parte 1

 


Volumen 1

Gotas de sudor brotaban sobre su frente pálida y se deslizaban por el contorno de su rostro, suave como si hubiera sido dibujado. El calor, que se había adelantado esta temporada, arreciaba con fuerza. Las calles al mediodía lucían desiertas, pues cada quien se había refugiado en la frescura de los interiores. So-woo, que caminaba buscando al menos la precaria sombra de los árboles, dejó en el suelo las bolsas de las compras que llevaba en ambas manos. Las yemas de sus dedos, que agitaba para crear algo de viento, estaban completamente rojas. Se debía a que las asas de las pesadas bolsas se le habían clavado en los dedos durante todo el trayecto.

Mientras abría y cerraba sus manos entumecidas, soportando el dolor con familiaridad, So-woo giró la vista como hechizado por un alboroto cercano. Un grupo de universitarios salía de una cafetería situada en un lado de la calle. De ellos, que se alejaban soltando carcajadas, emanaba una vitalidad refrescante. Era una risa que hacía sentir puro incluso el aire abrasador. Tras observarlos con la mirada perdida, So-woo esbozó una vaga sonrisa; una tan tenue que sería difícil de notar si no se miraba con detenimiento.

Cuando las risas ruidosas se distanciaron, So-woo recobró el sentido y giró la cabeza. En el cartel publicitario frente a la cafetería, se veía la imagen de un café helado, con la superficie del vaso cubierta de gotas de agua, luciendo sumamente refrescante. Ahora que lo pensaba, todos los que acababan de salir llevaban vasos para llevar en sus manos. De pronto, sintió una sed de la que no había sido consciente. Su rostro blanco, que miraba con vacilación hacia el café, se veía tan pálido que resultaba inquietante.

'Solo una taza de café...'

Quizás esto no estaría mal. Este mes no tenía otros gastos previstos... Empezó a calcular en su cabeza los gastos, los ahorros, las cosas en las que debía gastar y las áreas donde podía economizar. Mientras dudaba de pie bajo la delgada sombra, su rostro blanco se tornó aún más pálido. Solo sus mejillas, teñidas de un rosa suave, le daban algo de vitalidad. Tras meditarlo, So-woo dio un paso adelante como si se hubiera decidido.

"Bienvenido."

Al entrar, una brisa fresca lo envolvió. Incluso el aire que llenaba sus pulmones se sentía tan frío que parecía congelarse. El calor que rodeaba su cuerpo se disipó en un instante. La expresión de So-woo, agotado por el clima, se suavizó. Aunque su piel seguía pálida, lucía mucho más animado.

"Hola."

Cuando saludó con una leve sonrisa, la empleada en el mostrador se sonrojó. Ella no había podido apartar la vista de él desde el momento en que entró.

'¿Cómo puede tener hasta esa voz...?'

La empleada, que apenas logró recobrar la compostura para tomar el pedido, volvió a quedar cautivada por él. En realidad, lo mismo les ocurría a todos en la cafetería. Los clientes que conversaban en las mesas miraban de reojo a So-woo, que estaba frente al mostrador. En una mesa, una pareja incluso comenzó a discutir debido a que el hombre no podía quitarle los ojos de encima. Sin embargo, el destinatario de todas esas miradas parecía estar desprotegido, como si no se diera cuenta de nada.

Era un hombre que, estuviera donde estuviera, no podía evitar atraer la atención. La empleada pensó que tal vez estaba tan acostumbrado a ser observado que ya no le importaba; mientras se justificaba a sí misma, examinaba detenidamente el rostro de So-woo.

"¿Puedo pedir?"

"—¡Ah, sí! Eh... ¡este...! ¿Qué desearía ordenar?"

A pesar de las palabras atropelladas de la empleada nerviosa, So-woo esperó con calma haciendo contacto visual y asintió.

"Un café americano helado, por favor."

"¿Es para tomar aquí?"

"Eh... sí, así será."

So-woo respondió lentamente tras recordar lo que llevaba en las bolsas. No había alimentos que necesitaran refrigeración o congelación urgente, así que pensó que un momento estaría bien. Ante la idea de beber café dentro de un local después de tanto tiempo, el rostro de So-woo se animó ligeramente. Como era un hombre que casi no tenía tiempo para sí mismo, no sabía cuánto había pasado desde la última vez que hizo algo así. Una pequeña emoción se reflejó en su rostro mientras recorría con la mirada el interior del local.

Incapaz de contener la comisura de sus labios que se elevaba ante la noticia de que se quedaría, la empleada marcó el pedido en la caja registradora. Complacida por su tono de voz suave, ella también refinó su propia voz al hablar.

"Son 3,800 wones."

Tras soltar una risita por su propia voz impostada, la empleada borró rápidamente su expresión y miró a So-woo. Con ese rostro, seguramente debía ser un omega. Su cara, cuya edad era difícil de calcular, tenía algo de un chico joven pero también desprendía una atmósfera madura. Aunque se decía que eran menos que los betas, ver a un omega no era algo tan raro; ella misma había tenido varios amigos así en su época escolar.

Aunque era un hecho bien conocido que los omegas nacían más hermosos que los betas, ella no sentía una gran fascinación o curiosidad por su existencia. Muchos hombres beta solían decir obscenidades o lanzar miradas sucias a los omegas, especialmente a los masculinos, pero ella sabía que no eran seres tan diferentes. Ya había pasado mucho tiempo desde que la visión social, antes llena de prejuicios hacia ellos, había cambiado. Por eso, el hecho de que el hombre frente a ella atrajera todas las miradas no era simplemente por ser un omega. Era su atmósfera la que hacía difícil apartar la vista una vez que lo encontrabas.

Al sacar la billetera para pagar, So-woo se detuvo un instante. Se dio cuenta de que no llevaba efectivo. En su delgada billetera, donde no guardaba dinero porque no pensaba que lo usaría, solo había una tarjeta de color negro puro. Era la misma tarjeta que había usado para pagar en el supermercado hace un momento. Su rostro, que apenas había recuperado algo de vida, volvió a palidecer.

Incluso portando una tarjeta cuyo límite desconocía —o mejor dicho, de la cual dudaba si acaso tenía un límite—, So-woo no podía permitirse comprar ni un café por voluntad propia. A pesar de que siempre le daba lo mejor a Su-hyung, con él mismo era diferente. Era natural. Después de todo, todo lo que disfrutaba lo recibía a cambio de cuidar de Su-hyung.

"Disculpe, quizás..."

So-woo comenzó a hablar con vacilación, pero se detuvo al escuchar el sonido de los granos de café siendo molidos. El café que había pedido ya se estaba preparando. Sonrió levemente a la empleada que lo miraba con duda, negó con la cabeza y le entregó la tarjeta. En su rostro blanco se vislumbró una resignación habitual.

"Aquí tiene su café."

"Gracias."

Recibió el café y caminó hacia una mesa. Las personas que lo habían estado observando giraron la cabeza fingiendo no hacerlo, aunque algunos seguían mirándolo embelesados. So-woo se sentó y soltó un pequeño suspiro, como si no notara las miradas que lo seguían. Su rostro se veía algo melancólico. Tras mirar fijamente el café frente a él, sacudió levemente la cabeza. 'Ya que ha llegado a esto, ¿qué se le va a hacer?' Estaba tan acostumbrado a contenerse que se le había hecho callo. Para sacudirse el desánimo, tomó el sorbete y bebió el café. Sintió cómo el líquido helado bajaba por su esófago. Sin embargo, por alguna razón, a diferencia de su cuerpo que se enfriaba, su pecho se sentía pesado y oprimido. Aun así, So-woo dirigió la mirada hacia la ventana y trató de disfrutar de la tarde tranquila observando la calle poco transitada. O al menos, lo intentó.

Bzzz—

Al sacar el teléfono que vibraba, en la pantalla apareció, como era de esperarse, el nombre que imaginaba. Tras morderse suavemente el labio, So-woo se apresuró a contestar. Era una reacción aprendida tras años de experiencia, ya que si tardaba en responder, solía recibir el doble de reprimendas.

"Sí, madre."

"Sí."

"No..."

"Sí..."

"Sí, lo sé."

"Lo siento..."

"Sí, entiendo."

La llamada fue corta, como siempre. Las palabras que debía decir eran las mismas. Simplemente afirmar, aceptar y pedir disculpas inclinando la cabeza. A medida que su voz se hacía más pequeña, la punta de sus orejas redondas se teñía de rojo. Tras colgar, So-woo levantó su rostro encendido. En sus ojos dóciles se asomó la humedad. Tras mirar fijamente el vaso que humedecía la mesa con sus gotas, se levantó. Debía darse prisa si no quería llegar tarde.

Al dejar el vaso en el mostrador, la empleada que lo había atendido se acercó. El café, del cual solo había tomado un sorbo, seguía llenando casi todo el recipiente. La empleada, que había estado escuchando con las orejas atentas la conversación telefónica de So-woo, abrió mucho los ojos fingiendo sorpresa.

"¿Ya se va?"

"Ah... sí, surgió algo."

"¿Quiere que le pase el café a un vaso para llevar?"

"...No, está bien."

So-woo respondió negando con la cabeza tras mirar el café restante por un momento. No es que no le pesara desperdiciar un café que estaba prácticamente nuevo, pero no tenía otra opción. No tenía tiempo para lujos y debía usar ambas manos para cargar las bolsas. Por encima de todo, si llegaba con un café para llevar, sería como echar leña al fuego. Había sido culpa suya desear cosas que no debía permitirse.

"Adiós."

"Eh..."

A diferencia de su tono suave, su actitud parecía ser algo firme. Mientras la empleada observaba su espalda al alejarse con una mirada llena de lástima, se armó de valor y gritó:

"¡Vuelva pronto!"

Al escuchar eso, So-woo se dio vuelta y le sonrió. Para cuando la empleada recobró el sentido tras quedar absorta por aquella sonrisa de ensueño, él ya no se veía ni siquiera a través de la ventana.

* * *

Los muros, que se alzaban imponentes como si no estuvieran dispuestos a permitir ni la más mínima mirada, intimidaban a cualquiera con solo verlos. Era una muralla de una altura casi arrogante. Frente al portón, que superaba con creces su propia estatura, So-woo recobró el aliento con lentitud. Hubo un tiempo en el que ni siquiera imaginaba que tal conjunto de mansiones gigantescas pudiera existir en pleno centro de la ciudad. El hecho de que por un barrio repleto de residencias tan vastas que abrumaban los sentidos no pasara ni un solo transporte público, delataba el estatus de quienes allí vivían: personas que jamás tendrían necesidad de usarlos. Por ello, cada vez que So-woo venía solo, debía caminar cuesta arriba durante más de media hora. No sabía si los demás ignoraban su situación, si simplemente no les importaba o si era algo hecho a propósito, pero él se limitaba a cumplir con su deber en silencio. Ir si le decían que fuera, venir si le decían que viniera. Eso era lo que el dueño de esta mansión esperaba de él.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Su respiración, agitada por la subida bajo el sol abrasador, se fue calmando gradualmente. Tras secarse el sudor de la frente, So-woo tocó el timbre. Poco después, el portón se abrió y apareció un hombre vestido con un traje negro.

“¿Quién es usted?”

“Ah...”

Normalmente, los guardias abrían la puerta sin decir palabra tras reconocer su rostro, pero este le preguntó por su identidad. Ahora que se fijaba, era una cara desconocida. ¿Sería un empleado nuevo? Sin saber cómo responder, se quedó sin palabras.

¿Cómo debería describirse a sí mismo? ¿Como el esposo del hijo de esta familia? ¿Como el padre del único nieto de quien lo había contratado? Nada de eso era la verdad. Para el dueño de esta mansión que parecía un castillo antiguo, él no era más que un pecador.

“Identifíquese, por favor.”

“Ah, yo soy...”

Ante su actitud vacilante y la falta de respuesta, la mirada del guardia cambió. Seguramente se trataba de un vendedor ambulante. Su rostro de facciones finas era hermoso, pero si fuera alguien relacionado con la mansión, no tendría esa actitud. Al mirar de reojo hacia atrás, vio que no había ningún coche estacionado. Eso significaba que había subido caminando bajo este clima. Incluso él, un simple guardia contratado, podía usar el transporte privado de la casa que llegaba hasta la estación de metro. Por lo tanto, no era un empleado. Ya el hecho de haber llamado al portón principal en lugar de usar la entrada de servicio indicaba que no pertenecía al personal.

“¿Viene a vender algo?”

“...¿Perdón?”

Con un tono mucho más relajado, el guardia se apoyó en el portón entreabierto. Por las bolsas que llevaba en las manos, estaba convencido de que era uno de esos vendedores que a veces merodeaban por la entrada. Parecía alguien que podría ganar dinero fácilmente en un bar de omegas, pero ahí estaba, con el rostro pálido, intentando vender algo sin éxito. Lo normal para los omegas era casarse con un alfa a temprana edad. Debido al control de las feromonas y los ciclos de celo, un compañero era indispensable; la vida de un omega sin pareja no podía ser más que agotadora. Aquellos que no encontraban a su alfa solían terminar, inevitablemente, en los bajos fondos. El mundo los había hecho así. Las flores fragantes siempre atraían a los bichos.

Había oído que, de vez en cuando, existían tipos como el omega que tenía enfrente, que se esforzaban por lograr algo por su cuenta. Era una era en la que los omegas también iban a la universidad y tenían profesiones. El mundo había cambiado tanto que una palabra mal dicha podía ser tachada de acoso sexual y recibir el desprecio social. Hacía poco, un actor famoso pasó por un calvario y tuvo que pedir disculpas públicas por una broma que le hizo a un compañero de reparto omega.

El guardia, al recordar las reacciones que insultaban al actor en aquel entonces, se lamentó. Si preguntar o suponer el rasgo de alguien ya se consideraba discriminación, ¿cómo se suponía que uno podría hablar con libertad? Los hombres beta, que no tendrían oportunidad de ver a un omega a menos que fueran a un local de entretenimiento nocturno, solían expresar su rabia como si les hubieran arrebatado algo propio. Una vez al mes andan jadeando porque les pica el agujero como a perras en celo... Sus ojos aceitosos recorrieron lentamente al hombre, desde su rostro blanco hacia abajo. La camiseta fina permitía adivinar el cuerpo delgado que se escondía debajo.

“Bueno, ¿cuánto cuesta lo que traes?”

“.......”

“¿Cuánto ganas haciendo esto?”

“Oiga, no es eso...”

“Yo te lo compro todo, así que, ¿qué tal si nos tomamos algo más tarde?”

“...¿Qué?”

El guardia se remangó para mirar la hora y se acercó con una sonrisa cínica. Al apoyarse contra el muro, proyectó una sombra sobre So-woo. Aunque no se comparaba con un alfa, era notablemente alto entre los betas. Para un omega sin pareja, alguien como él debería ser más que suficiente. Pensó que era un golpe de suerte nada más empezar en su nuevo empleo.

Este guardia, que había sido despedido injustamente de su trabajo anterior por un problema de acoso, consiguió este puesto gracias a la recomendación de un pariente que trabajaba en el equipo de limpieza de la mansión. Fue una contratación urgente porque un miembro del equipo de seguridad había sufrido un accidente. En su segundo día de trabajo, el guardia pasó todo el día memorizando la distribución de la propiedad. Debido a que todos los empleados estaban ocupados con sus tareas, no recibió una inducción adecuada y hoy le asignaron la guardia del portón. No es que hubiera mucho trabajo; en todo el día, este omega era el único que había llamado. Con el sueldo más alto que había tenido y un trabajo tan sencillo, se sentía afortunado. Y justo cuando empezaba a aburrirse, aparecía un omega frente a él.

Los omegas eran caros, así que ni siquiera en los bares había podido pagar por algo más allá de la compañía. Solo por sentarse al lado y beber algo, cobraban tres veces más que en un local normal. Aun así, esos bares siempre estaban llenos. Él, por falta de dinero, solo había ido un par de veces. Pensó que, si seducía bien a este omega que parecía tan ingenuo, podría disfrutar por poco dinero de lo que antes le costaba un mes de sueldo. Tal vez incluso podría tener sexo con él. Y gratis.

“Hoy te pagaré lo de todo el día, no, lo de toda la semana.”

“.......”

“Dame tu número y vete a algún sitio fresco por aquí cerca, pareces cansado.”

Era imposible que no se sintiera ofendido por tal malentendido, pero el rostro sereno de So-woo no mostró cambio alguno. Estaba acostumbrado al desprecio y a los insultos. En realidad, su situación no era muy distinta a la de un vendedor ambulante. Es más, quizá un vendedor ambulante estaba en mejor posición. En cualquier caso, no tenía tiempo para seguir confrontando al guardia frente al portón. Ya llegaba muy tarde al llamado.

“Mire, creo que hay una confusión...”

So-woo, que había estado escuchando en silencio las palabras del guardia, se dispuso a hablar. En ese mismo instante, mientras el guardia se le acercaba, el portón que estaba entreabierto detrás de él se abrió de par en par.

“¿Qué sucede?”

“Ah... Hola.”

Quien apareció fue el jefe del equipo de seguridad. En cuanto vio al nuevo guardia parado tan cerca de So-woo, comprendió la situación. Al no haber recibido la inducción, era obvio el malentendido que habría tenido. Se notaba a leguas que era alguien de baja calaña. Si no fuera por el favor que le pidió el empleado de limpieza, jamás lo habría contratado. De todos modos, era un puesto temporal hasta que el guardia accidentado se recuperara. Pensó que, mientras no causara problemas, serviría para tareas menores, pero no sabía si calificar esto como un problema.

“Adelante, por favor.”

El jefe de seguridad se apartó a un lado del portón e hizo un gesto. Aunque sus palabras fueron educadas, su actitud no lo era en absoluto. Todos sabían cómo lo trataban los dueños de la mansión. Y el desprecio hacia So-woo se transmitía íntegramente a sus empleados. Aunque se horrorizaban por la frialdad y falta de humanidad de sus patrones, ellos mismos terminaban reconociendo naturalmente a este omega como alguien a quien se podía ignorar. La actitud de los patrones, que no ponían freno a tales tratos incluso cuando eran evidentes, sellaba su destino.

El único momento en que So-woo era tratado como un ser humano dentro de esa mansión era cuando estaba con su hijo, Su-hyung. Cuando Su-hyung estaba presente, incluso sus abuelos, aunque no ocultaban su desagrado, le daban un trato mínimamente digno.

“Gracias.”

Dar las gracias e inclinar la cabeza incluso ante algo que debería ser normal no era solo porque estuviera acostumbrado a la opresión. Era el resultado de una naturaleza dócil y bondadosa. Sin embargo, no había muchos que supieran recibir esa bondad como tal. Al menos, cerca de So-woo no había casi nadie. El jefe de seguridad no era la excepción. Sin responder, volvió a inclinar la cabeza hacia un lado señalando el portón, y So-woo entró obedientemente.

