7 Malos lazos o mala suerte, y malicia

 


7 Malos lazos o mala suerte, y malicia

−¡Eso es! ¡Ha-min, lo lograste!

Ha-min tocó el panel de llegada y sacó la cabeza fuera del agua. Antes de que terminara de emerger, la voz excitada del entrenador cayó sobre él.

Los nadadores iban llegando uno tras otro y, al mismo tiempo, en la pantalla electrónica se publicaban los registros por carril. Ha-min recuperó el aliento y comprobó los tiempos. Más que su propio récord, que había reducido en 0.12 segundos respecto a lo habitual, lo que le interesaba, sin duda alguna, era el registro de Woo-joo.

Maldita sea. Dicen que hasta los monos se caen de los árboles, pero ese bastardo no parecía tener un solo día malo en el agua.

Ojalá le hubiera dado un calambre en la pierna, pero Shin Woo-joo era el tipo de sujeto que, si sentía que un músculo se le tensaba, prefería moverse aún más rápido para terminar de una vez.

Para colmo, coincidían incluso en las disciplinas en las que él se sentía más seguro. Era imposible evitar a Shin Woo-joo aunque quisiera.

No, en realidad, Shin Woo-joo participaba en más pruebas. Ha-min sentía complejo de inferioridad incluso en esa diferencia. Sabía perfectamente que estaba consumido por la envidia.

A su alrededor le decían que no le prestara atención y que se limitara a hacer lo suyo, pero no podía evitar que la rabia le quemara por dentro. El hecho de saberlo y no poder corregirlo era precisamente lo que lo convertía en complejo e inferioridad.

Él ni siquiera se atrevía con los 400 metros, pero Shin Woo-joo se sentía seguro incluso en eso. Si era así, bien podría haber renunciado al menos a los 200 metros, pero como poseía el récord nacional, la federación no tenía motivos para detenerlo.

Debido a eso, hubo veces en las que pensó en darles dinero a los miembros de la federación o al personal del equipo.

Quiso intentar persuadirlos diciendo que, como los 400 metros son una prueba donde la distribución de la energía es vital, lo mejor sería usar el entorno para que él se concentrara en una sola cosa. Pensó que si, ante esas palabras, Woo-joo renunciaba a participar en los 200 metros, este odio insoportable podría aliviarse al menos un poco.

Si no lo hizo, fue por temor a que dijeran que Woo-joo le había 'cedido' los 200 metros a Ha-min.

No quería recibir concesiones ni consideraciones. Lo que él deseaba no era un puesto en el podio. No le importaba si quedaba primero o segundo en la competencia.

Lo que deseaba era que, cuando se registraran las posiciones, el nombre de Shin Woo-joo no estuviera por encima del suyo.

Lo deseó hasta el momento previo al torneo, y lo deseó incluso antes de lanzarse al agua desde el carril. Que alguien como Shin Woo-joo, por favor, desapareciera de este mundo.

Haciendo caso omiso a sus esperanzas, Shin Woo-joo volvió a batir el récord frente a sus ojos. Se llevó la medalla de oro, e Lee Ha-min no pudo quitarse la máscara de eterno segundo lugar.

Su equipo se alegraba diciendo que había conseguido el pase para el Campeonato Mundial, pero a sus ojos todos parecían unos idiotas. Alegrarse por ir a una competencia internacional sin haber podido vencer a Shin Woo-joo ni una sola vez. Era como si se fueran de excursión.

Incluso, Shin Woo-joo ya participaba desde la secundaria en el campeonato que se celebraba cada dos años.

Aunque no hubiera llegado a la final, era solo cuestión de tiempo para que un estudiante joven alcanzara la destreza de los nadadores en su apogeo. Y finalmente, ese momento había llegado. Puesto que el apogeo de los nadadores comienza incluso antes de llegar a la madurez.

Ha-min hundió el rostro entre sus manos y ocultó su expresión. Hasta las cámaras que lo seguían le resultaban horribles. Estaba harto. Quería desaparecer a un lugar donde no se viera ni la sombra de una persona.

Pensó que debía salir de allí lo más rápido posible, evitando a la gente al máximo. Ha-min trazó la ruta en su mente y movió su cuerpo con rapidez.

Y en ese instante, Ha-min lo vio. Vio a Shin Woo-joo apoyado en el carril, saludando y sonriendo hacia su familia, y a Joo Tae-kyung, que lo observaba fijamente.

