15. Lo que esconde el corazón humano

 


15. Lo que esconde el corazón humano

A excepción de que faltaban menos de tres meses para las eliminatorias de la selección nacional de Ha-min, era un día común y corriente, sin nada especial.

En estas eliminatorias no solo estaba en juego el pase al Campeonato Mundial; los expertos de la industria coincidían en que también servirían para medir las posibilidades de clasificar a los próximos Juegos Olímpicos.

Aun así, el ambiente general dejaba de lado a Shin Woo-joo como si fuera un caso aparte, lo que ponía los nervios de Ha-min a flor de piel.

Shin Woo-joo es diferente.

Shin Woo-joo es especial.

Shin Woo-joo, por supuesto, participará en el Mundial y en las Olimpiadas y traerá una medalla.

Todos hablaban como si fuera un hecho consumado. La llamada 'edad de oro' de un nadador estaba por comenzar para él. Además, tras haber obtenido un respetable cuarto puesto en el último Mundial, no era de extrañar que las expectativas de la gente se concentraran en su figura.

Pero no debía ser Shin Woo-joo.

Al fin y al cual, no era más que un maldito Beta de una familia mediocre que se destruiría sola con solo cortarles el flujo de dinero. No entendía por qué todos armaban tanto escándalo.

Ha-min estaba harto de Shin Woo-joo y de todo lo que lo rodeaba. Esto, como siempre, no tenía nada de extraordinario. Sin embargo, se dio cuenta de que ya era hora de ponerle un punto final.

Shin Woo-joo estaba en cada competencia nacional a la que asistía Lee Ha-min, y en ese lugar, Joo Tae-kyung siempre observaba a Shin Woo-joo, quien ocupaba el primer puesto.

Joo Tae-kyung era la razón por la que él nadaba, pero sus ojos siempre se posaban en alguien que no era él. No podía permitir que Tae-kyung le fuera arrebatado una vez más por ese maldito Beta en las eliminatorias que estaban por venir. Por eso, esta competencia era más importante que ninguna.

Unas Olimpiadas que todo el país observaría y un atleta portando la bandera nacional en ese escenario. Era obvio que la mirada y el interés de Tae-kyung se centrarían allí. Él tenía que ser, sin duda, quien ocupara ese lugar.

Por ello, tras mucho pensarlo, decidió que debía cambiar la vida de Shin Woo-joo por completo. No solo cambiarla, sino que quería verlo revolcarse en el fango.

Lo primero que se le ocurrió fue alterar su rasgo.

Aunque se decía que la discriminación estaba prohibida, la tendencia a tratar a los Omegas como basura seguía siendo común. Por eso, imaginar a Shin Woo-joo convertido en un Omega, entrando en celo justo antes de una competencia y rogando con las piernas abiertas a otros atletas, le resultaba sumamente placentero. Sería ideal que todos lo criticaran diciendo que él fue quien insistió, y que lo usaran hasta destrozarlo.

Sin embargo, no ignoraba que, habiendo terminado ya la pubertad, era casi imposible manifestarse como Omega. Así que ideó algo similar.

Se felicitó a sí mismo pensando que era un plan bastante bueno. Por el éxito perfecto, estuvo dispuesto a tolerar pequeñas molestias. Incluso se divirtió, pensando que valía la pena.

—¿Que hiciste qué?

Por eso, ante la pregunta de Tae-kyung, quien ahora fruncía ligeramente el ceño, respondió sin darle importancia. Quería dar a entender que este asunto no era diferente de las otras travesuras que solía hacer. Y en realidad, así era. Siempre y cuando Tae-kyung no recordara a Shin Woo-joo con claridad.

—Le di el inductor, echó espuma por la boca y se desmayó. Según escuché, tenía el pulso acelerado, fiebre alta y el cuerpo le temblaba como si tuviera convulsiones, así que parece que llamaron de inmediato al 119. Para colmo, su entrenador lo encontró primero, así que no pude hacer nada más.

Al oír eso, Tae-kyung chasqueó la lengua y frunció el entrecejo. Había partes que no lograba comprender de inmediato a pesar de la explicación. Mientras tanto, el causante del problema estaba sentado en el sofá de su oficina, dedicado únicamente a jugar con su celular.

—O sea, lo que quieres decir es que... ¿le diste un inductor a un Omega?

—¿No? A un Beta.

Ese era precisamente el punto que no comprendía. Darle un medicamento que solo funciona si existe una glándula de feromonas a alguien que no es un Omega, ni siquiera un Alfa, sino un Beta.

—¿Y por qué a un Beta? ¿De dónde sacaste el inductor...? ¿Fuiste al laboratorio? ¿Quién te lo dio?

—Lo robé. Por mucho que sea el hijo de mi padre, no creo que nadie me lo hubiera dado solo por pedirlo.

Como hijo del dueño de una de las farmacéuticas más importantes del país, Ha-min entraba y salía del laboratorio a su antojo. No le faltarían supresores incluso si se quedaba en casa, por lo que el hecho de haber ido al laboratorio a propósito significaba que lo tenía todo planeado.

Incluso en la adolescencia, no se usan inductores aunque no llegue el celo. Era una etapa en la que se consideraba normal tener dificultades para controlar las feromonas según la condición física o sufrir por ciclos de celo irregulares. Sabiendo esto, quedaba claro que fue con la intención de robar el inductor desde el principio.

—¿Por qué se lo diste a un Beta?

No preguntó por qué robó la droga para causar tal incidente. Al fin y al cabo, el motivo era obvio. Ese tipo de razones no ayudaban en nada a resolver lo que ya había ocurrido. Solo sentía curiosidad por saber por qué le dio a un 'Beta' un medicamento destinado a un 'Omega'.

De cualquier forma, como era un chico que sabía valerse por sí mismo, Tae-kyung no se preocupaba demasiado por los problemas que causaba de vez en cuando. Generalmente eran conflictos simples que se resolvían fácilmente con dinero, y confiaba en que, al no ser ya un niño, sabría controlarse.

Después de entrar a la preparatoria, Ha-min incluso tuvo la experiencia de participar en el Campeonato Mundial. Siendo un tipo bastante listo, el mismo Ha-min debía conocer bien su posición.

—Hyung, ¿sabes una cosa?

—Qué.

—En los hospitales, antes de usar un inductor, es obligatorio un análisis de sangre. Me dijeron que el que envían originalmente a los hospitales es un concentrado de alta densidad. Se supone que analizan la sangre y lo diluyen solo en la cantidad necesaria.

—¿Y?

—Así que tuve curiosidad de qué pasaría si usaba el concentrado en un Beta. Obviamente no pensé que entraría en celo. No soy tan estúpido. Solo pensé que se pondría cachondo como si hubiera tomado un afrodisíaco. O algo parecido al éxtasis líquido (GHB).

