Episodio 11-20

 


Episodio 11

 

“Ja... jaja...”.

El Duque soltó una carcajada, como si no pudiera creer lo que oía. La Duquesa también mostró una sonrisa amarga, Ashley guardó silencio cerrando la boca y Koi terminó soltando un profundo suspiro.

Sin embargo, la persona más estupefacta de todas era, por supuesto, Cassian.

Maldito mocoso.

Si por él fuera, le habría dado un buen coscorrón, pero lamentablemente el niño estaba sano y salvo, acurrucado en los brazos de su Daddy. Cassian fulminó con la mirada al ‘pequeño demonio’ que lucía triunfante, pero pronto dejó escapar un suspiro de agotamiento.

Ya todo le daba igual. Lo único que tenía en mente era volver a casa y desplomarse en su cama. Pero para lograrlo, primero debía exorcizar al demonio. Incluso en ese momento, Bliss seguía pataleando y gritando: ‘¡Déjenme casarme con Cassian!’.

“Bliss”.

Cuando Cassian, que no había dicho nada hasta entonces, lo llamó por su nombre y se acercó, Bliss, que forcejeaba en brazos de Koi, se detuvo y lo miró. Cassian forzó la sonrisa más generosa que pudo y le habló.

“A mí también me entristece mucho tener que irme así. Pero, ¿qué te parece si hoy lo dejamos hasta aquí y vienes a visitarme a mi casa la próxima vez?”.

Ante el tono calmado, Bliss ladeó la cabeza.

“¿La próxima vez? ¿A tu casa?”.

“Así es”.

Cassian continuó hablándole a Bliss, quien repetía sus palabras como un eco.

“Mi casa es completamente diferente a la tuya. No te asustes, pero es un castillo antiguo de más de 1,000 años”.

“¿1,000 años?”.

Bliss gritó con los ojos como platos, pero enseguida volvió a ladear la cabeza hacia el otro lado.

“¿Qué es ‘1,000 años’?”.

Al ver a Cassian quedarse mudo por un instante, Koi susurró avergonzado.

“Bliss todavía solo sabe contar hasta 100”.

...Este niño, ¿es tonto?

Cassian estaba atónito, pero reprimió su irritación y forzó una sonrisa.

“Significa que es muy, muy antiguo. Se construyó hace mucho más tiempo que el ‘hace mucho tiempo’ que tú conoces”.

Al oír eso, los ojos de Bliss brillaron y exclamó.

“¿Qué? ¿Entonces lo construyeron los dinosaurios?”.

No, eso ya es demasiado antiguo.

Cassian se desconcertó, pero pronto cambió de parecer. ¿Qué más daba? Total, no pensaba volver a ver a este niño en la vida.

“Exacto. Es un castillo construido por un Tiranosaurio Rex”.

Cuando soltó el primer nombre que se le ocurrió, Bliss frunció el ceño. Cassian se sintió inquieto pensando: ‘¿Ahora qué?’, hasta que Bliss habló.

“Qué raro. Los Tiranosaurios tienen las manos pequeñas como las mías, ¿cómo apilaron los ladrillos?”.

... ¿Por qué se volvió inteligente de repente?

Cassian, momentáneamente sin palabras, volvió a forzar una sonrisa y cambió de tema rápidamente.

“Eso tendrás que comprobarlo cuando vengas. En fin, Bliss, como esta vez he venido yo a jugar, ¿no crees que lo justo es que la próxima vez vengas tú a mi casa? Así sería equitativo, ¿verdad? Así que despidámonos por hoy y ven a visitarme luego. Allí podremos jugar de nuevo, ¿sí? ¿Entendido? Bien, quedamos así”.

Antes de que Bliss pudiera cuestionarlo de nuevo, Cassian dio el asunto por cerrado a su antojo. Todos, incluido Cassian, esperaban con el corazón en un puño la reacción de Bliss.

Si sigue insistiendo, no tendré más remedio que llevármelo a su cuarto por la fuerza... pensaba Koi, cuando...

“¡Está bien!”.

Dijo Bliss de repente.

Mientras todos lo miraban, Bliss fijó su vista en Cassian y continuó.

“De acuerdo, iré a tu casa la próxima vez. ¡Para que sea justo!”.

Cassian soltó un suspiro de alivio interno al ver la reacción de los adultos. Pensó que ya había superado el bache, pero...

“Entonces, como nos vamos a casar, ¿puedo irme a tu casa ahora mismo?”.

“No, no, no, no, ¡absolutamente NO!”.

La cara de Cassian volvió a perder el color ante la entusiasta pregunta de Bliss. Frente a esta nueva crisis inesperada, negó frenéticamente con la cabeza y se llevó la mano a la frente con un hondo suspiro. Ante su reacción, Bliss preguntó extrañado.

“¿Qué pasa? Tú dijiste que fuera a tu casa”.

Tras decir eso, entornó los ojos con sospecha y murmuró.

“No me digas que... me estás mintiendo...”.

“Claro que no”.

Cassian retomó la palabra con una sonrisa falsa.

“Hablo en serio, Bliss. Pero es un poco difícil invitarte tan de repente. Cuando recibimos a un invitado, tenemos que prepararnos... ya sabes, tu habitación y cosas así”.

Mientras hablaba, Cassian le hizo señas desesperadas a su padre.

¡No se quede ahí mirando, haga algo!

Afortunadamente, el Duque captó la señal de auxilio de su hijo y dio un paso al frente para apoyarlo.

“Así es. El castillo es muy viejo y hay muchos lugares que reparar. Así que danos algo de tiempo”.

Bliss, todavía con dudas, miró alternativamente al Duque y a Cassian antes de preguntar.

“¿Cuánto tiempo? ¿Unas cinco noches...?”.

“Un año”.

Cassian lo interrumpió rápidamente. Al ver cómo el rostro de Bliss, que había extendido sus cinco deditos, se nublaba de desconfianza, continuó fingiendo naturalidad.

“Me voy a graduar pronto, Bliss. Iré a la universidad. Estaré muy ocupado y no tendré tiempo para jugar contigo. Así que, por favor, espera hasta las vacaciones, ¿sí? ¿Puedes hacer eso?”.

Ante aquellas palabras, Bliss se sumió en sus pensamientos con expresión seria. Cassian esperaba la reacción con ansiedad, temiendo que no cayera en la trampa. Si volvía a decir una tontería, entonces...

“Está bien, no queda de otra”.

“¡Buena elección! Qué alivio, sabía que alguien como Bliss lo entendería”.

En cuanto Bliss aceptó, Cassian exageró su alivio con una gran sonrisa. Entonces, Bliss levantó la barbilla con confianza y dijo.

“Si mi amigo tiene problemas, por supuesto que debo ceder. Así es como actúan los hombres”.

“Exacto. Como se esperaba de Bliss, un hombre entre hombres”.

Cassian siguió halagándolo con ambos pulgares arriba. Cuando el ego de Bliss creció tanto que parecía que iba a atravesar el techo, los Duques aprovecharon el momento para terminar las despedidas.

“Entonces, nos marchamos por hoy. Adiós...”.

“Gracias por venir. Tengan buen viaje”.

“Adiós, Koi. Gracias por todo hoy”.

“Gracias a usted, Duquesa. Espero verla pronto”.

“Adiós, Cassian. Iré a visitarte en las vacaciones”.

“Sí, te estaré esperando. Pórtate bien mientras tanto”.

Solo después de que cada uno dijera unas palabras, la familia del Duque subió finalmente al coche. Primero la Duquesa, luego el Duque, y justo cuando Cassian iba a subir, Ashley Miller se acercó fingiendo sostener la puerta y le susurró en voz baja.

“Tienes talento para la política”.

Cassian lo miró instintivamente y el hombre de cabello rubio platino añadió con una leve sonrisa.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Es un cumplido”.

Dicho esto, dio un paso atrás. Cassian vaciló un momento antes de subir al coche, y el guardaespaldas cerró la puerta de inmediato. El vehículo salió del jardín en fila, tal como había llegado.

“Fuuuuuu”.

En cuanto tuvo la certeza de que todo había terminado, Cassian apoyó la cabeza en el respaldo y soltó un largo suspiro. Al verlo, la Duquesa le habló con una sonrisa de compasión.

“Te has esforzado mucho hoy, Cassian”.

“Ni me lo diga”.

Tras responder entre dientes, añadió con voz cansada.

“Al menos se solucionó bien, así que no importa”.

“Nunca imaginé que recibirías una propuesta de matrimonio”.

El Duque soltó una carcajada.

La Duquesa también se rió, pero a Cassian la situación no le hacía ninguna gracia.

“Por cierto”.

El Duque se dirigió a su hijo, que seguía con cara de pocos amigos, con tono casual.

“¿Qué te dijo Ashley Miller ahí afuera hace un momento?”.

Cassian miró a sus padres, que lo observaban con curiosidad, y respondió con rostro inexpresivo.

“Que nos veríamos la próxima vez”.

“Bueno, después de todo seremos parientes”.

El Duque volvió a reírse y la Duquesa lo acompañó.

Cassian fingió una sonrisa y luego miró por la ventana.

En ese corto instante, inventé una excusa bastante buena. Seguramente las palabras de Ashley Miller se referían a eso.

Una especie de felicitación por haber escapado tan hábilmente.

 

Episodio 12

 

No es que se sintiera especialmente bien, pero no le faltaba razón. Al fin y al cabo, había obtenido el resultado deseado. Los niños de esa edad olvidan lo ocurrido el día anterior con solo dormir una noche. Para ellos, ¿qué tan largo sería un año?

Es tiempo suficiente para que olvide lo de hoy y también se olvide de mí por completo.

Además, su país de origen es el Reino Unido. En cuanto terminen sus asuntos, se marcharán. Así, sería aún más improbable cruzarse con ese niño. Con ese pensamiento, cerró los ojos complacido. Pronto Cassian sería mayor de edad y se independizaría. La vida universitaria libre lo estaba esperando. ¿Cómo iba a perder el tiempo lidiando con un mocoso tonto?

Recordando el piso en Londres donde viviría, esbozó una sonrisa de satisfacción.

Adiós, cacahuate. No nos volvamos a ver.

***

“Huaaaam”.

Bliss soltó un gran bostezo en cuanto apoyó la cabeza en la almohada. Casi se queda dormido varias veces durante el baño. Ashley acarició suavemente la frente del niño con su gran mano.

“Parece que hoy te has divertido mucho. ¿Se portó bien Cassian contigo?”.

“Sí”.

Bliss asintió con fuerza, pero no podía luchar contra sus párpados que se cerraban solos. Tras otro bostezo, habló con voz somnolienta.

“Daddy, de verdad voy a ir a ver a Cassian...”.

“Sí, está bien”.

Ashley aceptó dócilmente mientras acariciaba la mejilla del pequeño.

“Te llevaré a verlo dentro de un año. Por hoy, duerme”.

“¿De verdad...?”.

“Sí, de verdad”.

Para cuando terminó de prometérselo, Bliss ya había cerrado los ojos. Ashley se quedó mirando un momento al niño que dormía plácidamente con una respiración rítmica, se inclinó para darle un beso tierno en la frente y salió de la habitación.

“¿Bliss ya se durmió?”.

