7. Los días que quedan hasta el final del semestre
7.
Los días que quedan hasta el final del semestre
En la casa de Seung-ju, además del dormitorio
principal, había otra habitación destinada a ser estudio o despacho. Aunque
contaba con escritorios, estanterías e incluso monitores para computadoras,
ninguno de los dos la usaba. Aquel cuarto vacío, carente de calor humano, se
estaba convirtiendo gradualmente en un depósito para libros y cajas.
Se había vuelto una costumbre que tanto
Seung-ju como Yun abrieran sus computadoras portátiles en la mesa del comedor o
en la mesa ratona del sofá para trabajar y estudiar uno al lado del otro.
Lo mismo ocurría ahora que las finales estaban
a la vuelta de la esquina. En cuanto terminó el festival, como si estuviera
esperando, se anunció el calendario de exámenes finales. Yun, que había perdido
por completo los parciales, ardía en deseos de hacerlo bien esta vez. Seung-ju
se debatía entre animarlo o pedirle que no se sobreesfuerce, pero no podía
hacer más que permanecer a su lado en silencio.
"Lo dejaré por hoy, me voy a
dormir."
Yun revisó la hora, cerró su laptop sin dudarlo
y se levantó. Para Seung-ju, que recordaba sus días universitarios donde las
noches en vela eran lo normal, las diez de la noche era apenas el comienzo de
la velada. Notando la mirada de extrañeza, Yun se rascó la mejilla y añadió
como excusa:
"...Estoy cuidando mi condición. No puedo
permitirme faltar al examen de nuevo."
Se refería a que no quería forzar su cuerpo,
sabiendo que en cualquier momento podía darle problemas. Seung-ju pensó que era
una decisión inteligente dosificar sus energías, aunque le seguía pareciendo
increíble cómo alguien con esa salud había logrado entrar a la Universidad de
Corea, algo que no se consigue sin estudiar de forma sobrehumana.
"Viendo que logró entrar a una
universidad tan prestigiosa, parece que el joven amo es bastante
inteligente."
Yun, que tenía la boca llena de espuma de
pasta dental, movió los ojos de un lado a otro y se apresuró a enjuagarse.
Seung-ju le tendió una toalla de inmediato y, mientras tanto, le colocó el
termómetro en el oído.
Bip. Bip. Esto también era parte de su rutina diaria para monitorear su
salud.
"Recibí clases particulares
constantemente. Y, a decir verdad... es como si lo hubiera intentado tres
veces."
Yun se metió rápidamente bajo las mantas, un
poco avergonzado por lo que acababa de confesar. A pesar de que el clima ya era
cálido, seguía tapándose hasta el cuello.
"¿Tres veces?"
"Aprobé el examen de equivalencia a los
dieciséis y empecé a prepararme para la universidad desde entonces. La primera
vez terminé internado por una gripe y no pude rendir, y la siguiente tuve un
ciclo de celo la semana antes del examen..."
Contaba las ocasiones con los dedos,
resumiendo años de lucha silenciosa. Para alguien como Yun, que se agota más
rápido que los demás incluso cuando no está enfermo, alcanzar los mismos
resultados que una persona sana debió requerir un esfuerzo invisible inmenso. A
Seung-ju le dolió el pecho.
"Como solo rindió el examen una vez, no
cuenta como tres intentos. Se esforzó mucho."
Sentado en el borde de la cama, Seung-ju le
apartó el flequillo con suavidad, reconociendo su mérito.
"¿Me estás felicitando?"
"Sí. Es admirable."
"...Es que lo único que podía hacer era
estudiar o jugar videojuegos..."
Las mejillas de Yun se sonrojaron mientras su
voz se apagaba por la timidez. Aun así, sus labios temblaban en una sonrisa
contenida; claramente le gustaba el elogio.
"Aun así, lo que se hace bien, debe
decirse. Bien hecho."
"Se siente raro que hyung me
felicite..."
Yun se retorció bajo la manta con una
expresión radiante, cubriéndose la cara por la vergüenza.
"¿Nadie le decía cosas así?"
"Mi familia... bueno, sienten que con
solo respirar ya lo hago bien. Ni siquiera me regañan."
Había un matiz de añoranza en su voz. Seung-ju
entendía a los padres; para ellos, que Yun creciera sano era prioridad
absoluta, por lo que no tenían espacio para exigencias. Él mismo pensaba lo
mismo a veces.
"Será porque usted hace las cosas bien
sin necesidad de que le digan nada."
"Pero hyung siempre me está...
regañando."
Seung-ju soltó una risita ante la protesta.
Parece que se había ganado a pulso el título de regañón. Recordó cuántas veces
le había dicho que no hiciera esto o aquello. Para un joven amo que nunca había
escuchado una palabra negativa en su vida, quizás era una experiencia novedosa.
"¿Quiere que deje de hacerlo?"
"No, hazlo. Me gusta que me
regañes."
"Está bien. Duerma pronto,
entonces."
Cumpliendo su deseo, le dio una última
instrucción de "regaño" y apagó la luz, dejando solo la lámpara de la
mesa de noche. Estaba por salir de la habitación cuando sintió una mirada
clavada en su espalda. Yun asomaba la cabeza por encima de la manta,
observándolo fijamente.
"Pero... ¿te vas así nomás?"
Seung-ju repasó mentalmente si había olvidado
algo, hasta que Yun se dio unos golpecitos suaves en la mejilla.
"Tienes que darme las buenas
noches..."
Sus labios sobresalían en un puchero, molesto
por tener que explicarlo todo. Era algo frecuente desde que Seung-ju admitió
sus sentimientos; mientras el secretario intentaba mantener una actitud
profesional y respetuosa, Yun exigía gestos de afecto como abrazos o besos de
forma explícita.
Quizás era su forma de expresar el
resentimiento por aquel hombre que le dijo que lo quería, pero que luego trazó
una línea tajante diciendo que no podían ser nada.
Seung-ju se acercó a la cabecera sin rechistar
y se inclinó. Después de todo, habiendo aceptado ser su compañero de ciclo
de celo, retroceder ante un beso de buenas noches sería ridículo.
Smack.
Un beso ligero, casi imperceptible, aterrizó
en su frente.
"Que duerma bien."
"Sí, tú también, hyung."
Se escuchó el crujido de las sábanas mientras
Yun agitaba los pies de alegría bajo el edredón. Aunque no era exactamente lo
que esperaba, su humor mejoró al instante.
