Extra 2: Olas de Luz

 


Extra 2:

Olas de Luz

 

Llegó el invierno.

Nuestros días seguían siendo pacíficos. En el ritmo pausado de la vida cotidiana, recuperé pequeñas felicidades que había tenido que abandonar por diversas razones. Escuchar canciones nuevas, charlar con amigos de mi edad sobre los programas de citas que estaban de moda, o ver películas antiguas, cosas muy triviales.

“¡No puede ser! ¿Entonces tu bebé ya va a cumplir un año?”.

“Sí”.

“Es increíble. Mirándote a la cara, no pareces para nada un padre”.

“Mi cara...”.

Hwang Yeon-seo, el empleado del turno de tarde en la cafetería con quien me había hecho amigo, tenía una personalidad alegre, afable y le encantaba la gente. Al principio solo intercambiábamos saludos cortos al cambiar de turno, pero sin darnos cuenta nos volvimos cercanos y, a veces, después del trabajo, nos quedábamos charlando mientras tomábamos café.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN AOMINE5BL

“¿Cómo se ve mi cara?”.

“¡Vaya! ¿Me lo preguntas en serio porque no lo sabes?”.

Yeon-seo abrió mucho los ojos y me miró.

“Sinceramente, te ves como... mmm, como una celebridad. Tienes un aire demasiado bonito para ser modelo, ¿quizás un ídolo? ¿No te acuerdas de la pregunta que te hice la primera vez que nos saludamos?”.

“Me acuerdo”.

Debió de ser hace unos meses. Cuando estaba a punto de irme tras el relevo, él me detuvo de repente, miró a su alrededor con cautela y, con una voz sumamente seria, me preguntó.

‘Disculpe... ¿por un casual es usted aprendiz de ídolo o algo así?’.

Gracias a eso, me llevé la impresión de que era un chico bastante excéntrico, y tras pasar unos meses con él, comprobé que no me equivoqué.

“Es que me miras con buenos ojos”.

“Te miro como eres en realidad. ¿Sabes que soy un fanático de la televisión, verdad? Desde mi vasta experiencia, te digo que la mayoría de los ‘casi famosos’ quedan eclipsados ante tu rustro natural”.

“¿Casi famosos? ¿Qué es eso?”.

“Ay, es verdad, tú no sabes mucho de estas cosas. Me refiero a gente que tiene influencia”.

Bebí un sorbo de la leche con chocolate caliente que él me había preparado y pregunté.

“Entonces, Yeon-seo, ¿qué es exactamente un casi famoso? ¿Como los aprendices de ídolos?”.

“¡Ah! Eso... bueno, los aprendices también cuentan, pero...”.

Había muchas razones por las que hablar con Yeon-seo era agradable, y una de ellas era precisamente esta, no importaba lo que le preguntara, nunca se impacientaba ni le molestaba explicarme las cosas paso a paso.

“Me refiero a personas que no han debutado como ídolos o actores, pero que tienen reconocimiento o influencia. Como los influencers. ¿Eso sí lo has oído?”.

“Sí”.

“Hoy en día hacen muchos programas reuniendo a esa gente. Como quieren ser famosos, es fácil contratarlos y le dan un aire fresco al programa”.

“¿Como el programa de citas que me recomendaste el otro día? ¿Cómo se llamaba? ¿El amor también es transferencia...?”.

“Ah, sí, sí, Transferencia de Amor. ¿Ves? Sinceramente, si tú aparecieras ahí, no desentonarías para nada. Aunque claro, no es un programa para alguien que ya tiene familia. ¡Pero bueno!”.

Hwang Yeon-seo preguntó con los ojos brillantes.

“Dijiste que era niña, ¿verdad? ¿Parang? Si se parece a ti, va a ser muy bonita cuando crezca. ¿No tienes fotos?”.

“Tengo fotos, pero se parece a mi marido, no a mí”.

“Oh, ¿tu marido también es guapo? No, ¿verdad? ¿Dicen que hay más hombres guapos entre los Alfas?”.

Cuando le enseñé la foto, Yeon-seo exclamó con admiración.

“Es difícil destacar tanto desde bebé, pero ella lo logra”.

Era la primera vez que le enseñaba fotos del bebé a alguien y me sentía un poco tímido, pero me alivió ver que su reacción fue tan buena.

“Cumplirá un año en unos meses. Si no te importa, ¿te gustaría venir a la fiesta del primer año?”.

“¡Enserio! ¡Sí! ¡Por favor, yo! ¡Tengo que ser yo! Te contaré un secreto, se me da muy bien manejar la cámara. Le sacaré las mejores fotos de su vida a Parang. Y a ti y a tu marido también, por supuesto”.

“Te avisaré cuando tenga la fecha concreta”.

Normalmente habría declinado educadamente, pero nunca tenía suficientes fotos del bebé. Asentí con una expresión de ilusión.

“¿No es este año, verdad? Dijiste que faltaban unos meses”.

“Sí, es el año que viene”.

“¿Entonces qué vas a hacer en Navidad? ¿La pasas con la familia?”.

Asentí con entusiasmo.

“El mismo día de Navidad voy a hacer una fiesta con un compañero de la universidad que me cuidaba mucho. Y en Nochebuena iré a un concierto de caridad con mi marido”.

“¿Un concierto de caridad? ¿Por casualidad es el que hacen en el Centro de Artes de Seúl? ¡El que coincide con la exposición de fotos Deus Vult y la individual del pintor Yoo Chan-yeon!”.

“Sí, ese mismo”.

“¡Guau! ¿Sabes que el elenco es increíble? Dicen que es casi imposible conseguir entradas a menos que tengas una invitación... Un momento. ¿Tú vas con invitación?”.

Lo pensé un momento y volví a asentir. Una de las intérpretes era Anna Kang, y como la empresa patrocinadora era Hwadam Construction, supuse que sería por invitación.

“Esto es de locos”.

Yeon-seo se levantó de un salto.

“¡De locos! Por más que exprimí a mi hermano mayor, no pude conseguir nada. ¡Maldición! ¡Qué envidia me das!”.

Estiré la mano discretamente y tiré de su manga para que se calmara y se sentara. Afortunadamente, Yeon-seo recuperó la compostura enseguida. Le pregunté mientras se aclaraba la garganta.

“Pero, ¿cómo es que lo sabes todo tan bien? ¿Te gusta mucho la música clásica?”.

“Me gusta, pero no es que me lo sepa todo de memoria. Es que este concierto es muy popular, y una de las intérpretes es Mariella Kang. Ella salió como panelista en el programa de citas que me gusta”.

“Vaya...”.

Pensé que el mundo era realmente un pañuelo. La pianista que acababa de mencionar era la prima de Anna Kang. Según había oído, su hermano mayor había ganado fama apareciendo en ese programa. No podía ser una coincidencia más increíble. Mientras estaba sumido en mis pensamientos, Yeon-seo dijo emocionado.

“Si vas, puede que te cruces con unas diez celebridades. En fin, pásalo muy bien. ¡Y luego me cuentas qué tal!”.

Le respondí con una sonrisa dulce.

“Sí, lo haré”.

***

“Yeon-seo tenía razón...”.

Ya había estado allí antes, pero hoy la sensación era diferente. No había rincón que no fuera lujoso, pensé que la palabra ‘otro mundo’ se había inventado precisamente para describir lugares como este.

Dijeron que habían preparado todo el edificio para el evento de caridad.

Por eso, hasta la decoración de los pasillos era excepcional. En una pared colgaban cuadros del artista más famoso del momento, y en la de enfrente, varias fotografías decoraban el espacio. Me quedé embelesado mirando las lujosas lámparas de cristal y el brillante árbol de Navidad, hasta que oí una risa baja a mi lado.

“¿Tanto te asombra?”.

Preguntó Kang Cha-yoon con voz tierna.

“Escuché que habías venido antes al recital de mi hermana”.

“En aquel entonces no tenía tiempo para mirar a mi alrededor”.

“Es cierto, estarías tan tenso que estarías pálido, pobre de ti”.

“Lo sabe muy bien, a pesar de que no estaba conmigo...”.

“Jaja”.

Sonreí mientras apretaba la mano que teníamos entrelazada.

“Pero, sabe, aunque lo hubiera visto con calma entonces, no creo que me hubiera gustado tanto como ahora”.

Fue tal como predijo Kang Cha-yoon cuando me dio la invitación diciendo que era un evento que me gustaría. Debido a la naturaleza del evento, una atmósfera cálida y acogedora envolvía todo el edificio. Las fotografías que parecían mirar el mundo con amabilidad y las pinturas de colores brillantes y saturados contribuían a crear ese ambiente.

