al ver que ya tenía esa postura por ir a la academia, le pareció
absurdo y tierno a la vez….
Aunque
no quería admitirlo, Hae-rim parecía un niño nacido para ser soldado. No solo
por su ritmo de desarrollo, sino también por su destreza física, su
concentración y demás; todo en él era extraordinario. Si solo se miraba su
carita blanca, era un bebé sin lugar a dudas, pero al verlo de pie, era tan
grande y larguirucho que parecía tres o cuatro años mayor. Aunque fuera un
adolescente, la velocidad de crecimiento de Hae-rim era ciertamente inusual
para su edad.
Su
inteligencia también era tan destacada como su excelente capacidad física.
Aunque dicen que su pronunciación aún es un poco torpe, el vocabulario que ha
adquirido y las frases que construye son tales que resulta difícil creer que
tenga esa edad.
Bueno,
sin importar lo que dijeran los indicadores, para Ki Tae-jeong e Lee Se-hwa,
Hae-rim seguía siendo un retoño infinitamente pequeño y delicado.
‘Papáaa….
Te extrañée.’
‘¿Ah,
sí? Lo siento. Papá llegó un poco tarde hoy.’
‘Uuung.
No pasa nada.’
‘¿Por
qué no estabas durmiendo? Pareces muy cansado.’
‘¿Ung?
¿De qué hablas?’
‘Hablo
de ti, Hae-rim. Pareces tener mucho sueño. ¿Por qué no te has ido al mundo de
los sueños todavía?’
‘Uuung,
tengo sueño. Pero es que... quería darle un beso a General y por eso esperéee.’
Los
regordetes dedos de Hae-rim apretaron la mejilla de Ki Tae-jeong. Se sorprendió
un poco porque lo sujetó con fuerza, casi pellizcándole la piel, pero en el
momento en que los labios blanditos del niño presionaron su mejilla, no sintió
dolor alguno.
‘Papá
también, papá también. Hazlo para Hae-rim. El beso, aquí.’
¿Acaso
se habría dado cuenta de la atmósfera incómoda que había entre él y Se-hwa
últimamente? Hae-rim se había vuelto mucho más cariñoso. Aunque, por supuesto,
siempre había sido un niño adorable y dulce.
‘¿Aquí?’
‘¡Ung.
Aquí también!’
Ki
Tae-jeong sostuvo al niño, que ya había crecido bastante, con un solo brazo y
le dio el saludo más afectuoso que fue capaz de expresar. Mientras le daba
pequeños besos repetidos en la frente y las mejillas, el pequeño se reía a
carcajadas, casi quedándose sin aliento de la alegría.
‘¿Qué
hiciste hoy?’
‘Hoy,
b-bloqui... bloques, ya sabe. Con eso, Hae-rim hizo un castillo.’
‘¿Hiciste
un castillo? ¿En la academia?’
‘Síii,
pero, eeem... no se puede derrumbar.’
‘Ya
veo.’
‘Hacía...
así, piung piung, y venía algo, podía venir, eh, pero, aun así, es un
castillo... que nunca, nunca se debe derrumbar... mmm, el nombre es, la casa de
Api.’
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‘¿Le
pusiste de nombre al castillo la casa de Api?’
‘¡Síii,
porque, eem, es igualito a Api!’
‘¿Igualito
a Api?’
‘Ung.
Aquí, aquí.’
‘Ah,
¿el color de los bloques era igual al de Api?’
‘¡Síii!’
Api
era el protagonista de una serie de animación por la que Hae-rim sentía una
fascinación constante; su especie era un Apatosaurus. Para Ki Tae-jeong, a
pesar de ser un dinosaurio, era un tipo detestable que vivía con lujos tras
descubrir una isla del tesoro explotando a sus tontos amigos, pero Hae-rim,
incluso antes de empezar a hablar, se despertaba de un salto si escuchaba
mencionar a Api.
‘Mmm...
un castillo que nunca se debe derrumbar. Debe de haber sido difícil.’
‘Uuung...,
¿no? ¡Para Hae-rim fue muy divertido!’
¿Acaso
hizo un diseño creativo de defensa antiaérea con bloques? Mientras escuchaba la
historia del niño, que incluso tartamudeaba de lo emocionado que estaba, Ki
Tae-jeong reafirmó su decisión de que un segundo hijo no era una opción. Era
evidente que, si Se-hwa quedaba embarazado, lo cuidaría con toda su alma. Podía
garantizar que sus pies no tocarían el suelo hasta el día en que estuviera
completamente recuperado. Como él no podía acostarse en la mesa de operaciones
en lugar de Se-hwa, lo protegería volcando todo lo que poseía, como si fuera un
bombardeo de cuidados.
Y,
por supuesto, en cada uno de esos momentos, no podría evitar pensar en este
niño. Porque cuando Hae-rim era apenas un brote, él no pudo hacer nada por él.
Es más, lejos de hacer algo, ¿no había destrozado el corazón de Se-hwa diciendo
que arrojaría al recién nacido fuera del castillo para que viviera como él?
Hasta
ahora, Ki Tae-jeong se había esforzado por reparar sus errores repasando el
pasado punto por punto y dándole un nuevo color. Aunque no faltaron las
presiones, se sentía orgulloso de que el efecto había sido bastante bueno. Pero
en este asunto, con este niño que sostenía en brazos, no había nada que pudiera
servir de reemplazo. Aunque le entregara el mundo entero a Se-hwa al tener un
segundo hijo, nada podría sobrescribir aquella época en la que Hae-rim estaba
en su vientre.
Como
para despertar a Ki Tae-jeong de sus pensamientos, las luces que antes se veían
borrosas se acercaron de repente. A pesar de haber avisado hace poco de que
estaba previsto el aterrizaje, le llega una comunicación que parece contener un
asombro contenido. ¿Será porque, al estar en entrenamiento, han asignado
principalmente a los tipos con menos experiencia? Parece que montan más
alboroto de lo habitual. Ni la distancia de descenso, ni la velocidad, ni la longitud
de la pista tenían nada de normal, pero Ki Tae-jeong, como siempre, ignoró
todas las condiciones adversas y tiró suavemente del tren de aterrizaje. ¿Acaso
no es un lujo esperar un despegue o aterrizaje delicado cuando pilotas un caza
y no un avión de pasajeros o de carga?
El
mundo, que antes era pequeño como un punto, se hizo enorme en un instante como
si alguien hubiera pulsado el botón de zoom, y el sonido de las ruedas
golpeando el suelo resonó estruendosamente. Solo fue el ruido lo que resultó
excesivo; el aterrizaje fue bastante fluido y rápido.
“¡Le-Lealtad!”
Ki
Tae-jeong se despojó de todo el equipo estorboso que llevaba encima y se echó
el pelo revuelto hacia atrás. Al mismo tiempo, los subordinados que lo seguían
a toda prisa empezaron a informar titubeantes.
“¿No
pueden concentrarse? ¿Van a enviar las señales así de mal incluso cuando parece
que todo nuestro ejército va a palmarla?”
Cuando
finalmente soltó un grito en voz baja, fue entonces cuando empezaron a
escucharse excusas forzadas. Bueno, el contenido era predecible. Que era
imposible alcanzar al General, que aun así habían mejorado mucho respecto a la
primera vez tras los repetidos entrenamientos…. Eran informes que hubiera
preferido no escuchar. Sinceramente, creo que sería más rápido esperar a que
Hae-rim sea nombrado oficial que esperar a que estos tipos me alcancen los
talones.
“¡Corregiremos
el error!”
“Ya
basta. ¿Cuándo es la reunión del laboratorio?”
“La
próxima semana.”
“Adelántala
más.”
“Si
dice más pronto... No, sí. Me aseguraré de que sea mañana mismo sin falta.”
Sin
que él les hubiera dado ninguna mirada de advertencia en particular, los
ayudantes y los soldados bajo su mando se cuadraron tensos para el saludo.