Seung-ju lamentó su propia naturaleza
reservada al ver cuánto disfrutaba Yun de un gesto tan pequeño. Las palabras y
acciones cariñosas siempre daban vueltas en su cabeza, pero rara vez lograban
salir.
Al menos debería quedarme a vigilarlo.
En lugar de salir de inmediato, Seung-ju se
quedó observando a Yun mientras este conciliaba el sueño. Como a Yun no le
gustaba quedarse solo, esperaría hasta que se durmiera. "Eso sí puedo
hacerlo", se dijo, recurriendo a otra de sus cobardes excusas.
Al notar que Seung-ju no se marchaba, Yun abrió
un poco los ojos, confundido.
"Me iré cuando se duerma."
Los ojos de Yun, que estaban entrecerrados por
el sueño, se agrandaron un poco y luego se curvaron en una sonrisa. Su mano
blanca asomó de nuevo y Seung-ju la envolvió con la suya. Los dedos de Yun,
algo frescos para la estación, quedaron protegidos por la mano grande de su
secretario.
Poco después, se escuchó una respiración
rítmica. Seung-ju no soltó la mano de Yun durante un buen rato, incluso después
de confirmar que dormía profundamente.
* * *
¡RUMMMMM! ¡BOOM!
Un estruendo ensordecedor lo despertó
sobresaltado. Para Seung-ju, que normalmente tenía un sueño pesado, esto era
inusual. Revisó la hora por hábito: no eran ni las dos de la mañana.
Shhhhhhh—
A pesar de que el aislamiento acústico del
edificio era bueno, el sonido de la lluvia era tan nítido que era evidente que
caía un diluvio. Lo único consolador era que mañana sería domingo y no tendría
que preocuparse por el tráfico.
Justo cuando intentaba relajarse para volver a
dormir, el resplandor de los relámpagos iluminó la habitación como una bombilla
defectuosa que parpadea sin parar. Antes de que terminara de pensar que vendría
otro trueno...
¡K-BOOM! ¡CRASH!
Un trueno aún más violento pareció desgarrar
el aire, tan amenazador que parecía capaz de derrumbar el edificio.
Toc-toc-toc-toc.
Y en medio del estruendo, escuchó unos golpes
desesperados y débiles en su puerta.
—...¿Hyung...? ¿Estás despierto?
La voz, apenas un hilo, llegó clara a los
oídos de Seung-ju.
"¿...Joven amo?"
Al abrir la puerta, un relámpago iluminó a
Yun, que estaba allí de pie abrazando su almohada. Tenía los ojos muy abiertos
y temblaba visiblemente mientras apretaba el cojín contra su pecho.
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"¿Qué sucede?"
¡GRRRR! ¡BOOM!
El trueno devoró el resto de sus palabras al
mismo tiempo que Yun soltaba la almohada y se lanzaba a sus brazos. Seung-ju,
por puro instinto, rodeó aquel cuerpo delgado. Los hombros de Yun subían y
bajaban con una respiración agitada.
"Hyung... por hoy... ¿no puedo dormir
contigo?"
Había humedad en su voz temblorosa.
"¿...Es por miedo?"
Se contuvo de preguntar si de verdad era por
los truenos. Yun asintió con fuerza, sin intención de fingir valentía. Al ver
cómo se estremecía incluso con el retumbar lejano, era evidente que estaba
aterrado.
"Pase."
Temiendo que Seung-ju se arrepintiera, Yun
recogió su almohada del suelo y corrió hacia la cama, ocupando el lado interno
antes que el dueño de la habitación.
Seung-ju se quedó de pie un momento,
procesando la rapidez del movimiento, y luego se acostó a su lado sin decir
nada. El contacto piel con piel era inevitable; una cama queen size es
grande para uno, pero incómodamente estrecha para dos.
Esa preocupación se materializó al instante:
en cuanto Seung-ju se acostó, Yun lo rodeó con brazos y piernas.
"¡Jo...!"
Sobresaltado por el roce de sus piernas
desnudas, Seung-ju se giró de costado rápidamente. Al hacerlo, Yun se pegó aún
más a él, obligándolo a que terminara usándolo de almohada para su brazo.
"De verdad es porque tengo miedo..."
Ante la excusa, Seung-ju no pudo protestar y
se limitó a acariciar la nuca de Yun con suavidad.
"...¿Parezco un niño?"
"Usted es un niño, joven amo."
"No... un adulto hecho y derecho...
teniendo miedo a los truenos..."
Seung-ju estuvo a punto de preguntarle si de
verdad se consideraba un "adulto hecho y derecho", pero se calló. Si
Yun no fuera un adulto, todo lo que Seung-ju había hecho y planeaba hacer sería
una infamia. Se rió para sus adentros, agradecido de que al menos Yun tuviera
el cuerpo de un adulto.
"¿Por qué...? ¿Parezco patético?"
Yun malinterpretó la risa y preguntó con
urgencia.
"No, me parece tierno."
Quizás la oscuridad le dio valor; Seung-ju
soltó palabras que en otras circunstancias le habrían dado vergüenza. Yun
hundió la cara en su hombro y dejó escapar una risita suave.
"Por cierto."
De pronto, Seung-ju recordó que Yun vivía solo
en el anexo de la mansión. Sus dos hermanos mayores se habían casado y mudado
antes de que él cumpliera diez años. En la casa principal, al menos podría
haber corrido hacia sus padres, pero ¿cómo lo hacía en el anexo?
"¿Cómo hacía en la casa principal?"
Rumb. ¡Boom!
Un trueno un poco más lejano hizo que Yun se
tensara y luego se relajara.
"Es un poco vergonzoso..."
"No tiene que decírmelo si no
quiere."
"No es eso, es que yo también quiero
parecer genial ante ti, hyung."
Seung-ju soltó una carcajada involuntaria ante
el deseo del joven amo que había llegado corriendo muerto de miedo. ¿Cuánto más
pensaba jugar con sus sentimientos?
"Está bien. Ya estoy cautivado."
Seung-ju volvió a decir algo que jamás diría a
plena luz del día. Sorprendido por su propia audacia, tuvo que echar la cadera
hacia atrás rápidamente cuando Yun intentó pegarse aún más a él por la emoción.
Estuvo cerca.
"...¿Me estás tratando con dulzura para
consolarme? No me gustan los truenos, pero si me tratas así, creo que me van a
empezar a gustar."
"¿Entonces ya no tiene miedo?"
"No... tengo planeado tener miedo hasta
que termine el día."