“He oído a alguien explicar que todos los beneficios del evento serán donados. También el dinero de las obras que se vendan aquí”.

Quizás por eso, saber que el dinero recaudado aquí ayudaría a niños que estuvieron en mi situación hizo que las luces de este lugar no me parecieran un lujo vacío, sino una claridad que albergaba cierta calidez.

“Patrocinan organizaciones para niños necesitados y jóvenes que salen del sistema de protección. Lo sé. Es uno de los proyectos que mi madre gestiona desde hace años”.

Kang Cha-yoon pensó un momento y añadió, señalando las obras expuestas.

“Supongo que para ti se siente especial. Si ves algo que te guste, elige uno”.

“¿Puedo, director?”.

“O más de uno, no importa”.

Él me acarició los labios con la mano que tenía libre y respondió.

“Ya te queda poco tiempo para llamarme director”.

“...”.

“Echa un vistazo por aquí”.

Miré de reojo a Kang Cha-yoon, que conversaba con algunas personas que merodeaban por allí.

Dijo que pronto lo ascenderían.

El año que viene dejaría de ser Director Ejecutivo para ser Vicepresidente. Y así, algún día, llegaría el momento de suceder al Presidente Kang Jong-cheol al frente de Hwadam Construction. Pensé que era algo bueno. De una forma u otra, se notaba que le gustaba su trabajo. Me alegraba que sus esfuerzos y su sentido de la responsabilidad dieran buenos frutos.

Me quedé un rato observando los cuadros, pensando cuál sería mejor comprar. Aunque las obras no tenían etiquetas de precio, ya era lo bastante adulto como para saber que no serían baratas. Mientras observaba con cautela, me detuve frente a una pintura. A pesar de todas mis dudas anteriores, en ese instante tuve la firme convicción de que debía ser esa. Mientras la examinaba detenidamente, una voz suave me habló.

“¿Le gusta ese cuadro?”.

Aparté la mirada de la obra y vi a un hombre de pie a mi lado. Tal como dijo Yeon-seo sobre encontrarse con celebridades, este hombre tenía una apariencia tan deslumbrante que podría haber salido de cualquier revista de moda. Era tan alto como Kang Cha-yoon, pero sus rasgos eran sorprendentemente delicados y finos.

“Sí”.

Respondí en voz baja.

“Todas las fotos y cuadros son bonitos, pero este me impresiona especialmente. ¿Cómo decirlo? Me parece más cálido”.

Tras dudarlo, añadí.

“El título es Lealtad, pero yo siento afecto en esta pintura”.

Era tal como decía. Sobre una palma que parecía extenderse hacia el espectador, se posaban racimos de luz, parecía que la mano sostenía la luz, la mostraba y, al mismo tiempo, intentaba entregarla. Curiosamente, esa mano y esa luz cálida me recordaron a Kang Cha-yoon.

“Si tuviera que comprar una obra, creo que elegiría esta”.

“Tiene buen ojo. El cuadro también se alegrará de ir con alguien que sepa apreciarlo”.

“¿Usted cree...?”.

Le comuniqué al secretario Han mi intención de comprar el cuadro y él señaló hacia donde había un grupo de gente.

“El director está por allí. Si ya ha terminado de ver todo, ¿le gustaría unirse a él? Ya casi es hora de que empiece el concierto”.

“¿Estará bien si me pongo a su lado?”.

“¡Por supuesto! Antes estaba hablando aparte porque vinieron unos ejecutivos, pero ahora ya no. Seguro que está deseando que usted vaya”.

Animado por sus palabras, me acerqué a Kang Cha-yoon. Estaba hablando con dos personas que parecían acabar de saludarle, uno de ellos era tan famoso que hasta yo, que no veía la televisión ni las redes sociales, pude reconocerlo.

¡Es Bae Tae-seong!

Era el protagonista que había desatado la fiebre de la esgrima en Corea tras ganar la medalla de plata por equipos y el oro individual en los últimos Juegos Olímpicos de Verano.

“¿Has venido?”.

Cuando me acerqué tímidamente, Kang Cha-yoon me rodeó los hombros con el brazo y me presentó a los dos hombres.

“Él es mi cónyuge. Y ellos son el esgrimista Bae Tae-seong y.…”.

“Han Ji-won”.

Se presentó el hombre que acompañaba a Bae Tae-seong, extendiendo su mano.

“Había rumores de que el Director Kang de Hwadam atesoraba tanto a su pareja que la tenía escondida, y veo que tienen razón. Yo también me moriría de ganas por tenerlo en exclusiva”.

Le miré fijamente y Han Ji-won me guiñó un ojo con una sonrisa.

“No se preocupe, no estoy intentando ligar. Aunque es un tipo bastante rígido, este que tengo al lado es mi pareja”.

Bae Tae-seong le reprendió.

“Corta el rollo, idiota. Lo estás poniendo nervioso”.

“...”.

“Soy Bae Tae-seong. Nos conocemos porque su marido patrocina nuestro equipo de esgrima. Como supe que estaba aquí, vine a saludar”.

“Vi muy bien sus competiciones, señor atleta. Fue realmente increíble. Especialmente cuando ganó la medalla de oro. Yo también le animé viendo la final individual en directo”.

Recordé vagamente haberlo visto en la sala del primer piso con el volumen bajo para no despertar a Parang. Fue asombroso cómo, incluso sin sonido, se transmitían la tensión, el calor, la determinación y la pasión del lugar. Ahora que lo pensaba, en aquel entonces se hizo muy famoso porque abrazó a alguien en las gradas durante la ceremonia de la medalla de oro...

Miré a Han Ji-won con una expresión de duda y él me sonrió.

“Valió la pena el patrocinio”.

Dijo Kang Cha-yoon con voz neutral. l

“Eun-hae mostró mucho interés en la esgrima. Para esperar buenos resultados, un atleta talentoso no debería tener que preocuparse por el dinero o las oportunidades, ¿no crees?”.

“Ah, así que por eso...”.

Bae Tae-seong, mirando alternativamente a Kang Cha-yoon y a mí, soltó una carcajada franca.

“Gracias. Le debo una a Eun-hae”.

“¿Una deuda? Pero si yo no hice nada...”.

Han Ji-won negó con la cabeza y dijo.

“Usted fue la razón de su elección. Puede que no fuera su intención, pero aun así, se convirtió en la gran oportunidad que cambió la vida de este tipo”.

“...”.

“Bueno, exagerando un poco, podría decirse que salvó a una persona. ¿No es así?”.

“No puedo decir que no. Sin eso, ni siquiera habría podido participar en los Juegos Olímpicos”.

Sentí una punzada de emoción y miré a Kang Cha-yoon, él me sonrió con ternura.

“¿Entramos a sentarnos?”.

“... Sí, director”.

Nos tomamos de la mano con fuerza y avanzamos hacia la luz que brillaba con calidez.

El concierto fue mucho más divertido de lo que esperaba. No solo tocaron música clásica desconocida, sino también bandas sonoras de películas famosas, canciones pop y, por supuesto, villancicos, lo que me hizo aplaudir con entusiasmo.

Al terminar la función, tomamos el ramo de flores que habíamos preparado y fuimos al camerino. Anna Kang, que nos esperaba ansiosa, corrió a darme un abrazo tan fuerte que los otros músicos que lo vieron me confundieron con su hermano de sangre.

Tras saludar a la pareja del Presidente Kang Jong-cheol, con quienes nos cruzamos por casualidad frente al camerino, bajamos al estacionamiento subterráneo. Kang Cha-yoon, observando que estaba sumido en mis pensamientos, me acarició la mejilla con suavidad.

“¿Estás nervioso? Porque mi padre nos invitó de repente a la cena de fin de año”.

“...”.

“Incluso a mí me sorprendió que invitara a tu hermano a una cena familiar, pero ya era hora de que se conocieran. No será una cita para portarse mal, así que no te preocupes tanto... ¿Eun-hae?”.

“Ah, lo siento”.

Me disculpé al volver en mí.

“Lo sé. Sé que el Presidente lo dijo para cuidarnos. Es verdad que estoy nervioso porque quiero dar una buena impresión y que no pase nada malo, pero...”.

Añadí balbuceando que no me había quedado callado por eso, y Kang Cha-yoon me miró con curiosidad.

“¿Entonces por qué?”.

“Mmm”.

Aunque era un momento que había imaginado y practicado mil veces en mi cabeza, mi corazón latía con fuerza. Tras tragar saliva para calmar los nervios, metí la mano en el bolso que llevaba abrazado. Y cuando saqué la mano, sostenía una pequeña caja.

“Director”.

