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El cielo azul se
extendía alto y sin una sola nube, mientras los árboles mecían sus hojas verdes
brillantes con el susurro del viento. La luz cegadora del sol se filtraba por
cada rincón, esparciendo polvo de oro para que ni el sitio más apartado quedara
en las sombras.
Aunque el sol pegaba
con tal fuerza que llegaba a deslumbrar, nadie se sentía incómodo; al
contrario, todos soltaban exclamaciones de admiración. El sol se había
convertido en la iluminación perfecta, logrando que los protagonistas de hoy lucieran
aún más radiantes y bellos, como si brillaran con luz propia.
El clima era
espectacular, como si bendijera a la pareja, y gracias a ello, la madre de
Do-ha, la señora Nam Hae-joo —quien había cambiado el concepto de la boda
varias veces—, estaba sumamente satisfecha. Para lograr esta boda perfecta,
había recorrido todos y cada uno de los hoteles y salones de Seúl. Supervisó
personalmente desde el lugar de la ceremonia hasta la ambientación de la sala
de espera de los novios.
Incluso llegó a
cancelar contratos en lugares donde ya había calculado el tamaño y la cantidad
de luces que caerían sobre el camino de flores, solo porque el escenario de los
músicos le parecía anticuado, para luego buscar otro sitio y volver a
contratar. Por supuesto, ese nuevo lugar tampoco duraba mucho antes de que
cancelara por otra razón y eligiera uno nuevo.
Tras repetir esto
varias veces, se dio cuenta de que no quedaba ningún lugar en Seúl capaz de
materializar sus sueños. Acto seguido, contactó al Hotel JJ, socio comercial de
larga data del Grupo Wonkyung. Reservó todas las habitaciones y el jardín
exterior del hotel para este día, y comenzó la tarea de seleccionar a los
invitados que serían trasladados hasta Jeju.
Como no era una boda
que necesitara a una multitud, Nam Hae-joo quería llenar los asientos solo con
el número justo de personas. De hecho, detestaba la idea de una boda atestada
de gente del mundo político y empresarial, proveedores de todo tipo y prensa
acosando. Estaba convencida de que una ceremonia grandiosa en Jeju, invitando
solo a unos pocos elegidos, sería mucho más hermosa. Incluso la familia de
Yu-dam estaba asombrada por la arrolladora iniciativa de la señora Nam.
Y justo ahora, ella se
sentía orgullosa de sí misma, confirmando que su instinto y su elección habían
sido los correctos.
"……Es
increíble."
"¿Por qué?"
A diferencia de su
madre, los protagonistas de la boda no sentían ninguna emoción especial al ver
el grandioso y lujoso lugar de la ceremonia. Para Do-ha, no era la boda que
deseaba, y el solo hecho de haber tenido que volar hasta Jeju para casarse
hacía que, aunque el salón estuviera bañado en oro, nada le llamara la
atención. En cambio, Yu-dam estaba demasiado tenso ante la realidad de comenzar
una vida matrimonial con Baek Do-ha como para fijarse en otra cosa.
"No puedo creer
que me esté casando con Ha Yu-dam."
"Si vas a estar
lloriqueando, sal a hacerlo afuera."
"No es eso, es
que... simplemente no se siente real."
'Bueno, es cierto.'
Yu-dam asintió,
concordando con las palabras de Do-ha. Él tampoco había imaginado que llegaría
este día, por lo que no pudo creerlo del todo hasta que puso un pie en el lugar
de la boda. Era como si no pudiera procesarlo físicamente. Sentía que solo
cuando caminara por el pasillo central para hacer su entrada, pensaría: 'Ah,
realmente me estoy casando'.
"Te lo advierto
de antemano: frente a nuestros padres vamos a actuar como si nos lleváramos
bien. Esto no cambia los términos de nuestro trato."
"Eso debería
decírtelo yo a ti. El que anda viendo a su exnovio bajo el lema de '¡ahora
somos amigos!' no soy precisamente yo, ¿verdad?"
Yu-dam hizo una mueca
de fastidio, pero al cruzar la mirada con Do-kyung, el hyung mayor de Do-ha que
observaba hacia la sala de espera desde lejos, forzó una sonrisa en sus labios.
Era una mirada que siempre ponía a uno tenso. Por supuesto, Yu-dam conocía el
afecto que contenía esa mirada tras tantos años de conocerse, por lo que no le
resultaba pesado ni incómodo. Sabía que, en este momento, Do-kyung se sentía
apenado y agradecido con él y que, independientemente de todo, seguía
teniéndole cariño. Aunque su propio hermano menor, Do-ha, solía horrorizarse
preguntando dónde veía afecto en esa expresión tan ruda.
"Oye."
"¿Qué?"
"……¿Por qué no lo
dijiste desde el principio?"
"¿El qué?"
Yu-dam volvió a
fruncir el ceño al ver a Do-ha intentando hablar con una dificultad impropia de
él. Era increíble cómo lograba que se irritara cada vez que veía su cara.
Luego, al ver a su propio hyung, Jung-jin, quien lo miraba burlonamente desde
lejos, sacudió la cabeza de lado a lado.
Mientras tanto, Do-ha
se humedeció los labios con la lengua antes de volver a hablar con esfuerzo.
"Este matrimonio.
Dijiste que lo hacías por la herencia de tu abuelo. Dijiste que el presidente
Ha solo había aceptado el capricho de mi madre por eso."
'Ah…….'
Yu-dam echó una mirada
fugaz fuera de la sala de espera. Los invitados que querían felicitarlo ya
habían pasado. Quienes debían asistir a la boda habrían bajado a Jeju ayer como
muy pronto, y dada la ubicación, no parecía que fuera a haber invitados que
pasaran solo un momento de visita.
Yu-dam lo pensó un
instante, se levantó y corrió el dosel que decoraba la sala de espera. No es
que eso impidiera que se oyera lo que decían dentro, pero era una señal
suficiente para que los demás entendieran que necesitaban un momento de
privacidad.
"¿Qué
haces?"
"No hay necesidad
de que otros escuchen lo que tienes que decir ahora."
"¿Y hay necesidad
de que los demás sepan que estoy a solas contigo?"
"……Baek
Do-ha."
"Está bien. ¿Y
bien? ¿Por qué llegaste a ese extremo?"
Yu-dam miró fijamente
el dosel blanco. Le resultaba extraño cómo el espacio se separaba del exterior
en un instante. Podía oír sin filtros la música suave y las voces alegres de la
gente afuera, pero incluso eso se sentía irreal. Pensó que la vida matrimonial
con Baek Do-ha sería probablemente así. El mundo exterior seguiría fluyendo
igual, mientras que Do-ha y él se quedarían estancados, sin intención de
aceptar el cambio. Y si una parte llegaba a pudrirse, simplemente habría que
extirparla. Nadie sabía si sería él o Do-ha.
"Si lo
decía."
"¿Qué?"
"Digo que, si lo
hubiera dicho, ¿qué habría cambiado? Tú habrías seguido lloriqueando para
convencer a tu madre, y ella habría ideado otra forma de venir a mi casa."
"……"
"De todos modos,
fue una decisión que mi abuelo y mi padre tomaron tras meditarlo. Decidieron
casarme porque consideraron que valía la pena. Por mucho que tu madre
insistiera, si ellos no hubieran querido, jamás habrían aceptado ese
capricho."
Nadie era
completamente inocente en este asunto. Al final, él también había aceptado para
poseer, aunque fuera un poco, a la persona que amaba en secreto. Incluso si eso
significaba ver esa cara de asco cada vez que lo miraba. Pensó que era mejor
hacerlo y arrepentirse que lamentarse en el futuro por no haberlo intentado. Si
después de darlo todo llegaba el día del arrepentimiento, al menos no se
sentiría culpable con sus propios sentimientos.
Si Do-ha realmente lo
hubiera odiado tanto, debería haber expresado su opinión por cualquier medio.
Incluso podría haber salido corriendo del salón de bodas ahora mismo. Pero
aceptó la propuesta de su madre porque no podía renunciar a su familia ni a Kim
Si-woo. Pensó que, si aguantaba solo tres años, podría pasar el resto de su
vida con la persona a la que le prometió un futuro.
"Yo... en
cualquier caso, no haré nada que afecte a tu familia. Independientemente de
este matrimonio, tu madre y tu padre me agradan."
Y también sus
hermanos, Do-kyung y Do-won. Yu-dam sonrió al recordar a los dos hermanos
mayores. Aunque tenían personalidades opuestas, ambos lo querían a su manera.
Si Do-ha no hubiera existido, quizá sus padres le habrían preguntado si quería
casarse con uno de ellos. No es que pudiera imaginarse formando un hogar con
ninguno de los dos, pero Do-kyung y Do-won lo apreciaban lo suficiente como
para que sus padres llegaran a mencionarlo en tono de broma.
Do-ha desvió la mirada
ante la sonrisa de Yu-dam. Visto así, tal como decía Do-kyung, era el candidato
perfecto. Se conocían desde niños, las familias tenían trato y Yu-dam trataría
bien a los suyos. Cualquiera lo vería como el cónyuge ideal: linaje,
apariencia, rasgo.
El problema era que,
al pensar en Yu-dam, a Do-ha le hervía la sangre y se irritaba. Especialmente
detestaba ese carácter burgués de alguien que, habiéndolo tenido todo sin
esfuerzo, consideraba natural reinar sobre los demás. Por esa sola razón
ignoraba y menospreciaba a los que tenían menos, sin siquiera ser consciente de
ello. A Do-ha le desagradaba todo eso de Yu-dam.
"Yo... hmph. Está
bien, haré un esfuerzo. No es que tu familia me caiga mal."
Era justo que él
también se esforzara. La familia de Yu-dam era un asunto aparte, y sobre todo,
no debía olvidar que este era un matrimonio por conveniencia. Con la unión de
ambas familias, el valor de ambos grupos subió aún más, y las empresas de todo
el mundo vigilaban de cerca los proyectos que emprenderían juntos. Con un valor
empresarial de billones, se pronosticaba que nadie en el país podría hacerles frente.
Solo pensando en todo lo que estaba en juego, Do-ha necesitaba actuar con más
madurez.
Según las palabras de
Hae-joo, si no hubiera sido Yu-dam, lo habrían casado con alguien de otro
grupo, y en ese caso, quizá Yu-dam fuera mejor opción. Al fin y al cabo, Ha
Yu-dam era el único que aceptaría divorciarse dócilmente después de tres años
según lo pactado. Por eso, en lugar de soltar una respuesta cortante, coincidió
con Yu-dam diciendo que se esforzaría. El matrimonio no era cosa de uno. Era
una transacción donde se intercambiaba lo necesario con más precisión que en
cualquier otro trato. Al decir que se esforzaría, no lo hacía simplemente por
salir del paso. Después de todo, recordaba que la familia de Yu-dam también lo
quería de niño, así que pensó que podría hacerlo bien.
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"Aguántate que mi
hyung te odie. Tú eres el que dio los motivos."
"¿Qué? ¿Yo qué
hice?"
"¿Qué hyung en
este mundo querría a alguien que mira a su hermanito con esos ojos de podrido
cada vez que lo ve? Si no te gusta, cámbiate los ojos."
"Ojos... ja.
¿Podrías empezar por cambiar esa forma de hablar?"
"A buenas horas
te pones a criticar mi forma de hablar. No hagas un drama. Nuestros padres
saben perfectamente qué clase de relación tenemos."
Do-ha se levantó de un
salto ante las palabras de Yu-dam. Acto seguido, apartó el dosel que Yu-dam se
había esmerado en cerrar y asomó la cabeza hacia afuera. En ese mismo instante,
sus ojos se encontraron con los de Jung-jin, el hermano de Yu-dam, que casualmente
miraba en esa dirección.
Parecía que había
estado vigilando todo el tiempo por si Do-ha intentaba algo ahí dentro. Es más,
Jung-jin no tenía la menor intención de ocultar que los estaba observando; al
cruzar miradas, entornó los ojos y respondió con una expresión afilada.
"…… ¿Por qué me
odia tanto?"
"Porque tú me has
mirado así todo este tiempo."
"¿Yo?"
"…… ¿Acaso crees
que ahora es diferente?"
"¿Dices que sigo
haciéndolo?"
"Cada vez que me
miras, tienes esos mismos ojos. Y no lo digo por molestarte, es que esa mirada
es la que mejor te define."
¿En serio? Do-ha soltó
el dosel con rudeza. La fina y vaporosa tela ondeó con fuerza ante el impacto.
Temiendo que la madre
de Do-ha se entristeciera al ver arruinado algo que decoró con tanto esmero,
Yu-dam se acercó y acarició suavemente la tela blanca. Por suerte, no parecía
rota ni dañada.
Yu-dam acarició el
tejido con ternura antes de apretarlo con fuerza en su puño. Sintió un nudo en
la garganta y se le cortó la respiración. Una relación donde una parte se
esfuerza por destruir y la otra intenta, al menos por fuera, que todo parezca
intacto.
Yu-dam pensó que su
vida matrimonial sería exactamente como ese dosel. Esa tela delgada y frágil
parecía que iba a rasgarse en mil pedazos en cualquier momento, perdiendo su
propósito original. El dosel, que colgaba precariamente y se agitaba con la más
mínima brisa, era el vivo retrato de su matrimonio con Do-ha.
"No te pido que
seas el favorito de todos como yo, pero al menos ten algo de tacto frente a mi
abuelo."
Se mordió el labio y
tragó saliva. Su garganta, que se sentía a punto de agrietarse, se alivió por
un instante.
"El presidente
Ha…… últimamente se pone muy serio cada vez que me ve."
"Él sabe
perfectamente todo el escándalo que hiciste porque no querías casarte. No
esperes que te mire con buenos ojos por ahora."
Yu-dam se dio la
vuelta, ocultando su expresión y fingiendo indiferencia.
La madre de Do-ha
había puesto mucho empeño en este lugar. Al ser lo primero que verían los
invitados al llegar para felicitarlos, insistió en que debía ser memorable, por
lo que hizo construir un cenador temporal. Alrededor del cenador, plantó
rosales en tonos pastel para que pareciera que uno entraba en un jardín de
rosas. Además, justo al entrar, colocó sillas alineadas para los novios,
asegurándose de que los protagonistas de hoy destacaran.
No había un solo rincón
que no hubiera pasado por sus manos. Y en un lugar así, Do-ha estaba
repantigado, sin rastro de parecer un novio a punto de casarse, deslizando el
pulgar por la pantalla de su móvil con expresión vacía. Solo por el hecho de
que la persona con la que caminaría por el pasillo central era Ha Yu-dam.
'Maldito seas. El que
se olvidó de todo fuiste tú, ¿por qué haces sufrir a los demás?'
Tragándose las
palabras que no podía reclamar, Yu-dam regresó a su asiento. Al dejarse caer
con el cuerpo pesado, Do-ha habló sin apartar la vista del teléfono.
"¿Tanto quieres a
tu abuelo? ¿Suficiente como para casarte solo porque él te lo pide? Es tu vida
la que está en juego, al fin y al cabo."
"No actúes como
si para ti fuera distinto. Además…… yo ya contaba con que tendría un matrimonio
arreglado. Aunque nunca imaginé que sería contigo."
"¿Acaso los
matrimonios por conveniencia están de moda últimamente? ¿Soy el único que no
sigue la tendencia?"
"¿Por qué? ¿Quién
más se casa?"
"Mi hyung mayor.
Dice que están buscándole a alguien que esté a su nivel."
A pesar del tono
sarcástico de Do-ha, Yu-dam simplemente asintió, concordando con sus palabras.
Ciertamente era una elección propia de Do-kyung, alguien que amaba lo racional.
Yu-dam pensó que, de no haber sido por Do-ha, él habría hecho lo mismo. Es más,
podía asegurar que la mayoría de los miembros de la alta sociedad pensaban así
respecto al matrimonio.
"No está mal.
Creo que es mejor casarse y entregarle el corazón a tu pareja con el tiempo. En
lugar de esperar a que aparezca alguien a quien ames, vivir con una buena
persona e ir queriéndola poco a poco es una opción válida."
"Parece que yo
era el único que no sabía que era la moda."
"¿No puedes dejar
ese tono burlón? ¿Acaso todos tienen que ser como tú? Cada uno tiene su forma
de vivir, ¿está mal si no viven como tú?"
"¿Por qué te
alteras? No empieces con tus ataques a cada momento."
"Es tu actitud la
que provoca esos ataques. No actúes como si algo estuviera mal solo porque no
encaja en tus estándares. Cada vez que desprecias y ninguneas a la gente, ¿cómo
esperas que no reaccionen?"
"¿Por qué culpas
a los demás de tu carácter retorcido?"
"Cualquiera diría
que tú tienes un carácter maravilloso."
"Sí. Mejor que el
tuyo, seguro."
Yu-dam, indignado por
las palabras de Do-ha, estuvo a punto de replicar, pero se detuvo y apartó el
dosel. La sala de espera, decorada con tanto esmero con rosales y el cenador,
se sentía asfixiante. Ese frágil dosel que asoció con su relación parecía que iba
a estrangularlo.
No le importaba si
Do-ha pensaba que era otro de sus arrebatos; no quería seguir con esto. En ese
estado, sentía que terminaría gritando a pleno pulmón por la rabia.
'Fuiste tú quien me
pidió que esperara, quien dijo que volvería pronto.'
Que los adultos de
ambas familias intentaran casarlos a toda costa, y que él mismo recordara esa
promesa que solo él atesoraba, era porque todos estaban esperando que Baek
Do-ha regresara. Por eso nacía en él ese deseo de gritar: '¡Este es el lugar al
que debes volver!'.
Sin embargo, en lugar
de gritar, Yu-dam sacudió la cabeza y salió de allí. Oyó a Do-ha preguntar a
dónde iba, pero ni siquiera fingió escucharlo.
Si no tuvieran este
tipo de relación, tal vez Do-ha habría recuperado sus recuerdos más rápido. En
el hospital dijeron que sería bueno contarle cosas o mostrarle objetos que
sirvieran de estímulo. El problema era que Baek Do-ha no le daba ni un
resquicio de oportunidad. Como lo miraba con odio y asco, Yu-dam ni siquiera
podía explicarle qué tipo de relación tenían o qué había pasado entre ellos.
En cuanto a fotos,
Do-ha tenía más que él, y los lugares que frecuentaban no eran más que sus
casas, la escuela, los grandes almacenes del Grupo Hansae o los cines del Grupo
Wonkyung. Además, a los centros comerciales o al cine solo empezaron a ir solos
cuando llegaron a la secundaria. Antes de eso, siempre iban con sus familias,
así que llevarlo a esos sitios solo serviría para que recordara momentos
felices con sus parientes, no estímulos específicos de ellos dos.
Así que lo único que
Yu-dam podía hacer era esperar. Así pasó un minuto, un día y un año.
Con el tiempo, la
espera se volvió algo natural, como respirar. La espera que antes estaba llena
de esperanza se convirtió en algún momento en una espera vaga. Los sueños
brillantes perdieron color y la promesa se llenó de polvo. Por eso pudo esperar
más. Simplemente era así: respirar, comer, dormir y esperar a Do-ha. Era parte
de su rutina, así que no sentía la necesidad de dejarlo o de olvidarlo. Al
igual que uno no busca razones para vivir su día a día, esperar a Do-ha se
había vuelto parte de su existencia.
Era ridículo ponerse a
reclamarle a un tipo así ahora. Sobre todo, su orgullo no se lo permitía.
Habían pasado
diecisiete años. En esos diecisiete años, tanto él como Do-ha habían crecido y
su visión del mundo se había ampliado. Cosas que antes no podían hacer, ahora
las hacían cuando querían; y lo que no querían, podían apartarlo con un solo
gesto. Los niños que fingían estar enfermos para faltar a clase y se quedaban
jugando en la habitación de Yu-dam eran ahora dueños de empresas responsables
del sustento de miles de empleados.
Demasiadas cosas
habían cambiado como para mencionar los recuerdos de aquel entonces, y le
parecía triste desperdiciar sus propios recuerdos exigiéndole que los
recuperara. Esos días eran una promesa construida poco a poco desde los cinco
años y un sentimiento inalterable. No quería que se consumieran de esa manera.
Si había salido
dejando solo a Do-ha, fue por el bien de esos recuerdos compartidos que él solo
había protegido durante tanto tiempo. El haberle entregado su corazón a Do-ha
no le daba a ese tipo sin memoria el derecho de lastimarlo a él ni a su pasado.
"¡Ha Yu-dam!
Felicidades por la boda."
"Sí. Gracias por
venir."
Entonces se acercó
Tae-gun, un amigo al que conocía desde hacía mucho, aunque no tanto como a
Do-ha. Como se sentía hundirse en sus pensamientos, Yu-dam agradeció la
felicitación de su amigo que cortó el flujo de sus ideas.
"Como ustedes dos
siempre andaban pegados desde niños, esto no es ninguna sorpresa. Todo el mundo
piensa que es lo más natural, ¿no?"
"Supongo que
sí."
"Aun así, puse
mucho dinero en el sobre. Tanto que puedo presumir de ello."
"Con esa cantidad
deberías habernos pagado un avión."
"Vaya, te casas y
ya te volviste un atracador. No me alcanzó para uno grande, pero sí para una
avioneta."
"¿De segunda
mano?"
"Me rindo
contigo. ¡Nuevo, modelo nuevo!"
"Acepto tus
presunciones entonces. Gracias."
En realidad, no
importaba cuánto dinero hubiera puesto. Mientras bromeaba y recibía las
felicitaciones de su viejo amigo, le gustaba no tener que ser consciente de la
difícil elección que había tomado. Como suele suceder, se sentía como un día
normal y bendecido en el que uno cosecha los frutos de un largo amor con la
persona que quiere.
Sin embargo, si se
quedaba fuera así, la sala de espera que habían preparado con tanto esmero para
recibir felicitaciones no tendría sentido. Además, si la gente veía a Yu-dam y
a Do-ha separados, los chismes no tardarían en aparecer. Que 'ese Baek Do-ha'
no estuviera al lado de Yu-dam era algo suficientemente extraño para los
asistentes a la boda.
Al final, decidió que
pasaría por el baño antes de regresar. Tenía que cumplir el deseo de la madre
de Do-ha, quien quería verlo recibiendo a los invitados cómodamente en ese
lugar. No ignoraba que el esfuerzo de ella contenía el amor que su propia madre
habría querido darle. Podía imaginarla supervisando y dirigiendo cada detalle personalmente,
pensando que, si la madre de Yu-dam estuviera viva, habría hecho lo mismo.
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Así que, por ella,
debía mostrarse en armonía con Do-ha allí dentro.
Justo cuando pensaba
eso y se disponía a dar la vuelta, se oyó un pequeño alboroto cerca de la
entrada. Dado que no venían muchos invitados y la mayoría ya había entrado, un
escándalo en esa zona solo podía significar alguien intentando entrar sin
invitación.
"¡Por eso digo!
¡¿Por qué no puedo pasar?!"
"No se puede
entrar sin invitación."
"Lo sé. Lo sé,
pero les digo que soy amigo de Do-ha. Solo tienen que ir a confirmar,
¿sí?"
"No es
posible."
No había ningún amigo
que no hubiera recibido invitación. Yu-dam mismo los había seleccionado
cuidadosamente y enviado incluso los billetes de avión para que pudieran viajar
cómodamente. Los conocidos de Do-ha eran los suyos, y viceversa.
De repente, una
sensación extraña recorrió la espalda de Yu-dam. Un amigo de Baek Do-ha que no
había recibido invitación. Para que eso fuera posible, tenía que ser un amigo
que él no conocía.
Un amigo que, aun sin
haber sido invitado por Do-ha, voló desde tan lejos para presentarse en su
boda. Esa extraña relación hizo que un escalofrío recorriera la espalda de
Yu-dam.
"¿Qué está pasando
aquí?"
Yu-dam se acercó a los
guardaespaldas para preguntar. Por un momento, una sombra de frustración cruzó
la mirada de uno de ellos, pero recuperó su expresión impasible de inmediato.
"Sentimos las
molestias. Hay alguien que insiste en ser amigo del señor Baek Do-ha, estábamos
por retirarlo."
La mirada de Yu-dam se
dirigió al protagonista del alboroto. El hombre, que insistía en entrar,
intentó evitar los ojos de Yu-dam, pero pronto le sostuvo la mirada con
firmeza. Aunque intentaba disimular, Yu-dam leyó en el temblor de sus dedos una
ansiedad que no lograba ocultar. Al verlo lamerse los labios resecos fingiendo
naturalidad, Yu-dam supo exactamente de quién se trataba.
Su complexión pequeña
y frágil, junto con sus ojos de párpados caídos, le daban un aspecto lánguido.
Daba la impresión de que cualquier cosa que pidiera debería ser concedida, y de
que cualquier error cometido debía ser culpa de otro. '¿Será por eso que Do-ha
quiere cumplir todos sus deseos?', pensó Yu-dam.
"Si eres amigo de
Do-ha, habrás recibido una invitación. Muéstrala y entra."
"No la reci...
No. Es que no me la dio a propósito. Para que no me pusiera triste al
verla."
"Si no te la dio,
tendrá sus razones. No causes un escándalo en boda ajena y lárgate. ¿No sería
menos humillante irte por tu propio pie que ser expulsado?"
Tras soltar aquellas
frías palabras, Yu-dam se dio la vuelta. Se alegró de que Do-ha no estuviera
presente. Pensó que solo debía sacarlo de allí rápido y en silencio, pero en
ese momento escuchó a sus espaldas el nombre que menos quería oír.
"Me conoces,
¿verdad?"
"……"
"Yo sí te
conozco. Y tú también deberías saber muy bien quién soy."
Yu-dam suspiró y se
volvió lentamente. Ese hombre, al que Do-ha tanto atesoraba, tenía un talento
especial para ser molesto.
"¿Tengo alguna
necesidad de conocerte?"
"Deberías. Soy
Kim Si-woo."
Cielos. Precisamente
por eso no quería saber nada. No le interesaba, ni creía que fuera necesario.
No por presentarse iba a dejarlo entrar a su boda.
"Solo entraré a
ver a Do-ha. Lo felicitaré y me iré. Eso puedo hacerlo, ¿no?"
"¿Por qué habría
de dejar entrar a mi boda a alguien que ni siquiera tiene modales y me habla de
tú al primer encuentro? No hagas que los guardaespaldas pierdan su tiempo y
vete."
"¿Modales? Ah,
¿por hablarte de tú? Do-ha no está aquí, así que ¿por qué tendría que cuidarme
de ti?"
Do-ha debía de estar
ciego. Si no, no se explica que le gustara alguien capaz de fanfarronear así
frente a él. Al menos debería haber elegido a alguien que supiera comportarse
como una persona decente.
"No me importa si
eres Kim Si-woo o quien sea. He puesto guardaespaldas para que no dejen pasar a
especímenes que no parecen humanos, así que encárguense de él."
