08

 


08

Do-ha entró en la empresa de madrugada, cuando el cielo aún estaba teñido por la penumbra previa al amanecer.

Después de pasar la noche en vela en casa, salió disparado hacia la oficina con la idea fija de que debía gestionar los asuntos pendientes de inmediato.

Habiendo pasado las horas contando los minutos para poder entrar a trabajar sin haber descansado ni un segundo, difícilmente podría llamarse a esto una jornada laboral convencional.

Cuando regresó a casa tarde por la noche, lo que lo recibió no fue otra cosa que un silencio sepulcral.

Y fue entonces cuando comprendió que su vagabundeo por las calles, motivado por el miedo a la mirada fría de Yu-dam, había sido una pérdida de tiempo.

Aunque, pensándolo bien, no fue del todo en vano. Al menos sirvió para que, por primera vez, empezara a dudar de qué clase de persona era Si-woo.

Sea como sea, Do-ha pasó las horas en el salón donde Yu-dam había pasado la noche anterior, con la mirada perdida en el vacío.

Intentó llamarlo y enviarle mensajes repetidamente, pero no obtuvo respuesta alguna. Fue en ese lapso cuando las palabras de Yu-dam pidiéndole el divorcio empezaron a calarle hasta los huesos.

‘Podrías haber esperado solo un poco más.’

‘Justo ahora que empiezo a darme cuenta de que algo andaba mal, ¿por qué tuviste que irte precisamente en este momento?’

Se debatió entre la risa amarga por el cruel destino y el resentimiento, mirando con desolación el espacio vacío que él había dejado.

Pero luego recapacitó. Si Yu-dam había tomado la decisión de marcharse ahora mismo, tal vez era porque había esperado mucho más tiempo del que Do-ha imaginaba.

Al comprender esto, ya no pudo quedarse en casa mirando un sitio vacío sin su dueño. No tenía sentido.

Se dio cuenta de que, por mucho que se quedara allí esperando tontamente, Yu-dam no volvería ni respondería a sus llamadas.

Era mejor limpiar y ordenar a fondo el lugar al que Yu-dam debía regresar, y dejarlo impecable para él.

Desde que tuvo ese pensamiento, cada minuto y cada segundo en casa se le hizo eterno. Aunque todavía no tenía certezas de nada, sabía perfectamente que Yu-dam debía estar en ese hogar.

Por lo tanto, lo primero era investigar quién era realmente Kim Si-woo.
Ya no existía aquel Kim Si-woo que vendía su cuerpo para pagar los estudios y que apenas sobrevivía tras ser golpeado por los matones del barrio.

Ahora solo quedaba el Kim Si-woo que montó un show de suicidio para atrapar a un alfa dominante entrometido y que empujó a una subordinada inocente a la muerte.

Primero, decidió investigar el caso de acoso laboral dentro de la empresa. Como no había pasado tanto tiempo, no sería difícil esclarecer los hechos y el incidente de instación al suicidio.

Le tomaría un día como máximo, o quizás solo media mañana si se daba prisa.

Si Si-woo resultaba ser el amigo lamentable al que siempre quiso apoyar, tal como creía originalmente, decidió que seguiría ayudándolo.

Después de todo, un amigo no es quien vive la vida por otro, sino quien comparte sus fuerzas cuando es necesario.

Si realmente hubiera sido su amigo, cuando Si-woo amenó con morir, Do-ha debería haber intentado salvarlo en lugar de prometer hacerse responsable de su vida. El problema fue que perdió la cabeza al ver que aquel chico, que ya de por sí era digno de lástima, decía que quería matarse.

Visto con objetividad, incluso hasta ese momento, Do-ha nunca había considerado a Si-woo como un verdadero amigo. Quizás solo lo veía como un ser desdichado al que siempre debía ayudar, sintiéndose superior por ello.

Es probable que, en su fuero interno, se viera a sí mismo como el ejemplo perfecto del noblesse oblige por sus acciones.

Claro que la intención inicial debió de ser la buena fe. No pudo ignorar la vida miserable de un ser humano que conocía por primera vez.

Pero bueno.

A estas alturas, analizar todo eso no servía de nada ni tenía sentido.

Lo importante era la verdad.

Lo crucial era entender cómo figuraban para Kim Si-woo personas como Baek Do-ha, su madre, sus compañeros de trabajo o incluso aquellos matones de la calle. Enfrentar eso sería encontrarse con la verdad que tanto tiempo había ignorado.

Toc, toc.

En ese instante, un golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos. Parecía que Minho, el jefe de secretarios a quien había convocado desde la madrugada, acababa de llegar.

“Adelante.”

La puerta se abrió con un clic. Sintiendo que ese sonido era como la apertura de su propio pasado, del cual se sentía tan orgulloso y seguro de no haber errado, Baek Do-ha, como miembro de la familia propietaria del Grupo Wonkyung, dio su primera orden oficial:

“Investigue el accidente de tráfico de la madre de Kim Si-woo desde el principio. Busque las circunstancias del accidente, quién fue el culpable, qué está haciendo ahora... no omita ni un solo detalle. Si necesita cooperación policial, coordine con ellos, pero consiga información que no figure en el expediente oficial.”

Un rastro de desconcierto cruzó los ojos del secretario, pero rápidamente recordó su deber. En lugar de añadir algo o cuestionar la orden, inclinó la cabeza de inmediato para obedecer a Do-ha.

“Ah, y una cosa más. A la madre de Kim Si-woo le diagnosticaron cáncer en su momento. Localice también al médico que la trató. Averigüe si hubo algo inusual en aquel entonces o si recuerda algún detalle adicional.”

“Sí, lo entiendo.”

“No le daré mucho tiempo. Utilice todo el personal y la capacidad necesaria. Ponga todo a trabajar.”

“Entendido.”

Ante la respuesta del secretario, Do-ha soltó un largo suspiro. Al dar las instrucciones, fue consciente una vez más de que se trataba de algo que ocurrió hace demasiado tiempo.

“Cuando termine esa investigación, procederemos con una auditoría interna de personal. Haga que el jefe de recursos humanos y el director de apoyo a la gestión vengan a mi oficina en cuanto lleguen. Sin embargo, por ahora, mantenga esto de forma confidencial.”

“Lo tendré presente.”

Do-ha esperó a que el secretario saliera y luego cerró los ojos lentamente, apoyando la espalda en el asiento.

Todo lo ocurrido durante la noche parecía un sueño, de tan irreal y absurdo que resultaba.
Sin embargo, lo que le confirmaba que este momento no era un sueño era el vacío que dejaba su nostalgia.

Recordó esos ojos brillantes y pestañas tupidas, la comisura de sus labios que se elevaba de forma encantadora cada vez que sonreía y su nariz recta. A eso se sumaba esa piel blanca y suave que recordaba a su feromona, algo que estimulaba su deseo de posesión y le impedía apartar las manos.

Le vino a la mente su interior cálido y suave, y la voz de Yu-dam aferrándose a él cada vez que lo penetaba. El calor empezó a concentrarse en su pelvis, haciendo que sus muslos se tensaran. El deseo carnal que apenas había logrado reprimir mordiéndose fuertemente la muñeca volvió a cobrar vida, provocándole un cosquilleo en las encías.

“Haa……”

Ya extrañaba a Ha Yu-dam.

Como un algodón de azúcar que se desvanece en cuanto entra en la boca, echaba de menos con dolor a Yu-dam, quien había desaparecido justo en el momento en que Do-ha empezaba a sentir que finalmente podía vivir.

* * *

Tres días después, el jefe de secretarios trajo la respuesta que Do-ha tanto esperaba.

Ante la afirmación de que podría tardar más, Do-ha había dicho que se encargaría él mismo; como resultado, el secretario rastreó incluso pequeñas ciudades de provincia hasta encontrar a un matón que actuaba como proxeneta en un callejón remoto.

“¿Se encuentra bien?”

Durante esos tres días, Do-ha no había podido dormir adecuadamente. Sumado a las jaquecas intermitentes, la sensación de asfixia y la hemoptisis, sus nervios estaban cada vez más afilados y sensibles.

Do-ha soltó un pequeño suspiro ante la pregunta del jefe de secretarios. Se desabrochó el botón del cuello de la camisa que tenía cerrada hasta el tope y soltó los gemelos de las mangas.

Por supuesto, una sola dosis de la feromona de Yu-dam disiparía esta maldita sensibilidad al instante, pero Yu-dam seguía sin siquiera responder a sus llamadas.

Aunque pasaba todas las noches frente a la casa de los padres de Yu-dam esperando hasta el amanecer, no obtenía respuesta alguna.

Al principio se preocupó pensando que le habría pasado algo, pero se tranquilizó al confirmar que iba a trabajar sano y salvo por las mañanas. Sin embargo, ver cómo su rostro se volvía más demacrado cada día hacía que su corazón se encogiera.

“No hay forma de que esté bien.”

“He preguntado algo obvio. Lo siento.”

“Es su trabajo, jefe de secretarios, no tiene por qué disculparse. Al menos no nos lamentemos por hacer lo que nos corresponde. Ahora mismo hay... muchas cosas de las que ocuparse, incluso si no es por esto.”

“Sí.”

El jefe de secretarios inclinó levemente la cabeza.

Hacía tres días, cuando Do-ha lo llamó incluso antes de la hora de entrada, parecía una persona completamente distinta. Por un momento, sintió escalofríos al pensar que finalmente estaba sirviendo al verdadero dueño del Grupo Wonkyung.

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Al mismo tiempo, el jefe de secretarios reafirmó su posición. Sabía que, de ahora en adelante, habría más ocasiones en las que Do-ha lo utilizaría como su mano derecha.

“¿Encontraron al conductor del accidente?”

“Sí. En cuanto le dimos algo de dinero, soltó todo de inmediato. Dijo que le pidieron el favor asegurándole que, si la parte afectada no presentaba cargos y pedía clemencia, no iría a prisión. Al principio pensó que era un loco por querer convertir a su propia familia en víctima y trató de evitarlo, pero entonces le mostró la póliza de seguro.”

“Jaja.”

Ante el informe del jefe de secretarios, una risa de pura incredulidad escapó primero de los labios de Do-ha.

Lo primero que Do-ha recordó cuando decidió investigar a Si-woo fue el rostro que vio a través del cristal del nicho en el columbario.

En el aniversario de la muerte de su madre, frente a sus cenizas, aquel rostro que por alguna razón le resultó grotesco y le puso la piel de gallina.

Do-ha, que sintió un escalofrío repentino al ver aquel rostro reflejado en el cristal, comprendió que la muerte de la madre de Si-woo sería la clave.

Pensó que lo que necesitaba saber estaba allí, y la respuesta a su pregunta fue mucho más atroz de lo que imaginó.

Ahora podía aceptar que la sensación de que su sangre se enfriaba al ver ese rostro en el columbario fue porque, después de todo, era una expresión fabricada.

Si no hubiera pospuesto una investigación adecuada por estar obsesionado únicamente con salvar a quien se había quedado solo, quizás nada de esto habría pasado. Al menos, si en aquel entonces hubiera llegado a conocer adecuadamente a la persona llamada Kim Si-woo.

La esencia de Si-woo que ahora descubría era mucho más vil y sucia —no, aterradora— de lo que pensaba.

No debería sorprenderle la malicia de alguien capaz de empujar al suicidio a una joven principiante. Desde el momento en que escuchó su nombre de boca del padre de la empleada en el puente, recordó naturalmente el accidente de tráfico de la madre de Si-woo; tal vez él mismo ya lo sospechaba en el fondo.

Podría haberlo sabido con solo investigar un poco, pero se había dejado manipular sin siquiera intentar apartar la mano que le cubría los ojos. Embriagado por su propia y vana arrogancia.

“Una póliza de seguro... ¿Acaso había un seguro de vida por fallecimiento a nombre de la madre del asistente Kim?”

“Sí. Dijo que le daría todo ese dinero.”

“Ellos no tenían una situación económica tan holgada como para contratar seguros. Si hubiera tenido para pagar las cuotas, no habría ocultado que no podía costear el tratamiento contra el cáncer.”

Ante las palabras de Do-ha, el jefe de secretarios giró la tableta hacia él. En la pantalla aparecía la foto de una solicitud de seguro descolorida, escrita hace mucho tiempo.

“Me pareció extraño, así que investigué y encontré un seguro contratado poco después de que Kim Si-woo naciera. No tenía ningún otro, solo ese de vida por fallecimiento. Supongo que ella quería dejarle al menos algo a su hijo para cuando ella faltara.”

“Tiene sentido. Siendo alguien que le ocultó a su hijo que el cáncer se extendía por todo su cuerpo.”

Do-ha deslizó las imágenes en la tableta y aparecieron los registros médicos de la madre en aquel entonces.

Al recordar, Do-ha chasqueó la lengua y presionó el botón de inicio. Entonces el jefe de secretarios pulsó otro archivo y añadió una explicación: ‘Es la grabación del médico encargado en aquel entonces’.

“Tal como usted sospechaba, parece que Kim Si-woo ya sabía de antemano que su madre tenía cáncer. Aunque en el hospital le explicaron al tutor que debía ser ingresada de inmediato, él no solo no la ingresó, sino que pidió expresamente que mantuvieran en secreto ante la paciente que él lo sabía.”

“…….”

Do-ha no se alegró de saber que su suposición era correcta. Prefería haberse equivocado un poco. Era su deber como ser humano esperar que Si-woo no fuera un desperdicio de tal magnitud.

Esto se debía a que conocía bien la vida de aquella mujer, quien, siendo madre soltera, apenas sobrevivió lavando platos en restaurantes para no ver a su pequeño hijo pasar hambre.

Incluso mientras enfrentaba la verdad, no podía creerlo. No era solo por su antigua promesa o relación con Si-woo.

Cualquier persona en el mundo se sentiría igual. Era bastante difícil aceptar como si nada que todo lo que uno ha creído fuera mentira. Sus esfuerzos y sentimientos de todo ese tiempo no eran más que años tirados a la calle.

Sobre todo, enfrentar el hecho de que la verdad era algo mucho más repugnante de lo que imaginaba requería una paciencia extrema para evitar perder la razón.

“Dijo que, al ver que no regresaba después de eso, pensó que era extraño, hasta que la encontró ingresando como paciente de un accidente de tráfico. Gracias a eso, no la olvidó y la recordaba claramente.”

“Sabía de antemano que tenía cáncer y provocó el accidente a propósito……. ¿Significa que quería adelantar la muerte de su madre?”

“Más bien, supongo que intentó utilizar la muerte de su madre para retenerlo a usted, director de división. El cáncer se estaba extendiendo, pero como su madre lo ocultaba, él no podía fingir tristeza; por el contrario, pensó que si la ingresaba, ella podría curarse con cirugía o quimioterapia.”