No quedaba claro si tenía miedo o no. Ya fuera
de día o de noche, Yun no dudaba en mostrar sus emociones: lo que le gustaba,
lo que odiaba y lo que temía.
"...Hasta los diez años más o menos,
dormía en la habitación de mis padres."
Gracias a que los truenos habían amainado, la
voz de Yun ya no temblaba. Seung-ju, en lugar de responder, empezó a darle
palmaditas rítmicas en la espalda.
"Como me enfermaba seguido por las
noches... tenía mi propia cama, pero terminaba durmiendo en medio de mis
padres. Incluso después de empezar a dormir solo en mi cuarto, creo que hasta
los doce o trece pedía que me hicieran compañía. Ahora que lo digo... era un
consentido."
Seung-ju imaginó al pequeño Yun tocando la
puerta de sus padres con una almohada bajo el brazo. Dudaba que el Presidente y
su esposa pudieran rechazarlo. Al fin y al cabo, él mismo no podía rechazar al
Yun de veinte años que tenía al lado.
"¿Y después?"
"...No podía seguir así para siempre, así
que cuando crecí un poco, abría los grifos de la bañera a tope y esperaba a que
pasara. Probé con auriculares, pero veía los relámpagos y me daba igual... y
ponerme un antifaz me daba miedo..."
Recordó que Yun siempre pedía no apagar todas
las luces porque le temía a la oscuridad total.
"No debió de poder dormir bien."
"No. Pero como no tenía que ir a la
escuela... dormía de día. Si decía que no había dormido por el ruido, todos me
creían."
Yun debió de comprender que no podía
comportarse como un niño eternamente, así que buscó formas de aguantar solo.
¿Cuántas noches habría pasado temblando en soledad?
"¿Entonces tampoco le gustaba vivir en el
anexo? Tenía que estar solo."
¿Había vivido allí desde la edad en que la
mayoría quiere su propio cuarto? Para alguien con la personalidad de Yun, estar
solo no debió de ser fácil, por mucho que lo cuidaran.
"Irme al anexo fue por el tema de las
feromonas. Mis hermanos se mudaron allí a los trece o catorce, pero yo... ¿a
los dieciséis o diecisiete?"
"¿Bastante tarde?"
"Ellos se manifestaron temprano... pero
yo no me manifesté hasta los dieciocho. Por cierto, hyung, hoy tienes muchas
preguntas."
"Ah. ¿Está cansado? Duerma ya."
"...Me gusta. Significa que te intereso....
Pregúntame lo que sea, te contaré... to... do..."
La voz de Yun, que hablaba con entusiasmo
mientras restregaba su cara contra el pecho de Seung-ju, empezó a arrastrarse.
A pesar de su valiente invitación a preguntarle todo, pronto se escuchó su respiración
suave y profunda. El aliento cálido se filtraba contra su pecho, haciendo que
el corazón de Seung-ju sintiera un cosquilleo.
Seung-ju intentó dormir a la fuerza, pero no
logró conciliar el sueño hasta que llegó el amanecer.
* * *
[Creo que arruiné el examen de la mañana.]
Un emoticón de un perrito con los ojos caídos
parecía reflejar perfectamente la expresión de Yun. Al revisar el mensaje, las
comisuras de los labios de Seung-ju se elevaron suavemente. Era una expresión
increíblemente tierna, considerando a quién estaba a punto de ver.
[Se reunió con Seong-min y Jeong-jun, ¿verdad?
Almuerce algo y luego entre al examen de la tarde. Iré a buscarlo cuando
termine.]
Tras enviar la respuesta rápida, se acomodó la
ropa y aclaró su garganta.
Toc, toc.
—Adelante.
Ante el golpe firme pero cauteloso, una voz
baja y pesada respondió de inmediato. Tragó saliva ligeramente y abrió la
puerta.
"Ha pasado tiempo, Vicepresidente."
"Siéntese."
Choi Ki-yoon, que ya estaba sentado en el
asiento de honor, le indicó que tomara lugar.
Había sido una llamada inesperada.
Cuando el Jefe de secretaría, Kim Ji-hong, le
preguntó el miércoles si podía acercarse a la sede central, Seung-ju entendió
que se trataba de adelantar unos días el informe semanal del viernes. En
realidad, no había mucho que reportar puesto que las clases terminaban justo
después de los finales. Salvo por el viaje de fin de curso (MT) de la próxima
semana, no había novedades, así que supuso que querrían discutir el calendario
de las vacaciones. Después de todo, al terminar el semestre, Yun debía regresar
a la casa principal aunque fuera por su tratamiento.
"Ah, sobre el asunto de Kim Jun-hee, será
necesario manejarlo con cuidado. Discutiremos los planes concretos en cuanto se
organice la información."
Cuando terminó de informar sobre el caso de
Kim Jun-hee —a quien Yun había decidido ayudar—, ya era casi la hora del
almuerzo. Justo cuando se levantaba pensando que, si se iba en ese momento,
podría encargarse de la comida de Yun, Ki-yoon habló:
"Buen trabajo durante este semestre. Vea
al Vicepresidente en treinta minutos antes de irse. Lo está esperando."
Fue entonces cuando Seung-ju comprendió que el
ajuste de horario no se debía a la agenda de la oficina de secretaría, sino a
una reunión con el Vicepresidente. Miró al Jefe Kim buscando una pista, pero no
obtuvo nada; como siempre, su rostro permanecía inmutable.
"Escuchará los detalles abajo. No será
algo malo para el secretario Kang."
Ladeando la cabeza, Seung-ju salió de la
oficina y llamó a los guardaespaldas. Solo tenía que decirles que la reunión se
había extendido, que se encargaran de la comida de Yun y lo llevaran al examen
de la tarde. Eran personas de confianza y solo se retrasaría unas horas, pero
Seung-ju terminó la llamada tras dar un sinfín de instrucciones, incluyendo el
"regaño" de asegurarse de darle un trozo de chocolate antes del
examen.
'Deben estar hartos de mí.'
Podía imaginar a los guardaespaldas sacudiendo
la cabeza. Pero, gracias a esa larga llamada, no tuvo tiempo de angustiarse
imaginando qué querría el Vicepresidente. Tras enviarle un mensaje a Yun
avisándole de su ausencia, entró en el pasillo del Departamento de
Planificación Estratégica, un lugar que alguna vez le fue muy familiar.
"¿Yun está... en medio de un examen
ahora?"
