parte 1
Volumen 1
Gotas de sudor
brotaban sobre su frente pálida y se deslizaban por el contorno de su rostro,
suave como si hubiera sido dibujado. El calor, que se había adelantado esta
temporada, arreciaba con fuerza. Las calles al mediodía lucían desiertas, pues
cada quien se había refugiado en la frescura de los interiores. So-woo, que
caminaba buscando al menos la precaria sombra de los árboles, dejó en el suelo
las bolsas de las compras que llevaba en ambas manos. Las yemas de sus dedos,
que agitaba para crear algo de viento, estaban completamente rojas. Se debía a
que las asas de las pesadas bolsas se le habían clavado en los dedos durante
todo el trayecto.
Mientras abría y
cerraba sus manos entumecidas, soportando el dolor con familiaridad, So-woo
giró la vista como hechizado por un alboroto cercano. Un grupo de
universitarios salía de una cafetería situada en un lado de la calle. De ellos,
que se alejaban soltando carcajadas, emanaba una vitalidad refrescante. Era una
risa que hacía sentir puro incluso el aire abrasador. Tras observarlos con la
mirada perdida, So-woo esbozó una vaga sonrisa; una tan tenue que sería difícil
de notar si no se miraba con detenimiento.
Cuando las risas
ruidosas se distanciaron, So-woo recobró el sentido y giró la cabeza. En el
cartel publicitario frente a la cafetería, se veía la imagen de un café helado,
con la superficie del vaso cubierta de gotas de agua, luciendo sumamente
refrescante. Ahora que lo pensaba, todos los que acababan de salir llevaban
vasos para llevar en sus manos. De pronto, sintió una sed de la que no había
sido consciente. Su rostro blanco, que miraba con vacilación hacia el café, se
veía tan pálido que resultaba inquietante.
'Solo una taza de
café...'
Quizás esto no estaría
mal. Este mes no tenía otros gastos previstos... Empezó a calcular en su cabeza
los gastos, los ahorros, las cosas en las que debía gastar y las áreas donde
podía economizar. Mientras dudaba de pie bajo la delgada sombra, su rostro
blanco se tornó aún más pálido. Solo sus mejillas, teñidas de un rosa suave, le
daban algo de vitalidad. Tras meditarlo, So-woo dio un paso adelante como si se
hubiera decidido.
"Bienvenido."
Al entrar, una brisa
fresca lo envolvió. Incluso el aire que llenaba sus pulmones se sentía tan frío
que parecía congelarse. El calor que rodeaba su cuerpo se disipó en un
instante. La expresión de So-woo, agotado por el clima, se suavizó. Aunque su
piel seguía pálida, lucía mucho más animado.
"Hola."
Cuando saludó con una
leve sonrisa, la empleada en el mostrador se sonrojó. Ella no había podido
apartar la vista de él desde el momento en que entró.
'¿Cómo puede tener
hasta esa voz...?'
La empleada, que
apenas logró recobrar la compostura para tomar el pedido, volvió a quedar
cautivada por él. En realidad, lo mismo les ocurría a todos en la cafetería.
Los clientes que conversaban en las mesas miraban de reojo a So-woo, que estaba
frente al mostrador. En una mesa, una pareja incluso comenzó a discutir debido
a que el hombre no podía quitarle los ojos de encima. Sin embargo, el
destinatario de todas esas miradas parecía estar desprotegido, como si no se
diera cuenta de nada.
Era un hombre que,
estuviera donde estuviera, no podía evitar atraer la atención. La empleada
pensó que tal vez estaba tan acostumbrado a ser observado que ya no le importaba;
mientras se justificaba a sí misma, examinaba detenidamente el rostro de
So-woo.
"¿Puedo
pedir?"
"—¡Ah, sí! Eh...
¡este...! ¿Qué desearía ordenar?"
A pesar de las
palabras atropelladas de la empleada nerviosa, So-woo esperó con calma haciendo
contacto visual y asintió.
"Un café
americano helado, por favor."
"¿Es para tomar
aquí?"
"Eh... sí, así
será."
So-woo respondió
lentamente tras recordar lo que llevaba en las bolsas. No había alimentos que
necesitaran refrigeración o congelación urgente, así que pensó que un momento
estaría bien. Ante la idea de beber café dentro de un local después de tanto
tiempo, el rostro de So-woo se animó ligeramente. Como era un hombre que casi
no tenía tiempo para sí mismo, no sabía cuánto había pasado desde la última vez
que hizo algo así. Una pequeña emoción se reflejó en su rostro mientras
recorría con la mirada el interior del local.
Incapaz de contener la
comisura de sus labios que se elevaba ante la noticia de que se quedaría, la
empleada marcó el pedido en la caja registradora. Complacida por su tono de voz
suave, ella también refinó su propia voz al hablar.
"Son 3,800
wones."
Tras soltar una risita
por su propia voz impostada, la empleada borró rápidamente su expresión y miró
a So-woo. Con ese rostro, seguramente debía ser un omega. Su cara, cuya edad
era difícil de calcular, tenía algo de un chico joven pero también desprendía
una atmósfera madura. Aunque se decía que eran menos que los betas, ver a un
omega no era algo tan raro; ella misma había tenido varios amigos así en su
época escolar.
Aunque era un hecho
bien conocido que los omegas nacían más hermosos que los betas, ella no sentía
una gran fascinación o curiosidad por su existencia. Muchos hombres beta solían
decir obscenidades o lanzar miradas sucias a los omegas, especialmente a los
masculinos, pero ella sabía que no eran seres tan diferentes. Ya había pasado
mucho tiempo desde que la visión social, antes llena de prejuicios hacia ellos,
había cambiado. Por eso, el hecho de que el hombre frente a ella atrajera todas
las miradas no era simplemente por ser un omega. Era su atmósfera la que hacía
difícil apartar la vista una vez que lo encontrabas.
Al sacar la billetera
para pagar, So-woo se detuvo un instante. Se dio cuenta de que no llevaba
efectivo. En su delgada billetera, donde no guardaba dinero porque no pensaba
que lo usaría, solo había una tarjeta de color negro puro. Era la misma tarjeta
que había usado para pagar en el supermercado hace un momento. Su rostro, que
apenas había recuperado algo de vida, volvió a palidecer.
Incluso portando una
tarjeta cuyo límite desconocía —o mejor dicho, de la cual dudaba si acaso tenía
un límite—, So-woo no podía permitirse comprar ni un café por voluntad propia.
A pesar de que siempre le daba lo mejor a Su-hyung, con él mismo era diferente.
Era natural. Después de todo, todo lo que disfrutaba lo recibía a cambio de
cuidar de Su-hyung.
"Disculpe,
quizás..."
So-woo comenzó a
hablar con vacilación, pero se detuvo al escuchar el sonido de los granos de
café siendo molidos. El café que había pedido ya se estaba preparando. Sonrió
levemente a la empleada que lo miraba con duda, negó con la cabeza y le entregó
la tarjeta. En su rostro blanco se vislumbró una resignación habitual.
"Aquí tiene su
café."
"Gracias."
Recibió el café y
caminó hacia una mesa. Las personas que lo habían estado observando giraron la
cabeza fingiendo no hacerlo, aunque algunos seguían mirándolo embelesados.
So-woo se sentó y soltó un pequeño suspiro, como si no notara las miradas que
lo seguían. Su rostro se veía algo melancólico. Tras mirar fijamente el café
frente a él, sacudió levemente la cabeza. 'Ya que ha llegado a esto, ¿qué se le
va a hacer?' Estaba tan acostumbrado a contenerse que se le había hecho callo.
Para sacudirse el desánimo, tomó el sorbete y bebió el café. Sintió cómo el
líquido helado bajaba por su esófago. Sin embargo, por alguna razón, a
diferencia de su cuerpo que se enfriaba, su pecho se sentía pesado y oprimido.
Aun así, So-woo dirigió la mirada hacia la ventana y trató de disfrutar de la
tarde tranquila observando la calle poco transitada. O al menos, lo intentó.
Bzzz—
Al sacar el teléfono
que vibraba, en la pantalla apareció, como era de esperarse, el nombre que
imaginaba. Tras morderse suavemente el labio, So-woo se apresuró a contestar.
Era una reacción aprendida tras años de experiencia, ya que si tardaba en
responder, solía recibir el doble de reprimendas.
"Sí, madre."
"Sí."
"No..."
"Sí..."
"Sí, lo sé."
"Lo
siento..."
"Sí,
entiendo."
La llamada fue corta,
como siempre. Las palabras que debía decir eran las mismas. Simplemente
afirmar, aceptar y pedir disculpas inclinando la cabeza. A medida que su voz se
hacía más pequeña, la punta de sus orejas redondas se teñía de rojo. Tras
colgar, So-woo levantó su rostro encendido. En sus ojos dóciles se asomó la
humedad. Tras mirar fijamente el vaso que humedecía la mesa con sus gotas, se
levantó. Debía darse prisa si no quería llegar tarde.
Al dejar el vaso en el
mostrador, la empleada que lo había atendido se acercó. El café, del cual solo
había tomado un sorbo, seguía llenando casi todo el recipiente. La empleada,
que había estado escuchando con las orejas atentas la conversación telefónica
de So-woo, abrió mucho los ojos fingiendo sorpresa.
"¿Ya se va?"
"Ah... sí, surgió
algo."
"¿Quiere que le
pase el café a un vaso para llevar?"
"...No, está
bien."
So-woo respondió
negando con la cabeza tras mirar el café restante por un momento. No es que no
le pesara desperdiciar un café que estaba prácticamente nuevo, pero no tenía
otra opción. No tenía tiempo para lujos y debía usar ambas manos para cargar
las bolsas. Por encima de todo, si llegaba con un café para llevar, sería como
echar leña al fuego. Había sido culpa suya desear cosas que no debía
permitirse.
"Adiós."
"Eh..."
A diferencia de su
tono suave, su actitud parecía ser algo firme. Mientras la empleada observaba
su espalda al alejarse con una mirada llena de lástima, se armó de valor y
gritó:
"¡Vuelva
pronto!"
Al escuchar eso,
So-woo se dio vuelta y le sonrió. Para cuando la empleada recobró el sentido
tras quedar absorta por aquella sonrisa de ensueño, él ya no se veía ni siquiera
a través de la ventana.
* * *
Los muros, que se
alzaban imponentes como si no estuvieran dispuestos a permitir ni la más mínima
mirada, intimidaban a cualquiera con solo verlos. Era una muralla de una altura
casi arrogante. Frente al portón, que superaba con creces su propia estatura,
So-woo recobró el aliento con lentitud. Hubo un tiempo en el que ni siquiera
imaginaba que tal conjunto de mansiones gigantescas pudiera existir en pleno
centro de la ciudad. El hecho de que por un barrio repleto de residencias tan
vastas que abrumaban los sentidos no pasara ni un solo transporte público,
delataba el estatus de quienes allí vivían: personas que jamás tendrían
necesidad de usarlos. Por ello, cada vez que So-woo venía solo, debía caminar
cuesta arriba durante más de media hora. No sabía si los demás ignoraban su
situación, si simplemente no les importaba o si era algo hecho a propósito,
pero él se limitaba a cumplir con su deber en silencio. Ir si le decían que
fuera, venir si le decían que viniera. Eso era lo que el dueño de esta mansión
esperaba de él.
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Su respiración,
agitada por la subida bajo el sol abrasador, se fue calmando gradualmente. Tras
secarse el sudor de la frente, So-woo tocó el timbre. Poco después, el portón
se abrió y apareció un hombre vestido con un traje negro.
“¿Quién es usted?”
“Ah...”
Normalmente, los
guardias abrían la puerta sin decir palabra tras reconocer su rostro, pero este
le preguntó por su identidad. Ahora que se fijaba, era una cara desconocida.
¿Sería un empleado nuevo? Sin saber cómo responder, se quedó sin palabras.
¿Cómo debería
describirse a sí mismo? ¿Como el esposo del hijo de esta familia? ¿Como el
padre del único nieto de quien lo había contratado? Nada de eso era la verdad.
Para el dueño de esta mansión que parecía un castillo antiguo, él no era más
que un pecador.
“Identifíquese, por
favor.”
“Ah, yo soy...”
Ante su actitud
vacilante y la falta de respuesta, la mirada del guardia cambió. Seguramente se
trataba de un vendedor ambulante. Su rostro de facciones finas era hermoso,
pero si fuera alguien relacionado con la mansión, no tendría esa actitud. Al
mirar de reojo hacia atrás, vio que no había ningún coche estacionado. Eso
significaba que había subido caminando bajo este clima. Incluso él, un simple
guardia contratado, podía usar el transporte privado de la casa que llegaba
hasta la estación de metro. Por lo tanto, no era un empleado. Ya el hecho de
haber llamado al portón principal en lugar de usar la entrada de servicio
indicaba que no pertenecía al personal.
“¿Viene a vender
algo?”
“...¿Perdón?”
Con un tono mucho más
relajado, el guardia se apoyó en el portón entreabierto. Por las bolsas que
llevaba en las manos, estaba convencido de que era uno de esos vendedores que a
veces merodeaban por la entrada. Parecía alguien que podría ganar dinero
fácilmente en un bar de omegas, pero ahí estaba, con el rostro pálido,
intentando vender algo sin éxito. Lo normal para los omegas era casarse con un
alfa a temprana edad. Debido al control de las feromonas y los ciclos de celo,
un compañero era indispensable; la vida de un omega sin pareja no podía ser más
que agotadora. Aquellos que no encontraban a su alfa solían terminar,
inevitablemente, en los bajos fondos. El mundo los había hecho así. Las flores
fragantes siempre atraían a los bichos.
Había oído que, de vez
en cuando, existían tipos como el omega que tenía enfrente, que se esforzaban
por lograr algo por su cuenta. Era una era en la que los omegas también iban a
la universidad y tenían profesiones. El mundo había cambiado tanto que una
palabra mal dicha podía ser tachada de acoso sexual y recibir el desprecio
social. Hacía poco, un actor famoso pasó por un calvario y tuvo que pedir
disculpas públicas por una broma que le hizo a un compañero de reparto omega.
El guardia, al
recordar las reacciones que insultaban al actor en aquel entonces, se lamentó.
Si preguntar o suponer el rasgo de alguien ya se consideraba discriminación,
¿cómo se suponía que uno podría hablar con libertad? Los hombres beta, que no
tendrían oportunidad de ver a un omega a menos que fueran a un local de entretenimiento
nocturno, solían expresar su rabia como si les hubieran arrebatado algo propio.
Una vez al mes andan jadeando porque les pica el agujero como a perras en
celo... Sus ojos aceitosos recorrieron lentamente al hombre, desde su rostro
blanco hacia abajo. La camiseta fina permitía adivinar el cuerpo delgado que se
escondía debajo.
“Bueno, ¿cuánto cuesta
lo que traes?”
“.......”
“¿Cuánto ganas
haciendo esto?”
“Oiga, no es eso...”
“Yo te lo compro todo,
así que, ¿qué tal si nos tomamos algo más tarde?”
“...¿Qué?”
El guardia se remangó
para mirar la hora y se acercó con una sonrisa cínica. Al apoyarse contra el
muro, proyectó una sombra sobre So-woo. Aunque no se comparaba con un alfa, era
notablemente alto entre los betas. Para un omega sin pareja, alguien como él
debería ser más que suficiente. Pensó que era un golpe de suerte nada más
empezar en su nuevo empleo.
Este guardia, que
había sido despedido injustamente de su trabajo anterior por un problema de
acoso, consiguió este puesto gracias a la recomendación de un pariente que
trabajaba en el equipo de limpieza de la mansión. Fue una contratación urgente
porque un miembro del equipo de seguridad había sufrido un accidente. En su
segundo día de trabajo, el guardia pasó todo el día memorizando la distribución
de la propiedad. Debido a que todos los empleados estaban ocupados con sus
tareas, no recibió una inducción adecuada y hoy le asignaron la guardia del
portón. No es que hubiera mucho trabajo; en todo el día, este omega era el
único que había llamado. Con el sueldo más alto que había tenido y un trabajo
tan sencillo, se sentía afortunado. Y justo cuando empezaba a aburrirse,
aparecía un omega frente a él.
Los omegas eran caros,
así que ni siquiera en los bares había podido pagar por algo más allá de la
compañía. Solo por sentarse al lado y beber algo, cobraban tres veces más que
en un local normal. Aun así, esos bares siempre estaban llenos. Él, por falta
de dinero, solo había ido un par de veces. Pensó que, si seducía bien a este
omega que parecía tan ingenuo, podría disfrutar por poco dinero de lo que antes
le costaba un mes de sueldo. Tal vez incluso podría tener sexo con él. Y
gratis.
“Hoy te pagaré lo de
todo el día, no, lo de toda la semana.”
“.......”
“Dame tu número y vete
a algún sitio fresco por aquí cerca, pareces cansado.”
Era imposible que no
se sintiera ofendido por tal malentendido, pero el rostro sereno de So-woo no
mostró cambio alguno. Estaba acostumbrado al desprecio y a los insultos. En
realidad, su situación no era muy distinta a la de un vendedor ambulante. Es más,
quizá un vendedor ambulante estaba en mejor posición. En cualquier caso, no
tenía tiempo para seguir confrontando al guardia frente al portón. Ya llegaba
muy tarde al llamado.
“Mire, creo que hay
una confusión...”
So-woo, que había
estado escuchando en silencio las palabras del guardia, se dispuso a hablar. En
ese mismo instante, mientras el guardia se le acercaba, el portón que estaba
entreabierto detrás de él se abrió de par en par.
“¿Qué sucede?”
“Ah... Hola.”
Quien apareció fue el
jefe del equipo de seguridad. En cuanto vio al nuevo guardia parado tan cerca
de So-woo, comprendió la situación. Al no haber recibido la inducción, era
obvio el malentendido que habría tenido. Se notaba a leguas que era alguien de
baja calaña. Si no fuera por el favor que le pidió el empleado de limpieza,
jamás lo habría contratado. De todos modos, era un puesto temporal hasta que el
guardia accidentado se recuperara. Pensó que, mientras no causara problemas,
serviría para tareas menores, pero no sabía si calificar esto como un problema.
“Adelante, por favor.”
El jefe de seguridad
se apartó a un lado del portón e hizo un gesto. Aunque sus palabras fueron
educadas, su actitud no lo era en absoluto. Todos sabían cómo lo trataban los
dueños de la mansión. Y el desprecio hacia So-woo se transmitía íntegramente a
sus empleados. Aunque se horrorizaban por la frialdad y falta de humanidad de
sus patrones, ellos mismos terminaban reconociendo naturalmente a este omega
como alguien a quien se podía ignorar. La actitud de los patrones, que no
ponían freno a tales tratos incluso cuando eran evidentes, sellaba su destino.
El único momento en
que So-woo era tratado como un ser humano dentro de esa mansión era cuando
estaba con su hijo, Su-hyung. Cuando Su-hyung estaba presente, incluso sus abuelos,
aunque no ocultaban su desagrado, le daban un trato mínimamente digno.
“Gracias.”
Dar las gracias e
inclinar la cabeza incluso ante algo que debería ser normal no era solo porque
estuviera acostumbrado a la opresión. Era el resultado de una naturaleza dócil
y bondadosa. Sin embargo, no había muchos que supieran recibir esa bondad como
tal. Al menos, cerca de So-woo no había casi nadie. El jefe de seguridad no era
la excepción. Sin responder, volvió a inclinar la cabeza hacia un lado
señalando el portón, y So-woo entró obedientemente.
