06 Rumores
06 Rumores
El
dolor, que antes se sentía como algo vago, comenzó a volverse nítido y el ruido
ambiental aumentó. Soltando un leve gemido, Philip abrió lentamente sus
párpados pesados.
Era
un pensamiento absurdo y fuera de lugar, pero deseaba que, al abrir los ojos de
nuevo, estuviera en su casa. Realmente, de todo corazón. Sin embargo, lo que
recibió a Philip apenas despertó de su desmayo fue...
“¿Eh?
¿Se despertó?”
Era
Bell, limpiando el suelo con el mango de una fregona larga. Philip no tenía
fuerzas ni para incorporar su cuerpo, así que solo pudo mover los ojos con
pesadez.
“Estaba
a punto de despertarlo, ¿cómo es que se levantó solo?”
“…….”
Como
una persona postrada en una cama de hospital, Philip apenas podía mirar a Bell
con la vista perdida. Su voz no salía correctamente, pero incluso para hablar
necesitaba tensar el abdomen, y hasta eso le resultaba una tarea agotadora.
Bell,
que hasta hace un momento lo miraba desde arriba, movió la fregona de un lado a
otro limpiando el suelo y volvió a entrar en el campo de visión de Philip.
Mientras ordenaba los objetos a su alrededor, continuó hablando como si nada
hubiera pasado:
“Ahora
me voy a la 666. Como es tarde, ¿quiere bajar a las celdas del código F para
ducharse?”
Ante
esas palabras, Philip abrió los ojos de par en par en señal de protesta. Jadeó
con rabia, como recriminándole que eso no era lo pactado, a lo que Bell
respondió soltando una carcajada y agitando la mano.
“Es
broma. Entonces, venga a la 666.”
“……
¿Qué?”
Debido
al desconcierto, su voz salió de golpe.
“Para
ducharse tiene que venir a la 666, Philip.”
“Maldita
sea……. Ahora mismo, yo no puedo caminar……”
Philip
tosía con aspereza, sintiendo un escozor punzante en la garganta cada vez que
hablaba. Aun así, temiendo que Bell lo dejara solo en esa habitación y
desapareciera, continuó protestando sin descanso.
“Afuera
hay otras criaturas……. ugh, ugh……”
“¿Tanto
miedo le da que corra el rumor de que se acostó conmigo?”
“Ha…….
El hecho de acostarnos ya es……. Mierda. ¿Por qué tengo que…… ugh,
explicar esto……?”
“¡Ah!
¿No es que yo le dé vergüenza, sino que le avergüenza el sexo en sí?”
“No
es eso……. Exactamente es que yo, yo……”
Estaba
a punto de decirle qué era exactamente lo que le incomodaba. Pero no podía
atreverse a decir: ‘¡Que no quiero que corra el rumor de que tú me la
metiste!’. En su lugar, desde su cuello hasta su rostro se tiñó de un rojo tan
intenso que resultaba incómodo incluso para quien lo miraba.
Philip
dejó de hablar y se mordió el labio con frustración.
‘¿Qué
clase de conversación puedo tener con este tipo?’
Estaba
convencido de que Bell solo hacía eso para sacarlo de quicio.
“Mmm,
¿será que le preocupa que se rumoree que fue penetrado por mí?”
“…….”
“Philip
es un gran alfa dominante, después de todo. Un alfa dominante demandado incluso
por setenta y tres personas. Si corre el rumor de que el único heredero de la
familia Kingston puso el trasero en el refugio, uff. Hasta a mí me molestaría.”
En
lugar de rebatir sus palabras, Philip cerró los ojos con fuerza. En el estado
en el que se encontraba, cualquier réplica resultaría ridícula, y por muy
elegante que fuera su respuesta, al final el ganador siempre era Bell.
Además
de la humillación, ver su pene medio erecto le traía recuerdos del sexo
reciente con Bell, haciendo que su rostro ardiera. Podía recordar con tal
detalle qué expresiones puso y qué gemidos soltó mientras aquel tipo lo
penetraba, que podría haberlo escrito palabra por palabra; su parte inferior,
que había recibido los penes, se sentía embotada.
¿Era
solo su imaginación que una parte de su corazón también se sentía embotada?
“Mierda…….”
Incapaz
de contenerse, Philip soltó un lamento y movió los ojos para mirar a Bell.
“No
se preocupe. Si hace exactamente lo que yo diga, ese tipo de rumores jamás
verán la luz.”
Ante
su respuesta, sintió un extraño alivio. Como si estuviera en un bosque
frondoso, su corazón se calmó por un momento. Tras recuperar el aliento, a
Philip le invadió una irritación tardía.
‘¿Es
este momento para sentirme aliviado?’
Ahora
mismo le dolía todo el cuerpo como si fuera a romperse, pero quién sabe. Si
llegaba a acostumbrarse incluso a este dolor, su cuerpo probablemente
terminaría deseando el sexo con Bell en lugar del sexo con otros alfas. Si se
preguntaban cómo podía estar tan seguro, era porque Philip conocía este proceso
mejor que nadie.
Él
mismo había domesticado a otros alfas de esa manera. Al menos él solía ordenar
a sus empleados que lavaran a los alfas que quedaban inconscientes. Philip echó
un vistazo a su estado desastroso y volvió a cerrar los ojos con fuerza. Por
donde se mirara, este no era el aspecto de alguien que acababa de tener sexo
con un humano.
“No
soy un juguete sexual……. Maldita sea……. Si vas a jugar conmigo de esta forma,
al menos deberías dejarme en mi lugar original. ¿No crees?”
Su
voz estaba completamente rota y agrietada. Si hubiera sido otra persona, se
habría burlado de lo mal que sonaba, pero Bell lo miró desde arriba sin rastro
de risa. Sosteniendo el mango de la fregona con una mano, inclinó su cuerpo
hacia adelante de golpe.
Al
hacerlo, sus dos penes se balancearon con pesadez.
“Philip
es demasiado hipócrita. Usted tampoco recogió adecuadamente los juguetes con
los que jugó. Ni de niño, ni ahora que es un adulto.”
Los
ojos azules de Philip, que se movían lentamente, se quedaron rígidos por un
instante. Frunció el entrecejo y preguntó:
“……
¿Qué?”
Justo
cuando iba a recriminarle que lo estuviera tratando como a un juguete, Bell
sonrió entornando los ojos como siempre.
“Es
broma. De ahora en adelante lo lavaré bien después de usarlo, así que no se
queje.”
Philip
lo miraba fijamente desde abajo. Bell no solo estaba impecable, sino que su
piel parecía brillar, a diferencia de él. ¿Qué podría decirle para estropear
aunque fuera un poco ese rostro tan bonito? Tras elegir y descartar frases en
su mente, Philip simplemente movió los labios un par de veces y los cerró.
No
encontraba ninguna frase capaz de arruinarle el humor a un tipo que incluso
estaba tarareando. Y tampoco sacaría nada bueno de una conversación larga.
“Olvídalo”,
pensó, y giró la cabeza bruscamente. Bell alzó las cejas, sorprendido.
“¿Se
ofendió?”
En
un momento así, lo normal sería preguntar si estaba enfadado, pero Bell era
inmaduro a la hora de comprender los sentimientos ajenos, como un niño que
intenta adivinar las emociones de un amigo.
“Lo
dice así a propósito…….”
Bell
ladeó la cabeza ante la palabra “a propósito” y observó de arriba abajo a
Philip, que yacía frente a él. Sin darle importancia, Philip cerró los ojos
cansado e intentó ignorar las sensaciones que recorrían su cuerpo. La carne
interna que aún se movía con cada respiración, el calor que no terminaba de
irse.
Estaba
tratando de calmar su cuerpo derretido por el frío que subía del suelo cuando
Bell, tras reajustarse la ropa una vez más, extendió la prenda de abrigo que
llevaba puesta y cubrió suavemente el cuerpo de Philip.
“Bien,
vayamos a la 666.”
“¡ugh……!”
Bell
cargó a Philip, que medía unos impresionantes 6.4 pies, y salió de la
habitación 690 como si no pesara nada.
Debido
a lo repentino de la acción, Philip tuvo que morderse el labio y soportar el
dolor; para cuando quiso reclamarle a Bell, ya estaban fuera del cuarto. Con
los ojos muy abiertos, casi a punto de saltársele de las órbitas, examinó
rápidamente los alrededores.
En
un momento así, ¿debía quedarse quieto y sin respirar como si no existiera? ¿O
debía rebelarse a la vista de todos para demostrar que Bell era el que estaba
loco? Philip escudriñaba el entorno como un prisionero que intenta fugarse,
debatiéndose entre mil opciones.
“¿Quiere
pasar por la habitación de Snake antes de irnos?”
“Deja
de decir estupideces y camina de una vez. Por favor.”
“Parece
que ni siquiera quiere verlo. ¿Acaso su pene no era tan bueno como esperaba?”
Por
alguna razón, Bell tarareaba como si estuviera cantando mientras lanzaba una
mirada hostil hacia la habitación de Snake. Luego soltó un bufido, giró la
cabeza y entró en la 666, cerrando la puerta con tal fuerza que los pósteres
pegados en la pared se sacudieron.
“Hmph.”
Incluso
después de entrar, se quedó mirando la puerta cerrada un par de veces más antes
de dirigirse al baño.
“¿Ya
puedes bajarme?”
“Lo
bajaré frente a la bañera.”
En
cuanto entraron al baño, Philip recorrió el lugar con la mirada, mostrando una
expresión de agobio. Maldita sea, tener que volver a este sitio.
“Tendrá
que quitarse la ropa.”
Era
vergonzoso llamar 'ropa' a esos harapos rasgados por todas partes, pero, de
cualquier forma, había que despojarse de ellos.
“¿Quiere
que lo ayude?”
Junto
con la pregunta, Bell bajó a Philip lentamente. En el instante en que sus pies
tocaron el suelo, todos los sentidos que habían estado aletargados empezaron a
ocupar su cuerpo con pesadez. Especialmente, su entrepierna ardía demasiado.
Tenía
mucho que preguntar: desde el dolor sordo en su perineo hasta ese líquido
extraño que teñía sus genitales de forma pegajosa. Pero primero, la ducha.
“Me
lavaré solo…… lárgate.”
Cada
vez que hablaba, las piernas le flaqueaban y un líquido extraño se filtraba
poco a poco desde su orificio. No quería saberlo, pero la mezcla de todos esos
fluidos que se habían acumulado bajaba lentamente por su pierna, haciendo
imposible ignorarlo. Incluso, con cada respiración o palabra, el orificio se
movía en exceso, chasqueando como si estuviera saboreando algo, lo que hacía
que su rostro se contrajera constantemente.
Era
la primera vez que odiaba tanto la gravedad.
“Oh,
Philip. Yo también me siento muy pegajoso ahora mismo. Mire esto. Estoy
completamente empapado.”
Por
el contrario, Bell se quejaba con Philip con un rostro de lo más relajado.
Pellizcó su ropa manchada con esa esencia de slime y lamentó: “Mire esto. De
verdad estoy totalmente empapado.”
Philip
quería agarrar esa boca y cerrársela a la fuerza, pero se calmó varias veces
antes de responder.
“¿Acaso
no ves que yo estoy empapado con tu semen? ……Mierda.”
Maldita
sea. Se había prometido contenerse, y el resultado de esa promesa era este.
Philip negó con la cabeza y suspiró para sus adentros. Abrió el grifo de la
bañera al máximo y se apoyó en el borde.
Bell
lamió sus labios mientras recorría con la vista la figura de su espalda.
“¿Por
qué lo dice? Si se ve magnífico.”
Philip,
que ajustaba la temperatura del agua, lo miró de reojo y reclamó:
“Deja
de decir que me veo 'delicioso'.”
“¿Eh?
Dije que se ve 'magnífico', Philip.”
Bell
exageró el movimiento de sus labios al hablar para corregirlo deliberadamente.
Al verlo, Philip volvió a centrarse en el agua mientras murmuraba:
“Ah,
este tipo de verdad……”
Seguramente
el calor en su nuca se debía a que el agua del baño estaba demasiado caliente.
Tras bajar un poco la temperatura, enderezó lentamente su espalda dolorida.
Pensó en cómo quitarse los trozos de tela pegados a su piel…….
“Levante
los brazos. Se la quitaré.”
Iba
a rechazarlo y apartarlo, pero la prenda superior ya había sido enrollada hacia
arriba y retirada de un tirón. Entonces, uno de sus pezones, inusualmente
hinchado, quedó al descubierto y se sacudió a la vista.
“ugh.”
Al
presenciar aquello, Bell perdió la mirada instintivamente en ese pequeño y rojo
pezón. Lamió sus labios y soltó una exclamación en voz baja.
“Oh…….”
Bell
se relamió pensando si saldría leche si lo succionaba ahora mismo, pero
enseguida fingió inocencia. Philip lo miró con desprecio ante tal hipocresía y
chasqueó la lengua.
“¿Qué
pasa? ¿Acaso te quedaste embobado porque te gustó cómo te quedó después de
haberlo dejado así?”
A
pesar del dolor en la garganta, Philip le reclamaba cada palabra mientras se
tocaba el cuello. Podía soportar otras cosas, pero su fingida inocencia le
resultaba intolerable. Sin embargo, Bell se encogió de hombros y preguntó:
“¿Que
yo lo dejé así? ¿Quién? ¿Yo?”