Había tanta fuerza en el gesto que hasta el ángulo de las puntas de sus dedos
parecía ligeramente torcido. En cierto modo, era natural. No era común que un
General subiera directamente a un caza, y mucho menos si ese General era Ki
Tae-jeong.
En
fin, con esto el entrenamiento ha terminado. La evasión y el vagabundeo que no
eran propios de él también terminaban hoy. Ki Tae-jeong desactivó el modo de
entrenamiento de su reloj de pulsera y miró fijamente el holograma de Se-hwa y
Hae-rim que apareció parpadeando en la pantalla. En aquella playa de 5
estrellas donde alguna vez se despidió de Se-hwa y luego le propuso matrimonio,
su familia, que se había convertido en su todo, estaba construyendo castillos
de arena con entusiasmo.
Tras
observar durante un largo rato a Se-hwa sonriendo y a su pequeño hijo con una
expresión idéntica a la suya, Ki Tae-jeong bajó la mano del reloj como si
finalmente hubiera tomado una decisión. Sí, por ahora hoy... tendré que decirle
algo a Se-hwa. Como no pueden seguir pasando del tema así como si nada, lleguemos
a una conclusión juntos.
“General.”
El
Teniente Park se acercó y le entregó una tableta.
“Es
el resumen de los resultados del entrenamiento de combate simulado de hace un
momento.”
Aunque
esto también era predecible sin necesidad de verlo, decidió echarle un vistazo
rápido pensando en el Teniente Park, que lo estaba pasando mal debido a lo
irritable que él había estado últimamente.
“La
parte destacable es-.”
En
cuanto el Teniente Park, conmovido por la actitud algo más indulgente de su
superior, abrió la boca, sonó una alerta de emergencia en el reloj de pulsera.
Era un mensaje del Suboficial Mayor Choi, encargado de la seguridad de Se-hwa.
El rostro del Teniente Park también se tensó, parece que recibió la misma
alerta.
¿Un
mensaje de emergencia del tipo al que le confió la seguridad de Lee Se-hwa?
Además, el contenido estaba vacío. Ki Tae-jeong frunció el ceño de forma
aterradora y pulsó el botón del reloj. En ese instante, como si hubiera estado
esperando ese momento, resonó con claridad el canto melodioso de un pajarito.
Era el tono de notificación exclusivo que sonaba cuando Se-hwa usaba la
tarjeta.
El
entrecejo de Ki Tae-jeong se contrajo con aún más fuerza. ¿Llegaba una alerta
de emergencia del equipo de seguridad y, al mismo tiempo, una notificación del
uso de la tarjeta de Lee Se-hwa? Ki Tae-jeong imaginó todo tipo de escenarios
basándose solo en esos dos hechos. Y todos en la peor dirección posible.
“Teniente
Park. Rastrea la ubicación de Se-hwa y Hae-rim, y conecta con el Suboficial
Choi de inmediato.”
“¡Sí!”
BOUK
(5411) Aprobación de crédito
Lee*hwa
3.287.500
wones
03/22
16:11
Acumulado
del mes: 49.983.980 wones
(SA)
Reino de Fresa y Banana
¿Reino
de Fresa y Banana? A simple vista, era un nombre sumamente sospechoso. ¿Y para
colmo era una sociedad anónima? Ki Tae-jeong chasqueó la lengua mientras
accedía al portal militar. Para ser una estafa, el monto cargado era algo
ambiguo. Además, no era algo que ocurriera de forma repetida…. ¿Acaso Se-hwa,
en su ingenuidad, había sido engañado para comprar algo por la fuerza? Casi
preferiría que fuera eso.
“El
señor parece estar actualmente en el límite entre las estrellas 5 y 4, y la
ubicación del joven amo está confirmada en el centro educativo dentro del
edificio del Ministerio de Defensa.”
Mientras
escuchaba el informe del Teniente Park, los ojos de Ki Tae-jeong, que
escaneaban ferozmente la información de la sospechosa empresa en el portal, se
detuvieron en seco en un punto de la tableta.
Sociedad
Anónima Reino de Fresa y Banana.
Ubicación:
Afueras, cerca del puesto de control de la estrella 5.
Y
los artículos de venta son….
“…Teniente
Park. ¿Dices que Lee Se-hwa está entre las estrellas 5 y 4?”
“Sí,
así es.”
Ki
Tae-jeong parpadeó lentamente, incapaz de creer si estaba leyendo correctamente
o si esas palabras que veía tenían el significado que él conocía.
“El
Suboficial Mayor Choi y el resto del personal de seguridad también están en el
mismo lugar. El nombre del establecimiento es Sociedad Anónima Reino de Fresa y
Banana. El nombre de la tienda es ‘Love Love Love’, el cual difiere de la razón
social registrada en el portal y….”
La
voz del Teniente Park, que recitaba la información recibida rápidamente, se fue
volviendo cada vez más lenta. Ki Tae-jeong también movió su mano entumecida
para mirar una vez más el historial de la notificación de la tarjeta de Se-hwa
de hace un momento.
Es
decir, que ahora mismo.
“E-en
ese establecimiento….”
Lee
Se-hwa.
“Se
confirma que venden… diversos artículos para adultos.”
¿Había
comprado más de 3 millones de wones en juguetes para adultos?
“Hola,
¿busca algún producto en especial?”
“¿Eh?
Ah, sí… bueno, no busco nada en particular, pero….”
“Justo
nos ha llegado una buena selección de vinos, ¿le gustaría echar un vistazo?”
“Vinos….”
Se-hwa
jugueteó con el lóbulo de su oreja sin terminar la frase. Solo había venido a
comprar algo de alcohol, pero por alguna razón sentía que estaba cometiendo una
falta terrible. Bueno, considerando que había venido a una licorería a espaldas
de Ki Tae-jeong, se podría decir que era una travesura.
Además,
como sabía que le llegaría la notificación del pago con tarjeta y descubriría
lo que compró, incluso se había traído con cuidado los ahorros que había estado
juntando poco a poco. Aunque los llamara ahorros, apenas era el dinero de
bolsillo que había guardado, una cantidad insuficiente para comprar el tipo de
licor que Tae-jeong solía disfrutar….
Sea
como sea, hoy Se-hwa tenía que comprar alcohol sí o sí. El punto clave de su
plan era preparar la mesa no con la colección de Ki Tae-jeong que había en
casa, sino con licor comprado por él mismo.
“Como
puede ver, son productos que sirven perfectamente incluso como decoración.
¿Tiene alguna marca de su preferencia?”
Bueno,
aun así, no es que conociera alguna tienda, así que simplemente vino a este
centro comercial cercano que había visto al pasar, olvidando que esto era el
corazón de la estrella 5, incluso cerca de las residencias de los oficiales. La
entrada no parecía muy grande, pero el interior era alargado y parecía no tener
fin; la decoración era tan brillante que hasta le dolían los ojos, y la
atención de los empleados era de tan alto nivel como la de una boutique de
lujo.
Se-hwa,
que se sintió un poco intimidado por haber venido a un lugar demasiado
ostentoso para el dinero que llevaba, recuperó pronto la compostura. No pasaba
nada si pedía que le enseñaran lo más barato, ¿no? Total, no intentaba darle un
regalo elegante, así que mientras fuera un licor fuerte que se ajustara a su
presupuesto, el tipo no importaba.
“Oiga.
Disculpe, pero en lugar de vino o champán, ¿no tendrá... algún licor con una
graduación alta?”
“¿Licor
de alta graduación?”
“Sí,
el tipo no importa. Pero me gustaría que el precio no fuera tan elevado….”
“Ah,
ya entiendo. Mmm… entonces, ¿le enseño primero los whiskies?”
Se-hwa,
haciendo un cálculo mental aproximado de los precios de los whiskies que
vendían antes en el casino, asintió con el rostro iluminado. Considerando que
el dueño Son solía fijar los precios unas diez veces por encima del valor
normal, pensó que podría comprar perfectamente al menos el producto más
económico.
“Por
aquí.”