Una vez que So-woo
desapareció tras el portón, el jefe de seguridad giró la cabeza. El rostro del
nuevo guardia estaba lleno de dudas. Pensaba que era un vendedor, pero al ver
que conocía al jefe y que, además, lo dejaba entrar, sintió curiosidad.
Aun así, no parecía
preocupado, y eso se debía a la actitud del jefe. No lo había tratado, para
nada, como a un superior. Eso significaba que era un empleado de la mansión,
igual que él. Pensó que aquello era incluso mejor; había encontrado algo con
qué entretenerse durante las aburridas horas de trabajo. Si se mantenía cerca,
la cosa sería más fácil cuando llegara su época de celo. Con una risa
involuntaria, el guardia preguntó burlonamente:
“¿Y ese en qué
departamento trabaja?”
Ante la pregunta,
cuyas intenciones eran transparentes, el jefe de seguridad puso una cara de
absoluto desprecio. El empleado de limpieza que había pedido la contratación
era un hombre mayor, conocido por ser muy decente. No era de los que pedían
favores de ese tipo; de hecho, casi nunca habían cruzado palabra. Como alguien
así se lo pidió, pensó que habría alguna razón de peso, pero nunca imaginó que
contrataría a semejante estorbo.
“Es un omega, ¿verdad?
Con esa piel tan suave, joder.”
La intención de sus
palabras, acompañadas de esa risita, era obvia. Incluso intentaba tantear si el
jefe era de su misma calaña, lo que le arrancó un suspiro a este último. Podía
imaginar qué clase de bajezas soltaría si llegaba a pensar que eran iguales.
“Es el esposo del hijo
del Presidente.”
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El jefe de seguridad
cortó la conversación antes de que fuera a más, sin ocultar su desdén. El color
desapareció instantáneamente del rostro aceitoso del guardia. Era un hombre
fácil de leer en todos los sentidos. Seguramente pensaba que estaba jodido. Por
supuesto, no era probable que So-woo fuera a contarle el incidente a sus
patrones, y aunque llegaran a saberlo, no habría represalias. Esa era la
posición de So-woo en esa mansión.
Desde el principio, si
So-woo hubiera sido una persona importante, ni siquiera un novato sin inducción
desconocería su existencia. Sin embargo, el jefe de seguridad no se molestó en
corregir el error del nuevo guardia. Simplemente se retiró a sus labores,
burlándose de aquel rostro que se había quedado lívido.
* * *
“He llegado.”
Al entrar en la casa,
soltó aquellas palabras por puro hábito, pero no hubo respuesta. Normalmente,
esa persona saldría hasta la entrada para recibirlo con una sonrisa. Su-hyung
observó el interior desolado. En cuanto la luz del sensor de la entrada se apagó,
una oscuridad absoluta se apoderó del lugar. Tras dejar su mochila en el suelo
con un leve suspiro, Su-hyung avanzó.
Sujetó el picaporte y
giró la puerta de la habitación en silencio. Como esperaba, divisó una silueta
delgada recostada sobre la cama. Una sonrisa de ensueño se dibujó en sus bellos
labios. Manteniendo el picaporte girado, cerró la puerta con cautela y soltó la
manija sin hacer ruido. Como un visitante nocturno que llega a hurtadillas,
amortiguó sus pasos y se dirigió lentamente hacia la cama.
Visto de espaldas,
recostado de lado hacia la pared, aquel cuerpo parecía tan frágil que daba
lástima. Al apartar con suavidad el cabello fino, quedó al descubierto su
rostro blanco. En la penumbra, Su-hyung notó el rastro rojizo en sus ojos y su
rostro se endureció. Lo había sospechado desde que entró a la casa a oscuras,
pero que fuera previsible no hacía que le doliera menos. Mientras acariciaba
con delicadeza el lóbulo de su oreja redonda, Su-hyung se recostó con cuidado
en la cama.
Al acercar su rostro a
la nuca del otro, sintió una respiración acompasada y regular. Era alguien cuya
respiración era tan pulcra como él mismo. Parecía haberse quedado dormido con
el cabello aún algo húmedo, pues de su nuca emanaba el aroma fragante del champú.
En medio de la oscuridad, su cuello brillaba con una blancura radiante y
desprendía un cálido olor a piel. A Su-hyung le gustaba más el olor natural de
So-woo que el aroma artificial del champú. Hundió el rostro en su hombro,
grabando el olor de So-woo en lo profundo de sus pulmones. Extendió el brazo
lentamente y abrazó aquel cuerpo delgado; era tan pequeño y frágil que encajaba
perfectamente en su pecho. Al dormir, su temperatura corporal había subido y se
sentía cálido. Con cuidado, frotó su pulgar contra el vientre bajo del otro,
notando lo plano que estaba. Seguramente lo habían vuelto a citar y ni siquiera
había podido comer bien. Un suspiro escapó de sus labios sin querer.
“…….”
Aunque no hubo ni un
ligero movimiento, Su-hyung se dio cuenta de que había despertado. Sus largas
pestañas se elevarían lentamente y pronto revelarían esos ojos claros y
profundos. Su rostro recién despertado luciría el doble de dócil y tierno de lo
habitual. Aunque no podía verlo, cerró los ojos imaginando la escena que se
desplegaba ante él como un cuadro. Era tarde. Sabía que So-woo estaba
acostumbrado a las noches de insomnio y deseaba que pudiera seguir durmiendo
profundamente. Sin embargo, poco después, una voz cargada de sueño llamó a
Su-hyung.
“Su-hyung.”
Como él no respondió,
So-woo acarició con sus dedos delgados el brazo de Su-hyung que rodeaba su
cintura. Fue un contacto cálido y suave.
“¿Cuándo llegaste?”
“…….”
“Deberías haberme
despertado.”
Sin decir palabra,
Su-hyung cubrió los ojos de So-woo con su mano. Era una mano tan grande que
ocultaba por completo aquel rostro pequeño. Los ojos, que habían estado
calientes y enrojecidos, se enfriaron gradualmente bajo la palma fresca. No
hacían falta palabras; para So-woo, aquello era un consuelo que nadie más podía
brindarle. Con una sonrisa dulce, So-woo se dio la vuelta para quedar frente a
Su-hyung. Sus ojos, ahora visibles, habían recuperado parte de su color
natural.
“Gracias.”
Sus ojos rebosaban
afecto mientras miraba a Su-hyung. La mano que acariciaba su cabello era
delicada. Se sentía cálido y reconfortante. Siempre que estaba acostado con
So-woo, Su-hyung experimentaba esa misma sensación: un afecto inquebrantable
hacia él, la certeza de que siempre lo amaría. Su-hyung recibió los mimos en
silencio y se acurrucó en el pecho de So-woo. Abrazó su cintura estrecha y se
hundió en aquel cuerpo flaco. Frotó la punta de su nariz contra ese pecho
delgado que alguna vez lo sostuvo de niño para amamantarlo, inhalando
profundamente. Tuvo la ilusión de percibir un dulce aroma a leche.
“Vaya, si todavía eres
un bebé. Mi Su-hyung.”
So-woo soltó una
risita mientras abrazaba a Su-hyung, quien ya parecía doblarle el tamaño.
Palmeó suavemente aquel cuerpo que había crecido tanto de repente. Aunque le
costara rodear con sus brazos ese cuerpo enorme, su rostro despejado
seguramente lucía una sonrisa radiante. Incluso sin verlo, podía percibir su
estado de ánimo a través de su voz, su respiración y su tacto. Lo había hecho
toda la vida: crecer mirándolo solo a él. Porque eran familia.
Su-hyung sabía que
So-woo se alegraba cada vez que él se comportaba como un niño necesitado de
afecto parental. Por eso, Su-hyung estaba dispuesto a ser un niño en cualquier
momento. No le importaba qué clase de afecto le diera So-woo, siempre y cuando
ese amor ciego estuviera dirigido hacia él. No importaba incluso si ese afecto
era solo amor paternal hacia un hijo.
“¿No tienes hambre?”
La mano que golpeaba
rítmicamente su espalda se detuvo poco a poco. So-woo siempre se preocupaba por
las comidas de Su-hyung. Era natural, pues no hay padre que quiera ver a su
hijo pasar hambre.
“No. Estoy bien.”
Su-hyung levantó la
cabeza y miró a So-woo. Sus alientos se mezclaron. Estaban demasiado cerca. Sin
embargo, So-woo permanecía vulnerable, sin ser consciente de nada. A pesar de
que Su-hyung dijo estar bien, So-woo ya estaba repasando mentalmente los
ingredientes que tenía en el refrigerador.
“Es que no pude dejar
nada preparado...”
“…….”
“Te prepararé algo
sencillo. Vamos a comer.”
Sonriendo mientras
apartaba con suavidad el cabello de la frente de Su-hyung, So-woo se incorporó.
En cuanto aquel cuerpo pequeño abandonó su regazo, una sensación de vacío lo
invadió. Aun así, Su-hyung no detuvo a So-woo mientras salía de la cama. Sabía
que So-woo aliviaba sus propias angustias internas desempeñando su papel de
padre. Parecía estar cuidando de Su-hyung, pero en realidad, era una forma de
cuidarse a sí mismo.
Sentir alivio al
cuidar de un hijo que todavía parecía necesitarlo... independientemente de si
So-woo era consciente o no de ello. Ese sentimiento era muy útil para ser
manipulado con inteligencia, pero aún no era el momento. Su-hyung se incorporó
mientras observaba la frágil espalda de So-woo alejándose con paso apresurado.
La luz de la lámpara
iluminó la cocina que estaba a oscuras. Normalmente, él solía tener la comida
lista para cuando Su-hyung regresaba. Hoy, tras haber sufrido por el calor todo
el día y haber llorado hasta quedarse sin fuerzas, se había quedado dormido
hasta que llegó Su-hyung. Incluso olvidó guardar las compras y algunos
ingredientes ya se habían echado a perder. Tras un breve suspiro, So-woo se
esforzó por sacar fuerzas y empezó a moverse. Borró el caos de su mente
pensando únicamente en la comida que alimentaría a Su-hyung.
Su-hyung salió de
ducharse y entró en la cocina. Un aroma delicioso llenaba la casa. Sobre la
mesa había dos juegos de cubiertos y varios acompañamientos en porciones
adecuadas para dos personas. Al oír el ruido de la silla siendo arrastrada,
So-woo se dio la vuelta sonriendo. Su rostro, antes pálido, había recuperado el
color.
“Saliste justo a
tiempo.”
So-woo dejó un plato
frente a Su-hyung y se sentó en el lado opuesto. La mesa estaba servida con
alimentos ligeros, ideales para comer a esas horas. Era una comida que, aunque
parecía sencilla y modesta, estaba preparada con el esmero de quien piensa en
la nutrición. So-woo siempre se esforzaba por dar lo mejor de sí para Su-hyung.
“Come mucho.”
“Papá.”
So-woo, que se movía
afanosamente acercándole sus platos favoritos y sirviéndole agua, levantó la
cabeza y sus ojos se encontraron con la mirada que lo acechaba. Sus labios,
bellos como un dibujo, estaban curvados en una sonrisa agradable. Sin embargo,
más allá de la sonrisa suave y la mirada cálida, su escrutinio era persistente,
casi travieso. Era una mirada que parecía desmenuzar cada rincón de aquel
rostro pequeño para no perderse ningún detalle. Seguramente buscaba rastros de
llanto. So-woo bajó la cabeza ocultando su rostro sonrojado.
“Comamos...,
Su-hyung.”
Su voz tembló a pesar
de intentar sonar natural. Tomó los palillos fingiendo que no pasaba nada para
empezar a comer. O al menos lo intentó, antes de que una mano grande se
acercara.
Era una mano tan
enorme que podría cubrir todo el rostro de So-woo. Normalmente, cuando So-woo
estaba cansado, él usaba esas manos para masajearle los hombros o las piernas.
Sus dedos largos y gruesos rozaron su mentón. Fue un movimiento cauteloso pero
decidido. Al igual que la mano de aquel niño que apenas podía sujetar uno de
los dedos de So-woo se había vuelto enorme, Su-hyung ya había completado su
crecimiento en todos los sentidos. So-woo intentó girar la cabeza para evitar
esa mirada obsesiva, pero la mano que descendió hacia su nuca se lo impidió.
Sus ojos, grandes y claros, vagaron con nerviosismo antes de bajar la vista.
Su-hyung observaba a
So-woo en silencio. Su mirada fija se detuvo durante largo tiempo en el
contorno de sus ojos enrojecidos. Los párpados estaban encendidos y cargados de
humedad. Eran unos ojos que siempre se curvaban con dulzura hacia él. Sabía que
en esas pupilas claras siempre estaba él, y solo él. Sabía que So-woo era
alguien para quien nada más importaba mientras lo tuviera a él.
El amor de So-woo por
él era excesivamente grande y profundo. Al fin y al cabo, así era el amor
paternal. Su-hyung conocía bien ese privilegio y lo había utilizado con
inteligencia. Incluso el hecho de que So-woo se deprimiera cada vez que
visitaba a sus abuelos. Sin embargo, últimamente la melancolía de So-woo se
estaba prolongando demasiado. Aquello no era una buena señal. Quizás ya no era
momento de tomarse las cosas con calma.
Su mirada se desplazó
desde el rabillo del ojo enrojecido hacia las pestañas temblorosas. Las largas
pestañas proyectaban una sombra hacia abajo. Su-hyung, que sostenía suavemente
el mentón de So-woo con sus dedos, movió la mano. Su palma rozó la piel suave y
sus yemas acariciaron el lóbulo blando de la oreja. Sobresaltado por la
intensidad del contacto, So-woo levantó la vista sin pensarlo. En cuanto alzó
los ojos, quedó atrapado por la mirada firme de Su-hyung, y sus pupilas
temblaron levemente. Solo entonces fue consciente de la distancia, que se había
acortado drásticamente sin que se diera cuenta. So-woo sonrió con torpeza y
tomó la mano de Su-hyung que sujetaba su mentón.
“Su-hyung.”
Bajó con suavidad
aquella mano grande. Al bajar la cabeza para evitar su mirada, sus ojos se
fijaron en la mano sobre la mesa. La mano de Su-hyung, bajo la suya, era
inmensa. Por el contrario, si la mano de Su-hyung se posara sobre la suya, ni
siquiera se vería. ¿Acaso se había estado apoyando sin darse cuenta en el niño
que siempre consideró pequeño? Su-hyung ya no era un niño inmaduro que
necesitara el cuidado de sus padres. No podía engañar al chico que había
crecido tanto de repente.
“Estoy bien.”
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So-woo sonrió mientras
acariciaba suavemente el dorso de la mano de Su-hyung. No era una sonrisa
forzada o incómoda para evadir el momento, sino una sonrisa tranquila, llena de
afecto por su hijo.
“Gracias.”
“...¿Por qué?”
“Por todo. Solo te
tengo a ti, Su-hyung.”
So-woo le dedicó una
sonrisa radiante, y de él emanó el mismo afecto profundo de siempre. Su-hyung
soltó un breve suspiro y retiró su cuerpo lentamente. So-woo fingía ser fuerte
ante él, pero hasta donde Su-hyung recordaba, no hubo ni un solo instante en
que pareciera serlo. Siempre se veía vulnerable e inestable. Había querido
esperar lo suficiente por él, pero ya no era momento de quedarse simplemente
mirando. Su-hyung curvó las comisuras de sus labios lentamente y le devolvió la
sonrisa.
* * *
Durante la cena,
Su-hyung solía relatar su día en voz baja. Aunque era un hombre de pocas
palabras, aquel momento era la excepción. Cualquiera que lo conociera se
sorprendería de la cantidad de detalles insignificantes que compartía, solo
porque So-woo lo deseaba. Era su antigua forma de cerrar el día.
Desde que Su-hyung
entró en la escuela primaria, So-woo siempre sintió curiosidad por el tiempo
que su hijo pasaba lejos de él. A Su-hyung le gustaba tanto ver a So-woo
escuchándolo con esa mirada cálida, que llegaba a contarle hasta las cosas más
triviales que él mismo habría pasado por alto: que el profesor llevaba la misma
ropa que el día anterior o que el amigo de la fila de adelante no había hecho
la tarea. Entonces, So-woo respondía con sinceridad, sugiriendo que el profesor
quizá estuvo muy ocupado para lavar la ropa o que a su amigo simplemente le
gustaba más jugar que estudiar. Eran los momentos en que la casa, con tan pocos
integrantes, se llenaba de vida.
Así, Su-hyung
compartió su día a día hasta convertirse en adulto. Ese era el momento favorito
de So-woo. A medida que Su-hyung crecía, surgieron cosas que no podía contar,
pero So-woo nunca sintió esa brecha. Su-hyung era así de dedicado con su tiempo
compartido, porque amaba ver a So-woo escuchándolo con curiosidad.
Incluso cuando cenaban
fingiendo no notar que So-woo tenía los ojos terriblemente hinchados, era igual.
Su-hyung observaba a So-woo mientras este se esforzaba por sonreír y cambiar de
tema, y terminaba por seguirle el juego con gusto. Con voz pausada, desgranaba
su jornada como siempre: qué había hecho, qué había comido y qué había visto.
Mientras relataba su día con calma, la mirada de Su-hyung permanecía fija en el
rostro de So-woo.
El contorno de sus
ojos enrojecidos, la punta de su nariz redonda y sus labios húmedos. A Su-hyung
le encantaba ese rostro que le sonreía mientras le prestaba atención. Para ser
honesto, su rostro deshecho por el llanto era todavía más de su agrado; tanto
que le frustraba el hecho de no haber sido él quien lo hiciera llorar.
Tras terminar de comer
y recoger todo juntos, se pararon uno al lado del otro en el baño para cepillarse
los dientes. So-woo miró a Su-hyung a través del espejo. Como Su-hyung era
zurdo y estaba a la izquierda de So-woo, su brazo libre estaba pegado al suyo.
Era un cuerpo grande y sano en comparación con su propia figura delgada. Aunque
hacía mucho que Su-hyung lo había superado en estatura, últimamente sentía de
forma muy real cuánto había crecido aquel niño. Ya no era el pequeño al que
debía proteger y criar.
A pesar de tener
varios baños amplios, terminaron de cepillarse apretados en ese espacio estrecho.
Seguían haciendo muchas de las cosas que hacían desde la infancia de Su-hyung,
cuando él aún necesitaba ayuda. Ninguno pensaba que fuera extraño. Cuando
So-woo oía a otros decir que se sentían tristes porque sus hijos se
distanciaban al crecer, solía ladear la cabeza confundido. Aunque el tiempo
compartido se redujo naturalmente con la madurez de Su-hyung, él siempre había
estado a su lado, sin cambios. So-woo aún no sabía que aquello era el resultado
del esfuerzo de Su-hyung.
Por eso, So-woo sentía
un vacío aún mayor. Su vida antes de Su-hyung le resultaba tan lejana que ni
siquiera podía recordarla. Tras convertirse en familia, la vida de So-woo giró
por completo en torno a él. No era exagerado decir que vivió solo para su hijo;
como padre, era lo natural. Además, ahora Su-hyung era lo único que le quedaba.
'Solo hasta este año.'
