Extra 2: Olas de Luz
Extra 2:
Olas de Luz
Llegó el invierno.
Nuestros días seguían siendo
pacíficos. En el ritmo pausado de la vida cotidiana, recuperé pequeñas
felicidades que había tenido que abandonar por diversas razones. Escuchar
canciones nuevas, charlar con amigos de mi edad sobre los programas de citas
que estaban de moda, o ver películas antiguas, cosas muy triviales.
“¡No puede ser! ¿Entonces tu bebé ya
va a cumplir un año?”.
“Sí”.
“Es increíble. Mirándote a la cara,
no pareces para nada un padre”.
“Mi cara...”.
Hwang Yeon-seo, el empleado del turno
de tarde en la cafetería con quien me había hecho amigo, tenía una personalidad
alegre, afable y le encantaba la gente. Al principio solo intercambiábamos
saludos cortos al cambiar de turno, pero sin darnos cuenta nos volvimos
cercanos y, a veces, después del trabajo, nos quedábamos charlando mientras
tomábamos café.
NO HACER PDF
SIGUENOS EN AOMINE5BL
“¿Cómo se ve mi cara?”.
“¡Vaya! ¿Me lo preguntas en serio
porque no lo sabes?”.
Yeon-seo abrió mucho los ojos y me
miró.
“Sinceramente, te ves como... mmm,
como una celebridad. Tienes un aire demasiado bonito para ser modelo, ¿quizás
un ídolo? ¿No te acuerdas de la pregunta que te hice la primera vez que nos
saludamos?”.
“Me acuerdo”.
Debió de ser hace unos meses. Cuando
estaba a punto de irme tras el relevo, él me detuvo de repente, miró a su
alrededor con cautela y, con una voz sumamente seria, me preguntó.
‘Disculpe... ¿por un casual es usted
aprendiz de ídolo o algo así?’.
Gracias a eso, me llevé la impresión
de que era un chico bastante excéntrico, y tras pasar unos meses con él,
comprobé que no me equivoqué.
“Es que me miras con buenos ojos”.
“Te miro como eres en realidad.
¿Sabes que soy un fanático de la televisión, verdad? Desde mi vasta
experiencia, te digo que la mayoría de los ‘casi famosos’ quedan eclipsados
ante tu rustro natural”.
“¿Casi famosos? ¿Qué es eso?”.
“Ay, es verdad, tú no sabes mucho de
estas cosas. Me refiero a gente que tiene influencia”.
Bebí un sorbo de la leche con
chocolate caliente que él me había preparado y pregunté.
“Entonces, Yeon-seo, ¿qué es
exactamente un casi famoso? ¿Como los aprendices de ídolos?”.
“¡Ah! Eso... bueno, los aprendices
también cuentan, pero...”.
Había muchas razones por las que
hablar con Yeon-seo era agradable, y una de ellas era precisamente esta, no
importaba lo que le preguntara, nunca se impacientaba ni le molestaba
explicarme las cosas paso a paso.
“Me refiero a personas que no han
debutado como ídolos o actores, pero que tienen reconocimiento o influencia.
Como los influencers. ¿Eso sí lo has oído?”.
“Sí”.
“Hoy en día hacen muchos programas
reuniendo a esa gente. Como quieren ser famosos, es fácil contratarlos y le dan
un aire fresco al programa”.
“¿Como el programa de citas que me
recomendaste el otro día? ¿Cómo se llamaba? ¿El amor también es
transferencia...?”.
“Ah, sí, sí, Transferencia de Amor.
¿Ves? Sinceramente, si tú aparecieras ahí, no desentonarías para nada. Aunque
claro, no es un programa para alguien que ya tiene familia. ¡Pero bueno!”.
Hwang Yeon-seo preguntó con los ojos
brillantes.
“Dijiste que era niña, ¿verdad?
¿Parang? Si se parece a ti, va a ser muy bonita cuando crezca. ¿No tienes
fotos?”.
“Tengo fotos, pero se parece a mi
marido, no a mí”.
“Oh, ¿tu marido también es guapo? No,
¿verdad? ¿Dicen que hay más hombres guapos entre los Alfas?”.
Cuando le enseñé la foto, Yeon-seo
exclamó con admiración.
“Es difícil destacar tanto desde
bebé, pero ella lo logra”.
Era la primera vez que le enseñaba
fotos del bebé a alguien y me sentía un poco tímido, pero me alivió ver que su
reacción fue tan buena.
“Cumplirá un año en unos meses. Si no
te importa, ¿te gustaría venir a la fiesta del primer año?”.
“¡Enserio! ¡Sí! ¡Por favor, yo!
¡Tengo que ser yo! Te contaré un secreto, se me da muy bien manejar la cámara.
Le sacaré las mejores fotos de su vida a Parang. Y a ti y a tu marido también,
por supuesto”.
“Te avisaré cuando tenga la fecha
concreta”.
Normalmente habría declinado
educadamente, pero nunca tenía suficientes fotos del bebé. Asentí con una
expresión de ilusión.
“¿No es este año, verdad? Dijiste que
faltaban unos meses”.
“Sí, es el año que viene”.
“¿Entonces qué vas a hacer en
Navidad? ¿La pasas con la familia?”.
Asentí con entusiasmo.
“El mismo día de Navidad voy a hacer
una fiesta con un compañero de la universidad que me cuidaba mucho. Y en
Nochebuena iré a un concierto de caridad con mi marido”.
“¿Un concierto de caridad? ¿Por
casualidad es el que hacen en el Centro de Artes de Seúl? ¡El que coincide con
la exposición de fotos Deus Vult y la individual del pintor Yoo Chan-yeon!”.
“Sí, ese mismo”.
“¡Guau! ¿Sabes que el elenco es
increíble? Dicen que es casi imposible conseguir entradas a menos que tengas
una invitación... Un momento. ¿Tú vas con invitación?”.
Lo pensé un momento y volví a
asentir. Una de las intérpretes era Anna Kang, y como la empresa patrocinadora
era Hwadam Construction, supuse que sería por invitación.
“Esto es de locos”.
Yeon-seo se levantó de un salto.
“¡De locos! Por más que exprimí a mi
hermano mayor, no pude conseguir nada. ¡Maldición! ¡Qué envidia me das!”.
Estiré la mano discretamente y tiré
de su manga para que se calmara y se sentara. Afortunadamente, Yeon-seo
recuperó la compostura enseguida. Le pregunté mientras se aclaraba la garganta.
“Pero, ¿cómo es que lo sabes todo tan
bien? ¿Te gusta mucho la música clásica?”.
“Me gusta, pero no es que me lo sepa
todo de memoria. Es que este concierto es muy popular, y una de las intérpretes
es Mariella Kang. Ella salió como panelista en el programa de citas que me
gusta”.
“Vaya...”.
Pensé que el mundo era realmente un
pañuelo. La pianista que acababa de mencionar era la prima de Anna Kang. Según
había oído, su hermano mayor había ganado fama apareciendo en ese programa. No
podía ser una coincidencia más increíble. Mientras estaba sumido en mis
pensamientos, Yeon-seo dijo emocionado.
“Si vas, puede que te cruces con unas
diez celebridades. En fin, pásalo muy bien. ¡Y luego me cuentas qué tal!”.
Le respondí con una sonrisa dulce.
“Sí, lo haré”.
***
“Yeon-seo tenía razón...”.
Ya había estado allí antes, pero hoy
la sensación era diferente. No había rincón que no fuera lujoso, pensé que la
palabra ‘otro mundo’ se había inventado precisamente para describir lugares
como este.
Dijeron que habían preparado todo el
edificio para el evento de caridad.
Por eso, hasta la decoración de los
pasillos era excepcional. En una pared colgaban cuadros del artista más famoso
del momento, y en la de enfrente, varias fotografías decoraban el espacio. Me
quedé embelesado mirando las lujosas lámparas de cristal y el brillante árbol
de Navidad, hasta que oí una risa baja a mi lado.
“¿Tanto te asombra?”.
Preguntó Kang Cha-yoon con voz
tierna.
“Escuché que habías venido antes al
recital de mi hermana”.
“En aquel entonces no tenía tiempo
para mirar a mi alrededor”.
“Es cierto, estarías tan tenso que
estarías pálido, pobre de ti”.
“Lo sabe muy bien, a pesar de que no
estaba conmigo...”.
“Jaja”.
Sonreí mientras apretaba la mano que
teníamos entrelazada.
“Pero, sabe, aunque lo hubiera visto
con calma entonces, no creo que me hubiera gustado tanto como ahora”.
Fue tal como predijo Kang Cha-yoon
cuando me dio la invitación diciendo que era un evento que me gustaría. Debido
a la naturaleza del evento, una atmósfera cálida y acogedora envolvía todo el
edificio. Las fotografías que parecían mirar el mundo con amabilidad y las
pinturas de colores brillantes y saturados contribuían a crear ese ambiente.
