Extra 1
Extra 1
“…La
inflamación se ha extendido por toda la retina y parece haber afectado el
nervio óptico. Es lamentable, pero se puede decir que ha perdido casi por
completo la visión.”
“¿Cuánto
falta para la fecha de parto?”
“Alrededor
de dos meses.”
Woo-won
ocultó su rostro entre las manos y soltó un largo suspiro cargado de angustia.
Desde hacía unos días, los momentos en que la vista de Cha Jae-hee se sumía en
la oscuridad se habían vuelto frecuentes, hasta que esta mañana dejó de ver por
completo. Woo-won había esperado, reprimiendo su impaciencia ante las palabras
de Jae-hee de que ‘estaría bien con el tiempo’, pero la visión no regresaba.
Aunque era una etapa prevista, Woo-won no podía aceptarlo fácilmente y pasó su
mano frente a los ojos de Jae-hee varias veces.
‘Señor,
estoy bien.’
‘…….’
‘Estoy
bien. De verdad.’
Se
le partía el alma al oír a Jae-hee decir que estaba bien, sin que él supiera la
expresión de profunda tristeza que tenía en el rostro. Si no se hubieran
conocido, si hubiera rechazado a Jae-hee cuando fue a su oficina, si no hubiera
luchado tanto por sobrevivir… al menos Jae-hee no tendría que estar pasando por
esto. El corazón de Woo-won, cubierto de arrepentimiento, se desmoronaba en
silencio. Aun así, incapaz de imaginar una vida sin él, se obligó a recuperar
la compostura.
“…¿No
hay nada que podamos hacer ahora?”
“La
única solución es el parto, pero al ser un Pistilo masculino con gemelos, es
mejor que aguante todo lo que pueda para cumplir las semanas de gestación.”
“¡Ah…
entonces, qué se supone que haga Jae-hee! ¡¿Qué hago con él?!”
“Woo-won,
entiendo cómo te sentís, pero precisamente por eso tenés que estar a su lado,
cuidarlo más y ayudarlo a que esté tranquilo.”
Woo-won
se cubrió la cara y dejó escapar un gemido de dolor. Habría preferido mil veces
quedarse ciego él mismo antes que ver a Jae-hee así; sentía que se asfixiaba al
pensar que esos hermosos ojos ya no captarían nada.
“Cuando
Jae-hee dé a luz, su visión volverá. Así que aguanten hasta entonces. Esto es
un tipo de efecto secundario.”
“…….”
“Si
te ponés así, él se va a sentir más ansioso.”
“…….”
“Señor
protector de Cha Jae-hee. Reaccione, ¿me escucha?”
Woo-won
apartó las manos de su cara y levantó la cabeza. La palabra ‘protector’ lo hizo
volver en sí. Ahora estaba en una posición en la que debía cuidar y hacerse
responsable no solo de Jae-hee, sino también de los bebés que crecían sanos en
su vientre.
Se
obligó a calmarse y se dio unas palmaditas en las mejillas. Como decía el
doctor, la persona más ansiosa en este momento debía ser Jae-hee. Con el cuerpo
cargando a los bebés y sin poder ver, incluso caminar debía darle miedo. Debía
dejar de lado la autocompasión y la tristeza para proteger la seguridad de
Jae-hee.
Woo-won
asintió levemente y se levantó con esfuerzo. Al abrir la puerta del
consultorio, vio a Jae-hee sentado en la silla de espera, mirando al vacío con
la mirada perdida. Al encontrarse con esas pupilas frágiles que se movían
inquietas sin poder fijarse en un punto, el llanto le subió hasta la garganta.
Moon Jin-woo le dio una palmada en el hombro a Woo-won y se acercó a hablar con
Jae-hee.
“Jae-hee.”
“…¿Doctor?”
“Sí.
¿Se siente muy agobiado?”
“No,
estoy bien. ¿Pero dónde está el señor?”
Moon
Jin-woo giró la cabeza para mirar a Woo-won. Este negó con la cabeza en
silencio.
“Woo-won
fue un momento al baño. Como ya sabe, lo de sus ojos es por un efecto
secundario, así que después del parto se pondrá bien.”
“…A
decir verdad, me preocupa más él que yo. No pude ver su cara, pero pareció
asustarse mucho. Le temblaban las manos y su respiración estaba agitada.”
“¿Por
qué se preocupa por él? Usted es quien la está pasando peor ahora.”
Jae-hee
se quedó callado un momento. Pero pronto miró hacia donde estaba Jin-woo y
sonrió levemente. Sus mejillas se elevaron y volvieron a bajar suavemente. A
Woo-won se le revolvía el estómago al ver que, incluso en esa situación,
Jae-hee se preocupaba primero por él y hasta era capaz de sonreír.
“…Aunque
no me crea, no la estoy pasando mal. Quizás sea porque practiqué mucho y me
preparé mentalmente, pero me siento extrañamente tranquilo.”
“Uff,
de verdad. En momentos así uno debería enojarse o quejarse.”
“No
lo digo por decir, es verdad. Lo único que me preocupa es que él no quiera
verme o que sufra mucho por la culpa.”
“Vaya,
no sé qué clase de suerte tuvo Kang Woo-won para tener como pareja a alguien
tan bueno como usted.”
Cha
Jae-hee sonrió como una flor en pleno esplendor. Woo-won desvió la mirada,
incapaz de enfrentar ese rostro. El sentimiento de culpa era indescriptible. Si
Jae-hee no lo hubiera conocido, no estaría pasando por esto… pero al mismo
tiempo, imaginar a otro hombre tocando el cuerpo de Jae-hee y poseyéndolo le
hacía hervir la sangre de rabia.
“Parece
que Woo-won está llorando.”
“¿El
señor está llorando? ¿Dónde está? ¿En qué dirección…?”
Cuando
Jae-hee extendió la mano al aire, Moon Jin-woo empujó la espalda de Woo-won
para que se pusiera frente a él. Jae-hee movía las manos una y otra vez
intentando encontrarlo. Ante ese movimiento ansioso, Woo-won se agachó
rápidamente y se sentó frente a Jae-hee. Solo cuando sus manos errantes tocaron
el rostro de Woo-won, Jae-hee soltó un pequeño suspiro de alivio.
“¿Señor?”
“…Sí.”
“El
doctor está bromeando, ¿verdad?”
“Sí.”
Jae-hee,
sintiéndose frustrado por no poder ver, frunció el ceño y confió en el tacto de
sus dedos para recorrer los ojos, las cejas, la nariz y los labios de Woo-won
uno por uno. Woo-won entrelazó sus dedos con los de Jae-hee y besó el dorso de
su mano. Al sentir el contacto de los labios, el rostro de Jae-hee se tiñó de
un rojo suave, como la pulpa de un durazno maduro. Al verlo sonrojarse de forma
tan adorable, Woo-won bajó la cabeza.
Lo
único que Woo-won podía hacer ahora era convertirse en los ojos de Jae-hee para
que no sintiera miedo y pudiera llevar una vida normal.