Yu-dam ignoró
deliberadamente a Si-woo y le dio instrucciones firmes al guardaespaldas.
Debían echarlo a toda costa; si no lo lograban, habría consecuencias.
"No sea así,
déjeme entrar. ¿Sí? Solo veré la cara de mi amigo, le diré felicidades y
saldré. Solo... con eso me basta."
Aquellas palabras no
cuadraban con Si-woo. Al escucharlo hablarle de forma tan educada de repente,
Yu-dam frunció el ceño con fuerza. Le resultó asquerosamente repulsivo. Justo
cuando iba a mostrar su desagrado, una voz que no debería haber sonado apareció
a sus espaldas.
"¿Kim Si-woo?
¡Si-woo!"
"¡Do-ha!"
Maldición, ¿por qué
tú...?
Yu-dam cerró y abrió
los ojos lentamente. Fue solo un segundo, pero vio a Si-woo curvar la comisura
de sus labios, burlándose de él. Solo entonces comprendió que el repentino
cambio de Si-woo a un lenguaje educado era para fingir ser la víctima en cuanto
vio aparecer a Do-ha.
Mientras Yu-dam
apretaba la mandíbula con fuerza, Si-woo adoptó de inmediato una expresión de
disculpa, entornando los ojos con tristeza.
"Lo siento mucho
de verdad. Yo solo quería... felicitar a mi amigo. Nosotros tenemos ese tipo de
relación."
Do-ha se acercó y
Si-woo se disculpó con Yu-dam varias veces. Incluso el guardaespaldas que
estaba allí se sorprendió, pero a Si-woo no le importaba. Al fin y al cabo,
solo había venido por una razón: dejar claro que Baek Do-ha le pertenecía. Quería
que Yu-dam no se hiciera ilusiones, porque en tres años lo recuperaría. Para
eso había volado todo ese camino y causado el alboroto en la entrada. Pensó que
nada sería mejor que los demás se enteraran de su existencia. Bastaba con ese
pequeño ruido para resquebrajar la idea de que la unión entre Baek Do-ha y Ha
Yu-dam era algo sólido e inquebrantable.
"¿Cómo supiste de
este lugar?"
"Simplemente...
se corrió el rumor. Salieron muchas noticias."
"No te llamé a
propósito. No es bueno que estés aquí y..."
"……Ya veo que no
debí venir."
"Sabes que no me
refiero a eso."
Do-ha acarició con
cuidado los ojos de Si-woo, que empezaban a lagrimear. Los ojos de Si-woo se
entristecieron aún más y de los labios de Yu-dam escapó una risa sarcástica.
"Vaya
espectáculo."
"Cuida tus
palabras, Ha Yu-dam. Es mi invitado. ¿Acaso estabas molestando a Si-woo
aquí?"
"¿Crees que tengo
tanto tiempo libre? Deja de hacer el ridículo y quítalo de mi vista. A menos
que quieras que el primer día de tu boda ya corran rumores de infidelidad."
Yu-dam fulminó a Do-ha
con la mirada y se dirigió a pisotones hacia la sala de espera. Pensó que,
habiendo testigos, no se quedarían mucho tiempo en la entrada. Confió en que
Do-ha lo mandaría de vuelta rápido y que no tendría que volver a ver a Kim Si-woo.
Eso creyó, hasta que
Do-ha levantó el dosel del cenador de la sala de espera y dejó entrar a Si-woo.
"……Te has vuelto
loco."
"Es que parece
que la charla va para largo. Como dijiste, hay gente mirando, ¿no es mejor
estar aquí dentro?"
Decorar la desvergüenza
como si fuera seguridad también era un talento. ¿Cómo podía ocurrírsele meterlo
precisamente aquí? Parecía que realmente quería matarlo de un coraje.
Al final, Yu-dam
apretó los puños y, rechinando los dientes, no pudo aguantar más y le propinó una
patada en la espinilla a Do-ha.
"¡Ah!"
Do-ha empezó a saltar
sobre un pie mientras se frotaba la espinilla con la otra mano. Por supuesto,
no olvidó gritarle a Yu-dam con sus ojos rasgados echando chispas.
"¡Maldición! ¡Ha
Yu-dam! ¿Estás loco?"
"Despierta. Por
una estupidez tuya, las acciones del Grupo Wonkyung pueden irse al piso."
"¿Y a mí qué me
importa?"
Maldito Baek Do-ha.
Ojalá te frían, Baek
Do-ha.
Algún día te voy a
matar.
Yu-dam lo miró con
desprecio antes de hablar.
"……Espero
sinceramente que no lo digas en serio. Seremos extraños en tres años, pero no
quiero que me quede la etiqueta de haberme casado con un idiota."
Ante la expresión
cínica y el tono bajo de Yu-dam, Do-ha frunció el ceño pero no continuó con la
discusión inútil. En su lugar, le dedicó una sonrisa de disculpa a Si-woo, que
permanecía de pie en el interior de la sala, como si eso fuera más importante
que cualquier pelea con Yu-dam.
Si-woo, con cara de
querer llorar, se acercó a Do-ha, y este lo estrechó fuertemente en sus brazos.
Rodeó su cuello con ambos brazos y, de forma natural, empezó a dejar pequeños
besos sobre la cabeza de Si-woo, uno tras otro.
En ese instante,
Yu-dam olvidó incluso cómo respirar y se quedó mirando la escena atónito. La
sangre que recorría su cuerpo se heló de golpe. Sintió la nuca rígida y pronto
todo su cuerpo pareció congelarse. Lo único que se movía eran sus párpados;
como lo que veía no parecía real, no dejaba de parpadear una y otra vez.
Hubo un tiempo en que
esas muestras de afecto eran solo para él. El Baek Do-ha de quince años, que le
confesó su amor con timidez, solía hacer lo mismo con él, saltando de alegría.
Fue antes de que Do-ha se manifestara como alfa, aunque ya entonces era una
cabeza más alto que Yu-dam. Lo abrazaba con fuerza con ambos brazos como si no
fuera a soltarlo nunca, y le daba besos ruidosos por todas partes, como si
quisiera dejar su marca.
¿Y ahora se lo hacía a
Kim Si-woo? ¡Ja!
Jamás pensó que lo
vería haciéndoselo a otra persona con sus propios ojos. Y menos el día de su
boda, justo frente a él.
Do-ha desvió la mirada
y se encontró con un Yu-dam petrificado que lo observaba. Solo entonces se
sorprendió y se apresuró a soltar a Si-woo.
A pesar de todo, no
debió haber hecho eso hace un momento. Pero lo hizo sin pensar, por puro hábito
inconsciente. Era una costumbre tan antigua que, si no se concentraba, ni
siquiera era consciente de lo que estaba haciendo.
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Al ver a Yu-dam
mirándolo con ojos de asombro, Do-ha titubeó un momento, pero decidió actuar
con descaro. Al fin y al cabo, Yu-dam ya sabía que Si-woo siempre era su
prioridad.
"¿Por qué te
sorprendes? No es nada especial, solo un hábito."
"……Mejor cállate.
Siento que se me va a contagiar tu estupidez."
Yu-dam se mordió el
labio y movió sus piernas entumecidas. Solo cuando logró dejarse caer en la
silla reservada para los novios, en el centro del cenador, sintió que su sangre
helada volvía a circular lentamente. Cerró los ojos, pero la realidad que
acababa de presenciar se rebobinaba sin descanso en su mente.
"Do-ha……. ¿hice
algo malo?"
En ese momento, Si-woo
agarró suavemente la manga de Do-ha y la sacudió. La mirada de Do-ha, que
estaba fija en Yu-dam, regresó rápidamente a él. Al ver los ojos de Si-woo
llenos de lágrimas, el corazón de Do-ha dio un vuelco. No quería que Si-woo lo
viera así. Sintió una punzada de dolor; por primera vez pensó que quizá le
estaba haciendo algo imperdonable a Si-woo.
Eran tres años. Tal
como dijo su madre, en tres años todo terminaría y estaba seguro de que
entonces podría hacer feliz a Si-woo. No tenía dudas de que así sería, pero al
verse vestido de esmoquin frente a Si-woo, sintió algo que le subía por el
pecho sin control. Tenía la forma de la vergüenza, pero él sabía bien que se
parecía mucho más a la culpa. Era también el sentimiento de inferioridad de
alguien que, habiendo nacido en una familia envidiable y poseyendo el rasgo de
alfa dominante, no podía hacer feliz a la persona más importante para él.
"Es que me siento
culpable."
Do-ha acarició
suavemente el contorno de sus ojos con el pulgar, y Si-woo tomó esa mano para
apoyarla contra su propia mejilla.
El mundo entero estaba
al tanto de la boda de estos herederos de tercera generación. No había nadie
que no supiera dónde y cuándo se celebraba. La unión de estos dos conglomerados
ponía tensa a la competencia, hacía despegar a los socios comerciales y
generaba expectativas en los demás sobre algo que aún estaba por venir.
Precisamente por eso,
Si-woo quería estar aquí. Se había jurado presenciar esta boda hasta el final
con sus propios ojos.
Por supuesto, no lo
hacía por él mismo o por Do-ha. Era simplemente una advertencia para Yu-dam:
que no se confundiera pensando que por casarse con Baek Do-ha, ya lo poseía.
Yu-dam no lo sabía,
pero fue decisión de Si-woo presionar al confundido Do-ha para entrar hasta
aquí. Manipuló la culpa de Do-ha diciéndole que solo quería felicitarlo en
silencio y ver la ceremonia. Sabiendo que Do-ha siempre se sentía en deuda con
él, Si-woo sabía que si fingía ser bueno y estar triste, Do-ha se sorprendería
y sería más dócil ante sus peticiones.
Fue algo impulsivo,
pero le pareció una estrategia excelente. Para lograr que Yu-dam se rindiera
por su cuenta, podía dejarle claro que el estorbo entre ellos no era Kim
Si-woo, sino Ha Yu-dam. Así que toda esta escena era un espectáculo montado
exclusivamente para Yu-dam.
Por supuesto, los
pensamientos del actor principal, Baek Do-ha, no importaban. Mientras pudiera
demostrarle a Yu-dam que la persona que más amaba Kim Si-woo era Baek Do-ha, y
que la prioridad de Baek Do-ha era Kim Si-woo, lo demás no tenía relevancia.
"Yo solo...
quería felicitarte como amigo."
"Sí. Si quieres
estar aquí, por supuesto que puedes. Eres la persona más importante para mí. Yo
solo..."
Do-ha no pudo terminar
la frase. Al intentar retirar la mano de la mejilla de Si-woo, este la sujetó
con más fuerza mientras le dedicaba una sonrisa radiante.
"¿Tenías miedo de
que me pusiera triste?"
"No es la imagen
que quería mostrarte."
Entregando su mano a
Si-woo, Do-ha esbozó una sonrisa amarga. No ignoraba la ansiedad de Si-woo. Por
mucho que hubiera una promesa firme, ¿quién no se preocuparía al ver a la
persona que ama caminar hacia el altar con otro? Habría querido correr a
comprobarlo: confirmar si seguía siendo la prioridad absoluta en el corazón de
su ser amado.
Por eso Do-ha siempre
se sentía culpable con Si-woo. Cada mañana, al despertar, recordaba aquel día
en que prometió estar siempre a su lado. El día de Baek Do-ha comenzaba con esa
promesa.
"Lo sabía.
Entonces, ¿puedo quedarme aquí?"
"Si tú estás bien
con eso."
A pesar de las
palabras de Do-ha, Si-woo seguía mostrándose inquieto. Como si temiera que la
mirada de Do-ha se desviara a otro lado, mantuvo sus ojos fijos en él mientras
apretaba su mano con fuerza. Un sentimiento desesperado de no querer soltarlo
nunca se desbordaba por doquier.
"¿Y tú? Más allá
de mí, ¿tú también estás bien, Do-ha?"
"Sí, claro. Me
alegra ver tu cara."
"¡Lo sabía!
¡Sabía que dirías eso!"
Si-woo saltó a los
brazos de Do-ha con una sonrisa brillante. Al inhalar profundamente, el rastro
casi imperceptible de feromonas le hizo cosquillas en la nariz. Quería respirar
más hondo para llenar todo su cuerpo, pero como de costumbre, Do-ha mantenía su
aroma bajo un control estricto.
Fue una lástima, pero
le tranquilizó pensar que gracias a eso, Yu-dam tampoco podría oler nada.
Aplicó más fuerza en sus brazos y se hundió profundamente en ese pecho. Do-ha
no tuvo más remedio que corresponder al abrazo. Se sentía mal porque lo único
que podía hacer por él en ese momento era esto.
"Lo siento,
Si-woo. Te lo compensaré después."
"No. Yo soy quien
debe esforzarse más. Tendré que trabajar mucho para caerle bien a tu madre,
¿verdad?"
"Eso... no es
culpa tuya. Lo sabes, ¿no?"
"……"
En lugar de responder,
Si-woo apretó con fuerza la solapa del traje de Do-ha. La chaqueta del esmoquin
se arrugaría de forma antiestética, pero al fin y al cabo, no era su novio. Es
más, preferiría que los demás lo notaran. Si la gente señalara esas arrugas como
el augurio del fin de este matrimonio, sentiría un alivio inmenso.
"No estás
llorando, ¿verdad?"
"……Do-ha."
"No llores,
Si-woo. ¿Eh?"
Ante esas palabras,
Si-woo rompió a llorar. Las lágrimas que contenía brotaron sin dudarlo, y un
sollozo lleno de pena escapó de sus labios. Do-ha debía ser suyo por completo.
No podía permitir que el futuro con el que tanto había soñado se arruinara ahora.
"No llores,
Si-woo. Te va a doler la cabeza."
"Sí. Es que...
las lágrimas no dejan de salir sin que me dé cuenta... Lo siento, Do-ha. Es un
día feliz y estoy arruinando el ambiente."
"¿Cómo puedes
decir eso? Es culpa mía."
Do-ha, abrumado por la
culpa, lo estrechó con fuerza. Estaba convencido de que sería algo sencillo;
solo tenía que esperar tres años. Exactamente tres años, tal como querían sus
padres. Siendo una pareja de escaparate por ese tiempo, sus padres no podrían
detenerlo el resto de su vida cuando decidiera vivir a su antojo. En una era
donde se vive hasta los cien años, vivir tres según el deseo de sus padres para
ser considerado un buen hijo no era un mal trato. Pensaba que era el final
feliz moderno para una familia de élite.
Sin embargo, al ver a
Si-woo llorando aferrado a él, sintió que estaba cometiendo un pecado
imperdonable. Su ánimo decayó y sintió una punzada de dolor, como si su firme
convicción estuviera equivocada. Incluso llegó a pensar si el verdadero camino
para Si-woo no sería huir de aquí ahora mismo con él, dando la espalda a su
familia para vivir solos.
Afortunadamente, no
era tan estúpido como para clavarle semejante puñal a sus padres, así que
sacudió la cabeza para despejar esos pensamientos.
"¿Podrían ir
terminando?"
En ese momento, Yu-dam
intervino mirando la hora. Do-ha lo fulminó con la mirada, pero Yu-dam se
limitó a señalar su reloj de pulsera.
"¿Qué, vamos a
entrar los tres? ¿Desde cuándo este país es tan liberal? ¿Cuál de los tres es
el amante?"
"Ha Yu-dam. Por
favor, cállate. ¿Ni siquiera puedes tolerar esto?"
"No. Si iban a
hacerlo, debieron terminarlo antes. ¿Acaso esto surgió ayer o hoy? ¿No deberías
haberlo arreglado todo de antemano? No estamos en el centro de Seúl, esto es
Jeju; han volado hasta aquí con sus sentimientos, ¿y esperas que lo pase por
alto?"
No es que Yu-dam
esperara un juramento de amor eterno, pero sí un mínimo de decoro y respeto.
Después de todo, fue el propio Baek Do-ha quien decidió vivir como cónyuge de
alguien por tres años.
'Por moralidad, no
debiste mostrarme esto, Baek Do-ha.'
Yu-dam se preguntaba
qué pasaba por la cabeza de alguien que exponía a su pareja a las habladurías
de la gente. El que se presentaba como la única víctima y acosaba a Yu-dam era
Do-ha. Y aun así, era Do-ha quien no lograba cerrar una relación, dejando a
Yu-dam en una posición ridícula frente a todos el día de su boda.
Entonces Si-woo
entrelazó sus dedos con los de Do-ha y habló. En realidad, Si-woo quería ver a
Yu-dam explotar ante este pequeño contacto físico. Eso significaría que Yu-dam
mismo aceptaba y reconocía que Baek Do-ha nunca sería suyo.
"Solo vine a
felicitar a mi amigo por su boda……."
"¿Quién llora
aferrado a un amigo en su boda?"
"……Yo sí. Es algo
que puede pasar……."
Si-woo deseaba que
Yu-dam gritara y montara un gran escándalo. Le decepcionó ver a Yu-dam
respondiendo con tanta calma. No sabía si era esa pose de superioridad típica
de los ricos que lo tienen todo, o si realmente entendía sus intenciones. Sea
como sea, quería que Yu-dam y todos los asistentes supieran que lo suyo con
Do-ha no había terminado. Quería grabarlo a fuego en sus mentes.
Por supuesto, a Yu-dam
no le importaba lo que Si-woo pensara. Por naturaleza, no prestaba atención a
cosas que no valían la pena. Que Si-woo se colgara de Do-ha era asqueroso, pero
no lo suficientemente importante como para darle vueltas. Al fin y al cabo,
Baek Do-ha era su alfa. El mismo que se lo había prometido.
"¿Qué acabo de
oír? ¿Que llorar en la boda de otro es algo que puede pasar?"
"¿Qué tiene de
malo?"
"¿Cómo que qué
tiene de malo? Es muy extraño. ¿No significa que no puedes soportar ver la
felicidad ajena? Eso es una enfermedad. En lugar de venir aquí, deberías ir a
un hospital."
Yu-dam ladeó la
cabeza. Su tono plano no transmitía ni una pizca de emoción. Si-woo rechinó los
dientes, pensando que esa actitud de Yu-dam era precisamente lo que más lo
irritaba, pero se contuvo mordiéndose el interior de las mejillas. Para Si-woo,
Yu-dam era el tipo más despreciable del mundo. Tenía de todo y aun así quería
arrebatarle esto.
"No es eso……
hip."
"Otra vez
llorando. Realmente parece una enfermedad."
"¡Snif! Lo
siento……."
Finalmente, Do-ha,
conmovido por las lágrimas de Si-woo, lo abrazó bloqueando la mirada de Yu-dam.
La risa irónica de Yu-dam volvió a revolverle el estómago a Do-ha.
"¿De verdad
tienes que hablar así?"
"Si no quieres
oírlo, que deje de llorar."
"Ja. Supongo que
el gran Ha Yu-dam nunca tiene motivos para llorar en su vida."
"Si los tengo,
lloraré. Pero normalmente esos motivos no aparecen en un salón de bodas."
"Ya sabía que tu
calidad humana estaba por los suelos, pero no deja de asombrarme. No puedo
creer que me esté casando con alguien como tú."
"Si no te gusta,
compórtate. Como dices, esto es un trato de negocios; si empiezas así desde el
primer día, ¿quién querría hacer tratos contigo?"
Do-ha fulminó a Yu-dam
con la mirada en silencio, pero terminó soltando a Si-woo. Ver su cara empapada
en lágrimas lo hacía sentir peor. Por eso no quería decirle nada. No es que no
valorara que Si-woo hubiera venido hasta aquí, pero habría preferido que lo
esperara en Seúl. Este lugar estaba lleno de cosas que Si-woo no debería ver ni
oír.
"¡Los novios van
a entrar! ¡Salgan cuando estén listos!"
Justo entonces se oyó
el llamado desde afuera buscándolos. Las lágrimas volvieron a brotar de los
ojos de Si-woo. Yu-dam, que estaba a su lado, chasqueó la lengua y salió sin
más, mientras Do-ha lo miraba con odio antes de consolar a Si-woo.
"Te lo compensaré
todo luego, Si-woo."
"Sí. Yo estoy
bien, ve rápido."
Do-ha titubeó buscando
las palabras y terminó dándole un beso firme en la frente. Se puso la excusa de
que, técnicamente, aún no empezaba la boda, así que no era infidelidad. A
partir de ahora, él sería su amigo más preciado.
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Gracias a eso, Si-woo
se quedó en un rincón de la ceremonia observando todo hasta el final. No hace
falta decir que no dejó de llorar mientras miraba a Do-ha. Su pena no fue tan
grande como para interrumpir el acto, pero sí lo suficiente como para quedar grabada
en la memoria de los presentes. Una amistad ferviente, tan sucia y pegajosa
como un chicle pegado en la suela del zapato.
*
* *
El invitado molesto
fue, por suerte, expulsado discretamente en cuanto terminó la ceremonia.
Para que nadie notara
siquiera que alguien había sido retirado, quien se encargó de echar a ese
invitado molesto fue nada menos que la madre de Do-ha. Ella se había esforzado
muchísimo, viajando innumerables veces desde Seúl para que esta boda fuera perfecta,
así que era natural que estuviera furiosa y rechinara los dientes.
Desde la perspectiva
de Si-woo, solo quería advertir a Yu-dam y, de paso, dejar una pequeña mancha
en la boda perfecta de estos herederos; pero para ella, lo importante era que
había intentado arruinar el evento. Los invitados a una boda suelen recordar
ese 0.1% de imperfección aunque el 99.9% restante haya sido impecable.
Era evidente que la
señora Nam Hae-joo se sintió horrorizada y tembló de rabia mientras expulsaban
a Si-woo. Si se hubiera quedado tranquilo en Seúl, tal vez en tres años la
señora Nam lo habría aceptado en la familia aunque fuera por lástima, pero
Si-woo mismo había desperdiciado esa oportunidad.
Por supuesto, Do-ha
también era responsable por permitir que Si-woo actuara así. Para su madre,
tanto Do-ha como Si-woo eran iguales en ese aspecto.
Debido a esto, tras
finalizar el brindis y una vez que los invitados se retiraron, Do-ha fue
llamado de inmediato por su madre. Ella le aseguró que, aunque no alargaría el
plazo de tres años, tampoco aceptaría a Si-woo. Ante el argumento de que
prefería vivir tranquila sin verlo a tener que aguantar un disgusto cada vez
que lo metiera en casa, Do-ha no pudo articular palabra.
Además, tuvo que
escuchar el sarcasmo de Do-kyung, quien estaba a su lado comentando que 'ser
indeciso también es un talento', y no pudo negarlo. Seguía pensando que no
había por qué portarse mal con un amigo que vino a felicitarlo, pero pasó por
alto que, para Yu-dam, él no era más que un intruso no deseado.
Lo admitía. Por
centrarse solo en consolar la tristeza de Si-woo, no tuvo consideración con las
miradas de los demás ni con la familia de Yu-dam, que ahora eran sus parientes
políticos. Lo bueno fue que, al menos, en ese momento comprendió por qué Yu-dam
lo miraba con tanto desprecio y lástima. Era lógico que, aunque tuviera diez o
cien bocas, no tuviera nada que decir para justificarse.
*
* *
Toc, toc.
"Baek Do-ha.
Hablemos."
Do-ha acababa de
regresar a la suite presidencial que la señora Nam Hae-joo había preparado
especialmente y apenas lograba desplomarse en la cama cuando la voz de Yu-dam,
acompañada de un ligero golpeteo en la puerta abierta, lo trajo de vuelta a la
realidad.
"¿Qué pasa
ahora?... Si vas a regañarme tú también, mejor ahórratelo. Ya tuve suficiente
con mi madre, no me quedan fuerzas para escuchar más."
"Precisamente por
eso quiero hablar."
Yu-dam no podía dar
marcha atrás, a pesar de lo fastidiado que se veía Do-ha. Sentía que, si no lo
hacía ahora, no sabría cuándo tendría otra oportunidad. No podía soportar ver
cómo Do-ha se volvía tan estúpido cada vez que se trataba de este matrimonio;
al fin y al cabo, esta unión tenía un propósito claro.
"Dije que
hablemos."
"……"
Do-ha tuvo la
tentación de decirle que hablaran mientras él seguía acostado. Sin embargo, no
lo hizo porque las palabras de Do-kyung seguían resonando en su cabeza.
Indeciso.
Era algo que Baek
Do-ha jamás había escuchado en su vida. Era el adjetivo que menos encajaba con
él, lo que significaba que estaba actuando de forma patética, hasta el punto de
recibir críticas que no se parecían en nada a su verdadera personalidad. Si
había decidido ser un mal esposo, debería haberlo hecho con más elegancia.
Además, hoy no había
hecho nada bien. No se había escapado para cumplir su promesa con Si-woo, pero
tampoco se había comportado como un esposo decente con Yu-dam. Solo se había
quedado ahí pasmado al ver aparecer a Si-woo, actuando como un tipo lamentable
que no sabía qué dirección tomar. El Baek Do-ha de hoy valía menos que un
whisky barato.
En cualquier caso, si
esto era solo un negocio como decía Yu-dam, lo correcto era esforzarce al
máximo en ese trato. Era una transacción iniciada para obtener el mayor beneficio
mutuo, después de todo.
Así que decidió que, a
partir de ahora, se esforzaría por ser un mal marido para Yu-dam. Ser un
completo desgraciado no parecía una mala opción. Pero para lograrlo, primero
tenía que escuchar las condiciones de Yu-dam; no podía exigir que el otro
cumpliera su parte si él no escuchaba primero.
Finalmente, Do-ha se
revolvió el cabello, se desabrochó los botones de la camisa y se incorporó. Al
girarse hacia Yu-dam, lo encontró ya sentado en un sofá a un lado de la
habitación, esperándolo.
"¿Qué ocurre?
Dilo rápido."
"No me importa si
vas a ver a Kim Si-woo o lo que sea que hagas. Ese fue nuestro trato desde el
principio."
"¿Y?"
"Así que
asegúrate de que lo de hoy no vuelva a repetirse. Ten un poco de ética
profesional. ¿En qué cabeza cabe mostrarle la pareja anterior a un socio de
negocios con el que acabas de cerrar un trato? Si este negocio no sale bien,
los que quedarán en ridículo no seremos tú y yo, sino nuestras familias."
"Si-woo no
volverá a entrometerse en los asuntos familiares. ¿Contento?"
"Sé claro tú
también. No dejes que nos convirtamos en el hazmerreír de los demás. ¿O es que
soy el único al que le molesta? ¿A ti no te importa nada?"
"Si yo estoy
seguro de lo que hago, ¿qué importa lo que piensen los demás?"
"¿Es que te falta
cerebro o solo finges que no lo tienes? ¿De verdad puedes decir que estás
orgulloso de lo que pasó hoy?"
Por mucho que Yu-dam
hubiera aceptado este matrimonio, eso no significaba que aceptaría que
pisotearan su orgullo. Yu-dam frunció el ceño hacia Do-ha. Pensó que había
accedido a hablar con facilidad, pero parecía que solo era para llevarle la
contraria.
