Episodio 61
Episodio 61
13.
Cassian estaba de pie junto a la
bañera con los brazos cruzados, esperando a Bliss. Gulp. Bliss tragó saliva con
dificultad una vez más.
¿Será que se trata de ‘eso’?
Recordaba haber visto situaciones
similares en dramas. Y muchas veces, de hecho. El patrón siempre era el mismo,
el señor que humilla al empleado ordenándole entrar justo cuando se está
bañando.
‘¡Ven aquí, te compré!’.
‘¡No puede hacer esto! ¡Usted es un estafador,
una basura!’.
Varios escenarios cruzaron su mente,
poniéndole la piel de gallina. Se armó de valor y entró, pero al ver a Cassian
allí de pie observándolo, el corazón se le dio un vuelco.
¡Definitivamente es eso!
Bliss puso a trabajar sus escasas
neuronas.
¿Realmente necesito llegar tan lejos?
Pensándolo bien, no tengo por qué esforzarme tanto en hacer que este tipo se
enamore de mí. Podría simplemente darle un buen golpe y salir huyendo.
Pero, lamentablemente, ‘eso’ no
estaba aquí. Tras recorrer rápidamente el baño con la mirada, Bliss aceptó la
desesperanzadora realidad.
Si es así...
Bliss cambió de opinión. No se había
mentalizado para tanto, pero si la situación llegaba a ese punto, quizás debía
aceptarlo. O tal vez, ese tipo solo estaba intentando asustarlo.
Entonces, le demostraré que no tengo
miedo.
Con ese pensamiento, Bliss se llenó
de determinación y miró a Cassian a los ojos.
¡Bien, haz lo que quieras!
Acto seguido, Bliss se agarró el
cuello de la camisa.
¿Qué demonios está haciendo este
tipo?
Cassian frunció el ceño mientras
observaba a Bliss, que se había detenido en una postura torpe. Al verlo mover
los ojos de un lado a otro con cara de pánico, un viejo recuerdo acudió a su
mente. Como era alguien que rompía a llorar a la mínima, si lo trataba con un
poco de dureza, seguramente se rendiría y lloraría de inmediato. El problema
era de ese chico, que no escuchó la advertencia de marcharse. Siendo así, no le
quedaba otra opción que...
“¿Qué estás haciendo?”.
Exclamó Cassian sin querer.
De repente, Bliss había empezado a
desabrocharse los botones de la camisa. Sin darse cuenta, Cassian se abalanzó
sobre él, sujetando la prenda con urgencia para cerrarla mientras gritaba.
“¡¿Qué pasa?! ¡¿Por qué te estás
desvistiendo, por el amor de Dios?!”.
“¿Eh?”.
Bliss, que ya había desabrochado tres
botones, respondió parpadeando con inocencia.
“¿No me llamó para esto?”.
“¡No!”.
Cassian miró al techo y soltó un
profundo suspiro de incredulidad. Entre aquel lamento, que parecía expulsar
toda la frustración contenida, finalmente habló.
“¿Por qué demonios pensaste que yo te
haría algo así?”.
Cassian miraba a Bliss como si fuera
un enigma total, aunque su rostro seguía algo pálido. Parecía que aún no se
recuperaba del impacto de lo que casi presencia. Bliss, sintiéndose
extrañamente avergonzado por esa reacción, se rascó la mejilla y respondió.
“Es que... normalmente, la razón por
la que un señor llama a su sirviente cuando se baña es para eso. Ya sabe,
manoseos, un golpe y luego el desmayo...”.
“... Ha”.
Otro suspiro de impotencia escapó de
los labios de Cassian.
“Así que pensaste que yo te haría
‘algo’. ¿Y se puede saber por qué te haría yo algo así?”.
Bliss respondió con total seguridad.
“¡Porque es la ley de los dramas!”.
Esta vez, Cassian ni siquiera pudo
suspirar. Así que este mocoso insolente se había imaginado, basándose en
escenas de dramas baratos, que él iba a hacerle ‘esto y aquello’.
“Este... maldito...”.
Estuvo a punto de soltar un insulto,
pero se mordió el labio para contenerse. No podía perder más la dignidad. Ya se
había dejado arrastrar bastante por el ritmo de este chico.
Reacciona, mantén la calma. El que
tienes enfrente es un niño. Solo un niño. Solo que está un poco loco.
“Escucha”.
Dijo Cassian, logrando recuperar la
compostura y hablando con su tono grave habitual.
“Eso solo pasa en los dramas. En la
realidad, si haces algo así, te demandan por acoso sexual. No sé en qué época
se ambientaba el drama que viste, pero estamos en el siglo XXI. Si se llegara a
saber que acosé a un empleado, la vergüenza sería monumental. ¿Por qué haría
algo así?”.
Ante esas palabras, Bliss abrió mucho
los ojos, casi con decepción.
“¿En serio?”.
“Sí”.
