Extra 1

 


Extra 1

“…La inflamación se ha extendido por toda la retina y parece haber afectado el nervio óptico. Es lamentable, pero se puede decir que ha perdido casi por completo la visión.”

“¿Cuánto falta para la fecha de parto?”

“Alrededor de dos meses.”

Woo-won ocultó su rostro entre las manos y soltó un largo suspiro cargado de angustia. Desde hacía unos días, los momentos en que la vista de Cha Jae-hee se sumía en la oscuridad se habían vuelto frecuentes, hasta que esta mañana dejó de ver por completo. Woo-won había esperado, reprimiendo su impaciencia ante las palabras de Jae-hee de que ‘estaría bien con el tiempo’, pero la visión no regresaba. Aunque era una etapa prevista, Woo-won no podía aceptarlo fácilmente y pasó su mano frente a los ojos de Jae-hee varias veces.

‘Señor, estoy bien.’

‘…….’

‘Estoy bien. De verdad.’

Se le partía el alma al oír a Jae-hee decir que estaba bien, sin que él supiera la expresión de profunda tristeza que tenía en el rostro. Si no se hubieran conocido, si hubiera rechazado a Jae-hee cuando fue a su oficina, si no hubiera luchado tanto por sobrevivir… al menos Jae-hee no tendría que estar pasando por esto. El corazón de Woo-won, cubierto de arrepentimiento, se desmoronaba en silencio. Aun así, incapaz de imaginar una vida sin él, se obligó a recuperar la compostura.

“…¿No hay nada que podamos hacer ahora?”

“La única solución es el parto, pero al ser un Pistilo masculino con gemelos, es mejor que aguante todo lo que pueda para cumplir las semanas de gestación.”

“¡Ah… entonces, qué se supone que haga Jae-hee! ¡¿Qué hago con él?!”

“Woo-won, entiendo cómo te sentís, pero precisamente por eso tenés que estar a su lado, cuidarlo más y ayudarlo a que esté tranquilo.”

Woo-won se cubrió la cara y dejó escapar un gemido de dolor. Habría preferido mil veces quedarse ciego él mismo antes que ver a Jae-hee así; sentía que se asfixiaba al pensar que esos hermosos ojos ya no captarían nada.

“Cuando Jae-hee dé a luz, su visión volverá. Así que aguanten hasta entonces. Esto es un tipo de efecto secundario.”

“…….”

“Si te ponés así, él se va a sentir más ansioso.”

“…….”

“Señor protector de Cha Jae-hee. Reaccione, ¿me escucha?”

Woo-won apartó las manos de su cara y levantó la cabeza. La palabra ‘protector’ lo hizo volver en sí. Ahora estaba en una posición en la que debía cuidar y hacerse responsable no solo de Jae-hee, sino también de los bebés que crecían sanos en su vientre.

Se obligó a calmarse y se dio unas palmaditas en las mejillas. Como decía el doctor, la persona más ansiosa en este momento debía ser Jae-hee. Con el cuerpo cargando a los bebés y sin poder ver, incluso caminar debía darle miedo. Debía dejar de lado la autocompasión y la tristeza para proteger la seguridad de Jae-hee.

Woo-won asintió levemente y se levantó con esfuerzo. Al abrir la puerta del consultorio, vio a Jae-hee sentado en la silla de espera, mirando al vacío con la mirada perdida. Al encontrarse con esas pupilas frágiles que se movían inquietas sin poder fijarse en un punto, el llanto le subió hasta la garganta. Moon Jin-woo le dio una palmada en el hombro a Woo-won y se acercó a hablar con Jae-hee.

“Jae-hee.”

“…¿Doctor?”

“Sí. ¿Se siente muy agobiado?”

“No, estoy bien. ¿Pero dónde está el señor?”

Moon Jin-woo giró la cabeza para mirar a Woo-won. Este negó con la cabeza en silencio.

“Woo-won fue un momento al baño. Como ya sabe, lo de sus ojos es por un efecto secundario, así que después del parto se pondrá bien.”

“…A decir verdad, me preocupa más él que yo. No pude ver su cara, pero pareció asustarse mucho. Le temblaban las manos y su respiración estaba agitada.”

“¿Por qué se preocupa por él? Usted es quien la está pasando peor ahora.”

Jae-hee se quedó callado un momento. Pero pronto miró hacia donde estaba Jin-woo y sonrió levemente. Sus mejillas se elevaron y volvieron a bajar suavemente. A Woo-won se le revolvía el estómago al ver que, incluso en esa situación, Jae-hee se preocupaba primero por él y hasta era capaz de sonreír.

“…Aunque no me crea, no la estoy pasando mal. Quizás sea porque practiqué mucho y me preparé mentalmente, pero me siento extrañamente tranquilo.”

“Uff, de verdad. En momentos así uno debería enojarse o quejarse.”

“No lo digo por decir, es verdad. Lo único que me preocupa es que él no quiera verme o que sufra mucho por la culpa.”

“Vaya, no sé qué clase de suerte tuvo Kang Woo-won para tener como pareja a alguien tan bueno como usted.”

Cha Jae-hee sonrió como una flor en pleno esplendor. Woo-won desvió la mirada, incapaz de enfrentar ese rostro. El sentimiento de culpa era indescriptible. Si Jae-hee no lo hubiera conocido, no estaría pasando por esto… pero al mismo tiempo, imaginar a otro hombre tocando el cuerpo de Jae-hee y poseyéndolo le hacía hervir la sangre de rabia.

“Parece que Woo-won está llorando.”

“¿El señor está llorando? ¿Dónde está? ¿En qué dirección…?”

Cuando Jae-hee extendió la mano al aire, Moon Jin-woo empujó la espalda de Woo-won para que se pusiera frente a él. Jae-hee movía las manos una y otra vez intentando encontrarlo. Ante ese movimiento ansioso, Woo-won se agachó rápidamente y se sentó frente a Jae-hee. Solo cuando sus manos errantes tocaron el rostro de Woo-won, Jae-hee soltó un pequeño suspiro de alivio.

“¿Señor?”

“…Sí.”

“El doctor está bromeando, ¿verdad?”

“Sí.”

Jae-hee, sintiéndose frustrado por no poder ver, frunció el ceño y confió en el tacto de sus dedos para recorrer los ojos, las cejas, la nariz y los labios de Woo-won uno por uno. Woo-won entrelazó sus dedos con los de Jae-hee y besó el dorso de su mano. Al sentir el contacto de los labios, el rostro de Jae-hee se tiñó de un rojo suave, como la pulpa de un durazno maduro. Al verlo sonrojarse de forma tan adorable, Woo-won bajó la cabeza.

Lo único que Woo-won podía hacer ahora era convertirse en los ojos de Jae-hee para que no sintiera miedo y pudiera llevar una vida normal.