Una vez que So-woo desapareció tras el portón, el jefe de seguridad giró la cabeza. El rostro del nuevo guardia estaba lleno de dudas. Pensaba que era un vendedor, pero al ver que conocía al jefe y que, además, lo dejaba entrar, sintió curiosidad.

Aun así, no parecía preocupado, y eso se debía a la actitud del jefe. No lo había tratado, para nada, como a un superior. Eso significaba que era un empleado de la mansión, igual que él. Pensó que aquello era incluso mejor; había encontrado algo con qué entretenerse durante las aburridas horas de trabajo. Si se mantenía cerca, la cosa sería más fácil cuando llegara su época de celo. Con una risa involuntaria, el guardia preguntó burlonamente:

“¿Y ese en qué departamento trabaja?”

Ante la pregunta, cuyas intenciones eran transparentes, el jefe de seguridad puso una cara de absoluto desprecio. El empleado de limpieza que había pedido la contratación era un hombre mayor, conocido por ser muy decente. No era de los que pedían favores de ese tipo; de hecho, casi nunca habían cruzado palabra. Como alguien así se lo pidió, pensó que habría alguna razón de peso, pero nunca imaginó que contrataría a semejante estorbo.

“Es un omega, ¿verdad? Con esa piel tan suave, joder.”

La intención de sus palabras, acompañadas de esa risita, era obvia. Incluso intentaba tantear si el jefe era de su misma calaña, lo que le arrancó un suspiro a este último. Podía imaginar qué clase de bajezas soltaría si llegaba a pensar que eran iguales.

“Es el esposo del hijo del Presidente.”

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

El jefe de seguridad cortó la conversación antes de que fuera a más, sin ocultar su desdén. El color desapareció instantáneamente del rostro aceitoso del guardia. Era un hombre fácil de leer en todos los sentidos. Seguramente pensaba que estaba jodido. Por supuesto, no era probable que So-woo fuera a contarle el incidente a sus patrones, y aunque llegaran a saberlo, no habría represalias. Esa era la posición de So-woo en esa mansión.

Desde el principio, si So-woo hubiera sido una persona importante, ni siquiera un novato sin inducción desconocería su existencia. Sin embargo, el jefe de seguridad no se molestó en corregir el error del nuevo guardia. Simplemente se retiró a sus labores, burlándose de aquel rostro que se había quedado lívido.

* * *

“He llegado.”

Al entrar en la casa, soltó aquellas palabras por puro hábito, pero no hubo respuesta. Normalmente, esa persona saldría hasta la entrada para recibirlo con una sonrisa. Su-hyung observó el interior desolado. En cuanto la luz del sensor de la entrada se apagó, una oscuridad absoluta se apoderó del lugar. Tras dejar su mochila en el suelo con un leve suspiro, Su-hyung avanzó.

Sujetó el picaporte y giró la puerta de la habitación en silencio. Como esperaba, divisó una silueta delgada recostada sobre la cama. Una sonrisa de ensueño se dibujó en sus bellos labios. Manteniendo el picaporte girado, cerró la puerta con cautela y soltó la manija sin hacer ruido. Como un visitante nocturno que llega a hurtadillas, amortiguó sus pasos y se dirigió lentamente hacia la cama.

Visto de espaldas, recostado de lado hacia la pared, aquel cuerpo parecía tan frágil que daba lástima. Al apartar con suavidad el cabello fino, quedó al descubierto su rostro blanco. En la penumbra, Su-hyung notó el rastro rojizo en sus ojos y su rostro se endureció. Lo había sospechado desde que entró a la casa a oscuras, pero que fuera previsible no hacía que le doliera menos. Mientras acariciaba con delicadeza el lóbulo de su oreja redonda, Su-hyung se recostó con cuidado en la cama.

Al acercar su rostro a la nuca del otro, sintió una respiración acompasada y regular. Era alguien cuya respiración era tan pulcra como él mismo. Parecía haberse quedado dormido con el cabello aún algo húmedo, pues de su nuca emanaba el aroma fragante del champú. En medio de la oscuridad, su cuello brillaba con una blancura radiante y desprendía un cálido olor a piel. A Su-hyung le gustaba más el olor natural de So-woo que el aroma artificial del champú. Hundió el rostro en su hombro, grabando el olor de So-woo en lo profundo de sus pulmones. Extendió el brazo lentamente y abrazó aquel cuerpo delgado; era tan pequeño y frágil que encajaba perfectamente en su pecho. Al dormir, su temperatura corporal había subido y se sentía cálido. Con cuidado, frotó su pulgar contra el vientre bajo del otro, notando lo plano que estaba. Seguramente lo habían vuelto a citar y ni siquiera había podido comer bien. Un suspiro escapó de sus labios sin querer.

“…….”

Aunque no hubo ni un ligero movimiento, Su-hyung se dio cuenta de que había despertado. Sus largas pestañas se elevarían lentamente y pronto revelarían esos ojos claros y profundos. Su rostro recién despertado luciría el doble de dócil y tierno de lo habitual. Aunque no podía verlo, cerró los ojos imaginando la escena que se desplegaba ante él como un cuadro. Era tarde. Sabía que So-woo estaba acostumbrado a las noches de insomnio y deseaba que pudiera seguir durmiendo profundamente. Sin embargo, poco después, una voz cargada de sueño llamó a Su-hyung.

“Su-hyung.”

Como él no respondió, So-woo acarició con sus dedos delgados el brazo de Su-hyung que rodeaba su cintura. Fue un contacto cálido y suave.

“¿Cuándo llegaste?”

“…….”

“Deberías haberme despertado.”

Sin decir palabra, Su-hyung cubrió los ojos de So-woo con su mano. Era una mano tan grande que ocultaba por completo aquel rostro pequeño. Los ojos, que habían estado calientes y enrojecidos, se enfriaron gradualmente bajo la palma fresca. No hacían falta palabras; para So-woo, aquello era un consuelo que nadie más podía brindarle. Con una sonrisa dulce, So-woo se dio la vuelta para quedar frente a Su-hyung. Sus ojos, ahora visibles, habían recuperado parte de su color natural.

“Gracias.”

Sus ojos rebosaban afecto mientras miraba a Su-hyung. La mano que acariciaba su cabello era delicada. Se sentía cálido y reconfortante. Siempre que estaba acostado con So-woo, Su-hyung experimentaba esa misma sensación: un afecto inquebrantable hacia él, la certeza de que siempre lo amaría. Su-hyung recibió los mimos en silencio y se acurrucó en el pecho de So-woo. Abrazó su cintura estrecha y se hundió en aquel cuerpo flaco. Frotó la punta de su nariz contra ese pecho delgado que alguna vez lo sostuvo de niño para amamantarlo, inhalando profundamente. Tuvo la ilusión de percibir un dulce aroma a leche.

“Vaya, si todavía eres un bebé. Mi Su-hyung.”

So-woo soltó una risita mientras abrazaba a Su-hyung, quien ya parecía doblarle el tamaño. Palmeó suavemente aquel cuerpo que había crecido tanto de repente. Aunque le costara rodear con sus brazos ese cuerpo enorme, su rostro despejado seguramente lucía una sonrisa radiante. Incluso sin verlo, podía percibir su estado de ánimo a través de su voz, su respiración y su tacto. Lo había hecho toda la vida: crecer mirándolo solo a él. Porque eran familia.

Su-hyung sabía que So-woo se alegraba cada vez que él se comportaba como un niño necesitado de afecto parental. Por eso, Su-hyung estaba dispuesto a ser un niño en cualquier momento. No le importaba qué clase de afecto le diera So-woo, siempre y cuando ese amor ciego estuviera dirigido hacia él. No importaba incluso si ese afecto era solo amor paternal hacia un hijo.

“¿No tienes hambre?”

La mano que golpeaba rítmicamente su espalda se detuvo poco a poco. So-woo siempre se preocupaba por las comidas de Su-hyung. Era natural, pues no hay padre que quiera ver a su hijo pasar hambre.

“No. Estoy bien.”

Su-hyung levantó la cabeza y miró a So-woo. Sus alientos se mezclaron. Estaban demasiado cerca. Sin embargo, So-woo permanecía vulnerable, sin ser consciente de nada. A pesar de que Su-hyung dijo estar bien, So-woo ya estaba repasando mentalmente los ingredientes que tenía en el refrigerador.

“Es que no pude dejar nada preparado...”

“…….”

“Te prepararé algo sencillo. Vamos a comer.”

Sonriendo mientras apartaba con suavidad el cabello de la frente de Su-hyung, So-woo se incorporó. En cuanto aquel cuerpo pequeño abandonó su regazo, una sensación de vacío lo invadió. Aun así, Su-hyung no detuvo a So-woo mientras salía de la cama. Sabía que So-woo aliviaba sus propias angustias internas desempeñando su papel de padre. Parecía estar cuidando de Su-hyung, pero en realidad, era una forma de cuidarse a sí mismo.

Sentir alivio al cuidar de un hijo que todavía parecía necesitarlo... independientemente de si So-woo era consciente o no de ello. Ese sentimiento era muy útil para ser manipulado con inteligencia, pero aún no era el momento. Su-hyung se incorporó mientras observaba la frágil espalda de So-woo alejándose con paso apresurado.

La luz de la lámpara iluminó la cocina que estaba a oscuras. Normalmente, él solía tener la comida lista para cuando Su-hyung regresaba. Hoy, tras haber sufrido por el calor todo el día y haber llorado hasta quedarse sin fuerzas, se había quedado dormido hasta que llegó Su-hyung. Incluso olvidó guardar las compras y algunos ingredientes ya se habían echado a perder. Tras un breve suspiro, So-woo se esforzó por sacar fuerzas y empezó a moverse. Borró el caos de su mente pensando únicamente en la comida que alimentaría a Su-hyung.

Su-hyung salió de ducharse y entró en la cocina. Un aroma delicioso llenaba la casa. Sobre la mesa había dos juegos de cubiertos y varios acompañamientos en porciones adecuadas para dos personas. Al oír el ruido de la silla siendo arrastrada, So-woo se dio la vuelta sonriendo. Su rostro, antes pálido, había recuperado el color.

“Saliste justo a tiempo.”

So-woo dejó un plato frente a Su-hyung y se sentó en el lado opuesto. La mesa estaba servida con alimentos ligeros, ideales para comer a esas horas. Era una comida que, aunque parecía sencilla y modesta, estaba preparada con el esmero de quien piensa en la nutrición. So-woo siempre se esforzaba por dar lo mejor de sí para Su-hyung.

“Come mucho.”

“Papá.”

So-woo, que se movía afanosamente acercándole sus platos favoritos y sirviéndole agua, levantó la cabeza y sus ojos se encontraron con la mirada que lo acechaba. Sus labios, bellos como un dibujo, estaban curvados en una sonrisa agradable. Sin embargo, más allá de la sonrisa suave y la mirada cálida, su escrutinio era persistente, casi travieso. Era una mirada que parecía desmenuzar cada rincón de aquel rostro pequeño para no perderse ningún detalle. Seguramente buscaba rastros de llanto. So-woo bajó la cabeza ocultando su rostro sonrojado.

“Comamos..., Su-hyung.”

Su voz tembló a pesar de intentar sonar natural. Tomó los palillos fingiendo que no pasaba nada para empezar a comer. O al menos lo intentó, antes de que una mano grande se acercara.

Era una mano tan enorme que podría cubrir todo el rostro de So-woo. Normalmente, cuando So-woo estaba cansado, él usaba esas manos para masajearle los hombros o las piernas. Sus dedos largos y gruesos rozaron su mentón. Fue un movimiento cauteloso pero decidido. Al igual que la mano de aquel niño que apenas podía sujetar uno de los dedos de So-woo se había vuelto enorme, Su-hyung ya había completado su crecimiento en todos los sentidos. So-woo intentó girar la cabeza para evitar esa mirada obsesiva, pero la mano que descendió hacia su nuca se lo impidió. Sus ojos, grandes y claros, vagaron con nerviosismo antes de bajar la vista.

Su-hyung observaba a So-woo en silencio. Su mirada fija se detuvo durante largo tiempo en el contorno de sus ojos enrojecidos. Los párpados estaban encendidos y cargados de humedad. Eran unos ojos que siempre se curvaban con dulzura hacia él. Sabía que en esas pupilas claras siempre estaba él, y solo él. Sabía que So-woo era alguien para quien nada más importaba mientras lo tuviera a él.

El amor de So-woo por él era excesivamente grande y profundo. Al fin y al cabo, así era el amor paternal. Su-hyung conocía bien ese privilegio y lo había utilizado con inteligencia. Incluso el hecho de que So-woo se deprimiera cada vez que visitaba a sus abuelos. Sin embargo, últimamente la melancolía de So-woo se estaba prolongando demasiado. Aquello no era una buena señal. Quizás ya no era momento de tomarse las cosas con calma.

Su mirada se desplazó desde el rabillo del ojo enrojecido hacia las pestañas temblorosas. Las largas pestañas proyectaban una sombra hacia abajo. Su-hyung, que sostenía suavemente el mentón de So-woo con sus dedos, movió la mano. Su palma rozó la piel suave y sus yemas acariciaron el lóbulo blando de la oreja. Sobresaltado por la intensidad del contacto, So-woo levantó la vista sin pensarlo. En cuanto alzó los ojos, quedó atrapado por la mirada firme de Su-hyung, y sus pupilas temblaron levemente. Solo entonces fue consciente de la distancia, que se había acortado drásticamente sin que se diera cuenta. So-woo sonrió con torpeza y tomó la mano de Su-hyung que sujetaba su mentón.

“Su-hyung.”

Bajó con suavidad aquella mano grande. Al bajar la cabeza para evitar su mirada, sus ojos se fijaron en la mano sobre la mesa. La mano de Su-hyung, bajo la suya, era inmensa. Por el contrario, si la mano de Su-hyung se posara sobre la suya, ni siquiera se vería. ¿Acaso se había estado apoyando sin darse cuenta en el niño que siempre consideró pequeño? Su-hyung ya no era un niño inmaduro que necesitara el cuidado de sus padres. No podía engañar al chico que había crecido tanto de repente.

“Estoy bien.”

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

So-woo sonrió mientras acariciaba suavemente el dorso de la mano de Su-hyung. No era una sonrisa forzada o incómoda para evadir el momento, sino una sonrisa tranquila, llena de afecto por su hijo.

“Gracias.”

“...¿Por qué?”

“Por todo. Solo te tengo a ti, Su-hyung.”

So-woo le dedicó una sonrisa radiante, y de él emanó el mismo afecto profundo de siempre. Su-hyung soltó un breve suspiro y retiró su cuerpo lentamente. So-woo fingía ser fuerte ante él, pero hasta donde Su-hyung recordaba, no hubo ni un solo instante en que pareciera serlo. Siempre se veía vulnerable e inestable. Había querido esperar lo suficiente por él, pero ya no era momento de quedarse simplemente mirando. Su-hyung curvó las comisuras de sus labios lentamente y le devolvió la sonrisa.

* * *

Durante la cena, Su-hyung solía relatar su día en voz baja. Aunque era un hombre de pocas palabras, aquel momento era la excepción. Cualquiera que lo conociera se sorprendería de la cantidad de detalles insignificantes que compartía, solo porque So-woo lo deseaba. Era su antigua forma de cerrar el día.

Desde que Su-hyung entró en la escuela primaria, So-woo siempre sintió curiosidad por el tiempo que su hijo pasaba lejos de él. A Su-hyung le gustaba tanto ver a So-woo escuchándolo con esa mirada cálida, que llegaba a contarle hasta las cosas más triviales que él mismo habría pasado por alto: que el profesor llevaba la misma ropa que el día anterior o que el amigo de la fila de adelante no había hecho la tarea. Entonces, So-woo respondía con sinceridad, sugiriendo que el profesor quizá estuvo muy ocupado para lavar la ropa o que a su amigo simplemente le gustaba más jugar que estudiar. Eran los momentos en que la casa, con tan pocos integrantes, se llenaba de vida.

Así, Su-hyung compartió su día a día hasta convertirse en adulto. Ese era el momento favorito de So-woo. A medida que Su-hyung crecía, surgieron cosas que no podía contar, pero So-woo nunca sintió esa brecha. Su-hyung era así de dedicado con su tiempo compartido, porque amaba ver a So-woo escuchándolo con curiosidad.

Incluso cuando cenaban fingiendo no notar que So-woo tenía los ojos terriblemente hinchados, era igual. Su-hyung observaba a So-woo mientras este se esforzaba por sonreír y cambiar de tema, y terminaba por seguirle el juego con gusto. Con voz pausada, desgranaba su jornada como siempre: qué había hecho, qué había comido y qué había visto. Mientras relataba su día con calma, la mirada de Su-hyung permanecía fija en el rostro de So-woo.

El contorno de sus ojos enrojecidos, la punta de su nariz redonda y sus labios húmedos. A Su-hyung le encantaba ese rostro que le sonreía mientras le prestaba atención. Para ser honesto, su rostro deshecho por el llanto era todavía más de su agrado; tanto que le frustraba el hecho de no haber sido él quien lo hiciera llorar.

Tras terminar de comer y recoger todo juntos, se pararon uno al lado del otro en el baño para cepillarse los dientes. So-woo miró a Su-hyung a través del espejo. Como Su-hyung era zurdo y estaba a la izquierda de So-woo, su brazo libre estaba pegado al suyo. Era un cuerpo grande y sano en comparación con su propia figura delgada. Aunque hacía mucho que Su-hyung lo había superado en estatura, últimamente sentía de forma muy real cuánto había crecido aquel niño. Ya no era el pequeño al que debía proteger y criar.

A pesar de tener varios baños amplios, terminaron de cepillarse apretados en ese espacio estrecho. Seguían haciendo muchas de las cosas que hacían desde la infancia de Su-hyung, cuando él aún necesitaba ayuda. Ninguno pensaba que fuera extraño. Cuando So-woo oía a otros decir que se sentían tristes porque sus hijos se distanciaban al crecer, solía ladear la cabeza confundido. Aunque el tiempo compartido se redujo naturalmente con la madurez de Su-hyung, él siempre había estado a su lado, sin cambios. So-woo aún no sabía que aquello era el resultado del esfuerzo de Su-hyung.

Por eso, So-woo sentía un vacío aún mayor. Su vida antes de Su-hyung le resultaba tan lejana que ni siquiera podía recordarla. Tras convertirse en familia, la vida de So-woo giró por completo en torno a él. No era exagerado decir que vivió solo para su hijo; como padre, era lo natural. Además, ahora Su-hyung era lo único que le quedaba.

'Solo hasta este año.'

