Episodio 73 - 74
Episodio 73
Sin saber si el capibara a sus espaldas estaba
ardiendo en llamas o no, Cassian caminó a grandes pasos hacia Aina. Como si no
tuviera el más mínimo interés en Bliss, a quien había dejado atrás. Pero eso no
fue todo. Cassian se inclinó hacia ella y, con total naturalidad, la saludó con
un beso en la mejilla.
“Cuánto tiempo, Cassian”.
“Sí, me alegra ver que pareces estar bien”.
Bliss observaba la escena con los ojos bien
abiertos, viendo cómo intercambiaban saludos cariñosos. En su forma de hablar,
tan armoniosa, se percibía incluso una familiaridad propia de una pareja de
hace mucho tiempo.
¿Ese desgraciado se atreve, justo
delante de mis ojos?
Bliss contuvo su ira y esperó de pie en el
sitio.
Veamos hasta dónde llegas.
“¿Dónde está tu pareja? No habrás venido solo,
¿verdad?”.
Preguntó Aina en ese momento.
Al verla mirar a su alrededor buscando a la
acompañante de Cassian, Bliss se armó de valor y levantó la cabeza.
Bien, veamos cómo me presentas esta
vez.
¿Eh?
Para su frustración, ese momento nunca llegó.
Cassian se movió rápidamente, ocultando por completo a Bliss tras su espalda.
“Vine solo”.
Bliss quedó horrorizado ante las palabras que
siguieron.
¿Qué demonios está haciendo este tipo?
Sin embargo, su furia no duró mucho, ya que
Aina, tras decir un simple "¿Ah, sí?", cambió de tema de inmediato.
“Cassian, sobre lo que hablamos la otra vez...
¿lo has pensado?”.
¿Eh? ¿Qué es? ¿De qué hablan?
Cuando Bliss aguzó el oído con curiosidad,
Cassian miró de reojo hacia atrás por un instante. Bliss sintió algo extraño en
ese gesto, pero él volvió a mirar a Aina enseguida y abrió la boca.
“Hablemos en privado”.
Y entonces ocurrió algo increíble. Tras ese
breve cruce de miradas, Cassian se marchó con Aina. Bliss, que se quedó allí
plantado parpadeando atónito, vio cómo ambos desaparecían rápidamente entre la
multitud, dejándolo completamente solo.
¿Se fue? ¿Se fue de verdad? ¿En serio?
¿Dejándome aquí solo?
“Ha, no me lo puedo creer”.
Estaba tan indignado que no le salían las
palabras. Bliss resopló con fuerza, echando humo.
¿Debería perseguirlo y darle su
merecido?
Apretó los puños, pero algo le inquietaba más
que su rabia.
¿Por qué actuó así? Él debía saber
que, por su posición, no íbamos a cruzar miradas. Parecía un movimiento
instintivo. Si me miró sin darse cuenta, ¿por qué lo hizo? ¿Significa que
estaba pendiente de mí? ¿Pero por qué?
Con el ceño fruncido y expresión seria, Bliss
no apartaba la vista de la dirección por la que se habían ido. Pero había otro
punto extraño.
¿Por qué no me presentó? Hace un rato
andaba presumiendo de ‘Bliblar’ por todas partes.
Las células cerebrales de Bliss normalmente
trabajaban al 5% de su capacidad mientras el otro 95% holgazaneaba, pero una o
dos veces al año, el 100% de sus células se ponían a correr como locas. Y ese
momento era ahora.
¿Será que... no quería mostrarme?
Cuando llegó a ese pensamiento, algo cruzó su
mente como un relámpago.
¿Quizás por miedo a que esa mujer me
reconociera? ¿Y qué problema habría con eso?
“Mmm, mmm...”.
Las delicadas neuronas de Bliss echaban
chispas. Cerró los ojos con fuerza, pensando una y otra vez.
Si esa mujer me hubiera reconocido,
¿qué habría pasado? Mi plan de revelar mi identidad en el momento oportuno se
habría ido al traste, ¿no? Si lo pienso así, que ese tipo evitara que nos encontráramos
me beneficia, pero...
