1. El demonio de la cocina

 


1. El demonio de la cocina

 

A menudo, la gestión de un restaurante se compara con el elegante nado de un cisne.

Un restaurante de alta cocina, donde una cena puede costar cientos de dólares, parece a simple vista tan hermoso y noble como un cisne que se desliza plácidamente sobre un lago. Sin embargo, detrás de esa apariencia serena se esconde la lucha encarnizada de chefs meticulosos que no desperdician ni un segundo, y el esfuerzo detallista del personal para ofrecer el mejor servicio. Más allá de servir comida, se esfuerzan por brindar una ‘experiencia’ perfecta, braceando frenéticamente bajo la superficie.

Cuanto más prestigioso es el restaurante, mayor es la brecha entre lo que se ve sobre el agua y lo que sucede debajo.

West Village, en Nueva York, evaluado como una armonía entre la sofisticación neoyorquina y el clasicismo europeo, estaba repleto de edificios de ladrillo únicos, pequeñas galerías de arte, boutiques, y cafés y restaurantes maravillosos en cada uno de sus estrechos callejones. Gracias a su atmósfera peculiar, tranquila pero vibrante, era especialmente amado por jóvenes artistas y gastrónomos. En este West Village, también se encontraban varios restaurantes de fama mundial.

Particularmente, el restaurante de cocina francesa moderna ‘Inspire’, ubicado en el corazón de West Village, era el orgullo de la zona. ‘Inspire’ era reconocido por la mayoría de los críticos de Nueva York: había obtenido tres estrellas Michelin durante tres años consecutivos y aparecido en revistas gastronómicas de renombre como The New York Times, Food & Wine y The Art of Eating, además de figurar en la lista de The World's 50 Best Restaurants. Y el motor que permitía a este lujoso restaurante nadar con elegancia en el vasto lago de Nueva York era su jefe de cocina, Jake Shin, quien luchaba sin descanso en las profundidades. No era exagerado decir que la fama actual de Inspire se debía puramente a este hombre.

Tak, tak, tak.

Hoy también, el sonido del cuchillo golpeando la tabla de cortar resonaba en la cocina de Inspire. A eso se sumaban el borboteo de las ollas, el siseo de la carne y el pescado al sellarse en la sartén, el ruido de los vegetales al ser procesados, el estrépito de los hornos al abrirse y el pitido de los temporizadores. La cocina estaba lejos de ser un lugar silencioso. Más de veinte cocineros se comunicaban casi a gritos en medio de aquel estruendo. En realidad, no era exagerado decir que era tan ruidoso como Times Square en un fin de semana. Sin embargo, a pesar de las capas de ruido, por alguna razón, una corriente gélida flotaba en el aire.

¡Tuk!

Ante el sonido de un golpe sobre la mesa de preparación, las manos de los cocineros, que se movían afanosamente, se detuvieron por un instante antes de reanudar su marcha.

Otra víctima más.

Todos pensaron lo mismo, pero una vez que alguien caía en las garras del ‘demonio de la cocina’, nadie podía salvarlo. Solo quedaba ofrecer un silencioso pésame.

“Hazlo de nuevo”.

“Chef, pero los pedidos ya están muy retrasados. Podríamos sacar esto así...”.

“Lucas, parece que tienes un problema en la vista, ¿por qué no sueltas el cuchillo y vas directo al oculista? Porque a mis ojos, lo que trajiste parece un trozo de carbón. Lo que puse en el menú es ternera, no un maldito trozo de carbón”.

“Lo siento, Chef”.

“No, no busco una disculpa. Me pregunto si debería llamar ‘chef’ a alguien que cocina de esta manera. No sé si deba respetar a alguien con tan poco profesionalismo”.

Jake Shin pinchó con desprecio la carne de ternera de tono amarronado. Aunque estaba más cocida de lo que se solía servir en Inspire, era perfectamente comestible. Sin embargo, en Inspire, donde se buscaba la perfección absoluta, no se toleraba ni el más mínimo error. Lucas Bentley, el chef encargado de la parrilla, agachaba la cabeza frente a Jake Shin como alguien que hubiera cometido un pecado capital. ¡Kung! Ante el sonido de la carne volando y estrellándose en un rincón de la mesa de trabajo, Lucas se sobresaltó. La voz fría de Jake Shin voló como un látigo.

“Dilo otra vez. ¿Como los pedidos están retrasados, vamos a sacar esta basura?”.

“No, Chef”.

“Esto es Inspire. No es una tienda de sándwiches mugrienta de 5 dólares en una esquina. ¿Es tu primer día cocinando? ¿O eres tan estúpido que olvidaste que eres cocinero?”.

“No, Chef”.

“¿Crees que alguien que ni siquiera puede asar bien una carne tiene derecho a ser llamado chef?”.

“Me he descuidado por la repetición del trabajo. No tengo excusa, Chef”.

“Sí, lo entiendo bien. Cocinar la misma carne cientos de veces debe ser aburrido. Pero para el cliente que come este plato, es una experiencia única en la vida. Por eso debemos ser perfectos, ¿no lo digo siempre? Incluso una hoja de hierba sobre la comida tiene un significado. Pero tú lo arruinas todo con tu maldito carbón. En mi restaurante no servimos esta basura, así que, si vas a trabajar a medias, haz las maletas y lárgate de mi cocina. Ve a buscar otro trabajo que no sea aburrido, ¿eh?”.

“Lo siento, Chef. No volverá a ocurrir”.

“No, a quien debes pedir perdón es a esta carne. Por tu culpa, no llegará a la boca del cliente y se desperdiciará. Pídele perdón a la carne”.

“Entendido, Chef”.

“No. Pídele perdón, a la carne”.

¿Pedirle perdón a la carne? Lucas levantó ligeramente la vista para observar el rostro de Jake Shin. Pensó que, seguramente, era una broma. Sin embargo, no había ni rastro de humor en el rostro de Jake. Al darse cuenta de que hablaba en serio, Lucas entreabrió la boca. Jake Shin ordenó con firmeza.

“Pídele perdón, ahora mismo”.

“... Chef, lo siento. No volverá a—“.

“A mí no. No es broma, pídele perdón a la carne ahora mismo”.

Lucas, habiendo recibido la absurda orden de disculparse con un trozo de carne, soltó una risa seca de incredulidad. Pero Jake Shin no retiró la orden a pesar de la expresión de disgusto de Lucas. Solo después de darse cuenta de que Jake no retrocedería ni un milímetro, Lucas finalmente murmuró con voz apenas audible.

“... Lo siento”.

“No se oye. ¿Crees que la carne te va a escuchar así?”.

“Lo siento”.

“¡Más fuerte!”.

“¡Lo siento!”.

“Más fuerte, Lucas”.

“¡Lo siento! ¡Lo siento, carne!”.

“Dile que has cometido un pecado capital”.

“¡He cometido un pecado capital!”.

Lucas gritó hacia la carne abandonada en la mesa como si fuera un lamento. Cerca de allí, los otros chefs seguían con sus tareas en silencio, como si no estuvieran viendo nada. Lucas respiraba agitadamente, incapaz de contener su indignación. Solo entonces, Jake Shin, pareciendo satisfecho de dejarlo ir, movió un dedo con indiferencia.

“Limpia eso, y vuelve a asarla correctamente”.

Mientras un Lucas con el rostro encendido de rabia limpiaba la mesa, Jake Shin, sin cambiar la expresión, revisó el plato que traía otro chef, añadió un toque final con unas pinzas y lo entregó indicando que se sirviera al cliente. Mientras tanto, los pedidos seguían llegando desde el salón. Jake Shin gritó.

“¡Un bacalao negro, dos Wagyu! ¡Esta vez terminen el glaseado exactamente en 5 minutos!”.

“¡Sí, Chef!”.

Los chefs gritaron al unísono con fuerza. Por otro lado, en un rincón de la cocina, un aprendiz preparaba apresuradamente los espárragos que se habían agotado. Lucas, tras limpiar su estación, pasó cerca de él con un trapo sucio y murmuró para que lo oyera.

“Maldita sea, todo este lío por culpa de un imbécil que no sabe ni pelar una zanahoria”.