El
gesto del mánager señalando la sección de whisky con el brazo extendido tenía
un toque excesivo. Con el otro brazo tras la espalda y la cintura ligeramente
inclinada, parecía... ¿cómo decirlo?, un sirviente atendiendo a un noble en
tiempos antiguos….
“Me
quedaré esperando atrás, así que mire con calma y llámeme en cualquier momento.
Los precios suben de izquierda a derecha, y los productos en el estante central
suelen ser los más equilibrados y populares.”
“Sí,
gracias.”
Parece
que el mánager notó su incomodidad, ya que tras las breves indicaciones, se
retiró discretamente. Incluso ese gesto fue de una cortesía absoluta.
Por
supuesto, Se-hwa sabía muy bien que esa extrema amabilidad del empleado no iba
dirigida a él. Seguramente estaría pendiente del Suboficial Mayor Choi, que
montaba guardia a sus espaldas, y de los soldados que merodeaban fuera de la
tienda.
Aunque
era algo que experimentaba cada vez que salía desde que vivía con Ki Tae-jeong,
Se-hwa no terminaba de acostumbrarse a que los extraños fueran tan serviciales
con él. Sabía que no era por él, sino por los rangos de las personas que lo
acompañaban, y saberlo lo hacía sentir aún más incómodo.
“Señor.
¿Quiere que lo lleve a los grandes almacenes ahora mismo?”
Aquel
interrogante del Suboficial Mayor Choi, quien conocía bien la personalidad de
Se-hwa, fue lanzado sugerentemente.
“No,
está bien, quiero comprarlo aquí.”
“Si
vamos a la sala VIP para oficiales no habrá gente, y ya está acostumbrado a los
empleados de allí. Creo que podría mirar más cómodo que aquí.”
“Pero
si voy a los grandes almacenes, es seguro que los empleados llamarán de
inmediato al General.”
“¿Eh?
Pero si yo acabo de informar al General de su itinerario también…?”
“¿De
mi itinerario? ¿Al General?”
“Sí.”
“¿De
verdad? ¿Acaso lo hace siempre?”
“¡Por
supuesto!”
La
voz del Suboficial Mayor Choi se quebró un poco por la sorpresa.
“¿No
me diga que no lo sabía?”
“Claro
que no lo sabía… yo….”
Como
anteriormente el Suboficial Mayor Choi había cooperado con entusiasmo pensando
que Se-hwa estaba preparando una sorpresa y la cosa terminó en aquel desastre
en el Ministerio de Defensa, por el cual su atroz superior lo insultó hasta el
cansancio, ahora, aunque el cielo se partiera en dos, informaba fiel y
diligentemente de cada movimiento del esposo del General. Y siempre había dado
por hecho que el joven esposo, que conocía a Ki Tae-jeong mejor que nadie,
también lo sabía.
“Conque
informaba de todo….”
Se-hwa
soltó un profundo suspiro con el rostro lleno de consternación, mientras el
Suboficial Mayor Choi movía sus oscuras cejas intentando fingir naturalidad.
“Esto...
señor. Es que… lo siento. Pero la situación es la que es, ¿no cree?”
Las
comisuras de los labios del Suboficial Mayor Choi, forzadas en un intento de
parecer amable, temblaron ligeramente. Se sentía mal por el sorprendido Se-hwa,
pero no tenía opción. Últimamente el General se comportaba de forma tan perra que
la salud mental de todos estaba agotada. Aunque el mal genio de Ki Tae-jeong no
era nada nuevo, esta vez todos estaban desconcertados porque no lograban
entender el motivo.
En
medio de eso, si el tierno Se-hwa le reclamaba a su marido que si acaso lo estaba
vigilando, y si eso provocaba una pelea matrimonial hoy…. Uf, quién sabe cuánto
pagaría el malhumorado superior su rabia con los subordinados. Solo le quedaba
esperar que el amable y dulce Se-hwa volviera a tener piedad de ellos.
“Como
ya sabrá, abundan por todas partes personas que envidian y celan al exitoso
General, así que, aunque sea por seguridad, es necesario conocer los
movimientos de usted y del joven amo.”
“Eso...
es cierto.”
Ante
la afirmación de Se-hwa, el rostro de oso del preocupado Suboficial Mayor Choi
se iluminó al instante.
“Bueno.
Pensándolo bien, no importa que se sepa dónde estuve y qué hice. Tampoco creía
que el General no fuera a saberlo…. Además, el Suboficial no es como los
empleados de los almacenes, que cuentan hasta qué objeto agarré y volví a
dejar, o por qué cosa parecí interesado… no le contará esos detalles tan
triviales.”
Lamentablemente,
la expresión radiante del Suboficial Mayor Choi no duró ni un segundo.
“¿N-no
me diga que le ha contado hasta las cosas más pequeñas? ¿Hasta ahora?”
“No,
bueno, es que….”
El
Suboficial Mayor Choi se quedó sin palabras, parpadeando. Para ser alguien que
había pasado por mil batallas, Lee Se-hwa era... bueno, a veces se portaba de
forma un poco ingenua, y ahora era exactamente así.
Los
ayudantes, cuando el joven esposo salía y entraba, por ejemplo, al baño, le
informaban al despiadado superior hasta en qué cubículo había entrado, cuántos
minutos tardó en salir e incluso si le gustó el jabón de manos disponible por
cuántas veces se olió el dorso de la mano.
Es
que no era cualquier persona, era el General Ki Tae-jeong. Si rastreaba la
ubicación de su esposo con su reloj a todas horas y aun así obligaba a sus
lacayos a informarle fielmente, ¿por qué creen que sería? Pues porque quería conocer
hasta los detalles más íntimos que el rastreador no podía mostrarle.
“¿Entonces
todo está siendo reportado justo ahora? ¿Incluso le dijo que dije que cualquier
licor fuerte estaría bien? ¿En tiempo real?”
“E-eh,
sí. Así es... ¿supongo? Es el protocolo, después de todo”.
“Uf.
Esto es un desastre”.
Se-hwa
se llevó una mano a la frente, incapaz de ocultar su vergüenza. El Suboficial
Mayor Choi se rascó la sien, un tanto incómodo, y luego estiró el cuello para
mirar a Se-hwa con curiosidad. Lo sospechaba. El hecho de que de repente
quisiera pasar por un local al que nunca venía... parecía que, después de todo,
había algo que quería ocultarle al General, ¿verdad?
“Esto,
señor. Si regresa a casa... ¿se va a enojar?”
Siempre
sentía remordimientos frente a Se-hwa, pero... ¿qué podía hacer? Él también
quería seguir viviendo.
“¿Eh?
¿Con usted, Suboficial?”
“No,
con el General”.
“¿Yo?
¿Enojarme con el General? ¿Por qué...?”
“Si
le molestó que informe con tanto detalle sobre su radio de movimiento, de
verdad lo lamento, pero ya sabe cómo es. Como el joven amo también está
asistiendo al centro educativo, el General ha estado especialmente atento
últimamente. Y el general Oh Seon-ran también, por supuesto”.
“Ah...”.
En
momentos como este, el angelical Se-hwa, que siempre era rápido para captar las
situaciones, asintió con una expresión un poco decaída.
“Sí,
entiendo lo que quiere decir. No le diré nada al General”.
“Le
agradezco mucho que siempre sea tan comprensivo”.
El
Suboficial Mayor Choi soltó un suspiro de alivio. No, si tenía alguna duda,
debía decirle que preguntara lo que fuera. Esa debería haber sido su respuesta,
pero, por desgracia para el joven señor, no le salían palabras vacías de la
boca.
Y
aunque había incluido el nombre del general Oh Seon-ran por pura urgencia, la
excusa no era del todo falsa. Con el permiso del general Oh, el nivel de
seguridad del señor y del joven amo se había incrementado drásticamente.
“Pero
señor, ¿por qué compra alcohol de repente?”
“Ah,
bueno... solo... porque sí”.
“Esto
no lo informaré. Si quiere, escribiré un acta de confidencialidad, así que
puede decírmelo con confianza”.