"Lo que digo es
que dejes de preocuparte por la mirada ajena. ¿No te cansa vivir así?"
"¿Entonces
piensas seguir actuando así en el futuro?"
"Ya te dije que
no volverá a pasar. A mí también me resulta molesto; tratar contigo ya es lo
suficientemente agotador."
Yu-dam asintió
finalmente. Fuera cual fuera el motivo, mientras no tuviera que volver a ver a
Si-woo frente a sus ojos, le bastaba. Después de todo, no se había casado
esperando ser amado por Do-ha.
"¿Terminaste de
hablar? Entonces ahora voy yo."
De pronto, Do-ha tomó
la palabra. Yu-dam, que lo había estado presionando para que terminara rápido
pensando que a Do-ha le resultaba insoportable estar frente a él, sintió que su
corazón se volvía pesado, como si se hundiera en el agua.
'Al final, parece que
solo podemos hablar a través de condiciones de negocios', pensó Yu-dam con una
sonrisa amarga y autocompasiva. Ciertamente, para ser un matrimonio por
contrato, faltaban muchas cosas. Quizás debieron haber redactado un contrato
formal como en las novelas románticas.
"¿Qué? ¿Que no
nos metamos en la vida privada del otro? Eso ya lo sabemos."
"Soluciona tus
celos por tu cuenta. Tu celo no es responsabilidad mía, así que no me
busques."
"¿Qué soy, una
casa de empeños? ¿Vas a venir a buscarme cuando te convenga?"
"Solo responde.
No quiero que cuando llegue el momento me andes rogando que te abrace."
"Por mí perfecto.
Entonces yo tengo otra condición."
"¿Cuál?"
"Si surge el tema
del embarazo, cada uno se hará responsable de su propia familia. Especialmente
de tu madre. No dejes que el asunto llegue hasta mí."
"Ah……"
Do-ha no había pensado
en eso. Recordándolo bien, tal como decía Yu-dam, su madre era quien más
deseaba un nieto. Incluso antes de la boda ya estaba decorando una habitación
para el bebé. Do-ha soltó un breve suspiro mientras se rascaba la nuca. Ya
podía escuchar los regaños de su madre en el oído; ella no se rendiría con
simples excusas.
"Cielos. Parece
que me van a torturar con eso durante tres años."
"¿Y qué? ¿Acaso
piensas hacerlo conmigo? ¿Es que me confiaste tu celo a mí?"
"¿Quién dijo eso?
Es solo que……"
La mirada de Do-ha se
posó en Yu-dam, recorriéndolo lentamente de pies a cabeza. Ante esa mirada,
Yu-dam sintió un escalofrío involuntario y se encogió de hombros, invadido por
el desconcierto.
"¡Es-estás loco!
¡¿Qué haces?!"
"¿Qué voy a estar
haciendo? Solo pensaba en lo que mi madre debe estar imaginando."
"…¿Y qué
es?"
"Eres bastante
pequeño para ser un omega, ¿no?"
"Soy de estatura
promedio", replicó Yu-dam frunciendo los labios con molestia.
Ciertamente, comparado
con Do-ha, era pequeño. Do-ha era la viva imagen de un alfa dominante, mientras
que Yu-dam era la esencia de un omega dominante. Como tal, Yu-dam era de
complexión fina y vello escaso; tenía líneas delicadas, piel suave y rasgos bonitos.
Cualquiera podía entender la diferencia entre un dominante y un recesivo con
solo mirarlo. En sus años universitarios, hubo quienes lo perseguían diciendo
que la palabra 'belleza' existía solo para él.
Do-ha hizo un gesto
con la mano como restándole importancia a esos pensamientos y continuó su
explicación:
"A los ojos de mi
madre, te verás pequeño y frágil. Sus tres hijos son alfas, así que no sabe
mucho de omegas. En cuanto te vea, te comprará tónicos reconstituyentes y te
llevará a acupuntura. Hará todo eso. Y cuando termines con eso, te traerá
medicinas para quedar embarazado fácilmente."
"¿Existen
medicinas así? ¿De verdad funcionan?"
"No lo sé. Si
funcionan o no."
"¿Qué? No quiero.
No tengo tiempo para perderlo en lugares así cuando ni siquiera es seguro que
funcionen. Córtalo tú mismo."
"Tú solo síguele
la corriente un poco."
Era natural que Yu-dam
se indignara ante eso. Lo más sencillo era que cada uno pusiera límites a su
propia familia. No había necesidad de complicar las cosas, ni de desperdiciar
energía o terminar peleados. Que Do-ha intentara pasarle la responsabilidad a
él significaba que no pensaba cumplir con sus deberes matrimoniales. Un socio
de negocios irresponsable y negligente; era el tipo de persona con la que uno
menos querría cruzarse en el mundo empresarial.
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"Dije que no
quiero. No tengo intención de tener hijos, ¿por qué debería hacerlo? ¿O es que
de verdad piensas tener un hijo conmigo? ¿Podrás renunciar a tu hijo en tres
años?"
"¡Qué cosas
dices! No tengo intención de tener un hijo contigo, pero ¿por qué tendría que
renunciar a mi hijo?"
"¿Entonces vas a
dejar que Kim Si-woo críe a mi hijo? No digas tonterías. ¿Por qué dejaría a mi
hijo en manos de un extraño?"
"¿Y tú no vas a
volver a casarte nunca? Yo tampoco pienso dejar a mi hijo a cargo de otro
alfa."
"Siendo
realistas, es mejor que me lo quede yo antes que tú. ¿Crees que ese tal Kim
Si-woo criaría bien a mi hijo? Alguien que viene a armar un escándalo a una
boda, ¿crees que querrá a mi hijo?"
"¿Escándalo?
Desde su posición, es comprensible que actuara así. Y no hables así de él.
Si-woo no es esa clase de persona. ¿Por qué juzgas a la gente a tu antojo sin
conocerla de verdad? ¿Para ti todos los que tienen menos o saben menos son
malas personas?"
"Lo veo así
porque así se comporta. ¿Quién le pidió que viniera a Jeju? Si tanto quería
llorar, pudo hacerlo en Seúl. ¿Por qué tomarse la molestia de subir a un avión
para venir hasta aquí? Si eso no es un escándalo, ¿qué es?"
"Por eso digo que
son prejuicios. ¿Y quién eres tú para decidir si crías o no a mi hijo? ¿Eso sí
es correcto?"
"¿Es lo mismo que
tener ya a alguien para casarse de nuevo? Obviamente, para el niño es mejor
quedarse conmigo."
Ambos resoplaban
acaloradamente hasta que, de repente, se hizo el silencio. Se dieron cuenta de
que estaban peleando por quién criaría a un hijo que no existía y que ninguno
de los dos tenía intención de tener. Al volver a la realidad, sus rostros se
pusieron rojos. Ambos se sintieron muy tontos.
Siempre que hablaban
así, terminaban acalorándose y poniéndose tercos por nada. Para Yu-dam, Do-ha
era el culpable, y para Do-ha, lo era Yu-dam.
Yu-dam tragó un
suspiro y se llevó una mano a la frente mientras desviaba sus ojos marrones
para mirar de reojo a Do-ha. Estar con alguien estúpido definitivamente le
estaba contagiando la estupidez.
Do-ha carraspeó y
dirigió su mirada a lo lejos. Se rascó la nuca con una mano mientras escuchaba
el reconfortante sonido de las olas. Sabía que, si acumulaba estos pequeños
momentos agradables, algún día recordaría el día de hoy con una sonrisa.
Entonces pensaría que no todo había sido por obligación.
El cielo de Jeju bajo
la oscuridad se sentía extrañamente despejado. Se oía el sonido de las olas
acercándose como si volaran, para luego alejarse ruidosamente. Con ellas, la
vergüenza llegó en oleadas y se posó sobre la orilla.
Cuando el sonido de
las olas llenó la habitación en lugar del silencio, Do-ha habló primero en voz
baja.
"Mi madre dijo
que nos quedáramos aquí una semana más antes de volver."
"……Lo escuché.
Dijo que reservó a propósito porque sabía que, si nos dejaba solos, no iríamos
de luna de miel."
Yu-dam asintió
lentamente, aceptando la conversación. No tenía motivos para rechazar un cambio
de tema.
"Para mí, Si-woo
es la prioridad."
"Lo sé."
"Fuera de eso,
haré las cosas correctamente."
"……"
Yu-dam no respondió y,
siguiendo a Do-ha, clavó la mirada en la ventana. El sonido de las olas, que no
escuchaba hacía tiempo, parecía lavar su corazón angustiado. Las olas que
llegaban inesperadamente le resultaban gratas. Se hundió profundamente en el
sofá, dejándose llevar por ese sonido. Solo entonces el cansancio acumulado
tras un día entero de tensión empezó a pasarle factura.
"Un trato es un
trato. Si todos menos yo piensan que este matrimonio es lo lógico, debe de
haber una razón."
"¿A qué viene eso
de repente? ¿Acaso te vas a morir? Si vas a morir, deja clara la herencia. No
quiero ver a mi cónyuge legal haciendo sufrir a su amante en un juicio."
"No te hagas
ilusiones innecesarias. Eso no pasará", respondió Do-ha con una risita.
Sin querer, se había imaginado a sí mismo como un fantasma observando la
batalla legal. Le dio risa que Yu-dam soltara esas palabras con esa cara tan
seria, como quien tira la basura.
"¿Entonces qué?
¿Por qué entras así de golpe sin poner las luces de giro?"
"Pensé que me
veías como un desgraciado, pero resulta que me ves como un estúpido."
"Gracias por
notarlo."
"No me importa
cómo me vean los demás, pero no soporto que Ha Yu-dam me vea como un
estúpido."
Involuntariamente,
Yu-dam lo miró con lentitud. Algo difícil de explicar había cambiado. Aunque la
distancia física con Do-ha siempre fue corta, siempre lo había sentido lejos.
Do-ha seguía siendo el mismo que lo atacaba con palabras afiladas cada vez que lo
veía. Sin embargo, el Baek Do-ha de ahora se sentía diferente en algún lugar.
¿Sería una arrogancia
de su parte pensar que Do-ha lo estaba tratando con más naturalidad? Ante su
sonrisa pícara y desenvuelta, Yu-dam se mordió ligeramente el interior del
labio. Fuera cual fuera la intención de Do-ha, al menos ese Baek Do-ha le
estaba sonriendo. No le importaba que fuera arrogancia. Estaba bien con ese
engaño; deseaba que, aunque fuera por un instante, el tiempo pasara más
despacio.
"Así que, como
dijiste, voy a esforzarme al máximo en este trato. Quiero demostrarle a mi
familia que se equivoca, aunque sea mi propia sangre. Solo así mi Si-woo podrá
hablar con la frente en alto más adelante."
"……Siempre tienes
que añadir ese último comentario para revolverme el estómago."
"Lo hago
precisamente para eso."
El tiempo siempre es
justo, pero Yu-dam pensaba que para él era injusto. Por más que suplicara, el
tiempo pasaba igual para todos, trayendo siempre una soledad cruel. Esta vez no
fue la excepción. Aunque deseó que, por un breve momento, esa sonrisa fuera
para él, al final de la conversación siempre estaba Kim Si-woo.
Yu-dam fulminó a Do-ha
con la mirada, mostrando todo su desagrado, y cuanto más lo hacía, más se
divertía Do-ha. Sabiendo que Do-ha mencionaba a Si-woo a propósito para ver su
reacción, Yu-dam no conocía otra forma de actuar que no fuera mostrando su
molestia. El simple hecho de ocultar sus sentimientos mientras esperaba a Do-ha
ya estaba agotando sus límites.
"Pero lo de hoy
no estuvo mal, ¿verdad?"
Do-ha soltó una risita
baja e hizo un gesto con la barbilla. Yu-dam, que no entendió a la primera,
frunció ligeramente el ceño.
"¿Lo de hoy?
¿Qué? ¿La boda? Eso fue gracias a tu madre……"
"No, eso no.
Hablo de Si-woo."
Yu-dam no sabía que la
evaluación de que Kim Si-woo 'no estuvo mal' estaba incluida en este
matrimonio. Desvió la mirada para ocultar cómo su corazón se enfriaba. El
sonido de las olas, que antes le parecía refrescante, de pronto se volvió
ruidoso. Le reprochó a las olas que llegaban sin descanso. Sabía que era un
reproche sin sentido, pero para el Yu-dam de ahora, era lo más fácil.
"¿He entendido
bien? ¿Acaso estás revolviendo mis sentimientos una vez más para que vuelvan a
su lugar después de haberlos revuelto antes?"
Yu-dam carraspeó un
par de veces y dibujó un círculo en el aire con el dedo índice. Los
sentimientos que había ocultado durante años se escondieron fácilmente en lo
más profundo de su ser.
"Lo sabía. No
estuvo mal."
"Habla
claro."
Do-ha sonrió aún más
al ver a Yu-dam resoplar. Definitivamente, ver a Yu-dam irritado era lo más
divertido. Si esta iba a ser su vida matrimonial, sentía que podría pasar estos
tres años sin aburrirse.
"Digo que, como
odias que manchen tu orgullo, aunque no lo hice a propósito, al ver tu
expresión me di cuenta de que fue un buen método."
"Ah, sí. De todo
lo que has hecho hasta ahora, fue lo más efectivo."
"¿Ah, sí?
Perfecto. Seguro habrá algún día en que pueda volver a usarlo."
"Desgraciado."
"Felicidades por
casarte con un desgraciado."
Ante la risa descarada
de Do-ha, Yu-dam se quedó boquiabierto de indignación. Pero pronto, al ver a
Do-ha reírse de que lo llamaran desgraciado, se quedó embelesado.
Una cosa quedó clara.
Baek Do-ha era más
feliz cuando se comportaba como un desgraciado con Ha Yu-dam.
Y ese Ha Yu-dam sentía
oleadas en su corazón con el simple hecho de que ese Baek Do-ha lo mirara y
sonriera.
Incluso si eso
significara destruirse a sí mismo.
*
* *
Al día siguiente,
Yu-dam durmió hasta tarde después de mucho tiempo. No hubo alarmas ni rayos de
sol que le molestaran los ojos, gracias a que había apagado el teléfono y
cerrado bien las cortinas black-out. Si no fuera por Do-ha, que entró de golpe
abriendo la puerta para despertarlo, se habría pasado el día entero durmiendo.
"¿Tú te casaste con
un desgraciado y yo me casé con un cadáver?"
"Ah, ¿qué
quieres? Lárgate. No me despiertes."
"Ha Yu-dam.
Levántate un poco."
"¡Ay, ¿por qué?!
¡Yo trabajo sin fines de semana, así que si no es en momentos como este, no
puedo dormir hasta tarde!"
Yu-dam se envolvió en
la manta hasta la cabeza y se hizo una bola. Solo entonces recordó que Do-ha
era una persona matutina. No, más que eso, Baek Do-ha era alguien que se volvía
loco en cuanto veía el sol. Mientras Yu-dam se derretía en verano sin poder
soportar las altas temperaturas, Do-ha perseguía el sol.
Desde que se
conocieron hasta los 14 años, recordaba haber pasado todos los veranos junto a
él. Aunque era agotador, la verdad era que se divertía, así que solía dejarse
arrastrar por Do-ha fingiendo que no podía evitarlo. Incluso aprendió a nadar
gracias a él, porque Do-ha lo llevó a rastras diciendo que aprendieran juntos.
"¿Pero vas a
pasártela solo durmiendo? Si sigues flojeando así, después será más difícil.
Levántate."
"Ah... ¿Por qué
tienes tanta energía?... Ayer fue agotador, así que déjame estar acostado solo
por hoy."
"¿Qué hiciste
además de la boda para estar tan cansado?"
Yu-dam sintió cómo un
lado de la cama se hundía. Al pensar en Do-ha sentándose con total naturalidad
en el borde de su cama —a pesar de haber dormido separados—, el sueño que tenía
se esfumó al instante. Ahora que lo pensaba, ¿Do-ha había llamado a la puerta
al entrar? ¿O simplemente no lo escuchó por estar dormido?
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Seguramente Do-ha no
lo hizo con ninguna intención especial. Aun sabiéndolo, Yu-dam tuvo que apretar
los labios y cerrar los puños con fuerza. Si no ponía tensión en su cuerpo,
sentía que el corazón se le saldría por la boca. Sin atreverse a quitarse la manta
de encima, respondió refunfuñando desde el interior:
"Es una boda, por
eso es cansado. Me agoté de tratar con tanta gente. Además, hubo un invitado
molesto que se la pasó llorando toda la ceremonia."
"¿Ah, vas a sacar
ese tema otra vez?"
"¿Cómo no me va a
importar? Todo el mundo se quedaba mirando. Hasta apagué el celular porque no
sabía qué clase de cosas me dirían."
"Eso es... Ja,
está bien. Como dije ayer, no volverá a pasar. Así que deja de hablar de eso.
Si sigues sacando el tema, solo suena a que quieres pelear."
"……"
Yu-dam se mordió los
labios con fuerza. ¿Acaso lo de 'esforcémonos' no eran palabras vacías? Por un
momento pensó que quizás Do-ha empezaba a quererlo un poco, pero enseguida
borró la sonrisa de su rostro. Aunque Do-ha no pudiera verlo dentro de la
manta, Yu-dam la sujetó con más fuerza y se encogió aún más, temiendo que sus
pensamientos fueran descubiertos.
"¿Eres un bicho
bola o qué?"
"Solo déjame en
paz."
De todos modos, ya no
pensaba seguir durmiendo. Aunque quisiera, no podría. Simplemente, en este
momento no tenía valor para mirar a Do-ha a la cara. Sentía que sus
sentimientos, que aún no lograba controlar, quedarían totalmente expuestos.
"Levántate y
come. ¿Sabes que ya es mediodía?"
"... ¿Pediste
servicio a la habitación?"
"Sí. Comamos y
salgamos un rato."
"¿A dónde?"
"A donde sea,
pero salgamos. Vinimos hasta aquí, ¿vas a quedarte encerrado en el hotel toda
la semana?"
Do-ha sacudió la
cabeza al ver a Yu-dam todavía moviéndose bajo la manta a pesar de sus
palabras. No es que no entendiera sus ganas de descansar, pero su propio
aburrimiento era un problema mayor. Sobre todo, sentía que si lo dejaba así,
Yu-dam se quedaría igual mañana, pasado y durante toda la semana.
"Oye. Bicho bola.
Levántate rápido."
"No me llames
así."
"Entonces
levántate si no quieres escucharlo. O es que, por casualidad, ¿estás esperando
que te lleve en brazos?"
"¿Qué dices?
¿Estoy loco?"
"Sal rápido
mientras estás cuerdo. Tienes que moverte hoy para calentar el cuerpo."
"……"
De repente, la boca
que soltaba réplicas se quedó callada. El pequeño cuerpo que se retorcía
también se congeló y se quedó completamente quieto. Do-ha ladeó la cabeza y
finalmente puso su mano sobre la manta. Justo cuando iba a sujetarla con
firmeza para destaparla, la manta se levantó un poco y dos ojos negros asomaron
tímidamente.
"¿Por... por qué
tengo que calentar el cuerpo?"
"¿Qué?"
"¿Para qué
quieres que caliente el cuerpo, pervertido?"
Lo primero que pensó
Do-ha al escuchar eso fue que Yu-dam tenía la mente muy sucia. Se preguntó qué
clase de cosas pensaría normalmente para llegar a esa conclusión.
"A ver, señor Ha
Yu-dam. Siento decepcionarte, pero ¿no habíamos quedado en que no habría nada
de eso entre nosotros? ¿No te acuerdas? Tú también estuviste de acuerdo."
"¡Pedazo de
pervertido! ¡¿Entonces para qué quieres que caliente el cuerpo?!"
"Porque mañana
tenemos que hacer senderismo."
"... Creo que
todavía no me he despertado del todo. Escucho tonterías que no tienen
sentido."
Yu-dam, que se había
quedado congelado por un momento, volvió a cubrirse con la manta. Era su forma
de escapar de la realidad, y pensaba que esta huida era muy legítima. ¿Por qué
tenía que ir voluntariamente a provocarse dolores musculares en todo el cuerpo?
Ya era bastante difícil y agotador estar pegado al suelo. Hacer senderismo
hasta extenuarse le parecía una forma cruel de autolesionarse.
Entonces se escuchó una
risita baja. Como si Do-ha ya supiera que Yu-dam reaccionaría así. La risa de
Do-ha era ligera y fresca, muy acorde con un mediodía de mayo. Al pensar que
era una risa que jamás mostraría si lo odiara o despreciara, el corazón de
Yu-dam volvió a traquetear como si estuviera averiado.
"Dijo que
fuéramos mañana al monte Hallasan, nos tomáramos una foto y se la
enviáramos."
"¿Quién?"
"Mi madre."
"... No me digas
que..."
"Exacto. Dijo que
fuéramos hasta Baengnokdam y nos sacáramos una selfie juntos."
"¿Y de verdad
pretendes ir conmigo hasta allá? ¿Hablas en serio?"
"Sí. Voy a ir. Ya
que estamos aquí, no hay razón para no ir. Además, dijo que ya hizo la
reserva."
"Agh, no
quiero... ¿Senderismo de repente?..."
El bicho bola que se
había hecho un círculo perfecto empezó a estirarse poco a poco. Al verlo
estirarse y notar el espacio que quedaba libre en la cama, Do-ha pensó de nuevo
que Yu-dam era realmente pequeño. Si-woo también era pequeño, pero no creía que
fuera para tanto.
Ciertamente, Yu-dam
tenía líneas mucho más finas. Su complexión delicada despertaba el instinto de
protección de un alfa. Por supuesto, si Yu-dam escuchara esto, seguramente se
burlaría, ya que el orgulloso Ha Yu-dam no entendería que alguien pensara eso
de él. En cualquier caso, Yu-dam era alguien que hacía que la otra persona
extendiera la mano sin darse cuenta.
Podía entender por qué
los alfas se obsesionaban más con los omegas dominantes que con los recesivos.
Era simplemente una ley. Como la ley de la gravedad, un omega dominante atraía
a todas las personas a su alrededor, y su fuerza de atracción era simplemente
más fuerte con los alfas.
Por supuesto, él se
consideraba una excepción a esa ley de Yu-dam. Aunque sentía ganas de extender
la mano y quitarle la manta a ese 'bicho bola', no era por el deseo de obsesión
o posesión de otros alfas. Era un deseo más primario y superficial: el impulso
de molestar a Yu-dam y ver su reacción. Al ver que quería comportarse como un
niño con Yu-dam —algo impropio de él—, parecía que, aunque no lo recordara,
realmente habían sido mejores amigos en aquel entonces.
Le parecía absurdo
estar quitándole la manta a un amigo con el que no se quería casar, pero
decidió no darle muchas vueltas. Lo importante era Ha Yu-dam, que forcejeaba
con una cara que parecía que iba a ponerse a llorar en cualquier momento. Do-ha
ya esperaba que Yu-dam se quejara de no querer hacer senderismo. Aun así, verlo
retorcerse y demostrarlo con todo su cuerpo le provocó una risa involuntaria.
Parecía un bicho bola boca arriba pataleando con sus patas.
"¿Entonces no vas
a ir? Mi madre se va a poner triste si voy solo, ¿estás seguro?"
"... Iré. ¿Cuándo
dije que no iría?"
"Entonces sal
rápido. No andes lloriqueando luego porque te duelen los músculos."
Entonces, la manta se
retiró de golpe y el pequeño bicho bola finalmente mostró su rostro. Sus finos
cabellos se habían erizado por la electricidad estática, por lo que Do-ha tuvo
que morderse los labios para no reírse. Era la primera vez que veía a un Yu-dam
que no estaba a la defensiva o soltando pullas, sino que se veía descuidado y
lleno de grietas. Por alguna razón, las yemas de los dedos de Do-ha sintieron
un cosquilleo, así que cerró y abrió los puños ligeramente mientras clavaba la
vista en el cabello de Yu-dam.
Yu-dam notó enseguida
que lo estaba mirando y pasó sus dedos para peinarse. Debido a la estática que
aún no se iba, su cabello flotaba ligeramente.
"... Pero, ¿no
podemos hacer otra cosa en lugar de senderismo? ¿Es obligatorio subir hasta
allá?"
"Sí. Dijo que su
objetivo era que nos hiciéramos cercanos pasando penalidades juntos. Y que si
surgía el amor, mejor que mejor."
Era una idea típica de
su madre. Yu-dam soltó un gran suspiro al recordar a la madre de Do-ha, que
siempre se ponía sentimental al verlo. Al verla, era imposible no darse cuenta
de que se estaba jugando la vida en este matrimonio. Por eso le preocupaba más;
cuanto más ferviente es el deseo de alguien, más suele torcerse el destino,
como si quisiera burlarse.
"Pero... ¿No hay
que tener ganas de hacerse cercanos para poder pasar penalidades juntos?"
"¿Por qué pones
tanta distancia? Aunque seamos una pareja con fecha de caducidad, seremos
esposos durante tres años."
Ante la respuesta de
Do-ha, los ojos negros de Yu-dam rodaron de un lado a otro. Se preguntó qué
querría decir con eso y giró levemente los ojos para mirar a Do-ha.
Como pensaba, no había
ningún significado oculto. Era imposible que ese tonto de Baek Do-ha tuviera
alguna intención. Ante el rostro inocente y radiante de Do-ha, Yu-dam soltó un
largo suspiro.
"¿Y tú tienes
intención de hacerte cercano a mí?"
"Mmm... Si me lo
preguntas, no es que no la tenga."
Esta vez Yu-dam
parpadeó sorprendido. ¿Baek Do-ha sintiendo cariño por él? Solo con eso, su
corazón ya se estaba acelerando. Pensó que incluso el cariño de amigos cuenta,
y se sintió hasta conmovido. Debido a la sorpresa, no pudo responder de
inmediato y, tras dudar un poco, Yu-dam habló con cautela:
"... Que no es
que no la tengas... ¿significa que sí la tienes?"
"Sí. Dicen que
hasta el cariño por alguien que te cae mal también es cariño."
¡Pum!
Yu-dam agarró la
esquina de la almohada y golpeó ligeramente el cuerpo de Do-ha. Mientras
fruncía los labios y lo miraba de reojo, Do-ha soltó una carcajada y habló:
"¿Por qué? ¿No te
gusta que diga que es cariño por alguien que me cae mal? Ah, no me digas que...
¿Te gusta que te diga 'cariño, te amo' o algo así?"
"Cállate. No lo
digas."
Era natural que Yu-dam
se sorprendiera por esas palabras inesperadas. Si no tuviera sentimientos como
Do-ha, le habría respondido con el mismo tono, pero estaba tan desconcertado
que su mente se quedó en blanco. Solo podía pensar en fulminar a Do-ha con la
mirada y callar esa boca de serpiente; no era capaz de pensar en nada más.
