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Jae-hee
estaba encerrado en la habitación de la posada, pasando los canales de la
televisión con desgano. ¿Por qué no daban las noticias a esta hora? Con el
rostro apático, se desplomó sobre las mantas. A medida que el clima se volvía
más cálido, ya empezaba a sentir calor al usar cuellos de tortuga; pero no
tenía otra opción si quería ocultar las ramas que subían hasta el final de su
cuello.
Tiró
del cuello de la prenda hacia arriba y lo soltó, quedándose con la mirada
perdida en el techo. En aquel techo amarillento por el paso del tiempo, se
proyectaba el rostro de Kang Woo-won que acababa de ver en la televisión.
Esta
mañana, mientras comía en el restaurante Sujin, los señores de la mesa de al
lado reían a carcajadas diciendo que no había nada más entretenido que las
noticias últimamente. No era para menos, pues todos los días el ambiente estaba
agitado con los informes sobre el caso de drogas del Sector 12 y la noticia de
que se había aceptado la solicitud de medida cautelar de Farmaceutica Lee-do
contra Sehwa Farmaceutica para prohibir la venta de su fármaco. Incluso
mientras comía, aparecía en pantalla la entrevista de Seok Moon-seok.
Ugh,
qué cara tan odiosa. Jae-hee sintió un escobofrio de repulsión y se concentró
en tomar solo el caldo de su sopa de pollo.
Justo
cuando terminaba de comerse los trozos de carne y se disponía a mezclar el
arroz, escuchó una voz familiar. Jae-hee levantó la cabeza de golpe y miró la
televisión. El cuenco de arroz que sostenía cayó al suelo con un ruido
estruendoso.
-“Hola
a todos. Soy Kang Woo-won, representante de Farmaceutica Lee-do. Considero que
esta decisión del tribunal reafirma una vez más la importancia de que la
industria farmacéutica mantenga una competencia justa y estándares éticos.”
Jae-hee
tragó con esfuerzo el llanto que subía por su garganta y clavó la mirada en el
Woo-won de la pantalla. Era la primera vez que veía su rostro en casi un mes.
Sus
rasgos definidos y su expresión calmada, casi gélida, seguían siendo los
mismos; sin embargo, su rostro estaba terriblemente demacrado y el cansancio se
filtraba en su voz grave y decidida. Su tez estaba oscurecida y sus ojos
carecían de vitalidad. Su mirada, que normalmente caía con firmeza, parecía
vacilar en algún punto. Parecía que, de nuevo, sufría por la intoxicación de su
propio veneno, sin poder dormir ni comer.
‘El
tipo que es el jefe de la farmacéutica parece una celebridad.’
‘¡Si
parece un gigoló!’
Tras
terminar la entrevista, Woo-won desapareció de la pantalla. Aunque seguían
dando noticias relacionadas, Jae-hee permaneció sentado e inmóvil, mirando
fijamente el televisor.
Un
sentimiento punzante surgió desde lo más profundo de su corazón. Estaba feliz
de poder verlo de nuevo, aunque fuera así. Pero, al mismo tiempo, lo extrañaba
demasiado. No quería ver ese rostro atrapado en una pantalla, quería verlo en
la realidad. Una nostalgia de forma indefinida lo inundó, haciendo que sus ojos
escocieran y que su pecho se apretara con fuerza.
Al
final, Jae-hee no pudo terminar de comer y regresó a la posada para pasar todo
el día cambiando de canal, esperando a que la escena de la entrevista de Kang
Woo-won apareciera de nuevo en las noticias...
Sintió
un picor repentino en el cuello y empezó a rascarse con fuerza, hasta que
recordó la flor y se incorporó de un salto. Se arrastró hasta quedar frente al
tocador. Al bajar el cuello de su prenda, quedó a la vista una flor de color
violeta, del tamaño de la mitad de un dedo índice. Al posar la punta de sus
dedos suavemente sobre ella, pudo sentir el pulso latiendo rítmicamente.
Jae-hee
soltó una risa desolada. Esta flor no se borraría sin importar cuánto tiempo
pasara. Él era la persona a la que debía recordar a través de los rastros que
quedaban en su cuerpo.
Mientras
observaba la flor reflejada en el espejo con la mirada perdida, ladeó la
cabeza. Pero, ¿cómo se llama esta flor? Al pensarlo, se dio cuenta de que
siempre se había referido a ella simplemente como la flor violeta, sin conocer
su nombre exacto.
Jae-hee
sintió una inmensa curiosidad por saber el nombre de la flor propia de Kang
Woo-won.
* * *
“Qué
debilucho este jovencito, así no se puede. Tenés que comer bien, hijo.”
“Es
que estoy haciendo mi mejor esfuerzo.”
Jae-hee
se rascó la cabeza ante el regaño de la tía de la cocina. Como pasaba por el
restaurante Sujin mañana y noche, como si estuviera fichando, en algún momento
las señoras que trabajaban allí no solo empezaron a recibirlo con alegría, sino
que le servían la comida sin que él tuviera que pedirla.
‘No
comas más ese caldo descolorido todos los días. A partir de hoy, vas a comer el
menú del día.’
‘...
Sí.’
En
el menú no figuraba el menú del día. Aunque aceptó intimidado por el tono tosco
de la tía, no le apetecía mucho. Debido a las náuseas del embarazo, no podía
comer casi nada que no fuera la sopa de pollo. Sin embargo, a diferencia de sus
temores, el arroz blanco acompañado de estofado de kimchi, tortilla de huevo,
kimchi blanco, raíz de bardo glaseada y caballa asada estaba delicioso; todo se
adaptaba perfectamente a su paladar.
‘Estuve
muy rico.’
‘¿Te
gustó? Volvé mañana. ¿No hay algo que se te antoje?’
‘Eh...
hojas de sésamo condimentadas.’
‘Ay,
Dios, pide algo igualito a él. Está bien, concedido.’
Al
día siguiente, la tía no solo le preparó las hojas de sésamo, sino también
panqueques de hoja de sésamo. Extrañamente, toda la comida del restaurante
Sujin le sentaba bien. A veces, la tía de la cocina salía a charlar con él. Al
principio le resultaba incómodo, pero al darse cuenta de que eran regaños
llenos de afecto y ganas de cuidarlo, Jae-hee empezó a comer con tranquilidad.
Ahora, incluso se atrevía a responderle con timidez cuando lo regañaba. Entre
la comida deliciosa y la generosa hospitalidad, no podía decidirse a dejar
Gun-yeong.
Hace
poco, incluso fue a confirmar si los bebés crecían bien. A unos 20 minutos en
autobús desde Gun-yeong estaba la ciudad de Okseong. A diferencia de Gun-yeong,
Okseong tenía hospitales generales y muchas clínicas privadas. Jae-hee recibió
atención en la sección de obstetricia especializada en Pistilos del Hospital
General de Okseong bajo el nombre de Joo Min-woo.
Los
gemelos crecían a pasos agigantados. Los pequeños, que no medían ni 1 cm, ya
superaban los 3 cm. Sus latidos seguían siendo fuertes y constantes.
‘Los
bebés están creciendo sanos y fuertes, pero parece que el peso de la gestante
ha bajado un poco.’
‘Ah...’
‘Ha
bajado 3 kg respecto al peso que indicó en el cuestionario. Con dos bebés de
buen apetito en el vientre, tiene que esforzarse más por comer. ¿Entendido?’
‘Sí.’
Aun
así, le alegró saber que los bebés crecían sin problemas. Desde ese día,
Jae-hee se esforzó más en sus comidas. Aunque le tomara mucho tiempo, intentaba
terminar siempre su cuenco de arroz.
Justo
ahora hacía lo mismo. Mientras daba un gran bocado al arroz mezclado con pasta
de chile salteada, la tía que estaba sentada frente a él se levantó con una
leve sonrisa.