—¿Ese era tu objetivo?

—Sí.

Tae-kyung suspiró y se llevó la mano a la frente. Precisamente ahora estaba en un periodo en el que sus nervios estaban a flor de piel porque su ciclo de celo estaba por comenzar. Sus feromonas hirvientes no podían salir al exterior, lo que le provocaba fiebres leves intermitentes. Al ser un dominante que nunca dejaría escapar sus feromonas por error, era natural que le resultara más difícil que a otros Alfas.

En fin, le desagradaba que Ha-min hubiera provocado este problema sin pensar en las consecuencias en un momento así. Lo había considerado un chico bastante inteligente, pero parece que se había equivocado.

Normalmente, Tae-kyung pensaba que aquellos que tenían dinero y poder y aun así arremetían con ignorancia, no hacían más que alardear de su propia deficiencia. Y eso era precisamente lo que estaba haciendo un chico que pronto sería adulto. Realmente, no podía ser más estúpido.

—Como entrena en un lugar diferente, hablé con la federación para que lo llamaran. Es fácil si dicen que tienen algo que confirmar sobre la competencia.

—Eso lo hiciste bien. No hay necesidad de dejar huellas yendo a su lugar de entrenamiento. Asegúrate de que en la federación tampoco se hable de más.

—Sí. De todos modos, no saben lo que hice. Solo fingí tener curiosidad por ver qué marcas estaba sacando últimamente.

—¿Y entonces? ¿Ese Beta fue a la oficina de la federación?

—Sí. Sabía que siempre lleva una botella de agua. Así que vacié todo el contenido de la ampolla ahí.

Ha-min, al terminar su juego, apagó la pantalla sin remordimientos y se guardó el celular en el bolsillo. De todos modos no podía concentrarse, y solo lo hacía por inercia para matar el tiempo muerto.

—Pero de repente el chico empezó a temblar, echó espuma por la boca y se desplomó. Se le pusieron los ojos en blanco y todo su cuerpo estaba ardiendo. Era justo como cuando los drogadictos en las series mueren por no saber controlar la dosis.

—¿Cómo lo sabes tan bien? ¿Acaso estabas justo a su lado?

—No. Estaba observando a escondidas para llevármelo en cuanto se pusiera cachondo.

Eso significaba que, al menos, nadie en la federación vio que Ha-min estuviera involucrado. Tae-kyung soltó una carcajada incrédula al ver lo meticuloso que había sido. Ha-min no era notablemente brillante, pero tenía un instinto muy agudo para estas cosas. Seguramente era un instinto que desarrolló para sobrevivir como un niño ansioso por recibir atención.

—Cachondo, eh…. ¿Incluso preparaste gente?

—Tres Alfas Recesivos.

Ante la pregunta de Tae-kyung, Ha-min asintió lentamente. Aunque no lo dijo, leyó en su mirada que lo consideraba patético. Ha-min sintió un resentimiento repentino y refunfuñó haciendo un puchero.

Desde que era pequeño, el que le enseñó que podía hacer todo lo que quisiera fue Tae-kyung.

—Asegúrate de que cierren la boca. ¿O es necesario que yo me reúna con ellos?

—No. Yo puedo hacerlo. Son tipos que escuchan absolutamente todo lo que les digo.

Eran tipos que no dejaban de seguirlo desde que entró a la preparatoria. Actuaban como si tuvieran algún tipo de devoción pura, pero no eran más que idiotas que se comportaban como matones en la pequeña sociedad de la escuela. Incluso cuando les dijo que les entregaría a un chico para que jugaran con él como quisieran, se alegraron diciendo que Ha-min se los había pedido.

—Pronto serás un adulto.

—¿Si soy adulto ya no puedo hacerlo?

—Significa que ya deberías saber cómo encargarte de tus propios asuntos.

—¿No vas a ayudarme?

—Solo por esta vez. Pero asegúrate de aprender bien. No te digo nada por vivir como quieras. Te presentaré a alguien para que aprendas a limpiar tus rastros impecablemente. Si no puedes hacer eso, ni siquiera provoques problemas. Entiendes lo que te digo, ¿verdad?

Tae-kyung pensó para sí mismo que así era como terminaría independizando a Ha-min. Bueno, él también había envejecido, así que era natural que un hermano diez años menor creciera y se convirtiera en adulto.

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En cualquier caso, lo más importante para limpiar los rastros era saber usar a la gente. Porque alguien en quien confiar no se encuentra en cualquier momento. Por eso, a quien le presentó fue precisamente al Presidente Park.

—De ahora en adelante, si surge algo así, no uses a la gente de tu entorno. Te digo que no confíes ciegamente en ellos solo porque te obedezcan.

—Sí. Pero ese tipo de verdad no tiene cerebro para nada más. Le di la orden porque sé que hace cualquier cosa que yo le pida.

—¿Y crees que su boca será pesada para siempre? Hoy lo será, ¿pero mañana? ¿Seguirá siendo pesada dentro de un año? ¿Y si alguien lo amenaza con un cuchillo? ¿Puedes estar seguro?

—Eso es….

Ha-min no pudo continuar. Como lo consideraba un idiota que solo lo escuchaba a él, dio por hecho que lo haría de por vida. Por eso no pudo pensar en lo que vendría después, tal como decía Tae-kyung. Podía estar seguro de que, si ahora mismo le pedía que le lamiera la planta del pie, lo haría. Pero no podía asegurar que sería el mismo tipo el próximo año, el siguiente o por el resto de su vida.

—¿O es que vas a hacer que sea pesada para siempre?

—…….

Ante la nueva pregunta, Ha-min guardó silencio absoluto. No es que le importara la vida de ese tipo. Incluso si ahora mismo recibiera la noticia de que murió en un accidente, no pensaría en rezar por su alma ni mucho menos ir a su funeral. Simplemente comprendió profundamente lo que Tae-kyung intentaba decirle.

—El ser humano es capaz de pisotear incluso el orgullo de sus propios hijos frente a una cantidad de dinero que le alcance para toda la vida. ¿Y dices que el amor de un tipo que no llega ni a los 20 años? Ni siquiera como broma es divertido.

—…….

—No estés seguro de nadie. Te presenté al Presidente Park porque el Presidente Park cree en el dinero.

Tae-kyung continuó como si se sintiera aliviado al ver a Ha-min asintiendo ante sus palabras.

—Cuando uses a la gente, piensa también en eso. Deberías saber, sin que tenga que decírtelo uno por uno, que nadie guarda mejor un secreto que un muerto.

Viendo que Ha-min parecía haberlo entendido de inmediato, Tae-kyung comenzó enseguida con las gestiones de limpieza. Lo primero que causaba problemas era la víctima y su entrenador. Según escuchó, la víctima no parecía saber que casi lo violan, pero su entrenador, quién sabe cómo, llamó incluso a la oficina de secretaría del Grupo Won para presionar.