De repente, como un rayo, Bliss se dio cuenta.
Si lo veía de esa forma, todo encajaba: el hecho de que Cassian lo mirara de
reojo, el porqué no lo presentó a Aina y el motivo por el cual se marchó a
solas con ella.
¡Ese desgraciado... seguro que sabe
que soy Bliss Miller!
***
Al salir al balcón con Aina, Cassian volvió a
mirar hacia atrás con una sensación inquietante.
No pasará nada malo, espero.
Aunque lo había dejado solo sin querer,
pensaba volver pronto.
No causará un desastre en tan poco
tiempo, ¿verdad?
Consultó rápidamente su reloj de pulsera y
activó un temporizador. Tenía la intención de regresar en exactamente cinco
minutos. Le remordía la conciencia haber dejado a Bliss, pero no había otra
opción; lo que tenía que hablar no era para un lugar lleno de gente.
“Y bien, ¿lo has pensado? Sobre... la inversión”.
Preguntó Aina con una sonrisa tímida y
cautelosa.
Al ver a su amiga de la infancia así, Cassian
suspiró para sus adentros. Aina era una buena persona, pero tenía un problema:
siempre le gustaban hombres que no valían la pena. Incluyéndose a él mismo.
Como era consciente de que él no era
precisamente un santo, cada vez que veía a Aina así, se sentía invadido por el
cinismo. Esta vez no era diferente. Mientras miraba con ojos complicados a su
amiga, que lo observaba con esperanza, en su mente no dejaban de aparecer ese
‘Pedazo de cacahuate’.
‘Gracias por traerme’.
Intentó borrar el rostro de Bliss de su
cabeza, pero no era fácil. Mientras escuchaba de fondo a Aina hablar con
entusiasmo sobre el nuevo negocio de su amante, él seguía pensando solo en
Bliss.
¿No sospechará por qué no lo presenté?
La razón por la que no los presentó
formalmente fue porque no podía ignorar la posibilidad de que Aina lo
reconociera. Si lograba evitar a Aina, no habría problemas.
Seguro que no lo recuerda.
La probabilidad de que Bliss recordara a Aina
no era muy alta.
Ese chico es un tonto.
Intentaba consolarse así, pero ese
presentimiento extraño no desaparecía. Tras soltar un breve suspiro y frotarse
el entrecejo, de pronto pensó.
Ese tipo a veces es astuto cuando
menos lo esperas, ¿y si...?
***
Sí, esa mujer también estaba allí
aquella vez.
Bliss apretaba los dientes mientras fulminaba
con la mirada el lugar por donde habían desaparecido. Al recordar cómo ella y
Cassian hablaban mal de él y de su familia a sus espaldas, sintió una furia
distinta a la de antes. El único tonto y estúpido era él mismo. ¿Cómo pudo
olvidar por qué había venido hasta aquí y estar sonriendo como un idiota?
“¡Ay, tonto, tonto!”.
Bliss se golpeó la cabeza con el puño cerrado.
El golpe le dolió, pero casi lo agradeció porque le sirvió para despertar.
Bah, seguro que otra vez están los dos
juntos criticándome a mí o a mi familia.
Al pensar eso, chispas de fuego brotaron de su
pecho y de sus ojos.
Vine aquí para vengarme. Voy a aplastarle
la nariz a ese tipo y haré que se arrepienta.
Él sabía mi identidad desde el
principio y yo, sin saberlo, estaba aquí todo feliz.
¿Había en el mundo un tonto más grande? Si
Grayson, Stacey o Larien se enteraran, se partirían de risa diciendo ‘típico de
Bliss’. Nathaniel lo miraría con desprecio como siempre, y Chase sentiría
lástima por él, lo cual solo lo haría sentir más patético.
Está bien, porque él no sabe que yo ya
lo sé.
No cometería más estupideces. De ahora en
adelante, solo pensaría en la venganza. ¡No volvería a caer en sus dulces
engaños!
Mientras hacía esa promesa, su mirada cayó en
la bebida que sostenía. Verla le hizo enfurecer de nuevo.
¿Se cree que voy a caer rendido solo
por estos pequeños gestos de amabilidad?
