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“No
puede entrar.”
“¡Le
digo que yo sí puedo!”
Era
la hora del almuerzo, un momento sagrado para los oficinistas. Para cualquier
asalariado, cada minuto y cada segundo de ese tiempo es oro. Sin embargo,
frente a la oficina del director de la división de Contenidos Culturales del
Grupo Wonkyung, el tiempo se escurría en una disputa sin fin entre dos
personas.
Uno
se mantenía firme alegando que era imposible pasar, mientras el otro insistía
con terquedad absoluta en que entraría a como diera lugar.
“De
todos modos, el director no se encuentra en este momento. Si tiene algún
asunto, por favor haga una cita y regrese más tarde.”
“Esperaré
adentro. ¿Acaso no sabe que soy empleado de esta empresa?”
“Ser
empleado del Grupo Wonkyung no le da derecho a entrar a cualquier oficina.”
Ante
las palabras de Si-woo, el empleado de la secretaría respondió con calma, pero
con una firmeza tajante.
Y
no era para menos; Do-ha, el dueño de esa oficina, había dado instrucciones
estrictas de no dejar pasar a nadie que no fueran sus padres. Incluso si se
trataba de sus hermanos mayores, detestaba que irrumpieran en su despacho sin
previo aviso.
Más
que un resentimiento de hermano menor por haber crecido bajo la sombra de los
grandes, se debía al carácter de los tres hermanos, quienes odiaban
profundamente que alguien invadiera su territorio personal.
“¿Quién
no lo sabe? Soy amigo del director. Fuimos juntos al estreno hace poco. Incluso
salieron artículos sobre eso. No me diga que en la secretaría ni siquiera saben
algo así.”
“Es
una oficina sin su dueño presente. Ya que es su amigo, ¿por qué no intenta
contactarlo directamente?”
“¡Ja!
¡Ya me avisaron que está en una reunión!”
“Sí.
Por eso mismo le digo que no puede pasar.”
Ambos
repetían lo mismo una y otra vez.
El
enfrentamiento se prolongaba más de lo esperado, pero Si-woo, que había corrido
hasta allí incapaz de soportar la ansiedad, tenía su capacidad de raciocinio
reducida al mínimo. Ni siquiera se le ocurría intentar convencer al otro; solo
persistía con la voluntad ciega de cruzar esa puerta.
En
realidad, por dentro ya miraba al secretario con desprecio. Se prometió a sí
mismo que, el día que se convirtiera en el cónyuge legal de Baek Do-ha, lo
primero que haría sería despedirlo.
No
se detuvo a calcular qué tan probable era eso. Si le quedara un ápice de
sensatez, no estaría perdiendo el tiempo con fantasías absurdas sobre
reemplazar al personal.
“Por
eso digo que esperaré adentro. ¿Tanto problema hay por esperar en la oficina de
un amigo?”
“No
hemos recibido ningún aviso al respecto. Si desea entrar, contacte de nuevo al
director y……”
“¿Qué
está pasando?”
En
ese momento, la voz de Do-ha cortó el aire entre ambos como un salvador. Tanto
para el secretario, frustrado por alguien que no escuchaba razones, como para
Si-woo, que resistía con la única idea de verle la cara, Do-ha era su redentor.
Aunque
lo fuera por razones completamente distintas para cada uno.
Do-ha,
que ya tenía los nervios de punta tras una reunión agotadora, se puso aún más
tenso al ver la escena. Una toma panorámica de dos personas que no tenían por
qué estar juntas frente a su puerta. Sus nervios, a flor de piel, volaron sin
vacilar hacia ellos.
“Director.”
“¡Do-ha!”
Mientras
el secretario hacía una leve reverencia, Si-woo corrió hacia él. Solo cuando
Do-ha frunció el ceño y retrocedió un paso, Si-woo recordó una vieja
advertencia.
Era
un recuerdo de sus días como recién ingresados al mundo laboral: Do-ha le había
pedido que no se mezclaran los asuntos personales en la empresa. La imagen del
Do-ha dulce de aquel entonces, que se disculpaba de antemano pidiendo
comprensión, se mezclaba de forma caótica con la figura gélida que tenía frente
a él.
“……Delegado
Kim Si-woo. Habíamos quedado en separar lo personal de lo profesional en el
trabajo. ¿Lo recuerda?”
Do-ha
frunció el entrecejo y guardó silencio un momento, conteniendo lo que quería
decir. No le hacía ninguna gracia que alguien se comportara de forma tan
informal, llamándolo por su nombre incluso frente a su oficina.
Sin
darse cuenta, Si-woo apretó los puños con tal fuerza que sus uñas se clavaron
profundamente en sus palmas.
“Sí.
Lo recuerdo. Lo siento, Do-ha, no, director……”
Cuando
Si-woo bajó la cabeza dejando la frase en el aire, Do-ha suavizó el gesto
pensando que quizás había sido demasiado duro. Aun así, mantuvo su actitud
distante y profesional.
Aunque
Do-ha trataría igual a cualquiera que apareciera de esa forma, Si-woo, ajeno a
esto, apretó la mandíbula y tragó su rabia en silencio.
“¿Qué
le trae por aquí, delegado Kim?”
“Es
que…… no tenía noticias suyas……”
“He
estado ocupado y aún no he podido revisar bien los mensajes. Creo que dejé
aviso de que estaba en una reunión.”
“Sí.
Lo sé. Pero…… estaba preocupado……”
Do-ha
tragó un suspiro y confirmó su agenda con el jefe de secretaría que venía tras
él. Tenía un almuerzo de negocios, pero como era una reunión de rutina, parecía
que podía ausentarse sin mayores problemas.
“……Entremos
primero.”
Tras
humedecer sus labios secos, le abrió la puerta a un Si-woo que lo esperaba con
los hombros caídos.
Antes
de cerrar, le hizo una señal negativa con la cabeza al secretario que había
discutido con Si-woo y desapareció rápidamente. Fue un gesto motivado por el
temor a que alguien los viera y empezaran a circular rumores innecesarios.
Para
el secretario, eso significaba que ya no debía preocuparse por el asunto de Si-woo,
pero debido a esa interrupción, perdió la oportunidad de entregar su informe.
Un
informe sumamente personal: que Yu-dam, representante de los Almacenes Hansae y
cónyuge de Do-ha, lo estaba esperando desde hacía un rato.
*
* *
En
cuanto la puerta de la oficina se cerró, Do-ha no tuvo más remedio que consolar
a Si-woo, quien se lanzó a sus brazos de repente. Intentó apartarlo, pero se
aferraba con tanta persistencia que pensó que sería más rápido calmarlo que
intentar separarlo a la fuerza.
Desde
que Si-woo postuló por primera vez a la empresa de Do-ha, este se había
mantenido alerta ante la posibilidad de que no supiera separar lo personal de
lo profesional y que se produjeran encuentros de este tipo. Por esa razón, solo
después de enfatizar varias veces que nunca habría encuentros personales en el
trabajo, felicitó a Si-woo por su ingreso.
No
era que Do-ha no confiara en Si-woo, sino que así era su temperamento. Do-ha,
apasionado en todo lo que hacía, apreciaba a quienes daban lo mejor de sí en su
puesto y, por ello, deseaba que el lugar donde él debía esforzarse al máximo no
se confundiera con asuntos privados. Ciertamente, era algo que no habría
tolerado ni una sola vez antes de casarse.
Sin
embargo, como él mismo había sido quien utilizó a Si-woo para fines personales
por el sentimiento de traición que sintió hacia Yu-dam tras el incidente del
estreno, no podía mostrarse más severo con él. Al fin y al cabo, si se
analizaba bien, el primero en fallar en la distinción entre lo público y lo
privado había sido él mismo.
Por
lo tanto, no había razón para señalar quién se había equivocado primero, pero,
aun así, la visita de Si-woo a su oficina no le resultaba agradable. Por
supuesto, estaba el hecho de que estaba harto de ser regañado alternativamente
por ambas familias, pero más allá de eso, no existía un motivo tan grande como
para que un simple empleado buscara personalmente al dueño de un gran
conglomerado.
Por
el contrario, si fuera un asunto tan grave como para que Si-woo tuviera que
correr hacia Do-ha de inmediato, ya lo habrían resuelto de forma privada en
otro lugar que no fuera la empresa. Do-ha había dicho que Si-woo era su máxima
prioridad, pero eso significaba que era su prioridad como amigo; no significaba
que fuera a convertirse en su cónyuge como si mantuviera dos hogares. Así que
no había razón alguna para que Si-woo, tras angustiarse por un mensaje,
corriera hasta la oficina del director para abrazarlo. A menos que, claro está,
deseara ser visto por alguien a propósito para provocar un escándalo entre Baek
Do-ha y Kim Si-woo.
“Si-woo.”
“Do-ha,
¿por qué tardas tanto en contactarme? Sabes que me preocupo si no tengo
noticias tuyas.”
“……Necesitaba
tiempo para pensar.”
Cuando
Do-ha confesó esto en voz baja tras una breve pausa, la ansiedad de Si-woo
creció rápidamente como una bola de nieve. Sentía que, de seguir así, le
arrebatarían a Do-ha y al Grupo Wonkyung. No, en realidad no le importaba
perder a Do-ha. Lo que debía ser suyo era el dinero y el trasfondo que él
poseía.
‘Eso
es lo justo. ¿Cuánto tiempo he aguantado fingiendo un amor puro solo para
obtener eso?’
Él
quería sinceramente a Baek Do-ha, el hijo menor del Grupo Wonkyung. Sin
embargo, no podía querer a un Baek Do-ha que no tuviera nada.
“¿En
qué pensaste? ¿Irnos de viaje tú y yo es algo que requiere tanto pensamiento?
¿Otra vez Ha Yu-dam dijo que no? ¿Dijo que no quiere que dos amigos se vayan de
viaje?”
Si-woo
se separó del abrazo de Do-ha. Y, estallando en gritos, comenzó a derramar
lágrimas. Era para demostrarle que ese Kim Si-woo al que Do-ha había prometido
cuidar y querer por siempre, estaba sufriendo ahora mismo precisamente por
culpa de Ha Yu-dam.
“No
es eso. Este matrimonio es un negocio. Yu-dam lo sabe y dijo que ayudaría.
Entonces, mi trabajo es asegurar que ese negocio termine bien y sin problemas.”
Do-ha
recordó las cálidas feromonas de Yu-dam.
La
huida de casa de Do-ha, que se había enfadado solo, terminó pronto, y su hogar
de recién casados siempre estaba lleno de las feromonas de Yu-dam. Fue gracias
a que Do-ha insistió una y otra vez.
Después
del celo en la isla de Jeju, Do-ha seguía pudiendo sentir únicamente las
feromonas de Yu-dam. Y ese hecho le proporcionaba una sensación de estabilidad
tan grande que era difícil de explicar con palabras. Al mismo tiempo, Do-ha se
dio cuenta de que había juzgado muy mal a Yu-dam todo este tiempo.
Una
basura humana arrogante que ni siquiera consideraba a los demás como personas.
Un heredero de tercera generación sin gracia y con una actitud aún peor. Esa
era exactamente la evaluación que Do-ha tenía de Ha Yu-dam, basada en lo que
siempre había escuchado de otros. Además, el hecho de que cada vez que veía a
Yu-dam sentía una opresión en el pecho y náuseas, hacía que Do-ha no solo le
desagradara, sino que llegara a detestarlo.
Aunque
fuera un matrimonio por contrato, le molestaba tanto tener que hacerlo con
alguien así que él mismo solía actuar de forma terca y causar alboroto
innecesariamente. Sin embargo, al pasar inevitablemente más tiempo con Yu-dam y
descubrir facetas que este se esforzaba por ocultar, Do-ha no tuvo más remedio
que admitir que estaba equivocado.
Cualquiera
que fuera el recuerdo perdido, o la razón por la que se sentía agobiado cada
vez que veía a Yu-dam, el Ha Yu-dam de ahora no era en absoluto alguien que
mereciera ser detestado. Más bien, era una persona encantadora, en quien
incluso su ocasional terquedad resultaba tierna. Lo encontraba más adorable y
le hacía sonreír cuando fingía ser fuerte diciendo que su orgullo era lo más
importante, mientras por dentro se mantenía alerta por miedo a que alguien
descubriera su lado débil.
Yu-dam
era como un gato de linaje real criado por la reina de algún país. Eriza el
pelo, se mantiene alerta y bufa, pero por mucho que lo haga, no deja de ser un
gato. Por eso, Do-ha se sentía bastante animado últimamente. Más aún después de
reconocer y admitir que su rechazo hacia Ha Yu-dam era fruto de sus prejuicios.
Al consolar poco a poco al gato que sacaba las uñas y estrecharlo entre sus
brazos, todas las preocupaciones del mundo se volvían triviales y encontraba la
paz en su corazón.
No
quería que ese gato tan bonito pasara a manos de otro, ni tampoco quería que
otros hablaran de él a la ligera. En algún lugar de su interior, de forma
instintiva, bullía el deseo de proteger a este gato y la necesidad de
monopolizar su mirada.
El
problema residía en que era imposible que Si-woo no notara el cambio que el
propio Do-ha sentía claramente. En realidad, el cambio de Do-ha había comenzado
hacía mucho tiempo. Solo que, como no era visible, Si-woo simplemente se
consolaba pensando que aún no era tarde. Así que ahora tampoco había por qué
sorprenderse.
Solo
tenía que actuar de forma más inteligente. Si lograba que Yu-dam fuera el
primero en rechazar a Do-ha y que este no quisiera volver a verlo, Do-ha
regresaría según el plan original.
“Do-ha,
aunque el matrimonio no fuera un negocio, se puede ir de viaje con un amigo.
¿Por qué nuestro viaje se convierte en un problema?”
“Si
me voy de viaje contigo…… me convierto en el peor socio comercial y en el peor
cónyuge. Aunque prometí que tú serías mi prioridad, no puedes convertirme en un
inmaduro que no sabe distinguir entre lo que está bien y lo que está mal,
Si-woo.”
“¿Estás
diciendo que…… yo te arruino? ¿Tú también piensas…… realmente eso?”
“Lo
que digo es que solo si termino bien este matrimonio habrá un futuro como el
que te prometí.”
“¡¿Y
qué pasa con mi ansiedad?! Siento que cada vez que haces eso, te alejas más de
mí, y me pone muy ansioso. Tú no puedes hacerme esto.”
“Sí.
Lo sé. El último deseo de tu madre, por supuesto que lo recuerdo. Por eso mismo
pensé que debía hacerme responsable de este matrimonio, terminarlo bien y
volver a tu lado.”
Solo
es por una promesa.
A
los oídos de Si-woo, las palabras de Do-ha sonaron exactamente así. Sentía que
Do-ha vendría a él no porque lo amara o sintiera el más mínimo cariño, sino por
la promesa de regresar que había hecho, y eso le secó la boca. Aunque ya sabía
que él no lo amaba, era la primera vez que hablaba de su relación de esa
manera. La ansiedad, que ya era enorme, se agitó violentamente en el cuerpo de
Si-woo.
“Cuando
tu madre agonizaba en el hospital, le prometí que te cuidaría hasta el final.
Por eso también te prometí que volvería. Nunca he pensado ni una sola vez en
romper esa promesa.”
Para
Do-ha, eso era casi como una obsesión. La obsesión de tener que regresar a
algún lugar. Quizás fuera una promesa dentro de sus recuerdos perdidos, como un
agujero negro, pero, en cualquier caso, Do-ha siempre sentía que debía volver a
algún sitio. Por eso, sentía ansiedad ante la sola idea de abandonar esa
promesa y, por lo mismo, recordaba constantemente dónde debía estar: al lado de
su amigo Si-woo, a quien no podía dejar solo desde la universidad y que le
causaba lástima cada vez que pensaba en él.
Pensaba
que eso también debía ser una de las muchas formas del amor. Al igual que para
otros, o como en las películas y dramas, el amor no consistía solo en
sentimientos apasionados, desgarradores o en que el corazón latiera con fuerza
solo de pensar en la otra persona. Así como la compasión es un sentimiento, el
afecto fraternal también era amor.
Aunque
empezó por compasión, la forma del sentimiento cambió. Si-woo pasó de ser un
amigo que le daba lástima a alguien a quien quería cuidar y proteger. No era la
pasión de la que otros hablaban, pero no creía que ese tipo de amor fuera
necesario. Aunque no fuera un amor desgarrador y tierno hasta las lágrimas,
para Do-ha no había ningún problema. Después de todo, él no podía sentir amor
por nadie. Ese vacío que sentía en alguna parte hacía que ni siquiera tuviera
ganas de amar a alguien. Ni siquiera se le ocurría la idea de querer amar.
Do-ha
era incluso un alfa dominante solo de apariencia, incapaz de sentir las
feromonas de los demás. Aunque para otros fuera un alfa dominante superior de
tercera generación que lo tenía todo, Do-ha nunca se había visto a sí mismo tal
cual era. A pesar de que los años que recordaba ya eran más que los que había
perdido, el vacío que lo llenaba solo se volvía más profundo. Hacía mucho
tiempo que ni siquiera pensaba en cómo amarse a sí mismo.
Por
eso a Do-ha le gustaba Si-woo. Porque creía que, aun sin amor, podrían estar
juntos toda la vida. Por supuesto, cada vez que veía a Si-woo suplicando por su
afecto, sentía culpa y ternura. Aunque no pudiera devolverle ese sentimiento
con el mismo amor, siempre se esforzaba al máximo para que no sintiera que le
faltaba algo.
“Si
hubiera sabido que sería así…… ese día debería haberme ido con mi madre.”
“¡Kim
Si-woo!”
“¿Por
qué me detuviste? Debiste dejarme morir. Si lo hubieras hecho, no tendría que
estar cada día con el alma en un hilo. Tengo miedo de perderte, vivo ansioso
cada día y odio a Ha Yu-dam.”
Las
palabras que Si-woo soltaba entre sollozos fueron más que suficientes para
retener a Do-ha. Con solo esa frase de Si-woo, los recuerdos de Do-ha volaron
rápidamente al pasado, cuando Si-woo se tambaleaba sobre aquel puente.
Cuando
la madre de Si-woo sufrió el accidente de tráfico, Do-ha se esforzó al máximo
por él. Como Si-woo solo tenía a su madre como familia, Do-ha quería protegerla
a toda costa. Do-ha exigió la mejor cirugía y el mejor tratamiento sin importar
el coste, y el hospital consideró a Do-ha, que tenía más capacidad económica,
como el tutor de la madre de Si-woo. Do-ha recibía directamente toda la
información sobre el estado de la madre y qué medicamentos tomaría. Por eso,
Do-ha no dudaba de que ella viviría.
−Tu madre vivirá. No te preocupes.
Siempre
quiso ser una fuente de fortaleza al lado de Si-woo. El médico a cargo también
estaba seguro, diciendo que, aunque el accidente fue grave, las costillas rotas
solo habían rozado ligeramente los órganos internos y no había de qué
preocuparse. Sin embargo, al abrir el abdomen en la mesa de operaciones, el
médico suspiró sin poder hacer nada y salió del quirófano. Se acercó de
inmediato a Si-woo, que esperaba ansioso en la sala, y le comunicó la tragedia
que había visto de cerca.
Las
células cancerosas que se habían extendido por todos los órganos hasta el punto
de no poder intervenir, le arrebataron a Si-woo hasta la última esperanza. La
última hoja del árbol de la madre de Si-woo nunca existió. El médico, tras
explicar que ni la cirugía ni el tratamiento tenían sentido, se dio por vencido
con ella, y Si-woo salió corriendo del hospital aquel día para caminar sin
rumbo. Fue algo que ocurrió en el breve momento en que Do-ha se había
ausentado.
Do-ha,
que se enteró del resultado más tarde, tuvo que correr por todas partes para
encontrar a Si-woo, y finalmente lo halló sobre un puente que miraba al río
Han. Incapaz de aceptar la muerte de su madre, Si-woo estaba de pie sobre el
puente mirando la corriente rápida del río. Parecía tan frágil, como si
estuviera calculando cuándo sería el mejor momento para saltar, y Do-ha, que
acababa de encontrarlo, corrió hasta quedarse sin aliento para sujetarlo.
Abrazó a Si-woo, que luchaba por soltarse para caer, y le repitió
incesantemente:
−Está bien. Está bien, Si-woo. Yo estaré contigo en lugar de tu
madre. No estás solo.
En
aquel entonces, fue el esfuerzo y el afecto de un Do-ha que no sabía que todo
eso era parte del plan de Si-woo. Y Do-ha, que seguía sin saber nada, se
esforzó por salvar a Si-woo. Do-ha pensó que su esfuerzo por salvar a alguien
era quizás una forma de saciar momentáneamente su propia sed, cuyo origen
desconocía. Pero, fuera cual fuera la razón, no podía quedarse de brazos cruzados
viendo morir a alguien frente a sus ojos.
“No
te salvé para escuchar esas cosas de ti. Pero qué…… ah.”
“…….”
“Kim
Si-woo. ¿Es que no vas a volver a verme?”
“No
es que pueda verte solo porque quiera. Si no puedo verte más, ¿en qué se
diferencia eso de estar muerto?”
La
voz débil de Si-woo cayó pesadamente hacia el suelo. Sus hombros caídos se
veían frágiles. Do-ha finalmente consiguió separar sus labios.
“……Iré.
Vámonos de viaje. Sacaré algo de tiempo el fin de semana, así que no te
preocupes.”
“¿He
sido terco? ¿Te he puesto en un aprieto?”
“No.
Sé que yo he provocado tu ansiedad. Por eso voy, para que vuelvas a confiar en
mí.”
Do-ha
sacudió la cabeza lentamente.
De
todos modos, la culpa era suya. No había sido nadie más quien puso a Si-woo tan
ansioso como para romper la promesa que hicieron al inicio de su empleo,
corriendo hasta aquí para lanzarse a sus brazos antes siquiera de tomar
asiento.
También
había sido él mismo, y nadie más, quien decidió hacerse responsable de Si-woo y
permanecer a su lado de por vida.
“¿Cómo
que no? Claro que es una terquedad.”
En
ese momento, una voz familiar golpeó la nuca de Do-ha.
En
el rostro de Do-ha se mezclaron la alegría y una tardía estupefacción. Ante su
movimiento apresurado, Yu-dam se puso de pie de entre los grandes monitores.
Debido
a la naturaleza de su trabajo, Do-ha tenía varios monitores de gran tamaño;
Yu-dam, que convenientemente había entrado primero a la oficina, se había
sentado frente al escritorio, quedando oculto de forma involuntaria.
A
medida que el cuerpo de Yu-dam se revelaba tras las pantallas, una sonrisa se
dibujó sin querer en el rostro de Do-ha. Era una expresión que no mostraba
rastro de preocupación por lo que Yu-dam pudiera haber escuchado.
No
era la desfachatez de alguien a quien no le importa si se va de viaje o no,
sino la simpleza de quien se alegra por un encuentro inesperado.
“¡Ha
Yu-dam!”
“Qué,
Baek Do-ha.”
‘¿Es
ingenuo o es tonto? ¿Cómo puede ser tan simple?’.
Yu-dam
chasqueó la lengua en silencio y lo miró de reojo.
A
sus ojos, Do-ha parecía estar embobado, olvidando por completo que hasta hace
un segundo hablaba de irse de viaje con un exnovio que afirmaba ser solo un
‘amigo’, a espaldas de su cónyuge.
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A
diferencia de lo que temía, le aliviaba que Do-ha se alegrara de verlo, pero no
podía disfrutarlo con tranquilidad.
“¿Qué
haces aquí?”
“Ya
veo. Parece que vine a un lugar donde no debía. No sabía que la oficina de mi
esposo era un sitio donde se intercambian promesas de viajes y cosas por el
estilo.”
Yu-dam
se cruzó de brazos y endureció el gesto.
Kim
Si-woo, a quien nunca había visto con buenos ojos, le resultaba ahora más
molesto que nunca. Verlo colgado de Do-ha, quejándose y lloriqueando, le
provocaba náuseas e irritación, pero más que eso, la conversación que acababa
de escuchar le carcomía la mente y alteraba sus nervios.
“¿Por
qué está usted aquí? ¡La oficina de Do-ha no es un lugar al que cualquiera
pueda entrar!”
“Es
que yo no soy cualquiera.”
“De
todos modos, esto es solo por tres años.”
“Por
eso mismo, en este lugar, el que sobra no soy yo, sino usted.”
“…….”