“Es
en serio... no pasa nada malo”.
“¿Acaso
hoy es algún aniversario?”
“¿Eh?
De verdad que no es nada de eso”.
“No
lo compartiré con los otros ayudantes bajo ninguna circunstancia. Si el General
ha olvidado algo, ya sea un aniversario o una promesa con usted... es para
estar preparado mentalmente por mi cuenta”.
Se-hwa
dejó escapar una pequeña risa, encontrando absurda la actitud solemne del
Suboficial Mayor Choi. Sin embargo, el Suboficial hablaba con total sinceridad.
Ya se sentía al borde de la locura, y pensar en un Ki Tae-jeong perdiendo los
estribos por haber olvidado algo lo hacía querer morirse por adelantado.
“De
verdad que no es ningún día especial. Ya sabe que el General se encarga de los
aniversarios mucho mejor que yo”.
“Bueno,
eso es cierto...”.
El
Suboficial asintió inconscientemente, pero al darse cuenta de lo que había
dicho, dio un brinco. Se-hwa, con el rostro aún más decaído que antes,
respondió débilmente que no pasaba nada.
“¡Ay!
No quise decir que usted no sea capaz o algo por el estilo...”.
“Sí,
lo sé. Es solo que... el General ha estado muy ocupado de repente. Por eso es”.
“Bueno...
eso es verdad”.
El
Suboficial respondió sin darse cuenta con un tono algo amargo.
El
ochenta por ciento de ese exceso de trabajo era provocado por el mismo Ki
Tae-jeong. Lanzaba rutinas de entrenamiento que solo alguien como él podría
soportar a sus subordinados y, diciendo que no podía ver cómo los muchachos
andaban todos lánguidos por cualquier tontería, él mismo, siendo nada menos que
un General, salía a dirigir el entrenamiento personalmente. Y eso que
normalmente estaba ansioso por salir del trabajo puntualmente.
Además,
ese superior demente, incluso estando tan ocupado, andaba husmeando por todos
lados de la nada, diciendo que iba a exterminar por completo a los remanentes
de la familia Kim, que ya estaban más que muertos.
Lo
más frustrante era que, absurdamente, cuando Ki Tae-jeong se ponía manos a la
obra, siempre terminaban cayendo varios tipos de menor importancia. Pensaron
que cuando arrasó con el restaurante de la estrella 5 ya se había llevado a
todos, hasta a los parientes lejanos, pero no fue así.
El
General, con el humor totalmente retorcido, no paraba de gritarles a sus ayudantes,
incluido el Suboficial Choi, preguntándoles si no sabían hacer bien su trabajo,
y el Teniente Park, que servía al superior más de cerca, incluso había empezado
a tener alopecia por el estrés.
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Preferiría
que le buscara el pelo al huevo por cosas sin sentido o que fuera caprichoso;
eso uno lo aguantaría pensando que 'esto también pasará'. Pero las críticas de
Ki Tae-jeong, ahora más afiladas, no tenían ni un error, lo que les generaba un
profundo sentimiento de inferioridad a sus lacayos. ¿Cómo decirlo? Era doloroso
que el jefe, que desde siempre había vivido para atormentar a sus subordinados
porque hacía bien su trabajo, ahora se hubiera vuelto diligente sin previo
aviso.
“Es
que hoy es la primera vez en mucho tiempo que veré al General. Por eso quería
que comiéramos algo rico y bebiéramos juntos”.
“¿De
verdad... es por eso?”
“Sí,
de verdad”.
El
rostro del Suboficial Choi, que hasta hace un momento murmuraba insultos al
superior en cada exhalación y al marido del señor en cada inhalación, se
iluminó por fin.
“¡Si
es así, qué alivio! ¡De verdad, qué alivio!”
“Entonces,
¿esta vez no lo va a informar?”
“¡Ay!
Eso va a estar difícil... lo siento mucho”.
Si
tanto lo siente, podría haber guardado el secreto de que salí hoy... Pero como
no quería que otra persona fuera regañada injustamente por su culpa, Se-hwa
solo pudo hacer un puchero en silencio.
Había
evitado los grandes almacenes con la esperanza de que la noticia llegara un
poco más tarde a oídos de Ki Tae-jeong, pero a este paso, en cuanto lo viera
después de tanto tiempo, parecería un interrogatorio. Si iba a ser así, mejor
le hubiera dejado un mensaje diciéndole que tenía algo que decirle y que
viniera lo antes posible. Incluso en aquel video que vio hace poco, titulado
'Consejos para que los matrimonios que ya no están de luna de miel mantengan la
tensión sexual', decía que lo más importante era crear una atmósfera diferente
a la habitual....
Se-hwa,
que se había desinflado un poco perdiendo las energías, volvió a recuperar la
compostura. Para empezar, su plan no era tan meticuloso. Ya estaba acostumbrado
a estar siempre en la palma de la mano de ese hombre, para bien o para mal, así
que no era nada nuevo.
De
todos modos, hoy era el día en que había decidido confesarlo todo y preguntar,
así que le diría la verdad. Diría que fue a una licorería a la que nunca iba a
propósito para que el General se diera cuenta lo más tarde posible, y sobre los
ahorros... ah, ¿qué excusa pondría para los ahorros? Por eso sí que podría
regañarlo de verdad....
“¡Maldita
sea! ¿Es que ya no quieren hacer negocios aquí?”
Mientras
estaba sumido en pensamientos extraños mirando la etiqueta del precio que ya
había revisado varias veces, escuchó una voz desconocida a lo lejos. Era obvio
que se trataba de un cliente problemático, lo cual resultaba inesperado. Por la
actitud de los empleados de hace un momento, no parecía un lugar que permitiera
que alguien hiciera tal escándalo.
“¡¿Me
están diciendo que han puesto esta basura aquí para venderla por dinero?!”
¿Qué
estaba pasando realmente? Se-hwa ladeó ligeramente la cabeza mientras el
alboroto crecía, hasta que se escuchó el estruendo de una botella rompiéndose.
Sobresaltado, Se-hwa apretó la botella que estaba revisando y, dándose cuenta
tarde de que su reacción había sido exagerada, bajó la mirada con timidez.
“Señor,
por favor, quédese detrás de mí. No será nada grave”.
Sin
embargo, la persona que mostraba una reacción verdaderamente exagerada era
otra.
“Estos
desgraciados se han relajado demasiado...”.
El
Suboficial Choi murmuró con voz lúgubre mientras presionaba repetidamente los
botones de su reloj. El rostro del Suboficial, que solía tener una expresión
afable a pesar de ser generalmente inexpresivo, se transformó en algo aterrador,
como el guardián de las puertas del infierno. Parecía estar profundamente
furioso con sus subordinados por permitir que un extraño no solo se acercara,
sino que entrara al local.
“Suboficial,
estoy bien”.
Se-hwa
intentó argumentar tímidamente que este no era un local exclusivo para
oficiales y que cualquiera podía venir, pero ante el rostro del Suboficial
Choi, que se endureció aún más al revisar una notificación, volvió a agachar la
cabeza. ¿Realmente había surgido algún problema?
La
radio en el oído del Suboficial Mayor Choi emitía sonidos inquietantes, y las
notificaciones en su reloj de pulsera estaban completamente en rojo. Se-hwa,
aunque confundido por no entender lo que pasaba, se sentía extrañamente tranquilo;
supuso que era porque confiaba ciegamente en que, pasara lo que pasara, Ki
Tae-jeong lo rescataría.
“Ah,
señor. Lo siento. La persona que acaba de entrar a la tienda es….”
El
Suboficial Choi, que revisaba las notificaciones solo moviendo los ojos,
murmuró apretando los párpados con fuerza.
“Se
llama el Subteniente Kwon Jin-young.”
Al
menos no parecía una incursión de maleantes. Aun así, debía de ser algo grave,
porque el Suboficial Choi susurraba con los labios casi sellados, como si
practicara ventriloquía, lo que obligó a Se-hwa a bajar también la voz.