Era un tiempo que
había conseguido con dificultad. Desde el principio, esta vida no le
pertenecía. Le entristecía pensar que no vería a Su-hyung convertirse en un
alfa adulto, encontrar a su pareja y formar un hogar, pero debía conformarse
con esto. So-woo se consolaba a sí mismo, matando la codicia que brotaba de vez
en cuando.
Quizá porque eran
demasiados los deseos que había reprimido, So-woo, que dormitaba en un sueño
ligero, despertó con unas náuseas insoportables. Se tapó la boca y corrió al
baño, amortiguando sus pasos por miedo a despertar a Su-hyung. No sabía qué
hora era, pero la oscuridad era profunda. Sin embargo, al caer de rodillas
frente al inodoro, lo único que salió fue saliva clara. Solo eran arcadas secas
que no se detenían. Su visión se nubló por el esfuerzo constante y sintió que
el estómago se le retorcía de dolor. Miró con resentimiento el inodoro, que
permanecía impecable al no haber nada que expulsar.
En ese instante, la
luz del baño se encendió. Al girarse, entrecerrando los ojos acostumbrados a la
penumbra, las lágrimas contenidas en sus grandes ojos rodaron por sus mejillas.
Eran lágrimas fisiológicas provocadas por el esfuerzo. Su rostro blanco estaba
completamente encendido debido a la presión de las arcadas. Sus ojos estaban
empapados, como sumergidos en agua, y su mirada lucía turbia. De la punta de sus
largas pestañas colgaban lágrimas de forma lastimera. Sus labios, empapados de
saliva, dejaban escapar la humedad de forma desaliñada, revelando su interior
rojizo sin defensa alguna.
Su-hyung recorrió
lentamente el rostro de So-woo con una mirada intensa. Sentía lástima por su
sufrimiento, pero era un rostro que estimulaba sus instintos más crueles. La
mirada de Su-hyung descendió por su cuello delgado hasta detenerse en su hombro
flaco. Lentamente, levantó la mano para acomodarle la ropa que se había deslizado.
“¿Estás bien?”
“Sí. ¿Te desperté? Lo
siento...”
Antes de que So-woo
pudiera terminar de hablar, Su-hyung alzó su mano grande. Un aliento débil
escapó de entre sus labios entreabiertos.
“Ah, Su-hyung, ah...”
Los dedos largos y
gruesos invadieron su boca estrecha sin pedir permiso. El volumen de los dedos
llenó el espacio de inmediato. El interior de su boca, caldeado por las
náuseas, estaba ardiendo. Su lengua blanda quedó aplastada bajo los dedos
gruesos, y la saliva acumulada produjo un sonido húmedo.
“Ah, uuh...”
Con manos temblorosas,
So-woo sujetó la muñeca de Su-hyung, pero fue un gesto inútil y lastimero. Sus
manos sin fuerza se deslizaron sin siquiera poder empujarlo. Mientras tanto,
Su-hyung continuaba moviendo sus dedos. La boca de So-woo era estrecha,
caliente y húmeda. El sonido del agua resonó mientras su lengua se movía.
Su-hyung observaba hechizado los labios rojos empapados y sus propios dedos
invadiéndolos, antes de desviar la mirada. Los ojos de So-woo, distorsionados
por las lágrimas, se dirigieron hacia él. En esas pupilas tan dóciles solo
había confusión; no se encontraba ni rastro de desconfianza o resistencia.
Mirando fijamente esos ojos, Su-hyung hundió sus dedos profundamente. Pudo
sentir con claridad cómo su garganta se estrechaba al final. So-woo abrió los
ojos de par en par por el dolor físico, se apartó de Su-hyung y bajó la cabeza.
“¡Ugh...!”
Sintió que aquello que
lo oprimía y no salía finalmente se liberaba. Aunque lo único que expulsó fue
un líquido blanco y viscoso, sintió un alivio inmediato. Se limpió el contorno
de los ojos, que se habían inundado de lágrimas por la presión, y al levantar
la cabeza vio a Su-hyung. Aunque la garganta le ardía tras el vómito, se
esforzó por sonreír. Quería consolar a Su-hyung por el susto, pero se detuvo al
ver una expresión inusual en él. Parecía enojado o como si estuviera
reprimiendo algo con esfuerzo. Por un instante, el hijo que había criado
durante años le resultó extraño ante esa mirada desconocida.
“Su-hyung...”
Su-hyung, que miraba a
So-woo con el rostro endurecido, desvió la vista sin decir nada. Al ver que su
mirada se alejaba, So-woo sintió una punzada de angustia. Era incomprensible;
cómo el niño que había criado desde pequeño podía resultarle tan ajeno en un
segundo.
Su-hyung frunció el
ceño al mirar el contenido del inodoro. So-woo, que lo observaba con
nerviosismo, se tensó también. Creía que solo había expulsado jugos
gástricos...
“No mires, es
asqueroso.”
Aunque tiró del brazo
de Su-hyung, su cuerpo robusto no se movió. Normalmente, Su-hyung siempre hacía
lo que él pedía.
“Su-hyung, ¿qué pasa?”
Al tirar de sus
hombros anchos, So-woo terminó siendo arrastrado hacia adelante y su mirada
cayó por accidente en el inodoro. Allí, donde Su-hyung miraba con el rostro
rígido, flotaban pastillas que aún no se habían disuelto. Eran bastantes.
“Eh... Su-hyung, eso
es...”
No imaginó que las
pastillas saldrían manteniendo su forma. Como se había dormido justo después de
tomarlas y despertó por las náuseas, no tuvo tiempo de pensar. Creyó que había
pasado bastante tiempo, pero al parecer se despertó casi inmediatamente después
de acostarse. No era una o dos pastillas, así que era natural que Su-hyung
estuviera sorprendido.
“Es que... eh...
sentía que no estaba digiriendo bien. Por eso las tomé hoy.”
Tenía que cambiar de
tema antes de que Su-hyung preguntara. No debía permitir que indagara sobre qué
clase de medicina era. Su-hyung no podía saber qué estaba tomando. So-woo,
preso del pánico, empezó a dar excusas atropelladamente.
“No las tomo
normalmente. Solo hoy. Solo hoy porque me sentía un poco mal...”
Soltando un suspiro
tan breve que era casi imperceptible, Su-hyung tiró de la cadena y levantó a
So-woo sujetándolo del brazo. So-woo, que había estado arrodillado mucho
tiempo, se tambaleó por el entumecimiento de sus piernas. Con familiaridad,
Su-hyung lo sostuvo entre sus brazos, apoyando firmemente su cuerpo delgado
para llevarlo frente al lavabo.
“Enjuágate la boca.”
“...¿Eh? Ah, sí.”
Su-hyung llenó un vaso
con agua y se lo entregó; So-woo lo tomó y se enjuagó con lentitud. Quería
cepillarse los dientes, pero le resultaba difícil incluso decirlo. Como
siempre, So-woo obedeció dócilmente las indicaciones de Su-hyung.
Tras enjuagarse varias
veces por la sensación desagradable, Su-hyung le quitó el vaso. De inmediato,
una toalla blanca envolvió sus labios húmedos. Tras limpiar meticulosamente la
zona de la boca, la toalla mullida se dirigió a sus ojos. El contorno de sus
ojos estaba empapado tras haber llorado durante las arcadas. Su-hyung limpió la
piel delicada con manos cuidadosas. So-woo, que miraba aquel rostro que seguía
estando más alto que el suyo a pesar de que Su-hyung tenía la espalda
encorvada, se sonrojó. Por alguna razón, le costaba mirar a Su-hyung a la cara.
Quería creer que su rostro encendido era por el vómito. Su mirada errante se
detuvo de golpe. Sus ojos se abrieron con sorpresa al fijarse en la entrepierna
de Su-hyung.
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“…….”
Su-hyung permaneció
impasible a pesar de notar la mirada de So-woo. Terminó de secar sus ojos y su
nariz hasta dejarlos suaves y luego sostuvo su cuerpo delgado. Aunque So-woo se
sobresaltó y trató de retroceder más confundido, Su-hyung lo atrajo hacia sí como
si nada para que se apoyara en él. Lo escoltó fuera del baño hacia el
dormitorio. La manta estaba tirada en el suelo de cualquier manera tras su
huida repentina. Al acostar en la cama aquel cuerpo que seguía rígido por la
tensión, sus miradas se cruzaron. Su-hyung no intentó atrapar la mirada de
So-woo, que huía con nerviosismo de un lado a otro. Recogió la manta y lo
cubrió.
“Duerme.”
Al decir eso mientras
acariciaba suavemente su frente redonda, So-woo cerró los ojos con fuerza. Bajo
los párpados cerrados, se notaba que sus pupilas seguían moviéndose con
confusión. Su-hyung cubrió los párpados con su mano grande y palmeó lentamente
su cuerpo delgado. En la casa, donde hacía poco reinaba el caos nocturno,
pronto se instaló el silencio de una respiración tranquila.
* * *
So-woo abrió los ojos,
que mantenía cerrados, al escuchar el sonido de la puerta principal cerrándose.
Desde que Su-hyung era pequeño, las mañanas habían sido momentos de mucha
actividad. Prepararle el desayuno cada día, revisar su mochila para que no
olvidara nada y despedirse de él mientras salía de casa eran actos que tenían
un significado sumamente valioso para So-woo. Y más aún a medida que Su-hyung
crecía. Sin embargo, hoy había fingido estar dormido, dejando que se marchara
solo. Ser un padre que evita a su hijo por no saber cómo tratarlo... se sentía
el peor.
Tumbado, con la mirada
perdida, So-woo rememoró la noche anterior. La entrepierna de Su-hyung, que lo
sostenía, estaba abultada. No había sido una alucinación. Incluso había podido
percibir el feromona de Su-hyung, aunque fuera de forma tenue. Eso significaba
que cabía la posibilidad de que Su-hyung también hubiera sentido el suyo. No,
era una certeza. Seguramente por eso había tenido esa reacción física. De otro
modo, no habría razón para que Su-hyung se excitara frente a él.
“Haaa…”
Lo único que escapaba
de su pecho eran suspiros. Rogaba que Su-hyung no se hubiera dado cuenta de su
feromona. Deseaba que no intentara indagar en la causa que provocó su cambio
físico. Se sentía resentido consigo mismo por no haber podido digerir bien y
haber terminado vomitando. Sin los reguladores de feromonas absorbidos en su organismo,
Su-hyung había estado a su lado y, para colmo, So-woo había expulsado todo el
medicamento. Aunque a sus ojos siguiera pareciendo un niño, Su-hyung era un
alfa adulto. Era inevitable que se viera afectado por las feromonas. So-woo se
mordió el labio con fuerza.
En medio de todo
aquello, ni siquiera sabía cómo se había quedado dormido. ¿Acaso su cuerpo
estaba tan agotado que su mente dejó de funcionar? Tal vez el tacto de Su-hyung
dándole palmaditas y esa mano cálida cubriendo sus ojos hicieron que toda su
tensión se disipara. A pesar de la confusión en su corazón, el sueño lo venció
rápidamente. Incluso le pareció haber sentido entre sueños la presencia del
feromona del alfa.
Tras suspirar
repetidas veces, So-woo se levantó. Al poner un pie fuera de la cama, sintió la
ropa interior húmeda. Se debía a que había vomitado todo el regulador la noche
anterior y no había vuelto a tomarlo. Aunque era experto en controlar sus
feromonas por sí mismo, siempre había casos en los que se filtraban. So-woo
tomaba reguladores para evitar tales incidentes; era una cantidad tan grande
que rayaba en lo obsesivo. Su-hyung no debía sentir su feromona bajo ninguna
circunstancia.
Originalmente, los
miembros de una familia unidos por lazos de sangre no podían sentir los feromonas
de los demás, aunque fueran personas con rasgo. Si bien era una norma de
cortesía y un deber controlar las feromonas ante extraños, entre familiares era
algo que jamás se percibía, sin importar cuánto se desataran durante el celo.
Por esa razón, So-woo había tomado reguladores constantemente desde que
Su-hyung se manifestó como alfa. Eran medicamentos destinados a jóvenes que aún
no sabían controlar sus feromonas, pero para So-woo eran vitales. Porque él y
Su-hyung no compartían la misma sangre.
So-woo no era familia
de sangre de Su-hyung. Sin embargo, Su-hyung creció creyendo que So-woo era el
padre omega que lo había traído al mundo, y seguía creyéndolo. So-woo no tenía
intención de corregir eso. Era lógico. Aunque no lo hubiera parido, So-woo
había sido su padre desde que era muy pequeño. Lo consideraba su propio hijo
biológico; incluso dudaba si podría amar tanto a un hijo de su propia sangre si
llegara a tenerlo.
A los veinte años —la
edad que Su-hyung tenía ahora—, So-woo fue obligado por su tío abuelo a
contraer un matrimonio que no deseaba. Había pasado poco tiempo desde que
falleció su abuela, quien lo había criado tras perder a sus padres. Era un
mundo especialmente duro para un omega. No tenía a quién recurrir. Mientras se
sentía abrumado por la incertidumbre de cómo sobrevivir y ni siquiera podía
entregarse al duelo, apareció aquel tío abuelo al que apenas había visto un par
de veces. Sus ojos aceitosos recorrieron meticulosamente su rostro joven y su
cuerpo aún por desarrollar. En aquel entonces, So-woo vestía ropas viejas
debido a una vida de pobreza y llevaba el cabello descuidadamente largo. Su tío
abuelo lo llevó a cortarse el pelo, le compró ropa nueva y lo condujo ante una
mansión que parecía un palacio. Ese fue el comienzo.
“¿Y bien? ¿Le gusta?
¿No es excelente?”
“Bueno. Por el rostro
está bien, pero eso de que no tiene educación...”
“Por eso es mejor.
¿Para qué quiere una educación un omega que solo va a cuidar niños en casa?”
“Eso es verdad,
pero...”
“Un omega debe ser,
ante todo, bonito de cara y con buen cuerpo. Que cuide bien al niño de día y
que entretenga a su alfa de noche. ¿No es eso lo que importa?”
Dentro de la mansión a
la que fue empujado, se dijeron muchas cosas. Hablaban de él como si fuera un
objeto, evaluándolo frente a él como si fuera incapaz de oír. Al recordarlo,
comprendía que lo hacían porque sabían que él no podía hacer nada ante su
situación. Sea como fuera, su destino quedó sellado allí. No sabía qué recibió
su tío abuelo a cambio; solo recordaba que su espalda, mientras se marchaba
dejándolo en aquel lugar desconocido, se veía muy animada.
A pesar de todo,
So-woo no le guardaba rencor. Gracias a eso, obtuvo al ser más valioso del
mundo: su hijo. Al ver a Su-hyung, quien desde el primer encuentro se lanzó a
sus brazos sin timidez, el corazón de So-woo latió con fuerza ante la idea de
que quizá podría tener la familia con la que siempre había soñado.
Mucho tiempo después
se enteraría de que el alfa que se convirtió en su esposo amaba profundamente a
otra persona; que su familia, que lo evaluó como si fuera carne de mercado, no
aceptaba a esa persona por no ser de rasgo; que, a pesar de todo, ellos dos
tuvieron un hijo en secreto. Y que, poco después, la madre biológica de
Su-hyung falleció por una enfermedad dejando solo al niño, y que su alfa lo
odiaba profundamente por haber ocupado el lugar de su pareja.
Ducharse tras quitarse
la ropa húmeda lo hizo sentir un poco mejor. Nada más salir, buscó el regulador
de feromonas antes incluso de pensar en comer. La dosis estándar de inhibidores
para un adulto era de una pastilla tres veces al día. Sin embargo, So-woo
ingirió más de cinco de una sola vez. Tenía pavor de que su feromona se
filtrara. A medida que Su-hyung crecía como alfa, So-woo tomaba el medicamento
de forma más obsesiva. No quería perder su lugar como padre de Su-hyung. Él era
lo único que le quedaba, aunque sabía que ese puesto tenía fecha de caducidad.
Sumado al regulador,
tomó también inhibidores, por lo que se sintió lleno y sin apetito. Sabía que
debía comer, pero se limitó a quedarse sentado en el sofá. Últimamente, estos
momentos eran frecuentes. Una profunda melancolía se había instalado en él ante
el hecho de que pronto debería dejar el lado de Su-hyung. La única diferencia
hoy era que, en lugar de quedarse sentado llorando como de costumbre, su mente
no dejaba de dar vueltas. Cómo tratar a Su-hyung o qué decirle si llegaba a
preguntarle algo eran pensamientos que lo abrumaban.
Mientras soltaba un
suspiro más, algo cayó sobre el dorso de su mano. Una gota de sangre roja,
seguida de otra. So-woo, sin entrar en pánico, sacó un pañuelo y lo puso bajo
su nariz. Las hemorragias nasales eran habituales. Habían empezado a ser tan
frecuentes que ya parecían parte de su rutina diaria. Lo único molesto era que
la sangre no se detenía con facilidad. Al principio paraba pronto, pero
últimamente persistía durante mucho tiempo. Al levantarse presionando su nariz,
sintió que el mundo le daba vueltas. Frunciendo el ceño por el mareo, se sujetó
la cabeza y volvió a sentarse para estabilizarse.
Cuando el mareo
remitió un poco, So-woo entró en la habitación y abrió una cómoda. Allí
guardaba los medicamentos, incluidos los reguladores e inhibidores. Su mano,
moviéndose con familiaridad, tomó una caja cuadrada. Era un gel que le habían
recetado en el hospital porque su sangre no coagulaba bien; al aplicarlo en la
mucosa nasal, la hemorragia se detenía de inmediato. Sin embargo, la caja
estaba vacía.
“Ah…”
Recordó entonces que
se le había terminado hace unos días. Suspirando levemente, revisó el interior
del cajón. Agitó los botes de los reguladores e inhibidores; no era una
urgencia inmediata, pero tendría que ir pronto al hospital por más. Se levantó
y, frente al espejo, se limpió meticulosamente bajo la nariz. No servía de
mucho, pues la sangre brotaba de nuevo al instante, pero aun así se limpió con
un pañuelo nuevo y se cambió de ropa.
Caminar hasta el
hospital con este calor ya lo hacía sentir agotado de antemano. Los abuelos de
Su-hyung, dueños de una fortuna inmensa, no escatimaban con su nieto, pero eran
sumamente crueles con So-woo. Al no ser el padre biológico, quizá era de
esperar. So-woo simplemente agradecía poder estar al lado de Su-hyung y verlo
crecer. Él no tocaba ni un céntimo del dinero que se depositaba mensualmente
para los gastos de Su-hyung; jamás lo consideró suyo. Por eso, cuando no estaba
con Su-hyung, se privaba de lo que quería comer o hacer, y caminaba largas
distancias. Estaba acostumbrado, así que no le resultaba difícil.
Nada más cruzar el
portón, lo golpeó un calor sofocante. Era una estación en la que el aire se
sentía pesado incluso sin moverse. Tras limpiarse una vez más la sangre que
seguía fluyendo poco a poco, So-woo empezó a caminar. A su ritmo lento,
llegaría al hospital en una hora. Solo esperaba que la hemorragia se detuviera
durante el trayecto.
* * *
"Han
So-woo."
"Sí."