“Sí,
tú lo dejaste así. Engendro de demonio.”
Debería
haber ido a la iglesia con su tía Charlotte cuando ella se lo pidió. Si lo
hubiera hecho, quizá no estaría siendo burlado por un demonio como este.
Mientras Philip se sumergía en la bañera, las excusas del demonio ofendido
llovieron a su espalda.
“No
es cierto, Philip. ¡Ya le dije que soy un representante!”
Philip,
que apenas lograba sentarse en la bañera, soltó una risa burlona al mirar los
dos penes de Bell que colgaban frente a él. Atrapó con fuerza los penes medio
erectos, sacudió los glandes de un lado a otro y le reclamó:
“Si
quieres mentir, ¿por qué no te deshaces primero de estos penes? ¿Acaso toda la
gracia divina que recibiste se te fue a la entrepierna? Qué clase de humano
tiene dos penes. Hijo de perra.”
“Ah…….”
Bell
se sonrojó mientras miraba hacia abajo, viendo sus penes atrapados por él.
“Y
ni lo intentes, no tienes talento para mentir. Solo me das ganas de vomitar.”
Cada
vez que Philip sacudía los penes como si azotara a alguien con ellos, la
expresión de Bell se desmoronaba por momentos. Los penes, que eran bastante
flexibles, empezaron a endurecerse y a levantarse; en un instante se pusieron
tan rígidos que estaban listos para la inserción.
“……Maldito
loco…… ¿Ya la tienes parada otra vez? ¿Cómo te atreves?”
“ugh…….”
Philip,
horrorizado por ese sonido que no sabía si era un gemido o una respuesta, soltó
los penes de inmediato. Entonces, Bell comenzó a desvestirse prenda por prenda
mientras decía:
“No
sea así……. Ya entendí, así que sacúdalos un poco más, Philip. Me desnudaré
rápido.”
Tan
pronto como terminó de hablar, Philip lanzó lejos los penes que había estado
sujetando. La superficie de los penes que habían hurgado en su interior
innumerables veces estaba cubierta de jugos pegajosos. Philip sacudió sus manos
con asco, totalmente espantado.
“Ni
siquiera eres un animal. ¿Es que estás en celo? ¿Es un rut?”
Tan
pronto como terminó de hablar, Bell aplaudió y asintió con entusiasmo.
“¡Exacto!
He estado en este estado desde que me convertí en el representante de Belial.
Uf, Philip. Haga algo conmigo. Realmente debe ser un efecto secundario.”
Si
hubiera sido un poco menos apuesto, Philip le habría arrojado el cabezal de la
ducha a la cara. Exhaló un suspiro tan profundo que sus pezones se sacudieron.
“Deja
de decir estupideces y, si vas a entrar, hazlo de una vez.”
Estando
ya desnudo, Bell no era de los que se ducharían tranquilamente para luego
marcharse. Philip, perspicaz, le hizo un gesto con la barbilla para que
entrara, y Bell aceptó la invitación al instante.
Swaaaa—.
El
agua tibia fluía hacia el suelo emitiendo vapor caliente. El vapor empañó todo
el amplio baño, calentando incluso el aire. Philip deseaba descansar
profundamente, pero, bueno, eso no era tan sencillo como quería.
En
cuanto Bell entró en la bañera y se sentó, comenzó a estimular suavemente el
pene de Philip con la punta de los pies. Acababan de tener sexo, ¿cómo era
posible que ya estuviera así de nuevo? Philip, asombrado, apartó el pie de un
golpe y cubrió su propio pene.
“Tú
de verdad……. ¿Cuál es la maldita razón por la que te comportas así conmigo
después de haber aceptado incluso mi patrocinio? ¿Eh?”
Se
preguntaba si un demonio se le había pegado como castigo por haber tenido
demasiado sexo a lo largo de su vida, o si realmente había terminado
patrocinando a un demonio por pura coincidencia. Mientras esperaba una
respuesta, Bell solo se relamió, como si se hubiera quedado con las ganas de
algo. Luego levantó la cabeza y preguntó: “¿Qué dijo?”.
“¿Eh?
¿Dijo que me daría más patrocinio? Ah, no. ¿A Lord Belial?”
“Te
he preguntado dos veces por qué, aceptando mi dinero, estás tan obsesionado
conmigo.”
“Ah.”
Él
respondió mientras se pasaba la mano mojada por el cabello hacia atrás.
“Porque
me dio su patrocinio.”
Philip
lo miró frunciendo el ceño, como pidiendo una explicación. ¿Estar obsesionado
solo porque recibió patrocinio?
“Es
divertido. ¿Qué humano patrocinaría a un demonio? ¿No cree?”
“……
¿Y esa es la razón de tu obsesión?”
Ja,
realmente no tiene idea de lo que dice.
“Escuche
bien, Philip. Empezar por curiosidad, pasar a la obsesión y terminar haciéndolo
completamente mío. Así es como es el amor originalmente.”
“……
¿Qué?”
Ante
esa frase aterradora que parecía sacada de una película de terror de tercera
categoría, Philip se sintió como el protagonista secuestrado de la película. Y
este hombre frente a él era algo así como un criminal que acababa de decidir
matarlo con su amor retorcido……. Tragó saliva con dificultad.
“Pero
yo tampoco lo sabía. ¿Quién puede asegurar que pasará de la etapa de curiosidad
a la de obsesión?”
“…….”
“Podría
estar así todo el tiempo como un perro en celo, tal como usted dice, o podría
cansarme y dejarlo. Yo tampoco lo sé, Philip. Puede que, para cuando termine su
tiempo de servicio obligatorio, quiera hacerlo completamente mío.”
Entonces,
deslizó sus largas piernas y volvió a estimular suavemente sus genitales con la
punta de los pies. Philip, que lo miraba fijamente, encogió las piernas de
golpe ante esa extraña sensación. Bell chasqueó la lengua decepcionado y volvió
a clavar su mirada en él.
“Por
eso se lo digo. Philip, por favor, cuide su comportamiento para que no ocurra
una masacre sangrienta en este pacífico refugio.”
Bell,
que lo miraba a los ojos, bajó lentamente la vista hacia el abdomen de Philip.
“Si
no se siente seguro, regrese a la 666.”
Cuando
Bell extendió los brazos dándole la bienvenida como si fuera un empleado de un
parque de diversiones, Philip giró la cabeza bruscamente.
“Lárgate.
Puede que no esté lo suficientemente cuerdo como para representar a la Tierra,
pero no estoy tan loco como para vivir con un demonio.”
Había
pensado que el Código Negro era simplemente algún ser peligroso de otro
planeta; ¿quién habría imaginado que sería un demonio?
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“Las
organizaciones religiosas deberían saber esto. Que el tipo que finge ser un
empleado del refugio es, en realidad, un demonio.”
“Soy
un representante, Philip. No un demonio.”
Ante
esa respuesta tan tajante, Philip sonrió con ironía. Era la sonrisa que
mostraba cuando dejaba salir sus malos hábitos.
“Pues
qué lástima. Porque yo también tengo algo que no te he contado.”
Bell,
que estaba disparando agua con sus manos hacia el pezón de Philip, ladeó la
cabeza.
“En
realidad, me acosté con otros tipos. Y fue algo asquerosamente sucio.”
Philip
golpeó el borde de la bañera y señaló hacia el resto del lugar con la barbilla.
“Como
no había una bañera como esta, lo hicimos en las duchas.”
Bell,
que miraba a Philip atónito, empezó a mover los ojos de un lado a otro. Se
aclaró la garganta y se acomodó antes de responder.
“¿Dice
que se revolcó con los del código F? Oh, Philip. Por favor, invente una mentira
que sea creíble.”
Agitó
la mano y sonrió como un novato que escucha una leyenda urbana absurda. Bell,
que se reía a carcajadas diciendo que eso era imposible, se limpió las
comisuras de los ojos y dijo con el rostro serio:
“Aunque,
ciertamente, usted es el tipo de humano que se comería cualquier cosa si
estuviera necesitado. Philip, inténtelo. A ver qué pasa.”
Un
silencio momentáneo devoró por completo la calidez que llenaba el baño. Philip
respondió con una sonrisa forzada.
“¿Y
qué pasaría?”
“Bueno.
Habría varios métodos. No soy tanto como Belial, pero como representante tengo
algunos poderes. Supongo que terminaría abusando de ellos o usándolos mal.”
En
su rostro sonriente no había ni rastro de broma. Era escalofriante.
“¿Vas
a matarme?”
“No
soy tan generoso como para dar un descanso eterno a un enemigo tan fácilmente.”
Bell
perdió la mirada en la distancia, sumido en sus pensamientos. Pensando en cómo
podría atormentarlo de manera más eficiente e innovadora.
“Yo
mismo me encargaré de mis enemigos, Philip.”
Qué
tipo tan soso. Justo cuando la conversación parecía terminar, Bell soltó de
repente:
“Para
empezar, calcularé el número de veces que ese tipo movió la cintura como días
de trabajo, y te follaré todos y cada uno de ellos.”
“…….”
“Y
grabaré mi nombre en tu cuerpo, y pondré piercings en cada parte que
sobresalga.”
“Basta
ya.”
“Cuando
vayas a trabajar, te pondré un dildo hecho a imagen de mi pene, y cuando
vuelvas a casa, te follaré de nuevo con mi pene real.”
Al
ver sus ojos llenos de vida mientras decía eso, a Philip le invadió una
irritación creciente.
“Mierda,
qué clase de……. Es una sensación asquerosa para quien es penetrado, así que
detente.”
“Y
pondré un cojín bajo tu parte inferior para verter todo mi semen dentro. Así,
incluso nacerá un niño que no existía.”
Philip
tragó algo amargo y frunció el ceño con disgusto. Si nunca hubiera tenido sexo
con él, se habría burlado diciendo que solo era un bocazas, pero, bueno.
Sabiendo que él sería capaz de hacer eso y más, su parte inferior se
estremeció.
¿Tenía
que estimular su imaginación de esa maldita manera?
“Mierda…….
No quiero saber nada de tus fantasías sexuales. Por qué me cuentas esas
cosas……”
Incluso
mientras hablaba, Philip sentía como si todavía tuviera carne enterrada en su
interior, lo que provocaba que sus nalgas se sacudieran involuntariamente. Bell,
que lo observaba con disimulo, esbozó una sonrisa burlona.
"Si
no quiere seguir escuchando mis fantasías sexuales, le ruego que cuide su
comportamiento. Para que no tenga que vengarme con tanta alegría."
Al
ver cómo lo amenazaba, a Philip le picaron las comisuras de los labios debido a
su incurable mal hábito. Escuchar que debía cuidar su comportamiento solo le
daba más ganas de provocarlo.
"¿Ah,
sí?"
Sonrió
con sorna mientras se frotaba el labio inferior con la punta del índice.
"Pero,
¿qué voy a hacer? Lamentablemente, ya me acosté con tu jefe."
Golpeó
el borde de la bañera y señaló el interior del agua con un gesto de
suficiencia.
"En
este mismo baño. Y además, ha aparecido con frecuencia en mis sueños. Aunque yo
nunca lo invité."
En
ese instante, la expresión de Bell se congeló en una mueca forzada mientras
miraba a Philip. El silencio reinó por un momento, hasta que Philip lo rompió.
"Mira.
Este tipo... de verdad no sabe mentir ni un poco."
Olvidándose
del dolor de garganta, soltó una carcajada ronca. Su voz quebrada resonó por
todo el baño, pero Philip no podía dejar de reír.
"Si
no ha habido una masacre a pesar de que no he cuidado mi comportamiento, eso
significa que tú eres ese demonio y ese demonio eres tú. Está clarísimo."
Tras
reírse un buen rato para sus adentros, Philip fue borrando la sonrisa poco a
poco y soltó un suspiro. Mierda, ¿era esto algo de lo que reírse?
"Podría
dar lugar a malentendidos, Philip. Pero Belial no se acuesta con
cualquiera."
"Qué
presumido. Qué título tan increíble. 'El juguete sexual elegido por el
demonio', ¿algo así?"
Philip
soltó una bufida llena de desprecio, pero Bell negó con la cabeza y lo
corrigió.
"No
es eso. Lo que digo es que Belial no se acuesta con cualquiera. Philip, es
imposible que se haya acostado con usted. Es un ser mucho más puro de lo que
imagina."
¿Un
demonio siendo un 'ser puro'? Era una contradicción tan absurda como el helado
caliente; Philip no podía ni imaginarlo y frunció el ceño.
"¡Te
digo que nos acostamos!"
"Eso
no pudo haber pasado."
"¿Y
si pasó?"
Bell
miró la espesa humedad acumulada en el techo del baño y guardó silencio durante
un largo rato. Soltó un suspiro tan pesado que el agua de la bañera se onduló
levemente antes de hablar en voz baja.
"Mi
respuesta es la misma. Al fin y al cabo, abriste las piernas para otro
tipo."
"No
las abrí, me las abrieron... mierda."
Philip
sintió una molestia inexplicable ante la mirada fija que lo escudriñaba.
"En
fin, ¿entonces dices que tú no eres Belial?"
Bell
asintió con naturalidad.
"Sí,
no lo soy."
Cuando
Bell le dedicó la sonrisa que tanto le gustaba, Philip le lanzó agua en lugar
de un insulto. Bell se rió entre dientes mientras se limpiaba la cara con el
agua del baño.
