16. Epílogo. El sabor que permanece
16. Epílogo.
El sabor que permanece
‘Damas y caballeros, cocinar no es simplemente
una técnica para llenar el estómago. Cocinar es un arte y la comida es una
obra. El movimiento de la punta del cuchillo debe ser tan delicado como el de
un escultor, y el manejo de la sartén debe tener la disciplina de un bailarín.
La cocina se convierte en su escenario. No importa cuán ocupados o urgidos
estén, en la cocina siempre deben ser elegantes y no perder la dignidad. Solo
así se completa un plato que es como una obra de arte única’.
Estas fueron las palabras de un profesor
cuando Noah asistía a la escuela de gastronomía. Noah, impresionado por aquella
lección, escribió la frase en la primera página de su libreta y la leía a
diario, esperando el día en que se convertiría en un chef orgulloso y
desplegaría su propio arte en la cocina.
Sin embargo, Noah Santino, que hoy cumplía
exactamente tres meses trabajando en una cocina real, hacía mucho tiempo que
había arrancado esa página y la había arrojado a la basura. ¡Arte, mis narices!
No sabía cómo sería la cocina de aquel profesor, pero al menos la cocina de
L’Orée era un campo de batalla donde reinaban la sangre, el sudor y los
insultos. Él no era más que un soldado raso que se movía bajo las órdenes de
sus superiores. En ese lugar, lo único con un estatus inferior al suyo eran las
sartenes a las que se les había caído el teflón.
“¡Noah, trae más albahaca! ¡Para la mesa 12!”.
“¡Sí, chef!”.
Antes de procesar la orden que cayó como un
rayo, la respuesta salió de su boca por acto reflejo. El calor sofocante de la
cocina y el ruido ensordecedor de mil sonidos distintos lo aturdían. Noah se
quedó parado en medio de la cocina con las manos llenas de cáscaras de
pimiento. Alguien le había dicho que los pelara y alguien le había dicho que
los picara, pero no recordaba quién. Además, acababa de recibir una nueva
orden. ¿Dónde estaba la albahaca?
“¡Noah! ¡¿Por qué tardas tanto?!”.
“¡A-aquí está! Lo siento”.
“Casi se me sale el cuello esperando los
pimientos. La próxima vez, tráelos picados de inmediato. Ah, y saca una botella
nueva de aceite de oliva y déjala ahí”.
“¡Sí, chef!”.
Noah cruzó la cocina para reponer el aceite y
conseguir la albahaca. Al abrir el estante de las hierbas, vio docenas de
variedades ordenadas con etiquetas. Albahaca... ¿dónde estaba? Ah, ¿era esa? La
letra era tan garabateada que no se entendía—
“¡Noah!”.
Esta vez, la voz afilada de la chef Claudia
voló desde la mesa de preparación frontal.
“¿Seguro que revisaste la etiqueta antes de
sacarlo? ¡Esto es pasta de tomate!”.
“¡Ah, lo siento! Iré a cambiarlo rápido—“.
“Revisa antes de sacar algo, por favor.
Estamos muertos de trabajo, no nos hagas trabajar doble. Y te dije que no
cortaras las zanahorias tan finas. ¿Cuántas veces tengo que decirte que se
deshacen rápido para que lo recuerdes?”.
Aquí, el más mínimo error se convertía en una
reprimenda severa. Como sabía que eso era normal en una cocina donde cada
minuto y segundo eran decisivos, la única respuesta que Noah podía dar era ‘lo
siento’. El sonido de los cuchillos golpeando las tablas sin piedad, tapas de
ollas cayendo, sartenes raspando, personas gritando y moviéndose sin descanso.
Sus manos se movían más rápido de lo que su cerebro podía procesar.
Justo cuando sentía que le iba a dar un ataque
de pánico, una voz familiar llegó por encima de su hombro.
“Noah, ¿tienes las manos libres?”.
“¡Ah, sí!”.
“No es cierto. Tienes albahaca en las manos”.
“Ah...”.
“Dámela. ¿Es la que pidió Martin, verdad?”.
Había un rastro de risa en la voz. Una mano
grande tomó la albahaca de sus manos y se la pasó a Martin. Gracias a eso,
evitó que lo regañaran por traerla tarde. El dueño de esa mano grande era el
chef junior, Avery Remington. A diferencia de él, Avery no había estudiado en
una escuela de cocina y se decía que llevaba menos de tres años trabajando en
una. Incluso tenían una edad similar. Sin embargo, Noah no podía evitar admirar
lo relajado que parecía en medio de ese caos.
“¿Me ayudas a terminar esta pasta?”.
Incluso era amable. Noah asintió.
“La ralladura de limón para el toque final
está aquí, y a la pasta le quedan 20 segundos. Sácala cuando yo te diga”.
“¡Sí, chef!”.
“Y los platos están en el estante de la
derecha”.
“¡Sí!”.
Noah observaba con asombro cómo Avery movía
las manos con naturalidad mientras hablaba.
¿Cuándo podré ser como él?, pensaba mientras
se movía frenéticamente. Las instrucciones de Avery eran precisas y breves,
fáciles de seguir, y su actitud siempre era calmada. Incluso cuando Noah
cometía errores, Avery no lo regañaba; al contrario, lo consolaba diciendo que
estaba bien y arreglaba el desastre por él. Si le preguntaran a quién quería
parecerse más en esa cocina, Noah elegiría sin duda a Avery Remington. Aunque
se había postulado a este restaurante por su admiración hacia el jefe de
cocina, Jake Shin, y lo respetaba profundamente, desde el punto de vista
humano, quería ser como Avery. Incluso había visto varias veces al mismísimo
Jake Shin pedirle consejo a Avery.
Avery colocó rápidamente la guarnición final
sobre la pasta que Noah había terminado y limpió el borde del plato con
pulcritud.
“Listo. Que salga. ¡Mesa 7!”.
Solo cuando el mesero se llevó el plato, Noah
pudo soltar un suspiro de alivio. Había sido un día inusualmente agitado. Avery
le dio una palmadita en el hombro para darle ánimos.
“Aguanta un poco más. Falta poco para que
termine el turno del almuerzo”.
Y, aunque no tuviera nada que ver con la
cocina, Avery Remington era muy guapo. Tenía un aire como de protagonista de
película juvenil antigua. Con esa personalidad y apariencia, Noah pensaba que
habría tenido éxito en cualquier lugar, incluso fuera de una cocina. Por
supuesto, agradecía que Avery hubiera elegido el camino de chef. Puesto que
tenía que verle la cara todos los días, era mejor que fuera una cara bonita.
Qué suerte tiene la novia del chef, pensó Noah
mientras asentía. Antes, por curiosidad, le había preguntado y Avery le
respondió que tenía pareja. Atractivo, buen cuerpo, gran cocinero... ¿dónde se
encontraba otro novio así?
“Perdona, ¿podrías picar esto también? Hazlo
en corte brunoise, por favor. Que el tamaño sea lo más uniforme posible. Ah,
antes de eso, precalienta el horno a 180°C y pasa la verdura por el
deshidratador”.
“¡Sí, chef!”.
Mientras respondía con energía y hacía paso a
paso lo que Avery le pidió, Noah sintió que el aire en la cocina cambiaba de
repente. Giró ligeramente la cabeza y vio que el jefe de cocina, Jake Shin, se
había acercado.
¡Uf!
Noah sintió que sus hombros se tensaban. Para
él, si Avery era el superior al que admiraba, Jake Shin era una figura
legendaria casi inalcanzable. Jake Shin también era guapo, pero a diferencia de
Avery, su atractivo lo hacía parecer aún más distante. Ya era una locura que hubiera
ganado tres estrellas Michelin antes de los treinta, pero tener ese aspecto
además... Dios es injusto, pensó Noah. Le daba miedo incluso dirigirle la
palabra, temiendo parecer patético ante alguien tan perfecto y sin defectos.
