Episodio 51-60

 


Episodio 51

 

“¡Cielos, cielos! ¡No puedo creerlo!”.

“¡Penélope, es increíble! ¿Cómo es posible? ¡¿Dónde estuviste todo este tiempo?!”.

Qué sintonía tan perfecta. Pensar que mi otra mitad estaba justo aquí. Ante la pregunta de Bliss, Penélope, como era de esperar, respondió con una línea de la obra.

“He estado aquí, esperándote solo a ti. Has llegado muy tarde”.

Por supuesto, se trataba de un romance pasional, el género favorito de Bliss. Una vez más, ambos se abrazaron con fuerza. Tras separarse con una sensación de calidez, Penélope miró a Bliss con orgullo y soltó un suspiro de satisfacción.

“Aquel niño pequeño ha crecido de forma tan maravillosa. Estoy realmente conmovida”.

Acto seguido, con los ojos enrojecidos, añadió.

“Además, jamás imaginé que el joven amo y tú se volverían a encontrar para formar una pareja... Ya no tengo más deseos en esta vida…”.

¡Ah!

Tarde, Bliss recordó la razón por la que había venido. Su objetivo era conseguir empleo como sirviente para descubrir los puntos débiles de Cassian.

¿Qué demonios es esta situación?

De repente, la emoción se enfrió por completo y, en su lugar, brotó un sudor frío. ¿Qué debía hacer en este caso? ¿Qué era lo mejor?

“¿Bliss? ¿Qué sucede?”.

Ante su reacción de desconcierto, Penélope preguntó extrañada. Sin embargo, al ver su reacción tan pura, Bliss fue incapaz de decirle la verdad.

Penélope cree que he venido hasta aquí porque me gusta ese infeliz, pero si se entera de la verdad…

No podía predecir cómo reaccionaría ella.

‘¡Es imposible que el Conde Heringer haya hecho algo tan vergonzoso! ¡Lárgate ahora mismo!’

O bien.

‘¿Te atreves a exigir una disculpa al Conde Heringer? ¡Ni lo sueñes, insolente Yankee, vete de aquí!’.

...Era lo mismo.

Cualquiera que fuera el resultado, no variaría. Si se enteraba de por qué había venido, Penélope se sentiría decepcionada y, sin duda, lo echaría con frialdad. Al fin y al cabo, el trabajo es trabajo y la vida privada es vida privada.

Incluso si acababa de encontrar a un camarada que no volvería a ver en la vida.

Finalmente, Bliss decidió ocultar la verdad. En su lugar, necesitaba una excusa plausible para quedarse. Con dificultad, comenzó a hablarle a su veterana amiga, que seguía mirándolo con rostro inquisitivo.

“Eh, esto, Penélope. La verdad es que la razón por la que vine, bueno...”.

Las palabras no salían de su boca. No hacía ni una hora que se conocían, pero sentía un vínculo más fuerte con ella que con cualquier otra persona que hubiera conocido en su vida. Sabía que ella servía con todo su corazón al hombre en cuestión, pero él también tenía sus razones.

No puedo perdonar a quien insultó a mi familia.

Tras reafirmar su determinación, Bliss evitó la mirada de Penélope, giró la cabeza y finalmente logró abrir la boca.

“Es cierto que... es porque me gusta el Conde”.

“¡Lo sabía!”.

“Pero”.

Antes de que Penélope, que había soltado un grito de alegría, pudiera decir algo más, Bliss añadió rápidamente.

“No puedo declararme”.

Ante esas palabras inesperadas, Penélope parpadeó confundida. Seguramente, en su mente ya se había desplegado un panorama completo, desde una grandiosa boda entre Bliss y Cassian, hasta criar a tres hijos y terminar enterrados juntos en el mismo cementerio. Bliss respiró hondo para continuar con la mentira y finalmente habló.

“Yo... tengo a alguien con quien casarme”.

“¿¡Quééé!?”.

Penélope gritó con los ojos como platos. Fue como si un solemne efecto de sonido de suspenso resonara a su alrededor. Bliss, sin atreverse a mirarla, continuó.

“Hay alguien que mi familia ha decidido. Así que debo casarme con esa persona. Pero…”.

Soltó las palabras de golpe, pero no pudo continuar con lo siguiente. Ante el silencio de Bliss, invadido por la culpa, Penélope exclamó con voz agitada.

“¡Cielos, has venido a ver a tu amado por última vez antes de la boda!”.

Una vez más, Penélope llegó a una conclusión errónea. Bliss no se atrevía a decir ‘así es’. Debido a su conciencia, que no dejaba de pincharlo, evitó su mirada y murmuró por lo bajo.

“M-ajá”.

No he mentido, pensó Bliss.

No dije ‘así es’, dije ‘m-ajá’.

Mientras intentaba ignorar y justificar la culpa que asomaba en su interior, Penélope soltó un suspiro con el rostro lleno de compasión.

“Vaya... Por eso has venido desde tan lejos. Pobre niño”.

Penélope abrazó cariñosamente a Bliss y le dio palmaditas en la espalda. Bliss, encorvado torpemente, le devolvió el abrazo. Mientras se disculpaba internamente

Perdón por mentirte.

Penélope prosiguió.

“Pero, aun así, ¿no deberías intentarlo al menos una vez? ¿Has intentado convencer a tus padres?”.

Ante la pregunta amable, Bliss tartamudeó y respondió entre dientes.

“E-es una promesa entre familias, no puedo romperla”.

Mientras hablaba, su corazón latía con fuerza. ¿Le habría temblado la voz? ¿Se habría dado cuenta Penélope? ¿Cómo es que Larien, Stacey o Grayson mentían con tanta desfachatez?

¡Yo también soy un Miller, ¿por qué soy tan malo en esto?!

“¿Bliss? ¡Bliss!”.

Ah

Había vuelto a golpearse la cabeza repetidamente. Despertó de sus pensamientos ante la voz que lo llamaba con preocupación. Como era de esperar, Penélope lo miraba asustada. Él se frotó rápidamente la zona dolorida y mostró una sonrisa forzada.

“Es... es solo que me siento patético. Jaja”.

Entonces, Penélope le dedicó una sonrisa de lástima comprensiva y acarició suavemente el cabello de Bliss.

“Vaya. Pero no debes culparte”.

Una vez más, el corazón de Bliss sintió un vuelco.

“Penélope…”.

Había encontrado a la compañera de alma que Grayson tanto había buscado. ¿Qué tan estupefacto se quedaría Grayson si lo supiera? Quizá se enfadaría. Grayson había estado obsesionado con encontrar a su otra mitad desde que era pequeño.

¿Está bien engañar a una persona así?

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De repente, la culpa volvió a aparecer en su mente. Este método no era bueno. Cassian Strickland era un tipo despreciable, pero Penélope no. Sería mejor usar un método más justo...

“Lo entiendo, Bliss”.

¿Eh?

Al oír su voz, Bliss volvió en sí y levantó la vista. Penélope lo miraba con ojos brillantes y dijo.

“Hacer lo mejor posible en una situación inevitable es algo muy noble. ¡Y más si es por amor! No tengo más remedio que apoyarte”.

“Penélope…”.

Justo cuando su nariz empezaba a picar por la emoción y la culpa, Penélope agarró las manos de Bliss y soltó unas palabras sorprendentes.

“Déjamelo a mí. Haré todo lo posible para ayudarte. ¡El Duque y el Pirata, no, el Duque y el Sirviente!”.

¿Qué?

Bliss se quedó atónito ante aquellas palabras inesperadas. Sin embargo, sin importarle su reacción, Penélope agarró sus manos de nuevo y las agitó de arriba abajo con fuerza mientras decía.

“No te preocupes, haré que el Conde no sospeche nada. Solo quieres verlo, aunque sea de lejos, ¿verdad? Lo entiendo. Un amor que debe ocultarse... es realmente conmovedor. Está bien, ¡hagámoslo!”.

Pero, ¿qué es exactamente lo que vamos a hacer...?

Bliss quiso preguntar, pero no pudo decir nada y se limitó a observarla. Mientras tanto, Penélope gritaba con los ojos centelleantes: ‘¡Mantengamos la lealtad de la sociedad secreta!’.

***

“Tus documentos han pasado, así que no te preocupes y ven mañana. Prepararé un encuentro muy natural con el Conde”.

Penélope, que incluso llamó a un taxi para él, se quedó en la entrada de la mansión tomándolo de la mano y repitiendo palabras de aliento mientras esperaban el vehículo. Al final, sin haber confesado la verdad ni haber apoyado activamente el plan, Bliss subió al taxi que había llegado.

“Ven mañana a las 10. Estoy deseando que llegue el momento”.

“Sí, s-sí... jaja. Entonces, hasta mañana...”.

Mientras el taxi se alejaba dejando atrás a una Penélope que agitaba el brazo con entusiasmo, Bliss pudo finalmente relajar los hombros tensos y soltar un profundo suspiro solo cuando ella desapareció por completo de su vista.

¿Qué voy a hacer? Ya lo he hecho.

“Haaaaa”.

 

Episodio 52

7.

Ni siquiera recordaba bien cómo había llegado a casa. Cuando bajó del taxi, Bliss estaba completamente agotado.

“¿Ha tenido un buen viaje?”.

Ante la pregunta del jefe de seguridad, se dio cuenta de que había regresado a la mansión que Ashley había comprado en Londres.

“Ah, sí. S-sí”.

Ah, qué serie de mentiras.

Mientras respondía con evasivas, Bliss no pudo evitar el pinchazo en su corazón. Sintiendo el latido acelerado bajo su palma, entró apresuradamente, pero sintió que el hombre lo seguía.

“¿Sí? ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué sucede?”.

Al girarse asustado y preguntar atropelladamente, el jefe de seguridad se detuvo, evitó su mirada y soltó un carraspeo.

“E-esto... ¿Podría decirle a Larien? Que he hecho todo lo posible por usted…”.

Ah, es cierto.

Fue entonces cuando Bliss recordó por qué le había resultado tan fácil escabullirse. Sin la ayuda del jefe de seguridad, habría sido imposible.

Ashley Miller es extremadamente protector con la seguridad de sus hijos, hasta el punto de haber implantado dispositivos de rastreo en sus seis hijos. No permitiría que su hijo menor, a quien más adoraba, anduviera solo por Londres, donde la seguridad era deficiente. Sobre todo porque su hijo menor, que se parecía tanto a su amada pareja, no era precisamente muy listo, por lo que perderlo de vista era impensable.

Por ello, cuando Bliss vino a Inglaterra, le asignaron un grupo de guardaespaldas. Teniendo en cuenta que, además del rastreador, todos sus hijos (excepto Grayson) siempre iban acompañados de un equipo de seguridad, no era nada extraño.

Excepto que eso interfería con los meticulosos planes de Bliss.

Sin embargo, Larien también había solucionado eso. Bliss miró al jefe de seguridad, un hombre grande como un oso que incluso tenía las mejillas sonrojadas, y pensó.