Si-woo,
resoplando y sin atreverse a replicar, fulminó a Yu-dam con la mirada mientras
sus puños cerrados temblaban de furia.
Seguro
de que Do-ha, de pie tras él, no podría verlo, mostró una expresión cargada de
veneno. Por supuesto, no le importaba si Do-ha lo veía. Para un Kim Si-woo que
amaba a Baek Do-ha, lo correcto era odiar a Ha Yu-dam. Estaba seguro de que
Do-ha pensaría así y sentiría lástima por él.
A
pesar de ello, el esfuerzo de Si-woo no conmovió a Yu-dam. Su personalidad le
impedía preocuparse por las emociones o expresiones de alguien que no le
importaba. Aunque Si-woo se pusiera a gritar y patalear allí mismo, Yu-dam no
le prestaría la menor atención.
Había
algo más importante en ese momento, y Yu-dam no pensaba dejarlo pasar.
No
eran imaginaciones suyas. Claramente, Do-ha no parecía muy entusiasmado con ese
viaje. No pecaba de arrogante ni se engaaba pensando que era porque Do-ha lo
quería a él, pero al menos entendió que Do-ha deseaba mantener el respeto hacia
este matrimonio.
“¿Te
atreverías a repetirlo claramente frente a mí?”
“¿El
qué?”
“Lo
que decían hace un momento. Por lo que escuché, parecía que Kim Si-woo estaba
siendo terco y Baek Do-ha se dejaba arrastrar a regañadientes.”
Al
instante, los ojos de Si-woo temblaron violentamente.
Fue
solo un segundo, pero Yu-dam, que no le había quitado la vista de encima, no
pasó por alto ese temblor.
Cuando
Yu-dam esbozó una sonrisa burlona, Si-woo se mordió el labio, se giró
bruscamente y abrazó con fuerza a Do-ha.
Si-woo
sabía que Do-ha jamás lo ignoraría. Y si Do-ha decía con su propia boca que se
iría de viaje, era seguro que Yu-dam se enfadaría con él. Predijo que, aunque
ahora solo fuera un enfado momentáneo, si situaciones como esta se repetían, el
sentimiento de Yu-dam terminaría por agotarse y acabaría rechazando y
alejándose de Do-ha.
Ese
era su objetivo desde el principio al insistir con el viaje. Aunque al ver a
Yu-dam se sintió desconcertado, pensando racionalmente, era lo mejor que podía
pasar.
“Eso...
¿no será que usted es quien quiere creerlo así?”
“Baek
Do-ha. Dilo tú mismo. ¿Me equivoqué?”
“……Ya
te lo había dicho antes. Si-woo es mi máxima prioridad.”
Do-ha
apartó de su pecho a Si-woo, quien se resistía a soltarlo. No era la primera
vez que abrazaba a Si-woo frente a Yu-dam, pero por alguna razón se sentía
incómodo. A pesar de que no le importó armar aquel escándalo en la boda, ahora,
en su propia oficina donde nadie entraba sin permiso, se sentía molesto.
“¿Entonces
te vas a ese viaje?”
“Es
solo un viaje corto con un amigo para despejarse. No sé qué estarás pensando,
pero no haré nada que merezca reproches.”
Do-ha
pensó que esta incomodidad se debía al ambiente y la naturaleza de la empresa.
No le gustaba mezclar lo personal con lo profesional en el trabajo. Si él, como
director, permitía que sus asuntos privados interfirieran, era cuestión de
tiempo que el sistema se desmoronara. Creyó que por eso sentía una opresión
inusual ante los abrazos de Si-woo el día de hoy.
Por
otro lado, Yu-dam dejó escapar una risa incredula.
Parecía
que aquella promesa ante la madre de Si-woo era algo así como un juramento de
amor eterno. Él pensó que Do-ha lo había hecho para dar paz a alguien en su
lecho de muerte, pero quizás, como decía Si-woo, era él quien quería creerlo
así. Quería creer que solo fue para aliviar los pasos de quien partía,
asegurándole que amaría a Si-woo de por vida.
Aun
así, el dilema de Yu-dam se había resuelto. Había caminado hasta la oficina de
Do-ha dándole vueltas a cómo pedirle que desocupara la casa el fin de semana.
Sabía que era una regla establecida y que podía mencionarlo con naturalidad,
pero como era la primera vez que le decía a alguien la fecha de su celo, no
sabía cómo hacerlo ‘con naturalidad’. Decirle algo tan íntimo a la persona que
le gustaba se sentía como compartir una parte de sí mismo.
“¿Ah,
sí? Qué bien.”
“¿Qué?”
Gracias
a la supuesta aventura de Do-ha, pudo decirlo sin rodeos. Decidió que era lo
mejor, aunque le costara fingir.
“Voy
a pasar el fin de semana con mi hyung. Justo iba a pedirte que te fueras de
casa, así que si te vas de viaje, es perfecto.”
“……¿Con
Jung-jin hyung?”
“Sí.”
“¿Tengo
que irme de mi propia casa solo porque vas a estar con él?”
Do-ha
se acercó a Yu-dam, olvidándose por completo de Si-woo. Sujetó con fuerza la
muñeca de Yu-dam y lo escrutó de pies a cabeza. Ante la actitud repentinamente
afilada de Do-ha, Yu-dam frunció el ceño.
En
realidad, no tenía intención de llamar a su hermano. Solo dio esa excusa para
que Do-ha tuviera un motivo claro para irse, evitando mencionar el celo.
“¿O
es que piensas meterte cuando estemos los dos? Si ni siquiera te cae bien mi
hermano.”
“Que
no me cae bien... Ja, olvida eso. ¿No será que vas a meter a ese otro tipo del
que hablaste? ¿Por eso me pides que me vaya?”
“¿Crees
que soy como tú? ¿Quién demonios es ese otro tipo...? Ah.”
Yu-dam
iba a gritar molesto, pero recordó a qué se refería Do-ha con ‘ese otro tipo’.
El día que Do-ha escuchó a medias su conversación con Jung-jin y malinterpretó
que Yu-dam tenía a alguien que le gustaba.
“¿Ah?
¿Por qué? ¿No te acuerdas de él ahora que lo llamo ‘tipo’?”
“Ya
te dije que no es así.”
“Lo
digo porque no me parece que no sea así.”
Ya
ni siquiera le hacía gracia. Yu-dam lo miró fijamente en silencio. Do-ha
también mantuvo la mirada hasta que la desvió sutilmente, dándose cuenta de que
había exagerado.
“Entonces,
¿no vas a ir al viaje? Dímelo ahora y le diré a mi hermano que tú también te
unes.”
Al
terminar de hablar, Yu-dam se mordió el interior de la mejilla. Si Do-ha
cancelaba el viaje, él tendría que buscarse un hotel, ya que habían prometido
no molestarse mutuamente durante sus celos. Aun así, lanzó la pregunta como una
prueba, porque deseaba que Do-ha se quedara en casa. Deseaba que fuera terco y
dijera que se quedaría para vigilar si entraba otro hombre o no. Si con eso
podía retener a Do-ha, no le importaba que malinterpretara que se veía con otra
persona o tener que pasar su celo con la incomodidad de un hotel.
“……¿De
verdad no es así?”
“¡Do-ha!”
Tan
pronto terminó la pregunta de Do-ha, Si-woo corrió hacia ellos. Con el rostro
compungido, apartó la mano de Do-ha de la muñeca de Yu-dam casi arrojándola.
Yu-dam se sacudió la muñeca donde Si-woo lo había tocado, mientras este se
interponía ante Do-ha apretando los dientes.
En
el rostro de Do-ha se reflejó la frustración de haber olvidado la presencia de
Si-woo, pero este fingió no notarlo y comenzó a parlotear sin parar.
“Do-ha.
Para nuestro alojamiento, ¿reservamos una villa con piscina? Te envié unos
enlaces, ¿los viste? ¿No crees que sería divertido nadar juntos?”
“Si-woo,
espera…… ah…….”
“¿Qué
pasa? ¿Tienes que irte de viaje?”
Justo
cuando Do-ha ya no podía seguir ignorando a Si-woo, Yu-dam lanzó otra frase.
Fue un comentario seco, pero tuvo más efecto que todo el parloteo previo de
Si-woo. Como si esa voz tuviera un poder vinculante exclusivo sobre Baek Do-ha,
sus ojos se dirigieron de inmediato a Yu-dam.
“Ha
Yu-dam. No hables así.”
“¿Qué
hice? No he dicho ninguna mentira.”
“……Si-woo.
Vuelve por ahora. Iremos al viaje, así que no te preocupes.”
Do-ha
soltó un breve suspiro y guio a Si-woo hacia la puerta. Los ojos de Si-woo se
agrandaron por la incredulidad, pero Do-ha se sentía exhausto con solo tener a
Yu-dam enfrente. No entendía por qué sentía que debía dar explicaciones, ni por
qué se sentía así. Las quejas de Si-woo no le resultaban molestas, pero sentía
que ahora mismo solo debía concentrarse en Yu-dam.
“Do-ha,
¿me estás echando a mí? ¿En lugar de a Ha Yu-dam?”
“Así
como yo me esfuerzo por cumplir mi promesa contigo, tú también debes cumplir la
tuya. Para empezar, no debías venir aquí por este asunto.”
“Te
dije que no habría venido si me hubieras contestado.”
“Te
avisé que estaba en una reunión.”
“……Do-ha.
De verdad estoy ansioso. Sabes que por eso vine.”
Si-woo,
de pie ante la puerta, continuó hablando mientras se mordía los labios.
No
quería mostrarse débil ni quejumbroso frente a Ha Yu-dam, pero no pudo
evitarlo; le confesó en voz baja que sentía que, si no actuaba así, perdería a
Do-ha para siempre.
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Como
era de esperar, no había nada más efectivo que apelar a la culpa de Do-ha.
“Lo
sé, Si-woo. Por eso dije que iríamos de viaje. En cuanto él se vaya y yo
termine de hablar con Yu-dam, iré contigo. No tienes de qué preocuparte.”
En
lugar de apresurarse a echar a Si-woo, Do-ha comenzó a consolarlo con voz
afectuosa. Esas palabras, destinadas a darle seguridad a Si-woo, parecían
también un recordatorio para sí mismo. Era una forma de autoconvencerse de que
debía cumplir la promesa hecha a Si-woo y a su madre.
Para
él, la confianza era la base de cualquier relación, y traicionarla equivalía a
abandonar su propia integridad como ser humano. Se fustigó internamente
repitiendo las mismas ideas que siempre acudían a su mente al tratar con
Si-woo. La seguridad era necesaria tanto para su amigo como para él mismo.
“Te
llamaré luego.”
Ante
las últimas palabras de Do-ha, Si-woo finalmente forzó una sonrisa y asintió.
Al ver esa expresión que parecía decir que confiaría en él una última vez,
Do-ha tuvo que cargar de nuevo con el peso de la culpa por haberlo inquietado.
Clack.
Tras
la salida de Si-woo, el silencio se apoderó de la oficina. Yu-dam, con los
brazos cruzados, fulminaba a Do-ha con la mirada, mientras este se acercaba
lentamente y lo rodeaba con sus brazos.
“¿Qué
haces? ¿Te volviste loco?”
“Solo
un momento.”
“Vaya,
sí que eres descarado para andar con dos personas a la vez.”
“Kim
Si-woo es un amigo, tú eres un compañero de armas. Solo déjame abrazarte un
poco.”
“Realmente
has perdido la cabeza.”
Yu-dam,
irritado, empujó a Do-ha para apartarlo. Aunque había sido Si-woo quien se
lanzó a abrazarlo, no había pasado casi nada de tiempo desde que Do-ha lo
sostuvo y consoló cuando estaba a punto de llorar. Por mucho que Yu-dam lo
hubiera amado en secreto durante años, no podía corresponderle el abrazo con
naturalidad después de haber presenciado semejante escena.
“Deberías
haber avisado que venías.”
“¿Por
qué? ¿Te molesta que te haya atrapado engañándome?”
“Te
digo que no es un engaño. Además, si hubiera sabido que vendrías, no te habría
dejado pasar. Es la primera vez que vienes hasta aquí.”
“……”
No
esperaba que Do-ha fuera consciente de ese detalle. Yu-dam se mordió el labio y
desvió la mirada. Si se descuidaba, acabaría cediendo ante él una vez más.
Sabía que Do-ha incluso le pediría feromonas para recuperar energías por el
cansancio, y estaba seguro de que no podría negarse.
Baek
Do-ha era el alfa de Ha Yu-dam, el único capaz de sentir exclusivamente sus
feromonas. Si Do-ha decía que su aroma le daba fuerzas, ¿cómo podría decirle
que no?
“Me
alegra verte, pero como viniste sin avisar, pensé que había pasado algo grave.”
“……No
es nada de eso. Solo tenía algo que decirte.”
“Sí.
Si fuera algo grave, ya me lo habrías dicho. Por eso ahora estoy tranquilo.”
Todo
estaba perdido. Con solo esas pocas frases, el corazón de Yu-dam ya se estaba
ablandando. No entendía cómo, siendo alguien que no sería enterrado sin su
orgullo, terminaba actuando de forma tan sumisa por culpa de un tipo como Baek
Do-ha.
En
realidad, sí lo sabía. Por mucho que se lo preguntara, la respuesta siempre era
la misma: su maldito amor no correspondido, su fatídico primer amor. Todo era
por Baek Do-ha; porque ese hombre era su alfa, sentía solo sus feromonas y
encontraba paz a su lado.
“No
vine para que estuvieras tranquilo.”
“Lo
sé. Pero aun así, me gusta. Me gusta verte aquí también.”
Yu-dam
frunció el ceño con fastidio. Sabiendo perfectamente que el peso de ese ‘me
gusta’ no era el mismo para ambos, no podía evitar que su corazón diera un
vuelco ante esas dos simples palabras. Do-ha lo hacía querer ilusionarse;
querer creer que, así como él estaba marcado por Do-ha, el corazón del alfa
también le pertenecía.
“……Dijiste
que éramos compañeros de armas. No digas cosas tan aterradoras.”
“Por
eso mismo me gusta. Somos personas que cruzan juntas la línea de fuego.”
“Solo
somos socios de negocios. No andes diciendo que te gusto a la ligera.”
“¿Por
qué? Si me gusta, lo digo.”
“Pues
a mí me disgusta. Sé que dices tonterías solo porque te sientes culpable. Eso
me irrita más, así que para.”
Yu-dam
lo empujó con fuerza, mostrando su mal humor. Se alejó de él dando pisotones,
esperando que Do-ha lo viera como el antiguo Ha Yu-dam que se enfadaba por
nimiedades. Solo así dejaría de pronunciar esas palabras mágicas que lo hacían
soñar despierto.
“¿Qué
te pareció?”
“¿El
qué?”
“¿Crees
que estoy haciendo un buen trabajo?”
Do-ha,
que Yu-dam pensaba que seguiría insistiendo, se acercó a su escritorio y revisó
con calma sus múltiples monitores. En uno se veía la pantalla de inicio de una
plataforma de streaming, en otro la señal de un canal de televisión y en el
último, una ventana de correos electrónicos en inglés.
Tras
observar cada uno, Do-ha miró de reojo a Yu-dam, movió el ratón para minimizar
los correos y abrió un archivo que estaba en la barra de tareas. El archivo
mostró de inmediato la página que Do-ha estaba consultando, algo que Yu-dam no
había llegado a ver antes.
“¿De
qué hablas?”
“Estabas
sentado frente a mi escritorio. Te pregunto qué te pareció lo que viste.”
“¿Acaso
el director Baek Do-ha me está pidiendo que evalúe su desempeño?”
“Digamos
que quiero saber la opinión de la pareja del heredero del Grupo Hansae sobre si
Baek Do-ha está a la altura.”
Yu-dam
guardó silencio un momento y frunció el ceño. Para dar una opinión o
evaluación, primero tendría que haber visto algo.
Poco
antes, Yu-dam había entrado en la oficina vacía y, tras echar un vistazo en
medio del silencio, se sentó con naturalidad en la silla de Do-ha por simple
curiosidad sobre su vida diaria. Movió el ratón para activar las pantallas y se
acercó a los monitores apoyando la barbilla en su mano izquierda. Justo cuando
iba a mover el cursor para ver qué mirar primero, la puerta se abrió y esa
pareja de cucarachas entró entrelazada. Al final, lo único que vio fue el
romance secreto de oficina entre Baek Do-ha y Kim Si-woo.
“Tendría
que haber visto algo para opinar. Lo único que vi fue al cónyuge del heredero
del Grupo Hansae poniéndole los cuernos.”
“Ah,
que no es un engaño, te digo.”
“Eso
lo piensas tú. ¿Acaso Kim Si-woo piensa lo mismo? Él debe estar deseando con
todas sus fuerzas que esto sea una aventura real.”
“¿Tan
basura soy para ti?”
“……”
Yu-dam
apretó los labios y guardó silencio. Quería decirle que no, pero no quería ver
a un Baek Do-ha crecido por sus palabras. Tampoco quería admitir que era una
basura, porque eso significaría aceptar que se había enamorado de alguien así.
“Bueno,
parece que al menos no llego a ser basura.”
“Andas
cerca.”
“¿Soy
material reciclable, entonces?”
“¿Te
gusta hablar así de ti mismo?”
“No.
Pero como tú me ves así, espero mejorar un poco.”
Do-ha
ordenó su escritorio y se acercó a Yu-dam. Cuando este retrocedió por instinto,
Do-ha soltó una risa baja y abrió la puerta de la oficina.
“No
has comido, ¿verdad? Vamos a comer.”
Al
ver a Do-ha actuar de forma tan despreocupada, Yu-dam se preguntó si no habría
exagerado al darle tanta importancia a lo ocurrido allí dentro. Con un leve
suspiro, echó un último vistazo a la habitación y siguió a Do-ha hacia afuera.
“¿Tú
invitas?”
“Sí.
Elige tú. En la sede central preparan bien la comida coreana, y en el edificio
de la cadena de televisión son buenos con la comida rápida.”
“¿Vas
a presumir de que invitas para terminar llevándome a la cafetería de la
empresa?”
“¡Oye!
Es nuestra empresa Wonkyung. ¿Olvidaste cuáles son nuestros orígenes?”
El
Grupo Wonkyung comenzó con la distribución de alimentos y bebidas, y
aprovechando esa red, empezó a importar películas extranjeras. Pronto, las
películas distribuidas por Wonkyung llegaron a todos los cines junto con sus
productos de consumo. Tras expandir el negocio, construyeron sus propios cines
por todo el país. Con el auge del Hallyu y el interés global por la cultura
coreana, Wonkyung se convirtió en el líder y sinónimo de la industria cultural
en Corea. En el extranjero, era imposible disfrutar de dramas, películas o
música sin encontrarse con el nombre de Wonkyung.
“……¿Quién
dirige ahora la división de alimentos?”
“Mi
hermano hyung mediano.”
“Entonces
supongo que se puede comer con confianza.”
“¿Si
la dirigiera yo, no comerías?”
“Para
eso…… creo que necesitaría mucho valor.”
Yu-dam
apretó los labios para contener la risa y aceleró el paso. Al escuchar la voz
de Do-ha pidiéndole que lo esperara, sus pasos se volvieron aún más ligeros.
Do-ha
observó la espalda de Yu-dam moviéndose con agilidad y soltó el suspiro que
había estado conteniendo. Al parecer, no lo habían descubierto. Aliviado, se le
escapó una sonrisa al pensar que Yu-dam se veía tierno desde atrás. Echó una
última mirada al interior de su oficina y cerró la puerta. Tras dar órdenes
estrictas en la secretaría de no dejar pasar a nadie más, se dirigió hacia
donde lo esperaba Yu-dam.
Lo
que Yu-dam no llegó a ver, y por lo cual Do-ha se sentía aliviado, eran los
correos electrónicos y las tesis intercambiadas con un famoso instituto de
investigación genética en Estados Unidos sobre la impresión unilateral de un
alfa dominante.
*
* *
“¿No
sería mejor ir al hospital? Si el doctor Kim u otro personal médico necesitan
revisarlo con frecuencia, el hospital sería lo más adecuado.”
Kang
I-hyeon, el jefe de secretaría, caminaba de un lado a otro por la sala de estar
antes de soltar finalmente aquellas palabras. Lo que había dicho tras mucho
dudar implicaba que, por más que lo pensara, no encontraba otra solución mejor
que esa obviedad.
Yu-dam
miró de reojo el tensiómetro que rodeaba su brazo y dejó escapar una risa
cínica al ver la inquietud que el secretario Kang no podía ocultar.
“Nadie
va al hospital solo porque le llegue el celo.”
“Pero
su situación es diferente, señor director.”
“Ya
basta. Me pondré la inyección del inhibidor en casa, como siempre.”
“Eso
era cuando estaba en la casa principal. Allí estaban los demás miembros de la
familia, pero ahora está solo.”
“De
todos modos, lo único que hacen es ponerme el inhibidor. ¿Para qué necesito a
más médicos?”
El
médico de cabecera, tras verificar la presión arterial, comenzó a guardar sus
instrumentos en el maletín. Como era de esperar, la temperatura corporal era
más alta de lo normal y el pulso estaba acelerado. Se detuvo justo antes de
sacar el frasco y la jeringa que traía preparados para mirar al secretario
Kang. Este, en cuanto cruzó miradas con el doctor, soltó un leve suspiro; era
una señal muda pidiéndole que ayudara a convencer a Yu-dam.
“Pienso
igual que el secretario Kang. Si se queda en el hospital, podré vigilar su
estado constantemente y eso me daría tranquilidad.”
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“¿Usted
también, doctor Kim? En la casa principal también me limitaba a recibir la
inyección y descansar. No hay diferencia, así que póngame la inyección rápido y
váyase. Entre tantos sermones, me va a dar un síncope antes que el celo.”
Yu-dam
sacudió la cabeza con energía.
De
por sí, su cuerpo se sentía pesado y sin energías desde la mañana, pero lo que
realmente lo había dejado exhausto fue haber concentrado todos sus sentidos en
Do-ha mientras este salía sigilosamente temprano por la mañana.
Al
amanecer, Yu-dam se quedó tendido en la cama como un cobarde, sin hacer nada
más que escuchar con atención los pequeños ruidos tras la puerta. Habría
preferido que hiciera más ruido; así al menos podría haber imaginado qué estaba
haciendo. Le resultaba doloroso que Do-ha se moviera con tanto cuidado pensando
que él aún dormía. Se quedó bajo las mantas, conteniendo la respiración, con la
esperanza de que Do-ha lo despertara aunque fuera para despedirse.
Maldito
Baek Do-ha. ¿Qué le costaba decir adiós?
Escuchó
el sonido de la puerta principal cerrándose y, poco después, el motor del coche
alejándose. Solo cuando el ruido se desvaneció, Yu-dam apartó las mantas y se
incorporó. Al poner los pies en el suelo, la frustración lo invadió. Si iba a
asomarse a verlo antes de irse, mejor lo hubiera despertado.
Su
cuerpo, sensibilizado por la proximidad del celo, detectó de inmediato las
feromonas de Do-ha al pasar. Captó con agudeza el rastro del alfa que aún
flotaba en el aire antes de desvanecerse y se aferró a él. Exhalando un suspiro
caliente, Yu-dam hundió el rostro en la cama. Extrañaba a su alfa, que se
sentía tan cerca y a la vez tan lejos.
Desde
entonces, Yu-dam no se había movido de la cama hasta que el secretario Kang
llegó con el médico, tal como habían acordado. El secretario, que no tenía
forma de saber por lo que Yu-dam había pasado esa mañana, seguía sermoneándolo
pensando que su estado era crítico.
“Señor
director.”
“Secretario
Kang, si sigue así, le voy a congelar el sueldo el próximo año.”
Yu-dam
se dejó caer en el sofá mientras rezongaba. El doctor Kim miró alternativamente
a I-hyeon y a Yu-dam antes de negar con la cabeza y sacar la jeringa de nuevo.
“Le
pondré el inhibidor.”
“¡Doctor
Kim!”
“Aún
no ha pasado nada grave, solo es el inicio del celo. Con la inyección y un par
de días de descanso será suficiente.”