“Porque tenía que mostrar un show de suicidio en el momento justo para obtener la promesa de que me haría responsable de él de por vida y tener una excusa para estar a mi lado.”

“Sí. Por ahora lo suponemos así. Parece que necesitaba algo definitivo para retenerlo.”

“Haa.”

Do-ha soltó un largo suspiro y se frotó el rostro con las manos.

Estaba cansado. Sentía como si su vida entera se hubiera convertido en una carga. El tiempo seguiría fluyendo aunque él no se esforzara, y el peso que cargaba aumentaría con ello. Ese pensamiento lo dejó sin aliento.

Ah, en momentos como este, no había nada como Ha Yu-dam.

“¿Qué tan discreto es el más joven de la oficina de secretaría, a quien usted tanto aprecia?”

“Creo que es lo suficientemente confiable.”

“No sé si deba elogiarlo o insultarlo. Los rumores de este tipo deberían correr rápido.”

Do-ha chasqueó la lengua ligeramente. Como acababa de pensar en Yu-dam, sintió como si su suave feromona rodara dentro de su boca. Aprovechando el pensamiento, encendió su teléfono una vez más y escribió rápidamente.

La ventana de mensajes con Yu-dam estaba llena solo de sus propios globos de texto unilaterales, sin ningún intercambio.

Sabía que no habría respuesta, pero el número 1 que desaparecía cada vez que enviaba un mensaje le impedía abandonar su añoranza.

Te extraño, cariño

“¿Debo tomar medidas por separado?”

“No hace falta. Vendrá mañana a más tardar. Para entonces, los rumores ya habrán corrido por toda la empresa. Entonces todos se cuidarán y no habrá nadie que se atreva a pasarse de listo. No querrán que les pongan una etiqueta vergonzosa como ‘acoso laboral’.”

Nunca voy a firmar los papeles del divorcio. ¿Lo sabes, verdad?

Los mensajes que Do-ha le enviaba a Yu-dam eran, por lo general, desordenados y caóticos. Como enviaba lo que se le ocurría en el momento sin orden ni concierto, casi como si hablara solo, los mensajes daban la sensación de que tenía algún problema para controlar sus emociones.

Sabía que Yu-dam se asombraría y lo consideraría patético de nuevo al verlos, pero no le importaba. Si pudiera recibir aunque fuera esa mirada, se sentiría agradecido.

“Creo que también debemos considerar el caso en el que el asistente Kim se mantenga firme negándolo todo hasta el final.”

“Ah. Eso está bien.”

“Pero…… al no haber pruebas directas, podría ser procesado como inocente. ¿Debo reunirme con la fiscalía de antemano?”

“Como no es un asesinato directo, es mejor utilizar a los medios de comunicación. Usted, mañana por la mañana, lance alguna información para que todos los trabajadores del mundo puedan verla en las noticias o artículos de camino al trabajo. Si la opinión pública se agita, el tribunal no podrá reducir la sentencia fácilmente. Aunque solo hay testimonios de que el asistente Kim Si-woo no es alguien que acosaría a un subordinado, también están el diario que dejó la víctima y los testimonios de que intentó pedir ayuda.”

Por supuesto, una vez que el juicio terminara y se dictara la sentencia, Si-woo podría vivir cómodamente en prisión. Con un menú que considera los nutrientes, diversas tareas laborales que consideran la aptitud y el gusto, e incluso un entorno adaptado donde podría estudiar para obtener certificaciones y preparar un nuevo camino sin interrupciones.

Por eso, Do-ha pensaba sacar a Si-woo de la prisión.

Desde la reapertura de la investigación hasta el juicio, la sentencia acorde al delito y el ingreso a prisión.

Si decidió seguir los pasos de manual fue por el padre de Choi Suin, quien todavía se culpa a sí mismo por la muerte de su hija, que tuvo una vida tan corta.

Como sabía que un fuego que no se apaga ardía en su pecho de vez en cuando, convirtiendo su vida en un infierno, quería reducir al menos el tamaño de ese incendio de esta manera.

Si fuera posible, preferiría apagarlo por completo sin dejar ni una chispa, pero el fuego se alimenta del dolor de los padres que entierran a sus hijos, por lo que siempre habrá una chispa viva hasta que él cierre los ojos.

Aun así, quería mostrarle la realización de una sociedad justa donde los malos reciben su castigo. Era una recompensa por haberlo despertado cuando estaba ciego y perdido, y también una disculpa para su hija, a quien no pudo proteger hasta el final.

Así que decidió llegar solo hasta ahí.

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Porque solo mostrando ese nivel de justicia, Choi Suin, quien terminó con su propia vida, y su padre y familia, podrían calmar un poco su resentimiento.

“Entendido. Entonces, ¿cuándo debería decirles a ellos?”

“Creo que pueden tomárselo con calma. Si les enviamos algo de dinero para que el tiempo de espera no sea aburrido, mantendrán la boca cerrada.”

“Entonces procederé como ha dicho.”

Do-ha asintió y agitó la mano para indicarle que podía retirarse. Luego, movió sus dedos sobre la ventana de mensajes que seguía sin respuesta y dejó otro mensaje más.

Puede que hoy no llegue a tiempo para la hora de salida. Iré directo a la casa de tus padres cuando termine

Do-ha inspiró lentamente y hundió el cuerpo en el respaldo del asiento, sintiendo que la cabeza se le partía literalmente en dos. Cerró los ojos con una preocupación bastante inútil: la de no terminar escupiendo sangre frente a Yu-dam si esto seguía así.

Sintió náuseas ante la sombra de sus errores que caía sobre él. Como esos años habían sido tan largos, incluso el acto de reflexionar y arrepentirse de sus faltas resultaba agotador.

Entonces, ante un pensamiento repentino, sacó el teléfono una vez más. No era un favor que esperaba que le concediera, ni uno que estuviera pidiendo realmente para que se cumpliera.

Simplemente, mientras pudiera servir como un motivo para hablar con Yu-dam, no le importaba de qué se tratara; solo le enviaba un mensaje más fingiendo que era una petición.

Cariño. Cada vez que estoy durmiendo, hyung no para de darle patadas a mi coche, ¿no podrías decirle que deje de hacerlo? Me asusto tanto cada vez que lo hace que siento que se me va a salir el corazón

* * *

Tok, tok, el sonido de los dedos golpeando la pantalla sustituyó al silencio.

El empleado más joven de la oficina de secretaría del director de división, Baek Do-ha, soltó un suspiro de alivio en secreto, pensando que si esto no hubiera ocurrido, podría haber muerto asfixiado.

“¿Eran de la misma promoción pero no eran cercanos? ¿No hay nadie con quien se llevara bien?”

Do-ha le tendió la tableta que sostendría al jefe de secretarios, que esperaba a su lado.

El jefe de secretarios la tomó y comenzó a anotar algo en ella. El joven asistente miró de reojo a su superior y se apresuró a responder.

“Sí, así es.”

“¿No será que todos se andan con cuidado por miedo a salir salpicados?”

“¡No, no es eso! ¡En absoluto! Es solo que nadie quería tener una relación cercana con alguien que hablaba mal de los demás, por eso todos mantuvieron un poco de distancia.”

“¿Y alguna vez la escucharon como es debido? Aunque eran de la misma promoción, ni siquiera escucharon una sola de sus palabras y simplemente la excluyeron. Si no era con sus compañeros, ¿dónde se supone que iba a poder hablar?”

Era la viva imagen de un alfa dominante furioso, algo que nunca antes habían visto.

El corazón se le encogió por instinto y todo su cuerpo se contrajo. Tenía tanto miedo de que sus miradas se cruzaran que temblaba sin poder levantar la cabeza. Aunque negaba con las manos frenéticamente, se sobresaltaba sin querer ante esos ojos gélidos.

Como solo conocía la faceta caballerosa y educada del director de división, se sentía aún más desconcertado y aterrorizado. Do-ha siempre hablaba con respeto a los empleados y nunca se había mostrado descompuesto.

El alfa dominante que hoy se hundía en el sofá, mostrando sin reservas todo su desagrado, no era el director Baek Do-ha que él conocía.

Se sentía como una presa frente a un tigre del tamaño de una casa en medio de una montaña árida de invierno. Esos ojos afilados como cuchillas le recordaban al brillo de la mirada de un gran tigre.

El sudor empapaba sus manos. Un sudor frío le recorría la espalda. Sentía que el aire se le escapaba; es más, sentía que si exhalaba mal una sola vez, su vida se cortaría en ese instante. Le flaquearon las piernas.

“Es que... de verdad no fue por eso... Como era alguien que iba por ahí hablando mal de su superior, pensamos que podría criticarnos a nosotros en otros lugares... Por eso todos guardamos las distancias...”

“¿Así que decidieron juzgarla entre ustedes? ¿Un juicio de brujas?”

“¿Qué? ¡Ah, no, no es eso!”

“Crearon un ambiente de culpabilidad para aislarla y no escucharon nada de lo que tenía que decir.”

“…….”

Ante esa presión mordaz, propia del rey de la montaña invernal, el joven asistente recordó a su compañera de promoción, Choi Suin, quien tras renunciar terminó tomando una decisión extrema debido al sufrimiento.

Aunque sintió lástima por ella debido al afecto de haber entrado juntos a la empresa, en este momento no podía evitar odiarla un poco.

Ya no estaba entre ellos, pero ¿no sería justo este resentimiento? Si no hubiera muerto, él no tendría que estar enfrentándose ahora a este temible alfa dominante.

“Instigación al suicidio. ¿De cuánto era la pena por eso? Jefe de secretarios, ¿usted lo sabe?”

“Es de uno a diez años de prisión.”

El joven se sobresaltó horrorizado y sacudió la cabeza y las manos con violencia.

No tenía tiempo ni margen para pensar racionalmente. Toda su atención estaba centrada únicamente en salvar el cuello y sobrevivir ante la fiera.

“¡Di-director! ¡No es eso! ¡En absoluto! ¡Nosotros realmente no lo sabíamos!”

“No lo sabían... Qué palabra tan ambigua y perfecta para eludir responsabilidades.”

“¡Es la verdad! ¿Qué, qué es lo que tendría que hacer?”

“Demostrarlo.”

“Si se trata de... demostrar...”

“Escriba todo lo que su compañera dijo sobre el asistente Kim Si-woo antes de renunciar. Ah, no hace falta que sea objetivo. Escriba lo que pensó usted sobre la persona llamada Kim Si-woo al escuchar esas palabras, y qué sentimientos tuvo hacia su compañera al oírla hablar así. Por supuesto, si es necesario, también tendrá que testificar.”

“Es que... yo no escuché gran cosa en particular...”

No era mentira. Llevaba poco tiempo en la empresa y sus departamentos de trabajo eran claramente distintos. No tenían puntos de contacto y, entre hombres y mujeres beta, ser demasiado cercanos solo servía para generar chismes.

Solo había que ver cómo se habían difundido malos rumores simplemente porque el director, que es un alfa, era cercano al asistente Kim Si-woo, que es un omega y su junior de la universidad.

Incluso él mismo llegó a creerse esos rumores, por lo que hasta ahora sentía que era una suerte no haber sido cercano a Choi Suin.

El joven deseaba fervientemente que Do-ha comprendiera su situación. Al menos hasta que escuchó las palabras insultantes de Do-ha.

“Debe ser agradable entrar aquí después de haber estudiado cómodamente gracias a unos buenos padres y haber acumulado el currículum que todos tienen, ¿verdad?”

“¿Perdón? De repente, a qué se refiere...”

“Sin siquiera saber que eso es estar exprimiendo a tus padres. Tus padres probablemente no pueden dormir tranquilos ni una noche, y tú, sin saber eso, vienes a la empresa a quejarte de que el trabajo es difícil. ¿Cómo puedes siquiera respirar frente a tus padres? Qué descarado. ¿De verdad no sabes que tus padres solo vivirán como personas cuando tú no estés?”

“Director...”

El rostro del joven se puso pálido. ¿Acaso podía hablar así por ser un heredero de tercera generación y director de división? ¿O es que él había hecho algo tan malo como para escuchar tales palabras?

Los días de estudio hasta tarde para los exámenes de ingreso y la búsqueda de empleo pasaron rápidamente por su mente. Recordó el rostro de su madre, que siempre reía y lloraba a su lado, y se mordió el labio con fuerza. Sus ojos se enrojecieron al instante.

“Dicen que su compañera escuchaba esas mismas palabras directamente, cada día y a cada hora, como si fuera el aire que respiraba. ¿Sigue sin tener nada que escribir?”

“Ah. Entonces, ¿acaso eso era...?”

Solo entonces el joven de la secretaría pudo respirar con alivio. Y sintió un sincero arrepentimiento hacia Choi Suin.

Si solo por escuchar eso un momento sentía una rabia tan profunda, pensar que ella lo había escuchado a diario durante meses le hacía temblar las manos, aunque por un motivo distinto al de antes.

Debería haberla escuchado. Solo ahora comprendía que ella necesitaba a alguien que la escuchara, hasta el punto de contactar con alguien como él, con quien ni siquiera era cercano.

“Si no tiene nada más que decir, váyase. Diez minutos deberían bastar para recoger su escritorio y firmar la renuncia. Ah, jefe de secretarios, nos encargaremos de cubrir la vacante en la oficina pronto.”

Solo después de escuchar lo que Do-ha le añadía al jefe de secretarios, se dio cuenta de que si salía así, lo despedirían. ¡Despierta, Park Jun! ¿Es momento de sentir láima por tu propia vida?

El joven abrió mucho los ojos con firmeza. Gracias a que su instinto comprendió primero que la presa frente a la fiera no era él, ya no tenía tanto miedo como al principio. Por supuesto, era plenamente consciente de que en cualquier momento la presa podía volver a ser él.

“¡Puedo escribirlo! ¡Lo escribiré!”

“Muy bien. Transmita lo mismo a todos sus compañeros de promoción. Tienen que redactar el contenido y entregárselo al jefe de secretarios antes de que termine la jornada de hoy. Por supuesto, si no quieren hacerlo, no tienen por qué. Solo tienen que firmar la renuncia, que es mucho más sencillo.”

Esa era finalmente la imagen del director Baek Do-ha que todos conocían.

Tras hacer una gran reverencia y salir de la oficina de secretaría, el empleado más joven se dio cuenta de que, hasta ahora, solo había recibido un trato humano por parte de Do-ha por el simple hecho de ser un empleado del Grupo Wonkyung.

Fue también el momento en que comprendió por qué un alfa dominante es lo que es, y por qué siempre se sitúa en la cima de la cadena alimenticia.