Tae-kyung conectó el teléfono para averiguar en qué hospital estaba internada la víctima. Como el entrenador también estaba allí, parecía que podría resolverlo todo de una vez.

—Entonces, ¿quiénes saben todo esto? Tú, ese Alfa Recesivo y el entrenador de la víctima, ¿ustedes tres?

—Ese Alfa solo sabe que yo iba a contactarlo, así que no conoce los detalles. El entrenador tampoco debe saberlo con exactitud. Solo sabe que yo planeé esto.

—¿Te vio hacerlo directamente? ¿Tiene alguna prueba?

—Parece que me escuchó hablar por teléfono. Cuando salía antes de que llegara el 119, llamé para decirles que no esperaran, porque el juguete se iba al hospital.

—O sea, que el entrenador vio que la víctima se desplomó, lo internó, y mientras tanto te escuchó hablar con el Alfa Recesivo, ¿no? Y no hay más pruebas.

—Sí.

—Entendido. Yo me reuniré con el entrenador y la víctima. Si llamó a propósito a nuestra oficina, es porque parece que quiere algo, así que no será necesario llamar al Presidente Park.

Tae-kyung se puso el saco del traje y, como si lo hubiera olvidado, continuó hablando.

—Pronto son las eliminatorias nacionales. Cuídate un poco. Si intentas deshacerte de alguien y el asunto se vuelve más grande de la cuenta, la federación no tendrá más opción que prestar atención a la opinión pública. Te digo que no es algo que se resuelva solo repartiendo un poco de dinero.

—Sí. Tendré cuidado.

—Especialmente esta vez fue excesivo. ¿Violación? Qué sucio. Si ibas a hacerlo, debiste elegir algo limpio que no dejara secuelas.

—Pero... es que lo odio tanto, hyung. Desearía que desapareciera de este mundo para siempre.

—Si es por eso, hay muchos otros métodos. Podrías mandarlo lejos, a provincia o a un lugar remoto.

—No. No quiero que solo desaparezca de mi vista.

Simplemente quiero destrozarlo por completo.

Las comisuras de la boca de Ha-min cayeron. Ante su rostro sinceramente afligido, Tae-kyung no agregó nada más. Era algo que podía pasar; en la vida, uno o dos tipos así pueden aparecer en cualquier momento. La forma de tratar a esas personas variaba según cada uno. Ha-min simplemente lo hizo a su manera. Golpearlo o quitarlo de en medio para que no estuviera frente a sus ojos, eso era muy propio de Lee Ha-min.

Tae-kyung dio media vuelta pensando que con este sermón Ha-min ya habría entendido. Justo en ese momento, el jefe de secretaría abrió la puerta y entró para ayudar a Tae-kyung con sus preparativos de salida.

—El auto está esperando. Han trasladado al paciente a una habitación VIP, y me informan que la familia también lo espera allí hasta que despierte.

—¿Qué dice el médico?

Tae-kyung salió dejando a Ha-min en la oficina. Sabía que se iría solo después de pasar el rato. A pesar de verse así, era un tipo que nunca faltaba a sus entrenamientos.

—Dice que primero debe pasar el efecto del medicamento para dar un diagnóstico preciso. Por ahora están eliminando los restos de la droga mediante un lavado gástrico y lo mantienen en observación con suero.

—Como es un Beta, no habrá que preocuparse por problemas de feromonas.

—Sí. Dicen que, al no tener una glándula de feromonas para despertar a la fuerza, el medicamento está atacando el cuerpo. Si fuera un Omega, el asunto terminaría en cuanto llegara el celo, pero al no tener la glándula, le resulta más difícil.

—Entendido. Vámonos. No hay tiempo, así que terminemos con esto rápido.

—¿Lo llevo directamente al hotel cuando termine en el hospital?

El jefe de secretaría confirmó la agenda de Tae-kyung mientras abría la puerta del auto. Tae-kyung lo pensó un momento, asintió y subió al vehículo.

—Hagamos eso. Reúne todo lo que necesite mi firma y entrégamelo mañana por la mañana.

—Entendido. ¿Qué hago con su acompañante? Casualmente hay personas que han llamado diciendo que quieren pasar el periodo de celo con usted.

—Envía a cualquiera. Mañana, hoy no. Detesto que vengan antes de que empiece el celo y actúen como si estuviéramos enamorados.

—Sí. Entendido.

*

Cuando Joo Tae-kyung llegó a la habitación de la víctima, solo encontró al paciente sumido en un sueño profundo. Al ver algunas pertenencias en un rincón, supuso que el tutor se había ausentado un momento.

Al acercarse a la cama, sus ojos captaron el goteo rítmico del suero y aquel rostro pálido —no sabía si por el choque o por naturaleza—, con facciones delicadas y armoniosas. No era alguien a quien pudiera reconocer de inmediato, pero tampoco le resultaba extraño. Siendo un nadador que competía con Ha-min, quizá si le pusiera el gorro y las gafas de natación lo recordaría al instante, aunque no tenía el más mínimo interés en tomarse esa molestia.

—... Ja.

Una risa seca escapó de sus labios al ver la expresión tan pacífica de aquel rostro que respiraba con regularidad. Se preguntó si ese chico tendría idea de lo que estuvo a punto de sucederle.

No sintió ni una pizca de lástima barata. Al fin y al cabo, pertenecían a mundos distintos. Si acaso, el único error de este joven había sido cruzarse en el camino de Ha-min.

Sin embargo, sin darse cuenta, su cuerpo se relajó por un momento. Podía ser el vacío que acompañó a su risa, pero no era solo eso; era una sensación de distensión más íntima y fundamental. Para alguien como Tae-kyung, que siempre debía estar bajo control, aquello era desconcertante.

Había crecido vigilando que su padre no cometiera imprudencias, controlándose para no destacar demasiado y no ser visto como una amenaza que quisiera arrebatarle la empresa de inmediato. Tomar el control de la compañía desde las sombras, sin que nadie lo notara, era una tarea agotadora y extenuante.

Por supuesto, la empresa sería suya cuando su padre muriera. Tendría que encargarse de que no cayera en manos de algún Omega amante o de su descendencia, pero eso no sería difícil. No obstante, una cosa era ser el heredero por derecho y otra muy distinta era dominar el sistema operativo y posicionarse dentro de él. Tae-kyung quería tenerlo todo en la palma de su mano.

Por eso, solo lograba relajarse cuando estaba completamente solo. Solo en la soledad de su hogar se permitía ser esa fiera lánguida que se despereza sin necesidad de fingir una sonrisa de negocios. Y ahora, por primera vez, se relajaba en un lugar que no era su casa.