“¿Y
quién… es ese…?”
¿Kwon
Jin-young? Era un nombre que oía por primera vez. Y aunque un subteniente tiene
un rango superior al de un suboficial mayor, ¿acaso se atrevería a tratar mal a
alguien tan cercano al General Ki Tae-jeong?
“Su
familia ha sido de oficiales por generaciones, su abuelo materno es actualmente
General del Ejército… Mmm, no hay tiempo, así que para resumir: tiene un linaje
excelente. ¿Me explico si le digo que es alguien similar a la familia del
general Oh Seon-ran?”
Ah,
una familia como la de su padre…. Se-hwa tragó saliva, sintiéndose
repentinamente tenso.
“¿Pero
por qué saltó la alarma? ¿Acaso no se lleva bien con el General? ¿O con mi
padre…?”
“Mmm,
para empezar, esa familia no tiene una relación ni buena ni mala con el General
Oh Seon-ran. Con el General tampoco tienen puntos de contacto superficiales. Al
contrario, como obtuvieron grandes beneficios durante el proceso de exterminar
a la familia Kim, los Kwon deberían tener una buena opinión tanto del general
como del General. El problema es que el Subteniente Kwon Jin-young….”
“¡Ah,
que traigan más alcohol!”
“Subteniente,
no puede comportarse así aquí.”
“¡Sí,
yo! ¡Yo, un subteniente! ¿Eh? ¡Digo que voy a pagar por todo y comprarlo,
maldita sea! ¡Estos imbéciles hablan demasiado!”
Un
estruendo mucho mayor que el anterior golpeó sus oídos. El ruido del cristal
estallando fue tan escandaloso que pareció que al menos diez botellas se habían
hecho añicos; también se oyeron sonidos de gente siendo empujada y alguien
cayendo al suelo.
“Suboficial,
¿no deberíamos ir a detenerlo?”
El
Suboficial Choi, con el rostro completamente rígido, solo dudaba sin poder
decidir qué hacer. Era una actitud impropia de él.
“Señor,
el Subteniente Kwon Jin-young… es una persona de mala calaña.”
“Eso
parece. Por eso mismo creo que debemos detenerlo. Antes de que los empleados
salgan más heridos.”
Por
su comportamiento, parecía un dolor de cabeza no menor al antiguo Subteniente
Kim. Por eso mismo, Se-hwa no quería ver a empleados inocentes heridos por los
atropellos de ese hombre. Aunque le daba un poco de vergüenza apoyarse en el
prestigio de su padre o de Ki Tae-jeong en lugar de actuar por sí mismo, pensó
que si usar sus nombres podía reducir aunque fuera un poco el daño a la tienda,
valía la pena intentarlo.
“Si
es difícil porque el rango de usted es inferior, yo iré y….”
“¿Vaya?
¿Pero si es el Suboficial Choi?”
Skreech. Las botas militares friccionaron contra el suelo produciendo un
sonido desagradable. Fue un momento tan oportuno que pareció interrumpir adrede
el intento del horrorizado Suboficial Choi por detener a Se-hwa.
“¿Qué
haces por aquí? Y sin el General Ki Tae-jeong.”
El
Suboficial Choi cerró los ojos profundamente y los abrió como aceptando lo
inevitable, haciendo una señal con la mirada a los empleados que vacilaban
detrás para que se retiraran.
'Seguro
creció entre algodones, ¿por qué tiene ese carácter tan horrible? Yo jamás
criaría a Hae-rim de esa manera', pensaba Se-hwa mientras ladeaba ligeramente
la cabeza.
Era
extraño…. Aunque antes el Suboficial Choi había hablado mal de él diciendo que
era un charlatán, la actitud que mostraba ahora no era simplemente la de
alguien que se topa con alguien que le cae mal. Era más bien una hostilidad
vívida que solo se muestra ante alguien a quien ya se conoce bien.
Definitivamente no eran conocidos de verse solo de paso.
“¿Un
recado del General?”
Debido
a que el pasillo era bastante largo, el Subteniente Kwon Jin-young tardó un
poco en llegar hasta ellos. Al verlo caminar de forma arrogante mientras
agitaba la botella de licor que llevaba en la mano, Se-hwa frunció el ceño sin
darse cuenta. Los modales ligeros del Subteniente Kwon recordaban más a los
tipos de la peor calaña que veía en el casino que a un soldado. No es que fuera
como el Subteniente Kim, es que era exactamente el mismo tipo de cliente
problemático…. A este paso, Se-hwa empezó a pensar que el rango de subteniente
debía de tener alguna maldición.
“Simplemente
ignórelo.”
El
Suboficial Choi susurró silenciosamente justo antes de que el Subteniente Kwon
llegara.
“No
importa lo que diga el Subteniente Kwon, haga como si no lo oyera e ignórelo.
Incluso si ese hombre intenta hacerme algo a mí, no le preste atención.”
Al
final, el Suboficial Choi apretó los dientes con tanta fuerza que las palabras
apenas fueron inteligibles. Si las familias no se llevaban mal, ¿por qué le
pedía que lo ignorara por completo? Además, ese tipo de personas suelen ponerse
más agresivas si no reciben atención…. Se-hwa sintió mucha curiosidad por la
razón, pero no era tan imprudente como para andar secreteando con el
Subteniente Kwon ya frente a ellos.
“Vaya,
vaya, ¿pero a quién tenemos aquí?”
El
Subteniente Kwon, con el rostro encendido por el alcohol, hizo un saludo
militar torcido.
“Hola,
es un honor conocer al famoso señor del que tanto se habla.”
Antes
de que el Suboficial Choi pudiera abrir la boca, el Subteniente se le adelantó.
“¿Pero
por qué me parece que los rumores no le hacen justicia a la realidad? Es usted
verdaderamente hermoso.”
Se-hwa
desvió la mirada con una sonrisa forzada. Aunque se sentía mal, no era alguien
tan vulnerable como el Suboficial Choi temía. Estaba más que acostumbrado a
personas que evaluaban su apariencia de esa forma, que lo miraban por encima
del hombro o que incluso llegaban al acoso, así que ni siquiera se sentía
especialmente enfadado. Si el Subteniente Kwon esperaba que se asustara y
llorara, o que estallara de rabia, se había equivocado por completo de persona.
“No,
en serio. Siempre pensé que el rostro del General Ki Tae-jeong era aterrador,
pero nuestro señor es harina de otro costal. ¿Cómo es que sus rostros encajan
tan bien como pareja?”
“Subteniente
Kwon.”
“Qué
raro. ¿Qué razones tendría el General Ki para estar de tan mal humor? Teniendo
a un señor tan lindo esperándolo en casa…. Oye, Choi. ¿Por qué anda tu General
tan insoportable últimamente?”
“¡Subteniente
Kwon!”
Cuando
el Suboficial Choi se interpuso frente a Se-hwa y llamó al Subteniente en tono
de advertencia, este levantó ambas manos como rindiéndose y soltó un ligero
silbido.
“Vaya,
vaya. Es que el señor es tan guapo que se me soltó la lengua sin querer. Lo
siento mucho, señor.”
Aunque
decía eso, su actitud no mostraba ni un ápice de arrepentimiento.
Al
tratarlo directamente, Se-hwa comprendió el consejo del Suboficial Choi. Con
tipos como el Subteniente Kim, que arman más escándalo si sienten que su
autoridad es desafiada, lo correcto es responderles de forma adecuada, pero con
alguien como el Subteniente Kwon, no se le debe dar ni un resquicio para
entablar conversación.
Aun
así… no podía evitar que le afectara. Podía ignorar lo que dijera sobre él,
pero quería recoger aunque fuera el más mínimo fragmento de información sobre
Ki Tae-jeong. Parecía que estaba muy ocupado últimamente. Con el exceso de
trabajo y la incomodidad que había entre ellos, era natural que estuviera
sensible, y eso hizo que Se-hwa se sintiera mal.
“Por
cierto, Choi, ¿haces bien tu trabajo, eh? Qué rapidez.”