Si no fuera por eso, él nunca habría tenido que enfrentarse a Do-ha, pero por primera vez comprendió con dolor que, si algo así sucediera, su seguridad difícilmente estaría garantizada.

No quería volver a enfrentársele. Se juró a sí mismo una y otra vez que hoy debía ser la última vez en su vida que viera la verdadera naturaleza de un alfa dominante.

* * *

El momento en que Si-woo se enteró de que estaba siendo investigado como perpetrador de acoso laboral y por instigación al suicidio llegó un poco antes de lo que Do-ha había previsto.

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El hecho de haber sacudido a Do-ha a propósito en el columbario, en el aniversario de la muerte de su madre, fue para grabar con más nitidez el fallecimiento de ella y su propio intento de suicidio. Solo así Do-ha, tal como aquel día, haría una promesa desesperada para salvarlo.

De todos modos, hacía mucho que había renunciado a ganar el corazón de Do-ha.

Hubo un tiempo en el que confió en que podría transformar rápidamente la lástima o la compasión hacia él en afecto, pero tras enterarse de que Do-ha se había vinculado, cambió su plan a uno más realista.

El vínculo no le importaba. Solo necesitaba que Baek Do-ha siguiera respirando con normalidad.

Mientras mantuviera a Baek Do-ha atado a su lado para siempre, el hijo menor del Grupo Wonkyung, junto con toda su riqueza y trasfondo, caerían en sus manos.

Como si el cielo estuviera de su parte, Do-ha se encontraba perfectamente a pesar de tratarse de un vínculo unilateral. Aunque no podía oler las feromonas de los demás, el interesado lo consideraba una ventaja, ya que le evitaba molestias innecesarias.

Gracias a ello, Si-woo ni siquiera tuvo que preocuparse de que Do-ha muriera por las secuelas del vínculo antes de que el Grupo Wonkyung estuviera en su poder.

Solo tenía que crear una excusa sólida para permanecer al lado de Do-ha. No esperaba ser bienvenido por su familia; sin embargo, necesitaba algo que obligara a Do-ha a mantenerlo cerca.

Por eso, optó por aprovechar la personalidad de Do-ha, quien, por su excesiva generosidad, se desvivía por los demás.

Su exagerado sentido de la justicia o la lealtad, que lo impulsaba a cumplir hasta el final aquello que decidía, también era un excelente cebo para Si-woo.

Pero justo en medio de eso, ¡maldición!, se entrometió algo asqueroso. No sabía que, aun siendo familias ricas, ambas fueran tan cercanas, y mucho menos que los unirían en un mismo documento legal.

Ese fue el problema.

Precisamente Ha Yu-dam, la persona que más odiaba en el mundo.

Si pudiera, le vendería su alma al diablo para maldecir a Ha Yu-dam hasta que no le quedara ni una gota de sangre.

Se dio cuenta de que, desde que Do-ha se había casado, se alejaba de él cada vez más.

Intentó actuar varias veces como un omega enamorado poseído por los celos, y usó eso como pretexto para herir la culpabilidad de Do-ha, pero el vínculo unilateral seguía siendo un vínculo, y Do-ha caía irremediablemente por Yu-dam.

Ese estúpido de Baek Do-ha, que antes solo escuchaba sus palabras.

Por eso se acercó a Yu-dam a propósito y reveló el secreto que solo ellos dos conocían. Para que, dado que Do-ha no parecía dispuesto a renunciar a Yu-dam mientras el vínculo no se rompiera, fuera Yu-dam quien perdiera el afecto primero y lo abandonara.

Cualquier ser humano sería incapaz de aceptar a Do-ha tras escuchar semejante cosa.

Por supuesto, tuvo que asumir el riesgo de que Do-ha se enterara, pero estaba seguro de que el orgulloso Yu-dam no se quedaría al lado de Do-ha dándole explicaciones detalladas.

A menos que fueran una pareja inseparable que no se ocultara nada, su relación se basaba en un matrimonio por conveniencia forzado por sus padres, así que no podían ser tan afectuosos.

Al ver a Do-ha, quien incluso fue al columbario donde descansaba su madre, pudo confirmarlo sin necesidad de preguntar. Allí, él volvió a prometer que no lo dejaría morir.

Creyó que ya no tenía de qué preocuparse. Pensó que solo quedaba esperar a que se alejara de ese insoportable Ha Yu-dam para que Baek Do-ha cayera en sus manos.

El problema fue lo que ocurrió después.

No podía comunicarse con Do-ha. Aunque él iba a trabajar, ignoraba sus mensajes.

Como no habían pasado muchos días desde la visita al columbario, intentó pensar que no era nada grave, pero la ansiedad empezó a reptar lentamente desde la punta de sus dedos.

Pensó en ir al despacho del director de división como antes, pero apenas logró rescatar de los rincones de su memoria aquel recuerdo de cómo Do-ha lo había rechazado con asco en cuanto vio su rostro.

Mientras consideraba esperarlo a la salida del trabajo, el mensajero de la empresa sonó y una pequeña ventana de notificación apareció sobre el reloj en la esquina inferior derecha del monitor.

Se quedó mirando fijamente el icono parpadeante que indicaba que alguien le estaba hablando y, con fastidio, acercó el ratón.

Eran los globos de texto incesantes de un compañero al que trataba con falsa familiaridad, pero a quien por dentro despreciaba.

Solo entonces recordó el apodo del asistente Ha, del equipo de soporte de programas y compañero de promoción de Si-woo. ‘Ja, con razón lo llaman el megáfono’.

El "megáfono", el asistente Ha, llenó la ventana de chat como si le hablara a Si-woo en la más estricta intimidad, aunque nadie estuviera mirando. Y expuso con amabilidad y detalle que la persona que había dado la orden directa era Do-ha.

Si-woo puso las manos sobre el teclado. Intentó responder, pero en el monitor solo aparecían consonantes y vocales dispuestas en repeticiones irregulares.

Ladeó la cabeza extrañado y, al ver sus manos por el rabillo del ojo, se dio cuenta. Ambas manos, apoyadas sobre el teclado, temblaban violentamente sin que pudiera controlarlas.

* * *

Al pensar en que este sería su último encuentro, los recuerdos del tiempo que pasó con Si-woo comenzaron a brotar uno tras otro en la memoria de Do-ha.

Como era de esperar, los momentos agradables superaban a los malos. Hasta el punto de querer creer que eso, al menos, no había sido una mentira, hubo instantes durante la investigación en los que Do-ha deseó que todo fuera un error. Por supuesto, no es que fuera tan ingenuo como para creer que Si-woo no era una persona vil y malvada; simplemente le dolían esos años perdidos.

Le pesaba haber pasado tanto tiempo olvidando a Yu-dam, y le resultaba patético verse a sí mismo siendo utilizado como un tonto por alguien durante todo ese tiempo.

Gracias a eso, en este momento se sentía más puramente feliz que nunca. No existía ni un ápice de vacilación en él; de hecho, estaba ansioso por devolverle a Si-woo todo lo que le debía. Ni siquiera sintió remordimiento de conciencia al pensar que lo que iba a hacer era demasiado cruel. Se sentía casi monstruoso por no sentir nada.

“¿Quién dice que Choi Suin murió por mi culpa?”

“Todos.”

“¿Y quiénes son 'todos'? Fue una chica que se suicidó el año pasado. Tú... bueno, en ese entonces viajabas mucho al extranjero por trabajo así que no lo sabrás bien, pero incluso la policía vino un par de veces a la empresa a investigar. Y cerraron el caso como un simple suicidio.”

Maldita sea. Si-woo maldijo para sus adentros, cuidando que Do-ha no lo escuchara. No entendía por qué hacían tanto escándalo. Al fin y al cabo, solo era una persona muerta.

Reconocía que era una beta que detestaba ver. Se le revolvían las tripas cada vez que la veía sonriendo por haber entrado en una gran empresa tras haber estudiado cómodamente y sin preocupaciones. Ver a Choi Suin hacía que su pasado —donde sobrevivía a base de sobras de comida que su madre traía tras lavar platos en restaurantes— se solapara con el presente, provocando que un fuego ardiente subiera por su garganta.

Incluso en aquel entonces, dividía una sola ración para el desayuno y la cena por tacañería, ignorando el hambre de su propia madre. Ella decía que estaba bien, que podía comer de nuevo cuando fuera al restaurante.

Lo sabía. Incluso a una edad temprana, sabía que no era fácil tener una comida decente en el trabajo. Simplemente quería ignorarlo. Como él también tenía hambre y debía sobrevivir de alguna manera, culpó a su madre por haberlo criado así. Al final, era responsabilidad de ella que él hubiera crecido de esa forma.

Para alguien que había sobrevivido arrastrándose por la vida, Choi Suin era como una plaga. Como lo hacía sentir enfermo, para él no era más que un bicho al que debía aplastar y exterminar, sin importar lo que pensaran los demás.

Por eso, la hirió con palabras un par de veces. Ese rostro que siempre sonreía se ponía pálido y, más tarde, ella se sobresaltaba con solo escuchar su nombre. Ver eso aliviaba su frustración. Sentía como si una pesadez en el pecho finalmente descendiera. Por eso, la frecuencia aumentó y el nivel de crueldad se elevó.

Pero aun así, ¿por qué demonios me reclaman a mí que ella decidiera saltar por su propia cuenta? No es como si la hubiera amenazado con apuñalarla si no saltaba, ni simulé un accidente para llevarla al borde de la muerte. Esa maldita beta no sirve para nada ni siquiera después de muerta.

Sin embargo, cuando Si-woo escuchó que Suin se había lanzado desde el puente, soltó una carcajada de alivio después de mucho tiempo. Durante un buen rato, ese incidente se convirtió en su motivo de risa personal. Cada vez que el jefe Kim se comportaba como un viejo autoritario o cuando un cliente principal ponía trabas, recordaba el suicidio de Suin a propósito. Eso lo refrescaba. Incluso llegó a pensar con naturalidad en recomendarle aquel puente al jefe Kim.

“Me da lástima lo que le pasó a Suin. Pero como sigues insistiendo conmigo, ahora empiezo a odiarla un poco. ¿Cómo puedes ponerte así tú también?”

“Vaya, qué bien pronuncias su nombre... Espera.”

Justo cuando Do-ha iba a hablar, su teléfono emitió un breve sonido. Por un instante fugaz, el rostro de Do-ha se iluminó. Aunque volvió a la normalidad en un abrir y cerrar de ojos, fue evidente. Do-ha se había alegrado por ese contacto incluso antes de revisar el teléfono.

Era obvio que se trataba del maldito Ha Yu-dam, y eso hizo que Si-woo rechinara los dientes. Debería haber hecho que ese infeliz probara primero el agua del río.

Do-ha borró el mensaje de spam —se había ilusionado por un momento pensando que era Yu-dam—, guardó el teléfono de nuevo en su pecho y giró la mirada hacia Si-woo.

Si-woo mintió con fluidez, sin parpadear siquiera. Estaba tan seguro de sí mismo que Do-ha sintió que, de no haber investigado la verdad primero, podría haberle creído. Después de todo, con ese nivel de descaro, fue capaz de engañarlo durante nueve años.

Do-ha sintió que no valía la pena desperdiciar energía enojándose. Al fin y al cabo, Si-woo era su propio karma. El karma de un Baek Do-ha estúpido y necio. Después de todo, ser ignorante también es un pecado.

“Ese puente sigue igual que siempre.”

“¿Qué pasa con ese puente? ¿Qué tiene que ver conmigo?”

“Mucha gente sigue muriendo allí. Tal como tú intentaste hacerlo. Probablemente por eso te sentiste tranquilo; pensaste que nadie encontraría extraño que Choi Suin muriera allí.”

“¡Ja! ¡Te digo que yo no fui!”

Si-woo elevó la voz como si fuera injusto. Do-ha frunció el ceño ante ese sonido desagradable que parecía perforarle los oídos. Aunque sabía que reaccionaría así, no era un ruido bienvenido.

Ya de por sí había perdido la hora de salida de Yu-dam y, con ello, la oportunidad de verle el rostro aunque fuera de lejos. Aunque fuera a su casa, Yu-dam no saldría a recibirlo, así que probablemente no vería su cara hasta mañana camino al trabajo, y eso si tenía suerte.

Extrañaba escuchar a Yu-dam pronunciar su nombre. Es el mismo nombre que dicen los demás, pero no entendía por qué se sentía tan bien cuando salía de los labios de Yu-dam.

“Se va a reabrir la investigación. Haré una conferencia de prensa ante todo el país. Diré algo como: ‘Siento una gran responsabilidad como encargado ante este lamentable incidente y cooperaré activamente con la investigación. Además, para que esto no vuelva a ocurrir, abriremos canales de comunicación con los empleados junto con capacitaciones periódicas’. Pienso hacerlo a lo grande. Así se enterará más gente.”

“¡Oye, Baek Do-ha! ¡Que no fui yo! ¿Por qué ni siquiera tú me crees? ¡Cómo puedes hacerme esto!”

“Lo hago precisamente porque soy yo. ¿Quién más sino yo tendría derecho a hacerte algo peor?”

“... ¿Qué?”

“Esto lo hago por la familia de Choi Suin. Ni siquiera he empezado con lo que es para mí, así que no deberías empezar a odiarme todavía.”

“Yo... qué... Espera. No, Do-ha. Jaja. Creo que escuché mal. No entiendo de qué estás hablando.”

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El desconcierto se reflejó en el rostro de Si-woo. Era algo difícil de asimilar a simple vista. Aquello de que Baek Do-ha haría "algo peor", y que incluso lo haría sin dudar aun sabiendo que él lo odiaría.

Algo andaba mal. Estaba ocurriendo algo absurdo. La ansiedad que se había ido extendiendo por su cuerpo ya le llegaba a la garganta. Tenía la boca seca y las manos empapadas en sudor frío. Se humedeció los labios resecos con la lengua varias veces.

Si-woo eligió sus palabras con cuidado. ‘O sea, escucha...’

Ah, no, no es eso. ¿Debería negarlo todo radicalmente? ‘¿De qué hablas? ¿Por qué me harías algo así?’

No, eso tampoco. Primero debía enojarse. Las personas inocentes se enojan por la injusticia. Pero no podía exagerar; podría parecer que tiene la conciencia sucia. ‘¡Por qué me acusas así! ¡Si tú también te pones así, cómo quieres que viva!’

Entonces, ¿sería mejor sonreír como si no supiera nada? Reírse como si Do-ha le estuviera gastando una broma. ‘¿De qué hablas, Do-ha? A mí también me dolió mucho la muerte de Choi Suin. Sí, si reabren el caso, quizás sus padres puedan descansar un poco más tranquilos.’