Ante esas palabras, la mano del aprendiz, Avery Remington, tembló. Aunque sabía que el dardo iba dirigido a él, Avery no pudo responder nada. Porque no se podía negar que él era responsable de que el terrible ‘demonio de la cocina’ se hubiera vuelto aún más implacable. No, en realidad, no era exagerado decir que todo era culpa suya. Pensar que todos lo culpaban internamente, aunque no lo dijeran en voz alta, le daban ganas de llorar. Aunque ya había llorado bastante bajo las sábanas. Avery se mordió el labio con fuerza.

¿Por qué hice eso? Debí estar poseído en ese momento.

El desafortunado incidente de la ‘piel de zanahoria’ que despertó al demonio de la cocina ocurrió hace una semana.

Ese día, toda la ciudad de Nueva York estaba en estado de emergencia. Las fuertes lluvias del día anterior causaron varios accidentes y el tráfico era caótico. Naturalmente, el restaurante también entró en crisis. Las entregas de diversos ingredientes se retrasaron mucho más de lo habitual, y algunos chefs y empleados del restaurante no pudieron evitar llegar tarde. No solo eso, uno de los hornos industriales que funcionaba a duras penas terminó de romperse, y debido a que el encargado ajustó mal la temperatura de la cámara de maduración el día anterior, nacieron patos insuficientemente madurados.

Incluso, era la semana de inspección sanitaria. El día de la inspección, el Departamento de Salud de Nueva York envía personal para investigar estrictamente el estado de almacenamiento de los ingredientes, los procedimientos de manejo de alimentos, el control de temperatura, la limpieza de la cocina e incluso dónde se lavan las manos los empleados. Para obtener la calificación máxima, ‘A’, todo debía estar perfecto. La higiene es un asunto directamente relacionado con la confianza del restaurante, y para un lugar como Inspire, no obtener la calificación A era algo impensable, por lo que el jefe de cocina Jake Shin estaba extremadamente tenso.

Por supuesto, todo esto no eran más que circunstancias internas del restaurante. No eran asuntos que los clientes debieran notar. Aunque bajo el agua fuera un desastre, el cisne debía nadar de forma hermosa y elegante. Ese día también, las reservas de Inspire estaban completas. Jake Shin corría de un lado a otro para resolver los diversos problemas, y en su lugar, el sous-chef (Sub chef) Nicolas Sorell, ‘Nick’, se encargó del chequeo final en el ‘pass (Aprobación)’. Si el jefe Jake Shin era el despiadado demonio de la cocina, el sous-chef Nick era el demonio de la serenidad que nunca se alteraba. Los otros chefs solían decir que, incluso si cayera una bomba frente a él, Nick diría sin cambiar el gesto: "Bien, evacúen pronto".

Y para Avery Remington, un aprendiz que no llevaba ni un año en el restaurante, ese día también comenzó con mal pie. Para empezar, no durmió bien. Ayer hubo una filtración en el techo de su casa. Como era un edificio muy viejo, no era de extrañar, así que Avery simplemente puso un cubo debajo de la gotera y se fue a dormir. Pero de madrugada, la lluvia se convirtió en un aguacero y el agua empezó a caer casi como una cascada. Las ventanas traqueteaban como si fueran a desprenderse, y en la casa de al lado también hubo algún incidente, haciendo ruido toda la noche.

Gracias a eso, Avery salió de casa a las 7 de la mañana habiendo dormido apenas dos horas. Lo habitual era salir del trabajo pasadas las once de la noche, por lo que rara vez dormía más de cinco horas, pero ese día fue peor. No podía distinguir si el cielo estaba gris por el clima o si su vista estaba nublada por la falta de sueño.

La cocina también estaba más agitada de lo normal. Todos estaban tensos y se gritaban entre sí. Especialmente, la irritabilidad del chef de partida Marco Alvarado, encargado de vegetales y sopas, estaba en su punto máximo. Marco era el chef encargado de instruir a Avery. Aunque al conocerlo declaró: "Tengo depresión, trastorno obsesivo-compulsivo, ansiedad y trastorno explosivo intermitente, así que ya lo sabes", para asustarlo, resultó ser mejor persona de lo esperado. Avery pensaba que, si se hubieran conocido en otro lugar, probablemente habrían tenido una relación mucho mejor.

Sin embargo, el lugar donde se veían las caras a diario era la cocina. La cocina era un lugar cruel donde no se podía sobrevivir si no se era un demonio. Ese día, los vegetales llegaron tarde y su estado no era muy bueno. Marco, ansioso, terminó convirtiéndose en un demonio.

‘¡Ándale, Avery! ¡La zanahoria, el nabo, el perejil y los champiñones están esperando a que los limpies! Mira el reloj, Dios mío... Ahora Jake me comerá vivo. Por el pecado de hacer esperar a los nobles clientes, me crucificará y me colgará en la entrada. ¡Yo no soy Jesús, no podré resucitar!’.

‘Lo sé, Marco. Cálmese. Lo estoy haciendo’.

Omitió decir: "Por eso se escapó Carlos". Originalmente había otro aprendiz encargado de la misma tarea, pero harto de la cocina que se volvía loca cada día, un día dejó de aparecer. Como aún no habían encontrado un reemplazo, Avery trabajaba el doble encargándose también de su parte. Por eso estaba más cansado. Bueno, de entrada, alguien en su sano juicio no pensaría en entrar a trabajar aquí...

‘Ah, qué sueño...’.

Avery dio un gran bostezo mientras pelaba la piel de una zanahoria. Al cerrar y abrir los ojos sentía la vista borrosa, parecía que finalmente estaba llegando a su límite físico. En sus próximos días libres, no daría ni un paso fuera de la cama. Saltaría la limpieza, pediría comida a domicilio... Se sentía irónico haber entrado al restaurante para aprender a cocinar y no poder prepararse ni una comida decente en casa, pero no le quedaban fuerzas. Si tenía tiempo para eso, dormir más era la única forma de conservar su energía.

‘Marco, ¿podemos hablar un momento?’.

Mientras sacaba otra zanahoria de la bandeja para limpiarla, una voz se escuchó de repente sobre su cabeza. Levantó la vista rápidamente y frente a él estaba el jefe de cocina, Jake Shin. Bueno, no exactamente frente a él, sino bastante más arriba. Porque Jake estaba sentado en un taburete bajo limpiando espárragos. Tal vez porque lo miraba desde abajo, a diferencia de lo habitual, Jake Shin parecía más imponente que nunca.

‘Por supuesto, Chef. ¿Qué ocurre?’.

‘Sobre el nuevo menú del que hablamos antes...’.

Vaya...

Avery miraba distraído a su ídolo. Si la cocina se comparaba con un campo de batalla, Jake Shin era el comandante y él solo un soldado raso. Como no era probable que el comandante se fijara en un soldado, Avery se atrevió a observar cómo hablaba con Marco. Hoy también se veía muy apuesto con su uniforme blanco impecable. En parte por su carisma como líder, pero también por su expresión calmada, había bastantes personas que se quejaban de que era difícil acercarse a él. Sin embargo, Avery pensaba que incluso eso le daba un aire de divinidad inalcanzable que no estaba mal. No, en realidad, le gustaba ese aspecto de él. Especialmente cuando Jake Shin estaba frente a la mesa de trabajo concentrado en un plato. Parecía que en el mundo solo existían él y la comida. No se atrevía siquiera a interrumpir.

La primera vez que vio a Jake Shin cocinar, Avery olvidó incluso respirar mientras lo observaba. Nada más importaba. Era como ser el único espectador en la audiencia. Sus manos blancas y hermosas manejando los ingredientes con delicadeza, como si fueran lo más valioso del mundo, el emplatado, y hasta la tenue sonrisa en la comisura de sus labios al terminar el plato, todo junto parecía la contemplación de una obra de arte. Quedó completamente cautivado. Quiso ser como él.

Aunque la realidad fuera esta.

Avery soltó un pequeño suspiro. Ya llevaba más de un año trabajando en Inspire y las veces que había conversado más de un minuto con Jake Shin se podían contar con los dedos de una mano. E incluso eso no eran conversaciones reales, sino más bien instrucciones unilaterales de Jake. Bueno, el jefe de cocina suele dar instrucciones a través de los sous-chefs, y si busca a alguien de menor rango, suele resolverse al nivel de los chefs de partida, así que es inevitable. ¿Cuándo llegaría el día en que ese gran chef reconociera su insignificante existencia? Al calcularlo, parecía un futuro remoto. Viendo que seguía pelando cáscaras de zanahoria, parecía no tener solución.