Aunque sabía
perfectamente que lo decía en broma, por el hecho de ser la persona que le
gustaba, esa broma cobró el poder de manipular los sentimientos de Yu-dam a su
antojo. Esa broma ahora era invencible, y Yu-dam tenía que esquivar ese poder
como fuera. Era su único ataque y defensa posible.
"¿Cómo que me
calle? ¿Cómo puedes decirme algo tan grosero, cariño?"
"¡¿Estás loco?!
¡No lo digas! ¡He dicho que no lo digas!"
Cuanto más se
horrorizaba Yu-dam, más se divertía Do-ha. Había pensado que hacer saltar a
Yu-dam sería la única diversión de esta vida matrimonial. Pero,
inesperadamente, Yu-dam perdía los estribos con facilidad ante sus palabras y
se encendía enseguida. En resumen, significaba que le divertía tanto su
reacción que quería burlarse más.
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"Mmm... Pero
sabes una cosa..."
Do-ha alargó las
palabras sin terminarlas, lo que aumentó la ansiedad de Yu-dam. Como los ojos
de Do-ha seguían brillando con picardía, Yu-dam no podía bajar la guardia. Los
ojos de Yu-dam, al encontrarse con los de Do-ha, empezaron a temblar
violentamente. En cuanto los ojos de Do-ha, que lo miraban fijamente,
confirmaron que Yu-dam temblaba de ansiedad, se entrecerraron formando una
media luna. Una sonrisa radiante cubrió todo su rostro.
"¿Qué?... ¡¿Qué?!
¿Por qué me miras así?"
"¿Sabes que
cuanto más odias algo, más ganas dan de hacerlo, cariño?"
"¡Oye, Baek
Do-ha!"
"¿Qué tal si me
llamas 'amor' en lugar de por mi nombre? Aquí tienes a tu amor, cariño."
"¡Aaaagh! ¡Este
loco de Baek Do-ha! ¡Basta!"
Yu-dam soltó un grito
y volvió a blandir la almohada. Debido a que Do-ha la esquivó rápidamente, la
almohada que Yu-dam lanzó voló por los aires y cayó a lo lejos con un golpe
seco. Yu-dam resoplaba de rabia y lanzó un puñetazo hacia Do-ha, que seguía
riendo con descaro. Por supuesto, no fue nada amenazador. No fue rápido ni
brusco, y ni siquiera parecía que fuera a causar algún impacto si llegaba a
golpearlo.
Do-ha esquivó los
ataques con destreza, sabiendo perfectamente lo que hacía. No es que no
quisiera recibir un golpe, sino que sabía que esquivarlos haría que Yu-dam se
alterara todavía más.
"¡Oye!"
"¿Qué pasa,
cariño? ¿Intentas matar a tu propio esposo?"
"¡Maldita sea!
¡Te dije que no me llamaras así!"
Finalmente, Yu-dam no
pudo contenerse más e intentó abalanzarse sobre él, pero de repente, su visión
dio un vuelco. Todo sucedió tan rápido que Yu-dam ni siquiera pudo emitir un
sonido; solo parpadeó confundido mientras sentía cómo el mullido colchón
envolvía desde su nuca hasta el resto de su cuerpo.
Lo único que veía era
el techo a lo lejos y a Baek Do-ha justo frente a sus ojos. Los brazos que
había agitado para golpear a Do-ha estaban ahora atrapados por las manos de
este, extendidos hacia arriba.
"……¡Es-estás
loco! ¡Quítate!"
"Vaya, cariño.
Tienes la cara toda roja. ¿Acaso te gustan estas cosas?"
"¡Que dejes de
decir eso!"
"Haberlo dicho
antes. Seguro esperabas mucho de nuestra noche de bodas, y yo, sin saberlo, te
dejé dormir solo."
"Lo siento,
cariño." Al ver cómo Do-ha incluso bajaba las cejas fingiendo una pena
sincera, Yu-dam pataleó con más fuerza.
No conocía a este Baek
Do-ha. Es más, jamás había estado en una posición así con nadie. Esta
experiencia desconocida empujó a Yu-dam rápidamente hacia un rincón mental, un
lugar que se sentía como el borde de un abismo o un vacío donde sus pies no
tocaban el suelo. Algo inexplicable vibraba desde la punta de sus pies; era una
emoción nueva cargada de miedo y vergüenza.
"Cada vez te
pones más intenso. Cariño, ¿acaso tú...?"
Cuando Do-ha dejó la
frase en el aire, Yu-dam tragó saliva inconscientemente. Con los ojos temblando
de par en par, se quedó mirando fijamente los labios de Do-ha. Do-ha soltó una
pequeña risa ante esa mirada y bajó la cabeza lentamente.
Yu-dam cerró los ojos
con fuerza sin darse cuenta. Olvidó forcejear, olvidó respirar. Su mente volvió
a quedar en blanco. Justo cuando todo su cuerpo estaba rígido por la tensión,
sintió el aliento de Do-ha. No sobre sus labios, sino en su oreja derecha.
"Cariño... por
casualidad, ¿eres virgen?"
Yu-dam abrió los ojos
de golpe. Pestañeó rápidamente tratando de procesar la situación, mientras una
risa baja resonaba en su oído.
"¿Qué pasa? ¿Es
verdad?"
"¡¿Qué va a ser
verdad?! ¡Suéltame! ¡He dicho que me sueltes! ¡Suéltame ahora mismo!"
"No te pongas así
y dime. ¿Lo eres?"
"¡¿Qué te voy a
decir, pervertido?! ¡Solo suéltame!"
Yu-dam se retorció con
todas sus fuerzas. El rojo intenso que había empezado en su rostro se extendió
rápidamente a sus orejas y cuello. Finalmente, se mordió el labio inferior con
fuerza. Los ojos le escocían y sentía un nudo en la nariz. Odiaba esto. Le dolía
el orgullo, y le parecía injusto que pareciera que estaba a punto de llorar.
"No estoy
llorando. No te equivoques. Si te haces ideas raras, te mato."
"¿Quién ha dicho
nada? Ya sé que para mi cariño el orgullo lo es todo."
"¡Si lo sabes,
suéltame de una vez, maldito pervertido de mierda!"
Al ver esa escena,
Do-ha se humedeció los labios con la lengua sin pensarlo. Por alguna razón,
algo que nunca había experimentado antes subió por su garganta. Si tuviera que
compararlo, era similar al instinto carnal que siente un depredador al
acorralar a una presa pequeña. Cuanto más temblaba y trataba de huir el pequeño
y frágil animal, mayor era el placer. Al imaginar su rostro encontrándose con
la desesperación al final de su huida, sintió que la sangre le hervía.
Mientras tanto, Yu-dam
seguía retorciéndose frenéticamente para escapar. Gritaba y sacudía la cabeza
de un lado a otro. Probablemente actuaba de forma caótica para ocultar su
vergüenza, pero debido a eso, no pudo ver el rostro de Do-ha. Gracias a ello,
Do-ha se sintió aliviado de poder ocultar que se le estaba secando la boca al
ver el rostro de Yu-dam a punto de llorar.
Ciertamente, esto no
era propio de él. Do-ha siempre se había considerado alguien con poco deseo
sexual, de estilo sobrio, por lo que su estado actual lo desconcertaba.
Afortunadamente, gracias al rostro encendido de Yu-dam, esa sensación
incomprensible se desvaneció pronto. No sabía si era por su naturaleza sobria o
porque él mismo estaba desconcertado.
"¡Maldita sea!
¡Que me... sueltes!"
Debido a que Yu-dam
sacudió su cuerpo con tanta fuerza que sus muñecas atrapadas empezaron a
marcarse, Do-ha no tuvo más remedio que chasquear la lengua.
"Vaya
temperamento tienes."
"¡¿Y qué?! ¡Tú
eres el que no me soltaba!"
"Ya entendí,
quédate quieto un... ¡Ah!"
En el momento en que
Do-ha lo soltó pensando que parecía un potro desbocado, la mano de Yu-dam,
libre de obstáculos, voló por inercia. Los ojos de Yu-dam se abrieron con
sorpresa y en los de Do-ha se reflejó el fastidio. Como era de esperar, las
puntas de los dedos de Yu-dam rasguñaron la mejilla de Do-ha al pasar.
"¡Fue... fue
porque me soltaste de golpe! ¡No lo hice a propósito!"
"……"
El rostro de Do-ha se
endureció rápidamente. Sus ojos, afilados como hielo negro, se clavaron en
Yu-dam. Este movió sus grandes pupilas de un lado a otro y terminó bajando las
cejas con tristeza. Sus ojos se empañaron.
"Mierda……"
"……"
"Ah, qué
fastidio. Lo sé. Ya lo sé. Lo siento. Sabes que no fue queriendo. No me mires
así."
Yu-dam se presionó los
ojos con ambas muñecas. Que Do-ha lo mirara con desprecio no era nada nuevo,
así que no le importaba; normalmente le devolvería la misma mirada y ya está.
Pero ahora no podía. Por alguna razón, se sentía vulnerable. Quizás era por el
desconcierto ante aquellos apodos inesperados, o por haber sido inmovilizado
por un alfa dominante y no por su amigo de la infancia.
En medio de todo, no
podía soportar que la mirada de Do-ha no contuviera ni una pizca de emoción
hacia él. Preferiría que lo mirara con odio o fastidio antes que con esa mirada
vacía e indiferente. Quería que, para Baek Do-ha, la existencia de Ha Yu-dam
fuera siempre algo vívido.
En ese momento, sintió
que algo se abalanzaba sobre él. Yu-dam se quedó congelado con las manos aún
presionando sus ojos. Algo cálido y suave comenzó a rozar el dorso de sus
manos, dejando pequeños besos que se repetían una y otra vez. Yu-dam entreabrió
los labios, pero terminó cerrándolos sin poder decir nada. Jamás imaginó que
recibiría esos besos que solía recibir hace 17 años en una situación como esta.
¿Quién lo hubiera
pensado? Baek Do-ha dándole besos a Ha Yu-dam.
"Lo hago para que
no llores."
"……¿Estás loco?
¿Por qué iba a llorar yo?"
"Y no te
ilusiones. El contacto físico es lo más efectivo para calmar a los niños."
"Desgraciado.
¿Acaso soy tu hijo?"
Do-ha finalmente alejó
sus labios. Aunque las manos de Yu-dam seguían cubriendo sus ojos, Do-ha supo
que no era necesario seguir. Afortunadamente, parecía haber vuelto el Ha Yu-dam
que conocía. Sobre todo, se alegró de que Yu-dam no preguntara 'por qué' lo
había hecho. No tenía una respuesta. No había tenido tiempo ni de pensarlo; su
cuerpo se movió primero.
Bueno, en estos casos
sería más correcto decir que el corazón se movió primero, pero en fin, no tenía
una explicación lógica. Solo quiso hacerlo como un viejo hábito grabado en su
cuerpo. Ver a Ha Yu-dam dolido por su mirada fría le dolió más a él. Quizás por
eso, ese afecto que se había convertido en costumbre fluyó con naturalidad.
No se sintió extraño.
En el momento en que posó sus labios, a pesar de haber pasado 17 años, los
recuerdos de cuántas veces le había dado esos besos a Yu-dam antes de eso afloraron
con nitidez. Al mismo tiempo, pensó que tal vez el Baek Do-ha de la infancia
realmente adoraba a Ha Yu-dam y lo encontraba tierno.
Do-ha se quedó mirando
fijamente a Yu-dam, quien esperaba que él se quitara de encima con los ojos aún
cubiertos. Le pareció injusto que Yu-dam lo hubiera hecho pensar que era
tierno, aunque fuera por un instante, así que quiso burlarse de él.
"¿Hijo? Eso sería
un problema. Mi hijo pasaría a ser mi 'cariño'."
"¡Oye, Baek
Do-ha!"
Yu-dam finalmente
quitó sus manos y soltó un grito. Do-ha no perdió la oportunidad y volvió a
sujetar las muñecas de Yu-dam. Definitivamente, este era el estilo que le
pegaba a Ha Yu-dam. Al volver al punto de partida, los ojos de Yu-dam empezaron
a temblar violentamente. Sin saber qué haría Do-ha, en su mirada se mezclaban
la sorpresa, la confusión y el caos.
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Al ver a Yu-dam sin
saber qué hacer, Do-ha sintió una vez más que algo inexplicable golpeaba con
fuerza su interior. Finalmente, Do-ha tragó saliva junto con esa emoción
indescriptible. Era un sentimiento que prefería no analizar. Estaba seguro de
que se olvidaría pronto si seguía burlándose de Yu-dam. Así que, siguiendo el
curso natural de las cosas, decidió usar de nuevo la broma que ya había
demostrado ser efectiva.
Cuando Do-ha bajó el
rostro lentamente, Yu-dam, en lugar de cerrar los ojos, los abrió de par en par
con fuerza. Mantuvo la tensión sin dejar de fulminar con la mirada a Do-ha
mientras este se acercaba. Gracias a eso, Do-ha pudo sonreír más ampliamente y
acercarse al oído de Yu-dam. Sintió cómo el vello de Yu-dam se erizaba ante su
aliento.
Do-ha se humedeció los
labios con la lengua y susurró lentamente con voz profunda:
"Pero sabes una
cosa……"
Yu-dam tembló
involuntariamente. El aliento de Do-ha acariciando su oído era demasiado
estimulante para él. No pudo responder; solo tragó saliva con dificultad. Do-ha
contuvo una carcajada. No entendía por qué le daba tanta risa ver a Yu-dam así
de rígido y tenso. Finalmente, abrió la boca para añadir una última cosa:
"Yo también soy
virgen. Así que somos almas gemelas vírgenes. ¿Verdad, cariño?"
"¡Aaaagh! ¡Baek
Do-ha, maldito pervertido loco!"
Yu-dam soltó un
alarido y pataleó con todas sus fuerzas. La cama se hundía y subía provocando
un gran rebote. Do-ha, tras dudar si seguir sujetándolo para burlarse más,
soltó a Yu-dam entre carcajadas. Al ver que los ojos de Yu-dam se humedecían,
sintió que algo se agitaba en algún lugar de su corazón. No era incomodidad ni
desagrado; era más bien como si un sentimiento natural llegara lentamente, como
el mar en calma formando espuma blanca al acercarse.
Do-ha rió aún más
fuerte para ocultar su interior incomprensible. Gracias a eso, Yu-dam se
levantó de un salto, resoplando. No dejó de fulminar a Do-ha mientras se
masajeaba las muñecas una por una. Le gustaba tanto que le resultaba
insoportable lo odioso que era.
"Virgen mis
narices. Maldito pervertido loco."
Yu-dam empujó el
cuerpo de Do-ha con la punta del pie, echándolo de la cama. Al dejarse empujar,
el cuerpo de Do-ha se tambaleó de un lado a otro como un tentempié. Do-ha no
paró de reír hasta el final, cuando agarró el tobillo de Yu-dam y lo dejó
pegado a la cama.
"Ya se te quitó
el sueño, ¿verdad? Ve a lavarte rápido."
Do-ha le revolvió el
cabello a Yu-dam con fuerza a propósito antes de salir de la habitación. Al
salir, su mente estaba llena del rostro inesperado de Yu-dam. Pensó que un
joven heredero tan ingenuo no encajaba con Ha Yu-dam, pero por otro lado,
sentía que precisamente por ser Ha Yu-dam, le encajaba a la perfección. En
cualquier caso, había sido un espectáculo bastante entretenido. Ese rostro encendido,
esa expresión a punto de llorar y esos ojos humedecidos por el desconcierto...
quién sabe cuándo volvería a ver a ese noble heredero en ese estado.
Click.
Cuando Do-ha salió y
la puerta se cerró, Yu-dam se peinó lentamente el cabello y trató de recuperar
el aliento. Sentía como si su corazón le golpeara los oídos. Tratando de calmar
sus sentimientos desbocados, se dejó caer sobre la cama.
Su mente sabía
perfectamente que Do-ha era un alfa dominante. Sin embargo, estaba
redescubriendo ese hecho de una forma nueva. Para el Ha Yu-dam que recordaba al
Baek Do-ha de antes de los 15 años, el Baek Do-ha alfa dominante era demasiado
estimulante, demasiado sensual. Sus nervios periféricos, que habían estado
dormidos, despertaron de golpe y su respiración agitada se le hacía pesada.
¿Serían todos los
alfas dominantes así? ¿O era porque todavía le gustaba Baek Do-ha? Yu-dam se
presionó los ojos con ambas manos y se hizo la pregunta. La respuesta llegó
rápido; no era un problema tan difícil. Signific aba que el omega dominante Ha Yu-dam había empezado a ver al
Baek Do-ha que todavía amaba como un alfa dominante.
*
* *
El clima era bueno y
el cielo estaba azul. Desde la entrada, el denso aroma de la vegetación y el
sonido de las aves silvestres a lo lejos despejaban la mente. El sonido rítmico
de la gente empezando a subir a su propio ritmo por el camino de tierra
aligeraba los pasos de Yu-dam. Aunque no le gustaba especialmente el
senderismo, pensó que si el cielo seguía así de despejado al llegar a
Baengnokdam, la frescura y la claridad lo harían sentir de maravilla.
Justo hasta ahora,
antes de que todo se le pusiera negro frente a sus ojos.
"¡Ja! ¡No lo
haré! No puedo. No puedo seguir."
"¿Vas a bajar
después de haber llegado hasta aquí? ¡Si lo único que has visto son
árboles!"
"¡Ay, no sé!
¡Dije que no puedo! ¡Mis piernas no se mueven, ¿cómo quieres que camine?!"
Su error fue confiar
demasiado al principio, cuando la pendiente parecía suave y fácil. Yu-dam se
apartó un poco del sendero y se desplomó sobre una pequeña roca. La ropa
empapada en sudor se sentía cada vez más pesada. Mientras jadeaba y se quejaba,
Do-ha soltó un breve suspiro y obligó a Yu-dam a ponerse de pie.
"¡Dije que
descansáramos un momento!"
"Descansa de
pie."
"¡Oye!"
"Tanto si vamos a
bajar como si vamos a subir, tenemos que seguir moviéndonos. No puedes quedarte
sentado."
Solo entonces Yu-dam
comprendió a qué se refería. Recordó vagamente que le habían dicho que sentarse
a descansar hacía que después fuera más difícil retomar la marcha. Al volver a
caminar, el cuerpo se siente pesado y, a veces, los músculos se tensan provocando
calambres. No entendía por qué la gente hacía estas caminatas tan agotadoras.
Es más, ni siquiera entendía por qué comparaban la vida con el senderismo. La
vida ya es lo suficientemente dura y asfixiante, ¿para qué buscarse este
sufrimiento a propósito?
"Baek Do-ha...
Siento que me voy a morir de verdad."
Esto era una locura.
No debió venir por mucho que su madre se lo pidiera. El arrepentimiento y la
culpa daban vueltas en su cabeza. Aún no era tarde; podía simplemente bajar por
donde vino. Ese camino recorrido se sentía ahora como su único salvavidas.
"De verdad tú...
Ja. Si te quedas tirado aquí, será peor."
Do-ha suspiró y volvió
a levantar a Yu-dam, que intentaba sentarse de nuevo. Yu-dam, con el cuerpo ya
lacio, negó con la cabeza con expresión de llanto. Incluso el brazo que Do-ha
sujetaba empezó a caerse como si se estuviera derritiendo.
"Dije que
no."
Finalmente, Do-ha
metió las manos bajo las axilas de Yu-dam para ponerlo derecho. El cuerpo de
Yu-dam seguía pesando, pero Do-ha hizo que se apoyara en él para que no se
cayera. Pensó que apoyarse en una persona era mejor que hacerlo en un árbol.
Así podría regular su respiración agitada más fácilmente y el calor corporal
ayudaría un poco a la circulación.
"Oye... ¿No
podemos simplemente bajar? Yo se lo explicaré a tu madre."
"Por eso nos
envió. Porque sabía que te costaría."
"Ah, es cierto...
fue por eso..."
Yu-dam dejó caer la
frente contra el pecho de Do-ha. Le dio risa escuchar el pulso acelerado de
Do-ha por la subida. Por alguna razón, ese sonido le daba seguridad. Cerró los
ojos y se concentró en los latidos, sintiendo que su corazón se calmaba. Al
compás del pulso regular de Do-ha, Yu-dam empezó a respirar profundamente.
Inhalando y exhalando con calma, el ahogo que sentía en la garganta se disipó y
la vista dejó de darle vueltas. Por primera vez experimentó lo que significaba
sentir la sangre limpia y el oxígeno fluyendo desde la cabeza hasta la punta de
los pies.
"¿Mejor?"
"Sí."
"¿Vas a
bajar?"
"... ¿Crees que
tu madre se enojará?"
"No."
Ante la respuesta
tajante de Do-ha, Yu-dam se mordió el labio con fuerza. Sabía perfectamente que
la madre de Do-ha no lo odiaría ni se sentiría decepcionada por algo así. Si le
decía que bajó porque estaba exhausto, ella incluso lo felicitaría por haberlo intentado.
Simplemente se sentía mal consigo mismo por no poder cumplir con un deseo que
no era para tanto. Ella siempre lo había adorado por ser el hijo de su amiga.
Por eso, era natural que Yu-dam quisiera corresponder a ese cariño. Se había
jurado hacerlo siempre y, hasta ahora, creía que lo había hecho bastante bien.
Si no fuera por este maldito senderismo que hacía flaquear su determinación,
Yu-dam seguiría creyendo que no hay mejor hijo de amiga que él.
En fin, el problema
era esta montaña. Este monte Hallasan de aspecto imponente que parecía querer
ser testigo del amor entre Yu-dam y Do-ha.
"¿Tú quieres
ir?"
"¿Sinceramente?"
"Sí."
"Si no es por una
ocasión así, yo tampoco pensaría en subir al Hallasan. Lo uso como excusa. Así
que... sí, quiero ir."
"... Vamos
entonces."
"¿En serio?"
"Empecemos rápido
antes de que cambie de opinión. Es una lástima bajar después de haber llegado
hasta aquí."
Do-ha soltó una
risita, sacó una botella de agua de la mochila y se la tendió. Cuando Yu-dam le
lanzó una mirada de reproche por no habérsela dado antes, Do-ha frunció el ceño
y habló.
"Si te la daba
antes, te la habrías bebido toda de golpe como un tonto."
"... Sé
perfectamente que solo hay que humedecerse la garganta."
"El problema es
que no haces lo que sabes."
Yu-dam hizo un mohín.
Le devolvió la botella, se giró y empezó a caminar primero. La ropa mojada
pesaba, pero el verdadero problema era que sentía sus propias piernas como
plomo. Vaya, así que uno puede llegar a sentir sus piernas pesadas y molestas,
pensó Yu-dam mientras avanzaba. La gente que subía con ellos le preguntaba de
vez en cuando si estaba bien. Agradecía la amabilidad, pero como no tenía
energía ni para responder, solo asentía levemente. Para Yu-dam, ese simple
gesto ya requería un esfuerzo monumental.
Al menos Do-ha cargaba
con todo el equipaje, lo que le permitía concentrarse solo en su cuerpo. Fue
una suerte haber cedido ante los regaños de Do-ha en el hotel y salir solo con
lo puesto. Giró un poco la cabeza para mirar a Do-ha, que lo seguía de cerca, y
este le hizo un gesto con la barbilla indicándole que siguiera caminando.
Yu-dam frunció el ceño con fastidio y, en ese instante.
"¡Ah!"
Pisó mal, resbaló y
cayó de golpe. Sus piernas perdieron la fuerza y se desplomó. Sin tiempo para
reaccionar, sus manos resbalaron en el suelo y terminó rodando bruscamente.
"¡Ha
Yu-dam!"
Do-ha, que venía
detrás, se asustó y estiró la mano, pero Yu-dam ya estaba en el suelo
quejándose de dolor.
"Ah... ¿Estás
bien?"
Do-ha soltó un lamento
mientras ayudaba a Yu-dam a levantarse. Apoyándose en Do-ha, Yu-dam sintió un
dolor punzante por todo el cuerpo. Un gemido débil escapó de entre sus labios,
y Do-ha, chasqueando la lengua, empezó a revisar su cuerpo con cuidado.
"No parece que
haya nada roto."
"¿Qué quieres,
que hagamos un ritual de agradecimiento?"
"Me estoy
preocupando por ti. ¿De verdad tienes que ser tan sarcástico con todo?"
"……"
"Ja. Está bien,
intenta caminar. Quiero ver si tienes alguna otra lesión."
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Do-ha lo soltó un poco
y retrocedió para observar cómo caminaba. Sin embargo, Yu-dam no pudo dar ni un
paso sin el apoyo de Do-ha y volvió a desplomarse.
"¡Ugh!"
"¿Qué pasa? ¿Te
duele? ¿No puedes caminar?"
"Baek Do-ha...
creo que... me he torcido el tobillo."
Yu-dam se mordió el
labio inferior y habló con cautela. Los ojos de Do-ha se agrandaron, llenándose
de preocupación. Se sentó rápidamente frente a él y extendió las manos.
"Gira el tobillo.
Despacio."
Siguiendo el toque de
Do-ha, Yu-dam giró el pie lentamente y soltó un pequeño grito. Un dolor
eléctrico subió desde el tobillo y se extendió por todo su cuerpo.
"No creo que
pueda caminar..."
Ante la voz baja de
Do-ha, Yu-dam apretó los labios. Do-ha le quitó el calzado y empezó a tocarle
el pie con naturalidad. Yu-dam contuvo el aliento. Le daba vergüenza tener el
pie sudado, pero al ver que a Do-ha no parecía importarle en absoluto, apretó
los dientes con más fuerza. Observó la coronilla de Do-ha mientras este le
revisaba el tobillo con ambas manos. Solo entonces fue plenamente consciente de
su situación: él sentado en el suelo y Do-ha arrodillado sobre la tierra a su
lado por él. Al intentar recordar cuándo había sido la última vez que Do-ha
había sido tan amable, Yu-dam sintió un nudo en la garganta. Sobre sus
recuerdos lejanos, se empezaba a acumular una nueva capa de ternura.
Le resultaba difícil
asimilar que este afecto terminaría en tres años. El sentimiento de creer que
Do-ha algún día recordaría su promesa y volvería a él creció de golpe, como si
lo hubiera alcanzado un tifón.
"No hay nada que
hacer. Bajemos."
"... Ve tú."
"¿Qué?"
"Sube tú
solo."
"¿Y tú? ¿Cómo
piensas bajar?"
Do-ha abrió mucho los
ojos, incrédulo ante las palabras de Yu-dam. Al verlo tan terco con los labios
apretados, no pudo evitar suspirar. Podía intuir por qué Yu-dam le decía que
subiera solo.
"En este estado,
es más peligroso que bajes solo."
"Entonces te esperaré
aquí. Solo ve y vuelve rápido."
"¿Cómo vas a
esperar aquí solo varias horas? No digas tonterías."
"¿Entonces qué?
Dijiste que faltaba poco. ¿Vas a bajar después de haber llegado hasta
aquí?"