Incapaz de decidirse por una opción, sus músculos faciales se movieron a su antojo, creando una expresión grotesca. El dueño de ese rostro, sin saber qué cara estaba poniendo, se esforzaba por encontrar la respuesta correcta. Era extraño y repugnante. Ante ese rostro tras la máscara que finalmente se revelaba, Do-ha reprimió un suspiro.

“Basta. Es asqueroso.”

“¿Qué? Do-ha... por mucho que me gustes, me duele que digas eso.”

“Estoy aguantando las ganas de vomitar por lo asqueado que estoy. ¿Podrías parar?”

“Espera... De verdad no sé de qué estás hablando. ¿Qué te pasa?”

Ante el tono de Si-woo fingiendo inocencia, Do-ha sintió una fuerte náusea. Al forzar la respiración para contenerse, empezó a sentir una punzada en la cabeza. Por eso dicen que es mejor evitar la mierda.

“Lo sé todo. Lo que hiciste.”

“¿Yo qué? ¿Pero de qué estás hablando?”

Al no estar preparado, su actuación fue torpe. Parecía enojado pero al mismo tiempo fingía no entender. Como fuera, era tan patético que Do-ha ni siquiera sentía rabia. Enojarse aquí solo lo haría quedar como un tonto. Si Yu-dam lo escuchara, ni siquiera se reiría de lo ridículo que sonaba que hubiera cuidado de él durante nueve años sin darse cuenta.

“Ah, hubo una cosa que no pude averiguar.”

Do-ha frunció levemente el ceño y ladeó la cabeza. Había encontrado todas las pruebas y testigos de cómo Si-woo fue preparando cada paso para engañarlo, pero había una sola cosa que no pudo hallar por más que lo intentó. Por supuesto, saber la respuesta no cambiaría el resultado que Do-ha había preparado, ni tampoco sus sentimientos. Al igual que no poder identificar una sola pieza no impide ver la imagen completa del rompecabezas, solo quería escuchar qué había en ese espacio vacío y terminar con esto.

“Está bien. No sé de qué hablas, pero te escucharé. ¿Qué es eso que tanto te intriga?”

“Encontré a todos los matones a los que les pagaste para que te golpearan justo a tiempo para que yo te viera. Pero no pude encontrar al tipo que intentó violarte cuando nos conocimos la primera vez. ¿Sabes dónde está?”

Do-ha no había cuidado de Si-woo desde el primer momento. Después de aquel encuentro, lo vio entrar a moteles un par de veces, y en algunas ocasiones lo vio golpeado, con moratones azulados. No es que pensara que vender su cuerpo para pagar la matrícula estuviera bien, pero le conmovía que quisiera graduarse a toda costa.

A medida que lo veía más seguido, empezó a preocuparse por él, y tras investigar su situación familiar, no pudo evitar hacerse cargo. En ese entonces, era un sentimiento ligero, como darle una beca a un estudiante universitario que se esforzaba. Por eso nunca se le ocurrió, ni valía la pena dudar. Es como cuando alimentas a un gato callejero que ves a menudo; no sospechas: ‘¿Será que este gato finge lástima para que le dé de comer?’.

Ahora que había terminado de investigar y dudar de todo su entorno y su pasado, era lógico y natural que Do-ha también cuestionara su primer encuentro. Por eso quería confirmar el inicio de esta relación, la última pieza del rompecabezas.

“Está bien. Digamos que hice eso. ¿Pero de dónde sacaría yo el dinero para pagarle a unos matones? Tú sabes bien que apenas podía pagar la matrícula.”

“Lo sé. Por eso dicen que entregaste tu cuerpo.”

“... ¿Qué hice? No, ¿qué entregué?”

“Me pidieron que te dijera que no hay otro agujero como el tuyo.”

“¡Ma... maldito Baek Do-ha!”

“Decidí enviárselos una vez que termine todo esto. Dicen que te extrañan, así que es lo mínimo que puedo hacer.”

Solo entonces Si-woo comprendió que realmente era el fin. Cuando Do-ha dijo que lo sabía todo, significaba literalmente todo. No era solo por haber acosado a Choi Suin, quien le revolvía las tripas. Do-ha le estaba cobrando el precio por haberlo manipulado y engañado durante nueve años.

Haa, supongo que es el final. Intentó hacer girar su cerebro para buscar una salida, pero no parecía haber ninguna. Como todos los matones a los que les había entregado su cuerpo, dado dinero y utilizado cuando los necesitaba habían hablado, no serviría de nada negarlo. Especialmente al ver esos ojos, podía sentirlo. No eran los ojos de aquel hombre que sentía lástima por un omega recesivo que se le colgaba desesperadamente, ni los de aquel que ponía las palabras de ese omega por encima de todo.

Qué asco. Esto también tenía que ser por culpa de Ha Yu-dam. Por su culpa Baek Do-ha se estaba alejando, dejaba de escucharlo y desconfiaba de él. De todos modos, ya que su vida estaba arruinada, sentiría un gran alivio si veía a ese infeliz hundirse también.

“No sé. No sé a dónde fue ese maldito matón. Ese tipo realmente no tenía dinero; si no fuera por ti, sería de los que terminan teniendo sexo en plena calle.”

Fue una coincidencia, precisamente ese día. Si-woo apretó y soltó los puños. Se había aferrado con uñas y dientes para sobrevivir bien hasta ahora, pero Ha Yu-dam lo arruinó. ¿Cómo pudo ese infeliz no abandonar a Baek Do-ha después de escuchar semejante cosa? Si precisamente por eso Si-woo montó aquel escándalo en el centro comercial, para que Yu-dam se hartara y pidiera el divorcio.

“Aquel día, mientras me bañaba al llegar a casa, pensé: 'Si aprovecho bien que este tipo cuida tanto a los que lo rodean, podré sacarle algo'. Es cierto que terminé queriéndote, pero también es cierto que si no hubieras tenido dinero, ni siquiera me habrías gustado. Me gustaba el heredero de tercera generación, Baek Do-ha, no simplemente Baek Do-ha.”

“…….”

Do-ha no respondió; en su lugar, desvió la mirada. El cielo del atardecer le producía una sensación amarga. Era una reflexión de una sola línea sobre los nueve años que habían pasado. Aun así, lo había apoyado mucho. Hasta el punto de desear sinceramente que viviera bien.

Quería darle todo lo que un alfa dominante incompleto pudiera ofrecerle. En la vida, la mayoría de los problemas se resolvían con dinero, y ese dinero era algo que él podía proveer sin límites. Si-woo decía que le devolvería la costosa matrícula cuando consiguiera trabajo, y mientras tanto, trabajaba constantemente en empleos de medio tiempo para cubrir sus gastos. Do-ha admiraba ese esfuerzo. Para tranquilizarlo, ya que Si-woo siempre parecía ansioso incluso cuando se le confesaba, Do-ha estuvo dispuesto a poner en sus manos incluso su título vacío de alfa dominante.

Los empleos de medio tiempo, las confesiones temblorosas... todo había sido una actuación aprovechándose de su personalidad, y Si-woo se filtró en su vida tan lentamente que Do-ha nunca lo notó. Que todo eso se redujera a una relación tan insignificante que pudiera ordenarse en el tiempo que dura un atardecer, le dejaba un sabor áspero en la boca. No era por lástima hacia Si-woo. Era porque esos años que pasó sin saber la verdad ya no parecían brillar. Le entristecía que sus resplandecientes veinte años se hubieran degradado a una década insignificante.

“No tenías por qué hacerle eso a tu propia madre. ¿Cómo puedes jugar así con la vida de una persona?”

“Era mi vida y la vida de mi madre.”

“…….”

“Mi madre también lo decía: que su vida era una que merecía la muerte. Dicen que mató a otra persona para salvarme a mí, ¿qué importa eso?”

Do-ha pensó que seguir hablando no tenía sentido. No hay necesidad de enojarse con alguien que ni siquiera sabe qué es lo que hizo mal, ni de señalar sus errores. Al hacerlo, solo desperdiciaba un tiempo que ya era valioso.

“¿Pero Ha Yu-dam no está loco también? ¿Te aceptó incluso después de oír eso? Pensé que pediría el divorcio de inmediato.”

Do-ha estaba a punto de pedirle que se marchara. Iba a añadir que recogiera su escritorio antes de irse. Por supuesto, no habría un día en que volviera a usar esas pertenencias, pero era, por así decirlo, su forma de darle un último adiós. Significaba, obviamente, que al estar despedido no debía volver al trabajo, que no implicaba que pudiera contactarlo en privado y que, si pensaba que aún había alguna oportunidad, no tuviera sueños vanos. Sobre todo, era la firmeza de borrar cualquier expectativa de una despedida cordial. Sin embargo, antes que él, Si-woo soltó palabras inesperadas. Incluso con un tono natural, como si fuera algo obvio.

En un instante, la cabeza de Do-ha se calentó y sintió como si algo explotara. Se le tensó la nuca. Nunca se lo había dicho a nadie. Si ni siquiera su familia lo sabía, era imposible que Si-woo estuviera al tanto. Solo Yu-dam, la familia de Yu-dam y él lo sabían.

Mi divorcio, maldita sea. ¿Cómo te atreves tú a mencionar nuestro divorcio?

“Tú, ¿qué le hiciste a Yu-dam?”

“Ah, ¿tú no lo sabes? Bueno, supongo que por eso fuiste hasta el columbario.”

¡Zas!

Un sonido seco y agudo rasgó el aire. Atónito, Si-woo parpadeó un par de veces. El dolor tardío comenzó a emanar de una de sus mejillas. Si-woo, desconcertado, elevó la voz. No podía ser que Baek Do-ha, de entre todas las personas, le hiciera esto. Nunca, ni en sueños, lo había imaginado.

“Tú ahora... ¿qué acabas de hacer? ¿Me pegaste?”

¡Zas!

Cuando resonó otro golpe, las partículas de polvo que flotaban en el aire parecieron esconderse rápidamente por el miedo. Si-woo se llevó la mano a la mejilla golpeada. El calor punzante calentó su palma de inmediato. No podía creerlo. Al clavarle la mirada a Do-ha con rabia, este se quitó el reloj de la muñeca mientras soltaba un gran suspiro lleno de fastidio.

“No me hagas preguntarlo otra vez. ¿Qué le hiciste a Yu-dam?”

“¿Por qué crees que me encontré con Ha Yu-dam y armé ese escándalo en el centro comercial? ¡Fue para que se hartara de ti! ¡Yo era alguien que tenía derecho a hacer eso!”

“Derecho, ¡maldita sea!, ¡quién carajo tiene derecho! Te dije que no tocaras a Ha Yu-dam. Si te lo pedí de forma amable y educada, debiste haberme hecho caso, ¿no pudiste aguantarte e ir hasta allá?”

“Ja. ¿Tanto lo amas? ¿Tanto te gusta que haya nacido en una buena familia y crecido entre algodones? ¿No habías dicho que los herederos de los grupos eran unos egoístas que no conocían el altruismo gracias a sus padres? Eres un hipócrita.”

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“¿Quién te pidió que me evaluaras? Habla antes de que te arranque la lengua. ¿Qué fuiste a hacer allá?”

Do-ha se humedeció los labios secos con la lengua. Mientras se peinaba el cabello hacia atrás con los dedos, reprimió el impulso de agarrar a Si-woo por el cuello y lanzarlo lejos. Tenía que mostrarle al padre de Choi Suin —no, a todo el país— una hermosa ejecución de la justicia, llevando a cabo la reinvestigación y asegurando la pena máxima para el culpable en el juicio. Era su regalo y su carta de arrepentimiento para Choi Suin y su familia. Por lo tanto, no podía dejar a Si-woo en un estado en el que no pudiera ni hablar.

...Aun así, ¿no estaría bien si se le rompiera algún vaso sanguíneo en la mejilla?

Cuando la mirada de Do-ha se dirigió de nuevo a la mejilla izquierda de Si-woo, este se mordió el labio con fuerza y se apresuró a hablar. Su voz temblaba, mezclando desconcierto y furia.

“Se lo dije. Que la persona a la que Baek Do-ha va a rendir homenaje es quien mató a su madre. Que quien mató a su madre fue la mía. Así se lo dije.”

“¿Quién... qué hizo?”

“Tras escuchar algo así, ¿no es obvio que debería divorciarse? Fui hasta allá y armé todo ese lío para que Ha Yu-dam te abandonara. Al final, el único que quedó en ridículo fui yo.”

“…….”

Do-ha, que perdió el habla por un momento, pronto agarró a Si-woo con fuerza por las solapas. El cuerpo del pequeño omega se tambaleó, incapaz de mantener el equilibrio ante el arrebato del alfa furioso. Aun así, Do-ha pensó que se lo merecía.

Este infeliz intenta jugar conmigo otra vez.

Su mente ardía en llamas. Debió haberle arrancado la lengua en cuanto supo la verdadera cara de Kim Si-woo.

“¡Maldita sea, Kim Si-woo! No digas estupideces. La madre de Yu-dam murió de sepsis.”

“Sí. Por eso, mi madre la mató. Dicen que las causas de la sepsis son tan variadas que es difícil determinarlas con exactitud, pero que si hubieran sacado al feto a tiempo, ella habría estado bien. Pero no fue así.”

“¿Tú cómo... cómo sabes eso...?”

La mano que lo sujetaba por el cuello se aflojó momentáneamente. Una nueva duda apareció en los ojos de Do-ha, y la fuerza se concentró en su mandíbula apretada. Primero sospechó si Si-woo habría hecho algo por detrás otra vez, dañando a Yu-dam de alguna forma. De lo contrario, era imposible que alguien ajeno supiera aquel incidente. Aunque con un poco más de frialdad habría notado que Si-woo no podía conocer todos los detalles por sí solo, Do-ha estaba cegado por una furia incontenible y no podía pensar en nada más. Sus feromonas coléricas, que hacían arder a quien estuviera cerca, ondulaban a su alrededor.

“¿Me vas a decir que la dejaron abandonada en el quirófano esperando por un médico de cabecera que prometió llegar pronto? Al final, si aceptaste el maldito dinero, debiste cumplir con tu parte. Viéndolo bien, los médicos son los mayores ladrones y estafadores del mundo.”

“¿Pero por qué eso...? Ese médico tuvo un accidente en el camino... y allí... el médico allí...”

Era extraño. Por mucho que fuera, esa no era información que cualquiera pudiera conocer. Además, siendo un asunto del Grupo Hansae, la información no se filtraría fácilmente. Los ojos de Do-ha empezaron a oscilar violentamente. Sus pensamientos se encadenaron uno tras otro hasta detenerse de golpe en un solo destino. El horror se extendió por su rostro.

