8 Entró Woo-joo
8 Entró Woo-joo
Faltaba
poco para el inicio del verano y, desde temprano, caía un aguacero repentino.
Como su rut estaba llegando a su fin, los nervios de Tae-kyung, tensos al
extremo, se irritaban incluso con el sonido violento de la lluvia golpeando los
cristales.
Tae-kyung
se juró que nunca volvería a cometer una locura semejante, pero sabía que en el
próximo rut probablemente caería en lo mismo. Una risa de autodesprecio escapó
de sus labios ante esa predicción tan impropia de él. Sentía un zumbido en la
cabeza y sus sentidos, afilados como cuchillas, le revolvían el estómago.
Era
una estupidez en la que jamás se habría permitido pensar: pasar el rut solo,
sin nadie al lado.
Nunca
imaginó que optaría por una elección así. Durante toda su vida, había dado por
sentado que en cada periodo de rut pasarían por su lado innumerables omegas de
los que ni siquiera recordaría el nombre.
Además,
el rut de un alfa dominante era mucho más atroz y salvaje que el de un alfa
recesivo o común. El calor abrasador que hervía en su interior no podía ser
aplacado por un supresor cualquiera.
Como
decían los investigadores de feromonas, era el precio a pagar por la
extraordinaria capacidad de control que poseen los dominantes. Los supresores
no bastaban; a menos que uno quisiera morir, debía tener una pareja o un
compañero.
Y
Tae-kyung estaba experimentando esa advertencia en carne propia.
Las
feromonas que solían acumularse ordenadamente en su interior sin filtrarse al
exterior, explotaron de golpe. Sentía como si sus vasos sanguíneos y cada pequeña
célula estallaran por la presión. Las feromonas emanaban con tal fuerza que
parecían capaces de derretir el entorno.
El
instinto del alfa que ansía a un omega despertó. Necesitaba un omega que
recibiera su celo ardiente. La razón se evaporó, dejando atrás únicamente a una
bestia feroz y enorme. Con el miembro goteando fluidos, rugía exigiendo un
omega que no estaba presente.
El
calor contenido revolvía su cuerpo con violencia. Su cerebro hervía hasta casi
derretirse, volviendo borroso todo lo que lo rodeaba.
Perdió
la conciencia por intervalos, sin saber si era de día o de noche, ni cuánto
tiempo había pasado. Solo conservaba recuerdos fragmentados: la eyaculación
inconsciente para aliviar el celo, las sábanas empapadas y su miembro de un
rojo oscuro que, lejos de calmarse, seguía clamando por un omega.
Al
ser una situación tan inusual, el rut duró un poco más de lo normal. El calor
remanente le provocaba una sensación desagradable, algo que jamás había sentido
antes, cuando simplemente elegía a uno de los omegas que se le ofrecían y lo
poseía hasta saciarse.
Era
molesto, tedioso e irritante. Se sentía patético y ridículo por haberse forzado
a llegar a este extremo. Pero si había tomado esa decisión necia y terca, fue
enteramente por Shin Woo-joo.
Al
final, otra vez, era Shin Woo-joo.
Su
tobillo se le aparecía ante los ojos, impidiéndole pensar en cualquier otro
omega.
Al
cerrar los ojos, solo veía la imagen de Woo-joo nadando y cortando el agua
hacia él. A veces era en el mar donde se conocieron, otras en la piscina del
rodaje.
Woo-joo,
acercándose con un aroma a jabón que parecía esponjoso, terminó por arrastrarlo
a esa agua. Jadeando, Woo-joo abría las piernas y se aferraba a él entre
sonidos de chapoteo.
Las
feromonas de Woo-joo fluían por su sangre hasta la punta de sus dedos.
Tae-kyung llamó su nombre incesantemente, tanto que cualquiera habría pensado
que se trataba de un amor desesperado.
Cuando
el calor que parecía eterno cedió y la razón regresó lentamente, Tae-kyung se
incorporó de un salto en la cama y se tragó un puñado de supresores. Aún en ese
estado, la erección no bajaba, y temió que por primera vez cometería una locura
estando plenamente consciente.
Conforme
pasó el tiempo y su mente se aclaró, juró no volver a ser tan estúpido.
Sin
embargo, no podía asegurarlo. Aunque el rut estaba terminando, su mente seguía
rebosante de Woo-joo.
Por
supuesto, el hecho de que Woo-joo aún no lo hubiera buscado aumentaba su sed.
El deseo y el impulso de arrastrarlo ante él y obligarlo a recibir el calor
residual se propagaban como un incendio forestal.
El
simple hecho de tener que reprimir ese deseo ponía a Tae-kyung de un humor aún
peor.
Estar
tan irritable incluso al final del rut no se debía solo a que estuviera
reprimiendo los instintos de un alfa dominante con pastillas.
¡Bang, bang, bang!
“¡Presidente!
¡Presidente! ¡Soy el jefe Yoon! ¡Por favor, abra la puerta!”
Justo
cuando Tae-kyung consideraba lanzar una silla contra el cristal, harto del
sonido de la lluvia que lo golpeaba con saña, escuchó los gritos.
Maldita
sea. El insulto brotó de forma natural. Sus ojos se volvieron gélidos. Estuvo a
punto de lanzar la silla hacia la puerta en lugar de hacia la ventana.
“¡Es
sobre el señor Shin Woo-joo!”
¿Shin
Woo-joo?
Al
escuchar ese nombre, Tae-kyung sintió que su mente se enfriaba
instantáneamente.
Si
el jefe de secretaría venía a buscarlo incluso antes de que terminara el rut,
significaba que no era un asunto trivial. Aunque para los estándares normales
el rut ya debería haber pasado, él aún no había salido del hotel. Que el jefe
Yoon viniera personalmente significaba que algo fuera de lo común estaba
ocurriendo.
El
instinto retrocedió y la razón despertó. La urgencia era evidente en la voz del
secretario.
“¿Qué
pasa?”
Tae-kyung
no dudó más; abrió la puerta y dejó pasar al jefe Yoon.
El
secretario, que llegó corriendo, se sobresaltó al encontrarse con Tae-kyung.
Los ojos de su jefe, inyectados en sangre por el esfuerzo de reprimir su celo,
recordaban a los de un demonio de fuego.
“¿Qué
sucede con Shin Woo-joo?”
Ante
la frialdad que emanaba de Tae-kyung, el secretario calmó sus nervios y comenzó
a hablar. Por suerte, no era alguien tan despistado como para ponerse a temblar
visiblemente.
“Hemos
encontrado... al padre del señor Shin Woo-joo.”
Aunque,
ciertamente, hubo un pequeño error en la ejecución del encargo.
Antes
de que terminara ese día, unos golpes muy distintos resonaron en la suite. Era
noche cerrada y la luna estaba oculta tras las nubes.
La
lluvia caía ahora con más violencia que al principio. Tae-kyung, que se
presionaba las sienes por el dolor de cabeza, decidió entrar al baño pensando
que sería mejor irse a casa.
El
ruido exterior se filtraba entre el chorro de la ducha, pero él pensó que solo
era el estruendo de la tormenta. Si no hubiera sido porque el jefe Yoon avisó
que saldría a ver quién era, Tae-kyung probablemente habría salido furioso del
baño y terminado de romper los cristales, harto del ruido.