“Cuando
se está esperando un hijo, hay que comer de todo. ¿Me oíste?”
“Eh...
¿Cómo lo supo?”
“¿Acaso
no ves cómo se te están ensanchando las caderas? Dejá de decir tonterías y
comé. Y pedí más si te falta.”
Jae-hee,
con la cara roja, se removió en el asiento. ¿De verdad se le habían ensanchado
las caderas? Se rascó la frente y siguió comiendo. Terminó el arroz por
completo y se tomó con cuidado el yogur que le dieron de postre. Se levantó
acariciando su vientre ligeramente abultado.
Al
extender un billete de diez mil wones, la joven en la caja le devolvió uno de
cinco mil.
“Perdone,
creo que me dio mal el cambio.”
“Es
lo que mi mamá me dijo que cobrara.”
“Ah...
gracias.”
Jae-hee
salió del restaurante y caminó un poco. Gun-yeong era un pueblo rural tan
pequeño que, apenas te alejabas de la terminal, todo eran arrozales y campos.
No había sitios turísticos, por lo que casi no llegaban forasteros. Quizás por
eso, al pasear, los residentes a veces lo miraban con curiosidad.
El
clima primaveral y despejado también mejoró su ánimo. El próximo año, no
estaría solo; serían tres los que recibirían esta brisa cálida y suave. Jae-hee
susurró mientras acariciaba su vientre, pidiéndoles que crecieran rápido para
conocerse pronto.
“Pero,
¿dónde voy a vivir...?”
Por
ahora estaba de posada en posada porque los bebés estaban en su vientre, pero
como su cuerpo pesaría cada vez más, necesitaba una casa estable. No le parecía
mala idea establecerse en este pequeño pueblo, pero como aún no había noticias
de la captura de Yang Pil-soo, dudaba en decidirse. Ojalá lo atraparan pronto.
Jae-hee
se sentó un momento en un banco del camino para disfrutar del sol y la brisa.
Aunque era el mismo sol bajo el mismo cielo, se sentía distinto al del Sector
12. Allí, aunque saliera el sol, siempre se sentía oscuro y lúgubre, pero en
Gun-yeong todo era brillante, cálido y nítido.
Tras
estar un rato bajo el sol, el cuerpo se le relajó y le entró sueño. A su pesar,
se dio la vuelta para volver hacia la terminal.
Pero
no pudo avanzar mucho antes de detenerse. En un instante, la oscuridad cayó
frente a sus ojos como si bajaran una cortina negra. Jae-hee respiró con calma
y movió las manos buscando algo de qué sujetarse. Por suerte, había un poste
cerca.
Sujetándose
al poste, se agachó lentamente. Como no estaba acostumbrado a no ver, a veces
sentía mareos. Además, podía chocar con los transeúntes, así que prefería
quedarse agachado.
Al
principio parpadeaba y se frotaba los ojos desesperadamente, pero ahora
simplemente los cerraba y esperaba. Con los ojos cerrados, contaba números
despacio. Al llegar a diez, volvía a empezar desde el uno. Mientras contaba, no
pensaba en nada. La oscuridad, el vacío, el miedo y la ansiedad se desvanecían
entre los números.
Sentía
el tacto frío del poste en las yemas de sus dedos. La superficie áspera del
metal con la pintura descascarada rozaba su palma. Ese contacto sin calor,
curiosamente, le resultaba reconfortante.
Su
latido se ralentizó. Cuando no podía ver, su oído se agudizaba naturalmente. El
sonido de los autos a lo lejos, las ramas mecidas por el viento o las voces de
la gente se oían más claros y definidos que cuando tenía los ojos abiertos.
Había
leído en alguna parte que las personas ciegas no sufrían de problemas
cervicales. ¿Sería porque no se concentraban profundamente en algo visual?
Jae-hee dejaba pasar el tiempo con esos pensamientos triviales.
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Después
de un rato, la luz volvió a concentrarse frente a él y su visión se aclaró
lentamente. Jae-hee se sacudió el pantalón y se levantó como si nada.
De
pronto, se le antojó comer tteokbokki muy picante. ¿Habría alguna tienda de
aperitivos en este pueblo? Buscó a su alrededor con la vista aún un poco
borrosa. En las tiendas frente a las escuelas solían vender tteokbokki muy
dulce; se sentía un poco caradura, pero pensó en pedírselo a la tía del
restaurante Sujin.
Tras
meditarlo, Jae-hee pasó por el mercado a comprar los ingredientes y se dirigió
al restaurante. No podía aguantar las ganas de comerlo.
Sin
embargo, la puerta corredera que siempre estaba cerrada se encontraba abierta
de par en par. Y lo que era peor, desde adentro se oían gritos.
“¡Maldita
sea, mirá bien esta foto! ¿Viste a este mocoso o no?”
“¡¿Acaso
este desgraciado se volvió loco?! ¡¿A qué venís a hacer este escándalo aquí?!”
La
bolsa de plástico que llevaba cayó al suelo. Los pasteles de arroz, el pastel
de pescado, el repollo y la cebolla se desparramaron. Pero Jae-hee ni siquiera
pensó en recogerlos; se quedó petrificado.
Increíblemente,
esa voz áspera era, sin duda, la de Yang Pil-soo.
Su
corazón latía tan fuerte que se asfixiaba. De pronto, se oyó un estruendo de
algo rompiéndose y un grito agudo. Jae-hee protegió su vientre por instinto y
soltó el aire que tenía atrapado. Retrocedió vacilante y luego se dio la vuelta
para correr hacia la posada.
Subió
las escaleras corriendo, agarró el pomo de la puerta e intentó meter la llave.
Pero sus manos temblaban tanto que no atinaba al agujero. Su corazón palpitaba
desbocado.
¿Cómo
se había enterado Yang Pil-soo? ¡¿Cómo?!
A
duras penas logró meter la llave y abrir. Empacó sus cosas a toda prisa,
metiendo también la foto de la ecografía que tenía sobre la cabecera. Solo
pensaba en que si lo atrapaban, moriría. Esta vez, Yang Pil-soo seguramente
intentaría matarlo.
Se
colgó la mochila al hombro y abrió la puerta. Pero no fue hacia la entrada
principal, sino hacia el lado opuesto. Bajó unas escaleras estrechas hasta
encontrar una pequeña puerta trasera desgastada. Era la salida posterior que
conectaba con la parte trasera de la terminal. Había preguntado por ella a la
dueña de la posada con antelación, por si acaso ocurría algo así.
Abrió
la puerta con cuidado y asomó la cabeza para vigilar. Por suerte, los
alrededores estaban tranquilos. Jae-hee se quitó el sombrero y se lo volvió a
ajustar con firmeza. Deseaba que hubiera un autobús saliendo de inmediato
mientras caminaba a paso rápido hacia la terminal.
No
esperaba tener que dejar Gun-yeong tan de repente. Le daba mucha pena irse sin
despedirse. Gracias a la dueña de Moranjang y a las tías del restaurante Sujin,
pudo estar un poco tranquilo. Pensaba volver algún día a agradecerles
formalmente.
Jae-hee
miró hacia todos lados, entró en la terminal y tomó un teléfono público. Marcó
de inmediato el 112.
“Emergencias
112, dígame.”
“Es
en el pueblo Gun-yeong, en el condado de Yongwon. Yang Pil-soo, el cabecilla
del caso de drogas del Sector 12, está aquí. Por favor, vengan rápido. Está
causando disturbios en el restaurante Sujin... ¡Ah!”
Alguien
lo agarró por la nuca y tiró de él hacia atrás. Un olor nauseabundo mezclado
con rancio invadió su olfato. Una mano de dedos gruesos le tapó la boca.