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Choi Ki-yoon, sentado con sus largas piernas
cruzadas con elegancia, abrió la conversación pausadamente. Comparado con su
primera entrevista, donde Ki-yoon soltó todo lo que tenía que decir antes de
que Seung-ju pudiera sentarse, esta actitud era inesperada. Su tono era suave,
casi como cuando hablaba con Yun.
"El examen de la mañana terminó y le
queda el de la tarde. Solo le faltan dos más, mañana y el viernes, para
terminar."
"...En fin, ha completado un
semestre."
"Sí, el joven amo se ha esforzado
mucho."
Aunque seguía sin entender la situación,
Seung-ju respondió con la diligencia propia de un secretario. Su rostro
inexpresivo y su tono profesional eran talentos optimizados para la vida
corporativa.
"Parece que a Yun le agrada bastante el
secretario Kang, ¿no?"
Ante esas palabras, Seung-ju casi se tambalea
en la silla. Por suerte, solo fue un pequeño desliz de sus manos sobre sus
rodillas.
"¿A qué... se refiere?"
Preguntó, temiendo que su voz temblara de
forma extraña. Pero Ki-yoon parecía no haber notado su desconcierto.
"Parece que se llevan bien. Según
Jae-yun, Yun no escucha ni a su propio hermano, pero sí al secretario Kang.
Aunque parezca dócil, ese chico nunca hace lo que no quiere. Se nota por cómo
han ido las cosas esta vez."
Ah. Solo entonces Seung-ju comprendió que
"agradar" se refería a una simpatía general. Relajó los hombros y
suavizó su expresión. Se sintió patético por haberse asustado tanto ante un
comentario que, de haber sido descubierto, tampoco habría sido el fin del
mundo.
"Como lo ha hecho bien este semestre, se
le pagará un bono a través de la oficina de secretaría. Y además, me gustaría
hacerle una propuesta adicional."
Una propuesta adicional. Finalmente, llegaba
el momento de conocer el propósito de la cita.
"Cuando Yun empiece sus vacaciones,
trabaje un poco en el Departamento de Planificación Estratégica."
Aunque lo llamó propuesta, sonaba a orden. Una
oferta cargada de la certeza de quien no espera un "no" por
respuesta.
Cualquiera de los compañeros de ingreso de
Seung-ju habría muerto de envidia. El Seung-ju de hace unos meses habría
aceptado sin preguntar. Planificación Estratégica era el núcleo de la empresa,
y siempre había gente esperando una oportunidad para entrar. Fríamente,
participar en sus tareas era un impulso enorme para su carrera; trabajar bajo
las órdenes de Choi Ki-yoon, el probable próximo presidente, era una garantía
de éxito.
Pero Seung-ju no pudo decir nada.
Inoportunamente, lo primero que cruzó su mente
fue el rostro lloroso de Yun. Al pensar que ya lo había hecho llorar varias
veces y que esto podría hacerlo de nuevo, sus pensamientos se detuvieron. Tenía
que decir algo, preguntar de qué trabajo se trataba o simplemente aceptar, pero
no lograba articular palabra.
"¿secretario Kang?"
Ante el suave apremio, volvió en sí.
"¿Significa que... cambiaré de
departamento?"
Seung-ju eligió sus palabras ocultando su
agitación. Su voz sonó plana, como si solo fuera una duda rutinaria.
"No, no exactamente. Digamos que es...
una especie de comisión de servicio."
"¿De qué tareas debería encargarme?"
"Por ahora, revisará, clasificará y
resumirá los documentos que lleguen a mí. Y asistirá a todas mis reuniones sin
excepción."
Seung-ju sabía que ese era el trabajo del
Gerente Oh Hyeong-tae y sus subordinados. ¿Le habría pasado algo al Gerente Oh?
En lugar de preguntar, Seung-ju miró hacia la puerta y volvió la vista atrás.
"Por supuesto, el Gerente Oh sigue siendo
el principal y usted será el apoyo," añadió Ki-yoon, comprendiendo su
duda. Tras una breve pausa, continuó: "Más que nada, es porque... quiero
poner a prueba al secretario Kang."
"¿Perdón?"
Seung-ju preguntó con torpeza, incapaz de
seguir el hilo de los pensamientos de Ki-yoon. Sobraba gente en DH que se
ofrecería voluntaria para ese puesto; no entendía por qué quería probarlo a él
precisamente. Seung-ju ni siquiera tenía grandes ambiciones de ascenso. La
oficina de secretaría debió investigar su pasado a fondo antes de asignarlo,
así que debían saberlo. ¿Por qué entonces?
"Hmm... Digamos que es para un Plan B o
C."
Ki-yoon seguía diciendo cosas crípticas.
Quizás por haber pasado meses con Yun, que era tan transparente que se le podía
leer el alma, este tipo de lenguaje corporativo lleno de segundas intenciones
le resultaba difícil de descifrar. Sin embargo, no tuvo tiempo para resolver
sus dudas; fue despedido del despacho porque el Vicepresidente tenía su próxima
reunión.
* * *
Mientras esperaba a que terminara el último
examen de Yun, Seung-ju daba vueltas a la propuesta. Habían pasado dos días
desde la reunión y aún no le había dicho nada a Yun. Ni que tendría que empezar
en Planificación Estratégica la próxima semana después del MT, ni que Yun debía
prepararse para volver a la casa principal ahora que el semestre terminaba.
Casualmente, ambas cosas encajaban. Una vez
que Seung-ju empezara su nuevo horario, sería mejor que Yun estuviera en la
mansión. No podía dejar solo en el apartamento a alguien que podía enfermar en
cualquier momento, y además debía comenzar el tratamiento que mencionó Jae-yun.
'Yo se lo diré a Yun. Su afiliación no
cambiará, así que su bienestar seguirá siendo la prioridad.'
Eso fue lo que dijo Choi Ki-yoon al cerrar la
reunión. Pero lo que Seung-ju temía no era la propuesta ineludible del
Vicepresidente, sino la reacción de Yun.
'Todos... se van y me dejan solo...'
Temía herir de nuevo ese corazón delicado.
Tenía miedo de que Yun sintiera que, tras prometer estar a su lado a pesar de
no poder ser "nada", lo estaba abandonando a su suerte. Sabía que si
le decía que iría a verlo todos los días después del trabajo, el dócil joven
amo asentiría; pero podía visualizarlo tragándose las lágrimas y tratando de
aguantar su soledad.
"¡Hyung!"