“¿Quién
es?”
Ante
la pregunta del secretario, el timbre y los golpes en la puerta se sucedieron.
El
jefe Yoon miró hacia el dormitorio, preocupado por la reacción de Tae-kyung. El
humor de su jefe ya estaba bastante caldeado debido a la noticia que él mismo
le había traído.
Mientras
tanto, los golpes pesados en la puerta aumentaban en frecuencia. Pensando que
era mejor verificarlo y despachar a quien fuera antes de que Tae-kyung perdiera
los estribos, el secretario tomó una decisión rápida y abrió la puerta.
“……”
Al
abrir, vio a Shin Woo-joo, completamente empapado. El agua goteaba de su
cabello, de su barbilla y de sus puños.
“Ah…….
esto, por si acaso…… Tae-kyung.”
Woo-joo
no pudo terminar la frase y se mordió el labio con fuerza. Apretó los puños.
Había
olvidado por un momento que él estaba en su rut. O, para ser exactos, había
olvidado lo que significaba un rut.
Las
densas feromonas de un alfa dominante en celo se desbordaron por la puerta
abierta. Woo-joo supo al instante de quién eran. Era la única fragancia que
conocía y que residía en su memoria.
Debió
haber previsto que habría alguien más. Pero simplemente pensó en Tae-kyung y
sintió que tenía que verlo.
Recordó
el lugar donde solía quedarse, el nombre del hotel y el número de suite de los
mensajes que recibía de vez en cuando. En ese instante, olvidó por completo por
qué él estaba en un hotel o por qué le enviaba esos mensajes; solo corrió para
verlo.
A
pesar de la lluvia que golpeaba su rostro y su cuerpo, Woo-joo no pudo pensar
en nada más. Solo la rabia que hacía temblar sus manos y el deseo desesperado
de venganza contra ellos lo mantenían en pie.
Hasta
ahora, se había esforzado por ser indiferente y trascender a todo. Había
observado su propia vida desde la barrera. Porque solo había una cosa que
quería proteger, y por esa única cosa se había mantenido en silencio.
Pero
ahora ya nada importaba. La única persona que podía liberarlo de este
sentimiento era Tae-kyung. Esa idea dominaba todo su ser. Y al llegar allí, se
encontró con otra persona antes que con él.
Solo
entonces otros detalles empezaron a notarse. Fue como si entrara aire fresco en
su mente bloqueada. Sus pensamientos, que habían estado nublados como si
estuviera bajo el efecto de alguna droga, se aclararon.
¿Era
correcto venir al hotel a buscar a Tae-kyung? De repente, la certeza de su
impulsiva acción desapareció.
“¿Shin
Woo-joo?”
Ah.
En
ese momento, detrás del hombre frente a él, apareció el dueño de las feromonas
llamándolo por su nombre. Woo-joo, sin darse cuenta, apretó más los puños y se
mordió el interior de la mejilla.
Tae-kyung
acababa de salir de la ducha y solo llevaba una toalla envuelta en la cintura.
Por su torso firme resbalaban gotas de agua que aún no se habían secado. De él
emanaba una mezcla de sus feromonas y un aroma desconocido.
Un
alfa dominante en rut y otra persona. Tae-kyung recién bañado, y esa otra
persona abriendo la puerta en su lugar.
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En
la boca de Woo-joo se mezclaron palabras sin filtrar. Sentía que debía decir
algo, pero su mente era un caos.
Un
dolor desconocido empezó a extenderse desde la boca del estómago. Era como si
sus entrañas se retorcieran por algo indigesto.
“Eso……
es que, o sea…….”
“….
Entra.”
Un
suspiro escapó de los labios de Tae-kyung.
El
Woo-joo que siempre parecía tan impasible estaba ahora tan desconcertado que
incluso tartamudeaba. No era difícil adivinar la razón. No debía ser muy
distinta al motivo por el cual el jefe Yoon lo había buscado con urgencia.
“N,
no. No es nada. Yo…… no he venido para…….”
“Sé
lo que estás pensando, pero no voy a comerte, así que entra. El jefe Yoon ya
puede retirarse.”
Ante
las palabras de Tae-kyung, el secretario recogió sus cosas a toda prisa. Para
no irritar a su jefe, salió de la habitación rápidamente, limitando sus
palabras, sus miradas y sus movimientos al mínimo.
Mientras
tanto, Woo-joo, empapado por la lluvia de verano, permanecía inmóvil frente a
la puerta.
“¿No
ha venido porque tenía algo que decirme?”
“……”
“Entre.
No estoy tan fuera de mí como para no poder conversar.”
Tae-kyung
hizo un gesto con la cabeza hacia Woo-joo. El calor residual de su cuerpo y la
presencia del hombre frente a él se entrelazaron. Sintió la boca seca y la
garganta agrietada.
Esta
pobre persona finalmente, desde el fin del mundo, había venido a buscarlo por
iniciativa propia. El placer del momento le trajo una sed eterna. Su corazón
latía con fuerza y las comisuras de sus labios empezaron a elevarse.
“Voy
a vestirme, siéntese donde quiera y espere.”
“……”
“O……
¿prefiere marcharse?”
Solo
entonces Woo-joo levantó la cabeza y miró a Tae-kyung a la cara. Al ver que a
él parecía no importarle lo que decidiera, sintió una punzada de ansiedad.
Sintió que, si se iba ahora, Tae-kyung no volvería a buscarlo jamás.
Seguramente
hace unos días habría pensado que no importaba, que incluso era lo que deseaba.
Pero
ahora, quería aferrarse a él aunque fuera sujetándolo por el tobillo. Él era su
única salida. Lo necesitaba desesperadamente.
“No
me voy.”
Woo-joo
apenas logró abrir la boca, como si las palabras le desgarraran la garganta.
Solo con eso, sintió que perdía las fuerzas y que iba a desplomarse. Sin
embargo, apretó los puños, inhaló profundamente y volvió a hablar.
“Véngueme,
por favor.”
Finalmente
una sonrisa radiante iluminó el rostro de Tae-kyung.
Por
fin, Shin Woo-joo estaba entrando directo a la palma de su mano.
* * *
Aquel
entonces, todavía parecía un día cualquiera.
Excepto
por la ausencia de Tae-kyung, que solía venir a diario, todo era exactamente
igual. Sin embargo, tal vez porque se había acostumbrado en apenas unos días,
Woo-joo sentía un vacío difícil de explicar cuando llegaba la hora de salir del
trabajo y Tae-kyung no aparecía.
Gracias
a eso, el historial del motor de búsqueda de Woo-joo se llenó de frases como:
<periodo de rut de un alfa dominante>, <cuando termina el rut de un
alfa dominante>, <diferencia entre el rut de un alfa y un alfa
dominante>, etc. Al mismo tiempo, sus conocimientos triviales e
interesantes, aunque inútiles, fueron en aumento.
Por
ejemplo, que el récord del rut más largo pertenecía a un alfa que vivía en
Inglaterra hace unos veinte años, o el récord de resistencia sin eyacular
durante el rut; cosas que, francamente, no servían para presumir en ningún
lado. Además de eso, estaban el alfa con mayor número de eyaculaciones durante
el rut o el alfa que realizó el 'knotting' por más tiempo.