"Si
lo hace, que no lo atrapen. Si no me entero, ¿cómo podría reclamarle
nada?"
"Ja,
lo de 'reclamar' es de risa."
Philip
estaba a punto de preguntarle quién se creía que era para reclamar nada, cuando
Bell habló de nuevo.
"Entonces,
Philip. ¿Lo de que se acostó con Belial es mentira? ¿O es verdad?"
"¿Eh?"
Al
ver ese rostro que le sonreía con sorna, todo tipo de pensamientos se
atropellaron en su mente.
"¿No
dices que como soy un 'cualquiera', el grandioso Belial no me penetraría?"
"Mmm……."
Al
ver que Bell lo seguía con la mirada, ansioso por encontrar algún fallo, Philip
cambió de tema rápidamente.
"Ya
basta. Cuéntame más sobre ti. Sigo sin creer que seas humano."
Su
mirada bajó de forma natural desde los ojos de Bell hacia la entrepierna,
observando alternadamente ambos penes. En resumen, si iba a insistir en que era
humano, tenía que explicar qué hacían esos dos ahí colgados.
"¿Qué
tiene de malo tener dos?"
Bell
sacudió sus penes con descaro mientras sonreía ampliamente, provocando una
bufida de Philip. Maldito psicópata.
"A
diferencia del jefe de Roald, mi empleador es muy generoso. Como expliqué
antes, esto es una especie de privilegio por ser el representante."
Philip
se mofó de aquella explicación repetitiva.
"Ah,
¿sí? Seguro que sí."
La
expresión de Philip mostraba el mismo aburrimiento que si estuviera escuchando
un informe de inversiones que no le interesaba. Si su condición física se lo
permitiera, se habría lavado rápido para lanzarse a la cama. Philip bostezó
perezosamente, se limpió una lágrima y cerró los ojos por el cansancio.
"De
todos modos, Philip. No quiero compartirlo con nadie más."
"Ha……."
"Además,
durante el encarcelamiento hay tipos locos del Código F. ¿Qué pasaría si te
atan mientras duermes y eyaculan dentro de ti? Podrías quedar embarazado."
Philip,
que había abierto los ojos con desgana, se quedó mirando a Bell como si se le
fueran a salir de las órbitas.
"¿Qué?
Es-espera. Espera un momento."
¿Se
habría quedado dormido por un segundo? Philip dudó de sus propios oídos y miró
a Bell fijamente. Le hizo un gesto con la barbilla para que repitiera lo dicho,
y Bell continuó sin dudarlo.
"Claro
que, por su naturaleza innata, el embarazo no será fácil. Pero si llegan al knotting..."
"¡Espera!
¡Mierda! ¿Qué? ¿Embarazo? ¿Knotting? Qué clase de estupideces estás..."
Su
voz temblaba junto a su respiración agitada. Todos sus sentidos se mezclaron de
tal forma que el agua de la bañera, caliente hasta hace un momento, ahora se
sentía gélida. Sin embargo, el hombre sentado frente a él llevó sus dedos
índice y pulgar a sus labios y simuló cerrar una cremallera de lado a lado.
Philip
lo fulminó con la mirada como si quisiera matarlo.
"Embarazo...
¿Embarazo? ¿Em-embarazo? ¿Así que por eso... has estado diciendo todas esas
vulgaridades desde hace rato?"
"Sí.
¿No lo vio antes? Philip, ahora tiene un orificio más. Debió haberlo notado.
Por eso lo penetré con los dos. ¿Recién se da cuenta?"
Philip
había sentido que algo era extraño, pero jamás imaginó que le hubiera aparecido
un orificio extra. Pensó que le había metido los dos penes por el trasero al
mismo tiempo, pero que realmente tuviera otro orificio... Si lo hubiera sabido,
¿crees que se habría estado bañando con tanta tranquilidad?
Revisó
su entrepierna frenéticamente como un loco, pero no veía nada. ¿Ves? ¡No hay
nada!
"No,
Philip. Solo se ve si se tumba. Por supuesto, como acaba de aparecer, la forma
todavía..."
¡Kung!
Philip
se levantó de golpe y presionó con fuerza la tráquea de Bell con el hueso de su
antebrazo. El agua se agitó violentamente, desbordándose por el suelo. Incluso
si toda el agua de la bañera se vaciara o si la bañera misma se hiciera
pedazos, nada podría detener a Philip ahora mismo.
"Mierda,
¿qué estás...? ¿Cómo puedes decir algo así como si nada? ¿Acaso estás recitando
un manual de montaje? Claro, como no es tu cuerpo, ¿verdad?"
Bell
se retorció y frunció el ceño, visiblemente incómodo por la presión en su
cuello.
"Kke-ugh……."
Intentó
agarrar el brazo de Philip que le apretaba el cuello, pero falló varias veces.
Philip, con los ojos inyectados en sangre, lo miraba desde arriba mientras
rechinaba los dientes. La tensión marcaba su mandíbula y sus anchos hombros
subían y bajaban con violencia.
Solo
cuando el sonido de la respiración de Bell comenzó a extinguirse, Philip soltó
un "Mierda" y retrocedió.
Bell
se llevó las manos a la garganta, tosiendo y sacudiéndose mientras intentaba
recuperar el aire. Si hubiera fingido que no pasaba nada, Philip se habría
lanzado de nuevo a estrangularlo; afortunadamente, el otro pasó un buen rato
ahogándose en su propia tos.
Philip
lo fulminó con la mirada en silencio. Cuando la tos remitió, Bell levantó la
vista hacia él y curvó las comisuras de los labios. Las lágrimas acumuladas en
sus ojos cayeron sobre la superficie del agua de la bañera. A pesar de todo,
sonrió y soltó un suspiro de alivio.
“……
Huuu. Esto también estuvo bien.”
“……
Maldito psicópata.”
Philip
estuvo a punto de maldecirlo y mandarlo al infierno, pero apretó los labios. Él
estaba atrapado en el refugio sin poder volver a casa, así que no era justo que
este tipo sí pudiera regresar a la suya.
“Philip,
está demasiado alterado.”
“Cualquiera
en mi lugar……”
“¿Cuál
es el problema? Philip, ¿acaso tiene planeado andar abriendo las piernas por
ahí?”
Philip
volvió a incorporarse bruscamente, haciendo que el agua de la bañera oscilara
con fuerza. Ante el movimiento, Bell mostró las palmas de las manos rápidamente
y sonrió.
“Lo
que quiero decir es: ¿quién se atrevería a obligar a un alfa dominante a abrir
las piernas? Todos quieren ser penetrados por usted, nadie intentaría
follárselo a menos que usted mismo decida abrirse.”
O,
a menos que se tratara de un loco como él, añadió encogiéndose de hombros con
descaro.
“Piense
que ahora tiene una zona erógena más.”
“Mierda…….
¡Mierda! ¿Cómo puedes decir eso……?”
Philip
no podía procesar nada más allá de su rabia. Solo veía a Bell frente a él y
sentía un instinto asesino abrasador. Pero no podía hacer nada. A pesar de
haber sido estrangulado, Bell lo observaba como si disfrutara de un
entretenimiento fascinante. Por fuera tenía rostro humano, pero sus expresiones
no eran las de alguien que acababa de estar al borde de la asfixia. Sus ojos
rebosaban curiosidad y diversión, mezcladas con una pizca de posesividad
obsesiva.
“Así
que, si todo le parece una mierda, regrese a la 666, Philip.”
“¿Regresar?”
Su voz profunda resonó de nuevo en el baño. “¿Para seguir ofreciéndole mis
orificios a un demonio?”
“Solo
soy su representante. Es como la décima vez que se lo digo. Además, Philip,
usted dijo que no tiene religión. Incluso si la tuviera, ¿qué le impide estar
conmigo?”
Como
un dios que hubiera presenciado cada momento de su vida, la expresión de Bell
era firme e indiferente. Sabía qué había hecho Philip, a cuántos alfas había
usado y cuánto sexo había tenido. Sus ojos, que brillaban como rubíes, se
tornaron oscuros como manchas de sangre mientras lo observaba.
“Si
no cree en el cielo ni en el infierno, ¿qué razón tiene para no tenerme a su
lado? Al morir, todo se acaba.”
¿No
era por eso que había vivido persiguiendo solo el placer hasta ahora?
“Philip,
¿cuál es el problema? Realmente.”
Su
voz sonaba más fuerte que los latidos del corazón de Philip, como si el demonio
estuviera susurrando directamente dentro de su cabeza.
“Simplemente
siga disfrutando como lo ha hecho siempre, sin remordimientos.”
Antes
de que terminara de hablar, Philip negó con la cabeza de forma casi enfermiza.
Con los labios temblando como si recitara un hechizo y el rostro pálido, miró a
Bell.
“No,
no es así. No fue divertido en absoluto. Yo…… cuando regrese, no quiero volver
con este cuerpo.”
Ante
la respuesta de Philip, Bell ladeó la cabeza lentamente, perdiendo la sonrisa.
“Entonces,
simplemente regrese y viva una vida tranquila. No tendrá razones para abrir las
piernas……. Ah. No me diga que planeaba seguir viviendo como antes.”
Philip
se quedó pensando en esas palabras: ‘¿Como antes?’. En realidad, no tenía
intención ni ganas de cambiar. Solo quería pasar el tiempo aquí lo más cómodo
posible y regresar pronto a la sociedad. Nunca se había detenido a pensar en
cómo cambiaría su vida después de salir.
“Eso
no estaría bien, Philip. ¿Pensaba seguir atormentando a los alfas?”
Incluso
después de preguntar, Bell murmuró para sí mismo: “Ah, creo que he preguntado
algo demasiado obvio”.
“No
podrá vivir como antes. Si lo intenta, los alfas a los que domesticó olerán el
cambio y se les pondrá duro de inmediato. Entonces, el que terminará siendo
penetrado será usted, Philip.”
Lentamente,
como aquella sombra negra de aquel día, Bell levantó su enorme cuerpo. Philip,
impotente, lo miró desde abajo con los hombros tensos.
“Ya
que ha llegado hasta aquí, ¿no debería dejar de hacer cosas malas? Al menos no
debería repetir los delitos por los que entró a este lugar, aunque no se
arrepienta de ellos.”
Ante
la imponente figura de Bell, que se alzaba como un tsunami, Philip echó la
cabeza hacia atrás para mirarlo y retrocedió con las nalgas por el fondo de la
bañera.
“Mire,
es así de simple. Aunque regrese con ese cuerpo cuando termine su servicio,
solo tiene que no abrir las piernas. ¿No es así?”
“…….”
“¿Quién
se atrevería a obligarlo? Así que, en lugar de reclamarme a mí, prepárese para
dejar de molestar a otros alfas.”
Philip
no pudo responder a ese tono inquisidor. No podía replicar preguntando qué le
importaba a él, porque temía las consecuencias. Si admitía que planeaba volver
a las andadas al salir, Bell podría usar eso como excusa para hacerle cosas
peores a su cuerpo. Finalmente, Philip tuvo que asentir, tragándose su
indignación.
“Bien,
Philip. Confiaré en usted.”
Bell
lo miró con una sonrisa lánguida y acortó la distancia entre ambos
deliberadamente. Philip se pegó al extremo de la bañera, soportando su mirada,
mientras Bell escudriñaba cada rasgo de su rostro y se lamía los labios.
En
ese momento, el agua de la bañera comenzó a drenarse repentinamente, dejando al
descubierto su cuerpo sumergido. Philip, sobresaltado, solo movió los ojos para
mirar su entrepierna. Tenía miedo de que ese ambiente inusual derivara en algo
parecido a lo de antes. Fue entonces cuando Bell habló:
“Abra
las piernas. Se lo mostraré.”
¿Ahora
ya no lo obligaba, sino que le ordenaba abrirse por voluntad propia? Philip
giró la cabeza bruscamente, evitando su mirada.
“……
Lárgate.”
El
rubor en su perfil era bastante intenso. Bell lo miró fijamente y, con la punta
de los dedos, atrajo la mandíbula de Philip hacia él.
“Al
menos debe saber dónde está ubicado para poder pensar en cómo ocultarlo en las
duchas comunes, ¿no cree?”
“Mierda…….”
“Vamos.
Ábralas usted mismo antes de que lo penetre.”
Ante
la urgencia de Bell para que apoyara las corvas en el borde de la bañera, el
rostro de Philip se tiñó de un rojo cada vez más profundo.
“¿Quién
sabe? Quizá solo le he gastado una broma pesada. Puede que no tenga nada ahí
abajo.”
Si
tan solo fuera eso, qué feliz sería. Mientras tanto, Bell esperaba
pacientemente a que las piernas de Philip se separaran.
“Ha…….
Pero júralo. Promete que no harás nada.”
“Ya
lo hemos hecho un montón, ¿no?”
Cuando
Bell intentó sujetar sus tobillos para abrirlos a la fuerza, Philip volvió a
cerrar las piernas y apartó su mano de un golpe.
“Haz
un juramento. Jura que no lo harás.”
Aunque
Bell jurara por el mismísimo señor del infierno, Philip no le creería del todo,
pero era su única opción. Un juramento, aunque fueran solo palabras, era mejor
que una simple promesa.
“Lo
juro por el nombre de Belial. No te penetraré.”