“Todo lo demás está bien, pero no poder ver su cara es un poco frustrante.”

“…….”

“Lo extraño.”

“…Perdón. Jae-hee, lo siento mucho.”

Woo-won se desmoronó ante la pureza de los sentimientos de Jae-hee. Podría haber aceptado cualquier resentimiento, pero no lograba entender qué suerte había tenido para formar una familia con un hombre tan dulce y bondadoso.

“Vayan a hacerse los románticos a su casa. No hagan estas cosas frente a mi consultorio.”

Ante el regaño de Moon Jin-woo, Woo-won se frotó los ojos con el dorso de la mano y se levantó. Luego, puso con cuidado sus manos bajo las axilas de Jae-hee para ayudarlo a ponerse de pie. Jae-hee extendió la mano al vacío por instinto, pero la retiró enseguida; parecía que no quería demostrar su miedo. Woo-won reprimió su pesadumbre y empezó a caminar lentamente.

“¿Estás bien?”

“Sí, estoy bien.”

Jae-hee respondió con calma. Pero no estaba bien en absoluto. Sus pasos estaban llenos de cautela; arrastraba los pies como si comprobara el suelo antes de avanzar. Aunque Woo-won estaba a su lado, intentaba confirmar si había algún peligro. Cada vez que oía la voz de un extraño o el sonido de algo cayendo, encogía los hombros y se mordía los labios. Esos pequeños signos estrujaban el pecho de Woo-won.

Las puntas de los dedos de Woo-won temblaban levemente. La ansiedad, la duda y hasta esa falsa calma que Jae-hee mostraba eran su culpa. Cuando Woo-won se detuvo, Jae-hee giró la cabeza hacia él como si nada, pero enseguida la volvió hacia el frente, desconcertado. Porque lo que se extendía frente a él no era el rostro de Woo-won, sino una oscuridad absoluta.

“…Señor, vamos rápido.”

Woo-won no dijo nada. Temía que, al abrir la boca, tanto él como Jae-hee se desmoronaran. Simplemente se mordió los labios y tragó el llanto.

Woo-won buscó con la mirada un lugar adecuado en el bullicioso vestíbulo del hospital. Justo entonces, una persona sentada cerca de la salida se dirigió a la ventanilla de pagos. Woo-won guio a Jae-hee y lo sentó en esa silla. Cerca había una estufa y el aire se sentía cálido. Woo-won se agachó frente a él. Jae-hee, ansioso, apretó con fuerza sus propios brazos y se inclinó hacia adelante.

“Jae-hee, esperame un momento acá. Voy a buscar el auto.”

“…Vayamos juntos.”

“El estacionamiento está en el subsuelo, el aire no es bueno y vas a estar cansado.”

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Jae-hee asintió y soltó lentamente sus brazos. Woo-won quería llevárselo consigo, pero habían salido con prisas y Jae-hee no estaba bien abrigado. No quería exponerlo al aire frío del subsuelo estando solo con ropa ligera de interior y en su estado.

“¿Va a volver rápido?”

“Sí. Esperame solo un momento acá.”

Woo-won se levantó y se dirigió al ascensor. Pero, de repente, sintió una punzada de preocupación y giró la cabeza.

Jae-hee, sintiéndose inseguro por estar solo, bajaba o ladeaba la cabeza intentando percibir su entorno. Woo-won pensó que era mejor apurarse, pero justo cuando iba a dar un paso, Jae-hee se sujetó del apoyabrazos de la silla e intentó ponerse de pie. En ese instante, chocó con alguien que pasaba. Al ver el cuerpo de Jae-hee tambalearse, Woo-won corrió apretando los dientes. Pero a pesar de haber acortado la distancia, se detuvo sin llegar a tocarlo.

“Lo siento. De verdad, lo siento mucho. Es que no puedo ver… lo lamento.”

Jae-hee, sin saber que la persona con la que chocó ya se había ido, seguía inclinándose y pidiendo perdón al espacio vacío. Ah… Woo-won se apretó el pecho, sintiendo como si le estuvieran arrancando el corazón.

‘Estoy pagando así por lo mal que me porté con él’.

Al recordar los momentos en que lo despreció y lo trató con frialdad, Woo-won bajó la cabeza. Lágrimas calientes brotaron y cayeron sin cesar al suelo. Sentía que el piso desaparecía bajo sus pies ante una tristeza y culpa indescriptibles. Si pudiera, se arrancaría sus propios ojos para dárselos a Jae-hee.

Tras observar un momento a Jae-hee, que seguía con la cabeza baja mirando al suelo, Woo-won obligó a sus pies a moverse con pesadez hacia él.

* * *

No poder ver era más frustrante y agotador de lo que había imaginado. No podía moverse a su antojo y, ya fuera para comer o bañarse, no había nada que pudiera hacer bien sin la ayuda de alguien. Incluso algo tan simple como ir a beber agua porque tenía sed resultaba una tarea titánica. Todo era incómodo, pero el hecho de tener a su lado a la persona que más sufría y resistía ante esta situación hacía que todo fuera llevadero.

En cuanto Jae-hee abrió los ojos, tanteó con la mano hasta encontrar la campanilla sobre la mesa de luz. Tras respirar hondo, la agitó y, al poco tiempo, escuchó unos pasos a lo lejos. La puerta se abrió y el aroma familiar acarició la punta de su nariz.

“¿Dormiste bien?”

“… Sí. ¿Usted también durmió bien, señor?”

“Por supuesto.”

Junto a esa voz suave, unas manos cuidadosas tocaron el cuerpo de Jae-hee. Una sonrisa se le escapó al sentir cómo Woo-won masajeaba sus manos y pies, hinchados tras toda la noche. Él le dio unas palmaditas ligeras en la mejilla y apoyó la mano sobre su vientre, que ya se elevaba como una pequeña colina, para saludar a los bebés.

“¿Nuestros ‘Pequeños Frijoles’ también durmieron bien?”

“No, estuvieron jugando hasta la madrugada; parece que ahora están durmiendo.”

Jae-hee frunció el ceño levemente y entrelazó sus manos con las de Kang Woo-won. Luego, inhaló profundamente. El aroma frío, casi gélido, llenó sus pulmones. Sentía que la fragancia era más densa y pesada que hace unas semanas. Preocupado por si era un problema de salud de Woo-won, Jae-hee le había preguntado discretamente a Moon Jin-woo durante un control. El doctor le restó importancia, diciendo que Woo-won estaba muy sano y que la intensidad se debía a que los otros sentidos de Jae-hee se habían agudizado al perder la vista.

Cuando Jae-hee extendió ambos brazos, Woo-won, como si fuera lo más natural del mundo, se inclinó y dejó que Jae-hee rodeara su cuello. Jae-hee lo abrazó con fuerza, deleitándose con su aroma.

“Mmm… qué bien se siente.”