La razón principal por la que me levantaba temprano cada mañana para ir a trabajar a pesar de que nuestra situación económica había mejorado era esta. El anillo que compré tras ahorrar íntegramente varios meses de sueldo brilló en la oscuridad. Tenía los anillos que nos hicimos antes, pero desde que volví a ser Park Eun-hae, por alguna razón no me apetecía usarlos, así que elegí este regalo.

“... Cásese conmigo”.

Sé que no es la expresión más adecuada. Ya nos habíamos casado una vez, nos divorciamos con la ‘muerte’ de aquel chico y volvimos a registrar el matrimonio con la excusa del registro de nacimiento del bebé. Pero aun así, quería decirlo. Había esperado y deseado tanto pronunciar esa frase tan convencional.

“Usted me dijo antes que pensara en las cosas que quería hacer. Que le haría feliz que se las dijera, aunque fueran cosas muy triviales. Así que lo pensé, y lo primero que me vino a la mente fue la boda”.

“...”.

“Si empezamos a prepararla con calma desde ahora, podremos hacerla el año que viene, ¿verdad? Como hay muchas cosas que no sé, creo que necesitaré mucha ayuda del secretario. Me gustaría hacer un álbum con fotos de la fiesta del primer año de Parang, fotos familiares y fotos de la boda... ¿Director?”.

Al no recibir respuesta, me extrañé y lo llamé con cuidado. El estacionamiento estaba un poco oscuro y él se cubría la boca con la mano, así que no podía ver bien su expresión. ¿Había sido demasiado repentino? ¿O el ambiente no era el adecuado? ¿Debería haber preparado algún evento especial?

Lo miré con ojos temblorosos y pregunté en voz baja.

“¿No quiere?”.

“Ni lo pienses”.

Respondió Kang Cha-yoon casi antes de que terminara de hablar.

“¿Cómo no voy a querer? No es eso, es que...”.

“...”.

Su entrecejo se frunció ligeramente. Sus pupilas negras temblaban levemente y también podía sentir sus feromonas escapando suavemente. Eran cosas difíciles de ver en el Kang Cha-yoon habitual. Por eso, en este momento, parecía estar muy desconcertado.

“... No me lo esperaba”.

Su voz temblorosa se filtró entre sus manos.

“Como no decías nada, pensé que te cansaban los eventos llamativos y no quería presionarte”.

“...”.

“Eun-hae”.

Me susurró con voz apasionada.

“Cásate conmigo”.

“...”.

“Celebremos una boda como los demás, vayamos de luna de miel, hagamos fotos familiares con nuestra hija...”.

Nuestras manos entrelazadas estaban tan calientes que sentía que podía quemarme.

“Vivamos así, de forma muy común y corriente, envejeciendo juntos el uno al lado del otro”.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN AOMINE5BL

Fue algo asombroso. En el momento en que escuché esa voz baja, pude visualizar en mi cabeza un futuro que nunca antes había podido imaginar. Surgió en mí la ilusión de que yo también podría vivir una vida muy obvia y trivial.

“Está bien”.

Dije mientras le ponía el anillo en el anular.

“Tiene que quedarse conmigo para siempre, director”.

 

“Mmm, ah...”.

¿Cómo habíamos llegado a esto?

Antes de salir, hice mi propuesta a mi manera y llegamos a casa en un ambiente tranquilo. Pero nada más estacionar en el garaje, él tiró de nuestra mano entrelazada y nuestros labios se unieron. A diferencia de lo habitual, sus movimientos apresurados revolvieron mi interior y me hicieron perder el sentido. Cerré los ojos con fuerza y, aferrándome a él, jadeé.

“En, en casa... entremos, director”.

“Lo siento”.

Respondió mientras mordisqueaba mi labio inferior.

“No creo que pueda aguantar más”.

Sonaba como si hubiera querido hacer esto todo el tiempo y hubiera tenido que contenerse a duras penas.

“Todavía falta para que la niñera termine su turno, así que tenemos tiempo”.

“Ah...”.

“... ¿No quieres hacerlo en el coche?”.

Como nunca lo había hecho, me costaba juzgar si me gustaba o no. Mientras vacilaba, su mano grande acarició mis mejillas con suavidad.

“No está mal probarlo una vez y luego juzgar”.

“...”.

“¿Qué me dices, Eun-hae?”.

Siempre lo pensaba, a pesar de su apariencia austera, Kang Cha-yoon era excesivamente seductor. Cuando empezaba a actuar así, no me quedaban ganas de negarme. Sus dedos, que antes acariciaban mis mejillas y labios, pasaron a mi cuello y pronto desabrocharon el primer botón de mi camisa.

“Si lo hacemos aquí, luego te puede doler la espalda”.

“... Ah”.

“Vayamos al asiento de atrás”.

En cuanto asentí, su contacto se alejó. Pronto se abrió la puerta del copiloto, mi cuerpo fue arrastrado hacia el exterior frío y empujado de nuevo hacia el asiento trasero. Su sombra me cubrió suavemente mientras perdía el equilibrio. Inmediatamente después, sus feromonas se derramaron sobre mi piel sin hacer ruido y su mano se deslizó bajo mi ropa para acariciar mi piel desnuda.

Me sentí arder ante las feromonas que volcaba sobre mí, ante su mirada, su temperatura y su afecto. El deseo que dormía en mi interior se desató hebra a hebra, envolviéndonos a los dos por completo.

“Hoy... hagámoslo hasta el final”.

Ya no me importaba dónde estuviéramos.

“... Póngalo dentro”.

Sus gestos para desabrochar los botones eran apresurados. Al final, en el cuarto botón, este salió volando y desapareció en la oscuridad. Mi risa contenida desapareció en su boca y pronto la mano que sostenía mi cintura se deslizó hacia abajo para apretar mis nalgas con fuerza.

“Ah”.

Lamió mis areolas y succionó mis pezones erectos con un sonido sonoro. Al morderlos con los dientes, un dolor electrizante recorrió mi pecho. Cuando me mordía con un poco de fuerza, el dolor me hacía soltar alguna lágrima, pero aun así, mi cuerpo terminaba temblando por el placer residual.

“Ya no sale nada”.

“Eso es porque... ah, ja...”.

Durante un tiempo tras dar a luz, sentía el pecho hinchado y se me escapaban unas gotas de leche, pero se secó en pocos meses. Dijeron que era por las hormonas, pero como tengo un cuerpo masculino, no llegó al punto de poder amamantar. Por eso, aliviar mi pecho siempre era tarea de Kang Cha-yoon. Originalmente era una zona que no solía tocar mucho, pero en algún momento empezó a acariciarlos con una meticulosidad casi obsesiva.

“Están un poco más grandes que antes”.

Su aliento cálido acarició mi piel, erizando todo mi vello.

“Y reaccionan mejor”.

“Ah...”.

“Más adelante, podrías llegar al clímax solo con que te toque aquí”.

“Eso, ah, no es... ¡ah!”.

Él aplastó mi cuerpo inquieto con el suyo. A pesar de mis intentos por negarlo, en cuanto metió mi pezón en su boca y empezó a jugar con él, mi miembro se erectó con fuerza. El interior de mi ropa interior estaba totalmente empapado. No sabía distinguir si venía de delante o si era porque mi parte trasera ya estaba mojada. Solté un quejido y levanté la cadera, frotando mi pene contra su abdomen endurecido.

“Por favor...”.

“Eun-hae”.

“Dentro, ah, póngalo dentro...”.

Mis piernas fueron levantadas bruscamente. Con mis rodillas apoyadas en sus hombros, mis pantalones fueron despojados a toda prisa. Mientras temblaba con el cuerpo doblado a la mitad, algo cálido y suave rozó mi parte baja. Era su lengua.

“¡Ah!”.

“Si lo meto ahora, te haré daño”.

Mientras me agitaba y golpeaba el cristal con el talón, él me mordió la parte interna del muslo como si me estuviera regañando.

“Ah..”.

“Incluso con las manos, ahora no confío en mi capacidad para controlar la fuerza...”.

“A-ah, esto, se siente, ah, extraño… ¡mmgh!”.

“Buen chico”.

Frotó suavemente con la punta de la lengua los pliegues húmedos y, cada vez que empujaba hacia el interior de la mucosa y volvía a salir, resonaba un sonido obsceno. Sin poder moverse ni un milímetro, con la cintura sometida, él lamió y empapó cada rincón meticulosamente. Cuando succionó el perineo, un placer punzante me paralizó la cabeza.

Al final, terminé eyaculando mientras él me succionaba ahí abajo. Al soltar un sollozo y estremecerme, él palpó mi bajo vientre y recogió el semen que yo había derramado.

Afortunadamente, sin necesidad de insistir más, su miembro rozó mi parte inferior. Tras presionar la entrada con el glande romo, como midiendo algo, me sujetó la mano con fuerza y susurró.

