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El ambiente era gélido, como una fina capa de escarcha.

Palabras mordaces volaban y se clavaban con precisión en cada uno de los jefes de departamento, quienes, por dentro, recitaban innumerables maldiciones. Si alguno de ellos hubiera tenido poderes chamánicos, no habría sido extraño que Yu-dam cayera fulminado por un mal de ojo en ese mismo instante.

Lo que rompió aquella atmósfera de ejecución fue el teléfono de Yu-dam, que no dejaba de sonar.

Aunque había cambiado el ruidoso tono por la vibración, el móvil en su bolsillo parecía querer reafirmar su existencia con furia, vibrando con tanta fuerza como si estuviera gritando.

Finalmente, Yu-dam presionó el botón de encendido hasta apagarlo. Los jefes de departamento se encogieron en sus asientos, compadeciéndose de sí mismos, pues sabían que ellos serían el blanco del desahogo. Sin duda, el hecho de que Yu-dam estuviera lanzando críticas mucho más feroces de lo habitual era culpa de la persona que lo obligó a apagar el teléfono.

"……En tres días retomaremos la reunión de promoción. Pueden retirarse."

Solo tras apagar el móvil Yu-dam logró recuperar algo de calma. Al ver la rigidez en la sala, soltó un largo suspiro. El jefe de secretaría, Kang, hizo una seña hacia el fondo para encender las luces, y una iluminación blanca e impoluta llenó el lugar.

Los jefes, que se levantaban estirándose para liberar la tensión, contuvieron el aliento al notar que Yu-dam seguía sentado. Dudaron si debían volver a sentarse, pero ante la mirada de Kang I-hyeon, el jefe de secretaría, abandonaron la sala en silencio.

Yu-dam se reclinó en la silla mientras escuchaba cómo el bullicio se disipaba rápidamente. Echó la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y presionó sus párpados con las yemas de los dedos. El cansancio persistente parecía burlarse de él, escondiéndose y apareciendo una y otra vez.

"Presidente."

"……No. Dígame que no es cierto."

"Lo lamento."

La voz de Yu-dam era tan suplicante que parecía que iba a añadir un 'por favor'. Su tono ligeramente tembloroso, sus ojos abiertos de par en par y el movimiento frenético de su cabeza negaban la realidad con vehemencia. Rogaba que fuera mentira aquello de que, por haber apagado su móvil, alguien le hubiera enviado fotos de esmóganes para la boda a su secretario.

Kang I-hyeon, que conocía perfectamente el sentir de su jefe, no dijo nada más; se limitó a disculparse. Entendía la desesperación de Yu-dam, pero no podía darle la respuesta que él deseaba.

"¡En un momento como este……! Ah, de verdad me voy a volver loco."

Yu-dam soltó un grito ahogado, estremeciéndose de horror. Sabía que si ignoraba incluso los mensajes enviados a su secretario, esa gente se presentaría en su oficina sin dudarlo.

Incluso si les pedía que lo llamaran a la sede central, su hermano y su padre eran el tipo de personas que vendrían hasta aquí con gusto solo para verlo retorcerse. Según sus propias palabras, ver al pequeño de la familia perder los estribos era "divertido".

Por esa razón, su padre se dedicaba a investigar nuevas formas de atormentarlo manteniéndolo cerca. Y para colmo, su hermano mayor, Jung-jin, mientras fingía detener a su padre, terminaba dándole consejos sobre cómo molestar a Yu-dam de manera más efectiva.

La boda que se aproximaba no era más que otro juguete para ellos. Eran personas que, si necesitaban algo, simplemente lo llamaban a él o a un personal shopper de sus propios grandes almacenes. No tenían necesidad de enviarle fotos una por una.

Así que la intención detrás de ese esmero por mandarle fotos de esmóganes desde la mañana, de forma individual y constante, estaba clara: esperaban que su hermano menor corriera a la sede central gritando a pleno pulmón.

"Ja……. ¿Usted también las vio, secretario?"

"Verlas, las vi, pero……."

"¿Qué le parecieron?"

Yu-dam cambió de postura y se enderezó. Aunque su propia elección era lo más importante, la opinión ajena también contaba. No por el esmoquin en sí, sino por la naturaleza de su trabajo.

Como presidente de unos grandes almacenes, si se quedaba encerrado en su oficina, no podría interpretar las tendencias de moda o los artículos de lujo de la temporada. Y eso significaría que el negocio de ese año sería un fracaso. En ese sentido, valoraba mucho el criterio de su secretario; a veces veía cosas que él ignoraba y le daba seguridad en sus decisiones. No le pagaba un sueldo tan alto por nada.

"Eran demasiadas y…… verlas solo por foto tiene sus limitaciones, ¿no cree?"

"Es cierto. Enviarlas así, sin ton ni son…… Ah. Seguro que ya eligieron uno. El que más le guste a mi padre."

"Pienso lo mismo."

Kang I-hyeon asintió con una leve sonrisa. El diseño que mejor le quedara a Ha Yu-dam, el color que más resaltara su belleza, incluso la tela que lo hiciera brillar bajo las luces; era obvio que ya lo tenían todo fríamente calculado.

Este ataque matutino era un mensaje cifrado: 'Ven a ver el esmoquin que preparamos para ti'. Ya fuera corriendo por indignación o arrastrándose por agotamiento, era una táctica terrorista para sacar de la oficina al hijo menor que vivía sepultado en el trabajo.

"Y encima me presionan para que elija rápido. Seguro que están disfrutando imaginando mi reacción."

"Sí. Yo tambié…… ah."

En ese momento, el teléfono del secretario volvió a sonar. Mirando la pantalla que no dejaba de iluminarse, le pidió a Yu-dam un momento. Ante el asentimiento de su jefe, desbloqueó el aparato y abrió la aplicación de mensajería.

Al ver la ráfaga de fotos que entraban en tiempo real como si fuera una explosión, el secretario llamó a Yu-dam con una expresión que mezclaba la incomodidad y el asombro.

"Esto, presidente……."

"¿Qué pasa?"

"Creo que es mejor que vea esto usted mismo……."

"¿De qué se trata?"

Yu-dam se levantó y tomó el teléfono. Las notificaciones emergentes seguían brotando en la parte superior de la pantalla. Chasqueó la lengua y centró su atención en la imagen que el secretario quería mostrarle. Una foto llenó por completo su campo de visión.

Yu-dam parpadeó un par de veces y, finalmente, soltó un grito dirigido a esos dos hombres de la familia Ha que tanto había intentado ignorar.

"¡E-e-están locos!"

Sujetó el móvil con fuerza, temblando de rabia. En la pantalla, el catálogo de un vestido de novia ostentoso y brillante presumía su presencia. Y sobre la imagen, el mensaje que Jung-jin le había enviado para que lo leyera:

Director Ejecutivo Ha Jung-jin: Creo que a Ha Yu-dam le quedaría mejor que a la modelo.

* * *

Cerca de la fecha en que Yu-dam pasaba un fin de semana tormentoso siendo el blanco de las burlas de su familia, Do-ha también se veía obligado a escuchar historias del pasado por parte de la suya; anécdotas vacías y triviales que ya conocía de memoria.

Especialmente porque la conclusión de todas esas historias chocaba con la realidad actual, donde cada uno perseguía sueños distintos.

"Todavía recuerdo a ese niño corriendo a llorar a gritos a los brazos del presidente Ha".

"Es verdad. Fue la primera vez que vi lo que llaman 'lágrimas como gotas de grasa de pollo'".

Ante las palabras de Nam Hae-joo, la madre de Do-ha, Do-won, el segundo hijo, recordó entre risas.

Aunque él también era pequeño en aquel entonces, Yu-dam, que era dos años menor, le parecía tan delicado y hermoso como una muñeca. Era casi milagroso ver a una muñeca que respiraba y vivía.

"Como a los ojos de todos era igual de lindo, él debía de estar más ansioso".

"Do-ha siempre fue un poco... codicioso, ¿no?".

Era una reunión donde toda la familia se había congregado después de mucho tiempo para discutir el matrimonio de Do-ha, el menor.

Do-kyung, el primogénito, estaba discutiendo la expansión del negocio con su padre, Ki-hoon, hasta que cerró la boca de golpe bajo la mirada punzante de su madre.

Ante el reclamo de su madre sobre cuántas veces debía repetir que el trabajo se deja en la empresa, Do-kyung tomó disimuladamente su tableta, fingiendo interesarse en los asuntos de la casa de su hermano menor.

De los tres hijos, el más afectuoso era Do-won, quien sentado al lado de su madre, se convertía en su mejor confidente. Incluso tenía el detalle de traer montones de postres que a ella le gustaban cuando visitaba la casa; por eso, la señora Nam Hae-joo siempre lo recibía con más alegría.

Toda la familia sabía bien que cuando ella decía: 'No debí dejar que se independizara', había más sinceridad que broma en sus palabras.

"Especialmente le gustaban las cosas bonitas y brillantes".

"Cariño, ¿te acuerdas? Do-ha sacaba todos mis anillos y collares para llevárselos. Por eso llegué a pensar que nos pediría que lo vistiéramos con un vestido como a una princesa de cuento".

Cuando el padre, Ki-hoon, mencionó aquel incidente, la señora Nam soltó una exclamación y aplaudió. Rió ante los recuerdos que afloraban y lanzó una mirada cómplice a Do-ha.

Aunque el protagonista no recordaba nada y solo sentía cansancio, Do-won añadió más leña al fuego de los recuerdos.

"Incluso cuando jugábamos era así. No se quedaba satisfecho hasta poseer cualquier cosa que brillara, fuera un juguete o lo que fuera".

"¿Yo cuándo?".

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Ante el ceño fruncido de Do-ha, incluso Do-kyung habló sin apartar la vista de la pantalla de su tableta.

"Así fue. ¿Sabes cuántas cosas mías te llevaste? Una vez gané una medalla y te empeñaste tanto en tenerla que mamá tuvo que esconderla en el cajón sin que te dieras cuenta".

"Es cierto. Al ver eso, pensé que no era que el niño tuviera una naturaleza femenina, sino que simplemente era ambicioso porque las cosas brillantes le parecían hermosas".

"Así que, imagínense lo mucho que quiso poseer a Yu-dam la primera vez que lo vio. Como los adultos y los niños de su edad decían que era precioso, debió de pensar que alguien más se lo quitaría".

"Supo instintivamente que tenía que adelantarse. Creyó que si marcaba territorio diciendo que era suyo, nadie más podría llevárselo".

Cada miembro de la familia aportó su comentario, todos con una sonrisa en el rostro. Excepto Do-ha.

Él no negaba que compartir recuerdos con alguien podía ser algo feliz. Sin embargo, resultaba incómodo y asfixiante cuando se trataba de recuerdos sobre él en los que no se reconocía.

Que si era lindo, que si era codicioso, que si Yu-dam esto o aquello.

Todos disfrutaban rumiando historias que él no entendía. A pesar de ser el dueño de esos recuerdos, no era capaz de evocar nada.

"Esa... joyería de mamá. Una vez se la llevó para dársela a Yu-dam. Me pegué un susto cuando Yu-dam y su padre aparecieron con eso. Pensé: 'Este niño nunca ha estado en nuestra casa, ¿cómo es que tiene esto?'".

