Episodio 71-72

 


Episodio 71

 

El cielo del fin de semana de la fiesta estaba saturado de nubes negras. Aunque ya se había acostumbrado bastante al clima siempre nublado de Inglaterra, ver los relámpagos secos parpadeando ocasionalmente entre las nubes le producía una sensación inquietante.

“Gulp”.

Bliss tragó saliva audiblemente mientras miraba el cielo con preocupación. Al verlo, Penélope se acercó riendo y le habló.

“Vaya, te digo que no es para tanto. No tienes por qué poner esa cara de preocupación”.

Para Penélope, que había vivido toda su vida en Inglaterra y nunca había viajado al extranjero, este clima no era nada, pero...

“Ah, sí. Es que es la primera vez que veo algo así”.

Respondió Bliss con una sonrisa incómoda, a lo que Penélope soltó una carcajada.

“Ya te acostumbrarás, Bliss. Cosas como esa se volverán parte de tu rutina diaria”.

Pronto llegará el día en que se siente en el balcón con el Conde a disfrutar de esas nubes.

Al imaginar esa escena, la boca de Penélope se abrió involuntariamente en una sonrisa. Volvió a reír entre dientes, sacudiendo los hombros, mientras Bliss, que no tenía idea de lo que ella estaba pensando, solo ladeó la cabeza confundido. Al ver su expresión, Penélope se aclaró la garganta, fingió demencia y cambió de tema rápidamente.

“Vamos, terminemos de prepararnos. La fiesta de hoy es muy importante. ¡Es tu debut oficial en la sociedad inglesa como el acompañante del Conde!”.

“Sí, es cierto”.

Bliss estaba profundamente nervioso. De niño había asistido a algunas fiestas, pero después de ‘aquel incidente’, Ashley había ocultado meticulosamente la existencia de Bliss al mundo exterior. Por eso, una ocasión tan grande como esta era algo que no vivía en mucho tiempo, de hecho, se sentía como si fuera la primera vez. Penélope tomó sus dos manos con firmeza para darle ánimos.

“No te preocupes, ¿acaso no estará el Conde contigo? ¿Por qué crees que el Conde insiste en llevarte a una fiesta así? Obviamente, su intención es presentar a su persona especial. Así que no te preocupes y mantente siempre pegado al lado del Conde. ¡Él lo protegerá!”.

¿Será así?. Bliss miró a Penélope con dudas. Aunque él también pensaba que Cassian se había enamorado de él a primera vista, aparecer junto a él en un evento oficial era un asunto completamente distinto.

Espero que ni Papá ni Daddy se enteren de esto.

Oficialmente, él se encontraba viajando por diversos lugares de Inglaterra. Por suerte, Ashley parecía estar ocupado con algo y no lo había llamado, aunque seguía enviándole mensajes constantemente.

Especialmente Koi, quien enviaba mensajes larguísimos cada vez. Bliss siempre respondía con un simple: ‘Sí, entiendo. ¡Te amo!’. Sabía que Koi se sentiría decepcionado, pero no tenía nada más que decir. Bliss pasaba sus días muy ocupado en este viejo castillo.

Pero no puedo contarles la verdad sobre cómo estoy viviendo ahora.

Sintiendo una punzada de culpa, Bliss se disculpó internamente con Koi.

Lo siento, Daddy. ¡Pero es por el honor de todos nosotros! ¡Te lo contaré todo después!

“Ahora, pruébate esto. Ju, ju”.

Con una sonrisa significativa, Penélope sacó un conjunto de ropa. Tras ponerle una elegante camisa blanca y anudarle un bonito lazo como corbata, asintió con satisfacción. El lazo tenía un tierno estampado de lunares que resaltaba aún más la dulzura de Bliss. Al verlo de pie con los pantalones puestos, ella soltó un suspiro.

¿Cómo puede tener las piernas tan largas y ser tan elegante?

La sangre no engaña, pensó ella asintiendo para sí misma.

Nadie más que Bliss Miller podría ser la pareja del Conde, desde luego.

“Usa estos zapatos y estos gemelos”.