“Hoy llueve mucho. Empezó de madrugada y todavía no para. El cielo está oscuro y hay mucha humedad. Si la temperatura baja más, es posible que nieve.”

Como era costumbre, después del saludo matutino, Woo-won le informaba sobre el clima. Escuchar su voz susurrando suavemente lo hacía sentir reconfortado. Soltó un pequeño bostezo de somnolencia y parpadeó.

Los labios de Woo-won rozaron su mejilla un instante. Justo cuando Jae-hee giró la cabeza buscando sus labios, se escuchó la vibración de un celular. Woo-won soltó un pequeño suspiro y deshizo con cuidado el abrazo de Jae-hee para bajarle los brazos.

“Es Yu-chan. Tengo que atender un momento.”

Jae-hee asintió obediente. Woo-won había delegado los asuntos de la empresa en Kang Yu-chan y había comenzado una licencia de paternidad anticipada. Jae-hee le dijo que no era necesario si lo hacía solo por él, pero Woo-won fue tajante. Afirmó que, desde los inicios de la empresa, su adicción al veneno lo obligaba a ausentarse a menudo, por lo que la compañía funcionaba perfectamente sin él.

Aun así, no podía desvincularse por completo; un par de veces por semana, Yu-chan iba a la casa cargado de documentos. Por el sonido pesado al dejarlos sobre la mesa del living, Jae-hee podía intuir el volumen de trabajo que traía.

“¿Cómo que no pueden cumplir con las cantidades? Todas las plantas están funcionando. Digo, hasta las fábricas inteligentes están operativas, ¿por qué no llegan con el cupo?”

La voz de Woo-won destilaba una irritación contenida. Jae-hee, sentado, se lo imaginó: seguramente tenía el ceño fruncido y se pasaba la mano por el pelo una y otra vez para calmar su molestia.

“Maldita sea… fff… ¿Cómo diablos están manejando las líneas que no llegan con la producción?”

Jae-hee se cubrió la boca y soltó una risita baja. Desde hacía un tiempo, Woo-won ya no decía malas palabras frente a él; si se le escapaba alguna, la disimulaba de esa manera. Le parecía algo muy propio de él, y sentir esa consideración lo llenaba de calidez.

De pronto, sintió la mano de Woo-won en su cabeza. Jae-hee enderezó la espalda y abrió mucho los ojos por la sorpresa. Aunque sabía que estaban solos, los contactos inesperados todavía lo hacían sobresaltarse. Por suerte, Woo-won no pareció notarlo y siguió hablando por teléfono con tono afilado. Jae-hee se relajó y sonrió con pereza bajo las caricias en su cabello.

“¿Entonces cuál es la conclusión? Yo ahora mismo… esperá un segundo.”

La voz de Woo-won se cortó de golpe. Jae-hee, extrañado, levantó la cabeza y aguzó el oído. De repente, sintió que lo abrazaban con ímpetu. Woo-won le susurró al oído con tono de queja:

“¿Por qué te reís de esa forma tan dulce? Me distraés y no puedo ni hablar por teléfono.”

Esa voz tenía una temperatura y un sentimiento totalmente distintos a los de hace un momento cuando regañaba a Yu-chan. Jae-hee giró un poco la cabeza y le dio un beso corto en la mejilla. Ante eso, Woo-won le despeinó el cabello y retomó la llamada.

Jae-hee tanteó la cama hasta encontrar la almohada y se acostó con cuidado. Tenía muchísima curiosidad por saber qué expresión ponía Woo-won o con qué mirada lo observaba. Podía soportar cualquier otra incomodidad, pero no ver el rostro de la persona que amaba era frustrante y doloroso. La ansiedad por no poder confirmarlo visualmente crecía cada día.

Antes de perder la vista por completo, cuando los episodios de oscuridad se volvieron frecuentes, Jae-hee se esforzó desesperadamente por memorizar el rostro de Woo-won. Grabó cada expresión en su mente y en su corazón: cuando se enojaba, cuando reía, cuando estaba triste, sorprendido o indiferente. Se había preparado para poder evocarlo con claridad incluso en la oscuridad total. En aquel entonces, confiaba en que podría reconocer sus gestos con solo cerrar los ojos.

Sin embargo, la realidad era distinta. No poder ver su rostro era desolador y, por más que se esforzara, el vacío no se llenaba. Aunque recorriera su contorno con la punta de los dedos o adivinara sus emociones por la voz, esa sonrisa y esa mirada cálida de sus recuerdos se volvían cada vez más borrosas. Al contrario de lo que pensaba, el deseo de verlo solo se profundizaba.

“Si cambian las líneas y operan al máximo desde ahora, creo que llegamos con el cupo. No digas estupideces… ¿vas a dejar que se caiga el contrato? En lugar de quejarte, hacé algo. Los documentos… ¡bueno, corto! ¡Ya entendí, corto!”

Ante el grito involuntario, Jae-hee se sobresaltó y se cubrió la cara con ambas manos.

“Jae-hee, ¿nos bañamos y desayunamos?”

“…….”

“Jae-hee.”

La voz de Woo-won sonaba preocupada. Sintió cómo el colchón se hundía y percibió su respiración muy cerca. Él le apartó el cabello revuelto y llamó su nombre con dulzura.

“Jae-hee.”

“…….”

“¿Qué pasa? ¿Es porque grité? Perdón, no me di cuenta. No voy a volver a alzar la voz.”

Desde hacía tiempo, la parte vulnerable en esta relación era Woo-won. Aquel hombre arrogante y prepotente había desaparecido; ahora siempre se rebajaba, trataba de calmarlo y pedía disculpas. Eso le dolía a Jae-hee. Se restregó la cara mojada por las lágrimas y bajó las manos.

“No es por eso.”

“…….”

“Lo miré tanto, lo recordé tanto y lo grabé en mi mente… creí de verdad que podría recordarlo bien. Pero… no puedo recordar su cara, señor.”

“…….”

“Por más que intento imaginarlo, no me sale el recuerdo.”

“Jae-hee.”

“Lo extraño. Quiero verlo, señor.”

* * *

Woo-won volcaba toda su energía en cuidar a Cha Jae-hee, desde el momento en que este abría los ojos hasta que los cerraba. No había nada que no pasara por sus manos: bañarlo, vestirlo, alimentarlo y hacerlo dormir. Aunque no tenía experiencia previa atendiendo a nadie y solía cometer errores por su torpeza, se negaba a dejar a Jae-hee en manos de otros. No solo por la ansiedad que Jae-hee pudiera sentir, sino porque detestaba la idea de que manos ajenas tocaran su cuerpo. Además, con el paso de los días, encontraba fascinante observar cómo Jae-hee aceptaba sus cuidados con cada vez más naturalidad.

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‘Hermano, esto es una exageración. Hay muchísima gente profesional que podría hacerlo, ¿no te resulta molesto?’