“Te
encontré, ratita.”
* * *
‘Hyung.
¿Hasta cuándo vas a seguir sin volver a casa?’
Kang
Yu-chan preguntó mientras detenía el auto en el lobby del hotel. Pero Woo-won
no respondió nada; simplemente mostró una sonrisa amarga. El botones se acercó
y abrió la puerta del vehículo.
“Está
lloviendo mucho. Maneja con cuidado.”
Woo-won
dejó un breve saludo, bajó del auto y entró al hotel. Ya llevaba una semana
viviendo en un hotel cerca de la empresa en lugar de su casa.
Como
dicen que la familiaridad a veces se convierte en la cadena más poderosa,
sentía que cada vez que abría la puerta de entrada, Cha Jae-hee saldría
corriendo a recibirlo. Al enfrentarse al silencio sepulcral de la casa, se
desmoronaba sin remedio. Soportó un día, luego otro, hasta que finalmente huyó.
Escapó de esa casa llena de rastros de Jae-hee.
Aunque
lograba vivir el día a día con normalidad, en los momentos más inesperados su
rostro surgía en su mente y sentía que todo se derrumbaba. El trabajo fluía
según lo planeado, pero Jae-hee no estaba.
Despertar
por la mañana, beber café, pasar el día de forma corriente... hasta que cosas
triviales como una brisa o un aroma pasajero le recordaban a él. Momentos que
antes dejaba pasar sin importancia ahora se clavaban como espinas, uno a uno.
Si
escuchaba a alguien llamar ‘Señor’ en alguna parte, su cabeza giraba por
reflejo. No solo eso; si veía una espalda que se le pareciera, corría sin
pensar para obligar a esa persona a darse vuelta. Sentirse miserable al
confirmar que no era él se había vuelto una rutina. Su esperanza se tiñó de
gris y su corazón no solo estaba vacío, sino que sentía un enorme agujero en
medio del pecho.
El
mundo al que Jae-hee tanto quería salir es así de pacífico y sigue fluyendo con
indiferencia sin cambiar nada, pero Jae-hee no está.
Los
sentimientos que pensó que mejorarían con el tiempo se transformaron en un
anhelo que desgarraba su corazón. Ni siquiera se atrevía a pronunciar su nombre
en voz alta. Temía que, al hacerlo, lo poco que sostenía su cordura terminara
por colapsar.
Si
tan solo hubiera mostrado un poco de su preocupación y afecto antes, él no se
habría ido de forma tan despiadada. O al menos, si no le hubiera dicho palabras
tan crueles cuando Jae-hee le contó que estaba embarazado. Cada momento era un
lamento.
A
pesar de haber pasado días enteros espiándolo a través de la aplicación de las
cámaras de seguridad mientras sus sentimientos crecían. A pesar de haber
deseado que el futuro de ese chico brillara con esplendor. Solo después de que
Jae-hee desapareció, Woo-won pudo finalmente admitir lo que sentía.
¿Por
qué no se dio cuenta antes de ese sentimiento que se dispersaba suavemente como
flores de primavera tras soportar el frío intenso? Si todos sus sentidos
estaban enfocados en Jae-hee, ¿por qué fue tan obstinado por culpa de un
orgullo inútil?
Nada
más abrir la puerta de la habitación del hotel, Woo-won se desplomó en el
suelo. El corazón que apenas lograba sostener durante el día se vino abajo. Con
cada jornada que pasaba, el miedo de no volver a ver a Jae-hee nunca más lo
consumía.
“Te
extraño.”
De
repente, su teléfono sonó. Woo-won sacó el celular del bolsillo interior de su
saco. El remitente era Kang Yi-chan. Soltó un breve suspiro y atendió.
“Hola.”
—Oye,
Woo-won. Hace cuatro horas entró una denuncia al 112 diciendo que habían visto
a Yang Pil-soo. Pero dicen que, mientras hablaba, se escuchó un grito y se
cortó la llamada. Es muy extraño.
Su
corazón dio un vuelco. Woo-won apretó el teléfono y tragó saliva.
“Hyung...
¿podría escuchar la voz de esa llamada? No, dígame dónde fue la denuncia.”
—La
ubicación fue en la terminal de Gun-yeong, en el condado de Yongwon. Parece que
llamó desde un teléfono público. La policía fue, pero Yang Pil-soo no estaba.
Al investigar los alrededores, dijeron que justo antes de la llamada, un hombre
de aspecto andrajoso andaba preguntando si habían visto a un chico, mostrando
una foto.
Su
corazón latía desbocado. Woo-won colgó y se puso de pie. Por instinto, tuvo la
certeza de que quien denunció era Cha Jae-hee. Reprimió su agitación y ordenó
sus pensamientos caóticos. Si el denunciante era Jae-hee, o bien huyó a otra
región en autobús o, en el peor de los casos, fue atrapado por Yang Pil-soo.
Había
pasado más de un mes desde que Jae-hee desapareció sin dejar rastro, y
finalmente tenía una pista. Woo-won se presionó los ojos ardientes y respiró
profundamente.
Primero
debía ir al pueblo de Gun-yeong. Tras reflexionar un momento, llamó a Choi
Il-jun. No sabiendo qué podría pasar, juzgó que era mejor llevar a Choi Il-jun
que a Kang Yu-chan. El tono de espera se cortó y Il-jun respondió.
“Trae
el auto ahora mismo al estacionamiento subterráneo del Hotel Sernia.”
—¿Voy
de inmediato?
“Sí.
Creo que Cha Jae-hee denunció a Yang Pil-soo.”
—Voy
para allá. Estoy cerca, llego en diez minutos.
Woo-won
entró y se quitó la ropa rápidamente. Quería ducharse, pero no había tiempo.
Abrió su maleta y se cambió al traje negro que tenía preparado para el día
siguiente.
No
se puso corbata y dejó un par de botones de la camisa desabrochados. De
repente, las lágrimas asomaron en sus ojos enrojecidos. Se las secó en silencio
con el dorso de la mano y soltó una risa desolada. No sabía cómo explicar lo
que sentía. El alivio y la ansiedad lo golpeaban al mismo tiempo, haciéndole
perder el control de sus emociones. Se esforzó por recomponerse y respiró
hondo.
Recogió
sus cosas a toda prisa y salió de la habitación. Al bajar por el ascensor al
estacionamiento, Choi Il-jun estaba llegando. Il-jun tomó el equipaje de
Woo-won y lo puso en el asiento trasero.
“¿Cuál
es la ubicación de la denuncia?”
“Pueblo
de Gun-yeong, condado de Yongwon.”
“Si
es Yongwon, nos tomará al menos tres horas llegar.”
“Solo
arranca.”
Mientras
Woo-won se abrochaba el cinturón en el asiento del acompañante, Il-jun buscaba
el pueblo en el GPS. Al no tener la dirección exacta, puso la oficina municipal
como destino.
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Justo
cuando estaban por salir, el teléfono de Woo-won vibró. Era un archivo de audio
enviado por Kang Yi-chan. Woo-won subió el volumen al máximo y reprodujo el
archivo.
—Es
en el pueblo Gun-yeong, en el condado de Yongwon. Yang Pil-soo, el cabecilla
del caso de drogas del Sector 12, está aquí. Por favor, vengan rápido. Está
causando disturbios en el restaurante Sujin... ¡Ah!
Un
quejido bajo escapó de los labios de Woo-won. Era definitivamente la voz de Cha
Jae-hee. Era esa voz que no lograba borrar por mucho que lo intentara.
La
voz grabada de Jae-hee sonaba urgente y agitada. Y al final, quedaba ese grito
que se cortaba abruptamente. No había tiempo que perder.
“Acelera.”