“Exacto. Ese soy yo. Yo fui a buscar a ese médico y lo escuché todo. Ese tipo también estaba loco. Aceptó el dinero de la familia de Ha Yu-dam, pero el bebé que atendió fue el de allí. Si hubiera hecho lo que le pagaron por hacer, alguien como yo ni siquiera habría nacido. ¿No es la vida una maldita broma?”

Escuchar sobre la muerte de la madre de la persona amada a través de los labios de otro era mucho más cruel y terrible de lo que imaginaba. Ese asunto era tabú tanto en la casa de Yu-dam como en la suya. No es que alguien prohibiera hablar de ello, sino porque los adultos que recordaban vívidamente el suceso aún sufrían por ello.

Sobre todo, su propia madre ni siquiera podía respirar bien cada vez que pensaba en eso. Se desmoronaba emitiendo sonidos sibilantes, como si fuera a perder el aliento en cualquier momento. Solo lograba calmarse si alguien le ponía una bolsa en la boca para ayudarla a respirar. Si sus propios padres se ponían así, ¿cómo estaría la familia de Yu-dam?

Habría sido bueno poder estallar contra alguien, pero como no podían, decidieron simplemente no mencionar el asunto. No podían ir a buscar una y otra vez a un médico que vivía escondido para gritarle, ni podían buscar a la madre y al hijo que el médico salvó para matarlos y decirles: 'muéranse ustedes también'. El muro que los familiares de Yu-dam habían construido con un fuerte vínculo mutuo nació del acto de enterrar el dolor de los demás.

Era desolador. Sin saber nada de eso, él había cuidado de alguien que era prácticamente su enemigo. Lo había apoyado sinceramente, había sentido lástima por él e incluso le prometió permanecer a su lado de por vida, al menos como amigo.

Era más terrible el hecho de haber entregado su corazón sin saberlo, que el haber sido utilizado durante nueve años o haber empujado a una empleada al suicidio. Se sentía avergonzado y monstruoso por haber tenido cerca a la persona que hirió a Yu-dam y por haberle dicho a Yu-dam que lo pondría a Si-woo por encima de todo.

¿Cuánto debió odiarlo Yu-dam? Ni siquiera era fácil medir si la excusa de "no lo sabía" sería suficiente.

Por eso, solo ahora comprendía por qué Yu-dam se oponía a que fuera al columbario. Pensó que no era propio de Yu-dam, pero en realidad, fue lo más propio de él. El hecho de haberle suplicado que no fuera, pensando en su madre, fue un acto sumamente característico de Yu-dam.

“Le dije a propósito que tú también lo sabías. Que aun sabiéndolo, ibas a rendirle homenaje a mi madre. Normalmente, ¿uno no se divorcia furioso después de eso? ¿Acaso le gusta un alfa que va a honrar a quien mató a su madre? ¿Él también está loco?”

“... ¿Que yo lo sabía? Entonces... ¿ahora mismo Ha Yu-dam piensa que fui allí sabiendo la verdad?”

“Sí. ¿Acaso importa? De todos modos, Ha Yu-dam no te dejó. Él y yo estamos igual de mal de la cabeza, pero ¿por qué tiene que ser él? Cada vez que pienso en él, se me revuelven las entrañas de la rabia.”

Ah. Sentía ganas de vomitar. Ante las palabras adicionales de Si-woo, Do-ha finalmente golpeó el mismo lugar una vez más. Esta vez no fue con la palma, sino con el puño, y gracias a eso, con un sonido seco, la cabeza de Si-woo giró bruscamente.

Una furia incontenible estalló, llenando la oficina con un aroma a feromonas áspero y amargo. Las feromonas, afiladas por la ira, cayeron sobre el cuerpo de Si-woo con todas sus fuerzas, como si quisieran asfixiarlo.

Las feromonas de un alfa dominante vinculado de forma unilateral aplastaron al omega recesivo con todo su poder. Era un aroma seco, carente de cualquier calidez, que apuñalaba sin piedad cada rincón del cuerpo de Si-woo.

Sintiendo como si le desgarraran la superficie de la piel dejándole heridas abiertas, Si-woo se envolvió el cuerpo con ambos brazos. Se encogió intentando protegerse de alguna manera, pero con cada respiración, las feromonas que lo punzaban sin tregua inundaban lo más profundo de sus pulmones.

Las feromonas del alfa, que se extendieron por su sangre hasta la punta de los dedos de manos y pies, se transformaron esta vez en miles de espinas que se volcaron dentro de su cuerpo. Era un dolor comparable a tener el cuerpo abierto en canal y recibir una lluvia de espinas directamente, sin tener dónde esconderse.

El dolor lo asfixiaba. Si-woo jadeaba y soltaba saliva, luchando desesperadamente por no perder la consciencia que se le escapaba.

Le escocía la mandíbula golpeada y la sangre se le acumulaba en la boca. A juzgar por cómo no podía cerrarla correctamente, parecía que se le había desencajado, pero ni siquiera podía quejarse del dolor. Todo su cuerpo temblaba violentamente y sus pupilas oscuras se ponían en blanco una y otra vez.

Ante esos sonidos entrecortados de alguien que parecía estar a punto de expirar, Do-ha cerró los ojos e inhaló profundamente. Luego, presionó el interfono sobre el escritorio para llamar al jefe de secretarios.

“Entre y limpie esto. Y manténgalo con vida para que no haya problemas durante la reinvestigación.”

Apenas terminó de hablar, Minho abrió la puerta de la oficina y entró. Al sentir la oleada repentina de feromonas, contuvo el aliento sorprendido; al notar la presencia de otro alfa, las feromonas de Do-ha, aún más enfurecidas, se lanzaron rápidamente hacia el recién llegado.

“¿Retraso la reinvestigación?”

“No importa mientras no esté muerto. El juicio debe avanzar rápido. Avíseles a esos matones que su regalo les llegará pronto.”

Gracias a que la puerta de la oficina estaba abierta, las feromonas de Do-ha comenzaron a dispersarse poco a poco. Mientras Do-ha, con urgencia, se arreglaba la ropa y trataba de contener su ira, el aroma colérico se desvaneció con mayor rapidez.

Fue entonces cuando Si-woo, logrando apenas recuperar el aliento, abrió la boca emitiendo un sonido metálico. Incluso mientras lo arrastraban hacia afuera como a un expulsado —o quizás precisamente por eso—, su complejo de inferioridad y su resentimiento ardieron como leña seca alcanzada por el fuego. Sentía las entrañas completamente retorcidas.

“Guh... hip. ¿Por qué... por qué precisamente Ha Yu-dam... hugh?”

“¿Acaso no lo ves? Es hermoso.”

“Hip. Agh... maldición... Pensé que no serías así, hah. Al final, solo te importa la cara. Qué fastidio. Hah.”

“Él es hermoso en todo. Su rostro es hermoso, su cuerpo es hermoso, pero lo más hermoso es su corazón. Incluso aceptó casarse con un tipo como yo.”

Do-ha se puso la chaqueta del traje y volvió a revisar su rostro y su ropa en el espejo. Frunció levemente el ceño al ver que su cabello estaba un poco revuelto y su ropa arrugada.

Pensó en pasar por casa para bañarse y cambiarse, pero su urgencia era tal que no podía esperar más. Tenía la boca seca ante la idea de que debía aclarar el malentendido con Yu-dam cuanto antes; no tenía margen para pensar en nada más.

“Ah, es cierto. Y ese hermoso Ha Yu-dam me pidió el divorcio.”

Do-ha, que se peinaba el cabello frente al espejo, se giró como si lo hubiera olvidado. Respondió con amabilidad mientras observaba cómo se llevaban a Si-woo.

Había cambiado de opinión respecto a ocultar la verdad para que Si-woo no supiera que su plan falló. Se dio cuenta de que lo que más enfurecería a Si-woo no era el engaño, sino la verdad de sus sentimientos. Comprendió que su honestidad le causaría un sentimiento de derrota que rumiaría por el resto de su vida.

“Jaja. Guh... aun así, hah. Aun así conmigo... hah.”

“El divorcio no me importa. Incluso antes de perder la memoria, yo ya amaba a Ha Yu-dam y lo perseguía solo. Es algo que hago desde los cinco años, así que estoy acostumbrado.”

Sin importar el momento, al final, siempre era Ha Yu-dam. Al saber que eso era lo que más haría sufrir a Si-woo, Do-ha sintió que su corazón se aligeraba.

El lugar al que debía regresar no era al lado de Kim Si-woo. Solo con ese hecho, respirar se volvió más fácil. Sentía que el tiempo que cada día pesaba sobre sus hombros se dispersaba lentamente, como arena arrastrada por el viento.

Ahora veía con claridad hacia dónde debía dirigirse. Sintió resentimiento hacia ese pequeño agujero negro que aún quedaba en su memoria.

Si los recuerdos iban a volver así, debieron haberle indicado antes a dónde pertenecía. Si hubiera sido así, aunque hubiera estado perdido, no habría tomado decisiones equivocadas. Al final, cada elección que había tomado siempre fue un anhelo hacia aquello que lo hacía sentir sediento.

“Iré directo a casa de Yu-dam ahora mismo, así que usted limpie esto y retírese también.”

Reflejando su prisa, Do-ha caminó rápidamente. Salió incluso antes de que el jefe de secretarios pudiera sacar a Si-woo.

En la oficina aún quedaban rastros de las feromonas coléricas de Do-ha, y las manos de Si-woo seguían temblando violentamente.

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Pensando que la furia de un alfa dominante no desaparecía fácilmente, el jefe de secretarios chasqueó la lengua y sacó a Si-woo de la oficina. Le resultaba molesto tener que llevarlo a recibir atención médica, pero dado que debía estar en condiciones para que pagara su precio, tenía que aceptar el inconveniente.

Posteriormente, el jefe de secretarios pensó que probablemente mañana Do-ha también se cambiaría de ropa en la oficina, así que decidió dejarle algo preparado. Apagó las luces y cerró la puerta.

La oficina, ahora a oscuras, se sumergió en el silencio mientras esperaba el mañana.

* * *

Frente a la casa de Yu-dam, Do-ha se preguntaba cómo lograr que él aceptara verlo.

Ya habían pasado tres días desde la última vez que pudo dirigirle la palabra, por lo que su angustia no hacía más que crecer. Aunque quisiera arrodillarse y suplicar perdón, Yu-dam ni siquiera le daba esa oportunidad. Llevaba tres días terminando su jornada laboral frente a la casa de los padres de Yu-dam, consumido por la ansiedad, intentando encontrar la manera de hablarle.

Al final, el sedán que había empezado a estacionar allí se había convertido en su hogar.

¡Pum!

Tras pasar tres noches consecutivas en el coche, Do-ha aprendió algo: que el horario de salida de Jung-jin era bastante tarde. No es que a Do-ha le importara si su cuñado salía tarde o temprano; el problema era que, al regresar, siempre le daba una patada al sedán, sobresaltando a Do-ha.

De hecho, lo hacía incluso fuera de su horario laboral. A veces era a la hora en que todos dormían, o cuando el color del cielo empezaba a cambiar. Do-ha suponía que Jung-jin salía cada vez que estaba en casa y la rabia se le volvía insoportable. Por eso, nunca intentó detenerlo; pensaba que, si de esa forma él aliviaba su furia, valía la pena.

“Hoy regresó un poco temprano, hyung.”

“…….”

Do-ha suspiró y abrió la puerta del coche para salir. Como de costumbre, Jung-jin actuó como si Do-ha ni siquiera existiera. Al negar su presencia por completo, era obvio que no iba a devolverle el saludo.

“¿Podría llamar a Yu-dam por mí?”

“…….”

Era la misma petición de siempre y el mismo desprecio de siempre. Jung-jin planeaba terminar su día entrando en la casa, repitiendo la misma rutina.

“Tengo algo que decirle. No quiero hacerlo por mensaje.”

“Hazlo así. Ya sabes que él lee todo lo que envías.”

Si Jung-jin se detuvo, fue porque hoy Do-ha se veía diferente. A diferencia de otras veces, no se mostraba seguro ni descarado; su rostro ensombrecido y demacrado lo hacía ver mucho más delgado. Jung-jin sintió que, por fin, Do-ha estaba preparado para enfrentar todo esto con seriedad. Parecía que, finalmente, Baek Do-ha estaba madurando.

Cuando Yu-dam regresó a la casa paterna por primera vez, Jung-jin pensó en bloquear a Do-ha porque parecía molestarlo con mensajes cada vez que tenía un hueco. Si no lo hizo, fue porque esos pequeños mensajes eran, en cierto modo, un consuelo para Yu-dam. Cuando su hermano menor, que no paraba de llorar en silencio, leía los mensajes, al menos dejaba de derramar lágrimas; por eso no pudo cortar ese único vínculo.

Yu-dam parecía sentir que recibía una compensación por el tiempo pasado al ver que la persona que tanto esperó lo buscaba y contactaba sin cesar. Por esa razón, Jung-jin simplemente dejaba que las cosas fluyeran como Yu-dam quería. También era el motivo por el que no había echado a Do-ha a pesar de llevar tres días durmiendo en el coche frente a la casa.

No era porque lo hubiera perdonado o porque deseara que se reconciliaran, sino porque lo veía como la forma en que Yu-dam estaba cerrando ese capítulo. Así que Do-ha debería estar agradecido solo con que se le permitiera ver a Yu-dam entrar y salir. Si no hubiera podido aguantar ni tres días y hubiera intentado entrar por la fuerza, Jung-jin le habría prohibido acercarse siquiera a la calle.

Por eso, al menos, le respondió. Aunque, por supuesto, no tenía la más mínima intención de dejar que viera a Yu-dam. Justo cuando Jung-jin, sintiendo que ya había hecho suficiente, iba a abrir la puerta principal para entrar, volvió a detenerse ante unas palabras inusuales que escuchó a sus espaldas.

“Solo quiero pedirle perdón. Es lo que corresponde.”

“……¿Qué?”

Al girarse lentamente, vio a Do-ha morderse el labio antes de continuar con cautela. Era obvio que no quedaba rastro de su habitual tono burlón o juguetón. Al ver sus mejillas hundidas y sus ojeras, era evidente que estaba sufriendo de verdad. Incluso se percibía en sus manos y pies que estaba desesperado por la culpa; estaba ansioso y consumido por la urgencia de hacer algo.

“Hoy no he venido solo para intentar retenerlo. Realmente... tengo algo que debo decirle a Yu-dam.”

“¡Ja! ¿Acaso ya sabes en qué te equivocaste?”