Kang Yu-chan decía que su comportamiento era extremo, pero Woo-won juraba que jamás había sentido cansancio, pesadez o molestia al cuidar de Jae-hee. Desde que la visión de este se sumió en la oscuridad total, toda la vida transcurría en la primera planta. Aunque el dormitorio principal y el estudio estaban en el segundo piso, los abandonó sin dudarlo para improvisar una habitación en la planta baja.

A altas horas de la noche, cuando Jae-hee caía en un sueño profundo, Woo-won desplegaba documentos y varias laptops sobre la mesa del living para ponerse al día con el trabajo de la empresa. En otro tiempo, el desorden de la mesa le habría resultado insoportable, pero ahora se había vuelto inmune a ello. Aunque podría haber convertido la habitación de huéspedes en un estudio, no lo hizo; prefería estar ahí por si Jae-hee se despertaba e intentaba salir solo de la habitación, moviéndose con cautela como un gatito. Además, por si surgía una emergencia, había dejado de probar una sola gota de alcohol.

Woo-won se quitó los anteojos y se frotó los ojos cansados. Tras revisar el reloj digital, masajeó su cuello y hombros entumecidos. Debía dormir, pero aún tenía mucho trabajo pendiente. Justo cuando intentaba relajarse un momento, escuchó un gemido bajo proveniente de la habitación.

Se levantó de inmediato y entró sin hacer ruido. El cuarto, iluminado solo por una tenue lámpara nocturna, se sentía cálido. Jae-hee dormía de costado, incapaz de recostarse boca arriba debido al volumen de su vientre. Mientras Woo-won le subía la manta que se había deslizado hasta la cintura, notó un movimiento brusco en el vientre y se arrodilló junto a la cama.

Al levantar con cuidado la remera holgada que Jae-hee usaba de pijama, vio cómo un pie se marcaba con nitidez contra la piel del vientre, como si quisiera atravesarla. Jae-hee soltó un pequeño quejido de incomodidad. Woo-won acarició suavemente el vientre y susurró como si regañara a los pequeños traviesos:

“Pequeños Frijoles, si siguen haciendo sufrir a papá Jae-hee, no van a tener ni un premio. No se arrepientan cuando salgan de ahí; quédense quietos.”

Como si hubieran entendido, el pie se hundió y el vientre se calmó. Woo-won soltó una risita y le subió la manta hasta los hombros. Observó el rostro demacrado bajo la luz tenue y acarició su mejilla. En los últimos días, Jae-hee apenas podía comer; los bebés presionaban su estómago y solía vomitar todo lo que ingería. Le dolía ver a Jae-hee cargando con ese peso sobre sus hombros pequeños, y se sentía impotente al no poder hacer nada más que preocuparse. Desearía que Jae-hee se quejara o hiciera berrinches, pero él solo resistía en silencio.

‘¿Tenés náuseas? Si te sentís muy mal, vamos al hospital.’

‘… Estoy bien.’

‘Jae-hee, si no me lo decís, yo no tengo forma de saberlo.’

‘De verdad, estoy bien.’

Ese ‘estoy bien’ de Jae-hee era como un código que anulaba cualquier discusión. No podía gritarle ni interrogarlo cuando decía que estaba bien. Ni siquiera cuando él mismo sufría por la adicción al veneno se había sentido tan miserablemente impotente como ante esas palabras.

“Debe ser porque todavía no soy alguien en quien confíes del todo.”

Woo-won saboreó la amargura en su boca y besó ligeramente la mejilla de Jae-hee. En ese instante, los párpados de este se elevaron suavemente. Parpadeó intentando despabilarse y sonrió con pereza al captar el aroma de Woo-won.

“Mmm, ¿señor?”

“Ah… perdón por despertarte. Todavía es de madrugada, dormí más.”

Woo-won le dio palmaditas en el hombro. Jae-hee bostezó y bajó la mano para acariciar su vientre.

“Ugh…”

“¿Qué pasa? ¿Estás incómodo?”

Woo-won intentó ayudarlo a recostarse bien, pero con ese vientre tan prominente era casi imposible. Jae-hee extendió ambas manos al aire y Woo-won se apresuró a bajar la cabeza para que Jae-hee pudiera tocarle la cara. Sus manos recorrieron el rostro con urgencia: frotaron el puente de la nariz y tantearon los labios.

“Jae-hee.”

“Señor, me arde mucho el estómago.”

Era lógico; había vomitado todo el arroz con abulón antes de digerirlo. Woo-won le besó las manos para calmarlo y le susurró que esperara un momento. Fue a la cocina, preparó un té de cebada bien concentrado y regresó con la taza.

“Jae-hee, levantate.”

Con destreza, Woo-won sostuvo su espalda para ayudarlo a incorporarse. Debido al embarazo gemelar, incluso sentarse llevaba tiempo. Una vez estabilizado, le puso la taza en las manos.

“Es té de cebada. Tomá esto primero.”

“Gracias.”

Jae-hee mantenía los ojos abiertos, pero no podía cruzar la mirada con Woo-won. Era un momento al que Woo-won no lograba acostumbrarse; le dolía profundamente no poder hacer algo tan sencillo como mirarse a los ojos. Consumido por la culpa, envolvió las manos de Jae-hee con las suyas.

Las pupilas sin foco de Jae-hee parecían buscar algo antes de inclinarse para beber. El movimiento de su garganta al tragar era pronunciado; su cuello era recto y hermoso, y en él, entre las ramas grabadas, su flor florecía con elegancia.

Woo-won se lamió los labios secos y desvió la cabeza, reprimiendo con todas sus fuerzas el deseo que brotaba repentinamente. Jae-hee estaba allí, indefenso, exponiendo su cuello blanco en el lugar que debería ser el más seguro, pero que también era el más peligroso. Mientras sus ojos recorrían el cuerpo de Jae-hee con voracidad, sus palabras y acciones fingían una ternura absoluta. Se sentía culpable, pero al mismo tiempo agradecía que Jae-hee no pudiera verlo en ese estado. Un gemido bajo escapó de sus labios.

“… Ff, seguí tomando.”

“Señor.”

Woo-won se detuvo y lo miró. Jae-hee le tendía la taza con la mitad del té.

“Dijiste que te ardía el estómago, tomá más.”

Al oírlo, Jae-hee aguzó el oído hacia donde provenía la voz y le hizo señas para que se acercara. Ignorando la urgencia de su entrepierna, Woo-won se inclinó frente a él. El aliento de Jae-hee lo alcanzó. Jae-hee le besó la mejilla y tanteó con las manos hasta encontrar sus labios. Cuando intentó inclinar la cabeza para profundizar el beso, Woo-won lo apartó suavemente.

“Jae-hee.”

“… Quiero besarlo.”