Eran
cosas por las que jamás se había preguntado en su vida. Quizás por eso, cada
vez que buscaba, se sentía extraño consigo mismo, y su curiosidad por Tae-kyung
crecía.
Él
mismo era consciente de que, al final, el herido sería él, pero no había forma
de evitar que sus impulsos se adelantaran a su razón. No estaba claro si lo que
se movía antes que la lógica eran sus dedos o su propio corazón.
Miró
fijamente su teléfono, inusualmente silencioso, y tocó la pantalla sin motivo
solo para comprobar la hora. De todos modos, como Tae-kyung no saldría hasta
medianoche, no debería importar cuánto tiempo pasara mientras el sol estuviera
en lo alto.
—¿Se
encuentra el señor Shin Woo-joo?
En
ese momento, alguien llamó a la puerta abierta de la oficina y entró. Eran dos
hombres de complexión robusta y expresión severa. El olor a lluvia que caía
desde temprano se filtró con fuerza.
Cuando
todas las miradas de la oficina se centraron en un solo punto, la vista de los
recién llegados se dirigió naturalmente hacia Woo-joo.
Mientras
Woo-joo parpadeaba y se levantaba torpemente de su asiento, los hombres sacaron
de sus bolsillos identificaciones rectangulares y se las mostraron, como si
quisieran apresurar su lento actuar.
—Venimos
de la comisaría. Tenemos algunas cosas que confirmar, ¿podría acompañarnos?
Palabras
silenciosas empezaron a circular por doquier. Los empleados se miraban entre sí
con los ojos muy abiertos, mientras que los hombres de la comisaría miraban
fijamente a Woo-joo, como si estuvieran acostumbrados a esa reacción.
Woo-joo,
por su parte, se quedó allí de pie, inmóvil, como si lo hubieran clavado al
suelo. Fue porque no comprendió de inmediato la situación.
—Señor
Shin Woo-joo.
Al
ser llamado por su nombre, Woo-joo se sobresaltó sin darse cuenta. Su cabeza se
mareó ante los dos pares de ojos que lo esperaban. Palabras desordenadas
brotaron de su boca.
—Ah,
yo... esto... Ahora mismo estoy trabajando... eh, yo luego, esto...
Su
cuerpo se movía de forma antinatural. Ni siquiera era consciente de si movía
los brazos o si giraba la cabeza.
—¿No
deberían explicarnos primero de qué se trata?
En
ese momento, Soo-hyun se acercó. Al ver a Woo-joo desconcertado sin saber el
motivo, su cuerpo se adelantó de nuevo sin pensarlo.
Aunque
su cabeza le decía que no ganaba nada metiéndose, no pudo quedarse quieto al
ver a Woo-joo vacilar de una forma tan impropia de él. Y más tratándose de
detectives.
Era
imposible que Woo-joo hubiera hecho algo malo, y como su preocupación era
mayor, no pudo evitarlo. Pensó que, si para él esto ya era sorprendente, para
Shin Woo-joo —que solo tenía años encima pero ninguna malicia social— debía ser
mucho peor.
Los
detectives intercambiaron miradas y, finalmente, el hombre que parecía mayor se
acercó medio paso. Mientras Soo-hyun lo vigilaba y se interponía frente a
Woo-joo, el hombre le mostró su teléfono.
—¿Vio
las noticias ayer?
—…….
—Necesitamos
la cooperación del señor Shin Woo-joo para una identificación más precisa.
¿Podría acompañarnos?
Lo
que llenaba la pantalla del teléfono que le tendía eran unos restos óseos
colocados ordenadamente sobre una tela blanca. Al lado, se extendían montones
de cemento roto y herramientas. No había más explicaciones ni fotos, pero Woo-joo
supo al instante a qué "noticias" se referían los detectives.
—¿Por
qué... por qué yo...?
—Escuchamos
que ha estado buscando a su padre. ¿Es correcto?
—Sí.
Así es, pero...
Woo-joo
no podía creerlo. Negó con la cabeza intentando rechazar la realidad.
Deseaba
que alguien le dijera que lo que estaba allí, de forma tan miserable, no era su
padre. El padre de sus recuerdos era alto y robusto. Esos fragmentos óseos que
apenas se distinguían a simple vista no podían ser su padre.
Habían
sido seis años. Había deseado fervientemente que su padre regresara, lo había
esperado y lo había buscado. Así que esto no tenía sentido. No había resistido
todo este tiempo solo para ver este final.
—Para
estar más seguros, debemos realizar algunas pruebas. Le explicaremos más
detalles mientras vamos hacia allá.
Todo
se volvió oscuro ante sus ojos. Sus piernas empezaron a temblar. Sus
pensamientos no se organizaban y, como si soplara un vendaval de polvo, no
podía ver nada. Entonces, ahora... ¿qué es lo que debo hacer?
—Woo-joo.
—…….
—Shin
Woo-joo.
—Eh...
sí, sí.
—Ve.
—…….
—No
pienses en lo que dejas aquí y ve. No sé de qué se trata, pero... creo que es
mejor que vayas ahora.
Ante
las palabras de Soo-hyun, Woo-joo apretó los puños con fuerza. Cerró los ojos,
inhaló profundamente, exhaló largo y luego empezó a dar un paso tras otro.
Al
ver la espalda de Woo-joo arrastrarse pesadamente como si llevara pesas encima,
Soo-hyun dudó si acompañarlo, pero se obligó a girar la cabeza y borró incluso
la imagen residual de Woo-joo que quedaba en sus pupilas.
Su
propia situación ya era bastante difícil.
Hace
poco, su hermano menor recibió una suspensión tras ser acusado falsamente de
malversación en la empresa donde tanto le costó entrar. Debido a eso, su
hermano no podía probar bocado por la indignación. Sus padres, que lo
observaban, también estaban destrozados. Soo-hyun ya tenía suficiente con
cuidar de los suyos como para preocuparse por alguien más.
Por
supuesto, sabía bien que debía cuidar de Woo-joo, así que pensó que, en cuanto
terminara con este asunto, él sería su prioridad.
Si
lo dejaba solo, Woo-joo podría terminar librando una dura batalla contra el
viento en cualquier lugar. Por eso, juró que primero terminaría bien los
asuntos familiares y que, cuando Woo-joo pudiera apoyarse cómodamente en él,
estaría a su lado.
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La
figura de Woo-joo saliendo de la oficina en silencio, con un andar que parecía
torpe por la fuerza que hacía para no desplomarse, no provocó que nadie
pronunciara siquiera su nombre. Soo-hyun también dejó a Woo-joo para después.
Pensó que podría preguntarle cuando regresara.
Así,
Woo-joo siguió a los detectives. No sentía que aquello fuera real.
En
el camino hacia la comisaría, dentro del coche, parecía que los detectives le
hablaban, pero curiosamente no podía escucharlos bien. Sentía los oídos
tapados, como si estuviera bajo el agua.
Después
de eso, incluso cuando regresó a casa, Woo-joo sintió que la realidad sobre la
que estaba parado era distante y remota, por lo que se quedó sentado en el
banco de la parada infinitamente, hasta que dejaron de pasar autobuses.