“Si ni siquiera supiera eso... sería mejor que me fuera a morir.”

“Cierto. ¿Por qué sigues tan entero? Deberías haberte muerto hace tiempo.”

Do-ha se humedeció los labios secos y miró alternativamente la puerta abierta y a Jung-jin. Sentía urgencia, temiendo que él desapareciera tras ese umbral en cualquier momento. Solo quería ver el rostro de Yu-dam una vez y pedirle perdón personalmente.

“Déjeme verlo solo una vez. Sin importar si me perdona o no, Yu-dam merece recibir una disculpa de mi parte.”

“Lárgate. ¿Crees que no sé que solo lo haces para aliviar tu propia conciencia?”

“Tiene razón. Es para aliviar mi conciencia.”

Do-ha asintió rápidamente ante las palabras de Jung-jin. Pero Yu-dam también tenía que saberlo. Tenía que saber que no se había casado y vivido con una basura irredimible, como él probablemente pensaba ahora. Sabía que ese hecho, al menos, haría que Yu-dam sufriera un poco menos.

“Aun así, debo explicarle que fue un malentendido; solo así el corazón de Yu-dam podrá estar un poco más tranquilo. Por favor, ayúdeme a verlo en persona para poder pedirle perdón, aunque sea solo eso.”

“No intentes sonar lógico con falacias. Sea un malentendido o no, Yu-dam ya no tiene nada que ver contigo.”

Jung-jin abrió la puerta de par en par, como si no valiera la pena seguir hablando. Cuando su pie derecho ya cruzaba el umbral y la mitad de su cuerpo estaba dentro, escuchó otra frase inesperada.

“Yu-dam... ¿ha llorado mucho?”

“…….”

El cuerpo de Jung-jin se tensó de nuevo. Ante el silencio que servía de respuesta, Do-ha movió los labios y, tras dudarlo, optó por dar un paso atrás. Solo deseaba que Yu-dam llorara un poco menos. Aunque no quisiera verlo, quería que dejara de llorar.

Le vino a la mente la imagen de Yu-dam cuando era niño, más pequeño y frágil que los de su edad por haber nacido antes de tiempo. Probablemente era porque acababa de escuchar la historia del día en que Yu-dam nació y había corrido hasta allí.

“Entonces... por favor, dígale solo que fue un malentendido. Llorará menos que antes. Es cierto que fui yo quien lo hizo llorar, pero... dígale que de verdad no lo sabía. Si lo hubiera sabido, jamás habría ido.”

Tac.

Jung-jin finalmente sacó el pie de la casa y cerró la puerta que había abierto. Se apoyó contra la pared con los brazos cruzados y miró a Do-ha de arriba abajo con severidad. Al ver a Do-ha parpadear con sorpresa ante su reacción inesperada, sintió que, de alguna manera, no podía odiarlo por completo.

Amigo de su hermano, hermano de su amigo. Antes de esos títulos, Do-ha también era como un hermano para él. Al igual que Yu-dam era como el hijo menor en la familia de Do-ha, hubo un tiempo, aunque breve, en que Do-ha lo fue para la suya.

“¿Qué fue lo que pasó exactamente?”

“……Lo siento mucho.”

“Habla. ¿Qué pasó? ¿Qué demonios hiciste para dejar al chico en ese estado?”

“Realmente…… lo siento mucho.”

“……Basura. Lárgate.”

Pensó que, si Do-ha hablaba, quizás lo escucharía. Do-ha no dijo nada, pero Jung-jin supo que lo que había hecho era tan malo que ni siquiera podía ponerlo en palabras. Al final, Jung-jin escupió en el suelo y entró en la casa.

Mientras Jung-jin caminaba a grandes zancadas hacia el interior, Do-ha permaneció allí, inmóvil. De pronto, se le ocurrió algo y sacó el teléfono de su pecho. Al menos se sentía aliviado de que Yu-dam estuviera revisando sus mensajes.

Cariño. No llores demasiado. Tu cuerpo es débil

Cuando tengas fuerzas para golpearme, por favor, concédeme un encuentro. Recibiré todos los golpes que quieras darme

La disculpa te la pediré en persona más adelante. Cuando quieras escucharla, por favor, encuéntrate conmigo

* * *

Toc, toc.

“Voy a entrar.”

Jung-jin abrió la puerta antes de que se escuchara la voz de Yu-dam.

La habitación, sin una sola luz encendida, estaba sumida en una oscuridad total, como si hubiera sido devorada por las sombras.

Cualquier extraño pensaría que Yu-dam ya estaba durmiendo, pero él estaba sentado frente a la pequeña mesa de café junto a la ventana, mirando fijamente hacia el exterior sin descanso.

Desde aquel día de lluvia, en la habitación de Yu-dam caía una lluvia melancólica. Era pesada, oscura y llena de pesar. Esa lluvia silenciosa seguía cayendo y empapando el cuarto incluso cuando su dueño no estaba.

Jung-jin no pudo entrar de inmediato y se quedó de pie, inmóvil. Solo cuando el silencio terminó de empaparse en esa lluvia invisible, aclaró su garganta para aliviar el nudo que sentía. Un dolor punzante le hizo escocer la punta de la nariz.

“¿Tanto te gusta?”

Jung-jin se puso tenso al lanzar esa pregunta casual, temiendo que se notara su propia tristeza.

Si Yu-dam percibía que su dolor era contagioso, lo ocultaría y se lo tragaría solo. Su hermano menor era precisamente de los que esconden lo más importante con tal de no preocupar a su familia.

“Qué dices. No es eso.”

“Si no es eso, ¿por qué te pasas todo el día mirando hacia allá? No enciendes la luz para que Baek Do-ha no se dé cuenta de que lo estás vigilando, ¿verdad?”

“¡Q-que no!”

Cuando Jung-jin se sentó en la silla frente a él, Yu-dam se apresuró a limpiarse las mejillas.

Aunque era imposible que nadie lo notara, Jung-jin no lo señaló, compadeciendo el esfuerzo de Yu-dam por fingir que no pasaba nada. Hacerlo notar no iba a lograr que Yu-dam llorara menos.

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Últimamente, Jung-jin dormía cada noche en el sofá de la pequeña sala frente a la habitación de Yu-dam. Decir que dormía era un decir; en realidad estaba de guardia, despertándose ante el menor ruido y centrando toda su atención en el cuarto de su hermano. Por las noches, Yu-dam gemía y sufría mientras lloraba dormido.

Cuando entraba sobresaltado, siempre encontraba a Yu-dam llorando a lágrima viva y llamando a Do-ha en sueños. Bueno, era de esperarse, considerando que antes de dormir ya lloraba hasta quedar exhausto y desmayarse por el sueño.

“No es que todavía me guste. Es solo que... me doy lástima a mí mismo...”

“¿Y por eso te la pasas mirando a Baek Do-ha?”

“... Lo estoy vigilando para ver si se arrepiente o no.”

Yu-dam frunció los labios. Su voz estaba impregnada de llanto. Por mucho que se secara las lágrimas una y otra vez, no podía borrar lo que estaba pasando.

“Ya, claro. Me dijeron que hoy no comiste nada hasta que llegó Baek Do-ha.”

“Eso fue porque simplemente no tenía apetito.”

Yu-dam se mordió el labio inferior y lanzó una mirada de soslayo hacia la ventana.

Do-ha había dicho que hoy no podría ir a la tienda a la hora de su salida, y no llegó a la casa paterna hasta que el sol de verano se hubo ocultado por completo.

Aunque el calor ya estaba terminando y los días se hacían más cortos, Yu-dam se dio cuenta de cuánto había estado esperando con ansiedad solo cuando vio el frente del sedán negro de Do-ha.

Sabía que Do-ha llevaba tres días vigilando sus idas y venidas al trabajo. Cada vez que subía o bajaba del coche y era consciente de su presencia, la mitad de su cuerpo que quedaba bajo la mirada de Do-ha se movía de forma torpe y poco natural.

Para los demás se veía normal, pero como él no podía evitar ser consciente de esa mirada, sentía como si tuviera un peso colgando de un lado del cuerpo, algo denso y abrumador.

Solo cuando lograba esconderse de esa mirada fingiendo que no lo notaba, sentía que su cuerpo volvía a ser suyo.

Le resultaba absurdo que su propio cuerpo se moviera como si le perteneciera a Do-ha. A veces tenía que detenerse y apoyarse en una pared para cerrar los ojos, respirar y tratar de calmar sus latidos, que se aceleraban sin motivo aparente.

Y cuando miraba hacia atrás, Do-ha ya se había ido. Al principio pensó que Do-ha se quedaría vigilando todo el día sin trabajar, pero luego descubrió que se marchaba a toda prisa en cuanto confirmaba que Yu-dam había entrado en la tienda.

Sabía bien que Do-ha tenía que ir a trabajar, ya que sus asuntos no se iban a resolver solos. Aun así, no podía evitar sentirse resentido consigo mismo por experimentar esa decepción. Era ridículo, pero una vez más, se estaba dejando domesticar por Do-ha.

“Es difícil. Es mi corazón... pero ¿por qué no puedo controlarlo?”

“¿Crees que es posible dejar de querer a alguien de la noche a la mañana después de haberlo amado toda la vida? Puede que existan personas así en algún lugar, pero definitivamente ese no es Ha Yu-dam.”

“…….”

“Lo sé. Eres mi hermano, ¿cómo no voy a saberlo? Lo odias a morir, pero no puedes dejar de quererlo. Por eso a veces lo extrañas, y eso te hace enojar de nuevo.”

Yu-dam tenía mucho orgullo y odiaba mostrar debilidad, pero una vez que algo entraba en su corazón, no lo soltaba fácilmente. Debido a su personalidad, a menudo ni siquiera mostraba que algo le gustaba, por lo que su familia a veces ni se enteraba.

Cuando tenía unos seis años, Jung-jin encontró en su cama un muñeco que no sabía de dónde había salido e intentó tirarlo. Yu-dam no gritó ni una vez, solo dejó que las lágrimas rodaran por su rostro.

Por más que intentaron consolarlo, fue como si se le hubiera caído el cielo; no probó ni una gota de agua y se quedó mirando el espacio vacío, llorando sin parar. Le compraron un muñeco nuevo y siguió llorando. Le compraron las pinturas que tanto quería y solo se calmó un momento; en cuanto volvía a ver el lugar vacío, lloraba de nuevo.

Al final, tuvieron que recuperar el muñeco tirado como pudieron, lo lavaron bien y se lo entregaron. Solo entonces volvió a sonreír como si nunca hubiera llorado.

Después de pasar varias veces por esa situación en la que el corazón de la familia se consumía al verlo tan desconsolado, terminaron dándose por vencidos y dejaron de tirar cualquier cosa que Yu-dam hubiera tocado, por muy vieja que fuera.

“Yu-dam.”

“Dime.”

Jung-jin le secó las lágrimas que volvían a mojar sus mejillas y forzó una sonrisa.

En momentos así, se veía exactamente como su hermano pequeño. El mismo niño llorón al que Jung-jin solía cambiarle la ropa y llevarle la mochila amarilla hasta el jardín de infantes estaba ahora frente a él, ya adulto, llorando en silencio.

“Aunque llores así, no te voy a dar permiso.”

“¿Qué permiso? No tengo nada por lo que pedir permiso.”

“Para ir a ver a Baek Do-ha.”

“No voy a verlo. ¿Por qué lo vería? Ese tipo es un asco. Espero que pise caca de perro y le caiga caca de pájaro todos los días.”

“¿Ah, sí? ¿Y por eso estabas ahí mirando, para ver si pisaba caca o si le caía algo?”

“... Me da rabia verlo, pero me da más rabia cuando no lo veo. Es desesperante.”

Yu-dam se mordió el labio con fuerza, y las lágrimas contenidas en sus grandes ojos volvieron a trazar surcos en su rostro.

No lloraba de tristeza. Lloraba de frustración, de rabia. Llevaba tres días engañándose a sí mismo con esas palabras.

“Pero... él estaba preocupado por si estabas llorando mucho.”

“Maldito. Él es quien me hace llorar.”

Yu-dam se frotó las mejillas con ambas manos. Se restregaba una y otra vez, hasta que su hermoso rostro se puso rojo. Solo cuando Jung-jin chasqueó la lengua y detuvo sus manos, Yu-dam pudo parar ese movimiento compulsivo.

“Él también lo sabe. Por eso... me pidió que te dijera que lo que sabes es un malentendido.”

“... ¿Qué malentendido?”

“No lo sé, no me lo dijo. Pero dijo que él tampoco lo sabía. Que si lo hubiera sabido, jamás habría ido. Así que me pidió que ya no lloraras tanto.”

Yu-dam parpadeó un par de veces ante las palabras de Jung-jin.

Pero solo fue un momento. Pronto, las lágrimas volvieron a brotar rápidamente y sus cejas se tiñeron de un rojo intenso. Su rostro se descompuso y de su boca abierta escapó un sollozo. Aunque se cubrió la cara con la mano que Jung-jin no sujetaba, no pudo contener el dique que acababa de romperse.

La pesadumbre acumulada desde los quince años sufrió una pequeña grieta con esa única frase que le transmitió Jung-jin. La grieta creció en un instante, haciendo estallar el dique de lágrimas que había llegado a su límite.

El desconsuelo de Yu-dam se materializó, envolviendo a Jung-jin y llenando la habitación. La lluvia silenciosa de lágrimas se convirtió de pronto en un aguacero torrencial que cubrió toda la casa.

“Hip... huff... huuu... ¡Buaaa!”

“Oye. Te lo digo para que dejes de llorar, ¿cómo es que lloras más?”

Jung-jin, desconcertado, se acercó rápidamente a Yu-dam. Intentó secarle las lágrimas y calmarlo, pero el desconsuelo de su hermano era feroz y violento, como si fuera a arrasar con todo a su alrededor. Aunque sus mejillas estaban tan rojas que debían de escocerle, Yu-dam no dejaba de restregárselas mientras lloraba.

Sobre todo, era la primera vez que escuchaba a Yu-dam llorar en voz alta, así que no sabía qué hacer para consolarlo.

“Te lo digo para que no llores, ¿por qué lloras más? Dam-ah. No llores. ¿Eh?”

Como Yu-dam lloraba a gritos incluso pataleando, Jung-jin estaba más perdido que nunca. Sin darse cuenta, empezó a darle palmaditas a Yu-dam mientras usaba el apodo de cuando era pequeño, como si estuviera arrullando a un bebé.

“¡Buaaa! ¡Haaa! Mal nacido...”

“Dam-ah. Se te va a pelar la piel. Por ahora deja de llorar y mira a hyung.”

