07
07
La
lluvia que había comenzado a caer desde el atardecer no se detuvo sino hasta la
madrugada del día siguiente.
El
sol, que se alzaba diligente siguiendo su ciclo estacional, permanecía oculto
tras las nubes, tiñendo el cielo de un gris total, impropio del verano.
Debido
a la lluvia nocturna, el aire seguía impregnado de humedad y, por doquier, el
agua estancada goteaba rítmicamente.
Cuando
Yu-dam soltó un largo suspiro, sintió que incluso su aliento estaba cargado de
humedad. Ante la pegajosa pesadez, dejó escapar otra exhalación profunda.
Vaya forma de terminar.
Una
risa cargada de autodesprecio rodó sobre el asfalto mojado.
Debido
a la humedad que se adhería a todo, sentía el cuerpo lánguido y pesado. Sabía
que era una cuestión de ánimo, pero le bastaba con poder echarle la culpa al
clima.
Realmente estaba confiado.
La
razón por la que siempre le hablaba con firmeza a su hyung era porque,
independientemente de los recuerdos o los sentimientos de Do-ha, él tenía la
seguridad de que pasarían tres años tranquilos.
Como
le bastaba con quererlo por su cuenta, podía ignorar con una sonrisa los
sermones de su hyung sobre su terquedad. Amar a solas era solitario, pero no
era difícil.
A
medida que pasaba el tiempo viviendo con Do-ha en aquella casa tras la boda,
llegó a creer que no importaría si los recuerdos de él nunca volvían.
Soñaba
con que, si Do-ha volvía a quererlo poco a poco, sería un final feliz perfecto
e insuperable.
Por
supuesto, aunque lo imaginaba, no lo esperaba. Sabía bien que las cosas no
serían tan fáciles.
Por
eso, todo estaba bien. Hasta que Do-ha dijo que, a pesar de todo, iría a ese
lugar.
“¿Ha
Yu-dam?”
Fue
justo cuando estaba sentado sobre el capó del coche, mirando fijamente hacia la
puerta principal. Al girar la cabeza ante esa voz cargada de duda, vio a
Jung-jin acercándose a toda prisa.
“¿Qué
haces aquí desde tan temprano?”
“¿Hyung?
¿Por qué estás tú ahí a esta hora? ¿Te quedaste fuera?”
“Tenía
cosas que resolver por la expansión del Duty Free. Pero tú…….”
Jung-jin
guardó silencio en cuanto vio el rostro de Yu-dam.
No
hacía falta preguntar por qué estaba allí a esas horas. Al ver la sonrisa
amarga en sus labios, su corazón se hundió.
El
arrepentimiento de siempre, el de no haberle ganado la pulseada a su terquedad,
volvió a aparecer.
“……Llegas
tarde.”
“¿No
es temprano? El sol acaba de salir.”
Cuando
Yu-dam giró la cabeza buscando el sol oculto entre las nubes, Jung-jin negó con
la cabeza.
“Han
pasado tres meses desde que te casaste, así que llegas tarde.”
Ah, se refería a eso.
Por
un instante, una risa involuntaria escapó de Yu-dam. Para Jung-jin seguramente
era muy tarde, pero lo cierto era que él todavía deseaba regresar. Su hogar no
era este lugar, sino aquel otro.
Sabía
que Jung-jin se burlaría si lo supiera. Diría algo como: cuánto tiempo hace que
te casaste para llamar hogar a ese sitio teniendo tu propia casa.
Pero
la familiaridad no era proporcional al tiempo. O tal vez, era un hogar porque
Do-ha estaba allí; habiendo dejado allí un pedazo de su corazón sin darse
cuenta, no podía ser de otra manera.
Incluso
con los ojos cerrados, podía ver con claridad a Do-ha abrazándolo por detrás,
hundiendo la nariz en su cuello para pedirle que liberara sus feromonas, o
riendo con travesura mientras lo llamaba ‘esposo’ a sabiendas de que a Yu-dam
le horrorizaba.
Cuando
estaban en casa —gracias a la insistencia de Do-ha—, siempre compartían el
calor del otro, ya fuera abrazados por la espalda o pegados costado a costado.
Cada
mañana se preparaban café mutuamente y, antes de salir a trabajar, se
arreglaban la ropa el uno al otro en lugar de mirarse al espejo.
En
las tardes que regresaban temprano, o en los fines de semana sin planes
especiales, se sentían cómodos estando juntos aunque cada uno hiciera cosas
distintas.
Ese
lugar era ‘nuestro hogar’. El de Ha Yu-dam y Baek Do-ha.
“……Realmente
planeaba cumplir los tres años.”
“Lo
sé. Sé lo terco que eres. Es un alivio que hayas reaccionado ahora, aunque sea
tarde.”
Jung-jin
respondió con ligereza dándole un toquecito en el brazo.
Aunque
no sabía con qué sentimientos había regresado ni qué pensaba mientras aguantaba
fuera, esperaba que la puerta principal no se sintiera tan pesada como para
detener el paso de Yu-dam.
Aunque
él dijera que no, este era su hogar, el lugar al que siempre podía volver.
“¿No
vas a preguntar…… la razón?”
“Es
obvio. ¿Acaso hubo alguna vez un problema que no fuera Baek Do-ha? Ya está
bien, entremos.”
Jung-jin
rodeó los hombros de Yu-dam con un brazo para guiarlo. Sintiendo su contextura
tan pequeña que cabía perfectamente bajo su brazo, apretó el agarre con fuerza.
Siempre
que pasaba esto, sentía que se le partía el corazón. Era porque solía recordar
con especial nitidez aquellos momentos en los que ese cuerpo, más pequeño que
el antebrazo de un adulto, apenas exhalaba aire dentro de la incubadora.
No, era imposible de olvidar.
El
mundo estaba teñido de gris el día que nació su hermano.
Mientras
observaba la incubadora a través del grueso cristal, una enfermera de la UCIN
tomó al bebé con cuidado y se acercó.
El
pequeño cuerpo estaba lleno de parches cuyos nombres desconocía, y el bebé
sollozaba haciendo una mueca de incomodidad.
El
joven Jung-jin también frunció el ceño sin darse cuenta.
De
alguna forma, el bebé parecía sentir dolor. Sentía que no debía moverse, pero
sabiendo que su voz no llegaría al interior, se limitó a observar en silencio.
Entonces,
la enfermera se agachó y levantó un poco la mano del bebé para saludar al
pequeño niño al otro lado del cristal.
El
bebé, que ni siquiera podía sostener su propia cabeza, parpadeaba sin apartar
la vista de Jung-jin.
Justo
cuando pensó que su propio reflejo se proyectaba en esas pupilas negras que lo
miraban fijamente, Jung-jin sintió que él y Yu-dam eran como un patito y su
mamá pato.
El
patito que reconoce como madre a lo primero que ve al salir del cascarón, y la
mamá pato que lo cobija y le enseña el mundo.
En
ese momento, Jung-jin se hizo una promesa.
Que
él sería la madre de ese pequeño bebé y le mostraría el mundo. Que sería la
mamá pato y le enseñaría al patito cómo volar.
Jung-jin
también era un niño entonces, pero sabía que podía hacerlo. Porque ese era el
poder que poseía ‘Hansae’.
“Pero,
hyung.”
“Dime.”
“¿No
se llevará una sorpresa el abuelo? Se está tomando bien la medicina para la
presión, ¿verdad? ¿Llamo primero al doctor Kim?”
Yu-dam
se detuvo y tiró de la manga de Jung-jin.
Jung-jin
bajó la vista desde su manga hasta el rostro de Yu-dam. Al ver su cara llena de
tensión, humedeciéndose los labios secos sin siquiera darse cuenta, soltó un
suspiro involuntario.
Lo
sospechaba, pero ese fue el momento en que confirmó que la razón por la que
Yu-dam no había entrado y se había quedado mirando la puerta todo el tiempo era
precisamente esa.
Deseaba
que no fuera así, pero Yu-dam, el miembro más vulnerable de la familia, seguía
pensando en los demás antes que en sí mismo incluso en esta situación.
Si
lo habían criado entre algodones como a una flor de invernadero, sería mejor
que se comportara de forma egoísta como una planta consentida. Pero Yu-dam
nunca se salía de lo esperado, y eso siempre preocupaba a Jung-jin.
¿De qué servía tener tanto orgullo si no sabía ser astuto?
Jung-jin
hizo que Yu-dam se entrelazara de su brazo y respondió con ligereza.
“Aún
no conoces bien al abuelo. Estará más contento con esto que viéndote aguantar
como un tonto.”
“No
es cierto. Eres tú quien no conoce al abuelo. Él aprecia a Baek Do-ha. Por eso
hizo que nos casáramos con la excusa de la herencia y todo eso.”
“¿Qué?
¿Quién va a apreciar a un tipo tan desquiciado como ese?”
“Baek
Do-ha me perseguía porque decía que le gustaba.”
“¿Y
eso qué? Todavía sigues hablando de algo de hace años.”
Cuando
Jung-jin soltó un bufido, Yu-dam frunció los labios. ¿Acaso Baek Do-ha era el
saco de boxeo del barrio, o mejor dicho, del mundo entero?
Jung-jin
estaba convencido de que todos odiarían a Do-ha tanto como él, pero eso solo
era cierto en su propio mundo. E incluso allí, solo a medias.
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“Esa
vez Baek Do-ha también le hizo prometer al abuelo que nos dejaría casarnos
cuando creciéramos. Para nosotros es solo algo de la infancia, pero para el
abuelo, que estaba en su mejor momento, debe de ser un recuerdo muy vívido.”
“¿Tan
poco criterio tiene el abuelo para juzgar a las personas? Y aun así la empresa
no ha quebrado.”
“…….”
El abuelo tiene un criterio altísimo.
Y Baek Do-ha es alguien excepcional.
Yu-dam
se mordió el labio. Parecía que su cabeza seguía funcionando bien, viendo que
su subconsciente no había dejado escapar esas palabras.
“¿Qué
pasa? ¿Incluso ahora quieres defender a Baek Do-ha?”
“No.
Es que no quiero defenderlo.”
No
quería defenderlo, pero su corazón, como si fuera lo más natural, seguía
pensando en Do-ha.
El
problema era haberlo querido durante tanto tiempo. Se sintió ridículo al darse
cuenta de que su corazón se movía por costumbre antes incluso de que pudiera
procesarlo con la cabeza.
Realmente se acabó.
Había
salido de casa con esa intención, pero su corazón, lejos de aceptarlo, parecía
no entender siquiera qué significaba que todo terminara.
No
podía culpar a sus sentimientos preguntándose qué significaba todo ese tiempo
que lo quiso; al haber sido tanto tiempo, no tenía otra opción.
