Episodio 1-10

 


Episodio 1

Prólogo

 

“Tú no eres un Miller”.

Ante las tajantes palabras del niño, los ojos de Bliss se encendieron con ferocidad al instante.

“¿De qué estás hablando, pedazo de idiota? Si no soy un Miller, ¿entonces qué soy?”.

Se encaró con el chico, que era mucho más grande que él, acercando su rostro como si fuera a morderlo, pero el otro no se acobardó. Al contrario, resopló y repitió lo mismo una vez más.

“No eres un Miller”.

“¡Hijo de...!”.

Esto no podía quedarse así. Para alguien que decía estupideces, no había mejor remedio que un buen golpe. Las palabras sobraban. Justo cuando Bliss cerraba el puño con fuerza para lanzarlo, uno de los que estaba detrás del chico gritó con urgencia.

“¡Todos los Miller tienen los ojos morados!”.

Bliss vaciló por un segundo. Al ver que el puño de Bliss se detenía en el aire, el chico recuperó la confianza y gritó a pleno pulmón.

“¡Exacto! Tú no tienes los ojos morados. Seguro que eres un niño recogido de la calle”.

Inmediatamente, los demás empezaron a corear al unísono.

“¡Deja de fingir que eres un Miller, farsante!”.

“¡Ni siquiera eres uno de ellos!”.

“¡Eres un falso! ¡Mentiroso! ¡Estafador!”.

Malditos renacuajos.

Bliss sentía que la rabia le quemaba, pero eran demasiados. Había cinco o seis rodeándolo y gritando, por lo que, incluso para alguien como ‘Bliss Miller’, no era fácil castigarlos a todos de golpe. Sobre todo, aquello de que ‘todos los Miller tienen ojos morados’ parecía frenar su puño una y otra vez. Lo cierto era que a él mismo le había preocupado eso desde hacía tiempo. Pero señalarlo así era de cobardes. Tipos malos, tipos despreciables.

“¡Soy un Miller!”.

Ante su grito desgarrador, los chicos que lo rodeaban se quedaron quietos un momento. Bliss no desaprovechó la oportunidad y siguió gritando.

“¿Que no tengo los ojos morados? ¡Bien! ¡Miren con atención, pedazo de lerdos!”.

Acto seguido, Bliss puso los ojos en blanco y levantó su puño cerrado.

“¡Se los voy a poner morados ahora mismo!”.

Antes de que los chicos pudieran reaccionar, el puño de Bliss se dirigió hacia un lugar inesperado. Tras un sonido seco, los chicos, horrorizados, jadearon al unísono.

“¡Aaaah! ¡¿Qué le pasa a este tipo?!”.

El que estaba al frente gritó pálido como un muerto, pero a Bliss no le importó. Siguió golpeando su propio ojo una y otra vez, haciendo que sonara un ‘paf, paf’ constante. Al ver aquello, los chicos se pusieron blancos de la impresión y empezaron a dar alaridos.

“¡Es... está loco! ¡Está loco de remate!”.

“¡Aaaah, este tipo perdió la cabeza!”.

“¡Quítate! ¡Déjame pasar! ¡Mami!”.

“¡Buaaaa! ¡Tengo miedo! ¡Mamá, mamáaa!”.

Los niños se dispersaron gritando y salieron corriendo en todas direcciones. Al verlos, Bliss los persiguió a toda velocidad.

“¡Cobardes! ¡No se escapen! ¡Vuelvan aquí ahora mismo!”.

Mientras corría en zigzag entre los adultos de la fiesta, seguía golpeándose el ojo.

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“¡Eh, miren! ¡Miren esto! ¿Sigue sin estar morado? ¿Y ahora? ¿Y ahora?

“¡Aaaagh! ¡Aaaaah!”.

“¡Miren de una vez, malditos! ¡Miren! ¡He dicho que miren!”.

“¡Buaaaa! ¡No te acerques! ¡No te acerqueees!”.

Mientras perseguía como un perro rabioso a los niños que huían llorando, alguien se interpuso de repente en su camino.

“¡Oye, agh!”.

Bliss, que corría mientras se golpeaba el ojo, estampó su cara contra la pierna de un hombre y salió despedido hacia el otro lado. Justo cuando estaba a punto de golpearse la cabeza contra el suelo, el hombre lo sujetó de la nuca por los cabellos, salvándolo por los pelos.

“Vaya, ¿estás bien?”.

Al escuchar esa voz tranquila sobre su cabeza, Bliss se quedó aturdido por un momento. Debido al impacto, su mente estaba algo nublada y necesitó unos segundos para procesar la situación. El hombre, que estaba arrodillado sobre una pierna mientras sostenía la cabeza de Bliss con su gran mano, preguntó con tono preocupado.

“No te has hecho daño, ¿verdad? ¿Te duele algo?”.

“Eh... sí”.

Al recordar lo que acababa de pasar, Bliss se incorporó rápidamente y miró a su alrededor. Los chicos ya habían desaparecido. Al darse cuenta de que se le habían escapado de las manos, sintió una mezcla de vacío y frustración.

“Maldición...”.

Si no fuera por este hombre, no los habría perdido.

Con ese pensamiento, Bliss giró la cabeza con brusquedad, pero se quedó congelado al cruzar su mirada con la del hombre. Tenía el cabello castaño oscuro, espeso y elegantemente peinado, revelando una frente despejada. El hombre llevaba gafas, las cuales, apoyadas sobre un puente nasal perfecto, lo hacían lucir aún más intelectual. Bliss se quedó mirando embobado esos ojos oscuros, casi negros, hasta que el hombre esbozó una leve sonrisa y preguntó.

“¿Perdiste a los que perseguías por mi culpa?”.

Su voz era dulce, aunque por otro lado sonaba como si se estuviera burlando. Bliss respondió con total seriedad.

“No, es que esos tipos se burlaron de mí y los perseguía para darles una lección”.

“¿Ah, sí? ¿Y qué le dirían a un niño tan lindo como tú para burlarse?”.

Dijo el hombre sonriendo de nuevo, sin olvidar darle un toquecito juguetón en la mejilla con el dedo índice.

Bliss sintió que la rabia subía al ver que el hombre bromeaba con él, pero el desconocido, sin notar su irritación, añadió.

“¿No será que les pareces tierno y querían ser tus amigos?”.

Ante esas palabras, en lugar de responder, Bliss se propinó otro fuerte golpe en el ojo. como si lo desafiara a decir semejantes tonterías una vez más.

“...Oh”.

Como era de esperar, el hombre soltó una exclamación, desconcertado por primera vez. Pareció darse cuenta de la gravedad del asunto y se disculpó con una sonrisa.

“Está bien, lo siento. ¿Qué tal si dejas de golpearte el ojo? Es un desperdicio con esa cara tan bonita que tienes”.

“Hmph”.

Bliss volvió a golpearse el ojo con fuerza en lugar de responder. La boca del hombre seguía sonriendo, pero sus ojos no. ‘Mmm’, murmuró mientras se acariciaba la barbilla con una mano, y volvió a hablar con esa voz imperturbable.

“Bueno, entonces me retiro. Adiós, espero que pases una buena velada”.

El hombre le revolvió el cabello ligeramente y, al ponerse de pie, su figura pareció alargarse infinitamente. Bliss se quedó sin aliento al sentir que era tan alto como su Papá o su hermano mayor, Nathaniel, pero el hombre se dio la vuelta y desapareció entre la multitud.

“Huff, huff”.

De repente, todo a su alrededor se volvió silencioso. Al volver en sí, Bliss se dio cuenta de que estaba solo. Con un ojo morado y amoratado, pero todavía temblando de rabia, apretó los puños con fuerza.

“¿Quién se creen que son para enfrentarse a mí? ¡Soy Bliss Miller!”.

Ya no había nadie cerca. Limpiándose la nariz con el brazo, Bliss levantó la cabeza con orgullo y miró a su alrededor. Solo veía grupos de adultos desconocidos conversando. No había rastro de Papá, de Daddy ni de sus otros hermanos.

Cobardes.

Era obvio. Habían aprovechado que Bliss estaba solo para buscarle pelea. Pero Bliss Miller no era alguien que se dejara vencer por trucos tan baratos. Atreverse a atacarlo sin conocer su lugar...

¿Creían que por estar solo me ganarían? Con esto habrán tenido suficiente, ¿no?

‘Es un desperdicio con esa cara tan bonita que tienes’.

De pronto recordó al hombre de hace un momento. Ahora que lo pensaba, su acento era extraño. Era un inglés que nunca había escuchado. ¿Por qué hablaba así? Estaba ladeando la cabeza con curiosidad cuando.

“Bee, aquí estabas”.

Escuchó una voz llamándolo desde atrás. Bliss giró la cabeza y su expresión se iluminó al instante.

“¡Papá! ¡Daddy!”.

Corrió hacia ellos y se lanzó a los brazos de su Papá, que lo esperaba arrodillado y con los brazos abiertos. Su Daddy, que también lo esperaba con los brazos abiertos, murmuró con una expresión llena de decepción.

“Bee, fui yo quien te llamó...”.

Como si le doliera que su hijo menor no lo hubiera abrazado a él, Daddy bajó las comisuras de los labios mientras miraba a Bliss. Sin embargo, Bliss no tuvo tiempo de decir nada. Al ver el rostro del niño, Daddy gritó alarmado.

 

Episodio 2

 

“¿Dónde? ¿Dónde?”.

“¿Qué? ¿Qué tiene Bliss en el ojo?”.

“¡Hala! ¡El ojo de Bee está rojo sangre! ¡Miren eso! Parece una fresa, ¡una fresa!”.

“¿Le habrá picado un bicho?”.

“Idiota, seguro alguien le pegó. Bliss es tonto, después de todo”.

“¿Qué dijiste? Bliss, ¿quién te pegó? ¿Quién fue? ¡Dilo ya!”.

Detrás del alboroto de los hermanos menores, el primogénito, que observaba fijamente al pequeño, habló.

“Si realmente alguien le pegó, es un problema serio. Significa que alguien se atrevió a golpear a un Miller”.

