#116-#141
Algo suave rozó su
mejilla. Sin darse cuenta, Se-hwa se frotó la cara como si se quejara, y solo
unos segundos después se dio cuenta de que era el tacto de las sábanas. Al
sentir un escalofrío en la nuca, movió solo los ojos para mirar a su alrededor.
Realmente estaba sobre la cama.
¿Por qué estaba
acostado aquí? Claramente recordaba estar acurrucado en el suelo llorando con
desolación….
Al recobrar el sentido
un instante después, Se-hwa se levantó apresuradamente. Ignorando el ligero
hundimiento en el borde del colchón, metió los pies en las zapatillas. La
persona que lo habría cargado en brazos hasta la cama cuando se quedó
profundamente dormido, la persona que se habría quedado mirándolo tanto tiempo
que dejó una marca donde estuvo sentado…. No hacía falta ni decirlo, debía de
ser Ki Tae-jeong.
“Por eso el general Oh
Seon-ran…”.
Se movió con urgencia
y abrió de golpe la puerta del dormitorio sin ninguna precaución. En la sala de
estar, Ki Tae-jeong, que vestía su uniforme de gala, y el teniente Park, que le
estaba dando un informe, miraron hacia él al mismo tiempo.
“…¿Cómo te sientes?”
Ki Tae-jeong no lo
ignoró. Tampoco mostró una actitud incómoda o antinatural que hiciera recordar
lo sucedido ayer. Se limitó a lanzar un comentario ligero, similar a los de siempre,
como si nada hubiera cambiado. Hasta el punto de que Se-hwa llegó a dudar si el
alboroto de la noche anterior había sido un sueño.
“Voy a salir un
momento a reunirme con el general Oh Seon-ran”.
“…….”
“No creo que tarde
mucho. Después de eso, tengo pensado seguir trabajando aquí”.
El hombre recorrió a
Se-hwa con la mirada de pies a cabeza rápidamente y terminó de ajustar los
puños de su camisa. Parecía haber juzgado que, a simple vista, no había nada
grave.
“…¿Necesitas algo?
Algo que quieras comer, por ejemplo”.
Durante el tiempo que
Se-hwa perdió la memoria, Ki Tae-jeong desarrolló un hábito extraño. Cada vez
que se ausentaba, le contaba brevemente qué iba a hacer y a qué hora pensaba
volver. Siempre terminaba preguntándole si deseaba algo.
Se-hwa parpadeó
distraído y se frotó el rostro seco con el dorso de la mano. …No podía permitir
que las cosas se quedaran así, como si nada hubiera pasado.
Anteayer y ayer, a lo
largo de varios días, le había mostrado a Ki Tae-jeong todo lo que le quedaba
dentro. Aunque fueron frases torpemente construidas, se había quitado de encima
la piedra más pesada que oprimía su pecho, y había rascado casi todos los
residuos de llanto y resentimiento. También expresó claramente su voluntad de
no querer seguir vinculado a él una vez terminara el juicio. Y sin embargo, Ki
Tae-jeong actuaba como si no hubiera pasado nada.
Se-hwa infló las
mejillas con aire y se armó de valor. No podía dejar que pasara de nuevo. Si lo
dejaba así, en la ambigüedad, este hombre daría por hecho que Se-hwa iría a
vivir a su residencia, e intentaría estar a su lado como el padre biológico en
el momento en que sacaran a Saessak-i de la incubadora. Era obvio que
intentaría estar presente con naturalidad en el registro de nacimiento, en el
de residencia… en cada uno de esos momentos.
Debía romper este
círculo vicioso que no terminaba. Era el momento de poner un punto final
definitivo con este hombre.
“Cuando vuelva…
dígamelo”.
Aunque su voz tembló
por momentos como la de una cabra, su dicción fue mucho más fluida que la de
ayer. Tanto, que Ki Tae-jeong y el teniente Park abrieron los ojos sorprendidos
al mirarlo.
“Lo que tengo que
hacer… en el juicio. Dijo que era en unos días”.
La mano de Ki
Tae-jeong, que ajustaba el nudo de su corbata, pareció volverse lenta por un
instante. Sin embargo, pronto continuó concentrado en lo suyo como si no
hubiera escuchado las palabras de Se-hwa.
“Ge-neral… de
Brigada”.
Cuando Se-hwa se
acercó a él dando zancadas lo más grandes que pudo, Ki Tae-jeong cerró los ojos
con fuerza y los volvió a abrir. Ejerció tanta presión que una línea profunda
se marcó en la cuenca de sus ojos antes de desaparecer.
“De todos modos, sin
mi tes-timonio, será difícil ex-plicar lo de… la droga del teniente Kim…”.
“No tienes de qué
preocuparte”.
Ki Tae-jeong respondió
con brusquedad, pero dándose cuenta del tono, añadió una explicación más larga.
“Estamos preparando
todo para que no tengas que presentarte, así que no pienses en nada”.
Aunque no se mostró
aterrador como antes, Se-hwa sabía bien cómo actuar cuando Ki Tae-jeong se
ponía así. Como no funcionaría ninguna súplica ni ruego, no le quedaba más
remedio que rendirse primero.
Se-hwa lo miró durante
un rato con los ojos humedecidos y luego agachó la cabeza profundamente. ¿Que
escucharía cualquier cosa? ¿Que si se lo decía podría corregirlo? Fue un idiota
por sentirse conmovido y perturbado cuando trajo esos zapatitos de bebé. Es un
hombre que pone mil condiciones y, al final, hace lo que le da la gana….
Él tampoco es que
quisiera asistir al juicio como quien va de picnic. Pero no quería ser excluido
de un lugar donde se mencionaría su nombre y donde, tal vez, su vida podría
cambiar. Aunque no tuviera nada que decir, quería estar allí presente. Eso era
todo.
“Es para que no salgas
herido”.
Ki Tae-jeong, leyendo
algo en la expresión de Se-hwa al verlo darse la vuelta para rendirse, lo
sujetó apresuradamente soltando una excusa.
“¿Sabes lo que es un
juicio militar? Es un lugar donde llaman a alguien, lo sientan en medio y unos
viejos carcamales juegan con él a su antojo”.
“…….”
“Ese tiene una cara
que me molesta, matémoslo; a ese me pidió un amigo que lo dejara en paz… Los
tipos que se sientan ahí como jurado sueltan esas estupideces y luego votan a
mano alzada para matar o salvar a alguien por pura diversión. Eso es un juicio
militar”.
“…….”
“Es evidente qué clase
de basura te van a escupir esos tipos con brazalete, ¿cómo voy a dejar que te
expongas a eso?”
Se-hwa sacudió
ligeramente la muñeca que él sujetaba, como indicando que no era necesario.
Ante ese movimiento insignificante, que no tenía ni la fuerza del aliento de
Saessak-i, Ki Tae-jeong soltó el agarre con facilidad.
“Usted me in-volucró
porque quería ganar en un lugar así… para des-truir al Teniente Kim”.
“…Lee Se-hwa”.
“Ejem, esto, Sr. Lee
Se-hwa. Hay muchas formas de testificar sin necesidad de asistir en persona”.
El teniente Park, que
observaba a ambos sudando frío desde atrás, aprovechó el momento para
intervenir.
“Esto es algo que ya
se mencionó antes, ¿qué le parecería grabar un holograma con su testimonio bajo
la supervisión del general Oh Seon-ran? Si explica brevemente sobre la droga
fabricada por el teniente Kim o el proceso de distribución…”.
“Una… grabación”.
Ante la voz de Se-hwa,
aún más apagada que antes, el rostro del teniente Park, que incluso lucía una
inusual sonrisa intentando animar el ambiente, se fue endureciendo. Recordó de
pronto la razón por la cual el cuerpo de Se-hwa estaba tan demacrado y por qué
se encontraba en la sala de recuperación.
“Ah, esto… lo siento.
No tenía otra intención. Lo que quería decir es…”.
“Eso no va a suceder”.
Ki Tae-jeong
interrumpió la torpe excusa del teniente Park soltando un largo suspiro por la
nariz.
“Precisamente hoy iba
a discutir otros métodos con el general Oh Seon-ran…”.
“…….”
“Terminaré de
arreglarlo todo para que no tengas que exponerte a una grabación ni a nada
parecido”.
“…Haga lo que quiera.
Pero… de todos modos, mi propia exis-tencia… es una prueba a favor del Ge-neral
de Brigada, ¿verdad?”
“Ese tema…”.
“Entonces… cumpla su
pro-mesa”.
El ambiente indicaba
que no solo no testificaría, sino que ni siquiera lo dejarían ir al tribunal.
Si decían que no había otra forma más que la grabación de un holograma, ¿qué
más podía decir él? La gente ya estaba discutiendo su situación a su antojo y,
como siempre, parecía que no se le daría el derecho a decidir.
Si era así, quería
asegurar al menos lo que pudiera obtener. Al niño… a Saessak-i, jamás
permitiría que viviera de esta manera. ¿No se había jurado antes que preferiría
morir con él que darle un destino como el suyo?
Se-hwa se dio la
vuelta presionando sus párpados hinchados como goma de tanto llorar. No fue a
propósito, pero alcanzó a ver de reojo cómo Ki Tae-jeong apretaba los dientes
con fuerza. Fue solo un instante, así que no pudo estar seguro….
Y… sorprendentemente,
eso fue todo. El hombre no pronunció su nombre ni lo obligó a girarse diciendo
que era un arrogante. Solo una brisa sutil rozó su muñeca.
Se-hwa no ignoraba que
Ki Tae-jeong había intentado sujetarlo con cuidado a destiempo, y que el aire
se movía así por el gesto de la punta de sus dedos extendidos, pero caminó con
firmeza hacia el dormitorio mirando solo hacia adelante, como alguien que no
siente nada.
*
“¿Y Lee Se-hwa?”
Ki Tae-jeong se dejó
caer en el sofá lanzando su gorra de plato.
“Está en la sala de
incubadoras. Ya envié el aviso, así que la Teniente Na lo traerá de vuelta”.
El teniente Park
pulsaba aquí y allá en su tableta, verificando una y otra vez que la pantalla y
el holograma funcionaran bien. Tenía planeado explicarle a Se-hwa el progreso
del juicio de la forma más sencilla posible, omitiendo los detalles difíciles.
Sabía perfectamente
que poner a Lee Se-hwa en el tribunal era una locura. Por mucho que se
esforzaran, no podrían evitar que le lanzaran piedras. Lo protegerían
escondiéndolo detrás de ellos para que nada lo golpeara, pero el simple hecho
de presenciar esa escena vulgar donde las palabras hirientes volaban
indiscriminadamente sería un tormento para Se-hwa.
“¿De verdad… planea
presentar al Sr. Lee Se-hwa como testigo?”
“…Sí”.
Sí, lo sabía, pero…
era incapaz de ganar contra él. Lee Se-hwa, con sus ojos como perlas de cristal
y desprovisto de emociones, le había preguntado en silencio si pensaba
grabarlo, cómo podía proponerle tales medios de nuevo, si pensaba seguir
manipulando su nombre y su vida a su antojo…. Al final, Ki Tae-jeong decidió
ceder un paso. No, no tuvo otra opción.
“Dile todo lo que
Se-hwa quiera saber. Cómo planea el Teniente Coronel Kim acorralarlo… todo lo
que se prevea”.
“¿Perdón? Pero…”.
Originalmente, pensaba
ser muy breve: "La familia del teniente Kim está intentando cargarte con
todas las culpas"… solo algo así. Pensaba enfatizar hasta el día del
juicio que debía quedarse quieto sin importar lo que oyera de esos tipos
expertos en propaganda sucia.
Sin embargo… al
regresar al hospital y calibrar el nivel de pérdida que Se-hwa habría
experimentado sin que él lo supiera, sintió que incluso eso sería un engaño.
¿No se había desmoronado Se-hwa ayer entre sollozos por la
"amabilidad" que Tae-jeong intentó imponer a su antojo?
“Pero si llega a saber
demasiado, existe una gran posibilidad de que el Sr. Lee Se-hwa reaccione en
una dirección inesperada. Para reducir las variables al máximo…”.
“Aun así, no se pondrá
del lado del Teniente Kim”.
Incluso por el bien
del niño, Se-hwa acabaría dándose cuenta de que es mejor declarar su inocencia
y seguir su liderazgo. Pero aun así….
“Por supuesto, no está
de más tener un plan de contingencia, así que habrá que ajustar un poco el
rumbo”.
“Ajustar el rumbo significa…”.
“Si hay cosas en las
que puedo ceder un poco, cosas que se puedan negociar… prepáralas de momento”.
El teniente Park miró
a Ki Tae-jeong con la boca abierta, como si hubiera escuchado algo increíble.
“General…”.
“No digo que vaya a
ceder un paso ante el Teniente Coronel Kim. A esos, joder, los voy a destruir
hasta el final… Me refiero a los otros tipos. Si hay algunos que, incluso si
Lee Se-hwa comete un desliz al hablar, puedan darme su voto con total
seguridad…”.
Ki Tae-jeong soltó una
risa amarga al decir esto, encontrando absurda su propia actitud. Pudiendo
hacer todo esto. Estando dispuesto a llegar a tales extremos…. ¿Por qué había
hecho llorar tanto a Lee Se-hwa antes?
“Haz correr el rumor
de que puedo retrasar mi baja y ayudar un poco en los negocios que esos tipos
manejan”.
‘¿Sabrás tú todo lo
que estoy dispuesto a dejar de lado para no volverte a hacer llorar? No, ahora
ni siquiera querrás saberlo’.
“…Puedo renunciar
incluso a cosas como esas”.
“General de Brigada”.
Detrás del teniente
Park, que solo podía balbucear estupefacto, se oyó la voz del Suboficial Mayor
Choi.
“He terminado de
verificar que los artículos que pidió para la residencia estén bien colocados.
Había mucho correo acumulado, así que lo he traído”.
Tras asomar la cabeza
por la rendija de la puerta de la sala de recuperación con una reverencia, el
Suboficial Mayor Choi entró.
“He seleccionado solo
los que me pareció que debería revisar al menos una vez”.
Dejando de lado al
teniente Park, que se había quedado helado ante la declaración inesperada de su
superior, Ki Tae-jeong recibió el paquete que le entregaba el Suboficial Mayor
Choi con rostro apático. El propósito de enviar correo físico en estos tiempos
era obvio: súplicas para que donara dinero, tonterías para invitarlo a
reuniones sociales dentro del ejército….
“¿Qué es esto?”
Mientras pasaba los
sobres con desgano, algo que estaba metido entre ellos cayó al suelo. Era un
sobre pequeño sin nada escrito en el exterior.
“Ah, dicen que esto
estaba dentro del bolsillo de su uniforme de gala cuando lo enviaron a lavar.
Al revisar los videos de la lavandería, confirmé que el encargado lo selló en
un sobre de custodia en cuanto lo encontró, y que nadie lo ha tocado desde
entonces”.
“¿Dices que salió de
mi ropa?”
No recordaba haber
llevado nada en los bolsillos. Ki Tae-jeong frunció levemente el ceño mientras
observaba el pequeño sobre. Su tamaño y apariencia eran muy sospechosos. Si
hubiera habido algún problema, por ejemplo, si hubieran plantado un explosivo,
habría estallado mucho antes en el buzón de la residencia antes de llegar a sus
manos, así que no parecía gran cosa, pero….
“Ábrelo”.
El Suboficial Mayor
Choi, que recibió de vuelta el objeto, sacó un escáner para revisarlo con cuidado
y luego abrió el exterior con precaución usando equipo especializado.
“Parece que no hay
ninguna anomalía”.
Lo que le entregó el
Suboficial Mayor Choi tras la revisión era algo tan insignificante que
resultaba decepcionante. El contenido era un trozo de papel arrugado de forma
extraña.
“Por si acaso, presta
especial atención también a la bata de hospital de Lee Se-hwa y a su comida”.
“Ah, sí. Lo verificaré
de inmediato”.
“Si son tipos capaces
de meter esto en el bolsillo de mi ropa, ¿crees que dejarán en paz a Lee
Se-hwa?”
Difícilmente pondrían
una bomba en el hospital más prestigioso del Quinto Anillo, pero son tipos más
que capaces de deslizar alguna carta anónima para amargarle el humor a alguien.
Ki Tae-jeong desplegó
con rostro inexpresivo el trozo de papel, más pequeño que la palma de su mano.
Estaba tan estrujado que tenía marcas blancas y profundas siguiendo las líneas
de los dobleces. Y lo que estaba escrito dentro era….
“¿General de Brigada?
¿Qué sucede?”
Cuando Ki Tae-jeong,
que estaba chasqueando la lengua, de pronto abrió mucho los ojos y se quedó
mirando fijamente el trozo de papel, el desconcertado Suboficial Mayor Choi
preguntó ladeando la cabeza.
“¿Hay algún problema?”
“…….”
Allí…, en ese trozo de
papel arrugado desastrosamente…. Había una escritura desordenada que, sin duda
alguna, pertenecía a Lee Se-hwa.
#117
Con la mirada esquiva,
recorrió apenas la forma de las letras. Antes de que el contenido específico
llegara a sus ojos, sintió como si ese insignificante trozo de papel lo
estuviera asesinando.
Ki Tae-jeong vaciló
largo rato antes de acariciar la superficie del papel arrugado. Siguiendo las
líneas de los dobleces, se levantaba una especie de pelusa blanca. Ese tacto,
que se deshacía suavemente bajo sus yemas, de alguna manera se le pareció a Lee
Se-hwa.
Hesta 7 ml, Alion 15
ml, Tiran 9 mg, diluir en 630 ml de agua y luego trasvasar solo lo equivalente
a la capacidad del frasco
Al leer la primera
línea, Ki Tae-jeong soltó una breve risa que contrastaba con la rigidez de su
rostro. Al principio parecía haber escrito 'disolver' con un error, pues a la
izquierda de la palabra correcta había varias líneas negras tachando algo con
fuerza.
'Si lo lees bajo la
luz, se transparenta lo que borró… ¿No pensó en eso?' Pero bueno. Era lógico.
No habría tenido energía para fijarse en tales detalles. Antes de que él
llegara, Se-hwa habría estado ocupado fabricando la droga a espaldas de los
guardias y escondiendo cosas; no habría tenido ni un segundo de calma para
ocultar meticulosamente esos errores tan tiernos.
Los antifebriles
ayudan a aliviar las molestias (especialmente cuando sientes los ojos secos o
la boca muy árida)
Es mejor que contengan
Arismin o Keron
Y por un tiempo evite
medicinas o alimentos que calienten el cuerpo
Sé que la Teniente Na
le dará buenos tónicos, pero por si acaso, se lo hago saber
A medida que leía
frase tras frase, el rabillo del ojo de Ki Tae-jeong tembló. Después de la
última oración también había una línea tachada con negro, pero a diferencia de
las palabras borradas arriba, aquí casi se había dibujado un cuadrado sólido.
Incluso elevando el
papel hacia el techo para traslucirlo con la lámpara, era imposible leer qué
palabras había escrito originalmente.
¿Qué sería lo que
Se-hwa ocultó con tanto empeño? ¿Qué clase de resentimiento habría derramado
mientras se preparaba para dejarlo? Ki Tae-jeong fijó la vista durante mucho
tiempo en ese recuadro negro, pintado con esmero pero de apariencia torpe.
'Preferiría que fuera
una maldición impronunciable. Desearía que estuvieras muerto, pero como no
quiero ser un asesino te dejo esto, o al menos algo así… pero…'
Probablemente,
conociendo el carácter de Se-hwa, escribió algo dulce y amable antes de
borrarlo. Es alguien que, incluso fabricando una droga fuerte, no pudo ser
cruel hasta el final y dejó una nota tan bondadosa. Es el Lee Se-hwa que, al
darle la espalda, le pidió que si encontraba a otra persona no la lastimara
como lo hizo con él. Así que, seguramente….
"…Mmm."
Ah. Ki Tae-jeong tragó
un gemido y se llevó la mano a la frente. Se frotó el rostro seco y, apoyando
los codos en las rodillas, inclinó el torso lentamente. La esquina de la nota
rozó la punta de su nariz y, con cada respiración, percibió el olor característico
del papel viejo.
Pudo visualizar con
nitidez al Lee Se-hwa de aquel día, aunque no lo hubiera visto. Su aliento
entrecortado y empapado de llanto, el calor cálido que emanaba de su piel
afiebrada, sus ojos enrojecidos, el aroma corporal que subía desde su rostro
húmedo. Ese cuerpo delgado que debió de temblar violentamente, encogido por no
poder controlar sus emociones…. Era como si esa pesadumbre se le transfiriera
directamente.
'Dijiste que sabías
que yo era un monstruo que no moriría ni con una droga fuerte. Dijiste que
preferías morir en manos del Teniente Kim… Entonces, ¿por qué preparaste esto?
¿Para qué escribes esto antes de irte? Yo… yo estaba fuera de mí solo con el
hecho de que te atrevieras a pensar en dejarme, y recién ahora me entero de lo
que me escribiste.'
"¿Sucede
algo?"
Ante su semblante
inusual, el Suboficial Mayor Choi intentó examinar su estado con seriedad. Ki
Tae-jeong hizo un gesto con la mano indicando que no era nada y enderezó el
cuerpo. Luego, apoyando la nuca en el respaldo del sofá, miró fijamente la
lámpara por un momento. Ese picor desagradable que amenazaba con dejarlo ciego
le resultó, extrañamente, bienvenido.
Hurgando con cuidado
en los recuerdos de aquel día en que no estaba en sus cabales, recordó —muy
vagamente— el momento en que salió de la oficina de la Casa tras meter algo que
tenía en la mano en su bolsillo de cualquier manera. Si no lo tiró y lo guardó,
fue porque incluso entonces pensó que debía revisarlo después… ¿por qué lo
había olvidado hasta ahora?
Por supuesto, tenía
muchas excusas. El estado de su cuerpo sometido por la droga, esa sensación de
tener el cerebro triturado, era indescriptiblemente horrible. No, la droga era
una cosa, pero lo que Lee Se-hwa le dijo, el hecho de que hiciera aquello
dispuesto a matarlo, fue lo que le impidió mantener la cordura. Literalmente,
no veía nada. Y….
"…Ha."
NO
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Ki Tae-jeong, que por
hábito intentaba racionalizar sus actos, soltó una risa amarga y sacudió la
cabeza levemente. Era exactamente la imagen que Se-hwa le había criticado esa
mañana. Después de alardear con que escucharía todo y cambiaría todo, incluso en
este momento estaba intentando interpretar las cosas a su favor.
"General de
Brigada. El Sr. Lee Se-hwa ha llegado."
Ki Tae-jeong, que se
estaba autocriticando, carraspeó y escondió la nota en el bolsillo de su
camisa. Intentó doblarla bien en un cuadrado, pero el trozo de papel, que había
estado sellado mucho tiempo tal como lo estrujó originalmente, conservaba
intactas las marcas de las arrugas.
El papel no se puede
lavar ni se puede alisar con una plancha; era lo lógico. Por mucho que se
esfuerce, no puede volver al estado original. Es imposible hacer como si estas
líneas agrietadas no existieran. Lo sabe. Lo sabe, pero….
"…Llegaste."
Salió de su boca una
frase extraña, que no era ni pregunta ni afirmación. Se-hwa, tal vez
desconcertado por el recibimiento, solo movió los labios con el rostro confuso
y entró en la sala arrastrando un poco los pies.
Visto así, era
evidente que había perdido mucho peso. Aunque estaba mejor que justo antes de
colapsar, seguía teniendo un aspecto lamentablemente delgado. Ki Tae-jeong,
mientras observaba los prominentes huesos de las muñecas y los tobillos de
Se-hwa, sintió de pronto un deseo irrefrenable de abrazarlo. No sentía ni una
gota de lujuria. Solo quería estar pegado a él como si originalmente hubieran
sido un solo cuerpo.
'Recién ahora me
entero de lo que me dejaste escrito', quería abrazarlo con todo su cuerpo y
quejarse como un niño. 'Ahora que sé cuál es el problema, ¿no es suficiente con
decirte que te valoraré aunque sea tarde? Incluso si firmo un documento prometiendo
no volver a decir cosas crueles sobre la vida del niño, e incluso si pido que
sea ante notario… ¿ni siquiera así funcionará?'
Hasta ahora, pensaba
que todavía habría una forma de dar marcha atrás. Creía que si se quedaba al
lado de Se-hwa fingiendo ignorancia, algún día volvería a escuchar esa voz
suave que se alargaba dulcemente al final. Porque Se-hwa, a diferencia de él,
era bueno y tierno. Porque siempre estaba hambriento de afecto y, por tanto,
era vulnerable al calor ajeno… esperaba que llegara el día en que volviera a
descansar tranquilo en sus brazos como antes.
Pero tras leer esta
nota… perdió la confianza. Se-hwa le había dejado incluso esto, mientras que lo
que él le lanzó fueron amenazas de matar a todos los que estaban a su lado, un
collar de perro hecho con joyas y el sarcasmo de arrojar al abismo incluso al
niño que Se-hwa, tras mucho pensarlo, decidió conservar.
Lo más desesperante
era que… incluso si hubiera visto esto en aquel momento, su naturaleza estaba
tan podrida que habría intentado encadenar a Se-hwa de la misma forma. Lo
habría doblegado para tenerlo a su lado, obligándolo a mirarlo y sonreírle como
antes, y seguramente habría terminado lastimándolo tanto como ahora.
Por eso Se-hwa no
podía creer en sus palabras. Porque sabía de sobra que él era esa clase de
hombre. Sabía mejor que nadie que él tenía un carácter arruinado que solo
comprende algo después de ver a alguien al borde de la muerte, y solo cuando
esa persona pierde la memoria y la voz.
"¿Esto… qué
es?"
"Se lo explicaré
cuando tome asiento."
Se-hwa, que miraba a
su alrededor sin entender nada, se sentó apresuradamente en el sofá encogiendo
los hombros cuando el teniente Park mostró la foto de identificación del
teniente Kim en la pantalla. Ki Tae-jeong se limitó a observar ese movimiento
cauteloso de Se-hwa al alejarse para que sus rodillas no se tocaran.
"Sigo manteniendo
mi postura escéptica respecto a la asistencia del Sr. Lee Se-hwa al juicio,
pero… como el General de Brigada lo ha ordenado, le informaré brevemente sobre
la situación actual."
Se-hwa dejó de moverse
de golpe. Al mismo tiempo, Tae-jeong sintió una mirada furtiva recorriendo su
perfil. Al parecer, Se-hwa no esperaba que realmente accediera a su petición de
participar en el juicio.
"Ah, mi
escepticismo no es por otra razón. Es porque, como dijo el General de Brigada,
existe una gran posibilidad de que el Sr. Lee Se-hwa salga herido."
El teniente Park
explicó a grandes rasgos el funcionamiento del juicio militar y luego resumió
la estrategia que la familia Kim pretendía usar.
"Tanto el médico
que se acercó al Sr. Lee Se-hwa antes como la banda de ese crío de hace poco…
el Teniente Coronel Kim, ah, el padre del teniente Kim, es muy hábil en este
tipo de artimañas. Parecen trucos sucios y simples, pero tiene una cantidad
incontable de fichas que puede usar y desechar, y es experto en usarlas para
manipular a la opinión pública."
"O sea que…
quieren culparme de, ejem, culparme de los errores del teniente Kim y, además…
¿están intentando crear la opinión de que yo ya era una persona con muchos
pro-blemas?"
"Sí, exacto.
Independientemente de los cargos contra usted. Por eso hubo tanto escándalo
cuando el general Oh Seon-ran dijo que lo adoptaría como hijo. Lamento decirle
esto, pero su origen y sus antecedentes eran una presa perfecta para
ellos."
Se-hwa asintió
indicando que comprendía el flujo de la situación.
"Es pa-recido a
cuando quieren… matar a un jugador nuevo que acaba de conseguir un contrato.
Para que se queden sin clientes…. Digan que es gafe, o… tose, que tiene mala
suerte… para que nadie lo elija…."
A pesar de que le
advirtieron que el interrogatorio se centraría más en ataques personales contra
él que en la fabricación de la droga, Se-hwa no se inmutó. Al contrario,
pareció algo incrédulo de que hubieran intentado esconderlo del juicio por una
razón tan trivial.
"De todos modos,
nosotros tenemos a la Casa y al Jefe Son como evidencia y testigos, así que
solo tenemos que presentarlos frontalmente. Resulta que el teniente Kim fue más
descuidado de lo que pensábamos al procesar el trabajo. Tenemos entendido que
incluso le entregó al Jefe Son un comprobante de transacciones
simplificado."
"Ah… es verdad.
El Teniente Kim me dio el pa-go, tose, el pago directamente… pero como él decía
que no podía confiar en eso…. Dijo que se lo dio porque se lo pidió. Pero, ¿con
eso se acaba todo?"
"¿Perdón?"
Se-hwa ladeó la cabeza
observando atentamente la pantalla que el teniente Park mostraba.
"En aquel
entonces, en el Primer Anillo… ¿no hay también muestras de la droga que se
des-viaron?"
"Ah, sí. Por
supuesto, eso también se presentará como evidencia. Coincidirá exactamente con
los componentes escritos en los documentos clasificados, así que será una
prueba contundente y—"
"Dijo que el
juicio militar era… una guerra de opinión pública."
Se-hwa agitó los dedos
frente a la pantalla como si no lo entendiera. El Suboficial Mayor Choi pasó
las páginas hacia adelante y hacia atrás siguiendo sus gestos.
"Entonces, que yo
fa-brique esa droga en ese mismo lugar… para mos-trar que hice este trabajo por
mucho tiempo porque el Teniente Kim me lo ordenó… creo que sería mucho más
efec-tivo—"
"No."
Ki Tae-jeong lo interrumpió
tajantemente antes de que Se-hwa terminara de hablar.
"Con que vayas al
tribunal es suficiente."
"Pero…."
"Apenas abriste
los ojos tras estar entre la vida y la muerte, ¿cómo se te ocurre tocar
drogas?"
"No es que yo
vaya a… con-sumirlas…."
"Tu cuerpo no
está bien. Todavía estamos bajo observación para ver si hay secuelas."
#118
"Pe...
pero…."
Se-hwa alternaba la
mirada entre la pantalla y la tablet.
"El… aquel médico
de antes, y también… el crío que apareció hace unos días…. ¿No hay una razón
por la que el bando del teniente Kim contrata incluso a personas comunes para,
ejem, para intentar desestabilizarme?"
Afortunadamente,
Se-hwa ya no tartamudeaba tanto. En su lugar, tosía con una dificultad que
resultaba dolorosa para quien lo escuchara. Parecía que se le iba a desgarrar
la garganta en cualquier momento.
"Eso es
porque,"
"Incluso cuando
me metí en este juego, tose, como un jugador novato por primera vez, fue
igual."
Tanto el teniente Park
como el Suboficial Mayor Choi lo observaban con preocupación, dejando de lado
el asunto pendiente por el estado de su garganta, pero él no les prestó
atención y recordó sus días de infancia con indiferencia.
"El plan de la
estafa parecía convincente, y la, ejem, la víctima estaba a punto de caer… pero
otros jugadores arruinaron la jugada. Empezaron a desprestigiarme diciendo que
no era de fiar, ese tipo de chismes… y aunque mis palabras tenían sentido,
tose, los clien, los clientes solo prestaban atención… a lo que decían los
jugadores que se entrometieron de repente."
Habría muchas razones
por las que los clientes cambiaban de parecer. Tal vez no confiaban plenamente
en un jugador novato y torpe, o quizá eran influenciables y se dejaban llevar
por el fuego que otros avivaban… o puede que simplemente les molestara escuchar
a un mocoso y no quisieran admitir que Se-hwa tenía razón.
Los clientes
intentaban negar a Se-hwa basándose en su humor de aquel día, en la actitud de
los jugadores o incluso sacando a relucir cosas como la fortuna del día. Eso
significaba que no montaban ese lío porque realmente quisieran distinguir lo
correcto de lo incorrecto.
Las razones por las
que Se-hwa terminaba siendo golpeado y sin recibir ni un centavo eran así de
miserables. Solo porque les caía mal lo que hacía, porque parecía un gigoló, o
porque querían darle una lección por atreverse a actuar sin conocer su lugar….
En fin, tras escuchar
la explicación, el juicio militar o la guerra de opinión pública que la familia
del teniente Kim planeaba liderar no parecía muy distinto de las timbas de
Hwatu que Se-hwa había vivido hasta ahora.
"En lugar de
enumerar esto y aquello, es mucho… mejor sacar a la luz lo más
impactante."
Que el teniente Kim
frecuentaba la Casa, que había un comprobante de los pagos realizados al Jefe
Son…. Ese tipo de cosas son fáciles de criticar para el bando contrario. ¿Qué
harían si ellos insistieran en que solo fue a buscar la droga que consumía
habitualmente y no a desarrollar una sustancia sospechosa usando a gente de
clase baja? El hecho de que un oficial consumiera drogas ni siquiera llegaría a
ser un escándalo.
"Usted no
escribió la denuncia porque quisiera confirmar que el Teniente Kim es un
drogadicto. El juicio se abrió porque la sustancia que él fabricó es peligrosa,
y por eso…."
Se-hwa se frotó la
garganta con incomodidad, parpadeó un par de veces y continuó hablando entre
toses.
"Entonces, el
hecho de que los componentes de esa muestra que trajeron del Primer Anillo
coincidan exactamente con la fórmula escrita en el documento, y que… yo, que
hice tratos con el Teniente Kim por mucho tiempo, sepa fabricar esa droga,
sería la prueba más… convincente. Y además…."
"……."
"En realidad… es
por esa droga que mi cuerpo se volvió… capaz de concebir a un niño, ¿no?"
Era un tema que no
solo Ki Tae-jeong, sino todos los presentes querían evitar. Incluso el propio
Se-hwa.
No es que Se-hwa
quisiera sacar el tema a propósito para irritar a Ki Tae-jeong. Es que
realmente no entendía y por eso le preguntaba. Si había una forma de dar el
golpe más efectivo, ¿por qué insistía en dar rodeos?
"¿Crees que no he
considerado el método que incluso tú has pensado de inmediato? No es que no lo
sepa, es que te digo que no se puede."
"……."
"Sí,
originalmente planeaba usarte para eso. Por eso armé aquel lío en el refugio
para traer la sustancia dentro del Z2."
"……."
"Pero ahora estás
enfermo."
Se-hwa, tras la
cirugía… no, desde que se involucró con Ki Tae-jeong, estaba en un estado de
debilidad física y mental extrema. Tenía el corazón tan herido y el impacto
había sido tan grande que incluso le costaba dar un paso.
El problema mayor era
que, durante la cirugía, había ingerido una gran cantidad de A7. Sin exagerar,
era como si la mitad del cuerpo de Se-hwa estuviera lleno de A7 en lugar de
sangre.
¿Y con ese cuerpo
pretendía tocar drogas? Aunque solo fuera probarla con la punta de la lengua
para la fabricación, no se podía garantizar qué consecuencias traería aquello.
"…De todos modos,
como el General de Brigada… querrá ganar a toda costa,"
"Ganaré incluso
sin utilizarte de esa forma. Si fuera tan incompetente, no llevaría la insignia
de General de Brigada. Y sobre todo…."
Ki Tae-jeong, que
intentaba detener a Se-hwa por seguir diciendo tonterías, se dio cuenta un
segundo tarde de que la expresión que acababa de elegir no era muy buena.
Especialmente la parte de 'no te utilizaré de esa forma' podría sonar, desde la
perspectiva de Se-hwa, como si pensara usarlo en otra dirección que no fuera
esta.
"…Y sobre todo,
ya no te considero un simple objeto desechable."
Tras quedarse sin
palabras y vacilar durante un breve suspiro, Ki Tae-jeong añadió con torpeza
una explicación complementaria en la que no se podía encontrar ni un ápice de
suavidad.
De todos modos, él no
podía hacer sonreír a Se-hwa con palabras triviales como el general Oh
Seon-ran. Seguía sin entender qué diferenciaba tanto los pequeños regalos que
él le daba del libro que ella le trajo. Si era así, pensó que al menos debía
hablarle claro para que Se-hwa no sacara conclusiones precipitadas por su
cuenta.
"No quiero verte
sufrir más de esto."
Ante esa declaración
tajante, Se-hwa soltó un pequeño suspiro contenido. El teniente Park, el
Suboficial Mayor Choi y la Teniente Na reaccionaron de la misma forma.
Al menos, Ki Tae-jeong
nunca había expresado sus sentimientos de esa manera. Aunque sus palabras eran
indudablemente toscas, esa frase dicha con tanta naturalidad se sintió… como la
más sincera de todas las excusas que Se-hwa le había escuchado hasta el
momento.
"Lee Se-hwa. Como
bien sabes, yo…."
Ante el llamado en voz
baja de Ki Tae-jeong, sus astutos subordinados intercambiaron miradas y
retrocedieron poco a poco hacia la entrada. Se-hwa, desconcertado por quedarse
a solas de repente, estiró el cuello y miró a su alrededor. Por el movimiento
de sus labios, parecía que iba a llamar a la Teniente Na.
Ki Tae-jeong estuvo a
punto de mencionar su justificación habitual por inercia, pero se mordió el
labio inferior al darse cuenta. Ya había explicado varias veces que ya no era
así, pero Se-hwa no quería escuchar sus palabras. Al contrario, cuanto más lo
llamaba por su nombre y fingía ser amable, más parecía sufrir.
"…¿Entonces no
sentiste nada?"
Para acercarse a Lee
Se-hwa con más destreza… ¿qué debería hacer? Una forma de expresión que no
fuera una excusa egocéntrica ni prepotente. Ojalá hubiera aprendido a
expresarse de una forma que no fuera como la de un soldado o una máquina de
matar. No solo eliminando los insultos groseros y vulgares de su habla tosca,
sino como Lee Se-hwa, quien es capaz de hacer sentir todas las emociones que
albergaba en ese momento con solo escribir la mezcla de medicamentos y el
método de desintoxicación….
"¿No te importó
que otros tipos arruinaran las jugadas que habías planeado, te quitaran a los
clientes y dijeran estupideces usándote como entretenimiento?"
Se-hwa, que estaba
sentado casi colgando del borde del sofá para alejarse de Ki Tae-jeong,
apretaba ambos puños mientras miraba fijamente la punta de sus pies.
"No es verdad.
Aunque digas que estás bien, la verdad es que no lo estabas en absoluto."
"Eso… es algo del
pasado, por qué… ahora…."
"Porque, como tú
dices, el juicio militar no es diferente. Es obvio que esta vez tampoco estarás
bien."
"……."
"Sin embargo…
como este plan lo armé yo a mi manera, entendí que quisieras ver el juicio con
tus propios ojos para confirmar la situación. Seguro que después de eso tendrás
algo que decirme…. Y sobre todo, no quiero volver a verte colapsar por cosas
como… lo de la grabación."
"……."
"Por eso permití,
no, decidí que no había más remedio que dejarte asistir al juicio. Porque allí
podré protegerte antes de que ocurra cualquier problema grave. Pero eso es
todo. No quiero verte sufrir más que eso."
Se-hwa parpadeó
despacio. Sus largas pestañas revolotearon siguiendo ese movimiento con medio
segundo de retraso.
'…¿Volví a dar la
respuesta incorrecta?' Sentía como si se le quemara el pecho. Le dolía como si
hubiera fuego cerca del bolsillo de la camisa donde había guardado la nota.
'Tú, con solo un
recuadro negro que ni siquiera es una palabra real, me estrujas el corazón,
mientras que yo fallo en todas las palabras que elijo pensando que son para tu
bien. Aunque intento poner mi sentimiento en ellas, no te llegan con
sinceridad.'
"…En fin, el
juicio es en tres días y tú, en lo posible, no digas nada. Con que te dejes ver
y ejerzas tu derecho a guardar silencio, será presión suficiente para
ellos."
"……."
"Ah, y como el
general Oh Seon-ran ya te registró como su hijo adoptivo, debes tener cuidado
al anotar esa parte cuando entregues tus datos personales. Te lo recordaré
antes del juicio, así que solo mantente al tanto de esto."
"Ese, trámite…
¿ya, se terminó?"
"Sí. Ahora mismo
él está muy ocupado queriendo incluirlos a ti y a tu hijo como ciudadanos de 5
estrellas."
Se-hwa, que siempre
evitaba la mirada de Ki Tae-jeong, giró la cabeza bruscamente ante esas
palabras, incapaz de permanecer indiferente.
"¿Podrá… ser,
ciudadano de 5 estrellas? ¿El niño?"
"Llevará un poco
de tiempo, pero no es imposible."
A Ki Tae-jeong le
alegró ver a Se-hwa girarse hacia él y concentrarse en la conversación, así
que, sin darse cuenta, empezó a parlotear sobre el tema. Desde el proceso de
adopción hasta cómo declarar el cambio de residencia y los trámites secundarios
posteriores…. Sinceramente, la mayoría eran cosas que a Ki Tae-jeong no le
importaban al no tener interés en los niños, pero se las explicó detalladamente
fingiendo saber mucho.
"El, el niño ni
siquiera tiene nombre todavía… tose, ¿eso es posi, ble?"
Hacía tiempo que no
aparecía un ligero rubor en las mejillas de Se-hwa. Comparado con antes, seguía
estando tan pálido como si lo hubieran sumergido en lejía, pero ver ese rastro
tan tenue de vitalidad, como si se hubiera teñido de pétalos, era agradable.
Parecía que su propia situación no le importaba, pero que el estatus del niño
pudiera cambiar era muy alentador para él.
"El número de la
incubadora está registrado y el padre biológico soy yo. Debería ser más fácil
que cambiar tu estatus…."
Ki Tae-jeong, que
miraba fijamente las mejillas redondeadas de Se-hwa mientras hablaba como
hipnotizado, se dio cuenta tarde de lo que acababa de decir y se mordió con
fuerza el interior de la mejilla.
'Ah, maldita sea.'
Apenas ayer Se-hwa lloraba a moco tendido pidiéndole que renunciara a la patria
potestad y que cumpliera esa promesa. Exactamente, no habían pasado ni 24
horas. Pero al ver su rostro iluminado después de tanto tiempo, se emocionó y
volvió a hablar con ligereza y sin consideración.
"Lee Se-hwa, lo
de… hace un momento…."
"¿Sí?"
"…No mencioné eso
a propósito."
"…¿Eh? ¿El
qué…?"
"Eso de que yo
era el padre biológico del niño y demás."
"…Ah."
"No es que
quisiera ignorar tu petición… simplemente la situación objetiva es esa."
'Seguro que volverá a
mirarme con los ojos perdidos y suspirará con la voz entrecortada por el
llanto. Y luego se marchará tambaleándose…'. Como ya ni siquiera tenía permiso
para entrar en el dormitorio, tendría que quedarse así esperando a que llegara
la mañana. Mirando fijamente los zapatitos de bebé que Se-hwa intentó tirar y
la nota que recién hoy pudo leer.
"Ah… sí."
Sin embargo,
extrañamente, Se-hwa no mostró ninguna reacción especial. Aunque tenía un
rostro algo incómodo, simplemente asintió en silencio indicando que entendía.
'…¿Qué?' Ki Tae-jeong
se frotó el hueso de la ceja con el pulgar, un poco desconcertado. Había
añadido palabras de forma más patética y detallada que de costumbre… y pensaba
que le había vuelto a herir sin querer…. ¿Por qué no lloraba esta vez?
#119
"¿Eso es
todo?"
Se-hwa ladeó un poco
la cabeza, como si no pudiera descifrar la intención tras el interrogatorio.
"A qué... se
refiere…."
"Estoy soltando
puras excusas otra vez, ¿no?"
"¿Perdón…?"
"Cada vez que
hablo de esta forma, tú llorabas o mostrabas aversión."
Es cierto que al
principio actuó con ligereza, pero después fue sincero; 'nací siendo un
malnacido e incluso crecí de esta manera, así que qué se le va a hacer', 'para
mantener esta posición no tuve más remedio que elegir eso'…. Aunque el tono se
volvía un poco más suave, siempre presentaba excusas pobres cuyo núcleo no
cambiaba mucho. Pensaba que esta vez había sido igual. Pero….
"Me sorprende que
no estés llorando ahora."
"……."
"Ah, no es que
quisiera hacerte llorar. Solo tengo curiosidad por saber cuál es la
diferencia."
Se-hwa solo parpadeó
con docilidad. Entonces, sus ojos —que se veían mucho más grandes al haber
perdido peso— y su boca —que había estado firmemente cerrada y pálida— se
curvaron muy levemente. Tenía el aspecto de un pastel de arroz recién hecho que
se deforma de manera mullida.
Aaah. Ki Tae-jeong
soltó un pequeño gemido interno. Lee Se-hwa sonrió. Aunque fue una risa que
soltó como un suspiro, casi por incredulidad, al fin y al cabo, era una risa.
Aunque fuera un momento fugaz, ya era algo.
El Se-hwa que le
sonreía levemente sin saber nada cuando perdió la memoria, y el rostro radiante
de mucho antes cuando se giró a mirarlo mientras recogía manzanas, se
superpusieron como una ilusión sobre su imagen actual, que se había vuelto
rígida. Ki Tae-jeong, como hipnotizado, extendió la mano hacia la mejilla de
Se-hwa sin darse cuenta, pero recuperó el sentido rápidamente y retrocedió.
"…Dímelo. Por qué
esta vez no lloraste y te reíste."
NO
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Incluso para él, era
una pregunta estúpida. Aun sabiéndolo, insistió tercamente en que le diera una
respuesta. 'General de Brigada'. Quería recuperar ese llamado alegre que ahora
se sentía tan lejano, y quería saber qué debía hacer para lograrlo.
Si buscaba una excusa
interna, esto era una fuerza mayor. Su instinto de supervivencia, que se negaba
a morir, le susurraba: 'Es ahora. Debes comprender esta diferencia'. Si tan
solo hacía el amago de corregirse de acuerdo con eso, tal vez algún día podría
hacer que Lee Se-hwa sonriera radiante. No tendría que abandonarlo aunque no lo
restringiera con collares de perro ni cadenas.
"Lee
Se-hwa."
En lugar de sujetar la
mano de Se-hwa a su antojo, agarró el extremo de la manga de su enorme bata de
paciente y la sacudió. Sin lastimarlo. Sin asustarlo. Con suavidad…. Se estaba
esforzando, pero no era fácil. ¿Se sentiría así un canalla parado bajo la
lluvia sosteniendo un algodón de azúcar sin paraguas? Quería proteger a salvo
bajo un aguacero a esa criatura frágil que se derretiría con la más mínima
humedad… pero ¿qué debía hacer para lograrlo?
Destrozar y romper era
pan comido, pero valorar y cuidar era difícil. Incluso cuando tomaba a Se-hwa a
su antojo, solo se ocupaba de desvestirlo y hacerlo llorar. O solo soltaba
elogios por su 'buen trabajo' que terminaban dejando resentimiento en el
interior de Se-hwa….
"……."
Se-hwa movió las cejas
con incomodidad y solo giró los ojos. Parecía abrumado por el hombre que estaba
frente a él, cargado como si fuera a disparar en cuanto abriera la boca; Se-hwa
gesticuló varias veces antes de soltar un pequeño suspiro.
Ki Tae-jeong sintió un
hormigueo hasta en la punta de los pies solo con eso. Se-hwa estaba
reaccionando de forma diferente. No temblaba mientras solo intentaba leer su
humor, no lloraba ni vomitaba por su culpa, ni le pedía que renunciara a la
patria potestad a cambio de entregarle su cuerpo.
Aunque se acercaba más
a estar impasible por haber sufrido todo tipo de cosas, definitivamente era una
actitud distinta a la de los últimos días. Era una imagen totalmente diferente
a la de cuando se sentó a llorar sosteniendo los zapatitos de bebé mientras le
decía que se los llevara y desapareciera. ¿Quizás algo podría cambiar de ahora
en adelante? Ki Tae-jeong no quería perder esa ínfima posibilidad, así que
insistió a Se-hwa con tenacidad.
"Es que habló con
honestidad…."
Presintiendo que Ki
Tae-jeong no retrocedería fácilmente, Se-hwa comenzó a hablar con vacilación.
"Esta vez, no me
notificó que su situación era tal sin importar cuál fuera la mía, sino que… me
dio una explicación inmediata diciendo que lo sentía… que fue un error…."
Se-hwa, sintiéndose un
poco avergonzado, jugueteó con el lóbulo de su oreja con la mano que no estaba
sujeta y retrocedió un par de pasos.
"No es que lo que
dijo el General de Brigada fuera bueno… o que pueda entenderlo, ni nada de
eso…."
"Lo sé. Significa
que al menos no fue tan asqueroso como para querer apartarme de inmediato,
¿no?"
"……."
"Bien. Con eso es
suficiente."
El método para obtener
una reacción de Se-hwa, aunque fuera mínima, era tan simple que resultaba
frustrante. En lugar de explicarle las razones por las que las cosas tenían que
suceder o presentar alternativas sobre cómo podía compensarlo, era mejor tratar
de interpretar sus propias palabras y actitud desde la perspectiva de él,
aunque fuera de forma tosca. En lugar de dejarse llevar por sus emociones y
ofrecerle cosas como zapatitos de bebé, era mejor reflexionar sobre formas de
cambiar realmente la vida del niño. Cosas pequeñas como esas….
Pensándolo bien, a
Se-hwa siempre le habían gustado las cosas que no eran gran cosa. Era una persona
que sonreía más feliz cuando le entregaba una caja de pastel que cuando le daba
artículos de lujo costosos con un gran valor patrimonial.
"Si esa actitud y
esa forma de hablar te gustan…."
Ki Tae-jeong avanzó a
grandes pasos, acortando la distancia que Se-hwa había puesto al retroceder.
No, se acercó incluso más que antes.
"Tengo algo que
preguntarte."
Por un momento sintió
remordimiento por haber dado tantos rodeos teniendo un camino tan fácil, pero
no tenía tiempo que perder lamentándose. Ya había aprendido la fórmula básica,
ahora era el turno de aplicarla.
Debía avanzar en el
momento oportuno para poder clavar la bandera y decir que este territorio era
suyo. Y Ki Tae-jeong deseaba la victoria más que nunca. Aunque era una mierda
que el oponente no fuera otro sino él mismo, quería ganar a toda costa.
"En la nota que
me dejaste, ¿qué escribiste y luego borraste?"
Se-hwa murmuró 'La
nota….' solo con el movimiento de los labios y luego asintió diciendo 'Ah'.
Ki Tae-jeong sintió
una punzada en el corazón de una forma claramente distinta a la de hace un
momento. Tuvo que contenerse para no quejarse como un niño preguntando por qué
actuaba como si ya lo hubiera olvidado todo. Apenas logró dominarse a sí mismo
cuando estuvo a punto de actuar de forma inmadura por el sentimiento de que no
podía volver al pasado.