Do-ha,
que a los 5 años se ponía rojo cada vez que lo veía, no era un hábito para él,
sino una parte de su propia vida. Si Do-ha era el dueño de su corazón, era
porque él mismo lo había querido así.
“Hyung.”
“Dime.”
“Ese
idiota, justo ahora, decidió no ponerse de mi parte.”
“Él
siempre fue así.”
“……No
lo era.”
“¿Otra
vez defendiéndolo? ¿Incluso después de irte de casa?”
Yu-dam
negó con la cabeza, elevando las comisuras de los labios sin emitir sonido.
La
amargura que sentía en la boca lo hacía sonreír aún más. Le resultaba patético
que, incluso en estas circunstancias, se esforzara por pensar en él y buscara
excusas para justificarse por hacerlo.
“Como
no tiene sus recuerdos…… por eso al principio me preocupé mucho. Pensé que
incluso podría buscarme pelea por el solo hecho de estar bajo el mismo techo.”
“Es
más que capaz de eso. Recuerda cómo te trataba justo antes de la boda. Yo
todavía me arrepiento de no haber podido impedirlo.”
“Pero……
¿sabes que encajábamos bastante bien? Dijo que le parecía extraño tratar mal a
un socio de negocios, y poco a poco empezó a mostrar su verdadera personalidad.
Él siempre fue alguien considerado.”
“Dijiste
que no se puso de tu parte. ¿Eso es ser considerado? ¿Y por qué demonios vienes
tan impregnado de las feromonas de Baek Do-ha? ¿No habías decidido terminar?”
Jung-jin
frunció el ceño mientras le sacudía la ropa a Yu-dam.
Recordó
cómo, desde que Do-ha entró en la casa, este derramaba sus feromonas para
expulsar las que Yu-dam había esparcido.
Por
supuesto, que un alfa regrese a casa y encuentre las feromonas de otro no debe
de ser algo agradable.
Si
fuera al revés, si Do-ha hubiera vuelto a casa con el rastro de otro omega,
especialmente el de Si-woo, Yu-dam sentía que su propia rabia habría hervido
hasta hacerle explotar la cabeza.
En
realidad, por eso se sentía complacido. No es que lo hubiera buscado a
propósito, pero desde que Yu-dam comenzó a liberar sus feromonas por la casa,
Do-ha derramaba las suyas en cuanto ponía un pie en el hogar cada día.
Una
vez que Do-ha borraba el rastro ajeno y llenaba el espacio con su propia
esencia, Yu-dam sentía que aquella enorme casa se volvía cálida y segura. Era
como si la marea baja que enfriaba su cuerpo se retirara, permitiendo que la
luz del sol lo inundara todo.
Sentirse
embriagado por las feromonas agridulces de Do-ha ya era suficiente, pero lo que
realmente lo volvía loco era ver cómo él mostraba ese deseo de posesión y
obsesión hacia su persona.
Ante
los celos de Do-ha, el vello de todo su cuerpo se erizaba y sus labios
temblaban sutilmente. El calor acumulado en su bajo vientre se mezclaba con las
feromonas de Do-ha, desatando una catarsis.
Su
mandíbula se elevaba, su cabeza caía hacia atrás y el orgasmo lo golpeaba como
una marea creciente. Tensaba todo el cuerpo y apretaba el vientre para contener
la eyaculación.
La
mayoría de las veces lograba aplacar el calor de esa forma, aunque en ocasiones
llegaba al clímax sin remedio.
Yu-dam
se mordió el labio inferior, sintiendo lástima por esas feromonas que quizá
serían las últimas.
“……Hyung.”
“Dime.”
“……Nada.”
Le
parecía ver cómo las feromonas de Do-ha caían al suelo y se perdían. Estuvo a
punto de detener a Jung-jin, pero optó por cerrar el puño y tensar la
mandíbula. Se mordió el interior de la mejilla, reprimiendo sus impulsos.
Aun
así, ¿debería considerar una suerte que Do-ha no aceptara de inmediato su
propuesta de divorcio?
Aunque
consolarse con eso no cambiaba nada, la última imagen que vio de Do-ha parecía
haberse grabado en sus pupilas, negándose a desaparecer.
*
* *
Yu-dam,
que había permanecido sentado en el suelo sin hacer un solo movimiento en toda
la noche, solo se dio cuenta de que había amanecido al ver a Do-ha bajar las
escaleras impecablemente vestido.
En
realidad, era un poco más temprano que eso, pero no había notado que la noche
se retiraba para dar paso a la madrugada. ¿Por qué incluso en momentos así
tenía que lucir tan perfecto? Sintió una repentina punzada de irritación.
“…….”
“…….”
Ni
Do-ha, que bajaba hacia la sala del primer piso, ni Yu-dam, que apenas lograba
recomponer su pequeño cuerpo tras pasar la noche en el suelo, pudieron abrir la
boca con facilidad.
Fue
porque Yu-dam, al ver a Do-ha vestido con un traje negro, comprendió que la
última esperanza que lo sostenía era, en realidad, desesperación; y Do-ha, por
su parte, no se atrevía a decir las palabras que él no quería escuchar a un
Yu-dam que hoy parecía especialmente frágil y débil.
Sin
moverse, olvidando incluso respirar, solo se miraron el uno al otro. Como si
sus miradas se hubieran congelado al encontrarse, ninguno de los dos podía
apartar la vista. No pensaron en que debían moverse, ni siquiera fueron
conscientes de que sus mentes se habían detenido.
El
tiempo silencioso comenzó a acumularse lentamente alrededor de ambos. Descendió
una quietud que nadie podría romper y, en ese instante, incluso el tiempo se
detuvo. Fue el momento en que el reloj de ambos, que jamás se había detenido,
se congeló por primera vez en la vida.
Ese
instante inesperado fue como un parpadeo y, a la vez, como una eternidad.
Simultáneamente, Yu-dam comprendió que el reloj exclusivo de Baek Do-ha y Ha
Yu-dam se había parado. Entendió que ese reloj, que no se había detenido ni una
sola vez desde los cinco años a pesar de la amnesia de Do-ha, finalmente había
agotado su vida útil.
Entonces,
el sonido de la alarma de Yu-dam rompió aquel silencio que parecía destinado a
durar para siempre.
Sobresaltado,
Yu-dam deslizó apresuradamente la pantalla de su teléfono para apagarla. Do-ha,
que se había quedado con un pie en el aire, volvió a moverse también para bajar
los escalones restantes.
“Tú……
¿ni siquiera me tienes lástima?”
“No
seas terca. No es propio de ti, Ha Yu-dam.”
Do-ha
soltó un breve suspiro mientras se ajustaba los gemelos de la camisa. En el
sonido de sus pantuflas arrastrándose por el suelo se percibía su frustración.
El hecho de que algo tan vital para Yu-dam fuera considerado por Do-ha como una
simple intromisión hizo que el corazón de él doliera aún más.
Yu-dam
se mordió con fuerza el labio inferior. El dolor punzante que se extendía era
el único soporte que la mantenía en pie. Para no desmoronarse mientras sentía
que le estrujaban el corazón, se mordió el labio con más fuerza todavía.
“……Así
que, al final, vas a ir.”
“Desde
el principio acordamos no interferir en la vida privada. ¿No lo recuerdas?”
“Esa
maldita vida privada, ¿quién fue el primero en interferir?”
“Haa.”
Cuando
Yu-dam soltó esas palabras apretando los dientes, Do-ha se acercó
humedeciéndose los labios con la lengua. Las intensas feromonas que emanaban de
él desde que apareció se derramaron sobre Yu-dam como una cascada. Eran
feromonas cargadas de un matiz de enfado, como si quisiera impedir que nadie
más se acercara, y una ansiedad de no querer perderlo ante nadie más.
Yu-dam
apretó los labios y puso firmeza en su mirada. Do-ha, sin importarle lo cerca
que estaba, tomó la mano derecha de Yu-dam para revisar la parte interna de su
muñeca. Al ver la marca que él misma se había hecho al morderse con fuerza
durante la noche, él lo mordió de nuevo sin darle tiempo a reaccionar.
“¡Ah!”
A
pesar del breve grito de Yu-dam, Do-ha apretó la mandíbula con fuerza. Al
succionar como si inhalara, la suave piel se adhirió al interior de su boca. Su
entrepierna se tensó y sus feromonas comenzaron a irradiar calor.
“¡Baek
Do-ha!”
Cuando
Yu-dam frunció el ceño y sacudió el brazo, Do-ha finalmente aflojó la presión.
Justo antes de soltarle la muñeca, lamió la delicada piel de Yu-dam varias
veces. Estaba violento y ansioso, como alguien que intenta saciar una sed
antigua.
Si vas a actuar así, mejor no vayas.
Yu-dam
cubrió la muñeca mordida con su otra mano y se mordió el interior de la
mejilla. Solo a través del dolor que Do-ha le provocaba sabía que su destrozado
corazón seguía latiendo. Odiaba a Baek Do-ha por actuar como si quisiera
marcarlo. El deseo que él mostraba por él le calaba en el cuerpo y en el alma.
“No
vuelvas a traer pegada esa mierda y hablamos cuando regrese. Volveré temprano.”
“¿Hablar
de qué?”
“Ha
Yu-dam.”
“¿Te
parece gracioso que pida el divorcio? Incluso cuando me comporto de una forma
que no es propia de mí, como tú dices, ¿tienes que tomar esa decisión sí o sí?”
Aunque
resistió apretando los dientes, no pudo evitar que su mano fuera directamente
hacia la solapa de Do-ha. Resultaba irónico que fuera precisamente la mano
derecha, la que Do-ha acababa de morder, la que se moviera por su cuenta.
La
mirada de Do-ha se detuvo en la pequeña mano que arrugaba su traje. Ante esa
mirada, Yu-dam aplicó más fuerza. No importaba lo perfecto que estuviera Baek
Do-ha hoy, ni cuánto se arrugara el traje. Lo único que importaba era a dónde
iba él con esa ropa puesta.
En
ese momento, la gran mano de Do-ha envolvió la de Yu-dam. Ante el calor y las
feromonas que cubrieron el dorso de su mano, algo estalló en su interior y
sintió un nudo en la garganta. Él hablaba con cariño en su voz baja, pero él
seguía sin estar incluido en ese afecto.
“No
me hace gracia. No tiene nada de gracioso. Y no tengo intención de divorciarme.
Así que hablemos cuando vuelva.”
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“¿Qué
hay que hablar? ¿De cómo fuiste allí a pesar de que hice todo esto? ¿De cómo me
convertiste en el perro que cuida la casa?”