Ante esas palabras, el ambiente se enfrió de golpe. Normalmente, él jamás se involucraba en tonterías infantiles. Por su edad y por su carácter cínico, asistir a esa fiesta era poco más que una obligación familiar. Lo lógico habría sido ignorar cualquier pequeño altercado.

Sin embargo... si alguien había atacado a un ‘Miller’, la historia era otra. Significaba que no le tenían miedo al apellido. Con el ceño fruncido por el desagrado, Nathaniel y el resto de los hermanos clavaron sus miradas gélidas en Bliss, que seguía en brazos de su Papá.

En medio del silencio, Ashley Miller, el Papá, finalmente habló.

“Nathaniel tiene razón. Bliss, ¿quién se atrevió a hacerte esto?”.

Alguien debía pagar por el moretón en el ojo del preciado Benjamín de los Miller. Mientras todos lo observaban con rostros cargados de furia, Bliss, que parecía abrumado por la reacción general, vaciló antes de confesar.

“Fui... fui yo”.

Hubo un silencio incómodo. Fue una calma tensa, como si todos estuvieran procesando lo que acababan de escuchar. Segundos después, como si se rompiera un hechizo, todos empezaron a hablar a la vez.

“¿Qué? Bee, ¿te pegaste tú mismo? ¿Por qué?”.

“¿Qué te pasó de repente? ¿No es que seas tonto, es que directamente no tienes cerebro?”.

“No me digas que querías poner a prueba la dureza de tu cráneo”.

“Idiota, si fuera eso te habrías dado en la cabeza, ¿por qué en el ojo? Ah, espera, Bliss, ¿acaso no sabes distinguir el ojo de la cabeza?”.

“Tratándose de Bliss, es muy probable. Es un tonto”.

“¡No! ¡Grayson, Stacey! ¡Par de tontos! ¡No fue por eso!”.

Bliss, incapaz de aguantar más insultos, pataleó con rabia en los brazos de su Papá. Todos guardaron silencio para escucharlo, exigiendo una explicación. Tras soltar un gran suspiro, Bliss habló.

“Es que unos niños desconocidos vinieron en grupo y...”.

“¿Vinieron en grupo?”.

“¿Y qué pasó?”.

“Grayson, Stacey”.

Ashley Miller advirtió con severidad a los dos que habían interrumpido.

“Les he dicho que no interrumpan. Silencio. Que nadie abra la boca hasta que Bliss termine”.

Ante el tono gélido, los niños cerraron la boca con tensión. Tras asegurarse de que todos estaban calladitos, Ashley volvió a mirar a Bliss.

“¿Y qué pasó? Continúa, Bee”.

Bliss bajó la mirada y jugueteó con sus manos ante la suave voz de su Papá.

“Bueno... es que esos malditos bastardos...”.

“Bee, no se dice ‘bastardos’, se dice ‘niños’”.

“Koi”.

Esta vez, el Papá le sonrió a su Daddy, quien había interrumpido para corregir el vocabulario de su hijo.

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“Primero dejemos que Bliss se exprese como quiera, ¿sí?”.

Su tono era totalmente distinto al que usó con los niños, era una sugerencia dulce y cariñosa. Koi se sonrojó, asintió y guardó silencio. Finalmente, con el entorno en calma total, Ashley asintió hacia Bliss para que continuara. Bliss tomó aire y soltó lo que tenía guardado.

“¡Esos... esos niños me dijeron que yo no era un Miller!”.

El silencio volvió a caer, pero esta vez era diferente. Nathaniel alzó una ceja, los otros hermanos se miraron entre sí, y los padres fruncieron el ceño. Tras un breve desconcierto, Larien, la quinta hermana, preguntó.

“¿Qué significa eso de que Bliss no es un Miller?

“Puras estupideces”.

Respondió Chase, el cuarto.

“Niños estúpidos diciendo cosas estúpidas”.

“Chase, no digas malas palabras”.

Reprendió Koi, pero los idiota trastornado (el segundo y el tercero) ya estaban hablando.

“Serán estupideces, pero el problema es que se atrevieron a decirlas”.

“Exacto. ¿Qué les pasa por la cabeza para soltar semejante tontería? Habrá que darles una lección. ¿Qué método sería mejor?”.

“Niños...”.

Justo cuando Koi intentaba calmar el lenguaje agresivo de sus hijos, el primogénito planteó la duda lógica.

“Pero, ¿qué tiene que ver eso con que tu ojo esté morado?”.

Nathaniel señaló el punto clave, y los demás hermanos fijaron su vista en Bliss. Papá también preguntó con curiosidad.

“Yo también me lo pregunto. ¿Qué pasó con tu ojo?”.

Bliss suspiró profundamente y confesó la ‘verdad’ de los hechos:

“Esos niños dijeron que, como mis ojos no eran morados, yo no era un Miller”.

“¿Y?”.

Al recordarlo, Bliss volvió a enfurecerse. Infló el pecho con orgullo y gritó ante la pregunta de su Papá.

“¡Así que me pegué en el ojo para ponerlo morado!”.

Un suspiro colectivo de ‘ah...’ recorrió el lugar. Mientras sus hermanos y sus padres se quedaban sin palabras, Bliss levantó la barbilla, triunfante.

“Si no soy un Miller porque no tengo los ojos morados, ¡pues me los pongo morados y ya está! Me pegué un montón y entonces ellos salieron corriendo. ¡Cobardes, tontos! ¡Se lo merecen! Quería darles más, pero cuando los iba a alcanzar, alguien se puso en mi camino. Si no, yo les habría dado así y así...”.

Todos observaban en silencio cómo Bliss lanzaba puñetazos al aire con entusiasmo. Entre el desconcierto de Koi y el silencio pensativo de los hijos, Ashley finalmente habló.

“Hiciste muy bien en luchar con orgullo por el nombre de los Miller”.

Primero elogió el espíritu del niño y luego continuó con calma.

“Pero autolesionarse no es un buen método. En esos casos...”.

“¿Qué es autolesionarse?”.

Bliss ladeó la cabeza y su Papá cerró los ojos un momento, como si necesitara procesar la respuesta. Al abrirlos, dijo.

“Significa lastimarse a uno mismo. Bajo ninguna circunstancia debes hacerte daño, ¿entendido?”.

“Mmm...”.

Bliss hizo un puchero, sintiendo que quizá se había equivocado. Su Papá añadió de inmediato.

“La próxima vez que pase algo así, busca a Papá o a Daddy. Nosotros lo solucionaremos.

“Es que no los veía”.

Protestó Bliss.

“Es que Bliss es del tamaño de un moco”.

Se burló Larien.

Ashley le lanzó una mirada gélida a su hija, quien se calló al instante. Luego volvió a dirigirse a Bliss.

“En ese caso, busca a tus hermanos o a cualquier adulto cercano. Diles que eres Bliss Miller y que unos insolentes te están molestando”.

Esbozó una sonrisa torcida y añadió.

“Cualquiera te ayudará y te traerá con nosotros”.

Koi acarició el cabello de su hijo menor para tranquilizarlo. Bliss se relajó y un leve sonrojo apareció en sus mejillas ante el afecto. Koi aprovechó el momento para preguntar.

“Bliss, ¿quieres un helado?”.

“De fresa”.

 

Episodio 3

 

Ante la dulce propuesta, el niño expresó su deseo de inmediato. Koi asintió sonriendo y Grayson dio un paso al frente antes de que Ashley pudiera decir algo.

“¿Puedo ir con él? ¿Está bien, Bliss?”.

Viendo la sonrisa radiante de su hijo, Koi respondió.

“Claro, vayan juntos. ¿Ves aquel puesto?”.

Los niños asintieron. Grayson tomó la mano de Bliss, se puso en la fila y le entregó el helado de fresa tal como él quería.

“Toma”.

“Gracias. Muchas gracias”.

Bliss, ya más calmado, también le dio las gracias al empleado que le dio el helado, quien asintió con una sonrisa satisfecha. El ánimo de Bliss mejoró instantáneamente al ver su dulce favorito. Abrió la boca para darle un gran bocado a la crema, pero...

“Ay, ay, ay”.

El ojo hinchado le dio un pinchazo de dolor. Arrugó la nariz y se llevó la mano al ojo mientras escuchaba a Grayson chasquear la lengua sobre su cabeza.

“Eso te pasa por autolesionarte, tontito”.

La furia de Bliss volvió a encenderse.

“¡Ya te dije! ¡Ese tipo se burló de que no tengo los ojos morados!”.

A diferencia de Bliss, que bufaba defendiendo su lógica, Grayson seguía imperturbable.

“Por eso mismo, ¿por qué te lastimas tú?”.

Grayson añadió con parsimonia.

“Si te haces daño, el único que pierde eres tú. ¿Por qué ibas a tomarte la molestia de ponerte el ojo morado solo por lo que dijo ese idiota?”.

Bliss se quedó mudo.

Vaya, ahora que lo dice, tiene sentido...

“Entonces... ¿qué debería haber hecho?”.

Grayson le dedicó una sonrisa radiante a su hermano menor.

“Simplemente debiste hacer que ese tipo no pudiera volver a decir eso”.

“... ¿Eh?”.

“Hacer que no pueda volver a abrir la boca para hablar de colores de ojos”.

Grayson explicó una vez más al ver que su hermano no entendía. Luego, entornó los ojos y sonrió levemente.

“¿Quieres que te enseñe cómo?”.

“¡Sí!”.

Bliss asintió con desesperación ante la pausa dramática de su hermano mayor.

“¡Dime, dímelo ya, Grayson! ¿Cómo se hace? ¡Rápido, dímelo!”.

Viendo a su hermano dar saltitos de impaciencia, Grayson dio la respuesta con satisfacción.

“Le disparas en la boca. Así nadie volverá a decirte esas estupideces”.

Bliss abrió los ojos como platos, totalmente sorprendido.

“¿Disparar?”.

¿Un arma? ¿No había dicho Papá mil veces que nunca debían usarlas? Había armas en casa, pero estaban en una caja fuerte y solo sabía que existían, nunca las había visto. ¿Realmente estaba bien dispararle a alguien así como así?