"Dudo que alguien no se sorprendiera. Fue increíble enterarse de que Baek Do-ha se lo había dado a Yu-dam como regalo".

"A su manera, debió de usar la cabeza. Como Yu-dam decía que no lo quería, debió de estar desesperado. Pensó que si le llevaba un regalo, al menos lo miraría, pero ¿qué tiene un niño pequeño? Cualquier cosa que él tuviera, Yu-dam también la tendría. Así que, como mamá tenía muchas cosas brillantes y bonitas, agarró un montón y se las llevó".

"¿Y saben lo que dijo entonces? '¡A Yu-dam le queda más lindo que a mamá! ¡Yu-dam brilla mucho!'. ¿No fue así?".

Incluso el presidente Baek Ki-hoon soltó una carcajada al recordarlo. En aquel entonces pensó que el dicho de que 'quien ama a la mujer, ama hasta al perro de su suegra' no existía por nada.

Aunque lo que hacía su hijo era tierno, por otro lado, el panorama se le volvía oscuro. Que le gustaran las cosas bellas no era un error, pero la sola idea de que se convirtiera en un idiota cegado por la belleza, incapaz de distinguir el bien del mal, era aterradora.

Afortunadamente, no creció siendo tan estúpido, lo cual le aliviaba, pero viendo cómo se comportaba últimamente, no eran pocas las veces en que pensaba que, después de todo, sí era un poco tonto.

"Si tanto adoran a Ha Yu-dam, mejor adóptenlo ustedes. No me involucren a mí".

"Oye, Baek Do-ha. Cómo puedes decir eso. ¿Por qué íbamos a adoptar a Yu-dam, que tiene a su propia familia perfectamente bien?".

Los ojos de Do-won se abrieron de par en par, como si hubiera escuchado algo inaudito.

"Es una forma de decir".

Si Do-ha considerara a Yu-dam al menos un amigo, jamás habría dicho eso. Incluso como broma, se habría considerado excesivo.

Pero el mayor problema era que, dado que últimamente no hacía más que protestar y enfurecerse por no querer casarse con Yu-dam, sus palabras no sonaron lo suficientemente ligeras como para dejarlas pasar.

"El padre de Yu-dam, su madre, tu madre y yo... todos éramos amigos. ¿A tu edad todavía no sabes distinguir lo que debes decir?".

"……Lo siento".

"Eso ha sido una falta de respeto tanto para Yu-dam como para la persona que falleció. Que su madre no esté presente no significa que puedas hablar de cualquier manera".

"Lo sé".

Mientras su padre y Do-kyung le reprendían, su madre se levantó con el rostro gélido. Do-ha se puso de pie de un salto por la sorpresa, pero su madre, sin dedicarle ni una mirada a su hijo menor, se dio la vuelta y entró en su habitación.

Desde siempre, cuando se acercaba el aniversario de la muerte de su amiga, la señora Nam Hae-joo se deprimía desde la semana anterior y apenas podía probar bocado. Era la amiga que le había prometido estar siempre de su lado, pasara lo que pasara. Esa amiga se había ido inesperadamente. Hae-joo tuvo que cargar con su ausencia sin tiempo para prepararse.

El peso de la ausencia era mucho más pesado y triste que el de la presencia.

Desde aquel día, Hae-joo había vivido sintiendo el peso de lo que ya no existía. Cuanto más se esforzaba por resistir, más sentía que sus pies se hundían bajo la tierra. Siempre estaba siendo aplastada por el peso de esa falta.

Si ella se sentía así, ¿cómo estaría la familia de Yu-dam?

El padre de dos niños, que de repente perdió a la pareja con la que había prometido pasar la vida y tuvo que cumplir con su parte en silencio, no pudo desahogar su tristeza en ningún lugar. Porque sabía que, en el momento en que diera voz a su dolor, se derrumbaría y los niños restantes tendrían que crecer sin ninguno de sus padres.

Antes de entrar en el cuarto, la señora Nam Hae-joo dejó escapar un largo suspiro en lugar de palabras. Do-ha intentó seguirla, pero su padre le hizo una señal negativa con la cabeza y entró tras ella. Sabía que, por pequeño que fuera el consuelo, era mejor que viniera de quien compartía un dolor similar.

Cuando sus padres se retiraron, Do-ha suspiró y volvió a sentarse. Hundiéndose profundamente en el sofá con la cabeza hacia atrás, se frotó la cara con ambas manos, recriminándose su error. Siempre que se dejaba llevar por un arrebato, sus emociones se anteponían. Soltaba cualquier cosa sin pensar, y ya era un milagro que no hubiera causado un gran problema hasta ahora.

Do-won movió los labios, pero finalmente optó por guardar silencio. Pensó que su hermano no era tan tonto como para necesitar una lección adicional; el papel del segundo hermano sería esperar que reflexionara y creciera como persona.

En su lugar, tomó la tableta que sostenía Do-kyung.

La casa para los recién casados que su madre había elegido era una mansión de tres plantas, excesiva para dos personas. Su madre no podía ignorar eso, así que debía de ser su forma de expresar su deseo implícito de tener nietos.

En cualquier caso, como ella parecía estar disfrutando con la idea de amueblar esa casa, pensó que sería bueno ayudarla con las compras, asumiendo también parte de la responsabilidad por no haber educado bien a su hermano menor.

Entonces, Do-kyung habló en lugar de Do-won. No es que odiara ser el primogénito, pero no podía evitar sentir molestia por un hermano menor que, aun siendo adulto, lo obligaba a decir cosas desagradables. A veces incluso le parecía un poco idiota.

"Baek Do-ha".

"……Sí".

Cuando Do-ha respondió con voz apagada, Do-kyung, sin mirarlo ni una vez, recuperó la tableta que Do-won se había llevado. Con un golpe seco, la puso frente a Do-ha.

La tableta, que había pasado de mano en mano entre los tres hermanos, brillaba mostrando la página de detalles de una cama. Precisamente, una cama.

"Mañana acompaña a mamá a los grandes almacenes de Yu-dam y haz las compras".

"¡Ah, hyung!".

"¿Qué? ¿Te parece demasiado? Vas a comprar lo que vas a usar en la casa donde vas a vivir. ¿Aun así te parece demasiado?".

"……Si no me hubieran obligado a casarme con Ha Yu-dam para empezar, esto no pasaría", respondió Do-ha con irritación.

Ni loco elegiría con sus propias manos los objetos que entrarían en esa casa. Pensó que, de todos modos, eso sería injusto para Si-woo. Aunque Si-woo nunca lo supiera, él sentiría culpa cada vez que viera esos muebles.

"¿Así que te parece injusto ir a comprar personalmente lo que habrá en tu casa matrimonial?".

"……."

"Lo que es injusto es tu forma de pensar. Tienes 32 años y no sabes medir tus palabras delante de tu madre".

Do-ha no tuvo voluntad para seguir enfrentándose a Do-kyung. Como él decía, haber herido a su madre por no controlar un arrebato emocional era claramente su culpa.

Do-kyung siempre enfatizaba que, antes de ser bueno con los demás, había que serlo con los cercanos, especialmente con la familia. Do-ha sabía bien, sin necesidad de escucharlo, cuánto lo había enfurecido lo que acababa de pasar.

A veces, las personas tienden a tratar peor a su familia, precisamente porque son los más cercanos y los que siempre están de su lado. Y ese era, sin duda, el camino para destruir las relaciones con los seres queridos.

Do-kyung creía que había que esforzarse más cuanto más cercana fuera la relación, y eso incluía a la familia, amigos y a todo su entorno.

No hacía falta decir lo inmaduro y lamentable que le parecía Do-ha a los ojos de Do-kyung. Simplemente lo había dejado estar, pensando que ya era un adulto y sabría qué hacer.

"Yo pensaba ir", dijo Do-won.

Los ojos de Do-ha brillaron por un instante. Pensó que era su oportunidad de escapar de esos odiosos grandes almacenes de Ha Yu-dam y no pudo ocultar su esperanza.

"Tú vete a hacer ejercicio con papá".

Por supuesto, Do-kyung, que consideró indignante esa mirada, cerró la salida de Do-ha y le ató los pies con firmeza. Era una advertencia para que no intentara usar trucos con pensamientos inútiles.

Finalmente, Do-ha abandonó la idea de escapar, se frotó la cara con las manos y tomó la tableta que tenía delante.

Tenía que olvidar la idea de elegir lo más caro al azar. Si lo hacía, su madre se daría cuenta de inmediato de que no estaba prestando atención y llamaría enseguida a Do-kyung.

Decidió que simplemente le seguiría la corriente a su madre, asintiendo a todo lo que a ella le gustara.

Al fin y al cabo, ya fuera una cama o cualquier otra cosa, no había ni un solo mueble u objeto con la etiqueta de 'recién casados' que él tuviera intención de usar. Aquello era su propia forma de mantener la lealtad y el afecto hacia Si-woo, una resistencia solitaria.

"Baek Do-ha".

De repente, Do-kyung volvió a pronunciar su nombre.

Sintiendo que le habían leído el pensamiento, Do-ha se sobresaltó y respondió cualquier cosa para salir del paso. Sin siquiera hacer contacto visual, mantuvo la vista fija en la tableta a propósito. Aunque no procesaba realmente lo que estaba viendo, supuso que sería suficiente para demostrarle a su hermano mayor que, al menos, estaba haciendo un esfuerzo.

"¿Qué? Iré aunque no me lo repitas. Ya estoy mirando con interés, a mi manera".

"No es eso".

Solo entonces Do-ha apartó la vista de la tableta y miró a Do-kyung.

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Do-kyung se humedeció los labios con la lengua, eligiendo sus palabras, y se quitó las gafas. Al escuchar el ligero chasquido de las monturas, Do-won también desvió la mirada hacia su hermano mayor, sintiendo curiosidad por saber qué diría para ponerse tan serio.

"¿Todavía no te acuerdas?".

"¿De qué?".

"Este matrimonio... fuiste tú quien lo suplicó. Incluso cuando Yu-dam lloraba diciendo que no quería, tú fuiste a ver a mamá y le rogaste que los casaran. El presidente Ha solo aceptó porque, viniendo de ti, le pareció tierno y te siguió el juego".

"¿Cuántos años tenía entonces? Solo eran cosas de niños".

"Fue desde los cinco años. Durante diez años, hasta que te manifestaste, no hiciste más que perseguir a Ha Yu-dam".

Ante la afirmación de Do-kyung, Do-ha se presionó los ojos con los dedos pulgar e índice.

Sabía bien que diez años no era poco tiempo. Pero, ¿acaso no habían pasado diecisiete años más desde entonces? No importaba cuántas veces le preguntaran si sus recuerdos habían regresado; su respuesta siempre era la misma.

"……No es para tanto. No hay por qué exagerar. ¿Quién recordaría con tanto detalle algo de cuando tenía cinco años?".

Era ridículo.

Sus dos hermanos, que siempre habían sido brillantes y perspicaces, recordaban perfectamente las cosas de aquella época. Incluso Do-ha podía recordar otros eventos y hablar de ellos con claridad.

Sin embargo, por alguna razón, sus recuerdos sobre Yu-dam eran los únicos que permanecían borrosos.