“Sabes
que no me refiero a eso.”
“¡¿Qué
diferencia hay?! ¡Me estás diciendo que te vas y que me quede quieto, que
cuando vuelvas me darás cariño por haber cuidado bien la casa!”
Yu-dam
retiró su mano con brusquedad.
Malnacido.
Solo
ahora comprendía plenamente que para Do-ha, Si-woo siempre era la prioridad.
Honestamente, lo había olvidado. Había llegado a creer que poco a poco
estábamos mejorando, que los recuerdos y sentimientos nuevos, exclusivos de los
Ha Yu-dam y Baek Do-ha de treinta y dos años, se estaban construyendo con
solidez. En medio de eso, no había espacio ni necesidad de recordar aquello que
Do-ha había dicho sobre que ‘Kim Si-woo era lo primero’.
Do-ha
movió los labios como eligiendo sus palabras y, tras un breve suspiro, habló.
Como si intentara abrirse paso a la fuerza por una vía respiratoria obstruida,
introdujo los dedos por dentro del cuello de su camisa y tiró de él
repetidamente.
“……Ha.
No es para tanto, Ha Yu-dam. Solo es el aniversario de alguien conocido y voy a
presentar mis respetos. ¿Por qué estás tan sensible?”
“Lo
sé. Admito que estoy sensible. ¿Pero no es lo normal? Tú, en cambio, estás
demasiado tranquilo. ¿De verdad no te sientes mal por mí?”
“No
entiendo por qué tendría que sentirme mal contigo.”
Al
final, era la repetición de lo mismo. Ante la afirmación de que ni siquiera
conocía la razón para sentirse culpable, Yu-dam perdió incluso la voluntad de
enfrentarlo. Al final, la madre de su cónyuge de tres años no era para Baek
Do-ha más que alguien menos que un extraño.
Habría
sido mejor no saberlo; le resultaba infinitamente triste haber conocido la
sinceridad de Do-ha de esta manera.
“……Está
bien.”
“Primero……
iré y volveré. Regresaré de inmediato. No vayas a trabajar y descansa un poco.”
“…….”
Él
no respondió. Sabía que Do-ha no se iba de inmediato y estaba esperando, pero
simplemente se dejó caer en el sofá. Sintió como si toda la sangre abandonara
su cuerpo.
Do-ha
miró alternativamente a Yu-dam y al reloj, y luego presionó sus labios con
fuerza sobre la pequeña cabeza de él.
“Ya
vuelvo.”
Do-ha
salió de la casa con paso rápido, y la quietud, similar a la oscuridad, regresó
de nuevo a la enorme mansión.
Yu-dam
se presionó los ojos con ambas manos, pero el resentimiento que había intentado
contener estalló en forma de llanto. Fue porque las feromonas que Do-ha derramó
junto con su beso de despedida empaparon su cuerpo, y el pequeño calor que tocó
su coronilla empapó su corazón.
“Snif……
hip.”
El
sonido de su llanto regresó como un eco. Como el único sonido que resonaba en
sus oídos era su propio llanto, Yu-dam no tuvo más remedio que morderse los
labios con todas sus fuerzas, hasta que estuvieron a punto de romperse.
Quería esperar…… durante mucho más tiempo.
Adiós, mi alfa.
*
* *
“¿Por
qué lloras? Hiciste todo lo que pudiste. No hay nadie que no lo sepa.”
Gotas
de agua comenzaron a salpicar el asfalto. Era el momento en que el sol de la
mañana empujaba discretamente a las nubes, secando la humedad del ambiente tras
la lluvia.
Yu-dam
se limpió con brusquedad las lágrimas que colgaban de su barbilla y las que
recorrían sus mejillas. Al intentar forzar una sonrisa elevando las comisuras
de los labios, Jung-jin soltó un suspiro de incredulidad.
“¿Sabes
qué es lo más gracioso, hyung?”
“¿Reír
mientras lloras? Estás ocupado, Ha Yu-dam.”
“Es
que... incluso en ese momento, él se veía tan guapo que volví a sentir
mariposas.”
La
imagen de Do-ha bajando las escaleras mientras se abrochaba los gemelos se
repetía una y otra vez en la cabeza de Yu-dam. Él sabía mejor que nadie lo bien
que le sentaban los trajes, así que no era nada nuevo. Sin embargo, aquel
momento fue distinto. En cuanto Do-ha empezó a bajar, su entorno pareció
iluminarse como si un reflector lo enfocara solo a él. Mientras Yu-dam lo
miraba embobado, con la vista fija en él, Do-ha cerró y abrió los ojos
lentamente, encontrándose con su mirada.
Ese
instante, que pareció una eternidad, se quedó grabado en su mente, impidiéndole
incluso respirar con normalidad. Cada segundo lo hacía estremecerse, robándole
la vista y el corazón por igual.
“Realmente...
me odio tanto. Me odio más a mí mismo que a él, hyung.”
Al
final del suspiro de Yu-dam colgaba un sollozo. Sin que se diera cuenta, nuevas
lágrimas se habían acumulado en su barbilla. Al limpiarse las mejillas, el
llanto retenido en sus ojos formó de inmediato un nuevo cauce de agua.
Jung-jin
chasqueó la lengua y tomó las mejillas de Yu-dam entre sus manos para obligarlo
a mirarlo. Al levantar la cabeza, sus ojos redondos parpadearon un par de
veces. Debido al rápido movimiento de sus espesas pestañas, las lágrimas
volvieron a caer ruidosamente.
“Ha
Yu-dam.”
“Sí.”
“Deja
de decir tonterías. La culpa es de Baek Do-ha. Sea intencional o no, el error
fue de él.”
“…….”
Los
grandes ojos de Yu-dam temblaron violentamente y pronto se llenaron de lágrimas
hasta el borde. El lago que se formaba en sus ojos era tan oscuro y profundo
que incluso a Jung-jin se le oprimió el pecho.
“¿Qué
fue lo que te enseñé mal?”
“¿Eh?”
“Me
pregunto qué hice mal para que sigas sintiendo algo por un tipo como ese.”
Jung-jin
frunció el ceño mientras limpiaba con suavidad el rabillo del ojo de Yu-dam.
Chasqueó la lengua con pesar al ver las gotas de llanto atrapadas en sus largas
pestañas. Sentía que solo se sentiría aliviado si pudiera darle un buen golpe a
Do-ha. Si lo dejaba pasar era simplemente porque, fuera por la razón que fuera,
él finalmente obtendría el divorcio que tanto deseaba.
Si
esto fuera una simple huida de casa, habría ido a buscar a Do-ha antes de que
la primera lágrima cayera de los ojos de Yu-dam.
“Y
no es porque seas mi hermano, es que sea como sea, es culpa de Baek Do-ha. Él
fue quien perdió la memoria, y aunque tuvo una oportunidad de tres años, él fue
quien la desperdició. ¿Acaso me equivoco?”
“……No.”
Yu-dam
negó con la cabeza mientras se mordía el labio. No tenía sentido culparse por
querer a un hombre así. No es que lo hubiera amado y esperado sabiendo que era
ese tipo de persona. A partir de ahora, solo quedaba poner en orden sus
sentimientos.
Tendría
que evocar y borrar el final con Do-ha en cada momento, pero pensó que, así
como los momentos de amor se acumularon para llegar al día de hoy, algún día
podría olvidarlo por completo.
“Primero
vayamos a casa y quítate esas feromonas. Me asquea sentir como si Baek Do-ha
estuviera aquí con nosotros.”
“Ah,
eso es……”
“¿Qué?
¿No quieres?”
“No
es eso……. Nada. Está bien.”
Jung-jin
tomó la mano de Yu-dam con firmeza y volvió a caminar. No podía imaginar lo que
Yu-dam no llegó a decir, suponiendo que solo era la persistencia de su apego.
“Entremos.
Puede que el abuelo se decepcione, pero te aseguro que a papá le dará gusto.”
“Seguro
que tú tienes mucho que ver en que papá odie a Baek Do-ha. Te la pasas hablando
mal de él.”
Yu-dam
forzó una sonrisa. No podía seguir aumentando las preocupaciones de su familia.
Si llegaban a saber que no podía suprimir sus propias feromonas sin el rastro
de un alfa ajeno a la familia, con el carácter de Jung-jin, era seguro que no
lo dejaría ni asomarse a la calle. Y era evidente que tanto su padre como su
abuelo se pondrían de su parte.
Aunque
lo entendía racionalmente, el deseo de hablar con sinceridad asomaba la cabeza
de vez en cuando. Quería usar cualquier excusa con tal de conservar las últimas
feromonas de Do-ha el mayor tiempo posible. Sabía demasiado bien que nunca más
volvería a bañarse en ese aroma.
Decidió
quitarse la ropa con cuidado y guardarla sellada. Pensó que si la guardaba bien
y la sacaba en esos días de nostalgia insoportable, cuando extrañara a Do-ha
hasta no poder más, podría conservar el recuerdo un poco más de tiempo. Si la
cuidaba y la olía solo un poco cada vez, quizás el aroma duraría hasta el día
en que lograra olvidarlo.
Al
mismo tiempo que tomaba esa decisión, Yu-dam terminó riéndose de sí mismo. Se
dio cuenta de que olvidar a Do-ha podría tomarle la vida entera.
Le
parecía absurdo valorar algo tan insignificante. Sin embargo, no podía evitar
calcular mentalmente el lugar ideal para atesorar esa ropa sellada. Aunque se
repetía una y otra vez que él ya no era su alfa, su corazón seguía actuando en
silencio, como si ese fuera su único deber original.
Así
que Yu-dam no tuvo más remedio que rendirse ante sí mismo.
Está bien, haz todo lo que quieras. De todos modos es el final,
no importa lo que hagas.
Simplemente,
guardaba una vaga esperanza. Que algún día pudiera olvidarlo todo y encontrar
la paz.
*
* *
¿Qué
es lo que tiene para ser tan desgarrador?
Do-ha,
con los brazos cruzados y lanzando una mirada vacía hacia algún punto al
frente, rememoraba la noche anterior. La terquedad y la desesperación, tan
impropias de Yu-dam, volvían a su mente una y otra vez. Incluso el momento en
que los síntomas de las secuelas del vínculo se manifestaron era tan nítido que
le oprimía el corazón aún más.
El divorcio.
Era
la primera vez que Yu-dam pronunciaba esas palabras. Eran las mismas que él
mismo había soltado con inmadurez antes de la boda, deseando terminar rápido
con esa relación, pero el peso que cargaban ahora era completamente distinto.