Con una sonrisa silenciosa, Tae-kyung se recostó en la silla del acompañante junto a la cama. La presencia de aquel desconocido profundamente dormido le resultaba extraña y fascinante. No se oía ni un ruido, pero no se sentía el vacío de la nada. Era como si el tiempo se hubiera detenido en un espacio silencioso y apartado del resto del mundo.

Algo inefable envolvió su cuerpo. No era precisamente calidez o ternura, pero era innegable que su cuerpo, siempre tenso por instinto, se sentía en paz.

Tal vez fuera por el celo. El hecho de desmoronarse así frente a un desconocido en un lugar ajeno... Quizá, después de todo un día de fiebres intermitentes, aquel momento de paz inesperado fue lo que buscaba su organismo. Cada célula de su cuerpo parecía estirarse y soltar un largo suspiro.

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Al pensar en eso, sus densas feromonas se liberaron de golpe con un soplido. Al ver que su instinto tomaba prioridad en cuanto el cuerpo se relajaba, era evidente que el celo estallaría antes de lo previsto.

Tae-kyung chasqueó la lengua y observó al paciente. Solo cuando confirmó que no se movía, soltó un suspiro de alivio. Menos mal que era un Beta que no reaccionaba a las feromonas de un Alfa Dominante.

Se quedó mirando aquel rostro límpido un momento hasta que, burlándose de su propia actitud, se dio la vuelta. Apoyó la nuca contra la pared, lanzó una mirada al vacío y cerró los ojos lentamente. Dejó escapar sus feromonas reprimidas poco a poco, permitiéndose disfrutar de esa comodidad inesperada.

El silencio absoluto y el sonido rítmico de la respiración ajena lo tranquilizaron aún más. Se sumergió en el sueño con tal rapidez que no quiso ni recordar la razón por la que estaba allí.

Un Alfa Dominante al borde del celo y un Beta que se había desmayado echando espuma por la boca tras recibir un inductor para Omegas. A pesar de ser una combinación imposible, el tiempo fluyó lentamente como si quisiera protegerlos a ambos.

Hasta que el jefe de secretaría fue a buscarlo, la habitación permaneció sumergida, como si estuviera bajo el agua azul de un océano profundo.

Después de aquello, Woo-joo se manifestó como un Omega Recesivo. El afectado ni siquiera sabía la razón exacta; simplemente pensó que "estas cosas también podían pasarle a uno".

Todo fue gracias al alto precio que Tae-kyung pagó por el silencio del médico de cabecera y del entrenador. El médico engañó a Woo-joo y a su familia con una explicación plausible: que, aunque la probabilidad era extremadamente baja, un Beta podía verse influenciado por la presencia constante de personas con rasgo y terminar manifestándose. Como los Betas solían ignorar los detalles técnicos de los rasgos, no fue difícil convencerlos.

A pesar de lo absurdo de la explicación, Woo-joo supuso que, al haberse manifestado en la federación, debía haber habido muchos rasgos presentes. Pensó que, aunque no las hubiera sentido, debían quedar muchas feromonas residuales en un lugar como ese.

Para consolar a la familia desesperada, el médico añadió que, comparado con alguien que se manifiesta de forma natural, sus periodos de celo, su probabilidad de embarazo e incluso sus feromonas serían mucho más bajos o débiles.

A Woo-joo no le importaba ser Omega o no, siempre y cuando pudiera seguir nadando. De hecho, al saber que sus celos serían escasos y sus feromonas débiles, se sintió aliviado al pensar que no tendría que cambiar su rutina de entrenamiento para las eliminatorias. Además, en el caso de los nadadores Omegas, a veces se lograban mejores marcas si se aprovechaba bien el ciclo de celo.

Aunque estaba desconcertado, sintió la ambición de querer probar ese método después de terminar las eliminatorias. El deseo por mejorar sus marcas siempre estaba latente.

Aun así, debido a que no estaba acostumbrado a controlar sus feromonas, tuvo que renunciar a la competencia inmediata, pero Woo-joo comenzó a usar ese tiempo para un objetivo mayor. Por su parte, el entrenador, que conocía perfectamente a Woo-joo, lo hizo entrenar como de costumbre.

Había recibido una buena suma de Tae-kyung, pero eso era solo un extra. Si Woo-joo, su atleta, llegaba a las Olimpiadas como representante nacional, él ganaría no solo dinero, sino también honor. No podía dejar pasar esta oportunidad.

Por eso surgió el problema.

Shin Woo-joo actuaba con demasiada normalidad.

*

—Debería haberle roto las piernas.

Ha-min clavó las yemas de sus dedos con fuerza. El cuero del apoyabrazos de la silla terminó con marcas antiestéticas, desgarrado por sus uñas. Los miembros del staff de Ha-min intercambiaron miradas en silencio, vigilando su reacción, antes de continuar con sus tareas como si no hubieran escuchado nada.

—Pensándolo bien... a ese tipo habría que dejarlo medio inválido para que finalmente se rinda.

No esperaba que se manifestara como un Omega Recesivo, pero lo que menos previó fue que, aun así, continuara entrenando como si nada hubiera pasado. ¿No debería, al menos, haber guardado cama por el impacto, o armar un escándalo, o perder las ganas de practicar?

Aunque ser Omega no es una enfermedad mortal, manifestarse cuando la pubertad ya casi ha terminado es suficiente para que cualquiera se encierre a sufrir por el shock. Había sido, literalmente, un rayo en un cielo despejado.

Sin embargo, Shin Woo-joo se había sumergido en el entrenamiento de forma frenética, insistiendo en que obtendría su pase olímpico, lo cual crispaba los nervios de Ha-min. Así que Ha-min volvió a reflexionar sobre cómo quitarse a Shin Woo-joo de encima.

No obstante, con la competencia a la vuelta de la esquina, sus acciones estaban limitadas. Sabía que si esta vez no hacía las cosas de forma impecable, Tae-kyung lo consideraría patético. Por supuesto, Tae-kyung no dejaría de verlo, pero dejaría de tratarlo como al hermano menor consentido de ahora.

Él estaba ansioso por convertirse en el amante de Tae-kyung lo antes posible; si cometía un error, corría el riesgo de pasar de ser "el hermano" a ser un "mocoso lamentable" con el que no valdría la pena ni cruzar palabra.

Por lo tanto, esta vez debía ser algo definitivo y sin cabos sueltos. Una lesión accidental justo antes del torneo, algo inevitable. Y si esa lesión lo alejaba del agua para siempre, mejor aún.

¿El agua?

Sí.

Ahí estaba la clave.

Ha-min se reprochó por no haberlo pensado antes y, al mismo tiempo, se elogió por la brillantez de su idea en el momento justo.

Esperó en un lugar por donde Woo-joo solía pasar, sosteniendo una cafetera con agua hirviendo. Fingió tropezar y volcó el contenido hacia Woo-joo. A menos que este tuviera alas, era inevitable que el agua hirviendo cayera directamente sobre sus pies.