La
noche de principios de verano, cuando los días se hacían cada vez más largos,
se sentía tenue, como si dudara en llegar. Los charcos de lluvia acumulados en
el suelo emitían un sonido de agua cortada cada vez que pasaba un coche. En la
carretera bajo la lluvia torrencial, los carriles provocaban ráfagas de agua
cada vez que pasaba un vehículo, como si fueran los carriles de una piscina.
—…….
No
podía pensar en nada. Respirar le resultaba difícil y agotador. Si contenía el
aliento, eso también era extenuante. Como respirar o no hacerlo era difícil,
pensó en qué era lo que podía hacer.
¿Acaso
había algo que supiera hacer? Al final, dejó la natación sin haber podido
llevar nunca la bandera nacional en la espalda. ¿Podía decir que era bueno en
eso después de todo?
Su
cabeza era un caos. Pensó en por qué estaba aquí, por qué estaba vivo, y
recordó quién era. Por alguna razón, le dolía todo el cuerpo con el sonido de
las gotas de lluvia golpeando el techo de la parada.
Al
cerrar los ojos, los sucesos de la comisaría se precipitaron como si se hubiera
roto una presa.
El
ruido mezclado de todas partes, las miradas que evitaban la suya con una
carraspera al encontrarse, y la lluvia que caía incesantemente.
Recuerdos
triviales que no pudo filtrar revolvían su mente como si fueran dueños de ella.
Inclinó la cabeza hacia atrás y la golpeó contra la pared de la parada, 'pum,
pum'. La parada tembló y el sonido fue bastante fuerte, pero Woo-joo no dejó de
golpear su cabeza. Su mente, invadida con tanta facilidad, no lograba expulsar
a los intrusos.
Finalmente,
solo después de darse unos golpecitos en la mejilla con la mano, los recuerdos
ruidosos empezaron a desvanecerse. En su lugar, las cosas que había dejado
pasar sin prestar atención fueron tomando su sitio gradualmente.
—Señor
Shin Woo-joo, usted es el hijo, ¿verdad?
La
voz del policía, que se escuchaba en esa habitación cerrada con solo una mesa
solitaria, se extendió de forma natural en su cabeza.
El
policía confirmó el parentesco y luego le lanzó algunas preguntas.
La
identidad hallada al cotejar los registros dentales, desde cuándo su padre
estaba desaparecido, por qué no había hecho la denuncia de desaparición, y
cosas por el estilo.
¿Qué...
qué fue lo que respondí?
—Haa.
Ni
siquiera recordaba bien aquello. Tal vez porque le dio lástima el estúpido que
pasó seis años sin saber nada, el policía le explicó, con un leve suspiro, lo
que habían descubierto en el proceso de investigación. Por supuesto, como
estaba aún más aturdido que ahora, no pudo oírlo todo ni comprenderlo por
completo.
Sin
embargo, aunque no era exacto, la frase de que el momento estimado de la muerte
fue hace seis años —es decir, cerca de la fecha de su desaparición— quedó
resonando como un eco en sus tímpanos.
Dicen
que estuvo seis años en el mar, enterrado en cemento. La explicación de que el
hecho de que una mano sobresaliera al momento del hallazgo fue probablemente
por instinto de supervivencia, golpeó de repente su cabeza.
Que,
mientras vertían el cemento sobre su cabeza y todo su cuerpo se solidificaba,
debió haber sacado la mano como último instinto.
Algo
invisible entró en Woo-joo como una marea. Pasó por su pecho, llegó pronto a su
boca y le acarició la punta de la nariz. No podía respirar.
Solo
ahora las explicaciones de los detectives golpeaban sus tímpanos y las imágenes
tomadas durante la investigación dejaban rastro en su retina.
Mientras
escuchaba la explicación, más bien estaba aturdido. No respondió ni asintió.
Solo se quedó mirando fijamente la mesa. El reloj detenido que colgaba del
hueso de la muñeca izquierda, el cual decían que se conservaba relativamente
bien en comparación con otras partes.
—Esto...
probablemente lo dejaron porque sabían que no valía dinero. La investigación ya
terminó, así que puede llevárselo.
Solo
quedaba la esfera, con el logotipo de la competición nacional grabado
tenuemente, y la correa agrietada y rota por todas partes, de la cual no
quedaban ni las manecillas.
Woo-joo
tendría doce o trece años. Probablemente fue por aquel entonces. Había recibido
un reloj conmemorativo que daban a quienes participaban en la competición
nacional pero no lograban entrar en los primeros puestos. No le dolió el
resultado, pero le irritó que dieran aquello como si fuera un gran regalo
conmemorativo.
Fue
natural que, en cuanto llegó a casa, apartara el reloj de un golpe.
Sinceramente, pensó que el que planeó ese regalo era un estúpido. ¿Cuántos
deportistas usarían un reloj de pulsera?
Cuando
se quejó de que le daban algo que no podía usar, su padre soltó una carcajada y
recogió la caja alargada que él había tirado.
—Este
será tu comienzo. Si tú no lo usas, lo usaré yo.
—¿Por
qué usarías algo así?
—Ya
verás. Algún día esto valdrá más que tu propio peso en oro.
Así,
su padre usó todos los días ese reloj pasado de moda que no valía dinero... no,
que nadie aceptaría aunque lo regalaran.
Cada
día debió haber mirado ese reloj pensando en el hijo al que amaba más que a su
vida. Seguramente soñó con la felicidad de su hijo.
—No
sé si esto le servirá de consuelo... pero parece que su padre apreciaba mucho
el reloj. A diferencia de la mano derecha que sobresalía, el brazo izquierdo lo
tenía pegado al pecho. Así, como si lo estuviera abrazando...
En
el Servicio Forense Nacional, mientras separaban el cemento, lograron
reconstruir la posición final del cuerpo e inferir los últimos momentos del
padre. Al comentar entre ellos que el hijo había sido nadador, pensaron que
aquello también debió ser una cuestión de instinto; el instinto de un padre que,
hasta el último segundo, solo pensó en su hijo.
Las
lágrimas estallaron de golpe. No es que las hubiera estado reprimiendo a
propósito, pero el llanto que no había surgido en todo el día comenzó a caer
con la misma fuerza que la lluvia.
La
última imagen de su padre, tan pequeña y miserable, se le quedó atravesada en
la garganta. El rastro blanco y deslucido entre el cemento le nublaba la
retina.
Al menos hubieran dejado que conservara su ropa. La sola idea de imaginar a esos hombres
burlándose de su padre mientras le arrebataban su dignidad le revolvía las
entrañas. Sintió una náusea repentina y tuvo arcadas, pero solo una saliva
espesa cayó al suelo formando un hilo largo.
Su
garganta se sentía áspera. Woo-joo, sentado en el banco de la parada, volvió a golpear
su nuca contra la pared trasera. 'Pum, pum', resonaba el muro. De pronto, se
sintió como un imbécil por no ser capaz de hacer nada incluso en un momento
así.
Zzz... zzz...
El
teléfono vibró en su bolsillo sin ninguna consideración. Seguramente era Soo-hyun.
