8. Vacaciones de verano
Habían anunciado la llegada de la temporada de
lluvias, pero el cielo se negaba a ceder; en su lugar, el sol caía con una
ferocidad implacable.
Yun estaba tumbado en una tumbona detrás del
anexo, estirado como una hoja lánguida bajo el calor. Parecía dormir, tan
inmóvil estaba, pero el leve parpadeo de sus ojos fijos en las ondulaciones de
la piscina revelaba que seguía despierto. Quizás debido a la persistente gripe
de verano que lo había mantenido postrado más de una semana tras su regreso a
la mansión, no brotaba ni una gota de sudor de su piel pese a llevar más de una
hora a la intemperie.
"Joven amo, ¿no tiene calor? Ha llamado
la Presidenta..."
"Ah. Me levantaré ahora mismo."
Solo cuando la jefa Joo Eun-hee fue a
buscarlo, Yun recordó su compromiso del día. Hwa-young, preocupada por verlo
pasar los días tumbado sin una pizca de energía, lo había citado para almorzar
juntos.
Aunque, en realidad, lo que ocupaba la mente
de Yun era un asunto muy distinto.
[Parece que me quedaré en Shanghái unos días
más.]
A pesar de haber prometido que vendría a verlo
todos los días aunque ayudara a Ki-yoon, Seung-ju llevaba una semana en China.
Y ahora anunciaba que su regreso se retrasaría aún más.
Tres o tras veces al día, sin falta, llegaban
mensajes informando de su rutina. Que si entraba en una reunión, que si
organizaba documentos o asistía a un almuerzo... Por el contenido, era evidente
que Seung-ju estaba desempeñando tareas mucho más acordes a su nivel que cuando
estaba con Yun.
Tal vez Seung-ju finalmente había regresado al
lugar que le correspondía.
Aunque racionalmente Yun sabía que trabajar
bajo el mando del próximo heredero del Grupo DH era lo mejor para la carrera de
Seung-ju, confirmarlo con sus propios ojos le dejaba un sabor amargo. ¿Era
acaso un egoísmo suyo querer mantenerlo a su lado? Le bastaba con poder verlo a
diario, pero ahora sentía que incluso ese deseo se le había vuelto
inalcanzable.
Por eso, Yun no podía responder a los
mensajes. Temía que su resentimiento aflorara sin querer.
Quería preguntarle si no podía limitarse a
trabajar solo para él. Quería ordenarle que regresara de inmediato porque lo
necesitaba. Quería saber si, por no ser el heredero, no tenía derecho a
monopolizarlo. Si este compromiso seguía adelante, ¿lo perdería para siempre?
Apagó el teléfono que había encendido un
momento para revisar los mensajes. Sabía que si escuchaba su voz, volvería a
llorar. No quería mostrarse como un niño caprichoso que solo sabe dar
problemas.
Mientras se preparaba para salir con
movimientos pesados, su mente seguía flotando en otro lugar.
"Joven amo, se ha abrochado mal los
botones de la camisa."
"...Es cierto."
Como sus manos no dejaban de resbalar, la jefa
Joo terminó por acomodarle la ropa.
"Si no se siente bien, ¿qué le parece si
posponemos la cita? La Presidenta lo entenderá."
"Físicamente estoy bien."
Sacudió la cabeza con una sonrisa forzada. Su
cuerpo estaba ileso, comparado con su ánimo, que se hundía en un pozo sin
fondo.
* * *
"Yun, ¿ya terminaste? ¿Estaba rico?"
"Sí, estaba delicioso."
Apenas había vaciado la mitad de un plato de
pasta pequeño. Aunque sus palabras no tenían respaldo visual, Yun sonrió con
dulzura, manteniendo esa expresión encantadora que lo caracterizaba.
Hwa-young asintió, dándose por satisfecha;
conociendo lo poco que solía comer, aquello era suficiente. Aun así, le
preocupaba ver cómo había perdido peso tras la gripe, justo cuando parecía
haber recuperado color durante el tiempo que estuvo fuera de casa.
"Son vacaciones, ¿no hay ningún sitio al
que quieras ir? Puedo enviarte con alguno de mis secretarios..."
"No, prefiero quedarme en casa. Tengo que
empezar el tratamiento... Además, Jae-yoon hyung está muy ansioso porque el
calendario se retrasó por mi resfriado."
"¿Pero no te sientes encerrado? Ya que
hemos salido, ¿quieres ir a ver la nueva galería que inauguramos? Estaba
pensando en dártela en el futuro."
"...¿Cómo voy a gestionar yo una
galería?"
"Puedes aprender poco a poco."
Yun soltó una risita seca y negó con la cabeza
lentamente. Hwa-young sabía que el problema no era aprender; el silencio de Yun
gritaba: "¿Cómo voy a trabajar con este cuerpo?". Esa actitud de
resignación le partía el alma.
A pesar de todo, Yun mantenía la sonrisa por
hábito en su rostro pálido. Intentaba no preocuparla, pero la sombra que
oscurecía su semblante desde que regresó a la mansión era imposible de ocultar.
No parecía ser solo por el compromiso matrimonial; después de todo, había
tenido el valor de escaparse de casa por ello.
Hwa-young extendió la mano y acarició con
suavidad el rostro que aún conservaba rastros de fatiga. Para ella, aunque
tuviera veinte años, seguía siendo su pequeño.
"Yun."
"..."
"Dime qué pasa. Cuéntaselo a mamá. No hay
nada que no pueda hacer por mi Yun, ¿verdad?"
Aunque Yun había empezado a llamarla
"Madre" de forma protocolaria, ella siempre se refería a sí misma
como "Mamá". Para ella, él siempre sería el hijo que quería proteger
bajo su ala.
"Ya no soy un niño."
"Lo eres. Aunque cumplas treinta o cuarenta,
para mamá siempre serás mi niño."
Yun la miró fijamente durante un largo rato
tras escuchar esas palabras tan llenas de certeza. Sus labios temblaron.
"Sabes, yo..."
Pero no pudo terminar la frase. Las lágrimas
empezaron a caer sobre la mano de Hwa-young. Antes de que ella pudiera
reaccionar, Yun comenzó a sollozar en silencio.
* * *
Al llegar a Seúl en el vuelo nocturno, lo
primero que hizo Seung-ju al encender el móvil fue revisar sus mensajes. Como
esperaba, no había nada de Yun. Era demasiado tarde para llamar, y tampoco
estaba seguro de si Yun le atendería.
Justo cuando bajaba del taxi pensando en ir a
visitarlo personalmente al día siguiente, por ser fin de semana, vio un
vehículo familiar estacionado frente a su edificio.
"¿Jeong-jun? ¿El joven amo está
aquí?"
Jeong-jun, que bostezaba en el asiento del
conductor, se sobresaltó al ver a Seung-ju.
"Lleva unas dos horas. Seong-min debe
estar con él."
A Seung-ju le entró la urgencia. Casi corrió
hacia el ascensor y, en cuanto se abrieron las puertas, salió disparado
arrastrando su maleta.
Bip-bip.
Abrió la puerta con tal ímpetu que Seong-min,
sentado en el sofá, se levantó sobresaltado.
"Ha... ¿Dónde está el joven amo?"
"En el cuarto..."
Antes de que terminara de hablar, Seung-ju se
dirigió a grandes zancadas hacia la habitación que solía ser de Yun.
"¡Eh, ahí no!" —Seong-min lo detuvo
señalando hacia otro lado. Era la habitación de Seung-ju.
Frente a su propia puerta, Seung-ju respiró
hondo. Abrió con cuidado para no hacer ruido y vio a Yun acurrucado, envuelto
en el edredón como un ovillo.
¿No tendría calor? Al pensar en eso, recordó
lo que Ki-yoon le había dicho sobre la salud de Yun tras volver a la mansión.
Se quedó un momento observando aquel rostro, que se veía más demacrado tras los
días sin verse, hasta que reaccionó.
"...Joven amo."
Se acercó, se arrodilló a su lado y lo llamó
en voz baja. Las pestañas de Yun, que proyectaban una larga sombra, temblaron
ligeramente.
"Hyung..."
Yun abrió los ojos a medias y extendió ambos
brazos hacia adelante, pidiendo que lo abrazara. Seung-ju, con naturalidad,
pasó las manos bajo sus axilas y lo ayudó a incorporarse. Yun pegó la frente al
hombro de Seung-ju, buscando su contacto.
"Hueles a Seung-ju hyung."
"Ahora mismo ni siquiera he podido
ducharme, debo oler a sudor."
"No, hueles bien."
Si Yun lo decía, Seung-ju no iba a llevarle la
contraria. Le acarició la espalda y Yun apretó el abrazo alrededor de su
cuello.
"...¿No me extrañaste?"
Su voz, con un tono de súplica infantil,
estaba cargada de humedad. A pesar de haber ignorado cada uno de sus mensajes,
parece que sus sentimientos eran otros. ¿Acaso se había pasado todo este tiempo
sufriendo en silencio tras su aparente indiferencia? Tal como decía Ki-yoon, no
tenía un corazón capaz de ser cruel.
"Iba a ir a verlo mañana mismo. Usted se
me ha adelantado."
"Mmm... quería verte ahora."
"Como no respondía a nada, pensé que me
había despedido."
Ante su broma, Yun sacudió la cabeza con
fuerza.
"No es eso... No podía responderte. No
quería... estorbar en tu trabajo."
"Yo soy su secretario, ¿cómo va a
estorbarme? Sus asuntos son la prioridad."
Al escuchar la respuesta de Seung-ju, Yun
soltó una pequeña risa entrecortada. Seung-ju se sintió aliviado al oírlo. Se
quedaron abrazados un rato, saboreando el reencro. Cuando la emoción inicial se
calmó, Seung-ju recordó que Seong-min seguía esperando fuera.
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"Debe volver a casa. Es muy tarde."
"Creo que ya terminó su turno."
"¿Cómo?"
No era posible que Seong-min se hubiera ido
dejándolo allí. Seung-ju salió al salón y vio que el sofá estaba vacío; los
zapatos grandes de la entrada también habían desaparecido.
"Hoy me voy a quedar a dormir con
hyung" —murmuró Yun, que lo seguía por detrás.
