#093-#115

 


#093

"¿Que vaya al cruce frente al parque a las 4?"

"Sí. Justo delante del semáforo que hay allí."

"Ah, qué fastidio. ¿Sabes cuánta gente pasa por ahí? Tienes que decirme a quién tengo que ver, idiota."

"No lo sé con exactitud… pero lo reconocerá en cuanto lo vea. Esa persona también estará buscando a alguien."

"¿Qué? Oye. ¿No te parece que la misión es demasiado difícil para lo que pagas? ¿Cómo que 'lo reconoceré en cuanto lo vea'?"

"Mmm, no puedo estar seguro, pero es muy probable que aparezca alguien que parezca tener cierta edad."

Las palabras que añadió vacilante fueron peor que no haber dicho nada. El hombre miró a Se-hwa como si fuera algo absurdo y soltó una carcajada.

"¡Vaya, por Dios…! Bueno, digamos que me encuentro con un señor o un abuelo, ¿luego qué se supone que haga?"

"Dígale que la persona a la que espera no vendrá, que va a aguantar un poco más en el Distrito 2. Si pasan diez minutos y no viene nadie, puede marcharse."

Fue ayer. El día que había quedado en verse con Oh Seon-ran. Se-hwa le dio vueltas todo el tiempo y, al final, no acudió a la cita. Aun así, era cierto que Oh Seon-ran le había prestado una gran ayuda, y eso le pesaba en la conciencia. El hecho de que el perista lo enviara sano y salvo al Distrito 2 no fue solo por las insignias que poseía; debió de ser porque era consciente del respaldo que suponía el General Oh Seon-ran.

Por ese agradecimiento, quería comunicarle que no lo seguiría, que quería intentar salir adelante por su cuenta… al menos eso quería transmitirle. No podía dejar esperando indefinidamente a alguien a quien le debía tanto.

Por eso, acababa de pedirle a un empleado del restaurante que tenía una complexión similar a la suya que fuera en su lugar.

Sabía que no era una opción segura. Ese hombre podía quedarse con el dinero y ni siquiera aparecer. Pero en la situación actual de Se-hwa, no tenía otra alternativa. Lo único que le daba algo de tranquilidad era que el rango de Oh Seon-ran era el de general, superior al de General de Brigada…. Pensó que, incluso si Ki Tae-jeong lo estaba siguiendo, no podría hacerle daño a Oh Seon-ran, quien lo había ayudado.

"Ah, ¿podría ponerse esto al salir?"

"¿Eh? ¿No es la ropa que llevabas puesta?"

El hombre tomó la camisa desaliñada y se rio con incredulidad.

"Oye. Esto ya es otra historia. Me estás pidiendo que finja ser tú. Si salgo así, podría acabar muerto en tu lugar."

"… No creo que sea peligroso, pero entiendo que no confíe. Entonces, simplemente—"

"Olvídalo, dame el triple."

"… ¿Qué?"

"Apesta a algo turbio a leguas, ¿y pretendías que lo hiciera gratis sin pagarme un plus por peligrosidad?"

El hombre, malhumorado, le dio un par de golpes en un lado de la cabeza a Se-hwa.

"Tan joven y ya eres un malnacido. ¿Quién es el que está desesperado ahora? ¿Tú o yo? ¿Eh?"

Tras ajustarse la máscara de gas que se le había torcido por el golpe, Se-hwa acarició el interior de su mochila vacía, aunque eso no haría aparecer dinero mágicamente.

"… Ya le di todo el dinero antes, no me queda más."

Dudando, Se-hwa sacó unos billetes arrugados del bolsillo del pantalón y se los tendió al hombre. En realidad, tenía un fondo de emergencia y las insignias escondidas en el otro bolsillo. Pero, tal como decía aquel hombre, no podía malgastar objetos tan valiosos en algo que ni siquiera era seguro. Especialmente las insignias; lo sentía mucho por el General Oh Seon-ran, pero eran para Brotecito. Tenía que conservarlas hasta el final para estar preparado ante cualquier imprevisto.

"¿Estás bromeando?"

"Ya conoce mi situación."

"Mentiroso. ¿Qué es lo que tienes en el otro bolsillo?"

"No es dinero."

"Si no lo es, ¿qué es? Enséñamelo."

"… Olvídelo, hagamos como si no hubiera pasado nada. Devuélvame el dinero."

"¡¿Qué?! ¡Este desgraciado de verdad…!"

"Jovencito, ya es hora de irse."

Quien salvó a Se-hwa de ser golpeado nuevamente por el hombre fue la señora Song.

"¿Eh? Pero bueno, ¿por qué un hombre de tu edad está molestando a un chico tan joven?"

"¿Qué hace usted aquí a esta hora, tía? ¿Por qué no está echando la siesta?"

El hombre, que sacudía a Se-hwa agarrándolo por el cuello, retrocedió con torpeza.

"Espera un momento. Oh-taek, ¿qué es ese dinero? ¿Se lo has quitado al chico?"

"¡Qué quitarle! ¡Me lo ha dado él como pago por un recado!"

"¡Este no aprende nunca! ¿Eh?"

La señora Song, apretando los dientes, le propinó una patada en la espinilla al hombre sin piedad.

"¿No tienes nada mejor que hacer que quitarle el dinero a un joven? ¿Y encima entre gente que está en la misma situación?"

"¡Ah, que no es eso! ¡Que me está ofreciendo una miseria por un recado que no tiene ni pies ni cabeza!"

La señora Song era una mujer de armas tomar. Escurrió un trapo que había en la encimera para mojarse las manos y, acto seguido, arremetió contra el hombre dándole manotazos en la espalda. Luego, blandiendo un rodillo de madera como si fuera un palo, consiguió arrebatarle el dinero para devolvérselo a Se-hwa.

"¡Madura de una vez! ¡Y tú, jovencito, sígueme rápido! ¡Habías dicho que hoy me ayudarías como mozo!"

"Ah, sí…."

Se-hwa se sacudió su amplia prenda superior y siguió a la señora Song. Nunca habían acordado nada de ayudar con la carga, pero parecía ser una coartada que ella había inventado debido a que había muchos ojos observando. Para Se-hwa era un alivio; quería que nadie supiera que se había marchado del restaurante hasta el momento en que subiera al barco.

Tras ajustarse la máscara de gas y antes de salir por la puerta trasera… Se-hwa acarició un par de veces el viejo bolso bandolera que llevaba consigo desde pequeño y lo arrojó a la basura. Después de pedirle a la señora Song que le consiguiera ropa nueva, no podía permitirse llevar algo que delatara quién era.

"Sube rápido."

El vehículo estacionado en la puerta trasera del restaurante era… por decirlo de alguna manera, se parecía más a un carro de los que se usan para recoger cartón que a un coche. Tenía tantas abolladuras y partes desprendidas que Se-hwa dudó de si realmente funcionaría.

"Este coche es un poco viejo, pero como tiene el registro de entrada, dicen que el control es un mero trámite. Me han dicho que solo hay que pasar por algo sencillo."

"¿Hay un control?"

"Ah, no es de los que te piden ver la cara o el documento de identidad. Es solo un escaneo para ver si llevas armas ilegales o algo así. Sería un problema si alguien provocara un incendio o una pelea gorda en el puerto."

Su voz era generosa mientras lo tranquilizaba diciendo que, después de todo, iba como personal auxiliar y no como técnico. Desde que hablaron de las deudas la última vez, sentía que la distancia con la señora Song se había acortado considerablemente.

Aunque sabía que en unos días serían completos desconocidos que se olvidarían el uno del otro, le sorprendía que la señora Song compartiera algo de calidez con un extraño.

Quizás la señora Song echaba de menos el contacto humano. Al fin y al cabo, cuando uno se ve arrastrado al límite por la pobreza física y mental, el simple hecho de ser alguien que puede dar algo a otra persona hace que uno se sienta un poco mejor. Porque Se-hwa también se sentía así. O quizás… simplemente se acordó de su hijo.

Se-hwa se dio unos golpecitos en el vientre sin que la señora Song se diera cuenta. 'Brotecito, si… si consigo que nazcas sano y podemos estar juntos para siempre… ¿entonces yo también me convertiré en alguien tan cálido y valiente como esta tía? ¿Podré ayudar a los demás solo porque me acuerdo de ti, aun a riesgo de buscarme molestias?'

"Oye, ¿pero no tienes equipaje? ¿No me digas que esa bolsa de plástico es todo?"

"No tenía nada especial que llevarme…."

"Vaya, pero aun así…."

Dentro de la bolsa de plástico negra que colgaba de su muñeca había parches y sedantes. Ayer, al preguntarle a la tía, ella le dijo que en el barco siempre hay un equipo médico. Así que pensó que no haría falta llevar jeringuillas. En cuanto a la ropa, ya la conseguiría de alguna manera…. No quería llevarse consigo sus pertenencias miserables. Era ridículo pensar así cuando no tenía nada, pero quería dejarlo todo atrás y empezar de nuevo.

"Vaya, qué bien se siente conducir hacia el mar después de tanto tiempo."

La tía le contó historias de su época de esplendor. Su casa en el Distrito 4, el gran negocio que montó, historias de su época universitaria… un pasado que era como un ramo de flores ya marchito.

Al caer la tarde, por mucho que pusieran el aire acondicionado a tope, el viejo coche no podía con el calor residual y empezó a flaquear. La tía no dejaba de abanicarse con la mano quejándose de por qué hacía tanto calor si ya no era mediodía, y Se-hwa, escondido tras su máscara de gas, jadeaba como un perrito sacando la lengua.

"Ya casi estamos."

Tras un buen rato recorriendo las serpenteantes carreteras del Distrito 2, finalmente llegaron a las afueras.

"Ah, ¿es ese el puesto de control? Parece que solo hay que pasar con el coche y ya está."

Era tal como dijo la tía: no era para tanto. Aunque se llamaba puesto de control, era casi igual a las máquinas que registran el peaje en las autopistas. Se-hwa, que no dejaba de mirar a su alrededor a través del espejo retrovisor manchado de grasa, finalmente relajó los hombros y respiró tranquilo.

"Ay, este trasto…."

Al llegar al puerto, el viejo coche de la tía —o mejor dicho, del conocido de la tía— se detuvo varias veces sin motivo aparente. Cada vez que pasaba, el torso se les iba hacia adelante, y Se-hwa no pudo evitar reírse al oír los sonoros insultos que soltaba la tía en cada ocasión.

"Bueno, hemos llegado por los pelos. El barco sale a las nueve, así que nos queda una hora y media. Es tiempo de sobra."

Se-hwa agachó el cuerpo y miró a través del parabrisas. El carguero era tan inmenso que parecía una montaña que hubieran trasladado allí; desde este ángulo, ni siquiera se alcanzaba a ver el casco completo.

"Es enorme, ¿verdad?"

"Sí que lo es…."

"Los vehículos particulares no pueden entrar más allá. En teoría no deberíamos haber llegado ni hasta aquí, pero el día de la salida hacen la vista gorda si los familiares vienen a ayudar con la carga."

"Ya veo… gracias."

Entonces se hizo un silencio incómodo por un momento. Familiares…. No es que tuvieran un vínculo tan estrecho como para considerarse familia. Siendo estrictos, no era nada de la tía.

Lo sabía, pero le pesaba el poco tiempo que habían pasado juntos, tanto que ni siquiera habían podido definir su relación. Estaba seguro de que, si se hubieran conocido por más tiempo, habrían podido apoyarse y llevarse muy bien.

"Es extraño, ¿verdad? Cada vez que te veo, me acuerdo de mi hijo."

La tía también parecía apenada y apretó las manos de Se-hwa varias veces antes de soltarlas.

"Ese canalla, aunque estuviera vivo, no habría podido vivir con tanta integridad como tú. Me daría por satisfecha con que no hubiera pedido más préstamos… pero aun sabiéndolo, por alguna razón me siento así."

Ah…. El hijo de la tía había muerto.

"¿Será porque hace tiempo que no veía a un chico joven?"

Se-hwa apretó los labios y se limitó a asentir con brusquedad. No era un gesto de afirmación, sino una muestra de cortesía para indicar que la estaba escuchando. La tía también debió de comprender el significado de ese gesto.

¿Qué se le puede decir a una madre que ha perdido a su hijo? Además, la tía había dicho antes que acabó en el Distrito 2 porque su hijo pidió préstamos exorbitantes por el juego.

Incluso sin preguntar detalles… era evidente. Solo esperaba que no hubiera sido algo tan terrible como que los prestamistas le hubieran quitado los órganos, sino que hubiera sido un accidente inevitable.

"… Gracias."

Se-hwa dudó antes de estrechar la mano de la tía. Pensó que quizás, en la vida destrozada de la tía y en la muerte de su hijo, algo de culpa tendría la mala jugada que hizo Sam-wol cuando sobrevivía a duras penas en el garito del Distrito 4…. Pensó que estaba bien sintonizar, aunque fuera un poco, con el dolor de la tía.

"Eres tan bueno… confías tanto en la gente, ¿qué vamos a hacer contigo, jovencito?"

La tía, sin saber nada, acarició el cabello revuelto de Se-hwa.

"No sé qué situación tendrás, pero que te vaya bien. Cuando desembarques y vengas a buscarme, te cocinaré algo rico."

Sabía qué respuesta esperaba la tía, que lo miraba con bondad. 'La llamaré sin falta', 'nos vemos luego'. Un saludo típico de despedida lleno de esperanza.

"Tía, usted dijo que en el mar también hay fronteras, ¿verdad?"

Pero como le sabía mal mentir dijera lo que dijera, Se-hwa dudó y cambió de tema.

"Así es."

"… Menos mal."

Ese barco inmenso como una ballena se deslizaría hacia adelante, siempre hacia adelante. ¿Cuánto tendría que avanzar para llegar al mar de otro país? Ojalá pudiera salir de aquí rápido. Ojalá se alejara tanto que ni siquiera Ki Tae-jeong pudiera desplegar a su gente ni perseguirlo….

Se-hwa acarició suavemente su vientre, que no dejaba de darle punzadas. Aun así, era una suerte inmensa que el espacio aéreo del Distrito 2 estuviera completamente bloqueado. Le tranquilizaba mucho saber que Ki Tae-jeong no podía movilizar las cosas que manejaba como juguetes… por ejemplo, coches voladores o helicópteros.

"… Es gracias a usted, tía."

"¿El qué?"

"Poder salir tan rápido del Distrito 2. No me lo esperaba y todavía estoy un poco aturdido porque todo ha salido muy bien gracias a usted…."

La tía soltó una risita diciendo que decía tonterías y luego le empujó suavemente por el hombro. Le dijo que era hora de irse, que el barco estaba bastante lejos y que tenía que caminar a buen paso.

"Bueno… me voy."

"Vete con cuidado."

Se-hwa se despidió asintiendo varias veces con la cabeza, salió del coche, cerró la puerta y se inclinó profundamente. Se quedó mirando un buen rato el viejo coche que vibraba como una lavadora estropeada mientras daba marcha atrás y, finalmente, echó a andar. No era la primera vez que se despedía sin saber cuándo volvería a ver a alguien, pero no sabía por qué le dolía tanto. Estaba tan triste que incluso tenía ganas de culpar a Ki Tae-jeong de esto también.

"… Vamos, Brotecito."

Ah…. Ahora que lo pensaba, durante todo el trayecto hasta aquí, a pesar de tener el aire acondicionado puesto, la tía había bajado un poco la ventanilla. Seguramente lo hizo por consideración hacia él. Sabiendo que no quería mostrar su rostro, debió de inventar una excusa para que no resultara extraño que llevara la máscara de gas incluso dentro del coche.

Le invadió una melancolía y una compasión imposibles de definir, junto con una calidez que había olvidado por un momento. A pesar de que caminaba hacia el barco, Se-hwa se detenía una y otra vez moviendo los pies con inquietud.

El viento húmedo y salitroso se le pegaba a los brazos. La carga ya había terminado hacía tiempo y la gente vestida con ropa cómoda como la suya se agrupaba a la sombra del barco. Vistos así, se distinguía claramente quiénes eran empleados y quiénes peones.

Los que habían terminado de fumar se dirigían hacia una especie de pequeña escalera de hierro, y al ver que había un atasco antes de entrar al barco, supuso que estarían comprobando las identidades. Al ver que no había alboroto, se sintió aliviado pensando que sería algo formal…. Se-hwa acarició con la punta de los dedos la insignia, el efectivo y la identificación mal falsificada que llevaba en el bolsillo.

"¡Vaya!… ¿Qué es eso?"

Aquí y allá, la gente exclamaba con admiración mirando hacia arriba. Se-hwa, que acababa de entrar en la zona de sombra, también levantó la cabeza instintivamente. Y… se quedó petrificado.

A lo lejos, algo venía surcando el cielo. ¿Un helicóptero? ¿Un jet? ¿Un coche? Aquello, fuera lo que fuera, navegaba elegantemente por el cielo, con la puesta de sol que parecía caer al mar como telón de fondo. Se precipitaba verticalmente por el firmamento de forma peligrosa, pero luego volaba con ligereza como una mariposa atravesando el hollín y el humo negro.

"… Ah."

Y Se-hwa conocía muy bien a la única persona capaz de mover una aeronave de esa manera a su antojo.

"Cómo… por qué…."

Solo le salían suspiros de desolación y preguntas perdidas. Aunque sabía que eso no cambiaría nada…. El helicóptero, que parecía tener el tamaño de la falange de un dedo, se hacía cada vez más y más grande. Eso significaba que se estaba acercando.

Se-hwa, que se quedó bloqueado un momento como un robot con los cables enredados, de repente echó a correr sin rumbo, tirando todo lo que llevaba en las manos. Antes de que cualquier palabra, frase o rostro conocido apareciera en su mente, su cuerpo se movió primero.

#094

"Estúpido desgraciado."

Oh-taek silbaba mientras contaba los billetes que tenía en la mano. El chico que acababa de llegar le había entregado 480.000 wones. Era una cantidad extraña. Seguramente era todo lo que había podido rascar... pero bueno, sumado al dinero que su tío le soltaba de vez en cuando para que vigilara los movimientos del muchacho, calculó que podría dejar de trabajar tres o cuatro meses sin problemas.

Lleno de ilusiones, Oh-taek miraba a su alrededor con una sonrisa de oreja a oreja. Aunque antes le había gritado a aquel chico pálido que cómo se le ocurría darle una información tan ambigua, lo cierto era que este tipo de encuentros se manejaban por puro instinto.

El nombre del sospechoso jovencito era Lee Se-hwa; por supuesto, no es que él se hubiera presentado. Fue su tío, que regentaba un restaurante de un tamaño considerable, quien le filtró la información diciéndole que vigilara de cerca al nuevo.

Había llegado a las cercanías del semáforo del cruce, tal como Lee Se-hwa le indicó, pero no tenía la más mínima intención de cumplir con su favor. Su plan era simplemente observar con quién pretendía encontrarse, captar el ambiente y, en cuanto regresara, contárselo todo a su tío.

"Si es que mi tío también tiene tela. Si tanto le agobia y tan poco le gusta, debería dejarme todo a mí."

A pesar de estar ganando dinero a espuertas, su tío estaba cada vez más achacoso. Parecía alguien al borde de un colapso nervioso. Decía que con tanto militar y mercenario vigilando fuera, le daba miedo hacer cualquier cosa. Al principio pensó que era una suerte, pero ahora decía que ya no; gemía deseando que "ese tal Se-hwa o como se llame" se fuera pronto con quien fuera que lo buscara.

Eso era hablar por vicio. Lee Se-hwa hacía lo que se le ordenaba sin rechistar y ni siquiera salía fuera. ¿Dónde iba a encontrar a un objetivo de vigilancia más fácil que ese?

"… ¿Eh?"

Mientras miraba de un lado a otro sin rumbo, Oh-taek divisó una furgoneta grande a lo lejos y clavó la vista en ella. Debido a la barata máscara de gas su campo de visión era limitado y tuvo que observar un buen rato, pero ese vehículo negro era sin duda el mismo que conducía la persona que había visitado a su tío anteriormente.

"Vaya. Parece que las cosas vuelven a salirme bien."

Oh-taek se puso tenso y se irguió con orgullo. El orden de los factores había cambiado un poco, pero pensó que no estaría mal aprovechar la ocasión para demostrar que podían contar con él en lugar de con su tío.

Antes de cruzar la calle todavía tenía algunas dudas, pero a medida que se acercaba al vehículo, la puerta del copiloto se abrió apenas un milímetro. Era evidente que ellos también sabían de su presencia.

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"Vaya, cuánto tiempo sin verle."

Al asomar la cabeza por la apertura oscura, vio al mismo militar que había visitado a su tío sentado en el asiento del conductor con expresión impasible.

"¿Qué hace usted aquí?"

"Ah, bueno, cuando mi tío no está, yo me encargo de 'ese asunto'. ¿No lo sabía ya?"

Oh-taek se dejó caer en el asiento del copiloto y se quitó la máscara de gas. Al sentir el chorro de aire fresco del aire acondicionado, sintió que volvía a la vida.

"Haa, para empezar, no se les encomendó nada grandioso ni teníamos grandes expectativas, pero... si ni siquiera pueden cumplir con una cita tan básica como esta…."

El militar murmuró con voz gélida.

"… las cosas se complican mucho. No por mí, sino por ustedes. ¿Es que no aprecian sus vidas?"

Hablaba como si, en caso de que alguien escuchara aquello, fuera a ser extremadamente problemático, tal como decía.

"¿Hay algún problema?"

"Los mercenarios… no, con quien contratamos fue con el dueño del restaurante, no con usted."

"Oiga, señor. No soy un extraño para el dueño, somos tío y sobrino. La familia puede ayudarse entre sí, no hace falta que se ponga tan serio."

Ante el tono de reproche de su interlocutor, Oh-taek también se sintió molesto.

"Además, he venido porque Lee Se-hwa me pidió un favor."

Como si fuera una declaración de rendición, Oh-taek sacudió la camisa que Lee Se-hwa le había dejado.

"… ¿Qué?"

"Digo que Lee Se-hwa me pidió un favor y he venido a pesar de las molestias."

El militar se llevó la mano a la frente con una expresión de querer morderse la lengua.

"¿Eh? ¿No me cree? Mire esto. Lee Se-hwa me dijo—"

"¡Cierra la boca! ¡No menciones ese nombre!"

"Oiga, señor, qué raro es usted. Si Lee Se-hwa se llama así, ¿cómo quiere que lo llame?..."

En ese mismo instante, sintió una vibración inquietante proveniente de la parte trasera.

"¿Qué es eso?"

Por instinto giró la cabeza y vio cómo una mampara opaca, similar a una persiana, se deslizaba suavemente hacia abajo. Pensó que, al ser el coche de un militar, tenía un diseño curioso, pero resultó que había alguien importante en el asiento trasero.

"¿Quién… quién estaba ahí? ¿A quién traía que…?"

Desconcertado, le dio unos golpecitos al hombre de al lado, pero este no respondió. Solo respiraba hondo, preparándose para elegir sus palabras. Tenía una cara de "estamos jodidos" tan clara que Oh-taek también encogió el cuello.

"No, joder, ¿pero quién narices es…?

"… Por favor, cierra la boca si quieres vivir."

Oh-taek no se atrevía a girar la cabeza del todo ni a mirar por el retrovisor, y se limitó a tragar saliva ruidosamente. Cada vez que su compañero abría y cerraba el puño, incapaz de soportar la ansiedad, su propio corazón daba un vuelco.

"… General."

¿General? Oh-taek se sobresaltó al oír el susurro del militar en el asiento del conductor y miró hacia atrás. Un teniente ya era un rango impresionante, pero un General de Brigada….

"Parece que hubo una pequeña filtración cuando los mercenarios a cargo de la vigilancia subcontrataron la tarea. Lo investigaré de inmediato y exigiré responsabilidades estrictas."

Aunque lo habían llamado General… la persona sentada atrás era un hombre joven. Estaba apoyado lánguidamente en el asiento de cuero y solo levantó la mirada para observar hacia adelante. Por un momento pensó si no habría oído mal y sería un suboficial, pero la resplandeciente insignia en el pecho del hombre lo decía todo. Una estrella. Era, efectivamente, un General de Brigada.

Oh-taek se hizo pequeño, encogiéndose hasta más no poder. La presión que ejercía el rango era abrumadora… pero más aún lo era aquel rostro. Bello, perfecto… cualquier adjetivo que conociera resultaba inútil; era un tipo de persona que veía por primera vez en su vida y no sabía cómo reaccionar.

"¡Ah… ah!"

De repente, aquel rostro apuesto se acercó bruscamente y algo frío tocó la frente de Oh-taek. Era… una pistola. No un juguete, sino un arma de verdad.

"¡Hiiiik! ¡Algo como esto…! No, ¡¿por qué hace esto?!"

El hombre rodeaba el reposacabezas con un brazo y, con la otra mano sosteniendo el arma, miraba fijamente a Oh-taek.

"¿Acabas de decir Lee Se-hwa?"

¿Cuándo se había acercado tanto? No… ¿en qué momento sacó la pistola? Ni siquiera se había oído un ruido….

"Es verdad. Esta es la ropa de Lee Se-hwa."

Su tono era ligero, pero en su voz profunda, que resonaba desde lo más hondo… había un frío indescriptible.

"A ver, sobrino del dueño. No estoy de muy buen humor últimamente. Así que no me canses y acabemos con esto rápido."

"De verdad que no sé nada…."

"¿Cómo que no sabes nada?"

El hombre le dio unos golpecitos en la sien con el arma mientras repetía las palabras que Oh-taek acababa de decir.

"Sabes el nombre de Lee Se-hwa, tienes su ropa e incluso dices que te pidió un favor."

"E-eso… no era nada… de verdad, era una tontería. Solo me pidió que diera un mensaje…."

"Qué mensaje."

"Que se quedaría en el Distrito 2…."

Oh-taek hizo fuerza con el abdomen para no orinarse encima. Sentía que, si hacía algo así delante de este hombre, le volaría la cabeza allí mismo.

"Eso es de verdad todo, ni siquiera me dijo quién era la persona con la que se iba a encontrar. Dijo que lo reconocería en cuanto lo viera… y que si no sentía que fuera nadie, que me fuera. Que esperara solo diez minutos y que, si no, me marchara…."

"Diez minutos…. ¿No dijo eso mismo el perista?"

"Así es, General."

El hombre hizo un "hmmm" y miró a Oh-taek. Parecía estar sopesando qué hacer con ese consumible que ya no le era de utilidad ahora que había confirmado todo lo que quería saber.

"¡Y después de eso, Lee Se-hwa se marchó de inmediato con la señora Song…!"

Bañado en lágrimas y mocos, Oh-taek soltó todo lo que sabía atropelladamente. Sentía que iba a morir de verdad.

"… ¿Con quién?"

"Con la señora Song… es una empleada de nuestro restaurante, lleva mucho tiempo trabajando… y cocina muy bien. Lee Se-hwa siempre se servía más comida los días que ella cocinaba…."

"… Bueno, bueno. Pero, ¿cómo que se marcharon juntos?"

El cañón de la pistola, que parecía haberse alejado un momento, volvió a presionar su frente. Oh-taek cerró los ojos con fuerza y elevó una plegaria sin destinatario ni propósito. Joder, si salía vivo de esta, juró que donaría, ofrendaría y regalaría todo el dinero que había ganado gracias a Lee Se-hwa.

"P-pues no lo sé. La señora le pidió que la ayudara a cargar unas cosas… supuse que habrían ido a comprar provisiones juntos, ¡aaagh!"

Sintió un dolor sordo y vio estrellas tras los párpados. Un hilo de sangre empezó a caerle por la nariz.

"Sabes su número, ¿verdad? Llámala."

"¿A-a quién… a la señora Song?"

"Sí."

Oh-taek sacó el teléfono con manos temblorosas y marcó el número. Por suerte, no tardaron mucho en responder.

— ¡Oh-taek, pedazo de animal! ¡Hay una montaña de ingredientes que trasladar, ¿dónde te has metido?!

"T-tía… yo… esto, estoy en un recado para mi tío. Tú… ¿dónde estás?"

— ¿Dónde voy a estar? En el restaurante. Tengo que preparar las viandas que salen mañana al alba. Vuelve tú también de una vez.

"¿Y el… el chico ese pálido?"

— ¿A qué viene lo del jovencito otra vez? ¿Vas a intentar sacarle dinero otra vez?

"¡¿C-cuándo he hecho yo eso?! En fin… pásamelo un momento. El… el tío quiere comprobar algo…."

— ¿Eh? ¿Ah sí? El dueño pasó por aquí hace un momento y se fue. Además, el jovencito ya no está.

"¿No está? ¿Cómo que ya no está? ¿A dónde ha ido?"

— Pues… hace unos días me preguntó si podía buscarle otro empleo. Así que he decidido que el jovencito herede el trabajo de un conocido mío que desembarca ahora. En resumen, han intercambiado sus puestos.

"¡¿Qué?! ¡Maldita sea! ¡¿Por qué decides tú eso por tu cuenta?!"

— ¿Cómo que por mi cuenta? Si fue el jovencito quien me lo pidió. De todas formas, cuando se lo conté a tu tío hace un rato, se le puso la cara negra como si llevara tres días sin poder ir al baño….

Mierda. Qué hago ahora. Oh-taek se mordía los labios con saña. Los había visto hablar un par de veces, pero no le dio importancia. No imaginó que él le hubiera pedido algo así a sus espaldas.

— ¿Diga? ¿Oh-taek?

El hombre, que había estado escuchando en silencio, extendió la mano y pulsó el botón de finalizar llamada. Todavía sostenía la pistola, en una postura extremadamente peligrosa. Si se le resbalara por accidente o si apretara el gatillo por un descuido….

"teniente Park, cancele todos los planes de esta noche y detenga de inmediato a esa tal señora Song del restaurante."

"Sí, General. He comprobado la localización de la señal y, efectivamente, la señora Song se encuentra en el restaurante."

El hombre sentado en el asiento del conductor respondió con cortesía mientras apagaba el dispositivo. Al mirarlo de reojo, Oh-taek vio que él también tenía perlas de sudor frío en la frente. Oh-taek volvió a rezar en su interior: 'Por favor, no quiero dinero ni nada, solo déjeme vivir'.

"¿Hay algún helicóptero que podamos usar ahora mismo en el hangar del Distrito 2?"

¿Helicóptero? Oh-taek miró instintivamente hacia la ventana opaca. Con lo mal que estaba el cielo, que ni la luz del sol atravesaba esa mugre, ¿cómo pretendía hacer volar un helicóptero?…

El militar al volante parecía estar pensando lo mismo, pues lanzó una mirada rápida hacia el exterior.

"… Lo prepararé."

Sin embargo, como si no hubiera otra opción, la voz del militar al responder que cumpliría las órdenes fue sumamente respetuosa. Era como si, en esta situación, fuera mejor lanzar un helicóptero a un cielo cubierto de ceniza que contrariar el humor de aquel hombre.

"Bien, entonces… mientras vamos de camino, ¿qué tal si terminamos de hablar con el sobrino del dueño?"

"… ¿Eh? Yo… yo ya no sé nada más…."

"¿Ah sí? Pues yo tengo muchas cosas que preguntar. Por ejemplo, cómo le robaste la ropa y el dinero a Lee Se-hwa."

"¡¿Qué?! ¡Ah, no, no es eso…! La ropa me pidió él que me la pusiera y saliera, y el dinero… el dinero también me lo dio él por su cuenta como pago por el recado. E incluso se lo devolví enseguida pensando en su situación…."

"Lee Se-hwa, Lee Se-hwa…."

El hombre, saboreando el nombre del chico pálido, agarró a Oh-taek por el cabello con una sonrisa. Era un agarre tan fuerte que parecía que le iba a arrancar el cuero cabelludo.

"¡Aaaagh!"

Sentía que se le iban a saltar los ojos por la presión. Oh-taek pataleaba desesperado por la injusticia. ¡Pero si yo qué he hecho mal!

"¡¿P-por qué hace esto?!"

Mientras lloraba y suplicaba sin entender el motivo, el hombre se limitó a sonreír mirándolo desde arriba.

"¿Quién te ha dado permiso para pronunciar su nombre como si nada?"

*

"A-aquí…."

La señora Song, que había sido traída a la fuerza mientras preparaba los ingredientes para la mañana siguiente, se subía los pantalones y se arreglaba el cabello revuelto.

El helicóptero que había volado de forma espectacular aterrizó sobre el enorme carguero al que poco antes había llevado al joven muchacho. Por supuesto, era evidente que no era algo acordado previamente con el dueño del barco, y por ello varios objetos de la cubierta habían resultado dañados… pero incluso para la ignorante señora Song, estaba claro que no había otro lugar adecuado para posar el helicóptero.

"Pero… ¿tan mal de salud está el jovencito?"

"Bueno, no es que sea solo por salud… sí. Además de su constitución natural, ahora mismo lo está aún más por el hecho de estar esperando un hijo."

"Ay, Dios mío. Y yo sin saberlo…. Un embarazo… Si llego a saberlo, jamás le habría recomendado un trabajo en un barco…."

La señora Song no sabía qué hacer con sus manos por la inquietud. Tras el susto inicial cuando los militares irrumpieron en el restaurante, la convencieron para que los acompañara diciéndole que aquel chico estaba embarazado y que el padre del niño buscaba ayuda desesperadamente.

Aunque nunca le vio la cara porque siempre llevaba la máscara de gas, por su nuca y sus manos se notaba que era alguien con una historia complicada. Así que se trataba de una huida por amor. Aunque el chico hubiera huido solo, si ese era el trasfondo, técnicamente era una huida por amor.

"Parece que el jovencito se sentía abrumado porque se trataba de un matrimonio con una gran diferencia de clase social."

"… Ah, sí. Bueno, eso es algo que se puede solucionar hablando, pero ahora mismo lo que me preocupa es su estado físico. Por eso, le pido disculpas, pero hemos tenido que traerla a usted a toda prisa."

"Ay, por favor, no me trate de usted. Llámeme simplemente señora Song."

Aquel apuesto joven que la había traído volando hasta aquí resultó ser nada menos que un General de Brigada. Al ver que él mismo se presentaba como el tutor legal del dócil muchacho —que para ella era como un hijo— mostrando todo tipo de documentos, la cartilla de maternidad y papeles de exámenes médicos con gráficos que oscilaban de forma alarmante, le fue imposible pensar que fuera mentira.

Aunque el dueño del restaurante, que estaba a su lado, confirmó que el nombre del chico era Lee Se-hwa, ella sinceramente no sabía si eso era verdad o mentira.

Sin embargo… la señora Song también había sido en sus tiempos una empresaria de renombre en el Distrito 4. Sabía muy bien que no era común que alguien con el rango de General se presentara personalmente como tutor de una gestante. Debía de amarlo muchísimo para que algo así fuera posible. Por eso confió en aquel hombre y subió al helicóptero.

"Entonces, ¿qué es lo que tengo que hacer?"

El hombre, que se presentó como Ki Tae-jeong, le dedicó una sonrisa radiante a la señora Song y le tendió la mano.

"Quédese aquí tranquila y, cuando yo le dé la señal, por favor, llame a esa persona."

#095

"¿Llamarlo? ¿Dice que yo debo llamar al joven Se-hwa en lugar de usted, General?"

La señora Song ladeó la cabeza confundida. Pensaba que la habían traído para identificar en qué barco pensaba subir el chico, o para confirmar qué ropa llevaba hoy puesto que, al usar máscara de gas, sería difícil reconocerlo... cosas así. ¿Qué más podía hacer ella si el padre de la criatura ya había venido personalmente a buscarlo?

"Sería ideal que saliera por su propio pie, pero nuestro Se-hwa es un poco terco."

¿... Por su propio pie? ¿Saldría voluntariamente? Por alguna razón, la señora Song sintió un escalofrío recorriéndole la espalda y sus ojos se movieron inquietos.

Aquel hombre, el General Ki Tae-jeong, le había dicho que el joven Se-hwa se había marchado repentinamente agobiado por la diferencia de clase social, y que por eso había salido a buscarlo a toda prisa. Ante la mención de que alguien que incluso había tenido una hemorragia no podía quedarse sufriendo en un lugar como este, ella se sintió culpable y lo siguió de inmediato con sus ropas descuidadas... Pero, normalmente, uno no usa la expresión 'salir por su propio pie' cuando se refiere a la persona que ama, ¿verdad?

"General, informan que el Teniente Na ha llegado a la entrada."

Ante el informe de su subordinado, Ki Tae-jeong hizo un gesto con la mano hacia atrás. La correa de su reloj, adornada con el emblema de la flor nacional y los símbolos de la Fuerza Aérea, brilló intensamente bajo las luces cegadoras.

En ese mismo instante, personas que ni siquiera sabía dónde estaban escondidas empezaron a moverse frenéticamente, y las luces se encendieron en la entrada del puerto como si hubiera caído un rayo. A pesar de la distancia, aquel movimiento esporádico y continuo era tan intenso que daba la impresión de que se había producido una explosión.

Tanto sobre el barco en el mar como en la entrada del puerto, todo estaba tan iluminado que uno olvidaba que era de noche. Solo permanecía en tinieblas la zona cercana al bloque de contenedores apilados donde, probablemente, se ocultaba el joven Se-hwa.

'Esto no parece la búsqueda de un amante, sino la captura de un criminal…'.

La señora Song, incapaz de decir nada, miró de reojo el perfil de Ki Tae-jeong. Fue entonces cuando se dio cuenta: aquel hombre hermoso había mantenido las comisuras de los labios elevadas todo el tiempo, pero sus ojos no sonreían en absoluto.

*

A dónde, a dónde debo ir ahora mismo... Primero tengo que esconderme, aunque sea un momento.

Se-hwa, apoyado contra un contenedor, intentaba recuperar el aliento. Debido a la carrera repentina sentía náuseas, pero se limitó a taparse la boca con fuerza para resistir.

La falta de aire y los mareos remitirían pronto... pero le preocupaba el estado de su tobillo, que se había torcido al caer. Quizás si hubiera apoyado las manos en el suelo para mantener el equilibrio se habría lastimado menos, pero al rodar protegiendo su vientre, la lesión resultó ser más grave.

Al levantar con cuidado el tobillo derecho, notó que el eje estaba extrañamente desviado. No parecía que el hueso estuviera roto, pero definitivamente era imposible seguir corriendo. El dolor era indescriptible... pero al menos Brotecito parecía estar a salvo, así que eso era un alivio.

Para no emitir jadeos ni quejidos, se mordió los labios con tanta saña que la sangre empezó a gotearle por la barbilla. Aun así, ojalá hubiera conservado los parches. Para poder amenazarlo hasta el final.

Por cierto, ¿cómo supo que estaba aquí? Desconfiaba tanto de la oficina de empleo como del dueño del restaurante, por eso le pidió a una empleada normal que le buscara trabajo. Entonces, ¿acaso... la tía Song también era una informante puesta por Ki Tae-jeong? O quizás....

Se-hwa sacudió la cabeza para desechar esos pensamientos. Todos en el restaurante podrían haber sido cómplices de Ki Tae-jeong. Se sentía estúpido por haberle tomado cariño a la tía tan rápido, después de haberse repetido que no podía confiar en nadie. Es cierto que no tenía otra opción, pero podría haber estado alerta hasta el último momento. No había necesidad de reír y charlar de tonterías durante todo el trayecto en coche.

Y ahora, realmente empezaba a odiar a Ki Tae-jeong. En estas casi tres semanas, nunca pensó ni por un segundo que hubiera eludido su rastreo a la perfección... pero no imaginó que lo estaría manipulando y observando a su antojo, como a una piedra en la palma de su mano.

"… Me sigue tratando como a un idiota hasta el final."

Se-hwa hizo fuerza con la punta de los dedos contra la pared del contenedor y empezó a dar pasos cortos. No podía quedarse aquí. Aunque el único lugar para esconderse era dentro de un contenedor, aguantaría todo lo que pudiera.

Al ver que había venido con un helicóptero y escoltado por varios militares, la noticia seguramente habría llegado a oídos de otros. Por ejemplo, el General Oh Seon-ran, o al teniente Kim.... Si fuera este último, solo significaría una pequeña extensión de su tiempo de vida, pero si fuera el General Oh Seon-ran, la situación podría cambiar.

En cualquier caso, Ki Tae-jeong no mostraba movimientos inmediatos por ahora, y el número de contenedores y palés apilados aquí no era pequeño. No podría quemarlo todo, así que buscarlos uno por uno llevaría una cantidad considerable de tiempo. Pensándolo así, no estaba todo perdido.

Entonces... ¿en qué contenedor debería esconderse? Se-hwa miró fijamente el gran logotipo grabado en el lateral de un palé. Menos mal que era de una gran empresa cuyo nombre conocía. Pensó que no se atreverían a destrozarlo sin más. ... No, ¿acaso Ki Tae-jeong era de los que se preocupan por esas cosas? Al contrario, al no ser suministros militares, podría destruirlos con menos miramientos.

Dudando, Se-hwa se desabrochó las correas de la máscara de gas. Era tan barata que dificultaba la visión y, al oscurecer, ni siquiera podía distinguir bien lo que tenía delante.

Tras limpiarse el sudor que caía a mares, levantó la cabeza y el viento cálido y salitroso le acarició la nariz. Era totalmente distinto a aquel aroma fresco que había sentido con Ki Tae-jeong en el centro comercial. Era húmedo, salado... y estaba mezclado con un olor a quemado acre.

Al estar en las afueras del Distrito 2 y cerca del mar, las partículas en suspensión eran definitivamente menores, pero aun así no sería bueno para la salud. Solo esperaba que su cuerpo, sin los parches protectores, fuera capaz de filtrar incluso esa toxicidad oscura. No, no le importaba que su propio cuerpo se destruyera. Solo quería que Brotecito estuviera bien. Con eso bastaba.

Sosteniendo su pierna derecha, que apenas podía mover, Se-hwa avanzó cojeando. Entre la noche y los bloques de contenedores que lo rodeaban como muros gigantes, se sentía abandonado en la oscuridad.

Todos sus sentidos se agudizaron. Podía sentir vívidamente incluso el sonido de los interruptores de las luces encendiéndose y apagándose a lo lejos. Se-hwa daba unos pasos y se detenía para mirar hacia arriba constantemente. Sentía que los francotiradores que lo acechaban estarían apuntándole con sus fusiles. O que, de repente, Ki Tae-jeong caería del cielo para cazarlo por la nuca como a una presa.

Debido a la tensión, su visión no dejaba de oscilar. Las divisiones de los contenedores y sus líneas rectas se agrandaban y luego ondulaban como si bailaran. Incluso el sonido de las pequeñas piedras bajo sus suelas resonaba en sus oídos como si fueran truenos.

El dolor en su vientre ya no eran simples punzadas. Era como si una barra de hierro candente removiera su interior lentamente. Se-hwa se limpió el sudor que le corría por la frente y la nariz. El líquido que mojaba su mano tenía un olor ácido y penetrante. Era un hedor similar al de una fruta cítrica podrida y deshecha.

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De repente, pensó que esto realmente podría acabar mal. Como su cuerpo había permanecido intacto incluso ingiriendo drogas como si fuera agua, esta era la primera vez que experimentaba una sensación así. Una advertencia que surgía de lo más profundo: que estaba al límite, que era peligroso.

Sabía desde el principio que no podría escapar del rastreo de Ki Tae-jeong. Solo quería esconderse hasta que el juicio se desmoronara. O al menos hasta que pudiera dar a luz a Brotecito a salvo. Pero solo habían pasado tres semanas.... Quizás él había estado aguantando precisamente hasta la fecha en que debía encontrarse con Oh Seon-ran.

"… No lo sé."

Se-hwa se dejó caer al suelo apoyando la espalda contra la pared de un contenedor cercano. Además del tobillo, sentía una presión insoportable en el vientre. Era como si Brotecito le suplicara: 'Papá, no aguanto más, ayúdame', y eso le impedía moverse.

"No lo sé. ¿Qué hago, Brotecito?…."

Pero entonces... tras unos pitidos desagradables y un sonido de estática que parecía provenir de todas partes,

— ¿Tengo que hablar por aquí?

A través de los altavoces instalados por todo el puerto, la pregunta inocente de la tía Song resonó como un eco. Sobresaltado, Se-hwa miró a su alrededor. No podía saber de dónde venía la amplitud de ese sonido. El murmullo repentino, que parecía surgir desde lo alto de su cabeza o desde el suelo donde estaba sentado... asfixiaba a Se-hwa como una enredadera que crece sin control.

— Sí, señora.

Ah.

Se-hwa arañó el suelo de cemento sin darse cuenta de que se estaba rompiendo las uñas.

Aquella voz que resonaba desde lo más profundo, baja y además elegante, aquella que le había hecho saltar el corazón desde que se cruzaron en aquel almacén destartalado, aquella que probablemente no podría olvidar en toda su vida...

— ¿Me oye bien, señora?

... era la voz del hombre al que había amado.

— Sí, se oye bien. Estos auriculares tienen una forma muy curiosa.