Después
de tres años, realmente planeaba dejarlo ir. Aunque se sentía culpable, se
había prometido a sí mismo decenas de veces al día que aprovecharía el corazón
de Yu-dam, que se apiadaba de él, para quedarse a su lado un poco más y luego
devolverlo a su lugar original. Definitivamente tenía esa intención, pero en el
momento en que la palabra divorcio salió de la boca de Yu-dam, sus manos
empezaron a temblar. Su visión se nubló y la ansiedad lo invadió.
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Recién
ahora comprendía lo inútil y absurdamente ligera que había sido esa promesa de
dejarlo ir con una sonrisa después de tres años.
“¿En
qué piensas?” preguntó Si-woo, mirando a Do-ha a través del reflejo del cristal
del columbario. Un pequeño ramo de flores, del tamaño de una palma y encargado
con antelación, ya descansaba con cuidado en el interior.
Do-ha,
que esperaba a que terminara el homenaje, se encontró con esa mirada a través
del vidrio. Por alguna razón, sintió náuseas al ver ese rostro reflejado, como
si fuera algo artificial. El rostro de Si-woo esbozaba una sonrisa, pero no
transmitía ninguna sensación de alegría. Al pensar que parecía un muñeco de
payaso imitando las palabras y acciones humanas, una extrañeza grotesca e
inesperada lo recorrió por completo.
“Pienso
en Ha Yu-dam.”
“……Ha.”
Si-woo
se tragó un insulto y bajó la cabeza. Fue una elección para ocultar una
expresión que no había llegado a fingir a tiempo. Para Do-ha, él debía parecer
el protagonista trágico de una historia de amor robado. Un omega digno de
lástima que pasaba las noches en vela llorando por la injusticia y la tristeza.
A
pesar de la actuación conmovedora de Si-woo, Do-ha no relajó su expresión. La
imagen de la solapa de su traje, arrugada por las manos pequeñas que lo sujetaban
con desesperación antes de salir, no se le borraba de la mente.
“Tú,
¿por qué fuiste a los grandes almacenes de Yu-dam?”
“Qué
gracioso. Fingías que no te importaba, ¿pero te lo contó? Ya no es un niño,
¿cómo puede ser tan bocón?”
“Te
pregunté por qué fuiste.”
Así
como Si-woo respondía a la pregunta de Do-ha con otra cosa, Do-ha volvió a
preguntar ignorando por completo las palabras de Si-woo. Si él no hubiera ido a
buscar a Yu-dam en primer lugar, el orgulloso Ha Yu-dam no se habría aferrado a
él con tanta desesperación. No le gustaba esa situación que había llegado al
límite, con menciones de divorcio incluidas.
El
Ha Yu-dam que él recordaba era alguien que siempre caminaba con seguridad y a
quien le sentaba bien estar en la cima, sin necesidad de rogarle a nadie. Ese
Ha Yu-dam fue quien extendió la mano primero para sujetar su ropa. Esas manos
pequeñas resultaban tan lastimeras que lo hacían sentir más angustiado y
preocupado.
No
tenía intención de negar que él mismo era quien había vuelto a Yu-dam así, pero
era una verdad innegable que Si-woo había sido quien proporcionó el detonante.
Si-woo
apretó los dientes y luego habló como si no tuviera opción. Era una suerte.
Parecía que Yu-dam, tal como él pensó, ni siquiera había intentado contarle
todo a Do-ha. Por eso Do-ha habría venido con él hasta aquí para preguntarle la
razón.
Si
Yu-dam le hubiera preguntado y confirmado cada detalle a Do-ha, se habría dado
cuenta de inmediato. Que Do-ha realmente no sabía nada y que había caído por
completo en sus mentiras. Y no solo eso. El propio Do-ha, de haber sabido toda
la verdad, no habría podido venir hasta aquí. Al fin y al cabo, nadie querría
conmemorar el aniversario luctuoso de la persona que causó la muerte de la
madre de un amigo de la infancia, alguien que es casi como de la familia.
“¿Por
qué crees que fui? Fui a decirle lo que era obvio.”
“¡Kim
Si-woo!”
Si-woo
puso una cara de profundo resentimiento, ocultando su alivio interior. ¿Qué
amante en el mundo esperaría tres años sin hacer nada? En ese sentido, pensó
que era un actor excelente con una gran interpretación. Por supuesto, si no
fuera por ese esfuerzo, Do-ha no le habría creído desde el principio, así que
sentía ganas de premiarse a sí mismo por haber actuado durante tanto tiempo.
Decirle
que lo quería, que para él solo existía Do-ha, o que vivir no tenía sentido sin
él y que prefería morir, eran cosas que decía con frecuencia para sacudir el
corazón blando de Do-ha. Hasta ahora, Do-ha había creído cada una de esas
palabras tal como él planeó. Se sentía culpable por no poder corresponderle con
el mismo sentimiento y, a cambio, quería darle lo mejor de lo que podía
ofrecer. Si-woo confiaba en que sus esfuerzos no serían en vano.
“¿Por
qué? ¿Acaso ni siquiera puedo hacer eso?”
“No.
No puedes.”
“¡Baek
Do-ha!”
Si-woo
estaba tan concentrado en dejar grabada su presencia en la mente de Do-ha que
no notaba cómo él se estaba cansando gradualmente. No se daba cuenta, o no
quería darse cuenta, de que la razón por la que Do-ha seguía aferrado a su mano
era por la compasión de considerarlo alguien más digno de lástima que Yu-dam.
Al utilizar la lástima o la piedad dirigida hacia él para mantenerlo a su lado,
no había pensado en que ese sentimiento también terminaría por secarse algún
día.
“Creo
que te dije claramente que él no es alguien a quien puedas tratar a la ligera.”
“Puede
que para ti sea así, pero para mí no.”
“Ni
para ti, ni para nadie es alguien que merezca ese trato. No voy a tolerar más
que trates a Yu-dam de esa manera.”
Do-ha
recordó nuevamente las manos de Yu-dam sujetándolo. Cuando envolvió esas manos,
sintió como si algo cayera con un golpe sordo en su interior. Movido por una
sensación de urgencia, apretó las manos de Yu-dam con más fuerza. Sintió que no
debía soltarlo. Aunque poco después Yu-dam lo rechazó.
También
recordaba sus hermosos ojos, rojos por no haber dormido ni un segundo. Se
sentía patético por haber estado sufriendo toda la noche por las secuelas del
vínculo.
¿Por qué te quedaste ahí así? Deberías haber dormido cómodamente
después de insultarme como siempre.
De
repente, recordó el día en que se conocieron a los cinco años. Se quedó
prendado de esas pupilas que brillaban como joyas, y lo siguió a todas partes
diciéndole una y otra vez lo bonito que era. Aunque era poco a poco, los
recuerdos que volvían de vez en cuando lo hacían tanto respirar como
desesperarse.
“Esto
es una advertencia. No vuelvas a buscar a Yu-dam ni lo trates a la ligera. Si
quieres que regrese a ti, tú también cumple tu promesa.”
“¡Tú
eres quien no cumple su promesa! ¡Dijiste que yo era la prioridad!”
“Estoy
aquí, ¿verdad? Si esto no es cumplir la promesa, ¿entonces qué es?”
“¡Al
menos no deberías ponerte del lado de Ha Yu-dam frente a mí! ¿No crees que eso
está mal?”
“Si
no hubieras tratado mal a Yu-dam, ni siquiera habría mencionado su nombre.”
Si-woo
tensó la mandíbula y apretó los dientes. Pensó que al llegar aquí, Do-ha se
volvería más suave con él, aunque fuera por consideración a su madre. Al fin y
al cabo, Do-ha era quien mejor sabía lo inestable que él estaba cuando intentó
suicidarse.
“Entonces,
para ti... ¿todo esto es mi culpa?”
“Lo
que digo es que no es culpa de Yu-dam. No tienes derecho a tratarlo mal.”
¿Por
qué Yu-dam no se lo preguntó a Do-ha? O quizás, realmente creyó sus palabras al
pie de la letra: que Do-ha ya sabía lo sucedido y que, aun así, iría al
columbario para el homenaje. Si fue así, entonces tal vez...
“Por
si acaso, ¿peleaste con Ha Yu-dam?”
“¿Qué?”
“¿Ha
Yu-dam se opuso a que vinieras aquí? ¿Por eso me culpas ahora?”
“……Ha.”
Do-ha
se frotó la cara con una mano. Parece que esa fue la razón por la que fue a
buscar a Yu-dam. El hecho de que Yu-dam se enfadara e incluso mencionara el
divorcio no era solo por el homenaje a un conocido, sino por Si-woo, a quien él
había prometido priorizar antes de la boda. Quizás Yu-dam se había hartado de
la relación entre los tres, que seguiría enredada hasta el divorcio.
“Jaja.
Así que ahora me estás culpando...”
Soltó
una risa cargada de autodesprecio. Si-woo estaba disfrutando. Solo ahora se daba
cuenta de lo que él ocultaba meticulosamente tras esa expresión de
resentimiento. Sí, podía ser así. Si alguien siente que le han robado a la
persona que quiere, ¿qué no sería capaz de hacer?
Sin
embargo, ya no quería entenderlo más. El sacrificio de Yu-dam no era necesario
para que él sintiera lástima o culpa por Si-woo. No debió haber arrastrado a
Yu-dam a esta relación.
“Despídete
bien de tu madre y vete. Yo vendré de nuevo en otro momento.”
“¿Qué?
¿Qué significa eso... Baek Do-ha? No me digas que ahora mismo...”
Do-ha
se dio la vuelta dejando atrás a Si-woo. No sabía por qué se había empeñado
tanto en venir, lastimando a Yu-dam, si al final terminaría así. Lo importante
es el sentimiento de conmemoración, no el lugar.
En
ese momento, Si-woo extendió la mano y agarró el brazo de Do-ha para hacerlo
girar. No podía girar por la fuerza el cuerpo de un alfa dominante a su antojo,
pero aun así, logró detener el paso de Do-ha. No podía permitir que se
repitiera la historia de enviar a Baek Do-ha con Ha Yu-dam.
“Ha.
¿Por qué siempre termino abandonado por ti? ¿Y aun así me pides que me quede
esperando tranquilamente?”
“¿Y
alguna vez me has hecho caso cuando te lo pido? Me estoy conteniendo porque
estamos frente a tu madre. Si quieres conservar aunque sea mi cascarón, quédate
quieto.”
“¡Baek
Do-ha! ¿De verdad vas a ser así? ¡Me lo prometiste! ¡Le prometiste a mi madre y
a mí que me salvarías! ¡Si ibas a ser así, para qué me salvaste! ¡Deberías
haberme dejado morir con mi madre, por qué me salvaste!”
“¡Kim
Si-woo!”