Verlo derramar lágrimas en silencio todos los días le partía el alma, así que siempre había deseado verlo llorar a moco tendido hacia afuera. Pensaba que así dolería menos, tanto para el que miraba como para el que lloraba.

Y en ese momento, se estaba dando cuenta dolorosamente de que estaba equivocado.

¿Acaso hay niveles de importancia en la tristeza o en las lágrimas? Ya fuera llorar por dentro o por fuera, el alma se consumía igual.

Era su hermano, criado entre algodones; no había forma de que se sintiera mejor viéndolo llorar de ninguna manera. Al ser la primera vez que su pequeño y frágil hermano lloraba con voz, solo sentía una punzada de frío y dolor. Pensó que había deseado algo en vano.

“Hah... ¿Qué fue lo que hizo exactamente? ¿Eh? ¿Qué hizo ese tipo para que llores así, como si hubieras perdido a tus padres? ¿Lo del divorcio repentino también es por eso?”

“... Ugh. ¿Qué quiere que haga... ahora...? Mal nacido. Hic...”

Yu-dam volcó todo su resentimiento pensando en Do-ha, que estaba afuera. No había podido decírselo a nadie.

¿Cómo podría decir que su cónyuge fue a conmemorar a la persona que mató a su madre y se convirtió en el enemigo de su familia?

No podía decir que su alfa, al que amaba desde los cinco años, apreciaba y apoyaba a la causa de su desgracia, poniéndola siempre como prioridad por encima de él, que había nacido pequeño y débil.

Se sentía miserable por haber esperado creyendo que él cumpliría su promesa, y sentía lástima por su familia, que había confiado en él sin dudarlo. Se sentía culpable ante su madre, que tuvo que irse sin poder abrazarlo ni una vez a pesar de haberlo gestado con amor.

Se odiaba y le resultaba asqueroso haber amado a una persona así. Si pudiera, querría arrancarse ese sentimiento y tirarlo a la basura.

Ese sentimiento que llenaba su pecho le resultaba pesado y digno de rencor. Incluso en sueños, se arañaba el pecho con ambas manos, dejando marcas profundas de uñas justo en el centro.

Lo que más le hacía sufrir era no poder hacer nada con ese sentimiento. Aunque llorara o se enojara, su corazón recordaba a Do-ha por costumbre y corría hacia él.

'Ha Yu-dam. ¿Cómo puedes ser así? ¿Acaso eres humano? ¿No decías que sentías lástima por tu madre, que murió al darte a luz?'

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Se sentía tan asqueado de sí mismo que no podía soportarlo. Si no hubiera tenido el trabajo, quizás ya se habría asfixiado con su propio vómito. La razón por la que no encendía la luz era simplemente porque se sentía avergonzado de sí mismo y quería esconderse.

“... Dam-ah.”

“Dime.”

“¿Quieres perdonarlo?”

“No.”

Yu-dam sacudió la cabeza con fuerza. No quería. Por mucho que fuera un malentendido, por mucho que no fuera lo que él pensaba, ya quería terminar con esto. Quería dejar de sufrir.

“Quiero terminar. Ugh... No lo haré. Ya no quiero seguir con esto.”

“... Está bien.”

Jung-jin abrazó a Yu-dam. Su pequeño cuerpo temblaba violentamente. Al sentir cómo se le empapaba el hombro, Jung-jin soltó un largo suspiro.

Al ver a Yu-dam decidido a terminar, sus preocupaciones solo aumentaron. Sentía lástima por su hermano, que todavía estaba desesperado de amor por Do-ha. Ni siquiera sabía cuál era la elección correcta.

“Haz lo que quieras, Dam-ah. No pasa nada, haz lo que tú quieras.”

Mientras le daba palmaditas durante sus suaves sollozos, Jung-jin se mordió el labio con fuerza. Deseaba fervientemente que, hiciera lo que hiciera, Yu-dam dejara de llorar.

* * *

A la mañana siguiente, Do-ha se encontraba en la casa principal de Yu-dam en lugar de estar en su oficina.

Debido a su rutina de asearse en un hotel cerca de la empresa antes de entrar a trabajar, ahora se enfrentaba a Yu-dam sin siquiera haberse lavado la cara. Como había dormido encogido en el coche, su traje estaba completamente arrugado; trataba de sacudir la tela con las manos, esforzándose por parecer presentable.

Para colmo, al estar en el resplandeciente invernadero, se sentía como una mancha en un cuadro perfecto. No es que estuviera realmente sucio o que oliera mal, pero como se sentía tan culpable ante Yu-dam, cada pequeño detalle le generaba inseguridad.

De haber sabido que terminaría así, habría dejado otro traje en el coche. Tenía que verse lo más íntegro posible, y le angustiaba la idea de que Yu-dam lo despreciara aún más por su aspecto descuidado. Incluso evitaba sostenerle la mirada, temiendo que su rostro delatara el cansancio de la noche.

“Eso que dijiste... ¿es verdad?”

En ese momento, Yu-dam soltó las palabras como si fuera un suspiro.

Do-ha enderezó la postura y levantó la cabeza. Al encontrarse con sus ojos, se sobresaltó por un instante, pero no dejó pasar el momento.

“Lo siento. Fui muy deficiente.”

“No. No tengo intención de escuchar tus disculpas. Solo quiero saber si eso es cierto. Solo así mi familia se sentirá un poco menos miserable y desdichada.”

“…….”

Do-ha dejó escapar un lamento en lugar de una respuesta y se levantó de la silla. Seguía siendo un idiota.

Gracias a la temperatura constante, el invernadero estaba impregnado de un intenso aroma a rosas. Con solo girar la cabeza, se podían ver rosas de todos los colores floreciendo con tal abundancia que creaban la ilusión de estar en pleno corazón de la primavera.

Era una estampa tan hermosa y fragante que inevitablemente le recordaba a su propia boda.

El problema era que, embelesado por ese aroma, había descuidado lo importante para centrarse en querer verse bien ante Yu-dam. No entendía por qué siempre se volvía tan estúpido frente a él.

Su rostro, su ropa... nada de eso importaba. Aunque se presentara envuelto en las telas más caras, Yu-dam ni siquiera se fijaría en eso.

“Perdóname. En cuanto te vi, sentí que debía pedirte perdón así. De verdad... lo siento.”

Se arrodilló ante Yu-dam y bajó la cabeza. Al ver sus pequeños pies, que le parecieron fríos, sintió una punzada de dolor en el corazón.

Había pasado toda la noche pensando en qué palabras usar para disculparse, pero todo había sido en vano. Solo al tener a Yu-dam frente a frente comprendió la verdad más simple: ante una falta, no hay más palabras que un 'lo siento'.

“... Responde. ¿De verdad no lo sabías? Yo te lo pregunté claramente: '¿Vas a ir incluso sabiendo cómo vivió Kim Si-woo?'.”

Do-ha inhaló profundamente. Al rebuscar en su memoria, lo primero que recordó fue la pequeña mano aferrada a su solapa. Al pensar en lo que Yu-dam debió sentir en ese momento en que se acercó para detenerlo, se le cerró la garganta. Se mordió el labio inferior, que temblaba violentamente. Se sentía tan culpable que sentía que ni siquiera tenía derecho a llorar.

“Eso es porque... pensé que me preguntabas si sabía lo difícil que había sido su vida. Pensé que me cuestionabas si entendía por cuánto habían pasado los dos, y eso... bueno, yo creía saberlo bien.”

“Lo sabías tan bien que sentiste que tenías que ir sin falta porque te daba lástima. Precisamente tú, de entre todas las personas.”

El corazón de Do-ha dio un vuelco ante la voz gélida de Yu-dam. Él era quien lo había vuelto así.

Había transformado a una persona tan hermosa en alguien frío y amargo. Las lágrimas de arrepentimiento quisieron brotar, así que se mordió el interior de la mejilla con más fuerza. Como no era suficiente, apretó los puños hasta que sus uñas dejaron cuatro pequeñas lunas rojas en sus palmas.

'Idiota. ¿Con qué derecho lloras? Tú no tienes derecho a llorar.'

“¿Y entonces cómo te enteraste? De que yo estaba equivocado. ¿Él te lo dijo? ¿Te dijo que te diría la verdad para que fueras a pedirme perdón y volvieran a ser amigos?”

“No es eso. Eso no va a pasar, Yu-dam.”

“¡No me llames! Mi nombre... no lo digas. Ya no quiero... escucharlo de tu boca.”

“Es porque soy un estúpido. Soy un tonto... por eso te hice sufrir. Lo siento.”

“Ya basta, vete. Vive por siempre con ese tipo. No quiero volver a verte nunca más. Me odio a mí mismo cuando te veo, así que no quiero verte.”

Yu-dam miró fijamente la coronilla de Do-ha mientras se mordía los labios. No quería llorar frente a él.

Debería sentirse aliviado, pero no entendía por qué las lágrimas seguían acumulándose en sus ojos. Hizo un esfuerzo por mirar hacia otro lado.

Do-ha seguramente ni se daría cuenta. Arrodillado en el suelo, sin atreverse a levantar la cabeza, ¿cómo podría saber qué sentía Yu-dam o qué expresión tenía? Era obvio que estaba demasiado ocupado sintiéndose culpable como para pensar en lo que Yu-dam estaba pasando.

“……!”

De pronto, Yu-dam abrió mucho los ojos, sorprendido por algo que cubrió sus pies calzados con pantuflas. Las lágrimas contenidas desaparecieron en un instante y su mirada se dirigió directamente a Do-ha.

Al encontrarse con sus ojos, Do-ha comenzó a explicar con dificultad.

“Tus pies parecían tener frío... Sé que el invernadero es cálido, pero aun así...”

Sin darse cuenta, los pies de Yu-dam habían quedado cubiertos por las grandes manos de Do-ha. Cuando Yu-dam intentó retirarlos por la sorpresa, Do-ha soltó las manos asustado. Pero antes de que Yu-dam pudiera decir nada, Do-ha se quitó la chaqueta y la usó para cubrirle los pies.

Siempre era así, innecesariamente amable. Por eso Kim Si-woo no pudo soltarlo y alimentó una codicia desmedida. Porque sentía que, si se esforzaba un poco más, podría alcanzarlo.

Esa amabilidad inútil fue lo que hizo crecer la ambición de Si-woo con la idea de 'un poco más, solo un poco más'. Para Si-woo, eso debió parecerle una esperanza o una salvación, y por eso Yu-dam sabía que le resultaría difícil dejarlo ir.

Do-ha era así de amable, lo suficiente como para que pensar eso no fuera difícil.

“Yu-dam.”

“Tú... de verdad no escuchas. Te dije que no dijeras mi nombre.”

“……Yu-dam.”

“¡Que no lo digas! ¡Te dije que no lo dijeras!”

Yu-dam, incapaz de contener su rabia, pataleó con fuerza. La chaqueta de Do-ha se arruinó, pero él simplemente alisó las arrugas y volvió a cubrir los pies que se habían salido. Realmente era un egoísta hasta el final.

“¿No puedo... amarte?”

“……¿Qué? ¿Qué dices que vas a hacer?”

Yu-dam pensó que había oído mal. Era la primera vez que veía a este Baek Do-ha.

No, en realidad hubo un tiempo en que era lo más natural del mundo escuchar esas palabras de su boca. Las escuchaba con más frecuencia que las tres comidas al día, hasta el punto de que se volvieron algo cotidiano.

Hasta que un día, un rincón de su corazón dejó de llenarse y no tuvo más remedio que empezar a vivir de la nostalgia y la espera.

“No te pediré nada. Solo te amaré yo solo. Solo... haré eso.”

Yu-dam se apoyó en los brazos de la silla y miró a Do-ha con todas sus fuerzas. Sus ojos estaban nublados por las lágrimas. Estaba tan atónito que no le salían las palabras.

“Yo... te amo, Yu-dam.”

“¿Y qué? ¡¿Qué quieres que haga con eso?! ¡¿Qué pretendes que haga yo ahora?! ¡¿Por qué siempre eres tan cruel conmigo, por qué?!”

“Perdona por amarte.”

“¡No mientas! ¡No lo sientes en absoluto! ¡Solo estás siendo egoísta!”

Finalmente, Yu-dam estalló en llanto después de gritar con todas sus fuerzas. Parecía que, aunque había llorado largo rato en brazos de Jung-jin la noche anterior, aún le quedaban lágrimas.

Quería dejar de llorar porque estaba exhausto, pero el mismo agotamiento le provocaba más llanto. Era como si, después de haberlo vaciado todo, estuviera rascando el fondo de su corazón con las manos desnudas para vomitar hasta el último resto de dolor. Se sentía destrozado y sin energías. Realmente quería que esto terminara.

Entonces, Do-ha se acercó de rodillas y abrazó la cintura de Yu-dam. Yu-dam, sobresaltado, intentó empujarlo con ambas manos, pero Do-ha aplicó más fuerza en sus brazos y se mantuvo firme.

Quería estrecharlo en sus brazos para consolarlo, pero aún no había escuchado de Yu-dam que tuviera permitido levantarse. Mientras le suplicaba de rodillas, quería abrazarlo con todas sus fuerzas y consolarlo.

“... Sé que hay otra persona. No te pido que rompas con él, ni que me esperes hasta que termines. Solo... déjame amarte.”

“¡Suéltame! ¡He dicho que me sueltes!”

“Puedes golpearme. Vine preparado incluso para morir a golpes. Pero no me pidas que te suelte.”

“¿Quién te crees que eres? Hic... ¡¿Quién te crees que eres para hacerme esto?! Sob... ¡Basta ya y suéltame!”

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Los puños de Yu-dam empezaron a caer sobre el cuerpo de Do-ha con sonidos sordos. Golpeaba sin piedad cualquier lugar que alcanzara: su cabeza, sus hombros, su espalda.

Poco a poco, los golpes ganaron fuerza y el cuerpo de Do-ha se sacudía con el impacto. Sin embargo, cuando un sollozo tan fuerte que le cortaba la respiración escapaba de Yu-dam, sus puños terminaban volviéndose pesados como algodón empapado.

Frustrado por el peso de sus manos, las levantaba y dejaba caer a la fuerza. Sabía que esto no aliviaría la pesadumbre acumulada. Hiciera lo que hiciera ahora mismo, ese dolor permanecería firme y sólido después de tanto tiempo acumulándose.

Aun así, Do-ha seguía abrazando firmemente la cintura de Yu-dam, con el rostro hundido en sus piernas, recibiendo todo su resentimiento.

El llanto de Yu-dam, que caía sobre su cabeza y su espalda, era más doloroso y afilado que sus puños. Era amargo y lacerante. Por eso lo aceptó en silencio.