— Perfecto. Entonces, solo tiene que repetir lo que yo diga. Seguro que ya sabe que estoy aquí... pero parece que nuestro Se-hwa todavía no tiene intención de aparecer.

— ¿Que repita? Bueno, no es que sea difícil... pero no sé si seré de mucha ayuda….

"… ¿Nuestro Se-hwa?"

Se-hwa soltó una carcajada de pura incredulidad. Y se preguntó qué clase de espectáculo era este ahora. ¿Estaba emitiendo su propia voz y a la vez fingiendo ante la tía?

— Se-hwa.

— Se-hwa.

— Ya has estado lo bastante dolido, volvamos a casa de una vez.

— Ya has estado lo bastante dolido, volvamos a casa de una vez. ... Sí, mira que yo no sabía nada, pero no tenía idea de que el joven Se-hwa estuviera embarazado. Debía de estar muy atribulado antes de la boda, pero aun así, ¿cómo se le ocurre intentar subir a un barco en ese estado?

La tía, que repetía las palabras de Ki Tae-jeong como un loro, empezó a regañarlo con tono preocupado. Se-hwa se rió para sus adentros desde donde estaba sentado. Ya ni siquiera le salían las lágrimas, así que solo reía.

No sentía ningún rencor hacia la tía por repetir lo que Ki Tae-jeong le ordenaba. Ahora veía que ella ni siquiera sabía bien lo que pasaba entre él y Ki Tae-jeong, y que probablemente había llegado hasta aquí por ese afán de entrometerse propio de las personas bondadosas. Pero....

— Aunque ya han pasado los tres meses, sabes que tienes la salud delicada y que debes tener cuidado.

— ¿Tres meses...? No, ¿de verdad han pasado tres meses? Pero si el chico estaba flaco como un fideo….

— Sí. Ya han pasado de sobra.

— Ay, Dios mío, qué problema... Jovencito. El General dice que ya han pasado más de tres meses, así que esto podría ser peligroso de verdad. Por qué no dijiste nada, por qué….

— Mmm... parece que sigue sin tener ganas de verme. Entonces, ¿podría decirle esto también, señora?

— ¿El qué?

— Se-hwa, te doy cinco minutos.

— … Se-hwa, te doy… cinco minutos….

La señora Song, sintiendo que algo no iba bien, repitió las palabras de Ki Tae-jeong con vacilación.

— Pero, General, ¿no sonará eso un poco... demasiado agresivo?

Se-hwa, acurrucado en el suelo como un brote tronchado, se limitó a escuchar la conversación de ambos. Ya incluso había olvidado la sensación de dolor. Aquellos buenos tiempos que a veces recordaba y le hacían doler el corazón, ya no lograba recordar ni uno solo.

Por mucho que lo pensara, no entendía por qué Ki Tae-jeong lo trataba así.

Yo solo nací en las alcantarillas fuera del castillo, y simplemente vivía como podía porque no tenía otra opción. Solo... te quise con todo mi corazón. Ni siquiera te exigí que me quisieras de la misma forma. ¿Por qué eres tan cruel?

— El joven Se-hwa parece estar muy acorralado ahora mismo, quizás si lo llamara de forma más cariñosa….

— Lo dudo. Nuestro Se-hwa es más valiente de lo que parece. Mira cómo ni se inmuta con esto. Y eso que seguramente se imagina perfectamente cuál es la situación.

— General….

— Se lo digo en serio. Es alguien que fue capaz de drogarme sin importarle si moría o no, solo para decirme que prefería irse con otro hombre. Así es nuestro Se-hwa.

— … ¿Eh? ¿Cómo...? Qué está diciendo….

— Olvídelo, ya solo quedan tres minutos. Me estás oyendo, ¿verdad?

Ah. Se-hwa cerró los ojos con fuerza.

— Esta es la última vez. Sal por tu propio pie, Lee Se-hwa. A menos que quieras ver cómo muere toda la gente que está aquí.

#096

-¡Ge, General…! ¡¿Qué está diciendo ahora…?! ¡Aaaaaagh!

Ante el desgarrador grito de la tía Song, Se-hwa se puso de pie de un salto.

“¡Ugh…!”

El impulso fue decidido, pero su cuerpo miserable, carente de toda fuerza para sostener su voluntad, se desplomó al instante. El tobillo torcido ya no podía describirse simplemente como doloroso. El sufrimiento era tal que, instintivamente, anheló aquel medicamento que Ki Tae-jeong le había dado en el pasado. No sabía si estaba roto o qué, pero cada vez que se movía, escuchaba el crujir de fragmentos óseos en el eje desviado.

Se-hwa jadeó encogiendo la espalda y luego volvió a apretar los puños con fuerza. Al inhalar profundamente para intentar olvidar el dolor, el aire espeso y sucio se adhirió al interior de su garganta.

-Quedan 2 minutos.

Ante la gélida advertencia, Se-hwa logró levantarse a duras penas. Cada vez que tosía, sentía como si sus órganos internos se sacudieran. Era como si una mano invisible apretara su corazón y sus pulmones, estrujándolos a su antojo.

Avanzó frenéticamente a través de la oscuridad ciega, deteniéndose de vez en cuando para revisarse. Temía que volviera a aparecer sangre, pero afortunadamente, por ahora, todo parecía estar en orden.

“Bro… te…, Brotecito….”

Con una mano se apoyaba en el muslo izquierdo y con la otra sostenía su vientre. Sujetando su vientre extremadamente delgado como si lo presionara, no dejaba de llamar al bebé, que debía de estar muy asustado. Sabía que la criatura estaría encogida por culpa de los latidos inestables de su propio corazón, pero quería que se tranquilizara al escuchar su voz, así que, aun faltándole el aire, no dejaba de consolarlo.

“Es… huff, está bien, no tengas miedo, yo, huff, para nada… Brotecito.”

-1 minuto.

Ah. Se-hwa apretó los dientes. Aunque estaba intentando ir lo más rápido posible, llegar hasta las cercanías del barco en su estado actual, y mucho menos en un minuto, era una tarea totalmente imposible.

No entendía qué pretendía. Dejando de lado su estado físico, Ki Tae-jeong debía saber perfectamente que, si se había escondido por esa zona, era imposible aparecer ante él en solo cinco minutos.

Tras pasar tambaleándose junto a los contenedores que se alzaban como presas, llegó finalmente a un cruce. En el momento en que dio un paso con los pies temblorosos, varios disparos agudos resonaron desde la entrada del puerto. Las sirenas sonaban y se cortaban repetidamente, como si hubiera una lucha por el control. Para Se-hwa, ese ruido aterrador se sintió casi como un salvador.

Se-hwa jadeó y miró a su alrededor. Aún no sentía la presencia de ningún equipo de búsqueda. ¿Entonces... podría aguantar un poco más?

Parecía seguro que otra facción había llegado. Ya fuera el General Oh Seon-ran, el teniente Kim, o cualquier otra persona enfrentada a Ki Tae-jeong... no le importaba quién fuera. Como parecía haber un despliegue de fuerza por aquel lado, pensó que si el alboroto crecía, Ki Tae-jeong se preocuparía primero por ellos antes que por él.

-Aaaagh, Ge, General, yo no sabía nada de verdad…. Solo acepté el favor del joven Se-hwa, ugh….

“…Ah.”

Se-hwa, que intentaba adivinar la situación mirando con cautela hacia arriba, dejó caer la cabeza sin fuerzas. Como si le advirtieran que no tuviera pensamientos inútiles, el llanto de la tía a través del altavoz se volvió aún más desgarrador.

-General, por favor, no haga esto… Yo no sé nada de verdad….

-¿Por qué se pone así, señora? Si Se-hwa la oye, pensará que le estoy haciendo algo malo. Y no es así, ¿verdad?

-Déjeme vivir, huff, General, soy una pobre mujer… He pasado la vida deslomándome para pagar deudas… Por favor, General….

-Sí. La dejaré vivir cuando salga Se-hwa. Así que dígale pronto que estoy aquí, perfectamente, sin un solo rasguño.

-Huff, ugh….

-Rápido. Sería un problema si Se-hwa me malinterpreta, ¿no cree?

El llanto débil de la tía, que servía como música de fondo para una tragedia de mal gusto, y el sonido metálico del arma siendo amartillada, impidieron que Se-hwa pudiera seguir siendo egoísta.

-Huff, jovencito… Se-hwa, yo… yo… huff, todavía estoy bien, todavía….

Si tan solo la tía no le hubiera sonreído diciendo que era como un hijo para ella. Si no conociera la historia de que su verdadero hijo había muerto tras meterse en préstamos usureros. Si al menos hubiera escuchado que el negocio fracasó o que se arruinó por lujos, y no que acabó así por el juego….

-Lo siento, pero ayúdame a vivir, ayuda a la gente de aquí….

Pensaba que su corazón ya se había consumido hasta ser cenizas. Sin embargo, un pequeño fragmento que aún respiraba fluyó por sus venas como veneno.

Quería gritar como un loco. Quería sobrevivir él primero, sin importarle si los demás morían o no. Pero… no podía ignorar y dar la espalda al hecho de que un vínculo corto, cuyo único pecado fue ser amable con él, y una tía inocente que no sabía nada, hubieran sido arrastrados hasta el puerto para morir como perros.

-Vaya, Se-hwa. Han pasado 5 minutos.

Él era quien necesitaba un megáfono ahora. ¿De verdad estaba diciendo eso en serio? Ya no se estaba escondiendo, estaba yendo hacia él lo mejor que podía. ¿No era eso suficiente? Aunque no supiera nada de si su pierna estaba rota o destrozada… al menos podría haber esperado ese poco….

-¡Hiik! ¡Ge, General! ¡Eso… qué es eso…!

Ante el grito urgente de la tía, que no tenía comparación con los anteriores, Se-hwa también se inquietó. Tragándose los insultos, avanzaba cojeando casi a la pata coja cuando, de repente, un estruendo que pareció sacudir el cielo y la tierra le desgarró los oídos. Como burlándose de los pasos torpes y lentos de Se-hwa, fue un sonido de explosión que hizo sentir que el mundo se derrumbaba.

“…¿Qué ha sido esto…?”

Había oído un sonido similar antes. En el refugio del Distrito 1 donde irrumpió con Ki Tae-jeong, cuando él disparó un bazuca y todo el edificio se vino abajo... así de estruendoso fue aquel sonido.

-¡Aaaaaagh!

El llanto de la tía, que rodaba por el suelo fuera de sí, y el sonido de algo estallando resonaron con fuerza por todo el puerto. Los gritos de terror de las personas que contenían el aliento cerca de los barcos se propagaron por doquier.

Se-hwa miró a su alrededor aturdido. Sabía que no vería nada, pero lo hizo con la esperanza desesperada de aferrarse a un clavo ardiendo.

Afortunadamente, no parecía que hubieran disparado contra personas. Sin duda, aquel era el sonido de algo grande siendo destruido, algo del tamaño de un edificio. Pero, ¿qué era? ¿Qué se había derrumbado? Al menos no parecía haber sido dirigido hacia donde él estaba….

Habiendo abandonado ya cualquier idea de no ser descubierto, Se-hwa avanzaba apoyándose con fuerza en los contenedores y palés, haciendo que resonaran golpes secos. A medida que se acercaba al mar, el olor a quemado se volvía más intenso.

Forzó su cuerpo, que amenazaba con desfallecer. Con la cintura encorvada por un dolor punzante, logró salir finalmente del bosque de bloques apilados.

“…Está loco….”

Fue entonces cuando vio una pequeña llamarada, como una antorcha, elevándose sobre el mar a lo lejos. Si se veía así desde aquí, en realidad debía ser de una magnitud considerable. ¿Un barco? ¿Un faro? No sabía exactamente qué era lo que ardía, pero estaba claro que era obra de Ki Tae-jeong.

-Ah… ahora que lo recuerdo, no se te daba muy bien correr, ¿verdad? Con esos tobillos tan finos.

Dejando atrás los alaridos de la tía sumida en el pánico y los gritos de las personas que correteaban de un lado a otro como pulgas de agua preguntándose qué estaba pasando, Ki Tae-jeong murmuró con una voz sumamente refrescante.

-No sé qué agallas te impulsaron a armar este lío cuando ni siquiera podías correr bien sin mí… Pero bueno, tendré en cuenta ese detalle.

Varias explosiones pequeñas se sucedieron sobre la superficie del agua. Parecía que el combustible del barco también había prendido, pues las pequeñas llamas iniciales se convirtieron en una columna de fuego que se alzaba hacia el cielo.

-Lo que acabo de disparar eran unas ratas que el teniente Kim había enviado a hurtadillas… Pero ya no queda nada más.

Ki Tae-jeong susurró como si estuviera dándole un consejo.

-Realmente no queda nada, Se-hwa.

Se-hwa miró hacia adelante estupefacto. El cielo sobre el mar, que antes estaba limpio como si hubiera una frontera con el puerto, se llenó de un humo gris que se extendía como patas de araña.

-¡Jovencito, Se-hwa…! Lo siento, pero ayúdanos a vivir…, ven rápido y dile al General que no haga esto, por favor…, ¿eh?

La tía, que lo llamaba desesperadamente, parecía haber perdido el juicio. Los trabajadores que estaban escondidos por diversos puntos también empezaron a llamar a Se-hwa usando pequeños megáfonos que tenían a mano.

“¡Mierda, vas a hacer que muera gente inocente por tu culpa!”

“¡Tú, Se-hwa o como te llames, sal ahora que te lo pedimos por las buenas! ¿Eh?”

“¡Eso es! ¡Si te encontramos nosotros primero, te daremos una paliza antes de entregarte! ¡Sal de una vez si no quieres cobrar!”

Los reproches de la gente, que le recriminaban que si quería morir lo hiciera solo en lugar de arrastrar a otros como compañeros de tumba, atravesaron el corazón de Se-hwa.

Si existía el infierno, debía ser este. Se-hwa volvió a correr con su cuerpo deshecho como un muñeco de papel mojado. Caía, se levantaba a duras penas, pero volvía a caer tras unos pocos pasos… Tras repetirlo varias veces, finalmente gritó llorando.

“…¡Aquí estoy! ¡He dicho que estoy aquí!”

Gritó mientras rodaba y lloraba, arañando el suelo hasta que sus uñas sangraron.

“Para ya…, ya he salido… así que….”

Imaginaba que, si Ki Tae-jeong lo atrapaba de nuevo… en el mejor de los casos sería tratado como una herramienta. Pensó que él dejaría de fingir que había cambiado y volvería a mirarlo como a un objeto... Estaba preparado para eso. Se había prometido que no volvería a sentirse herido, que eso no pasaría más, y que incluso si Ki Tae-jeong lo obligaba a presentarse en el juicio, no diría ni una sola palabra de las que él deseara oír.

Sin embargo, el fin de su corta rebelión fue mucho más atroz de lo que Se-hwa imaginó. El tirano, como si no fuera a repetir sus errores pasados, sacó su carta más efectiva y cruel para asfixiarlo.

“¡He dicho que pares, ya voy hacia ti…!”

Incapaz de contener su rabia, golpeó el asfalto con los puños, y sus muñecas, en un estado tan lamentable como su tobillo, quedaron colgando en un ángulo extraño.

Y entonces… como si hubiera estado esperando su declaración de rendición, una inmensa esfera de luz cayó del cielo. Luces de origen desconocido empezaron a barrer frenéticamente toda la zona de los contenedores.

Se-hwa, con el rostro cubierto de polvo y surcado por rastros de lágrimas sucias, levantó la mirada aturdido hacia el cielo. Decenas de drones sobrevolaban la zona esparciendo focos de luz, y una enorme luminaria colgada de una grúa, que parecía tener cientos de globos oculares brillando uno a uno, estrechaba el cerco a su alrededor.

Los aparatos que merodeaban erráticos finalmente descubrieron a Se-hwa sentado en un rincón y arrojaron sobre él una masa de luz similar a una bomba. Los drones se amontonaron justo sobre su cabeza como un enjambre de abejas, zumbando de forma repugnante.

En un momento dado, dejó de salir sonido por los altavoces. Lo único que se veía era un entorno blanco como si no fuera de este mundo, y lo único que se sentía era el viento marino cargado de polvo. Se-hwa, como un robot estropeado, solo murmuraba de vez en cuando que pararan ya.

“Hace mucho que no nos vemos.”

Tras un momento, un hombre que se adentró con paso firme en aquel imperio de luz cegadora le habló con voz natural.

A medida que él caminaba hacia Se-hwa sin vacilar, este sentía como si sus extremidades fueran descuartizadas una a una. Unas botas militares negras aparecieron en el borde de su visión baja, y un aroma familiar llegó con el viento pesado del verano. Olor a cigarro, un perfume intenso y punzante…. Se-hwa se quedó allí sentado, como una presa atrapada en una trampa, tragándose su llanto miserable.

“¿Ha sido divertido el paseo?”

#097

Clonc, con un sonido pesado, la máscara antigás que llevaba la persona de enfrente rodó por el suelo. Se-hwa cerró los ojos con fuerza y los abrió, volviendo a levantar su cuerpo desmoronado. Aunque fuera un movimiento insignificante como el de un insecto aplastado que se retuerce, no quería seguir mirando hacia arriba a ese hombre estando así de caído.

Sin embargo… este maldito cuerpo no se movía como él deseaba. El tobillo era un problema, pero sus muñecas, que sentía como si estuvieran agrietadas, eran un obstáculo mayor. Ni siquiera podía apoyarse en el suelo, por lo que Se-hwa tuvo que forcejear varias veces antes de lograr ponerse de pie.

Sudando a mares, consiguió mirar al frente. Las luces que antes eran tan brillantes que cegaban comenzaron a desvanecerse una a una, como si ya hubieran cumplido su propósito. Los rayos de luz que habían terminado su tarea parecían ser absorbidos por el hombre que estaba de pie ante él.

Se-hwa se limpió vagamente los ojos empañados con el antebrazo. El halo de luz blanca y brumosa que rodeaba a Ki Tae-jeong desapareció, revelando un rostro con una belleza irreal, como si hubiera acaparado toda la claridad del mundo, a escasos cinco pasos de distancia.

“…….”

Ki Tae-jeong observaba a Se-hwa con calma. Con una expresión inocente, como si todas aquellas acciones atroces no tuvieran nada que ver con él, se limitaba a mirar fijamente a Se-hwa.

El cabello un poco más largo rozándole la nuca, el rostro manchado de ceniza, las mejillas y muñecas más delgadas que antes, las manos que protegían su vientre con desesperación y ese tobillo derecho torcido de forma extraña….

Ki Tae-jeong clavó la mirada especialmente en sus pies y luego recorrió meticulosamente cada parte del cuerpo de Se-hwa varias veces. A pesar de haber montado todo ese espectáculo con la tía Song, parecía… como alguien que realmente no hubiera esperado volver a encontrarse con él. Se limitaba a contemplarlo en silencio, como si no terminara de asimilar que la persona que tenía delante fuera real.

“...¿3 semanas desde entonces?”

La voz del hombre, que finalmente brotó, era infinitamente baja y profunda, a diferencia de lo que se escuchaba a través del altavoz.

“Y vienes herido sin mi permiso.”

Cuando Ki Tae-jeong dio un paso más cerca, Se-hwa retrocedió exactamente lo mismo. Después de repetir eso varias veces, él frunció levemente el entrecejo como si estuviera disgustado.

“¿Qué pretendes ahora mismo?”

“...A la tía.”

Se-hwa presionó su garganta, que palpitaba con dificultad, con el pulgar y logró continuar con sus palabras.

“¿Qué le hiciste?”

Él entornó un ojo como si le resultara inesperado y luego se burló.

“Parece que has perdido los modales en el tiempo que no nos vimos. Ahora hasta hablas a medias.”

“Te estoy preguntando... qué le hiciste a la tía.”

“Nada.”

Ki Tae-jeong se encogió de hombros. Se-hwa miró fijamente al hombre que actuaba con ligereza a propósito. Por supuesto, él parecía no verse afectado en absoluto, como si nada de eso pudiera dañarlo.

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“Te lo habré dicho, que está a salvo sin un solo rasguño.”

“…….”

“Además, me enteré de que comía muy bien la comida que le preparaba la señora.”

Ki Tae-jeong hizo un ligero gesto con la cabeza hacia atrás y dijo una tontería como ‘iba a pedirle que se encargara de tus comidas trayéndola aquí, sería un problema si se lastimara’.

Se-hwa miró de reojo, por encima del hombro de Ki Tae-jeong, el carguero anclado en el puerto. Quizás, sabiendo inconscientemente que era imposible, se había aferrado a ese sueño con rebeldía. Imaginó abordar ese barco frío como un iceberg y nadar por el océano como una ballena. Echar raíces en otro país y ver a su pequeño Brotecito crecer sano y fuerte como un árbol majestuoso... Por un momento, se aferró a esa esperanza vana.

“...¿Atrapar a una persona que no sabe nada... y hacer eso? ¿Acaso no debería haber un mínimo, por mucho que sea?”

Aunque se refería directamente a la tía Song, eran palabras de reproche que también lo incluían a él mismo. Ki Tae-jeong, que no ignoraba ese significado implícito, soltó una risita y ladeó levemente la cabeza. Como invitándolo a seguir siendo insolente.

“Solo ha sido una semana desde que la tía y yo nos conocimos.”

“Lo sé.”

“...Y para traer hasta aquí a una tía que no tiene nada que ver conmigo, volviste a decir mentiras absurdas,”

“¿Y?”

...¿Y?, dijo. Se-hwa estaba estupefacto. Pero Ki Tae-jeong parecía hablar totalmente en serio. Se limitaba a mirar fijamente a Se-hwa como si no entendiera cuál era el problema.

“¿Eso... eso es todo? ¿Después de haber destrozado este lugar así? ¿En qué se diferencia esto de lo que hizo el teniente Kim?”

“¿Que en qué se diferencia?”

Ki Tae-jeong se acercó unos pasos más. El mundo se estrechó de golpe hasta que solo pudo ver a ese hombre.

“Ya que vuelves a mencionar a ese maldito del teniente Kim, te lo explicaré: mientras las rutas aéreas estaban cerradas, un barco sospechoso sin autorización se coló en el puerto, así que simplemente procedí según el protocolo legal.”

Así que es totalmente diferente a las estupideces que hizo el teniente Kim, añadió Ki Tae-jeong mientras se inclinaba hacia Se-hwa.

“Pero aun así, frente a los civiles,”

“Los civiles no deben cuestionar las decisiones que un oficial del ejército toma por cuestiones de seguridad nacional. Además, gracias a eso, apareciste tú, ¿no?”

“...¿Qué?”

“El señor Lee Se-hwa, que incluso me dio medicamentos para que me muriera, salió corriendo por su propio pie en cuanto puse en peligro la vida de una desconocida. Con eso es suficiente, ¿no crees?”

Se-hwa no pudo articular palabra ante esa voz que respondía con tanta naturalidad, como si no hubiera ningún problema. Sintió como si una piedra pesada cayera sobre su pecho.

Está bien, supongamos que un militar, con mentalidad militar, derribó un barco militar, así que eso no era asunto suyo. ¿Pero traer a una persona inocente, amenazarla con armas letales y disparar un bazuca frente a sus ojos? ¿Eso estaba bien? ¿Solo porque él, que estaba escondido, acabó saliendo?

“...Maldito loco.”

Ante el insulto que se le escapó en voz baja por el asombro, Ki Tae-jeong levantó una ceja con genuina sorpresa. Sin embargo, no se enfureció preguntándole cómo se atrevía a insultarlo. Al contrario, parecía interesado.

“¿Recién te das cuenta? Ya sabes de sobra que soy capaz de cosas mucho peores.”

Se-hwa se mordió los labios como decidiendo no hablar más. Saltaron chispas en sus miradas enfrentadas. Ki Tae-jeong bajó la vista hacia los labios de Se-hwa, que estaban pálidos, agrietados y secos.

Los dientes superiores mordiendo el labio inferior con la fuerza suficiente para hacer brotar sangre, la carne tierna que se vislumbraba en el interior... Al observar aquello, la mirada del hombre perdió la razón y se desmoronado.

Fue en un instante. Una mano grande se extendió y sujetó la barbilla de Se-hwa. Como si su actitud relajada de antes nunca hubiera existido, una llamarada roja ardía en el hombre.

“¡Suéltame...!”

El rostro de Ki Tae-jeong, que sujetaba la cara de Se-hwa con rudeza para examinarla por todas partes... parecía extrañamente ansioso, y desprendía una hostilidad mucho más afilada que antes. Sombras lúgubres caían bajo sus ojos hundidos, y la esclerótica de sus ojos estaba completamente roja, como si no hubiera dormido en días.

“¡Suelta, suél..., ah...!”

Ki Tae-jeong, como si no pudiera aguantar más, unió sus labios a la fuerza. La carne ardiente invadió de inmediato la boca de Se-hwa. Hurgó por todas partes con su lengua, mordió los labios de Se-hwa como si quisiera devorarlos y, como un hombre sediento, absorbió toda la saliva acumulada en su interior.

Parecía debatir si quería matarlo en ese mismo instante, pero al entrar en contacto físico, el rostro gélido de Ki Tae-jeong se suavizó, como si finalmente pudiera respirar... Se-hwa lo odiaba. Lo odiaba tanto que no podía soportarlo.

“...Ugh.”

Así que Se-hwa mordió con todas sus fuerzas la lengua y los labios de Ki Tae-jeong. Aplicó mucha presión con sus colmillos, como si quisiera desgarrar esa carne.

“Huff, te dije... que me..., soltaras.”

Se-hwa, habiendo logrado su objetivo, retrocedió medio paso tambaleándose mientras jadeaba. A pesar de haber recibido ese ataque inesperado, Ki Tae-jeong no mostró ninguna reacción especial. Simplemente se limpió la comisura de los labios con la palma de la mano con indiferencia. Miró por un momento las gotas de su propia sangre como si le resultaran extrañas y luego soltó una risita absurda. Sus ojos brillaban intensamente, como si hubiera perdido la cabeza.

Preferiría que lo tirara al suelo y lo tomara allí mismo, pero le resultaba aterrador que intentara besarlo con tanta ferocidad, como si fuera un reencuentro entre amantes que se extrañaban.

“Realmente, ¿solo has aprendido cosas malas fuera?”

“El engaño también tiene un límite.”

“¿Engaño?”

“Sí, engaño.”

Debes pensar que no soy nada. Como puedes rastrear fácilmente con quién estoy y qué estoy haciendo, supongo que mis esfuerzos desesperados te parecieron solo un entretenimiento. Debes pensar con arrogancia que, tras haberme atrapado montando este espectáculo, no volveré a soñar con escapar y que podrás seguir manejándome a tu antojo como antes….

“Lo que tienes atrapado ahora es solo mi cuerpo, yo..., nunca….”

Se-hwa rodeó su vientre temblando. No volveré a dejar que me manipules. Y esto no termina así. No me rendiré. De ahora en adelante, haré todo lo posible, con todas mis fuerzas, para alejarme de ti. Debes haber estado muriéndote de ansiedad pensando que arruinaría el juicio por tu culpa, pues prepárate para seguir sintiéndote así. Yo….

“Nunca, qué.”

“¡Que me sueltes... te dije...!”

“Mierda, ¿y qué vas a hacer tú en tu estado?”

El cuerpo sólido, como si estuviera cubierto por una armadura, sujetó a Se-hwa con fuerza. Aunque él forcejeó y pataleó, e incluso lo golpeó con sus manos heridas, Ki Tae-jeong no se movió ni un milímetro. Al contrario, hundió la nariz cerca de su cuello para inhalar profundamente su aroma y comenzó a besarle la zona de la clavícula y bajo el lóbulo de la oreja con insistencia.

“¡Te dije que no lo hagas!”

“Se me hace eterno pensar en tener que enseñarte todo de nuevo desde el principio, pero….”

Suspirando, Ki Tae-jeong sacó algo de entre sus ropas. Se-hwa se encogió por instinto. Imaginó que sería un arma terrible, una pistola o una porra. Como había dicho que le ‘enseñaría desde el principio’, pensó que lógicamente lo golpearía o le daría patadas….

“Usted... sí. Bueno, ese apelativo en sí no está mal.”

De repente, algo frío tocó su nuca. Se-hwa, que estaba encorvado para proteger a Brotecito, parpadeó confundido. Se sentía demasiado suave para ser el cañón de una pistola, pero era duro y romo para ser un cuchillo. Era algo redondo, y….

“Ya tenía pensado que nos llamáramos cariño y usted de ahora en adelante.”

“¡Maldito... loco...!”

Un metal sólido rodeó el cuello de Se-hwa en un instante y se escuchó el clic del cierre. Era... un objeto similar a los grilletes que se les ponen a los prisioneros, pero ajustado al tamaño de un cuello.

“Algo como esto, ¡ugh...!”

Ki Tae-jeong metió el dedo índice en la anilla que colgaba detrás del collar. Al tirar de ella hacia arriba, la cabeza de Se-hwa se levantó por la fuerza, aunque él no quisiera.

Se-hwa, con el rostro pálido, se tocó el cuello. ¿Era... metal? Parecía tener pequeños adornos incrustados por todas partes... No tenía idea de qué era exactamente. En cualquier caso, estaba claro que era un material que no podría cortarse con una herramienta común.

“Te queda bien.”

Ki Tae-jeong acarició la zona del cuello de Se-hwa como si estuviera admirando una obra.

“Pedí que la cadena fuera de platino y que solo le incrustaran diamantes de la mejor calidad. Pensé que te quedarían mejor que las gemas de colores.”

“…….”

“Como imaginaba, eres hermoso,” dijo Ki Tae-jeong mientras le daba un beso en la frente.

“Te extrañé, cariño.”

Lee Se-hwa.

¿Puedo besarte?

El hombre que lo llamaba por su nombre con calma pero con cuidado, y que pedía permiso antes de besarlo, ya no existía.

Cariño. Ante ese apelativo que volvía totalmente al principio, Se-hwa soltó una risa sin aliento sin darse cuenta. La implicación de ese llamado era demasiado clara. Era la declaración de que, de ahora en adelante, no habría ningún tipo de respeto humano hacia él; lo usaría como un objeto sexual, teniéndolo con correa como a un animal. Tal como solía ser antes.

“He preparado muchas cosas en casa, espero que te gusten.”

Mientras limpiaba con suavidad la suciedad de la mejilla de Se-hwa y las lágrimas que brotaban con su pulgar, Ki Tae-jeong sonrió radiante.

#098

“Ahora debemos irnos.”

Un vehículo alargado se deslizó entre los contenedores que se alzaban como un bosque espeso. Su apariencia era similar al que tomó cuando fue por primera vez a la 5.ª Estrella, pero su tamaño era un poco más robusto.

“A nuestra casa.”

Unos dedos largos recorrieron la nuca de Se-hwa. Ki Tae-jeong frotó su piel con las uñas como si trazara líneas y luego dio unos ligeros golpecitos al objeto que rodeaba su cuello, como si estuviera satisfecho con él.

Nuestra casa. El peso del metal macizo y su voz, ligera como una pluma, resonaron en el interior vacío de Se-hwa.

*

“Le administraré principalmente los suplementos, sedantes y analgésicos más suaves. El efecto podría ser mínimo, pero... será más seguro tomar reconstituyentes como el H3 después de recibir un examen detallado.”

La Teniente Na, a quien no veía en mucho tiempo, se quedó sin palabras por un momento al ver a Se-hwa. Especialmente al descubrir el sospechoso objeto que le apretaba el cuello, su cuerpo se agitó como si estuviera a punto de reclamarle a Ki Tae-jeong en ese mismo instante.

Fue Se-hwa quien detuvo a la Teniente Na. Sacudió la cabeza en silencio y la frenó con la mirada. Lamentablemente, no lo hizo por ella, sino por sí mismo. Si presenciaba una farsa donde incluso la Teniente Na fuera amenazada frente a sus ojos... sentía que realmente perdería la cabeza.

“¿Tienes una férula?”

Preguntó de repente Ki Tae-jeong, quien observaba los movimientos ajetreados de la Teniente Na sentado a su lado. No era una pregunta para confirmar si había una, sino una orden para que la trajera sin falta.

“Ah, sí. Aquí tiene. Y Se-hwa, ya que salió el tema, incluso si se determina que está en condiciones de tomar el reconstituyente, sería mejor que siguiera usando el yeso o la férula por un tiempo.”

Ki Tae-jeong tomó las gasas, algunos medicamentos, vendas y la férula, y sujetó con firmeza la pantorrilla de Se-hwa. Como si se burlara de él por intentar evitar su mirada a pesar de estar tan cerca, lo obligó a girar el cuerpo e incluso colocó la pierna de Se-hwa sobre su propio muslo sólido.

“Ya lo sabe por la vez anterior, ¿verdad? Aunque el cuerpo sane, puede que el cerebro no lo asimile. Además, usted no es un soldado acostumbrado a pasar por estas cosas... la velocidad a la que percibirá la recuperación real será mucho más lenta.”

La Teniente Na aconsejó con cautela que el dolor fantasma no solo aparecía en pacientes que habían sufrido amputaciones. No le faltaba razón. Aunque los huesos torcidos volvieran a su lugar y las heridas cerraran para dar paso a piel nueva... el recuerdo del dolor no desaparecía.

“Cierto. Por el momento, no se quite el parche tampoco. ¿No le resulta incómodo?”

“Creo que la última vez dijiste que minimizara el tiempo de uso.”

Ki Tae-jeong, que rociaba un spray desinfectante, frunció el ceño con descontento.

“En circunstancias normales, por supuesto que sería mejor dejarlo al natural, pero el estado actual de Se-hwa es.... Claro que lo sabremos con certeza tras los exámenes, pero es seguro que está en una situación donde hay que administrar medicamentos con frecuencia, así que debemos darle tiempo al cuerpo para que se acostumbre a ese ritmo.”

El hombre, con sus ojos afilados como almendras, clavó la mirada en el brazo de Se-hwa que llevaba el parche. Era una mirada donde se mezclaban la desconfianza y la insatisfacción. La Teniente Na balbuceó excusas diciendo que no había otra opción aunque a él no le gustara su prescripción, pero Ki Tae-jeong no parecía prestarle mucha atención. Solo chasqueó la lengua brevemente, como si el parche en sí le resultara molesto.

Quizás Ki Tae-jeong... estaba recordando el momento en que Se-hwa lo amenazó, en un intento por escapar de él. Aquella vez en la que se envolvió todo el antebrazo con parches y le obligó a ingerir el medicamento clavándole la aguja de una jeringa.

“Incluso si mi cariño intenta seducirte diciendo cualquier estupidez, asegúrate de que sea la Teniente Na quien realice la administración sin falta.”

“Entendido.”

Parecía que realmente estaba rumiando lo sucedido hace tres semanas, pues el entrecejo de Ki Tae-jeong se hundió profundamente. Sus cejas oscuras y bien definidas también se agitaron con fuerza una vez.

Se-hwa estaba muy tenso, esperando qué otra cosa diría al respecto o de qué forma le revolvería las entrañas esta vez... pero Ki Tae-jeong continuó cuidando el cuerpo de Se-hwa con la boca cerrada. A pesar de que tanto el asiento del coche como su uniforme se habían empapado por el agua mineral que vertía sobre las gasas, no le importó y se concentró únicamente en limpiar la zona afectada. Si Se-hwa se estremecía involuntariamente por el escozor del desinfectante, él frotaba la herida con toques suaves, con un cuidado mayor al de antes.

En el pasado, seguramente se habría conmovido. Habría pensado que tal vez él empezaba a quererlo, que parecía tratarlo con aprecio... se habría ilusionado al dejarse engañar por completo.

Pero ahora Se-hwa no se conmovía por una benevolencia tan barata. Lo que Ki Tae-jeong hacía ahora no era diferente del beso caprichoso de hace un momento. No era más que una burla y un engaño según su propia conveniencia.

“General de Brigada.”

“¡Ah…!”

Se-hwa estaba con la guardia alta y los nervios a flor de piel, por lo que terminó sobresaltándose violentamente al escuchar de improviso la voz del teniente Park. Debido a eso, su tobillo terriblemente hinchado chocó con la férula que Ki Tae-jeong sostenía; Se-hwa soltó un quejido y agachó profundamente el torso.

“Cielos. ¿Está bien?”

La Teniente Na se acercó sorprendida.

“...Ah, es que….”

Se-hwa se limpió el sudor frío de la frente y sacudió la cabeza rápidamente. Más allá del dolor, sentía vergüenza y bochorno. Le resultaba humillante haber evidenciado hasta qué punto estaba intimidado.

“teniente Park, quédate en el asiento del copiloto.”

Ki Tae-jeong, de quien esperaba una burla, sorprendentemente no mostró ninguna reacción. Solo observaba con cautela si se había producido algún daño mayor en la zona herida.

“He puesto la barrera divisoria, así que no pueden vernos. Si presiono el botón de atrás, puedo hacer que no se escuche ningún sonido en los asientos delanteros.”

...¿Acaso alguien le había preguntado? Se-hwa mantenía la cabeza girada con terquedad. Se sintió peor al notar un ligerísimo rastro de risa en la voz de él mientras le daba instrucciones al teniente Park para que continuara. Sin embargo, ante el informe que siguió del teniente Park, el rostro de Ki Tae-jeong se endureció con frialdad.

“Ah, sí. Lamento interrumpir, pero el General Oh Seon-ran desea establecer una conexión de comunicación.”

¿el General Oh Seon-ran? Sin darse cuenta, Se-hwa aguzó el oído y se asomó hacia adelante, ante lo cual Ki Tae-jeong soltó una breve risotada de incredulidad.

“Si te alegran más las noticias de ese tipo que yo, cariño, mi humor se pone de mierda.”

“No era mi intención... pero ¿acaso yo no tengo permitido hacer eso?”

Tú también te portas como una mierda conmigo, ¿por qué yo no puedo hacer lo mismo? Al mirarlo fijamente con ese significado, Ki Tae-jeong parpadeó un instante y luego soltó una carcajada sonora.

“Cierto. No hay razón por la que no puedas.”

“Entonces conectaré de inmediato,”

“Cariño.”

Ki Tae-jeong interrumpió las palabras del teniente Park mientras acariciaba el tobillo torcido sin causar dolor.

“Aprovecha esta oportunidad para decírselo tú mismo al General Oh Seon-ran. Dile que has decidido quedarte a mi lado porque así lo quieres. Así que dile que deje de decir tonterías de una vez.”

“...Yo no digo mentiras.”

A diferencia de cierta persona. Se-hwa contuvo las ganas de añadir ese comentario infantil.

“¿Por qué eso sería una mentira?”

“¿Acaso estás,”

“Sí, te lo estoy preguntando en serio.”

“…….”

“Tú apareciste ante mí por tu propio pie y te subiste a este coche por voluntad propia. ¿No es así?”

Sus entrañas... no tenían un momento de paz. Ya se habían acumulado tantas cosas por las que debería estar furioso, pero Ki Tae-jeong seguía añadiendo nuevas heridas sobre ellas. Como si quisiera que no olvidara de quién provenía esta tempestad.

“Se-hwa, cálmese. Podría ocurrir algo grave.”

Cuando Se-hwa apretó con fuerza la mano que mantenía caída para intentar soportar el mareo, la Teniente Na lo detuvo con aire preocupado.

“Y usted, General de Brigada, deje de presionar a una persona que no se encuentra bien.”

La Teniente Na le reprendió con insistencia, diciendo que la situación ya era precaria y que él sabía que no era bueno que Se-hwa sufriera estrés.

“...¿Llamó a la Teniente Na para esto?”

Ki Tae-jeong lo miró de reojo como si preguntara qué clase de tontería era esa. La Teniente Na, que estaba por dar un suspiro de alivio al ver que el ambiente se calmaba, se horrorizó y le hizo señas incómodas con la mirada. Que no lo hiciera. Que no lo desafiara y se quedara quieto.

“¿Planea matar también a la Teniente Na si no hago lo que me ordena?”

“No es nada de eso. El General de Brigada decía que estaba preocupado por el estado de Se-hwa,”

“¿Preocupado? Si fuera una persona capaz de sentir eso, no se le habría ocurrido secuestrar y amenazar a una civil inocente.”

No es que necesitara una cirugía inmediata ni una prescripción extraordinaria. Aun así, el hecho de haber metido a la fuerza a la Teniente Na en el mismo coche era, después de todo, con el propósito de asfixiarlo.

“Dijo que la Teniente Na era su compañera del campo de prisioneros.”

“…….”

“Siendo militares ambos, cómo... ah, no. Debió ser más fácil por ser militares. Porque dijeron que los militares deben seguir todas las órdenes que dicten sus superiores.”

La Teniente Na contuvo el aliento y se limitó a observar la reacción de Ki Tae-jeong, y él.... No respondió nada. Solo miró al techo un momento y se mordió con fuerza el interior de la mejilla hasta que esta se hundió. Como si dijera que lo soportaría a pesar de su inmadurez.

Se-hwa se irritó aún más y retrocedió poco a poco apoyando los codos contra el respaldo del asiento. Sin embargo, alejarse del oponente arrastrando el trasero, y más dentro de un coche, era algo imposible desde el principio.

“Teniente Na, revisa el ritmo cardíaco de Se-hwa y ponle más sedante si está demasiado excitado.”

Ki Tae-jeong sujetó las piernas de Se-hwa y volvió a tirar de ellas hacia abajo. A pesar de que de su boca brotaban hilos de respiración jadeante por haberse movido solo eso, él anuló ese esfuerzo con más facilidad que retorcer la muñeca de un niño. Como siempre.

¿Por qué solo yo debo sufrir? ¿Por qué siempre soy yo quien sale herido y llora?

Intentaba lanzar aunque fuera una piedra para causar algún daño a Ki Tae-jeong, pero el que salía herido siempre era él. El que terminaba pinchado, cortado y sangrando por los bordes de la piedra puntiaguda que sostenía con necedad... era únicamente él.

“¿Qué estás haciendo?”

Se-hwa mordió con los dientes el parche que envolvía su antebrazo. Arrancó la parte sellada y, con sus manos hinchadas, tiró al azar de los cables negros enredados.

“¡Se-hwa!”

“A mí también me da curiosidad. ¿En qué confiaste para ponerme el parche?”

Tú pareces creer que puedes portarte mal cuando algo sale mal, y que luego, si me tratas un poco bien, todo queda en el olvido, pero yo no puedo hacer eso.

“Sabiendo que puedo volver a hacer cualquier cosa.”

Alguna vez, Se-hwa sintió un placer extraño cuando Ki Tae-jeong puso una expresión como si le hubieran dado donde más le dolía. Pero eso duró poco; hubo un tiempo en que bajó la guardia pronto porque le pareció... algo insoportable arder en deseos de venganza para que él sufriera lo mismo.

Pensándolo ahora, qué juicio tan ridículo y arrogante fue aquel.... En ese entonces podía tener esos pensamientos tan tranquilos porque era algo soportable. Incluso si sus propias heridas se gangrenan y reventaban, incluso si caían juntos al pantano, quería que Ki Tae-jeong también sintiera este dolor.

“¿Por qué me miras así? Ya te lo dije. Antes que estar a tu lado, yo,”

“No. Tú no puedes morir.”

Esta vez, Ki Tae-jeong se inclinó sujetando con fuerza, como si masajeara, la parte blanda del interior del muslo en lugar de la pantorrilla. Se-hwa pensó que si intentaba besarlo a la fuerza una vez más, haría algo peor que morderle los labios, pero él se limitó a sonreír con el rostro pegado al suyo.

“Porque incluso si tú mueres, salvaré al niño de tu vientre pase lo que pase.”

...¿Qué significaba eso ahora? Si yo muero... ¿cómo va a vivir Brotecito? Al parpadear sin entender el significado, Ki Tae-jeong enumeró varias posibilidades con naturalidad.

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“Vivimos en un mundo donde a un niño que debería estar diez meses en el vientre se le puede sacar a los cuatro o cinco meses sin problemas, e incluso implantarle genes más perfectos.”

“…….”

“Aunque al gestante se le detenga el aliento, si se apresuran, pueden salvar al niño.”

“Eso... qué….”

Ki Tae-jeong besó la punta de la nariz del aturdido Se-hwa mientras susurraba con una voz magnífica.

“Y ahora que tú también has desaparecido, ¿cómo crees que trataré a ese niño?”

“…….”

“Haré que viva exactamente igual que tú.”

Encerrándolo en el 4.º Distrito, sin concederle absolutamente nada. Tal como viviste tú.

“Eso no te gustaría, cariño.”

“…….”

“Así que corrige ese hábito de intentar amenazarme con tu vida a la mínima.”

Ki Tae-jeong volvió a atraer hacia sí el cuerpo congelado de Se-hwa.

“Creo que lo he dicho varias veces hoy, pero como ya sabrás, conmigo no hay segundas oportunidades.”

#099

Había olvidado por un momento que él era la clase de persona que, si alguien se lanzaba contra él con un cuchillo entre los dientes para hacerlo sufrir, se lo hundiría aún más en la boca invitándolo a intentarlo con más fuerza.

“...¿Tan... tan mal... hice las cosas? ¿Yo?”