Con el empeine y los tobillos escaldados, Woo-joo fue trasladado a urgencias ese mismo día. Mientras él estaba internado en el hospital de quemados, se llevaron a cabo las eliminatorias, y Ha-min pudo ocupar con orgullo el primer puesto ante los ojos de Tae-kyung.

Solo con eso ya se sentía aliviado, pero entonces ocurrió algo que superaba sus sueños.

—¡Ha-min, Ha-min! ¿Te enteraste del rumor?

—¿Qué?

Uno de los miembros del staff llegó corriendo, jadeando. Al ver que Ha-min fruncía el ceño porque el aliento ajeno se mezclaba en su aire, el empleado se mordió el labio y contuvo la respiración con dificultad.

—¿Y bien? Mierda, te dije que aguantaras el aire, no que dejaras de hablar.

Sabía que el otro necesitaba un momento para recuperarse, pero no se molestó en ser considerado. Él era alguien que podía permitirse no serlo.

—Shin Woo-joo... dicen que ya no puede nadar.

—¿Quién no lo sabe? Todo el mundo, menos tú, sabe que no pudo competir por la lesión.

—¡No, no es eso! Dicen que cualquier deporte de alto rendimiento le resulta imposible. Puede nadar como pasatiempo, pero no como profesional. En la natación el tiempo es la vida, y si no puede mejorar sus marcas, su carrera está terminada.

—... ¿Eso es seguro?

—Al quemarse, parece que parte del tejido muscular del tobillo se 'derritió'. Lo que quedó se recuperó, pero el músculo es ahora más corto que el de una persona normal, así que no podrá alcanzar buenas marcas. Eso significa que su carrera se fue al traste. Dicen que su entrenador está en shock y no sabe qué hacer.

Ah. Así que era algo tan simple y fácil.

Ha-min soltó una carcajada estrepitosa. Se reía sin parar, hasta el punto de que le dolía, pero las risas seguían brotando una tras otra.

A raíz de esto, Shin Woo-joo cayó en la desesperación por primera vez en su vida, y su madre, incapaz de quedarse de brazos cruzados, comenzó una protesta en solitario.

¡La sucia verdad del representante nacional Lee Ha-min!

Lee Ha-min vertió intencionalmente agua hirviendo sobre un competidor para causarle quemaduras. El atleta afectado ha sido diagnosticado con un acortamiento del músculo del tobillo, lo que le impide realizar deportes de alto rendimiento y ha puesto fin a su carrera profesional.

¡A pesar de la gravedad del incidente, la federación solo ha impuesto una sanción superficial!

¡Esto no fue un accidente por descuido! ¡Es un delito de lesiones agravadas cometido por envidia hacia otro atleta!

¡Exigimos una reinvestigación del caso y un castigo severo!

Ella repartía cientos de volantes y sostenía una pancarta que pedía la expulsión de Lee Ha-min de la selección nacional. Ha-min chasqueó la lengua y negó con la cabeza.

Ese es el problema con los que no tienen nada. Le asqueaba esa estupidez de creer que el mundo cambiaría con algo así. Sin embargo, no sentía la menor intención de darle dinero como había hecho en otras ocasiones.

La verdadera vida de Shin Woo-joo apenas comenzaba: una vida cuesta abajo, una vida en el fango. Había empezado todo esto para ver eso precisamente; no iba a darle dinero para que empezara una nueva vida solo por detener una protesta.

Afortunadamente, para Ha-min, acallar ese tipo de ruidos era extremadamente sencillo. Utilizó sus influencias para aislar aún más a Woo-joo. Todo el mundo, incluso aquellos que ni siquiera lo conocían, empezaron a señalar con el dedo a Shin Woo-joo y a su familia.

Luego, esperó hasta que la piel de la madre perdió toda vitalidad y se volvió oscura, hasta que quedó en los huesos por el sufrimiento. Fue entonces cuando llamó al Presidente Park, el contacto que Tae-kyung le había dado.

El Presidente Park hacía muy bien su trabajo por el dinero que recibía. Le propinó un golpe en la nuca a la mujer y luego la dejó caer para que los forenses se confundieran sobre la causa de muerte. Ha-min no sabía cuánto dinero tuvo que repartir el Presidente Park en el proceso, pero ese era su trabajo: hacerlo de forma impecable a cambio del pago.

Fue idea de Ha-min imprimir la nota de suicidio para que nadie supiera quién la había escrito. Al verla, Woo-joo creería hasta el final que su madre no habría tomado una decisión tan extrema por su cuenta.

 

—¡Estoy seguro de que fue un asesinato! ¿De dónde sacaría mi mamá algo así para imprimir? ¡Ni siquiera sabe dónde hay un ciber café cerca!

Tal como Ha-min predijo, Woo-joo clamaba justicia a gritos cada día. Llamaba y enviaba mensajes al oficial a cargo constantemente, y acudía a la comisaría una y otra vez. Se sentía asfixiado porque nadie le creía. Pero tampoco podía quedarse quieto.

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Le dolía el tobillo y sentía el cuerpo como si le hubieran dado una paliza. El sudor frío empapaba su ropa, pero no se detenía. Iba de un lado a otro suplicando que reinvestigaran la muerte de su madre.

Entonces, en algún momento, un demonio le susurraba al oído:

'Tú mataste a tu madre'.

En ese instante, Woo-joo volvía a desplomarse en llanto. Sentía rencor hacia ella. Se sentía culpable por no haberla detenido cuando iba a diario a la oficina de la federación. ¡Si te dije que no lo hicieras, no lo hagas! ¡Por favor, detente!

Luego se torturaba pensando que debería haberla acompañado, y sufría pensando que, si iba a ser tan duro, mejor se hubiera quedado en casa a su lado.

Le dolía la cabeza. Tenía fiebre y sentía que su tobillo giraba sin control.

Lo siento. Lo siento, mamá.

Todo es mi culpa.

Por favor, que alguien me diga que esto es un sueño.

No me importa mi lesión, ni tu protesta. Todo está bien, así que por favor, que sea solo un sueño.

Solo... vuelve a aparecer frente a mí.

Por las noches, tenía la misma pesadilla: agua hirviendo caía sobre su cabeza y su cuerpo se derretía por completo. En el sueño, el dolor era idéntico. No, era peor. Incluso sus órganos se derretían y perdía la voz.

En esos momentos, el padre de Woo-joo tenía que escuchar a su hijo gritar en sueños, suplicando que lo mataran. Ante los lamentos de su hijo, que se retorcía y se arañaba a sí mismo pidiendo la muerte, el padre lo abrazaba y lloraba con él cada noche.

—Tenemos que vivir bien. Tenemos que salir adelante nosotros dos. Tu madre nos está mirando, así que debemos vivir bien.