Pensar que Larien sedujo incluso a este señor.

Sintiendo algo entre la admiración y el miedo, Bliss forzó una sonrisa.

“Está bien. No se preocupe, Larien también estará muy agradecida”.

“Entonces, dígale que me llame…”.

“Le diré que lo contacte”.

Interrumpiéndolo antes de que terminara, Bliss asintió y subió las escaleras corriendo. En realidad, esto no era nuevo. Larien solía seducir a cualquier persona que le gustara, ya tenía tres esposas. Por supuesto, la bigamia no estaba permitida. Sin embargo, Larien decía que, según las leyes del ‘País de Larien’, uno podía tener tantas esposas como quisiera siempre que hubiera amor. Bliss no sabía qué clase de tontería era esa, pero...

Más que eso.

“Haaaaa”.

Bliss finalmente se desplomó en la cama, soltó un largo suspiro y, tumbado boca arriba mirando al techo, repasó los eventos del día. Al organizarlos uno por uno, todo resultaba asombroso. Desde conocer a Penélope, su alma gemela, hasta su perfecta armonía y su promesa de convertirse en su aliada.

“Me pesa haber engañado a Penélope, pero...”.

Bliss murmuró en voz baja. Pero ya había llegado hasta aquí. No podía rendirse ahora.

Todo terminará en cuanto consiga una disculpa de ese infeliz.

A Penélope le diría: ‘Fue un amor imposible, por eso debo marcharme’. Siendo ella alguien con sus mismos códigos, seguramente lo aceptaría. Ya había preparado el terreno.

Ya que las cosas estaban así, lo mejor era actuar rápido. Bliss apretó el puño y, aún tumbado, declaró con determinación.

“¡Convertiré a ese tipo en el esclavo de mi amor lo más pronto posible!”.

Ring, ring, ring...

Justo cuando su determinación ardía al máximo, el teléfono empezó a sonar. Bliss buscó en su bolsillo, sacó el celular y, al ver quién llamaba, se sentó de un salto y respondió.

“¡Soy yo, Larien!”.

—Sí, Bliss. Supongo que eres tú.

Larien respondió con un tono risueño y enseguida lanzó la pregunta.

—¿Cómo fue la entrevista? ¿Ya terminó?

“Ah, sí. Acabo de volver”.

Ante su respuesta sincera, Larien volvió a preguntar.

—No me digas que has fallado.

“¡Claro que no, ha sido un éxito!”.

Mientras Bliss gritaba con orgullo, la voz de Larien continuó.

—¿Ah, sí? ¿Increíble?

Iba a enfadarse preguntándole si acaso dudaba de él, pero ella habló primero.

—Cuéntame los detalles, qué ha pasado.

“Ah, sí”.

Bliss asintió y relató detalladamente lo sucedido. Al poner en palabras los recuerdos que acababa de repasar, se sintió aún más animado y se le escaparon algunas risitas.

“¡Así que! Me dijo que fuera a trabajar desde mañana mismo. Así que dije que sí y acabo de volver. Ah, por cierto, el jefe de seguridad me pidió que te diera saludos. Dice que hizo todo lo posible”.

—Ah, está bien. ¿Eso es todo?

La reacción de Larien fue más bien indiferente. Ante la frialdad de su hermana, Bliss sintió una punzada de culpa hacia el jefe de seguridad, pero solo fue un momento.

Yo también hice lo mejor que pude, lo siento.

Disculpándose internamente, Bliss pasó rápidamente al siguiente tema.

“Sí, son 5 días a la semana y con alojamiento incluido. Tengo mi propia habitación. Me dijeron que podía salir los fines de semana, pero pienso quedarme en el castillo si es posible. Hmm, y además...”.

Tras una gran inspiración, Bliss gritó.

“¡Dice que incluso me pagará un salario semanal! ¡Voy a ganar dinero! ¡Dinero! ¡Cielos, he conseguido un trabajo y voy a ganar dinero!”.

Bliss estaba tan conmovido que gritó de alegría y se revolcó en la cama agitando las piernas, fuera de sí de felicidad. Como si pudiera verlo, Larien preguntó sorprendida.

—¿Ganar dinero? ¿Tú? ¿En serio?

“¡Sí, en serio! Piénsalo, me han contratado. ¡Así que es obvio que me paguen!”.

Era verdad. Realmente Bliss iba a ganar dinero. Por primera vez en su vida iba a realizar un ‘trabajo’ y a recibir dinero por ello. ¿No era eso precisamente ser un adulto?

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Ahora el único que se quedaba en casa viviendo del cuento era Grayson. Todos los demás se ganaban la vida a su manera, y ¿quién hubiera imaginado que Bliss conseguiría un trabajo y ganaría dinero antes que Grayson?

Incluso Larien no se lo había imaginado, a pesar de ser la autora intelectual de la idea de ‘infiltrarse en la casa del Conde’.

—Bueno, eso es verdad. Es verdad, pero...

Tras dejar la frase en el aire de forma inquietante, Larien le advirtió con voz seria por primera vez.

—Bliss, podría ser una estafa. Un phishing o algo así.

Ante esas palabras inesperadas, Bliss dejó de agitar las piernas sorprendido.

“¿Una estafa? ¿Phishing? ¿Qué es eso?”.

Larien eligió sus palabras por un momento y respondió.

—En pocas palabras, que te mienten para quitarte el dinero.

“¿Por qué harían algo así? ¿A mí?”.

—Porque... No, olvídalo.

Larien se arrepintió de inmediato de intentar explicárselo. De todos modos, aunque dijera algo, él no entendería ni la mitad. Además, era tan despistado que, incluso si caía en una estafa, los estafadores morirían de frustración antes de poder quitarle un centavo.

—Está bien, buen trabajo Bliss. Por fin ha comenzado de verdad. Pensé que saldrías huyendo a mitad de camino diciendo que renunciabas.

Ante el elogio teñido de admiración, Bliss ensanchó el pecho y levantó la barbilla con arrogancia.

“Te dije que cuando decido hacer algo, voy hasta el final”.

Larien lo alentó una vez más con voz risueña.

—Sí, Bliss. Esto apenas comienza, así que esfuérzate un poco más. Ten cuidado de que no te descubran.

Bliss respondió lleno de confianza.

“Sí, no te preocupes. ¡Todo es perfecto, incluso Penélope dijo que me ayudaría!”.

—Si tienes éxito, no olvidarás recompensarme, ¿verdad?

“¡Por supuesto, Larien! ¡Ahora que gano dinero, puedo comprarte lo que sea!”.

—Qué bien. Entonces cómprame un piso en Londres.

“Hecho. No te preocupes, te compraré uno. Eso no es nada, ahora que soy un trabajador”.

—Bien, bien. Muy bien.

Larien asintió con satisfacción. Pensó que le encantaría estar al lado de Bliss cuando él fuera a comprar un piso con su pequeño y preciado salario.

—Iré contigo cuando vayas a comprarlo.

“Claro que sí, es el piso de Larien, así que elige uno bonito que te guste”.

—Gracias, eres muy confiable.

Larien volvió a desearle suerte a Bliss y colgó. Bliss se quedó tumbado en la cama con el celular sobre el pecho, soltando un suspiro de emoción.

 

Episodio 53

 

Su cabeza ya estaba llena de fantasías sobre comprar un piso con Larien.

Aunque primero tengo que darle una lección a ese tipo...

Y así, se quedó dormido en la cama roncando profundamente.

8.

Cuando el coche del Conde regresó a la mansión, la noche ya se había asentado completamente. Debido a la tendencia del Conde de evitar a los extraños, el número de empleados era extremadamente bajo para el tamaño del castillo. En este lugar, donde la mayordoma Penélope, el jardinero y tres o cuatro empleados domésticos eran todos, Penélope siempre despedía y recibía al Conde sola.

“Bienvenido, Conde. ¿Ha tenido un buen día hoy?”.

El Conde Heringer, al bajar del coche, en lugar de responder a la anciana mayordoma que lo saludaba con una sonrisa brillante, cerró la puerta del coche con un golpe seco y subió las escaleras. Penélope, al notar su expresión sombría y sus labios apretados, fingió no darse cuenta y lo siguió apresuradamente guardando silencio.

Como siempre, no está de buen humor.

No era nada especial, ya que siempre era así. Penélope entró tras él en la habitación y, mientras recibía el abrigo que su señor le tendía, habló rápidamente.

“Parte del altar en el santuario se dañó, así que ordené fabricar uno nuevo. Me han dicho que estará terminado para el próximo día de oración. Sam quiere comprar brotes nuevos para el jardín, por favor dígame qué flores prefiere. ¿O prefiere que lo decida yo? Yo elegiré. Además...”.

Mientras el Conde se desvestía, Penélope lo asistía informando sobre los sucesos del día en la mansión. El Conde, que no reaccionaba como si las palabras le entraran por un oído y le salieran por el otro, se detuvo un momento tras escuchar lo siguiente.

“¿Has contratado a un nuevo empleado?”.

“Sí”.

Penélope asintió con una sonrisa ante la pregunta de su señor, quien repetía sus palabras.

“Le mencioné hace unas semanas que contrataría a alguien más, ¿verdad? Era difícil encontrar a la persona adecuada, pero ayer finalmente apareció alguien que cumplía con mis expectativas. Empezará a trabajar mañana. Planeo que me ayude con la gestión general de la casa”

Ante la fluida respuesta de Penélope, el Conde simplemente frunció el ceño profundamente. Era difícil distinguir si era por mal humor real o por alguna otra razón. Ante Penélope, que simplemente esperaba en silencio, él chasqueó la lengua y murmuró con su habitual voz grave.

“Haz lo que quieras. ¿Ya terminaste?”.

“Sí, por favor descanse. Le traeré el vino que toma cada noche”.

Penélope hizo una reverencia formal y, justo antes de salir, vio de reojo al Conde suspirando levemente mientras se llevaba una mano a la frente.

Vaya, parece que el insomnio lo está haciendo sufrir de nuevo.

Hacía mucho tiempo que el Conde no lograba dormir adecuadamente. Penélope había trabajado como submayordoma en la casa del Duque y, cuando el primogénito Cassian Strickland heredó el título de Conde y las tierras, ella se convirtió en la mayordoma oficial de su casa, dedicándose a él desde entonces. Por ello, conocía mucho sobre él desde su infancia, y uno de esos secretos era su insomnio.

¿Desde cuándo habrá dejado de dormir, nuestro Conde?

Mientras preparaba el vino para Cassian, se sumió en sus pensamientos. El único heredero del Ducado, poseedor de una inmensa riqueza e influencia política, solía tener muy buena reputación. Era amable con los empleados y generoso con todos, ganándose el respeto y afecto de la gente, pero eso cambió drásticamente a partir de cierto día.