Aquel loco que sonreía mientras destrozaba la boca del oponente que se atrevía a atacarlo, sin importarle si sus propias manos se cortaban al sujetar la hoja... Ese loco era él, y yo, yo….

“Es tu hijo... también es el hijo del General de Brigada, entonces ¿por qué... dices esas cosas..., hasta ese punto...?”

“¿De qué serviría eso si tú no estás?”

Si uno se limitaba a escuchar las palabras de Ki Tae-jeong, casi se sentían como una confesión espléndida. No parecía una amenaza aterradora de que lo mantendría atado a través del niño para que ni siquiera pudiera morir a su antojo, sino que parecía que suplicaba desesperadamente, diciendo que no podría vivir sin él.

“¡Pórtate mal solo conmigo, maldito loco! ¡Si tanto me odias!”

Se-hwa forcejeó con todas sus fuerzas. Debido a sus pataleos desesperados, las vendas salieron rodando por el suelo y los ungüentos y medicamentos volaron por todas partes.

“¡¿Por qué le dices esas cosas al niño?! ¡Y a los demás también, por qué! ¡¿Por qué eres así?!”

“Nunca te he odiado.”

“…….”

“...Si lo hiciera, habría sido más fácil.”

Ki Tae-jeong pidió una venda nueva a la Teniente Na con un gesto de la mano y dijo con calma:

“Te lo habré dicho antes. Que de ahora en adelante nos llamaríamos cariño.”

Ki Tae-jeong observó fijamente al desaliñado Se-hwa con una mirada momentáneamente ensombrecida, y luego, con un rostro imperturbable como si nada hubiera pasado, continuó diciendo cosas que le revolvían las entrañas a cualquiera.

“¿Cómo podría pensar en vivir piel con piel con alguien que odio? Y mucho menos grabando su nombre en el registro civil.”

“…….”

“Por supuesto, tú mismo firmarás el acta de matrimonio, cariño.”

Ki Tae-jeong besó el dorso de la mano y los dedos de Se-hwa varias veces y sonrió de forma radiante. Sus palabras sobre firmar el acta de matrimonio no parecían ser una broma en absoluto.

“Puede que tú no quieras vivir, pero los demás sí.”

Lágrimas que ni siquiera llegaron a formarse cayeron gota a gota sobre su ropa. Ki Tae-jeong observó por un momento cómo la tela empolvada se humedecía formando círculos oscuros y llamó al teniente Park en voz baja.

“teniente Park, conecta con el General Oh Seon-ran.”

El cuerpo de Se-hwa, lánguido como ropa sucia, fue levantado de golpe. Ki Tae-jeong lo colocó sobre sus rodillas y le hizo un gesto con la barbilla a la Teniente Na, indicándole que terminara el tratamiento.

Se-hwa parpadeó lentamente, habiendo perdido toda voluntad de resistencia. Las manos de Ki Tae-jeong, que lo rodeaban con firmeza por la espalda y el costado como si arrullara a un niño, eran tristemente iguales a las de antes. Su temperatura corporal, su olor y su toque rudo al acariciarlo para tranquilizarlo... nada había cambiado.

Al ver a Se-hwa derramar lágrimas con un aire inusual, Ki Tae-jeong soltó un suspiro casi imperceptible. Finalmente, levantó la mano para acariciarle la mejilla y limpiarle la zona de los ojos, tal como solía hacer.

Sin embargo, ante ese pequeño movimiento, Se-hwa se sobresaltó violentamente y se encogió todo lo posible. Abrazó su vientre con ambos brazos y tembló de miedo, temiendo que Ki Tae-jeong fuera a hacerle daño al niño.

Estaba tan pálido y tembloroso que resultaba difícil incluso dirigirle la palabra... Ki Tae-jeong se limitó a observar al aterrorizado Se-hwa sin poder siquiera excusarse diciendo que no tenía intención de amenazarlo.

—Se-hwa. ¿Me oyes?

Ante la voz repentina y afectuosa de Oh Seon-ran, Se-hwa finalmente no pudo contenerse y sollozó bajito.

Cuando lo rescató del Jefe Son, quien insistía tercamente en cobrar su comisión.... En aquel entonces, Ki Tae-jeong también lo sostuvo así en sus brazos y lo consoló diciendo que debió ser difícil. Mientras recibía sus caricias, Se-hwa lloró a moco tendido como un niño, quejándose de lo mucho que había sufrido.

Ahora era al revés. Al escuchar la voz de Oh Seon-ran, Se-hwa derramó lágrimas como si agradeciera que ella le permitiera respirar lejos de este hombre. Como si ella fuera su consuelo actual.

Ki Tae-jeong se quedó inmóvil por un momento con la mano vacía levantada y, finalmente, la dejó caer como si nada hubiera pasado. ¿Que Lee Se-hwa me evita? ¿Que rechaza mi mano? Se mordió el labio con fuerza por el desconcierto y borró la expresión amarga que surgió sin darse cuenta. ¿Era correcto decir que estaba desconcertado? Como ni siquiera el propio Ki Tae-jeong sabía qué sentimiento era exactamente, expulsó rápidamente ese corazón pequeño y frágil de su pecho, como si no le perteneciera.

—¿Cómo estás? ¿Te duele algo? ¿Está todo bien?

el General Oh Seon-ran no preguntó por qué no apareció en el lugar de la cita, por qué trazó un plan tan temerario sin consultarlo ni cómo terminó junto a Ki Tae-jeong.... No le reprochó nada. Solo preguntó si estaba herido, diciendo que con eso le bastaba.

—¿Se-hwa?

“...Sí.”

Era una voz empapada en llanto que cualquiera notaría. el General Oh Seon-ran, que no pudo haber pasado esto por alto, guardó silencio un momento y luego continuó hablando como si no se hubiera dado cuenta.

—Bien, entonces está bien. Si no estás herido y estás a salvo.... Pero Se-hwa.

“…….”

—Como ya sabrás, no puedo obligarte a nada, aunque a otros sí. Por eso dije que te daría tiempo para que confiaras en mí poco a poco... pero, lamento decirte que ha surgido algo que requiere que tomes una decisión un poco rápido.

Se-hwa se limpió las lágrimas en el antebrazo encogiendo sus pesados hombros.

“Sí, dígame... por favor.”

—El bando del teniente Kim está intentando retrasar continuamente la segunda audiencia. Parece que planean culparte de todo una vez que des a luz y te quedes sin tutoría legal. Por supuesto, ellos saben que esperas un hijo del General de Brigada Ki Tae-jeong, pero legalmente ustedes dos todavía no son nada. Saben que ese será el momento oportuno para cualquier jugarreta.

Ah.... Solo entonces Se-hwa comprendió por qué Ki Tae-jeong mencionaba una y otra vez lo del acta de matrimonio. Lo hacía porque el resultado del juicio podría verse afectado.

Claro. Él era el hombre que decía que, si él moría, haría que ese niño viviera la misma suerte. Como era imposible que él sintiera algo real por Se-hwa, dio por sentado que era una broma de mal gusto.

Pero no era eso. Realmente lo necesitaba, quería poner su nombre en el registro civil. Únicamente por necesidad….

—Así que, aunque todavía tengas mucho en qué pensar, me gustaría apresurar un poco tu entrada como mi hijo adoptivo... ¿Todavía te resulta muy incómodo?

“…….”

—Ah. Esto es algo totalmente independiente de que te quedes al lado del General de Brigada Ki, así que no habrá problema en proceder.

Esas últimas palabras no iban dirigidas a Se-hwa. Eran casi una notificación para Ki Tae-jeong. Claramente, el General Oh Seon-ran no consideraba que Se-hwa estuviera al lado del hombre por voluntad propia.

—Si es necesario, yo mismo me reuniré con el General Ki para convencerlo, así que no tienes de qué preocuparte.

Y el argumento del general Oh Seon-ran no tenía fisuras. Que Se-hwa se convirtiera en su hijo adoptivo también era ventajoso para Ki Tae-jeong. Sería mucho más fácil derrotar a la pandilla del teniente Kim. No es que fuera a usar el hecho de que estuvieran juntos como excusa para algo; oponerse solo porque su humor era pésimo resultaba ridículo.

“Hablemos de eso más tarde. Se-hwa parece estar muy cansado ahora.”

Antes de que Se-hwa pudiera responder algo, Ki Tae-jeong, que había permanecido callado a su lado, lo interrumpió de golpe.

—...Entonces prepararé todo y te contactaré.

El general Oh Seon-ran, que parecía molesto o incapaz de perdonar la intromisión de Ki Tae-jeong, suspiró pesadamente y luego llamó a Se-hwa por su nombre de forma prolongada, como intentando calmarse.

—¿Te dije alguna vez el nombre de tu padre?

“...Me pareció escucharlo... vagamente….”

—Cierto. ¿Nunca te lo dije formalmente, verdad? Se llamaba Lee Jin-woo. El ‘Jin’ de verdad y el ‘Woo’ de raíz de loto. Usaba esos caracteres, Lee Jin-woo.

Oh Seon-ran le explicó que la raíz de loto es la base de la flor de loto, y que esa flor es tan resistente que florece por sí sola incluso en medio del lodo. Dijo que era una flor que brotaba con firmeza en lugares sucios, tanto que incluso algunas religiones la usaban como símbolo.

—Tú eres el hijo de ese Jin-woo. Como digno hijo de Jin-woo, has aguantado lo suficiente hasta ahora. Lo has hecho bien.

“…….”

—Ha sido muy difícil, ¿verdad? Aun así, esfuérzate solo un poquito más. ¿Entendido? Ya casi hemos llegado.

“…….”

—No llores, Se-hwa.

Con ese tierno consuelo, la voz del general Oh Seon-ran se cortó. Al ver que la mano de Ki Tae-jeong se movía, parecía que había presionado algún botón para finalizar la comunicación.

“Snif, ugh... huff….”

Se-hwa finalmente estalló en llanto. Se sentía culpable con el General Oh Seon-ran. También con la tía Song, con Brotecito... y odiaba a Ki Tae-jeong en la misma medida.

Incluso las personas que no conocía desde hacía mucho tiempo eran así de normales y amables. Le decían que no llorara y lo animaban a esforzarse. ¿Por qué la persona de la que más quería ser amado siempre lo arrojaba al fango?

Le guardaba rencor a este hombre que lo había dejado incapaz de morir a su antojo mediante la amenaza de hacer que su hijo viviera como él, y que ahora quería usar hasta un acta de matrimonio para lograr sus propios objetivos.

Aun así, lo había querido con todo su corazón. Por eso estaba sufriendo tanto ahora... Sabiendo eso, Ki Tae-jeong se burlaba de él llamándolo cariño y añadía que no hacía esto porque lo odiara….

“...Suélteme.”

Como el hombre no se cansaba de atormentarlo y volvía a levantar la mano para intentar tocarle la cara una y otra vez... Se-hwa volvió a forcejear con todas sus fuerzas.

“¡He dicho que me sueltes!”

Ki Tae-jeong rodeó la cintura de Se-hwa con fuerza, como si no tuviera intención de ceder. Entonces... extendió la mano hacia sus mejillas mojadas. Esta vez, sin importar la reacción de Se-hwa, no retrocedió y le limpió las lágrimas con determinación.

Aunque Se-hwa golpeaba el dorso de la mano del hombre con su escasa fuerza y giraba la cabeza con terquedad, él actuaba a su antojo. No era compasión ni afecto... estaba lanzando a su antojo un sentimiento que Se-hwa no podía identificar. Fue egoísta hasta el final.

Su gran palma cubrió suavemente los ojos dolidos de Se-hwa, quien solo podía respirar agitado. Así, ambos permanecieron en silencio durante mucho tiempo.

*

Ki Tae-jeong observó fijamente la copa. El hielo, que comenzaba a derretirse, crujió al desmoronarse dentro de la cubitera. Tal como Lee Se-hwa, quien hace un momento había llorado hasta agotar toda la humedad de su cuerpo.

Había traído a Se-hwa, que se desmayó en el coche, lo había aseado y lo había acostado en la cama. No en la habitación de invitados que solía usar antes, sino en su propio dormitorio personal, donde solo había una cama enorme.

Había enganchado una cadena de platino, igual a la que le apretaba el cuello y ricamente incrustada con oro y diamantes, a la anilla del collar y la había fijado firmemente a un poste clavado en el cabecero de la cama. De momento no los había colocado porque no hacían juego, pero tenía planeado ponerle también grilletes en cuanto sus tobillos sanaran.

...Y aquello era, ciertamente, un desahogo infantil y terrible.

El hecho de que Se-hwa le hubiera dado la espalda diciéndole que mejor se muriera, el que hubiera intentado escapar lejos a bordo de un carguero, y el que hubiera intentado amenazarlo incluso forzando su débil cuerpo.... Se aseguraría de que nunca más soñara con algo semejante.

Al principio pensó en mimarlo y decirle solo cosas buenas. No era difícil. Y le gustaba ver a Se-hwa dejándose abrazar por su propia voluntad al conmoverse por detalles insignificantes. ¿Pero cuál fue el resultado? Ahora, no importa lo que diga, Se-hwa se niega a escuchar o creer, e intenta volar lejos de su lado constantemente; así que no quedaba más remedio que romperle las alas por completo.

“Mierda….”

Vació la copa de un trago y la dejó sobre la mesa con tanta fuerza que casi la rompe.

Incluso ingiriendo alcohol, sus entrañas revueltas no se calmaban. Había cumplido su promesa de traerlo arrastras con correa, pero al ver las marcas de lágrimas que no se borraban por mucho que lo aseara... lejos de sentirse aliviado, solo se sentía fatal.

“...Ha.”

No sabía... cómo tratar a Se-hwa.

Él intentaba atacarlo para ser cruel a su manera, pero honestamente, aquello no dolía en absoluto. Estaba claro que Lee Se-hwa no sabía cómo se desfiguraba su propio rostro cuando decía esas cosas. Los puñales que lanzaba mientras él mismo se sentía más dolido y herido no lograban rozar ni los pies de Ki Tae-jeong, mucho menos su corazón. Sin embargo….

Quizás porque lo único que tenía sujeto era su cuerpo, le disgustaba que Se-hwa intentara autolesionarse a la mínima. A Se-hwa le parecería absurdo escucharlo, pero también estaba preocupado.

Si era blando con él, sentía que Se-hwa volvería a planear una fuga de esa manera... así que terminó aplastándolo según su propio temperamento, como si no tuviera oportunidad alguna. Sabía que presionarlo así era solo un parche temporal.

Ki Tae-jeong acercó una bolsa de compras que había arrojado cerca de la barra y que contemplaba como acompañamiento para su bebida. Al sacar la caja y retirar el envoltorio de papel, asomaron dos pares de zapatos idénticos. Era el regalo que planeaba darle a Se-hwa.

Quería confesarle todo lo que había pasado y también pedirle disculpas... pero ahora el interesado no tendría intención de escuchar. Así que se limitó a juguetear con los zapatos de bebé, que eran más pequeños que sus propios dedos.

Reconocía que hoy se había comportado de forma especialmente destructiva e impulsiva. Especialmente lo de decir que le haría algo al niño... sabía que se había pasado. Estaba seguro de que, independientemente de otras cosas, esas palabras quedarían grabadas como un moretón en el corazón de Lee Se-hwa por mucho tiempo.

“…….”

Tras hacer rodar los diminutos zapatos entre sus manos un buen rato, Ki Tae-jeong se levantó tambaleándose. Aunque se los mostrara ahora, él no se alegraría.... Pero bueno, ¿tenía sentido preocuparse por eso a estas alturas? De todos modos, Se-hwa odiaría cualquier cosa que él le diera.

Así que, de ahora en adelante, él también pensaba actuar como le diera la gana. Mantendría a Lee Se-hwa cómodamente instalado dentro de la valla que construyó con dinero y poder, y si quería darle algo, se lo daría sin miramientos. Si lo sujetaba con fuerza para que no pudiera soñar con escapar o autolesionarse, y si pasaban mucho tiempo juntos de esa forma... algún día llegaría el momento en que podría decir las palabras que no pudo decir.

Como no quería ver a Lee Se-hwa estremecerse al sentir su presencia, Ki Tae-jeong se dirigió al segundo piso con sigilo, sin hacer ruido. Seguramente aún no habría recuperado el conocimiento... así que pensaba soltar la sujeción que lo unía al cabecero de la cama. De momento, con tener la banda rodeando su cuello, no podría hacer ninguna tontería.

“...¿Cómo estás?”

Al pisar el último escalón y subir al pasillo, Ki Tae-jeong se detuvo en seco, sorprendido por el sonido de unos susurros. ¿Qué era eso? Parecía la voz de Lee Se-hwa….

“Brotecito.”

...¿Brotecito?

Ki Tae-jeong parpadeó lentamente y, tras soltar un suspiro, caminó hacia el dormitorio. Debía de estar muy borracho para escuchar solo lo que quería oír.

No era posible que Lee Se-hwa, tras ser capturado, hablara con tanta ternura. Además, si hubiera despertado, habría llorado a mares o gritado al ver la correa que lo unía a la cama, así que….

“No hagas caso de lo que dijeron esas personas antes. Papá ya lo olvidó todo. Mira, ya no lloro….”

Pero los susurros asfixiantemente adorables, con un destinatario claro, continuaron. Ki Tae-jeong no pudo moverse, como si aquellas palabras lo hubieran clavado al suelo. No era mentira. No era una ilusión. Realmente... era la voz de Se-hwa.

A través de la rendija de la puerta, que estaba ligeramente abierta, se filtraba la tenue luz de una lámpara de lectura. Se-hwa estaba apoyado en el cabecero de la cama, sumergido en esa luz cálida. Y mientras acariciaba una y otra vez su vientre, que aún no se notaba, murmuraba algo constantemente.

Así que Brotecito... parecía ser el nombre que él le había puesto al niño de su vientre. Brote. Era una palabra tan pequeña, linda y extraña que dudaba haberla pronunciado alguna vez en su vida.

“¿Ha sido muy difícil? Lo siento…. Pero dicen que si aguantamos un poco más, todo terminará. Entonces, huyamos de nuevo muy, muy lejos con papá.”

Ki Tae-jeong se pegó a la pared para no ser descubierto por Se-hwa y contempló en silencio aquella escena cálida y extraña a la que no había sido invitado.

Esa voz frágil que prometía un futuro feliz al niño mientras sonreía estaba llena de la misma calidez de antes. Sentía que si abría la puerta y entraba ahora mismo... Se-hwa lo miraría y le sonreiría llamándolo General de Brigada. Le reprocharía por haber llegado tan tarde por haberse quedado bebiendo solo, y si él abriera los brazos, se acurrucaría en ellos y charlaría durante un buen rato. Tal como alguna vez lo miró con los ojos llenos de afecto, como si no pudiera evitar quererlo….

Nosotros, como si nada hubiera pasado.

Se le habían acabado las cosas que decir, pero como si no quisiera dormirse, Se-hwa repetía las mismas palabras una y otra vez. Enumeraba uno a uno los sueños inalcanzables de lo que quería hacer con él en un lugar solitario tras salir al mar en un gran barco.

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“...Por cierto, dicen que hay muchos tipos de ballenas, como los perritos... de entre todas, papá es a la que más quería ver es a la delfín. Un cliente me contó hace tiempo que si subes a un barco llamado crucero puedes ver delfines. Ah, un crucero es….”

Lee Se-hwa y Brotecito.

Se-hwa y Brotecito.

Se-hwa, y el hijo de Se-hwa.

...Mi hijo y el de Se-hwa.

Ki Tae-jeong echó la cabeza hacia atrás y escuchó en silencio esa voz que parecía derramar azúcar, con un zapato de bebé en cada uno de sus dedos índice y corazón, hasta que Se-hwa volvió a quedarse profundamente dormido.

#100

Una brisa cálida soplaba suavemente a través de la ventana abierta. A pesar de ser de noche, el cielo estaba muy despejado. Las nubes grises, alargadas como si se hubiera derramado sirope, fluían de tal manera que permitían ver con nitidez la luna flotando, redonda y del tamaño de una uña. En las noches de verano de la 5.ª Estrella, hasta el canto de los insectos resultaba evocador.

Se-hwa estaba sentado apoyado en el cabecero de la cama, mirando sin descanso el holograma de Brotecito que había recibido hoy. Era una imagen de ultrasonido donde se veía más grande que la última vez, aunque seguía pareciendo un frijol, y otra imagen con la proyección de crecimiento que seguía siendo idéntica a él.

El corazón de Brotecito siempre latía con energía. Le gustaba ese sonido rápido, pum-pum-pum, como si tuviera prisa por crecer. Cada vez que observaba cómo ese cuerpo, que ni siquiera medía un palmo, se encorvaba diligentemente tratando de adquirir forma humana... la verdad era que le resultaba tan adorable que no podía soportarlo.

Al principio dijo que se desharía de él, y después, diciendo que no estaba seguro, empezó negándolo todo; pero, en realidad, desde el primer momento en que escuchó aquel frágil latido, Brotecito le robó todo el corazón. Se sentía tan valioso que le daba lástima admitirlo recién ahora; solo quería atesorarlo y cuidarlo.

Sin embargo, el aspecto de Brotecito en el holograma de hoy era simplemente desolador. No podía creer ese latido lento y deprimido, así que al principio pensó que el equipo estaba estropeado.

Brotecito apenas mostraba movimiento. El bebé en la proyección de crecimiento también tenía los ojos fuertemente cerrados, habiendo perdido su color rosado.

La Teniente Na, que lo examinó, no pudo ni siquiera ofrecerle consuelos vacíos y solo le dijo que descansara profundamente. Aun así, ¿debería alegrarse porque dijo que todavía no se veían señales de un aborto espontáneo?

Desde entonces, Se-hwa no dejó de acariciar su vientre. Se sentía tan culpable que ni siquiera podía llamarlo ‘Brotecito’. Temía estar buscando sin consideración a un bebé que solo quería descansar por el cansancio.

Mientras estaba allí sentado como una naturaleza muerta, el Sargento Primero Choi se encargó de traerle la comida. Como era de esperar, no tenía apetito de nada. No, cualquier cosa en la que pensara le resultaba nauseabunda. No es que se negara por terquedad, sino que realmente no tenía el más mínimo pensamiento en comida.

De no haber sido por la súplica insistente del Sargento Primero Choi, quien decía que debía comer algo para que los medicamentos hicieran efecto y el bebé en su vientre estuviera sano, habría ayunado por completo.

Tras vomitar varias veces y lograr tragar apenas unas cucharadas de papilla, y después de tomar la única pastilla de tratamiento permitida... Se-hwa se quedó solo y abstraído hasta que llegó la noche. Sobre la amplia cama donde podrían caber varias personas sin problemas, junto al lugar de Se-hwa, solo reposaba solitario el collar con el cierre abierto.

En el centro del cabecero de la cama, que decían haber hecho a medida, había un poste negro clavado de forma amenazante, y la cadena enganchada en su extremo estaba conectada al anillo del objeto que Se-hwa llevaba puesto.

Ayer, cuando se vio obligado a ponerse aquello en el cuello sin poder siquiera comprobarlo bien, pensó que era extremadamente pesado. Pero al verlo con sus propios ojos, resultó ser más delgado de lo que pensaba y no pesaba tanto.

Aún no sabía de qué material era. No parecía hierro.... En cualquier caso, se notaba que había sido elaborado con un esfuerzo considerable. Si no fuera por el gran anillo situado en la parte posterior, podría haber pasado por un collar ordinario. Incluso la larga cadena resultaba hermosa a simple vista.

Pero Ki Tae-jeong usó ese objeto brillante como una correa de perro. Cerró el candado frente a la gente y lo arrastró literalmente como a un animal. En medio de eso, ¿qué importaba la apariencia de este objeto o cuánto valiera? Para Ki Tae-jeong, él no era una persona, sino una simple bestia.

Se-hwa, que observaba el collar fijamente, pronto perdió el interés y apoyó la frente sobre sus rodillas encogidas.

Anoche, cuando recuperó el conocimiento por un momento, le pareció absurdo ver que incluso le habían puesto la cadena; pero, curiosamente, al despertar de otra siesta, todas las ataduras estaban sueltas. Palpó a su lado sorprendido, pero no se veían rastros de que alguien hubiera estado acostado allí. Parecía que simplemente había entrado de improviso mientras dormía, le había quitado lo que le apretaba el cuello y se había marchado tras arrojarlo con su habitual mal genio.

¿Qué sería? Ponerle algo tan terrible en el cuello para luego venir a escondidas mientras dormía a soltárselo. Y sin embargo, no retiraba del todo ese poste espantoso ni esos objetos....

Se-hwa movió los dedos de su pie derecho, que aún le resultaba incómodo. Al menos, gracias a que tomó una buena medicina, su estado estaba mejorando. No obstante, tal como advirtió la Teniente Na, aunque el cuerpo estuviera sano, su mente seguía tambaleándose sin saber qué rumbo tomar.

Aunque lo hubieran traído arrastras, no pensaba ceder dócilmente. Estaba decidido a hacer algo peor que cuando presionó a Ki Tae-jeong para que tomara somníferos aprovechando una oportunidad. Pero... en el momento en que él mencionó a Brotecito, todo su ánimo desapareció.

En su lugar, problemas en los que nunca antes había reflexionado inundaron su mente. Lo había olvidado, pero, al fin y al cabo, Ki Tae-jeong era el padre biológico de Brotecito. Aunque él entrara como hijo adoptivo del general Oh Seon-ran, eso no significaba que él perdiera la patria potestad. Incluso si el juicio terminaba, él podría arrebatarle a Brotecito si algo salía mal.

Si terminaba metiendo a Brotecito en el 4.º Distrito para hacerlo vivir hundido en lo más bajo, tal como hizo él.... Entonces, ¿qué debería hacer?

Mientras trazaba con la mirada el nudo de la venda sumido en dilemas sin respuesta, de repente se oyó el sonido del pomo de la puerta girando. Se-hwa se encogió por reflejo. Dado el horario... la persona que podía abrir de par en par la puerta del espacio más íntimo solo podía ser, lógicamente, el dueño de esta residencia oficial.

“…….”

Efectivamente, la gran sombra proyectada en la puerta era tan familiar que sentía que podría dibujarla incluso con los ojos cerrados. La forma del cabello peinado hacia atrás, la silueta de la ropa que vestía... de pronto, todo lo relacionado con ese hombre se volvió demasiado obvio para Se-hwa.

Ki Tae-jeong se quedó un momento de pie con la mano apoyada en el marco de la puerta. Quizás porque estaba de espaldas al sensor encendido en el pasillo, su figura se sentía hoy aún más amenazante. Dentro del dormitorio había un silencio aterrador, por lo que incluso el levísimo sonido de su respiración cada vez que movía los labios como para decir algo resonaba con nitidez.

Tras un rato así, Ki Tae-jeong caminó con paso firme como si nada hubiera pasado. Como si la vacilación de hace un momento hubiera sido un error, o como si no le importara en absoluto la presencia de Se-hwa, se dirigió directamente al baño integrado en el dormitorio.

Solo después de escuchar el sonido del pesado uniforme cayendo al suelo y el del chorro de agua golpeando el piso, Se-hwa volvió en sí.

Debía de haber una razón por la que lo encerró en el dormitorio y no en un lugar como un almacén. ¿Por qué iba a dejar descansar cómodamente en una buena cama a alguien que huyó tras darle potentes somníferos? Estaba claro: en cuanto saliera de ducharse, Ki Tae-jeong lo poseería. Se sintió estúpido por haber tardado tanto en darse cuenta.

“...Ah.”

Se-hwa jadeó con las manos entrelazadas. Aunque solo fue un suspiro, su garganta, que emitía sonido por primera vez hoy, se sentía rígida y ardiente. Sin embargo, este dolor no era nada comparado con lo que Ki Tae-jeong estaba a punto de hacer.

Antes, él no llegaba a la penetración alegando que era por el bien de su cuerpo, pero ahora la situación había cambiado. Ki Tae-jeong quería herirlo. Ahora que todo se había destapado y ya no había necesidad de hipocresías innecesarias... tal vez esta vez forzaría incluso la penetración. Lo mantendría con el collar puesto como a un perro para desahogar a su antojo el deseo acumulado.

Preferiría que le pegara. Siempre que no le pateara el vientre, no le importaba si volvía a destrozarle las muñecas o los tobillos, pero.... Ki Tae-jeong sabía apuntar con exactitud al punto que, al ser tocado, hacía que Se-hwa se desmoronara. Si no se entregaba como él ordenara, no sabía qué amenaza lanzaría esta vez contra Brotecito.

Sus propios sentimientos no eran la prioridad. Solo abrir su cuerpo para recibir lo de él y terminar sollozando que le gustaba... el simple hecho de imaginarlo era tan doloroso que sentía que se le detenía el aliento, pero si con eso Brotecito estaba bien, no le importaba.

¿Repetir que era su receptáculo o su agujero? ¿Palabras vergonzosas y obscenas? Podía decirlas cuantas quisiera. Sin embargo... lo que quería evitar a toda costa era que, por una penetración profunda, le ocurriera algo irreversible a Brotecito, que apenas se aferraba a la vida.

Se-hwa sacudió sus muñecas, cuya hinchazón había bajado. Seguían entumecidas, pero podía moverlas. Sus tobillos no habían sanado del todo, pero creía que podía ponerse de rodillas. Entonces... ¿debería suplicar que lo haría con las manos o con la boca en su lugar?

O... o quizás, ¿debería decirle que le pegara hasta que se calmara su ira? Ah, ¿qué tal si proponía firmar un contrato? Que después de dar a luz a Brotecito podría jugar con él como quisiera, así que si hasta entonces podía abstenerse de tener sexo....

Tras darle vueltas a la cabeza diligentemente, Se-hwa pronto cayó en una profunda desesperación. No había respuesta. No veía por qué Ki Tae-jeong iba a molestarse en escucharlo. Él podía penetrarlo y correrse cuando quisiera ahora mismo; no era alguien que fuera a contenerse considerando las circunstancias ajenas.

‘¿Qué hago?’. Mientras no podía pensar en nada más que en esa frase, Ki Tae-jeong salió del baño caminando con paso pesado. Al presionar un botón, se encendió la luz de lectura de color crema del cabecero... y solo entonces pudieron verse el uno al otro.

Ki Tae-jeong se secaba el pelo mojado con una toalla de forma descuidada. Abajo solo llevaba unos calzoncillos negros, por lo que se veía claramente el movimiento de cada músculo y hueso de su cuerpo. Él no dijo nada, pero Se-hwa interpretó cada uno de sus actos con una connotación sexual y tembló levemente en soledad.

“...Me han dicho que no has podido comer bien.”

Murmuró Ki Tae-jeong mientras se echaba hacia atrás el flequillo todavía húmedo.

“Que apenas pasaste un poco de papilla y que vomitaste casi todo.”

Se-hwa agachó la cabeza y recibió la mirada que caía sobre él en silencio. Mientras tanto, un lado del colchón se hundió ligeramente. Ante esa sensación de peso, Se-hwa se encogió aún más. Ki Tae-jeong apartó el borde de la manta e intentaba acercarse a él.

“Recuerdas que prometí darte una nueva identidad cuando todo terminara, ¿verdad?”

“…….”

“La razón por la que puse tu nombre en el juicio a pesar de saber que tu situación sería peligrosa fue.... Porque de todos modos, si alguien hurgaba en este asunto, acabaría descubriendo tu existencia, así que pensé que sería mejor sacarla a la luz. Pensé que de paso podría limpiar tus antecedentes.”

“…….”

“Si durante todo el juicio se enfatiza que eres un residente del 4.º Distrito que no tuvo más remedio que seguir las órdenes de un superior, y además militar, incluso las actividades ilegales que has hecho hasta ahora podrán ser reconocidas oficialmente como inocentes.”

Aunque le dijo que podría tener la tarjeta de residente de la ciudad que tanto anhelaba y que incluso borraría limpiamente el pasado del que quería deshacerse, Se-hwa no mostró ninguna reacción. Ki Tae-jeong se mordió el labio inferior con ansiedad y luego continuó hablando.

“De todos modos, tú no tendrás que ser llamado a la sala del tribunal, así que tenlo en cuenta.... el General Oh Seon-ran también envió hoy a un ayudante para notificar que ha comenzado los trámites para tu adopción.”

A pesar de haber lanzado el tema que más debería interesarle, lo único que recibió fue silencio.

Pensó que, una vez abierta la veda, él preguntaría esto y aquello. Pensó que tal vez incluso gritaría o lloraría como ayer... y no le importaba. Estaba dispuesto a continuar la conversación de esa forma, pero....

Se-hwa no respondía. Ni siquiera preguntó por el paradero de la tía Song; con los ojos oscuros y sin brillo, miraba obstinadamente sus propios pies.

La imagen de ayer, cuando sonreía suavemente susurrando ‘Brotecito’, parpadeaba en su mente. No esperaba que mostrara una actitud tan dulce ahora, pero Ki Tae-jeong también se sentía desconcertado al no recibir ninguna reacción de vuelta.

“...Ven aquí primero.”

Aunque al mediodía logró tomar unas cucharadas de papilla, el Sargento Primero Choi dijo que ni siquiera eso fue fácil. No hacía falta escuchar la opinión de la Teniente Na; a simple vista, el estado de Se-hwa no parecía muy bueno.

Así que, por ahora, pensaba estrecharlo en sus brazos y consolarlo. Para dejarlo respirar un poco. De una forma u otra, Lee Se-hwa solo se sentía vivo en sus brazos. Solía relajar su tensión, sentirse tranquilo y cerrar los ojos solo tras inhalar su aroma corporal. Sin embargo,

“……, por favor, eso no.”

Se-hwa, por el contrario, se puso rígido como una piedra y se aferró a Ki Tae-jeong. Bloqueando con sus manos temblorosas el brazo que él extendía hacia él, murmuraba algo sin cesar en voz baja. Gotas de sudor frío caían por su frente y su nuca.

“¿Qué pasa? ¿Te duele algo?”

“El... el sexo... ¿no podríamos hacerlo después de que el bebé nazca a salvo...?”

“...¿Qué?”

Antes de comprender bien el significado de las palabras, saltó una pregunta refleja. Segundos después, al procesar lo que Lee Se-hwa había dicho, Ki Tae-jeong se quedó atónito.

¿Acaso pensaba que yo iba a agarrarlo para forzarlo justo ahora que su cuerpo estaba en ese estado?

“La Teniente Na me dio medicina. Así que ahora puedo usar mis manos sin problemas.”

Sin embargo, Se-hwa interpretó la pregunta de Ki Tae-jeong como una negativa y se aferró aún más desesperadamente.

“O... ¿quiere que se la chupe? Creo que con eso no habría ningún problema….”

“...Lee Se-hwa.”

Ki Tae-jeong observó a Se-hwa, quien tenía un aspecto moribundo, con una expresión como si le hubieran dado un golpe. No, ¿acaso no se lo dijo claramente antes? Que le preocupaba que la matriz hubiera bajado un poco y que no habría penetración por un tiempo. Y de hecho, así lo hizo.

Pero Se-hwa parecía haber olvidado todo aquello. Estaba convencido, mientras temblaba, de que él lo violaría a su antojo y terminaría lastimando al bebé de su vientre.

“Esta mañana vi el ultrasonido y el estado del bebé no es nada bueno….”

“…….”

“La... la tarjeta de residente... no hace falta que me la dé.”

“¿La tarjeta de residente?”

Lo preguntó de nuevo por pura incredulidad. Después de haber aguantado con tanta dureza hasta ahora solo porque quería tener eso, porque quería ser un residente dentro de las estrellas. Le desconcertaba que Lee Se-hwa dijera ‘la tarjeta de residente’ como si fuera cualquier cosa. El Lee Se-hwa que valoraba tanto al hijo que tenía con él como para renunciar incluso a ese viejo sueño, el Lee Se-hwa que ya no daba ningún peso a las promesas que él ofrecía... parecía no encontrar verdaderamente ningún sentido a la vida, y aquello... le dio un poco de miedo.

“Lo... lo siento. No lo dije con mala intención... solo quería decir que realmente no necesito nada….”

Su forma de tartamudear se parecía a cuando lo interrogó por primera vez en la Casa. Ya no se encontraba rastro de las quejas infantiles que solo mostraba ante él, ni de su forma suave de terminar las frases. Lo único que quedaba donde antes hubo llanto era el terror hacia él.

“A... a partir de ahora no volveré a amenazar con mi cuerpo ni... hablaré de forma informal como ayer, y tampoco... volveré a gritar.”

Se-hwa se puso de rodillas torpemente debido a la férula de su tobillo y suplicó una y otra vez. No, rogó.

“Me... me esforzaré para que pueda sentirse satisfecho solo con mis manos o mi boca….”

Se-hwa, quien consideraba más terrible que nada el malentendido de que vendía su cuerpo, ahora ofrecía su propio físico por voluntad propia para negociar una noche.

“Por favor... se lo... ruego….”

Ki Tae-jeong movió sus dedos congelados y, cerrando el puño con fuerza, soportó la punzada de dolor.

#101

“El corazón del bebé late demasiado lento… y casi no se mueve.”

“…….”

“Si lo hacemos en esta situación… es decir, si me penetra, definitivamente no podrá soportarlo. Seguramente Brote, no, el niño saldrá gravemente herido.”

Las manos que descansaban cortésmente sobre la sábana no dejaban de tener espasmos. No recordaba haber temblado así ni siquiera cuando escuchó por primera vez que estaba esperando un hijo. En aquel entonces, aunque lloraba y sufría hasta casi desmayarse, aquel Lee Se-hwa lo miraba directamente a los ojos y le reclamaba si no era él quien lo había provocado sabiendo las consecuencias.

Sin embargo, ahora parecía no tener fuerzas ni para eso. Más que estar simplemente mal de salud, se veía como alguien a quien se le hubiera agotado por completo la capacidad de volcar sus emociones en otra persona.

Si tan solo levantara un poco la vista, se daría cuenta de que él no estaba enfadado... Pero Lee Se-hwa mantenía la cabeza gacha, contando pecados que ni siquiera había cometido y pidiendo perdón una y otra vez.

“Si le resulta difícil de creer... ¿escribimos un contrato?”

“¿Un contrato?”

A Ki Tae-jeong se le escapó una risa seca por lo absurdo de la situación. A pesar de haber cargado con una deuda interminable por culpa de ese maldito contrato, Lee Se-hwa le rogaba de buena gana que hicieran otro trato injusto. Estaba claro que ni siquiera sabía lo que estaba diciendo.

“Mientras el niño esté a salvo, haré lo que sea después. Úseme como quiera.”

Úseme con comodidad, a su antojo. Lee Se-hwa hablaba de su propio cuerpo como si fuera una herramienta.

“Y, ah…, ¡General de Brigada…!”

Ki Tae-jeong extendió el brazo y finalmente atrajo a Se-hwa hacia sí para abrazarlo. Cerró y abrió los ojos lentamente varias veces. Aun así, la sensación de ardor pegada detrás de sus globos oculares no desaparecía, por lo que se quedó mirando el techo un buen rato. En medio de no haber podido dormir bien y de que su cabeza no funcionaba, escuchar de Lee Se-hwa cosas que ni siquiera imaginaba hacía que le punzara la sien.

¿Había dicho que la reacción del feto se había vuelto lenta? Por el contrario, el corazón de Se-hwa, que estaba pegado al suyo, latía excesivamente rápido. Hasta un punto que se sentía algo peligroso. Su rostro, completamente aterrado, estaba tan pálido como si se hubiera aplicado harina, y en la piel que envolvía sus manos no se hallaba rastro alguno de calidez.

“No lo haré.”

“…….”

“No pensaba tener sexo, solo….”

Extrañamente, sentía un picor en el interior de la garganta, por lo que Ki Tae-jeong solo pudo continuar hablando tras tragar saliva varias veces.

“Solo, quería abrazarte.”

Sin embargo, Se-hwa no creyó en la excusa de Ki Tae-jeong de que solo quería quedarse dormido abrazándolo como antes. Solo balbuceaba vagamente sobre un ‘contrato’, dejando la frase incompleta.

Cuando lo trajo a la residencia, esperaba que lógicamente le desagradara. Pero nunca imaginó que Se-hwa se desmoronaría en esta dirección. Podría haber pataleado pidiendo que ni siquiera lo tocara, pero que estuviera dispuesto a aceptar un contrato tratándose a sí mismo como un juguete sexual con tal de proteger al niño….

“...El día que me drogaste, es decir, cuando fui a buscarte a la Casa.”

Incluso tras empezar a hablar, Ki Tae-jeong siguió dudando mientras buscaba las palabras adecuadas para continuar. Era la primera vez que sentía a Lee Se-hwa tan lejano y peligroso. La sensación de tenerlo acurrucado en sus brazos como si fuera suyo era la misma. Pero ahora su expresión, su voz e incluso su temperatura corporal eran distintas.

“Ese día pensaba decírtelo todo.”

“…….”

“Todas las excusas que te había dado hasta entonces, absolutamente todas.”

Se-hwa no respondió nada. No se acostó dándole la espalda como solía hacer cuando estaba dolido, simplemente se quedó allí abrazado en silencio. Mientras tanto, solo repetía con voz distraída: ‘Por favor, escriba el contrato’. Como si lo único que le importara fuera saber si iba a tener sexo con él ahora mismo o no.

“...Está bien, no lo haré.”

“Entonces… el contrato con certeza,”

“¿Después de haber rodado por el fango hasta ahora por culpa de ese maldito trozo de papel, todavía quieres escribir algo así, tú?”

“Pero….”

Ante el reproche brusco, Se-hwa volvió a encogerse. Sus hombros, tensos y encorvados, no parecían querer relajarse.

“...Entonces, ¿se lo hago con la mano?”

Ante la voz de Se-hwa, que preguntaba tras dudarlo varias veces, a Ki Tae-jeong se le escapó un suspiro que parecía hervir desde lo más profundo de su ser sin que pudiera evitarlo.

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Ki Tae-jeong tiró de la nuca de un demacrado Se-hwa como si lo atrapara y hundió la cabeza en su coronilla. Podía tocarlo así, Lee Se-hwa estaba claramente en sus brazos... pero sentía que, por mucho que se esforzara en sujetar con avaricia a esta persona en sus manos, se le escapaba entre los dedos como si fuera arena.

* * *

Ki Tae-jeong parecía estar extremadamente ocupado. El problema era que, aun así, no parecía tener la más mínima intención de abandonar el dormitorio.

En la habitación donde solo estaba la cama, se colocaron una pequeña mesa y una silla. Y ese lugar se convirtió en la oficina improvisada del hombre. No solo el teniente Park, sino también el Sargento Primero Choi, la Teniente Na... e incluso personas que aún no conocía lo visitaban con tabletas en la mano. Principalmente se discutían temas cotidianos del ejército, como la introducción de nuevas armas o métodos de entrenamiento.

Se-hwa bajó ligeramente la manta que cubría todo su rostro para espiar los movimientos del hombre. En el holograma que flotaba se veían puntos pequeños volando afanosamente. Pensó que, como él era de la fuerza aérea, probablemente estaría observando aeronaves.

Se-hwa, que lo miraba de reojo, se armó de valor y bajó la manta hasta debajo de su pecho. Desde que abrió los ojos hasta ahora, no había hecho más que acariciarse el vientre con inquietud. Según la Teniente Na, no era bueno quedarse acostado en la misma posición todo el tiempo, así que pensaba sentarse un momento. Como Ki Tae-jeong estaba ocupado, pensó que no tendría tiempo de fijarse en él….

“¿Te sientes mal en algún sitio?”

Pensó que se había movido en silencio, pero Ki Tae-jeong le habló de repente, lo que hizo que se sobresaltara violentamente. Se movió con tanta brusquedad que el sonido de las sábanas arrugándose fue estrepitoso.

“…….”

Se-hwa bajó la mirada en una postura ambigua, ni acostado ni sentado. Pensó que lo regañarían por su aspecto, pero Ki Tae-jeong no dijo nada durante un buen rato.

Tras dudarlo, Se-hwa se masajeó con cuidado el cuello, que había mantenido agachado mucho tiempo, y movió los ojos de reojo. El hombre volvía a estar concentrado en la pantalla de la tableta. A veces suspiraba por la nariz, como si algo no le gustara, o cerraba los ojos con fuerza antes de volver a abrirlos mientras se echaba el flequillo hacia atrás.

‘Parece muy ocupado. Qué alivio’. Se-hwa se movió con mucho más cuidado que antes. Esta vez Ki Tae-jeong no hizo ademán de notarlo y siguió trabajando en silencio.

Ayer... no pasó nada. Ki Tae-jeong dijo que no tenía intención de forzar el sexo. Luego, dudó largamente mientras su garganta emitía un sonido, como si tuviera palabras preparadas. Aquella expresión y voz tan inusuales le impresionaron, por lo que Se-hwa se tranquilizó tarde, pero aun así no bajó la guardia.

‘Realmente sería bueno que me escribiera el contrato…’. Pero él le había espetado con frialdad que dijera cosas con sentido, así que no pudo insistir más.