El
Subteniente Kwon, manteniendo las manos en alto como si siguiera rindiéndose,
solo movió los ojos para revisar su reloj de pulsera. Se-hwa no podía ver nada
desde su posición, pero por el sonido constante de la vibración, parecía que
las notificaciones caían en cascada. No sabía de qué se trataba, pero
definitivamente era extraño. Si las familias no tenían problemas, ¿por qué
saltaban advertencias tanto para el Suboficial Choi como para el Subteniente
Kwon?
“¿Qué
tal si el señor también toma una copa?”
El
Subteniente Kwon agitó la botella de lado a lado. Su voz era despreocupada,
como si las notificaciones del reloj no le importaran en absoluto.
“Creo
que me van a echar pronto. Me gustaría que al menos tuviéramos una despedida.”
Como
la botella parecía casi nueva, el líquido de su interior salpicó por todas
partes ante su movimiento ligero. Tal vez incluso la había abierto para beber
sin haberla pagado. Uf, Se-hwa se estremeció y pidió disculpas
internamente al Suboficial Choi. Retiraba todo lo que había pensado sobre cómo
responder a este tipo de personas; no había nadie más problemático que este sujeto.
No sabía qué relación tenía con Ki Tae-jeong o con el general Oh Seon-ran, pero
comprendía perfectamente por qué el Suboficial Choi le había advertido que no
se involucrara bajo ninguna circunstancia.
“¿Quiere
que le cuente solo a usted? ¿La forma de mejorar el humor del General Ki
Tae-jeong?”
Asomando
su rostro ebrio por encima del hombro del Suboficial Choi, que montaba guardia
como un perro militar, el Subteniente Kwon le pareció a Se-hwa —y de verdad
sentía mucho pensar esto— exactamente como un topo al que le hubieran dado una
paliza con un martillo.
“¿Saben lo
simples que son esos soldados de pacotilla? Solo hay que darles algo rico de
comer y acostarse con ellos un par de veces, ¡eso es todo! Y el General Ki
Tae-jeong…”.
“Subteniente
Kwon”.
La voz del
Suboficial Choi al llamar al Subteniente Kwon sonó como si estuviera masticando
piedras. A pesar de que el gigante emitió un gruñido bajo y áspero, el
Subteniente Kwon no parpadeó ni una vez y continuó con sus palabras vulgares.
“Vaya, mira
ese vello suave en su cuello. Realmente es muy joven, señor”.
“¡Subteniente
Kwon!”
Se-hwa, sin
darse cuenta, apretó los labios para contener un gesto de molestia. Al
principio intentó ignorarlo por ser una persona vulgar sin remedio, y ahora
tenía cuidado de no darle ningún pretexto para causar problemas. Como
seguramente habría cámaras de seguridad en la tienda, debía asegurarse de
quedar estrictamente como la víctima ante cualquier ojo que mirara.
Solo había
una razón por la que un holgazán de buena familia le hablaría en ese tono
provocador: burlarse de todo lo que él poseía para, en última instancia,
menospreciar a Ki Tae-jeong. Hasta ahora, nadie se había atrevido a burlarse de
él en su cara, ya fuera por temor a Ki Tae-jeong o incluso a su propio padre,
pero el Subteniente Kwon, con tantos contactos en los que confiar, no tenía
nada que lo detuviera.
“Subteniente
Kwon, retírese de una vez, por favor”.
El
Suboficial Choi se interpuso con firmeza frente a Se-hwa.
“Oye, Choi”.
“Lo siento,
pero el señor no se siente bien, así que debemos retirarnos”.
“Mira este
tipo. ¿Acaso tienes los ojos de adorno? ¿No sabes distinguir las insignias de
rango?”.
“Lo siento”.
“Oye”.
¡Plas! Se
escuchó un sonido desagradable, como si alguien hubiera recibido una bofetada.
Se-hwa, que estaba de pie detrás del Suboficial Choi un tanto aturdido, frunció
el ceño de inmediato. '¿Golpeó a alguien solo porque lo interrumpió? ¿Qué clase
de persona es esta?'.
Se-hwa,
pensando que aquel sujeto problemático podría haber golpeado al Suboficial,
agarró sin darse cuenta el brazo de Choi. Estaba decidido a no aguantar más; si
el Subteniente Kwon había levantado la mano primero, cualquier cosa que dijera
ahora sería considerada defensa propia. Sin embargo, sintió que la chaqueta del
Suboficial bajo su palma estaba empapada.
Horrorizado
ante la idea de que fuera sangre, retiró la mano, pero un fuerte olor a alcohol
le golpeó la nariz. Ah, le acababa de arrojar licor. Pero haberle lanzado
alcohol a la cara a alguien con tanta fuerza como para que sonara así…. En
cierto modo, debía de sentirse peor que haber sido golpeado.
“Maldita
sea, ¿realmente te volviste loco?”.
La voz del
Subteniente Kwon, que hasta entonces había sido ligera y burlona, se volvió
pesada en un instante. Parecía que el gesto del Suboficial Choi de proteger a
Se-hwa de aquel malviviente había encendido de verdad su mal temperamento.
“Oye, Choi”.
“Oiga,
disculpe”.
Se-hwa dejó
de morderse los labios y atrajo la atención del Subteniente Kwon fingiendo que
no pasaba nada. No tenía ninguna razón para pedir disculpas, pero sintió que
debía intervenir en este punto.
Después de
todo, el Subteniente Kwon tiene un rango superior al del Suboficial Choi y
cuenta con un trasfondo tan impresionante que no se acobarda ni ante el nombre
de Ki Tae-jeong. Así que, aunque a él no le hiciera nada, no habría mucho que
hacer si decidía dar una paliza al Suboficial allí mismo.
De hecho, el
Subteniente Kwon incluso sostenía una botella de licor. No había garantía de
que un hombre capaz de arrojar alcohol no fuera a blandirla…. No podía permitir
que el Suboficial Choi, que estaba pasando por tantas dificultades por su
culpa, sufriera algo peor que esto.
“Yo ya debo
retirarme. Parece que ha bebido mucho, así que regrese a casa con cuidado”.
En realidad,
tenía ganas de soltarle todos los insultos que conocía. Sin embargo, no quería
que el asunto pasara a mayores, así que Se-hwa se dio media vuelta. El
Suboficial Choi también escoltó a Se-hwa mientras solicitaba un conductor por
radio.
“Entonces…”.
'No volveré
a este lugar nunca más'. No quería volver a cruzarse con un tipo tan
problemático. Justo cuando terminaba de hacer esa firme promesa mental…
“¿Quieren
que lo hagamos entre los tres?”.
El
Subteniente Kwon detuvo a Se-hwa, que estaba por marcharse, con esas palabras
extrañas.
…¿Qué?
¿Hacer qué? Se-hwa parpadeó confundido, pensando por un momento que había oído
mal.
“Digo que lo
intentemos los tres juntos, incluido yo”.
Como
confirmando que lo que Se-hwa estaba pensando era correcto, el Subteniente Kwon
movió las manos de forma vulgar. Formó un círculo con el pulgar y el índice y
empezó a empujar dentro con la otra mano; cuando vio que la mirada de Se-hwa se
posaba en él, sonrió de lado y metió un dedo más. Sus dedos índice y medio,
curvados como garfios, se movían de forma desagradable dentro del círculo.
“Hay rumores
por todas partes de que el General Ki Tae-jeong está muy irritable últimamente.
¿Acaso el apoyo conyugal no es nada especial? Complacerlo y hacerlo sentir bien
lo es todo. A mi parecer, aunque el señor es hermoso, debe de ser demasiado
aburrido para los gustos del General Ki”.
“…….”
“Yo los
ayudaré con mucho gusto. ¿Usan juguetes seguido? El General Ki suele tener un
juego bastante creativo y violento… Ah, ¿acaso fue una pregunta innecesaria?”.