Incluso ahora, él no era muy diferente de antes... exteriormente. Pero eso era solo una imagen. La realidad, conocida solo por unos pocos empleados, era que su verdadera personalidad era totalmente distinta.

En realidad, era una persona con un carácter seriamente fracturado.

‘No puedo creerlo, el joven amo era una persona tan dulce’.

Cuando Penélope se lamentó así un día, el antiguo mayordomo suspiró profundamente con una expresión compleja. En aquel entonces, solo circulaban rumores discretos de que ‘el primogénito del Duque sufría de insomnio’, por lo que nadie notaba la gravedad. Penélope también solo lo sabía de oídas, hasta que Cassian heredó formalmente el título y obtuvo su propio castillo.

Penélope fue seleccionada para independizarse como mayordoma del Conde, y en ese momento, el mayordomo del Duque la llamó aparte para darle varias advertencias. Mientras ella escuchaba atentamente sus consejos como colega veterano, él le confesó con rostro serio.

Que el insomnio del único sucesor del Ducado era de un nivel alarmante.

‘Creo que es por eso que el carácter del Conde ha cambiado’.

Dijo el mayordomo.

Penélope preguntó frunciendo el ceño.

‘¿Se refiere a que se ha vuelto irritable por la acumulación de fatiga?’.

‘El problema es que no es algo que se pueda resumir simplemente con la palabra “irritable’.

Ella hablaba en serio, pero la reacción del mayordomo sugería que había algo más. Mientras esperaba a que él dijera más, el hombre se frotó la frente con un profundo suspiro.

‘Por ahora solo afecta a su humor, pero si continúa, obviamente será malo para su cuerpo. Eso es lo que me preocupa. Quizás estoy pensando demasiado a futuro, pero...’.

Si el heredero tiene un problema de salud grave, eso es algo que nunca, nunca, nunca es bueno. Ante esta reacción, Penélope se sorprendió y se desconcertó enormemente.

‘¿No está sano el Conde? Lo he visto durante años. No parecía tener ningún problema específico, no entiendo a qué se refiere. Casi todos los que trabajan aquí saben que tiene insomnio, pero no he sentido nada especialmente extraño’.

Luego, preguntó con el rostro lleno de tensión.

‘Si es para preocuparse por su salud, ¿es un problema tan grave?’.

Si había sufrido de insomnio durante tantos años, ya debería haber ocurrido algo imposible de ocultar. Palidez, desmayos o al menos mareos momentáneos, sin embargo, Cassian Strickland nunca mostraba desaliño, ni siquiera sus ojos se veían inyectados en sangre.

‘Yo también creo que eso es una suerte, en realidad’.

Asintió el mayordomo a regañadientes.

‘Por eso te digo que me preocupa el futuro. Es por eso que te estoy advirtiendo por separado’.

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‘Te agradezco mucho que me lo digas de antemano, Joseph’.

Penélope lo miró de nuevo con preocupación y preguntó.

‘¿Qué tan grave es el insomnio para que digas esto? ¿No puedes darme un ejemplo concreto?’.

‘Míralo tú misma, he hecho una tabla aquí’.

El mayordomo levantó una carpeta y se la tendió. Penélope, admirada por la minuciosidad del veterano mayordomo, la aceptó. Apenas hojeó un par de páginas cuando asintió con el rostro pálido.

‘Esto es realmente serio. Según esto, solo duerme unas tres o cuatro horas como mucho. Y encima se despierta cada 30 o 40 minutos, lo que significa que no duerme ni una hora seguida’.

‘Eso es exactamente lo que digo. Por eso estoy así’.

El mayordomo suspiró como si fuera a estallar de frustración. Si su tabla era correcta, esto era grave. Los rumores sobre el insomnio del heredero habían surgido hace uno o dos años. Si los síntomas venían de antes, significaba que llevaba años sin dormir bien.

‘¿Cuál será la razón? ¿Por qué el Conde no puede dormir así?’.

‘¿Cómo voy a saberlo yo?’.

El mayordomo negó con la cabeza.

‘Tés, comida, aromas... no hay nada que no hayamos probado. Incluso el médico le recetó medicamentos, pero es lo mismo. Ahora estoy en un estado de rendición’.

Él se llevó la mano a la frente desesperanzado. Penélope, sintiendo lástima por él y por el Conde, dijo.

‘¿Han consultado en una clínica del sueño? Ah, bueno, si lo hubieran hecho, yo me habría enterado’.

 

Episodio 54

 

Si el asunto hubiera crecido tanto, todos se habrían enterado de inmediato. El hecho de que Penélope no lo supiera significaba que no habían llegado a ese punto.

‘No parece algo que deba mantenerse en secreto. Deberían informar que el insomnio del Conde es grave y que reciba un tratamiento activo’.

‘Por supuesto, se lo he dicho al Conde varias veces. Pero él se niega’.

La expresión de angustia del mayordomo mostraba claramente su arduo trabajo pasado. Penélope le palmeó la mano con palabras de simpatía.

‘Claro, no hay forma de que no lo sepas. Lo siento’.

‘No, está bien. Es por mi falta de capacidad’.

Penélope, mirando con lástima al mayordomo que se culpaba a sí mismo, preguntó lamentándose.

‘¿Desde cuándo se volvió tan grave el insomnio del Conde?’.

‘Yo tampoco lo sé’.

El mayordomo bajó la cabeza con expresión sombría.

‘Lo único que sé es que a partir de cierto día la situación se volvió así’.

Haa, tras terminar su recuerdo con un suspiro, Penélope preparó el vino y se dirigió al dormitorio del Conde. Tras llamar dos veces y esperar un momento, abrió la puerta, como era de esperar, hoy también el Conde estaba sentado profundamente en el sofá leyendo un libro. Parecía bastante grueso, pero la noche es larga. De todos modos, el Conde, que solo dormía dos o tres horas a trozos, terminaría de leer toda esa cantidad. Y luego recibiría la mañana otra vez.

Penélope dejó el cubo de hielo con el vino sobre la mesa en silencio y terminó de preparar el resto.

“Entonces, por favor, le deseo que tenga dulces sueños”.

Tras descorchar la botella y servir el vino en la copa, le dio ese saludo sin mucho sentido. El Conde le lanzó una mirada fugaz, como si fuera la tontería más grande que hubiera escuchado.

No importaba. Al fin y al cabo, Penélope solo lo decía por compromiso. El Conde vaciaría esa botella de vino, pero tampoco serviría de nada. Era solo un hábito.

“Haaaaaaa”.

Al salir al pasillo, Penélope soltó un gran suspiro y miró hacia la puerta cerrada con ojos llenos de compasión. Si el insomnio continuaba así, incluso el Conde llegaría pronto a su límite.

De hecho, recientemente el secretario le había comentado que el Conde parecía cansado o que a veces se tambaleaba como si sufriera mareos momentáneos. Ahora que no servían ni medicinas ni ningún otro método, solo quedaba una solución.

El amor, por supuesto.

Penélope entrelazó sus manos como si rezara y susurró hacia la puerta cerrada.

“Espere solo un poco más, Conde. Pronto, su propio ángel, que lo ama fervientemente, curará su insomnio”.

Cerró los ojos, susurró ‘Amén’ y luego volvió a ensanchar el pecho.

Yo también debo ir a descansar. Ya que mañana comienza el gran plan, debo dormir bien hoy.

El llamado plan ‘El Conde y el Sirviente’.

9.

“Mmm mmm mmm, mmm mmm mmm”.

Desde que abrió los ojos por la mañana, Bliss estaba de un humor tan bueno que sentía que podía volar. Por fin empezaba hoy. Con una aliada tan confiable, el camino por delante sería de rosas.

“Jujuju”.

Al pensar en Penélope, la risa salía sola. En realidad, el mayor logro de este plan era haber conocido a Penélope.

Mi alma gemela, mi otra mitad.

Sería genial que viniera conmigo a Estados Unidos cuando esto termine.

Bliss imaginó por un momento el futuro, sentados juntos en sillas mecedoras frente a la chimenea viendo dramas románticos y criando gatos.

“¡Qué maravilla!”.

Kya, Bliss saltó de alegría, con las mejillas sonrojadas y los puños apretados.

Para eso, la venganza debe ser un éxito. Cuando vea a ese tipo totalmente arruinado, ¿acaso Penélope no perderá el interés en él? Entonces aceptará dócilmente mi propuesta de ir a Estados Unidos.

Vengarse y llevarse a Penélope, ¿podría haber un final mejor?

“¡Jajajaja, jajajajaja!”.

Rió a carcajadas como un villano y entró al baño a lavarse por todo el cuerpo. Cuando se puso tres veces más de su perfume favorito para encontrarse con Penélope y se paró frente al espejo, Bliss estaba más emocionado que nunca, con el rostro completamente encendido.

***

Llegó a la casa del Conde Heringer unos 10 minutos antes de lo acordado. Bliss le hizo un último encargo al jefe de seguridad que lo había llevado antes de bajar del coche.

“Entonces, cuento con usted por un tiempo. Si pasa cualquier cosa, llámeme de inmediato”.

El hombre ya había escuchado lo mismo varias veces. Asintió con rostro cansado, como si ya estuviera harto.

“No se preocupe. Lo he entendido perfectamente. Se quedará en la casa del Conde Heringer pero es un secreto, ¿verdad? Que los únicos que saben esto somos usted, yo y Larien”.

“Sí, exacto”.

Bliss enfatizó una vez más antes de bajar:

“Debe guardar el secreto pase lo que pase. Solo así podrá recibir la recompensa de Larien”.

Al mencionar el nombre de ‘Larien’, el rostro del jefe de seguridad, que hasta entonces parecía aburrido hasta la muerte, se iluminó y cobró vida.

“Descuide, lo sé bien. Solo dile cosas buenas de mí a Larien”.

Como era la reacción esperada, Bliss dijo ‘Sí, sí’ con desgana y bajó del coche. El jefe de seguridad hizo como que daba la vuelta con el coche y solo se marchó cuando confirmó que Bliss entraba y se alejaba en el carrito (buggy). Y Bliss, al igual que el día anterior, se dirigió a la mansión escuchando toda clase de quejas del hombre sentado al lado.

Bien, por fin.

Al ver a lo lejos el desolado castillo antiguo, Bliss respiró hondo y reafirmó su determinación.

“¡Bliss! ¡Bienvenido!”.

Penélope, que esperaba ansiosamente frente al castillo, agitó los brazos con alegría al ver el carrito. Hasta ese momento, Bliss sentía en un rincón de su cabeza que todo era irreal como un sueño, pero al ver a Penélope dándole la bienvenida, finalmente lo sintió real.

Por fin he llegado hasta aquí.

“Hola, Penélope”.

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Bliss bajó del carrito y, conteniendo sus ganas de abrazarla y darle vueltas, se quitó el sombrero con recato para mostrar respeto. Penélope, con el rostro tan encendido como el de Bliss, lo recibió hablando atropelladamente.