Y así, se quedó dormido abrazado por Ki Tae-jeong. Afortunadamente, como habían dejado la ventana abierta, pudo evitar quedar sumergido por el aroma corporal del hombre, y logró conciliar el sueño profundamente cerca del amanecer. Contrario a lo que sentía su corazón, su cuerpo insensato terminó derritiéndose por costumbre en los brazos del hombre.

“General de Brigada.”

A diferencia de antes, cuando entraba y salía sin miramientos para informar del trabajo, el Sargento Primero Choi preguntó desde fuera de la habitación si podía entrar. Se-hwa, que intentaba no prestar atención, también ladeó la cabeza preguntándose qué pasaba.

“Ah, yo lo haré.”

Ki Tae-jeong, que comprobó su reloj de pulsera con la mirada, abrió la puerta y recibió algo del Sargento Primero Choi. Era... una pequeña bandeja con una comida sencilla.

“Come.”

Sosteniendo la bandeja con una mano, Ki Tae-jeong señaló con la barbilla hacia la silla situada enfrente.

“Ah... yo….”

Se-hwa se sintió en un aprieto. Si ya se sentía cohibido solo por cambiar un poco de postura... ¿ahora tenía que comer frente a Ki Tae-jeong? Si ayer apenas pudo pasar lo que el Sargento Primero Choi le trajo…. ¿Podría soportar la mirada fija del hombre sobre él?

“¿Vas a comer en la cama?”

Ki Tae-jeong caminó hacia él diciendo que sería incómodo. Dudó un momento sobre dónde sentarse y finalmente se dejó caer a su lado. Dobló sus largas piernas y colocó la bandeja sobre ellas.

Lo que le sirvieron era similar a lo de ayer. Una papilla casi sin condimento, agua tibia... y algo blanco y esponjoso que nunca antes había visto.

“No se puede evitar. Todas las cosas que te gustan son comidas frías.”

Ki Tae-jeong, que interpretó sus dudas como un capricho con la comida, levantó la comisura de los labios de forma ambigua y le entregó la cuchara.

“…….”

“Tienes que tomar la medicina.”

En cuanto escuchó aquello, Se-hwa comenzó a mover las manos mecánicamente como si le hubieran presionado un botón. Sí, debía tomar la medicina.

Pensando en Brotecito, tragó a duras penas una cucharada de papilla. Sin embargo, su cuerpo lánguido no podía seguir el ritmo de su voluntad; aunque comió en varias tandas, ya sentía como si la garganta se le bloqueara por completo.

“Yo... ahora mismo no tengo muchas ganas de comer….”

“Ya pasó la hora de la medicina.”

“...Lo sé, pero….”

“Entonces come aunque no quieras. Solo así tú y el niño estarán bien.”

Eso también lo sabía mejor que nadie. Por la estabilidad de Brotecito, pensaba comer de cualquier forma. Sin embargo, sentía que no podría tragar nada teniendo a Ki Tae-jeong frente a él.

“Un poquito más tarde….”

Ki Tae-jeong, frustrado por su actitud vacilante, le arrebató la cuchara y recogió una gran cantidad de papilla.

“Ayer no comiste ni medio cuenco. Y ahora lo dejas sin haber tomado ni una cucharada entera.”

Antes de darse cuenta, la cuchara se acercó y golpeó suavemente sus labios secos. Sin ganas, Se-hwa murmuró un par de veces antes de abrir la boca a regañadientes.

No quería levantar la voz con Ki Tae-jeong solo por un poco de comida. Tenía miedo de que el hombre cambiara de opinión y le ordenara desnudarse de inmediato, o de que dijera cosas malas para el niño.

“Tendrá un sabor muy parecido al pudín.”

Ki Tae-jeong parecía estar de mejor humor por su actitud dócil; se percibía un extraño entusiasmo en su voz mientras le explicaba la comida que trajo.

“Dijeron que debías evitar las comidas frías por un tiempo, sean frutas o lo que sea. Come esto al menos, aunque sea una lástima.”

Tocó un pequeño cuenco con la punta de la cuchara y lo que contenía, algo esponjoso y cálido, tembló ligeramente. No sabía qué era, pero desprendía un dulce aroma a plátano y crema pastelera.

“Termina al menos la mitad de la papilla. Entonces te dejaré comer el postre.”

Se veía bonito y olía bien, pero... mientras pensaba que le costaría comer lo que fuera, Ki Tae-jeong pareció malinterpretar que lo miraba fijamente porque quería comerlo.

Ki Tae-jeong volvió a ofrecerle una gran cucharada de papilla. Sus cejas oscuras, que habían estado fruncidas ferozmente todo el tiempo, se habían relajado con suavidad.

Se-hwa inhaló profundamente como si estuviera a punto de sumergirse bajo el agua. Brotecito está sufriendo. No quería ver al niño lánguido como ayer. Para evitarlo, debía tomar la medicina como decía este hombre, y comer aunque fuera un poco más de comida….

“¡Ugh!”

Debía comer, pero….

Se-hwa apartó la mano de Ki Tae-jeong y gateó a tientas por la cama. Sabores ácidos y amargos se mezclaron en desorden dentro de su boca. Una sensación desagradable y punzante de algo subiendo por el esófago lo golpeó con fuerza.

Al final, no llegó a entrar al baño y vomitó todo allí mismo, en la entrada. El sonido de su respiración entrecortada y de las arcadas ocasionales resonó en el dormitorio seco.

Mientras veía la cuchara rodar sobre el colchón y la bandeja desordenada por su empujón, ¿qué clase de expresión puso Ki Tae-jeong? En el momento en que se tapó la boca con aspecto miserable, ¿cómo fue su rostro y su mirada…?

“...Hic.”

Sabía que debía limpiar todo eso primero, pero no tenía fuerzas ni para mover un dedo. La mano que se apoyaba en la puerta se deslizó y Se-hwa se desplomó allí mismo. Sintió un pinchazo en la nuca ante la mirada fija que recaía sobre él.

Tras un largo rato de silencio, se oyó un crujido detrás de él. Parecía que Ki Tae-jeong estaba retirando los utensilios él mismo y quitando las sábanas sucias. También pareció dar alguna instrucción tras llamar a la Teniente Na.

‘La medicina... tengo que tomarla….’

‘Se-hwa, Lee Se-hwa’.

El tono que lo llamaba era familiar, pero aun así pensó que no sería Ki Tae-jeong. No era posible que ese hombre lo llamara con tanta preocupación. Se-hwa apoyó la cabeza en el marco de la puerta y cerró los ojos. Estaba harto de su propia y tonta esperanza, que le hacía imaginar y escuchar lo que quería oír incluso en este estado.

#102

“Ah…”.

Le dolía todo el cuerpo como si lo hubieran apaleado. Quería dormir un poco más, pero su cuerpo gritaba que ya era hora de despertar. Tras gemir de dolor un buen rato, Se-hwa finalmente abrió los ojos con dificultad. Dejando de lado la pesadez y el decaimiento, le dolía demasiado el vientre. De una forma extraña.

No había nadie en la habitación. Con razón sentía el brazo derecho pesado... tenía una aguja de suero clavada en la flexura del codo. Tenía un parche nuevo rodeándole la muñeca y el vendaje que envolvía la férula también parecía nuevo. Las sábanas, la manta, todo era nuevo.

Al no tener recuerdos, supuso que tras vomitar a gusto antes, se había desmayado allí mismo... Si era así, ¿Ki Tae-jeong se habría encargado de limpiar todo?

Se-hwa observó fijamente el suero que caía gota a gota por el tubo y se incorporó con dificultad. Parecía que ya había pasado casi todo, así que pensó que podía quitárselo.

Retiró la aguja clavada en su brazo y todas las cintas adhesivas que tenía pegadas, pero al estirar el brazo para ordenar el lugar, un dolor gélido volvió a extenderse. Era una sensación similar a la extraña punzada que sintió al despertar. No, incluso parecía doler más que hace un momento.

Se-hwa respiró lentamente mientras se sujetaba el vientre. Como ya le había punzado el interior un par de veces antes, pensó que se pasaría pronto. Sin embargo,

“...Brotecito.”

Esta vez era algo diferente. Un dolor como si le desgarraran el interior con una cuchilla llegaba de forma intermitente, como réplicas de un sismo.

“¿Te duele... algo? Brotecito….”

Acababa de recibir todo el suero. ¿Por qué pasaba esto? Se-hwa intentó aguantar apretando los dientes. Trató de alejar ese dolor desconocido llamando a Brotecito por su nombre y hablándole, pero fue inútil. Al contrario, el dolor solo aumentaba con el paso del tiempo.

Finalmente, tanteó sobre el cabecero de la cama y tomó la tableta que estaba junto al collar. Como le habían dicho que con eso podía abrir y cerrar cortinas y apagar o encender las luces, pensó que también habría alguna función para llamar a alguien. De todas formas, todos los equipos de examen estaban alineados en el pasillo fuera del dormitorio; solo necesitaba que viniera la Teniente Na.

Limpiándose el sudor frío, buscó a tientas la función deseada y, justo cuando iba a presionar con fuerza... dudó un momento y retiró la mano del botón.

La función de llamada no tenía opciones para elegir a quién llamar. Si en lugar de la Teniente Na venían Ki Tae-jeong o el Sargento Primero Choi... entonces las cosas se complicarían más. Podrían burlarse diciendo que es un tiquismiquis por vomitar toda la comida que le prepararon con esfuerzo después de haberle puesto hasta suero.

Por supuesto, en el hombre de ayer no se leía ese rastro de ferocidad. Aunque se quedó dormido abrazándolo a su antojo, no lo trató con desprecio como antes. Sin embargo, su cuerpo y mente, absurdamente debilitados, añadían voluntariamente imaginaciones de pesadilla. En cualquier caso, sentía que en su estado actual no podría soportar ni una discusión ordinaria.

Finalmente, Se-hwa se levantó de la cama con lentitud. Dijeron que la Teniente Na estaría esperando en el primer piso por el momento. Como ella le pidió que no aguantara y la llamara incluso de madrugada si le dolía, se sentía mal, pero parecía que tendría que molestarla una vez más.

Como siempre había permanecido solo en el dormitorio de Ki Tae-jeong, no escuchó exactamente dónde estaba la Teniente Na, pero pensó que podría encontrarla si iba a aquella habitación donde instalaron antes el equipo de ultrasonido.

Cada vez que se apoyaba en el colchón, sus muñecas sentían un calambre, pero se engañó a sí mismo diciéndose que era un dolor falso. Se-hwa dio pasos con cautela mientras se sujetaba el abdomen. Quizás gracias al suero no sintió mareos, solo una tirantez en el vientre.

Ahora que lo pensaba, antes el suelo era de mármol frío, pero ahora estaba cubierto por una alfombra mullida. Aunque seguía teniendo una sensación monótona y desoladora, al menos gracias a eso el tobillo derecho sufría menos, lo cual era un alivio.

‘Ah... ¿podría aprovechar para pedirle a la Teniente Na que escriba un informe médico diciendo que no debemos tener relaciones por un tiempo?’. Era un poco vergonzoso... pero como Ki Tae-jeong ni siquiera le dejaba mencionar la palabra contrato, quería dejar las cosas claras de esa forma.

Aun así, como él no hizo nada tras su súplica de que el estado del bebé no era bueno... si añadía la opinión de la Teniente Na, pensó que al menos por un tiempo no tendría problemas con el asunto de la cama; esa leve esperanza floreció en él.

Asintió levemente pensando que era una buena idea y, justo cuando estaba por salir del dormitorio,

“...De todas formas, el General de Brigada estará en la sala del tribunal y el General Oh Seon-ran también estará presente, ¿no sería mejor que asistiera una vez? Especialmente si planea que todo lo que hizo anteriormente sea declarado completamente libre de cargos.”

La voz del teniente Park se escuchó débilmente desde la distancia. Solo hablaba el teniente Park, pero el sonido de los pasos que subían la escalera pertenecía a dos personas. Como era de esperar, Ki Tae-jeong también estaba con él.

“Si no quiere presentarlo directamente en el tribunal, creo que sería buena idea pedirle al señor Lee Se-hwa que grabe al menos un holograma con su testimonio.”

Se-hwa, que iba a volver adentro, aguzó el oído al escuchar de repente su propio nombre. ‘¿Testimonio? ¿Yo?’.

Después de eso, el teniente Park continuó diciendo algo, pero hablaba tan bajo que no se oía bien. Se-hwa intentó concentrarse en la voz del teniente Park, sin notar que sus manos, aferradas al pomo de la puerta, estaban empapadas de sudor.

“Ya que se lo dijo así al Teniente Coronel Kim en el juicio anterior, no creo que haya problemas.”

“Eso fue lo que dije porque tanto el Teniente Coronel Kim como Oh Seon-ran parloteaban lo que se les antojaba.”

“...Entonces, ¿no me diga que las imágenes del CCTV que instaló en la Casa…?”

“Mierda, ¿te parece que eso tiene sentido?”

¿CCTV... instalado en la Casa? ¿Imágenes?

“Si les decimos que pueden saldar sus deudas con el Dueño Son, habrá cola de tipos dispuestos a testificar; ¿para qué molestarse? Solo elige entre ellos.”

“Pero….”

“Si les doy fragmentos de los videos, dirán que esta vez no pueden confiar y pedirán que los entregue todos enteros. Si empiezo a hacerles caso no habrá fin, así que actúa como si eso no existiera desde el principio. Nada de hologramas de testimonio ni tonterías, y no vuelvas a poner a Lee Se-hwa al frente.”

Se-hwa, aferrado al pomo, repasó las palabras que acababa de escuchar.

Lee Se-hwa. Testimonio. Holograma. CCTV instalado en la Casa. Imágenes.

Las palabras fragmentadas se amontonaron detrás de sus párpados. Como si alguien le sujetara la cabeza y le obligara a mirar solo esas letras... lo que acababa de oír no se borraba de ninguna manera.

“...¿Lee Se-hwa?”

Escuchó una voz llamándolo con extrañeza. Quizás porque habían ocultado su presencia por completo desde que subieron la escalera y entraron al pasillo, no se dio cuenta de que Ki Tae-jeong y el teniente Park se habían acercado tanto al dormitorio. O tal vez fue porque su estado mental no le permitía notar esas cosas.

Ki Tae-jeong frunció levemente el entrecejo al ver a Se-hwa de pie torpemente junto a la puerta. Su mirada intensa recorrió su tobillo derecho, ambas muñecas y la flexura del codo donde quedaba la marca de la aguja.

“Tú todavía el suero….”

“General de Brigada.”

No estaba enojado ni tampoco triste. Cuando el umbral de las sensaciones que se pueden percibir supera el límite, no se siente ninguna emoción.

“Esas imágenes de las que hablaba hace un momento... ¿qué son?”

Sin embargo, al contrario de su estado de ánimo, la voz que escapó de su garganta seca temblaba lamentablemente.

“Hace un momento... dijo que instaló un CCTV, en la Casa….”

“…….”

“Esas imágenes... ¿son acaso lo que estoy pensando ahora mismo?”

Los labios de Ki Tae-jeong, que se habían entreabierto ligeramente, se cerraron con firmeza. El teniente Park, que estaba detrás, tenía una cara como si fuera a morderse la lengua.

Ah.... Se-hwa sintió que ya había escuchado toda la respuesta en las expresiones de ambos. Era verdad. De verdad, habían planeado hasta algo así....

“...Entra, te lo mostraré para que compruebes por ti mismo qué es.”

Ki Tae-jeong emitió un gemido sordo y se frotó el rostro demacrado.

“El primer día que entramos a la Casa, instalé CCTV en todo el edificio con el propósito de vigilar. En las oficinas, en el casino, en el salón de descanso de los jugadores... en todas partes, sin excepción.”

“…….”

“La Casa era en sí misma una de las pruebas importantes, y como era una escena del crimen innegable….”

“…….”

“Hasta la misión más ordinaria comienza así originalmente. Aunque esta es de pequeña escala y ni siquiera puede llamarse misión, en fin, se trataba de infiltrarse en una instalación... así que solo di instrucciones sobre esas cosas básicas. En aquel entonces pensé que debía ser así.”

Hacia el final, la voz de Ki Tae-jeong se tiñó de ansiedad. Inusualmente para él, parecía estar dando explicaciones algo redundantes.

“De todos modos, solo yo tengo acceso al servidor del CCTV, y con el tiempo hasta yo lo olvidé. Atrapamos al teniente Kim más fácilmente de lo esperado y, gracias a que ese imbécil actuó de forma estúpida, ya habíamos asegurado suficientes pruebas por otros medios….”

Sin embargo, eliminando las largas excusas y dejando solo los hechos, Ki Tae-jeong se había acostado con él varias veces en ese lugar sabiendo que el CCTV estaba instalado. Además, el teniente Park parecía saberlo también e incluso lo mencionó hablando de testimonios.... Significaba que, aunque no fuera ahora, en el pasado sí llegó a considerar... mostrar esos registros si era necesario.

“No fue a propósito... es decir, no lo instalé apuntando solo a ti con ese propósito, ¡Lee Se-hwa!”

La voz del hombre resonó sorda, como si estuviera sumergida bajo el agua. No sabía qué estaba pasando. Ya no le dolía ni el vientre. Todos sus sentidos desaparecieron y solo sentía que el suelo que pisaba se hundía lentamente.

“¡Llama a la Teniente Na, rápido!”

Incluso en ese momento pensó que no debía lastimarse el vientre e intentó cubrirse el cuerpo de alguna forma... o eso intentó, pero no sabía si lo logró. Las yemas de sus dedos, en las que no quedaba ni una pizca de fuerza, cayeron inermes contra el suelo.

“¡Llamaré también a una ambulancia!”

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El teniente Park, con el rostro pálido como el papel, bajó las escaleras a grandes zancadas. Ki Tae-jeong sostuvo a duras penas el cuerpo de Se-hwa que estaba por desplomarse y movió las manos con premura. Comprobó si respiraba bien, le tomó el pulso y le revisó la cabeza por todas partes para ver si se había golpeado al caer.

“Lee Se-hwa, ¿me oyes?”

Ki Tae-jeong no dejaba de llamarlo mientras masajeaba sus manos, que se enfriaban por momentos.

“No de esta manera... te lo explicaré todo bien de nuevo, punto por punto.”

¿Exactamente qué...? ¿Acaso quedaba algo más que yo debiera saber? ¿Exactamente cuánto más tendré que sufrir para llegar al final?

“Se-hwa.”

Un tímido resentimiento floreció brevemente en su conciencia que se desvanecía. ‘Ojalá me hubiera seguido tratando como al cómplice del teniente Kim o como una herramienta conveniente. Que me hubiera pateado como al principio, que me hubiera atado y encerrado. Para no albergar ninguna esperanza…’.

Si hubiera sido así, sin importar el trato que me diera, si me hubiera dicho que al final me entregaría la tarjeta de residente, de verdad habría podido hacer cualquier cosa. No me habría dolido tanto, y además....

“¡Lee Se-hwa!”

Bueno, no lo sé. No quiero saber nada. No quiero escuchar nada.

...Ahora quería dejarlo todo.

*

La puerta de la sala de cirugía, que había estado firmemente cerrada, se abrió después de varias horas. Ki Tae-jeong, que no había dejado de merodear por el pasillo todo el tiempo, se abalanzó sobre la Teniente Na con los ojos inyectados en sangre.

“Y Lee Se-hwa.”

Al colapsar, Se-hwa no mostró ninguna reacción. Gracias a que lo sostuvo de inmediato, no se golpeó la cabeza ni tuvo hemoptisis o metrorragia. Sin embargo, como si fuera un muerto, la zona bajo sus ojos se volvió azulada en un instante. El corazón de Ki Tae-jeong se hundió al ver cómo perdía toda vitalidad, como una flor marchita.

“¡Te pregunto qué ha pasado con Lee Se-hwa!”

“Aún se está llevando a cabo la cirugía, pero... ha surgido algo sobre lo que debo consultarle urgentemente, General.”

El Teniente Coronel Kim, que fracasó en su intento de sacar al Dueño Son de la Casa, insistía en que entregaran el CCTV instalado en el interior. Era una artimaña para intentar perjudicarlo de alguna forma alegando actos de crueldad durante el proceso de ocupación.

Cuando entró en la Casa con el ridículo título de Director, pensó que era natural poner ojos de vigilancia en todas partes.

Ahora lo había olvidado y, por supuesto, ni siquiera tenía esa intención... pero era cierto que cuando poseyó a Se-hwa por primera vez, llegó a pensar que sería conveniente en el futuro captar la imagen de él deseándolo por voluntad propia.... Incluso se lo había declarado con total confianza al teniente Park en su momento.

No tenía intención de negar que presionó duramente a Se-hwa. Aunque se hubieran conocido primero como militar y delincuente de drogas, eso no borraba la cruel violación. Sabía muy bien que el hecho de haber quedado prendado del afecto sereno que Se-hwa le brindaba después no podía servir de excusa para haber olvidado por completo sus planes iniciales.

Sin embargo, no quería que Se-hwa se enterara de todo de la peor manera y en el peor momento posible.

Echando la vista atrás, después de haber mostrado una mentira ligera como excusa, esta situación se repetía continuamente. Parecía un dominó que ya había empezado a derrumbarse estrepitosamente, y no parecía haber nada que pudiera hacer más que observar. No sabía desde dónde se había enredado la madeja, y ahora ni siquiera podía imaginar qué tocar o cómo para desenredarla.

“La cirugía se realizó antes de lo previsto... pero el traslado a la incubadora fue un éxito y el estado del niño es mejor de lo esperado. Afortunadamente ya había pasado los 4 meses, así que hubo muchos casos de referencia. Sin embargo….”

“¿Sin embargo?”

La Teniente Na se mordió el labio inferior con los ojos hundidos por el cansancio y la preocupación.

“...No sé si lo recordará, pero se lo mencioné una vez: los valores básicos de Lee Se-hwa no son buenos y su matriz parece débil, pero extrañamente solo el feto se veía sano. Estamos en esa misma situación. La cirugía para extraer al niño terminó sin problemas, pero... la hemorragia, de Lee Se-hwa, continúa.”

“…….”

“Pensé que era una suerte que la anestesia funcionara, pero en cambio... todos los medios de hemostasia que tenemos no surten efecto. No se está logrando detener la hemorragia interna en zonas que no pueden ser selladas con láser.”

“Por eso...”, dijo la Teniente Na inhalando profundamente, como si no quisiera tener que llegar a decir esto.

“La medida que vamos a intentar ahora requiere otra firma de consentimiento de su parte, General, como tutor legal del parturiente.”

“...¿Consentimiento?”

“Vamos a intentar administrarle A7 junto con la transfusión de sangre.”

“¿Dices que vas a usar A7?”

El A7 era un medicamento especial incluso dentro del ejército. Era una medicina creada bajo la presión del jefe de estado, quien, paranoico, ordenó que se prepararan ante cualquier situación posible para mantenerlo con vida sin importar lo que pasara.

Por supuesto, su efecto era más potente que el de cualquier otro fármaco. Sin embargo, sus efectos secundarios eran tan considerables que ahora se había convertido en un trasto inútil sin uso. Incluso Ki Tae-jeong, que había rodado por innumerables campos de batalla, solo conocía el nombre pero nunca lo había usado. Cuando recibía disparos o puñaladas y perdía sangre a chorros, el H3 era suficiente.

Y ahora tenían que usar A7 en Lee Se-hwa....

“Y como bien sabe, con este método debe tener en cuenta... en el peor de los casos, incluso el fallecimiento de Lee Se-hwa.”

#103

Un pesado silencio se instaló por un momento.

“...Fallecimiento.”

Ki Tae-jeong repitió las palabras que acababa de escuchar con una voz carente de altibajos.

“...Lo siento.”

A lo largo de innumerables batallas, la toma de medicamentos y los tratamientos de mayor o menor escala se habían vuelto parte de su rutina. Y sin importar qué medicina tomara o qué medidas se aplicaran, al final siempre seguía una advertencia que planteaba el peor escenario posible.

Sin embargo, Ki Tae-jeong nunca había prestado atención a esas palabras hasta ahora. Se debía a que estaba sumido en la inercia de creer que, de todos modos, sanaría pronto sin mayores complicaciones.

Sus subordinados pensaban igual. Cuando regresaba tras haber luchado en la vanguardia, le sugerían diversos tratamientos, pero ninguno se preocupaba por él. Bajo la firme creencia de que a este hombre no le podía pasar nada malo, los procedimientos médicos solían concluir discretamente sin gran alboroto. Por eso, para Ki Tae-jeong, el proceso de informar previamente sobre los efectos secundarios no era más que un acto meramente nominal.

Pero ahora, las palabras de la Teniente Na tenían un peso distinto a todo lo que había escuchado antes. Sintió una presión tan grande que sus propios hombros parecieron hundirse. La Teniente Na realmente se estaba preparando para la muerte de Lee Se-hwa.

“El señor Lee Se-hwa no es un robot. No existe un dispositivo donde podamos programar qué aceptar y qué no absorber. Por eso, pensé que su cuerpo debía tener sus propios criterios para filtrar medicamentos, e intentaba descubrirlos. ...Hasta que llegara la cirugía programada originalmente para el quinto mes.”

“…….”

“La hipótesis que he planteado de urgencia es... tan insuficiente que me da vergüenza llamarla hipótesis, pero me pregunto si... el cuerpo del señor Lee Se-hwa no habrá determinado que el niño es algo dañino.”

La matriz que se formó de repente era absurdamente débil y, mientras tanto, su estado nutricional era un desastre al no haber podido comer adecuadamente. Ni hablar de las secuelas del estrés extremo que debió recibir continuamente. Sin embargo, el feto instalado en su vientre estaba muy sano. Incluso mientras el propio Lee Se-hwa se estaba muriendo.

“Al ser alguien con una naturaleza más fuerte que la de los demás para defender su interior, parece que en cuanto sus funciones corporales disminuyeron, juzgó al feto como un enemigo e intentó expulsarlo de alguna manera.”

“…….”

“También hay demasiadas variables externas. Si el señor Lee Se-hwa usó el parche y respiró el aire del Segundo Anillo aunque sea una vez, o no... simplemente el haber de quitado la máscara de gas debió tener un efecto negativo. Cuando fabricaba droga, solo habría probado una cantidad mínima por poco tiempo, pero esta vez es como si hubiera inhalado sustancias tóxicas cada vez que respiraba, y por un periodo bastante largo.”

“Entonces... quieres decir que el filtro dentro del cuerpo de Se-hwa está en una situación de sobrecarga.”

“A mi parecer, así es. Al tomar los anestésicos y extraer al niño mediante la cirugía, parece que el cuerpo reconoció que el factor de riesgo ha desaparecido. Al continuar la hemorragia, su cuerpo juzgó que se obtendría un resultado positivo; me refiero, como usted dice, al filtro dentro del cuerpo del señor Se-hwa.”

Parecía que, cuando el veneno que no pudo ser filtrado del todo comenzó a acumularse en cada rincón, su cuerpo, incapaz de resistir, empezó a responder desangrándose por completo. La Teniente Na inclinó la cabeza pidiendo disculpas por tener solo hipótesis inciertas.

Ki Tae-jeong tampoco era capaz de realizar deducciones calmadas. No tenía el más mínimo margen para analizar la validez de nada.

Más allá de la particularidad de la constitución de Se-hwa, Ki Tae-jeong sabía muy bien qué milagros podían obrar el subconsciente humano y su voluntad.

No hacía falta remontarse a sus propias y distinguidas hazañas militares logradas en solitario. En alguna batalla pasada, hubo un soldado tan gravemente herido que no habría sido extraño que muriera en el acto. Incluso habían preparado una gran bandera nacional dentro de la nave de retorno para envolver el cadáver, pero él no murió. Resistió y resistió hasta el final, y solo después de que la mano de su pareja, que había ido a recibirlo, tocó su cuerpo, cerró los ojos como si hubiera cumplido su misión.

Según los rumores que circularon después, él le dijo a su pareja con voz agonizante que lo sentía y que la amaba. Le pesaba en el corazón haber tenido una gran pelea antes de partir y quería cerrar los ojos solo después de haberle dicho esas palabras. Aquella determinación de decir las últimas palabras guardadas en su pecho a la persona amada fue lo que mantuvo a un soldado común resistiendo tanto tiempo en la encrucijada entre la vida y la muerte.

Por lo tanto, le parecía que el caso contrario también era perfectamente posible.

Lee Se-hwa realmente se había hartado de estar a su lado. Al no tener ni una sola razón para querer vivir, ¿no habría pensado que no le importaba si moría o no? Si, como decía la Teniente Na, el cuerpo de Se-hwa también había renunciado a defenderse más y, tal como él deseaba, su mente también se había dejado ir….

“¿No hay otro método?”

“...Lo siento. Aparte de esta cirugía... no queda más que rezar para que la hemorragia se detenga milagrosamente.”

Realizar la cirugía asumiendo un riesgo considerable, o quedarse mirando cómo Lee Se-hwa muere sin poder hacer nada... Solo había esas dos opciones.

Ki Tae-jeong se apoyó la frente con la palma de la mano. Su mano, que se deslizaba lentamente, se detuvo un momento sobre sus ojos, y las puntas de sus dedos parecían temblar ligeramente. Su nuez de Adán, que sobresalía como en un cuadro, se movió lentamente varias veces como si intentara soportar algo.

Poco después, la gran mano que cubría sus ojos recorrió en un instante su nariz, boca y barbilla. Aunque borró su expresión tanto como pudo, las emociones profundamente manchadas no se disipaban fácilmente.

Y la Teniente Na, leyendo un permiso tácito en ese gesto de Ki Tae-jeong, presionó rápidamente el botón de llamada. Parecía que la discusión interna ya había terminado, pues el encargado llegó corriendo con una tableta como si estuviera esperando.

“Solo tiene que firmar aquí.”

Su mirada negra se detuvo cerca del nombre de Lee Se-hwa. La mano que sostenía la pluma le escocía como si estuviera sujetando un zarzal. Ki Tae-jeong cerró los ojos profundamente, los abrió y escribió su nombre en el recuadro de la firma del tutor.

“Entonces, nos prepararemos de inmediato.”

La Teniente Na desapareció de nuevo tras la puerta automática. El sonido del desinfectante siendo rociado, el de cambiarse de ropa, varios sonidos de alarmas y gritos dando instrucciones resonaron bulliciosamente.

“Esto, General. Lamento molestarlo, pero también debe comprobar el estado de la incubadora.”

Ki Tae-jeong exhaló un largo suspiro ante la sensación de que su corazón se oprimía. Estuvo a punto de espetar qué importaba eso ahora, pero se calló al recordar a Se-hwa, quien había resistido tenazmente hasta ahora para proteger a ‘eso’ de él.

Probablemente, si fuera él, lo primero que preguntaría al abrir los ojos sería qué pasó con el niño. No, seguramente sería así.

Si le respondía que el bebé estaba a salvo y que estaba sano sin que le faltara nada... aquel rostro que siempre se congelaba rígidamente al verlo desde que lo trajo, quizás se relajaría un poco.

“...¿Dónde está, el niño?”

“Está en la sala de protección de incubadoras, no está lejos de aquí. Es la sala de protección de más alto nivel, y se pueden cuidar hasta tres unidades en el interior. Actualmente, aparte de la incubadora del hijo del General, las reservas están vacías, por lo que podremos cuidarlo con más esmero.”

El encargado explicó brevemente qué tipo de cuidados recibiría el niño en la sala de protección y qué proceso de crecimiento tendría dentro de la incubadora. Por supuesto, nada de eso llegó a sus oídos.

Si Lee Se-hwa hubiera estado a su lado, habría abierto los ojos de par en par preguntando esto y aquello. Habría pedido confirmación varias veces de si realmente no había problemas al sacarlo tan pronto, y se habría dirigido a la sala de protección jugueteando con los dedos por los nervios.

“¿Podría esperar un momento?”

La sala de protección tenía un gran ventanal de vidrio por el que se podía ver claramente el interior. Aunque eran las mismas paredes blancas, por alguna razón la saturación era distinta a la del exterior, haciendo que ese interior se sintiera acogedor, como si no fuera un hospital.

— Ha llegado el General de Brigada Ki Tae-jeong, tutor del señor Lee Se-hwa.

A través del altavoz instalado en el exterior, fluyó el sonido del interior de la sala de protección. Las enfermeras que estaban reunidas en el centro se dispersaron y una de ellas se acercó empujando un carrito con la incubadora.

— Aunque es un poco más temprano de lo previsto, el estado del niño es muy estable. Es un hijo muy sano.

Los valores y gráficos que aparecían en la superficie de la incubadora color crema eran pura calma. Los latidos del corazón por los que Se-hwa se preocupaba tanto también eran sumamente pacíficos.

— Como no hubo pedidos específicos, hemos activado primero el programa básico.

Mientras trazaba con la mirada el pequeño gráfico que ondulaba suavemente como si tarareara una canción, Ki Tae-jeong recordó el día en que escuchó por primera vez el latido del corazón del niño junto a Lee Se-hwa.

Aquel perfil que miraba la pantalla del ultrasonido como hechizado mientras negaba la realidad como si no pudiera creerla, aquellos ojos que brillaban incapaces de ocultar el asombro, aquel Lee Se-hwa de un día cualquiera que zapateaba de preocupación preguntando si estaba bien que el corazón latiera tan rápido.

— Al ser una incubadora de gama alta, el programa básico es suficiente para que no haya problemas en el proceso de desarrollo, pero si desea otras opciones, puede añadirlas en cualquier momento. Tenga en cuenta que cuanto antes se apliquen, mejor será el efecto.

En el centro de la incubadora flotaba un holograma. Era la imagen del recién nacido según la proyección de crecimiento, que lo había dejado sin habla al ver la pantalla por ser el vivo retrato de Se-hwa.

Sin darse cuenta, Ki Tae-jeong llevó la mano al vidrio. El holograma representa fielmente los movimientos reales del niño dentro de la incubadora. Es decir, que ahora mismo el niño está durmiendo en esa postura allí dentro.

Por supuesto, al tener apenas 4 meses, no sería más que estar acurrucado como un feto en un entorno similar al líquido amniótico... pero extrañamente, su mirada no dejaba de dirigirse a esa imagen.

“...Duerme exactamente igual.”

Se-hwa también se quedaba dormido acurrucado como un animalito pequeño. Entonces él enterraba la punta de la nariz y los labios en su nuca expuesta indefensamente, saboreaba el dulzor característico de su piel un buen rato y luego cerraba los ojos pegando su cuerpo al suyo como si hubieran sido una sola pieza desde el principio.

“Ah….”

A Ki Tae-jeong le picaba tanto la garganta que le costaba incluso tragar saliva adecuadamente.

Si Lee Se-hwa... por si acaso no despertaba así.

Si el último recuerdo de su vida fuera solo que él lo engañó una y otra vez.

Si todo terminara así, con él malinterpretando que desde el principio planeó grabar videos innecesarios….

Ki Tae-jeong apoyó la frente en el ventanal de vidrio. Un poco fuerte, tanto que sonó un golpe seco.

…¿Qué hago? ¿Qué debo hacer ahora... para poder volver atrás?

Al principio, planeó llevar a Lee Se-hwa al tribunal. Luego cambió de opinión y decidió sustituirlo por algo como un holograma con el contenido del testimonio, y ahora incluso eso le desagradaba. No iba a exponer a Lee Se-hwa en un lugar donde era evidente que sería despedazado por tipos que eran como hienas.

No había necesidad de explicar el cambio en sus sentimientos, que fluyeron de forma natural. Debido a que Se-hwa siempre lo interpretaba por su cuenta y lo aceptaba de buen grado... Ki Tae-jeong había abordado su relación con él de forma algo negligente y arrogante.

Por eso ahora que Se-hwa había desaparecido, no podía encontrar el rumbo de ninguna manera. Simplemente vagaba sobre el mar oscuro, como una boya a la deriva.

— ¿Tiene algún nombre decidido? El nombre prenatal también está bien.

Ante las palabras de la enfermera diciendo que lo ingresaría si se lo decía, Ki Tae-jeong no pudo responder nada. El niño tenía un nombre prenatal lindo y adorable: Brotecito. Sin embargo, ese era un nombre que no le estaba permitido pronunciar. No, era un nombre que ni siquiera debía revelar que conocía.

Sus dedos apoyados contra la pared de vidrio se tensaron tanto que se pusieron blancos. El niño dentro de la incubadora, ajeno a todo, bostezó un poco. Al ver esa inocencia, la dolorosa vibración que comenzó cerca de su corazón se convirtió en una gran onda que se extendió por todo su cuerpo. La mano de Ki Tae-jeong, que había estado resistiendo todo el tiempo, se deslizó dibujando una trayectoria torcida.

*

Lee Se-hwa no recuperó el conocimiento durante varios días.

La cirugía continuó durante un tiempo bastante largo. Tras verter varios frascos de A7, afortunadamente se pudo detener la hemorragia, y dijeron que después de eso no hubo signos anormales que llamaran la atención. Los valores de inflamación, la reacción del corazón, la respiración... todo lo demás era estable. Solo que el interesado no abría los ojos, como si estuviera muerto.

Ki Tae-jeong permanecía en la sala de espera situada justo enfrente de la unidad de cuidados intensivos. Como correspondía a un hospital que presumía de las mejores instalaciones de 5 estrellas, incluso el espacio diseñado para los familiares era lujoso. Hasta el punto de sentirse algo culpable hacia los pacientes que estarían luchando allá adentro.

Terminaba como podía las comidas que le traían sus subordinados o el encargado, se aseaba cuando llegaba el momento... y luego seguía trabajando continuamente sin siquiera dormir. Revisaba asuntos, firmaba como una máquina... y mientras tanto, buscaba tiempo como fuera para leer sobre los efectos secundarios del A7. De repente, al mirar el reloj, extrañamente no parecía haber pasado mucho tiempo, pero la fecha ya había cambiado de golpe.

Parecía que se sentía así porque no había dormido bien desde que Se-hwa colapsó. Cuando sentía que el interior de sus párpados resecos iba a arder, cerraba los ojos un momento sentado, pero ni siquiera eso duraba mucho.

En el sueño que él mismo creaba, Se-hwa se acariciaba el vientre ligeramente abultado. En el patio de la residencia, que solía ser desolador, crecían sin orden varios tipos de flores, y él tomaba el sol calzando los zapatos que le había comprado. Junto a sus pies que deambulaban, un pequeño brote de algo desconocido se mecía con la brisa suave.

Ki Tae-jeong se limitaba a observar fijamente a aquel Se-hwa. Era una figura hermosa que sentía que no podría olvidar jamás, aun sabiendo que era una ilusión.

Ya sentía que no podía soportar la nostalgia por aquel momento milagroso que nunca llegó a poseer. Sentía como si ese paisaje habría sido suyo si no hubiera pasado nada, si al menos no hubiera dejado que Lee Se-hwa se derrumbara de esa forma….

‘¿Yo también puedo acariciar tu vientre? ¿Está bien si llamo al niño... Brotecito?’.

Cuando intentaba abrir la boca al no poder contener más las emociones que hervían en su interior, invariablemente despertaba del sueño. Como si no fuera a disfrutar de tal oportunidad ni siquiera en la imaginación, siempre abría los ojos en ese punto como si le hubieran echado encima un cubo de agua fría.

“...Ah.”

Ki Tae-jeong parpadeó aturdido. Seguía manteniendo su lugar solo dentro de la gran sala de espera que parecía la habitación de un hotel, y hoy tampoco había noticias de Lee Se-hwa.

Derrumbando lentamente su torso, que había mantenido erguido, Ki Tae-jeong se frotó el rostro demacrado repetidamente. Mientras firmaba decenas de asuntos, aquel momento en que escribió su nombre en el consentimiento para la cirugía adicional de Se-hwa se superponía una y otra vez.

La voz de la Teniente Na diciéndole que tuviera en cuenta hasta el fallecimiento, la voz de Se-hwa suplicando que odiaba el sexo y que lo haría con la mano o la boca en su lugar... ‘General de Brigada’, aquella voz cariñosa de algún momento llamándolo así se enredaba de cualquier forma y no abandonaba sus oídos.

#104

“¡General de Brigada!”

La puerta se abrió de par en par de repente, sin llamar. Debido al lugar y a la delicadeza de la situación, el teniente Park no se había atrevido ni a dirigirle la palabra a menos que fuera un asunto mayor, pero por alguna razón ahora estaba haciendo un escándalo.

“¡Me informan que el señor Lee Se-hwa acaba de recuperar el conocimiento!”

La cabeza de Ki Tae-jeong, que mantenía la mirada perdida en algún punto del suelo, se levantó de golpe.

“Recibí un mensaje por radio de la Teniente Na mientras venía a informarle.”

Ah….

“¿Cómo está Se-hwa?”

Ki Tae-jeong se puso en pie de un salto. Su voz al preguntar era tan urgente que el final de la frase incluso se quebró un poco.

“Solo le han hecho algunas pruebas de funciones corporales básicas, pero dicen que por ahora no parece haber grandes problemas.”

El teniente Park no dejaba de sonreír de oreja a oreja. No recordaba que hubiera sonreído con tanta alegría ni siquiera cuando eligió cambiarse el nombre en lugar de un ascenso especial de rango, o cuando finalmente obtuvo su identificación con un nombre común grabado en ella….

Aunque intentó no demostrarlo, Ki Tae-jeong sabía que el teniente Park había estado atormentado por la culpa todo este tiempo.

Cuando regresaron al pasillo de la unidad de cuidados intensivos tras revisar al niño en la sala de protección, el teniente Park se inclinó profundamente pidiendo perdón.

Dijo que debió haber cerrado la boca con sensatez cuando el General guardó silencio al subir las escaleras, pero que por no haber pensado ni por un segundo que Lee Se-hwa estaría despierto o que habría salido hasta la puerta, soltó la lengua y causó que las cosas llegaran a este extremo; que lo sentía muchísimo.

Incluso le dijo que aceptaría cualquier castigo, aunque fuera solo para desahogarse, pero Ki Tae-jeong marcó un límite tajante diciéndole que no pensara en eso. En realidad, él no tenía la culpa de nada. Quien había arruinado meticulosamente todo lo relacionado con Lee Se-hwa no había sido otro más que él mismo.

“Felicidades.”

Aunque no parecía el saludo más adecuado, el teniente Park estaba sinceramente feliz. Debía de haber estado sintiéndose muy culpable hacia Se-hwa hasta ahora.

Mientras seguía al teniente Park, Ki Tae-jeong se vio envuelto en una sensación extraña.

‘¿Es normal pensar así? ¿Tener este sentimiento?’.

El hecho de que Se-hwa colapsara fue enteramente responsabilidad suya. El teniente Park simplemente tuvo algo de mala suerte. Aun así, él quería pedirles perdón a él y a Se-hwa, y sufrió de verdad.

Si el pensamiento de la gente común fluía de esta manera, si esto era lo normal y lo correcto…. Entonces, ¿habría sido lo acertado que él también empezara por pedirle perdón a Lee Se-hwa?

Pensó que dar explicaciones a estas alturas no resultaría convincente. El pasado no es más que un fragmento. Por mucho que se rumie, nada cambia. Por eso, siempre creyó que entregarle un futuro diferente era el mejor camino para ambos.

Sin embargo, al ver al teniente Park tan angustiado, de pronto pensó que tal vez Se-hwa también... hubiera estado esperando una disculpa de su parte. Como las demás personas. De forma normal.

“...teniente Park.”

“¡Sí!”

“Contacta al general Oh Seon-ran. Dile que Se-hwa ha abierto los ojos.”

“Eso..., ¿estará bien?”

Aunque se estaba esforzando al máximo para que la noticia no se difundiera, una defensa impenetrable solo fue posible durante los tres primeros días.

Por mucho que su base nacional se hubiera debilitado, Oh Seon-ran seguía siendo un general y miembro de una de las familias más prestigiosas. No le habría resultado difícil conseguir un informante en un hospital de 5 estrellas, producto del dinero y las influencias.

Una vez que comprendió que ocultarlo tenía sus límites, Ki Tae-jeong optó por aumentar su poder al máximo y rodear el entorno de Lee Se-hwa. Los oportunistas que intentaban curiosear se retiraron asombrados al ver el armamento de última generación desplegado en el hospital y los aviones de combate esperando en la azotea.

Pero, sorprendentemente... El general Oh Seon-ran no mostró ningún movimiento incluso después de escuchar las noticias generales. Su sospechoso silencio lo desconcertó solo por un breve momento. Ki Tae-jeong pronto se dio cuenta de que la calma del general Oh era una furia indescriptible.

El general Oh no atacó a Ki Tae-jeong con palabras o violencia. Como si él ni siquiera valiera la pena para cruzar palabra, se limitó a enviarle documentos oficiales de forma incesante.

Llegaron notificaciones sobre el proceso de adopción, avisos y certificados de que el trámite había concluido con éxito, e incluso un acta notarial basada en ello para transferir a Se-hwa al área de 5 estrellas.

El hecho de registrar a un hijo extramatrimonial o adoptivo en el registro civil no significaba que su zona de residencia siguiera automáticamente a la de sus padres legales en los papeles. La clasificación del estatus era el medio de control más conveniente y, por tanto, las reglas eran sumamente estrictas. No se hacían excepciones ni siquiera en asuntos de vínculos de sangre.