Estaba claro que le dio esto para apaciguarlo,
para debilitarlo y que se rindiera.
¡Ni hablar! ¡Soy Bliss Miller
Quiso estampar la copa contra el suelo, pero
si lo hacía, solo causaría problemas a los empleados. Los cristales rotos
podrían herir a alguien... Bliss contuvo el impulso y miró a su alrededor.
Justo en ese momento, un empleado con una bandeja de bebidas pasaba cerca.
“¡Oiga!”.
Bliss levantó la mano y el empleado se acercó
con una sonrisa fluida. Bliss dejó la copa medio vacía en la bandeja y eligió
una nueva. Escogió una del mismo color solo porque le habían dicho que no tenía
alcohol. Penélope se lo había advertido seriamente, así que no podía beber
cualquier cosa.
Pero seguir bebiendo lo que ese tipo
eligió para mí hiere mi orgullo.
Con ese pensamiento, Bliss se llevó a los
labios la copa que contenía un líquido rojo.
Maldito seas.
Al recordar lo sucedido aquel día, le hervía
la sangre. Necesitaba beber algo para calmarse. Glup, glup. Tras vaciar el
contenido de la copa en solo dos tragos, algo captó su atención de reojo.
...¿Eh?
Dos camareros se cruzaron en su camino. En
ambas bandejas había bebidas rojas, pero la forma de las copas era diferente. Y
en el momento en que se dio cuenta de que la copa de la que acababa de beber
era distinta a la primera...
“Hic”.
Bliss, con los hombros sacudidos por el hipo,
miró la copa con cara de atontado.
...Creo que acabo de meter la pata
hasta el fondo.
Episodio 74
“¿Cassian? ¿Cassian?”.
Al escuchar la voz, él volvió en sí y levantó
la cabeza. Aina lo miraba con rostro extrañado. Ante la reacción desconcertada
de Cassian, Aina soltó una risita algo incómoda.
“¿Qué te pasa? Parece que estás pensando en
otra cosa todo el tiempo”.
“Te estaba escuchando”.
Vaya, respondió demasiado rápido. Como era de
esperar, Aina frunció el ceño. Cassian carraspeó y cambió de tema con destreza.
“Entonces, ¿dices que hay alguien interesado
en invertir ahora mismo?”.
“Ah, bueno…”.
Tal como sospechaba, ella no pudo responder
fácilmente.
Lo que pensaba, se dijo Cassian mientras la
observaba. Aina añadió con una sonrisa forzada:
“Es que, bueno, hay mucha gente interesada…
¿Por qué no te reúnes con él y lo escuchas tú mismo? Entonces confiarás”.
La razón por la que Aina insistía tanto era
obvia, si corría el rumor de que el ‘Conde Heringer ha invertido’, sería mucho
más fácil atraer el interés y el capital de otros. El problema era que Cassian
no sentía el más mínimo interés por ese negocio.
“Aina, lo siento, pero las historias sobre
barcos tesoro naufragados no me inspiran mucha confianza”.
Ante el frío rechazo, Aina lo sujetó con
urgencia.
“Cassian, no seas así… Reúnete con él, por
favor. Te lo pido”.
“Lo siento, Aina”.
Aún no había sonado la alarma, pero ya era suficiente.
Cassian se dio la vuelta mientras decía.
“Nos vemos luego”.
Por alguna razón, se sentía cada vez más
inquieto. Probablemente era por haber dejado solo a ese ‘cacahuate’
problemático.
Será mejor que regrese rápido, pensó. Pero
entonces.
“¡Espera, Cassian! ¡Un momento!”.
Aina lo agarró del brazo apresuradamente.
***
“Hic”.
Bliss volvió a sacudirse por el hipo. Se tapó
la boca rápidamente con una mano y contuvo la respiración, pero fue
contraproducente. El alcohol, que empezaba a circular por su cuerpo, comenzó a
acelerar a toda velocidad.
“Ah, hic”.
En el momento en que inhaló oxígeno por falta
de aire, volvió a hipar. Al final, Bliss se quedó allí de pie mirando a su
alrededor.