¿A dormir... aquí? Seung-ju no procesó las
palabras de inmediato. Por un instante pensó si sería por el heat cycle,
pero Yun parecía estar perfectamente.
"Tengo... permiso..." —añadió Yun
con voz cada vez más baja. Al ver que Seung-ju parecía dispuesto a llevarlo de
vuelta a la mansión, sacó su teléfono y marcó un número—. "Mmm. Nos
acabamos de encontrar. Te paso a Seung-ju hyung."
Atónito, Seung-ju tomó el teléfono sin saber quién
estaba al otro lado.
"Sí, diga."
—Secretario Kang, quédese con Yun y vengan
mañana a desayunar aquí.
Era la Presidenta Song Hwa-young.
—Déjelo dormir allí una noche. El pobre ha
estado muy decaído, pero se puso feliz cuando supo que usted regresaba.
Seung-ju no sabía cuánto sabía ella realmente,
pero tras escuchar eso, no pudo negarse. Yun había dicho que quería dormir
"con hyung", así que era evidente que dormirían en la habitación de
Seung-ju, y que —incluso sin un heat cycle de por medio— cualquier cosa
podría pasar.
Sin embargo, no quería decepcionar al joven
amo que lo había estado esperando todo este tiempo. Además, por fin parecía
haber recuperado algo de ánimo.
Tuvo el presentimiento de que esta noche
tampoco dormiría mucho.
* * *
Hwa-young, que recibió la llamada mientras se
preparaba para dormir, dejó escapar un leve suspiro tras colgar. La razón era
la imagen de Yun llorando a moco tendido durante la cena de hace dos días.
"¿No... hic... puede ser con... snif...
la persona que me gusta... hip... el compromiso... no... no
quiero?"
Aunque sus palabras salían desordenadas y con
una pronunciación borrosa mezclada con el llanto, ella pudo entender el sentido
general. Parecía que Yun tenía a alguien que le gustaba y por eso no quería
comprometerse con la persona elegida por su padre.
"¿Estaría bien si te comprometemos con la
persona que te gusta?"
"No... no es eso... buuaaaa."
"Yun, ¿quién es esa persona?"
"No lo voy a decir... hic. No se
puede..."
Yun, que resistió con terquedad mientras
lloraba hasta ponerse rojo, finalmente soltó el nombre cuando ella lo persuadió
con dulzura. Aun así, le rogó encarecidamente que no se lo dijera a nadie.
"¿Te refieres a Seung-ju... el secretario
Kang?"
Honestamente, Hwa-young también se sorprendió
al escuchar el nombre de Kang Seung-ju. Había notado que el chico lo seguía de
forma especial, pero pensó que era porque Yun se sentía solo y nada más; nunca
imaginó otra cosa.
Además, ¿acaso él no era un beta? Más allá de
su trasfondo, ni siquiera podía concebir que pudiera vincularse con Yun de esa
manera.
Incluso, por lo que Yun le confesó, parecía
que le gustaba a solas desde hacía mucho tiempo. Tanto como para decidir que
debía asistir a la universidad como correspondía solo por él. Ella pensaba que
aún era un niño, pero ¿desde cuándo albergaría tales sentimientos?
"No regañes a hyung... Fue cosa
mía..."
"...¿Al secretario Kang también le gustas
tú?"
"Mmm... Pero hyung dice que solo será mi
secretario... Ni siquiera acepta mis regalos... Y mi hermano mayor dice que
yo... corto la carrera de Seung-ju hyung... snif."
Debido a que volvió a romper en llanto justo
cuando se estaba calmando, tuvieron que posponer la visita a la galería para el
día siguiente. Hwa-young consoló a Yun mientras decidía que tendría que hablar
seriamente con Seung-ju en cuanto este regresara.
"¿Dice que Yun no vendrá hoy?"
La voz de Choi Il-ho trajo a Hwa-young de
vuelta a la realidad. Él no había podido ocultar su expresión de descontento
durante toda la llamada y finalmente cerró el libro que estaba leyendo para
interrogarla.
"Sí. Como hace mucho que no se ven, dice
que quiere estar con él. Parece que le ha tomado mucho cariño al secretario
Kang en este tiempo."
"Han pasado tiempo juntos, así que es
normal... Pero debería dormir en casa. Ni siquiera entiendo por qué el
secretario de Yun tuvo que acompañar a Ki-yoon en su viaje."
"¿Tú tampoco lo sabes?"
Il-ho, apoyado contra el cabecero de la cama,
se encogió de hombros como si realmente lo desconociera. Hwa-young, que se
estaba acostando mientras subía el edredón, de pronto se giró hacia su esposo.
"Cariño."
"......"
"¿No has pensado en cancelar el
compromiso de Yun? El niño... dice que lo odia tanto..."
"Todos vienen por turnos a decirme lo
mismo."
Parecía que sus hijos mayores ya le habían
preguntado lo mismo. Il-ho dejó escapar un suspiro profundo y, frotándose las
sienes con cansancio, habló:
"¿Crees que me gusta obligarlo? Pero tengo
que salvarlo. Si se pone así en cada ciclo de celo, ¿cuántas veces más
podrá resistir? Especialmente siendo tan débil como es."
"...¿Es por Jeong-yun?"
Jeong-yun. Al pronunciar ese nombre que rara
vez mencionaban, la expresión de Il-ho, firme como una roca, mostró una grieta.
Hwa-young se incorporó para quedar frente a su esposo y puso su mano sobre la
mano grande y arrugada de él.
Sin poder sostenerle la mirada a su esposa,
Il-ho se acostó dándole la espalda.
"Jeong-yun, al menos, era saludable. Pero
aun así..."
Sus palabras, murmuradas como para sí mismo,
se dispersaron como un lamento.
"...No tiene por qué ser obligatoriamente
Min Hyeon-jae. Solo necesito que sea alguien que pueda marcarlo para que ese
chico no sufra por las feromonas, y que pueda protegerlo con firmeza pase lo
que pase. Si él fuera un alfa, yo no llegaría a este extremo. ...No puedo
cometer el mismo error que con Jeong-yun. Si algo le pasa a Yun... ¿con qué
cara veré a Jeong-yun?"
Su espalda, inmensa como una montaña, se
mantenía firme como si no hubiera lugar para la persuasión. Hwa-young también
tenía mucho que decir, pero se lo tragó y se recostó a su lado.
Il-ho había sido un padre estricto con sus
hijos varones, pero con su hija Jeong-yun siempre fue bastante permisivo.
Quizás lamentaba no haberla detenido hace mucho tiempo, cuando ella, diciendo
que quería vivir en libertad, se marchó al extranjero para estar con la persona
que amaba.
'Mamá, puedes proteger a este niño hasta el
final, ¿verdad?'
Su hija, a quien creían viviendo feliz, solo
contactó a la familia cuando estaba a punto de morir. Tras la repentina muerte
de su pareja, el vínculo de Jeong-yun se rompió forzosamente durante el
embarazo, lo que la llevó a sufrir graves secuelas y a un parto prematuro.
Hwa-young recordaba el momento en que sostuvo
por primera vez a aquel pedacito de carne tan diminuto que su hija le confió.
Incluso sin poder abrir los ojos, el niño era
el vivo retrato de su hija; era demasiado ligero, demasiado débil.
Aquel niño, que ni siquiera pudo salir del
hospital hasta cumplir un año, tenía que ser su propio hijo. Solo así podrían
protegerlo y cuidarlo adecuadamente. Ese hecho no había cambiado ni entonces ni
ahora.
"Entiendo cómo te sientes. Pero Yun...
llora demasiado."
"¿Llora? Ese chico será delicado, pero no
es de los que derraman lágrimas por cualquier cosa..."
Si Seung-ju hubiera escuchado eso, se habría
quedado estupefacto. Ante Seung-ju, Yun ya había llorado incontables veces,
pero sorprendentemente no era tan llorón frente a su familia. Por eso Hwa-young
se había desconcertado tanto al verlo así.
Sin embargo, a diferencia de Hwa-young, Il-ho
no parecía tener intención de reconsiderar el compromiso solo por las lágrimas
de Yun.
* * *
En ese preciso momento, Seung-ju estaba
quedando estupefacto, pero por una razón completamente distinta.
"Jo-joven amo. ¿Y... los
pantalones?"
Yun había dicho que ya se había aseado antes
de venir, así que Seung-ju solo le había entregado ropa limpia antes de entrar
él mismo a la ducha. Estaba seguro de haberle dado tanto una camiseta como unos
pantalones, pero ahora Yun vestía únicamente la camiseta.
Al ser la talla de Seung-ju, la prenda le
quedaba tan holgada que le cubría hasta los glúteos, pero a nada que se
moviera, su ropa interior quedaría a la vista. Sobre todo, sus piernas blancas
y delgadas estaban demasiado expuestas.
"Como la cintura me queda grande, se me
caen todo el tiempo. ...Es verano, así que no pasa nada, ¿verdad?"
Seung-ju no sabía qué era exactamente lo que
'no pasaba nada'. Al ver la expresión inocente de Yun, hundido en el sofá con
una pierna flexionada, llegó a preguntarse si solo él estaba teniendo
pensamientos impuros.
Sin embargo, a Yun no parecía importarle el
conflicto interno de Seung-ju; dio palmaditas en el sofá para que se sentara a
su lado mientras cambiaba los canales de la televisión como si estuviera en su
propia casa.
Decidido a mantener la cordura, Seung-ju se
sentó a su lado. Como era de esperar, Yun se recostó de inmediato usando los
muslos de Seung-ju como almohada. Su paciencia ya estaba siendo puesta a
prueba.
A pesar de morderse los labios y contener el
aliento, Seung-ju comenzó a acariciar suavemente el cabello de Yun. Era un
gesto que ya le salía de forma inconsciente.
Bueno, hace mucho que no nos vemos, así que
esto debería estar bien.
Había estado enfermo durante días y
seguramente lo había esperado durante horas hoy; se veía tan feliz con solo ese
roce... Todo eran excusas para justificar que era incapaz de rechazarlo con
frialdad.