Respo ndió él con paciencia, mientras
comenzaba a abrocharle los botones de Bliss uno a uno, desde abajo.
“No tengo ese tipo de interés en mis
empleados. Así que deja de tener esas fantasías absurdas”.
Al llegar al último botón, el de más
arriba, Cassian inclinó la cabeza para mirar a Bliss a los ojos y murmuró en
voz baja.
“Y mucho menos con alguien como tú,
un mocoso que todavía huele a leche”.
Tras añadir esa advertencia, retiró
la mano. Cassian se enderezó y soltó una risita burlona.
“¿En qué clase de tonterías piensas?
¿Acaso no conoces tu lugar? ¿Quién querría hacer algo así con un niño que
todavía apesta a bebé?”.
¡¿Que apesto a bebé?!
Bliss sintió una oleada de ira.
¡Ya casi soy un adulto! ¿Cómo se
atreve este tipo a decir semejante estupidez?
“Nunca se sabe. ¿Quién le dice que no
hay alguien por ahí a quien yo le guste?”.
Cassian recorrió a Bliss con la
mirada de arriba abajo y soltó una carcajada llena de desprecio.
NO
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“Bueno, no me importa con quién te
acuestes, pero te aseguro que no será conmigo. No tengo el pasatiempo de
acostarme con niños que no tienen ni pecho”.
“¡Soy hombre, es obvio que no
tengo!”.
Replicó Bliss, pero Cassian solo
siguió burlándose.
Ah, de verdad quiero pegarle.
¿Debería darle un puñetazo ahora mismo?
Justo cuando Bliss apretaba el puño
con fuerza, Cassian borró su sonrisa cínica y, con rostro inexpresivo, señaló
la bañera.
“Llénala”.
“¿Qué?”.
Mientras Bliss parpadeaba con el puño
aún tenso, Cassian frunció el ceño y espetó.
“Que llenes la bañera para que pueda
lavarme”.
Y añadió con su habitual sarcasmo.
“Supongo que al menos sabrás cómo
abrir el grifo, ¿no? Es algo básico”.
Este tipo es increíble.
Bliss lo fulminó con la mirada.
“¡Por supuesto! ¡Cualquiera puede
hacer una tontería como esta!”.
Abrió el grifo con gesto exagerado
para demostrar su competencia, pero Cassian solo miraba con indiferencia, como
si no fuera la gran cosa. Y tenía razón, cualquiera puede abrir un grifo y
ajustar la temperatura del agua. El problema era que Cassian Strickland trataba
a Bliss como a un niño mocoso que no sabía hacer nada bien.
Definitivamente, tengo que ver a este
tipo suplicándome de rodillas.
Bliss agitó el agua con el brazo para
mezclar el agua fría con la caliente mientras pensaba.
Para ver a este tipo suplicar, voy a
tener que golpearlo, ¿verdad?
Justo cuando decidió que mañana mismo
buscaría alguna herramienta para el ataque, sintió un aliento en su nuca.
“¿Qué...?”.
Confundido, giró la cabeza y se
encontró de inmediato con los ojos gris plateado del hombre. En ese momento,
Bliss se dio cuenta de que Cassian había acercado la nariz a su cuello y había
inhalado profundamente.
“¿Qué... qué está haciendo?”.
Gritó Bliss, cubriéndose el cuello
con la mano por el susto.
Cassian frunció el ceño y dijo.
“No exageres, solo estaba oliendo un
poco”.
“¿Y para qué?”.
Preguntó Bliss con voz malhumorada.
“¿Para qué quiere oler a un ‘niño’
como yo?”.
Cassian no respondió de inmediato.
Por alguna razón, se quedó mirando a Bliss en silencio y, de repente, soltó una
risita. Ante la confusión de Bliss, Cassian añadió con una sonrisa extraña en
los labios.
“Solo quería confirmarlo”.
“¿Confirmar qué?”.
¿Crees que puedes salirte con la tuya
sonriendo de forma tan turbia?
Cuando Bliss estaba a punto de
reclamar de nuevo, él se encogió de hombros y dijo lentamente.
“Efectivamente, parece que aún no has
dejado la leche de fórmula”.
Al principio, Bliss no captó el
sentido de inmediato. Se quedó parpadeando como un tonto hasta que, segundos
después, entendió el insulto y la ira le subió hasta la coronilla.
¡Este tipo... sigue tratándome como a
un bebé!
Sin embargo, este hombre arrogante no
se había dado cuenta de algo, la mano de Bliss seguía dentro de la bañera.
Debería empaparlo de golpe...
Pensó en recoger agua con las manos y
arrojársela con fuerza. Quería lanzársela directamente a ese rostro tan
perfecto... pero Bliss no lo hizo. Un adulto debe saber contenerse. Si se ponía
a gritar y a patalear ahora, solo confirmaría que era un niño, y no solo lo
echarían a él, sino que también causaría problemas a Penélope.
Sí, pensar en esas consecuencias es
lo que hace a uno un adulto.
