16. Epílogo. El sabor que permanece

 


16. Epílogo.

El sabor que permanece

 

‘Damas y caballeros, cocinar no es simplemente una técnica para llenar el estómago. Cocinar es un arte y la comida es una obra. El movimiento de la punta del cuchillo debe ser tan delicado como el de un escultor, y el manejo de la sartén debe tener la disciplina de un bailarín. La cocina se convierte en su escenario. No importa cuán ocupados o urgidos estén, en la cocina siempre deben ser elegantes y no perder la dignidad. Solo así se completa un plato que es como una obra de arte única’.

Estas fueron las palabras de un profesor cuando Noah asistía a la escuela de gastronomía. Noah, impresionado por aquella lección, escribió la frase en la primera página de su libreta y la leía a diario, esperando el día en que se convertiría en un chef orgulloso y desplegaría su propio arte en la cocina.

Sin embargo, Noah Santino, que hoy cumplía exactamente tres meses trabajando en una cocina real, hacía mucho tiempo que había arrancado esa página y la había arrojado a la basura. ¡Arte, mis narices! No sabía cómo sería la cocina de aquel profesor, pero al menos la cocina de L’Orée era un campo de batalla donde reinaban la sangre, el sudor y los insultos. Él no era más que un soldado raso que se movía bajo las órdenes de sus superiores. En ese lugar, lo único con un estatus inferior al suyo eran las sartenes a las que se les había caído el teflón.

“¡Noah, trae más albahaca! ¡Para la mesa 12!”.

“¡Sí, chef!”.

Antes de procesar la orden que cayó como un rayo, la respuesta salió de su boca por acto reflejo. El calor sofocante de la cocina y el ruido ensordecedor de mil sonidos distintos lo aturdían. Noah se quedó parado en medio de la cocina con las manos llenas de cáscaras de pimiento. Alguien le había dicho que los pelara y alguien le había dicho que los picara, pero no recordaba quién. Además, acababa de recibir una nueva orden. ¿Dónde estaba la albahaca?

“¡Noah! ¡¿Por qué tardas tanto?!”.

“¡A-aquí está! Lo siento”.

“Casi se me sale el cuello esperando los pimientos. La próxima vez, tráelos picados de inmediato. Ah, y saca una botella nueva de aceite de oliva y déjala ahí”.

“¡Sí, chef!”.

Noah cruzó la cocina para reponer el aceite y conseguir la albahaca. Al abrir el estante de las hierbas, vio docenas de variedades ordenadas con etiquetas. Albahaca... ¿dónde estaba? Ah, ¿era esa? La letra era tan garabateada que no se entendía—

“¡Noah!”.

Esta vez, la voz afilada de la chef Claudia voló desde la mesa de preparación frontal.

“¿Seguro que revisaste la etiqueta antes de sacarlo? ¡Esto es pasta de tomate!”.

“¡Ah, lo siento! Iré a cambiarlo rápido—“.

“Revisa antes de sacar algo, por favor. Estamos muertos de trabajo, no nos hagas trabajar doble. Y te dije que no cortaras las zanahorias tan finas. ¿Cuántas veces tengo que decirte que se deshacen rápido para que lo recuerdes?”.

Aquí, el más mínimo error se convertía en una reprimenda severa. Como sabía que eso era normal en una cocina donde cada minuto y segundo eran decisivos, la única respuesta que Noah podía dar era ‘lo siento’. El sonido de los cuchillos golpeando las tablas sin piedad, tapas de ollas cayendo, sartenes raspando, personas gritando y moviéndose sin descanso. Sus manos se movían más rápido de lo que su cerebro podía procesar.

Justo cuando sentía que le iba a dar un ataque de pánico, una voz familiar llegó por encima de su hombro.

“Noah, ¿tienes las manos libres?”.

“¡Ah, sí!”.

“No es cierto. Tienes albahaca en las manos”.

“Ah...”.

“Dámela. ¿Es la que pidió Martin, verdad?”.

Había un rastro de risa en la voz. Una mano grande tomó la albahaca de sus manos y se la pasó a Martin. Gracias a eso, evitó que lo regañaran por traerla tarde. El dueño de esa mano grande era el chef junior, Avery Remington. A diferencia de él, Avery no había estudiado en una escuela de cocina y se decía que llevaba menos de tres años trabajando en una. Incluso tenían una edad similar. Sin embargo, Noah no podía evitar admirar lo relajado que parecía en medio de ese caos.

“¿Me ayudas a terminar esta pasta?”.

Incluso era amable. Noah asintió.

“La ralladura de limón para el toque final está aquí, y a la pasta le quedan 20 segundos. Sácala cuando yo te diga”.

“¡Sí, chef!”.

“Y los platos están en el estante de la derecha”.

“¡Sí!”.

Noah observaba con asombro cómo Avery movía las manos con naturalidad mientras hablaba.

¿Cuándo podré ser como él?, pensaba mientras se movía frenéticamente. Las instrucciones de Avery eran precisas y breves, fáciles de seguir, y su actitud siempre era calmada. Incluso cuando Noah cometía errores, Avery no lo regañaba; al contrario, lo consolaba diciendo que estaba bien y arreglaba el desastre por él. Si le preguntaran a quién quería parecerse más en esa cocina, Noah elegiría sin duda a Avery Remington. Aunque se había postulado a este restaurante por su admiración hacia el jefe de cocina, Jake Shin, y lo respetaba profundamente, desde el punto de vista humano, quería ser como Avery. Incluso había visto varias veces al mismísimo Jake Shin pedirle consejo a Avery.

Avery colocó rápidamente la guarnición final sobre la pasta que Noah había terminado y limpió el borde del plato con pulcritud.

“Listo. Que salga. ¡Mesa 7!”.

Solo cuando el mesero se llevó el plato, Noah pudo soltar un suspiro de alivio. Había sido un día inusualmente agitado. Avery le dio una palmadita en el hombro para darle ánimos.

“Aguanta un poco más. Falta poco para que termine el turno del almuerzo”.

Y, aunque no tuviera nada que ver con la cocina, Avery Remington era muy guapo. Tenía un aire como de protagonista de película juvenil antigua. Con esa personalidad y apariencia, Noah pensaba que habría tenido éxito en cualquier lugar, incluso fuera de una cocina. Por supuesto, agradecía que Avery hubiera elegido el camino de chef. Puesto que tenía que verle la cara todos los días, era mejor que fuera una cara bonita.

Qué suerte tiene la novia del chef, pensó Noah mientras asentía. Antes, por curiosidad, le había preguntado y Avery le respondió que tenía pareja. Atractivo, buen cuerpo, gran cocinero... ¿dónde se encontraba otro novio así?

“Perdona, ¿podrías picar esto también? Hazlo en corte brunoise, por favor. Que el tamaño sea lo más uniforme posible. Ah, antes de eso, precalienta el horno a 180°C y pasa la verdura por el deshidratador”.

“¡Sí, chef!”.

Mientras respondía con energía y hacía paso a paso lo que Avery le pidió, Noah sintió que el aire en la cocina cambiaba de repente. Giró ligeramente la cabeza y vio que el jefe de cocina, Jake Shin, se había acercado.

¡Uf!

Noah sintió que sus hombros se tensaban. Para él, si Avery era el superior al que admiraba, Jake Shin era una figura legendaria casi inalcanzable. Jake Shin también era guapo, pero a diferencia de Avery, su atractivo lo hacía parecer aún más distante. Ya era una locura que hubiera ganado tres estrellas Michelin antes de los treinta, pero tener ese aspecto además... Dios es injusto, pensó Noah. Le daba miedo incluso dirigirle la palabra, temiendo parecer patético ante alguien tan perfecto y sin defectos.