Inconscientemente miró hacia atrás y vio a sus padres observándolos. Tras ver a su Daddy saludarlo con la mano, Bliss bajó la voz como si temiera que alguien lo escuchara.

“¿Cómo voy a disparar? Eso es...”.

“Claro, si no tienes una a mano como hace un momento, no se puede evitar”.

Bliss, que iba a decir ‘no se puede’, se quedó sin palabras ante la lógica de Grayson.

Eso no es lo que quería decir...

Grayson, con una sonrisa fresca, le ofreció una alternativa.

“Entonces agarra lo primero que tengas cerca y lánzaselo a la boca. Si le vuelas tres o cuatro dientes, no podrá volver a hablar así. O mejor aún, si se le corta la lengua y no puede hablar de por vida. Así nunca más dirá esas cosas, ¿no? Y servirá de lección para los demás”.

“Ah...”.

No había nada erróneo en las palabras de Grayson, salvo por esa pequeña punzada de inquietud en el corazón de Bliss. Tras parpadear un par de veces, Bliss asintió.

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“Mmm, Esta bien”.

Ante su reacción, Grayson levantó la barbilla con arrogancia.

“Si tienes algún problema, dímelo a mí. Yo te daré la solución, como hoy”.

“Ah, sí... gracias, Grayson”.

“No es nada”.

Grayson tomó su helado de vainilla y añadió con una sonrisa.

“Ayudar a los demás es siempre mi mayor alegría”.

***

¿De qué estarán hablando?

Ashley Miller frunció el ceño al ver a sus dos hijos cuchicheando frente al puesto de helados. Rezaba para que Grayson no le estuviera metiendo ideas raras en la cabeza a Bliss. Mientras se sentía inquieto, Koi murmuró a su lado.

“Pensar que pasó eso en el momento en que les quité la vista de encima”.

Koi también observaba a los niños mientras continuaba.

“No sabía que a Bliss le importara eso. Pensé que aún era muy pequeño para entender lo de las castas...”.

Toda la familia, a excepción de Koi y Bliss, compartían el mismo rasgo. Los ojos morados son una característica distintiva de los Alfas dominante, cuando despiertan, su color de ojos original cambia a morado. Ashley, el Papá, también tenía ojos azules antes de despertar, pero ahora eran de un morado intenso, igual que el resto de sus hijos.

Solo Koi y Bliss tenían ojos azules, porque Koi era un Omega Dominante y Bliss, con solo seis años, aún no había despertado. Si Bliss llegaba a despertar como Alfa dominante, Koi sería el único con ojos de color diferente en la casa.

Eso si es que despierta como Alfa dominante...

Ashley se sintió confundido al pensar en ello. El hecho de que cinco de sus seis hijos con Koi fueran Alfas dominante era una realidad difícil de procesar. Si incluso el pequeño Bliss, que tanto se parecía a Koi, resultaba ser un Alfa dominante, Ashley empezaría a negar seriamente la existencia de Dios.

Aunque, para empezar, nunca había creído en Él.

“Oye...”.

La voz cautelosa de Koi devolvió a Ashley a la realidad. Ashley lo miró en silencio y Koi continuó.

“¿Deberíamos enseñarle a Bliss sobre los rasgos y los géneros secundarios?”.

“No”.

Ashley negó con la cabeza sin pensarlo mucho.

“Aún es pequeño para entenderlo bien, y nadie sabe qué rasgo manifestará al final”.

“Supongo que tienes razón”.

Koi asintió, aunque no parecía del todo convencido. Si Bliss aprendía demasiado sobre las jerarquías, era natural que empezara a tener expectativas, y si terminaba manifestando un rasgo diferente al de su familia, la decepción sería enorme. Quizás era mejor dejarlo así, sin que supiera nada por ahora.

Aunque, por supuesto, Ash jamás desearía un resultado diferente al de un Alfa dominante.

“Bliss no entendería nada de todos modos. Es tonto”.

Intervino una voz.

Era Stacey, la gemela de Grayson. Ante la seguridad de la niña, Koi se sintió abrumado.

“Stacey, no le digas eso a tu hermano... Ah, no importa, olvídalo”.

Intentó reprenderla, pero acabó rindiéndose. Ya había perdido la cuenta de cuántas veces había pasado lo mismo ese día. Ashley, notando el cansancio de Koi, intervino.

“Hablemos de esto más tarde... Vámonos ya, parece que hemos terminado aquí”.

Como si fuera una señal, Nathaniel se dio la vuelta primero y caminó hacia la salida. Ashley observó a sus hijos mayores alejarse y se quedó esperando con Koi a que Grayson y Bliss regresaran.

Pensemos en el resto al volver a casa. Con esto, la agenda del día termina...

O eso pensó, hasta que ocurrió un imprevisto. De repente, Bliss salió corriendo hacia un lado y Grayson regresó solo. Ashley frunció el ceño.

“¿Qué pasó? ¿Por qué vienes solo sin tu hermano?”.

Grayson respondió con total naturalidad.

“Fue al baño porque se hizo pis”.

Un suspiro escapó de los labios de Ashley. Se llevó una mano a la frente y habló con su habitual voz grave.

 

Episodio 4

 

“Está bien, ve adelantándote al coche. Papá y Daddy irán por Bliss”.

“Siiií”.

Grayson respondió casi cantando y se alejó con paso ligero. Ashley lo miró fijamente y murmuró.

“Espero que no le haya dicho ninguna locura a Bliss.

“No seas tan duro con Grayson, Ash”.

Le riñó Koi, que no pasó por alto el comentario.

“Solo es un niño con poca empatía y mucha curiosidad. Además, no ha causado ningún problema grave desde entonces”.

A pesar de la observación de Koi, Ashley siguió mirando hacia donde desapareció su hijo con rostro inexpresivo.

“Es cierto. Porque yo lo he mantenido bajo control estricto”.

Koi no dijo nada más y guardó silencio. La característica principal que diferencia a los Alfa dominantes de otros rasgos es su feromona. Estas les otorgan una inmunidad y capacidad de regeneración excepcionales, rara vez enferman y no caen en adicciones al alcohol o las drogas. Además, envejecen lentamente y tienen una vida larga, lo que los convierte en objeto de envidia y, al mismo tiempo, de temor para los demás rasgos.

Sin embargo, esas feromonas que los hacen ‘especiales’ también pueden ser su veneno. Si no liberan feromonas periódicamente, estas se acumulan y atacan el cerebro, causando trastornos. Si la situación se prolonga, las feromonas se vuelven tóxicas, pudiendo llevarlos a la locura o a la muerte.

Para evitar este destino, los Alfas dominante deben liberar feromonas regularmente, y el método más fácil y efectivo es el sexo. Por lo tanto, la ‘necesidad de liberar feromonas para no morir locos’ era excusa suficiente para justificar la vida libertina de muchos Alfas dominante.

Y lo mismo ocurría con los hijos de Ashley. Por desgracia, todos sus hijos excepto Bliss eran Alfas dominante, y Grayson, Stacey y Larien ya habían nacido con los ojos morados. Por ello, Ashley debía ser extremadamente riguroso con el control de sus feromonas, esforzándose siempre para que sus hijos, quienes, por influencia de estas, apenas sentían emociones, no dañaran a otros.

Aun así, parece que hay cosas que la voluntad humana no puede controlar. Ashley recordó un accidente de hace años, cuando los niños eran pequeños y casi matan a Koi, y soltó un profundo suspiro. Cerró los ojos, se frotó la frente y le dijo en voz baja a un preocupado Koi.

“Espera aquí, iré a buscar a Bliss”.

“Está bien”.

Dejando atrás a Koi, Ashley caminó a grandes zancadas. Cerca de la medianoche, el salón de la fiesta seguía inundado de música ruidosa y charlas estridentes. Poco después, Ashley encontró a Bliss y toda la familia subió al coche rumbo a casa.

Bliss, que se había quedado profundamente dormido tras hartarse de helado, no rompió a llorar hasta la mañana siguiente.

 

2.

 

“¡Buaaaaa, no puedo abrir el ojoooo!”.

Ante los alaridos y el llanto de Bliss, Koi no sabía qué hacer, mientras los otros hermanos observaban su rostro con curiosidad. El ojo que Bliss se había golpeado con fuerza el día anterior estaba ahora morado y tan hinchado que apenas podía abrirlo.

“Buaaaaa, buaaaaa”.

“No llores, Bee. Si lloras, se te hinchará más”.

Intentó consolarlo Koi, pero Bliss lloraba cada vez más fuerte.

Koi le explicó la situación a Ashley, vistió a Bliss y desayunó con él, pero el niño no dejaba de sollozar.

“Hic... hic...”.

Incluso después de volver a su habitación, el pequeño seguía sorbiendo por la nariz y frotándose el párpado con el puño. Koi suspiró con pesadumbre.

“Está bien, Bliss. Si dejas de llorar, se pondrá mejor pronto”.

“Hic... hic...”.

Bliss intentó contener el llanto aguantando la respiración, pero no cambió mucho. Koi lo miraba con lástima, sabiendo que el pequeño se estaba esforzando por parar.

“Mira, Bee. Un caramelo”.

Koi le ofreció el dulce para distraerlo. Bliss lo miró de reojo y volvió a girar la cabeza con terquedad.

“Bee, no seas así y pruébalo, ¿sí?”.

Bliss no se movió ante la voz dulce de su Daddy, pero Koi vio cómo sus pupilas se movían hacia un lado a pesar de su cuello rígido. Aguantando la risa, Koi insistió cariñosamente.

“Es tu caramelo favorito, ¿seguro que no quieres?”.

Glup.

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Bliss tragó saliva. El dolor, el miedo y la tristeza desaparecieron en un segundo, dejando su mente llena solo de la idea del caramelo. Movió los ojos sigilosamente para espiar el dulce otra vez. Cuando Koi peló el envoltorio y se lo puso en la palma de la mano, Bliss dudó un instante.

Pero la duda fue breve. Estiró la mano y su cuerpo se giró naturalmente hacia Koi. La saliva empezó a asomar por la comisura de sus labios entreabiertos. Bliss se limpió rápido con el brazo, agarró el caramelo y se lo metió en la boca.

“Qué ricoooo”.