Yun salió corriendo con una expresión
radiante, sin sospechar nada. Seung-ju se enderezó al verlo y Yun se lanzó a
sus brazos. Como el día que se conocieron, como hacía siempre al terminar las
clases o en esos días en los que, de repente, necesitaba apoyo. Seung-ju le
acarició el cabello y le dio unas palmaditas en la espalda. Hoy, el gesto
estaba cargado de una culpa especial.
"¡Ya terminó todo!"
"¿Está feliz porque se acabó el
semestre?"
"Sí. El MT, las vacaciones... tengo que
jugar. Y..."
Aún abrazado, Yun levantó la cabeza con los
ojos brillantes y susurró lo suficiente para que solo Seung-ju lo oyera
"Tengo que prepararme para el ciclo de
celo."
Seung-ju estuvo a punto de taparle la boca con
la mano. Aunque sabía que los guardaespaldas estaban lejos y no lo oirían, la
frase lo tomó totalmente desprevenido.
"Joven amo."
Seung-ju frunció el ceño a modo de
advertencia, y Yun sacó la lengua con picardía, como diciendo que era una
broma. Pero no olvidó añadir un matiz:
"Pero sería bueno ir practicando..."
Seung-ju no sabía exactamente a qué
"práctica" se refería, pero cada vez que el joven amo era así de
honesto, sentía que sus circuitos internos fallaban. Por supuesto, Seung-ju
tampoco se había quedado de brazos cruzados. Puesto que habían acordado pasar juntos
el heat cycle, se había encargado de estudiar a fondo todo lo
relacionado con el tema.
"Yo me encargaré de preparar lo
necesario, así que..."
"¡Lo sabía! ¡Hyung ya lo tenía todo
previsto!"
Su rostro alegre, que denotaba que ya lo
esperaba, contrastaba con lo serio del tema. Su mirada limpia hacía que
Seung-ju sintiera punzadas en la conciencia.
"Ejem. ¿Hay algo en particular que quiera
hacer durante las vacaciones?" preguntó, aclarando su garganta para
cambiar de tema. Siendo las vacaciones de verano, seguramente tendría planes.
Seung-ju quería ajustar el calendario para que no chocara con sus nuevas tareas
en Planificación Estratégica.
"Quiero ir a muchos sitios contigo, pero
por el tratamiento no creo que podamos ir lejos. Además, no aguanto mucho en
avión... Tenemos una villa en Jeju, ¿quieres ir allí? He visto que el surf está
de moda... Y Ji-su dijo que quería que fuéramos de viaje con los
compañeros..."
"Haga una lista y démela. Yo prepararé
todo."
¿Cuántos de esos planes se harían realidad?
Seung-ju contaba los días restantes descontando el tratamiento. Justo cuando
giraba el coche hacia el apartamento, pues aún faltaba tiempo para la cena...
"¡Por ahora, hoy, vamos al centro
comercial!"
Yun soltó un destino inesperado. ¿Iría a
comprar un regalo para la cena de esta noche? Era un lugar al que nunca habían
ido juntos, lo cual le extrañó. Además, ir de compras consumía bastante
energía. Los objetos que Yun necesitaba solían ser entregados por un shopper
personal cada temporada.
"¿Quiere que llame al shopper?"
"No. Ya lo tengo todo decidido."
Ante su duda, Yun respondió con una risita
traviesa. Seung-ju revisó la hora; si se quedaban un par de horas, llegarían
justo a tiempo a la cita. Pensándolo bien, seguramente habría muchos portadores
de castas entre los clientes VIP del centro comercial. Tendría que advertir a
los guardaespaldas que no bajaran la guardia por si quedaba algún rastro de
feromonas en las áreas comunes.
Con las preocupaciones y las tareas pendientes
en la cabeza, giró el volante con suavidad hacia su nuevo destino.
* * *
Incluso cuando Yun empezó a regalar trajes y
zapatos de lujo a los guardaespaldas, diciendo que era una recompensa por haber
sufrido siguiéndolo durante todo el semestre, Seung-ju no le dio mayor
importancia.
Decidió ignorar por un momento que el precio
de esos zapatos superaba el salario mensual de un oficinista promedio, y que
los trajes costaban lo que varios meses de sueldo. Como sabía que jamás podrían
usarlos para trabajar, pero veía que los guardaespaldas estaban felices y Yun
aún más, optó por guardar silencio con prudencia.
"Hyung, no te sientas mal".
"Estoy bien, no se preocupe".
Seung-ju no sentía envidia en absoluto. Lo que
Yun no sabía era que el bono de este semestre ya estaba depositado en su
cuenta. Además, con un salario tres veces superior al del año pasado, recibir
un regalo o no le era indiferente. De hecho, prefería el efectivo a los objetos
excesivamente caros.
Sin embargo, cuando Yun entró en una joyería
de relojes y empezó a probarle distintos modelos a Seung-ju, este comprendió
que algo andaba mal.
Al principio pensó que Yun quería comprar algo
para sí mismo y le prestó el brazo sin rechistar. Pero a medida que pasaba el
tiempo, quedó claro que no era así: Yun estaba ajustando el tamaño de la correa
a la medida de Seung-ju con total naturalidad.
"Este".
Tras pensarlo mucho, Yun tomó una decisión. El
empleado procesó el pago en un parpadeo y le entregó una bolsa con un lazo de
regalo. Sorprendentemente, Yun llevó la bolsa él mismo al salir de la tienda.
Normalmente le habría pasado la carga a Seung-ju de inmediato, pero el hecho de
que la sostuviera con tanto cuidado hasta subir al coche transformó la sospecha
en certeza.
"Feliz cumpleaños, hyung".
Yun le entregó el reloj justo antes de
arrancar. Parecía haber esperado a que estuvieran solos a propósito.
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Cumpleaños.
Resultaba absurdo, pero Seung-ju solo recordó
que mañana era su cumpleaños al escucharlo de labios de Yun. Cómo lo sabía no
era lo importante; lo importante era que Seung-ju no podía aceptar ese reloj.
"Joven amo. No puedo".
"¿Por qué? Los otros hyungs de seguridad
recibieron sus regalos. ¿Acaso no puedo darte un regalo de cumpleaños?".
Ahora entendía que los regalos para los
guardaespaldas habían sido solo el terreno preparado para poder darle este a
él. El joven amo tenía el talento de sorprender a la gente con su cara de
inocencia; era meticuloso en los momentos menos esperados.