El
secretario Kang siempre había tendido a ser sobreprotector con Yu-dam, casi
como un hermano mayor. Se había acostumbrado tras ver cómo lo trataba su
familia, quienes le habían dejado claro que su prioridad absoluta debía ser la
estabilidad de Yu-dam. Le habían dicho que no importaba si Yu-dam arruinaba los
grandes almacenes con tal de que hiciera lo que quisiera y no sufriera ni un
rasguño. Aunque parecía un lavado de cerebro, el secretario Kang llegó a
comprender a la familia; después de todo, pasaba más tiempo con el director que
con cualquier otra persona y a veces sentía un afecto fraternal genuino por él.
“Precisamente
para evitar que pase algo malo es que quiero que vaya al hospital.”
“Secretario
Kang, si abre la boca una vez más, le reduzco el sueldo.”
“No
me importa. Si el presidente se entera de que lo interné en el hospital, estoy
seguro de que me dará un bono por haber hecho lo correcto.”
Ante
la firmeza del secretario, Yu-dam no tuvo más remedio que llevarse la mano a la
frente. En momentos así, lo que necesitaba no era sobreprotección, sino un
amigo que calmara su ansiedad interna. El problema era que, al estar en celo,
no podía verse con nadie para desahogarse.
“Doctor
Kim, póngame la inyección. Y cuando se vaya, ¿podría llevarse también a este
alfa tan ruidoso?”
“No,
doctor. Vamos al hospital. La inyección se puede poner en cualquier parte.”
Ante
la terquedad de ambos, el doctor Kim finalmente suspiró y habló.
“Saben
que mis honorarios salen del bolsillo del presidente, ¿verdad?”
“¿Y
no puedo pagarle yo más que mi abuelo?”
“No
es tanto como lo del presidente, pero como hombre que también envejece, me
preocupa que un nieto casado pase el celo solo en casa.”
“¡Me
voy a volver loco! ¡Es solo un celo! ¡Algo que todo el mundo pasa!”
“Si
se solucionara con pastillas como los demás, yo tampoco estaría preocupado.”
“Doctor
Kim, de verdad no es para tanto. Solo tiene que ponerme la inyección como
antes. Es solo que... el lugar ha cambiado.”
“Y
precisamente por eso es mejor que el lugar sea el hospital y no una casa vacía.
Ha estado expuesto constantemente a un alfa dominante viviendo con él, así que
no puedo garantizar que este celo sea igual a los anteriores. Ni siquiera sé
qué tan efectiva será la inyección de siempre.”
Yu-dam
hizo un esfuerzo por incorporarse. Sentía que si seguían discutiendo, el celo
lo golpearía allí mismo. Estaba a punto de ceder a la terquedad del secretario
e ir al hospital, cuando de pronto un aroma le rozó la nariz y lo detuvo. Al
girar la cabeza, vio que la puerta de la habitación de invitados, la que Do-ha
usaba como dormitorio, estaba abierta de par en par.
Sobre
la cama aún estaba la ropa que Do-ha llevaba puesta esa mañana. Un sabor amargo
inundó sus fosas nasales, seguido de un dulzor que estimuló sus sentidos.
“Secretario
Kang.”
“No,
señor director.”
“Luego.”
“…….”
“Llamaré
a mi hyung luego. Creo que será mejor que me quede aquí.”
“Señor
director, no habrá olvidado lo que acaba de decir el doctor Kim, ¿verdad?”
“En
lugar del hospital... puede que sea mejor una casa donde aún queda el aroma del
alfa. Estar en mi 'nido' podría darme más estabilidad.”
Yu-dam
esbozó una sonrisa amarga. Al decirlo en voz alta, sintió un deseo irrefrenable
de correr a la habitación de Do-ha, abrazar su ropa, tumbarse en su cama y
empaparse de las feromonas que quedaban allí. Solo de imaginarlo, su cuerpo
empezó a arder.
Fue
entonces cuando el secretario Kang notó el aroma residual de Do-ha en la casa.
Para él, que era un alfa recesivo, el olor le resultaba agresivo, casi como un
pinchazo en la piel, pero aun así percibía débilmente las feromonas de un alfa
dominante.
“……¿De
verdad estará bien?”
“Sí.
Será mejor que oler a alcohol en un hospital.”
“Entonces...
de acuerdo.”
El
secretario asintió con dificultad. El médico volvió a abrir su maletín y sacó
la jeringa y el inhibidor. Seguía pensando que el hospital era mejor para
reaccionar ante cualquier cambio en los valores del paciente, pero las
feromonas del alfa también eran un factor crucial. En lugar de llevarlo al
hospital sin saber si su estado empeoraría, quizás era mejor dejar que
encontrara calma en casa, donde aún quedaba el rastro del alfa.
Aunque
las investigaciones sobre las feromonas continuaban, una verdad inamovible era
que las de un alfa y un omega ejercían la mayor influencia mutua. Era un axioma
eterno que las feromonas no solo servían para excitar, sino también para
estabilizar al otro. Eran mucho más efectivas que cualquier inyección.
“Pasaré
de nuevo al salir del trabajo.”
“¿Un
alfa entrando en la casa de un omega en celo?”
“Ah...”
Ante
la respuesta burlona de Yu-dam, el secretario soltó un breve quejido al darse
cuenta de su descuido. Aun así, dejarlo solo le producía una gran inquietud.
Tenía ganas de llamar a Do-ha en ese mismo instante y exigirle que cumpliera
con su deber como cónyuge.
Para
empezar, Yu-dam no debería haber dejado que Do-ha se fuera a ese viaje. O más
bien, la culpa era de Baek Do-ha por no conocer siquiera el ciclo de celo de su
pareja. Por más que fuera un matrimonio por contrato, ¿tenía que andar fuera de
casa precisamente en momentos así? Si volvían a circular rumores de crisis
matrimonial, sin duda Do-ha sería el culpable. Actuar de esa forma y esperar
que el mundo se mantuviera en silencio era no tener vergüenza.
Claro
que estos eran reproches del secretario Kang, quien no sabía que Yu-dam y Do-ha
habían acordado pasar sus respectivos celos por separado.
“Llamaré
a Jung-jin hyung. Usted solo asegúrese de cuidar bien los almacenes.”
“Entendido.”
Solo
entonces el secretario asintió tranquilo. Por supuesto, conociendo el carácter
de Yu-dam, sabía que este diría que estaba bien y terminaría pasando el celo
solo sin llamar a Jung-jin. Por eso, el secretario Kang decidió que, en cuanto
saliera de allí, enviaría a Jung-jin de inmediato.
Nadie
imaginaba qué consecuencias traería esa decisión, tomada en el tiempo que dura
un suspiro.
*
* *
Al
llegar al hotel, Si-woo no dejó de soltar exclamaciones de asombro.
El
alojamiento que Do-ha había preparado no era una villa con piscina, pero sí una
Suite Prestige con una vista despejada que parecía abrazar el mar. Nada más
entrar, Si-woo soltó su maleta como si la tirara y recorrió cada rincón de la
habitación.
Como
era de esperar de Baek Do-ha. No cualquiera poseía la riqueza necesaria para
usar, como si nada, una habitación de hotel que costaba decenas de millones de
wones por una sola noche. Por eso era imposible no ambicionar a Baek Do-ha.
El
respaldo del Grupo Wonkyung era, sin duda, la razón más grande por la que
deseaba tenerlo. A la madre de Do-ha parecía no gustarle eso, y resultaba
irónico que deseara que su hijo no fuera amado por su fortuna mientras la
exhibía sin reparos. Eso solo sería posible para alguien nacido en una familia
con la misma riqueza; alguien como ese Ha Yu-dam, que con su sola existencia lo
hacía sentir miserable.
Si-woo
se mordió el labio con fuerza ante la terrible presencia que llenaba su mente.
En el momento en que recordó a Yu-dam, la sangre de su cuerpo se enfrió de
golpe. Si él fuera Ha Yu-dam, ya se habría encargado de quitar de en medio a
alguien como él para que no fuera visible. ¿Qué necesidad había de dejarlo
andar rondando frente a Baek Do-ha?
Aun
así, que Yu-dam lo dejara tranquilo solo podía significar una cosa: que sentía
lástima por él. Ese tipo, que tuvo la suerte de nacer de buenos padres, lo
compadecía desde lo más alto. Por eso Si-woo sentía aún más rabia y
escalofríos. Tanto como el deseo de poseer a Do-ha, su odio hacia Yu-dam era
tan oscuro y profundo como la penumbra.
En
realidad, Yu-dam no hacía nada solo por su terrible amor no correspondido y el
miedo a ser odiado por Do-ha, pero para Si-woo, consumido por la envidia y el sentimiento
de derrota, era imposible ver la situación de Yu-dam con claridad.
Si-woo
apretó los puños, se despojó de la ropa y saltó de inmediato a la piscina
infinita. Ante el sonido del chapuzón, Do-ha, que estaba en el minibar, salió
lentamente con una pequeña botella de agua en la mano.
“¿Ya
te metiste?”
“Hace
calor. En cuanto vi el agua, quise entrar.”
Do-ha
esbozó una pequeña sonrisa. Cerca de allí, vio la ropa que Si-woo se había
quitado. Al girar la cabeza, no le fue difícil encontrar la maleta de Si-woo,
que seguía cerrada tal como cuando entraron. Levantó las cejas mientras miraba
a Si-woo, y este, con una sonrisa juguetona, le hizo una seña a Do-ha.
“Ven
tú también rápido.”
“¿Ni
siquiera te pusiste el traje de baño?”
“De
todos modos, solo estamos nosotros dos.”
Si-woo
ni siquiera pensó en sacar el traje de baño que tenía guardado. Al fin y a
cabo, solo estaban Do-ha y él. No había nadie que pudiera criticarlo por estar
cómodo. En realidad, a Si-woo le daba un poco de pena que no fuera la piscina
del hotel donde hubiera muchas miradas. Habría sido mejor que corriera el rumor
para que todo el mundo se enterara y Yu-dam se hartara más de Do-ha.
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Por
supuesto, sabía bien que Do-ha, temeroso de que surgieran tales rumores, había
alquilado deliberadamente una habitación de millones de wones la noche. Era
obvio que también insistiría en solucionar las comidas con el servicio de
habitaciones. Era un repertorio predecible, pero Si-woo pensaba convertir el
día de hoy en una oportunidad.
A
pesar de la impresión unilateral, Do-ha no mantenía relaciones con Yu-dam.
Aunque Do-ha no fuera de los que andan divulgando esas cosas, lo sabía sin que
hiciera falta decirlo. Si Do-ha se hubiera vuelto loco por las feromonas y se
hubiera acostado con Yu-dam, no habría podido ni mirarlo a la cara por la culpa
que sentiría hacia Yu-dam y hacia él mismo. Ante esa actitud que no había
cambiado nada desde antes de la boda, Si-woo albergaba un rayo de esperanza.
Incluso la actitud de Yu-dam, invariable como la de Do-ha, reforzaba las
sospechas de Si-woo.
Por
mucho que fuera debido a una promesa, ¿era posible no hacer nada teniendo al
lado a la persona con la que se estaba marcado? Por eso, Si-woo pensó que tal
vez esa marca se había roto. Si fue una impresión inexplicable, podría haberse
roto por una razón igualmente inexplicable. Daba la casualidad de que estaban
solos. Podía empaparse a su gusto sin siquiera esforzarse. Esta era una
oportunidad que no le había dado el cielo, sino el propio Do-ha.
“Entra
rápido, Do-ha.”
“……¿Ahora?”
“Nunca
habíamos jugado así. Aunque hemos salido mucho a conducir, este es nuestro
primer viaje de este tipo.”
“¿Ah,
sí?”
“Sí.
Por eso anoche estaba tan emocionado que casi no pude dormir.”
Mientras
Si-woo lo apresuraba con una sonrisa radiante, Do-ha asintió como si no tuviera
opción. Tal como decía Si-woo, se dio cuenta de que, por conocerse de tanto
tiempo, no habían hecho cosas propias de una pareja tras formalizar su
relación. A pesar de haber prometido salvar a Si-woo y protegerlo de por vida,
ni siquiera había pensado en hacer lo que hacían otras parejas.
Do-ha
dejó el móvil y las bebidas junto a la tumbona y entró en la piscina. No se
atrevió a desnudarse como Si-woo, así que se cambió al traje de baño antes de
entrar. No se trataba de un engaño, sino de un viaje con un amigo, por lo que
no quería crear situaciones que requirieran explicaciones ante Yu-dam.
Explicaciones...
Aunque
para él ponerse el traje de baño para evitar contactos innecesarios era un
esfuerzo, para Yu-dam, hiciera lo que hiciera, esto sería un engaño. Una
amargura le llenó la boca ante ese pensamiento repentino. La imagen de Yu-dam
durmiendo cubierto por las mantas antes de salir —exactamente, era un bulto que
parecía ser Yu-dam— llenó su mente.
En
cuanto recordó ese momento, su corazón se oprimió de repente. Una sensación de
ahogo se instaló en la boca de su estómago. Frunció el ceño y presionó con fuerza
el centro de su pecho. Y se dio cuenta: deseaba que aquel instante, en el que
incluso un pequeño bulto le hacía sonreír, fuera eterno.
Tenía
que admitirlo. Claramente, la presencia de Yu-dam en su interior estaba
cambiando en una dirección inesperada. Las razones eran diversas, pero en
cualquier caso, no era una buena señal. Él no estaba preparado para aceptar un
cambio imprevisto. Es más, no tenía deseos de aceptarlo. A menos que los
recuerdos del pasado, convertidos en un agujero negro, regresaran, era mejor
dejar el pasado perdido tal como estaba.
Sin
embargo, a diferencia de su razón, en algún lugar de su mente abrazaba con
fuerza la existencia de Yu-dam. Había echado raíces profundas y, aunque se
meciera al viento de un lado a otro, no se borraba ni desaparecía. Al
contrario, cada vez que pasaba una tormenta, esa presencia se revelaba con
nitidez, arrastrando a Do-ha cada vez más hacia el mar de sus pensamientos.
La
identidad de aquello eran las feromonas y el deseo sexual que nunca en su vida
había sentido por nadie. Solo podía oler y sentir las feromonas de Yu-dam, y
cada vez que lo hacía, un deseo sexual incontenible, una obsesión o un
sentimiento de posesión estallaban como un volcán que hubiera estado dormido.
Su cuerpo se calentaba y su pene se erectaba con facilidad. Cuando hundía la
nariz en la nuca de Yu-dam, la mente de Do-ha ardía por un deseo sexual
incontrolable.
Sentía
escalofríos por todo el cuerpo y, aun sabiendo que no era propio de él, no
podía alejarse de Yu-dam. Era como si estuviera fuera de su control, como si no
tuviera opción de elegir. A estas alturas, era imposible no sospechar. Sin
embargo, necesitaba tiempo para que su sospecha se convirtiera en certeza.
En
el mundo académico seguía habiendo debates sobre la impresión, y nadie había
demostrado con claridad las causas o los efectos. Solo la hipótesis de que, en
un momento dado, durante una relación con la pareja, los sentimientos se
expanden como el universo hasta explotar y quedar marcado en el otro, era la
que seguía vigente por más tiempo. Por lo tanto, no podía estar seguro de su
sospecha de haber quedado marcado por Yu-dam basándose solo en las conjeturas
de una o dos personas.
Sobre
todo, teniendo en cuenta que nunca había tenido relaciones con Yu-dam.
“Do-ha.”
“…….”
“¡Baek
Do-ha!”
“¿Eh?
Ah, lo siento. ¿Qué decías?”
“……¿Pasa
algo? Parece que llevas un rato pensando en otra cosa.”
“No.
No pasa nada. Solo recordaba algo. Lo siento.”
Do-ha
forzó una sonrisa. Los músculos que obligó a subir temblaron levemente. Para
que Si-woo no lo viera, recogió agua de la piscina con ambas manos y se la echó
a la cara. Se frotó y se dio palmaditas fingiendo lavarse para ocultar el
movimiento artificial de sus músculos faciales. Fue un buen momento. Se lavó la
cara un par de veces más para vaciar su mente y refrescarse. Sin embargo, el
agua tibia de la piscina no logró romper del todo la cadena de sus
pensamientos.
Incluso
mientras le sonreía a Si-woo como si nada, en un rincón de la cabeza de Do-ha,
los interrogantes seguían uno tras otro.
「……A juzgar por todo esto, los síntomas por los que consulta parecen ser
los de una impresión unilateral.」
El
correo más reciente que había recibido era de un doctor de un renombrado
instituto de investigación genética en Estados Unidos. Antes de ese, había
recibido correos de otros lugares cada uno o dos días, pero este en particular
defendía esa teoría con más fuerza. Encontró afirmaciones como ‘sin duda
alguna’ o ‘sin nada que añadir’ repartidas por todo el texto. No había ni
rastro de las expresiones ambiguas como ‘es difícil decir que no lo sea’ o
‘podría verse de esa forma’ que había visto hasta el cansancio en otros
correos.
Lo
había leído tantas veces que podría recitarlo con los ojos cerrados. Gracias a
eso, el término ‘impresión unilateral’ se había clavado como una espina en su
garganta, colándose por las grietas del tiempo y carcomiendo sus nervios. Por
supuesto, incluso ahora que estaba de viaje con Si-woo, seguía distrayendo la
concentración de Do-ha. Es más, casi se esforzaba por recordar de vez en cuando
que estaba de viaje con Si-woo después de dedicar toda su atención a la
impresión unilateral. Si no lo hacía a propósito, llegaba al punto de no ser
consciente de dónde estaba ni qué estaba haciendo.
La
superficie de la piscina capturaba un cielo azul sin una sola nube. Tras mirar
sin rumbo el cielo ondulante, Do-ha frunció el ceño ante el olor a cloro del
agua que le picó la nariz. Por alguna razón, el agua estancada le resultaba
repugnante, como si estuviera podrida.
Justo
cuando iba a salir del agua debido a las náuseas insoportables, la mano de
Si-woo, que se había acercado, lo sujetó del brazo. Un pequeño peso sobre uno
de sus hombros pareció aplastar todo el cuerpo de Do-ha. Aunque sabía que era
imposible, sintió que iba a ahogarse bajo el peso de Si-woo apoyado en él.
“Do-ha.”
“Dime.”
“Yo
te pedí venir de viaje porque quería confiar en ti, pero tú... ¿estás pensando
en esa cosa de Ha Yu-dam incluso aquí?”
“…….”
“Ni
siquiera lo niegas. ¿No podrías haberme mentido aunque fuera mentira?”
Do-ha
inhaló aire lentamente y lo exhaló con calma. A pesar del suspiro que soltó con
esfuerzo, su interior seguía sintiéndose pesado y bloqueado. Al final, el lugar
al que debía volver era al lado de Si-woo. Tras la cadena infinita de
pensamientos, la conclusión era siempre la misma. Esa única verdad le apretaba
la garganta.
Por
supuesto, no había testigos legales ni actas notariales de la promesa hecha a
la difunta. Por lo tanto, nadie podría reclamarle legalmente ni señalarlo con
el dedo. Pero Do-ha no podía simplemente ignorar esa promesa como si nada.
El
lugar al que debía volver. Do-ha siempre sentía un anhelo inexplicable por ese
lugar. Con el paso del tiempo, ese anhelo vago se convirtió en obsesión, y
sintió que debía volver allí sin falta. No sabía de qué sentimiento o
experiencia provenía esto, pero lo consideraba lo más importante por encima de
todo. Por eso creía que ese lugar era, precisamente, al lado de Si-woo.
No
era ese amor de morir el uno por el otro del que hablaban los demás, pero para
Do-ha, el valor más importante no era ese dichoso amor. Era natural, ya que
nunca había experimentado un amor así ni había sentido deseos de hacerlo.
Aunque fuera algo pequeño, para Do-ha lo más importante era la lealtad de
cumplir una promesa con alguien. Además, era un juramento hecho al salvar la
vida de Si-woo. No importaba si solo sentía las feromonas de alguien específico
o si eso era un síntoma de una impresión unilateral. Porque, desde el
principio, la promesa de volver al lado de Si-woo se debía a una lealtad más
grande que el amor.
Eso
pensaba, pero no sabía por qué sentía esta opresión en el pecho. Cada vez que
la superficie del agua ondulaba, su interior oprimido también lo hacía. Le
resultaba molesto que Si-woo, a quien tanto había querido, mencionara el nombre
de Yu-dam en cada frase. Antes que su cónyuge, Yu-dam era su viejo amigo.
Aunque antes de la boda se hubiera sentido incómodo cada vez que lo veía.
“A
mí me llamas por mi nombre con facilidad, ¿por qué a Yu-dam le dices ‘esa cosa
de Ha Yu-dam’? ¿Por qué siempre hablas de él como si fuera un objeto inútil en
vez de una persona?”
Esa
cosa de Ha Yu-dam, eso de Ha Yu-dam, esa porquería de Ha Yu-dam. La forma en
que Si-woo llamaba a Yu-dam era siempre así. Siempre lo trataba como algo
inútil y sin importancia. Una existencia que daba igual si estaba o no. Una
presencia tan insignificante y ligera que nadie notaría si desapareciera. Era
como si intentara borrar la existencia de Yu-dam de su interior, y Do-ha, sin
darse cuenta, sintió rechazo ante eso.
“Porque
para mí no es más que basura. Una basura que le robó el hombre a otro gracias a
que nació de buenos padres. Sinceramente, ni siquiera quiero decir el nombre de
esa porquería. Solo le pongo nombre para distinguirlo de otras basuras.”
“No
es algo que Yu-dam quisiera. No creo que tenga motivos para escuchar esas cosas
de ti.”
“¡Baek
Do-ha!”
Si-woo,
indignado, levantó la cabeza que tenía apoyada.
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Sí,
los sentimientos son algo que no se puede controlar, independientemente de si
la marca se había roto o no. Alguien como Ha Yu-dam era suficiente para
despertar la codicia de cualquiera; ¿quién rechazaría al Grupo Hansae?
Desde
la perspectiva de Do-ha, el linaje o la fortuna de Yu-dam no eran factores que
le importaran, pero Si-woo, aun sabiéndolo, se aferraba a creer lo contrario.
Aunque conocía bien la clase de persona que era Do-ha, prefería pensar que su
atracción por Yu-dam se debía a su trasfondo familiar. De lo contrario, los
años que había pasado a su lado desde la universidad lo harían sentir demasiado
miserable.
En
el mundo no había nada más real y claro que el dinero. Y si a eso se le sumaba
el efecto de la impresión, era natural que Do-ha lo viera con otros ojos.
“Te
he querido lo suficiente y te dije que cumpliría la promesa que le hice a tu
madre. No involucremos a Yu-dam en esto sin necesidad. Si lo piensas bien, él
es la verdadera víctima.”
“¿Entonces
yo no soy una víctima? ¿A pesar de que ese tipo te me robó?”
Do-ha
retiró con naturalidad su brazo del agarre de Si-woo. Notando la mirada
vacilante del otro, extendió la mano para acunar su mejilla y comenzó a hablar
con voz suave, como si intentara calmarlo.
“Todo
eso es culpa mía, Si-woo. Y de mi madre, por haberme obligado a casarme solo
por un capricho de cuando era un niño inmaduro.”
“……Entonces,
¿me estás diciendo que yo no soy la víctima? ¿Por qué hablas como si solo Ha
Yu-dam lo fuera?”
“Nunca
dije que no lo fueras. Solo digo que estás culpando a la persona equivocada.”
Así que, mejor cúlpame a mí.
Ante
esas palabras de Do-ha, Si-woo apretó los dientes y cerró levemente los ojos.
Luego, superpuso su mano a la de Do-ha y frotó su mejilla contra ella. No podía
limitarse a presionarlo con reproches e inseguridades. La culpa que cargaba
Do-ha era su arma más poderosa, pero sabía bien que, si no tenía cuidado, podía
convertirse en un arma de doble filo. En el momento en que ese filo cayera
sobre sus propios pies, sabía que se volvería un arma para Do-ha; con ella, él
podría romper los grilletes que él mismo se había impuesto y volar lejos.
“……¿Cómo
podría culparte a ti, Do-ha?”
Si-woo
adoptó una expresión aún más melancólica y se acercó a él. Bajo el agua sus
piernas se enredaron y sus alientos se mezclaron en el aire. Si-woo abrió los
brazos y dejó caer su torso sobre Do-ha como si fuera a colapsar en su pecho.
Ante
el gesto de querer ser abrazado, Do-ha fingió no verlo y, por instinto,
sumergió la cabeza en el agua. Como si no quisiera permitir ni el más mínimo
resquicio, comenzó a patear de inmediato y se puso a nadar por la piscina.
Do-ha se mordió el labio, concentrándose en el nado.