Cuando el sudor
comenzaba a secarse bajo el viento frío del aire acondicionado, llamaron su
nombre. So-woo asintió levemente hacia la enfermera que lo llamó y se dirigió
al consultorio. La enfermera ya se había acostumbrado a las miradas que lo
seguían, pues cuando So-woo visitó el hospital por primera vez, incluso el
personal se había alborotado. Al ver a la gente incapaz de apartar sus ojos de
él, la enfermera suspiró en secreto pensando que ser tan guapo debía de ser
agotador, y entró tras él al consultorio.
"Ah, So-woo."
"Hola."
Nada más entrar, el
médico vestido con su bata blanca saludó a So-woo. Su voz denotaba una alegría
genuina por verlo. Ya era su enésima visita; como los intervalos entre citas se
acortaban cada vez más, este médico era probablemente la persona a la que
So-woo veía más a menudo después de Su-hyung. En la placa sobre el escritorio
se leía: 'Especialista en Medicina Interna, Kang Jin-hyuk'.
"¿Sangraste por
la nariz otra vez?"
Jin-hyuk preguntó
incluso antes de que So-woo llegara a sentarse. El médico lo miraba con ojos
llenos de preocupación mientras So-woo respondía con una sonrisa tímida.
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"Hoy estás
especialmente pálido."
"……."
"¿Tampoco hoy se
detuvo la sangre con facilidad?"
"Sí…. Es que, se
me acabó el medicamento."
"¿Tan
pronto?"
Ante la pregunta
sorprendida, So-woo se mordió el labio y bajó la cabeza, dejando ver su cuello
delgado. Era un hombre que ya de por sí era menudo, pero cada vez que lo veía
parecía más demacrado. El médico sintió ganas de soltar una advertencia severa,
pero al ver ese rostro que parecía estar esperando un regaño, contuvo el
suspiro.
"Vaya, si tu
rostro ya era blanco, ahora parece papel. ¿Acaso no has comido nada de
nada?"
Jin-hyuk bromeó
frunciendo el ceño de forma juguetona, logrando que So-woo soltara una pequeña
risa. Su voz grave pero animada solía ganarse el afecto de la gente con
facilidad.
"¿Eh? ¿Por qué te
ríes? ¿Te hace gracia la preocupación de tu médico?"
"Es que parece mi
abuela."
"¿Tu
abuela?"
"Sí. Mi abuela
siempre decía lo mismo."
Una sonrisa suave se
instaló en los labios de So-woo. A diferencia de su rigidez habitual, su rostro
lucía relajado. Jin-hyuk se quedó observando ese rostro sereno por un instante
antes de volver en sí; a veces perdía el hilo al mirar a este paciente.
"Así que te
criaste con tu abuela."
"Sí."
Jin-hyuk le devolvió
la sonrisa y, mientras continuaba la charla, sacó un algodón con alcohol.
Limpió la sangre seca de la mucosa y aplicó ungüento en la piel irritada por el
constante roce de los pañuelos. Al requerir un toque delicado, la distancia
entre ambos se acortó. A pesar de su apariencia calmada, Jin-hyuk se esforzaba
al máximo por concentrarse únicamente en la herida.
"Qué envidia. Mi
abuela falleció cuando yo era muy joven."
"Ah…. Lo, lo
siento…."
"Está bien. No
tienes que disculparte por eso."
"… Aun así."
"¿No te dicen a
menudo que eres demasiado bueno para tu propio bien?"
"……."
Jin-hyuk rió y calentó
el cabezal del estetoscopio con su mano por un momento.
"Voy a
auscultarte."
El estetoscopio que se
deslizó bajo la fina camiseta estaba tan cálido como su mano. Jin-hyuk siempre
era amable; era un tipo de cortesía sutil que quizás practicaba sin darse
cuenta. Esa era la razón por la que So-woo, quien a menudo se sentía incómodo
en los hospitales por ser omega, prefería viajar largas distancias para venir
aquí. Tras terminar rápidamente, el médico desvió la vista hacia el monitor
para darle tiempo a So-woo de arreglarse la ropa.
"¿Has sentido
alguna otra molestia?"
"No. Ah, ayer
tuve vómitos……."
"¿Vómitos? ¿Por
qué sería? ¿Comiste demasiado?"
Preguntó en tono de
broma, aunque sus ojos reflejaban inquietud.
"No. Solo…. me
desperté en la noche y pasó."
"¿Todo lo que
comiste?"
Preguntó Jin-hyuk
haciendo un gesto exagerado con la mano sobre la boca. So-woo soltó una risita
y negó con la cabeza.
"No, solo…, la
medicina."
"¿La
medicina?"
Al mencionar que había
vomitado las pastillas, So-woo se sintió como un estudiante siendo castigado.
Jin-hyuk le había advertido constantemente sobre el exceso de reguladores. Si
no reducía la dosis, era únicamente por su propio deseo egoísta.
Evitó la mirada del
médico y suspiró. Falta poco. Cuando se alejara de Su-hyung, ya no tendría que
tomar reguladores de esta manera. Solo tenía que aguantar hasta entonces.
"So-woo, sabes
que esto no es bueno para ti aunque yo no te lo diga, ¿verdad?"
"Sí…."
"No tengo una
razón legal para negarme a recetártelos si me los pides. Si no te los doy yo,
irás a otro lado de todos modos."
Dijo Jin-hyuk con
sinceridad. So-woo se mordió el labio y bajó la cabeza. Le resultaba extraño,
pero a la vez reconfortante, que alguien se preocupara tanto por él.
"Te los daré,
pero por favor, intenta reducir la cantidad. ¿Sí?"
"… Sí."
"Aunque sé que no
lo harás, al menos ten en cuenta cómo me siento yo al tener que dártelos."
"……."
"No es bueno para
el estómago, así que asegúrate de comer bien antes de tomarlos. Si tomas tantas
pastillas con el estómago vacío, te lo vas a destrozar. ¿Entendido?"
"Sí."
Aunque respondía
obedientemente con sus bonitos labios, So-woo guardaba silencio en cuanto se
sentía acorralado. Jin-hyuk sabía que, bajo esa apariencia dócil, So-woo tenía
una voluntad de hierro; el hecho de que siguiera tomando esa medicación a pesar
de las advertencias médicas era prueba de ello. Al mismo tiempo, ver cómo
buscaba su aprobación como un niño que sabe que ha hecho algo malo lo hacía
parecer dócil. Era un paciente que Jin-hyuk no podía evitar cuidar,
independientemente de que, últimamente, también le interesara como hombre.
"Ponte un suero
antes de irte. Para que recuperes algo de energía, ¿vale?"
"Sí,
gracias."
So-woo asintió
sonriendo y salió del consultorio guiado por la enfermera. Jin-hyuk observó su
espalda delgada y soltó un largo suspiro. No conocía las razones exactas; solo
sabía que tomaba reguladores e inhibidores de forma compulsiva y que su cuerpo
estaba pagando las consecuencias de años de abuso.
Como médico, había
intentado advertirle y persuadirle, pero So-woo no se detenía. Una vez, cuando
se negó a darle la receta, So-woo simplemente asintió y se fue; meses después,
volvió en un estado aún peor. Sin duda había ido a otro hospital, y no todos
los médicos se preocupaban por sus pacientes. Jin-hyuk odiaba imaginar qué
pasaría si seguía tomando fármacos tan fuertes en exceso. Lo único que podía
hacer era buscar las marcas más suaves que mejor le sentaran.
Aun así, los efectos
secundarios persistían: hemorragias nasales frecuentes y mareos tras el suero
en la sala de recuperación. Llevaba más de diez años con este régimen; era un
milagro que su cuerpo siguiera resistiendo.
En realidad, había una
solución definitiva para todos sus males: feromonas de alfa. Si recibiera
suficientes feromonas de un alfa, los síntomas de su frágil cuerpo se
resolverían. Quizás no de inmediato, pero una exposición constante le
devolvería la salud.
El problema era que
recibir feromonas implicaba intimidad sexual. Aunque era posible recibirlas sin
sexo, la efectividad era abismalmente diferente. Además, socialmente, el
intercambio de feromonas se consideraba un acto privado entre parejas
vinculadas. En emergencias se usaban feromonas artificiales, pero no servían
para tratamientos a largo plazo.
Médicamente, la
solución era una relación con un alfa. Pero que alguien que tomaba bloqueadores
de forma obsesiva buscara curarse mediante el sexo con un alfa era una
contradicción. Jin-hyuk no sabía su historia, pero estaba claro que So-woo no
tenía pareja ni intención de tenerla.
'Si yo fuera un
alfa….'
El pensamiento cruzó
su mente y Jin-hyuk sacudió la cabeza para espantarlo. A veces, al mirar a
So-woo, se perdía en fantasías absurdas. Se reajustó en su asiento. No iba a
negar que le atraía So-woo como hombre; Jin-hyuk solía ser directo con sus
sentimientos. Pero con So-woo siempre había una excepción. Su promesa de no
involucrarse emocionalmente con pacientes ya se estaba tambaleando. Sin
embargo, sentía que acercarse románticamente a un omega que, por alguna razón,
evitaba a los alfas a toda costa, sería casi un pecado. Jin-hyuk se esforzaba
por tratarlo solo como paciente, aunque no estaba seguro de cuánto tiempo más
podría resistir.
* * *
Puede que solo fuera
su imaginación, pero tras recibir el suero, So-woo sintió el cuerpo mucho más
ligero. Quizás se debía a la corta pero dulce siesta que había tomado mientras
le administraban el líquido. So-woo se dirigió a casa sintiéndose un poco
mejor. Aún no sabía cómo tratar a Su-hyung, pero no era algo que pudiera evitar
para siempre. Lo bueno era que hoy Su-hyung tenía planes hasta tarde. Su-hyung
siempre le avisaba de su horario con antelación y compartía su rutina al final
del día. Por eso, incluso sin preguntar, So-woo conocía sus planes de forma
natural. Hoy era el día de la reunión del club de Su-hyung.
“Ya llegué.”
“¿Eh…?”
So-woo se preguntó por
un momento si se había dejado las luces encendidas al salir, pero Su-hyung
estaba dentro de la casa. Él lo recibió con su apariencia habitual.
“¿Viniste caminando
otra vez? Hace calor hoy.”
Al ver las gotas de
sudor en la frente blanca de So-woo, Su-hyung puso una cara de preocupación.
Tomó la bolsa de papel que So-woo sostenía y lo guio tomándolo de su brazo
delgado. So-woo, sorprendido por la inesperada aparición de Su-hyung, se
encontró de pronto sentado en el sofá recibiendo un vaso de agua fría.
“Te dije que no
caminaras y tomaras un taxi si era posible. O que me llamaras.”
“…….”
“¿No confías en mí
porque soy principiante? ¿Es mejor que te dé un golpe de calor antes que subir
a mi auto?”
La forma en que
Su-hyung soltaba sus preocupaciones como si se quejara era la misma de siempre.
Solo entonces So-woo pudo relajarse y sonreír. Al parecer, todo habían sido
conjeturas suyas.
“Está bien. No caminé
mucho.”
Sus ojos redondos y
suaves finalmente lo miraron y sonrieron. Era una persona fácil de leer.
Su-hyung se sentó al lado de So-woo y tomó el vaso de agua medio vacío. Del
cuerpo que debía estar sudado solo emanaba un aroma dulce y refrescante.
Su-hyung se inclinó hacia So-woo y hundió la nariz en su suave cabello.
“Pero, ¿por qué
viniste tan temprano? ¿No tenías una reunión hoy?”
“Se pospuso para la
próxima. Los horarios de todos no coincidían.”
So-woo no necesitaba
saber el hecho de que Su-hyung había faltado unilateralmente. De todos modos, era
una reunión creada por Su-hyung. Nadie podía decirle nada aunque faltara sin
avisar y no respondiera las llamadas. Después de todo, en ese club solo había
chicos que querían mantener una relación con Su-hyung. Era una de esas cosas
triviales con las que había lidiado desde pequeño.
Hacer cosas triviales
y aburridas era solo porque So-woo lo deseaba. So-woo quería que Su-hyung
tuviera una vida escolar normal y se llevara bien con sus amigos, y cuando él
le contaba esas historias, los ojos de So-woo brillaban de alegría. Por eso,
Su-hyung hacía lo que So-woo quería. No era algo difícil. Aunque en realidad,
quería estar con So-woo todo el día.
A Su-hyung le gustaba
que So-woo recordara su rutina diaria. Quería que él supiera qué estaba
haciendo en ese momento, incluso sin estar en contacto. Deseaba que So-woo
pensara en él de la misma forma en que él pensaba en So-woo. Deseaba que la
forma de sus corazones fuera la misma. No, incluso si no tenían la misma forma,
quería que estuviera a su lado de la manera que él deseaba. Y tenía la certeza
de que así sería. Su-hyung no tenía intención de aguantar más.
“¿Ah, sí? Debe haber
sido una pena.”
“Es mucho mejor estar
así.”
Su-hyung, encogiendo
su gran cuerpo para apoyar la cabeza en el hombro frágil, estiró sus largos
brazos y abrazó la cintura de So-woo. La cintura envuelta por sus dos brazos
era excesivamente delgada.
“Vaya, ¿qué voy a
hacer si sigues así? Ya debería gustarte más jugar con tus amigos.”
La caricia que
acariciaba la cabeza apoyada en él era suave. Aunque lo dijo como si lo
regañara, la cara de So-woo debía estar llena de sonrisas. Su-hyung sabía que a
So-woo le gustaba cuando él actuaba como un niño que todavía necesitaba el
toque de sus padres. ¿Acaso encontraba así su razón de ser? No importaba lo que
fuera. Que So-woo sintiera un fuerte instinto paternal hacia él era algo bueno.
Cualquier medio que pudiera atarlo a él estaba bien.
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Al girar ligeramente
la cabeza apoyada en el hombro, su nariz rozó la nuca. Piel suave y tierna. Si
pusiera los labios y succionara, pronto quedaría una marca roja. La piel de
So-woo dejaba marcas con especial facilidad. Su-hyung, oliendo el aroma dulce que
emanaba sutilmente, acarició el vientre delgado con la mano que lo abrazaba. Al
acariciar suavemente el vientre plano y delgado, So-woo soltó una carcajada.
“Me da cosquillas.”
A Su-hyung le gustaba
ver a So-woo reír. La suave curva de sus labios al subir, sus mejillas rosadas
con color y sus ojos suaves que se curvaban en círculos. Cuando era pequeño, se
sentía orgulloso con la arrogancia de que él era el único que podía darle esa
sonrisa. Parece que ese pensamiento infantil sigue siendo el mismo.
“Come mucho. ¿Por qué
estás tan delgado?”
La mano grande que
entró bajo la camiseta tocó la piel tierna. Fue una caricia con un propósito
secreto, pero So-woo lo tomó como el mismo mimo de siempre. So-woo retorció la
cintura con una risa aún mayor.
“Ah, te digo que me da
cosquillas, je, je.”
Su-hyung sintió las
costillas delgadas. Mientras So-woo se retorcía, la mano de Su-hyung sostenía
el costado de su caja torácica delgada. Era un cuerpo tan fino que si lo
agarraba con las dos manos, las puntas de sus dedos casi se tocarían. Si giraba
un poco el pulgar, podría tocar el pezón que sobresalía. ¿Qué cara pondría si
lo hiciera rodar bajo su dedo? ¿Tendría un color tan bonito como sus labios,
que siempre estaban rojos sin necesidad de pintarlos? Como cuando era pequeño,
si se metiera eso que parece una fruta en la boca como si buscara leche.
Su-hyung reprimió el impulso mientras olía el aroma de So-woo.
So-woo, que se reía
mientras giraba el cuerpo por las cosquillas, finalmente logró contener la
risa. Solo entonces comenzó a ser consciente de Su-hyung, que estaba abrazado a
él. En realidad, So-woo estaba atrapado en los brazos de Su-hyung, pero debido
al contacto físico que había continuado desde que Su-hyung era muy pequeño,
So-woo no notó nada diferente.
A menudo se veía
hundido en el sofá, empujado por Su-hyung, quien lo abrazaba con su gran
tamaño. Era la apariencia de siempre, pero ¿será que de repente se volvió
consciente debido al incidente de la noche anterior? Se dio cuenta de la mano
que sostenía su pecho y de la camiseta que estaba levantada más de la mitad,
envuelta por el brazo grande.
“¿Yo estaba aquí
dentro?”
“… ¿Eh?”
La mano grande
acarició lentamente el vientre delgado en círculos. ¿Será porque era un toque
excesivamente lento? Por alguna razón, sentía que su cuerpo se ponía rígido y,
al mismo tiempo, que se relajaba lánguidamente. Parecía que el vello de su nuca
se erizaba.
“Aquí dentro…”
“…….”
“¿Es tan estrecho?”
La mano que se detuvo
sobre el vientre tanteó como si midiera algo. La mano que tanteaba sobre el
bajo vientre subió pasando por el ombligo. La mano que se detuvo en cierto
punto comenzó a trazar círculos del tamaño de un puño con la punta de los
dedos.
“Como este lugar es
tan estrecho.”
“…….”
“¿Cómo me llevaste
dentro?”
La voz baja susurró al
oído. Al no subir el tono al final, So-woo no sabía si era una pregunta que
esperaba respuesta. So-woo ya tenía dificultades para respirar con normalidad.
“¿Eh?”
Nuevamente, la voz
baja resonó en su oído. ¿Sería una ilusión creada por la tensión sentir que los
labios húmedos tocaron el lóbulo de su oreja? No sabía qué decir. Porque So-woo
nunca había llevado a Su-hyung en su vientre. Si esto era algo que decía porque
se había dado cuenta de algo…….
“Su-hyung…”
Al girar la cabeza,
que de alguna manera parecía crujir, la mirada de Su-hyung chocó de inmediato.
Su-hyung miraba a So-woo con una sonrisa radiante.
“Por eso, te digo que
comas mucho.”
Su-hyung, que levantó
y sentó el cuerpo que estaba casi acostado, arregló la ropa de So-woo. La
camiseta cubrió el vientre blanco que estaba al descubierto y la clavícula que
se asomaba también desapareció bajo la ropa.
“No me digas solo a mí
que coma mucho.”
“Sí… entiendo.”
Ante la respuesta
torpe de So-woo, Su-hyung levantó la voz a propósito.
“Dicen que a los 30 a
todos les sale barriga.”
“¿Qué?”
“Pero, ¿por qué
nuestro señor Han So-woo está tan delgado?”
“¿Quieres que me salga
barriga?”
“Mmm… ¿eso no sería
demasiado como un señor mayor?…….”
Aunque a él no le
importaba en absoluto.
So-woo, que finalmente
recuperó la sonrisa ante la apariencia habitual de Su-hyung, negó con la cabeza
y sonrió. Era porque estaba excesivamente sensible. ¿Sería porque el estrés por
lo de la noche anterior fue grande? Solo tenía que tomarse bien las medicinas
de ahora en adelante.
“Está bien. Comeré
mucho de ahora en adelante. Tendré que comer mucho para que me salga barriga.”
So-woo, que habló
riendo, palmeó el brazo de Su-hyung y se levantó. Su-hyung, que miraba la
espalda de So-woo mientras este entraba a su habitación con la bolsa de papel,
soltó un suspiro inaudible con una cara en la que la sonrisa ya había
desaparecido. Su mirada de desaprobación se dirigía a la bolsa de papel.
Después de comer, se
sentaron juntos con la televisión encendida y comieron fruta pelada. Desde hace
algún tiempo, pelar fruta era tarea de Su-hyung. Recordándolo, parece que fue
después de que So-woo se cortara la mano con el cuchillo y viera sangre.