Al echar la vista atrás, tenía la sensación de que Yu-dam siempre había estado presente en su infancia. Pero no lograba recordar qué hacían juntos ni qué sentía por él. Si habían estado tan unidos durante tanto tiempo, debería quedar algún rastro, fuera afecto o lo contrario.

Incluso si lo hubiera odiado a muerte, debería quedar al menos una mota de ese desprecio. Pero el Baek Do-ha posterior a los quince años no recordaba absolutamente nada sobre Yu-dam.

Para Do-ha, todo era tan confuso que llegaba a dudar de si esos sentimientos existieron alguna vez. Además, escuchar su propia infancia a través de su familia solo servía para confundirlo más.

Habían sido casi diez años. A pesar de haber estado juntos tanto tiempo, Do-ha no guardaba ningún recuerdo emocional de Yu-dam.

Lo que le quedaba no eran 'vivencias' que pudiera llamar recuerdos, sino simplemente datos basados en hechos. Por ejemplo, el hecho vívido de cómo se había lastimado seriamente el costado en la casa del árbol, el escondite de Yu-dam, por protegerlo a él.

Debido a eso, el porqué se había sacrificado por Yu-dam seguía siendo un misterio para él.

El columpio de madera había volado alto por el viento, las cuerdas flaquearon y cayó con fuerza. No fue un vaivén rítmico, sino que alcanzó el límite del cielo y regresó de golpe. Como si el cielo hubiera tensado el columpio en una resortera gigante y luego lo hubiera soltado; el columpio salió disparado con violencia.

En cuanto Do-ha vio venir el columpio, empujó a Yu-dam con fuerza instintivamente.

Ese recuerdo existía con total nitidez en la mente del Baek Do-ha de treinta y dos años. Sin embargo, no podía recordar el motivo de tal acción ni lo que sintió por Yu-dam después de aquello.

Por eso, Do-ha había concluido que su relación con Yu-dam era algo que apenas valía la pena recordar, una conexión que ni siquiera entraba en la categoría de amistad cercana.

Consecuentemente, sentía que este matrimonio era injusto.

Su postura era: ¿por qué desenterrar una promesa de la infancia que él ni siquiera recordaba bien para obligarlos a sufrir? Sentía que sus padres eran crueles por recordar que él, siendo un niño, pidió casarse con Yu-dam nada más verlo, y convertir eso en una realidad.

En aquel entonces solo tenía cinco años. Estaba convencido de que los únicos padres capaces de llegar tan lejos por un comentario infantil eran los suyos y los de Yu-dam.

"Ja... Hyung. Yo... no entiendo por qué papá y mamá están tan obsesionados con algo que dijo un niño de cinco años".

"Siempre han adorado a Yu-dam".

"¿Solo por eso? ¿Y por eso tengo que romper con la persona con la que planeaba casarme para unirme a él?".

Do-ha no lograba comprender a sus padres.

Ciertamente, en su círculo, los matrimonios arreglados eran moneda corriente. De hecho, la mayoría de los herederos ni siquiera se planteaban formar una familia con alguien a quien amaran.

Los herederos de tercera generación de su edad aceptaban desde temprano que debían casarse con quien sus padres decidieran. Por eso, muchos se entregaban a una vida de excesos antes de la boda, bajo la presión de saber que después tendrían que vivir según los deseos paternos.

Actuaban como si necesitaran esa compensación, y sus padres no intentaban controlarlos mientras se divirtieran antes del matrimonio. Consideraban que mientras fueran fieles a la familia después de la boda, no importaba lo que hicieran antes. El alcohol, las drogas o las orgías eran vistos simplemente como rebeldía pasajera.

Si Do-ha hubiera crecido con padres así, quizás habría aceptado su voluntad con dolor o habría intentado persuadirlos hasta el final.

"Si se trata de un matrimonio arreglado, debería haberlo hecho el hermano mayor primero. O incluso el segundo. ¿Por qué yo?".

"Porque es la unión adecuada para ti".

"¿Eso es todo?".

"Si fuera la unión adecuada para mí, yo lo habría hecho. ¿Ni siquiera puedes calcular eso?".

"¿Por qué Ha Yu-dam solo es adecuado para mí? ¿Acaso hay una diferencia de edad abismal entre tú y él?".

"Yo ya estoy buscando la unión adecuada para mí".

Las palabras de Do-kyung fueron suficientes para enfriar el temperamento volcánico de Do-ha.

Aunque Do-ha solía encenderse con facilidad por su sentimiento de injusticia, no pudo evitar guardar silencio ante la revelación de que su hermano también estaba considerando un matrimonio arreglado.

Miró de reojo a Do-won y vio que este también lo observaba con los ojos muy abiertos por la sorpresa. Significaba que Do-won también escuchaba aquello por primera vez.

" Hyung ".

"Dime".

"Acaso……".

Do-won, que había llamado a Do-kyung pero no se atrevía a hablar con naturalidad, solo movió los labios con duda.

Do-ha, que hasta hace un momento se quejaba de su mala suerte, tampoco se atrevió a abrir la boca y solo observaba las reacciones de sus hermanos mayores.

Se produjo un silencio tan denso que nadie se atrevía siquiera a respirar con fuerza.

"Si vas a preguntar si es idea de nuestros padres, no lo es. Es algo que yo decidí que debía hacer".

"¿Un matrimonio arreglado? ¿Por qué?".

Lo que para Do-ha era una imposición, para Do-kyung era una elección lógica.

En realidad, dado que Do-kyung nunca había amado a nadie con la intensidad de Do-ha, no veía razón para cuestionar un matrimonio de conveniencia. Es más, era Do-kyung quien quería preguntarle a Do-ha por qué insistía tanto en un matrimonio por amor, cuando se podía ahorrar toda esa pérdida de energía en relaciones humanas siempre que uno fuera fiel a su propio hogar.

"No es un matrimonio arreglado a la fuerza. Ya que tengo que hacerlo, quiero elegir personalmente a alguien que encaje bien con nuestra familia".

"Visto así, ¿qué diferencia hay entre tú y yo? Yo también elegí personalmente a la persona con la que me quería casar".

"Ese tal Kim Si-woo o como se llame puede que encaje contigo, pero no con nuestra familia. Tú mismo lo sabes, ¿no?".

"Mi vida……".

"Antes de que digas que es tu vida y tu matrimonio y que la familia no tiene nada que ver, no creo que ignores los beneficios que has recibido hasta ahora por haber nacido en esta casa".

"……."

No había lógica para refutar una verdad tan grande.

Do-kyung simplemente estaba cumpliendo con su deber a su manera. Había nacido como el primogénito del Grupo Wonkyung y había reinado sobre los demás incluso antes de aprender a caminar correctamente. Incluso personas ajenas buscaban ganarse el favor de un bebé que ni siquiera recordaría sus rostros.

Do-kyung sabía bien quién era, qué posición ocupaba y qué se esperaba de él. Ser el mejor, ser el más racional.

Para alguien como él, era natural considerar un matrimonio arreglado. Al fin y al cabo, si formaba una familia, sería el más firme defensor de la misma para protegerla. Eso era lo que intentaba explicar.

Do-ha también había disfrutado de privilegios por el simple hecho de ser el hijo menor de Wonkyung, así que no tenía sentido enfurecerse por la única elección matrimonial que sus padres habían hecho por él.

Además, este matrimonio era el único capricho que sus padres se habían permitido en toda la vida de Baek Do-ha. A diferencia de otros magnates que impondrían su voluntad sin miramientos, sus padres habían tratado de persuadir a su hijo menor con paciencia.

Desde la perspectiva de Do-kyung, Do-ha estaba siendo injusto. Después de todo, Baek Do-ha había vivido siempre haciendo exactamente lo que quería. No había tenido que pelear con sus hermanos por tener lo mejor, ni quejarse de por qué a uno le daban algo y a él no.

Nacer como un chaebol de tercera generación era, indiscutiblemente, un privilegio para Do-ha. Lo que para él era algo trivial como el girar de una palma, para otros podía ser algo inalcanzable incluso dando el máximo esfuerzo. Miles de personas luchaban cada día por obtener una fracción de lo que él ya poseía.

Por eso, las palabras finales de Do-kyung fueron simples y contundentes:

"Deja de comportarte como un niño".

* * *

Yu-dam se puso de pie al enterarse de que Hae-joo y Do-ha habían llegado a los grandes almacenes.

Sus movimientos fueron impecables mientras se arreglaba la ropa y caminaba hacia la puerta de su oficina. Sin embargo, el problema surgió al sujetar el pomo: sus acciones se detuvieron en seco.

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A pesar de tener la mano sobre el picaporte, no abrió la puerta; se quedó congelado, incapaz incluso de soltar un suspiro con naturalidad. Sabía que con solo ejercer una leve presión hacia abajo la puerta se abriría revelando el camino, pero Yu-dam seguía dudando en esa misma postura.

Cuando pensaba en Do-ha, el deseo de verlo y el de evitarlo coexistían siempre.

Quería verlo para saciar su nostalgia. Añoraba a su alfa, aquel que una vez le prometió estar siempre de su lado. Había resistido diecisiete años creyendo que él volvería algún día, y esa fe no era solo un deseo egoísta; la propia familia de Do-ha creía que ese era el orden natural de las cosas.

Pero, por esa misma razón, sentía que no quería verlo. Ver a un Baek Do-ha que fruncía el ceño y suspiraba en cuanto lo miraba era lo mismo que autolesionarse. Especialmente desde que conoció a Si-woo en la universidad, Do-ha lo miraba con una expresión de absoluto desprecio.

¿Qué hice tan mal?

Incluso antes de eso, la relación entre ambos ya era peor que la de dos extraños, por lo que Yu-dam ni siquiera había tenido la oportunidad de hacer algo que justificara tal rechazo. Aun así, desde que Do-ha tuvo pareja, lo trataba como si fuera algo detestable.

Toc, toc.

"Presidente".

La voz y los golpes de I-hyeon, su jefe de secretaría, lo sacaron de sus pensamientos. Yu-dam apretó y relajó los puños, inhaló profundamente y compuso su expresión. No quería mostrarle esta faceta a nadie, mucho menos a un Baek Do-ha que lo despreciaba.

Si Do-ha llegara a enterarse de que Yu-dam todavía lo amaba, probablemente sentiría escalofríos o ganas de vomitar. O ambas cosas.

"¿Dónde están?".

"……Están viendo ropa".

"¿Ropa?".

"Sí".

Cuando Yu-dam ladeó la cabeza, las comisuras de los labios del secretario subieron con esfuerzo. Al ver esa sonrisa forzada, Yu-dam soltó una risa seca, intuyendo que algo andaba mal. ¿Qué tipo de ropa estarían viendo para que su secretario, que ya lo había visto todo en esta vida, pusiera esa cara?

"¿En qué tienda? ¿Debo ir al sexto piso?".

"Ah, no. Es en el séptimo piso".

Yu-dam empezó a caminar, y el secretario lo siguió apresuradamente. Corrigió el destino de Yu-dam y presionó el botón del ascensor.

El elevador, que estaba en el último piso, abrió sus puertas de inmediato para recibirlos. El secretario entró tras Yu-dam y pulsó con naturalidad el número '7'.

Yu-dam lo observó en silencio hasta que el ascensor empezó a moverse; entonces, como si le hubieran dado un golpe en la nuca, gritó:

"¿El séptimo? ¿Acaba de decir el séptimo piso?".