Evitar
a Si-woo en ese momento era lo correcto. Su matrimonio con Yu-dam no era más
que un negocio y planeaba volver con Si-woo en tres años, pero eso no
significaba que pudiera aceptarlo de esa manera. Sería una falta de respeto
tanto para Yu-dam, su socio de negocios, como para Si-woo, con quien había
construido una relación basada en la lealtad. Pero sobre todo, significaría
renunciar a su propia integridad como ser humano. Eso, dejando de lado el hecho
de que no sentía deseo sexual por Si-woo ni podía tener una erección con él.
Sin
embargo, ¿era realmente solo eso?
El
movimiento repetitivo vació su mente pronto, y Do-ha se sumergió en el esfuerzo
de mover su cuerpo cada vez más rápido. De pronto, los músculos que habían
estado atrapados en la oficina se relajaron y las endorfinas se extendieron por
todo su cuerpo. Do-ha pensó que debería ejercitarse así de vez en cuando en
Seúl mientras giraba sobre sí mismo. Pateó la pared con fuerza y se impulsó
hacia adelante.
Aunque
solo consistía en ir y venir por una piscina no muy grande, fue suficiente para
que el oxígeno llenara cada una de sus células. La excitación aumentó y su
cuerpo entró en calor. Y en ese instante.
“Do-ha.”
Ante
la pequeña silueta que bloqueaba su camino, Do-ha se vio obligado a salir de su
propio mundo.
“Haa,
Si-woo.”
“¿Cuánto
tiempo piensas nadar? Cualquiera diría que te estás preparando para una
competencia.”
“Hacía
mucho que no lo hacía y parece que le volví a tomar el gusto.”
Do-ha
se peinó el cabello hacia atrás con ambas manos. Mientras recuperaba el aliento
apoyado contra la pared, Si-woo se acercó y se paró a su lado. Por alguna
razón, Do-ha empezó a sentirse incómodo en ese lugar. ¿Cómo era antes? Por más
que buscaba en sus recuerdos, nunca había sentido incomodidad al estar con
Si-woo.
Lo
único que había cambiado era su matrimonio, así que solo tenía que recordar
cómo eran esos momentos antes de casarse. Al mismo tiempo, se dio cuenta de que
hoy era la primera vez que veía a Si-woo desnudo.
Si-woo
solía limitarse a tomar medicamentos incluso durante sus raros celos. Debido a
que Do-ha ni siquiera se excitaba, y mucho menos tenía una erección, Si-woo
siempre tomaba inhibidores y caía en un sueño profundo esperando a que el celo
pasara. Do-ha tomó conciencia por primera vez de que, definitivamente, nunca
había visto a Si-woo de forma sexual.
“Do-ha.”
“…….”
“¿No
puedes mirarme un poco?”
Ante
las palabras de Si-woo, Do-ha inhaló profundamente. Al encontrarse con su
mirada, Si-woo sonrió con alegría. Sus mejillas estaban teñidas de un rojo
encendido.
“¿Acaso……
te doy asco?”
“¿De
qué hablas?”
“Aquel
momento en el que intentaba vender mi cuerpo y casi me viola un delincuente, tú
me salvaste, Do-ha.”
“Ah……”
Lo
había olvidado. O más bien, no le había dado importancia. Tras enterarse de que
Si-woo vendía su cuerpo porque necesitaba dinero, lo ayudó económicamente sin
dificultades desde entonces. Por supuesto, si Si-woo hubiera sido un tipo
cualquiera, lo habría borrado de su memoria sin más, pero en la facultad Si-woo
era bastante conocido. Se decía que su madre, una madre soltera, lo había
enviado a la universidad trabajando como lavaplatos en un restaurante.
“Nunca
he pensado eso. Ya lo sabes. Normalmente no me fijo en esas cosas.”
Para
empezar, nunca había juzgado la vida de nadie, fuera Kim Si-woo o cualquier
otro. ¿Qué derecho tenía un alfa dominante a medias para juzgar la forma de
vivir de los demás? Solo Yu-dam había sido la excepción a todo aquello. El solo
hecho de recordar al único protagonista de sus recuerdos perdidos hacía que se
le retorcieran las entrañas y se le cortara la respiración, por lo que había
recolectado razones para odiarlo. Aunque ahora se daba cuenta de que esas
razones nunca existieron y que su esfuerzo por odiarlo había sido una tarea
inútil.
Do-ha
negó lentamente con la cabeza. Sin darse cuenta, volvía a pensar en Yu-dam.
Sacudió la cabeza con fuerza para extirpar el pensamiento, dándolo por
respuesta a lo que Si-woo decía.
“Sí.
Sabía que serías así.”
Si-woo
soltó una pequeña risa, como si se sintiera avergonzado por haber mencionado el
tema. Aunque por dentro tenía ganas de reír a carcajadas, confirmando que Do-ha
era justo como esperaba.
La
universidad era muy distinta a la secundaria, donde solo había que pagar la
matrícula. Tras lograr pagar una, había que trabajar hasta el cansancio para la
del siguiente semestre. Pensó que comprar los libros sería el final, pero
durante el semestre siempre pedían dinero para una cosa u otra. Y no solo eso;
hacer amigos y salir también costaba dinero. Por eso, lo primero que Si-woo
sacrificó en la universidad fue la amistad. El dinero invertido en actividades
sociales era mucho más caro que los libros, y lo único que recibía a cambio era
esa ‘amistad’ invisible. ¿Qué importancia tenía eso? Gastar dinero en un valor
que no era más que un juego de palabras era un lujo.
Al
ver a Si-woo frecuentar la biblioteca y las aulas de día, y las zonas de
moteles para ganar dinero de noche, Do-ha creyó que podía ayudarlo. Si se
solucionaba el problema del dinero, ¿no podría Si-woo concentrarse más en sus
estudios y en buscar empleo como cualquier estudiante? Do-ha era extremadamente
débil ante quienes se esforzaban al máximo, y sumamente blando con quienes
sufrían a pesar de ese esfuerzo. Era imposible que no abriera su corazón a
Si-woo.
Gracias
a la ayuda económica de Do-ha, Si-woo pudo obtener su título universitario sin
problemas y conseguir un empleo. Además, se esforzó al máximo en hacerlo sentir
orgulloso, demostrando que podía lograr las cosas por sí mismo sin la
influencia de Do-ha. En aquel entonces no eran más que tutor y tutelado, por lo
que Si-woo tenía que cumplir con ciertas expectativas para obtener algo más.
Debido a ello, no olvidó proyectar la imagen de un joven íntegro que no
olvidaba los favores recibidos.
Con
el tiempo, Do-ha olvidó a qué se dedicaba Si-woo originalmente. Como no era
algo que considerara relevante, dejó de prestarle atención. Si-woo quería ser
amado por Do-ha y sabía exactamente qué debía hacer para lograrlo. Se esforzó
por cumplir con todo aquello. Naturalmente, el pasado de Si-woo dejó de ser un
problema para Do-ha. No era algo lo suficientemente importante como para
recordarlo; es más, ni siquiera valía la pena. Al reflexionar ahora, pensó que
tal vez, por tratarse de Si-woo, ni siquiera se le ocurrió darle un valor. Tal
como un tutor no tiene por qué preocuparse de la vida privada de su tutelado.
“No
podría ser así. Solo que yo…… Ya lo sabes, Si-woo.”
“Sí.
Sé que normalmente no haces estas cosas. Pero yo te deseo tanto, Do-ha……”
“Si-woo.
Lo siento, pero no puedo darte lo que quieres. Ya lo sabes.”
No me excitas.
Aunque
intentaba suavizar sus palabras, Si-woo lo entendió de inmediato. No era una
cuestión de tener ganas de tener sexo o no. Si-woo sabía bien que se trataba de
un problema mucho más fundamental. Un Baek Do-ha marcado por Ha Yu-dam no se
excitaría ni tendría una erección con nadie más, incluido Kim Si-woo.
Como
ya conocía ese hecho, ni siquiera se sintió herido. Al contrario, reprimió una
risa interna al ver a Do-ha eligiendo cuidadosamente sus palabras por miedo a
lastimarlo. Seguía siendo el mismo Baek Do-ha; aquel que sentía lástima y
compasión por él. Aquel mismo Baek Do-ha que se dejaba utilizar y se sentía
culpable sin saber que él lo había planeado todo de principio a fin.
“No
te pido que me penetres.”
“…….”
“No
te pido que lleguemos hasta el final.”
“Entonces.”
“Solo……
quiero que me mires. No necesito que entres en mí para poder correrme.”
“Kim
Si-woo. ¿Eres consciente de lo que estás diciendo?”
“Solo
un poco. ¿Sí? Solo tócame un poco. Con eso me basta.”
La
pequeña mano de Si-woo rozó el brazo firme de Do-ha. Mientras Do-ha soltaba un
profundo suspiro, Si-woo tomó la mano de Do-ha y la llevó hacia su propio
cuerpo. La gran palma de Do-ha cubrió su pecho plano.
“Lo
siento.”
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Más
allá de la superficie ondulante del agua, el pene de Si-woo, a medio erectar,
entró en el campo de visión de Do-ha. Al mismo tiempo, el nauseabundo olor a
cloro volvió a rozar su nariz. Do-ha retiró la mano rápidamente y se apoyó en
el borde de la piscina para salir. El sonido del agua cayendo rodeó a Si-woo.
El
ruido que había llenado el vacío dejado por Do-ha se desvaneció pronto, y
Si-woo, incapaz de levantar su rostro enrojecido, se quedó mirando fijamente la
superficie del agua.
“¿Te
doy asco?”
Do-ha
se detuvo mientras se envolvía la cintura con una toalla de playa. Al girarse,
vio a Si-woo de pie en el agua, inmóvil y con la cabeza baja.
Como
Si-woo no era de los que rechazaban su mirada, era evidente que él mismo lo
había dejado en ese estado. Si él estuviera en su lugar, se habría sentido tan
avergonzado y humillado que quizás habría preferido hundirse en el agua. Al
mismo tiempo, le resultó asombroso que, incluso en un momento así, se
sorprendiera imaginando a Yu-dam en lugar de a Si-woo como la persona a la que
rechazaba.
Se
preguntó qué habría pasado si quien estuviera en esa piscina fuera Yu-dam.
¿Habría sido capaz de apartarlo y salir de allí tan rápido como ahora?
“No
es eso.”
“¿Pero
me quieres?”
“……Si-woo.”
Do-ha
se humedeció los labios secos con la lengua y se peinó el cabello con los
dedos. Sintió un cansancio repentino y, sin darse cuenta, soltó un suspiro.
Quizás la razón por la que Yu-dam no salía de su cabeza era precisamente esta.
Cuando
está con Yu-dam, se siente cómodo. Se ríen por cualquier tontería y no siente
que deba forzarse. Antes de que pueda preguntarse cuándo fue la última vez que
sonrió, se descubre riendo de nuevo. Sobre todo, le resultaba reconfortante
poder expresar sus sentimientos con honestidad, sin tener que andar pendiente
de la reacción de Yu-dam.
Tal
vez porque desde el principio mostró su rechazo hacia Yu-dam sin filtros, no
tenía reparos en expresar lo que le gustaba o le disgustaba. Aunque, para ser
exactos, más que expresar agrado o desagrado, se dedicaba principalmente a
bromear con Yu-dam y divertirse a su costa; pero, en cualquier caso, no sentía
la necesidad de exagerar lo bueno ni de reprimir lo malo.
Es
más, muchas veces era Yu-dam quien leía sus sentimientos antes que él mismo.
Como si los lazos formados desde los cinco años no fueran mentira, Yu-dam sabía
más sobre él que él mismo. Por ejemplo, sus comidas favoritas, sus preferencias
deportivas o las cosas que más detestaba en el mundo. Do-ha no necesitaba
esforzarse en explicar o justificar sus gustos. Por eso, era natural que se
sintiera a gusto con él.
Pensó
que, probablemente por eso, su estancia con Si-woo le resultaba incómoda.
Bastaba
con que él aguantara un poco, bastaba con que él lo consolara. Tenía que
elogiar y animar a Si-woo un poco más, pero como estar a su lado había sido su
propia elección, nunca pensó que se estuviera sobreesforzando. Solo ahora se
daba cuenta de que esos sentimientos y sensaciones que no había percibido por
ser su elección, en realidad le resultaban incómodos y agobiantes.
Y
al mismo tiempo, comprendió por qué no dejaba de pensar en Yu-dam.
En
realidad, durante todo el tiempo que pasaron juntos, Si-woo no paraba de
mencionar a Yu-dam, pintándolo como una mala persona. Do-ha no ignoraba que en
el fondo de eso yacía la ansiedad de perderlo y la necesidad de convertir a
Yu-dam en el villano para poder sentirse tranquilo. Por eso lo dejó pasar.
Pensó que, si con eso él se sentía mejor y podía seguir esperando, estaba bien que
lo hiciera.
Sin
embargo, por más que Do-ha le repitiera que al final volvería con él, Si-woo no
lograba creerle. Do-ha sentía lástima por él, pero al mismo tiempo empezaba a
sentirse agotado. Era abrumador y sofocante. Incluso esa seducción que intentó
en la piscina, sin una sola prenda encima, le pareció lo peor.
En
ese momento, solo deseaba abrazar a Yu-dam y empaparse de sus feromonas.
Literalmente, sentía ansias de Yu-dam. Quizás fuera por esa absurda impresión
unilateral.
“Siento
lo de hoy, pero no vuelvas a hacer algo así.”
“Tuve
que llegar a este extremo. ¿De verdad no sabes por qué lo hice?”
“Te
dije que cumpliría mi promesa. Solo…… desearía que confiaras y esperaras.”
Para
cumplir esa ‘promesa’, Do-ha tenía la intención de fingir que nunca supo la
verdad. Era un pensamiento que podía permitirse porque creía que ni Si-woo ni
Yu-dam lo sabrían jamás. Él simplemente había quedado marcado, nada más. Como
no amaba profundamente a Yu-dam, solo tenía que seguir fingiendo que no pasaba
nada, como hasta ahora.
Para
cumplir su palabra, lo único que sacrificaba era esa marca. Y eso debía seguir
siendo ‘poca cosa’ en el futuro. Porque lo que Baek Do-ha había elegido para
seguir siendo el Baek Do-ha que conocía no era a sí mismo, sino a Kim Si-woo.
Por lo tanto, Si-woo debía dejar de desconfiar de él, de angustiarse y de
presionarlo.
“¿De
verdad…… de verdad con eso basta? ¿Entonces volverás a mi lado?”
“Sí.
Lo que juré ante tu madre, que cuidaría de ti y estaría a tu lado de por vida,
no fueron palabras vacías.”
Do-ha
bebió agua a grandes tragos. Incapaz de seguir mirando a Si-woo a la cara, se
disponía a marcharse cuando su teléfono empezó a sonar prolongadamente.
Pensando que era una buena oportunidad para retirarse, respondió sin siquiera
fijarse en quién llamaba.
—¿Dónde
estás?
“……Abuelo.”
Quien
llamaba era el abuelo de Yu-dam, el presidente Ha Shin-woo.
Debí haber comprobado quién era antes de contestar. Tragándose el arrepentimiento tardío, se
alejó unos pasos. Si lo llamaba directamente a él y no a su madre, significaba
que ya sabía dónde y con quién estaba. Seguramente pensó que no bastaría con
regañarlo a través de ella.
—No
seré breve. Ven ahora mismo.
“¿Se
refiere a la casa principal?”
—Aquí,
a tu casa de recién casado.
La
llamada se cortó de golpe. Do-ha bajó la mano con la que sostenía el teléfono y
soltó un largo suspiro. Se llevó la mano a la frente mientras pensaba qué hacer
y finalmente empezó a recoger su ropa para vestirse. Por más que lo pensara,
todo eran simples excusas. Aunque dijera que solo había venido a tomar aire con
un amigo, sabía que a los ojos de los mayores aquello no se vería bien.
“¡Do-ha!
¿A dónde vas?”
“Si-woo,
tú quédate y diviértete. Yo me iré primero.”
“¡Baek
Do-ha!”
Si-woo
salió corriendo de la piscina. Se envolvió apresuradamente en una toalla y se
interpuso en el camino de Do-ha. Al verlo empapado de pies a cabeza, Do-ha no
pudo evitar sentirse mal. Al menos el día era caluroso; así no tendría que
dejarlo solo en la piscina hasta que se le pusieran los labios azules.
“Quédate
a dormir aquí y mañana regresas con calma. Enviaré un coche a buscarte a la
hora que me digas.”
“Ja……
No me digas que vas a ver a esa cosa de Ha Yu-dam ahora mismo.”
La
expresión de Si-woo se volvió gélida y maliciosa al instante. Una amargura le
llenó la boca y, una vez más, una pesada culpa oprimió a Do-ha. Le asfixiaba el
hecho de ser él quien provocaba que una persona que antes era dulce pusiera esa
cara. Para que Si-woo volviera a ser esa persona amable y buena de antes,
definitivamente debía cumplir su promesa con él.
“El
abuelo me busca. Lo siento.”
“……¿No
puedes no ir?”
“Sabes
que si cumplo con mi papel actual podré volver contigo. Piénsalo como algo que
hago por tu bien.”
Do-ha
le apartó suavemente el cabello mojado de la frente y salió rápidamente del
hotel. El olor a cloro que parecía haberle paralizado la nariz desapareció, y
el calor abrasador del pleno verano calentó su piel al instante.
A
pesar de todo, Do-ha sintió que su interior se liberaba y llenó sus pulmones de
aire caliente. Por fin sentía que respiraba de verdad. Al mismo tiempo que
sentía pena por Si-woo, deseaba ver a Yu-dam cuanto antes. Y a la vez, se
sintió aliviado de no amar a Yu-dam.
Porque
si lo amara, habría terminado odiando a Si-woo y a su madre por obligarlo a
renunciar a su amor para cumplir una promesa.
*
* *
Cuando
Do-ha abrió la puerta principal y entró, lo primero que sintió, curiosamente,
fue la feromona de Yu-dam.
Era
una fragancia acogedora y dulce que se aferró a él como si diera la bienvenida
al alfa dominante que acababa de aparecer. No le disgustó en absoluto sentirse
envuelto por el aroma de Yu-dam; al contrario, una sonrisa se le escapó sin
darse cuenta.
“¡Ha
Yu-dam!”
Do-ha
llamó su nombre mientras avanzaba. Al notar que las feromonas se adherían a él
de forma más densa que de costumbre, pensó que Yu-dam debía estar realmente
encantado de tener al abuelo de visita en casa. Si lo hubiera sabido, le
habría dicho que lo trajera antes, pensó para sus adentros. En cualquier
caso, como el ambiente estaba saturado de feromonas, tenía la intención de ver
a Yu-dam primero y pedirle que se controlara un poco.
“Llegas
tarde.”
“Buenas
tardes.”
Sin
embargo, Yu-dam no estaba a la vista. En la sala de estar, solo la familia de
este lo esperaba con rostros gélidos. Sentado en el lugar de honor, el abuelo,
el presidente Ha Shin-woo, comenzó a fulminarlo con la mirada como si quisiera
despedazarlo allí mismo. Por supuesto, nadie intentó detenerlo; al contrario,
el padre y el hermano de Yu-dam también lo observaban con dureza, como si
estuvieran esperando su turno.
“Vaya.
Me han dicho que te fuiste de viaje con un amigo.”
Fue
el padre quien rompió el silencio en lugar del abuelo, quien mantenía los
labios apretados como si no quisiera ni dirigirle la palabra. Do-ha asintió y
respondió de inmediato. Pensó que cualquier vacilación levantaría más
sospechas, así que las palabras salieron de su boca con rapidez.
“Sí.
Es un amigo que conozco desde antes de la boda.”
“¿Y
ese amigo también piensa que eres solo un amigo?”
“…….”
Do-ha
movió los labios, eligiendo sus palabras. Si decía que sí, los actos de Si-woo
en aquel lugar estarían demasiado frescos en su memoria. Pero si decía que no,
temía que el hecho de haberse ido de viaje a solas terminara por enfurecer a
toda la familia de Yu-dam.
“……Baek
Do-ha.”
“Dígame,
hyung.”
“¿Tienes
idea de en qué estado se encuentra Yu-dam ahora?”
“¿Perdón?”
“Te
pregunto si sabes por qué estamos todos nosotros aquí.”
“¿A
qué se refiere? ……¿Le ha pasado algo a Yu-dam?”
Do-ha
ladeó la cabeza. Le resultaba extraño que le preguntaran de repente por el
estado de Yu-dam. Entonces se dio cuenta de que el responsable de haber llenado
la casa con feromonas ni siquiera aparecía.
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En
el momento en que tomó conciencia de ello, el cuerpo de Do-ha comenzó a
calentarse de golpe. Sintió un hormigueo en el bajo vientre y la sangre le
hirvió en las venas. Su cuerpo empezó a desear a un Yu-dam que ni siquiera
estaba frente a él.
Do-ha
abrió mucho los ojos. No era la primera vez que se excitaba con las feromonas
de Yu-dam, pero nunca había sentido este incendio interno que parecía cortarle
la respiración. Todo su ser clamaba por Yu-dam. Apretó los dientes y cerró los
puños con fuerza. Sabía que si perdía la razón por un instante, se lanzaría a
rastrear el aroma por toda la casa como un tiburón hambriento atraído por una
gota de sangre. Tenía que atraparlo y saciarse hasta el cansancio; sentía que
solo devorándolo por completo, sin dejar ni rastro de su piel, calmaría esa sed
voraz.
“Basta.
Hyung, ya es suficiente, detente.”
En
ese momento, su presa apareció por su propio pie antes de que tuviera que
buscarla. Tenía el rostro inusualmente sonrojado y los ojos ligeramente
empañados. A simple vista, parecía estar haciendo un berrinche pidiendo ser
devorado. Los dientes de Do-ha, que apretaba con fuerza, chirriaron al
rechinar.
“Ha
Yu-dam.”
“No
entiendo por qué toda la familia tiene que venir por algo así. No es que tenga
una enfermedad terminal. Es ridículo ponerme en esta situación.”
Yu-dam
se quejaba con fastidio. Mientras sus labios rojos se movían al hablar, la
mirada de Do-ha se clavó por completo en ellos. Algo era extraño; se sentía
como una bestia incapaz de razonar, alguien que ya ni siquiera pensaba. Ni
siquiera se le ocurrió reflexionar sobre qué le estaba pasando.
“¿Cómo
no vamos a venir si estás aquí solo, poniéndote inyecciones?”
“Entonces
podrías haber venido tú solo, hyung. ¿Para qué traes también al abuelo? No digo
que no quiera que vengan, no me malinterprete; es solo que no me gusta que se
preocupen así cuando no estoy enfermo.”
Yu-dam
no se acercó más; se quedó apoyado contra la pared reprochando a Jung-jin.
Luego, negó con la cabeza hacia el presidente Ha Shin-woo, quien no podía ocultar
su inquietud. No me duele nada, abuelo.
Habría
sido mejor mostrar un rostro más animado, pero en ese momento a Yu-dam le
costaba incluso mantenerse en pie debido al inhibidor que recorría su cuerpo.
Su error había sido inyectarse una dosis extra al enterarse de que Do-ha, que
estaba de viaje, también había sido llamado. Aun así, pensó que de no haberlo
hecho, le habría resultado difícil enfrentar con naturalidad a Do-ha, quien lo
observaba fijamente desde el sofá frente a su familia.
Ningún
omega puede resistir sin inmutarse cuando su alfa —el que desea— está frente a
sus ojos justo antes del celo. Por eso, pensó que había hecho bien en forzar la
inyección.
“¿Crees
que eres como los demás? Si hubiera sabido que te quedarías aquí solo,
poniéndote inyecciones a mis espaldas, jamás habría permitido esta boda.”
“No
hay de qué preocuparse. Ya lo sabe.”
Las
palabras de Yu-dam iban mezcladas con fastidio y suspiros. Su cuerpo, pesado
por la fiebre, no dejaba de decaer. Si por él fuera, se tumbaría en el suelo en
ese mismo instante para descansar. Al menos se sentía aliviado de haber
aplacado el deseo sexual con el inhibidor.
“Ha
Yu-dam.”
“Sí,
padre.”
“¿Te
parece que tu abuelo solo está preocupado por si te duele algo? Lo que no
quiere es que estés solo, poniéndote inyecciones que ni siquiera son buenas
para la salud. ¿Es que no ves lo que le preocupa a tu familia?”
“…….”