Mientras reían y charlaban viendo programas de variedades, Su-hyung le ponía
fruta en la boca. Entonces, So-woo también le ponía fruta en la boca a
Su-hyung, quien sostenía la fruta y el cuchillo. Era un tiempo cómodo y
cotidiano.
Por insistencia de
Su-hyung, quien incluso terminó de lavar los platos, salieron a caminar por la
noche. El destino era el parque del lago cerca de la casa. Tardaban
aproximadamente una hora en dar una vuelta al parque que rodeaba el lago. Los
dos caminaron lentamente disfrutando del aire fresco de la noche de verano. El
barrio donde habían vivido desde que el padre alfa de Su-hyung estaba vivo,
cuando Su-hyung era muy pequeño, era familiar y cómodo para todo. Al ver a
familias que salían a caminar con niños pequeños, también recordaba la infancia
de Su-hyung. Mientras caminaban conversando de esto y aquello, pronto pasó una
hora. Sintiendo una pena innecesaria, sus pasos se volvieron lentos sin darse
cuenta, y Su-hyung lo guio a una heladería diciendo que tenía sed. El helado
que compartieron sentados en la terraza exterior era el sabor a cereza que le
gustaba a So-woo.
So-woo, que salió
después de ducharse, se sirvió un vaso de agua. Al otro lado de la puerta
cerrada de la habitación de Su-hyung, que parecía estar durmiendo, no se oía
ningún sonido. Se dirigió a su habitación de puntillas y cerró la puerta
silenciosamente. En momentos como este, por alguna razón, se sentía como si
estuviera cometiendo un pecado. So-woo, soltando un bajo suspiro, abrió
lentamente la cómoda.
El interior de la
cómoda estaba lleno de medicinas recibidas en el hospital. Entre los frascos de
medicina ordenados pulcramente, sacó el regulador de feromonas. No hubo ni un
momento de vacilación en el gesto de inclinar el frasco para sacar la medicina.
Sabía mejor que nadie que debía reducir la dosis. Como era su propio cuerpo, no
había forma de que no lo supiera. Se cansaba fácilmente y se enfermaba a
menudo. También sangraba por la nariz con frecuencia. Cuando llegaba el celo,
durante el cual incluso tomaba supresores de celo, a menudo perdía el
conocimiento. Aun así, la expresión de So-woo al tragar la medicina era firme.
Como había obtenido a Su-hyung, valía la pena soportarlo. No, era algo que ni
siquiera se podía comparar.
El padre alfa de
Su-hyung, es decir, el esposo de So-woo, era una persona fría. Nunca le dio una
mirada cálida ni un toque cariñoso. So-woo, que se casó como si fuera vendido a
un padre soltero con un niño de 3 años a la temprana edad de veinte, sintió que
ese esposo era más cruel que el tío abuelo que lo vendió. Aunque fue un
matrimonio que él tampoco deseaba, tal vez tenía una ligera expectativa de
tener una familia. Fue en un momento en que se sentía solo en el mundo después
de que su abuela falleciera.
Sin embargo, al
enterarse de que el esposo no era un padre soltero, sino que tenía a alguien a
quien amaba aparte, y que esa persona perdió el sentido de la vida después de
fallecer por una enfermedad, sintió que su existencia era pecaminosa. Como era
alguien que ocupó el lugar de su pareja, lo habría odiado mucho. So-woo, que es
suave y tierno por naturaleza, sintió que ese hecho era lo más difícil. Que sus
padres le dieran más trabajo que a los empleados y no dudaran en decir palabras
insultantes era algo insignificante. Porque, desde el principio, no era su
lugar.
Lo único que lo hizo
aguantar esos tiempos fue la existencia de Su-hyung. Un niño que vino a sus
brazos sonriendo desde la primera vez que se vieron. El padre biológico de Su-hyung,
que parecía solo una cáscara tras perder a su pareja, también fue indiferente
con su hijo. Antes de que Su-hyung se manifestara. Incluso los abuelos de
Su-hyung pensaron que Su-hyung, el hijo de una beta, no podía ser un ser con
rasgo. Por eso, no le dieron mucho afecto a Su-hyung y solo esperaban que
So-woo diera a luz a un niño con rasgo.
Aunque no habló hasta
los tres años, nadie le prestó atención, lo que preocupó a los empleados.
Su-hyung soltó su primera palabra con el término 'papá'. Ese llamado fue
dirigido a So-woo. Al ver a Su-hyung acercarse llamándolo 'papá', So-woo pensó
que todo lo demás no importaba. Juró que se convertiría en un verdadero padre
para él, y que tal vez lo amaría más que a sí mismo.
Sin embargo, los
abuelos de Su-hyung actuaron como si estuvieran probando hasta dónde aguantaba
So-woo. Parecían personas que habían apostado a ver quién escuchaba primero las
palabras ‘no puedo más’. ¿Qué era lo que les disgustaba tanto? Ellos, que
consideraban un orgullo a su hijo alfa dominante, querían una nuera con rasgo.
Pero los rumores corrían rápido en ese mundo. Las propuestas de matrimonio que
podían elegir desaparecieron como mentiras, y los vínculos matrimoniales que
esperaban más que a una nuera con rasgo desaparecieron como un sueño de una
noche de verano.
Aun así, no pudieron
renunciar a una nuera con rasgo y trajeron a So-woo. Incluso esto fue algo que
pudieron proponer solo después de que la madre biológica de Su-hyung muriera.
Un padre soltero con un niño de tres años. Como era difícil esperar un buen
matrimonio, no tuvieron más remedio que aceptar a So-woo, aunque no les
gustaba.
En realidad, un omega
dominante tan limpio como So-woo no era común. Si no hubiera sido por ese
estúpido tío abuelo que vendió a su sobrino a precio de ganga y se alegró sin
saberlo, So-woo habría podido negociar a su manera. El hecho de que lo
maltrataran mostrando deliberadamente que no les gustaba fue porque sabían eso.
Aun así, el desprecio de qué podrías hacer tú que no tienes padres ni hermanos.
El menosprecio de que debías estar agradecido por entrar en esta familia con tu
posición social.
Incluso mirándolo de
reojo, el omega de veinte años que era blanco y tenía mejillas regordetas había
perdido la vitalidad y se había marchitado en unos pocos años. Tal vez para
So-woo, el desprecio del esposo fue más difícil que el acoso de los suegros en
ese momento. Un omega era un ser feliz solo si recibía el amor de su alfa.
Aunque fue de una manera no deseada, después de que incluso la ligera emoción
de tener a su pareja fuera desechada en un instante, So-woo comenzó a secarse
por la soledad.
Después de soportar
solo su primer celo al llegar a la mayoría de edad, So-woo comenzó a tomar
supresores. El supresor fue entregado a través de un empleado por el esposo,
quien también soportaba su rut con medicina. En ese momento, lo que hizo
aguantar a So-woo fue únicamente Su-hyung. Así, los dos se convirtieron en el
único apoyo el uno para el otro.
“Haah….”
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So-woo, que tragó la
pastilla, exhaló lentamente. Era algo tan familiar como respirar, pero tomar la
medicina era difícil cada vez. Era porque su garganta era inusualmente estrecha
y le costaba tragar las pastillas. Tras dejar el vaso sobre la cómoda, se sentó
de golpe sobre la cama mullida. So-woo, que hizo una mueca de dolor mientras se
tocaba el cuello donde quedaba una sensación de cuerpo extraño, soltó
lentamente el nudo de su bata.
La mano que sostenía
su cuello se deslizó hacia abajo. La mano blanca y fina se detuvo sobre el
vientre también blanco y delgado. Trazó círculos con la mano como hacía
Su-hyung.
¿Estaré demasiado
delgado…?
No lo sabía porque no
se había pesado, pero parecía que había perdido más peso últimamente. Parecía
que la causa era el estrés. Era una situación en la que no podía no haber
estrés. Se consoló a sí mismo pensando que estaba aguantando bien considerando
la situación actual.
Fuu, So-woo, soltando
un suspiro, manoseó su vientre delgado. Mientras frotaba suavemente el vientre
trazando un círculo amplio, se detuvo de repente. Desde el bajo vientre, hasta
arriba del ombligo…….
Manoseó lentamente el
lugar que Su-hyung tanteaba como si midiera algo. Mientras manoseaba con la
punta de los dedos sobre su vientre delgado, sintió que su parte inferior se
mojaba junto con una sensación extrañamente excitante.
“Ah…. Por qué….”
Se mordió el labio
ante una reacción física que ni él mismo entendía. Su mirada, que se dispersaba
confusa, se detuvo en la puerta de la habitación firmemente cerrada.
Como está durmiendo….
En silencio….
So-woo, soltando un
suspiro bajo como si se hubiera decidido, agarró lentamente su pene medio
erecto. Era la primera vez en mucho tiempo que tocaba su propio cuerpo con esa
intención. So-woo comenzó una masturbación torpe. Al mover suavemente hacia
arriba y hacia abajo la mano blanca que sostenía su pene, se extendió un placer
punzante. Al frotar con la punta del dedo el extremo rosado donde empezaba a
formarse un líquido claro, se extendió una sensación punzante como si fluyera
una corriente eléctrica.
“¡Hic…!”
Al mismo tiempo que se
le escapaba un gemido del que no se dio cuenta, So-woo se tapó la boca y miró
la puerta. Aun así, no detuvo el movimiento de su mano. Pronto, en la
habitación resonó el ruido viscoso del líquido pegajoso frotándose.
“Uh, je….”
So-woo, que se acostó
en la cama y dobló las piernas, movió rápidamente la mano que sostenía su pene.
La otra mano tocaba su pezón. El pezón, que nunca había cumplido su función,
era pequeño. Aunque pellizcara y rodara algo tan pequeñito, no había ninguna sensación
especial. So-woo volvió a agarrar su pene con las dos manos. So-woo, que giró
la cabeza a un lado y hundió la cara entre las mantas, soltó una respiración
agitada. No mucho después, detuvo la respiración y retorció la cintura como si
hubiera llegado al límite.
“¡Haa…!”
Entre sus dedos
blancos y finos fluyó un moco blanquecino. Fue una gran cantidad, como si
demostrara que había pasado mucho tiempo. Sus manos y pies temblaban tanto por
el placer extendido por todo su cuerpo. Se quedó acostado así por un buen rato
sin poder moverse. Tras recuperar finalmente el sentido y levantar la mano, el
semen pegajoso estaba pegado en sus dos manos.
“Haah….”
Pero con esto solo no
era suficiente. Aunque no se había masturbado mucho, sabía que no podía
aliviarse así. Era una sensación instintiva. Se sintió frustrado como si
estuviera atado en algún lugar ante una sensación que parecía alcanzar pero no
alcanzaba. So-woo, que vacilaba, bajó lentamente la mano hacia su entrada. La
mano temblorosa tocó la entrada que se estremecía.
No era la primera vez
que tocaba este lugar por sí mismo. Pero como tampoco era algo frecuente,
So-woo se sintió innecesariamente tenso como un niño que comete una travesura.
Sintió los pliegues de la entrada en las yemas de sus dedos temblorosos. El
semen pegado en su mano se frotó en los pliegues. Era un lugar que, aunque era
su propio cuerpo, nunca había visto directamente. ¿Cómo sería ese lugar
cubierto de moco opaco? Los pliegues apretados estaban cerrados estrechamente
como si no permitieran la entrada de nada.
Trató de relajarse
exhalando lentamente. Por alguna razón, las plantas de sus pies sentían
cosquillas. Todo su cuerpo estaba caliente por el calor que subía. La punta de
su dedo, que vaciló por un largo tiempo mientras temblaba, finalmente se
adentró en la estrecha grieta como si se hubiera decidido.
“¡Ah…!”
No era tarea fácil
adentrarse en ese lugar firmemente cerrado. Fue suficiente para que la punta
del dedo muy roja desapareciera un poco, pero más que eso era imposible. Fue
solo aproximadamente una falange del dedo, pero el dolor fue grande. No tenía
confianza para soportar este dolor e intentar avanzar más. So-woo, que gemía
mordiéndose el labio, finalmente sacó la mano.
“Haah….”
Se le fue la fuerza de
todo el cuerpo. No había hecho nada correctamente, pero sentía que todo su
cuerpo estaba agotado. ¿Será porque estaba muy tenso? So-woo, que estaba
acostado con todo el cuerpo relajado, levantó la mano. El dedo mojado con semen
brillaba. So-woo, mirando fijamente la punta del dedo medio que había intentado
adentrarse en su cuerpo, soltó un suspiro y se cubrió los ojos con el brazo. El
pene, que había vuelto a acumular calor mientras tocaba la entrada tras la
eyaculación, ya había perdido fuerza y vuelto a su apariencia original. Fue un
sentimiento extraño sentirse patético y, al mismo tiempo, aliviado por llegar a
ese estado con solo eso.
So-woo pensaba que él
mismo tenía poco deseo sexual. ¿No sería que no tenía ninguno, en lugar de un
nivel bajo? Porque un omega, que es vulnerable a las feromonas y al que le
llega periódicamente el ciclo de celo, es decir, la época de celo, ha vivido
toda su vida sin pareja. Por supuesto, recibe la ayuda de supresores durante el
celo, pero escuchó que hay muchos que sufren por el calor del celo a pesar de
eso. Sin embargo, para So-woo, si tomaba el supresor, su cuerpo se volvía más
torpe y pesado de lo normal, pero pasaba igual que siempre. Aparte de cosas
como sangrar por la nariz o perder el conocimiento por debilitarse físicamente.
Pensaba que era una
suerte ser así. Porque si hubiera sido vulnerable a las feromonas como
cualquier persona con rasgo, los innumerables días que tuvo que soportar solo
habrían sido terriblemente dolorosos.
So-woo, que estuvo
acostado sin moverse por un buen rato, levantó lentamente el cuerpo. Sentía que
si seguía acostado por estar agotado, se quedaría dormido así. Tras limpiarse
la mano, todavía con semen, en su bata, se levantó dando fuerza a sus piernas
temblorosas. Estiró la mano hacia el vaso de agua sobre la cómoda vacía. Al ver
el vaso, sintió una sed terrible. Caminó sosteniendo el vaso en la mano.
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Al abrir la puerta y
salir, el aire frío tocó su piel, a diferencia del interior de la habitación
que estaba lleno de calor. So-woo, sintiéndose mucho mejor por la sensación
fresca que tocaba su piel, se dirigió a la cocina aminorando sus pasos por
consideración a Su-hyung, que estaría durmiendo. Incluso en la cocina oscura
porque no encendió la luz, encontró familiarmente el purificador de agua y
sirvió agua. Bebió mojándose la garganta con el vaso lleno de agua que se
mecía. So-woo, que volvió a llenar el vaso medio vacío, se dirigió a su
habitación.
A diferencia de la
cocina oscura, la sala de estar que tenía un gran ventanal al frente estaba
tenuemente iluminada por la luz de la luna. So-woo, que caminaba sin pensar, se
detuvo de repente. Alguien estaba sentado en un lado del sofá de la sala de
estar que estaba oscuro porque no entraba luz. Era Su-hyung.
De por sí estaba en un
estado sin fuerzas en todo el cuerpo. El vaso de agua que se le cayó de la mano
al sorprendido So-woo se rompió con un sonido de tintineo. El agua fría que
había llenado cubrió su empeine delgado que brillaba blanco bajo la luz de la
luna.
“¡Ah…!”
Tan pronto como se
rompió el vaso, Su-hyung se acercó a grandes pasos y se arrodilló frente a
So-woo. Una mano caliente agarró de repente el tobillo de So-woo, quien
intentaba retroceder sin darse cuenta ante la enorme figura que se acercó
frente a él en un instante.
“Quieto.”
El tobillo fino quedó
envuelto por una mano. Su-hyung, que detuvo a So-woo quien intentaba moverse
precipitadamente, soltó lentamente el tobillo. Quedó un calor ardiente en el
tobillo que se había enfriado con el aire frío.
“Te lastimarás.
Quédate así.”
Su-hyung recogió los
trozos de vidrio esparcidos por el suelo y los empujó a un lado. Las cosas
visibles se habían ordenado más o menos, pero todavía quedarían fragmentos
pequeños. Tras mirar a su alrededor, tomó pañuelos desechables que estaban
sobre la mesa del sofá. Primero, comenzó a limpiar el agua que mojaba el suelo
de mármol liso. Se veía que se aplicaba fuerza en los dedos blancos de los pies
que no llevaban pantuflas. Su-hyung, que ordenó el suelo hasta cierto punto en
silencio, se levantó sosteniendo los trozos de pañuelo apelotonados. Hasta ese
momento, So-woo solo estaba parado sin poder decir nada.
“Te asustaste,
¿verdad?”
Su-hyung, que volvió
tras tirar los trozos de vidrio y los pañuelos, le preguntó a So-woo. Fue un
tono de voz amable como siempre. So-woo, que estaba parado mordiéndose los
labios sin encontrar qué decir por la sorpresa, finalmente levantó la cabeza.
La cara de Su-hyung, que estaba parado de espaldas a la ventana, no se veía
porque estaba oscuro. ¿Qué expresión tendría? ¿Acaso se habría dado cuenta de
que él mismo tocó su cuerpo? Pensó que era una suerte que no pudiera verle la
cara.
“Está bien…. Es que se
me resbaló la mano.”
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Su voz, que
normalmente era suave y tranquila, fue inusualmente pequeña. Sintió que su cara
blanca se puso roja aunque estaba en la oscuridad. Su-hyung, que miraba
fijamente a So-woo quien no podía levantar la cabeza, sonrió radiante.
“Estaba aquí afuera hace
un rato tras despertarme. Escuchando algo de música.”
Su-hyung, que sacó los
auriculares de su bolsillo, los agitó ligeramente frente a la cara de So-woo.
“Ah….”
Solo entonces So-woo
levantó la cabeza y soltó un pequeño suspiro de alivio. Un rastro de alivio por
relajarse se extendió por su rostro.
“Yo también me
sorprendí porque no sabía que 'appa' había salido por estar escuchando
canciones.”
“¿Ah, sí?”
La cara pequeña
finalmente lo miró y sonrió.
“Yo también pensé que
no había nadie, así que me sorprendí mucho…….”
“Sí.”
Su-hyung, que
respondió amablemente, dio un paso adelante. La distancia se acortó
drásticamente en un instante, pero So-woo, que se había relajado, no lo notó.
“Tenía sed porque
estaba durmiendo.”
Bajó la mirada
mientras añadía comentarios adecuados de vez en cuando a la voz que soltaba
muchas palabras de excusa. A veces, So-woo estaba sorprendentemente indefenso.
La bata con el lazo de la cintura suelto mostraba su interior tal cual. Debido
a que estaba de espaldas a la luz, no podía ver bien el cuerpo de So-woo parado
frente a él, pero podía notar que parte de la piel transparente estaba
brillando mojada con semen.
¿Habría tocado ese
lugar por sí mismo? ¿Qué expresión habría puesto? ¿Habría podido el omega estar
satisfecho con solo tocar ese lugar?
Se veía semen
blanquecino manchado en la bata de color. No era una cantidad pequeña. Su-hyung
estiró lentamente la mano, cerró la bata y le hizo el nudo. Algo pegajoso quedó
manchado en la punta de sus dedos.
“Ah.”