“Adelante, entra. Ha sido un viaje pesado, ¿verdad? Vamos, por aquí. Primero te presentaré la casa y a la gente...”.

Penélope señaló al hombre que bajaba del asiento del conductor del carrito y dijo.

“Bueno, a él ya lo viste ayer, ¿verdad? Como ya se saludaron, pasemos de largo”.

Bliss no podía decir: ‘¡Ese señor se la pasó diciendo groserías todo el camino!’. Simplemente asintió con un ‘Sí’ y ella se giró hacia las personas que estaban formadas detrás.

“Les presento. Él es mi pariente lejano venido de Estados Unidos, Bli...Blair Carlton”.

Penélope, que tartamudeó por un instante, corrigió rápidamente el nombre. Bliss, que se había sobresaltado por el susto, se acarició el pecho y recuperó la postura.

Mmm, así que esa es la configuración.

Mientras asentía internamente, Penélope continuó.

“Está estudiando para ser mayordomo y ha venido a aprender a mi lado y a echar una mano. Espero que todos lo ayuden mucho. Vamos, Bl... Blair. Él es Kenneth, encargado de la cocina. Ella es Dorothy, encargada de la limpieza y la lavandería. Y él es...”.

Tras superar la pequeña crisis y saludar según las presentaciones, Bliss sintió una sensación de vacío. Tras dudar un momento, pronto se dio cuenta: ‘Ah’. Había poquísimos empleados para el tamaño del castillo.

“Sí, supongo que por eso es un poco difícil”.

Ante la pregunta de Bliss, Penélope, sin intención de ocultar nada, esbozó una sonrisa agridulce y comenzó a caminar delante de él. Mientras lo guiaba por los rincones del castillo, fue soltando detalles triviales sobre la familia del Conde.

“Al Conde no le gusta que haya mucha gente. Como manejamos la casa con el personal mínimo, la verdad es que nos faltan manos. Ah, pero no te preocupes, contrataremos a más personas pronto”.

Acto seguido, añadió en un susurro cómplice.

“Después de todo, nosotros tenemos nuestras propias tareas aparte, ¿no?”.

“Ja, jaja…”.

Bliss forzó una risa para disimular su nerviosismo.

“Bien, este es el despacho del Conde. Si alguna vez no está fuera pero no lo encuentras, búscalo aquí o en la sala de oración”.

“¿Sala de oración?”.

Ante el término desconocido, Penélope asintió y respondió.

 

Episodio 55

 

“Es un pequeño santuario en los terrenos de la propiedad. Si caminas hacia la parte trasera del castillo, lo encontrarás enseguida. Es una iglesia pequeña donde todos nos reunimos a rezar cuando viene un clérigo, más o menos una vez al mes. Excepto en esos momentos, la usa principalmente el Conde. Nosotros entramos cada uno o dos días solo para limpiar o reponer lo necesario. Por supuesto, no nos está prohibido entrar, pero ya sabes cómo es, la mayoría prefiere evitar cruzarse con el Conde. Además, no es el único lugar donde uno puede rezar”.

Penélope reía entre dientes, pero el interés de Bliss estaba enfocado en algo totalmente distinto.

“Parece que el Conde tiene mucho por lo que rezar, ¿no?”.

Seguro que sí. ¿Cuántas cosas malas habrá dicho por la espalda mientras finge ser un santo por delante? ¡Mentiroso, malvado!

Bliss apretó los puños recordando la furia que había olvidado por un momento, cuando Penélope añadió.

“Más que rezar, diría que es para meditar. Parece que va allí cuando quiere organizar sus pensamientos o descansar. Aunque, claro, es solo una suposición mía…”.

Tras decir eso, Penélope murmuró para sí misma.

“Es un buen lugar para descansar en silencio, y como debe estar tan cansado…”.

“¿Perdón?”.

Bliss, que no alcanzó a oír, preguntó, pero Penélope abrió de par en par la siguiente puerta en lugar de responder.

“¡Mira, esta es la sala de juegos!”.

Tras mostrarle el salón con la enorme mesa de billar y darle un momento para observar el interior, cerró la puerta y continuó caminando.

“Si no está en ninguno de esos sitios, es que ha salido a montar a caballo o a practicar tiro al plato, así que estará dentro de la propiedad. Por supuesto, esos también son ‘puntos de amor’”.

Penélope mostró una sonrisa misteriosa y, tras guiarlo por un par de habitaciones más, abrió la puerta del fondo.

“Y bien, finalmente... El gran dormitorio principal”.

Más allá de la puerta abierta de par en par, se extendía una llanura verde infinita. Bliss, sin darse cuenta, soltó una exclamación de asombro. Era un campo tan vasto que parecía abrirle el pecho, donde el horizonte se tocaba con el cielo. Bliss se quedó sin palabras por un momento ante aquella tierra inmensa por la que uno podría galopar sin fin.

Para Bliss, que había crecido en una ciudad rodeada de edificios, era una vista tan desconocida como emocionante. Se sentía como un avestruz corriendo por la gran sabana que había visto en los documentales. ¡Sentía que el estrés se evaporaría con solo mirar ese paisaje a diario!

“El Conde es muy sensible, por eso...”.

“¿Eh?”.

Bliss, sumergido en el paisaje, giró la cabeza ante aquellas palabras inesperadas. Penélope continuó hablando mientras ataba con destreza el cordón de una cortina.

“El personal que lo atiende personalmente se limita a mí, y cuando por alguna razón yo no puedo hacerlo, Latif me sustituye. Latif lleva poco tiempo en Inglaterra y no habla muy bien inglés”.

¿Y así puede atenderlo?

Como si le leyera el pensamiento, ella añadió.

“Por eso hay menos probabilidades de que ande contando cosas innecesarias a otros, y el Conde no le pide mucho, así que es seguro”.

Ah, por eso.

Al ver el rostro de comprensión de Bliss, Penélope pensó para sus adentros. ‘Es una suerte que no entienda cuando el Conde dice groserías’.

Luego, continuó con la explicación sonriendo.

“La rutina del Conde es casi siempre fija. El secretario me informa del horario una vez al mes. Si hay cambios o algún problema para el que debamos prepararnos, me contacta por separado. Entonces yo distribuyo el trabajo entre los empleados según sea necesario. Pero eso casi nunca ocurre, todo sigue la rutina, así que no te preocupes por eso”.

Penélope abrió la puerta del baño y lo miró de reojo.

“Como dije antes, al ser tan sensible, no le agrada que haya cambios en su vida cotidiana”.

Incluso Bliss, con su falta de perspicacia, pudo entender el significado de esas palabras. El hecho de que él estuviera allí era una aventura enorme, y la ayuda de Penélope sería vital.

Probablemente por eso usa poco personal y odia a los extraños.

Penélope entró primero al baño y levantó con esfuerzo una cesta de toallas y ropa usada. Al verla, Bliss se adelantó apresuradamente.

“Y-yo la llevo”.

“Gracias”, respondió Penélope entregándole la cesta con naturalidad. Tras terminar de ordenar el baño, el dormitorio y la sala de estar contigua, salieron al pasillo. Penélope cerró la puerta y miró a Bliss.

“¿Has entendido todo lo que te he dicho, Bliss?”.

“S-sí…”.

Bliss balbuceó con el rostro pálido. Y no era para menos, ya que después de eso, Penélope había enumerado unas cinco cosas que le gustaban a Cassian Strickland, unas cien que detestaba, y había repetido la frase ‘el Conde es sensible’ aproximadamente mil veces. Era imposible recordarlo todo.

Pero una cosa es segura.

Bliss pensó mientras seguía a Penélope, lo mejor sería no llamar su atención en absoluto. El problema era que su situación actual era precisamente todo lo contrario.

“Como decía antes…”.

Porque el Conde es sensible.

Bliss completó la frase mentalmente antes de que ella hablara.

“Como el Conde es sensible, no le gustan las situaciones repentinas”.

“Sí”.

Bliss añadió tímidamente para sus adentros: ‘Yo también lo he captado ya’, mientras mostraba una sonrisa. Penélope asintió y finalmente soltó el tema principal.

“Por eso, ya se lo he mencionado al Conde. Le dije que hemos contratado a alguien nuevo y que empezará a trabajar hoy”.

Bueno, supongo que es normal. Al fin y al cabo, ese tipo es el jefe, así que hay que informar...

Penélope continuó.

“…Así que, Bliss, cuando el Conde regrese más tarde, solo tienes que presentarte para que vea tu cara”.

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Bliss, que estaba asintiendo dócilmente, se quedó congelado. Ante su mirada perdida, Penélope declaró con una sonrisa radiante.

“¡Felicidades, Bliss! Por fin es tu debut. ¡Vas a saludar al Conde!”.

¡Hiiiiiiieek!

El color desapareció del rostro de Bliss al instante y un grito resonó en lo profundo de su pecho.

“¿Ya, t-tan pronto?”.

Su corazón golpeaba con fuerza contra sus costillas. Ante la pregunta de Bliss, que sudaba frío, Penélope ladeó la cabeza extrañada.

“¿Cómo que tan pronto, Bliss? ¿Cuánto tiempo crees que tenemos? Cuanto antes empecemos, mejor, ¿no?”.

Tenía razón. Ese era el objetivo desde el principio, así que debería estar feliz. Pero de repente, Bliss se dio cuenta de que no estaba en absoluto preparado para verlo. Insultarlo a solas frente a la pantalla era una cosa, pero Cassian Strickland estaría frente a él caminando, hablando y moviéndose. Era obvio: era un ser vivo.

¿Y si me reconoce?

“¿Qué pasa, Bliss? ¿Hay algún problema?”.

Penélope preguntó con preocupación al notar su semblante. Bliss estuvo a punto de decir que no, pero guardó silencio. ¿Era ansiedad lo que sentía latir en su pecho, o algo más?

“Es que... no había pensado en esto hasta llegar aquí... ¿Y si Cassian me reconoce?”.

Habían pasado más de diez años desde que se vieron. Siendo ya un adulto, la probabilidad era casi nula, pero... Penélope parecía pensar lo mismo, ya que agitó la mano riendo.

“No lo sabrá, no te preocupes”.

“Pero tú me reconociste, Penélope”.

Cuando Bliss señaló eso con voz desanimada, Penélope acarició su brazo con ternura.

“Eso es porque fuiste un niño inolvidable”.

Bliss levantó la vista con duda y Penélope le sonrió a los ojos.

“Así es. Este cabello rubio platino y estos ojos azul zafiro... la cara de aquel niño que corría ingenuamente todavía permanece en ti”.

“Si es así, entonces Cassian también…”.

“Pero ese es mi caso”.

Penélope cambió el tono y lo interrumpió con firmeza. Ante el silencio de Bliss, ella volvió a suavizar su voz para consolarlo.

“Es que tú siempre te quedaste en mi corazón”.

“¿Yo?”.