"Sí", respondió el secretario mordiéndose los labios. Intentaba contener la risa mientras encontraba la mirada de Yu-dam.

Las pupilas de Yu-dam temblaban, llenas de una pregunta muda: ¿estoy equivocado?. Kang I-hyeon negó lentamente con la cabeza para confirmarle que su memoria no le fallaba.

Tal como el presidente sabía, el séptimo piso de la sucursal de Gangnam de los Grandes Almacenes Hansae era, efectivamente, la sección infantil.

"¿Por qué? ¿Por qué...? Ah, ¿será que tienen algún regalo que hacer?".

"He oído que la señora le preguntó al director Baek Do-ha cuál era su preferencia entre el azul y el rosa".

Ante el intento de Yu-dam por aferrarse a otra esperanza, el secretario respondió con una ligera sonrisa. Fue una frase suficiente para horrorizar a Yu-dam.

"No me diga que esa... ¿esa es la 'preferencia' en la que estoy pensando?".

"Parece ser que sí".

"¡Ni siquiera me he casado todavía!".

"Bueno, lo hará pronto".

"¿Acaso casarse significa tener hijos automáticamente?".

"Considerando que eligieron una casa matrimonial grande a propósito... ¿no será que planean preparar el cuarto del bebé por adelantado?".

Yu-dam se llevó una mano a la frente con un pequeño lamento. Pensó que, tal vez, este tipo de cosas eran las que hacían que Do-ha lo detestara aún más. El tener que enfrentarse a la fuerza a cosas que no quería hacer.

Por así decirlo, no había nadie más adecuado que Ha Yu-dam para que Baek Do-ha descargara su frustración. Por supuesto, eso no significaba que Yu-dam quisiera darle la razón.

Cualquier padre en el mundo soñaría con un futuro feliz para sus hijos. Sin embargo, aunque Do-ha fuera utilizado para los sueños de su madre y eso lo pusiera de mal humor, ese sentimiento no debería transformarse en odio hacia Yu-dam.

Lo de hoy era igual. El breve tiempo que Hae-joo pasó en la sección infantil no era más que un entretenimiento pasajero que la hacía feliz. Solo porque ella imaginara a un hijo de Baek Do-ha y Ha Yu-dam mientras veía artículos de bebé, no significaba que Do-ha tuviera derecho a desquitarse con él.

Aun así, ver cómo expresaba su desprecio hacia la persona equivocada solo porque se sentía molesto confirmaba que Baek Do-ha seguía siendo un crío.

O tal vez, eso solo era otra excusa para odiarlo. Si la persona con la que iba a vivir en esa casa fuera su amante... probablemente Do-ha habría sido el primero en arrasar con todo en la sección infantil. Se habría puesto a decorar un cuarto para un bebé que ni siquiera existía todavía, sonriendo como un idiota y diciendo tonterías inmaduras como: 'algún día nacerá'.

Por cierto...

"Un hijo de Baek Do-ha".

Yu-dam negó con la cabeza. De repente, su vientre plano entró en su campo de visión. Se le puso la piel de gallina y un aire gélido recorrió su cuerpo. Yu-dam se estremeció involuntariamente y se frotó los brazos con energía, como si intentara sacudirse algo horrible.

"Ugh. Es totalmente inimaginable".

"Yo también opino lo mismo".

El secretario solo reía al ver la reacción de Yu-dam. Como le llevaba unos años de ventaja, Yu-dam le resultaba simplemente adorable. Aunque gran parte de ese sentimiento se debía a los años que llevaban conociéndose. Al fin y al cabo, para el secretario, tanto Yu-dam como su hermano Jung-jin —quien vivía para molestarlos— no eran más que hermanos menores encantadores.

"¿No es extraño? Criar a un bebé con la sangre de Baek Do-ha corriendo por mis entrañas... ¡Ah, es demasiado raro!".

Yu-dam sacudió la cabeza con fuerza, como si hubiera visto algo que no debía. La idea de estar embarazado ya era extraña de por sí, pero pensar que sería un hijo de Do-ha...

"Ugh, ugh".

No pudo seguir hablando. Soltó sonidos extraños como si tuviera náuseas. Parecía que su cerebro se negaba a seguir procesando la idea, quizás por considerarlo algo más allá de lo imaginable. O tal vez, su instinto lo rechazaba porque sabía que un hijo suyo nunca sería amado por Do-ha.

Fuera cual fuera la verdad, era absolutamente imposible.

"Ja, pero incluso si no fuera yo... tener un hijo con ese Baek Do-ha... la sola idea es aterradora".

"Presidente, ¿tan extraño le parece que el director Baek sea padre?".

"Mire cómo se comporta. Debería estar agradecido de haber nacido en el Grupo Wonkyung. A su edad sigue dejando que su cuerpo actúe antes que su cabeza, ¿cree que haría bien el papel de padre?".

"Hmm... pues yo creo que lo haría bastante bien. Jugando con el niño y demás".

"Jugar con un niño no lo es todo. Él nunca será un gran padre".

Yu-dam estuvo de acuerdo a medias con el secretario, pero manifestó su total desacuerdo con la otra mitad. Ante esa afirmación tan tajante, el secretario habló rápidamente, como si se le hubiera ocurrido una buena idea:

"Bueno, el papel de padre excelente puede hacerlo usted".

"No me involucre con él. Sabe perfectamente lo mucho que lo detesto".

"¿De verdad?".

La sonrisa del secretario no desaparecía. Sus risas constantes entraban por un oído de Yu-dam, revolviéndolo todo, y salían por el otro sin dejar rastro. Yu-dam frunció el ceño, pero para I-hyeon, aquello solo parecía el berrinche de un hermano pequeño.

"Secretario Kang I-hyeon".

"Sí".

"Se está divirtiendo burlándose de mí, ¿verdad?".

"Un poco. Pero me alegra verlo. Me entusiasma que vaya a casarse".

El secretario se encogió de hombros. En ese momento, el ascensor llegó a su destino y abrió sus puertas con un aviso sonoro alegre.

Yu-dam salió lanzándole una mirada fulminante, pero él solo le ofreció una felicitación sincera. No olvidó añadir: "La verdad, yo también creo que a usted le quedaría muy bien un vestido".

"Ja……".

Todo el mundo estaba más emocionado que los propios novios por la boda de Ha Yu-dam y Baek Do-ha. La madre de Do-ha, que disfrutaba comprando una casa enorme y amueblándola; el padre y el hermano de Yu-dam, que se divertían eligiendo un esmoquin que solo usaría unas horas; e incluso el secretario Kang I-hyeon, que era como un hermano para él.

Todos estaban ilusionados, llenando cada día de expectativas como si esperaran un gran festival. Todos, excepto los dos protagonistas: Yu-dam y Do-ha.

* * *

"¡Maldito engendro! ¡Es por tu culpa! ¡Pedazo de basura asquerosa!"

Yu-dam caminaba en busca de Do-ha y su madre cuando la voz lo alcanzó. Era una voz afilada y punzante, capaz de tajar a cualquiera; un tono tan estridente que parecía herir los tímpanos hasta hacerlos sangrar.

"¿Qué... qué es este escándalo?"

Recuperando al instante su faceta de dueño de los grandes almacenes, Yu-dam cerró y abrió los ojos lentamente mientras inspeccionaba los alrededores.

Incluso con un vistazo rápido, el lugar estaba atestado de clientes de todo tipo, como era de esperar en un fin de semana. Al ser la planta de artículos infantiles, la mayoría eran familias con niños pequeños. Los adultos, tan sorprendidos como Yu-dam, se apresuraban a proteger a sus hijos mientras buscaban el origen del alboroto, estirando el cuello o negando con la cabeza con desaprobación.

El contenido de los gritos era tan malintencionado que resultaba difícil creer que se escuchara en un lugar así, lo que alimentaba aún más la curiosidad o el miedo de la gente. Algunos se alejaban rápido; otros, morbosamente interesados, se acercaban. El caos se propagaba.

"Espere un momento, iré a ver qué sucede" dijo el secretario.

"No. Aprovecharé para inspeccionar la planta. Vamos."

"¡¿Cómo se atreve alguien como tú a vender estas cosas?! ¡¿Eh?! ¡Por tu culpa! ¡Por estos zapatos que vendiste, mi nuera abortó! ¡¿Qué vas a hacer?! ¡¿Eh?! ¡¿Cómo vas a hacerte responsable?!"

En ese instante, un grito aún más potente que el anterior devoró incluso la voz de Yu-dam. Esta vez era más específico, detallado y trágico. Pero la voz venía cargada de un filo mucho más letal que antes. Si pudiera, esa persona segaría la vida del otro con sus palabras venenosas. La furia absoluta llenaba cada sílaba y cada jadeo entre frase y frase.

Yu-dam intuyó que esto podría escalar más de lo previsto.

Las quejas de los clientes eran constantes; por eso no les dio importancia al principio. Se jactaba de no sorprenderse con ningún reclamo, ya que a su oficina solo llegaban los casos que el centro de atención al cliente no podía resolver: situaciones absurdas o inverosímiles. Yu-dam estaba más que acostumbrado a los llamados clientes difíciles.

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Generalmente, este tipo de personas son débiles ante alguien más fuerte. Podían actuar como si fueran a devorar el edificio entero, pero ante un directivo de la sede central no se atrevían a alzar la voz. Un directivo es educado, pero no necesariamente amable; esa cortesía distante está diseñada para degradar sutilmente la posición del cliente hasta que este se siente honrado de ser atendido personalmente y termina aceptando cualquier sugerencia.

Una vez resuelto el problema, el cliente quedaba reducido a una posición inferior, una mota de polvo en la impecable gestión de los Grandes Almacenes Hansae.

Sin embargo, Yu-dam no podía ocultar su desconcierto actual. La palabra 'aborto' cargaba con un peso asfixiante. Escuchar que alguien desconocido ha pasado por eso ya encoge el corazón, pero culpar a un 'empleado que vendió unos zapatos' era harina de otro costal. No era algo que pudiera ignorarse.

Corrió hacia el tumulto con la boca seca. Mientras tanto, el forcejeo entre el cliente y el personal continuaba. Al acercarse, las voces se hicieron nítidas y no hizo falta preguntar qué pasaba. El problema era que ahora todos los curiosos también lo sabían.

"Señora... lo siento mucho, pero no entiendo qué está diciendo..."

"Tú. ¿No tuviste un aborto hace poco?"

"... ¿Qué?"

El rostro del empleado se volvió blanco como el papel. Ante sus ojos desorbitados y temblorosos, el gerente de la tienda se interpuso.

"Señora, por favor, cálmese un momento."

Era una actitud firme, pero para una cliente que había perdido los estribos, el gerente no era más que un estorbo ruidoso.

"¡Quítate! ¡Quítate antes de que los demande a todos!"

"Señora, creo que hay un malentendido... ¡Ah!"

Antes de terminar la frase, las manos de la mujer empujaron con fuerza los hombros del gerente. El movimiento violento de sus brazos dejaba claro que lo hacía con todas sus fuerzas. El gerente, desprevenido, cayó pesadamente al suelo.

El empleado corrió a ayudarlo, pero la voz afilada de la mujer lo alcanzó primero.

"¡¿Están locos los dos?! ¡Les dije que se quitaran!"