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Pasar del Cuarto Anillo al Primer Anillo era posible de alguna forma si se invertía dinero. A los de arriba no les interesaba la situación de los de las clases bajas y, de todos modos, esto no era algo que ocurriera a menudo.

Sin embargo, que un residente de fuera de los Anillos entrara al área de 5 estrellas no era tarea fácil. Oh Seon-ran tampoco ignoraba eso, por lo que estaba arremetiendo agresivamente en todas direcciones como si fuera a dedicar el resto de su vida a este asunto.

Además de eso, cada pocas horas llegaban certificados de transferencia de activos a nombre de Se-hwa y gruesos documentos que explicaban derechos accesorios. Y al final de los papeles que revisaba, siempre venía adjunta una carta de renuncia a la patria potestad.

“Es posible que ahora el general Oh Seon-ran se presente reclamando sus derechos legales como padre adoptivo.”

“...No es mentira. Ya no soy el tutor de Lee Se-hwa.”

En el momento en que el código de la incubadora se registró en el sistema informático del hospital, la condición de Ki Tae-jeong como tutor de la parturienta quedó revocada. Si llegara a ser necesaria una cirugía adicional, la única persona que podría firmar el consentimiento ahora sería el padre adoptivo, el general Oh Seon-ran.

Ki Tae-jeong miró con indiferencia su propio reflejo en la puerta del ascensor. Las diversas condecoraciones, hombreras y galones de su uniforme de gala brillaban intensamente bajo las luces.

Había deseado... esto. Había resistido hasta ahora para colgarse esta estrella en el pecho, y hasta el momento de ocupar la Casa, pensó que ya casi todo estaba terminando.

Despreciaba a quienes se compadecían de su pasado. Ya fuera gracias a su temperamento atroz o a su excelente capacidad física lo que le permitió sobrevivir... siempre creyó que se había salvado a sí mismo de aquel infierno por sus propios medios. Entonces, ¿quién se creía alguien para tenerle lástima?

Si lograba concluir las negociaciones con la familia Kim, se colgaría aún más estrellas en el pecho y, tras retirarse, obtendría la condición de veterano, por lo que podría burlarse a gusto de esos viejos decrépitos. Incluso le resultaba sumamente satisfactorio que el punto de partida de todo esto fuera la estupidez del teniente Kim, quien vivía una vida libertina confiando solo en el prestigio de su familia.

Todo marchaba sobre ruedas, por así decirlo.

…O eso pensaba.

Por eso, ahora que el juicio que tanto anhelaba ha comenzado, ¿qué es lo que he obtenido exactamente? El momento de juzgar a quienes lo criaron como una máquina de matar está frente a sus ojos. Aun así, ¿por qué sigo sintiendo que estoy atrapado en un pozo de fuego ardiente?

No puede creer que la calidez de Lee Se-hwa, que estaba a su alcance con solo estirar la mano, haya desaparecido, y se debate cada día en esa angustia; si esto no es el infierno, ¿entonces dónde es? Siente que se ahogará para siempre en una sensación de pérdida que parece imposible de llenar. ¿Y salvación? ¿Dije que yo me había salvado a mí mismo?

“General de Brigada, entonces el acta de matrimonio... ¿cómo procedemos con ella?”

El teniente Park preguntó con cautela, encontrándose con su mirada a través del espejo.

Un registro de matrimonio era algo que podía llevarse a cabo perfectamente sin Lee Se-hwa. De hecho, ya tenían todos los preparativos listos. Solo había esperado porque quería ver a Se-hwa escribir su nombre con su propia mano. Por supuesto, lo de ‘firma voluntaria’ era un decir; como siempre, le habría gritado sin pestañear, lo habría asustado y, al final, habría hecho que firmara llorando….

“Si presentamos los documentos ahora mismo, podemos hacer que tengan efecto inmediato, pero….”

Sin embargo, Ki Tae-jeong cerró la boca con firmeza y no dio ninguna respuesta. El teniente Park, extrañado por la actitud de su superior, no volvió a mencionar el tema y se limitó a responder que se comunicaría con el general Oh Seon-ran.

“Dijo que era una habitación especial... Ah, parece que es por allí.”

La habitación a la que lo trasladaron no estaba muy lejos de la unidad de cuidados intensivos y del quirófano, pero se encontraba en un lugar tranquilo que no llamaba la atención de la gente. Se preguntó por qué habían elegido una ubicación tan ambigua habiéndolo trasladado a una habitación común, pero al verlo en persona, la ruta en caso de emergencia era muy eficiente.

“...así que, esto debe seguir….”

Mientras caminaba hacia el cartel de la habitación especial, comenzó a escucharse la voz de la Teniente Na.

Ki Tae-jeong se golpeó ligeramente la clavícula con la palma de la mano sin motivo. Sintió vívidamente el recorrido del esófago hasta debajo de la boca del estómago, como si hubiera tragado agua caliente de un sorbo.

“Ah... yo iré a solicitar el despliegue de personal médico y de seguridad adicional en la estación.”

El teniente Park se retiró discretamente hacia atrás, diciendo que también contactaría al general Oh Seon-ran para informarle. Parecía ser su forma de ser considerado para que tuvieran tiempo a solas, ya que tendrían mucho que resolver y decirse. A diferencia del Sargento Primero Choi, que tenía un lado algo pícaro, este hombre era pésimo para actuar, por lo que su torpeza le arrancó una pequeña risa.

Ki Tae-jeong se tocó la comisura de los labios con la mano, extrañado por su propia sonrisa. ‘¿Hacía cuánto que no se reía…?’.

“Señor Lee Se-hwa, primero le daré una explicación.”

La voz de la Teniente Na se volvía cada vez más clara. Sus pasos, que parecían querer recuperar el tiempo que estuvo detenido, se aceleraron cada vez más. Intentó no ser impaciente, pero sentía un hormigueo por dentro que no podía soportar.

Hacía más de una semana que no veía el rostro de Se-hwa. Sentía que había pasado una eternidad desde la última vez que escuchó su voz. No le importaba si lo insultaba al verlo o si lloraba diciendo que lo odiaba; solo quería sentir físicamente que estaba vivo.

Ki Tae-jeong inhaló profundamente y sujetó el pomo de la puerta.

“Por si acaso, manténgalo puesto por ahora, ah... General de Brigada.”

Al abrir la puerta y entrar, la Teniente Na le hizo un saludo militar algo torpe. En la otra mano sostenía una mascarilla de oxígeno que colgaba.

Y Lee Se-hwa... tenía una pierna bajada fuera de la cama. Estaba en una postura como si fuera a salir corriendo en cualquier momento. A pesar de haber estado entre la vida y la muerte y de que su cuerpo aún debía de estar mal... parecía que quería huir de él en cuanto abrió los ojos.

Ese rechazo evidente hizo que pareciera abrirse una grieta enorme bajo su boca del estómago. Pero al mismo tiempo, gracias a ese dolor, finalmente se sintió vivo. El Se-hwa lleno de vida, que temía y se sentía extraño ante su presencia, esa vida que palpitaba aunque fuera a través del odio hacia él, hizo estremecer a Ki Tae-jeong.

Sin embargo,

“...¿Quién, es usted?”

Ante la pregunta de Se-hwa que siguió, Ki Tae-jeong se quedó estupefacto. La Teniente Na también se quedó petrificada como si se hubiera quedado sin aliento.

“Lo siento, pero ¿acaso era usted mi invitado?”

“…….”

“No recuerdo bien qué pasó, pero, mmm….”

Sus ojos, que se veían aún más grandes por haber perdido peso, recorrieron la habitación y el soporte donde colgaba la bolsa de suero.

“Parece que me han traído a un buen hospital... se lo agradezco, pero no tengo capacidad para alojarme en un lugar como este. Además, mi cuerpo no tiene nada de malo.”

Se-hwa hizo un esfuerzo por levantar sus brazos, que no tenían fuerza, y movió las piernas de un lado a otro como diciendo ‘mira esto’.

“Señor Lee Se-hwa.”

Ante el llamado de la Teniente Na, Se-hwa puso una expresión extraña y cerró la boca con firmeza. Al mismo tiempo, masculló su propio nombre, ‘Lee Se-hwa’, solo con el movimiento de los labios. Tenía un aire de curiosidad, como si fuera la primera vez que lo llamaban así.

“¿Qué edad tiene el señor Lee Se-hwa ahora?”

“¿Yo? Tengo veinte años….”

“…….”

“¿Por qué... se ponen así?”

Ni Ki Tae-jeong ni la Teniente Na pudieron decir nada y se limitaron a mirar fijamente a Se-hwa. Como si se sintiera incómodo por las miradas que recaían sobre él, Se-hwa se rascó la mejilla y evitó el contacto visual.

Veinte años.

Era hace un año respecto a ahora, antes de conocerlo. ¿Cuánto debió odiarlo, qué tan terrible debió ser para que Lee Se-hwa borrara por completo todos los recuerdos de sus veintiún años, cuando llegó a conocerlo?

“Lo último que recuerda... es decir, ¿puede decirme qué es lo que le viene a la mente ahora mismo?”

Sintiendo que algo no iba bien, un rastro de alerta apareció en el rostro de Se-hwa. La Teniente Na abrió la boca como para explicar algo, pero luego negó con la cabeza.

“General, creo que primero debemos preparar exámenes detallados.”

Diciendo que le informaría los pormenores después, la Teniente Na salió rápidamente de la habitación. Una pequeña duda apareció en el rostro de Se-hwa mientras observaba su espalda alejarse.

Se-hwa, que hasta hace un momento actuaba como si fuera a salir corriendo de inmediato, ahora estaba sentado recatadamente al borde de la cama. Parecía intuir que algo grave le había sucedido. Al fin y al cabo, como notó desde la primera vez que se conocieron, no era alguien despistado para estas cosas.

Se-hwa levantó los brazos para observar sus manos y luego inclinó el torso para mirarse los pies. Entonces, como si algo le molestara, se sujetó el vientre y frunció el entrecejo.

Ki Tae-jeong se mordió los labios y dudó un largo rato. Quería decirle que se sentara bien porque era peligroso, o mejor aún, que se acostara. Pero temía que su voz fuera como presionar un detonador y no podía hablar con facilidad por miedo a destrozar su mente, que ya debía de estar confundida.

“Esto... invitado.”

Se-hwa, que estaba sentado precariamente, lo llamó con cautela.

En esa mirada no había ningún sentimiento. Ni afecto, ni odio, ni furia, ni miedo o resignación... no había nada. Era la mirada seca de un extraño, como si nunca antes lo hubiera tenido presente en su corazón.

“...Mmm, parece que he sufrido algún tipo de accidente….”

El Lee Se-hwa de veinte años, el Lee Se-hwa que conoció de forma ordinaria sin ningún tipo de detonante previo —tal como lo había imaginado brevemente alguna vez— era mucho más sereno y calmado de lo que Ki Tae-jeong conocía. Su mirada al observar el lugar desconocido era tranquila y no temblaba al dirigirle la palabra. Estaba pendiente de sus reacciones, pero era seguro que no le tenía miedo.

Era natural. Porque este Se-hwa de veinte años no sabía que lo habían tratado como cómplice del teniente Kim obligándolo a arrodillarse, que lo habían pateado, ni que lo habían hecho usar parches y tomar drogas. No sabía que le había entregado su retaguardia mientras era tratado como una herramienta, ni que se había derrumbado ante un afecto manchado de mentiras.

“Por lo que escuché hace un momento, parece que la doctora lo llamó General de Brigada. ¿Es correcto?”

“…….”

“Por la ropa que lleva ahora... si resulta que es militar….”

Al decir eso, Lee Se-hwa bajó ligeramente la mirada. Al ver que las yemas de sus dedos se movían espasmódicamente, parecía estar calculando qué tan alto era el rango de General de Brigada.

“...Un General de Brigada es un oficial general del ejército.”

Ki Tae-jeong habló ocultando su agitación interna. El rostro que lo miraba asombrado era igual al de la primera vez que escuchó esto.

“Si subes solo cuatro niveles por encima de mí, llegas al jefe de estado.”

A partir de ahí, las cosas que vivió con Se-hwa, su rostro llorando y riendo al verlo... innumerables imágenes residuales se precipitaron como si se reprodujeran a gran velocidad. Solo Lee Se-hwa llenaba su campo de visión.

“Un teniente está seis niveles por debajo de mí.”

Sin embargo, la ilusión finalmente se rompió y lo único que quedó fue ese rostro inocente para el que él era un extraño.

La persona sentada frente a él es Lee Se-hwa, pero no es ‘su’ Lee Se-hwa. Era alguien que no había dejado entrar a Ki Tae-jeong en su mundo, alguien que había olvidado todo lo ocurrido un año después.

“Mi nombre es Ki Tae-jeong y, como dije antes, mi profesión es militar y mi rango General de Brigada.”

Era la presentación que debieron haber intercambiado cuando se conocieron originalmente. Ki Tae-jeong dio un paso cauteloso hacia el Se-hwa que lo había borrado, ofreciéndole un saludo que llegaba con mucho retraso.

“...Y soy alguien que te ha hecho mucho, muchísimo daño.”

#105

Se-hwa inclinó un hombro y entrecerró ligeramente los ojos, como alguien que hubiera mordido algo agrio. Parecía que la expresión "daño" le resultaba un poco vergonzosa. Tras quedarse así un momento,

“Ah….”

Pronto frunció levemente el entrecejo, como si recordara algo.

“Esas palabras de recién….”

Aunque era un saludo con un sentimiento completamente distinto al de la primera vez, pareció que algo acudió a su mente ante la frase repetida.

“¿Recuerdas algo?”

Ki Tae-jeong, que intentó acercarse a Se-hwa, se sobresaltó por un instante y, con los puños apretados, retrocedió de nuevo un paso. Otra vez igual. Sus deseos se anteponían y lo hacían actuar arbitrariamente, a pesar de haber reflexionado sobre si sus palabras y acciones podrían ser un detonante en el subconsciente de Se-hwa.

“...Si sientes alguna molestia, no te la calles y dímelo. Pasaste por una cirugía mayor.”

“¿Una cirugía?”

Desconcertado, Se-hwa se palpó aquí y allá. Al no recordar nada de inmediato, pareció frustrado por un rato; luego, tiró de la holgada manga de su bata de paciente y observó el nombre del hospital.

“…Oh.”

“¿Qué pasa?”

“Al ver esto me vino algo a la cabeza de repente; había algo que no debía olvidar.”

Se-hwa puso una expresión extrañamente abrumada, diciendo que solo le quedaba esa sensación: algo que jamás debía olvidar, algo precioso.

“Es como si por un lado estuvieran rociando pintura blanca para que lo olvide todo... y por el otro lado, como si alguien intentara mostrarme algo a la fuerza, preguntándome cómo puedo olvidarlo todo….”

Se-hwa se tocó alternativamente ambas sienes con el dedo índice. Luego dejó caer las manos y murmuró con melancolía:

“¿Qué era…?”

Su mirada, que se hundió de golpe, cayó a sus pies. Ki Tae-jeong vaciló un momento y luego eligió el tono más afectuoso que fue capaz de emitir.

“Descansa por ahora. Estabas muy enfermo incluso antes de la cirugía.”

“Ah, sí.”

Sin embargo, lo que recibió fue una impresión tan escueta que resultaba vana.

Ki Tae-jeong se dio cuenta, por esa actitud desconocida, de que Se-hwa realmente lo había olvidado. En condiciones normales, se habría sonrojado de la emoción. Además, desde el principio hasta ahora, mientras estuvo bajo su control, Lee Se-hwa nunca le había respondido de forma tan breve. No se sorprendió simplemente por la respuesta corta; fue porque sintió claramente que, para él, ahora era un extraño al que no valía la pena responderle con esmero.

Se preguntaba cómo habría llegado a ese puesto si sus pensamientos internos se leían tan fácilmente... pero era un error. Todo era visible porque Lee Se-hwa lo permitía. Al principio porque le tenía miedo, y después porque le entregó todo su corazón.

“Lee Se-hwa.”

“…¿Sí?”

“No tienes veinte años, sino veintiuno….”

Ki Tae-jeong añadió las palabras como hechizado. En las pupilas serenas y calmadas de Se-hwa, vio su propio reflejo, de pie como un extraño.

“Durante este tiempo, sufriste mucho por mi culpa. Yo... te engañé y te usé.”

“…….”

“...Tuve varias oportunidades de decirte la verdad, pero….”

Porque me gustaba que me quisieras.

Porque yo también te quería a ti.

Mentí por miedo a que cambiara esa mirada tuya que me observaba con éxtasis.

Sin embargo, Ki Tae-jeong desvió la vista, tragándose las palabras que seguían. ¿De qué serviría decir esto ahora? La persona que debía escuchar esta excusa no era quien tenía enfrente, sino aquel Lee Se-hwa que se dejó ir justo antes de colapsar.

“Es un poco... desconcertante. No hay nadie que no me haya engañado o usado, pero es la primera vez que alguien se siente mal por ello.”

Se-hwa manoseó su manga como si no supiera cómo reaccionar.

“...Es la primera vez que te digo esto. Antes, pensaba ocultarlo hasta el final. Creí que sería más cómodo así.”

“Bueno... sea como sea, ahora me lo ha dicho.”

La mano que Ki Tae-jeong mantenía a la espalda se estremeció violentamente. Sabía que una respuesta de "está bien" no servía de nada viniendo del Se-hwa actual, pero por un instante sintió que podía respirar, como si se aferrara a un salvavidas.

“Entonces... ¿podemos empezar así?”

“Supongo... ¿que sí?”

Si seguía disculpándose a su lado una y otra vez. Si se lo decía en cualquier momento hasta que su corazón se ablandara. Entonces, ¿podrían volver a ser como antes? Ir juntos de compras, preocuparse por qué hacer con el niño en el futuro, y buscar el sueño abrazados el uno al otro... otra vez.

“Eh... lo siento. De repente tengo un poco de sueño.”

“Ah, sí.... Descansa.”

Se-hwa se acostó en la cama frotándose la frente, como si la somnolencia repentina lo desconcertara. Por así decirlo, más que quedarse dormido, fue como si se desplomara al quedarse sin batería.

Ki Tae-jeong vaciló varias veces y finalmente extendió la mano. Arropó bien a Se-hwa y revisó la bolsa de suero.

Era un problema tanto si los recuerdos de Se-hwa no volvían como si lo hacían. Por supuesto, aunque Se-hwa recuperara el juicio mañana mismo, él no repetiría los mismos errores. Quería hacerle sentir un "comienzo" diferente, aunque fuera por un solo día.

Pero eso, al final, no era más que una autosatisfacción por estar tratando bien tardíamente a alguien que estuvo a punto de morir. Si el Se-hwa que recuperara la memoria consideraba este momento como un engaño mayor.... ¿Cómo debería solucionarlo entonces?

Sentado en el taburete junto a la cama, Ki Tae-jeong observó la delgada espalda de Se-hwa y, deslizándose lentamente, enterró el rostro en las sábanas.

Maldita sea, no entiendo nada.

Cuando Lee Se-hwa huyó dañando incluso su propio cuerpo, lo único que pensó fue que debía atraparlo y atarlo como fuera. Pero al final no pudo llevarlo a cabo. No pudo ponerle el collar que dejó colgado en la cama, pero tampoco pudo quitarlo.

Y luego, cuando Lee Se-hwa se desmayó tras escuchar algo que... bueno, honestamente no podía decirse que fuera un malentendido total, y cuando escuchó que podría morir por ello, perdió la cabeza por completo.

No quería perder a Se-hwa de esa manera. Se juró que, si despertaba a salvo, al menos no lo haría llorar de esa forma.

Quiere hacer algo por él... pero las palabras y acciones que puedan llenar ese "algo" no acuden a su mente. Nunca ha aprendido este tipo de estrategia en ninguna parte. Nadie se la enseñó.

Ki Tae-jeong cerró los ojos en silencio. Se sentía como un gigante de los mitos antiguos, cargando con un castigo que no parecía tener fin.

*

Por suerte o por desgracia, los resultados de los exámenes no mostraron anomalías. Tanto el cerebro como la zona de la cirugía estaban intactos. Al no haber daños ni hemorragias, no quedaba más que esperar a que su estado mejorara.

Se-hwa cabeceaba constantemente. Y cada vez que cerraba y abría los ojos, sufría por los recuerdos extraños que lo asaltaban de golpe. Recién recuperado el conocimiento, creía estar en el primer mes de sus veinte años; hace unos días, murmuraba que en primavera era difícil pagar la cuota diaria, y de repente recitaba las cosas que debía hacer cuando llegara el verano. Según su propia metáfora, era como si tuviera un calendario en la cabeza y alguien desconocido lo estuviera arrancando al azar.

Ayer, al verlo acurrucado en la cama escribiendo algo con empeño, Ki Tae-jeong echó un vistazo y vio que estaba anotando todos los métodos de fabricación de droga que recordaba con letra torcida. Decía que todavía le faltaba mucho trabajo para pagar la deuda restante y que sería un gran problema si olvidaba incluso eso.

Habiendo borrado tanto el resentimiento hacia él como al niño al que tanto apreciaba, él solo se reconocía a sí mismo como Sam-wol, del House. Como si no tuviera ningún otro valor más allá de eso, se esforzaba únicamente por recordar los asuntos relacionados con las drogas.

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Y en ese contexto, Ki Tae-jeong estaba seguro de que Se-hwa ni siquiera tenía intactos los recuerdos de su época de los veinte años. Sabía que era el jefe del House, conductor de hwatú y encargado principal de la distribución de drogas, pero no podía recordar nada más allá de eso. Por ejemplo, los asuntos relacionados con Kim Seok-cheol.

Sabía que en aquel entonces ya estaba haciendo tratos con el teniente Kim, pero parecía haberlo olvidado por completo, pues ni siquiera mencionaba el asunto. Incluso cuando intentaba sacar el tema de forma subconsciente, pronto ladeaba la cabeza como si se hubiera quedado sin palabras.

“Ha llegado.”

Al entrar en la habitación, Se-hwa lo saludó con un rostro que se veía más cansado que por la mañana.

“…Sí, ya volví.”

Ki Tae-jeong asintió con un breve retraso. Si hubiera que señalar el cambio más grande desde que Se-hwa perdió la memoria, sería este intercambio de saludos.

Hace unos días, cuando se preparaba para salir un momento debido a un asunto en la habitación que no podía resolverse allí, Se-hwa le dijo con voz natural que le fuera bien. Ki Tae-jeong, que se quedó petrificado ante esas palabras como si le hubiera caído un rayo, respondió de forma muy torpe que ya volvía.

Los saludos triviales y comunes fueron creciendo poco a poco desde entonces. Al día siguiente, Se-hwa le preguntó discretamente si ocurría algo, y Ki Tae-jeong le explicó que tenía documentos que firmar en la oficina gubernamental.

Pensándolo bien, Se-hwa nunca preguntaba nada. Debido a que terminaba hecho una piltrafa por el acto sexual que duraba hasta altas horas de la noche, por la mañana solía estar decaído, y él se marchaba a hacer sus labores dejando a Se-hwa así. Si tenía un asunto urgente, se ausentaba durante varios días sin decir nada en especial.

Ya fuera en el House o en la residencia, nunca... se le ocurrió darle un simple aviso a Se-hwa. Sabía que Se-hwa no tenía nada más que hacer que esperarlo, y honestamente, disfrutaba viendo ese rostro que solo lo miraba a él con sumisión.

Ki Tae-jeong pensó que tal vez Se-hwa había prendido fuego a su propia mente para hacerlo darse cuenta de esto. Para decirle que lo que deseaba de él no eran artículos de lujo apilados como montañas, sino simplemente estas pequeñas cosas, una palabra sincera….

“¿No te sientes bien?”

Al preguntarle con cautela porque lo veía especialmente sin fuerzas, Se-hwa solo parpadeó aturdido.

“…No lo sé muy bien.”

El cansancio emanaba de su perfil inclinado. Se-hwa estaba luchando ferozmente contra sí mismo incluso en este momento.

“Hice bien en comprarlo.”

Cuando Ki Tae-jeong extendió el regalo que escondía tras su espalda, Se-hwa puso cara de desconcierto.

“Es algo que te gustaba.”

Al ver la pequeña caja de pastel con dibujos de nubes celestes y rosas, un ligero brillo apareció en sus pupilas.

En realidad, quería darle un regalo más impresionante. Pero por mucho que lo pensara, las únicas cosas que hacían feliz a Se-hwa eran pedazos de pastel o fruta. Tarjetas de débito con grandes sumas, ropa cara, joyas... nada le causaba emoción. Al contrario, se agobiaba y terminaba llorando.

“Vaya….”

Como era de esperar, Se-hwa soltó una pequeña exclamación al ver el pastel de cereza cubierto con crema de color rosa pálido.

“Gracias.”

Ki Tae-jeong buscó un tenedor y se lo entregó, pero Se-hwa se limitó a observarlo un largo rato como si le diera pena comerlo. Entonces, como si recordara algo, se giró rápidamente hacia Ki Tae-jeong.

“¿Necesitas algo más?”

“Ah, no es eso….”

“Habla con confianza. Lo que sea.”

“Mmm.... De todos modos, me parece que el General de Brigada no lo sabrá bien….”

“¿Qué es?”

“¿Acaso entró algún 'jugador' llamado Brotecito en este último año? Al House.”

Ki Tae-jeong se quedó congelado justo cuando iba a sentarse en el taburete. Brotecito. Ante ese llamado que cayó como un ataque, los músculos de su mandíbula se tensaron rígidamente y no pudo articular palabra.

“De la nada, solo esa frase flota en mi cabeza. Que quiero darle esto a Brotecito.”

“…….”

“La única gente que conozco son los jugadores del House o los clientes... pero como normalmente los jugadores no usan nombres como Brotecito, me parece un poco extraño.”

“…Ah, ¿en serio?”

“Es lo más probable. Si un jugador de bajo nivel usara un apodo así, no conseguiría ni un cliente.”

Ese tipo de apodo. Ki Tae-jeong se sintió golpeado por la voz de Se-hwa, quien evaluaba fríamente el nombre de Brotecito.

“Quizás por eso siento que no debería comerlo yo.”

Se-hwa solo picoteaba la decoración de crema con el tenedor.

“¿Brotecito... quería comer esto?”

“¿Quién sabe? Como ni siquiera recuerdo quién es esa persona, no puedo recordar algo así. Solo….”

“…….”

“Ah, para ser un poco más exacto... mmm, quería que lo supiera. Sí... eso parece.”

“…….”

“Quiero que Brotecito también sienta qué sabor tiene esto. ...Esa es la sensación que me viene intensamente ahora mismo.”

Significaba que, después de todo, eso era lo que quería comer cuando estaba embarazado.... ¿Le apetecía un pastel con sabor a cereza en lugar de las cerezas mismas? ¿Pero por qué no dijo nada? Como comía la fruta fresca sin rechistar, no pudo sospecharlo lo más mínimo.

Incluso dejando de lado la época en que huyó al Segundo Anillo, antes de eso... pensó que se habían vuelto bastante cercanos tras aquel beso en el solárium de la oficina gubernamental. Creyó que él también estaba mostrando sus sentimientos cambiados hacia Se-hwa sin filtros.

“…Realmente no tenías ninguna expectativa puesta en mí.”

“¿Perdón?”

No es como si te pidiera desollar a alguien; qué difícil podía ser comprarte algo de comer. Y te dije que, incluso si querías desollar a alguien, simplemente lo dijeras. ¿Pensaste que yo no me tomaría ni esa molestia por ti? ¿Incluso en aquel tiempo en que sonreías con más brillo a mi lado?

“¿General de Brigada?”

Ki Tae-jeong no pudo soportarlo y apretó con fuerza la mano de Se-hwa. Inclinando sus anchos hombros, apoyó con cuidado la frente como si allí estuviera su único conducto para respirar.

“Fui a verlo hace un momento.”

“…….”

“Definitivamente no tenía ojos desiguales.”

“…¿El qué?”

¿Cuántas historias ocultas tuyas, que yo no conozco o que pasé por alto, quedarán todavía? ¿Llegará alguna vez la oportunidad de saberlo todo?

“¿General de Brigada?”

Lee Se-hwa.

Lo siento.

Ki Tae-jeong puso la frase desconocida en la punta de su lengua varias veces. Se apoyó cobardemente en el Lee Se-hwa de veinte años que le decía que por qué no lo decía ahora, y practicó una y otra vez la confesión que no podía hacer. Se dijo que así es como debía hacerlo, de ahora en adelante.

“…Te lo diré las veces que haga falta de ahora en adelante. Hasta que estés bien, continuamente.”

Así que, por favor, vuelve ya.

Vuelve y escúchame.

No dejes aquel momento terrible como tu último recuerdo.

*

“¿Que tuvo al niño? ¿No es antes de lo previsto?”

Revisando el holograma que apareció en el monitor, el Teniente Coronel Kim se acarició el surco nasolabial con el pulgar y el índice.

“¿Es por eso que Oh Seon-ran se mueve con tanta prisa? ¿Porque el tutor legal desapareció?”

“Sí. La adopción es un hecho y dicen que ahora está tramitando el cambio de residencia.”

“¿Qué? ¿Cambiar la residencia? ¿A dónde?”

“¿No será que intenta incorporarlo al área de 5 estrellas?”

Ja, soltó una risa sarcástica por la incredulidad. Tendría que sugerir una reestructuración de las zonas una vez que terminara este asunto. No le importaba cómo vivieran y se pelearan fuera de los Anillos, pero no podía permitir que un plebeyo pisara suelo de 5 estrellas.

“Bueno, de todos modos ha salido bien. Presenten la citación para el testigo. Si ya tuvo al niño, ya no tiene excusas para negarse, ¿no?”

“Es cierto, pero... tanto Ki Tae-jeong como el general Oh Seon-ran dudo que acepten dócilmente…”

“Ese maldito de Ki Tae-jeong, que actúa por su cuenta, era el problema; pero si Oh Seon-ran se presenta como el escudo de Lee Se-hwa, el trabajo será más fácil.”

El Teniente Coronel Kim hizo desaparecer el holograma con un gesto de la mano y se hundió profundamente en el respaldo de la silla. Sus piernas cortas, apoyadas sobre el escritorio, se balancearon alegremente.

“¿Cómo crees que se tomará nuestro gran jefe que un oficial de alto rango como Oh Seon-ran, alegando que es de su sangre, ni siquiera permita que se presente en el tribunal?”

“Ah... podría tomarlo como un desafío a su autoridad.”

“Exacto, eso es.”

El viejo dictador reaccionaba de forma enfermiza si cualquier alto cargo mostraba el más mínimo indicio de deslealtad. Si le permitió a Oh Seon-ran permanecer en el extranjero fue porque hubo una promesa bajo cuerda de que evitaría que los oficiales se aliaran. El hecho de que Oh Seon-ran hubiera rechazado el matrimonio y no tuviera hijos también influyó positivamente. Al no tener vínculos con otros, no habría favores mutuos.

Pero ahora, ese Oh Seon-ran trae de la nada a un tipo cualquiera como si fuera su hijo adoptivo y actúa como si fuera a darle hasta el alma. Además, según los rumores, los padres de ese plebeyo tenían relación con el experimento químico de hace veinte años.

Aquel experimento era el fracaso que el soberano quería borrar y la deshonra de la que todos guardaban silencio. ¿Realmente vería con buenos ojos que alguien relacionado con eso fuera nombrado heredero y que se usara el poder como escudo? El Teniente Coronel Kim estaba dispuesto a apostar una gran suma a que Oh Seon-ran terminaría colgando el uniforme.

“Sería extraño que no molestara al viejo. En fin, a partir de ahora enfoquen el asunto por ahí. Incluso un teniente ha sido denunciado y llevado ante un tribunal militar; no tiene sentido que un civil se niegue a comparecer como testigo solo por ser el hijo adoptivo de un general.”

“Sí, entendido.”

El Teniente Coronel Kim asintió con su rostro grasiento y sonrió ampliamente. De todos modos, no es más que un juicio de nombre. Si lo hacían bien, podrían usar a ese habitante de los estratos bajos para debilitar no solo a Ki Tae-jeong, sino también la influencia de Oh Seon-ran. Si manipulaban a la opinión pública, no sería difícil convertir la sesión en un interrogatorio en lugar de una toma de testimonio para Lee Se-hwa.

“No esperaba que las cosas fluyeran así, pero de todos modos servirá como un buen ejemplo.”

No por nada existía el dicho de que no hay mal que por bien no venga. Aprovecharía esta oportunidad para quitar de en medio a los que estorbaban y mostrar claramente que rebelarse contra nuestra familia no tiene un buen final.

“Lo ideal sería señalar a Lee Se-hwa como el autor principal, pero si vemos que el ambiente no lo permite, lo señalaremos como cómplice. Con eso tenemos posibilidades de sobra, ¿verdad?”

“Así es. Eso no será ningún problema.”

“Sí. Será difícil conseguir una sentencia de muerte, pero solo hace falta meterlo en la cárcel como sea.”

Bueno... después de todo, es bastante común que un preso muera por un accidente imprevisto dentro de la prisión.

#106

“Ah. Ah-ah.”

Se-hwa dejó escapar sonidos sin sentido, haciendo vibrar su garganta repetidamente. Al despertar, solía sentir un picor como si tuviera fragmentos de vidrio clavados en la garganta, pero desde hacía unos días, ni siquiera sentía ese dolor.

Al principio pensó que era algo bueno porque ya no le dolía, pero no se trataba de que el dolor hubiera desaparecido, sino de una sensación cercana a la pérdida paulatina de la sensibilidad, como si se estuviera paralizando. Ahora, incluso al beber agua caliente, era incapaz de calcular la calidez.

Como no parecía un fenómeno muy positivo, tuvo cuidado de no levantar sospechas ante la Teniente Na, la encargada. Se encontraba luchando por no ahogarse entre los recuerdos que lo asaltaban varias veces al día, pero el motivo por el cual terminó hospitalizado seguía sin acudir a su memoria.

‘¿Cuánto tiempo llevo aquí?’.

Dijeron que después de la cirugía estuvo entre la vida y la muerte más de una semana, así que, sumando todo ese tiempo, calculaba que debía de haber pasado casi un mes. En una situación donde el dinero se escurría solo por estar sentado respirando, no quería malgastar costos innecesarios en exámenes que no parecían tener efecto.

“¿Y qué clase de cirugía fue…?”

Se-hwa observó por la ventana con una sensación de desolación. Justo cuando parecía que los recuerdos regresaban, ahora su cuerpo se negaba a obedecer. ¿Qué era aquello que tanto deseaba olvidar para que su cuerpo rechazara la vida de forma tan violenta? Para él, que siempre tuvo un deseo de supervivencia más fuerte que nadie, la situación actual resultaba desconcertante.

Por supuesto, la mayor incógnita para Se-hwa ahora mismo era el propio Ki Tae-jeong. ¿Por qué ese hombre era tan bueno con él?

Al principio sospechó que le habían quitado algún órgano. O que planeaban hacerlo. Si no fuera con ese propósito, no había razón para traerlo a un lugar tan bueno y cuidarlo dándole comida cara.

En este mundo no existe la buena voluntad desinteresada. Incluso él, que no tenía ni un solo rasgo que no fuera sorprendente —desde su apariencia hasta su rango—, ¿qué podía faltarle para decirle que "había hecho muchas cosas mal"? No es raro que los de clase baja mueran aplastados como insectos ante un solo gesto de los poderosos.

Seguramente había algo que quería de él, por eso casi vivía en la habitación del hospital…. Sin embargo, no parecía disfrutar del juego ni de las drogas.

‘General de Brigada’.

‘Dime’.

‘¿Acaso yo... le ofrecía algún tipo de servicio de una manera diferente?’.

Aunque lo dijo de la forma más indirecta posible, se refería a si le había vendido su cuerpo durante ese tiempo. Era aterrador imaginar en qué clase de fango habría estado revolcándose un año después, pero... solo había unas pocas cosas que un hombre pudiera tomar de él, y tras descartar las dos principales, esto era lo único que quedaba.

‘...¿Qué?’.

‘Es que no parece que necesite drogas…’.

‘…….’

‘Tampoco parece que juegue al hwatú…’.

‘Lee Se-hwa’.

‘…….’

‘Te dije que tú no eres alguien que venda su cuerpo’.

Y ante la pregunta que Se-hwa formuló con dificultad, Ki Tae-jeong respondió con frialdad, con el rostro inusualmente endurecido.

‘Dijiste que era un negocio que no salía a cuenta y que odiabas que la gente te tratara así. ¿No era esa tu filosofía de negocio?’.

‘Ah... sí, así es, pero…’.

‘¿Entonces por qué? ¿Cuando me miras solo se te ocurren esas cosas?’.

En la voz calmada del hombre se filtraba una emoción indescriptible. No parecía estar enfadado. Simplemente... parecía un poco conmocionado. Podía ser solo una idea suya, pero también parecía herido.

‘Pero... a menos que fuera por algo así, ¿dónde iba yo a conocer a alguien como el General de Brigada?’.

‘…….’

‘Si es que me operaron porque mi cuerpo se arruinó por eso... no, incluso si surgió un problema por aquello, no hay razón para que alguien con el rango de General se tome la molestia de cuidarme…’.

‘No es nada de eso. Tú nunca hiciste tal cosa’.

‘…….’

‘…Fui yo…’.

Después de eso, Ki Tae-jeong guardó silencio durante mucho tiempo. Se-hwa sintió curiosidad por las palabras que se tragó, pero no se atrevió a indagar más. Sintió en el hombre una determinación de no ofrecer ninguna respuesta sobre ese tema.

Bueno, si no era eso, mejor; pero la incomodidad y las dudas no hacían más que crecer. Solo esperaba que fuera un error tan garrafal que pudiera justificar semejante opulencia.

Ki Tae-jeong no lo presionó para que recuperara la memoria, ni se mostró impaciente al ver su estado, que no parecía tener un plazo fijo. A excepción de aquella única vez en la que apoyó la frente sobre el dorso de su mano como si se derrumbara y soltó un largo suspiro, lo trató como si no pasara nada.

Así transcurrieron los días. Al abrir los ojos, veía a Ki Tae-jeong. Entonces se saludaban preguntándose si habían dormido bien y comían juntos. Él a veces preguntaba qué sabor tenían frutas desconocidas. También traía ropa de cama que no era la del hospital y preguntaba si el tacto era agradable. Específicamente, quería saber qué le gustaba a Se-hwa.

Hubo muchas veces en las que se sentaron uno al lado del otro mirando por la ventana sin decir palabra. En esos momentos, por alguna razón, un lugar profundo bajo su boca del estómago vibraba. Una tristeza de origen desconocido y un odio que había perdido su objetivo lo asaltaban de golpe. ‘Si ibas a hacer eso. Si ibas a ser así’. Frases raídas a las que les faltaba la parte importante revoloteaban en su cabeza.

“Señor Lee Se-hwa.”

Se escuchó el sonido de alguien llamando a la puerta y, tras un breve intervalo, esta se abrió de par en par. Era la Teniente Na, la médico militar que decía haberlo traído de vuelta del umbral de la muerte.

“He dado una vuelta después de almorzar y hace mucho calor afuera.”

Efectivamente, de la Teniente Na emanaba el olor del sol abrasador. Se-hwa, que había olvidado incluso las estaciones, se limitó a pensar que así debía de ser.

“¿No quiere salir? Aunque sea un momento.”

“…No.”

Ante su respuesta apenas audible, la Teniente Na se tocó las cejas como si estuviera en un aprieto.

“Mmm, ¿no hay ningún lugar que le moleste?”

“…….”

“Aun así, sería bueno que intentara realizar tareas cotidianas poco a poco…. ¿Hay algo que quiera hacer? ¿Leer un libro, ver una película?”

Como si pudiera tener un pasatiempo tan grandioso. La rutina de Se-hwa consistía únicamente en repartir cartas de hwatú y armar drogas. Por supuesto, agradecería que le dieran tiempo para practicar y que sus manos no se entumecieran... pero pensó que no debía mostrar actividades ilegales frente a militares.

“Tengo unos libros de cuentos que leen los niños en la sala pediátrica, ¿quiere ver alguno hoy?”

La Teniente Na presionó un botón de su reloj e ingresó algo en la pantalla. Ese reloj que decían que solo los militares podían usar tenía una infinidad de funciones que la gente común desconocía. Por supuesto, el reloj que llevaba Ki Tae-jeong, siendo General de Brigada, tenía una apariencia mucho más ostentosa que el de la Teniente Na.

El reloj….

Al observar el pequeño holograma que surgió sobre el panel, Se-hwa agachó la cabeza apresuradamente al sentir un escalofrío en la nuca. Sintió como si hubiera visto algo que no debía. No sabía desde cuándo, pero ver ese reloj le hacía sentir como si el corazón se le cayera al suelo.

“Esta vez le he pedido a alguien que me los traiga, pero mañana vayamos nosotros mismos a elegir, señor Lee Se-hwa. La estantería no está lejos de la habitación. ¿Qué le parece?”

Realmente no quería salir…. Mientras vacilaba eligiendo las palabras para rechazar la oferta, la puerta se abrió de golpe. ¿Era el Sargento Primero Choi...? Bueno, como fuera, ese hombre sostenía un montón de libros entre sus brazos mientras jadeaba.

“¿Ya estás aquí?”

La Teniente Na abrió mucho los ojos. Se-hwa estaba igual de sorprendido.

“¿Bastará con esto? ¿Traigo más?”

“¿Qué es esto?”

Ki Tae-jeong, que justo regresaba de terminar sus labores, se detuvo en el umbral de la puerta frunciendo el ceño como si no diera crédito.

“¿A qué viene tanto escándalo en la habitación de un paciente?”

“Ah, General. Lo siento, es que ahora mismo no tengo manos….”

“Le pedí que trajera algunos libros para que lea el señor Lee Se-hwa.”

La Teniente Na, tras hacer un rápido saludo militar, ayudó a cargar parte del peso del Sargento Primero Choi. Ki Tae-jeong, que parecía a punto de señalar algo, se limitó a arquear levemente una ceja ante esas palabras.

Se-hwa, sintiéndose cohibido, se aplastó el cabello revuelto con la palma de la mano. Parecía que, sin importar el lío que se armara, al hombre le parecía bien cualquier cosa siempre que fuera por él.

“Ya volví.”

Desde hacía un tiempo, él lo miraba y, con rostro sereno, le dirigía saludos como ‘me voy’, ‘ya volví’. Luego, mientras se quitaba la chaqueta del uniforme, le contaba brevemente su jornada.

Que había ido al Ministerio de Defensa, que hubo una reunión en la oficina de la Fuerza Aérea, que revisó la propuesta para introducir nuevos aviones de combate…. Más que una conversación, era un resumen de sus tareas principales del día, pero para Se-hwa, ese era el mejor momento de la jornada.

Su mirada, que parecía impasible pero vibraba muy levemente como si dudara, su voz grave, sus ojos recorriéndolo ligeramente como si esperara algo…. Le gustaban todas las acciones de Ki Tae-jeong, que se sentían un poco torpes, y al mismo tiempo le causaban una extraña tristeza. Una multitud de palabras que quería decirle al hombre se acumulaban y desaparecían repetidamente.

“Venga, elija uno.”

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La Teniente Na y el Sargento Primero Choi retrocedieron señalando el estante. Se-hwa se levantó de su asiento vacilante. No era solo falta de interés en los libros, sino que sobre todo no quería que lo vieran caminar.

Desde hacía unos días decían que parecía cojear un poco de la pierna derecha, y tanto Ki Tae-jeong como la Teniente Na... bueno, todos los que pasaban por la habitación estaban con los nervios de punta observando sus pasos. A pesar de que la pierna no le dolía nada y solo era el estado de su garganta lo que resultaba extraño.

Sentía que su perfil se quemaba ante las miradas fijas. Se-hwa caminó sintiéndose un poco intimidado.

Intentaba no prestar atención a los ojos de los demás mirando solo al suelo, pero en un instante se asustó ante una sombra que se alargó repentinamente hacia él y, sin darse cuenta, su cuerpo se estremeció violentamente.

“…Ah.”

El dueño de esa mano que se enroscó como una serpiente negra era, por supuesto, Ki Tae-jeong.

“Lo... siento.”

Ante la fuerte reacción de rechazo, la mano grande que se detuvo un momento en el aire terminó sujetando con firmeza su brazo. Podría haberse sentido avergonzado al ser tratado de forma tan ingrata cuando intentaba ayudar, pero él no le reprochó nada. Simplemente lo sostuvo para que pudiera dar los pasos con facilidad. Ver las dos sombras entrelazadas le revolvió el estómago por alguna razón, así que Se-hwa giró la cabeza vagamente.

Los libros situados en el estante vacío tenían tamaños y colores variados, pero al ser coloridos, hacían que la habitación se sintiera más alegre. Se-hwa estuvo a punto de sacar uno, pero se detuvo y miró de reojo a Ki Tae-jeong. Sentía que no debía tocarlos sin su permiso.