“Avery, ¿esta es la misma receta que salió
para la mesa del pabellón?”.
“Sí, chef. Le puse 0.2 gramos menos de regaliz
al final, considerando las preferencias de la mesa”.
“... Bien hecho. De hecho, parece que el
equilibrio del aroma es mejor así. ¿Puedes organizar toda la receta para la
mejora del menú de la próxima semana?”.
“Sí, la dejaré lista hoy mismo después del
cierre”.
“¿Algo más de lo que deba ocuparme?”.
“Nada. Ya informé al personal del salón y al
equipo”.
“Perfecto. Te encargo el resto”.
Tras la partida de Jake Shin, Noah vio a Avery
trabajando con la naturalidad de siempre.
Yo me pongo nervioso solo con tener a Jake
Shin cerca, y él habla como si nada...
Sabía que Avery había sido parte del equipo de
Jake desde el restaurante ’Inspire’, pero Avery seguía siendo un chef junior.
Aun así, en esa breve conversación se notaba la profundidad de la confianza que
Jake Shin depositaba en él, y Noah se maravilló en silencio.
Qué superior tan genial...
Seguramente Avery también habría pasado por
una etapa de aprendiz torpe como él, pero viendo su imagen actual, era difícil
de imaginar.
“Oiga, superior”.
“¿Qué pasa?”.
“¿Es usted muy cercano al jefe de cocina?”.
“¿Eh?”.
“Es que no parece nada nervioso cuando habla
con él”.
¿Cómo habrá conseguido ganarse la confianza de
Jake Shin?
Noah sintió que la curiosidad le desbordaba.
Se acercó a Avery y le preguntó, pero este pareció un tanto desconcertado.
“... Bueno, hemos trabajado juntos desde hace
tiempo”.
“¿El chef Shin era así de estricto también en
Inspire?”.
“Mmm, era peor. En realidad, se ha ablandado
mucho ahora”.
“¿Eso es estar ablandado?”.
“Una vez, porque alguien cocinó demasiado la
carne, hizo que el cocinero le pidiera perdón al filete”.
“No le creo...”.
“Es verdad. Así que el cocinero le pidió
perdón a la carne a todo pulmón para que se oyera en toda la cocina. Fue un
evento inolvidable...”.
Avery murmuró con una voz que sonaba
ligeramente nostálgica. ¿Pedirle perdón a la carne? ¿Cómo se hace eso? ¿Ponerse
frente al trozo de carne y decir: ‘Carne, lo siento’? Solo imaginarlo le daba
una crisis existencial. Si eso era cierto, entonces Jake Shin sí se había
ablandado, porque aunque seguía dirigiendo la cocina con rigor, nunca había
hecho algo que llevara a alguien a ese límite.
¿Significa eso que mi superior aguantó en ese
entorno sin irse? Noah dijo con cuidado”.
“Es increíble que haya aguantado en un lugar
así”.
“Incluso admiraba ese lado del chef. Si
hubiera podido obtener su reconocimiento, le habría pedido perdón no solo a la
carne, sino hasta a un brócoli. Bueno, creo que si me lo pidiera ahora, lo
haría sin dudar”.
“El chef Shin es genial, eso es cierto. ¿Cree
que podamos ganar las tres estrellas Michelin el próximo año?”.
Aunque llevaba menos de medio año funcionando,
L’Orée, el nuevo restaurante de cocina francesa moderna del chef Jake Shin,
solo recibía elogios de la prensa y los críticos. Se rumoreaba que las tres
estrellas Michelin para el próximo año estaban aseguradas. Aunque era mucho más
pequeño que Inspire, la calidad de la comida era aún mayor, ya que Jake Shin se
involucraba en cada proceso de la preparación. Gracias a eso, para tener una
cena decente en L’Orée había que reservar con al menos dos meses de antelación,
y la lista de espera crecía cada día. Las solicitudes de entrevistas y
propuestas de colaboración llegaban casi a diario, pero hasta ahora, el jefe de
cocina solo había permitido un reportaje: al periódico The Village Voice.
‘¡Es arte, puro arte!’.
Cuando Noah escuchó por casualidad a un
cliente murmurar eso al salir del restaurante, recordó las palabras de su
profesor. Solo entonces comprendió que la comida hecha en un campo de batalla
podía convertirse en arte al llegar al cliente. Al menos para Jake Shin, eso
era posible. *Si lo hubiera sabido antes, mi libreta estaría intacta*, pensó
Noah. Aunque no tenía ganas de volver a escribir la frase.
Por supuesto, también había críticas que
señalaban que los platos de Jake Shin en L’Orée se alejaban demasiado de la
gramática francesa tradicional. De hecho, el menú era muy diferente al que
mostraba en Inspire. Aunque la base era francesa, la combinación de
ingredientes, la estructura de los sabores y el emplatado hacían difícil
encasillarlo en una identidad específica. La opinión de algunos críticos era
que resultaba demasiado heterogéneo para agruparlo bajo la palabra ‘moderno’.
Sin embargo, la respuesta predominante era que
incluso eso encajaba perfectamente con el nombre del restaurante, que en
francés significa ‘el borde’ o ‘el linde’ (L’Orée). A veces, al ver el nombre
grabado en la entrada con una caligrafía dorada y elegante, Noah sentía que el
orgullo florecía en su pecho. Se daba cuenta de que trabajaba en un lugar
increíble. Y si a eso se le sumaban las tres estrellas Michelin...
Avery leyó la expectativa en su rostro y soltó
una risita.
“Ganar las tres estrellas de inmediato sería
bueno, pero... si no las ganamos, ¿qué pasa? Podemos ganarlas al año siguiente.
El restaurante no va a cerrar este año, así que no importa si vamos despacio.
Ya estamos recibiendo críticas suficientemente buenas”.
“Sé que tiene razón, pero me pongo nervioso de
solo pensar en los inspectores Michelin visitando el restaurante. Se nota que
usted tiene experiencia y le sobra tranquilidad”.
“No es eso, es más bien...”.
Por alguna razón, Avery dejó la frase a medias
y guardó silencio un buen rato. Parecía sumido en sus pensamientos. A veces,
cuando hablaban de la gestión o el futuro del restaurante, Noah sentía una
vibra extraña en Avery. No sabía cómo expresarlo con exactitud, pero era como
si tuviera una perspectiva diferente. A diferencia de él, que solo veía lo que
tenía delante, Avery a veces decía cosas que parecían mirar hacia un futuro
lejano. En esos momentos, la imagen de Avery se superponía con la del jefe de
cocina. Técnicamente, para Avery esto era solo un trabajo, pero su sentido de
la responsabilidad era excepcional. Bueno, por eso debía de tener la confianza
de alguien tan estricto como Jake Shin...
“O sea, que no debo obsesionarme con la
Michelin.
“Exacto. Con lo que pasó la última vez,
aprendí que el número de estrellas no lo es todo. Es inevitable que los
clientes se dejen llevar por eso, pero al final, la Michelin es solo un cliente
más entre muchos. Me prometí que, al menos yo, no me dejaría influenciar. Soy
cocinero.
“Vaya...”.
“Por cierto, eso no lo dije yo, lo dijo el
jefe de cocina”.
“Usted y el jefe de cocina son realmente muy
cercanos”.
“Mmm, bueno...”.
“¿Cómo se hicieron tan amigos? Es increíble. A
mí me da tanto miedo que ni siquiera puedo hablarle bien”.
“¿En serio? A mis ojos, él solo es...”.
“¿...?”.
“Nada. Es cierto que el jefe de cocina tiene
una personalidad que se presta a malentendidos. Pero es una buena persona. A
veces hasta pienso que es demasiado ingenuo”.
“... Ah, ya veo”.