El empleado se mordió los labios y se plantó frente a ella. Aguantaba el tipo con todo su cuerpo, con una expresión de estar a punto de romper a llorar.

"Señora. ¿Podría explicarme de nuevo qué sucede?"

"¡¿Eres un omega recesivo?! ¡¿Verdad?!"

"... Sí, lo soy."

"¡Y tuviste un aborto! ¡¿Vas a negarlo también?!"

Ante el acoso, el empleado bajó la cabeza mordiéndose el labio inferior. Notó que sus manos temblaban y las entrelazó con fuerza. El bebé que llegó a él como un regalo se había ido volando demasiado pronto. El recuerdo de su gerente abrazándolo y consolándolo seguía vívido, a pesar de que habían pasado tres meses.

"Es verdad... pero no sé cómo se enteró..."

"¡¿Eso qué importa ahora?! ¡El problema es que un engendro maldito como tú trabaje aquí!"

"... Señora, es cierto que perdí a mi bebé... pero no entiendo por qué eso es un problema para usted."

El empleado tragó saliva. No comprendía qué estaba pasando; era una situación tan absurda que carecía de realidad.

"¡Tú! ¡¿Qué me dijiste cuando me vendiste estos zapatos?! ¡¿Me dijiste o no que debía ver cosas como estas para la educación prenatal?! ¡Te sentiste muy bien estafándome, ¿verdad?! ¡¿Creíste que no me daría cuenta de que me viste cara de tonta para venderme esta basura?!"

¡Plac, tac, plac!

Unos pequeños y adorables zapatitos de bebé de color amarillo brillante fueron estampados contra el suelo limpio de la tienda. Los zapatos, que debieron ser colocados con cariño por alguien, rodaron por el piso manchándose de suciedad.

"Señora, esas son frases que se dicen en cualquier tienda. Es más, ¿no es algo en lo que todos creen? No la vimos como a una tonta, es solo que todos deseamos que el bebé y la madre estén sanos" dijo el gerente, que ya se había puesto en pie al lado del empleado, sujetando su mano temblorosa.

Sentían que las miradas de la multitud eran cuchillas rodeándolos. Parecía que no saldrían vivos de allí.

"¡Ja! ¡¿Quién dice que no?!" La mujer soltó una carcajada seca. Ese era el punto: 'quién' había hecho ese deseo. Clavó su mirada asesina en el empleado, quien se encogió.

Tenía ojos de culpable, pensó ella. De no ser así, su nieto no se habría ido. Convencida de ello, empezó a picar el hombro del empleado con el dedo índice. ¡Pic, pic, pic! El cuerpo del joven retrocedía con cada embestida.

"¡Tú, tú, tú! El problema es que 'tú' los vendiste. ¿Entiendes? Un infeliz que abortó por estar maldito vende artículos prenatales y, por supuesto, esa maldición pasó a mi nieto."

"... ¿Dice que perdí a mi bebé por estar maldito? ¿Y que le pasé esa maldición a usted?"

"¡¿Cómo te atreves a mirarme a los ojos?! ¡Deberías estar de rodillas suplicando y todavía me respondes! ¡¿Eh?!"

Las uñas afiladas de la mujer empezaron a dejar arañazos en la frente del empleado. No era nada comparado con el dolor de ver sus heridas emocionales abiertas de nuevo, pero el murmullo de la gente alrededor crecía.

Yu-dam, que acababa de llegar, sintió que la sangre le hervía. El calor de la rabia le quemaba los ojos. El secretario intentó abrirse paso entre la multitud, cuando de pronto, otro grito agudo rasgó el aire.

"¡Ahhh! ¡¿Y tú quién eres?!"

"Alguien que pasaba."

"¿Qué?"

La voz que siguió era tan familiar que Yu-dam soltó una risa involuntaria. Pensándolo bien, era el curso lógico de los acontecimientos. Si Do-ha estaba en la planta infantil y se producía un escándalo, era natural que él se viera envuelto. Con ese carácter impulsivo ante la injusticia, era un tonto que siempre actuaba antes de pensar.

"¡Suéltame!"

Yu-dam siguió el camino abierto por el secretario hasta quedar frente a la escena. Al despejarse la vista, vio a Do-ha sujetando la muñeca de la mujer mientras preguntaba al empleado y al gerente si estaban bien.

No es que Do-ha fuera especialmente heroico; simplemente era apasionado en todo. Ambicioso y con muchos deseos, no se quedaba tranquilo hasta probar todo lo que quería. Era un necio que, cuando algo se le metía entre ceja y ceja, embestía sin mirar a los lados. Por eso detestaba a quienes despreciaban a los que trabajaban duro solo por tener poder.

Quizá, a los ojos de Baek Do-ha, Ha Yu-dam también era una de esas personas.

En cualquier caso, a Do-ha le gustaba la gente que se esforzaba. El hecho de que ahora defendiera al personal nacía de ahí. Y esa era la única razón por la que Ha Yu-dam no había podido renunciar a él: recordaba cuando Do-ha se ponía de su parte y era tierno solo con él.

Cada vez que Yu-dam creía haberlo olvidado, Do-ha sacudía su pantano del olvido sin querer. Esos recuerdos emergían y echaban raíces en un lugar soleado, como diciendo 'crece fuerte aquí'.

Baek Do-ha, el que parecía que siempre estaría del lado de Ha Yu-dam.

Incluso ante esa atención y afecto incondicional de Do-ha, que solo tenía ojos para él, Yu-dam nunca demostró que le gustaba. A veces, ese recuerdo lo atormentaba; se castigaba pensando que su actitud fría hacia el Do-ha que lo persiguió durante diez años se había convertido ahora en un bumerán.

"Pida disculpas" dijo Do-ha.

"¡¿Qué?!" La mujer de mediana edad soltó una risa incrédula. Intentó zafarse, pero Do-ha permaneció inmóvil, mirándola fijamente.

"¡¿Estás loca?!"

"¿Se sentía como si tuviera el mundo en sus manos? ¿Era tan feliz que no le quedaban arrepentimientos?" preguntó Do-ha.

"¿Qué? ¿De qué hablas?"

"Al saber que su nuera llevaba la sangre de su hijo, debió pensar que no existía nada más valioso en la tierra."

"... ¡Sí! ¡¿Y qué con eso?!"

Las palabras de Do-ha, dichas en voz baja, eran acertadas. Ella había vivido solo por su hijo. Había renunciado hace mucho al marido, pero su hijo creció como ella deseaba. Justo cuando pensaba que solo le faltaba ver a un nieto, su nuera logró quedar embarazada.

Tal como decía Do-ha, sentía que el mundo finalmente la recompensaba por sus sufrimientos. Ya les había pagado la comida a sus amigas varias veces para presumir. Un hijo exitoso, una nuera dócil y ahora un nieto. Estaba convencida de que nadie tenía una vida tan exitosa como la suya.

"Así que, por supuesto, el impacto de perderlo debió de ser enorme."

"¡Claro! ¡Por eso exijo que se hagan responsables! ¡¿Qué hay de malo en eso?!"

Aquel omega inferior debía pagar por todo. Al haber sentido que tenía el mundo y luego le fue arrebatado, necesitaba una compensación para sentirse satisfecha. Justo entonces oyó el rumor de que ese omega había salido llorando del ginecólogo. La persona que le contó el chisme añadió que siendo recesivo y hombre, lo raro sería que el feto creciera bien.

'Sí, fuiste tú.'

La mujer creía firmemente que el hecho de que alguien que abortó vendiera zapatos de bebé era el origen de la mala suerte. El empleado era el culpable.

Ante los gritos de la mujer, Do-ha soltó un largo suspiro. Soltó la muñeca de la mujer. La falacia lógica en la que ella creía ciegamente era asombrosa. Le dolía la nuca de solo ver cómo alguien podía creer que su razonamiento era correcto.

"¿Acaso el único dolor es que su nieto haya muerto?"

"¡Por supuesto! ¡¿Acaso tengo que compadecer un dolor como el de ese tipo?! ¡Mi nuera abortó después de que yo le comprara zapatos a ese omega inferior!"

"... Ja. Piense racionalmente. ¿De verdad es culpa de esa persona?"

"¡Claro que sí! ¡¿Por qué no iba a serlo?!"

"Me voy a volver loco."

"¡¿Qué?!"

"Esperaba una respuesta un poco más inteligente."

Do-ha sacudió la cabeza de lado a lado mientras presionaba el lagrimal de sus ojos con los dedos pulgar e índice.

Prefería creer que, debido al impacto, ella simplemente había tomado una decisión errónea momentánea. Quería pensar que no era una persona de naturaleza ruin y maliciosa. De lo contrario, incluso él mismo podría terminar ignorando las cifras científicas que dicen que la probabilidad de que un bebé de fecundación in vitro se implante y crezca sano es extremadamente baja; sentía que terminaría soltando una barbaridad como que el bebé se había espantado y había huido por culpa de la mala índole de la mujer.

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Do-ha apretó la mandíbula para contenerse. Tragó saliva, y con ella, las palabras que quería decir bajaron enteras por su garganta. Aunque la persona que estaba cometiendo un error era quien tenía enfrente, no podía permitir que sus palabras hirieran la herida de alguien que ni siquiera estaba presente.

"En lugar de estar aquí, debería haber ido a una iglesia, a un templo o a cualquier dios en el que crea. Ya sea para lamentarse o para armar un escándalo exigiendo responsabilidades, se ha equivocado de interlocutor para que escuche semejantes sandeces."

"¡Pero qué...! Tú, ¿quién te crees que eres? ¿De dónde saliste para meterte donde no te llaman sin tener ni un poco de tacto? ¡Tú! ¡¿Sabes quién soy yo?!"

Ante ese grito, Do-ha finalmente soltó una carcajada.

"Eso es. Así es como debía reaccionar. Estaba esperando a ver cuándo saldría esa frase."

Solo ahora Do-ha se daba cuenta de que la mujer no había venido por lástima hacia su nuera o por tristeza por su nieto. Realmente, esta mujer había venido al lugar indicado. Una mujer que no era respetada por su marido habría recordado fácilmente un lugar donde podía ser tratada como alguien importante con solo poner un pie.

En este lugar, ella era la reina y los empleados eran sus siervos. Los empleados agacharían la cabeza al verla y la adularían hasta que se les secará la boca. A través de esas pocas experiencias, en la mente de la mujer, los empleados amables y corteses quedaron grabados como seres a los que podía mirar por encima del hombro e ignorar.

Ahora que su vida parecía empezar a ver la luz y de repente se presentaba una tragedia, sumado a los rumores que escuchaba, no podía ser culpa de nadie más que de uno de esos tantos siervos. Estaba convencida de que era culpa del empleado; ese omega recesivo maldito que le hizo comprar unos zapatos que traían mala suerte.

"A veces aparecen tipos como usted. Como dicen que el cliente es el rey, se confunden y creen que realmente se han convertido en la realeza."

Mientras decía esto, Do-ha giró la cabeza para mirar a Yu-dam, quien lo observaba desde allí.

Siendo tan bajito, ¿cómo podía emanar tanta presencia? Quizás se debía a sus rasgos faciales tan llamativos. Al tomar distancia y convertirse en un tercero, creía entender por qué su madre quería tanto a Yu-dam. También creía entender por qué él mismo lo seguía tanto cuando eran niños.