Ah, cruzamos miradas.

En el momento en que Jake Shin, que hablaba con Marco, giró la cabeza, sus ojos se encontraron con los de Avery. Pensando que seguramente lo habían atrapado mirando, Avery bajó rápidamente la cabeza y clavó la vista en la montaña de zanahorias.

‘Baje más el ángulo de la hoja. Así la zanahoria se pelará de forma más suave’.

Por eso, cuando escuchó esa voz grave y suave desde arriba, pensó que había oído mal. Pero no. ¡Ah, es el jefe de cocina...! De repente empezó a sudar frío. Vergonzosamente, hasta sus manos temblaron un poco. De pronto, todos sus movimientos se sentían torpes. Avery movió su cuerpo con rigidez y apenas pudo bajar el ángulo del cuchillo como él le indicó.

‘¿A-así?’.

‘Eso es demasiado bajo, unos 10 grados nada más. Sí, así’.

Y el hombre se marchó rápidamente.

Pum, pum, pum. Su corazón latía desbocado y ruidoso. ¿Esto no será un sueño? ¡El mismísimo Jake Shin me dio una instrucción directa...! Avery miró distraídamente el lugar por donde se había ido Jake hasta que recuperó el sentido ante la urgencia de Marco de que moviera las manos, y siguió limpiando las zanahorias.

Seguramente debió ser por eso. La falta de sueño, Marco presionándolo al lado, la cocina más caótica que de costumbre, y que el admirado jefe de cocina le hablara de repente, algo debió de ofuscarlo. ¡Si no, no tenía explicación! Con todas las zanahorias que había pelado, cometer el error de dejar un trozo de piel, ¡y que nadie se diera cuenta hasta que el plato llegara a la mesa, y que justo terminara en el plato de Lillian Hart, la periodista de la famosa revista gastronómica Eater!

 

[Una estrella Michelin que pierde su brillo: solo quedo un trozo de piel de zanahoria sobre ella]

 

La mañana en que ese artículo apareció en la revista, la reacción del jefe de cocina fue más gélida que la escarcha en pleno invierno. No era difícil suponer cuánto se habría herido el orgullo de Jake Shin, que buscaba la perfección absoluta, al leer esa crítica.

Estoy acabado...

Avery apretó los dientes. La atmósfera de la cocina, tan tensa como caminar sobre hielo fino, y los cuarenta ojos puestos sobre él, le cortaban la respiración. El día que la periodista visitó el restaurante, solo una persona había limpiado zanahorias. El aprendiz Avery Remington. Estaba claro de quién era la culpa.

Pensó que lo echarían de inmediato, pero sorprendentemente, a quien el jefe reprendió con más dureza fue al sous-chef Nick Sorell. Porque él era el responsable de la inspección final antes de que los platos salieran al salón. Por supuesto, Nick también estuvo increíblemente ocupado ese día, y no era de extrañar que se le pasara un trozo tan pequeño de piel de zanahoria. Sin embargo, como máximo responsable, no se le podía eximir de culpa. Y Marco, que recibió las zanahorias para cocinarlas, tampoco escapó a la furia del jefe.

‘Si no puedes filtrar ni una piel de zanahoria, ¿para qué estás ahí parado? ¿Solo ocupas espacio sin hacer nada?’.

‘Lo siento, Chef’.

‘¿Confías en el trabajo de un tipo que lleva solo un año porque no tienes nada más en qué confiar? ¿Acaso es la primera vez que el restaurante está ocupado?’.

‘Toda la culpa es mía, Chef. Avery no tiene la culpa’.

‘No, te equivocas. Es mi responsabilidad. Fui un estúpido por confiar en tipos tan distraídos como ustedes. A partir de hoy, que sepan que ningún plato saldrá sin pasar por mis manos. El próximo que cometa un error, que se atenga a las consecuencias’.

El jefe de cocina ni siquiera miró hacia Avery, como si ni siquiera valiera la pena regañarlo. Ni siquiera pronunció su nombre. Habría preferido que lo regañaran duramente para pasar el mal trago en ese momento, pero al ver que otros eran reprendidos en su lugar, el sentimiento de culpa era mucho más profundo.

Definitivamente es por mi culpa...

Y hace un momento, también escuchó las palabras de rencor de Lucas. Avery apretó los labios en silencio mientras sostenía un espárrago pelado finamente. Por su culpa, la reputación de Jake Shin se vio manchada y los demás también sufrieron las consecuencias. De hecho, había pasado una semana desde aquello, pero la furia del jefe de cocina no daba señales de calmarse. La víctima no era solo Lucas Bentley, regañado hace poco. Cualquier comida que no cumpliera mínimamente con sus estándares era desechada y debía hacerse de nuevo desde cero. El estado de los ingredientes se revisaba con más rigor, y se le pidió al gerente que entrenara con más severidad a los camareros, por lo que se enteró de que más de diez camareros llegaban antes de su hora para ensayar simulacros de servicio.

El ‘efecto mariposa’ de una piel de zanahoria había crecido tanto...

Ya no quería ni ver las zanahorias, pero había una bandeja llena esperando a ser limpiada. Pensando que ese terrible color naranja aparecería incluso en sus sueños, Avery tomó una zanahoria con rostro lúgubre.

***

El domingo y el lunes eran los días de descanso del restaurante. Avery planeaba no salir de la cama, pero ese dulce plan se vio frustrado por un simple aviso pegado por el administrador del edificio.

 

[Cierre temporal del edificio programado: Se solicita el desalojo inmediato de los inquilinos]

 

“Haaa...”.

¿Por qué tengo tan mala suerte últimamente?

Avery soltó un largo suspiro mientras preparaba su mochila. Según el aviso, debido a la tormenta de la semana pasada, hubo problemas en las instalaciones eléctricas de su edificio y era necesario cambiar todo el cableado. Por seguridad, se cortaría el suministro eléctrico y el edificio se cerraría temporalmente durante las obras, por lo que no tenía más opción que marcharse. Finalmente, acordó quedarse unos días en el sofá de un amigo que vivía cerca. Era una situación algo incómoda porque su amigo vivía con su novia, pero para un aprendiz de restaurante pobre, incluso eso era de agradecer.

“¡Avery! ¿Cómo va todo?”.

Afortunadamente, su amigo lo recibió con alegría. Avery entró en la casa con una sonrisa cansada.

“Tyler, gracias por el favor”.

“Bah, no es nada entre nosotros. La tormenta fue realmente fuerte. Siéntete como en tu casa. No es una cama, pero el sofá es cómodo, así que estarás bien”.

“Sí, gracias. Me quedaré solo hasta que arreglen la electricidad”.

Avery apartó con el pie unas cajas de pizza vacías que estaban tiradas bajo el sofá y se sentó. Tyler Grant era un amigo de hace mucho tiempo que había pasado por varios trabajos y ahora trabajaba como barman en un pub. Al ver que la mirada de Avery recorría la casa, Tyler sonrió con timidez.

“La casa está un poco sucia, ¿verdad? He estado ocupado últimamente y no he podido limpiar”.

“Ummm...”.

No quería decir nada por ser una casa ajena, pero estaba bastante sucia. Tyler nunca había sido muy ordenado, pero para un cocinero que mantenía la limpieza de forma casi obsesiva, era un ambiente como para desmayarse. Las cajas de cartón apiladas y las bolsas vacías pasaban, pero los palillos desechables y las tazas de café a medio terminar quería tirarlos de inmediato. Especialmente al ver los platos acumulados en el fregadero, le picaban las manos.

¿Acaso esto era una enfermedad profesional?

“Tyler, cuando salgas después, ¿está bien si lavo los platos?”.

“¡No, deja! Un invitado no debe lavar platos. Descansa”.

“Es que quiero hacerlo. De todas formas no tengo nada que hacer... Ah, y también te ordenaré la nevera”.

“Vaya, pareces un engreído por trabajar en un restaurante de lujo”.

“No es ser engreído... Lavar los platos es lo básico, Tyler”.