Solo entonces So-woo,
al darse cuenta de que estaba mostrando su cuerpo, soltó una breve exclamación.
Aun así, no se sorprendió tanto como cuando vio a Su-hyung en la sala de estar.
So-woo estaba así de indefenso. Porque para él, Su-hyung no era un alfa. Por
eso, esa falta de defensa no era del todo grata para Su-hyung.
“¿Dormiste sin secarte
el pelo?”
Su-hyung, soltando un
suspiro inaudible, tocó el cabello de So-woo. El cabello de buena calidad
estaba frío. Era un cuerpo débil que se enfermaba fácilmente. Su-hyung, que
llevó a So-woo tomándolo de la mano y lo sentó en el sofá, tomó el control
remoto que estaba sobre la mesa y apagó el aire acondicionado. Tras cerrar aún
más minuciosamente las solapas de la bata, entró de inmediato a la habitación y
salió con un secador de pelo.
“Está bien.”
So-woo, que se dio
cuenta de la intención de Su-hyung, dijo sonriendo ampliamente. A diferencia de
sus palabras de que estaba bien, su cara radiante no ocultaba su buen humor.
Incluso en su espalda sentada dándole la espalda para tomar posición, no se
ocultaba su alegría. A So-woo le gustaba especialmente que le tocaran el pelo.
Por eso, Su-hyung solía secarle el pelo a So-woo de vez en cuando.
Un aire cálido y suave
comenzó a salir del secador encendido. Su-hyung secó lentamente el cabello de
So-woo. No recordaba exactamente cuándo fue. Pero hubo una ocasión en la que se
ofreció a secarle el pelo tras ver a So-woo secándole el pelo a él después de
bañarse juntos. Probablemente sea una historia de cuando era muy pequeño y
asistía a la escuela primaria.
Incluso dejando que
Su-hyung sostuviera el secador con su mano, que todavía era mucho más pequeña
que la suya, So-woo no podía dejar de preocuparse. Como si su mano tierna fuera
a cocinarse por el aire caliente. Cuando finalmente el cabello de So-woo ondeó
al aire cálido tras dejar de lado las innumerables preocupaciones. Una película
transparente se formó en los ojos grandes de So-woo. Incluso con ojos que
parecían que las lágrimas caerían con un toque, So-woo sonrió felicitando a
Su-hyung. Abrazó fuerte a Su-hyung y frotó sus labios en su pequeña cabeza.
Como le gustaba ese So-woo, Su-hyung solía ofrecerse a menudo a secarle el
pelo. Es una historia que supo más tarde, pero dicen que de pequeño le gustaba
mucho el tiempo en que su abuela le secaba el pelo. Su-hyung a veces sentía
ganas de teñirlo todo de él, a So-woo que extrañaba un tiempo que él nunca
podría conocer.
“¿No te duelen los
brazos?”
La voz lánguida
pregunta. Aunque cabecea bajando la cabeza por el sueño que se le viene encima,
le preocupa que los brazos de Su-hyung, que son el doble de grandes que los
suyos, puedan dolerle. Su-hyung, que sostuvo con su mano grande la cabeza que
pronto se inclinaba de lado, hizo que se apoyara lentamente en su hombro.
Pronto, un calor acogedor rodeó a las dos personas.
* * *
So-woo guardaba un
recuerdo de un arrepentimiento profundo que, de hecho, no podía contarle a
nadie.
Durante su vida
matrimonial, el esposo que solo había hecho que So-woo se sintiera solo
falleció en un accidente cuando Su-hyung tenía apenas siete años. Para sus
abuelos, Su-hyung era un nieto que, de por sí, no les resultaba suficiente.
So-woo, a quien trajeron con la esperanza de que diera a luz al nieto que ellos
deseaban, tampoco les dio la noticia de un embarazo. Lejos de consolar a So-woo
tras quedar viudo, le gritaron con saña llamándolo criatura malvada que devoró
a su propio hijo. Si por ellos fuera, habrían echado a So-woo en ese mismo
instante. Sin embargo, Su-hyung aún era pequeño. Aunque lo consideraban algo
inaudito, mantenían una ligera expectativa sobre la manifestación de Su-hyung.
Hasta entonces, necesitaban a alguien que se hiciera cargo de criar al niño.
Para So-woo, incluso aquello era una tregua por la que estar agradecido. Para
el desposeído So-woo, Su-hyung ya era su hijo, su todo.
Hasta que Su-hyung, al
entrar en la adolescencia, se manifestó como alfa y, tras enterarse de la
noticia, aquellos familiares se acercaron tardíamente. So-woo se esforzó por
proteger a Su-hyung solo, como fuera posible. So-woo trabajaba a tiempo parcial
mientras Su-hyung estaba en la escuela. Como quería dedicar el tiempo después
de las clases enteramente al niño, solo postulaba a empleos de media jornada
corta. Quizás por ser omega, afortunadamente la gente solía ser amable con
So-woo. Se sintió agradecido por su naturaleza, la cual nunca le había gustado
desde que nació.
Después de que su
esposo falleció, So-woo tomaba supresores cada vez que llegaba el celo. Era lo
natural. Incluso cuando su esposo vivía, siempre solía aguantar el celo con
supresores. Tras haberse manifestado y pasado toda su vida resistiendo con
supresores, So-woo ni siquiera pudo pensar en que existiera otra opción. No
obstante, los gastos de manutención no eran holgados. Los costosos supresores
eran una carga enorme. Comenzó a ahorrar tomando solo la mitad de la dosis de
unos supresores para los que ya había desarrollado resistencia. Como era de
esperar, tuvo que soportar solo la fiebre del celo que hervía ferozmente.
Después de soportar el
celo a solas, sus labios, mordidos durante toda la noche, solían terminar
reventados. So-woo cuidaba de Su-hyung con dulzura mientras mostraba una
sonrisa forzada en su rostro demacrado. ¿Acaso se había jactado de tener
confianza en resistir solo? Pronto llegó una noche que le fue imposible de
soportar. Sin haber pasado nunca un celo de la manera adecuada, ni siquiera
sabía qué era eso, pero se movió por instinto. Sería más correcto decir que
estaba en un estado en el que no podía ni pensar. El pensamiento racional no
funcionaba. Debió de ser, literalmente, como una bestia en celo. Su orificio
estaba empapado por el fluido que brotaba a su antojo y su pene estaba
rígidamente erecto. Intentó masturbarse conteniendo la respiración, pero era
una sed terrible que no se saciaba de ninguna manera.
Por aquel entonces,
Su-hyung solía caer en un sueño muy profundo, como si se desmayara, en cuanto
se dormía por la noche. Aquel día fue igual. Dormía con un rostro pacífico,
emitiendo una respiración profunda. So-woo miró a Su-hyung con el rostro lleno
de lágrimas. Sentía como si su cerebro estuviera empapado en feromonas. Tras
confirmar repetidamente que dormía profundamente, salió apresuradamente de la
casa. Sus pasos eran urgentes, como si algo lo persiguiera.
'Había oído que los
alfas y omegas que no tienen pareja a veces se encuentran en algún lugar para
pasar la noche juntos...'
Su cabeza no
funcionaba. Por supuesto, incluso si fuera capaz de pensar correctamente, daba
igual que no supiera a dónde ir, pero So-woo corrió sin rumbo. ¿Habría algún
alfa que no prestara atención a un omega en celo vagando solo por la calle?
Para colmo, siempre tenía un rostro que atraía las miradas de la gente. El
hecho de que So-woo, quien atraía a muchos incluso quedándose quieto, pudiera
estar a salvo a pesar de derramar tantas feromonas, fue algo parecido a un
milagro. Fue gracias a la hora tardía de una noche de día de semana, cuando
apenas había gente en la calle.
Incapaz de soportar el cuerpo que
hervía, So-woo se dejó caer en un oscuro callejón y gimió entre lágrimas. El
calor que no abandonaba su cuerpo era insoportable. No sabía qué hacer con
aquella fiebre que no tenía forma de aliviar. Sentado en la oscuridad, se
retorcía de angustia.
Entonces, entre su visión nublada
por las lágrimas que no dejaban de correr, algo llamó de pronto su atención.
Era un andador para bebés abandonado bajo un poste de luz. El andador, con una
pegatina de separación de residuos pegada, estaba viejo, como si llevara encima
el paso del tiempo.
Al verlo, no supo por qué pensó en
Su-hyung. Cuando conoció a Su-hyung, ya había pasado hacía mucho la edad de
usar un andador. Nunca lo había visto en uno, y aun así, al verlo, pensó en él.
Y solo entonces se dio cuenta de lo
que estaba haciendo.
Había dejado a un niño pequeño solo
en casa y estaba vagando por las calles de noche. Todo para encontrar a un alfa
desconocido con quien tener sexo.
Pero no fue como si, en cuanto se
dio cuenta, recuperara la cordura de golpe, como si le hubieran arrojado agua
fría sobre la cabeza. La influencia de las feromonas no era algo tan simple.
Aun así, al menos pudo pensar que tenía que volver a casa de inmediato. Que
debía estar al lado del niño que dormía solo.
Pero su cuerpo no le respondía.
Mientras daba pasos tambaleantes,
So-woo terminó cayendo con fuerza al suelo. Ambas rodillas se rasparon y empezó
a brotar sangre rojo brillante, pero no sintió dolor. Solo estaba desesperado,
agitándose con prisa.
"¿Se encuentra bien?"
Entonces alguien se acercó.
So-woo, que había recuperado un poco
de razón y sabía lo peligrosa que era su situación actual, intentó huir de
inmediato. Dio un paso con miedo, pero volvió a caerse. Esta vez el dolor ya no
era algo que pudiera ignorar. Aun así, luchó débilmente, casi de forma
lastimera, intentando escapar.
"Voy a ayudarle. No tiene que
tener miedo. Yo… aquí…"
El hombre levantó ambas manos por
encima de la cabeza en un gesto para mostrar que no era peligroso y se acercó
lentamente. Manteniendo una mano aún en alto, buscó algo en su bolsillo y lo
sacó.
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Era una credencial de estudiante de
una facultad de medicina cercana.
"Soy estudiante aquí… Eh, mi
identidad está clara, así que… no, quiero decir…"
Cuando So-woo lo miró con ojos que
aún no bajaban la guardia, el hombre, nervioso, se apresuró a continuar
hablando.
“No, es que... parecía
que necesitaba ayuda. ¿Llamo a la policía? ¿O a una ambulancia?”
Ante la falta de
respuesta, el hombre vaciló y sacó su teléfono. Parecía que So-woo tenía
dificultades incluso para pensar. En una situación así, una ambulancia sería de
más ayuda que la policía. Tras tomar una decisión, cuando estaba por marcar el
número, escuchó una voz suplicante y débil. Era una voz tan pequeña y frágil
que casi se le escapa.
“No... puede ser... No
lo haga... ah...”
“Ah...”
El hombre, con el
teléfono en la mano, emitió un sonido de desconcierto y finalmente asintió. No
era difícil deducir que llamar a las autoridades podría causar problemas en una
situación así.
“Oiga, entonces
¿cómo...?”
“...A casa, por
favor...”
El hombre pensó que
jamás olvidaría ese rostro empapado en sudor, encendido en un rojo intenso, que
suplicaba entre lágrimas.
“Yo, entonces...
permítame sostenerlo... Ah, ¿sería incómodo? Entonces ¿cómo...? Este, bueno.
Algo de donde sujetarse...”
Mientras el hombre
miraba a su alrededor e intentaba recoger un trozo de madera abandonado, So-woo
extendió su mano temblorosa y agarró el brazo del hombre que se movía con
torpeza. Sujetándose de ese brazo que se tensó al instante, So-woo levantó su
pesado cuerpo y comenzó a caminar lentamente. El hombre levantó su brazo de
forma un tanto incómoda para que So-woo pudiera apoyarse, pero aparte de eso,
no intentó ningún otro contacto con el omega que tanto sufría.
Así, ambos caminaron
lentamente por la calle desierta. A decir verdad, los recuerdos de aquel día no
eran nítidos. Solo recordaba que, al lado de So-woo, quien avanzaba con
dificultad paso a paso, el hombre no dejaba de parlotear cosas triviales: que
si la protagonista del drama de ayer era guapa, o que si el udon que almorzó
hoy estaba rico. Recordaba haber pensado que, a pesar de estar sufriendo, aquel
hombre hablaba demasiado.
Cuando finalmente
regresó a casa, al contrario de lo que esperaba, Su-hyung no estaba dormido. En
cuanto escuchó a alguien acercarse, Su-hyung abrió la puerta principal y salió
apresuradamente para abrazar a So-woo. So-woo lloró muchísimo mientras abrazaba
al pequeño niño que llenaba sus brazos. Lloraba y repetía sin cesar que lo
sentía. El pequeño Su-hyung, en cambio, lo consolaba. Después de aquello,
Su-hyung no preguntó nada. ¿Recordaría las cosas de esa noche?
Si pudiera, quería
retroceder el tiempo. Cada vez que recordaba aquella noche en la que dejó solo
a Su-hyung para salir de casa en busca de un alfa, So-woo sufría atormentado
por la culpa. Tras el paso de esa noche de la que ni siquiera tenía recuerdos
claros, So-woo juró que jamás volvería a dejar a Su-hyung solo.
Aumentó sus trabajos a
tiempo parcial para poder comprar supresores. Cuando llegaba el celo, ingería
cantidades aún mayores de medicina. Aun así, ni por un solo instante pensó en
resolver aquel calor sofocante a través de alguien más. Ignoraba sus impulsos
sexuales hasta un punto casi obsesivo. Solo así podía sentirse digno frente a
Su-hyung.
Soñó con esa noche.
Aquella noche en la que abrazaba el pequeño cuerpo de su hijo mientras le pedía
perdón. Aunque Su-hyung nunca le había reprochado nada, por alguna razón, en
sus sueños Su-hyung le lanzaba miradas y palabras llenas de resentimiento. El
sueño, que se repetía periódicamente, se sentía como una advertencia: si había
decidido vivir como el padre de Su-hyung, debía matar sus deseos como omega.
Puesto que tenía un hijo más valioso que él mismo, aquello no era una gran
pérdida.
Al abrir los ojos,
sintió sus párpados húmedos. Al estar acostado de lado, las lágrimas resbalaban
cruzando el puente de su nariz. Sintió la mejilla, que descansaba sobre algo,
empapada por la humedad. En su visión borrosa, captó una figura familiar. Al
dejar fluir las lágrimas que volvieron a brotar, la visión se aclaró y apareció
el rostro de Su-hyung. También se dio cuenta de que lo que había empapado con
sus lágrimas era el brazo de Su-hyung, que le estaba sirviendo de almohada.
“¿Dormiste bien?”
Cuando esos dedos
largos se acercaron, sus ojos se cerraron de forma natural. Su-hyung acarició
suavemente las largas pestañas empapadas. Al limpiar el puente de la nariz y el
contorno de los ojos donde se acumulaban las lágrimas, una capa transparente
volvió a llenar sus grandes ojos, que se abrieron con cautela. Su-hyung, que
rió silenciosamente como si soltara un suspiro, volvió a limpiar con delicadeza
sus ojos húmedos.
“¿Tuviste un sueño?”
“...”
Al abrir los labios
para responder, su respiración se agitó por la pesadumbre que lo invadía.
Su-hyung abrazó a So-woo en silencio. El cuerpo entre sus brazos estaba tibio,
como si le subiera la fiebre. Sintió cómo, después del brazo, el hombro que le
ofrecía a So-woo también se empapaba. Palmeó con suavidad aquel cuerpo que
emanaba calor.
“Está bien.”
“...Sí.”
“Todo está bien.”
Bajo ese contacto
rítmico, la respiración que se agitaba fue calmándose poco a poco. Esa voz
grave le brindaba estabilidad. Un abrazo familiar, un contacto familiar, un
aroma familiar. So-woo, extendiendo sus brazos para abrazar a Su-hyung, inhaló
profundamente. El aroma de Su-hyung se filtró hasta lo más profundo de sus
pulmones. Su corazón inquieto se fue tranquilizando lentamente.
So-woo hundió la
cabeza en el pecho de Su-hyung y frotó su rostro. Era un gesto que Su-hyung
solía hacerle a menudo cuando era pequeño y estaba mañoso por el sueño.
Su-hyung pareció recordarlo también, pues soltó una risita y hundió su propia
cabeza sobre la de So-woo. Aunque sentían calor por la temperatura del otro,
ninguno pensó en separarse. Los párpados de So-woo se cerraron lentamente.
Tenía una expresión mucho más pacífica que hace un momento.
* * *
“Esto ya es demasiado,
de verdad”.
Dijo So-woo con tono
de queja mientras jugueteaba con la bufanda que rodeaba su cuello. A pesar de
su mirada punzante, Su-hyung se limitó a sonreír con alegría. Observó con
satisfacción la bufanda, que había envuelto con cuidado para que no quedara ni
un trozo de piel a la vista.
“La gente me mira
raro. ¿Qué es esto en pleno verano?”
“¿Acaso quieres volver
a sufrir porque te suba la fiebre?”
“Hoy no es para
tanto”.
“Te digo que si papá
se enferma, el que sufre soy yo”.
Su-hyung sabía cómo
ganarle a So-woo. Al ver que So-woo se quedaba callado al instante, Su-hyung
soltó una risita y empujó el carrito lentamente.
“¿Hay algo más que
tengamos que comprar?”
“No, ya está casi
todo”.
“Compremos duraznos.
Se ven ricos”.
Sabiendo que a So-woo
le gustaban los duraznos, Su-hyung alzó la voz a propósito. So-woo casi nunca
gastaba dinero en sí mismo. A veces, eso a Su-hyung le resultaba frustrante y
lamentable, pero no lo demostraba. Sabía mejor que nadie que So-woo había vivido
así por él.
“Se ven deliciosos,
¿verdad?”
Al preguntarle
mientras señalaba los duraznos, So-woo asintió. Un aroma dulce flotaba
alrededor del puesto. So-woo se detuvo frente al mostrador y comenzó a elegir
los duraznos con detenimiento. Se le hizo agua la boca. Sin darse cuenta, una
leve sonrisa se dibujó en sus labios.
“Ve eligiéndolos.
Vuelvo enseguida”.
Dijo Su-hyung tomando
su teléfono y alejándose por los pasillos. So-woo lo observó alejarse por un
momento y soltó un breve suspiro. Su-hyung no había ido a clases alegando que
el estado de salud de So-woo no era bueno. Seguramente habría mucha gente
buscándolo. A medida que sus recaídas se hacían más frecuentes, este tipo de
situaciones también empezaron a repetirse. Su-hyung intentaba cuidar de So-woo
como si fuera lo más natural del mundo. En esos momentos, So-woo se sentía
patético por ser su tutor y, aun así, estar interfiriendo en su vida diaria.
Los abuelos de
Su-hyung tenían razón. Para un Su-hyung que ya había crecido y era adulto, él
ya no era alguien necesario. Empeñarse en quedarse a su lado por puro apego no
era más que egoísmo. Cuando llegara el momento de cumplir la promesa de
marcharse, aunque Su-hyung se sintiera confundido al principio, pronto se
sentiría aliviado.
“Parece que le gustan mucho
los duraznos, ¿verdad?”
So-woo, que estaba
allí de pie distraído con un durazno en la mano, levantó la cabeza al escuchar
una voz familiar.
“Ah”.