Koi, que acababa de salir de la ducha, le preguntó al ver a Ashley entrar en su dormitorio. Él asintió y respondió.

“Está profundamente dormido. Hasta el último momento antes de caer no paró de hablar del hijo mayor del Duque Strickland”.

“¿De verdad?”.

Ante la sorpresa de Koi, Ashley asintió brevemente y dijo sin darle importancia.

“Lo olvidará cuando despierte. Los niños pierden el interés rápido”.

Tras darle un beso ligero a Koi en los labios, Ashley entró al baño. Koi murmuró para sí mismo.

“Espero que sea así...”.

No se le ocurrirá no olvidarlo y pedir ir al Reino Unido, ¿verdad?

Al pensar eso, Koi sacudió la cabeza rápidamente.

Imposible, no tiene sentido. Ash tiene razón. Bliss todavía es pequeño, así que lo olvidará pronto. Un año es mucho tiempo...

‘¡Me voy a casar con Cassian!’.

De pronto recordó la declaración de Bliss y se le escapó una risita de incredulidad. ¿Qué sabría un niño de apenas seis años? Negando con la cabeza y sonriendo, se metió en la cama y sacó el libro que estaba leyendo. Era una noche tranquila como cualquier otra.

Y entonces...

Pasó un año.

7.

“¡Papá, papaaaa!”

Temprano por la mañana, Ashley, que aún se preparaba para ir a trabajar, abrió los ojos sorprendido al ver a su hijo menor entrar corriendo en el dormitorio llamándolo con urgencia.

“Bee, ¿qué pasa? ¿Tan temprano?”.

Ashley se inclinó para cargar al niño mientras preguntaba. El pequeño, con el rostro encendido de emoción, lo miró y gritó entusiasmado.

“¡Quiero ir al Reino Unido!”.

“¿Reino Unido?”.

“¿Cómo que al Reino Unido?”.

Tanto Ashley como Koi, que estaba detrás, repitieron las palabras de su hijo con asombro. Bliss, mirando alternativamente a sus desconcertados padres, dijo con total seguridad.

“¡Es mañana! ¡El año que dijo Cassian se cumple mañana mismo!”.

“¿Qué?”.

“Ah...”.

Koi soltó una exclamación de entendimiento después de Ashley y añadió la explicación.

“Se refiere a cuando el hijo del Duque vino y se fue...”.

“Ah, ya veo”.

Solo entonces Ashley recordó lo ocurrido aquel día. Inmediatamente, Bliss gritó.

“¡Hicimos una promesa, así que tengo que ver a Cassian! ¡Quiero ir al Reino Unido!”.

“Espera, Bliss. Eso no es algo tan sencillo de...”.

Ashley intentó calmarlo, pero Bliss no escuchaba. Era lógico. había esperado exactamente un año para este día.

“¡Quiero ir a ver a Cassiaaan!”.

Bliss empezó a patalear y a forcejear. Había aparecido la técnica infalible de Bliss. Koi, desolado, solo podía mirar al niño. Al final, incapaces de resistir ni cinco minutos, se rindieron.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Está bien, Bliss. Entendido”.

Ashley suspiró profundamente en señal de rendición y, sosteniendo al ahora calmado Bliss, continuó.

“Pero no podemos irnos así porque sí. Primero tenemos que confirmar cómo están las cosas allá, ¿entiendes?”.

“No. ¿Qué es eso?”.

Al ver a Bliss ladear la cabeza, Koi explicó desde un lado.

“Significa que tenemos que pedir permiso para ver si podemos ir, Bee”.

Esta vez Bliss ladeó la cabeza hacia el otro lado.

“¡Pero si Cassian me dijo que fuera!”.

“Aun así, hay que pedir permiso de nuevo”.

Koi, que repetía lo mismo ante un Bliss que seguía sin entender, miró esta vez a Ashley.

“¿Debería contactar con la Duquesa?”.

“Yo me encargo, así que espera un momento”.

Tras decir eso, Ashley le entregó el niño a Koi y comenzó a anudarse la corbata.

“Me voy. No salgan. Koi, deja a Bliss con el mayordomo. No te quedes a solas con él”.

Terminó de prepararse en un instante, besó a Koi y a Bliss por turno y salió de la habitación. Normalmente Koi lo habría seguido para verlo marcharse en el coche, pero hoy no lo hizo. Tal como dijo Ashley, se quedó en la habitación y, una vez a solas con Bliss, centró su atención en él. Aunque por lo general no debería pasar mucho tiempo a solas con el niño, hoy tenía una pregunta especial que hacer.

Solo tengo que tener cuidado.

“Bliss, ¿por qué de repente te dieron ganas de ir al Reino Unido?”.

Tras sentar al niño en el sofá de la sala conectada al dormitorio, Bliss respondió sin vacilar:

“¡No es de repente! ¡He estado esperando durante un año!”.

“Así que de verdad te acordaste todo este tiempo...”.

Sentirse así era extraño, un niño tan pequeño había estado pensando todo este tiempo en algo que incluso él mismo ya había olvidado. Pero eso no era todo. Bliss continuó hablando con una voz cargada de emoción.

“Dijiste que Cassian vive en Inglaterra, ¿verdad? Dicen que en Inglaterra llueve mucho. ¡Por eso también empaqué mi impermeable! ¡Ya estoy todo preparado!”.

Al ver su rostro iluminado por la ilusión, a Koi le resultó imposible decirle que no. En su lugar, le hizo otra pregunta.

“¿Preparado? ¿A qué te refieres? ¿Ya empacaste algo?”.

Bliss asintió con energía.

“Espera un momento, Daddy”.

Saltó del sofá y salió corriendo a toda prisa. Seguramente iba a su habitación, pensó Koi mientras esperaba. Poco después, el niño regresó cargando una mochila enorme. Con un quejido de esfuerzo, dejó la mochila frente a Koi, abrió la cremallera y empezó a sacar las cosas una por una. Primero sacó el impermeable amarillo que había mencionado y lo puso en el suelo, luego, sacó una gorra de béisbol toda arrugada.

“Dicen que para saludar hay que quitarse la gorra y ponerla así sobre el pecho. Para hacer eso necesito una gorra, ¿no? Por eso puse mi favorita”.

Podrías simplemente no usar gorra, Bee, pensó Koi, pero guardó silencio y esperó a ver qué seguía. A continuación, Bliss sacó unas galletas de mantequilla (que quién sabe cuándo había guardado ahí) diciendo que eran un regalo para los Duques, luego, un juego de mesa para jugar con Cassian, después, un pañuelo por si se resfriaba y le goteaba la nariz, e incluso un reloj de mesa con su personaje favorito para poder decir la hora si alguien preguntaba.

“... ¿Eso es todo?”.

Preguntó Koi, mirando el montón de trastos esparcidos por el suelo.

El niño negó con la cabeza y respondió.

“No pude meter las botas de agua ni el paraguas. Y también tengo que llevar a Sánchez. Además...”.

Bliss siguió enumerando cosas con entusiasmo, pero para Koi, más de la mitad eran objetos inútiles. Sin embargo, al pensar en cómo el pequeño se había preparado solo y con tanto esmero durante un año para ir a Inglaterra, se sintió conmovido. Acarició la cabeza del niño y le dijo.

 

Episodio 13

 

“Está bien, veo que Bliss se ha esforzado muchísimo. Buen trabajo. Ahora, como Daddy se encargará de hacer la maleta, ¿qué te parece si tú practicas cómo saludar?”.

“¿Cómo saludar? ¿Así?”.

Bliss se puso de pie de un salto y, tambaleándose un poco, dobló las rodillas. No hacía falta preguntar dónde había visto eso, era obvio que era una escena de los dramas que tanto le gustaba ver.

“No, Bee. Eso es lo que hacen las niñas. Los hombres lo hacen así”.

Koi se puso de pie y le mostró cómo inclinarse para saludar. Bliss asintió entendiendo. Al ver a su hijo ponerse la gorra arrugada sobre el pecho y bajar la cabeza profundamente, Koi le explicó con dulzura.

“Muy bien, Bee. Pero si lo haces un poco más despacio, te verás más elegante...”.

Mientras le corregía la postura, el niño lo imitaba con esmero.

Desea tanto ir, ¿qué haré si al final no podemos?

A Koi empezó a dolerle el corazón de solo pensar en la decepción de Bliss. Se esforzó por reprimir el impulso de llamar a la Duquesa de inmediato para suplicarle, y simplemente esperó a que pasara el tiempo.

Finalmente, un par de horas después, un grito de alegría de Bliss resonó con fuerza por toda la mansión.

8.

Hacía tiempo que el cielo no estaba tan despejado, y una luz solar radiante inundaba todo. El hogar del Duque de Strickland había estado sumido en un ajetreo frenético desde hacía varios días. No era para menos, ya que hoy se esperaba a un visitante muy especial. La Duquesa, que llevaba días supervisando la casa, notó algo mientras hacía la inspección final de una habitación.

“¿Qué pasa con estas cortinas? Bryson, ¿no le dije que las cambiara? Traiga unas nuevas, estas tírelas”.

Mientras sacudía las cortinas de la ventana dando órdenes, el mayordomo respondió apresuradamente.

“Sí, Duquesa. Lo haré de inmediato”.

Tras confirmar que el mayordomo daba instrucciones a los empleados, la Duquesa salió de la habitación con paso rápido (aunque a ojos de los demás parecía mantener la calma). A pesar de haber estado activa desde temprano, al mirar su reloj de pulsera vio que ya casi era la hora.

“Vaya, vaya”,

Atravesó los pasillos del enorme castillo antiguo con premura. Iba a su habitación para retocarse el maquillaje y hacer la última revisión. Sin embargo, incluso en su prisa, no pasaba por alto ni el más mínimo detalle.

“Aquí no se ha limpiado bien. Limpien esto”.

Ante el señalamiento de la Duquesa hacia una esquina de la escalera, un empleado que limpiaba el marco de una ventana corrió a frotar el suelo con energía. Tras comprobarlo, ella se dirigió finalmente a su cuarto. Se miró al espejo, se retocó el lápiz labial, ajustó la posición de su pasador de perlas y, por último, revisó su vestimenta.

Perfecto.

Esbozó una sonrisa de satisfacción y, con la espalda erguida, se sonrió a sí misma en el espejo. Había estado esperando este día desde que supo que ese niño vendría. Ya casi llegaba.

¡Esa cosita linda, cuánto lo he extrañado!

En ese momento, llamaron a la puerta. Un empleado entró y anunció.

“Duquesa, el joven de la familia Miller ha llegado”.

“¡Oh!”.

La Duquesa se alegró visiblemente y salió de la habitación a toda prisa hacia la entrada principal. En sus mejillas, usualmente pálidas, asomaba un inusual y leve rubor. El empleado, aunque sorprendido internamente al ver la suave sonrisa en su rostro, la siguió rápidamente manteniendo la compostura.

El mayordomo estaba en la entrada recibiendo al invitado. Al ver la figura que tanto había esperado, la Duquesa casi corrió a través del vestíbulo. Un niño, que estaba de pie en medio del salón, se quitó la gorra al verla, la sostuvo con ambas manos e hizo una reverencia educada.

“Duquesa, gracias por invitarme”.

Cielo santo, se ha vuelto aún más tierno.