“Todo
lo demás está bien, pero no poder ver su cara es un poco frustrante.”
“…….”
“Lo
extraño.”
“…Perdón.
Jae-hee, lo siento mucho.”
Woo-won
se desmoronó ante la pureza de los sentimientos de Jae-hee. Podría haber
aceptado cualquier resentimiento, pero no lograba entender qué suerte había
tenido para formar una familia con un hombre tan dulce y bondadoso.
“Vayan
a hacerse los románticos a su casa. No hagan estas cosas frente a mi
consultorio.”
Ante
el regaño de Moon Jin-woo, Woo-won se frotó los ojos con el dorso de la mano y
se levantó. Luego, puso con cuidado sus manos bajo las axilas de Jae-hee para
ayudarlo a ponerse de pie. Jae-hee extendió la mano al vacío por instinto, pero
la retiró enseguida; parecía que no quería demostrar su miedo. Woo-won reprimió
su pesadumbre y empezó a caminar lentamente.
“¿Estás
bien?”
“Sí,
estoy bien.”
Jae-hee
respondió con calma. Pero no estaba bien en absoluto. Sus pasos estaban llenos
de cautela; arrastraba los pies como si comprobara el suelo antes de avanzar.
Aunque Woo-won estaba a su lado, intentaba confirmar si había algún peligro.
Cada vez que oía la voz de un extraño o el sonido de algo cayendo, encogía los
hombros y se mordía los labios. Esos pequeños signos estrujaban el pecho de
Woo-won.
Las
puntas de los dedos de Woo-won temblaban levemente. La ansiedad, la duda y
hasta esa falsa calma que Jae-hee mostraba eran su culpa. Cuando Woo-won se
detuvo, Jae-hee giró la cabeza hacia él como si nada, pero enseguida la volvió
hacia el frente, desconcertado. Porque lo que se extendía frente a él no era el
rostro de Woo-won, sino una oscuridad absoluta.
“…Señor,
vamos rápido.”
Woo-won
no dijo nada. Temía que, al abrir la boca, tanto él como Jae-hee se
desmoronaran. Simplemente se mordió los labios y tragó el llanto.
Woo-won
buscó con la mirada un lugar adecuado en el bullicioso vestíbulo del hospital.
Justo entonces, una persona sentada cerca de la salida se dirigió a la
ventanilla de pagos. Woo-won guio a Jae-hee y lo sentó en esa silla. Cerca
había una estufa y el aire se sentía cálido. Woo-won se agachó frente a él.
Jae-hee, ansioso, apretó con fuerza sus propios brazos y se inclinó hacia
adelante.
“Jae-hee,
esperame un momento acá. Voy a buscar el auto.”
“…Vayamos
juntos.”
“El
estacionamiento está en el subsuelo, el aire no es bueno y vas a estar
cansado.”
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Jae-hee
asintió y soltó lentamente sus brazos. Woo-won quería llevárselo consigo, pero
habían salido con prisas y Jae-hee no estaba bien abrigado. No quería exponerlo
al aire frío del subsuelo estando solo con ropa ligera de interior y en su
estado.
“¿Va
a volver rápido?”
“Sí.
Esperame solo un momento acá.”
Woo-won
se levantó y se dirigió al ascensor. Pero, de repente, sintió una punzada de
preocupación y giró la cabeza.
Jae-hee,
sintiéndose inseguro por estar solo, bajaba o ladeaba la cabeza intentando
percibir su entorno. Woo-won pensó que era mejor apurarse, pero justo cuando
iba a dar un paso, Jae-hee se sujetó del apoyabrazos de la silla e intentó
ponerse de pie. En ese instante, chocó con alguien que pasaba. Al ver el cuerpo
de Jae-hee tambalearse, Woo-won corrió apretando los dientes. Pero a pesar de
haber acortado la distancia, se detuvo sin llegar a tocarlo.
“Lo
siento. De verdad, lo siento mucho. Es que no puedo ver… lo lamento.”
Jae-hee,
sin saber que la persona con la que chocó ya se había ido, seguía inclinándose
y pidiendo perdón al espacio vacío. Ah… Woo-won se apretó el pecho, sintiendo
como si le estuvieran arrancando el corazón.
‘Estoy
pagando así por lo mal que me porté con él’.
Al
recordar los momentos en que lo despreció y lo trató con frialdad, Woo-won bajó
la cabeza. Lágrimas calientes brotaron y cayeron sin cesar al suelo. Sentía que
el piso desaparecía bajo sus pies ante una tristeza y culpa indescriptibles. Si
pudiera, se arrancaría sus propios ojos para dárselos a Jae-hee.
Tras
observar un momento a Jae-hee, que seguía con la cabeza baja mirando al suelo,
Woo-won obligó a sus pies a moverse con pesadez hacia él.
* * *
No
poder ver era más frustrante y agotador de lo que había imaginado. No podía
moverse a su antojo y, ya fuera para comer o bañarse, no había nada que pudiera
hacer bien sin la ayuda de alguien. Incluso algo tan simple como ir a beber
agua porque tenía sed resultaba una tarea titánica. Todo era incómodo, pero el
hecho de tener a su lado a la persona que más sufría y resistía ante esta
situación hacía que todo fuera llevadero.
En
cuanto Jae-hee abrió los ojos, tanteó con la mano hasta encontrar la campanilla
sobre la mesa de luz. Tras respirar hondo, la agitó y, al poco tiempo, escuchó
unos pasos a lo lejos. La puerta se abrió y el aroma familiar acarició la punta
de su nariz.
“¿Dormiste
bien?”
“…
Sí. ¿Usted también durmió bien, señor?”
“Por
supuesto.”
Junto
a esa voz suave, unas manos cuidadosas tocaron el cuerpo de Jae-hee. Una
sonrisa se le escapó al sentir cómo Woo-won masajeaba sus manos y pies,
hinchados tras toda la noche. Él le dio unas palmaditas ligeras en la mejilla y
apoyó la mano sobre su vientre, que ya se elevaba como una pequeña colina, para
saludar a los bebés.
“¿Nuestros
‘Pequeños Frijoles’ también durmieron bien?”
“No,
estuvieron jugando hasta la madrugada; parece que ahora están durmiendo.”
Jae-hee
frunció el ceño levemente y entrelazó sus manos con las de Kang Woo-won. Luego,
inhaló profundamente. El aroma frío, casi gélido, llenó sus pulmones. Sentía
que la fragancia era más densa y pesada que hace unas semanas. Preocupado por
si era un problema de salud de Woo-won, Jae-hee le había preguntado
discretamente a Moon Jin-woo durante un control. El doctor le restó
importancia, diciendo que Woo-won estaba muy sano y que la intensidad se debía
a que los otros sentidos de Jae-hee se habían agudizado al perder la vista.
Cuando
Jae-hee extendió ambos brazos, Woo-won, como si fuera lo más natural del mundo,
se inclinó y dejó que Jae-hee rodeara su cuello. Jae-hee lo abrazó con fuerza,
deleitándose con su aroma.
“Mmm…
qué bien se siente.”