En cuanto el sabor dulce inundó su boca, el humor de Bliss mejoró radicalmente. Al ver al niño con las manos en las mejillas, rebosante de felicidad, Koi finalmente sonrió aliviado.

“¿Ves como era mejor comerlo?”.

“Sí”

asintió Bliss, y preguntó de inmediato.

“Daddy, ¿puedo comer otro?”.

Koi sonrió mirando esos ojos llenos de esperanza.

“No, no puedes”.

La cara de Bliss se hundió de decepción.

Sabía que no me dejarían.

Normalmente, Koi controlaba mucho los dulces por miedo a las caries, así que el caramelo de hoy era una oportunidad especial. Teniendo en cuenta que el día anterior ya había comido mucho helado, la probabilidad de recibir más dulces hoy era casi nula. Bliss decidió saborear el caramelo poco a poco, pensando que, aunque ahora tuviera un ojo de rana, al menos había sacado algo de provecho.

“Ah...”.

A pesar de comerlo muy despacio, el caramelo se desvaneció pronto. Bliss volvió a dejar caer los hombros.

“Mi vida es tan deprimente”.

“¿Qué has dicho?”.

Un desconcertado Koi iba a replicar cuando llamaron a la puerta. Al girarse, vio a Ashley en el umbral.

“Es la hora, Koi”.

“Ah, sí”.

Koi se levantó apresuradamente. La única razón por la que Ashley, que ya debería estar en el trabajo, seguía allí era porque esperaban visitas. Debía cambiarse de ropa y prepararse.

“Bee, hoy vendrán invitados muy importantes a casa. ¿Puedes quedarte tranquilo en tu cuarto?”.

“¿Invitados?”.

“Sí”

Asintió Koi.

“Como hoy no te sientes bien, descansa aquí. Si necesitas algo, pídeselo a April”.

Tras darle algunas instrucciones más y acariciarle la cabeza, Koi salió de la habitación.

“Uff”.

En cuanto cerró la puerta a sus espaldas, recibió una pregunta.

“¿Cómo está Bliss?

“Ah, sí. Se calmó un poco. Creo que estará bien”.

Koi frunció el ceño.

“Dice que su vida es muy deprimente”.

“¿Qué?”.

Preguntó Ashley, extrañado.

“No lo sé, ¿de dónde habrá sacado esas palabras?”.

Ashley pareció pensarlo un momento, pero pronto cambió de tema.

“Vámonos, se hace tarde”.

“Ah, sí”.

Koi tomó la mano que Ashley le ofrecía y caminó rápido para seguir su paso, haciendo una pregunta tardía.

“Los invitados de hoy... son muy importantes, ¿verdad?”.

“Sí, bastante”.

Respondió Ashley con brevedad.

Koi asintió y recordó la información que Ashley le había dado el día anterior. Los visitantes eran nobles llegados de Inglaterra, los actuales Duques y su primogénito, el heredero. Ashley no le había contado mucho más, por lo que Koi estaba bastante nervioso.

 

Episodio 5

 

“Ese título de Duque... ¿qué tan alto es? ¿En realidad no tienen mucho poder, verdad? En Inglaterra el Rey es solo un símbolo”.

“Piensa en ellos como parientes de la familia real”.

Respondió Ashley restándole importancia.

“No hacen política directamente, pero la familia Strickland tiene mucha influencia tanto en el Reino Unido como en el extranjero. Es ventajoso estrechar lazos con ellos”.

Luego añadió con desinterés.

“El hecho de que traigan a su hijo significa que ellos también tienen intención de fortalecer la relación con nosotros”.

“Entiendo”.

Koi asintió y, como si recordara algo, lo miró.

“¿Qué edad tiene el hijo?”.

Preguntó pensando si alguno de sus hijos tendría una edad similar. Ashley entrecerró los ojos haciendo memoria.

“Tiene una edad parecida a la de Nathaniel. Dicen que acaba de entrar en la universidad”.

Tras decir eso, cerró el tema.

“Ya organicé los documentos necesarios. Primero cámbiate de ropa. No será tarde si los lees después de estar listo”.

“Ah, de acuerdo”.

Koi iba a entrar al baño conectado al dormitorio, pero se detuvo y volvió a mirarlo.

“Oye... ¿podrías decirme primero cuál es el rasgo de ellos?”.

Koi no podía oler. Por eso, no podía sentir las feromonas ajenas ni las suyas propias, lo que siempre le preocupaba por si cometía alguna falta de respeto al ‘derramar’ su aroma por accidente. Ashley respondió con calma para tranquilizarlo.

“Son Betas”.

Y añadió.

“Los Duques y su hijo, todos. Así que no tienes que preocuparte por las feromonas. Y.…”.

Ashley dejó la frase en el aire y, cuando Koi levantó la vista, lo besó. Tras el breve contacto, Koi abrió mucho los ojos y Ashley sonrió divertido ante su reacción.

“Si se te escapa algo de aroma, yo te lo diré de inmediato, así que no te preocupes”.

Eso era obvio. A Ashley le hervía la sangre solo de pensar que alguien que no fuera él pudiera oler las feromonas de Koi. Sabiendo lo que pensaba, Koi se sonrojó y asintió.

“Saldré enseguida”.

Koi se despidió con la mano y entró al baño. Ashley, a solas, se dirigió al vestidor. Mientras elegía con calma la ropa que se pondría Koi, su mente se llenaba de fantasías sobre cómo quitársela.

 

3.

 

El coche llevaba mucho tiempo circulando tras dejar la carretera principal. Justo cuando el paisaje de bosques a ambos lados empezaba a resultar monótono, el Duque, que había estado en silencio, habló.

“Está bastante lejos”.

Fue una frase corta, pero suficiente para notar su humor. La Duquesa, intentando calmar a su marido que parecía cansado, comentó.

“Dicen que el señor Miller tiene seis hijos, ¿verdad? Qué familia tan bendecida”.

“Sí, y todos los niños han manifestado su rasgo”.

Asintió el Duque.

“Que el linaje de rasgos se mantenga generación tras generación es algo muy especial”.

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Los Alfas y Omegas son una minoría en la población. Entre ellos, los Alfa dominantes y los Omegas Dominantes son aún más raros. A diferencia de los Alfa dominantes, cuyas características físicas son evidentes a simple vista, los Omegas Dominantes pueden ocultar sus feromonas incluso sin medicación y suelen aparecer como Betas en las pruebas de rasgo, por lo que son muy difíciles de encontrar. Se dice que es una suerte inmensa ver a uno en toda la vida, y ahora se dirigían a donde vivía uno.

Koi Niles.

Él, que había tenido seis hijos con el Alfa dominante Ashley Miller, era ese rarísimo Omega Dominante, y gracias a ello, todos sus hijos habían heredado ese rasgo tan especial.

“Al ser del mismo rasgo, tendrán muchas ventajas. Especialmente el primero, dicen que es un genio”.

“Puede que solo sea muy astuto”.

Dijo el Duque con cautela. Prefería no juzgar antes de tiempo, ya que la astucia y la inteligencia suelen confundirse.

“Es verdad. No he oído mucho sobre el rasgo del más pequeño. ¿Será muy joven para haber manifestado?”.

El Duque respondió con indiferencia a su esposa.

“Dicen que algunos de los hijos de esa casa nacieron con el rasgo ya manifestado, pero tengo entendido que ese niño aún no lo ha hecho. Lo comprobaremos al llegar”.

“He oído que es un niño muy lindo”.

Añadió la Duquesa. El Duque la miró y ella continuó.

“Todos los Miller son Alfas dominante, así que por supuesto todos son guapos. Pero dicen que el pequeño, a pesar de ser joven y no haber manifestado, es extremadamente adorable. ¿Crees que lo veremos hoy? Tengo muchas ganas”.

“Hmm...”.

El Duque emitió un sonido pensativo mientras se acariciaba la barba. Solo tenían un hijo, Cassian, que estaba sentado frente a ellos. La Duquesa había querido tener una hija, pero su mala salud le impidió tener más hijos. Por eso, solía sentir una simpatía incondicional hacia cualquier hogar con niños, esta visita la tenía claramente emocionada.

“Yo también tengo curiosidad. Si dicen que es tan adorable...”.

Al ver a su esposa tan animada, el Duque respondió con suavidad. La Duquesa asintió y, como si recordara algo de repente, le preguntó a su hijo.

“Cassian, tú también estuviste en esa fiesta de ayer, ¿verdad? ¿No viste nada?”.

El hombre de gafas, que hasta entonces había permanecido en absoluto silencio, abrió finalmente la boca con lentitud.

“No, para nada”.

Miró a su madre y le dedicó una sonrisa mientras decía.

“No vi absolutamente nada”.

***

“Sniff”.

Mientras tanto, Bliss, que se había quedado solo, sorbió por la nariz y respiró hondo. Se recordó que, si seguía llorando, el ‘ojo de rana’ se le pondría aún más grande.

“Huuu”.

Tras inhalar profundamente, sus ojos se fijaron en un pequeño envoltorio sobre la sábana. Era el papel del caramelo que se acababa de comer.

Quiero otro...

Pero era imposible. Aunque Daddy siempre era dulce, cuando decía ‘no’, su voluntad era inquebrantable. Además, como sus dientes de leche estaban empezando a aflojarse, las restricciones de dulces se habían vuelto mucho más estrictas.

“Qué tacaños”.

Rezongó Bliss haciendo un puchero.

Mientras jugueteaba con el envoltorio con nostalgia, de pronto escuchó un sonido proveniente del exterior.

¿Qué es eso?

Bliss saltó de la cama y corrió hacia la ventana. Se subió a una silla para mirar hacia abajo y vio que todos los empleados de la mansión estaban formados frente a la entrada. Mientras ladeaba la cabeza confundido, vio varios coches atravesando el jardín.

¿Eh? ¿Eh?

Sorprendido, Bliss se pegó al cristal intentando ver mejor. Incluso para un niño de seis años, era evidente que esa fila de coches no tenía nada de ordinario.

¿Esos son los invitados?