Había que reconocer lo que era justo.

Ha Yu-dam era condenadamente guapo.

Solo por esa razón, lo hacía sentir incómodo y lograba irritarlo. En cualquier caso, al ver que Yu-dam permanecía inmóvil a pesar de cómo estaba tratando a la cliente, significaba que no le importaba lo que él hiciera. Aunque pensar en él como pareja era horrible, parecía que el tiempo que pasaron bajo el nombre de amigos no había sido en vano; viendo cómo Yu-dam leía sus intenciones de la misma forma en que él leía las de Yu-dam.

Si Yu-dam hubiera intentado detenerlo sin más, quizá él también habría perdido la razón y descargado su furia contra Yu-dam. Preguntándole si debía quedarse mirando mientras los empleados de su centro comercial sufrían tales insultos y violencia, o si no sabía a quién debía detener realmente.

El hecho de que Yu-dam lo dejara actuar, conociendo su temperamento ardiente, era una señal de que estaba de acuerdo en silencio. Quizás hasta lo estaba apoyando. No quería sentir el peso de los años de 'amistad' en un momento como este, pero tenía que admitir que era una relación que no podía negar de un plumazo, por muy poco agradable que resultara.

"Gerente, lleve al empleado a la sala del personal."

"Ah... es que yo..."

"Entren y vuelvan a salir cuando todo se haya calmado. En esta situación no va a entrar ningún otro cliente, así que no hace falta vigilar la tienda."

Do-ha persuadió suavemente al gerente, quien aún dudaba.

A pesar de ello, al gerente no le resultaba fácil abandonar su puesto; miraba alternativamente a Do-ha y al empleado que sujetaba su mano con fuerza. Por un momento pensó en enviar solo al empleado y quedarse él a vigilar. Pero también pensó si era correcto dejar solo al empleado, quien había estado expuesto a insultos y violencia sin defensa alguna.

"Retirarse es la mejor forma de ayudarme. ¿Puede hacerlo?"

"... De acuerdo."

Do-ha indujo a la otra parte para que siguiera sus palabras con naturalidad.

Tras dudar un momento, el gerente finalmente asintió. A diferencia de su larga duda, su acción fue rápida. En cuanto tomó la decisión, se levantó de inmediato y ayudó al empleado. Por supuesto, fue una elección posible porque sabía bien quién era Do-ha.

Si alguien trabajaba en los Grandes Almacenes Hansae y no conocía a Baek Do-ha y a su familia, era porque no llevaba ni un día en la empresa. La cantidad que la familia propietaria del Grupo Wonkyung gastaba allí en un solo día era mayor que el salario anual de cualquiera. Sobre todo, ese Baek Do-ha era el amigo de toda la vida de Yu-dam, el representante de Hansae. Sabía que no los echarían del centro comercial por hacer caso a Do-ha.

El empleado, que no paraba de derramar lágrimas en silencio, se dirigió a la sala del personal con la ayuda del gerente.

Yu-dam siguió todo el proceso con la mirada sin apartarla ni un segundo.

Conocía de sobra la sensación que experimentaba cuando Do-ha se ponía de su lado. Sentía alivio y su respiración se volvía más ligera. La seguridad que Do-ha brindaba siempre era reconfortante y sólida. Do-ha decía que no era una persona especialmente justa, pero era alguien cuyo proceso era tan íntegro que el resultado acababa siendo tierno.

Era imposible no amarlo. Especialmente porque ya conocía la alegría de cuando esa ternura se dirigía solo hacia él. Hoy, una vez más, Yu-dam se alejaba del camino que lo apartaba de su amor no correspondido.

Mientras Do-ha enviaba al gerente y al empleado al interior, la mujer empezó a hervir de rabia. Le enfurecía que la trataran como si no existiera. Nadie debía tratarla así. Ella no era una persona que mereciera ese trato.

"¡Ja! ¿Me estás ignorando ahora? ¡Cómo te atreves! ¡¿Sabes quién soy yo para hacerme esto?! ¡Realmente te has vuelto loco!"

"Y usted, ¿quién se cree que soy yo para hablarme con tanta ligereza?"

"¿Qué? ¡Qué insolencia hablarle de tú a un adulto! ¿Así te educaron tus padres? ¡¿Cómo es que este centro comercial gestiona así a sus clientes?!"

"Eso... es algo que creo que me toca decir a mí."

Do-ha elevó las comisuras de sus labios y volvió a mirar a Yu-dam. Ante el reproche mudo de por qué no gestionaba mejor a sus clientes, Yu-dam se limitó a encogerse de hombros.

'Por esto las empresas familiares son un problema. Solo por haber nacido en cuna de oro pueden reinar sobre los demás sin trabajar bien', pensó Do-ha; era el tipo de personas que más detestaba en el mundo. Definitivamente, Ha Yu-dam era alguien con quien no quería ser ni siquiera amigo.

"¿Pero qué clase de loco es este? ¿Es que no hay guardias de seguridad en este lugar? ¿Qué hacen que no lo sacan de aquí?"

"Otra vez intentando actuar como una reina. Ya se lo dije claramente: el cliente no es el rey."

Ante la voz estridente y llena de malicia, Do-ha frunció el ceño como si le molestara el ruido y giró la cabeza. En ese instante, vio el rostro de Yu-dam, quien se mordía los labios para contener la risa. Detrás de él, los empleados del departamento encargado y los guardias de seguridad, que habían llegado en algún momento, esperaban las órdenes de Yu-dam.

Le molestaba que Yu-dam observara desde allí como si fuera un asunto ajeno, a pesar de que al principio pensó que era natural que Yu-dam le preparara el escenario para actuar a su antojo. Es decir, estaba irritado porque él mismo no comprendía el origen de ese sentimiento absurdo.

"Reaccione. Aquí, el cliente no es el rey."

'No una persona que pierde los papeles como usted', pensó.

Do-ha empezó a caminar con paso firme.

Justo cuando Yu-dam, que observaba con una sonrisa, sintió que el sonido elegante de los zapatos golpeando el suelo se acercaba a él, el brazo de Do-ha ya rodeaba sus hombros. Como Baek Do-ha detestaba que Yu-dam lo tocara desde aquel día, este comportamiento tan familiar le provocaba, por el contrario, una sensación de náuseas.

'¿Qué pasa? ¿Por qué hace algo que nunca hace?', pensó Yu-dam mientras fruncía el ceño e intentaba apartar el brazo, pero Do-ha cambió la posición de su extremidad y rodeó su cintura. Puso su mano en la cintura de Yu-dam y lo guió con naturalidad, como si fuera su pareja.

Debido a la diferencia de fuerza, Yu-dam no pudo escapar y se vio obligado a ser arrastrado, casi abrazado, tal como Do-ha quería.

"Usted no es más que una cliente difícil que ha perdido el juicio. El verdadero rey es este de aquí."

"..."

Frente a la mujer, Do-ha mostró una sonrisa refrescante. Para que alguien acepte la realidad, nada funciona mejor que romper sus delirios. Tal como Do-ha calculó, la mujer miró alternativamente a Do-ha y a Yu-dam. Su rostro, que antes estaba encendido por la ira, empezó a palidecer y retrocedió un par de pasos involuntariamente.

Solo entonces empezó a reconocer adecuadamente los rostros de las numerosas personas frente a la tienda que la observaban. Los ojos temblorosos de la mujer se cruzaron con la mirada de Yu-dam, quien fruncía el ceño con fastidio. De repente, su visión se aclaró y se dio cuenta de quién era la persona que tenía delante.

Al recordar cómo había gritado preguntando si sabían quién era ella, sintió que sus piernas perdían fuerza. Sentía que debía arrodillarse y suplicar de inmediato. Ella solo era la esposa de un hombre que dirigía una pequeña empresa. Usando las palabras que su marido siempre tenía en la boca, una empresa mediocre que tendría que cerrar y morir de hambre si no fuera por los contratos de las grandes corporaciones.

"¿Qué haces? ¿Hasta cuándo vas a limpiar la basura con manos ajenas?"

La mano grande que rodeaba la cadera de Yu-dam lo apretó con más fuerza, como apresurándolo. Ante eso, la mirada de Yu-dam se dirigió naturalmente hacia la mano de Do-ha. Sin darse cuenta, su corazón dio un vuelco.

A pesar de haberlo amado todo este tiempo, esta mano grande era la primera vez. De repente, se dio cuenta de que era la primera vez con el alfa dominante Baek Do-ha. Como si su corazón fuera lo que estaba atrapado en esa mano, su pulso empezó a latir con fuerza. Se le secó la boca.

'Cálmate, Ha Yu-dam.'

Se lo repitió varias veces por dentro, pero por alguna razón sentía que algo se acumulaba y se asentaba con pesadez en su vientre. Menos mal que la mano de Do-ha estaba sobre la ropa. Si hubiera estado sobre su piel desnuda, seguramente habría delatado de inmediato su calor creciente. El hecho de que estuviera temblando solo porque él sostenía su cintura.

Yu-dam golpeó con fuerza la mano de Do-ha para apartarla y replicó:

"Primero quita esa 'mano ajena' de encima y luego hablamos."

"No exageres, que somos amigos."

"Dijiste que no querías ser mi amigo."

"¿De verdad te vas a poner a discutir eso ahora?"

Yu-dam hizo un gesto deliberadamente exagerado. Frunció los labios y se encogió de hombros, actuando como si él tampoco tuviera el más mínimo interés en ser amigo de Baek Do-ha. No había nada más aterrador que ser descubierto por la persona que te desprecia cuando tú la amas.

"Secretario Kang."

"Sí, señor."

"Limpie esto. Que el equipo de seguridad acompañe amablemente a esta señora hasta la salida, y dígale al director de productos que reorganice la tienda y traiga un plan de contingencia sobre cómo resolver el incidente de hoy. Lo quiero antes de que termine su turno."

La mirada de Yu-dam se dirigió al secretario y a los empleados que lo rodeaban. Tras fulminar con la mirada al director de productos, que sudaba a mares sin saber qué hacer, hizo un gesto con la cabeza hacia los guardias de seguridad. Aunque la orden fue para el secretario, los guardias captaron el mensaje al instante y se movieron con rapidez.

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El secretario Kang asintió hacia el director, quien de inmediato le dio un codazo a su subordinado y corrió hacia la sala del personal. Conociendo el carácter de Yu-dam, sabía que tendría que estrujarse el cerebro para traer algo concreto antes de irse a casa. No podía presentarse con la respuesta obvia de poner a la cliente en la lista negra o mejorar la gestión de crisis; si lo hacía, el horario de salida de todo el departamento de productos, incluido el suyo y el de la secretaría, se esfumaría.

Después, Yu-dam hizo que el secretario dispersara a la multitud. Se preguntaba qué tenía de bueno quedarse ahí mirando. Nadie había movido un dedo para ayudar al empleado hasta que Do-ha intervino.

Por estas cosas Yu-dam odiaba a Do-ha. Odiaba profundamente a Baek Do-ha porque, justo cuando estaba por cerrar su corazón, él hacía algo que lo obligaba a abrirlo de nuevo.