¿Habrá algún lugar donde descansar?
“Ah, lo siento”.
Justo cuando intentaba apartarse, chocó con un
hombre que estaba cerca. Tras pedir disculpas por reflejo y levantar la cabeza,
vio a un grupo de hombres que lo observaban desde arriba.
“Ah, no, no se preocupe. ¿Viene solo?”.
Preguntó uno de ellos sonriendo.
Bliss percibió un olor tenue.
¿Es una feromona?, pensó por instinto. El
aroma de las feromonas de un ‘Alfa Dminante’ es distinto al de un Alfa común.
En el caso de los Alfas Dminantes, el aroma es tan intensamente dulce que
aturde los sentidos; los Alfas comunes, en cambio, tienen un aroma mucho más
débil y suave. Quizás Bliss sentía que eran débiles porque, debido a su
familia, estaba demasiado acostumbrado a las feromonas de los Alfas Dominantes.
Mientras Bliss se quedaba allí parpadeando con
la mirada nublada por el alcohol, otro tipo habló.
“Si vienes solo, ¿quieres pasar el rato con
nosotros? Estábamos aburriéndonos justo ahora”.
“Ah, espera. Este chico... parece ser la
pareja de Cassian”.
De repente, uno intervino. Ante eso, el grupo
de hombres miró al que habló y luego volvió la vista hacia Bliss.
“¿En serio? ¿La pareja de Cassian?”.
Ante la pregunta, el hombre que habló primero
asintió y continuó.
“Vino con Cassian. Los vi saludando al Barón
Tamman hace un rato”.
“Ah, ¿sí…?”.
De inmediato, el interés de todos se enfrió.
Se miraron con indiferencia y volvieron a darle la espalda a Bliss, perdiendo
el interés. Al ver que Bliss seguía allí parado con cara de confusión, uno de
ellos preguntó.
“¿Y por qué estás solo? ¿Dónde está Cassian?”.
Ante la pregunta repentina, Bliss vaciló y se
mordió el labio inferior. Al recordar lo de hace un rato, la indignación volvió
a subirle. Al ver cómo Bliss resoplaba y se agitaba, los hombres, extrañados,
volvieron a mirarlo uno a uno.
“Ese desgraciado... me dejó y se fue con una
mujer”.
“¿Qué?”.
“¿Cassian hizo eso?”.
Con esas palabras, el interés de todos regresó
hacia Bliss. Los hombres, emocionados por el chisme, empezaron a lanzar
preguntas.
“¿Se fue con una mujer? ¿Con quién?”.
“¿Cómo es que vinieron juntos? ¿Qué relación
tienen?”.
“Cuéntanoslo todo. Tu copa está vacía,
¿quieres algo de beber?”.
“¡Oye, tú! Sí, tú”.
Uno de ellos levantó la mano y un empleado que
pasaba se acercó rápidamente. El hombre tomó una copa de champán de la bandeja
y se la ofreció a Bliss.
“Toma, bebe. Brindemos”.
“¿Brindar?”.
¿Por qué?
Mientras Bliss ladeaba la cabeza, otro hombre
dijo riendo:
“Para celebrar que nos hemos conocido”.
Ah, entiendo.
Una vez que Bliss aceptó la explicación, el
hombre miró a sus compañeros.
“¡Venga, todos juntos! ¿Cómo te llamas?”.
“Bli... Blair”.
Tras corregir su nombre apresuradamente, el
hombre asintió y gritó.
“¡Un brindis por Bliblair!”.
Hijo de p...
Sin notar que el rostro de Bliss se había
vuelto sombrío, ellos vaciaron sus copas de un trago.
“Por cierto”.
Un hombre que sostenía su copa vacía fijó la
vista en Bliss.
“¿Qué tipo de relación tienes con él?”.
¿Qué debería decir?
Bliss puso su cerebro a funcionar a toda
marcha. Pero parecía que sus neuronas estaban agotadas por el esfuerzo de hace
un rato y no se le ocurría nada.
“Pues, este, es que...”.