En un día normal, él habría bajado a saludar, pero hoy era diferente. Daddy le había dicho que era por su ojo, pero quizás era porque un niño de seis años solo estorbaría en una reunión así. No le importaba. Al fin y al cabo, seguro solo dirían cosas aburridas. Lo importante era que ahora, ni Papá, ni Daddy, ni ningún adulto de la casa tenía tiempo para fijarse en él.

“Che”.

Hizo un pequeño mohín e iba a bajarse de la silla cuando se detuvo en seco.

Oh, espera. Eso significa que...

Una idea brillante cruzó su mente. Ahora mismo no debía haber nadie en la cocina. Papá y Daddy estarían ocupados recibiendo a los invitados, y los empleados estarían en lo mismo. Era el momento perfecto para hacer realidad la fantasía que siempre había tenido.

Dudó un segundo, pero pronto se decidió. ¡La acción debe ser inmediata!

Bliss saltó de la silla y corrió por la habitación.

Si después Daddy me da unos azotes en el trasero, ya me preocuparé entonces. Lo primero es hacer que mi vida sea feliz ahora mismo.

¡Destino: los dulces...!

O eso intentó, porque a pesar de su firme decisión, tuvo que respirar hondo antes de girar el pomo de la puerta. Tras soltar un corto suspiro, abrió la puerta con cuidado y asomó solo la cabeza para vigilar el largo pasillo.

 

Episodio 6

 

Tal como esperaba, todo estaba en silencio, no se sentía ni un alma.

¡Bien!

Escapó de su habitación y empezó a correr a toda prisa hacia el snack bar donde guardaban las golosinas.

Galletas de chispas de chocolate, caramelos, gomitas, paletas, helado, pudín... Todo tipo de dulces volaban por su imaginación. ¡Se los comería to-dos!

Estaba cruzando el pasillo lleno de alegría cuando, de repente, una puerta se abrió de par en par y salió Ashley.

“Bliss, qué bueno que estás aquí”.

Al ver a Bliss correr hacia él, Ashley se agachó y lo levantó con una sola mano.

“¡Eh...!”.

Ante la confusión de Bliss por este giro inesperado, Ashley continuó.

“Como es posible que tengas que saludar, será mejor que estés preparado”.

¿¡Quéeeeeee!?

Bliss se puso pálido, pero ya era tarde.

“¡A-ah, no! ¡Noooo!”.

Pataleó y se resistió, pero fue en vano. Sus pies, que corrían hacia los dulces, fueron capturados por su Papá y terminó siendo arrastrado de vuelta a su habitación.

***

“Gracias por invitarnos”.

Ante las palabras del Duque Strickland, Ashley respondió con cortesía.

“Es un honor tenerlos aquí. Permítanme presentarles a mi pareja, Koi Niles”.

Siguiendo la presentación, Koi se introdujo con naturalidad.

“Hola. Sigo usando mi apellido de soltero. Es un placer”.

Mientras estrechaba la mano de los Duques y llegaba finalmente al hijo que esperaba al final de la fila, Koi se quedó congelado por un instante.

¿No me dijeron que era un Beta?

La mayoría de las personas con una apariencia tan excepcional suelen ser Alfas u Omegas. Aunque existen casos de Betas así, son muy raros. Si Ashley no se lo hubiera advertido, Koi habría jurado que este hombre era un Alfa.

Era casi tan alto como su primogénito, Nathaniel, y su mirada larga y fina tras las gafas ponía a uno nervioso sin saber por qué. Tenía una complexión alta y delgada, pero su mandíbula marcada y sus hombros rectos recordaban a una pared infranqueable.

¡Parece alguien extremadamente testarudo!

Justo cuando pensaba eso, Cassian le tendió la mano.

“Mucho gusto, soy Cassian Strickland. Gracias por la invitación”.

Sin embargo, sus gestos al estrechar la mano y su tono de voz eran tan calmados y elegantes que Koi se sintió avergonzado por su pensamiento anterior. Fue la primera vez que entendió realmente lo que significaba la palabra ‘noble’.

“Koi”.

“Ah, sí”.

Al escuchar la voz grave de Ashley, Koi volvió en sí y se dio cuenta de que su pareja lo estaba mirando. Ashley tenía una sonrisa en los labios, pero sus ojos no se reían en absoluto. Koi se apresuró a buscar un tema de conversación.

“Ah, um. ¿He oído que estás en la universidad?”.

Cassian corrigió con una sonrisa tranquila.

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“Solo he recibido la notificación de admisión. Aún no he ingresado formalmente”.

“Todavía es un estudiante de secundaria”.

Añadió la Duquesa entre risas.

Koi asintió.

“Ah... ya veo”.

¿Entonces tendrá unos diecisiete o dieciocho años?

Koi calculó mentalmente. Era más joven que Nathaniel, pero mayor que Grayson o Stacey. En ese momento, la Duquesa comentó con orgullo.

“Mi hijo es un poco diferente a los Betas comunes, ¿verdad? A menudo lo confunden”.

Su rostro rebosaba orgullo por su hijo. Koi sonrió aliviado al ver que no se sentía ofendida, a veces la gente se molesta cuando confunden su rasgo, y se alegró de que la Duquesa no fuera de ese tipo.

“Por aquí, por favor, siéntense”.

Tras las presentaciones, se sentaron en el salón a tomar té y conversar sobre temas cotidianos. Antes de entrar en asuntos serios, Ashley sacó temas triviales.

“¿Cuánto tiempo más se quedarán en Estados Unidos? Hace unas dos semanas que llegaron, ¿cierto?”.

El Duque respondió con una sonrisa pausada.

“Sí, de hecho, tenemos planeado regresar pasado mañana. Me alegra haber podido visitarlos antes de irnos. Es gracias a usted, señor Miller...”.

Mientras la charla fluía, Cassian Strickland, el único hijo de los Duques, permanecía sentado bebiendo té en silencio. Koi lo observaba de reojo, sus movimientos eran medidos y refinados al llevar la taza a los labios.

Su primera impresión no había sido errónea. Cassian estaba sentado con la espalda y los hombros perfectamente rectos. Seguramente estaba aburrido, pero no mostraba ni un rastro de ello. Tampoco intentaba llamar la atención con comportamientos exagerados. Verlo allí sentado, como si estuviera y no estuviera al mismo tiempo, le dio a Koi una sensación extraña.

¿Entrenarán así desde niños? Supongo que es cosa de familias nobles...

Comparado con él, mis hijos...

Justo cuando suspiraba recordando a su hijo menor con el ojo morado por pegarse a sí mismo, Ashley habló.

“Su hijo es muy calmado y caballeroso”.

La Duquesa se sonrojó de alegría.

“Sí, por suerte ha crecido muy bien”.

Koi secundó las palabras de Ashley:

“No parece que haya sido travieso de pequeño. Debió ser un niño muy obediente, ¿verdad?”.

“Sí, afortunadamente”.

Repitió la Duquesa antes de añadir.

“Me habría gustado tener más hijos. Cassian es maravilloso, pero he oído que en la familia Miller son seis. Por cierto, el más pequeño es muy joven, ¿no? No lo veo por aquí”.

Al notar el interés de la Duquesa, Koi miró a Ashley como preguntando: ‘¿Qué hacemos?’. Ashley respondió.

“Es muy pequeño y aún no conoce bien el protocolo. Por miedo a que cometiera alguna falta, le pedí que se quedara en su habitación”.

“Vaya, los niños crecen cometiendo errores”.

Dijo la Duquesa con una sonrisa amable.

“Es parte del proceso. Si no es molestia, ¿podrían presentárnoslo? Me gustaría saludarlo”.

Koi volvió a mirar a Ashley. No parecía haber falsedad en las palabras de la Duquesa, realmente quería conocer a Bliss. Mientras Koi dudaba, el Duque intervino.

“Como solo tenemos un hijo, nos da envidia y gusto ver familias numerosas. De hecho, mi esposa tenía muchas ganas de conocerlo porque hay rumores de que el pequeño de los Miller es adorable”.

“¿Bliss?”.

Koi se iluminó de inmediato. A cualquier padre le gusta que elogien a sus hijos.

Pero tuvo que contener el impulso de gritar. ¡Vengan a ver a mi precioso hijo!

“Bueno, verá... ayer hubo un pequeño incidente”.

Comenzó Koi con cautela, intentando elegir las palabras para no asustar a los Duques.

“En la fiesta de ayer... bueno, se lastimó un ojo”.

“¿El ojo? ¿Cómo?”.

Preguntó la Duquesa preocupada.

Koi respondió con algo de vergüenza.

“Parece que tuvo una pequeña disputa con otros niños. Como saben, todos nuestros hijos comparten el mismo rasgo, pero Bliss aún no ha manifestado y el color de sus ojos es diferente. Parece que se burlaron de él por eso y.…”.

Hizo una pausa antes de añadir.

“Bliss se golpeó su propio ojo con el puño”.

Al oír eso, el hijo de los Duques, que estaba bebiendo té, tuvo un levísimo sobresalto. Fue un movimiento tan minúsculo que nadie lo notó.

 

Episodio 7

 

“Cielos... El pobre debió de sentirse muy herido”.

Dijo la Duquesa con sincera compasión.

Koi se apresuró a añadir.

“No, ya está bien. Comió mucho helado y se durmió feliz”.

Aunque esta mañana volvió a llorar, pensó Koi para sus adentros.

“Bliss es un niño muy bueno y tranquilo. Estoy seguro de que se portaría con educación si no sale el tema de los rasgos, pero...”.

Aunque Ashley le había dicho que lo tenían preparado, el comportamiento de Bliss era impredecible. Koi decidió que era mejor no forzarlo, y la Duquesa asintió comprensiva.

“Entonces no se puede evitar. La estabilidad del niño es lo primero, ¿verdad, querido?”.

“Así es”.

Asintió el Duque.

“No pasa nada, habrá otra oportunidad”.

“Gracias por entenderlo”.

Dijo Koi aliviado.

Justo cuando el ambiente se relajaba, la persona que había estado callada habló.

“Si no les importa, ¿podría echar un vistazo a la mansión?”.

Koi se giró sorprendido. El hijo de los Duques lo estaba mirando. Tras un momento de silencio por la interrupción, Ashley respondió.