“Avery, ¿esta es la misma receta que salió para la mesa del pabellón?”.

“Sí, chef. Le puse 0.2 gramos menos de regaliz al final, considerando las preferencias de la mesa”.

“... Bien hecho. De hecho, parece que el equilibrio del aroma es mejor así. ¿Puedes organizar toda la receta para la mejora del menú de la próxima semana?”.

“Sí, la dejaré lista hoy mismo después del cierre”.

“¿Algo más de lo que deba ocuparme?”.

“Nada. Ya informé al personal del salón y al equipo”.

“Perfecto. Te encargo el resto”.

Tras la partida de Jake Shin, Noah vio a Avery trabajando con la naturalidad de siempre.

Yo me pongo nervioso solo con tener a Jake Shin cerca, y él habla como si nada...

Sabía que Avery había sido parte del equipo de Jake desde el restaurante ’Inspire’, pero Avery seguía siendo un chef junior. Aun así, en esa breve conversación se notaba la profundidad de la confianza que Jake Shin depositaba en él, y Noah se maravilló en silencio.

Qué superior tan genial...

Seguramente Avery también habría pasado por una etapa de aprendiz torpe como él, pero viendo su imagen actual, era difícil de imaginar.

“Oiga, superior”.

“¿Qué pasa?”.

“¿Es usted muy cercano al jefe de cocina?”.

“¿Eh?”.

“Es que no parece nada nervioso cuando habla con él”.

¿Cómo habrá conseguido ganarse la confianza de Jake Shin?

Noah sintió que la curiosidad le desbordaba. Se acercó a Avery y le preguntó, pero este pareció un tanto desconcertado.

“... Bueno, hemos trabajado juntos desde hace tiempo”.

“¿El chef Shin era así de estricto también en Inspire?”.

“Mmm, era peor. En realidad, se ha ablandado mucho ahora”.

“¿Eso es estar ablandado?”.

“Una vez, porque alguien cocinó demasiado la carne, hizo que el cocinero le pidiera perdón al filete”.

“No le creo...”.

“Es verdad. Así que el cocinero le pidió perdón a la carne a todo pulmón para que se oyera en toda la cocina. Fue un evento inolvidable...”.

Avery murmuró con una voz que sonaba ligeramente nostálgica. ¿Pedirle perdón a la carne? ¿Cómo se hace eso? ¿Ponerse frente al trozo de carne y decir: ‘Carne, lo siento’? Solo imaginarlo le daba una crisis existencial. Si eso era cierto, entonces Jake Shin sí se había ablandado, porque aunque seguía dirigiendo la cocina con rigor, nunca había hecho algo que llevara a alguien a ese límite.

¿Significa eso que mi superior aguantó en ese entorno sin irse? Noah dijo con cuidado”.

“Es increíble que haya aguantado en un lugar así”.

“Incluso admiraba ese lado del chef. Si hubiera podido obtener su reconocimiento, le habría pedido perdón no solo a la carne, sino hasta a un brócoli. Bueno, creo que si me lo pidiera ahora, lo haría sin dudar”.

“El chef Shin es genial, eso es cierto. ¿Cree que podamos ganar las tres estrellas Michelin el próximo año?”.

Aunque llevaba menos de medio año funcionando, L’Orée, el nuevo restaurante de cocina francesa moderna del chef Jake Shin, solo recibía elogios de la prensa y los críticos. Se rumoreaba que las tres estrellas Michelin para el próximo año estaban aseguradas. Aunque era mucho más pequeño que Inspire, la calidad de la comida era aún mayor, ya que Jake Shin se involucraba en cada proceso de la preparación. Gracias a eso, para tener una cena decente en L’Orée había que reservar con al menos dos meses de antelación, y la lista de espera crecía cada día. Las solicitudes de entrevistas y propuestas de colaboración llegaban casi a diario, pero hasta ahora, el jefe de cocina solo había permitido un reportaje: al periódico The Village Voice.

‘¡Es arte, puro arte!’.

Cuando Noah escuchó por casualidad a un cliente murmurar eso al salir del restaurante, recordó las palabras de su profesor. Solo entonces comprendió que la comida hecha en un campo de batalla podía convertirse en arte al llegar al cliente. Al menos para Jake Shin, eso era posible. *Si lo hubiera sabido antes, mi libreta estaría intacta*, pensó Noah. Aunque no tenía ganas de volver a escribir la frase.

Por supuesto, también había críticas que señalaban que los platos de Jake Shin en L’Orée se alejaban demasiado de la gramática francesa tradicional. De hecho, el menú era muy diferente al que mostraba en Inspire. Aunque la base era francesa, la combinación de ingredientes, la estructura de los sabores y el emplatado hacían difícil encasillarlo en una identidad específica. La opinión de algunos críticos era que resultaba demasiado heterogéneo para agruparlo bajo la palabra ‘moderno’.

Sin embargo, la respuesta predominante era que incluso eso encajaba perfectamente con el nombre del restaurante, que en francés significa ‘el borde’ o ‘el linde’ (L’Orée). A veces, al ver el nombre grabado en la entrada con una caligrafía dorada y elegante, Noah sentía que el orgullo florecía en su pecho. Se daba cuenta de que trabajaba en un lugar increíble. Y si a eso se le sumaban las tres estrellas Michelin...

Avery leyó la expectativa en su rostro y soltó una risita.

“Ganar las tres estrellas de inmediato sería bueno, pero... si no las ganamos, ¿qué pasa? Podemos ganarlas al año siguiente. El restaurante no va a cerrar este año, así que no importa si vamos despacio. Ya estamos recibiendo críticas suficientemente buenas”.

“Sé que tiene razón, pero me pongo nervioso de solo pensar en los inspectores Michelin visitando el restaurante. Se nota que usted tiene experiencia y le sobra tranquilidad”.

“No es eso, es más bien...”.

Por alguna razón, Avery dejó la frase a medias y guardó silencio un buen rato. Parecía sumido en sus pensamientos. A veces, cuando hablaban de la gestión o el futuro del restaurante, Noah sentía una vibra extraña en Avery. No sabía cómo expresarlo con exactitud, pero era como si tuviera una perspectiva diferente. A diferencia de él, que solo veía lo que tenía delante, Avery a veces decía cosas que parecían mirar hacia un futuro lejano. En esos momentos, la imagen de Avery se superponía con la del jefe de cocina. Técnicamente, para Avery esto era solo un trabajo, pero su sentido de la responsabilidad era excepcional. Bueno, por eso debía de tener la confianza de alguien tan estricto como Jake Shin...

“O sea, que no debo obsesionarme con la Michelin.

“Exacto. Con lo que pasó la última vez, aprendí que el número de estrellas no lo es todo. Es inevitable que los clientes se dejen llevar por eso, pero al final, la Michelin es solo un cliente más entre muchos. Me prometí que, al menos yo, no me dejaría influenciar. Soy cocinero.

“Vaya...”.

“Por cierto, eso no lo dije yo, lo dijo el jefe de cocina”.

“Usted y el jefe de cocina son realmente muy cercanos”.

“Mmm, bueno...”.

“¿Cómo se hicieron tan amigos? Es increíble. A mí me da tanto miedo que ni siquiera puedo hablarle bien”.

“¿En serio? A mis ojos, él solo es...”.

“¿...?”.

“Nada. Es cierto que el jefe de cocina tiene una personalidad que se presta a malentendidos. Pero es una buena persona. A veces hasta pienso que es demasiado ingenuo”.

“... Ah, ya veo”.