Woo-won
escuchó la grabación una y otra vez. Cuanto más la oía, más se asfixiaba. Solo
podía pensar en que Jae-hee había sido atrapado por Yang Pil-soo. Entonces, una
idea cruzó su mente.
“Si
fueras tú, si tuvieras que secuestrar a alguien para deshacerte de él, ¿a dónde
irías?”
—Si
fuera yo, iría a mi guarida.
“¿Y
si el secuestro fuera a larga distancia?”
—Aun
así, lo llevaría a mi escondite.
Woo-won
pensaba lo mismo. Al cometer un crimen y tratar de encubrirlo, lo común era
elegir un lugar que solo uno conociera. Si Yang Pil-soo había atrapado a
Jae-hee, seguramente se dirigiría al Sector 12. Pero no podía tomar una
decisión a la ligera. Si se equivocaba, perdería tiempo buscando en el lugar
erróneo. Woo-won sentía la boca seca por la ansiedad. ¿Cuál sería el lugar
donde Yang Pil-soo, tras haberlo perdido todo, daría su último golpe?
Tras
observar la lluvia caer intensamente mientras reflexionaba, finalmente habló.
“Da
la vuelta. Vamos al Sector 12.”
* * *
Al
bajar del coche, una lluvia persistente empapaba el ambiente. Jae-hee, por
instinto, encogió los hombros y miró a su alrededor. La atmósfera era extraña.
Aunque había vivido en el Sector 12 desde los siete años, de repente este lugar
se sentía sombrío y aterrador.
No
era tarde en la noche, pero no había nadie en las calles. Los bares y salas de
karaoke, que solían tener las luces encendidas los 365 días del año, estaban a
oscuras, y los adictos que deambulaban como zombis al caer el sol no aparecían
por ningún lado. Había un silencio y una soledad que ponían los pelos de punta.
Yang Pil-soo parecía sentir lo mismo, ya que no dejaba de soltar maldiciones.
“Maldita
sea, qué ambiente tan asqueroso.”
Jae-hee
subía la cuesta casi siendo arrastrado por la mano de Yang Pil-soo. Sin
embargo, mientras caminaba, se dio cuenta de que la dirección era extraña. Si
seguían por ahí, no llegarían a Cheong-u-jang, sino a la zona de fábricas. Al
comprender lo que eso significaba, Jae-hee se resistió con violencia.
“¡Soltame!
¡Hijo de puta loco!”
Yang
Pil-soo lo agarró del pelo y, sin más, le lanzó un puñetazo. Se escuchó un
golpe seco y un dolor terrible, como si se le hubiera fracturado el pómulo, lo
invadió. Jae-hee se cubrió el rostro con las manos. Pensaba que ya estaba
curtido en recibir golpes, pero tras haber pasado un tiempo viviendo como una
flor de invernadero, el impacto fue devastador.
“Parece
que solo entendés cuando te muelo a palos. Maldita sea, igualito que el viejo
Cha.”
Al
escuchar que mencionaba a su padre como ‘el viejo Cha’, Jae-hee apretó los
dientes y lo miró con furia. La enfermedad de las Flores Caídas había influido,
pero si su padre no hubiera recibido aquella paliza de Yang Pil-soo, habría
vivido un poco más. Si hubiera sido así, al menos habría visto la caída del
Sector 12. Eso se le quedó clavado como un resentimiento eterno.
“Asesino
de mierda.”
“¿Asesino?
Ey, mocoso, tené cuidado con lo que decís. ¿Acaso lo maté yo? El viejo murió
por su enfermedad.”
“¡Si
no le hubieras pegado ese día, mi papá no habría muerto así!”
“¿Y
qué querés que haga? ¿Que te salve? Mejor roga por tu propia vida. Dejá de
joder con un tipo que ya está bajo tierra.”
Yang
Pil-soo tiró con fuerza del cabello de Jae-hee, arrastrándolo con brusquedad.
Como su centro de gravedad estaba inclinado hacia adelante, Jae-hee se
tambaleaba. Intentaba no caerse mientras era arrastrado como un perro; tenía
que ser extremadamente cuidadoso para que su vientre no recibiera ningún
impacto.
Tras
ser arrastrado así durante un largo rato, se detuvieron frente a un portón de
hierro que llevaba a la zona industrial. Yang Pil-soo sacó una llave de su
bolsillo y abrió el candado.
La
vieja puerta de hierro se abrió con un chirrido. Para llegar a la zona de
fábricas, tenían que cruzar ese umbral y bajar por una pendiente. Yang Pil-soo
soltó el cabello de Jae-hee y sonrió mostrando sus dientes amarillentos.
Sintiendo un escalofrío, Jae-hee intentó desviar la mirada, pero en ese
instante, Yang Pil-soo le propinó una fuerte patada en la espinilla.
Perdió
el equilibrio y cayó pesadamente al suelo. Sin poder soltar ni un grito,
Jae-hee rodó por la pendiente sin control.
Su
cuerpo dejó de rodar solo cuando llegó a una superficie plana. Tenía la piel
raspada y las articulaciones le dolían profundamente. Debido al impacto, no
podía respirar bien. Se agarró el cuello jadeando hasta que finalmente pudo
tragar algo de aire.
El
polvo entraba sin cesar en sus pulmones, asfixiándolo. Su visión se volvió
borrosa y sentía un zumbido en los oídos. Intentó apoyarse en el suelo con la
mano, pero un líquido frío y pegajoso mojó sus dedos. Al mirar el suelo bajo la
tenue luz, vio un líquido rojo oscuro esparciéndose mezclado con las gotas de
lluvia.
Jae-hee
se tocó la cabeza con expresión aturdida. Sintió un tacto cálido en su palma.
Era
sangre. Debía de haberse golpeado la cabeza contra algo al caer.
“¿Ya
te ubicás en la situación?”
Yang
Pil-soo, de pie cerca del portón de hierro, sonreía de forma siniestra. Jae-hee
sintió por instinto que hoy realmente iba a morir. El miedo, la miseria y la
culpa hacia sus bebés lo inundaron como una marea. Quería vivir como fuera.
Quería suplicar por su vida, incluso si tenía que arrastrarse como un perro
ante Yang Pil-soo.
“Tu
vida siempre fue así: miserable y hecha pedazos. ¿Ya te olvidaste? Sentado en
el cojín de flores que te puso Woo-won, moviendo la colita, ¿te creíste que
eras alguien importante?”
“……”
“Jae-hee,
dicen que ese infeliz de Woo-won ya metió a otro Pistilo en su casa para que lo
use. Vos no significás nada para ese tipo.”
“……”
“Te
usó como un simple agujero y después te descartó. Pobre Cha Jae-hee.”
Jae-hee
contuvo el aliento sin darse cuenta. ¿Que Woo-won había metido a otro Pistilo
en la casa? Desde la posición de Woo-won, que sufría de envenenamiento, era
algo lógico, pero sintió que algo se derrumbaba estrepitosamente en su
interior.
¿Qué
demonios esperaba? Realmente, como decía Yang Pil-soo, después de estar sentado
en el cojín de flores que Woo-won le había preparado, se creyó alguien
especial. Jae-hee soltó una risa vacía. Le ardían los labios, probablemente por
los raspones al rodar por el suelo.
“Cada
cual tiene que saber cuál es su lugar.”
“……”
“Levantate,
pedazo de basura.”
Jae-hee
se quedó tumbado en el suelo bajo la lluvia, sin moverse un ápice. Tenía una
sensación extraña. Solo por el hecho de oír que Woo-won tenía a otro Pistilo,
se sintió sumido en una apatía absoluta.
Soltando
un breve insulto, Yang Pil-soo se agachó y cargó a Jae-hee sobre su hombro como
si fuera un fardo. Luego, empezó a caminar rápido con él a cuestas. A medida
que se acercaban a la zona industrial, un olor metálico y aceitoso le golpeaba
la nariz. Sentía que la garganta le ardía solo con respirar.