No solo
Se-hwa se quedó petrificado y pálido. Se-hwa descubrió hoy por primera vez que
el Suboficial Choi podía abrir tanto los ojos.
“Ah, y no
malinterprete, no tengo ni un ápice de interés en el General Ki Tae-jeong. Al
contrario, me interesa mucho más el señor. Es exactamente mi tipo”.
“Señor,
vámonos ya”.
Solo
entonces el Suboficial Choi volvió en sí y empujó suavemente a Se-hwa. Esta
vez, el Subteniente Kwon no puso objeciones a su comportamiento. Al contrario,
incluso se hizo a un lado para abrirles paso.
“Lo digo
porque, viendo que el General Ki aceptó encargarse de un entrenamiento que ni
siquiera le va, parece que ya se está cansando de la vida de recién casado. La
gente no cambia”.
“…….”
“La vida es
corta, ¿no? Vivamos disfrutando”.
Se-hwa no
sabía con qué propósito se le acercaba este hombre para decirle tales cosas.
Sabía que no debía prestarle atención ni sentirse herido. Lo sabía, pero….
Sin embargo,
el hecho de que el Suboficial Choi hubiera estado tan alerta ante el
Subteniente Kwon a pesar de que no había problemas entre las familias, y que
ahora evitara su mirada suspirando profundamente como si todo se hubiera
arruinado, terminó por entristecer a Se-hwa.
'Esto debe
significar que Ki Tae-jeong realmente estuvo involucrado con ese hombre en el
pasado, y que el Suboficial Choi lo sabe bien, ¿verdad?'. Si esa era la razón,
entendía perfectamente por qué el Suboficial se había esforzado tanto por
evitar el encuentro. Y por qué se había mostrado tan confundido al oír el
nombre del Subteniente Kwon…. No se trataba de una lucha de facciones, sino de
un asunto sentimental.
Por
supuesto, no es que dudara de Ki Tae-jeong solo por las palabras del
Subteniente Kwon. En segundo lugar, aunque últimamente su relación fuera un
poco incómoda, sabía muy bien que él no era alguien que haría tonterías a sus
espaldas. Si su relación fuera tan frágil como para enfriarse por una pelea
así, no habría regresado con Ki Tae-jeong. Pero aun así…. Le dolía el estómago
al encontrarse con alguien que parecía haber tenido un vínculo con Ki Tae-jeong
en el pasado.
“Ah, le daré
esto como regalo”.
Justo cuando
estaba por pasar junto al Subteniente Kwon guiado por la mano del Suboficial
Choi, este le obligó a sostener la botella de licor que llevaba.
“Al General
Ki Tae-jeong le gusta mucho este alcohol”.
En medio de
una sensación de aturdimiento, como si estuviera sumergido bajo el agua, la voz
del Subteniente Kwon resonó con claridad en sus oídos diciendo que ese licor
combinaba muy bien con manzanas en rodajas y que el General solía terminarse
varias botellas usándolas como acompañamiento.
Parecía que
ese era todo su cometido, pues el Subteniente Kwon se marchó pronto, pero
Se-hwa se quedó allí como clavado en el suelo. Sosteniendo la botella que el
Subteniente le había entregado a la fuerza.
Se-hwa no
sabía qué era lo que sentía y solo estaba inquieto, sin saber qué hacer. '¿Por
qué…? ¿Qué importa si salió con alguien en el pasado? Es algo que ya pasó, no
hay razón para sentirse decepcionado, ¿verdad?'. No intentaba hacerse el
fuerte, lo decía de corazón. Realmente no le importaba.
Pero
entonces, ¿por qué sentía esa punzada en el corazón…?
La
textura de sus sentimientos hacia Ki Tae-jeong siempre había sido variopinta,
pero, por lo general, se sentía como algo muy pesado y superficial. Preguntas
difíciles que a menudo golpeaban a Se-hwa, haciéndole reflexionar sobre el
significado mismo de su existencia: '¿Está bien vivir así con este hombre?',
'¿Realmente se me permite tener esta vida cotidiana?', 'Seguro que ahora estoy
mucho mejor que antes...'.
Pero
ahora... era como si, de repente, hubiera despertado de un sueño. Como si se
burlaran de Se-hwa por haber cultivado su corazón con tanto cuidado, una serie
de frases crudas y pueriles cayeron sobre él como un aguacero.
'Simplemente
lo odio'.
'Odio
a ese hombre, y odio las cosas que dice sobre el General'.
'Lo
odio todo, me da rabia y me irrita'.
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Aunque
su corazón se sentía golpeado por ese berrinche infantil que se desataba en su
interior, Se-hwa mantuvo los labios firmemente apretados con terquedad. Sentía
que sabía qué era este sentimiento que levantaba la cabeza como una serpiente,
pero no quería saberlo. Se negaba rotundamente a admitir su estado actual, así
que decidió repetirse internamente que solo se sentía un poco extraño.
“Esto,
señor”.
Justo
cuando el Suboficial Choi, que vigilaba las reacciones de Se-hwa, intentaba
entablar conversación con dificultad, el teléfono en su bolsillo comenzó a
sonar. Supuso que sería Ki Tae-jeong, pero el remitente era su padre. Era un
alivio. No sabría cómo reaccionar si él lo llamara en este momento.
“Ho...
hmp, hola”.
—Sí,
Se-hwa. ¿Estás fuera?
“Ah,
sí. Ya estoy por volver”.
el
general Oh Seon-ran, tan suave y cariñoso como siempre, le preguntó por su día.
Le recomendó libros populares y le contó noticias interesantes del ejército y
del centro de formación.
—Entonces,
yo pasaré a buscar a Hae-rim hoy. Por cierto, Se-hwa.
“Sí”.
Hablar
con su padre parecía calmar su mente, que antes estaba revuelta como un
lodazal. Las impurezas que nublaban su visión se asentaron y comenzó a
tranquilizarse poco a poco.
—Mmm,
no creo que sea asunto mío intervenir, pero...
“No
se preocupe. Puede decírmelo con confianza”.
—No
sé si ya te lo dijeron, pero en este entrenamiento de vuelo yo soy el, ¿cómo
decirlo?, el patrocinador. El que cuida las espaldas. Es un poco complejo de
explicar, pero he invertido mucho presupuesto en lo que el General Ki intenta
hacer últimamente. Ah, más que patrocinador, sería más correcto decir que soy
el aval.
El
general Oh Seon-ran alargó sus palabras más de lo habitual. En resumen, era una
explicación —o más bien una justificación— de que recientemente había tenido
que revisar el historial de Ki Tae-jeong; no porque quisiera husmear, sino como
un procedimiento formal que debía firmar como aval.
“Ah,
entiendo. Está bien”.
—Sin
embargo, al ver los registros de salud, noté que el General Ki Tae-jeong se aplica
inyecciones anticonceptivas por encima de la dosis normal y con bastante
frecuencia. También parece estar tomando medicamentos en exceso... ¿Acaso tú se
lo pediste, Se-hwa?
“...¿Qué?
¿N... no?”.
¿Qué
significaba eso? ¿El General se inyectaba seguido? ¿Abusaba de los
medicamentos? Se-hwa, palideciendo, apretó con fuerza el teléfono.
—¿Ah,
sí? Es que según estos registros, se inyecta a diario y toma pastillas varias
veces al día.
“Eso...
¿entonces es peligroso... es muy peligroso?”.
—Bueno,
supongo que el General Ki habrá elegido hacerlo con conocimiento de causa, pero
aun así, no creo que un tratamiento por encima de lo necesario sea bueno para
el cuerpo. Ya que te tiene a ti y a Hae-rim, pensé que el General Ki Tae-jeong
también necesita cuidar de su propio cuerpo, así que este viejo se permitió
regañarlo un poco. Ese hombre, digo, el General Ki, al menos hace el intento de
escuchar si eres tú quien se lo dice.
Se-hwa
se mordió los labios con fuerza. Sus mandíbulas dolían por la presión, pero
sentía que solo así podría contener las lágrimas.