La forma en que sacaba los accesorios con destreza demostraba su veteranía como mayordoma. El único ‘pequeño’ detalle era que estaba tomando las pertenencias del Conde sin permiso para engalanar a Bliss.

“Perfecto. Estás impecable”.

Penélope, tras humedecerse la palma de la mano con un poco de saliva para aplastar un mechón rebelde de Bliss, asintió satisfecha.

Hoy en la fiesta no habrá nadie que destaque más que Bliss. El Conde va a tener problemas.

Penélope se cubrió la boca con una mano mientras reía. Con esto, el Conde también empezaría a ponerse nervioso de ahora en adelante.

“Espera aquí, iré a ver si el Conde ya terminó de prepararse”.

Tras dejar a Bliss en el pasillo, Penélope corrió hacia la habitación de Cassian, pero de repente se dio la vuelta y regresó hacia él.

“Bliss, por si acaso, te digo, bajo ninguna circunstancia debe beber alcohol. Solo agua o jugo de frutas. ¿Entendido? No, espera, incluso el jugo de frutas puede tener alcohol, así que bebe solo agua. ¡Promételo!”.

Tras insistirle fervientemente, se dio la vuelta y salió corriendo de nuevo. Bliss exhaló profundamente y se quedó mirando la puerta cerrada. Le habían dicho que la fiesta de hoy era una simple reunión social, pero como todos los asistentes tenían títulos nobiliarios, en cierto sentido, no era diferente a debutar en la alta sociedad británica.

“Fiuuu”.

Nadie me reconocerá.

Solo tenía que evitar el alcohol y quedarse callado al lado de Cassian. Qué tarea tan sencilla.

Así que no hay de qué preocuparse.

Justo cuando se daba ánimos a sí mismo asintiendo, la puerta se abrió de par en par. Cassian, que salía al pasillo, se detuvo en seco al descubrir a Bliss. Mientras él se limitaba a mirar a Bliss sin decir palabra, Penélope, que estaba detrás de él, hizo una señal de ‘OK’ con los dedos a espaldas de Cassian con una sonrisa triunfal.

Tal como esperaba, el Conde no puede quitarle los ojos de encima a Bliss.

Como si hubiera entendido el mensaje, Bliss se sonrojó y se rascó la nuca con timidez.

Vaya, es que se enamora de mí a cada momento.

Mientras los dos ‘capibaras’ se sumergían en sus fantasías felices, Cassian pensaba con el rostro pálido.

Maldita sea, debí prever que prepararía una corbata a juego.

Deseaba darse la vuelta en ese instante y tirar esa maldita corbata de lunares, pero ya era tarde. Si se ponía a elegir una corbata nueva que combinara con su traje, llegarían tarde. Aunque por dentro rechinaba los dientes, decidió dejarlo pasar, consolándose con que hoy sería el último día.

Sin embargo, incapaz de contener la rabia que le subía por el pecho, Cassian pasó junto a Bliss con pasos largos y bajó las escaleras casi corriendo. Ante su espalda que se alejaba apresuradamente, Penélope susurró como si ya lo hubiera sabido.

“El Conde está tan impresionado por el aspecto de Bliss que no sabe qué hacer. No pensé que reaccionaría de forma tan intensa”.

Al ver a Penélope reír, Bliss también recuperó la confianza.

“Lo haré bien”.

Ante su renovada determinación, Penélope asintió y le lanzó un guiño.

“Lo harás excelente aunque no te esfuerces, Bliss”.

“¡Por supuesto!”.

Bliss le devolvió el guiño para tranquilizarla y corrió tras Cassian.

Vaya, qué tímido es.

“Ah... ah...”.

Llegó al coche casi sin aliento. Cassian ya estaba sentado en el asiento trasero, mirando por la ventana con expresión seria. Para Bliss, esa actitud solo confirmaba una cosa.

Ha elegido no mirarme para poder resistirse a mi irresistible encanto.

“Deberíaaa admitirlooo prontooo...”.

Tarareó Bliss en voz baja. Inmediatamente, Cassian lo fulminó con la mirada, como preguntando qué demonios decía. Bliss sonrió como si nada.

“Hace un tiempo excelente, ¿verdad, Conde?”.