“Qué gracioso eres, jaja. En fin, no te sientas obligado a hacer las tareas del hogar. Jia también me dijo que no te pusiera a trabajar. Si realmente quieres agradecerlo, prepárame el desayuno mañana”.

Tyler sonrió y le dio una palmada en el hombro. Un molar superior con una funda de oro brilló. Avery asintió dócilmente. Ya fuera por la limpieza o por el desayuno, parecía que tendría que mirar dentro de la nevera. Pero Tyler, que se levantó diciendo que tenía una cita y debía irse, se dio la vuelta de repente como si recordara algo.

“¡Ah, cierto! Avery, tengo un favor... perdón, ¿puedes hacérmelo?”.

“... No tengo dinero. Ya lo sabes”.

“¡No es eso! Es un favor muy simple”.

Para ser algo ‘simple’, se veía extrañamente entusiasta. Esto olía mal... Avery frunció un poco el ceño.

“¿Qué es?”.

“Recoger un paquete. Pedí algo y me avisaron que lo recoja hoy. ¿Podrías ir tú en mi lugar? Es que no me da el tiempo”.

“¿Recogerlo?”.

“Sí. Esta es la dirección y el contacto, te lo mando por mensaje. No está lejos. Solo ve, di mi nombre y recoge el paquete, Avery. ¿A que es un favor sencillo?”.

“...”.

Avery miró con sospecha la pantalla de su viejo iPhone agrietado. Por lo que decía Tyler, parecía un recado simple, pero el nombre de la tienda era muy sospechoso. ‘¿Bound & Beyond?’ ¿Qué clase de lugar es ese? Miró a Tyler inquisitivamente y este evitó su mirada. Esto se ponía cada vez más raro...

“Lo siento, pero no hago nada ilegal”.

“¡Yo tampoco! Oye, ¿por qué me miras así?”.

“Entonces, ¿qué es esto?”.

“Es... bueno... un producto. Lo pedí para usarlo con mi novia...”.

“... No me lo puedo creer. ¿Qué le estás pidiendo a un amigo?”.

“Lo siento. Pero hoy de verdad no llego. Por favor, Avery. No hace falta que laves los platos, solo recoge eso, ¿sí?”.

“¿Qué clase de lugar es este? ¿Es un sitio raro?”.

“¡Oye, qué raro ni qué ocho cuartos! Es solo una tienda de artículos para adultos un poco... especial”.

“¿Artículos para adultos especiales?”.

“Jia sugirió probar algo nuevo... Ya sabes, ese tipo de cosas”.

“¿Qué tipo de cosas?”.

“... BDSM”.

Aunque no había nadie más escuchando, la voz de Tyler bajó drásticamente hasta convertirse en un susurro.

“¿BDSM?”.

“Ya sabes, como esa canción: ‘But chains and whips excite me (Pero las cadenas y los látigos me excitan)’”.

“Conozco la canción, pero no sabía que tuvieras esos gustos”.

“Es que, en realidad... el otro día Jia se enfadó mucho conmigo, me llamó cerdo y me dio una patada en el trasero, y resultó ser sorprendentemente excitante—“.

“Basta, no quiero saber más detalles de su vida privada. Está bien, lo recogeré. ¿Contento?”.

“¡Gracias, Avery! Eres el mejor. Quédate en mi sofá todo el tiempo que quieras”.

“Olvídalo, solo prométeme que no usarán eso mientras yo esté aquí”.

“¡Claro, por supuesto!”.

Incluso con la promesa de Tyler, Avery se sentía inquieto. Tenía el mal presentimiento de que su presencia se usaría para darle más emoción al sexo de esa pareja, por lo que rezó para poder volver a su casa antes de conocer otra faceta de su amigo. Una vez que Tyler se fue, Avery se puso manos a la obra con la limpieza del chiquero. Definitivamente no podía verlo así. Limpió las migas de galletas y la basura, y frotó con fuerza con la esponja la montaña de platos acumulados en el fregadero. No sabía cuánto tiempo llevaban allí, pero la comida estaba pegada y no se lavaba fácilmente.

Mientras lavaba los platos, los pensamientos de Avery fluyeron naturalmente hacia el favor que Tyler le había pedido. Tenía curiosidad por saber qué había encargado, pero al mismo tiempo, preferiría no saberlo.

¡Dios mío, BDSM!

Avery no sabía absolutamente nada de ese mundo. Cuando pensaba en BDSM, solo le venía a la mente la imagen típica de una mujer vestida con cuero ajustado, atando a un hombre con cuerdas y dándole latigazos, como en el video musical de esa cantante que Tyler mencionó. Supuso que, al ser una pareja de larga duración, estarían probando cosas nuevas, pero honestamente no lo entendía. ¿Pegar y ser golpeado era divertido?

Bueno, no es asunto mío.

Ese fue el punto final de sus reflexiones. Después de todo, su papel era simplemente recoger el paquete de Tyler. No tenía motivos para saber más sobre ese mundo, ni creía que llegaría a saberlo nunca.

O al menos, eso pensaba hasta las 9 de la noche de ese día.

***

¿Será aquí?

Avery miró a su alrededor y volvió a comprobar la dirección que le había dado Tyler. En principio, la dirección coincidía, pero... la tienda, situada al fondo de un callejón, tenía una fachada tan discreta que uno pasaría por delante sin notar su existencia. Solo fijándose mucho se podía descubrir un pequeño cartel plateado sobre la entrada que decía: ‘Bound & Beyond’.

A este paso, entrar por casualidad sería casi imposible. Las ventanas tenían un tinte tan oscuro que no se veía el interior, pero un tenue resplandor rojizo se filtraba por las rendijas de la puerta, indicando que seguía abierta. Avery dudó antes de entrar. Probablemente era porque sabía qué había al otro lado.

“...”.

Maldito Tyler, mira que mandarme a este recado.

Aunque nadie lo estaba interrogando, sintió que la cara le ardía.

Recojamos el paquete rápido y salgamos.

Avery respiró hondo y se acercó a la puerta. El pomo metálico, enfriado por el aire de la noche, entró en contacto con su palma.

Ding.

Sonó la campanilla de la puerta. Lo siguiente que recibió a Avery fue un aroma a incienso denso y exótico que rozó la punta de su nariz. Luego vino el impacto visual. Los colores predominantes de la tienda eran el rojo oscuro y el negro. A pesar de la iluminación tenue que creaba un ambiente acogedor, se sentía una extraña tensión. Avery tragó saliva y dio un paso. La gruesa alfombra absorbía todo el ruido, haciendo que ni siquiera se oyeran sus pasos.

“...”.

Afortunadamente, no parecía haber otros clientes en la tienda. Avery se relajó un poco y miró a su alrededor. En las paredes había paneles de terciopelo de aspecto lujoso junto con estanterías de acero plateado. Sobre ellas, diversos utensilios de BDSM, como esposas, dispositivos de sujeción, látigos y cadenas, estaban ordenados meticulosamente.

¿Qué diablos es eso?

Avery se horrorizó en silencio. Sentía que incluso mirar era algo pecaminoso, así que no pudo sostener la vista por mucho tiempo. Debajo, un maniquí blanco llevaba puesto un arnés de cuero negro, un collar de perro y un antifaz de terciopelo, y tenía en la boca lo que parecía una pequeña pelota. Por alguna razón, sintió lástima por el maniquí.

En los mostradores del centro de la tienda había cuerdas de todos los colores, correas de cuero y diversos objetos cuyo uso Avery no podía ni imaginar. Especialmente unos que parecían probadores de pasteles y otros con forma de pequeños ganchos, por más que le daba vueltas a la cabeza, no encontraba la respuesta. Al menos estaba seguro de que no eran para cocinar. En el lado izquierdo de la tienda había penes de imitación de todos los tamaños...

Espera, ¿los dragones también tienen pene?

Antes de que ese objeto atroz apareciera en sus pesadillas esta noche, Avery giró rápidamente la cabeza y se acercó al mostrador.

“Hola. He venido a recoger un paquete”.

Al hablar con cautela, la empleada que estaba sentada frente a él levantó la cabeza. La mujer, con un ligero maquillaje ahumado y labios color vino, le lanzó una mirada indiferente y le preguntó su nombre.

“Ay... no, Tyler Grant”.

“Un momento, por favor”.

Ella empezó a teclear algo en su portátil.