“Relájate”.

“Kh...”.

Cerré los ojos con fuerza ante el dolor sordo que me invadía pesadamente. Pequeñas luces estallaban en el interior de mis párpados y sentía náuseas.

“...Ugh, es demasiado, ah...”.

Parecía que era porque estaba menos relajado de lo habitual, pero a estas alturas, habiendo llegado tan lejos, no había forma de retroceder para relajarse más. Exhalé un aliento tembloroso e intenté con todas mis fuerzas soltar la tensión.

Aun así, como ya nos habíamos acostado varias veces, había desarrollado el truco para adaptarme. Al frotar mi frente contra su cuello e inhalar sus feromonas, la tensión se disipó poco a poco y la inserción se hizo más profunda.

Finalmente, cuando estaba a mitad de camino, él comenzó a mover la cadera. Cada vez que la carne sólida y gruesa entraba y salía, mi cuerpo empapado en sudor chocaba contra el asiento del auto, produciendo un sonido pegajoso.

“...Ha”.

“Hah, nng, ah... ahh, ah”.

En el momento en que cargó su peso y empujó con firmeza hasta el fondo, mi cuerpo se sacudió violentamente. Debido a las secuelas del clímax, todo daba vueltas ante mis ojos.

“Nng...”.

“Hoy tu reacción es rápida”.

Yo también lo sentía así. Estábamos apretujados en un lugar estrecho, oscuro e incluso incómodo, pero ¿por qué se sentía tan bien? Cada vez que el sonido de los jadeos recorría el interior del auto, sentía un escalofrío que me encendía todo el cuerpo.

Cuando recuperé el sentido, estaba sentado sobre sus muslos. Como mis rodillas no tenían fuerza, me limitaba a tragarme lo suyo sin remedio; él soltó una risa baja, me sujetó de la cintura y empezó a moverme de arriba abajo. Me sacudía irremediablemente mientras revolvía todo mi interior, y con cada movimiento, un líquido blanquecino goteaba desde mi miembro erecto.

“¿Todavía te parece demasiado grande?”.

Mi cuerpo se hundió con un sonido húmedo. Su miembro, clavado hasta la raíz, aplastaba las paredes internas y derretía todos mis sentidos. Con solo ser penetrado de forma tosca, mi punto crítico era más que presionado, era triturado, y sentía que el placer me subía hasta la garganta.

“Ah... haa, nnnng”.

“Pero si te gusta lo grande, Eun-hae”.

“Pa... ra, ya... ah, yo, voy a.…”.

Al mirarlo con los ojos llenos de lágrimas, él sonrió elevando una comisura de los labios. Mirándome con sus pupilas negras, ordenó.

“Mi nombre”.

“Kang... ah, Cha-yoon... Cha-yoon, Hyung...”.

Nuestros cuerpos, que se habían separado hasta que apenas quedaba la punta dentro, volvieron a encajar sin dejar espacio. Al eyacular mientras apretaba las paredes internas como si lo estuviera exprimiendo, el líquido blanco saltó por doquier.

“Es-espera, ah, un momento, yo... ah, acabo de irme...”.

No sé si se disculpó o si simplemente pronunció mi nombre. No tenía cabeza para nada mientras mi cuerpo, que aún no se recuperaba del post-orgasmo, era movido de nuevo.

Kang Cha-yoon me sujetó como para someterme mientras yo pataleaba, y empujó su cadera hacia arriba con fuerza. Su miembro, que embestía frenéticamente en mi interior, tembló una vez y, de inmediato, un líquido caliente y espeso comenzó a empaparme por dentro.

“Shhh. Está bien”.

Susurró con los labios pegados a mi nuca. Era una voz húmeda y obscena, impregnada de instinto.

“El vientre, por dentro...”.l

Jadeé mientras me apoyaba en él. Su cuerpo estaba tan caliente como el mío.

“Te lo sacaré más tarde”.

Me hizo ponerme en cuatro y levantó mi bajo vientre.

“Puedes comer un poco más, ¿verdad, Eun-hae?”.

“...Ah”.

Su miembro, que se había salido un momento, volvió a entrar ensanchando mi interior. El semen y los fluidos que me llenaban hasta la saciedad se agruparon borboteando en la unión, antes de resbalar por mis muslos y caer al suelo.

Mi mano, que vagaba temblorosa, se apoyó en la ventana del auto, pero en el momento en que la inserción se hizo profunda, se deslizó hacia abajo con un chirrido. Cuando las embestidas se volvieron tan intensas que el auto se balanceaba, lo único que pude hacer fue apoyar la mejilla en el asiento y dejarme sacudir.

Parece que hoy es más rudo de lo normal...

 Pero no me desagradaba. El corazón me dio un vuelco ante ese deseo crudo que se derramaba sobre mí de forma sofocante. Cada vez que él me devoraba de esa manera, sentía la emoción de vislumbrar lo que había detrás de la máscara de caballero que tanto se esforzaba en mantener.

Al acariciar mi bajo vientre con manos vacilantes, sentí un ligero bulto debajo del ombligo. Cada vez que su miembro hurgaba en mi interior, se elevaba y volvía a bajar, y cuando aplastaba mi punto crítico ya hinchado para elevarme a la cima del éxtasis, el líquido saltaba y lo volvía todo pegajoso.

“...Director”.

Como respondiendo, se inclinó y pegó su torso a mi espalda. Podía sentir claramente el temblor de su corazón latiendo apresuradamente.

“Park Eun-hae”.

“...”.

“Eun-hae”.

Era un nombre que había escuchado cientos, miles de veces, pero ahora sonaba tan extraño y obsceno.

Atrapado sin escapatoria en sus brazos, cerré los ojos con fuerza y pensé.

Cuando algo es demasiado bueno, cuando es tan abrumador, te dan ganas de llorar. Por eso, simplemente lloraba.

“...Adentro”.

Susurré jadeando.

“Adentro, hágalo una vez más, por favor...”.

Kang Cha-yoon, como siempre, cumplió mi deseo.

 

Estaba tan agotado que no podía mover ni un dedo.

Lo bueno era que, con solo quedarme quieto, Kang Cha-yoon se encargaba de todo. Me llevó en brazos al segundo piso, me lavó meticulosamente, me cambió de ropa y el sueño me venció. En medio del sueño, creí oír el llanto de un bebé en el piso de abajo, pero mientras me daba un par de vueltas, cesó como por arte de magia.

¿Cuánto tiempo pasé en ese silencio pacífico? Una voz como de ensueño resonó suavemente junto a mi almohada.

“Duerme bien, Eun-hae”.

“...”.

“Feliz Navidad”.

***

Cuando abrí los ojos, la luz del sol de la mañana iluminaba brillantemente el dormitorio.

“Por muy cansado que estuviera, me quedé dormido sin siquiera saludar a Rangi...”.

Al levantarme frotándome los ojos hinchados, vi algo colocado junto a mi almohada. Era una caja decorada con un lazo brillante.

Un regalo de Navidad dejado mientras dormía, aunque hace mucho que pasé la edad de creer en Santa Claus, mi corazón se aceleró sin motivo.

Dentro de la caja había una pequeña tarjeta de Navidad, una bola de nieve y una llave pequeña.

Me preguntó dónde quería descansar en vacaciones.

Respondí que me gustaría un bosque tranquilo entre varias opciones, y parece que en ese tiempo consiguió una villa que cumplía con el requisito. Era un regalo muy al estilo de Kang Cha-yoon, así que solté una risa.

Dentro de la tarjeta estaban grabados sus sentimientos con caligrafía ordenada.

 

Para mi único Eun-hae en este mundo.

 

Pensándolo bien, así era. Incluso cuando me presenté ante él para reemplazar a aquel chico muerto, Kang Cha-yoon me aceptó como un ser único.

 

En un mundo donde no se permite la eternidad, me atrevo a prometerte que te amaré por siempre.

 

Besé la tarjeta y susurré bajito.

“Yo también le prometo lo mismo, Director”.

Bajé las escaleras con cuidado y me recibió un paisaje pacífico. El bebé, que acababa de despertar, parpadeaba con sus ojos redondos mirando las luces brillantes del árbol de Navidad, y a su lado, Kang Cha-yoon dormía profundamente apoyado en la silla.

Las hojas de la nochebuena madurando en rojo, las bombillas del árbol brillando de colores y la luz del sol rompiéndose sobre los copos de nieve blanca del exterior en esta mañana de Navidad.

Fue un momento en que todas las cosas que amo brillaban como perlas, fluyendo como una ola para empapar mi alma.

 

 

 

 

 

 

 

Special Record: El mundo donde perteneces

 

Nos convertimos en adultos sanos y salvos.