En ese momento, un relámpago cruzó las nubes y fue seguido por el estruendo de un trueno. Mientras el tarareo ligero de Bliss flotaba en el aire, Penélope cerró la puerta del coche y el conductor arrancó.

Penélope se quedó allí, viendo cómo el coche se alejaba.

“Vaya, qué clima de mierda”.

Ante el murmullo de Sam, que apareció de la nada, ella lo fulminó con la mirada y le advirtió.

“¿Qué tiene de malo el clima? Este tipo de tiempo es de lo más común”.

“¿Común? Mire ese halo alrededor de la luna. En días así, siempre ocurren cosas malas”.

Sam continuó, sacudiendo la cabeza.

“Alguien va a derramar sangre, estoy seguro. Es de mal agüero, muy mal agüero...”.

Mientras Sam se alejaba murmurando, Penélope se puso las manos en la cadera y soltó un insulto.

“¡Viejo maldito! ¿Cómo se atreve a decir cosas que traen mala suerte?”.

Rápidamente, ella golpeó la madera decorativa del castillo para alejar la mala suerte y levantó el puño en dirección a Sam.

Hoy será un buen día. ¡Sin duda!

Nuevamente, los relámpagos brillaron entre las nubes y el sonido del trueno retumbó.


Episodio 72

 

Cuando llegaron al antiguo castillo donde se celebraba la fiesta, el sol ya se había puesto y el cielo se había vuelto aún más oscuro. Bliss se sintió aterrorizado por el movimiento de las nubes sombrías que recordaban a una película de terror.

“¿Qué te pasa?”.

Cassian, que hasta ese momento no había dicho ni una palabra y miraba obstinadamente por la ventana, preguntó frunciendo el ceño. Bliss vaciló antes de abrir la boca con cuidado.

“Ah, es que... el cielo me da un poco de miedo...”.

Ante esas palabras, Cassian echó una mirada al cielo a través de la ventana y de inmediato soltó una risita burlona. Es un niño después de todo, asustarse por un simple fenómeno natural. Los hombres primitivos que vivían en cuevas hace mucho tiempo habrían sido iguales, pensó. Al mirar a su lado, vio a Bliss acurrucado, parpadeando con los ojos muy abiertos.

No creo que haya mucha diferencia en su inteligencia.

“Son solo nubes, no hay nada que temer”.

Dijo Cassian con indiferencia. Justo en ese momento, el coche se detuvo y los empleados que esperaban se acercaron para abrir la puerta.

“¿Eh?”.

Cassian abrió la puerta del coche por sí mismo y salió antes que ellos. Bliss no fue el único sorprendido por este acto inesperado, el empleado que se acercaba para abrir la puerta de Cassian también se detuvo desconcertado, y todos a su alrededor lo miraron confundidos. En una situación así, bajar del coche sin esperar al empleado... ¿qué tanta prisa tenía?

Todos lo observaron atónitos, pero él caminó a grandes pasos y llegó a la puerta del otro lado en apenas dos o tres segundos. Apartó suavemente al empleado, que se había quedado paralizado por la repentina acción del conde, abrió la puerta personalmente y le tendió la mano a Bliss.

“Anda, baja”.

Su rostro estaba tan inexpresivo como siempre y su voz era baja, pero fue suficiente para que los ojos de Bliss se agrandaran.

¿Acaso lo hizo por mí...?

Incrédulo, tomó su mano y Cassian se inclinó para escoltarlo, facilitando su salida del coche. Al pisar el suelo, se dio cuenta de que todos los presentes los observaban. El rostro de Bliss se encendió de inmediato, pero Cassian no mostró ninguna reacción.

“Sujétate de aquí”.

Dobló un brazo y se lo ofreció, esperando a que él se agarrara. Bliss se sorprendió una vez más.

¡Sabía que estaba enamorado de mí, pero no pensé que llegaría a tanto!

Sintió que su corazón se humedecía de emoción. Con una sonrisa de oreja a oreja, Bliss puso su mano sobre el brazo de Cassian. Él miró al frente y comenzó a caminar. Mientras entraban, Bliss notó que Cassian caminaba más lento de lo habitual.

¿Será que se está ajustando a mi paso?