Woo-won le quitó la taza con brusquedad y le tomó la mandíbula con la otra mano. Podía ver claramente cómo temblaban las largas pestañas de Jae-hee. Durante un breve instante, su razón fría y su instinto desordenado chocaron con violencia. Debía contenerse, pero el deseo que le subía por la garganta era imposible de tragar.

Cerró los ojos con fuerza y devoró sus labios. Succionó y empujó su lengua con hambre desesperada. Cada vez que su lengua rozaba las mucosas calientes, su bajo vientre se sacudía. Quería un beso más sucio, más violento, pero sabía que no podía seguir. Con esfuerzo, se separó tras un último beso corto. Era peligroso; temía que, si seguía, terminaría abriéndole las piernas y poseyéndolo con rudeza.

Pero en ese momento, Jae-hee sujetó la nuca de Woo-won y tiró de él. Sus alientos calientes y húmedos se mezclaron. El calor del deseo se extendió sobre sus rostros. La taza que Woo-won sostenía cayó sobre la alfombra con un sonido sordo. La lengua de Jae-hee se deslizó dentro de la boca abierta de Woo-won, explorándola. El ángulo de sus labios se ajustó mientras la saliva se acumulaba y el calor subía hasta su cabeza. Jae-hee mordió ligeramente su labio inferior, pidiendo más.

Woo-won rodeó el cuello de Jae-hee con su mano y empujó su lengua de nuevo, succionándola con avidez. El sonido húmedo del roce llenó la habitación. Una vez que perdió el control, no hubo forma de detenerse. Al sentir que Jae-hee intentaba apartarlo por la falta de aire, Woo-won le sujetó las manos sobre la cabeza y succionó sus labios con suavidad para calmarlo. Ante la insistencia sobre su labio inferior, Jae-hee finalmente soltó un gemido bajo.

Una alarma roja se encendió en la mente de Woo-won. Retiró la lengua y le dio varios besos cortos. Debía detenerse aquí; no solo no confiaba en poder limitarse a los besos, sino que la presión en su entrepierna era ya insoportable.

Sin embargo, de repente, la mano de Jae-hee bajó y tanteó entre las piernas de Woo-won. Tomado por sorpresa, Woo-won se tensó y contuvo el aliento.

“… Está erecto.”

A pesar de que con sus ojos estaba ultrajando las ramas que cubrían sus hombros descubiertos, Woo-won fingió timidez, carraspeó y echó la cadera hacia atrás. Pero Jae-hee sonrió levemente y extendió el brazo, sujetando y acariciando el bulto entre sus piernas como si jugara. Woo-won echó la cabeza hacia atrás y se tapó la boca, sintiendo destellos frente a sus ojos.

Quería apartar esa mano de inmediato, pero sabía que Jae-hee se asustaba con cualquier movimiento brusco ahora que no veía. Reprimiendo sus impulsos, Woo-won envolvió la mano de Jae-hee con suavidad.

“Ff… basta.”

Su voz temblaba por la respiración agitada. Al abrir los ojos tras un momento, vio que los ojos de Jae-hee estaban llenos de lágrimas. Se le encogió el corazón.

“Jae-hee, ¿qué pasa? ¿Por qué llorás?”

“¿No sabe que actuar así me hace sentir más miserable?”

“…….”

“Antes me atormentaba todas las noches, pero ahora que no veo, no hace nada. Se asusta solo con que lo toque y me trata como si fuera de cristal.”

Woo-won no supo qué decir. Jae-hee sabía mejor que nadie que su vida ya no podía ser como antes. Aunque Woo-won lo dejaba hacer solo lo que podía, en el aspecto sexual había establecido una excepción absoluta. Jae-hee no estaba solo; cargaba con gemelos y estaba casi al final del embarazo. La situación era distinta.

Woo-won se acomodó el cabello, recogió la taza del suelo y la apoyó en la mesa de luz mientras buscaba las palabras adecuadas.

“El tema sexual no es negociable. No importa cuánto lo quieras, no puedo. Antes podíamos porque estabas en un período estable, pero ahora es diferente.”

“…….”

“Podrías dar a luz mañana mismo. Podemos hacerlo después de que nazcan los bebés. No voy a ponerte en peligro solo por satisfacer mi deseo, Jae-hee.”

Woo-won se sentó en el borde de la cama y tomó las manos de Jae-hee. Aquellas manos, antes frías como el hielo, ahora se sentían cálidas. Cuando intentó acariciar con el pulgar sus labios hinchados, Jae-hee lo apartó y bajó la cabeza.

“… Tengo miedo.”

“¿Eh?”

“Tengo miedo, señor.”

Últimamente, cada palabra de Jae-hee se clavaba como una daga en su corazón. Woo-won se humedeció los labios y exhaló sin hacer ruido.

“¿De qué? ¿Qué te da miedo?”

“Tengo miedo… de que incluso después de que nazcan los bebés, siga sin poder ver.”

Woo-won conocía ese temor; él mismo pensaba lo mismo. Aguantaban con la esperanza de que el parto lo solucionara todo, pero si no era así, las consecuencias serían devastadoras. Ambos se quebrarían de una forma u otra. La mano de Woo-won tembló levemente; no podía darle certezas sobre un futuro que él mismo temía.

“Aun así, no lo voy a culpar. Incluso si usted me deja…”

“Eso jamás va a pasar. Encontraremos la forma. Y si eso sucede, haré lo que sea necesario, así que confía en mí y resistí.”

“…….”

“Yo no puedo estar sin usted. Fue usted quien salvó mi vida cuando estaba muriendo. Usted me devolvió el aliento.”

A Woo-won solo le quedaba Jae-hee. Si él no estaba, su vida no valía nada. Jae-hee lo había perdonado tras todo el daño que le hizo y le había dado afecto. Haría cualquier cosa por él, incluso darle sus propios ojos si fuera necesario.

“Jae-hee, mi sueño…”

“…….”

“… es vivir exactamente un día más que vos. Quizás sea difícil en la realidad, pero voy a intentarlo. Para que tu último aliento no sea solitario.”

Woo-won, quien solía burlarse de la idea de la eternidad, ahora deseaba con desesperación que este amor fuera eterno y no cambiara jamás.

“¿De verdad puede hacerse responsable de esas palabras?”

“Sí. Si la medicina actual no puede, traeré la medicina del futuro para que así sea. Haré lo que sea. Así que, Jae-hee, aguantá un poco más para que yo pueda estar en tu futuro.”

Era la mejor promesa que podía hacer en ese momento. Si una esperanza, aunque fuera vana, ayudaba a Jae-hee a resistir, no le importaba nada más.

“… ¡Agh! ¡Señor!”

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De repente, Jae-hee se encogió sujetándose el vientre y gimió de dolor. El rostro de Woo-won se tensó al instante.

“¡Jae-hee! ¿Qué pasa? ¿Jae-hee?”