¿Ingenuo? ¿Ese jefe de cocina? Noah se contuvo las ganas de preguntar si estaban hablando de la misma persona. Llamar ingenuo al temible Jake Shin... ¿Quizás quería decir que solo sabía de cocina? Si era eso, podía entenderlo un poco, pero seguía siendo una expresión que chocaba con la imagen de Jake Shin. Ante su reacción escéptica, Avery pareció recuperar la objetividad y concordó riendo: “Entiendo que para un novato pueda parecer aterrador”.

Aun así, al oír a Avery hablar así, Noah pensó que incluso Jake Shin no mantenía su faceta de jefe de cocina aterrador frente a las personas cercanas. Se sentía extraño conocer un lado de Jake Shin que no había imaginado antes. Pero antes de poder seguir pensando en ello, oyó que gritaban su nombre desde atrás.

“¡Noah, ayúdame con esto!”.

“¡Sí, chef!”.

Noah se lanzó de nuevo al campo de batalla. Sin imaginar que, apenas unos días después, descubriría otra faceta de Jake Shin mucho más impactante que lo que había aprendido hoy.

***

“... Ah, maldición”.

Solo cuando llegó cerca de la parada del autobús, Noah se dio cuenta de que había olvidado su billetera en el vestidor. Le daba pereza volver, pero como allí tenía todo su efectivo y sus tarjetas, no podía ni siquiera tomar el autobús a casa sin ella. Al final, Noah regresó al restaurante murmurando maldiciones en voz baja. Esperaba que ya no hubiera nadie, dado que él casi había sido el último en salir, y al entrar confirmó que así era. Las luces estaban apagadas y la cocina estaba en un silencio sepulcral.

Creo que la dejé sobre la silla cuando me cambié...

Noah se dirigió al vestidor. A diferencia del resto del lugar, una luz tenue se filtraba por la rendija de la puerta entreabierta. Como no se oía ningún ruido dentro, pensó que alguien se había olvidado de apagar la luz al salir. Decidió que la apagaría él al llevarse la billetera. Noah empujó la puerta sin pensar y se sobresaltó al ver una figura moviéndose en un rincón.

“¡Aah!”.

“... ¿Noah?”.

“¿Ch-chef?”.

Dentro del vestidor estaba, sorprendentemente, el jefe de cocina Jake Shin. Además, parecía que se estaba cambiando, ya que tenía el torso completamente descubierto. El corazón de Noah latía con fuerza por encontrarse con alguien a esas horas, y notó que Jake también se tensó ligeramente por la sorpresa. Noah explicó rápidamente que había olvidado su billetera y había vuelto por ella. Jake asintió, como si recordara algo.

“Había una billetera sobre la mesa, así que era la tuya”.

“Sí, seguramente”.

“Espera un momento. La guardé en el cajón para buscar al dueño después”.

Jake Shin se inclinó y abrió un cajón cercano. Click. Noah admiró momentáneamente el cuerpo esbelto y sin un gramo de grasa del chef, algo difícil de creer para su profesión, pero pronto frunció el ceño al notar unas marcas rojas muy claras en sus brazos, cintura y espalda.

“¿Qué es eso? ¿Se hizo daño?”.

“.......”.

Al mirar más de cerca, las marcas no parecían normales. No sabía exactamente cómo se habían producido, pero por mucho que mirara, no parecían simples rasguños o golpes accidentales. Más bien parecían... una especie de rastro dejado por alguien con una intención muy clara. Era imposible que Jake se hubiera hecho esas marcas en la espalda él mismo, ya que no alcanzaba. ¿Significaba eso que alguien lo había lastimado? Y justo en zonas que normalmente no están a la vista... En el momento en que la semilla de la sospecha se plantó en la cabeza de Noah, el hombre se dio la vuelta. Noah se sobresaltó al cruzar la mirada con él.

“Aquí tienes, tu billetera”.

“... Ah, sí. G-gracias”.

“Vete a casa pronto. Debes de estar cansado”.

Jake sonrió con amabilidad. Noah tenía muchísimas ganas de preguntarle por las marcas en su cuerpo, pero no sabía si era asunto suyo, así que no pudo decir nada. Al final, tomó la billetera, se despidió de Jake y salió del restaurante.

Las misteriosas marcas rojas en el cuerpo del jefe de cocina Jake Shin perturbaron la mente de Noah durante todo el camino en autobús de regreso a casa. Sabía que preocuparse así podía ser una falta de respeto. Jake era un adulto con edad suficiente para cuidarse solo. Pero, ¿y si por un casual Jake estaba en una situación en la que necesitaba ayuda? ¿Y si había un problema grave pero no podía pedir ayuda por orgullo o por alguna circunstancia especial? Si fuera así... ¿no debería intervenir él?

Sentía el pecho oprimido. Noah presionó con fuerza el botón de parada del autobús. Si la persona no hubiera sido el jefe del restaurante donde trabajaba, sino un vecino, tal vez habría dejado el asunto en manos de la policía de inmediato. Pero en esta situación, no podía denunciar a la ligera. Puede que Jake no quisiera que el asunto se hiciera tan grande. Además, ni siquiera sabía si Jake tenía pareja. Le pareció haber oído que vivía con alguien... Tal vez debería hablar con el jefe de cocina. Pero, ¿cómo empezar la conversación?

Mientras Noah se hundía en un mar de dudas, el sonido electrónico de mensajes llegando sonó repetidamente.

 

[¿De casualidad puedes venir mañana antes de las 10?]

[Creo que sería bueno organizar los ingredientes juntos antes del informe de la mañana.]

[No hace falta que te presiones, avísame si puedes :)]

 

Era un mensaje de Avery. En ese momento, una revelación como un rayo golpeó a Noah. ¡Claro, estaba su superior! Avery era cercano a Jake y lo conocía bien. Probablemente también sabía quién era la pareja de Jake. Además, Avery no era el tipo de persona que iría por ahí chismeando si él le confiaba lo de las heridas de Jake. Era, sencillamente, el confidente perfecto.

¡Definitivamente, mi superior es el mejor! ¡Es tan confiable en momentos como este...!

Noah, aliviado por haber pensado en la solución ‘Avery’, le respondió confirmando que iría temprano al trabajo al día siguiente y añadió que necesitaba que le dedicara algo de tiempo porque tenía algo que consultar. La respuesta llegó casi de inmediato:

 

[¿Es algo grave?]

[Sí, eso creo]

[Entendido. Entonces, pasado mañana, después del trabajo, vamos por una cerveza.]

 

Parecía que la seriedad del asunto se había transmitido a través del mensaje, ya que Avery respondió con solemnidad. Afortunadamente, gracias a Avery, Noah pudo soltar un suspiro de alivio y bajó del autobús con el paso mucho más ligero.

***

“¿Qué tal aguantas el alcohol?”.

“... ¿Perdón? Lo siento, no lo escuché”.

“Te pregunté si bebes bien”.

“Ah...”.

Noah miró fijamente las gotas de agua que resbalaban por su vaso de cerveza fría, humedeciendo la mesa. Frente a él, el hombre con el cabello de un color similar a la lager dorada cuya espuma ya se había desvanecido a la mitad, lo observaba. A diferencia de Noah, que estaba algo inquieto, Avery se veía igual que siempre. Parecía, genuinamente, un colega que simplemente había ido a tomar algo relajadamente después del trabajo. Y aunque eso fuera cierto...

“No, no bebo muy bien. Pero sé cómo disfrutar del ambiente”.

“Oh, ¿suenas como un adulto diciendo eso?”.

“Ah, no, comparado con usted, superior...”.

Al ver cómo Noah se alteraba, Avery soltó una risita. Noah pensó que el interrogatorio empezaría de inmediato, pero el tema que Avery sacó a colación no tenía nada que ver con su consulta.