Su
padre casi nunca lo regañaba ni le hablaba con severidad. Yu-dam se mordió los
labios, conteniendo las emociones que afloraban. Lo sabía. Sabía por qué todos
estaban allí reunidos y por qué estaban enfadados con el pequeño de la casa, a
quien siempre habían colmado de amor. Precisamente porque lo sabía bien, Yu-dam
no podía dejar salir sus sentimientos desbordados.
Su
orgullo herido por no haber podido confesarle nada a la persona que amaba. La
tristeza de querer que Do-ha se diera cuenta de lo mucho que le estaba costando
resistir. El resentimiento hacia Do-ha, que se había ido de viaje con su ex,
quien era prácticamente su pareja actual.
Un
sinfín de emociones estallaron como una bomba. Podía ser un sustituto del calor
del celo y las feromonas reprimidas, o simplemente la gran inestabilidad
emocional causada por el periodo. O tal vez, simplemente quería quejarse tras
sentir, después de mucho tiempo, el afecto de su familia —que había acudido
furiosa al saber que pasaba el celo ‘solo’—, un afecto que no recibía de Do-ha.
En
cualquier caso, la verdad inmutable era que el matrimonio que comenzó con la
feliz ilusión de que Do-ha sería su alfa por un momento, se estaba tiñendo cada
vez más con sus propias lágrimas.
“Do-ha.”
“Sí,
suegro.”
“Este
matrimonio se hizo porque tu madre insistió mucho. No lo ignoras, ¿verdad?”
“Lo
sé.”
“Hee-joo
vino a buscar al abuelo de Yu-dam e incluso mencionó el nombre de la madre de
Yu-dam. Pidió que confiáramos en ella una vez más, diciendo que la madre de
Yu-dam también habría deseado esto.”
“…….”
La
expresión de Do-ha se endureció. No tenía palabras para defenderse, aunque
tuviera mil bocas. Tener muchas bocas no significa decir lo correcto. Mientras
tanto, Do-ha desvió ligeramente la mirada para comprobar el estado de Yu-dam.
Aquellas palabras que le dijo a Si-woo —que Yu-dam también era una víctima—
habían dejado una marca profunda en su corazón. Aunque lo dijo por puro
instinto porque no quería seguir escuchando a Si-woo hablar mal de él, ahora se
preguntaba cómo no se había dado cuenta antes de que Yu-dam era, en efecto, una
víctima.
Más
bien, debería haber pensado en eso primero. Era lo lógico y natural. Yu-dam ni
siquiera había quedado marcado, pero tuvo que casarse presionado por la
insistencia de la amiga de su madre. Y aun así, jamás se había quejado de que
fuera injusto. Al contrario, quien se había sentido agraviado, enfadado y había
actuado a su antojo era él mismo, el cónyuge de Yu-dam.
“A
tu juicio, ¿te parece que este es el matrimonio que la madre de Yu-dam deseaba?
¿Te parece que irse de viaje con un amigo dejando atrás a un cónyuge en celo es
un buen matrimonio? ¿Cómo es posible que permitas que Yu-dam tenga que clavarse
él mismo una aguja en el brazo? ¿Aun así puedes decir que eres el cónyuge de
Yu-dam?”
¡Ah!
Solo entonces Do-ha comprendió el origen de esas feromonas que se le pegaban
por todas partes. Como nunca había sentido las feromonas durante los periodos
de Si-woo, no se le había ocurrido pensar en el celo a pesar de oler la
fragancia que llenaba la casa. Al volver a mirar el rostro de Yu-dam, su estado
cobró sentido.
Al
verlo tambalearse y decaer, sentía que debía recostarlo de inmediato, pero la
voz con la que respondía mordazmente a su familia seguía siendo firme. Su
rostro congestionado debía ser por el calor del celo que no había logrado
reprimir del todo. Con razón sentía la boca seca y una sed voraz con solo
mirarlo.
Yu-dam
se mordió el labio al ver de reojo a Do-ha, quien lo observaba como si
concentrara todos sus sentidos en él. Qué vergüenza, pensó. Recordó cómo
hace unos días le había pedido con arrogancia que despejara la casa como si no
fuera nada. Fue un gesto patético por intentar hacerse el fuerte al ver a
Si-woo rogándole a Do-ha que se fueran de viaje; por eso ni siquiera mencionó
que se acercaba su fecha de celo.
De
repente, se sintió incómodo por las marcas de las inyecciones y se cubrió el
brazo izquierdo con la mano derecha. Ese no era el tipo de imagen que uno desea
mostrar a la persona que ama. No es que fuera un adicto, pero en su brazo ya
estaban apareciendo hematomas azulados por las múltiples veces que se había
pinchado con la aguja. Intentando bloquear la atención que dirigía hacia Do-ha,
habló con dificultad.
“El
viaje... yo le dije que fuera. Fui yo quien no dijo nada.”
“¡Precisamente
por eso es un problema! Si ni siquiera puedes decírselo, ¿qué clase de cónyuge
es? Uno le diría algo así hasta a un compañero de piso. El mayor problema es
que hayas llegado al punto de no poder decírselo.”
“……Nuestro
matrimonio fue por contrato, ¿no? ¿No pueden darnos algo de tiempo? Ni siquiera
nos conocemos bien todavía. ¿No pensaron que me daría vergüenza estar con él en
un momento así?”
“¡Esa
no fue la razón! ¡Baek Do-ha, no creas que no sé que te estás consumiendo por
culpa de ese tipo!”
“Si
vas a poner excusas, que sean más creíbles, Ha Yu-dam. Se conocen desde los cinco
años. No es como si hubiéramos casado a dos desconocidos.”
Primero
su padre y ahora su hermano. Yu-dam sintió que la indignación se acumulaba
debido a la presión de su familia. Sabía que culpaban a Do-ha por amor,
diciendo las palabras que él mismo no se atrevía a pronunciar, pero sentía que
no era justo que toda la familia lo atacara a la vez. Sobre todo porque, desde
el principio, habían acordado gestionar sus celos por separado sin que sus
familias se enteraran; por eso esta situación le resultaba tan incómoda. Al
menos en este asunto, Baek Do-ha no tenía la culpa.
“¿Y
acaso eso lo hace fácil? ¿No te doy lástima yo, hyung, que tengo que hacerlo
sin afecto? ¿Y Baek Do-ha? ¿Crees que para él sería fácil acostarse con alguien
a quien no quiere solo porque están casados?”
Ante
esas palabras, esta vez la chispa saltó hacia el abuelo, quien había
permanecido con los labios apretados y la mirada clavada en Do-ha durante todo
este tiempo.
“Si
eso era tan difícil, al menos debería haber estado a tu lado. ¿Su cónyuge tiene
el brazo destrozado por los pinchazos y él se va tan campante de viaje con ese
holgazán? ¿Amigo? Qué clase de amigo.”
“Si
quieren regañarlo, por favor, que sea otro día, no hoy. ¿Sí? Si les duele ver a
su nieto resistiendo a punta de agujas, ¿no pueden simplemente…… dejarme
descansar ahora?”
“…….”
Solo
entonces un pequeño silencio se instaló en la enorme casa de recién casados.
Como si se hubieran puesto de acuerdo, todos se convirtieron en estatuas, sin
hacer un solo movimiento ni emitir el más mínimo ruido.
Se
acababan de dar cuenta de que su intento de reprender a Do-ha por el bien del
menor de la familia, en realidad, estaba agotando a Yu-dam.
Por
supuesto, si Yu-dam no hubiera salido de la habitación y no hubiera intervenido
en la conversación, habrían logrado su objetivo. Pero como era de esperar que
Yu-dam no se quedara de brazos cruzados, el plan estaba mal diseñado desde el
principio.
Do-ha
observó fijamente a Yu-dam, que apenas se sostenía apoyado contra la pared
mientras se cubría un brazo. Cada vez que las puntas de sus dedos temblaban
levemente, Yu-dam apretaba y abría el puño, resistiendo como podía.
Al
ver esa escena, Do-ha sintió que la irritación crecía en su interior. Si vas a
enfadarte, grita y suéltalo todo como es debido. Y si no puedes hacer ni eso,
quédate en tu habitación. ¿Para qué te quedas a escuchar todo lo que dice tu
familia?
Al
final, esa era la diferencia entre él y Yu-dam.
A
diferencia del egoísta y egocéntrico Baek Do-ha, Yu-dam siempre anteponía los
sentimientos de su familia a los suyos. Por eso, él seguía siendo el ‘inmaduro
menor’ en su casa, mientras que Yu-dam siempre era el ‘pobre menor’.
¿Pero
por qué tiene que aguantar de esa forma tan terca en ese estado?
Preferiría
verlo resoplando de rabia y llamándolo hijo de perra. Solo entonces comprendió
el motivo de su irritación: eran los familiares de Yu-dam, que por estar
regañándolo lo habían obligado a permanecer de pie en ese estado.
Dicen
que lo aman y, ¡maldita sea!, ¿lo dejan así? Si esto no es abandono, no sé qué
sea.
Por
supuesto, sabía que era ridículo llamar a esto abandono, ya que no era más que
un celo normal para cualquier persona con casta. Incluso el propio Yu-dam
aseguraba que no le dolía nada.
Sin
embargo, a los ojos de Do-ha, que acababa de asimilar que estaba marcado por
él, Yu-dam parecía una persona frágil y delicada que apenas lograba mantenerse
entera. Y eso sin contar que el propio cuerpo de Do-ha se estremecía
visiblemente con cada exhalación de Yu-dam.
“Haa……”
Do-ha
se mordió el labio y caminó lentamente hacia Yu-dam. Al sentir el golpe
repentino de las feromonas, la sangre volvió a concentrarse en su parte baja.
Como
Yu-dam había dicho que se había inyectado inhibidores, las feromonas que atraen
a los alfas no deberían estar brotando sin control.
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Sin
embargo, las que no habían podido ser bloqueadas por completo se filtraban poco
a poco, acumulándose en capas. Simplemente ocurría que el instinto del alfa
dominante, que ya había reconocido a su otra mitad al quedar marcado,
reaccionaba con agudeza incluso ante esa mínima cantidad.
Do-ha
cargó a Yu-dam en brazos, como si fuera una princesa de cuento, a pesar de que
este parecía a punto de desfallecer. Yu-dam, sobresaltado, abrió mucho los ojos
y la boca, pero Do-ha mantuvo el rostro gélido y miró a la familia de Yu-dam en
lugar de a él.
Aunque
su expresión parecía indiferente, en sus ojos se leía un reproche hacia ellos.
O más bien, la sensación de estar regañándolos por seguir allí sin captar la
indirecta.
“Oye.
¿Qué estás haciendo?”
Yu-dam
susurró por lo bajo tras mirar de reojo a su familia por encima del hombro de
Do-ha. Fue un tono tan suave que sus familiares no pudieron oírlo, pero lo
suficientemente claro como para transmitirle su desconcierto e irritación a
Do-ha.
“¿Qué
crees? Haciendo mi papel de cónyuge.”
“¿Qué?
¿Estás loco? ¿Me vas a bajar?”
Sintiendo
que sería mejor no conocer el significado real tras esas palabras, Yu-dam hizo
todo lo posible por zafarse. Como no podía patear ni golpear a Do-ha frente a
su familia, su esfuerzo se limitó a una amenaza que no parecía tal.
Yu-dam
no podía actuar con dureza porque temía que, si trataba mal a Do-ha, su familia
también lo haría. Qué estúpido es este corazón.
En
cualquier caso, este era el momento de mantener las distancias. Sentía que no
debía seguir en sus brazos.
Pero
mientras intentaba escapar como fuera, Do-ha detuvo sus movimientos con apenas
unas palabras y sin esfuerzo alguno.
“No
estoy de muy buen humor ahora mismo, Ha Yu-dam.”
“…….”
“Y
me irrita más que sigas actuando así.”
“Ya
lo sé. Acordamos encargarnos de los celos por nuestra cuenta. Estoy en ello,
por eso te digo que me bajes.”
Do-ha
frunció ligeramente el ceño ante sus palabras. Toda tu familia se nos ha echado
encima, ¿y qué piensas hacer tú solo aquí?
“Yo
me voy a encargar por ti.”
“……¿Qué……
qué vas a qué?”
“De
tu celo.”
“Mi
celo, ¿cómo vas a……? Ah. No. No lo hagas. No digas ni una palabra más.”
Los
grandes ojos de Yu-dam temblaron con fuerza. Sacudió la cabeza rápidamente de
lado a lado, negando la realidad. Aunque Do-ha no lo dijera, sentía que sabía
lo que pretendía hacer.
“Parece
que tanto el abuelo como suegro desean lo mismo, así que voy a concederles ese
deseo.”
“No
es eso, así que bájame rápido.”
“Pues
a mí me parece que sí es eso.”
“Baek
Do-ha.”
“¿Qué,
Ha Yu-dam?”
“Que
me bajes.”
Yu-dam
apretó los dientes y tensó la mandíbula mientras movía los labios. Sentía que
algo realmente increíble estaba a punto de suceder.
“¿Qué
crees que puedes hacer si ni siquiera puedes mantenerte en pie?”
“……Haré
lo que sea. Menos aquello que estás pensando.”
“¿Ah,
sí? Pues yo solo voy a hacer precisamente aquello que estoy pensando.”
Tener
sexo con Ha Yu-dam.
Do-ha
inclinó la cabeza deliberadamente para susurrarlo al oído de Yu-dam.
Yu-dam,
aterrado, intentó empujarlo, pero sus brazos lánguidos no pudieron alejarse ni
un milímetro del firme pecho del alfa dominante.
Para
empezar, era algo imposible incluso en condiciones normales. Por lo tanto, su
cuerpo, debilitado por el efecto de la medicina, no iba a obedecer los deseos
de su dueño. Forcejear y soltar pequeños quejidos era todo lo que Yu-dam podía
hacer.
Do-ha
soltó una risa cínica al verlo.
Ver
a Yu-dam rechazándolo hasta el final, aun sabiendo que no tenía oportunidad, le
despertó un sentimiento de malicia ajeno al efecto de la marca.
Cuanto
más lo rechazaba, más terquedad sentía. Una obsesión intensa se asentó bajo el
calor febril, haciéndole querer ver hasta dónde llegaría ese rechazo.
“Voy
a recostar a Yu-dam. Si quieren seguir regañándome pueden esperar, aunque no
puedo asegurarles cuándo saldré.”
Aunque
se dirigía a la familia de Yu-dam, Do-ha no miró atrás ni una sola vez mientras
empezaba a caminar.
Durante
el trayecto, Yu-dam seguía amenazándolo en voz baja para que lo bajara. Sin
embargo, la razón de Do-ha, cegada por la marca, era incapaz de escucharlo.
El
instinto de alfa dominante de Do-ha ya estaba devorando los restos de cordura
que le quedaban, reclamando con más ansia las feromonas de Yu-dam.
Mientras
tanto, la familia de Yu-dam se quedó allí, con la boca abierta, mirando
atónitos la espalda de Do-ha mientras se alejaba.
Si
no fuera por el parpadeo de sus ojos y el aire que soltaron de repente,
cualquiera habría jurado que se habían desmayado con los ojos abiertos.
*
* *
Nada
más entrar en la habitación, Do-ha soltó a Yu-dam sobre la cama, casi como si
lo tirara. El colchón se hundió profundamente, absorbiendo el impacto y
envolviendo a Yu-dam con suavidad; por primera vez, esa cama parecía valer lo
que había costado.
Sobresaltado,
Yu-dam cerró los ojos con fuerza. Sintió que el tiempo que pasó suspendido en
el aire duró una eternidad. Solo cuando recuperó la sensación de comodidad bajo
su espalda, se atrevió a levantar lentamente los párpados.
El
rostro de Do-ha, gélido y endurecido por la ira, lo observaba desde arriba.
Esta vez, fue su corazón el que pareció desplomarse.
Al
escuchar el suspiro frío de Do-ha, una disculpa estuvo a punto de escapársele
de los labios de forma instintiva. Aunque, pensándolo bien, no tenía motivos
para pedir perdón, el hecho de que se sintiera así solo confirmaba que su
corazón pensaba seguir adelante con ese maldito amor no correspondido.
Do-ha,
con la mandíbula apretada, escaneó a Yu-dam meticulosamente de pies a cabeza.
Absolutamente todo.
Era
como si quisiera confirmar que realmente se trataba del Ha Yu-dam que conocía.
A excepción de esos hematomas azulados por las inyecciones que antes no estaban
allí, parecía ser el mismo Yu-dam de siempre, lo cual le produjo un extraño
alivio.
Sin
embargo, seguía sin entender por qué le enfurecía tanto el hecho de que se
hubiera estado inyectando a sus espaldas.
“Baek
Do-ha.”
“Dime,
Ha Yu-dam.”
“…….”
Yu-dam
pronunció su nombre con urgencia, pero ahí quedó todo. Movió los labios varias
veces, pero fue incapaz de continuar. Aunque quería detener a Do-ha, no sabía
qué palabras usar ni cómo decirlas para lograrlo.
Mientras
tanto, Do-ha se quitó la prenda superior, la lanzó a un lado y se posicionó
sobre Yu-dam. Al descubrir el deseo ardiente en las pupilas de Do-ha, los
grandes ojos de Yu-dam temblaron con fuerza.
“Tú,
no me digas que……”
Sin
terminar la frase, Yu-dam se mordió el labio inferior con nerviosismo. Do-ha
soltó una risita y respondió con total naturalidad.
“Sí.
Vamos a hacerlo.”
“…….”
“Vamos
a follar. Tú y yo.”
“……Mentira.”
Yu-dam
se mordió el labio y giró la cabeza. No podía mirarlo a la cara.
En
ese momento, Do-ha estaba furioso con él, y el motivo era que no había
gestionado su celo por cuenta propia como habían acordado. Incluso, lejos de
cumplir su promesa, lo había hecho regresar de su viaje, así que tenía motivos
para estar enfadado. Yu-dam estaba convencido de que la forma tan cruda en la
que Do-ha lo acosaba para poseerlo era solo una manera de castigarlo.
“¡Ah!”
Do-ha,
que no conocía aquel sentimiento desolador —y tampoco le importaba conocerlo—,
sujetó con fuerza el mentón de Yu-dam, que evitaba su mirada, para obligarlo a
verlo. Al ver cómo los grandes ojos de Yu-dam se llenaban de lágrimas, las
comisuras de los labios de Do-ha se elevaron.
Ante
la mirada brillante de Do-ha y el gesto de lamerse los labios, Yu-dam no pudo
evitar tragar saliva. Do-ha lo miraba como si estuviera saboreando un manjar.
Do-ha
sintió cómo, entre ese calor abrasador, florecía una lujuria y un afán de
posesión voraces.
El
instinto de posesión y obsesión por el omega que había marcado, sumado al miedo
visceral de ser abandonado por él, lo impulsaban a acorralar a Yu-dam cada vez
más. Cada célula de Do-ha reaccionaba ante él, codiciando hasta el último de
sus cabellos. Sentía que solo devorándolo por completo, hasta los huesos,
calmaría a las bestias de deseo que bullían en su interior.
“¿Mentira?
¿Por qué piensas eso?”
“……¿Puedes
hacerlo sin siquiera quererme? ¿Tú?”
“Qué
ingenuo, Ha Yu-dam. Como bien dijiste, somos un alfa y un omega en un
matrimonio por contrato. No somos betas; con las feromonas es suficiente, ¿no
lo sabías?”
“Si
fuera cualquier otro, lo creería. Pero tú eres Baek Do-ha.”
“¿Y
eso qué? ¿Olvidaste que Baek Do-ha también es un alfa dominante?”
Do-ha
soltó una risa baja. Cuanto más lo miraba, más curioso le resultaba. Se
preguntaba por qué había odiado tanto a un omega tan rematadamente ingenuo.
Ah,
es cierto. Por alguna razón, cada vez que lo veía sentía una opresión tan
sofocante que le daban ganas de vomitar. Le horrorizaba pensar que, si se
casaban, tendría que soportar esa sensación las 24 horas de los 365 días del
año. No tenía ni idea de lo absurdo que era aquel pensamiento.
Ahora,
lejos de querer alejarse, quería devorarlo sin descanso no solo los 365 días,
sino 366. Ni siquiera un año entero le parecía suficiente.
Su
instinto reprochaba a la razón que tanto tiempo había despreciado a Yu-dam. Se
quejaba de que, por haber montado tanto escándalo diciendo que no lo quería sin
saber lo que se perdía, recién ahora podía saborear esa piel suave y acogedora.
A
medida que las feromonas de Yu-dam inundaban su mente, un calor abrasador lo
golpeó como un tsunami. Empezó a dolerle la cabeza.
Se
habían casado para estar juntos y, ¡maldita sea!, ¿por qué demonios tenía que
ir a trabajar? Sentía que si simplemente lo ataba a la cama y lo mordisqueaba
hasta que se desgastara, lograría calmar un poco ese hormigueo constante en su
vientre. Con solo inhalar un poco de su aroma, su pene se ponía rígido.
¿Olor a sábanas que invitan al sueño? Menuda tontería.
Las
feromonas de Yu-dam no tenían ese aroma reconfortante a manta que invita a una
siesta. Esto era, más bien, una fragancia que despertaba el deseo de ensuciar
unas sábanas blancas recién secadas al sol. Se envolvía suavemente en su piel,
coqueteando, como si le suplicara que la empapara y la manchara sin piedad. Maldita
sea, ¿cómo puede un edredón desprender un olor tan lascivo?
Sintió
el impulso irreprimible de hundir su pene en el cuerpo de Yu-dam de inmediato.
Al imaginar a Ha Yu-dam completamente empapado de él, tanto por dentro como por
fuera, sintió un dolor punzante en su erección.
“¿Eres
tú el tipo de persona que obliga a alguien a hacer algo que odia?”
“No
lo estoy haciendo a la fuerza, ni nadie me obliga; así que, ¿por qué no iba a
poder hacerlo?”
“¿Entonces
esto es porque tú quieres?”
“Sí.
Me vuelven loco las feromonas de Ha Yu-dam. ¿No lo sabías?”
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Los
ojos de Yu-dam temblaron. Sentía que realmente estaba a punto de ser devorado.
Había pensado que Do-ha solo estaba enfadado; nunca imaginó que de verdad se
excitaría al verlo. O mejor dicho, lo sabía racionalmente, pero su corazón no
podía procesarlo.
Para
Ha Yu-dam, Baek Do-ha no era un alfa dominante que lo había marcado
unilateralmente, sino simplemente su alfa, al que esperaba desesperadamente que
regresara a su lado. Sentía que esta relación se mantenía solo porque él no era
capaz de soltarla; que Do-ha mantenía un pie a su lado solo porque él se
aferraba usando cualquier excusa, mientras el otro pie seguía con Si-woo.
Pensaba
que, por mucho que Do-ha solo pudiera oler sus feromonas, eso era algo muy
distinto a poseerlo. Más que excitarse, temía que Do-ha vomitara al verlo en
pleno celo. Precisamente para que el final de sus súplicas no fuera el asco de
Baek Do-ha, llegó a creer que era una suerte que se fuera de viaje.
“……¿De
verdad vas a hacerlo?”
“Si
tanto te desagradaba, deberías haber tomado pastillas como todo el mundo en
lugar de inyectarte. ¿Quién te pidió que te destrozaras el brazo de esta manera
dejándolo como un trapo viejo?”
“¿Qué?”
“Ni
que fuera una protesta. Si vas a armar este revuelo para que me entere, mejor
dímelo con palabras. Di que estás en celo y que quieres follar.”
“Baek
Do-ha. Cierra la boca.”
“¿Para
qué le haces agujeros a un brazo sano hasta dejarlo así? No te diferencias en
nada de un drogadicto.”
“Cállate,
Baek Do-ha.”
“Deberías
haberte tragado las pastillas y haberte ido a dormir. Maldita sea, ¿acaso es un
orgullo andar con el brazo agujereado?”
“¡Cállate!
¡Cállate de una vez, por favor!”
Yu-dam
sacudió la cabeza con desesperación y logró zafarse de la mano de Do-ha. O eso
creyó, hasta que se dio cuenta de que, en realidad, Do-ha lo había soltado a
propósito. Acto seguido, Do-ha apresó ambas muñecas de Yu-dam, inmovilizándolo
por completo. Yu-dam intentó removerse y empujarlo como pudo, pero ante ese
cuerpo grande y sólido que no se movía ni un milímetro, las lágrimas brotaron
de sus ojos.