“He oído a alguien explicar que todos
los beneficios del evento serán donados. También el dinero de las obras que se
vendan aquí”.
Quizás por eso, saber que el dinero
recaudado aquí ayudaría a niños que estuvieron en mi situación hizo que las
luces de este lugar no me parecieran un lujo vacío, sino una claridad que
albergaba cierta calidez.
“Patrocinan organizaciones para niños
necesitados y jóvenes que salen del sistema de protección. Lo sé. Es uno de los
proyectos que mi madre gestiona desde hace años”.
Kang Cha-yoon pensó un momento y
añadió, señalando las obras expuestas.
“Supongo que para ti se siente
especial. Si ves algo que te guste, elige uno”.
“¿Puedo, director?”.
“O más de uno, no importa”.
Él me acarició los labios con la mano
que tenía libre y respondió.
“Ya te queda poco tiempo para
llamarme director”.
“...”.
“Echa un vistazo por aquí”.
Miré de reojo a Kang Cha-yoon, que
conversaba con algunas personas que merodeaban por allí.
Dijo que pronto lo ascenderían.
El año que viene dejaría de ser
Director Ejecutivo para ser Vicepresidente. Y así, algún día, llegaría el
momento de suceder al Presidente Kang Jong-cheol al frente de Hwadam
Construction. Pensé que era algo bueno. De una forma u otra, se notaba que le
gustaba su trabajo. Me alegraba que sus esfuerzos y su sentido de la
responsabilidad dieran buenos frutos.
Me quedé un rato observando los
cuadros, pensando cuál sería mejor comprar. Aunque las obras no tenían
etiquetas de precio, ya era lo bastante adulto como para saber que no serían
baratas. Mientras observaba con cautela, me detuve frente a una pintura. A
pesar de todas mis dudas anteriores, en ese instante tuve la firme convicción
de que debía ser esa. Mientras la examinaba detenidamente, una voz suave me
habló.
“¿Le gusta ese cuadro?”.
Aparté la mirada de la obra y vi a un
hombre de pie a mi lado. Tal como dijo Yeon-seo sobre encontrarse con
celebridades, este hombre tenía una apariencia tan deslumbrante que podría
haber salido de cualquier revista de moda. Era tan alto como Kang Cha-yoon,
pero sus rasgos eran sorprendentemente delicados y finos.
“Sí”.
Respondí en voz baja.
“Todas las fotos y cuadros son
bonitos, pero este me impresiona especialmente. ¿Cómo decirlo? Me parece más
cálido”.
Tras dudarlo, añadí.
“El título es Lealtad, pero yo siento
afecto en esta pintura”.
Era tal como decía. Sobre una palma
que parecía extenderse hacia el espectador, se posaban racimos de luz, parecía
que la mano sostenía la luz, la mostraba y, al mismo tiempo, intentaba
entregarla. Curiosamente, esa mano y esa luz cálida me recordaron a Kang
Cha-yoon.
“Si tuviera que comprar una obra,
creo que elegiría esta”.
“Tiene buen ojo. El cuadro también se
alegrará de ir con alguien que sepa apreciarlo”.
“¿Usted cree...?”.
Le comuniqué al secretario Han mi
intención de comprar el cuadro y él señaló hacia donde había un grupo de gente.
“El director está por allí. Si ya ha
terminado de ver todo, ¿le gustaría unirse a él? Ya casi es hora de que empiece
el concierto”.
“¿Estará bien si me pongo a su
lado?”.
“¡Por supuesto! Antes estaba hablando
aparte porque vinieron unos ejecutivos, pero ahora ya no. Seguro que está
deseando que usted vaya”.
Animado por sus palabras, me acerqué
a Kang Cha-yoon. Estaba hablando con dos personas que parecían acabar de
saludarle, uno de ellos era tan famoso que hasta yo, que no veía la televisión
ni las redes sociales, pude reconocerlo.
¡Es Bae Tae-seong!
Era el protagonista que había
desatado la fiebre de la esgrima en Corea tras ganar la medalla de plata por
equipos y el oro individual en los últimos Juegos Olímpicos de Verano.
“¿Has venido?”.
Cuando me acerqué tímidamente, Kang
Cha-yoon me rodeó los hombros con el brazo y me presentó a los dos hombres.
“Él es mi cónyuge. Y ellos son el
esgrimista Bae Tae-seong y.…”.
“Han Ji-won”.
Se presentó el hombre que acompañaba
a Bae Tae-seong, extendiendo su mano.
“Había rumores de que el Director
Kang de Hwadam atesoraba tanto a su pareja que la tenía escondida, y veo que
tienen razón. Yo también me moriría de ganas por tenerlo en exclusiva”.
Le miré fijamente y Han Ji-won me
guiñó un ojo con una sonrisa.
“No se preocupe, no estoy intentando
ligar. Aunque es un tipo bastante rígido, este que tengo al lado es mi pareja”.
Bae Tae-seong le reprendió.
“Corta el rollo, idiota. Lo estás
poniendo nervioso”.
“...”.
“Soy Bae Tae-seong. Nos conocemos
porque su marido patrocina nuestro equipo de esgrima. Como supe que estaba
aquí, vine a saludar”.
“Vi muy bien sus competiciones, señor
atleta. Fue realmente increíble. Especialmente cuando ganó la medalla de oro.
Yo también le animé viendo la final individual en directo”.
Recordé vagamente haberlo visto en la
sala del primer piso con el volumen bajo para no despertar a Parang. Fue
asombroso cómo, incluso sin sonido, se transmitían la tensión, el calor, la
determinación y la pasión del lugar. Ahora que lo pensaba, en aquel entonces se
hizo muy famoso porque abrazó a alguien en las gradas durante la ceremonia de
la medalla de oro...
Miré a Han Ji-won con una expresión
de duda y él me sonrió.
“Valió la pena el patrocinio”.
Dijo Kang Cha-yoon con voz neutral. l
“Eun-hae mostró mucho interés en la
esgrima. Para esperar buenos resultados, un atleta talentoso no debería tener
que preocuparse por el dinero o las oportunidades, ¿no crees?”.
“Ah, así que por eso...”.
Bae Tae-seong, mirando
alternativamente a Kang Cha-yoon y a mí, soltó una carcajada franca.
“Gracias. Le debo una a Eun-hae”.
“¿Una deuda? Pero si yo no hice
nada...”.
Han Ji-won negó con la cabeza y dijo.
“Usted fue la razón de su elección.
Puede que no fuera su intención, pero aun así, se convirtió en la gran
oportunidad que cambió la vida de este tipo”.
“...”.
“Bueno, exagerando un poco, podría
decirse que salvó a una persona. ¿No es así?”.
“No puedo decir que no. Sin eso, ni
siquiera habría podido participar en los Juegos Olímpicos”.
Sentí una punzada de emoción y miré a
Kang Cha-yoon, él me sonrió con ternura.
“¿Entramos a sentarnos?”.
“... Sí, director”.
Nos tomamos de la mano con fuerza y
avanzamos hacia la luz que brillaba con calidez.
El concierto fue mucho más divertido
de lo que esperaba. No solo tocaron música clásica desconocida, sino también
bandas sonoras de películas famosas, canciones pop y, por supuesto,
villancicos, lo que me hizo aplaudir con entusiasmo.
Al terminar la función, tomamos el
ramo de flores que habíamos preparado y fuimos al camerino. Anna Kang, que nos
esperaba ansiosa, corrió a darme un abrazo tan fuerte que los otros músicos que
lo vieron me confundieron con su hermano de sangre.
Tras saludar a la pareja del
Presidente Kang Jong-cheol, con quienes nos cruzamos por casualidad frente al
camerino, bajamos al estacionamiento subterráneo. Kang Cha-yoon, observando que
estaba sumido en mis pensamientos, me acarició la mejilla con suavidad.
“¿Estás nervioso? Porque mi padre nos
invitó de repente a la cena de fin de año”.
“...”.
“Incluso a mí me sorprendió que
invitara a tu hermano a una cena familiar, pero ya era hora de que se
conocieran. No será una cita para portarse mal, así que no te preocupes
tanto... ¿Eun-hae?”.
“Ah, lo siento”.
Me disculpé al volver en mí.
“Lo sé. Sé que el Presidente lo dijo
para cuidarnos. Es verdad que estoy nervioso porque quiero dar una buena
impresión y que no pase nada malo, pero...”.
Añadí balbuceando que no me había
quedado callado por eso, y Kang Cha-yoon me miró con curiosidad.
“¿Entonces por qué?”.
“Mmm”.
Aunque era un momento que había
imaginado y practicado mil veces en mi cabeza, mi corazón latía con fuerza.
Tras tragar saliva para calmar los nervios, metí la mano en el bolso que
llevaba abrazado. Y cuando saqué la mano, sostenía una pequeña caja.
“Director”.