Mmm, tal vez el hecho
de que Se-hwa se volviera cada vez más infantil frente a él también se
originaba en un sentimiento como este. Porque lo quería, y porque quería que la
otra persona sintiera lo mismo que él. Como era un sentimiento en el que no se
podía medir la eficiencia o la idoneidad, no habría podido hacer nada más que
aferrarse a él de forma terca….
"No importa si es
un insulto, así que dilo. No, ¿pue-des… decírmelo?"
Cuando corrigió el
final de la frase para que fuera una petición amable en lugar de una orden, el
entrecejo de Se-hwa se llenó de nubarrones. Ki Tae-jeong leyó más bien una
afirmación en esa duda y vacilación. Aunque lo odiara y le desagradara tanto
como para llorar, perder el juicio e incluso cerrar su boca… Lee Se-hwa seguía
siendo Lee Se-hwa. ¿Acaso no era incapaz de ser cruel con él con solo haber
cedido un poco?
"Dicen que… el
primer amor… no se cumple…."
Sin embargo, lo que
Se-hwa dijo titubeando fue algo que no se imaginaba para nada.
"Escribí que…
parece que esas palabras no están equivocadas, y luego lo borré."
Ki Tae-jeong no tuvo
más remedio que mirarlo fijamente, aturdido.
'…¿Primer amor?' Una
expresión que jamás imaginó escuchar en su vida lo golpeó como una presa rota.
"Originalmente no
es algo para lo que se deba pedir permiso a la otra persona… pero después de
escribirlo me sentí un poco, ridículo, y me pareció que… no tenía por qué
decirle al General de Brigada que yo solo tenía sentimientos tan serios… y
recibir burlas hasta el final…."
Se-hwa cerró y abrió
los ojos despacio. Parecía estar hurgando en ese momento en el que debió de
llorar a solas y a escondidas.
"Por eso… lo
borré."
Lo último que añadió
fue dicho con una voz tan pequeña que era casi un suspiro. Era evidente que se
sentía avergonzado, pero al mismo tiempo parecía extrañamente aliviado.
Primer amor.
Ki Tae-jeong saboreó
esa palabra varias veces. La deshizo en su boca, la masticó y palpó con la
punta de la lengua esa sensación nostálgica.
Amor.
Primer, amor.
"…Entonces
podemos hacer como si no fuera el primero."
Ki Tae-jeong sujetó
con firmeza la mano de Se-hwa, que intentaba apartarse con cuidado. Esto
también fue una fuerza mayor. Como sentía que no podría soportarlo de otra
manera, agarró su brazo delgado con fuerza y lo hizo girar de nuevo hacia él.
"Gene,
ral…."
"Estuviste a
punto de morir y sobreviviste. Incluso perdiste la memoria por un tiempo. Así
que hagamos como que el primero terminó en ese entonces."
Aunque fuera torpe,
debía ser lo más suave posible, para que Se-hwa no se sintiera abrumado…. Al
final mandó al diablo el estilo de acercamiento que acababa de aprender y se
aferró a él sin ton ni son.
"Lo haré bien,
yo. Si me lo indicas como ahora, puedo corregirme."
"Eso es…."
"Cambiaré como si
hubiera vuelto a nacer, así que hagamos que ahora sea la segunda vez."
En los ojos redondos
de Se-hwa se asomó por un instante el asombro. Pero eso no fue más que una
reacción instintiva de sorpresa por el comportamiento repentino de Ki
Tae-jeong. Pronto se llenaron de una amarga resignación y dejó caer la cabeza
como si pusiera su pálido cuello sobre una guillotina. La reacción que seguiría
era obvia. Sería un rechazo.
"Lo de subir al
niño a ciudadano de 5 estrellas, empezaré los trámites desde ahora, así que ya
lo sabes… hablaremos de esto en detalle cuando termine el juicio."
Ki Tae-jeong se puso
terco aun sabiendo que no cambiaría nada el no escuchar la negativa de Se-hwa.
Se adelantó para no darle oportunidad de pronunciar palabras de rechazo.
Él era un tipo
malnacido, así que no podía estar satisfecho con este nivel. Quería hacerlo
sonreír. Quería que sonriera gracias a él. No importaba cuánto tiempo tomara,
quería ver a Lee Se-hwa abrazándose a él como antes.
"El problema de
la zona de residencia del niño… no es que no quisiera hacerlo a propósito, sino
que realmente no pude pensar en ello mientras esperaba a que abrieras los ojos
y luego observaba las secuelas."
"……."
"Es cierto, el
niño no es más importante para mí que tú. Probablemente seguirá siendo así en
el futuro. Pero para compensar esa estupidez que dije frente a ti anteriormente,
ahora yo también prestaré atención al niño."
"……."
"Pero con esto
todavía me faltará mucho, ¿no? Para ser tu segundo hombre."
No era una pregunta
lanzada esperando una respuesta. Solo quería dejar una impresión pidiéndoselo
sutilmente; ahora era el momento de retirarse. Ki Tae-jeong levantó ambas manos
ligeramente como indicando que ya no lo forzaría más y retrocedió.
Se-hwa se mordió el
labio inferior repetidamente y dejó caer la cabeza. Al ver solo su coronilla
redondeada, no podía saber qué expresión estaba poniendo. Solo acarició un par
de veces el brazo que él había sujetado. Las marcas rojas de sus dedos
aparecían y desaparecían entre los destellos blancos de la piel cada vez que la
manga se movía con ese gesto debil.
*
Finalmente, era el día
del juicio. Al considerar que sería ventajoso presentarse en estado de
paciente, Se-hwa solo llevaba puesto un cárdigan grande encima de la bata.
Su imagen reflejada en
el espejo era sumamente ridícula. Se-hwa miró de un lado a otro su aspecto que
se veía algo tonto y, tras resignarse, salió a la sala. Qué se le iba a hacer.
Él era así y ahora su situación tampoco era buena….
"¿Te
despertaste?"
Nada más abrir la
puerta del dormitorio, Ki Tae-jeong se acercó a él con una leve sonrisa. El
teniente Park y el Suboficial Mayor Choi, que esperaban junto a él, también
miraron hacia aquí con rostros desconcertados.
El juicio estaba
literalmente a la vuelta de la esquina, pero últimamente él actuaba como si no
tuviera interés en nada más que no fuera Se-hwa. Además, no paraba de soltar
palabras empalagosas que no eran propias de él.
#120
Preguntar si no tenía
hambre porque comía poco o si no había algo que quisiera tener era lo de menos.
A veces soltaba cosas de la nada, como que había ido a ver al bebé mientras él
dormía y que parecía haber crecido en ese rato; o se quedaba apoyado en el
marco de la puerta del dormitorio leyendo libros sobre crianza, claramente para
que él lo viera.
No es que su
personalidad hubiera cambiado por completo. El hombre seguía siendo igual de
brusco. Empaquetaba su corazón áspero y rudo como si fuera delicadeza y lo
derramaba sobre él como un bombardeo. Al mismo tiempo, no era capaz de
renunciar ni un poco a sus propios deseos. Su hábito de querer solucionarlo
todo con dinero seguía intacto, y en medio de todo esto, no dejaba de comprar
interminables artículos para el bebé.
Aun así, si hubiera
que señalar algo que definitivamente había cambiado, sería que ya no intentaba
ocultar sus sentimientos. Ki Tae-jeong parecía considerar ese sentimiento como
afecto, mientras que Se-hwa lo veía como algo parecido a la posesividad… pero,
de cualquier modo, él ya no lo trataba por necesidad, ni lo consideraba un
objeto desechable para usar y tirar.
El hombre solía
murmurar de vez en cuando que nunca antes sus acciones y sus intenciones habían
coincidido tanto como ahora, y que se sentía extraño consigo mismo. Bueno. Eso
no era algo que Se-hwa pudiera juzgar.
Ah…. El tenue aroma a
cigarro que solía desprenderse de él cuando volvía de atender algún asunto
afuera había desaparecido por completo. El olor corporal del hombre, tras haber
eliminado todo lo dañino y sombrío, era mucho más radiante y refrescante de lo
que recordaba. Eso era lo único en lo que podía percibir un Ki Tae-jeong
claramente distinto.
"¿Vamos?"
Se-hwa soltó un largo
suspiro por la nariz. Aunque no hizo ruido, sus hombros subieron y bajaron
notablemente, algo que Ki Tae-jeong debió ver… pero no hubo ningún reproche.
Solo se mantuvo pegado a su lado, adaptándose a su caminar lento y torpe.
Al ser así, no había
nada que pudiera hacer. Desde que escapó al Segundo Anillo, había existido una
distancia precaria entre Ki Tae-jeong y él. Para ser exactos, tenía muchas
excusas para mantener esa distancia.
'Esa actitud
sospechosamente suavizada debe ser porque quiere ganar el juicio. O puede que
sea porque no soporta al general Oh Seon-ran, y además… como somos compatibles
en la cama…'.
De esa forma era
posible engañarse, alejarse y odiar sin remordimientos al Ki Tae-jeong que lo
lastimaba. Era más fácil para su mente presentarlo como un hombre malvado y sin
sentimientos. Solo así sus heridas y su depresión causadas por él tenían una
explicación clara.
Sin embargo, el Ki
Tae-jeong de estos días se comportaba con tenacidad, como si no estuviera
dispuesto a permitir que Se-hwa siguiera huyendo. No intentaba pasar de largo
usando expresiones ambiguas como 'fue un error'. Seguía insistiendo en
preguntar qué quería él que le dijera o qué actitud suya sería la respuesta
correcta.
Y al mismo tiempo, no
le daba motivos para rechazarlo formalmente. Si siguiera racionalizando sus
actos con descaro como antes, podría enfadarse, pero como no paraba de rogarle
por una oportunidad admitiendo que se equivocó, no tenía una opción adecuada.
Cuando la incomodidad
y el agobio se acumulaban tanto que sentía que se iba a asfixiar, él retrocedía
rápidamente. Detectaba de forma casi sobrenatural la línea fronteriza en el
corazón de Se-hwa que ni él mismo conocía, y evitaba con destreza las
situaciones problemáticas.
En pocas palabras, el
Ki Tae-jeong de estos días estaba siendo amable con Se-hwa a su antojo.
Quizás por eso….
Últimamente, Se-hwa sentía ganas de gritarle sin motivo al verlo. Dicen que uno
estira las piernas según el espacio que ve para tumbarse, y ese dicho encajaba
a la perfección.
Hubo un tiempo en que
ni siquiera esperaba esto de él. Si lo hubiera tratado con la mitad de esta
amabilidad cuando lo arrastró como a un perro desde el Segundo Anillo; si
hubiera admitido su error de inmediato al enterarse de toda la historia oculta;
si al menos le hubiera dicho que intentaría cambiar su actitud…. Entonces, tal
vez, su corazón se habría terminado ablandando.
Un romance accidentado
entre personas con vacíos en direcciones distintas. Una relación lineal y
predecible forjada por la diferencia de clases. Alguna vez habría definido su
relación con Ki Tae-jeong de esa forma y se habría resignado.
Pero al descubrir que
Ki Tae-jeong podía cambiar hasta cierto punto, los viejos residuos que se
esforzaba por mantener bajo la superficie empezaron a agitarse violentamente.
Ayer, Ki Tae-jeong
recordó de la nada el momento en que Se-hwa perdió la memoria. Dijo que solo
entonces se dio cuenta de que, si hubiera sido un poco más honesto durante ese
corto tiempo, muchas cosas podrían haber sido diferentes.
Para Se-hwa era al
contrario. Quería no haber sabido nunca que Ki Tae-jeong podía esforzarse. Si
no lo hubiera sabido, no estaría tan dolido….
'Como dijiste, si
hubieras sido un poco más honesto, realmente te lo habría entregado todo como
si fuera nada, así que ¿por qué seguiste mintiendo? ¿Por qué me trataste así a
tu antojo? Deberías haber sido un malnacido de principio a fin, ¿y ahora vienes
a decir que lo harás bien? ¿Que hagamos como si fuera el segundo amor? Aunque
digas eso, los recuerdos impregnados en todo mi cuerpo no desaparecen, así que
¿por qué me haces saber lo que no sabía para hacerme sentir más miserable?'.
Por supuesto, sabía
que no podía rumiar su depresión para siempre. ¿Acaso él mismo, que decía haber
perdido la memoria de todo lo ocurrido después de los veinte años, no había
vuelto a la normalidad rápidamente? Incluso en este momento, el tiempo avanzaba
fielmente hacia adelante. Sí, tenía que avanzar.
Aun sabiéndolo bien,
Se-hwa no lograba alcanzar la calma. Parecía que era mejor antes, cuando solo
él tenía el interior destrozado. De pronto, su corazón se estaba volviendo duro
como una piedra. Claramente estaba muriendo solo y en paz, pero este hombre
—que como él decía, era un malnacido— no estaba dispuesto a permitirle ni
siquiera ese andrajoso descanso.
"¿Te sientes mal
en algún lugar?"
Al notar que su
expresión no era buena, Ki Tae-jeong examinó el semblante de Se-hwa con
cuidado.
"Creo que sería
mejor que te hicieran un chequeo rápido antes de que empiece el juicio."
Sin responder, giró la
cabeza bruscamente y se apartó hacia un lado poco a poco. Aunque al estar
dentro de un coche había un límite para alejarse, intentó poner toda la
distancia posible pegándose a la ventanilla.
Al ver que se ponía
arisco de repente, Ki Tae-jeong debió decidir que era mejor no tocarlo, pues no
volvió a hablarle. Sin embargo, Se-hwa vio de reojo cómo él levantaba y bajaba
la mano varias veces.
'¿Iba a acariciarme la
cabeza? ¿O a rodearme los hombros?'. Cuando Se-hwa erizó sus púas como un erizo
y encogió la espalda, él soltó una risa leve diciendo que no iba a hacer nada.
Era una risa seca, de esas que vibran en el estómago de quien la escucha.
"Quédate
tranquilo. No te voy a tocar."
"……."
"Te lo he dicho
varias veces, pero si surge una situación en la que debas hablar, pediré un
receso y te daré un guion o algo preparado, así que aunque estés dolido no te
adelantes por tu cuenta… y soporta lo que digan esos viejos, haz como si nada.
A los malnacidos que te digan estupideces los ajusticiaré yo por mi cuenta
cuando esto termine."
Se-hwa asintió tras
una breve pausa. De hecho, el teniente Park y el Suboficial Mayor Choi ya le
habían advertido sobre los posibles insultos en el juicio, pero comparado con
las cosas que escuchaba a menudo en la Casa, aquello le parecía algo
insignificante.
Ah, le sorprendió un
poco que el Teniente Kim tuviera sentimientos por él. No, decir que tenía
sentimientos era exagerado. Al parecer, mientras estuvo encerrado en la Casa
bajo la vigilancia de Ki Tae-jeong, el teniente Kim le envió mensajes varias
veces. Recién pudo revisarlos todos hace unos días y… bueno. Resumiendo el
contenido redundante, en el mejor de los casos, su intención era tenerlo como
concubina.
En cualquier caso, le
dijeron que tuviera mucho cuidado con el teniente Kim, quien debía estar muy
irritado por el continuo desprecio y probablemente intentaría manchar su
reputación sin contexto, diciendo que su forma de tratar a los clientes era
promiscua o que tenía patrocinadores. Ki Tae-jeong debía pensar que el
malentendido de que vendía su cuerpo seguía siendo lo más horrible para él.
Ahora eso ya no importaba nada….
"Hemos pasado la
puerta principal. Estacionaremos frente al anexo en 5 minutos."
El coche ya había
pasado la entrada principal del Ministerio de Defensa. La seguridad era
estricta cuando vino la otra vez, pero ahora estaba a un nivel incomparable. Al
menos, como Ki Tae-jeong era General de Brigada, parecía que podía aparcar un
momento frente al anexo donde estaba el tribunal, mientras que la mayoría se
detenía al principio. Hombres de aspecto mayor estacionaban sus coches en el
puesto de control allá abajo y caminaban en fila una distancia bastante larga.
"Estacionaremos
en 2 minutos."
El teniente Park,
sentado en el asiento del copiloto, hizo la cuenta con precisión. Pensándolo
bien, creía que era la primera vez que le avisaban con tal antelación contando
los minutos.
Ante el aviso de que
quedaba 1 minuto, Ki Tae-jeong se ajustó la pulcritud de su uniforme de gala.
En la serie de procesos de apretar firmemente la corbata y arreglarse los puños
de las mangas, había más fuerza de lo habitual. Recién entonces los nervios empezaron
a invadir a Se-hwa. Estaba a punto de comenzar un juicio muy importante que
cambiaría la vida de muchas personas.
El gran vehículo se
detuvo suavemente, como si navegara sobre una superficie de agua en calma. Los
soldados que esperaban tras recibir el aviso por radio se acercaron con
disciplina y abrieron la puerta del asiento trasero. Al salir, los soldados de
las fuerzas especiales alineados en orden saludaron a Ki Tae-jeong.
"¡Lealtad!", el clamor de las voces profundas que surgían desde el
abdomen era siempre tan imponente que Se-hwa se encogió sin darse cuenta.
"No tienes de qué
asustarte."
Ki Tae-jeong dijo con
tono brusco que todos esos tipos eran subordinados suyos, así que qué podía
darle miedo.
"Nadie puede
ponerte una mano encima."
Mientras decía eso,
recorrió los alrededores con la mirada. Desde la posición de Se-hwa no se veía
qué expresión tenía Ki Tae-jeong al mirar hacia el frente, pero las comisuras
de los labios de los soldados situados donde se dirigía su mirada subieron de
forma ambigua.
Si su intención era
relajarlo, tuvo un éxito a medias y un fracaso a medias. Al ver a los soldados
mostrando todos sus dientes sin que sus ojos sonrieran ni un poco, Se-hwa
sintió que era algo extrañamente grotesco y no pudo evitar estremecerse.
"Saludos. Por
favor, registre los datos personales del testigo."
Un soldado que llevaba
una insignia más que los demás se acercó y le tendió una tablet de gran tamaño.
Su actitud era sumamente cortés, seguramente por haber recibido instrucciones
previas sobre quién era la persona que venía con el General. Si no hubiera sido
por Ki Tae-jeong, ¿habría tenido una muerte miserable sin oportunidad de
defenderse? Se-hwa tragó amargura y aceptó el dispositivo.
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No fue difícil porque
era igual a lo que había practicado. Al ingresar su número de seguridad social,
apareció su información básica. Comprobó si los datos de registro, incluida la
zona de residencia, eran correctos y pulsó el botón de abajo para avanzar. En
la nueva página adjunta aparecía información sobre el niño nacido recientemente
y su padre adoptivo.
La parte del general
Oh Seon-ran no tenía nada de difícil. Tal vez por ser un alto cargo, la mayoría
de los datos estaban ocultos bajo asteriscos, así que solo tuvo que confirmar
si su holograma y su nombre estaban escritos correctamente.
El problema era la
página de Saessak-i.
Desde que el teniente
Park le mostró el formulario de inscripción anteayer, él también había estado
pensando seriamente en el nombre del niño por su cuenta. Como el nombre
provisional de Saessak-i (Brote) tenía un significado que él deseaba desde el
principio, una vez que se decidió a dárselo de verdad, resultó
sorprendentemente fácil.
El nombre de
Saessak-i, decidió que sería Hae-rim.
"¿Lee
Hae-rim?"
"……."
"¿Cuándo lo
decidiste?"
Ki Tae-jeong, que se
mantenía de pie detrás de él protegiéndolo, le preguntó.
No quería que
Saessak-i fuera una flor pequeña e insignificante como él, sino un árbol
frondoso, un bosque espeso. Y quería que creciera como una persona parecida al
mar inmenso.
Por eso, con la nariz
pegada al libro que le había comprado el general Oh Seon-ran, seleccionó los
caracteres que encajaban con ese significado. Tras combinar de varias formas
los que tenían una pronunciación bonita, finalmente eligió ese. 'Hae' de mar,
'Rim' de bosque. Hae-rim.
"¿Qué
significa?"
"……."
"Lee Hae-rim…. Es
bonito."
Se-hwa se quedó
totalmente tenso, temiendo que le recriminara por haber escrito el apellido
Lee, o que le preguntara por qué usó caracteres que significaban mar en lugar
de cielo.
Pero,
sorprendentemente, Ki Tae-jeong no puso ninguna objeción. Al contrario, asintió
levemente diciendo que le quedaba muy bien a Saessak-i. No se podía saber qué
estaba pensando por dentro, pero al menos frente a él actuó de esa forma.
Se-hwa inhaló aire
sintiendo que de algún modo había superado una gran montaña. Ahora era el turno
de ingresar la información sobre el otro titular de la patria potestad, Ki
Tae-jeong.
También había recibido
una explicación previa sobre esto. El teniente Park le dijo que cuando
apareciera la opción para seleccionar su relación con Ki Tae-jeong, eligiera
'unión de hecho'. Dijo que eso sería ventajoso para el juicio.
Sin embargo, su mano
no se movía con facilidad. Cónyuge legal, unión de hecho, conviviente en
proceso de acuerdo de custodia, separados en proceso de acuerdo de custodia o
con acuerdo finalizado…. Todas las variables posibles que pueden surgir cuando
dos personas se conocen y tienen un hijo estaban enumeradas en una lista.
Ki Tae-jeong, que
antes hacía comentarios sobre el nombre de Hae-rim, esta vez no dijo nada y se
limitó a observar a Se-hwa. En realidad, Se-hwa… quería elegir 'otros'. Y en el
espacio para escribir el motivo, quería poner simplemente 'desconocido'. Porque
esa era la verdad….
Pero prometió ayudar al
juicio de Ki Tae-jeong con todas sus fuerzas. Aunque él actuaba como si no
hubiera oído nada cada vez que salía este tema, acordaron que si él ganaba tres
puntos primero, a cambio le entregaría toda la patria potestad de Hae-rim.
Se-hwa le había insistido varias veces a Ki Tae-jeong para que cumpliera esta
promesa sin falta, y sin importar cómo reaccionara él, Se-hwa pensaba seguir
adelante con esto a su manera. Aunque fuera cobarde, pensaba amenazarlo
diciendo que mantendría en secreto todo el proceso del juicio si hacía lo que
él decía, e incluso estaba preparado para utilizar al general Oh Seon-ran si
llegaba el caso.
'Si al fin y al cabo
todo es una mentira planeada. Elegir esto no significa que realmente vaya a
tener esa relación con Ki Tae-jeong…'. ¿Por qué estaba tan nervioso y asustado?
Justo cuando Se-hwa levantó el dedo controlando su respiración inestable,
ocurrió.
"¡Oye,
Sakura!"
Se-hwa se sobresaltó
por la voz atronadora y, sin darse cuenta, su cuerpo tembló levemente como si
tuviera una convulsión. Sakura. Sam-wol. Esos apodos suyos que había olvidado
por completo al no tener que escucharlos le apuñalaron el corazón.
"Maldita sea, ese
pedazo de basura…. Oye, ¿dicen que hasta tuviste un hijo del tipo por el que me
cambiaste?"
El sonido de los soldados
saludando, tal como hicieron con Ki Tae-jeong, llenó el vestíbulo. Al girarse,
vio al teniente Kim con el rostro mucho más oscurecido que antes, a un hombre
de mediana edad que probablemente era su padre, y….
"Bueno… esa cara
sigue igual."
Mae-jo, otro jugador
de Hwatu, estaba allí de pie con aire triunfante.
#121
Sin darse cuenta,
Se-hwa buscó primero la reacción de Ki Tae-jeong. No creía que fuera a causar
un incidente dentro del edificio del Ministerio de Defensa, y menos antes del
juicio, pero… después de todo, él tenía el antecedente de haber matado a tiros
a todos los trabajadores de la Casa.
Podía sentir cómo los
soldados que estaban a cierta distancia observaban con atención cada
movimiento, mientras Mae-jo, como si no le importara nada, seguía parloteando
sandeces.
Que si era un
"pedazo de basura" que atraía clientes vendiendo su cuerpo, un
"maldito Sakura" sin una pizca de lealtad, un "sucio
prostituto" cegado por la ambición de cambiar su suerte…. Tras soltar unas
cuantas frases así, pareció quedarse sin variaciones y empezó a repetir
insultos aburridos.
Afortunadamente, Ki
Tae-jeong aún no había estallado. Al contrario, se limitaba a mirar
alternadamente al teniente Kim y a Mae-jo con un aire de interés. Por supuesto,
eso no significaba que pudiera estar tranquilo, así que Se-hwa no bajó la
guardia mientras observaba a los tres hombres acercarse.
Visto de cerca, el
aspecto de Mae-jo era deplorable. Debido a que se había embadurnado con
maquillaje para ocultar su rostro demacrado, el color de su cara y el de su
cuello no coincidían. Parecía que no se había cambiado de ropa en mucho tiempo
por la mugre en sus puños y cuello, y desprendía un fuerte olor rancio a moho
viejo.
Se había asustado
porque lo llamaron "Sakura" de la nada y le preocupaba la reacción de
Ki Tae-jeong, pero la presencia de Mae-jo en sí no era tan amenazante. Mientras
lo miraba con ojos impasibles, Se-hwa notó algo extraño con retraso y frunció
levemente el ceño.
A Mae-jo le faltaba
una mano. Desde el hombro hasta el antebrazo estaba intacto, pero debajo de la
manga izquierda no había nada, como si lo hubieran cortado con una sierra. Sus
piernas tampoco parecían estar bien. Cuando a los jugadores que intentaban
escapar les cortaban los tendones del talón, solían caminar exactamente así…
era evidente que le habían hecho algo similar.
En el dorso de su mano
derecha, que aún estaba sana, había costras de sangre por todos lados. Su
cuello también estaba lleno de pequeñas marcas como puntos…. Por la ubicación y
la forma, parecía que se había estado inyectando hasta hace muy poco. Cuando
uno se rasca frenéticamente por el picor que llega tras el efecto de la droga,
es normal que queden cicatrices de ese tipo en manos y piernas.
"Mis disculpas,
General de Brigada Ki."
¿Habrá sido decisión
propia de Mae-jo tocar la droga? ¿O fue obra del Teniente Coronel Kim? Mientras
Se-hwa se sumía en sus pensamientos, el Teniente Coronel Kim ofreció una
disculpa formal. Por supuesto, no fue hacia un humilde civil como él, sino
hacia Ki Tae-jeong.
"Es nuestro
testigo, pero como es un joven, parece tener un lado impulsivo."
Al ser tratado de
repente como un tonto, Mae-jo resopló ensanchando las fosas nasales. Ver que
mantenía esa actitud a pesar de estar rodeado de soldados armados y oficiales
confirmaba que definitivamente no estaba en su sano juicio.
Por eso le resultaba
más extraño. ¿Se podía usar como testigo a alguien drogado? ¿Cuál era la razón
para traer a Mae-jo aquí en lugar del dueño de la Casa?
"¿Qué dijiste
hace un momento?"
Ki Tae-jeong ignoró
por completo al Teniente Coronel Kim y clavó su mirada únicamente en Mae-jo.
Cuando la sombra del hombre, imponente como una montaña, cayó sobre él, Mae-jo
retrocedió titubeante y confundido.
"¿La cara de un
pedazo de basura?"
Como un hombre de
belleza impecable se burlaba de la apariencia de otro con una sonrisa cínica,
daba la sensación de que estaba lanzando un insulto monumental sin decir mucho,
haciendo que hasta los espectadores se sintieran avergonzados. Y eso que Ki
Tae-jeong solo estaba repitiendo lo que Mae-jo había dicho.
"Normalmente, la
gente suele usar como insulto aquello que les causa complejo de inferioridad.
Si uno es tonto, critica la estupidez ajena; si su complejo es no tener dinero,
lo primero que dice es 'muertos de hambre'."
Los dedos largos y
rectos del hombre agarraron ambas mejillas de Mae-jo y las giraron bruscamente
de un lado a otro. Fue un toque carente de cualquier cortesía, sujetando apenas
las puntas de la piel como si tocara algo sucio.
"Entiendo que
estés frustrado porque tu cara no está a la altura de tus gustos de vivir como
un trapo, pero no está bien desquitarse con una persona inocente. ¿Verdad que
no?"
"¡Aaaagh!"
Ki Tae-jeong le dio un
empujón y Mae-jo cayó hacia atrás, rodando varias veces. Parecía que en la
frente de Mae-jo, donde se había golpeado, saldría pronto un moretón violáceo,
pero viendo la situación inmediata, no parecía que Ki Tae-jeong hubiera usado
mucha fuerza, por lo que era difícil reprocharle algo.
Lo extraño fue que,
aunque la burla fue dirigida a Mae-jo, el rostro del teniente Kim también se
ensombreció. No, fue más que eso. Su mandíbula caída y grisácea temblaba
mientras miraba a Ki Tae-jeong con odio asesino. Parecía estar haciendo toda la
fuerza posible, pero debido a la grasa acumulada, no se marcaba ni una vena en
su frente o cuello.
"Es cierto. A mí
también me habría gustado mucho que un General de Brigada tan apuesto como Ki
Tae-jeong fuera mi hijo."
El Teniente Coronel
Kim, que observaba el desarrollo de la situación, intervino con retraso. Se
burlaba diciendo que Ki Tae-jeong no era más que una cara bonita sin ningún
respaldo detrás. ¿Era esto mejor que ser apuntado con un arma nada más verse?
No lo sabía…. La forma de hablar del Teniente Coronel Kim también agotaba las energías
de cualquiera.
"Entonces, nos
vemos adentro. Espero que hoy por fin se llegue a una conclusión."
El Teniente Coronel
Kim le dio una palmadita en la espalda al teniente Kim, quien bufaba lleno de
veneno, y se dirigió hacia la sala del tribunal.
"Ah, por
cierto."
Justo cuando pasaba al
lado de Se-hwa, el Teniente Coronel Kim giró levemente el cuerpo como si
recordara algo.
"¿Dicen que
tuviste un hijo?"
Su mirada de serpiente
se clavó en Se-hwa. Aunque fue solo un instante, fue una mirada tan intensa que
era imposible confundirla con un error. Ki Tae-jeong también debió notarlo,
pues se interpuso de inmediato bloqueándole la visión.
Se-hwa apretó los
extremos de las mangas de su cárdigan dentro de sus puños. Sabía que lo decía a
propósito para hacerlo sentir mal, pero no pudo evitar que su corazón latiera
con fuerza al oír mencionar al bebé. También le avergonzaba haber terminado
escondido tras la espalda de Ki Tae-jeong sin querer….
"Es tarde, pero
felicidades. Escuché que fue un parto prematuro, espero que tenga buena
salud."
Al igual que cuando
les hizo señas a los soldados afuera, Se-hwa no podía ver qué expresión tenía
Ki Tae-jeong al estar de espaldas. Sin embargo, su mano se extendió hacia atrás
y apretó con firmeza el brazo de Se-hwa antes de soltarlo; de alguna forma, ese
calor reconfortante pareció decirle que estuviera tranquilo.
"Aún no es
tarde."
"……."
"¿No sería mejor
que descansaras en el hospital?"
Ki Tae-jeong preguntó
en voz baja mientras seguía con la mirada a los tres hombres que se alejaban.
"De todos modos,
como llevas la bata de paciente, no sería antinatural usar como excusa que tu
estado de salud empeoró."
Al girarse hacia él,
el rostro de Ki Tae-jeong mostraba una calma forzada. Parecía estar
conteniéndose frente a él a pesar de querer estallar según su temperamento.
"No… no me ha
sorprendido tanto."
Por supuesto,
encontrarse con un rostro inesperado fue desconcertante, pero no le dio
importancia a las palabras de Mae-jo. Lo que el Teniente Coronel Kim soltó de
forma maliciosa sí le molestó, pero… al pensar que era algo que tarde o
temprano sucedería, su determinación se hizo más fuerte. Si no lo solucionaban
hoy de forma impecable en el juicio, tendría que vivir preocupado por cuándo
volvería a encontrarse con gente tan turbia. Eso le desagradaba más.
Se-hwa pulsó el botón
de la tablet como si nada. Seleccionó rápidamente la relación de "unión de
hecho" y devolvió el dispositivo al soldado que esperaba en una posición
adecuada. El soldado, como si no hubiera visto nada, aceptó la tablet sin decir
palabra, saludó a Ki Tae-jeong y se alejó.
Fue una suerte que la
aparición repentina del grupo del Teniente Coronel Kim cortara sus pensamientos
innecesarios. Ya fuera unión de hecho o separados, ¿qué importancia tenía eso
en esta situación? Al fin y al cabo, era un montaje planeado, así que era
ridículo ser consciente de ello por su cuenta.
"Lo dices porque
aún no has cruzado el umbral de la sala. Adentro está lleno de viejos con menos
sentido común que esos."
"He escuchado
cosas, cof, mucho peores que eso."
Se-hwa respondió sin
darle importancia, pero se sorprendió al levantar la vista. Al girar los ojos,
Ki Tae-jeong lo miraba con una expresión que nunca antes le había visto. Se
esforzaba por no parecer amenazante, pero no lograba disimular del todo la rigidez
de su boca… era una expresión muy extraña y torpe.
Ah, ¿acaso pensó que
el sujeto de "cosas mucho peores" no eran los clientes de la Casa,
sino el propio Ki Tae-jeong…?
"…Eso es
verdad."
Habiendo llegado a su
propia conclusión, él asintió levemente. No hubo tiempo de corregirle que no se
refería a eso.
"Comparado con lo
que yo te dije… eso de ahí no es nada."
"……."
"¿Qué pasa? ¿Por
qué tienes esa cara de estar más dolido?"
Ki Tae-jeong dio un
toquecito en la punta de la nariz de Se-hwa con su dedo índice. Parecía actuar
de forma juguetona a propósito, pero al mismo tiempo, las yemas de sus dedos se
movían inquietas con otra intención. Como si quisiera bajar la mano para
apoyarla en su hombro, rodear su cintura o… tomar su mano.
"Vamos de una
vez."
Sin embargo,
retrocedió sin hacer nada más. Una risa lánguida se extendió sobre la cabeza de
Se-hwa, al parecer divertido por su propia torpeza, y eso fue todo.
Ki Tae-jeong no
incomodó a Se-hwa mencionando que eligió la "unión de hecho", ni
alardeó sobre cómo iba a destrozar a esos tres más tarde. Simplemente caminó un
paso por delante de Se-hwa con paso firme. Como si no quisiera mostrarle más su
rostro aterrador. O como si le dijera que no mirara ese espectáculo similar a
un cubo de basura y que solo se quedara escondido detrás de él….
Realmente era un
hombre extraño. Siendo él mismo quien lo arrojó al infierno, y habiéndole atado
una soga al cuello para que no se atreviera a dejar su lado y ser libre por su
cuenta…. Ahora estaba ansioso por cargarlo en brazos para que no tuviera que
caminar por senderos de espinas.
Le quitaba las cenizas
negras en silencio preguntándole qué pasaría si se lastimaba los pies con el
fuego del azufre, y blandía su espada y armas sin control diciendo que no tenía
por qué escuchar las palabras de otros que lo lastimaban. Se autoproclamaba
como un villano amable que le mostraría un infierno diferente de ahora en
adelante, y se lo susurró varias veces como si fuera una confesión.
Ki Tae-jeong era, de
verdad… un hombre imposible de comprender.
La sala del tribunal
era solemne. Por supuesto, eso era solo por el exterior del edificio; el
comportamiento de las personas que llenaban el interior era sumamente vulgar.
Al menos hicieron el amago de levantarse torpemente cuando sonó el himno nacional,
pero después se sentaron de cualquier manera y empezaron a soltar lo que
querían.
En cualquier caso,
según lo que murmuraba la gente, el veredicto de culpabilidad del teniente Kim
se daba por sentado. La cuestión principal del juicio parecía ser si él sería
el primero de su familia en recibir una baja deshonrosa, hasta qué punto la
familia Kim compensaría los daños patrimoniales causados por el incendio del
hijo, y si el General de Brigada Ki Tae-jeong lograría el ascenso especial y
sería reconocido como un veterano….
Ki Tae-jeong le había
advertido varias veces que no debía pensar en esto como un juicio normal, pero
de todos modos Se-hwa no conocía los procedimientos legales adecuados. Se
sentía similar a cuando la gente de la Casa se reunía para castigar a un
jugador o a una empleada que había causado problemas, por lo que incluso le
resultaba familiar.
"Se espera que
hoy comparezcan varios testigos…."
Un anciano sentado en
el asiento de honor se rascó el lateral de la cabeza con desgana. A su lado estaba
sentada el general Oh Seon-ran, luciendo espléndida en su uniforme de gala.
Cuando sus ojos se
encontraron con los de Se-hwa, él sonrió con ternura entornando los ojos.
Pareció gesticular como si quisiera decir algo y, al ver que no lograba
comunicarse, extendió los cinco dedos de la mano, sonrió con satisfacción y
levantó el pulgar con entusiasmo.
'¿Qué significa
eso…?'. Se-hwa miró a su alrededor sintiéndose inquieto. Sería un problema si
alguien murmuraba que el proceso no era justo por intercambiar señales
sospechosas con una alta autoridad. Pero… para su sorpresa, nadie le prestaba
atención. No, mejor dicho, todos excepto Ki Tae-jeong ignoraban los gestos del
general Oh Seon-ran.
"Te lo dije. Este
es un lugar donde no funciona el sentido común. No te van a criticar por algo
así, no tienes de qué preocuparte."
Ki Tae-jeong susurró
con la boca casi cerrada, como si hiciera ventriloquía.
"Mira cómo va
esto. No es muy diferente de una mesa de apuestas en la Casa."
"Antes de
escuchar los testimonios de los testigos, hay algo que deseo confirmar."
Él iba a explicarle
algo más, pero el Teniente Coronel Kim, que estaba en el lado opuesto, levantó
la mano captando la atención de todos. Su rostro redondo y grasiento brillaba
bajo las luces.
"Este asunto se
agravó debido a la sospecha de que el teniente Kim Seok-cheol desarrolló de
forma independiente la nueva droga del proyecto 'Cosecha' y no una droga
simple. Pero pensándolo bien, no hay forma de saber si ese civil —ah, General
Ki Tae-jeong, lo siento—, sí, si el señor Lee Se-hwa quedó embarazado debido a
esa nueva droga o si fue por su propia constitución original, ¿verdad?"
Ki Tae-jeong soltó una
risa nasal y se burló con Se-hwa diciendo que el otro estaba soltando una estupidez
monumental. Él también estaba de acuerdo. Después de todo, era un hecho que Kim
Seok-cheol fabricó la droga siguiendo exactamente la receta del documento
confidencial. Solo le preocupaba un poco estar así de pegado a Ki Tae-jeong
cuchicheando. Sin embargo,
"Por lo tanto,
¿qué les parece si examinamos al niño en cuestión?"
Ante las siguientes
palabras del Teniente Coronel Kim, Se-hwa, que intentaba apartar discretamente
a Ki Tae-jeong, se quedó gélido y paralizado.
¿Qué acaba de decir…?
"Piénsenlo. No
hay una prueba más exacta que esa."
¿El bebé? ¿Mi bebé?
¿Hae-rim? ¿Por qué…? El que tomó la droga fui yo, y el que tiene una
constitución extraña soy yo, ¿por qué quieren traer al niño para examinarlo?
"Si comprobamos
directamente qué tipo de influencia recibió por esa droga que el teniente Kim
afirma haber fabricado, o si quedan componentes en el cuerpo del niño, ¿no
terminaríamos esto de inmediato sin cansar a tanta gente? Además, el resultado
sería más exacto que cualquier otra cosa."
Ah…. Recién ahora
empezaba a entenderlo. El hecho de que el Teniente Coronel Kim hubiera enviado
a personas normales, como médicos del hospital o niños, a decir cosas sin
sentido, no fue una táctica barata o una agitación para perturbarlo. Estaba
midiendo cuán sinceros eran Se-hwa con el niño y Ki Tae-jeong con Se-hwa.
Sin importar si era
factible o no, mencionar la posibilidad de llevarse al niño era la forma del
Teniente Coronel Kim de comprobar si Ki Tae-jeong retrocedería, y si él y el
bebé eran realmente rehenes tan valiosos para el General….
#122
"Aun así, este
amigo de aquí me ha contado un hecho bastante interesante. Me da algo de
vergüenza mencionar esto frente al General de Brigada Ki Tae-jeong,
pero…."
A una seña del
Teniente Coronel Kim, un soldado que esperaba en un rincón desplegó una tablet.
"Es una grabación
de una conversación que el señor Lee Se-hwa y este amigo mantuvieron hace
tiempo en el Cuarto Anillo."
El Teniente Coronel
Kim se encogió de hombros, diciendo que todos entenderían a qué se refería al
escucharla. Se-hwa, sin darse cuenta, se inclinó hacia ese lado. ¿Un archivo de
audio? Él no era de los que hablaba por teléfono con Mae-jo, ni tampoco solían
andar juntos en términos amistosos. ¿Cómo podía existir tal registro?
-Ya sabía que eras un
hueco, pero… no sabía que eras de los que se revelaban así. Mierda, si de todos
modos ibas a elegir a alguien por el dinero, no hubieras dicho esa estupidez de
que querías vivir una vida normal.
-¿No es obvio? Esta
persona que me dio la tarjeta es joven, guapo y encima tiene mucho dinero.
Sorprendentemente, los
dueños de esas voces eran él y Mae-jo. Al escucharlo, recordó vagamente cuándo
había sido. Probablemente fue en el camino de regreso tras comprar helado con
la tarjeta que le dio Ki Tae-jeong.
En el archivo
reproducido, Se-hwa quedaba retratado como alguien cegado por la codicia
material que se había pasado al bando de Ki Tae-jeong, mientras que Mae-jo
parecía alguien traicionado en su largo y puro afecto. Por supuesto, el
contexto y los antecedentes de esa charla habían sido cortados por completo,
pero cualquiera que escuchara solo esa grabación pensaría exactamente eso.
"Solo con
escuchar esto, ¿no queda clara la verdadera intención de Lee Se-hwa? Si dice
que su cuerpo ni siquiera es capaz de recibir hombres por naturaleza, ¿cuál
sería la razón para elegir y seducir tan activamente solo a oficiales varones?
¿No será que él mismo tenía algo en lo que confiar? Resulta cómico considerar
como una víctima inocente a alguien cuya conducta habitual no es precisamente
decorosa."
Una oleada de miradas
cargadas de curiosidad y sarcasmo se volcó sobre él. 'Bueno, con esa cara...',
'Los de clase baja son inevitables...', ese tipo de comentarios degradantes
flotaron de forma lúgubre por la sala.
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Ki Tae-jeong y el
general Oh Seon-ran endurecieron sus rostros al instante, pero Se-hwa, en
realidad, no sintió nada. Le desconcertó que Mae-jo apareciera en el tribunal y
que hubiera estado preparando cosas así por despecho al haber sido rechazado,
pero eso fue todo. No sintió ira ni ganas de llorar por escuchar palabras
difamatorias. ¿No era esto mucho más moderado de lo que el teniente Park le
había advertido para asustarlo?
Sin embargo… quería
dejar claro el asunto del bebé a toda costa. No estaba allí para demostrar su
pureza ante desconocidos. Solo quería terminar con todo de forma definitiva y
vivir tranquilo con Hae-rim.
Pero, ¿podían
arrebatarle al niño por una razón tan absurda como esa? Sabía que lo decían a
propósito para fomentar su inseguridad, pero ante esa mínima posibilidad, su
estómago se revolvió inevitablemente.
"Estupideces."
Ki Tae-jeong respondió
con calma para tranquilizar a Se-hwa, aunque el contenido de su respuesta no
fue nada decoroso.
La disputa posterior
fluyó en la dirección prevista. Ki Tae-jeong no respondió emocionalmente a los
ataques personales sin sentido. Como sabía que no escucharían si predicaba con
la verdad, se concentró en resaltar problemas en los que la audiencia sí
tendría un interés directo, como los daños patrimoniales causados por el
incendio total de los almacenes del Segundo Anillo. el general Oh Seon-ran
también añadió palabras con astucia tras su máscara de intenciones ilegibles.
"General,
entiendo perfectamente que quiera proteger a su hijo adoptivo, Lee Se-hwa.
Pero…."
"¡Quieto ahí! Qué
cosas dice. No tengo intención de ponerme de su lado incondicionalmente solo
porque sea mi hijo adoptivo. ¿Acaso el Teniente Coronel Kim no ha traído a su
propio hijo a juicio por haber cometido un error?"
"¿Eh? Jajaja….
Con todo respeto, acaba de cometer un gran error en sus palabras,
General."
"¿Un error? Es
una premisa simple. No importa el rango, cuánta riqueza se tenga o cuál sea la
historia de la familia; todos somos iguales ante la ley militar. Eso es
todo."
"Eso es… por
supuesto, lo que usted dice es cierto, pero…."
"Ya sea el hijo
adoptivo de una General o el hijo biológico de un Teniente Coronel, si se rompe
la ley militar, se debe recibir juicio. Solo que el Teniente Kim Seok-cheol es
un criminal clarísimo, mientras que mi hijo adoptivo solo está envuelto en
rumores cuya veracidad se desconoce. ¿No es esa la diferencia?"
"¡Cómo puede
llamarlo criminal cuando aún no se ha dictado sentencia!"
Ante la protesta del
Teniente Coronel Kim, el general Oh Seon-ran se disculpó con jovialidad y
añadió: 'Cierto. Solo tiene el cargo de haber arrojado a todo el Segundo Anillo
a las llamas y de haber robado documentos confidenciales para fabricar drogas
ilegales.'
El Teniente Coronel
Kim apretó los dientes con fuerza. Su plan era atacar la conducta sospechosa de
Oh Seon-ran por haber adoptado a Lee Se-hwa después de hurgar en sus muchos
defectos, pero como él se le adelantó astutamente, esa carta ya no servía. Lo
había subestimado por haber pasado mucho tiempo fuera, pero después de todo, un
General era un General.
"Así es. ¿Qué
importancia tienen las historias secundarias ahora? El problema es que el
Teniente Kim Seok-cheol alteró el orden militar a su antojo y destruyó por
completo el Segundo Anillo."
Ki Tae-jeong, que
observaba el breve altercado entre ambos, también aportó sus palabras. Los
viejos que miraban con sospecha al habitante de clase baja del Cuarto Anillo
olvidaron todo en cuanto se mencionó el tema del patrimonio. Incluso aquellos
que no habían sufrido daños reales intentaron meter baza diciendo que, de
hecho, ellos también tenían inversiones en el Segundo Anillo.
"Ya casi termina,
solo falta que el Teniente Na presente los materiales que preparó."
Aunque su cabeza
sentía que iba a estallar pensando en el bebé sin importar lo que dijeran los
demás, Ki Tae-jeong rodeó suavemente el dorso de su mano como para consolar su
ánimo turbio. Su mano grande recorrió sus dedos como si los cubriera y luego
cambió de dirección con fluidez. El contacto de las palmas fue instantáneo.
"De verdad, ya
casi acaba todo."
Su voz susurrante
contenía un leve rastro de alegría.
¿Alguna vez… se había
tomado de la mano con este hombre? Excepto cuando mezclaban sus cuerpos, no
creía haber tenido un acto de intimidad como este. Se-hwa no sabía si el pulso
que retumbaba a través de la piel era el suyo o el de Ki Tae-jeong.
"Aunque se sale
un poco del tema, no deseo que circulen palabras desagradables ni quiero que se
cree una opinión pública que convierta a esta persona en una víctima injusta,
así que refutaré una a una las afirmaciones de la parte del Teniente Kim.
Teniente Na, adelante."
"¡Víctima
injusta!"
Mae-jo, con un rostro
tan demacrado que parecía que sus globos oculares se iban a caer, soltó un
alarido. Era un acto de insolencia que no podría cometerse a menos que uno
estuviera drogado.
"¡Llévense a ese
maldito Sakura! Es un tipo que se ha pasado la vida vendiendo drogas y su
cuerpo aprovechando que tiene un físico peculiar, ¡y ahora actúa como si le
hubiera pasado algo malo a la fuerza…!"
Ante el repentino
ataque de Mae-jo, la audiencia frunció el ceño. Lo mismo hizo el Teniente
Coronel Kim, quien lo había traído.
"Teniente Coronel
Kim, ¿vas a mantener a eso como testigo?"
"Por mucho que
sea un juicio, traer a alguien que a leguas se ve que está drogado a un lugar
como este…."
Ante las quejas
irritadas de los presentes, el Teniente Coronel Kim negó rápidamente con la
cabeza.
"No. Una vez
confirmada la evidencia presentada, retiraré al testigo."
"¡Ah, e-esperen
un momento!"
Mae-jo, lívido, se
aferró al Teniente Coronel Kim. Parecía intuir, incluso en medio de su falta de
juicio, que lo había arruinado todo.
"¿Por qué se
llevan al testigo y no a ese desgraciado? ¡Dije todo lo que me pidieron! ¡¿Por
qué me llevan solo a mí?!"
"¡Qué demonios
está diciendo este tipo! ¡Oigan, quiten esto de aquí!"
Mae-jo agitó la única
mano que le quedaba intentando sujetar al Teniente Coronel Kim.
"¡Dijiste que no
me meterías a la cárcel! ¡Dijiste que me darías droga! ¡Originalmente iba a
venderle ese archivo de audio a ese tipo, el Director Ki o General Ki…! ¡Pero
dijiste que me darías droga de por vida! ¡Que me salvarías! ¡Por eso te lo
entregué a ti!"
"Oye, Teniente
Coronel Kim. ¿No podemos matar a ese tipo? Hace tanto ruido que no se puede
hacer nada."
Alguien sentado en la
fila delantera, que estaba jugando con su celular, negó con la cabeza. El
Teniente Coronel Kim se alejó unos pasos de Mae-jo como si no tuviera objeción,
y al mismo tiempo, los soldados que montaban guardia blandieron sus porras con
ferocidad. Tras unos cuantos golpes bruscos, Mae-jo cayó al suelo aullando como
una bestia.
"…¿Alguna vez
Mae-jo se acercó a usted, General?"
"No."
Había algunos que se
daban la vuelta burlones para ver qué reacción tendría el habitante de clase
baja que ostentaba el título de pareja del General de Brigada Ki Tae-jeong.
Para su pesar, esa muerte miserable no despertó ninguna emoción en Se-hwa. Solo
sintió un poco de lástima al ver a su propio futuro reflejado en Mae-jo, quien
no fue tratado como un ser humano hasta el final… y además, le inquietaron las
palabras de Mae-jo sobre venderle el archivo de audio a Ki Tae-jeong.
"A los
trabajadores de la Casa los maté a todos en aquel entonces…. A los jugadores
les puse gente encima. No a todos, solo a algunos."
"……."