Pasamos los veinte y los veintiuno, y llegó la primavera del año en que cumplimos veintidós.

Lo primero que aprendí al graduarme de la preparatoria fue que cumplir años no te convierte en adulto de golpe. El mundo seguía siendo difícil y abrumador, y yo seguía siendo torpe en más cosas de las que hacía bien, perdiéndome constantemente.

No importa si no puedo crecer de golpe. Solo tengo que hacerlo paso a paso. Afortunadamente…

“Eun-hae, Park Eun-hae. ¿En qué estás pensando tan distraído?”.

Porque nos quedan muchos días por vivir.

“¿No te gusta la bebida? ¿Te pido otra cosa?”.

“No, está bien. Está rica”.

Respondí rápido y di un sorbo a la bebida refrescante. Era una limonada de lavanda, supuestamente el menú estrella de la cafetería de la puerta trasera de la universidad, que pedí porque la foto con su brillo color lila era bonita. Era una bebida que probaba por primera vez, pero el aroma que rozaba mi nariz me resultaba extrañamente familiar.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN AOMINE5BL

“¿Qué tal la universidad? ¿Se puede aguantar?”.

La persona frente a mí bebió café en lugar de responder. Había pedido un americano con un shot extra, y ciertamente tenía un aspecto temible. Parecía el veneno que sale en los dramas históricos. Aun así, decía que tenía que hacer eso para aguantar toda la noche. Su rostro al terminar el café era bastante solemne. Y pensar que la primera vez que bebió café puso el grito en el cielo preguntándose qué clase de pervertido se metía eso en el estómago. Me reí al recordarlo.

“Tengo que hacerlo aunque no quiera. Yo también sé aguantar esto”.

“…….”

“Al menos tengo que fingir que me esfuerzo para que el viejo no dé tanto la lata”.

“A-ja-ja”.

Kwon Eun-hae no ha cambiado. Caprichoso, no especialmente amable, un tipo voluble que solo es atento cuando le apetece y en la medida que quiere. No es lo que se dice un ‘buen amigo’, pero sigue siendo mi único amigo.

Park Eun-hae y Kwon Eun-hae se parecen bastante. Sus caras se parecen tanto como sus nombres, pero por suerte lo único que se parece es el físico. Sus apellidos son diferentes, sus personalidades también, y sus destinos aún más.

Kwon Eun-hae, el joven amo que entró en Administración en la Universidad de Corea y tiene asegurado el puesto de heredero del Grupo HR Financial. Y Park Eun-hae, que en lugar de seguir estudiando, trabaja en esto y aquello para ganar su sustento de forma valiente y digna.

La brecha entre los dos nombres lo hacía a él un poco engreído y a mí me daba cierta tranquilidad.

“Ah, el representante de grupo de esta vez no me gusta nada. Es un estudiante que regresó del servicio militar y es un zorro… uf. El anterior era mucho mejor. No hacía ruido y era rápido trabajando”.

“¿El anterior?”.

“Sí. ¿Se tomó un año sabático o dejó la carrera? Un chico que salía con la representante de Bellas Artes. Pero, tú, ¿sabes siquiera qué es un representante de grupo?”.

Sonreí con torpeza y me encogí de hombros.

“Sé lo que tú me has contado. Solo vengo por la universidad cuando tú me llamas”.

“Sea como sea, tú también eres consistentemente miserable”.

Kwon Eun-hae negó con la cabeza y me lanzó una bolsa de compras que tenía al lado.

“Toma. Es lo último de esta temporada de los grandes almacenes a los que suelo ir. Te quedará bien”.

Ropa de grandes almacenes. Abrí mucho los ojos.

Los grandes almacenes a los que lo había acompañado un par de veces, exactamente para cargar sus bolsas, eran otro mundo. Un lugar increíble que parecía sacado de una película o un drama, lleno de cosas extremadamente lujosas y caras. El precio de la ropa en las tiendas de lujo tenía más cifras de las que yo podía imaginar, y siempre había que añadirle un cero más al final.

¿Está bien que me dé ropa tan cara a mí, que tiemblo incluso al comprar en un outlet?

Dudé antes de tocar la bolsa.

“¿Está bien que acepte esto?”.

Kwon Eun-hae se jactó.

“¿De qué tienes miedo? Esto no es nada para mí. Ah, pero a tu hermano sí le molestará”.

“Se lo explicaré bien”.

“Está bien. Al menos a ti te escucha. Es curioso. Dicen que los hermanos suelen llevarse a morir, pero ustedes ni siquiera se pelean”.

No lo preguntaba porque realmente tuviera curiosidad. Así que, en lugar de responder, me limité a sonreír.

Cuando Kwon Eun-hae terminó su café y se levantó, yo también bebí apresuradamente unos sorbos más de mi limonada y lo seguí.

“¿Ya te tienes que ir?”.

“Sí. Hoy tengo que ir temprano a la casa familiar”.

Se notaba a leguas que no quería. Asentí exageradamente para demostrar que lo escuchaba. Como era de esperar, las quejas siguieron.

“La cena formal de hoy es un verdadero fastidio, pero si no voy, se pondrá como loco. Y más ahora que, con lo de la ruptura del compromiso, aprovecha cualquier oportunidad para perseguirme… uf”.

Hace poco, él rompió su compromiso original.

Dijo que la otra parte era nada menos que el Director Ejecutivo de una constructora inmensa. El compromiso con ese ‘verdadero joven amo’, del que hablaba de pasada, era casi un contrato firmado desde su nacimiento.

Como era una boda que suponía un evento importante para el Grupo HR Financial, él también intentó cumplir con el compromiso en la medida de lo posible, pero por alguna razón empezó a resistirse diciendo que no podía casarse. La relación entre padre e hijo, que ya era mala, se volvió aún más hostil, y a mí me llamaba una vez cada dos días para que le hiciera compañía mientras bebía.

‘Ha aparecido alguien que me gusta’.

‘Cof, cof… ¿qué, qué has dicho, Eun-hae? ¿Alguien… que te gusta?’.

‘¿Por qué me miras como si hubieras visto a un fantasma? ¿Acaso no puedo tener a alguien que me guste?’.

‘…….’.

‘En este mundillo, el cónyuge va por un lado y el amante por otro… pero yo no quería vivir así. Por eso rompí el compromiso. A cambio, he aceptado cumplir todo lo demás que quiera el viejo’.

‘¿Porque quieres ser fiel a la persona que te gusta?’.

‘Sí. Supongo que después de andar unos años contigo, me estoy volviendo un ser humano decente’.

Nada más salir de la cafetería, vimos una cara conocida. Era un hombre de aspecto estricto, con traje negro y gafas de pasta.

“Joven amo. Es hora de partir hacia la casa familiar”.

“Ya lo sé. Déjate de tonterías y conduce bien”.

Kwon Eun-hae pasó a su lado soltando las palabras con fastidio. Se esforzaba por tratarlo como a un subordinado, pero en realidad se notaba que le imponía respeto. Aunque al hombre no parecía importarle lo más mínimo cómo se comportara él.

Cuando el hombre levantó la vista, nuestras miradas se cruzaron. Me hizo una reverencia educada y yo también lo saludé rápido.

¿Se llamaba secretario Jeong? Era alguien con quien no tenía por qué relacionarme, pero me daba una sensación extrañamente incómoda.

Cuando llegue a casa, podré descansar un poco antes de ir al trabajo de noche. Estaba comprobando la hora en el teléfono cuando…

“¡Oye, Park Eun-hae!”.

Me di la vuelta ante la voz chillona. Kwon Eun-hae, con la ventanilla bajada, asomó la cabeza y me preguntó.

“¿Seguro que puedes tener vacaciones de verano?”.

Hace unos días me dijo que reservara dos o tres días de descanso para este verano. Por suerte, en el trabajo me dieron facilidades y me dijeron que me ajustarían las fechas que yo quisiera.

“Sí”.

“¡Asegúrate bien! Iremos a la villa cuando yo tenga vacaciones”.

En Goseong, Gangwon-do, hay una villa que le pertenece a él, o mejor dicho, a la familia Kwon. Un alojamiento hermoso tan cerca de la playa que, por las mañanas, todo el segundo piso se tiñe de azul como si estuviera sumergido en el mar.

Había estado allí una vez y guardaba un recuerdo muy romántico de aquello. Sonreí y volví a responder.

“Entendido. Vamos a ver el mar”.

Habíamos viajado a esa villa nada más cumplir los veinte años. Llovió a cántaros cuando íbamos, pero por suerte al segundo día despejó como por milagro y pudimos ver un paisaje espectacular.

El deseo de Kwon Eun-hae a los veinte años de ver el mar en un día despejado se cumplió. Había olvidado por completo aquel recuerdo de casi tener un accidente en la autopista por la carretera resbaladiza.