Si-woo
se aferró a Do-ha mientras rompía a llorar. Lo sacudió sujetándolo de la ropa
mientras derramaba su resentimiento. Actuaba como si fuera a morir en cualquier
momento, como si no tuviera razones para vivir. Parecía tan inestable como una
llama frente al viento. Do-ha no tuvo más remedio que volver a sujetar las
manos de Si-woo y sostener su cuerpo, quedándose a su lado.
Tenía
miedo de que Si-woo realmente fuera a morir allí mismo. Estaba repitiendo la
elección de aquel día, cuando pensó que lo primero era salvar a una persona. Al
mismo tiempo, pensó que tal vez autodestruirse de esta manera era su destino.
No, sentía como si el destino le estuviera gritando al oído.
Que
alguien como él no merecía a Yu-dam. Que por favor lo dejara ir para que
pudiera vivir feliz con un alfa que lo amara. Y sobre todo, que Baek Do-ha solo
estaba pagando el precio por haber borrado a Yu-dam de su memoria, así que no
tenía derecho a sentirse injustamente tratado.
*
* *
Cuando
la luz blanca alcanzó la superficie del río, la oscuridad absoluta reflejó el
brillo como si fuera imposible de vencer. La negrura que llegaba cada noche se
adueñaba del río hasta que salía el sol. Engullía todo, a excepción de las
luces que iluminaban la ciudad, y lo mantenía escondido en las profundidades
hasta el amanecer. A veces eran las penas de alguien que regresaba del trabajo,
otras veces era la depresión profunda de algún alma solitaria, pero, de vez en
cuando, era 'alguien' físicamente.
Do-ha
no había ido allí para convertirse en el 'alguien' de hoy. Simplemente, fue una
decisión impulsiva. No se atrevía a volver a casa y enfrentar el rostro de
Yu-dam. Para ser exactos, tenía miedo de mirar a Yu-dam a los ojos, por lo que
no pudo obligarse a caminar hacia su hogar. Por supuesto, eso se debía a la
estúpida confianza de creer que Yu-dam todavía estaría allí esperándolo.
Sea
como sea, hoy Do-ha volvió a elegir salvar a alguien. No pudo decirle a una
persona que le suplicaba entre llantos que la dejara morir, que fuera y lo
hiciera de una vez. O tal vez, esta vez Si-woo no moriría de verdad. Sin
embargo, el recuerdo del día en que sacó a Si-woo del río estaba tan vivo que
no pudo ignorarlo, temiendo que la historia se repitiera.
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Para
Do-ha, la vida penosa de aquel hombre que solo vivía por él era una carga
pesada y, al mismo tiempo, digna de lástima. Pensó que, después de todo, como
Yu-dam no lo quería —tal como hace diecisiete años—, era mejor intentar salvar
la vida de Si-woo, quien decía necesitarlo, en lugar de seguir siendo un lastre
para Yu-dam.
Aun
así, le aterraba pensar que Yu-dam pudiera odiarlo o sentir asco por él. Solo
imaginar su rostro hacía que le doliera el pecho, por lo que terminó deambulando
por la calle, o mejor dicho, vagando sin rumbo fijo. Además, se sentía inseguro
sobre su propia elección.
Le
horrorizaba querer arrepentirse de haber salvado a una persona. Se preguntaba
si, de haber vuelto al pasado y no haber salvado a Si-woo por pura compasión,
podría haber soñado con un futuro diferente. Aunque, pensándolo bien, no creía
que hubiera podido vivir feliz borrando de su memoria a alguien que el río se
había tragado. En aquel entonces, siendo un alfa dominante a medias, solía
encontrar consuelo en quien decía necesitarlo.
“¡Oiga!
¡Usted, espere, espere un momento!”
Do-ha se había subido de un salto al barandal del puente y se
había sentado. Aun sabiendo que era peligroso, se quedó allí sentado, mirando
el fluir incesante del río. Recordó a Si-woo sentado en ese mismo lugar hace
tiempo, son리éndole con
tristeza mientras se despedía de la vida. Quizás, estar allí sentado era un
intento por tratar de entender el corazón de Si-woo. Sin embargo, su propio
egoísmo de no querer entenderlo fluía a lo lejos, brillando junto a las luces
que ondulaban sobre la superficie.
“Cielos,
hombre, le dije que esperara. Uff, qué falta de aire.”
Un
hombre de mediana edad que había corrido hasta él se detuvo cerca, apoyando las
manos en sus rodillas para recuperar el aliento. Do-ha miró a ambos lados
confirmando que no había nadie más y frunció ligeramente el ceño.
“……¿Se
refiere a mí?”
“Ah,
pues ¿quién más hay aquí aparte de este joven?”
“¿Quién
es usted? ¿Acaso me conoce?”
Do-ha
arqueó una ceja. No recordaba a ese hombre. Por el contrario, había mucha gente
que lo conocía a él, y entre ellos, algunos que se engañaban creyendo que
tenían una relación cercana. En una época donde bastaba con abrir el celular
para ver el rostro de cualquier millonario en las noticias, era común que la
gente procesara su imagen como la de un conocido lejano al verlo en persona. No
era algo que le molestara especialmente, pero ahora le resultaba un poco
molesto. Había ido allí porque quería estar solo y organizar sus pensamientos.
Ante
la pregunta de Do-ha, el hombre soltó una carcajada y agitó la mano.
“No
lo conozco. Pero sentí que, uff, mi ayuda podría ser necesaria.”
Cuando
el hombre, aún jadeando, sujetó el brazo de Do-ha como si le faltaran las
fuerzas, Do-ha bajó instintivamente del barandal para sostenerlo. Una sonrisa
apareció en los labios del hombre mientras retrocedía unos pasos. El hombre,
que se apoyaba en Do-ha como si buscara soporte, se sentó en el borde de la
acera y dio unas palmaditas en el espacio a su lado. Do-ha miró
alternativamente al hombre y al río, y finalmente soltó un breve suspiro y se sentó
junto a él.
“¿Qué
sucede?”
“¿Suceder?
Aquí no sucede nada. Solo quiero escuchar lo que tenga que decir.”
“¿Eh?”
“Es
un desperdicio morir así como así. Escucharé lo que diga. Si después de eso
todavía quiere morir, vuelve mañana.”
El
hombre sonrió con serenidad y envolvió lentamente la mano de Do-ha con la suya.
Al ver los ojos de Do-ha abiertos por la sorpresa, el hombre asintió como si
comprendiera y usó su otra mano para cubrir la de Do-ha por completo.
“Vuelve
mañana y hablamos otra vez. Y vuelve al día siguiente también. Sigue viniendo
hasta que cambies de opinión. Yo vendré a escucharte todos los días.”
“Morir……
¡Ah! No es eso, de verdad.”
Do-ha
relajó su mirada y soltó una carcajada. Al principio pensó que era una
molestia, pero al darse cuenta de que este hombre seguramente venía aquí con la
intención de salvar a alguien cada día, se sintió avergonzado de sí mismo.
Sintió que su visión del mundo era estrecha y prejuiciosa. Incluso su corazón,
que no tenía intenciones de saltar, se sintió reconfortado por la promesa del
hombre de venir a encontrarse con él todos los días.
“¿No
es eso?”
“No.
Es que…… al venir aquí recordé algo que pasó hace tiempo.”
“Vaya.
Menos mal entonces. Pensé que estaba ahí sentado para saltar. Mucha gente lo
hace en este lugar.”
Ante
las palabras del hombre, Do-ha giró la cabeza para mirar el barandal donde
había estado sentado. Al pensar que ese metal frío era el lugar donde
permanecía el último calor de alguien, sintió un escalofrío en las yemas de sus
dedos. Aquellos que perdieron su calidez seguramente se despidieron del mundo
encogiendo sus corazones ateridos para protegerse del frío. No quería juzgar
sus elecciones, pero le entristecía pensar que lo último que sujetaron fue ese
barandal gélido.
“Si
se toma la molestia de detener a la gente de esta manera…… debe haber bastantes
personas que intentan quitarse la vida.”
“Así
es. Pero detenerlos no garantiza que decidan vivir.”
“¿Pasa
por este camino todos los días? ¿Acaso la gente…… muere aquí cada día?”
“No
creo que sea todos los días. Como no estoy aquí vigilando las veinticuatro
horas, habrá gente que se vaya cuando no estoy mirando. Pero…… yo vengo aquí a
propósito de vez en cuando. Mi hija se fue desde este lugar.”
De
repente, la confusión se reflejó en el rostro de Do-ha. Se humedeció los labios
secos con la lengua y bajó la cabeza con cautela.
“Ah……
lo lamento mucho. No debí mencionar el tema.”
El
hombre agitó las manos restándole importancia. No era la primera vez que le
pasaba. No es algo que se le cuente a cualquiera, pero tampoco era algo que no
pudiera decirse.
“No
lo lamente. Lo hago porque quiero.”
“No
sé si soy la persona adecuada para escuchar esto.”
“¿Quién
decide eso? Simplemente…… a veces uno necesita desahogarse. Hay cosas que no
puedes decirles a las personas cercanas, pero que salen fácilmente con alguien
que solo verás una vez. Todos vivimos con algo así guardado.”
Do-ha
asintió fácilmente ante las palabras del hombre, pues él también llevaba una
historia más en su interior. Era algo que no podía contarle a la gente de su
entorno, pero que deseaba soltar en algún lugar. No buscaba comprensión, solo
quería desahogarse al menos una vez.
“Mi
hija se graduó de una buena universidad y consiguió un gran empleo en una
empresa importante. Su madre estaba tan feliz que presumía con todas sus
amigas. Pensé que nuestros sufrimientos habían terminado, pero no me di cuenta.
Cada vez que mi hija decía: ‘Papá, ¿debería renunciar al trabajo?’, yo siempre
le decía: ‘¡En mis tiempos todos aguantábamos!’.”
“¿Fue
por un problema en la empresa?”
“Más
que la empresa, el problema fue una persona. Parece que su superior directo la
molestaba por cosas insignificantes.”
“Si
no era por errores laborales, podría haber informado a sus superiores.”
“Lo
intentó. Pero solo le dijeron que ese superior no era esa clase de persona, así
que no tuvo otra opción.”
“Ah…….
Siempre hay gente así. Especialmente en las empresas, donde a menudo se juzga a
las personas solo por la imagen que proyectan.”
El
hombre asintió con una sonrisa amarga. En todas partes hay una o dos personas
así, pero lamentaba profundamente no haber imaginado nunca que alguien pudiera
ser tan cruel.