La razón principal por la que me
levantaba temprano cada mañana para ir a trabajar a pesar de que nuestra
situación económica había mejorado era esta. El anillo que compré tras ahorrar
íntegramente varios meses de sueldo brilló en la oscuridad. Tenía los anillos
que nos hicimos antes, pero desde que volví a ser Park Eun-hae, por alguna
razón no me apetecía usarlos, así que elegí este regalo.
“... Cásese conmigo”.
Sé que no es la expresión más
adecuada. Ya nos habíamos casado una vez, nos divorciamos con la ‘muerte’ de
aquel chico y volvimos a registrar el matrimonio con la excusa del registro de
nacimiento del bebé. Pero aun así, quería decirlo. Había esperado y deseado
tanto pronunciar esa frase tan convencional.
“Usted me dijo antes que pensara en
las cosas que quería hacer. Que le haría feliz que se las dijera, aunque fueran
cosas muy triviales. Así que lo pensé, y lo primero que me vino a la mente fue
la boda”.
“...”.
“Si empezamos a prepararla con calma
desde ahora, podremos hacerla el año que viene, ¿verdad? Como hay muchas cosas
que no sé, creo que necesitaré mucha ayuda del secretario. Me gustaría hacer un
álbum con fotos de la fiesta del primer año de Parang, fotos familiares y fotos
de la boda... ¿Director?”.
Al no recibir respuesta, me extrañé y
lo llamé con cuidado. El estacionamiento estaba un poco oscuro y él se cubría
la boca con la mano, así que no podía ver bien su expresión. ¿Había sido
demasiado repentino? ¿O el ambiente no era el adecuado? ¿Debería haber
preparado algún evento especial?
Lo miré con ojos temblorosos y
pregunté en voz baja.
“¿No quiere?”.
“Ni lo pienses”.
Respondió Kang Cha-yoon casi antes de
que terminara de hablar.
“¿Cómo no voy a querer? No es eso, es
que...”.
“...”.
Su entrecejo se frunció ligeramente.
Sus pupilas negras temblaban levemente y también podía sentir sus feromonas
escapando suavemente. Eran cosas difíciles de ver en el Kang Cha-yoon habitual.
Por eso, en este momento, parecía estar muy desconcertado.
“... No me lo esperaba”.
Su voz temblorosa se filtró entre sus
manos.
“Como no decías nada, pensé que te
cansaban los eventos llamativos y no quería presionarte”.
“...”.
“Eun-hae”.
Me susurró con voz apasionada.
“Cásate conmigo”.
“...”.
“Celebremos una boda como los demás,
vayamos de luna de miel, hagamos fotos familiares con nuestra hija...”.
Nuestras manos entrelazadas estaban
tan calientes que sentía que podía quemarme.
“Vivamos así, de forma muy común y
corriente, envejeciendo juntos el uno al lado del otro”.
NO HACER PDF
SIGUENOS EN AOMINE5BL
Fue algo asombroso. En el momento en
que escuché esa voz baja, pude visualizar en mi cabeza un futuro que nunca
antes había podido imaginar. Surgió en mí la ilusión de que yo también podría
vivir una vida muy obvia y trivial.
“Está bien”.
Dije mientras le ponía el anillo en
el anular.
“Tiene que quedarse conmigo para
siempre, director”.
“Mmm, ah...”.
¿Cómo habíamos llegado a esto?
Antes de salir, hice mi propuesta a
mi manera y llegamos a casa en un ambiente tranquilo. Pero nada más estacionar
en el garaje, él tiró de nuestra mano entrelazada y nuestros labios se unieron.
A diferencia de lo habitual, sus movimientos apresurados revolvieron mi
interior y me hicieron perder el sentido. Cerré los ojos con fuerza y,
aferrándome a él, jadeé.
“En, en casa... entremos, director”.
“Lo siento”.
Respondió mientras mordisqueaba mi
labio inferior.
“No creo que pueda aguantar más”.
Sonaba como si hubiera querido hacer
esto todo el tiempo y hubiera tenido que contenerse a duras penas.
“Todavía falta para que la niñera termine
su turno, así que tenemos tiempo”.
“Ah...”.
“... ¿No quieres hacerlo en el
coche?”.
Como nunca lo había hecho, me costaba
juzgar si me gustaba o no. Mientras vacilaba, su mano grande acarició mis
mejillas con suavidad.
“No está mal probarlo una vez y luego
juzgar”.
“...”.
“¿Qué me dices, Eun-hae?”.
Siempre lo pensaba, a pesar de su
apariencia austera, Kang Cha-yoon era excesivamente seductor. Cuando empezaba a
actuar así, no me quedaban ganas de negarme. Sus dedos, que antes acariciaban
mis mejillas y labios, pasaron a mi cuello y pronto desabrocharon el primer
botón de mi camisa.
“Si lo hacemos aquí, luego te puede
doler la espalda”.
“... Ah”.
“Vayamos al asiento de atrás”.
En cuanto asentí, su contacto se
alejó. Pronto se abrió la puerta del copiloto, mi cuerpo fue arrastrado hacia
el exterior frío y empujado de nuevo hacia el asiento trasero. Su sombra me
cubrió suavemente mientras perdía el equilibrio. Inmediatamente después, sus
feromonas se derramaron sobre mi piel sin hacer ruido y su mano se deslizó bajo
mi ropa para acariciar mi piel desnuda.
Me sentí arder ante las feromonas que
volcaba sobre mí, ante su mirada, su temperatura y su afecto. El deseo que
dormía en mi interior se desató hebra a hebra, envolviéndonos a los dos por
completo.
“Hoy... hagámoslo hasta el final”.
Ya no me importaba dónde
estuviéramos.
“... Póngalo dentro”.
Sus gestos para desabrochar los
botones eran apresurados. Al final, en el cuarto botón, este salió volando y
desapareció en la oscuridad. Mi risa contenida desapareció en su boca y pronto
la mano que sostenía mi cintura se deslizó hacia abajo para apretar mis nalgas
con fuerza.
“Ah”.
Lamió mis areolas y succionó mis
pezones erectos con un sonido sonoro. Al morderlos con los dientes, un dolor
electrizante recorrió mi pecho. Cuando me mordía con un poco de fuerza, el dolor
me hacía soltar alguna lágrima, pero aun así, mi cuerpo terminaba temblando por
el placer residual.
“Ya no sale nada”.
“Eso es porque... ah, ja...”.
Durante un tiempo tras dar a luz,
sentía el pecho hinchado y se me escapaban unas gotas de leche, pero se secó en
pocos meses. Dijeron que era por las hormonas, pero como tengo un cuerpo
masculino, no llegó al punto de poder amamantar. Por eso, aliviar mi pecho
siempre era tarea de Kang Cha-yoon. Originalmente era una zona que no solía
tocar mucho, pero en algún momento empezó a acariciarlos con una meticulosidad
casi obsesiva.
“Están un poco más grandes que
antes”.
Su aliento cálido acarició mi piel,
erizando todo mi vello.
“Y reaccionan mejor”.
“Ah...”.
“Más adelante, podrías llegar al
clímax solo con que te toque aquí”.
“Eso, ah, no es... ¡ah!”.
Él aplastó mi cuerpo inquieto con el
suyo. A pesar de mis intentos por negarlo, en cuanto metió mi pezón en su boca
y empezó a jugar con él, mi miembro se erectó con fuerza. El interior de mi
ropa interior estaba totalmente empapado. No sabía distinguir si venía de
delante o si era porque mi parte trasera ya estaba mojada. Solté un quejido y
levanté la cadera, frotando mi pene contra su abdomen endurecido.
“Por favor...”.
“Eun-hae”.
“Dentro, ah, póngalo dentro...”.
Mis piernas fueron levantadas
bruscamente. Con mis rodillas apoyadas en sus hombros, mis pantalones fueron
despojados a toda prisa. Mientras temblaba con el cuerpo doblado a la mitad,
algo cálido y suave rozó mi parte baja. Era su lengua.
“¡Ah!”.
“Si lo meto ahora, te haré daño”.
Mientras me agitaba y golpeaba el
cristal con el talón, él me mordió la parte interna del muslo como si me
estuviera regañando.
“Ah..”.
“Incluso con las manos, ahora no
confío en mi capacidad para controlar la fuerza...”.
“A-ah, esto, se siente, ah, extraño…
¡mmgh!”.
“Buen chico”.
Frotó suavemente con la punta de la
lengua los pliegues húmedos y, cada vez que empujaba hacia el interior de la
mucosa y volvía a salir, resonaba un sonido obsceno. Sin poder moverse ni un
milímetro, con la cintura sometida, él lamió y empapó cada rincón
meticulosamente. Cuando succionó el perineo, un placer punzante me paralizó la
cabeza.
Al final, terminé eyaculando mientras
él me succionaba ahí abajo. Al soltar un sollozo y estremecerme, él palpó mi
bajo vientre y recogió el semen que yo había derramado.
Afortunadamente, sin necesidad de
insistir más, su miembro rozó mi parte inferior. Tras presionar la entrada con
el glande romo, como midiendo algo, me sujetó la mano con fuerza y susurró.