“Hoy
llueve mucho. Empezó de madrugada y todavía no para. El cielo está oscuro y hay
mucha humedad. Si la temperatura baja más, es posible que nieve.”
Como
era costumbre, después del saludo matutino, Woo-won le informaba sobre el
clima. Escuchar su voz susurrando suavemente lo hacía sentir reconfortado.
Soltó un pequeño bostezo de somnolencia y parpadeó.
Los
labios de Woo-won rozaron su mejilla un instante. Justo cuando Jae-hee giró la
cabeza buscando sus labios, se escuchó la vibración de un celular. Woo-won
soltó un pequeño suspiro y deshizo con cuidado el abrazo de Jae-hee para
bajarle los brazos.
“Es
Yu-chan. Tengo que atender un momento.”
Jae-hee
asintió obediente. Woo-won había delegado los asuntos de la empresa en Kang
Yu-chan y había comenzado una licencia de paternidad anticipada. Jae-hee le
dijo que no era necesario si lo hacía solo por él, pero Woo-won fue tajante.
Afirmó que, desde los inicios de la empresa, su adicción al veneno lo obligaba
a ausentarse a menudo, por lo que la compañía funcionaba perfectamente sin él.
Aun
así, no podía desvincularse por completo; un par de veces por semana, Yu-chan
iba a la casa cargado de documentos. Por el sonido pesado al dejarlos sobre la
mesa del living, Jae-hee podía intuir el volumen de trabajo que traía.
“¿Cómo
que no pueden cumplir con las cantidades? Todas las plantas están funcionando.
Digo, hasta las fábricas inteligentes están operativas, ¿por qué no llegan con
el cupo?”
La
voz de Woo-won destilaba una irritación contenida. Jae-hee, sentado, se lo
imaginó: seguramente tenía el ceño fruncido y se pasaba la mano por el pelo una
y otra vez para calmar su molestia.
“Maldita
sea… fff… ¿Cómo diablos están manejando las líneas que no llegan con la
producción?”
Jae-hee
se cubrió la boca y soltó una risita baja. Desde hacía un tiempo, Woo-won ya no
decía malas palabras frente a él; si se le escapaba alguna, la disimulaba de
esa manera. Le parecía algo muy propio de él, y sentir esa consideración lo
llenaba de calidez.
De
pronto, sintió la mano de Woo-won en su cabeza. Jae-hee enderezó la espalda y
abrió mucho los ojos por la sorpresa. Aunque sabía que estaban solos, los
contactos inesperados todavía lo hacían sobresaltarse. Por suerte, Woo-won no
pareció notarlo y siguió hablando por teléfono con tono afilado. Jae-hee se
relajó y sonrió con pereza bajo las caricias en su cabello.
“¿Entonces
cuál es la conclusión? Yo ahora mismo… esperá un segundo.”
La
voz de Woo-won se cortó de golpe. Jae-hee, extrañado, levantó la cabeza y aguzó
el oído. De repente, sintió que lo abrazaban con ímpetu. Woo-won le susurró al
oído con tono de queja:
“¿Por
qué te reís de esa forma tan dulce? Me distraés y no puedo ni hablar por
teléfono.”
Esa
voz tenía una temperatura y un sentimiento totalmente distintos a los de hace
un momento cuando regañaba a Yu-chan. Jae-hee giró un poco la cabeza y le dio
un beso corto en la mejilla. Ante eso, Woo-won le despeinó el cabello y retomó
la llamada.
Jae-hee
tanteó la cama hasta encontrar la almohada y se acostó con cuidado. Tenía
muchísima curiosidad por saber qué expresión ponía Woo-won o con qué mirada lo
observaba. Podía soportar cualquier otra incomodidad, pero no ver el rostro de
la persona que amaba era frustrante y doloroso. La ansiedad por no poder
confirmarlo visualmente crecía cada día.
Antes
de perder la vista por completo, cuando los episodios de oscuridad se volvieron
frecuentes, Jae-hee se esforzó desesperadamente por memorizar el rostro de
Woo-won. Grabó cada expresión en su mente y en su corazón: cuando se enojaba,
cuando reía, cuando estaba triste, sorprendido o indiferente. Se había preparado
para poder evocarlo con claridad incluso en la oscuridad total. En aquel
entonces, confiaba en que podría reconocer sus gestos con solo cerrar los ojos.
Sin
embargo, la realidad era distinta. No poder ver su rostro era desolador y, por
más que se esforzara, el vacío no se llenaba. Aunque recorriera su contorno con
la punta de los dedos o adivinara sus emociones por la voz, esa sonrisa y esa
mirada cálida de sus recuerdos se volvían cada vez más borrosas. Al contrario
de lo que pensaba, el deseo de verlo solo se profundizaba.
“Si
cambian las líneas y operan al máximo desde ahora, creo que llegamos con el
cupo. No digas estupideces… ¿vas a dejar que se caiga el contrato? En lugar de
quejarte, hacé algo. Los documentos… ¡bueno, corto! ¡Ya entendí, corto!”
Ante
el grito involuntario, Jae-hee se sobresaltó y se cubrió la cara con ambas
manos.
“Jae-hee,
¿nos bañamos y desayunamos?”
“…….”
“Jae-hee.”
La
voz de Woo-won sonaba preocupada. Sintió cómo el colchón se hundía y percibió
su respiración muy cerca. Él le apartó el cabello revuelto y llamó su nombre
con dulzura.
“Jae-hee.”
“…….”
“¿Qué
pasa? ¿Es porque grité? Perdón, no me di cuenta. No voy a volver a alzar la
voz.”
Desde
hacía tiempo, la parte vulnerable en esta relación era Woo-won. Aquel hombre
arrogante y prepotente había desaparecido; ahora siempre se rebajaba, trataba
de calmarlo y pedía disculpas. Eso le dolía a Jae-hee. Se restregó la cara
mojada por las lágrimas y bajó las manos.
“No
es por eso.”
“…….”
“Lo
miré tanto, lo recordé tanto y lo grabé en mi mente… creí de verdad que podría
recordarlo bien. Pero… no puedo recordar su cara, señor.”
“…….”
“Por
más que intento imaginarlo, no me sale el recuerdo.”
“Jae-hee.”
“Lo
extraño. Quiero verlo, señor.”
* * *
Woo-won
volcaba toda su energía en cuidar a Cha Jae-hee, desde el momento en que este
abría los ojos hasta que los cerraba. No había nada que no pasara por sus
manos: bañarlo, vestirlo, alimentarlo y hacerlo dormir. Aunque no tenía
experiencia previa atendiendo a nadie y solía cometer errores por su torpeza,
se negaba a dejar a Jae-hee en manos de otros. No solo por la ansiedad que
Jae-hee pudiera sentir, sino porque detestaba la idea de que manos ajenas
tocaran su cuerpo. Además, con el paso de los días, encontraba fascinante
observar cómo Jae-hee aceptaba sus cuidados con cada vez más naturalidad.
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‘Hermano,
esto es una exageración. Hay muchísima gente profesional que podría hacerlo,
¿no te resulta molesto?’