En ese momento, divisó entre los curiosos a la madre de Do-ha, Nam Hae-joo, que lo miraba con una sonrisa radiante. Yu-dam le devolvió la sonrisa y dejó el resto en manos del secretario. Después de todo, había venido hasta aquí para recibir a la madre de Do-ha, esa mujer que ya soñaba con nietos incluso antes de la boda.

"¡Madre!"

Yu-dam se acercó a la señora Nam con una sonrisa brillante. Ella era la 'madre ideal', alguien que siempre lo recibía con alegría y lo abrazaba.

Para Yu-dam, el concepto de 'madre' era algo aprendido: de niño a través de los cuentos, y de adulto por las series o películas. Se decía que, como Dios no podía cuidar a todos los humanos directamente, envió a las madres en su lugar. Yu-dam había estudiado la existencia de una madre como quien observa distintas facetas de la humanidad.

La madre que su hyung recordaba. La esposa que su padre recordaba. La nuera que su abuelo recordaba.

Aunque creció escuchando anécdotas sobre ella, Yu-dam solo podía intentar dibujarla en su mente. Lo máximo que podía hacer era imaginar qué clase de madre habría sido para él si estuviera viva. Suponía que el sentimiento sería similar a la pérdida de cualquiera de sus familiares actuales, pero no existía en él como nostalgia, carencia o vacío.

La razón era simple: Ha Yu-dam nunca tuvo una madre. Al no haberla tenido nunca, ni siquiera conocía el hueco que dejaba.

La señora Nam siempre sentía lástima por Yu-dam. Recordando a su amiga, quien habría amado a su hijo menor más que a nadie, intentaba ser una madre para él. Lo hacía por su amiga fallecida, por su propio consuelo y, sobre todo, por aquel Yu-dam niño que una vez dijo que sentía que Dios no lo miraba, pues ni siquiera le había dado una madre.

"Siento haberte llamado estando tan ocupado."

"No diga eso. Debí haber pasado por usted antes de que viniera. Siento que haya tenido que presenciar algo tan desagradable."

Yu-dam no pudo decirle que la extrañaba. Su naturaleza reservada le impedía mostrar sus verdaderos sentimientos. Su abuelo, el presidente Ha Shin-woo, creía que esa falta de honestidad emocional se debía a haber crecido sin el amor materno.

Era una tontería, por supuesto, pero cada vez que Yu-dam hacía algo, su abuelo lo miraba con ojos vidriosos y mencionaba a su madre. El resto de la familia ya estaba curada de espanto y no le seguía la corriente, sabiendo que si lo hacían, el abuelo se emocionaría y terminaría convirtiendo a Yu-dam en la persona más digna de lástima del mundo.

Yu-dam tenía a su abuelo, a su padre y a su hyung. Aunque no eran una familia extremadamente afectuosa, eran los primeros en los que pensaba si algo sucedía. Incluso cuando no pasaba nada, buscaban cualquier excusa para contactarlo. Ni su padre ni su hermano eran distantes; simplemente les gustaba gastarse bromas pesadas.

Además, 'Ha Yu-dam' era el hijo menor de la familia propietaria del Grupo Hansae, una de las corporaciones más importantes. Solo a los ojos de su abuelo parecía el nieto más pobre y desamparado de la tierra.

En fin, su falta de sinceridad era culpa de su carácter un tanto retorcido. No era por ser digno de lástima como creía el presidente Ha, sino por un orgullo feroz que le hacía odiar mostrar debilidad ante los demás más que a la muerte misma.

"¿Tuviste que hacer que trajera a mi madre hasta aquí solo porque no podías elegir lo que vas a usar en tu propia casa?" soltó Do-ha.

"¿Y tú tuviste que hacerme bajar hasta aquí solo porque no podías elegir lo que vas a usar en tu propia casa?"

Yu-dam le devolvió las palabras exactas, imitando su tono. No era tan buena persona como para aceptar un ataque gratuito sin rechistar. Por supuesto, Do-ha tampoco era de los que se quedaban callados ante los dardos de Yu-dam. Sabía que él había empezado la pelea, pero estaba seguro de que, si no lo hacía él, Yu-dam habría buscado cualquier excusa para atacarlo primero. La distancia entre Baek Do-ha y Ha Yu-dam era exactamente esa.

"No hay nada que yo vaya a usar en esa casa, así que elígelo tú. No molestes a la gente por nada."

"¿Hablas como si ni siquiera fueras a respirar allí? Deja de hacerte el difícil y elige tus cosas. ¿Por qué estás de mal humor después de haber venido hasta aquí?"

A estas alturas, cualquiera se habría irritado. Si vas a mandar todo al diablo, hazlo; si no puedes, entonces cállate y llega hasta el final. Yu-dam miró fijamente a Do-ha, tragándose las palabras que no podía decir frente a Hae-joo.

'¿Por qué demonios esperé a un tipo como este?'

Sentía tanta lástima por sus propios sentimientos que llegaba a ser frustrante.

"No te metas con mi humor. Yo compraré lo que necesite por mi cuenta, así que hoy encárgate tú de las compras de tu madre."

"¿Dices que vas a comprar tus cosas tú solo? ¿Aquí? ¿Cuándo?"

"Dije que no te metas."

Ante la respuesta tajante de Do-ha, Yu-dam soltó una pequeña risa. Ah, la catarsis de pisotear un poco a Baek Do-ha era inigualable.

"No es eso... Es que parece que no lo sabes."

"¿El qué?"

"Has entrado a mis grandes almacenes porque vienes con tu madre. Si vinieras solo, no podrías entrar."

"¿De qué estás hablando?"

Al ver a Do-ha exigiendo una explicación, Yu-dam puso una expresión de fingida pena. Sabía que cuanto más actuara así, más se enfurecería Do-ha.

"Estás en la lista negra de mis almacenes. He prohibido la entrada de tu coche, así que si quieres venir, tendrás que hacerlo en el coche de tu madre, como hoy."

Yu-dam no se burlaba de Do-ha por simple diversión. Él también estaba luchando su propia batalla contra él. Si Ha Yu-dam fuera la persona que Do-ha amara, le daría el afecto correspondiente, pero ahora mismo era la persona que Do-ha odiaba profundamente. Lo que Do-ha esperaba de Yu-dam era, probablemente, poder seguir odiándolo y despreciándolo. Así que Yu-dam simplemente le daba lo que él buscaba.

"Si vas a mentir, que sea algo creíble."

"Realmente parece que no vienes nunca por aquí..."

"¿Es verdad? ¿Desde cuándo? Hasta hace poco venía sin problemas."

"Sí, desde el día que viniste a lloriquearme. Me cansé de escuchar tus quejas infantiles y te puse en la lista negra", respondió Yu-dam con naturalidad, girando la cabeza siguiendo un gesto de la señora Nam.

La actitud indiferente de Yu-dam volvió a retorcer las entrañas de Do-ha. Sintió una oleada de irritación tan fuerte que agarró el brazo de Yu-dam, que caminaba entre él y su madre, para obligarlo a detenerse.

"Oye, ¿te sientes mejor buscando pelea a cada momento?"

"¿Qué? Este tipo está loco. ¿Por qué dice lo que yo debería decir?"

Yu-dam usó solo las puntas de sus dedos pulgar e índice para sujetar con cuidado la mano de Do-ha que apretaba su brazo. Con un pequeño tirón, el brazo de Yu-dam se soltó fácilmente. Ante ese movimiento, como si Yu-dam estuviera quitando algo sucio de su ropa, Do-ha retiró su mano con brusquedad. Al ver lo desagradable que se volvía Yu-dam por momentos, pensó que debía estar investigando cómo ser así. Quién sabe, tal vez publicaría una tesis titulada 'Cómo matar a Baek Do-ha de un coraje'.

"Ah, olvídalo. ¿Acaso estos son los únicos almacenes? Tú sales perdiendo."

"¿Por qué salgo perdiendo yo? El que pierde eres tú."

"¿Yo por qué? Hay miles de centros comerciales en el mundo."

"Esa marca que tanto le gusta a Kim Si-woo... solo está en mis almacenes en todo el país."

"¿Para qué crees que existen las compras internacionales? Es más, puedo aprovechar para irme de viaje con él. Gracias por la idea."

Maldición, cayó en la trampa.

Yu-dam se mordió el labio y miró de reojo a Do-ha. Al ver la sonrisa triunfante en su rostro, algo insoportable empezó a hurgar en su interior. Sintió una punzada de envidia y rabia en la boca del estómago.

"... ¿Así que planeas una aventura?"

"¿Por qué sería una aventura? Solo somos amigos."

Al igual que había hecho Yu-dam antes, Do-ha se encogió de hombros con suficiencia. La irritación de haberse sentido dominado por Yu-dam desapareció al instante. Una sonrisa escapó de sus labios y las comisuras de su boca, desafiando la gravedad, no tenían intención de bajar.

Ver a Ha Yu-dam, ese hombre que parecía no dejar a nadie por encima de él, enfurecerse por su culpa le daba una sensación de orgullo. Siendo tan bajito y levantando la cabeza para intentar fulminarlo con la mirada, ¿cómo no iba a reírse?

"Oye, Baek Do-ha."

"Dime, Ha Yu-dam."

"¿Ustedes son 'solo' amigos?"

"No 'solo', somos mejores amigos. De esos que corren si el otro enferma o ayudan cuando es necesario. Ah, claro... como tú no tienes amigos así, no debes saberlo. Para ti, incluso una amistad debe parecer una aventura."

"¡Ja!"

Yu-dam soltó una carcajada incrédula. Giró la cabeza hacia un lado y la sacudió, un hábito que tenía cada vez que algo le parecía absurdo. Do-ha, al ver cómo las comisuras de Yu-dam se curvaban hacia arriba, chasqueó la lengua por dentro.

Como pensaba siempre, los hábitos de Yu-dam eran puramente al estilo Ha Yu-dam. Aunque no fuera intencionado, esa risa de incredulidad siempre parecía una burla hacia los demás. Realmente, era un hábito tan desagradable como él mismo.

"¿Desde cuándo son 'solo' amigos? Todo el mundo sabe que ustedes dos mueren el uno por el otro."

"Desde que decidimos que tú y yo nos casaríamos. Gracias a eso, acordamos ser amigos durante tres años. No está mal, de hecho. Siento que nos hemos vuelto más cercanos, como algo más anhelante y desgarrador."

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De pronto, la imagen del rostro de Si-woo, con sus ojos humedecidos, cruzó la mente de Do-ha. Aquella expresión de estar pasándolo mal pero fingir que todo estaba bien era un recuerdo que aún le oprimía el corazón. Era un recuerdo reciente que no perdía color; al contrario, cada vez que lo evocaba, se volvía más nítido y vívido.

Esa era la gran razón por la que había descargado su furia unilateralmente sobre Yu-dam, preguntándole por qué había aceptado este matrimonio. Si no fuera por Yu-dam, no habría obligado a Si-woo a poner esa cara.

Ese día, Do-ha le prometió a Si-woo que volvería. Fue él quien detuvo a Si-woo cuando este estaba a punto de rendirse. Le susurró que, como hasta ahora, podrían compartir todo su tiempo, hiciera falta o no. Ver películas, caminar, ir a restaurantes, dar paseos en coche... Le consoló diciendo que no hacía falta ser una pareja para hacer esas cosas, mientras Si-woo contenía el llanto con los ojos empañados. Le prometió que, aunque no pudiera abrazarlo, estaría con él incluso en sus periodos de celo, como siempre lo había hecho.