De
todos modos, después de haber rodado tanto por el fango, ¿qué diferencia habría
por una vez más? Philip soltó un suspiro y apoyó las corvas en el borde de la
bañera. Su pene, tensado de forma impresionante, vibró con sensibilidad ante el
rebote. Incapaz de soportar la visión de sí mismo con las piernas abiertas de
esa manera, fijó la vista en un punto lejano.
“Si
se sienta así, no podrá verlo. Así.”
En
ese instante, su campo de visión cayó en picado hacia abajo mientras sus nalgas
se deslizaban.
“¡Eut!”
Bell
sostuvo sus nalgas y llevó sus piernas hacia su cabeza, como si fuera a doblar
su torso por la mitad.
“¡Es-espera!”
Fue
entonces cuando su entrepierna quedó expuesta de una forma vergonzosa. Philip
intentó tensar los músculos para recuperar la postura, pero Bell apartó sus
testículos y su pene hacia un lado, señalando justo debajo, en el perineo.
“Esto.”
“ugh.”
Estaban
tan cerca que, si Philip inhalaba profundamente, sentía que su propio pene
entraría en su boca. Justo cuando iba a quejarse por la cercanía, su pecho se
agitó al ver el lugar señalado.
“Ah….”
En
medio de su perineo blanco, un orificio alargado y unos labios superpuestos
capturaron su mirada. Philip inhaló aire con fuerza mientras negaba con la
cabeza y soltaba un quejido de dolor.
“A-aaah…….”
Los
gruesos músculos de la parte interna de sus muslos se sacudieron y sus pesados
testículos volvieron a cubrir el perineo. Entonces, Bell volvió a sujetar sus
testículos y se acercó para explicarle:
“¿Verdad
que es lindo? Como Philip es tan grande, si no abre las piernas así, nadie lo
notará. El problema es que los alfas son muy sensibles al olor de este orificio.”
“……
Mal-maldita sea. ¡No! ¿Cómo……. esto……. algo como esto……!”
Philip
rebuscó en su memoria una y otra vez, intentando recordar cuándo demonios
habían hecho eso en su cuerpo. ¿En la sala de exámenes? ¿En la 666? ¿O quizás
antes de entrar al refugio, en su propia habitación?
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Mientras
buscaba desesperadamente, Philip recordó aquel sueño que tuvo en la 666. El
sueño de aquel día en el que era sometido en la cama. El sueño donde un pene
negro, en contraste con su perineo blanco, hurgaba en su interior hasta hacerlo
eyacular. Philip tragó saliva y miró fijamente la vagina con los ojos muy
abiertos.
“¿En
qué piensa tanto para que el orificio se mueva de esta manera?”
Bell
acercó su oído al orificio que palpitaba y miró a Philip con rostro juguetón.
“¿Se
está imaginando siendo penetrado por mí?”
Ante
la pregunta vulgar, Philip giró la cabeza con las mejillas encendidas. ¿Por qué
tenía que estar tan cerca? Sin lugar donde retroceder, retorció el cuerpo
mientras sus piernas se sacudían de forma antiestética.
“¿Tengo
razón?”
Burlándose,
Bell rodeó sus muslos con firmeza y se acomodó. Justo cuando Philip iba a
apartarlo, una lengua roja lamió el perineo de lado a lado.
“¡ugh……!
ugh.”
Su
cuerpo se sacudió hacia arriba como si lo hubieran lamiado por completo, y su
respiración se volvió un caos. Reaccionó empujando la cabeza de Bell, pero este
se aferró con más insistencia, hundiendo sus labios y su nariz en la carne de
la vagina.
“¡ugh,
ugh……! ¡Qué, haces……! ¡Dijiste que, no lo harías, dijiste……!”
El
contorno de sus ojos, que ya estaba irritado por todo lo que había pasado en la
690, volvió a enrojecerse. ¡Con lo que le había costado secar sus lágrimas!
Jjuub, huum……. Jjo-op, jjuub.
“¡ugh……!”
Con
la punta de la lengua acariciaba suavemente el pequeño clítoris; luego, volvía
a acomodar los labios que habían quedado aplastados por sus anteriores
embestidas, y hurgaba ligeramente en el orificio que se abría y cerraba con
cada movimiento. Con cada toque, el flujo brotaba a borbotones, siendo
expulsado junto con el semen que aún quedaba acumulado en las paredes rugosas.
“Mire
cómo se mueve. ¿Eh?”
“He,
ugh, ugh, ugh…….”
“Shhh.
En el baño el sonido resuena mucho. Viaja a través de las tuberías.”
El
placer que apenas se había disipado volvió a crecer a través de ese orificio
desconocido. Philip empujaba la cabeza de Bell y luego, sin darse cuenta, la
atraía hacia sí; intentaba apartarlo y luego se aferraba de nuevo. Cuando la
punta de la lengua de Bell se deslizó por los labios vaginales, el orificio
apretado comenzó a palpitar sin descanso.
Bell
observó la carne roja y lamió el líquido blanquecino que se había pegado a sus
labios.
“¡Que
no, que no lo, hagas, heu-uk……!”
Los
dedos de sus pies se abrieron uno a uno para luego volver a apretar el aire con
fuerza. Su espalda, apoyada en la bañera, se sacudía de arriba abajo mientras
sentía un calor punzante en sus genitales. Hikk, inhaló aire y miró
rápidamente hacia abajo, encontrándose con los ojos rojos que lo observaban.
“¿Sabrá
que, mientras dice que no lo haga, no para de empujar mi cabeza hacia su
vagina?”
Cuando
el aliento de Bell rozó el orificio, Philip apretó la cavidad instintivamente y
sacudió las nalgas. Al relajar la fuerza de nuevo, Bell envolvió el clítoris
con sus labios y succionó con fuerza.
“¡ugh,
ugh……! ¡ugh, ugh!”
Jju-ub jju-ub, jjo-op.
Al
succionar profundamente el clítoris y la carne tierna de su alrededor, un
líquido blanquecino brotó sin cesar de entre las paredes del orificio. Las elásticas
paredes internas seguían palpitando, expulsando incluso el semen que estaba
guardado en lo más profundo, llevándolo al clímax.
Philip,
sintiendo que incluso las plantas de sus pies que flotaban en el aire ardían,
no sabía qué hacer y apenas lograba respirar mientras su cuerpo se sacudía.
Basta,
basta.
Mientras
sus labios se movían sin que saliera voz alguna, la punta de la lengua empapada
se insertó, aplastando las paredes vaginales hinchadas.
“¡ugh……!
¡Mierda, maldito sea, hijo de perra!”
Cuando
Bell mordisqueó ligeramente alrededor del orificio cubriendo sus dientes con
los labios, las pupilas de Philip flaquearon violentamente.
“¡ugh…!
¡Ah, a-aa……!”
Cada
vez que golpeaba la bañera con su cintura, su pene erecto se balanceaba
frenéticamente, golpeando la frente de Bell una y otra vez. A pesar del trato
un tanto humillante, Bell no se separó ni un segundo de su entrepierna. Al
contrario, acarició la parte interna de sus muslos y sus genitales para
estimularlo más; ante esto, la pequeña vagina comenzó a apretar con más fuerza
y precisión.
“Va
a, va a salir, ya, basta, ¡por favor……!”
Cuando
la punta de la lengua insertada comenzó a hurgar rápidamente en las zonas más
curvas, su bajo vientre se contrajo de golpe hasta quedar hundido.
Mientras
golpeaba la bañera con fuerza y soltaba gritos silenciosos.
"¡ugh,
ugh, ugh……! ¡ah…!"
Su
espalda golpeó el agua con un chapoteo mientras tensaba la parte inferior de su
cuerpo hasta que sus nalgas se hundieron profundamente. La carne tierna dentro
del orificio comenzó a ondularse como una marea, apretando la lengua insertada.
Tras agonizar hasta casi quedarse sin aliento, finalmente soltó un jadeo
profundo, liberando gemidos que sonaban como el clamor de una bestia en pleno
apareamiento.
"¡ugh-ugh……!
¡ugh, ugh……! ¡ugh……!"
Su
conciencia se fragmentaba por momentos; un cosquilleo en lo más profundo de sus
entrañas le erizaba la piel de todo el cuerpo. El prurito era tan insoportable
que llegó a arrepentirse de haberle arrancado aquel juramento de no penetrarlo;
el deseo de ser llenado lo dejó aturdido. Los sonidos del baño y el chapoteo
viscoso de sus jugos vaginales se escuchaban sordos, como si estuviera
sumergido bajo el agua. Aun así, su espalda seguía sacudiéndose por su cuenta,
presa del clímax.
"¡Ha-aaa……!
¡ugh, ugh……! ¡Más, profun, profundo, ugh……!"
Ya
había perdido la razón y su juicio se desvanecía. Solo le quedaban los cinco
sentidos, pero la mayoría habían sido devorados por la sensibilidad erótica,
volviéndose inútiles. Quizás, si lo hubiera embestido con ese garrote
brutalmente grande como antes, habría sido más fácil de soportar. Tras aquel
sexo violento, este estímulo suave y húmedo hacía que Philip se sintiera como
una bomba de baño deshaciéndose en el agua. Una esfera efervescente que se
desmoronaba soltando burbujas adorables.
"¡ugh……!"
Un
escalofrío recorrió su columna vertebral y el espacio entre sus piernas ardió
de forma demencial.
"¡ugh!"
Con
la mandíbula totalmente echada hacia atrás, su cuerpo sufrió un espasmo
violento; desde la punta de su pene, gotas transparentes salieron disparadas
como el oleaje rompiendo contra las rocas.
"¡Aaa……!
¡ugh!"
El
orificio, ensartado por la lengua, vomitó una gran cantidad de flujo espeso y
comenzó a contraerse lentamente, como una ola perezosa que atrapa lo que tiene
dentro.
"¡ugh,
ugh!"
Philip,
perdido en las alturas del clímax, permaneció tumbado en esa posición durante
un largo rato, con la respiración entrecortada. Cuando su jadeo empezó a
calmarse y notó que aquella voz irritante no se escuchaba, levantó la cabeza
rápidamente, como quien vigila a un hijo travieso.
"Oh,
¿no se desmayó?"
Bell
dejó de lamer ávidamente el flujo que se había desbordado al encontrarse con su
mirada. Mientras hablaba, sus labios brillaban por el fluido, y cada vez que
los movía, hilos viscosos de flujo se estiraban entre ellos.
Por
primera vez en su vida, Philip sintió que su vida corría peligro. Comprendió
que, si seguía enredándose físicamente con este pervertido, acabaría muriendo
con toda su energía vital succionada hasta la última gota.
*
* *
Incluso
mientras se secaban el cabello tras el baño, los dos hombres no dejaron de
discutir ni un segundo. El origen del conflicto había sido aquella promesa de
no penetrarlo, hecha justo antes de que todo ocurriera.
¿Y
se había quedado solo en una promesa? Había sido un juramento poniendo el
nombre de Belial de por medio. Philip reclamaba con las venas del cuello
marcadas por el esfuerzo.
"Entonces,
¡maldita sea! De todos modos entraste. Eso es penetrar. ¿O no?"
"Los
estándares de lo que definimos como 'penetrar' no eran esos para
nosotros."
"¿Y
cuándo acordamos nosotros un estándar? Hay que remitirse al significado del
diccionario."
Ante
la mirada feroz que le recriminaba su error, Bell dejó de secarse el pelo y
dejó caer las comisuras de los labios con desánimo.
"No
sea tan estricto, Philip. ¿Cuántas veces lo hemos hecho ya como para que se
ponga así de cuadriculado?"
"Mierda.
Olvídalo y tráeme el nombre de Belial. Devuélveme ese nombre que vendiste por
nada."
Philip
bramaba como si fuera a arrebatarle el nombre él mismo si no se lo presentaba
de inmediato. Bell guardó silencio y consultó el reloj.
"¿Me
estás escuchando?"
"Lo
escucho, Philip. Pero es que se ha hecho bastante tarde, ¿sabe? ¿Qué tal si hoy
se queda a dormir en la 666?"
Vaya,
miren a este hijo de perra. Philip, que no escatimaba en reclamos, soltó una
risa burlona y se levantó con cuidado.
"Puedo
escuchar desde aquí cómo te giran los engranajes de la cabeza."
Tras
encestar la toalla en el cesto de la ropa sucia con un movimiento digno de un
home run, salió de la habitación 666 con paso decidido. ¿Cómo se atrevía a
intentar otra de sus artimañas? Ni siquiera había terminado de lidiar con la
anterior.
'Si
caigo de nuevo, es que soy un idiota. No, es que directamente estoy encantado
de la vida abriendo las piernas.'
Al
cruzar la sala de descanso central para ir directo al ascensor, los especímenes
que estaban allí reunidos conversando levantaron la cabeza para observar a
Philip.
"¿Eh?
¿Ese no es el humano Ang-King?"
"¡Vaya,
parece que es Ang-King! ¡Oye, amigo traidor!"
Las
voces de Woof y Ty llegaron desde su espalda, pero Philip golpeó el ascensor
con impaciencia mientras ponía los ojos en blanco.
"Abre.
Ahora mismo."
El
ascensor, que normalmente llegaba sin hacerse esperar, hoy parecía estar
perezoso y no mostraba señal alguna de movimiento. Golpeó la pared con
movimientos urgentes, pero seguía sin escucharse ni un sonido mecánico.