Ese lugar al que
querías ir, murmuró Yu-dam en voz baja. Ante esas palabras, Do-ha se frotó la
cara con una mano. Aunque al principio fue por la presión de Hae-joo, la verdad
es que Do-ha tenía bastantes ganas de este plan. Sabía que, normalmente, se
quedaría en el mar y ni miraría la montaña, así que pensó que la insistencia de
Hae-joo no estaba mal. Creía que ver Baengnokdam sería una experiencia nueva.
Incluso el hecho de que Yu-dam fuera su acompañante no era un problema para él.
El sentimiento de no querer verlo ni en pintura había quedado atrás, antes de la
boda. Al empezar a descubrir facetas inesperadas de Yu-dam, su rechazo se había
diluido como si le hubieran echado agua. Aunque a veces se sentía asfixiado e
irritado al verlo, cuando le respondía a sus pullas y se burlaba de él, la
diversión ocupaba rápidamente el lugar del fastidio. Esa era la principal razón
por la que no podía dejar de molestarlo.
"¿Y cómo voy a
dejar solo a alguien que no puede ni caminar? ¿Estás loco?"
"No hay otra
forma. ¿O es que me vas a llevar a cuestas?"
"... Pues eso
haré."
"¿Qué? ¡¿Estás
demente?! ¿Cómo vas a subir hasta allá cargándome?"
En cuanto Yu-dam gritó
escandalizado, las miradas de la gente se clavaron en ellos. Yu-dam volvió a
morderse los labios y bajó la vista. Si ya era así ahora, si subía a cuestas,
seguramente captaría la atención de mucha más gente. No es que le importara que
lo miraran, simplemente odiaba que él y Do-ha se convirtieran en el cotilleo de
extraños.
"Ni hablar. Me
niego."
"Soy yo el que
carga, ¿por qué protestas tú?"
"¡Porque no
quiero que me cargues!"
Do-ha inhaló y exhaló
lentamente ante la rotunda negativa de Yu-dam. Se humedeció los labios con la
lengua y soltó un largo suspiro, como si intentara vaciar el fastidio que
sentía por dentro.
Al ver a Yu-dam
ponerse serio y con el rostro endurecido, una sospecha cruzó la mente de Do-ha.
"……¿Entonces qué
es? ¿Es porque soy yo? ¿Tanto te disgusta que te cargue que prefieres hacer un
escándalo con esa pierna herida?"
"¡¿Qué?! ¡No es
eso!"
Yu-dam se sorprendió y
negó con la cabeza con vehemencia. Ni siquiera se le había pasado por la cabeza
algo así. Si había llegado hasta aquí, era precisamente porque se trataba de
Do-ha. Porque Do-ha quería ir, y Yu-dam deseaba ver su rostro de felicidad al
contemplar el Baengnokdam. Solo en ese momento se dio cuenta de que su actitud
podía malinterpretarse fácilmente y se sintió abrumado. No quería que
descubriera sus sentimientos, pero tampoco quería que pensara que lo detestaba
tanto como para rechazar su ayuda.
Yu-dam deseaba que, al
menos durante lo que durara su matrimonio, pudieran llegar a ser amigos, aunque
sabía que las probabilidades eran mínimas. Para intentar alcanzar ese sueño, no
podía permitir que Do-ha se quedara con un malentendido tan terrible.
"No te
equivoques. Jamás pensé algo así."
"¿Entonces qué?
¿Por qué te pones tan terco y te niegas a que te cargue cuando ni siquiera
puedes caminar?"
"……Es por mi
orgullo."
"¿Qué?"
Do-ha ladeó la cabeza
al oír el murmullo de Yu-dam. Creyó haber escuchado mal porque nunca imaginó
que el orgullo saldría a colación en un momento así. Sin embargo, el mohín en
los labios de Yu-dam confirmaba que no había oído mal.
"No quiero que la
gente murmure. Dirán que para qué vengo si voy a subir a cuestas, que mejor no
hubiera venido."
"Eso lo dirían
porque no saben que te lastimaste."
"Lo sé. Pero
igual odio oírlo. Odio que me miren como a un omega que se le cuelga a un alfa
para hacerse el mimoso."
Ante la explicación
llena de quejas, Do-ha no pudo evitar soltar una risa seca. Yu-dam se
preocupaba por la opinión de desconocidos que ni siquiera recordaría al día
siguiente. Estuvo a punto de decirle que vivir así debía de ser agotador, pero
se calló al recordar la frase 'trato de omega'.
Do-ha apretó los
labios y se frotó las sienes mientras elegía sus palabras. Para él, lo
importante no era la mirada de los demás ni el orgullo de Yu-dam. Las opciones
eran pocas y el problema era que no lograban ponerse de acuerdo.
Do-ha señaló hacia la
cima y volvió a hablar.
"Entonces, ¿cómo
piensas subir?"
"Puedes ayudarme
a caminar, sosteniéndome."
"No quiero.
Cargarte es más rápido."
"Por eso te digo
que vayas tú solo. Te estoy diciendo que vayas tranquilo, ¿por qué te empeñas
tanto en llevarme?"
Uno se empecinaba en
cargar y el otro en no ser cargado. Do-ha se revolvió el cabello y soltó un
suspiro de irritación.
"Ja……. Olvida el
Baengnokdam, no hace falta verlo, bajemos ya. Tú eres el herido, ¿por qué eres
tan terco? ¿Qué clase de loco dejaría a alguien lastimado para irse a la cima
solo? No tiene sentido."
Yu-dam se mordió el
labio ante las palabras afiladas de Do-ha. Miró su rostro fastidiado, bajó la
vista y habló con dificultad.
"Es que me siento
mal por ti……."
"……."
Yu-dam agachó la
cabeza como si quisiera hundirse en el suelo. Si de pronto apareciera un
socavón en el Hallasan, sin duda la culpa sería de Ha Yu-dam. Do-ha se quedó
mirando su coronilla y luego le dio unos golpecitos suaves en la cabeza. Esa
cabecita tan pequeña encajaba perfectamente en su mano grande. Cargarlo no se
notaría nada, pensó.
Debido a la
personalidad y al estatus de Yu-dam, la gente —incluido Do-ha— solía percibirlo
como alguien más imponente. Pero tras lo ocurrido entre ayer y hoy, Do-ha se
dio cuenta de que Yu-dam era mucho más pequeño y frágil de lo que imaginaba. Su
porte digno y el respaldo de su familia hacían que los demás lo miraran hacia
arriba, pero de cerca, Yu-dam resultó ser el tipo de persona que, sin pedirlo,
hacía que los demás quisieran cuidarlo.
Do-ha pensó que, si no
lo hubiera odiado, probablemente ya lo tendría en brazos consintiéndolo sin
dejar que sus pies tocaran el suelo. Verlo así de desanimado y con la cabeza
baja era tierno por lo inusual, pero no quería verlo así por mucho tiempo; no
tenía por qué disculparse por algo tan trivial.
Do-ha se humedeció los
labios y le despeinó el cabello con fuerza.
"¡Ah! ¡No hagas
eso!"
Protestó Yu-dam
levantando la mirada para fulminarlo. Do-ha soltó una carcajada franca. Su voz,
a diferencia de antes, sonaba ligera y animada.
"Si yo no quiero
ayudarte a caminar y tú no quieres que te cargue a la espalda, hay otro
método."
"¿Cuál?"
"Te llevaré al
hombro."
"……¿Qué? ¿Qué vas
a hacer qué?"
Yu-dam parpadeó
rápidamente. Sus ojos oscuros aparecían y desaparecían tras sus párpados,
mientras Do-ha veía su propio reflejo sonriendo travieso en las pupilas de
Yu-dam.
"Que te llevaré
al hombro."
"¿Estás loco?
¿Por qué de repe…… ¡Aaaah! ¡Oye! ¡Oye! ¡Bájame!"
Antes de que terminara
de hablar, Do-ha se levantó y se lo echó al hombro. Empezó a caminar a grandes
zancadas ganando velocidad enseguida. Le dio risa sentir el peso sobre su
hombro; más que pesado o ligero, le resultaba divertido oír a Yu-dam pataleando
y gritando. Como iba colgado gritando, la gente que iba más adelante se detenía
a mirar. Do-ha lamentó que Yu-dam no pudiera ver todas esas miradas clavadas en
ellos.
"¿Vas a seguir
gritando?"
"¡Pues claro!
¡Bájame ahora mismo!"
"Todo el mundo
nos está mirando. ¿Vas a seguir haciendo ruido?"
"……Ah. Eres
odioso, Baek Do-ha."
"Ya lo sabes,
¿no? No me importa lo que piensen los demás."
"¡Ya, está bien!
¡Entendí! ¡Deja que te me suba a la espalda! ¡Iré a caballito!"
Yu-dam dejó de forcejear
y se quedó quieto. A Do-ha le dio un poco de pena que dejara de moverse; si
esto era lo que su madre buscaba, tenía que admitir que era muy efectivo. Se
detuvo a un lado y bajó a Yu-dam con cuidado. Al verle la cara roja porque la
sangre se le había subido a la cabeza al estar boca abajo, soltó una risita.
Yu-dam lo miró con
intensidad, pero no dijo nada. No tenía la cara tan dura como para gritarle a
la persona que tendría que cargarlo montaña arriba. Además, sabía que bajar
sería aún más difícil. Solo sentía ganas de pedir perdón, palabras que
golpeaban contra sus labios cerrados pidiendo salir.
"Por fin dejas
que te cargue."
"No tengo otra
opción."
"Gracias por
permitirme cargarlo. Es un honor que no sé cómo agradecer, señorito Ha
Yu-dam."
"¡Cállate! ¡No
digas tonterías!"
Do-ha rió entre
dientes y se puso la mochila por delante. Tras asegurarse de que no se caería,
se agachó dándole la espalda. Sintió que Yu-dam dudaba, así que habló para
apresurarlo; si no, se quedarían allí todo el día.
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"Deja de sentirte
mal y sube. Estar así agachado es más cansado."
"……Lo
siento."
"Ya lo oí,
rápido. ¿No sabes que estar así es lo que más cansa?"
Finalmente, Yu-dam se
subió con cuidado. Do-ha negó con la cabeza, agarró los brazos de Yu-dam que
rodeaban su cuello y lo acomodó con firmeza hacia arriba.
"Parece que los
dos somos igual de tontos."
"……¿Por qué yo?
Yo no lo soy."
Respondió Yu-dam en
voz baja, hundiendo la cara en la nuca de Do-ha. Su cuello estaba perlado de
sudor, pero más que desagradable, desprendía un aroma intenso y sutil, una
mezcla entre dulce y amargo. No necesitaba confirmarlo para saber que era el
rastro de las feromonas de Baek Do-ha.
Pensándolo bien, nunca
antes había sentido sus feromonas. Hubo un tiempo en que esperó ser el primero
en conocerlas, pero ahora ni siquiera sabía qué aroma tenían. Sabía que buscar
culpables a estas alturas no tenía sentido, pero una repentina punzada de
nostalgia le hizo escocer la nariz.
"¿Recuerdas
cuando fuiste a verme antes de irte a Europa?"
"¿Europa? ¿Cuándo
fui yo a……Ah, ¿te refieres a cuando teníamos 15 años?"
"Sí."
"¿Nos vimos
entonces? No lo recuerdo."
Dijo Do-ha ladeando la
cabeza. En realidad, sus recuerdos de los 15 años eran borrosos. Por muy buenos
que fueran, habían pasado 17 años y era normal que se desvanecieran. Además,
Do-ha había sufrido mucho en aquel viaje al presentarse inesperadamente como un
alfa dominante; los recuerdos de la fiebre y el delirio eran los únicos que
conservaba con nitidez. Apenas podía creer que realmente hubiera estado en
Europa.
Le habían contado que
antes de enfermar hizo turismo con su familia, pero cuando empezó la fiebre,
perdió la noción del tiempo entre desmayos y despertares. Aquello fue tan
intenso que sus otras experiencias se sentían como recuerdos prestados,
borrosos. Lo que más recordaba era el techo del hotel. Si apenas recordaba su
infancia, las cosas de aquella época eran aún más difíciles. Aun así, no le
molestaba, pues los recuerdos de sus seres queridos seguían allí.
Por eso, Do-ha podía
ver sus sentimientos hacia Yu-dam como un simple juego de niños. Si recordaba a
su familia pero no a Yu-dam, significaba que él no había sido tan importante.
Yu-dam apretó los labios ante la respuesta despreocupada de Do-ha. Hoy, aquel
olvido le dolía especialmente. Probablemente, la amabilidad recibida después de
tanto tiempo había abierto los cerrojos de su corazón. Por esa rendija entraba
el sol de mayo y una brisa primaveral que empezaba a ablandar su corazón, congelado
durante 17 años como tierra invernal.
Yu-dam asintió
mientras se mordía el labio. Para ocultar su tristeza, respondió con voz ronca
y quebrada.
"……Sí. Imaginé
que no te acordarías."
"Bueno, recuerdo
más o menos las cosas que pasamos juntos. ¿No te estarás confundiendo tú?"
"¿Cómo me voy a
confundir con algo así? Eres tú el que no se acuerda."
"¿Ah, sí? ¿Y qué
te dije?"
"Que pronto te
presentarías como alfa. Aunque no sabías que te pasaría en Europa."
Ante la vocecita de
Yu-dam teñida de una pequeña risa, Do-ha también sonrió. El susurro de Yu-dam
le hacía cosquillas en la nuca.
"Es verdad……. Mi
padre y mis hermanos se presentaron a los 15, así que supongo que yo también
esperaba que me pasara. ¿Y qué más?"
"¿Eh?"
"Que qué más te
dije. No habré ido a verte solo para decirte que iba a ser un alfa."
"……."
'Me pediste que fuera
tu alfa'.
Yu-dam apretó los
labios. Había sacado el tema por despecho, pero no se atrevía a confesarle una
declaración que el interesado ni siquiera recordaba. Sabía perfectamente que el
hecho de que él lo hubiera perseguido desde niño diciendo que lo amaba seguía
siendo una carga para Do-ha. Desde el punto de vista de Yu-dam, era inevitable
sentirse frustrado.
No era que Yu-dam se
hubiera aferrado primero a él rogándole que lo amara. Fue Do-ha quien lo
persiguió porque le gustaba, y ahora que se había presentado como alfa, trataba
ese sentimiento como si fuera una cadena.
Por eso, a veces
Yu-dam llegaba a detestar aquel sentimiento del pequeño Do-ha. Si Do-ha no lo
hubiera querido antes de que él mismo empezara a quererlo, cosas como las de
hoy no estarían pasando. Si al menos no se le hubiera declarado antes de su
presentación pidiéndole que fuera su alfa, Yu-dam no se habría quedado
esperando su regreso.
Por el contrario, no
podía evitar resentir al Baek Do-ha de la época más pura, el que le confesó su
amor de la manera más recta. Quien hizo crecer sus sentimientos hasta este
punto no fue otro que Baek Do-ha.
"¿Qué fue lo que
dije? ¿Acaso nos peleamos otra vez?"
Al ver que Yu-dam no
respondía, Do-ha soltó la suposición que le pareció más lógica. Pensó que tal
vez se habían peleado tan fuerte que no podía ni mencionarlo. Que quizás lo
odiaba tanto que, al presentarse como alfa, simplemente decidió borrar de su
memoria cualquier sentimiento por él.
Gracias a eso, Yu-dam
soltó una carcajada y respondió con ligereza.
"Eso sería lo
natural, pero para nada."
"¿Entonces qué?
¿Qué fue lo que dije para que estés tan seguro de que no hay forma de
confundirse?"
Yu-dam guardó silencio
un momento, eligiendo sus palabras. El Do-ha de aquel entonces era puro y más
simple que el de ahora. No se había robado un collar como el de Hae-ju a los 5
años, pero le había llevado el tesoro más valioso que un chico de 15 años
pudiera imaginar. Para el simple Baek Do-ha de esa edad, el amor consistía en
dar lo más preciado a la persona que más quería.
"……Una reliquia
de tu abuela."
"¿Qué?"
"Dijiste que era
una reliquia de tu abuela y me trajiste una joya enorme. Era una piedra en
bruto, así que parecía un guijarro, pero la trajiste y dijiste que, cuando te
presentaras, le pondrías tus feromonas."
"¿Yo dije
eso?"
Do-ha frunció ligeramente
el ceño. Sintió como si estuviera escuchando de nuevo las historias que su
familia, especialmente su madre, repetía como un hábito. Lo bueno era que su
familia no sabía que le había dado la reliquia a Yu-dam. Bueno, si él mismo lo
había olvidado, no había forma de que ellos lo supieran.
"¿Y quién más te
iba a traer una reliquia de tu propia abuela?"
Yu-dam chasqueó la
lengua. Miró de reojo la nuca de Do-ha, pero la sonrisa seguía en sus labios.
Al estar detrás de él, le resultaba cómodo no tener que esconder sus
sentimientos. Era agradable poder estar tan cerca sin tener que ocultar lo que
sentía. Yu-dam apretó un poco los brazos y se pegó más a él. Ni muy obvio, ni
muy distante.
Justo en ese momento,
Do-ha se detuvo. Yu-dam se asustó pensando que lo habían descubierto y hasta
olvidó respirar. Sin embargo, Do-ha solo flexionó las rodillas y usó el impulso
para acomodarlo mejor en su espalda.
Por su parte, Do-ha
sentía que le faltaba el aire y el sudor le corría por todo el cuerpo. Eso
significaba que no faltaba mucho para la cima. En ese instante, sintió que el
cuerpo en su espalda se tensaba de nuevo, así que soltó una risa deliberada y
preguntó con picardía.
"Es que no puedo
creerlo. ¿Y qué? ¿Te conmoviste?"
"Qué dices.
Total, yo te pregunté si no bastaba con que me la dieras y le pusieras las
feromonas cuando te presentaras, ¿y sabes qué respondiste?"
"¿Qué dije?"
"Que no habías
pensado en eso. Simplemente agarraste lo que había en casa porque querías
dármelo, sin pensar en nada más."
"Ese tipo……
estaba loco de remate, Baek Do-ha."
Do-ha soltó una risita
hablando de sí mismo como si fuera un extraño. Yu-dam dejó escapar un suspiro
corto de incredulidad, pero pronto terminó riendo igual que él. Incluso
pensándolo ahora, era cierto que estaba loco.
Yu-dam giró la cara
hacia un lado y la apoyó suavemente en la nuca de Do-ha. Un aroma residual,
extraño y exótico, le hizo cosquillas en la nariz. No se atrevió a inhalar
profundo por miedo a que descubrieran sus sentimientos. Solo apoyó la cabeza un
poco más de tiempo, queriendo recordar ese momento para siempre.
"……Te la
devolveré en 3 años."
"¿Por qué?"
"¿Eh?"
"¿Por qué me la
vas a devolver? Yo te la di. No me hagas quedar como un tipo miserable que
quita lo que regala, quédatela."
Do-ha giró un poco la
cabeza hacia atrás y luego volvió a su posición original. Yu-dam notó que Do-ha
quería que sus palabras quedaran claras, pero para él, eso era aún más difícil
de entender. Por eso levantó la cara, pero como Do-ha no dijo nada más, volvió
a apoyarla en su nuca fingiendo que no pasaba nada.
3 años. Nadie sabía
cuándo volvería a repetirse un día como este dentro de ese tiempo.
"Pero es una
reliquia de tu abuela. ¿Tu familia no la busca?"
"La buscan,
pero……. Bah. ¿Quién se va a enterar? Quédatela tú. Sería raro que te la
aceptara ahora."
Para Yu-dam, era un
objeto que le había pesado durante 17 años. Como quien se lo dio no lo
recordaba, se sentía como si fuera un ladrón. Además, como Do-ha lo odiaba
tanto, sentía que estaba mal tener algo tan valioso. La verdad era que vivía
con el corazón en un hilo, temiendo que algún día él recuperara la memoria y se
enojara por no haberla devuelto.
"No quiero. Es
más raro que la tenga yo. Te la daré como regalo de divorcio, así se la puedes
dar a la persona con la que te vuelvas a casar. Eso sí, no esperes que te dé un
regalo de bodas. No me lo pidas después."
"Oh, ¿pensabas
darme algo así? Mi exesposo es demasiado entrometido."
"Oye. Todavía soy
tu actual esposo, ¿sabes? ¿Quieres que te repudie en plena luna de miel?"
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"Sí, sí. Todavía
eres 'mi cariño', 'mi amor'. Por poco cometo un pecado gravísimo."
"¡Ah, Baek Do-ha!
¡Te dije que no digas esas cosas!"
"Como te molesta,
me dan más ganas de decirlo."
Do-ha soltó una
carcajada divertida. En ese instante, un aroma exótico fluyó intensamente de su
cuerpo. Las feromonas de Do-ha entraron pesadamente, como si quisieran llenar
todo el cuerpo de Yu-dam, y desaparecieron en un segundo. Por el rastro del
aroma que se desprendía de las gotas de sudor que empapaban su cuerpo, se
notaba que Do-ha se estaba esforzando.
Después de todo,
estaban por llegar a la cima. Estaba agradecido de que no hubiera mostrado
cansancio hasta ahora. Sin embargo, Yu-dam, sintiendo una gran nostalgia, se
mordió los labios y abrazó el cuello de Do-ha con más fuerza.
Do-ha se atragantó
cuando su nuez fue presionada de repente, pero Yu-dam apretó los brazos aún
más, como si no le importara. Para Yu-dam era un abrazo de anhelo, y para
Do-ha, un castigo por su broma pesada.
"Oye, oye. Ya
entendí. Si me caigo ahora, los dos estaremos en problemas."
Cuando Do-ha palmeó
rápidamente el brazo de Yu-dam, este finalmente soltó la presión como si lo
perdonara. Si no fuera por una oportunidad así, donde podía camuflar sus
intenciones, nadie sabía cuándo podría volver a abrazarlo con fuerza. Ese
pensamiento hacía que Yu-dam se sintiera más ansioso.
"Ah, Ha
Yu-dam."
"Qué."
Entonces Do-ha dejó
escapar un suspiro largo y profundo y llamó a Yu-dam. Yu-dam respondió con voz
quejumbrosa e intentó levantar la cabeza, pero la voz de Do-ha llegó más rápido
a sus oídos.
"Cierra los
ojos."
"¿Qué?"
"Que cierres los
ojos. Te avisaré justo frente al Baengnokdam, así que mantenlos cerrados hasta
entonces."
"……¿Ya
llegamos?"
Solo entonces se dio
cuenta de que el tono de voz de Do-ha estaba un poco más animado. Comprendió al
mismo tiempo que aquel gran suspiro venía del júbilo de haber llegado con el
último paso.
"Sí. Ya llegamos,
ahora vamos a ver el Baengnokdam. ¿Estás listo?"
"……Sí. Estoy
listo."
Yu-dam cerró los ojos
con fuerza. Sentía que si relajaba la mirada, las lágrimas brotarían de
repente. Ya estaba empapado en sudor; si además se le caían las lágrimas,
seguramente se vería sucio y desaliñado. Con los ojos cerrados, sintió el ritmo
cómodo de caminar por terreno llano. Sin necesidad de mirar, sabía que el
rostro de Do-ha estaría lleno de una gran sonrisa y expectativa. Era un alivio
poder verlo así.
"Listo. Abre los
ojos, Ha Yu-dam."
Yu-dam abrió los ojos
lentamente y lo primero que hizo fue buscar a Do-ha con la mirada. Quería ver
antes que nada el rostro de felicidad de Do-ha al contemplar el Baengnokdam.
Frente a la naturaleza vasta y majestuosa, Do-ha parecía haber regresado a su
época de inocencia. Sin fingimientos, exclamó maravillado y lleno de asombro.
Seguía sin entender si
la vida era realmente como escalar una montaña, pero tenía una certeza: si era
una excursión con Do-ha, podría ir a cualquier montaña.
"¿Sabes una cosa?
Dicen que para ver el Baengnokdam, tres generaciones de tu familia tienen que
haber acumulado méritos."
"Yo no necesitaba
esos méritos……."
"Jaja. ¿Porque
fue difícil?"
"Sí. Siento que
llegué hasta aquí solo porque esas tres generaciones acumularon méritos sin que
yo lo pidiera."
Ante las palabras de
Do-ha, Yu-dam hizo un mohín. De todos modos, no pudo evitar admirar el paisaje
frente a sus ojos una y otra vez. Ahora podía comprender por qué Do-ha dijo
que, aunque fuera usando a su madre como excusa, valía la pena venir al menos
una vez. Si no fuera por el proceso agotador de la subida, y si fuera como
ahora con Do-ha, querría volver.
"Ah, es cierto.
Ha Yu-dam. Sácame el celular del bolsillo derecho."
Cuando Do-ha acomodó a
Yu-dam en su espalda, un viento fuerte barrió la cima del Hallasan. Era un
viento tan gélido y penetrante que incluso Do-ha, que cargaba a Yu-dam, sintió
cómo se le enfriaba el sudor de golpe.
"¡Aaah! ¡¿Por qué
hace tanto frío si es mayo?!"
"Es una
montaña."
Yu-dam se estremeció y
se aferró más fuerte al cuello de Do-ha. Como a Do-ha también se le había
enfriado el sudor de repente, el calor de Yu-dam al pegarse a él fue igual de
bienvenido. Gracias a eso, Yu-dam se mostró indiferente a las miradas que
lanzaban los alrededores. La mayoría eran miradas de desaprobación, pero él
simplemente las ignoró con desprecio. Sabía que eran personas que no podían
hacer lo mismo aunque quisieran.
Era una faceta
distinta a cuando se quejaba diciendo que su orgullo estaba herido. Do-ha pensó
que ante esas miradas solo protestaría irritado, pero no esperaba que fuera
capaz de burlarse de los demás como si los estuviera provocando. Por supuesto,
pensó que eso era muy propio de Ha Yu-dam, así que dejó que hiciera lo que
quisiera. Al llegar a la cima, parecía que todo el mundo estaba bajo sus pies,
y a Ha Yu-dam le sentaba bien comportarse de forma arrogante y pretenciosa,
como si fuera superior a todos.
Más tarde, Yu-dam
empezó a mirar a su alrededor a propósito para forzar el contacto visual. Como
se comportaba de forma tan odiosa, mirando a los demás de arriba abajo, Do-ha
no tuvo más remedio que detenerlo por miedo a que se armara una pelea.
"¿No conoces el
límite?"
"¿Yo qué? Solo lo
hago por adelantado. Así no me mirarán más."
"Ah, ya basta.
Saca el celular. Mi madre seguro que no suelta el teléfono esperando."
"Está bien.
Dijiste el derecho, ¿no?"
Yu-dam metió la mano
en el bolsillo mientras seguía a cuestas. Metió la mano más profundo en el
bolsillo vacío, pero era imposible que apareciera un celular que no estaba
allí.
"¿Seguro que es
el derecho? Aquí no hay nada."
"¿No está ahí?
Cuando salimos lo puse…… ah, es cierto. Pensé que se me podía caer y lo volví a
meter en el pantalón."