Al sentir las caricias, Yun se removió para
pegarse más a él. Seung-ju agradeció llevar pantalones largos y tensó los
muslos, pero entonces las puntas de las uñas de Yun empezaron a rascarle
suavemente la rodilla. El astuto joven amo parecía hacerlo a propósito.
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Seung-ju clavó la vista en la televisión. No
tenía idea de qué programa estaban viendo ni de qué se reían los panelistas,
pero necesitaba concentrar cualquier distracción para disipar el calor que
empezaba a acumularse en su bajo vientre.
"Hyung, ¿quieres que...
practiquemos?"
Como estaba medio ido, Seung-ju no captó el
sentido de sus palabras de inmediato. ¿Por qué lo decía en un susurro? Tenía la
cabeza hecha un lío.
"¿Qué clase de... ejem...
práctica?"
"...El ciclo de celo."
Ciclo de celo. En cuanto esas palabras llegaron a sus oídos,
un escalofrío le recorrió la nuca. Yun se incorporó lentamente apoyándose en la
rodilla de Seung-ju y sus miradas se cruzaron. A pesar de haber lanzado una
propuesta tan audaz, su rostro lucía una sonrisa tímida y pura. Era mareante.
"Si ya lo... investigaste todo..."
"Joven amo."
Por supuesto, Kang Seung-ju, siendo el tipo de
hombre que prepara meticulosamente hasta el detalle más insignificante, había
investigado tanto sobre cómo hacerlo entre hombres que casi podría haber
escrito una tesis. Había leído que, si se hacía mal, podía haber sangre, y eso
era algo que no podía permitir que sucediera bajo ningún concepto.
Como una promesa era una promesa, se había
mentalizado para el día en que tuviera que cumplirla. Pero sentía que ir más
allá de eso sería demasiado... aunque tampoco creía poder resistir las
provocaciones de Yun por mucho tiempo. Se sentía atrapado en una trampa de la
que no podía escapar.
"Hyuuung... ¿sí?"
Yun, que ya se había subido al regazo de
Seung-ju, rodeó su cuello con los brazos con insistencia. Seung-ju, que apenas
lograba sostener el hilo de su cordura, puso sin querer las manos sobre los
muslos blancos de Yun y se sobresaltó. Más allá de la suavidad de la piel,
estaba demasiado fría.
"Tu cuerpo está frío. Primero, vayamos a
la cama."
"Mmm, vayamos a la cama."
Probablemente el joven amo interpretó esas
palabras de otra forma, pero a Seung-ju no le importó. Lo tomó en brazos
sosteniendo su espalda y glúteos, y Yun se aferró a él con fuerza.
En mitad del pasillo, dudó un momento sobre a
qué habitación ir. Su elección fue su propio dormitorio, porque era el lugar
donde aún quedaba algo de calor. Era una excusa pobre, pero sintió que a Yun le
gustaría su elección. Sus pasos hacia la habitación se volvieron apresurados.
Al dejarlo suavemente sobre la cama, Yun soltó
una pequeña risa.
"Hyung, de verdad eres... extraño."
"¿Por qué?"
Aunque su espalda ya tocaba las sábanas, Yun
no soltó sus brazos ni sus piernas. Atrapado por esa fuerza debil, Seung-ju se
sostuvo sobre sus brazos, mirando a Yun desde arriba. Podría haberse soltado
fácilmente, pero no quería hacerlo; él también estaba sucumbiendo lentamente a
sus instintos.
"...Al final vas a terminar rindiéndote
ante mí... ¿Por qué siempre finges? Dices que te gusto... pero solo me haces
llorar..."
Al notar que su voz volvía a sonar húmeda,
Seung-ju bajó el rostro lentamente. Sus labios rozaron con cuidado el rabillo
de sus ojos, bebiendo sus lágrimas en silencio.
"Tal vez... es que me gusta verte
llorar."
Ante esa broma tan inusual en él, Yun le dio
un golpecito juguetón en el hombro. Para consolarlo, Seung-ju besó ambas
mejillas y quiso confirmar una última vez:
"No es tu ciclo de celo, ¿seguro
que no te arrepentirás? No hace falta practicar, yo puedo hacerlo bi..."
"Hyung, me dijiste que cuando llega una
oportunidad, hay que aprovecharla."
Su rostro lleno de seguridad no mostraba ni un
ápice de duda. A Seung-ju le entró una risa seca por la incredulidad; Yun nunca
sabía retroceder.
"Parece que el joven amo solo tiene esos
pensamientos en la cabeza. A mí me bastaría con dormir abrazados."
"Mentira. Yo también puedo sentirlo,
¿sabes?"
Seung-ju, que intentaba burlarse del astuto
joven amo, terminó recibiendo el golpe de vuelta. Contrario a su tono calmado,
su instinto ya se había expandido lo suficiente como para presionar el bajo
vientre de Yun.
"Es porque me da miedo lastimarte."
Expresando su última preocupación, Seung-ju
devoró con cuidado los labios aún frescos de Yun. Como si hubiera estado
esperando, los dedos de Yun se enredaron en el cabello de Seung-ju.
Sin embargo, el beso de Seung-ju no fue tan
suave como sus palabras. Como si todos los deseos reprimidos y postergados
estallaran de golpe, abrió con avidez los labios delicados de Yun. Su lengua
invadió la boca ajena, revolviendo cada rincón con un hambre profunda.
Yun, perdiendo el control por completo, se
enredó en el cuerpo de Seung-ju como si fuera su única tabla de salvación.
Una mano grande y caliente se deslizó bajo la
camiseta holgada, recorriendo la espalda delgada de abajo hacia arriba. El
cuerpo frío de Yun se encendió en un instante.
"Ha... ah..."
"Sube los brazos."
Yun obedeció dócilmente. Seung-ju se deshizo
de la molesta prenda de tela en un segundo y arrojó también su propia ropa.
Tras unos movimientos apresurados, ambos quedaron completamente desnudos.
Yun, dándose cuenta de la situación, miró
hacia arriba a un Seung-ju que proyectaba una sombra imponente. Recorrió con la
mirada los hombros anchos y el torso firme y sin grasa, pero al llegar a la
parte inferior, sus ojos se agrandaron.
"¿Tienes miedo?"
Incapaz de negarlo, Yun asintió levemente.
Seung-ju lo encontró adorable; hace un momento lo provocaba con audacia y ahora
parecía asustado. Por un momento, contempló ese cuerpo frágil que yacía ante él
como una ofrenda.
Era un cuerpo tan limpio que volvía a agitar
esa conciencia que creía haber desechado al ceder a la provocación. Su piel era
tan transparente que se veían las venas y casi no tenía vello. Solo algunos
puntos destacaban con un tono rosáceo.
"No me gusta... el dolor..."
"Me esforzaré."
Sellando su promesa, bajó los labios y acunó
las mejillas de Yun, que aún conservaban un rastro de vello fino. Su aliento ya
era ardiente. Sintió cómo el instinto animal despertaba finalmente.
En realidad, si te dijera que quiero besarte
cada rincón sin dejar un espacio vacío, ¿qué dirías? Si quisiera morderte y
lamerte como un loco para dejar marcas en todo tu cuerpo. Si quisiera poseerte
hasta que llores a moco tendido y me ruegues que pare porque no puedes más.
Pero a diferencia del caos en su mente, los
movimientos de Seung-ju fueron directos. Se arrodilló entre las piernas de Yun,
que abrió con suavidad. Tras acariciar su propio pene ya tenso, sacó un
preservativo de la mesa de noche. Rasgó el envoltorio y, en lugar de colocarlo
en su pene, cubrió su dedo largo y recto.
Deslizó la mano entre los glúteos blandos y
sus dedos rozaron la entrada cerrada. Estaba resbaladizo, no sabía desde cuándo
estaría lubricado. En ese momento, una voz tímida lo detuvo.
"Hyung... ¿puedo tocarlo?"
Aunque no era la primera vez que lo veía, Yun
extendió la mano con cautela. Seung-ju no pudo negarse. Tras asentir, una palma
suave envolvió el tronco ardiente.
"Quema. Y es grande."
Yun soltó sus pensamientos en voz alta
mientras lo tanteaba como si fuera un juguete. Seung-ju tuvo que hacer un
esfuerzo sobrehumano para no terminar ahí mismo ante ese toque inexperto y sin
malicia. Se mordió el interior de la mejilla hasta sentir un sabor metálico.
"¿Esto... va a entrar en mí?"
"Primero... hay que... relajarlo...
bien."
No podía aguantar más. Seung-ju volvió a
tumbar a Yun, que estaba medio incorporado, y lo besó. El contacto de sus
pieles con temperaturas distintas les provocó un escalofrío. Cada vez que movía
la cadera por instinto, el roce de su bajo vientre contra la piel sensible de Yun
disparaba sus nervios. Un gemido escapó de sus labios.
"Ah..."
Ante el estímulo repentino, el cuello delgado
de Yun se arqueó hacia atrás. Cada vez que los labios de Seung-ju bajaban por
su cuello hacia el pecho succionando la piel fina, las manos de Yun, que
sujetaban su cabello, temblaban. Seung-ju apretó uno de sus glúteos, que cabía
perfectamente en su mano, y la cadera de Yun saltó por el reflejo.
Seung-ju retomó su tarea. Volvió a introducir
con cuidado un dedo entre los glúteos. Su dedo medio tocó la entrada mojada por
el fluido viscoso. Mientras masajeaba suavemente, levantó la vista y se
encontró con los ojos de Yun, cuyo rostro estaba encendido.
"Relájate."
Pero no tenía paciencia para esperar a que se
relajara del todo. Seung-ju empujó el dedo con firmeza, abriendo paso.
"¡Ah!"
Un grito casi desgarrador lo siguió. Seung-ju,
asustado, intentó retirar el dedo, pero otro grito corto escapó de Yun.
"¡Ugh!"
Yun, con lágrimas ya asomando, lo miró como si
fuera a romper a llorar en cualquier momento. El dedo no había entrado ni a la
mitad. Seung-ju se quedó en un estado ambiguo, sin saber si entrar más o salir,
mientras lo observaba. Aunque Yun sentía el dolor, Seung-ju también sufría por
la presión tan fuerte que cortaba la circulación de su dedo.
"Duele... En el vídeo no era así... Se
veía... bien..."