"¿Es
que en la 666 no tienen reloj? ¡Oye, Ang-King! ¡99 terminó su turno hace
rato!"
"Es
la hora del apagado de luces del código F."
Tras
pelearse un rato con el ascensor, Philip finalmente prestó atención a la sala
de descanso central. Su expresión, más sombría de lo habitual, delataba lo que
había pasado en la habitación 666.
"Oh...
parece que ese amigo ha pasado por mucho."
Tenía
ojeras profundas y el entrecejo fruncido por la irritación. Además, su mirada
estaba turbia, como si aún estuviera bajo los efectos de algo, y caminaba con
torpeza.
"Tuvieron
sexo."
"Tuvieron
sexo."
Ty
susurró al oído de Woof sin mover apenas el hocico, fingiendo inocencia. Philip
los fulminó con la mirada y se acercó a ellos tambaleándose.
"¿Qué
significa eso? ¿Qué pasa con el apagado de luces? ¿99 se fue?"
Ante
la pregunta formulada con agresividad, Ty y Woof simplemente asintieron.
"Maldita
sea... Ese desgraciado. Seguro que me lo dijo a propósito después de que
terminara el horario de funcionamiento."
Si
la puerta de la 666 tuviera conciencia, habría estallado en lágrimas ante el
aura violenta de Philip. Este se quedó un rato de pie mirando hacia la
habitación y soltó insultos repetidamente. Los que odiaban el ruido se
retiraron en silencio a sus cuartos, mientras que los que disfrutaban del
espectáculo fingían estar en lo suyo mientras observaban con curiosidad.
Incluso
algunos murmuraban: "Ese humano parece más un Código Rojo que otra
cosa", pero no pasó de ahí.
"¡Hijo
de perra! Cada vez que abre la boca es para mentir y siempre me deja en estas
situaciones tan incómodas. ¡Mierda! ¿Y ahora qué? ¿Me pondrán otra advertencia?
¡Por no volver a mi celda a tiempo!"
La
voz de Bell se escuchó tras la puerta cerrada. No se sabía si era una risa o una
respuesta normal.
"Tipo
insoportable. Mierda, ah..."
Pero
por mucho que insultara, no lograba liberar toda la frustración contenida.
Quizás por el cansancio de tanto gritar, su voz se fue apagando
momentáneamente.
"Y
bien. ¿Cuándo vuelve a funcionar esto?"
"¿A
las 6:30 de la mañana? Nunca lo he usado tan temprano así que no estoy seguro,
pero... amigo, parece que tu forma de hablar se ha vuelto un poco
informal."
Ty
hinchó su cuerpo ostensiblemente mientras miraba a Philip. Después de todo, era
un espécimen y un tigre famoso en el bloque 600 por su mal temperamento;
recibir ese trato le parecía excesivo. Philip lo recorrió con la mirada de
arriba abajo y soltó una risotada feroz, cargada de desdén. Era la mirada de
alguien que ya no tiene nada que perder.
"Dijiste
que éramos amigos. ¿Ustedes dos hablan entre sí sin formalidades pero yo no
puedo? ¿Por qué? No me gusta que me llamen amigo si luego tengo que guardar las
formas."
Ante
la ráfaga de palabras, los dos hombres tragaron saliva. Movieron los ojos de un
lado a otro y, tras ser intimidados por su mirada desafante, terminaron
asintiendo.
"Eh,
bueno... claro. Solo preguntaba porque me parecía curioso. Jaja..."
La
cola naranja que se agitaba alegremente cayó inerte al suelo. Philip se burló
en su cara y se dio la vuelta. Todos esperaban que volviera a la 666, pero se
dirigió hacia la piscina. ¿Acaso pensaba calmar su furia nadando? Los
especímenes estiraron el cuello con sigilo para observar su espalda.
Más
que para calmar su ira, su forma de caminar reflejaba una irritación pura.
Zancadas largas y pasos pesados. Philip se sujetó a la barandilla de la piscina
y gritó:
"690."
En
cuanto lo llamó, el slime que flotaba dejándose llevar por el agua abrió los
ojos de par en par.
"Kkorureu..."
Sorprendido
por la voz desconocida, el slime se hundió un poco para luego asomar solo la
cara sobre la superficie. Philip, como un entrenador de natación enfurecido, lo
increpó:
"Parece
que estás encantado de la vida ahora que te cambiaron la batería, pero oye. Por
tu culpa voy a tener que dormir en la 666, ¿sabes? Así que tú te haces
responsable y llamas a Belial a la 690."
Las
pupilas transparentes parpadearon rápido, luciendo perdidas. Cuando el slime
intentó hundirse lentamente fingiendo no haber escuchado nada, Philip gritó:
"Si
no puedes hacerlo, de ahora en adelante lanzaré esos pelos naranjas y grises a
tu habitación. Y también a esta piscina."
"¡Kkurureureuk!"
El
cuerpo transparente que se hundía hacia el fondo saltó a la superficie con un
chapoteo. La forma de sus ojos redondeados se volvió afilada, pero Philip no
retrocedió ni un milímetro.
"¿Crees
que no puedo hacerlo? O simplemente los tiraré aquí mismo. Si eso pasa, ya no
serás un slime, ¡serás una bola de pelo!"
Justo
en ese momento, la puerta de la 666, que estaba firmemente cerrada, se abrió de
par en par y Bell asomó la cabeza.
"¡Oh!
¿Conque al final no pudo volver?"
Esa
voz irritante que decía lo sabía.
Philip
movió los ojos con intención amenazante, presionando al slime. Le exigía que
sacara a esa cosa que se había atrincherado en la habitación 666. Fue en ese
momento.
“¿Quiere
fumar uno?”
La
mirada de Philip, que fulminaba al slime, se relajó por completo al instante. Quedó
congelado en esa misma postura antes de darse la vuelta con urgencia.
“¿Acaso
lo preguntas? Por favor. No, me encanta.”
Era
un adiestramiento magistral.
La
predicción de Philip fue acertada.
“El
funcionamiento del ascensor se detiene, pero hay una salida de emergencia. Es
el lugar por donde transita principalmente el personal.”
Lo
sabía. Aunque no lo demostró exteriormente, Philip sintió la satisfacción de
que sus sospechas fueran correctas.
‘Con
razón.’
Con
una escala tan grande, no tenía sentido que tanto el personal como los reclusos
se desplazaran usando un solo ascensor. Observó los alrededores con
minuciosidad, intentando memorizar la ubicación de la salida de emergencia.
Bell, que lo observaba en silencio, negó con la cabeza y cruzó las manos tras
la espalda.
“Siento
decir esto, Philip, pero no tiene sentido. La salida de emergencia también es
parte de 99, así que la ubicación de la puerta cambia cada vez.”
Philip,
que contaba cada giro de esquina para orientarse, chasqueó la lengua. Expulsó
de su mente el mapa que había trazado en secreto, como quien tira un vaso de
café vacío a la basura.
“¿Quién
dijo nada?”
“Se
lo digo para que no pierda el tiempo en vano.”
Al
doblar la última esquina, la luz que indicaba la salida de emergencia brilló
ante sus ojos. Como si entrara en su propia casa, Bell se detuvo con
naturalidad frente a la enorme puerta. Entonces, giró el pomo y la empujó.
Huuuung―.
Un
aire gélido del exterior irrumpió de golpe, agitando ligeramente el cabello de
ambos. A diferencia de Bell, que salió sin vacilar, Philip se detuvo en seco
frente a la puerta abierta.
“Espera.
¿Por qué estamos en el patio? No usamos el ascensor ni bajamos escaleras.”
Bell,
que iba delante, miró de reojo sobre su hombro y se encogió de hombros.
“Por
eso se lo dije. No sirve de nada memorizar el camino.”
Como
un mago, sacó un cigarrillo de entre su ropa, lo agitó y se sentó de golpe en
un banco. Ante esto, Philip se sentó a su lado sin decir palabra, como una
bestia bien entrenada.
“Esta
puerta es una que abre 99. No hace falta usar escaleras; si 99 abre la puerta,
puedes llegar directamente a tu destino.”
“……Maldita
sea.”
Nunca
pensó que sería fácil descifrar la salida de emergencia, pero jamás imaginó que
sería tan complejo. Ni siquiera sabía que existía un espécimen que supervisaba
todo el sistema informático, y mucho menos que gestionara puertas capaces de
llevar a cualquier lugar. Philip se llevó el cigarrillo a la boca con aire
resignado. Por costumbre, estuvo a punto de señalar con la barra para que le
dieran fuego, pero se limitó a mirar a Bell de reojo.
“¿Por
qué me mira como si fuera un perro abandonado?”
“Iba
a preguntar educadamente si tienes fuego, pero me sales con lo de mirar como un
perro.”
“Ah,
quiere fuego.”
Tan
pronto como Bell le acercó el encendedor, Philip lo tomó para encenderlo.
Chak.
Chak.
Aunque
hería su orgullo, sus labios temblaban de ansiedad cada vez que intentaba
encenderlo.
Chak.
“Mierda.”
“Démelo.”
Incapaz
de seguir mirando, Bell le arrebató el encendedor y prendió la punta del
cigarrillo hasta que ardió en rojo. Philip aspiró el filtro hasta que sus
mejillas se hundieron, y el humo dulce empapó densamente su boca. Su mente y
sentidos, agudizados por la abstencia, se bañaron en el humo gris, provocándole
un agradable mareo.
“Huuu…….
Maldita sea, que se jodan todos. Ha……. Sí. ¡Sí! Esto es. Huuu…….”
Como
quien mira a un hijo que se ha graduado con honores, Philip contempló el
cigarrillo con una sonrisa de felicidad. Aspiró profundamente, como si quisiera
darle un beso al tabaco. La ceniza blanca surgió donde la brasa roja había
pasado, y Bell negó con la cabeza al verlo.
“Philip
realmente fuma con mucho gusto.”
“¿Ah,
sí?”
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Normalmente,
Philip se habría irritado preguntando por qué hablaba de esa manera, pero se
limitó a devolver la pregunta con una sonrisa leve y casi dulce. Luego, como si
nada hubiera pasado, volvió a aspirar el cigarrillo, sumergiéndose en la
felicidad una y otra vez. Bell apoyó los codos en sus rodillas y, sosteniendo
su barbilla, disfrutó de la escena.
“Me
gusta que Philip sea tan fácil.”
Otros
caballos necesitarían un descanso adecuado y dos cajas de zanahorias para
correr, pero Philip era feliz con un solo cigarrillo. Incluso disfrutaba al
máximo de ese patio donde ni siquiera había sol. Mientras Bell lo miraba con
una sonrisa ladina, Philip estuvo a punto de decirle algo, pero prefirió morder
el filtro. Se quitó el cigarrillo de la boca y se lo volvió a poner varias
veces. Al final, incapaz de contener su indignación, protestó.
“¿No
puedes dejar de decir esas estupideces cuando me siento bien? ¿Que soy fácil?
Me abriste las piernas y me follaste, ¿y dices que soy fácil?”
Gruñó
por lo bajo mientras mordía el cigarrillo con irritación. Me arruinas el sabor
del tabaco, maldita sea. Bell, cruzando miradas con él, arqueó las cejas y
parpadeó como si tratara de descifrar el significado de sus palabras.
“No
era eso, Philip. Lo decía porque es tierno que sea tan feliz con un solo
cigarrillo. No por lo de abrir las piernas.”
¿Por
qué habría tenido ese malentendido? Bell ladeó la cabeza con un rostro que
denotaba una total incomprensión. Philip sintió un nudo en el estómago ante esa
sonrisa inocente que no mostraba ni rastro de malicia.
“……Maldito
seas.”
“Le
daré otro cigarrillo, ¿quiere quedarse a dormir en mi habitación mañana
también?”
Philip,
que iba a seguir insultándolo, terminó asintiendo.
“Si
vas a darme, dame varios de una vez.”
“Se
los doy a escondidas, así que eso es un poco difícil.”
“Qué
tacaño.”
Aunque
decía eso, en las comisuras de sus labios había una sonrisa generosa. Aun así,
cada vez que aspiraba el humo, lo hacía con la cautela de un soldado que saca
la única fotografía que le queda de su familia.
“Ha,
parece que vuelvo a la vida.”
La
verdad se le escapó sin querer. Un patio tranquilo donde solo estaban ellos
dos, la brisa fresca del exterior y el cigarrillo en su mano. Él, que había
estado irritable todo el tiempo, ahora disfrutaba del viento con la parsimonia
de un sabio, reteniendo el humo gris en su boca de vez en cuando. Sí, esto era
la felicidad.
“Cuando
termine este, voy a dar un paseo.”
Su
voz relajada sonaba suave, casi como si cantara.
“Está
bien.”
“Entonces
tú quédate a mi lado y actúa como una radio. Cuéntame sobre tu identidad y por
qué llevas una identificación de empleado.”
Bell
se levantó sacudiéndose la ropa y sonrió con alegría.
“¿Por
dónde debería empezar?”
Era
una sonrisa sumamente pura, como la de un niño que se presenta ante un nuevo
amigo.
"¿Para
empezar, ¿le cuento la razón por la que vine a este refugio?"
Philip, que
iba a dar otra calada al cigarrillo, soltó una risa que sonó como un escape de
aire.
"Finalmente
revelas tu verdadera identidad. Y eso que insistías tanto con lo de ser un
representante."
"Es que
Philip no se dejaba engañar y eso le quitó toda la diversión."