Bueno, pase lo que pase está bien. Estamos a salvo y el mar que vimos aquel día era precioso.

“Pero, Eun-hae”.

“¿Qué?”.

“¿Está bien que no vayas con la persona que te gusta?”.

Me surgió la duda de si estaba bien que pasara las vacaciones de verano conmigo, siendo alguien que le gustaba tanto como para romper un compromiso.

“¿Qué dices?”.

Kwon Eun-hae soltó una carcajada burlona.

“La pareja es la pareja y un amigo es un amigo, ¿sabes? El mar lo veré contigo”.

“…….”

“¿Por qué? ¿No eres mi amigo?”.

Fue una sensación extraña. ¿Por qué ante esa pregunta tan obvia y normal me dieron ganas de llorar de repente? ¿Por qué me sonó tan extraño, tan nuevo y, a la vez, tan tierno?

Tú estás vivo así, y seremos amigos ayer, hoy y mañana.

“Es verdad”.

Respondí con una gran sonrisa.

“Somos amigos, Eun-hae”.

***

—¿Dices que hoy también pasarás por el restaurante antes de ir a trabajar?

“Así es”.

—No es cosa de un día o dos. ¿Cuándo van a contratar a un empleado allí? ¿Tienen intención de hacerlo?

“Mmm…”.

Reí con torpeza y evité responder. Probablemente no la tengan. Es un restaurante de barrio con clientes habituales que solo se llena una o dos horas al día, a la hora de comer. Es difícil encontrar a la persona adecuada y, aunque se encontrara, después de pagar el sueldo no quedaría beneficio.

“Es bueno saludar a los mayores y eso. Todos son amables conmigo. Pienso que es una forma de devolver el favor”.

—¿Vas a estar devolviendo el favor toda la vida?

Era el mismo restaurante de comida casera donde me habían ayudado hasta que cumplí veinte años. Los dueños eran como unos padres para mí. Fueron quienes acogieron a un niño que no tenía a nadie en el mundo, dándole comida caliente y un lugar donde dormir en el cuarto de la azotea, así que, aunque trabajara ayudándoles sin recibir sueldo de por vida, no me sentiría agraviado.l

Por supuesto, mi hermano mayor, Park Seung-je, siempre se oponía. Y más aún desde que hace poco conseguí un trabajo de noche. Como dormía menos para adaptarme al trabajo y hace unos días me sangró la nariz, no paraba de insistir en que dejara de ayudar en el restaurante cada vez que hablábamos por teléfono.

—Entonces trabaja solo 3 días a la semana. Si te cuesta decírselo, se lo diré yo al dueño. No somos desconocidos.

“No quiero, porque entonces tendré menos dinero de bolsillo”.

—¿Te dan? ¿Dinero de bolsillo?

“No”.

Respondí con firmeza.

“Yo ganaré el dinero que gaste. ¿Olvidaste que esa fue la condición para empezar a vivir juntos?”.

Park Seung-je se quedó mudo.

Fue en un día de mucha lluvia, a finales del invierno. ¿Unos días después de volver del viaje al mar con Kwon Eun-hae por nuestros veinte años? Park Seung-je vino hasta mi casa y se arrodilló pidiéndome perdón.

‘Siento haberte dejado solo tanto tiempo, Eun-hae. Quería volver cuando fuera un adulto capaz de hacerme responsable de ti, pero tardé demasiado’.

‘…….’.

‘Si aún no es tarde, dame una oportunidad. Te prometo que no volveré a dejarte. Vivamos juntos, hermano’.

Ante sus ojos llorosos que me miraban con ansia, diciendo que había buscado un pequeño apartamento donde pudiéramos vivir los dos, pude sacudirme con gusto la soledad del pasado.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN AOMINE5BL

Park Seung-je, que regentaba un bar privado en Cheongdam-dong, era bastante rico. Cuando decía que podía apoyarme si quería ir a la universidad o a una academia, no eran palabras vacías.

Pero yo aún no tenía nada que quisiera hacer. Estoy perdido, sin saber qué camino tomar. Así que decidí buscar qué quiero hacer mientras trabajo en diversas cosas y gano mi propio dinero de bolsillo.

Esa fue la única condición para perdonar a mi hermano.

“Si no te gusta que trabaje ni que ayude en el restaurante, también puedo ayudarte en tu negocio. Así no haría otras cosas y estaría contigo…”.

—Oh, Yu-ji. ¡Ya voy! ¡Espera un momento! Eun-hae, ten cuidado con los coches al andar. Llámame enseguida si pasa algo.

Park Seung-je colgó rápido. Yo hice un puchero y miré fijamente el teléfono.

“Tonto”.

No me deja ir a su local por nada del mundo, y eso que no hace nada malo. Según él, es porque no es un ‘trabajo digno’, pero yo no estoy de acuerdo. Diga lo que diga la gente, Park Seung-je es para mí un familiar digno.

Al llegar al restaurante, la dueña vino corriendo hacia mí y me atrajo. En una mesa de la esquina ya había preparado un festín solo para mí.

“Come antes de que se llene de gente. ¿Dices que ahora tienes un trabajo nuevo?”.

“Es un bar de cócteles tranquilo. Hace poco saqué la licencia, ¿sabe? Resultó ser más divertido de lo que pensaba”.

“Qué alivio, qué alivio. ¿Aún no te has adaptado? Has vuelto a adelgazar, vaya por Dios. Con lo que nos costó que subieras de peso”.

Mientras comía con cuidado el guiso que burbujeaba en la olla de barro, la dueña trajo otros palillos y empezó a quitarle las espinas a un pescado asado. Sus manos se movían con esmero, poniendo trozos sobre mi arroz antes de que yo tuviera tiempo de cogerlos.

 

“Llévate unas guarniciones cuando te vayas. Esta vez la gelatina de habas verdes salió muy bien. Te gusta, ¿verdad?”.

“¿Ah sí?”.

“Este niño aún no conoce sus propios gustos. He preparado bastante, así que come con tu hermano”.

El dueño, que estaba limpiando verduras mientras veía la tele, intervino.

“Aquel joven que vino a buscarte era tu hermano, ¿verdad? Ese que era guapo, con los ojos un poco rasgados hacia arriba. Y que tenía un lunar por aquí”.

“Eh… es cierto. Pero, ¿mi hermano vino alguna vez a este restaurante?”.

Era la primera vez que oía algo así. Sabía que mi hermano había dejado sobres con dinero frente a mi cuarto de la azotea en el pasado, pero nunca imaginé que vendría al restaurante.

“No dijo explícitamente ‘soy su hermano’”

Dijo la dueña con cautela.

“¿Fue cuando no llevabas mucho tiempo viviendo en la azotea? Recuerdo que aquel día llovía mucho. Pensábamos cerrar temprano por el mal tiempo y estábamos recogiendo, cuando de pronto entró un joven corriendo. Se quedó mirando a su alrededor y le serví la comida”.

Me giré bruscamente cuando señaló hacia un lugar. Pude visualizar claramente a Park Seung-je sentado en esa esquina junto a la ventana, sacudiéndose las gotas de lluvia de la ropa.

“Nada más terminar de comer, dijo ‘Qué alivio’”.

Qué alivio. Alivio de que el lugar al que corrí tras escapar de aquel hogar miserable fuera precisamente este. Saber que, al haber conocido a esta pareja de dueños tan bondadosos, al menos no pasaría hambre. Park Seung-je debió de sentirse tranquilo al saber que yo podría bajar en cualquier momento a comer un estofado y arroz caliente.

En aquel entonces, yo no era el único que era joven. Para Park Seung-je, el mundo también debía de ser un lugar donde los vientos fríos soplaban durante las cuatro estaciones.

“Su cara al decir eso se parecía tanto a la tuya que supe que debían tener algún vínculo. Como parecía que no quería que lo supieras, no dije nada”.

“Ya veo. Debió de ser él”.

Tomé una gran cucharada de arroz y dije con determinación.

“¿Puedo comer más después de esto? Tengo que comer bien para ayudarlos con el trabajo de la tarde”.

“¡Vaya, claro que sí! Come rápido antes de que se enfríe. Come también las verduras”.

“Gracias”.

Mientras comía con entusiasmo, la dueña me sirvió té de cebada caliente y me preguntó.

“Eun-hae”.

“Sí, señora”.

“¿Estás bien últimamente?”.

Esa era su frase de siempre.

¿Estás bien? ¿Cómo va todo? ¿No te duele nada?

Preguntas que hacía siempre con la misma cautela y calidez, como si fuera la primera vez.

Respondí con una gran sonrisa.

“Me siento de maravilla”.

“...”.