Al llegar la mañana, Woo-joo se enfrentaba a su terrible realidad. Su padre también estaba envejeciendo a pasos agigantados. La vida no se sentía como vida. En el hospital decían que eran síntomas comunes en pacientes con quemaduras y sus familias.

Vivir no se sentía como estar vivo. Le asqueaba que llegara una nueva mañana.

Sin embargo, lo único a lo que se aferraba hasta el final era a la muerte de su madre. Su padre salía todos los días a reunirse con los conocidos de ella, preguntando en el lugar de la protesta si alguien la había visto. Se esforzaba por demostrar que ella no era el tipo de persona que haría algo así.

Por eso, Woo-joo tampoco podía rendirse. Lo importante era revelar y dar a conocer la verdad en la que nadie creía.

Esa lucha desesperada, Ha-min la observó por completo entre risas.

Cada día era nuevo y divertido. Era la primera vez que, al mirar a Shin Woo-joo, en lugar de ira, le brotaba una carcajada. No podía sentirse más feliz al ver a Woo-joo clamando sin cesar por una reinvestigación sobre la muerte de su madre.

¿Quién demonios iba a escuchar algo así?

Por supuesto, las afirmaciones de Shin Woo-joo eran ciertas. Pero ver cómo se desvivía solo, cuando nadie le creía, resultaba hilarante. Reía tanto que incluso le saltaban las lágrimas. A veces, recordaba la escena mientras entrenaba y terminaba riéndose bajo el agua, lo que hacía que sus marcas empeoraran.

De cualquier modo, al no tener a nadie que le creyera, Woo-joo se fue aislando por su cuenta. El agua estancada termina por pudrirse y oler mal; Ha-min no tenía dudas de que Shin Woo-joo se pudriría en su soledad.

Sin embargo, Shin Woo-joo todavía tenía la intención de intentar vivir felizmente junto a su padre. ¿Qué clase de mala hierba era? ¿Cómo podía ser tan persistente alguien que se había pasado la vida bajo el agua?

¿Por qué no te mueres de una vez?

Realmente, a Ha-min le daban escalofríos de solo pensar en él. Se le pegaba como una sanguijuela y no planeaba soltarse. Era espantoso. Por eso, era natural que planeara eliminar al último pariente que le quedaba.

Como la casa de Shin Woo-joo solo poseía un pequeño negocio familiar, asfixiarlos económicamente fue lo más fácil que había hecho hasta ahora. Al final, Woo-joo tuvo que liquidar todo lo que poseía y mudarse a una habitación individual donde incluso el baño era compartido.

Al ver esa miseria peor que la de un mendigo, Ha-min sintió que la pesadez que había cargado durante tanto tiempo finalmente desaparecía.

Luego, a través de uno de los hombres del Presidente Park, ordenó a un matón de poca monta que manejaba préstamos en el barrio que comprara todas las deudas. No había nadie que rechazara el dinero si se lo ofrecían. Hizo que persiguieran a Shin Woo-joo de por vida, obligándolos a raspar hasta el último centavo, acorralándolo en el rincón más mohoso posible.

Encargar la eliminación del padre de Shin Woo-joo también recayó en este matón, por necesidad. El Presidente Park, a pesar de cobrar, se puso selectivo con el trabajo: decía que, como acababan de matar a una persona, debían dejar pasar un tiempo.

Fue entonces cuando el matón, cegado por la codicia, se acercó a Ha-min a espaldas del Presidente Park diciendo que él podía hacerlo bien. A Ha-min no le importaba la lealtad entre delincuentes mientras el trabajo se hiciera rápido.

Siguiendo las órdenes de Ha-min, el matón sacó al padre de Woo-joo de Seúl con la promesa de que ganaría dinero rápido para pagar sus deudas. Lo llevó a un lugar con vista al mar, bastante lejos de la capital. En aquel lugar, lejos del puerto concurrido, había muchos contenedores vacíos.

Aunque Ha-min lo había ordenado de antemano, los matones no tuvieron problemas en preparar la escena. Al llegar al lugar indicado y observar los alrededores, una sonrisa se dibujó lentamente en los labios de Ha-min. Pensó que, tal como en las películas, los mafiosos resolvían las cosas dentro de contenedores. Escenas llenas de sangre, cortes y desmembramientos.

En realidad, estaba bastante excitado. Era interesante y placentero. Verlo desplegarse ante sus ojos era algo totalmente distinto a verlo en una pantalla. Él era el protagonista. Y no en una película, sino en la realidad.

Como si el final feliz y la última risa le pertenecieran al protagonista, él sería quien terminaría con este fatídico vínculo. Sentía que ni siquiera superando su propio récord podría estar más alegre.

—¿Ha llegado?

El matón que trabajaba bajo las órdenes del Presidente Park era mucho mayor que Ha-min. De hecho, casi no hay matones menores de veinte años en ese negocio. Aun así, el hombre no tuvo reparos en inclinarse y hablarle con respeto. Sabía muy bien que el dinero es poder. A Ha-min le gustaba esa comodidad; no necesitaba esforzarse por demostrar quién estaba por encima.

La gente obediente es, sin duda, conveniente. Por eso Tae-kyung trabajaba con el jefe de secretaría y el Presidente Park.

—El trabajo ha sido más rápido de lo que esperaba.

—Hice algunos movimientos porque parecía que tenía prisa.

—Me alegra que sea alguien que entiende rápido.

Al ver la ancha espalda inclinada ante un chico de 19 años, Ha-min soltó una carcajada. Se preguntó por qué se había contenido tanto tiempo. Si hubiera atacado a la familia desde el principio, ese tipo despreciable se habría desmoronado mucho antes.

—Hola. Ah, supongo que no puede estar muy bien, ¿verdad?

Ha-min sonrió ampliamente al ver al padre de Woo-joo arrodillado en el suelo. La risa se le escapaba tanto que le resultaba embarazoso. El matón había hecho un buen trabajo incluso sin que se lo pidieran: lo había golpeado hasta que casi no podía abrir los ojos y lo había puesto de rodillas a su gusto.

—En realidad, usted no tiene la culpa de nada. Bueno, de una cosa sí: de tener un hijo tan de mierda.

—Ugh... Woo-joo... Mi Woo-joo...

—Por eso, que usted esté así es todo culpa de ese maldito Shin Woo-joo.

—¿Por qué... qué hizo nuestro Woo-joo...? ¡Ah! ¿Qué... hizo?

—¿Que qué hizo? ¡Ja! ¡Mal-di-to! ¡Aaaah! ¡Ah! ¡Ah!

Ha-min pataleó con fuerza y se revolvió el cabello soltando un grito desgarrador. Dentro del estrecho contenedor, el estruendo resonó durante un buen rato, dejando sus oídos sordos momentáneamente.