¿Ingenuo? ¿Ese jefe de cocina? Noah se contuvo
las ganas de preguntar si estaban hablando de la misma persona. Llamar ingenuo
al temible Jake Shin... ¿Quizás quería decir que solo sabía de cocina? Si era
eso, podía entenderlo un poco, pero seguía siendo una expresión que chocaba con
la imagen de Jake Shin. Ante su reacción escéptica, Avery pareció recuperar la
objetividad y concordó riendo: “Entiendo que para un novato pueda parecer
aterrador”.
Aun así, al oír a Avery hablar así, Noah pensó
que incluso Jake Shin no mantenía su faceta de jefe de cocina aterrador frente
a las personas cercanas. Se sentía extraño conocer un lado de Jake Shin que no
había imaginado antes. Pero antes de poder seguir pensando en ello, oyó que
gritaban su nombre desde atrás.
“¡Noah, ayúdame con esto!”.
“¡Sí, chef!”.
Noah se lanzó de nuevo al campo de batalla.
Sin imaginar que, apenas unos días después, descubriría otra faceta de Jake
Shin mucho más impactante que lo que había aprendido hoy.
***
“... Ah, maldición”.
Solo cuando llegó cerca de la parada del
autobús, Noah se dio cuenta de que había olvidado su billetera en el vestidor.
Le daba pereza volver, pero como allí tenía todo su efectivo y sus tarjetas, no
podía ni siquiera tomar el autobús a casa sin ella. Al final, Noah regresó al
restaurante murmurando maldiciones en voz baja. Esperaba que ya no hubiera
nadie, dado que él casi había sido el último en salir, y al entrar confirmó que
así era. Las luces estaban apagadas y la cocina estaba en un silencio
sepulcral.
Creo que la dejé sobre la silla cuando me
cambié...
Noah se dirigió al vestidor. A diferencia del
resto del lugar, una luz tenue se filtraba por la rendija de la puerta
entreabierta. Como no se oía ningún ruido dentro, pensó que alguien se había
olvidado de apagar la luz al salir. Decidió que la apagaría él al llevarse la
billetera. Noah empujó la puerta sin pensar y se sobresaltó al ver una figura
moviéndose en un rincón.
“¡Aah!”.
“... ¿Noah?”.
“¿Ch-chef?”.
Dentro del vestidor estaba, sorprendentemente,
el jefe de cocina Jake Shin. Además, parecía que se estaba cambiando, ya que
tenía el torso completamente descubierto. El corazón de Noah latía con fuerza
por encontrarse con alguien a esas horas, y notó que Jake también se tensó
ligeramente por la sorpresa. Noah explicó rápidamente que había olvidado su
billetera y había vuelto por ella. Jake asintió, como si recordara algo.
“Había una billetera sobre la mesa, así que
era la tuya”.
“Sí, seguramente”.
“Espera un momento. La guardé en el cajón para
buscar al dueño después”.
Jake Shin se inclinó y abrió un cajón cercano.
Click. Noah admiró momentáneamente el cuerpo esbelto y sin un gramo de grasa
del chef, algo difícil de creer para su profesión, pero pronto frunció el ceño
al notar unas marcas rojas muy claras en sus brazos, cintura y espalda.
“¿Qué es eso? ¿Se hizo daño?”.
“.......”.
Al mirar más de cerca, las marcas no parecían
normales. No sabía exactamente cómo se habían producido, pero por mucho que
mirara, no parecían simples rasguños o golpes accidentales. Más bien
parecían... una especie de rastro dejado por alguien con una intención muy clara.
Era imposible que Jake se hubiera hecho esas marcas en la espalda él mismo, ya
que no alcanzaba. ¿Significaba eso que alguien lo había lastimado? Y justo en
zonas que normalmente no están a la vista... En el momento en que la semilla de
la sospecha se plantó en la cabeza de Noah, el hombre se dio la vuelta. Noah se
sobresaltó al cruzar la mirada con él.
“Aquí tienes, tu billetera”.
“... Ah, sí. G-gracias”.
“Vete a casa pronto. Debes de estar cansado”.
Jake sonrió con amabilidad. Noah tenía
muchísimas ganas de preguntarle por las marcas en su cuerpo, pero no sabía si
era asunto suyo, así que no pudo decir nada. Al final, tomó la billetera, se
despidió de Jake y salió del restaurante.
Las misteriosas marcas rojas en el cuerpo del
jefe de cocina Jake Shin perturbaron la mente de Noah durante todo el camino en
autobús de regreso a casa. Sabía que preocuparse así podía ser una falta de
respeto. Jake era un adulto con edad suficiente para cuidarse solo. Pero, ¿y si
por un casual Jake estaba en una situación en la que necesitaba ayuda? ¿Y si
había un problema grave pero no podía pedir ayuda por orgullo o por alguna
circunstancia especial? Si fuera así... ¿no debería intervenir él?
Sentía el pecho oprimido. Noah presionó con
fuerza el botón de parada del autobús. Si la persona no hubiera sido el jefe
del restaurante donde trabajaba, sino un vecino, tal vez habría dejado el
asunto en manos de la policía de inmediato. Pero en esta situación, no podía
denunciar a la ligera. Puede que Jake no quisiera que el asunto se hiciera tan
grande. Además, ni siquiera sabía si Jake tenía pareja. Le pareció haber oído
que vivía con alguien... Tal vez debería hablar con el jefe de cocina. Pero,
¿cómo empezar la conversación?
Mientras Noah se hundía en un mar de dudas, el
sonido electrónico de mensajes llegando sonó repetidamente.
[¿De casualidad puedes venir mañana antes de
las 10?]
[Creo que sería bueno organizar los
ingredientes juntos antes del informe de la mañana.]
[No hace falta que te presiones, avísame si
puedes :)]
Era un mensaje de Avery. En ese momento, una
revelación como un rayo golpeó a Noah. ¡Claro, estaba su superior! Avery era
cercano a Jake y lo conocía bien. Probablemente también sabía quién era la
pareja de Jake. Además, Avery no era el tipo de persona que iría por ahí
chismeando si él le confiaba lo de las heridas de Jake. Era, sencillamente, el
confidente perfecto.
¡Definitivamente, mi superior es el mejor! ¡Es
tan confiable en momentos como este...!
Noah, aliviado por haber pensado en la
solución ‘Avery’, le respondió confirmando que iría temprano al trabajo al día
siguiente y añadió que necesitaba que le dedicara algo de tiempo porque tenía
algo que consultar. La respuesta llegó casi de inmediato:
[¿Es algo grave?]
[Sí, eso creo]
[Entendido. Entonces, pasado mañana, después
del trabajo, vamos por una cerveza.]
Parecía que la seriedad del asunto se había
transmitido a través del mensaje, ya que Avery respondió con solemnidad.
Afortunadamente, gracias a Avery, Noah pudo soltar un suspiro de alivio y bajó
del autobús con el paso mucho más ligero.
***
“¿Qué tal aguantas el alcohol?”.
“... ¿Perdón? Lo siento, no lo escuché”.
“Te pregunté si bebes bien”.
“Ah...”.
Noah miró fijamente las gotas de agua que
resbalaban por su vaso de cerveza fría, humedeciendo la mesa. Frente a él, el
hombre con el cabello de un color similar a la lager dorada cuya espuma ya se
había desvanecido a la mitad, lo observaba. A diferencia de Noah, que estaba
algo inquieto, Avery se veía igual que siempre. Parecía, genuinamente, un
colega que simplemente había ido a tomar algo relajadamente después del
trabajo. Y aunque eso fuera cierto...
“No, no bebo muy bien. Pero sé cómo disfrutar
del ambiente”.
“Oh, ¿suenas como un adulto diciendo eso?”.
“Ah, no, comparado con usted, superior...”.
Al ver cómo Noah se alteraba, Avery soltó una
risita. Noah pensó que el interrogatorio empezaría de inmediato, pero el tema
que Avery sacó a colación no tenía nada que ver con su consulta.