“Estoy muy bien, señora”.

Aunque el mundo sigue lleno de dificultades y no es un lugar especialmente generoso ni amable conmigo...

“Me pregunto si la felicidad es esto”.

Aun así, vale la pena vivir. Por eso, últimamente siempre pienso que es una suerte.

***

A un pequeño bar clásico situado entre casas residenciales acuden diversos clientes.

Desde los habituales que saben mucho más de alcohol que yo, un barman novato, oficinistas que leen noticias económicas con el ceño fruncido, clientes que escriben sin descanso, universitarios que charlan con voces como de pajarillos, parejas recién formadas, hasta amigos que beben frente a una sola copa tras haber sido rechazados hace un par de días.

Tratar con la gente siempre es difícil, pero igual de divertido, y con cada interacción, la experiencia del mundo se acumula dentro de mí.

“¿El dueño Woo no ha venido hoy?2.

“Su bebé está enfermo y ha ido un momento al hospital. Vendrá sobre la medianoche”.

“Ah, es verdad. ¿El dueño estaba casado, no? ¿Cuántos años tiene el niño?”.

“Cumplirá un año en unos meses. Solo he visto fotos, pero es igualito a él”.

“¿Un niño?”.

“Sí. Es muy lindo”.

“Qué bien”.

Como era un cliente que compraba una botella de Valentine y bebía un poco cada vez, no tenía mucho que hacer aparte de servirle algo de fruta. Como no había más clientes, limpié las copas con un paño seco mientras le hacía compañía.

“¿Nuestro novato no piensa en casarse?”.

“¿Yo? Yo...”.

Me reí con torpeza.

“Ni siquiera he salido con nadie, ¿cómo voy a casarme?”.

“¡Vaya! ¿No tienes experiencia en el amor? ¿Por qué? ¿Con esa cara?”.

“¿Qué... qué le pasa a mi cara?”.

“No, bueno... mmm. Supongo que con esa cara serás muy exigente. ¿No has encontrado a nadie que te guste?”.

“No, no es eso”.

Casarse. Era una palabra que me sonaba tan ajena que incluso me resultaba extraña. Para empezar, ni siquiera me había enamorado, y mucho menos salido con alguien. Significaba que ni siquiera sabía qué se sentía cuando el corazón late al ver a alguien.

“¿Cómo se sentirá cuando te gusta alguien?”.

Ante mi pregunta, la clienta, que jugueteaba con su copa, soltó una risita.

“Dijiste que tienes veintidós, ¿verdad? Diciendo eso pareces un bebé de verdad. Ay, qué joven, qué joven”.

“... Jajaja”.

“Gustar de alguien se siente distinto para cada persona y los criterios varían, así que es difícil de explicar con exactitud. Pero simplemente... lo sabes al instante”.

“¿Lo sabes al instante?”.

“Sí. Te llega una señal. ‘Ah, esto es amor’. Como una certeza, como el destino”.

Mientras decía eso, miró su teléfono y frunció el ceño.

“Sabía que pasaría esto. Beberé hasta aquí por hoy y me iré. Guarda bien lo que queda”.

“¿Tiene que volver a la empresa?”.

“Dice que necesita que le firme un documento. Qué se le va a hacer. Buen trabajo”.

“Vaya con cuidado. Nos vemos la próxima vez”.

Como no había más clientes, salí a pedirle un taxi como cortesía y a despedirla, cuando una gota de agua fría cayó sobre mi nariz.

“Dijeron que habría chubascos...”.

Si es una lluvia pasajera, quizá pare antes de medianoche. Aunque es molesto para andar por ahí, no odio la lluvia, así que me sentí extrañamente contento. Pensé en dejar la puerta abierta un momento hasta que llegara el siguiente cliente.

Quería escuchar el sonido de la lluvia y me gustaba el aroma peculiar de la tierra húmeda. Me agradaba ese breve instante de alivio en el que mi espíritu seco se relajaba.

Estaba a punto de entrar al local sumido en mis pensamientos cuando sentí una presencia detrás de mí.

“...”.

¿Por qué me di la vuelta? No lo sé. Simplemente sentí que debía hacerlo en ese momento. Como si alguien me hubiera llamado a gritos, mi cuerpo giró hacia atrás de forma natural.

Era un hombre imponente. Un hombre oscuro y abrumador que parecía ser una cabeza más alto que los demás en todo sentido, me miraba desde arriba. Su aura era tan afilada que mi cuerpo retrocedió instintivamente.

Entre las gotas de lluvia que empezaban a caer, el aroma a bosque me rozó la nariz. Era una fragancia desconocida, ya que no nos habíamos visto nunca.

“Disculpe...”.

No sé por qué, en medio de eso, el tenue aroma a lavanda que emanaba me resultó familiar.

“¿Va a entrar en nuestro local?”.

El hombre, en lugar de responder, me miró fijamente.

En el momento en que miré sus pupilas negras, tan profundas que parecían no tener fin, viví una experiencia asombrosa.

Me faltó el aire ante un sentimiento desconocido que percibí de aquel hombre del que no sabía ni el nombre. Sentí una presión en el pecho y un nudo en la garganta. El calor se acumuló en mis ojos, me sentí inquieto sin razón y...

Ya veo.

Curiosamente, las palabras que acababa de escuchar cruzaron mi mente como una flecha. ¿No decía que llegaba una señal?

Tal vez este hombre sea mi certeza. O mi destino.

Algo totalmente irracional, impulsivo, sin base y, por tanto, un poco estúpido. Pero en el momento en que lo vi, surgió un sentimiento así de intenso.

“...”.

Pero esto es solo un sentimiento. Normalmente uno no siente esto por un desconocido. Sacudí la cabeza rápidamente para recobrar el sentido. Ahora estoy trabajando y esta persona es un cliente de nuestro local. Actúa con sentido común, Park Eun-hae. No puedes cometer un error con un cliente.

“Adelante, pase2.

El hombre entró un segundo después. Se quedó rígido como si estuviera pensando profundamente en algo y luego, acariciándose la barbilla, inclinó ligeramente la cabeza. Parecía que, al igual que yo me había sumergido en una emoción inexplicable, él también se había hundido en su propio mundo y acababa de regresar con esfuerzo.

Incluso el simple hecho de sentarse en el lugar indicado rebosaba elegancia. Ahora que me fijaba, la ropa que vestía, su corbata, el reloj en su muñeca izquierda e incluso los gemelos que se asomaban por sus puños tenían un aspecto fuera de lo común.

Incluso para mí, que no tengo talento para tasar objetos, era un hombre rodeado de cosas valiosas por todas partes.

Sentado, el hombre empezó a observarme fijamente.

“... ¿Es la primera vez que viene a nuestro local?”.

Entonces el hombre abrió la boca.

“No”.

Era una voz tan profunda que parecía filtrarse a través de vibraciones. ¿Será actor? ¿O actor de doblaje? Era una voz que captaba la atención de tal manera que, sin darme cuenta, me quedé mirando sus labios.

“Entonces, como sabrá... en nuestro local no hay carta de cócteles. Si desea una botella, le traeré el catálogo de licores, pero si no, solemos recomendar un cóctel adaptado a sus preferencias”.

“...”.

“Si hay algún tipo que le guste especialmente o algún sabor que desee, ¿podría decírmelo? Puede ser una sensación abstracta”.

El hombre se limitó a mirarme fijamente en lugar de responder. Gracias a eso, me sentí un poco avergonzado y mis orejas se pusieron rojas.

¿No era así? Creo que lo dije como siempre. Repasé mis palabras mentalmente, pero no sentí que hubiera cometido ningún error.

Entonces, ¿por qué este hombre me mira con tanta fijeza?

“Por el contrario, también puede decirme lo que no puede beber o lo que no le gusta. Como dije antes, si el cóctel no es de su agrado, puedo traerle el catálogo...”.

“No hace falta”.

El hombre me interrumpió. Curiosamente, incluso ese acto no pareció maleducado. Se sentía seguro, elegante e incluso natural.

“Tiempo”.

Su voz me hizo volver en mí.

“Me gustaría que me dieras algo de tiempo”.

Solo entonces pude observar el rostro del hombre con más detalle.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN AOMINE5BL

Cejas marcadas, nariz recta, labios bien formados y facciones armoniosas. Era un hombre atractivo con una impresión en la que coexistían de forma extraña una atmósfera ruda y afilada con una fría y elegante. A diferencia de mí, que tengo tonos más pálidos, sus ojos eran intensos, oscuros y negros, tan profundos que era imposible saber qué pensaba...

“...”.

Me miraba como si estuviera hechizado por algo. Desde hace un rato.