¿Cuándo habría visto algo así? Seung-ju soltó
una risita interna y tomó la mano de Yun, que apretaba las sábanas. Besó cada
uno de sus dedos con esmero, como intentando calentar sus manos, que se habían
enfriado de golpe.
"...¿Eso es un dedo...?"
Seung-ju prefirió no decir nada; si Yun sabía
que no había entrado ni la mitad, se espantaría más. Yun bajó la vista hacia el
pene de Seung-ju que se agitaba junto al suyo y se mordió el labio como si
contuviera el llanto.
"¿No puedes seguir?"
Yun asintió y negó con la cabeza
repetidamente. Él mismo no sabía qué hacer. Sin darse cuenta, Seung-ju retiró
el dedo, abrazó a Yun y se acostó de lado con él. En sus bajos vientres, sus
penes seguían frotándose con insistencia. Sentía que podría terminar incluso
sin penetración.
"Hace un momento parecía que me ibas a
comer, y ahora que me quitas la ropa, ¿me rechazas?"
Le reclamó con tono burlón a propósito, y Yun
negó con la cabeza pegándose más a él. El pene atrapado entre sus cuerpos sin
espacio parecía que iba a estallar.
"¿Solo... hay que poner... uno?"
preguntó Yun con voz quebrada y mimosa.
"...¿Quizás tres?"
"¡Hip! Entonces... hoy hagamos uno, y la
próxima vez vamos subiendo de uno en uno..."
Seung-ju soltó una carcajada ante la absurda
propuesta. Era un niño, pero un niño muy astuto.
"¿Me estás diciendo que lo hagamos cada
vez que nos veamos?"
En lugar de responder, Yun sonrió dulcemente y
entrelazó sus piernas suaves con las de Seung-ju. La sangre afluyó al bajo
vientre de Seung-ju; ya estaba en su límite.
"Primero... solucionemos esto."
Seung-ju bajó la mano que tenía en su espalda
hacia sus glúteos y apretó. Envolvió el cuerpo de Yun con sus piernas y empezó
a mover la cadera con rapidez, como si estuviera penetrándolo, y el calor
volvió a inundar sus cuerpos. Yun se aferró al cuello de Seung-ju mientras su
cuerpo se sacudía.
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Al sujetar ambos penes a la vez, un fluido —no
sabía de quién— se deslizó entre ellos por el calor de la fricción. Agitó con
intensidad hasta que le faltó el aire y el clímax llegó. Su visión parpadeó
mientras la eyaculación comenzaba.
"Ah... ah... ha..."
"Uff."
Tras una sola descarga, el cuerpo de Yun quedó
lánguido. Seung-ju lo atrajo hacia sí con todas sus fuerzas para que no se
cayera hacia atrás. Un líquido caliente resbaló desde su vientre hacia sus
piernas.
Antes de que pasara el efecto del orgasmo,
sujetó ese cuerpo sin fuerzas y llevó la mano hacia su entrada. Estaba más
relajada que antes; presionó y su dedo entró deslizándose suavemente.
"Entró uno."
Le susurró mientras giraba el dedo con
cuidado. Yun, que aún no se recobraba, levantó un poco la cabeza. Sus ojos
tardaron un momento en enfocar la situación y luego soltó una risita. Gracias a
que su cuerpo se había relajado, esta vez no parecía dolerle tanto.
"Jeje... la práctica fue un
éxito..."
Seung-ju retiró el dedo con suavidad. Yun,
sintiendo que había cumplido con su tarea del día, se dejó llevar por el sueño.
La mente de Seung-ju también empezó a nublarse por el cansancio acumulado del
viaje.
Debía limpiar el desastre. Las sábanas
mojadas, sus cuerpos manchados... Pero, por ahora, lo primero era abrazar a
este joven amo, tan audaz pero a la vez asustadizo, y dormir. Porque no quería
que se enfriara, y porque sabía que a Yun no le gustaba dormir solo.
* * *
Seung-ju abrió los ojos antes de lo habitual.
Gracias a que había dormido profundamente, el cansancio se había disipado por
completo.
Yun seguía sumido en un sueño profundo, ajeno
al mundo. Seung-ju pasó la mano frente a su rostro un par de veces, pero al ver
que ni siquiera sus párpados temblaban, supo que no despertaría en las próximas
horas.
Se levantó con cuidado, recogió su ropa del
suelo y comenzó a ordenar la habitación. Bajo la tenue luz del amanecer, cambió
las sábanas sucias y trajo una toalla húmeda para limpiar el cuerpo de Yun. No
solo le puso la camiseta, sino que también se aseguró de colocarle los
pantalones que Yun había desechado anoche por quedarle grandes; esta vez, ató
el cordón con un nudo firme para que no se le cayeran de su fina cintura.
"Fuuu..."
Solo cuando terminó de ducharse rápidamente y
salió al salón, se permitió soltar el suspiro que llevaba contenido.
La realidad de que en unas pocas horas debía
presentarse en la casa del Presidente le cayó encima de golpe.
'Quédese con Yun y vengan mañana a desayunar
aquí.'
Cuando la Presidenta Song Hwa-young le hizo
esa petición, ¿habría imaginado siquiera lo que ocurriría entre Seung-ju y Yun?
Aunque no era la primera vez que pasaba algo así, enfrentarse a los padres de
Yun al día siguiente era un asunto totalmente distinto.
¿Por qué perdía siempre el autocontrol y la
compostura cuando estaba con Yun?
Sacudió la cabeza para espantar el sentimiento
de culpa y se preparó un café. Decidió que, sin importar lo que tuviera que
escuchar, debía mantener la mente despejada.
En ese momento, un objeto cuadrado envuelto en
papel de regalo llamó su atención. Medía aproximadamente un metro de lado y
estaba apoyado contra el sofá de forma tan natural que parecía haber estado
allí siempre.
¿Lo habría traído Yun?
Incapaz de contener la curiosidad, se acercó
al sofá para tomar el objeto, justo cuando escuchó un ruido proveniente de la
habitación.
"Ah, es cierto... Te traje un regalo,
hyung."
Yun salió al salón tambaleándose, con los ojos
apenas abiertos. Gracias al nudo firme, los pantalones se mantenían en su lugar
sobre su estrecha cintura.
En lugar de preguntar qué era, Seung-ju
sostuvo a Yun para que no tropezara y lo rodeó por los hombros. Los brazos de
Yun se enroscaron con naturalidad en la cintura de Seung-ju.
"Feliz cumpleaños, aunque sea con
retraso."
Solo al escuchar ese susurro con voz ronca por
el sueño, Seung-ju comprendió de qué se trataba.
¿Un regalo de cumpleaños? Con haber recibido
el pastel ya sentía que era más que suficiente, pero parecía que para el joven
amo el asunto aún no había terminado. ¿De verdad se habría molestado en buscar
un regalo de cien mil wones? A Seung-ju el regalo le daba igual.
"Ábrelo rápido."
A decir verdad, Seung-ju no quería abrirlo
frente a él. Aunque no se atrevería a rechazar este presente, no estaba seguro
de poder reaccionar con el entusiasmo que Yun esperaba.
Sin embargo, le resultaba difícil ignorar la
mirada expectante que le imploraba una reacción. Relajó los músculos faciales y
comenzó a rasgar el papel con cuidado. Por el tamaño y el peso, lo más probable
era que fuera un cuadro. Se prometió a sí mismo que, fuera lo que fuera, le
dedicaría una sonrisa radiante.
Riiip.
El papel se rasgó con un sonido algo brusco.
Lo que apareció ante sus ojos fue una pintura
que retrataba a dos surfistas atravesando un mar exótico. Era una obra tan
llena de vida que parecía que el agua fuera a salpicar en cualquier momento,
pero, por alguna razón, su mirada se desvió del océano hacia los dos surfistas.
Sus espaldas, avanzando juntas hacia el mar, irradiaban una felicidad inmensa.
Seung-ju no sabía mucho de arte, pero era una escena que transmitía una paz
absoluta.
"Es muy bonito. Se ven felices."
"¿De verdad? Cuando mamá me dijo que
quería hacerte un regalo, me ayudó a elegir varios, pero este fue el que más me
gustó."
"¿La Presidenta?"
"Sí, dijo que es un artista emergente y
que no era caro. Que el valor del arte lo decide quien lo mira, así que para
alguien puede valer cien mil wones, y para otro un millón..."
Yun se extendió en explicaciones, recordando
claramente el límite de precio que Seung-ju había impuesto. Era astuto,
tratando de no darle espacio para rechazarlo. Sin embargo, lo que le inquietaba
a Seung-ju no era el precio, sino el hecho de que la Presidenta lo hubiera
ayudado a elegir.
"Dijo que, si te sentías muy presionado,
pensaras que era un regalo de parte de ella..."
Seung-ju, que intentaba forzar una sonrisa
para aceptar el gesto, sintió que su expresión se congelaba.
"¿La Presidenta... para mí? ¿Qué
significa eso?"
"..."
"No estoy enfadado, solo tengo
curiosidad."
Ante la suave insistencia, Yun se mordió el
labio y desvió la mirada antes de confesar con torpeza:
"Mamá sabe que me gustas, hyung. No
quería decírselo, pero... me sentía tan mal..."
Sus grandes ojos volvieron a llenarse de
lágrimas. Seung-ju dejó el cuadro a un lado y atrajo la cabeza de Yun hacia su
pecho con delicadeza.
"Yo estoy bien, así que no actúes como si
hubieras hecho algo malo. No es culpa tuya."
Lo decía en serio. Era mejor que se lo hubiera
contado a alguien en lugar de sufrir solo. Si el hecho de que se descubriera
traía problemas, o si lo reprendían por haberse acercado al preciado hijo
menor, Seung-ju cargaría con las consecuencias. Estaba seguro de que podría
afrontar y superar cualquier realidad que se le presentara.
Pero Yun... Yun lloraría mucho. Y se pondría
enfermo otra vez. Eso era lo único que le preocupaba.
"Si dejas de llorar, yo también te daré
un regalo."