“Relájate”.
“Kh...”.
Cerré los ojos con fuerza ante el
dolor sordo que me invadía pesadamente. Pequeñas luces estallaban en el
interior de mis párpados y sentía náuseas.
“...Ugh, es demasiado, ah...”.
Parecía que era porque estaba menos
relajado de lo habitual, pero a estas alturas, habiendo llegado tan lejos, no
había forma de retroceder para relajarse más. Exhalé un aliento tembloroso e
intenté con todas mis fuerzas soltar la tensión.
Aun así, como ya nos habíamos
acostado varias veces, había desarrollado el truco para adaptarme. Al frotar mi
frente contra su cuello e inhalar sus feromonas, la tensión se disipó poco a
poco y la inserción se hizo más profunda.
Finalmente, cuando estaba a mitad de
camino, él comenzó a mover la cadera. Cada vez que la carne sólida y gruesa
entraba y salía, mi cuerpo empapado en sudor chocaba contra el asiento del
auto, produciendo un sonido pegajoso.
“...Ha”.
“Hah, nng, ah... ahh, ah”.
En el momento en que cargó su peso y
empujó con firmeza hasta el fondo, mi cuerpo se sacudió violentamente. Debido a
las secuelas del clímax, todo daba vueltas ante mis ojos.
“Nng...”.
“Hoy tu reacción es rápida”.
Yo también lo sentía así. Estábamos
apretujados en un lugar estrecho, oscuro e incluso incómodo, pero ¿por qué se
sentía tan bien? Cada vez que el sonido de los jadeos recorría el interior del
auto, sentía un escalofrío que me encendía todo el cuerpo.
Cuando recuperé el sentido, estaba
sentado sobre sus muslos. Como mis rodillas no tenían fuerza, me limitaba a
tragarme lo suyo sin remedio; él soltó una risa baja, me sujetó de la cintura y
empezó a moverme de arriba abajo. Me sacudía irremediablemente mientras
revolvía todo mi interior, y con cada movimiento, un líquido blanquecino
goteaba desde mi miembro erecto.
“¿Todavía te parece demasiado
grande?”.
Mi cuerpo se hundió con un sonido
húmedo. Su miembro, clavado hasta la raíz, aplastaba las paredes internas y
derretía todos mis sentidos. Con solo ser penetrado de forma tosca, mi punto
crítico era más que presionado, era triturado, y sentía que el placer me subía
hasta la garganta.
“Ah... haa, nnnng”.
“Pero si te gusta lo grande,
Eun-hae”.
“Pa... ra, ya... ah, yo, voy a.…”.
Al mirarlo con los ojos llenos de
lágrimas, él sonrió elevando una comisura de los labios. Mirándome con sus
pupilas negras, ordenó.
“Mi nombre”.
“Kang... ah, Cha-yoon... Cha-yoon,
Hyung...”.
Nuestros cuerpos, que se habían
separado hasta que apenas quedaba la punta dentro, volvieron a encajar sin
dejar espacio. Al eyacular mientras apretaba las paredes internas como si lo
estuviera exprimiendo, el líquido blanco saltó por doquier.
“Es-espera, ah, un momento, yo... ah,
acabo de irme...”.
No sé si se disculpó o si simplemente
pronunció mi nombre. No tenía cabeza para nada mientras mi cuerpo, que aún no
se recuperaba del post-orgasmo, era movido de nuevo.
Kang Cha-yoon me sujetó como para
someterme mientras yo pataleaba, y empujó su cadera hacia arriba con fuerza. Su
miembro, que embestía frenéticamente en mi interior, tembló una vez y, de
inmediato, un líquido caliente y espeso comenzó a empaparme por dentro.
“Shhh. Está bien”.
Susurró con los labios pegados a mi
nuca. Era una voz húmeda y obscena, impregnada de instinto.
“El vientre, por dentro...”.l
Jadeé mientras me apoyaba en él. Su
cuerpo estaba tan caliente como el mío.
“Te lo sacaré más tarde”.
Me hizo ponerme en cuatro y levantó
mi bajo vientre.
“Puedes comer un poco más, ¿verdad,
Eun-hae?”.
“...Ah”.
Su miembro, que se había salido un
momento, volvió a entrar ensanchando mi interior. El semen y los fluidos que me
llenaban hasta la saciedad se agruparon borboteando en la unión, antes de
resbalar por mis muslos y caer al suelo.
Mi mano, que vagaba temblorosa, se
apoyó en la ventana del auto, pero en el momento en que la inserción se hizo
profunda, se deslizó hacia abajo con un chirrido. Cuando las embestidas se
volvieron tan intensas que el auto se balanceaba, lo único que pude hacer fue
apoyar la mejilla en el asiento y dejarme sacudir.
Parece que hoy es más rudo de lo
normal...
Pero no me desagradaba. El corazón me dio un
vuelco ante ese deseo crudo que se derramaba sobre mí de forma sofocante. Cada
vez que él me devoraba de esa manera, sentía la emoción de vislumbrar lo que
había detrás de la máscara de caballero que tanto se esforzaba en mantener.
Al acariciar mi bajo vientre con
manos vacilantes, sentí un ligero bulto debajo del ombligo. Cada vez que su
miembro hurgaba en mi interior, se elevaba y volvía a bajar, y cuando aplastaba
mi punto crítico ya hinchado para elevarme a la cima del éxtasis, el líquido
saltaba y lo volvía todo pegajoso.
“...Director”.
Como respondiendo, se inclinó y pegó
su torso a mi espalda. Podía sentir claramente el temblor de su corazón
latiendo apresuradamente.
“Park Eun-hae”.
“...”.
“Eun-hae”.
Era un nombre que había escuchado
cientos, miles de veces, pero ahora sonaba tan extraño y obsceno.
Atrapado sin escapatoria en sus
brazos, cerré los ojos con fuerza y pensé.
Cuando algo es demasiado bueno,
cuando es tan abrumador, te dan ganas de llorar. Por eso, simplemente lloraba.
“...Adentro”.
Susurré jadeando.
“Adentro, hágalo una vez más, por
favor...”.
Kang Cha-yoon, como siempre, cumplió
mi deseo.
Estaba tan agotado que no podía mover
ni un dedo.
Lo bueno era que, con solo quedarme
quieto, Kang Cha-yoon se encargaba de todo. Me llevó en brazos al segundo piso,
me lavó meticulosamente, me cambió de ropa y el sueño me venció. En medio del
sueño, creí oír el llanto de un bebé en el piso de abajo, pero mientras me daba
un par de vueltas, cesó como por arte de magia.
¿Cuánto tiempo pasé en ese silencio
pacífico? Una voz como de ensueño resonó suavemente junto a mi almohada.
“Duerme bien, Eun-hae”.
“...”.
“Feliz Navidad”.
***
Cuando abrí los ojos, la luz del sol
de la mañana iluminaba brillantemente el dormitorio.
“Por muy cansado que estuviera, me
quedé dormido sin siquiera saludar a Rangi...”.
Al levantarme frotándome los ojos
hinchados, vi algo colocado junto a mi almohada. Era una caja decorada con un
lazo brillante.
Un regalo de Navidad dejado mientras
dormía, aunque hace mucho que pasé la edad de creer en Santa Claus, mi corazón
se aceleró sin motivo.
Dentro de la caja había una pequeña
tarjeta de Navidad, una bola de nieve y una llave pequeña.
Me preguntó dónde quería descansar en
vacaciones.
Respondí que me gustaría un bosque
tranquilo entre varias opciones, y parece que en ese tiempo consiguió una villa
que cumplía con el requisito. Era un regalo muy al estilo de Kang Cha-yoon, así
que solté una risa.
Dentro de la tarjeta estaban grabados
sus sentimientos con caligrafía ordenada.
「Para mi único Eun-hae en este mundo. 」
Pensándolo bien, así era. Incluso
cuando me presenté ante él para reemplazar a aquel chico muerto, Kang Cha-yoon
me aceptó como un ser único.
「En un mundo donde no se permite la
eternidad, me atrevo a prometerte que te amaré por siempre. 」
Besé la tarjeta y susurré bajito.
“Yo también le prometo lo mismo,
Director”.
Bajé las escaleras con cuidado y me
recibió un paisaje pacífico. El bebé, que acababa de despertar, parpadeaba con
sus ojos redondos mirando las luces brillantes del árbol de Navidad, y a su
lado, Kang Cha-yoon dormía profundamente apoyado en la silla.
Las hojas de la nochebuena madurando
en rojo, las bombillas del árbol brillando de colores y la luz del sol
rompiéndose sobre los copos de nieve blanca del exterior en esta mañana de
Navidad.
Fue un momento en que todas las cosas
que amo brillaban como perlas, fluyendo como una ola para empapar mi alma.
Special Record: El mundo donde
perteneces
Nos convertimos en adultos sanos y
salvos.
Pasamos los veinte y los veintiuno, y
llegó la primavera del año en que cumplimos veintidós.