"Si
quieres engañar a alguien, al menos deberías esforzarte. ¿Esperabas que cayera
con algo tan descuidado como eso?"
Sigue
hablando, maldito demonio. Estaba por golpearle la cabeza con una cruz. Philip
lo fulminó con la mirada rápidamente y chasqueó la lengua.
Fuera como
fuera, Bell parecía tener mucho que decir, pues sus labios se movían inquietos.
"¿Ya
puedo hablar?"
Claramente
le había dicho que lo hiciera cuando terminara de fumar.
'Qué más
da.'
Al notar que
el cigarrillo se había acortado bastante, Philip se levantó de su asiento con
buen humor. Podía escucharlo mientras terminaba de fumar. En el momento en que
dio el primer paso.
"La
verdad es que, si se trata de humanos, estoy harto."
Philip
detuvo sus pasos por un momento y miró a Bell. Picoteó el pecho de Bell con el
dedo un par de veces y luego levantó el pulgar.
"Es un
buen comienzo."
Si hubiera
empezado con el aburrido origen del infierno, le habría cortado el discurso de
inmediato. Con cada paso que daba por el patio, sentía la tierra rompiéndose
bajo sus zapatillas.
*Basueuk,
basueuk.*
Tal vez
porque llevaba tiempo pisando solo suelos lisos, le resultaba grato sentir la
tierra y la maleza bajo sus pies.
"Usted
no sabe cuánto me ha dolido la cabeza por culpa de esos humanos idiotas."
Vaya, ahora
hasta insultaba. Pensándolo bien, de esa boca solían salir frases eróticas e
incluso vulgares, pero nunca antes lo había escuchado insultar. Si acaso, usaba
expresiones como 'fucking sex' a modo de interjección, pero nunca había
maldecido a alguien por puro desprecio. Si era algo de lo que sorprenderse, lo
era un poco, pero Philip fingió no haberlo notado y volvió a ajustar su paso al
de él.
"No
entiendo por qué hay tantos humanos. ¿De qué sirve que mueran si vuelven a
nacer?"
Philip
asintió lentamente en lugar de responder.
"Además,
aunque no los incite a hacer cosas malas, ellos solos se las arreglan para
venir al infierno; de verdad, son tantos como insectos."
"Te
entiendo. Son tantos como insectos."
Ante la
empatía de Philip, Bell se conmovió visiblemente.
"¿Verdad?
¿Philip también lo piensa?", dijo con una risotada, para luego continuar
con el rostro ya calmado. "Por eso, vine a este refugio con la idea de
aligerar un poco el trabajo……."
Bell, que hablaba
con una expresión bastante serena, se rió entre dientes de sus propias palabras
y se corrigió.
"En
realidad, es mentira. Simplemente estaba aburrido. Muy ocioso y aburrido.
Maldita sea, si ellos solos se lanzan a las aguas del infierno sin que yo mueva
un dedo, ¿imagina lo aburrido que estoy?"
Era un
lamento similar al de un oficinista harto de su trabajo, pero con un matiz
ligeramente distinto. Si había que definirlo, no era tanto el de un empleado,
sino el de un administrador o un jefe. Philip, por alguna razón, asintió al
identificarse con esa frustración, similar a la que él sentía en el pasado
cuando le dolía la cabeza por culpa de empleados tontos o lentos.
Él también
estaba perdiendo el interés en el trabajo de la empresa y le molestaba la
directiva que quería emprender proyectos sin que él interviniera. Pero,
irónicamente, estaba aburrido. Era como sentirse atrapado en una caja alargada
y lujosa por fuera.
"De
todos modos, ¿acaso el trabajo no sigue su curso aunque no estés? Si el
problema es el aburrimiento, podrías simplemente ir y venir, ¿para qué vivir de
forma tan diligente?"
Bell, que
soltaba sus quejas, movió las cejas de un lado a otro y asintió.
"Pensándolo
como dice Philip, resulta que soy alguien diligente."
Bell soltó
una risa cínica mientras agitaba la identificación de empleado que colgaba de
su cuello. La identificación, que reflejaba la luz de la luna, seguía siendo de
color negro azabache, pero se alcanzaban a ver unas letras de forma muy tenue.
Philip miró la identificación por costumbre y murmuró para sí mismo.
"Así
que lo que haces es eso de la redención de los humanos. Qué absurdo. Oye, ¿si
yo fuera tú? Yo habría corrompido a los humanos sin remordimientos. Qué
divertido sería."
Habría
traído a todos los que le gustaran para vivir a su antojo sin rendir cuentas
ante la ley. Solo pensarlo era una vida satisfactoria.
"Pero
Philip, eso también es una diversión pasajera. Imagine hacer eso toda la vida.
¿No terminaría sintiéndose como un trabajo después de un tiempo?"
Bueno, es
cierto que domesticar alfas es divertido, pero si no se trata de un alfa
excepcionalmente sensible o difícil de domar, uno termina siguiendo una rutina.
Y así, se domestican sin gran dificultad…….
"Creo
que tienes razón."
Por eso uno
termina buscando nuevos alfas, alfas más fuertes. Uno quiere intentar domar a
un alfa dominante, pero ¿acaso es algo fácil?
"En
fin, la razón por la que vine a este refugio es por culpa de esos malnacidos
humanos. Porque están ocupando mi mundo como una plaga de hormigas.
Mierda."
Philip
asintió a sus palabras y, sin querer, miró el perfil de Bell. Fue solo por un
instante, pero cada vez que Bell parpadeaba, lo blanco que rodeaba sus pupilas
rojas se volvía negro y luego regresaba a su color original repetidamente.
Philip, que lo observaba, tensó su expresión sin darse cuenta.
Sin notar
que el cigarrillo ya estaba corto, dio varias caladas seguidas y este se
consumió enseguida. Iba a tirarlo al suelo por costumbre, pero al sentir una
mirada penetrante, se apresuró a guardarlo en su bolsillo. Solo entonces Bell
asintió y continuó hablando.
"Pero
la vida en este refugio es más o menos lo mismo. Justo cuando empezaba a
aburrirme un poco, llegué a trabajar y me encontré con que había llegado una
carta."
¿No sería
esa carta la de patrocinio que él mismo envió?
"Así
es, Philip. Es su carta."
"Oh…….
Qué tiempo más mierd……."
"Así
es, el tiempo coincidió de una manera perfecta."
Bell le
cortó la frase, pero Philip no se molestó en corregirlo. Si lo había entendido
de forma positiva, estaba bien. Philip asintió de vez en cuando como quien
consuela a una pareja enfadada.
"Imagine
que un alfa adorable se ofrece a patrocinarlo."
Solo
imaginarlo le resultó tan ridículo que soltó una risotada burlona.
“Por
eso, ¿imagina lo divertido que será para mí, Philip?”
Al
preguntarle de vuelta si acaso se equivocaba, Philip se sintió abrumado por esa
energía y terminó asintiendo con la cabeza.
“Y
pensar que la persona que me patrocinaba ha venido hasta este refugio. Ha…….
Ese lindo orificio que mordía mi dedo…….”
Cuando
Bell levantó la mano, señalando el dedo con el que había examinado el orificio
de Philip en la sala de exámenes mientras reía, Philip no pudo evitar murmurar.
“……Loco
de mierda.”
“Exacto,
Philip. Usted es un loco de mierda. Por eso, después del patrocinio, ha venido
incluso hasta el refugio.”
Rió
con un gruñido bajo, como una fiera de buen humor.
“Me
agrada, Philip. Me agrada tanto por ahora que quiero ver los resultados a
través de su cuerpo.”
A
una distancia tan corta que sus alientos se rozaban, Philip se quedó
petrificado sin poder articular palabra. Esas pupilas rojas que lo escrutaban
le exigían una respuesta inmediata, pero no se atrevía a preguntar qué era
exactamente ese ‘resultado’.
Había
creado un orificio en su cuerpo y había mencionado un embarazo. Con un demonio
declarando ante él que vería los ‘resultados’, ¿acaso no era demasiado obvio de
qué se trataba?
‘Ahora
me está pidiendo que…… ¿que engendre a un maldito demonio?’
Solo
pensarlo era tan perturbador y profano que se le erizó la piel. Incluso si
naciera un niño tan apuesto como Bell, el simple hecho de gestar a alguien en
su propio cuerpo era algo que lo horrorizaba. ¡Y encima, al hijo de un demonio
que ni siquiera sabía qué aspecto tendría al salir!
“Ah…….”
Philip
se estremeció instintivamente. Los enormes cuernos de Belial que se habían
cernido sobre él. Que ese demonio negro con cuernos hiciera su nido dentro de
sus entrañas.
“No,
no puede ser. Mierda, eso no.”
“¿Ni
siquiera si le doy un cartón de cigarrillos?”
¿Acaso
lo decía en serio?
“¿Estás
bromeando? Mierda, ¿a qué precio tan bajo pretendes comprarme? Maldición.”
“¿Y
si le permito usar una computadora?”
“Mira,
yo solo vine a este refugio porque, al igual que los demás desgraciados, hice
algo malo. Arriesgar mi vida por algo así……. Ha.”
Sintió
que la luz de la luna que lo iluminaba le causaba escalofríos y se estremeció
en el lugar. Al verlo, Bell le palmeó el hombro con un rostro bastante amable.
“Aun
así, no tiene por qué asustarse todavía. Los demonios siempre hemos sido muy
caprichosos, ¿no?”
Era
cierto. Que los demonios son caprichosos es un hecho que todo el mundo conoce,
pero bueno. Por otro lado, ¿no son también los seres más persistentes que
existen? Philip volvió a arrepentirse.
‘Debí
haber recibido el bautismo.’
¿Había
una razón por la que Charlotte se esforzaba tanto en llevarlo a la iglesia como
fuera? Presionó su entrecejo y suspiró repetidamente. Al verlo, Bell, por el
contrario, siguió palmeándole el hombro.
“De
todos modos, no se preocupe. Jamás se correrá el rumor.”
Ante
la palabra ‘rumor’, Philip lo fulminó con la mirada de inmediato. Entonces, él
se cubrió la boca y susurró:
“El
rumor de que Philip lloró a moco tendido mientras yo lo penetraba nunca, nunca
lo contaré.”
Señaló
el cielo con tres dedos jurándolo, y Philip no pudo evitar soltar una risa
amarga.
“Qué
juramento tan barato.”
Bell
ignoró por completo su comentario. Fingiendo que no pasaba nada, volvió a
apresurar el paso por su cuenta; Philip lo siguió casi trotando y aferró su
identificación de empleado.
“Está
bien, digamos que eres un demonio caprichoso. Entonces termina de explicar
esto.”
Él
bajó la mirada hacia la identificación que Philip sujetaba y soltó una pequeña
carcajada.
“No
me digas que trabajas aquí porque tienes a todos los empleados embelesados y
entraste por contactos.”
“Philip,
aunque soy un adicto al trabajo, no desearía trabajar llegando a tales
extremos.”
“Entonces,
¿esto fue una contratación realizada mediante un procedimiento legal?”
¿Acaso
eso tenía sentido? Si se corriera el rumor de que el Código Negro más peligroso
para los humanos ha sido contratado como empleado del refugio, no sabía si los
países del mundo se quedarían de brazos cruzados……. Philip miró fijamente a
Bell y negó con la cabeza.
‘No.
¿Y qué iban a hacer aunque no se quedaran de brazos cruzados? ¿Acaso pueden
abatir a un Código Negro?’
Para
empezar, ¿cómo abatirían a alguien para quien no existen fronteras entre
dimensiones? ¿Alguien que es el demonio mismo, transitando entre los sueños y
la realidad?
“¿Tengo
algo en la cara?”
“Nada.
Solo explica.”
“Mmm,
esa mirada de recién. Era la mirada de alguien que está pensando en cómo
matarme.”
Ante
esas palabras, Philip rió sin ganas.
“¿Y
acaso yo puedo matarte?”
“Cierto.
¿Acaso cree que yo no tendría debilidades?”
Fue
una frase que despertó pensamientos de lo más variados. Por un momento imaginó
diversos ritos de exorcismo, pero desechó la idea pensando que eran demasiado
anticuados.
“Los
especímenes tienen diversas habilidades, y esas habilidades pueden ser una
amenaza para los humanos, pero también pueden ser beneficiosas.”
“¿Y
por eso te contrataron como empleado?”
“Es
una contratación especial. Por ejemplo, para manejar a los peligrosos Códigos F
como Philip. O para supervisar a los especímenes que no cooperan.”
¿Acaso
existía algún espécimen que no cooperara? Philip levantó la vista hacia el
edificio del refugio, que estaba tan sumido en la paz que resultaba silencioso.
Por mucho que lo intentara, solo podía pensar en el dúo de pervertidos del
sector 600.
‘Maldición.’
Por
costumbre, Philip tanteó su bolsillo interior y luego le mostró la palma de la
mano a Bell. Entonces, Bell le entregó un cigarrillo como quien le da un
caramelo a un niño tierno. Philip se sintió inquieto ante el cigarrillo que le
ofrecía tan de buena gana, pero no le dio más vueltas.
“Si
tiene más curiosidad por algo, pregúnteme en cualquier momento, Philip.”
“Qué
cosa más espantosa.”