“Hoy fue un día duro. Si no hubiera sido por
la mesa 4, habría sido un día bastante pacífico”.
“Ah, ¿se refiere a los que se quejaron de que
no olía a trufa?”.
“Exacto. En todo lo que llevo viviendo, es la
primera vez que escucho una queja así”.
“¿No habrá sido que tardé mucho en llevar el
plato y el aroma se evaporó?”.
“Mmm, no lo creo. Ese cliente es así. Se queja
cada vez que visita el local. Ha venido cinco veces y las cinco veces ha puesto
una queja”.
“¿En serio? A ese paso, parece que viene solo
para quejarse”.
“No sé si le gusta nuestro restaurante o no.
Supongo que viene tanto porque le gusta, ¿verdad?”.
“... Aun así, agradecería que no viniera. Cada
vez que oigo que hay una queja en el salón, siento que se me detiene el corazón...”.
Ante eso, Avery dejó de beber su cerveza por
un momento y se rio.
“Vaya, no es para tanto. Cuando trabajaba en
’Inspire’, recibimos una queja porque encontraron una cáscara de zanahoria en
la comida. Y nada menos que de un crítico famoso”.
“¡Cielos!”.
“Y ese día, el único que había preparado las
zanahorias era yo. Además, el crítico escribió un artículo atacando ferozmente
al restaurante por esa cáscara. Nadie me dijo nada directamente, y Jae-yeon o
sea, Jake regañó a mis superiores, pero... el ambiente era tan gélido que en
ese momento consideré seriamente renunciar”.
Ahora que lo pensaba, Noah había oído a
algunos veteranos de Inspire mencionar lo de la cáscara de zanahoria un par de
veces; debía de ser esa historia. Aunque la verdad salió a la luz después,
Avery debió de haber sufrido mucho hasta entonces. Honestamente, Noah pensaba
que él no habría soportado esa atmósfera y habría renunciado, pero Avery logró
aguantar.
“Usted también es increíble, superior”.
“Fue gracias a que el Chef me defendió
diciendo que cualquier aprendiz puede cometer errores”.
“... Definitivamente parece una buena persona.
El Jefe de Cocina”.
“Te lo dije”.
Avery sonrió suavemente. Con unos aperitivos
ligeros recién llegados frente a ellos, la charla trivial continuó. Hablaron
principalmente de temas del restaurante: retrasos en la entrega de ingredientes
o errores cometidos en la cocina ese día. Durante toda la charla, Noah buscó
varias veces la oportunidad de sacar el tema que tenía preparado, pero cuando
estaba a punto de hablar, las palabras se le atascaban. Quizás no quería romper
ese ambiente tan cómodo.
Sin embargo, el momento de la decisión llegó.
Los temas de conversación se agotaron y se produjo un silencio repentino. Noah
se dio cuenta entonces de que Avery había relajado el ambiente a propósito para
que le resultara más fácil hablar. Aun así, no era sencillo. Mientras Noah daba
sorbitos a su cerveza mirando una mancha en la mesa, la voz de Avery sonó baja
desde el otro lado.
“Noah, ¿no dijiste que tenías algo que
decirme?”.
Al final, hizo que él preguntara primero. Noah
echó un vistazo rápido; la expresión del hombre era muy calmada y no parecía
haber ninguna emoción especial en su rostro. Parecía no tener idea de qué tema
iba a sacar. Noah suspiró profundamente. Afortunadamente, gracias al alcohol,
sentía que podía tener un poco más de valor de lo habitual. Noah tomó otro
trago de cerveza y finalmente abrió la boca.
“... Es sobre el Jefe de Cocina”.
“¿Sobre Jake?”.
“Sí”.
“... Es un tema que no me esperaba. Está bien,
dime”.
Avery parecía genuinamente sorprendido. Era
lógico. Noah preguntó con cautela.
“Usted es cercano al Jefe de Cocina,
¿verdad?”.
“... Bueno, se podría decir que sí. ¿Pero por
qué?”.
“Entonces, ¿por casualidad sabe qué clase de
persona es la pareja del Jefe?”.
“... ¿Su pareja?”.
“Sí, antes escuché que tenía a alguien”.
“Tiene... sí, tiene”.
“¿Usted lo ha conocido?”.
“Mmm...”.
Avery dudó un momento y luego asintió. Al ver
que no respondía con soltura, Noah pensó que quizás Avery tampoco conocía muy
íntimamente a esa persona. Fue un poco decepcionante, pero no había nadie más a
quien pudiera preguntarle. Noah no se rindió y continuó.
“¿Esa pareja es una buena persona?”.
“... Es un poco difícil para mí decir esto o
aquello sobre eso”.
“No se preocupe, superior. Guardaré bajo
absoluto secreto cualquier cosa que diga en esta mesa”.
“...”.
“Superior, por favor. Es algo importante”.
“¿De qué se trata para que te pongas así?”.
“Es que quiero conocer su opinión antes de
darle detalles. Usted lo entenderá cuando se lo cuente después. ¿Ha hablado
alguna vez con esa persona?”.
“... ¿Tendría que decir que sí?”.
“¿Y cómo fue?”.
“¿Cómo fue? Pues... parecía una persona
normal, supongo...”.
“¿No será que es un tipo que no está muy bien
de la cabeza?”.
“¿A qué te refieres con que no está bien?”.
“Ya sabe, de esos que tratan mal a su pareja,
o que tienen un carácter violento, de ese tipo”.
“... ¿Acaso Jake te ha contado algo?”.
“No, él no es el tipo de persona que me
contaría algo así. No somos tan cercanos”.
“Es cierto”.
Avery se veía extrañamente inquieto. Noah ya
sabía que él no era de los que disfrutaban los chismes, así que no le
sorprendió. En cualquier caso, el hecho era que conocía a la pareja de Jake...
Aunque la gente alrededor estaba ebria y no parecía interesada en su
conversación, Noah se acercó más por si acaso. Y preguntó en el tono más bajo
posible.
“Esa persona... es un hombre, ¿verdad?”.
“Sí”.
“¿Es alto? ¿De complexión fuerte?”.
“... No sé por qué me preguntas eso tan
secretamente, pero... supongo que sí”.
“¿Es más alto que el Jefe de Cocina? El Chef
tampoco es bajito que digamos”.
“Es más alto que Jake”.
“¿Entonces, como usted?”.
“... Sí”.
Noah, habiendo obtenido su confirmación
circunstancial, asintió. Aunque fuera un prejuicio, si la pareja de Jake Shin
era un hombre y además superior en altura y físico, la probabilidad de que lo
que vio fueran rastros de violencia aumentaba. Avery seguía pareciendo no tener
idea de a qué quería llegar. Noah lo miró y dijo con total determinación.
“¡Superior, creo que el Jefe de Cocina
necesita ayuda!”.
“¿Que Jake necesita ayuda?”.
Avery finalmente se puso serio y frunció el
ceño. Noah le contó lo que había visto en el vestidor. Mientras escuchaba, el
rostro de Avery pasó por el rojo, el pálido y la confusión; cambiaba
constantemente. Parecía que le costaba aceptar que alguien cercano estuviera
pasando por algo tan lamentable. Pero era inevitable. Noah terminó su historia
planteando su conclusión con orgullo: sin duda, la pareja de Jake Shin era un
desperdicio humano, una bestia que recurría a la violencia.
“No puedo creer que el Jefe de Cocina esté
saliendo con alguien que es menos que un animal, capaz de golpear a su pareja.
Sinceramente, pensé seriamente en llamar a la policía. Pero pensé que eso
podría poner al Jefe en una situación difícil, por eso decidí consultarlo con
usted primero”.
“...”.
“Como usted es cercano al Jefe, pensé que
podría intervenir en su lugar. Yo también lo pensé mucho. Pero después de ver
algo así, no podía simplemente ignorarlo y pasar de largo...”.