“Por supuesto. Si necesitas algo, no dudes en pedirlo”.

“Agradezco su hospitalidad”.

Tras una reverencia impecable, el joven salió del salón. Los adultos reanudaron la charla, pero Koi se quedó pensando.

¿Cómo puede ser tan calmado y elegante incluso diciendo algo tan simple?

---

 

Me estaba muriendo de aburrimiento.

En cuanto estuvo solo en el pasillo, Cassian frunció el ceño y soltó un bostezo largo. Había venido porque su padre insistió, pero era una agenda tediosa. Si no hubiera buscado una excusa para salir, se habría quedado dormido allí mismo.

Al menos la mansión es decente.

Caminó tranquilamente por el pasillo. ‘Doy una vuelta, pasa el tiempo y nos vamos’, pensó. Sabía que Ashley Miller había construido esta casa antes de casarse. Entre tantas mansiones modernas sin historia, esta parecía bastante bien lograda. Quizás un poco pequeña para seis hijos, pero eso era comparándola con el castillo donde vivía Cassian.

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El castillo de la familia Strickland, cuya construcción empezó en el siglo XII, era donde residían el Duque y sus herederos directos. Era tan grande que otras partes del complejo se usaban para turismo o alquileres especiales. Debido a su antigüedad, a veces carecía de instalaciones modernas, por lo que Cassian solía vivir en una mansión en la ciudad o en el internado.

Visto así, esto es más práctico.

Los rumores decían que Ashley Miller adoraba a su familia y mantenía esa imagen hogareña típica de muchos americanos, aunque Cassian sospechaba que podía haber intereses políticos detrás. Si Ashley quería entrar en política, la relación con los Strickland sería vital. Pero a Cassian no le importaba mucho el futuro ahora mismo.

Su futuro ya estaba decidido, ¿no? Como único heredero, recibiría todos los títulos y la fortuna de su padre. Se casaría con alguien de su nivel, tendría hijos y gastaría dinero por el resto de su vida solo por el hecho de respirar.

Qué aburrido...

En ese momento, escuchó algo. Se detuvo y aguzó el oído.

Clic, clac...

Esta vez fue claro. Era un sonido muy cuidadoso, pero constante, el tintineo de cubiertos chocando. Cassian ladeó la cabeza y se dirigió hacia el origen del ruido. Con cada paso, el sonido se hacía más cercano.

Qué extraño, pensó Cassian. Si fuera un empleado haciendo su trabajo, no se movería con tanto sigilo. Claramente, alguien estaba haciendo algo que no debía.

Un ladrón, un empleado haciendo algo prohibido, o tal vez...

...estoy viendo visiones.

Finalmente, frente al snack bar, Cassian frunció el ceño. Un renacuajo se había subido a una silla y hacía esfuerzos titánicos por alcanzar los frascos de dulces en el estante superior. Por más que estiraba sus cortos brazos, apenas rozaba el cristal, pero no parecía tener intención de rendirse.

4.

¿Será el hijo de algún empleado robando dulces?

Cassian observó aquella nuca con seriedad. Era posible, en el castillo Strickland había muchos empleados que vivían con sus familias. Si ese era el caso, no tenía sentido intervenir; tarde o temprano lo atraparían y la familia Miller se encargaría.

Sin embargo, la ropa del niño se veía demasiado costosa para ser de un empleado. Mientras ladeaba la cabeza analizando la calidad de las prendas, tuvo un mal presentimiento.

Espera un momento.

Parpadeó intentando procesar la imagen y, de pronto, un recuerdo cruzó su mente. Esa nuca le resultaba familiar... ¿dónde la había visto? Mientras seguía allí parado con el ceño fruncido, el niño se puso de puntillas.

“Hic, hic...”.

Se quejó el pequeño haciendo un último esfuerzo.

En ese instante, el frasco de vidrio resbaló. Cassian vio cómo el recipiente empezaba a girar en el aire como en una película en cámara lenta. El niño seguía con los brazos extendidos, sin imaginar lo que estaba a punto de ocurrir. Bueno, al ver su boca abierta de felicidad, estaba claro que imaginaba un futuro muy distinto a la realidad.

“¡Espera...!”.

Su cuerpo se movió antes que su mente. De dos zancadas se plantó tras la silla y estiró el brazo para atrapar el frasco justo antes de que se estrellara contra la cabeza del niño.

“¿Eh?”.

El pequeño seguía con los brazos en alto, emitiendo un sonido bobo. No se había dado cuenta del peligro. Cassian chasqueó la lengua y miró hacia abajo. El niño giró la cabeza y sus miradas se cruzaron. En ese instante, Cassian recordó por qué le resultaba familiar.

“Ah”.

Bliss también pareció reconocerlo. Parpadeó un par de veces y abrió la boca de par en par.

“¿Qué haces tú aquí?”.

Preguntó Bliss con sospecha tras unos segundos.

Cassian tuvo que contener la risa al ver esos ojos entornados. El niño seguía sin procesar que casi muere aplastado por un frasco. Ante una reacción tan alejada de la gratitud que se le debe a un salvador, Cassian no pudo evitar que una sonrisa se extendiera por su rostro, así que carraspeó para disimular.

“Ejem. Fui invitado por el señor Miller”.

Respondió con voz suave.

“Tú eres Bliss Miller, ¿verdad?”.

Bliss abrió mucho los ojos.

“¿Cómo lo sabes?”.

“Por tu ojo”.

El ojo que Bliss se había golpeado el día anterior seguía hinchado y de un color morado intenso.

 

Episodio 8

 

Al recordar lo que Koi le había contado, todo encajó. Cassian imaginó fácilmente al niño enfurecido el día anterior y añadió.

“¿Es esa tu medalla de honor?”.

Bliss frunció el ceño. Cassian pensó que quizás había usado palabras demasiado complicadas, así que aclaró.

“Me contaron que ayer en la fiesta unos niños se metieron contigo por el color de tus ojos. Y que te pusiste así porque tú mismo te pegaste”.

Bliss finalmente entendió. Seguramente Daddy o Papá se lo habían contado. Pero eso no significaba que fuera a bajar la guardia. Al recordar lo ocurrido, Bliss levantó la mirada con desafío.

“¿Y qué? ¿Tú también vas a decirme que soy tonto?”.

Era lo que sus hermanos le decían siempre. Además, Grayson se había burlado de él abiertamente. Que hubiera una persona más no cambiaba nada, pero no iba a dejar que se riera. Podía aguantar que lo llamaran tonto, pero no que dijeran que no era un Miller.

‘Le disparas en la boca. Así nadie volverá a decirte esas estupideces’.

No podía disparar, pero había otras formas de castigo. Recordando el consejo de Grayson, Bliss apretó el puño.

Si este tipo dice que no soy un Miller, le voy a dar en toda la boca.

“No, en absoluto”.

Bliss, que estaba listo para lanzar un puñetazo, se quedó congelado. Cassian continuó mirando al desconcertado niño.

“Luchaste por tu honor, ¿no? Para los hombres, el honor es importante. Es algo por lo que vale la pena arriesgar la vida”.

Otra vez dijo algo increíble. Bliss, atónito, repitió.

“¿...Hombres?”.

“Así es”.

Cassian asintió y lo analizó de arriba abajo con el ceño fruncido.

“No serás una niña, ¿verdad?”.

Bliss se sobresaltó y negó frenéticamente con la cabeza.

“¡Soy un hombre! ¡Dije que soy un hombre!”.

Gritó con las mejillas encendidas. En su cabeza resonaba la palabra: ¡Hombre! ¡Hombre! ¡UN HOMBRE! No podía creerlo. Todos siempre lo ignoraban llamándolo tonto o renacuajo.

“¿D-de verdad...?”.

Preguntó Bliss con cautela, aún incrédulo.

“¿De verdad piensas eso? ¿Que soy un hombre?”.

“Te lo acabo de decir”.

Cassian repitió la respuesta. La emoción inundó el pecho de Bliss y su respiración se volvió pesada. Era en serio. Este hombre lo decía de verdad.

¡Me ha reconocido como hombre por primera vez!

“¡Halaaaa!”.

Bliss relajó los puños y, en su lugar, entrelazó las manos bajo la barbilla mirando a Cassian con adoración. Tras soltar un grito de alegría, le preguntó con los ojos brillantes a la primera persona que lo trataba como a un igual.

“¿Cómo te llamas?”.

“Cassian. Cassian Strickland”.

Respondió él con una sonrisa.

“¡Yo soy Bliss Miller!”.

Cassian soltó una carcajada ante la respuesta inmediata.

“Lo sé”.

A pesar de la risa, Bliss no se amilanó y exclamó.

“¡Seamos amigos!”.

Cassian se detuvo un momento, sorprendido. Pero pronto asintió como si nada.

“Está bien”.

“¡Genial!”.

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Bliss asintió con fuerza y luego miró hacia abajo. Cassian, dándose cuenta de que el niño miraba el frasco de galletas, se lo entregó.

“Toma”.

“Gracias”.

Bliss abrazó el frasco de vidrio con ambos brazos y abrió la tapa de corcho con cuidado. Sacó una galleta enorme llena de chispas de chocolate y se la tendió a Cassian.

“Toma, un regalo”.

Cassian no tenía hambre, pero al ver el rostro sonrojado y lleno de ilusión del niño, no pudo rechazarlo.

“Gracias”.

Mordió la galleta y Bliss sonrió con orgullo antes de sacar otra para él. Abrió la boca todo lo que pudo, pero solo logró marcar un poquito el borde de la galleta. Aun así, levantó la galleta en el aire con satisfacción.

“¡Chinchín! (Brindis)”.

¿Dónde habrá aprendido eso?

Cassian, divertido, chocó su galleta con la del niño. Bliss empezó a devorar su dulce con alegría, sin soltar el preciado frasco. Al despertar esa mañana, jamás imaginó que pasaría algo tan bueno.

Luego, Bliss guardó dos galletas extra y, con la ayuda de Cassian, devolvió el frasco al estante para completar el ‘crimen perfecto’. No olvidaron chocar las palmas al terminar.

¡Chocala!