Lo primero que aprendí al graduarme
de la preparatoria fue que cumplir años no te convierte en adulto de golpe. El
mundo seguía siendo difícil y abrumador, y yo seguía siendo torpe en más cosas
de las que hacía bien, perdiéndome constantemente.
No importa si no puedo crecer de
golpe. Solo tengo que hacerlo paso a paso. Afortunadamente…
“Eun-hae, Park Eun-hae. ¿En qué estás
pensando tan distraído?”.
Porque nos quedan muchos días por
vivir.
“¿No te gusta la bebida? ¿Te pido
otra cosa?”.
“No, está bien. Está rica”.
Respondí rápido y di un sorbo a la
bebida refrescante. Era una limonada de lavanda, supuestamente el menú estrella
de la cafetería de la puerta trasera de la universidad, que pedí porque la foto
con su brillo color lila era bonita. Era una bebida que probaba por primera
vez, pero el aroma que rozaba mi nariz me resultaba extrañamente familiar.
NO HACER PDF
SIGUENOS EN AOMINE5BL
“¿Qué tal la universidad? ¿Se puede
aguantar?”.
La persona frente a mí bebió café en
lugar de responder. Había pedido un americano con un shot extra, y ciertamente
tenía un aspecto temible. Parecía el veneno que sale en los dramas históricos.
Aun así, decía que tenía que hacer eso para aguantar toda la noche. Su rostro
al terminar el café era bastante solemne. Y pensar que la primera vez que bebió
café puso el grito en el cielo preguntándose qué clase de pervertido se metía
eso en el estómago. Me reí al recordarlo.
“Tengo que hacerlo aunque no quiera.
Yo también sé aguantar esto”.
“…….”
“Al menos tengo que fingir que me
esfuerzo para que el viejo no dé tanto la lata”.
“A-ja-ja”.
Kwon Eun-hae no ha cambiado.
Caprichoso, no especialmente amable, un tipo voluble que solo es atento cuando
le apetece y en la medida que quiere. No es lo que se dice un ‘buen amigo’,
pero sigue siendo mi único amigo.
Park Eun-hae y Kwon Eun-hae se
parecen bastante. Sus caras se parecen tanto como sus nombres, pero por suerte
lo único que se parece es el físico. Sus apellidos son diferentes, sus
personalidades también, y sus destinos aún más.
Kwon Eun-hae, el joven amo que entró
en Administración en la Universidad de Corea y tiene asegurado el puesto de
heredero del Grupo HR Financial. Y Park Eun-hae, que en lugar de seguir
estudiando, trabaja en esto y aquello para ganar su sustento de forma valiente
y digna.
La brecha entre los dos nombres lo
hacía a él un poco engreído y a mí me daba cierta tranquilidad.
“Ah, el representante de grupo de
esta vez no me gusta nada. Es un estudiante que regresó del servicio militar y
es un zorro… uf. El anterior era mucho mejor. No hacía ruido y era rápido
trabajando”.
“¿El anterior?”.
“Sí. ¿Se tomó un año sabático o dejó
la carrera? Un chico que salía con la representante de Bellas Artes. Pero, tú,
¿sabes siquiera qué es un representante de grupo?”.
Sonreí con torpeza y me encogí de
hombros.
“Sé lo que tú me has contado. Solo
vengo por la universidad cuando tú me llamas”.
“Sea como sea, tú también eres
consistentemente miserable”.
Kwon Eun-hae negó con la cabeza y me
lanzó una bolsa de compras que tenía al lado.
“Toma. Es lo último de esta temporada
de los grandes almacenes a los que suelo ir. Te quedará bien”.
Ropa de grandes almacenes. Abrí mucho
los ojos.
Los grandes almacenes a los que lo
había acompañado un par de veces, exactamente para cargar sus bolsas, eran otro
mundo. Un lugar increíble que parecía sacado de una película o un drama, lleno
de cosas extremadamente lujosas y caras. El precio de la ropa en las tiendas de
lujo tenía más cifras de las que yo podía imaginar, y siempre había que
añadirle un cero más al final.
¿Está bien que me dé ropa tan cara a
mí, que tiemblo incluso al comprar en un outlet?
Dudé antes de tocar la bolsa.
“¿Está bien que acepte esto?”.
Kwon Eun-hae se jactó.
“¿De qué tienes miedo? Esto no es
nada para mí. Ah, pero a tu hermano sí le molestará”.
“Se lo explicaré bien”.
“Está bien. Al menos a ti te escucha.
Es curioso. Dicen que los hermanos suelen llevarse a morir, pero ustedes ni
siquiera se pelean”.
No lo preguntaba porque realmente
tuviera curiosidad. Así que, en lugar de responder, me limité a sonreír.
Cuando Kwon Eun-hae terminó su café y
se levantó, yo también bebí apresuradamente unos sorbos más de mi limonada y lo
seguí.
“¿Ya te tienes que ir?”.
“Sí. Hoy tengo que ir temprano a la
casa familiar”.
Se notaba a leguas que no quería.
Asentí exageradamente para demostrar que lo escuchaba. Como era de esperar, las
quejas siguieron.
“La cena formal de hoy es un
verdadero fastidio, pero si no voy, se pondrá como loco. Y más ahora que, con
lo de la ruptura del compromiso, aprovecha cualquier oportunidad para perseguirme…
uf”.
Hace poco, él rompió su compromiso
original.
Dijo que la otra parte era nada menos
que el Director Ejecutivo de una constructora inmensa. El compromiso con ese
‘verdadero joven amo’, del que hablaba de pasada, era casi un contrato firmado
desde su nacimiento.
Como era una boda que suponía un
evento importante para el Grupo HR Financial, él también intentó cumplir con el
compromiso en la medida de lo posible, pero por alguna razón empezó a
resistirse diciendo que no podía casarse. La relación entre padre e hijo, que
ya era mala, se volvió aún más hostil, y a mí me llamaba una vez cada dos días
para que le hiciera compañía mientras bebía.
‘Ha aparecido alguien que me gusta’.
‘Cof, cof… ¿qué, qué has dicho,
Eun-hae? ¿Alguien… que te gusta?’.
‘¿Por qué me miras como si hubieras
visto a un fantasma? ¿Acaso no puedo tener a alguien que me guste?’.
‘…….’.
‘En este mundillo, el cónyuge va por
un lado y el amante por otro… pero yo no quería vivir así. Por eso rompí el
compromiso. A cambio, he aceptado cumplir todo lo demás que quiera el viejo’.
‘¿Porque quieres ser fiel a la
persona que te gusta?’.
‘Sí. Supongo que después de andar
unos años contigo, me estoy volviendo un ser humano decente’.
Nada más salir de la cafetería, vimos
una cara conocida. Era un hombre de aspecto estricto, con traje negro y gafas
de pasta.
“Joven amo. Es hora de partir hacia
la casa familiar”.
“Ya lo sé. Déjate de tonterías y
conduce bien”.
Kwon Eun-hae pasó a su lado soltando
las palabras con fastidio. Se esforzaba por tratarlo como a un subordinado,
pero en realidad se notaba que le imponía respeto. Aunque al hombre no parecía
importarle lo más mínimo cómo se comportara él.
Cuando el hombre levantó la vista,
nuestras miradas se cruzaron. Me hizo una reverencia educada y yo también lo
saludé rápido.
¿Se llamaba secretario Jeong? Era
alguien con quien no tenía por qué relacionarme, pero me daba una sensación
extrañamente incómoda.
Cuando llegue a casa, podré descansar
un poco antes de ir al trabajo de noche. Estaba comprobando la hora en el
teléfono cuando…
“¡Oye, Park Eun-hae!”.
Me di la vuelta ante la voz chillona.
Kwon Eun-hae, con la ventanilla bajada, asomó la cabeza y me preguntó.
“¿Seguro que puedes tener vacaciones
de verano?”.
Hace unos días me dijo que reservara
dos o tres días de descanso para este verano. Por suerte, en el trabajo me
dieron facilidades y me dijeron que me ajustarían las fechas que yo quisiera.
“Sí”.
“¡Asegúrate bien! Iremos a la villa
cuando yo tenga vacaciones”.
En Goseong, Gangwon-do, hay una villa
que le pertenece a él, o mejor dicho, a la familia Kwon. Un alojamiento hermoso
tan cerca de la playa que, por las mañanas, todo el segundo piso se tiñe de azul
como si estuviera sumergido en el mar.
Había estado allí una vez y guardaba
un recuerdo muy romántico de aquello. Sonreí y volví a responder.
“Entendido. Vamos a ver el mar”.
Habíamos viajado a esa villa nada más
cumplir los veinte años. Llovió a cántaros cuando íbamos, pero por suerte al
segundo día despejó como por milagro y pudimos ver un paisaje espectacular.
El deseo de Kwon Eun-hae a los veinte
años de ver el mar en un día despejado se cumplió. Había olvidado por completo
aquel recuerdo de casi tener un accidente en la autopista por la carretera
resbaladiza.