Kang
Yu-chan decía que su comportamiento era extremo, pero Woo-won juraba que jamás
había sentido cansancio, pesadez o molestia al cuidar de Jae-hee. Desde que la
visión de este se sumió en la oscuridad total, toda la vida transcurría en la
primera planta. Aunque el dormitorio principal y el estudio estaban en el
segundo piso, los abandonó sin dudarlo para improvisar una habitación en la
planta baja.
A
altas horas de la noche, cuando Jae-hee caía en un sueño profundo, Woo-won
desplegaba documentos y varias laptops sobre la mesa del living para ponerse al
día con el trabajo de la empresa. En otro tiempo, el desorden de la mesa le habría
resultado insoportable, pero ahora se había vuelto inmune a ello. Aunque podría
haber convertido la habitación de huéspedes en un estudio, no lo hizo; prefería
estar ahí por si Jae-hee se despertaba e intentaba salir solo de la habitación,
moviéndose con cautela como un gatito. Además, por si surgía una emergencia,
había dejado de probar una sola gota de alcohol.
Woo-won
se quitó los anteojos y se frotó los ojos cansados. Tras revisar el reloj
digital, masajeó su cuello y hombros entumecidos. Debía dormir, pero aún tenía
mucho trabajo pendiente. Justo cuando intentaba relajarse un momento, escuchó
un gemido bajo proveniente de la habitación.
Se
levantó de inmediato y entró sin hacer ruido. El cuarto, iluminado solo por una
tenue lámpara nocturna, se sentía cálido. Jae-hee dormía de costado, incapaz de
recostarse boca arriba debido al volumen de su vientre. Mientras Woo-won le
subía la manta que se había deslizado hasta la cintura, notó un movimiento
brusco en el vientre y se arrodilló junto a la cama.
Al
levantar con cuidado la remera holgada que Jae-hee usaba de pijama, vio cómo un
pie se marcaba con nitidez contra la piel del vientre, como si quisiera
atravesarla. Jae-hee soltó un pequeño quejido de incomodidad. Woo-won acarició
suavemente el vientre y susurró como si regañara a los pequeños traviesos:
“Pequeños
Frijoles, si siguen haciendo sufrir a papá Jae-hee, no van a tener ni un
premio. No se arrepientan cuando salgan de ahí; quédense quietos.”
Como
si hubieran entendido, el pie se hundió y el vientre se calmó. Woo-won soltó
una risita y le subió la manta hasta los hombros. Observó el rostro demacrado
bajo la luz tenue y acarició su mejilla. En los últimos días, Jae-hee apenas
podía comer; los bebés presionaban su estómago y solía vomitar todo lo que
ingería. Le dolía ver a Jae-hee cargando con ese peso sobre sus hombros
pequeños, y se sentía impotente al no poder hacer nada más que preocuparse.
Desearía que Jae-hee se quejara o hiciera berrinches, pero él solo resistía en
silencio.
‘¿Tenés
náuseas? Si te sentís muy mal, vamos al hospital.’
‘…
Estoy bien.’
‘Jae-hee,
si no me lo decís, yo no tengo forma de saberlo.’
‘De
verdad, estoy bien.’
Ese
‘estoy bien’ de Jae-hee era como un código que anulaba cualquier discusión. No
podía gritarle ni interrogarlo cuando decía que estaba bien. Ni siquiera cuando
él mismo sufría por la adicción al veneno se había sentido tan miserablemente
impotente como ante esas palabras.
“Debe
ser porque todavía no soy alguien en quien confíes del todo.”
Woo-won
saboreó la amargura en su boca y besó ligeramente la mejilla de Jae-hee. En ese
instante, los párpados de este se elevaron suavemente. Parpadeó intentando
despabilarse y sonrió con pereza al captar el aroma de Woo-won.
“Mmm,
¿señor?”
“Ah…
perdón por despertarte. Todavía es de madrugada, dormí más.”
Woo-won
le dio palmaditas en el hombro. Jae-hee bostezó y bajó la mano para acariciar
su vientre.
“Ugh…”
“¿Qué
pasa? ¿Estás incómodo?”
Woo-won
intentó ayudarlo a recostarse bien, pero con ese vientre tan prominente era
casi imposible. Jae-hee extendió ambas manos al aire y Woo-won se apresuró a
bajar la cabeza para que Jae-hee pudiera tocarle la cara. Sus manos recorrieron
el rostro con urgencia: frotaron el puente de la nariz y tantearon los labios.
“Jae-hee.”
“Señor,
me arde mucho el estómago.”
Era
lógico; había vomitado todo el arroz con abulón antes de digerirlo. Woo-won le
besó las manos para calmarlo y le susurró que esperara un momento. Fue a la
cocina, preparó un té de cebada bien concentrado y regresó con la taza.
“Jae-hee,
levantate.”
Con
destreza, Woo-won sostuvo su espalda para ayudarlo a incorporarse. Debido al
embarazo gemelar, incluso sentarse llevaba tiempo. Una vez estabilizado, le
puso la taza en las manos.
“Es
té de cebada. Tomá esto primero.”
“Gracias.”
Jae-hee
mantenía los ojos abiertos, pero no podía cruzar la mirada con Woo-won. Era un
momento al que Woo-won no lograba acostumbrarse; le dolía profundamente no
poder hacer algo tan sencillo como mirarse a los ojos. Consumido por la culpa,
envolvió las manos de Jae-hee con las suyas.
Las
pupilas sin foco de Jae-hee parecían buscar algo antes de inclinarse para
beber. El movimiento de su garganta al tragar era pronunciado; su cuello era
recto y hermoso, y en él, entre las ramas grabadas, su flor florecía con
elegancia.
Woo-won
se lamió los labios secos y desvió la cabeza, reprimiendo con todas sus fuerzas
el deseo que brotaba repentinamente. Jae-hee estaba allí, indefenso, exponiendo
su cuello blanco en el lugar que debería ser el más seguro, pero que también
era el más peligroso. Mientras sus ojos recorrían el cuerpo de Jae-hee con
voracidad, sus palabras y acciones fingían una ternura absoluta. Se sentía
culpable, pero al mismo tiempo agradecía que Jae-hee no pudiera verlo en ese
estado. Un gemido bajo escapó de sus labios.
“…
Ff, seguí tomando.”
“Señor.”
Woo-won
se detuvo y lo miró. Jae-hee le tendía la taza con la mitad del té.
“Dijiste
que te ardía el estómago, tomá más.”
Al
oírlo, Jae-hee aguzó el oído hacia donde provenía la voz y le hizo señas para
que se acercara. Ignorando la urgencia de su entrepierna, Woo-won se inclinó
frente a él. El aliento de Jae-hee lo alcanzó. Jae-hee le besó la mejilla y
tanteó con las manos hasta encontrar sus labios. Cuando intentó inclinar la
cabeza para profundizar el beso, Woo-won lo apartó suavemente.
“Jae-hee.”
“…
Quiero besarlo.”