“La panza… agh… me duele mucho…”

Woo-won se quedó paralizado, mirando a Jae-hee sin saber qué hacer. Recordaba que Jin-woo le había explicado cómo reaccionar, pero su mente estaba en blanco. La imagen de Jae-hee gritando de dolor parecía irreal.

“¡Señor!”

El grito desgarrador lo hizo reaccionar. Para no perder el juicio, se dio una bofetada a sí mismo y apretó los dientes. Al retirar la manta, vio que un líquido empapaba la cama entre las piernas de Jae-hee. Sabía que debía actuar con calma, pero su cuerpo no respondía.

Salió tropezando de la habitación y agarró el celular sobre la mesa. Con la respiración entrecortada, llamó al 119 y luego a Moon Jin-woo. Tras varios tonos, se escuchó una voz somnolienta.

— ¿Sabés qué hora es para llamar…?

“Hyung… Jae-hee… creo que empezaron las contracciones. Llamé al 119.”

Las palabras se le cortaban. Woo-won temblaba de pánico, aferrando el celular como si fuera un salvavidas. No esperaba que este momento llegara tan pronto y de forma tan repentina. El sudor frío le corría por la espalda.

— ¿Qué? Ah… esperá. ¡Kang Woo-won! Escuchame bien, mantené la calma. Cuando llegue la ambulancia lo llevarán al hospital, no va a pasar nada.

“…….”

— ¡Woo-won! ¡Kang Woo-won!

“Hyung, ¿y si… y si después de dar a luz… la vista de Jae-hee no vuelve? ¿Qué hago entonces?”

— ¡Pedazo de idiota, te dije que te calmarás! ¡Dejá de decir estupideces y quedate al lado de Jae-hee!

Woo-won cerró los ojos con fuerza, abrió la puerta principal de la casa y volvió a la habitación. Jae-hee, empapado en sudor, gemía de dolor en la cama. Woo-won se arrodilló, tomó su mano húmeda y rezó desesperadamente: que la vista de Jae-hee volviera por completo…

Pronto, los paramédicos irrumpieron en la casa y Jae-hee fue trasladado al hospital en una camilla.

* * *

Woo-won estaba sentado con el rostro sombrío al lado de Cha Jae-hee, quien mantenía los ojos cerrados en un silencio absoluto. Habían pasado tres días desde el parto, pero Jae-hee seguía sumido en un sueño profundo, sin realizar el menor movimiento. Solo los gráficos que dibujaban las máquinas conectadas a su cuerpo confirmaban que seguía con vida.

Los bebés que Jae-hee había gestado con tanto esmero llegaron al mundo sanos y salvos. Eran un niño y una niña. El niño se parecía a Woo-won, con rasgos marcados y definidos; la niña se parecía a Jae-hee, con líneas suaves y delicadas. Eran tan adorables y hermosos que dolía solo mirarlos. Sin embargo, ese era el único sentimiento de Woo-won hacia los bebés por el momento; toda su mente estaba concentrada en Jae-hee.

Jae-hee casi pierde la vida durante el parto. Los bebés nacieron rápido, pero surgió una emergencia porque no lograban detener la hemorragia. Decenas de bolsas de sangre entraron a la sala de partos, e incluso tuvieron que traer más de urgencia desde otros hospitales. Woo-won logró soportar ese tiempo estremeciéndose ante el terror de perderlo. Jae-hee salió de la sala cuatro horas más tarde de lo previsto, pero solo pudo ver su rostro un instante antes de que lo trasladaran a la Unidad de Cuidados Intensivos, donde las visitas estaban prohibidas por riesgo de infección. El tiempo transcurrió lento, consumiéndole los nervios y el alma.

Casi fuera de sí, Woo-won había agarrado del cuello a Moon Jin-woo cuando este salió de la UCI, exigiendo a gritos que lo salvara. Jin-woo le explicó la situación con calma y se esforzó por tranquilizarlo. Aunque el doctor aseguró que Jae-hee despertaría pronto, incluso después de ser trasladado a una habitación común, seguía sin abrir los ojos.

Woo-won no se había bañado, comido ni dormido desde el momento en que Jae-hee entró a la sala de partos. No podía hacer nada por miedo a que Jae-hee despertara mientras él no estaba o se quedaba dormido. En un momento dado, la flor grabada en el muslo de Kang Woo-won ardió con un calor extremo y, desde esa mañana, empezó a supurar. Era una mala señal, pero él la ignoró; no le importaba lo que le pasara a él. Mientras esperaba a un Jae-hee que no sabía cuándo despertaría, Woo-won se marchitaba lentamente.

Mirando el rostro de Jae-hee, la expresión de Woo-won se contrajo de dolor. Besó el dorso de la mano pálida de Jae-hee y suplicó:

“Jae-hee, por favor, abre los ojos.”

‘Tengo mucho miedo, siento que no puedo respirar’. No pudo decir las últimas palabras; simplemente frotó sus labios contra su mano.

Toc, toc. Con un ligero golpe en la puerta, entró Moon Jin-woo con su bata de médico y una gran bolsa de compras. Tras desinfectarse las manos con el gel, revisó el estado de Jae-hee.

“… La presión es normal, el nivel de inflamación bajó mucho respecto a ayer y no hay rastros de la hemorragia que nos preocupaba.”

“¿Entonces cuándo diablos va a despertar?”

“¿Yo qué voy a saber? Por cierto, ¿comiste algo?”

“… No tengo hambre.”

“Cielos, si Jae-hee se despierta y ve la facha que tienes, va a querer cerrar los ojos de nuevo. Es la primera vez que se van a ver en mucho tiempo, ¿no podés saludarlo con una cara más prolija?”

Woo-won se frotó la barba crecida y se rascó la cabeza. Su reflejo en la ventana era, en efecto, un desastre. Sabía que debía higienizarse, pero no quería despegarse de la silla por si Jae-hee despertaba en ese intervalo. Jin-woo negó con la cabeza y le tendió la bolsa. Adentro había ropa limpia, ropa interior, medias y una afeitadora.

“Andá a bañarte un poco. Después de eso, vamos a comer algo.”

Woo-won se levantó a regañadientes. Tras insistirle a Jin-woo que no se moviera de ahí y vigilara bien a Jae-hee, entró al baño. Al ver su reflejo en el espejo, soltó una risita amarga; tal como dijo Jin-woo, Jae-hee querría cerrar los ojos de nuevo si lo veía así. Se afeitó al ras y se dio una ducha caliente. El cansancio acumulado pareció irse por el desagüe.

Woo-won lavó la supuración de su muslo y revisó la herida. La erupción y las ampollas eran graves, pero contempló la flor con ojos indiferentes. Parecía que la flor también sabía que el árbol donde debía florecer estaba sufriendo. Con Jae-hee debatiéndose entre la vida y la muerte, no quería hacer un escándalo por una simple herida; era algo que sanaría con el tiempo.