“Hoy fue un día duro. Si no hubiera sido por la mesa 4, habría sido un día bastante pacífico”.

“Ah, ¿se refiere a los que se quejaron de que no olía a trufa?”.

“Exacto. En todo lo que llevo viviendo, es la primera vez que escucho una queja así”.

“¿No habrá sido que tardé mucho en llevar el plato y el aroma se evaporó?”.

“Mmm, no lo creo. Ese cliente es así. Se queja cada vez que visita el local. Ha venido cinco veces y las cinco veces ha puesto una queja”.

“¿En serio? A ese paso, parece que viene solo para quejarse”.

“No sé si le gusta nuestro restaurante o no. Supongo que viene tanto porque le gusta, ¿verdad?”.

“... Aun así, agradecería que no viniera. Cada vez que oigo que hay una queja en el salón, siento que se me detiene el corazón...”.

Ante eso, Avery dejó de beber su cerveza por un momento y se rio.

“Vaya, no es para tanto. Cuando trabajaba en ’Inspire’, recibimos una queja porque encontraron una cáscara de zanahoria en la comida. Y nada menos que de un crítico famoso”.

“¡Cielos!”.

“Y ese día, el único que había preparado las zanahorias era yo. Además, el crítico escribió un artículo atacando ferozmente al restaurante por esa cáscara. Nadie me dijo nada directamente, y Jae-yeon o sea, Jake regañó a mis superiores, pero... el ambiente era tan gélido que en ese momento consideré seriamente renunciar”.

Ahora que lo pensaba, Noah había oído a algunos veteranos de Inspire mencionar lo de la cáscara de zanahoria un par de veces; debía de ser esa historia. Aunque la verdad salió a la luz después, Avery debió de haber sufrido mucho hasta entonces. Honestamente, Noah pensaba que él no habría soportado esa atmósfera y habría renunciado, pero Avery logró aguantar.

“Usted también es increíble, superior”.

“Fue gracias a que el Chef me defendió diciendo que cualquier aprendiz puede cometer errores”.

“... Definitivamente parece una buena persona. El Jefe de Cocina”.

“Te lo dije”.

Avery sonrió suavemente. Con unos aperitivos ligeros recién llegados frente a ellos, la charla trivial continuó. Hablaron principalmente de temas del restaurante: retrasos en la entrega de ingredientes o errores cometidos en la cocina ese día. Durante toda la charla, Noah buscó varias veces la oportunidad de sacar el tema que tenía preparado, pero cuando estaba a punto de hablar, las palabras se le atascaban. Quizás no quería romper ese ambiente tan cómodo.

Sin embargo, el momento de la decisión llegó. Los temas de conversación se agotaron y se produjo un silencio repentino. Noah se dio cuenta entonces de que Avery había relajado el ambiente a propósito para que le resultara más fácil hablar. Aun así, no era sencillo. Mientras Noah daba sorbitos a su cerveza mirando una mancha en la mesa, la voz de Avery sonó baja desde el otro lado.

“Noah, ¿no dijiste que tenías algo que decirme?”.

Al final, hizo que él preguntara primero. Noah echó un vistazo rápido; la expresión del hombre era muy calmada y no parecía haber ninguna emoción especial en su rostro. Parecía no tener idea de qué tema iba a sacar. Noah suspiró profundamente. Afortunadamente, gracias al alcohol, sentía que podía tener un poco más de valor de lo habitual. Noah tomó otro trago de cerveza y finalmente abrió la boca.

“... Es sobre el Jefe de Cocina”.

“¿Sobre Jake?”.

“Sí”.

“... Es un tema que no me esperaba. Está bien, dime”.

Avery parecía genuinamente sorprendido. Era lógico. Noah preguntó con cautela.

“Usted es cercano al Jefe de Cocina, ¿verdad?”.

“... Bueno, se podría decir que sí. ¿Pero por qué?”.

“Entonces, ¿por casualidad sabe qué clase de persona es la pareja del Jefe?”.

“... ¿Su pareja?”.

“Sí, antes escuché que tenía a alguien”.

“Tiene... sí, tiene”.

“¿Usted lo ha conocido?”.

“Mmm...”.

Avery dudó un momento y luego asintió. Al ver que no respondía con soltura, Noah pensó que quizás Avery tampoco conocía muy íntimamente a esa persona. Fue un poco decepcionante, pero no había nadie más a quien pudiera preguntarle. Noah no se rindió y continuó.

“¿Esa pareja es una buena persona?”.

“... Es un poco difícil para mí decir esto o aquello sobre eso”.

“No se preocupe, superior. Guardaré bajo absoluto secreto cualquier cosa que diga en esta mesa”.

“...”.

“Superior, por favor. Es algo importante”.

“¿De qué se trata para que te pongas así?”.

“Es que quiero conocer su opinión antes de darle detalles. Usted lo entenderá cuando se lo cuente después. ¿Ha hablado alguna vez con esa persona?”.

“... ¿Tendría que decir que sí?”.

“¿Y cómo fue?”.

“¿Cómo fue? Pues... parecía una persona normal, supongo...”.

“¿No será que es un tipo que no está muy bien de la cabeza?”.

“¿A qué te refieres con que no está bien?”.

“Ya sabe, de esos que tratan mal a su pareja, o que tienen un carácter violento, de ese tipo”.

“... ¿Acaso Jake te ha contado algo?”.

“No, él no es el tipo de persona que me contaría algo así. No somos tan cercanos”.

“Es cierto”.

Avery se veía extrañamente inquieto. Noah ya sabía que él no era de los que disfrutaban los chismes, así que no le sorprendió. En cualquier caso, el hecho era que conocía a la pareja de Jake... Aunque la gente alrededor estaba ebria y no parecía interesada en su conversación, Noah se acercó más por si acaso. Y preguntó en el tono más bajo posible.

“Esa persona... es un hombre, ¿verdad?”.

“Sí”.

“¿Es alto? ¿De complexión fuerte?”.

“... No sé por qué me preguntas eso tan secretamente, pero... supongo que sí”.

“¿Es más alto que el Jefe de Cocina? El Chef tampoco es bajito que digamos”.

“Es más alto que Jake”.

“¿Entonces, como usted?”.

“... Sí”.

Noah, habiendo obtenido su confirmación circunstancial, asintió. Aunque fuera un prejuicio, si la pareja de Jake Shin era un hombre y además superior en altura y físico, la probabilidad de que lo que vio fueran rastros de violencia aumentaba. Avery seguía pareciendo no tener idea de a qué quería llegar. Noah lo miró y dijo con total determinación.

“¡Superior, creo que el Jefe de Cocina necesita ayuda!”.

“¿Que Jake necesita ayuda?”.

Avery finalmente se puso serio y frunció el ceño. Noah le contó lo que había visto en el vestidor. Mientras escuchaba, el rostro de Avery pasó por el rojo, el pálido y la confusión; cambiaba constantemente. Parecía que le costaba aceptar que alguien cercano estuviera pasando por algo tan lamentable. Pero era inevitable. Noah terminó su historia planteando su conclusión con orgullo: sin duda, la pareja de Jake Shin era un desperdicio humano, una bestia que recurría a la violencia.

“No puedo creer que el Jefe de Cocina esté saliendo con alguien que es menos que un animal, capaz de golpear a su pareja. Sinceramente, pensé seriamente en llamar a la policía. Pero pensé que eso podría poner al Jefe en una situación difícil, por eso decidí consultarlo con usted primero”.

“...”.

“Como usted es cercano al Jefe, pensé que podría intervenir en su lugar. Yo también lo pensé mucho. Pero después de ver algo así, no podía simplemente ignorarlo y pasar de largo...”.

