Episodio 68

 


Episodio 68

17.

“Hmph, hombre malo”.

Bliss, con el rostro visiblemente hinchado, frotaba con todas sus fuerzas la bañera. Era una tarea que jamás había hecho en su vida, pero no tenía opción. Eran órdenes de Cassian.

Deja el baño tan reluciente que parezca un espejo.

Esa fue la orden que Cassian le dio de repente por teléfono apenas pasó la hora del almuerzo. La única razón era que quería bañarse en un baño limpio cuando regresara...

El problema era que le ordenó a Bliss hacerlo ‘solo’. Al transmitirle el mensaje, Penélope le dijo: "¡No se preocupe, yo lo ayudaré!", pero Bliss se negó cortésmente.

‘¡No, Penélope! Este es mi trabajo. ¡Puedo hacerlo solo!’.

Había dicho con confianza, pero…

“Humano malvado, tipo con antenas de caracol”.

Mientras frotaba el baño con toda su energía, no dejaba de insultar a Cassian. No sabía que limpiar un baño fuera tan agotador. Le dolía la espalda y los brazos. Todo su cuerpo estaba tan rígido que, aunque no llevaba mucho tiempo, sentía ganas de llorar.

“Si le gusto, debería tratarme mejor. ¿Qué es esto? Hombre malo”.

Se arrepentirá de haberme hecho esto, juró Bliss mientras movía el estropajo con resentimiento.

Cuanto más malo seas, más se te devolverá. Esa es la ley de las historias de venganza.

Algún día, con este mismo estropajo, le frotaría esa cara de galán…

“Bliss, Bliss”.

Mientras frotaba con furia imaginando que la bañera era el rostro de Cassian, Penélope lo llamó de repente. Al darse la vuelta, vio que ella sostenía una bandeja con una bebida refrescante con hielos y un pudín.

“Come un poco mientras trabajas, descansemos un momento”.

“¡Waa! ¡Gracias, Penélope!”.

¡Definitivamente es mi ángel...!

Los ojos de Bliss brillaron y soltó el estropajo de inmediato. Al salir del baño, Penélope le hizo señas desde la mesa de té en el balcón, donde ya había servido la merienda con mucho estilo. Bliss caminó con ligereza, se sentó y, tras dar un sorbo a la bebida, abrió los ojos de par en par.

“¡Vaya! ¡Está delicioso!”.

“¿Verdad? Prueba esto también”.

Siguiendo la sugerencia de Penélope, quien deslizó el pudín hacia él, Bliss tomó una cucharada con expectación y sus ojos volvieron a brillar.

“¡Mmm, esto también está riquísimo!”.

“¿Verdad que sí?”.

Como si ya lo supiera, Penélope continuó con una sonrisa.

“Ya ves, todos critican la comida británica, pero si buscas bien, hay muchas cosas que valen la pena. No parece tan malo vivir aquí, ¿verdad?”.

“Eh, no”.

En ese instante, Bliss se puso serio y negó sus palabras.

“No es para tanto, lo siento”.

Ante el rechazo tan tajante, Penélope chasqueó la lengua internamente.

No es tan fácil como pensé.

Creía que caería si lo tentaba con comida deliciosa, pero parece que esto fue insuficiente. Decidió que la próxima vez presionaría al chef para que hiciera algo aún mejor y cambió de tema rápidamente.

“¿Cómo va el trabajo? Es agotador, ¿verdad? Seguro nunca habías hecho algo así”.

Con un tono de preocupación, Penélope palmeó la mano de Bliss sobre la mesa para consolarlo.

“Es porque el conde es muy testarudo. Sería mejor si viviera de forma más relajada, pero siempre es así. El amor no es fácil”.

Bliss asintió con vehemencia. Penélope tenía razón. Todo era culpa de ese tipo.

Hmph, y eso que está enamorado de mí. Por mucho que intente negar mi encanto, no le será fácil.

Mientras Bliss pensaba eso, Penélope continuó dándole ánimos.

“No te preocupes, Bliss. Piensa en el final de todos los dramas que hemos visto, todos logran su amor y son felices, ¿verdad? ¡Nosotros también podemos!”.

“¡Ánimo!”.

Exclamó Penélope con fuerza, a lo que Bliss respondió gritando.

“¡Sí!”.

Después de beberse el resto de su vaso de un trago, Penélope preguntó.

“¿Qué tal? ¿Quieres más?”.

“¡Sí, por favor!”.

Bliss se había enamorado por completo de esa bebida que probaba por primera vez. Cuando volvió a vaciar el vaso de golpe, Penélope dijo riendo.

“Es bueno beber algo fresco mientras se trabaja. Traeré una jarra entera, bébelo con calma”.

“¡Gracias, Penélope!”.

Poco después, tal como dijo, Penélope trajo una jarra de cristal grande llena de la bebida. Bliss, entusiasmado, bebió un vaso tras otro cada vez que tenía un tiempo. Y para cuando empezó a atardecer, estaba completamente ebrio.