Comparado con el de Yun, era algo
insignificante, pero Seung-ju también tenía algo preparado. No había tenido
tiempo para ir de compras durante su primer viaje al extranjero; estar
asistiendo al Vicepresidente Choi Ki-yoon ya era lo bastante agotador. Sin
embargo, no quiso volver con las manos vacías y aprovechó un breve respiro para
comprarlo.
"¿Qué es?"
A Yun se le secaron las lágrimas al instante y
sus ojos brillaron. Seung-ju pensó que no debía crearse tantas expectativas
mientras abría rápidamente la maleta que había dejado en la entrada. Sacó una
bolsa de papel que había guardado con esmero en un rincón.
"No es gran cosa. Cuando fui a
Shanghái..."
Antes de que terminara de hablar, Yun le
arrebató la bolsa y sacó una caja metálica que tintineaba en su interior. Al
abrir la caja con forma de conejo, saltaron algunos caramelos.
"Son solo caramelos. Puede que no te
gusten... pero el conejo se parecía a usted, joven amo."
Al haber visto el cuadro, su propio regalo le
parecía ahora tan pobre que Seung-ju también empezó a dar demasiadas
explicaciones. De haberlo sabido, habría comprado algo más elegante, aunque no
estaba seguro de poder elegir algo que estuviera a la altura de los gustos de
un heredero chaebol.
Sin embargo, para su sorpresa, Yun no dijo
nada. Recogió los caramelos del suelo uno a uno, los guardó en la caja, la
cerró con firmeza y se quedó mirándola. Seung-ju notó que sus hombros temblaban
y se acercó preocupado.
"...Joven amo. Si no le gusta..."
"Esto... no voy a poder comérmelo."
"Puede tirarlo si quiere."
"Es un desperdicio... Me lo diste tú,
hyung."
Ploc. Ploc.
Las lágrimas empezaron a caer sobre la caja
metálica.
Al final, Seung-ju había vuelto a hacer llorar
a Yun, aunque el significado de esas lágrimas fuera distinto.
"La Presidenta se va a asustar si llega
al desayuno con los ojos así de hinchados."
Tras decir esto con tono ligero, Seung-ju
abrazó a Yun y le dio palmaditas en la espalda. Le preocupaba que consolarlo se
estuviera convirtiendo en una costumbre; debería estar pensando en cómo no
hacerlo llorar en primer lugar.
"Digo esto para que hyung no se
confunda... hip... no soy tan llorón."
Su voz entrecortada intentaba defenderse con
fervor. A estas alturas, Seung-ju empezaba a creer que tenía un talento
especial para hacer llorar a Yun.
"Pero... ¿de verdad me parezco a un
conejo?"
"Es blanco... y bonito."
Ante la respuesta sin vacilaciones, Yun soltó
una carcajada. Pasaba del llanto a la risa en un suspiro.
"La próxima vez, le compraré lo que usted
quiera, joven amo."
"¿Lo que sea?"
"Nada que sea demasiado caro."
Incluso en ese momento, Seung-ju dio una
respuesta dolorosamente realista. No podía prometer "lo que sea" con
audacia porque era incapaz de predecir la imaginación de un hijo de
millonarios.
Sin embargo, las palabras que Yun murmuró tras
dejar de llorar hicieron que el corazón de Seung-ju diera un vuelco.
"Yo... quiero tener todo tu tiempo,
hyung."
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Eso era lo único que solo Seung-ju podía darle
y, al mismo tiempo, lo que no podía entregar libremente en este momento.
En lugar de una respuesta apresurada, Seung-ju
depositó un beso sobre su cabello alborotado tras el sueño. Con la esperanza de
que le llegara su deseo de que, algún día, pudiera entregarle todo aquello que
anhelaba.
* * *
Había estado muchas veces en el anexo, pero
era la primera vez que entraba en la casa principal.
Siguiendo a la jefa Joo Eun-hee, quien lucía
impecable pese a lo temprano de la hora, Seung-ju observó los alrededores como
el primer día que llegó a la mansión.
Si el camino al anexo se sentía como un paseo
por un jardín bien cuidado, el trayecto a la casa principal era austero, como si
fuera a tratar asuntos de negocios. Seguramente habría muchos empleados
viviendo allí, pero debido a la inmensidad del lugar, reinaba el silencio.
Comparado con el anexo lleno de flores y árboles, este jardín decorado con el
mínimo de rocas y vegetación resultaba frío.
Tras entrar en el edificio y recorrer un largo
pasillo que atravesaba la profundidad de la casa de estilo tradicional —que se
sentía más grande que un palacio—, llegaron a su destino.
"Adelante."
La puerta corredera se abrió sin demora y Seung-ju
se encontró de frente con las miradas del Presidente Choi y su esposa, que ya
los esperaban.
Aunque no había cometido ningún delito, sintió
que le brotaba el sudor frío. O bueno, ¿quizás ya era como si lo hubiera
cometido?
"¿Han dormido bien?"
Yun fue el primero en romper el silencio. Al
entrar con una sonrisa radiante, incluso la expresión severa del Presidente
Choi Il-ho se suavizó.
"Sí, Yun. ¿Has estado bien aunque hayas
cambiado de cama?"
"Es el sitio donde estuve viviendo un
tiempo, no pasa nada."
Seung-ju tuvo la sensación de que la
Presidenta Song Hwa-young lo observaba con detenimiento mientras hablaba con
Yun. Sintiéndose extrañamente expuesto, Seung-ju hizo una reverencia formal.
"Buenos días."
"Sí, gracias por venir. Siéntense."
Aún no habían empezado a comer y ya sentía que
la comida le iba a sentar mal. Pensando que debería haber traído algún
digestivo, Seung-ju apartó la silla frente al matrimonio. Yun, tras terminar de
saludar a sus padres, se sentó a su lado con total naturalidad.
Comparado con la tensión que Seung-ju había
imaginado, el ambiente era más relajado de lo esperado.
"Deberíamos haber tenido un encuentro así
antes, parece que vamos con retraso."
La mirada del Presidente Choi Il-ho al
invitarlo a comer era mucho más cálida que en la oficina.
"Siento haberlos llamado tan temprano. Es
difícil encontrar otro momento. Yun les ha dado mucho trabajo este
tiempo."
La Presidenta Song Hwa-young, cuya sonrisa se
parecía muchísimo a la de Yun, fue incluso afectuosa. Seung-ju se preguntó si
sería porque ya sabía lo que sentía Yun, pero no podía evitar sentirse incómodo
cada vez que sus miradas se cruzaban.
De reojo, vio que Yun estaba comiendo con más
ganas de lo habitual, moviendo los palillos con energía. Aunque intercambiaba
miradas con Hwa-young, no miraba ni una sola vez hacia Il-ho, lo que indicaba
que, aunque estaban conviviendo, aún no se habían reconciliado del todo.
Aunque Seung-ju presumía de tener una buena
digestión, comió despacio para evitar cualquier malestar. El silencio solo se
rompía por el leve sonido de los palillos contra los cuencos. Casi al final de
la comida...
"Por cierto, ¿le gustó el regalo de
Yun?"
Ante la pregunta lanzada como quien no quiere
la cosa, a Seung-ju casi se le caen los palillos.
Intentando no mostrar sorpresa, levantó la
vista lentamente; Hwa-young lo miraba con una sonrisa perfecta. No esperaba que
lo preguntara así, tan directamente y en esa mesa. ¿Cuál sería su intención?
"Sí. No sé mucho de arte, pero me gustó
porque transmitía calidez."
Sentía que el corazón se le iba a salir por la
boca, pero mantuvo la calma y dio la respuesta modelo mientras controlaba su
respiración.
"Nuestro Yun tiene buen ojo."
Tras dejar caer esas palabras ambiguas, Hwa-young
terminó su comida. Mantenía esa sonrisa cuyo trasfondo era imposible de
descifrar.
De pronto, Seung-ju recordó el día de su
primera entrevista con el Vicepresidente Choi Ki-yoon. Aquella mirada
insistente que lo examinaba todo mientras pasaba las páginas de la tablet, como
si estuviera evaluando un producto.
Tal vez ya habían empezado a investigar su
pasado. Seguramente sería una investigación mucho más intensa y minuciosa que
la que le hicieron antes de nombrarlo secretario. Siendo la persona que le
gusta a su preciado hijo menor, no lo pasarían por alto.
No temía a la investigación. Aunque no fuera
satisfactorio para una familia chaebol, Seung-ju confiaba en su familia, sus
padres, su formación y sus capacidades; estaba orgulloso de su vida.
Lo que le preocupaba era... de nuevo, Yun.
Solo esperaba que no sufriera demasiado por los sentimientos que albergaba
hacia él.
"Ya terminé de comer. ¿Puedo irme al
anexo a descansar?"
Yun, que milagrosamente había vaciado todo su
cuenco, cambió el ambiente. Seung-ju, dándose cuenta de que se había quedado
mirando a Yun sin querer, enderezó su postura de inmediato.
"Ah, sí. Ve a descansar."
En el momento en que el Presidente dio su
permiso y Seung-ju sintió el alivio de poder escapar de aquella situación
incómoda, una voz profunda se clavó en él desde el frente.
"El secretario Kang se quedará a tomar un
té conmigo."
Sonaba benevolente, pero era una orden
directa.
* * *
Tras dejar atrás a un Yun de ojos redondos por
la sorpresa, Seung-ju siguió al Presidente Choi Il-ho hasta su despacho.
Era un lugar de atmósfera sombría, impregnado
por el peso de los años y un gusto refinado. No era tan grande como la
biblioteca de Yun, atestada de libros, pero debido a la imponente presencia de
su dueño, ni un solo libro o documento sobre el escritorio parecía carecer de
importancia.
"Será cosa de la juventud. El viaje debió
de ser una marcha forzada, pero te ves impecable."
"He descansado... lo suficiente."
Incluso ante un comentario de cortesía,
Seung-ju sintió una punzada de culpa y no pudo levantar la vista. Se sentó en
el sofá como le indicó el Presidente y se quedó mirando el té que este le
servía, mientras su mente trabajaba a toda marcha intentando adivinar qué tema
sacaría a relucir.
¿Ya se lo habrá contado todo la Presidenta?