Para Baek Do-ha, Kim Si-woo era el ser más preciado de su vida.

Ante eso, Yu-dam se quedó sin palabras por un momento. Si su amante era tan valioso que le había suplicado que aguantara solo tres años, ¿qué podía decir él? Si Do-ha solo pretendía cumplir la promesa de regresar, Yu-dam no podía reclamar diciendo que su compromiso era anterior. En este momento, no sentía rencor hacia nadie; simplemente reforzaba los cimientos alrededor de su corazón. Necesitaba fuerza para resistir, fuera el tiempo que fuera.

"Baek Do-ha."

Fue la madre de Do-ha quien lo trajo de vuelta a la realidad, ocupando el lugar de un Yu-dam sin respuesta. Do-ha reaccionó con un "ah" interno y observó con cautela la reacción de su madre. Yu-dam amagó con decir algo, pero desistió. Pensó que debió haberlo insultado él mismo antes de que su madre interviniera, pero ya era tarde. Solo le frustraba sentir que había perdido la pelea al ser terminada por la autoridad de ella. Debió haberle dicho a esa mujer, de forma estúpida pero firme, que se verían en un juicio civil.

"Tres años era el plazo máximo. Te dije que, si después de esforzarte seguías pensando que no funcionaría, yo no insistiría más. ¿Pero a esto le llamas esfuerzo?"

"Madre, esto es..."

"Intenté respetar tu opinión porque insistías en que no podías casarte dejando atrás a la persona con la que habías prometido un futuro. ¿Tan poco significan esos tres años para ti? No hablo solo de mí, que confié en ti, sino de tu futuro cónyuge. ¿Son esas palabras que se le dicen a la persona con la que te vas a casar?"

Aunque el tono no era elevado, Do-ha se quedó helado, abrumado por las palabras de su madre. Sabía que debía decir algo, aunque fuera una excusa, para calmar su enfado, pero sus labios se sellaron sin emitir sonido alguno.

Tarde se dio cuenta de que se había pasado de la raya. Fue algo infantil; por querer pisotear a Yu-dam con una palabra más, había actuado como un perro rabioso sin distinguir el momento. Admitía que se había portado mal a propósito.

A Do-ha siempre le molestaba que Yu-dam quisiera reinar desde lo más alto. Sus entrañas se retorcían y buscaba cualquier forma de irritarlo. Ver ese rostro impecable contraerse le daba una satisfacción inigualable, como si se liberara de una presión asfixiante. A lo largo del tiempo, esas experiencias se acumularon como sedimentos hasta volverse un hábito. Antes de ser consciente de que Yu-dam era su futuro esposo, el hábito de diecisiete años saltó primero.

"Madre, estoy bien."

Yu-dam miró de reojo el rostro de Do-ha y dio un paso adelante, bloqueando la mirada de Nam Hae-joo hacia su hijo. Al fin y al cabo, iban a ser esposos. Justificó su acción pensando que usar el "comodín de los padres" en una pelea de pareja era de cobardes. La realidad era que se movió por instinto para evitar que Do-ha lo odiara más; temía que Do-ha buscara en él la causa del enfado de su madre y terminara guardándole rencor. Debía detenerlo antes de que eso pasara.

Tener que cuidar incluso el humor de su pareja en un matrimonio concertado por obligación... Yu-dam cortó la mirada de la madre para que Do-ha no pensara eso. Temía que lo que Do-ha terminara por abandonar no fuera el matrimonio, sino a él mismo. Podía soportar que lo odiara o le lanzara dardos, pero lo que más quería evitar era encontrarse con unos ojos vacíos, sin rastro de emoción. Yu-dam sabía bien que, en el momento en que viera esa mirada en Do-ha, se desmoronaría.

"No. Yo no estoy bien."

"Madre."

"Este matrimonio lo impuse yo. Yu-dam, tú sabes bien que tu abuelo no estaba convencido."

A pesar de todo, Nam Hae-joo sacudió la cabeza rechazando las palabras de Yu-dam. Sus ojos eran tan negros como un lago profundo donde se hunde la oscuridad. Incluso sacó a colación algo que debían mantener en secreto ante Do-ha —algo que ella misma le había pedido que callara—.

Mientras Yu-dam se sonrojaba de desconcierto sin saber qué responder, Do-ha lo tomó por el hombro y lo obligó a girarse. Ante la mirada gélida de Do-ha, Yu-dam tartamudeó, incapaz de encontrar palabras.

"¿Qué significa eso...? Ha Yu-dam. ¿No te casabas conmigo por la herencia? Me dijiste que el presidente te daría la herencia solo si te casabas conmigo."

La mano de Do-ha apretó con fuerza el hombro de Yu-dam. Bajo esa presión muda, Yu-dam sintió que no era su hombro, sino su corazón lo que estaba a punto de dislocarse. Parecía que Do-ha le recriminaba: si no era por la herencia, ¿por qué aceptó este matrimonio separándolo de su amante? Yu-dam se mordió el labio y bajó la cabeza. La señora Nam apartó de un golpe la mano de Do-ha y explicó en su lugar.

Este matrimonio fue el resultado de la insistencia tenaz de la señora Nam.

"¿Acaso Yu-dam va a morir de hambre por no tener esa herencia?"

"Por eso mismo me disgustó. Me molestaba que quisiera tener aún más a través de este matrimonio."

"Yo se lo pedí. Le pedí a su abuelo que se mostrara así de firme para que Yu-dam aceptara mi petición."

"¿Una petición suya, madre?"

"Así es. Yu-dam solo aceptó porque su abuelo tomó una medida tan extrema; simplemente intentaba obedecerlo."

Do-ha finalmente comprendió la verdad de este matrimonio absurdo. Los matrimonios por conveniencia debido a herencias eran comunes en su entorno, por lo que no le costó entender la supuesta elección de Yu-dam. Sin embargo, le resultaba horrible que una persona con una mentalidad tan materialista fuera precisamente su futuro esposo. Si ya le desagradaba Ha Yu-dam por sí mismo, un Ha Yu-dam con motivos codiciosos era insoportable. Era lógico que solo con mirarlo sintiera aversión.

Pero resultó que no era así.

Se le secaron los labios ante la nueva información. Incluso cobraba sentido que Yu-dam llamara "berrinche" a su actitud. Al mismo tiempo, recordó el hecho de que Yu-dam quería mucho a su abuelo. Yu-dam siempre sonreía cuando mencionaba el afecto de ese abuelo que lloraba al verlo. Do-ha sabía bien que Yu-dam amaba sinceramente a su familia, que se esforzaba para que no sintiera el vacío de su madre.

"Has dejado a tu madre en una posición ridícula."

"No es eso, madre. Ya lo sabe."

"Si no es eso, ¿cómo puedes tratar así a Yu-dam?"

"Eso es..."

Do-ha soltó un pequeño suspiro en lugar de continuar. Decir que solo fue un hábito era como escupir al cielo; sería admitir con su propia boca que siempre había elegido las palabras más hirientes hasta convertirlas en costumbre. Ante el silencio de Do-ha, su madre apretó la mandíbula conteniendo su frustración. Por mucho que amara a su hijo menor, en momentos como este le parecía un completo insensato.

"Deja ya de preguntar por qué Ha Yu-dam. ¿Vas a seguir encaprichado con lo mismo como si fueras un niño? Como madre, deseaba tu felicidad, y estoy convencida de que tu felicidad está con Yu-dam."

Do-ha se mordió el labio y habló lentamente. Él también quería dejar de hacer esa pregunta que parecía un capricho. Si cada vez que preguntaba por qué Yu-dam, no le hubieran dado respuestas evasivas diciendo que era un matrimonio por el que él mismo lloró de niño, quizá la situación actual sería distinta.

"... Sigo sin entender por qué tiene esa convicción. Nunca me ha explicado por qué no puede ser la persona con la que prometí casarme, ni por qué debe ser Ha Yu-dam."

"Porque él no me gusta."

"¡Madre!"

"Esos tres años no fueron solo para ti. Yo también necesitaba tiempo para aceptar en mi familia a alguien que no me gusta. Te prometí que, si al final no podías ser feliz con Yu-dam, te dejaría hacer lo que quisieras."

No era solo un matrimonio por interés entre familias ricas. Nam Hae-joo estaba convencida de que este era el camino correcto. Su familia lo creía, y la familia de Yu-dam tampoco lo negaba. Por eso el presidente Ha Shin-woo aceptó la insistencia de la madre de Do-ha tras mucho meditarlo, creyendo que al final de ese camino también estaba la felicidad de Yu-dam.

"Lo único que te pedí fueron tres años. Pensé: 'Después de eso, aunque no me guste, aceptémoslo'. Pensé que, como eras tú quien insistía en casarse con él incluso rechazando a Yu-dam, debía aceptarlo por el tiempo que me quedara de vida."

"..."

Después de haber exigido una explicación, Do-ha se quedó sin palabras. Siempre pensó que era un matrimonio impuesto simplemente porque a su madre le caía bien Yu-dam. Pero la razón por la que Nam Hae-joo no le dio una explicación clara antes fue porque consideró que Do-ha no estaba listo para aceptarlo. En aquel entonces, Do-ha seguramente habría ignorado los sentimientos de su madre y habría suplicado el permiso enumerando las virtudes de su amante.

Por eso, la madre de Do-ha no podía evitar sentir que se consumía por dentro. Le resultaba frustrante ver a su hijo actuar como si fuera la víctima principal de este matrimonio.

"Si vas a tomarte esos tres años de forma tan ligera, de acuerdo. Cancelemos este matrimonio. No pensé que a mi edad terminaría perdiendo a mi hijo."

"No es eso. Ni siquiera sabía que a usted le desagradaba Si-woo, madre."

"Ya basta, haz lo que quieras. Cásate o vete a vivir con ese omega por el que mueres de amor y tanto añoras; haz lo que te plazca. Ya no puedo seguir con esto, me avergüenza demasiado. ¿Con qué cara voy a mirar al presidente Ha si tú te portas así? Vamos a dejarlo todo aquí mismo."

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La señora Nam Hae-joo apretó con fuerza la mano de Yu-dam antes de soltarla y se dio la vuelta de inmediato.

Yu-dam intentó correr para detener a la madre de Do-ha, pero ella lo atrajo hacia sí en un abrazo y le pidió disculpas. Le faltaba valor para mirarlo a la cara al pensar en todas las cosas crueles que su hijo le habría dicho durante ese tiempo.

"Tomaste una gran decisión por nosotros. Lo siento mucho, Yu-dam."

"No se preocupe. De verdad estoy bien."

"Es mi hijo, pero jamás imaginé que llegara a ser tan inmaduro."

"Bueno, yo soy igual, supongo."

"……Lo siento de verdad."

Nam Hae-joo le dedicó una sonrisa amarga y apresuró el paso.

Mientras Yu-dam se quedaba petrificado sin poder detenerla más, Do-ha se revolvió el cabello con una mano antes de salir tras su madre.

Sin embargo, debido a las palabras que Do-ha dejó caer antes de irse, Yu-dam tuvo que quedarse pensativo un largo rato, debatiéndose entre si debía alegrarse o no.

"El plazo del trato son tres años. Esforcémonos."