La Duquesa, conmovida por los modales del niño, no pudo evitar soltar un suspiro de ternura. Respondiendo a la cortesía del invitado, ella le tendió la mano y lo saludó.

“Bienvenido, Bliss Miller”.

El niño sostuvo su gorra con una mano y con la otra estrechó ligeramente la mano de la Duquesa. Al ver cuánta tensión había en sus hombros debido a los nervios, ella le dijo sonriendo.

“Con eso es suficiente. Lo has hecho de maravilla. ¿Te enseñaron tu Papá y tu Daddy?”.

Ante la pregunta juguetona, el niño respondió con firmeza.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Me dijeron que jugara tranquilo y que no causara molestias en la casa del Duque. No se preocupe, Duquesa. Ya soy mayor”.

“Ya veo. Eres realmente admirable”.

Al ver el rostro del niño hablando con tanta madurez, la Duquesa tuvo que hacer un gran esfuerzo para no soltar una carcajada.

“Debes estar cansado del viaje. ¿Tienes hambre?”.

“Estoy bien, comí en el avión. Gracias”.

Nuevamente, Bliss se comportó con mucha educación. La Duquesa, con una sonrisa de orgullo, levantó la vista y se encontró con una mujer vestida con un traje impecable que estaba de pie a unos pasos de Bliss. La mujer hizo una pequeña reverencia y habló.

“Buenas tardes, soy Talia, escolta de la familia Miller. Mi misión ha terminado, así que me retiro”.

La Duquesa comprendió que ella era la encargada de traer a Bliss hasta allí. Asintió con dulzura.

“Sí, ha hecho un gran trabajo. Tenga un buen viaje de regreso”.

“Gracias, Duquesa. Adiós, Bliss”.

Tras despedirse de la Duquesa, se dirigió al niño.

“Si necesitas algo o surge cualquier asunto, llama al número de la tarjeta que te di antes”.

Era el número del representante de la oficina del bufete Miller en el Reino Unido. Bliss asintió y se despidió cortésmente.

“Gracias por hoy. Adiós”.

Al verlo así, tan diferente de su habitual yo travieso, Talia se sintió desconcertada, pero se retiró sin mostrarlo. Una vez que se fue, la Duquesa volvió su atención a Bliss.

“Bueno, ¿vamos a ver tu habitación? Podemos tomar el té y ponernos al día. Bryson”.

“Dígame, Duquesa”.

“Iremos a la habitación de Bliss, así que traiga el té. Y muchas galletas para él. Le dije al pastelero que las preparara”.

Luego, le sonrió a Bliss.

“Vamos, subamos.

“Sí, Duquesa”.

Bliss respondió dócilmente y tomó la mano que ella le ofrecía. Juntos, subieron las escaleras.

***

Gracias al sol que asomaba después de mucho tiempo, el campus de la universidad estaba lleno de estudiantes tomando el sol. Algunos estaban tumbados sobre el césped sin camisa, otros leían libros en los bancos vistiendo incluso bikinis. Entre ellos, un hombre caminaba a paso tan rápido que parecía casi correr.

“¡Eh, Cassian!”.

Ante el llamado, el hombre se dio la vuelta. Era Jeffrey, un compañero de clase, que corría hacia él.

“¿A dónde vas? ¿Por qué tanta prisa con el día tan bonito que hace?”.

Jeffrey también parecía haber salido a tomar el sol, pues vestía un traje de baño tipo bermuda. Parecía estar a punto de invitar a Cassian a unirse, pero este no tenía tiempo para eso.

“A mi casa. Ya empezaron las vacaciones y mi madre insiste en que vuelva pronto”.

Ante la respuesta corta, Jeffrey asintió comprendiendo.

“Bueno, no hay nada que hacer. ¿Entonces vas a estar encerrado en casa todo el tiempo? Qué aburrido”.

Cassian soltó una risita.

“Puedes venir a visitarme si quieres. De hecho, otros amigos ya dijeron que irían”.

“¿Qué? ¿En serio? Oye, ¿cómo no me dijiste antes? Me ofende, de verdad”.

Cassian le dio una palmadita en el hombro a su amigo, que se veía notablemente dolido.

“Ven cuando quieras. Serás bienvenido”.

“¿De verdad?”.

Ante el repentino cambio de humor de Jeffrey, Cassian se despidió con la mano y siguió caminando. No tardó mucho en llegar a donde tenía estacionado su auto. Metió su equipaje ligero en el maletero, se sentó al volante y arrancó. Saliendo del tráfico denso de la ciudad, se dirigió hacia aquel castillo antiguo donde había vivido toda su vida y donde sus antepasados habían vivido y muerto.

 

Episodio 14

 

De niño, ese castillo enorme y antiguo le daba un miedo terrible. Las armaduras de caballeros alineadas en los pasillos vacíos eran especialmente terroríficas, cuando pasaba por allí de noche, solía correr con todas sus fuerzas pensando que cobrarían vida. Pensándolo ahora, le parecía absurdo.

Cosas de la imaginación infantil.

Mientras conducía esquivando el tráfico, los autos a su alrededor fueron disminuyendo. Al entrar en el camino que conducía al castillo ancestral de su familia, Cassian Strickland dejó escapar un suspiro de alivio involuntario.

Finalmente sentía que estaba de vacaciones. La sensación de libertad era indescriptible después de un semestre entero lidiando con reportes, tareas y exámenes. Estaba de tan buen humor que incluso escuchaba con benevolencia una aria (opera) en la radio que normalmente detestaría. Estaba, por así decirlo, en su mejor momento.

Conducía con una mano al volante y el otro brazo apoyado en el marco de la ventana de su auto deportivo, silbando ocasionalmente mientras usaba gafas de sol oscuras. Se veía relajado por completo.

Voy a divertirme al máximo en estas vacaciones.

Pensaba descansar de verdad. Al ser sus primeras vacaciones desde que entró a la universidad, planeaba hacer todo lo que no podría repetir en la vida. El motor rugía mientras recorría la carretera vacía, pero a él no le importaba. Tras conducir unos 30 minutos más, el castillo de dimensiones colosales apareció a lo lejos.

Por fin.

La fortaleza de Strickland, compuesta por cuatro castillos de distintos tamaños, estaba abierta al público a excepción del castillo principal, por lo que cualquiera podía visitarla pagando una entrada. Pasando de largo las filas de autos que esperaban para entrar, Cassian se dirigió a una puerta privada y redujo la velocidad ante la garita de seguridad. Un empleado que reconoció el auto de Cassian desde lejos salió apresuradamente a saludar.

“Bienvenido, joven amo”.

Cassian asintió con una sonrisa al guardia y aceleró de nuevo. Mientras la gente en los autos que esperaban la inspección se apresuraba a tomar fotos y videos con sus teléfonos, él desapareció de vista en un instante. Silbando de buen humor, llegó finalmente al castillo principal, donde los empleados, ya avisados por seguridad, lo esperaban.

“Buen trabajo en el viaje, joven amo”.

Tras un ligero saludo a los empleados que hacían una reverencia, Cassian bajó del auto y entregó las llaves. Dejando atrás a los empleados que empezaban a sacar el equipaje del maletero, sus pasos hacia el interior del castillo eran más ligeros que nunca.

A estas alturas, su madre ya debería haber recibido el reporte de su llegada. Incluso durante el semestre, cuando tenía tiempo, solía visitar la casa principal, y cada vez su madre salía corriendo hasta la entrada para recibirlo. Como le había avisado que vendría hoy, seguramente lo sabía.

Sin embargo, extrañamente, la Duquesa no aparecía por ningún lado. Se sintió un poco extrañado, pero pronto decidió que no importaba y subió directamente las escaleras hacia la habitación de su madre.

Tras llamar a la puerta, escuchó una voz desde adentro. Después de un momento, abrió la puerta y, como esperaba, vio a su madre sentada a la mesa de té.

“Cassian”.

“Madre”.

Llamando a su hijo con alegría, ella se puso de pie y abrió los brazos. Cassian caminó hacia ella y la abrazó.

“Madre, ¿cómo ha estado?”.

“Bien, tú también te ves de maravilla”.

La Duquesa le dio unas palmaditas cariñosas en la espalda, se separó y le sonrió ampliamente. Sus ojos cálidos, que siempre lo miraban con afecto, seguían siendo los mismos, pero por alguna razón Cassian sintió algo extraño.

“Parece estar de muy buen humor”.

Ante el comentario, la Duquesa sonrió aún más y respondió.

“Por supuesto, si acabas de llegar”.

“Ya veo...”.

Cassian sonrió con torpeza, pero por alguna razón esa sensación inquietante no desaparecía.

¿Qué será? Sigo teniendo un mal presentimiento.

“Cassian”.

Cassian, que se había sumido en sus pensamientos, reaccionó al ser llamado. Bajó la mirada y vio a su madre observándolo con curiosidad. De inmediato, cambió de tema fingiendo naturalidad.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“¿A qué hora será la cena? ¿Mi padre llegará tarde hoy?”.

Ante la pregunta normal, su madre respondió con presteza.

“Pensaba que, a las siete, ¿te parece bien? Si quieres descansar, las ocho también está bien”.

Luego añadió brevemente.

“Él dijo que llegaría antes de las siete. Descansa en tu habitación y sal a saludarlo cuando sea la cena”.

“Entendido. Entonces... que sea a las ocho”.

Cassian fijó la hora tras consultar su reloj. Como venía lleno de polvo del camino, quería tomarse su tiempo para bañarse con calma.

“Entonces nos vemos luego. Buen trabajo en el viaje, hijo”.

La Duquesa le dio un beso en la mejilla y sonrió. Cassian le devolvió la sonrisa y salió de la habitación.

Su habitación estaba en el otro extremo del pasillo. Caminó relajado, pasando por el pasillo vacío donde las armaduras que tanto le asustaban de niño estaban alineadas. Ahora que lo pensaba, se sentía un poco cansado. Se frotó la nuca mientras caminaba y pronto llegó a su puerta. Al abrirla, vio su habitación perfectamente ordenada.

Seguramente, al saber que vendría, los empleados habían estado ocupados limpiando la habitación vacía desde temprano. Al imaginar a su madre dando instrucciones de aquí para allá, sintió gratitud y sus labios se relajaron. De verdad sentía que estaba en casa y, al mismo tiempo, sintió cómo toda la tensión de su cuerpo se disolvía.

Deseando quitarse el polvo con agua caliente, Cassian caminó por la habitación y lanzó la ropa que se iba quitando sobre el sofá de la sala contigua. Su siguiente destino era, obviamente, el baño. Abrió la puerta conectada y comenzó a ducharse de inmediato.

“Haaaaa”.

Cassian soltó un suspiro de satisfacción bajo el agua caliente. Parecía que todo el estrés y el cansancio acumulados se iban por el desagüe. Recordando que no hay lugar como el hogar, se enjabonó a conciencia. Tenía tiempo de sobra. Mientras se lavaba con calma, pensaba en el futuro.

Las vacaciones apenas comenzaban. Para disfrutar de este primer descanso tras entrar a la universidad, se había dedicado frenéticamente al estudio durante todo el semestre. En estas vacaciones planeaba hacer todas las locuras que no había hecho hasta ahora. Cosas como saltar desnudo a un lago, beber toda la noche hasta quedarse dormido en cualquier parte, o pasar una noche con alguien que le gustara, locuras por el estilo.