Desde
que volvieron a compartir la cama, Ki Tae-jeong había sido meticuloso con la
anticoncepción. Decía que no podía cargar el cuerpo de Se-hwa con esa
responsabilidad, así que él mismo tomaba los anticonceptivos y siempre usaba
preservativos. Se-hwa había sentido curiosidad por el tipo de medicina que
tomaba, pero como él decía que era algo bueno del ejército, simplemente lo dejó
pasar... ¿Pero se había saturado el cuerpo por encima de la dosis recomendada?
¿Y sin decirle ni una palabra?
—¿Se-hwa?
El
General que no conocía. El que tomaba medicamentos a su antojo, al que le
gustaba el licor con manzanas en rodajas.... Se-hwa, con la garganta seca, dio
un gran trago al licor que sostenía. A su lado, el Suboficial Choi intentó
detenerlo horrorizado, pero retrocedió cuando Se-hwa le lanzó una mirada
fulminante con los ojos bien abiertos.
—Se-hwa,
¿me oyes?
“Ah...
lo siento. Estoy fuera y no escuché bien. Esto, padre. Le llamaré cuando llegue
a casa. Es que aquí hay mucho ruido”.
—Ah,
sí, claro. Ve con cuidado. Te avisaré cuando vaya a buscar a Hae-rim.
“Sí.
Vaya con cuidado también, padre”.
Tras
colgar, un silencio sepulcral cayó sobre la tienda. El Suboficial Choi golpeaba
su reloj, que no dejaba de vibrar, mientras vigilaba de reojo a Se-hwa. Al
estar justo a su lado, había terminado escuchando toda la conversación sin
querer.
Ki
Tae-jeong siempre estaba ocupado llevando a Se-hwa al hospital ante cualquier
problema, pero Se-hwa era igual de sensible con la salud de él. En parte porque
antes había oído que gente del ejército intentó hacer cosas turbias usando
medicamentos extraños con él, pero sobre todo porque tenía grabada a fuego la
imagen de aquel momento en que a Ki Tae-jeong le brotaba sangre del cuello por
una puñalada y nadie parecía prestarle atención.
“...¿Qué
es esto?”.
Me
dijo que no tomara anticonceptivos pensando en mi salud, pero él se los estaba
inyectando a chorros. A diferencia de él, que puede revisar cualquier registro
libremente, si él me decía 'esto es una receta del ejército', yo no tenía más
remedio que creerle ciegamente.
“Esto,
señor. Lo siento, pero…”.
Tras
dudar un momento, el Suboficial Choi extendió cautelosamente la mano hacia la
botella de licor. No podía permitir que el señor bebiera el alcohol que trajo
el Subteniente Kwon. Además, tenía una graduación muy alta; sería un desastre
si se lo bebía como si fuera agua.
“Sería
mejor que bebiera otro tipo de alcohol en lugar de este... ¡Ah! ¡Señor!”.
Se-hwa,
girando la cabeza, se bebió el licor de un trago. El Suboficial Choi,
espantado, le arrebató la botella demasiado tarde; ya había ingerido una
cantidad considerable.
“Suboficial
Choi”.
Se-hwa
se limpió los labios mojados con el dorso de la mano.
“¿S...
sí?”.
El
Suboficial respondió atónito mientras calculaba mentalmente la cantidad que
Se-hwa había bebido.
“¿El
entrenamiento de vuelo? ¿Qué tanto ha progresado?”.
“Ah,
esto... ¿el entrenamiento? Eh... ya casi debe de haber terminado”.
“¿Entonces,
si uso la tarjeta ahora, el General podrá ver la notificación de inmediato?”.
“¿Supongo...
que sí?”.
“…….”
“¿Quiere
que intente contactarlo? Aunque el entrenamiento siga en curso, él responderá
de inmediato si es usted”.
“No”.
Con
las mejillas ya teñidas de un rojo brillante por el alcohol, Se-hwa negó con la
cabeza con determinación.
“Vámonos”.
“No
puede ser. Primero vayamos con la Capitana Na…”.
“Está
bien. Vámonos ya, Suboficial Choi”.
Con
el color rojo extendiéndose ya hasta su cuello, Se-hwa señaló con firmeza hacia
algún lugar. Por sus palabras, parecía que quería señalar la puerta, pero como
ya había perdido el sentido de la orientación, su dedo apuntaba directamente a
la sección de champán.
“Esto...
señor”.
“Como
él hace todo lo que no me gusta y me mintió, yo también voy a hacer lo que al
General no le gusta”.
“Eso
es... pero no se puede decir exactamente que sea una mentira.... Ya sabe lo
increíble que es la capacidad de recuperación del General. Si usó esa cantidad
de medicina fue porque juzgó que no sería un gran problema para su cuerpo,
¡señor!”.
Se-hwa,
con los labios fruncidos en un berrinche, empezó a caminar hacia cualquier
lado. Sus piernas flaqueaban como las de un animal recién nacido, pero ¿qué
importaba? Algún camino encontraría si seguía caminando.
'Ahora
que somos esposos, dije que deberíamos consultarlo todo y ajustarnos juntos...'.
Odiaba a Ki Tae-jeong por no haber dicho ni una palabra sobre la dosis de sus
medicamentos en todos estos años desde que nació Hae-rim y volvieron a estar
juntos. Sabía que era un depravado y un pervertido, pero odiaba muchísimo a ese
Ki Tae-jeong que, antes de conocerlo, usaba juguetes, tenía juegos violentos e
incluso lo hacía con varias personas. Y conmigo solo se limita a darme
besitos....
Por
eso, él también quería hacer algo que a él le disgustara profundamente, pero el
hecho de que no se le ocurriera nada en concreto hacía que Se-hwa se sintiera
aún más frustrado.
Pensó
por un momento en comprar cosas inútiles para dejar atónito a ese hombre cuando
recibiera las notificaciones de los pagos, pero Ki Tae-jeong era el tipo de
persona que más bien se sentiría orgulloso de que Se-hwa gastara dinero.
Probablemente hasta lo elogiaría preguntándole si había comprado algo que no
fuera harina... Ah, ¿y si compro 'eso'...?
La
idea que se le ocurrió de repente parecía bastante útil, así que Se-hwa asintió
satisfecho. Si le llegaba una notificación de que había comprado 'eso', pensó
que incluso el gran Ki Tae-jeong se desconcertaría un poco.
“Ay,
señor”.
Cuando
Se-hwa, que caminaba con determinación en diagonal, se detuvo de repente en
seco, el Suboficial Choi soltó un quejido y merodeó a su alrededor. Tenía ganas
de cargarlo al hombro y llevárselo, pero sabía que si lo hacía, su superior le
daría una paliza de muerte, así que no sabía qué hacer.
“Sub...,
hip, oficial Choi”.
Sin
importarle lo que sintiera su pobre subordinado, el señor, que estaba
profundamente enfadado, golpeaba repetidamente la pantalla de su celular con el
rostro aún más rojo que antes.
“Yo.
Acabo de tener una idea muy buena”.
“...No
lo sé. Me parece que, sea lo que sea, no va a ser una buena idea...”.
Sin
hacer caso a los rezongos de Choi, Se-hwa le tendió el teléfono con una sonrisa
radiante. Como era de esperar, en la barra de búsqueda del mapa no había ni una
letra bien escrita.
“Ge...,
no, Suboficial. Lléveme aquí”.
“Eh,
mmm... ¿Dónde sería 'aquí', señor?”.
“¿Eh?
¿Aquí no es... ese lugar?”.
“...Es
decir, necesito que me diga dónde es 'aquí' y dónde es 'ese lugar'...”.
“Una
tienda de artículos para adultos”.
“Ah,
sí... ¿...Qué?”.
Se-hwa
parpadeó con sus grandes ojos mientras terminaba de lamer con la lengua el
licor que humedecía sus labios. Sus ojos, que intentaba mantener entornados
para parecer lo más feroz posible, estaban teñidos de rojo por la embriaguez.
“Vamos,
a comprar artículos para adultos”.