Salió del baño sin siquiera abotonarse la camisa, pero en la habitación había alguien inesperado. Al girar la cabeza y cruzar la mirada con esa persona, se frotó los ojos por instinto.

¿Acaso la falta de sueño me hacía ver alucinaciones?

Ella tiró el bolso al suelo, se acercó a grandes zancadas y le dio una patada en el tobillo con su taco aguja. Con un sonido seco, el torso de Woo-won se encogió. Él frunció el ceño con irritación y gritó:

“¡Ay! ¡Duele!”

“¿Te duele? ¡¿Te atrevés a decir que te duele?! ¿Acaso le diste tu conciencia a Lucky antes de que se fuera?”

“¿A qué viene mencionar a Lucky después de tantos años? ¿Qué estupideces decís?”

“¿Estupideces? Pedazo de maleducado, ¿así le hablás a tu hermana?”

Woo-won quedó atónito ante la aparición de Kang Se-ra, a quien no veía hacía años. No había cambiado nada desde que eran chicos, lo que le provocó una risa irónica.

“¿Cómo pudiste con alguien tan joven? ¿De verdad no tenés conciencia? Sos un bastardo sin escrúpulos.”

Woo-won guardó silencio ante las palabras de Se-ra. No tenía nada que decir al respecto; era un hecho que Jae-hee era doce años menor. Se-ra observó fijamente a Jae-hee, que yacía en silencio en la cama, y chasqueó la lengua.

“De verdad, me vas a volver loca.”

“… ¿Cuándo llegaste?”

“¿Qué importa cuándo llegué?”

Woo-won se secó el pelo mojado con la toalla mientras fruncía el ceño. Ella se acomodó el cabello elegantemente con sus uñas largas, recogió el bolso del suelo y se sentó en el sofá. Woo-won miró con recelo esos tacones amenazantes y se acercó a la cama para revisar el semblante de Jae-hee.

Extrañamente, la ansiedad y el agobio que sentía se calmaron. Solo el hecho de que Kang Se-ra estuviera en la habitación le daba una sensación de alivio. Era un sentimiento muy extraño. El ambiente en la habitación era algo incómodo; Moon Jin-woo se había esfumado. Como Se-ra y él solo hablaban una vez al año para confirmar que seguían vivos, Woo-won se sentía algo cohibido y se limitó a acariciar la mano de Jae-hee mientras carraspeaba.

“Dijeron que es el Pistilo que te asignó el instituto.”

“… Así es.”

“Ja, ¿y se te paraba con un chico doce años menor?”

“Sí, y mucho.”

“¡Hijo de…! Todavía no te pegué lo suficiente, ¿no? ¡Vení acá!”

Mientras los hermanos intercambiaban peleas como si estuvieran recuperando el tiempo perdido, se escuchó un golpe en la puerta y entraron Moon Jin-woo y una enfermera cargando a los bebés. Cuando Jin-woo se acercó a mostrarle los bebés a Se-ra, el rostro de ella se transformó en una expresión que Woo-won nunca antes había visto.

“¿Qué? Son hermosos. Dámelos.”

“Ni loco. De ninguna manera. ¿Querés tajearle la cara al bebé con esas uñas?”

Woo-won se opuso señalando las uñas largas de Se-ra, pero ella, sin dudarlo, empezó a arrancarse las puntas postizas. No conforme con eso, fue al baño, se lavó las manos y se desinfectó con gel. Cuando Se-ra lo miró con rostro expectante, Woo-won asintió a regañadientes.

La enfermera le entregó el bebé con cuidado y le acomodó las manos para que sostuviera bien el cuello antes de retirarse.

“¿Cómo puede un recién nacido tener los rasgos tan definidos?”

“Obvio. ¿De quién creés que son hijos?”

“Son divinos. Huelen a bebé. ¿Soy la tía? ¿Así se dice?”

“Y sí, ¿qué vas a ser? ¿La madre?”

“Agh, este tipo…”

Woo-won observó la escena con una sonrisa satisfecha, pero luego volvió a mirar a Jae-hee, quien seguía pálido. Sintió una punzada de impaciencia; deseaba que Jae-hee pudiera ver esto. Woo-won se inclinó y le susurró al oído:

“Mi única pariente vino desde Estados Unidos para verte a vos y a los bebés. Quiero presentártela, así que, ¿no podés despertarte ya?”

Woo-won, que no tenía paciencia, sentía que cada segundo era una tortura. Mientras Jae-hee seguía con los ojos cerrados, el mundo continuaba como si nada. En el pasillo se oía a las enfermeras conversar y, por la ventana, se veía a la gente viviendo su día normal. La luz del sol que entraba por la ventana dibujaba sombras en el piso que se movían lentamente, prueba irrefutable de que el tiempo pasaba.

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Para Woo-won, todo eso resultaba cruel. Mientras Jae-hee estaba en el umbral entre la vida y la muerte, el mundo seguía su curso con indiferencia, como si su ausencia no afectara en nada. Woo-won apretó los puños. Si pudiera, detendría todo movimiento hasta que Jae-hee despertara. Besó el dorso de su mano y volvió a suplicar a todos los dioses existentes que le devolvieran a su única pareja a su mundo.

De repente, Kong, que estaba en brazos de Jin-woo, soltó un llanto fuerte. Jin-woo, nervioso, intentó acomodarlo. Pronto, Ari, que estaba en brazos de Se-ra, también empezó a llorar. La habitación se llenó de llanto. Woo-won se presionó las sienes y se acercó a Se-ra, quien, con el rostro colorado, palmeaba torpemente la espalda de la bebé. Woo-won sostuvo el cuello de Ari con su mano grande y la alzó; la bebé era tan liviana que casi no sentía su peso.

“Woo-won, parece que tienen hambre. Bajemos.”

“Los voy a dejar en la nursery. Vos quedate acá.”

Woo-won salió de la habitación calmando a Ari, que seguía llorando, seguido por Jin-woo que llevaba a Kong. Tras dejar a los bebés, se sentaron un momento en los bancos del pasillo.

“¿Vos llamaste a Se-ra?”

“… Ella tenía que venir. Sus sobrinos nacieron y vos te veías muy mal.”

“Como solo hablamos un par de veces al año, ni se me ocurrió llamarla. Pero al verla, sentí que la tensión se me iba. Fue un alivio.”

“Es la sangre, supongo. Se-ra parecía estar muy preocupada por vos.”

Jin-woo le mostró la pantalla de su celular con un mensaje de Se-ra:

‘La cara de Woo-won está hecha un desastre. Llevalo a comer algo. Yo me quedo acá. Y no le des una hamburguesa de morondanga, dale comida de verdad. Por favor.’