“... Noah, ¿no le has contado esto a nadie más que a mí?”.

“No lo he hecho. Todavía no”.

“...”.

Tras un largo silencio, Avery levantó la cabeza con una expresión de resolución y le pidió encarecidamente que, por favor, no se lo contara a nadie más por consideración a la reputación de Jake Shin; él se encargaría de solucionar el asunto. Al ser Avery quien lo pedía, alguien con un fuerte sentido de la responsabilidad, Noah no tuvo más remedio que aceptar. Cuando Noah aceptó, Avery le dio las gracias. Noah preguntó: “¿Pero podré preguntarle después cómo terminó todo?”, a lo que Avery asintió con una expresión algo ambigua.

Pasó bastante tiempo desde aquel día hasta que Noah descubrió quién era la pareja de Jake Shin. Como nunca se imaginó que ‘esa persona’ fuera ‘esa persona’, el impacto fue enorme, pero lo más impactante fue que casi todo el personal, excepto él, ya conocía la identidad de la pareja. Cuando preguntó cómo es que todos lo sabían, Martin chasqueó la lengua y se burló de él diciendo que era obvio a simple vista y que más bien era increíble que él no se hubiera dado cuenta. Al comprenderlo, Noah sintió que muchas cosas que antes le habían hecho dudar cobraban sentido, y saboreó la amargura de la situación.

Pero aun así... ¿no actúan de una forma demasiado diferente a como se ven?

***

“Jaja, es cierto. Nos encontramos en ese momento. Lo había olvidado por completo, pero justo Noah tuvo que verlo”.

“Jae-yeon, esto no es para reírse... Casi me denuncia a la policía”.

“Lo siento, tendré más cuidado al cambiarme de ahora en adelante”.

“... Incluso tuve que escuchar que soy ‘menos que un animal que golpea a su pareja’”.

Shin Jae-yeon contuvo las ganas de reírse de nuevo. Avery se veía notablemente decaído, probablemente por haber sido criticado tan duramente por Noah. Sin embargo, no parecía guardarle rencor, sabiendo que Noah lo había dicho por preocuparse por él. Aunque no habían proclamado su relación, la verdad es que nunca habían intentado esconderla, por lo que le resultaba increíble que todavía quedara alguien en el equipo que no lo supiera.

Noah... ¿será que es un poco despistado?

“¿Por qué no se lo dijiste simplemente? Que estamos saliendo. No hay razón para ocultarlo, ¿no?”.

“Es que perdí el momento adecuado y se volvió raro decirlo después...”.

“Bueno, tarde o temprano Noah se enterará. Alguien se lo dirá, ¿no crees?”.

“Supongo. Aun así, creo que es un buen chico”.

Shin Jae-yeon palmeó la espalda de Avery consolándolo, diciendo que el malentendido se aclararía pronto. Como ya llevaban mucho tiempo en esta relación, a veces olvidaba que practicar este tipo de juegos no era algo común para el resto del mundo y cometía errores. Avery también había mejorado su control con el paso de los días; ahora era capaz de llevarlo hábilmente al límite dejando solo heridas superficiales que desaparecían por completo con el tiempo. Siempre había tenido un talento innato para el BDSM, pero ahora realmente no le quedaba grande el apodo de ‘El Látigo Dorado de Queens’... no, de ‘El Látigo Dorado de Nueva York’. Claro que eso era solo durante el juego; de día, desempeñaba a la perfección su papel de novio dulce y adorable.

“Aun así, es un alivio que me lo haya contado a mí”.

“¿A quién más se lo iba a contar? Cuando te mira, sus ojos brillan de admiración”.

“¿Noah? Bueno, soy el que más lo ayuda, y hace poco que terminó su aprendizaje...”.

Avery fingió modestia por timidez, pero no era solo por ignorancia que el nuevo aprendiz seguía a Avery. Shin Jae-yeon sonrió. Al ver lo hábil que se había vuelto Avery en la cocina últimamente, a veces sentía un poco de nostalgia por aquel aprendiz inexperto al que Marco regañaba a diario. Y dada la personalidad de Avery, que no era de los que hacían novatadas o presionaban duramente a los nuevos, era comprensible que los aprendices le abrieran su corazón con tanta facilidad.

Además, eso no se limitaba solo a los aprendices; Avery servía actualmente como una especie de lubricante esencial para que L’Orée funcionara correctamente. Aunque Avery mismo no le daba importancia, para Jae-yeon, a quien le resultaba más difícil tratar con personas que cocinar un plato, la flexibilidad y la calma de Avery eran una ayuda incalculable.

“... Oh, este se ve delicioso”.

“Es un vino del sur de Francia, cosecha 2020. Es un Syrah monovarietal, fermentado de forma natural sin filtrado antes del embotellado. ¿Gustan probarlo?”.

“Mmm... ¿Sabe un poco a ciruela poco madura? Jae-yeon, pruébalo tú también”.

Shin Jae-yeon inclinó la copa de cata que le entregó el empleado. El aroma se extendió por su boca suavemente, dejando una ligera aspereza al final de la lengua. Se encontraban en una cata privada donde varios importadores y productores de vino presentaban nuevos productos para ser seleccionados por el restaurante. Era un evento donde dueños de restaurantes, chefs y sumilleres juzgaban el aroma y el sabor para determinar el maridaje con sus menús.

Shin Jae-yeon no era un experto en vinos, pero ahora no era simplemente un chef, sino el dueño de un restaurante. Tenía que negociar directamente con proveedores de ingredientes y vajilla, gestionar la contratación y los recursos humanos, revisar el servicio, atender a los medios... el trabajo era interminable. Sabía que sería así, pero no esperaba que hubiera tantas cosas de las que ocuparse; honestamente, a veces extrañaba los días en que dejaba todos esos detalles a Diego y solo se concentraba en cocinar.

“La acidez es alta, pero la textura se siente un poco delgada. Es débil para usarlo como plato principal, y un poco pesado para acompañar entradas o pescados”.

“¿Y si lo servimos con el pato?”.

“No está mal, pero creo que habrá algo mejor. Gracias por la cata”.

“¿Vamos por allá? Hay mucha gente”.

A veces se preguntaba si no habría cometido un error enorme. Los días en que surgía algún problema en el restaurante, no podía dormir pensando que se había metido en problemas innecesarios. Pero cada vez que eso pasaba, había alguien que le tomaba la mano con firmeza para que no se tambaleara. Era este hombre que ahora tiraba de su brazo con una sonrisa inocente. A pesar de ser diez años menor y llevar solo unos pocos años en la industria, cuando escuchaba su voz dulce susurrándole al oído que todo estaría bien y que lo solucionarían juntos paso a paso, la ansiedad y la preocupación que rugían en su cabeza se calmaban. Se preguntaba si existiría otro tranquilizante tan efectivo como él. Aunque, por supuesto, solo funcionaba con uno.

“... Pero...”.

“¿Qué pasa?”.

“Pensé que esa persona también vendría aquí, pero no está”.

Al ver la expresión sutil de Avery, no necesitó preguntar a quién se refería. Nick Sorell. El Jefe de Cocina de North Square, quien había robado sus recetas para abrir su nuevo restaurante y lo había calumniado en los medios con declaraciones falsas. El impacto de darse cuenta de que había sido traicionado por su mano derecha, un sous-chef que había estudiado bajo el mismo maestro, fue indescriptible. Honestamente, no sería exagerado decir que estuvo casi fuera de sí durante varios meses después de aquello. Fue entonces cuando su relación con Avery también entró en crisis. Aunque no se podía culpar totalmente a Nick, no se podía decir que no hubiera tenido influencia.