Hacía rato que había salido de la comisaría, y a la hora en la que cualquier
oficinista normal terminaría su jornada, recibió varias llamadas y mensajes de
él.
No
es que tuviera la intención de ignorarlo, simplemente no le quedaban fuerzas ni
para responder. Reconocer que carecía de esa energía ya era agotador, así que
lo dejó en el bolsillo y borró incluso su presencia. Para Woo-joo, el simple
hecho de existir era una carga demasiado pesada.
Dicen
que todo el mundo carga con un peso, pero ¿significaba eso que todos vivían una
vida tan agobiante? Para él, incluso su propia respiración pesaba demasiado.
Zzz... zzz...
Otra
vez. Pero Woo-joo ni siquiera se inmutó. No le quedaba ni una pizca de
voluntad, así que no pudo evitarlo. Tampoco sabía a dónde ir. Si no había
dejado el agua en primer lugar, no era porque todavía le gustara. Era,
simplemente, porque era lo único que sabía hacer.
Además,
el director del gimnasio había sido su entrenador durante sus días como atleta
y conocía bien a su padre; Woo-joo solo había resistido allí para que su padre
pudiera encontrarlo en cualquier momento. Ahora, ya no tenía por qué volver a
ese lugar.
Zzz... zzz...
¿Y si mejor voy al mar? En el mar no hace falta respirar, así que el
aliento no se sentiría tan pesado.
No
hay carriles fijos ni muros donde dar la vuelta, así que no hace falta
regresar. Si nadaba sin descanso hasta que sus pies no tocaran fondo y su
cuerpo perdiera toda la fuerza, ¿no llegaría finalmente el final?
Zzz... zzz...
Justo
cuando ese pensamiento cruzó su mente, el teléfono vibró una vez más. Al pensar
que podría ser la última vez antes de ir al mar, sintió el deseo de contestar a
ese aparato que no dejaba de sonar.
Daba
por hecho que era Soo-hyun, pero no le importaba si era otra persona. Al fin y
al cabo, no le quedaba nadie tan valioso como para que le doliera dejarlo
atrás.
[Oiga,
cliente. ¿Por qué mierda no atiende el teléfono? Carajo.]
—…….
¿Por
qué tenía que ser este tipo en un momento así? Absorto, Woo-joo echó la cabeza
hacia atrás. El sonido de la lluvia golpeando el techo de la parada le
resultaba cruel. No entendía por qué lloraba tanto, como si todo en el mundo le
doliera.
[Me
enteré de que se quedó huérfano, cliente. Entonces, maldita sea, debería estar
pensando en devolver el capital, ¿no cree? Ya sabe que hasta ahora solo
cobramos intereses. Como no pudimos vender los órganos de su viejo, usted va a
empezar a pagar el capital ahora mismo.]
—……¿Por
qué yo?
[¿Por
qué? Ah, miren a este tipo. Como trabajó duro sin saber que su viejo estaba
muerto, le tuve un poco de consideración, pero... ¿Por quééé? ¿Y por qué me
hablas así, tan cortito? Bueno, hace mucho que no te doy una paliza, ¿verdad?]
—¿Sabes
cuánto dinero me has quitado ya? Por ese dinero, ¿tienes idea de cómo he vivido
hasta ahora? ¿Qué consideración dices que tuviste? Ni sueñes con que te hable
con respeto. Con un maleante como tú, incluso hablarte de tú es un desperdicio.
Al
principio sintió indignación, pero ahora se sentía liberado.
Cuando
empezó a pagar la deuda de su padre, lo golpearon casi hasta matarlo porque la
recaudación no era suficiente. Con el rostro tan hinchado que apenas podía ver,
y siendo la primera vez que recibía una paliza así, suplicó entre lágrimas y
mocos: Por favor, perdónenme la vida. Pagaré el dinero, pero por favor, no
me maten.
Después
de eso, suplicó de rodillas muchas veces más. Como era omega, lo agarraron del
cabello para llevárselo y obligarlo a vender su cuerpo; él suplicó mientras era
arrastrado y su piel se llenaba de heridas. Incluso cuando no era día de cobro,
venían al gimnasio y lo obligaban a suplicar frente a todos.
Cada
vez, ellos ponían precio al corazón, los riñones y las córneas de su padre,
calificándolos por grados. Ante esas palabras, Woo-joo, como el perro de
Pavlov, se ponía de rodillas y juntaba las manos para suplicar
desesperadamente: Lo pagaré todo. Se lo aseguro. Solo denme tiempo y lo
pagaré aunque me tome toda la vida. Pero por favor, dejen vivir a mi padre. A
mi padre no, por favor. No puedo vivir sin él.
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Por
eso se sentía liberado. Sí. No estaba mal decir todo lo que quería al final.
Gracias a eso, no le quedarían remordimientos.
Una
sonrisa amarga se dibujó en los labios de Woo-joo. Aunque las lágrimas
resbalaban por sus mejillas, decidió pensar que eran de alegría.
Ya
no le importaba la deuda ni nada. Le habían quitado lo suficiente como para
cubrir el capital y más, así que no podrían decir que salieron perdiendo.
[Maldita
sea. Deberías estar agradecido de que no te llevé y te convertí en un
prostituto. Si te hubiera vendido a la fuerza, ahora estarías drogado vendiendo
tu cuerpo sin saber que tu viejo estiró la pata. ¿Te enteras?]
—No
lo sé. Ni quiero saberlo. No voy a dejar ni un órgano para que te cobres aunque
muera ahora mismo, así que no vuelvas a llamarme.
[¿Qué?
Jajajajaja.]
Pensó
en responderle con insultos, pero no quería que sus últimas palabras fueran una
grosería. No valía la pena manchar su final por culpa de un delincuente.
Justo
cuando iba a colgar tras decir lo que quería, el tipo soltó una carcajada
ruidosa desde el otro lado. Dejando de lado lo desagradable que era, esa risa,
por alguna razón, lo inquietó.
[Je,
je. Oye, huerfanito. Escucha bien. Si hubiera necesitado órganos, habría
empezado por abrirle la panza a tu viejo. Pero tú mismo lo viste, se convirtió
en una piedra estando vivito y coleando.]
—……¿Qué?
En
ese instante, a Woo-joo se le detuvo el corazón. Todo empezó a darle vueltas.
Incluso las lágrimas que habían empapado su rostro sin recibir una gota de
lluvia se detuvieron. ¿Qué estaba diciendo este tipo?
[No
tenía dinero, el hijo no servía, y encima me pedía que lo dejara vivir. Ja, la
decencia se le murió primero. ¿Y qué iba a pasar con mi dinero? ¿No crees?]
—…….
[Así
que nos pusimos a charlar para que pagara. Pero, carajo... je, je, je. En un
arrebato de ira, ¿entiendes? Le echamos un poco de cemento, pero ah, se nos fue
al otro mundo ahí mismo. Si alguien con dinero te dice que mueras, tienes que
morir, ¿o no? Total, no parecía que fuera a vivir mucho. Así que terminamos de
echarle el resto y le hicimos el funeral. Je, je.]
Las
manos de Woo-joo empezaron a temblar violentamente. Después de eso, no escuchó
nada más. No importaba, de todos modos no saldría nada valioso de esa boca.