Woo-won
le quitó la taza con brusquedad y le tomó la mandíbula con la otra mano. Podía
ver claramente cómo temblaban las largas pestañas de Jae-hee. Durante un breve
instante, su razón fría y su instinto desordenado chocaron con violencia. Debía
contenerse, pero el deseo que le subía por la garganta era imposible de tragar.
Cerró
los ojos con fuerza y devoró sus labios. Succionó y empujó su lengua con hambre
desesperada. Cada vez que su lengua rozaba las mucosas calientes, su bajo
vientre se sacudía. Quería un beso más sucio, más violento, pero sabía que no
podía seguir. Con esfuerzo, se separó tras un último beso corto. Era peligroso;
temía que, si seguía, terminaría abriéndole las piernas y poseyéndolo con
rudeza.
Pero
en ese momento, Jae-hee sujetó la nuca de Woo-won y tiró de él. Sus alientos
calientes y húmedos se mezclaron. El calor del deseo se extendió sobre sus
rostros. La taza que Woo-won sostenía cayó sobre la alfombra con un sonido
sordo. La lengua de Jae-hee se deslizó dentro de la boca abierta de Woo-won,
explorándola. El ángulo de sus labios se ajustó mientras la saliva se acumulaba
y el calor subía hasta su cabeza. Jae-hee mordió ligeramente su labio inferior,
pidiendo más.
Woo-won
rodeó el cuello de Jae-hee con su mano y empujó su lengua de nuevo,
succionándola con avidez. El sonido húmedo del roce llenó la habitación. Una
vez que perdió el control, no hubo forma de detenerse. Al sentir que Jae-hee
intentaba apartarlo por la falta de aire, Woo-won le sujetó las manos sobre la
cabeza y succionó sus labios con suavidad para calmarlo. Ante la insistencia
sobre su labio inferior, Jae-hee finalmente soltó un gemido bajo.
Una
alarma roja se encendió en la mente de Woo-won. Retiró la lengua y le dio
varios besos cortos. Debía detenerse aquí; no solo no confiaba en poder
limitarse a los besos, sino que la presión en su entrepierna era ya
insoportable.
Sin
embargo, de repente, la mano de Jae-hee bajó y tanteó entre las piernas de
Woo-won. Tomado por sorpresa, Woo-won se tensó y contuvo el aliento.
“…
Está erecto.”
A
pesar de que con sus ojos estaba ultrajando las ramas que cubrían sus hombros
descubiertos, Woo-won fingió timidez, carraspeó y echó la cadera hacia atrás.
Pero Jae-hee sonrió levemente y extendió el brazo, sujetando y acariciando el
bulto entre sus piernas como si jugara. Woo-won echó la cabeza hacia atrás y se
tapó la boca, sintiendo destellos frente a sus ojos.
Quería
apartar esa mano de inmediato, pero sabía que Jae-hee se asustaba con cualquier
movimiento brusco ahora que no veía. Reprimiendo sus impulsos, Woo-won envolvió
la mano de Jae-hee con suavidad.
“Ff…
basta.”
Su
voz temblaba por la respiración agitada. Al abrir los ojos tras un momento, vio
que los ojos de Jae-hee estaban llenos de lágrimas. Se le encogió el corazón.
“Jae-hee,
¿qué pasa? ¿Por qué llorás?”
“¿No
sabe que actuar así me hace sentir más miserable?”
“…….”
“Antes
me atormentaba todas las noches, pero ahora que no veo, no hace nada. Se asusta
solo con que lo toque y me trata como si fuera de cristal.”
Woo-won
no supo qué decir. Jae-hee sabía mejor que nadie que su vida ya no podía ser
como antes. Aunque Woo-won lo dejaba hacer solo lo que podía, en el aspecto
sexual había establecido una excepción absoluta. Jae-hee no estaba solo;
cargaba con gemelos y estaba casi al final del embarazo. La situación era
distinta.
Woo-won
se acomodó el cabello, recogió la taza del suelo y la apoyó en la mesa de luz
mientras buscaba las palabras adecuadas.
“El
tema sexual no es negociable. No importa cuánto lo quieras, no puedo. Antes
podíamos porque estabas en un período estable, pero ahora es diferente.”
“…….”
“Podrías
dar a luz mañana mismo. Podemos hacerlo después de que nazcan los bebés. No voy
a ponerte en peligro solo por satisfacer mi deseo, Jae-hee.”
Woo-won
se sentó en el borde de la cama y tomó las manos de Jae-hee. Aquellas manos,
antes frías como el hielo, ahora se sentían cálidas. Cuando intentó acariciar
con el pulgar sus labios hinchados, Jae-hee lo apartó y bajó la cabeza.
“…
Tengo miedo.”
“¿Eh?”
“Tengo
miedo, señor.”
Últimamente,
cada palabra de Jae-hee se clavaba como una daga en su corazón. Woo-won se
humedeció los labios y exhaló sin hacer ruido.
“¿De
qué? ¿Qué te da miedo?”
“Tengo
miedo… de que incluso después de que nazcan los bebés, siga sin poder ver.”
Woo-won
conocía ese temor; él mismo pensaba lo mismo. Aguantaban con la esperanza de
que el parto lo solucionara todo, pero si no era así, las consecuencias serían
devastadoras. Ambos se quebrarían de una forma u otra. La mano de Woo-won
tembló levemente; no podía darle certezas sobre un futuro que él mismo temía.
“Aun
así, no lo voy a culpar. Incluso si usted me deja…”
“Eso
jamás va a pasar. Encontraremos la forma. Y si eso sucede, haré lo que sea
necesario, así que confía en mí y resistí.”
“…….”
“Yo
no puedo estar sin usted. Fue usted quien salvó mi vida cuando estaba muriendo.
Usted me devolvió el aliento.”
A
Woo-won solo le quedaba Jae-hee. Si él no estaba, su vida no valía nada.
Jae-hee lo había perdonado tras todo el daño que le hizo y le había dado afecto.
Haría cualquier cosa por él, incluso darle sus propios ojos si fuera necesario.
“Jae-hee,
mi sueño…”
“…….”
“…
es vivir exactamente un día más que vos. Quizás sea difícil en la realidad,
pero voy a intentarlo. Para que tu último aliento no sea solitario.”
Woo-won,
quien solía burlarse de la idea de la eternidad, ahora deseaba con
desesperación que este amor fuera eterno y no cambiara jamás.
“¿De
verdad puede hacerse responsable de esas palabras?”
“Sí.
Si la medicina actual no puede, traeré la medicina del futuro para que así sea.
Haré lo que sea. Así que, Jae-hee, aguantá un poco más para que yo pueda estar
en tu futuro.”
Era
la mejor promesa que podía hacer en ese momento. Si una esperanza, aunque fuera
vana, ayudaba a Jae-hee a resistir, no le importaba nada más.
“…
¡Agh! ¡Señor!”
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De
repente, Jae-hee se encogió sujetándose el vientre y gimió de dolor. El rostro
de Woo-won se tensó al instante.
“¡Jae-hee!
¿Qué pasa? ¿Jae-hee?”