"Pensé que sería
más natural a ojos de los demás que se destruyeran mutuamente entre sospechas,
robándose todo, y que así se aniquilaran lentamente."
"¿Por qué…?"
No lo entendía. Ki
Tae-jeong podría haberlos eliminado de la misma forma que esos soldados que
ahora golpeaban a Mae-jo. Tras haber matado a tanta gente que el olor a sangre
no se iba ni vertiendo lejía, ¿por qué dejó en paz a los jugadores? Gracias a
eso, el Teniente Coronel Kim pudo traer a Mae-jo así de fácil. Era una gestión
impropia de Ki Tae-jeong. Incluso considerando que fue antes de que él se
ablandara con Se-hwa, resultaba aún más incomprensible.
"¿Que por qué? Si
todas las personas relacionadas con tu pasado desaparecieran de repente…."
Ki Tae-jeong, que
respondía con indiferencia, se detuvo y soltó una risa leve al darse cuenta de
su propia contradicción.
"…Si
desaparecieran, los ojos de los demás se centrarían más en ti."
"……."
"Ahora que lo
pienso, creo que incluso entonces, de forma inconsciente, no quería ver eso.
Sin conocer mi propio corazón, ni el tuyo."
"……."
"Y por supuesto,
también hubo una razón de cálculo, al pensar que esos jugadores no serían una
gran variable."
Se-hwa encogió el
cuello como una tortuga y se tapó los oídos. La voz de Ki Tae-jeong, que le
susurraba pegado a él para que nadie más oyera, le producía cosquilleos por
todo el cuerpo. Cerca del corazón, en la médula de los huesos… en esos lugares
íntimos que no se pueden tocar estirando la mano y que no se mueven a voluntad
propia.
"Bueno, bueno,
dejémonos de ramas y resumamos los hechos."
Un anciano de cabello
blanco sentado en la primera fila se levantó y agitó la mano. Ki Tae-jeong le
susurró que era el tío del Teniente Coronel Kim. Parecía que lo hacía a
propósito al ver que Se-hwa se ponía rígido cada vez que le hablaba al oído.
"Como no parece
haber una gran relación entre la conducta habitual de los testigos y lo que
hizo el teniente Kim, terminemos con esto, pero…."
El tío del Teniente
Coronel Kim se giró de repente hacia Se-hwa. En sus ojos desnudos, tras
ajustarse las gafas, desbordaba un interés siniestro.
"Independientemente
de eso, me surge una duda sobre la constitución de ese habitante de clase
baja."
"¡Director
Cha!"
"Ya lo sabe,
General. Este viejo siempre ha tenido mucho interés en estos temas. No es que
pretenda llevarme a ese habitante de clase… no, al hijo adoptivo del general
para hacer experimentos. Sin embargo, es necesario examinar con certeza a ese
niño que Lee Se-hwa tuvo hace poco."
El hombre llamado
Director Cha miró a su alrededor con parsimonia.
"Según la
afirmación del General de Brigada Ki Tae-jeong, el teniente Kim robó documentos
militares y fabricó ilegalmente una droga peligrosa, ¿y dice que el niño nació
a causa de ello? Naturalmente, debemos controlar ese resultado para que no
vuelvan a ocurrir incidentes así en el futuro."
"Mmm… eso es
verdad. Después de todo, es un niño que nació gracias a una receta hecha por el
ejército. Hay que examinarlo."
"¿Cuántos meses
dijiste que tiene? ¿Bastará con sacarle sangre?"
Se-hwa apretó ambos
puños con fuerza. Habían vuelto a este tema. Incluso esta vez era mucho más
específico y convincente que cuando el Teniente Coronel Kim abrió la boca
primero. La afirmación del Director Cha no era precisamente errónea. Como
resultado, Hae-rim era un niño nacido de la receta de fabricación de drogas
escrita en documentos confidenciales.
Se-hwa tragó un
gemido. Probablemente, en los diversos planes iniciales de Ki Tae-jeong estaba
el usarlo y desecharlo, pero no el borrar su pasado y asegurar que el niño
naciera sano.
Viendo lo que hacía
últimamente, tenía la certeza de que el hombre lo salvaría a él. Pero con
Hae-rim… no lo sabía. Si no entregaba al niño aquí, incluso los argumentos que
Ki Tae-jeong había defendido hasta ahora se tambalearían… ¿estaría él dispuesto
a sacrificarse hasta ese punto? Si él podía ganar el caso y Se-hwa podía estar
a salvo, parecía capaz de sacrificar otra cosa, como el bienestar de un niño en
una incubadora.
"Como dijo el
general, todos somos iguales ante la ley militar. Para ser exactos, sería
correcto decir que todos somos seres insignificantes ante el Comandante en
Jefe. Así como no se aplica ningún privilegio al Teniente Kim, lo mismo debe
ocurrir con el hijo del General de Brigada Ki Tae-jeong. ¿No sería ese un trato
justo?"
El argumento del
Director Cha era distinto al método del Teniente Coronel Kim. A diferencia de
la manipulación de la opinión pública del Teniente Coronel Kim, que uno quería
consumir por interés aun sabiendo que no tenía lógica, la oratoria del Director
Cha hacía caer en la ilusión de que ser considerado era algo lógico. Al fin y
al cabo, seguía siendo un tema que se salía de la conducta criminal del
teniente Kim.
"……, no es
así."
Tras morderse sus
labios secos, finalmente no pudo aguantar más y soltó las palabras de golpe.
Fue una voz extraída como con esfuerzo, pero bastó para que las personas
sentadas delante y detrás lo notaran. Cuando los que estaban alrededor
empezaron a girarse uno a uno hacia Se-hwa, pronto toda la atención de la sala
se centró en él.
"Mi hijo es…
igual que los demás niños, es normal. Ese es el resultado de los exámenes… que
garantizó el mejor hospital de este país. Por eso, si necesitan confirmar
alguna reacción a la droga…."
Ki Tae-jeong tiró de
él con tanta urgencia que uno de sus hombros se hundió. Aun así, Se-hwa
continuó hablando con firmeza.
"Llévenme a
mí."
#123
El interés floreció en
los rostros de los ancianos que observaban. Se-hwa permaneció firme en su
lugar, soportando todas las miradas sombrías de quienes parecían haber
encontrado un objeto de diversión. Repetía las mismas palabras una y otra vez,
como un loro, pidiendo que lo usaran a él en lugar del niño, que se lo llevaran
a él.
"Solicito un
breve receso."
Como si tuviera
resortes en la cintura, Ki Tae-jeong se levantó de un salto. Se-hwa sintió unas
manos entrar bruscamente por detrás de sus rodillas y, de inmediato, su cuerpo
flotó en el aire. El toque del hombre, que lo apretaba contra sí como si no
quisiera dar espacio a ningún pensamiento erróneo, era extremadamente firme.
Las puertas de la sala
del tribunal, con un aspecto anticuado que parecía sacado de un libro de
historia, se abrieron, y un sensor de última tecnología —en contraste con la
puerta— escaneó los cuerpos de los dos hombres que se habían vuelto uno solo.
"¡¿Quién podría
estar en su sano juicio después de escuchar que quieren llevarse a su hijo
recién nacido?!"
Justo antes de salir
por completo, se escuchó al general Oh Seon-ran lanzar una amenaza en voz baja.
Parecía más cautelosa que nunca, juzgando que no sería bueno que ese contenido
llegara a oídos de Se-hwa.
"Director Cha, si
tiene boca, repita lo que dijo hace un momento. ¿Qué? ¿Sacarle sangre al niño?
¿Y encima a uno que todavía está en la incubadora?"
"General, como le
dije, si la afirmación del General de Brigada Ki Tae-jeong es cierta, es un
procedimiento necesario..."
"¿Por qué sigue
insistiendo con una persona inocente en un lugar donde se decide la
culpabilidad del teniente Kim? ¿Cree que suena bien que un pariente cercano del
teniente Kim diga tal cosa?"
"General Oh,
cálmese un poco."
"¿Calmarme?
¿Tengo cara de estar calmada ahora? Además, esa droga, ¿no fue fabricada por el
teniente Kim forzando la 'Cosecha' a su antojo? ¿Para qué van a examinar el
subproducto de un proyecto que ni siquiera ha sido autorizado? ¿Qué piensan
reportar a los superiores?"
"……."
"Oiga, Director
Cha. ¿Por qué se calla? ¿No estaba presionando hace un momento como si fuera a
matar a alguien?"
La puerta se cerró
lentamente, y las voces que se clavaban en sus oídos desaparecieron como si
fueran succionadas hacia el interior.
Varias decoraciones
coloridas en el pecho de Ki Tae-jeong oscilaban ante sus ojos como un móvil.
Estrellas, flores y pájaros. La flor nacional permitida solo a los militares,
el símbolo de la fuerza aérea y la insignia de general. Cosas que probablemente
eran el todo de Ki Tae-jeong y su meta en la vida….
Se-hwa cerró los ojos.
Quizás porque se le habían reventado los capilares, había varias manchas como
borrones detrás de sus párpados cerrados.
*
La enfermería del
anexo era mucho más amplia y moderna que el lugar donde se había quedado antes.
Nada más terminar los exámenes preliminares, el Teniente Na y el resto de los
subordinados se retiraron sigilosamente, pendientes del humor de Ki Tae-jeong.
En un espacio casi del tamaño de un pequeño campo de deportes —exagerando un
poco—, solo resonaba el goteo del suero.
Se-hwa no dejaba de
mover sus labios secos, y Ki Tae-jeong, con rostro inexpresivo, revisaba el
suero colgado en el soporte y la velocidad del líquido que fluía por el tubo.
Era natural que estuviera enojado. Le había pedido e insistido varias veces que
no dijera nada, que se quedara quieto, pero él se adelantó por su cuenta….
Aun así… no fue por
ignorar eso que hizo la declaración explosiva de que se lo llevaran a él en
lugar del niño. Sabía que Ki Tae-jeong se enfurecería, sabía cuánto había
esperado este día… pero quería proteger al niño de esa manera.
Así como para Ki
Tae-jeong no había nada más valioso que sus insignias de rango, para él, el bienestar
de Hae-rim era desesperadamente urgente. Eso era todo.
"Te dije que te
quedaras quieto."
"……."
"Te dije que yo
me encargaría de todo, así que tú solo quédate quieto y no caigas en las
estupideces que digan esos bastardos."
"……."
"Te traje aquí
después de recibir esa promesa, ¡¿por qué demonios…?!"
Ki Tae-jeong, que
pretendía reprender el comportamiento repentino de Se-hwa, se dio cuenta de que
su voz estaba bastante alterada y se mordió levemente el labio.
"…Les diré que
perdiste el conocimiento por el impacto y que te será difícil permanecer en tu
lugar. Tenlo en cuenta."
"General."
"Regresa en
cuanto termines con el suero. Haré que el teniente Park te acompañe."
"¡G-General…!
¡Espere… un momento!"
Al llamarlo con
urgencia, el hombre se volvió de nuevo. Sorprendentemente, lo que llenaba su
rostro no era una ira incandescente. Era… si hubiera que interpretar esa
expresión, algo cercano a la preocupación por él.
"E-ese director…
bueno, esa persona que dijo que era necesario llevarse a mi hijo y
con-confirmarlo, eso…."
"……."
"Eso, por si
acaso, ¿qué pasará…? ¿Realmente existe esa po-posibilidad…?"
Ki Tae-jeong se apoyó
con ambas manos en la cintura mientras miraba el suelo por un momento. No
parecía estar conteniendo la ira, sino meditando sobre cómo explicárselo.
Independientemente de
su propio corazón, que estaba enredado de forma sucia, Se-hwa ahora podía leer
más o menos las intenciones del hombre con solo verlo parpadear. Antes no podía
imaginar en absoluto qué pensaba esa persona, pero desde cierto momento, empezó
a ser así.
"Ese no es un
asunto a tratar en este lugar y… ja, para empezar, no dejaré que ocurra algo
así, así que no tienes de qué preocuparte."
"Entonces
significa que, cof, es un tema que se tratará en otro lugar, en algún
momento…."
"Dije que eso no
pasará."
¿Cómo creer eso?
Se-hwa negó con la cabeza y agarró sin pensarlo la manga de Ki Tae-jeong.
"Entonces,
preferiría que… me llevaran a mí desde el principio, así no podrán poner sus
ojos en el bebé…."
"¡Lee
Se-hwa!"
"Es cierto, mi
cuerpo es extraño en realidad, así que si la gente que me lleve se interesa en
mí, ya no se interesarán en el brote, no, en Hae-rim,"
"Sí, ese es
precisamente el problema."
La nuez de Adán de Ki
Tae-jeong se movió bruscamente, como si estuviera reprimiendo una ira
creciente.
"Que tu
constitución sea asombrosa, que la persona que te dio a luz fuera un sujeto de
pruebas por una razón similar… ese es el mayor problema."
Una constitución que
no es afectada por ninguna droga o, para ser exactos, que filtra solo los
componentes dañinos para el cuerpo humano. ¿No lo había dicho antes también el
Teniente Na? Que era un material por el cual el ejército babearía. Por
supuesto, mientras él estuviera presente, no podrían llevarse a Se-hwa ni al
niño a un laboratorio por la fuerza, pero para un Lee Se-hwa debilitado física
y mentalmente, incluso sufrir tal ansiedad sería veneno.
"Nada de eso… me
importa…."
"A mí sí me
importa."
"General."
"No."
"……."
"Esto no puede
ser. No pienses en intervenir más."
Lo que se acumulaba en
sus ojos vacíos era desconfianza. No había espacio para que entraran el rencor
o el odio. Se-hwa parecía no escuchar ninguna palabra. Sin poder mencionar lo
de pedir un contrato, que había sido su muletilla últimamente, simplemente
agachó la cabeza.
Al verlo frotarse el
pecho inconscientemente, parecía que se sentía agobiado. O tal vez estaba
sufriendo por dentro. Podían ser ambas cosas….
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Ki Tae-jeong aflojó la
corbata que le apretaba el cuello. La sensación de asfixia también lo embargaba
a él.
"Fuiste nada
menos que un jugador de nivel jefe."
"……."
"Entonces, ¿por
qué te dejas sacudir por un truco tan barato? Sabiendo claramente que es una
provocación deliberada."
Se-hwa, que miraba
distraídamente sus propios pies, soltó una pequeña risa. Era una risa como la
de una vela que parece que se apagaría sin fuerzas ante un simple soplido.
"Es que en ese
entonces… no había nada que quisiera proteger."
Cosas que quería
tener, había muchísimas. Comida para saciarse, una identificación de residente
de primer nivel, una casa limpia a mi nombre aunque fuera estrecha, dinero
suficiente para saldar las aburridas deudas…. Pero no atesoraba esas cosas como
si fueran su vida. Nunca había pensado en querer proteger algo para que nadie
se lo arrebatara, para que no saliera herido por nada.
"Antes…."
Al ver la ropa de cama
blanca, idéntica a la que lo cubrió el día que se enteró de las mentiras de Ki
Tae-jeong, su lengua se movió por su cuenta.
"…Incluso mirando
al General, llegué a pensar en eso."
"……."
"En ese entonces,
de verdad…."
Su voz se apagaba
constantemente y el final de sus palabras se desdibujaba. Aun así, Se-hwa no
lloró. Simplemente recordaba en silencio aquel tiempo que fue cálido y
ardiente. Admitir que le gustaba Ki Tae-jeong y decidir aceptar al niño fueron
decisiones tomadas tras una gran resolución a su manera. Y una vez que se
decidió, lo quiso con fervor, como si no fuera a haber otra vez.
Como si no fuera a
haber otra vez…. ¿Habría sido ese el problema, entregar su corazón de esa
manera? ¿Por eso dolía tanto?
"Por qué… seré
así yo."
¿Por qué terminamos
así, tú y yo?
"No lo entiendo
y… debe estar harto, ¿verdad? De que yo siga… así."
"……."
"Bueno…. Como se
sabe que es el hijo del General, aunque sea pensando… en su propio prestigio,
no lo entregaría… fácilmente a los demás."
Decir que su juicio
fue corto, que lo sentía… era mejor no añadir tales cosas.
Ahora Se-hwa no creía
en ninguna promesa si no tenía una justificación. Se rebajaba a sí mismo de
forma extraña y no encontraba su valor a menos que fuera cuidando al niño.
Haberlo presionado con
dureza, haberlo herido mencionando al niño que tanto quería proteger, darse
cuenta de que su método estaba completamente equivocado solo después de estar a
punto de perderlo… por eso, estos días se esforzaba por tratarlo bien, de forma
normal. Y como resultado, ahora Se-hwa ni siquiera podía odiarlo a gusto y solo
sufría de esa manera.
Ki Tae-jeong, con un
sentimiento desolador, solo miraba la mano de Se-hwa abandonada sobre la
sábana. Las venas que se extendían como nervaduras de una hoja eran
infinitamente delgadas y frágiles. Su piel era tan blanca que no se distinguía
de la ropa de cama. No era un cuerpo tan delgado. No eras así de pálido….
"…En qué,
piensas."
Tragando lo que subía
ardientemente, intentó superponer su mano sobre los dedos de Se-hwa, que
estaban colocados ordenadamente.
No lo dejaría ir. No
podía dejarlo ir.
Dijiste que alguna vez
tuviste un sentimiento tan ciego por mí. Que, al igual que ahora con el niño,
hubo un tiempo en que quisiste protegerme. Así que aguanta un poco más. Quédate
a mi lado. Espera hasta que todo lo malo se diluya y yo vuelva a gustarte.
Entonces, si eso sucede, tal vez algún día florezcan sentimientos como los de
antes.
"No me enojaré,
dilo."
"…Seguramente
llegará el día en que el General se canse de mí… pero si mi estado físico es
este, seré… aún más inútil…."
"……."
"Entonces, qué
debería hacer en ese momento…, qué debo hacer para que Hae-rim no escuche esas
palabras horribles en el futuro…, por estar pensando en eso…."
Ah….
"Aun así… ahora
que soy el hijo adoptivo del general Oh Seon-ran, estaré bien, ¿verdad?"
Ah, ah. Ki Tae-jeong
dejó escapar un leve gemido. En las pupilas de Se-hwa, que miraban a cualquier
parte de la enfermería, no se reflejaba nada. Era como si hubiera caído un
telón negro.
Viendo a Se-hwa
murmurar algo sin cesar como una persona que ha perdido el juicio… Ki Tae-jeong
decidió admitirlo. Que ya todo había terminado.
Fue en este mismo
edificio. El lugar donde Se-hwa se enteró de todas las mentiras que él había
soltado a la ligera, el lugar donde Se-hwa se desplomó sangrando por el gran
impacto….
Aquel día en que,
llorando a mares, quiso escuchar la verdad por última vez aferrándose a un
clavo ardiendo; cuando él ignoró la súplica de que le hablara con sinceridad y,
como siempre, fingió no saber nada y dio evasivas…. Todo lo de esta persona
hermosa, entrañable y preciada se rompió. Yo lo destruí todo.
Se dio cuenta tarde de
que valoraba ese corazón que brillaba radiante, esa cosa tan bella… pero por
mucho que forcejeara, no podía atrapar la arena fina que se escapaba entre sus
manos. Solo conseguía que la velocidad de la pérdida fuera más rápida.
Tras haberlo arruinado
todo hasta dejarlo irreparable, seguía aferrado a Se-hwa a la fuerza. Pidiendo
que lo dejara estar a su lado, que lo dejara ver el mar con él, queriendo
escuchar de su boca las palabras 'nosotros tres', pidiendo que volviera a
sonreírle como antes…. Se imaginaba cosas tan descaradas e inútiles. Le mendigó
a él, que siempre fue amable, si no podía mirarlo una vez más. De nuevo de
forma egoísta, cruelmente.
"¡Se-hwa!"
Ki Tae-jeong no podía
ni tragar saliva porque le ardía la garganta, cuando el general Oh Seon-ran
abrió la puerta de golpe sin siquiera tocar. Tenía hasta la nuca roja, quizás
por haber estado alzando la voz justo antes.
"General. Tengo
algo que decirle."
"…¿Qué
ocurre?"
"¿Podría
concederme un momento?"
el general Oh
Seon-ran, que pretendía ignorarlo como si alguien como él no le importara,
terminó asintiendo sin querer ante el semblante inusual de Ki Tae-jeong. Él
miró a Se-hwa, que estaba sentado de lado en la cama con ojos llenos de
preocupación, y luego siguió a Ki Tae-jeong al pasillo.
"¿Por qué? ¿Le ha
pasado algo extraño a Se-hwa?"
"No es
exactamente eso…."
Ki Tae-jeong miró
fijamente la puerta gris de la enfermería. Entonces, como si estuviera
conteniendo algo, apretó los dientes de repente. Los músculos de su mandíbula
sobresalieron y las venas de su cuello se tensaron bruscamente.
"¿General de
Brigada Ki Tae-jeong?"
Al ver un brillo
húmedo cruzar repentinamente los ojos de Ki Tae-jeong, Oh Seon-ran echó la
cabeza hacia atrás pensando: 'No puede ser'. ¿Acaso estaba llorando? Mientras
parpadeaba con fuerza sin poder creerlo, Ki Tae-jeong la miraba fijamente con
su rostro arrogante de siempre, como si se burlara de su error.
"…Si dejo ir a
Se-hwa, si renuncio a todos los derechos parentales del niño."
"……."
"Entonces,
¿pasaría usted, General Oh Seon-ran, a ser el protector de ambos en el
futuro?"
#124
"¿Con qué
intención pregunta eso?"
La expresión de Oh
Seon-ran se endureció con un segundo de retraso. La voz de Ki Tae-jeong era tan
natural que, al principio, pensó que había oído mal.
"Deseo que,
incluso si yo no estoy, Se-hwa no tenga que escuchar ninguna palabra sucia en
el futuro y que esté a salvo."
"Si hablamos de
seguridad, pase… ¿pero palabras sucias?"
"Esas cosas que
los ancianos mencionaron hace un momento en el tribunal… por ejemplo, sacar a
relucir el origen de Se-hwa o hablar de usar al niño como objeto de
experimentos; espero que nada de eso vuelva a llegar a oídos de Se-hwa de ahora
en adelante."
"Entonces, ¿si
eso está garantizado, los dejarás ir? ¿A Se-hwa y al niño?"
"Sí."
El ya había
experimentado qué expresión solía poner Ki Tae-jeong al negociar, qué voz usaba
y qué gestos solía repetir. En las reuniones o juicios, se mostraba arrogante y
fluido hasta el punto de incomodar a los espectadores con su brillante
confianza, pero cuando no había testigos —como en el momento en que le entregó
la renuncia a los derechos parentales—, atacaba con un cuchillo entre los
dientes. Y, en cualquier situación, no se molestaba en ocultar el hecho de que
podía descuartizarte en cualquier momento.
Sin embargo, el Ki
Tae-jeong que tenía enfrente era, cómo decirlo, ninguna de esas dos cosas.
Tenía el rostro más crudo que él le hubiera visto jamás y, por eso, en cierto
modo, ahora parecía un joven acorde a su edad.
"Puede que ahora
nadie se dé cuenta por el juicio, pero lo irán comprendiendo. Lo que significa
que haya aparecido alguien para continuar con el linaje de la familia Oh, que
yo pensaba que terminaría conmigo. Ya se ha completado la transferencia de
Se-hwa al Quinto Anillo, así que una vez que se resuelva el registro del niño,
al menos en su cara no podrán decir más estupideces."
Ki Tae-jeong asintió
lentamente. Cierto, ahora Se-hwa era la única sangre del general Oh Seon-ran.
Solo por lo superficial, era mucho más beneficioso para él permanecer al lado
del general que al suyo.
Lo que él podía darle
era, a lo sumo, una riqueza inagotable, pero eso era algo que el general Oh
Seon-ran también poseía de sobra. Su seguridad personal no sería algo de lo que
un General de Brigada como él tuviera que preocuparse… al contrario, el general
podía colocar sobre la cabeza de Se-hwa la corona del honor de ser miembro de
una familia de linaje antiguo, algo que para Ki Tae-jeong era casi imposible de
obtener.
Pensar en cómo había
intentado obligar a Se-hwa a quedarse a su lado era, cuanto más lo analizaba,
un acto mezquino e imperdonable.
"Entonces,
cerraré el juicio de esta manera."
"¿Qué?
¿Cómo?"
"Pienso centrarme
más en la demanda por daños y perjuicios debido al incendio del Segundo Anillo
que en la fabricación de drogas. Pediré que se organice una sesión aparte y,
desde las sombras, apoyaré a las víctimas; para ser exactos, a la manada de
hienas que solo están interesadas en el botín. Pienso inducirlos para que el
Teniente Coronel Kim sufra dolores de cabeza por mucho, mucho tiempo, y para
que pierda todo ese dinero que valora tanto como su vida en el proceso."
Por supuesto, su
intención final era hacerlo cerrar los ojos con una apariencia miserable y
sucia, pero no parecía necesario dar todos esos detalles minuciosos. el general
Oh Seon-ran se acarició la barbilla ligeramente, sumida en sus pensamientos.
"¿Y el teniente
Kim? ¿Se pasará por alto lo de la fabricación de drogas sin castigo?"
"No puede ser
así. Si yo cedo en una cosa, creo que los jueces me permitirán hacer lo que
quiera con ese infeliz."
"¿Ceder? ¿En
qué?"
"Pienso posponer
mi baja."
Ki Tae-jeong respondió
con calma mientras se ajustaba el uniforme desordenado.
Oh Seon-ran se quedó
sin palabras por un momento y dejó escapar un largo sonido con la garganta. Al
final, todo este escenario había sido montado por Ki Tae-jeong porque quería
quitarse el uniforme. No había nadie que no supiera cuánto detestaba ser
tratado como un arma de matar. Ki Tae-jeong estaba dispuesto a hacer cualquier
cosa con tal de fastidiar a los altos mandos militares, e incluso Oh Seon-ran,
que había estado fuera del país, había oído historias sobre sus hazañas. Pero….
"¿Vas a
renunciar… a tu baja? ¿Por Se-hwa?"
¿Iba a dejar pasar
aquí el objetivo que más fervientemente había deseado? ¿Y encima justo antes de
lograrlo? Era natural que no pudiera creerlo.
"No, la estoy
posponiendo. No tengo la más mínima intención de quedarme para siempre."
Ki Tae-jeong se frotó
la nuez de Adán varias veces como si le resultara incómodo y no dejaba de
fruncir el ceño. Luego, tragó saliva con fuerza como si tuviera una espina
clavada y continuó con su habitual rostro inexpresivo.
"Sin embargo, si
arrojo mis insignias de rango justo ahora, la situación de Se-hwa al quedarse
será aún más difícil."
"……."
"Lo dejé ir
precisamente para que no tuviera que escuchar las estupideces de esos hijos de
puta, pero ¿de qué sirve si empieza a circular el rumor de que solo fue usado
por mí y luego desechado?"
"……."
"Es mejor que se
diga que yo me fui al campo de batalla como siempre, y que usted se quedó aquí
oponiéndose porque no podía dejar que se relacionara con alguien que viene de
un campo de detención."
"Por eso…",
dijo Ki Tae-jeong para llamar su atención. Su actitud era más ligera que antes,
quizás a propósito.
"Primero hay que
cerrar el juicio…. Yo me encargaré de causar alboroto, así que ¿qué le parece
si usted actúa como mediador? Los ancianos tendrán menos resistencia… en muchos
sentidos, será la imagen más conveniente."
Ki Tae-jeong, que
había estado exponiendo sus planes con fluidez, cerró los ojos un breve
instante al terminar. Fue solo un momento, pero la forma de sus ojos, cerrados
con fuerza y profundidad como en una pintura, parecía que se desgastaría y
rompería en cualquier momento.
Resultaba extraño ver
a un Ki Tae-jeong comportándose de forma tan sensata, pero la expresión que
tenía ahora le era familiar. Cuando decidió no volver a rastrear las huellas de
Lee Jin-woo. Cuando aceptó que nunca más volvería a verlo ni a tocarlo, Oh
Seon-ran también vivió con ese rostro. Su apariencia era exactamente así cuando
sobrevivía a duras penas, sin estar ni vivo ni muerto.
"Así que, por
favor… le agradecería que me ayudara un poco, no por mí, sino por Se-hwa."
Dicho esto, Ki
Tae-jeong hizo una reverencia formal pero algo torpe. No era un saludo militar
hecho por obligación como subordinado, sino una petición hecha como Ki
Tae-jeong, el hombre. Por supuesto, su actitud era rígida, como si fuera la
primera vez en su vida que hacía algo así. Y no era para menos; probablemente
esta era la primera vez que solicitaba algo llegando incluso a inclinar la
cabeza ante otra persona.
Oh Seon-ran se dio
cuenta recién entonces de que ese Ki Tae-jeong, que actuaba con la rigidez de
una piedra, aún no cumplía los treinta años. Aunque se comportaba como si
hubiera pasado por mil batallas, Ki Tae-jeong también era muy joven. Parecía un
niño que nunca había recibido ni aprendido sobre el amor, parado allí sin saber
qué hacer.
"…No tienes que
preocuparte por eso."
Tras dudar un momento,
Oh Seon-ran le dio un par de palmaditas en el hombro a Ki Tae-jeong con un
gesto algo torpe. Por supuesto, lo que le había hecho a Se-hwa seguía siendo
imperdonable. Sin embargo, como conocía mejor que nadie ese sentimiento de
pérdida, como si la vida entera se desgarrara al perder un amor por un error
propio… decidió compadecerse de Ki Tae-jeong, aunque fuera solo un poco, en
este instante.
*
"¿Qué? ¿Que
escribamos denuncias por separado? ¿No sería mejor terminar con todo de una vez
aquí?"
"¡Exacto! Incluso
en este momento las pérdidas que sufro continúan. ¡Los intereses siguen
corriendo pero no entra ningún ingreso porque los almacenes del Segundo Anillo
se quemaron por completo!"
Nada más regresar al tribunal,
Ki Tae-jeong sacó a relucir el tema más sensible. A pesar de tener fortunas que
les alcanzarían para varias vidas, los viejos forcejeaban con ferocidad como
peces que han mordido el anzuelo.
"Estrictamente
hablando, yo no sufrí pérdidas patrimoniales por el incendio en el Segundo
Anillo. Simplemente los he estado ayudando hasta ahora en tareas que cada uno
de ustedes debería haber gestionado por su cuenta."
"¡Oye, Ki
Tae-jeong!"
"¿Oye, Ki
Tae-jeong? ¿Acaba de llamarme así? ¿Coronel Ha?"
Ante la respuesta
gélida, el hombre que señalaba a Ki Tae-jeong dobló discretamente su dedo
índice. Normalmente a Ki Tae-jeong no le importaba cómo lo llamaran los demás,
pero de repente estaba montando un escándalo con una mirada fulminante.
"Pronto seré
Teniente General, o al menos Mayor General, así que por favor absténgase de
llamarme de esa forma tan ligera. Si yo le dijera que a su edad solo tiene
agallas por pura terquedad, se sentiría de la mierda, ¿no?"
"¡¿Q-qué?! ¡Este
maldito loco ahora mismo…! ¡¿Quién te dio permiso para ponerte más
estrellas?!"
"Supongo que no
habrán olvidado qué condiciones puse al escribir la denuncia…. ¿Quieren que se
las recite de nuevo?"
El Teniente Coronel
Kim y los demás ancianos no hacían más que reírse con incredulidad. Ki
Tae-jeong estaba actuando con una agresividad extrema solo porque se habían
metido con un simple habitante de clase baja. El gran Ki Tae-jeong, nada menos.
"General de
Brigada Ki Tae-jeong, cuanto más reacciones de forma tan afilada, más estarás
anunciando a los cuatro vientos que esa persona es tu debilidad."
"Es mi única
debilidad, es cierto. ¿Y qué con eso?"
"¿Cómo que qué
con eso? ¿Acaso no sabes lo que significa una debilidad?"
"Sí, es una
debilidad, pero no siento que ese factor sea una desventaja para mí."
Ki Tae-jeong sonrió
con ironía.
"Dicen que a un
tipo que nunca escuchaba a nadie le ha salido por primera vez un punto débil.
Si yo fuera ustedes, dejaría de hablar de clases bajas y pensaría primero en
tratar bien a esa persona. ¿No es una oportunidad mucho más limpia para asegurar
una línea de contacto que entregar a un hijo preciado a alguien como yo, que
viene de un campo de detención? Especialmente cuando 'ese habitante de clase
baja' es el único hijo adoptivo del general Oh Seon-ran. Me pregunto qué les
hace creer que pueden hablar de él tan a la ligera."
Parece que recién
entonces recordaron la imagen del general Oh Seon-ran defendiendo a Lee Se-hwa
con vehemencia momentos antes, pues los ancianos se sumieron en sus
pensamientos con rostros dubitativos.
No era mentira.
Dejando de lado a Ki Tae-jeong, que no tenía respaldo familiar, el general Oh
Seon-ran era otra historia…. Aunque se decía que su influencia directa se había
debilitado mucho, la familia Oh era un linaje prestigioso que no podía tratarse
con descuido.
"Quiero terminar rápido,
así que no hablaré con rodeos, Teniente Coronel Kim. Omitiré la parte de la
indemnización por el incendio del Segundo Anillo en mi denuncia, así que llegue
a acuerdos individuales con los afectados."
¿De verdad estaba
diciendo eso? Era el berrinche de un niño que daba ganas de reírse. Para el
Teniente Coronel Kim, no había razón para no aceptar. El incendio fue
claramente un error de Kim Seok-cheol. Si en medio de eso se abría un juicio
aparte y comenzaba una demanda…. tendría que compensar incluso la depreciación
de los activos abandonados durante el proceso. Era mejor insistir en que, en
relación con este asunto, todo fue una trampa tendida por los criminales de la
Casa.
Sin embargo, la
propuesta que siguió de parte de Ki Tae-jeong no era algo que pudiera
rechazarse tan fácilmente como antes.
"A cambio,
aceptaré al teniente Kim bajo mi mando."
"…¿Aceptarlo bajo
tu mando?"
"Literalmente.
Quítele el rango de teniente y envíelo conmigo. Lo llevaré conmigo por un
tiempo y trataré de guiarlo bien para que renazca como un miembro del ejército
que cumpla con su parte."
Llevarlo al campo de
batalla… y que fuera precisamente Ki Tae-jeong quien lo hiciera. Era lo mismo
que decir que iba a jugar con él en las garras de la muerte hasta matarlo.
Además, Kim Seok-cheol era del ejército de tierra. Aunque originalmente no
hiciera gran cosa, era imposible que pudiera seguir el ritmo de las tareas de
la fuerza aérea, que era un campo totalmente distinto.
"Al menos antes
de cerrar los ojos, podrá volver a colgarse el rango de teniente por su propio
esfuerzo. Si hay algo en lo que confío es en acumular méritos militares, así
que créame."
"¡¿Qué estás
diciendo?!"
El teniente Kim, que
estaba encogido en un rincón echando chispas, finalmente no pudo contenerse y
soltó un grito. Mientras le propinaba un fuerte golpe en la nuca a su
lamentable hijo, que no hacía más que soltar insultos patéticos, el Teniente
Coronel Kim analizaba con calma la balanza en su cabeza.
En resumen, Ki
Tae-jeong le estaba dando la oportunidad de elegir entre el dinero y el honor.
A cambio de resolver el asunto del incendio del Segundo Anillo por su cuenta,
el castigo de Kim Seok-cheol sería mínimo, o sea…. Comparado con haber exigido
la pena de muerte, ciertamente había cedido un paso y, sobre todo, según esta
propuesta, podría evitar la deshonra de una baja deshonrosa o el
encarcelamiento en un campo de detención para alguien de una familia
prestigiosa.
"…Hablemos de
esto con más detalle."
"¡Padre!"
Cuando el Teniente
Coronel Kim mostró una intención positiva, Kim Seok-cheol gritó con los ojos
inyectados en sangre.
"¡Cómo, cómo
puedes…!"
"¡Cállate! ¡¿Por
culpa de quién estamos en este lío?!"
"¡¿Vas a creer
las palabras de ese infeliz?! ¡¿Quién crees que será el siguiente si yo muero?!
¡Nuestra familia va a desaparecer! ¡Está claro que nos quitará el dinero y nos
matará a todos…!"
El Teniente Coronel
Kim se presionó las sienes como si le doliera la cabeza. Mientras lo hacía,
hizo una leve seña a los instructores que estaban detrás. Eran los mismos tipos
que acababan de matar a golpes a Mae-jo.
Al ver esa actitud
fría de ordenar una paliza incluso a su propio hijo biológico, Ki Tae-jeong
intuyó que el juicio, no, el trato, terminaría aquí.
Incluso si perdían
toda su fortuna y se quedaban en la calle, no les faltarían formas de intentar
resurgir. Pero el estigma de la deshonra, una vez marcado, no se puede
recuperar ni invirtiendo millones. Sabía que, al ser tipos ebrios de la
grandeza de su linaje, aceptarían su propuesta. Por supuesto, también habrían
calculado que después podrían usar a Se-hwa para proponer otra negociación a él
o al general Oh Seon-ran….
"Aun así, ¿está
bien golpear así frente a la gente a un hijo que ha llegado a ser teniente?
Hazlo con moderación… Entonces, ¿qué fue lo primero que exigió el General de
Brigada Ki Tae-jeong? ¿Un ascenso especial y la garantía de su posición como
anciano?"
Cuando el general Oh
Seon-ran intervino discretamente, la gente empezó a alborotarse de nuevo. Ya a
nadie le importaba la recompensa que recibiría Ki Tae-jeong. Habían venido con
la intención de ser meros espectadores, pero ahora se encontraban en la
posición de tener que enfrentar directamente a la familia Kim para arrancar sus
propios beneficios.
Y Ki Tae-jeong
permanecía de pie en medio de ese clamor, como una boya.
Desde el primer día
que asistió a un juicio militar tras su nombramiento, todos los momentos en los
que fue ascendiendo de rango hasta llegar al centro de los asientos pasaron por
su mente a toda velocidad, como en una reproducción acelerada.
"…Maldito
loco."
NO
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Ki Tae-jeong se burló
fríamente de sí mismo al pensar que, incluso en medio de esto, solo quería
volver a sujetar a Se-hwa una vez más.
Ahora realmente era el
final. Esta operación que comenzó con la toma de la Casa —no, este asunto que
ni siquiera podía llamarse operación— terminó desarrollándose sin gran
diferencia respecto al plan inicial de Ki Tae-jeong. Aunque de forma ambigua,
la recompensa también estaba asegurada.
Estaba a punto de
obtener aquello que tanto había deseado. Un ascenso de rango, una mejor
residencia oficial, más ayudantes y subordinados, los privilegios de anciano
que se le otorgarían tras su baja…. Nadie habría imaginado que una máquina de
matar proveniente de un campo de detención llegaría a este lugar. Era algo
satisfactorio. Por lo tanto, debería estar inmensamente feliz.
Aún no se había
quitado el uniforme militar, pero aun así, no faltaría tanto para el día de su baja….
Ya que las cosas habían llegado a este punto, tendría que crear puestos de
ancianos también para los demás tipos que insistían en que eran sus compañeros
del campo de detención. A los Kim, padre e hijo, los iría acorralando
lentamente para que no pudieran morir a pesar de tener sus extremidades
intactas, y luego….
"…Ah."
Ki Tae-jeong miró su
mano vacía y cerró los ojos con fuerza. De repente, la corbata del uniforme que
le apretaba el cuello se sintió infinitamente pesada.
Finalmente lo había
logrado, pero no se sentía nada feliz.
En esta mano que
apretaba con fuerza lo que tanto había anhelado, en este momento en que
sostenía toda la gloria que cualquiera desearía… Se-hwa no estaba.
Solo faltaba Se-hwa.
*
Cuando recobró el
sentido, estaba sobre una cama familiar. Se-hwa parpadeó un par de veces con
los ojos cubiertos por una leve capa de agua y luego se incorporó con
dificultad. Para ser exactos, en cuanto intentó levantarse, una mano grande
sostuvo su nuca y su espalda, permitiéndole sentarse con facilidad.
No hubo necesidad de
mirar quién era, ni de preguntar.
"Me dijeron que
te quedaste dormido sin darte cuenta de que te trasladaban de la enfermería al
hospital."
Era Ki Tae-jeong,
quien seguramente había estado esperando todo el tiempo a su lado a que abriera
los ojos.
"Cuando regreses,
hazte otro examen cerebral. Te lo dije, ¿no? Tu cuerpo ahora mismo es como una
bomba de tiempo."
Los dedos del hombre,
doblados como un gancho, golpearon suavemente su frente y el puente de su nariz
antes de retirarse.
"¿A dónde…
vamos?"
"Ah…",
exclamó Ki Tae-jeong mientras se levantaba del taburete.
"Vamos a ver el
mar."
Al volverse, su rostro
se veía inusualmente radiante.
#125
"¿El mar…?"
"Sí, el
mar."
No. Más que
'radiante', la expresión que mejor le sentaba era 'aliviado' y, a la vez,
'desolado'. Ki Tae-jeong parecía alguien que sentía un gran alivio porque todo
había terminado y, por otro lado, alguien que lo había dejado todo y ya no
guardaba ningún arrepentimiento.
"A esta hora… el
mar, por qué…."
"Hay una playa a
la que solo puede ir la gente del Quinto Anillo. Es un lugar brillante e
iluminado, así que está bien."
Ki Tae-jeong enfatizó
repetidamente que era un lugar seguro porque el Gobierno le había invertido una
cantidad obscena de dinero para decorarlo.
¿Por qué se esforzaba
tanto en resaltar el lujo y la inocuidad del lugar al que planeaba ir, algo que
no encajaba con él? Se-hwa, que ladeó la cabeza con extrañeza, comprendió la
razón con retraso.
El mar durante la
noche…. Los sucesos ocurridos en el puerto del Segundo Anillo acudieron a su
mente un instante después. Se-hwa soltó una risa nasal involuntaria,
sintiéndose desconcertado y a la vez encontrándolo absurdo. Por supuesto, fue
un gesto tan pequeño que Ki Tae-jeong no llegó a notarlo.
Sin duda, era el
recuerdo más terrible de su vida, pero no sabía si tenía derecho a sufrir por
el tiempo pasado. Justo hoy, el bebé, Hae-rim, había estado en boca de
desconocidos que decían si se lo llevaban o no. Aunque dicen que el ser humano
es un animal de olvido, tener recuerdos que se desvanecen tan rápido también
debía de ser un talento.
Excusas le sobraban.
Habían pasado tantas cosas desde entonces que, con su visión tan estrecha,
apenas podía procesar lo que le venía encima en el momento.
Se había desplomado
por el impacto y pasado por una cirugía mayor. Como secuela, perdió la memoria
por un tiempo y, por suerte, cuando recuperó el sentido, esta vez no le salía
la voz. Le dijeron que sus heridas ya habían sanado, pero aún no podía caminar
derecho. De alguna manera, por fin lograba hablar, aunque las frases que
formulaba seguían siendo torpes en extremo.
En medio de todo esto,
el general Oh Seon-ran lo había registrado como su hijo adoptivo. Él, un ser humilde
cuyo deseo de toda la vida había sido tener una tarjeta de residente del Primer
Anillo, ahora decían que era una persona del Quinto Anillo. Y Ki Tae-jeong no
dejaba de agitar su mundo, insistiendo en que lo intentaran de nuevo.
Se-hwa murmuraba para sus
adentros excusas dirigidas a no sabía quién. Cosas abrumadoras y difíciles se
superponían sin darle tregua, por lo que no tenía espacio para seguir rumiando
las desgracias pasadas.
Aun así, sentía que no
debía estar bien tan pronto; por eso, Se-hwa rascó con todas sus fuerzas la
melancolía que había dejado de lado, como si fuera una cicatriz. ¿Cómo puedes
querer estar bien ya, cuando ni siquiera eres capaz de proteger al hijo que
tanto te costó tener? Reprendió severamente ese sentimiento de querer estar
cómodo, ese subconsciente descarado que pataleaba por querer vivir.
"Vamos. Te gusta
el mar, tanto que le pusiste de nombre Hae-rim al niño."
"……."
"¿Recuerdas la
pantalla que vimos en el centro comercial? Iremos a esa playa."
Se-hwa bajó la mirada
en silencio. ¿La playa que vieron en el centro comercial? Eso era algo tan
remoto que lo había olvidado por completo.
"…Habíamos
quedado en ir a verla juntos cuando terminara el juicio."
Al ver el rostro de
Se-hwa, que se sentía ajeno a aquel momento cálido, Ki Tae-jeong contuvo el
aliento un instante. Luego, continuó hablando con suavidad como si nada hubiera
pasado.
Qué charla trivial
habían tenido mientras veían aquella pantalla tan realista instalada en la
escalera mecánica, qué planes de vacaciones hicieron de camino a la residencia
oficial, por qué sentía curiosidad él en aquel entonces y cuánto llegó a
sonreír mientras hablaban de ello….
"Te contaré cómo
terminó el juicio mientras vamos. …Vamos juntos."
Ki Tae-jeong, que
intentaba convencer a Se-hwa paso a paso, finalmente tuvo que cambiar de rumbo.
Los momentos dulces ya no significaban nada para él. Esas pupilas hundidas,
rotas y quebradas; el poco sentimiento que quedaba en su fondo era
exclusivamente para el niño.
Tras parpadear varias
veces, Se-hwa finalmente se levantó tambaleándose. Ki Tae-jeong colocó un
cárdigan grueso que estaba en el sofá sobre los hombros delgados de Se-hwa y
tomó con delicadeza la punta de su mano blanca que asomaba por la manga holgada
del uniforme de paciente.
Tras caminar unos
pasos así, Ki Tae-jeong recordó algo de repente.
"¿Alguna vez
habíamos caminado de la mano?"
"……."
"Probablemente
no."
Apenas había aprendido
a caminar al ritmo de Se-hwa, que era lento, pero nunca habían caminado
tranquilos tomados de la mano de esta forma. De hecho, ni siquiera lo había
llevado nunca a un lugar agradable.
Lo mantenía encerrado
y solo lo soltaba un poco cuando iba a comprar algo como trozos de fruta. El
estacionamiento frente a la Casa del Cuarto Anillo o el patio de la residencia
oficial para un breve paseo. Eso era todo lo que Se-hwa había tenido permitido
como salida al exterior.
La mayoría de las
veces que le había sujetado la mano fue cuando no podía controlar su propio
temperamento. Para arrastrarlo a algún lado o mientras lo sujetaba para follar.
O bien, mientras aceptaba sus besos, cuando quería confirmar si le obedecía con
sinceridad…. Fuera de esos momentos, nunca le había tendido la mano.
No era la gran cosa.
Algo tan simple como tomarse de la mano…. Podía haber calentado hasta el
corazón solo con ese roce de temperatura corporal, ¿por qué no pudo darse
cuenta en aquel entonces?
Ki Tae-jeong miró
fijamente el puño de la manga de Se-hwa que le acariciaba el dorso de la mano y
sonrió con amargura. Había tantas cosas que hizo mal, tantas cosas que no pudo
darle por ignorancia…. Incluso en medio de esto, él era una persona egoísta a
diferencia de Se-hwa, pues estaba pensando en que, si se le diera otra
oportunidad, querría tratarlo mejor.
"Es un
problema."
"…¿Qué?"
"Nada,
vamos."
Ki Tae-jeong consultó
su reloj de pulsera mientras guiaba a Se-hwa. Ya casi era la hora acordada con
el general Oh Seon-ran. Había jurado que no volvería a aparecer ante Se-hwa y
el niño después de esto, así que quería grabar este rostro en sus ojos una vez
más.
El arrepentimiento y
el anhelo que no debía mostrar se acumulaban capa tras capa.
En el puerto del
Quinto Anillo hay varias rutas ocultas que solo conocen los allegados. Una de
ellas era esta playa. Por supuesto, aunque uno conociera las coordenadas, la
puerta no se abriría sin escanear un objeto entregado por el ejército…. En
cualquier caso, la playa a la que solo algunos ciudadanos autorizados del
Quinto Anillo podían acceder era realmente hermosa. Incluso Se-hwa, que
últimamente no mostraba interés por nada, se asomó por la ventanilla del coche
sorprendido.
Ki Tae-jeong estacionó
el coche en cualquier lugar cercano y guio a Se-hwa hacia la arena blanca.
Se-hwa caminaba de
forma torpe, como un niño que acaba de empezar a dar sus primeros pasos.
Parecía encontrar fascinante la sensación de la arena suave como la crema; caminaba
un paso y miraba a su alrededor, daba otro paso y levantaba ligeramente el pie
para observar la suela de su zapato…. Paseaba por el arenal moviéndose con
entusiasmo, como un animal recién nacido que ve el mundo por primera vez.
Ah, no quería reírse.
Pero ver la imagen brillante de Se-hwa después de tanto tiempo era tan hermoso
que sentía como si unas plumas le hicieran cosquillas constantes en el corazón;
Ki Tae-jeong finalmente no pudo contenerse y soltó una carcajada.
Parece que Se-hwa se
molestó, pues se detuvo en seco y movió los dedos de los pies con gesto
malhumorado. Sin embargo, pronto recuperó un rostro dócil al gustarle también
esa sensación y volvió a caminar de aquí para allá dejando sus huellas.
Caminando lentamente
con Se-hwa sin decir una palabra, el sol terminó por ocultarse por completo.
Era algo curioso. En
la base de entrenamiento de la fuerza aérea o en la Casa donde vivía Se-hwa, a
esta hora solía caer un ocaso rojizo y negro. El crepúsculo se extendía como
garras, devorando edificios y callejones, y de pronto todo se oscurecía.
Pero el atardecer aquí
era simplemente precioso. Las nubes que flotaban parecían crema batida revuelta
con un mezclador, y el cielo donde el sol acababa de ponerse tenía un color
místico que mezclaba rosas y violetas. Era un paisaje parecido a la caja de la
pastelería que una vez le entregó a Se-hwa.
Varias luces,
colocadas con delicadeza para poder disfrutar del descanso sin interrupciones
incluso después de la puesta del sol, comenzaron a encenderse en secuencia.
Parecía que, aunque se oscureciera más, no habría el menor problema para
apreciar el paisaje ante sus ojos.
El color del mar, que
parecía haber recibido todo el resplandor del ocaso, era hermoso… y, por otro
lado, resultaba ridículo. Incluso el sol y las nubes, que cualquiera puede ver
solo con levantar la cabeza, no son equitativos en realidad. Había un cielo
aparte para la gente que poseía riqueza y poder.
Y Ki Tae-jeong se
había pasado la vida pataleando para intentar llegar a esa cima. Al principio
fue porque no quería morir, y después de eso… porque quería hacerlo.