Malvado. ¿Cómo puedes no saber ni siquiera esto?
Se
conocían desde hacía 27 años. Por mucho que lo hubiera odiado y despreciado, le
dolía en el alma que ni siquiera conociera su constitución física.
Ha
Yu-dam, el bebé sietemesino que sobrevivió a duras penas a costa de la vida de
su madre, siempre había sido resistente a los medicamentos desde su nacimiento.
Los médicos decían que, si hubiera crecido dos meses más en el vientre materno,
habría estado bien; pero al nacer a los siete meses, sus glándulas de feromonas
no se desarrollaron por completo.
Debido
a eso, Yu-dam no tenía más opción que buscar a un alfa para pasar el celo o
recurrir a los inhibidores por vía intravenosa cada vez. Su familia siempre
sufría por ello y quería ayudarlo de cualquier forma, pero Yu-dam pensaba que
Dios había sido bastante misericordioso y que ese esfuerzo era algo natural.
Era una vida que sobrevivió matando a su madre; para una existencia así, ese
nivel de dolor e incomodidad no era algo digno de lástima.
No
quería que nadie le tuviera piedad ni compasión. Es más, apartaba de su vista a
cualquiera que le mostrara ese tipo de interés. Sentía que su vida era el
precio de la de su madre, quien se fue tras protegerlo hasta el final.
Por
eso, no buscaba compasión ni nada parecido de Do-ha. Solo quería que entendiera
que su estado actual no era una treta para burlarse de él. Creía que, aunque no
lo quisiera, Do-ha conocía sus obligaciones como cónyuge: estar al tanto de sus
alergias, su historial médico o los medicamentos que debía evitar.
“Bueno.
Al fin y al cabo, para follar no hacen falta palabras.”
“¡No
es por eso! ¡Tú lo sabes!”
“No
me importa el motivo. Tú ya sabes con qué intención lo digo yo.”
“Baek
Do-ha. Te vas a arrepentir.”
“Eso
es algo que decidiré yo. Tú encárgate de tus propios sentimientos; ya sea para
arrepentirte o para llorar pidiendo que te la meta más.”
“……Hijo
de perra.”
“Cariño,
¿tus gustos se inclinan hacia lo animal? Si es así, adelante.”
“Loco
de mierda.”
Yu-dam
logró liberar una mano y agarró una almohada. Le habría gustado blandirla con
fuerza y golpear a Do-ha, pero apenas pudo golpear su pecho firme un par de
veces. Do-ha le arrebató la almohada al instante, la lanzó lejos y, sujetando
con fuerza la fina muñeca de Yu-dam, se la llevó a la boca.
“¡Ah!”
Do-ha
mordió la nívea muñeca de Yu-dam como si fuera a succionarle la sangre y empezó
a lamerla ruidosamente. Cuanto más forcejeaba Yu-dam por liberar su brazo, más
se curvaban los labios de Do-ha en una sonrisa. Sentía ganas de provocarlo para
que se resistiera más; sabía que, cuanto más lo hiciera, su obsesión se
volvería más violenta y feroz. Como siempre pensaba, Yu-dam era realmente
divertido de atormentar.
“Dicen
que un pastel que se ve bien, sabe mejor; parece que la frase se inventó
sabiendo que hoy íbamos a follar.”
“No
me hagas reír. ¿Por qué iba a hacerlo contigo?”
“Ah,
¿es que no soy de tu estilo, cariño? ¿Y cuál es tu estilo? ¿Con qué tipo de
tipo tienes que acostarte para que sea de tu estilo?”
“¿De
verdad vas a seguir así? ¿Tanto merezco que me insultes por no haber pasado el
celo solo? Si te digo que no tuve otra opción, ¿me creerías?”
“No.
Ya te he dicho que todo eso da igual.”
Porque hoy voy a follar contigo sí o sí. Yu-dam cerró los ojos con fuerza ante las
palabras que Do-ha le susurró mientras le lamía la oreja.
Su
labio inferior, que se había mordido repetidamente, estaba lleno de pequeñas
gotas de sangre roja. Sentía un picor en la nariz y una opresión en el pecho.
Se sentía miserable y patético por no poder alegrarse plenamente del deseo con
el que Do-ha lo reclamaba.
No
era difícil entregarse a la persona que amaba. Al contrario, en su imaginación
se había aferrado a esos brazos incontables veces. Sin embargo, temía lo que
vendría después.
Temía
que Baek Do-ha se arrepintiera de haber poseído a alguien a quien no quería,
cegado por las feromonas como un animal. Do-ha era ese tipo de persona: alguien
con gustos muy claros y preferencias siempre definidas.
Y
en su escala, Kim Si-woo pertenecía a lo que le gustaba, mientras que Ha Yu-dam
pertenecía a lo que detestaba.
Por
supuesto, Do-ha era de los que solían meditar mucho sus decisiones, pero al
final siempre elegía y decidía por sí mismo. Sin importar cuáles fueran las
consecuencias, si nacían de su propia elección, las aceptaba aunque fueran
difíciles de digerir.
Sin
embargo, el celo es distinto. Mantener relaciones nublado por las feromonas no
es algo que la razón de Do-ha elegiría. En el momento en que oliera las
feromonas del omega que había marcado, dejaría de ser el Baek Do-ha que posee
juicio y autocontrol.
Solo
el instinto de un alfa dominante buscaría desesperadamente a su omega,
intentando devorarlo por completo hasta que no quedara ni un solo hueso.
Eso
era lo que le asustaba. Temía que Do-ha se arrepintiera diciendo que no fue
algo que él eligió, y que terminara despreciándose a sí mismo y sufriendo al
considerarse una bestia que solo se mueve por instinto.
¿Cuántas
personas serían capaces de soportar ver cómo el ser que aman se atormenta y se
culpa por haberlos poseído?
Yu-dam
aún no sabía que Do-ha llevaba tiempo sintiendo las feromonas de su omega y
experimentando una sed insaciable.
Tampoco
sabía que, aunque Do-ha estaba obsesionado debido a las feromonas, en este
preciso instante deseaba poseer a su omega con un juicio claro y una voluntad
firme, desde una razón intacta que distinguía perfectamente sus gustos.
Sobre
todo, Do-ha estaba destinado a arrepentirse de una forma u otra. Si no poseía a
Yu-dam, se arrepentiría pensando que debería haberlo devorado; y si lo hacía,
seguramente también se arrepentiría si no lograba engullir cada rincón de ese
pequeño cuerpo hasta quedar satisfecho.
La
única forma de no arrepentirse era morder y consumir cada centmetro de Yu-dam,
manchándolo y cubriéndolo por completo con lo suyo hasta saciar toda esa sed y
hambre acumuladas.
“¡Oye,
tus feromonas……!”
Ante
la repentina oleada de feromonas que cayó sobre su cuerpo, Yu-dam se sobresaltó
y se cubrió la nariz y la boca con la manga. Sin embargo, ante la incesante
ducha de feromonas con la que Do-ha lo envolvía una y otra vez, Yu-dam no pudo
evitar dejar escapar un gemido.
La
ardiente lujuria que dormía en lo más profundo de su ser empezó a saltar y a
desbocarse por todo su interior. Los lugares que rozaba ese deseo se quemaban
al instante, como si ceniza volcánica incandescente hubiera caído sobre ellos.
El
celo de Yu-dam, que apenas había logrado reprimir, volvió a levantar cabeza.
Las feromonas del alfa dominante que lo inundaban despertaron de golpe su
excitación oprimida.
“Ah……
No……. No lo hagas, Baek Do-ha…….”
Yu-dam
sacudió la cabeza con fuerza, y una lágrima que colgaba de sus pestañas cayó
pesadamente.
Do-ha
soltó una carcajada profunda y lamió esa lágrima con la lengua. El primer sabor
que probó de los fluidos de Yu-dam fue tan tierno como dulce.
“Ha
Yu-dam. Si tus lágrimas son así de dulces, haces que me ilusione.”
“¡ugh!
¡Baek Do-ha! ¡Te he dicho que no lo hagas!”
“¿Qué
será más dulce, lo de adelante o lo de atrás? ¿Qué debería probar primero?”
“Do-ha,
por favor…… Tú me odias……. Por favor, para……. Ah.”
“Elige.
¿Quieres que te lama adelante? ¿O prefieres atrás?”
“Para…….
Por favor. Te lo ruego, ¿sí?”
“Mmh.
Mejor decidiré yo. De todos modos, voy a comerte entero.”
Do-ha
liberó otra ráfaga intensa de feromonas.
Era
la primera vez que hacía algo así, pero no sintió reparo alguno; le resultaba
tan cómodo como si lo hubiera hecho siempre.
Era
irónico. Do-ha nunca había liberado sus feromonas de esa manera. Como él no
podía sentir las de los demás, le resultaba sumamente desagradable e incómodo
que extraños a los que ni siquiera conocía pudieran sentir las suyas.
Incluso
frente a Si-woo, Do-ha jamás había liberado sus feromonas con total libertad.
Por eso, Si-woo siempre intentaba pegar la nariz a su ropa o a sus muñecas para
captar aunque fuera un rastro del aroma residual.
Para
Do-ha, liberar sus feromonas con naturalidad era algo que nunca había imaginado
en toda su vida. Gracias a eso, este momento en el que podía soltarlas sin
límites le provocaba una inmensa catarsis. Cuanto más lo hacía, más se
enviciaba; le resultaba imposible detenerse.
“Ah……
Do-ha. Baek, Do-ha…….”
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Y
para colmo, allí estaba su omega, pronunciando su nombre con la respiración
entrecortada como respuesta a su aroma.
Do-ha
se lamió los labios mientras desvestía a Yu-dam. Yu-dam lo miraba con el rostro
a punto de estallar en llanto, pero Do-ha solo disfrutaba mientras despertaba a
nuevos sentidos.
Incluso
al ver cómo Yu-dam se aferraba con fuerza a su ropa como si fuera un clavo
ardiendo, Do-ha no podía dejar de sonreír.
Atormentar
a Yu-dam siempre era divertido y placentero en cualquier lugar. Pero, sobre
todo, verlo bajo su cuerpo, empapado en sus feromonas, era insuperable.
Ese
Ha Yu-dam que se aferraba a él mientras negaba con la cabeza, con los ojos
llenos de lágrimas, se veía sexy y hermoso.
Do-ha
saboreó el momento al ver esa piel nívea que le recordaba a sus propias
feromonas. Parecía que Yu-dam tenía un aroma tan encantador precisamente para
esto: para que él lo manchara de forma promiscua.
Un
escalofrío recorrió todo su cuerpo y sintió chispas saltar desde la punta de
sus dedos. La sangre se concentró con fuerza en su pene ya endurecido.
“No
lo hagas……. Para.”
Del
rabillo del ojo de Yu-dam cayó una pequeña y larga hilera de agua. Ante la gran
mano que acariciaba su piel, su cuerpo empezó a temblar involuntariamente. Por
alguna razón, sintió una tensión en lo más profundo de su ser; su entrada se
contrajo y se abrió con fuerza mientras empezaba a humedecerse.
“Ah,
haaa…….”
Un
gemido escapó de sus labios al sentir el aliento caliente y los labios suaves
contra su cuello. Yu-dam negó con la cabeza y sujetó con firmeza la mano de
Do-ha.
Esto
no podía estar pasando. Ese sonido no podía venir de él. Se sentía mareado ante
esas sensaciones desconocidas, los gemidos y el calor que experimentaba por
primera vez.
De
pronto, sintió cómo su parte trasera se humedecía de golpe. No podía creer que
ese líquido viniera de su propio cuerpo.
“Para…….
Ah. Do-ha, por favor.”
Do-ha
acarició la blanca piel de Yu-dam con la yema de los dedos. Le gustaba ver cómo
se estremecía cada vez que lo tocaba, así que continuó acariciándolo de forma
lenta y secreta.
De
repente, le vino a la mente la imagen de unas sábanas blancas bajo el sol de
verano. Era un aroma de feromonas que le sentaba muy bien al limpio y puro
Yu-dam.
Incluso
el hecho de que su aroma proporcionara una sombra que permitía refugiarse del
sol ardiente era muy propio de ‘Ha Yu-dam’. Al fin y al cabo, el consuelo que
Yu-dam le brindaba era como su única sombra.
Yu-dam
negó con la cabeza y apretó con más fuerza la mano de Do-ha con ambas manos.
Sin importarle sus esfuerzos, Do-ha acarició el pecho de Yu-dam como si no
hubiera nada que pudiera detenerlo.
Al
ver esos pezones de un rosa pálido, sintió el impulso de morderlos con fuerza.
Incluso su pecho era tan bonito como él mismo.
“Ah.”
El
pecho de Yu-dam, que jamás había sido tocado por nadie, se sobresaltó ante el
tacto de Do-ha, pero pronto empezó a buscar su palma. Como si hubiera estado esperando,
la punta se irguió con firmeza, revelando su presencia con claridad.
“Tú……
¿por qué hasta esto tiene que ser tan igual a ti?”
Do-ha
soltó una risa baja mientras metía uno de los pezones erguidos en su boca para
juguetear con él, mientras el otro lo agitaba entre sus dedos. El pecho de
Yu-dam se elevó mientras un jadeo escapaba de su garganta.
“No……
Para.”
Aunque
estaba en celo, gracias al exceso de inhibidores, Yu-dam podía mantener la
cordura con relativa facilidad. Dicho de otro modo, si no fuera por los
inhibidores, quizá ya se habría entregado por completo a las manos de Do-ha.
Levantó
sus manos, que temblaban por la excitación, y sujetó la mano de Do-ha que
atormentaba su pecho.
No
tenía nada de fuerza, pero creía que era suficiente para transmitir su
voluntad. Mientras tanto, ni siquiera se daba cuenta de que su cintura se
arqueaba involuntariamente.
Do-ha
se humedeció los labios y miró de reojo esa pequeña mano que siempre lo
molestaba. En este momento no le importaba nada de lo que hiciera Yu-dam, pero
no podía permitir que interrumpiera una y otra vez ese deseo que apenas
empezaba a arder.
Hacía
rato que su pene endurecido pulsaba con fuerza. Esa sensación nueva era
dolorosa, pero a la vez bastante placentera. A pesar del dolor de sentir que estaba
a punto de estallar, creció rápidamente ante la expectativa de atravesar el
cuerpo de Yu-dam.
Pensó
que sería mejor atar las manos de Yu-dam. Mientras miraba a su alrededor
buscando algo adecuado, encontró bajo la almohada un trozo de tela familiar que
no había sido escondido del todo.
Maldita
sea. Tenía que ser Ha Yu-dam. Realmente tiene un don para volver loco a
cualquiera. Al instante, la sangre de Do-ha hirvió con fuerza. Soltó un insulto
entre dientes y alargó la mano.
“¿Qué
es esto?”
“¿De
repente qué……? ¡Es-espera!”
Yu-dam
estuvo a punto de quejarse con Do-ha por levantar algo tan de repente, pero al
ver lo que tenía en la mano, se asustó y se incorporó apresuradamente.
Su
mente se llenó únicamente con la idea de que debía esconderlo. Alargó la mano
rápidamente para arrebatárselo, pero Do-ha ya lucía una sonrisa marcada en su
rostro.
“……¿Qué?”
“¿Esta
es mi ropa?”
“……¿Y-y
qué si lo es?”
“¿Es
la ropa con la que dormí anoche?”
“¿Y
qué? ¿Alguien ha dicho que no?”
Yu-dam
se apresuró a recuperar la prenda que Do-ha sostenía.
Do-ha,
que parecía que no iba a ceder, le entregó la ropa con facilidad, como si
hubiera leído el corazón de Yu-dam.
Yu-dam
volvió a esconder la prenda bajo la almohada, arrugándola para que no se viera,
y se esforzó por actuar como si nada hubiera pasado.
Sin
embargo, sus deseos no se cumplieron, delatados por su rostro encendido por la
vergüenza, su mirada incapaz de encontrarse con la de Do-ha y esa ansiedad
imposible de ocultar.
“¿Con
una sola fue suficiente?”
“¿De
qué estás hablando? Explícate bien. ¿Qué se supone que he hecho?”
“Si
hubieras traído más, habría hecho la vista gorda.”
“Te
digo que qué. ¿Por qué dices eso como si hubiera hecho algo con tu ropa?”
“¿No
estabas haciendo un nido?”
“…….”
En
lugar de una respuesta, un rubor intenso recorrió todo el cuerpo de Yu-dam.
Como si quisiera ocultar su vergonzoso sentimiento, rodeó su cuerpo desnudo con
ambos brazos y giró la cabeza para evitar la mirada.
Sentía
vergüenza de que su corazón hubiera sido descubierto tan fácilmente. Lo habían
pillado: el hecho de que no se atrevió a traer más y solo eligió la prenda que
él había llevado hasta esta mañana porque era la que tenía el rastro más fuerte
de sus feromonas.
Yu-dam
deseó intensamente poder desvanecerse en el aire en ese mismo instante.
“Solo
una.”
“…….”
La
mano de Do-ha se posó sobre la de Yu-dam, que intentaba cubrir su cuerpo.
Yu-dam, sobresaltado, intentó apartarla. Pero Do-ha lo empujó para que volviera
a recostarse y se acercó más.
Aun
así, la mirada de Yu-dam seguía fija en la almohada donde había escondido la
ropa de Do-ha. Le resultaba bastante divertido ver cómo actuaba de forma
desesperada, como si allí hubiera algo que pudiera rescatarlo de esa situación
comprometedora.
Por
supuesto, tanto Do-ha como Yu-dam sabían que allí solo estaba la ropa de Do-ha.
Ese
hecho hizo que Do-ha lo deseara aún más. No era la intención de Yu-dam, pero el
hecho de que actuara con tal desesperación mirando solo su ropa, incluso sin
pretenderlo, hacía que a Do-ha se le secase la boca.
El
objeto que miraba con desesperación, como si fuera su único salvavidas, era
precisamente su ropa. ¿Acaso sabía lo que eso significaba para él?
Estás decidido a volverme loco, Ha Yu-dam.
¿Cómo piensas hacerte responsable de provocarme así
constantemente?
“Entonces,
¿qué hiciste con esa única prenda? No habrás podido hacer un nido solo con
esto.”
“¿Qué
iba a hacer? ¡No he hecho nada!”
“Ha
Yu-dam. El ingenuo eres tú, no yo. Dime qué hiciste con mi ropa.”
“…….”
Yu-dam
se sentía injustamente acusado. Solo la había tomado prestada por un momento.
Había
hundido la nariz en la ropa de Do-ha, intentando captar lo poco que quedaba de
su aroma mientras recordaba su luna de miel en la isla de Jeju.
Rememoraba
cómo intentaba calmar su corazón, que latía desbocado al ser cargado en la
espalda de Do-ha, y aquella primera vez que se emocionó al sentir sus
feromonas, con ese matiz dulce y amargo que emanaba de su sudor.
Aunque
su cuerpo se calentaba cada vez más y sentía un hormigueo en el bajo vientre,
no se atrevió a tocarse con sus propias manos. Temía que, al llegar al clímax,
el leve rastro que aún quedaba de Do-ha desapareciera sin dejar huella ante las
intensas feromonas de su propio celo.
“Si
hubiera sabido que harías eso, habría liberado más feromonas. ¿No te bastó con
eso?”
“¡Cállate!
¡Te he dicho que no hice nada!”
“Ya
veo. Supongo que si no llegaste a venirte ni una sola vez, para ti cuenta como
no haber hecho nada.”
“¡No
me vine……! ¡No digas esas cosas! ¡Ni siquiera tenía intención de hacerlo!”
“Mentiroso.”
Do-ha
soltó una risita y sacó la prenda que Yu-dam se había esforzado tanto en
ocultar. La tomó con ambas manos y tiró en direcciones opuestas; la fina tela
se tensó al instante.
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Pensando
que finalmente había encontrado el objeto adecuado, se humedeció los labios con
la lengua. Ahora podría saborear todo el cuerpo de Yu-dam sin interrupciones.
“¿Qué……
qué vas a hacer?”
“Es
que me molesta que intentes detenerme.”
Do-ha
envolvió las manos de Yu-dam con su propia ropa y las ató con destreza. El
desconcierto se reflejó en las hermosas pupilas de Yu-dam, quien de inmediato
comenzó a forcejear y a mover los dedos con angustia.
Incluso
ver esas manos esforzándose por desatar el nudo le abría el apetito. Se le
hacía agua la boca de solo pensar en meter cada uno de esos dedos en su boca y
lamerlos hasta el cansancio.
“¡Te
dije que pararas! No dejes que…… ¡ah!”
Yu-dam
dejó escapar un breve grito de dolor al sentir cómo la tela apretaba con fuerza
sus muñecas. En un abrir y cerrar de ojos, ambos brazos quedaron envueltos en
la suave tela, despojándolo de cualquier rastro de voluntad propia.
“¡Suéltame!
¡Desata esto!”
“Cuando
terminemos.”
“¡Baek
Do-ha!”
“Ah,
y cuando esto acabe, tira todas esas inyecciones a la basura. No sigas
perforando un brazo sano hasta dejarlo como un colador.”
Nada
más terminar de hablar, Do-ha abrió de par en par las piernas de Yu-dam y se
acomodó entre ellas. Cuando Yu-dam, aterrorizado, intentó incorporar el torso,
Do-ha le sujetó las muñecas con una mano, las llevó hacia su rostro y lo empujó
de nuevo hacia atrás.
“Tanto
que querías oler mis feromonas. He impregnado esto con ellas, así que quédate
ahí y huélelas.”
“¡ugh!”
Mientras
Yu-dam pataleaba, Do-ha usó su otra mano para apretar con fuerza su pene. En
ese instante, un gemido escapó de los labios de Yu-dam y su cintura se arqueó.
Era una sensación desconocida, pero su cuerpo se estaba domesticando dócilmente
ante el tacto del alfa.
“¡Ah……!”
La
mano de Do-ha comenzó a moverse de arriba abajo. A pesar de los esfuerzos de
Yu-dam por negarse y apartar la cabeza, su pene empezó a humedecer la mano de
Do-ha, soltando un viscoso líquido preseminal.
Yu-dam
sacudía la cabeza intentando no escuchar los sonidos húmedos y pegajosos, pero
la fuerza con la que Do-ha lo presionaba le impedía moverse correctamente.
De
la ropa de Do-ha, que cubría su nariz y boca como una mordaza, emanaba un
intenso aroma a sus feromonas. Por mucho que intentara empujarlo o alejarse,
Do-ha estaba controlando incluso su respiración.
En
cada inhalación y exhalación, sentía las feromonas dulces y amargas de Do-ha.
Al entrar por su nariz y boca, el aroma llenaba sus pulmones y calentaba la
sangre que recorría todo su cuerpo.
Nuevamente,
las feromonas de un omega en celo estallaron con fuerza. Su cintura se
balanceaba siguiendo el ritmo de la mano de Do-ha, y su entrada palpitaba.
Sentía que todo su cuerpo estaba a punto de derretirse por la ardiente lujuria.
Incluso su pecho, que Do-ha había dejado de tocar, se erguía con firmeza,
ansiando desesperadamente su atención.
“Nuestro
esposo tiene un pene precioso.”
“Ah.
Es-estás…… loco……”
“Ah,
¿quieres que lo chupe? Parece que nuestro esposo se sintió decepcionado porque
solo lo estaba acariciando.”
Yu-dam,
sobresaltado, sacudió la cabeza con violencia. Tenía que detenerlo aunque fuera
a patadas.
En
ese momento, Do-ha abrió aún más las piernas de Yu-dam y las presionó con
fuerza. Y antes de que Yu-dam pudiera gritar por la sorpresa, Do-ha tomó el
pene en su boca y comenzó a succionarlo ruidosamente.
“¡Ah!
¡Mmh! No……. Baek Do-ha, para.”
El
interior de la boca de Do-ha estaba húmedo y suave. Su gruesa lengua lamió el
tronco del pene endurecido. Cuando rozó repetidamente la punta con la punta de
la lengua, la cintura de Yu-dam se curvó exageradamente y su mandíbula se
elevó. Los gemidos brotaban sin descanso.
Sus
manos, de forma natural, sujetaron la cabeza de Do-ha. La intención inicial de
apartarlo y pedirle que parara se corrompió, convirtiéndose en un deseo de
presionarlo más contra sí para que continuara.
Con
cada gemido, escuchaba un susurro que le pedía que abandonara la razón por un
momento; que si se entregaba solo un instante, el celo terminaría y se sentiría
aliviado.