El reflejo del sol sobre el agua alrededor de Shin Woo-joo brillaba con especial intensidad, y los ojos de Joo Tae-kyung, que lo vigilaba en silencio, eran inusualmente profundos.

De repente, Ha-min sintió que se le cortaba la respiración y sus piernas perdieron fuerza. Una ansiedad desconocida ascendió rápidamente hasta rozar la punta de su nariz.

Ha-min tensó la mandíbula y apretó los puños con fuerza para resistir. Apretando los dientes, apenas logró abandonar el lugar. Eso era lo único que podía hacer.

* * *

Aquel día, aquel instante, se convirtió en un recuerdo que no perdía ni un ápice de nitidez a pesar del paso del tiempo.

Primero contó los días, uno a uno; luego contó los años.

Y aun así, solo habían pasado seis años. Como la escena grabada en su retina se negaba a desaparecer, Ha-min cortaba el agua con más ímpetu. Era un forcejeo desesperado por vaciar su mente.

¿Por qué otra vez Shin Woo-joo?

Una sensación de ansiedad lo invadió. No lograba comprender cómo demonios se habían conocido. En teoría, las probabilidades de que sus caminos se cruzaran eran nulas. ¿Qué motivo habría para que el radio de acción de un sombrío instructor de una piscina de barrio y el de un heredero de tercera generación, apodado "el dueño del cielo", coincidieran?

Y sin embargo, Shin Woo-joo apareció de nuevo ante Joo Tae-kyung. Se había esforzado tanto por mantenerlos separados y, como si se burlara de él, Shin Woo-joo estaba allí otra vez, no, esta vez estaba directamente frente a Joo Tae-kyung.

Y eso que él apenas estaba empezando a saborear la paz tras haber dejado atrás aquel odio y asco recalcitrantes.

Incluso ese Joo Tae-kyung sentó a Shin Woo-joo sobre su regazo en su propia oficina, de entre todos los lugares posibles. En un sitio que nunca le había permitido ocupar a nadie más, se comportaba como si no fuera a soltarlo jamás. Parecía ansioso por desnudarlo y poseerlo en ese mismo instante.

Haa. ¿De verdad era ese el Joo Tae-kyung que él conocía?

No podía creerlo. Rechinó los dientes.

El Tae-kyung que él conocía siempre era igual. Respondía si lo llamabas, pero jamás llamaba primero, ni sugería verse. Aun así, Tae-kyung siempre estaba rodeado de gente.

En resumen: Joo Tae-kyung era el tipo de persona que podía permitirse ser así.

Por eso se sentía tranquilo. Creía ciegamente que, si mantenía su lugar en silencio, algún día sería él quien ocupara ese espacio a su lado.

Se preguntó una y otra vez si aquello fue arrogancia suya, pero no, no era ni arrogancia ni un error de juicio. Al fin y al cabo, él era quien más tiempo había pasado observando a Tae-kyung.

Pero ahora, Tae-kyung le estaba mostrando un lugar distinto. Como si Ha-min lo hubiera entendido todo mal desde el principio.

Ahora, si intentaba visitar a Tae-kyung en persona, lo echaban de la puerta, y si lo llamaba con el corazón en un puño, él terminaba la conversación con un par de respuestas indiferentes.

En cambio, cuando surgía el nombre de Shin Woo-joo, el tono de Tae-kyung cambiaba por completo. Al oír esa voz, un miedo instintivo que nunca antes había sentido recorrió todo su cuerpo.

¿Qué tenía de especial ese asqueroso de Shin Woo-joo?

Incluso ahora recordaba vívidamente a Shin Woo-joo apoyado en los brazos de otro alfa.

Tae-kyung le preguntó desconcertado por qué demonios había ido allí, pero es que tenía que encontrarse con Shin Woo-joo. Tenía que verlo y decirle que, por favor, desapareciera de su vida.

Su vida era solo Joo Tae-kyung. No necesitaba a un padre omega que huyó abandonándolo siendo un bebé, ni a un padre comerciante que solo veía a su hijo omega dominante como una fuente de ingresos.

Para él solo existía Tae-kyung, y nadó toda su vida por él. Tae-kyung solía asistir a las competencias de natación siguiendo a su abuelo materno; mostraba una mirada lánguida, pero sonreía en momentos fugaces. Como cuando los nadadores saltaban al agua con la señal de salida, o cuando creaban una espuma inusualmente blanca.