“La
panza… agh… me duele mucho…”
Woo-won
se quedó paralizado, mirando a Jae-hee sin saber qué hacer. Recordaba que
Jin-woo le había explicado cómo reaccionar, pero su mente estaba en blanco. La
imagen de Jae-hee gritando de dolor parecía irreal.
“¡Señor!”
El
grito desgarrador lo hizo reaccionar. Para no perder el juicio, se dio una
bofetada a sí mismo y apretó los dientes. Al retirar la manta, vio que un
líquido empapaba la cama entre las piernas de Jae-hee. Sabía que debía actuar
con calma, pero su cuerpo no respondía.
Salió
tropezando de la habitación y agarró el celular sobre la mesa. Con la
respiración entrecortada, llamó al 119 y luego a Moon Jin-woo. Tras varios
tonos, se escuchó una voz somnolienta.
—
¿Sabés qué hora es para llamar…?
“Hyung…
Jae-hee… creo que empezaron las contracciones. Llamé al 119.”
Las
palabras se le cortaban. Woo-won temblaba de pánico, aferrando el celular como
si fuera un salvavidas. No esperaba que este momento llegara tan pronto y de
forma tan repentina. El sudor frío le corría por la espalda.
—
¿Qué? Ah… esperá. ¡Kang Woo-won! Escuchame bien, mantené la calma. Cuando
llegue la ambulancia lo llevarán al hospital, no va a pasar nada.
“…….”
—
¡Woo-won! ¡Kang Woo-won!
“Hyung,
¿y si… y si después de dar a luz… la vista de Jae-hee no vuelve? ¿Qué hago
entonces?”
—
¡Pedazo de idiota, te dije que te calmarás! ¡Dejá de decir estupideces y
quedate al lado de Jae-hee!
Woo-won
cerró los ojos con fuerza, abrió la puerta principal de la casa y volvió a la
habitación. Jae-hee, empapado en sudor, gemía de dolor en la cama. Woo-won se
arrodilló, tomó su mano húmeda y rezó desesperadamente: que la vista de Jae-hee
volviera por completo…
Pronto,
los paramédicos irrumpieron en la casa y Jae-hee fue trasladado al hospital en
una camilla.
* * *
Woo-won
estaba sentado con el rostro sombrío al lado de Cha Jae-hee, quien mantenía los
ojos cerrados en un silencio absoluto. Habían pasado tres días desde el parto,
pero Jae-hee seguía sumido en un sueño profundo, sin realizar el menor
movimiento. Solo los gráficos que dibujaban las máquinas conectadas a su cuerpo
confirmaban que seguía con vida.
Los
bebés que Jae-hee había gestado con tanto esmero llegaron al mundo sanos y
salvos. Eran un niño y una niña. El niño se parecía a Woo-won, con rasgos
marcados y definidos; la niña se parecía a Jae-hee, con líneas suaves y
delicadas. Eran tan adorables y hermosos que dolía solo mirarlos. Sin embargo,
ese era el único sentimiento de Woo-won hacia los bebés por el momento; toda su
mente estaba concentrada en Jae-hee.
Jae-hee
casi pierde la vida durante el parto. Los bebés nacieron rápido, pero surgió
una emergencia porque no lograban detener la hemorragia. Decenas de bolsas de
sangre entraron a la sala de partos, e incluso tuvieron que traer más de
urgencia desde otros hospitales. Woo-won logró soportar ese tiempo
estremeciéndose ante el terror de perderlo. Jae-hee salió de la sala cuatro
horas más tarde de lo previsto, pero solo pudo ver su rostro un instante antes
de que lo trasladaran a la Unidad de Cuidados Intensivos, donde las visitas
estaban prohibidas por riesgo de infección. El tiempo transcurrió lento,
consumiéndole los nervios y el alma.
Casi
fuera de sí, Woo-won había agarrado del cuello a Moon Jin-woo cuando este salió
de la UCI, exigiendo a gritos que lo salvara. Jin-woo le explicó la situación
con calma y se esforzó por tranquilizarlo. Aunque el doctor aseguró que Jae-hee
despertaría pronto, incluso después de ser trasladado a una habitación común,
seguía sin abrir los ojos.
Woo-won
no se había bañado, comido ni dormido desde el momento en que Jae-hee entró a
la sala de partos. No podía hacer nada por miedo a que Jae-hee despertara
mientras él no estaba o se quedaba dormido. En un momento dado, la flor grabada
en el muslo de Kang Woo-won ardió con un calor extremo y, desde esa mañana, empezó
a supurar. Era una mala señal, pero él la ignoró; no le importaba lo que le
pasara a él. Mientras esperaba a un Jae-hee que no sabía cuándo despertaría,
Woo-won se marchitaba lentamente.
Mirando
el rostro de Jae-hee, la expresión de Woo-won se contrajo de dolor. Besó el
dorso de la mano pálida de Jae-hee y suplicó:
“Jae-hee,
por favor, abre los ojos.”
‘Tengo
mucho miedo, siento que no puedo respirar’. No pudo decir las últimas palabras;
simplemente frotó sus labios contra su mano.
Toc, toc. Con un ligero golpe en la puerta, entró Moon Jin-woo con su
bata de médico y una gran bolsa de compras. Tras desinfectarse las manos con el
gel, revisó el estado de Jae-hee.
“…
La presión es normal, el nivel de inflamación bajó mucho respecto a ayer y no
hay rastros de la hemorragia que nos preocupaba.”
“¿Entonces
cuándo diablos va a despertar?”
“¿Yo
qué voy a saber? Por cierto, ¿comiste algo?”
“…
No tengo hambre.”
“Cielos,
si Jae-hee se despierta y ve la facha que tienes, va a querer cerrar los ojos
de nuevo. Es la primera vez que se van a ver en mucho tiempo, ¿no podés
saludarlo con una cara más prolija?”
Woo-won
se frotó la barba crecida y se rascó la cabeza. Su reflejo en la ventana era,
en efecto, un desastre. Sabía que debía higienizarse, pero no quería despegarse
de la silla por si Jae-hee despertaba en ese intervalo. Jin-woo negó con la
cabeza y le tendió la bolsa. Adentro había ropa limpia, ropa interior, medias y
una afeitadora.
“Andá
a bañarte un poco. Después de eso, vamos a comer algo.”
Woo-won
se levantó a regañadientes. Tras insistirle a Jin-woo que no se moviera de ahí
y vigilara bien a Jae-hee, entró al baño. Al ver su reflejo en el espejo, soltó
una risita amarga; tal como dijo Jin-woo, Jae-hee querría cerrar los ojos de
nuevo si lo veía así. Se afeitó al ras y se dio una ducha caliente. El
cansancio acumulado pareció irse por el desagüe.
Woo-won
lavó la supuración de su muslo y revisó la herida. La erupción y las ampollas
eran graves, pero contempló la flor con ojos indiferentes. Parecía que la flor
también sabía que el árbol donde debía florecer estaba sufriendo. Con Jae-hee
debatiéndose entre la vida y la muerte, no quería hacer un escándalo por una
simple herida; era algo que sanaría con el tiempo.