Hasta ahora, había llevado una vida literalmente ‘ejemplar’. También se sentía orgulloso de haberse comportado a la perfección como el heredero de la ‘familia Strickland’ en sus relaciones sociales. Siempre había tenido novias, pero siempre mantenía una distancia prudente y se esforzaba por terminar las relaciones de forma limpia para que no hubiera habladurías.

Actualmente estaba soltero tras una ruptura reciente, pero lo más probable era que pronto tuviera una nueva pareja. Esa era una de las razones por las que había designado estas vacaciones como su ‘periodo de desviación’. Al fin y al cabo, si empezaba a salir con alguien nuevo, tendría que serle fiel y ya no podría disfrutar de sus aventuras.

Vivir de forma desenfrenada basta con hacerlo una vez en la vida.

Y él había elegido estas vacaciones como esa oportunidad. La reputación de ‘Cassian Strickland’ en el mundo era, sencillamente, la mejor. El hecho de ser un Beta no era un problema, era el único heredero de un ducado y su apariencia era tan excelente que a menudo lo confundían con un Alfa.

De hecho, en algunos círculos se decía que era mucho mejor que los que poseían rasgos. Por mucho que lo adornaran con palabras, ¿acaso tener un ‘periodo de celo’ no los hacía iguales a las bestias? Aunque los Alfas dominantes dijeran que podían controlar sus instintos, no era nada especial. Era algo que se solucionaba fácilmente con un preservativo.

De todas formas, si el acumulamiento de feromonas les causa pérdida de memoria y no pueden controlar su eyaculación, ¿qué sentido tiene?

Cassian soltó una risita y cerró el grifo. Salió de la ducha, tomó una toalla grande y limpia, y mientras secaba su cuerpo empapado, se sumió en sus pensamientos. Después de haber vivido de forma tan diligente y contenida, estaba decidido a hacer de todo en estas vacaciones sin arrepentimientos.

 

Episodio 15

 

Para ello, incluso había invitado a algunos amigos al castillo. Después de todo, las locuras son más estimulantes cuando se hacen en grupo.

Bien, ¿por qué debería empezar?

Al imaginar por un momento que hacía puenting desnudo después de beber, Cassian soltó una carcajada. Seguía de muy buen humor mientras lanzaba la toalla mojada al suelo de cualquier manera, salía del baño y caminaba descalzo por la habitación.

Antes de elegir la ropa para bajar a cenar, quiso revisar sus mensajes en el celular, pero no lo veía por ninguna parte.

¿Dónde lo habré dejado?

De pie, completamente desnudo, giró la cabeza de un lado a otro buscando en los alrededores mientras fruncía el ceño tratando de recordar. Al entrar al cuarto se quitó la ropa de inmediato y el celular...

Giró la cabeza y pronto soltó una risita. Su teléfono estaba allí, solitario sobre la cama. Caminó silbando y se inclinó. Fue entonces cuando notó que un lado de las sábanas estaba abultado. Probablemente un empleado no las había estirado bien. Sin darle importancia, Cassian tiró de la sábana junto con el celular. La sábana que cubría la cama se apartó de golpe, revelando el colchón ordenado. Y en ese instante, el cuerpo de Cassian se quedó petrificado.

“Uuung...”.

Su idea de que la sábana arrugada formaba una figura extraña era totalmente errónea. No era un espacio vacío. Al desaparecer la sábana que lo cubría hasta la coronilla, el pequeño ser que dormía plácidamente hecho un ovillo sobre el colchón se despertó frotándose los ojos. El mocoso, que apenas le llegaría a las rodillas, se incorporó torpemente y lo miró parpadeando con ojos soñolientos. Su mirada se dirigió primero al pecho y fue bajando nivel por nivel. Pasó por el abdomen de músculos marcados, la cintura sin un gramo de grasa, el hueso púbico y bajó hacia donde, bajo el vello oscuro, colgaba...

La mirada del niño se clavó allí, y sus ojos, nublados por el sueño, se abrieron de par en par. Y justo cuando su boca se abrió tanto como sus ojos...

“¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAHHHHH!!!”.

En ese momento, Cassian se puso pálido y soltó un grito que pareció sacudir el mundo.

9.

“Pero ¿cómo se te ocurre andar por ahí desnudo sin ninguna decencia? ¡Cielo santo! Que ese niño pequeño haya visto algo tan horroroso... Debe haber sido un susto tremendo. Bliss se quedó en shock. No importa lo que le diga, sigue aturdido. Es normal, vino desde tan lejos para encontrarse con semejante espectáculo. De verdad, ¿qué voy a hacer contigo?”.

La Duquesa reprendía a su hijo con un tono más exaltado de lo habitual, claramente disgustada por la situación. Pero esta vez, Cassian también tenía mucho que decir. Muchísimo.

“En mi habitación, es mi libertad si me quito la ropa o no. ¿Acaso el que se equivocó no fue ese ‘trozo de cacahuate’ por dormir en mi cama sin permiso? Y sobre todo, ¿por qué no me avisó de que ese tipo estaba aquí en primer lugar?”.

Ante las palabras atropelladas y furiosas de su hijo, la Duquesa frunció el ceño, molesta.

“Él quería darte una sorpresa, ¿qué querías que hiciera?”.

“Ha”.

Cassian dejó escapar un suspiro de incredulidad. Si eso era lo que el mocoso de los Miller quería, lo había logrado al 100%, no, al 1,000%. Cassian se había asustado tanto que sintió que el corazón casi se le salía por la boca. ¿Y además qué? ¿Espectáculo horroroso? Eso era lo que él debería decir. Él era la víctima, ¿y encima tenía que aguantar regaños? No podía haber una situación más injusta.

Pero si decía todo lo que pensaba, su madre podría desmayarse. Al final, no tuvo más remedio que apretar los dientes y tragarse los insultos. Mientras se pasaba la mano por el pelo con brusquedad por la rabia, la Duquesa volvió a hablar.

“Ese pequeño se acordó de ti y vino hasta aquí solo para verte, ¿no te parece tierno? Cuando el señor Miller me lo contó, me conmoví tanto...”.

La imagen de su madre con las manos en el pecho suspirando profundamente parecía más sincera que nunca. Por supuesto, a Cassian no le causaba ninguna emoción.

“Debería haberme dado una pista”.

Si lo hubiera sabido, habría abandonado Inglaterra en cuanto empezaron las vacaciones. Arruinar sus tan esperadas vacaciones de oro con ese ‘trozo de cacahuate’ era nada menos que un acto terrorista.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Parece que se escondió en tu habitación para darte la sorpresa y se quedó dormido. El viaje en avión es largo, debe haber estado cansado”.

La Duquesa seguía defendiendo a Bliss. Cassian, indignado, tuvo que reclamarle.

“Madre, ¿me está diciendo que todo es culpa mía?”.

“Oh, por supuesto que no. Absolutamente no”.

La Duquesa negó de inmediato, pero añadió con sutileza.

“Solo digo que no es que no tengas algo de culpa”.

Aunque cedió un poco, la Duquesa no izó la bandera blanca por completo. Finalmente, Cassian se llevó la mano a la frente, echó la cabeza hacia atrás y soltó un suspiro ardiente.

“Haaaaa”.

Al ver a su hijo así, la Duquesa habló como para consolarlo.

“No se quedará mucho tiempo. Además, no hace falta que juegues con él todos los días, ¿verdad? Con que lo atiendas un par de horas cada dos o tres días es suficiente”.

Añadió con tono persuasivo.

“Ese pobre niño vino desde tan lejos solo para verte, ¿no te da lástima? Además, es un niño de la familia Miller. Existe una relación entre nuestras familias, debemos tratarlo con extrema hospitalidad”.

Una vez más, sus palabras eran correctas. El nombre ‘Miller’ no se podía ignorar, especialmente por su propio futuro como heredero del ducado. Tras quedarse inmóvil un momento, Cassian no tuvo más remedio que suspirar y asentir.

“... Está bien. Haré el esfuerzo”.

“Así se habla. Has tomado una buena decisión”.

Su madre sonrió como si hubiera estado esperando esa respuesta y acarició el brazo de Cassian. Él, sin embargo, seguía con expresión de pocos amigos.

“Por cierto, ¿cuánto tiempo planea quedarse ese tipo aquí?”.

Cassian se aferraba a la última esperanza tras las palabras de su madre de que ‘no se quedaría mucho tiempo’. Mirando a su hijo a la cara, la Duquesa respondió con dulzura.

“No será mucho tiempo”.

“Sí, ya lo dijo antes. Por eso pregunto, ¿cuánto exactamente? ¿Tres días? ¿Cuatro?”.

Ante la insistencia, la Duquesa puso cara de sorpresa y le lanzó una mirada de reproche.

“Vaya, eso es demasiado poco. Ha cruzado el océano, ese pobre niño voló durante horas”.

“Entiendo. Entonces, ¿una semana? ¿Es una semana?”.

Ante la pregunta impaciente, la Duquesa mostró una sonrisa ambigua.

“Se quedará un poco más”.

“Diez días, entonces”.

Al ver a Cassian asintiendo, la Duquesa repitió.

“Se quedará un poco más que eso”.

“¿No me diga que es medio mes?”.

Cassian frunció el ceño. La Duquesa seguía observándolo con una sonrisa. Un presentimiento funesto le recorrió la espalda como un escalofrío. Mirando a su hijo, cuyos ojos temblaban, la Duquesa finalmente dio la respuesta.

“Un mes”.

“¡Oh, joder!”.

A Cassian se le escapó el insulto de golpe. La Duquesa, horrorizada y pálida, le preguntó de inmediato.

“¡Cielo santo! ¿Acabas de decir una palabrota? ¿A mí? ¡Válgame Dios! Cómo puedes decir algo tan vulgar. Señor, perdona la boca sucia de mi hijo”.

La Duquesa unió las manos rápidamente para rezar, pero Cassian ni la miraba.

Había vuelto a casa soñando con unas vacaciones tranquilas y esto era como si le hubiera caído un rayo. Sus grandes planes de pasar un tiempo libertino como nunca más en su vida se habían ido al traste. Tener que cuidar a un niño en estas valiosas vacaciones era lo más ‘jodido’ del mundo. No, era ‘jodido’ a la potencia de un millón. Ya sabía perfectamente qué clase de criatura era ese pequeño Satán. Los recuerdos de hace un año, que tanto se había esforzado por olvidar, regresaron de golpe, y terminó agarrándose la cabeza con ambas manos.

“Se acabó. Estoy acabado”.

Ante los lamentos autodespreciativos de su hijo, la Duquesa se apresuró a calmarlo.

“No seas así. Ya ha pasado un año desde entonces, ¿no? Bliss también ha crecido un año, así que será más maduro. Solo es un poco energético...”.

“¿Un poco? ¿Un poco activo? ¡Ha venido a casa ajena a hurgar por todas partes y hasta se ha revolcado en mi cama! ¿Y eso es solo un poco energético?”.

 

Episodio 16

 

Además, el que mostró su desnudez fue Cassian, pero al ver a su madre reprocharle a él por haberle mostrado algo ‘horroroso’ a un niño, su paciencia, que apenas aguantaba, se agotó. Incapaz de contenerse más, Cassian soltó las palabras con brusquedad y fulminó a su madre con una mirada feroz. Ella se sobresaltó, pero pronto recuperó su autoridad.