***

“Bienvenido, señor Conde”.

Cassian miró de reojo a la mayordoma que lo recibía como siempre y rápidamente recorrió el lugar con la mirada. Como esperaba, el ‘cacahuate’ (Bliss) no estaba a la vista.

¿Me estará esperando otra vez en la habitación?

Al recordar la escalofriante escena del día anterior, un escalofrío le recorrió el cuerpo.

Está bien, está bien, se tranquilizó a sí mismo.

Ya lo experimenté una vez, así que debo ser inmune. Aunque ese maldito color rosa sigue siendo repugnante.

A pesar de todo, no le había dicho a Penélope que devolviera la habitación a su estado original porque no podía ni imaginar qué locura harían esos dos ‘capibaras’ si lo hacía. Decidió que lo mejor era no tocar nada. En cuanto descubriera por qué su insomnio desaparecía cuando ese tipo estaba cerca, lo echaría de inmediato...

“Señor Conde, ¿puedo retirarme ya a descansar? Hoy estoy un poco cansada”.

Las palabras de Penélope desde atrás lo sacaron de sus pensamientos. Se detuvo en las escaleras y miró hacia abajo, ella estaba en el vestíbulo mirándolo.

Ni siquiera tenía intención de seguirme.

Aunque era difícil saber qué estaba tramando exactamente, una cosa era segura, cuando llegara a su habitación, el capibara restante lo estaría esperando. Cassian soltó un suspiro involuntario y asintió brevemente.

“Hazlo”.

“Gracias, señor Conde. ¡Que descanse bien!”.

Con una voz llena de entusiasmo, Penélope se dio la vuelta y desapareció en un instante con pasos ligeros, casi volando. Cassian, aún detenido en la escalera, chasqueó la lengua con incredulidad.

“Tsk”.

Sacudió la cabeza y volvió a caminar, retomando sus pensamientos previos.

Seguro lleva puesto ese maldito pijama de ayer otra vez. Sigo sin entender por qué yo tengo el rosa y él el azul cielo, pero da igual. En cuanto desaparezca, quemaré ambos. Y eliminaré esa habitación llena de rosa. Destruiré las paredes. Qué alivio será.

Imaginar que esa habitación horrible desaparecía del mundo lo hizo sentir un poco mejor. Recuperó el valor para entrar. Tras dudar un momento con la mano en el pomo, tomó aire y abrió la puerta.

...Y entonces.

Al enfrentarse a una situación que superaba nuevamente su imaginación, Cassian sintió una oleada de desolación y se hizo una pregunta vacía.

¿Por qué siempre hacen este tipo de estupideces?

Frente a sus ojos estaba Bliss, vestido únicamente con una camisa de Cassian, dando vueltas por la habitación mientras tarareaba una canción borracho.

***

“Lalala, lalala...”.

Penélope caminaba por el pasillo de puntillas, con el paso más ligero que nunca, tarareando sin parar.

A estas horas, el Conde debe estar a solas con Bliss en la habitación, ¿verdad? La segunda noche de recién casados.

Mientras revisaba la habitación por última vez antes de que llegara Cassian, Penélope había trazado un nuevo plan.

Hoy, definitivamente, el Conde no podrá resistirse.

Era el llamado estilo ‘Camisa del Novio.’

“Esto es una victoria asegurada, sin duda”.

Murmuró para sí misma asintiendo con la cabeza y mirando hacia arriba.

“Tengan una dulce noche, señor Conde, Bliss”.

***

“¡Este maldito capibara...!”.

Cassian apretó y soltó los puños varias veces, apretando los dientes. ¿Qué clase de espectáculo era este? ¿Por qué ese ‘cacahuate’ llevaba puesta su camisa y a dónde había ido a parar el pantalón?

Y eso no era todo. ¿Qué se suponía que estaba haciendo dando vueltas por el cuarto con la cara roja como un tomate y cantando sin sentido?

“Haaa...”.

Sintiendo que la migraña que creía curada regresaba, Cassian se cubrió la cara con una mano.

No pienses, no pienses. Intentar entenderlo es una pérdida de tiempo. Ignorarlo es lo mejor.

Con esa determinación, intentó entrar al baño fingiendo no ver a Bliss. Pero en ese momento, su pequeño movimiento captó la atención del otro.

“Oh, ohhh...”.

No puede ser, este presentimiento...

Cuando volvió a sentir un escalofrío en la espalda, Bliss gritó.

“¡Cassiaaaaan!”.

¡Argh!

Los recuerdos que apenas había logrado enterrar regresaron de golpe. Mientras Cassian se quedaba petrificado, Bliss corrió hacia él a toda velocidad.

“Cassiaaan, te encontréeee".

Y entonces, Bliss rodeó a Cassian con sus brazos, dándole un fuerte abrazo.