Era un tiempo que había conseguido con dificultad. Desde el principio, esta vida no le pertenecía. Le entristecía pensar que no vería a Su-hyung convertirse en un alfa adulto, encontrar a su pareja y formar un hogar, pero debía conformarse con esto. So-woo se consolaba a sí mismo, matando la codicia que brotaba de vez en cuando.

Quizá porque eran demasiados los deseos que había reprimido, So-woo, que dormitaba en un sueño ligero, despertó con unas náuseas insoportables. Se tapó la boca y corrió al baño, amortiguando sus pasos por miedo a despertar a Su-hyung. No sabía qué hora era, pero la oscuridad era profunda. Sin embargo, al caer de rodillas frente al inodoro, lo único que salió fue saliva clara. Solo eran arcadas secas que no se detenían. Su visión se nubló por el esfuerzo constante y sintió que el estómago se le retorcía de dolor. Miró con resentimiento el inodoro, que permanecía impecable al no haber nada que expulsar.

En ese instante, la luz del baño se encendió. Al girarse, entrecerrando los ojos acostumbrados a la penumbra, las lágrimas contenidas en sus grandes ojos rodaron por sus mejillas. Eran lágrimas fisiológicas provocadas por el esfuerzo. Su rostro blanco estaba completamente encendido debido a la presión de las arcadas. Sus ojos estaban empapados, como sumergidos en agua, y su mirada lucía turbia. De la punta de sus largas pestañas colgaban lágrimas de forma lastimera. Sus labios, empapados de saliva, dejaban escapar la humedad de forma desaliñada, revelando su interior rojizo sin defensa alguna.

Su-hyung recorrió lentamente el rostro de So-woo con una mirada intensa. Sentía lástima por su sufrimiento, pero era un rostro que estimulaba sus instintos más crueles. La mirada de Su-hyung descendió por su cuello delgado hasta detenerse en su hombro flaco. Lentamente, levantó la mano para acomodarle la ropa que se había deslizado.

“¿Estás bien?”

“Sí. ¿Te desperté? Lo siento...”

Antes de que So-woo pudiera terminar de hablar, Su-hyung alzó su mano grande. Un aliento débil escapó de entre sus labios entreabiertos.

“Ah, Su-hyung, ah...”

Los dedos largos y gruesos invadieron su boca estrecha sin pedir permiso. El volumen de los dedos llenó el espacio de inmediato. El interior de su boca, caldeado por las náuseas, estaba ardiendo. Su lengua blanda quedó aplastada bajo los dedos gruesos, y la saliva acumulada produjo un sonido húmedo.

“Ah, uuh...”

Con manos temblorosas, So-woo sujetó la muñeca de Su-hyung, pero fue un gesto inútil y lastimero. Sus manos sin fuerza se deslizaron sin siquiera poder empujarlo. Mientras tanto, Su-hyung continuaba moviendo sus dedos. La boca de So-woo era estrecha, caliente y húmeda. El sonido del agua resonó mientras su lengua se movía. Su-hyung observaba hechizado los labios rojos empapados y sus propios dedos invadiéndolos, antes de desviar la mirada. Los ojos de So-woo, distorsionados por las lágrimas, se dirigieron hacia él. En esas pupilas tan dóciles solo había confusión; no se encontraba ni rastro de desconfianza o resistencia. Mirando fijamente esos ojos, Su-hyung hundió sus dedos profundamente. Pudo sentir con claridad cómo su garganta se estrechaba al final. So-woo abrió los ojos de par en par por el dolor físico, se apartó de Su-hyung y bajó la cabeza.

“¡Ugh...!”

Sintió que aquello que lo oprimía y no salía finalmente se liberaba. Aunque lo único que expulsó fue un líquido blanco y viscoso, sintió un alivio inmediato. Se limpió el contorno de los ojos, que se habían inundado de lágrimas por la presión, y al levantar la cabeza vio a Su-hyung. Aunque la garganta le ardía tras el vómito, se esforzó por sonreír. Quería consolar a Su-hyung por el susto, pero se detuvo al ver una expresión inusual en él. Parecía enojado o como si estuviera reprimiendo algo con esfuerzo. Por un instante, el hijo que había criado durante años le resultó extraño ante esa mirada desconocida.

“Su-hyung...”

Su-hyung, que miraba a So-woo con el rostro endurecido, desvió la vista sin decir nada. Al ver que su mirada se alejaba, So-woo sintió una punzada de angustia. Era incomprensible; cómo el niño que había criado desde pequeño podía resultarle tan ajeno en un segundo.

Su-hyung frunció el ceño al mirar el contenido del inodoro. So-woo, que lo observaba con nerviosismo, se tensó también. Creía que solo había expulsado jugos gástricos...

“No mires, es asqueroso.”

Aunque tiró del brazo de Su-hyung, su cuerpo robusto no se movió. Normalmente, Su-hyung siempre hacía lo que él pedía.

“Su-hyung, ¿qué pasa?”

Al tirar de sus hombros anchos, So-woo terminó siendo arrastrado hacia adelante y su mirada cayó por accidente en el inodoro. Allí, donde Su-hyung miraba con el rostro rígido, flotaban pastillas que aún no se habían disuelto. Eran bastantes.

“Eh... Su-hyung, eso es...”

No imaginó que las pastillas saldrían manteniendo su forma. Como se había dormido justo después de tomarlas y despertó por las náuseas, no tuvo tiempo de pensar. Creyó que había pasado bastante tiempo, pero al parecer se despertó casi inmediatamente después de acostarse. No era una o dos pastillas, así que era natural que Su-hyung estuviera sorprendido.

“Es que... eh... sentía que no estaba digiriendo bien. Por eso las tomé hoy.”

Tenía que cambiar de tema antes de que Su-hyung preguntara. No debía permitir que indagara sobre qué clase de medicina era. Su-hyung no podía saber qué estaba tomando. So-woo, preso del pánico, empezó a dar excusas atropelladamente.

“No las tomo normalmente. Solo hoy. Solo hoy porque me sentía un poco mal...”

Soltando un suspiro tan breve que era casi imperceptible, Su-hyung tiró de la cadena y levantó a So-woo sujetándolo del brazo. So-woo, que había estado arrodillado mucho tiempo, se tambaleó por el entumecimiento de sus piernas. Con familiaridad, Su-hyung lo sostuvo entre sus brazos, apoyando firmemente su cuerpo delgado para llevarlo frente al lavabo.

“Enjuágate la boca.”

“...¿Eh? Ah, sí.”

Su-hyung llenó un vaso con agua y se lo entregó; So-woo lo tomó y se enjuagó con lentitud. Quería cepillarse los dientes, pero le resultaba difícil incluso decirlo. Como siempre, So-woo obedeció dócilmente las indicaciones de Su-hyung.

Tras enjuagarse varias veces por la sensación desagradable, Su-hyung le quitó el vaso. De inmediato, una toalla blanca envolvió sus labios húmedos. Tras limpiar meticulosamente la zona de la boca, la toalla mullida se dirigió a sus ojos. El contorno de sus ojos estaba empapado tras haber llorado durante las arcadas. Su-hyung limpió la piel delicada con manos cuidadosas. So-woo, que miraba aquel rostro que seguía estando más alto que el suyo a pesar de que Su-hyung tenía la espalda encorvada, se sonrojó. Por alguna razón, le costaba mirar a Su-hyung a la cara. Quería creer que su rostro encendido era por el vómito. Su mirada errante se detuvo de golpe. Sus ojos se abrieron con sorpresa al fijarse en la entrepierna de Su-hyung.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“…….”

Su-hyung permaneció impasible a pesar de notar la mirada de So-woo. Terminó de secar sus ojos y su nariz hasta dejarlos suaves y luego sostuvo su cuerpo delgado. Aunque So-woo se sobresaltó y trató de retroceder más confundido, Su-hyung lo atrajo hacia sí como si nada para que se apoyara en él. Lo escoltó fuera del baño hacia el dormitorio. La manta estaba tirada en el suelo de cualquier manera tras su huida repentina. Al acostar en la cama aquel cuerpo que seguía rígido por la tensión, sus miradas se cruzaron. Su-hyung no intentó atrapar la mirada de So-woo, que huía con nerviosismo de un lado a otro. Recogió la manta y lo cubrió.

“Duerme.”

Al decir eso mientras acariciaba suavemente su frente redonda, So-woo cerró los ojos con fuerza. Bajo los párpados cerrados, se notaba que sus pupilas seguían moviéndose con confusión. Su-hyung cubrió los párpados con su mano grande y palmeó lentamente su cuerpo delgado. En la casa, donde hacía poco reinaba el caos nocturno, pronto se instaló el silencio de una respiración tranquila.

* * *

So-woo abrió los ojos, que mantenía cerrados, al escuchar el sonido de la puerta principal cerrándose. Desde que Su-hyung era pequeño, las mañanas habían sido momentos de mucha actividad. Prepararle el desayuno cada día, revisar su mochila para que no olvidara nada y despedirse de él mientras salía de casa eran actos que tenían un significado sumamente valioso para So-woo. Y más aún a medida que Su-hyung crecía. Sin embargo, hoy había fingido estar dormido, dejando que se marchara solo. Ser un padre que evita a su hijo por no saber cómo tratarlo... se sentía el peor.

Tumbado, con la mirada perdida, So-woo rememoró la noche anterior. La entrepierna de Su-hyung, que lo sostenía, estaba abultada. No había sido una alucinación. Incluso había podido percibir el feromona de Su-hyung, aunque fuera de forma tenue. Eso significaba que cabía la posibilidad de que Su-hyung también hubiera sentido el suyo. No, era una certeza. Seguramente por eso había tenido esa reacción física. De otro modo, no habría razón para que Su-hyung se excitara frente a él.

“Haaa…”

Lo único que escapaba de su pecho eran suspiros. Rogaba que Su-hyung no se hubiera dado cuenta de su feromona. Deseaba que no intentara indagar en la causa que provocó su cambio físico. Se sentía resentido consigo mismo por no haber podido digerir bien y haber terminado vomitando. Sin los reguladores de feromonas absorbidos en su organismo, Su-hyung había estado a su lado y, para colmo, So-woo había expulsado todo el medicamento. Aunque a sus ojos siguiera pareciendo un niño, Su-hyung era un alfa adulto. Era inevitable que se viera afectado por las feromonas. So-woo se mordió el labio con fuerza.

En medio de todo aquello, ni siquiera sabía cómo se había quedado dormido. ¿Acaso su cuerpo estaba tan agotado que su mente dejó de funcionar? Tal vez el tacto de Su-hyung dándole palmaditas y esa mano cálida cubriendo sus ojos hicieron que toda su tensión se disipara. A pesar de la confusión en su corazón, el sueño lo venció rápidamente. Incluso le pareció haber sentido entre sueños la presencia del feromona del alfa.

Tras suspirar repetidas veces, So-woo se levantó. Al poner un pie fuera de la cama, sintió la ropa interior húmeda. Se debía a que había vomitado todo el regulador la noche anterior y no había vuelto a tomarlo. Aunque era experto en controlar sus feromonas por sí mismo, siempre había casos en los que se filtraban. So-woo tomaba reguladores para evitar tales incidentes; era una cantidad tan grande que rayaba en lo obsesivo. Su-hyung no debía sentir su feromona bajo ninguna circunstancia.

Originalmente, los miembros de una familia unidos por lazos de sangre no podían sentir los feromonas de los demás, aunque fueran personas con rasgo. Si bien era una norma de cortesía y un deber controlar las feromonas ante extraños, entre familiares era algo que jamás se percibía, sin importar cuánto se desataran durante el celo. Por esa razón, So-woo había tomado reguladores constantemente desde que Su-hyung se manifestó como alfa. Eran medicamentos destinados a jóvenes que aún no sabían controlar sus feromonas, pero para So-woo eran vitales. Porque él y Su-hyung no compartían la misma sangre.

So-woo no era familia de sangre de Su-hyung. Sin embargo, Su-hyung creció creyendo que So-woo era el padre omega que lo había traído al mundo, y seguía creyéndolo. So-woo no tenía intención de corregir eso. Era lógico. Aunque no lo hubiera parido, So-woo había sido su padre desde que era muy pequeño. Lo consideraba su propio hijo biológico; incluso dudaba si podría amar tanto a un hijo de su propia sangre si llegara a tenerlo.

A los veinte años —la edad que Su-hyung tenía ahora—, So-woo fue obligado por su tío abuelo a contraer un matrimonio que no deseaba. Había pasado poco tiempo desde que falleció su abuela, quien lo había criado tras perder a sus padres. Era un mundo especialmente duro para un omega. No tenía a quién recurrir. Mientras se sentía abrumado por la incertidumbre de cómo sobrevivir y ni siquiera podía entregarse al duelo, apareció aquel tío abuelo al que apenas había visto un par de veces. Sus ojos aceitosos recorrieron meticulosamente su rostro joven y su cuerpo aún por desarrollar. En aquel entonces, So-woo vestía ropas viejas debido a una vida de pobreza y llevaba el cabello descuidadamente largo. Su tío abuelo lo llevó a cortarse el pelo, le compró ropa nueva y lo condujo ante una mansión que parecía un palacio. Ese fue el comienzo.

“¿Y bien? ¿Le gusta? ¿No es excelente?”

“Bueno. Por el rostro está bien, pero eso de que no tiene educación...”

“Por eso es mejor. ¿Para qué quiere una educación un omega que solo va a cuidar niños en casa?”

“Eso es verdad, pero...”

“Un omega debe ser, ante todo, bonito de cara y con buen cuerpo. Que cuide bien al niño de día y que entretenga a su alfa de noche. ¿No es eso lo que importa?”

Dentro de la mansión a la que fue empujado, se dijeron muchas cosas. Hablaban de él como si fuera un objeto, evaluándolo frente a él como si fuera incapaz de oír. Al recordarlo, comprendía que lo hacían porque sabían que él no podía hacer nada ante su situación. Sea como fuera, su destino quedó sellado allí. No sabía qué recibió su tío abuelo a cambio; solo recordaba que su espalda, mientras se marchaba dejándolo en aquel lugar desconocido, se veía muy animada.

A pesar de todo, So-woo no le guardaba rencor. Gracias a eso, obtuvo al ser más valioso del mundo: su hijo. Al ver a Su-hyung, quien desde el primer encuentro se lanzó a sus brazos sin timidez, el corazón de So-woo latió con fuerza ante la idea de que quizá podría tener la familia con la que siempre había soñado.

Mucho tiempo después se enteraría de que el alfa que se convirtió en su esposo amaba profundamente a otra persona; que su familia, que lo evaluó como si fuera carne de mercado, no aceptaba a esa persona por no ser de rasgo; que, a pesar de todo, ellos dos tuvieron un hijo en secreto. Y que, poco después, la madre biológica de Su-hyung falleció por una enfermedad dejando solo al niño, y que su alfa lo odiaba profundamente por haber ocupado el lugar de su pareja.

Ducharse tras quitarse la ropa húmeda lo hizo sentir un poco mejor. Nada más salir, buscó el regulador de feromonas antes incluso de pensar en comer. La dosis estándar de inhibidores para un adulto era de una pastilla tres veces al día. Sin embargo, So-woo ingirió más de cinco de una sola vez. Tenía pavor de que su feromona se filtrara. A medida que Su-hyung crecía como alfa, So-woo tomaba el medicamento de forma más obsesiva. No quería perder su lugar como padre de Su-hyung. Él era lo único que le quedaba, aunque sabía que ese puesto tenía fecha de caducidad.

Sumado al regulador, tomó también inhibidores, por lo que se sintió lleno y sin apetito. Sabía que debía comer, pero se limitó a quedarse sentado en el sofá. Últimamente, estos momentos eran frecuentes. Una profunda melancolía se había instalado en él ante el hecho de que pronto debería dejar el lado de Su-hyung. La única diferencia hoy era que, en lugar de quedarse sentado llorando como de costumbre, su mente no dejaba de dar vueltas. Cómo tratar a Su-hyung o qué decirle si llegaba a preguntarle algo eran pensamientos que lo abrumaban.

Mientras soltaba un suspiro más, algo cayó sobre el dorso de su mano. Una gota de sangre roja, seguida de otra. So-woo, sin entrar en pánico, sacó un pañuelo y lo puso bajo su nariz. Las hemorragias nasales eran habituales. Habían empezado a ser tan frecuentes que ya parecían parte de su rutina diaria. Lo único molesto era que la sangre no se detenía con facilidad. Al principio paraba pronto, pero últimamente persistía durante mucho tiempo. Al levantarse presionando su nariz, sintió que el mundo le daba vueltas. Frunciendo el ceño por el mareo, se sujetó la cabeza y volvió a sentarse para estabilizarse.

Cuando el mareo remitió un poco, So-woo entró en la habitación y abrió una cómoda. Allí guardaba los medicamentos, incluidos los reguladores e inhibidores. Su mano, moviéndose con familiaridad, tomó una caja cuadrada. Era un gel que le habían recetado en el hospital porque su sangre no coagulaba bien; al aplicarlo en la mucosa nasal, la hemorragia se detenía de inmediato. Sin embargo, la caja estaba vacía.

“Ah…”

Recordó entonces que se le había terminado hace unos días. Suspirando levemente, revisó el interior del cajón. Agitó los botes de los reguladores e inhibidores; no era una urgencia inmediata, pero tendría que ir pronto al hospital por más. Se levantó y, frente al espejo, se limpió meticulosamente bajo la nariz. No servía de mucho, pues la sangre brotaba de nuevo al instante, pero aun así se limpió con un pañuelo nuevo y se cambió de ropa.

Caminar hasta el hospital con este calor ya lo hacía sentir agotado de antemano. Los abuelos de Su-hyung, dueños de una fortuna inmensa, no escatimaban con su nieto, pero eran sumamente crueles con So-woo. Al no ser el padre biológico, quizá era de esperar. So-woo simplemente agradecía poder estar al lado de Su-hyung y verlo crecer. Él no tocaba ni un céntimo del dinero que se depositaba mensualmente para los gastos de Su-hyung; jamás lo consideró suyo. Por eso, cuando no estaba con Su-hyung, se privaba de lo que quería comer o hacer, y caminaba largas distancias. Estaba acostumbrado, así que no le resultaba difícil.

Nada más cruzar el portón, lo golpeó un calor sofocante. Era una estación en la que el aire se sentía pesado incluso sin moverse. Tras limpiarse una vez más la sangre que seguía fluyendo poco a poco, So-woo empezó a caminar. A su ritmo lento, llegaría al hospital en una hora. Solo esperaba que la hemorragia se detuviera durante el trayecto.

* * *

"Han So-woo."

"Sí."