Si
llegara a tener curiosidad por algo sobre ese tipo, serían preguntas como
‘¡Cómo voy a vivir con este cuerpo!’ o ‘Tendrás que decirme cuándo es la fecha
del parto’. Al imaginar eso, Philip sintió un escalofrío como si un insecto se
hubiera posado sobre él y apresuró el paso. Sacudió la cabeza como si espantara
una mosca y lanzó esos horribles pensamientos muy lejos.
Cuando
empezó a dar zancadas rápidas por el patio sin darse cuenta, el paso de Bell
también se aceleró.
“¿Entonces
no tiene más curiosidad?”
Philip,
que caminaba delante rápidamente mirando solo hacia el frente, giró sobre sus
talones y preguntó:
“Cuántos
cigarrillos quedan.”
“Un
momento. Mmm, ahora mismo quedan tres.”
“¿Vienes
a trabajar durante los próximos tres días?”
“¿Pues
claro?”
Philip
asintió brevemente con una expresión resuelta.
“Me
quedaré en la 666 durante los próximos tres días, bajo la condición de que no
pongas una mano sobre mi cuerpo sin permiso. A cambio, dame un cigarrillo cada
día.”
Si
aceptaba, bien; si no, también.
‘De
todos modos, tengo que revisar mi correo antes de bajar a mi celda original,
así que no perdería nada aunque rechazara esta oferta.’
Sin
embargo, si le pedía usar la computadora, seguramente se negaría, por lo que lo
mejor era pedirle que revisara el correo con el menor roce posible. Pero si aun
así se negaba a dejarle usar el equipo hasta el final, no tendría más remedio
que mirar a escondidas mientras el tipo estuviera trabajando. Si bajaba
definitivamente a la celda de los Código F, sería imposible incluso usar la
computadora en secreto, así que, si la situación se ponía fea, pensaba revisar
el correo a hurtadillas en cuanto pudiera.
Despachó
esos pensamientos que daban vueltas en su cabeza con destreza. Tras organizar
todas sus ideas, Philip tragó un suspiro en silencio y controló su expresión
como si nada pasara. Bell lo miró fijamente y luego sonrió con pereza, con una
expresión de haberlo comprendido todo.
“Ay,
Philip. Es una condición demasiado obvia. Si no voy a ponerle una mano encima a
su cuerpo, ¿para qué lo retendría en la 666? ¿Por qué me molestaría?”
Justo
cuando Philip iba a decirle que lo olvidara si no quería.
“Hagámoslo
una vez.”
“…….”
Si
hubiera querido tres veces, estaba dispuesto a mandarlo a la mierda; si hubiera
querido dos, habrían discutido hasta que saltara la sangre. Philip ladeó la
cabeza mientras saboreaba la palabra ‘una vez’ una y otra vez.
‘Dijo
que una vez…….’
Mientras
dudaba sin poder responder de inmediato, Bell, que acechaba la oportunidad,
intervino de nuevo.
“No
fijaré un plazo. A cambio, al menos una vez, no debe limitarse a decir que no,
sino que debe entregarse al sexo de forma dinámica, activa y explícita.”
“Ah…….
Mierda. ¿De verdad tienes que hablar mezclando esas palabras para quedarte a
gusto?”
“Pues
claro. Eso significa que no se valen palabras como basta, un momento, espera,
no, o se va a desgarrar.”
Philip,
que había estado escuchando con bastante calma, frunció el cejo con fuerza al
oír esas frases y ese tono tan familiares.
“Tienes
un talento especial para hablar de forma extraña. Oye, ¿acaso eso no es porque
hasta ahora lo has hecho a la fuerza y según tu voluntad? Yo también sé
disfrutar. Cualquiera pensaría que soy un tronco.”
Si
el tema de conversación era el sexo, podía hablar durante días sin dormir sin quedarse
atrás, ¿y ahora lo trataban como a un novato?
“Además,
tú deberías actuar de modo que yo pueda disfrutarlo. Que de mi boca solo
salieran esas palabras no fue culpa mía, sino tuya.”
¿Quién
iba a disfrutar de una relación tan violenta? Philip recordó a los alfas que él
mismo había domesticado y estuvo seguro de que ellos tampoco podrían decir
jamás que les gustaba. Para empezar, el tamaño y la longitud estaban fuera de
lo que se podía disfrutar, e incluso ese garrote no era uno solo, sino que
venían dos. Además, con una rigidez y un grosor tan diabólicos, ¿cómo iba uno a
llorar de placer?
Cuanto
más lo pensaba, más absurdo le parecía, así que soltó un bufido y se puso las
manos en la cadera. Le hizo un gesto con la barbilla para que respondiera, y
Bell se limitó a inclinar la cabeza sin mucho interés mientras se encogía de
hombros.
“Está
bien, lo que digas. Si con eso Philip se queda más tranquilo, digamos que es
así.”
“¿Qué?”
“Hablando
con sinceridad, ¿no cree que el problema es su orificio? Se parece a su dueño
de lo terco que es. Después de todo lo que hemos hecho, debería deslizarse
hacia adentro con solo tocar la punta, pero todavía es demasiado estrecho.”
Philip,
que escuchaba con cara de estupefacto, frunció el ceño tardíamente.
“Es
porque tú eres enorme. Pedazo de idiota, no me vengas con excusas tan
inverosímiles.”
El
final de su frase se desvaneció, rompiéndose en el aire. Los dos hombres, que
discutían sobre si era grande o estrecho, fingieron distracción y desviaron la
mirada. Bell fue el primero en romper el hielo con buen humor.
“En
fin, es una sola vez. Considero que con esto prácticamente me he rendido ante
usted.”
“Mira
que eres presumido.”
Philip
chasqueó la lengua y desvió la mirada innecesariamente. Bell, observando su
reacción, añadió con cautela.
“No
lo haremos ni hoy ni mañana. Por el bien de Philip. Además, no tengo prisa.”
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Ante
esas palabras, Philip movió los ojos con un sonido audible mientras hacía sus
cálculos. Con una expresión tan seria como la de alguien ante la elección de su
vida, observó el suelo de tierra y dejó escapar un quejido. Sin embargo, al ver
que no obtendría mejores condiciones, asintió finalmente como quien toma una
decisión.
“Está
bien. Porque es una sola vez.”
*
* *
Tal
como prometió, Bell no le puso un dedo encima hasta la mañana siguiente.
Aquello ya era satisfactorio por sí solo, pero haraganear mientras observaba
cómo otro se preparaba para ir a trabajar era una felicidad igual de grande.
Philip,
adueñándose de la cama, se estiró perezosamente, bostezó y se dio golpecitos en
los labios con la palma de la mano. Al verlo, Bell, que estaba en medio de sus
preparativos, preguntó con preocupación:
“Philip,
¿no se prepara para ir a trabajar? Se le está haciendo un poco tarde.”
Philip,
que estaba sepultado bajo las mantas, asomó el rostro de repente.
“¿Qué?
¿Qué trabajo? ¿Por qué tendría que ir yo a trabajar?”
“Tendrá
que ir, ¿no? Pronto empezará el horario laboral de los Códigos F.”
“A
ver, acordamos que me quedaría en la 666, ¿por qué demonios tengo que ir a
trabajar?”
Bell
se ajustó la corbata negra con naturalidad mientras respondía con calma:
“Philip,
yo nunca dije que me haría cargo de sus tareas. Solo le pedí que durmiera aquí,
en la 666.”
Incluso
después de que terminó de hablar, Philip se quedó mirándolo fijamente durante
un buen rato. La ira hervía en su interior por la sensación de traición, pero
al asimilar la naturaleza de Bell, su enojo se transformó en resignación.
“……Me
había olvidado. Que eres un demonio astuto.”
Philip
soltó varios suspiros sentado donde estaba. Se sentó a regañadientes en el
borde de la cama, mirándose el empeine, y volvió a suspirar. Todavía le dolía
todo el cuerpo, ¿de verdad tenía que trabajar en ese estado?
“No
me siento muy bien.”
“Es
imposible que esté embarazado, Philip. Al menos por ahora.”
Ante
el repentino comentario, Philip se trabó como una máquina averiada. Reprimiendo
el grito que le subía por la garganta, lo increpó en voz baja fingiendo
compostura:
“Mierda.
Tienes un talento especial para elegir siempre las palabras más jodidas.”
“Ya
ve. Por cierto, esta mañana toca limpieza general de las celdas y por la tarde es
el horario religioso. Philip, realmente tiene suerte.”
Al
oír lo de la limpieza, Philip sacudió la cabeza con brusquedad y chasqueó la
lengua. Lo primero que hizo al llegar al bloque 600 fue limpiar, ¿y ahora
también tenía que limpiar las celdas de los Códigos F? Estaba decidido a pasar
la mañana en la 666 y bajar recién por la tarde.
“Por
si acaso, el pase de lista de la mañana está a mi cargo.”
“……¿Qué?”
Bell
consultó de reojo el reloj de su muñeca izquierda.
“Es
decir, que debería llegar a las celdas de los Código F antes que yo. Si es que
no quiere recibir una advertencia.”
Tan
pronto como terminó de hablar, Philip saltó de la cama y corrió directo al
baño.
Tras
prepararse a toda prisa, Philip corrió sin pensarlo hacia el ascensor. No sabía
bien por qué, pero gracias a que Bell lo sostuvo, bajaron juntos hacia las
celdas de los Códigos F.
“¿No
me va a agradecer que le haya sujetado el ascensor?”
Era
la primera vez desde que entró al refugio que sentía algo de gratitud hacia
Bell. En otra ocasión le habría puesto una advertencia de inmediato, ¿qué le
pasaba hoy?
“Gracias.
Gracias a eso me ahorré una advertencia.”
“No
hay de qué.”
Bell
sonrió con alegría, como un perro al que acaban de elogiar, y cuando se abrieron
las puertas del ascensor, esta vez incluso le cedió el paso a Philip. Aquel
comportamiento extraño le resultaba sospechoso, pero no estaba en posición de
rechazar sus cortesías. Salió del ascensor y se dirigió directo a su celda. Al
pasar por el pasillo familiar, vio que los que ya habían empezado la limpieza
tenían las puertas abiertas de par en par, ocupados limpiando ventanas y
frotando el suelo.
“¿Philip?”
Cuando
sus miradas se cruzaron con las de Dimitri, las pupilas de Zexius, que estaba a
su lado, temblaron violentamente. Saludó con una sonrisa incómoda y desapareció
de su vista usando la limpieza como excusa.
“¿Ha
bajado para limpiar?”
“Bueno,
si me dicen que baje a limpiar, no me queda otra.”
“Pero
en realidad nuestra habitación no tiene nada que limpiar. Ya nos encargamos de
recogerlo todo de antemano.”
Tal
como decía, la celda seguía tan impecable que el suelo casi reflejaba su
rostro.
“Solo
falta darle una pasada. Si mientras tanto se aburre, puede dormir un poco en la
cama.”
“Olvídalo.
Si me duermo durante el pase de lista, solo conseguiré que me pongan más
advertencias.”
Philip
se metió las manos en los bolsillos, pasó de largo de Dimitri y entró en la
habitación. Dimitri, que fregaba el suelo con un trapo húmedo, levantó la vista
hacia Philip y ladeó la cabeza.
“¿Pase
de lista? No hay ningún pase de lista, solo tenemos que pasar la inspección
después. Ya le avisaré cuando llegue el momento.”
“¿Qué?
¿No hay pase de lista?”
“No.
No hay.”
Oh,
maldito Bell.
“Ha,
mierda……. Cada vez que abre la boca miente.”
Mientras
Philip se llevaba la mano a la frente con un quejido, Dimitri movió los ojos
confundido. Justo cuando intentaba deducir quién se había atrevido a engañarlo.
“¡Dimitri!”
Ante
la voz ruda que llegaba desde fuera de la habitación, el cuerpo de Dimitri se
tensó al instante. Miró con rostro aterrorizado al hombre que se acercaba y
luego volvió a mirar a Philip. Sin saber qué hacer, aferrando el palo de la
mopa como si le fuera la vida en ello, fue agarrado de las solapas por un
hombre y sacudido sin piedad.
“¡Ugh……!
Br, Brankie. Lo, lo siento. ¡Ya iba para allá……!”
“¿Cuándo
demonios piensas limpiar nuestra habitación? Maldita sea. Te voy a arrancar las
extremidades…….”
Brankie,
que sacudía a Dimitri como si fuera un pedazo de papel, tensó su expresión al
ver a Philip ocupando la habitación. Lo observó con ojos llenos de curiosidad,
como un niño que acaba de empezar a hablar, y soltó las solapas de Dimitri.
“¡Ack!”
Dimitri,
que cayó de bruces al suelo, se levantó rápidamente para no molestar. Philip
miró alternativamente a Dimitri y a Brankie y, fastidiado, se rascó el párpado.
“Mierda.
Pero qué puré de patatas…….”
No
solo por gusto personal, sino porque Brankie era objetivamente tosco, su
presencia le irritaba profundamente. Los alfas suelen tener rasgos marcados,
pero una cosa es tener rasgos fuertes y otra muy distinta tener la complexión
de un gorila. Ante algo tan poco estético, la irritación surgió de forma
instintiva.
“Kingston.
Pero qué has estado haciendo. Resulta jodidamente difícil saludarte.”
Entró
en la habitación con la familiaridad de un viejo amigo y le tendió la mano a
Philip. Este bajó la mirada para observar esa mano gruesa. Nombres comunes y
tatuajes que significaban asesinato en cada nudillo. Y hasta marcas de bandas.