Bueno, pase lo que pase está bien.
Estamos a salvo y el mar que vimos aquel día era precioso.
“Pero, Eun-hae”.
“¿Qué?”.
“¿Está bien que no vayas con la
persona que te gusta?”.
Me surgió la duda de si estaba bien
que pasara las vacaciones de verano conmigo, siendo alguien que le gustaba
tanto como para romper un compromiso.
“¿Qué dices?”.
Kwon Eun-hae soltó una carcajada
burlona.
“La pareja es la pareja y un amigo es
un amigo, ¿sabes? El mar lo veré contigo”.
“…….”
“¿Por qué? ¿No eres mi amigo?”.
Fue una sensación extraña. ¿Por qué
ante esa pregunta tan obvia y normal me dieron ganas de llorar de repente? ¿Por
qué me sonó tan extraño, tan nuevo y, a la vez, tan tierno?
Tú estás vivo así, y seremos amigos
ayer, hoy y mañana.
“Es verdad”.
Respondí con una gran sonrisa.
“Somos amigos, Eun-hae”.
***
—¿Dices que hoy también pasarás por
el restaurante antes de ir a trabajar?
“Así es”.
—No es cosa de un día o dos. ¿Cuándo
van a contratar a un empleado allí? ¿Tienen intención de hacerlo?
“Mmm…”.
Reí con torpeza y evité responder.
Probablemente no la tengan. Es un restaurante de barrio con clientes habituales
que solo se llena una o dos horas al día, a la hora de comer. Es difícil
encontrar a la persona adecuada y, aunque se encontrara, después de pagar el
sueldo no quedaría beneficio.
“Es bueno saludar a los mayores y
eso. Todos son amables conmigo. Pienso que es una forma de devolver el favor”.
—¿Vas a estar devolviendo el favor toda
la vida?
Era el mismo restaurante de comida
casera donde me habían ayudado hasta que cumplí veinte años. Los dueños eran
como unos padres para mí. Fueron quienes acogieron a un niño que no tenía a
nadie en el mundo, dándole comida caliente y un lugar donde dormir en el cuarto
de la azotea, así que, aunque trabajara ayudándoles sin recibir sueldo de por
vida, no me sentiría agraviado.l
Por supuesto, mi hermano mayor, Park
Seung-je, siempre se oponía. Y más aún desde que hace poco conseguí un trabajo
de noche. Como dormía menos para adaptarme al trabajo y hace unos días me
sangró la nariz, no paraba de insistir en que dejara de ayudar en el
restaurante cada vez que hablábamos por teléfono.
—Entonces trabaja solo 3 días a la
semana. Si te cuesta decírselo, se lo diré yo al dueño. No somos desconocidos.
“No quiero, porque entonces tendré
menos dinero de bolsillo”.
—¿Te dan? ¿Dinero de bolsillo?
“No”.
Respondí con firmeza.
“Yo ganaré el dinero que gaste.
¿Olvidaste que esa fue la condición para empezar a vivir juntos?”.
Park Seung-je se quedó mudo.
Fue en un día de mucha lluvia, a
finales del invierno. ¿Unos días después de volver del viaje al mar con Kwon
Eun-hae por nuestros veinte años? Park Seung-je vino hasta mi casa y se
arrodilló pidiéndome perdón.
‘Siento haberte dejado solo tanto
tiempo, Eun-hae. Quería volver cuando fuera un adulto capaz de hacerme
responsable de ti, pero tardé demasiado’.
‘…….’.
‘Si aún no es tarde, dame una
oportunidad. Te prometo que no volveré a dejarte. Vivamos juntos, hermano’.
Ante sus ojos llorosos que me miraban
con ansia, diciendo que había buscado un pequeño apartamento donde pudiéramos
vivir los dos, pude sacudirme con gusto la soledad del pasado.
NO HACER PDF
SIGUENOS EN AOMINE5BL
Park Seung-je, que regentaba un bar
privado en Cheongdam-dong, era bastante rico. Cuando decía que podía apoyarme
si quería ir a la universidad o a una academia, no eran palabras vacías.
Pero yo aún no tenía nada que
quisiera hacer. Estoy perdido, sin saber qué camino tomar. Así que decidí
buscar qué quiero hacer mientras trabajo en diversas cosas y gano mi propio
dinero de bolsillo.
Esa fue la única condición para
perdonar a mi hermano.
“Si no te gusta que trabaje ni que
ayude en el restaurante, también puedo ayudarte en tu negocio. Así no haría
otras cosas y estaría contigo…”.
—Oh, Yu-ji. ¡Ya voy! ¡Espera un
momento! Eun-hae, ten cuidado con los coches al andar. Llámame enseguida si
pasa algo.
Park Seung-je colgó rápido. Yo hice
un puchero y miré fijamente el teléfono.
“Tonto”.
No me deja ir a su local por nada del
mundo, y eso que no hace nada malo. Según él, es porque no es un ‘trabajo
digno’, pero yo no estoy de acuerdo. Diga lo que diga la gente, Park Seung-je
es para mí un familiar digno.
Al llegar al restaurante, la dueña
vino corriendo hacia mí y me atrajo. En una mesa de la esquina ya había
preparado un festín solo para mí.
“Come antes de que se llene de gente.
¿Dices que ahora tienes un trabajo nuevo?”.
“Es un bar de cócteles tranquilo.
Hace poco saqué la licencia, ¿sabe? Resultó ser más divertido de lo que
pensaba”.
“Qué alivio, qué alivio. ¿Aún no te
has adaptado? Has vuelto a adelgazar, vaya por Dios. Con lo que nos costó que
subieras de peso”.
Mientras comía con cuidado el guiso
que burbujeaba en la olla de barro, la dueña trajo otros palillos y empezó a
quitarle las espinas a un pescado asado. Sus manos se movían con esmero,
poniendo trozos sobre mi arroz antes de que yo tuviera tiempo de cogerlos.
“Llévate unas guarniciones cuando te
vayas. Esta vez la gelatina de habas verdes salió muy bien. Te gusta,
¿verdad?”.
“¿Ah sí?”.
“Este niño aún no conoce sus propios
gustos. He preparado bastante, así que come con tu hermano”.
El dueño, que estaba limpiando
verduras mientras veía la tele, intervino.
“Aquel joven que vino a buscarte era
tu hermano, ¿verdad? Ese que era guapo, con los ojos un poco rasgados hacia
arriba. Y que tenía un lunar por aquí”.
“Eh… es cierto. Pero, ¿mi hermano
vino alguna vez a este restaurante?”.
Era la primera vez que oía algo así.
Sabía que mi hermano había dejado sobres con dinero frente a mi cuarto de la
azotea en el pasado, pero nunca imaginé que vendría al restaurante.
“No dijo explícitamente ‘soy su
hermano’”
Dijo la dueña con cautela.
“¿Fue cuando no llevabas mucho tiempo
viviendo en la azotea? Recuerdo que aquel día llovía mucho. Pensábamos cerrar
temprano por el mal tiempo y estábamos recogiendo, cuando de pronto entró un
joven corriendo. Se quedó mirando a su alrededor y le serví la comida”.
Me giré bruscamente cuando señaló
hacia un lugar. Pude visualizar claramente a Park Seung-je sentado en esa
esquina junto a la ventana, sacudiéndose las gotas de lluvia de la ropa.
“Nada más terminar de comer, dijo
‘Qué alivio’”.
Qué alivio. Alivio de que el lugar al
que corrí tras escapar de aquel hogar miserable fuera precisamente este. Saber
que, al haber conocido a esta pareja de dueños tan bondadosos, al menos no
pasaría hambre. Park Seung-je debió de sentirse tranquilo al saber que yo
podría bajar en cualquier momento a comer un estofado y arroz caliente.
En aquel entonces, yo no era el único
que era joven. Para Park Seung-je, el mundo también debía de ser un lugar donde
los vientos fríos soplaban durante las cuatro estaciones.
“Su cara al decir eso se parecía
tanto a la tuya que supe que debían tener algún vínculo. Como parecía que no
quería que lo supieras, no dije nada”.
“Ya veo. Debió de ser él”.
Tomé una gran cucharada de arroz y
dije con determinación.
“¿Puedo comer más después de esto?
Tengo que comer bien para ayudarlos con el trabajo de la tarde”.
“¡Vaya, claro que sí! Come rápido
antes de que se enfríe. Come también las verduras”.
“Gracias”.
Mientras comía con entusiasmo, la
dueña me sirvió té de cebada caliente y me preguntó.
“Eun-hae”.
“Sí, señora”.
“¿Estás bien últimamente?”.
Esa era su frase de siempre.
¿Estás bien? ¿Cómo va todo? ¿No te
duele nada?
Preguntas que hacía siempre con la
misma cautela y calidez, como si fuera la primera vez.
Respondí con una gran sonrisa.
“Me siento de maravilla”.
“...”.