"...Esto es demasiado caro".
Esperaba que lo fuera tratándose de esa marca,
pero era tan costoso que tuvo que esforzarse para no mostrar su asombro al
conocer la cifra. ¿Cómo iba a llevar en la muñeca algo que valía mucho más que
todo su salario anual del año pasado?
Sin embargo, la respuesta de Yun lo dejó aún
más estupefacto.
"Pero si elegí uno que no fuera tan
caro...".
Al ver cómo jugueteaba con la caja con
expresión alicaída, Seung-ju comprendió que Yun no lo había elegido al azar.
Seguramente había intentado buscar un precio "razonable" según sus
estándares, pero el problema era la abismal diferencia entre el concepto
económico de una persona común y el de un heredero chaebol.
"Quizás hubiera sido mejor comprarte un
coche...".
"Joven amo".
Ver a Yun considerando seriamente si un coche
habría sido mejor le dio dolor de cabeza. Si lo dejaba así, Yun insistiría
hasta comprarle cualquier cosa con tal de terminar la discusión.
"¿Recuerda que le dije que quien compra
cosas sin control es un incauto?".
"¡Pero es tu cumpleaños! Es un día
especial".
"Los regalos deben tener un límite
adecuado".
Ante la protesta de Yun, Seung-ju decidió
proponer un rango de precio razonable. Por mucho que Yun fuera el hijo menor de
una familia poderosa y lo quisiera de forma ciega, no podía aceptar un regalo
tan absurdamente caro.
Pero antes de que Seung-ju pudiera hablar, Yun
lanzó su contraataque:
"¿Y quién decide eso? ¿Acaso no puedo
comprar lo que quiero para quien quiero? Puedo permitirme este gasto. Sería un
incauto si se lo comprara a cualquiera, pero hyung... tú no eres
'cualquiera'...".
Sus argumentos eran lógicos a su manera, pero
Seung-ju no podía ceder. Era una cuestión de conciencia, de esa pizca de
orgullo que aún le quedaba.
"Lo sé, lo entiendo, pero...".
"Pero, pero...".
Las lágrimas que contenía terminaron
resbalando por sus mejillas. Yun se las limpió bruscamente con el dorso de la
mano y, con la voz entrecortada, soltó algo que dejó a Seung-ju sin palabras.
"¡Es lo único que puedo hacer por ti! Hic.
Hyung siempre me cuida, snif, dependo de ti para todo... y no puedo
hacer nada a cambio. ¿Por qué ni siquiera me dejas darte un regalo? ¡Waaaaa!".
A estas alturas, Seung-ju tenía que admitir
que tenía un talento especial para hacer llorar a Yun. No esperaba que el
llanto empezara antes de arrancar el coche. Si ya estaba ansioso por lo que
debía decirle en la cena, haberlo hecho llorar así solo empeoraba las cosas.
Insultándose internamente, Seung-ju abrazó al
joven amo, cuyos hombros se sacudían por los sollozos. Se sintió irritado por
su propia terquedad e incapacidad para aceptar un simple regalo.
"¿Por qué se pone así...? Ya entendí su
intención, así que no llore. No hace falta que reciba el regalo, ¿está
bien?".
"Solo tenías que aceptarlo. ¿Por qué
tienes que hacerlo todo tan difícil y complicado? Te... te quedaba tan
bien...".
Para Yun, era un evento simple. Quizás llevaba
días ilusionado pensando en este momento, buscando regalos y sufriendo por
elegir el mejor, imaginando la cara que pondría Seung-ju.
Si hubiera sido un regalo normal, Seung-ju lo
habría aceptado con gusto. Saber que para Yun no era un gasto excesivo y aun
así no poder recibirlo... ¿era solo por su estúpido orgullo?
Comparada con el Grupo DH, la familia de
Seung-ju era pequeña, pero su madre dirigía un restaurante bastante exitoso que
venía desde los tiempos de su abuela. Seung-ju había crecido sin carencias y no
solía tener grandes ambiciones materiales. No es que el reloj no le gustara;
aunque no sabía de maquinaria, el diseño y el color le encantaban. Si tan solo
tuviera un cero menos en la etiqueta, lo habría aceptado sin decir palabra.
"100,000 wones. No aceptaré nada que
supere eso".
Ese era el punto de equilibrio de Seung-ju. El
límite de lo que un estudiante universitario podría regalar sin presión. Sin
embargo, la respuesta de Yun lo hizo soltar una risotada seca.
"¿Qué se puede comprar con 100,000
wones?".
"Muchas cosas. Pero solo una cosa por
debajo de ese precio".
Conociendo la imaginación del joven amo, era
capaz de traerle cincuenta cosas de ese valor, así que puso límites claros.
Parece que la idea de que Seung-ju aceptara
algo, aunque fuera modesto, convenció a Yun, quien dejó de llorar. Yun se
enderezó y empezó a buscar en su teléfono de inmediato, permitiendo que
Seung-ju arrancara el coche aliviado.
"Por cierto, ¿dónde vamos a celebrar tu
fiesta mañana?".
¿Fiesta? Otra pregunta difícil. Alguien que olvida su propio cumpleaños
difícilmente organizaría una fiesta.
"Yo no hago esas cosas. No suelo
celebrarlo".
Al no recibir respuesta, miró de reojo. Yun
parecía genuinamente impactado, parpadeando con lentitud como si no pudiera
procesar que alguien no celebrara su cumpleaños. Era una imagen adorable.
"En-entonces, tus pa-padres...".
Por su forma de tartamudear, era evidente que
Yun pensaba que había alguna historia trágica detrás.
"Es por pereza. Solo es una fecha más, no
tiene un significado especial".
Al decirlo en voz alta, Seung-ju se dio cuenta
de lo frío que sonaba. Observó la reacción de Yun con cautela.
"Entonces, celebra tu cumpleaños conmigo.
Yo encargaré el pastel y todo, ¿sí?".
"Está bien".
Al ver cómo su rostro se iluminaba como si
nunca hubiera llorado, Seung-ju no pudo negarse. ¿Cómo decirle que no cuando
estaba tan feliz? Especialmente considerando el "pecado" que estaba a
punto de cometer.
El camino hacia la cita se sintió más pesado
que nunca. Pensar en la conversación que vendría le oprimía el pecho como si
tuviera una piedra encima.