“Cassian, te estás portando muy grosero desde hace un rato. Baja la voz”.

Ante la severa reprimenda, Cassian recuperó un poco de cordura. Al ver a su hijo mordiéndose el labio inferior para contener su temperamento, la Duquesa continuó con calma para tranquilizarlo.

“Lo de antes fue porque estaba muy feliz de verte. ¿No se han visto en un año? Te ha esperado sin olvidarte todo este tiempo, ¿no es un niño admirable? Bliss cumplió su promesa, ¿no es ahora tu turno de cumplir la tuya?”.

Cassian estaba atónito, pero no podía encontrar ningún error en las palabras de su madre. Si se analizaba el origen del problema, la culpa era exclusivamente suya. Después de todo, fue el propio Cassian quien creó esta situación al decir algo como ‘dentro de un año’.

Pero, ¿quién iba a imaginar que un niño de apenas seis años recordaría eso y aparecería así exactamente un año después?

Cassian hundió su rostro deformado por la angustia en una mano y soltó quién sabe qué número de suspiros profundos. La Duquesa solo observaba de reojo a su hijo, en quien se sentía una profunda agonía. Pasó bastante tiempo mientras ambos seguían sentados en la sala conectada al dormitorio de la Duquesa, pero la situación no cambiaba.

“... ¿Por qué?”.

Finalmente logró articular palabra después de un largo rato.

“¿Por qué metieron a ese tipo en casa? No, al menos, ¿no podrían haberme avisado antes?”.

Ante el regreso de los reproches, la Duquesa respondió con expresión apurada.

“Ya te lo dije, Bliss quería darte una sorpresa...”.

“Aun así, deberían haberlo dicho. ¿No es obvio que yo debería haberlo sabido?”.

Cuando su hijo reclamó con aspereza, la Duquesa finalmente frunció el ceño y dijo la verdad.

“Si lo hubiera hecho, no habrías venido a casa, ¿verdad?”.

“¡Por supuesto que no!”.

Cassian soltó las palabras con rudeza, incapaz de contener su ira. Pero esta vez, la Duquesa tampoco se quedó callada.

“Cassian, recuerda lo que te dije antes. Ese niño es un Miller. ¿No prometiste que serías amable considerando la relación entre ambas familias?”.

Al ver a su madre señalándolo con tono estricto, ya no pudo hacer nada. Cansado incluso de lamentarse, Cassian finalmente se rindió.

“Está bien. Pero que conste que esto solo pasa esta vez. La próxima vez que ese tipo diga que viene, tienen que decírmelo a mí primero sin falta”.

“Sí, entiendo. Lo haré así”.

La Duquesa sonrió aliviada y asintió. Habiendo superado por fin el gran obstáculo, extendió la mano hacia su taza de té, pero frunció el ceño. El té se había enfriado. Justo cuando iba a llamar al mayordomo para pedir más...

Toc, toc. Ante el sonido, Cassian y la Duquesa miraron simultáneamente hacia la puerta. Poco después, la puerta se abrió ligeramente y el culpable de todo este incidente asomó la cabecita.

“¡Bliss!”.

Bliss, que saludó con una reverencia a la Duquesa mientras ella lo llamaba con una sonrisa radiante, se tapó los ojos con las manos y habló.

“Eeeesto... ¿Cassian ya tiene ropa puesta...?”.

Por un momento, la Duquesa estuvo a punto de soltar una carcajada poco elegante. Tras morderse los labios para evitarlo, Cassian respondió en su lugar.

“Sí, ya estoy todo vestido. Ya escondí esa ‘cosa horrorosa’, así que no hace falta que te tapes los ojos”.

Ante el sarcasmo de su hijo, que citó las mismas palabras que ella había usado, la Duquesa frunció el ceño y le lanzó una mirada de reproche. Sin embargo, como el tono de Cassian era indiferente, era difícil distinguir si era sarcasmo real o simplemente resignación. Bliss separó lentamente los dedos con los que se cubría los ojos, comprobó a través del hueco que Cassian estaba vestido y, tras soltar un ‘jeje’, le preguntó a la Duquesa.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Señora, ¿puedo entrar?”.

“Oh, por supuesto, Bliss. Ven, entra”.

Mientras la Duquesa hablaba con dulzura, el rostro de Bliss se iluminó de alegría. Sus ojos se fijaron en su objetivo.

“¡¡Cassiaaan!!”.

Con un gran grito, Bliss corrió a través de la habitación hacia Cassian. Con las mejillas encendidas, los brazos abiertos y unas piernas cortas que, aunque corrían con todas sus fuerzas, no alcanzaban mucha velocidad.

¿Qué demonios ha hecho este tipo en un año?

Pensó Cassian internamente, observando con mirada despectiva cómo el niño corría hacia él a toda velocidad. Cassian, que ahora rozaba los dos metros, había crecido 5 cm más en un año y seguía creciendo. En cambio, Bliss no parecía haber cambiado mucho desde hacía un año. Seguía siendo pequeño, pequeño y pequeño.

“¡Cassian, Cassiaaan! ¡Te extrañé!”.

Bliss, que logró llegar a su destino, se pegó a la pierna de Cassian, que estaba sentado en el sofá, y no dejaba de repetir su nombre. Tras limpiar sin permiso sus babas y lágrimas en los pantalones de Cassian, Bliss levantó la cabeza y lo miró.

“¡Soy yo, tu amigo Bliss! He venido hasta aquí para verte. ¡No sabes cuánto esperé este día!”.

Cassian miró en silencio al mocoso pegado a su pierna. El niño se esforzaba por echar la cabeza hacia atrás para verle la cara mientras gritaba con entusiasmo.

“¡Fue muy difícil esperar un año entero! ¡Ahora juguemos otra vez hasta cansarnos, recuperemos todo lo que no pudimos jugar!”.

Y entonces, gritó con total emoción.

“¡Ahora de verdad nos casamos y jugamos juntos todos los días!”.

Ah.

Al ver ese rostro redondo que sonreía con felicidad, Cassian sintió de repente que vislumbraba su propio futuro sombrío y se sumió en una profunda depresión.

10.

El ambiente en el salón era, sencillamente, encantador. La Duquesa miraba a Bliss, sentado pegado a su hijo, con una sonrisa de satisfacción.

“Bliss, prueba esto también. Es un dulce que hice preparar especialmente para ti”.

“¡Guau! ¡Gracias!”.

Bliss tomó con alegría un dulce relleno de mucho queso. En el dulce, tan redondo como su propio rostro, estaba dibujada la cara de Bliss. Soltó un ‘¡Hala!’ de admiración y le dio un gran mordisco a la galleta. La Duquesa, que lo observaba mientras masticaba, habló.

“¿Qué tal está? ¿Te gusta?”.

“¡Sí, está muy rico! ¡Gracias!”.

Bliss, que no olvidó agradecer, sonreía ampliamente con la boca llena de galleta. Debido a eso, cayeron migajas tanto en la alfombra como en el sofá, pero la Duquesa simplemente lo observaba con ternura. Cassian, que la miraba en silencio, soltó una risita de incredulidad.

“Madre, ¿no cree que su actitud hacia mí, su hijo, y hacia este tipo es demasiado diferente?”.

Su rostro, con una sonrisa plena, parecía burlón. La Duquesa le lanzó una mirada refinada pero reprobatoria.

“Hijo, tú ya eres mayor”.

Luego, tras recorrerlo con la mirada una vez más, repitió.

“Eres demasiado grande”.

Su voz sonó casi como una queja. Luego, la mirada de la Duquesa se dirigió a Bliss, sentado a su lado. Con una expresión que se suavizó de inmediato, añadió con un tono mucho más dulce.

“Bliss es pequeño y tierno, de verdad que no podría haber un niño más encantador. Es la primera vez que envidio a la familia Miller”.

La Duquesa esbozó una sonrisa de satisfacción mientras le entregaba otro dulce a Bliss, quien ya se había terminado el anterior y mantenía la boca abierta, soltando un ‘¡Ah!’. Al ver aquello, Cassian comentó como si no fuera nada.

“A mi madre siempre le han gustado los niños”.

Intentó recalcar que él ya no era un niño, pero el tono de su madre al responder fue de total indiferencia.

“Tú, de pequeño, no eras precisamente así... eras muy seco y, cada vez que despertabas, habías crecido diez centímetros”.

Cassian se limitó a observarla con ojos gélidos, sin decir palabra. Sin inmutarse por la reacción de su hijo, ella siguió sonriendo, dedicando toda su atención únicamente a Bliss. Ese ambiente continuó incluso después de que el Duque, que regresó tarde, se uniera a ellos, y persistió hasta que todos terminaron de cenar.

***

“Así que mi habitación estaba por aquí”.

Dijo Bliss mientras caminaban por el largo pasillo tras terminar la cena. Cassian asintió con una sonrisa.

“Sí, esta vez no te confundas”.

 

Episodio 17

 

En realidad, la razón por la que caminaban juntos por el pasillo era porque Cassian, temiendo que el niño irrumpiera de nuevo en su cuarto, se había ofrecido voluntario para guiarlo. La habitación, situada no muy lejos de la suya, estaba separada por el pasillo flanqueado de armaduras y era la mejor de las alcobas para invitados. Estaba claro que su madre le había prestado especial atención.

“Bien, ya llegamos”.

Al llegar frente a una puerta, Cassian tomó el pomo y la abrió él mismo.

“Sí. Gracias, Cassian. Que duermas bien”.

“Bliss”.

Bliss asintió y estaba a punto de entrar cuando, de repente, Cassian lo llamó por su nombre.

“¿Eh? ¿Qué pasa?”.

Bliss lo miró con curiosidad. Inesperadamente, Cassian parecía en apuros, manteniendo la mirada fija en cualquier otro lugar mientras hablaba.

“Oye, sobre lo de hace rato...”.

“¿Eh?”.

Ante la reacción del niño, que parpadeaba con duda, Cassian se sintió desolado.

¿Qué demonios estoy haciendo tratando con un niño de siete años?

Agachó la cabeza con un sentimiento de autodesprecio, se frotó los ojos con el pulgar y el dedo corazón, y tras recuperar la compostura, volvió a hablar.

“Sobre lo que pasó en mi habitación, bueno, eso que... viste”.

Al mencionarlo con dificultad, Bliss volvió a ladear la cabeza. Al final, Cassian no tuvo más remedio que usar otro método.

“Lo que viste en mi cuarto, eso, ya sabes. Eso”.

Cassian señaló hacia abajo con el dedo, preguntando de nuevo con un ‘¿Eh?’ para que el niño captara la indirecta. Bliss ladeó la cabeza y, un instante después, abrió los ojos de par en par soltando un ‘¡Ah!’.

“¡Ah, eso!”.

“Exacto, eso”.

Justo cuando Cassian iba a entrar en el meollo del asunto, Bliss gritó primero.

“¡No, no lo vi! ¡De verdad, no vi nada de nada!”.

Maldito mentiroso, si tenías los ojos como platos mirándolo todo.

Cassian se quedó atónito ante semejante mentira tan descarada, pero lo importante ahora no era eso. Continuó hablando con calma.