“... Noah, ¿no le has contado esto a nadie más
que a mí?”.
“No lo he hecho. Todavía no”.
“...”.
Tras un largo silencio, Avery levantó la
cabeza con una expresión de resolución y le pidió encarecidamente que, por
favor, no se lo contara a nadie más por consideración a la reputación de Jake
Shin; él se encargaría de solucionar el asunto. Al ser Avery quien lo pedía,
alguien con un fuerte sentido de la responsabilidad, Noah no tuvo más remedio
que aceptar. Cuando Noah aceptó, Avery le dio las gracias. Noah preguntó:
“¿Pero podré preguntarle después cómo terminó todo?”, a lo que Avery asintió
con una expresión algo ambigua.
Pasó bastante tiempo desde aquel día hasta que
Noah descubrió quién era la pareja de Jake Shin. Como nunca se imaginó que ‘esa
persona’ fuera ‘esa persona’, el impacto fue enorme, pero lo más impactante fue
que casi todo el personal, excepto él, ya conocía la identidad de la pareja.
Cuando preguntó cómo es que todos lo sabían, Martin chasqueó la lengua y se
burló de él diciendo que era obvio a simple vista y que más bien era increíble
que él no se hubiera dado cuenta. Al comprenderlo, Noah sintió que muchas cosas
que antes le habían hecho dudar cobraban sentido, y saboreó la amargura de la
situación.
Pero aun así... ¿no actúan de una forma
demasiado diferente a como se ven?
***
“Jaja, es cierto. Nos encontramos en ese
momento. Lo había olvidado por completo, pero justo Noah tuvo que verlo”.
“Jae-yeon, esto no es para reírse... Casi me
denuncia a la policía”.
“Lo siento, tendré más cuidado al cambiarme de
ahora en adelante”.
“... Incluso tuve que escuchar que soy ‘menos
que un animal que golpea a su pareja’”.
Shin Jae-yeon contuvo las ganas de reírse de
nuevo. Avery se veía notablemente decaído, probablemente por haber sido
criticado tan duramente por Noah. Sin embargo, no parecía guardarle rencor,
sabiendo que Noah lo había dicho por preocuparse por él. Aunque no habían
proclamado su relación, la verdad es que nunca habían intentado esconderla, por
lo que le resultaba increíble que todavía quedara alguien en el equipo que no
lo supiera.
Noah... ¿será que es un poco despistado?
“¿Por qué no se lo dijiste simplemente? Que
estamos saliendo. No hay razón para ocultarlo, ¿no?”.
“Es que perdí el momento adecuado y se volvió
raro decirlo después...”.
“Bueno, tarde o temprano Noah se enterará.
Alguien se lo dirá, ¿no crees?”.
“Supongo. Aun así, creo que es un buen chico”.
Shin Jae-yeon palmeó la espalda de Avery
consolándolo, diciendo que el malentendido se aclararía pronto. Como ya
llevaban mucho tiempo en esta relación, a veces olvidaba que practicar este
tipo de juegos no era algo común para el resto del mundo y cometía errores.
Avery también había mejorado su control con el paso de los días; ahora era
capaz de llevarlo hábilmente al límite dejando solo heridas superficiales que
desaparecían por completo con el tiempo. Siempre había tenido un talento innato
para el BDSM, pero ahora realmente no le quedaba grande el apodo de ‘El Látigo
Dorado de Queens’... no, de ‘El Látigo Dorado de Nueva York’. Claro que eso era
solo durante el juego; de día, desempeñaba a la perfección su papel de novio
dulce y adorable.
“Aun así, es un alivio que me lo haya contado
a mí”.
“¿A quién más se lo iba a contar? Cuando te
mira, sus ojos brillan de admiración”.
“¿Noah? Bueno, soy el que más lo ayuda, y hace
poco que terminó su aprendizaje...”.
Avery fingió modestia por timidez, pero no era
solo por ignorancia que el nuevo aprendiz seguía a Avery. Shin Jae-yeon sonrió.
Al ver lo hábil que se había vuelto Avery en la cocina últimamente, a veces
sentía un poco de nostalgia por aquel aprendiz inexperto al que Marco regañaba
a diario. Y dada la personalidad de Avery, que no era de los que hacían
novatadas o presionaban duramente a los nuevos, era comprensible que los aprendices
le abrieran su corazón con tanta facilidad.
Además, eso no se limitaba solo a los
aprendices; Avery servía actualmente como una especie de lubricante esencial
para que L’Orée funcionara correctamente. Aunque Avery mismo no le daba
importancia, para Jae-yeon, a quien le resultaba más difícil tratar con
personas que cocinar un plato, la flexibilidad y la calma de Avery eran una
ayuda incalculable.
“... Oh, este se ve delicioso”.
“Es un vino del sur de Francia, cosecha 2020.
Es un Syrah monovarietal, fermentado de forma natural sin filtrado antes del
embotellado. ¿Gustan probarlo?”.
“Mmm... ¿Sabe un poco a ciruela poco madura?
Jae-yeon, pruébalo tú también”.
Shin Jae-yeon inclinó la copa de cata que le
entregó el empleado. El aroma se extendió por su boca suavemente, dejando una
ligera aspereza al final de la lengua. Se encontraban en una cata privada donde
varios importadores y productores de vino presentaban nuevos productos para ser
seleccionados por el restaurante. Era un evento donde dueños de restaurantes,
chefs y sumilleres juzgaban el aroma y el sabor para determinar el maridaje con
sus menús.
Shin Jae-yeon no era un experto en vinos, pero
ahora no era simplemente un chef, sino el dueño de un restaurante. Tenía que
negociar directamente con proveedores de ingredientes y vajilla, gestionar la
contratación y los recursos humanos, revisar el servicio, atender a los
medios... el trabajo era interminable. Sabía que sería así, pero no esperaba
que hubiera tantas cosas de las que ocuparse; honestamente, a veces extrañaba
los días en que dejaba todos esos detalles a Diego y solo se concentraba en
cocinar.
“La acidez es alta, pero la textura se siente
un poco delgada. Es débil para usarlo como plato principal, y un poco pesado
para acompañar entradas o pescados”.
“¿Y si lo servimos con el pato?”.
“No está mal, pero creo que habrá algo mejor.
Gracias por la cata”.
“¿Vamos por allá? Hay mucha gente”.
A veces se preguntaba si no habría cometido un
error enorme. Los días en que surgía algún problema en el restaurante, no podía
dormir pensando que se había metido en problemas innecesarios. Pero cada vez
que eso pasaba, había alguien que le tomaba la mano con firmeza para que no se
tambaleara. Era este hombre que ahora tiraba de su brazo con una sonrisa
inocente. A pesar de ser diez años menor y llevar solo unos pocos años en la
industria, cuando escuchaba su voz dulce susurrándole al oído que todo estaría
bien y que lo solucionarían juntos paso a paso, la ansiedad y la preocupación
que rugían en su cabeza se calmaban. Se preguntaba si existiría otro
tranquilizante tan efectivo como él. Aunque, por supuesto, solo funcionaba con
uno.
“... Pero...”.
“¿Qué pasa?”.
“Pensé que esa persona también vendría aquí,
pero no está”.
Al ver la expresión sutil de Avery, no
necesitó preguntar a quién se refería. Nick Sorell. El Jefe de Cocina de North
Square, quien había robado sus recetas para abrir su nuevo restaurante y lo
había calumniado en los medios con declaraciones falsas. El impacto de darse
cuenta de que había sido traicionado por su mano derecha, un sous-chef que
había estudiado bajo el mismo maestro, fue indescriptible. Honestamente, no
sería exagerado decir que estuvo casi fuera de sí durante varios meses después
de aquello. Fue entonces cuando su relación con Avery también entró en crisis.