Diciendo que ya que
las cosas eran así, se quedaría con todo lo que pudiera poseer, no se detuvo
ante nada. A partir de cierto momento, ya no pudo culpar solo al ejército.
Haber encerrado a la persona más valiosa de su vida, haberlo hecho llorar, no
haberle sujetado ni la mano… no fue culpa de nadie más que suya.
"La familia Kim
aceptó asumir toda la responsabilidad por el incendio del Segundo Anillo; a
cambio, Kim Seok-cheol entregará sus insignias de rango y entrará bajo mi
mando."
"…Qué
significa…."
"Significa que,
aunque tengan que gastar todo su dinero en la reconstrucción del Segundo Anillo
y el pago de indemnizaciones, la familia Kim no permitirá que su hijo cargue
con el estigma de una baja deshonrosa o el internamiento en un campo de
detención."
"…¿Eso, dijo que
lo aceptaría? ¿Esa persona llamada Teniente Coronel Kim?"
"¿Solo aceptarlo?
Estaba encantado. Porque, sin importar cómo yo haga sufrir a ese infeliz de Kim
Seok-cheol hasta que muera, le quedará el honor de haber muerto como un
soldado."
"Pero… el
teniente Kim es su propio hijo."
"Habrá sido más
difícil de soportar quedar en ridículo ante la alta sociedad que perder a su
propio hijo. A largo plazo, habrán calculado que el dinero se puede volver a
ganar, pero que el estigma de la deshonra, una vez pegado, no se puede quitar."
"……."
"En una familia
de ese nivel, nunca ha habido un caso vergonzoso de alguien que entregara sus
insignias de rango, así que su orgullo debe de estar aún más herido. Aunque el
teniente Kim Seok-cheol, que tiene flores en la cabeza, seguramente cometió el
error creyendo que de alguna forma lo restituirían."
Se-hwa miró a Ki
Tae-jeong distraídamente, como si estuviera impactado. Cierto; él, que estuvo
dispuesto a sacrificarse para proteger a un niño en una incubadora que ni
siquiera había cumplido los meses de gestación, jamás entendería esta forma de
pensar de la gente del Quinto Anillo.
"¿No tienes
hambre?"
Seguramente no tendría
interés en la comida, pero aun así había preparado algo, por lo que guio a
Se-hwa un poco más. Tras pasar unos cocoteros plantados en grupo, apareció una
enorme cabaña cubierta con un dosel blanco.
"Yo tampoco tengo
mucha hambre, pero dicen que cuando vienes a la playa, se hacen estas
cosas."
"……."
"No te obligaré a
comer, así que piensa que solo estamos creando ambiente."
El interior de la
cabaña tenía una alfombra mullida y contaba con un dispositivo de control de
temperatura, por lo que era más cómodo de lo esperado. Había un minibar,
muebles confortables y todo tipo de instalaciones tecnológicas curiosas, pero
lo que realmente atrajo la mirada de Se-hwa fue la fogata que crepitaba en la
entrada cóncava de la cabaña.
Ki Tae-jeong acercó
una silla plegable para sentar a Se-hwa frente al fuego y colocó diversos
alimentos sobre la parrilla. Tenía pocas expectativas porque el tiempo
apremiaba, pero por suerte pudo armar algo decente.
Carne marinada,
brochetas de camarones, verduras y frutas limpias subían sin cesar a la
parrilla. Cuando empezó a asar piña espolvoreada con azúcar y canela, Se-hwa lo
miró con desconfianza como si no lo entendiera, pero tras probarla, abrió mucho
los ojos ante el dulce sabor único potenciado por el calor. Cuando le puso en
la mano un malvavisco derretido y esponjoso, aunque fingió no tener interés, se
comió más de la mitad.
Ki Tae-jeong recorrió
con la mirada a Se-hwa, que tenía azúcar en la comisura de los labios, durante
un buen rato. Era algo asombroso. Aunque tenía los labios apretados en una
línea recta, podía sentir que estaba sonriendo, y que algo tan simple como esto
le subía el ánimo…. Bueno, tú siempre fuiste una persona que era feliz con las
cosas más pequeñas.
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Pero, incluso así, de
repente Se-hwa agachaba la cabeza. Tras mostrar un poco de interés en lo que le
enseñaban y le daban de comer, parecía sentirse patético por emocionarse con
tales cosas y volvía a bajar el cuello, recuperando pronto un rostro
melancólico.
Ki Tae-jeong quería
besar esas cejas tristes y hermosas. También quería acariciar ese rostro
delgado para decirle que nada de esto era su culpa. Pero Lee Se-hwa, que solía
sonreír con una sola cereza como si tuviera el mundo entero, ahora intentaba
ser estricto consigo mismo como si no tuviera derecho a sentir ninguna alegría.
En parte era por
haberse rendido ante lo sucedido con él, pero también parecía ser que el hecho
de que pudieran quitarle al niño debido a su origen —independientemente de si
ocurría o no, el simple hecho de que se discutiera— era lo que le impedía
sonreír.
Ki Tae-jeong robó una
mirada al perfil de Se-hwa, que se calentaba las manos frente al fuego mientras
movía las mejillas. Sabía que se sentiría abrumado si lo miraba fijamente, así
que intentó no hacerlo, pero inevitablemente su mirada fue cautivada.
Su flequillo, que
había crecido un poco, se mecía con la brisa, y el reflejo del agua brillaba
sobre su frente redondeada y sus mejillas. Como ya era el inicio del otoño, la
noche refrescaba bastante. El tiempo pasaba tan rápido que sentía que, si
cerraba y abría los ojos, la estación en la que conoció a Se-hwa por primera
vez llegaría de golpe.
"Lee
Se-hwa."
Sintiendo una opresión
que subía desde lo más profundo de su ser, Ki Tae-jeong se levantó bruscamente
de su asiento.
"Tengo algo… que
darte."
Inspiró profundamente
mientras tomaba una bolsa de compras que estaba discretamente colocada a la
entrada de la cabaña. Sentía que, si no hablaba ahora, no podría hacerlo nunca.
#126
Se-hwa parpadeó dócilmente al ver la voluminosa bolsa de compras.
Ki Tae-jeong vaciló un momento tras dejar el objeto a sus pies. Al ver el rostro de Se-hwa, el más sereno que le había visto últimamente, no podía evitar que los malos pensamientos afloraran de nuevo. A pesar de haber visto hace apenas unos instantes cómo Se-hwa se sumergía en su propia introspección, pensaba descaradamente: '¿No mejoraría si sigo consolándolo así?'.
No podía ser. Tenía que dejarlo ir.
Sí, lo dejaría ir. Pero... es la última vez.
Entonces, ¿no estaría bien estar juntos hasta hoy?
Había oído que, si caminaban un poco más, encontrarían un alojamiento donde se podía dormir mirando las estrellas. Si usaba eso como excusa y le pedía, por favor, dormir abrazado a él solo por esta noche, solo una vez... el blando y bondadoso Lee Se-hwa podría permitírselo.
¿Qué debería hacer, decírselo? El ambiente no parecía tan malo hasta ahora....
Ki Tae-jeong, que estuvo a punto de soltar esas palabras impulsado por la codicia que le subía hasta la punta de la lengua, recuperó el sentido al ver el uniforme de paciente de Se-hwa ondeando al viento.
Rodar una escena melodramática o ponerse sentimental no era algo que cualquiera pudiera hacer. Para eso también se requiere tener derecho. A un hijo de puta como él, que incluso en este estado ponía su propia codicia por delante, no se le permitirían tales cosas.
Ki Tae-jeong suspiró llevándose una mano a la frente y se echó el flequillo hacia atrás con fuerza. Esto no terminaría nunca de esta forma. ¿Acaso existe un día perfecto para rendirse? Un día se convertiría en dos, dos en tres, luego en una semana, en un mes, y al final no sería capaz de soltarlo. Lo sabía perfectamente, y por eso le había pedido a el general Oh Seon-ran que se llevara a Se-hwa hoy mismo.
Si el general Oh Seon-ran llegaba a la hora acordada, tendría que despedir a Se-hwa sin una explicación o un saludo adecuado. Ya sentía que el pecho le iba a estallar por la montaña de cosas que no había podido hacer por él; no podía arruinar también el último adiós.
Ya que había fallado en mostrar una imagen gallarda y afectuosa, al menos quería que se sintiera normal. Quería darle un saludo común, de esos que la gente normal intercambia al separarse: decirle que esperaba que no sufriera más, que deseaba que fuera feliz haciendo lo que quisiera y descansando tranquilamente....
"Toma."
"¿Qué... es, esto?"
Sorprendido, a Se-hwa se le escapó un gallo al final de la frase sin darse cuenta. Ki Tae-jeong soltó una risita ante ese sonido infantil, pero Se-hwa estaba demasiado desconcertado como para sentirse avergonzado.
Lo que Ki Tae-jeong sacó de la bolsa era el mismo bolso que Se-hwa había tirado en el restaurante del Segundo Anillo. Lo había arrojado a la basura porque necesitaba ocultar su apariencia para subir al barco... no entendía por qué ese objeto salía ahora de las manos de aquel hombre.
"No me diga, General, que usted lo recogió... y lo tuvo escondido todo este tiempo... "
"No es eso."
"…Pero…."
"Entiendo por qué sospechas eso, pero míralo de cerca."
Ki Tae-jeong le entregó el bolso diciéndole que primero lo tomara, lo examinara y luego hablaran. Se-hwa recibió el objeto sintiéndose aturdido.
Tal como él había asegurado, no hacía falta mirar con demasiado detalle. Con solo acariciar la superficie y las esquinas del bolso se podía notar. El material y el acabado no tenían punto de comparación con el que él solía llevar; era inmensamente lujoso y sofisticado. Era casi un desperdicio haber usado materiales tan finos para crear un bolso con un diseño tan rústico.
"Como solo imité la apariencia que te resultaba familiar, puede que haya diferencias en los detalles minuciosos."
"……."
"Como llevabas ese trasto viejo a todos lados como si fuera un tesoro sagrado, siempre quise comprarte uno nuevo que estuviera bien…."
'Cuando te traje un montón de cosas caras a la habitación, hiciste un berrinche diciendo que no querías eso', recordó Ki Tae-jeong chasqueando la lengua ligeramente. No parecía que estuviera regañándolo de nuevo, sino que actuaba con ligereza para quitarle peso a la situación a su manera.
"Me hiere un poco el orgullo terminar entregándote algo como esto, pero... de alguna manera es mi culpa que tuvieras que tirar el que solías usar con frecuencia."
"……."
"Originalmente planeaba mostrártelo cuando te dieran el alta y volvieras a la residencia oficial…."
Ki Tae-jeong estiró la mano y tocó suavemente la correa del bolso que colgaba lacia.
"Como ya no podrá ser así, te lo doy ahora."
¿Ya no podrá ser así? Era una frase con un significado tan incierto como el regalo que no comprendía.
Bueno, de todos los regalos costosos que Ki Tae-jeong le había dado hasta ahora, este era el que más le gustaba, pero la situación era demasiado extraña como para darle las gracias. Era debido a que, tal como decía Ki Tae-jeong, él no era ajeno al motivo por el cual tuvo que tirar su bolso.
Por supuesto, como la elección fue suya, no pretendía culparlo a él por eso con resentimiento. Sin embargo, el odio también es un hábito y le resultaba difícil soltar una palabra amable de inmediato. Aunque era consciente de que se trataba de una situación aparte, no le salía ni el agradecimiento ni el rechazo para decirle que ya no necesitaba que lo cuidara... literalmente, no salía ninguna palabra.
'Ese hombre me hizo sufrir constantemente. Así que, ¿no está bien ser así?', pensó. Un sentimiento infantil y malvado brotó como espinas.
Se-hwa se frotó repetidamente los ojos, que se sentían secos por el viento salino. En realidad, no le picaban tanto, pero se sentía patético por actuar de forma tan inmadura; era una acción que realizaba simplemente para evitar la mirada fija del hombre que lo observaba.
Se-hwa, que solo tragaba suspiros pesados, dejó escapar un quejido al recordar algo de repente. Ahora que lo pensaba... después del alta... había estado posponiendo esa conversación hasta ahora.
Había un par de temas que mantenía apartados mientras daba vueltas en el mismo punto con Ki Tae-jeong, y uno de ellos era su lugar de residencia tras salir del hospital.
Ki Tae-jeong daba por sentado que volvería a la residencia oficial e incluso estaba decorando la habitación del bebé, pero Se-hwa no tenía la más mínima intención de hacerlo. De hecho, había dejado clara su voluntad varias veces, pero no lograba avanzar porque él fingía no saber nada, como si fuera sordo.
Él también lo sabía. Que para cerrar adecuadamente el problema de su paradero, antes debía resolver ciertas cosas obligatoriamente.
El asunto de la patria potestad del niño, y redefinir su relación con Ki Tae-jeong….
Lo sabía, pero no había tomado una postura firme con la excusa de que el juicio estaba cerca. Estos días, en los que se sentía como una boya a la deriva sin saber siquiera por qué vivía, no tenía la energía ni el valor para pelear de nuevo con Ki Tae-jeong y salir herido para conquistar algo. Rogar para que cumpliera su promesa fue lo máximo que Se-hwa pudo hacer en aquel entonces.
Pero si ese juicio problemático ya estaba más o menos resuelto... no podía seguir fingiendo que no pasaba nada. ¿Debería aprovechar para pedirle que cumpla su promesa?
Se-hwa, que jugueteaba incesantemente con la correa del bolso, finalmente abrió la boca como si se hubiera decidido, hablando entre dientes.
"General."
"Lo sé."
"…Yo,"
"Sé lo que quieres decir."
"……."
"Quieres decir que el juicio terminó, así que realmente terminemos con esto, que no tienes intención de vivir conmigo… es eso lo que vas a decir, ¿no?"
Al ser pillado por sorpresa, Se-hwa no pudo responder nada, y Ki Tae-jeong soltó una carcajada corta preguntando: 'Siempre me lo pregunto, ¿cómo demonios llegaste a subir hasta el puesto de jefe de oficina?'.
"Saca lo que hay dentro."
¿Había algo dentro? Al agitar ligeramente el bolso, sintió que algo rodaba de un lado a otro. Se-hwa abrió la cremallera con vacilación. Lo que yacía dentro del bolso era una tableta de última generación del tamaño de la palma de la mano.
"No necesito algo como esto…."
"No tienes que quedártelo, solo míralo y firma."
"¿Firma…?"
Parecía que no tenía configuración de bloqueo, pues la pantalla se activó de inmediato con solo un ligero toque de sus dedos. Y allí había….
"Gen… eral."
Se-hwa no pudo procesar las letras grandes que aparecieron de inmediato y tuvo que repasarlas varias veces en voz baja.
Renuncia a la patria potestad.
Si sus ojos no le engañaban, eso era claramente lo que estaba escrito.
"Yo ya terminé de firmar y de enviarlo, así que solo falta tu consentimiento."
"……."
"Firma en el espacio en blanco y pulsa el botón de enviar, con eso terminará todo."
Nombre del solicitante: Ki Tae-jeong. Profesión: Militar. Observaciones: Oficial…. No cabía duda de que este documento lo había redactado el hombre frente a sus ojos. Se-hwa jugueteó sobre la pantalla de la tableta con rostro aturdido. No es que pudiera verificar la autenticidad haciendo eso, pero lo hacía inconscientemente por su hábito de palpar las cartas de juego.
"Como bien sabes, esa apuesta de los tres puntos, esa promesa… no quería cumplirla. Ya conoces mi carácter."
"……."
"Tu estado parecía estar mejorando respecto al principio y me dijiste que pronto empezarías la terapia psicológica… así que pensé que las cosas cambiarían, que al final me aceptarías; intenté aguantar fingiendo no saber nada hasta el final. Pero…."
Ki Tae-jeong desvió la mirada del rostro de Se-hwa y la fijó en cualquier otro lugar. En medio de la oscuridad que caía plácidamente, las chispas anaranjadas de la fogata crepitaban suavemente mezclándose con la iluminación. Sobre el rostro del hombre, cuya belleza era innegable sin importar cuándo se mirara, afloraron diversos sentimientos como ráfagas de fuego.
"Pero si borro todos mis derechos y mi existencia, si renuncio por completo a ti y al niño... ustedes dos se convertirán en la única sangre del general Oh Seon-ran."
"……."
"De ese modo, el niño no volverá a ser discutido como un sujeto de experimentos, ni tú serás mencionado por la gente como un habitante de clase baja. Aunque yo no tenga nada más que las insignias de rango que llevo en el pecho, ponerse en contra del general Oh Seon-ran y de una familia de linaje antiguo y prestigioso debe de ser algo inquietante para ellos."
"……."
"Ahora mismo todos están soltando estupideces sin recobrar el juicio... pero pronto se darán cuenta, tal como dijo el general Oh Seon-ran."
Ki Tae-jeong, que observaba la fogata con terquedad, finalmente se volvió hacia él.
"Así que, de ahora en adelante, no ocurrirá nada de lo que te preocupa."
La mano de Se-hwa que sujetaba la tableta se tensó involuntariamente. Entonces, ¿ahora, de verdad Ki Tae-jeong... iba a renunciar a la patria potestad? ¿Y además por temor a que el niño fuera usado como objeto de experimentos, o para evitar que se dijera algo similar? ¿Ese hombre realmente se retiraba por esa razón?
"Si renuncia... a toda la patria potestad, si ocurre eso, General."
"……."
"No tendré… ni una sola razón para depender de usted."
"……."
"La razón para… estar así, aguantando a su lado como ahora… desaparecerá."
"……."
"¿Lo hizo… sabiendo todo eso?"
Se había quedado al lado de Ki Tae-jeong a duras penas porque no podía ni siquiera cambiar el apellido del niño a su voluntad. Mientras su corazón se angustiaba pensando en qué le haría al niño si él se portaba mal, a menudo se quedaba pensativo preguntándose qué eran él y este hombre, cómo demonios se llamaba esta relación.
Pero ahora ya no había necesidad de eso. La patria potestad de Hae-rim era totalmente suya, y al tener el sólido escudo de ser el hijo adoptivo de Oh Seon-ran, Ki Tae-jeong ya no podía obligarlo a nada.
Era natural que le costara creerlo. Aunque había mencionado la apuesta para instarlo a cumplir su promesa, en el fondo de su corazón no tenía grandes expectativas. Pensaba que se limitaría a expresar que su voluntad era esa y que buscaría otra forma después del juicio….
¿Así que el final con este hombre es así, tal cual?
"Como soy un cabeza hueca sin remedio, acordamos decir que el general Oh Seon-ran se opuso diciendo que nunca entregaría a su preciado hijo y que yo no tuve más remedio que retirarme."
"……."
"Por ahora, si aparece gente que te moleste preguntando qué pasó conmigo, ignóralos. Bueno, no creo que haya ningún loco que se atreva a dirigirte la palabra a la ligera, pero…."
Se-hwa solo sujetaba la renuncia a la patria potestad, que ni siquiera podía ver bien con sus ojos. Tanto la playa, que se extendía ante él como un anuncio publicitario repentino, como Ki Tae-jeong, que hablaba con naturalidad sobre dejarlo ir como si no fuera gran cosa... todo carecía por completo de sentido de la realidad.
"el general Oh Seon-ran llegará pronto."
Ki Tae-jeong, tras consultar el reloj, rebuscó de nuevo en la bolsa de compras y sacó un par de zapatos. Si su memoria no fallaba, era... el mismo diseño de los zapatos de bebé que él había tirado mientras lloraba anteriormente.
"No tendrás más remedio que seguir en la sala de recuperación, pero como yo planeo estar ausente por mucho tiempo, descansa tranquilo sin preocuparte por cruzarte conmigo."
"Estar ausente… por mucho tiempo…."
"Ya he descansado bastante, así que debo ir a hacer lo que hacía originalmente."
Pero si es un oficial de la fuerza aérea. Tanto el edificio del Ministerio de Defensa como su residencia oficial están dentro del Quinto Anillo... ¿cómo puede asegurar que estará ausente por tanto tiempo?
Algo... era extraño. No había nada en sus palabras que fuera contradictorio, pero no podía deshacerse de una sensación de inquietud, como si algo le estuviera royendo las entrañas. Se-hwa movió los ojos con nerviosismo y llamó a Ki Tae-jeong con cautela.
"General, por si acaso... ese trabajo,"
"Me han dado otra estrella."
Ki Tae-jeong interrumpió la frase como si no lo hubiera oído, se agachó y le quitó a Se-hwa las pantuflas de hospital que llevaba puestas. Luego, sin darle importancia, hincó una rodilla en el suelo.
"¿General…?"
Sin prestar atención al llamado de Se-hwa, que mezclaba extrañeza y sorpresa, Ki Tae-jeong colocó con firmeza el pie de Se-hwa, manchado de arena, sobre su propia rodilla.
"Ya no soy General de Brigada, sino General de División."
"……."
"Y tengo previsto ascender a Teniente General en un año. Por eso tendré mucho trabajo en adelante."
Ki Tae-jeong limpió todos los granos de arena brillantes que estaban pegados al pie y le puso el zapato que había preparado. Estaba tan concentrado, con tanta intensidad y esmero como si estuviera cargando un arma para una tarea tan nimia, que era difícil incluso dirigirle la palabra.
"¿Qué pasa? ¿Quieres seguir viendo mi cara?"
El zapato le quedaba perfecto, como si hubiera sido hecho a medida. No era solo que la talla fuera la correcta; sentía que no podría conseguir en ningún otro lugar un zapato que se ajustara de forma tan cómoda.
"Aunque no quieras verla, la verás, porque apareceré con frecuencia en las noticias."
"……."
"Para que no puedas olvidar mi rostro, de ahora en adelante pienso mostrarme por todas partes con empeño, aunque sea molesto y una mierda."
Es extraño. Ahora mismo, definitivamente, algo es... extraño.
Se-hwa se apretó el pecho sin saber qué hacer. En cierto modo, era el momento que tanto había esperado. Sin embargo, le dolía el pecho como si le hubiera golpeado una piedra angulosa. No podía respirar bien, por lo que sus hombros subían y bajaban notablemente sin querer. No es que todavía le gustara, para nada, pero sentía un vacío y un ardor como si tuviera un agujero en el pecho.
"Sí, es absurdo, ¿verdad?"
"……."
"Sé muy bien... que me quisiste con todas tus fuerzas, a un tipo como yo que incluso en este momento no puede evitar tener estos pensamientos."
Ki Tae-jeong, que había estado mirando fijamente sus propios pies durante un buen rato, finalmente levantó la cabeza. Parecía la primera vez. La primera vez que Ki Tae-jeong lo miraba de abajo hacia arriba de esa forma….
"Me gustaría pedirte que me perdones una vez más, prometiendo que nunca volveré a decir palabras crueles ni a hacer cosas malas…."
"……."
"Pero parece que para eso ya es demasiado tarde…."
Ki Tae-jeong masajeó suavemente la punta del zapato un par de veces y se levantó lentamente. La arena cayó a raudales desde la rodilla que tenía hincada. Era tan fina que se deslizó por completo sin dejar rastro en la tela.
Ki Tae-jeong lo miró con una mirada densa. Permaneció allí de pie durante mucho tiempo sin parpadear, como si quisiera grabarlo en su retina para no olvidarlo jamás.
Se-hwa, que recibía esa mirada profunda, recordó de repente aquel momento que pensó que se había quemado hasta convertirse en cenizas. En la escalera mecánica del centro comercial, parados al mismo nivel, los ojos de Ki Tae-jeong fluctuaban exactamente así cuando le susurraba que algún día irían a ver ese mar juntos….
"Gen, eral…."
"Siento todo lo que pasó, Se-hwa."
"……."
"Muchísimo."
La mano grande que una vez fue el mundo de Se-hwa acarició suavemente su cabello, que ondeaba a merced del viento, echándolo hacia atrás.
#127
'General'. Aquel llamado áspero, que ni siquiera llegó a ser un sonido articulado, se dispersó vanamente en su boca. Aunque era imposible que no hubiera notado ese rastro, Ki Tae-jeong no le preguntó por qué lo llamaba. En otro momento, le habría reprochado diciendo que lo desesperaba... o quizás, siendo el hombre de estos últimos días, se habría alegrado preguntándole qué se le ofrecía para que lo llamara primero.
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Cada vez que parpadeaba, ráfagas de recuerdos de Ki Tae-jeong pasaban velozmente ante él.
El almacén de aguas residuales; la oficina improvisada llena de muebles baratos; el refugio del Primer Anillo por el que corrió con él entre las llamas y el auto deportivo que volaba por el cielo; el búnker sin una sola ventana; el beso compartido en su humilde alojamiento; la enorme y blanquinegra residencia de Ki Tae-jeong; el invernadero de cristal del edificio gubernamental; aquella tarde tranquila en la que eligieron manzanas juntos; el majestuoso hospital construido como un templo y el suelo frío del edificio del Ministerio de Defensa; el olor a moho rancio dentro del contenedor donde estuvo acurrucado; la vieja habitación de hostal en el Segundo Anillo; la playa aceitosa del Segundo Anillo con las luces que teñían el mundo de blanco hasta cegar, y....
En cada uno de esos momentos, la voz del hombre llamándolo se apilaba capa tras capa como una torre. Con el paso del tiempo, su forma de hablar autoritaria se había vuelto cada vez más suave. '¿Por qué me habla así?', se preguntaba Se-hwa; sobre aquellas burlas vulgares que antes le hacían saltar las lágrimas de angustia, algo cálido comenzó a posarse poco a poco. Al llegar al final, era un calor tan ardiente, como si fuera a consumirlo todo, que le resultaba imposible ignorarlo.
Se-hwa cerró y abrió los ojos profundamente para desprenderse de las imágenes residuales que se le pegaban con persistencia. El que estaba frente a él seguía siendo aquel hombre, Ki Tae-jeong.
A pesar de ser alguien que ni siquiera se inmutó tras beber un veneno fuerte, el hombre ante sus ojos parecía alguien que había muerto y resucitado varias veces. Sus pupilas pálidas, su mandíbula afilada como un risco.... La mirada azabache del hombre que, desde cierto momento, ya no le decía 'cariño' sino 'Lee Se-hwa', hurgaba dolorosamente en el interior de Se-hwa.
Desde la frente hasta la sien, pasando por la mejilla y terminando en la barbilla, el tacto de Ki Tae-jeong lo rozó y luego se apartó. Del aroma a tabaco que envolvía su cuerpo como una armadura, ya no quedaba ni rastro.
"……."
Ki Tae-jeong quería decirle una frase más a Se-hwa, por lo que siguió rebuscando entre las oraciones apiladas en su interior. Sin embargo, por más que elegía y seleccionaba, una vez que apartaba todos los adornos humildes que se le pegaban, al final solo quedaba esa única frase: 'lo siento'.
Le había vuelto a mentir a Se-hwa. ¿Que mostraría su rostro con frecuencia en las noticias? Eso era imposible. Que su nombre saliera en los medios solo ocurriría si el espacio aéreo del país fuera vulnerado y se informara la noticia funesta del inicio de una invasión. Quizás, si sufría un accidente inesperado, se informaría brevemente su deceso... pero como ambos casos eran realísticamente improbables, no habría forma de que Se-hwa se angustiara por ser asaltado por su rostro en ninguna parte.
Pero si le decía que regresaba al campo de batalla, y que además planeaba ir solo a los lugares más peligrosos, Lee Se-hwa seguramente lloraría. Ahora que por fin empezaba a mostrar sus garras, a rechazarlo y a alzar su propia voz... no quería que se viera impedido de odiarlo con todas sus ganas. Por eso, debía actuar con la mayor naturalidad posible, como si no fuera gran cosa.
El viento sopló arena sobre los zapatos de Se-hwa, que habían sido entregados mucho tiempo después de lo debido. Ki Tae-jeong volvió a inclinar el cuerpo para hacer sombra con su mano sobre ellos. De pie, dando la espalda al mar, se esforzó para que nada se posara sobre los pies de aquel ser preciado que pronto debía partir.
El día que se conocieron por primera vez, Se-hwa caminó chapoteando en un charco de agua sucia y estaba encogido como si hubiera intuido algo. En aquel entonces, en lugar de preguntarle si estaba bien, se burló de él preguntándole si él era 'la famosa flor'; por eso, al despedirse, quería evitar que incluso la arena de la playa tocara sus pies. 'Espero que ahora sepas que te considero alguien sumamente valioso...'.
Parte de la pila de leña que empezaba a consumirse se derrumbó con un estrépito. Como si ese sonido fuera una señal, a lo lejos se escuchó el tenue ruido de un motor cortando el silencio. Parecía que el general Oh Seon-ran había llegado.
"Olvida todas las cosas crueles que te dije... y vive bien."
"……."
"Junto al niño, sé feliz."
No estaba lloviendo, pero sobre la coronilla de Ki Tae-jeong, sobre la punta de los zapatos de Se-hwa y sobre la arena blanca, cayeron gotas redondas de agua de golpe. Ki Tae-jeong, fingiendo no darse cuenta, acarició con terquedad los zapatos nuevos de Se-hwa.
El estruendo creció hasta que fue imposible ignorarlo. Solo entonces Ki Tae-jeong levantó la cabeza, como si hubiera tomado una decisión final.
El cuello delgado de Se-hwa, que mantenía agachado, temblaba levemente.
Era el rostro afligido de la persona amada, manchado por todo tipo de emociones, ese rostro que él mismo había arruinado.
"Ya no sufras más."
Aun sabiendo que Se-hwa no podría verlo bien debido a que las lágrimas nublaban su vista, Ki Tae-jeong se esforzó por mostrar una leve sonrisa. Quería ser recordado con este aspecto, y no con ese rostro de demonio que solía lanzarle palabras hirientes y ponerle una correa al cuello.
La puerta del coche se abrió y se escuchó el sonido de botas militares raspando el suelo en formación.
Realmente, era el final. Ki Tae-jeong soltó los zapatos de Se-hwa que envolvía con sus manos y se puso de pie cuan largo era.
...En realidad, en lugar de decir que lo sentía, que fuera feliz o que no sufriera más,
que lo amaba,
que te amo, Se-hwa,
era eso lo que quería decirte.
*
"Así que, cuando sacamos todo lo que estaba sellado dentro del Z2 y comenzamos el análisis de componentes, ese tipo, el Segundo Teniente Kim... no, Kim Seok-cheol, no sabes cómo pataleaba…."
La voz del general Oh Seon-ran era sumamente amena. No es que estuviera realmente entusiasmada, sino que se esforzaba por parecer alegre por él, que todavía tenía lágrimas colgando de sus pestañas.
"Ah, por cierto, Se-hwa. ¿Me dijeron que una vez pasaste por los puestos de control usando spray de bronceado en la cara?"
"…Ah, sí."
"Ese spray también apareció como evidencia y, en el proceso de inspección, ¿no crees que salió una lista de altos cargos que entraban y salían de la ciudad a escondidas usando ese método? He decidido arrestarlos a todos de una vez. A lo sumo será una multa ligera, pero siendo nada menos que Ki…."
el general Oh Seon-ran, que estuvo a punto de mencionar el nombre de Ki Tae-jeong sin darse cuenta, se detuvo y carraspeó levemente.
"Ejem, en fin... como son tipos que nunca han dejado que nadie les encuentre un punto débil, fue un espectáculo ver cómo se ponían furiosos."
La enorme carrocería del vehículo se deslizó suavemente fuera del puerto. Las calles del Quinto Anillo, que ya le resultaban bastante familiares, brillaban con sus luces a lo lejos.
El coche del general Oh Seon-ran era más grande que el de Ki Tae-jeong. El color de la matrícula era un poco diferente y los adornos incrustados aquí y allá eran mucho más lujosos. El ruido del motor que se oía desde fuera era imponente, pero una vez dentro era silencioso, en eso sí era igual al coche de Ki Tae-jeong....
Ah, ¿dijo que ya no era General de Brigada sino General de División? ¿Qué tan alto sería ese rango y qué tan importante sería ese puesto?
Se-hwa, con el bolso reluciente apoyado torpemente sobre sus rodillas, miró distraídamente por la ventana. Dijo que después de General de División seguía el de Teniente General, así que el siguiente sería el de General de Ejército.... Si era así, puede que este coche en el que estaba montado ahora fuera una de las cosas que Ki Tae-jeong tanto había anhelado.
"¿Quieres beber un poco de agua?"
"…Sí, gracias."
Al humedecer sus labios secos, de forma absurda, una lágrima que creía agotada rodó de golpe. Parecía que toda la humedad de su cuerpo se estaba usando para llorar.
A pesar de su vestimenta ridícula, usando zapatos nuevos que no pegaban con el uniforme de paciente, el general Oh Seon-ran no dijo nada. No le preguntó qué había hablado con Ki Tae-jeong hasta aquí, ni qué habían decidido hacer en adelante... el general Oh Seon-ran no preguntó nada. Simplemente le entregó un pañuelo en silencio, sin dejar escapar siquiera un suspiro innecesario.
Solo cuando el llanto intenso comenzó a calmarse, el general Oh Seon-ran empezó a relatar los pormenores del juicio, diciéndole que lo escuchara con tranquilidad como si fuera música de fondo.
Al escuchar esas charlas ligeras y cómicas sobre cómo los malvados que los mencionaban a él y al bebé se habían metido en graves problemas, y cómo un viejo que estaba eufórico pensando en sacar tajada incluso llegó a perder la peluca... sintió que se calmaba un poco.
Se-hwa se presionó los ojos con la manga del cárdigan mientras pensaba en esa pérdida a la que no estaba acostumbrado. 'Cualquiera lloraría así al oír que es el final, ¿verdad? Así que esto es... una lágrima refleja, como un hábito, ¿no? No es porque me quede algún arrepentimiento respecto a Ki Tae-jeong...'.
"Seguramente no te parece real todo lo que está pasando. A mí me pasa lo mismo ahora."
Al juzgar que Se-hwa se había calmado un poco, Oh Seon-ran finalmente confesó sus sentimientos con voz suave.
"Durante muchísimo tiempo, mi objetivo fue uno solo. Encontrar al hijo de Jin-woo, encontrarte a ti... mi vida consistió únicamente en eso."
"……."
"Ya sabes bien que actué de forma ciega convencida de que lo lograría... pero la verdad es que, en lo más profundo de mi corazón, ya me había resignado pensando que era imposible. No quedaba ni una sola pista y habían pasado más de veinte años... aun así, seguí investigando a los traficantes y vagando por el extranjero. Porque…."
"……."
"Porque si no tenía eso, si no hacía al menos eso, mi vida no tenía ningún sentido."
el general Oh Seon-ran sacudió la cabeza diciendo que realmente había estado cegada por completo.
"Sin embargo, te encontré como por milagro. Todavía hoy me despierto y me quedo pensando... pensando un buen rato. El día de hace veintiún años está tan vívido, el rostro de Jin-woo llorando al recordarte todavía se vislumbra ante mí... me cuesta tanto creer que por fin nos hayamos encontrado a salvo…."
"……."
"Pero, sabes, a pesar de estar claramente feliz, de repente empecé a sentirme ansioso por lo que vendría después. Siempre me había prometido vagamente que, si encontraba al hijo de Jin-woo, lo haría vivir bien incluso por lo que él no pudo, pero nunca había trazado un plan concreto sobre qué o cómo lo haría exactamente…."
Dijo que nunca imaginó que realmente podría encontrarlo, ni que llegaría un día en el que volvería a sonreír de esta manera; el general Oh Seon-ran curvó levemente las comisuras de sus labios.
"Imagino que para ti, Se-hwa, será algo parecido."
"……."
"Tú también habrás vivido deseando algo con fervor durante el mismo tiempo que yo pasé buscándote. Querer pagar todas las deudas e ir al Primer Anillo, o... ejem, querer ser amado por el General Ki Tae-jeong... o querer proteger al niño... cosas así. Por supuesto, también habría muchos deseos pequeños que yo ni siquiera puedo imaginar…."
"……."
"Algunos se habrán cumplido y otros habrán quedado para siempre como algo inalcanzable. Aunque estoy indeciblemente feliz por haberte encontrado, tristemente hay un tiempo pasado que tú nunca podrás recuperar. Los sentimientos no son como un trueque; obtener algo nuevo no significa que el lugar que quedó vacío se rellene."
En la voz del general Oh Seon-ran, que murmuraba bajando la mirada ligeramente, se percibía mucha soledad.
"Pero... ¿qué se le va a hacer? Hay que vivir."
"……."
"Pienso tomarme mi tiempo para reflexionar. Qué esfuerzos debo hacer para que seamos una verdadera familia y no solo padre adoptivo e hijo, qué tareas puedo desempeñar ahora que debo quedarme en el país y cómo debo mantener mi posición para fortalecer este nuevo cercado que he construido, yo... que por fin he cumplido mi deseo de toda la vida... hacia qué dirección debo dirigirme ahora…."
"……."
"Y yo, Se-hwa, quisiera que tú también hicieras esta reflexión."
el general Oh Seon-ran se inclinó y dio unos golpecitos en el dorso de la mano temblorosa de Se-hwa.
"Ya fuera por amor o por odio, tu corazón habría estado completamente lleno de sentimientos por esa persona... y como eso se ha vaciado en un instante, es natural que llores y sientas un vacío por dentro. No intentes llenar ese lugar a la fuerza. No hace falta."
Le dijo que ya no pensara en deseos tristes como pagar una deuda astronómica o querer ser una persona en lugar de un habitante de clase baja. Que a partir de ahora podía pasar sus días pensando en cosas triviales, como qué comer hoy, o si no quería hacer nada simplemente dormir profundamente, o quizás irse de viaje de repente.... Le consoló diciéndole que, si hacía eso, llegaría otro día. Aquello parecía, quizás, un consuelo que se dirigía a sí misma más que a él.
"Me dijeron que tu símbolo cuando estabas en la Casa era el mes de marzo... ¿es correcto?"
A Se-hwa le ardía el interior de la garganta como si hubiera tragado cristales pulverizados, por lo que apenas pudo asentir con su pesada cabeza.
"Cuando recibí el primer informe de mi ayudante, pensé que marzo era la carta más genial."
Un suspiro cargado de autodesprecio escapó de él sin querer. No esperaba un consuelo tan grandioso. Marzo era solo Sakura, Hongdan, Samwol-i... no era más que un pétalo de flor del tamaño de una uña al que cualquiera podía llamar de cualquier forma. Era la carta de Hwatu más insignificante, que no encajaba para nada con el nombre de Se-hwa, el cual le fue dado junto con el buen deseo de que creciera como una flor extremadamente fuerte.
"Está bien, no hace falta que... llegue a tanto…."
"Lo digo en serio. No sé mucho de Hwatu, pero por lo que veo, solo marzo tiene algo parecido a una cortina, ¿no?"
Eso era cierto. En los otros meses siempre suele haber un animal o una persona, pero en marzo no había nada de eso dibujado. Tras las flores dispersas, solo colgaba una cortina negra solitaria. Marzo era una carta solitaria donde no se podía encontrar ni la sombra de un ser vivo.
"¿No crees que el hecho de no saber qué hay tras la cortina significa precisamente que tienes la posibilidad de convertirte en cualquier cosa? Al ver que solo marzo era así, pensé: 'Sin duda es el hijo de Jin-woo, no, es mi hijo'."
Era una interpretación demasiado generosa. Estaba agradecido con el general Oh Seon-ran por darle un significado tan maravilloso a su apodo despectivo, y.... Absurdamente, las lágrimas brotaron de nuevo, con un sentido diferente al de antes. No entendía por qué no dejaba de llorar y se sentía harto de sí mismo... pero sus lagrimales no se detenían, como si se hubieran estropeado.
"Se-hwa, intentemos vivir."
Con una voz que dolía a quien la escuchara, el general Oh Seon-ran le suplicó encarecidamente.
"Sin esforzarte por estar bien, sin necesidad de borrar ese rastro... simplemente intentemos vivir bien de nuevo."
"……, …Sí."
El gesto de Se-hwa, que asentía distraídamente, se volvió cada vez más firme.
el general Oh Seon-ran tenía razón. Este lugar siempre pertenecería a Ki Tae-jeong. Sin importar cómo hubieran cambiado sus sentimientos por él, o que ahora ya no pudieran estar juntos, este espacio que se había quedado vacío no podía ser reemplazado por nadie más. Aunque Hae-rim fuera infinitamente valioso y estuviera tan agradecido con el general Oh Seon-ran que le daban ganas de llorar, esta no era un área que ellos pudieran llenar.
Como no podía volver atrás en el tiempo, no había otra forma que levantarse por sí mismo. Probablemente tendría que vivir durante mucho tiempo con un agujero en el pecho, pero al menos debería esforzarse para que las cenizas negras depositadas en su interior pudieran ser lavadas.
Porque ahora tenía a Hae-rim, y aunque él no fuera feliz, quería que el bebé lo fuera....
Sí, viviré.
"Yo también... seguiré pensando en cómo... en qué debo hacer…."
"……."
"Aún no sé muy bien cómo se hace para vivir bien, pero…."
De todos modos, con el tiempo todo se amortiguará. Si uno aguanta, las cosas terminarán fluyendo de alguna manera. Así que....
Se-hwa respiró profundamente varias veces y finalmente dejó caer su torso con pesadez.
Había querido alejarse de Ki Tae-jeong. Lo de pedirle que le entregara toda la patria potestad del niño no fue algo dicho al azar. Todo era sincero.
Que iba a mejorar, que iba a cambiar... no creyó ni un poco en esas palabras. Desde el día en que decidió engañarlo y escapar, nuestra relación ya estaba prácticamente acabada.
Ya era... un destino que había terminado.
Desde la superficie del bolso que rozó su nariz, llegó el tenue aroma del perfume de Ki Tae-jeong. Aspirando profundamente esa fragancia residual que pronto desaparecería, Se-hwa decidió que solo lloraría hasta hoy.
#128
Sacudió la muñeca un par de veces. Probó a doblar las yemas de los dedos y giró el brazo en círculos amplios para comprobar el rango de movimiento. A pesar de haber usado la dosis más débil, parecía que el efecto de la medicina había hecho lo suyo y ya estaba curado.
Ki Tae-jeong caminó con expresión impasible. Los adornos lujosos, ahora más numerosos que antes, tintineaban con cada uno de sus movimientos. Lo que más llamaba la atención era el símbolo de General de División que brillaba en dorado sobre su placa de identificación.
En los hombros del uniforme de gala lucía nada menos que dos estrellas y un crisantemo, mientras que en las solapas y los bolsillos colgaban insignias que simbolizaban al Estado Mayor y a la Fuerza Aérea.
Tener que dirigir operaciones de combate vistiendo una ropa tan poco práctica... solo a unos tipos que jamás han pisado un campo de batalla real se les ocurriría ordenar algo así como uniforme oficial. Por supuesto, existían los uniformes de fatiga y de campaña, pero debido a su rango, últimamente tenía que presentarse en eventos oficiales mucho más seguido, lo cual resultaba extremadamente incómodo.
"Ha llegado, Mi General."
Ki Tae-jeong asintió chasqueando la lengua levemente.
Ya no era General de Brigada, sino General de División (Sojang). Había pasado un tiempo desde que lo llamaban así de aquí para allá, pero el tratamiento seguía resultándole ajeno. En otras ocasiones no tardaba ni un día en adaptarse, así que se preguntaba cuál era el problema esta vez. ¿Sería cosa de la edad?
Ki Tae-jeong, perdido en pensamientos triviales, soltó una risita y clavó la mirada en el pasillo vacío. Era una pregunta estúpida con una respuesta obvia. Era porque no quería olvidar aquella voz que lo llamaba 'General' (Jun-jang-nim) con ese tono peculiar que se arrastraba un poco al final. Sentía que si se acostumbraba al nuevo título de Sojang, aquel pasado terminaría por desvanecerse como si nunca hubiera ocurrido; por eso, aunque ya portaba la estrella adicional que tanto había deseado, Ki Tae-jeong seguía mostrándose rígido.
"¿Dónde está Kim Seok-cheol?"
"Lo tenemos encerrado junto al dueño Son."
"¿Ya le administraron el tratamiento?"
"Sí. Está físicamente intacto. Muestra ligeros síntomas de convulsiones, pero dentro de lo habitual."
Seguramente las convulsiones se debían a la dificultad de soportar un estado físico que, gracias al tratamiento, volvía a estar perfecto como si nada hubiera pasado.
La sensación de tener las muñecas cortadas y el abdomen desgarrado seguía vívida en su memoria, pero su piel volvía a estar tersa y la hemorragia se detenía en seco, como si todo aquel dolor fuera mentira. Lo raro sería no volverse loco. Incluso Kim Seok-cheol, que estaba acostumbrado a ingerir el tratamiento, perdió la cabeza y empezó a aullar cuando su cuerpo estallaba y se recomponía de forma cíclica.
"¿Ya almorzó?"
"Sí."
Duerme solo lo necesario y come lo mínimo. Solo así puede mantenerse vivo y en movimiento.
Las ventanas descuidadas de la Casa traqueteaban incapaces de resistir el embate del viento invernal. Parecía que apenas había refrescado un poco cuando, en un abrir y cerrar de ojos, llegó el invierno y cambió el año. Sentía que había pasado una eternidad, pero al contar los meses, solo habían transcurrido cinco desde que Lee Se-hwa se marchó.
El viejo pasillo crujía con cada paso que daba. La Casa del Cuarto Anillo, que solo tenía vigilantes pero ningún administrador, era prácticamente una ruina. En diversos rincones del edificio, que ya de por sí era cutre, empezaban a brotar plantas extrañas, y el olor a humedad por el moho extendido como manchas de agua en techos y paredes no se iba.
A eso se sumaba el olor a metal, a lejía y ese aroma rancio característico del papel viejo; cualquier persona que entrara por primera vez sentiría náuseas de inmediato.
Aun así, el olor rancio de los libros de contabilidad o de las mantas solía disiparse un poco al abrir las ventanas, pero el hedor fétido de los fajos de billetes escondidos en cada rincón del edificio no salía con nada. Ya sabía que el olor al dinero guardado por mucho tiempo era bastante desagradable, pero de alguna manera, sentía que aquello también se debía a la oscura codicia de la gente que frecuentaba este lugar.
"¡Mi General! Acaba de llegar la noticia de que la solicitud de bancarrota del Teniente Coronel Kim ha sido denegada."
El Suboficial Mayor Choi —o mejor dicho, el Suboficial Jefe Choi— se entrometió con una sonrisa de oreja a oreja.
Cuando todo el asunto estaba por concluir, se les dio una opción a los ayudantes bajo su mando. Pensó que elegirían un cambio de nombre completo antes que un ascenso, pero para su sorpresa, todos eligieron los galones como si fuera lo obvio. Su lógica era que, si ya de por sí a los que venían de los campos de detención se les criticaba diciendo que su sistema era un desastre, el hecho de que los ayudantes de un General de División tuvieran un rango mediocre solo daría fuerza a esas críticas.
Normalmente les habría dicho que no dijeran estupideces y buscaran su propio camino, pero esta vez Ki Tae-jeong asintió en silencio. Como los méritos militares se acumularían pronto, se limitó a agradecer su lealtad de forma tosca, prometiendo que entonces les daría nuevos nombres y puestos más altos.
Ahora Ki Tae-jeong también se preocupaba, hasta cierto punto, por las apariencias externas. Solo así Se-hwa no saldría herido.
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'Dígame, esa gente que llevó cuando ocuparon la Casa por primera vez... ¿hubo algún criterio de selección?', le había preguntado inesperadamente el general Oh Seon-ran al cruzárselo en el edificio del Ministerio de Defensa poco después de que dejara ir a Se-hwa en la playa. A pesar de que pensó que lo ignoraría al pasar, él le hizo preguntas sobre cuáles eran sus normas para tener gente a su lado, cómo impartía los castigos o cómo eran sus métodos de recompensa... cosas irrelevantes como esas.
'Elegí principalmente a personas cuya muerte inmediata no supusiera un problema', respondió él.
'Entiendo lo de descartar espías... pero ¿y el resto? ¿Por qué? ¿Hay alguna razón para haber juzgado así? Es mucho más cómodo trabajar con tipos que sepan cerrar la boca en lugar de matarlos a todos'.
'Es más práctico usarlos y desecharlos de inmediato que andar eligiendo y examinando uno por uno a quién es de fiar'.
Lo de 'tipos a los que se puede matar' no se refería solo a los espías. Entre ellos había algunos que, insatisfechos con el trato estricto, soltaban la lengua innecesariamente bajando la moral de la unidad, y otros que, por venir del campo de detención, mostraban un desprecio velado.
También había tipos que trajo simplemente porque llamaron su atención sin motivo especial, y estos regresaron a la unidad sin mayores problemas. Tenía que haber algunos que salieran con vida para que se difundiera el rumor de lo doloroso que era no obedecer sus órdenes.
Sin embargo, el general Oh Seon-ran negó con la cabeza al escuchar aquello.
'¿Viste cómo el Teniente Coronel Kim, mientras preparaba el juicio, manejaba a su antojo a personas que para tus estándares son insignificantes? Ese médico, o esos padres obsesionados con el distrito escolar de sus hijos.... Puede que no sea una selección impresionante, pero el hecho de poder movilizar a esa gente en el momento en que uno los necesita es, sin duda, un arma que no se puede ignorar'.
'…….'
'Usted ya es un General de División. Ya que ha pospuesto su baja del ejército, le recomendaría que empiece a cambiar su forma de tratar a los subordinados. Si es que no quiere repetir el error de herir a Se-hwa'.
'…….'
'Es conveniente usar a las personas o las armas tanto como sirvan y luego desecharlas. Seguramente tu decisión de acosar a Se-hwa nació de ese tipo de juicio. No es que quisieras atormentar a ese chico a propósito porque te cayera mal, sino que querías usarlo eficientemente por ser el cómplice de Kim Seok-cheol, ¿verdad?'.
'…….'
'Pero imagino que con esta oportunidad te habrás dado cuenta de que ese método no era la única respuesta correcta'.
No es que fuera amable con él por simpatía; el general Oh Seon-ran le dijo que cambiara por el bien de Se-hwa.
'¿No dices que no quieres que Se-hwa escuche ninguna palabra sucia? Entonces tú también debes ser diferente. ¿No sería más natural que al menos finjas esforzarte por ganarte mi favor? Solo así la gente pensará que no desechaste a Se-hwa después de lograr tu objetivo'.
Al escuchar eso, recobró el sentido de golpe.
Como no volvería a encontrarse con Se-hwa, ni siquiera tendría la oportunidad de repetir sus errores, pero aun así debía ser diferente a como fue antes. Ya no podía seguir manteniéndose solo, como siempre había hecho. Tener a alguien a quien quieres proteger significaba eso.
Sinceramente... no es que estuviera siguiendo el consejo del general Oh Seon-ran por pura convicción. Admitía sin dudar que se había portado mal con Se-hwa, pero seguía sin entender por qué debía mostrar misericordia al resto del mundo.