Observó de reojo el perfil de Il-ho. El
Vicepresidente Choi Ki-yoon era su vivo retrato; se podía adivinar que luciría
exactamente así al envejecer. A pesar de su cabello cano, su postura erguida y
su mirada penetrante lo hacían parecer mucho más joven de sus setenta años,
proyectando una autoridad implacable.
"Sabes que el tratamiento de Yun comienza
la próxima semana, ¿verdad?"
"Sí."
Aunque la taza estaba llena, Seung-ju no se
atrevió a estirar la mano, esperando las palabras que estaban por caer.
"En cuanto termine, te encargarás de que
Yun se encuentre con Min Hyeon-jae. Tú decides cómo hacerlo."
No hubo rodeos. El Presidente fue directo al
grano.
Min Hyeon-jae. En el momento en que ese
nombre, que había intentado olvidar, llegó a sus oídos, la realidad lo golpeó
de frente. El compromiso no se había cancelado, y el día en que Yun y Min
Hyeon-jae debían conocerse finalmente había llegado. Mientras Seung-ju y Yun
confirmaban su afecto el uno por el otro, el tiempo seguía avanzando sin
detenerse.
Seung-ju levantó la vista con cautela. La
mirada del Presidente era firme, sin rastro de duda. Sintió que el aire le
faltaba.
"¿Hasta qué punto... puedo llegar con los
métodos?"
Extrañamente, sentía que las palabras se le
trababan. No es que no hubiera previsto este día; sabía mejor que nadie que sus
caminos eran distintos y creía haberse preparado mentalmente, pero la realidad
era otra.
"Por supuesto, el niño no debe salir
lastimado. ...Si fueran esos bastardos alfas de sus hermanos, me bastaría con
llevarlos atados."
Hubo un rastro de autodesprecio y un suspiro
en sus últimas palabras. Parecía que al propio Presidente tampoco le
entusiasmaba la idea. Aun así, Seung-ju necesitaba confirmar con sus propios
oídos la razón por la que debía hacerse.
"¿Puedo preguntar... por qué debe llegar
a tal extremo?"
Menos mal que el jefe Kim Ji-hong no estaba
presente; seguramente le habría fulminado con la mirada o pisado un pie.
"...¿Tú también piensas que soy un viejo
despreciable?"
"......"
Seung-ju no dijo nada. Sin embargo, tomando el
silencio como una respuesta, el Presidente continuó:
"Su último ciclo de celo fue en
abril. Han pasado tres meses. Vivo cada día con ansiedad. ¿Cuánto sufrirá esta
vez? ¿Podrá aguantarlo? Cada vez está al borde de la muerte... ¿Hasta cuándo
nos acompañará esa suerte? Si el tratamiento de Jae-yoon no funciona,
seguiremos dependiendo del azar. ...No puedo perder a Yun. Debo intentar todo
lo que esté en mis manos."
La expresión del Presidente, mientras hablaba
en voz baja como desahogando su pecho, se veía teñida de tristeza. Solo era un
padre que no quería perder a su hijo.
"...Lo que necesita es... una marca,
¿verdad?"
"Veo que lo entiendes
perfectamente."
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"¿Y si el joven amo tuviera a alguien a
quien ama? ¿Eso no cambiaría nada?"
"¿Acaso esa persona..."
El Presidente se detuvo y miró fijamente a
Seung-ju. Aunque el anciano no podía saber nada, Seung-ju se tensó, sintiendo
que le ardía la piel.
"...puede salvar la vida de Yun?"
"......"
No pudo responder. Antes de entrar en esa
habitación, mucho antes, ya conocía la respuesta. Lo único que Seung-ju, un
beta, podía darle a Yun era su corazón.
"¿Me da permiso... para engañar al joven
amo?"
"...Si se lo decimos tal cual, ¿crees que
iría? Ese chico tiene un corazón blando, pero es muy terco..."
Un largo suspiro acompañó un chasquido de
lengua. Habiendo terminado lo que quería decir, el Presidente tomó un sorbo de
su té ya frío. Seung-ju se levantó sin haber probado el suyo.
"Cumpliré con lo que ha ordenado."
Recuperando su postura de secretario fiel,
hizo una reverencia profunda. Su voz ya no temblaba.
Yun solo buscaba su afecto, pero si amarlo no
era suficiente para protegerlo, el camino a seguir estaba claro. Él también,
más que nadie, se negaba a perder a Yun. Mordiéndose el interior de la mejilla,
regresó al anexo con una expresión más sólida que nunca.
* * *
"Hyung, ¿qué te ha dicho mi padre?"
En cuanto entró al anexo, Yun corrió hacia él
como si lo hubiera estado esperando.
"Han sido temas de trabajo. Me preguntó
sobre el viaje."
Seung-ju lo rodeó con el brazo para calmar su
expresión inquieta mientras improvisaba una respuesta. Al fin y al cabo, se
trataba de Yun, así que no era una mentira total.
"Ya que estás aquí, ¿quieres quedarte a
jugar conmigo hoy?"
"¿No estás cansado? Te has levantado
temprano."
"Ya... pero la semana que viene empiezo
el tratamiento y puede que me ingresen..."
"Iré a verte todos los días después del
trabajo."
"¿En serio? Pero hyung... tú también
estarás cansado..."
Yun alargó las palabras, pero no pudo ocultar
una sonrisa de felicidad. Seung-ju se mordió la lengua al pensar en la mentira
que tendría que decir más adelante. El plan que había trazado mientras caminaba
hacia el anexo era sencillo, pero cruel.
"Cuando termine el tratamiento, ¿quieres
que te invite a comer algo rico?"
"¡Oh! ¿Es una invitación para una
cita?"
Su rostro, notablemente iluminado, punzó la
conciencia de Seung-ju.
"Es solo... una comida."
"Hyung, de verdad que no sabes ser
sincero. ¡Si dos personas que se gustan comen juntas, es una cita!"
A pesar de las quejas de Seung-ju, Yun estaba
tan emocionado como un niño que va a un parque de diversiones. Incapaz de
sostenerle la mirada, Seung-ju volvió a abrazarlo.
"A cambio, tienes que esforzarte con el
tratamiento."
"¡Sí!"
Maldito seas. Como Yun era incapaz de decir palabras
hirientes incluso si se enteraba de la verdad, Seung-ju se las decía a sí
mismo. Se lo merecía. Hacer llorar varias veces a alguien que solo quería su
corazón no era suficiente; engañarlo para enviarlo a una cita a ciegas lo
convertía en un tipo despreciable.
"Es un secreto entre nosotros,
¿entendido?"
Yun hizo el gesto de cerrarse la boca con una
cremallera para sellar el pacto, riendo con alegría. A Seung-ju le dolió el
pecho, como si lo pincharan con un punzón. Pensando que quizás era ahí donde
residía su conciencia, forzó una sonrisa para acompañar a Yun.
* * *
Aunque el calendario se había retrasado,
finalmente comenzó el tratamiento de feromonas. Yun abrió la puerta de la
habitación VIP con cierta expectación. Nunca había entrado en aquel lugar por
su propio pie, así que le resultaba extraño; más aún siendo él quien había
pedido el ingreso.
"No esperaba que ingresaras tan
dócilmente."
El comentario de Jae-yoon, que venía detrás, hizo
que Yun frunciera el ceño.
"¿Quién fue el que me amenazó con dormir
conmigo si no ingresaba?"
"Oye, ¿has olvidado cuando eras un
renacuajo y me seguías a todas partes llamándome 'hyung-ah, hyung-ah'?"
Jae-yoon lo rodeó por los hombros con
brusquedad, haciendo que el cuerpo delgado de Yun se tambaleara. El mayor se
asustó y lo sostuvo, pero Yun se mantuvo impasible.
"No sé. No me acuerdo."
Tras zafarse de su hermano, Yun tomó el
camisón de paciente que estaba sobre la cama. Se quitó la camiseta y se puso la
prenda del hospital sin dudarlo, como quien se quita de encima una tarea
pendiente.
"Cámbiate. Iré a buscar a Da-hyun."
Jae-yoon observó por un momento la espalda de
Yun, donde las vértebras se marcaban con claridad, y salió de la habitación con
un suspiro.
Desde su presentación, Yun sufría desmayos
constantes por la inestabilidad de sus feromonas. Su estado era tan crítico que
podía llegar a asfixiarse con sus propias hormonas. Como los supresores no le
hacían efecto, cada ciclo de celo lo golpeaba como un tsunami, dejando
su cuerpo —ya de por sí débil— en un estado deplorable. Aunque los sedantes y
somníferos ayudaban con el dolor, la recuperación tardaba días. El miedo a que
llegara un punto de no retorno crecía con cada ciclo.
Jae-yoon quería haber hecho más pruebas antes
de obtener un resultado definitivo, pero el hecho de haber fijado el
tratamiento para las vacaciones de verano se debía a que no podían permitirse
esperar al siguiente ciclo. Aun así, confiaba plenamente en su investigación.
La creación de un estabilizador a partir de
feromonas inactivas era algo que se intentaba en el extranjero desde hacía
tiempo. Si no se había logrado antes era por la dificultad de encontrar
feromonas de un "recesivo extremo" (más raras que las de los
dominantes), la complejidad de extraerlas sin daños y la dificultad de
inactivarlas. Sin el apoyo del Grupo DH, habría sido imposible.
Sin embargo, le preocupaba ver a Yun tan
delgado. Le había dicho en broma lo de dormir con él, pero el tratamiento
requería un monitoreo constante. Sabiendo cuánto odiaba Yun los hospitales,
Jae-yoon estaba dispuesto a trasladar todo el equipo al anexo si se negaba a
ingresar.
¿Qué le habría hecho cambiar de opinión?
'Si puedo recibir el alta antes del fin de
semana.'
Esa condición se le quedó grabada. Jae-yoon
moría de curiosidad por interrogarlo, pero sabía que no debía alterarlo antes
del tratamiento.
'Sí, hay alguien que me gusta.'
Recordó que la última vez que preguntó, Yun le
llamó "viejo anticuado". Definitivamente, los jóvenes de hoy en
día...
* * *
"Si tienes ganas de vomitar, avísame
enseguida. Puede que te marees, así que no te muevas solo. Choi Jae-yoon estará
aquí todo el tiempo, así que dale órdenes."
"Sí."