 

Episodio 56

 

Ante la pregunta sorprendida de Bliss, Penélope asintió.

“Aún recuerdo cuando viniste aquí por primera vez. Eras tan pequeño y adorable. Y a pesar de eso, ¡qué valiente! Era encantador verte perseguir al Conde queriendo jugar con él. Me dolió tanto el corazón el día que te fuiste a toda prisa en brazos del señor Ashley Miller, inconsciente por la fiebre. Por eso a menudo pensaba en ti, preguntándome cómo estarías”.

Penélope lo observó un momento antes de continuar.

“Los otros hijos de la familia Miller aparecían en los medios, pero de Bliss no salía nada. Solo había rumores de que serías un alfa dominante como el resto de tu familia”.

Tras un breve suspiro, acarició la mejilla de Bliss.

“Y pensar que tenías estos hermosos ojos azules”.

“Penélope…”.

Cuando Bliss murmuró con voz débil, Penélope sonrió para tranquilizarlo.

“Así que no te preocupes. El Conde casi se habrá olvidado de ti. Es imposible que te descubra”.

Solo entonces Bliss bajó la mirada y respondió entre dientes.

“Sí... si es así, me quedo más tranquilo”.

Lo que decía Penélope era cierto. O mejor dicho, era sumamente realista. ¿Recordar y reconocer a un mocoso que vio brevemente hace diez años? No había forma de que eso pasara.

A menos que él también haya pensado en mí de vez en cuando, como Penélope.

“Bien, ¿vemos el resto?”.

Mientras seguía a Penélope, Bliss finalmente lo razonó:

Claro, no hay ninguna razón para que Cassian me recuerde ni un poco. Yo también lo había olvidado por completo, así que es natural. ¿Por qué pensé que él podría recordarme?

Pensar eso le dio alivio. O al menos, eso quiso creer. Sin embargo, Bliss frunció el ceño y se presionó ligeramente el pecho.

Qué extraño. ¿Por qué siento esta pizca de decepción?

***

Al caer la noche, los empleados que habían estado moviéndose de un lado a otro terminaron sus tareas y se retiraron a sus habitaciones para descansar. El deber de atender al señor hasta el último momento recaía en la mayordoma. Y hoy, excepcionalmente, había alguien a su lado.

“Bli... digo, Blair. No estés tan nervioso. Mantén la calma, la calma”.

Penélope lo repetía una y otra vez, pero parecía que ella era la más nerviosa de los dos. Bliss forzó una sonrisa desconcertado.

“Yo estoy bien, así que no se preocupe”.

“¿Ah, sí? Entonces me alegro. Fuu, fuu. Vamos, respira hondo. Fuu, fuu”.

… ¿De verdad está bien Penélope?

Al verla tan tensa, los nervios de Bliss parecieron desvanecerse. Bliss tomó las manos de la inquieta Penélope y dijo.

“Usted lo hará bien, Penélope. No hay de qué preocuparse. Solo tiene que hacerlo como siempre”.

¡Vaya, estoy consolando a otra persona como un adulto! ¡Y a alguien con mucha más edad y experiencia que yo!

Mientras se sentía orgulloso de sí mismo, Penélope soltó un largo suspiro y abrió los ojos de par en par.

“Muy bien, vamos. Es hora de ejecutar el plan ‘El Pirata y el Sirviente’”.

Bliss estuvo a punto de aplaudir al ver a la Penélope profesional de antes. Cuando estaba por seguirla hacia la entrada, ella se detuvo y le hizo una señal para que no avanzara.

“¿Te enseñé antes la bodega de vinos del sótano? Espérame allí”.

“Ah, sí”.

Bliss se detuvo confundido y dio media vuelta como se le ordenó. Tras perderse un poco, llegó a tiempo a la bodega y poco después apareció Penélope para explicarle el motivo.

“El Conde siempre toma una botella de vino antes de dormir. Voy a llevarla ahora, así que aprovechemos para que te presentes”.

¿Una botella entera cada noche?

“Ca... el Conde debe de ser un gran amante del alcohol”.

Al decir eso sin pensar, Penélope se tensó por un instante. Por suerte, Bliss no notó esa mínima reacción. Cuando ella giró la cabeza, volvía a sonreír como siempre.

“Ayuda a dormir, y un vino adecuado es bueno para el cuerpo”.

“Ya veo”, asintió Bliss dócilmente. Al fin y al cabo, considerando la cantidad de alcohol que bebía su familia, una botella de vino cada noche era como un vaso de zumo de frutas. Claro, eso si ignoramos el hecho de que todos en la familia de Bliss, excepto él y Koi, eran alfas dominantes y no se volvían adictos a ningún tipo de droga o alcohol.

Debido a su sistema, incluso si les dieran veneno, no les afectaría, y por mucho que bebieran, no se emborrachaban. Gracias a su inmunidad superior a la de otros rasgos, ni siquiera se contagiaban de virus comunes, lo que les daba una esperanza de vida muy larga.

Tan larga que tendrían que vivir mucho tiempo solos tras la partida de su amado omega.

Cuando era pequeño, tras ver un drama romántico muy emotivo, Bliss le preguntó una vez a Ashley Miller.

‘Papá, ¿qué harías si Papi ya no estuviera?’.

‘Irme con él’.

La respuesta fue tan inmediata y natural que Bliss se quedó pensando un buen rato en su significado. Solo comprendió el peso de esas palabras años después, cuando tuvo edad suficiente para entenderlo y el recuerdo volvió a su mente.

Yo también quiero tener un amor apasionado de esos que duran toda la vida, pero…

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La razón por la que Bliss, Larien, Grayson y Stacey estaban obsesionados con el amor era puramente por sus padres. Según decían, se conocieron en el instituto, se enamoraron, pasaron un tiempo separados por circunstancias inevitables, pero ahora vivían felices con seis hijos. Lo más romántico era que, incluso durante su separación, solo se tuvieron el uno al otro. Si no fuera por el problema de feromonas de Ashley Miller, habrían sido incluso más felices.

Pensando en eso, ser beta es lo mejor.

Él asintió convencido. Una vida libre sin ser esclavo de las feromonas. Se alegraba de no ser un alfa dominante, pero tampoco creía que ser omega fuera especialmente bueno. Aunque las feromonas de un omega dominante pueden atraer a la gente, viendo a su Daddy, los ciclos de calor no parecían nada agradables...

Espero seguir viviendo así, sin ciclos de calor.

Justo cuando pensaba eso...

“Bien, ya llegamos, Bliss”.

La voz de Penélope lo trajo de vuelta a la realidad. Al espabilarse, vio que ya estaban frente a la habitación de Cassian.

Gulp.

Tragó saliva de forma audible y Penélope le palmeó el brazo sonriendo.

“Está bien, no estés tan nervioso. Vamos, respira hondo. Fuu, fuu”.

Hacía un momento él la animaba a ella, y ahora era al revés. Bliss se sonrojó avergonzado y respiró hondo como le indicaron. Finalmente, armándose de valor, habló.

“Estoy listo”.

“Bien, aquí vamos”.

Tras decir eso, Penélope levantó la mano y llamó a la puerta. Tras dos golpes secos, esperó un momento y anunció.

“Soy Penélope. Voy a entrar”.

Incluso entonces, se tomó un breve respiro antes de abrir la puerta. Ese mínimo intervalo era, quizás, una consideración para darle a Bliss un segundo más de preparación. Sin embargo, Bliss estaba tan impaciente que solo quería terminar con esto de una vez por todas, ahora que ya había llegado hasta aquí. Además, lo carcomía otra curiosidad.

Quiero saber cuanto antes si me reconoce o no.

Con el corazón palpitante, Bliss entró en la habitación siguiendo a Penélope, pero se detuvo en seco. El amplio dormitorio se veía muy distinto a como lo había visto durante el día. La estancia, que antes estaba inundada de luz solar, ahora solo contaba con la luz tenue y difusa de una lámpara de pie situada en una esquina. La pálida claridad de la luna, oculta tras las nubes, era demasiado débil para iluminar todo el cuarto. En medio de esa penumbra que tornaba el ambiente azulado, había alguien de pie.

Cassian Strickland.

En el momento en que evocó ese nombre, su corazón empezó a temblar como si sufriera un ataque. Bliss cerró y abrió los puños con fuerza repetidamente, intentando ocultar el temblor de sus manos.

 

Episodio 57

 

Qué suerte que esté oscuro, pensó mientras contenía el aliento para regular su respiración.

¡Si la habitación estuviera iluminada, seguro que me habría descubierto!

Cassian estaba apoyado en la barandilla del balcón. La vasta llanura ya estaba sumergida en la oscuridad y no parecía haber nada digno de ver, pero él permanecía allí, como clavado, recibiendo de lleno la brisa fresca de la noche con ambas manos apoyadas en el barandal, mirando hacia la distancia. Ni siquiera se giró hacia Penélope.

¿No sabrá que he entrado con ella? ¿O lo sabe y me está ignorando?

Bliss tenía curiosidad, pero no había forma de comprobarlo. Incluso llegó a pensar que era mejor que se quedara así, de espaldas. Si llegaran a cruzar miradas, entonces...

¿Qué pasaría?

‘Bliss’.

De pronto, un recuerdo olvidado cruzó su mente sin previo aviso. Cassian enseñándole el nombre de un pájaro. ¿Qué habrá sido del libro que le regaló aquel día?

Mientras Bliss luchaba por mantener la compostura, Penélope llevó el carrito al lado del sofá en la sala de estar contigua. Colocó el cubo de hielo con el vino sobre la mesa, dispuso las copas y los accesorios, descorchó la botella, guardó el corcho en su bolsillo y, tras enderezarse, habló.

“¿Necesita algo más, Conde?”.

Cassian, sin siquiera mirar atrás, hizo un gesto con la mano indicando que se marcharan. Penélope lanzó una mirada fugaz a Bliss. Era la señal, era su turno. Bliss tragó saliva y se irguió. Penélope apartó la vista de él y se dirigió de nuevo al Conde.

“Esto... Conde”.

Rompió el hielo con cautela, hablando con su calma habitual.

“El nuevo empleado que le mencioné ha llegado hoy. Ha venido a presentarse ante usted”.

Acto seguido, Penélope le dio un leve codazo a Bliss. Bliss se sobresaltó y, tras soltar un breve suspiro, habló.

“Ah, hola. Soy Bli... Blair Carlton. Es un placer conocerlo”.

Su voz salió con un ligero temblor.

Espero que piense que es por los nervios.

Mientras esperaba ansioso, Cassian, que había permanecido inmóvil, giró la cabeza lentamente.

Ah.

En el momento en que sus ojos se encontraron con los de Cassian en la oscuridad, Bliss se quedó aturdido, con la ilusión de que su corazón, que antes latía salvajemente, se había detenido por completo.

10.

Una brisa nocturna sopló de alguna parte y le rozó la mejilla. Ante ese aire gélido que despertó sus sentidos, parpadeó apresuradamente.