Philip miró esa mano como si fuera inmundicia y frunció el ceño.
“¿Acaso
quieres que te la rompa?”
“Oho…….”
“No
tengo ganas de hablar, así que lárgate. Dicen que hay que limpiar, mierda, ¿por
qué no tiran cosas como esta en lugar de molestar?”
Philip
frunció el ceño por el dolor de espalda y apenas logró apoyarse en la cama. Aun
así, Brankie no salió de la habitación; se quedó allí sonriendo con sorna
mientras movía las aletas de la nariz. Al verlo olfatear e inquietarse con la
nariz como si le molestara algo, Philip soltó una risa sin ganas,
despreciándolo.
“Me
sorprende que un drogadicto como tú siga vivo. ¿Incluso traen droga al
refugio?”
Brankie,
que se tocaba la nariz, se quedó petrificado mientras cruzaba miradas con
Philip. Él continuó:
“Es
difícil conseguir siquiera un cigarrillo, ¿cómo lo haces?”
“Hooo…….
¿Así que tú también sabes algo? Bueno, con el dinero que te sobra, no es que no
lo hayas probado.”
“Olvídalo,
¿lo haces también en el refugio?”
Ante
esa pregunta, Brankie ensanchó los hombros y se dio aires de importancia.
“Bueno,
si lo supieras, ¿se lo dirías a los empleados?”
“¿Estás
loco?”
Philip
soltó una carcajada como si hubiera oído algo gracioso y volvió a enderezar el
torso.
“No
te guardes lo divertido solo para ti. Por eso preguntaba. Mierda, ¿de qué me
sirve chivarme a los empleados? Parece que me ves como alguien con mucha
conciencia, esto es…… ¿debería darte las gracias?”
Las
comisuras de sus labios sonreían, pero sus ojos estaban gélidos, sin rastro de
diversión. Volvió a observar su aspecto y soltó una risa cínica.
“Ha…….
Mi situación es de lo más……. Estar cruzando miradas y conversando con tipos
como estos.”
Un
profundo sentimiento de autodesprecio le revolvió el estómago. Si fuera por él,
habría soltado un puñetazo para hacerlo desaparecer de su vista, pero bueno. No
quería desperdiciar una advertencia en semejante lugar.
‘Pensemos
solo en el correo. En cuanto revise el correo, será el adiós eterno para estos
hijos de puta.’
Justo
cuando cambiaba de parecer e intentaba tumbarse en la cama, Brankie se acercó
aún más. Le amenazó con la mirada para que no se acercara, pero varios pares de
ojos reunidos ante la puerta observaban a Philip con fijeza. Eran de la misma
banda o una organización temporal formada en este pabellón.
Al
notar esto, Philip se levantó del asiento con mucha calma.
“Ha,
¿qué pasa? ¿Creen que porque visto la misma ropa y estoy encerrado en este
lugar pueden intentar algo conmigo?”
Ante
la pregunta de Philip, Brankie rió y negó con la cabeza.
“Para
nada. Oye, Philip. Solo quiero ser tu amigo.”
Por
su expresión, parecía dispuesto a abrirse el pecho para mostrar cuán
transparente era su interior. Ante esa forma tan hipócrita, Philip endureció
aún más su semblante.
“Precisamente
eso es……. Eso es lo que me jode. Brankie.”
Al
pronunciar ‘Brankie’ con fuerza, la expresión de este se tensó al instante.
Retrocedió un paso ante esa mirada que se situaba muy por encima de la suya.
Philip observó su ímpetu doblegado y lo amenazó de forma más cordial que antes:
“Me
jode que supongas que puedes ser mi amigo. Y también me jode que alguien como
tú se atreva a dirigirme la palabra porque quiere ser mi amigo. Brankie.”
Incluso
el leve sonido de las escobas se detuvo en seco. Un silencio sepulcral recorrió
toda la planta, y el sonido de Dimitri tragando saliva se escuchó como el
estruendo de una obra. Aun así, Philip no parpadeó y mantuvo la mirada fija en
Brankie.
Cuando
esos ojos azules, casi grises, lo miraron como si quisieran matarlo, Brankie
sintió un escalofrío como si se hubiera topado con un lobo. Miró de reojo a los
miembros de la banda que estaban tras él y respondió con una respiración
entrecortada:
“Qué
lástima. Pensaba que nos llevaríamos bastante bien. Por cierto, son
veinticinco.”
Cuando
Philip lo fulminó con la mirada preguntando qué era veinticinco, Brankie dijo:
“Los
miembros de mi banda que usan este pabellón.”
Su
voz baja llenó el pasillo. Los miembros que ya estaban allí se acercaron un
poco más. Al ver esto, Philip hizo un gesto de desdén al aire.
“Es
tan infantil que no puedo ni verlo. Pero supongo que este es el encanto de una
prisión, ¿no?”
Zexius,
que estaba apoyado contra la pared, dejó escapar un suspiro que sonó como un
sollozo ante la respuesta de Philip. Por muy alfa dominante que fuera, ¿cómo
podría vencer a veinticinco alfas? Se encogió frenéticamente en el rincón,
rogando que no estallara una pelea.
Mientras
tanto, Brankie no apartó la vista de Philip y ladeó la cabeza de un lado a
otro. Tras hacer crujir sus huesos, sonrió reprimiendo su ira.
“Bueno.
¿Te parecerán también infantiles las veinticinco parejas de puños y ojos que
tengo? Y también los oídos.”
Se
golpeó la oreja suavemente mientras sonreía.
“Como
hay mucho interés puesto en ti, corren muchos rumores sobre ti, amigo. Dicen
que te traes ciertos jueguecitos con un empleado día y noche.”
Brankie,
como cierto tipo de la 610, metió el dedo índice repetidamente dentro del
círculo de la señal de ‘OK’, soltando una risa sucia. Al ver esto, los músculos
alrededor de los ojos de Philip se tensaron al instante.
“¿Y
qué? ¿Tú también quieres que te la dé?”
“¿Yo?
Debes estar loco, amigo.”
Brankie
soltó una risotada con una respiración ronca y fingió hipócritamente limpiarse
unas lágrimas que no existían.
“Los
gemidos que escuché en el almacén eran claramente……”
Brankie,
que hablaba con aire arrogante, se detuvo de repente y solo movió los labios.
Fue un choque de feromonas.
“Ack,
ack……”
Las
feromonas del alfa dominante ondularon con una fuerza aterradora, como si
fueran a derretir los pulmones de Brankie. Antes de poder sentir el aroma,
sintió un calor abrasador en la boca y la nariz, como si hubiera bebido
desinfectante. Ante esto, Brankie movió los ojos frenéticamente como si se le
fueran a salir de las órbitas, se agarró la garganta y tomó aire con
dificultad.
“¿Por
qué dejas de hablar a medias? Sigue hablando.”
En
ese momento, los miembros de la banda que acechaban en el pasillo empezaron a
entrar en tropel sin pensarlo dos veces. Sin embargo, en cuanto entraron en la
habitación, empezaron a fruncir el ceño y a toser con dolor ante las feromonas
del alfa dominante.
“¡Cof,
ha-ha……!”
El
problema era que Zexius, escondido en un rincón de la habitación, era quien
perdía el aliento más rápido.
“Es-espera.
¡Philip! Agh……”
Zexius,
que extendía la mano pidiendo auxilio, cayó al suelo con espasmos corporales.
Kung.
La
mirada de Philip pasó de Brankie a Zexius.
“Pedazo
de idiota, ¿por qué demonios te quedas aquí aguantando?”
“Cof,
ca-ha……”
“Lárgate.
Estúpido.”
“¡Kgh!”
Philip
miró a Zexius, soltó un ‘mierda’ y retiró las feromonas. Solo entonces los
quejidos que resonaban por doquier cesaron de golpe; Brankie se desplomó
pesadamente mientras sus ojos se ponían en blanco por el ataque. Los miembros
de la banda, desconcertados, se apresuraron a rodear y proteger a Brankie, pero
los restos de feromonas seguían punzando sus alvéolos.
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“Cof,
cof……. Hijo de perra……”
“Suelta
a Brankie. Si de todos modos estamos todos encerrados, qué es esto……”
¿Acaso
por estar todos atrapados tenían el derecho de andar acosando a la gente?
Philip soltó una risotada burlona en su cara.
“Ustedes
fueron los que cruzaron la línea primero. ¿Qué pasa, quieren que vuelva a
soltar mis feromonas?”
Ante
esas palabras, el ruido ambiental volvió a cesar. De vez en cuando se oían a lo
lejos palabras como “¡Philip!” u “¡Malentendido!”, pero Philip no se inmutó. En
su lugar, sacudió a Brankie, que estaba casi inconsciente, por las solapas
mientras cerraba el otro puño con firmeza.
“Ha,
tanto ustedes, que siguen a un imbécil que no sabe ni sumar como si fuera su
líder, como este idiota.”
“Kgh,
ugh……”
Philip
le mostró el puño a Brankie, cuya conciencia se desvanecía, y le habló de
frente.
“Oye,
Brankie. Te voy a enseñar a sumar, así que escucha bien. A ver, los miembros de
tu banda son veinticinco. Entonces, ¿cuántos ojos me están vigilando?”
Brankie,
que había perdido el juicio por el choque de feromonas, movió los labios
torpemente como un estúpido. Philip le acercó el oído y luego asintió riendo.
“¡Exacto!
Sumando este par de ojos de mierda tuyos, son un total de veintiséis pares.
Pedazo de alcornoque, ¿por qué demonios excluyes tus propios ojos? ¿Eh?”
Habiendo
humillado a Brankie frente a sus subordinados, Philip siguió asintiendo al
ritmo de sus quejidos. Exteriormente parecía una toma de rehenes, pero en
realidad no era más que mero entretenimiento.
“Kguuuu……”
Cuando
Brankie volvió a balbucear algo, Philip fingió una sorpresa exagerada y
preguntó:
“¿Qué?
¿Dices que no necesitas tus globos oculares y que quieres que los reviente?
¡Ah, por eso habías hablado sin contarlos! Entendido. Entonces tendré que
reventarlos.”
Acto
seguido, apretó su puño con fuerza para que todos lo vieran. Su intención era
detenerse si alguien intentaba frenar el golpe antes de que ocurriera. Con eso
sería suficiente para que entendieran la lección.
Las
bestias necesitan una pelea sangrienta para definir su jerarquía, pero los
humanos la definen con las feromonas. Por lo tanto, esta era una batalla cuyo
resultado ya estaba decidido sin necesidad de ver sangre. Sobre todo porque,
para Philip, era mucho mejor usar la computadora de la 666 a escondidas que
desperdiciar una advertencia en un lugar como este. Por eso, Philip también
esperaba en secreto que alguien detuviera sus puñetazos.
Sin
embargo, los miembros de la banda solo se miraban entre sí con cautela; ninguno
se atrevía a dar un paso al frente. En ese momento, un hombre que se abría paso
entre la multitud que llenaba el pasillo se acercó gritando a pleno pulmón.
“¡Es
un malentendido! ¡Ese rumor que nos involucra a Philip y a mí es un
malentendido!”
Al
oír su nombre, Philip frunció el ceño y miró hacia fuera de la habitación. Esta
voz, no me digas que……. El rostro de Philip se puso pálido al reconocer la voz
familiar.
“Es-espera.
¡Un momento! ¡Bell!”
Philip
soltó a Brankie y se dirigió a grandes zancadas hacia la puerta. 'Este loco de
mierda. ¿Qué demonios piensa decir?'. Justo cuando iba a gritarle que cerrara
la boca de una vez.
“Es
cierto que Philip se acostó conmigo, pero.”
La
atención centrada en Bell se tensó al instante. Philip, en medio de esa
revelación que rozaba la violencia, entrecerró sus ojos azules mientras sus
labios temblaban levemente. ¿Qué carajo está diciendo ese tipo? Sacudió la
cabeza porque no le salían las palabras, pero Bell, que había llegado corriendo
frenéticamente, ni siquiera lo notó. Él simplemente apartó a empujones a los
subordinados que se interponían entre él y Philip mientras gritaba con urgencia.
“¡Lo
digo claramente, yo fui el penetrado! ¡Lo juro ante Dios!”
Bell,
que se encontró cara a cara con él, preguntó apresuradamente como apremiando
una respuesta:
“¿Verdad?
Philip.”
Bell
sonrió mientras le mostraba el número 2 con los dedos de forma oculta. En ese
momento, las palabras que le había dicho antes cruzaron su mente, erizándole la
piel.
‘No
fijaré un plazo. A cambio, al menos una vez, no debe limitarse a decir que no,
sino que debe entregarse al sexo de forma dinámica, activa y explícita.’
Con
razón. Debí sospechar desde que pidió solo una vez, a diferencia de lo
habitual.
“¿Ah,
no es así……?”
Cuando
murmuró con una voz apenas audible, Philip lo fulminó con la mirada. Entonces,
él sonrió en secreto y movió los labios sin emitir sonido:
‘¿Acaso
quiere que también lo marque?’
Philip
leyó el movimiento de sus labios y, sin pensarlo más, indicó de inmediato el
número 3 con sus dedos para calmar a Bell. Porque, en esta situación, lo único
en lo que podía confiar era en el susurro de un demonio astuto.
Continuará en el volumen 3.