Yun respondió dócilmente a Da-hyun mientras ella
revisaba los goteros y monitores que lo rodeaban. Como con todo aquel equipo no
podría moverse a su antojo, pensaba quedarse quieto en la cama.
A pesar de que lo habían asustado llamándolo
"tratamiento experimental", el proceso era sencillo: administrar
feromonas alfa inactivas en varias sesiones para estabilizar las suyas a largo
plazo. Existía el riesgo de que sus feromonas se debilitaran o sus glándulas
sufrieran daños, pero Yun lo veía como un efecto secundario positivo. Incluso
llegó a desear que ocurriera, aunque no lo dijo en voz alta.
El problema inmediato era Jae-yoon, que se
quedaba en la habitación bajo el pretexto del monitoreo.
"Hyung, vete a hacer tus cosas. Si hay un
problema, saltará la alarma."
"Este es mi trabajo. ¡Te he dicho que voy
a escribir mi tesis con esto!"
Parecía que la terquedad era hereditaria en la
familia Choi. Yun se rindió y giró la cabeza. Sabía que su hermano lo hacía por
preocupación, pero si él estaba allí, Seung-ju hyung solo vendría a saludar e
irse.
Manejando el móvil con su mano libre, Yun vio
un mensaje de Seung-ju y sonrió para sus adentros.
[¿Es soportable el tratamiento? Si quieres
comer algo, dímelo. Lo compraré más tarde.]
Era un mensaje seco, sin un solo emoji, pero
eso era muy propio de Seung-ju. A pesar de haberse besado y de haberlo visto
desnudo, seguía actuando con rigidez. Como cualquier otro secretario.
[Hay algo que quiero comer.]
Escribir con una sola mano era frustrante,
pero tecleó cada letra con cuidado. La respuesta llegó al instante.
[¿Qué es?]
[A ti, hyung.]
Se imaginó la cara de desconcierto de Seung-ju
al leerlo y se rió. Esperó una respuesta, pero pasaron los minutos y no hubo
señales. Lo había leído, estaba seguro de que lo estaba ignorando. Tras haberse
atrevido a bromear, Yun empezó a sentirse inquieto ante la falta de reacción.
¿Se habrá enfadado? ¿O quizás lo han pillado
distraído en una reunión? ¿Y si Ki-yoon hyung lo está regañando?
Lo que Yun pasaba por alto era que Jae-yoon
estaba observando cada uno de sus movimientos. Al principio sonreía solo frente
a la pantalla, pero de pronto se quedó petrificado mirando el móvil,
mordiéndose el labio con nerviosismo y con la mano temblorosa. Cualquier
observador notaría que algo estaba pasando.
"Choi Yun, ¿qué estás haciendo?"
"¡No te acerques!"
En ese momento, el móvil de Yun se iluminó con
un nuevo mensaje. Al leerlo, su expresión se relajó, aunque luego hizo un
puchero.
[Compraré lo que crea conveniente.]
No parecía enfadado, pero mantenía esa actitud
profesional como si nada hubiera pasado. Parecía decidido a ignorar la broma
por completo. Qué aburrido.
"Tch..."
Sentía que había perdido antes de empezar la
pelea. Yun decidió esperar pacientemente a que Seung-ju terminara de trabajar y
le dio la vuelta al móvil. Iba a cerrar los ojos, pero miró un momento hacia
donde estaba Jae-yoon y deslizó el teléfono bajo la almohada antes de
acomodarse. Solo entonces pareció relajarse.
Eso es muy sospechoso.
Jae-yoon se debatía internamente al ver a Yun
tan a la defensiva. Claramente ocultaba algo... pero con lo alerta que estaba,
no podía mirar el móvil a escondidas, ni tampoco despertar a un paciente que
necesitaba descansar para interrogarlo. Su curiosidad lo estaba matando.
* * *
"Secretario Kang, ¿por qué tiene la cara
tan roja?"
Para su mala suerte, la persona que preguntaba
era Choi Ki-yoon. Las palabras "es por culpa de su hermano"
estuvieron a punto de subirle por la garganta.
"Parece que el día está caluroso."
Respondiendo como si nada pasara, Seung-ju se
dirigió a su lugar y se sentó. Los mensajes que había intercambiado durante el
breve descanso en medio de la reunión sacudían su cabeza, pero su expresión era
tan fría como siempre. Su rostro, que se había encendido por el calor, recuperó
pronto su color original.
[Hay algo que quiero comer.]
[A ti, hyung.]
NO
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¿De dónde habría sacado el joven amo algo así
para venir a decírselo? Sacudió levemente la cabeza para espantar los
pensamientos distractores, pero las ideas sobre Yun continuaban una tras otra
como una cadena.
Pronto, Yun se encontraría con Min Hyeon-jae.
Como sabía que esto sucedería tarde o
temprano, el hecho en sí no era impactante. ¿Acaso no fue él mismo quien
realizó la investigación de antecedentes de Min Hyeon-jae y redactó el informe
de análisis?
Lo que le pesaba en el corazón era, después de
todo, engañar a Yun para llevarlo a ese lugar.
'¡Hyung!'
Ese rostro brillante y sin una sola arruga de
preocupación que siempre corría hacia él no dejaba de desordenar su mente.
¿Podría perdonarse a sí mismo por haberle mentido a esa cara que sonreía de tal
forma?
Sentía desprecio por sí mismo al intentar
cumplir fielmente su papel de secretario cuando, de todos modos, iba a
traicionarlo. Engañarlo a su antojo, lastimarlo y, ¿aun después de eso pensaba
volver a ver ese rostro? Qué descarado.
Debía tomar una decisión en este punto. Antes
de herir más al joven amo.
Los sentimientos eran algo que, al final,
terminaba cambiando. Seung-ju no era una persona que desperdiciara el tiempo
aferrándose a algo sin futuro. Si el destino no era este lugar, era mejor
indicarle otro camino cuanto antes. Tanto por el bien de Yun como por el suyo
propio.
A pesar de estar pensando en otras cosas
durante toda la reunión, Seung-ju se las arregló para anotar todo el contenido
de la misma sin omitir nada. Si alguien lo viera solo trabajar, no notaría la
agitación de su corazón.
Sin embargo, tan pronto como terminó la larga
reunión, Seung-ju pospuso la redacción del acta y llamó a la puerta de la
oficina del vicepresidente Choi Ki-yoon. El encargado Oh Hyung-tae, que estaba
detrás de él, le preguntó qué sucedía mientras se acercaba, pero en cuanto
recibió el permiso desde adentro, abrió la puerta de inmediato.
El punto de partida de este asunto. Para
ponerle fin, necesitaba su permiso.
"Vicepresidente, tengo algo que
decirle."
"No se puede."
Fue antes de que Seung-ju terminara de
enderezar la cintura que había inclinado. Sin que hubiera pronunciado una sola
palabra, Choi Ki-yoon se negó de antemano.
"Es una broma. Es que el secretario Kang
tiene una expresión idéntica a la de un empleado que viene a notificar su
renuncia."
Una broma. ¿Qué clase de broma era esa? Se
trataba de un vicepresidente al que incluso era difícil verle una sonrisa en la
empresa. Seung-ju, con una expresión un poco atónita, se sentó con cuidado en
el asiento que Ki-yoon le ofrecía.
"¿Qué sucede?"
Sabía muy bien que Ki-yoon, quien rechazaba
tajantemente cualquier encuentro no programado, le estaba mostrando cortesía al
no echar a Seung-ju, quien apareció sin avisar. Era algo que no habría ocurrido
si no estuviera a cargo de Yun.
"¿Podría enviarme a otro
departamento?"
Como resultado, la predicción de Ki-yoon había
sido acertada hasta cierto punto. No era una renuncia, pero pensaba decir que
dejaría de estar a cargo de Yun.
Un breve silencio continuó.
Ki-yoon dejó la tablet que estaba mirando y
cruzó las piernas. Luego, como si organizara sus pensamientos, tamborileó en el
reposabrazos.
"... Sé que es una petición repentina. Si
el próximo semestre es demasiado difícil, puedo esperar hasta finales de este
año y mudarme el próximo."
Abriéndose paso por la brecha del silencio,
Seung-ju continuó con su petición como si fuera una excusa. No ignoraba que era
un pedido excesivo. Cambiar de departamento fuera de la temporada de traslados
era de por sí algo engorroso, y en una organización, si una persona salía, otra
debía ocupar ese lugar.
Además, era el secretario de Yun y de nadie
más. Solo faltaba un mes y unos pocos días para el inicio de clases y, dada la
personalidad de Ki-yoon, no le encargaría ese puesto a cualquiera, por lo que
solo encontrar un sucesor llevaría tiempo.
"Secretario Kang Seung-ju."
Su voz, tan seca como siempre, no revelaba sus
sentimientos.
"¿Le parece que le encargué a Yun con
ligereza?"
"......"
"Medio año."
"......"
"Restando el tiempo de preselección de
candidatos, es el tiempo que me tomó verificarlo solo a usted, secretario Kang.
Pero empiezo a pensar que evalué mal su sentido de la responsabilidad."
Seung-ju mantuvo la mirada fija en sus
rodillas mientras escuchaba con atención. Las palabras que salían de la boca de
Ki-yoon eran tan precisas que ni siquiera se le ocurría algo para refutarlas.
Él tenía razón. Seung-ju estaba intentando
huir ahora de manera irresponsable.
"¿Acaso Yun se porta de forma muy
difícil? ¿O le preocupa su carrera? Una vez que Yun se gradúe, le compensaré
esa parte de su carrera para que no sea un desperdicio."
"......"
"Hable. ¿Cuál es el motivo?"
Inesperadamente, Ki-yoon instó a Seung-ju a
responder con paciencia. Era hasta el punto de preguntarse si se trataba de la
misma persona que hace un momento estaba reprendiendo con severidad a los
líderes de equipo en la sala de reuniones.
El motivo. Sí, ese era el problema. El motivo
por el cual Seung-ju no podía estar a cargo de Yun.
'Desde el principio... me gustabas...'
'¿No puedes simplemente quererme?'
'... Lo quiero. Lo querré hasta que mis
sentimientos se agoten.'