La
puerta de hierro oxidada de un viejo edificio se abrió con un crujido. Al
entrar, un aire pesado oprimió todo su cuerpo. Yang Pil-soo dejó caer a Jae-hee
en el suelo con brusquedad y entró en lo que parecía ser un almacén. Pronto se
escucharon insultos y el sonido de algo rompiéndose.
“Maldita
sea, estos desgraciados. ¿Cómo supieron de este lugar para venir a saquearlo?”
Jae-hee
recobró el sentido de golpe y se levantó con esfuerzo. Siempre había pasado por
delante, pero era la primera vez que entraba en el incinerador. Sintió que el
lugar apestaba a carne rancia. Sus piernas temblaban como hojas al viento.
La
función original del incinerador era quemar los residuos de la fábrica. Pero,
en algún momento, una o dos veces por semana, empezaron a quemar personas en
lugar de basura. Un terror inmenso le oprimió el pecho. Solo podía pensar en
que debía escapar de allí.
Aprovechando
que Yang Pil-soo estaba distraído, Jae-hee empujó la puerta de hierro y salió
corriendo. Las gruesas gotas de lluvia golpeaban su rostro. Cada vez que movía
el cuerpo, sus músculos gritaban de dolor. Pero ese dolor era preferible a ser
arrojado vivo al incinerador.
Todo
estaba oscuro y no veía nada. Corrió sin rumbo, habiendo perdido el sentido de
la orientación. Tras correr un largo rato, vio lo que parecía un gran cartel.
Jae-hee se escondió detrás de él y trató de recuperar el aliento. Sentía
punzadas en el fondo de la garganta por el esfuerzo.
¿Dónde
estaba? Al mirar alrededor, Jae-hee abrió mucho los ojos. Era ‘Nara Clean
System’, la fábrica donde su padre había trabajado cuando era joven, lavando
parillas de carne contaminadas. De repente, sintió un nudo en la garganta. En
toda esta enorme zona industrial, este era el único lugar que conocía. Se sentía
como si su padre lo hubiera guiado hasta allí al verlo perdido.
Sin
embargo, pronto frunció el ceño con frustración. Estaba justo en el centro de
la zona de fábricas. Hacia arriba estaba el monte y hacia abajo el incinerador.
Si Yang Pil-soo subía, no tendría escapatoria.
“Por
favor, aguanten, mis pequeños.”
Jae-hee
se acarició el vientre una vez y se adentró en el oscuro sendero del monte.
Caminaba sobre el barro pegajoso por la lluvia. Su ropa, empapada, pesaba cada
vez más, y tenía las manos y los pies cubiertos de tierra. Las ramas le
azotaban las mejillas con saña. Aun así, no podía detenerse. Sentía que en
cualquier momento Yang Pil-soo aparecería y lo agarraría por la nuca.
Pero
poco después, Jae-hee se detuvo. Se apoyó en un gran árbol jadeando con fuerza.
Tenía que seguir, pero sus pies no respondían. Su resistencia física estaba
agotada. Miró hacia arriba con resentimiento por la lluvia incesante y se sentó
apoyado en el árbol.
Aunque
ya era primavera, la temperatura bajaba drásticamente por la noche. Además, al
estar completamente empapado, sentía el cuerpo helado. Sentía que se moriría
congelado antes de que Yang Pil-soo lo matara a golpes.
Intentó
masajearse los brazos y las piernas para recuperar fuerzas, pero fue en vano.
Se quedó apoyado en el árbol mirando hacia la oscuridad del monte.
De
repente, un crujido rompió el silencio.
Yang
Pil-soo estaba muy cerca. Jae-hee se levantó y movió sus pies con dificultad.
Una luz brillante surgió a sus espaldas; Yang Pil-soo debía de llevar una
linterna.
“Cha
Jae-hee.”
“……”
“Bajá
de una vez antes de que te entierre vivo.”
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Jae-hee
se movía a pesar de su respiración agitada. Sin embargo, no pudo avanzar mucho
y se detuvo de nuevo. Había llegado a su límite. Sus piernas temblaban y
fallaron. En ese instante, Yang Pil-soo acortó la distancia rápidamente.
“Tanto
drama para no llegar a ningún lado.”
En
un segundo, Yang Pil-soo lo agarró por la nuca y lo estampó contra el suelo. Su
rostro quedó aplastado contra el barro. Jae-hee cerró los ojos con resignación
y perdió el conocimiento.
* * *
Jae-hee
abrió los ojos de golpe, sobresaltado por el chorro de agua que caía sobre su
cabeza. Yang Pil-soo le estaba vaciando una botella de agua de dos litros sobre
la cara y el cuerpo. Mientras Jae-hee escupía y jadeaba por el aire, escuchó
una risa burlona. Tras verter cinco botellas para quitarle el barro de encima,
Yang Pil-soo, con un cigarrillo en la boca, entró en la sala de control del
incinerador y manipuló varios botones. De inmediato, la maquinaria comenzó a
funcionar con un rugido imponente.
Jae-hee
miró la espalda de Yang Pil-soo con una expresión de total desesperación. A
decir verdad, no le temía a la muerte, pero sentía una lástima infinita por las
vidas que llevaba en su vientre.
Yang
Pil-soo se acercó a Jae-hee envuelto en una nube de humo. Cuando Jae-hee desvió
la cabeza por el olor acre del tabaco, el hombre le agarró las muñecas y las
sujetó con fuerza usando una brida de plástico.
“Maldita
sea, ahora que estás mojado te ves más provocativo. ¿Querés ofrecerme un poco?”
“Largate.”
“Te
voy a arrancar la lengua, mocoso maleducado.”
Yang
Pil-soo le dio unos golpes secos en la cabeza a Jae-hee mientras fruncía el
ceño con fastidio. Él también estaba hecho un desastre tras haberlo perseguido
por el monte.
“Me
pregunto por qué te alejaste de Woo-won para terminar metido en ese pueblo
perdido de Gun-yeong... A menos que hayas escapado por tu cuenta. ¿No es así?”
“……”
“Si
llamo a Woo-won ahora mismo y le digo que estás acá, ¿creés que ese infeliz
vendría?”
“¡No
lo hagas!”
Al
oír ese nombre, Jae-hee se sobresaltó y sacudió la cabeza con desesperación. No
había forma de que Woo-won viniera aunque lo llamaran, ni tenía razones para
hacerlo. No podía arrastrar a este lodazal a alguien que ya estaba viviendo
bien con otro Pistilo. Jae-hee apretó los puños con fuerza.
“Para
empezar, no tenés opciones. Si Woo-won viene, te dejo vivir; si no viene, morís
quemado ahí adentro. ¿Qué te parece?”
“...Sos
un cobarde y un desalmado hasta el final.”
Jae-hee
le escupió en la cara. Tras limpiarse la saliva con el dorso de la mano, Yang
Pil-soo le cruzó la cara con una palma enorme como la tapa de una olla. El
cuerpo de Jae-hee se estampó contra el suelo. El dolor era tan inmenso que ni
siquiera pudo gritar; sentía la mejilla como si estuviera en llamas. Notó algo
caliente bajo la lengua, indicando que se le había cortado el interior de la
boca, pero aun así clavó la mirada en él con odio mortal.
“¿Vas
a relajar la mirada o no?”
“¡A
mi papá también le pegaste así! ¡Le pegaste y lo humillaste cuando era alguien
a quien le quedaba poco tiempo de vida! ¿Acaso te hacés llamar humano?”
“Sí,
soy un humano. Tipos como yo tienen que existir para que este mundo sea
divertido.”