Uf. Avery se limpió el sudor que, sin darse cuenta, le había brotado en la frente. Aunque fuera una tienda de artículos BDSM, no es como si alguien fuera a pedirle de repente que salieran a practicar juegos SM, pero estaba innecesariamente nervioso. Mientras esperaba, Avery desvió la mirada descuidadamente y sus ojos se cruzaron con un pene de color rosa fucsia lleno de protuberancias rugosas, sin darse cuenta, entreabrió la boca. Era espantoso.

Cielo santo, ¿quién usa algo tan aterrador?

Ding.

En ese momento, oyó abrirse la puerta a sus espaldas. Parecía que había entrado otro cliente.

“¡...!”.

Avery giró la cabeza apresuradamente para ocultar su rostro. No es que estuviera haciendo nada ilegal ni tuviera que esconderse, pero por alguna razón no quería que ningún extraño le viera la cara en un lugar como este. Sería problemático que alguien malinterpretara sus gustos. Por supuesto, tenía curiosidad por saber quién había entrado. Porque, a menos que fuera un recadero como él, la otra persona debía tener inclinaciones por este tipo de cosas. Avery luchó por reprimir su creciente curiosidad. A juzgar por el sonido de los pasos sobre la alfombra, que se sentían pesados, parecía ser un hombre.

¿Cómo será alguien con estos gustos?

Avery dibujó en su mente la imagen de un hombre que encajara en este lugar. Probablemente llevaría una chaqueta de cuero sobre una camisa holgada y tendría el cabello rubio alborotado. El pelo le caería sobre la frente cubriendo la mitad de sus ojos, tendría ambas orejas llenas de piercings y tatuajes en cada dedo. Sus ojos tendrían sombras como si arrastrara el cansancio de la noche anterior y su mirada sería serena, como si estuviera bajo el efecto de las drogas. En sus muñecas llevaría pulseras de cuero desgastadas y varias capas de cadenas enredadas. En resumen, Avery esperaba a alguien con un aura decadente.

Oyó al hombre recorrer la tienda lentamente. Estaba examinando los utensilios con cautela y calma, como quien elige frutas o verduras en el supermercado.

Parece estar muy interesado en esto.

Sabía que era ridículo estar tan pendiente de él, pero era la primera vez que entraba en un sitio así en sus 21 años de vida y no podía evitarlo. Los pasos del hombre se acercaban cada vez más.

¡Cielos, esa es la sección...!

Avery miró de reojo hacia la izquierda. Tal como esperaba, el hombre estaba mirando la sección de consoladores. Aunque solo podía ver su espalda, Avery se dio cuenta de que era alguien muy diferente a lo que había imaginado. Para empezar, tenía el cabello negro, era alto, de complexión esbelta y llevaba un abrigo de invierno gris oscuro que le llegaba hasta las pantorrillas. No conocía su rostro, pero su silueta era muy pulcra. Honestamente, si se lo hubiera cruzado en la calle, habría pensado que era alguien elegante. A simple vista, no parecía en absoluto alguien con estos gustos...

Definitivamente, no se puede juzgar a las personas por las apariencias.

Avery aprendió así otra lección de la vida.

“Iré al almacén a buscar el paquete. Por favor, firme aquí”.

La empleada se levantó. Avery firmó rápido y volvió a observar al hombre. Parece que ya había elegido algo, porque tenía un objeto en la mano. Parecían ser unas esposas... Sinceramente, ahora tenía curiosidad por su cara.

¿Cómo será?

La combinación de la apariencia pulcra del hombre con la sección de consoladores le resultaba extremadamente contradictoria. Tras dudar un largo rato frente al mostrador, la mano del hombre finalmente se dirigió hacia aquel consolador rosa fucsia con protuberancias que tanto había horrorizado a Avery; al verlo, Avery se quedó boquiabierto.

¿Está loco? ¿Para qué diablos va a usar ese monstruo? ¿Con su pareja? O si no—

“Aquí tiene el producto que encargó”.

“¡Ah, sí, gracias!”.

Antes de que Avery pudiera seguir con sus pensamientos, la empleada regresó con el paquete de Tyler. Afortunadamente, el objeto estaba en una bolsa de papel sencilla. Al recibir la bolsa e intentar devolverle el bolígrafo a la empleada, este rodó y cayó al suelo. Mientras se agachaba apresuradamente para recogerlo, unos zapatos negros aparecieron a su lado y una voz grave y melodiosa se oyó desde arriba.

“Disculpe. Respecto a estas esposas, ¿es posible liberarse uno mismo con un solo toque?”.

“Un momento... Ah, ese modelo sí lo permite. ¿Quiere que se lo demuestre?”.

“Sí, se lo agradecería. No termino de entenderlo leyendo las instrucciones”.

Pero la voz del hombre le resultaba familiar. Era una voz que no esperaba escuchar en absoluto en un lugar como este...

¿Eh?

Sin darse cuenta, Avery se levantó de golpe y exclamó.

“... ¿Chef? ¿Es usted, Chef?”.

Ante esas palabras, el hombre giró la cabeza bruscamente, como si hubiera oído una palabra prohibida que nunca debió pronunciarse. ¡Efectivamente, era el jefe de cocina Jake Shin! Al mismo tiempo, Jake Shin también pareció reconocerlo, pues sus ojos se abrieron desmesuradamente. De hecho, parecía más que sorprendido, estaba horrorizado. Sus ojos negros temblaban violentamente como si hubiera un terremoto. Ni siquiera alguien que acabara de enterarse de que el mundo se iba a acabar reaccionaría así. El hombre murmuró con incredulidad.

“¿Avery?”.

El Chef también sabía mi nombre. Pensé que, al ser un simple aprendiz, ni siquiera se acordaría.

Avery observó el rostro del hombre, que se había vuelto blanco como la harina. Parecía estar muy perturbado por encontrarse con alguien conocido en un lugar tan inesperado. Aunque Avery también estaba desconcertado, lo de Jake Shin parecía excesivo. Buscando la razón, Avery recordó lo que el hombre había dicho hacía un momento.

Claramente ha dicho que lo iba a usar solo, ¿verdad? O sea, eso...

Avery recorrió rápidamente con la mirada el atroz consolador que el hombre sostenía y las esposas sobre el mostrador. Era imposible que lo hubiera oído mal.

¿El Chef usa eso? ¿Y.… solo?

“...”.

“Avery, no esperaba encontrarte en un sitio como este”.

“Lo mismo digo, jaja. ¡Qué cosas! ¡Qué casualidad tan enorme! En este Nueva York tan grande, ¿cómo hemos podido coincidir justo aquí?”.

“A mí también me ha sorprendido. Pero, lo siento, encontrarnos aquí es—“.

“Ha sido un encuentro muy grato, pero yo ya he terminado mis asuntos, así que me marcho. Tengo que ir a casa a hacer... eh, um, ¿qué era? Bueno, algo muy importante. Siga con sus asuntos tranquilamente. No le molestaré”.

“Espera un momento, Aver—“.

“¡Adiós!”.

Parecía que Jake Shin decía algo para detenerlo, pero los oídos de un Avery con el juicio paralizado no lo procesaron bien. Avery soltó cualquier tontería que le vino a la boca y salió corriendo de la tienda. Tenía el cerebro tan sobrecargado que no podía quedarse allí ni un segundo más.

Avery corrió por el callejón oscuro como si lo persiguiera un zombi.

¡No puede ser! ¿Ese Jake Shin, mi eterno ídolo, era una persona con gustos tan, tan impúdicos y obscenos? ¡Cielo santo, no puede ser, no puede ser...!

 

“¡Avery! ¿Ya recogiste el paquete? Gracias, de verdad. ¿No pasó nada raro?”.

“Ah, sí...”.

“Pero ¿por qué tienes esa cara? ¿Pasó algo por casualidad?”.

“No, solo estoy un poco cansado. Me voy a duchar y a dormir”.

“¿Pero si solo son las diez?”.

Tyler parecía extrañado, pero Avery puso la excusa de que había tenido mucho trabajo, se duchó y se acostó en el sofá cubriéndose con la manta hasta la cabeza. Su mente era un caos por lo ocurrido hacía un rato y necesitaba organizar sus pensamientos.