“¡Ah!
¡Baek Do-ha!”
Justo
cuando estaba a punto de sucumbir a ese susurro y el hilo de su cordura se
volvía borroso, sintió una extraña sensación de algo extraño penetrando su
entrada.
Claramente
era incómodo, pero sus piernas se abrieron por sí solas. Su respiración se
volvió errática y su mentón se elevaba poco a poco.
“Ah.
¡ugh! Ahí es… ugh.”
Yu-dam
se retorcía intentando apartar la cadera, pero cada vez que lo hacía, los dedos
que lo invadían se deslizaban más profundo contra sus paredes internas. Su
entrada se contraía rítmicamente, mordiendo con fuerza los dedos de Do-ha, y
comenzó a sentir un picor en un lugar de su interior que sus propios dedos
nunca podrían alcanzar.
Intentó
tensar el cuerpo para ignorar esa sensación, pero sus paredes internas,
empapadas y viscosas, se envolvieron alrededor de los largos y gruesos dedos de
Do-ha como si no quisieran soltarlos jamás.
Su
entrada, incapaz de cerrarse, temía esa extraña invasión, pero al mismo tiempo
acabó reconociendo el placer que la seguía. Solo el pensamiento de que los
dedos de Do-ha se estaban empapando con sus propios fluidos hacía que todo su
cuerpo ardiera.
Un
placer desconocido que jamás había experimentado lo invadió, haciendo que su
pene se tensara al máximo. Ante el calor sofocante, su pene palpitó y dejó caer
gotas de preseminal sobre su abdomen.
“Todavía
no.”
Cuando
Yu-dam, sin darse cuenta, empezó a mover la cadera buscando alcanzar el clímax,
Do-ha sacó el pene de su boca y bloqueó la salida con su mano.
“¡Ah,
ugh! Suéltame……. Ah. ¡ugh!”
La
respiración de Yu-dam se volvió jadeante ante la excitación contenida que no
podía liberar. Su cintura, suspendida en el aire, temblaba incontrolablemente.
A Do-ha le gustaba escuchar los quejidos de Yu-dam suplicando que lo dejara
venir. Quería hacer que solo pudiera mirarlo a él y depender de él.
Pensó
que tal vez sería buena idea mantenerlo así encerrado para siempre, haciendo
que solo pronunciara su nombre.
El
instinto alfa de Do-ha avivaba las llamas de su lujuria y lo tentaba. Deseaba
abrir esa entrada de una vez y hundir su propio pene con fuerza. Sentía que, si
penetraba de un solo golpe, alcanzaría su cuello uterino de inmediato.
Sabía
que el pequeño cuerpo de Yu-dam apenas podría contenerlo todo y que terminaría
derramando lágrimas.
Do-ha
apretó la mandíbula y apretó los dientes. Se lamió los labios para calmar su
impaciencia y fue aumentando el número de dedos poco a poco.
Quizá
por el celo, la entrada ya estaba completamente empapada y devoraba sus dedos
con facilidad.
“Nuestro
esposo tiene mucho flujo.”
Fue
entonces cuando Yu-dam se dio cuenta de que aquel sonido húmedo y viscoso que
golpeaba sus oídos provenía de su propio cuerpo; no lo había reconocido antes
por la falta de experiencia.
“¿Tanto
te gusta? Me estás apretando muchísimo.”
“ugh.
¡Ah! No es eso…… ah.”
Do-ha
volvió a lamerse los labios, saboreando la situación. No era en vano que
sintiera deseos de devorar a Yu-dam hasta los huesos.
De
Yu-dam emanaba un aroma dulce y penetrante. Su sed aumentaba y su pene
palpitaba de dolor. Las venas de su grueso pene se marcaban con un tono oscuro
y golpeaba su propio abdomen, exigiendo entrar en el orificio del omega.
Finalmente,
Do-ha presionó la parte interna de los muslos de Yu-dam y agachó profundamente
la cabeza. El dulzor del aroma ya hacía que su pene se sintiera entumecido.
Abrió
la boca y rodeó la entrada como si quisiera engullirla de un bocado. Al sacar
la lengua y lamer el interior, las suaves y resbaladizas paredes internas se
estremecieron.
“¡Ah,
no……! Do-ha, ahí……. Ah, ah, ahí no…… no lo hagas.”
Cuando
Do-ha comenzó a lamer alrededor de su entrada, Yu-dam se retorció al borde del
llanto. Aunque sus labios repetían mecánicamente que no, su cuerpo ya se había
abierto por completo hacia Do-ha. Sus feromonas estallaron como una presa rota,
inundando todo el entorno.
Con
cada movimiento de la lengua de Do-ha, la cadera de Yu-dam se elevaba y soltaba
gemidos agudos. A pesar de no saber qué hacer, la fuerza llegaba hasta la punta
de sus pies. Su entrada se contraía y relajaba con fuerza, embriagándose
involuntariamente con el estímulo de Do-ha.
El
aroma a algodón que flotaba por doquier parecía estallar en el aire, pidiéndole
que lo invadiera y lo manchara; cada célula de su cuerpo, desde los dedos de
las manos hasta los de los pies, se abría de par en par para absorber
rápidamente cada estímulo y feromona de Do-ha.
Cuando
el aroma amargo se derramaba sobre las mantas, el aroma dulce caía sobre él
inmediatamente después. Como si fuera a repetirse por la eternidad, las
feromonas de Do-ha dejaban su rastro sobre las de Yu-dam.
El
calor del celo, al chocar con los inhibidores, hacía que su temperatura
corporal subiera y bajara drásticamente de forma repetida. En cada uno de esos
momentos, su entrada expulsaba fluido a borbotones, y Do-ha lo lamió para
saciar su sed, como si estuviera bebiendo el elixir de la vida que tanto había
anhelado.
Un
calor abrasador quemaba el interior de Yu-dam y la sangre se concentraba en su
bajo vientre. El celo que los inhibidores habían intentado reprimir estalló
violentamente, y Yu-dam lloró al no poder creer lo que le estaba pasando. Sabía
que, si perdía el conocimiento en ese estado, el resultado inevitable sería
terminar entregándose a Do-ha.
“Hic.
Ah. Haa…….”
Finalmente,
el llanto se mezcló con los gemidos de Yu-dam. Extendió sus manos atadas hacia
Do-ha, como si lo llamara. Era un gesto lastimero, suplicando que lo mirara.
Al
final, Do-ha apartó la boca de su entrada y enderezó el torso. Echó la cabeza
hacia atrás, cerró los ojos e inhaló profundamente.
El
aroma dulce y denso que impregnaba el aire entró por su nariz y boca,
recorriendo todo su cuerpo a través de sus vasos sanguíneos. Al sentir con
tanta fuerza las feromonas de Yu-dam, su pene se excitó hasta el punto de
sentirse hinchado, como si fuera a estallar. Una sonrisa se dibujó en su rostro
ante ese dolor agudo.
Ah, maldita sea, Ha Yu-dam.
Solo
Ha Yu-dam era capaz de ponerlo así. Por eso, era imposible que no amara cada
parte de él. Incluso el dolor que sentía en su pene le resultaba grato.
Do-ha
comenzó a mover el pene de Yu-dam con su mano para inducir el clímax. La
cintura de Yu-dam volvió a temblar intermitentemente hasta que finalmente
eyaculó, esparciendo su deseo blanco.
Yu-dam
jadeaba mientras se limpiaba las lágrimas con brusquedad usando ambas manos.
“¿Ya
está bien? Vete de una vez. Voy a descansar.”
“Esto
apenas comienza. Si fuera a terminar solo con esto, ¿para qué crees que habría
atado las manos de mi esposo?”
“……Baek
Do-ha. No lleguemos tan lejos. ¿Sí?”
“Por
si acaso, no pienses que esto se acaba con una sola vez. Probablemente…… Ah,
no. Mejor ni siquiera contemos las veces.”
Yu-dam,
que yacía tendido por el agotamiento, se estremeció ante las palabras de Do-ha
e intentó alejarse de él.
Pero
no sirvió de nada; aquel pequeño forcejeo fue suficiente para avivar de nuevo
el sadismo de Do-ha.
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Do-ha
mostró una sonrisa radiante mientras sujetaba los tobillos de Yu-dam y tiraba
de ellos. A pesar de sus esfuerzos por resistirse, Yu-dam fue arrastrado con
demasiada facilidad bajo el cuerpo de Do-ha.
“No,
no…… No lo hagas. No lo hagas, Do-ha.”
“¿Pero
si tus feromonas dicen lo contrario? Tus feromonas no dejan de pegarse a mi
pene y siento que voy a estallar.”
“No
es cierto. No es así……”
“Ja…….
¿Quieres que te enseñe algo que no sabes?”
Do-ha
volvió a sujetar las piernas de Yu-dam para abrirlas y se acomodó entre ellas.
Al presionar con fuerza los muslos de Yu-dam, aparecieron marcas rojas de sus
dedos sobre la piel nívea. Era un cuerpo hermoso y provocativo, perfecto para
llenarlo por completo con su rastro.
“¡Ah!
No es cierto……. Do-ha, por favor……”
“La
verdad es que…… me excito con solo verte respirar. Me vuelves tan loco que
siento que voy a perder la cabeza.”
Do-ha
inclinó el torso y alineó la punta de su pene con la entrada.
Debido
a la tensión, la entrada de Yu-dam aún estaba muy cerrada, pero al frotar el
perineo y los alrededores con su pene empapado en fluidos viscosos, los
músculos rígidos comenzaron a relajarse y la entrada empezó a palpitar.
Aquella
entrada que se abría y cerraba le resultó adorable. Mientras tanto, de ella
brotó un chorro de fluido que esparció las feromonas de un omega en celo.
“No.
Por favor, Do-ha. Por favor, para.”
“Sí.
Nuestro esposo se ve hermoso incluso cuando suplica.”
Do-ha
dibujó una sonrisa marcada en su rostro y hundió su pene de un solo golpe. El
extremo de su pene, grande y grueso, atravesó la entrada de Yu-dam invadiendo
su interior.
“¡Agh!”
“Ah.
Mierda. Respira, Ha Yu-dam.”
Yu-dam
soltó un grito desgarrador ante un dolor que sentía como si le partiera el
cuerpo en dos a lo largo de la columna.
Su
mandíbula se elevó y todo su cuerpo tembló violentamente. Sus pupilas se
giraron hacia atrás y, al no poder respirar, sus músculos se tensaron hasta
quedar rígidos. Sintió una fuerte vibración en su cerebro y todo comenzó a
darle vueltas.
El
cuerpo de Yu-dam se tensó por la sorpresa, haciendo que su entrada se cerrara
con fuerza, pero solo podía sentir esa gruesa y abrumadora invasión en su
orificio totalmente expandido. El miedo a que su entrada se desgarrara cayó
sobre él como una cascada. Las lágrimas brotaron sin control.
En
todas las incontables veces que había imaginado ser poseído por Do-ha, jamás
existió un dolor capaz de desgarrar todo su cuerpo. Yu-dam lloraba amargamente
mientras solo podía pronunciar el nombre de Do-ha.
“Do-ha,
Do-ha. Ah…… Do-ha.”
“Ha
Yu-dam. Yu-dam, mírame. Reacciona. Estoy aquí.”
Do-ha,
por instinto, comenzó a besar repetidamente el rostro de Yu-dam para
consolarlo. Aunque era un hábito inconsciente, le resultaba tan natural como si
siempre lo hubiera hecho solo para él; era una cercanía tan íntima que ni
siquiera lo notaba de forma racional.
La
ternura de Do-ha estaba dirigida únicamente hacia Yu-dam. Aunque su entrada
atravesada seguía doliendo y causándole pavor, las feromonas de Do-ha lo
rodeaban con suavidad, como si intentaran calmarlo.
Los
músculos de su entrada estaban tan sobrepasados que apenas podía procesar el
dolor de forma clara. Al imaginar el pene de Do-ha, que a simple vista parecía
más grueso que un antebrazo, su cuerpo volvió a temblar.
“No……
No te muevas.”
“¿Ah,
sí? ¿Quieres que vivamos así para siempre? Bueno, por mí está bien.”
“Ah.
Te dije que no lo hicieras. ¡Hic! ¡No quería que nuestra primera vez fuera
así!”
Al
escuchar que no quería, Do-ha frunció el ceño. ¿Tanto lo odiaba como para
gritar y llorar de esa manera?
La
furia avivó la lujuria que ardía en su interior, y el enojo creció en un
instante hasta devorar a Do-ha. Rechinó los dientes mientras sentía un
torbellino en sus entrañas.
Las
paredes internas de Yu-dam, que mordían su pene con fuerza, terminaron de
caldear el ánimo de Do-ha. Esa ira ardiente se transformó en un deseo posesivo
y obsesivo, revelando su instinto más puro sin filtros.
No
importaba si él no quería. De todos modos, era su omega.
El
único omega capaz de aplacar esa sed abrasadora y ese celo que hervía en su
interior.
Ha
Yu-dam era la primera y última persona capaz de saciar su deseo y esa carencia
que parecía no tener fondo.
Si
antes no entendía por qué se había marcado unilateralmente con Ha Yu-dam, ahora
esa duda carecía totalmente de importancia.
No
necesitaba una razón. Si era Ha Yu-dam, no hacía falta nada más.
Simplemente,
por el hecho de existir, Yu-dam era el único capaz de ponerlo en ese estado.
Probablemente
por eso, en algún momento del pasado, su antiguo yo había decidido marcarse con
él de forma unilateral.
“Para
tener el pene de tu esposo metido ahí dentro, hablas con mucha ligereza.”
“……Maldito.
¿Tenías que decirlo así?”
Yu-dam
miró a Do-ha con los ojos rojos y lastimados. Las lágrimas acumuladas lo hacían
ver aún más desvalido.
Él
no entendía por qué Yu-dam intentaba alejarlo, pero aun así tenía que
acorralarlo con palabras crueles incluso en un momento como este. Ese amor no
correspondido, como una adicción, terminó enfermando todo su cuerpo a través de
sus estrechos capilares.
“No
voy a soltarte hasta que termine tu celo. No me importa si te gusta o no.”
“¿Por
qué……? ¡Ah! Es-espera…… ¡Ah! Do-ha, ah. Por favor, un momento……”
Antes
de que Yu-dam terminara de hablar, Do-ha retiró su pene y volvió a embestir con
brutalidad. Yu-dam derramó más lágrimas por la sorpresa, pero Do-ha, tal como
había advertido, no prestó la menor atención. Solo se concentró en hundirse
hasta lo más profundo de Yu-dam.
Empujó
y volvió a empujar, hundiéndose hasta la base. No escuchó los gemidos cargados
de llanto de Yu-dam hasta que su vientre plano se abultó ligeramente al
albergarlo por completo.
Solo
pensaba en dejar su rastro de forma obscena en cada rincón de esa entrada
sonrosada sobre la blanca piel de Ha Yu-dam.
Do-ha
ensanchó a la fuerza el estrecho camino de Yu-dam con embestidas violentas. Las
paredes internas, tensas al máximo, se humedecieron gradualmente mientras se
acostumbraban al pene de Do-ha.
Yu-dam
sentía miedo ante su entrada incapaz de cerrarse, pero al mismo tiempo comenzó
a notar un cosquilleo en lo más profundo de su interior.
Ese
calor enroscado hizo que abriera las piernas por voluntad propia. El instinto
de omega, que esperaba ser estimulado en ese punto preciso por el pene del
alfa, comenzó a removerse. Las paredes ardientes se abrieron más y envolvieron
el pene.
Ante
la presión de las paredes internas, Do-ha también sintió un dolor como si su
propio pene fuera a romperse, pero no le importó y siguió empujando hasta el
final.
Cuanto
más profundo llegaba, más fuertes eran los gemidos de Yu-dam, quien al mismo
tiempo pronunciaba el nombre de Do-ha sin cesar.
Era
como si en todo el mundo solo existieran ellos dos.
“Ah,
Do-ha, Do-ha. Ah……. ¡Ugh! Si no hacemos esto……. Ah. Para……. Baek Do-ha.”
Yu-dam
ni siquiera sabía lo que estaba diciendo. En medio del dolor, lo único que
podía hacer era llamar a Do-ha constantemente y aferrarse a él con todas sus
fuerzas.
Al
no poder aguantar más, intentó sujetar los gruesos brazos de Do-ha con ambas
manos, pero al ver sus muñecas atadas, rompió a llorar de nuevo. El hecho de no
poder siquiera aferrarse a la única persona en la que podía confiar lo llenaba
de terror.
“Do-ha.
Hic. Ah. Baek Do-ha……”
“Ah……”
Le
resultó adorable ver a Yu-dam llorando porque quería sujetarlo y aferrarse a
él. Mordió con fuerza esos labios pequeños y carnosos que no dejaban de
pronunciar su nombre.
Tras
tragar todos los gemidos que Yu-dam soltaba por el dolor, mordisqueó sus labios
y luego los lamió con la lengua.
“ugh.
Do-ha……. Esto…… ah. Yo, quiero sujetarte. Déjame sujetarte. Por favor. Do-ha.”
Do-ha
succionó los labios de Yu-dam con intensidad y luego procedió a desatar sus
muñecas. Como las había atado con fuerza para que no lo interrumpiera, el nudo
no cedía fácilmente. Do-ha maldijo entre dientes, tiró del centro de la tela y
la desgarró.
En
cuanto recuperó la libertad, las manos de Yu-dam se aferraron desesperadamente
a los antebrazos de Do-ha. Si se resbalaban por el sudor, volvía a sujetarlo;
si se soltaban, lo intentaba de nuevo.
Do-ha
llevó esas pequeñas manos que lo buscaban incesantemente hacia su espalda.
Cuando Yu-dam clavó sus uñas y dejó largas marcas rojas en su espalda, Do-ha
sintió aún más ternura por él.
Deseó
con todo su ser que el rastro único de Ha Yu-dam se grabara de forma profunda y
eterna en él, extendiéndose por todo su cuerpo.
Las
feromonas de Yu-dam, su voz, incluso sus gestos de dependencia absoluta hacia
él; todo era un placer y una euforia que solo el ser llamado Ha Yu-dam podía
provocarle.
“No
llores, Ha Yu-dam.”
Do-ha
lamió el contorno de los ojos de Yu-dam varias veces y lo besó repetidamente.
Eran esos besos dulces y tiernos que le daba desde que eran niños.
En
contraste, el pene de Do-ha, que ocupaba el interior de Yu-dam, aumentó aún más
su volumen.
“Ah,
¿por qué más……? Do-ha, esto es demasiado, ah. ¿Por qué se hace más grande……?”
“Porque
al verte llorar, me dan ganas de hacerte llorar más.”
“¿Qué……
qué dices? ¡Ah! ¡Duele! Espera…… ¡ah! ¡Mmh!”
Do-ha
soltó una risa baja y comenzó a embestir con una violencia arrolladora. Ante la
fuerza de las estocadas, Yu-dam sentía que todo su interior se sacudía sin
control. Era como recibir una paliza implacable que amenazaba con dar vuelta su
cuerpo desde adentro hacia afuera.
Yu-dam
lloraba a mares mientras se aferraba a Do-ha llamando su nombre.
“¡Ah!
¡Do-ha, Do-ha! ¡Ah! ¡Duele, por favor……! ¡Ah! ¡Baek Do-ha…… por favor, para…….
Ah!”
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De
repente, un placer tan nítido que le hizo olvidar incluso el dolor de la carne
desgarrándose atravesó el interior de su cuerpo.
Pensó
que tal vez lo había imaginado debido al dolor extremo, pero cuando Do-ha se
retiró y volvió a impactar con fuerza, un placer centelleante estalló
rápidamente ante sus ojos. Su pecho se elevó y la tensión llegó hasta la punta
de sus dedos.
“¡Ah!
Esto es extraño, ah. ¡Do-ha, ah! ¡Ah! ¡Haaa! No, Do-ha. Esto, ah. ¡Para……!”
Los
gemidos no dejaban de salir de la boca de Yu-dam. Mientras tanto, sus paredes
internas se contraían con fuerza mordiendo el pene de Do-ha. Con cada entrada y
salida feroz, el placer provocaba que el flujo brotara a borbotones desde su
interior.
El
líquido que fluía de Yu-dam empapó sus piernas y las sábanas por completo. El
sonido húmedo era explícito y lascivo, y los gemidos calientes que se mezclaban
en el aire se fundían con las feromonas, cayendo sobre el cuerpo de Yu-dam.
“Uff.
Ha Yu-dam, no hay nada que no hagas bien.”
“Ah.
¡Yo, ah! ¿Qué me…… ah? Es extraño……. Mi cuerpo…… está extraño, ¡ah!”
“Nuestro
esposo tiene una entrada demasiado sexy, ¿no crees?”
“Do-ha.
Ah, ah, ahí……! ¡Ah! Ahí es extraño, por eso para…… ¡ah! ¡Mmh!”
Ante
los incesantes gemidos, la saliva comenzó a escurrir por la comisura de la boca
abierta de Yu-dam. Do-ha la lamió ruidosamente como si no quisiera desperdiciar
ni una gota.
Al
ver a Yu-dam moviendo la cadera dócilmente a pesar de no saber qué hacer con
ese placer desconocido, la impaciencia de Do-ha aumentó. Quería llenarlo por
completo con lo suyo.
Deseaba
arrancar cualquier cosa que ocupara la mente de Yu-dam y reemplazarla con su
propia esencia.
Una
lujuria posesiva, casi frenética, hervía en todo el cuerpo de Do-ha. El deseo
ardiente que recorría sus venas lo impulsaba a acorralar más a Yu-dam y a
cubrirlo totalmente con sus feromonas.
“¡Ah!
¡Mmh! Do-ha. Ah, si paras ahí…… ¡Ah, haaa!”
“¿Dices
que pare mientras me muerdes con tanto gusto? ¿Que pare? ¿De verdad?”
Do-ha
siguió embistiendo con fuerza, pero luego presionó el punto máximo de Yu-dam y
comenzó a mover la cadera de forma circular y densa. La cintura de Yu-dam
volvió a sacudirse y sus paredes internas temblaron.
Aunque
él mismo había suplicado que parara, el movimiento denso de la cadera de Do-ha
le resultó cruelmente placentero. Al sentir que el placer que golpeaba su
interior desaparecía momentáneamente, su boca se secó.
“¡Ah!
Do-ha, por favor……”
“¿Sabes
una cosa?”
“Mmh……
Espera, ah, por favor…… ¡ah!”
“Desde
el principio no tuve ninguna intención de hacerte caso.”
“¡Ah!
No, espera, ahí ah…… Do-ha, Do-ha. Por favor. Ah……”
“Simplemente……
uff. Llora más, Ha Yu-dam. Tu cara de llanto es tan sexy que me pone
jodidamente caliente.”
Y
si abres más las piernas, mejor aún.
Ante
la voz baja de Do-ha, Yu-dam tembló levemente. Sintió como si esa voz lo
hubiera encadenado.
Cuando
Do-ha volvió a moverse, Yu-dam, siguiendo sus palabras, abrió las piernas y lo
recibió aún más profundo.
En
todo ese proceso no hubo pensamientos ni elecciones por parte de Yu-dam, ni
tampoco dudas. Simplemente, como si fuera lo más natural, se limitó a aferrarse
a Do-ha mientras estaba bajo su cuerpo.
Más,
más.
Incluso,
a medida que Do-ha lo presionaba más, sentía que su mente se derretía por
completo ante el placer ardiente.
Ya
no había nada que detuviera al omega en celo. Una vez que la barrera de los
inhibidores que lo habían reprimido desapareció, el instinto se desató con más
fuerza. El pene que antes le costaba aceptar, ahora lo sentía como una
necesidad abrumadora.
Siempre fue mi alfa.
Al
pensar que quien saciaba su celo era su propio alfa, cualquier rastro de razón
desapareció. A medida que su estrecha entrada apretaba más el pene, su alfa
embestía con más fuerza y violencia, golpeando su interior con toda su energía.
Mi alfa se excita al mirarme.
Un
placer abrasador y una catarsis absoluta inundaron la mente de Yu-dam y su
cuerpo encendido.
“Ah,
Do-ha. Ah, ¡ugh! Yo ahora…… ¡ah!”
De
repente, Yu-dam recordó el gran jardín detrás de su casa familiar. Cuando se
tumbaba en el suelo y miraba hacia arriba, el cielo azul y la luz del sol lo
inundaban todo.