Yang
Pil-soo agarró a Jae-hee del cabello con brusquedad y le lamió la mejilla. La
sensación de esa carne viscosa rozando su piel fue asquerosa y terrorífica. No
conforme con eso, metió la mano bajo la camiseta de Jae-hee y le apretujó el
pecho. Por más que Jae-hee pataleó para soltarse, no pudo moverse ni un
centímetro.
“¡No
lo hagas! ¡Ugh, detente!”
“Cuando
me cogí a tu viejo por primera vez, le brotó una caléndula amarilla en esa
espalda tan limpia... Sentí que me iba a explotar la cabeza, no solo la
entrepierna.”
“¡Loco,
estás loco, hijo de puta!”
Si
pudiera, Jae-hee le habría arrancado la lengua. Cada palabra le clavaba en el
corazón el dolor, el insulto y la humillación que su padre debió sufrir por
culpa de ese hombre.
“Tu
viejo ni siquiera derramó una lágrima cuando un montón de drogadictos se le
pegaron a la entrepierna para morderlo, lamerlo y ensartarlo, pero cuando le
dije que te iba a tirar a vos, se puso a llorar y a suplicarme de rodillas.”
“¡Basta!
¡Hic... pará de una vez!”
Jae-hee
forcejeó y gritó desesperado. No podía soportar que insultara a su padre
difunto. Gritó con rabia mientras la brida le cortaba la piel de las muñecas
por la fuerza que ejercía. Cuando la mano de Yang Pil-soo intentó bajar por sus
pantalones, Jae-hee mordió con todas sus fuerzas el brazo del hombre que lo
sujetaba por el cuello. Yang Pil-soo soltó una maldición y se apartó. La parte
inferior de su cuerpo, donde el hombre lo había tocado, se sentía ardiente de
asco.
“Maldito
seas.”
Tras
revisar su brazo mordido, Yang Pil-soo miró a su alrededor buscando algo. Al no
encontrar nada útil, entró en una oficina y rompió de un pisotón la pata de un
viejo escritorio. Al oír el crujido de la madera, Jae-hee encogió los hombros y
se hizo un ovillo. Tenía pavor de que ese demente le diera una patada en el
vientre.
Poco
después, Yang Pil-soo apareció con el trozo de madera en la mano. Jae-hee
temblaba de puro miedo.
Lanzando
insultos, el hombre descargó el palo sin piedad. El golpe seco impactó en su
espalda. Un dolor abrasador, como si el fuego se extendiera por su piel, lo
recorrió por completo. No satisfecho con el golpe de madera, Yang Pil-soo
empezó a darle patadas brutales. La violencia era tal que toda su espalda
retumbaba.
Jae-hee
aguantó con la boca cerrada, abrazando sus rodillas. Soportó con tenacidad a
pesar de sentir que sus órganos iban a estallar. Antes de entrar en la casa de
Woo-won, los golpes y las heridas eran su pan de cada día. Había aprendido con
su propio cuerpo que llorar o gritar solo hacía que la violencia fuera más
cruda. Era como un parásito que se alimentaba de la debilidad.
“Mocoso
obstinado, ni siquiera soltás un grito.”
Jadeando,
Yang Pil-soo sacó su teléfono y empezó a sacarle fotos a Jae-hee, que yacía
tirado en el suelo. Jae-hee no podía moverse; sentía que el aire no le llegaba
a los pulmones, probablemente por algún golpe mal dado en la espalda.
Con
el rostro enrojecido y el pecho apretado por la asfixia, tuvo que arrastrarse
un buen rato por el suelo antes de poder inhalar un poco de aire.
Yang
Pil-soo tiró el teléfono al suelo y se encendió otro cigarrillo. La temperatura
dentro del incinerador estaba subiendo y el ambiente se sentía sofocante.
Jae-hee logró recomponerse un poco y se sentó apoyado contra la pared. Un
líquido, que no sabía si era sudor o agua, le resbalaba por las sienes.
Sentía
que no aguantaría mucho más. Respiraba entrecortadamente mientras parpadeaba
con lentitud.
“Estuve
pensando seriamente.”
“……”
“¿Por
qué el Sector 12, que resistió como la maleza en las sombras desde los tiempos
de mi padre, se fue a la mierda justo ahora?”
“……”
“Todo
es culpa de ese infeliz de Woo-won.”
Yang
Pil-soo apretó los dientes con rabia.
Tal
como decía, el Sector 12 era un lugar que, a pesar de la infamia de ser una
zona delictiva, funcionaba a su manera. Sus habitantes sufrían bajo su tiranía,
pero a nadie le importaba, y aunque los drogadictos de todo el país se
reunieran allí, la ley nunca intervenía.
Pero
ese reino sólido de Yang Pil-soo se había convertido en ruinas de la noche a la
mañana. Ahora había manifestaciones masivas pidiendo el cierre del Sector 12 y
la prensa informaba sobre ello constantemente. Aquellos que antes ignoraban
cualquier denuncia o reporte, ahora se desvivían por agitar a las masas. Era la
prueba evidente de que alguien poderoso estaba alzando la voz.
Sin
embargo, Jae-hee no creía que ese alguien fuera Woo-won.
En
medio del ruido de las máquinas, sonó el teléfono de Yang Pil-soo. El hombre ni
siquiera hizo ademán de contestar; se desabrochó los botones de la camisa
empapada y se la echó hacia atrás sobre los hombros. Jae-hee desvió la mirada
por reflejo.
“Desde
el principio, mi objetivo no eras vos, Cha Jae-hee, sino Woo-won.”
“¡...!”
Una
chispa de locura brilló en los ojos de Yang Pil-soo.
“Va
a ser un espectáculo divertido.”
* * *
El
auto cortó el viento con suavidad mientras la lluvia caía como agujas sobre el
asfalto. Woo-won jugueteaba con la punta de sus dedos, manteniendo la vista
fija fuera de la ventana. La ciudad a oscuras pasaba veloz ante sus ojos. El
Sector 12 estaba cada vez más cerca. Sin embargo, en un rincón de su mente, la
duda lo carcomía: ¿debería dar la vuelta e ir a Gun-yeong ahora mismo?
El
lugar desde donde Cha Jae-hee había llamado era Gun-yeong. Albergaba la débil
esperanza de que quizá Yang Pil-soo lo hubiera perdido, pero ese maldito víbora
jamás dejaría escapar a Jae-hee. Si lo había atrapado, seguramente se habrían
movido a otra parte, y lo más probable era que fuera al Sector 12.
Aun
así, no tenía la certeza absoluta. Yang Pil-soo era ahora un fugitivo, y podía
haber decidido que el Sector 12 ya no era seguro.
“Representante.”
Choi
Il-jun, al volante, le habló con cautela. Woo-won se frotó el entrecejo y soltó
un suspiro en lugar de responder.
“¿Quiere
que demos la vuelta ahora?”
La
mente de Woo-won era un caos. Sus pensamientos chocaban y se desviaban. Quizás
la elección de este momento decidiría la vida o la muerte de Cha Jae-hee. El
coche seguía avanzando sin reducir la velocidad; pronto verían la entrada al
Sector 12.
¿Debía
volver? ¿O seguir adelante? Sentía el pecho apretado, como si una mecha se
estuviera consumiendo. Quedaba poco tiempo para decidir.
De
repente, el teléfono de Woo-won vibró con un mensaje corto. Se pasó la mano por
la cara y lo sacó. Era un mensaje de un número desconocido. A medida que leía
el contenido, el rostro del Representante perdía el color.
‘Si
querés encontrar a Cha Jae-hee, aparecé en 30 minutos.
Incinerador
de la zona industrial.
Vení
solo. No traigas a nadie más si no querés que le arruine la cara a tajos.
El
olor de la piel de Cha Jae-hee es una delicia.’