Ki Tae-jeong mantenía una conversación silenciosa con la Teniente Na solo moviendo los labios. Entonces, como si sintiera la mirada dirigida hacia él, movió solo las pupilas para mirar a Se-hwa. Cerró profundamente los ojos y los abrió mientras tragaba un suspiro.

“…Lee con tranquilidad.”

“…….”

“No estés pendiente de mi reacción.”

“Men….”

Mentira.

Se-hwa se tapó la boca sobresaltado. Iba a murmurarlo para sí mismo, pero casi lo suelta en voz alta. Y lo de "mentira"…. El hombre le había dicho amablemente que leyera con tranquilidad; no sabía qué parte de esas palabras podía indignarlo tanto como para hacerlo sentir ese arrebato. Se-hwa reprimió sus sentimientos turbulentos y sacó el libro más delgado.

Pasó las páginas con tanta facilidad que le dio vergüenza haber dudado tanto por no querer leer. Intentó actuar como si no le importara, pero en realidad era entretenido.

Tras merodear un momento frente al estante, Se-hwa sacó con cuidado otro libro. Quizás porque la mayoría eran dibujos, no tardó ni cinco minutos en leerlo hasta el final.

¿Había dicho que eran libros de la sala pediátrica? Quizás por eso, más que lecciones de "el bien triunfa sobre el mal", el contenido principal trataba sobre los deseos de los protagonistas cumpliéndose. Esos deseos eran todos sumamente sencillos: irse de aventuras con un perrito en un sueño o comer chocolate amontonado como una montaña.

“No parece haber grandes problemas en su capacidad cognitiva.”

La Teniente Na, que observaba desde atrás, sugirió que siguieran intentando otras actividades poco a poco. Que saliera a pasear aunque no quisiera y que empezaran pronto con la terapia.

“Si se queda encerrado todo el tiempo, se pondrá peor.”

Al leer el rechazo en su gesto hosco, la Teniente Na lo engatusó suavemente. Se-hwa sacó otro libro de cuentos manteniendo la boca cerrada con obstinación.

Sabía que era un comportamiento contradictorio. La vida en la habitación especial era una carga, pero no quería salir fuera. No era porque le disgustara volver al House y seguir con su vida de jugador. Literalmente, no quería asomar el cuerpo fuera de la habitación. Ese paso le daba un miedo extraño. Sentía que, si abría la puerta y salía, algo malo sucedería.

“Parece que todavía le cuesta moverse. Especialmente la pierna.”

“Dado que empezó a cojear con el regreso de sus recuerdos tras no haber tenido nada antes, parece que el componente psicológico es grande. Es el momento de un tratamiento activo bajo la guía de un psiquiatra.”

Escuchando vagamente la conversación entre la Teniente Na y Ki Tae-jeong, Se-hwa pasó rápidamente las páginas del nuevo libro.

Era un libro que narraba las aventuras de un niño que quería volar por el cielo, y justo en la página que abrió, el cielo azul intenso lo llenaba todo. Debajo se extendía el césped verde y, a lo lejos, se veían cumbres de montañas de un color verde claro.

“…Ah.”

Al observar el dibujo en silencio, Se-hwa soltó una pequeña exclamación sin darse cuenta. O más bien, debería llamarse un lamento. Un sonido tambaleante, que no era ni un quejido ni un llanto, fluyó largamente.

“Ah, uh….”

Definitivamente, había visto una escena similar en alguna parte.

Se-hwa se tapó la boca apresuradamente. Sintió como si, de pronto, su interior se hiciera añicos.

“¡Lee Se-hwa!”

Ki Tae-jeong, al notar la anomalía, gritó su nombre. El libro que se le escapó de las manos golpeó el suelo con un ruido estrepitoso y, al mismo tiempo, sintió que algo crujía dentro de su cuerpo. Fue como si las finas paredes de cristal que lo rodeaban se rompieran por completo.

Los fragmentos de cristal triturados saltaron en todas direcciones y, siguiendo la luz que se dispersaba frenéticamente, una serie de imágenes desconocidas se precipitaron sobre él. Era, sin duda, un recuerdo de algún momento que Se-hwa había vivido.

Sí…, voló por ese cielo azul junto a Ki Tae-jeong. Debajo se extendía el césped de color desvaído y, al girar la cabeza, lo veía a él sonriendo mientras se sacudía el cabello empapado de sudor.

Al cerrar y abrir los ojos con fuerza, el cielo volcado se derramó sobre la tierra convirtiéndose en agua azul que ondulaba. Se-hwa estaba bajando por una escalera mecánica rodeado de espuma blanca junto a Ki Tae-jeong. Él le puso su gorra de uniforme y le susurró que, cuando todo terminara, irían de verdad a ver ese mar.

El mar.

Al mascullar esa palabra, la oscuridad absoluta cayó instantáneamente sobre el hermoso oleaje. El aroma sutil y fresco que llenaba sus fosas nasales se transformó de pronto en un olor a quemado acre.

“H-uh….”

Lee Se-hwa, Se-hwa. La voz del hombre llamándolo se sentía lejana.

Luces blancas tan intensas que parecía que ni siquiera proyectarían sombras estallaban frente a sus ojos. La gente gritaba a pleno pulmón y una mujer de mediana edad comenzaba a sollozar sin descanso. ‘No quiero morir. Joven, por favor, sálveme’. Esa súplica mezclada con llanto dejó a Se-hwa impotente.

Y entonces,

Cariño.

Una voz familiar lo llamó con un apelativo increíble.

No. Tú no puedes morir.

Voy a hacer que viva exactamente igual que vos.

El final afilado de las palabras del hombre parecía apuñalarle el cerebro. Ah, Se-hwa no podía recuperar el juicio ante el desbordamiento de recuerdos.

¿Por qué yo? ¿Por qué estoy aquí ahora?

“No levantes la cabeza. Tampoco la agaches demasiado, así. Quédate así.”

Ki Tae-jeong, que se había acercado a grandes zancadas, sostuvo la nuca de Se-hwa y le sujetó la barbilla. No sabía desde cuándo, pero le sangraba la nariz abundantemente. Al hacerse consciente, el sabor metálico se extendió por su boca. Sin embargo,

“……, Bro… tecito.”

Que sangrara o no, nada de eso importaba.

Brotecito…. ¿Qué pasó con el niño? Se-hwa se palpó el vientre con manos que temblaban miserablemente. Le dolía el interior como si le hubieran dado una paliza, pero era una sensación claramente distinta a la que sentía cuando el niño estaba allí. No le importaba si su propio cuerpo gritaba. Solo el niño….

“Ah…, Bro, te, cito….”

Ante las palabras que salieron mientras jadeaba, Ki Tae-jeong se quedó congelado un momento sin poder responder nada. Luego, pronto lo estrechó con fuerza contra sí. Formó un cuenco con la palma de la mano y lo llevó a su boca como indicándole que respirara.

Parecía alguien que hubiera esperado este momento durante mucho tiempo. Y al mismo tiempo, parecía alguien que rezaba para que este momento nunca llegara.

“…¿Recuerdas?”

“…….”

“Lee Se-hwa.”

Ki Tae-jeong parecía tener muchas preguntas. Sin embargo, después de eso, como si se hubiera dado cuenta de su error, no lo presionó. Simplemente tapó su nariz con la manga en silencio.

Se-hwa no pudo decir nada. No, no fue capaz. Desde su garganta, que parecía haber perdido la sensibilidad, no emanaba ningún sonido. Su lengua estaba rígida y le costaba formar una frase coherente. Solo el sonido del aire cortante rondaba el vacío de su boca. Como si fuera el castigo por no haber protegido a su preciado niño, una mano invisible parecía haberle arrebatado la voz.

#107

“…….”

Se-hwa se palpó torpemente alrededor del cuello. Sentía como si sus cuerdas vocales estuvieran atadas con una cuerda rígida. Apenas era un trozo de carne de unos pocos centímetros lo que se había endurecido, pero una sensación desconocida se extendió tensamente por cada rincón de su cuerpo.

Si ponía todas sus fuerzas, era capaz de dejar salir un pequeño y vago "ah", un sonido sin sentido. Sin embargo, le resultaba difícil pronunciar palabras y oraciones reales. Al ser un órgano corporal que utilizaba sin siquiera ser consciente de ello, ahora ni siquiera tenía idea de cómo debía moverlo.

Bueno, que le brotara sangre de la nariz, que se quedara mudo o que perdiera la vista... nada de eso importaba. Solo le desesperaba no poder preguntar de inmediato por el estado del niño.

“Primero detengamos la hemorragia….”

Mientras decía esto, Ki Tae-jeong apartó con cierta severidad y delicadeza la mano de Se-hwa que rodeaba su propio cuello.

“Es peligroso.”

Parecía preocupado por si Se-hwa intentaba lastimarse a sí mismo.

Se-hwa lo observó con indiferencia. Era una mirada similar a la de un espectador que ha perdido todo interés en la obra.

El extremo de las cejas ordenadas del hombre y la punta de sus dedos temblaban constantemente. Sus labios se movieron varias veces como si tuviera algo que decir. Sí, realmente estaba preocupado por él con todo su cuerpo.

No podía entenderlo. Era el mismo hombre que solía esbozar una sonrisa retorcida mientras le ponía un collar de platino y diamantes. Ahora, el toque de sus manos era tan débil que se asemejaba a una caricia sobre la piel. ¿Acaso le preocupaba que su cuerpo se dañara solo con eso?

Ah.... Es cierto. Solía arrastrarlo como a un perro, metiendo el dedo en la anilla incrustada en su espalda. Como para Ki Tae-jeong él no era una persona sino una propiedad, seguramente le estaba advirtiendo que ni siquiera él mismo podía tratar ese cuerpo de forma descuidada. No era preocupación; esto también era simplemente otra forma de amenaza.

“¡Incluso cuando te operaron, la sangre no paraba y fue peli—, Lee Se-hwa!”

Ki Tae-jeong lo reprendió con fiereza mientras bloqueaba el paso a Se-hwa, quien intentaba salir disparado hacia adelante como una bala.

“¿No me oyes decir que es peligroso? ¡Sobreviviste por los pelos!”

‘Tu nariz sangra’, ‘seguro que estás confundido’, ‘primero un examen’, ‘tu estado actual’, ‘y en aquel entonces’, ‘lo que quiero preguntarte’, ‘lo que iba a decir’.... El hombre seguía soltando palabras. Cada vez que lo hacía, su voz subía y bajaba de volumen como un altavoz estropeado.

Sintió que ya había experimentado una sensación similar en el pasado.... Se-hwa parpadeó un momento y luego alejó los pensamientos que surgían. ¿Qué importaba eso ahora?

“Está bien, lo entiendo, así que espera.”

La persona que Se-hwa necesitaba ahora era la Teniente Na, quien había salido apresuradamente de la habitación para preparar los exámenes y la consulta. No quería ver a Ki Tae-jeong, sino a un médico que pudiera explicarle con claridad sobre el niño.

¿De qué serviría contar cuántos días había estado herido y sufriendo miserablemente por culpa de Ki Tae-jeong? Ahora Se-hwa no quería exigirle explicaciones ni preguntarle nada. No necesitaba aclaraciones ni argumentos, y no tenía curiosidad por nada; solo quería saber qué había pasado con el niño.

Se-hwa cargó hacia adelante una vez más. Solo embistió unas cuantas veces el cuerpo del hombre, duro como el metal, para que se quitara de en medio, pero sus hombros ya se sentían destrozados.

“Sargento Primero Choi, traiga una silla de ruedas.”

Ki Tae-jeong, juzgando que ya no podía detener a Se-hwa, finalmente llamó al Sargento Primero Choi, que esperaba detrás.

“Iremos directamente a la sala de exámenes después de pasar por abajo, así que avísele también a la Teniente Na.”

“Sí, entendido.”

El Sargento Primero Choi salió de la habitación como el viento.

“Te mostraré al niño.”

Solo entonces la mirada de Se-hwa, que seguía esos pasos apresurados, se dirigió lentamente hacia Ki Tae-jeong.

“Está a salvo. La cirugía fue un éxito.”

Parecía que ese tema era la respuesta correcta, pues Se-hwa, que se tambaleaba como una bestia drogada, se calmó un poco.

“Ahora mismo está en una incubadora.”

Ki Tae-jeong presionó con la punta de su manga bajo la nariz y el surco nasolabial de Se-hwa para limpiar la sangre. Afortunadamente, la hemorragia parecía detenerse poco a poco.

“Está sano, no tiene ninguna anomalía.”

“…….”

“Está siguiendo su proceso de desarrollo sin contratiempos dentro de la mejor incubadora, así que no tienes que preocuparte por el niño en absoluto.”

Solo entonces Se-hwa relajó su cuerpo, que había estado completamente rígido. Sus hombros, erguidos por la tensión, bajaron dibujando una línea curva.

Por el contrario, Ki Tae-jeong se mordió el labio y dejó escapar un breve gemido ahogado. Aún no podía saber hasta dónde recordaba Se-hwa. Podría haber olvidado por completo el tiempo que pasó con él justo después de la cirugía. O tal vez lo tenía todo guardado en su cabeza y estaba reprimiendo su ira en silencio.

Fuera lo que fuera, lo que estaba claro era que la persona que dominaba la mente de Se-hwa ahora no era él, sino el niño.

Ki Tae-jeong, incapaz de contener la repentina oleada de ansiedad, tiró de Se-hwa y lo abrazó.

“El problema no es el niño, eres tú.”

“…….”

“Lee Se-hwa, estabas muy enfermo.”

Al ver a Se-hwa, que ni siquiera quería mirarlo, se le solapó la imagen del día en que lo arrastró desde el Segundo Anillo. Aquel Se-hwa que despertó tras desmayarse se acariciaba el vientre en el dormitorio y le susurraba diversas cosas al niño. ‘Brotecito’, la voz que llamaba a la vida que germinaba era sumamente dulce. Sobre la cama, donde la luz de la lámpara de lectura se difundía de forma circular, todo parecía infinitamente acogedor y cálido. Y sintió que él jamás sería invitado a ese mundo amable forjado con luz y azúcar.

Por alguna razón, una sensación punzante y fría, similar a la de aquel entonces, subió desde lo más profundo. Lo único que sentía de Lee Se-hwa, que mantenía la boca cerrada con firmeza, era un rechazo evidente.

“Puedes ir a ver al niño en cualquier momento, así que por ahora confíalo a los cuidados médicos y sométete a los exámenes.”

“…….”

“…Hablaremos lo nuestro después de eso.”

“…….”

“Tienes cosas que quieres reclamarme y preguntarme, ¿verdad?”

“…….”

“Yo también tengo muchas cosas que quiero explicarte.”

Acarició la espalda terriblemente delgada de Se-hwa y soltó sus brazos lentamente.

Siguiendo el movimiento de las nubes, los rayos de luz que se filtraban por la ventana recorrieron la habitación como focos. Cada vez que el halo de luz ondulaba, el color de las pupilas de Se-hwa cambiaba ligeramente. Sus pupilas también se dilataban y se contraían repetidamente.

¿Sería por eso? Por alguna razón, Se-hwa se sentía extraño, como si fuera la primera vez que lo veía. No era para menos; realmente era la primera vez que recibía una mirada así. Incluso cuando lloraba y gritaba contra él, o cuando estaba tan aterrorizado que ni siquiera podía levantar la vista... nunca había tenido unos ojos tan vacíos, como cuentas de vidrio….

Ki Tae-jeong sintió que, por un instante, se quedaba sin palabras. Un ‘sí’ o un ‘no’; le daban igual las respuestas cortas, solo quería escuchar cualquier respuesta de Se-hwa. Sentía que así podría aliviar un poco esa sensación incómoda y molesta. Sin embargo, al observar a Se-hwa, cuyas intenciones eran totalmente imposibles de leer a diferencia de antes, no se le ocurrieron las palabras adecuadas.

“General de Brigada.”

Mientras Ki Tae-jeong elegía un tema apropiado, el Sargento Primero Choi trajo la silla de ruedas a la puerta, sudando a mares.

Sin embargo, Se-hwa lo ignoró y dio un paso fuera de la habitación. No es que no pudiera caminar, pero no quería moverse dependiendo de manos ajenas y, más concretamente, de Ki Tae-jeong.

“Lee Se-hwa.”

“…….”

“Dijeron que eres un paciente grave. Si te esfuerzas así….”

En medio de eso, Se-hwa odió que él intentara sujetarlo por el brazo o el hombro una y otra vez, así que, incapaz de aguantar más, se soltó con todas sus fuerzas. El sonido del golpe seco resonó con bastante fuerza, tanto que el sorprendido Sargento Primero Choi soltó un jadeo. Aun así, Se-hwa no miró atrás. De todos modos, sabía que para el hombre aquello sería una fuerza insignificante que ni siquiera dejaría la marca de un diente. Sabía de sobra que no le dolería nada.

Por supuesto, estaba preparado para lo peor. Que lo agarrara del cabello por comportarse de forma insolente, que lo arrastrara y lo arrojara a la cama... esas cosas. Bueno, que hiciera lo que quisiera. Se-hwa ya no tenía nada que temer.

Sin embargo, para su sorpresa, Ki Tae-jeong no mostró ninguna reacción mientras Se-hwa daba varios pasos. El Sargento Primero Choi no dejaba de tragar saliva y detrás todo permanecía en silencio.

Poco después, tras escucharse un profundo suspiro, Ki Tae-jeong se acercó a grandes zancadas a su lado. No obstante, no hizo nada; simplemente caminó despacio, ajustándose a su ritmo.

Le pareció inesperado. Con el temperamento que tenía, habría sido normal que le soltara todo tipo de insultos. Sea como fuera, era un alivio que no lo tocara arbitrariamente con la excusa de ayudarlo.

En cualquier caso, Se-hwa llegó solo hasta el ascensor cojeando de la pierna derecha. Parecía que su salud realmente había empeorado, pues le costó tanto caminar ese trecho que el sudor perlaba su frente. Ki Tae-jeong amagó con mover las manos varias veces, pero no lo sujetó a la fuerza.

“…Mmm, me dijeron que si aún no tiene nombre, que les diera al menos el nombre prenatal.”

Ki Tae-jeong aclaró su garganta levemente y le dirigió la palabra, como si el silencio que se acumulaba le resultara molesto.

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“Por supuesto, ya se completó el registro con el código de la incubadora, pero….”

“…….”

“Brotecito es el nombre prenatal, ¿verdad?”

Era una pregunta que, incluso si su garganta hubiera estado bien, no se habría molestado en responder. ¿Por qué tenía tanta curiosidad por el niño? ¿Porque lo necesitaba para el juicio? Aunque fuera así, el nombre del niño o sus problemas de salud no tendrían la menor importancia para Ki Tae-jeong. ¿Por qué de repente actuaba como si tuviera un gran interés en Brotecito?

“¿No tienes ningún nombre pensado aparte de ese?”

Los ojos de Se-hwa se mantuvieron fijos obstinadamente en el panel del ascensor. Después de eso, Ki Tae-jeong intentó hablarle un par de veces más, pero Se-hwa respondió con un silencio absoluto que mezclaba la incapacidad física con la intención deliberada. Afortunadamente, la sala de incubadoras no estaba lejos, por lo que la situación incómoda y tensa terminó pronto.

En cuanto se abrieron las puertas, había carteles de guía muy grandes, por lo que Se-hwa pudo avanzar solo hacia Brotecito sin necesidad de las indicaciones de Ki Tae-jeong. Aunque él, por supuesto, seguía pegado a su espalda como si lo estuviera vigilando.

Tras pasar por el pasillo, aparecieron varias salas de protección con grandes ventanales, y los pasos de Ki Tae-jeong, que lo seguía, también se ralentizaron en un punto determinado. Parecía que Brotecito estaba en algún lugar por aquí.

Se-hwa se limpió con la manga la sangre que aún goteaba un poco. Luego parpadeó rápidamente para intentar que su visión fuera lo más clara posible. Al pensar que podría ver al niño, de repente dejó de sentir cualquier dolor.

— Ha llegado el General de Brigada Ki Tae-jeong.

El lugar donde se detuvo fue la primera sala de protección. La enfermera que estaba dentro reconoció al hombre y lo saludó con alegría. No sabía cómo funcionaba, pero a pesar de las gruesas paredes de cristal, las voces de las personas se escuchaban bien.

— Vaya, ¿es usted el gestante Lee Se-hwa?

Se-hwa asintió con fuerza y se acercó.

— ¿Cómo se siente?

Dentro se escuchó el sonido de unas ruedas girando. Se-hwa, aunque sabía que no era educado, estiró el cuello y miró con curiosidad tras la enfermera. Lamentablemente, todos sus sentidos estaban volcados en el niño, y no tenía margen ni para devolverle un breve saludo visual a la persona que lo recibía con amabilidad.

— Jaja, veo que tenía mucha curiosidad. Como habrá oído, está sano. Es un niño.

Ah. En cuanto la enfermera se apartó para que pudiera comprobarlo, apareció una incubadora de color crema. Algo parecido a un huevo blanco y pulcro, montado sobre un carrito plateado, se acercaba hacia él.

A Se-hwa se le hizo un nudo en la garganta y, por instinto, apoyó con cuidado la mano en el cristal. Aunque sabía que no podía abrazar ni tocar a Brotecito haciendo eso, su cuerpo se movió así por sí solo.

— El holograma que flota arriba reproduce exactamente los movimientos del bebé dentro de la incubadora; como puede ver, está muy activo. Su estado de desarrollo también es muy bueno, así que no tiene de qué preocuparse.

Dentro del holograma, Brotecito estaba acurrucado y movía las piernas con energía. Debajo se mostraban valores aproximados; aunque no entendía bien los demás, reconoció uno con total claridad. La gráfica del latido del corazón que solía ver a menudo en la pantalla de las ecografías se movía con total normalidad. Era completamente diferente a la última vez, cuando apenas mostraba movimiento.

Ah…. Se-hwa no pudo contener las lágrimas que brotaron y apoyó la frente contra el cristal con un golpe sordo. Lloró soltando gemidos metálicos, sin importarle la vergüenza. Solo sentía gratitud y culpa por el hecho de que el niño no hubiera abandonado a un padre tan inútil que se desmayó por su debilidad, y porque estuviera sano a pesar de que él no había hecho nada por él….

Quizás porque lo operaron mientras estaba inconsciente, todavía no sentía que hubieran sacado al niño. Incluso ahora, sentía en su vientre las mismas punzadas que cuando llevaba a Brotecito dentro.

Sin embargo, al ver a aquel niño que había visto en las proyecciones de crecimiento moviéndose poco a poco en el holograma... pudo sentir realmente que no había ningún problema con Brotecito. El niño estaba a salvo. Además, estaba sano. Ese latido palpitante del corazón era, sin duda, el de su hijo….

— Tarde, pero felicidades, gestante Lee Se-hwa.

En la postura más común de los fetos, Brotecito movía las piernas sin descanso. Ver el movimiento de esa cosita pequeña era tan adorable que Se-hwa, sin darse cuenta, se quedó mirando la incubadora incluso con la boca entreabierta.

“Ya comprobaste que está sano, ahora debemos ir a los exámenes.”

Fue la voz firme del hombre la que trajo a Se-hwa de vuelta a la realidad desde su estado de trance.

“Puedes volver a verlo mañana.”

“…….”

— Sí, siempre hay personal de guardia las 24 horas, así que puede venir a verlo cuando quiera. Por cierto, gestante. ¿No le ha puesto nombre? Llámelo una vez. Al bebé también le gustará.

Ah…. Solo entonces Se-hwa palideció y dejó caer las manos. Sintió como si su sangre se enfriara de golpe.

Había pensado que no le importaba si su cuerpo se arruinaba... pero no era así. No sabía por qué de repente no le salía la voz, pero si seguía en este estado de ahora en adelante... quizás nunca podría llamar a Brotecito.

Qué clase de padre tan lamentable era, que ni siquiera podía llamar a su hijo por su nombre, mucho menos decirle palabras bonitas como que había trabajado duro o que lo amaba.... Brotecito no pudo elegir a la persona que le prestaría el vientre; cuánto debía de odiarlo.

“…Ah.”

Intentó forzar su garganta obstruida, pero lo único que logró sacar no fue una palabra, sino un suspiro sin ningún significado. Y eso que solo fue un sonido miserablemente pequeño que solo él pudo escuchar. Lo intentó varias veces mentalmente, pero nada cambió. Entonces, de repente,

“Lee Se-hwa.”

Ante el llamado urgente, su cuerpo giró bruscamente a medias. Ki Tae-jeong, que había estado de pie a su lado en silencio hasta ahora, tenía el rostro lívido y observó su cara, especialmente su boca, con fijeza durante un largo rato.

“…¿Por qué no dices nada?”.

#108

Aquello no era una pregunta. Era una certeza que solo tomaba la forma de una.

“…….”

Una mirada ardiente lo recorrió minuciosamente de pies a cabeza. Los ojos persistentes del hombre, que deambulaban por todo el cuerpo de Se-hwa, se detuvieron cerca de sus labios firmemente cerrados.

“…¡Ah!”.

En un parpadeo, su cuerpo fue levantado en el aire. Ki Tae-jeong lo cargó en brazos y desandó el largo pasillo. Llanto, gritos... toda clase de sonidos impuros que no llegaban a ser un lenguaje articulado brotaron de él. Resultaba absurdo que, mientras a solas le costaba incluso hacer vibrar su garganta, fuera tan fácil cuando las manos de Ki Tae-jeong lo tocaban.

“¡Ugh, ugh…!”.

Se-hwa se retorció sin saber qué hacer. ‘Bájame’, ‘voy a ver a Brotecito’, ‘no quiero volver contigo’. Por más que arañó los brazos del hombre y pataleó con todas sus fuerzas, las grandes manos que sostenían su espalda y el hueco de sus rodillas no se movieron ni un milímetro. Era como si el hecho de haberse dejado empujar hace un momento no hubiera sido más que un juego de niños. O como si ya no tuviera intención de seguir siendo tolerante.

“Lo sabremos naturalmente cuando te hagas los exámenes.”

“…….”

“Si te quedaste callado porque ni siquiera quieres cruzar palabra conmigo, o si….”

‘O si qué. ¿Esta vez vas a traer a la gente del hospital y apuntarles con un arma?’. Se-hwa frunció el rostro con toda su alma. Sabía que mirar con resentimiento y los ojos llenos de lágrimas no era nada amenazante, pero era la única rebelión que podía permitirse en este momento.

Ki Tae-jeong también lo miró con el rostro gélido. Era una mirada que parecía querer lamerlo, lamerlo y masticarlo hasta tragarlo. Su porte seguía siendo espléndido. Su mandíbula estaba mucho más afilada que antes de que Se-hwa se desmayara, y su mirada se había vuelto más profunda. Una ligera melancolía mezclada con un aire irritable lo hacía parecer aún más una pintura. No una persona, sino una pintura….

Tras observar a Se-hwa durante un largo rato, Ki Tae-jeong levantó la cabeza mordiéndose con fuerza el labio inferior. Luego, ordenó de nuevo con una firmeza cercana a la amenaza: “Hazte los exámenes”. Ejercía tanta presión entre sus dientes que, al pronunciar cada sílaba, su lengua empujaba sus piezas dentales como si estas fueran a romperse de golpe.

Se-hwa, que había estado forcejeando, terminó desplomándose por el cansancio. Sin embargo, aunque cerró los ojos para bloquear la visión, la imagen residual de Ki Tae-jeong no desaparecía. Al contrario, su temperatura corporal y su aroma se volvieron más nítidos, causándole solo tormento.

* * *

“¿Por qué no te tomas la medicina?”

“…….”

“¿Quién te ha dicho que comas a la fuerza? Te digo que solo te tomes la medicina si quieres curarte.”

Ki Tae-jeong le puso frente a la nariz el sobre con unas cuantas pastillas, pero Se-hwa lo ignoró con terquedad. En el suelo, los parches negros arrugados se acumulaban como nieve caída.

Los resultados de los exámenes no fueron malos. Aunque su fuerza física había disminuido y sus funciones corporales estaban generalmente ralentizadas, dijeron que todo era normal. No había ningún problema ni en el cerebro ni en las cuerdas vocales.

El personal médico, incluida la Teniente Na, tras reflexionar largamente, llegó a la trivial conclusión de que probablemente había perdido el habla temporalmente por motivos psicológicos. Una causa similar a la de no poder usar correctamente la pierna derecha, que ni siquiera le dolía, nada más recuperar la memoria.

De hecho, cuando la Teniente Na presionó varios puntos de su lengua con una fina vara metálica, la masa de carne blanda se movió con flexibilidad siguiendo el estímulo. La sensación de que la raíz de la lengua estaba rígida y endurecida había sido puramente una percepción suya.

En cualquier caso, dijeron que no quedaba más que observar por el momento, y le recetaron vitaminas y un ansiolítico suave, igual que antes.

Anoche se había tomado todo lo que le dieron. Seguía sin tener apetito, pero decidió no discriminar entre medicinas o inyecciones si eso ayudaba a que su cuerpo mejorara. Quería poder llamar a Brotecito. Quería ver al niño reaccionar alegremente al reconocer su voz. Sin embargo,

“Lee Se-hwa.”

Al tomar esa medicina, el sueño lo asaltaba de forma indefensa. Se quedaba profundamente dormido sin siquiera darse cuenta de que Ki Tae-jeong se acostaba a su lado, abrazándolo con los ojos cerrados.

Sobre todo, odiaba sentirse aturdido. Pensaba en ir a ver a Brotecito nada más despertar, pero su cuerpo apenas se movía. Independientemente de su voluntad, se sentía como un coche averiado, con ganas de quedarse tumbado eternamente.

Cuando eso ocurría, su mente se volvía ruidosa rápidamente. Los recuerdos fragmentados rodaban como guijarros provocando todo tipo de estruendos. Odiaba eso. No quería esforzarse en organizar nada, ni quería entender nada. No necesitaba otra cosa; solo quería pasar todo el día mirando al niño.

“Entonces, escribe.”

Ki Tae-jeong le extendió la palma de la mano.

“Tú sabes escribir.”

“…….”

“Escribe por qué no quieres tomar la medicina. Hablaré con la Teniente Na para intentar cambiar la receta.”

Se-hwa bajó la cabeza profundamente. No es que quisiera impacientar al hombre a propósito. De todos modos, Ki Tae-jeong no era alguien que fuera a actuar según las intenciones de Se-hwa, ni alguien que se sintiera herido por cosas tan insignificantes. Simplemente... estaba exhausto. Ser manipulado según la voluntad de Ki Tae-jeong, y que este intentara tener contacto físico como antes, como si lo ocurrido no fuera gran cosa... era demasiado para él en este momento.

“…No quiero hacerte daño.”

“…….”

“No quiero gritarte, ni increparte, ni amenazarte.”

“…….”

“Tómate la medicina. No me hagas hacer excepciones en mi resolución.”

Ki Tae-jeong sacó un parche nuevo y se lo envolvió de nuevo en la muñeca. Luego, hizo un nudo complejo para que no pudiera desatárselo a su antojo. Tenía la misma forma que cuando le ató una cuerda al glande con la excusa de permitirle una salida.

Se-hwa solo se mordisqueó los labios. Aparte de quedarse dormido, no sentía que esa medicina fuera a ayudar mucho en su recuperación. Si decían que su cuerpo no tenía anomalías, ¿de qué servía la medicina? No le importaba si Ki Tae-jeong dormía abrazándolo o lo sujetaba para tener sexo siempre que pudiera recuperar la voz, pero ni siquiera era eso. Esta clase de imposición solo aumentaba su estrés.

“Con permiso.”

Justo cuando la tediosa disputa estaba por repetirse, el gerente encargado llamó a la puerta de la habitación. Ki Tae-jeong, con voz algo cansada, le dijo que pasara.

“No es otra cosa, sino que ha quedado una vacante en la sala de recuperación y venía a preguntar si tendrían interés en trasladarse allí.”

“¿Sala de recuperación?”.

“Sí, aunque no llega al nivel de un hotel, está bien decorada a su manera, por lo que quienes necesitan reposo suelen utilizarla a menudo. Es el edificio contiguo conectado directamente con el bloque principal, lo que facilita el traslado de pacientes en caso de emergencia.”

En cuanto escuchó la ubicación, Ki Tae-jeong chasqueó la lengua levemente. Parecía que iba a rechazarlo, hasta que el encargado añadió que las gestantes solían usarlo a menudo porque era bueno para la recuperación postparto.

“…Específicamente, ¿en qué aspectos es bueno?”.

“Teniendo en cuenta a quienes sienten estrés por el simple hecho de permanecer en una habitación de hospital, las salas de recuperación han sido decoradas para que parezcan espacios de vida cotidiana. Además, ofrecemos servicios personalizados para la gestante, desde masajes y entrenamiento físico ligero hasta cursos culturales para prevenir la depresión.”

“Si es el edificio de al lado... ¿te refieres al anexo?”.

“Sí, concretamente al Pabellón A. Del primer al séptimo piso hay instalaciones de conveniencia; los clientes habituales suelen comentar que se parece más a un centro comercial o un resort que a un hospital.”

“Aunque sea el edificio de al lado, ¿no es peligroso si ocurre algo? Un retraso de un segundo podría salir mal.”

“Por supuesto, en el anexo también reside personal médico profesional. Desde su apertura, no ha habido ningún incidente médico por situaciones de emergencia, así que pueden estar tranquilos.”

Ki Tae-jeong, tras acariciarse la barbilla un momento, asintió brevemente. El encargado le extendió educadamente una tableta y él firmó sin mucho interés.

“He enviado una guía sencilla a la información que acaba de registrar, General, por favor compruébela.”

El panel de su reloj de pulsera parpadeó y surgió un holograma. Ki Tae-jeong revisó los documentos con rostro inexpresivo y, en cierto punto, detuvo su mirada durante bastante tiempo. Así, sin tener en cuenta la voluntad de Se-hwa, se decidió el traslado de habitación.

“Entonces, procederemos con los preparativos de inmediato.”

“¿Feria especial para gestantes? ¿Qué es esto?”.

Ki Tae-jeong dio unos golpecitos en la pantalla holográfica.

“Ah, para las gestantes que aún tienen dificultades para salir fuera, estamos celebrando un pequeño evento en el salón de banquetes del quinto piso del anexo. Pueden comprar cómodamente desde ropa para el bebé hasta diversos utensilios; además, hemos preparado una sección donde la gestante y el tutor pueden obtener variada información sobre la crianza, por lo que es uno de los servicios más preferidos.”

Ante esas palabras, Se-hwa levantó la cabeza de golpe. No le interesaba ir de compras, pero sentía curiosidad por esa "variada información". El encargado, al leer una curiosidad positiva en la mirada fija de Se-hwa, le explicó amablemente:

“Explicamos todo lo que puedan querer saber sobre los recién nacidos, como por ejemplo cómo reaccionar cuando un bebé que acaba de salir de la incubadora enferma repentinamente, o clases de cuidados para la estabilidad emocional de la gestante y el niño….”

Sin darse cuenta, Se-hwa se levantó un poco de su asiento. No esperaba información de lujo compartida solo por las clases altas; le bastaba con algo muy trivial y común. Como al principio se había pasado el tiempo rechazando y alejando al niño, de todos modos le faltaban muchísimos conocimientos básicos al respecto.

En el futuro, tendría que cuidar y criar a Brotecito solo. Por eso, aunque no supiera otras cosas, quería saber sin falta cómo reaccionar cuando el niño enfermara.

“¿Cuándo se puede ir? A esa feria especial.”

“Usted, General, puede utilizarla de inmediato sin trámites adicionales. Solo tiene que ir al quinto piso del anexo y escanear su tarjeta de identidad de oficial. También puede acceder mediante el código de barras registrado en su reloj.”

Ah, para oficiales…. Se-hwa bajó la mirada con desánimo. Era un lugar al que solo Ki Tae-jeong... podía ir.

Era lógico. Siendo un servicio personalizado ofrecido por nada menos que un hospital de cinco estrellas, era ridículo que él, alguien de clase baja, hubiera pensado en usarlo solo. El haber podido operarse en este hospital tan bueno, y el que Brotecito recibiera cuidados extremos en la sala de incubadoras... todo era posible gracias a las órdenes de Ki Tae-jeong.

“¿Tienen previsto visitarla ahora?”.

“Mmm.”

Ki Tae-jeong movió solo sus pupilas para mirar a Se-hwa. La leve sonrisa que asomó en sus labios era tan ínfima que resultaba casi imperceptible. Por supuesto, el encargado no pasó por alto la señal enviada por su cliente principal.

“Le comunicaré al responsable que visitarán el lugar el General de Brigada y su pareja.”

El encargado hizo una reverencia cortés diciendo que los acompañaría a la sala de recuperación después de su visita.

“…….”

Se-hwa observó los parches inservibles que, exagerando un poco, formaban una pequeña montaña a sus pies. De haber sabido que esto pasaría, quizás se habría tomado la medicina tal como se la dieron. Por supuesto que quería ir, pero... era un lugar al que no podría entrar sin Ki Tae-jeong…. Y no parecía que él fuera a llevarlo dócilmente.

‘¿Qué hago?’. De repente sintió un sofoco. Sus recuerdos desordenados se desplegaron en un caos. Lo vivido hasta justo antes de desmayarse y los fragmentos aislados tras perder la memoria encajaban mal, mareándolo constantemente.

Sin embargo, por más que rebuscara en su mente, no tenía ninguna carta que mostrarle a Ki Tae-jeong. Era un hombre que había dicho con total naturalidad que dejaría al niño en el Cuarto Anillo para que viviera de forma tan miserable como él. ¿Qué interés tendría él en un evento preparado exclusivamente para la gestante y el niño?

“¿Quieres ir? A esa feria especial o lo que sea.”

Para su sorpresa, Ki Tae-jeong mostró una actitud positiva. Se-hwa parpadeó confundido y asintió lentamente. ¿Acaso había margen de negociación?

“Ya lo sabes; entonces, qué tienes que hacer ahora.”

‘¿Qué... tengo que hacer? ¿Qué quieres que haga?’.

Se-hwa arrugó los extremos de sus anchas mangas antes de recordar, con dificultad, algo que a Ki Tae-jeong podría gustarle. Quizás... si lo hacía con la boca.

De repente, un calor intenso subió tras sus párpados, por lo que Se-hwa miró al suelo parpadeando rápidamente. Al ver que le decía que hiciera lo que ya sabía, seguramente se refería a... eso. Como solía hacer antes en el House….

“…¿Lee Se-hwa?”.

Tras vacilar un momento, Se-hwa, como si hubiera tomado una decisión, se arrodilló lentamente en el suelo. Y comenzó a gatear despacio hacia el hombre que estaba de pie a unos pasos de distancia. Intentó fingir que no le importaba. Aunque era humillante, pensó que no era algo que no pudiera hacer. Al fin y al cabo, había sido él mismo quien dijo que podía usar su cuerpo como quisiera siempre que el niño naciera sano….

Inspiró profundamente mientras extendía su mano temblorosa hacia la entrepierna de Ki Tae-jeong. No era para tanto. Como era algo que hacía a diario con este hombre, no tenía por qué tener miedo….

“¡Lee Se-hwa!”.

Ki Tae-jeong, al comprender tardíamente el significado de ese gesto torpe, se sobresaltó y sujetó a Se-hwa.

“¡¿Qué demonios crees que estás haciendo?!”.

Viendo al hombre, que milagrosamente se tragó los insultos, Se-hwa ladeó la cabeza. Ki Tae-jeong quería algo a cambio, y lo único que podía tomar de él era su cuerpo. Incluso entre sus recuerdos destrozados, el sexo con Ki Tae-jeong era nítido. Había sido lo único por lo que el hombre lo había elogiado.

¿Entonces por qué se enfadaba? Si le gustaba el sexo, ¿no...? Incluso tenía grabados vídeos y los conservaba hasta ahora.

“Yo no me refería a... Ja.”

Además, para su desconcierto, el hombre, que tenía el ceño profundamente fruncido, parecía un poco... dolido.

“…Está bien, así que tómate la medicina.”

“…….”

“Me refería a que te tomaras la medicina sin ser terco. …No a que me la chuparas.”

Se-hwa retiró la barbilla con mirada incrédula. ‘¿Eso es todo?’. Meterse la medicina en la boca era algo que podía hacer ahora mismo. Para él no sería algo difícil. ¿Pero si me la tomo por mi cuenta me llevará a la feria especial? ¿Por qué?

“Yo….”

En el momento en que Ki Tae-jeong iba a decir algo con una expresión extrañamente amarga, una alarma sonó ruidosamente en su reloj. Incluso para Se-hwa, que no conocía bien el sistema militar, parecía indicar una situación de emergencia.

— General de Brigada.

Quien envió la alarma era el teniente Park, que parecía mucho más urgente de lo que Se-hwa imaginaba.

“Dime.”

— ¿Está por casualidad en la habitación?

“Te pregunto qué pasa.”

— Es que... el General de Ejército Oh Seon-ran acaba de llegar al hospital.

#109

¿El General de Ejército Oh Seon-ran? Se-hwa, sin darse cuenta, se quedó mirando fijamente el reloj de Ki Tae-jeong. Tarde se dio cuenta de que aquello podría haberle molestado, por lo que bajó la cabeza titubeante, pero Ki Tae-jeong no le hizo ningún reproche. No se puso tenso exigiéndole que tomara la medicina como hace un momento. Simplemente,

“Despliega personal de seguridad adicional y déjala pasar.”

Le dio la instrucción a Park con indiferencia mientras ayudaba a Se-hwa a levantarse del suelo frío.

— Pero General de Brigada,

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“No ganamos nada mostrando hostilidad hacia alguien que llegó hasta aquí marcando distancias con el Teniente Coronel Kim.”

— …Sí, entendido.

En cuanto la voz de Park se cortó, se escuchó el sonido de gente moviéndose con prisa. Tal vez fuera porque la habitación estaba en un silencio sepulcral que el alboroto exterior se sentía más fuerte.

Ki Tae-jeong cargó a Se-hwa y lo sentó en la cama. Todo sucedió tan rápido que no tuvo tiempo de negarse.

“Te he preguntado por qué no quieres tomar la medicina.”

Y para su sorpresa, no hubo recriminaciones ni regaños por haberse alegrado de ver a otra persona, sino que continuó el interrogatorio sobre el rechazo a la medicina. Aunque seguía emanando un aire autoritario, considerando el temperamento habitual de Ki Tae-jeong, la dirección de su pregunta era algo inesperada.

“Si algo te incomoda, dímelo para poder cambiarlo.”

“…….”

“No es como si estuviera forzándote a comer con una cuchara, ni obligándote a aceptar regalos caros.”

“…….”

“¿No eras tú el que quería recuperarse rápido? Solo así….”

‘...podrás cuidar del niño que tanto quieres’.

Ki Tae-jeong, que intentaba engatusar a Se-hwa sin pensar profundamente, se dio cuenta del error un segundo tarde. Estaba a punto de usar al niño como moneda de cambio otra vez. No tenía la intención de acorralarlo, ni de amenazarlo como en el puerto, pero para Se-hwa debió sonar suficientemente intimidante.

Sin embargo, Se-hwa no respondió. Aunque Ki Tae-jeong cerró la boca de inmediato, Se-hwa seguramente pudo deducir lo que iba a decir. Parecía mentira que fuera el mismo Se-hwa que antes gritaba y lloraba preguntándole si no era también su hijo.

“…Lee Se-hwa.”

Frustrado, Ki Tae-jeong acercó un taburete que estaba cerca de la cama y se sentó frente a él. Estaba tan cerca que sus espinillas casi rozaban el cuerpo de Ki Tae-jeong. Al no tener forma de evitar al hombre que llenaba todo su campo visual, Se-hwa encogió la espalda.

“No voy a enfadarme.”

“…….”

“…Es verdad que al principio te subestimé, y es verdad que te traté como cómplice del teniente Kim. No, incluso si no fuera por eso… yo nunca he sido serio con nadie. ¿Lo de hacerme responsable? Nunca lo he dicho ni en broma.”

Era algo que había estado guardando para sí mismo mientras observaba el ambiente. No quería soltarlo de forma tosca, por lo que seguía eligiendo las frases con cuidado, pero sentía que no podía posponerlo más. El momento oportuno ya se había desajustado varias veces. Si la brecha se hacía más profunda, ¿de qué serviría presentar una confesión pulida y refinada?

¿Cambiaría algo decir esto ahora? No tenía la certeza. Se había prometido a sí mismo que, cuando Se-hwa estuviera lúcido, le contaría sus pensamientos íntimos hasta que los aceptara, pero ahora él rechazaba incluso una medicina que era buena para su cuerpo solo porque venía de él.

Aun así, no había nada más que pudiera hacer en esta situación. Tenía que hacer algo para que ese rostro, que parecía haberse congelado como una máscara, reaccionara.

Era la primera vez. La primera vez que libraba una batalla en la que no estaba seguro de la victoria, e incluso la primera vez que pensaba que no le importaba perder….

Lo que fuera, pero quería que Lee Se-hwa mostrara alguna reacción. Prefería que llorara o se enfadara antes que verlo allí sentado, aturdido y con la mirada perdida.