“Estoy muy bien, señora”.
Aunque el mundo sigue lleno de
dificultades y no es un lugar especialmente generoso ni amable conmigo...
“Me pregunto si la felicidad es
esto”.
Aun así, vale la pena vivir. Por eso,
últimamente siempre pienso que es una suerte.
***
A un pequeño bar clásico situado
entre casas residenciales acuden diversos clientes.
Desde los habituales que saben mucho
más de alcohol que yo, un barman novato, oficinistas que leen noticias
económicas con el ceño fruncido, clientes que escriben sin descanso,
universitarios que charlan con voces como de pajarillos, parejas recién
formadas, hasta amigos que beben frente a una sola copa tras haber sido
rechazados hace un par de días.
Tratar con la gente siempre es
difícil, pero igual de divertido, y con cada interacción, la experiencia del
mundo se acumula dentro de mí.
“¿El dueño Woo no ha venido hoy?2.
“Su bebé está enfermo y ha ido un
momento al hospital. Vendrá sobre la medianoche”.
“Ah, es verdad. ¿El dueño estaba
casado, no? ¿Cuántos años tiene el niño?”.
“Cumplirá un año en unos meses. Solo
he visto fotos, pero es igualito a él”.
“¿Un niño?”.
“Sí. Es muy lindo”.
“Qué bien”.
Como era un cliente que compraba una
botella de Valentine y bebía un poco cada vez, no tenía mucho que hacer aparte
de servirle algo de fruta. Como no había más clientes, limpié las copas con un
paño seco mientras le hacía compañía.
“¿Nuestro novato no piensa en
casarse?”.
“¿Yo? Yo...”.
Me reí con torpeza.
“Ni siquiera he salido con nadie,
¿cómo voy a casarme?”.
“¡Vaya! ¿No tienes experiencia en el
amor? ¿Por qué? ¿Con esa cara?”.
“¿Qué... qué le pasa a mi cara?”.
“No, bueno... mmm. Supongo que con
esa cara serás muy exigente. ¿No has encontrado a nadie que te guste?”.
“No, no es eso”.
Casarse. Era una palabra que me
sonaba tan ajena que incluso me resultaba extraña. Para empezar, ni siquiera me
había enamorado, y mucho menos salido con alguien. Significaba que ni siquiera
sabía qué se sentía cuando el corazón late al ver a alguien.
“¿Cómo se sentirá cuando te gusta
alguien?”.
Ante mi pregunta, la clienta, que
jugueteaba con su copa, soltó una risita.
“Dijiste que tienes veintidós,
¿verdad? Diciendo eso pareces un bebé de verdad. Ay, qué joven, qué joven”.
“... Jajaja”.
“Gustar de alguien se siente distinto
para cada persona y los criterios varían, así que es difícil de explicar con
exactitud. Pero simplemente... lo sabes al instante”.
“¿Lo sabes al instante?”.
“Sí. Te llega una señal. ‘Ah, esto es
amor’. Como una certeza, como el destino”.
Mientras decía eso, miró su teléfono
y frunció el ceño.
“Sabía que pasaría esto. Beberé hasta
aquí por hoy y me iré. Guarda bien lo que queda”.
“¿Tiene que volver a la empresa?”.
“Dice que necesita que le firme un
documento. Qué se le va a hacer. Buen trabajo”.
“Vaya con cuidado. Nos vemos la
próxima vez”.
Como no había más clientes, salí a
pedirle un taxi como cortesía y a despedirla, cuando una gota de agua fría cayó
sobre mi nariz.
“Dijeron que habría chubascos...”.
Si es una lluvia pasajera, quizá pare
antes de medianoche. Aunque es molesto para andar por ahí, no odio la lluvia,
así que me sentí extrañamente contento. Pensé en dejar la puerta abierta un
momento hasta que llegara el siguiente cliente.
Quería escuchar el sonido de la
lluvia y me gustaba el aroma peculiar de la tierra húmeda. Me agradaba ese
breve instante de alivio en el que mi espíritu seco se relajaba.
Estaba a punto de entrar al local
sumido en mis pensamientos cuando sentí una presencia detrás de mí.
“...”.
¿Por qué me di la vuelta? No lo sé.
Simplemente sentí que debía hacerlo en ese momento. Como si alguien me hubiera
llamado a gritos, mi cuerpo giró hacia atrás de forma natural.
Era un hombre imponente. Un hombre
oscuro y abrumador que parecía ser una cabeza más alto que los demás en todo
sentido, me miraba desde arriba. Su aura era tan afilada que mi cuerpo
retrocedió instintivamente.
Entre las gotas de lluvia que
empezaban a caer, el aroma a bosque me rozó la nariz. Era una fragancia
desconocida, ya que no nos habíamos visto nunca.
“Disculpe...”.
No sé por qué, en medio de eso, el
tenue aroma a lavanda que emanaba me resultó familiar.
“¿Va a entrar en nuestro local?”.
El hombre, en lugar de responder, me
miró fijamente.
En el momento en que miré sus pupilas
negras, tan profundas que parecían no tener fin, viví una experiencia
asombrosa.
Me faltó el aire ante un sentimiento
desconocido que percibí de aquel hombre del que no sabía ni el nombre. Sentí
una presión en el pecho y un nudo en la garganta. El calor se acumuló en mis
ojos, me sentí inquieto sin razón y...
Ya veo.
Curiosamente, las palabras que
acababa de escuchar cruzaron mi mente como una flecha. ¿No decía que llegaba
una señal?
Tal vez este hombre sea mi certeza. O
mi destino.
Algo totalmente irracional,
impulsivo, sin base y, por tanto, un poco estúpido. Pero en el momento en que
lo vi, surgió un sentimiento así de intenso.
“...”.
Pero esto es solo un sentimiento.
Normalmente uno no siente esto por un desconocido. Sacudí la cabeza rápidamente
para recobrar el sentido. Ahora estoy trabajando y esta persona es un cliente
de nuestro local. Actúa con sentido común, Park Eun-hae. No puedes cometer un
error con un cliente.
“Adelante, pase2.
El hombre entró un segundo después.
Se quedó rígido como si estuviera pensando profundamente en algo y luego,
acariciándose la barbilla, inclinó ligeramente la cabeza. Parecía que, al igual
que yo me había sumergido en una emoción inexplicable, él también se había
hundido en su propio mundo y acababa de regresar con esfuerzo.
Incluso el simple hecho de sentarse
en el lugar indicado rebosaba elegancia. Ahora que me fijaba, la ropa que
vestía, su corbata, el reloj en su muñeca izquierda e incluso los gemelos que
se asomaban por sus puños tenían un aspecto fuera de lo común.
Incluso para mí, que no tengo talento
para tasar objetos, era un hombre rodeado de cosas valiosas por todas partes.
Sentado, el hombre empezó a
observarme fijamente.
“... ¿Es la primera vez que viene a
nuestro local?”.
Entonces el hombre abrió la boca.
“No”.
Era una voz tan profunda que parecía
filtrarse a través de vibraciones. ¿Será actor? ¿O actor de doblaje? Era una
voz que captaba la atención de tal manera que, sin darme cuenta, me quedé
mirando sus labios.
“Entonces, como sabrá... en nuestro
local no hay carta de cócteles. Si desea una botella, le traeré el catálogo de
licores, pero si no, solemos recomendar un cóctel adaptado a sus preferencias”.
“...”.
“Si hay algún tipo que le guste
especialmente o algún sabor que desee, ¿podría decírmelo? Puede ser una
sensación abstracta”.
El hombre se limitó a mirarme
fijamente en lugar de responder. Gracias a eso, me sentí un poco avergonzado y
mis orejas se pusieron rojas.
¿No era así? Creo que lo dije como
siempre. Repasé mis palabras mentalmente, pero no sentí que hubiera cometido
ningún error.
Entonces, ¿por qué este hombre me
mira con tanta fijeza?
“Por el contrario, también puede
decirme lo que no puede beber o lo que no le gusta. Como dije antes, si el
cóctel no es de su agrado, puedo traerle el catálogo...”.
“No hace falta”.
El hombre me interrumpió.
Curiosamente, incluso ese acto no pareció maleducado. Se sentía seguro,
elegante e incluso natural.
“Tiempo”.
Su voz me hizo volver en mí.
“Me gustaría que me dieras algo de
tiempo”.
Solo entonces pude observar el rostro
del hombre con más detalle.
NO HACER PDF
SIGUENOS EN AOMINE5BL
Cejas marcadas, nariz recta, labios
bien formados y facciones armoniosas. Era un hombre atractivo con una impresión
en la que coexistían de forma extraña una atmósfera ruda y afilada con una fría
y elegante. A diferencia de mí, que tengo tonos más pálidos, sus ojos eran
intensos, oscuros y negros, tan profundos que era imposible saber qué
pensaba...
“...”.
Me miraba como si estuviera hechizado
por algo. Desde hace un rato.