* * *
Para sorpresa de Seung-ju, el Vicepresidente
Choi Ki-yoon los citó en su propia casa. Al llegar a la residencia unifamiliar,
situada cerca de la mansión familiar de Yun, Ki-yoon salió a recibirlos vestido
con ropa informal. De él emanaba un ligero aroma a leña quemada.
"Llegamos un poco tarde".
"Es viernes por la noche, es normal. Como
Yun ya terminó las clases, preparé una barbacoa sencilla".
Ki-yoon parecía otra persona fuera de la
oficina, o quizás era la presencia de Yun lo que lo suavizaba. Seung-ju,
sabiendo lo que se avecinaba, casi se deja engañar por esa faceta amable y
familiar.
"¿Lo hiciste tú mismo, hyung? ¿Como si
fuera un camping?".
"Algo más profesional que eso".
Entusiasmado por la barbacoa, Yun se pegó a
Ki-yoon acribillándolo a preguntas. Seung-ju ocultó su incomodidad y los siguió
al jardín trasero.
Aunque todavía había luz, las lámparas del
jardín ya brillaban esperando a los invitados. En una mesa exterior para diez
personas ya estaba dispuesta la comida. No eran solo los tres; de pronto
apareció Choi Won-woo, que parecía haber crecido aún más en estos meses.
"Tío, ¿estás de vacaciones desde hoy? Qué
envidia, ser universitario".
"Won-woo, lleva esto adentro y come. Papá
y tu tío tienen que hablar".
"¿No puedo quedarme? Hace mucho que no
veo al tío...".
"Choi Won-woo".
Won-woo quería quedarse con Yun, pero ante el
tono bajo de su padre pronunciando su nombre completo, no se atrevió a rechistar;
tomó la comida y entró. Ki-yoon era blando con Yun, pero estricto con su hijo.
"Won-woo podría haber comido con
nosotros...".
"Solo quiere usarlo de excusa para no
estudiar. Tiene finales la próxima semana".
Ki-yoon terminó de moverse y finalmente se
sentó. La barbacoa no era solo carne; la mitad eran mariscos, claramente
pensando en los gustos de Yun. Como buen hermano mayor, Ki-yoon peló
personalmente camarones y vieiras para ponerlos en el plato de Yun.
A pesar de que dijo haberlo cocinado él mismo,
el sabor era sorprendentemente bueno. Ki-yoon no dejaba de asombrar a Seung-ju;
parecía el tipo de hombre que jamás tocaría una parrilla.
Cuando Yun terminó de comer y empezó a sorber
su bebida, Ki-yoon finalmente habló.
"Yun".
Yun levantó la cabeza lentamente.
"Préstame al secretario Kang durante las
vacaciones".
Lo dijo como quien pide prestado un bolígrafo.
Directo al grano, sin anestesia, muy al estilo del Vicepresidente.
Yun ladeó la cabeza como si hubiera oído mal,
mirando alternativamente a Ki-yoon y a Seung-ju. Tras unos segundos procesando
las palabras, dejó el vaso sobre la mesa con un golpe seco.
"Tú también lo sabías, hyung".
"......"
Evitando su mirada llena de reproche, Seung-ju
asintió en lugar de responder.
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"Por supuesto seguirá encargándose de tus
asuntos, pero necesito al secretario Kang para unas tareas".
"...¿Porque en vacaciones no tendré a
dónde ir ni nada que hacer?".
Sus palabras, pronunciadas en voz baja,
sonaron cargadas de tristeza. Yun se mordió el labio, fijando su mirada en
Ki-yoon. Sus ojos, ya húmedos, temblaban levemente.
"Sabes que no es por eso".
"Ya lo tienen todo decidido. Aunque diga
que no, harás lo que quieras, hyung. Eres igual que papá".
"Yun, piensa en la carrera del secretario
Kang".
Al oír eso, Yun se quedó petrificado, como si
le hubiera caído un rayo, y miró a Seung-ju. Sus ojos, que se habían agrandado
buscando una negación, se oscurecieron al instante. El silencio de Seung-ju no
fue neutral; fue la confirmación de que las palabras de Ki-yoon eran ciertas.
"...Está bien".
Para alivio de Seung-ju, pareció aceptarlo con
resignación. Yun se levantó, conteniendo las lágrimas con esfuerzo. Cuando
Seung-ju intentó acercarse para sostenerlo al verlo tambalearse un poco, Yun lo
rechazó con un gesto de la mano.
"Hyung, llévame a la casa
principal".
Su tono era calmado, pero Seung-ju pudo
sentirlo por instinto: Yun estaba profundamente dolido.
* * *
La casa, sumida en las sombras, se sentía
extraña.
Mientras Seung-ju cumplía con su primer día en
el Departamento de Planificación Estratégica, los empleados de la mansión
debieron pasar por allí, pues las pertenencias de Yun habían desaparecido por
completo. Era como si nunca hubiera estado allí.
Durante el trayecto a la casa principal tras
la cena con el Vicepresidente, Yun no miró a Seung-ju ni una sola vez. La corta
distancia entre ellos se sentía más infinita que nunca.
—¿Estoy... arruinando tu carrera, hyung?
—preguntó Yun con voz apagada, manteniendo la vista fija en la ventana.
—No es así.
—Deberías habérmelo dicho tú primero. Yo... no
pedía mucho. Solo me gustaba... estar contigo.
Su voz, frágil y entrecortada, delataba su
vulnerabilidad, pero Yun contuvo el llanto con firmeza.
—Supongo que terminé siendo igual que mi padre
o mi hermano, haciendo las cosas a mi manera.
—Eso no es cierto.
—...Gracias por este semestre.
Mientras Seung-ju se quedaba atónito por esas
palabras que sonaban a despedida definitiva, Yun abrió la puerta del coche por
su cuenta y bajó de un salto. Corrió hacia su familia sin mirar atrás. En el
jardín no solo estaba la jefa Joo Eun-hee, sino también el Presidente Choi y su
esposa, que habían salido a recibirlo.
—¿Por qué salieron...? —dijo Yun, lanzándose a
los brazos de Hwa-young con esa actitud de hijo menor mimado. Era el mismo Yun
del primer día, como si nada hubiera pasado entre ellos.
Seung-ju no volvió a ver a Yun hasta que, tras
saludar respetuosamente a los presidentes, dio la vuelta con el coche para
marcharse. Yun, evitando deliberadamente cualquier contacto visual, entró en la
casa principal del brazo de su madre. No se dirigían al anexo, sino a la
residencia principal.