En ese instante, otra ola de emoción lo invadió. Bliss lo miró con ojos brillantes y húmedos, murmurando.

“Cassiaaan...”.

Entonces, Cassian, que caminaba mirando al frente, frunció el ceño y lo miró hacia abajo.

¡Ups!

Al darse cuenta de su error, Bliss se apresuró a reírse para disimular.

“G-Gato... hay un gato por allá”.

Señaló rápidamente hacia un lado. Cassian echó una mirada fugaz y chasqueó la lengua.

¿Se lo creyó?

Bliss, que estaba nervioso por dentro, dejó escapar un pequeño suspiro de alivio al ver que él seguía caminando.

Parece que no escuchó bien, qué alivio.

Mientras Bliss respiraba hondo jurándose a sí mismo tener más cuidado, Cassian le lanzó una breve mirada y pensó.

¿Por qué se esfuerza tanto si ni siquiera tiene la inteligencia para engañar a alguien?

No entendía por qué Bliss había aparecido de repente ante él después de diez años, rondando con trucos tan evidentes. Al ver que incluso había involucrado a Penélope, debía haber usado alguna palabrería increíble. No comprendía qué motivó a la mayordomo, una mujer mayor y experimentada, a dejarse embaucar.

Este capibara no debería ser tan inteligente como para lograr eso.

No importa.

Cassian observó al anfitrión de la fiesta que se acercaba alegremente y pensó.

De todos modos, todo terminará hoy.

“¡Oh, Conde Heringer! Gracias por venir, lo he estado esperando”.

El Barón Tammon, saludando exageradamente mientras estrechaba su mano, dirigió su mirada hacia Bliss. Al ver a Bliss tenso bajo la mirada curiosa del barón que parecía esperar una presentación, Cassian habló.

“Gracias por la invitación, Barón Tammon. Él es un pariente lejano de un conocido mío”.

“¿Eh?”.

Bliss miró a Cassian sorprendido.

¿Eso es todo? ¿Pariente lejano de un conocido? ¿No la persona que ama?

Había un terremoto en la cabeza de Bliss, pero Cassian seguía tan tranquilo como siempre. Continuó hablando con el barón con naturalidad.

“Vino conmigo para ganar algo de experiencia, ya que era una buena oportunidad. Se lo encargo”.

Entonces, Cassian miró a Bliss.

¿Acaso...?

Mientras Bliss esperaba con el corazón acelerado, Cassian abrió la boca con una leve sonrisa.

“Es Bliblair”.

¿Este tipo...?

En un instante, el rostro de Bliss se puso rojo de rabia. El Barón Tammon ladeó la cabeza y luego se rio.

“¿Bliblair? Es un nombre peculiar”.

Bliss quería darle un puñetazo a Cassian, pero el barón los estaba observando. Al ver al barón esperando con la mano extendida para un saludo, Bliss tuvo que contener su furia con todas sus fuerzas.

“M-Mucho gusto. Gracias por invitarme a la fiesta”.

Forzó una sonrisa y retiró la mano del brazo de Cassian para estrechar la del barón, sentía que sus mejillas iban a tener un calambre. Cuando pronunció el saludo que Penélope le había enseñado, el barón asintió y señaló hacia el interior.

“Por favor, disfruten de la fiesta”.

Mientras seguía la espalda de Cassian hacia adentro, Bliss lo fulminó con la mirada.

¿Por qué ese tipo dijo que solo somos conocidos? ¿No me trajo aquí para hacer una declaración pública?

Pensaba rechazarlo en el acto para humillarlo...

Al llegar a ese pensamiento, Bliss tuvo una revelación.

Ah, se dio por vencido de antemano porque pensó que yo no lo aceptaría.

Qué tipo tan derrotista. Rendirse antes de intentarlo.

Entonces no queda de otra. Tendré que ser más comprensivo y esperar. Dicen que el amor y los estornudos no se pueden ocultar. Al final, es solo cuestión de tiempo para que se rinda...