Cuando el sudor comenzaba a secarse bajo el viento frío del aire acondicionado, llamaron su nombre. So-woo asintió levemente hacia la enfermera que lo llamó y se dirigió al consultorio. La enfermera ya se había acostumbrado a las miradas que lo seguían, pues cuando So-woo visitó el hospital por primera vez, incluso el personal se había alborotado. Al ver a la gente incapaz de apartar sus ojos de él, la enfermera suspiró en secreto pensando que ser tan guapo debía de ser agotador, y entró tras él al consultorio.

"Ah, So-woo."

"Hola."

Nada más entrar, el médico vestido con su bata blanca saludó a So-woo. Su voz denotaba una alegría genuina por verlo. Ya era su enésima visita; como los intervalos entre citas se acortaban cada vez más, este médico era probablemente la persona a la que So-woo veía más a menudo después de Su-hyung. En la placa sobre el escritorio se leía: 'Especialista en Medicina Interna, Kang Jin-hyuk'.

"¿Sangraste por la nariz otra vez?"

Jin-hyuk preguntó incluso antes de que So-woo llegara a sentarse. El médico lo miraba con ojos llenos de preocupación mientras So-woo respondía con una sonrisa tímida.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

"Hoy estás especialmente pálido."

"……."

"¿Tampoco hoy se detuvo la sangre con facilidad?"

"Sí…. Es que, se me acabó el medicamento."

"¿Tan pronto?"

Ante la pregunta sorprendida, So-woo se mordió el labio y bajó la cabeza, dejando ver su cuello delgado. Era un hombre que ya de por sí era menudo, pero cada vez que lo veía parecía más demacrado. El médico sintió ganas de soltar una advertencia severa, pero al ver ese rostro que parecía estar esperando un regaño, contuvo el suspiro.

"Vaya, si tu rostro ya era blanco, ahora parece papel. ¿Acaso no has comido nada de nada?"

Jin-hyuk bromeó frunciendo el ceño de forma juguetona, logrando que So-woo soltara una pequeña risa. Su voz grave pero animada solía ganarse el afecto de la gente con facilidad.

"¿Eh? ¿Por qué te ríes? ¿Te hace gracia la preocupación de tu médico?"

"Es que parece mi abuela."

"¿Tu abuela?"

"Sí. Mi abuela siempre decía lo mismo."

Una sonrisa suave se instaló en los labios de So-woo. A diferencia de su rigidez habitual, su rostro lucía relajado. Jin-hyuk se quedó observando ese rostro sereno por un instante antes de volver en sí; a veces perdía el hilo al mirar a este paciente.

"Así que te criaste con tu abuela."

"Sí."

Jin-hyuk le devolvió la sonrisa y, mientras continuaba la charla, sacó un algodón con alcohol. Limpió la sangre seca de la mucosa y aplicó ungüento en la piel irritada por el constante roce de los pañuelos. Al requerir un toque delicado, la distancia entre ambos se acortó. A pesar de su apariencia calmada, Jin-hyuk se esforzaba al máximo por concentrarse únicamente en la herida.

"Qué envidia. Mi abuela falleció cuando yo era muy joven."

"Ah…. Lo, lo siento…."

"Está bien. No tienes que disculparte por eso."

"… Aun así."

"¿No te dicen a menudo que eres demasiado bueno para tu propio bien?"

"……."

Jin-hyuk rió y calentó el cabezal del estetoscopio con su mano por un momento.

"Voy a auscultarte."

El estetoscopio que se deslizó bajo la fina camiseta estaba tan cálido como su mano. Jin-hyuk siempre era amable; era un tipo de cortesía sutil que quizás practicaba sin darse cuenta. Esa era la razón por la que So-woo, quien a menudo se sentía incómodo en los hospitales por ser omega, prefería viajar largas distancias para venir aquí. Tras terminar rápidamente, el médico desvió la vista hacia el monitor para darle tiempo a So-woo de arreglarse la ropa.

"¿Has sentido alguna otra molestia?"

"No. Ah, ayer tuve vómitos……."

"¿Vómitos? ¿Por qué sería? ¿Comiste demasiado?"

Preguntó en tono de broma, aunque sus ojos reflejaban inquietud.

"No. Solo…. me desperté en la noche y pasó."

"¿Todo lo que comiste?"

Preguntó Jin-hyuk haciendo un gesto exagerado con la mano sobre la boca. So-woo soltó una risita y negó con la cabeza.

"No, solo…, la medicina."

"¿La medicina?"

Al mencionar que había vomitado las pastillas, So-woo se sintió como un estudiante siendo castigado. Jin-hyuk le había advertido constantemente sobre el exceso de reguladores. Si no reducía la dosis, era únicamente por su propio deseo egoísta.

Evitó la mirada del médico y suspiró. Falta poco. Cuando se alejara de Su-hyung, ya no tendría que tomar reguladores de esta manera. Solo tenía que aguantar hasta entonces.

"So-woo, sabes que esto no es bueno para ti aunque yo no te lo diga, ¿verdad?"

"Sí…."

"No tengo una razón legal para negarme a recetártelos si me los pides. Si no te los doy yo, irás a otro lado de todos modos."

Dijo Jin-hyuk con sinceridad. So-woo se mordió el labio y bajó la cabeza. Le resultaba extraño, pero a la vez reconfortante, que alguien se preocupara tanto por él.

"Te los daré, pero por favor, intenta reducir la cantidad. ¿Sí?"

"… Sí."

"Aunque sé que no lo harás, al menos ten en cuenta cómo me siento yo al tener que dártelos."

"……."

"No es bueno para el estómago, así que asegúrate de comer bien antes de tomarlos. Si tomas tantas pastillas con el estómago vacío, te lo vas a destrozar. ¿Entendido?"

"Sí."

Aunque respondía obedientemente con sus bonitos labios, So-woo guardaba silencio en cuanto se sentía acorralado. Jin-hyuk sabía que, bajo esa apariencia dócil, So-woo tenía una voluntad de hierro; el hecho de que siguiera tomando esa medicación a pesar de las advertencias médicas era prueba de ello. Al mismo tiempo, ver cómo buscaba su aprobación como un niño que sabe que ha hecho algo malo lo hacía parecer dócil. Era un paciente que Jin-hyuk no podía evitar cuidar, independientemente de que, últimamente, también le interesara como hombre.

"Ponte un suero antes de irte. Para que recuperes algo de energía, ¿vale?"

"Sí, gracias."

So-woo asintió sonriendo y salió del consultorio guiado por la enfermera. Jin-hyuk observó su espalda delgada y soltó un largo suspiro. No conocía las razones exactas; solo sabía que tomaba reguladores e inhibidores de forma compulsiva y que su cuerpo estaba pagando las consecuencias de años de abuso.

Como médico, había intentado advertirle y persuadirle, pero So-woo no se detenía. Una vez, cuando se negó a darle la receta, So-woo simplemente asintió y se fue; meses después, volvió en un estado aún peor. Sin duda había ido a otro hospital, y no todos los médicos se preocupaban por sus pacientes. Jin-hyuk odiaba imaginar qué pasaría si seguía tomando fármacos tan fuertes en exceso. Lo único que podía hacer era buscar las marcas más suaves que mejor le sentaran.

Aun así, los efectos secundarios persistían: hemorragias nasales frecuentes y mareos tras el suero en la sala de recuperación. Llevaba más de diez años con este régimen; era un milagro que su cuerpo siguiera resistiendo.

En realidad, había una solución definitiva para todos sus males: feromonas de alfa. Si recibiera suficientes feromonas de un alfa, los síntomas de su frágil cuerpo se resolverían. Quizás no de inmediato, pero una exposición constante le devolvería la salud.

El problema era que recibir feromonas implicaba intimidad sexual. Aunque era posible recibirlas sin sexo, la efectividad era abismalmente diferente. Además, socialmente, el intercambio de feromonas se consideraba un acto privado entre parejas vinculadas. En emergencias se usaban feromonas artificiales, pero no servían para tratamientos a largo plazo.

Médicamente, la solución era una relación con un alfa. Pero que alguien que tomaba bloqueadores de forma obsesiva buscara curarse mediante el sexo con un alfa era una contradicción. Jin-hyuk no sabía su historia, pero estaba claro que So-woo no tenía pareja ni intención de tenerla.

'Si yo fuera un alfa….'

El pensamiento cruzó su mente y Jin-hyuk sacudió la cabeza para espantarlo. A veces, al mirar a So-woo, se perdía en fantasías absurdas. Se reajustó en su asiento. No iba a negar que le atraía So-woo como hombre; Jin-hyuk solía ser directo con sus sentimientos. Pero con So-woo siempre había una excepción. Su promesa de no involucrarse emocionalmente con pacientes ya se estaba tambaleando. Sin embargo, sentía que acercarse románticamente a un omega que, por alguna razón, evitaba a los alfas a toda costa, sería casi un pecado. Jin-hyuk se esforzaba por tratarlo solo como paciente, aunque no estaba seguro de cuánto tiempo más podría resistir.

* * *

Puede que solo fuera su imaginación, pero tras recibir el suero, So-woo sintió el cuerpo mucho más ligero. Quizás se debía a la corta pero dulce siesta que había tomado mientras le administraban el líquido. So-woo se dirigió a casa sintiéndose un poco mejor. Aún no sabía cómo tratar a Su-hyung, pero no era algo que pudiera evitar para siempre. Lo bueno era que hoy Su-hyung tenía planes hasta tarde. Su-hyung siempre le avisaba de su horario con antelación y compartía su rutina al final del día. Por eso, incluso sin preguntar, So-woo conocía sus planes de forma natural. Hoy era el día de la reunión del club de Su-hyung.

“Ya llegué.”

“¿Eh…?”

So-woo se preguntó por un momento si se había dejado las luces encendidas al salir, pero Su-hyung estaba dentro de la casa. Él lo recibió con su apariencia habitual.

“¿Viniste caminando otra vez? Hace calor hoy.”

Al ver las gotas de sudor en la frente blanca de So-woo, Su-hyung puso una cara de preocupación. Tomó la bolsa de papel que So-woo sostenía y lo guio tomándolo de su brazo delgado. So-woo, sorprendido por la inesperada aparición de Su-hyung, se encontró de pronto sentado en el sofá recibiendo un vaso de agua fría.

“Te dije que no caminaras y tomaras un taxi si era posible. O que me llamaras.”

“…….”

“¿No confías en mí porque soy principiante? ¿Es mejor que te dé un golpe de calor antes que subir a mi auto?”

La forma en que Su-hyung soltaba sus preocupaciones como si se quejara era la misma de siempre. Solo entonces So-woo pudo relajarse y sonreír. Al parecer, todo habían sido conjeturas suyas.

“Está bien. No caminé mucho.”

Sus ojos redondos y suaves finalmente lo miraron y sonrieron. Era una persona fácil de leer. Su-hyung se sentó al lado de So-woo y tomó el vaso de agua medio vacío. Del cuerpo que debía estar sudado solo emanaba un aroma dulce y refrescante. Su-hyung se inclinó hacia So-woo y hundió la nariz en su suave cabello.

“Pero, ¿por qué viniste tan temprano? ¿No tenías una reunión hoy?”

“Se pospuso para la próxima. Los horarios de todos no coincidían.”

So-woo no necesitaba saber el hecho de que Su-hyung había faltado unilateralmente. De todos modos, era una reunión creada por Su-hyung. Nadie podía decirle nada aunque faltara sin avisar y no respondiera las llamadas. Después de todo, en ese club solo había chicos que querían mantener una relación con Su-hyung. Era una de esas cosas triviales con las que había lidiado desde pequeño.

Hacer cosas triviales y aburridas era solo porque So-woo lo deseaba. So-woo quería que Su-hyung tuviera una vida escolar normal y se llevara bien con sus amigos, y cuando él le contaba esas historias, los ojos de So-woo brillaban de alegría. Por eso, Su-hyung hacía lo que So-woo quería. No era algo difícil. Aunque en realidad, quería estar con So-woo todo el día.

A Su-hyung le gustaba que So-woo recordara su rutina diaria. Quería que él supiera qué estaba haciendo en ese momento, incluso sin estar en contacto. Deseaba que So-woo pensara en él de la misma forma en que él pensaba en So-woo. Deseaba que la forma de sus corazones fuera la misma. No, incluso si no tenían la misma forma, quería que estuviera a su lado de la manera que él deseaba. Y tenía la certeza de que así sería. Su-hyung no tenía intención de aguantar más.

“¿Ah, sí? Debe haber sido una pena.”

“Es mucho mejor estar así.”

Su-hyung, encogiendo su gran cuerpo para apoyar la cabeza en el hombro frágil, estiró sus largos brazos y abrazó la cintura de So-woo. La cintura envuelta por sus dos brazos era excesivamente delgada.

“Vaya, ¿qué voy a hacer si sigues así? Ya debería gustarte más jugar con tus amigos.”

La caricia que acariciaba la cabeza apoyada en él era suave. Aunque lo dijo como si lo regañara, la cara de So-woo debía estar llena de sonrisas. Su-hyung sabía que a So-woo le gustaba cuando él actuaba como un niño que todavía necesitaba el toque de sus padres. ¿Acaso encontraba así su razón de ser? No importaba lo que fuera. Que So-woo sintiera un fuerte instinto paternal hacia él era algo bueno. Cualquier medio que pudiera atarlo a él estaba bien.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Al girar ligeramente la cabeza apoyada en el hombro, su nariz rozó la nuca. Piel suave y tierna. Si pusiera los labios y succionara, pronto quedaría una marca roja. La piel de So-woo dejaba marcas con especial facilidad. Su-hyung, oliendo el aroma dulce que emanaba sutilmente, acarició el vientre delgado con la mano que lo abrazaba. Al acariciar suavemente el vientre plano y delgado, So-woo soltó una carcajada.

“Me da cosquillas.”

A Su-hyung le gustaba ver a So-woo reír. La suave curva de sus labios al subir, sus mejillas rosadas con color y sus ojos suaves que se curvaban en círculos. Cuando era pequeño, se sentía orgulloso con la arrogancia de que él era el único que podía darle esa sonrisa. Parece que ese pensamiento infantil sigue siendo el mismo.

“Come mucho. ¿Por qué estás tan delgado?”

La mano grande que entró bajo la camiseta tocó la piel tierna. Fue una caricia con un propósito secreto, pero So-woo lo tomó como el mismo mimo de siempre. So-woo retorció la cintura con una risa aún mayor.

“Ah, te digo que me da cosquillas, je, je.”

Su-hyung sintió las costillas delgadas. Mientras So-woo se retorcía, la mano de Su-hyung sostenía el costado de su caja torácica delgada. Era un cuerpo tan fino que si lo agarraba con las dos manos, las puntas de sus dedos casi se tocarían. Si giraba un poco el pulgar, podría tocar el pezón que sobresalía. ¿Qué cara pondría si lo hiciera rodar bajo su dedo? ¿Tendría un color tan bonito como sus labios, que siempre estaban rojos sin necesidad de pintarlos? Como cuando era pequeño, si se metiera eso que parece una fruta en la boca como si buscara leche. Su-hyung reprimió el impulso mientras olía el aroma de So-woo.

So-woo, que se reía mientras giraba el cuerpo por las cosquillas, finalmente logró contener la risa. Solo entonces comenzó a ser consciente de Su-hyung, que estaba abrazado a él. En realidad, So-woo estaba atrapado en los brazos de Su-hyung, pero debido al contacto físico que había continuado desde que Su-hyung era muy pequeño, So-woo no notó nada diferente.

A menudo se veía hundido en el sofá, empujado por Su-hyung, quien lo abrazaba con su gran tamaño. Era la apariencia de siempre, pero ¿será que de repente se volvió consciente debido al incidente de la noche anterior? Se dio cuenta de la mano que sostenía su pecho y de la camiseta que estaba levantada más de la mitad, envuelta por el brazo grande.

“¿Yo estaba aquí dentro?”

“… ¿Eh?”

La mano grande acarició lentamente el vientre delgado en círculos. ¿Será porque era un toque excesivamente lento? Por alguna razón, sentía que su cuerpo se ponía rígido y, al mismo tiempo, que se relajaba lánguidamente. Parecía que el vello de su nuca se erizaba.

“Aquí dentro…”

“…….”

“¿Es tan estrecho?”

La mano que se detuvo sobre el vientre tanteó como si midiera algo. La mano que tanteaba sobre el bajo vientre subió pasando por el ombligo. La mano que se detuvo en cierto punto comenzó a trazar círculos del tamaño de un puño con la punta de los dedos.

“Como este lugar es tan estrecho.”

“…….”

“¿Cómo me llevaste dentro?”

La voz baja susurró al oído. Al no subir el tono al final, So-woo no sabía si era una pregunta que esperaba respuesta. So-woo ya tenía dificultades para respirar con normalidad.

“¿Eh?”

Nuevamente, la voz baja resonó en su oído. ¿Sería una ilusión creada por la tensión sentir que los labios húmedos tocaron el lóbulo de su oreja? No sabía qué decir. Porque So-woo nunca había llevado a Su-hyung en su vientre. Si esto era algo que decía porque se había dado cuenta de algo…….

“Su-hyung…”

Al girar la cabeza, que de alguna manera parecía crujir, la mirada de Su-hyung chocó de inmediato. Su-hyung miraba a So-woo con una sonrisa radiante.

“Por eso, te digo que comas mucho.”

Su-hyung, que levantó y sentó el cuerpo que estaba casi acostado, arregló la ropa de So-woo. La camiseta cubrió el vientre blanco que estaba al descubierto y la clavícula que se asomaba también desapareció bajo la ropa.

“No me digas solo a mí que coma mucho.”

“Sí… entiendo.”

Ante la respuesta torpe de So-woo, Su-hyung levantó la voz a propósito.

“Dicen que a los 30 a todos les sale barriga.”

“¿Qué?”

“Pero, ¿por qué nuestro señor Han So-woo está tan delgado?”

“¿Quieres que me salga barriga?”

“Mmm… ¿eso no sería demasiado como un señor mayor?…….”

Aunque a él no le importaba en absoluto.

So-woo, que finalmente recuperó la sonrisa ante la apariencia habitual de Su-hyung, negó con la cabeza y sonrió. Era porque estaba excesivamente sensible. ¿Sería porque el estrés por lo de la noche anterior fue grande? Solo tenía que tomarse bien las medicinas de ahora en adelante.

“Está bien. Comeré mucho de ahora en adelante. Tendré que comer mucho para que me salga barriga.”

So-woo, que habló riendo, palmeó el brazo de Su-hyung y se levantó. Su-hyung, que miraba la espalda de So-woo mientras este entraba a su habitación con la bolsa de papel, soltó un suspiro inaudible con una cara en la que la sonrisa ya había desaparecido. Su mirada de desaprobación se dirigía a la bolsa de papel.