Veamos, me he cruzado con el jefe de cocina en su día libre. Eso en sí mismo es algo para alegrarse. El problema es que el lugar del encuentro fue precisamente una tienda de artículos para adultos especializada en BDSM. Allí, el Chef eligió unas esposas y un consolador de aspecto horrendo como si fuera un experto en estos temas, e incluso le preguntó a la empleada cómo usarlos a solas. Es decir, que usa esos objetos en su propio cuerpo...

“Qué locura...”.

Al organizar la situación, la gravedad de este hecho tan asombroso no hizo más que destacar. De hecho, la orientación sexual del jefe de cocina Jake Shin era un tema recurrente de conversación entre los cocineros del restaurante. A sus treinta y un años, está en la edad ideal para disfrutar de las citas, pero Jake Shin nunca se había presentado con una pareja a las fiestas de fin de año del personal ni a las galas de premios.

La opinión común era que, aunque tenía un carácter difícil, era un hombre apuesto, de buena complexión y un chef genio que había conseguido tres estrellas Michelin a finales de sus veinte, por lo que no sería por falta de pretendientes. En la fiesta del pasado fin de año, apareció con una joven asiática y el restaurante entero se revolucionó, pero en solo 30 segundos se aclaró que era su prima, para decepción de todos. Nunca daba señales de tener pareja, aunque una vez corrió el rumor de que alguien lo había visto con un hombre joven. Por eso, todos sospechaban con cautela si el jefe de cocina no sería gay.

Viendo que compró ese consolador horrendo, parece que efectivamente es gay...

Aunque el aire era fresco por ser invierno, sentía calor y empezó a sudar. Avery bajó con cuidado la manta con la que se había cubierto hasta la cabeza. Un profundo suspiro se le escapó. Empezó a arrepentirse de haber salido huyendo así.

¿No habría sido una oportunidad de oro para acercarme al jefe de cocina? Por fin recordaba mi nombre, podríamos haber cruzado unas palabras sobre el tiempo. O incluso podría haberle pedido disculpas por el error de antes... Ja, debo de ser tonto.

Pero en ese momento, realmente no pudo evitarlo. En el instante en que se dio cuenta de que el temible jefe de cocina que mandaba sobre decenas de personas ocultaba una inclinación secreta, y además una inclinación BDSM, la sangre se le subió a la cara. Su corazón latía ruidosamente, de repente sintió calor y perdió el juicio por completo, por lo que solo pudo pensar en irse de allí de inmediato.

Ha, a dormir. Lo que haga el Chef en su tiempo privado no tiene nada que ver contigo.

Avery cerró los ojos para intentar dormir a la fuerza. Entonces, todo tipo de escenas obscenas irrumpieron en su mente. Escenas del hombre que siempre estaba impecablemente armado y sin un solo descuido, usando todos los utensilios que había en esa tienda...

“Uf, de verdad estás loco...”.

Tener esos pensamientos sobre tu superior... no estás bien de la cabeza.

Se sentía resentido con su propio cerebro por imaginar escenas tan extrañas. Avery hundió la cabeza en el mullido cojín, resistiéndose a la rebelión de sus neuronas. Sintió que Tyler lo miraba de forma extraña, pero a Avery no le importó. Pensándolo bien, todo era culpa de ese individuo por haberle mandado a un recado tan raro.

¿Por qué tuvo que mandarme a un sitio tan sospechoso?

Lo miró de reojo con los ojos entrecerrados; Tyler, sin entender nada, masticaba ruidosamente unas patatas fritas con sabor a vinagre. Veía cómo las migas saltaban por todas partes.

... Mañana tendré que volver a pasar la aspiradora.

***

Había descubierto un secreto importante de su superior, pero Avery juraba que no tenía la menor intención de usar esa información para nada. No, para ser honestos, ni siquiera se le pasó por la cabeza. El jefe de cocina de Inspire, el demonio de la cocina Jake Shin, tiene en realidad inclinaciones BDSM, y su pasatiempo secreto es ponerse esposas a solas e insertarse un consolador horrendo lleno de protuberancias por detrás. Solo con pensar en eso, su cerebro se sobrecargaba y no podía llevar una vida normal. Por eso, intentó por todos los medios no pensar en ello. Lo que más le preocupaba al ir a trabajar era cómo demonios mirar a la cara al Chef sin recordar aquello. Tenía mucho miedo de que, por un descuido, volvieran a aparecer zanahorias con restos de piel en los platos de los clientes.

“¿Avery Remington?”.

“... ¿S-sí? ¿Qué ocurre, Chef?”.

“Si no estás ocupado ahora, me gustaría hablar contigo un momento en mi oficina”.

Por eso, cuando el jefe de cocina lo llamó nada más llegar a trabajar por la mañana, Avery se sobresaltó. No esperaba que Jake Shin lo llamara primero. Nervioso, respondió que sí y Jake Shin se adelantó indicándole que le siguiera. Mientras le seguía lleno de tensión, oyó los murmullos de los otros chefs.

Tsk, tsk, todo por no pelar bien una zanahoria, mira lo que pasa. Definitivamente no tiene piedad con los aprendices. Si sale vivo de ahí, tendremos que hacerle una fiesta de bienvenida, etc. La mayoría rezaba por su alma. ¿Será realmente por la zanahoria? Pensó eso por un momento, pero...

“Siéntate ahí”.

Al ver que el jefe de cocina no parecía enfadado sino más bien preocupado, Avery supuso que al menos no le había llamado por la zanahoria. Entonces solo quedaba una cosa... Avery tragó saliva. Como si no hubiera descansado bien el fin de año, Jake Shin tenía unas ligeras ojeras.

“...”.

“...”.

“¿Cuánto quieres a camb—?”.

“Entonces, ¿el Chef es ga—?”.

No pudieron soportar el silencio incómodo y hablaron al mismo tiempo, haciendo que la conversación se cortara de nuevo. Avery soltó una carcajada, pero el otro permaneció en silencio. Avery, sintiéndose cohibido, le invitó a hablar primero. Jake Shin suspiró profundamente y habló con una expresión muy seria.

“Sobre lo que pasó el domingo. En.… esa tienda”.

“Sí”.

“¿Se lo has dicho a alguien?”.

“P-por supuesto que no...”.

“Menos mal”.

“¿Perdón?”.

“Eso es un alivio. Avery, lo siento, pero necesito que mantengas eso en secreto. ¿Cuánto quieres a cambio—?”.

“... ¿Eh? ¿A cambio de qué?”.

“Te pregunto cuánto dinero quieres a cambio de guardar el secreto. ¿O quieres alguna otra cosa? Te lo digo de antemano, no pienses en pedir un ascenso repentino ni nada parecido. No puedo poner en un puesto superior a alguien que no tiene la habilidad…”.

“¡E-espere un momento, Chef! No entiendo nada, ¿por qué saca de repente el tema de un pago?”.

“...”.

Jake Shin se detuvo y miró a Avery con agudeza, como intentando descifrar sus intenciones. Pero Avery realmente no entendía sus palabras. Solo se había cruzado con Jake Shin en una tienda erótica. No lograba imaginar el vínculo que llevaba de eso a que Jake Shin le diera dinero. Jake Shin pareció darse cuenta de que la duda de Avery era sincera, y una sombra de desconcierto cruzó el atractivo rostro del hombre.

“... Avery, tú también sabes que esa no es una inclinación que se pueda confesar abiertamente con orgullo. Por eso lo digo. Te pago para que guardes silencio sobre lo de ese día”.

“¡Pero si no ha cometido ningún delito! Además, el Chef también me vio allí. Ha sido un avistamiento mutuo, ¿no cree que no hace falta llegar a tanto?”.

“... No, es que quiero estar seguro. Soy alguien que está en una posición de liderazgo sobre muchas personas, y ese tipo de rumores no ayudan en absoluto a mantener mi autoridad. Mi nombre es bastante conocido en este sector. Piénsalo, Avery”.

Aunque pensó que alguien a quien ya llamaban el ‘demonio de la cocina’ no necesitaba obsesionarse más con su autoridad, decidió dejarlo pasar ya que el propio Jake Shin lo decía. Pero aun así, aceptar dinero a cambio de callarse no le parecía bien. No era un paparazzi que hubiera pillado la primicia de un actor de Hollywood...