Al darme cuenta de eso, mi corazón empezó a latir con locura. Una expectativa que ni siquiera sabía que existía creció a su antojo y amenazaba con devorarme por completo en un instante.

Aquella señal que sentí antes. Certeza o destino.

¿Y si ese hombre también lo sintió? Al igual que yo sentí algo al verlo, ¿él también sintió algo al mirarme a los ojos...?

Justo cuando estaba a punto de dudar si sería una ilusión…

“¿A qué hora terminas de trabajar?”.

No es una ilusión. No puede serlo. El hombre me miraba con una mirada clara, como si no fuera a permitir ni el más mínimo error.

“A medianoche...”.

Incluso pronunciar esas breves palabras me costó. Aclaré mi garganta y me esforcé por responder con la mayor calma posible.

“Termino a medianoche”.

“... Ya veo”.

El hombre pidió un bourbon. Tras beber de un trago el licor que le serví esforzándome porque no me temblaran las manos, abandonó el local de inmediato. Su actitud al pagar y salir fue tan natural que la mirada y la conversación que acabábamos de compartir me parecieron tan lejanas como un sueño.

La lluvia arreciaba. Parecía que se quedaría un poco más que un simple chubasco. Como no tenía paraguas, pensé que tendría que pedirle prestado uno al dueño cuando llegara.

Estaba barriendo y limpiando diligentemente cada rincón del bar, sacando brillo a las copas y comprobando el inventario de licores, cuando sonó la campana de la puerta.

“Ah, novato. Lo siento. Es que me ha costado dormir al niño”.

Era Woo Jae-young, el dueño del bar. Mucha gente lo confunde con un gánster por la gran cicatriz en su mandíbula, pero aunque es un poco malhablado, no es mala persona.

“No se preocupe. ¿Cómo está Hyeon-je?”.

“Ya le ha bajado la fiebre. Por un momento pensé que se me moría del susto por las convulsiones. Hoy ‘Ratoncito’ termina temprano y cuidará de él, así que no te preocupes por este lado”.

‘Ratoncito’ era el apodo cariñoso con el que llamaba a su joven marido. Recordé que la primera vez no lo entendí y pregunté: ‘¿Quién es Ratoncito?’, y él se rió sin parar.

“Oye, tú”.

Woo Jae-young bajó la voz mientras miraba a su alrededor.

“¿No te has cruzado con ningún tipo raro mientras trabajabas?”.

“... ¿Entre los clientes?”.

“Sí. Algún pesado, alguien que hiciera algo sospechoso... en fin, ¿no ha venido ningún bicho raro?”.

Me vino una cara a la mente de inmediato, pero por alguna razón no pude decirla. Porque aunque fue peculiar, no fue pesado, ni sospechoso, y mucho menos un bicho raro.

“No ha habido nadie. Como el tiempo ha estado inestable, no han pasado muchos. Casi no ha habido pedidos de cócteles”.

“... ¿No ha venido? ¿Estás seguro? ¿No ha entrado ningún matón?”.

Volví a recordar el rostro de aquel hombre. Pero podía decir con seguridad que no.

Ese hombre estaba muy lejos de tener el aura de un ‘matón’. Parecía más bien un caballero perfectamente refinado. Alguien que parecía educado, estricto, pero que sería capaz de ser misericordioso y amable si la situación lo permitiera. Tenía la imagen de un verdadero adulto, muy diferente a la mía.

“Para nada. No ha venido”.

“Ah, entonces qué será. ¿Por qué ese tipo está merodeando cerca del local? Sin entrar siquiera”.

“¿Por qué? ¿Le ha pasado algo, jefe?”.

“Nada. Son cosas de adultos, así que tú, niño, vete ya a casa. Si te dejo salir tarde, ese imbécil de Park Seung-je se pondrá hecho una furia como si fuera a hacerme sashimi, y no puede ser”.

“Hasta mañana”.

Tomé mi abrigo y mi bolso y abrí la puerta, un viento húmedo y fresco me golpeó la cara.

Ah, es verdad. La lluvia.

No era una lluvia que fuera a parar pronto, así que justo cuando iba a darme la vuelta para pedir un paraguas…

“¡Ah!”.

Alguien me tiró del brazo y mi cuerpo se inclinó hacia delante. En un instante, fui arrastrado hacia el exterior bajo la lluvia.

Pero ni una sola gota de agua fría cayó sobre mi cuerpo. Como si me hubiera movido de un tejado a otro, el agua me esquivaba por completo.

Tock, tock, tock…

El hombre que proyectaba su sombra sobre mi cabeza sostenía el paraguas sobre mí.

“¿Sabía esto?”.

Me pregunté si la voz también se volvía más pesada al impregnarse de lluvia. Me quedé absorto en ese pensamiento por un momento.

“Es la primera vez en mi vida que espero con tantas ansias a que llegue la medianoche”.

“...”.

“¿Cómo te llamas?”.

“Eun-hae”

Mi voz salió con un ligero temblor.

“Park Eun-hae”.

“Park Eun-hae...”.

El paraguas seguía inclinado hacia mí. Gracias a eso yo estaba perfectamente seco, pero a este paso, su dueño se mojaría.

Levanté rápido el brazo, sujeté el mango del paraguas y lo empujé un poco hacia él.

“Esto... cliente”.

“No soy un cliente”.

Él sonrió curvando ligeramente la comisura de sus labios. Entonces, su semblante afilado y frío cambió como si floreciera. Me pareció la obra póstuma de un artista melancólico que hubiera esculpido toda su vida en ella.

“¿Crees que he estado esperando hasta esta hora solo para que me sirvieras una copa?”.

“Entonces...”.

“Kang Cha-yoon”.

Era un nombre familiar. Hice rodar su nombre en mi boca suavemente. Kang Cha-yoon, Kang Cha-yoon... ¿Dónde lo había oído?

“¿Estás dispuesto a darme algo de tiempo?”.

Respondí a esa pregunta como si estuviera hechizado.

“Sí”.

La sonrisa del hombre se hizo más profunda. El aroma penetrante del bosque y de las flores púrpuras que descendía suavemente sobre mi cabeza también se volvió más nítido.

“Qué bien”.

Él puso su mano grande sobre la mía, que sujetaba el mango del paraguas. Luego, volvió a inclinarlo más hacia mí. Parecía no importarle que su ropa cara se mojara, actuaba con total naturalidad.

“Aparte del tiempo, ¿hay algo más?”.

“...”.

“Si deseara pedirte algo más, ¿estarías dispuesto a dármelo?”.

De pronto me entró la curiosidad. No era la duda de qué querría pedirme este hombre a mí, que apenas acababa de saber mi nombre. Era la pregunta de si yo sería capaz de negarle algo a este hombre. Esa era mi interrogante.

Si es así, ¿cuánto llegaría a darte? ¿Qué te daría? No me sentía mal ni me parecía un desperdicio. Curiosamente, era así.

Sin embargo, si hay algo que me preocupa...

“No tengo muchas cosas... así que no puedo prometer que pueda darle cualquier cosa. Soy pobre”.

Ante ese añadido, Kang Cha-yoon soltó una risa leve.

“Qué coincidencia. Yo tengo muchas cosas. Tantas que podría decir que puedo darte cualquier cosa”.

“Entonces, ¿no es con más razón que no necesita pedirme nada?”.

“Hay solo una cosa que tú puedes concederme”.

Me quedé quieto como una estatua, mirando a ese hombre sin descanso.

“Una oportunidad”.

“...”.

“Dame la oportunidad de conocerte”.

Tiempo y oportunidad.

Eso era lo único que Kang Cha-yoon deseaba de Park Eun-hae.

***

De pronto pensé.

Si hubiéramos podido vivir de forma más ordinaria, quizá no habríamos tenido que dar tanto rodeo. Si nuestra relación hubiera sido plena solo con nosotros dos, sin necesidad de desperdiciar sentimientos ni tiempo, ¿habrían disminuido a la mitad las lágrimas que derramé?

Pero el hecho de que no fuera ordinario o fácil, no significaba que no fuera amor.

Por eso creo que estuvo bien. Aunque el rodeo fuera más largo, sabía que al final de mi trayecto estarías tú.

Fue tal como escuché una vez: no hay necesidad de dudar del amor. Simplemente llega en un instante, dejándote una certeza y mostrándote el destino.

Incluso si no todos los momentos pueden ser buenos. Incluso si los días grises duran tanto como los días soleados.

Aun así, lo que tú me disté y lo que yo te di fue, sin lugar a dudas, amor.

Por eso estuvo bien. No importa cuándo nos encontráramos, cómo nos encontráramos o bajo qué forma.

Podría atreverme a afirmar que, de todas formas, te amaría.

 

 

FIN DEL EPÍLOGO DE < PROMETIDO FALSO >