Mientras Bliss pensaba y repensaba sin dar con
una buena idea, uno de los tipos soltó una risita:
“No será que eres... bueno, ya sabes, ‘ese’
tipo de pareja para él”.
“¿Perdón?”.
¿Qué quiere decir?
Ignorando a Bliss, que volvía a parpadear sin
entender, otro tipo añadió.
“Eso es imposible. Ese tipo, Cassian, es
impotente”.
¿Qué?
Bliss abrió los ojos de par en par, atónito.
Sin importarles su reacción de desconcierto, ellos continuaron charlando.
“Bueno, es verdad. Ese tipo nunca ha estado
con ninguna mujer”.
“¿Será por Aina? La última con la que salió
fue Aina, ¿no?”.
“No creo. ¿No salió con alguien más brevemente
después?”.
“¡Qué más da! El hecho es que no ha tenido
mujer en casi diez años, ¿o quizá más?”.
“¿Diez años? No digas tonterías. A estas
alturas, se le habría ‘pudrido’ por falta de uso”.
“¿Y quién sabe si no se le ha podrido ya?
¿Quién se atrevería a comprobar si la ‘herramienta’ del Conde Heringer sigue
intacta?”.
“En fin, si ese tipo no funciona, la familia
del Duque está acabada”.
“Por eso yo me esfuerzo tanto en esparcir mi
semilla. Por el bien de mi linaje, claro”.
Ante ese comentario, los otros estallaron en
carcajadas. Bliss arrugó la nariz ante el ambiente tan desagradable, cuando
alguien dijo.
“Ese tipo engreído... siempre he querido darle
una lección”..
“¿Y por qué no? Hay muchas formas”.
“Es cierto. Podríamos invitarlo a una cacería”.
“A veces ocurren accidentes, como disparar a
alguien por error pensando que es una presa”.
Nuevamente estallaron las risas. Para ellos
eran bromas, pero a Bliss no le hacían ninguna gracia. Uno de ellos, mientras
bebía, sentenció.
“Ya verán. Algún día le bajaré los humos a ese
tipo”.
¿Eh?
De repente, Bliss aguzó el oído. Cuando Bliss
lo miró, el hombre declaró con arrogancia.
“Pienso poner a ese Cassian Strickland de
rodillas. Tendrá que suplicarme perdón”.
¿Este tipo?
En ese instante, chispas de fuego saltaron de
los ojos de Bliss.
¿Qué demonios está balbuceando?
Sintió que el alcohol le subía de golpe a la
cabeza. Ese hombre estaba pensando algo que jamás debería permitirse. El único
ante quien Cassian debía arrodillarse y suplicar era ante Bliss. No ante un
‘renacuajo’ como ese. ¿Pero qué dice? ¿Arrodillarse ante ti?
¡Cómo se atreve este imbécil a no
conocer su lugar...!
Fue en ese preciso momento cuando el
violinista de la orquesta que tocaba música entró en su campo de visión.
***
¿Qué es esto?
Cassian frunció el ceño. Aina, que lo sujetaba
del brazo, preguntó con una sonrisa forzada.
“Escucha, ¿entonces no podrías simplemente
prestarnos tu nombre? Diré que el Conde Heringer mostró interés. Por favor,
ayúdame solo con eso, ¿sí?”.
Cassian miró a su amiga con sentimientos
encontrados. Si el Conde Layrock viera a su querida hija menor rogando de esa
manera tan humillante por inversiones, le daría un ataque. Cassian tampoco
quería perder más tiempo.
“Despierta, Aina”.
Le espetó fríamente.
“Ese tipo es un estafador. Deja de hacer estas
tonterías y mira la realidad”.
“¿Qué…?”.
Las mejillas de Aina se encendieron de rojo.
En ese momento, sonó la alarma. Cassian apagó la alarma del reloj y apartó la
vista del rostro de ella, que estaba contraído por una mezcla de vergüenza y
rabia. Realmente era hora de irse. No podía dejar a Bliss solo por más tiempo.
Justo cuando pensaba eso.
“¡AAAAAAAH!”.
Se escuchó un grito desesperado desde el
interior donde se celebraba la fiesta, seguido de un fuerte estruendo.