Era
un secreto que le gustaba pasar tiempo allí porque ese cielo de verano se
parecía a Do-ha.
“¡Ah!”
La
tensión llegó hasta lo más profundo de su cuerpo. Contrajo su entrada con
fuerza mientras apretaba los dedos que tenía clavados en la espalda de Do-ha.
Un clímax blanco estalló sobre su vientre mientras el fluido brotaba
violentamente de su interior.
Do-ha
besó ruidosamente el rostro de Yu-dam, manchado de sudor y lágrimas.
Yu-dam
se quedó quieto intentando recuperar el aliento y, sin darse cuenta, llevó
lentamente la mano al rostro de Do-ha.
En
cuanto su razón regresó, lo primero que pensó fue que esperaba que Do-ha no se
arrepintiera.
“¿Podrías
reconsiderar lo de dejar marcas de uñas en mi cara? No me importa la espalda,
pero la cara me da un poco de miedo.”
“¿Eh?
Ah, no…… ¡no es eso! ¡No era mi intención!”
“Bueno,
no importa. De todos modos, yo voy a devorarte mucho más.”
“……¿Qué?”
“Ya
le avisaré yo al secretario Kang. El director Ha tiene que descansar unos días
más.”
Do-ha
soltó una carcajada y reanudó sus movimientos.
Fue
entonces cuando Yu-dam se dio cuenta de que el pene endurecido que invadía su
interior no había llegado al clímax ni una sola vez mientras él sí lo hacía.
A
medida que el rostro de Yu-dam se ponía pálido por el asombro, Do-ha sonreía
con más intensidad mientras se lamía los labios.
Enterró
su rostro en el cuello de Yu-dam, mordisqueándolo y haciendo florecer manchas
rojas sobre su cuerpo inmaculado. Cada vez que lo mordía o succionaba, el aroma
dulce y denso de las feromonas llenaba su boca, avivando su lujuria.
Es mi omega.
El
omega más puro y provocativo del mundo. El único que despierta en él ese deseo
retorcido de querer mancharlo solo con lo suyo, su único y exclusivo omega.
Do-ha,
sin siquiera ser consciente de los pensamientos que repetía en su mente,
continuó cubriendo a Yu-dam con sus feromonas una y otra vez.
Finalmente,
Yu-dam no pudo resistir más ante el placer desconocido y el enorme pene que
golpeaba su interior haciendo vibrar sus entrañas, y terminó perdiendo el
conocimiento.
A
pesar de ello, Do-ha seguía despertándolo y estimulándolo, llenando la entrada
de Yu-dam con su propia simiente. Al ver el rastro blanco que escurría del
orificio del inconsciente Yu-dam, Do-ha experimentó una catarsis y una euforia
que estallaron en todo su cuerpo.
Hasta
el momento en que alcanzó su último clímax pronunciando el nombre de Yu-dam y
sintió un escalofrío golpearle la mente, Do-ha se limitó a cumplir fielmente su
papel como un alfa dominante que se había marcado de forma unilateral.
Dando
rienda suelta a un deseo de posesión frenético, devoró a Yu-dam por completo,
de la cabeza a los pies.
*
* *
Yu-dam
tuvo un sueño.
Fue
un día poco antes de que comenzaran sus primeras vacaciones de verano tras
entrar en la escuela secundaria.
La
devoción de Do-ha, ese hábito de ser un ‘girasol de Yu-dam’ que había empezado
a los cinco años, seguía intacta en aquel entonces. Aunque estaban en clases
distintas, Do-ha siempre quería ir y volver de la escuela junto a él.
Por
supuesto, la costumbre de Yu-dam de hacerse el difícil tampoco había
desaparecido; siempre era Do-ha quien lo buscaba primero. Al entrar, aparecía
frente a la casa de Yu-dam; al salir, iba directo al salón de clases de su
hyung.
Aunque
cada uno tenía su propio chofer para los traslados, Do-ha se empeñaba en ir en
su auto hasta la casa de Yu-dam, para luego subir al coche de este y entrar
juntos al colegio.
Al
salir, hacía lo mismo: subía al auto de Yu-dam hasta llegar a su casa y, recién
allí, tomaba su propio vehículo, que lo esperaba, para regresar a su hogar.
Como
lo habían hecho así durante los seis años de la primaria, era algo tan natural
para ellos y para los adultos de su entorno que nadie sentía la necesidad de
cuestionarlo; era como respirar.
Yu-dam
solía fingir fastidio cada vez que esto pasaba, pero siempre remoloneaba y se
preparaba con lentitud hasta que Do-ha llegaba. Si se alistaba demasiado
pronto, parecería que lo estaba esperando.
Entre
sus compañeros ya eran famosos, por lo que a esas alturas ni siquiera era un
tema de conversación que valiera la pena mencionar.
Aunque
a medida que crecían aparecían algunos chicos traviesos que se burlaban, sus
comentarios no duraban mucho; en ese mundo, la jerarquía de los padres terminaba
dictando la jerarquía de los hijos.
Nadie
se atrevería a enemistarse con el Grupo Hansae o el Grupo Wonkyung.
Aquel
día estaba destinado a ser una jornada normal, de esas que ni siquiera quedan
grabadas en la memoria.
Al
escuchar la voz y los pasos de Do-ha, que venía corriendo por el pasillo
llamándolo por su nombre apenas terminaban las clases, Yu-dam solía guardar sus
cosas con indiferencia y salir del aula lentamente. Entonces, Do-ha aceleraba
el paso para alcanzarlo y se ponía a su lado.
−Espérame un poco, Yu-dam.
−¿Por qué debería?
−Ah. ¿Es así? ¡Está bien! ¡De ahora en adelante vendré más
rápido!
Era
un día cualquiera, compartiendo esa charla que se repetía a diario de camino a
casa.
Sin
embargo, ese día, extrañamente, no se escuchó la voz de Do-ha.
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Las
miradas de sus compañeros empezaron a caer sobre Yu-dam, que no salía del
salón. Él fingió tener tareas pendientes y organizó sus cosas con lentitud.
Incluso abrió la mochila que ya había cerrado, lo desparramó todo y actuó como
si buscara algo perdido.
A
medida que las miradas sobre él aumentaban, Yu-dam apretaba los dientes,
esforzándose por aparentar calma.
Baek
Do-ha, ven aquí ahora mismo.
Lo
estaba esperando para reclamarle.
Se
prometió a sí mismo que lo ignoraría descaradamente frente a todos los demás.
Ahora sabía que Do-ha no tenía la culpa de nada en aquel entonces, pero en ese
momento así se sentía.
Culpó
a Do-ha, pensando que no solo lo había hecho esperar, sino que además lo había
convertido en el hazmerreír de los otros chicos.
A
pesar de que nadie lo miraba con burla ni se mofaba de él, Yu-dam sentía que
había quedado en ridículo por culpa de Do-ha.
Finalmente,
cuando alguien le preguntó si no se iba a casa, respondió con fastidio que ya
se iba y salió solo del aula. Para entonces ya estaba furioso, jurando que no
perdonaría a Do-ha hiciera lo que hiciera.
Al
llegar a casa, cuando le preguntaron por qué venía solo, respondió irritado:
‘¡¿Por qué me preguntas eso a mí?!’ y se encerró en su cuarto. Tras pasar el
día rabiando, a la mañana siguiente salió de casa treinta minutos antes de lo
habitual.
Por
supuesto, cuando le dijeron: ‘¿Pero Do-ha todavía no ha llegado?’ él soltó un
grito de mal humor.
En
la escuela, el rumor de que Yu-dam había llegado solo se extendió rápido.
Respondía con aspereza a cualquiera que intentara dirigirle la palabra.
Incluso
cuando el rumor llegó a oídos de los profesores y estos le preguntaron al
respecto, Do-ha no apareció ante Yu-dam.
Yu-dam
pensó que Do-ha vendría corriendo en el recreo o en la hora del almuerzo, seguramente
con cara de llanto y aferrándose a él. No tenía dudas de que haría todo tipo de
mimos suplicando que lo perdonara.
Sin
embargo, hasta que terminaron las clases de ese día, Do-ha no apareció.
Fue
entonces cuando Yu-dam sintió ansiedad por primera vez. Se dio cuenta de que
Do-ha podía desaparecer de su lado.
Yu-dam
se quedó sentado en el aula hasta que todos sus amigos se fueron a casa y no se
escuchaba ni el más mínimo ruido en la escuela.
Se
quedó allí, en su sitio, esperando sin descanso hasta que pudo convencerse de
que, cuando volviera a ver a Do-ha, actuaría como si nunca lo hubiera esperado
ni buscado.
Aquel
día, la luz del sol de principios de verano no brilló en absoluto.
*
* *
Tras
despertar del sueño, Yu-dam se incorporó lentamente.
Sin
darse cuenta, el celo ya había llegado a su fin. Su cuerpo seguía alternando
entre ráfagas de calor y frío, pero pensó que simplemente era la consecuencia
de haberse sobreexigido al recibir a un alfa.
Bastaba
con bajar un poco la mirada para ver su cuerpo repleto de marcas de mordiscos y
succiones; además, cada vez que se movía, sentía el ardor de las laceraciones
en su entrada.
Incluso
estaba cubierto de sudor mezclado con restos de semen que se habían endurecido
sobre su piel, ensuciándolo todo. Si alguien lo viera, no tendría palabras para
defenderse si se burlaran preguntándole si había estado rodando en un campo de
esperma.
Bueno,
considerando que las sábanas también estaban llenas de manchas blanquecinas de
las que ya no se podía distinguir el dueño, la idea no era del todo
descabellada.
Aun
así, se preguntó qué clase de modales eran estos.
No
solo el dormitorio, sino toda la casa estaba sumida en un silencio absoluto.
Sentía que cualquier ruido que él hiciera resultaría una molestia.
Supuso,
por supuesto, que Do-ha se habría ido a trabajar. Hoy era lunes y, si todo
hubiera salido según el plan original, él también habría terminado su celo con
inhibidores para asistir a la oficina.
Yu-dam
se mordió el labio inferior. Presionó su pecho, que comenzaba a sentirse
pesado, y finalmente dejó caer su cuerpo sobre las sábanas sucias.
Más
que recostarse, sería más exacto decir que se desplomó, pero en cualquier caso,
Yu-dam tuvo que apretar los dientes contra su labio al mirar el lugar vacío a
su lado. Sabía muy bien que, de no hacerlo, las lágrimas contenidas terminarían
por estallar.
No
sabía si su corazón se había debilitado por el dolor físico, o si sentía dolor
físico porque su corazón estaba débil.
Yu-dam
cerró los párpados, sorprendido por su propio aliento que se calentaba
rápidamente. Al hacerlo, las lágrimas acumuladas se deslizaron, como si le
reprocharan con resentimiento el haberlas dejado caer.
A
pesar de haber olvidado su orgullo para aferrarse a Do-ha mientras lloraba,
parecía que Baek Do-ha se había marchado en cuanto terminó el celo, como si ya
hubiera concluido su asunto.
De
pronto, recordó el final del sueño que acababa de tener.
Aquel
día, Do-ha no fue a casa de Yu-dam sino hasta el atardecer.
Dijo
que un compañero de clase había sido golpeado en la cabeza por una pelota de
baloncesto que él mismo lanzó, por lo que tuvo que llevarlo al hospital,
esperar a que le hicieran los estudios y confirmar que estaba bien antes de
regresar.
Ante
la pregunta del padre de Yu-dam sobre por qué no avisó antes, él respondió:
‘Como los tutores también estaban en el hospital, pensé que mi madre ya le
habría avisado a la casa de Yu-dam’.
Al
volver a su hogar, se dio cuenta de que su madre también pensó que Do-ha se
habría comunicado, por lo que nadie avisó nada; por eso salió corriendo hacia
allí de inmediato.
Yu-dam
le gritó a ese Do-ha que, como nunca lo había esperado, no hacía falta que
viniera corriendo. No olvidó añadir su irritación, diciéndole que lo molestaba
por tonterías. Incluso cuando Do-ha se disculpó varias veces, él le gritó que
ya parara de una vez.
Sin
embargo, esa noche, mientras pensaba en Do-ha, sintió alivio por primera vez.
Sin saber que un día como hoy llegaría, solo pensó que debía advertirle
seriamente que, si volvía a hacerlo, no lo vería nunca más en la vida.
Creyó
que nunca más volvería a quedarse solo en un aula vacía.
“Ciertamente
no es un aula.”
Yu-dam
apretó los puños con fuerza al recordar aquel día. Sus uñas se clavaron en sus
palmas.
Deseó
que el dolor que calaba hondo en un rincón de su pecho se trasladara a sus
manos, pero el sufrimiento solo se duplicó. Como si el hecho de estar en casa y
no en el colegio hiciera que la soledad regresara con más peso.
A
esto se sumaba el malestar físico, haciendo que a Yu-dam le costara incluso
respirar.
Aunque
ya no estaba en celo, la fiebre subía y bajaba constantemente. Al sentir que la
cabeza le daba vueltas, se dio cuenta de que probablemente estaba enfermando
por el agotamiento.
Sintiendo
que la pegajosa suciedad hacía que su cuerpo doliera más, se incorporó a la
fuerza. Cada vez que se movía, sus músculos protestaban con dolor.
Su
entrada se sentía pesada, como si todavía estuviera dilatada. Con la idea de
sumergirse en la bañera, logró salir de la cama. En ese instante, el semen que
aún quedaba en su interior resbaló de su entrada mal cerrada y cayó al suelo
con un sonido sordo.
“……Es
que no puedo evitar maldecir.”
En
esa situación, ni Do-ha ni él habían pensado en un condón, pero al menos Do-ha
no estaba allí para verlo.
Yu-dam
se estremeció ante la soledad que volvía a consumirlo y apresuró el paso. Con
cada movimiento, el semen goteaba, obligándolo a morderse los labios y
esforzarse por ignorarlo.
Presionó
con firmeza su corazón, que ya empezaba a dolerle. Al hacerlo, se le hizo un
nudo en la garganta y la punta de sus dedos tembló levemente.
El
dolor que había reprimido como una medida temporal finalmente escapó de su
control para reclamar su presencia. Y en cada aliento que exhalaba, se percibía
una profunda amargura.
Nada
más entrar al baño, Yu-dam comenzó a llenar la bañera. El sonido del agua
cayendo a borbotones llenó la estancia, aturdiéndole los oídos rápidamente.
Antes
de que el agua le llegara a los tobillos, se metió dentro y se sentó encogido.
Yu-dam inhaló profundamente mientras recordaba aquel día en su sueño.
Al
igual que entonces, tenía que fingir que no pasaba nada. Que al abrir los ojos,
era normal que no hubiera nadie a su lado.
Debía
actuar como si no le importara saber a dónde se había ido, como si nada hubiera
ocurrido. Lo hacía por su propio bien, por ese yo que tanto entonces como ahora
temía perder a Do-ha.
Pronto
el agua chapoteó sobre sus empeines. Yu-dam tomó agua con las manos y se los
mojó. Mientras acariciaba su tobillo interno, justo en el hueso que había sido
mordisqueado incesantemente, volvió a pensar en el Do-ha de anoche.
Como
si le resultara delicioso, Do-ha había mordido cada lugar donde sus labios
tocaron, dejando rastros grandes y pequeños por todo su cuerpo. Incluso se
mostró orgulloso tras dejar marcas de dientes en el lateral de su pie
izquierdo, justo donde tenía el tatuaje.
Como
Yu-dam se resistió hasta el final a decirle qué significaba, Do-ha lo mordió con
fuerza, diciendo que no le gustaba ese misterio. Parecía dispuesto a devorarlo
todo sin dejar ni los huesos.
Aun
así, gracias a eso, pensó que fue un acierto no revelarle que había formado un
vínculo con él. El hecho de que no estuviera aquí ahora debía significar que se
arrepentía de haberlo poseído.
No.
No
era eso.
Preferiría
que, como les ocurre a otros, Do-ha sintiera un dolor de muerte si su pareja de
vínculo no estuviera presente. Así, Yu-dam podría aferrarse a él gritándole:
‘¡Ya lo ves! No puedes estar sin mí, ¿verdad?’.
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Incluso
quiso decirle la verdad como si fuera una broma: que si se había vinculado sin
amor, volvería a quererlo aunque ahora no lo recordara.
Deseaba
que para él también hubiera un lugar al lado de Do-ha.
Yu-dam
echó la cabeza hacia atrás y se tragó las lágrimas.
Tal
vez realmente debería dejarlo ir. Después de todo, un vínculo no significaría
nada para alguien como Do-ha.
*
* *
Mientras
Yu-dam chasqueaba la lengua mirando la tablet, una taza de té fue colocada con
cuidado a un lado del escritorio.
Él
observó fijamente el té del que emanaba vapor y luego levantó la vista hacia el
jefe de secretaría, que permanecía de pie frente a él.
¿Té
caliente con este clima?
Aunque
no pudo preguntar debido a un repentino ataque de tos, el jefe de secretaría,
captando la pregunta en su mirada, acercó la taza un poco más hacia él. Fue una
respuesta silenciosa para una pregunta muda.
“Parece
que este celo ha sido difícil.”
“¿Gracias
a quién cree?”
“¿Se
refiere a mí?”
“Gracias
al secretario Kang, toda mi familia irrumpió en mi casa.”
“Ah…….
Mi intención…… no era esa.”
El
secretario Kang inclinó levemente la cabeza en señal de disculpa.
Yu-dam
intentó dejarlo pasar con una leve sonrisa, pero la tos volvió a atacarlo,
obligándolo a girar la cabeza hacia el otro lado.
Por
alguna razón, sintió un sabor metálico a sangre en la boca y soltó un corto
suspiro. Si Do-ha se enteraba de esto, seguramente se burlaría diciendo que era
por haber llorado tanto.
“Sería
mejor que descansara unos días más.”
“Es
solo agotamiento. No es nada grave, así que no hay necesidad de contactar a mi
hyung por esto.”
“……Sí.”
Tras
dudar un momento, el secretario Kang finalmente habló ante la mirada
inquisidora de Yu-dam.
Mientras
ajustaba sus planes para contactar solo al médico de cabecera, Yu-dam dejó la
tablet sobre el escritorio con un golpe seco.
“Por
cierto, ¿qué es esto?”
“¿Hay
algún problema?”
“El
salón VIP. Cambie al responsable.”
“No
hemos recibido quejas específicas, ¿tiene alguna dirección distinta en mente?”
“Es
impecable y ordenado, pero aburrido. Si un VIP entra ahí, ¿qué cree que
pensará?”
Para
los clientes con un nivel superior al VIP, el dinero no era un problema en
absoluto.
Ofrecerles
un lugar tranquilo y cómodo era lo mínimo; el trabajo del responsable del salón
VIP era estimular su deseo de compra y hacer que quisieran gastar dinero allí.
Después
de todo, para un cliente VIP, el acto de comprar en sí mismo debía ser una
forma de aliviar el estrés o de sentir placer y felicidad.
No
necesitan preocuparse por cuánto cuesta el producto o cuál de los dos es mejor
comprar. Simplemente, si quieren algo, lo compran.
No
se podía permitir que esas personas percibieran la tienda departamental como un
lugar aburrido. A menos, claro, que quisieran cerrar el negocio y dejar a todos
los empleados en la calle.
“Tomaré
medidas de inmediato.”
“Y
también, cof, cof.”
La
tos se volvía cada vez más frecuente. La fiebre seguía subiendo y bajando, y
cada vez que subía, sentía que la vista le daba vueltas. Si cerraba los ojos y
tomaba un respiro, la fiebre bajaba y se sentía mejor, pero eso solo
significaba que podía seguir moviéndose de manera mecánica.
Parecía
que su cuerpo se había resentido más de la cuenta por haber aguantado tanto solo
por no querer tomar medicamentos.
“Lo
llevaré a su casa. Llamaré al doctor Kim de camino para que pueda ser examinado
en cuanto llegue.”
“Haa…….
Hagámoslo en un momento. No pasará nada por posponerlo un poco.”
Yu-dam
echó la cabeza hacia atrás y se apoyó en la silla. Sabía que debía descansar,
tal como decía el secretario Kang, pero no podía quedarse quieto sin hacer
nada.
Cada
vez que cerraba los ojos, escuchaba la voz de Do-ha. Los gruñidos de esa fiera
que se deleitaba explorando su cuerpo y que sentía satisfacción al saciarse,
despertaban cada una de sus células.
El
silencio que vino después fue una forma de violencia, y la calma se convirtió
en terror. Todo porque aún no había podido ver a Do-ha después de aquello.
Do-ha
lo estaba evitando meticulosamente, y cada vez que Yu-dam lo sentía, percibía
un frío glacial en todo su cuerpo.
La
primera vez que se dio cuenta de que Do-ha no había regresado a casa, Yu-dam se
desplomó allí mismo, abrazándose a sí mismo con ambos brazos para intentar
retener el calor que se le escapaba. Fue la primera vez que sintió que uno
podía morir congelado incluso en pleno verano.
En
la medida de lo posible, no quería estar en casa, y ni siquiera en la oficina
quería descansar. O mejor dicho, tenía miedo de cerrar los ojos.
El
recuerdo de aquel día se estaba convirtiendo en un lago en pleno invierno que
lo arrastraba lentamente. Sentía que caería en él y que moriría congelado o
ahogado.
“Llamaré
al doctor Kim para que venga aquí. Nadie deja de lado su salud cuando está
enfermo.”
“Mejor
vaya y cuénteselo a todo el mundo. Cuénteselo a mi hyung, a mi padre y también
a mi abuelo.”
“Si
lo hago, ¿se dejará examinar?”
Yu-dam
abrió los ojos con incredulidad. Sin embargo, al ver al secretario Kang
esperando su respuesta con rostro imperturbable, ni siquiera pudo enojarse.
Debido
a los años que llevaban juntos, el secretario Kang lo conocía demasiado bien y
manejaba los asuntos exactamente a su gusto. Aunque, a veces, ese manejo de las
cosas era para su bien pero no de la forma que él quería, lo cual resultaba un
problema.
“Secretario
Kang. ¿El salario anual que le doy es poco?”
“Para
nada.”
“¿Entonces
recibe un salario doble? De mi familia y de mí.”
“No.
Aunque si me lo ofrecieran, estaría dispuesto a aceptarlo con gusto.”
Finalmente,
Yu-dam soltó una risa amarga y sacudió la cabeza.
Sentía
los ojos calientes; parecía que esta vez la fiebre no bajaría fácilmente.
Cuando el dolor de cabeza comenzó a punzar, se dio cuenta de que no podía
seguir aguantando.
Si
tuviera un organismo que aceptara bien las medicinas, habría intentado resistir
tomándolas, pero en momentos así odiaba tener una constitución diferente a la
de los demás.
No
es que no pudiera tomar medicamentos en absoluto, pero al final, ya fuera en el
hospital o en casa, el dolor solo se detenía con una inyección. Debido a eso,
no tenía más remedio que ir a ese lugar que tanto detestaba, lo cual hacía que
odiara los hospitales cada vez más.
“Cof,
cof.”
Yu-dam
se tapó apresuradamente la boca con un pañuelo mientras tosía. Sintió que algo
subía desde su interior y frunció el ceño pensando que ahora también tenía
flemas.
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“Prepare
el auto.”
Se
levantó de su asiento y se quitó el pañuelo de la boca. Iba a guardarlo en su
bolsillo, pero al notar un rastro rojizo, extendió el pañuelo que había
arrugado. Una sangre de color rojo intenso lo estaba manchando gradualmente.
Incapaz de creerlo, miró alternadamente el pañuelo y al secretario Kang.
¿Acaso
acabo de... toser sangre?
“¡Preparen
el auto de inmediato! ¡Rápido!”
El
secretario Kang I-hyeon, sorprendido, gritó hacia la oficina de secretaría como
si estuviera dando una orden urgente. Cada segundo contaba.
Yu-dam
miró atónito al secretario Kang y parpadeó sin darse cuenta. La oscuridad
comenzó a extenderse desde sus pies y su visión se volvió borrosa.
“¡Señor
director!”
Su
vista se oscureció por completo y perdió las fuerzas. Le pareció haber chocado
con algo duro, pero en medio de su conciencia que se desvanecía, la sensación
no era clara.
Mientras
escuchaba la voz desesperada del secretario Kang, Yu-dam esbozó una leve
sonrisa sin darse cuenta.
Se
debía a que le alegraba el hecho de que, finalmente, Do-ha ya no tendría excusa
para seguir evitándolo.