Decidido, Bliss levantó la cabeza, pero su mente se quedó en blanco de inmediato. El salón gigante, donde la gente se reunía en grupos, brillaba tanto que le hacía olvidar que ya era de noche. Varios candelabros enormes colgaban a intervalos regulares, y las luces en las paredes eran tan brillantes que incluso las sombras parecían desvanecerse. Comida y bebida abundante, gente vestida con elegancia conversando y una orquesta tocando música. Bliss exclamó involuntariamente ante la atmósfera pacífica y lujosa, como si no se darían cuenta aunque estallara una guerra fuera del castillo.

¡Es igual a lo que vi en los dramas!

No podía creer que este sueño de estar dentro de un drama clásico de nobles se hiciera realidad. El impacto y la confusión que sintió por culpa de Cassian desaparecieron en un segundo, y su corazón se llenó de emoción.

¡Qué increíble! ¡Es genial!

Soltando exclamaciones y juntando las manos mientras observaba a la gente frenéticamente, Bliss giró la cabeza lentamente y miró a Cassian. Sus ojos se encontraron de repente. Cuando Cassian, que lo había estado observando hasta entonces, se sobresaltó, Bliss lo miró con ojos más brillantes que nunca por la emoción y dijo.

“Gracias por traerme, Conde”.

Cassian no dijo nada por un momento. Ambos se miraron en silencio. Fue un tiempo corto, apenas unos segundos, pero para Bliss se sintió muy largo. Por eso, cuando Cassian apartó la vista y miró hacia otro lado, él sintió un extraño vacío.

“No es la gran cosa”.

Murmuró Cassian con una voz más baja de lo normal y de repente levantó una mano. Un camarero que pasaba cambió de dirección inmediatamente y se acercó. Cuando bajó la bandeja a una altura cómoda, Cassian tomó una copa y se la ofreció a Bliss.

“Bebe”.

Justo cuando iba a tomarla, recordó las palabras de Penélope:

‘¡No debes beber alcohol bajo ninguna circunstancia!’.

La bebida que sostenía Cassian tenía un color rojo transparente muy bonito. Parecía un jugo normal con trozos de fruta, pero la bebida que lo emborrachó la última vez también tenía mucha fruta...

Ante la vacilación de Bliss, Cassian dijo.

“Está bien, esta no tiene alcohol”.

Parecía que podía leer los pensamientos de Bliss. Mientras Bliss abría los ojos sorprendido, Cassian tomó su mano para que sostuviera la copa y continuó señalando en otras direcciones.

“Ese pastel tiene alcohol, así que no lo comas. Esas galletas de allá tienen whisky. Eso, aquello y también eso de por allá...”.

Cassian, que estaba hablando, cambió de estrategia tras ver la expresión de Bliss.

“Simplemente quédate a mi lado y si quieres comer algo, dímelo, yo te indicaré si puedes”.

“Sí”.

Bliss asintió y sonrió ampliamente. Cassian tomó un cupcake de la bandeja de otro empleado y se lo ofreció. Sintiéndose travieso, en lugar de tomarlo con la mano, Bliss abrió la boca y le dio un mordisco. Al ver eso, Cassian frunció el ceño, pero Bliss simplemente siguió masticando alegremente.

“De verdad, tú...”.

Cassian chasqueó la lengua brevemente y, con su pulgar, limpió las migas de pan de la comisura de los labios de Bliss. Cuando Bliss lo miró con cuidado, vio que los ojos alargados de Cassian se suavizaban. Al ver su mirada dirigida hacia él con una leve sonrisa, Bliss sintió algo extraño. Sintió un latido peculiar en lo profundo de su pecho. Las yemas de sus dedos temblaban y sus mejillas hormigueaban.

De repente, recordó un recuerdo de su infancia. Cassian siempre aceptaba sus caprichos. Sin enfadarse nunca, siempre sonriendo...

‘Bliss’.

“Cassian”.

Bliss volvió en sí ante la voz repentina. Siguiendo la mirada de Cassian, que se había girado primero, su mente se quedó fría en un instante. Una mujer alta y hermosa caminaba hacia ellos abriéndose paso entre la gente. Esa persona es...

“Aina”.

Cassian pronunció su nombre y se dio la vuelta. Bliss observó con incredulidad la espalda del hombre que se había alejado completamente de él.