A veces fruncía el ceño porque el reflejo de la luz en la superficie era cegador, pero terminaba inclinando la cabeza para observar el oleaje brillante. Todos los instantes en los que la mirada de Tae-kyung se demoraba estaban allí.

Soportó sumergirse en el agua fría apretando los dientes solo porque así Tae-kyung lo miraba. Por eso, era natural que tuviera que arrancar a Shin Woo-joo del lado de Tae-kyung.

Al igual que aquel día hace seis años, esta vez también era su deber deshacerse de Shin Woo-joo. Por eso fue a buscarlo, y vio cómo Shin Woo-joo era acosado con palabras sucias. Sinceramente, le gustó bastante. Se sintió aliviado y satisfecho.

Como era de esperar, Shin Woo-joo es un tipo que no puede recibir amor. Nació así. El hecho de que viviera escuchando palabras tan patéticas y sucias incluso donde él no estaba era la prueba de ello.

Pero, incluso en medio de eso, hubo alguien que se puso de parte de Shin Woo-joo. Era tan asqueroso que no podía soportarlo.

En realidad, Shin Woo-joo no tenía nada rescatable desde hace mucho. Aunque fuera bajo su propio criterio, no había nada de qué presumir en un tipo criado por padres con un negocio y una casa minúscula con hipoteca bancaria.

Incluso daba pena escucharlo decir que debía ahorrar porque comprar un traje de baño costaba dinero. A pesar de eso, sus padres asistían a todas las competencias, grandes o pequeñas, y Shin Woo-joo siempre se apoyaba en la boya del carril para agitar los brazos hacia ellos. Era patético.

Incluso ahora ya ni siquiera tenía a esos padres. Era imposible que tuviera amigos. Si bien de pequeño Ha-min lo aisló a propósito, ahora no había tenido que mover un dedo para que no hubiera nadie a su alrededor, como un desperdicio flotando en la piscina.

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Incluso su casta era puramente al estilo de Shin Woo-joo. Un omega recesivo difícil de clasificar.

Aunque fue una manifestación forzada, su glándula de feromonas apenas estaba pegada como una cicatriz. Eso era lo más insignificante y ridículo. Seguramente hasta los otros omegas recesivos se sentirían ofendidos si intentaran ponerlos al mismo nivel.

No podía creer que hubiera un alfa defendiendo a alguien así. Debía ser alguien con un gusto pésimo para las personas o alguien que tuviera por hobby sentir lástima.

De todos modos, pensó que, en cuanto Tae-kyung se enterara de esto, sentiría asco y lo desecharía. Shin Woo-joo caminando apoyado en otro alfa... le resultaba tan sucio que le daban náuseas.

Pensó que, en realidad, era mejor así. Podría separar a Shin Woo-joo de Tae-kyung sin tener que ensuciarse las manos a sus espaldas con alguien cuya cara le revolvía el estómago.

Se le escapó una risa incontenible. De inmediato tomó una foto de Shin Woo-joo apoyado en el alfa y se la envió a Tae-kyung. Añadió que esa era la verdad sobre ese "trapo sucio".

Sintió como si finalmente se le hubiera quitado un peso de encima. El camino a casa estaba despejado y sus pasos eran ligeros. Era como si estuviera nadando libremente en el agua de la que Shin Woo-joo ya se había retirado.

Sin embargo, lo que recibió de Tae-kyung fue un frío cinismo. Le hizo comprender dolorosamente que, cuando le dijo que no le hiciera nada a Shin Woo-joo, no eran simples palabras.

['Ha-min. Soy yo, tu hyung, Joo Tae-kyung.']

“... .”

A pesar de estar hablando por teléfono, sus manos empezaron a temblar.

['¿Pensaste que me quedaría mirando sin hacer nada?']

“Hyung. Él... no va contigo. ¿Por qué tiene que ser alguien así? Es tan... insignificante.”

[‘Hahaha. ¿Ah, sí? ¿Y qué pensabas tú entonces?’]

“¿Eh?”

[‘¿Acaso crees que hay alguien más que encaje conmigo?’]

“... .”

No pudo articular palabra. Nunca había dado pistas de sus sentimientos, y Tae-kyung no parecía saberlo. Sin embargo, sentía que Tae-kyung lo sabía todo y no sabía qué decir.

[‘No tengo tantas razones para seguir perdonando a un hermano con el que no comparto ni una gota de sangre, Lee Ha-min.’]