“Sí, es cierto que te traté con dureza, pero… tú ya lo sabes.”

Ki Tae-jeong superpuso su mano suavemente sobre el dorso de la mano de Se-hwa.

“Que te has convertido en mi única excepción.”

“…….”

“Lo de los vídeos… es un malentendido. Es cierto que te poseí sabiendo que había cámaras de seguridad, pero nunca instalé equipos con el propósito de chantajearte.”

Sin embargo… sobre este tema, solo podía contarle una verdad a medias. No es que intentara engañarlo para aliviar su propia conciencia. Sabía que, si Se-hwa se enteraba, lo sentiría como otra excusa, pero no quería darle un impacto mayor a alguien que ni siquiera podía hablar debido al cierre emocional de su corazón. Sentía que no debía hacerlo.

‘Es cierto que pensé que, si tenía registros de ti disfrutando mientras follábamos, nadie podría criticarme diciendo que fue forzado’. Pero, como intentó explicar con urgencia antes de que Se-hwa se desmayara, la instalación de cámaras de seguridad era algo básico al ocupar instalaciones. Solo puso toda la casa bajo vigilancia por si la gente del teniente Kim hacía algún movimiento sospechoso. No fue una operación diseñada con Se-hwa como objetivo desde el principio.

Aunque él era el único que conocía la existencia de ese servidor y el único con acceso, eso no sería importante para Se-hwa.

“Así que yo….”

Ah. Ki Tae-jeong tragó un gemido y cerró los ojos profundamente antes de abrirlos. Se sentía atrapado en un laberinto sin salida.

No podía engañar a Se-hwa con naturalidad como antes, y obligarlo era aún más imposible. Aunque quería confesarlo todo, ahora Se-hwa parecía tan frágil que se rompería al tacto, por lo que ni siquiera podía ser honesto deliberadamente.

Las mentiras que soltó a la ligera en el pasado habían crecido como una bola de nieve independientemente de su voluntad, y ahora rodaban por la pendiente sin control.

“Lee Se-hwa. Solo soy débil ante ti.”

“…….”

“Hasta el punto de quedarme aquí plantado en el hospital todo el tiempo, sabiendo que es como gritar a los cuatro vientos que eres mi debilidad.”

“…….”

“Tú te has convertido en la debilidad de un monstruo como yo, que no moría ni con disparos, ni con cuchillos, ni con veneno.”

Para Ki Tae-jeong, esta era una confesión en la que mostraba todas sus cartas. Frases como "lo siento" o "te quiero" no le parecían lo suficientemente sinceras, así que eligió estas palabras tras mucho pensarlo. Además, como ya le había soltado a la ligera un "sí, te quiero" para burlarse de él en el búnker, prefería evitar esa expresión.

Sobre todo, a Ki Tae-jeong le gustaban los momentos en los que Se-hwa transmitía sus sentimientos con pesadez sin decir una sola palabra de afecto. Como cuando le preguntó si podía llamarlo por su nombre, o cuando sonrió con claridad diciendo que se alegraba de que su orificio no le pareciera a él un trapo viejo.... Se-hwa solía susurrarle su corazón en un lenguaje que solo él podía interpretar, y cada vez que lo hacía, Ki Tae-jeong sentía una plenitud inexplicable.

Por eso, intentó seguir el estilo de Se-hwa a su manera. Creía que Se-hwa entendería el gran significado que tenía para él decir que era la debilidad de alguien que no moría aunque intentaran matarlo.

Pero él seguía sin responder. A pesar de haberle revelado toda su interioridad, Se-hwa mantenía su rostro exhausto, esperando a que la conversación continuara. Como si no creyera que fuera a terminar la charla solo con palabras bonitas. Parecía estar pensando qué condiciones le pondría ahora para atormentarlo.

“…….”

Ki Tae-jeong solo movió los labios. Si siguiera su carácter original, se habría alegrado cuando Se-hwa perdió la memoria. Habría fingido no saber nada y lo habría tratado bien, deseando que nunca recuperara el juicio. Después de todo, no hay mejor comienzo que una hoja en blanco.

Sin embargo, Ki Tae-jeong no lo hizo. Aunque trató bien al Se-hwa enfermo, no actuó como si no hubiera pasado nada. Y tal como prometió al traerlo de vuelta, no le puso un collar ni le colocó grilletes.

Por supuesto, no pretendía usar eso para impresionar a Se-hwa. Solo quería decirle cuánto se había debilitado.

“…Entonces, ¿qué quieres que haga?”.

La mano que estaba en contacto con la suya tembló levemente.

“¿Qué quieres que haga por ti?”.

Sujetó el dedo índice de Se-hwa y lo atrajo hacia su palma.

“Puedo concedértelo todo, así que dímelo.”

“…….”

“Cualquier cosa, excepto que no quieras estar a mi lado o que te hagas daño.”

Las pestañas bajas de Se-hwa aletearon lentamente. Ki Tae-jeong sintió que podía imaginar ese tacto. Esa sensación de cosquilleo en sus mejillas o cerca de sus ojos cuando se besaban, ese suave sonido de roce contra su ropa cada vez que él parpadeaba mientras lo abrazaba con fuerza….

“Lee Se-hwa.”

Cuando volvió a instarlo a que escribiera en su palma si no podía hablar, Se-hwa finalmente levantó la mirada con dificultad. Luego, movió sus delgados dedos. Ki Tae-jeong, sin respirar, observó fijamente la forma en que esas yemas con callosidades intentaban moverse. ‘Sí, aunque sean insultos. Escribe lo que sea. Dímelo’.

Toc, toc.

En el momento en que Se-hwa cerró los ojos y se disponía a trazar un trazo en la palma, se escuchó un respetuoso golpe en la puerta. Se-hwa, cuya vigilancia ya estaba por las nubes, se asustó tanto que se apartó de él, y Ki Tae-jeong se levantó de su asiento conteniendo apenas un insulto.

“…General de Ejército Oh Seon-ran.”

Al abrir la puerta, la invitada esperada estaba allí. Cargaba varias cosas apiladas en sus brazos y apenas pudo entrar. Cuando él tomó por cortesía las cosas que estaban encima, pudo ver el rostro de la General Oh Seon-ran.

El rostro de la General Oh, que lo miraba directamente, estaba completamente inexpresivo. Sin embargo, era incapaz de ocultar su furia bullente; unas venas azuladas resaltaban en su frente y su cuello. Debido a la fuerza con la que sujetaba los objetos, las puntas de sus dedos estaban blancas.

“…Se-hwa.”

El General Oh tomó aire profundamente y forzó una sonrisa amable elevando las comisuras de sus labios. Luego, ignorando a Ki Tae-jeong, se dirigió directamente hacia Se-hwa.

“Me enteré de que habías recuperado el conocimiento, pero tenía asuntos urgentes que terminar y no pude venir de inmediato. Además, pensé que necesitabas descansar lo suficiente….”

Viendo que no se extrañaba de que Se-hwa no la saludara ni respondiera, parecía conocer más o menos la situación... aunque por su comportamiento también parecía alguien que no supiera nada de lo ocurrido hasta ahora.

A tal punto llegaba su discreción. No preguntó si le dolía algo ni armó un escándalo sobre cómo había llegado a ese estado. Simplemente se limitó a colocar con calma los objetos que traía al lado de Se-hwa.

“Como no tienes tableta, pensé que te sentirías más cómodo con libros de papel. Puede que estén lejos de las últimas modas por ser elección de una vieja, pero….”

Lo primero que sacó Oh Seon-ran fue un libro con conocimientos básicos sobre crianza. Se-hwa, que se había encogido de una forma distinta a cuando miraba a Ki Tae-jeong, abrió los ojos de par en par. Extendió las manos con torpeza para abrir el libro y estiró el cuello para observar lo que había sobre la cama. Parecía la primera vez que sus ojos recuperaban el brillo desde que Ki Tae-jeong lo trajo del Segundo Anillo.

“Este es un libro que explica cómo crece el bebé dentro de la incubadora y por qué procesos pasa... y este otro enseña cómo cuidar a un recién nacido después del alta.”

“…….”

“Ah, este es sobre cómo debe cuidarse el gestante tras el parto; no lo pases por alto y léelo sin falta. Por supuesto que habrá profesionales ayudándote, pero que tú lo sepas a grandes rasgos es muy diferente a no saber nada.”

“…….”

“Solo si tú estás sano podrás cuidar del niño. ¿Verdad?”

Se-hwa asintió frenéticamente. Incluso sonrió un poco mientras acariciaba la portada del libro en tonos pastel que tenía un móvil dibujado. Era una sonrisa tan tenue que costaba notarla, pero sin duda estaba sonriendo.

Ki Tae-jeong observó a Se-hwa con la cara de quien ha recibido un golpe. Era una imagen totalmente distinta a la de hace un momento cuando estaba con él.

“Hay muchos asuntos en curso... pero explicarte demasiado ahora solo te daría dolor de cabeza, así que te lo detallaré más adelante.”

“…….”

“Porque ahora mismo ya tienes suficiente con pensar en tu salud y en el niño.”

Se-hwa asintió levemente. Fue un gesto que parecía querer transmitir que estaba haciendo el mayor esfuerzo por responder a su voz.

Ki Tae-jeong se mordió el labio inferior con fuerza. Se sintió mezquino por pensar así, pero él también quería que Se-hwa cuidara de su salud y por eso intentaba que tomara la medicina a toda costa. Y por supuesto, planeaba llevarlo a aquel evento especial.

Sin embargo, Se-hwa solo prestaba atención a la voz de Oh Seon-ran. Aquella confesión que le costó tanto soltar, diciendo que él era su única debilidad, y la promesa de que haría cualquier cosa por él... se lo había dicho hacía apenas unos minutos, pero era como si Se-hwa no supiera absolutamente nada de eso.

“Dijiste en nuestra última llamada que no querías volver a confiar en nadie.”

“……."

“Lo entiendo perfectamente. Considérame solo como un amigo de tu padre o un señor conocido que gasta dinero a manos llenas para aliviar su conciencia tardíamente. Tú vive apoyándote solo en el niño. ¿Entendido?”

“General de Ejército Oh Seon-ran.”

Ki Tae-jeong llamó al General Oh sintiendo que, por alguna razón, ya no podía aguantar más.

“Hablemos un momento afuera.”

#110

Oh Seon-ran movió los libros que estaban desparramados sobre la cama hacia la mesa de noche para que Se-hwa pudiera recostarse cómodamente. Se-hwa inclinó la cabeza en un gesto de agradecimiento y se quedó acariciando el lomo de los libros incesantemente.

“¿Quieres que te traiga algo? ¿Hay algo que te apetezca comer?”

Ante la cariñosa pregunta de Oh Seon-ran, Se-hwa solo negó con la cabeza levemente. Aunque mantenía la misma expresión inexpresiva, la calidez con la que la miraba a él era totalmente distinta a cuando lo miraba a él.

Ki Tae-jeong sentía como si un fuego le quemara las entrañas. El día que la General de Ejército Oh Seon-ran se presentó de improviso en los grandes almacenes, Se-hwa no sabía qué hacer de la alegría al verlo a él desde lejos. No paraba de mover los labios como si lo llamara y, cuando él se acercó y le apretó la mano con fuerza, Se-hwa no dejaba de mirarlo de reojo con un rostro rebosante de afecto.

Pero ahora… ese mismo Se-hwa lo miraba como a un extraño. Así como aquel día estuvo a la defensiva al ver a Oh Seon-ran, ahora erizaba sus púas contra él.

“Salgamos.”

Oh Seon-ran, tras arroparlo minuciosamente con la manta, salió de la habitación con paso firme. Ki Tae-jeong clavó la mirada en Se-hwa, quien solo lo observaba de reojo con cautela, y finalmente se puso en marcha. La preocupación grabada en ese rostro no era por él. Seguramente estaba ansioso por si él le hacía algo a la General Oh Seon-ran.

“Tú….”

En cuanto se cerró la puerta de la habitación, el General Oh Seon-ran respiró profundamente con las manos en la cintura. Murmuró varias veces "tú", "Ki Tae-jeong", resoplando de rabia, hasta que de repente lanzó un puñetazo.

Con un chasquido seco, como el de una toalla mojada al golpear, la cabeza de Ki Tae-jeong giró bruscamente. Después de todo, un General de Ejército era una General; Oh Seon-ran sabía cómo propinar una paliza de forma efectiva.

Ki Tae-jeong pasó la lengua por el interior de su mejilla y recuperó la postura. Desde que fue comisionado, nadie le había puesto la mano encima, por lo que se sentía humillado; sin embargo, pensó que no estaría mal que Se-hwa descubriera las marcas y se preocupara por él.

A partir de ahí, Oh Seon-ran eligió golpear y patear solo partes que no quedaran a la vista, como el abdomen o las espinillas. Al ver que la intensidad aumentaba, parecía que la actitud desafiante de él, que se portaba como si lo invitara a seguir, estaba contribuyendo a encender el temperamento del hombre.

“Aunque te ordene que te tomes el tratamiento y entres, no creo que un tipo como tú vaya a escuchar… y Se-hwa se asustará si apareces de repente con la cara hinchada, así que lo dejaremos hasta aquí.”

Respirando con dificultad, Oh Seon-ran se pasó la mano por su rostro demacrado.

“Sí, ¿este es el resultado de haber capturado y sentado a la fuerza a tu lado a un chico que huyó porque no podía más? ¿Es solo esto?”

Apretaba los dientes con tal fuerza que el sonido del chirrido llegaba hasta donde él estaba. Aun así, mantenía la voz baja por si la conversación se filtraba tras la puerta.

“¡Cómo te atreves, con el hijo de quién... con el hijo de quién...!”

Al decir eso, la mandíbula de Oh Seon-ran tembló violentamente.

‘¿El hijo de quién?’. Ki Tae-jeong entrecerró los ojos con extrañeza. No le sorprendía que Oh Seon-ran hubiera levantado la mano primero, pero esto... era un poco extraño. Para ser la actitud hacia el hijo de un amigo, ¿no era demasiado desgarrador?

“General de Ejército Oh Seon-ran.”

“…….”

“Esa persona que dicen que dio a luz a Se-hwa... ¿es realmente alguien conocido suyo?”

“…¿Qué?”.

Oh Seon-ran se quedó sin palabras un momento, mordiéndose el labio, y pronto congeló su expresión con frialdad. Parecía haberse dado cuenta de que su actitud era sospechosamente apasionada.

“…No es asunto tuyo.”

‘Ah’. Precisamente por esa negativa, Ki Tae-jeong se convenció de que había una historia oculta. Parecía que la relación entre la persona que dio a luz a Se-hwa y el General Oh Seon-ran no era una relación ordinaria.

“No me diga que, después de llegar a este extremo, pretende reclamar la patria potestad.”

“¿Acaso tengo que reclamar derechos que me pertenecen por naturaleza?”

“Tú, pedazo de….”

“Ahora Se-hwa lo está pasando mal, pero con el tiempo todo mejorará. Yo seguiré….”

Ki Tae-jeong dejó la frase en el aire un momento y luego, como si no fuera nada, levantó la barbilla y recuperó su postura oficial.

“Si sigo a su lado, llegará el momento en que me entienda y me acepte.”

“Ja, ja, ja…. ¿Eso te dijo Se-hwa? ¿Te pidió que te quedaras a su lado después de todo esto? ¿Dijo que quería eso?”

El General Oh Seon-ran soltó una risa sarcástica, como si no pudiera creerlo.

Ki Tae-jeong quería responder que sí... pero en realidad, él también se sentía un poco inseguro. Se-hwa ya ni siquiera lo miraba como antes... ¿podía responder a su antojo que él sentiría lo mismo?

“¿Sabes por qué no le pregunto nada a Se-hwa? ¿Por qué no le hablo de lo que significa entrar como mi hijo adoptivo, de lo que podrá disfrutar en el futuro o de la magnitud de los activos que ya han pasado a su nombre? ¿Sabes por qué no menciono nada de eso?”

“Eso es porque,”

“Es porque Se-hwa está muy enfermo. Su cuerpo, sí, pero sobre todo su corazón.”

Como si fuera absurdo tener que explicar algo así, Oh Seon-ran soltó una risita amarga. Luego, volvió a apretar los dientes y dijo en voz baja, pero con claridad:

“Se-hwa ha vivido toda su vida siendo expulsado de lugares terribles. Todavía es un niño de solo veintiún años. ¿Con qué sentimiento, con qué pensamiento crees que resistió en esa casa a pesar de todo?”

‘Seguramente Se-hwa ya estaba a punto de desmoronarse antes de conocerte’, se lamentó Oh Seon-ran.

“Tú… no sabes qué clase de mirada tiene Se-hwa cuando te ve.”

“…….”

“¿Crees que un chico que te quería tanto, que probablemente te consideraba la única alegría de su amarga vida, puede estar cuerdo después de pasar por esto? Si no se ha vuelto loco todavía es porque tiene al niño. ¡No es que esté aguantando porque lo ocurrido sea soportable, es porque no puede derrumbarse por el niño, así que apenas está respirando!”

Ki Tae-jeong no respondió nada ante la lluvia de críticas deliberadas.

…No es que no lo supiera. Habría sido mejor si todo hubiera estallado desde el principio. Sus ganas de confiar y entregarle su corazón se habrían convertido en la resignación de "aunque no confíe, debo entregarle mi corazón"... pero como los incidentes que creía cerrados estallaron uno tras otro, él debió pensar que quería dejarlo todo. Por eso lo evitaba con los ojos perdidos y la boca cerrada. Sin embargo….

“Yo también deseo que ganes este juicio. Incluso me estoy esforzando por detrás para que así sea. Quiero que todo lo que Se-hwa hizo en el pasado se le atribuya al teniente Kim, y que después de esto Se-hwa pueda vivir con normalidad. Que olvide todo el pasado y viva como cualquier otro chico de veintiún años. De forma totalmente normal.”

“…….”

“Y en ese pasado, por supuesto, estás incluido tú.”

Oh Seon-ran dijo con frialdad que esa era la única razón por la que no presentaba de inmediato la demanda de pérdida de patria potestad. Esas palabras significaban que, una vez que el juicio se resolviera y pasara el tiempo adecuado, no dudaría en ir a litigio.

“Me quedo quieto solo porque no sé qué clase de excusas podría poner la parte de Kim en el juicio si te involucro a ti. Así que, si te importa Se-hwa aunque sea un poco, retírate por tu cuenta.”

“…….”

“¿El segundo juicio era en dos semanas, verdad? Me esforzaré para calmar a Se-hwa y que pueda terminar la grabación del testimonio. Eso es algo por su bien. A cambio, deja que Se-hwa viva en paz después de eso; sé tú quien lo suelte primero.”

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¿Que lo soltara?

¿Que para que Lee Se-hwa viviera tranquilo y bien de ahora en adelante, solo bastaba con que él lo soltara?

Los ojos de Ki Tae-jeong, que parpadeaban con rapidez, de pronto se afilaron con frialdad.

“¿Por qué debería soltar a Lee Se-hwa?”

‘Apenas acaba de abrir los ojos y ahora me está mirando. No reacciona, pero vive y respira. Con eso es suficiente. Mientras esté vivo, todavía no es tarde’.

“¡Tú de verdad…!”

“Para que el General no tenga de qué preocuparse, trataré a Se-hwa sin que le falte nada. Y por supuesto, también al niño.”

Bastaría con quedarse a su lado y decirle continuamente que lo sentía, bastaría con darle seguridad... El Se-hwa de veinte años lo dijo claramente. Solo ha pasado un año, así que sus valores no habrán cambiado tanto. Por lo tanto, todavía hay una oportunidad. Las partes que cuelgan peligrosamente hechas añicos podrán volver a unirse.

…Quería creer eso.

“General de Brigada Ki Tae-jeong, tú de verdad… piensas como un soldado. Incluso en este momento.”

Conquistar la cima primero, clavar la bandera de la victoria y luego planear el futuro.

Considerar que, aunque el proceso fuera una ruina, si ganaste, con eso basta.

Creer que llamar a la otra parte a la mesa de negociaciones para proponer condiciones es un acto de generosidad.

No haber considerado ni por un segundo cosas como el perdón sin motivo o el sacrificio en pos de la victoria….

“Perdí el tiempo con alguien que no entiende ni cuando se le aconseja.”

Como si no quisiera cruzar una palabra más, Oh Seon-ran negó con la cabeza. Luego, caminó lentamente hacia la habitación.

Se acarició la mandíbula tensa e intentó dibujar de nuevo un rostro benevolente como antes. Lo intentó varias veces hasta que, incapaz de reprimir la emoción que le subía de golpe, se llevó la mano a la frente y bajó la cabeza. Los hombros del veterano General, cuya edad era difícil de calcular por su porte fuerte y gallardo, temblaron violentamente.

“…¿Por qué… para qué… tenías que parecerte… incluso en eso…?”.

Fue un llanto silencioso pero tan imponente que hizo que Ki Tae-jeong e incluso el personal de seguridad desplegado alrededor retrocedieran vacilantes. Las palabras que el General Oh Seon-ran murmuraba entre sollozos parecían el nombre de alguien.

No pudo distinguirlo con precisión, pero estaba seguro de que no era Lee Se-hwa. ¿Acaso estaba llamando al padre biológico de Se-hwa, de quien dijeron que había muerto? Por el momento, Ki Tae-jeong no podía deducir las circunstancias detalladas, pero de alguna manera se sentía así.

Tras estar un largo rato así, encorvada y apoyada en sus rodillas, el General Oh Seon-ran levantó la cabeza lentamente. Durante el mismo tiempo que duró su llanto, miró al techo para calmar sus entrañas y, queriendo recuperar la compostura, carraspeó varias veces para aclarar su voz.

“…Sí, parece que ni siquiera sabes lo que has perdido…. Tú también lo entenderás más tarde.”

“…….”

“Llegará el día en que te arrepentirás hasta los huesos de las palabras que me dijiste hoy… no, de todos modos para entonces ya no servirá de nada, así que ¿para qué seguir hablando?”.

Oh Seon-ran ignoró a Ki Tae-jeong, que permanecía allí parado, y abrió la puerta. “Se-hwa”, llamó con una voz cariñosa en la que el rastro de llanto había desaparecido por completo.

Ki Tae-jeong se quedó allí, como clavado al suelo, observando cómo la puerta se cerraba lentamente. La luz que brotaba de la habitación dibujó un ángulo curvo iluminando el suelo, para luego desaparecer como un espejismo. Aunque era mediodía, el pasillo donde Ki Tae-jeong se quedó solo estaba en silencio y oscuro.

#111

“…así que, al activar este modo, el bebé no siente con tanta fuerza los dolores de crecimiento. Es el producto más buscado últimamente debido a los rumores de que reduce notablemente la frecuencia con la que los bebés lloriquean”.

Se-hwa asintió, medio absorto. No es que estuviera interesado en esa cuna o lo que fuera que tuviera tecnología de punta, sino que simplemente quería agradecer que se lo hubieran explicado.

Sin embargo, Ki Tae-jeong debió interpretar aquello como un signo de afirmación, pues le tendió de inmediato su tarjeta al empleado. Era la tarjeta negra y gruesa del Banco Federal que Se-hwa conocía bien. La única diferencia con la que él le había dado antes era que esta tenía el emblema de la Fuerza Aérea grabado en grande en el centro.

Se-hwa negó con la cabeza para indicarle que no lo hiciera, pero Ki Tae-jeong no pareció darse cuenta. O tal vez lo ignoraba a propósito…. Así, otro objeto más del que Se-hwa no sabía qué uso darle se acumuló a su nombre.

“¿Son estos todos los colores disponibles?”

“Es posible fabricarla a medida. ¿Desea algún color en particular?”

“Bueno, el niño se parecerá exactamente a esta persona… así que creo que le iría bien una gama más clara y radiante”.

“¡Vaya! Si se parece a la señora, el bebé será precioso. Entonces, buscaré colores que armonicen con el tono de piel de la señora”.

El empleado hizo una reverencia cortés, diciendo que seleccionaría las muestras de color y se las enviaría a la información personal del General de Brigada.

‘¿Qué tendrá que ver mi color de piel con la cama que recomiendan para las siestas de los bebés?’. Se-hwa no hacía más que suspirar profundamente.

Ki Tae-jeong lo llevaba todos los días a recorrer el salón de banquetes, barriendo con los costosos equipos exhibidos en la exposición especial. Quizás se había corrido el rumor de que a Se-hwa le incomodaba el tema, porque ahora los empleados ni siquiera mencionaban los precios y se limitaban a recibir la tarjeta de Ki Tae-jeong. No sabían que precisamente eso era lo que más abrumaba a Se-hwa… aunque bueno, a los empleados les daría igual. El cliente importante era el General de Brigada Ki Tae-jeong.

Definitivamente, Ki Tae-jeong se había vuelto extraño después de la visita del General Oh Seon-ran. Siempre había sido de los que lanzaban regalos como bombardeos a su antojo, pero últimamente…. Era difícil de explicar, pero la sensación y la forma en que lo trataba eran distintas a las de antes.

Para empezar, ya no compraba artículos de lujo como ropa o relojes, sino solo productos para bebés. Además, le hacía preguntas sobre Saessak-i a él, que ni siquiera podía hablar. Como si estuviera intentando ganarse su favor de verdad.

“…….”

Se-hwa tiró tímidamente de la manga de Ki Tae-jeong. Era su señal para decirle que parara.

“¿Por qué tienes tan poca ambición?”

Ki Tae-jeong chasqueó la lengua, pero detuvo sus pasos cuando estaba a punto de dirigirse al siguiente puesto.

“Falta poco más de una semana. El segundo juicio. Esta vez cerraré el caso definitivamente y….”

Al girar hacia la entrada del salón de banquetes, Ki Tae-jeong carraspeó levemente.

“Después de eso… ya he hecho instalar todo lo necesario en la residencia oficial, así que échale un vistazo. Al menos no tendrás inconvenientes para criar al niño”.

Se-hwa no sabía qué reacción esperaba él con todo esto. Bueno, en realidad creía intuirlo un poco. Era evidente que había recibido algún tipo de estímulo por parte de la General Oh Seon-ran.

Recientemente, Ki Tae-jeong parecía esforzarse por no proponerle cosas como si estuviera dándole órdenes. Se-hwa tenía esa sensación al ver cómo él se mordía los labios como si se hubiera equivocado al hablar, o cómo suavizaba el final de sus frases. Aun así, sus hábitos no habían desaparecido del todo, pues seguía intentando negociar entregándole bolsas de medicina junto con caros artículos de puericultura….

“¿No necesitas nada más? Bueno, no es como si yo tuviera experiencia criando niños”.

“…….”

Se-hwa caminó en silencio siguiendo a Ki Tae-jeong. Sentía una pesadez bajo el esternón, como si tuviera una indigestión. …Ni en sueños había deseado algo así. Los libros y las primeras mudas de ropa que le dejó la General Oh Seon-ran eran más que suficientes.

Si pudiera, él también querría darle lo mejor a Saessak-i. Cualquier persona con un hijo sentiría lo mismo. Pero eso se refería a "lo mejor que puedo darle al niño dentro de mis posibilidades", no significaba que quisiera acumular objetos de un valor tan alto que no podría comprar ni vendiendo sus órganos cien veces.

“Ah, también estoy buscando una niñera. Aún falta mucho para que salga de la sala de cuidados intensivos, pero… me han dicho que hay que reservarlas con antelación para conseguir a alguien buena”.

‘¿Una niñera…?’. Se-hwa tragó saliva con fuerza en lugar de suspirar.

Todo lo que Ki Tae-jeong le daba eran, al final, deudas. Su objetivo era ganar el juicio, así que después no tendría motivos para seguir vinculado a alguien que ya no le resultaba útil. Ahora le colmaba de cosas por capricho, pero ¿y si de repente cambiaba de opinión? ¿Quién sabía cómo se transformaría entonces para volver a exprimirlo?

Por supuesto, antes pensaba que, si él no se cansaba de él, estaría encantado de seguir con su relación. Pero ahora….

A Se-hwa le dolía la garganta como si hubiera tragado agua hirviendo, así que se dio unos golpecitos en la nuez. No creía que todo lo que Ki Tae-jeong le había mostrado fuera mentira. Cuando estaba medio cegado por una rabia oscura, tembló pensando que todo había sido una actuación… pero pensándolo ahora, este hombre no tiene el carácter para fingir sentimientos que no tiene por alguien como él.

Es tal como le dijo a Ki Tae-jeong antes de darle la medicina y marcharse. Solo era una cuestión de sinceridad; de todos modos, parecía que él sí le había querido a su manera. Sin embargo, su sentimiento nacía al final de un propósito especial. Era diferente al sentimiento que él mismo había albergado.

Además, después de haber dicho que si abandonaba a Saessak-i en el Cuarto Anillo o qué sé yo, no entendía por qué de repente se preocupaba por el niño. Lo más absurdo era que daba por sentado que él se iría a vivir a la residencia oficial.

“Siéntate aquí un momento.”

Ki Tae-jeong llevó a Se-hwa a una zona de descanso frente al salón de banquetes, diciendo que iría a comprar algo de beber.

Aunque pareciera que estaba solo, no lo estaba en absoluto. Sabía que estaba lleno de gente vigilándolo a escondidas. Al fin y al cabo, Saessak-i estaba en la sala de cuidados de la incubadora. Sabía perfectamente que no podría huir solo dejando al niño atrás, así que ¿por qué hacía aquello?

Se-hwa se dejó caer en el sofá y se dio unos golpecitos en los muslos y las rodillas. Según el Teniente Na, parecía que su forma de caminar había mejorado un poco, pero él sentía los mismos pinchazos. Y su garganta le escocía desde hacía rato…

“…….”

…Ah. Se-hwa, sorprendido, se presionó la zona del cuello como si se pellizcara. Aunque con eso solo atormentaba la piel exterior, sintió claramente el dolor en el interior.

Había estado pensando que sus sentidos parecían más vívidos desde que la General Oh Seon-ran lo visitó. Pero no imaginaba que, gracias a eso, sus cuerdas vocales se irían liberando poco a poco.

Esa persona no le había hecho nada en especial. No le ofreció un consuelo grandioso ni le habló de un futuro brillante. Incluso cuando volvió hace unos días, lo único que hizo fue leer con él los libros que le había comprado y buscar en internet las palabras que él no conocía para enseñárselas. Entonces, ¿por qué…?

Se-hwa, desconcertado, se examinó a sí mismo por todas partes y luego dejó caer los hombros. …Ni yo mismo lo sé.

Mientras miraba al pasillo vacío sin sentido, Se-hwa divisó algo que caía al suelo y revoloteaba, por lo que ladeó la cabeza. Por su forma y tamaño, parecía un recibo.

‘¿Se le habrá caído a Ki Tae-jeong?’. Se-hwa intentó ignorarlo con indiferencia pensando que no era asunto suyo, pero finalmente levantó su pesado cuerpo. ‘Bueno, si lo guardo, tal vez pueda devolverlo en secreto más tarde’. Así que, calmando sus piernas chirriantes, inclinó el torso, y entonces…

“¡Ay!”

Chocó fuertemente con un niño que venía corriendo ferozmente desde algún lugar. Se-hwa, asustado, se acercó titubeante al niño que había caído de nalgas.

El helado que el pequeño sostenía se había aplastado desastrosamente contra sus pantalones, pero eso se arreglaba lavándolos… Se había escuchado un golpe bastante fuerte, ¿se habría hecho mucho daño? Se-hwa, confundido, reaccionó tarde y le tendió la mano. Menos mal que esto era un hospital. Si decía que le dolía algo….

“¡No me toques!”

Pero el niño entornó los ojos con agresividad y le dio un manotazo en el dorso de la mano a Se-hwa.

“…….”

“¡Sé quién eres tú! ¡El de clase baja que se arregló la vida por tener el hijo del General de Brigada!”

El rostro de Se-hwa, que iba a hacerle gestos afectuosos de nuevo para que el niño no se sintiera avergonzado, se endureció lentamente.

“¿Un muerto de hambre de clase baja que no puede ni poner un pie en el Quinto Anillo ahora intenta robarse hasta el recibo de mi mamá?”

Ah, no era de Ki Tae-jeong. Lógico. Él no era alguien que guardara esas cosas. Y aunque las guardara, mucho menos era de los que las perdían por ahí….

Se-hwa se alejó unos pasos del niño con amargura. Le desconcertaba que hasta un niño pequeño lo señalara mencionando su clase baja, pero no era algo que no hubiera previsto.

El Quinto Anillo es pequeño. Incluso sabía que el estrato social que podía recibir tratamiento en este hospital era solo una parte de él. Este niño probablemente habría crecido recibiendo un trato tan privilegiado como el del teniente Kim, y consideraría natural pisotear a los demás con sus privilegios.

“¡Si eres de clase baja, no deberías estar aquí, sino en un centro de acogida!”

Pensó qué sabría un niño tan pequeño. Seguramente estaría repitiendo como un loro lo que decían sus padres o los adultos de su entorno. Aun así, Se-hwa asintió pensando que era un poco injusto que dijeran que se había arreglado la vida gracias a Ki Tae-jeong. Era su forma de decir que ya se iba, que no hacía falta que gritara así.

“¡Aaaah!”

Pero de repente, una mano enorme que apareció junto a su mejilla agarró el cuello de la camisa del niño y tiró de él hacia arriba sin contemplaciones.

“Repite eso.”

Era Ki Tae-jeong.

Apareció de la nada, sin hacer ruido, y levantó al niño en vilo como si estuviera controlando a una pequeña fiera maleducada. Con la otra mano sostenía la base de dos bebidas a la vez, moviéndose con tal calma que el líquido del interior ni siquiera oscilaba.

“He dicho que lo repitas.”

Un sudor frío recorrió la espalda de Se-hwa. Ki Tae-jeong no era de los que distinguían edad o sexo a la hora de comportarse con brutalidad. Para usar una expresión frecuente en él, odiaba a todo el mundo por igual de forma jodida. Pero aun así, ¿cómo podía tratar así a un niño tan pequeño? No es que él se hubiera hecho daño, e incluso si se lo hubiera hecho, por qué a un niño que apenas tendría cinco o seis años….

“Joder, ¿qué te han enseñado tus padres para que tengas esa boquita con esa edad?”

“¡Buaaaa…! ¡Mamá…! ¡Papáaaaa…!”

Ki Tae-jeong zarandeó al niño en el aire. Entonces, pareció descubrir un emblema familiar en el collar para no perderse del pequeño y soltó una risa gélida.

“Estos bastardos de verdad….”

Se-hwa no se lo pensó más y se aferró de golpe a Ki Tae-jeong.

“…….”

Lo sujetó por la cintura en un gesto que era casi como abrazarlo. El cuerpo del hombre, duro como una armadura, y sus músculos densamente formados se tensaron bajo la presión de los dedos de Se-hwa, que se movían con inquietud.

“……, …vor.”

#112

El corazón le latía tan rápido que sentía que se le iba a salir por la boca. El pulso le vibraba en todo el cuerpo como el redoble de un gran tambor.

Tras un breve instante, Ki Tae-jeong giró ligeramente la cabeza. En la línea definida de su mandíbula y en la punta de su nariz se reflejaban emociones densas y complejas que Se-hwa era incapaz de descifrar.

“¡M-mamá, papáaa...! ¡Ese de clase baja...!”

El niño, que seguía suspendido en el aire, detectó que el ambiente se había suavizado un poco y volvió a sollozar con aire de víctima.

Ki Tae-jeong no bajó al niño al suelo, pero tampoco se giró por completo para comprobar el estado de Se-hwa. Simplemente se quedó ahí, respirando con calma mientras sentía las débiles manos de Se-hwa aferradas a su cintura.

“Ha….”

Se-hwa tragó saliva y se esforzó por mover la lengua de alguna manera.

No creía que debiera perdonarse todo solo por tratarse de un niño. Además, aquel pequeño parecía tener edad suficiente para comprender que no se deben decir cosas crueles a los demás.

“……, no lo… ha-ga….”

Aun así... fuera un adulto o un niño, ¿había necesidad de acorralar a alguien como si fuera a matarlo?

“No lo… ha-ga… por favor….”

“…….”

“Es un… ni-ño….”

Su propia voz, que no escuchaba desde hacía tiempo, le resultó extraña. Ni siquiera pudo pronunciar bien el final de las palabras, pero el solo hecho de decir ese poco hizo que el sudor le brotara como si fuera lluvia.

“De-téngase….”

Siguiendo el ritmo de la respiración de Ki Tae-jeong, sus anchos hombros subían y bajaban repetidamente. Se-hwa podía sentir cómo los músculos de su espalda, extendidos como una cordillera, se tensaban bajo la ropa. Era una reacción similar a la que mostraba cuando estaba en el punto máximo de excitación mientras tenían sexo….

“…No es que estuviera acorralando al mocoso a propósito.”

El hombre, que había estado inmóvil como una estatua, se agachó lentamente.

“Este crío te soltó esas cosas sobre el General de Brigada, pero frente a mí se puso a llorar buscando a sus padres.”

Ki Tae-jeong dejó al niño en el suelo, casi arrojándolo, y le arrancó el collar para no perderse. El pequeño, con la cara empapada en lágrimas y mocos, volvió a sollozar bajito.

“Seguramente el mocoso solo repetía lo que le mandan sus padres. Pero en cuanto reconoció mi cara, debió cerrar la boca. Los que tienen grabado el Quinto Anillo en el registro conocen, al menos por encima, las caras y nombres de los principales generales cuando llegan a esta edad.”

Incluso sin que se les obligue, al ser arrastrados de aquí para allá por sus padres, terminan sabiéndolo por inercia. Incluso Ki Tae-jeong, a quien le importaban un bledo las galas y eventos sociales, reconocía a los hijos de las figuras prominentes.

“¿Y me vas a decir que te reconoce a ti con exactitud pero no sabe quién soy yo? Eso es imposible.”

Ki Tae-jeong levantó el collar a la altura de sus ojos y lo examinó. Tenía grabados dos emblemas del Ejército de Tierra, pero el contacto del tutor no era un número de uso militar. Era el tipo de truco barato que solía usar la gente que quería alardear de tener a un militar entre sus parientes lejanos, sin ser familia directa.

Además, el apellido del niño era Kim. Un Kim con parientes en el Ejército…. Era pronto para sacar conclusiones, pero podía adivinar bajo las órdenes de quién estaban.

Tras mover al niño de un lado a otro con la punta del pie, Ki Tae-jeong se agachó para recoger el recibo. Sin necesidad de mirarlo de cerca, este objeto también resultaba sospechoso.

“Incluso si se le hubiera caído nada más recibirlo en la tienda, no estaría tan rígido.”

El método era similar al de aquel médico que le soltó tonterías a Se-hwa anteriormente. No había una estrategia detallada ni una lógica plausible. El único objetivo era lanzar frases que pudieran herir a Se-hwa, sin contexto alguno.

Este mocoso, o mejor dicho, sus padres, parecían ser peones insignificantes para el Teniente Coronel Kim, iguales a aquel médico, por lo que no creía necesario un interrogatorio formal; sin embargo, sentía que debía tener más cuidado.

Había un límite mientras no lograra meter a Se-hwa en la residencia oficial. Por mucho que restringiera el acceso de extraños, mientras Se-hwa siguiera saliendo de la sala de recuperación para ver al niño, siempre habría desconocidos con los que cruzarse. Incluso una enfermera de la sala de cuidados intensivos podría volverse loca por el dinero del Teniente Coronel Kim y decirle estupideces a Se-hwa.

Y aun sin los consejos de Oh Seon-ran, Ki Tae-jeong sabía bien que el cuerpo y la mente de Se-hwa estaban muy debilitados. Si alguien atacaba usando al niño en esta situación, Se-hwa podría llegar a tener pensamientos peligrosos de verdad.

Ki Tae-jeong levantó la vista ligeramente para comprobar los alrededores. Parte del personal de seguridad, que debería estar oculto como sombras, se había dejado ver y apuntaba con sus armas hacia algún lugar. Al mirar en esa dirección, vio a un hombre y una mujer jóvenes escondidos tras una columna, temblando con las manos en alto. Por supuesto, algunos de sus hombres seguían apuntando sin vacilar hacia el niño.

“En fin… no es que quisiera torturar al mocoso a propósito.”

Se-hwa se quedó quieto, como clavado al suelo, sin saber qué reacción mostrar. Debido a la tensión, tragó saliva con dificultad.

Como ya no estaba sacudiendo al niño en el aire y había dicho que no tenía intención de dañarlo deliberadamente... supuso que ya no era necesario seguir sujetándolo. Le resultaba incómodo el contacto físico con el hombre, pero la vibración que se transmitía hasta la punta de sus dedos cada vez que él hablaba con voz baja hacía que Se-hwa no supiera qué hacer.

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En cuanto Se-hwa soltó la cintura de Ki Tae-jeong, el hombre se dio la vuelta bruscamente. Al encontrarse con su mirada sin previo aviso, Se-hwa se estremeció y retrocedió un par de pasos.

“¿Y bien… eso es todo?”

Acortando la distancia de un solo paso, Ki Tae-jeong hizo un ligero gesto con la barbilla hacia atrás sin que Se-hwa lo notara. Era la señal para que capturaran a todos esos tipos sospechosos.

“Lo que querías decirme.”

“…….”

“Aparte de que no dañe al mocoso maleducado, ¿no hay nada más?”

“…….”

“Se-hwa.”

‘No lo haga’. Esa frase corta no era suficiente para saciar su sed. No le importaba si no eran frases completas. Incluso si era un rechazo diciendo que lo odiaba, quería escuchar su voz un poco más. Sin embargo, Se-hwa, habiendo logrado su objetivo, volvió a cerrar la boca con firmeza.

Ki Tae-jeong exhaló un largo suspiro y le tendió el vaso que llevaba en la mano. Entre la bebida colorida había trozos de algodón de azúcar que parecían nubes. No parecía nada saludable, pero la eligió porque tenía un aspecto curioso que pensó que atraería el interés de Se-hwa. Y por el aspecto, juraría que sabía dulce.

“…….”

Se-hwa estuvo a punto de girar la cabeza mostrando desinterés, pero de pronto se detuvo y, con vacilación, tomó el vaso.

‘Parece que después de todo le ha gustado’. La comisura de los labios de Ki Tae-jeong estuvo a punto de dibujar una curva. Pero la mirada de Se-hwa, que sostenía el vaso torpemente, se dirigió hacia el mocoso que forzaba el llanto. Fue solo un instante, pero sucedió sin duda.

Su expresión, que se había suavizado, volvió a tensarse. Pensó que la bebida que eligió había captado la atención de Se-hwa... pero no era eso; parecía que Se-hwa temía que, si él se molestaba, pudiera hacerle daño al niño.

Sentía el interior de la boca áspero, como si hubiera tragado arena. Le había explicado con detalle por qué fue brusco con el mocoso sospechoso. Le dijo que no tenía intención de dañarlo. Aun así, Lee Se-hwa no confiaba en sus palabras en absoluto. Incluso después de mostrarle las pruebas y añadir una explicación lógica.

“…Pruébalo. Dicen que es muy popular.”

Ki Tae-jeong le habló a Se-hwa con voz normal, como si nada hubiera pasado. Sin embargo, como si no tuviera nada más que decirle que no fuera una prohibición, Se-hwa siguió sin abrir la boca.

* * *

Un habitante de clase baja fuera de los muros.

Era un insulto familiar que solía escuchar de los clientes, pero extrañamente, las palabras de aquel niño no dejaban de rondar por su cabeza.

Aquel médico sospechoso también le había dicho algo similar sobre su origen. En aquel entonces se sorprendió un poco, pero no se le quedó grabado en el alma…. Quizás porque esta vez escuchó el reproche en la voz de un niño, sentía que sus pensamientos se hundían constantemente en ese tema.

A diferencia de él, Saessak-i, que estaba sano, crecería rápido y pronto construiría su pequeño círculo social… y un padre de clase baja proveniente del Segundo Anillo sería para ese niño un defecto imborrable de por vida.

A Saessak-i también le borrarían el nombre y lo llamarían "el hijo de Sam-wol de la Casa". Incluso si lograba establecerse dentro de los muros con la ayuda del General Oh Seon-ran, seguiría siendo un problema. Porque entonces sería despreciado como el hijo de un clase baja que entró sin conocer su lugar.

Al imaginar con detalle el futuro de Saessak-i, quien tendría una vida más dura que la suya sin tener la culpa, sintió que el corazón se le partía. Su idea inmadura de salir al mar para echar raíces en otro lugar podría convertirse en la desgracia futura del niño; suena a excusa, pero en aquel momento estaba tan acorralado que no pudo pensar en ello.

El periodo en el que el amor es suficiente para un niño no es largo. ¿No llegaría el día en que Saessak-i desearía vivir en un entorno decente con un afecto moderado, en lugar de un amor extremo que no se agota? Si llegara a enfadarse con él preguntándole si su otro padre biológico era en realidad un General de Brigada, diciéndole que no necesitaba su amor y que quería vivir bajo el mando de ese hombre, preguntándole por qué no se lo dijo….