Yun quiere a Seung-ju, y Seung-ju quiere a
Yun. Es algo que aman tanto que no se puede explicar solo con esa frase
sencilla.
Sin embargo, ¿acaso no es una relación con un
final ya decidido? Seung-ju permanecerá como secretario y Yun deberá tener un
matrimonio arreglado. Era un final tan evidente como que Seung-ju era un beta y
Yun un omega.
A medida que el corazón se profundizaba, solo
crecía la herida.
'... Qué injusto.'
'Incluso nos besamos e hicimos cosas más
íntimas. Eres un cobarde.'
Tal como Yun dijo alguna vez, él era injusto y
cobarde. Porque, después de todo, solo estaba pensando en buscar una excusa
adecuada para escapar. Pensando en alejarse de una situación complicada sin
siquiera tener la intención de luchar debidamente. Cuando Yun seguramente se
siente igual respecto a este corazón que uno no puede controlar por su cuenta.
"... ¿Tanto le agobia que Yun lo
quiera?"
En ese momento, ante las palabras que
siguieron como si no fuera nada, Seung-ju olvidó controlar su expresión y abrió
la boca de par en par. ¿Lo sabía todo?
"Es una deducción basada en la
información recopilada hasta ahora. Desde que Yun dijo que iría a la
universidad, el hecho de pedir un secretario, hasta su actitud hacia usted,
secretario Kang. Parece que Choi Jae-yoon no se lo imagina en absoluto, incluso
después de escuchar que hay alguien a quien Yun quiere."
Parecía que esa habilidad para encontrar
fallas en los informes de manera fantasmal también se manifestaba en estas
cosas.
Fue entonces cuando Seung-ju comenzó a
comprender, una por una, las palabras del vicepresidente que antes le
resultaban confusas.
'Sobre todo... es porque quiero ponerlo a
prueba, señor Kang Seung-ju.'
'Digamos que es algo como un Plan B o C.'
'Preferiría que el secretario Kang fuera
alguien que también trabaje bien.'
¿Cómo se habría visto él mismo ante los ojos
de Ki-yoon, quien lo observaba sabiendo todo? Le confió a su hermano menor a
través de un proceso tan difícil, y ver cómo intentaba abandonar a su hermano y
marcharse debió parecerle algo realmente deplorable. Tal vez lamentó su juicio
pensando que su perspicacia, que era más que afilada al hacer negocios, se
había vuelto torpe en un asunto como este.
El rostro de Seung-ju ardió de vergüenza.
Nunca hubo un día en que se sintiera tan decepcionado de sí mismo como hoy.
"Si los dos se quieren, no tengo
intención de interferir, ya sea en un noviazgo o lo que sea. No soy tan
anticuado. El problema del compromiso llevará algo de tiempo ya que mi padre es
muy obstinado, pero al final él seguirá la voluntad de Yun."
"......"
"Por cierto, ya tienen la cita con Min
Hyeon-jae, ¿verdad?"
"... Sí."
La determinación que tenía al entrar en esta
habitación no estaba por ningún lado. Con su voluntad de lucha completamente
rota, Seung-ju volvió a bajar la cabeza.
"Debe ser incómodo. ... Aun así, ¿cómo
puede pensar primero en huir dejando a Yun atrás?"
El reproche sereno se clavó de forma afilada.
Ki-yoon tenía razón. Seung-ju había pensado primero en evitarlo cobardemente
una vez más.
"Quédese a su lado hasta que los
sentimientos de Yun se organicen. Si el resultado del tratamiento es bueno,
todo saldrá bien."
"... Entendido."
"Retírese. Haré como que no escuché la
conversación de hoy."
Como si no tuviera nada más que decir, Ki-yoon
tomó la tablet que había dejado. Ante la orden tajante de retirada, Seung-ju
salió caminando pesadamente como un soldado derrotado.
Más que el hecho de que Ki-yoon supiera todo,
fue más impactante darse cuenta de su propia irresponsabilidad e impotencia.
Solo intentó huir.
Sin siquiera pensar en intentar nada,
pretendió desaparecer a un lugar donde Yun no pudiera verlo. Pensó en vivir
bien como si nada hubiera pasado. Se atrevió a pensar en abandonar a Yun. Kang
Seung-ju era un tipo peor de lo que pensaba.
'Yo lo querré más. Aunque fue el joven amo
quien me quiso primero, yo seré quien lo quiera hasta el final. Hasta que se
canse de mí y le desagrade.'
Habiendo hecho tal promesa con su propia boca,
qué descarado.
Quien podía marcharse no era Seung-ju.
Seung-ju debía aguantar hasta que Yun lo abandonara. Ya fuera como secretario o
como lo que fuera.
* * *
Después de salir del trabajo, Seung-ju, quien
llegó a la habitación del hospital con los bocadillos tal como prometió,
recuperó el aliento por un momento frente a la puerta.
Relajó su rostro y practicó una sonrisa, como
si borrara a la fuerza lo que había hecho hoy. Decidió dejar los reproches para
cuando estuviera en casa. Porque ahora solo quería mostrarle su mejor
apariencia.
Al abrir la puerta, Yun, que estaba sentado
para cenar, giró la cabeza hacia Seung-ju y sonrió ampliamente. Era una sonrisa
hermosa y constante, como siempre.
"¡Hyung!"
NO
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Hizo una reverencia a Jae-yoon, que estaba de
pie junto a la cama, y se acercó.
"¿Aún no ha cenado?"
"Dormí y acabo de despertarme. ¿Y tú,
hyung?"
"Pienso comer más tarde."
"Qué bien. secretario Kang, cene con Yun.
Yo me llevaré esto e iré con Da-hyun. Avíseme cuando salga del trabajo."
Murmurando que había llegado en el momento justo,
Jae-yoon tomó una bolsa térmica grande entera y se marchó. Por lo visto, la
jefa de personal Joo Eun-hee había enviado suficiente incluso para la parte de
Jae-yoon.
"¿Qué trajo hyung?"
"Es un postre, así que se lo daré cuando
termine toda su comida."
Yun se alegró ante la palabra postre, pero en
cuanto se añadió la condición de terminar la comida, suspiró pronto con rostro
compungido. Sería difícil que los gustos y desagrados se notaran tanto como en
él.
"¿Aceptas si como la mitad? Es mi primera
comida de hoy, así que creo que más que eso me sentará pesado..."
"¿Y el desayuno y el almuerzo?"
"Ayuné por si acaso antes de la inyección
de la mañana, y después de la inyección me sentí mal del estómago, así que me
salté el almuerzo."
Mirando cómo parloteaba, Seung-ju observó su
semblante y no parecía estar particularmente mal. Fue una suerte.
"¿Fue difícil el tratamiento?"
Sentado en el borde de la cama antes de darse
cuenta, Seung-ju preguntó mientras ponía acompañamiento sobre la cuchara de
Yun. Yun, que tragó una gran cucharada de arroz blando con mucha humedad,
masticó y miró fijamente a Seung-ju. Parecía que le resultaba muy sospechoso
que hoy tuviera tantas preguntas.
"Fue un poco molesto recibir inyecciones
cada 4 horas, pero estuvo bien. Lo de los mareos se pasa si estoy
acostado."
Sin apartar su mirada dubitativa, Yun
respondió una a una las preguntas de Seung-ju. Parecía que simplemente le
gustaba que se interesara en él.
"¿Y tú, hyung? ¿Es divertido trabajar con
mi hyung mayor?"
"Solo... es aceptable. El trabajo de
oficina es originalmente algo aburrido."
Parece que el acompañamiento que Seung-ju tomó
no fue de su agrado, pues Yun sacudió levemente la cabeza e hizo una seña con
los ojos hacia otro lado. Cuando Seung-ju cambió el acompañamiento con rapidez,
solo entonces extendió la cuchara como si diera su permiso, con una actitud
imponente.
"Aun así... sirve de ayuda,
¿verdad?"
"......"
Al conocer el corazón contenido en esas
palabras, Seung-ju no pudo responder con facilidad. Al parecer, Yun se
preocupaba por la carrera de Seung-ju más que él mismo.
"Si yo pudiera trabajar adecuadamente
como mis hyungs sería bueno. Pero mamá dijo que me daría la galería cuando me
gradúe..."
"Joven amo."
"......"
"Yo me encargaré de mi carrera por mi
cuenta, así que el joven amo... encárguese de sus calificaciones. ¿Ya salieron
las notas? Asegúrese de consultar conmigo de antemano para la inscripción de
materias del segundo semestre."
La atmósfera podría haberse vuelto pesada,
pero al mencionar las notas, Yun frunció los labios y refunfuñó.
"Ah, las notas. Aun así, saqué un
promedio de 3 y algo..."
"Le fue bien. Teniendo en cuenta que
arruinó los parciales."
"Es que, por poco, es un 3..."
Parecía que se había esforzado por hacerlo
bien y que le fue bastante mejor en los finales. Aunque hubo algunos que
reemplazó con informes, obtener ese promedio en una situación donde arruinó los
parciales y hasta la asistencia fue deficiente, era un logro notable.
Cuando Seung-ju le acarició la cabeza como
felicitándolo, Yun, cuyo rostro se relajó de inmediato, movió sus grandes ojos
observando hacia la puerta.
"Pero, si es un cumplido... a mí me gusta
otra cosa."
Tocándose los labios con el dedo, Yun miró a Seung-ju
con un rostro ingenuo.
"Hyung, estoy listo para ser comido en
cualquier momento."
Ante las palabras que le recordaban el mensaje
de la tarde, Seung-ju terminó soltando una risa involuntaria. La provocación
que llegaba en un momento inesperado era vertiginosa pero adorable. Si se
quedaba distraído, el joven amo era capaz de abalanzarse diciendo que se
comería a Seung-ju en lugar de la cena.
¿Sería por la disculpa por haber intentado
huir a escondidas? ¿O sería porque fue después de jurar que no huiría más?
Seung-ju decidió seguirle el juego un poco.
Tras confirmar que la puerta estaba bien cerrada, atrajo con suavidad la nuca
redonda. Yun pareció sorprenderse un momento por el hecho de que Seung-ju
respondiera a la provocación, pero pronto rodeó el cuello de Seung-ju con sus
brazos y giró la cabeza.