Después de comer, se sentaron juntos con la televisión encendida y comieron fruta pelada. Desde hace algún tiempo, pelar fruta era tarea de Su-hyung. Recordándolo, parece que fue después de que So-woo se cortara la mano con el cuchillo y viera sangre. Mientras reían y charlaban viendo programas de variedades, Su-hyung le ponía fruta en la boca. Entonces, So-woo también le ponía fruta en la boca a Su-hyung, quien sostenía la fruta y el cuchillo. Era un tiempo cómodo y cotidiano.

Por insistencia de Su-hyung, quien incluso terminó de lavar los platos, salieron a caminar por la noche. El destino era el parque del lago cerca de la casa. Tardaban aproximadamente una hora en dar una vuelta al parque que rodeaba el lago. Los dos caminaron lentamente disfrutando del aire fresco de la noche de verano. El barrio donde habían vivido desde que el padre alfa de Su-hyung estaba vivo, cuando Su-hyung era muy pequeño, era familiar y cómodo para todo. Al ver a familias que salían a caminar con niños pequeños, también recordaba la infancia de Su-hyung. Mientras caminaban conversando de esto y aquello, pronto pasó una hora. Sintiendo una pena innecesaria, sus pasos se volvieron lentos sin darse cuenta, y Su-hyung lo guio a una heladería diciendo que tenía sed. El helado que compartieron sentados en la terraza exterior era el sabor a cereza que le gustaba a So-woo.

So-woo, que salió después de ducharse, se sirvió un vaso de agua. Al otro lado de la puerta cerrada de la habitación de Su-hyung, que parecía estar durmiendo, no se oía ningún sonido. Se dirigió a su habitación de puntillas y cerró la puerta silenciosamente. En momentos como este, por alguna razón, se sentía como si estuviera cometiendo un pecado. So-woo, soltando un bajo suspiro, abrió lentamente la cómoda.

El interior de la cómoda estaba lleno de medicinas recibidas en el hospital. Entre los frascos de medicina ordenados pulcramente, sacó el regulador de feromonas. No hubo ni un momento de vacilación en el gesto de inclinar el frasco para sacar la medicina. Sabía mejor que nadie que debía reducir la dosis. Como era su propio cuerpo, no había forma de que no lo supiera. Se cansaba fácilmente y se enfermaba a menudo. También sangraba por la nariz con frecuencia. Cuando llegaba el celo, durante el cual incluso tomaba supresores de celo, a menudo perdía el conocimiento. Aun así, la expresión de So-woo al tragar la medicina era firme. Como había obtenido a Su-hyung, valía la pena soportarlo. No, era algo que ni siquiera se podía comparar.

El padre alfa de Su-hyung, es decir, el esposo de So-woo, era una persona fría. Nunca le dio una mirada cálida ni un toque cariñoso. So-woo, que se casó como si fuera vendido a un padre soltero con un niño de 3 años a la temprana edad de veinte, sintió que ese esposo era más cruel que el tío abuelo que lo vendió. Aunque fue un matrimonio que él tampoco deseaba, tal vez tenía una ligera expectativa de tener una familia. Fue en un momento en que se sentía solo en el mundo después de que su abuela falleciera.

Sin embargo, al enterarse de que el esposo no era un padre soltero, sino que tenía a alguien a quien amaba aparte, y que esa persona perdió el sentido de la vida después de fallecer por una enfermedad, sintió que su existencia era pecaminosa. Como era alguien que ocupó el lugar de su pareja, lo habría odiado mucho. So-woo, que es suave y tierno por naturaleza, sintió que ese hecho era lo más difícil. Que sus padres le dieran más trabajo que a los empleados y no dudaran en decir palabras insultantes era algo insignificante. Porque, desde el principio, no era su lugar.

Lo único que lo hizo aguantar esos tiempos fue la existencia de Su-hyung. Un niño que vino a sus brazos sonriendo desde la primera vez que se vieron. El padre biológico de Su-hyung, que parecía solo una cáscara tras perder a su pareja, también fue indiferente con su hijo. Antes de que Su-hyung se manifestara. Incluso los abuelos de Su-hyung pensaron que Su-hyung, el hijo de una beta, no podía ser un ser con rasgo. Por eso, no le dieron mucho afecto a Su-hyung y solo esperaban que So-woo diera a luz a un niño con rasgo.

Aunque no habló hasta los tres años, nadie le prestó atención, lo que preocupó a los empleados. Su-hyung soltó su primera palabra con el término 'papá'. Ese llamado fue dirigido a So-woo. Al ver a Su-hyung acercarse llamándolo 'papá', So-woo pensó que todo lo demás no importaba. Juró que se convertiría en un verdadero padre para él, y que tal vez lo amaría más que a sí mismo.

Sin embargo, los abuelos de Su-hyung actuaron como si estuvieran probando hasta dónde aguantaba So-woo. Parecían personas que habían apostado a ver quién escuchaba primero las palabras ‘no puedo más’. ¿Qué era lo que les disgustaba tanto? Ellos, que consideraban un orgullo a su hijo alfa dominante, querían una nuera con rasgo. Pero los rumores corrían rápido en ese mundo. Las propuestas de matrimonio que podían elegir desaparecieron como mentiras, y los vínculos matrimoniales que esperaban más que a una nuera con rasgo desaparecieron como un sueño de una noche de verano.

Aun así, no pudieron renunciar a una nuera con rasgo y trajeron a So-woo. Incluso esto fue algo que pudieron proponer solo después de que la madre biológica de Su-hyung muriera. Un padre soltero con un niño de tres años. Como era difícil esperar un buen matrimonio, no tuvieron más remedio que aceptar a So-woo, aunque no les gustaba.

En realidad, un omega dominante tan limpio como So-woo no era común. Si no hubiera sido por ese estúpido tío abuelo que vendió a su sobrino a precio de ganga y se alegró sin saberlo, So-woo habría podido negociar a su manera. El hecho de que lo maltrataran mostrando deliberadamente que no les gustaba fue porque sabían eso. Aun así, el desprecio de qué podrías hacer tú que no tienes padres ni hermanos. El menosprecio de que debías estar agradecido por entrar en esta familia con tu posición social.

Incluso mirándolo de reojo, el omega de veinte años que era blanco y tenía mejillas regordetas había perdido la vitalidad y se había marchitado en unos pocos años. Tal vez para So-woo, el desprecio del esposo fue más difícil que el acoso de los suegros en ese momento. Un omega era un ser feliz solo si recibía el amor de su alfa. Aunque fue de una manera no deseada, después de que incluso la ligera emoción de tener a su pareja fuera desechada en un instante, So-woo comenzó a secarse por la soledad.

Después de soportar solo su primer celo al llegar a la mayoría de edad, So-woo comenzó a tomar supresores. El supresor fue entregado a través de un empleado por el esposo, quien también soportaba su rut con medicina. En ese momento, lo que hizo aguantar a So-woo fue únicamente Su-hyung. Así, los dos se convirtieron en el único apoyo el uno para el otro.

“Haah….”

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

So-woo, que tragó la pastilla, exhaló lentamente. Era algo tan familiar como respirar, pero tomar la medicina era difícil cada vez. Era porque su garganta era inusualmente estrecha y le costaba tragar las pastillas. Tras dejar el vaso sobre la cómoda, se sentó de golpe sobre la cama mullida. So-woo, que hizo una mueca de dolor mientras se tocaba el cuello donde quedaba una sensación de cuerpo extraño, soltó lentamente el nudo de su bata.

La mano que sostenía su cuello se deslizó hacia abajo. La mano blanca y fina se detuvo sobre el vientre también blanco y delgado. Trazó círculos con la mano como hacía Su-hyung.

¿Estaré demasiado delgado…?

No lo sabía porque no se había pesado, pero parecía que había perdido más peso últimamente. Parecía que la causa era el estrés. Era una situación en la que no podía no haber estrés. Se consoló a sí mismo pensando que estaba aguantando bien considerando la situación actual.

Fuu, So-woo, soltando un suspiro, manoseó su vientre delgado. Mientras frotaba suavemente el vientre trazando un círculo amplio, se detuvo de repente. Desde el bajo vientre, hasta arriba del ombligo…….

Manoseó lentamente el lugar que Su-hyung tanteaba como si midiera algo. Mientras manoseaba con la punta de los dedos sobre su vientre delgado, sintió que su parte inferior se mojaba junto con una sensación extrañamente excitante.

“Ah…. Por qué….”

Se mordió el labio ante una reacción física que ni él mismo entendía. Su mirada, que se dispersaba confusa, se detuvo en la puerta de la habitación firmemente cerrada.

Como está durmiendo…. En silencio….

So-woo, soltando un suspiro bajo como si se hubiera decidido, agarró lentamente su pene medio erecto. Era la primera vez en mucho tiempo que tocaba su propio cuerpo con esa intención. So-woo comenzó una masturbación torpe. Al mover suavemente hacia arriba y hacia abajo la mano blanca que sostenía su pene, se extendió un placer punzante. Al frotar con la punta del dedo el extremo rosado donde empezaba a formarse un líquido claro, se extendió una sensación punzante como si fluyera una corriente eléctrica.

“¡Hic…!”

Al mismo tiempo que se le escapaba un gemido del que no se dio cuenta, So-woo se tapó la boca y miró la puerta. Aun así, no detuvo el movimiento de su mano. Pronto, en la habitación resonó el ruido viscoso del líquido pegajoso frotándose.

“Uh, je….”

So-woo, que se acostó en la cama y dobló las piernas, movió rápidamente la mano que sostenía su pene. La otra mano tocaba su pezón. El pezón, que nunca había cumplido su función, era pequeño. Aunque pellizcara y rodara algo tan pequeñito, no había ninguna sensación especial. So-woo volvió a agarrar su pene con las dos manos. So-woo, que giró la cabeza a un lado y hundió la cara entre las mantas, soltó una respiración agitada. No mucho después, detuvo la respiración y retorció la cintura como si hubiera llegado al límite.

“¡Haa…!”

Entre sus dedos blancos y finos fluyó un moco blanquecino. Fue una gran cantidad, como si demostrara que había pasado mucho tiempo. Sus manos y pies temblaban tanto por el placer extendido por todo su cuerpo. Se quedó acostado así por un buen rato sin poder moverse. Tras recuperar finalmente el sentido y levantar la mano, el semen pegajoso estaba pegado en sus dos manos.

“Haah….”

Pero con esto solo no era suficiente. Aunque no se había masturbado mucho, sabía que no podía aliviarse así. Era una sensación instintiva. Se sintió frustrado como si estuviera atado en algún lugar ante una sensación que parecía alcanzar pero no alcanzaba. So-woo, que vacilaba, bajó lentamente la mano hacia su entrada. La mano temblorosa tocó la entrada que se estremecía.

No era la primera vez que tocaba este lugar por sí mismo. Pero como tampoco era algo frecuente, So-woo se sintió innecesariamente tenso como un niño que comete una travesura. Sintió los pliegues de la entrada en las yemas de sus dedos temblorosos. El semen pegado en su mano se frotó en los pliegues. Era un lugar que, aunque era su propio cuerpo, nunca había visto directamente. ¿Cómo sería ese lugar cubierto de moco opaco? Los pliegues apretados estaban cerrados estrechamente como si no permitieran la entrada de nada.

Trató de relajarse exhalando lentamente. Por alguna razón, las plantas de sus pies sentían cosquillas. Todo su cuerpo estaba caliente por el calor que subía. La punta de su dedo, que vaciló por un largo tiempo mientras temblaba, finalmente se adentró en la estrecha grieta como si se hubiera decidido.

“¡Ah…!”

No era tarea fácil adentrarse en ese lugar firmemente cerrado. Fue suficiente para que la punta del dedo muy roja desapareciera un poco, pero más que eso era imposible. Fue solo aproximadamente una falange del dedo, pero el dolor fue grande. No tenía confianza para soportar este dolor e intentar avanzar más. So-woo, que gemía mordiéndose el labio, finalmente sacó la mano.

“Haah….”

Se le fue la fuerza de todo el cuerpo. No había hecho nada correctamente, pero sentía que todo su cuerpo estaba agotado. ¿Será porque estaba muy tenso? So-woo, que estaba acostado con todo el cuerpo relajado, levantó la mano. El dedo mojado con semen brillaba. So-woo, mirando fijamente la punta del dedo medio que había intentado adentrarse en su cuerpo, soltó un suspiro y se cubrió los ojos con el brazo. El pene, que había vuelto a acumular calor mientras tocaba la entrada tras la eyaculación, ya había perdido fuerza y vuelto a su apariencia original. Fue un sentimiento extraño sentirse patético y, al mismo tiempo, aliviado por llegar a ese estado con solo eso.

So-woo pensaba que él mismo tenía poco deseo sexual. ¿No sería que no tenía ninguno, en lugar de un nivel bajo? Porque un omega, que es vulnerable a las feromonas y al que le llega periódicamente el ciclo de celo, es decir, la época de celo, ha vivido toda su vida sin pareja. Por supuesto, recibe la ayuda de supresores durante el celo, pero escuchó que hay muchos que sufren por el calor del celo a pesar de eso. Sin embargo, para So-woo, si tomaba el supresor, su cuerpo se volvía más torpe y pesado de lo normal, pero pasaba igual que siempre. Aparte de cosas como sangrar por la nariz o perder el conocimiento por debilitarse físicamente.

Pensaba que era una suerte ser así. Porque si hubiera sido vulnerable a las feromonas como cualquier persona con rasgo, los innumerables días que tuvo que soportar solo habrían sido terriblemente dolorosos.

So-woo, que estuvo acostado sin moverse por un buen rato, levantó lentamente el cuerpo. Sentía que si seguía acostado por estar agotado, se quedaría dormido así. Tras limpiarse la mano, todavía con semen, en su bata, se levantó dando fuerza a sus piernas temblorosas. Estiró la mano hacia el vaso de agua sobre la cómoda vacía. Al ver el vaso, sintió una sed terrible. Caminó sosteniendo el vaso en la mano.

Click-

Al abrir la puerta y salir, el aire frío tocó su piel, a diferencia del interior de la habitación que estaba lleno de calor. So-woo, sintiéndose mucho mejor por la sensación fresca que tocaba su piel, se dirigió a la cocina aminorando sus pasos por consideración a Su-hyung, que estaría durmiendo. Incluso en la cocina oscura porque no encendió la luz, encontró familiarmente el purificador de agua y sirvió agua. Bebió mojándose la garganta con el vaso lleno de agua que se mecía. So-woo, que volvió a llenar el vaso medio vacío, se dirigió a su habitación.

A diferencia de la cocina oscura, la sala de estar que tenía un gran ventanal al frente estaba tenuemente iluminada por la luz de la luna. So-woo, que caminaba sin pensar, se detuvo de repente. Alguien estaba sentado en un lado del sofá de la sala de estar que estaba oscuro porque no entraba luz. Era Su-hyung.

De por sí estaba en un estado sin fuerzas en todo el cuerpo. El vaso de agua que se le cayó de la mano al sorprendido So-woo se rompió con un sonido de tintineo. El agua fría que había llenado cubrió su empeine delgado que brillaba blanco bajo la luz de la luna.

“¡Ah…!”

Tan pronto como se rompió el vaso, Su-hyung se acercó a grandes pasos y se arrodilló frente a So-woo. Una mano caliente agarró de repente el tobillo de So-woo, quien intentaba retroceder sin darse cuenta ante la enorme figura que se acercó frente a él en un instante.

“Quieto.”

El tobillo fino quedó envuelto por una mano. Su-hyung, que detuvo a So-woo quien intentaba moverse precipitadamente, soltó lentamente el tobillo. Quedó un calor ardiente en el tobillo que se había enfriado con el aire frío.

“Te lastimarás. Quédate así.”

Su-hyung recogió los trozos de vidrio esparcidos por el suelo y los empujó a un lado. Las cosas visibles se habían ordenado más o menos, pero todavía quedarían fragmentos pequeños. Tras mirar a su alrededor, tomó pañuelos desechables que estaban sobre la mesa del sofá. Primero, comenzó a limpiar el agua que mojaba el suelo de mármol liso. Se veía que se aplicaba fuerza en los dedos blancos de los pies que no llevaban pantuflas. Su-hyung, que ordenó el suelo hasta cierto punto en silencio, se levantó sosteniendo los trozos de pañuelo apelotonados. Hasta ese momento, So-woo solo estaba parado sin poder decir nada.

“Te asustaste, ¿verdad?”

Su-hyung, que volvió tras tirar los trozos de vidrio y los pañuelos, le preguntó a So-woo. Fue un tono de voz amable como siempre. So-woo, que estaba parado mordiéndose los labios sin encontrar qué decir por la sorpresa, finalmente levantó la cabeza. La cara de Su-hyung, que estaba parado de espaldas a la ventana, no se veía porque estaba oscuro. ¿Qué expresión tendría? ¿Acaso se habría dado cuenta de que él mismo tocó su cuerpo? Pensó que era una suerte que no pudiera verle la cara.

“Está bien…. Es que se me resbaló la mano.”

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Su voz, que normalmente era suave y tranquila, fue inusualmente pequeña. Sintió que su cara blanca se puso roja aunque estaba en la oscuridad. Su-hyung, que miraba fijamente a So-woo quien no podía levantar la cabeza, sonrió radiante.

“Estaba aquí afuera hace un rato tras despertarme. Escuchando algo de música.”

Su-hyung, que sacó los auriculares de su bolsillo, los agitó ligeramente frente a la cara de So-woo.

“Ah….”

Solo entonces So-woo levantó la cabeza y soltó un pequeño suspiro de alivio. Un rastro de alivio por relajarse se extendió por su rostro.

“Yo también me sorprendí porque no sabía que 'appa' había salido por estar escuchando canciones.”

“¿Ah, sí?”

La cara pequeña finalmente lo miró y sonrió.

“Yo también pensé que no había nadie, así que me sorprendí mucho…….”

“Sí.”

Su-hyung, que respondió amablemente, dio un paso adelante. La distancia se acortó drásticamente en un instante, pero So-woo, que se había relajado, no lo notó.

“Tenía sed porque estaba durmiendo.”

Bajó la mirada mientras añadía comentarios adecuados de vez en cuando a la voz que soltaba muchas palabras de excusa. A veces, So-woo estaba sorprendentemente indefenso. La bata con el lazo de la cintura suelto mostraba su interior tal cual. Debido a que estaba de espaldas a la luz, no podía ver bien el cuerpo de So-woo parado frente a él, pero podía notar que parte de la piel transparente estaba brillando mojada con semen.

¿Habría tocado ese lugar por sí mismo? ¿Qué expresión habría puesto? ¿Habría podido el omega estar satisfecho con solo tocar ese lugar?

Se veía semen blanquecino manchado en la bata de color. No era una cantidad pequeña. Su-hyung estiró lentamente la mano, cerró la bata y le hizo el nudo. Algo pegajoso quedó manchado en la punta de sus dedos.

“Ah.”