“Fingiendo
que criticaba su trabajo, ese superior se metía con todo lo que ella hacía. Le
decía cosas como que, por venir de una buena familia y vivir cómodamente, no
sabía hacer nada, o que sus buenas notas no eran por inteligencia sino por el
dinero de sus padres. Cuando pisotean el esfuerzo de un joven de esa manera, es
imposible que esté bien.”
“……Entonces
no le quedaba otra opción más que renunciar.”
Do-ha
respondió débilmente. Su tendencia a entrometerse cada vez que veía algo
lamentable volvió a crecer. Era una costumbre que podía permitirse porque las
cosas que para otros eran imposibles, para él solían ser sencillas.
Había
una broma que circulaba diciendo que las grandes empresas no tienen más ventaja
que ser el orgullo de los padres. Además, el concepto de empleo de por vida
estaba desapareciendo. En una época donde el valor propio es la prioridad, no
había razón para sacrificarse de esa manera. Por eso, tanto el representante de
una gran corporación como quienes ocupan puestos similares, probablemente no se
interesaban por las penurias de los empleados. Y mucho menos si se trataba de
un recién llegado; ni siquiera se les ocurriría que debían saberlo. Incluso si
lo hubieran sabido, probablemente lo habrían descartado como un joven que no
pudo adaptarse a la sociedad.
Do-ha
era igual. No conocía los problemas de los empleados del Grupo Wonkyung, ni se
había molestado en averiguarlos. A menos que hubiera un problema especial,
probablemente habría seguido así para siempre. No era por falta de respeto a
los derechos humanos, sino porque simplemente no había pensado que debía
prestar atención a ese aspecto.
“Un
día me di cuenta de que ella ya estaba demacrada y fuera de sí. Fue entonces
cuando reaccioné. Pensé que iba a perder a mi hija, así que le dije: ‘Ve hoy
mismo y presenta tu renuncia’. Eso fue cuando llevaba apenas tres o cuatro
meses en la empresa.”
“Más
que durar mucho tiempo, cada día debió de ser un infierno para ella…… Pero,
¿acaso no fue bueno que renunciara?”
“Eso
pensamos. Conseguir otro trabajo no era problema. Pero…… a pesar de renunciar,
no pudo deshacerse del fantasma.”
“¿Por
fantasma…… se refiere a ese superior?”
“Tanto
mi esposa como yo pensamos eso. Aunque quizás, como dicen algunos, solo
necesitemos a alguien a quien culpar.”
El
rostro de Do-ha se fue desencajando cada vez más. ¿Qué padre podría estar bien
tras la muerte de un hijo? Seguramente sentirían rabia e impotencia. Incluso
podrían culpar a un dios que ni saben si existe. Pero si además les habían
dicho que no debían culpar a nadie a la ligera, el corazón de esos padres debía
estar destrozado.
“Después
de renunciar, ella empezó a recuperar peso y parecía estar volviendo a ser la
de antes. Pensamos que se había salvado, pero un día salió diciendo que tenía
una cita y al volver estaba fuera de sí de nuevo. Tenía la mirada vacía.”
La
vista del hombre se dirigió a algún punto del río oscuro más allá del barandal.
Sus ojos se humedecieron al recordar, y sus labios se pusieron blancos y secos.
Do-ha no pudo decir nada y se limitó a fijar su mirada en el vacío, siguiendo
la de él. Él también había presenciado muertes y había salvado a personas que
querían morir, pero, de cualquier forma, cada muerte individual siempre era
algo pesado.
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“Extrañado,
la llamé para preguntarle y me dijo que simplemente debía morir. Su madre se
aferró a ella llorando a gritos, preguntándole por qué decía eso. Ella
respondió que solo si desaparecía estaría siendo una buena hija para sus
padres. Escuchar eso hizo que mi interior se quemara. El fuego que se encendió
ese día todavía arde en mis entrañas de vez en cuando.”
“Es……
un poco extraño. Parece como si le hubieran hecho manipulación psicológica.”
“Por
eso siento tanta rabia. A mi única hija, a quien crié con todo el amor del
mundo para que la trataran con respeto en todas partes, le rompieron el alma
diciéndole esas cosas horribles. Al final, su madre se quedó dormida
abrazándola, y yo, sintiendo que me quemaba por dentro, salí a tomar algo.
Sentía que debía beber lo que fuera para apagar ese incendio interno.”
Cuanto
más escuchaba, más triste le resultaba. Aunque no fuera seguro, no era difícil
adivinar que se habría encontrado con aquel superior.
“Pero
parece que ella se despertó en medio de la noche y vino directamente hasta
aquí. Con su madre profundamente dormida y su padre fuera de casa, quizás pensó
que era el momento.”
Una
vez recibido, el maltrato no se borra con nada y permanece para siempre.
La
situación que vivió la hija del hombre tras entrar en la empresa fue de un
abuso sutil y atroz. Aunque era invisible a los ojos, se grabó profundamente en
su pecho y terminó por quebrar su mente. Cuando volvió a encontrarse con aquel
superior que se convirtió en su trauma, la joven se desmoronó aún más que la primera
vez. Sin fuerzas para resistir y resignada a todo, lo único que quedó en su
cabeza fue el deseo de descansar en paz. Su familia no tuvo tiempo siquiera de
reaccionar.
“No
sé qué decirle. Ni siquiera sé si existen palabras adecuadas para una situación
así.”
“Te
agradezco que digas eso……. Aun así, me queda un gran resentimiento. Al revisar
sus cosas, vi lo que escribió en internet. Había muchas quejas diciendo que no
sabía que haber nacido en una buena familia y crecer con comodidades sería un
pecado.”
“¿Cree
que…… fue ese superior quien le dijo eso?”
“Eso
pensamos nosotros, pero no hay forma de saberlo. Al contactar con él,
simplemente lo niega todo. Ya ha pasado más de un año así.”
“Pero
sigue pensando en ello, ¿verdad? Siente que debe haber una forma y por eso no
puede rendirse fácilmente.”
“Así
es. No hay padre que pueda quedarse de brazos cruzados ante lo que le pase a un
hijo.”
El
hombre esbozó una leve sonrisa. Ante la amargura que colgaba de esa risa
silenciosa, Do-ha escuchó sin decir palabra el sonido de lo que fluía a su
lado. Cuando sus oídos empezaron a aturdirse por el ruido de los autos que
pasaban veloces sobre el puente, el hombre le dio unas palmaditas en la pierna.
Do-ha giró la cabeza y vio que el hombre, tras haber contenido sus emociones,
le hablaba con un rostro más ligero que antes.
“¿Y
tú?”
“¿Perdón?”
“¿Qué
te trae por aquí para pensar tanto? Si no eres tú quien quería morir, entonces
alguien cercano a ti se fue como mi hija.”
“Yo……
no estaba teniendo buenos pensamientos. De hecho, pensaba en lo opuesto.”
“¿Lo
opuesto?”
“Hace
unos años…… un amigo a quien yo deseaba que le fuera bien en la vida intentó
morir aquí. Cuando lo detuve, me dijo que, si no iba a hacerme responsable de
su vida, lo dejara morir.”
El
hombre se sobresaltó un poco y luego frunció el ceño. En su rostro, mientras
chasqueaba la lengua y soltaba un suspiro, se reflejaba lo que pensaba. A veces
ocurría que, aun habiendo alguien que intentara detenerlos, había personas que
deseaban morir. Como no podía juzgar esa vida a la ligera, solo le quedaba
sentir lástima.
“……Esa
vida también debió de ser muy sufrida.”
“Sí.
Por eso prometí hacerme responsable. Yo también nací en una buena familia y
crecí sin que me faltara nada.”
“Hacerse
responsable……. Es una elección difícil. ¿Y ese amigo vive bien ahora?”
“Es
que…… aunque sé que no debería, quiero arrepentirme. Arrepentirme de haberlo
salvado……. Es tan horrible solo pensarlo que quiero dejar de hacerlo, pero
últimamente ese pensamiento es más frecuente.”
“¿Por
qué? ¿Acaso ese amigo vive como un parásito de ti? ¿Se comporta como si te
hubiera entregado su vida entera porque dijiste que te harías responsable?”
Una
sonrisa amarga apareció en los labios de Do-ha. Si el problema fuera ese,
quizás sería sencillo. Bastaría con darle dinero. Aunque, por supuesto, esa no
sería una buena solución.
“Ese
amigo quiere casarse conmigo. Le gusto desde hace mucho tiempo.”
“¿Y
tú a él no?”
“En
realidad…… cuando hice esa primera promesa con él, yo sufría de algo así como
una pérdida parcial de memoria.”
“Vaya…….
Parece que tu vida tampoco ha sido del todo tranquila.”
La
mano del hombre que estaba sobre la pierna de Do-ha se apretó con fuerza. Al
sentir esa compasión, Do-ha puso su mano sobre la del hombre y mostró una
sonrisa serena. Habiendo nacido en una familia influyente, no podía comparar su
vida con las dificultades de los demás. Incluso como el hijo menor mimado de
una casa rica, tenía un mínimo de conciencia.
“No
tuve grandes inconvenientes. Tengo a mi familia y, quitando ese recuerdo, no
tuve problemas para vivir. Pero últimamente los recuerdos que perdí están
regresando poco a poco. Al mismo tiempo, sigo pensando en una persona que había
olvidado…… y cuando pienso en esa persona, me siento feliz pero también se me
hace un nudo en la garganta.”
“¿Te
gusta esa persona? ¿Habías olvidado a quien te gustaba?”
“Sí…….
Por eso me siento muy culpable con esa persona. Debería dejarlo ir para que sea
feliz, pero mi corazón no puede hacerlo.”
“¿Y
por qué no te casas con esa persona? Dijiste que a ese amigo podías darle todo
lo que necesitara.”
El
hombre ladeó la cabeza. Su gesto implicaba que no había necesidad de forzar un
matrimonio que no deseaba. Ante el hombre que reía diciendo que se preocupaba
por cosas que no eran tan difíciles, Do-ha se frotó un poco el rostro con una
mano y habló con un suspiro corto.
“……Porque
intentará morir de nuevo.”
“¿Quién?
¿Acaso ese amigo?”
“Sí.
Dice que muere por mi culpa. Como fui yo quien lo salvó en primer lugar, dice
que no tiene razón para vivir sin mí. Me dijo que si no me casaba con él
moriría, así que no tuve más remedio que prometérselo otra vez.”
“Por
eso dijiste aquello de ‘sé que no debería, pero quiero arrepentirme’.”
Do-ha
soltó un largo suspiro y lanzó su mirada a lo lejos. Todo el mundo envidiaba su
vida, pero no sabía por qué sentía que estaba recibiendo un castigo. No, era
natural que fuera castigado por haber olvidado a Yu-dam. Solo que se sentía
frustrado. Si estaba recibiendo el castigo que merecía, pensaba que al menos
deberían haberle dejado a Yu-dam. A pesar de haber sido castigado, no entendía
por qué Dios seguía empujándolo a renunciar a Yu-dam.