—La existencia misma de ese tipo es un pecado. ¿Para qué demonios lo trajo al mundo? No, señor, escuche. Le advertí varias veces. Le destrocé el tobillo, le quité a la madre. Pero aun así, ¡mierda!, si dicen que van a vivir felices a pesar de todo, ¿cómo espera que me quede quieto? ¿Eh?

—¿Qué... qué significa eso...? ¿Tú... tú lo hiciste? ¡La mamá de Woo-joo... tú también le hiciste eso a la mamá de Woo-joo!

—Si no, ¿por qué una persona sana se tiraría de repente desde ahí? Aunque Shin Woo-joo, ese idiota, tampoco creía que su madre se hubiera suicidado.

El padre de Woo-joo negó con la cabeza violentamente. Lo sabía; la madre de Woo-joo era una mujer más fuerte que nadie. Ha-min, interpretando ese gesto a su manera, incluso aplaudió de alegría. Sus carcajadas volvieron a eco y llenaron el pequeño contenedor.

—¡Ah! ¿Acaso usted pensó de verdad que su esposa murió porque Shin Woo-joo le hacía la vida difícil? Ajajá. Esto es jodidamente gracioso. ¿Entonces, en el fondo, odiaba mucho a Shin Woo-joo? ¿Y fingía que no, fingía que se preocupaba por su hijo? Vaya, mierda. Je, je, je. Es jodidamente divertido.

—No... no es así. Nunca fue así... Mi Woo-joo... Ugh. Woo-joo...

Las lágrimas nublaron su vista. Al correr sobre su rostro sucio por los maltratos, las marcas del llanto lo hacían ver aún más desaliñado.

—¿Cómo que no? Qué extraño. Si tanto la señora como usted se mueren por culpa de Shin Woo-joo, ¿por qué no le guardan rencor? Háganlo un poco. Si no lo hacen, es todavía más raro.

Ha-min frunció el ceño y pisoteó con fuerza el muslo del padre de Woo-joo. Le resultaba asqueroso y desagradable que siguieran actuando como una familia unida incluso en esa situación. No podía ser cierto. Toda la familia estaba arruinada y muerta por culpa de ese maldito hijo.

—Ugh... Ggg... Ugh.

Al menos, los gemidos de dolor del padre de Woo-joo, que sonaban frágiles, calmaron su mal humor. Por muy unida o amorosa que sea una familia, ante la muerte todo es diferente. Tenía que ser así. Mientras era pisoteado por un joven tan lozano como su hijo, ¿cuánto rencor le tendría en su interior?

Al pensar en un Shin Woo-joo descubriendo que incluso sus amados padres murieron guardándole rencor, Ha-min sintió como si explotaran fuegos artificiales en su cabeza. Estaba rebosante de éxtasis.

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Para que Shin Woo-joo sufriera más que ahora, su padre debía morir de la forma más dolorosa y difícil posible. Odiándolo a muerte, lanzando maldiciones que no olvidaría ni después de muerto. Y Ha-min estaba dispuesto a encargarse de ello. Cuanto más lo pisara, más profundo sería el rencor. Y Woo-joo se retorcería aún más de culpa.

—¿Están grabando esto?

—¿Perdón?

—¿No graban esta gran escena? ¡Mierda, se perdieron toda la parte anterior!

—Ah, no. Estamos... estamos grabando.

—Oh, bien. Veo que trabajan bien.

Irónicamente, el matón se comportaba como tal. Como no confiaban en Ha-min, habían instalado una cámara en la parte superior del contenedor desde el principio. Necesitaban grabar el video para usarlo como extorsión o como evidencia si fuera necesario. Ha-min, en su arrogancia, actuaba como un hombre poderoso, pero al final no era más que un niño. Ni siquiera sospechó por qué estaban grabando; simplemente creyó que eran eficientes.

—Repita conmigo: "Shin Woo-joo, es por tu culpa. Todos mueren por tu culpa". Rápido.

—Por tu culpa... no es. ¡Agh! ¡Ugh! Nunca... nunca lo es. Agh. No pienses eso. Todos... todos son gente mala... ¡Aaaaaah!

—¡No! ¡Señor! ¡Maldita sea! ¿Por qué no entiende lo que le digo? ¿Eh? Si hace esto, ¡me pongo... terco! ¿Eh?

Ha-min pataleó con furia. Cuando la postura del padre de Woo-joo se derrumbó al ser pisado en el muslo, Ha-min cargó aún más peso en su pierna. Lo pisoteó sin piedad en cualquier parte que quedara a la vista mientras caía.

Lo pisoteó como si lo estuviera pateando: la espalda, la cabeza, cualquier lugar. El padre de Woo-joo apretó la mandíbula y resistió. Se esforzaba por contener los gritos de dolor porque no quería que, si Woo-joo llegaba a ver este video algún día, sufriera por él. Al pensar que esto era lo último que le dejaría a su hijo, su voluntad se volvió más nítida.

Lo último que quería decirle, lo que quería dejarle para siempre. Esas palabras no debían ser simples gritos de agonía.

—Woo-joo... Te amo... ¡Ugh! Hijo mío... te amo. Te amo, Woo-joo. No es tu culpa. Nunca lo es... ¡Ugh! ¡Ggg!

Sabía que esto enfurecería a Ha-min. Sabía que su vida dependía de un joven de la edad de su hijo. Pero también sabía perfectamente que hoy, ahora, era su final. De hecho, agradecía poder dejar sus últimas palabras grabadas. No sabía si Woo-joo vería el video, pero le daba gracias a la vida porque sus últimas palabras antes de morir fueran de amor.

—Woo-joo... Mamá y papá... ugh... ggg... aunque volviéramos a nacer... querríamos vivir... como tus padres... ugh. Gracias por nacer como nuestro hijo... Ah... Ah.. de verdad... gracias.

Qué alivio que Woo-joo no fuera el que estaba muriendo. Seguramente la madre de Woo-joo cerró los ojos pensando lo mismo. Que era una suerte que al menos Woo-joo viviera, que moriría mil veces con tal de salvarlo. Tal como él pensaba ahora.

—Ja. ¡Mierda! ¿Se volvió loco? ¡Quién le pidió que soltara esas tonterías! De tal palo, tal astilla. Que Shin Woo-joo sea un asco es porque se parece a usted. ¡Ah! ¡Mier-da! ¡Me saca de quicio! ¡Ah!

Ha-min no pudo contener su furia hirviente y comenzó a gritar. Sus insultos vulgares resonaron con fuerza. Los dos eran iguales: lo hacían enfurecer hasta el final.

—Basta. Me irrita, así que quiten esto rápido.

—¿Qué quiere que hagamos?

—¿Me lo pregunta a mí? Les di dinero para que se encargaran. ¡Si lo voy a hacer yo, para qué mierda les pago!

—No, es que por si quería algo en especial...