Solo entonces So-woo, al darse cuenta de que estaba mostrando su cuerpo, soltó una breve exclamación. Aun así, no se sorprendió tanto como cuando vio a Su-hyung en la sala de estar. So-woo estaba así de indefenso. Porque para él, Su-hyung no era un alfa. Por eso, esa falta de defensa no era del todo grata para Su-hyung.

“¿Dormiste sin secarte el pelo?”

Su-hyung, soltando un suspiro inaudible, tocó el cabello de So-woo. El cabello de buena calidad estaba frío. Era un cuerpo débil que se enfermaba fácilmente. Su-hyung, que llevó a So-woo tomándolo de la mano y lo sentó en el sofá, tomó el control remoto que estaba sobre la mesa y apagó el aire acondicionado. Tras cerrar aún más minuciosamente las solapas de la bata, entró de inmediato a la habitación y salió con un secador de pelo.

“Está bien.”

So-woo, que se dio cuenta de la intención de Su-hyung, dijo sonriendo ampliamente. A diferencia de sus palabras de que estaba bien, su cara radiante no ocultaba su buen humor. Incluso en su espalda sentada dándole la espalda para tomar posición, no se ocultaba su alegría. A So-woo le gustaba especialmente que le tocaran el pelo. Por eso, Su-hyung solía secarle el pelo a So-woo de vez en cuando.

Un aire cálido y suave comenzó a salir del secador encendido. Su-hyung secó lentamente el cabello de So-woo. No recordaba exactamente cuándo fue. Pero hubo una ocasión en la que se ofreció a secarle el pelo tras ver a So-woo secándole el pelo a él después de bañarse juntos. Probablemente sea una historia de cuando era muy pequeño y asistía a la escuela primaria.

Incluso dejando que Su-hyung sostuviera el secador con su mano, que todavía era mucho más pequeña que la suya, So-woo no podía dejar de preocuparse. Como si su mano tierna fuera a cocinarse por el aire caliente. Cuando finalmente el cabello de So-woo ondeó al aire cálido tras dejar de lado las innumerables preocupaciones. Una película transparente se formó en los ojos grandes de So-woo. Incluso con ojos que parecían que las lágrimas caerían con un toque, So-woo sonrió felicitando a Su-hyung. Abrazó fuerte a Su-hyung y frotó sus labios en su pequeña cabeza. Como le gustaba ese So-woo, Su-hyung solía ofrecerse a menudo a secarle el pelo. Es una historia que supo más tarde, pero dicen que de pequeño le gustaba mucho el tiempo en que su abuela le secaba el pelo. Su-hyung a veces sentía ganas de teñirlo todo de él, a So-woo que extrañaba un tiempo que él nunca podría conocer.

“¿No te duelen los brazos?”

La voz lánguida pregunta. Aunque cabecea bajando la cabeza por el sueño que se le viene encima, le preocupa que los brazos de Su-hyung, que son el doble de grandes que los suyos, puedan dolerle. Su-hyung, que sostuvo con su mano grande la cabeza que pronto se inclinaba de lado, hizo que se apoyara lentamente en su hombro. Pronto, un calor acogedor rodeó a las dos personas.

* * *

So-woo guardaba un recuerdo de un arrepentimiento profundo que, de hecho, no podía contarle a nadie.

Durante su vida matrimonial, el esposo que solo había hecho que So-woo se sintiera solo falleció en un accidente cuando Su-hyung tenía apenas siete años. Para sus abuelos, Su-hyung era un nieto que, de por sí, no les resultaba suficiente. So-woo, a quien trajeron con la esperanza de que diera a luz al nieto que ellos deseaban, tampoco les dio la noticia de un embarazo. Lejos de consolar a So-woo tras quedar viudo, le gritaron con saña llamándolo criatura malvada que devoró a su propio hijo. Si por ellos fuera, habrían echado a So-woo en ese mismo instante. Sin embargo, Su-hyung aún era pequeño. Aunque lo consideraban algo inaudito, mantenían una ligera expectativa sobre la manifestación de Su-hyung. Hasta entonces, necesitaban a alguien que se hiciera cargo de criar al niño. Para So-woo, incluso aquello era una tregua por la que estar agradecido. Para el desposeído So-woo, Su-hyung ya era su hijo, su todo.

Hasta que Su-hyung, al entrar en la adolescencia, se manifestó como alfa y, tras enterarse de la noticia, aquellos familiares se acercaron tardíamente. So-woo se esforzó por proteger a Su-hyung solo, como fuera posible. So-woo trabajaba a tiempo parcial mientras Su-hyung estaba en la escuela. Como quería dedicar el tiempo después de las clases enteramente al niño, solo postulaba a empleos de media jornada corta. Quizás por ser omega, afortunadamente la gente solía ser amable con So-woo. Se sintió agradecido por su naturaleza, la cual nunca le había gustado desde que nació.

Después de que su esposo falleció, So-woo tomaba supresores cada vez que llegaba el celo. Era lo natural. Incluso cuando su esposo vivía, siempre solía aguantar el celo con supresores. Tras haberse manifestado y pasado toda su vida resistiendo con supresores, So-woo ni siquiera pudo pensar en que existiera otra opción. No obstante, los gastos de manutención no eran holgados. Los costosos supresores eran una carga enorme. Comenzó a ahorrar tomando solo la mitad de la dosis de unos supresores para los que ya había desarrollado resistencia. Como era de esperar, tuvo que soportar solo la fiebre del celo que hervía ferozmente.

Después de soportar el celo a solas, sus labios, mordidos durante toda la noche, solían terminar reventados. So-woo cuidaba de Su-hyung con dulzura mientras mostraba una sonrisa forzada en su rostro demacrado. ¿Acaso se había jactado de tener confianza en resistir solo? Pronto llegó una noche que le fue imposible de soportar. Sin haber pasado nunca un celo de la manera adecuada, ni siquiera sabía qué era eso, pero se movió por instinto. Sería más correcto decir que estaba en un estado en el que no podía ni pensar. El pensamiento racional no funcionaba. Debió de ser, literalmente, como una bestia en celo. Su orificio estaba empapado por el fluido que brotaba a su antojo y su pene estaba rígidamente erecto. Intentó masturbarse conteniendo la respiración, pero era una sed terrible que no se saciaba de ninguna manera.

Por aquel entonces, Su-hyung solía caer en un sueño muy profundo, como si se desmayara, en cuanto se dormía por la noche. Aquel día fue igual. Dormía con un rostro pacífico, emitiendo una respiración profunda. So-woo miró a Su-hyung con el rostro lleno de lágrimas. Sentía como si su cerebro estuviera empapado en feromonas. Tras confirmar repetidamente que dormía profundamente, salió apresuradamente de la casa. Sus pasos eran urgentes, como si algo lo persiguiera.

'Había oído que los alfas y omegas que no tienen pareja a veces se encuentran en algún lugar para pasar la noche juntos...'

Su cabeza no funcionaba. Por supuesto, incluso si fuera capaz de pensar correctamente, daba igual que no supiera a dónde ir, pero So-woo corrió sin rumbo. ¿Habría algún alfa que no prestara atención a un omega en celo vagando solo por la calle? Para colmo, siempre tenía un rostro que atraía las miradas de la gente. El hecho de que So-woo, quien atraía a muchos incluso quedándose quieto, pudiera estar a salvo a pesar de derramar tantas feromonas, fue algo parecido a un milagro. Fue gracias a la hora tardía de una noche de día de semana, cuando apenas había gente en la calle.

Incapaz de soportar el cuerpo que hervía, So-woo se dejó caer en un oscuro callejón y gimió entre lágrimas. El calor que no abandonaba su cuerpo era insoportable. No sabía qué hacer con aquella fiebre que no tenía forma de aliviar. Sentado en la oscuridad, se retorcía de angustia.

Entonces, entre su visión nublada por las lágrimas que no dejaban de correr, algo llamó de pronto su atención. Era un andador para bebés abandonado bajo un poste de luz. El andador, con una pegatina de separación de residuos pegada, estaba viejo, como si llevara encima el paso del tiempo.

Al verlo, no supo por qué pensó en Su-hyung. Cuando conoció a Su-hyung, ya había pasado hacía mucho la edad de usar un andador. Nunca lo había visto en uno, y aun así, al verlo, pensó en él.

Y solo entonces se dio cuenta de lo que estaba haciendo.

Había dejado a un niño pequeño solo en casa y estaba vagando por las calles de noche. Todo para encontrar a un alfa desconocido con quien tener sexo.

Pero no fue como si, en cuanto se dio cuenta, recuperara la cordura de golpe, como si le hubieran arrojado agua fría sobre la cabeza. La influencia de las feromonas no era algo tan simple. Aun así, al menos pudo pensar que tenía que volver a casa de inmediato. Que debía estar al lado del niño que dormía solo.

Pero su cuerpo no le respondía.

Mientras daba pasos tambaleantes, So-woo terminó cayendo con fuerza al suelo. Ambas rodillas se rasparon y empezó a brotar sangre rojo brillante, pero no sintió dolor. Solo estaba desesperado, agitándose con prisa.

"¿Se encuentra bien?"

Entonces alguien se acercó.

So-woo, que había recuperado un poco de razón y sabía lo peligrosa que era su situación actual, intentó huir de inmediato. Dio un paso con miedo, pero volvió a caerse. Esta vez el dolor ya no era algo que pudiera ignorar. Aun así, luchó débilmente, casi de forma lastimera, intentando escapar.

"Voy a ayudarle. No tiene que tener miedo. Yo… aquí…"

El hombre levantó ambas manos por encima de la cabeza en un gesto para mostrar que no era peligroso y se acercó lentamente. Manteniendo una mano aún en alto, buscó algo en su bolsillo y lo sacó.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Era una credencial de estudiante de una facultad de medicina cercana.

"Soy estudiante aquí… Eh, mi identidad está clara, así que… no, quiero decir…"

Cuando So-woo lo miró con ojos que aún no bajaban la guardia, el hombre, nervioso, se apresuró a continuar hablando.

“No, es que... parecía que necesitaba ayuda. ¿Llamo a la policía? ¿O a una ambulancia?”

Ante la falta de respuesta, el hombre vaciló y sacó su teléfono. Parecía que So-woo tenía dificultades incluso para pensar. En una situación así, una ambulancia sería de más ayuda que la policía. Tras tomar una decisión, cuando estaba por marcar el número, escuchó una voz suplicante y débil. Era una voz tan pequeña y frágil que casi se le escapa.

“No... puede ser... No lo haga... ah...”

“Ah...”

El hombre, con el teléfono en la mano, emitió un sonido de desconcierto y finalmente asintió. No era difícil deducir que llamar a las autoridades podría causar problemas en una situación así.

“Oiga, entonces ¿cómo...?”

“...A casa, por favor...”

El hombre pensó que jamás olvidaría ese rostro empapado en sudor, encendido en un rojo intenso, que suplicaba entre lágrimas.

“Yo, entonces... permítame sostenerlo... Ah, ¿sería incómodo? Entonces ¿cómo...? Este, bueno. Algo de donde sujetarse...”

Mientras el hombre miraba a su alrededor e intentaba recoger un trozo de madera abandonado, So-woo extendió su mano temblorosa y agarró el brazo del hombre que se movía con torpeza. Sujetándose de ese brazo que se tensó al instante, So-woo levantó su pesado cuerpo y comenzó a caminar lentamente. El hombre levantó su brazo de forma un tanto incómoda para que So-woo pudiera apoyarse, pero aparte de eso, no intentó ningún otro contacto con el omega que tanto sufría.

Así, ambos caminaron lentamente por la calle desierta. A decir verdad, los recuerdos de aquel día no eran nítidos. Solo recordaba que, al lado de So-woo, quien avanzaba con dificultad paso a paso, el hombre no dejaba de parlotear cosas triviales: que si la protagonista del drama de ayer era guapa, o que si el udon que almorzó hoy estaba rico. Recordaba haber pensado que, a pesar de estar sufriendo, aquel hombre hablaba demasiado.

Cuando finalmente regresó a casa, al contrario de lo que esperaba, Su-hyung no estaba dormido. En cuanto escuchó a alguien acercarse, Su-hyung abrió la puerta principal y salió apresuradamente para abrazar a So-woo. So-woo lloró muchísimo mientras abrazaba al pequeño niño que llenaba sus brazos. Lloraba y repetía sin cesar que lo sentía. El pequeño Su-hyung, en cambio, lo consolaba. Después de aquello, Su-hyung no preguntó nada. ¿Recordaría las cosas de esa noche?

Si pudiera, quería retroceder el tiempo. Cada vez que recordaba aquella noche en la que dejó solo a Su-hyung para salir de casa en busca de un alfa, So-woo sufría atormentado por la culpa. Tras el paso de esa noche de la que ni siquiera tenía recuerdos claros, So-woo juró que jamás volvería a dejar a Su-hyung solo.

Aumentó sus trabajos a tiempo parcial para poder comprar supresores. Cuando llegaba el celo, ingería cantidades aún mayores de medicina. Aun así, ni por un solo instante pensó en resolver aquel calor sofocante a través de alguien más. Ignoraba sus impulsos sexuales hasta un punto casi obsesivo. Solo así podía sentirse digno frente a Su-hyung.

Soñó con esa noche. Aquella noche en la que abrazaba el pequeño cuerpo de su hijo mientras le pedía perdón. Aunque Su-hyung nunca le había reprochado nada, por alguna razón, en sus sueños Su-hyung le lanzaba miradas y palabras llenas de resentimiento. El sueño, que se repetía periódicamente, se sentía como una advertencia: si había decidido vivir como el padre de Su-hyung, debía matar sus deseos como omega. Puesto que tenía un hijo más valioso que él mismo, aquello no era una gran pérdida.

Al abrir los ojos, sintió sus párpados húmedos. Al estar acostado de lado, las lágrimas resbalaban cruzando el puente de su nariz. Sintió la mejilla, que descansaba sobre algo, empapada por la humedad. En su visión borrosa, captó una figura familiar. Al dejar fluir las lágrimas que volvieron a brotar, la visión se aclaró y apareció el rostro de Su-hyung. También se dio cuenta de que lo que había empapado con sus lágrimas era el brazo de Su-hyung, que le estaba sirviendo de almohada.

“¿Dormiste bien?”

Cuando esos dedos largos se acercaron, sus ojos se cerraron de forma natural. Su-hyung acarició suavemente las largas pestañas empapadas. Al limpiar el puente de la nariz y el contorno de los ojos donde se acumulaban las lágrimas, una capa transparente volvió a llenar sus grandes ojos, que se abrieron con cautela. Su-hyung, que rió silenciosamente como si soltara un suspiro, volvió a limpiar con delicadeza sus ojos húmedos.

“¿Tuviste un sueño?”

“...”

Al abrir los labios para responder, su respiración se agitó por la pesadumbre que lo invadía. Su-hyung abrazó a So-woo en silencio. El cuerpo entre sus brazos estaba tibio, como si le subiera la fiebre. Sintió cómo, después del brazo, el hombro que le ofrecía a So-woo también se empapaba. Palmeó con suavidad aquel cuerpo que emanaba calor.

“Está bien.”

“...Sí.”

“Todo está bien.”

Bajo ese contacto rítmico, la respiración que se agitaba fue calmándose poco a poco. Esa voz grave le brindaba estabilidad. Un abrazo familiar, un contacto familiar, un aroma familiar. So-woo, extendiendo sus brazos para abrazar a Su-hyung, inhaló profundamente. El aroma de Su-hyung se filtró hasta lo más profundo de sus pulmones. Su corazón inquieto se fue tranquilizando lentamente.

So-woo hundió la cabeza en el pecho de Su-hyung y frotó su rostro. Era un gesto que Su-hyung solía hacerle a menudo cuando era pequeño y estaba mañoso por el sueño. Su-hyung pareció recordarlo también, pues soltó una risita y hundió su propia cabeza sobre la de So-woo. Aunque sentían calor por la temperatura del otro, ninguno pensó en separarse. Los párpados de So-woo se cerraron lentamente. Tenía una expresión mucho más pacífica que hace un momento.

* * *

“Esto ya es demasiado, de verdad”.

Dijo So-woo con tono de queja mientras jugueteaba con la bufanda que rodeaba su cuello. A pesar de su mirada punzante, Su-hyung se limitó a sonreír con alegría. Observó con satisfacción la bufanda, que había envuelto con cuidado para que no quedara ni un trozo de piel a la vista.

“La gente me mira raro. ¿Qué es esto en pleno verano?”

“¿Acaso quieres volver a sufrir porque te suba la fiebre?”

“Hoy no es para tanto”.

“Te digo que si papá se enferma, el que sufre soy yo”.

Su-hyung sabía cómo ganarle a So-woo. Al ver que So-woo se quedaba callado al instante, Su-hyung soltó una risita y empujó el carrito lentamente.

“¿Hay algo más que tengamos que comprar?”

“No, ya está casi todo”.

“Compremos duraznos. Se ven ricos”.

Sabiendo que a So-woo le gustaban los duraznos, Su-hyung alzó la voz a propósito. So-woo casi nunca gastaba dinero en sí mismo. A veces, eso a Su-hyung le resultaba frustrante y lamentable, pero no lo demostraba. Sabía mejor que nadie que So-woo había vivido así por él.

“Se ven deliciosos, ¿verdad?”

Al preguntarle mientras señalaba los duraznos, So-woo asintió. Un aroma dulce flotaba alrededor del puesto. So-woo se detuvo frente al mostrador y comenzó a elegir los duraznos con detenimiento. Se le hizo agua la boca. Sin darse cuenta, una leve sonrisa se dibujó en sus labios.

“Ve eligiéndolos. Vuelvo enseguida”.

Dijo Su-hyung tomando su teléfono y alejándose por los pasillos. So-woo lo observó alejarse por un momento y soltó un breve suspiro. Su-hyung no había ido a clases alegando que el estado de salud de So-woo no era bueno. Seguramente habría mucha gente buscándolo. A medida que sus recaídas se hacían más frecuentes, este tipo de situaciones también empezaron a repetirse. Su-hyung intentaba cuidar de So-woo como si fuera lo más natural del mundo. En esos momentos, So-woo se sentía patético por ser su tutor y, aun así, estar interfiriendo en su vida diaria.

Los abuelos de Su-hyung tenían razón. Para un Su-hyung que ya había crecido y era adulto, él ya no era alguien necesario. Empeñarse en quedarse a su lado por puro apego no era más que egoísmo. Cuando llegara el momento de cumplir la promesa de marcharse, aunque Su-hyung se sintiera confundido al principio, pronto se sentiría aliviado.

“Parece que le gustan mucho los duraznos, ¿verdad?”

So-woo, que estaba allí de pie distraído con un durazno en la mano, levantó la cabeza al escuchar una voz familiar.

“Ah”.