“Si usted lo dice, no se lo diré a nadie. Y por supuesto, no hace falta que me dé dinero”.

“Yo me sentiría más tranquilo pagando algo a cambio”.

“No, de verdad que no me parece bien. Usted no me ha hecho nada malo, no hay razón para ello. Si insiste tanto, el Chef también podría mantener en secreto que me vio allí. ¿Así estaríamos a mano, no?”.

“Eso por descontado. Pero aun así...”.

“Entonces, Chef, tengo algo que me gustaría preguntarle si no le importa. Es una pregunta un poco personal, pero es que tengo curiosidad”.

“Claro. ¿Qué es?”.

“Entonces, ¿el Chef es gay?”.

“...”.

“S-si es una pregunta incómoda, no hace falta que responda”.

“No pasa nada. Nick y Marco también lo saben. Sí, soy gay”.

“Ah...”.

“Pero nadie sabe que tengo esa inclinación específica, así que te pido por favor que mantengas eso en secreto”.

“L-lo haré. Pero... ¿exactamente qué inclinación tiene?”.

“...”.

La boca de Jake Shin, que se movía con soltura, se cerró de golpe.

¿Qué será para que reaccione así?

Avery no podía sino extrañarse de que Jake Shin estuviera en una posición tan humilde, ofreciendo incluso un pago, por un gusto que quería ocultar tanto.

“Eso... Avery, tú también estabas allí, así que te lo imaginarás”.

“Aun así, me gustaría saberlo con precisión”.

“¿Por qué exactamente?”.

“Simplemente tengo curiosidad por la inclinación del Chef, y es la primera vez que me encuentro con un conocido en esa tienda...”.

“Me resulta difícil decir más. Simplemente es una inclinación difícil de contar a los demás—“.

“Entonces que ese sea el pago”.

“¿Qué?”.

“El pago por mi silencio. No necesito dinero, así que cuénteme cuál es su inclinación”.

“...”.

Jake Shin parecía estar en conflicto. El lóbulo de la oreja del hombre parecía haberse enrojecido un poco, por lo que Avery dudó si estaba teniendo una alucinación. En todo el tiempo que llevaba trabajando en la cocina, nunca había visto a Jake Shin con esa expresión. Le resultaba curioso y extraño que el demonio de la cocina también pudiera avergonzarse como una persona normal. ¿Habría alguien más que hubiera visto a Jake Shin con esa cara?

“... Creo que soy sub (subsumiso). También tengo algo de masoquista, aunque solo un poco. Pero parece que no soporto demasiado el dolor”.

“¿Por qué habla en suposiciones?”.

“Porque no estoy seguro. Siento que tengo esa inclinación, pero nunca he jugado de verdad con otra persona, así que no lo sé bien. Todo lo que hago es comprar utensilios y disfrutar a solas de vez en cuando”.

Ah, por eso preguntó si se podía usar a solas...

Sintiendo que se le secaba la garganta, Avery tragó saliva. En resumen, el jefe de cocina es un gay con inclinación sub, pero como nunca ha practicado BDSM con nadie, siempre se masturba solo usando juguetes... ¿esa era la historia?

Sintió un mareo ante la oleada de información difícil de procesar. La sangre le circulaba tan rápido que se sentía ligeramente aturdido. No podía creer que el jefe de cocina Jake Shin, que siempre dominaba y reinaba en la cocina, tuviera ese secreto íntimo, pero ese contraste le resultaba extrañamente vertiginoso.

Me voy a volver loco...

Avery apretó los puños. Sintió sus palmas húmedas de sudor. Al ver que bajaba la cabeza de repente, Jake Shin preguntó con voz extrañada.

“... ¿Avery? ¿Qué te pasa?”.

“N-no es nada. Más bien, Chef, ¿por qué no juega con otras personas? Si tiene esa inclinación, creo que la satisfacción sería mucho mayor con alguien más. Con una pareja, por ejemplo...”.

Sabía que estaba invadiendo un terreno excesivamente privado. Jake Shin pareció pensar lo mismo, pues sus cejas negras se contrajeron con incomodidad. Pero como no podía evitar preguntar, Avery no se retractó y esperó la reacción de Jake Shin. Finalmente, Jake Shin respondió con desgana.

“No quiero que nadie sepa mi inclinación. Nunca se lo conté ni a mis ex parejas. Por miedo a que la información se filtrara al exterior”.

“¿Por qué?”.

“¿Que por qué? ¿No es obvio? ¿Qué beneficio sacaría yo de que se supiera que el jefe de cocina de ‘Inspire’ tiene esos gustos? Y como tú también trabajas en la cocina, sabrás que, si se corre la voz, es posible que algunos chefs dejen de respetarme. En ese caso, sería imposible liderar la cocina adecuadamente. Ya te lo he dicho antes. En la cocina, mi autoridad debe ser absoluta. Si ese sistema se rompe, todo el sistema del restaurante se viene abajo en un instante”.

Jake Shin enfatizó con firmeza. Aunque no llevaba mucho tiempo en la cocina, Avery también entendía lo que decía. La cocina no era un simple lugar de trabajo, sino más bien una especie de pequeño campo de batalla. Más de veinte personas conviven en un espacio reducido durante más de doce horas al día realizando un duro trabajo físico sin descanso. En ese entorno laboral, era frecuente que las emociones se caldearan y las peleas eran habituales. Marco le había contado que, en su anterior trabajo, un chef incluso había arremetido contra un compañero con un cuchillo de cocina.

Por lo tanto, el jefe de cocina, el comandante de este campo de batalla, debía ser más fuerte y perfecto que nadie. Solo así podría controlar ese organismo complejo y gigante que era la cocina, ganándose el respeto y el temor de los empleados al mismo tiempo. Si surgiera cualquier duda sobre su autoridad, sería fatal.

“No puedo permitir que mi vida privada destruya el orden de la cocina”.

Lo entendía. Pero pensó que no era correcto que Jake Shin cargara con todo solo por ser el jefe de cocina, reprimiendo sus deseos personales como si ni siquiera existieran. Sintió lástima por él y pena de que Jake Shin no pudiera revelar sus gustos ni siquiera a su pareja. Y sobre todo, tenía curiosidad. Curiosidad por ver a Jake Shin sucumbir a sus deseos primarios. Quizás por eso, antes de poder pensarlo bien, su lengua se movió por su cuenta.

“Entonces, ¿quiere que le ayude?”.

“... ¿Qué has dicho?”.

“Digo que puedo ayudarle. En realidad, yo tengo la inclinación opuesta al Chef. Soy dom (dominante). Y casualmente tampoco tengo pareja ahora. Si al Chef le parece bien, creo que podríamos ser compañeros de juego”.

“No, ¿a qué viene eso de repent—?”.

“Si quiere, puede probar primero y decidir después. Como ha dicho que nunca ha tenido experiencia de juego, no creo que sea mala idea probarlo a modo de experiencia. ¿Qué le parece, Chef?”.

Ante la repentina propuesta de ser compañeros, Jake Shin pareció quedarse sin palabras. En realidad, todo lo que Avery decía era una mentira absoluta. Para empezar, no solo no tenía experiencia en juegos BDSM, sino que ni siquiera tenía experiencia sexual. Es decir, era virgen. Hasta entonces, nunca había sentido el deseo de dominar a nadie. El propio Avery estaba sorprendido de su desparpajo al mentir, pero ya no podía retractarse. Puesto que ya había mentido, no tenía nada que perder. Avery decidió llegar hasta el final.

“Si yo soy su compañero, no tendrá que preocuparse de que la información se filtre. Aunque no sea tanto como usted, para mí también sería problemático que me descubrieran, y tampoco quiero que el lugar de trabajo se alborote por rumores innecesarios”.

“... Espera, un momento. ¿Entonces quieres decir que tienes experiencia en ese tipo de juegos, Avery? Ni siquiera sabía que fueras gay. ¿No dijiste antes que habías tenido novia?”.

“¿Dónde oyó eso?”.

“Creo que me lo contó Marco”.

“También me gustan los hombres, solo que no se lo conté a Marco. Y tengo mucha experiencia en juegos. En una época mi apodo era ‘El Látigo de Oro de Queens’”.

“... El Látigo de Oro de Queens... Ah, ahora que lo dices, ¿mencionaste que eras de Queens?”.