—Aunque no te lo haya dicho, ¿no sabes más o menos lo que le hice a mi padre?— Ante las palabras siguientes, Ha-min perdió las fuerzas y se desplomó. Le costaba tanto sostener el celular que tuvo que usar ambas manos.

[‘Sigue haciendo lo que quieras, como hasta ahora. Excepto lo que tenga que ver con Shin Woo-joo.’]

Ante las últimas palabras de Tae-kyung, asintió frenéticamente. Aunque Tae-kyung no podía verlo, su cuerpo se movió inconscientemente. Solo entonces comprendió que sus palabras, disfrazadas de amabilidad, no eran un simple consejo o advertencia.

Aun así, no podía renunciar a Tae-kyung tan fácilmente. Ha-min había vivido toda su vida mirando solo a Tae-kyung. Joo Tae-kyung era el objetivo mismo de su vida. Que él renunciara a Tae-kyung era prácticamente imposible.

Él solo quería lo que le correspondía por derecho. ¿Qué tenía eso de malo?

Por más que lo pensaba, siempre volvía al punto de partida. ¿Por qué otra vez Shin Woo-joo?

Ni siquiera quería usar palabras como "destino". El destino de Joo Tae-kyung debía ser él.

—¡Ah, qué rabia!— Ha-min no pudo seguir entrenando. Solo pensar en Shin Woo-joo hacía que su cuerpo se tensara por la furia. Entrenar en ese estado no serviría de nada.

Splash.

Al salir del agua, el personal acudió asustado pensando que algo le pasaba a su cuerpo.

“¿Te sientes mal? ¿Quieres que te relajemos los músculos?”

“No es eso. Simplemente no estoy de humor.”

“¡¿Qué clase de atleta entrena según su humor?! ¿No vas a volver al agua?”

Quien alzó la voz ante la respuesta de Ha-min fue el entrenador que lo acompañaba desde hacía seis años. También era conocido por los demás como el director del Gimnasio Gyeongjin, el mismo entrenador que estuvo con Shin Woo-joo hasta que este renunció a participar en las eliminatorias nacionales.

“Entonces usted, entrenador, debería haberse encargado de que su atleta no se sintiera así.”

“¿Qué? ¿Te has vuelto loco? ¿No sabes que los chicos nuevos vienen pisándote los talones? ¡Si contamos solo los récords no oficiales, ya estás acabado! ¿Haces esto sabiendo eso?”

“Es normal que el rendimiento de un atleta baje con la edad, ¿por qué se pone así? Si no puede aceptar eso, investigue más. ¿No es trabajo del entrenador mejorar el rendimiento del atleta?”

“Haa. Mira cómo habla este desgraciado. Qué tipo tan maleducado.”

“Qué ridículo. ¿Todavía no ha podido dejar de lado esa ambición? ¿Quién es usted para darme lecciones?”

Ha-min soltó una risa burlona. Le había dado el título de entrenador porque él lo pidió, pero Ha-min nunca lo reconoció como tal ni una sola vez. Simplemente lo había metido a la fuerza entre el personal que ya tenía formado.

Lo que él quería era el puesto de entrenador del atleta nacional Lee Ha-min, y Ha-min se lo dio según lo acordado. Era uno de los dos puestos de entrenador del atleta Lee Ha-min. No hay ninguna ley que diga que solo deba haber un entrenador.

“Lo único que le he dado es dinero y un título para mantenerlo callado. ¿Cómo se atreve a intentar actuar como mi entrenador?”

“Eres un crío insolente...”

“Oiga. No cruce la línea. No lo traje para que saliéramos ganando los dos. Le di ese título para vigilarlo. ¿Entiende?”

“... .”

Tsk. ¿Qué clase de entrenador es alguien que no puede ni decir lo que piensa porque le tiene miedo a mi posición?

Ha-min empujó con fuerza el hombro del entrenador, no, del director, y retomó la conversación con el miembro del personal que conocía de hace más tiempo.

En este mundo, lo único tan insoportable como Shin Woo-joo era ese director. Si no fuera por Shin Woo-joo, jamás habría conocido a alguien así en toda su vida.

“Jayun. ¿Dijo el entrenador principal cuándo vendría?”

“Dijo que vendría mañana.”

“Entonces yo también vendré mañana. Recojan ustedes también y váyanse a descansar.”

“Pero el entrenador principal dijo que hiciéramos el entrenamiento de hoy...”