Un sonido corto, como
un suspiro, escapó de entre sus labios entreabiertos. El dueño de la voz era
Jin-hyuk. El médico del hospital al que asistía periódicamente cada mes. La
persona que mejor conocía el estado del cuerpo de So-woo, deshecho por el
consumo excesivo de medicamentos durante mucho tiempo. En cuanto reconoció a
Jin-hyuk, So-woo giró la cabeza para revisar su entorno. Por suerte, Su-hyung
no estaba a la vista.
“Hola”.
“Sí, hola”.
No saludar a los
pacientes cuando se los encontraba fuera del hospital era una especie de regla
no escrita que Jin-hyuk mantenía como médico. Especialmente al especializarse
en segundos géneros, solía ser aún más cauteloso. Por eso, era correcto decir
que el hecho de haber saludado a So-woo se debía más a un sentimiento personal.
Jin-hyuk aceptó sus sentimientos sin resistencia.
“Vaya. Este se ve
delicioso”.
Dijo Jin-hyuk de forma
exagerada mientras levantaba un durazno. Solo después de hablar se dio cuenta
de que el durazno que sostenía tenía un color especialmente pálido y un gran
golpe.
“Eh... sí, es verdad”.
So-woo miró el
durazno, luego el rostro de Jin-hyuk, y volvió a mirar el durazno antes de
responder. Se podía vislumbrar su naturaleza dócil, incapaz de decir algo
desagradable. Jin-hyuk sonrió ampliamente al ver a So-woo observar con cuidado
el durazno golpeado.
“¿Vive por aquí
cerca?”
“Sí”.
“Yo no vivo cerca,
pero este es un buen lugar para hacer las compras”.
“...Sí”.
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So-woo sabía que le
faltaban habilidades sociales. Desde los veinte años, Su-hyung lo había sido
todo para él. E incluso antes de eso, solo había recibido miradas extrañas por
ser omega, pero nunca tuvo amigos cercanos como los demás. No sabía qué
responder a las palabras de Jin-hyuk.
“Este... eso, ¿de
verdad lo va a comprar?”
Fue una frase que soltó
por la urgencia de continuar la conversación de alguna manera. Jin-hyuk se echó
a reír al verlo mirar el durazno como si estuviera preocupado por él. Una
sonrisa comenzó a dibujarse también en el rostro de So-woo mientras observaba a
Jin-hyuk. Al verlo reír con tanta alegría, la risa le brotó a él también.
Jin-hyuk tenía una faceta que, extrañamente, lo hacía sentir cómodo.
“¿Quién es?”
Cuando la risa
empezaba a calmarse, Su-hyung se paró al lado de So-woo. Su voz era más grave
de lo habitual.
“Ah... Su-hyung”.
El rostro de So-woo,
sorprendido por la aparición de Su-hyung, se tensó en un instante. Su mirada
hacia Jin-hyuk era urgente. No sabía qué decir. No podía creer que estuviera
riendo sin pensar que Su-hyung regresaría pronto. Su-hyung no debía enterarse
de que estaba tomando reguladores de feromonas. Que supiera eso era equivalente
a que se enterara de que So-woo no era su padre biológico. Después de todo,
sería extraño que So-woo, quien pasaba la mayor parte del tiempo en casa, se
tomara la molestia de ingerir reguladores de feromonas.
“Este... es que...”
Mientras So-woo
titubeaba sin encontrar las palabras adecuadas, Su-hyung lo observó en silencio
y luego giró la cabeza hacia Jin-hyuk.
“¿Quién es usted?”
La pregunta fue
dirigida a Jin-hyuk. Jin-hyuk, que los había estado observando como si
analizara a ambos, dijo con una sonrisa:
“Hola”.
Aunque no recibió
respuesta y solo obtuvo una mirada llena de hostilidad, Jin-hyuk se mostró
relajado.
“Cuando uno pregunta
quién es el otro, ¿no debería identificarse primero a sí mismo?”
“Ah, eso...”
“Está bien. No se lo
decía a usted, So-woo”.
Jin-hyuk le habló con
una sonrisa amable a So-woo, quien intentaba responder en lugar del silencioso
Su-hyung, y continuó:
“Como parece ser
alguien cercano a So-woo, lo entenderé. Soy un amigo de So-woo”.
So-woo, que estaba
angustiado pensando que Jin-hyuk se presentaría como su médico, abrió mucho los
ojos por la sorpresa. Jin-hyuk lo miró a los ojos y le sonrió como para
tranquilizarlo.
“¿Entonces ahora puedo
preguntar yo? ¿Quién es usted para actuar así?”
Era una pregunta en la
que se mezclaban la curiosidad del médico y la intriga del hombre. Las
feromonas de So-woo, que siempre habían estado inestables desde el momento en
que lo conoció, hoy estaban inusualmente calmadas. Como beta, Jin-hyuk no podía
oler las feromonas de So-woo, pero podía sentir su energía. Debido al abuso de
reguladores y supresores, las feromonas de So-woo siempre habían sido débiles,
como si estuvieran a punto de extinguirse, e incluso así fluctuaban de forma
inquietante. El hecho de que hoy estuvieran tan tranquilas le había causado
curiosidad desde el momento en que lo saludó. Y en cuanto vio a Su-hyung, supo
que se debía a este alfa. De alguna manera, So-woo estaba bajo la influencia de
las feromonas de un alfa.
La mirada de Su-hyung
hacia Jin-hyuk estaba llena de desagrado y cautela. Era una actitud defensiva y
agresiva hacia alguien que ponía los ojos en su omega. Incluso sin ser un alfa,
Jin-hyuk podía notar eso como hombre. Claramente, el estado de sus feromonas no
era el de un omega que tuviera pareja...
Su-hyung, que había
estado observando a Jin-hyuk en silencio, finalmente abrió la boca.
“Soy su hijo”.
Jin-hyuk se quedó sin
palabras por un breve instante, pero pronto ocultó su expresión y mostró una
sonrisa afable.
“No sabía que So-woo
tuviera un hijo tan grande”.
“Ah...”
Desconcertado por el
encuentro inesperado, So-woo desvió la mirada y se mordió los labios. No sabía
cómo presentarle a Jin-hyuk a Su-hyung. Él era el único que sabía que So-woo
había estado tomando reguladores y supresores durante años. Y bajo ningún
concepto Su-hyung debía enterarse de ese hecho.
“Ahora que lo escucho,
me parece que se parecen”.
Jin-hyuk, que seguía
hablando con esa sonrisa amable, realmente parecía un amigo cercano de So-woo.
Seguramente él también estaba sorprendido, pero su capacidad para ocultar sus
emociones y mostrar sus habilidades sociales lo hacía parecer un adulto. Al ver
a Jin-hyuk así, So-woo se sintió miserable por no encontrar qué decir y solo
morderse los labios.
“¿Ah... de verdad?”
“Sí. Su hijo es
apuesto, igual que usted”.
Incluso en esa
situación, las comisuras de sus labios se elevaron ante el cumplido hacia
Su-hyung. En su rostro, mientras miraba a Su-hyung con una pequeña sonrisa, se
veía el orgullo propio de cualquier padre. Jin-hyuk le sonrió a Su-hyung, quien
todavía lo miraba con ojos afilados.
Aunque So-woo y
Su-hyung eran padre e hijo sin un solo rasgo en común, decir que se parecían no
era una mentira. A pesar de que no compartían la forma de los ojos, la nariz,
la boca ni la complexión, ambos emanaban una atmósfera similar. Como si fueran
gatos llenos de desconfianza. Aunque existía la diferencia de que So-woo era un
gatito débil que solo sacaba las garras cuando se sentía acorralado, mientras
que Su-hyung era un gato feroz que rechazaba el contacto humano y, por el
contrario, atacaba.
Aunque era algo que
probablemente ninguno de los dos recordaba, Jin-hyuk había visto a Su-hyung de
pequeño. Y a So-woo también, por supuesto. Es difícil olvidar el rostro de un
omega excitado y empapado en sudor y lágrimas.
Fue cuando estaba en
cuarto año de la facultad de medicina, haciendo sus prácticas clínicas antes
del examen nacional. Era una época en la que no sabía cómo pasaba el día. Al
abrir los ojos, seguía las rondas médicas, hacía las prácticas y, por la noche,
estudiaba en la biblioteca. También era un momento en el que sus suspiros se
volvían profundos ante la expectativa de que faltaba poco para terminar y la
comprensión de que su vida futura no sería muy diferente.
Aquel día no fue
distinto. Jin-hyuk, que había estado pasando las hojas de los libros en la
biblioteca hasta tarde, recuperó la conciencia dejando caer la cabeza. Se había
quedado dormido varias veces sin darse cuenta. Tras frotarse el rostro con sus
manos secas, suspiró y recogió sus cosas. Estaba a punto de morir por exceso de
trabajo antes de siquiera rendir el examen. “También debería haber días de
descanso”, se repetía a sí mismo palabras que quizás eran autojustificación,
mientras levantaba su cuerpo agotado. Aunque ya era noche cerrada, sus pasos
eran ligeros ante la idea de irse temprano a casa.
Lo que detuvo a
Jin-hyuk, que se dirigía a su habitación alquilada tarareando una canción que
no sabía dónde había escuchado, fue un débil sollozo. Al principio pensó que
era el llanto de un animal, y luego creyó que eran los gemidos de jóvenes
apasionados. Era una zona de estudios cerca de un área de entretenimiento. No
era algo común, pero tampoco imposible. Los jóvenes que desechaban la razón
usando el alcohol como excusa a veces eran impulsivos hasta la temeridad.
“Deberían hacerlo en sus casas”, pensó mientras chasqueaba la lengua e
intentaba seguir caminando fingiendo no haber oído nada, pero lo que hizo que
Jin-hyuk se detuviera fue que ese sonido le pareció extrañamente desesperado.
Si no era nada, solo tendría que pedir disculpas y retirarse. Por no querer
quedarse con una sensación incómoda, buscó en la oscuridad y allí encontró a un
joven omega.
Jin-hyuk, siendo beta,
no podía oler las feromonas, pero su apariencia era tal que parecía sentirlas
en su propia piel. Jin-hyuk lo sostuvo mientras decía cosas triviales que no
venían al caso. Era para tranquilizar al omega, pero también tenía la intención
de desviar su propia atención, que se perdía constantemente en sus ojos
enrojecidos o en su cuello empapado de sudor.
No es que quisiera
presumir de su buena acción. Solo había hecho lo que debía. Aunque tuvo que
sentir cómo se ponía a prueba su humanidad, pensó que era una suerte haberlo
encontrado él y no otra persona. Quizás, en el fondo, sintió un poco de
superioridad moral. El omega que se apoyaba en él, con dificultades incluso
para caminar, se veía extremadamente frágil y débil.
Cuando llegó al lugar
y recibió, en lugar de un agradecimiento, una mirada gélida del pequeño que
estaba en brazos del omega, se sintió un poco desconcertado. Pero fue solo por
un momento; ante esa mirada silenciosa, sintió como si sus deseos impuros, que
había albergado por un instante, quedaran al descubierto. “¿Cómo puede un niño
tener esa mirada...?”
A veces, a lo largo de
su vida, recordaba esa mirada. Si él hubiera sido un alfa, ¿habría sido capaz
de no tocar a ese omega que desprendía feromonas indefensamente y sufría por el
calor? Jin-hyuk a menudo se perdía en esos pensamientos después de aquel
incidente.
La gran mayoría de los
betas envidiaban a las personas con segundo género y consideraban romántica la
acción de las feromonas. En innumerables dramas y películas, se retrataba como
destino a las personas con género que se deseaban mutuamente por la acción de
las feromonas. Aunque los betas constituían la absoluta mayoría del mundo,
envidiaban a los omegas y alfas. Sentían curiosidad por las feromonas, algo que
ellos jamás podrían sentir y que no era ni vista, ni olfato, ni tacto, sino
algo parecido a la magia. Sin embargo, Jin-hyuk había vivido sinceramente
agradecido por ser un beta que no se veía afectado por las feromonas.
En cuanto llegaron
frente a la casa, el omega lloró con mucha amargura mientras abrazaba al
pequeño que había salido abriendo la puerta, como si hubiera sabido que estaban
allí. No pensó que volvería a encontrárselo en una situación en la que
nuevamente sufría por las feromonas. Como era de esperar, Jin-hyuk también
fingió no conocer a So-woo, quien no lo recordaba.
Pero pensar que aquel
pequeño era su hijo. Jin-hyuk, que vagamente había pensado que sería su hermano
menor, ocultó con destreza su sorpresa. En los ojos cautelosos vio superpuesto
el rostro de aquel entonces. Y pronto pudo notar que él también lo recordaba.
Que la hostilidad que dirigía hacia él no era simplemente la cautela de un
hijo. Era instinto de hombre.
“¿Dice que es su amigo
y ni siquiera sabía que tenía un hijo?”
Preguntó Su-hyung
mientras atraía a So-woo para abrazarlo, manteniendo todavía su mirada afilada
hacia Jin-hyuk. Era un gesto de ostentación. Su altura era mayor que la de
Jin-hyuk. Jin-hyuk también era bastante alto para ser beta, pero Su-hyung lo
superaba con creces. Para empezar, comparar las condiciones físicas de un alfa
y un beta no tenía sentido. Sin embargo, a pesar de ser un alfa completamente
desarrollado, todavía no se había despojado de su aire infantil. Verlo mostrar
sus sentimientos de forma tan transparente era casi tierno. Pero, ¿podía
observar su relación con tanta ligereza? Jin-hyuk tuvo que contenerse para no
soltar un suspiro ante su complejo estado de ánimo.
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“Es verdad. Deberías
haber presumido de él antes. Seguro fue para que este solterón no sintiera
envidia”.
Le habló con una
sonrisa a So-woo, que estaba en brazos de Su-hyung. Como sabía qué era lo que
le preocupaba, para Jin-hyuk lo primero era tranquilizar a So-woo. Si él
actuaba con naturalidad, no pasaría aquello que So-woo temía.
El rostro de So-woo,
que sonreía con torpeza, todavía se veía muy joven. Aunque se dice que es
difícil calcular la edad de los omegas, realmente no desentonaban como pareja.
Claramente era un
contacto físico excesivo para una relación de padre e hijo. Sin embargo, So-woo
no parecía darse cuenta. Probablemente sería algo habitual. A juzgar por el
problema de las feromonas de So-woo, definitivamente no era un sentimiento
mutuo. No, ¿podía él estar seguro de una cuestión de sentimientos? Jin-hyuk no
sabía si lo que sentía era preocupación como médico o celos como hombre.
“Ya se ha hecho tarde.
Nos vemos luego, So-woo”.
Su-hyung observó
durante un largo rato con ojos sombríos la espalda de Jin-hyuk mientras este se
alejaba sonriendo.
“Su-hyung”.
So-woo lo llamó con
cuidado y forcejeó para levantar la cabeza. Su-hyung abrazó su cintura delgada
con más fuerza todavía para impedir el movimiento y bajó la cabeza sobre su
hombro delgado.
“Un momento. Solo un
momento”.
Su nariz alta apartó
la bufanda que lo envolvía meticulosamente. Al enterrar la nariz en la piel
desnuda que finalmente alcanzó, Su-hyung inhaló profundamente. Ahora sentía que
podía vivir. No se sentía ni una pizca de las feromonas que habían sido
ocultadas obsesivamente, pero el olor corporal de So-woo por sí solo desarmaba
a Su-hyung. Sintió cómo sus nervios, que habían estado tensos como cuerdas, se
relajaban. So-woo se quedó dócilmente en brazos de Su-hyung. Como siempre.
“¿Estás bien? ¿Te
sientes mal en alguna parte?”
Alguien que, incluso
si lo abrazaba de repente en medio del supermercado y hundía la nariz en su
cuello, solo se preocupaba por él. Su-hyung conocía otra faceta de So-woo,
quien le permitía cualquier cosa. So-woo parecía simplemente frágil y dócil,
pero sabía cómo poner barreras y mostrarse frío con las personas que se le
acercaban. Si no hubiera sido así, un omega que perdió a su alfa no habría
podido resistir solo durante tanto tiempo. So-woo era una persona que atraía
las miradas tanto como su apariencia llamativa. Quizás era la estrategia de
supervivencia de So-woo, quien había vivido recibiendo atención.
Al lado de ese So-woo
no había nadie más que él. Era una persona que eligió aislarse levantando sus
propios muros. No permitía a nadie entrar en la línea que había trazado. En la
misma medida, volcaba todo su corazón en Su-hyung. Para So-woo, Su-hyung lo era
todo.
¿Sería posible que ese
sentimiento se debiera únicamente a un amor paternal puro y perfecto? A veces
le surgía la duda. Por supuesto, incluso si fuera así, no le importaba en
absoluto. Si el sentimiento hacia él era puro amor paternal, era incluso mejor.
So-woo era alguien que le entregaría cualquier cosa que deseara, tanto como lo
amaba. Su-hyung tenía la intención de disfrutar plenamente de lo que poseía.
Que sus sentimientos mutuos no tuvieran la misma forma no era un problema en
absoluto.
* * *
Sintió una mirada fija
sobre su rostro. Unos ojos grandes y dóciles observaron a Su-hyung con cautela.
El aire acondicionado, ajustado a una temperatura no muy baja, refrescaba su
frente sudorosa. Para Su-hyung el interior seguía sintiéndose cálido, pero
debía tener cuidado por So-woo, quien presentaba síntomas de resfriado. El
alegre sonido del GPS resonó en el silencioso auto.
“¿Qué pasa?”
“¿Eh?”
“¿Por qué me miras
así?”
“No... por nada”.
“¿Porque soy guapo?”
Su-hyung, que había
estado tenso desde que salieron del supermercado, finalmente sonrió. Su mirada,
al volverse hacia él con una suave curvatura en los labios, era la de siempre.
Redujo la velocidad y extendió la mano para tomar la mano blanca y limpia de
So-woo, que descansaba dócilmente sobre su regazo. A pesar del aire cálido, la
mano de So-woo estaba fría.
“Sí...”
A pesar de haber
criado a Su-hyung solo, So-woo conservaba una ingenuidad increíble. Su-hyung no
había estado de buen humor desde que se topó con aquel beta que cruzó la línea
sin conocer su lugar, pero no había necesidad de hacer que So-woo se sintiera
cohibido innecesariamente. Relajando su expresión, Su-hyung sonrió con picardía
y apretó con fuerza sus manos entrelazadas. So-woo, que no le quitaba la vista
de encima, entrecerró los ojos aliviado y sonrió.
“¿Por qué tienes las
manos tan frías?”
Acariciando suavemente
el dorso de su mano fría, Su-hyung subió la temperatura del aire acondicionado.
So-woo lo observó conducir con una sola mano mientras sostenía la suya. Aunque
no hacía mucho que había obtenido su licencia, Su-hyung era un conductor experto.
Desde pequeño, Su-hyung solía hacer todo con destreza. Era un hijo del que
sentirse orgulloso y en quien confiar. Quizás, mientras Su-hyung crecía, había
sido So-woo quien recibió más ayuda.
So-woo no era un padre
perfecto. No sabía cocinar platos deliciosos ni explicar problemas difíciles.
Era un padre mediocre que, incapaz de controlar sus propias feromonas, abandonó
a su pequeño para salir a las calles nocturnas en busca de un alfa.