“¡Sí! ¡Let’s go METS!”.

Al gritar el lema de su equipo de béisbol favorito agitando el puño, Jake Shin soltó una carcajada de incredulidad. Avery no esperaba que Jake Shin supiera incluso que había tenido novia. No estaba equivocado. Cuando acababa de entrar en Inspire, salía con una chica, pero de tanto trabajar día y noche, apenas tuvieron unas pocas citas y ella le dejó en menos de un mes. Jake Shin era el primer hombre por el que se interesaba, pero si era él... le parecía perfectamente posible. No, más que posible, era muy probable, así que deseaba de todo corazón que Jake Shin aceptara la propuesta.

“Hice voluntariado en Queens hace tiempo, lo extraño”.

“Es un barrio acogedor y bueno. Hay mucha gente interesante”.

“¿Pero por qué ‘Látigo de Oro’?”.

“... ¿Quizás porque soy rubio?”.

“Ah, por ser rubio”.

Jake Shin asintió apretando los labios. Parecía que estaba reprimiendo la risa.

Maldita sea, no debí mencionar lo del Látigo de Oro.

Se arrepintió, pero ya era tarde. Jake Shin dijo entre risas.

“Apenas tienes veintiún años y ya te has ganado ese apodo, parece que eres bastante increíble por la noche, Avery”.

“... P-por supuesto”.

“Gracias por la propuesta. Pero sigo pensando que no es buena idea tener ese tipo de relación con alguien con quien te ves la cara en el trabajo todos los días. ¿Entiendes lo que digo? Especialmente siendo yo sub y tú dom. Podría haber caos en la cadena de mando—“.

“¡E-espere un momento, Chef! Entiendo su preocupación, ¡pero le aseguro que eso nunca ocurrirá! Usted es el jefe de la cocina y yo no soy más que un simple aprendiz. Ni siquiera tengo el título de cocinero todavía. Sé perfectamente que el juego es solo juego. Nunca confundiré el juego con la realidad ni le causaré ningún perjuicio. Se lo prometo”.

“Sé qué tipo de persona eres. Pero aun así no me parece correcto”.

“Se me da muy bien, Chef. Si usted quiere, puedo ajustar el nivel del juego. Es decir, para principiantes”.

“... Avery, de verdad lo siento, pero—“.

“¡Espere un momento!”.

“¿...?”.

“No quería llegar a decir esto, pero... recuerda el consolador que compró en la tienda el otro día. El rosa fucsia lleno de protuberancias—“.

“Basta, ya sé cuál es, no sigas”.

“Yo soy más grande que eso”.

“...”.

Jake Shin se sobresaltó visiblemente y, como atraída por un imán, su mirada recorrió rápidamente la entrepierna de Avery antes de volver a subir. Sabía que había muchos hombres que presumían falsamente, pero él no estaba mintiendo. ... Al menos en esto no mentía. Recordaba haber pensado al ver el consolador que, aunque daba miedo, el tamaño del suyo parecía ser algo mayor. Miró a Jake Shin con seguridad, y fue el otro quien desvió la mirada primero.

“... ¿Cuánto más grande?”.

Jake Shin preguntó tan bajo, casi como al pasar, que Avery por poco no lo oye. Avery intentó recordar el tamaño del atroz consolador que vio aquel día. Aproximadamente...

“Para estar seguro tendría que compararlo a su lado, pero ¿unas 2 o 3 pulgadas?”.

“...”.

“Y si usted quiere, podemos dejar la relación en cualquier momento. Tómelo como una prueba—“.

“¿Por qué quieres ser mi compañero a toda costa, Avery? Dices que eres joven, apuesto y con talento. Seguro que eres muy popular entre otros subs”.

¡Un momento! ¿Ha dicho apuesto? Eso es un cumplido, ¿verdad?

Al darse cuenta de que, para su sorpresa, Jake Shin tenía una buena opinión de él, Avery se sintió feliz de repente. Tuvo que esforzarse para que la comisura de sus labios no subiera hasta el cielo. Parecería extraño si se alegraba demasiado. Respondió con la mayor calma posible.

“Es que ahora mismo no tengo a nadie adecuado, y el Chef es alguien en quien puedo confiar...”.

“Ah, bueno, supongo que no debe de ser fácil encontrar un compañero decente”.

Respondí de forma casual para no parecer demasiado ansioso, lo cual podría haber sido contraproducente, y afortunadamente el Chef pareció convencerse por sí solo. Avery, sintiéndose mucho más aliviado, miró fijamente a la persona que tenía frente a él al otro lado de la mesa. Claramente, antes no tenía interés en el BDSM ni había pensado jamás en experimentarlo... pero, extrañamente, con este hombre le surgió la curiosidad. No quería dejar pasar la oportunidad de sacar a la luz la otra cara del ídolo al que tanto adoraba. Aunque pensó que tener este tipo de ideas no era del todo normal.

“... De acuerdo”.

“¿Perdón?”.

“Hagámoslo. Por ahora, solo una vez”.

En el momento en que el Jefe de Cocina, tras meditarlo largamente, asintió levemente con la cabeza, Avery se sintió tan feliz que quiso soltar un rugido de alegría. Por supuesto, no lo hizo para no levantar sospechas.

“A cambio, no se lo puedes decir a nadie. A nadie en absoluto. Ni siquiera a Marco”.

“Por supuesto, Chef. No diré nada aunque me pongan una pistola en la cabeza”.

“No, en esa situación sí puedes decirlo...”.

“No, no diré ni una palabra. Me llevaré este secreto a la tumba, Chef”.

“... Está bien. Este sábado por la noche, cuando termine el servicio del restaurante, no te vayas y quédate”.

“Sí”.

“Ahora puedes retirarte”.

“Gracias, Chef”.

Avery hizo una reverencia y salió de la oficina privada de Jake Shin. Tras cerrar la puerta con firmeza, lanzó un puñetazo al aire en silencio.

¡Sí! ¡Lo logré!

Se sentía muy orgulloso de haber conseguido una oportunidad de oro con su elocuencia, aunque le daba pena no poder presumir de esto con nadie. En cuanto entró en la cocina, los demás chefs lo acribillaron a preguntas, pero no tenía cabeza para responderles y se limitó a dar evasivas.

Este sábado sería el día de la batalla final. Mientras preparaba montañas de zanahorias y espárragos, el cerebro de Avery trabajaba a toda velocidad. Le quedaban menos de seis días. En ese corto tiempo, tenía que transformarse en el ‘Látigo de Oro de Queens’.

***

“¡Ah, Avery! Bienvenido. Buen trabajo”.

“¡Tyler! Tienes que ayudarme”.

“¿Qué pasa? ¿Te metiste en algún lío? ¿Por qué tienes esa cara?”.

Al ver a Avery entrar por la puerta principal con un ímpetu aterrador, Tyler retrocedió desconcertado.

Un lío... bueno, se podría decir que sí. Y uno grande.

Como le resultaba difícil empezar a hablar, Avery se mordió el labio. Una expresión de preocupación cubrió instantáneamente el rostro de Tyler.

“Oye, ¿qué ocurre? Te ayudaré en todo lo que pueda, así que no te cortes y suéltalo”.

“... Sobre el BDSM”.

“¿Qué? ¿BDSM?”.

“Enséñame cómo se hace. Eres el único que conozco que sabe de esto”.

Tyler soltó una carcajada como si hubiera oído un chiste muy gracioso. Pero Avery hablaba muy en serio. En este momento, Tyler era su único apoyo. ¿A quién más podría pedirle un favor así? Cuando le agarró del brazo, Tyler dio un salto como si se hubiera encontrado con un drogadicto loco en la calle. Avery le suplicó con determinación.

“No estoy bromeando. Tengo que convertirme en el rey del BDSM en seis días. Le dije que mi apodo era ‘El Látigo de Oro de Queens’”.

“¿Qué? ¿Te has drogado, Avery?”.

“No, estoy cien por ciento cuerdo. ¿Me vas a ayudar, Tyler?”.

Al darse cuenta de que hablaba en serio, Tyler se quedó boquiabierto por el asombro. Avery sonrió ampliamente y apretó con fuerza el brazo de Tyler. No pensaba dejar escapar esta oportunidad por nada del mundo.