Sintió
una rabia inmensa. La gente que conocía la muerte de su madre todavía lo
señalaba. Criticaban la decisión de su madre como algo irresponsable. ¿Qué
sabían ellos?
Su
madre nunca habría tomado una decisión así dejando a su familia. Aunque la
policía cerró el caso como un suicidio al no encontrar sospechas de homicidio,
ni su padre ni él pudieron aceptarlo jamás.
Y
era lógico, porque hasta el día anterior...
—Kk-heuk.
Woo-joo
se mordió el labio con fuerza. Al final, quien mató a su madre fue él mismo.
Hasta
el día anterior, su madre había estado realizando protestas individuales. La
policía y la gente de la federación vinieron varias veces a detenerla, pero
ella resistió hasta el final, creyendo que era lo que debía hacer. Porque era
la madre de Shin Woo-joo.
Por
supuesto, nadie creía que un papel blanco con solo tres palabras impresas,
'Estoy cansada', fuera una nota de suicidio. Jamás les habría dejado a su
familia unas letras impresas que quién sabe quién escribió.
Por
eso, su padre insistía en que, al menos ellos, los que quedaban, debían vivir.
Le
dijo que el viaje en barco tomaría unos meses, pero que no sería nada si
pensaba que era un pequeño sacrificio por el futuro, y se despidió con una
sonrisa. Woo-joo todavía recordaba el rostro de su padre cuando le dijo que
pagarían toda la deuda y empezarían de nuevo los dos juntos.
Debió
haberlo detenido entonces. Debió haberle pedido que no fuera, que harían lo que
fuera pero juntos. En aquel entonces, odiaba a los matones que venían a diario
tras perder a su madre. A veces venía uno solo, pero otras veces eran tres o
cuatro.
No
escuchaban aunque les dijera que pagaría, y se burlaban entre ellos mirando las
vendas en sus tobillos. Él conocía las implicaciones de esas risas y esas
miradas. A veces, incluso decidían el turno descaradamente frente a él.
Un
nadador que había manifestado como omega tardíamente parecía para ellos nada
más que un inodoro donde descargar sus deseos sexuales. Sentía que haría
cualquier cosa con tal de pagar el dinero y dejar de ver esas caras.
Hastiado
de todo, dejó de comer y se encerró en su habitación. Solo al dejar el agua
comprendió que su mundo era apenas una habitación de dos metros cuadrados. La
realidad era que, incluso en el agua, no era libre; el largo carril lo era
todo.
Por
eso no detuvo a su padre hasta el final. Creyó en sus palabras, pensó que solo
serían uno o dos años de esfuerzo por separado.
Su
padre abrazó con fuerza al hijo necio que no pudo decirle que no fuera, ni
tampoco que regresara sano, y se marchó sonriendo hasta el último momento.
Cuando todo termine, vayamos a vivir a algún lugar donde se vea
el mar.
¿Qué
fue lo que respondió a eso? ¿Acaso respondió algo? No lo recordaba bien.
Simplemente
resistió repitiendo el saludo de su padre una y otra vez. Esperando su
contacto, deseando que regresara pronto.
Al
final, fue su culpa. Era como si él mismo hubiera empujado tanto a su madre
como a su padre. Sabía que su madre protestaba sola hasta que se le hinchaban
los pies y las piernas por él, y nunca la detuvo; tampoco impidió que su padre
se fuera a alta mar por dinero.
No debí haber nadado nunca.
El
arrepentimiento que no sintió cuando se lesionó, le llegaba ahora de forma
desgarradora. Si hubiera sabido que lo que destruiría a su familia era un
simple juego en el agua, ni siquiera habría aprendido. Si hubiera sido por el
agua, ni siquiera se habría acercado a un charco.
En
ese momento, un autobús pasó lentamente. El autobús, que se dirigía al depósito
tras terminar su servicio, estaba en absoluto silencio.
Mi camino es solo uno, ONE WAY.
En
el lateral del autobús que pasaba, vio una foto y un texto familiares. Era el
anuncio que, al final, su padre no pudo ver.
Se
sintió aún más patético y absorto, con una opresión insoportable en el pecho.
¿Cómo pudo pensar que gracias a algo como esto su padre regresarÍa?
Aunque
se golpeaba el pecho con el puño, nada cambiaba. Por mucho que hiciera, su
padre no regresaría y el aliento seguía bloqueándole la garganta.
Entonces,
de pronto, más allá de la foto de sí mismo nadando y cortando el agua, recordó
a Tae-kyung, el hombre que hizo posible que ese anuncio se viera en todas
partes.
Al
ver que pensaba en él en un momento así, el lavado de cerebro de aquel hombre
resultó ser bastante efectivo. La sangre circuló rápido y la idea de que debía
ir a ver a Tae-kyung ahora mismo dominó todo su cuerpo.
Solo
quedaba Tae-kyung. La única persona que podía abrirle una vía respiratoria,
aunque fuera desgarrándole la tráquea, era un solo hombre: Joo Tae-kyung.
* * *
Solo
cuando Woo-joo vio las luces que no se apagaban tras la ventana, se dio cuenta
de que era una hora demasiado tardía para buscar a alguien.
Por
supuesto, en este momento, más que la hora, el problema era el lugar y la
ocasión. El rut de un alfa dominante; y la habitación de un hotel donde ese
alfa dominante había estado liberando su calor febril sin descanso.
Le
sorprendió haber buscado a Tae-kyung sin pensar en las consecuencias, cegado
por su propia situación. Al final, resultó ser una interrupción en el tiempo de
Tae-kyung, pero aun así, seguía pensando que era natural haber acudido a él.
Había
pensado en Tae-kyung de forma tan obvia, buscándolo solo a él. Solo al tener a
Tae-kyung frente a sí, la razón comenzó a volver. Le resultaba asombroso que su
comportamiento hasta llegar aquí hubiera sido puramente ciego.
“¿De
verdad no va a bañarse? Siento que se va a resfriar.”
Tae-kyung,
que ya se había vestido, se dirigió al bar que había a un lado. Sacó dos vasos,
abrió una botella de agua mineral y la sirvió por turnos. El frío empañó
rápidamente el cristal de los vasos.
Tae-kyung
se acercó a Woo-joo con un vaso de agua en cada mano. Aunque en la sala había
varias sillas, Woo-joo permanecía con los puños cerrados y una postura rígida,
mirando solo hacia la ventana. Era la prueba de que, aunque no estaba a la
defensiva, no lograba relajarse.
“¿Qué
le parece si al menos se cambia de ropa? Está demasiado empapado.”
“……Después.”
Ante
las palabras de Tae-kyung, Woo-joo bajó la mirada hacia su aspecto, que más que
húmedo resultaba miserable, y se mordió el labio con fuerza.
El
agua de la lluvia goteaba desde el borde de su ropa, pero no sentía que debiera
lavarse. Sabía que debía hacer algo, pero estaba seguro de que, en este
momento, esa tarea no consistía en cuidarse a sí mismo.
La
urgencia lo dominaba. Sin embargo, al no saber ni siquiera qué debía hacer, la
ansiedad se sumaba a la mezcla.