Aunque no se podía culpar totalmente a Nick, no se podía decir que no hubiera
tenido influencia.
“Bueno, supongo que en lugar de venir a estos
sitios, debería estar desarrollando más recetas. Por cierto, Libby me envió un
artículo nuevo, ¿quieres verlo? Es muy satisfactorio”.
Avery sacó su teléfono y le mostró una noticia
de internet.
[North Square’ de Nick Sorell, una estrella
fugaz... Fama derrumbada a solo 6 meses de su apertura]
[‘North Square’, que atrajo la atención en su
apertura con un marketing agresivo atacando a restaurantes de tres estrellas
Michelin, sufre recientemente críticas feroces que afirman que ‘su cocina no
tiene filosofía’ y que ‘solo le queda la estética’. Un ex empleado que pidió el
anonimato comentó que ‘las recetas no son consistentes y la originalidad está
desapareciendo del menú’. Como consecuencia, las declaraciones del Chef de
L’Orée, Jake Shin (ex Chef de Inspire), quien afirmó que Nick Sorell se llevó
sus recetas íntegras, vuelven a cobrar relevancia...]
“Es un artículo de Eater New York. También ha
salido en otros sitios. Parece que a Nick se le está acabando el repertorio.
Dicen que es dudoso que reciba siquiera una estrella Michelin el próximo año”.
“... ¿Ah, sí?”.
El cambio radical en la valoración de Nick
Sorell y su restaurante comenzó después de que se emitiera el documental sobre
’Inspire’. Justo cuando Nick traicionó a Jae-yeon y dejó el restaurante, la
filmación estaba en pleno apogeo, y el equipo de producción decidió emitir esas
partes difuminando el rostro de Nick pero manteniendo la tensión del momento.
Nick probablemente pensó que ese documental respaldaría sus afirmaciones antes
de que se emitiera; esperaba que, al resaltar el carácter obstinado y sensible
de Jake Shin, su argumento de que lo despreciaba e ignoraba ganaría fuerza.
Pero la realidad fue distinta. No fue porque
el documental embelleciera a Jake Shin. Al contrario, el documental mostraba la
tensión cruda y la presión que se vive en una cocina profesional. Shin Jae-yeon
mismo se sorprendió al verlo, dándose cuenta de cómo los demás percibían su
obsesión por la calidad y el servicio, lo que lo llevó a tratar de cuidar más a
quienes lo rodeaban. Sin embargo, lo que él consideraba defectos pareció verse
de forma distinta a los ojos de los espectadores.
Todos admitían que él ganaría el premio al
‘Jefe con el que menos querrías trabajar este año’, pero la opinión dominante
entre los clientes era que deseaban visitar su restaurante a toda costa. Al
mismo tiempo, la opinión pública que defendía a Nick Sorell disminuyó
notablemente. La imagen de ‘tirano dogmático y caprichoso’ que Nick había
sostenido persistentemente ante la prensa perdía credibilidad, siendo
reemplazada gradualmente por la de ‘obstinación para proteger la filosofía y los
estándares de un restaurante’. En medio de esto, el nuevo menú de temporada que
‘North Square’ lanzó con ambición recibió críticas mediocres y, desde entonces,
tanto Nick Sorell como su restaurante habían entrado en una espiral
descendente. Era un final opuesto al de L’Orée, que ya se consideraba un éxito
consolidado en la escena gastronómica de Nueva York.
“No parece muy feliz. Pensé que se alegraría
más”.
Comentó Avery.
“... Creo que es un resultado inevitable, pero
después de todo, es alguien a quien conocí por mucho tiempo. Todavía no
entiendo qué hice tan mal para que me tratara así”.
“Usted no hizo nada malo para que él actuara
de esa forma”.
Dijo Avery en tono de consuelo.
Jae-yeon sabía que Avery tenía razón, pero
Nick era alguien cuyo talento como sous-chef era indiscutible. Aunque le
faltara creatividad, poseía técnicas y conocimientos excelentes como cocinero.
Si en lugar de dejarse seducir por Leonard Duke y traicionarlo por la espalda,
se hubiera tomado el tiempo para investigar sus propias recetas e
independizarse paso a paso, habría seguido un camino mucho mejor. Dado que
Jae-yeon no fue la única víctima, jamás podría defender a Nick, pero a veces no
podía evitar pensar si le había fallado en algo o si no lo había tratado lo
suficientemente bien. Cada vez que eso ocurría, Avery estaba allí para disipar
esos pensamientos, evitando que la culpa durara mucho tiempo.
“Aunque suene extremo, Nick Sorell no habría
soportado las ganas de fastidiarlo, aunque le hubiera pagado el doble. No es
que estuviera insatisfecho con algo; simplemente odiaba que usted tuviera más
talento que él. Al menos, así es como yo lo veo”.
“... ¿Tú crees?”.
“Sí, de hecho, eso comentábamos entre nosotros
en aquel entonces. Marco incluso predijo que North Square no duraría mucho. Al
principio llamó la atención usando su nombre, pero ¿cuánto puede durar eso? Al
final, hay que ganar con la comida. Así funcionan los restaurantes”.
“Es cierto”.
“En ese sentido, usted ganó por goleada.
Siempre dice que para los clientes es una experiencia única en la vida. Cuando
hay una diferencia tan grande en la mentalidad fundamental, ¿cómo podría
ganarle el otro bando?”.
Hablaba con una elocuencia asombrosa.
Probablemente no eran palabras inventadas para consolarlo, sino algo que había
pensado durante mucho tiempo. Shin Jae-yeon, sin darse cuenta, sonrió y le
acarició el cabello. No podía expresar con palabras la suerte que sentía de que
este hombre permaneciera a su lado después de todo lo ocurrido. Avery se quejó
de repente, con los lóbulos de las orejas tiñéndose de rojo, pero no parecía
molesto por el gesto.
“¿Les gustaría probar este? Es un vino
naranja”.
Un empleado se acercó con una sonrisa
comercial y les ofreció dos pequeñas copas. Antes de beber, un aroma dulce
estimuló su olfato. El color era un hermoso tono albaricoque tenue. Avery y él
inclinaron las copas al mismo tiempo. Por el aroma, Jae-yeon esperaba que fuera
dulce, pero resultó ser sorprendentemente seco y con un final limpio. Miró a
Avery, quien parecía compartir su impresión, pues asintió con los ojos muy
abiertos. El empleado, notando que la reacción no era mala, se apresuró a
explicar.
“Este vino es el más popular de nuestra bodega
como “vino para parejas”. Es perfecto para el aperitivo o para crear ambiente
en una cena de aniversario. El aroma es suave y la graduación alcohólica es
moderada.
“Mmm, no son pocos los clientes que celebran
aniversarios en nuestro restaurante...”.
“Es verdad. Siempre hay uno o dos equipos casi
todos los días”.
Añadió Avery.
“¿Cuál es el rango de precio de este
producto?”.
El empleado sonrió aún más, como si hubiera
estado esperando esa pregunta.
“El precio de venta al público es de 58
dólares por botella, pero para transacciones exclusivas de restaurantes, a
partir de 10 botellas, el precio unitario baja a 42 dólares. Y si firman el
contrato hoy, puedo regalarles dos botellas aparte, incluyendo la de muestra.
¿Qué les parece para que pasen una cena íntima juntos?”.
“B-bueno, para nosotros no es exactamente un
aniversario...”.
Balbuceó Avery.
“¿Qué tal tres botellas? No es un aniversario,
pero a menudo hay noches en las que queremos compartir una copa de vino
juntos”.
Intervino Jae-yeon.
“¡Por supuesto! Le daré una botella extra
especialmente”.
“Gracias”.
“...”.
Avery pareció un poco sorprendido al ver a
Jae-yeon negociar tan activamente, pero no parecía disgustado en absoluto. No
se podía distinguir si el leve rubor de sus orejas era por el vino o por la
vergüenza.