“Bueno, supongo que en lugar de venir a estos sitios, debería estar desarrollando más recetas. Por cierto, Libby me envió un artículo nuevo, ¿quieres verlo? Es muy satisfactorio”.

Avery sacó su teléfono y le mostró una noticia de internet.

 

[North Square’ de Nick Sorell, una estrella fugaz... Fama derrumbada a solo 6 meses de su apertura]

[‘North Square’, que atrajo la atención en su apertura con un marketing agresivo atacando a restaurantes de tres estrellas Michelin, sufre recientemente críticas feroces que afirman que ‘su cocina no tiene filosofía’ y que ‘solo le queda la estética’. Un ex empleado que pidió el anonimato comentó que ‘las recetas no son consistentes y la originalidad está desapareciendo del menú’. Como consecuencia, las declaraciones del Chef de L’Orée, Jake Shin (ex Chef de Inspire), quien afirmó que Nick Sorell se llevó sus recetas íntegras, vuelven a cobrar relevancia...]

 

“Es un artículo de Eater New York. También ha salido en otros sitios. Parece que a Nick se le está acabando el repertorio. Dicen que es dudoso que reciba siquiera una estrella Michelin el próximo año”.

“... ¿Ah, sí?”.

El cambio radical en la valoración de Nick Sorell y su restaurante comenzó después de que se emitiera el documental sobre ’Inspire’. Justo cuando Nick traicionó a Jae-yeon y dejó el restaurante, la filmación estaba en pleno apogeo, y el equipo de producción decidió emitir esas partes difuminando el rostro de Nick pero manteniendo la tensión del momento. Nick probablemente pensó que ese documental respaldaría sus afirmaciones antes de que se emitiera; esperaba que, al resaltar el carácter obstinado y sensible de Jake Shin, su argumento de que lo despreciaba e ignoraba ganaría fuerza.

Pero la realidad fue distinta. No fue porque el documental embelleciera a Jake Shin. Al contrario, el documental mostraba la tensión cruda y la presión que se vive en una cocina profesional. Shin Jae-yeon mismo se sorprendió al verlo, dándose cuenta de cómo los demás percibían su obsesión por la calidad y el servicio, lo que lo llevó a tratar de cuidar más a quienes lo rodeaban. Sin embargo, lo que él consideraba defectos pareció verse de forma distinta a los ojos de los espectadores.

Todos admitían que él ganaría el premio al ‘Jefe con el que menos querrías trabajar este año’, pero la opinión dominante entre los clientes era que deseaban visitar su restaurante a toda costa. Al mismo tiempo, la opinión pública que defendía a Nick Sorell disminuyó notablemente. La imagen de ‘tirano dogmático y caprichoso’ que Nick había sostenido persistentemente ante la prensa perdía credibilidad, siendo reemplazada gradualmente por la de ‘obstinación para proteger la filosofía y los estándares de un restaurante’. En medio de esto, el nuevo menú de temporada que ‘North Square’ lanzó con ambición recibió críticas mediocres y, desde entonces, tanto Nick Sorell como su restaurante habían entrado en una espiral descendente. Era un final opuesto al de L’Orée, que ya se consideraba un éxito consolidado en la escena gastronómica de Nueva York.

“No parece muy feliz. Pensé que se alegraría más”.

Comentó Avery.

“... Creo que es un resultado inevitable, pero después de todo, es alguien a quien conocí por mucho tiempo. Todavía no entiendo qué hice tan mal para que me tratara así”.

“Usted no hizo nada malo para que él actuara de esa forma”.

Dijo Avery en tono de consuelo.

Jae-yeon sabía que Avery tenía razón, pero Nick era alguien cuyo talento como sous-chef era indiscutible. Aunque le faltara creatividad, poseía técnicas y conocimientos excelentes como cocinero. Si en lugar de dejarse seducir por Leonard Duke y traicionarlo por la espalda, se hubiera tomado el tiempo para investigar sus propias recetas e independizarse paso a paso, habría seguido un camino mucho mejor. Dado que Jae-yeon no fue la única víctima, jamás podría defender a Nick, pero a veces no podía evitar pensar si le había fallado en algo o si no lo había tratado lo suficientemente bien. Cada vez que eso ocurría, Avery estaba allí para disipar esos pensamientos, evitando que la culpa durara mucho tiempo.

“Aunque suene extremo, Nick Sorell no habría soportado las ganas de fastidiarlo, aunque le hubiera pagado el doble. No es que estuviera insatisfecho con algo; simplemente odiaba que usted tuviera más talento que él. Al menos, así es como yo lo veo”.

“... ¿Tú crees?”.

“Sí, de hecho, eso comentábamos entre nosotros en aquel entonces. Marco incluso predijo que North Square no duraría mucho. Al principio llamó la atención usando su nombre, pero ¿cuánto puede durar eso? Al final, hay que ganar con la comida. Así funcionan los restaurantes”.

“Es cierto”.

“En ese sentido, usted ganó por goleada. Siempre dice que para los clientes es una experiencia única en la vida. Cuando hay una diferencia tan grande en la mentalidad fundamental, ¿cómo podría ganarle el otro bando?”.

Hablaba con una elocuencia asombrosa. Probablemente no eran palabras inventadas para consolarlo, sino algo que había pensado durante mucho tiempo. Shin Jae-yeon, sin darse cuenta, sonrió y le acarició el cabello. No podía expresar con palabras la suerte que sentía de que este hombre permaneciera a su lado después de todo lo ocurrido. Avery se quejó de repente, con los lóbulos de las orejas tiñéndose de rojo, pero no parecía molesto por el gesto.

“¿Les gustaría probar este? Es un vino naranja”.

Un empleado se acercó con una sonrisa comercial y les ofreció dos pequeñas copas. Antes de beber, un aroma dulce estimuló su olfato. El color era un hermoso tono albaricoque tenue. Avery y él inclinaron las copas al mismo tiempo. Por el aroma, Jae-yeon esperaba que fuera dulce, pero resultó ser sorprendentemente seco y con un final limpio. Miró a Avery, quien parecía compartir su impresión, pues asintió con los ojos muy abiertos. El empleado, notando que la reacción no era mala, se apresuró a explicar.

“Este vino es el más popular de nuestra bodega como “vino para parejas”. Es perfecto para el aperitivo o para crear ambiente en una cena de aniversario. El aroma es suave y la graduación alcohólica es moderada.

“Mmm, no son pocos los clientes que celebran aniversarios en nuestro restaurante...”.

“Es verdad. Siempre hay uno o dos equipos casi todos los días”.

Añadió Avery.

“¿Cuál es el rango de precio de este producto?”.

El empleado sonrió aún más, como si hubiera estado esperando esa pregunta.

“El precio de venta al público es de 58 dólares por botella, pero para transacciones exclusivas de restaurantes, a partir de 10 botellas, el precio unitario baja a 42 dólares. Y si firman el contrato hoy, puedo regalarles dos botellas aparte, incluyendo la de muestra. ¿Qué les parece para que pasen una cena íntima juntos?”.

“B-bueno, para nosotros no es exactamente un aniversario...”.

Balbuceó Avery.

“¿Qué tal tres botellas? No es un aniversario, pero a menudo hay noches en las que queremos compartir una copa de vino juntos”.

Intervino Jae-yeon.

“¡Por supuesto! Le daré una botella extra especialmente”.

“Gracias”.

“...”.

Avery pareció un poco sorprendido al ver a Jae-yeon negociar tan activamente, pero no parecía disgustado en absoluto. No se podía distinguir si el leve rubor de sus orejas era por el vino o por la vergüenza.