En
un instante así, no tenía el menor deseo de lavar su cuerpo mojado por la
lluvia. Lo más urgente era resolver la premura y la ansiedad que le secaban la
boca y le hacían sudar las manos.
Woo-joo
creía que solo Tae-kyung tenía la respuesta. Solo Tae-kyung podía decirle qué
debía hacer.
“He
encontrado a mi…… padre.”
“Sí.
Me enteré.”
Solo
entonces Woo-joo bebió el agua que Tae-kyung le ofrecía, tragando con avidez.
No había probado ni una gota de agua desde que salió del gimnasio, pero hasta
ese momento ni siquiera sabía que tenía sed. El frío que bajaba por su garganta
calentó todo su cuerpo. Su corazón latía rápido y la rabia, que se había
calmado momentáneamente, comenzó a hervir de nuevo.
“……Véngueme,
por favor.”
“¿De
quién?”
“Del
tipo que le hizo eso a mi padre.”
Ante
eso, Tae-kyung se rascó la ceja con la punta del dedo. Al verlo, el corazón de
Woo-joo dio un vuelco y sintió la extraña sensación de que la sangre que
recorría su cuerpo se drenaba de golpe.
¿Y
si lo que estaba viendo ahora era la verdadera cara de Tae-kyung?
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Sus
labios temblaron ante cada detalle: su expresión lánguida, su tono de voz como
si el asunto no fuera con él, su comportamiento aburrido.
Tal
vez fue un error venir durante su periodo de rut. Quizás no le agradaba que la
interrupción de su tiempo privado fuera por la muerte del padre de un omega al
que apenas conocía bien.
Él
había corrido hasta aquí pensando solo en Tae-kyung, pero parecía que a
Tae-kyung no le interesaba especialmente escuchar sus palabras.
Al
darse cuenta de eso, la garganta de Woo-joo se sintió agrietada. Movió los
labios, pero no pudo emitir ni el más mínimo sonido. No sabía qué decir para
que Tae-kyung accediera a su petición.
“¿Sabe
quién le hizo eso a su padre?”
“Sí.”
“¿Cómo
lo supo? Ni siquiera la policía lo sabe todavía.”
“El
cobrador……. Hay alguien que compró toda la deuda. Un gánster que se dedica a
los préstamos privados.”
“¿Cómo
está tan seguro de que fue él?”
“Me
dijo que él lo hizo……. Me llamó.”
Woo-joo
no pudo terminar la frase y se mordió el labio. Las puntas de sus dedos,
cerrados en puños, se volvieron amarillentas.
“¿Así
que vino directamente a mí? ¿A pedirme venganza?”
“……Sí.”
“¿Pensó
que yo escucharía sus palabras, Woo-joo?”
Tal
vez se había equivocado de lugar. La fe ciega comenzó a resquebrajarse.
Habría
bastado con pensar un poco más racionalmente. Tae-kyung tenía la capacidad de
cumplir su deseo, pero no tenía ninguna necesidad de hacerlo.
Él
no lo amaba. Podría no tener el más mínimo deseo de usar su poder por alguien
con quien solo quería jugar a las citas.
Woo-joo
apretó sus manos temblorosas. No quería mostrar debilidad.
Era
ridículo. Incluso en un momento así, el orgullo se anteponía. Esa cosa no le
daba de comer ni pagaba sus deudas.
De
todos modos, como solía ser indiferente a lo que le rodeaba, no tenía motivos
para ser orgulloso, y nunca lo había sido incluso ante los clientes más
desagradables. Si tenía que mostrarse infinitamente débil y lamentable para
terminar con algo, podía hacerlo sin problemas.
¿Pero
por qué solo ante Tae-kyung era diferente? Solo frente a él, ese orgullo
ridículo volvía a aparecer.
“……Si
no quiere, me iré.”
“Si
se va simplemente, ¿qué pasará con la venganza?”
“Algo
haré.”
“Podría
no vengarse y terminar herido usted mismo, Woo-joo.”
Woo-joo
miró fijamente a Tae-kyung. Este se encontraba profundamente apoyado en la
silla con el cuerpo lánguido. Por eso, no podía comprender la intención tras
sus palabras. No parecía preocupado por si él salía herido, ni intentaba
detenerlo para que no se fuera. Si era así, bastaba con dejarlo ir, ¿entonces
por qué decía esas cosas?
Tras
quedarse inmóvil, Woo-joo dejó el vaso sobre la mesa. Hizo una reverencia
inclinando la cintura y se dio la vuelta. Sintió que, para ambos, era una
pérdida de tiempo.
Desde
el principio, Tae-kyung no tenía la intención de escuchar su historia. En
consecuencia, él había hecho que Tae-kyung perdiera su tiempo y, para ello,
había consumido la poca energía que le quedaba.
“¿Tanto
desea vengarse?”
Ante
la pregunta que le sujetaba los tobillos, Woo-joo soltó un largo suspiro. Ahora
empezaba a irritarse incluso con Tae-kyung. Venir fue su error, así que solo
deseaba que, por favor, dejara de prestarle atención.
“¿Entonces
qué quiere que haga? ¿Que viva estúpidamente como si no supiera nada?”
“Lo
que quiero decir es que usted también podría terminar igual. Ya sabe bien cómo
murió su padre, Woo-joo.”
“¿Y
qué?”
¿Qué
significaba eso? Woo-joo no podía entenderlo en absoluto. ¿Acaso creía que iría
a vengarse solo sin saber eso? De todos modos, ni siquiera pensaba que su
venganza tuviera éxito. Simplemente, no podía quedarse quieto.
El
reloj de pulsera con el logo borroso, del que era difícil incluso imaginar su
forma original.
El
tiempo de Shin Woo-joo se detuvo ese día. Había resistido tercamente sin
saberlo, pero ahora eso también se había acabado.
Así
que, ¿qué importaba si terminaba como su padre? El tiempo de Shin Woo-joo ya se
había detenido hace seis años.
“……Querías
morir.”
“…….”
La
línea de su boca, firmemente cerrada, se tensó. Woo-joo no abrió los labios,
pero Tae-kyung pudo escuchar la confirmación a través del silencio.
“Ha.
Así que no te importaba morir.”
De
la boca de Tae-kyung escapó un sonido que no se sabía si era un lamento o una
risa irónica. Le resultaba adorable ver a Woo-joo mostrando emociones tan
exaltadas, a diferencia de otras veces, pero el motivo no le gustaba.
No
ignoraba que Woo-joo había esperado a su padre durante mucho tiempo y que era
su única fuerza para resistir. Pero que pensara inmediatamente en la muerte……
Por
supuesto, no tenía intención de dejarlo morir. Aunque fuera solo para quedar
bien ante Woo-joo, pensaba encargarse de la venganza por su cuenta. Podía
usarlo como excusa para mantenerlo atado a su lado, así que no había razón para
no hacerlo.
Sin
embargo, cuanto más lo pensaba, más antinatural parecía la situación.
Desde
el punto de vista del gánster que tenía la deuda, o mejor dicho, de ese matón,
era mucho más beneficioso no decir que habían matado al padre de Woo-joo.
Si
Woo-joo sabía que ellos eran quienes le habían hecho eso a su padre, no solo no
pensaría en pagar el capital, sino tampoco los intereses. ¿Por qué revelarían
que ellos lo mataron? Incluso sabiendo que Woo-joo podría ir directamente a la
policía a denunciarlos.