No es que los demás fueran a admirarlo de corazón por ser generoso. ¡Mierda!, con suerte no lo tomarían por alguien blando por haberles dado un poco de libertad.
Sin embargo, no podía soportar que el trato hacia Se-hwa entre la gente del Quinto Anillo fuera mediocre. Solo de imaginarlo le hervía la sangre. ¿Quiénes se creían para hablar a espaldas de quién?
Por eso, Ki Tae-jeong se estaba esforzando poco a poco. Si sus subordinados hacían bien su trabajo, les decía que habían hecho un buen esfuerzo, e incluso otorgaba recompensas adecuadas a los soldados de rangos más bajos. Por ahora eso era todo, pero solo con eso, el Teniente Na —perdón, el Capitán Na— derramaba lágrimas de emoción diciendo que el General había cambiado mucho.
En cuanto mostró indicios de haberse ablandado un poco, también empezó a tolerar a los ancianos que le soltaban comentarios impertinentes. En particular, a veces se reunía con figuras del ejército o empresarios que estaban enfrentados con el Teniente Coronel Kim. Eran apenas almuerzos sencillos sin siquiera una copa de por medio, pero para quienes recordaban vívidamente al Ki Tae-jeong de antes, era un cambio radical, casi como si el mundo se hubiera puesto del revés.
"Mi General, ¿volverá a salir al frente esta vez?"
"Tengo que hacerlo."
Bueno... se diga lo que se diga, en lo que Ki Tae-jeong ponía más empeño era en asegurarse de que su prestigio no decayera; es decir, en revolcarse por el campo de batalla.
Elegía deliberadamente los frentes más escarpados para sus expediciones. Diseñaba planes tácticos tan temerarios que incluso sus ayudantes se horrorizaban, y a veces partía solo hacia lugares que ni siquiera era necesario conquistar para terminar clavando allí la bandera de la victoria.
Naturalmente, su aspecto era un desastre. El hecho de que casi pierde un brazo aplastado por un enorme caza ni siquiera contaba como una anécdota digna de mención. Si estuviéramos en una época sin los tratamientos actuales, ya lo habrían enterrado en el Cementerio Nacional hace tiempo.
"Aunque creo que esta forma de actuar está llegando a su límite."
Por muy peligroso que fuera, el campo de batalla donde podía blandir las armas sin pensar le resultaba mucho más cómodo. Pilotar un caza siguiendo el manual y lanzar armamento sobre el objetivo no tenía ninguna dificultad.
Pero últimamente han empezado a surgir comentarios de preocupación sobre su proceder. Decían que, siendo ya un General de División, no quedaba bien que un oficial de alto rango cargara con todo él solo.
Para Ki Tae-jeong, eso no eran más que excusas. Era evidente que tipos que apenas habían entrado en la academia militar por influencias familiares y solo habían practicado un par de combates simulados, no serían capaces de enfrentarse a él si se lo proponía en serio.
Y mientras tanto, siendo ahora Sojang y pronto Chungjang (Teniente General), las fuerzas bajo su mando alcanzarían un nivel que no se podía ignorar. Los tipos del ejército empezaron a preocuparse de más pensando en qué pasaría si ese monstruo que no muere ni aunque lo maten decidiera dar un golpe de estado.
Ki Tae-jeong inclinó la cabeza mirando al techo. Todo era tan precario como caminar por la cuerda floja. Ojalá alguien le diera una señal. Que le dijeran que Se-hwa ya estaba a salvo sin importar cómo él se desbocara, que ya vivía de forma limpia y pacífica, lejos de toda la inmundicia que él representaba.... Si fuera así, sentía que podría arrojarlo todo por la borda sin ningún arrepentimiento.
"Voy a abrir la puerta."
El Teniente Park, que todavía se refería a sí mismo como 'Alférez Park', tomó aire brevemente y abrió la puerta de la habitación donde estaban encerrados el dueño Son y Kim Seok-cheol. Un hedor rancio y ácido, que no tenía punto de comparación con el del pasillo, le golpeó la nariz.
"Levántense. Es hora de comer."
Dos figuras humanas que estaban desparramadas en el suelo se retorcieron y se incorporaron.
Ki Tae-jeong llevaba a Kim Seok-cheol con él a la mayoría de los combates. Lo llevaba hasta el borde de la muerte y, cuando la situación era realmente crítica, le metía el tratamiento en la boca a la fuerza. A propósito dejó una de sus piernas tal cual estaba, destrozada, pero sus manos se las recomponía siempre.
Luego, al terminar el trabajo y regresar, lo encerraba en la Casa del Cuarto Anillo y lo hacía pelear con el dueño Son en cada comida. Para ser exactos, no dio la orden de que pelearan. Simplemente les daba una sola bandeja de comida y les decía que se las arreglaran entre ellos para repartírsela. Podrían haberla compartido amigablemente, pero que se lanzaran el uno sobre el otro con intención de matarse era, en última instancia, elección de ellos.
"Saben que este es ese menú tan valioso que el dueño Son le daba a Se-hwa a cambio de una deuda de 100.000 wones cada vez, ¿verdad?"
"Ugh, ugh, ugh…."
"Pero yo se los doy gratis. Sin pedirles dinero."
Al empujar el borde de la bandeja con el pie para que comieran, aquellos dos bultos que ya ni siquiera parecían humanos se revolvieron estirando las manos hacia la comida.
"Vigílenlos bien para que no mueran."
"Sí. ¿Se dirigirá a la residencia oficial?"
"…No, iré al Segundo Anillo."
"Pero…, no es nada. Lo escoltaremos."
Ignorando la mirada del Teniente Park y del Suboficial Jefe Choi, que se entristecieron de inmediato, Ki Tae-jeong se marchó con paso firme.
Desde que Se-hwa se fue, no había podido entrar en la residencia. Ponía la excusa de que, como pronto sería Teniente General, esperaría a que le dieran una residencia nueva para quedarse en ese lugar, pero por alguna razón no podía simplemente abrir la puerta principal y entrar.
Era porque el rastro de Se-hwa permanecía intacto. Ki Tae-jeong sentía que podía dibujar con los ojos cerrados la trayectoria de Se-hwa caminando por la casa, o aquel rostro afligido y hermoso que lloraba y reía allí.
Incluso el salón del primer piso estaba en un estado lamentable. Originalmente era el lugar donde había instalado diversos equipos de emergencia para el convaleciente Se-hwa, pero luego los subió todos al dormitorio y decoró todo el espacio como una habitación para el bebé. A pesar de saber que era un estúpido por mandar a limpiar y pulir el lugar impecablemente cada vez sin ser capaz de poner un pie allí, y sabiendo que era un espacio que nunca se usaría.... Aun así, no tenía el valor de enfrentarlo adecuadamente y terminaba evitándolo.
Había soñado vagamente con un día en el que Se-hwa, que antes no quería ni mirarlo, empezara a voltear a verlo con una sonrisa; en el que el aroma dulce de la leche en polvo llenara la habitación; en el que él ayudara a Se-hwa a manejar los aparatos cuando este se sintiera confundido; y en el que, cuando Se-hwa recordara de repente el pasado y lo reprendiera con severidad, él se disculpara con quejas infantiles diciéndole que se había equivocado.... Todo eso sin saber que el interior de Se-hwa estaba destrozado hasta ese punto.
"¿Cómo está la situación en el Segundo Anillo?"
"El funcionamiento de los cazas se ha recuperado hasta un nivel aceptable, pero todavía es difícil que los grandes hidroaviones de carga operen con normalidad."
"Los viejos seguirán con sus lamentos. ¿Encontraron a esa persona?"
"Ah, ¿se refiere al señor Song, el del restaurante? Sí. Seguía trabajando en el mismo lugar."
"¿De cuánto dijiste que era su deuda?"
Al oír la cifra de labios del Capitán Park, Ki Tae-jeong dio una orden como si no fuera importante. Debían regalarle un billete de lotería a la señora Song de forma anónima. No era una orden para entregarle un simple trozo de papel, sino una orden implícita para que el número que figurara en ella ganara el primer premio sin falta.
"¿No sería mejor simplemente pagarle la deuda? Un dinero caído del cielo como el de un premio puede despertar la codicia de los que lo rodean, o él mismo podría gastarlo en otras cosas sin querer…."
"Eso no es asunto mío. Cómo voy a impedir que malgaste el dinero en cosas inútiles."
Aunque la dirección era algo extraña, este era el máximo nivel de amabilidad y disculpa que Ki Tae-jeong era capaz de ofrecer.
'Si tú lo hubieras visto, Se-hwa, ¿qué habrías dicho?...'. ¿Se habría quedado atónito preguntándole por qué era así y diciéndole que, ya que iba a ayudar, no fuera malintencionado? Quizás se habría entrometido diciéndole que no intentara arreglarlo todo con dinero y que se disculpara como es debido por lo de antes.
Pero sea lo que sea, Se-hwa, creo que está claro que soy un tipo que no tiene remedio. Incluso en estas circunstancias, quiero escuchar aunque sea un poco que lo he hecho bien de tu parte.
Ki Tae-jeong encendió el cigarro que le habían entregado y se puso en marcha. Algo pegajoso de origen desconocido se adhirió a sus botas militares como si fuera un remordimiento, produciendo un sonido desagradable al despegarse.
Sin morir de ninguna forma, recuperándose cada vez que resultaba herido, cuidando poco a poco de sus subordinados, intercambiando saludos superficiales y vacíos con los mandos militares, y dibujando incesantemente sobre sus recuerdos con Se-hwa... así era como Ki Tae-jeong seguía viviendo. No estaba del todo bien pero, de cualquier modo, seguía vivo y respirando.
*
"Ejem, ¿cómo debería... explicar esto?"
¿Médico militar? ¿Doctor? El confidente del general Oh Seon-ran, a quien todavía no sabía cómo llamar, se acarició la barbilla con gesto dubitativo.
"En cualquier caso, creo que es algo bueno... Sr. Lee Se-hwa."
"Sí."
"En el análisis de sangre de hace unos días, apareció una reacción bastante significativa."
Se-hwa jugueteaba con la parte superior de su uniforme de paciente, que se había vuelto más grueso por el cambio de estación, mientras miraba la pantalla que el médico militar le mostraba. Era una sección transversal de su propio cuerpo a la que ya estaba acostumbrado, pero el movimiento del corazón y de los vasos sanguíneos parecía sumamente lento a simple vista.
¿Era solo eso? Las sesiones de terapia tampoco daban grandes resultados. Tomaba sus medicamentos psiquiátricos con puntualidad y asistía con sinceridad a las terapias a las horas acordadas... pero seguía estancado. Quería mejorar, quería cambiar. Eso lo tenía claro, pero su mente, que se había debilitado de forma lamentable, no podía seguir el ritmo de su voluntad.
El terapeuta le decía que hablara de cualquier cosa con total libertad, pero las palabras simplemente no le salían. Había días en los que sentía que quería soltarlo todo. Pero para sacar las palabras que tenía atragantadas, primero tenía que explicar demasiadas cosas al médico a cargo.
¿Desde dónde debería empezar a sacar esta depresión y estas preocupaciones? Se quedaba allí sentado como un tonto hasta que, cuando terminaba el tiempo y se levantaba, un sentimiento de autodesprecio más grande que el anterior solía asaltarlo de repente. Si terminaba tras haber balbuceado un poco, casi era una suerte. Muchos días salía de la sala de terapia tras haber llorado como un idiota, pálido y desencajado.
Incluso esta mañana, mientras caminaba por el pasillo hacia la sala de recuperación, Se-hwa tuvo el pensamiento absurdo de qué habría pasado si hubiera sido un poco mayor.
Si ya hubiera pasado por diversas experiencias. Si ya hubiera tenido un par de relaciones amorosas antes. Si hubiera conocido a Ki Tae-jeong cuando ya fuera un poco más adulto... ¿qué habría pasado entonces?
No se habría dejado llevar ciegamente por la ilusión, su estado de ánimo no habría cambiado doce veces al día sin saber qué hacer, y al tener más maña, quizás habría podido cerrar su tiempo con él de una forma menos dolorosa que ahora….
Sentía que con Ki Tae-jeong todo había sido demasiado rápido.
"Parece que la constitución física de Lee Se-hwa está intentando revertirse a la normalidad. Sospecho que podría deberse a los efectos secundarios del A7."
"…¿Qué? ¿Qué quiere decir…?"
Lo que detuvo a Se-hwa cuando estaba a punto de caer de nuevo hacia el fondo del abismo fue algo que nunca imaginó. ¿Constitución física... normal?
"Si mi sospecha es correcta, parece que ya no será necesario que uses parches cuando tomes medicamentos. La reacción interna que veo ahora es muy similar a la de una persona común."
#129
"Eso de que... ya no es necesario usar los parches…."
"Es tal como suena. A este paso, si usted, Sr. Lee Se-hwa, toma un antipirético, la fiebre bajará; y si bebe alcohol, se embriagará. Tal como vive el resto de la gente."
La boca de Se-hwa se abrió lentamente, como una flor al florecer. ¿La medicina haría efecto sin necesidad de parches? ¿Como las demás personas? Había vivido con este cuerpo toda su vida.... ¿Era posible volver a la normalidad de repente?
"Veamos, los medicamentos que toma últimamente son... los recetados por psiquiatría, medicina interna y suplementos vitamínicos, ¿verdad? Y se hace un chequeo minucioso cada dos semanas."
"Ah, sí…."
"A decir verdad, desde el mes pasado notamos que la velocidad con la que su cuerpo asimilaba los fármacos cambiaba un poco en cada examen, así que los médicos a cargo estuvimos deliberando a diario. Entonces, por si acaso, investigamos sobre los efectos secundarios del A7…."
El médico militar proyectó un gráfico complejo en el aire. De tanto verlo, Se-hwa ya era capaz de adivinar qué significaba cada carácter según su posición.
"Aunque hay muy pocos casos prácticos, encontramos un síntoma secundario digno de mención."
Un pequeño holograma flotó junto al gráfico. Dentro de los vasos sanguíneos, células de diversos colores se retorcían con vigor; de pronto, unas blancas crecieron enormemente y empezaron a devorar ruidosamente a las células cercanas. Mientras tanto, aparecían células nuevas que se hinchaban... en fin, estaban convirtiendo el interior del cuerpo en un auténtico caos.
"Para explicarlo de forma sencilla: al ingresar un tratamiento tan potente, el cuerpo pierde la capacidad de juzgar por sí mismo. Como en este holograma. Todo el sistema, incluyendo la función inmunológica, se derrumba."
"Sin embargo, en el caso del Sr. Lee Se-hwa...", dijo el médico militar mientras recuperaba la imagen de la sección transversal inicial.
"A diferencia de otros, su constitución física estaba desde el principio un poco... cómo decirlo, enredada, ¿no? Al verter el A7 sobre eso, el resultado fue que lo que ya estaba al revés volvió a girarse, haciendo que ahora muestre el lado correcto."
El médico militar soltó un suspiro mezclado con una risa, comentando que había tenido suerte.
"Por supuesto, considerando las circunstancias en las que se le administró el A7, no debería hablar de 'suerte', pero de cualquier modo, parece que para usted el consumo del A7 ha sido una bendición disfrazada. Al menos, juzgando solo por este resultado."
Se-hwa, desconcertado, miraba de un lado a otro los diversos resultados que el médico proyectaba. Sí, más que alegría, sentía desconcierto. Entonces, ¿qué pasaría de ahora en adelante? ¿No sería un problema si se quedaba en un estado ambiguo donde ni los parches ni la medicina funcionaran?
"No hay de qué preocuparse tanto. Los resultados predictivos no son malos, así que primero reduciremos gradualmente la dependencia de los parches. Será difícil, pero habrá exámenes complejos con frecuencia y le extraeremos mucha sangre. Mentalícese, porque puede que le pidamos hacerlo tres o cuatro veces al día."
"Eso no me importa, pero…."
"¿Cómo que no importa? Hacerse esos chequeos es algo que agota las energías."
Aun así, el médico militar añadió tarde que no debía ilusionarse demasiado, ya que no podía garantizarlo al cien por cien.
"Aunque su constitución haya cambiado, el hecho de que su cuerpo está en un estado lamentable sigue siendo una realidad, así que debe esforzarse en su recuperación. Si reduce el uso de parches, podría sentirse más débil que ahora. El bebé nacerá en unos días, ¿no debería estar más sano de ahora en adelante?"
Se-hwa asintió con firmeza mientras movía nerviosamente los dedos.
Habían decidido sacar a Hae-rim en tres días. Aunque discrepaba un poco con el tiempo habitual para salir de la incubadora, afortunadamente no había ningún problema con el bebé. Es más, estaba perfecto.
Las enfermeras con las que ya tenía confianza lo elogiaban cada vez que lo veían, diciendo que el niño era muy fuerte y preguntándose a quién se parecería. Por muy buenos que fueran los equipos y la programación, no podían superar lo innato; decían que el desarrollo y el estado de salud de Hae-rim eran excelentes, y que probablemente no sufriría de enfermedades menores incluso cuando creciera. Seguramente las enfermeras lo decían sin pensar mucho, intentando consolarlo a él que era débil, pero en esos momentos Se-hwa no podía evitar pensar en 'alguien' que no era él mismo.
No esperaba que Ki Tae-jeong le viniera a la mente mientras escuchaba hablar sobre su propio cuerpo. El pensamiento de aquel hombre, que llegó hoy también sin previo aviso, se sintió como si un hierro incandescente le atravesara el corazón. Aun así, pensó que era una suerte que Hae-rim no fuera a estar enfermo gracias a que se parecía a esa persona y no a él.
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"¿Acordamos que compartirían habitación en la sala de protección donde se hospeda ahora?"
"Sí. Y lo he estado pensando... como le mencioné antes, creo que sería bueno ir preparando el alta."
Al ver que las cejas del médico militar se alzaban de inmediato, Se-hwa sacó las excusas que tenía preparadas.
"Siento que vivir solo dentro de la sala de protección es peor. Me siento cada vez más apático.... Mi terapeuta también recomendó que empezara a vivir fuera del hospital."
Aunque en la sala de terapia le daban ese consejo a menudo desde hacía tiempo, fue gracias a Hae-rim que decidió ponerse en marcha de verdad. No quería que el niño, que saldría al mundo tras tanto sufrimiento, solo viera el paisaje del hospital. Sabía que los recién nacidos ni siquiera recuerdan esa etapa, pero así era el corazón de un padre.
Por eso, se mantuvo firme en su decisión de recibir el alta. Era cierto que tanto el general Oh Seon-ran como los médicos a cargo lo estaban sobreprotegiendo en exceso, y a este paso parecía que no saldría hasta mucho tiempo después. el general Oh Seon-ran, que al principio se oponía, terminó cediendo cuando él le dijo que quería practicar cómo vivir una vida cotidiana.
"Por ahora, está bien. Pero si aparece algún síntoma extraño en el camino, por supuesto que no podrá ser. Y si cuando venga a los chequeos tras el alta los resultados son malos, tendrá que ser hospitalizado de inmediato."
"Así lo haré."
Se-hwa asintió dócilmente.
"¿Hay algo que quiera hacer al salir? ¿Por qué tiene tanta prisa? Podría quedarse descansando cómodamente gastando el dinero del general Oh Seon-ran."
El médico militar preguntó mientras organizaba los hologramas y los gráficos.
"……, Helado…."
"¿Eh? ¿Helado?"
"Sí, quiero comer helado."
No sabía por qué. Podría haber pensado en algo más constructivo, como reflexionar sobre cómo ganarse la vida en el futuro o estudiar para ser un buen padre... aunque tenía una montaña de tareas pendientes, extrañamente tuvo ese pensamiento de repente.
Le entraron ganas de comer aquel helado de chocolate de 3.000 wones que había probado alguna vez. Y encima en pleno invierno. Quería comérselo todo de pie en la calle, quedarse con la bolsa de plástico vacía colgando de la muñeca y, tras saludar diciendo que ya había vuelto, ser absorbido por algún lugar cálido como una tumba.
*
Estos últimos días habían sido frenéticos.
La solicitud de bancarrota del Teniente Coronel Kim provocó una gran indignación entre la mayoría de los ancianos del consejo. Decir que, tras haber desviado todo lo desviable, no tenía dinero y que la indemnización sería difícil... sus familiares eran iguales. A estos malnacidos aún les faltaba mucho para escarmentar.
Había algunos tipos como hienas merodeando para ver qué podían pillar, pero como era de esperar, el núcleo de la demanda de daños y perjuicios eran las personas que habían sufrido grandes pérdidas por las canalladas de Kim Seok-cheol. Incluso aquellos que querían llevar las cosas de forma civilizada pensando en su propia reputación, esta vez se lanzaron al ataque enfurecidos. Era normal perder los estribos ante una mentira tan descarada que ni siquiera mostraba un ápice de sinceridad.
Gracias a eso, Ki Tae-jeong también tuvo que moverse con rapidez. Esta vez debía hundir al Teniente Coronel Kim definitivamente. Al mismo tiempo, tenía que pensar en cómo abrir las rutas aéreas abandonadas del Segundo Anillo. Tenía que restaurarlas lo justo para que permitieran la defensa del espacio aéreo y el transporte de suministros, pero sin borrar del todo los rastros del incendio. Maldita sea. Hoy le diría a ese imbécil de Kim Seok-cheol que le dieran la medicina de recuperación más tarde.
"Procederé según lo indicado. Y, esto... Mi General."
El Suboficial Jefe Choi, que a pesar de la carga de trabajo había estado inusualmente risueño al ver cómo se jodían los tipos que antes lo ignoraban, de repente se mostró incómodo.
"¿Qué pasa?"
"Es que…."
Aquel tipo con porte de oso miró de reojo hacia el Capitán Park como pidiendo ayuda. El Capitán Park suspiró y negó con la cabeza como diciendo que no quería saber nada. Vaya, vaya. Ki Tae-jeong entrecerró los ojos. Estos tipos, en cuanto han ascendido un poco, ya se han relajado....
"La oficina del general Oh Seon-ran ha solicitado el envío de personal de escolta."
Justo cuando Ki Tae-jeong iba a poner semblante gélido pensando que últimamente les había pasado muchas cosas por alto... de la boca del Suboficial Jefe Choi salió algo inesperado.
"¿Quién? ¿el general Oh Seon-ran?"
"Sí."
En ese lugar, la única persona para la que él solicitaría escolta era... obviamente, Lee Se-hwa. Solo él.
¿Por qué? Ki Tae-jeong no se atrevió a pronunciar ese nombre y se mordió el labio inferior por dentro. Se-hwa estaba en el hospital más grande del país, ese al que incluso los generales acuden cuando están enfermos. Además, la propia General Oh Seon-ran se encargaba personalmente de protegerlo... ¿y pedía refuerzos? ¿Acaso había pasado algo? ¿Se le estaba escapando algo? ¿Acaso alguien que no fuera el Teniente Coronel Kim estaba intentando jugar alguna carta? Era imposible. Podría fallar en cualquier otra cosa, pero era imposible que no estuviera al tanto de los movimientos de Lee Se-hwa.
"Informa correctamente. Con todo lo que está pasando, ¿por qué el general Oh Seon-ran solicitaría escolta?"
"Ah, no es nada por lo que deba preocuparse. Es que... hoy por la tarde, a ese..., de la incubadora... sí, dicen que lo van a sacar."
Parecía que al Suboficial Jefe Choi también se le trababa la lengua al mencionar a Se-hwa y al niño, pues tropezó varias veces al hablar.
"Ejem, por eso... dijo que deberíamos mostrar que nuestra facción también está pendiente, para que el Teniente Coronel Kim no se atreva a acercarse imprudentemente tras el alta de Lee Se-hwa. Después de todo, el Teniente Coronel Kim está ahora mismo rabiando de veneno."
Era una excusa un tanto floja. Por supuesto que era mejor ser exagerado con los asuntos de Se-hwa y el bebé, pero no había necesidad de involucrarlo a él para hacer alarde de poder. Sería una presión mayor para el Teniente Coronel Kim si él trajera a gente que trabaja personalmente para la familia Oh, y sabía que ya lo estaba haciendo. Realmente, ¿por qué, y por qué precisamente él?
"¿Qué le parecería si Mi General fuera en persona?"
"¿Qué?"
El Capitán Park rebuscó en el maletín que había dejado en el suelo. Lo que había dentro era un uniforme negro, del tipo que suele usar la guardia de honor.
"Por si acaso el Sr. Lee Se-hwa se siente incómodo al reconocer a alguien de nuestra parte, hemos respondido que usaríamos un tipo de uniforme diferente y que cubriríamos el rostro. Use gorra y una máscara antigás, y por si acaso, también un dispositivo de distorsión de voz. Con eso, nadie lo sabrá."
Ki Tae-jeong soltó un largo suspiro por la nariz y se quedó de pie con las piernas cruzadas de forma descuidada. Era tan absurdo que no sabía por dónde empezar a señalar los fallos.
"Suboficial Jefe Choi."
"Acordamos que solo una persona de nuestro bando saldría con ese atuendo."
El Capitán Park, que observaba lo que hacía Choi desde atrás, añadió unas palabras como si no tuviera opción.
"Es algo en lo que el general Oh Seon-ran también ha estado de acuerdo."
"¿Están hablando en serio?"
Un escolta con el rostro cubierto y, por si fuera poco, con permiso para distorsionar la voz. ¿No era esa una condición ideal para que alguien del bando del Teniente Coronel Kim se infiltrara bajo disfraz? No podían ignorar que ahora era un momento más peligroso que cuando preparaban el juicio.... Le costaba creer que el general Oh Seon-ran hubiera aceptado semejantes condiciones.
"Porque, dejando de lado cualquier otra cosa, Mi General es la persona que puede proteger a Lee Se-hwa de forma más perfecta que nadie aquí presente. el general Oh Seon-ran tampoco tuvo objeciones en ese punto."
El Capitán Park consultó su reloj de pulsera.
"La hora prevista es en 4 horas."
Parece que les daba miedo lo que habían hecho sin permiso, pues el Suboficial Jefe Choi, con las manos temblando, le tendió el uniforme de la guardia de honor a Ki Tae-jeong.
"Mi General, esta podría ser la última vez. Después de esto, el general Oh Seon-ran no le permitirá acercarse, pase lo que pase."
"……."
"Nadie, es decir, el Sr. Lee Se-hwa no lo sabrá en absoluto, así que vaya solo para ver los rostros de Lee Se-hwa y del bebé."
Ki Tae-jeong, con la mirada baja, se quedó contemplando en silencio la ropa extraña y la máscara antigás que tenía delante.
#130
"…Suboficial Jefe Choi."
"Sí."
"¿De verdad crees que con estas porquerías encima Se-hwa no me va a reconocer?"
Lanzó una reprimenda gélida, señalando que con el uniforme de la guardia de honor llamaría demasiado la atención, lo que hizo que el Suboficial Jefe Choi bajara la cabeza avergonzado.
"Ya basta. Capitán Park, quita todo eso."
"Pero…."
"¿Es que ahora mis órdenes ya no significan nada?"
Ante la voz cortante de Ki Tae-jeong, ambos se cuadraron al instante. Al ver lo que estaban haciendo, a Ki Tae-jeong se le escapó una risa seca por lo absurdo de la situación. Parecía que, en este tiempo —corto pero intenso—, él había cambiado mucho; de lo contrario, estos tipos estarían preparándose para morir y no solo para recibir un sermón.
"Suboficial Jefe Choi."
"Sí."
"¿Pensaste que usando a Lee Se-hwa como excusa todo estaría bien? ¿Te atreves a actuar por tu cuenta sin informar a tu superior, aun cuando una General ha enviado una solicitud formal?"
El Suboficial Jefe Choi, consciente de su falta, mantuvo las manos atrás y la mirada fija en el suelo. El Capitán Park hizo lo mismo. Preferirían que les gritara insultos; cuando Ki Tae-jeong se ponía así de calmado y protocolario, era como una bomba de tiempo.
"…No tengo excusa. Lo siento mucho."
A pesar de disculparse repetidamente y aceptar cualquier castigo, el Suboficial Jefe Choi no abandonó el descabellado plan.
"Aceptaré incluso si me pide que devuelva mis galones. Pero, por ahora, ¿qué le parece si nos ponemos en marcha? Cuatro horas no es mucho tiempo para completar todos los preparativos."
"……."
"Mi General. Hoy no es un día cualquiera... hoy que sale de la incubadora es el verdadero cumpleaños del bebé, ¿no es así?"
Ja…. Ki Tae-jeong rodó los ojos y fulminó con la mirada al techo inocente.
En emergencias, se permite informar a posteriori. Parecía que el Capitán Park y el Suboficial Jefe Choi habían juzgado que este asunto era tan urgente como si el enemigo hubiera tomado una base, y para Ki Tae-jeong, Lee Se-hwa era un tema así de pesado. Aunque el centro del Quinto Anillo colapsara, no se sentiría tan apremiante como algo relacionado con Se-hwa.
Sin embargo, si se dejaba llevar por su propio anhelo y hacía las cosas así, ¿qué sentido habría tenido dejar ir a Se-hwa?
Lo difícil es la primera vez; la segunda y la tercera no cuestan nada. Si iba a ver a Se-hwa ahora, era seguro que la próxima vez se obsesionaría con buscar la forma de ir a verlo a espaldas del general Oh Seon-ran.
Además, ¿un cumpleaños? ¿Acaso él tenía derecho a considerar especial el cumpleaños de Hae... no, del bebé? Si Se-hwa lo escuchara, le diría que no fuera ridículo y que se disculpara primero con el niño. Era natural. Para retener a Se-hwa, le había hecho muchas cosas imperdonables a esa criatura….
"…Suboficial Jefe Choi."
"Sí."
"Establece una conexión con el general Oh Seon-ran."
Ki Tae-jeong se pasó la mano lentamente por el rostro cansado.
Primero le pediría cuentas al general Oh Seon-ran. Le preguntaría por qué, siendo él quien más debería vigilarlo, lo llamaba a ese lugar; le reclamaría con aspereza por qué una General escuchaba las tonterías de sus subordinados.
"Capitán Park, tú…."
Ki Tae-jeong se detuvo en seco, incapaz de continuar la orden.
Iba a protestar, pero….
Su caja torácica se hinchó enormemente al contener la respiración. Todo su cuerpo se tensó tanto que las venas de sus sienes y de su cuello saltaron con fuerza.
Mientras buscaba las palabras para sus ayudantes, una pizca de esperanza brotó desvergonzadamente. Una grieta, al principio tan fina como un hilo, se extendió con furia amenazando con desmoronar todo su ser. Sus latidos retumbaban en sus oídos como si alguien estuviera golpeando un tambor justo a su lado.
"Ah, mierda…."
Ki Tae-jeong finalmente cerró los ojos. Intentó apretar los puños con fuerza para calmar su agitación interna, pero fue inútil.
Quiero verlo.
Quiero verlo tanto.
Sé que soy un cobarde y una basura por usar al niño como excusa, pero Se-hwa, Lee Se-hwa, quiero ver aunque sea tu rostro de lejos….
"…Llama a alguien y prepara maquillaje de caracterización especial."
Tras dudarlo mucho, Ki Tae-jeong finalmente declaró su derrota. Se sentía patético por actuar de forma tan miserable, pero era incapaz de vencer la tentación.
Solo con escuchar de labios de un tercero que podía verlo, que no pasaba nada por ir, algo que se había esforzado por contener se derrumbó estrepitosamente.
"Trae desinfectante también. Algodones con alcohol médico servirán. Trae la mayor cantidad posible, lo suficiente para empapar a una persona por completo."
"¡Ah..., sí! ¡Entendido!"
El Suboficial Jefe Choi, que se había quedado helado, sacó apresuradamente su tableta y pulsó el dial de su reloj de pulsera. El Capitán Park salió corriendo diciendo que prepararía ropa de actividad normal además de lo solicitado.
¿Funcionaría algo como el maquillaje especial? Lee Se-hwa sabía perfectamente que la apariencia física se podía cambiar con facilidad.
No, el problema principal era el olor del perfume que llevaba puesto como si fuera una armadura. Podía cambiar el rostro o la voz, pero no había una forma clara de ocultar el aroma corporal.
Aunque era algo del pasado, él era la única persona en cuyos brazos Se-hwa podía respirar con tranquilidad. Por eso, Se-hwa era extremadamente sensible a su aroma. Además, últimamente Ki Tae-jeong se echaba varias veces más perfume que antes por la única razón de que a Se-hwa le gustaba.
De cualquier modo, lo primero que se le ocurrió fue sumergir su cuerpo en desinfectante o alcohol. Como se recuperaría de inmediato con solo tomar una pastilla, pensó que sería más seguro empaparse en eso aunque su piel se agrietara.
"Mi General, está conectada."
Ki Tae-jeong soltó una risita burlona, como si estuviera loco. Tanto por esos tipos que trajeron aquel plan tan flojo, como por él mismo, que ideó una medida provisional igual de tosca….
¿Tan mal estaba? Bueno, hace poco incluso le sugirieron que fuera al hospital, así que debía de tener un aspecto lamentable. Ki Tae-jeong miró la pantalla de la tableta con resignación. Se sentía aturdido y su cabeza no funcionaba correctamente. No sabía qué pasaría. Quizás el general Oh Seon-ran encontraría alguna solución. De todos modos, frente a Lee Se-hwa, cualquier estrategia resultaba inútil.
*
"Esto, General…."
"¿Mmm?"
"Es que… ah, no, nada."
Se-hwa miró a su alrededor y tragó saliva. el general Oh Seon-ran le había asignado a mucha gente, diciendo que era mejor tener cuidado por un tiempo. A simple vista, parecía haber el triple de personal que antes.
Si era por la seguridad del bebé, podía soportar cualquier incomodidad. Aunque él no le había dado detalles, Se-hwa sabía bien que se estaba esforzando para expulsar definitivamente al Teniente Coronel Kim y a su banda. No era tan desconsiderado como para pensar solo en su comodidad mientras su padre adoptivo luchaba para que él y Hae-rim pudieran establecerse sin peligro en el Quinto Anillo.
No lo era, pero... aun así esto era un poco... ¿extraño? ¿Acaso había convocado a propósito solo a personas corpulentas? Los militares suelen tener mejor físico que los civiles, pero ver a esos hombres tan grandes como bloques alineados densamente por cada pasillo resultaba abrumador.
"No sabía que un recién nacido fuera tan pequeño. Es la primera vez que veo uno en persona…."
"Sí…. Parece demasiado pequeño."
Se-hwa, que miraba de reojo hacia afuera del dormitorio, volvió a concentrarse en Hae-rim ante la exclamación del general Oh Seon-ran.
Realmente, Hae-rim, envuelto cuidadosamente en sus mantitas, era extremadamente menudo. Le habían dicho que su peso era el promedio y que sus piernas eran más largas de lo habitual, pero aun así a sus ojos se veía infinitamente pequeño. Supuso que a eso se referían con tener 'ojos de padre'.
Le daba un poco de vergüenza hacer este comentario sobre un niño que se parecía a él, pero Hae-rim era precioso y muy tranquilo. Habían pasado unos veinte minutos desde que lo trasladaron a la sala de protección y se portaba muy bien. A pesar de estar en un lugar desconocido, no lloraba; solo soltó un gran bostezo y seguía durmiendo profundamente.
"¿Quieres cargarlo?"
"Ah, no…."
Se-hwa, que tenía una sonrisa de oreja a oreja, negó con la cabeza espantado ante la repentina sugerencia del general.
"Después, ahora no…."
Sabía que no pasaría nada si lo tocaba.
Hae-rim había completado un tiempo de crecimiento perfecto dentro de la incubadora, por lo que no necesitaba quedarse en la sala de neonatos, y esa cuna era un producto de lujo con un dispositivo de nombre difícil que funcionaba automáticamente para mejorar la inmunidad y no sé qué más….
Aun así... todavía necesitaba tiempo para prepararse mentalmente. Era tan pequeño y frágil. ¿Y si se le rompía el cuello al cargarlo?...
"Por cierto, de verdad…."
el general Oh Seon-ran soltó una risotada y volvió a mirar a Hae-rim. Se-hwa se quedó de pie medio paso atrás, dubitativo. Al verlo estirar el cuello y ponerse de puntillas, el general, divertida, lo arrastró hasta ponerlo frente a Hae-rim.
"Es tu hijo, ¿por qué actúas con tanta reserva? ¿Qué tal?, ¿verdad que es más lindo de cerca?"
"Sí…."
"Es que son idénticos."
Aquel afecto nostálgico que se desprendía de su mirada ya no le resultaba ajeno. Es decir, parecía que el general Oh Seon-ran estaba recordando a esa persona que decían que lo había dado a luz... ese... Lee Jin-woo.
Tendría que corregir pronto este hábito. 'La persona que me dio a luz', 'ese tal Lee Jin-woo', 'esa persona que dicen que me trajo al mundo'... sabía que cada vez que lo llamaba así, la tristeza se reflejaba en los ojos del general. Sin embargo, las palabras no le salían con facilidad. Llamar 'papá' a alguien cuyo rostro ni siquiera conocía era más difícil de lo que pensaba.
"Yo también debería corregir esto. El pensar en Jin-woo constantemente teniendo a Hae-rim y a ti delante."
Como si hubiera adivinado que Se-hwa estaba reflexionando sobre el tema de Lee Jin-woo y cómo llamarlo, el general le acarició el cabello suavemente.
"No es que los quiera solo por Jin-woo. No los considero un reemplazo de él, ni los cuido por mera obligación."
Me hice cargo de ti como hijo adoptivo para cumplir una vieja promesa con Jin-woo, pero el que te haya acogido en mi corazón como a un verdadero hijo es mi propia voluntad. Así que, si alguna vez te sentiste ansioso por mi forma de hablar, no hay razón para ello, le consoló cariñosamente.
Se-hwa asintió con una sonrisa. Ahora, cuando escuchaba palabras tan amables, ya no se sentía abrumado ni empezaba por negarlo todo. el general le había enseñado que, cuando uno recibe un buen comentario, simplemente debe sonreír.
"Ah, por fin han llegado."
el general Oh Seon-ran, tras consultar la alarma de su reloj, frunció el ceño de golpe, como si hubiera visto algo que le desagradaba profundamente.
"Se-hwa, parece que tengo que ir a ocuparme de un asunto un momento."
Eh, entonces.... Tendría que quedarse solo con Hae-rim.... Se-hwa, un poco inquieto, no pudo decir nada y empezó a morderse la uña del pulgar por la ansiedad.
"No te preocupes. Haré que entre alguien aquí también."
el general le dio un ligero apretón en el hombro asegurándole que lo haría bien, y se marchó de inmediato.
Si hubiera sabido esto, habría llamado a la niñera de inmediato. Como era un momento histórico, quería recibir a Hae-rim sin extraños presentes. Por eso había reservado a la niñera para una hora después, pero….
Se-hwa, que se había quedado solo de repente —bueno, solo con Hae-rim—, enderezó su cuerpo que tendía a encogerse. Sí, ¿qué hay que temer? Soy su padre. ¿Hasta cuándo voy a tener miedo?
Tras dar un par de vueltas cerca de la cuna, Se-hwa se armó de valor y se detuvo justo a los pies del niño.
"Brotecito (Saessak-i), Hae-rim."
Al llamarlo alternando su apodo prenatal y su nombre, el bebé movió levemente los labios. ¿Acaso ya reconocía su nombre? No estaba seguro, pero como él, su padre, lo sintió así por un momento, decidió creerlo. Se-hwa, emocionado al instante, sonrió con las mejillas sonrojadas.
"Qué lindo es…."
Le habían dicho que usar expresiones variadas y ricas era bueno para el desarrollo emocional del niño, pero como un tonto, solo le salían exclamaciones de lo lindo que era.
Ya tenía mucho cabello y sus rasgos eran nítidos…. Se parecía a él, pero Hae-rim era mucho más guapo, infinitamente más que él. Era como si hubieran potenciado sus genes de la mejor manera posible. Cuando vio al bebé llegar a la sala de protección y comentó aquello en voz baja, el general soltó una carcajada diciendo que decía exactamente lo mismo que su padre.
Y... como era de esperar, al mirar a Hae-rim, le venía a la mente Ki Tae-jeong. Las cejas, el entrecejo, el puente de la nariz y la mandíbula tenían definitivamente el aire de aquel hombre. Incluso su cara pequeña y sus piernas largas debían ser influencia suya.
Ah. Al pensar por un momento en Ki Tae-jeong, su ánimo decayó al instante. Se-hwa sacudió la cabeza levemente hacia los lados, alejando la melancolía que solía aflorar por hábito. Debía pensar solo en el bebé. Sentía que si se concentraba en Hae-rim, todo estaría bien.
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"Hae-rim."
Cuando Se-hwa intentó llamar al bebé desde un poco más cerca, se sobresaltó al sentir que algo hacía clic bajo su mano y retrocedió de un salto.
"…¿Eh?"
Afortunadamente, el dispositivo de inmunidad no tenía problemas, pero el móvil que estaba colgado empezó a girar con entusiasmo por su cuenta. ¿Estaría sincronizado con la cuna?
El conejo y la ardilla daban vueltas con diligencia. La melodía de la caja de música también era encantadora. El problema fue que Hae-rim, que dormía plácidamente, empezó a fruncir el ceño como si algo le molestara.
"Ah, no puede ser…."
Se-hwa, sin saber qué hacer, empezó a tantear el exterior de la cuna. Al rebuscar por la zona que su mano había tocado antes, sintió una parte que sobresalía. Menos mal que lo encontró rápido. Así que este era el botón….
"Uf…."
Sin darse cuenta, dejó caer los hombros que habían estado tensos por la preocupación.... En ese instante, un penetrante olor a desinfectante le llegó de golpe desde atrás.
¿Quién era? Se asustó ante la presencia desconocida, pero no tuvo tiempo de darse la vuelta. Un cuerpo firme rozó su espalda encorvada. Un brazo, que pasó junto a su oreja y se extendió hacia adelante, pulsó con firmeza el botón de la cuna en lugar de Se-hwa.
#131
"…Lo siento."
"……."
"Parecía sorprendido, así que quise ayudarlo."
La escena frente a sus ojos se fragmentaba como si estuviera viendo fotogramas cortados. Se-hwa logró mover su cuerpo, que se había quedado petrificado.
La altura desde la que lo miraban le resultaba familiar, pero el rostro que entraba lentamente en su campo de visión... era el de alguien que veía por primera vez hoy. La voz que se disculpó brevemente y se alejó de inmediato también era la de un extraño. Sin embargo….
Se-hwa solo pudo mover los labios, embargado por una sensación que no podía explicar. ¿Qué era esto? El momento en que aquel hombre lo rodeó desde atrás, esa sensación, le resultó demasiado familiar. El contacto del cuerpo firme contra su espalda, la altura y longitud del brazo extendido, el calor corporal que rozó su oreja... esas cosas triviales eran, precisamente….
Precisamente... le recordaban a alguien.
"¡O-oiga, espere!"
No lo llamó muy fuerte, pero el hombre se las arregló para oírlo y se detuvo en el acto. Esa actitud dócil, como si estuviera listo para obedecer cualquier orden, se sentía extrañamente fuera de lugar. Vestía la misma ropa que los soldados de afuera y tenía una estatura similarmente imponente, pero... ¿por qué? ¿Por qué este hombre en particular se veía tan diferente?
"Es que, bueno, verá, esto…."
Lo había detenido sin pensarlo, pero las palabras se negaban a salir. Era natural. Incluso para él, era una conjetura absurda.
Pensar que ese hombre era... Ki Tae-jeong.
Quizás pertenecía al personal del hospital, porque el hombre emanaba un fuerte olor a desinfectante. Al mirarlo de reojo, notó que las yemas de sus dedos estaban totalmente agrietadas y lastimadas. La piel suele dañarse así cuando se manipulan algodones con alcohol con frecuencia. Las manos de los tipos que extraían órganos en el sótano del House se veían justo así.
Las manos de Ki Tae-jeong no eran así. Aunque estaban llenas de callos, las yemas no estaban blanquecinas por la resequedad. No, no eran solo las manos. El rostro, la voz e incluso el tono de piel eran distintos, entonces ¿por qué?...
"…No es nada, gracias… se lo agradezco."
Tras balbucear, terminó saludando con timidez, y el hombre también le devolvió una leve inclinación de cabeza. Eso fue todo. Los pasos del hombre hacia la salida estaban llenos de cautela. A diferencia de Ki Tae-jeong, que siempre rebosaba de una confianza relajada a pesar de su disciplina, este hombre parecía estar bajo una rigurosa vigilancia militar.
El sonido de sus pasos se detuvo pronto, pero no se escuchó el pitido de la cerradura electrónica abriéndose. Habían dicho que durante un tiempo habría alguien vigilando dentro de la sala de protección, así que parecía que él era el encargado.
Se-hwa no podía calmar la inquietud en su pecho y se frotó el área del corazón sin motivo.
A Ki Tae-jeong le gustaba rodearlo desde atrás. Lo hacía cuando estaban inmersos en actos eróticos, cuando simplemente dormían e incluso después de que todo se hubiera arruinado. Cuando lo estrechaba entre sus brazos, actuaba como si todo lo ocurrido pudiera borrarse.
Su cuerpo, inevitablemente acostumbrado al peso y volumen de aquel hombre, le decía que ese extraño era Ki Tae-jeong sin lugar a dudas; pero como los rasgos y el aroma del hombre eran totalmente diferentes, Se-hwa estaba sumido en la confusión.
Sin darse cuenta, lanzó una mirada hacia afuera del dormitorio y luego se estremeció levemente. ¿En qué estoy pensando? Es obvio que no es Ki Tae-jeong. ¿Por qué estaría él aquí? Esa persona….
"Dicen que ahora es alguien de un rango superior y que vive muy bien…."
Ki Tae-jeong... lo dejó ir tan pronto como terminó el juicio. Cuando Se-hwa le suplicaba una y otra vez que cumpliera su promesa, parecía no escucharlo, pero de repente, sin decir nada en particular, puso fin a todo.
Aquel hombre le puso a la fuerza unos zapatitos de bebé idénticos a los que había traído alguna vez y le dijo que, si él desaparecía de sus vidas, nada malo les pasaría ni a él ni a Hae-rim, que podía estar tranquilo. Le aseguró que, si iba con el general Oh Seon-ran, intentar llevar al niño a un laboratorio sería imposible, y lo consoló diciendo que nunca más sufriría semejante humillación.
Y luego le pidió perdón. Fue una disculpa que llegó demasiado tarde, vomitada solo cuando las cosas habían llegado a ese extremo.
Los recuerdos que había apartado para poder recuperarse físicamente regresaron de golpe. Como si hubieran estado esperando este momento, todos los fragmentos de sentimientos —los buenos, los dolorosos y los tristes— que lo entrelazaban con Ki Tae-jeong rodearon a Se-hwa por completo.
Se-hwa apretó con fuerza la barandilla de la cuna. Le resultaba difícil soportar el dolor que se extendía sin control. Si pudo evitar desplomarse de forma patética fue gracias a Hae-rim, que estaba frente a sus ojos. El bebé seguía durmiendo plácidamente, moviendo levemente la punta de la nariz.
Sí, no era momento de pensar en Ki Tae-jeong. Le habían advertido que, por muy buenos que fueran los programas, cualquier descuido podía terminar en un accidente grave. Tenía que concentrarse y vigilar al bebé con los cinco sentidos puestos en ello.
Había mucho que hacer cuando llegara la niñera. Tenía que comprobar si la forma de preparar la leche de fórmula que había practicado tanto era la correcta, aprender a envolver al bebé, cómo ponerle esa ropa tan linda que parecía una mantarraya, practicar cómo cambiar pañales, y también….
Se-hwa cerró los ojos profundamente y tomó aire con dificultad. Le ardía la garganta como si hubiera comido algo muy picante; le dolía incluso al tragar saliva.
Pensó que lo estaba olvidando gradualmente y sin contratiempos, pero parece que aún le faltaba mucho.
*
Ki Tae-jeong carraspeó para ocultar su respiración agitada. Solo pudo pasarse por el hospital ahora porque hubo una reunión general de oficiales de la Fuerza Aérea por la mañana. Presionó la zona de su cuello preguntándose si el maquillaje de caracterización que se puso a toda prisa se vería natural, y se paró con cautela junto al zapatero. Ese era el lugar asignado para Ki Tae-jeong, disfrazado de personal de escolta.
Ya iba por su séptima semana viniendo a ver a Se-hwa y al niño cada vez que tenía un hueco. Sabía que esto pasaría. Solo dudó la primera vez. Tenía miedo de con qué cara lo miraría Se-hwa si lo descubría, pero le resultaba imposible dejar de venir.
El aroma dulce y tostado de la leche de fórmula, junto al olor de la ropa y las sábanas impregnadas de sol, llenaban la sala de protección. Canciones infantiles de melodías desconocidas resonaban por doquier, y de vez en cuando, Se-hwa se reía en voz alta. Era exactamente la escena que Tae-jeong imaginaba vagamente cuando Se-hwa le susurraba al bebé en su vientre: "Brotecito".
Tae-jeong pensó que Se-hwa se quedaría encerrado en el dormitorio, pero este estaba muy ocupado aprendiendo nociones de crianza de los expertos que lo visitaban con frecuencia. Se movía con diligencia diciendo que, aunque hubiera una niñera residente, el padre debía saber lo básico.
Gracias a eso, Ki Tae-jeong también aprendió por encima del hombro cómo cuidar a un bebé. El ángulo al darle el biberón, el momento de darle palmaditas en la espalda para consolarlo, la forma de envolverlo.... Aunque sabía que en la realidad no se le daría ni la oportunidad de cargarlo en brazos, al estar todo el día de pie observando a Se-hwa y al niño, se le quedó grabado sin querer.
"Oiga, disculpe…."
Mientras observaba cada rincón con ojos cargados de anhelo, Se-hwa asomó la cabeza de repente desde adentro y lo llamó.
"¿No está ocupado?"
¿Me está... llamando a mí, ahora? Entró al dormitorio aturdido, y Se-hwa, con gesto apenado, le preguntó si podía vigilar al niño un momento.
"Quiero mover un objeto a la sala, pero como podría hacer ruido, me preocupa que el bebé se asuste…."
"Yo lo moveré."
"Ah, no, no es eso. No quería pedirle algo así…."
"¿No sería mejor que usted, como tutor, lo vigile para consolarlo de inmediato si llega a llorar?"
"Ah...", exclamó Se-hwa mientras se hacía a un lado, invitándolo a entrar más.
"Entonces... lamento las molestias, pero se lo encargo. Es esto que llaman 'hamaca' (bouncer), quiero moverlo."
No era una tarea difícil. No era una cama de adulto; un bouncer de bebé podía levantarlo con una sola mano. Lo movió a un lugar donde daba el sol adecuadamente y Se-hwa lo siguió de inmediato cargando al bebé.