"No creo que mi
mano llegue hasta ahí."
"……Espera un
momento."
Do-ha soltó una de las
manos con las que sostenía a Yu-dam para llevarla a su pantalón. En ese
instante, Yu-dam se deslizó hacia abajo. Do-ha, sorprendido, no tuvo más
remedio que volver a acomodarlo. Yu-dam, que casi termina con la cabeza contra
el suelo antes de ser levantado, también trató de calmar su corazón agitado
mientras recuperaba el aliento.
"Pensé que se me
iba a romper la cabeza."
"Pensé que podría
hacerlo, pero no funcionó."
"¿Entonces qué
hacemos? ¿Es obligatorio sacar la foto? Puedes llamarla después."
"Ya que vinimos,
yo también quiero tener una foto. Estira un poco la mano. Creo que si la
estiras un poco más, llegarás."
Do-ha sujetó a Yu-dam
con firmeza. Era su forma de decirle que no lo dejaría caer, así que sacara el
teléfono correctamente.
Sin más opción, Yu-dam
rodeó el cuello de Do-ha con un brazo apretando con fuerza y ladeó el cuerpo
hacia un lado. A duras penas, la punta de sus dedos alcanzó el bolsillo del
pantalón. Tal como Do-ha había dicho para asegurar que el celular no se cayera,
el bolsillo era grande y profundo.
"¡O-oye! ¡Baek
Do-ha! ¡Me caigo!"
Cuando su cuerpo,
demasiado inclinado, perdió el equilibrio y estuvo a punto de precipitarse,
Yu-dam agarró instintivamente la ropa que tenía a la vista. En el momento en
que la sujetó, sintió el alivio de haberse salvado, pero un segundo después, la
desesperación lo invadió al ver cómo la prenda se estiraba lentamente y él caía
con ella.
"¡Ah, maldición!
Hazlo bien. ¡Si te agarras así solo vas a arruinar la ropa y te vas a caer
igual!"
Do-ha intentó
levantarlo, pero si soltaba las manos para alcanzarlo, la pierna que sostenía
caería inevitablemente. Si se quedaba quieto, Yu-dam seguiría resbalando más y
más hacia el suelo.
"¡Baek Do-ha!
¡¿Qué hago?!"
"Ja……. Ha Yu-dam,
agárrate de mi ropa y sube despacio. No importa si se rompe."
Do-ha resistió con
firmeza a pesar de que la prenda le apretaba el cuello y tiraba de él. Yu-dam,
que apenas colgaba, fue adaptándose y trepó por la ropa de Do-ha con ambas
manos como si hiciera escalada.
Solo cuando terminó de
subir notó que Do-ha tenía el rostro enrojecido y apenas podía respirar por la
presión en su nuez. Yu-dam se mordió el labio, le arregló la ropa y rodeó su
cuello lentamente con los brazos. Luego, soltando un largo suspiro, susurró apenas:
'Perdón'.
"No hay de qué
disculparse. Los dos acabamos haciendo una estupidez. Oye, ¿acaso ser el tonto
no era mi papel? Si tú también empiezas a actuar como un tonto, estamos
perdidos."
Do-ha respondió con
ligereza a propósito. Aunque su voz seguía saliendo quebrada, fue suficiente
para hacer que Yu-dam sonriera.
"Es verdad. Todo
fue porque me pediste que sacara el celular."
"¿Y así de rápido
me echas la culpa?"
Yu-dam soltó una
pequeña risa. Tras recuperar el aliento, miró el rostro de Do-ha. Al sentir su
mirada, Do-ha entornó los ojos a propósito y señaló con la barbilla.
"Si ya te sientes
mejor, saca el celular. Y no hagas otra tontería esta vez."
"¿Crees que soy
como tú?"
Esta vez, Yu-dam se
inclinó con más naturalidad. Metió la mano en el bolsillo del pantalón y sujetó
con fuerza el objeto que encontró de inmediato.
"¡Ah!"
"¿Pero por qué no
sale esto…… Ah……?"
El objeto que sujetaba
era largo y grueso. Empezaba a calentarse y, sobre todo, se volvía cada vez más
duro.
Era imposible entender
cómo pudo haber pensado que aquello era un celular; a través de la fina tela,
el miembro viril manifestaba su presencia con total claridad en la palma de su
mano. Un calor abrasador, como si su palma estuviera en llamas, se extendió
rápidamente por todo su cuerpo.
"Ehh. ¿Podrías
dejar de masajear y soltarme? Duele bastante si sigues apretando así."
"¡Ah! ¡Perdón!
¡Lo siento!"
Yu-dam soltó la
presión apresuradamente. Ni siquiera se había dado cuenta de que estaba
apretando con tanta fuerza.
Retiró la mano de
golpe, pero sentía como si aquel pilar de carne, caliente y firme, todavía
llenara su palma. Su rostro se encendió en un rojo intenso y el calor recorrió
todo su ser. Ni siquiera el viento de la montaña, que antes le había enfriado
el sudor al instante, lograba aplacar ese fuego. Yu-dam se mordía los labios
repetidamente, sin saber qué hacer.
"……Ja."
En ese momento, Do-ha
soltó un suspiro entrecortado. Yu-dam se sobresaltó, pero Do-ha solo cerró y
abrió los ojos lentamente mientras se humedecía los labios secos. Le resultaba
asombroso que, incluso en esa situación, no hubiera soltado a Yu-dam. Quizás
después de haberlo cargado tanto tiempo, su cerebro ni siquiera procesaba la
idea de dejar de sostenerlo.
"Lo
siento……."
"Por mucho que
sea…… ¿no es demasiado confundirlo con un celular?"
"Es que……
simplemente estaba ahí. No pensé que habría algo más……."
Yu-dam bajó la cabeza.
El vello de la nuca de Do-ha se erizó ante el aliento de Yu-dam.
Lo que antes no le
había afectado en absoluto, ahora provocaba una reacción sensible por el simple
hecho de que le hubieran tocado el miembro. Incluso su deseo sexual, que
siempre consideró moderado, se desbocó solo porque Yu-dam lo había sujetado un
momento a través de la tela.
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De forma inusual en
él, un deseo desenfrenado se acumuló en su parte baja, causando un alboroto
interno. Ante una urgencia que jamás había sentido, Do-ha tuvo que apretar los
molares con tanta fuerza que crujieron.
"Eh…… ah, el
celular. ¿Saco el celular?"
"……Espera."
Do-ha se recriminó
internamente por no haber pensado en esto antes y empezó a caminar. Yu-dam
ladeó la cabeza con curiosidad, pero él fingió no darse cuenta. Yu-dam,
sintiéndose culpable, tampoco se atrevió a hablar y se dejó llevar a cuestas.
A pesar de la larga
fila ante la roca de la cima, la gente se tomaba fotos por doquier. No
importaba dónde o cómo dispararan, el cielo azul intenso era el mejor fondo.
Otros tomaban fotos de las vistas hacia abajo, donde se divisaba el mar a lo
lejos, del centro del Baengnokdam o de los densos abetos coreanos.
En algún lugar por
allí, Do-ha buscó un sitio aproximado y bajó a Yu-dam.
Yu-dam parpadeó con
sus grandes ojos y se sentó en el suelo tal como Do-ha le indicaba. Su tobillo,
ahora notablemente hinchado, entró en su campo de visión, pero colocó sus manos
encima con naturalidad para ocultarlo. No quería que Do-ha lo viera.
Mientras tanto, Do-ha
se arregló la ropa estirada. Dejó la mochila que llevaba al frente al lado de
Yu-dam y, finalmente, metió la mano en su bolsillo para sacar el celular que
tanto habían buscado.
"Qué fastidio,
debí haberte bajado desde el principio para sacarlo. Ya habríamos terminado de
tomar las fotos."
"……Es que
tendrías que haberme cargado de nuevo. Pensé que sería más cansado para
ti."
"¿Por qué me
cansaría? ¡Si no pesas nada!"
"……."
Yu-dam se mordió el
labio hacia adentro ante las palabras de Do-ha. Aquel comentario inesperado
hizo que su rostro se tiñera de rojo rápidamente. Le gustaba que Do-ha actuara
como si nada después de haberlo cargado por ese camino tan difícil. Sentía que,
aunque pasara algo peor, él simplemente lo superaría con indiferencia.
Tal vez Do-ha ya se
había convertido en el tipo de esposo que cualquiera desearía. Solo Yu-dam
seguía atrapado en los recuerdos de la infancia, viéndolo solo a través de sus
sentimientos amorosos.
Incluso cuando Do-ha
decía sobre este matrimonio que 'por qué llegar a tanto por algo que dijo un
niño', era por eso. No era que quisiera ignorar el recuerdo de aquel día, sino
que era posible porque había seguido corriendo hacia adelante con constancia. Do-ha
no odiaba a Yu-dam; simplemente había avanzado.
Encontrar cosas que
hicieran latir su corazón, crecer y prometer un futuro con alguien con quien
quisiera estar. Estaba haciendo lo que todo el mundo hace, pero que solo Yu-dam
no había hecho.
Yu-dam finalmente tuvo
que admitirlo: hasta ahora, había estado amando y esperando al Baek Do-ha del
pasado. Y solo hoy se estaba enamorando de nuevo de este Baek Do-ha, el fuerte
alfa dominante al que todo el mundo tendría que amar.
"¿Eres un niño?
¿Qué hiciste todos estos años que no creciste nada después de los
treinta?"
Por supuesto, Do-ha
seguía burlándose de él con la vista fija en la pantalla del celular. Gracias a
eso, Yu-dam se dio cuenta de que no era extraño que él solo pensara en el Baek
Do-ha del pasado. Do-ha se volvía tan infantil precisamente frente a él, así
que no había forma de que lo viera como el fuerte y hermoso alfa dominante que
los demás conocían.
"Ah. ¿Entonces te
estás jactando de que ahora has crecido lo suficiente como para 'guardarlo' en el
lado derecho?"
"……Sabía que 'mi
cariño' era algo atrevido, pero no sabía que eras tan pervertido como para
acosarme así de frente."
"¡Ah, no digas
eso!"
Do-ha soltó una
carcajada y se sentó en el lugar de la mochila tras apartarla. Yu-dam intentó
levantar un poco la cadera para alejarse, pero Do-ha eliminó la distancia que
había creado como si nada. Luego, puso el celular en modo selfie y estiró el
brazo. Aunque Yu-dam se sentía incómodo sin saber qué expresión poner, Do-ha
presionó el obturador rápidamente un par de veces. Al final, no importaba si
salían bien o no.
"Por cierto,
¿tanto odias que te diga 'mi cariño'? Todo el mundo nos llama así y hasta celebramos
la boda. ¿No es así como vive todo el mundo?"
"Si lo dices todo
el tiempo, me voy a acostumbrar."
"¿Y eso está
mal?"
"Sí. Está
mal."
"¿Por qué?"
"Porque no
quiero."
"¿Y por qué no
quieres?"
'Porque empezaré a
soñar'.
Yu-dam apretó los
labios. Era su forma de decir que no quería responder, pero a Do-ha ni siquiera
le importó, ya que estaba distraído fotografiando otras cosas. No es que
quisiera que solo lo mirara a él, pero esa actitud indiferente le provocó un
repentino arranque de malicia. Preguntar como si le interesara sin tener
intención de escuchar la respuesta era jugar sucio.
Desde el principio, él
estaba en una posición en la que no podía ganar en este matrimonio, pero no
tenía la más mínima intención de pasar por alto las faltas del oponente. Aunque
el propio Baek Do-ha debía saber mejor que nadie que Ha Yu-dam no era un esposo
ingenuo y bondadoso.
"Porque solo dura
3 años."
"……."
Gracias a eso, Do-ha,
que estaba enviando un mensaje a su madre, se detuvo. Fue solo un instante,
pero Yu-dam sintió un escalofrío de placer en ese momento de silencio. No podía
ser otro que un momento que le hacía esperar con ansias los próximos 3 años.
Do-ha, que se había
quedado pasmado como si estuviera congelado, recuperó el sentido rápidamente.
Sacudió la cabeza de un lado a otro, terminó de enviar las fotos y el mensaje,
y volvió a abrir la aplicación de la cámara. Naturalmente, apuntó a Yu-dam. No
olvidó añadir rápidamente unas palabras sin sentimiento, fingiendo una falsa
ternura.
"Los omegas
dominantes son diferentes. Cualquier foto parece de revista. ¿Verdad, mi
cariño? Cariño, mira aquí un momento."
"¿Qué te pasa?
¿Estás loco?"
"Tienes que decir
cosas lindas, mi vida. Le voy a enviar este video también a mi madre."
"¡Oye!"
"¿Y quién te
manda a decir esas tonterías? ¿Acaso solo yo duro 3 años? No me casé solo, tú
también te casaste conmigo."
"……Sin saber lo
que uno siente."
"¿Ahora estás
resentido porque no sé lo que siente 'mi criño'?"
"¡Ah, Baek
Do-ha!"
Yu-dam estiró la mano
para quitarle el celular. El intento fue bueno, pero en estatura, complexión e
incluso en el largo de los brazos, estaba lejos de ser un rival para Do-ha.
Cuando Do-ha soltó una carcajada burlona, Yu-dam, resoplando de rabia, se lanzó
hacia el celular.
"¡Ah!"
Y en ese instante,
sintió un dolor agudo en el tobillo lesionado. El problema fue haber olvidado
la lesión por un momento y usar el pie como apoyo.
"¿Te lastimaste?
¿Te golpeaste el tobillo?"
"Ugh……. Qué
fastidio……."
Yu-dam hizo una mueca
de dolor mientras se rodeaba el tobillo con ambas manos. Nada salía como él
quería. Los cordones de las botas, que estaban bien apretados, se sentían
sofocantes y el dolor solo aumentaba. Le gustaría levantar la cabeza y
descargar su irritación contra Do-ha para desahogarse, pero este se movió y se
arrodilló frente a él. Por eso, Yu-dam pensó que lo más difícil del mundo era
odiar a Baek Do-ha.
"¿Te quito la
bota?"
"Ah, no."
"Solo voy a
revisar qué tan hinchado está."
"Dije que
no……."
Do-ha le quitó la bota
antes de que Yu-dam pudiera terminar la frase. El tobillo estaba hinchado de
una forma que no tenía comparación con la primera vez que lo vio. Como el
elástico del calcetín parecía estar apretando demasiado la pierna inflamada, se
lo bajó con cuidado. Como era de esperar, la marca del calcetín estaba grabada
profundamente, como si fuera un tatuaje.
"……Bajemos."
No había nada más que
ver. Estaba claro que, aunque bajaran ahora, llegarían mucho después que los
demás. Y eso significaba que Yu-dam tardaría mucho en llegar a un hospital.
"Todavía
no."
"Ha Yu-dam."
"Solo un poco.
Quedémonos un poco más y luego nos vamos."
"¿Desde cuándo te
gusta tanto la montaña? No digas tonterías."
Do-ha no tuvo más
remedio que alzar la voz ante la terquedad de Yu-dam. Yu-dam siempre se
empeñaba en las cosas más extrañas. Pensó que no valía la pena seguir
discutiendo; al fin y a cabo, solo tenía que cargarlo y listo.
Como si pudiera leer
los pensamientos de Do-ha, Yu-dam levantó ambas palmas y negó con la cabeza de
lado a lado. Cuando el rostro de Do-ha empezó a fruncirse de fastidio, Yu-dam
se humedeció los labios con la lengua y habló lentamente.
"……Te costó mucho
llegar hasta aquí. Me quedaré aquí sentado tranquilamente, así que ve a dar una
vuelta más y recorre el lugar."
"Ya cumplí con
llegar hasta aquí. Ver un poco más no va a cambiar nada."
'¿Y para eso tanto
misterio?', pensó Do-ha. Soltó una risa nasal ante las palabras de Yu-dam y
comenzó de nuevo los preparativos para el descenso. Para no preocupar a su
madre, omitió el hecho de que Yu-dam estaba herido y solo le envió un mensaje
avisando que ya iban a bajar.
Intentó ponerse la
mochila por delante como al subir, pero las dos manos de Yu-dam la sujetaron
con fuerza, estorbándole.
"Baek Do-ha. Por
favor. Te lo ruego."
"Oye. ¿De verdad
te salen esas palabras en una situación así?"
Do-ha, irritado por la
frustración, le apartó las manos de un golpe seco. Las manos que aferraban la
mochila se soltaron bruscamente. El golpe le hizo arder las palmas como si se
hubiera raspado, pero Yu-dam apretó los puños y levantó la mirada. Al ver la
expresión de Do-ha, que pasaba de la frustración al menosprecio, una sonrisa
amarga se dibujó en su rostro.
"Si me voy así,
voy a sentirme culpable contigo para siempre. No quiero sentir que te debo
algo."
"Solo hazme
caso……."
"¿No puedes
hacerlo aunque sea por mi orgullo? No por nada te estoy pidiendo este
'favor'."
Yu-dam pensó que sería
triste que, cuando recordaran este día dentro de tres años o cada vez que
pensaran en el Hallasan, el recuerdo de Do-ha fuera solo un lugar caluroso,
agotador y molesto. Deseaba que, cuando el paso del tiempo desvaneciera los
detalles, la maravilla y el asombro ante la naturaleza permanecieran,
permitiéndole atesorar el día de hoy con esa emoción. Si las experiencias crean
sentimientos, los sentimientos también pueden embellecer los recuerdos.
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Escalar el Hallasan
por primera vez con Ha Yu-dam había sido duro, pero valía la pena. Para Do-ha,
el Hallasan debía ser ese tipo de lugar. No un sitio horrible donde se casó con
el tipo que más odiaba, subió una montaña a la fuerza y encima tuvo que cargar
a un herido de ida y vuelta.
"O si no…… ¿qué
tal si llamo a un helicóptero? Si me voy en él, no tendré que sentirme mal
contigo."
Cuando Yu-dam soltó lo
que había estado pensando durante toda la subida, Do-ha miró lentamente a su
alrededor y dejó escapar un suspiro corto. Al ver que Yu-dam lo miraba
fijamente esperando una respuesta, Do-ha se dejó caer sentado a su lado.
"Yo también lo
pensé, pero……."
"Entonces hagamos
eso. Es peligroso que me bajes a cuestas."
"Dicen que el
paisaje durante el descenso es lo mejor."
"Puedo irme yo
solo en el helicóptero. Tú baja tranquilo y disfruta la vista."
"Llegamos hasta
aquí con mucho esfuerzo, tanto tú como yo. Me daría lástima que solo lo viera
yo."
"……."
Yu-dam vaciló sin
saber qué decir. Do-ha no era precisamente tierno, pero no entendía por qué
todo lo que decía le sonaba así. Seguramente no era más que una especie de
camaradería después de la batalla.
"No hace falta
forzar las cosas. Si decides que quieres el helicóptero, lo pediré."
"Yo también sé
cómo pedir uno."
"Haz lo que
quieras, entonces."
"……."
Yu-dam volvió a
titubear. Pensando racionalmente, lo correcto era pedir el helicóptero. Sería
agotador para Do-ha y, sobre todo, peligroso. Si Do-ha daba un mal paso al
bajar, ambos podrían rodar por un lugar que ni siquiera fuera sendero. Sin
embargo, al recordar el camino de subida, el deseo de correr ese riesgo crecía
en su interior. Era natural; antes de esto, jamás habría imaginado que Do-ha le
ofrecería su espalda de esa manera.
"Si no quieres
sentir que me debes algo, solo piensa que estás aprovechándote de Baek Do-ha y
listo."
"Pero aun así, me
siento mal……."
"Entonces usa el
helicóptero. No te estoy obligando."
Do-ha se encogió de
hombros. Se apoyó sobre sus brazos y miró hacia el cielo lejano. Pensándolo bien,
irse en helicóptero también tendría su estilo. Por un momento cruzó por su
mente la idea de bajar él también volando. Pero, como no creía que fuera a
volver al Hallasan, también sentía que quería bajar caminando esta vez.
"……Baek
Do-ha."
Finalmente, Yu-dam,
que había estado eligiendo sus palabras con cautela, habló. Su tono seguía
siendo precavido y vacilante. Esa no era la imagen de Ha Yu-dam que Baek Do-ha
conocía. Mucho menos era la actitud que se esperaba de alguien que solía reinar
sobre todo lo demás.
Elegir cómo bajar no
debería haber sido tan difícil. Do-ha supuso que, si Yu-dam se tomaba tanto
tiempo, era porque probablemente tenía algo más que decir. De hecho, a ojos de
Do-ha, eso tampoco era muy propio de él. Con los demás quién sabe, pero con
Baek Do-ha, Ha Yu-dam solía soltar todo lo que tenía dentro sin filtros.
"¿Qué?"
"Entonces,
mira……."
"¿Qué pasa? Solo
dilo. ¿Desde cuándo Ha Yu-dam mide sus palabras?"
"¿Crees que voy
por la vida diciendo todo lo que quiero?"
"¿Conmigo no era
así?"
Yu-dam fulminó a Do-ha
con la mirada y frunció los labios con fastidio. Si hubiera dicho todo lo que
quería, al menos se sentiría liberado. Habría ido a gritarle a Kim Si-woo que
Baek Do-ha era suyo desde el principio, o habría agarrado a Do-ha de los pelos
para protestar. '¡¿Cómo es que esta cabeza no recuerda ni que me pidió
salir?!', habría gritado.
Ante esa mirada, Do-ha
soltó una risa entre dientes y asintió con la cabeza. Era un gesto que le decía
que, si tanto le molestaba, hablara de una vez. Él nunca lo había obligado a
callarse y aguantar.
"¿Y bien? ¿Por
qué no puedes hablar?"
"Ruégame."
"¿Qué?"
"Dilo tú mismo:
'Señor Ha Yu-dam, se lo ruego. Por favor, baje conmigo'."
"……¿Estás bien de
la cabeza? ¿Te golpeaste al caerte hace un rato?"
"Estoy
perfectamente y mi cabeza está bien."
"¿Y aun así dices
eso? No, bueno. Digamos que puede ser. Pero lo que no entiendo es por qué
querrías escuchar algo así."
"Es que, por más
que lo piense, lo de arruinar la boda así me parece una injusticia."
Era una terquedad sin
sentido y una excusa barata. Yu-dam lo sabía perfectamente. Pero incluso usando
esa terquedad y esa excusa, quería estar con Do-ha. Sentía que su relación con
Do-ha era de las que solo funcionaban bajo tales pretextos. No eran una pareja
que pudiera estar junta simplemente porque el camino de bajada era bonito y
querían verlo con la persona que amaban.
Sentía que debía darle
a Baek Do-ha una razón para hacer las cosas a la fuerza, incluso si este
aborrecía solo escuchar el nombre de Ha Yu-dam. Tenía miedo de que Do-ha se
arrepintiera de haberlo cargado montaña arriba pensando que fue un esfuerzo
inútil. Temía que chasqueara la lengua pensando que debería haber abandonado a
alguien como Ha Yu-dam y subir solo.
Prefería ser él quien
buscara los insultos ahora. Si podía dar la excusa de que lo cargó porque
Yu-dam se puso terco con una petición absurda, al menos Do-ha no se
arrepentiría de lo ocurrido hoy. Por supuesto, en el fondo también guardaba un
deseo egoísta: que algún día Do-ha comprendiera sus verdaderos sentimientos.
Que llegara el día en que Ha Yu-dam pareciera, a ojos de Baek Do-ha, una buena
persona llena de consideración.
"Si te digo que
no, ¿vas a estar repitiendo eso por el resto de tu vida?"
"Sinceramente,
¿no te parece extraño? Imagina que en la boda de tu hermano aparece el ex de su
pareja y se pone a llorar desde que empieza hasta que termina. ¿Te parecería
bien? ¿No te enojarías por tu hermano?"
Do-ha soltó una risa
seca y se presionó los ojos con los dedos. Era cierto que en ese momento se
sintió tan mal por Si-woo que no pudo pensar en nada más. Admitía que después
de la boda, cuando su madre lo llamó, se dio cuenta de que había actuado sin
pensar. Por eso, su promesa de que no volvería a pasar era sincera. Tal como
dijo su madre, esforzarse al máximo durante esos tres años: esa era la elección
que había tomado.
"¿Así que quieres
que te pague con esto?"
"Sí. Así yo
tampoco tendré que sentirme en deuda contigo."
"Ja……. Solo deja
que te cargue. ¿Es necesario llegar a tanto? O si no, simplemente vete en
helicóptero."
"Sí. Creo que ver
a Baek Do-ha haciendo algo así es lo único que me calmará."
Yu-dam asintió con
énfasis una vez más. Do-ha estaba a punto de lanzarle una mirada de reproche
cuando, de repente, sopló una ráfaga de viento. El cabello de Yu-dam se
alborotó y un aroma cálido, como el de una manta secada al sol, llegó a la
nariz de Do-ha.
Tal vez fue por eso.
Por lo que decidió ceder ante la absurda terquedad de Yu-dam. El aroma a sol
era cálido y acogedor, y de alguna manera le hizo sentir paz. Se sentía como
tratar con un niño pequeño haciendo un berrinche; y un buen adulto es aquel que
sabe escuchar los caprichos de un niño.
"……Desde mi punto
de vista, tú eres un pervertido."
"Como quieras.
¿Entonces lo vas a hacer o no?"
"Tengo que
hacerlo. Si 'mi cariño' dice que eso lo calmará."
"¡Ah, Baek
Do-ha!"
"Es que yo
también necesito ver a Ha Yu-dam horrorizado para calmarme un poco."
Do-ha soltó una
carcajada divertida y Yu-dam no tuvo más remedio que negar con la cabeza. Que
el que más ama siempre termina perdiendo era, después de todo, una verdad
universal e inmutable.
*
* *
"No puede
ser".
Do-ha revisó el tramo
restante y el tiempo, y terminó sacudiendo la cabeza. Por supuesto, Yu-dam, que
estaba cargado a su espalda con la 'culpa' de no poder moverse por sí mismo,
tuvo que seguir la voluntad de Do-ha sin rechistar.
No es que le
molestara. Solo le desagradaba el hecho de tener que sentirse un poco más en
deuda.
"Durmamos en el
refugio y bajemos mañana por la mañana. A este paso, se va a poner el sol antes
de que terminemos de bajar".
"¿Y si usamos el
monorraíl? Escuché que hay uno para los heridos".
"Tengo mi orgullo
de alfa dominante después de haber llegado hasta aquí. No quiero".
"Dicen que el
siguiente tramo es muy difícil", respondió Yu-dam, aguantando la risa ante
las palabras de Do-ha. Soltó ese comentario sin convicción alguna hacia la nuca
de Do-ha, que estaba salpicada de pequeñas gotas de sudor.
A decir verdad,
sintiera culpa o no, a Yu-dam le encantaba estar así, a cuestas de Do-ha. Es
más, el hecho de que esta situación se prolongara hasta mañana no le daba
motivos para quejarse. De las gotas de sudor de Do-ha emanaba un rastro sutil
de sus feromonas, y Yu-dam podía disfrutar profundamente de ese aroma sin que
él se diera cuenta. Si le propusiera llamar al helicóptero ahora mismo para
bajar, el que se sentiría decepcionado sería él.