“Aquí está, señor Strickland”.

El mayordomo los encontró justo cuando Bliss bajaba al suelo y Cassian devolvía la silla a su lugar. El hombre se alegró de encontrar a Cassian, pero se quedó mudo al ver a Bliss escondido tras sus piernas. Bliss, fingiendo inocencia, le dijo al mayordomo.

“¡Cassian se había perdido y yo le estaba enseñando el camino!”.

Era una mentira obvia. El mayordomo miró las migas de chocolate alrededor de la boca de Bliss, murmuró un ‘ya veo’ y se dirigió a Cassian.

“El Duque lo busca. Lo acompañaré al salón”.

Mientras el mayordomo se daba la vuelta, Bliss le levantó el pulgar a Cassian como diciendo: ‘¡Se la creyó!’. Cassian, en lugar de decirle la verdad, simplemente le devolvió el pulgar con una sonrisa.

Cassian pensó que Bliss volvería a su cuarto, pero el niño los siguió. Ante la mirada inquisitiva de Cassian, Bliss declaró con orgullo.

“Como somos amigos, voy a saludar a tus padres”.

Su nuevo amigo lo tenía totalmente cautivado. Cassian solo pudo reír ante la actitud del pequeño. El mayordomo, confundido pero profesional, siguió caminando en silencio.

En el trayecto, Bliss terminó de comerse las galletas de chocolate. Quería tomar la mano de Cassian, pero como el joven medía más de 1.90 m, su mano estaba demasiado lejos, así que simplemente caminó pegado a él, respirando con emoción.

Al llegar al salón, el mayordomo llamó a la puerta y les cedió el paso. Cassian entró primero y Bliss lo siguió. Koi, que estaba sentado en el sofá, se levantó de un salto al ver la pequeña sombra tras Cassian.

“Bliss, ¿cómo...?”.

Koi se detuvo en seco al recibirlo. Al ver la cara de su hijo embadurnada de chocolate negro y migajas, lo abrazó rápidamente contra su regazo para ocultar el desastre. Intentó esconder la cara de su hijo, pero la suerte no estaba de su parte.

“¡Oh! ¿Ese es Bliss?”.

Al oír la voz de la Duquesa a sus espaldas, Koi cerró los ojos con fuerza.

¿Qué hago ahora?

Solo tenía dos opciones, salir corriendo con Bliss en brazos o...

“Jajaja...”.

Koi se giró hacia la Duquesa con sudor frío, optando por la confrontación directa.

“Parece que el niño estuvo comiendo dulces. Un momento...”.

Buscó una servilleta, le frotó la cara a Bliss frenéticamente y se volvió hacia los Duques.

 

Episodio 9

 

“Este es nuestro hijo menor, Bliss. Bee, saluda”.

A pesar de los primeros auxilios, aún quedaban rastros oscuros de chocolate en su cara, pero Bliss saludó con energía.

“Hola. Soy Bliss Miller”.

“¡Qué preciosidad!”.

Exclamó la Duquesa de inmediato, acercándose para verlo mejor.

“Hola, yo soy Elizabeth Strickland. Encantada de conocerte”.

Luego miró el ojo hinchado de Bliss y preguntó con preocupación.

“¿Estás bien del ojo? El moretón se ve serio, debe de haberte dolido mucho”.

Bliss infló el pecho con orgullo.

“¡Estoy bien! ¡Porque soy un hombre!”.

La Duquesa parpadeó sorprendida y luego asintió sonriendo.

“Qué valiente. Entonces, por supuesto, esto no es nada. Porque eres un hombre”.

El Duque y Ashley soltaron una carcajada. En medio del ambiente familiar, Koi solo pensaba en el regaño que le daría a Bliss cuando se fueran los invitados. Ashley pensaba exactamente lo mismo.

Sin sospechar nada, Bliss miró a Cassian con una sonrisa radiante. Cassian le devolvió la sonrisa sin imaginar lo que vendría.

“Señora Duquesa”.

Dijo Bliss con voz emocionada. Sin quitarle los ojos de encima a Cassian, lanzó su bomba.

“¿Puedo jugar un poco más con Cassian? ¡Quiero que subamos juntos a mis juegos!”.

Todos abrieron los ojos de par en par. El más sorprendido, por supuesto, fue Cassian.

¿Qué dice este renacuajo?

“¿Jugar con Cassian? ¿Qué quieres decir?”.

Preguntó el Duque, ya que Cassian se había quedado mudo.

Bliss respondió con total naturalidad.

“Es que Cassian y yo ya somos amigos. Por eso quiero que suba conmigo a mis juegos. ¿Se puede?”.

“Ha.…”.

Cassian soltó un suspiro de incredulidad. Por fin entendía por qué Bliss lo había seguido hasta allí, venía a pedir permiso a sus padres para jugar con su ‘nuevo amigo’.

Como si no importara que Cassian estuviera a punto de ser mayor de edad.

A pesar de que Cassian detectó las oscuras intenciones del pícaro niño, ya era tarde. Los Duques, totalmente prendados del encanto de Bliss, rieron a carcajadas. Cassian supo que su futuro era sombrío.

“¿Ah, sí? Me alegra que seas amigo de mi hijo. ¿Tienes juegos?”.

“Sí, en el jardín. Son míos”.

Asintió Bliss con orgullo.

“Como Cassian es mi amigo, dejaré que suba. Déjenlo jugar conmigo, por favor”.

Cassian intentó intervenir rápidamente.

“Un momento... Me dijeron que me buscaban porque tenían asuntos que tratar, ¿no es así?”.

Preguntó fingiendo calma, mientras gritaba internamente a su padre.

¡Di que tenemos algo que hacer, ahora mismo!

Haber sido amable con el niño fue un capricho momentáneo. Si hubiera sabido que terminaría de niñera, lo habría ignorado en la cocina.

Bueno, lo habría salvado del frasco, pero nada más.

Pero la Duquesa, ignorando el grito silencioso de su hijo, respondió.

“No, solo te llamamos porque nos preocupaba que te hubieras perdido en la casa. Ve a jugar tranquilo”.

Cassian iba a decir ‘ya no soy un niño’, pero antes de que pudiera hablar, el Duque asintió riendo.

“Sí, ve. Cassian, ¿has oído? Ve con él”.

“Preferiría quedarme aquí a descansar”.

Intentó rebelarse Cassian con una sonrisa forzada. Pero el Duque no cedió.

“De todos modos te aburrirías. No tienes nada que hacer, así que ve a jugar con tu nuevo amigo”.

¡El que no está bien soy yo!

“Es que no me gustan mucho los juegos mecánicos...”.

“¡No pasa nada, Cassian! ¡Cuando los pruebes te van a encantar!”.

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Al lado de él, el ‘cacahuate’ se metió en la conversación sin tener ni un poco de tacto. Justo cuando Cassian sentía el impulso de darle un buen coscorrón, la duquesa habló.

“Así es, Cassian. Ve con él. Nosotros podemos esperar, así que no te preocupes”.

“Yo...”.

Quiso negarse de nuevo, pero la situación no se lo permitía. Al ver que cuatro pares de ojos estaban fijos en él, Cassian solo pudo balbucear antes de responder finalmente con un resignado: ‘Sí’. Al final, con el rostro pálido, tuvo que salir al pasillo casi expulsado junto al mocoso que se comportaba a su antojo.

“¡Vamos, Cassian!”.

Exclamó Bliss emocionado, estirando la mano hacia arriba.

Por mucho que estirara el brazo, la mano de Cassian colgaba a una altura inalcanzable, por lo que el gesto no tenía mucho sentido. Aun así, al ver al niño sonriendo de oreja a oreja mientras se esforzaba por alcanzarlo con su bracito corto, Cassian terminó explotando de frustración.

“Tú, ¿cuántos años tienes?”.

Ante la pregunta lanzada entre dientes, Bliss respondió con total naturalidad.

“Seis. ¿Y tú?”.

“Yo voy a cumplir dieciocho, Bliss”.

Cassian añadió esto último en voz muy baja, cuidando que los adultos al otro lado de la puerta no lo escucharan.

“Eso significa que voy a ser un adulto. Un hombre mayor”.

Intentaba explicarle que ya no tenía edad para subirse a juegos infantiles, pero, por supuesto, el mensaje no caló en Bliss.

“No pasa nada. No me importa que seas un poco viejo”.

Pues a mí sí me importa. Mucho.

Mientras miraba a Bliss, que le daba palmaditas en la pierna como si tratara de animarlo con una sonrisa radiante, Cassian pensó eso para sus adentros. Sin embargo, a Bliss no le importó en absoluto la cara de disgusto del otro y siguió parloteando a su gusto.

“En mis juegos también se suben Papá y Daddy. Tú también puedes”.

Cassian ya se estaba quedando sin palabras ante tal absurdo, pero el niño fue un paso más allá.

“¡Pedí permiso a tu Papá y a tu Mami, así que no hay problema! ¡Vamos!”.

Ya pasé hace mucho la edad de pedir permiso a mis padres para subirme a un simple juego.

Cassian quería gritar, pero le fue imposible. Bliss, cansado de esperar a que él le tomara la mano, dio un saltito y lo agarró. Debido a esto, Cassian terminó inclinándose hacia adelante de forma exagerada, y Bliss, al aterrizar de nuevo en el suelo, le dijo.

“Confía en mí. ¡Será muy divertido!”.

Y entonces, empezó a correr a su antojo. Al final, Cassian no tuvo más remedio que dejarse arrastrar por el pasillo, caminando encorvado mientras era guiado por un pequeño que apenas le llegaba a la rodilla.

5.

Las atracciones instaladas detrás de la mansión eran, sencillamente, impresionantes. Desde montañas rusas hasta juegos de agua, un carrusel, un barco pirata y una torre de caída libre, parecía que estaban todos los tipos de atracciones imaginables.

El problema era que todas eran para niños.

“¡Vamos, Cassian! Súbete rápido”.

Antes de que pudiera encontrar una respuesta a la duda existencial de por qué alguien construiría algo así en una propiedad privada, Bliss ya se había subido de un brinco a un barco pirata que no le llegaba ni a la cintura y le hacía señas con entusiasmo señalando el asiento de enfrente. Al verlo ponerse el cinturón de seguridad con total seriedad en un barco tan ridículamente pequeño y aburrido, Cassian se sintió aún más incrédulo.