"¿Le parece bien este lugar?"
"Ah, sí. Gracias. Pensé que no era bueno estar siempre en el mismo sitio. Dicen que a esta edad todavía no saben nada... pero aun así pensé que sería bueno que sintiera el cambio de ambiente…."
Parecía que a Se-hwa le daba vergüenza haber pedido ayuda tras haber estado tan distante todos estos días, por lo que empezó a dar varias explicaciones adicionales. Aunque su tono era cauteloso y formal, le recordaba a su antiguo hábito de parlotear, y por poco Tae-jeong sonríe sin darse cuenta.
Ahora que lo pensaba, Se-hwa ya caminaba bien y hablaba con naturalidad. Aunque su ritmo era un poco lento, ya no parecía tener grandes dificultades.
Tras observarlo varios días, notó que Se-hwa comía bien y hacía ejercicio con regularidad. Gracias a eso, su rostro se veía mucho mejor. Sus mejillas estaban recuperando volumen y tenía un ligero color saludable, como si sus facciones se hubieran teñido con el tinte de una flor.
Iba a terapia y no descuidaba sus chequeos médicos. Parecía estar dándole vueltas a dónde viviría y qué trabajo haría tras el alta. Y aun así, sonreía con felicidad cada vez que veía al niño. Se-hwa se esforzaba por vivir. Avanzaba con todas sus fuerzas, tal como lo hacía cuando lo amaba a él. Cada día se veía más hermoso y adorable.
Aunque se sentía aliviado, Ki Tae-jeong sentía ganas de morir cada vez que Se-hwa sonreía susurrándole algo al bebé. Tenía ganas de correr hacia él y suplicarle en ese mismo instante. A veces, cuando Se-hwa lo miraba de reojo y fruncía levemente el entrecejo con una mirada dubitativa que recorría su rostro y sus manos, Tae-jeong sentía deseos de confesarlo todo y decirle que sí, que era él. Pero….
Ki Tae-jeong se arrancó un padrastro de sus dedos agrietados para recuperar la compostura. Fingiendo poner las manos tras la espalda, se limpió las gotas de sangre en la ropa.
Se-hwa, el niño y el general Oh Seon-ran parecen estar bien. Tras haber aplastado su deseo egoísta, todos se volvieron felices. Entonces, eso era suficiente.
No había nadie a quien culpar. Fue totalmente su culpa. Debería sentirse agradecido solo por el hecho de estar aquí presente cuando pensó que nunca más volvería a verlos.
"Ah, si hago esto queda demasiado oscuro."
Se-hwa corría las cortinas opacas sobre los visillos transparentes a medias y luego volvía a abrirlas repetidamente. Iba deprisa hacia el control remoto y luego volvía a merodear cerca de la ventana... se movía por la sala de un lado a otro como la ardilla que colgaba del móvil. Parecía estar muy preocupado por si la luz directa del sol no era buena para el niño.
Siguiendo los movimientos de Se-hwa, unos mechones de cabello rebeldes ondeaban como brotes nuevos. Su nuca redonda parecía una manzana. Ki Tae-jeong apretó los puños en secreto, soportando esa ternura excesiva.
¿Estaré poniendo una expresión correcta? Se esforzaba por cuidar desde su forma de hablar hasta su modo de caminar, pero no estaba seguro de si lo estaba haciendo bien. El camuflaje era una de sus especialidades, pero quizás porque estaba frente a un oponente al que nunca podría ganar, todo le parecía insuficiente. Además, por las prisas, la preparación había sido más descuidada de lo habitual….
Extrañamente, Se-hwa se daba la vuelta para mirarlo de repente en momentos inesperados, como si hubiera notado algo. Luego se quedaba con la boca a medio abrir como si fuera a decir algo, pero terminaba por callarse. Aunque le ponía nervioso pensar en qué le resultaría sospechoso, también se sentía un poco feliz al pensar que Se-hwa aún no lo había borrado del todo.
"Hola."
Ante el sonido de alguien llamando a la puerta principal de la sala de protección, Ki Tae-jeong enderezó la espalda. Imbécil. Incluso en una situación así, estaba pensando en lo feliz que le hacía que Se-hwa no pudiera olvidarlo por completo.
"La niñera se fue a comer, ¿verdad?"
"Ah, sí…. ¿En qué puedo ayudarlos?"
"Nos pidió que viniéramos a echar un vistazo mientras tanto. Parece que el tutor está muy preocupado."
Dos médicos con bata y tres enfermeras entraron con sonrisas amables. ¿Se referían al general Oh Seon-ran? Ki Tae-jeong miró de reojo su reloj de pulsera. Aunque era un modelo convencional de bajo rendimiento y no uno militar, los mensajes enviados desde el mando superior solían llegar al instante... pero no había saltado ninguna alarma.
Ki Tae-jeong entrecerró los ojos y escrutó los rostros de las personas que habían entrado. Primero, envió una llamada de emergencia al general Oh Seon-ran. Debido a los problemas de salud de Se-hwa, el personal médico entraba y salía con frecuencia, pero nunca se había presentado un grupo tan numeroso sin previo aviso.
Nunca estaba de más ser precavido. Aunque la identidad de los visitantes se verificaba en varias etapas y se realizaban diversos controles en el exterior, los escáneres no lo detectaban todo. ¿Acaso no se podía paralizar temporalmente un puesto de control del Primer Anillo con solo rociar un bote de spray barato?
"¿Cómo se siente?"
"Ah, nada mal. He dormido bien…."
"Me alegro."
Tae-jeong observaba con calma las manos y los pies de los extraños cuando, de repente, sus ojos se abrieron de par en par como si le hubiera caído un rayo.
"Mmm... parece que no hay grandes cambios en los valores…."
El bolígrafo que sostenía el médico que estaba justo al lado de Se-hwa —más exactamente, el pequeño emblema que colgaba del clip— le resultó extremadamente familiar. Era el símbolo de la fundación de becas de Farmacéutica Kyunghan, la empresa dirigida por el Teniente Coronel Kim.
"¡Lee Se-hwa!"
Cuando el soldado, que hasta ahora se había mostrado respetuoso, cambió de actitud repentinamente y gritó su nombre con urgencia extrema, Se-hwa abrió los ojos de par en par por la sorpresa.
#132
"¡Quédate atrás!"
Se lanzó entre el médico y Se-hwa, bloqueando la línea de visión. Mientras empujaba suavemente a Se-hwa hacia atrás para que se alejara, notó con alivio que los pasos de este se distanciaban. A pesar del pánico, Se-hwa parecía haber percibido que la situación era crítica.
Al darse cuenta de que el plan se torcía, el enfermero —o mejor dicho, el tipo disfrazado de enfermero— se abalanzó sobre la puerta principal. Su intención era bloquear la entrada desde el exterior.
Ki Tae-jeong pateó el carrito de suministros de tres niveles que habían traído, volcándolo, y luego lo empujó con fuerza hacia la entrada.
"¡Agh!"
El tipo que intentaba colocar un pequeño dispositivo metálico en la cerradura soltó un alarido patético y se desplomó, probablemente herido en la pierna por el impacto del carrito. Ante la respuesta tan violenta de Ki Tae-jeong, los otros cómplices vacilaron, limitándose a observar la situación con cautela.
"¡Uaaah…!"
"Está bien, está bien…."
En la voz de Se-hwa, que abrazaba y arrullaba al bebé asustado por el estrépito, se filtraban la ansiedad y el miedo.
Ki Tae-jeong escaneó rápidamente el suelo. Lo que habían traído eran suministros médicos comunes: jeringas, bisturíes, frascos de reactivos y monitores de pulso. Al ver que el código del carrito pertenecía a la sala de emergencias, supuso que habían usado esa excusa para pasar los controles internos.
Era un alivio que no fueran armas de fuego o explosivos, pero aun así... ¿de verdad pensaban lograr algo confiando únicamente en un bisturí? Por supuesto, él podía matar a alguien con sus manos desnudas, pero estos tipos parecían civiles comunes.
¿Cuál era la intención de estos mediocres al infiltrarse hasta aquí con herramientas tan pobres? Debían saber que el general Oh Seon-ran había duplicado la guardia habitual.
Si eran infiltrados del Teniente Coronel Kim, tenía aún menos sentido. Kim no tenía margen para organizar algo tan llamativo tras el escándalo de las indemnizaciones por el incendio del Segundo Anillo. Desde que intentó declararse en bancarrota, incluso las facciones que antes eran moderadas estaban asfixiándolo sin piedad.
"¡N-no se mueva!"
El tipo con bata de médico gritó mientras recogía un bisturí del suelo.
"Y-yo no quería hacer esto... pero yo también tengo un hijo."
Al oír la palabra "hijo", Ki Tae-jeong sintió cómo el cuerpo de Se-hwa se tensaba violentamente detrás de él. Ah... estos malnacidos sabían exactamente qué fibra tocar.
"Comuníquese con el General Ki Tae-jeong."
El "médico" agitó el bisturí, mencionando el nombre que sabía que debilitaría a Se-hwa en este momento.
"No les haremos ningún daño ni a usted ni al niño. Si llegamos a un acuerdo, nos encargaremos de convencer incluso a los opositores del General Ki... Solo contáctelo. Si nos prepara una reunión, nosotros nos encargaremos del resto…."
Acuerdo, mis pelotas.
¿Cómo debía proceder? El espacio para poner a Se-hwa a salvo dentro del dormitorio era complicado. Incluso si se movía para cubrirlo, podría quedar un flanco expuesto, dejando un ángulo perfecto para que alguien apuñalara al bebé.
Ki Tae-jeong se mordió el labio con frustración. Masacrarlos era fácil. Pero proteger a alguien sin que sufriera ni un rasguño... era algo que no sabía cómo hacer. Nunca había tenido que preocuparse por eso.
¿Cuántas variables debía calcular? No quería matar a nadie frente a Se-hwa.
Cuando amenazó a Se-hwa en el puerto del Segundo Anillo sosteniendo la vida del Sr. Song y los demás en sus manos, cuando voló un barco entero frente a sus ojos... ¿cómo fue la mirada que Se-hwa le dirigió? Por eso, Ki Tae-jeong no podía actuar con la libertad de siempre.
Se-hwa y el niño no debían recibir ni un rasguño. No permitiría que vieran una escena sangrienta. Se-hwa apenas estaba empezando a sonreír de nuevo.... Si recordaba el pasado y sufría, y si volvía a ser por culpa de algo relacionado con él, esta vez realmente no podría soportarlo.
"Quédese encogido detrás de la hamaca. Estar pegado a la ventana también puede ser peligroso, así que mantenga una distancia prudencial."
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Sin apartar la vista del frente, susurró tan bajo que solo Se-hwa pudiera oírlo.
"Voy a dejar vivos a estos tipos de todos modos. Necesitamos interrogarlos para saber quién está detrás."
"……."
"Habrá algo de ruido, pero nadie morirá. Se lo prometo."
No estaba preocupado. Aunque el método —no matar— le resultaba extraño, terminaría con esto sin dificultad.
Sin embargo, después de un alboroto así, no podría seguir al lado de Se-hwa. Aunque seguía fingiendo y usando un lenguaje formal, antes, por el susto, había llamado a Se-hwa con demasiada familiaridad; tal vez ya se había dado cuenta de quién era.
Le dejaba un sabor amargo que el final fuera este desastre, pero aun así, se alegraba de haber podido ver a Se-hwa y al niño durante una semana completa. Realmente se alegraba.
"¡¿Qué están susurrando ustedes dos?! ¡Señor Lee Se-hwa, le dije que llame al General Ki!"
Como si el grito del falso médico fuera la señal de salida, el cuerpo de Ki Tae-jeong salió disparado hacia adelante como un proyectil.
"¿Por qué sigues llamándolo?"
"¡Agh!"
"Ya está aquí, el General Ki Tae-jeong."
Atrapó primero al médico que balbuceaba tonterías sobre tener un hijo y le susurró al oído, solo para que él lo oyera.
Pateó a otro idiota que intentaba flanquearlo pensando que Ki Tae-jeong no podría moverse mientras sujetaba a alguien, y palpó el cuello de la bata del médico. Tal como sospechaba, sintió un dispositivo electrónico del tamaño de una uña en la solapa.
"¡Hic, agh…!"
Agarró al tipo por el cuello como si fuera a estrangularlo y arrancó de cuajo la tela donde estaba el chip.
"Te dije que no tocaras a Lee Se-hwa ni al niño."
Susurró con ferocidad cerca del chip. Esperaba que el Teniente Coronel Kim, quien seguramente seguía la situación en tiempo real, se alegrara de escuchar la voz que tanto buscaba. Ah, pero ahora llevaba un distorsionador de voz, así que quizá no se daría cuenta de que era él.
"¡A-atrápenlo! ¡Alguien tiene que atrapar al niño primero…!"
Al darse cuenta de que solo sobrevivirían si tomaban a Se-hwa o al bebé como rehenes, los miserables se abalanzaron todos a la vez. Pensaron que, al ser cuatro, podrían distraerlo y que al menos uno lograría llegar hasta Se-hwa.
Ki Tae-jeong se movió con rostro indiferente. Había sobrevivido a varios disparos; un pequeño bisturí no le causaba ninguna impresión.
"¡E-este loco…!"
Sujetó la hoja del bisturí con su mano desnuda y tiró del tipo hacia él, desafiándolo a que hiciera lo que quisiera.
"¡Agh!"
Le dedicó una sonrisa gélida al hombre que estaba horrorizado por la abrumadora diferencia de fuerza y le asestó un puñetazo en el plexo solar. El impacto sonó sordo y pesado, como si un saco de algodón estallara.
Pateó al tipo que se desmayó sin poder siquiera vomitar y agarró por la cara a otro que intentaba pasar a hurtadillas por su hombro.
Ahora se daba cuenta de que el núcleo de este ataque eran los que iban disfrazados de enfermeros. Al menos estos parecían tener entrenamiento profesional. Aunque para los estándares de Ki Tae-jeong, eran unos aficionados patéticos….
Golpeó con la rodilla el estómago del tipo que pataleaba en el aire al ser sujetado por el rostro. Pero entonces,
"¡A-atrás…!"
El grito agudo de Se-hwa resonó, y al mismo tiempo, sintió un pinchazo en la nuca.
"¿Crees que nos disfrazamos de médicos y enfermeros por nada?"
El tipo que, milagrosamente, aún no había recibido ningún golpe, se rió entre dientes mientras agitaba una jeringa.
"Deberías habernos escuchado cuando te propusimos negociar por las buenas."
Sintió el fármaco extendiéndose levemente por sus venas. Bueno, si pasaron el control, debe ser algo de la sala de emergencias... así que probablemente no sea más que anestesia. Ni siquiera sintió que la aguja entrara profundamente…. Lamentaba decepcionarlos, pero no tendría mucho efecto.
"¿Acaso pedimos dinero o dijimos que mataríamos a Se-hwa ahora mismo? Solo, agh…!"
Ki Tae-jeong se tocó la zona del cuello donde lo habían pinchado y descargó un puñetazo en la cara del tipo que fanfarroneaba frente a él. Los ojos del hombre se abrieron de par en par; seguramente pensó que Ki Tae-jeong no podría moverse. Al ver cómo miraba alternativamente la jeringa en el suelo y el rostro de Tae-jeong, supuso que el tipo creía haber fallado la inyección.
"Ah. Se me olvidó decirte..."
Soy famoso por ser inmune a la mayoría de los somníferos o venenos.
"¡E-eso es…!"
"La próxima vez trae al menos treinta miligramos de Tilan-jung. Con eso, al menos logro cerrar los ojos un momento."
Al susurrar esto mientras lo agarraba por las solapas, el tipo tirado en el suelo comprendió el significado y lo señaló horrorizado.
"¿Qué? ¿T-tú qué haces aq-aquí…?"
"Cállate, Se-hwa aún no lo sabe."
A estas alturas, era probable que ya se hubiera dado cuenta…. De todos modos, chasqueó la lengua, le dio otro golpe al idiota y miró a los otros dos que quedaban, paralizados de miedo. No sabía la dosis exacta ni el tipo de anestesia, pero era soportable. Podría acabar con todos y esperar a que llegara el general Oh Seon-ran sin ningún problema.
Ki Tae-jeong sacudió la cabeza brevemente y se lanzó al ataque. Quería hacerlo con suavidad para que Se-hwa no se asustara con el sonido de huesos rotos, pero por si acaso, era mejor terminar rápido.
Pateó al tipo que empuñaba un bisturí y una jeringa con aire trágico y lo lanzó contra el carrito de suministros. Aunque intentó controlar su fuerza, el grito del hombre al caer y el estrépito de los utensilios rompiéndose resonaron con fuerza.
"¿Con qué valor planeas algo así si vas a gritar como si te estuvieras muriendo por tan poco, eh?"
"Guh, hic, agh... n-nosotros también... el T-teniente Coronel Kim nos amenazó…."
No había nada más que escuchar. Le rompió ambas muñecas al último villano. Recordando lo que pasó cuando lanzó a la gente antes, esta vez lo hizo con sumo cuidado para que no se oyera el crujido de los huesos.
Después de eso, no hubo nada más que procesar. Tenía el chip del Teniente Coronel Kim…. Al sentir una ligera vibración en la puerta, supo que afuera ya habían comenzado las labores de apertura. En todas partes, solo había gente desesperadamente lenta.
Ki Tae-jeong estiró el cuello hacia los lados mientras miraba desde arriba a los tipos que habían perturbado la paz de Se-hwa. Seguramente nunca imaginaron que alguien como él, y no un soldado común, estaría vigilando el interior.
¿Acaso el general Oh Seon-ran lo llamó previendo un momento como este? Si fue así, entonces él había cumplido con su deber... y eso le aliviaba.
Ki Tae-jeong se giró hacia Se-hwa con una sonrisa amarga. El bebé seguía sollozando de forma intermitente, y Se-hwa... tenía una expresión difícil de describir.
Los quejidos de los tipos derrotados, el sonido de la puerta siendo forzada, el llanto débil del niño agotado…. A pesar del alboroto alrededor, todo se sentía extrañamente silencioso. Como si ellos dos estuvieran atrapados en un mundo aparte, un silencio aterrador fluía con parsimonia.
"…Vaya adentro."
Al hablarle con respeto, el cuerpo de Se-hwa dio un respingo.
De todos modos... por fuera tenía el rostro de otra persona y su voz seguía sin ser la suya, así que pensaba fingir hasta el final.
"Llevará un poco de tiempo limpiar esto."
Ki Tae-jeong levantó su mano (la que no tenía sangre) y cubrió suavemente los ojos de Se-hwa. Fue un gesto torpe: no se atrevía a presionar, pero tampoco a retirar la mano por completo.
Sacudió las gotas de sangre de su otra mano y, sujetando apenas el borde de la ropa de Se-hwa, tiró de él suavemente hacia adelante. Dócilmente, Se-hwa se dejó guiar. El niño, atrapado entre ambos, se removió soltando un ruidito.
"el general Oh Seon-ran llegará pronto. También el médico encargado."
"……."
"Pero por si acaso, mantenga la puerta cerrada."
No era su lugar consolar a Se-hwa ni al niño por el susto. Dejaría que el general se encargara de los detalles, mientras él descubría toda la verdad detrás de este incidente absurdo.
"Ah, y por cierto…."
Sintiendo una mirada, Ki Tae-jeong bajó la vista y se quedó sin palabras.
El bebé, que soltaba gruesas lágrimas por el susto del alboroto, lo estaba mirando. ¿Le resultaría curioso ver a una persona tan grande? Con la boca entreabierta y parpadeando con esos ojos que, exagerando un poco, parecían del tamaño de un puño... el bebé era tan hermoso que parecía un muñeco.
"Ehm, bueno... después de esto…."
Ki Tae-jeong, que se había quedado embobado mirando al niño, recobró el sentido y giró la cabeza bruscamente. Sabía que se vería antinatural, pero no pudo evitarlo.
Se-hwa y el niño, que era idéntico a él, lo miraban con la misma expresión. La velocidad del parpadeo, la forma y el ángulo de la pequeña boca abierta eran iguales, como si hubieran sido hechos con el mismo molde. No fue la anestesia, sino esa escena la que le hizo sentir vértigo. Su mente se quedó en blanco, incapaz de pensar en nada.
"En fin, mantenga la puerta bien cerrada…."
Estaba a punto de darse la vuelta tras decirle a Se-hwa que no se preocupara, que se quedaría vigilando fuera de la puerta del dormitorio hasta que llegara el general, cuando una sombra alargada y extraña se proyectó sobre la sombra entrelazada de él y Se-hwa.
Oh, mierda…. Ki Tae-jeong se giró rápidamente y empujó a Se-hwa hacia el interior del dormitorio. Ante el repentino movimiento brusco, el niño, que apenas se estaba calmando, rompió a llorar a pleno pulmón, y entonces….
"¡General…!"
Antes de que pudiera comprender la situación, un afilado bisturí se clavó profundamente en la garganta de Ki Tae-jeong.
#133
"Ah, ah… ¿Qué hago…?, General…."
Ki Tae-jeong cerró los ojos profundamente y los volvió a abrir.
General.
Cuánto había extrañado la voz de Se-hwa llamándolo así.
Desde que dejó ir a Se-hwa, Ki Tae-jeong solo había vivido en las fantasías que él mismo construía. En ellas, seguía siendo General y Se-hwa le sonreía radiante, llamándolo como en sus mejores días.
Elegían manzanas y cerezas juntos en los grandes almacenes de siempre; compartían confidencias en la cama bajo la luz de una lámpara de lectura color crema hasta quedarse dormidos. Bebían en el pequeño bar que él había instalado en la residencia oficial o salían a conducir. Los hechos reales y las cosas que deseaba haber hecho por Se-hwa se entrelazaban tanto que, con el tiempo, la línea entre la realidad y el deseo se volvía borrosa.
El destino de sus sueños siempre era la playa del Quinto Anillo. Ki Tae-jeong observaba incansablemente el rostro límpido de Se-hwa, quien reía diciendo que la arena le daba cosquillas en los pies descalzos, aun sabiendo que no era real.
A veces, Se-hwa tiraba del dobladillo de su chaqueta y lo invitaba dulcemente a ver al bebé, diciéndole que podía cargarlo. Aunque añadía un regaño severo insistiendo en que debía pedirle perdón a Hae-rim... aun así, ante esa voz tan dócil y encantadora, Tae-jeong asentía una y otra vez y le susurraba al niño:
En ese entonces, con la excusa de que había perdido la cabeza, te dije cosas que no debí decirte. Lo siento mucho, sigo sintiéndolo mucho, Hae-rim.
Y Se-hwa, a ti también.
"Sangre… General, está saliendo demasiada sangre…."
Con cada parpadeo, la brillante fantasía se derretía lentamente. La playa deslumbrante se dispersaba en granos y, en el lugar donde la luz desaparecía, la caótica realidad de la sala de protección lo golpeaba de lleno.
"Esto… ¿cómo…?, ¿qué hago?…."
Ki Tae-jeong se apoyó en el marco de la puerta, respirando con dificultad. Con la otra mano tanteó la zona por donde brotaba la sangre; el lugar del corte no era nada bueno. Solo entonces pensó que, tal vez, se sentía un poco mareado.
"¡Mierda, ya que todo se arruinó…! ¡Si lo mato, al menos recibiré una buena recompensa!"
"¡Ah, no…!"
El último arrebato del atacante y el grito lloroso de Se-hwa rozaron sus oídos, mientras otro tajo del bisturí raspaba una zona delicada cerca del músculo esternocleidomastoideo. La fina capa del maquillaje especial se levantó y el chip del distorsionador de voz adherido en su interior cayó al suelo con un golpe seco.
El miserable que le blandía el bisturí cojeaba pesadamente. Como no puede mantener el equilibrio, pone toda su fuerza en la mano que apuñala. Desde la perspectiva del atacante, no había otra forma de explicar la situación más que por pura suerte. Por azar, el ángulo coincidió con su objetivo y logró descargar todo su peso en el golpe….
"¡General!"
A Tae-jeong se le escapó una risita de loco. Ya no soy General. Había ganado una estrella más y ahora era Mayor General. Pero se sentía tan bien ser llamado "General" por Se-hwa. Tan bien que ni siquiera le importaba haber sido alcanzado por el bisturí de un tipo insignificante al que podría despachar con mover un dedo.
"¡Aquí! ¡Por favor, llamen a alguien rápido, aquí…!"
Detrás de él, escuchaba el sonido de Se-hwa pataleando desesperado sin saber qué hacer. El llanto del bebé en sus brazos aumentaba y disminuía en intensidad.
Ki Tae-jeong sacudió la cabeza para aclarar su visión borrosa. No era momento de hundirse en sentimientos. Agarró al tipo que intentaba huir a gatas por la nuca y estrelló su rostro contra el suelo. Solo con ese esfuerzo, la sangre brotó con más fuerza de la herida del cuello.
Tras apartar al tipo aplastado como a un insecto, Tae-jeong caminó lentamente hacia la mesa de la cocina. Allí, dejó con cuidado la bata desgarrada que había recogido antes. La puso boca abajo para que el chip fuera visible; cuando el general Oh Seon-ran la encontrara, sospecharía de inmediato y lo investigaría.
"Espere un momento, llamaré a alguien…."
"Te dije que no salieras, entra."
Ante esa voz grave y quebrada, los ojos de Se-hwa temblaron violentamente. Aunque ya sospechaba quién era, escuchar su verdadera voz parecía conmoverlo de una forma nueva.
"¿Oyes el ruido de la puerta abriéndose? Gente de confianza llegará pronto, así que espera dentro del dormitorio hasta entonces."
"Pero…."
"Estoy bien."
Estoy de pie y no me he desplomado. Ante sus palabras de que ni siquiera le dolía especialmente, la expresión de Se-hwa se volvió extraña. Se mordía el labio inferior con tanta fuerza que su barbilla se llenaba de arrugas, como una nuez. Hace mucho que no veía esa expresión, pensó Tae-jeong. Se preguntó si Se-hwa se sentiría ofendido si sonreía diciéndole lo feliz que estaba de volver a verlo así.
"No es nada grave."
"¿Cómo que no es nada si estás sangrando así?..."
"Comparado con lo mucho que tú sufriste por mi culpa... esto realmente no es nada."
"……."
"Está bien, no te preocupes por esto. Con medicina, esto se cura…."
En realidad, era mejor así. Ahora que podía acusarlos de intento de asesinato de un oficial, podría acabar definitivamente con la familia Kim. Aunque fue alcanzado por bajar la guardia, gracias a eso pudo escuchar la voz de Lee Se-hwa llamándolo, y con eso era suficiente….
"¡Hemos llegado tras recibir el aviso! ¿Se encuentra bien?"
La puerta principal fue finalmente forzada y los aliados que montaban guardia afuera entraron en tropel. Ki Tae-jeong observó los movimientos de los que entraban por si acaso, y solo se tranquilizó al escuchar los gritos de furia del general Oh Seon-ran a través de la radio. La agudeza de su mirada se disolvió en un cansancio pesado.
"¿General…?"
De repente, su visión se distorsionó por completo y perdió la fuerza en las rodillas. En el breve instante en que su cuerpo se derrumbaba, Ki Tae-jeong repasó y cerró varias veces sus desaliñados arrepentimientos, sus remordimientos tardíos y su feo afecto.
"¡General…!"
Junto al olor metálico de la sangre, una oscuridad desconocida lo envolvió.
Aun así, pensó que un desvanecimiento acompañado por el angustiado llamado de Lee Se-hwa... no estaba nada mal.
*
Se-hwa caminaba ansioso por el pasillo del hospital.
El Capitán Na —antes Teniente— le había dicho que esperara un momento, pero ¿por qué aún no regresaba? Por cierto, ¿qué clase de lugar era este donde no daban ninguna información? ¿Acaso las salas de cirugía donde entraban los oficiales ni siquiera tenían carteles? ¿Sería por seguridad... o algo así? Aun así, lo normal en una cirugía era ver a médicos y enfermeras entrando y saliendo a toda prisa. Pero aquí no se veía a nadie, ni siquiera a los robots que transportaban instrumental médico.
Ese silencio siniestro no le gustaba nada, y Se-hwa se estremeció levemente. Si... si por un casual hubiera pasado algo irreversible.... Si ese hombre que parecía una montaña, Ki Tae-jeong... se hubiera desplomado para no levantarse jamás….
"No, no puede ser…."
Se-hwa se reprendió a sí mismo por tener pensamientos tan oscuros. Justo antes de desmayarse, aquel hombre hablaba con normalidad. Tenía fuerza suficiente incluso para derribar a los atacantes, así que….
"…Dijo que estaba bien."
Independientemente de sus sentimientos pasados, no quería ver a Ki Tae-jeong morir, o mejor dicho, herido de esa manera.
"También dijo que no era nada grave…."
Hae-rim había sido trasladado temporalmente a la sala de neonatos, y el Teniente Primero Park estaba limpiando la sala de protección.
Le explicaron que, al igual que el médico que lo maltrató durante su chequeo anterior, los atacantes eran beneficiarios de la fundación del Teniente Coronel Kim que habían sido sobornados. Parecía que querían usarlo a él y al bebé como rehenes para obligar a Ki Tae-jeong a negociar, y el general Oh Seon-ran estaba investigando los detalles personalmente.
Eso era todo lo que Se-hwa sabía.
Cuando Se-hwa les gritó que llamaran a un médico de verdad porque lo habían apuñalado en el cuello y perdía mucha sangre, los soldados que forzaron la puerta se movieron con urgencia.
Sin embargo, al identificar que la persona desmayada era el General de Brigada Ki Tae-jeong —o mejor dicho, General de división—, la actitud de la gente se volvió extraña.
Por supuesto, sus palabras y gestos eran muy respetuosos. Prepararon el traslado rápidamente y los ayudantes de Ki Tae-jeong fueron convocados de inmediato. Pero eso fue todo. Nadie allí mostraba una actitud de verdadera urgencia. Además del cuello, Ki Tae-jeong tenía la palma de la mano muy cortada por enfrentarse a los asaltantes. A simple vista, era una situación crítica que requería rapidez inmediata, pero Se-hwa sentía que todos se movían con excesiva calma.
"Señor Se-hwa."
El Capitán Na y el Suboficial Mayor Choi se acercaron con una inclinación de cabeza. Hacía tiempo que no se veían, y en sus miradas se notaba la alegría del reencuentro.
"Lamento saludar tarde, estábamos en medio del caos. Cuánto tiempo. ¿Cómo ha estado?"
Se-hwa no lograba entender cómo se estaban desarrollando las cosas. Que lo recibieran bien estaba bien. Pero, ¿no era extraño que incluso sus ayudantes estuvieran tan tranquilos cuando Ki Tae-jeong estaba en ese estado?
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"El estado del Gen... del General de división es…."
"Ah, está bien. Se pegó un buen susto, ¿verdad?"
"Yo estoy bien. Pero él... bueno, esa persona está gravemente herida…."
Llamarlo "Mayor General" no le salía de la boca, así que Se-hwa evitó usar el título.
"Vaya. Es el Mayor General, después de todo."
El Capitán Na continuó su explicación como si no fuera gran cosa.
"Bueno, primero... se detectó una pequeña cantidad de anestésico en su sangre, pero casi que es mejor así."
Se-hwa había estado esperando con el corazón en un puño a alguien a quien preguntar. Pero incluso lo que decía el Capitán Na iba en una dirección totalmente opuesta a lo que él esperaba.
"Si hubiera sido otro fármaco extraño podría haber sido problemático, pero como es anestesia real de hospital, no creo que haya mayor problema."
La voz que daba la noticia era excesivamente alegre. Se-hwa, desconcertado, solo pudo mover los labios antes de lograr hablar.
"…Ah, mmm… ¿y la parte donde lo apuñalaron? ¿Está en cirugía ahora mismo?…."
"¡Qué va! Para eso una pastilla de recuperación es más que suficiente."
"……."
"¿Tiene alguna otra duda?"
Eso fue todo. Se-hwa parpadeó lentamente, incrédulo, y agarró al Capitán Na del brazo.
"¿Pastilla de recuperación? ¿Por qué no lo operan?"
"Pero por favor, ¿cómo lo van a operar por algo tan insignificante?"
¿Algo insignificante? La sangre brotaba de su cuello como si se hubiera roto una presa, ¿y decían que era insignificante?
"Espere un momento. Yo también sé que las pastillas de recuperación son buenas. Pero tiene la carne desgarrada y ha perdido muchísima sangre…."
"Es cierto, cualquier otra persona habría sido llevada a urgencias de inmediato. E incluso así, las posibilidades de sobrevivir serían muy bajas."
Pero es el Mayor General Ki Tae-jeong.
El Capitán Na seguía usando el hecho de ser "Ki Tae-jeong" como si fuera un escudo todopoderoso para justificar que todo estaba bien.
"No es como si tuvieran que extraerle una bala o si algo lo hubiera atravesado por completo, así que realmente no hace falta cirugía. En cuanto pase un poco de tiempo, se levantará como si nada."
El Capitán Na consoló a Se-hwa diciendo que un tajo y un poco de piel desgarrada no eran nada para Ki Tae-jeong. Parecía que intentaba tranquilizarlo hablando con ligereza, pero Se-hwa no se sentía aliviado en absoluto.
Al contrario, sentía náuseas.
¿Acaso Ki Tae-jeong, incluso cuando estaba herido a un nivel en el que la gente normal no sabría si viviría o moriría, consideraba normal que nadie se preocupara por él...? ¿Acaso siempre se limitaba a tragar una pastilla de recuperación y volvía a ponerse el uniforme como si nada hubiera pasado? ¿Así, cada vez, durante toda su vida?...
#134
"A veces, al escuchar la historia del Mayor General, había personas que reaccionaban como usted ahora, Se-hwa. Sí, ponían exactamente esa misma expresión."
El tono del Capitán Na era cálido, como si estuviera arrullando a un hermano menor. ¿Esa expresión? ¿Cómo está mi cara? Mientras Se-hwa se tocaba las mejillas, el Capitán soltó una pequeña risa.
"Y cada vez que eso pasaba, el Mayor General... bueno, es un poco violento decir esto frente a usted... pero reaccionaba como un loco drogado."
Incluso eso parecía ser una expresión refinada y contenida. Una sombra profunda cruzó el rostro del Capitán Na al recordar el pasado.
"¿Sabe que hay personas que actúan de forma retorcida a propósito para ocultar su debilidad o sus complejos? Lamentablemente, él ni siquiera es de ese tipo. Para usar sus propias palabras, dice que simplemente le jode y detesta que lo traten de esa manera."
"……."
"Es alguien que considera la compasión ajena como lo más horroroso del mundo. Dice que no se siente digno de lástima, así que odia que los demás se embriaguen con sus propios sentimientos y lo miren con lástima sin su permiso.... Bueno, es cierto que es un hombre que posee demasiadas cosas como para verlo simplemente como alguien digno de lástima. Además…."
El Capitán Na se rascó la nuca, como si le preocupara cómo recibiría Se-hwa lo que estaba a punto de decir.
"Usted es la única persona que ha tratado así al Mayor General y todavía conserva sus cuatro extremidades intactas. Me sorprendió mucho cuando me enteré.... No, mejor dicho, lo correcto sería decir que Lee Se-hwa es la única persona que ha llegado a tener una relación especial con él…."
"……."
"En fin, lo que quiero decir es que no hay de qué asustarse. Él está perfectamente. Y si él mismo dice que lo odia, no hay necesidad de sentirse mal por él."
Sin darse cuenta, Se-hwa bajó la mirada hacia sus propias muñecas.
Cuando escuchó la historia de la infancia de Ki Tae-jeong como niño soldado en el búnker y mostró un atisbo de compasión, él le fracturó la muñeca. Se burló de su corazón, que se había ablandado por unas pocas palabras, y ridiculizó cruelmente todo lo que Se-hwa había atesorado con cariño. Ni siquiera la primera vez que lo pateó le dolió tanto como aquel momento.
Pero, si esas palabras y acciones de Ki Tae-jeong se debían a que había sido tratado así desde su más tierna infancia….
Si era una especie de mecanismo de defensa que aprendió viviendo días donde nadie se preocupaba por él aunque tuviera el cuello atravesado y la carne desgarrada hasta los huesos; donde solo importaba que funcionara sin problemas estuviera herido o no; donde nadie lo cuidaba porque sanaba rápido, aunque eso no significara que no sintiera dolor... si era así, entonces Se-hwa sentía que podía entender un poco por qué Ki Tae-jeong reaccionó de forma tan afilada en aquel entonces.
Por supuesto, no es que quisiera abrazarlo comprendiendo sus penas ocultas. Lo que fuera, es un hecho que Ki Tae-jeong lo trató de forma cruel. Haber vivido como una máquina de matar no le da derecho a ser perdonado por las heridas que causó a otros. Pero….
"Entonces, ¿puedo entrar a verlo ahora? Si no lo están operando…."
El Capitán Na dio un respingo, preguntando si hablaba en serio. Le preguntó varias veces si de verdad iba a entrar sabiendo que el Mayor General estaba allí.
"Vaya, por supuesto que no hay problema."
El Capitán Na empujó suavemente la espalda de Se-hwa, diciendo que ya era hora de que despertara.
"La herida ya habrá cerrado, así que no verá nada desagradable."
Ese comentario alegre le causó a Se-hwa una punzada de amargura. Sabía que el Capitán lo decía para tranquilizarlo, pero, por el contrario, sentía como si le estuvieran colocando piedras pesadas sobre el corazón.
Se-hwa dudó un momento con la mano sobre la puerta de la habitación, luego cerró los ojos con fuerza y empujó.
Al ser un lugar para alguien de alto rango, el interior era extremadamente lujoso. La luz del sol entraba a raudales por los ventanales adornados con cortinas de gasa. A través del cristal se veía un jardín bien cuidado y un sendero, y el mobiliario era evidentemente costoso.
En el centro, rodeada por cortinas blancas, estaba la cama. ¿Sería para proteger la privacidad? En cualquier caso, era lo único que recordaba a las salas de urgencias que se ven en las noticias, y le dio un momento para prepararse mentalmente, lo cual agradeció. Aunque entró con determinación, si hubiera visto la cara de Ki Tae-jeong con los ojos cerrados de inmediato, no habría podido soportarlo.
"Capitán Na."
Mientras Se-hwa miraba fijamente la cama sumido en emociones indescriptibles, una voz grave que nunca había escuchado antes sacudió sus pensamientos.
"Tráeme mi reloj."
¿Se habría despertado al sentir su presencia? ¿O ya estaba despierto? Como no podía ver a través de las cortinas, no tenía forma de saberlo. A juzgar por ese tono de voz tan profundo que parecía capaz de atravesar el suelo, parecía que no hacía mucho que había recuperado el sentido….
¿Qué debía hacer? ¿Llamar al Capitán Na? Mientras dudaba, para su sorpresa, escuchó el sonido de un encendedor. Al mismo tiempo que una columna de humo blanco se elevaba, los sistemas de ventilación de la habitación comenzaron a funcionar con fuerza. Al parecer era una habitación donde se permitía fumar, ya que no sonó ninguna alarma. ¿Debería considerarlo una suerte?
El asombro hizo que la tensión de Se-hwa se disipara de golpe. Le pareció absurdo que Ki Tae-jeong buscara un cigarrillo antes de pensar en la herida de bisturí, y la falta de tacto del hombre al ignorar que estaba en un hospital lo dejó tan perplejo que olvidó por completo la seriedad con la que había entrado.
"Capitán Na, el reloj."
La voz que apremiaba de nuevo era más alta que antes, y la pronunciación se enturbió un poco al inhalar profundamente y soltar el humo. Se-hwa se frotó los antebrazos, donde la piel se le erizaba ante el sonido de la voz del hombre, y descorrió con cuidado la cortina opaca.
Ki Tae-jeong estaba de espaldas. Tal como dijeron que solo tomó una pastilla de recuperación, ni siquiera tenía un suero conectado.
"¿Y Se-hwa y el niño?"
Parecía que todavía sentía molestias, ya que sus movimientos para ponerse la prenda superior no eran tan rápidos como de costumbre. Siguiendo sus gestos lentos, los músculos de su ancha espalda se movían como cordilleras palpitantes. Aunque era un poco lento al vestirse, por fortuna podía usar las manos. La zona donde fue apuñalado y desgarrado parecía estar intacta.
"¿Por qué no res..."
El hombre, con el cigarrillo colgando de los labios con aire rebelde, se giró bruscamente. Al descubrir la figura inmóvil de Se-hwa, las densas cejas de Ki Tae-jeong se arquearon con molestia. Pero la irritación en su entrecejo se transformó en sorpresa y luego en una profunda emoción en un instante.
Se-hwa recordó de pronto el momento en que conoció a Ki Tae-jeong. También hacía frío aquel día, y la calle, llena de nieve y pétalos de flores mezclados, estaba muy sucia. El hombre, que lo miraba fijamente mientras exhalaba humo de cigarrillo como si fuera aliento frío, entrecerró los ojos con interés y le preguntó si él era la "famosa flor". Y ahora,
"……."
Ki Tae-jeong, sin pretenderlo, estaba frente a él en la misma postura que aquel día.
Parecía que lo único que había cambiado era su expresión. Ah... ¿o no? También parecía que su semblante estaba mucho más demacrado que la última vez que lo vio. Su apariencia de dibujo seguía igual, pero ahora las líneas de su rostro eran tan afiladas que parecía que uno podría cortarse con solo estar a su lado.
Las pupilas del hombre, que habían perdido su brillo y estaban negras, temblaron violentamente. Emociones diversas que ni el propio Se-hwa podía descifrar aparecían y desaparecían en su mirada y en su rostro.
"…Parece que no ha pasado nada, si has venido hasta aquí dejando al niño."
Ki Tae-jeong apagó el cigarrillo sin cuidado en la mesa de noche junto a la cama y agitó la mano rápidamente. Para cuando el humo acre se disipó, el hombre volvía a tener su habitual rostro relajado. Si no hubiera sido por el gesto de dispersar el humo con torpeza o por el brillo vacilante en sus ojos al verlo, Se-hwa no habría notado que estaba fingiendo calma.
"El hecho de haber ido a verte con ese disfraz…."
Tras una breve tos seca, Ki Tae-jeong se acarició repetidamente la nuez con la palma de la mano. ¿Por qué fumas en cuanto abres los ojos?, chasqueó la lengua Se-hwa para sus adentros... pero al pensarlo con calma, le pareció que él estaba intentando evitar que Se-hwa viera el lugar donde lo habían apuñalado.
"Fue a petición del general Oh Seon-ran. Pensamos que podría haber tipos haciendo locuras como las de hace rato."
"……."
"No fue mi intención engañarte. Reforzaremos la guardia y tomaremos medidas para que a partir de ahora solo el personal médico registrado pueda entrar y salir,"
"¿Es usted feliz?"
Antes de que Ki Tae-jeong terminara de hablar, la pregunta brotó de Se-hwa de forma inesperada. Tras mirar fijamente al hombre, quien no se burló fríamente de él por interrumpirlo como antes, Se-hwa volvió a preguntar lentamente si ahora era feliz.
"Ahora ya no es General de Brigada, sino Mayor General, y el juicio tuvo un buen resultado…. Ya tiene todo lo que quería. Apartó a la gente a su antojo con la excusa de protegerla y actuó según su conveniencia hasta el final…."
"……."
"Entonces debería ser feliz. ¿Por qué…?"
¿Por qué tiene esa cara?
Se-hwa sintió ganas de llorar por alguna razón. Solo ahora comprendía por qué se había sentido tan vacío durante todo el tiempo que él estuvo ausente.
En aquella playa, se había sentido como si aquel hombre, que lo había empujado a marcharse, lo hubiera abandonado una vez más.
Sentía rencor y odio hacia él por haberlo entregado al general Oh Seon-ran de repente y sin avisar, y hacia Ki Tae-jeong por no haberle dado ninguna opción. Al comprender la razón específica, una tristeza que no sabía cómo había contenido se desbordó.
Fuera cual fuera la razón o el pretexto... aunque todo el mundo fuera así, este hombre al menos no debería haber vuelto a hacer algo en su contra. Si después de tanto tiempo iba a mirarlo con estos ojos y esta cara, y si iba a lanzar su cuerpo contra una hoja de metal afilada sin importarle nada... entonces no debió dejarlo ir así. Debió dejar que fuera él quien decidiera si soltarlo o abandonarlo.
Es cierto que quería huir de Ki Tae-jeong y que no quería ni verlo. Pero no deseaba un final de ese tipo. Este hombre malvado y egoísta no lo respetó hasta el mismísimo final. Sin embargo... al mismo tiempo que sentía rabia y tristeza, un sentimiento contradictorio que jamás debería coexistir con los otros asomó la cabeza.
Esa despedida debió ser el afecto más profundo que este hombre, criado y tratado como un arma, pudo ofrecer. Al comprender que fue el arrepentimiento y la disculpa desesperada de Ki Tae-jeong a su manera, ya no podía simplemente odiarlo sin más. Después de ver con sus propios ojos qué clase de trato recibía este hombre dentro del ejército a pesar de sus estrellas, era imposible seguir guardándole rencor ciegamente como antes.
Realmente, realmente... era una mierda. Ki Tae-jeong era, sin duda, un hombre experto en revolverle a uno las entrañas.
"…No."
Sin saber lo que pasaba por la mente de Se-hwa, Ki Tae-jeong caminó hacia él con pasos firmes. Las solapas de su camisa, que no estaba bien abotonada, ondearon con fuerza. Con cada paso que él daba, el olor punzante a desinfectante y tabaco lo envolvía.
Se-hwa revisó rápidamente las manos y el cuello de Ki Tae-jeong. La zona donde el bisturí lo había herido estaba lisa y brillante, sin una sola cicatriz.
Aunque tome una pastilla de recuperación y la carne nueva brote sin cicatrices, eso no significa que el dolor se olvide. Sin embargo, Ki Tae-jeong se quedó frente a Se-hwa como si nunca hubiera recibido herida alguna, vacilando durante largo rato. "No, no, no". Repitiendo esa palabra una y otra vez como un reloj estropeado.
"Yo también pensé que lo tenía todo... pero no era así."
"……."
"Como tú no estás, no soy nada feliz."
#135
Ki Tae-jeong murmuró solo con el movimiento de sus labios: "Feliz…". El hombre se veía sumamente incómodo, como si fuera la primera vez en su vida que pronunciaba esa palabra.
"…Lee Se-hwa, yo."
Ki Tae-jeong ladadeó la cabeza con una sonrisa amarga y, tras eso, sus labios vacilaron por un momento. No fue hasta que uno de los ventiladores dejó de zumbar que volvió a mirar directamente a Se-hwa a la cara.
"Si vienes hasta aquí en persona y me preguntas algo así…."
"……."
"Soy un bastardo tan desvergonzado que no puedo evitar empezar a tener esperanzas."
Eran palabras descaradas, pero extrañamente no sonaban cínicas, sino solemnes. Se percibía una determinación de soltarlo todo ahora que creía que no volverían a verse, o quizás estaba trazando una línea para no darse más oportunidades a sí mismo.
"…¿Y tú? ¿Cómo estuviste?"
"……."
"¿Has estado... bien?"
En ese momento, el gran ventilador de techo comenzó a girar suavemente. La camisa del uniforme lisa, sin charreteras ni medallas; las cortinas blancas que rodeaban la cama; el cabello de Ki Tae-jeong y sus pupilas oscuras y agitadas…. Todo lo que Se-hwa veía temblaba sutilmente.
Se-hwa contempló la escena, cerró los ojos con fuerza y los abrió.
"…Sí, he estado bien."
"……."
"He comido bien y me he ejercitado mucho…."
"……."
"A veces es incómodo porque mis recuerdos aún no están completos, pero creo que, dentro de lo que cabe, estoy bien."
"…Ya veo. Me alegro."
Fue una reacción simple para haber empezado con tanto ímpetu.
Originalmente, Ki Tae-jeong era un hombre experto en adornar las palabras. Decir que él debía ser su tutor sin falta, o que Se-hwa era su única debilidad y excepción... era muy hábil en formas de expresión que embriagaban a quien lo escuchaba sin revelar del todo sus verdaderas intenciones. Al menos, así lo sentía el Se-hwa de aquel entonces.
Lo gracioso era que, al mismo tiempo, no sabía cómo pedir perdón. Incluso una confesión tan sencilla como decir que sentía algo por él le resultaba extremadamente difícil. A pesar de que, cuando solo jugaba con él, podía decir "Se-hwa, me gustas" sin parpadear. En los momentos que requerían un lenguaje sincero, solo soltaba una cadena de excusas que a nadie le interesaban.
Fue un hombre cruel que, en lugar de confesar que lo protegería o lo trataría bien, demostró sus sentimientos de forma definitiva al no ponerle, finalmente, la cadena de platino.
Y ese hombre solo llegó a mostrar toda su sinceridad después de que todo se hizo pedazos y llegó a un punto irreversible.
Incluso en ese momento, Ki Tae-jeong no se derrumbó.
A diferencia de Se-hwa, que estaba destrozado y soltaba cenizas, el hombre se mantuvo firme incluso en la playa. Cuando le entregó el documento de renuncia a la patria potestad o cuando lo subió al auto del general Oh Seon-ran, mantuvo un rostro imperturbable en todo momento. Quien siempre derramaba lágrimas patéticamente era Se-hwa.
Incluso mientras se mantenía ocupado intentando vivir, tal como le aconsejó el general Oh Seon-ran, inevitablemente había momentos en los que Ki Tae-jeong venía a su mente. A veces sentía un escalofrío al recordar el rostro de quien lo hirió, otras veces temblaba de miedo, y otras rumiaba pensando que también hubo buenos momentos.
Por supuesto, tuvo fantasías inmaduras deseando que él estuviera más dolido o que lo pasara peor que uno mismo. Sin embargo, no esperaba que Ki Tae-jeong tuviera una verdadera cicatriz. Como era un hombre que nunca había perdido ante nadie, supuso que se habría recuperado pronto. Al igual que los militares de fuera, que se preguntaban por qué preocuparse por Ki Tae-jeong si con una pastilla de recuperación quedaría como nuevo.
"Y yo, ahora…."
"……."
"Ejem, yo ahora... ya no uso parches. Resulta que puedo estar sin ellos."
"…¿Qué?"
La boca de Ki Tae-jeong, que estaba firmemente cerrada, se abrió ligeramente. Ante esta noticia, no pudo fingir que no le importaba y se despojó por completo de la máscara que llevaba puesta.
"¿Qué quieres decir? ¿Que ya no tienes que usar parches?"
"Aún no sé la causa exacta, pero dicen que parece ser un efecto secundario de ese medicamento, el A7... en fin, dicen que mi constitución cambió."