So-woo era torpe en
todo sentido. A veces se hundía en el autorreproche de ser alguien innecesario.
En realidad, se preguntaba si no estaría interfiriendo en la vida de Su-hyung.
Su-hyung ya era un adulto que no necesitaba un tutor. Al contrario, debía de
ser molesto tener que cuidar de él, que enfermaba a la menor provocación. Como
padre, ya no tenía nada más que ofrecerle a Su-hyung. Si él desapareciera, el
buen Su-hyung lo buscaría, pero pronto se adaptaría. Tal vez, al enterarse de
que So-woo no era su padre biológico, incluso llegaría a detestar el tiempo
pasado. Como decían los abuelos de Su-hyung, lo correcto era desaparecer de su
lado lo antes posible.
Sin embargo, So-woo
quería quedarse junto a Su-hyung. Quería verlo conocer a un omega, marcarlo,
tener hijos y formar una familia. Su-hyung tiene una personalidad cariñosa, así
que seguramente trataría bien a su omega... El padre alfa de Su-hyung nunca fue
amable con So-woo ni por un segundo, pero Su-hyung sería diferente. Solo
bastaba ver cómo lo trataba a él. So-woo había podido seguir viviendo gracias a
la existencia de Su-hyung. El omega que recibiera el amor de Su-hyung sería,
sin duda, feliz. So-woo sonrió levemente y apretó la mano de Su-hyung.
Tras terminar de
estacionar en el garaje, Su-hyung se volvió hacia So-woo. La cabeza de So-woo,
quien se había quedado dormido en ese corto lapso al relajarse la tensión,
estaba inclinada hacia el asiento del conductor. Quizás porque se los había
estado mordiendo mucho hoy, sus labios rojos estaban más hinchados de lo
habitual. Su-hyung lo observó dormir mientras respiraba acompasadamente. Era un
rostro cuya edad era imposible de adivinar. En general parecía una cara dócil,
pero el rabillo de sus ojos era fino, lo que le daba una impresión algo arisca
cuando miraba hacia arriba. So-woo, que parecía no tener conciencia de su
propia apariencia, atraía muchas miradas. Era natural que los insectos lo
rondaran. La mirada pensativa de Su-hyung se intensificó. Siempre había estado
esperando el momento adecuado, así que la decisión fue sencilla.
“Ah...”
Al despertarse por el
sonido de la puerta del auto cerrándose, So-woo se frotó los ojos y giró la
cabeza. Inconscientemente, siguió con la mirada el movimiento de Su-hyung,
quien rodeaba el frente del vehículo. Su-hyung abrió la puerta y se inclinó,
encogiendo su gran complexión. Tras desabrochar el cinturón de seguridad,
levantó la bolsa de papel que estaba sobre el regazo de So-woo y le tomó la
mano para guiarlo con suavidad. So-woo lo siguió con naturalidad, acostumbrado
a ese flujo de movimientos.
So-woo no se daba
cuenta de hasta qué punto estaba bajo el control de Su-hyung. Como habían
estado pegados como un solo cuerpo desde que Su-hyung era muy pequeño, en
cierto modo era natural. Sus cuerpos, olores y temperaturas les resultaban tan
familiares como los propios. Generalmente, a medida que un niño crece, se forma
una distancia natural con sus padres, pero So-woo no percibía esa diferencia.
Se debía a que Su-hyung había acortado la distancia intencionalmente y a que no
había nadie alrededor de So-woo que señalara el error. So-woo aceptaba el
contacto de Su-hyung con total naturalidad.
“¿Estabas cansado?”
“Parece que sí. Ya
estoy bien”.
“Entra y duerme un
poco más”.
“Ah, las compras...”
So-woo intentó girarse
al recordar las cosas que dejó en el asiento trasero, pero Su-hyung lo guio
hacia la entrada rodeando sus hombros con suavidad.
“Luego. Yo lo haré”.
“Estoy bien... No
estoy tan cansado. Solo fue un momento de sueño”.
“Sí. Entiendo”.
Respondió Su-hyung con
una sonrisa radiante y dócil, pero sin soltar el brazo que rodeaba los hombros
de So-woo mientras abría la puerta principal. So-woo, que miraba hacia el auto
sintiendo una extraña pena, entró casi a rastras. Su-hyung, que parecía tener
prisa por algo, se agachó frente a So-woo incluso antes de recoger las bolsas
para quitarle los zapatos.
“No hay nada que se
derrita... pero es mejor ordenarlo de inmediato”.
“Sí. Lo haré en un
momento”.
So-woo se apoyó
levemente en el hombro de Su-hyung mientras este le sujetaba los tobillos,
recibiendo su ayuda con naturalidad para descalzarse. Después de lavarse las
manos juntos frente al lavabo, Su-hyung, que aún no salía a buscar las bolsas,
guio a So-woo. Deteniéndose frente al armario, Su-hyung le desató la bufanda
que llevaba al cuello. El cuello blanco que quedó al descubierto de inmediato
era fino como una rama delgada.
“Cámbiate de ropa y
duerme un poco. Estás cansado”.
Sus palabras, dichas
con indiferencia mientras doblaba y ordenaba la bufanda, sonaban
desinteresadas.
“Mmm...”
Debido a que solía
resfriarse incluso con el aire acondicionado de la sección de frescos del
supermercado, Su-hyung le había puesto un cárdigan a pesar de ser un verano
caluroso. Al desabrochar los botones y bajárselo, Su-hyung lo tomó de
inmediato. Tras colgar el cárdigan en el armario, Su-hyung ya sostenía el
pijama de So-woo en sus manos.
“...”
'No llevo nada debajo
de la camiseta...'
Al tener que
desvestirse frente a Su-hyung, quien lo observaba en silencio, se sintió
dubitativo. Antes solían bañarse juntos, pero eso era cuando Su-hyung era
pequeño. Aunque eran un padre e hijo sin reparos en el contacto físico, no
había tenido ocasión de mostrarle su cuerpo desnudo mientras Su-hyung crecía.
Aun así, le parecía
excesivo pedirle a Su-hyung que saliera o cubrirse para cambiarse. Seguramente
Su-hyung no estaría pensando en nada especial. ¿Qué importancia tenía ver el
cuerpo desnudo de un padre? Por mucho que sus géneros fueran diferentes, para
Su-hyung, So-woo era el padre omega que lo había dado a luz. Estaba seguro de
que sería algo tan indiferente como mirar un objeto. En realidad, él mismo no
entendía por qué dudaba tanto. Sí, debía ser simplemente porque no recordaba
haber mostrado su cuerpo desnudo a nadie en su vida. Por eso se sentía así sin
motivo.
Sujetando el borde de
la prenda con dudas, So-woo levantó lentamente la camiseta. En medio de una
cintura blanca y limpia como un campo de nieve virgen, se hundía verticalmente
un ombligo de bonita forma. La mirada de Su-hyung era más indiferente que de costumbre.
Simplemente esperaba sin apresurar el lento movimiento.
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La camiseta, que
finalmente fue retirada tras ser subida con lentitud, pasó enseguida a las
manos de Su-hyung. A pesar de que la habitación estaba cálida, So-woo se
acarició los brazos al sentir un escalofrío. Al juntar los brazos, sus pezones
rozaron la parte interna de sus extremidades. Sus pezones pequeños se erguían
rígidamente. Al darse cuenta de ello, el rostro de So-woo se encendió en un rojo
intenso. De hecho, no solo su cara, sino todo su cuerpo expuesto adquirió un
tono rosado.
Su-hyung, de quien
esperaba que le entregara la parte superior del pijama, no hizo nada. Solo
observaba a So-woo con una mirada indiferente. Era una mirada que parecía
apresurarlo en silencio. Sintió un deje de tristeza, pero se apresuró a sujetar
el cierre de sus pantalones. 'Debe estar cansado por mi culpa...' Tal vez
estaba harto de tener que ocuparse de él. Su-hyung era un hijo demasiado bueno
para alguien como So-woo. No quería agotarlo más.
Inclinando el torso,
sujetó los pantalones que ya habían caído hasta sus rodillas e intentó sacar
las piernas. Cuando So-woo se tambaleó levemente al perder el equilibrio,
Su-hyung, que estaba de pie a su lado, se acercó y lo abrazó. Solo había sido
un pequeño traspié al levantar una pierna. A pesar de no ser una situación
peligrosa, Su-hyung rodeó la cintura de So-woo con firmeza y tiró de él. Sus
dedos largos y gruesos se envolvieron alrededor de la cintura fina.
“Ah... estoy bien...”
“Tienes que tener
cuidado. Aquí, la pierna”.
Su-hyung señaló
brevemente con la barbilla los pantalones que se habían deslizado hasta sus
tobillos. Al sacar los pies uno por uno, los calcetines se salieron por sí
solos. Sus tobillos eran tan finos que los calcetines siempre le quedaban
holgados. Al sacar las piernas, sus cuerpos se encimaron aún más. El calor
ardiente de Su-hyung entró en contacto con el cuerpo fresco de So-woo, que solo
vestía su ropa interior.
So-woo, abrazado casi
encajado en el costado de Su-hyung, puso sus manos sobre esa cintura que era
incomparablemente más firme que la suya. A diferencia de su intención de
separarse empujándolo suavemente, Su-hyung atrajo a So-woo aún más
profundamente. So-woo se tambaleó mientras seguía a Su-hyung, quien comenzó a
caminar. Su-hyung, sosteniendo al vacilante So-woo que solo llevaba ropa
interior, lo guio hacia la cama. Parecía que lo estaba ayudando a caminar, pero
en realidad fue casi como si lo hubiera cargado para trasladarlo.
“Ah...”
Intentaba no
demostrarlo, pero en realidad el cuerpo de So-woo estaba envuelto en un calor
ardiente. Se debía a que ya había pasado la hora de tomar su supresor. Debido
al encuentro con Jin-hyuk en el supermercado, la salida se prolongó más de lo
esperado. Además, al haber estado junto a Su-hyung todo el día, el tiempo de
exposición a sus feromonas fue largo. Su-hyung, siendo alfa, siempre emanaba
feromonas sutiles, y So-woo no tenía más remedio que quedar expuesto a ellas
por completo.
Las personas con segundo
género que tienen un vínculo de sangre no pueden sentir las feromonas del otro.
En las relaciones de sangre, no se percibían las feromonas mutuas y, por lo
tanto, era natural que no se vieran afectados por ellas.
Generalmente, las
personas con segundo género controlaban sus feromonas al salir. Era una
cortesía y una regla no escrita entre ellos regular las feromonas a un nivel
que no molestara a los demás. Sin embargo, bloquear las feromonas por completo
era casi imposible. Controlarlas también generaba incomodidad, como llevar una
mascarilla puesta. Por eso, solo en casa liberaban sus feromonas a su antojo,
como quien se quita una prenda estorbosa. Era posible porque entre familiares
que viven en la misma casa no se sienten las feromonas.
Pero So-woo sentía las
feromonas de Su-hyung perfectamente. Esa era la razón por la que So-woo había
tomado obsesivamente sus supresores de feromonas en cuanto Su-hyung se
manifestó como alfa. Estaba seguro de que si Su-hyung sentía sus feromonas, se
daría cuenta de que no compartían un vínculo de sangre.
Cuando recién se
manifestó como alfa, las feromonas de Su-hyung eran muy tenues. Es natural que
así sean las feromonas de un alfa joven. So-woo, que no sabía mucho sobre
alfas, crió a Su-hyung buscando y leyendo libros sobre segundos géneros. Criar
a un hijo con un género distinto al suyo no fue tarea fácil. Pero para So-woo,
cada momento de ver crecer a Su-hyung era una alegría.
A medida que Su-hyung
crecía, sus feromonas comenzaron a intensificarse. So-woo fue quedando
sumergido en ellas. Las feromonas pesadas siempre abrumaban a So-woo. Aumentó
la dosis de su medicina aun sabiendo que no era correcto. Fue una acción que
ignoró la prescripción médica, pero no tenía otra opción. De lo contrario,
temía que terminaría empapado por las feromonas de su propio hijo. So-woo
sentía pavor ante esa posibilidad. Cada momento era un castigo, pues todo ese
proceso era una confirmación del hecho de que él no era el padre biológico de
Su-hyung.
“¿Estás bien?”
Levantó la cabeza ante
la voz grave. Su-hyung, que había sentado a So-woo en la cama, estaba de pie
frente a él. El centro de donde emanaban las feromonas con más intensidad
estaba cerca de su rostro. Al mirar hacia arriba con los ojos nublados y
parpadeando, So-woo no pudo leer bien la expresión de Su-hyung. ¿Era una
expresión de preocupación? Parecía tan rígida como una piedra, o tan fría como
el hielo. Con la conciencia desmoronándose rápidamente, So-woo dejó caer la
cabeza y se cubrió el rostro con sus manos temblorosas. Las feromonas de
Su-hyung eran demasiado fuertes. Eran unas feromonas que nunca antes había
experimentado.
“Haa...”
Apenas pudo reprimir
su respiración agitada. La razón que le quedaba lo mantenía firme. No podía
mostrarse afectado por las feromonas de Su-hyung. No quería que él descubriera
que no era su padre biológico.
“Estoy bien. Debe ser
porque tengo síntomas de resfriado...”
Por alguna razón,
sentía como si las feromonas de Su-hyung se volvieran cada vez más intensas.
Sabía que no podía ser así, pero era como si él estuviera liberando sus
feromonas a propósito. Debía ser porque no había tomado su medicina. Debía ser
porque su cuerpo estaba arruinado tras haber abusado de ella por tanto tiempo.
Sentía que todo le daba vueltas.
“Estaré bien si tomo
mi medicina...”
Su-hyung se arrodilló
y escudriñó el rostro de So-woo. Las lágrimas asomaban en sus grandes ojos.
Tras recorrer lentamente con la mirada las mejillas encendidas, los labios
rojos que soltaban suspiros excitados y el cuello frágil, Su-hyung se levantó de
repente.
En ese instante,
So-woo sujetó con fuerza la muñeca que vio frente a él. Fue algo que hizo sin
siquiera ser consciente de ello. A diferencia de sus manos calientes, la mano
fría de Su-hyung lo hizo sentir bien. Sujetando el brazo de Su-hyung con ambas
manos, So-woo acercó su mejilla a su mano.
“Espera. Solo un
momento...”
“...”
“Está fresca...”
Fue un movimiento
instintivo para apagar el calor. So-woo, que frotaba su rostro contra la mano
fría, tiró de su brazo. Aunque era una fuerza débil, Su-hyung se dejó arrastrar
de buena gana y se sentó al lado de So-woo. Al mover la mano que sujetaba hacia
su cuello, So-woo tembló levemente. Aunque la mano ya había perdido su frescura
debido al calor de su mejilla, seguía estando fresca en comparación con el
cuerpo de So-woo.
“Haa...”
Inclinando la cabeza
para apoyarse en la muñeca de Su-hyung, So-woo exhaló un largo suspiro. Por un
momento sintió como si el calor se apagara. Las comisuras de sus labios se
elevaron un poco, como si estuviera satisfecho. Al frotar su rostro contra el
dorso de la mano que tocaba su mejilla con los ojos cerrados, So-woo se tensó
de repente. Fue porque recuperó algo de cordura. Al ver el movimiento de
levantar la cabeza lentamente, parecía que se podía escuchar el crujido de sus
articulaciones. Su-hyung le sonrió a So-woo con su apariencia habitual.
“Te traeré agua”.
La mano que sujetaba
el cuello frágil ejerció una leve presión. La yema del pulgar recorrió
suavemente la piel. En el lugar por donde pasó el dedo, pronto quedó una marca
roja. Su mirada se intensificó al observar esa marca.
“Estarás bien después
de tomar la medicina y dormir profundamente”.
“...Sí”.
Soltó lentamente a
So-woo, quien no podía levantar la cabeza con sus mejillas aún más encendidas.
Evitó mirar intencionadamente por debajo del cuello. Sabía que si veía ese
cuerpo delgado que seguramente estaba tan rojo como sus mejillas, no podría
contenerse más. Era cierto que se había impacientado tras encontrarse con Kang
Jin-hyuk, pero aun así, Su-hyung esperaba que So-woo pudiera aceptarlo con
naturalidad. Tendría muchísimas oportunidades en el futuro. Ahora que había decidido
no contenerse más, no faltaba mucho.
“Quédate un momento.
Vuelvo enseguida”.
Cuando Su-hyung se
levantó, So-woo, que parecía que nunca levantaría la cabeza, mostró su rostro
de golpe. Había intentado sujetar a Su-hyung sin darse cuenta. Era una reacción
natural para un omega empapado por las feromonas intencionadas de un alfa. Sin
embargo, So-woo, ignorando ese hecho, se mordió los labios y se culpó a sí
mismo.
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Estaba acostumbrado a
las feromonas de Su-hyung. Ya habían pasado varios años desde que se manifestó.
Además, él era su padre. Por mucho que fueran padre e hijo sin lazos de sangre,
So-woo lo había criado desde que era pequeño. Para So-woo, era un hijo como si
lo hubiera dado a luz él mismo. A veces sentía que las feromonas de Su-hyung le
resultaban incómodas, pero era algo que podía soportar perfectamente. Si tan
solo tomara su medicina... Sí, todo esto era sin duda porque no la había
tomado.
So-woo miró de reojo
la puerta que estaba entreabierta y se levantó. Con manos temblorosas, abrió el
armario, buscó el frasco de medicina y vertió un puñado. Tras volver a mirar de
reojo más allá de la puerta de la habitación, se metió la medicina en la boca a
toda prisa. Al intentar tragar las pastillas sin agua, sintió como si se le
atascaran en la garganta. Mientras se golpeaba el pecho con angustia, Su-hyung
se acercó.
“¿Estás bien? ¿Qué
pasa?”
“A-agua...”
“Aquí tienes”.
So-woo tomó el vaso de
la mano de Su-hyung casi arrebatándoselo y bebió el agua con avidez. Sintió
vívidamente cómo las pastillas atascadas en su cuello bajaban por el esófago.
Aun así, seguía sintiendo una molestia en el pecho como si algo estuviera trabado,
por lo que cerró el puño y se golpeó. Pronto quedaron marcas en su piel blanca.
“¿Por qué tomas la
medicina con tanta prisa? Podrías haber esperado un poco”.
La mano grande de
Su-hyung cubrió su hombro. El contacto de su mano, que lo acariciaba trazando
círculos lentamente entre sus omóplatos, era suave. Sintió que aquello que lo
asfixiaba bajaba gradualmente.
“Es que... sentía que
tenía mucha fiebre. Ya estoy bien”.
Su rostro, que
mostraba una sonrisa forzada, se veía especialmente frágil. Su-hyung le devolvió
la sonrisa. Ante esa sonrisa, So-woo pudo calmar su ansiedad.
“Entonces duerme ya.
Pareces agotado”.
So-woo, que estuvo a
punto de inclinar la cabeza inconscientemente ante la caricia en su mejilla,
puso firme su cuerpo. Al ir a la cama y acostarse, su mente estaba tan nublada
que ni siquiera se percató de que seguía casi desnudo. Aunque hubiera tomado la
medicina, el efecto tardaría en llegar. Si se quedaba así más tiempo, podría
arruinarlo todo. Además, desde hacía un rato toda su atención estaba puesta en
si se notaría su ropa interior empapada. So-woo apoyó rápidamente sus caderas
en la cama y se acostó dócilmente.