En
la foto adjunta, Cha Jae-hee tenía el rostro cubierto de moretones y los labios
partidos, con sangre seca. Su ropa empapada estaba marcada por numerosas
huellas de pisadas. Por un instante, los circuitos de su cerebro se
paralizaron. Solo la imagen del estado deplorable de Jae-hee llenaba su visión.
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“Yang
Pil-soo, hijo de puta….”
“¿Representante?”
Una
furia gélida se filtró hasta lo más profundo de sus huesos. Se sintió un
estúpido por haber planeado castigar a Yang Pil-soo mediante la ley. Había sido
un método demasiado caballeroso y refinado. Para un tipo así, era un
desperdicio darle siquiera un grano de arroz pagado con los impuestos de la
gente. Sentía que la sangre le hervía.
“Detené
el auto.”
Choi
Il-jun frenó en la banquina a cien metros de la entrada del Sector 12. Woo-won
hizo que Il-jun bajara y se sentó en el asiento del conductor. Abrió la
guantera, tomó la daga que Il-jun solía usar y se la guardó en el bolsillo
trasero. Al notar que algo andaba mal, Choi Il-jun abrió la puerta del
conductor.
“Representante.”
“Es
asunto mío. No te metas.”
“No
sé qué está pasando, pero mis muchachos están por llegar. Vayamos juntos…….”
Woo-won
cerró la puerta e ignoró la advertencia de Il-jun mientras pisaba el
acelerador. Cruzó rápidamente la entrada y se adentró en el Sector 12.
Recorrió
las calles silenciosas como una tumba, vigilando por el retrovisor. La única
luz provenía de las farolas de la carretera. Era un lugar donde no resultaría
extraño que alguien muriera. La atmósfera lúgubre y sombría le revolvió el
estómago.
Pensar
que el pequeño Jae-hee había tenido que luchar desesperadamente por sobrevivir
cada día en un lugar como este le producía una sensación extraña. No solo
estuvo expuesto a la violencia, sino que seguramente le pusieron deudas como
grilletes invisibles en sus tobillos desde niño. Cada momento debió de ser
horrible, y le dolía imaginar a Jae-hee aceptando esa realidad para poder
seguir vivo.
‘No
intente justificar o dar validez a lo que eligió hacer. Simplemente admita que
eligió vender su cuerpo porque era más fácil que un trabajo duro y agotador.’
Una
risa amarga y corta escapó de sus labios. Jae-hee no se había vendido por
voluntad propia, sino por obligación. Lo único que tenía con valor monetario
era su propio cuerpo. ¿Qué expresión puso Jae-hee en aquel entonces? Recordaba
que se mordió los labios con una mirada llena de injusticia. Seguramente se
sintió herido por esas palabras lanzadas al azar sin saber nada.
Siguiendo
las señales, entró en la zona industrial. Woo-won reafirmó su determinación. Si
Jae-hee podía escapar a salvo de las garras de Yang Pil-soo, no le importaba lo
que le pasara a él. Para ser sincero, justo antes de conocer a Jae-hee, él era
casi un cadáver viviente. Sus niveles de toxicidad marcaban 999 a diario y nada
lograba aliviar el veneno. En cierto modo, esta vida miserable se la debía a
Jae-hee.
‘Vivamos
juntos. Usted y yo.’
Jae-hee
era tonto de tan bueno. Woo-won saboreó las palabras de Jae-hee mientras
estacionaba el auto en un lugar adecuado. Comprobó la daga en su bolsillo
trasero y bajó. La lluvia torrencial empapó su cabeza y sus hombros.
Al
cerrar la puerta, el portón de hierro se abrió como si lo estuvieran esperando.
Yang Pil-soo, con los botones de la camisa desabrochados, lo saludó con la mano
como si fuera un viejo amigo.
“¿En
serio viniste solo? Qué poco miedo tenés.”
“¿Dónde
está Cha Jae-hee?”
“Vení
primero. Entrá y hablamos.”
Woo-won
apartó a Yang Pil-soo de un empujón y entró. En ese espacio donde se mezclaba
el olor al hierro y a madera húmeda, brotó el aroma a menta que tanto había
extrañado. Miró a su alrededor y sus ojos dieron con Jae-hee, tirado de
cualquier manera en el suelo.
Al
ver a Jae-hee tendido en un estado mucho más deplorable de lo que mostraba la
foto, un instinto asesino lo invadió. Respiró hondo y se acercó lentamente a
él.
“…Cha
Jae-hee.”
El
cuerpo de Jae-hee se contrajo. Abrió sus ojos hinchados y lo miró. No, su
mirada apuntaba a otro lado. Sus pupilas vacías vagaban desesperadamente. De
pronto, recordó las palabras de Moon Jin-woo.
‘Toxicosis
del nervio óptico; es una enfermedad que aparece en los Pistilos que mantienen
relaciones con un Estambre Venom. Se produce porque el veneno inflama la retina
del Pistilo.’
……Cha
Jae-hee no podía ver nada en este momento.
La
culpa le impidió controlar su expresión. Tragando el llanto que amenazaba con
brotar, Woo-won se agachó y se acercó casi a rastras para abrazar el cuerpo de
Jae-hee.
“Jae-hee.
Cha Jae-hee.”
“……¿Señor?”
Esos
ojos sin enfoque lo miraban, pero no captaban nada. El corazón de Woo-won se
hundió pesadamente. Estaba cubierto de sangre por los golpes y la ropa empapada
lo hacía ver aún más frágil. Verlo así, roto y desmoronado, le estrujaba el
alma.
Woo-won
examinó con cuidado el rostro de Jae-hee. Tenía los ojos tan hinchados que
apenas podía abrirlos, y la sangre se había secado en sus labios partidos. Al
acariciarle la mejilla con la punta de los dedos, Jae-hee se estremeció. Sus
pupilas vacías se movían erráticamente.
“Está
bien, todo va a estar bien ahora.”
“¿Por
qué vino…?”
Las
bridas estaban hundidas en la piel de las muñecas de Jae-hee. Sin dudarlo,
Woo-won sacó la daga y cortó el plástico. En el momento en que las manos de
Jae-hee cayeron sin fuerza, sintió que su propio corazón se estrellaba contra
el fondo.
“Perdón.
Lo siento mucho.”
“Tendría
que haberme ignorado. No tendría que haber venido.”
“Perdón…….”
Con
la voz quebrada, lo abrazó con fuerza. Jae-hee, con sus dedos delgados, le
devolvió el abrazo tanteando su espalda. Sentir que tenía a Jae-hee entre sus
brazos parecía un sueño.
Pero
la culpa que lo llenaba era inmensa. Se odiaba a sí mismo más que a Yang
Pil-soo. Después de todo, él fue quien arrinconó a Jae-hee hasta obligarlo a
huir.
“Qué
patéticos. Están locos.”
Ignorando
el sarcasmo de Yang Pil-soo, Woo-won se quitó el saco y cubrió el cuerpo de
Jae-hee. De haberlo sabido, habría traído un abrigo grueso. Al menos el
interior del incinerador estaba templado. Woo-won dejó a Jae-hee apoyado contra
la pared y se puso de pie.
Se
sacudió el pelo empapado por la lluvia y soltó un largo suspiro. Para salir de
allí lo antes posible, tenía que negociar con Yang Pil-soo o matarlo.
“Decime
qué querés de mí.”
“Definitivamente,
ustedes los Estambres Venenosos no tienen ni un poco de educación.”
“…….”
“Parece
que todavía no entendés la situación. Ponete de rodillas y rogá por tu vida.”
Woo-won
se arrodilló dócilmente. Sintió el líquido sucio filtrándose en sus pantalones,
pero no le importó. Si Jae-hee podía salir ileso, se arrodillaría cientos de
veces.
“Dejá
que al menos Jae-hee se vaya. Si sigue así, va a morir.”