"Entonces, si te duele algo…."
"Tomo medicina. Como la gente normal."
"……."
"Puedo tomar suplementos y, si alguna vez necesito cirugía, me pondrán anestesia y será normal…."
Antes de que pudiera terminar la frase, Se-hwa fue envuelto por una fuerza que parecía querer estallar su cuerpo. Debido a la presión del abrazo, la última frase sobre la cirugía normal quedó atrapada en su garganta.
"…General."
Por la sorpresa, el apelativo familiar escapó de sus labios. Esa llamada pareció ser el detonador, pues las manos del hombre que lo abrazaba desesperadamente empezaron a temblar levemente.
"Solo un poco…."
"……."
"Solo por esta vez, quédate así un momento…."
El pecho de Ki Tae-jeong, donde él hundía el rostro, retumbaba. Se-hwa no lo apartó, pero tampoco le devolvió el abrazo. Al igual que había soportado sus embestidas como oleajes de tempestad, permaneció inmóvil, esperando en silencio a que este tiempo terminara.
Entonces, cuando la fuerza en las manos que rodeaban su espalda y cintura empezó a ceder poco a poco, Se-hwa tragó saliva con dificultad y habló.
"Hubo un tiempo en el que... pensaba que sería feliz solo con tener mi nueva identificación."
"……."
"Pero ahora que no soy del Primer Anillo, sino una persona del Quinto Anillo... si me preguntas si soy feliz, yo... no lo sé."
"……."
"Cómo era yo antes, cómo era mi personalidad, cuando estoy así de vacío... con qué mentalidad o cómo aguantaba para vivir, esas cosas... no recuerdo ninguna."
Ki Tae-jeong no mostró ninguna reacción. O más bien, parecía pensar que no debía mostrarla. No podía abrazarlo de forma adecuada, pero tampoco podía soltarlo del todo; simplemente mantenía sus cuerpos unidos.
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"Me estoy esforzando... pero no creo que vaya a estar bien de verdad, probablemente... por su culpa, General…."
"……."
"Porque por su culpa... quedé demasiado destrozado."
"……."
"Así que, por... por eso…."
Se-hwa balbuceó y, sin darse cuenta, sus ojos se enrojecieron.
Había llorado como un tonto durante todo el trayecto de la playa al hospital, pero después de eso se había mantenido valiente y firme. Se esforzó a su manera porque quería estar bien solo. Pero ante el latido del corazón que resonaba contra su mejilla presionada contra el pecho de él, las lágrimas brotaron de golpe.
"Siga... sintiéndose culpable conmigo."
"……."
"Mi estatus subió, tengo dinero y hasta un buen padre adoptivo, así que mi vida debería estar resuelta... pero por qué sigo sufriendo, por qué me duele, qué significa para mí poder tomar medicina normal... la única persona que puede entender eso…."
"……."
"Esa persona, aunque sea absurdo, es solo usted, General…."
Solo la persona que tanto me hizo llorar puede entender mi interior desgastado.
Y solo yo puedo ser quien sienta lástima por ese hombre, que ya estaba destrozado mucho antes de conocerme.
¿Cómo se supone que se explica una relación así?...
"Hasta que yo esté bien, voy a seguir, seguir a su lado... guardándole rencor…."
No tenía confianza para llevarse bien con Ki Tae-jeong como antes. No quería dormir en la misma cama abrazado a él, ni quería parlotear buscando ver su rostro suavizarse.
Pero como estar juntos es doloroso y estar separados también es difícil ahora... pensó que, hasta que apareciera otra respuesta, lo mejor sería tener a Ki Tae-jeong cerca.
Parecía una decisión alejada de la felicidad. Se sentía como si estuviera bloqueando con sus propias manos la otra salida que por fin había conseguido. Pero le resultaba injusto y doloroso sufrir esta contradicción solo, así que quería que él sufriera a su lado, como un espectro que arrastra a otro al fondo.
Si lo hacía... sentía que algún día llegaría un momento mejor que el presente.
Como este lugar que murió y quedó negro siempre será de Ki Tae-jeong, quizás algún día pueda mirarlo y decir que ya no le duele….
"No digo que vayamos a volver a lo de antes."
"……."
"Voy a odiarlo, a insultarlo, a desahogar toda mi furia... y puede que llegue el día en que le diga que ya es suficiente y que me deje ir. No, seguro que lo haré. Porque yo,"
"Hazlo."
Ki Tae-jeong apoyó la frente en el hueco entre el cuello y el hombro de Se-hwa.
"Puedes hacerme lo que quieras…."
"……."
"Solo quédate a mi lado. No, deja que yo me quede a tu lado."
Él asintió repetidamente durante mucho tiempo, como si le resultara difícil de soportar. Una y otra vez, hasta que la piel se calentó por la fricción.
"Lee Se-hwa."
"……."
"…Se-hwa."
Lo que Ki Tae-jeong susurró después fue tan bajo que no pudo escucharlo bien. Fue más un aliento que lenguaje. Sin embargo, sus labios pegados a él y la forma en que se movieron le indicaron con claridad qué frase era…. Se-hwa, que no sabía que escucharía de esta forma esas palabras con las que hace tiempo no se atrevía ni a soñar, terminó abrazando a Ki Tae-jeong mientras las lágrimas caían sin parar.
Bueno, no sé si se podría llamar a eso un abrazo. No fue más que un gesto débil de sus manos apretando el borde de la chaqueta de él, pero gracias a que Ki Tae-jeong lo estrechó con fuerza, como si quisiera abrazarlo por los dos, terminaron por quedar fundidos el uno con el otro.
Habría sido bueno ser una flor, como su nombre, pero lo único que tenía eran espinas desgastadas. Y lo mismo le ocurría a Ki Tae-jeong.
Aunque les dolía ser pinchados por las espinas afiladas, de vez en cuando, a través de los huecos que quedaban, entrelazaban sus espinas y temblaban de éxtasis. Dolía, pero era embriagador sentir que, siendo alguien tan miserable, tenía algo que era completamente suyo.
Ni la cálida luz del sol ni las hermosas flores pueden sanar esta herida. Solo ahora, después de haber tenido que alejarse de él por no poder soportar el dolor, se daba cuenta de verdad. Parece que solo clavando de nuevo las espinas de este hombre en el vacío, la sangre se detendrá y se formará la costra.
Se-hwa, que se había mantenido firme con terquedad, decidió soltar la respuesta a este problema. Tal vez no la sepa en toda su vida. Mañana mismo podría cambiar de opinión y decirle que es mejor no volver a verse.
Pero no importa cuánto duela, solo cuando está encajado con Ki Tae-jeong, solo en esa colonia de matorrales espinosos, húmedos y oscuros, puede detenerse este supurar incesante. Al menos eso creía entender.
"¡¿Acaso estos
bastardos se han vuelto locos?!"
Había pasado apenas
media hora desde que despertó. El Teniente Coronel Kim no parecía agotarse;
desde el momento en que recobró el sentido, no había dejado de dar alaridos.
Parecía más ofendido por el hecho de que sus captores fueran unos simples
subordinados que por el secuestro mismo.
"¡Oye, Ki
Tae-jeong!"
Con el rostro
congestionado, el Teniente Coronel Kim se atrevió a llamar al Mayor General por
su nombre de pila. Aunque normalmente mantenía las formas usando un lenguaje
respetuoso para guardar las apariencias, ahora parecía haber perdido el juicio.
Cualquiera se sentiría
desconcertado si lo golpearan y lo dejaran inconsciente de camino al trabajo. Y
si al despertar se encontrara en un almacén rancio con la cara bonita de su
enemigo justo enfrente... bueno, era comprensible que estuviera furioso. Ki
Tae-jeong asintió mientras le daba un mordisco crujiente a una manzana.
"¿De verdad
perdiste la cabeza? ¿Cómo te atreves a secuestrar a..."
Antes de que terminara
la frase, la cabeza del Teniente Coronel Kim salió disparada hacia atrás. ¡Crack!
Se escucharon varios impactos secos que sugerían huesos rotos y, finalmente, el
tipo quedó desplomado en la silla con la lengua fuera.
Tsk. Ki Tae-jeong chasqueó la lengua ligeramente.
A pesar de haberlo tratado "con suavidad", el hombre no aguantó ni
cinco puñetazos antes de quedar en ese estado. Y eso que Tae-jeong solo usó una
mano porque con la otra sostenía la manzana.
"Yo quería
resolver esto por las buenas. Si el Teniente Coronel Kim hubiera conocido su
lugar y mantenido la boca cerrada, no le habría puesto una mano encima."
Ki Tae-jeong arrojó la
manzana a medio comer al suelo y se sacudió la muñeca.
"Primero,
aclaremos un malentendido. No fui yo quien decidió convertir al Teniente
Coronel Kim en una persona muerta."
Ante la mención de ser
una "persona muerta", el desconcierto asomó en los ojos del Teniente
Coronel.
"Muer... ¿persona
muerta?..."
"No son pocos los
que se vieron jodidos por el incendio que provocó Kim Seok-chul, y cuando
intentaste usar trucos como declararte en quiebra, las cosas se salieron de
control. ¿Acaso crees que cometería un acto tan temerario a plena luz del día
solo por un rencor personal? Soy una persona razonable. De hecho, acabo de
jurar que viviré una vida recta de ahora en adelante."
"Ugh, argh,
ugh…."
"Las víctimas,
enfurecidas por la estupidez que cometió tu hijo, decidieron que si las cosas
iban a ser así, preferían matarte para cobrar el dinero del seguro. Tu propia
familia ya firmó un acuerdo renunciando a cualquier herencia tras tu muerte.
¿Qué te parece? ¿Ya captas la situación?"
Al oír "tu propia
familia", el Teniente Coronel Kim, que tenía los ojos vidriosos como un
pez moribundo, se agitó violentamente. Jamás se imaginó que los disparos
vendrían desde dentro de su propio clan.
"Me resultaba
extraño que ese imbécil de Kim Seok-chul fuera tan excepcionalmente estúpido,
pero ahora veo que de tal palo, tal astilla."
"¡C-cómo te...
atreves...!"
"¿Atreverme?
Deberías estar agradecido, Teniente Coronel Kim."
Tae-jeong le dio unos
golpecitos en la mejilla para que reaccionara.
"Al menos permití
que el legado de Farmacéutica Kyeong-han continúe, tu hijo Kim Seok-chul sigue
siendo militar como querías, y tú figurarás como víctima de un accidente
desafortunado, así que no habrá deshonra al retirar tus insignias."
Las víctimas del
incendio del Segundo Anillo no tenían más influencia que la familia Kim. Sin
embargo, cuando se unieron todos, la historia cambió.
Incluso aquellos que
miraban a Ki Tae-jeong con recelo se pusieron del lado de las víctimas,
argumentando que esto era claramente culpa de Farmacéutica Kyeong-han. Tras
hacer cuentas, comprendieron que si este caso no se resolvía correctamente, sus
propios derechos de propiedad no estarían garantizados si algo similar ocurría
en el futuro.
Y sobre todo, era el
tipo de incidente que su "excelentísimo" enemigo detestaba
profundamente. Si todo se podía solucionar con dinero, ¿qué sentido tenía
darles un motivo a los insatisfechos para unirse?
"Aunque yo agité
un poco las cosas desde las sombras, esto no habría crecido tanto si no
hubieras cometido el error de declarar la quiebra. Es una lástima."
"Ugh, argh... mi,
mi dine... el dinero, cof cof...!"
"Como parece que
incluso con tu herencia será difícil compensarlos por completo, decidimos
cerrar el trato repartiendo parte de las acciones de Farmacéutica Kyeong-han
entre los afectados."
¿Qué serán el dinero y
el poder?, pensó Tae-jeong.
Los parientes del
Teniente Coronel Kim se lanzaron al ataque de inmediato, ansiosos por sucederle
en el negocio familiar. Incluso tipos de los que nunca había oído hablar se
movilizaron, armando un escándalo para encontrar a alguien que los respaldara,
alegando que poseían secretos familiares, activos o cualquier cosa oculta. La
lucha encarnizada para que una rama secundaria se convirtiera en la principal
era más que repugnante.
Si lo pensaran un
poco, verían que apoyar al Teniente Coronel Kim les traería más beneficios. Si
perdían acciones de esta manera y les ataban de manos, la parte que recibirían
en el futuro sería mucho menor de la que tenían originalmente.
Aun así, a esos tipos
no parecía importarles. Decían que era mejor ostentar un cargo vacío que
quedarse esperando las migajas del Teniente Coronel. ¿Qué valor tendría eso?
Tal vez confiaban
demasiado en el prestigio de su linaje, creyendo que su familia no caería tan
rápido. Vistos desde fuera, no eran más que idiotas, pero ellos, embriagados de
ambición, eran los únicos que no lo sabían.
Bueno, por eso mismo
el Teniente Coronel Kim se atrevió a infiltrar gente en un hospital del Quinto
Anillo para montar una toma de rehenes. Estaba convencido de que, mientras no
dañara a Lee Se-hwa, no habría problema en capturarlo para amenazar a
Tae-jeong. Creía que nadie se atrevería a cuestionarlo.
"Tr-traer... así
a una persona... de-detén... ¡ugh!"
"Es cierto. Es
algo que no se debe hacer a la ligera. Pero la cuestión es que ahora me importa
una mierda el ascenso especial."
Cuando su vida
dependía de su retiro o de su posición como veterano, lo más importante era no
dar motivos para ser criticado. Se obsesionó con mantener la legitimidad para
que ningún tramposo pudiera obstaculizarlo y para que su victoria quedara
registrada con orgullo en los archivos judiciales.
Pero ahora, esas cosas
no tenían la más mínima importancia. Bastaba con estar en una posición donde
pudiera protegerse a sí mismo y a Lee Se-hwa. No era que ya no fuera codicioso,
pero como no es que no hubiera conseguido nada, con esto era suficiente.
"En fin, por
diversas razones, a partir de hoy el Teniente Coronel Kim es una persona que
murió en un accidente. Aunque, por supuesto, no tengo intención de dejar que
mueras tan fácilmente."
Con un rostro radiante
como una rosa bañada por el rocío, Ki Tae-jeong sonrió dulcemente.
"Tírenlo así al
nido de drogadictos del Segundo Anillo."
"Sí, señor."
"¡Es-espera...!"
Detestando la
pronunciación torpe y deshecha del hombre, Ki Tae-jeong le golpeó la cara una
vez más antes de levantarse.
El Teniente Coronel
Kim, que solía llamar a Se-hwa "habitante de los bajos fondos",
"plebeyo" e "insecto", ahora tendría ese mismo destino.
Convertido en un muerto, sin nombre ni identidad, no podrá conseguir ni un
grano de arroz si no les mendiga a los drogadictos que tanto despreciaba.
"Lo recalco una
vez más: no hice esto solo."
"Ugh,
uuuuh…."
"Si no fuera por
tu prestigiosa familia, yo tampoco habría cometido una locura así."
Tras enterarse de que
su situación actual era culpa de los parientes de Farmacéutica Kyeong-han que
antes se arrastraban ante él, el Teniente Coronel Kim parecía haber perdido la
cordura. Su cuerpo estaba rígido de furia, como si su cerebro fuera a estallar
en cualquier momento.
¿Cuánto tiempo
aguantaría ese tipo que se saltó el entrenamiento militar básico alegando que
era demasiado duro? El Teniente Primero Park dudaba que durara tres meses, pero
Ki Tae-jeong pensaba diferente. Esos tipos suelen ser sorprendentemente
resistentes. Basta con ver a Kim Seok-chul, que sigue aguantando después de
perder una mano. Los codiciosos no mueren fácilmente. Y eso era lo que él
deseaba. Con todo lo que ha hecho, sería aburrido que muriera de inmediato.
"¿Dijeron que hay
cinco tipos que se han postulado como representantes de Kyeong-han?"
"Sí, señor."
"Diles que
apoyaré al que revele más secretos ocultos del Teniente Coronel Kim y su hijo.
Así podré recuperar sus insignias incluso después de muertos."
"Se lo
comunicaré."
Al salir del almacén,
vio el cielo del Segundo Anillo más despejado que antes. Ki Tae-jeong
entrecerró los ojos para comprobar la visibilidad y luego caminó sin vacilar.
¿Se horrorizaría
Se-hwa si lo supiera? Aun así, consideraba
que esta era una forma bastante moderada de manejar el asunto.
Había oído en alguna
parte que es mejor no ver sangre durante los primeros cien días tras el
nacimiento de un bebé. ¿Eran cien días... o veintiún días? De todos modos,
había algo que se debía cuidar con rigor, pero cuando se enteró de eso, ya lo
habían apuñalado frente al niño.
Así que Ki Tae-jeong
decidió ignorar la costumbre de los veintiún días y, en su lugar, se propuso
ser una persona generosa hasta el centésimo día del bebé. Al final, estas cosas
dependen de lo que uno crea.
"¿Desea ir en
helicóptero? ¿O en transporte terrestre?..."
"Iremos en
helicóptero."
No era el mejor clima
para viajar por aire, pero no quería perder ni un segundo en la carretera.
Hoy había quedado en
almorzar con Se-hwa. Aún no tenía su consentimiento, pero sabía que si aparecía
y se quedaba mirándolo en silencio, Se-hwa suspiraría y le haría un lugar. Eso
es compartir la mesa y tener una cita para comer, ¿qué más va a ser?
Ki Tae-jeong revisó si
tenía alguna mancha de suciedad en la cara o en la ropa. Más allá de
supersticiones, ya no quería obsesionarse con la crueldad. Si Se-hwa o el
general Oh Seon-ran escucharan que eso era "volverse generoso", se
quedarían atónitos, pero lo decía en serio.
La bondad de Se-hwa
era innata. No era una cuestión de su entorno. Su corazón decidido a ser una
buena persona incluso en las peores situaciones era algo con lo que nació. Era
un don del cielo que él mismo no poseía ni en lo más mínimo. ¿Y ahora,
convertirse en alguien bueno como Lee Se-hwa? Imposible, obviamente.
Sin embargo, le
prometió a Se-hwa que intentaría ser al menos un poco mejor. Mientras esperaba
que Se-hwa lo perdonara por completo, se juró a sí mismo mostrarle una faceta
distinta.
Así que tenía que
hacer algo. Aunque no pudiera cambiar totalmente su forma de vida o sus valores
de siempre, quería elevarlos hasta un nivel donde Se-hwa sintiera que realmente
había cambiado.
Sería mentira decir
que no sentía ni un poco de vacío tras haber abandonado el sueño de toda su
vida. ¿Para qué fue tanto esfuerzo y tanta intriga? Cuando esa idea
surgía y empezaba a sentir dudas sobre su propia existencia, pensaba en Lee
Se-hwa. Entonces, como por arte de magia, la tormenta en su interior se
calmaba.
Sentado en el asiento
del piloto, Ki Tae-jeong acarició los controles que le resultaban tan
familiares como sus propias manos. Era curioso. Había renunciado a todo lo que
era su razón de vivir. Y aun así, no sentía que el tiempo que ahora era inútil
fuera un desperdicio. Seguir siendo el "perro del ejército" no le resultaba
tan injusto ni tan terrible. A cambio de que su mundo se hiciera pedazos, ahora
podía abrazar a Se-hwa, y por eso sentía ganas de vivir los días venideros.
*
"¿Te dan el alta?
¿Ya?"
"No de inmediato,
sino dentro de un mes."
Se-hwa movía los
cubiertos con diligencia. Mantenía la mirada fija en algún punto impreciso de
la mesa, evitando a Ki Tae-jeong.
Habían acordado estar
el uno al lado del otro aunque fuera doloroso y difícil. Pero esa promesa tan
intensa apenas había ocurrido hacía unos días. Aunque no lo demostrara, Ki
Tae-jeong también tenía momentos, varias veces al día, en los que no sabía cómo
tratar a Se-hwa. Era imposible actuar como si no hubiera pasado nada de la
noche a la mañana.
Se-hwa seguía llamando
a Ki Tae-jeong "General". Aunque se llevaba bien con los demás,
cuando intentaba mantener una conversación lenta con Tae-jeong, a veces
empezaba a tartamudear. Ayer, cuando apareció de repente y Se-hwa dijo que iba
a una consulta, Tae-jeong lo acompañó hasta la sala de exámenes, y en ese
trayecto corto, Se-hwa empezó a cojear de repente. Para Se-hwa, ciertos
momentos del pasado seguían siendo un presente muy vívido.
El tiempo que
estuvieron separados no fue tan largo. Pero los pequeños desacuerdos entre
ellos habían empezado a acumularse mucho antes de su despedida en la playa del
Quinto Anillo. Visto así, el peso de los recuerdos acumulados no era
precisamente ligero.
Por eso Ki Tae-jeong
no era codicioso. Solo esperaba que pasara más tiempo y que, algún día, Se-hwa
pudiera abrir su corazón. Por ahora, no podía hacer más que esperar
pacientemente. Debía estar agradecido solo con el hecho de que se le permitiera
aparecer así y cruzar palabras.
"No puedo vivir
en el hospital para siempre... Gracias."
Cuando el cocinero que
subía a la sala de protección en cada comida sirvió un huevo al vapor bien
caliente, Se-hwa hizo una reverencia. Era uno de los pocos platos que Se-hwa,
que había perdido el apetito, pedía con frecuencia.
"Así que te dan
el alta…."
Ki Tae-jeong murmuró mientras
bebía agua.
"Entonces...
¿dónde vas a vivir?"
"¿Perdón?"
"Que dónde vas a
vivir cuando salgas del hospital."
Esperando que su voz
no revelara ninguna expectativa, Ki Tae-jeong preguntó con la mayor
indiferencia posible.
#137
"Ah, creo que
viviré cerca del hospital."
"¿Cerca del
hospital? ¿Aquí?"
"Sí, bueno... el
general Oh Seon-ran me está ayudando... ah, aún no es algo seguro, pero…."
La voz de Se-hwa se
fue apagando hasta terminar en un leve temblor. Sus movimientos con los palillos
eran erráticos y comenzó a tartamudear de nuevo. Era evidente que el tema de la
vivienda disparaba su ansiedad.
"Hum."
Ki Tae-jeong se limitó
a asentir con un breve sonido gutural. No había mucho más que pudiera hacer. Se
debía a que, cuando todavía estaban en conflicto, él se había portado de forma
insoportable con este tema. Había ignorado varias veces a Se-hwa cuando este le
decía que no quería vivir con él y que quería terminar... así que era natural
que a Se-hwa le resultara incómodo que le preguntara dónde viviría.
Su deseo de llevárselo
a su residencia oficial seguía intacto. ¿Verlo jugar en paz con el niño? ¿Que
le sonriera con brillo en los ojos preguntándole si había venido a verlo? No se
atrevía a desear tanto. Solo quería que Se-hwa estuviera allí. Si le resultaba
difícil o molesto verlo... entonces no le importaría que Se-hwa solo entrara y
saliera de vez en cuando. De todos modos, él tenía mucho trabajo fuera.
Apenas acababa de
recibir permiso para visitarlo dando la cara, y ya estaba pensando en la
convivencia.... Ki Tae-jeong sabía que eso era una ambición excesiva. Incluso
si, por un milagro, Se-hwa aceptara, el general Oh Seon-ran se opondría. No,
era un hecho que se opondría.
No insistir en vivir
juntos. No decir todo lo que quería decir para no abrumar a Se-hwa con
autocríticas sobre si ahora era mejor que antes.... Ese nivel de contención era
la única consideración que Tae-jeong podía ofrecerle por el momento.
No he sido perdonado;
no debo olvidar que estoy en proceso de pedir perdón. Aunque su mente lo sabía, la impaciencia
brotaba de forma inevitable.
Especialmente cuando
salían a la luz los temas que más habían herido a Se-hwa, como el de la
vivienda, su corazón se agitaba con el deseo de repararlo todo de inmediato.
Quería cubrir sus
penas con buenos recuerdos cuanto antes. Deseaba que Se-hwa dejara de poner esa
expresión desolada al recordar algún momento del pasado con él.... Sabía que,
aunque creciera piel nueva, la cicatriz no desaparecía. Intentaba decirse que
debía esperar con calma, pero al enfrentarse al rostro afligido de Se-hwa,
sentía ganas de tomar todo lo bueno que poseía y pegarlo sobre el corazón
desgarrado del joven.
"Y bien, ¿qué
harás cuando te den el alta?"
"……."
"Tenías muchas
cosas que querías hacer."
Intentó cambiar de
tema al notar la incomodidad de Se-hwa. Sin embargo, este tampoco resultó ser
un buen punto de conversación. El rostro de Se-hwa, que respondió con un vago
"no lo sé", se ensombreció aún más que antes.
"¿No habías dicho
que querías ir a la escuela? ¿No ibas a estudiar?"
"Eso era…."
A pesar de tener
apenas veintidós años tras el cambio de año, Se-hwa negó con la cabeza con unos
ojos melancólicos, como si ya hubiera vivido todo lo que el mundo ofrecía.
"Por ahora hay
cosas que debo hacer... al fin y al cabo, no podrán estar sin mí."
¿Qué significa eso? Ki Tae-jeong entrecerró los ojos ante la
frase ambigua, hasta que comprendió que el sujeto omitido era el niño.
"Estaré tan
ocupado con eso que no creo que pueda pensar en nada más…."
"……."
"Sobre la
escuela... tampoco estoy seguro. Antes, como nunca había podido ir, era algo
con lo que soñaba... pero ahora que lo pienso, ni siquiera sé si me iría bien
si fuera…."
"¿Por qué dices
eso sin haberlo intentado siquiera?"
Ante su respuesta
brusca, Se-hwa soltó una pequeña risa. Tras reír con ese sonido vacío, Se-hwa
tomó una porción del esponjoso huevo al vapor. Al sentir el calor pasando por
su garganta y reconfortando su estómago, finalmente relajó la tensión de sus
hombros.
"¿Qué sería bueno
hacer?... No lo sé."
"……."
"Usted... no,
Mayor General, ¿usted no se siente... igual?"
"…¿Igual a
qué?"
"Yo pensaba que,
cuando todo terminara, podría hacer cualquier cosa... realmente cualquier
cosa."
Para mí eso era
convertirme en ciudadano del Anillo, y para usted sería terminar el juicio con
éxito, murmuró Se-hwa
mientras desviaba ligeramente la mirada.
Ki Tae-jeong, egoísta
hasta el final, decidió ignorar la emoción y la tristeza que pendían de las
largas pestañas de Se-hwa. Sentía que si profundizaba en ese sentimiento, la
única opción que quedaría sería la de marcharse. En su lugar, se limitó a
colocarle un trozo de comida saludable sobre su cuchara, dejando escapar con
rudeza un comentario de preocupación para que comiera más.
"Pero ahora que
todo ha terminado de verdad... simplemente... apenas puedo respirar. Siento que
apenas lo logro. Quizás sea porque las cosas... resultaron ser totalmente
diferentes. Porque han cambiado demasiadas cosas... respecto a lo que esperaba
al principio…."
Era cierto. Ni para él
ni para Se-hwa las cosas habían salido según el plan. Qué plan ni qué nada; no
hubo ni una sola cosa que saliera como deseaban.
Se-hwa tragó saliva
varias veces con dificultad. Seguramente lo que intentaba tragar no era saliva,
sino algo que no paraba de brotar con fuerza en su interior.
"…General."
"Dime."
"¿No le parece...
extraño? Que estemos así."
"……."
"Después de haber
llorado y gritado tanto diciendo que lo odiaba, que me dejara ir... estar así,
de forma tan vaga, tan fácil…."
Se-hwa, cuya punta de
la nariz ya se había puesto roja, continuó hablando con esfuerzo.
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"Aceptarlo a
usted así de fácil…."
"……."
"Estar sentados
frente a frente comiendo... hablando de qué haremos en el futuro... estar así,
a veces... solo de vez en cuando…."
"……."
"Siento que
realmente tengo un problema por ser así. No tiene sentido. No con cualquier
otra persona... sino con usted, yo…."
¿Cómo puedo, a menos
que esté loco? A menos que algo esté mal en mí, ¿cómo es posible?
No eran reproches
dirigidos a Tae-jeong. Con esa voz todavía joven y frágil, Se-hwa se estaba
presionando a sí mismo una vez más.
No hubo grandes
metáforas ni explicaciones fluidas. Sin embargo, Ki Tae-jeong pudo leer
perfectamente en ese torpe lamento toda la tristeza que albergaba Se-hwa.
Lo atesoro. No era una forma de amor común o hermosa,
pero sin duda lo amaba. ¿Cómo explicar que la desesperación y la melancolía de
esa persona le resultaran más familiares que su alegría o felicidad? Sabiendo
que él era quien lo había dejado en ese estado, ¿estaba bien empaquetar ese
sentimiento que no le permitía soltarlo como... "amor"?
Ki Tae-jeong miró
fijamente el rostro de la persona amada, que parecía que iba a desgastarse y
desaparecer en cualquier momento. Se-hwa, que solía derramar lágrimas como
perlas frente a él, en algún punto había olvidado cómo llorar y solo se quedaba
allí, empapado en esa humedad emocional.
"Entonces, ¿qué
tal si hacemos esto?"
"……."
"Hagamos una
apuesta de tres puntos conmigo."
Ante la inesperada
propuesta, Se-hwa abrió mucho los ojos y miró a Ki Tae-jeong.
"Vamos a buscar
tres razones por las que aceptas sentarte frente a mí a comer. Por qué razón, a
pesar de todo, me sigues tolerando."
"……."
"De paso, sería
mejor si piensas en razones por las que querrías perdonarme."
Ante el descarado
añadido, Se-hwa soltó un "¡ja!", estupefacto.
"Cada razón
valdrá un punto. Si llegas a los tres puntos, te concederé un deseo. El que
sea."
"…¿Y pretende que
me crea eso?"
"Es verdad. Ya te
cumplí uno la vez pasada."
Ki Tae-jeong desmenuzó
un trozo de costilla guisada y lo puso sobre el arroz de Se-hwa.
"Si pasa mucho
tiempo y sientes que no hay respuesta, entonces dime que ya es suficiente y que
terminemos de verdad."
"……."
"Dime: 'creo que
ya he puesto en orden mis sentimientos, por mucho que lo piense creo que esta
partida ya se acabó', y entonces, abandóname."
Al oír la palabra
"abandóname", Se-hwa pareció recordar alguna conversación pasada y
frunció ligeramente el entrecejo. De alguna manera, parecía un poco
avergonzado.
"…¿Y qué hay de
usted, General... digo, Mayor General?"
"¿Yo? Yo seguiré
esperando. Hasta que me perdones."
"¿Qué clase de
apuesta es esa?…."
"Bueno, ¿acaso
alguna vez hemos hecho una apuesta que tenga sentido?"
Ante la respuesta
juguetona, los labios de Se-hwa se curvaron levemente. Pareció dudar un
momento, como si la actitud descarada de Ki Tae-jeong lo dejara sin palabras, y
luego volvió a tomar sus cubiertos como si prefiriera no decir nada más.
"Así que, actúa
con tranquilidad."
"……."
"Si quieres
enojarte, enójate; si quieres llorar, llora; y si quieres reclamarme,
reclámame."
Ki Tae-jeong se quedó
mirando la delgada muñeca de Se-hwa que asomaba por la manga. Sintió un alivio
renovado al pensar que ya no parecía que fuera a romperse con solo tocarla...
y, sin darse cuenta, soltó unas palabras:
"Nadie me enseñó
qué se debe hacer cuando llega el capítulo final."
Se-hwa, que movía los
ojos de un lado a otro masticando el arroz tras las palabras repentinas,
comprendió un segundo después que Ki Tae-jeong estaba respondiendo a su
pregunta de hace un momento.
"Creo que una vez
hablé de algo parecido contigo. Deseaba que esto terminara, pero la verdad es
que nunca pensé seriamente en lo que vendría después. Las tareas que tenía por
delante eran demasiadas y muy pesadas."
"……."
"Pero lo que
pienso ahora es... bueno. Si ya llegamos al final, ¿no basta con cerrar ese
libro? No hay necesidad de seguir añadiendo palabras a la fuerza a una historia
que ya terminó y donde no queda espacio…."
"……."
"Si llegamos a la
última página, la cerramos y simplemente abrimos un libro nuevo, ¿no
crees?"
"……."
"Aunque me estoy
esforzando, al final seguiré siendo yo, así que puedes seguir guardándome
rencor todo lo que quieras. Puedes irritarte preguntándote cómo es posible que
una persona no cambie…. Y si de repente sientes curiosidad por otro mundo, si te
dan ganas de abrir otro libro, entonces ábrelo. Allí habrá una historia nueva
escrita... y entonces, de alguna forma, saldremos adelante. Si no hay nada,
simplemente lo iremos llenando."
La mirada de Se-hwa,
que mantenía la cabeza baja, vaciló de un lado a otro. Su rostro reflejaba el
deseo de ignorarlo todo y cargarle toda la responsabilidad a ese sinvergüenza
que tenía enfrente, el cansancio de sentirse así, y la tristeza de preguntarse cuándo
terminaría este eterno y agobiante círculo vicioso. Aunque le doliera, Ki
Tae-jeong también debía acostumbrarse al dolor y la melancolía de Se-hwa.
"Y no eres nada
'fácil'. Te estás esforzando por seguir adelante después de haber pasado por
todo ese caos. ¿Por qué dices que es fácil cuando estás haciendo algo tan
difícil?"
Ki Tae-jeong acercó
hacia Se-hwa todos los platos que eran caros o de buena calidad. Mientras lo
hacía, habló con calma.
"Si pasa algo que
te cabree, simplemente insúltame a mí. No odies sin motivo a la persona que yo
amo."
"……."
"¿Por qué te
culpas tanto si no has hecho nada malo?"
Se-hwa no respondió de
inmediato. Se mordió el labio inferior con una fuerza que resultaba dolorosa de
ver y se quedó mirando fijamente el borde de la mesa. En la cocina de la sala
de protección, solo se escuchaba el sonido de los palillos de Ki Tae-jeong
moviéndose con diligencia mientras preparaba la comida para Se-hwa.
El silencio se rompió
mucho después, cuando el huevo al vapor ya se había enfriado y tenía la
consistencia de un pudín frío.
"…Es por culpa
del General."
Su voz, que se
esforzaba por sonar indiferente, estaba cargada de tensión. Se-hwa, fingiendo
valentía, parecía un pajarito. Un pequeño y pobre animal con las alas rotas y
los tobillos heridos que intentaba volar a pesar de todo. Era la esencia misma
del bondadoso y adorable Lee Se-hwa, de quien era imposible no enamorarse.
"Sí, es por mi
culpa."
Ki Tae-jeong asintió
con naturalidad.
"Así que tú no
tengas malos pensamientos y sonríe."
Y no llores, añadió. Se-hwa murmuró con voz quejumbrosa:
"Hace un momento
dijo que si quería llorar, llorara."
Su cabeza gacha se
veía redonda como una castaña. Ki Tae-jeong contuvo sus ganas de acariciarlo y
apoyó en silencio la valentía de Se-hwa a su manera. ¿Cuánto habrá sufrido
para pasar de estar mudo a poder hablar así? ¿Cuánto se habrá esforzado para
ser capaz de mantener una conversación cotidiana con alguien como yo?
Ki Tae-jeong reprimió
sus propios pensamientos, que tendían a volverse demasiado sentimentales.
Todavía no tenía permiso para albergar ningún sentimiento por parte de Se-hwa,
así que no podía permitirse sentir lástima o compasión por cuenta propia. Su
labor de ahora en adelante sería escuchar sus quejas en silencio cada vez que
Se-hwa sufriera.
¿Qué frases habrá
escritas en el nuevo libro que Se-hwa abrirá? ¿Llegará el día en que mi
historia también aparezca allí? No podía asegurar nada, pero no le importaba. Ahora, lo único
que importaba era que Se-hwa comenzaba a caminar poco a poco, que pensaba en la
vida y no en la muerte. Como le confesó una vez, Se-hwa era su excepción y su
única debilidad, aquella contra la que no podía ganar de ninguna manera.
*
"Vaya, ahora
entras y sales sin siquiera preocuparte por las miradas ajenas."
Ki Tae-jeong acababa
de salir de la sala de protección para regresar al edificio de la Fuerza Aérea
cuando se encontró en el pasillo con el general Oh Seon-ran, que venía a ver a
Se-hwa. Él chasqueó la lengua con desagrado, pero no pasó de ahí. Aunque una vez
refunfuñó diciendo que quién era él para decir nada si Se-hwa le había dado
permiso, solo lo mencionó esa vez.
"General."
el general Oh
Seon-ran, que parecía querer pasar de largo sin siquiera responder al saludo
militar de Ki Tae-jeong, se detuvo con expresión indiferente.
"Hay algo que
quería preguntarle. ¿Por qué me llamó en aquel entonces?"
"¿En aquel
entonces?"
"Cuando sacó al
niño de la incubadora... al momento de reforzar el personal de
vigilancia."
Que se pusiera en
contacto con él podía entenderlo, pero seguía siendo un misterio por qué no
puso impedimentos cuando sus propios ayudantes mencionaron aquel plan absurdo
de los disfraces.
El propio General Oh
Seon-ran había dicho, mientras arreglaba el desastre, que ni él mismo esperaba
que el Teniente Coronel Kim cometiera una locura semejante. Eso significaba que
no lo había dejado entrar para usarlo como escudo…. ¿Entonces por qué? Él era
alguien que apreciaba tanto a Se-hwa que incluso llegó a golpearlo por lo mal
que lo había tratado.
"…Hace tiempo, le
hice una promesa a la persona que trajo a Se-hwa al mundo."
#138
El general Oh Seon-ran
arrugó el puente de la nariz por un momento, como alguien que hubiera tragado
algo amargo. Al hurgar en sus recuerdos descoloridos, parecía sufrir y ser
feliz al mismo tiempo.
“Prometí que, costara
lo que costara, encontraría a su hijo… y que lo cuidaría y amaría como si fuera
mi propio hijo de sangre…. Hice esa promesa.”
Era algo asombroso. el
general Oh Seon-ran, que parecía estar llorando y riendo a la vez, se le antojó
extrañamente parecida a Se-hwa. Aunque era seguro que no compartían lazos de
sangre, al verlos así, realmente parecían padre e hijo.
¿Será que cuando uno
pone tanto interés, los rostros terminan pareciéndose? ¿O es que todavía
conserva las expresiones que aprendió de aquella persona a la que Se-hwa tanto
se asemeja…?
“Por eso, sigo sin
poder perdonarte. No entiendo, ni quiero entender, la mentalidad de un tipo que
destrozó a Se-hwa hasta ese punto y que ahora, de repente, quiere tratarlo
bien; me parece que has echado tu conciencia a la basura. Sin embargo….”
el general Oh Seon-ran
miró su mano vacía y luego la cerró con fuerza en un puño.
“Mientras Se-hwa se
marchita día tras día… ¿qué importancia pueden tener mis sentimientos
personales?”
“…….”
“Si él fuera un niño
inmaduro que solo sabe patalear y quejarse, me habría opuesto con terquedad
diciendo que puede conocer a alguien mejor…. Pero Se-hwa no tiene esa
naturaleza….”
Al recordar al Se-hwa
reciente, el general mostró una profunda lástima en todo su rostro, pero de
inmediato sus ojos se encendieron con una luz gélida y marcó una línea tajante:
‘Eso no significa que Se-hwa haya pasado todo este tiempo sufriendo por
extrañarte’. Le advirtió que no se hiciera ilusiones; Se-hwa se había esforzado
al máximo por vivir por su cuenta. Si no hubiera sido por el ataque, y si no
hubiera tenido que cruzarse de nuevo con él, lo habría olvidado sin
contratiempos.
“Se esforzó por
recuperar la salud pensando en Hae-rim, y de hecho, había mejorado mucho…. Sí,
porque es un chico muy íntegro y fuerte.”
Pero al menos una vez,
dijo el general Oh Seon-ran mientras su respiración se entrecortaba. Como si le
desagradara profundamente tener que decir esto en voz alta.
“Antes de que la
brecha se hiciera más profunda… sentí que debían tener tiempo para hablar con
franqueza al menos una vez, para que después eso no se convirtiera en un
remordimiento eterno para Se-hwa.”
No hay ninguna otra
razón más allá de esa, y te lo repito: me desagradas de verdad, sentenció el
general con un escalofrío de aversión.
“Entiendo lo que
quiere decir.”
“…….”
“Gracias.”
Ki Tae-jeong no dio
ninguna excusa. El no era el tipo de persona a la que se pudiera convencer con
palabras vacías, y el general tampoco esperaba eso. Aun así, él era alguien en
quien Se-hwa confiaba profundamente. Fuera cual fuera su personalidad original,
la herida de Se-hwa no habría sanado tanto sin la ayuda del general Oh
Seon-ran. Eso era innegable. Como él también había recibido diversas ayudas de
su parte, simplemente pensó que debía agradecerle formalmente en algún momento.
Ante el agradecimiento
seco de Ki Tae-jeong, el general se frotó la punta de la nariz y soltó un largo
suspiro.
“A veces, ¿sabes?,
hasta a mí me parece increíble. El hecho de poder desear la felicidad de Se-hwa
de forma tan pura… sentir que esos niños son realmente como mi hijo y mi
nieto….”
La confesión repentina
de los sentimientos íntimos del general, justo después de haber estado furioso,
lo desconcertó un poco, pero no era algo incomprensible. Más bien, pensó que
era una charla que él solo podía tener con Ki Tae-jeong y no con Lee Se-hwa. No
podría volcar tales dudas sobre Se-hwa, a quien consideraba su propio hijo.
“El hecho de que siga
haciendo esto porque todavía no puedo olvidar a esa persona… bueno…. A veces,
más que puro romance… me siento patético. Sí, patético es la palabra exacta.
Esto no es amor puro, es obsesión. Una obsesión muy desgarradora y lamentable.”
“…….”
“Pero lo que más me
duele es que no puedo preguntarle nada a la otra persona.”
¿Será un pecado que
todavía te extrañe? ¿Será una carga demasiado pesada? Pero te amo. Todavía te
sigo amando.
“Ni siquiera espero
poder decir que lo amo. Solo desearía poder preguntarle si le dolió mucho,
decirle que no quería dejarlo solo, que realmente no sabía que algo así
pasaría… Si tan solo pudiera transmitir esas palabras, yo….”
Podría morir ahora
mismo sin remordimientos.
No, aunque tuviera que
vivir solo durante mucho tiempo sin poder morir, creo que podría soportarlo de
alguna manera.
El general Oh
Seon-ran, que parecía haber sido devorado por una nostalgia que estalló sin
previo aviso, sacudió brevemente la cabeza para recobrar el sentido. El foco de
sus ojos, que se habían vuelto oscuros y marchitos, recuperó la nitidez.
“Ejem. En fin… como
dije antes, no tengo intención de llevarme bien contigo en el futuro. Si
vuelves a lastimar a Se-hwa o a Hae-rim, esta vez los separaré para siempre por
cualquier medio, tenlo por seguro.”
Dolerá un poco, pero a
largo plazo será mucho mejor para Se-hwa, añadió el general mientras chasqueaba
la lengua.
“Agradece, por lo
menos, que la persona a la que debes pedir perdón esté viva, y que Se-hwa esté
resistiendo así de bien sin rendirse. No me lo agradezcas a mí, agradéceselo a
Se-hwa.”
Tras espetarle con
rudeza que no volviera a detenerla para preguntar cosas personales de esa
manera, el general Oh Seon-ran caminó con paso firme hacia la sala de
protección.
Ki Tae-jeong observó
cómo él tensaba los músculos faciales varias veces para intentar sonreír antes
de sujetar el pomo de la puerta, y luego se dio la vuelta. El consejo del
general —agradecer que Se-hwa estuviera vivo y que aún tuviera la oportunidad
de disculparse— se quedó revolviendo pesadamente en su interior.
*
“¿Ha llegado, Mayor
General?”
Uno de los cuidadores
residentes salió corriendo hasta la entrada de la sala de protección y le hizo
un saludo militar. Ki Tae-jeong recorrió lentamente con la mirada la sala de
estar vacía y su rostro, que se había relajado con suavidad, se congeló de
inmediato. Estaba sonriendo porque quería verse bien ante Se-hwa, no porque
estuviera fingiendo ser amable para que cualquier otro tipo se sintiera bien.
“¿Dónde está Se-hwa?”
No veía a Lee Se-hwa,
quien solía asomar el rostro tímidamente cuando él venía. ¿Está durmiendo? No,
no se sentía ni el más mínimo rastro de presencia en el interior.
No era hora de hacer
ejercicio, ni de ir a la sala de consulta…. ¿Qué pasa? La mirada de Ki
Tae-jeong se volvió gélida al instante. Aunque la seguridad se había reforzado
drásticamente tras el último incidente, uno nunca sabía.
“Acaba de irse a
hacerse unos exámenes.”
El cuidador, que había
salido a recibirlo sin desearlo realmente, informó con cortesía mientras se
sentía abrumado por la presión.
“¿Exámenes?”
¿Acaso estos bastardos
perdieron el juicio…? Se-hwa se ausenta por algo así y ¿nadie me avisa? Justo
cuando iba a darse la vuelta para darles una lección a los tipos que estaban
afuera, el cuidador lo detuvo negando con la cabeza.
“El doctor Park lo
llamó de urgencia por un asunto relacionado con su constitución física. El
Capitán Na lo acompañó personalmente y, como no parecía ser nada malo, sugirió
que esperara un poco….”
“Este bastardo, ahora
mismo,”
“E-ese examen no es
nada complicado, pero como no estaba programado… el Capitán Na insistió mucho
en que si usted venía, lo retuviéramos aquí, ya que si el señor Lee Se-hwa se
asusta o se estresa, podría ser difícil obtener valores precisos.”
El cuidador mantenía
los ojos apretados mientras decía palabras que sabía que el Mayor General no
querría escuchar.
“Lo lamento, Mayor
General.”
Ki Tae-jeong se quedó
de pie con aire desafante, moviendo la punta de la lengua por el interior de su
mejilla, y finalmente entró en la sala de protección sin más remedio. ¿Qué podía
hacer? Le habían dicho que no fuera tras él para no entorpecer el examen.
No, pero entonces,
¡maldita sea!, podrían haberme enviado al menos una notificación. Si dicen que
no es complicado ni es algo malo, ¿qué tan difícil es enviar un informe corto?
Ki Tae-jeong se lavó
las manos y revisó su ropa por hábito. Por suerte, se veía impecable. Había
estado frenético los últimos días debido al periodo de inspección de los cazas
y el armamento. Hacía casi una semana que no pasaba por la sala de protección.
A pesar de estar
ocupado, le había enviado varios mensajes a Se-hwa, pero no recibió respuesta.
Al ver que aparecía la marca de leído, parecía que Se-hwa conservaba el
teléfono que él le había entregado a la fuerza.
Al salir del baño e ir
hacia el sofá de la sala, notó que aquel cuidador seguía merodeando
sospechosamente cerca de la entrada. Estaba jugueteando sin parar con su radio,
luciendo tan inquieto que cualquiera diría que le ocultaba algo.
“¿Tú qué traes?”
“¿Perdón?”
“¿Qué haces ahí
parado?”
Al acortar la
distancia en un instante y agarrar al tipo por el cuello, el cuidador se puso
pálido y empezó a temblar.
“General, es que….”
“Es cierto que actúo
como un idiota cuando se trata de Lee Se-hwa, pero tú no eres Lee Se-hwa,
¿verdad?”
“¡Ah! ¡Mayor General!”
“Estos hijos de perra,
como los he dejado pasar varias veces por las buenas, se les han aflojado los
tornillos….”
“E-eso no es… es que
la radio se estropeó.”
El cuidador, como si
fuera injusto, se quitó el auricular del tamaño de una uña que llevaba en la
oreja.
“Es hora de recibir
los pañales para el bebé y los biberones esterilizados, pero no logro contactar
con ellos….”
El cuidador explicó
tartamudeando que, como el contacto con la sala de protección está
estrictamente prohibido sin procedimientos previos, el encargado no trae los
suministros si él no se comunica primero.
“Parece que tendré que
ir yo mismo a buscarlos… Si no confía en mí, el ayudante directo del general Oh
Seon-ran está afuera, así que iré con él.”
El cuidador suplicó
con voz agonizante, diciendo que iría con tres o cuatro guardias más. Ki
Tae-jeong chasqueó la lengua y soltó el cuello del hombre.
“E-entonces, volveré
rápido,”
“Espera. ¿Y el bebé?”
“Ah, está durmiendo.
Es su hora de la siesta.”
¡Hijo de… maldita sea!
¡¿Cómo puedes decir eso?! Ki Tae-jeong estuvo a punto de soltar una sarta de
insultos, pero contuvo su irritación y preguntó en voz baja, por si acaso el
bebé se despertaba.
“¿Y si el niño se
despierta mientras no hay nadie? ¿Qué se supone que haga?”
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“Eh, bueno…. Como es
muy tranquilo y tiene un patrón de sueño regular… no debería preocuparse a esta
hora. Por supuesto, podría despertarse si el pañal se moja, pero precisamente
por eso quiero reponer los suministros ahora….”
El cuidador opinó
tímidamente que era mejor que el niño llorara un poco estando solo a que él
estuviera dando vueltas sin tener los suministros necesarios cuando despertara.
Como lo planteó de esa
manera, no hubo más remedio; Ki Tae-jeong lo despachó con un gesto indiferente
de la barbilla. No olvidó ordenar al Teniente Primero Park y al ayudante del
general Oh Seon-ran que investigaran de nuevo los antecedentes de ese tipo.
Actualmente, había
tres cuidadores residentes en la sala de protección que trabajaban en tres
turnos. Había oído que eran talentos seleccionados por una empresa
especializada, pero al ver lo torpe que era este hoy… se preguntó si realmente
sería de ayuda para Se-hwa cuando este lo necesitara.
Ki Tae-jeong miró su
reloj de pulsera, que seguía sin mostrar notificaciones, y hundió la nuca
profundamente en el respaldo del sofá.
Se-hwa tiene previsto
recibir el alta dentro de tres días. El apartamento que consiguió el general Oh
Seon-ran no estaba lejos del hospital ni de las principales oficinas
gubernamentales, y era famoso por su excelente sistema de seguridad y diversas
comodidades. Sabía que era una zona residencial tan popular que no había
unidades disponibles ni pagando de más, pero cuando el general intervenía, no
había nada imposible.
“…Ya que las cosas han
llegado a este punto, ¿debería intentar subir hasta la cima?”
Tenía garantizado el
ascenso especial a Teniente General. Originalmente estaba previsto para el
próximo año, pero parecía que cambiaría de rango una vez más antes de que
terminara el segundo semestre. Antes de reencontrarse con Se-hwa, se había
metido en tantos asuntos que, independientemente de su voluntad, el prestigio
del ejército quedaría en entredicho si no le mostraban una señal de gratitud.