Salió
del baño sin siquiera abotonarse la camisa, pero en la habitación había alguien
inesperado. Al girar la cabeza y cruzar la mirada con esa persona, se frotó los
ojos por instinto.
¿Acaso la falta de sueño me hacía ver alucinaciones?
Ella
tiró el bolso al suelo, se acercó a grandes zancadas y le dio una patada en el
tobillo con su taco aguja. Con un sonido seco, el torso de Woo-won se encogió.
Él frunció el ceño con irritación y gritó:
“¡Ay!
¡Duele!”
“¿Te
duele? ¡¿Te atrevés a decir que te duele?! ¿Acaso le diste tu conciencia a
Lucky antes de que se fuera?”
“¿A
qué viene mencionar a Lucky después de tantos años? ¿Qué estupideces decís?”
“¿Estupideces?
Pedazo de maleducado, ¿así le hablás a tu hermana?”
Woo-won
quedó atónito ante la aparición de Kang Se-ra, a quien no veía hacía años. No
había cambiado nada desde que eran chicos, lo que le provocó una risa irónica.
“¿Cómo
pudiste con alguien tan joven? ¿De verdad no tenés conciencia? Sos un bastardo
sin escrúpulos.”
Woo-won
guardó silencio ante las palabras de Se-ra. No tenía nada que decir al
respecto; era un hecho que Jae-hee era doce años menor. Se-ra observó fijamente
a Jae-hee, que yacía en silencio en la cama, y chasqueó la lengua.
“De
verdad, me vas a volver loca.”
“…
¿Cuándo llegaste?”
“¿Qué
importa cuándo llegué?”
Woo-won
se secó el pelo mojado con la toalla mientras fruncía el ceño. Ella se acomodó
el cabello elegantemente con sus uñas largas, recogió el bolso del suelo y se
sentó en el sofá. Woo-won miró con recelo esos tacones amenazantes y se acercó
a la cama para revisar el semblante de Jae-hee.
Extrañamente,
la ansiedad y el agobio que sentía se calmaron. Solo el hecho de que Kang Se-ra
estuviera en la habitación le daba una sensación de alivio. Era un sentimiento
muy extraño. El ambiente en la habitación era algo incómodo; Moon Jin-woo se
había esfumado. Como Se-ra y él solo hablaban una vez al año para confirmar que
seguían vivos, Woo-won se sentía algo cohibido y se limitó a acariciar la mano
de Jae-hee mientras carraspeaba.
“Dijeron
que es el Pistilo que te asignó el instituto.”
“…
Así es.”
“Ja,
¿y se te paraba con un chico doce años menor?”
“Sí,
y mucho.”
“¡Hijo
de…! Todavía no te pegué lo suficiente, ¿no? ¡Vení acá!”
Mientras
los hermanos intercambiaban peleas como si estuvieran recuperando el tiempo
perdido, se escuchó un golpe en la puerta y entraron Moon Jin-woo y una
enfermera cargando a los bebés. Cuando Jin-woo se acercó a mostrarle los bebés
a Se-ra, el rostro de ella se transformó en una expresión que Woo-won nunca
antes había visto.
“¿Qué?
Son hermosos. Dámelos.”
“Ni
loco. De ninguna manera. ¿Querés tajearle la cara al bebé con esas uñas?”
Woo-won
se opuso señalando las uñas largas de Se-ra, pero ella, sin dudarlo, empezó a
arrancarse las puntas postizas. No conforme con eso, fue al baño, se lavó las
manos y se desinfectó con gel. Cuando Se-ra lo miró con rostro expectante,
Woo-won asintió a regañadientes.
La
enfermera le entregó el bebé con cuidado y le acomodó las manos para que
sostuviera bien el cuello antes de retirarse.
“¿Cómo
puede un recién nacido tener los rasgos tan definidos?”
“Obvio.
¿De quién creés que son hijos?”
“Son
divinos. Huelen a bebé. ¿Soy la tía? ¿Así se dice?”
“Y
sí, ¿qué vas a ser? ¿La madre?”
“Agh,
este tipo…”
Woo-won
observó la escena con una sonrisa satisfecha, pero luego volvió a mirar a
Jae-hee, quien seguía pálido. Sintió una punzada de impaciencia; deseaba que
Jae-hee pudiera ver esto. Woo-won se inclinó y le susurró al oído:
“Mi
única pariente vino desde Estados Unidos para verte a vos y a los bebés. Quiero
presentártela, así que, ¿no podés despertarte ya?”
Woo-won,
que no tenía paciencia, sentía que cada segundo era una tortura. Mientras
Jae-hee seguía con los ojos cerrados, el mundo continuaba como si nada. En el
pasillo se oía a las enfermeras conversar y, por la ventana, se veía a la gente
viviendo su día normal. La luz del sol que entraba por la ventana dibujaba
sombras en el piso que se movían lentamente, prueba irrefutable de que el
tiempo pasaba.
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Para
Woo-won, todo eso resultaba cruel. Mientras Jae-hee estaba en el umbral entre
la vida y la muerte, el mundo seguía su curso con indiferencia, como si su
ausencia no afectara en nada. Woo-won apretó los puños. Si pudiera, detendría
todo movimiento hasta que Jae-hee despertara. Besó el dorso de su mano y volvió
a suplicar a todos los dioses existentes que le devolvieran a su única pareja a
su mundo.
De
repente, Kong, que estaba en brazos de Jin-woo, soltó un llanto fuerte.
Jin-woo, nervioso, intentó acomodarlo. Pronto, Ari, que estaba en brazos de
Se-ra, también empezó a llorar. La habitación se llenó de llanto. Woo-won se
presionó las sienes y se acercó a Se-ra, quien, con el rostro colorado,
palmeaba torpemente la espalda de la bebé. Woo-won sostuvo el cuello de Ari con
su mano grande y la alzó; la bebé era tan liviana que casi no sentía su peso.
“Woo-won,
parece que tienen hambre. Bajemos.”
“Los
voy a dejar en la nursery. Vos quedate acá.”
Woo-won
salió de la habitación calmando a Ari, que seguía llorando, seguido por Jin-woo
que llevaba a Kong. Tras dejar a los bebés, se sentaron un momento en los
bancos del pasillo.
“¿Vos
llamaste a Se-ra?”
“…
Ella tenía que venir. Sus sobrinos nacieron y vos te veías muy mal.”
“Como
solo hablamos un par de veces al año, ni se me ocurrió llamarla. Pero al verla,
sentí que la tensión se me iba. Fue un alivio.”
“Es
la sangre, supongo. Se-ra parecía estar muy preocupada por vos.”
Jin-woo
le mostró la pantalla de su celular con un mensaje de Se-ra:
‘La cara de Woo-won
está hecha un desastre. Llevalo a comer algo. Yo me quedo acá. Y no le des una
hamburguesa de morondanga, dale comida de verdad. Por favor.’