Qué tierno, pensó Jae-yeon mientras le daba sus datos de contacto al vendedor para cerrar el trato.

“Entonces, ¿de verdad consiguió tres botellas?”.

“Sí. Dos para nosotros y una para Tyler”.

“¿Eh? ¿Para Tyler?”.

“Sí. El otro día me dijo que tú le debías una botella de vino”.

“¡Ja! ¡Qué gracioso se cree!”.

Bufó Avery con incredulidad.

Hacía tiempo que Shin Jae-yeon había conocido a la pareja de Tyler y Jia. Ya conocía a Jia del hospital, pero conocerla oficialmente como la novia de su pareja fue distinto. De hecho, fue Jae-yeon quien solicitó ese encuentro. Al escuchar hablar tanto de Tyler, sintió que quería presentarse adecuadamente. Tyler era el viejo amigo de Avery y, para alguien que perdió a sus padres temprano y no tenía más familia, era la persona más cercana a un hermano.

Avery le había dicho que no se sintiera obligado a conocerlos, pero Jae-yeon se negó. Si alguien era importante para Avery, también lo era para él. Sobre todo, quería mostrarle a la persona más cercana a Avery qué clase de relación tenían. Para él, aquello tenía un gran significado: era la primera vez que presentaba a su pareja a alguien parecido a una familia, y la primera vez que le presentaban a la familia de su pareja. Aunque estaba nervioso antes de conocerlos, Tyler y Jia lo trataron con tanta naturalidad que sus preocupaciones se desvanecieron. Decían que ya sentían una “afinidad interna” por todo lo que habían oído de él...

‘... Jake, escuche...’.

‘¿Qué pasa, Tyler?’.

‘Esto es un secreto, pero él... realmente ama a Jake…’.

‘¿Perdón?’.

‘Él parece tener mucha facilidad social y que le abre el corazón a cualquiera, pero no es así. Es al revés. Siempre marca una línea cuando alguien se acerca demasiado... Pero a Jake se lo dio todo. De verdad, se lo entregó todo... hip..’.

‘..’-

‘¡Aaagh! ¡Este loco está borracho! ¿Qué estás diciendo? Jae-yeon, ignóralo. Está diciendo tonterías porque bebió de más’.

Tyler se había sentido tan cómodo que incluso se emborrachó y lo agarró para confesarle secretos a gritos. Avery, que llegó corriendo a recoger a Tyler tras oír el escándalo mientras hablaba con Jia, tenía las mejillas rojas como melocotones. Tyler, molesto porque Avery tiraba de su brazo, se enfadó diciendo que no estaba borracho y discutió con él.

‘¿Qué? ¿Acaso dije alguna mentira? ¡Este hermano mayor solo dice esto para que tu vida amorosa vaya bien!’.

‘¡Qué va a ir bien! ¡Se está arruinando por tu culpa! ¿Por qué dices cosas que incomodan a Jae-yeon...?—’.

‘No es incómodo’.

Interrumpió Jae-yeon.

‘¿Eh?’.

‘Tyler, no tienes que preocuparte. Yo siento lo mismo. Yo también... le he entregado todo a Avery. Ya no me queda nada más por darle. Es agradable ver cuánto aprecias a tu amigo’.

Ante sus palabras, Tyler pareció sobrio de repente y Jia se cubrió la boca murmurando un ‘vaya’. En cuanto a Avery... su rostro, que ya estaba rojo, se puso tan escarlata que parecía a punto de explotar. Hubo un largo silencio en la sala. Tyler se levantó tambaleándose.

‘B-bueno, Jia y yo nos retiraremos para que ustedes dos puedan... ocuparse de sus asuntos cómodamente’.

‘¡¿Q-qué asuntos?! ¡Loco, vuelve a sentarte!’.

Avery saltó para obligar a Tyler a sentarse de nuevo, mientras Jia estallaba en carcajadas.

Al día siguiente, cuando Shin Jae-yeon se despertó completamente sobrio, sufrió momentáneamente en silencio por la vergüenza. No había mentido, pero sentía que había sido demasiado honesto frente a personas que acababa de conocer. Avery, que ya se había duchado, también pareció recordar lo de la noche anterior al cruzar miradas con él, pues dudó un segundo antes de decir ‘buenos días’. Jae-yeon respondió con un ‘buenos días’ igualmente incómodo. Por supuesto, no tardaron mucho en echarse a reír.

En fin, después de aquello, Jae-yeon estaba entrando en una etapa en la que disfrutaba dejar entrever su relación con Avery. No es que fuera anunciándolo a quien no preguntaba, pero tampoco se esforzaba por ocultarlo. Lo difícil había sido empezar; una vez que salió a la luz, se sintió tan liberado que se preguntaba por qué se había esforzado tanto en esconderlo. Aunque fuera un poco mezquino, saciaba su sentido de posesión y, sobre todo, le llenaba de orgullo ver cómo el semblante de Avery se iluminaba cada vez que él hacía pública su relación. El mundo no se iba a acabar por saber que era gay; pensó que debería haberlo hecho evidente mucho antes.

Por supuesto, no todo fue bueno. Tras varias apariciones en televisión y el documental, su rostro y nombre se hicieron conocidos. Una revista publicó, sin su consentimiento, un artículo diciendo que el chef tres estrellas Michelin, Jake Shin, era homosexual e incluso vivía con un empleado del restaurante. No se sabía si era coincidencia, pero ese día se cancelaron varias reservas y en la sección de reseñas del restaurante apareció un comentario diciendo que ‘era desagradable que el jefe de cocina expusiera tanto su vida privada’. Algunos reporteros intentaron indagar en su vida amorosa. Lo más impactante fue cuando asistió a una reunión con un importador de vinos para una colaboración y le dijeron a la cara que ‘sería difícil colaborar debido a la imagen conservadora de la marca’. En pleno siglo veintiuno... Por supuesto, había muchas otras empresas queriendo colaborar, así que no había razón para trabajar con gente así.

“Entonces, ¿bebemos esa la próxima semana?”.

Preguntó Avery.

“Claro, hagamos eso”.

Caminando y probando vinos con Avery, Jae-yeon sintió que el alcohol empezaba a afectarle ligeramente. Pensando que debía retirarse antes de emborracharse más, se lo dijo a Avery y se dirigió a la salida. En ese momento, alguien lo llamó con cautela por la espalda.

“Disculpe, ¿no es el chef Jake Shin?”.

Al girarse, vio a un hombre de mediana edad con la acreditación de participante en la cata. No parecía un conocido, pero como mucha gente lo reconocía en la calle últimamente, no se sorprendió. Al confirmar que era él, el rostro del hombre se iluminó.

“¡Lo sabía! Verá, hace unos días celebré mi aniversario de bodas con mi esposa en L’Orée”.

“Ah, entiendo. ¿Qué le pareció la comida?”.

“Fue un menú que rozaba lo artístico. Mi esposa y yo comentamos que fue la mejor cita desde que nos conocimos. Fue una noche inolvidable. Recordaré ese sabor toda la vida”.

“Gracias. Es un honor que guarde un recuerdo tan bueno”.

“¡No esperaba encontrar al chef en un lugar como este! Qué coincidencia más afortunada”.

“Jaja... Por favor, vuelva a visitarnos”.

“Hice la siguiente reserva nada más salir. Pero es realmente asombroso”.

“¿El qué?”.

“Que alguien capaz de crear una cocina tan perfecta sea un ser humano igual que yo... He visto el documental donde sale, pero al verlo aquí, también parece una persona normal. Ah, muy guapo, por supuesto”.

“No diga eso... gracias”.