“Soy
una mala persona, ¿verdad? Usted se esfuerza tanto por salvar a desconocidos
aunque sea un poco más de tiempo.”
“Si
vamos a eso, yo soy un mal padre. Estaba bebiendo cuando mi hija se fue de esa
manera.”
“Señor.”
“Lo
sé, entiendo lo que quieres decir. Por eso digo que tú tampoco tienes que
culparte. En lugar de eso, deberías buscar una solución.”
“No
lo sé. Ni siquiera sé si realmente hay una solución…….”
“La
hay, ¿cómo no va a haberla? Un amigo mío que es gestor administrativo siempre
dice que no hay nada imposible en los asuntos humanos. Solo que a veces toma
tiempo. Me lo ha dicho tanto que ya me lo sé de memoria.”
En
el rostro del hombre quedaba algo que no terminaba de ser del todo claro. Sin
embargo, enfatizó varias veces, como queriendo infundir seguridad en Do-ha, que
sin duda habría un camino. Dicho de otro modo, significaba que había cosas que
los humanos no podían hacer y que él ya no podía hacer nada más, pero el hombre
no añadió más palabras. Lo único que podía hacer el que se queda es decir unas
cuantas palabras como estas.
En
ese momento, un auto deportivo pasó de forma temeraria haciendo sonar su claxon
largamente. Por un instante, la oscuridad que devoraba a ambos retrocedió
sorprendida. Entonces el hombre dio una fuerte palmada buscando en su memoria.
“¡Ah!
Al escucharte me he acordado de algo. El detective que investigaba la muerte de
mi hija me contó que hubo alguien que hacía como si fuera a saltar desde aquí.”
“¿Solo
fingía? ¿Cómo lo supo?”
“Pasaba
por aquí por casualidad y, pensando que iba a saltar, lo sujetó y lo salvó,
pero el hombre se puso furioso. Le gritó que no tenía intenciones de morir de
verdad, que no se metiera en sus asuntos y siguiera su camino. El detective
hizo como que se iba pero se quedó vigilando, y vio que el hombre se quedó
sentado en el barandal como tú, usando su celular.”
“¿Entonces
estaba allí sin ninguna razón?”
“Lo
curioso es que sí tenía una razón.”
“Si
no era para morir…… ¿acaso hizo un espectáculo de fingir que moría?”
El
hombre asintió con fuerza. Como se lo había dicho un detective, no podía ser
mentira, y añadió que él mismo lo había preguntado varias veces porque no podía
creer que alguien hiciera un show de suicidio.
“Eso
mismo dije yo. Según el detective, mientras el hombre estaba allí sentado, de
repente alguien llegó corriendo gritando su nombre. En ese momento, el hombre
que estaba sentado tranquilamente empezó a llorar a mares y a gritar con todas
sus fuerzas que iba a morir. El hombre que llegó lo consolaba diciéndole: ‘Si
tú mueres, ¿cómo podrá irse tranquila tu madre? Vámonos juntos para despedirla
bien’.”
“…….”
“Cuanto
más lo decía, más escándalo hacía el otro preguntando cómo iba a vivir solo,
que jamás podría hacerlo. El detective pensaba en volver para ayudar, pero
entonces el hombre que llegó le dijo esto.”
“Estaré
a tu lado para siempre. Nunca te dejaré solo.”
En
ese momento, Do-ha interrumpió al hombre y respondió en su lugar. Era una
respuesta que jamás podría haber sabido si no hubiera estado allí. Los ojos del
hombre se abrieron de par en par y se quedó boquiabierto. Permaneció congelado
como si el tiempo se hubiera detenido, parpadeando, hasta que despertó con el
sonido del suspiro pesado de Do-ha. Sus labios se movieron varias veces, pero
las palabras que no se atrevía a pronunciar daban vueltas en su boca.
“No,
no puede ser. No tiene sentido. Según el detective, ese hombre era un omega y
parecía que estaba haciendo un show para atrapar a un alfa. Dijo que era alto,
guapo y de gran complexión, como un alfa dominante. Sí, justo como t……ú…….”
El
hombre, que negaba con ambas manos mientras seguía hablando, volvió a quedarse
petrificado. Cuanto más hablaba, más terminaba confirmando la sospecha. Ante el
rostro de desconcierto del hombre, Do-ha soltó una carcajada. De repente,
sintió que su mente se aclaraba y su visión se volvía nítida. No esperaba que
aquellas palabras de que no hay nada imposible en lo que hacen los humanos se
le demostraran de esta manera. Aunque, por supuesto, el propio hombre no tenía idea.
“Parece
que el tonto alfa dominante que atrapó ese detective soy yo, señor.”
“Eso……
pero ¿ese amigo no decía que te quería? No pudo ser eso. Quizás sea otra
persona o el detective no sabía toda la historia.”
“No.
Lo que me parecía extraño ahora se ha vuelto claro. Tal como usted dijo, veo el
camino. Gracias.”
“No
sé si merezco ese agradecimiento. Siento mucho lo ocurrido.”
“Para
nada. Ahora me doy cuenta de que solo sabía entrometerme, pero no sabía juzgar
a las personas.”
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Pensándolo
bien, había cosas extrañas. Siempre lo había descartado como una coincidencia
absurda y lo había tomado como una razón para sentir más lástima por Si-woo.
Solo ahora tenía la certeza de que aquello no fue una coincidencia. Era
ridículo. ¿Cómo no se dio cuenta antes? Parecía que tener un agujero negro en
la cabeza lo había vuelto realmente estúpido.
“Señor.”
“Dime.
¿A que después de todo crees que no es así?”
El
hombre miró a Do-ha con el rostro iluminado al ser llamado. Al ver sus ojos
brillantes, parecía que aún no perdía la esperanza. ¿Cómo podía una persona ser
tan pura? El hombre todavía quería creer que aquel show de suicidio de entonces
no fue para engañar al joven frente a él. Era porque temía que alguien fuera
infeliz como consecuencia de haber revelado la verdad. A pesar de que el joven
frente a él estaba rebosante de alegría, como un Arquímedes que acababa de
gritar '¡Eureka!'.
Do-ha
tuvo que morderse los labios para contener las ganas de contárselo. Si no lo
hacía, temía que el hombre pensara que se había vuelto loco por el impacto. No,
el único espectador de aquel show de suicidio debía ser él mismo. No podía ser
otra persona, y no había forma de que hubiera malinterpretado el corazón de
Si-woo. Pensándolo bien, Si-woo siempre aparecía en su vida en el momento
perfecto, tanto que llegaba a creer que estaban unidos por una persistente
coincidencia.
Era
tan perfecto que incluso se sintió impulsado a prometerse a sí mismo que
compartiría, aunque fuera un poco, la carga de ese destino trágico que
arrastraba Si-woo. Pensó que, tal vez, para eso se habían conocido.
En
realidad, la razón por la que jamás sospechó fue porque no podía ni imaginar
que Si-woo —quien supuestamente había vendido su propio cuerpo para pagar sus
estudios— pudiera caer más bajo. Cualquiera que hubiera conocido a Si-woo en
esa época, aunque lo señalara y lo insultara por venderse, jamás habría
adivinado que escondía algo mucho más turbio detrás, tal como le pasó a él.
Do-ha
soltó una pequeña risa y habló con lentitud, en un tono bajo pero firme. En
medio de todo, su instinto de entrometido volvió a asomar la cabeza, pero pensó
que, comparado con el valor de la lección que acababa de recibir, podía
permitirse serlo un poco más.
“En
realidad, quería preguntarle cuál era esa gran empresa donde trabajaba su
hija.”
“¿Eh?
¿Para qué?”
“Creo
que puedo investigar más sobre ese superior. Si usted quiere, puedo averiguar
los detalles con mayor profundidad.”
“¿Tú?
¿Cómo?”
“Es
que nací en una buena familia y crecí sin que me faltara nada. Me gustaría
hacer esto a cambio de la ayuda que usted me ha brindado hoy.”
A
pesar de sus palabras, el hombre seguía sumido en la duda, sin estar
convencido. Do-ha esperó la respuesta mientras pensaba, de forma casi absurda,
si debería causar algún escándalo para que su rostro apareciera más seguido en
las noticias. Era una idea propia del hijo menor de una familia de magnates,
alguien cuya cara era su propia tarjeta de presentación.
“Mmm…….
No creo que sea posible. Mira, ni siquiera el detective que llevaba el caso de
mi niña pudo entrar a las oficinas. Nosotros apenas pudimos recuperar sus
pertenencias a través de un compañero. Dicen que el equipo de trabajo se puso
como loco diciendo que acusábamos a inocentes, y al final terminaron hablando
mal de mi hija.”
“Seré
más útil de lo que usted imagina.”
Do-ha
enfatizó con fuerza. Sabía bien que, en momentos como este, presionar con
seguridad en lugar de dar tiempo para pensar era lo que daba resultados. El
título de director de división eficiente no se lo habían regalado.
“Entonces,
bueno…… no me haré grandes ilusiones. Pero por si acaso…….”
“Sí.
Dígame.”
Dibujó
una curva suave con sus ojos para parecer bondadoso y elevó las comisuras de
sus labios para transmitir tranquilidad. En este instante, lo más importante
era la confianza. Sabía que en el momento en que el hombre se convenciera de
que podía confiar en él, dejaría de guardarse cosas y lo soltaría todo.
“Se
llama Grupo Wonkyung…… ¿conoce el nombre? Ese que trae películas extranjeras
y…… también dicen que hacen esos dramas que la gente ve mucho ahora.”
“……¿Dijo
Wonkyung?”
A
pesar de ser la respuesta que tanto esperaba, Do-ha no pudo alegrarse. Una
sombra de desconcierto cruzó sus ojos negros y, sin querer, sus labios
temblaron. Se los humedeció con la lengua y tragó saliva ruidosamente. El
hombre, que miraba hacia el río por la incomodidad de su relato, no notó el
asombro de Do-ha.
“Entró
en la convocatoria abierta de la primavera pasada. Recuerdo que después de la
entrevista con los directivos estuvo llorando toda la noche porque pensó que se
había equivocado al hablar, y apenas pude consolarla.”
“……Jaja.”
Do-ha
soltó una carcajada. Qué mundo tan pequeño y qué coincidencia tan asquerosa. Se
frotó el rostro con ambas manos y luego presionó sus párpados con las yemas de
los dedos. Lentamente, buscó en su memoria la temporada de contrataciones del
año pasado.