Cassian seguía allí de pie. Inalterable, mirando a Bliss desde arriba.

¿Era... tan alto...?

Bliss lo recordó vagamente. Habían pasado más de diez años también para él. Además, en aquel entonces Cassian apenas entraba en la edad adulta y Bliss tenía solo siete años. Hasta ahora, solo había pensado en cuánto habría cambiado él mismo, pero no en cuánto habría cambiado Cassian. Y es que, hasta antes de venir, se había pasado los días buscando artículos y mirando fotos de Cassian casi a diario.

Pero esto era la realidad. Era el mismísimo Cassian Strickland, frente a él. La sensación de intimidación superaba con creces su imaginación. Era tan alto como el padre o los hermanos de Bliss, pero parecía mucho más frío y estaba absolutamente solo.

Sí, ese hombre está solo.

De repente, Bliss se dio cuenta. No había nadie alrededor de Cassian.

Era extraño. Este hombre claramente lo tenía todo. Y mucho. Riqueza y fama, por no hablar de amigos con los que reír y hacer tonterías, Bliss lo había visto con sus propios ojos.

¿Pero por qué se veía tan vacío?

Era una sensación que no lograba comprender. Por alguna razón, Bliss sintió el impulso de abrazarlo y decirle que todo estaba bien. Sin saber por qué, ni por qué causa, ni siquiera él mismo podía entenderlo.

“…….”.

Cassian abrió la boca y dijo algo. Bliss tardó un par de segundos en procesar el significado.

“… ¿Qué?”.

Debido a su tono excesivamente bajo, no se oyó bien. ¿Cuál era la intención de la pregunta? ¿Que cuál era su nombre? ¿Que qué acababa de decir? Ante la duda de Bliss, Penélope se adelantó.

“Es Blair Carlton, Conde. Un pariente lejano mío”.

Y añadió la misma explicación que les había dado a los otros empleados.

“Viene de Estados Unidos. Está aquí para ayudarme y aprender a mi lado. Acaba de empezar, así que aún tiene mucho que mejorar. Por favor, sea comprensivo con él”.

Penélope hizo una reverencia formal y se enderezó. Cassian volvió a sumirse en el silencio mientras ella esperaba por si tenía algo más que decir. Bliss empezó a impacientarse ante su reacción, el Conde no se movía y mantenía la mirada fija en él.

¿Qué hago? ¿Tengo que decir algo más? ¡Penélope, ayúdeme!

Justo cuando enviaba señales de auxilio mentales...

“…Largo”.

“¿Perdón?”.

Esta vez, ni siquiera Penélope oyó bien y volvió a preguntar. Al ver a ese par de ‘capibaras’ parpadeando desconcertados, el Conde, que parecía estar a punto de estallar de rabia, apretó los dientes con un crujido y estalló.

“¡Fuera! ¡He dicho que se larguen! Fuera de aquí ahora mismo, pedazo de XXXX XXX XXXX XXX X XXXXXX…”.

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Ante aquel rugido ensordecedor, los pájaros que dormían en las ramas de los árboles salieron volando en bandada por el susto. Bliss sintió que perdía el conocimiento debido al sonido de censura que resonaba continuamente en su cabeza.

“¡Válgame Dios!”.

Penélope, asustada, tapó rápidamente los oídos de Bliss con ambas manos y salió corriendo de la habitación a toda prisa. Incluso mientras era arrastrado fuera por una Penélope despavorida, Bliss podía oír a Cassian soltando una cantidad ingente de insultos.

***

Haa, haa.

Ambos bajaron las escaleras de un tirón hasta llegar al vestíbulo del primer piso, donde finalmente se permitieron respirar hondo para recuperar el aliento.

P-pensé que iba a morir…

Bliss, con el rostro pálido y los hombros agitados, apenas podía pensar. Penélope estaba igual, pálida y sudando frío. Durante un rato, solo se escuchaba el sonido de sus respiraciones agitadas. Tras unos momentos, Penélope fue la primera en reaccionar.

“¿Qué ha sido eso?”.

Ante su evidente desconcierto, Bliss preguntó alarmado.

“¿N-no será que me ha reconocido?”.

“No creo que sea eso”.

Mirando a Bliss, que estaba aterrado, Penélope marcó una línea divisoria tajante. Tenía sus motivos.

“Piénsalo con lógica. Si Bliss estuviera en el lugar del Conde, ¿cómo reaccionaría si te hubiera reconocido?”.

Penélope preguntó, pero Bliss no supo responder de inmediato.

“Eh…”.

“¡Como el protagonista de un drama!”, le gritó Penélope con severidad. Al instante, los ojos de Bliss brillaron y su expresión cambió por completo.

“¿Qué haces tú aquí?”.

“Exacto”.

Penélope asintió satisfecha ante el grito afilado de Bliss. Él también comprendió el punto.

“Entonces no me ha reconocido”.

“Claro que no, ya se lo dije”.

Al ver a Penélope repetir lo mismo, Bliss finalmente se tranquilizó. Soltó un suspiro de alivio genuino.

Si esos insultos hubieran sido para mí, me habría muerto de un infarto.

Penélope continuó apresuradamente.

“Cielos, es la primera vez que veo al Conde insultar así”.

Bliss estaba de acuerdo. Asintió efusivamente y la secundó.

“Yo también. Es la primera vez que veo a alguien decir más groserías que Chase”.

“Chase es uno de mis hermanos”, añadió como explicación, y luego preguntó con rostro compungido.

“¿Y ahora qué hacemos?”.

Penélope tampoco tenía una solución clara. Se rascó la mejilla con gesto de apuro y respondió.

“No lo sé, esta situación es totalmente inesperada”.

No había forma de encontrar una respuesta. Ante el agobio de Bliss, Penélope pareció reflexionar un momento y luego levantó la cabeza con determinación.

“No hay nada que hacer, por más que lo pensemos no vamos a hallar la respuesta”.

“Entonces…”.

Justo cuando Bliss iba a preguntar qué harían, ella dio una respuesta rotunda.

“Por ahora, a dormir”.

 

Episodio 58

 

“¿Eh?”.

Bliss parpadeó confundido ante el comentario repentino, pero Penélope continuó con tono firme.

“Será mejor que descansemos. Se ha hecho tarde y mañana tendremos que empezar temprano. Primero, despejemos la cabeza”.

Añadió con una mirada afilada.

“Mañana por la mañana, cuando el Conde salga, intentaremos que te vea otra vez. Veremos cuál es su reacción entonces”.

“Sí…”.

Espero que de verdad no me haya soltado todos esos insultos a mí.

“No, en absoluto. Confíe en mí”.

Como si le leyera el pensamiento, Penélope le dio unas palmaditas en la espalda para animarlo.

“Duerma sin preocupaciones, yo me haré responsable. Todo saldrá bien”.

Si ella lo dice...

Las secuelas del inesperado incidente fueron grandes. Con la sensación de estar hecho trizas y un cansancio extremo, Bliss soltó un suspiro. Penélope le preguntó sonriendo.

“¿Qué tal la impresión de ver en persona al Conde al que tanto admiraba?”.

“Ja... jaja, ja”.

Ante su risa forzada, Penélope asintió como si ya lo supiera.

“Debes estar cansado, así que descansa. Mañana nos levantamos a las 9. El Conde desayuna a las 8 y tiene previsto salir a las 9. Como anoche no pudiste verlo bien por la oscuridad, presentémonos formalmente bajo la brillante luz del sol”.

Ella ya tenía un plan magníficamente estructurado. La extraña reacción del Conde no era un problema para ella, solo era un pequeño, pequeñísimo incidente sin importancia.

“Entonces, Penélope, gracias por lo de hoy”.

“Dulces sueños, Bliss”.

Bliss se despidió de Penélope y entró en su habitación. En aquel cuarto ridículamente pequeño comparado con donde solía vivir, solo había una cama individual, un armario empotrado y un escritorio. Tras solo un par de pasos llegó a la cama, se sentó y miró al techo.

Fuu.

Al quedarse solo, finalmente soltó un suspiro de alivio. Al relajarse, volvió a sentirse extraño.

¿Qué habrá sido eso, de verdad?

Por más que lo pensaba, no lo entendía. Según Penélope, no parecía haberlo reconocido, pero ¿entonces qué fue aquello? Era...

Tan diferente a como era antes...

‘Bliss’.

De nuevo sintió esa punzada en el pecho. Al llevarse la mano al corazón, Bliss se dio cuenta.

Ah, aquel palpitar de antes... quizás eran expectativas.

11.

Quizás por no haber dormido bien la noche anterior, Bliss se despertó justo a tiempo. Tras haber apagado la alarma dos veces, tuvo que cambiarse a toda prisa y salir corriendo como un loco.

“¡Bli... Blair! ¡Has llegado!”.

Penélope, que estaba merodeando por el vestíbulo, agitó los brazos con alegría al verlo.

“L-lamento el retraso”.

Mientras se disculpaba jadeando, ella negó con la cabeza y respondió.

“Por suerte, llegas a tiempo. El Conde ya está listo, pero dijo que bajaría en 10 minutos”.

Solo entonces Bliss se tranquilizó.

“¡Qué alivio, de verdad…!”.

Fiu, justo cuando soltaba el aire, sintió una extraña presencia a su espalda. Al mismo tiempo que se sobresaltaba, Penélope susurró con voz contenida.

“Shhh, el Conde está bajando”.

Era una señal para que tuviera cuidado con lo que decía. Bliss dudó un momento y luego se giró con cautela. Tal como ella decía, Cassian estaba bajando las escaleras.

Bajo la brillante luz de la mañana, su aspecto era totalmente diferente al de la noche anterior. Aquel hombre que parecía tan vacío ahora se sentía como un ser arrogante, plenamente consciente de lo que poseía.

Su caminar era pausado y rítmico, su cuerpo se movía con una disciplina que evitaba cualquier balanceo excesivo al dar cada paso, e incluso sus dedos largos y elegantes, que abrochaban el botón de su chaqueta mientras bajaba, parecían seguir un cálculo perfecto, sin un solo gramo de desorden.

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Bliss se quedó un momento embelesado viendo al hombre caminar hacia él.

Tenía el cabello impecablemente peinado hacia atrás y, bajo este, se divisaban unos ojos gris plateado tras sus gafas. Bliss sintió una extraña sensación de disonancia al ver el color de sus ojos, que no había podido distinguir bien en la oscuridad. Había pensado que se parecía mucho a sus propios hermanos, pero fue un error. Lo único similar era la altura, los hermanos de Bliss no tenían ese rostro tan gélido.

Es obvio, pensó Bliss.

Toda mi familia es cariñosa y se cuida mutuamente. Solo la gente que no sabe nada los llama demonios, libertinos, pervertidos o perros rabiosos.

Sí, me refiero a ti. Cassian Strickland.

“¿Ya está listo, Conde?”.