Justo cuando Jae-yeon empezaba a sentirse abrumado por los elogios excesivos, afortunadamente sonó el teléfono del hombre. Jae-yeon se despidió rápidamente y salió de la cata con Avery.

Una persona normal...

Era obvio. Solo era llamado ‘chef’ cuando entraba en la cocina; fuera de ella, solo era uno más entre la multitud.

Para Shin Jae-yeon, L’Orée era, como su nombre indicaba, un tipo de frontera o límite. Se mantenía en el borde entre un chef perfecto y un ser humano común, entre la cocina clásica francesa y el Nueva York moderno, entre el pasado y el presente, adoptando a veces la forma de lo primero y otras de lo segundo.

Y, en realidad, había un significado más escondido en la palabra: l’or: oro. El hombre con el cabello brillante como el oro era para él más valioso que el metal, un tesoro en toda regla. Como la luz blanca del sol que lo saludaba en el mismo lugar cada mañana al abrir la ventana, su tesoro le daba la fuerza para moverse. Cuando se sentía agotado durante el trabajo, Jae-yeon recorría la cocina con la mirada buscando su tesoro. Al ver al hombre sonreírle al cruzar miradas, sentía que no quería detenerse jamás.

Al salir del edificio de la cata, una fresca brisa del río despeinó su cabello.

***

“Hay un río por allá. ¿Caminamos un poco antes de irnos?”,

Preguntó Shin Jae-yeon.

Avery asintió. Como él decía, a lo lejos se veía el río Hudson. El sol, que ya empezaba a ponerse, se fragmentaba hermosamente sobre el agua. Pequeños trozos de luz brillaban de forma deslumbrante en la superficie, y las palomas se agrupaban a lo largo del paseo disfrutando del último calor del día. Las sombras de los neoyorquinos que paseaban por la orilla se alargaban, mezclándose poco a poco con la oscuridad.

Caminaron un rato en silencio por el paseo ribereño. El vino que había aceptado en la cata circulaba por sus venas, haciéndolo sentir somnoliento y de buen humor. Por suerte, su acompañante no parecía estar en un estado muy diferente; veía cómo el hombro de Shin Jae-yeon se balanceaba a su lado, casi rozándolo. No hubo una conversación especial, pero el simple hecho de caminar juntos le daba una paz extraña. Avery soltó una carcajada de repente, y Jae-yeon lo miró.

“¿Qué pasa? ¿De qué te ríes?”.

“Nada, es que pensaba que yo también debo tener cuidado de ahora en adelante”.

“¿Con qué?”.

“Al venir tanto a estos sitios con usted, mi mentalidad se está volviendo extraña. L’Orée no es mi restaurante, pero empiezo a tener la ilusión de que lo es”.

“... A mí no me importa”.

“No, aunque a usted no le importe, es un problema cuando hablo con mis colegas. El otro día Sheila se quejó un poco del trabajo, no daré detalles por su privacidad y, sin darme cuenta, empecé a defenderlo a usted. Como si hablara desde el punto de vista del empleador”.

“¿En serio?”.

“Sí. Pero técnicamente yo soy un empleado igual que Sheila. Creía que lo tenía claro, pero cuando me di cuenta, estaba hablando así. Sheila me miró con una cara de incredulidad... Dicen que la sangre tira más que el agua, pero si sigo así, mis compañeros van a terminar aislándome. Tengo que tener cuidado”.

“¿Me estás declarando en la cara que vas a empezar a hablar mal de mí a mis espaldas para encajar?”.

“¡Ay, no hablaré mal de usted, por supuesto! Pero tendré que seguirles la corriente un poco. Si descubren que soy un espía, el perjudicado será usted”.

“Creo que ya te descubrieron”.

Shin Jae-yeon se rió al decir eso. Como había un banco justo enfrente, Avery pidió sentarse un momento. En el cielo del oeste, que ya había perdido su azul, se extendía un suave tono gris azulado. Un barco se deslizaba silenciosamente sobre el río, que se volvía más oscuro y denso que durante el día. Los coches pasaban en fila por la carretera lejana, pero el sonido de las hojas secas movidas por el viento bajo sus pies se oía con más nitidez. Los sentidos llenaban el vacío dejado por la luz desaparecida. En el dique de abajo, un perro seguía emocionado a su dueño. Se oían risas y charlas lejanas.

Era, de alguna manera, hermoso.

“...”.

Y entre todas esas cosas bellas, la persona que amaba brillaba más que cualquier otra cosa. Al mirar a Shin Jae-yeon, un destello afilado y claro del amanecer o el atardecer, pinchó sus ojos como gotas de rocío. Su amante sonreía bañado en un naranja intenso. Parecía que hasta el sol poniente se detendría un momento ante él para descansar. Avery pensó sinceramente que sería maravilloso poder plegar esta escena y guardarla para siempre en algún lugar.

“Pero creo que no hace falta que tengas tanto cuidado”.

“... ¿Eh? ¿A qué se refiere?”.

“A lo que dijiste hace un momento”.

“Ah, eso. ¿Por qué? Tengo que tener cuidado. L’Orée es su restaurante. Si yo fuera tan rico como Diego, habría invertido con gusto”.

“¿Qué más da? Cuando nos casemos, la mitad será tuya”.

“... Espera, ¿eso fue una propuesta de matrimonio?”.

Avery, sorprendido por la palabra inesperada, se giró bruscamente hacia Jae-yeon. Sin embargo, Jae-yeon parecía aún más sorprendido. Parecía que lo que había estado pensando salió de forma inconsciente. El corazón de Avery empezó a latir con locura al darse cuenta de que este hombre ya estaba proyectando un futuro con él hasta ese punto. Por supuesto, él también soñaba con un futuro junto a Jae-yeon, pero ¡cielo santo, casarse! Realmente era tan atrevido. Avery apretó con fuerza la mano de Jae-yeon, quien se veía muy desconcertado.

“Jae-yeon, mi respuesta es...—“.

“¡Es-espera! Olvida lo que acabo de decir. Borra todo eso”.

“¿Eh? ¿Por qué? ¿Ya no quiere casarse conmigo?”.

“No, no es eso... Es que fue un error. No tenía intención de proponerte matrimonio así, de repente, mientras caminamos. Déjame hacerlo de nuevo. En un lugar mejor... Quiero hacerlo bien”.

“...”.

Viendo la expresión de Jae-yeon, que parecía que iba a llorar si no aceptaba, Avery asintió. Jae-yeon suspiró con un alivio evidente.

No sé qué tan increíble querrá que sea su propuesta para ponerse así..., pensó Avery, sintiendo que la risa se le escapaba.

“Entonces, yo también daré mi respuesta por ahora, así que escúchela y olvídela después, ¿de acuerdo?”.

“¿Qué? Espera—“.

“Acepto. Quiero casarme con usted. Quiero ser su esposo legal. Así que usted también sea mi esposo. Prometo estar a su lado toda la vida, haga lo que haga y esté donde esté. En la felicidad, en la tristeza, en el enojo y en la alegría, seguiré con usted. Esa es mi respuesta”.

“...”.

“Bien, voy a contar hasta tres y tiene que olvidarlo, ¿sí? Uno, dos...”.

En el momento en que iba a decir ‘tres’, algo cálido y suave tocó sus labios. No sabía si el olor dulce del vino que nublaba su mente provenía de él o de la otra persona. Pero sabía una cosa con certeza: a lo largo de su vida con Shin Jae-yeon experimentaría muchas cosas y olvidaría gran parte de ellas. Sin embargo, al menos este momento, al menos este beso, jamás lo olvidaría y permanecería dentro de él para siempre... Avery lo sabía muy bien.

 

 

Calor abrasador

FIN