Mencionar lo del
monorraíl no fue más que una excusa barata para no parecer obvio ante lo que
era evidente; temía que, si aceptaba sus palabras con demasiada facilidad,
Do-ha empezara a sospechar.
"Así que mejor
descansemos temprano hoy. Si nos movemos después de descansar un poco, el
descenso será menos pesado".
"Si otros nos
ven, dirán que es una terquedad absurda".
"Mañana veremos
si es una terquedad absurda o la superioridad de un alfa dominante".
"Eres
tan...".
"Tan ¿qué? ¿Tan
apuesto?".
"Tan...
insoportable. ¿Todos los alfas dominantes son así? No, mi hermano no es
así".
"Cariño, qué
insulto con tanto suspenso".
"Oye... Ja.
Olvídalo".
Yu-dam, que se había
indignado, recordó que Do-ha se divertía con sus reacciones y simplemente
sacudió la cabeza. Esto también era solo por ahora, mientras estuvieran en el
Hallasan antes de bajar. Do-ha perdería el interés pronto de todos modos, así
que no quería amargarse innecesariamente. O mejor dicho, sabía que terminaría
con el corazón dolido y dándole vueltas al asunto.
Siendo así, decidió
que era mejor disfrutar el momento. Pensó que disfrutar de que Do-ha se riera
traviesamente y lo llamara 'cariño' haría que la nostalgia posterior fuera
menos pesada.
Al entrar al refugio,
como era de esperar, las miradas de la gente se volcaron sobre Do-ha y Yu-dam.
Ya eran personas que los habían visto al menos una vez en la cima, así que no
era nada nuevo. Cuando Yu-dam les devolvió la mirada con frialdad, la gente
desvió la vista rápidamente.
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"Parece que
todavía hay mucha gente que no ha bajado".
Do-ha ignoró esas
miradas y bajó a Yu-dam. Mientras Yu-dam se sentaba cómodamente en una silla,
Do-ha se bajó el cierre de la chaqueta y empezó a abanicarse con ella. Solo
entonces Yu-dam se dio cuenta de que Do-ha estaba empapado en sudor de pies a
cabeza. La camiseta que llevaba debajo estaba tan mojada que el color claro
original ya no existía; parecía ser de un tono oscuro desde el principio.
"……¿Tanto te
costó?".
"Para nada".
"Si estás
cansado, dilo".
"Que no. Si sudar
un poco significara estar cansado, ¿para qué crees que sudan tanto los
deportistas?".
Do-ha se limpió el
sudor que le caía por la barbilla de forma descuidada, pero como sus manos también
estaban empapadas, no sirvió de mucho. Yu-dam, mordiéndose el labio inferior,
movió la mano tras dudarlo mucho. El pañuelo que guardaba en el bolsillo no
tenía ni una gota de humedad y estaba tibio por su propio calor corporal.
Do-ha le arrebató el
pañuelo antes siquiera de que Yu-dam pudiera ofrecérselo. Como fue antes de que
pudiera extenderlo, Yu-dam no pudo evitar sentirse desconcertado.
"¿Por qué lo usas
tú?".
"Lo sacaste para
que yo lo usara".
"Yo no dije
eso".
"Lo sé. Y también
sé que lo sacaste para mí".
Yu-dam hizo un mohín.
De nada servía negarlo hasta el final; incluso si no fuera cierto, estaba claro
que terminaría siendo verdad bajo las artimañas del astuto Baek Do-ha. Por
supuesto, no podía dejarlo pasar así como así.
"Baek
Do-ha".
"¿Qué?".
"¿Finges que no
lo estás porque tu orgullo se hiere si admites que estás cansado?".
"Ah, Ha Yu-dam.
Que no. ¿Vas a seguir insistiendo con eso?".
"Por cómo te
alteras, parece que tengo razón".
Ante la mirada de
incredulidad de Do-ha, Yu-dam se encogió de hombros fingiendo inocencia. Sabía
que no era cierto, pero su intención era burlarse de él hasta el final. A pesar
de la risa seca de Do-ha, Yu-dam puso una expresión de lámista.
"Parece que ser
un alfa dominante no significa que seas bueno en todo. ¿Por qué no te haces los
exámenes otra vez? Tal vez solo eres un alfa común".
"Ja. ¿Quieres
seguir burlándote? ¿Podrás soportarlo? Burlarme de Ha Yu-dam es lo que más me
divierte en el mundo, ¿sabes?".
"……."
Cuando Yu-dam se quedó
sin palabras y apretó los labios, una carcajada refrescante brotó de Do-ha. El
hijo menor del Grupo Hansae tenía un lado inesperadamente ingenuo. Al pasar
penurias juntos, Do-ha estaba descubriendo facetas que no conocía. Como ese
aroma sutil a sol, propio de los niños pequeños, que emanaba de él.
Si esto era lo que su
madre buscaba, su plan iba camino a ser un éxito rotundo. Ni siquiera podía
alegar que no saldría como ella quería. Lo que otros veían con claridad apenas
estaba entrando en el campo visual de Do-ha; en ese sentido, él iba con mucho
retraso.
Do-ha le dio agua a
Yu-dam y fue rápidamente al baño. Al volver, le puso un pañuelo fresco
alrededor del cuello, lo que sugería que esa había sido la razón por la que se
había ausentado. Yu-dam no entendía por qué, no siendo una persona tierna,
tenía estos detalles. O tal vez, simplemente no quería ser tierno con él.
Ese pensamiento
repentino le dio un pinchazo en el corazón, pero trató de ignorarlo mientras
bebía agua. Se concentró solo en el frío que recorría su cuerpo y dispersó los
pensamientos que llenaban su mente. Ese tipo de masoquismo podía esperar a
cuando estuviera solo.
"Quédate con mi
chaqueta aunque huela a sudor. En cuanto empiece a caer el sol, hará frío
enseguida".
"¿Qué? Si me la
das a mí, ¿qué vas a hacer tú? Olvídalo. Póntela tú".
"Ja……".
Do-ha soltó un
profundo suspiro. Para él, Yu-dam era un gato. Un gato de la realeza que no
solo no dejaba que nadie se le acercara, sino que te obligaba a pedir permiso
incluso para sostenerle la mirada. En realidad, era un gato arisco que, aunque
su dueño fuera de la realeza, se creía él mismo el rey y actuaba a su antojo.
Si sentía que se acercaban, se alejaba con movimientos elegantes y maullaba
desde un rincón. Pero si dejabas de mirarlo, de pronto estaba cerca, pinchando
para que le hicieras caso. Y si aun así no lo mirabas, maullaba como si te
estuviera regañando por no prestarle atención.
'¿Cómo se domesticaba
a un gato?'
Do-ha hurgó entre los
fragmentos de su memoria. Era imposible que surgiera un conocimiento que nunca
había guardado, pero al final, fuera cual fuera el método, lo importante era
que funcionara.
"Cariño, ¿podrías
hacerme el favor de ponértela? Realmente quiero verte con mi ropa puesta".
"……Pervertido".
Yu-dam se echó la
chaqueta de Do-ha sobre los hombros mientras hacía un mohín. Al sentir su
rostro arder de color rojo intenso, el pañuelo fresco se calentó enseguida.
Cuando Do-ha tomó la botella de agua de la que Yu-dam estaba bebiendo y se la
llevó a los labios, la mirada de Yu-dam se dirigió involuntariamente a la
boquilla. Mientras el agua transparente pasaba por la boca de Do-ha y bajaba
por su garganta, Yu-dam seguía mirando sin siquiera ser consciente de lo que
observaba.
"¿Yo?".
Cuando Do-ha respondió
tras terminar de beber, Yu-dam se sobresaltó internamente y apartó la vista. La
imagen de la nuez de Adán moviéndose al tragar el agua quedó grabada como una
persistencia retiniana. Sudó frío por primera vez mientras su rostro ardía.
Yu-dam cerró y abrió los ojos con fuerza y soltó el pensamiento que tenía desde
el principio.
"¿No es que
quieres verme con tu ropa y nada más debajo?".
"……Vaya. Mi
cariño es mucho más pervertido de lo que pensaba".
El comentario que
Yu-dam lanzó para burlarse de Do-ha se volvió en su contra de inmediato,
trayendo consigo la risa maliciosa de este.
"¡¿Yo
qué?!".
"Cariño, es de
día. Estamos en el Hallasan y tú estás herido. Esa idea solo se te ocurrió a
ti, ¿no?".
"¡A-ah, no es cierto!
¡No dije que yo estuviera pensando en eso!".
"Me te quedaste
mirando todo el tiempo mientras bebía agua. ¿Acaso estabas pensando que eso era
un beso indirecto o algo así?".
"……."
Yu-dam se mordió los
labios hacia adentro. Sus ojos redondos y muy abiertos parpadearon un par de
veces mientras miraban fijamente el rostro de Do-ha, específicamente sus
labios. Un instante fugaz se prolongó y un pequeño silencio envolvió a ambos.
Los ruidos del entorno parecen bloqueados por una barrera invisible; ningún sonido
lograba romper esa quietud.
En el momento en que
Yu-dam recuperó el aliento contenido, se cubrió apresuradamente la cara con la
chaqueta de Do-ha y agachó el torso. El calor que teñía su rostro de rojo se
extendió por su cuerpo más rápido que su propia respiración.
Era natural que Do-ha,
que solía reírse a carcajadas, se quedara desconcertado. No esperaba esa
reacción ante una broma. Tras observar varias veces el pequeño cuerpo de
Yu-dam, que se había quedado congelado como si quisiera desaparecer de allí,
terminó soltando una carcajada estrepitosa. Fue tan fuerte que llenó todo el
refugio. Las risas, que resonaban como ecos, se prolongaron, y las miradas de
la gente volvieron a dirigirse a ellos.
"Vaya. ¿Es
verdad? Ha Yu-dam, ¿es verdad, no?".
"No lo es".
"Me voy a volver
loco. No, en serio, mi cariño es muy apasionado. ¿Tanto querías un beso?".
"¡A-ah, que
no!".
La voz indignada de
Yu-dam, totalmente ahogada, apenas llegó a los oídos de Do-ha. Estaba tan
indignado que incluso se notaba un rastro de llanto. Parecía que su hábito de
llorar cuando se sentía frustrado o irritado estaba apareciendo de nuevo.
Era un misterio. No se
explicaba cómo alguien que normalmente era tan inteligente, capaz de manejar a
cualquiera con una sola palabra sin importar su estatus, no podía expresar con
lenguaje sus sentimientos de frustración o injusticia y terminaba siempre en un
mar de lágrimas.
A decir verdad, a
Do-ha no le desagradaba ese lado de Yu-dam. Al contrario, si tuviera que elegir
algo que no le disgustara de él, lo primero sería ese Ha Yu-dam que lloraba de
pura impotencia; en esos momentos, le parecía más humano que nunca.
Yu-dam, ajeno a estos
pensamientos, probablemente se odiaba a sí mismo por sentir ese nudo en la
nariz cada vez que se frustraba, sintiéndose aún más agobiado por su propia
reacción.
"¿Quieres que
diga que no es cierto?"
"……No es que
'quieras', es que simplemente no es cierto."
Ah.
Do-ha finalmente
volvió a soltar la risa que intentaba contener. Sabía que Yu-dam soltaba esas
palabras punzantes por puro orgullo, pero su voz seguía saliendo ahogada, como
un murmullo que apenas se arrastraba.
Podía asegurar que,
viendo al Ha Yu-dam de ahora, nadie creería que es el hijo menor del Grupo
Hansae. Estaba seguro de que incluso el hermano de Yu-dam negaría rotundamente
tener un hermano así.
"¿Entonces por
qué te quedaste mirándome mientras bebía agua?"
"¡Solo miraba!
¡¿Acaso no puedo mirar?!"
"Claro que
puedes. Soy tu 'cariño', después de todo."
"¡Aagh! ¡Qué
rabia me das!"
Finalmente, Yu-dam
estalló. Levantó el torso de golpe y, antes de que Do-ha pudiera reaccionar a
su expresión, se lanzó sobre él con los puños cerrados.
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Por supuesto, debido a
su tobillo hinchado, su cuerpo se tambaleó en el último segundo. Lo que
pretendía ser un asalto para darle una lección a Do-ha terminó con Yu-dam
cayendo perfectamente dentro de sus brazos.
"Vaya, me
embistes como todo un pervertido. ¿No necesitas un beso también?"
"¡Que no! ¡Te he
dicho que no es eso!"
Yu-dam agitó los
brazos con fuerza, pero Do-ha no era de los que se quedaba quieto recibiendo
golpes. Pensando en cuándo volvería a tener otra oportunidad de burlarse así de
él, le sujetó ambas muñecas y empezó a moverle los brazos de un lado a otro
como si estuviera jugando con un muñeco.
Yu-dam gruñía
intentando moverse a su voluntad, pero era una tarea imposible. La diferencia
de fuerza entre un alfa y un omega solo servía para aumentar su indignación.
Quería liberar sus manos, pero Do-ha, habiendo atrapado la oportunidad de oro
para fastidiarlo, no pensaba soltarlo tan fácilmente.
"¡Ah, Baek
Do-ha!"
"Sí, sí,
cariño."
"¡He dicho que
pares!"
Las lágrimas que
contenía en sus ojos finalmente no pudieron resistir el brote de irritación y
terminaron por desbordarse. Una lágrima recorrió rápidamente su mejilla, tembló
un instante y, vencida por la gravedad, cayó dejando un rastro húmedo tras de
sí.
"……No lo
es."
"¿Qué cosa?"
Do-ha ladeó la cabeza
ante la negación repentina y fuera de contexto. Esa interrupción abrupta liberó
las muñecas de Yu-dam, que hasta entonces habían sido arrastradas contra la
voluntad de su dueño.
"Sea lo que sea,
no saques conclusiones extrañas. Esto es…… solo porque estoy irritado."
Conclusiones extrañas,
eh…….
Do-ha soltó una risita
y curvó la comisura de un labio. Tratándose de Ha Yu-dam, no había espacio para
malentendidos. Si fuera cualquier otra persona, se habría preguntado si le
dolían las muñecas o el tobillo, o si sus lágrimas caían por tener un corazón
sensible, pero siendo Do-ha, no podía evitarlo. Era Ha Yu-dam: alguien con
quien, aunque quisiera, no podía haber malentendidos románticos.
"Lo sé. Eres el
Ha Yu-dam al que le brotan las lágrimas en cuanto se irrita. Y sé que es cuando
te ves más humano."
"¡Tú qué vas a
saber! ¡Es por tu culpa que estoy irritado!"
"Ya, ya. Mi vida
está muy enfadada, ¿verdad?"
Do-ha empezó a darle
palmaditas en la espalda a Yu-dam mientras lo sostenía en sus brazos, tal como
lo había consolado en el hotel. Los puños de Yu-dam, ahora libres, impactaban
contra el cuerpo de Do-ha, pero eran tan ligeros que ni siquiera sentía que lo
estuvieran golpeando. Era el resultado natural de intentar dar fuerza a un
golpe mientras estaba atrapado en un abrazo.
A medida que Yu-dam,
aunque seguía resoplando, se iba calmando con las palmaditas, Do-ha volvió a
depositar pequeños besos sobre su cabeza. La pequeña cabecita de Yu-dam volvió
a tensarse por la sorpresa, pero Do-ha, como si ya lo esperara, no le dio
importancia y continuó con lo que estaba haciendo.
"No soy un
niño."
"A veces pareces
uno. Hueles a manta limpia. Ese olor de cuando secas algo al sol. Una sensación
acogedora, como la que tienen los niños. ¿Sabes a qué me refiero?"
"……Loco de
mierda."
"¿Nadie más te lo
dice? No lo había notado antes, pero hoy el olor es muy fuerte. ¿Será porque
estamos pegados?"
Yu-dam cerró los ojos
con fuerza y se mordió el labio. "¿Por qué no te das cuenta?", pensó.
La nostalgia y el
resentimiento volvieron a morderle la punta de la nariz. No era solo su
imaginación que sus emociones fluctuaran tanto frente a Do-ha. Era porque se
trataba de Baek Do-ha. Do-ha era la única persona capaz de elevar sus
sentimientos hasta lo más alto y dejarlos caer al vacío con su sola presencia.
De repente, Do-ha
agachó la cabeza, hundió la nariz en la ropa de Yu-dam y empezó a olisquear.
Tiró de la prenda de aquí y de allá mientras olía, y luego ladeó la cabeza
confundido.
"¿Qué
haces?"
"Nada. Solo que……
el olor es tierno. Pensé que tal vez usabas algún suavizante especial."
"……Ja. ¿Dices que
esto huele a suavizante?"
"¿No? Entonces……
¿será algo como una loción corporal?"
Era inaudito. Yu-dam
se limpió bruscamente con la mano la lágrima que le corría por la mejilla. De
la pura incredulidad, se le secaron las ganas de llorar al instante. Mientras
tanto, Do-ha seguía hundiendo la nariz en sus manos, en su cuello y en
cualquier parte visible para olfatear.
¡¡PLAF!!
"¡Ah! ¡Ha Yu-dam,
¿te has vuelto loco?!"
"¡El loco eres
tú!"
"¡¿Yo qué?! Ugh……
me duele horrores."
Do-ha se acarició la
zona afectada, que le dolía en proporción al estruendo del golpe, y fulminó a
Yu-dam con la mirada. Nadie podría entender lo que se siente recibir un golpe
seco en la nuca de la nada. Fue prácticamente un asalto. Si la persona que lo
sostenía y consolaba no fuera el hijo menor de una familia chaebol, habría
jurado que lo estaban atracando.
"¡¿Cómo que qué?!
¡Es el aroma de mis feromonas! ¡Pedazo de…… de idiota insoportable!"
"……¿Qué?"
"¡Estoy herido,
agotado y encima sudando, así que es obvio que mis feromonas huelan más!
¡¿Crees que tú no?! ¡Tú también te has pasado todo el día destilando feromonas
por el sudor, ¿por qué te metes conmigo?!"
El dolor que hasta
hace un momento hacía que la cabeza de Do-ha retumbara desapareció por completo
ante las palabras de Yu-dam. Feromonas……. No. Era imposible que aquello fuera
el olor de las feromonas.
Do-ha se quedó
congelado, olvidando incluso respirar. Yu-dam se sintió arrepentido un momento
después, pero Do-ha seguía con la mirada perdida. Sus pensamientos daban
vueltas en el mismo sitio.
"Oye. ¿Estás
bien? ¿Te pegué muy fuerte? No, es que como no parabas de decir tonterías sobre
mis feromonas……"
Yu-dam agitó la mano
frente a los ojos de Do-ha, que seguía petrificado. Aunque parpadeaba, parecía
estar en trance, por lo que Yu-dam abría y cerraba la mano con la que le había
golpeado repetidamente. ¿Acaso tenía tanta fuerza? ¿Se habría pasado
golpeándole la cabeza?
Inundado por la culpa,
Yu-dam estiró el torso y le giró la cabeza a Do-ha. Como le había pegado con la
palma, no se veía nada por fuera, pero quería asegurarse de que estaba bien
para quedarse tranquilo.
Solo entonces el Do-ha
congelado sacudió lentamente la cabeza y apartó a Yu-dam. Yu-dam estaba
desconcertado sin saber qué hacer, pero a Do-ha no le importaban sus
sentimientos en ese momento. Había algo que necesitaba confirmar por encima de
todo.
"Ha Yu-dam."
"Ah, bueno.
Perdón. Te pido disculpas, ¿contento?"
Yu-dam hizo un mohín
con fastidio. Cualquiera pensaría que esa no era forma de pedir perdón, pero de
nuevo, eso no era lo importante. Do-ha sacudió la cabeza con firmeza y volvió a
hablar.
"No. No es
eso."
"¿Entonces qué?
¿No estás enfadado para que me disculpe?"
"Ja……. Déjame
hablar."
"……"
Yu-dam apretó los
labios con fuerza y guardó silencio. Su personalidad retorcida no le permitía
pedir una disculpa limpia de una vez. Por suerte, parecía que Do-ha no buscaba
eso.
"Eso. ¿De verdad
son tus feromonas?"
"¿Qué?"
Yu-dam dudó de sus
oídos por un momento. Quizás había oído mal. No podía ser que, por dudar de si
eran sus feromonas, ignorara el golpe recibido y lo estuviera acorralando así.
Tenía que haber oído mal, por fuerza. Frunció el ceño y ladeó la cabeza, volviendo
a preguntar para confirmar que se había equivocado.
"Que si son tus
feromonas."
"Ja. Vale. Es
suavizante, ¿contento? Tal como dices, solo uso lociones corporales con ese
olor y uso este suavizante especial. ¡¿Ya estás satisfecho?!"
"¡No juegues
conmigo y dímelo en serio!"
"¡¿Tú de qué
vas?! ¡¿Te parecen mediocres mis feromonas?! ¡¿Qué quieres que haga si nací con
ellas?!"
"¿No es
mentira?"
"Oye, Baek Do-ha.
Ya basta. ¡¿Qué te han hecho mis feromonas para que llegues a este
extremo?!"
"No es eso.
Ja……."
Do-ha se revolvió el
cabello con desesperación. Miró a su alrededor y vio que solo quedaba un puñado
de personas, contadas con los dedos de las manos. E incluso ellos se estaban
levantando, poniéndose las chaquetas y cargando sus mochilas para emprender el
descenso. Significaba que debían bajar rápido si querían salir de la montaña
antes de que anocheciera. En otras palabras, pronto se quedarían solos. Si
alguno de los dos liberaba sus feromonas, no habría nadie más a quien afectar
ni nadie que los interrumpiera.
"Yo…… no puedo
sentir el olor de las feromonas."
"¿Qué?"
"Ha sido así
desde que me presenté. Solo reconozco mi propio aroma."
Fue entonces cuando
Yu-dam recordó vagamente lo que le había dicho la madre de Do-ha.
Aquel día no solo se
había llevado los recuerdos del pasado. Pensó que, tal vez, le habían
arrebatado un presente y un futuro que ni el propio Do-ha conocía.
'¿Por qué lo habré
olvidado?'
Al menos él debería
haberlo tenido presente todo el tiempo. No bastaba con solo recordarlo.
"Lo
siento……."
"¿Qué? ¿Así de
repente?"
"……."
"¿Por qué lo
sientes tú? ¿No debería decirlo yo? No conocías mi situación y aun así te dije
cosas que no debía."
Do-ha arrugó la nariz
en un gesto de disculpa.
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Yu-dam no se atrevió a
mirarlo a la cara y se limitó a morderse los labios. Si algún día él llegaba a
saberlo todo, esta era una disculpa por adelantado para el Do-ha de aquel
entonces. Porque, tratándose de Do-ha, quizás no solo se negaría a aceptar su
perdón, sino que incluso le resultaría insoportable ver su rostro.
"De todos modos……
es extraño. Que solo pueda sentir tus feromonas."
"……Bueno, supongo
que puede pasar."
"¿Podrías
liberarlas un poco?"
"¿Qué?"
"Solo un poco.
Quiero sentirlas bien. Debe ser porque nunca he sentido las feromonas de otra
persona. Ah, no es una orden, es un 'favor'. Me resulta curioso incluso a mí
mismo."
Yu-dam vaciló un
instante, pero terminó asintiendo lentamente.
El rostro de Do-ha se
iluminó, pero Yu-dam, incapaz de sostenerle la mirada, respiró hondo y liberó
sus feromonas poco a poco.
Liberar sus feromonas
para alguien era algo que Yu-dam también hacía por primera vez, por lo que se
sentía extrañamente cohibido y avergonzado. Y, en parte, también emocionado.
"¿Está mal si
digo esto?"
"¿El qué?"
"Que tu aroma
es…… muy agradable."
"……."
"Perdona si te
molestó."
"No, no es eso…….
Es solo que es la primera vez que escucho algo así……."
Do-ha esbozó una
sonrisa y volvió a abrazar a Yu-dam. Esta vez, su toque era distinto al de las
palmaditas con las que se consuela a un niño.
"Definitivamente,
al estar así de pegados, se siente mucho mejor."
"Me siento como
un ratón de laboratorio."
Do-ha soltó una
carcajada, hundió el rostro cerca del cuello de Yu-dam e inhaló profundamente.
Era un aroma cálido y
acogedor, como si estuviera impregnado de luz solar. Tenía esa comodidad que
solo se siente al taparse con mantas recién lavadas.
"Olor a manta."
"Qué ignorante. A
eso se le dice aroma a algodón."
"¿Qué algodón ni
qué nada? Es simplemente una manta."
"Entonces no lo
huelas."
Yu-dam lo miró de
reojo y guardó sus feromonas rápidamente.
Incluso el aroma
residual que flotaba en el aire se dispersó en un instante, y el frío de la
montaña al atardecer empezó a colarse en el ambiente.
"Qué
tacaño."
"¿Para qué
quieres oler una manta?"
"Ah, está bien.
Aroma a algodón. Un aroma muy rico."
"……Solo una vez
más."
"Sí."
Do-ha asintió con el
rostro radiante.
Yu-dam, como si se
hubiera contagiado de esa risa, sonrió también y volvió a liberar sus
feromonas.
Do-ha abrió los
brazos. Esta vez fue Yu-dam quien se acurrucó primero en su pecho. Inclinó la
cabeza hacia un lado, ofreciéndole el cuello de buena gana.
No sabían de quién era
el pulso que latía con fuerza, pero a ninguno le importó. Simplemente pensaron
que su propio corazón estaba emocionado por razones distintas.
Yu-dam, porque a su
amor platónico de tanto tiempo le gustaban sus feromonas. Do-ha, porque las
primeras feromonas que sentía de otra persona le resultaban extasiantes.
De vez en cuando
sentía un golpe de calor que le recorría el bajo vientre, pero incluso esa
experiencia le resultaba fascinante a Do-ha.
Por primera vez estaba
experimentando en carne propia lo que significaba que un alfa dominante
reaccionara a las feromonas de un omega dominante.
Su cuerpo, que apenas
había tenido deseo sexual, estaba reaccionando a un omega por primera vez.
Pensó que, si las feromonas de Yu-dam hubieran sido un poco más densas y
ardientes, tal vez le habría besado los labios sin darse cuenta.
Yu-dam, al ver cómo
Do-ha lo abrazaba con fuerza intentando sentirlo más profundamente, sintió que
finalmente Do-ha se había convertido en su alfa.
Creyó que por fin se
estaba cumpliendo la promesa de aquel día en el pasado, cuando Do-ha se le
confesó y juraron ser el único omega y el único alfa el uno para el otro.
Bajo la inmensa
oscuridad que cubría lentamente la montaña, Yu-dam soñó con un futuro junto a
Do-ha.
Un futuro donde,
después de tres años y mucho tiempo más, siguieran siendo el único destino del
otro.