“Lee Se-hwa.”

Ki Tae-jeong le dio un toque en la mejilla, trayendo a la realidad a un Se-hwa que se había quedado absorto.

“¿En qué piensas con tanta intensidad?”

Desde que logró arrancarle aquel "no lo haga", Ki Tae-jeong había estado así. No intentaba ocultar su ansiedad por volver a escuchar su voz. De alguna manera... el hombre parecía creer erróneamente que el hecho de haber hablado era una señal de que empezaba a abrirse a él.

“Me han dicho que en unas tres semanas podrían trasladar la incubadora a la sala de recuperación donde estás tú…. Por supuesto, habrá varias personas allí de forma permanente, así que puede que te cueste descansar tranquilo.”

“…….”

“¿Qué quieres hacer?”

“…….”

“¿Será mejor tenerlo a tu lado, verdad?”

Se-hwa seguía con la boca cerrada. Si quisiera, podría hablar ahora, pero no quería dar ni la más mínima oportunidad a que Ki Tae-jeong malinterpretara las cosas a su antojo.

— Gestante Lee Se-hwa, el General de Brigada Ki Tae-jeong ha llegado.

Al llegar frente a la sala de cuidados, escuchó la voz clara de siempre. Se oyó el rodar de unas ruedas en el interior y la incubadora de Saessak-i, montada sobre un carro, se acercó. Tenía un cable menos conectado que la última vez que lo vio.

Saessak-i estaba creciendo bien, sin contratiempos, tal como indicaba su nombre provisional. Como un brote tierno que solo absorbe cosas puras y bellas, se estiraba con fuerza hacia el cielo luminoso.

“Ah.”

Ki Tae-jeong, que iba a situarse al lado de Se-hwa, comprobó algo y frunció ligeramente el ceño.

“Míralo tú solo un momento. No me iré lejos.”

Como si hubiera algún tema del que Se-hwa no debiera enterarse, Ki Tae-jeong se alejó un poco tocando su reloj de pulsera. Aun así, no es que se fuera del todo; era una distancia que recorrería en pocos segundos si echaba a correr.

— Ya hemos entrado en la Fase 2. Pronto podrán compartir habitación en la sala de recuperación, o pueden seguir viniendo a visitarlo aquí a la sala de cuidados como hasta ahora. ¿Qué prefieren hacer?

Ah…. Se-hwa, que estaba pendiente de la mirada del hombre a lo lejos, volvió en sí y negó con la cabeza repetidamente.

— ¿Cree que todavía es pronto para compartir habitación?

¿Cómo no iba a querer él tenerlo a su lado y observarlo? Tenía ganas de acariciar incluso el holograma virtual de Saessak-i que flotaba sobre la incubadora.

Pero ¿y si en el proceso de trasladarlo a su lado todos esos cables se enredaban? ¿Y si por error pulsaba un botón equivocado? Imágenes aterradoras e inquietantes le asaltaban constantemente, por lo que Se-hwa pensó que sería mejor que el niño permaneciera seguro en la sala de cuidados.

— Es cierto, hay muchos gestantes que sienten ese temor. Nosotros estamos preparados en cualquier momento, así que si cambia de opinión, díganoslo con confianza. Por cierto, al entrar en la Fase 2 debemos introducir el nuevo código de identificación. Como nos dijo que aún no han decidido el nombre del bebé, mantendremos la combinación de letras al final como antes, pero queremos poner el apellido delante.

La enfermera tocó una parte de la incubadora y apareció una pantalla con los datos personales. Estaban registrados meticulosamente la fecha de la cirugía, la hora de entrada en la incubadora, la información del programa en funcionamiento, las semanas actuales del bebé y su sexo. Pero….

— ¡Oh! ¿Qué ocurre?

Algo era extraño. No, no solo extraño, había algo que estaba muy mal.

Se-hwa negó con la cabeza violentamente mientras señalaba el espacio donde estaba escrito el nombre. La enfermera examinó la incubadora desconcertada. Parecía sorprendida porque era la primera vez que él mostraba sus emociones con tal intensidad.

“…N-no… es….”

— ¿Perdón?

“E-está, m-mal….”

Cuando Se-hwa habló por primera vez, la enfermera abrió mucho los ojos, pero intentó ocultar su sorpresa y preguntó con calma:

— ¿A qué parte se refiere…?

“El nombre, e-el apellido….”

En el espacio del nombre de Saessak-i, el apellido flotaba solitario. Pero no era Lee, sino Ki. La gente le había puesto a Saessak-i el "Ki" de Ki Tae-jeong en lugar del "Lee" de Lee Se-hwa por su propia cuenta.

“E-esto, n-no… es….”

— Ah….

La enfermera, tras elegir sus palabras durante un buen rato ante la observación de que este niño no usaría el apellido Ki, comenzó a hablar con cautela:

— Lo lamento. Deberíamos haber preguntado antes de introducirlo…. El hecho de poner el apellido del General de Brigada fue porque solemos seguir un orden para decidir el apellido del bebé, no por otra razón especial.

La enfermera explicó que se prioriza el apellido del progenitor que vive en la zona de mayor categoría o el que tiene la profesión de mayor rango. Y, como ocurre con todo, los militares son considerados la máxima prioridad por encima de cualquier otra profesión.

— No fue con la intención de disgustarle, es solo que la ley establecida es así… Por supuesto, si hay un acuerdo entre ambos, podemos modificarlo.

“Sí… p-pero, es, m-mi, h-hijo… así que….”

Quería decir que era enteramente su hijo, independientemente de Ki Tae-jeong, pero la enfermera no pareció entender con qué sentimiento Se-hwa decía "es mi hijo". Aun así, como siempre, sonrió amablemente y dijo que lo corregiría en cuanto llegara el General de Brigada.

— Ah, justo acaba de llegar.

Junto con el sonido de pasos caminando firmemente hacia ellos, llegó la fragancia familiar de su perfume. Se-hwa apretó los puños con terquedad. ‘No estoy diciendo ninguna mentira. Saessak-i es solo mi hijo, no necesita el permiso de ese hombre…’.

— General de Brigada, el gestante Lee Se-hwa acaba de solicitar la corrección del apellido del bebé.

Ki Tae-jeong, que estaba manipulando los botones de su reloj para cerrar la página de trabajo, levantó la cabeza lentamente.

“…¿Lo ha dicho él mismo? ¿Esa persona?”

El hecho de que Se-hwa hubiera hablado y que hubiera pedido quitarle el apellido Ki a Saessak-i…. No sabía qué tecla se había pulsado, pero la voz de Ki Tae-jeong al preguntar en tono bajo se sintió inquietante.

— Sí, nos hemos disculpado de inmediato por nuestro error y le estábamos diciendo que realizaríamos el trámite de corrección en cuanto usted llegara. Entonces, pondremos la información del bebé con el apellido del gestante.

En ese instante, una mirada que parecía abrasar cayó sobre el perfil de su rostro.

#113

“No me parece que estés haciendo esto simplemente porque quieras ponerle tu apellido”.

“…….”

“Lee Se-hwa”.

Por alguna razón, el ambiente se sentía inquietante, y Se-hwa se encogió un poco esperando a ver de qué manera lo despedazaría esta vez. Sin embargo, para su sorpresa, la voz de Ki Tae-jeong al pronunciar su nombre destilaba un ligero matiz de resentimiento.

Se-hwa se sorprendió bastante, ya que nunca imaginó que él fuera capaz de sentir ese tipo de emoción, y mucho menos de expresarla.

“Por más cosas que te compre o temas de los que te hable, te mantienes con la boca cerrada frente a mí, ¿pero para decir que no use mi apellido sí te sale la voz con facilidad? ¿Y encima frente a otra persona?”

Aunque Se-hwa mantenía la mirada baja fingiendo observar solo la incubadora, podía percibir perfectamente los movimientos de las enfermeras que no sabían qué hacer. Especialmente la que estaba modificando la información, que no se atrevía a pulsar el botón de finalizar y vacilaba mirando hacia afuera de reojo.

“No me importa si al niño le pones el apellido Ki o el apellido Lee. Pero….”

Ki Tae-jeong, que recién entonces se dio cuenta de hacia dónde se dirigía la mirada de Se-hwa, dejó de hablar y golpeó con fuerza una parte de la pared. Al mismo tiempo que sonaba un estruendo sordo, la pared de cristal se volvió opaca, de un color blanquecino. ¿Había pulsado algún botón de bloqueo? El caso es que, a través de la ventana, ahora solo se distinguían las siluetas de las personas y no se escuchaba absolutamente nada.

Parecía que al otro lado ocurría lo mismo. Las enfermeras agitaban las manos como si los estuvieran despachando, haciendo grandes gestos. Era la señal de que no se preocuparan y hablaran tranquilos entre ellos.

“Parece que te empeñas en usar tu apellido solo por el hecho de no querer dejar mi rastro en el niño”.

“…….”

“Te estoy preguntando. Si pudiste hablarle tan bien a la enfermera, ¿por qué no abres la boca frente a mí? ¿Eh?”

El hombre, que milagrosamente no soltó ninguna grosería, sujetó a Se-hwa por los hombros. No es que hubiera usado fuerza para girarlo, apenas fue un leve contacto, pero su cuerpo, que carecía por completo de energía, giró con facilidad hacia él. Pensó que hasta la hierba más insignificante que se dobla con el viento tendría más fuerza que él.

“¿Por qué… es, im-portante? Esta… con-versación….”

“¿Qué? ¿De verdad me estás preguntando eso?”

“Es… mi hijo. Para el Ge-neral de Brigada no es… algo im-portante… ¿verdad…?”

“¡Lee Se-hwa!”

No lo hacía para sacar de quicio a Ki Tae-jeong a propósito; se lo preguntaba porque de verdad tenía curiosidad. Al contrario, lo normal sería que él se enfadara por su arrogancia si Se-hwa dijera que quería ponerle el apellido Ki a Saessak-i. Si él mismo estaba diciendo que no le causaría molestias, ¿por qué se ponía tan serio?

Él le había dicho que, si no quería ver al niño vivir de forma andrajosa toda su vida, se limitara a seguirlo. Eso era algo que solo podía decir alguien para quien ni él ni el niño tenían ni un ápice de importancia.

Incluso el hecho de que estuviera barriendo como un loco con artículos caros para bebés que seguramente desecharía antes de que pasara una estación, era porque quería volver a verlo sonreír dócilmente y mover la cola como antes….

“…Fu, está bien. Regístralo con tu apellido. Eso me da igual. Pero explícame tú mismo, con tu propia boca, una razón que pueda aceptar”.

“…….”

“O de lo contrario, no dejaré que lo modifiquen”.

“…Entonces, ¿por qué…?”

Ante la amenaza de que mantendría el apellido Ki en Saessak-i si no hablaba, Se-hwa finalmente escupió la pregunta que había estado acumulando en su interior.

Más allá de la dificultad para hablar, las yemas de sus dedos temblaban como si sufriera espasmos. Ki Tae-jeong había dicho que no volvería a forzar nada. Desde su punto de vista, quizás estaba siendo blando. Pero para Se-hwa, la actitud que estaba tomando Ki Tae-jeong se sentía como una amenaza, igual que siempre.

“…Sa-lí sin esconderme… porque dijo que m-mataría a todos.”

Se-hwa jugueteó con la manga de su bata de hospital para intentar ocultar su voz temblorosa. Le había prometido a Ki Tae-jeong que no volvería a rebelarse, pero en este asunto no podía fingir que se postraba ante él.

“Incluso si me p-ponía una soga al cuello… y me arrastraba como a un p-perro… me quedaba quieto. Porque si no… si no lo hacía, usted dijo que enviaría al niño al Cuarto Anillo… y que lo haría vivir… como yo….”

Su mente seguía hecha un caos. Los recuerdos mezclados flotaban a su antojo, hasta el punto de que le costaba incluso ordenar la información adecuadamente.

Ahora Se-hwa apenas recordaba qué tipo de persona era o qué existencia representaba exactamente. No sabía qué sentimiento era el correcto hacia Ki Tae-jeong, ni cómo debía estar su corazón, ni cuál era la respuesta adecuada hacia él. No tenía energía, ni voluntad, ni seguridad para juzgar cuál era la mejor opción. No sabía nada. El interior se le había secado por completo. Estaba vacío, como una tierra yerma.

Había escenas que recordaba con nitidez. Pero cada vez que la visión de aquel momento que no podía olvidar, o la voz de Ki Tae-jeong de aquel entonces, lo asaltaban sin previo aviso, Se-hwa sentía que su corazón era herido de nuevo y caía a un abismo lejano. Fueron días en los que solo podía agachar la cabeza mientras sangraba y ardía en fiebre.

Pero, ¿por qué ese hombre actuaba como si no hubiera pasado nada? Si confesaba sus intenciones tarde, si presentaba la excusa de que lo hizo porque él era su debilidad, ¿acaso podía borrarse todo el pasado? ‘Yo todavía tengo grabadas con tanta viveza las palabras crueles que lanzaste…’.

“Así que ahora estoy ha-ciendo lo que usted m-manda… me quedo tran-quilo a su lado… pero… ¿por qué… se en-fada?”

Es cierto que huyó porque no pudo soportar que Ki Tae-jeong lo hubiera engañado y hubiera jugado con él. Pero lo que había degradado a Se-hwa a ser una nada, o mejor dicho, a un bulto que no era ni persona y que solo respiraba, no fue aquel hombre del pasado. Fue el Ki Tae-jeong del presente quien lo hizo así.

“De todos m-modos… el que nos abandonó a mí y al n-niño… fue… el General de Brigada….”

“…¿Qué?”

Ki Tae-jeong, que había estado escuchando las palabras de Se-hwa en silencio, abrió mucho los ojos con incredulidad al oír la palabra "abandonó".

“Lee Se-hwa, ¿quién usa semejantes medios para recuperar a alguien a quien ha abandonado?”

“…….”

“En aquel entonces… hablé con dureza porque no quería ver cómo intentabas lastimarte por costumbre. Y es cierto que ahora mismo mis órdenes priorizan tu estado por encima del niño. Pero….”

Ki Tae-jeong murmuraba una y otra vez soltando una risa desolada.

“¿Abandonado? ¿Yo a ti?”

Si en el futuro Saessak-i, ya crecido, decidiera marcharse por su cuenta en busca de su otro padre biológico, Se-hwa lo aceptaría con gusto aunque le doliera el alma.

Había visto hasta el hartazgo la gran carga que supone durante toda la vida un pariente que no sirve para nada. Porque ese tipo de personas eran los "pobres tontos" número uno que mantenían la Casa. Si el niño lo dejaba porque quería vivir en un entorno mejor, estaba seguro de que no le guardaría ningún rencor.

Pero ese momento no era ahora. Preferiría entregárselo a Oh Seon-ran antes que cederle Saessak-i a Ki Tae-jeong. El niño era lo último que le quedaba a Se-hwa, aquello a lo que se aferraba desesperadamente cuando estaba a punto de soltarlo todo.

“…Hace tiempo nosotros… h-hicimos una apuesta… ¿verdad?”

Odiaba su voz quebrada y, como la parálisis de sus sentidos no se había liberado del todo, tartamudeaba como un necio… pero una vez que abrió la boca, las palabras fluyeron con relativa comodidad. Quizás fuera gracias a la desesperación de no permitir que aquel hombre le arrebatara incluso el nombre de Saessak-i.

“Cada vez que nos ayu-dáramos… sumaríamos un punto… y el primero en llegar a t-tres… ga-naba la apuesta….”

“No.”

Bajo la luz brillante del pasillo, los diversos emblemas que Ki Tae-jeong llevaba colgados en el pecho destellaron. Ante la mirada vacía de Se-hwa que recorría su figura en silencio, el hombre, que finalmente presintió algo, se apresuró a negarse de antemano.

“¿A qué viene eso ahora?”

“Yo, en el refugio del Primer Anillo… en-contré la medicina que hizo el teniente Kim… y logré tras-ladar el frasco… a salvo hasta el final…. Y en el próximo juicio, yo… yo tes-tificaré. Diré todo lo que el Se-gundo Teniente Kim planeó…. Entonces son tres p-puntos, ¿no?”

“Lee Se… no, Se-hwa.”

“Así que… por favor, re-nuncie a la patria potestad del niño. Mi… único de-seo es ese.”

“…….”

Ki Tae-jeong parecía ahora alguien que hubiera olvidado incluso cómo respirar. Estaba tan rígido que, por un momento, se podía confundir con una estatua; no hacía ni el más mínimo movimiento.

“Hasta que se canse… puede ha-cer conmigo lo que quiera… cof, eso me da igual. Es en serio. Hasta ahora, h-hiciera lo que hi-ciera, me he quedado m-mudo….”

El padre biológico de Saessak-i era Ki Tae-jeong, y la patria potestad también le pertenecía a él. Se acababa de dar cuenta de que, por mucho que Oh Seon-ran le ofreciera su buena voluntad, había terrenos en los que un tercero no podía entrar.

Hasta ahora, Se-hwa solo había previsto vagamente que tendría que enseñarle el niño a Ki Tae-jeong cada vez que este quisiera. Sin embargo, había más cosas de las que pensaba que eran imposibles de tramitar sin el consentimiento del hombre, quien poseía la patria potestad. Incluso ahora mismo: ni siquiera podía decidir el apellido del niño a su voluntad.

Si estaba destinado a ser arrastrado inevitablemente hasta que él decidiera soltarlo, entonces… al menos quería asegurar el futuro del niño. No podía permitir que le arrebataran lo más básico de esta manera.

“Aunque no sea inme-diato… si me pro-mete que lo hará dentro de un t-tiempo….”

“…….”

“O-o si no… ¿qué tal si ponemos una cláusula en el con-trato que diga que, a cambio, no me re-sistiré y le abriré las p-piernas al General de Brigada…?”

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Ki Tae-jeong seguía sin decir una palabra. Tenía la cabeza gacha, por lo que era difícil saber qué expresión tenía. Como ni siquiera se pasaba la mano por el pelo ni suspiraba, era imposible leer su humor. Solo se alcanzaba a ver cómo las venas se marcaban con fuerza en sus puños cerrados.

Se-hwa, que miró alternativamente varias veces la pared de cristal opaca y el cuerpo del hombre que se alzaba ante él como una muralla infranqueable, finalmente comenzó a caminar lentamente. No es que pudiera ver a Saessak-i, y como Ki Tae-jeong no mostraba intención de continuar la charla, pensaba irse a descansar primero.

En su habitación tenía acumulados un montón de libros sobre crianza que aún no había leído. Y, tal como dijo la enfermera, no podía llamarlo Saessak-i para siempre, así que tendría que pensar en un nombre de verdad….

Había logrado hablar de alguna manera, pero su tobillo derecho aún no le obedecía del todo, por lo que caminaba con paso torpe cuando pasó por el lado de Ki Tae-jeong.

“Yo….”

El cuerpo de Se-hwa se detuvo bruscamente como un coche averiado. Al ser sujetado de repente por la muñeca desde atrás, no pudo seguir avanzando. Las sombras de ambos, unidas en una sola, se proyectaron alargadas hasta el final del pasillo de la sala de cuidados.

“Lee Se-hwa.”

“…….”

“Se-hwa.”

“…….”

“Se-hwa….”

Ki Tae-jeong se acercó de golpe y lo rodeó con fuerza por la cintura. Sus manos, como serpientes, y su calor corporal ardiente envolvieron a Se-hwa.

Repitió "Yo" un par de veces y luego guardó silencio. Hundió los labios en el lugar donde se unían el cuello y el hombro de Se-hwa y se quedó así, sin decir nada durante un rato.

“Lo de usar al niño de esa manera… fue un error mío.”

Para cuando la piel expuesta se humedeció con su respiración agitada, Ki Tae-jeong finalmente abrió la boca. Su voz baja, que parecía surgir de lo más profundo, resonó con fuerza en su mente.

“Nunca te he abandonado.”

Estaban tan cerca que podía sentir a través de su espalda los latidos del corazón del hombre, que palpitaba con fuerza e inquietud. Ki Tae-jeong, mientras abrazaba a Se-hwa con todo su cuerpo, susurró con voz casi inaudible:

“¿Por qué… por qué iba yo a abandonarte?”

#114

Unas manos grandes se aferraron con insistencia a sus costillas y bajo la boca del estómago. Como si buscara encontrar aunque fuera un rastro de las emociones de Se-hwa, ahora profundamente ocultas, Ki Tae-jeong acariciaba su cuerpo delgado con una fijeza implacable. Eran caricias torpes y toscas, muy distintas a aquellas veces en las que, con destreza, encendía su deseo.

“Ya sé… en qué me equivoqué contigo”.

“…….”

“No, en realidad lo intuía desde hace tiempo… pero creo que entonces no sabía exactamente cómo llamar a ese sentimiento”.

Ki Tae-jeong observaba con atención el lóbulo de la oreja o la nuca de Se-hwa, esforzándose por continuar hablando con la mayor suavidad posible. Cuando estaba de buen humor, cuando sentía vergüenza o cuando derramaba lágrimas de tristeza… Se-hwa solía teñirse de colores tenues. A Tae-jeong le gustaba ese Lee Se-hwa que parecía empapado en agua como una acuarela; le gustaban los matices cromáticos que mostraba su cuerpo. Mejor dicho, le gustaba que tuviera esas reacciones tan bonitas por su causa.

“Nunca lo aprendí en ninguna parte, así que ni siquiera intenté explicarme mis propios sentimientos, ni a ti ni a mí mismo…”.

Sin embargo, Se-hwa estaba ahora pálido como el papel, a diferencia de antes. Excepto en los lugares donde sus labios habían rozado, todo su cuerpo estaba marchito y seco. Estaba tan reseco que parecía que, si saltara la más mínima chispa, ardería por completo como si estuviera esperando ese momento.

Originalmente, podía sentir el pulso vibrante en cualquier parte de su cuerpo. Gracias a que Se-hwa le entregaba todo su corazón, era incapaz de ocultar incluso su respiración frente a él. Pero ahora…. Aunque estaban así de cerca, no sentía nada.

“Pensé mucho después de que te desplomaras. Y durante el tiempo que perdiste la memoria… pensé aún más”.

Ki Tae-jeong abrazó a Se-hwa con un poco más de fuerza. Debía de ser porque no estaba bien de salud. Era natural que hubiera perdido el color y la vitalidad tras una cirugía tan importante. Así intentaba negar la realidad que sentía en la punta de sus dedos.

“He vivido toda mi vida de esta manera tan miserable que, incluso ahora, solo sé expresarme así…”.

“…….”

“Fui… cruel. Contigo y con el niño”.

“…….”

“Quería decírtelo, no, estuve pensando todo el tiempo en que debía decírtelo. Mientras estabas enfermo”.

Probablemente a Se-hwa le resultaría absurdo escucharlo, pero admitir un error o reconocer una falta era, para un militar —especialmente para Ki Tae-jeong, que había llegado a ese puesto por su propio pie—, casi como un acto suicida.

En el campo de batalla, la única forma de subsanar un error de juicio es alzarse con la victoria. Las reflexiones y los arrepentimientos no son más que entregarse como presa a quienes siempre están acechando para morderte.

Admitir que se ha equivocado, confesar una falta….

Desde que fue llevado al ejército y comenzó su entrenamiento, tras presenciar cómo un niño soldado que tenía la costumbre de pedir perdón terminó pagando por ese hábito, Tae-jeong jamás había pronunciado esas palabras con sinceridad.

“Se-hwa”.

“…Sí”.

Había pronunciado su nombre porque no sabía cómo seguir, pero recibió una respuesta, aunque fuera en voz baja. Ki Tae-jeong suspiró aliviado y apoyó la frente en la coronilla de Se-hwa. No esperaba que él sonriera de inmediato como antes. Aun así, empezó a brotar una pequeña esperanza, como un brote nuevo, de que si seguía insistiendo de esa forma, el corazón congelado de Se-hwa podría derretirse un poco.

“…Si no tiene nada más que de-cir, yo… me iré”.

Sin embargo, como si se burlara de la fugaz fantasía de Ki Tae-jeong, Se-hwa se alejó con indiferencia. Solo había respondido porque lo llamó; su voz pronunciando su nombre ya no le causaba ninguna emoción.

Ki Tae-jeong se quedó paralizado, observando con desolación cómo las manos blancas de Se-hwa apartaban, uno por uno, sus dedos que rodeaban su torso.

“No es que esté igno-rando lo que dice el General de Brigada… cof, ni nada de eso. Simplemente… entiendo que debió de ser d-difícil para usted. En su posición… y en la si-tuación en la que se en-contraba…”.

“…….”

“Pero, aun así… usted… nos aban-donó de verdad”.

Cuando Se-hwa retiró incluso el dedo meñique que descansaba sobre su vientre bajo, la mano de Ki Tae-jeong cayó sin fuerzas.

A pesar de su debilidad física, Se-hwa, que había logrado anular a Ki Tae-jeong de un plumaje, volvió a caminar en silencio. Con pasos terriblemente lentos, como Tae-jeong solía burlarse antes, avanzó unos metros y luego se giró dubitativo. Su rostro reflejaba la determinación de cerrar definitivamente este capítulo.

“El General de Brigada…”.

“…….”

“Usted… eligió lo que era más im-portante para usted… y yo, como me ilus-tré solo porque me gus-taba, su forma de actuar… esa elección… me dolió mucho. Eso es todo”.

‘No. Lee Se-hwa. De verdad no lo sabía’.

Ki Tae-jeong solo movió los labios. En su interior llamaba a Se-hwa una y otra vez, pero por alguna razón no podía emitir sonido alguno. Porque la expresión con la que lo miraba le resultaba ajena, porque no podía creer esas palabras que sonaban a despedida final….

“Incluso decir que lo odio, cof, se queda corto para lo mucho que llegué a odiarlo… General. Pero ahora… ya ni si-quiera sé si siento eso”.

Ki Tae-jeong negó levemente con la cabeza. Ese movimiento, que al principio fue tenue, se volvió cada vez más brusco, hasta el punto de que Se-hwa se sobresaltó. La mandíbula de Tae-jeong se tensó involuntariamente.

Quería mostrarle exactamente cómo se había sentido y qué había experimentado durante todo el tiempo que Se-hwa estuvo inconsciente. Decirle que no, que nunca lo había abandonado. Que jamás se le pasó por la cabeza algo así. Que no dejaba de pensar en cómo habrían sido las cosas si lo hubiera tratado con normalidad desde el principio… Quería transmitírselo con claridad, sin malentendidos. Pero parecía que Se-hwa ya no quería escuchar nada.

“Antes, creo que… si el General de Brigada me hubiera dicho una sola vez que lo sen-tía… si me hubiera dicho esa única palabra, en-tonces quizás…”.

Se-hwa dijo con calma que habría intentado albergarlo de nuevo en su corazón, que hubo un momento en que fue así. Y eso era también un rechazo indirecto: significaba que ya no servía de nada que Ki Tae-jeong explicara su psicología o las circunstancias con las palabras más precisas.

“Lo ayu-daré con el juicio… usted vino hasta la Casa porque quería ganar a toda cos-ta, ¿verdad?”.

“…….”

“A cambio, por favor… re-nuncie a la patria potestad de Saessak, no, del niño”.

“Se… hwa”.

“Es-pero que esta vez… cumpla su pro-mesa”.

Sin necesidad de preguntar más, Tae-jeong lo sintió en la piel. Esta era la última vez.

Era la última oportunidad que Se-hwa le daba, y su único deseo era cortar por completo el vínculo con el niño. Lee Se-hwa le suplicaba encarecidamente que, si quería recuperar aunque fuera un poco de la confianza perdida, lo hiciera de esa manera.

“…….”

Se-hwa miró fijamente a Ki Tae-jeong, que no podía decir nada, y volvió a girarse.

Siguiendo los pasos de su dueño, que parecía haber renunciado a todo, la pequeña sombra de Se-hwa que estaba unida a la de Ki Tae-jeong también se desprendió. Aquella mancha negra se transformó, siguiendo los movimientos de Se-hwa, en una figura humana redonda y delgada.

Y en el momento en que el cuerpo de Se-hwa desapareció de la vista de Ki Tae-jeong al doblar la esquina del pasillo, su pequeña sombra, que aún permanecía en el suelo, se encogió apresuradamente. Sus hombros se hundieron y su espalda delgada tembló violentamente. Ese balanceo de tristeza era algo dolorosamente familiar.

‘…Vuelves a llorar por mi culpa’.

‘Pero ahora ya ni siquiera quieres que te vea llorar delante de mí’.

Ki Tae-jeong bajó la mirada hacia sus manos vacías. El calor que pensó que siempre sería suyo se había desvanecido de forma tan vana.

Tras tragar saliva varias veces, levantó la cabeza y vio que su propia sombra, sola, seguía alargada y deforme. Enredada con los carteles de la pared, los marcos de las ventanas y otras cosas, parecía un monstruo con las piernas estiradas hasta el final del pasillo.

Ki Tae-jeong cerró los ojos con fuerza mientras se tocaba la frente.

Monstruo.

Sí, aquello era realmente… una figura que no se diferenciaba de un monstruo.

*

Excepto por el hecho de vivir con la bata de hospital, cualquiera olvidaría que esto era una clínica. La sala de recuperación tenía el dormitorio y la sala de estar separados, y el baño, equipado con una bañera amplia para baños medicinales, era más grande que la habitación.

Por supuesto, no se podía comparar con la residencia de Ki Tae-jeong. Pero aquel era el lugar donde vivía un militar de alto rango. Esto no era ni una casa ni un hotel…. ¿Cómo podían ser tan lujosas las instalaciones dentro de un hospital?

Se-hwa se levantó de su asiento presionando sus párpados hinchados con las palmas de las manos. Mientras devolvía el libro que estaba leyendo a su lugar, pensó que definitivamente debía rechazar la propuesta de la General Oh Seon-ran de conseguirle una casa dentro del Quinto Anillo. "Solo el que ha comido carne sabe cómo comerla". Tener algo que no está a la altura de uno solo sirve para indigestarse.

Pulsó el botón de la tableta para apagar todas las luces y se acurrucó bajo las mantas mullidas. "Mmm. Mañana decidiré el nombre de Saessak-i y organizaré lo que debo decir en el juicio". Si escribía lo que le dijo el teniente Kim y la situación en la Casa… ¿no se encargaría Ki Tae-jeong de resumirlo? "Ah, puede que ya lo sepa todo". Entonces le pediría que le redactara el guion que debía recitar en el tribunal.

¿Para cuándo dijo que era el juicio? Estaba contando los días con los dedos cuando oyó el sonido de una puerta abriéndose a lo lejos. Aunque intentó ocultar su presencia, el olor a perfume se intensificó a medida que se acercaba al dormitorio, lo que permitió a Se-hwa saber de inmediato que Ki Tae-jeong había llegado.

Sobresaltado, Se-hwa cerró los ojos con fuerza. Ki Tae-jeong, que entró en la habitación con pasos pesados y lentos, distintos a los habituales, dejó algo sobre la mesa con un golpe seco. Pasó un buen rato antes de que se sentara pesadamente en el lado vacío de la cama.

Fue entonces cuando Se-hwa se dio cuenta de que Ki Tae-jeong había bebido, y bastante. Por la humedad en el olor del perfume, parecía que se había bañado, pero aún se percibía un ligero aroma a alcohol mezclado.

Aunque la habitación estaba a oscuras y él tenía los ojos cerrados, sentía perfectamente su mirada dirigida hacia él. Lo miraba con tanta fijeza que sentía que le iba a perforar la mejilla.

Tras permanecer sentado un momento, Ki Tae-jeong finalmente se movió. Apartó el borde del edredón, se metió dentro y, como siempre, abrazó a Se-hwa con fuerza desde atrás.

La humedad de su cabello mojó la nuca de Se-hwa, haciendo que su cuerpo diera un pequeño brinco reflejo, arruinando su intento de fingir que dormía.

Aun así, Ki Tae-jeong no dijo nada. No se enfadó preguntándole si estaba fingiendo dormir, ni le gritó diciendo que seguía portándose rígido a pesar de que él se había rebajado tanto, ni le dio instrucciones sobre cómo comportarse ahora que iba a renunciar a la patria potestad.

No hubo propuestas, ni negociaciones, ni órdenes. Como alguien que no hubiera escuchado nada ayer, Ki Tae-jeong simplemente mantenía a Se-hwa entre sus brazos.

Se-hwa parpadeó en silencio. Tras un rato así, sus párpados empezaron a moverse más despacio. Su cuerpo débil, que se cansaba con facilidad, agradeció el calor familiar que lo envolvía. Era como si desde todas partes le gritaran que por favor durmiera ya.

Estaba a punto de dejarse arrastrar por el sueño. Al cerrar y abrir los ojos por última vez, su vista, ya acostumbrada a la oscuridad, captó algo extraño. Se-hwa se frotó los ojos con fuerza, sin creer lo que estaba viendo.

Sobre la torre de libros cuidadosamente apilados, había un par de zapatitos diminutos, apenas del tamaño de su dedo meñique.

#115

Sin darse cuenta, levantó la cabeza, pero volvió a dejar caer la mejilla sobre la almohada. Aunque fue un movimiento insignificante, era imposible que Ki Tae-jeong no lo hubiera notado. Se-hwa recorrió con la mirada aquellos zapatitos una y otra vez. Aun sabiendo que esto delataba claramente que seguía despierto, no podía evitar que su cuerpo se sobresaltara involuntariamente.

"Seguro es solo un adorno, o tal vez un juguete…". Intentó ignorarlo de esa manera a destiempo, pero no fue suficiente para rechazar la certeza que ya llenaba su mente. Por más que se frotara los ojos y volviera a mirar, eran, sin duda, zapatos para un bebé.

¿Por qué traía algo así de repente? Una vez que el asombro y el estupor se calmaron, una duda oscura comenzó a extenderse como ondas en el agua.

Ciertamente, Ki Tae-jeong compraba a diario costosos equipos de puericultura, pero aquello no era por el bien del niño. Gastaba dinero como si fuera agua sin consultar la opinión de nadie, solo para ejercer presión; ¿cómo podría interpretarse eso como un acto de cariño hacia el bebé?

Pero esto era distinto.

Sin envoltorios elegantes, esos zapatitos que Ki Tae-jeong traía directamente en sus manos eran….

“Duérmete ya”.

Era la voz más apagada que le había oído nunca. Con una pronunciación pausada pero precisa, sin rastro de ebriedad ni de sueño, Ki Tae-jeong le susurró que dejara de estar despierto.

Luego extendió su brazo largo y palpó aquí y allá el cuerpo rígido de Se-hwa, antes de sujetar con cuidado el dorso de su mano. Se-hwa sintió un ligero peso sobre su coronilla y un aliento algo cálido. No sabía si estaba apoyando la barbilla o la mejilla, pero, como siempre, parecía que tenía la intención de quedarse dormido pegado a él.

“Mañana tienes un examen médico temprano”.

Se-hwa cerró los ojos conteniendo la respiración. Ejerció tanta fuerza que temió que sus párpados se pegaran a sus globos oculares, pero de pronto los abrió de par en par. Al mismo tiempo, apartó a Ki Tae-jeong, que lo cubría como una manta, y se incorporó bruscamente.

“Se-hwa”.

En la penumbra, el hombre que descaradamente intentaba conciliar el sueño a su lado pareció sorprenderse un poco por su reacción repentina.

Apenas ayer le había suplicado que renunciara a la patria potestad. Y sin embargo, actuaba como si nada hubiera pasado, intentando enredarse a su cuerpo como una enredadera, e incluso trayendo algo como eso ahora….

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"Duérmete ya, descansa tranquilo en mis brazos…". Esa voz grave de Ki Tae-jeong, que parecía extraída desde la punta de sus pies, y sus acciones incomprensibles, golpearon con fuerza el corazón de Se-hwa.

Se había esforzado por no recordar. Había intentado vaciarse de todo lo que pudiera llamarse sentimiento, pero….

Ki Tae-jeong, sin el menor esfuerzo, le había arrancado la máscara que Se-hwa apenas lograba sostener. Como si le dijera que no fuera el único en mantenerse indiferente, que se revolcaran juntos en este infierno, empezó a hurgar en todas esas emociones purulentas que Se-hwa había intentado ignorar.

“¿Qué crees que estás haciendo?”

Con las manos temblando en pequeños espasmos, Se-hwa empezó a desabotonar su bata. O al menos, eso intentó.

“Te he preguntado qué estás haciendo”.

Al ver que sus manos no obedecían y se agitaban de forma patética, Ki Tae-jeong le sujetó las manos con el rostro desencajado.

“Hagámoslo. Sexo. Es lo que le gusta, ¿no?”

“¿Qué?”

“Si no es para… eso, ¿por qué el General de Brigada y yo… nos acostamos juntos?”

Ki Tae-jeong, que se había incorporado siguiendo los movimientos bruscos de Se-hwa, se quedó helado ante sus palabras, permaneciendo inmóvil. No le pidió que se estuviera quieto sujetando sus muñecas, ni le rodeó la cintura con el brazo para que se durmieran en paz. Y para Se-hwa, esta actitud de Ki Tae-jeong era aún más difícil de soportar.

“Abrazarse como amantes al dormir… eso no es algo que se pueda hacer entre… entre personas como nosotros, o mejor dicho, entre el General y yo”.

¿Acaso pensó que trayendo algo así ahora, fingiendo que le importaba el niño, su corazón cambiaría? ¿Esperaba que se emocionara como antes?

Odiaba a Ki Tae-jeong por creer que podía apaciguarlo con unos zapatitos de bebé, y sentía asco de sí mismo porque, aun sabiendo qué clase de truco era, su corazón dolió por instinto al ver ese objeto tan pequeño.

“Solo, hágalo. Deje de hacer cosas que no le pegan… abra mis piernas y s-sepúltese en mí”.

Cuando huyó al Segundo Anillo, estaba fuera de sí, deseando dejar aunque fuera un pequeño rasguño en Ki Tae-jeong. Pero cuando las palabras que él soltó se convirtieron en flechas y lanzas que se clavaron en su cuerpo, olvidó incluso el odio. El veneno que exhalaba torpemente… simplemente se lo tragó. Pensó que sería mejor dejarlo entrar en su interior y que lo destrozara todo. Si su interior se desgastaba y desaparecía por completo… quizás entonces dejaría de sentir dolor.

Solo después de eso, tras haber tenido la mente hecha un caos y haber perdido la voz momentáneamente, ahora que por fin recobraba el sentido, era capaz de parecer imperturbable por fuera.

Pero Ki Tae-jeong ni siquiera le permitía eso. Despojaba a su antojo la paz que tanto le había costado construir y volvía a revolver sus entrañas en una dirección inesperada.

“No hagas esto”.

“Hagámoslo, ¿por qué no quiere?”

Debido al forcejeo violento de Se-hwa, el botón superior de su bata de hospital salió volando.

“No hagas esto, Se-hwa”.

Tras vacilar, Ki Tae-jeong finalmente rodeó a Se-hwa con sus brazos. Introdujo sus brazos bajo las axilas de Se-hwa y envolvió firmemente su espalda y costados, impidiéndole mover las manos. Ante esa sensación de peso masivo, Se-hwa se quedó mudo por un instante, pero pronto empezó a jadear y a negar con la cabeza.

“¿Por qué… por qué no lo hace…?”

“Los compré hace mucho tiempo, pensé que te gustaría verlos”.

“…….”

“Pero fui un desconsiderado”.

Un profundo suspiro se filtró al final de las palabras del hombre.

En los ojos de Se-hwa, que habían perdido todo brillo como una piedra desgastada, empezó a acumularse humedad. Su corazón, que creía totalmente triturado, dolió de nuevo como si lo estuvieran pisoteando.

“…El General de Brigada de verdad… no sabe nada”.

"Cuánto dudé antes de aceptar que me gustaba, con qué sentimiento decidí darle la droga y marcharme, y ayer mismo, frente a la sala de cuidados, cuando me pediste que renunciara a la patria potestad…".

“Incluso ahora sigue actuando a su an-tojo. ¿Cree que tratarme bien según le apetezca es ser bueno conmigo? ¿Cree que con eso se so-luciona todo?”

Al ser una noche sin luz, no podía leer con precisión la expresión de Ki Tae-jeong. Debido a su puente nasal alto, las sombras eran profundas, lo que dificultaba aún más la identificación, pero podía notar que él seguía moviendo los labios.

“¿Entonces… todo lo que pasó desaparece?”

“…Tienes razón, no sé nada. Así que enséñame tú”.

“…….”

“Intentaré corregirlo, no, lo corregiré. Todo”.

“…….”

“Si me lo dices, de ahora en adelante no haré nada que te lastime a ti ni al niño…”.

Sintió un escozor en la garganta como si le hubieran crecido espinas. Se-hwa, que solo soltaba respiraciones entrecortadas, volvió a forcejear. El cuerpo del hombre, que parecía inamovible, fue empujado con sorprendente facilidad.

“Ah, ugh, ugh…”.

Se-hwa salió de la cama soltando un jadeo extraño, que no era ni llanto ni náusea. Luego caminó tambaleándose hacia la mesa, como un animal débil que busca un lugar donde morir.

“¿Quién… quién quiere esto…?”

Agarró bruscamente el objeto que Ki Tae-jeong había dejado sobre la mesa. Quiso sujetarlo con violencia para arrebatarlo, pero aunque deseaba montar un escándalo, no tenía fuerzas en las manos.

“Algo como esto…”.

Quiso gritarle que no necesitaba estas porquerías y que se las llevara de vuelta, e intentó lanzárselas con todas sus fuerzas. Quería gritarle que era su hijo y que, aunque él comprara cien pares, jamás se los pondría a Saessak-i. Quería enfurecerse y decirle que no volviera a hurgar en sus sentimientos de esa manera. Pero….

“Esto…”.

Se-hwa levantó en alto el brazo que apenas podía mover. Ki Tae-jeong seguía en la cama, inmóvil como una naturaleza muerta. Así que solo tenía que lanzarlo. Solo tenía que hacerlo… pero….

“¿Quién… esto…?”

Como un robot sin batería, la mano de Se-hwa cayó de golpe. El zapatito, del tamaño de una castaña, cayó silenciosamente al suelo.

…No fue capaz de lanzarlo. El zapato en su mano era demasiado… pequeño. Era pequeño, pero a la vez, enorme.

Saessak-i aún estaba en la incubadora. Tardaría mucho en salir, y el momento en que pudiera calzarle unos zapatos para practicar sus primeros pasos sería mucho después, así que todavía faltaba mucho tiempo.

Pero estos zapatos, a simple vista, parecían ser para un niño de más de un año. Le resultaba absurdo que Ki Tae-jeong, a quien ni siquiera le interesaba el desarrollo de un recién nacido y no sabía nada del tema, hubiera traído unos zapatos de bebé simplemente porque pensó que le gustarían, y….

Sintió náuseas al notar las huellas del roce constante en diversas partes de los zapatos que apretaba… adornos desgastados, un interior ensanchado por la marca de las manos…. En esos pequeños zapatos que traía el hombre que le había amenazado con arrojar al niño al Cuarto Anillo si se atrevía a morir, había demasiadas marcas que no podían formarse por haberlos manoseado solo uno o dos días.

Tras un breve silencio, se oyó el crujido de las sábanas de la cama. Ki Tae-jeong se había levantado y caminaba hacia él. Sus movimientos eran algo más lentos que de costumbre, tal vez por el efecto del alcohol.

“Descansa. A partir de ahora dormiré fuera”.

El hombre se inclinó para recoger los zapatitos del suelo.

“Y esto…”.

Tras acariciar la puntera del zapato con el pulgar, Ki Tae-jeong recorrió con la mirada el dormitorio por un momento.

Eso fue todo. Se-hwa pensó que añadiría alguna explicación, pero Ki Tae-jeong se dio la vuelta lentamente sin ofrecer ninguna excusa.

Pasó un tiempo después de que él desapareciera de su vista hasta que se oyó el sonido de la puerta cerrándose y sus pasos alejándose hacia la sala de estar. Se-hwa, que se había quedado clavado en el sitio, se desplomó en el suelo en cuanto se cerró la puerta, al perder la fuerza en las piernas.

“Huuu… uuu…”.

Se-hwa permaneció un largo rato mirando el lugar donde habían estado tirados los zapatitos y se encogió sobre sí mismo. Un llanto de origen incierto estalló de repente.

Los recuerdos entrelazados y todo tipo de emociones se agruparon de forma punzante y empezaron a apuñalarle el corazón. Comparado con las palabras que Ki Tae-jeong le había escupido y las cosas que le había hecho, esto no era nada. Ni siquiera podía decirse que él hubiera sido frío. Pero… por qué unos simples zapatitos de bebé, por qué el hecho de que los hubiera traído le dolía tanto en las entrañas. La torpe disculpa del hombre, que ni siquiera parecía una disculpa y llegaba demasiado tarde, se convirtió en una pesada bala que le atravesó el corazón.

Las lágrimas, sin propósito alguno, fluyeron tediosamente.

Así transcurría la noche en la que nadie podía conciliar el sueño.

FIN DEL VOLUMEN 4