“Yo paso”.

“¡No seas tímido! ¡Siéntate ya, rápido!”.

Cassian hizo un gesto de negativa con la mano, pero Bliss volvió a gritar señalando el asiento vacío. Sin embargo, Cassian resistió con todas sus fuerzas.

“Bliss, mira. Yo soy muy grande. ¿Cómo voy a subirme a un juego tan pequeño?”.

Era una razón que la mayoría de la gente, incluido Cassian, consideraría lógica. Pero, lamentablemente, Bliss no pertenecía a esa ‘mayoría’.

“¡No pasa nada! ¡Papá es más grande que tú y se sienta ahí perfectamente!”.

Cassian se quedó mirando el asiento vacío y su rostro se tornó blanco como el papel.

 

Episodio 10

 

Al imaginar a un hombre de más de dos metros de altura encajonado en esa diminuta atracción para jugar con su hijo, sintió hasta vértigo.

Cielo santo, Ashley Miller...

Al darse cuenta de que el dueño de ‘la familia más influyente de Estados Unidos’ llevaba una vida inesperadamente sufrida, toda su voluntad se quebró de repente.

Bueno, si Ashley Miller lo hace, ¿quién soy yo para negarme?

Con una autocrítica resignada, Cassian subió en silencio al barco pirata. Ignoró con dificultad los gritos de su razón que le decían: ‘Ese niño es su hijo, ¡por supuesto que lo haría! Mi caso es totalmente diferente’. Pero es que, frente a un hombre como Ashley Miller, él no era más que el ‘insignificante heredero de un ducado’.

Debido al peso, el barco se inclinó naturalmente hacia el lado de Cassian, y Bliss, que se elevó de repente por el contrapeso, soltó una carcajada.

“¡Qué divertido! ¡Cassian, ponte el cinturón rápido! ¡Es peligroso!”.

Ante los gritos y los saltitos de impaciencia, él suspiró y se abrochó el cinturón tal como lo había hecho Bliss. Pensar que Ashley Miller también habría hecho esto lo ayudó a soportarlo. Cuando Cassian soltó las manos tras abrocharse, Bliss levantó un brazo emocionado.

“¡Entonces, allá vamooos!”.

A su señal, un empleado que estaba esperando pulsó un botón. El barco pirata comenzó a moverse rítmicamente describiendo un pequeño arco. Mientras el barco se balanceaba apenas unos 15 grados de altura, Cassian se sumió en sus pensamientos.

¿Qué es la vida, después de todo?

Y así, pasaron por todas y cada una de las atracciones sin saltarse ninguna. Para cuando un empleado se acercó a decir: ‘El Duque dice que ya es hora de regresar’, Cassian ya estaba divagando sobre el origen del universo.

Sin que se diera cuenta, el sol ya se estaba ocultando a lo lejos.

***

“¡Ya volvimos!”.

Habían pasado unas tres o cuatro horas cuando Bliss abrió la puerta del salón donde los adultos conversaban y anunció su llegada a gritos. A diferencia de Bliss, que corrió a saludar con energía como si no estuviera cansado tras subir a tantos juegos, Cassian caminaba por el pasillo con pasos pesados, ojeroso y con el rostro exhausto. Mientras tanto, Bliss ya estaba en brazos de su Daddy hablando sin parar.

“Cassian no es muy bueno en los juegos. Tenía miedo y no quería subir, así que le tomé la mano muy fuerte y le di muchos ánimos. ¡Después de subir unas cuantas veces, ya lo hacía bien...!”.

Ante la emoción del niño, los cuatro adultos mostraron sonrisas cálidas.

“Parece que te has divertido mucho con Cassian”.

Dijo el Duque.

Bliss asintió con energía.

“Podríamos haber jugado más, pero vinimos. Cassian apenas se estaba acostumbrando a los juegos. Es una pena que no empezáramos antes. Pero no pasa nada, ¡podemos jugar otra vez!”.

Los adultos siguieron sonriendo y asintiendo ante las palabras del emocionado niño. En ese momento, Cassian llegó al salón y vio al ‘pequeño monstruo’ rodeado de adultos con una sonrisa de oreja a oreja. Justo entonces, el Duque preguntó.

“Increíble. ¿Y no tuviste miedo en las atracciones?”.

“¡Para nada!”.

Gritó el pequeño monstruo entusiasmado.

“¡Soy un hombre! Por eso subí con valentía. ¡Y también protegí a Cassian!”.

Los Duques miraron a su hijo como preguntando si eso era cierto. Sin embargo, Cassian, con los ojos hundidos por el cansancio, solo murmuró algo totalmente distinto.

“Dijeron que ya nos íbamos...”.

Al verlo murmurar con la mirada perdida, como si su alma hubiera abandonado su cuerpo, los Duques se miraron desconcertados, pero pronto recuperaron la compostura comprendiendo la situación.

Jugar con un niño no es tarea fácil.

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Sintiendo lástima por su hijo agotado, pero a la vez orgullosos de él, el Duque se dirigió a Ashley.

“Entonces, nos retiraremos por hoy. Ha sido un tiempo realmente agradable”.

Tras el Duque, la Duquesa añadió.

“Gracias por la invitación. Hemos compartido charlas muy interesantes. Espero que tengamos otra oportunidad pronto”.

Después de agradecer cortésmente, la Duquesa intercambió una mirada con Ashley y luego con Koi, para finalmente detenerse en Bliss. Con una sonrisa maternal, añadió.

“Ha sido un verdadero placer conocer a un niño tan lindo y encantador”.

“Gracias”.

Respondió Koi con las mejillas sonrojadas y una sonrisa de orgullo.

Justo cuando se disponían a cerrar la reunión en medio de aquel ambiente agradable...

“Cassian, ¿te vas a casa?”.

Bliss, que se había dado cuenta tarde de la situación, le gritó de repente. Cassian, que hasta ese momento solo esperaba que el tiempo pasara rápido para irse, se detuvo y respondió con voz lánguida y cansada.

“Tengo que irme, por supuesto”.

Ante esa respuesta, Bliss se mostró visiblemente consternado y sus ojos temblaron. Era como si nunca se hubiera imaginado que esto pasaría. Koi, al ver a su hijo así, trató de calmarlo con dulzura.

“Bee, Cassian tiene que volver a su propia casa. Esta es la casa de Bee”.

Bliss se quedó sin palabras. Lo que decía su Daddy era cierto. Bliss se quedaba en su casa y Cassian se iba a la suya. Lo sabía bien. Pero, pero...

“No quiero separarme”.

Balbuceó Bliss a punto de llorar.

No podía aceptar que su nuevo y fascinante amigo se fuera así. ¡No, de ninguna manera! Aunque entendía el sentimiento del niño que sacudía la cabeza con fuerza, Ashley no podía ceder sin más y lo reprendió con cierta severidad.

“No digas tonterías ni hagas berrinches, Bliss. Vamos, despídete de los invitados. Ahora mismo”.

Ante la insistencia, la mente de Bliss trabajó a toda velocidad. Ni Papá ni Daddy parecían estar en posición de escuchar sus ruegos. ¿Entonces qué podía hacer? ¿Cómo podía quedarse más tiempo con Cassian? ¿Cómo?

¡Ah!

En ese instante, una idea brillante cruzó la mente de Bliss. ¡Era eso!

Su rostro, que hace un momento estaba a punto de romper en llanto, se iluminó con una gran sonrisa. Inmediatamente giró la cabeza y le gritó a Cassian, quien seguía ignorando todo y rogando por irse de una vez.

“¡Cassian, casémonos!”.

El ligero murmullo de las despedidas desapareció al instante y un silencio sepulcral inundó la sala. Los Duques, Ashley y Koi abrieron los ojos de par en par mirando a Bliss, pero la persona más horrorizada de todas era, sin duda, el propio Cassian.

... Pero ¿qué está diciendo este mocoso loco?

Se quedó congelado, sin poder siquiera parpadear. Una gota de sudor frío le resbaló por la espalda.

6.

Tic, tac. El sonido del segundero del reloj de pared resonaba con pesadez. Solo habían pasado unos segundos, pero el silencio parecía aplastar los hombros de Cassian más que nunca.

“... ¿Qué has dicho?”.

La primera persona en hablar fue Ashley. Gracias a eso, el agobiante silencio se rompió, pero en su lugar, un aire gélido y siniestro comenzó a extenderse por el ambiente. Fue incluso peor.

“Bee, ¿qué acabas de decir? ¿Sabes lo que significa eso?”.

Preguntó Koi apresuradamente.

“¡Sí, claro que lo sé!”.

Gritó Bliss con total seguridad.

“¡Me voy a casar con Cassian! ¡Quiero casarme, dejen que nos casemos!”.

Al ver esto, los Duques perdieron la compostura que habían mantenido hasta entonces y, visiblemente desconcertados, comenzaron a tartamudear.

“Ah, no, esto...”.

Los padres miraron a Cassian buscando una explicación, pero su hijo estaba igual de confundido. Con el rostro desencajado por la injusticia, Cassian movió los labios formando las palabras ‘Soy inocente’, mientras Koi le preguntaba rápidamente a Bliss.

“¿A qué viene esto tan de repente, Bliss? ¿Cómo que te quieres casar con Cassian?”.

“No es más que una ocurrencia infantil, no tiene mayor importancia. Solo está diciendo lo primero que se le ocurre...”.

Cassian intentó hablar atropelladamente, pero antes de que pudiera terminar la frase, Bliss gritó primero.

“¡Te casas con la persona que te gusta!”.

El silencio volvió a caer, pero esta vez con un matiz diferente. En medio de la confusión de la gente, que no lograba asimilar la situación, Bliss continuó con una voz llena de entusiasmo.

“¡Me gusta Cassian! ¡Si nos casamos, no nos separamos y vivimos juntos! ¡Entonces hoy, mañana y todos los días estaremos juntos y podremos jugar siempre! ¡Por eso quiero casarme con Cassian!”.