Un sonido corto, como un suspiro, escapó de entre sus labios entreabiertos. El dueño de la voz era Jin-hyuk. El médico del hospital al que asistía periódicamente cada mes. La persona que mejor conocía el estado del cuerpo de So-woo, deshecho por el consumo excesivo de medicamentos durante mucho tiempo. En cuanto reconoció a Jin-hyuk, So-woo giró la cabeza para revisar su entorno. Por suerte, Su-hyung no estaba a la vista.

“Hola”.

“Sí, hola”.

No saludar a los pacientes cuando se los encontraba fuera del hospital era una especie de regla no escrita que Jin-hyuk mantenía como médico. Especialmente al especializarse en segundos géneros, solía ser aún más cauteloso. Por eso, era correcto decir que el hecho de haber saludado a So-woo se debía más a un sentimiento personal. Jin-hyuk aceptó sus sentimientos sin resistencia.

“Vaya. Este se ve delicioso”.

Dijo Jin-hyuk de forma exagerada mientras levantaba un durazno. Solo después de hablar se dio cuenta de que el durazno que sostenía tenía un color especialmente pálido y un gran golpe.

“Eh... sí, es verdad”.

So-woo miró el durazno, luego el rostro de Jin-hyuk, y volvió a mirar el durazno antes de responder. Se podía vislumbrar su naturaleza dócil, incapaz de decir algo desagradable. Jin-hyuk sonrió ampliamente al ver a So-woo observar con cuidado el durazno golpeado.

“¿Vive por aquí cerca?”

“Sí”.

“Yo no vivo cerca, pero este es un buen lugar para hacer las compras”.

“...Sí”.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

So-woo sabía que le faltaban habilidades sociales. Desde los veinte años, Su-hyung lo había sido todo para él. E incluso antes de eso, solo había recibido miradas extrañas por ser omega, pero nunca tuvo amigos cercanos como los demás. No sabía qué responder a las palabras de Jin-hyuk.

“Este... eso, ¿de verdad lo va a comprar?”

Fue una frase que soltó por la urgencia de continuar la conversación de alguna manera. Jin-hyuk se echó a reír al verlo mirar el durazno como si estuviera preocupado por él. Una sonrisa comenzó a dibujarse también en el rostro de So-woo mientras observaba a Jin-hyuk. Al verlo reír con tanta alegría, la risa le brotó a él también. Jin-hyuk tenía una faceta que, extrañamente, lo hacía sentir cómodo.

“¿Quién es?”

Cuando la risa empezaba a calmarse, Su-hyung se paró al lado de So-woo. Su voz era más grave de lo habitual.

“Ah... Su-hyung”.

El rostro de So-woo, sorprendido por la aparición de Su-hyung, se tensó en un instante. Su mirada hacia Jin-hyuk era urgente. No sabía qué decir. No podía creer que estuviera riendo sin pensar que Su-hyung regresaría pronto. Su-hyung no debía enterarse de que estaba tomando reguladores de feromonas. Que supiera eso era equivalente a que se enterara de que So-woo no era su padre biológico. Después de todo, sería extraño que So-woo, quien pasaba la mayor parte del tiempo en casa, se tomara la molestia de ingerir reguladores de feromonas.

“Este... es que...”

Mientras So-woo titubeaba sin encontrar las palabras adecuadas, Su-hyung lo observó en silencio y luego giró la cabeza hacia Jin-hyuk.

“¿Quién es usted?”

La pregunta fue dirigida a Jin-hyuk. Jin-hyuk, que los había estado observando como si analizara a ambos, dijo con una sonrisa:

“Hola”.

Aunque no recibió respuesta y solo obtuvo una mirada llena de hostilidad, Jin-hyuk se mostró relajado.

“Cuando uno pregunta quién es el otro, ¿no debería identificarse primero a sí mismo?”

“Ah, eso...”

“Está bien. No se lo decía a usted, So-woo”.

Jin-hyuk le habló con una sonrisa amable a So-woo, quien intentaba responder en lugar del silencioso Su-hyung, y continuó:

“Como parece ser alguien cercano a So-woo, lo entenderé. Soy un amigo de So-woo”.

So-woo, que estaba angustiado pensando que Jin-hyuk se presentaría como su médico, abrió mucho los ojos por la sorpresa. Jin-hyuk lo miró a los ojos y le sonrió como para tranquilizarlo.

“¿Entonces ahora puedo preguntar yo? ¿Quién es usted para actuar así?”

Era una pregunta en la que se mezclaban la curiosidad del médico y la intriga del hombre. Las feromonas de So-woo, que siempre habían estado inestables desde el momento en que lo conoció, hoy estaban inusualmente calmadas. Como beta, Jin-hyuk no podía oler las feromonas de So-woo, pero podía sentir su energía. Debido al abuso de reguladores y supresores, las feromonas de So-woo siempre habían sido débiles, como si estuvieran a punto de extinguirse, e incluso así fluctuaban de forma inquietante. El hecho de que hoy estuvieran tan tranquilas le había causado curiosidad desde el momento en que lo saludó. Y en cuanto vio a Su-hyung, supo que se debía a este alfa. De alguna manera, So-woo estaba bajo la influencia de las feromonas de un alfa.

La mirada de Su-hyung hacia Jin-hyuk estaba llena de desagrado y cautela. Era una actitud defensiva y agresiva hacia alguien que ponía los ojos en su omega. Incluso sin ser un alfa, Jin-hyuk podía notar eso como hombre. Claramente, el estado de sus feromonas no era el de un omega que tuviera pareja...

Su-hyung, que había estado observando a Jin-hyuk en silencio, finalmente abrió la boca.

“Soy su hijo”.

Jin-hyuk se quedó sin palabras por un breve instante, pero pronto ocultó su expresión y mostró una sonrisa afable.

“No sabía que So-woo tuviera un hijo tan grande”.

“Ah...”

Desconcertado por el encuentro inesperado, So-woo desvió la mirada y se mordió los labios. No sabía cómo presentarle a Jin-hyuk a Su-hyung. Él era el único que sabía que So-woo había estado tomando reguladores y supresores durante años. Y bajo ningún concepto Su-hyung debía enterarse de ese hecho.

“Ahora que lo escucho, me parece que se parecen”.

Jin-hyuk, que seguía hablando con esa sonrisa amable, realmente parecía un amigo cercano de So-woo. Seguramente él también estaba sorprendido, pero su capacidad para ocultar sus emociones y mostrar sus habilidades sociales lo hacía parecer un adulto. Al ver a Jin-hyuk así, So-woo se sintió miserable por no encontrar qué decir y solo morderse los labios.

“¿Ah... de verdad?”

“Sí. Su hijo es apuesto, igual que usted”.

Incluso en esa situación, las comisuras de sus labios se elevaron ante el cumplido hacia Su-hyung. En su rostro, mientras miraba a Su-hyung con una pequeña sonrisa, se veía el orgullo propio de cualquier padre. Jin-hyuk le sonrió a Su-hyung, quien todavía lo miraba con ojos afilados.

Aunque So-woo y Su-hyung eran padre e hijo sin un solo rasgo en común, decir que se parecían no era una mentira. A pesar de que no compartían la forma de los ojos, la nariz, la boca ni la complexión, ambos emanaban una atmósfera similar. Como si fueran gatos llenos de desconfianza. Aunque existía la diferencia de que So-woo era un gatito débil que solo sacaba las garras cuando se sentía acorralado, mientras que Su-hyung era un gato feroz que rechazaba el contacto humano y, por el contrario, atacaba.

Aunque era algo que probablemente ninguno de los dos recordaba, Jin-hyuk había visto a Su-hyung de pequeño. Y a So-woo también, por supuesto. Es difícil olvidar el rostro de un omega excitado y empapado en sudor y lágrimas.

Fue cuando estaba en cuarto año de la facultad de medicina, haciendo sus prácticas clínicas antes del examen nacional. Era una época en la que no sabía cómo pasaba el día. Al abrir los ojos, seguía las rondas médicas, hacía las prácticas y, por la noche, estudiaba en la biblioteca. También era un momento en el que sus suspiros se volvían profundos ante la expectativa de que faltaba poco para terminar y la comprensión de que su vida futura no sería muy diferente.

Aquel día no fue distinto. Jin-hyuk, que había estado pasando las hojas de los libros en la biblioteca hasta tarde, recuperó la conciencia dejando caer la cabeza. Se había quedado dormido varias veces sin darse cuenta. Tras frotarse el rostro con sus manos secas, suspiró y recogió sus cosas. Estaba a punto de morir por exceso de trabajo antes de siquiera rendir el examen. “También debería haber días de descanso”, se repetía a sí mismo palabras que quizás eran autojustificación, mientras levantaba su cuerpo agotado. Aunque ya era noche cerrada, sus pasos eran ligeros ante la idea de irse temprano a casa.

Lo que detuvo a Jin-hyuk, que se dirigía a su habitación alquilada tarareando una canción que no sabía dónde había escuchado, fue un débil sollozo. Al principio pensó que era el llanto de un animal, y luego creyó que eran los gemidos de jóvenes apasionados. Era una zona de estudios cerca de un área de entretenimiento. No era algo común, pero tampoco imposible. Los jóvenes que desechaban la razón usando el alcohol como excusa a veces eran impulsivos hasta la temeridad. “Deberían hacerlo en sus casas”, pensó mientras chasqueaba la lengua e intentaba seguir caminando fingiendo no haber oído nada, pero lo que hizo que Jin-hyuk se detuviera fue que ese sonido le pareció extrañamente desesperado. Si no era nada, solo tendría que pedir disculpas y retirarse. Por no querer quedarse con una sensación incómoda, buscó en la oscuridad y allí encontró a un joven omega.

Jin-hyuk, siendo beta, no podía oler las feromonas, pero su apariencia era tal que parecía sentirlas en su propia piel. Jin-hyuk lo sostuvo mientras decía cosas triviales que no venían al caso. Era para tranquilizar al omega, pero también tenía la intención de desviar su propia atención, que se perdía constantemente en sus ojos enrojecidos o en su cuello empapado de sudor.

No es que quisiera presumir de su buena acción. Solo había hecho lo que debía. Aunque tuvo que sentir cómo se ponía a prueba su humanidad, pensó que era una suerte haberlo encontrado él y no otra persona. Quizás, en el fondo, sintió un poco de superioridad moral. El omega que se apoyaba en él, con dificultades incluso para caminar, se veía extremadamente frágil y débil.

Cuando llegó al lugar y recibió, en lugar de un agradecimiento, una mirada gélida del pequeño que estaba en brazos del omega, se sintió un poco desconcertado. Pero fue solo por un momento; ante esa mirada silenciosa, sintió como si sus deseos impuros, que había albergado por un instante, quedaran al descubierto. “¿Cómo puede un niño tener esa mirada...?”

A veces, a lo largo de su vida, recordaba esa mirada. Si él hubiera sido un alfa, ¿habría sido capaz de no tocar a ese omega que desprendía feromonas indefensamente y sufría por el calor? Jin-hyuk a menudo se perdía en esos pensamientos después de aquel incidente.

La gran mayoría de los betas envidiaban a las personas con segundo género y consideraban romántica la acción de las feromonas. En innumerables dramas y películas, se retrataba como destino a las personas con género que se deseaban mutuamente por la acción de las feromonas. Aunque los betas constituían la absoluta mayoría del mundo, envidiaban a los omegas y alfas. Sentían curiosidad por las feromonas, algo que ellos jamás podrían sentir y que no era ni vista, ni olfato, ni tacto, sino algo parecido a la magia. Sin embargo, Jin-hyuk había vivido sinceramente agradecido por ser un beta que no se veía afectado por las feromonas.

En cuanto llegaron frente a la casa, el omega lloró con mucha amargura mientras abrazaba al pequeño que había salido abriendo la puerta, como si hubiera sabido que estaban allí. No pensó que volvería a encontrárselo en una situación en la que nuevamente sufría por las feromonas. Como era de esperar, Jin-hyuk también fingió no conocer a So-woo, quien no lo recordaba.

Pero pensar que aquel pequeño era su hijo. Jin-hyuk, que vagamente había pensado que sería su hermano menor, ocultó con destreza su sorpresa. En los ojos cautelosos vio superpuesto el rostro de aquel entonces. Y pronto pudo notar que él también lo recordaba. Que la hostilidad que dirigía hacia él no era simplemente la cautela de un hijo. Era instinto de hombre.

“¿Dice que es su amigo y ni siquiera sabía que tenía un hijo?”

Preguntó Su-hyung mientras atraía a So-woo para abrazarlo, manteniendo todavía su mirada afilada hacia Jin-hyuk. Era un gesto de ostentación. Su altura era mayor que la de Jin-hyuk. Jin-hyuk también era bastante alto para ser beta, pero Su-hyung lo superaba con creces. Para empezar, comparar las condiciones físicas de un alfa y un beta no tenía sentido. Sin embargo, a pesar de ser un alfa completamente desarrollado, todavía no se había despojado de su aire infantil. Verlo mostrar sus sentimientos de forma tan transparente era casi tierno. Pero, ¿podía observar su relación con tanta ligereza? Jin-hyuk tuvo que contenerse para no soltar un suspiro ante su complejo estado de ánimo.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Es verdad. Deberías haber presumido de él antes. Seguro fue para que este solterón no sintiera envidia”.

Le habló con una sonrisa a So-woo, que estaba en brazos de Su-hyung. Como sabía qué era lo que le preocupaba, para Jin-hyuk lo primero era tranquilizar a So-woo. Si él actuaba con naturalidad, no pasaría aquello que So-woo temía.

El rostro de So-woo, que sonreía con torpeza, todavía se veía muy joven. Aunque se dice que es difícil calcular la edad de los omegas, realmente no desentonaban como pareja.

Claramente era un contacto físico excesivo para una relación de padre e hijo. Sin embargo, So-woo no parecía darse cuenta. Probablemente sería algo habitual. A juzgar por el problema de las feromonas de So-woo, definitivamente no era un sentimiento mutuo. No, ¿podía él estar seguro de una cuestión de sentimientos? Jin-hyuk no sabía si lo que sentía era preocupación como médico o celos como hombre.

“Ya se ha hecho tarde. Nos vemos luego, So-woo”.

Su-hyung observó durante un largo rato con ojos sombríos la espalda de Jin-hyuk mientras este se alejaba sonriendo.

“Su-hyung”.

So-woo lo llamó con cuidado y forcejeó para levantar la cabeza. Su-hyung abrazó su cintura delgada con más fuerza todavía para impedir el movimiento y bajó la cabeza sobre su hombro delgado.

“Un momento. Solo un momento”.

Su nariz alta apartó la bufanda que lo envolvía meticulosamente. Al enterrar la nariz en la piel desnuda que finalmente alcanzó, Su-hyung inhaló profundamente. Ahora sentía que podía vivir. No se sentía ni una pizca de las feromonas que habían sido ocultadas obsesivamente, pero el olor corporal de So-woo por sí solo desarmaba a Su-hyung. Sintió cómo sus nervios, que habían estado tensos como cuerdas, se relajaban. So-woo se quedó dócilmente en brazos de Su-hyung. Como siempre.

“¿Estás bien? ¿Te sientes mal en alguna parte?”

Alguien que, incluso si lo abrazaba de repente en medio del supermercado y hundía la nariz en su cuello, solo se preocupaba por él. Su-hyung conocía otra faceta de So-woo, quien le permitía cualquier cosa. So-woo parecía simplemente frágil y dócil, pero sabía cómo poner barreras y mostrarse frío con las personas que se le acercaban. Si no hubiera sido así, un omega que perdió a su alfa no habría podido resistir solo durante tanto tiempo. So-woo era una persona que atraía las miradas tanto como su apariencia llamativa. Quizás era la estrategia de supervivencia de So-woo, quien había vivido recibiendo atención.

Al lado de ese So-woo no había nadie más que él. Era una persona que eligió aislarse levantando sus propios muros. No permitía a nadie entrar en la línea que había trazado. En la misma medida, volcaba todo su corazón en Su-hyung. Para So-woo, Su-hyung lo era todo.

¿Sería posible que ese sentimiento se debiera únicamente a un amor paternal puro y perfecto? A veces le surgía la duda. Por supuesto, incluso si fuera así, no le importaba en absoluto. Si el sentimiento hacia él era puro amor paternal, era incluso mejor. So-woo era alguien que le entregaría cualquier cosa que deseara, tanto como lo amaba. Su-hyung tenía la intención de disfrutar plenamente de lo que poseía. Que sus sentimientos mutuos no tuvieran la misma forma no era un problema en absoluto.

* * *

Sintió una mirada fija sobre su rostro. Unos ojos grandes y dóciles observaron a Su-hyung con cautela. El aire acondicionado, ajustado a una temperatura no muy baja, refrescaba su frente sudorosa. Para Su-hyung el interior seguía sintiéndose cálido, pero debía tener cuidado por So-woo, quien presentaba síntomas de resfriado. El alegre sonido del GPS resonó en el silencioso auto.

“¿Qué pasa?”

“¿Eh?”

“¿Por qué me miras así?”

“No... por nada”.

“¿Porque soy guapo?”

Su-hyung, que había estado tenso desde que salieron del supermercado, finalmente sonrió. Su mirada, al volverse hacia él con una suave curvatura en los labios, era la de siempre. Redujo la velocidad y extendió la mano para tomar la mano blanca y limpia de So-woo, que descansaba dócilmente sobre su regazo. A pesar del aire cálido, la mano de So-woo estaba fría.

“Sí...”

A pesar de haber criado a Su-hyung solo, So-woo conservaba una ingenuidad increíble. Su-hyung no había estado de buen humor desde que se topó con aquel beta que cruzó la línea sin conocer su lugar, pero no había necesidad de hacer que So-woo se sintiera cohibido innecesariamente. Relajando su expresión, Su-hyung sonrió con picardía y apretó con fuerza sus manos entrelazadas. So-woo, que no le quitaba la vista de encima, entrecerró los ojos aliviado y sonrió.

“¿Por qué tienes las manos tan frías?”

Acariciando suavemente el dorso de su mano fría, Su-hyung subió la temperatura del aire acondicionado. So-woo lo observó conducir con una sola mano mientras sostenía la suya. Aunque no hacía mucho que había obtenido su licencia, Su-hyung era un conductor experto. Desde pequeño, Su-hyung solía hacer todo con destreza. Era un hijo del que sentirse orgulloso y en quien confiar. Quizás, mientras Su-hyung crecía, había sido So-woo quien recibió más ayuda.

So-woo no era un padre perfecto. No sabía cocinar platos deliciosos ni explicar problemas difíciles. Era un padre mediocre que, incapaz de controlar sus propias feromonas, abandonó a su pequeño para salir a las calles nocturnas en busca de un alfa.