Woo-won
soltó una risita. Pensar que lo primero que hizo fue patearle la canilla y
mirarlo con desprecio… Ese gesto de Se-ra le resultó un poco vergonzoso, pero
en el fondo se sintió apoyado.
“Andá
a comer. No probaste nada en tres días.”
“…
Con Jae-hee así, ¿con qué cara voy a comer?”
“Para
esperar también hace falta energía. Hacé caso.”
“Dejá,
andá vos.”
Jin-woo
chasqueó la lengua y arrastró a Woo-won a la fuerza hasta un restaurante de
comida coreana en el subsuelo, donde pidió por él. Al poco tiempo, le sirvieron
un tazón de nakji-juk (papilla de pulpo). Jin-woo presumió diciendo que
no estaba en el menú pero que lo pidió especialmente.
“Dicen
que el pulpo levanta hasta a una vaca desmayada.”
“No
tengo apetito.”
“Si
fuera vos, comería rápido para subir de nuevo en lugar de andar protestando.”
Jin-woo
le puso la cuchara en la mano. Woo-won empezó a comer con desgano, sosteniendo
el celular con la otra mano. Cuando iba por la mitad, el celular de Jin-woo
sonó con fuerza.
“Sí,
estamos en el subsuelo, subimos enseguida.”
Jin-woo
cortó y le sacó la cuchara a Woo-won de la mano. Woo-won lo miró con fastidio,
ya que antes le había insistido para que comiera.
“¡Rápido,
levantate!”
“¿Qué
pasa?”
“Jae-hee
recuperó la conciencia.”
Woo-won
salió disparado hacia el ascensor, pero como todos estaban ocupados, subió
corriendo por las escaleras de emergencia. Su corazón latía con locura. Llegó a
la habitación casi sin aliento, con las piernas temblando de tanto subir. Se
secó el sudor de la cara y entró.
Al
abrir la puerta, el aroma a menta lo alcanzó. Era el aroma que tanto había
extrañado; las lágrimas brotaron de inmediato.
“Miren,
ahí llegó Woo-won.”
Se-ra
se hizo a un lado y Jae-hee, que estaba incorporado en la cama, giró lentamente
la cabeza hacia él.
“Señor.”
Las
pupilas de Jae-hee lo miraron con nitidez. No miraba al vacío como antes; cruzó
la mirada con Woo-won con precisión y sonrió levemente. Una emoción
indescriptible invadió a Woo-won, quien se desplomó en el suelo sujetándose el
pecho, sintiendo que se asfixiaba de la emoción.
“¡Señor!”
“¡Woo-won!”
Jin-woo,
que entró después, intentó levantarlo, pero él no se movía. No podía expresar
este sentimiento solo con palabras; estaba tan conmovido que no le salía la
voz, solo las lágrimas. La angustia de pensar que Jae-hee no despertaría o que
su vista no volvería se transformó en un alivio abrumador. Levantó la cabeza y
vio a Jae-hee observándolo.
“Jae…
Jae-hee… ¿de verdad… me podés ver?”
“Señor,
¿por qué bajó tanto de peso? No tiene remedio.”
Woo-won
bajó la cabeza y siguió llorando. Sus ruegos a todos los dioses habían valido
la pena.
“Dejémoslos
solos para que tengan su reencuentro emotivo.”
Jin-woo
se llevó a Se-ra afuera. En la habitación, solo se oía el llanto de Woo-won.
“Señor.”
“…
Perdón, perdón. Todo es culpa mía.”
“Ven
acá. Rápido.”
Jae-hee
bajó la mano de la cama. Woo-won se secó las lágrimas y se levantó lentamente.
Los ojos de Jae-hee seguían cada uno de sus movimientos. Woo-won se detuvo un
segundo, temiendo que fuera una alucinación producto de la falta de sueño.
Aunque fuera un sueño, no quería soltarlo.
“No.”
Woo-won
se acercó rápido y abrazó a Jae-hee con fuerza, como si no fuera a soltarlo
jamás, inhalando profundamente. Jae-hee, como si entendiera su ansiedad, se
quedó quieto en sus brazos.
“Jae-hee.”
“…….”
“Jae-hee,
por favor.”
“Señor,
me esperó mucho, ¿verdad? Perdón por la tardanza.”
Jae-hee
lo abrazó por la espalda disculpándose. Solo entonces Woo-won se separó un poco
para mirarlo a los ojos.
“¿Esto…
no es un sueño?”
“No
es un sueño. Estoy despierto.”
Woo-won
le acarició el rostro y, al sentir su calor real, aceptó que era la realidad.
Jae-hee abrió los brazos y Woo-won escondió su rostro en ese pecho pequeño pero
firme.
“…
Tuve tanto miedo de que no despertaras. Cada día fue un infierno.”
“Perdón.
Yo también quería despertarme; cada vez que usted besaba mi mano y rezaba,
intentaba levantarme, pero mi cuerpo no respondía. Lo siento.”
“¿En
ese entonces… estabas consciente?”
“Sí.
Sé cuánto me esperó y con qué cara de cansado estuvo a mi lado. Por eso le pido
perdón y le doy las gracias.”
Durante
un buen rato, Woo-won se quedó aferrado a Jae-hee. No soltaba su mano ni al
parpadear, confirmando una y otra vez que estaban juntos. Luego, se subió a la
cama angosta y se acostó abrazándolo. Charlaron cara a cara durante mucho
tiempo, recuperando lo perdido.
“Kong
es el varón y Ari es la nena. Kong se parece a mí y Ari a vos.”
“¿De
verdad? Entonces nuestro Kong debe ser muy bonito aunque no lo haya visto.”
“Sí,
pero como no despertabas, ni siquiera podía alegrarme. Todo me molestaba.
Todo…”
Jae-hee
sonrió levemente mientras acariciaba el rostro de Woo-won. A este le fascinaba
ver cómo sus ojos se entornaban al sonreír; ver su propio reflejo en esas
pupilas era como un sueño. Se sentía tan feliz que creía que podría morir en
ese instante sin remordimientos.
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“Jae-hee,
nosotros…”
Pero,
lamentablemente, sus párpados empezaron a pesarle. El sueño y el hambre que
había postergado para cuidar a Jae-hee lo golpearon de golpe. Intentó resistir,
pero no pudo contra el cansancio acumulado.
“Señor,
si tiene sueño, duerma. No me voy a ir a ningún lado.”
“…
No tengo sueño. Estoy bien.”
“Mentiroso.
Duerma. Cuando se despierte vamos juntos a ver a los bebés.”
“Tengo
miedo de que al despertar todo sea un sueño…”
“Eso
no va a pasar.”
Woo-won
asintió parpadeando lentamente. Jae-hee lo tapó con la manta y le dio
palmaditas en el hombro. Finalmente, Woo-won cerró los ojos. Justo antes de
caer en un sueño profundo, escuchó una voz baja al oído:
“Gracias
por esperarme, señor.”
“…….”
“Esta
vez, usted fue quien me salvó.”
Una
sonrisa profunda se dibujó en los labios de Woo-won. Solo entonces, el reloj de
su vida, que había estado detenido, comenzó a correr nuevamente.