“Bien, aunque no lo hayas visto, te lo pido por favor. No le cuentes a nadie lo de antes. Digamos que... es un secreto entre tú y yo”.

De repente, los ojos de Bliss brillaron.

“¿Un seeecreeeeto?”.

“Sí, un secreto”.

Cassian asintió y enfatizó la palabra una vez más. Los niños de esa edad suelen ser débiles ante la palabra ‘secreto’. Como esperaba, Bliss, con el rostro encendido de emoción y respirando con fuerza, exclamó.

“¡Sí, no te preocupes! Yo nunca cuento los secretos. ¡Soy un hombre!”.

Dándose golpes en el pecho mientras hacía su gran promesa, Bliss logró que Cassian finalmente sonriera y asintiera.

“Es una promesa”.

“Por supuesto. ¡Shhh!”.

Como para sellar el pacto, Bliss se llevó el dedo índice a los labios y soltó un siseo.

“Shhh”.

Cassian repitió el mismo gesto con una leve sonrisa. Luego, sujetando la puerta abierta con una mano, hizo un semicírculo con el otro brazo indicándole que entrara. Bliss entró dócilmente mientras agitaba la mano.

“Buenas noches, Cassian. Shhh”.

“Sí, shhh. Buenas noches, nos vemos mañana”.

Tras despedirse con una sonrisa amable, Cassian cerró la puerta. Soltó un breve suspiro y regresó a su habitación.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Con lo mucho que se lo he recalcado, supongo que lo habrá entendido.

Al recordar cómo le brillaban los ojos al niño, emocionado con las palabras ‘secreto’ y ‘promesa’, se le escapó una risa involuntaria. Al final, los niños son niños.

Un mes es mucho tiempo, pero como dijo su madre, si ponía un par de excusas, no tendría que atenderlo todos los días. Si jugaba con él de vez en cuando, los días pasarían volando.

Caminó con unos pasos absorto en esos pensamientos, pero pronto se detuvo soltando un ‘¡Ah!’. Se le había olvidado decirle que lo despertaría temprano mañana para ir a ver los pájaros. Mientras regresaba a la habitación de Bliss, recordó lo de hace un momento. Al pensar en el niño asintiendo con tanto entusiasmo, creyó entender un poco por qué su madre lo encontraba tan adorable.

‘¡Nunca lo diré, soy un hombre!’.

Qué cosas dice este granito de frijol.

Sonriendo para sus adentros, giró el pomo de la puerta justo en el momento en que...

“¡Es así de grande, asíii de grande! Lo que tiene Cassian entre las piernas, ¡guau! No es un pene, es como si tuviera otra pierna. ¡En serio, es enorme! ¡La pierna del medio es así de grande!”.

Ya decía yo... maldito mocoso.

Cassian sintió que el rostro le ardía de furia y vergüenza. Sin embargo, Bliss, totalmente ajeno a la presencia de un Cassian que echaba humo y apretaba los puños tras la puerta, agitaba los brazos con entusiasmo mientras hacía una videollamada con su Daddy.

11.

¿Qué secreto ni qué ocho cuartos?

Al volver a su habitación, Cassian lanzó el celular sobre la cama por la rabia y soltó una sarta de insultos. Ese mocoso bocazas. Como era de esperar, no aguantó ni cinco minutos, ni siquiera uno. Se puso a contarlo todo por teléfono de inmediato.

Definitivamente, lo mejor es huir.

Se acostó en la cama decidido a dormir. Mañana, en cuanto amaneciera, abandonaría el castillo y regresaría a la mansión donde solía quedarse. El plan de ver pájaros, por supuesto, quedaba cancelado. De todas formas, como se había dado la vuelta sin decir nada, Bliss ni siquiera lo sabía. Que el plan desapareciera no afectaría en nada.

Que sus padres se encargaran del desastre. Él, al menos, lo había intentado. Bueno, no del todo, pero se había esforzado y con eso bastaba. El resto era problema de ellos, incluyendo a la familia Miller por encasquetarle a su hijo así como así.

Soltó un suspiro de irritación y cerró los ojos. Aunque pensó que no podría conciliar el sueño, quizá por todo lo que había pasado o por el estrés, Cassian no tardó en caer profundamente dormido.

***

Creeeeak.

Un sonido inquietante resonó en el pasillo silencioso. Bliss asomó la cabeza por la puerta de su habitación y, tras comprobar que el pasillo estaba desierto, empezó a caminar de puntillas. El espacio oscuro estaba tan callado que incluso su propia respiración parecía retumbar, lo que le dio miedo por un momento, pero tenía un objetivo. Tras tragar saliva, salió con cuidado al pasillo oscuro, miró hacia ambos lados y asintió.

Aparte de la tenue luz de la luna que entraba por las ventanas, el pasillo no tenía ni un ápice de claridad, extendiéndose como una cueva profunda. Bliss cobró valor y empezó a recorrer el camino por el que había venido antes.

Un poco más y llegaré al cuarto de Cassian.

Quizá por la siesta o por la emoción, no podía dormir. Si dormía con Cassian, seguro que descansaría bien. Como su cama era tan enorme como él, estaba convencido de que, si se acurrucaba en una esquina, Cassian no se daría cuenta.

¿Se llevará una sorpresa por la mañana?

Bliss se tapó la boca con las manos y soltó una risita ahogada. En cuanto abriera los ojos, le diría de jugar. ¿Con qué empezarían? Como el castillo era tan grande, jugar al escondite sería genial. Se escondería y le diría a Cassian que lo buscara. O quizás ser él quien buscara, Cassian se sorprendería de lo bueno que era encontrando gente.

Había un árbol enorme detrás del castillo, ¿sabría Cassian trepar árboles? No importaba, si no sabía, él le enseñaría. A lo mejor Cassian también tenía una casita en un árbol como él. Entonces entrarían y jugarían a las casitas. Él sería el dueño del supermercado y Cassian el empleado.

“¡Oiga, si sigue holgazaneando no le pagaré el sueldo!”.

Bliss imitó una voz grave y autoritaria, y luego susurró conteniendo la respiración.

“Lo siento, jefe. ¡Tengo esposa e hijos que mantener!”.

Tras recrear una situación que había visto alguna vez en un drama, se sintió muy satisfecho. ‘Juju’, rió bajito, y volvió a caminar de puntillas con sigilo.

El interior del castillo estaba terriblemente silencioso. Era un silencio tan absoluto que parecía que el resto del mundo hubiera desaparecido, lo que hacía que Bliss mirara hacia atrás constantemente. No había nadie persiguiéndolo, pero antes de que pudiera tranquilizarse, se oyó un tap-tap.

“¡Hic!”.

Se tragó el aliento como si fuera un grito.

Haha, haha.

Al mirar con los ojos muy abiertos, vio que solo eran las ramas de un árbol golpeando la ventana. ‘Uff.’ Logró relajar los hombros, pero aún le quedaba camino. Bliss dio fuerza a sus rodillas temblorosas y apresuró el paso. Tenía que llegar rápido al cuarto de Cassian.

Pero le daba miedo hacer ruido. Sentía que algún ser desconocido despertaría y se lo llevaría.

Sí, como... esas cosas.

Al ver las armaduras de caballeros alineadas en una de las paredes, Bliss soltó un ‘¡Hic!’. En la oscuridad, estaban formadas en fila, mirando al frente en la misma postura. Lógicamente, sin moverse ni un milímetro.

 

Episodio 18

 

Aunque las armaduras de los caballeros eran del mismo tamaño y forma y debían de estar vacías, parecía que cobrarían vida en cualquier momento. El temor de que giraran la cabeza, lo descubrieran y corrieran a atraparlo por la nuca lo hizo temblar de pies a cabeza.

Rápido, rápido.

Bliss, que se había quedado paralizado un momento, empezó a mover las piernas con urgencia. Tenía que salir de allí cuanto antes. ¡Antes de que esos caballeros se movieran, antes de que extendieran sus manos de acero frío para atraparlo...!

“Uuuh, uuuuh”.

Gemidos de terror escapaban de sus labios. Cuanto más aceleraba, más se alargaban las sombras y más grandes parecían las armaduras, como si fueran a abalanzarse sobre él. Estaba seguro de que el viento frío que le rozaba la espalda era el manotazo fallido de un caballero que por poco no lo atrapaba.

¿Qué hago? ¿Qué hago?

El viento soplaba afuera. Los viejos marcos de las ventanas temblaban con un sonido funesto. En el momento en que la luna, escondida entre las nubes arrastradas por el viento, volvió a asomar su rostro...

“¡¡BUAAAAAAAAAAAAAAA!!”.

Al ver a una armadura de caballero que parecía asomar la cabeza hacia él, Bliss estalló finalmente en un llanto inconsolable.

***

“¡BUAAAAAAAAA!”.

Cassian, que dormía profundamente sin siquiera soñar, frunció el ceño ante el sonido que le llegaba débilmente.

... ¿Qué es eso?

Se quedó inmóvil con los ojos cerrados, pero el débil sonido continuaba. A medida que sus sentidos se despertaban uno a uno, su sospecha se convirtió en certeza. Alguien estaba llorando. Y muy fuerte. Al final, no tuvo más remedio que levantarse con un suspiro de irritación.

“¿Qué pasa ahora?”.

Tragándose un bostezo, Cassian caminó pesadamente por la habitación, tomó el pomo de la puerta y, al abrirla un poco, el llanto del niño entró de golpe.

“Buaaaaa, buaaaaaaaaaaa”.

Cassian se detuvo un momento, aunque ya sabía la respuesta, sintió ganas de negarlo con un ‘no puede ser’. Para ignorar la opción de ‘cerrar la puerta sin comprobar la verdad y fingir que no sabe nada’, necesitaba un poco más de valor. Pero el llanto incesante del niño no dejaba de pincharle la conciencia.

“Haaaa...”.

Finalmente, Cassian suspiró y salió al pasillo. Se dirigió con paso firme hacia el bulto blanco y pequeño que lloraba postrado en medio del corredor.

“Bliss”.

“¡Buaaa, buaaaaa! ¡Ayúdenme, ayúdenme por favor!”.

Aunque extendió la mano mientras lo llamaba por su nombre, el niño se horrorizó en cuanto lo sintieron y empezó a llorar aún más desconsoladamente. Cassian, con paciencia, le habló una vez más.

“Bliss, cálmate. Soy yo, Cassian”.

“Hic, hic...”.

“Bliss, que soy yo. Cassian, tu amigo. El que prometió casarse contigo”.

“Snif, snif...”.

Solo entonces los sollozos de Bliss disminuyeron. El rostro que el niño levantó con cuidado era un desastre, empapado de lágrimas, mocos y saliva. Cassian le dedicó una sonrisa amable a esa cara redonda iluminada por la luna.

“¿Ya estás más tranquilo?”.

“Ca... Cassian. ¡Cassiaaan!”.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Bliss estalló en llanto de nuevo y se lanzó a los brazos de Cassian. Él tomó el pequeño cuerpo en brazos con facilidad y esperó a que se calmara mientras le daba palmaditas en la espalda.

Ah.

Sintió una sensación de humedad en una parte del brazo con el que sostenía al niño. No hacía falta comprobarlo para saberlo.

... Te has hecho pis, mocoso.