So-woo era torpe en todo sentido. A veces se hundía en el autorreproche de ser alguien innecesario. En realidad, se preguntaba si no estaría interfiriendo en la vida de Su-hyung. Su-hyung ya era un adulto que no necesitaba un tutor. Al contrario, debía de ser molesto tener que cuidar de él, que enfermaba a la menor provocación. Como padre, ya no tenía nada más que ofrecerle a Su-hyung. Si él desapareciera, el buen Su-hyung lo buscaría, pero pronto se adaptaría. Tal vez, al enterarse de que So-woo no era su padre biológico, incluso llegaría a detestar el tiempo pasado. Como decían los abuelos de Su-hyung, lo correcto era desaparecer de su lado lo antes posible.

Sin embargo, So-woo quería quedarse junto a Su-hyung. Quería verlo conocer a un omega, marcarlo, tener hijos y formar una familia. Su-hyung tiene una personalidad cariñosa, así que seguramente trataría bien a su omega... El padre alfa de Su-hyung nunca fue amable con So-woo ni por un segundo, pero Su-hyung sería diferente. Solo bastaba ver cómo lo trataba a él. So-woo había podido seguir viviendo gracias a la existencia de Su-hyung. El omega que recibiera el amor de Su-hyung sería, sin duda, feliz. So-woo sonrió levemente y apretó la mano de Su-hyung.

Tras terminar de estacionar en el garaje, Su-hyung se volvió hacia So-woo. La cabeza de So-woo, quien se había quedado dormido en ese corto lapso al relajarse la tensión, estaba inclinada hacia el asiento del conductor. Quizás porque se los había estado mordiendo mucho hoy, sus labios rojos estaban más hinchados de lo habitual. Su-hyung lo observó dormir mientras respiraba acompasadamente. Era un rostro cuya edad era imposible de adivinar. En general parecía una cara dócil, pero el rabillo de sus ojos era fino, lo que le daba una impresión algo arisca cuando miraba hacia arriba. So-woo, que parecía no tener conciencia de su propia apariencia, atraía muchas miradas. Era natural que los insectos lo rondaran. La mirada pensativa de Su-hyung se intensificó. Siempre había estado esperando el momento adecuado, así que la decisión fue sencilla.

“Ah...”

Al despertarse por el sonido de la puerta del auto cerrándose, So-woo se frotó los ojos y giró la cabeza. Inconscientemente, siguió con la mirada el movimiento de Su-hyung, quien rodeaba el frente del vehículo. Su-hyung abrió la puerta y se inclinó, encogiendo su gran complexión. Tras desabrochar el cinturón de seguridad, levantó la bolsa de papel que estaba sobre el regazo de So-woo y le tomó la mano para guiarlo con suavidad. So-woo lo siguió con naturalidad, acostumbrado a ese flujo de movimientos.

So-woo no se daba cuenta de hasta qué punto estaba bajo el control de Su-hyung. Como habían estado pegados como un solo cuerpo desde que Su-hyung era muy pequeño, en cierto modo era natural. Sus cuerpos, olores y temperaturas les resultaban tan familiares como los propios. Generalmente, a medida que un niño crece, se forma una distancia natural con sus padres, pero So-woo no percibía esa diferencia. Se debía a que Su-hyung había acortado la distancia intencionalmente y a que no había nadie alrededor de So-woo que señalara el error. So-woo aceptaba el contacto de Su-hyung con total naturalidad.

“¿Estabas cansado?”

“Parece que sí. Ya estoy bien”.

“Entra y duerme un poco más”.

“Ah, las compras...”

So-woo intentó girarse al recordar las cosas que dejó en el asiento trasero, pero Su-hyung lo guio hacia la entrada rodeando sus hombros con suavidad.

“Luego. Yo lo haré”.

“Estoy bien... No estoy tan cansado. Solo fue un momento de sueño”.

“Sí. Entiendo”.

Respondió Su-hyung con una sonrisa radiante y dócil, pero sin soltar el brazo que rodeaba los hombros de So-woo mientras abría la puerta principal. So-woo, que miraba hacia el auto sintiendo una extraña pena, entró casi a rastras. Su-hyung, que parecía tener prisa por algo, se agachó frente a So-woo incluso antes de recoger las bolsas para quitarle los zapatos.

“No hay nada que se derrita... pero es mejor ordenarlo de inmediato”.

“Sí. Lo haré en un momento”.

So-woo se apoyó levemente en el hombro de Su-hyung mientras este le sujetaba los tobillos, recibiendo su ayuda con naturalidad para descalzarse. Después de lavarse las manos juntos frente al lavabo, Su-hyung, que aún no salía a buscar las bolsas, guio a So-woo. Deteniéndose frente al armario, Su-hyung le desató la bufanda que llevaba al cuello. El cuello blanco que quedó al descubierto de inmediato era fino como una rama delgada.

“Cámbiate de ropa y duerme un poco. Estás cansado”.

Sus palabras, dichas con indiferencia mientras doblaba y ordenaba la bufanda, sonaban desinteresadas.

“Mmm...”

Debido a que solía resfriarse incluso con el aire acondicionado de la sección de frescos del supermercado, Su-hyung le había puesto un cárdigan a pesar de ser un verano caluroso. Al desabrochar los botones y bajárselo, Su-hyung lo tomó de inmediato. Tras colgar el cárdigan en el armario, Su-hyung ya sostenía el pijama de So-woo en sus manos.

“...”

'No llevo nada debajo de la camiseta...'

Al tener que desvestirse frente a Su-hyung, quien lo observaba en silencio, se sintió dubitativo. Antes solían bañarse juntos, pero eso era cuando Su-hyung era pequeño. Aunque eran un padre e hijo sin reparos en el contacto físico, no había tenido ocasión de mostrarle su cuerpo desnudo mientras Su-hyung crecía.

Aun así, le parecía excesivo pedirle a Su-hyung que saliera o cubrirse para cambiarse. Seguramente Su-hyung no estaría pensando en nada especial. ¿Qué importancia tenía ver el cuerpo desnudo de un padre? Por mucho que sus géneros fueran diferentes, para Su-hyung, So-woo era el padre omega que lo había dado a luz. Estaba seguro de que sería algo tan indiferente como mirar un objeto. En realidad, él mismo no entendía por qué dudaba tanto. Sí, debía ser simplemente porque no recordaba haber mostrado su cuerpo desnudo a nadie en su vida. Por eso se sentía así sin motivo.

Sujetando el borde de la prenda con dudas, So-woo levantó lentamente la camiseta. En medio de una cintura blanca y limpia como un campo de nieve virgen, se hundía verticalmente un ombligo de bonita forma. La mirada de Su-hyung era más indiferente que de costumbre. Simplemente esperaba sin apresurar el lento movimiento.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

La camiseta, que finalmente fue retirada tras ser subida con lentitud, pasó enseguida a las manos de Su-hyung. A pesar de que la habitación estaba cálida, So-woo se acarició los brazos al sentir un escalofrío. Al juntar los brazos, sus pezones rozaron la parte interna de sus extremidades. Sus pezones pequeños se erguían rígidamente. Al darse cuenta de ello, el rostro de So-woo se encendió en un rojo intenso. De hecho, no solo su cara, sino todo su cuerpo expuesto adquirió un tono rosado.

Su-hyung, de quien esperaba que le entregara la parte superior del pijama, no hizo nada. Solo observaba a So-woo con una mirada indiferente. Era una mirada que parecía apresurarlo en silencio. Sintió un deje de tristeza, pero se apresuró a sujetar el cierre de sus pantalones. 'Debe estar cansado por mi culpa...' Tal vez estaba harto de tener que ocuparse de él. Su-hyung era un hijo demasiado bueno para alguien como So-woo. No quería agotarlo más.

Inclinando el torso, sujetó los pantalones que ya habían caído hasta sus rodillas e intentó sacar las piernas. Cuando So-woo se tambaleó levemente al perder el equilibrio, Su-hyung, que estaba de pie a su lado, se acercó y lo abrazó. Solo había sido un pequeño traspié al levantar una pierna. A pesar de no ser una situación peligrosa, Su-hyung rodeó la cintura de So-woo con firmeza y tiró de él. Sus dedos largos y gruesos se envolvieron alrededor de la cintura fina.

“Ah... estoy bien...”

“Tienes que tener cuidado. Aquí, la pierna”.

Su-hyung señaló brevemente con la barbilla los pantalones que se habían deslizado hasta sus tobillos. Al sacar los pies uno por uno, los calcetines se salieron por sí solos. Sus tobillos eran tan finos que los calcetines siempre le quedaban holgados. Al sacar las piernas, sus cuerpos se encimaron aún más. El calor ardiente de Su-hyung entró en contacto con el cuerpo fresco de So-woo, que solo vestía su ropa interior.

So-woo, abrazado casi encajado en el costado de Su-hyung, puso sus manos sobre esa cintura que era incomparablemente más firme que la suya. A diferencia de su intención de separarse empujándolo suavemente, Su-hyung atrajo a So-woo aún más profundamente. So-woo se tambaleó mientras seguía a Su-hyung, quien comenzó a caminar. Su-hyung, sosteniendo al vacilante So-woo que solo llevaba ropa interior, lo guio hacia la cama. Parecía que lo estaba ayudando a caminar, pero en realidad fue casi como si lo hubiera cargado para trasladarlo.

“Ah...”

Intentaba no demostrarlo, pero en realidad el cuerpo de So-woo estaba envuelto en un calor ardiente. Se debía a que ya había pasado la hora de tomar su supresor. Debido al encuentro con Jin-hyuk en el supermercado, la salida se prolongó más de lo esperado. Además, al haber estado junto a Su-hyung todo el día, el tiempo de exposición a sus feromonas fue largo. Su-hyung, siendo alfa, siempre emanaba feromonas sutiles, y So-woo no tenía más remedio que quedar expuesto a ellas por completo.

Las personas con segundo género que tienen un vínculo de sangre no pueden sentir las feromonas del otro. En las relaciones de sangre, no se percibían las feromonas mutuas y, por lo tanto, era natural que no se vieran afectados por ellas.

Generalmente, las personas con segundo género controlaban sus feromonas al salir. Era una cortesía y una regla no escrita entre ellos regular las feromonas a un nivel que no molestara a los demás. Sin embargo, bloquear las feromonas por completo era casi imposible. Controlarlas también generaba incomodidad, como llevar una mascarilla puesta. Por eso, solo en casa liberaban sus feromonas a su antojo, como quien se quita una prenda estorbosa. Era posible porque entre familiares que viven en la misma casa no se sienten las feromonas.

Pero So-woo sentía las feromonas de Su-hyung perfectamente. Esa era la razón por la que So-woo había tomado obsesivamente sus supresores de feromonas en cuanto Su-hyung se manifestó como alfa. Estaba seguro de que si Su-hyung sentía sus feromonas, se daría cuenta de que no compartían un vínculo de sangre.

Cuando recién se manifestó como alfa, las feromonas de Su-hyung eran muy tenues. Es natural que así sean las feromonas de un alfa joven. So-woo, que no sabía mucho sobre alfas, crió a Su-hyung buscando y leyendo libros sobre segundos géneros. Criar a un hijo con un género distinto al suyo no fue tarea fácil. Pero para So-woo, cada momento de ver crecer a Su-hyung era una alegría.

A medida que Su-hyung crecía, sus feromonas comenzaron a intensificarse. So-woo fue quedando sumergido en ellas. Las feromonas pesadas siempre abrumaban a So-woo. Aumentó la dosis de su medicina aun sabiendo que no era correcto. Fue una acción que ignoró la prescripción médica, pero no tenía otra opción. De lo contrario, temía que terminaría empapado por las feromonas de su propio hijo. So-woo sentía pavor ante esa posibilidad. Cada momento era un castigo, pues todo ese proceso era una confirmación del hecho de que él no era el padre biológico de Su-hyung.

“¿Estás bien?”

Levantó la cabeza ante la voz grave. Su-hyung, que había sentado a So-woo en la cama, estaba de pie frente a él. El centro de donde emanaban las feromonas con más intensidad estaba cerca de su rostro. Al mirar hacia arriba con los ojos nublados y parpadeando, So-woo no pudo leer bien la expresión de Su-hyung. ¿Era una expresión de preocupación? Parecía tan rígida como una piedra, o tan fría como el hielo. Con la conciencia desmoronándose rápidamente, So-woo dejó caer la cabeza y se cubrió el rostro con sus manos temblorosas. Las feromonas de Su-hyung eran demasiado fuertes. Eran unas feromonas que nunca antes había experimentado.

“Haa...”

Apenas pudo reprimir su respiración agitada. La razón que le quedaba lo mantenía firme. No podía mostrarse afectado por las feromonas de Su-hyung. No quería que él descubriera que no era su padre biológico.

“Estoy bien. Debe ser porque tengo síntomas de resfriado...”

Por alguna razón, sentía como si las feromonas de Su-hyung se volvieran cada vez más intensas. Sabía que no podía ser así, pero era como si él estuviera liberando sus feromonas a propósito. Debía ser porque no había tomado su medicina. Debía ser porque su cuerpo estaba arruinado tras haber abusado de ella por tanto tiempo. Sentía que todo le daba vueltas.

“Estaré bien si tomo mi medicina...”

Su-hyung se arrodilló y escudriñó el rostro de So-woo. Las lágrimas asomaban en sus grandes ojos. Tras recorrer lentamente con la mirada las mejillas encendidas, los labios rojos que soltaban suspiros excitados y el cuello frágil, Su-hyung se levantó de repente.

En ese instante, So-woo sujetó con fuerza la muñeca que vio frente a él. Fue algo que hizo sin siquiera ser consciente de ello. A diferencia de sus manos calientes, la mano fría de Su-hyung lo hizo sentir bien. Sujetando el brazo de Su-hyung con ambas manos, So-woo acercó su mejilla a su mano.

“Espera. Solo un momento...”

“...”

“Está fresca...”

Fue un movimiento instintivo para apagar el calor. So-woo, que frotaba su rostro contra la mano fría, tiró de su brazo. Aunque era una fuerza débil, Su-hyung se dejó arrastrar de buena gana y se sentó al lado de So-woo. Al mover la mano que sujetaba hacia su cuello, So-woo tembló levemente. Aunque la mano ya había perdido su frescura debido al calor de su mejilla, seguía estando fresca en comparación con el cuerpo de So-woo.

“Haa...”

Inclinando la cabeza para apoyarse en la muñeca de Su-hyung, So-woo exhaló un largo suspiro. Por un momento sintió como si el calor se apagara. Las comisuras de sus labios se elevaron un poco, como si estuviera satisfecho. Al frotar su rostro contra el dorso de la mano que tocaba su mejilla con los ojos cerrados, So-woo se tensó de repente. Fue porque recuperó algo de cordura. Al ver el movimiento de levantar la cabeza lentamente, parecía que se podía escuchar el crujido de sus articulaciones. Su-hyung le sonrió a So-woo con su apariencia habitual.

“Te traeré agua”.

La mano que sujetaba el cuello frágil ejerció una leve presión. La yema del pulgar recorrió suavemente la piel. En el lugar por donde pasó el dedo, pronto quedó una marca roja. Su mirada se intensificó al observar esa marca.

“Estarás bien después de tomar la medicina y dormir profundamente”.

“...Sí”.

Soltó lentamente a So-woo, quien no podía levantar la cabeza con sus mejillas aún más encendidas. Evitó mirar intencionadamente por debajo del cuello. Sabía que si veía ese cuerpo delgado que seguramente estaba tan rojo como sus mejillas, no podría contenerse más. Era cierto que se había impacientado tras encontrarse con Kang Jin-hyuk, pero aun así, Su-hyung esperaba que So-woo pudiera aceptarlo con naturalidad. Tendría muchísimas oportunidades en el futuro. Ahora que había decidido no contenerse más, no faltaba mucho.

“Quédate un momento. Vuelvo enseguida”.

Cuando Su-hyung se levantó, So-woo, que parecía que nunca levantaría la cabeza, mostró su rostro de golpe. Había intentado sujetar a Su-hyung sin darse cuenta. Era una reacción natural para un omega empapado por las feromonas intencionadas de un alfa. Sin embargo, So-woo, ignorando ese hecho, se mordió los labios y se culpó a sí mismo.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Estaba acostumbrado a las feromonas de Su-hyung. Ya habían pasado varios años desde que se manifestó. Además, él era su padre. Por mucho que fueran padre e hijo sin lazos de sangre, So-woo lo había criado desde que era pequeño. Para So-woo, era un hijo como si lo hubiera dado a luz él mismo. A veces sentía que las feromonas de Su-hyung le resultaban incómodas, pero era algo que podía soportar perfectamente. Si tan solo tomara su medicina... Sí, todo esto era sin duda porque no la había tomado.

So-woo miró de reojo la puerta que estaba entreabierta y se levantó. Con manos temblorosas, abrió el armario, buscó el frasco de medicina y vertió un puñado. Tras volver a mirar de reojo más allá de la puerta de la habitación, se metió la medicina en la boca a toda prisa. Al intentar tragar las pastillas sin agua, sintió como si se le atascaran en la garganta. Mientras se golpeaba el pecho con angustia, Su-hyung se acercó.

“¿Estás bien? ¿Qué pasa?”

“A-agua...”

“Aquí tienes”.

So-woo tomó el vaso de la mano de Su-hyung casi arrebatándoselo y bebió el agua con avidez. Sintió vívidamente cómo las pastillas atascadas en su cuello bajaban por el esófago. Aun así, seguía sintiendo una molestia en el pecho como si algo estuviera trabado, por lo que cerró el puño y se golpeó. Pronto quedaron marcas en su piel blanca.

“¿Por qué tomas la medicina con tanta prisa? Podrías haber esperado un poco”.

La mano grande de Su-hyung cubrió su hombro. El contacto de su mano, que lo acariciaba trazando círculos lentamente entre sus omóplatos, era suave. Sintió que aquello que lo asfixiaba bajaba gradualmente.

“Es que... sentía que tenía mucha fiebre. Ya estoy bien”.

Su rostro, que mostraba una sonrisa forzada, se veía especialmente frágil. Su-hyung le devolvió la sonrisa. Ante esa sonrisa, So-woo pudo calmar su ansiedad.

“Entonces duerme ya. Pareces agotado”.

So-woo, que estuvo a punto de inclinar la cabeza inconscientemente ante la caricia en su mejilla, puso firme su cuerpo. Al ir a la cama y acostarse, su mente estaba tan nublada que ni siquiera se percató de que seguía casi desnudo. Aunque hubiera tomado la medicina, el efecto tardaría en llegar. Si se quedaba así más tiempo, podría arruinarlo todo. Además, desde hacía un rato toda su atención estaba puesta en si se notaría su ropa interior empapada. So-woo apoyó rápidamente sus caderas en la cama y se acostó dócilmente.

* * *