Porque ese dolor agudo y punzante era, sin duda, el mismo que Yu-dam había tenido que soportar y resistir todo este tiempo.

Do-ha sabía perfectamente que, sin importar cuánto o cómo lo golpeara, no era nada comparado con las heridas que Yu-dam había recibido.

“Suéltame, pedazo de basura. ¡Suéltame!”

“Es que si te suelto... siento que te vas a derrumbar.”

“No te metas. El que sufre soy yo, no tú.”

“No quiero que sufras. Sé que es por mi culpa, pero aun así, no te lastimes. Yo no valgo tanto como para que tú sufras así. No lo hagas, Yu-dam.”

Era la única petición que Do-ha podía hacer. Deseaba que Yu-dam volviera a sonreír con su hermoso rostro, como antes.

Había pensado infinitas veces qué podía decir. No se le ocurría nada más que pedir perdón por sus faltas.

No quería decirle que había llegado hasta aquí engañado por Si-woo. No quería dar la impresión de que intentaba eludir su culpa o su responsabilidad pasándosela a otro.

Sin embargo, sí quería explicarle sus acciones y sus decisiones.

No le importaba si sonaba a excusa. Si con eso Yu-dam podía entenderlo aunque fuera un poco, y así disminuir su decepción y llorar menos, deseaba que escuchara su historia.

“Pensé que... había un lugar al que debía regresar. No lo recordaba, pero... sentía todo el tiempo que debía ser así.”

“¿Y el que se te ocurrió fue ese tipo? ¿De verdad... pensaste eso? Yo estaba aquí. ¡Después de los quince años, yo seguí estando aquí todo el tiempo!”

“Cada vez que te veía... sentía una opresión constante. Me dolía la cabeza. Como nuestros padres son amigos, pensé que simplemente jugábamos juntos pero que no nos llevábamos bien. Al no tener recuerdos, sentí que era... porque yo te odiaba...”

'Así lo creí.'

No pudo terminar la frase. Esa creencia se volvió más firme al conocer a Si-woo y creer en sus palabras. Porque Si-woo se lo había dicho así.

Si-woo le había contado que un omega de una familia rica de su misma escuela despreciaba a los demás y los trataba como inferiores. Decía que Yu-dam fingía indiferencia, pero que en realidad no trataba como humanos a los omegas que no fueran dominantes, y solía pintar a Yu-dam como alguien terrible.

Incluso decía que a veces Yu-dam odiaba cruzarse con él y que por eso se escondía detrás de Do-ha. Era la primera vez que veía a alguien tenerle miedo a Yu-dam, y por eso pensó que Si-woo era la víctima.

Si no hubiera sentido lo cómodo que era estar al lado de Yu-dam desde que se casaron, ni siquiera se habría dado cuenta de que su creencia era errónea. Fue entonces cuando empezó a sospechar por primera vez que había un error en su razonamiento.

No. De todas formas, tarde o temprano se habría dado cuenta.

Incluso ahora, amando a Yu-dam de esta manera desenfrenada, era imposible que no lo supiera.

Su corazón le decía que, incluso en los recuerdos que aún no habían regresado, el lugar al que debía volver era Yu-dam.

Por eso sentía esa opresión y ese dolor de cabeza. Como él solo huía de la falta de recuerdos, el Baek Do-ha del pasado, atrapado junto a sus memorias más allá del agujero negro, golpeaba su pecho y despertaba su mente para decirle que el Yu-dam que tanto anhelaba estaba justo frente a sus ojos.

“¿Cómo puedes ser así? ¡Tú me pediste que fuera tu alfa! ¡Me lo pediste aquí mismo! ¡Cómo puedes hacerme esto después de pedirme que fuera tu alfa!”

Ah. Así que fue aquí.

Cierto. El escenario del primer recuerdo que regresó golpeando su mente era intensamente verde. Pensó que era simplemente porque era verano, pero ahora se daba cuenta de que lo recordaba así porque era este cálido invernadero.

Ese día, al igual que hoy, las hojas verdes debían de estar creciendo con fuerza y las rosas de colores brillantes estarían en pleno apogeo. Después de todo, las rosas eran las flores favoritas de sus madres.

Había estado convencido de que aquel día Yu-dam le había pedido romper. Ahora comprendía cuán grande había sido su error y su arrogancia. No sabía de dónde había sacado esa mala costumbre de asumir los sentimientos de Yu-dam a su antojo.

Sintió que la fuerza de las manos que lo golpeaban disminuía; los golpes se volvieron lentos hasta desaparecer por completo. Preocupado, levantó la cabeza y vio el rostro de Yu-dam mientras se secaba las lágrimas y trataba de recomponerse. En pocos días, su semblante se había demacrado mucho.

“Ya basta. Yo también me harté. ¿Por qué habrías de ser tú mi alfa?”

“Yu-dam.”

“Basta. Por favor, detente. Tal como dijiste, ya no quiero sufrir más. Así que terminemos con esto de una vez.”

Yu-dam sacudió la cabeza. Su rostro se descompuso al instante y sus ojos se llenaron de lágrimas, pero se mantuvo firme mordiéndose el labio. Ya no entendía nada; solo deseaba recuperar la paz. Saber que todo había sido un malentendido ya era suficiente para él.

Sin embargo, a diferencia de Yu-dam, Do-ha no pudo evitar ser egoísta una vez más. Hacerle caso a Yu-dam significaba renunciar a él, y eso era algo que Do-ha, aunque fuera a morir solo, jamás podría conceder.

“……¿Ni siquiera puedo amarte?”

“Si te pido que no lo hagas, ¿vas a dejar de hacerlo? Entonces no lo hagas. Seamos desconocidos de ahora en adelante. Debí haber hecho eso desde el momento en que perdiste la memoria.”

“……No puedo. Yo…… no puedo hacer eso, Yu-dam.”

Era natural que se hubiera vinculado, y era igual de natural que ese vínculo no se hubiera roto.

¿Cómo podría Baek Do-ha no amar a Ha Yu-dam? Era algo imposible; esa premisa simplemente no existía. Por lo tanto, el vínculo era inevitable, y su permanencia, una obviedad.

No obstante, no se atrevió a mencionar el vínculo porque recordó su promesa de no ser más un lastre para Yu-dam. Debía dejar de agobiar el corazón de Yu-dam usando como excusa un vínculo unilateral.

Solo se limitaría a amarlo. Eso era lo único que quería hacer, y por eso había venido a pedir su consentimiento.

“Si tanto te molesta…… simplemente te amaré yo solo, en silencio.”

“Haz lo que quieras. Pero que no se note. Es más, ni siquiera aparezcas ante mis ojos.”

“A veces, solo muy de vez en cuando…… cuando no pueda soportarlo…… solo entonces vendré a verte un momento desde lejos y me iré.”

“¡Te dije que hagas lo que quieras! ¿Acaso tengo que enterarme de esas cosas también?”

Do-ha se mordió el labio inferior ante el tono gélido de Yu-dam.

En ese instante, el sentimiento de su última confesión a los quince años, en este mismo lugar, se solapó con el presente.

En aquel entonces, él también estaba tan tenso que sus labios se habían puesto azules. ¿Cuánta valentía habría necesitado para decir que esa sería la última vez? Él, ahora mismo, sentía que preferiría morir antes que pronunciar esas palabras.

El Do-ha de los quince años era mucho más adulto que el de ahora.

Aquel joven Do-ha, en cuanto supo que sus sentimientos podrían ser una molestia para Yu-dam, tuvo el valor de intentar renunciar a ellos por su bien. Incluso temblando, fue capaz de decir que era el final.

Un final de verdad. Decir eso significaba realmente no volver a ver a Yu-dam nunca más. ¿Cómo pudo el Baek Do-ha de quince años pensar así?

Incluso ese niño sabía que los sentimientos de la persona amada eran sagrados, pero él no se sentía capaz de hacer lo mismo. Aunque Yu-dam ya tuviera a otro alfa y lo correcto fuera dejarlo ir deseándole felicidad, él no podía.

No es que deseara que rompiera con el otro alfa. Si Yu-dam era feliz, no le importaba con quién fuera. Solo quería poder amarlo mientras observaba su felicidad.

Estaba seguro de que el vínculo jamás se rompería. Amaría en silencio, sin que nadie lo supiera, y cuando llegara su último día, arreglaría sus asuntos y se marcharía al extranjero.

Para entonces, pensó que podría dejar una pequeña nota diciendo que no volvería a Corea. Así Yu-dam no pensaría que su desaparición era algo extraño.

Sí. De ser posible, iría al lugar donde se vinculó con Yu-dam. Morir allí por las secuelas del vínculo no parecía un mal plan. Ver el final de su vida como alfa dominante en el mismo lugar donde comenzó, sería como decir que amó a Yu-dam sin rendirse hasta su último aliento.

Era una idea repentina, pero le pareció un plan bastante bueno. Al alejarse de la vista de Yu-dam, su recuerdo se iría desvaneciendo poco a poco, así que no habría necesidad de informarle sobre su muerte.

Por eso, no diría que esta era la última vez. Era mucho más cobarde que aquel Baek Do-ha de quince años. Por ahora, solo cumpliría con lo que debía hacer en el presente…….

“Ugh.”

De repente, un dolor que literalmente parecía partirle el cráneo lo asaltó como un tsunami. Sin darse cuenta, sus fuerzas lo abandonaron y se desplomó apoyándose en las piernas de Yu-dam.

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Todo empezó a darle vueltas. Sentía como si le golpearan la cabeza con un hacha, así que se presionó las sienes con ambas manos. Sentía que, de no hacerlo, su cabeza se partiría en dos.

“¿Qué te pasa? ¿Por qué te pones así de repente?”

“Ah, es que…… ugh. Es solo…… un momento.”

“……Oye. Estás sangrando por la nariz.”

“No es nada. Estoy bien, solo déjame un…… ugh. Agh.”

“¿Qué pasa? ¿Por qué estás así?”

Yu-dam, asustado, se bajó de la silla y se sentó frente a Do-ha. Al sentir que sus miradas finalmente estaban a la misma altura, Do-ha intentó forzar una sonrisa para ocultar el dolor.

“No. No es nada. Es solo mi cuerpo…… agh. Hah. Yu-dam-ah. Luego…… luego volveré…… haa. Estoy bien, no hace falta que…… ugh.”

Al mismo tiempo, un dolor punzante que parecía querer destrozarle el cerebro lo golpeó desde el interior. Cerró y abrió los párpados luchando por no perder el conocimiento, pero un zumbido desagradable empezó a sonar en sus oídos y otra bocanada de sangre brotó de su nariz.

“¿Qué es esto…… por qué estás así? ¿Por qué……? ¡Oye, Baek Do-ha! ¡Oye!”

“Haa……. Yu-dam-ah. De verdad…… estoy bi……”

Estoy bien. De verdad, estoy bien.

Do-ha repitió las mismas palabras una y otra vez mientras la imagen de Yu-dam se volvía borrosa. No entendía por qué Yu-dam parecía tan horrorizado si él estaba bien. Intentó alcanzar el rostro de Yu-dam con la mano, pero no podía ver su propia mano. Estaba convencido de haberla estirado, pero su mano seguía aferrada a su propia cabeza.

Ni siquiera podía procesar que algo andaba mal. Solo pensaba que debía consolarlo, que no debía dejar que llorara otra vez; esos pensamientos se abrían paso entre el dolor que le impedía incluso respirar.

'Yu-dam-ah, Yu-dam-ah.'

Llamó su nombre varias veces, pero no escuchaba su propia voz. En un instante, algo pareció romperse dentro de su cabeza y la oscuridad lo cubrió todo.

Justo antes de que sus párpados se cerraran por completo, una sonrisa se dibujó en su rostro al ver un trébol verde en un rincón del invernadero. Le resultó extrañamente familiar y le produjo una sensación de felicidad.

“¿Qué……? Oye…… ¡reacciona……!”

Yu-dam miró estupefacto a Do-ha, que se había desplomado frente a él con la cara ensangrentada. No podía creer que esto fuera real.

“¡Levántate……! ¡Levántate! ¡Baek Do-ha! ¡Abre los ojos! ¡Abre los ojos ahora mismo! ¡Maldito seas! ¡Abre los ojos!”

Yu-dam agarró a Do-ha y lo sacudió con fuerza. El rostro manchado de sangre se movía violentamente, dejando una imagen perturbadora.

No podía ser. Esto no podía estar pasando.

Golpeó el pecho de Do-ha con fuerza. Por más que gritaba que abriera los ojos, el hombre inconsciente no se movía lo más mínimo.

Nuevas lágrimas cayeron sobre su rostro desencajado. Sus manos temblaban incontrolablemente. Con esas mismas manos, trató de limpiar el rostro de Do-ha.

Aunque sus manos temblaban como hojas al viento y se habían teñido de rojo con la sangre de Do-ha, se movían de forma mecánica. Ni siquiera era consciente de lo que estaba haciendo. Solo podía pensar en que debía despejar las vías respiratorias; la sangre no debía pasar a los pulmones. Se aferró a ese conocimiento básico para mantenerse al lado de Do-ha.

'¿Qué más debo hacer? ¿Tengo que hacer una reanimación cardiopulmonar? Sentía que debía hacer algo antes de eso. ¿Qué era?'

Su mente no funcionaba bien. La sangre espesa parecía teñir su visión de rojo.

¿Por qué tú? ¿Por qué otra vez tú? ¡¿Por qué tienes que sufrir tú otra vez?! ¡¿Por qué tengo que ser yo quien te vea así de nuevo?! ¡¿Por qué?!

Las lágrimas corrieron sin cesar por el rostro de Yu-dam.

Recordó los días en que tuvo que vigilar a Do-ha a los quince años, cuando perdió la memoria y estuvo hospitalizado. El resentimiento que había reprimido entonces brotó como una catarata. Y, al mismo tiempo, recordó lo que debía hacer.

“¡Hyung! ¡Jung-jin hyung! ¡Ha Jung-jin!”

¡AYu-dame! ¡Que alguien salve a este infeliz, por favor!

El miedo a perder a Do-ha otra vez lo invadió por completo. Si antes habían muerto sus recuerdos sobre él, esta vez temía que el cuerpo que lo había abrazado fuera el que sufriera un daño irreparable, y Yu-dam soltó un grito de agonía.

No podía permitir que ocurriera de nuevo. Baek Do-ha tenía que vivir hasta el final. Tenía que recuperar todos sus recuerdos y pasar el resto de su vida pidiéndole perdón y arrepintiéndose.

'¿Por qué intentan quitarme de nuevo?'

'Por favor, no me hagas esto otra vez, Baek Do-ha.'