Al darme cuenta de eso, mi corazón
empezó a latir con locura. Una expectativa que ni siquiera sabía que existía
creció a su antojo y amenazaba con devorarme por completo en un instante.
Aquella señal que sentí antes.
Certeza o destino.
¿Y si ese hombre también lo sintió?
Al igual que yo sentí algo al verlo, ¿él también sintió algo al mirarme a los
ojos...?
Justo cuando estaba a punto de dudar
si sería una ilusión…
“¿A qué hora terminas de trabajar?”.
No es una ilusión. No puede serlo. El
hombre me miraba con una mirada clara, como si no fuera a permitir ni el más
mínimo error.
“A medianoche...”.
Incluso pronunciar esas breves
palabras me costó. Aclaré mi garganta y me esforcé por responder con la mayor
calma posible.
“Termino a medianoche”.
“... Ya veo”.
El hombre pidió un bourbon. Tras
beber de un trago el licor que le serví esforzándome porque no me temblaran las
manos, abandonó el local de inmediato. Su actitud al pagar y salir fue tan
natural que la mirada y la conversación que acabábamos de compartir me parecieron
tan lejanas como un sueño.
La lluvia arreciaba. Parecía que se
quedaría un poco más que un simple chubasco. Como no tenía paraguas, pensé que
tendría que pedirle prestado uno al dueño cuando llegara.
Estaba barriendo y limpiando
diligentemente cada rincón del bar, sacando brillo a las copas y comprobando el
inventario de licores, cuando sonó la campana de la puerta.
“Ah, novato. Lo siento. Es que me ha
costado dormir al niño”.
Era Woo Jae-young, el dueño del bar.
Mucha gente lo confunde con un gánster por la gran cicatriz en su mandíbula,
pero aunque es un poco malhablado, no es mala persona.
“No se preocupe. ¿Cómo está
Hyeon-je?”.
“Ya le ha bajado la fiebre. Por un
momento pensé que se me moría del susto por las convulsiones. Hoy ‘Ratoncito’
termina temprano y cuidará de él, así que no te preocupes por este lado”.
‘Ratoncito’ era el apodo cariñoso con
el que llamaba a su joven marido. Recordé que la primera vez no lo entendí y
pregunté: ‘¿Quién es Ratoncito?’, y él se rió sin parar.
“Oye, tú”.
Woo Jae-young bajó la voz mientras
miraba a su alrededor.
“¿No te has cruzado con ningún tipo
raro mientras trabajabas?”.
“... ¿Entre los clientes?”.
“Sí. Algún pesado, alguien que
hiciera algo sospechoso... en fin, ¿no ha venido ningún bicho raro?”.
Me vino una cara a la mente de
inmediato, pero por alguna razón no pude decirla. Porque aunque fue peculiar,
no fue pesado, ni sospechoso, y mucho menos un bicho raro.
“No ha habido nadie. Como el tiempo
ha estado inestable, no han pasado muchos. Casi no ha habido pedidos de
cócteles”.
“... ¿No ha venido? ¿Estás seguro?
¿No ha entrado ningún matón?”.
Volví a recordar el rostro de aquel
hombre. Pero podía decir con seguridad que no.
Ese hombre estaba muy lejos de tener
el aura de un ‘matón’. Parecía más bien un caballero perfectamente refinado.
Alguien que parecía educado, estricto, pero que sería capaz de ser
misericordioso y amable si la situación lo permitiera. Tenía la imagen de un
verdadero adulto, muy diferente a la mía.
“Para nada. No ha venido”.
“Ah, entonces qué será. ¿Por qué ese
tipo está merodeando cerca del local? Sin entrar siquiera”.
“¿Por qué? ¿Le ha pasado algo,
jefe?”.
“Nada. Son cosas de adultos, así que
tú, niño, vete ya a casa. Si te dejo salir tarde, ese imbécil de Park Seung-je
se pondrá hecho una furia como si fuera a hacerme sashimi, y no puede ser”.
“Hasta mañana”.
Tomé mi abrigo y mi bolso y abrí la
puerta, un viento húmedo y fresco me golpeó la cara.
Ah, es verdad. La lluvia.
No era una lluvia que fuera a parar
pronto, así que justo cuando iba a darme la vuelta para pedir un paraguas…
“¡Ah!”.
Alguien me tiró del brazo y mi cuerpo
se inclinó hacia delante. En un instante, fui arrastrado hacia el exterior bajo
la lluvia.
Pero ni una sola gota de agua fría
cayó sobre mi cuerpo. Como si me hubiera movido de un tejado a otro, el agua me
esquivaba por completo.
Tock, tock, tock…
El hombre que proyectaba su sombra
sobre mi cabeza sostenía el paraguas sobre mí.
“¿Sabía esto?”.
Me pregunté si la voz también se
volvía más pesada al impregnarse de lluvia. Me quedé absorto en ese pensamiento
por un momento.
“Es la primera vez en mi vida que
espero con tantas ansias a que llegue la medianoche”.
“...”.
“¿Cómo te llamas?”.
“Eun-hae”
Mi voz salió con un ligero temblor.
“Park Eun-hae”.
“Park Eun-hae...”.
El paraguas seguía inclinado hacia
mí. Gracias a eso yo estaba perfectamente seco, pero a este paso, su dueño se
mojaría.
Levanté rápido el brazo, sujeté el
mango del paraguas y lo empujé un poco hacia él.
“Esto... cliente”.
“No soy un cliente”.
Él sonrió curvando ligeramente la
comisura de sus labios. Entonces, su semblante afilado y frío cambió como si
floreciera. Me pareció la obra póstuma de un artista melancólico que hubiera
esculpido toda su vida en ella.
“¿Crees que he estado esperando hasta
esta hora solo para que me sirvieras una copa?”.
“Entonces...”.
“Kang Cha-yoon”.
Era un nombre familiar. Hice rodar su
nombre en mi boca suavemente. Kang Cha-yoon, Kang Cha-yoon... ¿Dónde lo había
oído?
“¿Estás dispuesto a darme algo de
tiempo?”.
Respondí a esa pregunta como si
estuviera hechizado.
“Sí”.
La sonrisa del hombre se hizo más
profunda. El aroma penetrante del bosque y de las flores púrpuras que descendía
suavemente sobre mi cabeza también se volvió más nítido.
“Qué bien”.
Él puso su mano grande sobre la mía,
que sujetaba el mango del paraguas. Luego, volvió a inclinarlo más hacia mí.
Parecía no importarle que su ropa cara se mojara, actuaba con total
naturalidad.
“Aparte del tiempo, ¿hay algo más?”.
“...”.
“Si deseara pedirte algo más,
¿estarías dispuesto a dármelo?”.
De pronto me entró la curiosidad. No
era la duda de qué querría pedirme este hombre a mí, que apenas acababa de
saber mi nombre. Era la pregunta de si yo sería capaz de negarle algo a este
hombre. Esa era mi interrogante.
Si es así, ¿cuánto llegaría a darte?
¿Qué te daría? No me sentía mal ni me parecía un desperdicio. Curiosamente, era
así.
Sin embargo, si hay algo que me
preocupa...
“No tengo muchas cosas... así que no
puedo prometer que pueda darle cualquier cosa. Soy pobre”.
Ante ese añadido, Kang Cha-yoon soltó
una risa leve.
“Qué coincidencia. Yo tengo muchas
cosas. Tantas que podría decir que puedo darte cualquier cosa”.
“Entonces, ¿no es con más razón que
no necesita pedirme nada?”.
“Hay solo una cosa que tú puedes
concederme”.
Me quedé quieto como una estatua,
mirando a ese hombre sin descanso.
“Una oportunidad”.
“...”.
“Dame la oportunidad de conocerte”.
Tiempo y oportunidad.
Eso era lo único que Kang Cha-yoon
deseaba de Park Eun-hae.
***
De pronto pensé.
Si hubiéramos podido vivir de forma
más ordinaria, quizá no habríamos tenido que dar tanto rodeo. Si nuestra
relación hubiera sido plena solo con nosotros dos, sin necesidad de
desperdiciar sentimientos ni tiempo, ¿habrían disminuido a la mitad las
lágrimas que derramé?
Pero el hecho de que no fuera
ordinario o fácil, no significaba que no fuera amor.
Por eso creo que estuvo bien. Aunque
el rodeo fuera más largo, sabía que al final de mi trayecto estarías tú.
Fue tal como escuché una vez: no hay
necesidad de dudar del amor. Simplemente llega en un instante, dejándote una
certeza y mostrándote el destino.
Incluso si no todos los momentos
pueden ser buenos. Incluso si los días grises duran tanto como los días
soleados.
Aun así, lo que tú me disté y lo que
yo te di fue, sin lugar a dudas, amor.
Por eso estuvo bien. No importa
cuándo nos encontráramos, cómo nos encontráramos o bajo qué forma.
Podría atreverme a afirmar que, de
todas formas, te amaría.
FIN DEL EPÍLOGO DE < PROMETIDO
FALSO >