De todos modos, lo de
retirarse pronto ya estaba arruinado…. Así que mejor se esforzaría más para
apuntar seriamente al puesto de General.
Incluso ahora no le
faltaba dinero ni poder, pero cuando se convirtiera en General, se abriría otro
mundo. Incluso cuando se retirara y se convirtiera en veterano, su influencia
sería distinta… y, sobre todo, como él no tenía una familia que lo respaldara,
si subía hasta el punto más alto posible, en el futuro podría seguir
protegiendo a Se-hwa….
“…Fu, uuung….”
Los golpecitos que Ki
Tae-jeong daba con el dedo índice en el apoyabrazos mientras estaba sumido en
sus pensamientos se detuvieron en seco.
Sintió un movimiento
dentro del dormitorio que no podía ignorar. No sabía si estaba llorando o
riendo, pero sin duda era el sonido de un niño que acababa de despertar.
#139
Ki Tae-jeong se
levantó de su asiento con el rostro serio de un comandante ante un ataque
sorpresa. Se dirigió hacia el dormitorio tratando de silenciar sus pasos al
máximo, pero, para su desconcierto, los indicios de movimiento se volvían cada
vez más nítidos. Se escuchaba el roce de las sábanas, como si estuviera
pataleando, y también el sonido de la piel pegándose y despegándose cuando
abría y cerraba los labios.
Durante el tiempo que
permaneció al lado de Se-hwa, Ki Tae-jeong también se había familiarizado bastante
con los patrones de vida del bebé. Gracias a que, antes de separarse, había
devorado libros de crianza con la intención de hacer cambiar de parecer a
Se-hwa, conocía bien los conceptos básicos.
Ciertamente, a esta
edad no debería ser capaz de expresar sus deseos de otra forma que no fuera
llorando cuando está incómodo o agobiado. Ni hablar de balbucear, incluso le
resultaría difícil estirar sus brazos y piernas a voluntad. Pero entonces, ¿por
qué…? ¿Por qué se despertó de repente, y justo después de que el cuidador se
marchara?
Al entrar con cautela
en el dormitorio, le llegó de golpe el olor de la ropa de cama limpia, como si
hubiera sido secada al sol. El aroma de los objetos del bebé y la fragancia
corporal de Se-hwa se mezclaban en un dulzor que lo mareaba. Ki Tae-jeong, que
se había quedado paralizado en el umbral, se frotó el rostro con las manos
secas repetidamente antes de armarse de valor.
Si algo le pasara al
niño por dejarlo solo, si algo saliera mal… esta vez realmente sería el fin de
todo. Así que, observemos con cuidado. Solo miremos.
No se había sentido ni
un poco tenso mientras manipulaba y dirigía armas aterradoras durante una
semana, pero ahora sus palmas estaban ligeramente empapadas de sudor.
Al acercarse unos
pasos más, el movimiento se hizo evidente. Por fortuna, el bebé no lloraba y
estaba jugando bien por su cuenta.
Llevaba puesto algo
parecido a un traje espacial que le cubría manos y pies, lo que lo hacía
parecer una estrella de mar. O una raya…. ¿Será una prenda que ajusta el cuerpo
como un pañal de tela? Sea como sea, verlo con esa ropa de color amarillo
pálido, como si hubieran vertido leche sobre un pollito, moviendo su pequeño
torso… era, en efecto, lindo.
Ki Tae-jeong, que
lanzaba miradas sin sentido a distintas partes de la cama, solo pudo mirar
directamente el rostro del niño después de respirar hondo una vez más.
Lo primero que captó
su atención fueron las mejillas regordetas. Los labios rosados entreabiertos,
las orejas y la nariz tan pequeñas como ellos, y…. Esos ojos grandes y redondos
que lo miraban fijamente.
Olvidando incluso
respirar, Ki Tae-jeong observó al niño intensamente. Era la primera vez que se
enfrentaba a él de tan cerca.
“…Es idéntico.”
A pesar de que su voz
sonó tan baja y rasposa que él mismo se sobresaltó, el bebé no se asustó y solo
parpadeó con docilidad. Luego, movió los labios con una sonrisa. Podía ser solo
una ilusión suya, no, seguramente era una ilusión… pero parecía que el niño le
respondía con ruiditos a sus murmullos.
“Es igual a Se-hwa.”
Decidió retirar esa
impresión sosa de que parecía una estrella de mar o una raya. No se parecía en
nada a esas cosas. El hijo de Se-hwa era… bueno, ¿qué sería bueno? ¿Qué
expresión sería adecuada? Su lengua, que solía moverse como si estuviera
aceitada frente a Se-hwa, se detuvo en seco. ¿Cómo explicar esa apariencia
absurdamente linda con esa ropa tan ridícula?
Tal vez para regular
la temperatura, el bebé llevaba un gorrito en su pequeña cabeza, el cual
incluso tenía orejas. Dos orejitas redondas, del tamaño de una uña, ya fueran
de perro o de oso, estaban pegadas con orgullo; la imagen era tan hermosa que
resultaba absurda y le provocó una risa ahogada.
Ese pequeño ser vivo,
con un rostro idéntico al de Se-hwa, solo lo miraba en silencio. Ya fuera por
naturaleza, incluso estando quieto, las comisuras de sus labios estaban
ligeramente elevadas como si sonriera. No es que supiera lo que hacía, pero era
tan inocente que parecía no poder ni imaginar que la persona frente a él
pudiera hacerle daño.
Ah. En el momento en
que sus ojos se encontraron con esos otros, brillantes como guijarros pulidos,
Ki Tae-jeong no pudo decir nada. Sintió como si el suelo bajo sus pies
desapareciera. Hae-rim, Lee Hae-rim. Solo el nombre del niño, el cual aún no
tenía permiso de usar —o en el que ni siquiera pudo intervenir—, rondaba la
punta de su lengua. Brotó de su interior sin darle tiempo a contenerlo. Lee
Hae-rim; aparte de esas palabras, no había ninguna otra expresión bonita que
pudiera describir a este niño.
Al mismo tiempo, un
recuerdo cruel de un día cualquiera cruzó por detrás de sus párpados. Su propia
voz burlándose de Se-hwa golpeó sus oídos con ferocidad. ¿Qué palabras tan
crueles le había dicho al destrozado Se-hwa? A este bebé tan bueno que, tal
como dijo el cuidador, no lloraba al despertar ni se quejaba al ver a un
extraño, ¿qué clase de maldiciones le había lanzado?
Habiendo hecho eso,
¿era acaso aceptable estar aquí maravillado de su parecido con Se-hwa, o
asombrado de lo lindo que era?
El hijo de Se-hwa
tenía un poder increíble. Había algo inexplicable que hacía que incluso Ki
Tae-jeong, quien seguía tratando como la mierda a todos excepto a Se-hwa,
quisiera arrodillarse por voluntad propia y reflexionar sobre los días vividos.
“…Si no te hubieras
parecido a Se-hwa, ¿me habría alegrado tanto de verte?”
Ki Tae-jeong se
inclinó completamente para observar al bebé de cerca y susurró suavemente.
Si te hubieras
parecido a mí y no a Se-hwa. O si no te hubieras parecido a ninguno de los dos
y tuvieras un rostro feo… ¿aun así me habría maravillado al verte y habría
sentido este arrepentimiento?
Antes de que terminara
de reflexionar, la respuesta resonó ruidosamente en su cabeza. Maldita sea,
piensa algo que tenga sentido. Por supuesto que habría sido así. Habría sentido
un arrepentimiento mortal y una alegría tan grande que le darían ganas de
llorar.
Empujó esa pregunta
estúpida y lamentable que surgía de su interior debido a una culpa asfixiante.
Sí. Habría sido hermoso de cualquier forma. Porque es el hijo de Se-hwa y de
nadie más. Aunque ahora él no tuviera ningún derecho… es el hijo de Se-hwa y
suyo, así que era imposible que no fuera hermoso.
El bebé, que no sabía
nada, arrugó el puente de la nariz y estiró los brazos como si se desperezara.
En ese movimiento, el conejo de peluche que adornaba la cabecera fue empujado
ligeramente; a Tae-jeong le desconcertó esa fuerza tan frágil que no podía ni
dejar una marca en un montón de algodón.
Ciertamente dijeron
que su desarrollo era normal. ¿Será normal que no tenga nada de fuerza? El bebé
real era tan diferente de lo que había aprendido en libros u hologramas que,
sin bromear, Ki Tae-jeong perdió los nervios temiendo que pudiera romperse algo
en cualquier momento.
“Huing….”
El niño, que estuvo
moviéndose solo un buen rato, frunció los labios por alguna incomodidad. Su
boca, que se había abierto apenas como un grano de maíz, se cerró formando un
triángulo y aparecieron pequeñas arrugas en su mentón. Sus cejas se curvaron
hacia abajo y sus grandes ojos se llenaron de lágrimas.
Ah, sería un problema
si llora. No hay nadie ahora mismo. A pesar de pensar eso, Ki Tae-jeong terminó
riendo a carcajadas sin darse cuenta. Esta cosita pequeña, incluso su cara de
llanto es igual a la de su padre.
“¿Por qué? ¿Qué te
incomoda?”
Al darle unos
toquecitos en la mejilla, blanca y cálida como pan recién horneado, los
ruiditos de queja aumentaron. Al revisar abajo discretamente, no se sentía
caliente. No parecía ser hora de cambiar el pañal…. ¿Simplemente querría calor
humano?
Tras dudarlo mucho, Ki
Tae-jeong estiró las manos hacia la cama con cuidado. Justo cuando iba a tomar
la posición para cargarlo, se dio cuenta tarde de que las diversas
condecoraciones de su chaqueta de uniforme podrían dañar la delicada piel del
niño, por lo que se apresuró a quitarse la prenda primero.
Entonces, conteniendo
la respiración como si fuera a sumergirse en el agua, levantó al niño con
cautela. Realmente se sintió como si estuviera sacando algo marino y vaporoso
del agua. Era tan ligero que apenas sentía que lo estaba cargando.
Al principio intentó
sostenerlo con ambos brazos, pero no sabía si era porque sus manos eran grandes
o el niño muy pequeño, pero resultaba incómodo. Se sintió más estable
sosteniéndolo solo con un brazo.
El bebé, que estaba a
punto de romper en un gran llanto, se detuvo y miró a Ki Tae-jeong con los ojos
limpios de lágrimas. Quizás porque estuvo a punto de llorar, sus pupilas
brillaban intensamente.
Cuando estaba con
Se-hwa, evitaba sacar el tema del niño a propósito. No solo no pedía verlo,
sino que ni siquiera preguntaba cosas relacionadas. Aunque, tras insistirle
mucho al general Oh Seon-ran, él se hacía cargo de los gastos del niño en la
sala de protección, Se-hwa ni siquiera sabía eso.
Él no era el único que
guardaba silencio sobre este tema. Se-hwa tampoco lo dejaba entrar al
dormitorio. Incluso cuando lo dejaba abandonado en la sala por un momento para
revisar al niño adentro, no hubo ni una sola invitación para que pasara.
Se-hwa no quiere
romper la paz actual. Era difícil compartir sentimientos con franqueza todavía
y, aunque se abriera el camino, la conversación terminaría fluyendo hacia los
reproches contra él. No podía evitarse, y era lo natural. Se-hwa no tenía la
culpa de nada.
Si la charla tomaba
ese rumbo, Se-hwa volvería a llorar y terminaría detestando esa imagen de sí
mismo. Él estaba dispuesto a aceptar que Se-hwa repitiera lo mismo una y otra
vez, pero como al interesado le resultaba difícil de soportar, no había una
solución clara. Está aprendiendo, al ver al Se-hwa de estos días, que incitar a
alguien con tantas heridas a desahogarse puede ser otra forma de violencia.
Por eso, ambos se
esforzaban actualmente por extirpar de cualquier modo las historias que
resultaran difíciles o incómodas para el otro.
“Hoy es la última vez.
Ya no podré cargarte más.”
Incluso esto lo estoy
haciendo a escondidas.
Al susurrarle bajito,
el niño movió la boca como antes, como si respondiera. Ver su mejilla
ligeramente presionada contra su pecho sólido era tan tierno que, olvidando la
situación, quiso llamar a Se-hwa de inmediato, para instarlo a que viera ese
rostro.
“¿Por qué te
despertaste? Si estabas durmiendo tan bien.”
El bebé solo
parpadeaba con rostro risueño. Aun sabiendo que no era una reacción producto de
la conciencia o la interacción, Ki Tae-jeong seguía diciéndole cualquier cosa
al niño.
“Dicen que no es bueno
que se acostumbren a los brazos….”
Incluso cuando no era
más que un holograma en la libreta de maternidad, era un tipo que lloraba
ruidosamente si él arrojaba la libreta con descuido. Solo sonreía cuando él le
acariciaba el rostro toscamente con los dedos. A pesar de ser simples datos
virtuales.
No era algo que
pudiera ignorar solo por haber sido un holograma decorado para verse bien. Al
verlo sonreír alegremente en cuanto lo cargó después de llorar sin razón,
parecía que sí había una conexión.
Al quedarse callado,
pensó que el niño se aburriría, pero seguir hablando solo era aún más extraño….
Mientras deambulaba por el dormitorio un poco incómodo al quedarse sin palabras
para el niño, sonó la alarma de su reloj.
Con un ligero
movimiento de muñeca activó la pantalla y apareció el trayecto del cuidador que
había ido por los suministros. Se mostraba detalladamente quién estaba a su
lado y cuál era el estado de las comunicaciones por radio en las cercanías.
También entró de inmediato un mensaje del Teniente Primero Park diciendo que se
había informado al general Oh Seon-ran y que la investigación de antecedentes
de los cuidadores estaba en curso.
Tras mirar el mapa, Ki
Tae-jeong se dirigió hacia la cama del bebé. Tenía que volver a acostar a esta
cosita pequeña antes de que llegara el cuidador… pero la sensación de tenerlo
pegado a su mano como masa de arroz le producía una gran nostalgia.
Pero tampoco era el
momento de pedirle a Se-hwa que le permitiera ver al niño….
En parte era porque se
sentía arrepentido por las palabras crueles que le lanzó a Se-hwa en el puerto,
pero también esperaba que su actitud no pareciera motivada por el niño. Quería
que Se-hwa sintiera que se disculpaba con él de corazón, independientemente de
cualquier factor externo.
Quería que supiera
que, a pesar de haber llegado a este punto, aún lo amaba y que, descaradamente,
estaba intentando recuperar su amor; no quería que se malinterpretara como si
estuviera insistiendo por querer formar una familia. No era que quisiera que lo
aceptara por obligación porque había un hijo de por medio.
Él era una persona
mucho más ambiciosa de lo que Se-hwa imaginaba.
“¿Mayor General?”
Mientras no podía
desprenderse de la versión en miniatura de Se-hwa y solo miraba las huellas
sistemáticas en el holograma, la puerta principal se abrió de golpe y, de la
nada, se escuchó la voz de Se-hwa.
“Están sus zapatos….
¿Mayor General?”
La voz de Se-hwa, que
parecía no imaginar que él estaría en el dormitorio, deambuló por la cocina y
la sala. Ki Tae-jeong se mordió fuertemente el interior de la mejilla y bajó al
niño rápido pero con cuidado. Mientras se ponía la chaqueta del uniforme que
había dejado en la barandilla de la cuna y abrochaba los botones rápidamente,
los ojos del pequeño que yacía allí se llenaron de lágrimas de forma inusual.
“¿Qué hace aquí…?”
“¡Uaaang!”
En cuanto Se-hwa, que
finalmente lo encontró, entró al dormitorio extrañado, el niño, que había sido
acostado bruscamente en la cama sin entender nada, estalló en un llanto
verdaderamente fuerte.
#140
“Hae-rim.”
Se-hwa se acercó a
grandes zancadas y miró al niño.
“¿Por qué llora
nuestro buen bebé?”
Se-hwa estiró la mano
hacia abajo para revisar primero el estado del pañal y, tras confirmar que no
pasaba nada, cargó al niño de un tirón. En su toque, sosteniendo firmemente el
cuello y el trasero, se notaba una destreza que no se podía comparar con la de
él.
“Mi Hae-rim.”
El llamado alargando
el final, ‘Hae-rim’, sonaba de alguna manera como una canción. Era una forma de
hablar y una voz que escuchaba por primera vez. Así es como habla cuando está a
solas con el niño. Realmente parece un padre. Se sentía diferente a cuando le
susurraba al vientre…. Ki Tae-jeong, que admiraba la escena en silencio, se dio
cuenta tarde de que no era momento para eso.
“El cuidador fue a
buscar los biberones.”
Sacudió rápidamente su
reloj para abrir la pantalla holográfica.
“Dijo que la radio se
averió y que debía ir personalmente.”
“Ah… es cierto. Me
dijeron que si no se informa con antelación qué suministros se van a recibir,
el encargado no puede ni acercarse a la sala de protección.”
“Sí, por eso se fue.”
Su voz al excusarse
era tranquila, pero en realidad Ki Tae-jeong estaba muy desconcertado. El
momento no podía ser peor. Parecía que se malinterpretaría como si hubiera
aprovechado su ausencia para acercarse al niño. Él mismo estaba inquieto y el
bebé lloraba a todo pulmón; para cualquiera, resultaría obvio que él era quien
lo había hecho llorar.
“Puedes estar
tranquilo. Van con algunos guardias y el estado de la comunicación no parece
tener problemas.”
Señaló el mapa que
flotaba mientras se preparaba para declarar su inocencia, pero Se-hwa no
parecía muy interesado en la ausencia del cuidador. Ni siquiera le preguntó por
qué había irrumpido en el dormitorio. Simplemente respondió con naturalidad. Es
más,
“Gracias.”
Incluso le dio las
gracias a Ki Tae-jeong por cuidar del niño.
“Se asustó, ¿verdad?
Porque empezó a llorar de repente….”
Ki Tae-jeong parpadeó
lentamente. Estaba mentalmente preparado para que Se-hwa marcara una línea y le
dijera que no volviera a entrar, pero Se-hwa no le reprochó nada. Incluso se
giró de lado para mostrarle al niño, que sollozaba pegado a su hombro.
“Normalmente Hae-rim
casi no llora…. Come bien y duerme bien.”
Se-hwa dijo con
naturalidad que parecía que hoy simplemente estaba de mal humor.
“¿A pesar de que llora
así de fuerte?”
“Ay, ¿cómo va a ser
esto llorar fuerte?”
“…¿Ah, sí?”
Lágrimas como perlas
caían sobre las mejillas del bebé, que parecían pastelitos de arroz. Se veía
tan triste y desconsolado, ¿y eso no era nada? Entonces, si llorara de verdad por
dolor o cansancio, ¿qué tan fuerte sería?
“Oiga… Mayor General.”
“Dime.”
“¿Quiere cargarlo una
vez?”
Ki Tae-jeong, que
respondió ‘sí’ por hábito, se dio cuenta tarde del significado de lo que Se-hwa
había dicho y reaccionó con torpeza, como un robot averiado: ‘…¿eh?’.
“¿No se estaba
quitando la chaqueta para cargar a Hae-rim?”
Ki Tae-jeong recordó
entonces su apariencia desastrosa. Era razonable confundirse y pensar que se
estaba desvistiendo. Al echar un vistazo, vio que se había abrochado mal los
botones desde la mitad, y las charreteras y los cordones de las condecoraciones
estaban peligrosamente enredados.
“…Bueno, es que no
para de llorar.”
No quería rechazarlo.
No podía dejar pasar la generosidad de Se-hwa, así que mientras se quitaba la
chaqueta apresuradamente, Ki Tae-jeong se sintió un poco preocupado. Si lo
cargaba de nuevo y estallaba un llanto mayor, si esta vez lloraba de verdad con
fuerza… eso sería un problema.
“Es un bebé, es
natural que llore.”
Se-hwa le dio unas
palmaditas en el trasero al niño, que aún hipaba, y empujó el pequeño y cálido
cuerpo directamente hacia los brazos de Ki Tae-jeong.
“¡Ah, espera…!”
“Oh, ¿va a cargarlo
así?”
Se-hwa se asombró
cuando él corrigió su postura para sostener al niño con un solo brazo, como si
lo meciera.
“A mí me duelen los
brazos, así que no puedo cargarlo mucho tiempo en esa posición.”
“…¿En serio? Es
ligero.”
El bebé dejó de llorar
por un momento, tal vez confundido por el cambio de altura. Aun sabiendo que un
pensamiento tan concreto era imposible para él, Ki Tae-jeong le otorgaba todo
tipo de significados a las acciones del niño desde hacía un rato.
“Ah, ¿por qué intentas
comer esto?”
Al corregir la
postura, el lazo del gorrito rozó la boca del bebé, quien, a pesar de no tener
dientes, lo mordió con firmeza e intentó succionarlo. Al separar lo que mordía
por la sorpresa, el niño chasqueó los labios con pesar, pero seguía sonriendo
alegremente como si estuviera de buen humor.
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¿Será por esto que
comparan a los recién nacidos con cachorros? Intentan comer todo lo que toca su
boca. Y se acostumbran a los brazos humanos…. Aun así, ¿por qué muerde un trozo
de tela? ¿Qué pasaría si ocurriera un accidente? Ki Tae-jeong podría citar
decenas de casos en los que un cordón tan fino y blando podría asfixiar a una
persona.
“No le… desagrada,
¿verdad?”
Mientras Ki Tae-jeong
miraba fijamente el rostro del niño, que le seguía pareciendo maravilloso,
Se-hwa murmuró extrañado.
“¿Quién, el bebé?”
“Sí.”
“¿A mí?”
“Sí.”
Se-hwa, que dudó un
buen rato mientras tiraba y soltaba el nudo del lazo que ya estaba bien atado,
finalmente levantó la cabeza como si hubiera tomado una decisión.
“Por lo que dijo
antes… ah, no me refiero a lo que dijo en el puerto.”
Ki Tae-jeong tosió con
fuerza, como si se hubiera atragantado. No esperaba que mencionara lo ocurrido
en el Distrito 2 con tanta naturalidad.
“Usted dijo una vez:
‘¿Qué de bueno tendría que gente como nosotros tuviera un hijo? Su destino
sería obvio’.”
“…Eso es,”
“Como tampoco
preguntaba por Hae-rim…. Si hubiera tenido interés, usted es alguien que lo
habría encontrado hace mucho tiempo, pero como por su personalidad no hacía
ninguna exigencia, pensé que después de todo le desagradaban los bebés. Por
supuesto, yo tampoco tenía intención de mostrárselo al principio….”
“No es eso.”
Negó con urgencia y su
cuerpo se balanceó ligeramente; el niño, pensando que estaban jugando con él,
pataleó emocionado. Como tenía las extremidades bien envueltas, el rango de
movimiento no era amplio y no sabía si llamarlo ‘pataleo’…. Realmente eran unos
movimientos insignificantes.
“Te lo dije. Mi única
excepción eres tú.”
“…….”
“Es el hijo que tú
tuviste, ¿cómo podría desagradarme? Solo que yo….”
Ki Tae-jeong, que se
preparaba para confesar sus sentimientos íntimos con todo lujo de detalles, de
repente soltó una risa suave al pensar que la situación era un poco distinta a
la de antes. No era que hubiera ocultado al niño por una razón grave.
Simplemente había sido un malentendido surgido por no hablarse. Como no querían
que su relación empeorara hasta lo más bajo, ni querían lastimar al otro, cada
uno se había resignado a su manera.
“Yo también lo hice
porque pensé que a ti te desagradaría. Es natural que me odies, después de las
cosas… que dije sobre el niño cuando estaba en tu vientre.”
“…….”
“Y, como tú dices, es
porque mi personalidad es una mierda. Porque estoy esperando a que me aceptes a
mí, independientemente del niño.”
“¿Qué… significa eso?”
“Tú eres bueno.”
Ante sus palabras sin
pies ni cabeza, Se-hwa retrajo el mentón y frunció ligeramente el entrecejo.
Era la misma imagen del bebé, que hace un momento arrugaba todo el rostro para
llorar. Ki Tae-jeong terminó riendo a carcajadas. Una risa contenida se le escapaba
desde hacía un rato, pero ya no pudo aguantarla más. No, ya no quiso
aguantarla.
“Pensé que, si seguía
insistiendo a tu lado de esta forma, y si me veías encariñado con el bebé… no
tendrías más remedio que aceptarme.”
“…….”
“Pero no quiero estar
contigo de esa manera: ‘porque no hay de otra’ o ‘porque resultó así’. Es
cierto que el niño no me desagrada. Pero nunca he pensado en aferrarme a ti
usando como excusa que me hace falta una familia.”
Porque yo no tengo
sentimientos tan nobles como los tuyos. Resulta que la redención es solo para
los tipos que tienen madera para ello. Yo sigo siendo tan ambicioso que creo
que no podré hacerlo.
“No hace falta que me
muestres al niño. Independientemente de eso, cuando te sientas realmente bien,
acéptame de nuevo entonces.”
Ante la declaración de
que no permitiría ninguna variable y que solo pensaba en él, Se-hwa arqueó una
ceja. Quería responderle algo a ese Ki Tae-jeong rebosante de egoísmo, pero
dudó un largo rato moviendo solo los labios, como si no encontrara las palabras
adecuadas.
Ki Tae-jeong contempló
con un sentimiento renovado la vitalidad que volvía a teñir aquel rostro blanco
que alguna vez fue como una ruina. ¿Se llama ‘reflejo de búsqueda’ a los
movimientos que hacen los recién nacidos? Lee Se-hwa tiene veintidós años y no
sé por qué parece estar haciendo esos mismos gestos. Verlo mover los labios y
crispar las cejas, con ese aire tan inocente y juvenil como el del niño, le
hacía doler el corazón.
“Realmente, Mayor
General… ¿cómo puede ser tan ambicioso?”
“Por eso he llegado
hasta este puesto.”
Le respondía con
indiferencia, pero en realidad estaba muy nervioso.
“Yo también me estoy
esforzando a mi manera. Quiero mostrarte una imagen distinta, pero al mismo
tiempo trato de no cambiar demasiado para que puedas seguir odiándome a gusto.”
“…Mentira.”
“Es verdad.”
El niño en sus brazos
soltó un sonido, ‘cha-ap’, como si estuviera añadiendo un comentario. Por
alguna razón desconocida, el bebé estaba emocionado y murmuraba algo con
entusiasmo con su boquita de pájaro.
“Por cierto, ¿por qué
fuiste a hacerte los exámenes?”
“Ah, le dije que mi
constitución física estaba cambiando. Parece que, aun así, todavía puedo tener
hijos. Aunque no es seguro.”
“…Ah.”
Se-hwa bajó la mirada
hacia su vientre, diciendo que no era que hubiera surgido algún problema por
esa razón.
Ki Tae-jeong cerró y
abrió el puño varias veces con la mano que no sostenía al niño, y luego la
extendió con cuidado hacia Se-hwa. Al encoger el dedo índice como un gancho y
darle un toque en la zona del vientre, Se-hwa se estremeció.
…Eso fue todo. No se
sacudió la mano de Ki Tae-jeong con aversión, ni le golpeó el dorso con
frialdad. Solo observó la mano grande que acariciaba su vientre con cuidado,
conteniendo incluso la respiración como un animal joven caído en un lugar
desconocido.
“…Te dolió mucho,
¿verdad?”
“…….”
“Lo siento.”
Mientras Se-hwa
vacilaba sin encontrar la respuesta adecuada, el niño agitó los pies con
alegría como si respondiera por él. Con una sola patadita inquieta, el ambiente
que estaba a punto de hundirse revivió al instante.
“…Deseaba que creciera
fuerte como un árbol.”
Se-hwa, que sonreía de
forma extraña, entre confundido y avergonzado, trajo una toalla y limpió la
boca del niño con toquecitos. En la mano blanca que antes estuvo envuelta en
gasas para detectar drogas, ahora sostenía una suave toalla de gasa que olía a
leche de fórmula.
Los ojos de Se-hwa,
arrastrados por todo tipo de tempestades, se habían vuelto más profundos que
antes; a veces se oscurecían, pero al final brillaban intensamente. Incluso en
la noche cerrada, resplandecían con fuerza como el reflejo de la luna en la
superficie del agua.
Una vez más, Ki
Tae-jeong pudo respirar gracias a que Se-hwa se acercó primero. Se convirtió en
un ser humano. Quien extiende la mano en el momento decisivo siempre es Lee
Se-hwa. El permitirle estar a su lado, y el sugerirle con dudas si quería
cargar al niño a pesar de adivinar que podría desagradarle, fue gracias al
valor de Se-hwa.
“Quería que fuera un
árbol tan grande y fuerte que pudiera llenar un bosque. También combinaba con
su nombre temporal, Saessaki (Brote)….”
Se-hwa ocultó la
toalla humedecida tras su espalda y carraspeó, ‘ejem’.
“Y en aquel entonces
me gustaba tanto el mar… sentía que si salía al mar, todo se resolvería….”
“…….”
“Por eso le puse
Hae-rim. Busqué los caracteres con el significado adecuado en el libro que me
dio el general Oh Seon-ran….”
Así que, dijo Se-hwa
mientras hinchaba el pecho.
“Por favor, llámelo
Hae-rim.”
“…….”
“No le diga ‘niño’ o
‘bebé’… porque tiene el nombre de Hae-rim….”
La luz del sol de la
tarde que se filtraba por la ventana recorrió lentamente el hombro y la
coronilla de Se-hwa, y luego el otro hombro. El tiempo era tan bueno que se
podía ver la trayectoria de las nubes dispersándose suavemente sobre el suelo
de mármol.
Ki Tae-jeong se quedó
absorto ante ese paisaje increíblemente pacífico y recordó a Se-hwa, quien
alguna vez le susurraba suavemente al niño sobre la cama.
La voz que decía
querer ver delfines. La luz de color crema extendida en forma de abanico.
Aquella noche en la que no podía apartar la vista del rostro de Se-hwa asomado
por la estrecha rendija, preso de un sentimiento indescriptible.
Creo que fue desde entonces.
Cuando empezó a soñar solo, incluso teniendo a Se-hwa a su lado a la fuerza.
Deseaba encajar de algún modo en esa cálida fantasía, pero como no sabía cómo,
y como no sabía decir ni una sola palabra de disculpa, dio un rodeo muy largo.
“…Se-hwa.”
“¿Por qué me llama?”
Se-hwa lo instó con
una voz cargada de risas. Ya que lo tenía en brazos, que mirara el rostro de
Hae-rim y lo llamara por su nombre.
Ki Tae-jeong tragó con
esfuerzo algo que subía atropelladamente por su garganta y finalmente abrió la
boca.
“…Lee Hae-rim.”
#141
Esos ojos grandes, que
parecían tener estrellas incrustadas, miraban fijamente su rostro. Ki Tae-jeong
llamó al niño por su nombre una vez más, con una voz un poco más fuerte y
clara.
“Lee Hae-rim.”
“¿Qué es eso?”
Aunque él estaba actuando
con más seriedad que nunca, Se-hwa soltó una risita, como si algo le resultara
muy divertido.
“¿Por qué?”
“Porque parece un
verdadero soldado.”
“Bueno, es que soy un
verdadero soldado, ¿no…?”
“No, es que el tono de
voz con el que llamó a Hae-rim fue como… ‘Lee Hae-rim, ¡firme!, ¡a
discreción!’, tuvo esa sensación.”
“…¿En serio?”
“Sí, así fue.”
Tras una breve pausa,
Se-hwa asintió lentamente, como si estuviera saboreando el llamado de Ki
Tae-jeong de hace un momento.
“Hae-rim ya no llora,
así que creo que puede acostarlo.”
“¿Tú crees?”
Ki Tae-jeong se
inclinó torpemente mientras sostenía al pequeño bebé, a Hae-rim, tal como se le
ordenó. Al cambiar de postura, el niño agitó las manos con entusiasmo,
provocándole cosquillas donde lo tocaba.
“Espera. ¿Y si lo
acuesto y llora otra vez?”
“¿Eh?”
Justo antes de
depositar a Hae-rim sobre la mullida cama, Ki Tae-jeong se giró bruscamente
hacia Se-hwa.
“Todavía no hemos
encontrado la razón de por qué lloró de repente…. ¿Y si lo acuesto y esta vez
llora de verdad con fuerza? No tendríamos forma de pararlo.”
Por principio, los
accidentes deben prevenirse. Como esta cosita pequeña se cansaría si derramara
lágrimas a menudo, ¿no sería mejor seguir cargándolo así? Ante ese pensamiento
repentino, se quedó sin saber qué hacer, y Se-hwa se acercó a él inflando las mejillas
como si no pudiera creerlo.
“Entonces solo habría
que cargarlo de nuevo.”
Si llora, se le
consuela y se le carga diciendo que es hermoso; con eso basta. Se-hwa habló con
naturalidad mientras guiaba las manos de Ki Tae-jeong.
“Si hace eso, se
pondrá bien pronto.”
A pesar de ser un
gesto en el que no había ni un ápice de fuerza, el cuerpo de él se movió
dócilmente según Se-hwa lo jalaba o presionaba.
Sobre la cama color
marfil, decorada con peluches de conejos, ciervos y patos, el cuerpo del bebé
—tan parecido a un copo de algodón como los muñecos— descendió lentamente.
A diferencia de lo que
temía, Hae-rim parecía seguir de buen humor tras ser acostado. ‘Los aterrizajes
siempre deben ser cuidadosos’, pensó Ki Tae-jeong mientras jugueteaba sin
motivo con las puntas del cabello de Hae-rim, que parecían vilanos de diente de
león, tragándose una impresión que le daba demasiada vergüenza confiarle a
Se-hwa.
“¿Puedo dejarlo así?”
“Sí, si le enciende el
móvil jugará bien.”
“¿Tengo que presionar
este botón?”
“Sí. Esto… Mayor
General. Voy a cambiarle la ropa a Hae-rim.”
“¿Quiere verlo?”,
preguntó Se-hwa con voz vacilante. Él se había maravillado de la calma y la
entereza con la que Se-hwa lo había dejado cargar al niño y llamarlo por su
nombre como si nada… pero parecía que no podía evitar estar muy nervioso. Y en
esa imagen de Se-hwa, incapaz de ocultar su temblor, Ki Tae-jeong sintió un
amor innegable. Incluso tuvo la absurda fantasía de querer apoyarse y ser
abrazado por el valiente Se-hwa, quien avanzaba a pesar de tambalearse, siendo
mucho más pequeño que él.
“Sus ma… manos y pies
aún son pequeños, así que… es muy… lindo.”
Diciendo que su puño
bien cerrado sería más pequeño incluso que el dedo gordo de su propio pie,
Se-hwa hurgó en el armario del bebé. Dentro del mueble de madera cálida, había
mamelucos y gorritos colocados con delicadeza.
Por el bien de Se-hwa,
que se estaba esforzando, Ki Tae-jeong también intentó actuar con naturalidad.
Para que la conversación no fluyera hacia temas más profundos y para que Se-hwa
pudiera tratarlo con ligereza.
“…¿Qué clase de ropa
es esta?”
Sin embargo, sin
siquiera esforzarse, al ver la ropa del bebé en el armario, las palabras de
reproche salieron solas.
“¿Por qué?”
“Es que es un poco….”
Parecía que Se-hwa
había comprado todo lo que le pareció lindo sin orden, pues los colores y
diseños eran un caos. Pensándolo bien, incluso ahora la ropa y el gorrito no
combinaban para nada. Por supuesto, Hae-rim era tan hermoso que daban ganas de
morderlo, pero….
“Bueno. La primera vez
que te vi, también estabas vestido de forma extraña.”
“¡Ah, eso fue…!”
Se-hwa, que iba a
sacar un gorrito rosa con orejas de conejo, se giró indignado hacia Ki
Tae-jeong.
Era el rostro del ser
amado, quien, aunque todavía se sentía intimidado por él, ya no mostraba rastro
de terror.
Ki Tae-jeong observó
en silencio a Se-hwa, que empezaba a soltar una larga lista de excusas sobre la
ropa que llevaba en aquel entonces, y volvió a reír. Era un problema que se le
escaparan risas tontas a cada momento.
*
El equipaje era
escaso. Las pertenencias voluminosas, como la cama de Hae-rim o el
esterilizador, ya se habían enviado con antelación, así que no había mucho que
llevar. Solo tenía que cuidar de sí mismo y de Hae-rim.
Ki Tae-jeong, quien
hasta hace dos días mantenía una sola postura rígida para cargar al bebé, ya
sabía manejarlo bien. La destreza con la que sentó a Hae-rim en la pequeña y
redonda silla para el auto y le puso las manoplas parecía incluso mejor que la
de él.
Fue Ki Tae-jeong quien
tomó el asa de la silla y la trasladó hasta el auto y luego a la mansión,
reemplazando a un Se-hwa que dudaba, pensando si no sería mejor cargarlo en
brazos por miedo a que se le cayera al llevarlo así.
“La casa parece
demasiado pequeña.”
“Con esto es
suficiente.”
Ki Tae-jeong dio una
vuelta por la casa mientras le daba palmaditas en la espalda a Hae-rim, quien
succionaba su chupete. Le parecía que la iluminación no era tan buena como
esperaba, que este color no le gustaba, que aquello no le convencía…. Las
únicas cosas que no criticó fueron su propia cama amplia en la habitación
principal y la cama de Hae-rim situada al lado.
“¿No está ocupado
hoy?”
“No.”
Era mentira. Desde que
se reencontró con Ki Tae-jeong, el Teniente Primero Park, que solía evitar
presionarlo cuando estaban juntos, lo había buscado varias veces estos días.
Incluso hubo momentos en los que la alarma del reloj de pulsera vibraba de
forma amenazante. Aun así, Ki Tae-jeong solo decía que estaba bien, que no
importaba. Se quedaba merodeando cerca de él y de Hae-rim sin hacer nada, hasta
que sus ayudantes, desesperados, le suplicaban con voces moribundas.
Se-hwa, que pensaba en
esto para sus adentros, soltó una risita sin darse cuenta. ¿Quién hubiera
imaginado que llegaría el día en que usaría la expresión ‘merodear’ para
referirse a Ki Tae-jeong?
“¿Habías dicho que el
general Oh Seon-ran vendría por la tarde?”
“Sí. Acordamos tener
una cena sencilla en casa.”
Al escuchar eso, el
toque de Ki Tae-jeong acariciando a Hae-rim se volvió un poco más rápido. Como
no había una invitación para que se quedara a comer, parecía estar buscando el
momento oportuno para ver cómo quedarse allí sin que se notara.
Por supuesto, no tenía
intención de echarlo, pero como no le desagradaba ver a Ki Tae-jeong pendiente
de sus reacciones, Se-hwa cambió de tema como si no se diera cuenta. Eran
quejas sin importancia, como que la vista era muy buena o que el panel de
control tenía demasiadas funciones modernas y lo confundía.
Ki Tae-jeong buscaba
defectos con ojos de fuego, pero esta casa que el general Oh Seon-ran le había
proporcionado era más que suficiente para Se-hwa. Aunque era más pequeña que la
residencia oficial de Ki Tae-jeong, que parecía una mansión, no le faltaba
nada. Estaba cerca del hospital, por lo que podía ir corriendo en cualquier
momento si Hae-rim enfermaba, y también le gustaba mucho que las instalaciones
de seguridad fueran increíbles.
Incluso cuando le
asignaron una habitación individual diminuta saltó de alegría, así que era
imposible que no le gustara un espacio tan hermoso y maravilloso. Solo se
sentía agradecido y apenado con el general Oh Seon-ran, quien le había comprado
una casa sin siquiera jactarse de ello.
“Por cierto. He estado
pensando mucho….”
Exageró un poco. No es
que hubiera estado pensando continuamente; fue una idea extraña que se le
ocurrió anoche, mientras ponía todos sus sentidos en la presencia de Ki
Tae-jeong, que se había quedado dormido en el sofá de la sala de la sala de
protección.
“¿Qué pasa?”
“Eso… bueno, es un
poco vergonzoso….”
“Está bien, dímelo.”
“Prometa que no se va
a burlar,”
“No me burlaré. ¿De
qué se trata?”
“Ah… mmm, estoy
pensando en… aprender a hacer postres.”
“¿Postres? ¿Te
refieres a algo como repostería?”
“Ah, sí…. Quiero hacer
algo después de que me den el alta, pero no se me ocurre nada adecuado… y pensé
que tal vez se me daría bien medir la harina….”
Ki Tae-jeong, que lo
miraba fijamente sin decir nada, empezó a sonreír poco a poco. Sus labios se
curvaron como una luna creciente y luego se abrieron por completo soltando una
carcajada.
Se-hwa se desanimó un
poco. Y eso que prometió no burlarse. Aunque era una razón absurda incluso para
él, no era para que se riera tanto….
“Es cierto, tienes
razón. Al menos en ese campo, nadie podrá ganarte.”
Su voz seguía llena de
risas, pero en lugar de sarcasmo, estaba cargada de ternura… por lo que Se-hwa
solo se frotó la frente avergonzado. Estos días, Ki Tae-jeong se ríe de esa
manera constantemente.
“Sí, por eso… tanto el
general Oh Seon-ran como el Mayor General… dijeron que me asignarían a un
cuidador de confianza, así que estoy pensando en dejarle a Hae-rim un momento y
estudiar aunque sea por las tardes. Aunque creo que todavía tengo que
esforzarme más con el ejercicio….”
“¿Vas a entrar en una
escuela técnica?”
“No lo sé, no tengo
tanta confianza para eso… por ahora, solo como un pasatiempo….”
“Sí, está bien.
Inténtalo. Haz lo que quieras, como dijiste.”
Veintidós años. Las
cosas que se han grabado a fuego en una vida que, aunque corta, ha sido intensa,
no pueden eliminarse de la noche a la mañana. Como el agua sucia que termina
empapando los tobillos por mucho que uno patalee, los rastros de la vida como
Sam-wol en los Distritos 2 y 4 no se borraban fácilmente.
Por eso, Se-hwa
decidió no esforzarse por olvidar. No sacaría fragmentos del pasado para
torturarse, pero tampoco los ignoraría como si no hubiera nada en su interior…
estaba en proceso de aceptarlos, pensando que lo ocurrido anteriormente también
era una pieza de su propio cuerpo.
Incluso con el mejor
tratamiento, el dolor fantasma permanece.
Intentó vivir
olvidando a Ki Tae-jeong como si fuera un desconocido, pero en el momento en
que se enfrentó a su rostro, no pudo pensar en nada. Terminó aceptando entre
lágrimas al hombre que derramó su sangre de buena gana con tal de protegerlo.
Incluso con Hae-rim
ocurre lo mismo. Aunque ahora podría apostarlo todo por él, eso no significaba
que el miedo y la depresión que sintió cuando el niño llegó por primera vez no
hubieran existido.
NO
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La sensación de dolor
que llega como una réplica continúa. Lo bueno y lo malo no se separan con
claridad. Pero lo que es seguro es que está mejorando poco a poco. Ha llegado
al punto en que puede hablar de los eventos pasados con Ki Tae-jeong y en el
que, al mirar a Hae-rim, no queda más que la palabra ‘amor’.
Si continúa llenando
diligentemente los huecos profundos, ¿no llegará el día en que descubra a un yo
verdaderamente sano y fuerte? Por eso, Se-hwa decidió no ocultar ni avergonzarse
de la idea infantil de querer aprender repostería porque es bueno midiendo
polvos, ni de la razón por la cual se volvió experto en ello.
“¿Eso de allí son
rosas?”
Ki Tae-jeong frunció
fuertemente el ceño mientras observaba la terraza, que tenía el tamaño de la
sala, a través de la ventana.
“¿Por qué han plantado
tantas flores llenas de espinas? ¿Qué tal si el niño se lastima?”
“Mmm, ¿no falta mucho
para que Hae-rim se lastime con las espinas de las rosas…?”
“Aun así.”
Ki Tae-jeong murmuró
con voz seria que él mismo podría pincharse mientras paseaba con Hae-rim en
brazos.
“Sabes lo fatal que es
el tétanos. Si no se trata rápido, podrías morir así como así.”
Parece que no estaba
criticando por criticar, sino que consideraba seriamente arrancar todos los
arbustos. Se-hwa hizo un ruido con la garganta, ‘mmm’. ¿Qué sería bueno
responder?
“No puede ser. Ven a
la residencia oficial cuando mejore el clima.”
Fue un comentario que
le quitó las energías, haciendo que el esfuerzo de pensar no valiera la pena.
¿Al final lo que quería decir era esto?
“En la residencia no
hay ninguna de esas flores peligrosas.”
“A menos que me caiga
sobre las rosas a propósito, Hae-rim no morirá de tétanos….”
Aunque Se-hwa protestó
bajito, Ki Tae-jeong solo repitió que fuera a la residencia oficial. Parecía
alguien que había estado esperando el momento adecuado para sacar este tema.
“Por muy seguro que
sea un edificio civil, ¿crees que se comparará con una residencia oficial para
oficiales?”
“Eso es cierto,
pero….”
“Te lo digo yo.
Piénsalo positivamente. De todas formas, estoy tan ocupado que casi ni voy.”
Para estar tan
ocupado… ¿no se había quedado merodeando en la sala de protección todos los
días? Al asentir con rostro dubitativo por el momento, Ki Tae-jeong volvió a
enfatizar sin pizca de vergüenza: ‘Realmente estoy tan ocupado que incluso
podrías sentir que vives solo con Hae-rim’. Realmente, dicen que la gente no
cambia. Era un hombre sumamente descarado.
“Ven, ¿sí?”
“Cuando mejore el
clima.”
“¿Lo dices en serio?”
Fue una respuesta tan
vacía como los gestos reflejos de Hae-rim. Sabiendo perfectamente eso, Ki
Tae-jeong se aferró con insistencia a las palabras de Se-hwa.
“Eso de que vendrás
cuando mejore el clima, ¿lo dices en serio?”
“No lo sé. Falta mucho
todavía.”
“¿Cómo que falta
mucho? El calor llegará pronto.”
Sus dedos señalaban
una enorme enredadera de rosas bien podada. En realidad, ni siquiera sabía que
eran rosas. Solo lo aceptaba porque Ki Tae-jeong lo había dicho antes.
“Como ya tiene
espinas, pronto brotarán las hojas, y después de eso las flores brotarán en un
instante.”
“…¿Ah… sí?”
“Sí. En países con
climas desconocidos, calculaba el tiempo más o menos mirando las flores o las
plantas. Pensaba: ‘Ah, es la señal de que la estación está cambiando’.”
Que cuando los
matorrales de espinas se enredan, significa que las flores pronto florecerán.
Que significa que la
primavera está llegando….
“…Ya veo.”
A Se-hwa se le
calentaron los ojos por alguna razón, así que tiró con fuerza de su prenda
superior. Ah…. Una sensación punzante difícil de explicar entumeció todo su
cuerpo.
Nunca le había contado
que sentía que lo único que poseía eran espinas, así que no sabía cómo demonios
sacaba estos temas. ¿Cómo puede ese hombre decir tan bien las cosas que
inevitablemente ablandan el corazón…?
“El bebé tendrá frío.”
Ki Tae-jeong chasqueó
la lengua y presionó el panel de control. En el enorme ventanal, cuya altura
era equivalente a dos pisos de un edificio normal, se desplegó un drapeado
opaco, y sobre él se cerraron unas cortinas de tono crema, similar al color de
la ropa de cama de Hae-rim. Gracias a que Ki Tae-jeong ajustó los botones con
destreza, solo quedó una rendija justa para sentir la luz de forma agradable.
“Es cierto, todavía
hará frío.”
Aunque las ventanas
eran fuertes y la calefacción funcionaba a pleno, Se-hwa asintió y contempló
las cortinas cerradas en la sala.
En la carta que
representa el mes de marzo, solo están dibujados de forma desolada las flores y
el telón. Los cerezos puntiagudos, que enfatizan características geométricas,
son rojos y también negros, por lo que ni siquiera eran bonitos. Nadie sabe qué
hay dentro de ese palio oscuro extendido de forma sospechosa. Aunque otros
jugadores y clientes solían hacer bromas para rebajarlo, diciendo que los tipos
que salieron a ver las flores estarían revolcándose a gusto allí dentro….
Se-hwa también quería
ser otra carta en la que estuvieran dibujados personas o animales. Deseaba que,
si no iba a estar solo, al menos la luna, que era genial, fuera suya. Aun
sabiendo que era algo inalcanzable.
Nunca esperó en toda
su vida un paisaje tan estupendo y hermoso como este. Si pudiera ser llamado
Lee Se-hwa en lugar de Sam-wol-i, si pudiera ser una persona capaz de registrar
sus tres nombres en el registro civil en lugar de ser un jugador que moriría
vendiendo drogas o repartiendo cartas de hanafuda.
Se-hwa sufrió todo el
tiempo por haber albergado en su pecho un sueño que no correspondía a su
posición. Como resultado, nada salió según sus deseos, y las cosas obtenidas
por casualidad estaban rotas o dañadas en alguna parte, por lo que sus bordes
aún no estaban sanos.
Sin embargo, a pesar
de ser tan agobiante y doloroso, ahora no quería soltar nada. Incluso cuando no
había logrado nada por sus propios méritos.
Aunque pensaba que no
debería esperar felicidad, una ambición que no correspondía a su posición
volvió a brotar con fuerza. Deseaba que su corazón madurara aunque fuera un
poco más mañana que hoy.
Debido a esa frase que
soltó hace un momento sin intención el hombre capaz de navegar por el cielo
como si fuera el mar, empezó a querer ser feliz una y otra vez. Aunque a veces
sangrara y le doliera al pincharse con las puntas de las espinas afiladas,
sentía que, si esperaba como dijo Ki Tae-jeong, llegaría el día en que las
flores brotarían también de sus manos.
“…Mayor General.”
“Dime.”
“¿Quiere quedarse a
cenar?”
“¿Entonces pensabas
echarme sin darme de comer?”
Se-hwa solo negó con
la cabeza en silencio. En las pupilas de Ki Tae-jeong, que lo miraba, vio su
propia imagen sonriendo con los ojos entrecerrados.
“Vamos a acostar a
Hae-rim.”
“¿Tan pronto?”
“Si lo sigue cargando,
se le hará un mal hábito.”
“Todavía es un niño,
aunque se le haga un mal hábito….”
“No puede ser.”
“…Está bien.”
Ki Tae-jeong hizo un
gesto con la barbilla indicando que entraran.
En la brisa cálida que
circulaba por la casa, el extremo de la cortina bien cerrada se agitó
ligeramente. Dentro de ese palio blanco y hermoso en el que nadie podía
asomarse, un pequeño mundo se volvía cada vez más sólido a medida que se unían
sus grietas.
Todo lo que el Se-hwa
de su niñez tanto deseaba estaba aquí dentro.