Sobre
todo, antes de cometer algo así, lo correcto habría sido que le informaran a
él, que había comprado la deuda de Woo-joo. Por mucho que Tae-kyung estuviera
en su rut, no tenía sentido que el jefe de secretaría, que conocía
perfectamente su obsesión por Woo-joo, guardara silencio.
Entonces,
la conclusión era una sola: había alguien más, o un motivo distinto, que movía
a esos tipos.
“Siéntese.
Ha venido a pedir un favor. Entonces debe esforzarse más.”
Tae-kyung
sacó la silla para Woo-joo y le hizo una señal con la mirada. Cuando terminaran
de hablar, planeaba hacerlo bañarse aquí y luego hacerlo dormir. Era obvio que
no podía dejar a Woo-joo solo en esta situación.
Woo-joo
inhaló lentamente y dejó caer su cuerpo con cuidado en la silla que Tae-kyung
le había ofrecido. Para reprimir el temblor involuntario de su cuerpo,
entrelazó sus manos y las puso sobre sus piernas.
“Pero
usted, Woo-joo…… ni siquiera se vengó de la persona que le hizo eso a usted.”
Estrictamente
hablando, no es que no ‘quisiera’, sino que no ‘pudo’. No pudo hacer nada. No
tenía el poder para vengarse, y la persona que apareció tarde diciendo que lo
vengaría, solo dijo que los ‘castigaría’.
Su
venganza fue imposible desde el principio. Como nunca la esperó, no había nada
de qué decepcionarse. Simplemente había que dejarlo así, como hasta ahora.
Woo-joo cerró y abrió los puños ligeramente varias veces y luego levantó la
cabeza. La expresión de Tae-kyung era indescifrable, como si tuviera varias
capas superpuestas.
“Si
yo…… le pidiera que me vengara, ¿lo habría hecho?”
“¿Cree
que no lo habría hecho?”
“Sí.”
“¿Por
qué piensa eso?”
“Porque
no me habría creído.”
“Normalmente
soy alguien a quien no le importa mucho la credibilidad, pero no sabía que me
veía así ante usted, Woo-joo.”
“De
todos modos, los demás tampoco me creen, así que no importa.”
Hasta
ahora, alrededor de Woo-joo solo había personas que no le creían. Así que,
aunque Tae-kyung no le creyera, no era nada nuevo.
Sin
embargo, no podía enfrentarse a un Tae-kyung que no confiara en él fingiendo
que no pasaba nada. Como no era cualquier persona, sino Tae-kyung, sentía que
estaría muy triste.
No
se sentía resentido ni enfadado. Simplemente, ante el hecho de que incluso
Tae-kyung fuera igual a los demás, terminaría perdiendo el último rastro de
calidez al que se aferraba.
Por
eso, no pidió venganza por lo suyo ni mencionó aquel asunto. Porque quería
aferrarse a la calidez de Tae-kyung el mayor tiempo posible, aunque fuera solo
un poco.
“Entonces,
¿pedirme lo de su padre es porque confía en mí?”
“¿Acaso
solo se puede pedir un favor si se confía?”
“No
es eso, pero me da curiosidad. ¿En quién confía usted, Woo-joo? ¿En qué cree?”
“En
la capacidad del señor Tae-kyung.”
“Eso……
es igual a mí. Ha sido una respuesta correcta y sabia.”
Tae-kyung
no pudo contener la risa que brotó de repente y terminó riendo abiertamente.
Realmente,
era una persona que despertaba mucha codicia. No recordaba cómo era su vida
cuando no conocía a Shin Woo-joo. ¿Cómo pudo vivir sin saber de esto? Incluso
ahora, deseaba poseerlo por completo y un fuego ardiente quemaba su interior.
“Entonces,
¿se vengará por mí?”
Ante
la respuesta y la risa de Tae-kyung, Woo-joo finalmente se sintió aliviado. La
esperanza de que no todo terminaría en la desesperación de no poder hacer nada
lo hizo resistir una vez más.
“Si
me vengo por usted, ¿qué podrá darme a cambio, Woo-joo?”
Woo-joo
guardó silencio por un momento. La duda no duró mucho. No era algo que deseara,
pero la respuesta ya estaba decidida.
“……Haré
lo que el señor Tae-kyung dijo antes.”
“Qué
lástima. Ahora, para mí, el cuerpo de Woo-joo es apenas nada.”
“…….”
Woo-joo,
sin darse cuenta, giró la cabeza y recorrió lentamente la habitación con la
mirada. Podía sentir las feromonas de un alfa dominante que no se habían
disipado en varios lugares. Una sensación punzante, como si una corriente
eléctrica recorriera su interior, se extendió quemando bajo su piel.
¿Habría
tenido su celo aquí abrazando a otro omega? Tal vez, al igual que se
obsesionaba y explotaba de deseo al mirar su cuerpo y sus tobillos, lo había
acosado con una mirada llena de locura, atándolo para que no pudiera moverse
hasta que suplicara llorando.
Imaginó
a Tae-kyung mordiendo y desgarrando todo el cuerpo de un omega hasta saciar su
sed ardiente y calmar sus impulsos. Al imaginar al omega que habría gritado y
llorado mientras lo recibía, sintió que su cuerpo se hundía instantáneamente.
No
es que sintiera celos. Sin embargo, al pensar que esa mirada que lo anhelaba
con un deseo insaciable ya no se dirigiría a él, sintió una pesadez. Como si
hubiera caído a una piscina con pesas en las manos y los pies, su cuerpo caía
al fondo sin fin.
“¿Dejamos
que sea una deuda? Me la pagará con lo que sea cuando yo quiera.”
Ante
las palabras de Tae-kyung, Woo-joo se estremeció por un momento. La palabra
‘deuda’, en el momento en que salió de su boca, se posó sobre sus hombros y
también en su garganta. A pesar de ser solo una palabra, su peso era inmenso;
sentía que su cuerpo se hundía en el suelo cada vez que respiraba, como si sus
pies estuvieran en un pantano.
Solo
después de decidir terminar con todo pudo pensar que esa deuda ya no le
importaba, pero al final, había surgido una nueva deuda.
Sin
embargo, no tenía otra opción. Solo esperaba que la deuda de Tae-kyung fuera
diferente a las anteriores.
“De
acuerdo. Se la pagaré con lo que sea.”
Woo-joo
tensó la mandíbula y asintió. Lo único que podía hacer era esperar un poco de
buena voluntad de parte de Tae-kyung, quien le imponía una nueva deuda.
Tae-kyung
sonrió ampliamente, como si le gustara la respuesta de Woo-joo.
Tenía
la intención de domesticarlo poco a poco, como quien libera veneno lentamente,
hasta que no pudiera hacer nada sin él. Ebrio por el hecho de que finalmente
tenía en sus manos al hermoso Woo-joo —ese universo oscuro y gigante que
algunos ni siquiera sabían que existía—, disfrutó de una plenitud mayor que nunca.
Todo
esto sin pensar, ni por un momento, que esa deuda terminaría rompiéndole su
propia cabeza.