Qué tierno, pensó Jae-yeon mientras le daba
sus datos de contacto al vendedor para cerrar el trato.
“Entonces, ¿de verdad consiguió tres
botellas?”.
“Sí. Dos para nosotros y una para Tyler”.
“¿Eh? ¿Para Tyler?”.
“Sí. El otro día me dijo que tú le debías una
botella de vino”.
“¡Ja! ¡Qué gracioso se cree!”.
Bufó Avery con incredulidad.
Hacía tiempo que Shin Jae-yeon había conocido
a la pareja de Tyler y Jia. Ya conocía a Jia del hospital, pero conocerla
oficialmente como la novia de su pareja fue distinto. De hecho, fue Jae-yeon
quien solicitó ese encuentro. Al escuchar hablar tanto de Tyler, sintió que
quería presentarse adecuadamente. Tyler era el viejo amigo de Avery y, para
alguien que perdió a sus padres temprano y no tenía más familia, era la persona
más cercana a un hermano.
Avery le había dicho que no se sintiera
obligado a conocerlos, pero Jae-yeon se negó. Si alguien era importante para
Avery, también lo era para él. Sobre todo, quería mostrarle a la persona más
cercana a Avery qué clase de relación tenían. Para él, aquello tenía un gran
significado: era la primera vez que presentaba a su pareja a alguien parecido a
una familia, y la primera vez que le presentaban a la familia de su pareja.
Aunque estaba nervioso antes de conocerlos, Tyler y Jia lo trataron con tanta
naturalidad que sus preocupaciones se desvanecieron. Decían que ya sentían una
“afinidad interna” por todo lo que habían oído de él...
‘... Jake, escuche...’.
‘¿Qué pasa, Tyler?’.
‘Esto es un secreto, pero él... realmente ama
a Jake…’.
‘¿Perdón?’.
‘Él parece tener mucha facilidad social y que
le abre el corazón a cualquiera, pero no es así. Es al revés. Siempre marca una
línea cuando alguien se acerca demasiado... Pero a Jake se lo dio todo. De
verdad, se lo entregó todo... hip..’.
‘..’-
‘¡Aaagh! ¡Este loco está borracho! ¿Qué estás
diciendo? Jae-yeon, ignóralo. Está diciendo tonterías porque bebió de más’.
Tyler se había sentido tan cómodo que incluso
se emborrachó y lo agarró para confesarle secretos a gritos. Avery, que llegó
corriendo a recoger a Tyler tras oír el escándalo mientras hablaba con Jia,
tenía las mejillas rojas como melocotones. Tyler, molesto porque Avery tiraba
de su brazo, se enfadó diciendo que no estaba borracho y discutió con él.
‘¿Qué? ¿Acaso dije alguna mentira? ¡Este
hermano mayor solo dice esto para que tu vida amorosa vaya bien!’.
‘¡Qué va a ir bien! ¡Se está arruinando por tu
culpa! ¿Por qué dices cosas que incomodan a Jae-yeon...?—’.
‘No es incómodo’.
Interrumpió Jae-yeon.
‘¿Eh?’.
‘Tyler, no tienes que preocuparte. Yo siento
lo mismo. Yo también... le he entregado todo a Avery. Ya no me queda nada más
por darle. Es agradable ver cuánto aprecias a tu amigo’.
Ante sus palabras, Tyler pareció sobrio de
repente y Jia se cubrió la boca murmurando un ‘vaya’. En cuanto a Avery... su
rostro, que ya estaba rojo, se puso tan escarlata que parecía a punto de
explotar. Hubo un largo silencio en la sala. Tyler se levantó tambaleándose.
‘B-bueno, Jia y yo nos retiraremos para que
ustedes dos puedan... ocuparse de sus asuntos cómodamente’.
‘¡¿Q-qué asuntos?! ¡Loco, vuelve a sentarte!’.
Avery saltó para obligar a Tyler a sentarse de
nuevo, mientras Jia estallaba en carcajadas.
Al día siguiente, cuando Shin Jae-yeon se
despertó completamente sobrio, sufrió momentáneamente en silencio por la
vergüenza. No había mentido, pero sentía que había sido demasiado honesto frente
a personas que acababa de conocer. Avery, que ya se había duchado, también
pareció recordar lo de la noche anterior al cruzar miradas con él, pues dudó un
segundo antes de decir ‘buenos días’. Jae-yeon respondió con un ‘buenos días’
igualmente incómodo. Por supuesto, no tardaron mucho en echarse a reír.
En fin, después de aquello, Jae-yeon estaba
entrando en una etapa en la que disfrutaba dejar entrever su relación con
Avery. No es que fuera anunciándolo a quien no preguntaba, pero tampoco se
esforzaba por ocultarlo. Lo difícil había sido empezar; una vez que salió a la
luz, se sintió tan liberado que se preguntaba por qué se había esforzado tanto
en esconderlo. Aunque fuera un poco mezquino, saciaba su sentido de posesión y,
sobre todo, le llenaba de orgullo ver cómo el semblante de Avery se iluminaba
cada vez que él hacía pública su relación. El mundo no se iba a acabar por
saber que era gay; pensó que debería haberlo hecho evidente mucho antes.
Por supuesto, no todo fue bueno. Tras varias
apariciones en televisión y el documental, su rostro y nombre se hicieron
conocidos. Una revista publicó, sin su consentimiento, un artículo diciendo que
el chef tres estrellas Michelin, Jake Shin, era homosexual e incluso vivía con
un empleado del restaurante. No se sabía si era coincidencia, pero ese día se
cancelaron varias reservas y en la sección de reseñas del restaurante apareció
un comentario diciendo que ‘era desagradable que el jefe de cocina expusiera
tanto su vida privada’. Algunos reporteros intentaron indagar en su vida
amorosa. Lo más impactante fue cuando asistió a una reunión con un importador
de vinos para una colaboración y le dijeron a la cara que ‘sería difícil
colaborar debido a la imagen conservadora de la marca’. En pleno siglo
veintiuno... Por supuesto, había muchas otras empresas queriendo colaborar, así
que no había razón para trabajar con gente así.
“Entonces, ¿bebemos esa la próxima semana?”.
Preguntó Avery.
“Claro, hagamos eso”.
Caminando y probando vinos con Avery, Jae-yeon
sintió que el alcohol empezaba a afectarle ligeramente. Pensando que debía
retirarse antes de emborracharse más, se lo dijo a Avery y se dirigió a la
salida. En ese momento, alguien lo llamó con cautela por la espalda.
“Disculpe, ¿no es el chef Jake Shin?”.
Al girarse, vio a un hombre de mediana edad
con la acreditación de participante en la cata. No parecía un conocido, pero
como mucha gente lo reconocía en la calle últimamente, no se sorprendió. Al
confirmar que era él, el rostro del hombre se iluminó.
“¡Lo sabía! Verá, hace unos días celebré mi
aniversario de bodas con mi esposa en L’Orée”.
“Ah, entiendo. ¿Qué le pareció la comida?”.
“Fue un menú que rozaba lo artístico. Mi
esposa y yo comentamos que fue la mejor cita desde que nos conocimos. Fue una
noche inolvidable. Recordaré ese sabor toda la vida”.
“Gracias. Es un honor que guarde un recuerdo
tan bueno”.
“¡No esperaba encontrar al chef en un lugar
como este! Qué coincidencia más afortunada”.
“Jaja... Por favor, vuelva a visitarnos”.
“Hice la siguiente reserva nada más salir.
Pero es realmente asombroso”.
“¿El qué?”.
“Que alguien capaz de crear una cocina tan
perfecta sea un ser humano igual que yo... He visto el documental donde sale,
pero al verlo aquí, también parece una persona normal. Ah, muy guapo, por supuesto”.
“No diga eso... gracias”.