El subordinado del Presidente Park actuó como un tonto a propósito mientras observaba a Ha-min. No podía dejar ir tan fácilmente a un cliente que sería su fuente de ingresos en el futuro. Normalmente, los que tienen dinero odian ver a alguien mejor que ellos. Probablemente por eso ese tal Shin Woo-joo estaba en la mira de Lee Ha-min.

—Entonces lo limpiaremos todo de una vez.

—... ¿Cómo se encargará?

—¿No tenemos el mar ahí enfrente? Si lo tiramos con piedras, no subirá el cadáver hasta que desaparezca como comida para peces.

—Alguien podría verlo... Ah. No piedras. Usemos cemento.

—¿Cemento?

—Viertan cemento. A menos que quieran anunciar que hay un cadáver, echen cemento y tírenlo.

Ha-min chasqueó la lengua y retrocedió, dándoles espacio para trabajar. El subordinado se puso en marcha con sus hombres. Para satisfacer a Ha-min, consiguieron rápidamente un barril de metal y cemento. Afortunadamente, como tenían experiencia, terminaron el trabajo sin problemas, incluso si tuvieron que amedrentar a gente común que ya estaba durmiendo.

—Señor. Al irse, asegúrese de odiar a Shin Woo-joo. ¿Eh? Haga que mi esfuerzo por venir hasta aquí valga la pena.

—Mi Woo-joo... por favor... ugh. A Woo-joo, por favor, sálvalo. Por favor... ggg...

Al padre de Woo-joo le rompieron las extremidades para meterlo a la fuerza en el barril. Ante los alaridos de dolor, Ha-min se enfureció y frunció el ceño. No podía soportar tanto ruido. Como no podía patear a la persona dentro del barril, pateó el barril mismo con todas sus fuerzas, una y otra vez, hasta quedar satisfecho.

El sonido metálico de los golpes se mezclaba con los lamentos. En el calor creciente del contenedor, la excitación de Ha-min aumentaba con cada eco que golpeaba sus oídos. Parecía que su razón se nublaba, como si estuviera experimentando un "subidón del corredor". Sus patadas se volvieron más violentas, sus ojos se desencajaron y soltó una risa demente.

—Échenlo, échenlo. Hace ruido, así que tápenle la boca rápido.

Ha-min, riendo entrecortadamente, dirigía a los hombres. Los tipos, que se miraban entre sí, no pudieron retrasarlo más ante la mirada feroz de su jefe y comenzaron a verter el cemento.

Cuando el padre de Woo-joo sacudió la cabeza e intentó sacar sus brazos rotos, los hombres desviaron la mirada, incapaces de verlo. Apretaron los dientes y vertieron el cemento rápidamente, deseando que terminara pronto. Habían golpeado gente, pero nunca habían matado a nadie, así que no podían evitarlo.

—¡Por favor! No se vaya en paz, quédese vagando como un alma en pena, señor. Pensaba rezar por su alma, pero viendo que ni en este estado odia a su hijo, creo que se merece esto.

—Ggg... ggg...

—Está bien. No mataré a su hijo. Pero voy a secarle la sangre. Si no aguanta y se muere solo, ahí ya no será mi culpa.

Ha-min se encogió de hombros, dándose aires de importancia. De todos modos, era un tipo que no tenía a dónde ir; pensó que lo encerraría cerca y le pondría vigilancia para que no hiciera nada estúpido. Precisamente conocía a la persona adecuada: alguien cegado por el dinero que ya había traicionado a su propio atleta anteriormente.

—Está terminado.

—Tírenlo bien al mar para que nadie lo descubra.

Definitivamente, el cemento era lo mejor para deshacerse de un cadáver. Había visto muchas películas sobre eso y admiró lo bien que se ajustaba a la realidad. No entendía por qué el Presidente Park era tan cauteloso cuando era algo tan simple. Pensó que, aunque Tae-kyung confiaba en él, quizá no era tan eficiente después de todo.

—¿Regresa a la ciudad?

—¿Y qué más?

—Disculpe, quizá...

El subordinado, actuando como el matón que era, se inclinó con una intención oculta. Se había dado cuenta de que la diferencia entre el dinero que recibía a través del Presidente Park y el que recibía directamente era abismal.

—Les daré todas las deudas del "señor cemento", así que persigan al hijo y cobren el dinero. Vayan de vez en cuando y denle problemas. Si me entero de que ese tipo vive bien, no verán ni un centavo del dinero que apenas les sirve para comer ahora.

—Llámenos cuando quiera.

—Como hoy hicieron un buen trabajo, les daré un extra. El video de hoy no me sirve, así que tírenlo. No sirve de nada que yo actúe bien si él no sigue el guion.

Lamentó mucho no tener nada que mostrarle a Woo-joo. Quería decirle esa frase: "Tus padres murieron por tu culpa, y tú sigues viviendo tan campante".

Ha-min regresó a Seúl. A veces enviaba a los matones a molestarlo, pero pronto se olvidó de él. Pensó que la vida de Shin Woo-joo era ya tan miserable que no valía la pena ver más. Así, la existencia de Shin Woo-joo se fue desvaneciendo para Lee Ha-min.

Hasta que lo descubrió en la oficina de Tae-kyung, sentado sobre sus piernas, convertido en alguien más especial que nadie. Incluso, quién sabe qué demonios le hizo a Tae-kyung; ese Joo Tae-kyung, que era más brillante que las estrellas, estaba perdiendo la cabeza por un Omega Recesivo que no valía ni un trapo sucio.

Ha-min no tuvo opción. Tenía que sacar a la luz al padre de Shin Woo-joo, convertido en cemento, para sacudir su estabilidad mental. Tuvo que desenterrar esa acusación silenciosa que no pudo concretar aquel día: "¿Aún sigues viviendo tan campante después de todo lo que pasó?".

Ha-min pensó que, sin importar lo que eligiera Shin Woo-joo al conocer la causa de muerte de su padre, el final sería un lugar más profundo que la desesperación y más terrible que el infierno. Como a Tae-kyung le irritaba perder tiempo y energía en esas cosas, terminaría por dejar a Shin Woo-joo.

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Desde que llamó al tipo del Presidente Park para que recuperara el cadáver, Ha-min sintió que esto sería el final. Era una certeza inexplicable de que ese fatídico vínculo finalmente terminaría. Dio el soplo a un periodista para que la noticia saliera en todo el país ese día, impulsado por el placer de ver el final.

Ya que era el último acto, quería que fuera una despedida espectacular, y pensó que no había nada mejor que esto para cerrar el telón.

El problema era que Ha-min no sabía algo. Desde el momento en que decidió encargarse del padre de Shin Woo-joo, las cosas fluían en una dirección que él no podía imaginar. No. Quizá fue mucho antes. Desde aquel preciso instante en que Joo Tae-kyung encontró la paz al lado de Shin Woo-joo.