Cassian soltó un largo suspiro y cerró los ojos. Mientras tanto, Bliss, con la cara hundida en el hombro de Cassian, seguía sollozando y limpiándose lo que quedaba de lágrimas y mocos en su ropa.

12.

“Haaaaa”.

Solo después de beberse media taza del chocolate caliente que Cassian le preparó, Bliss soltó un suspiro de satisfacción. Tenía los ojos y toda la cara hinchados, y vestía una camisa de Cassian tras haberse quitado el pijama y la ropa interior mojados, pero se veía mucho más cómodo que antes.

Claro, ahora que ya está a salvo.

Aunque la situación le parecía absurda, Cassian no pudo evitar ablandarse al pensar en el miedo que debió pasar el niño solo en la oscuridad.

A mí también me daba miedo pasar por ese pasillo de pequeño, así que no es de extrañar que a él también.

Pensar eso hizo que la compasión brotara en su interior. La rabia y la irritación que sentía antes de dormir habían desaparecido por completo. En su lugar, ahora tenía otra duda. Viendo que el niño ya no sollozaba y estaba tranquilo, Cassian finalmente habló.

“Bliss, ¿qué demonios estabas haciendo allí?”.

Era la pregunta que se moría por hacer. Ante la pregunta, Bliss se sonrojó y soltó una risita, ‘Je’.

“Iba a tu habitación”.

“¿A mi habitación? ¿Para qué?”.

La sospecha surgió de inmediato, pero la respuesta ya estaba decidida. Bliss miró a Cassian con fervor a través de sus ojos hinchados y respondió.

“¡Pues para dormir juntos, claro! Como nos vamos a casar, tenemos que estar juntos todo el tiempo. ¡Dormir juntos y compartir habitación!”.

¿Por qué tendrá tan buena memoria para estas cosas?

Cassian sintió que se le escapaba el color del rostro. Bueno, después de esperar un año para venir hasta aquí, era lógico que lo recordara.

¿Será que el que tiene mala memoria soy yo?

Un profundo suspiro surgió ante ese sentimiento de autodesprecio. Con esto, su plan de huir temprano por la mañana se había esfumado. Sintió desesperación ante la defensa del mocoso que no le dejaba ni un hueco para escapar, cuando Bliss dijo.

“Además, compartimos un secreto, ¿verdad?”.

Esas palabras hicieron que Cassian se ‘cabreara’ de verdad. ¿Qué? ¿Un secreto? ¿Dices un secreto? Maldito mocoso, después de que pensaba dejarlo pasar, ¿se atreve a mencionarlo tan alegremente?

“Tú... ¿acaso sabes lo que es un secreto?”.

A diferencia de Cassian, que hablaba entre dientes, Bliss respondió con total inocencia.

“Lo sé. Shhh”.

“¡Shhh, mis narices!”.

Cassian sintió que el puño le temblaba ante el impulso de soltarle un golpe (que jamás se atrevería a dar) al niño que, con el dedo índice sobre los labios, imitaba el sonido de silencio.

“Te pregunto si sabes lo que significa eso”.

Volvió a decir.

Su voz era tan baja y cargada de rabia contenida que Bliss pareció notar por fin que algo iba mal. Miró a Cassian con cautela y murmuró.

“... Lo sé, significa no decírselo a nadie”.

“¿Entonces por qué se lo contaste a tu Daddy?”.

“¿Eh?”.

Ante la pregunta directa de Cassian, los ojos de Bliss se abrieron de par en par. Mirando al niño, que parecía genuinamente desconcertado como si no hubiera imaginado que lo pillarían, Cassian soltó las palabras con rapidez.

“Sí, te vi hablando por teléfono. Dijiste que lo guardarías en secreto y luego estabas todo emocionado largándolo todo. ¿Por qué lo hiciste? ¿No decías que sabías lo que era un secreto?”.

Bliss no pudo responder y se limitó a boquear. Pensar que ese pequeño cerebro estaba buscando desesperadamente una excusa le daban ganas a Cassian de soltar una carcajada histérica.

Adelante, di lo que sea, mocoso malvado. Escucharé a ver qué mentira tan elaborada te inventas.

Con mirada severa, Cassian se sentó en el sofá de enfrente con los brazos cruzados, mientras Bliss le lanzaba miraditas furtivas. Tras sudar frío sin saber qué hacer ni dónde poner los ojos, el niño finalmente abrió la boca. Seguramente sería una tontería sin sentido.

“... Lo siento”.

Cassian se quedó paralizado. No era la respuesta que esperaba. Ante su ceño fruncido, Bliss bajó la cabeza y confesó entrecortadamente.

“Lo siento, Cassian. Estaba tan feliz que... quería presumir. Lo siento mucho”.

La voz de Bliss empezó a temblar.

Oh, no.

Cassian se arrepintió al instante, pero era tarde. Bliss ya estaba hipando y limpiándose las lágrimas.

“Es la primera vez que... tengo un secreto. Nadie me cuenta nunca cosas secretas...”.

Apenas había dejado de llorar y ya estaba estallando en un mar de lágrimas otra vez. Al verlo llorar a moco tendido, la rabia de Cassian se evaporó y fue sustituida por la culpa. Tras observar al niño un momento sin saber qué hacer, reaccionó, tomó unos pañuelos y empezó a limpiarle la cara con torpeza.

“Ya, deja de llorar. ¿Cómo puedes llorar otra vez? Te digo que pares. Anda, suénate. ¡Fuerte!”.

“Pfff”.

Bliss se sonó obedientemente. Cassian sacó un pañuelo nuevo para terminar de limpiarle la nariz y lo miró. Si lo dejaba así, se iba a poner fatal.

 

Episodio 19

 

Ya tenía no solo las mejillas, sino toda la cara roja como un tomate. Cassian se apresuró a darle agua para que dejara de llorar, y aunque las lágrimas cesaron, el niño seguía hipando con fuerza. Al verlo jadear, incapaz de respirar bien por tanto llanto, Cassian sintió una repentina sensación de vacío.

¿Pero qué estoy haciendo peleándome con un niño?

Se sintió patético y soltó un largo suspiro, momento en el que Bliss preguntó entre sollozos.

“¿Y.… ya no me vas a.… contar más secretos?”.

Cassian miró el rostro del niño sin decir nada. En esa carita redonda y roja se mezclaban la ansiedad, la decepción, la esperanza y la resignación. Si decía que no, ¿Bliss volvería a estallar o intentaría aguantarse esta vez?

Por alguna razón, Cassian pensó que sería lo segundo. Incluso ahora, Bliss se mordía el labio inferior con fuerza, intentando tragar sus sollozos. Y por si fuera poco...

“... Perdón por causarte problemas, Cassian”.

Se disculpó el niño con voz trémula.

Llegados a este punto, Cassian decidió rendirse ante todo.

Esta bien, es solo un mes.

Como dijo la Duquesa, solo tenía que repartir bien los días. Su madre también tenía parte de culpa, así que ella se encargaría de la mitad. El resto del tiempo lo usaría para disfrutar de sus vacaciones. Si había planes que no podía cumplir ahora, ya los haría más adelante. Además, nada de lo que había pasado era tan grave como para hacer llorar así a este pequeñajo.

Lo de la tarde y lo de contar el secreto no eran más que errores de un niño. Pensándolo así, todo parecía comprensible. Por supuesto, su vida siempre estaba planificada al milímetro y no sería fácil volver a tener una oportunidad así. Pero no pasaba nada. Si hay gente que planea ir a Marte, ¿cómo iba a ser imposible tener unas vacaciones libertinas en otro momento?

“De ahora en adelante, no se lo cuentes a nadie más”.

Los ojos de Bliss se iluminaron. Al ver esos ojos azules esforzándose por abrirse bajo los párpados hinchados, a Cassian se le escapó una sonrisa. Al ver su reacción, Bliss olvidó que estaba llorando y exclamó con voz aguda.

“¡Sí, sí, sí! ¡No se lo diré a nadie nunca más! ¡Es un secreto! ¡Los secretos se guardan siempre!”

“Está bien, siempre. Shhh”.

“Shhh”.

Cassian se llevó el dedo a la boca y Bliss lo imitó. Acto seguido, el niño sonrió de oreja a oreja y se lanzó a los brazos de Cassian.

“Cassian, te quiero mucho”.

Esta vez Cassian no lo apartó, lo abrazó con ternura. Incluso le dio unas palmaditas en la espalda antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo y soltar una risa agridulce.

Bueno, lo importante es estar bien.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Con ese pensamiento, sacó a relucir el plan original.

“¿Mañana vamos a ver pájaros?”.

“¿Pá-ja-ros?”.

Ante la inesperada propuesta, Bliss se separó para mirarlo. Cassian asintió.

“Sí, los observaremos con binoculares y otras herramientas. Hay un pantano en el feudo que es perfecto para eso. Está a un corto viaje en coche...”.

“¡Quiero ir!”.

Gritó Bliss emocionado.

“¡Quiero ir, quiero ir! ¡A donde sea! ¡A ver pá-ja-ros!”.

“Está bien, está bien”.

Cassian asintió, dejando que el niño se desahogara en su emoción. Cuando Bliss empezó a jadear de cansancio, Cassian se levantó y dijo.

“Pero tienes que despertarte temprano, ¿de acuerdo?”.

“¡Claro! ¡Puedo despertarme temprano! ¡Confía en mí!”.

Gemini ha dicho

Bliss se golpeó el pecho con el puño repetidamente y exclamó con gran ímpetu. Cassian asintió con un "está bien" y, acto seguido, le extendió la mano.

“Está bien. Vamos a dormir, te llevaré a tu habitación”.

“¿No puedo dormir contigo?”.

Preguntó Bliss con nostalgia.

Su cara desastrosa por el llanto era el arma más poderosa del mundo. No tenía ninguna intención de usarla así, pero el resultado era el mismo. Cassian, que iba a negarse, se quedó sin palabras al verlo. Suspiró y tomó a Bliss en brazos.

“Solo por hoy”.

Tras decir eso, lo dejó en la cama, apagó la luz y se acostó a su lado.

“Buenas noches, Bliss”.

“Buenas noches, Cassian”.

Tras los saludos, cerró los ojos y sintió un movimiento en un lado de la cama. Bliss se acercó sigilosamente a Cassian y se abrazó a su brazo.

“Jeje”.

Bliss soltó una risita, un suspiro profundo y apoyó la cabeza en él. Poco después, se escuchó su respiración rítmica. Cassian abrió los ojos y miró hacia abajo, Bliss ya estaba profundamente dormido.

... ¿Qué hago?

Pensó en apartarlo un poco, seguro que no se despertaría. Pero al ir a soltar la mano del niño, se detuvo y suspiró. Pensó que no podría dormir por la agitación, pero sorprendentemente, cayó en un sueño profundo poco después, al igual que el niño que dormía aferrado a su brazo.

13.

♪♪♬♩♪♪

Cassian se despertó con el ruidoso sonido de la alarma del celular. Aún no había salido el sol, pero para observar aves había que darse prisa desde temprano.

‘¡Puedo despertarme temprano! ¡Confía en mí!’.

Ayer Bliss lo había prometido con una gran sonrisa. Por supuesto, Cassian no le creyó.

Ya lo decía yo.