Él pasó como una exhalación al lado de Penélope, quien lo saludó cortésmente.

Ya me lo imaginaba, ¿cómo iba yo a comparar a este tipo con mi familia?

La combatividad empezó a hervir dentro de Bliss.

Este tipo... no le queda mucho para seguir presumiendo.

“¿Qué pasa? ¿Y tú quién eres?”.

...Sin embargo, Bliss sabía muy bien que era demasiado pronto para mostrar sus sentimientos. Estando detrás de Penélope, Bliss se sobresaltó ante la voz de Cassian, quien se había detenido a un par de pasos de él. Tras dudar, levantó los párpados con cuidado y, como era de esperar, sus ojos se cruzaron con los de Cassian, que lo miraba desde arriba.

Hiiiiek.

Estuvo a punto de gritar sin darse cuenta. La mirada que lo escrutaba con el ceño fruncido parecía decir literalmente: ‘Si dices una sola tontería, te retuerzo el cuello’. Aunque, por supuesto, eso no iba a pasar.

… ¿O sí?

“S-soy Blair Carlton. Soy un pariente lejano de la señora Penélope…!”.

Bliss bajó la cabeza apresuradamente y recitó el guion que habían preparado.

¿Se habrá olvidado de que me presenté anoche? ¿O me está poniendo a prueba a propósito?

Mientras mantenía la cabeza baja y movía solo los ojos hacia arriba para comprobar, Cassian seguía mirándolo con el ceño fruncido.

¿Estará pensando que ahora hay demasiados extraños? ¿Por qué se comporta así?

Aunque por dentro estaba frustrado, no tenía más remedio que sonreír. Bliss se esforzó por curvar los labios en una sonrisa y dijo.

“Ayer me presenté ante usted. Quizás me recuerde…”.

“Tú”.

“Sí”.

Bliss respondió a toda prisa a esa única palabra inicial. Ante una Penélope que observaba expectante y nerviosa, Cassian masculló entre dientes.

“Si vuelvo a ver tu cara cuando regrese hoy, date por muerto”.

¡Hiiiiiieek!

¡Kyaaaaak!

Bliss y Penélope gritaron al unísono para sus adentros. Sin embargo, haciendo caso omiso de sus reacciones, Cassian se dio media vuelta y subió directamente al coche.

El conductor cerró la puerta, se dirigió rápidamente a su asiento y el vehículo arrancó. Penélope y Bliss se quedaron allí plantados, simplemente mirando cómo se alejaba. Solo cuando el coche desapareció por completo de su vista, Bliss gritó desesperado.

“¿Q-qué ha sido eso? ¿Qué acaba de pasar?”.

Ella era la única persona que podía darle una respuesta, pero Penélope se limitó a negar con la cabeza con expresión compungida.

“No tengo la menor idea, yo tampoco”.

Tras mucho pensar y sostenerse la cabeza con las manos, la única conclusión a la que llegaron ambos fue que ‘algo había salido mal’.

“¿Habrá sido algo en la presentación?”, preguntó Bliss. Penélope se acarició la barbilla y respondió.

“Probablemente, ¿no? Ya que se enfadó de repente justo después”.

Pero ahí terminó la teoría. No era la primera vez que presentaba a un nuevo empleado, así que esa reacción era, a todas luces, extraña. Y si a eso le sumamos lo de esta mañana...

¿Cómo era posible que el Conde, que normalmente no muestra el más mínimo interés en el personal, actuara así?

“Esto... Penélope”.

Bliss se dirigió con cautela a la mayordoma, que seguía sumida en sus pensamientos con rostro serio.

“Verá... yo... ¿debería marcharme? El Conde me dijo...”.

Mientras hablaba, se le irritó la nariz y los ojos se le llenaron de lágrimas.

Qué tipo tan malo, ¿por qué le grita así a alguien y le dice que se largue de la nada?

“Oh, Bliss”.

Bliss, que no pudo evitar sollozar por la pena, se frotó los ojos rápidamente con el brazo. Penélope se apresuró a consolarlo dándole palmaditas.

“No te lo tomes tan a pecho. Seguro que el Conde simplemente no está de buen humor. Mejorará cuando regrese por la tarde, así que volvamos a tantear el ambiente entonces. ¿De acuerdo? Todo está bien, todo está bien”.

 

Episodio 59

 

Penélope, hablando con un tono de voz deliberadamente más alto de lo normal, dio una fuerte palmada, se puso las manos en la cintura y miró a Bliss.

“¡Bien! Olvidemos lo ocurrido por ahora y pensemos en ello más tarde. ¿Vamos a las tareas de la mañana?”.

Mientras seguía a Penélope, que se había dado la vuelta con energía, Bliss no podía sacar de su cabeza la imagen de Cassian.

‘Lárgate, lárgate’.

¿Por qué sigo pensando en ese mentiroso malhablado? ¡Eres tú el que tiene que salirse de mi cabeza!

Sacudió las manos sobre su cabeza para espantar los pensamientos inútiles, pero no era fácil. Justo cuando apretaba los dientes al recordar su rostro...

“¿Eh? ¿Qué has dicho?”.

Penélope se giró de repente. Parecía haber creído que Bliss había dicho algo, así que él agitó las manos con rapidez y forzó una sonrisa incómoda.

“Ah, esto... no es nada. Jaja”.

Penélope ladeó la cabeza y siguió caminando. Bliss soltó un pequeño suspiro de alivio y reafirmó su postura.

Ese idiota... ahora hasta me ha insultado.

Parecía que sus pecados acumulados hasta ahora no eran suficientes. Definitivamente lo haría arrepentirse. Añadió una falta más a su ‘Lista de Venganza’ personal, jurando que se la cobraría con creces.

***

“¡Conde Heringer! Bienvenido. Lo estábamos esperando”.

Ante el caballero de cabello cano que lo recibía con entusiasmo, Cassian se acercó, estrechó su mano y esbozó una sonrisa protocolaria.

“Buenos días. Gracias por la invitación”.

“Por aquí, por favor. Todos lo están esperando”.

Guiado personalmente por el anfitrión hacia el salón, encontró a varios hombres reunidos en grupos de dos o tres conversando.

“Oh, Conde Heringer”.

“Conde, cuánto tiempo. ¿Cómo ha estado?”.

Al verlo entrar con el anfitrión, lo saludaron con sonrisas de cortesía. Tras intercambiar saludos y apretones de manos con todos, Cassian tomó asiento y el mayordomo que esperaba le sirvió té. Mientras se llevaba la taza a los labios, el anfitrión, el Marqués de Verhello, finalmente habló.

“Gracias a todos por reunirse hoy. Como ya mencioné, se trata del nuevo proyecto de ley que se va a presentar. ¿Qué opinan al respecto?”.

Todos los presentes eran miembros de la Cámara de los Lores. Estas reuniones para agrupar a miembros con ideas afines y obtener los resultados deseados eran comunes, a veces se organizaban incluso por temas triviales, solo por socializar.

Hoy era uno de esos días. En medio de una charla que consistía mayormente en bromas y conclusiones ya decididas, Cassian bebía su té en silencio. En realidad, no escuchaba ni una palabra de lo que decían. Su mente estaba en otra parte.

Junto con una migraña atroz que no dejaba de atormentarlo.

¿Cuándo demonios se me pasará esto?, pensó Cassian, aunque sabía perfectamente que era poco probable que ocurriera. La migraña, que comenzó casi al mismo tiempo que su insomnio, había empeorado gradualmente hasta convertirse en un tormento insoportable. Ya no sabía si no podía dormir por el dolor o si le dolía la cabeza por no dormir. Sintiendo que al menos el té caliente calmaba sus nervios irritados, volvió a beber...

“…por eso creo que esta vez debemos apoyar este proyecto de ley. ¿Qué opina el Conde Heringer?”.

Al oír su nombre de repente, la mano de Cassian se detuvo en seco. Levantó la mirada lentamente y vio que todos lo observaban. Tras una breve pausa, fingiendo dar un sorbo más al té para ganar tiempo, dejó la taza con lentitud y miró al hombre que le había preguntado. En estos casos, la respuesta ya estaba predeterminada.

“Pienso lo mismo que usted, Marqués”.

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Acompañó sus palabras con una leve sonrisa, a lo que el Marqués de Verhello respondió con una carcajada sonora mientras se palmeaba el muslo.

“¡Lo sabía! ¡Estaba seguro de que el Conde Heringer estaría de acuerdo conmigo!”.

En realidad, no tenía ni idea de qué habían estado hablando. Pero no importaba. Cassian se limitó a mantener su sonrisa en silencio.

“Parece que Miller está preparando otro proyecto de ley, ¿alguien sabe algo?”.

La pregunta de alguien atrajo la atención de todos. El que hablaba era el Barón Condial, un joven legislador que había empezado a destacar recientemente. Quizás porque acababa de heredar el título, alzaba la voz con mucho entusiasmo y, una vez más, captó el interés de todos sacando a colación el tema más reciente.

“No, no he oído nada. ¿Usted sabe algo?”.

El Marqués negó con la cabeza y miró a su alrededor, pero todos estaban igual. Al ver que solo se miraban las caras sin obtener respuesta, el Marqués volvió a dirigirse al Barón.

“Entonces, ¿el Barón ha oído algo? Si sabe algo, cuéntenoslo. Si es un proyecto de Miller, es muy probable que se apruebe, así que debemos estar al tanto”.

Todos lo miraron con expectación, pero la reacción del Barón no fue muy buena. Se rascó la nuca con gesto incómodo y balbuceó.

“La verdad es que solo sé eso por ahora. Tengo que investigar más, pero preguntaba por si acaso”.

Se oyeron suspiros de decepción por doquier. El Barón, abochornado, se apresuró a añadir.

“Pero con ese hombre nunca se sabe qué sacará de la manga, así que si alguien tiene contactos, sería bueno investigar. Yo también seguiré buscando…”.

“Sí, de acuerdo. Entiendo lo que dice”.

El Marqués asintió y, tras coincidir con él, cambió de tema pronto. Justo cuando Cassian dejó su taza vacía, el mayordomo que estaba a un lado se acercó de inmediato para rellenarla.

La conversación continuaba, pero Cassian no escuchaba ni la mitad. De vez en cuando, si le lanzaban una pregunta, respondía ‘Sí, yo también lo creo’ y sonreía, con eso bastaba para que todos estuvieran satisfechos.

Charlas que ni siquiera vale bien la pena escuchar, pensó mientras seguía sonriendo. Sin que nadie sospechara lo que pensaba en realidad, el tiempo pasó y la reunión sin sentido llegó a su fin.

“Gracias por venir hoy también, Conde Heringer”.

Al Barón, que le estrechaba la mano con fuerza, Cassian le respondió con la misma sonrisa que había mantenido todo el tiempo:

“No hay de qué, por favor, invítenme de nuevo. Es un placer”.