“Yo hablaré con él. Es que hoy siento que voy a forzarme demasiado.”

Solo entonces el personal asintió tras intercambiar miradas. Le preguntaron si quería un masaje, pero él se negó tajantemente. En este momento no quería ver a nadie.

La cuestión era cómo.

Cómo separarlos esta vez.

La situación era muy distinta a la anterior y él estaba en desventaja.

Si le pasaba algo a Shin Woo-joo, Tae-kyung sospecharía de él al instante. Incluso si no fuera obra suya, seguramente pensaría en él primero.

Por lo tanto, debía ser más meticuloso y, esta vez, más definitivo. Jamás debía dejar que se descubriera que él estaba detrás.

“Se lo digo por milésima vez, no estamos en el mismo barco. No sea molesto y vigile bien a Shin Woo-joo. No venga tanto por aquí. Si Shin Woo-joo se entera, el único que se va a joder es usted.”

Cuando iba hacia las duchas, se dio la vuelta y se acercó de nuevo al director. Al ver ese cuerpo cubierto de grasa, que hacía dudar de si alguna vez había nadado, sintió náuseas. No tenía ganas de llamarlo "entrenador" a algo así.

“Si quiere mantener al menos ese título de entrenador, haga bien lo que se le pide. Si aceptó el dinero, haga que valga la pena. ¿Entendido?”

Aunque había puesto a alguien a vigilarlo, no podía acercarlo demasiado por miedo a que Tae-kyung lo oliera. Incluso últimamente, debido a que Tae-kyung aparecía a la hora de salida de Shin Woo-joo, prácticamente había tenido que retirar la vigilancia.

Por eso, la única persona que podía ser sus ojos y oídos era el director. Aunque fuera alguien lleno de codicia en quien no podía confiar ni un poco.

Ha-min chasqueó la lengua, lo miró con desprecio como si fuera patético y se dio la vuelta. En lugar de perder el tiempo hablando, era mejor buscar una forma de deshacerse de Shin Woo-joo.

Repasando rápidamente sus pensamientos, se dirigió a las duchas a paso ligero. De pronto, una idea cruzó su mente y lo impacientó.

De haberlo sabido, en lugar de decirle que lo tirara en un "lugar difícil de encontrar", le habría dicho que lo tirara en un "lugar razonablemente profundo".

* * *

“Haa. Ese... ese maldito crío... Ah, de verdad.”

El director estalló de indignación mientras veía a Ha-min alejarse. Sintió que los demás miembros del personal lo miraban de reojo e intercambiaban señas, por lo que no tuvo más remedio que cerrar la boca.

Sentía que se le revolvía el estómago por ser despreciado por alguien que bien podría ser su hijo. Sin embargo, no podía actuar según su temperamento. Desde que esta relación comenzó, las posiciones de ambos quedaron completamente establecidas y grabadas en piedra. A estas alturas, no albergaba ni la más mínima esperanza de que algo fuera a cambiar.

Incluso al principio de este trato, el director protestó ante Ha-min diciendo que la recompensa no era justa, pero no se atrevió a echarlo todo a perder. Ha-min siempre mantenía esa actitud de 'si no te gusta, déjalo', y si renunciaba ahora, el único que perdía era él. El honor de haber trabajado con un atleta nacional y el dinero que recibía a cambio de su silencio eran cosas que no obtendría en ningún otro lugar.

Por esa razón, no podía andar diciendo en ninguna parte que era el entrenador de Lee Ha-min. Ni siquiera entre el personal era reconocido como tal, así que no podía hablar a la ligera; si empezaban a circular rumores a sus espaldas, la humillación sería aún mayor.

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Pero tampoco podía abandonar el puesto. Tenía que quedarse, aunque fuera por ese prestigio que algún día esperaba recuperar.

'Aunque acepté ser el entrenador por propuesta de Ha-min, como ya había un equipo y un entrenador principal establecidos, cuidé del atleta en un rol de asesor. Debido a mis compromisos previos, no pude acompañarlo a competencias internacionales ni a entrenamientos en el extranjero, pero participé diariamente en los entrenamientos nacionales.'

Era una carrera que, por más que se esforzara en adornar, se resumía en apenas dos o tres frases, pero también era una trayectoria que no podía permitirse abandonar. Al dirigir su propio gimnasio, nunca se sabía quién más podría ser seleccionado como atleta nacional. Si eso sucedía, su historial saldría a la luz y, con suerte, se podría planear algún documental o proyecto especial. Entonces, la gente pronunciaría su nombre y lo recordaría.