Justo cuando Jae-yeon empezaba a sentirse
abrumado por los elogios excesivos, afortunadamente sonó el teléfono del
hombre. Jae-yeon se despidió rápidamente y salió de la cata con Avery.
Una persona normal...
Era obvio. Solo era llamado ‘chef’ cuando
entraba en la cocina; fuera de ella, solo era uno más entre la multitud.
Para Shin Jae-yeon, L’Orée era, como su nombre
indicaba, un tipo de frontera o límite. Se mantenía en el borde entre un chef
perfecto y un ser humano común, entre la cocina clásica francesa y el Nueva
York moderno, entre el pasado y el presente, adoptando a veces la forma de lo
primero y otras de lo segundo.
Y, en realidad, había un significado más
escondido en la palabra: l’or: oro. El hombre con el cabello brillante como el
oro era para él más valioso que el metal, un tesoro en toda regla. Como la luz
blanca del sol que lo saludaba en el mismo lugar cada mañana al abrir la
ventana, su tesoro le daba la fuerza para moverse. Cuando se sentía agotado durante
el trabajo, Jae-yeon recorría la cocina con la mirada buscando su tesoro. Al
ver al hombre sonreírle al cruzar miradas, sentía que no quería detenerse
jamás.
Al salir del edificio de la cata, una fresca
brisa del río despeinó su cabello.
***
“Hay un río por allá. ¿Caminamos un poco antes
de irnos?”,
Preguntó Shin Jae-yeon.
Avery asintió. Como él decía, a lo lejos se
veía el río Hudson. El sol, que ya empezaba a ponerse, se fragmentaba
hermosamente sobre el agua. Pequeños trozos de luz brillaban de forma
deslumbrante en la superficie, y las palomas se agrupaban a lo largo del paseo
disfrutando del último calor del día. Las sombras de los neoyorquinos que
paseaban por la orilla se alargaban, mezclándose poco a poco con la oscuridad.
Caminaron un rato en silencio por el paseo
ribereño. El vino que había aceptado en la cata circulaba por sus venas,
haciéndolo sentir somnoliento y de buen humor. Por suerte, su acompañante no
parecía estar en un estado muy diferente; veía cómo el hombro de Shin Jae-yeon
se balanceaba a su lado, casi rozándolo. No hubo una conversación especial,
pero el simple hecho de caminar juntos le daba una paz extraña. Avery soltó una
carcajada de repente, y Jae-yeon lo miró.
“¿Qué pasa? ¿De qué te ríes?”.
“Nada, es que pensaba que yo también debo
tener cuidado de ahora en adelante”.
“¿Con qué?”.
“Al venir tanto a estos sitios con usted, mi
mentalidad se está volviendo extraña. L’Orée no es mi restaurante, pero empiezo
a tener la ilusión de que lo es”.
“... A mí no me importa”.
“No, aunque a usted no le importe, es un
problema cuando hablo con mis colegas. El otro día Sheila se quejó un poco del
trabajo, no daré detalles por su privacidad y, sin darme cuenta, empecé a
defenderlo a usted. Como si hablara desde el punto de vista del empleador”.
“¿En serio?”.
“Sí. Pero técnicamente yo soy un empleado
igual que Sheila. Creía que lo tenía claro, pero cuando me di cuenta, estaba
hablando así. Sheila me miró con una cara de incredulidad... Dicen que la
sangre tira más que el agua, pero si sigo así, mis compañeros van a terminar
aislándome. Tengo que tener cuidado”.
“¿Me estás declarando en la cara que vas a
empezar a hablar mal de mí a mis espaldas para encajar?”.
“¡Ay, no hablaré mal de usted, por supuesto!
Pero tendré que seguirles la corriente un poco. Si descubren que soy un espía,
el perjudicado será usted”.
“Creo que ya te descubrieron”.
Shin Jae-yeon se rió al decir eso. Como había
un banco justo enfrente, Avery pidió sentarse un momento. En el cielo del
oeste, que ya había perdido su azul, se extendía un suave tono gris azulado. Un
barco se deslizaba silenciosamente sobre el río, que se volvía más oscuro y
denso que durante el día. Los coches pasaban en fila por la carretera lejana,
pero el sonido de las hojas secas movidas por el viento bajo sus pies se oía
con más nitidez. Los sentidos llenaban el vacío dejado por la luz desaparecida.
En el dique de abajo, un perro seguía emocionado a su dueño. Se oían risas y
charlas lejanas.
Era, de alguna manera, hermoso.
“...”.
Y entre todas esas cosas bellas, la persona
que amaba brillaba más que cualquier otra cosa. Al mirar a Shin Jae-yeon, un
destello afilado y claro del amanecer o el atardecer, pinchó sus ojos como
gotas de rocío. Su amante sonreía bañado en un naranja intenso. Parecía que
hasta el sol poniente se detendría un momento ante él para descansar. Avery
pensó sinceramente que sería maravilloso poder plegar esta escena y guardarla
para siempre en algún lugar.
“Pero creo que no hace falta que tengas tanto
cuidado”.
“... ¿Eh? ¿A qué se refiere?”.
“A lo que dijiste hace un momento”.
“Ah, eso. ¿Por qué? Tengo que tener cuidado.
L’Orée es su restaurante. Si yo fuera tan rico como Diego, habría invertido con
gusto”.
“¿Qué más da? Cuando nos casemos, la mitad
será tuya”.
“... Espera, ¿eso fue una propuesta de
matrimonio?”.
Avery, sorprendido por la palabra inesperada,
se giró bruscamente hacia Jae-yeon. Sin embargo, Jae-yeon parecía aún más
sorprendido. Parecía que lo que había estado pensando salió de forma
inconsciente. El corazón de Avery empezó a latir con locura al darse cuenta de
que este hombre ya estaba proyectando un futuro con él hasta ese punto. Por
supuesto, él también soñaba con un futuro junto a Jae-yeon, pero ¡cielo santo,
casarse! Realmente era tan atrevido. Avery apretó con fuerza la mano de
Jae-yeon, quien se veía muy desconcertado.
“Jae-yeon, mi respuesta es...—“.
“¡Es-espera! Olvida lo que acabo de decir.
Borra todo eso”.
“¿Eh? ¿Por qué? ¿Ya no quiere casarse
conmigo?”.
“No, no es eso... Es que fue un error. No
tenía intención de proponerte matrimonio así, de repente, mientras caminamos.
Déjame hacerlo de nuevo. En un lugar mejor... Quiero hacerlo bien”.
“...”.
Viendo la expresión de Jae-yeon, que parecía
que iba a llorar si no aceptaba, Avery asintió. Jae-yeon suspiró con un alivio
evidente.
No sé qué tan increíble querrá que sea su
propuesta para ponerse así..., pensó Avery, sintiendo que la risa se le
escapaba.
“Entonces, yo también daré mi respuesta por
ahora, así que escúchela y olvídela después, ¿de acuerdo?”.
“¿Qué? Espera—“.
“Acepto. Quiero casarme con usted. Quiero ser
su esposo legal. Así que usted también sea mi esposo. Prometo estar a su lado
toda la vida, haga lo que haga y esté donde esté. En la felicidad, en la
tristeza, en el enojo y en la alegría, seguiré con usted. Esa es mi respuesta”.
“...”.
“Bien, voy a contar hasta tres y tiene que
olvidarlo, ¿sí? Uno, dos...”.
En el momento en que iba a decir ‘tres’, algo
cálido y suave tocó sus labios. No sabía si el olor dulce del vino que nublaba
su mente provenía de él o de la otra persona. Pero sabía una cosa con certeza:
a lo largo de su vida con Shin Jae-yeon experimentaría muchas cosas y olvidaría
gran parte de ellas. Sin embargo, al menos este momento, al menos este beso,
jamás lo olvidaría y permanecería dentro de él para siempre... Avery lo sabía
muy bien.
『Calor
abrasador』
FIN