*
* *
Al día siguiente por
la mañana, Yu-dam se despertó en los brazos de Do-ha y, ante la sorpresa, no
tuvo más de otra que pedir un helicóptero.
Si sentía que el entorno
estaba extrañamente caliente, era por el cuerpo de Do-ha, que ardía como una
bola de fuego por la fiebre. Yu-dam intentó despertarlo sacudiéndolo, pero él
apenas podía responder y perdía el conocimiento por momentos. Preso del pánico,
ni siquiera se le ocurrió llamar directamente al 119; en su lugar, llamó a casa
desesperado. Dijo que el cuerpo de Do-ha estaba ardiendo y que parecía estar
así por su culpa.
Afortunadamente,
gracias a que Jung-jin lo tranquilizó con calma, Yu-dam pudo recuperar la cordura
y cuidar de Do-ha hasta que llegara el helicóptero. Le quitó la chaqueta y, a
pesar de su tobillo herido, fue y vino del baño sin descanso para secarle el
sudor. Mientras tanto, el helicóptero enviado por la familia llegó y pudieron
trasladar a Do-ha de inmediato al hospital.
Todo esto ocurrió en
un abrir y cerrar de ojos, nada más despertar.
“¿Es usted el tutor
del paciente?”
“Sí.”
“Disculpe, ¿cuál es su
relación? Si es solo un amigo, no puede ser.”
“Ah…… es decir,
bueno……”
“Necesitamos la firma
del tutor para realizar los exámenes y prescribir la medicación.”
“Su…… cónyuge.”
“Ah. Entonces está
bien. Firme aquí.”
El médico, que se
acercó con su bata blanca al viento, le preguntó si Do-ha tenía alguna alergia
o si estaba tomando algún medicamento, y luego le tendió la tableta a Yu-dam.
El espacio para la
firma junto a la palabra protector le resultaba familiar y, a la vez, extraño.
Que su primera firma como cónyuge de Baek Do-ha fuera en un consentimiento
médico y no en un registro de matrimonio era algo absurdo, pero le encogió el
corazón. Le entristecía que la realidad no le permitiera alegrarse plenamente
por esta primera firma. El olor a desinfectante típico del hospital le penetaba
la nariz y le hacía sentir que la cabeza le daba vueltas.
Maldito seas. Cómo me
haces firmar algo así en la sala de urgencias de un hospital universitario.
Cónyuge de Baek Do-ha.
La fuerza que
otorgaban esas palabras era mayor de lo que imaginaba. Aunque era la primera
vez que se convertía en el protector de alguien, ese título le dio fuerzas para
soportar las agotadoras horas de espera durante los exámenes.
No sabía qué pasaría
después y, sobre todo, no sabía cómo cambiarían las cosas en cuanto regresaran
a Seúl, pero en ese momento, él era el protector y el cónyuge de Baek Do-ha.
Nadie más podía serlo. Solo él era el único.
Al mismo tiempo, su
ambición creció. Aunque al principio pensó que lo dejaría ir sin problemas
después de tres años, cada vez deseaba más tener a Do-ha para sí. A pesar de
estar compartiendo el mismo tiempo con él, lo extrañaba. Cuanto más tiempo
pasaban juntos, la nostalgia que se cernía sobre Yu-dam crecía hasta volverse
inabarcable.
Yu-dam sujetó con
fuerza la mano de Do-ha, que ardía por la fiebre, mientras deseaba
fervientemente que su espera no hubiera sido en vano.
*
* *
Solo después de
terminar varios exámenes en la habitación VIP, Do-ha pudo descansar tranquilo.
A medida que el
líquido del suero comenzaba a entrar rítmicamente por la aguja clavada en el
dorso de su mano, la fiebre abrasadora empezó a ceder. Do-ha, que había perdido
el conocimiento, incluso mostró una leve sonrisa con un rostro mucho más relajado.
"Y eso que
presumías de tener mucha fuerza."
"Ya ves. Debo
estar envejeciendo."
"Tonto, no
hables. ¿Y si te sube la fiebre otra vez?"
Yu-dam soltó un gran
suspiro. Miró hacia arriba, donde las gotas del suero caían con una regularidad
monótona. El arrepentimiento lo asfixiaba: debió haber bajado de la montaña en
cuanto se lastimó, en lugar de dejarse cargar.
"No es por
eso."
"¿Qué?"
"Que no es por
haberte cargado."
"Tú qué vas a
saber. Cualquiera diría que es un agotamiento físico extremo."
"No me enfermo
por algo así. Lo que digo es que la causa no es esa."
Era difícil de
entender, pero los síntomas eran similares a los de su celo. En el caso de
Do-ha, durante el celo, sus feromonas no se liberaban normalmente, sino que se
acumulaban en su cuerpo provocándole un malestar físico intenso. Como los
síntomas actuales no eran muy distintos, Do-ha, el paciente, estaba mucho más
tranquilo que Yu-dam.
"Cállate. ¿Acaso
eres médico? Hasta que salgan los resultados, quédate acostado y con la boca
cerrada."
Do-ha curvó las
comisuras de los labios. Aunque sentía la boca seca y el cuerpo todavía pesado,
su estado de ánimo era bastante bueno. Todo gracias a Yu-dam, que andaba
merodeando a su alrededor con aspecto de perrito mojado.
Toc,
toc.
Un golpe en la puerta
hizo que ambos miraran hacia la entrada. Confirmar la expresión del médico nada
más entrar era un viejo hábito de Yu-dam.
"¿Ya están los
resultados? Es solo agotamiento, ¿verdad?"
Yu-dam se levantó de
un salto, ansioso ante la expresión indescifrable del doctor. El médico
consultó la tableta con los resultados y asintió.
"Sí. Todo lo
demás está bien. Es un malestar físico, pero la causa..."
El médico respondió
con naturalidad, pero luego dejó la frase en el aire, como si él mismo no terminara
de comprenderlo. Al ver que los grandes ojos de Yu-dam temblaban de
nerviosismo, el doctor apagó la pantalla de la tableta y habló restándole
importancia.
"Ah, no es que
haya un problema. Es solo que la causa fue inesperada. Normalmente es algo que
se ve en omegas recesivos, aunque no se puede decir que sea exclusivo de
ellos."
"¿A qué se
refiere...?"
"¿Ha oído que si
un omega recesivo recibe de golpe demasiadas feromonas de un alfa dominante,
puede sufrir una reacción anómala?"
"¿Se refiere...
al celo?"
"Sí. Normalmente,
esta anomalía provoca una explosión repentina de feromonas que induce el celo.
En el caso del paciente, los roles de alfa y omega se han invertido.
Mire."
El médico volvió a
encender la tableta para mostrar el informe. Señaló una de las cifras entre la
lista de valores y continuó.
"Como verá, el
nivel de feromonas es anormalmente alto. Normalmente, este es el nivel que
veríamos en un alfa dominante durante su celo."
"¿...Me está
diciendo que Baek Do-ha está en celo ahora mismo?"
"Según las
cifras, así es."
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Yu-dam giró la cabeza
lentamente hacia Do-ha, quien asintió con una sonrisa débil. Yu-dam seguía sin
entender del todo, pero Do-ha le hizo una señal al médico indicándole que podía
retirarse. Con los resultados tan claros, la causa no podía ser otra.
"¿Tú... estás en
celo?"
"Bueno, parece
que tendré que darle algunas explicaciones a mi cónyuge. ¿Le queda algo más por
decir, doctor?"
Ante la orden de
retirada de Do-ha, el médico salió de la habitación tras indicar que podrían
marcharse una vez que bajara la fiebre y tuvieran la medicación. También añadió
que, al volver a casa, debería ser examinado por su médico de cabecera.
"¿Qué pasa? ¿De
verdad estás en celo?"
"Recuerda que yo
no podía sentir las feromonas de los demás. Pero la primera vez que las sentí,
fueron las de un omega dominante. Supongo que por eso se activó el celo."
"¿Entonces no
era... solo agotamiento? ¿Cómo puede ser así un celo?"
"Normalmente es
así para mí."
"¿Cómo que
normalmente? ¿Eso tiene sentido?"
"Ha sido así en
cada celo. Desde que me presenté."
Yu-dam se mordió el
labio con fuerza. Al final, todo volvía a él. La causa era él mismo. Tanto el
hecho de que los celos de Do-ha nunca fueran normales, como este celo repentino
fuera de ciclo. No pudo evitar lo que pasó aquel día hace años, pero esto sí
era su culpa. Se dejó seducir por las palabras de Do-ha diciendo que su aroma
era agradable y liberó sus feromonas durante toda la noche.
"Ha Yu-dam,
basta."
"¿Basta de
qué?"
"Deja de
culparte. Tú tampoco lo sabías."
"……."
Yu-dam bajó la mirada.
Se fijó en el vendaje limpio que le habían puesto en el hospital. Mientras
Do-ha se hacía las pruebas, él se había dado cuenta de la lesión del otro
paciente y pidió que lo atendieran. Gracias a una inyección intramuscular, el
dolor del tobillo casi había desaparecido y le dijeron que pronto podría
quitarse la venda. No quedaba rastro de su paso por la montaña.
Las caricias
preocupadas de Do-ha se habían borrado con el lavado, y eso le producía una
punzada de nostalgia. A pesar de que sus pies debían estar sucios y sudados,
Do-ha le había quitado los zapatos, le había tocado los pies y lo había cargado
sin darle importancia. Hacía diecisiete años que Do-ha no era tan tierno. Ese
recuerdo volvería a existir solo en su memoria, porque Do-ha probablemente lo
olvidaría pronto como algo sin importancia.
Por primera vez,
sintió resentimiento hacia su amnesia. Si no hubiera perdido la memoria, quizás
Do-ha podría haber pasado sus celos de forma normal con alguien, intercambiando
feromonas con una pareja. Y si fuera así, él no tendría que sentir este miedo
constante a que alguien se lo arrebatara.
"Ha Yu-dam."
"Qué."
"No pongas esa
cara. No te pega. A Ha Yu-dam le queda mucho mejor ser un poco
insoportable."
"Idiota."
Yu-dam hizo un mohín y
lo miró de reojo, lo que hizo que Do-ha soltara una pequeña risa. Verlo
desanimado por algo que no era su culpa le resultaba extraño y le producía una
opresión en el pecho, como si tuviera algo atascado. Prefería mil veces al Ha
Yu-dam que lo miraba con todas sus fuerzas, incluso si era con odio.
"Y no se lo
cuentes a nadie. Es humillante."
"¿Que un alfa
dominante caiga enfermo solo por exponerse a las feromonas de un omega
dominante?"
"Sí, eso."
"Es que tú no
sentías las feromonas de nadie más. Dijiste que en diecisiete años, desde que
te presentaste, nunca te había pasado. ¿Por qué iba a ser humillante?"
"Bueno, es
verdad. Además, ¿acaso Ha Yu-dam es un omega cualquiera? Eres el omega
dominante más presuntuoso del mundo."
"¿Eso es un
sarcasmo o una burla?"
"Por eso te digo
que dejes de culparte. Significa que tu naturaleza es así de fuerte. Fuiste tú
quien me hizo sentir un aroma por primera vez. ¿No deberías sentir orgullo en
lugar de culpa?"
"Eso es... Tonto,
no es por eso."
"¿Entonces por
qué?"
Yu-dam tragó saliva,
guardándose las palabras que no se atrevía a soltar. Sentía que debía
decírselo, pero a la vez pensaba que no debía hacerlo. Tenía miedo de que Do-ha
sintiera que estaba atrapado con alguien a quien ni siquiera quería.
Sobre todo, estaba la
petición de la madre de Do-ha. Ella le había sugerido que, si después de tres
años Do-ha decidía que no podía seguir con el matrimonio, lo mejor para Yu-dam
sería una separación limpia. Seguramente ella ya sabía que los celos de Do-ha
se manifestaban como una enfermedad física. Si los celos periódicos se trataban
como un simple malestar, ella ya había calculado que él no tendría necesidad de
vivir atado a alguien que no amaba. Había planeado todas las variables, desde
el matrimonio hasta un posible divorcio.
Yu-dam contuvo las
ganas de llorar. Era evidente que para él también sería difícil prometer una
vida entera con alguien que no lo amaba. No quería vivir viendo solo un
cascarón vacío mientras el corazón de esa persona estaba en otro lugar. Por
eso, debía seguir guardando el secreto hasta el final, como hasta ahora.
"¿Tú qué vas a
saber? En fin, no es que yo sea increíble, es que tú eres un flojo."
"Entonces ven
aquí y deja que huela más tus feromonas."
Los ojos de Yu-dam se
abrieron de par en par ante la repentina petición. Do-ha se rio entre dientes
y, demostrando que no era broma, se hizo a un lado en la cama. Dio unas
palmaditas en el espacio vacío que había dejado.
"Ha Yu-dam, se te
van a salir los ojos."
"¿Estás loco?
Acaban de decir que estás enfermo precisamente por mis feromonas."
Yu-dam sacudió la
cabeza rápidamente. Sus pupilas oscuras seguían reflejando desconcierto, pero
la timidez que se escondía detrás no lograba ocultarse del todo y asomaba tímidamente.
"Si sigo
oliéndolas, supongo que crearé inmunidad. Además, dijeron que me curaría pronto
si descansaba un poco."
"¿Y si te pones
peor?"
"Entonces Ha
Yu-dam me cuidará."
"Ni hablar. No
pienso hacerlo."
"Solo hasta que
me quede dormido."
"……."
Do-ha notó que Yu-dam
empezaba a ceder. Parecía que el hecho de haber dicho que su aroma era
agradable también había sido algo bueno para Yu-dam.
Ese Ha Yu-dam, que
podía ser tan frío, ahora estaba allí, complacido pero muerto de vergüenza.
Verlo así le resultaba extraño a Do-ha, pero no le desagradaba; y sentirse así
a él mismo le resultaba incómodo, pero no le parecía mal.
La irritación que
solía sentir cada vez que veía al Yu-dam habitual se había esfumado como si
nunca hubiera existido. Ahora estaba convencido: lo que odiaba de Yu-dam era
esa faceta cínica y, francamente, insoportable. Ver su lado más humano hacía
que no pudiera dejar de sonreír.
"El olor a manta
siempre ayuda a dormir bien."
"¡Que es aroma a
algodón!"
"bueno. Olor a
algodón. Así que dame un poco más."
Tras dudar un
instante, Yu-dam finalmente subió a la cama. Se recostó usando el brazo de
Do-ha como almohada y añadió en voz baja: "Solo un poco".
Yu-dam no tenía forma
de frenar a su propio corazón, que actuaba a su antojo. Lo único que podía hacer
era esconder sus sentimientos lo más profundo posible. Do-ha lo atrajo hacia
sí. Ante la repentina cercanía, Yu-dam cerró los ojos de golpe, y Do-ha,
observando su rostro con fijeza, habló.
"¿No te parece
gracioso?"
"¿Qué cosa?"
"Que estemos así.
Realmente me caías fatal."
"Lo sé, y yo a
ti. Nuestras familias lo saben, todo el mundo lo sabe. ¿Para qué repites algo
que ya sabemos todos?"
"Solo... porque
es curioso. Odiándonos como nos odiábamos, y ahora parecemos una pareja de lo más
normal."
Yu-dam se quedó
inmóvil con los ojos cerrados antes de levantar lentamente los párpados. Al
tener el rostro de Do-ha tan cerca, tuvo que contener el aliento sin querer.
"Pareja normal,
mis narices", pensó. Una pareja normal no tiene a uno de los dos amando en
secreto al otro. No tiene a alguien midiendo cada exhalación, soltando el aire
poco a poco para no importunar al otro con su aliento.
"Baek
Do-ha."
"Dime."
"Tú... ¿por qué
exactamente me odias tanto?"
Era la pregunta que
siempre había querido hacer. ¿Por qué me odias tanto después de haberte
confesado con timidez diciendo que te gustaba?
El rostro de Yu-dam,
mientras preguntaba en voz baja, se veía limpio y sereno. Sus pupilas oscuras
eran más profundas y hermosas que cualquier abismo, y sus labios rojos
incitaban a morderlos sin querer. Do-ha admiró la belleza de su rostro, pero
seguía sin poder leer sus emociones. Como siempre, sintió esa opresión en el
pecho, como si estuviera bloqueado.
"Feromonas."
"¿Qué?"
"Tienes que
liberar tus feromonas. Si lo haces, te lo diré."
Ante la exigencia
descarada de Do-ha, Yu-dam no tuvo más remedio que dejar salir su aroma poco a
poco. Esta vez fue más cauteloso e íntimo que la noche anterior. Tenía miedo de
lastimar a Do-ha si se relajaba demasiado.
"Sí.
Definitivamente es agradable."
"……¿Y bien? ¿Cuál
es el motivo? ¿Por qué me odias de esa manera?"
Do-ha inhaló lenta y
profundamente. La calidez de Yu-dam parecía adherirse incluso al aire que los
rodeaba. De pronto, una idea cruzó su mente y le hizo sonreír.
"Calidez" y "Ha Yu-dam" eran términos que, en su cabeza, no
podían estar más alejados.
"Eres implacable
con los demás. No te importan las circunstancias ajenas. No pareces querer compartir
sentimientos ni pensamientos, y ni siquiera sientes la necesidad de entender
por qué alguien actúa de cierta forma. Eso me parecía inhumano y
despreciable."
"……¿Yo era
así?"
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Yu-dam repasó sus
recuerdos con cuidado. Era tal como decía Do-ha. Para empezar, el Ha Yu-dam del
Grupo Hansae no tenía motivos ni necesidad de ser de otra forma. Sus intereses
se limitaban a su familia, los grandes almacenes y Baek Do-ha. No le faltaba nada
como para tener que interesarse en lo demás.
"Me daban ganas
de vomitar solo de verte. Sentía que se me revolvía el estómago y me asfixiaba.
Por eso no creía cuando decían que yo andaba detrás de ti. No tenía
sentido."
Yu-dam pensó que esa
explicación adicional era innecesariamente amable. ¿A cuánta gente le gustaría
oír que su sola presencia provoca náuseas? En lugar de responder, Yu-dam cerró
los ojos. Era su forma de decir que no quería escuchar más. Entonces, fue Do-ha
quien le hizo la misma pregunta.
"¿Y tú por qué me
odias a mí?"
"Porque tú me
odias."
"¿Eso es
todo?"
"¿Acaso hemos
compartido algo? Ni siquiera teníamos motivos para odiarnos o querernos."
Un Baek Do-ha que
actuaba como si viera algo repugnante cada vez que se cruzaban, y un Ha Yu-dam que
tenía que fingir indiferencia y actuar con naturalidad ante esa mirada. Esos
habían sido sus últimos diecisiete años.
Yu-dam pensó que, al
menos, ojalá hubiera pasado algo especial para que se odiaran. Quizás así,
Do-ha podría mirarlo a la cara de verdad ahora, y no estarían enredados con
alguien como Kim Si-woo.
"Vaya, qué
simple. Pensé que habría una razón de peso."
"Si tú no
empiezas las peleas, yo tampoco tengo motivos para hacerlo. Como dijiste,
viviremos como compañeros de armas."
Do-ha asintió en
silencio. La calidez y la comodidad que le brindaba Yu-dam eran como un
sedante. Era una paz excesiva que, por momentos, lo asfixiaba. Antes de
casarse, la presencia de su antigua pareja, a quien mantenía bajo el nombre de
"amigo", era como una mota de algodón pegada en su garganta:
infinitamente ligera, pero a la vez pesadísima.
Si-woo era ese tipo de
amante para él. Se habían prometido una vida entera, y Do-ha sentía que debía
cumplir esa promesa. De forma obsesiva, la idea de que debía "regresar"
dominaba su mente. Do-ha no dudaba de que el lugar al que pertenecía era al
lado de Si-woo. Aquella promesa no era un simple cantar al amor; era un
compromiso que debía honrarse.
Definir cuál era su
lugar y regresar a él: Do-ha sentía que eso era una parte indispensable para
definirse a sí mismo. Siempre se había visto así. Aunque fingía que no pasaba
nada, a sus propios ojos se sentía como el Espantapájaros de El Mago de Oz,
emprendiendo un viaje larguísimo hacia un mago desconocido para llenar su
vacío. Pensó que, tal vez, su obsesión era un intento de rellenar ese agujero
en su memoria. Para no pasar la vida vagando sin rumbo, debía volver.
Por eso, pensar en
Si-woo siempre le provocaba remordimiento. Aunque se repetía que se lo
compensaría todo más adelante y que bastaba con cumplir su promesa, la culpa
afloraba sin previo aviso. Tras un largo rato disfrutando del aroma de las
feromonas en silencio, Do-ha llamó a Yu-dam en voz baja.
"Ha Yu-dam."
"Qué."
"Yo no puedo
dejar a Si-woo."
"¿Y quién te ha
dicho nada? Qué pesado."
Era natural que Yu-dam
se sintiera herido. Si no soltó un insulto mayor fue solo porque no estaba
acostumbrado y le resultaba forzado. Pensó que debería empezar a practicar, ya
que el matrimonio de tres años acababa de empezar, y las ocasiones para
maldecirlo no harían más que aumentar.
"Si-woo es un
chico digno de lástima. No lo odies tanto."
"No quiero. Como
tú has dicho, solo pienso en mí. No quiero entender a los demás y, sobre todo,
no quiero entenderlo a él. Desde mi posición, es un tipo malo y
despreciable."
Yu-dam respondió con
frialdad. No hay nadie en el mundo que no sea digno de lástima; solo cambia la
medida en que cada uno se compadece de sí mismo. Si se ponía a pensar, su
madre, que murió al darle a luz, era digna de lástima, y él mismo, creciendo
sin ella, también lo era. Es más, incluso Do-ha, cuyo secreto conocía toda su
familia menos él mismo, era digno de lástima. Aunque su familia lo mantenía en
secreto porque nadie podía asegurar qué pasaría si se enteraba.
"Lo que hizo
Si-woo... fue porque nosotros teníamos nuestro propio tiempo. Así que yo seré
el malo. Soy yo el que se porta mal con él y contigo."
"……Ja. Eres un
loco de mierda encantador, de verdad."
Yu-dam soltó un
suspiro y abrió los ojos. Do-ha se reía de su insulto como si fuera una broma.
La irritación le subió de golpe. Solo tres días después de la boda, Yu-dam tuvo
que aceptar que se había subido a la montaña rusa más aterradora del mundo.
Su corazón, que se
emocionaba al verlo, volvía a enamorarse de él y sentía un afecto
indescriptible. Pero aquel hombre, que le despertaba un deseo de posesión
absoluta, ahora arrojaba su corazón al suelo y lo pisoteaba.
Si iba a ser así, ¿por
qué no lo dejó solo cuando se lastimó? ¿Para qué se agachó a tocarle el pie y
cargarlo? ¿Por qué actúa como si fuera a darlo todo por mí, haciéndome sentir
que soy alguien importante para Baek Do-ha?
"Dices eso
sabiendo que me hace sentir como la mierda, ¿verdad?"
"Sí. Así me
odiarás más."
"¿A estas
alturas? Siempre los he odiado a muerte a los dos."
Yu-dam habló con la
mayor naturalidad posible, buscando parecer indiferente. Deseaba fervientemente
que sus palabras sonaran como las de un compañero de armas en un matrimonio de
conveniencia, alguien que no ama a Do-ha. Era fácil admitir que se había subido
a esa montaña rusa, pero que Baek Do-ha tuviera el control del viaje era su
secreto absoluto. Si Do-ha lo supiera, Yu-dam se sentiría asfixiado por la
miseria.
Aunque no quería
reconocerlo, envidiaba a Kim Si-woo por recibir ese tipo de sentimientos de
Do-ha. Y, por supuesto, al contrario de lo que Do-ha deseaba, ahora odiaba aún
más a Kim Si-woo. Quién sabe, si tuviera la oportunidad, quizás acabaría
maldiciéndolo para que su vida se arruinara.
"No volverá a
aparecerse como en la boda. No lo permitiré."
"……."
En lugar de responder,
Yu-dam apartó a Do-ha y se levantó. Do-ha, sin entender por qué, parpadeó y se
incorporó al notar que Yu-dam guardaba sus feromonas.
"Qué
tacaño."
"Aunque sea un
matrimonio concertado, ¿cuánta gente se quedaría escuchando tranquilamente a su
cónyuge decir que va a serle infiel?"
"¡Que no es
infidelidad!"
"Lo importante es
que para mí lo parece."
"Ah, Ha
Yu-dam."
"Qué."
La mirada afilada de
Yu-dam se clavó en él al instante.
Do-ha se estremeció,
cerró la boca de golpe y agitó las manos con vehemencia. Al moverse, el tubo
del suero osciló violentamente, haciendo que la bolsa hinchada que colgaba del
soporte se sacudiera de un lado a otro.
Las miradas de ambos
se dirigieron instintivamente hacia el suero.
Yu-dam sacudió la
cabeza, sintiendo que el cansancio le caía encima de repente. ‘¿Qué estoy
haciendo con un paciente?’, se preguntó.
Por el contrario,
Do-ha tragó saliva y rompió el silencio con cautela. Lo que quería decir era
que...
“……Era una disculpa.”
“…….”
“Y también quería
pedirte que cuides de este tipo malvado que pone a su amigo como prioridad.”
“……Mira que decir
'amigo'.”
“Pásamelo por alto.
Soy un paciente, cariño. ¿Sí?”
Mientras Yu-dam se
tensaba ante ese apelativo, Do-ha estiró el brazo y volvió a atraerlo hacia sí.
Yu-dam solo vaciló un
instante, pero en un abrir y cerrar de ojos ya estaba refugiado en el amplio
pecho de Do-ha. Mientras Yu-dam refunfuñaba y mostraba su mal genio en voz
baja, Do-ha, temiendo que se escapara de nuevo, enredó el tubo del suero un par
de veces alrededor de ambos, dejándolos atrapados en ese pequeño espacio.
Al confirmar que el
tubo estaba tenso, Do-ha finalmente se relajó y hundió la nariz en la nuca de
Yu-dam. Inspiró profundamente, absorbiendo el aroma residual que aún quedaba
allí.
Como si eso no fuera
suficiente, Do-ha empezó a insistirle para que liberara sus feromonas,
provocando que el vello de la nuca de Yu-dam se erizara por completo.
Sintió cómo todo su
cuerpo se ponía rígido y una presión se concentraba en su bajo vientre. Al
parecer, acababa de descubrir una zona erógena que ni él mismo conocía.
“……¿Qué tendrá de
bueno un idiota como tú?”
“Dicen que al que te
cae mal, hay que darle un trozo más de pastel.”
“¿Desde cuándo los
idiotas hablan tan bien?”
Al final, aunque lo
miró de reojo con fastidio, Yu-dam volvió a liberar sus feromonas.
Si terminó quedándose
allí abrazado, incapaz de apartar a Do-ha, fue simplemente para consolarse a sí
mismo por su nueva condición de 'compañero de armas'.