Woo-won soltó una risita. Pensar que lo primero que hizo fue patearle la canilla y mirarlo con desprecio… Ese gesto de Se-ra le resultó un poco vergonzoso, pero en el fondo se sintió apoyado.

“Andá a comer. No probaste nada en tres días.”

“… Con Jae-hee así, ¿con qué cara voy a comer?”

“Para esperar también hace falta energía. Hacé caso.”

“Dejá, andá vos.”

Jin-woo chasqueó la lengua y arrastró a Woo-won a la fuerza hasta un restaurante de comida coreana en el subsuelo, donde pidió por él. Al poco tiempo, le sirvieron un tazón de nakji-juk (papilla de pulpo). Jin-woo presumió diciendo que no estaba en el menú pero que lo pidió especialmente.

“Dicen que el pulpo levanta hasta a una vaca desmayada.”

“No tengo apetito.”

“Si fuera vos, comería rápido para subir de nuevo en lugar de andar protestando.”

Jin-woo le puso la cuchara en la mano. Woo-won empezó a comer con desgano, sosteniendo el celular con la otra mano. Cuando iba por la mitad, el celular de Jin-woo sonó con fuerza.

“Sí, estamos en el subsuelo, subimos enseguida.”

Jin-woo cortó y le sacó la cuchara a Woo-won de la mano. Woo-won lo miró con fastidio, ya que antes le había insistido para que comiera.

“¡Rápido, levantate!”

“¿Qué pasa?”

“Jae-hee recuperó la conciencia.”

Woo-won salió disparado hacia el ascensor, pero como todos estaban ocupados, subió corriendo por las escaleras de emergencia. Su corazón latía con locura. Llegó a la habitación casi sin aliento, con las piernas temblando de tanto subir. Se secó el sudor de la cara y entró.

Al abrir la puerta, el aroma a menta lo alcanzó. Era el aroma que tanto había extrañado; las lágrimas brotaron de inmediato.

“Miren, ahí llegó Woo-won.”

Se-ra se hizo a un lado y Jae-hee, que estaba incorporado en la cama, giró lentamente la cabeza hacia él.

“Señor.”

Las pupilas de Jae-hee lo miraron con nitidez. No miraba al vacío como antes; cruzó la mirada con Woo-won con precisión y sonrió levemente. Una emoción indescriptible invadió a Woo-won, quien se desplomó en el suelo sujetándose el pecho, sintiendo que se asfixiaba de la emoción.

“¡Señor!”

“¡Woo-won!”

Jin-woo, que entró después, intentó levantarlo, pero él no se movía. No podía expresar este sentimiento solo con palabras; estaba tan conmovido que no le salía la voz, solo las lágrimas. La angustia de pensar que Jae-hee no despertaría o que su vista no volvería se transformó en un alivio abrumador. Levantó la cabeza y vio a Jae-hee observándolo.

“Jae… Jae-hee… ¿de verdad… me podés ver?”

“Señor, ¿por qué bajó tanto de peso? No tiene remedio.”

Woo-won bajó la cabeza y siguió llorando. Sus ruegos a todos los dioses habían valido la pena.

“Dejémoslos solos para que tengan su reencuentro emotivo.”

Jin-woo se llevó a Se-ra afuera. En la habitación, solo se oía el llanto de Woo-won.

“Señor.”

“… Perdón, perdón. Todo es culpa mía.”

“Ven acá. Rápido.”

Jae-hee bajó la mano de la cama. Woo-won se secó las lágrimas y se levantó lentamente. Los ojos de Jae-hee seguían cada uno de sus movimientos. Woo-won se detuvo un segundo, temiendo que fuera una alucinación producto de la falta de sueño. Aunque fuera un sueño, no quería soltarlo.

“No.”

Woo-won se acercó rápido y abrazó a Jae-hee con fuerza, como si no fuera a soltarlo jamás, inhalando profundamente. Jae-hee, como si entendiera su ansiedad, se quedó quieto en sus brazos.

“Jae-hee.”

“…….”

“Jae-hee, por favor.”

“Señor, me esperó mucho, ¿verdad? Perdón por la tardanza.”

Jae-hee lo abrazó por la espalda disculpándose. Solo entonces Woo-won se separó un poco para mirarlo a los ojos.

“¿Esto… no es un sueño?”

“No es un sueño. Estoy despierto.”

Woo-won le acarició el rostro y, al sentir su calor real, aceptó que era la realidad. Jae-hee abrió los brazos y Woo-won escondió su rostro en ese pecho pequeño pero firme.

“… Tuve tanto miedo de que no despertaras. Cada día fue un infierno.”

“Perdón. Yo también quería despertarme; cada vez que usted besaba mi mano y rezaba, intentaba levantarme, pero mi cuerpo no respondía. Lo siento.”

“¿En ese entonces… estabas consciente?”

“Sí. Sé cuánto me esperó y con qué cara de cansado estuvo a mi lado. Por eso le pido perdón y le doy las gracias.”

Durante un buen rato, Woo-won se quedó aferrado a Jae-hee. No soltaba su mano ni al parpadear, confirmando una y otra vez que estaban juntos. Luego, se subió a la cama angosta y se acostó abrazándolo. Charlaron cara a cara durante mucho tiempo, recuperando lo perdido.

“Kong es el varón y Ari es la nena. Kong se parece a mí y Ari a vos.”

“¿De verdad? Entonces nuestro Kong debe ser muy bonito aunque no lo haya visto.”

“Sí, pero como no despertabas, ni siquiera podía alegrarme. Todo me molestaba. Todo…”

Jae-hee sonrió levemente mientras acariciaba el rostro de Woo-won. A este le fascinaba ver cómo sus ojos se entornaban al sonreír; ver su propio reflejo en esas pupilas era como un sueño. Se sentía tan feliz que creía que podría morir en ese instante sin remordimientos.

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“Jae-hee, nosotros…”

Pero, lamentablemente, sus párpados empezaron a pesarle. El sueño y el hambre que había postergado para cuidar a Jae-hee lo golpearon de golpe. Intentó resistir, pero no pudo contra el cansancio acumulado.

“Señor, si tiene sueño, duerma. No me voy a ir a ningún lado.”

“… No tengo sueño. Estoy bien.”

“Mentiroso. Duerma. Cuando se despierte vamos juntos a ver a los bebés.”

“Tengo miedo de que al despertar todo sea un sueño…”

“Eso no va a pasar.”

Woo-won asintió parpadeando lentamente. Jae-hee lo tapó con la manta y le dio palmaditas en el hombro. Finalmente, Woo-won cerró los ojos. Justo antes de caer en un sueño profundo, escuchó una voz baja al oído:

“Gracias por esperarme, señor.”

“…….”

“Esta vez, usted fue quien me salvó.”

Una sonrisa profunda se dibujó en los labios de Woo-won. Solo entonces, el reloj de su vida, que había estado detenido, comenzó a correr nuevamente.