La influencia del Barón en el Parlamento no era en absoluto despreciable. Forjar lazos mediante estos eventos triviales sin duda sería de ayuda en el futuro. Todo formaba parte de su estrategia de ocultar sus verdaderas intenciones y construir una imagen pública intachable.

“Confío en que algún día el Conde liderará Inglaterra”.

El rostro del Barón rebosaba confianza y expectativas al decir aquello. Cassian sonrió y dijo: ‘Gracias’. Y eso era, efectivamente, lo que él también deseaba.

“Entonces, me retiro. Hasta la próxima”.

Tras despedirse formalmente, Cassian abandonó la residencia del Marqués. Su siguiente cita era con el director de una organización benéfica a la que hacía donaciones. Dado que lo había invitado personalmente a su casa, era obvio que querría pedirle algo, aunque él lo llamaría ‘favor’. Y después de eso...

Sentado en el coche repasando su agenda, Cassian soltó un suspiro y cerró los ojos. Apoyando la cabeza en el respaldo mientras esperaba que la migraña remitiera, pensó.

Está bien, cuando vuelva ya no estará.

Penélope era una mayordoma eficiente y nunca había ido en contra de los deseos de Cassian. Así que esta vez sería igual. Cuando regresara, todo volvería a ser como antes. El castillo del Conde, vacío y melancólico, las noches interminables; el insomnio atroz y...

...esta migraña espantosa.

“Maldición”.

Cassian dejó escapar un insulto que sonó como un quejido. Si la Duquesa se enterara de esto, probablemente se desmayaría del susto, pero ya llevaba tiempo soltando improperios así. Sí, probablemente desde que empezaron estas malditas migrañas.

“…Uuugh”.

Apretó los dientes dejando escapar un gemido. Lo único que podía hacer era esperar a que el dolor remitiera, sin poder hacer nada más mientras el sudor frío le perlaba las sienes.

...Todo está bien.

Susurró para sus adentros.

No tengo ningún problema.

 

Episodio 60

 

“Bienvenido, Conde. ¿Qué tal ha ido su día?”.

Ante la sonrisa de Penélope, que lo recibía como siempre, Cassian bajó del coche y, sin decir palabra, recorrió el entorno con la mirada. No había nadie más. Ella estaba sola, como siempre.

Solo tras confirmar ese hecho, Cassian asintió levemente y caminó con paso decidido.

Efectivamente, pensó satisfecho. Estaba seguro de que Penélope no desobedecería sus deseos. Y, tal como esperaba, ‘él’ había desaparecido.

No importaba si era pariente de Penélope o no. Lo importante era que ya no estaba frente a sus ojos. Con eso, todo terminaba.

El eco de sus propios pasos en el silencioso castillo le pareció hoy especialmente refrescante. Sentía que su rutina, brevemente alterada, finalmente había regresado a la normalidad.

Mientras subía las escaleras y recorría el largo pasillo, su pensamiento no cambió.

Sí, así es.

Repitió con alivio las palabras que se había dicho a sí mismo varias veces en el camino.

No tengo ningún problema.

…O eso debería ser.

En el momento en que abrió la puerta de su habitación, Cassian se quedó petrificado. Sus ojos gris plateado se fijaron en una escena increíble.

Allí mismo, en medio de la habitación, estaba él. Increíblemente, tal como lo había visto por la mañana.

No, era diferente. A diferencia de su actitud tensa de la mañana, ahora lo recibía con una sonrisa radiante. Y por si fuera poco...

“¡Bienvenido, Conde!”.

…Ahora incluso habla.

Cassian se quedó mudo de la estupefacción.

12.

Pasaron varios segundos con él parado en la puerta abierta. Bliss sintió su corazón latir desbocado y tragó saliva. Efectivamente, Penélope no estaba por ninguna parte. El rostro de Cassian se deformó en una mueca al darse cuenta de ese hecho tras mirar hacia atrás. Bliss estaba sumamente tenso, pero aquello ya estaba previsto. Después de todo, Penélope era la arquitecta de todo este plan.

Unas horas antes.

Tras terminar temprano sus tareas del día, Penélope llamó a Bliss a esta misma habitación.

“He estado dándole vueltas todo el día y creo que este método es el mejor”.

“¿Cuál? ¿Qué es?”.

Ante su pregunta ansiosa y llena de expectación, Penélope entrecerró los ojos, fingió mirar a su alrededor y susurró bajito, a pesar de que solo estaban ellos dos en toda la planta.

“Hoy, Bliss, tú te encargarás de atender al Conde antes de dormir”.

“¿Eh? ¿Yo?”.

Bliss gritó sin querer por la sorpresa, y Penélope se apresuró a taparle la boca con el dedo para que guardara silencio. Bliss obedeció de inmediato, tapándose los labios, y luego susurró con urgencia.

“¿Atenderlo antes de dormir? ¿Así de repente? ¿Yo?”.

“Sí”.

Penélope asintió y continuó hablando rápido.

“Iba a pasar tarde o temprano. Aunque, bueno, ha llegado mucho antes de lo previsto. Pero no hay otra opción. Viendo la reacción del Conde estos dos días, creo que el plan de 'acercarse al Conde poco a poco mientras lo atiendes' ha fracasado”.

“¿Y entonces?”.

Era el momento del Plan B. Ante un Bliss que esperaba con los oídos bien abiertos, ella respondió con orgullo.

“Por lo tanto, pasamos al plan de 'acercarse al Conde rápidamente mientras lo atiendes'“.

Bliss la observó en silencio durante un momento. Ante la expresión de satisfacción de Penélope, no tuvo más remedio que esbozar una sonrisa forzada.

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“Esto... Penélope. Solo ha cambiado una palabra”.

Ante la observación de Bliss, Penélope agitó el dedo índice de lado a lado como diciéndole que no se preocupara.

“Eso es obvio. Que ustedes dos se vuelvan cercanos es la conclusión inevitable”.

“Pero…”.

“Vamos, Bliss. He servido al Conde desde que estaba en la casa del Duque. ¿Quién crees que sabe más, tú o yo?”.

La respuesta a esa pregunta era evidente. Bliss respondió resignado.

“Usted, Penélope, yo también lo creo, pero…”.

“Bien, entonces está decidido. Empecemos con los preparativos. ¿Te parece? Ven aquí. No, ¿sería mejor aquí? Quédate de pie un momento. Sí, mejor allí. Perfecto. Quédate en este sitio…”.

Penélope arrastró a Bliss de un lado a otro. Le puso un uniforme de servicio nuevo, le peinó el cabello con esmero e incluso le enseñó, una por una, todas las frases que debía decir.

“Hoy he pedido los vinos nuevos para la bodega y he dejado la lista sobre esa mesa. ¿La ves? Es esa. Si el Conde pide la lista, le entregas ese documento…”.

Y tras mucho esfuerzo, se llegó a la situación actual. Bliss recordó todo aquello mientras sudaba frío. Penélope tenía razón.

¿Acaso no había venido hasta aquí para eso? ¡Si solo huyo, nunca tendré éxito!

Al llegar a ese pensamiento, se armó de valor y forzó una sonrisa.

“¿Qué tal ha ido su día? Esto... ¿traigo el vino?”.

En cuanto lo dijo, se sintió extraño.

¿Qué? Creo que me he saltado demasiadas cosas.

‘El vino es lo último de todo’.

“¡Ah!”.

Al recordar las palabras de Penélope, soltó una exclamación sin darse cuenta.

Vaya, me he saltado toda la parte intermedia.

Pero, de todos modos, no lograba recordarla. Lo importante ahora era el hecho de que acababa de cometer un error garrafal frente a Cassian.

¿Se pondrá a gritar como ayer?

Bliss sintió miedo por un instante, pero no tenía por dónde escapar. Ese hombre enorme seguía bloqueando la puerta.

Llegados a este punto, solo quedaba una opción.

Bliss forzó las comisuras de sus labios hacia arriba y preguntó.

“El vino se toma antes de dormir, ¿verdad? Entonces, ¿qué desea hacer antes? ¿Empezamos con el baño?”.

Cassian seguía sin decir palabra. Bliss no tenía forma de saber si estaba sumido en sus pensamientos o si se estaba preparando para hacer algo. Solo podía seguir sonriendo con esfuerzo hasta que sintió un tic en la mejilla.

De repente, Cassian se movió. Bliss observó parpadeando cómo él caminaba con zancadas largas y lanzaba su abrigo sobre la cama sin el menor cuidado.

¡Ay!

Fue entonces cuando recordó que Penélope le había dicho que debía recoger la ropa. Se movió rápidamente para recoger el abrigo de Cassian, cuando de pronto algo se extendió frente a él. Al girar la cabeza, vio que Cassian se había quitado la chaqueta del traje y se la estaba tendiendo.

¿Quiere que la guarde?

Aunque le molestó el gesto, la tomó en silencio y la sostuvo junto al abrigo. Lo último en pasar a sus manos fue la corbata. Tras colocar ese trozo de tela similar a una serpiente delgada sobre la ropa que ya sostenía, Cassian se desabrochó un par de botones de su camisa blanca y se dirigió al baño. Justo cuando Bliss soltaba un suspiro de alivio...

“Tú”.

Cassian, que se había detenido al abrir la puerta del baño, llamó a Bliss de improviso.

“¿S-sí?”.

Gritó Bliss, sobresaltado y poniéndose tenso de nuevo. Él lo observó durante un momento antes de hablar.

“Entra tú también”.

“… ¿Perdón?”.

Por un instante, Bliss pensó que había oído mal. Mientras lo miraba con una sonrisa que ya le hacía doler las mejillas, Cassian esbozó una sonrisa cínica y repitió las mismas palabras una vez más.

“He dicho que entres. Tú también”.

Y tras decir esto, Cassian entró directamente al baño. La ropa que Bliss sostenía se escurrió de sus brazos y cayó al suelo mientras él se quedaba allí parado, mirándolo con la boca abierta.

¿¿Que quééé??

Incapaz de creer lo que acababa de oír, soltó un grito silencioso.

¿Al baño? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿A mí? ¿Haciendo qué?

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Se cubrió las mejillas con ambas manos y volvió a gritar internamente, pero solo un hilo de aliento salió de su garganta.

Quería confirmar si lo que había oído era real, pero solo había una forma de hacerlo, preguntárselo al interesado. Sin embargo, si lo hacía, la respuesta sería obvia. Justo cuando se sentía atrapado en un callejón sin salida, la voz de Penélope resonó en su mente.

‘¡No pierdas esta oportunidad!’.

Sí, esto es una oportunidad.

Bliss tragó saliva y asintió. No tenía ni idea de lo que estaba a punto de pasar, pero aun así se armó de valor y se dirigió al baño. La puerta del baño donde Cassian había entrado estaba entreabierta.

El sonido de su propio trago de saliva se escuchó inusualmente fuerte. Y, finalmente, Bliss puso un pie dentro del baño.