Aunque
había recibido formación como sucesor desde pequeño, su padre quería que
aprendiera la práctica de cerca. Fue el periodo en el que terminó de aprender
bajo el mando de su padre y de Do-kyung, y acababa de ser nombrado oficialmente
como director de división. Era una época en la que estaba lleno de entusiasmo
por las palabras de su padre: ‘Hazlo como quieras, llegar a ser director
ejecutivo depende de tus manos’.
Tanto
él como su equipo de secretarios tenían como prioridad absoluta que Do-ha se
asentara en su puesto. Debido a sus frecuentes viajes al extranjero, los
asuntos internos de la empresa se gestionaban según un orden de importancia y
magnitud. Ese criterio solía basarse en cuánto dinero había de por medio, qué
tanto interés social despertaba y, en última instancia, cuánto beneficio
reportaba a la compañía.
Por
lo tanto, que una empleada nueva hubiera renunciado al poco tiempo se consideró
un asunto insignificante que ni siquiera llegó a sus oídos. Incluso si esa
empleada se hubiera suicidado y los detectives hubieran ido y venido
investigando.
De
pronto, sintió asco de su propia hipocresía. Se había comportado como una buena
persona que ayudaba y daba a los demás, pero ni siquiera se había interesado
por sus propios empleados. Se le puso la piel de gallina al darse cuenta de
esto. ¿Cuándo llegaría el día en que pudiera estar orgulloso de sí mismo al
mirar atrás? No tenía derecho a despreciar ni a horrorizarse de nadie.
Do-ha
se levantó de su asiento e inclinó lentamente el torso frente al hombre. El
hombre, desconcertado, intentó que se enderezara, pero Do-ha se mordió el labio
y respondió con firmeza.
“Lo
siento mucho, señor.”
“No,
¿por qué tú? ¿Acaso crees que será difícil investigar eso? Está bien, está
bien. No tienes que preocuparte.”
La
mano que palmeaba la espalda de Do-ha para consolarlo era la mano de un padre
que había perdido a su hija. Do-ha mordió su labio con más fuerza e inhaló
profundamente. El calor que sentía en su espalda hizo que se le cerrara la
garganta. Era difícil de decir, pero precisamente por eso debía hacerlo.
“……Yo
soy el director de división de ese Grupo Wonkyung.”
Sintió
cómo la mano que lo palmeaba se detenía en seco. Do-ha se enderezó lentamente
para enfrentar al hombre, que se había quedado paralizado. Al ver que el hombre
escrutaba su rostro sin atreverse a preguntar para confirmar, Do-ha volvió a
inclinar la cabeza y pidió perdón.
“Soy
el director de la división de negocios de contenido cultural del Grupo
Wonkyung. Lo lamento profundamente.”
“¿Tú……
tú eres el responsable?”
“Sí.”
“……Ja.
Ya decía yo que me resultabas familiar. Cómo puede pasar esto…… uff.”
“No
presté atención a los empleados como debí hacerlo. Como excusa, si no ocurre
algo de gran magnitud dentro de la empresa, no me llega el informe……. Lo
siento.”
El
hombre cerró los ojos con fuerza y apretó los dientes. Sus puños temblaban,
pero tras contener su respiración varias veces, logró hablar con dificultad.
“El
detective…… fue varias veces y al final no lo dejaban pasar ni de la entrada
principal…… uff. ¿Cómo pudieron…… por qué……? Si tan solo nos hubieran dejado
investigar, yo…… uff…….”
Finalmente,
el hombre no pudo continuar y se dio la vuelta. Presionó su pecho con manos
temblorosas mientras intentaba respirar profundamente. Ese resentimiento era
tan grande que cada vez que recordaba el incidente, no podía respirar bien.
“Fue
una época de muchos viajes al extranjero. Como yo no estaba, probablemente
bloquearon cualquier cosa que pudiera causar un problema mayor.”
“Entonces……
nadie sabía que mi hija se estaba muriendo…… de verdad…… nadie lo sabía…….”
“Lo
siento, señor. Yo…… me haré responsable y me aseguraré de esclarecer la muerte
injusta de su hija.”
“……Mi
hija…… uff…….”
El
hombre se golpeó el pecho. El sonido cargado de injusticia, rencor y desolación
se dispersó rápida y silenciosamente en el aire de la noche. Do-ha se quedó
allí de pie, sin poder hacer nada más que observar. Al principio pensó que
debería arrodillarse, pero no pudo hacerlo.
No
era por una cuestión de orgullo. Podría haber dejado que el hombre lo agarrara
por el cuello o lo golpeara hasta que se desahogara. Sin embargo, ese gesto
pertenecía a alguien más.
Había
una persona específica ante la que quería arrodillarse y pedir perdón de todo
corazón, y por esa persona, no podía hacerlo en cualquier lugar. No quería
entregarle a esa persona un gesto que hacía frente a cualquiera. Ahora que
tenía la certeza, quería darle solo lo que fuera único, aunque lo primero que
le ofreciera al volver fuera algo tan simple como ponerse de rodillas.
Realmente,
extrañaba a Yu-dam hasta la locura. Aunque todavía temía los recuerdos que no
habían regresado, quería decirle al menos lo que sentía ahora. Que, a
diferencia de antes de perder la memoria, ahora lo echaba de menos. Que, aun
sin tener conciencia, se había vuelto a enamorar de él.
“Señor.”
“…….”
“No
me atrevo a decir que lo entiendo. Pero espero que me dé una oportunidad. Me
aseguraré de esclarecer la muerte de su hija para usted y su familia.”
Finalmente,
el hombre se dio la vuelta para mirar a Do-ha. Un hombre mucho más alto que él
estaba con la cabeza baja, mostrando solo la coronilla. Un hombre que apenas
era unos años mayor que su hija, el hijo y la familia de alguien. Pensó que
este hombre, que tenía que pedir perdón por algo que no sabía, también podía
sentirse frustrado.
Aunque
la posición de responsable conllevaba esa carga, a los ojos del padre que
perdió a su hija, Do-ha se veía como un director sólido que cargaba con una
pesada responsabilidad, pero también, en parte, como un hijo que inspiraba lástima.
“Parece
que he venido aquí todos los días solo para que llegara este momento y
encontrarte…….”
“De
verdad, lo siento mucho.”
“Está
bien. Haberse encontrado así debe ser el deseo de mi hija. Si no hubiera venido
cada día, jamás te habría conocido.”
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Do-ha
asintió. Este era el momento al que la gente llama destino. Hacía mucho tiempo
que no ponía un pie en este lugar, desde que apenas logró detener a Si-woo. Sin
embargo, haber pensado hoy de repente en este sitio y haber venido como atraído
por un imán, tal vez fue para enderezar las cosas que estaban mal.
Tanto
su propia vida, sin saber que estaba siendo utilizada, como su empresa, que
empujó a alguien a una muerte llena de rencor.
Un
alfa dominante a medias. Esa era la frase con la que Do-ha solía definirse. Se
despreciaba y se compadecía de sí mismo porque no tenía celos normales y no
podía oler las feromonas. Decidió que nadie lo entendería y se aisló aún más.
Siempre luchó contra la soledad y sintió una fuerte sed y nostalgia por algo
desconocido.
Pero
ahora comprendía que incluso eso había sido parte de su arrogancia. Tal vez se
había regocijado en el hecho de ser un alfa dominante especial y único
precisamente por ser 'a medias'. Embriagado por la soberbia de creerse
diferente a otros magnates, juzgó y despreció la vida de Yu-dam a su antojo.
Solo porque le resultaba difícil respirar o sentía náuseas, no quiso saber nada
de Yu-dam. Si tan solo hubiera enfrentado la razón de aquello, jamás lo habría
considerado algo horrible.
Pero
en lugar de enfrentar la verdad, solo prestó oídos a quienes decían que era un
heredero egoísta y arrogante que no entendía las penas ajenas. Si realmente
hubiera sentido lástima por los demás hasta el punto de escucharlos, debería
haber pensado al menos una vez en la situación de Yu-dam. En fin, como eso
también lo dijo Si-woo, ahora pensaba que todo habría estado bien si
simplemente no lo hubiera escuchado. Era una sincronía aterradora disfrazada de
coincidencia.
“Gracias
por aparecer, aunque sea ahora. Si no fuera por ti, tanto mi esposa como yo
habríamos pasado el resto de nuestras vidas consumiéndonos por la injusticia de
la muerte de nuestra niña. Ni siquiera habríamos podido mirar su rostro al
morir por la culpa.”
Tras
calmar sus emociones desbordadas, el hombre apretó la mano de Do-ha. En ese
agarre sobre su mano grande, Do-ha sintió una súplica desesperada. El hombre
sabía bien que esta era su última oportunidad. Podría haber estallado de furia
contra Do-ha y volcado todo su rencor, pero eso solo habría servido para
aliviar su propio dolor. Comprendió que lo primero era limpiar el honor de su
hija y que esa oportunidad quizás no volvería a presentarse. En las manos de
Do-ha estaba el pasado y el futuro de su familia.
Do-ha
también estrechó la mano del hombre para tranquilizarlo. Para él, este también
era un momento crucial. Al final, la compasión solo le había servido para
adornar su propia arrogancia. No fue más que una forma de ocultar sus carencias
y de embriagarse con una superioridad ficticia mientras se compadecía de los
demás.
Ahora
era el momento de hacer limpieza a su alrededor, arreglarse bien y volver hacia
su nostalgia. No le importaba si Yu-dam tenía a otro alfa. No pensaba
quitárselo por la fuerza. Simplemente, ahora que por fin comprendía con
exactitud a dónde debía regresar, solo tenía que hacerlo. Porque ese era Baek
Do-ha.
“¿Por
si acaso…… sabe el nombre de ese superior? Si no lo sabe, con el nombre de su
hija me basta. Yo me encargaré de encontrar todo lo demás.”
“Lo
sé. No podría olvidarlo. Ese nombre no lo olvidaré en toda mi vida.”
Una
pequeña sonrisa apareció en el rostro del hombre. Tanto él como Do-ha sabían
que ahora finalmente sentía que podía respirar y que una pequeña esperanza lo
mantenía en pie de nuevo. Do-ha se prometió a sí mismo que le mostraría el final
de todo esto. Pensó que, después de eso, en aquel rostro aparecería una sonrisa
de alivio.
El
hombre pronunció aquel nombre que estaba clavado como un cáncer en su corazón,
soltándolo como quien exhala un suspiro contenido. Fue un nombre que salió
desgarrando sus entrañas, como si tuviera una espina clavada en la garganta.
“Si-woo.
Kim Si-woo es el nombre de ese tipo.”
<Continuará en el volumen 4>