No importaba si no era alguien de su gimnasio. El hecho de no renunciar a ningún puesto en la federación también iba en ese mismo sentido. Uno siempre debe estar preparado y prevenido en cualquier momento y lugar. Solo había que ver el estado de Shin Woo-joo para darse cuenta.

Si le dio a Shin Woo-joo el puesto de instructor fue por Lee Ha-min. Ante la sugerencia de que era mejor tenerlo cerca para vigilarlo, le otorgó una vacante cuando Woo-joo lo buscó. Desde entonces, no mostró interés ni en su vida en el gimnasio ni en sus asuntos personales.

Un atleta que ha fracasado una vez está destinado a caer hasta el final de sus días. Acercarse a él solo serviría para terminar salpicado de inmundicia.

Tal como esperaba, Shin Woo-joo se convirtió en una especie de paria en su propio gimnasio. El líder del equipo lo acosaba y sus colegas no lo defendían. Consideró que era un resultado natural. Para empezar, aquel tipo fue un estúpido por no hacer nada más que confiar en su éxito como nadador. Si hubiera sido él, habría mejorado sus marcas sin molestar a Lee Ha-min. ¿Tener ambiciones de selección nacional y medallas internacionales sin tener ese mínimo de astucia o esfuerzo? Era un completo inepto.

Por supuesto, en aquel entonces él también creyó sin dudar que Shin Woo-joo traería una medalla del Campeonato Mundial.

Como fuera, era un tipo sin pizca de suerte. Justo en ese momento se manifestó como omega y, debido a unas feromonas a las que no estaba acostumbrado, renunció a la competencia teniéndola frente a sus narices. Aun así, apretó los dientes, controló sus feromonas y entrenó hasta elevar su nivel incluso más que antes, dándole esperanzas de nuevo.

Él también fue un estúpido al soñar mientras veía aquello: soñar con la medalla de oro que Shin Woo-joo le colgaría al cuello.

Luego, antes de una competencia crucial de la que dependía la clasificación para los Juegos Olímpicos del año siguiente, sufrió una quemadura en el tobillo. Solo al ver cómo le prohibían entrar al agua comprendió lo necia que había sido su elección. Fue un idiota por no haberlo abandonado antes, sabiendo perfectamente la razón por la que Shin Woo-joo, siendo beta, se había manifestado repentinamente como omega.

Por eso, después de aquello lo desechó sin mirar atrás.

Shin Woo-joo tenía un talento excepcional, pero al estar enredado con esa mala relación y mala suerte llamada Lee Ha-min, ya no tenía futuro. Su vida entera era un pozo de mierda. Una vez que se dio cuenta de eso, lo extraño habría sido no abandonarlo.

No sabía qué clase de habilidad usó ese desecho para vincularse con Tae-kyung, pero seguramente no sería una relación duradera. Últimamente, parecía que Shin Woo-joo conocía su lugar y no causaba problemas, limitándose a ver a Tae-kyung en silencio.

El director salió de la piscina masticando insultos para sus adentros. Aunque le disgustaba ser ignorado por un jovencito, era plenamente consciente de que no tenía otra opción. Tal como había hecho siempre, lo más sensato era proteger bien el dinero recibido.

* * *

A la noche siguiente, Corea del Sur se vio sacudida por una noticia inesperada.

La mayoría no pudo ocultar su horror, aunque para algunos fue un tema de interés pasajero y para otros algo que insultarían antes de olvidar. Sin embargo, lo que era seguro es que no había nadie que no se hubiera enterado.

['Esta madrugada se ha descubierto un cadáver oculto en cemento en el mar. El primer hallazgo fue realizado por un pescador, el Sr. Choi, quien, al ver que su embarcación no se movía, se sumergió en el agua y dio aviso tras ver los huesos de una mano y una muñeca que sobresalían de un barril. El cuerpo había sido desechado tras ser solidificado con cemento dentro del barril, un método comúnmente conocido por ser utilizado por bandas del crimen organizado para deshacerse de cadáveres tras cometer un asesinato. ... La policía investiga los hechos bajo la premisa de que podría haber una víctima involucrada en disputas de bandas locales, mientras ha solicitado al Servicio Forense Nacional la identificación del cuerpo. Informó Heo Eun, para HBS News.']