Cassian se levantó y se preparó. Luego, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, miró al niño hacia abajo. Bliss estaba en el séptimo cielo. Con un suspiro, Cassian apagó la alarma que sonaba junto a la cabeza de Bliss. Dejó el celular en la cama y se quedó mirando al niño, que seguía durmiendo moviendo la boca.

Pensó por un momento en irse solo, pero cambió de opinión y sacudió ligeramente el cuerpo del pequeño.

“Bliss, despierta. Tenemos que ir a ver los pájaros”.

Habló con calma, pero Bliss no reaccionó. Tras mirar un rato cómo dormía con los brazos hacia arriba, Cassian fue a la habitación de Bliss. Como esperaba, sobre la mesa estaba la ropa que el servicio había dejado preparada para hoy.

Regresó, lo desvistió, le puso la ropa nueva y lo sacó en brazos de la habitación, Bliss no se despertó ni una sola vez. Cassian lo sentó en el asiento del copiloto, le puso el cinturón y arrancó el coche hacia su destino. Tras conducir un rato viendo el amanecer, finalmente llegaron al pantano.

“Bliss, despierta”.

Después de sacar el equipo y terminar los preparativos, volvió a sacudir a Bliss, que no había abierto los ojos en todo el camino. El niño por fin reaccionó.

“Uung... uung...”.

“Despierta, Bliss. Ya llegamos”.

“Uuung...”.

El niño miró a Cassian parpadeando con ojos llenos de sueño. Como no entendía la situación por la modorra, se quedó sentado con los ojos entreabiertos, y Cassian le dijo.

“Levántate, es la hora. A partir de aquí tenemos que ir a pie”.

“Uuung”.

Bliss se frotó los ojos murmurando gemidos de sueño y soltó un bostezo enorme. Cassian no esperó más, lo bajó del coche, sacó una capa fina del asiento trasero y se la puso. Luego, con el equipo bajo un brazo y Bliss cargado en el otro, dijo.

“Venga, vamos”.

Mientras Cassian caminaba con paso firme, Bliss miraba cómo el paisaje pasaba rápido.

“Cassian, parecemos un Papá y su hijo”.

Dijo Bliss con las mejillas encendidas de emoción.

“Jeje”.

La risa del niño ya no tenía rastro de sueño. Cassian respondió con indiferencia mientras miraba al frente.

“¿No decías que éramos amigos?”.

Fue un comentario sin importancia, pero Bliss tenía otra idea.

“No pasa nada, como nos vamos a casar, ya podemos decir que somos familia”.

Bliss añadió con naturalidad y orgullo.

“Además, ya te vi el pene. Así que tienes que hacerte responsable. ¡Como un hombre!”.

¿Qué hombre ni qué niño muerto? Si eres como un grano de cacahuate.

“¿No habías dicho que no lo viste?”.

Cassian soltó una risita burlona recordando la mentira del niño, y Bliss le devolvió la sonrisa.

“En realidad sí lo vi. Pero no pasa nada, porque nos vamos a casar”.

 

Episodio 20.

 

¿Pero qué es lo que no pasa nada?

Seguía siendo divertido y absurdo a la vez, pero al ver a Bliss tan emocionado diciendo tonterías, a Cassian le dieron ganas de tomarle el pelo.

“¿Te vas a casar con tu Papá? ¿No decías que parezco tu Papá?”.

A ver qué dice ahora.

Cassian sintió curiosidad por ver cómo saldría el pequeño de este aprieto, cuando Bliss soltó una solución increíble.

“Yo seré tu bebé y también tu pareja. Y ya está”.

Cassian se quedó mudo. Bliss fue un paso más allá y gritó con una sonrisa radiante.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“¡Cariño-Papá!”.

Cassian sintió que acababa de escuchar algo muy peligroso. Le dio un mareo momentáneo, así que se detuvo a respirar hondo para recuperar el equilibrio.

¿Qué clase de conversación estoy teniendo con este mocoso?

Ante el repentino sentimiento de futilidad, siguió caminando en silencio. El pantano, su destino, se extendía ante ellos.

***

“¡Halaaaa, es enorme! ¡Es grandísimo! ¡Cassian, mira! ¡Es así de grande!”.

Cassian se sobresaltó y miró hacia atrás de golpe. Allí estaba Bliss, subiendo y bajando los binoculares emocionado.

Uff. Cassian soltó un suspiro de alivio y apartó la mirada rápidamente, avergonzado. Parece que el daño del día anterior fue más profundo de lo que pensaba. Quizás a partir de ahora tendría que vivir asustándose cada vez que oyera la palabra ‘grande’. Sintió un escalofrío, pero enseguida se recompuso.

No tiene sentido que me deje llevar por lo que dice un niño de siete años.

Sacudió la cabeza un par de veces y se concentró en montar el equipo. Mientras tanto, Bliss estaba absorto buscando pájaros con los binoculares.

“¿Has visto muchos?”.

Cassian terminó de montar el telescopio terrestre y ajustó el enfoque. Bliss respondió que sí.

“¡Con esto se les ve hasta el pico! ¡Es increíble!”.

El niño no paraba de parlotear con voz emocionada.

“¿Sabes qué vi antes? Un pájaro que era todo blanco pero que aquí, en la punta de la cabeza, era rojo”.

“En la coronilla”.

Cassian le enseñó la palabra y Bliss la repitió antes de seguir hablando rápido.

“Los otros pájaros que estaban con él eran todos blancos, pero solo ese tenía eso rojo. Me preguntaba por qué, ¡y resulta que otro pájaro le estaba picoteando ahí mismo!”.

¿Un pájaro al que le hacen bullying?

Cassian lo pensó con indiferencia. El mundo animal no es muy distinto al humano, si eres débil, te excluyen y te acosan. Es algo común.

“Pobrecito”.

Bliss parecía sentir lástima por el pájaro.

Al final es un niño, pensó Cassian, y justo cuando iba a darle la razón, Bliss añadió.

“Seguro que lo atraparon siendo infiel. Por eso debería haberse divorciado primero. Ahora que se va a quedar calvo, nadie querrá estar con él. Qué pena, va a tener que vivir solo y triste toda su vida. Y encima calvo”.

Cassian se quedó mirando en silencio a Bliss, que suspiraba repitiendo, ‘Está solo y es calvo’.

“... ¿Cuántos años tienes?”.

Preguntó tras una pausa.

“¡Siete!”.

Respondió Bliss con alegría.

Era lo que Cassian sabía. Frunció el ceño y preguntó con un tono más lento de lo habitual.

“Y.… eso de ser infiel o lo del divorcio... ¿quién te lo enseñó?”.

¿Será que la relación entre Ashley Miller y su pareja no es tan buena como parece?

Hay muchas parejas cuya imagen pública difiere de la real, especialmente en la alta sociedad donde las apariencias importan tanto. Quizás los Miller eran un matrimonio de fachada...

“¡Larien!”.

Ante el nombre inesperado, Cassian preguntó extrañado.

“¿Lari... quién?”.

Bliss lo miró emocionado y respondió.

“¡Larien, mi hermana mayor!”.

Ah, solo entonces Cassian comprendió quién era. Bliss continuó hablando.

“Vi ‘Dulce Traidor’ con Larien, y ella dijo que a todos los infieles hay que arrancarles el pelo hasta dejarlos calvos. El marido de la protagonista era infiel, así que ella y su familia le dieron una paliza. Fue increíble. Le arrancaron el pelo y le pegaron en la entrepierna con cualquier cosa que tenían a mano, ¡así y así!”.

Al ver al mocoso agitando los puños, Cassian perdió las ganas de todo.

“¿Tú sabes siquiera qué es ser infiel?”.

Bliss respondió mientras saltaba por el suelo.

“¡Claro que lo sé! Es que te peguen en la entrepierna y te quedes calvo”.

No tienes ni idea.

Cassian cerró la boca y se concentró en lo suyo.

Bueno, ¿qué va a saber un niño de siete años?

Recordando que Bliss no tardó ni cinco minutos en contarle todo a su Daddy tras prometer guardar el secreto, Cassian se sintió ridículo por esperar demasiado de un niño.

No, yo soy el peor. Él tiene siete años, pero yo ya soy un adulto.

Tras reflexionar sobre sí mismo, apartó la vista del telescopio y le hizo una señal a Bliss.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Ven, mira por aquí”.

“¡Woooo!”.

Bliss gritó de alegría al asomarse. Cassian, que había ajustado el telescopio a la altura del niño, dijo.

“Ese es un pájaro difícil de ver, has tenido suerte. En este pantano a veces se ven aves en peligro de extinción, por eso venía mucho de pequeño”.

Siempre había pensado que tener un lugar así como parte del feudo era una gran suerte, porque podía observar aves tranquilamente sin interrupciones.

“¿Ves ese pájaro con las puntas de las plumas negras? Viene en esta época y, cuando cambia la estación, cruza el mar hacia el otro continente. ¿No es increíble siendo tan pequeño?”.

“¡Sí! Es increíble”.

Cassian soltó una risita al ver a Bliss repitiendo sus palabras, absorto. En ese momento, llegó una bandada. Cassian apartó a Bliss un momento, reajustó el telescopio hacia el grupo y enfocó.

“Mira ahora”.

Esperó a que el niño se asomara de nuevo y explicó.

“Esos pájaros han venido a aparearse. Si esperas, verás al macho haciendo un baile de cortejo para la hembra. Es un espectáculo verlos bailar en grupo”.

Pasó un buen rato enseñándole a Bliss cosas sobre los pájaros y contándole anécdotas divertidas. Durante la observación, Bliss no se dio cuenta del paso del tiempo, escuchando a Cassian con total interés. Por eso, cuando llegó la hora de volver, se desinfló visiblemente.

“Podemos volver otro día”.

Dijo Cassian acariciándole la cabeza para consolarlo, pero el niño no se animaba. Al verlo así, Cassian abrió la parte trasera del coche y sacó algo de una mochila.

“Toma”.

Bliss, que seguía mirando hacia donde estaban los pájaros, ladeó la cabeza al ver lo que Cassian le ofrecía.

“¿Qué es esto?”.

Era un libro bastante grueso con la portada en blanco. Mientras Bliss le daba vueltas con curiosidad, Cassian explicó.

“Es una guía de aves que hice yo mismo”.

“¿Eh?”.

Sorprendido, Bliss abrió el libro y empezó a hojearlo. Estaba lleno de dibujos de pájaros hechos a mano y explicaciones detalladas con una caligrafía impecable en cada página.

“¿Dibujaste todo esto tú, Cassian? ¿Y escribiste todo esto también?”.

“Sí”.

Respondió Cassian con una leve sonrisa.

“Es bueno registrar los pájaros que ves. Ayuda a refrescar la memoria y es divertido volver a verlo después”.

“¿De verdad me lo das a mí?”.

“Sí”.

Ante el grito emocionado de Bliss, Cassian asintió y añadió.

“Casi la mitad está vacía. A partir de ahí tienes que rellenarlo tú. ¿Crees que podrás hacerlo?”.

“¡Claro que sí!”.

Bliss respondió al instante sin pensarlo.

Cassian me ha dado un regalo así. Mi amigo me ha dado un libro hecho por él mismo. ¡Un tesoro único en el mundo!

Se sentía tan abrumado por la emoción que casi le costaba respirar.