Seung-ju sintió un vacío inmenso, como si
hubiera perdido algo vital. Pero antes de que pudiera procesar ese sentimiento,
llegó un mensaje de Yun:
[No iré al MT. Preséntate en Planificación
Estratégica el lunes.]
Ese fue el último mensaje. A partir de esa
noche, Yun dejó de responder. Seung-ju envió mensajes de disculpa y promesas de
ir a verlo a diario a pesar del nuevo trabajo, pero aunque aparecían como
leídos, no hubo respuesta. Cuando intentó llamar, el teléfono estaba apagado.
Incluso cuando visitó la mansión al día
siguiente para devolver el costoso reloj que Yun había olvidado en el coche,
tuvo que entregárselo a la jefa Joo.
—El joven amo está durmiendo.
—¿Está enfermo?
—Está en la casa principal con la Presidenta,
no tiene de qué preocuparse.
Aunque no dieron detalles, por el contexto
dedujo que estaba pasando por un proceso febril leve. Al no haber ingresos
hospitalarios ni alertas, supuso que no era grave. Se sentía extraño; después
de meses de ser la persona más cercana a Yun, ahora tenía que enterarse de su
estado por terceros.
Le aterró la idea de perderlo para siempre.
Irónicamente, ahora que Yun lo alejaba, Seung-ju sentía la necesidad
desesperada de aferrarse a él, olvidando que fue él mismo quien puso las barreras
profesionales primero.
Ding-dong, ding-dong.
El timbre interrumpió sus pensamientos.
Seung-ju, que aún no se había cambiado de ropa, corrió a la puerta. Al abrirla
con brusquedad, la persona afuera retrocedió sobresaltada.
—¡Ah! ¿Es usted Kang Seung-ju?
—Sí, soy yo.
El hombre del casco no era quien él esperaba.
—Traigo una entrega de pastelería. Firme aquí,
por favor.
—¿Quién lo envía? —preguntó Seung-ju, aunque
el logotipo de DH en la bolsa ya le daba una pista.
—Lo envía Choi Yun. La tarjeta está dentro.
El repartidor desapareció tan rápido como
llegó. Seung-ju entró con la caja y encontró un sobre pequeño pegado a ella.
Dentro, una tarjeta de papel crema con una caligrafía familiar:
[Feliz cumpleaños. Celebraremos la fiesta
después.]
Dos líneas sencillas que hicieron que a
Seung-ju se le cerrara la garganta. Se frotó el rostro con brusquedad, pero la
emoción no disminuía.
Yun... ¿cómo no voy a quererte?
Yun siempre resultaba ser más maduro que él. A
pesar de sus miedos y su aparente fragilidad, era mucho más honesto con sus
sentimientos que Seung-ju. Estaba herido, pero había sido él quien dio el
primer paso para reconciliarse.
Al abrir la caja, vio un pastel blanco
cubierto de fresas. Un pastel de crema y fresas. Aunque no era temporada, le
pareció que encajaba perfectamente con quien lo enviaba. Marcó el número de Yun
y, tras unos tonos, alguien atendió.
—.......
Hubo silencio al otro lado.
—Joven amo, recibí el pastel. Muchas gracias.
Tras un silencio prolongado, escuchó una tos
leve.
—...Son fresas de verano... No son... muy
dulces.
Su voz sonaba débil, como si estuviera
resfriado.
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—Las comeré con gusto.
Creyó escuchar una risa tenue, o quizás solo
fue un suspiro, pero Seung-ju quiso creer que era una sonrisa.
—...Ahora no... Ven a verme... cuando se me
pase el resfriado.
—Sí, así lo haré.
Seung-ju no quiso cansarlo más. Tenía mil
preguntas sobre cómo se le ocurrió enviar eso estando enfermo, pero se contuvo.
Su tarea ahora era comer aquel pastel de cumpleaños tardío. Se sirvió una
porción generosa. El pastel estaba densamente cargado de fresas, tanto por
fuera como por dentro, como si cada una fuera un pedazo del corazón de Yun.
Probó una. Estaba ácida. Con la crema se
compensaba, pero definitivamente no era dulce. Aun así, debía comerlo como si
lo fuera. Lo había prometido. Seung-ju se concentró en comer, ignorando si el
calor en su garganta era por la acidez de la fruta o por algo más.
* * *
[Saldré de viaje de negocios a China por un
tiempo. Iré a verlo en cuanto regrese.]
Unos días después, Seung-ju estaba en el
aeropuerto debido a un viaje urgente. Intentó contactar a Yun hasta el último
momento antes de embarcar, pero el teléfono seguía apagado. Había estado así
desde el día del pastel.
"¿Es la primera vez del secretario Kang
en Shanghái?".
Seung-ju se tensó, aclarando su garganta. No
era posible que el Vicepresidente hubiera visto a quién llamaba, pero se sintió
vigilado.
"Fui una vez en un intercambio corto
durante la universidad. Esta es la segunda vez".
Ki-yoon no había llevado al Gerente Oh, sino
solo a Seung-ju. La excusa de que el Gerente Oh tenía asuntos en Corea no
terminaba de convencerlo. Había muchos otros secretarios experimentados que
hablaban chino. Todo, desde el traslado a Planificación hasta este viaje, se
sentía como una serie de coincidencias demasiado oportunas.
"¿Yun sigue enfadado? A mí ni siquiera me
atiende el teléfono", soltó Ki-yoon una vez sentados en el avión.
Seung-ju lo confirmó: el Vicepresidente sabía
algo.
"No es eso. Creo que es porque no se
siente bien de salud".
"Ya lo sabrá usted, secretario Kang, pero
aunque Yun es terco, no tiene un corazón duro".
Seung-ju lo sabía bien. Por eso no podía
sacárselo de la cabeza.
"Te guardará rencor un momento, pero
terminará entendiéndote".
Esas palabras sonaron como si Ki-yoon hablara
por experiencia propia. Seung-ju no pudo callar más.
"Vicepresidente, ¿puedo preguntar por qué
desea ponerme a prueba?"
Justo en ese momento, el avión aceleró por la
pista y despegó. Cuando el ruido del motor se estabilizó, Ki-yoon respondió:
"Simplemente pensé que sería bueno que el
secretario Kang fuera, además, alguien muy capaz en su trabajo".
La respuesta solo lo hundió en un misterio
mayor. Seung-ju sintió que debía ser extremadamente cauteloso frente a Ki-yoon.
Tenía el presentimiento de que estas vacaciones de verano no serían, para nada,
tranquilas.