“La
gente no muere tan fácil. La vida es más resistente de lo que creés.”
“…….”
“Parece
que me tenías miedo. Mirá que traer un cuchillo.”
Yang
Pil-soo se acercó lentamente y le arrebató la daga que Woo-won tenía en la
parte trasera del pantalón. Tiró la funda y examinó la hoja bajo la luz. El
filo bien afilado brillaba de forma amenazante; era lógico, siendo un arma de
Il-jun.
Fue
en ese momento cuando Woo-won giró la cabeza para comprobar cómo estaba
Jae-hee. De repente, sintió un dolor punzante en el hombro.
Cuando
la punta de la daga atravesó su piel, se tapó la boca por instinto. Jae-hee no
podía ver; si dejaba escapar aunque fuera un gemido, Jae-hee se angustiaría.
Por primera vez, pensó que era una suerte que Jae-hee estuviera ciego; no
quería que lo viera así.
La
sensación gélida que recorría su hombro se transformó pronto en un dolor
abrasador. Woo-won apretó los dientes y contuvo la respiración.
Yang
Pil-soo no clavó la daga profundamente. Parecía que no quería matarlo, sino
solo hacerlo sufrir. Con una risa despreciable, retiró el arma lentamente.
Antes de que el entumecimiento pudiera actuar, el dolor palpitante se
intensificó.
“Este
también es de los duros.”
Woo-won
levantó la vista y miró a Yang Pil-soo. El hombre sonreía divertido mientras
pasaba el dedo por el filo ensangrentado. A pesar del dolor que llegaba hasta
sus huesos, el Representante lo miró con odio.
“Dicen
que una sola anguila enturbia todo el estanque. ¿Por qué te metiste a enturbiar
el agua?”
“Porque
valía la pena. Si no querías terminar así, no tendrías que haber vivido
destruyendo y explotando la vida de los demás.”
“¿Y
vos qué? ¿Acaso viviste de forma tan pura y honesta?”
“…….”
“No
te importó nada cuando le dabas a ese mocoso por atrás, pero ahora te hacés el
santo.”
Woo-won
se quedó sin palabras. Era cierto. Se había aprovechado del cuerpo de Jae-hee,
así que no tenía derecho a replicar sobre ese punto.
“Solo
decime qué tengo que hacer para que dejes ir a Jae-hee.”
“A
1300 grados, en 6 horas, solo quedan cenizas de una persona. Al principio
odiaba el olor a carne quemada, pero ahora necesito olerlo de vez en cuando
para sentirme vivo.”
“…….”
“Y
ahora mismo tengo muchas ganas de sentir ese olor.”
Yang
Pil-soo se lamió los labios con morbo. Recordó que Jae-hee mencionó una vez que
quemaban gente en el Sector 12. En aquel momento pensó que era una exageración,
pero parecía ser verdad.
Ahora
que lo pensaba, Jae-hee siempre decía la verdad. Era él quien no le creía.
El
Representante jadeó levemente. No sabía si era por el dolor del hombro o por la
alta temperatura del lugar, pero el sudor frío no dejaba de caer. Pensaba
esperar a que Yang Pil-soo se descuidara, pero su paciencia llegó al límite.
Se
frotó los labios y vigiló a Yang Pil-soo. Este, notando algo extraño, se movió
hacia Jae-hee. Antes de que pudiera tocarlo, Woo-won se lanzó sobre él y lo
derribó. Jae-hee se cubrió la cara con las manos y gritó.
“¡Jae-hee!”
Mientras
lo llamaba para calmarlo, Yang Pil-soo clavó la daga de arriba abajo. El arma
se hundió profundamente en el muslo de Woo-won. Esta vez, el golpe llevaba
fuerza y el filo penetró profundamente.
Woo-won
cerró el puño y le propinó un golpe directo al rostro. En el momento en que
impactó en el pómulo, la electricidad del lugar se cortó y todo quedó en
penumbras.
“Ugh.”
“¡Representante!”
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La
puerta de hierro se abrió y se escuchó una voz conocida. Finalmente, Choi
Il-jun había llegado. Woo-won tanteó el rostro de Yang Pil-soo para localizarlo
y, estando encima de él, le lanzó otro puñetazo. Sintió cómo el rostro del
hombre cedía ante el golpe.
“¿Se
encuentra bien?”
Preguntó
Il-jun iluminando con la luz de su teléfono. En ese instante, Yang Pil-soo
estiró la mano para alcanzar la daga clavada en el muslo de Woo-won. Este le
sujetó la cara con la palma de la mano con todas sus fuerzas y le clavó la
rodilla en el plexo solar. El cuerpo de Yang Pil-soo saltó por el impacto.
“Choi,
subí la térmica.”
Pronto
volvió la luz y el incinerador, que se había detenido por un momento, volvió a
funcionar. Detrás de Il-jun, aparecieron los rostros de sus subordinados.
El
Representante, sin poder calmar su furia, golpeó el rostro de Yang Pil-soo una
y otra vez. Solo cuando el rostro del hombre quedó irreconocible, se apartó.
Los hombres de Il-jun arrastraron a Yang Pil-soo y le ataron pies y manos.
Fue
entonces cuando sintió el dolor ardiente en su muslo. Il-jun revisó la herida y
dijo que, por suerte, parecía haber fallado la arteria femoral, pero que era
mejor no sacar la daga por el momento.
“Sacala.”
“Va
a sangrar mucho.”
“No
importa. Sacala.”
No
podía ir hacia Jae-hee con un cuchillo clavado. Ante la firmeza del
Representante, Il-jun no tuvo más remedio que sujetar la daga y retirarla
lentamente. Woo-won apretó los dientes ante el dolor agudo. La sangre brotó a
borbotones del orificio.
“Voy
a hacer presión.”
Il-jun
se quitó la camiseta para presionar la herida y usó las vendas que llevaba en
las manos para envolver el muslo. Una vez terminados los primeros auxilios, le
tendió un pañuelo. Por la pérdida de sangre, la vista de Woo-won empezaba a
nublarse. ¿Cuánto tiempo aguantaría?
Se
limpió la cara y las manos con el pañuelo y miró a Jae-hee. Él estaba encogido,
con la cara entre las rodillas y las manos tapándose los oídos, temblando
violentamente.
Woo-won
se acercó cojeando. Se dio cuenta de que, a pesar del calor, Jae-hee llevaba un
cuello alto; seguramente para ocultar las flores de su cuello. Una sonrisa
amarga se dibujó en su rostro.
“Jae-hee.”
Jae-hee
levantó la cabeza y lo miró con el rostro ausente. A diferencia de antes, sus
ojos tenían algo de brillo. Al cruzar sus miradas, los ojos grandes de Jae-hee
se llenaron de lágrimas.
El
Representante se arrodilló sobre una pierna y lo abrazó. Jae-hee rompió a
llorar, soltando todo el llanto contenido. Lloraba entre sollozos, sin poder
emitir un sonido fuerte, lo cual le partía el corazón a Woo-won.
Después
de un rato, Jae-hee tanteó el hombro de Woo-won. Al notar la herida abierta,
volvió a llorar con más fuerza.
“Está
sangrando. Hic… Señor, está sangrando.”
“Está
bien. No es nada.”
Il-jun
se acercó a revisar. Al ver que no era una herida mortal, se rascó la sien y
dio un paso atrás. Woo-won pasó sus manos bajo los muslos y el cuello de
Jae-hee y lo levantó en brazos. El dolor en su pierna era atroz, pero no dejó
que se notara. ¿Qué importaba este dolor ahora?
“Primero
al hospital.”
Il-jun
asintió y salió corriendo hacia afuera. El Representante consolaba a Jae-hee,
que seguía llorando con la cara tapada.
“¿Por
qué seguís llorando?”
“…Hic,
yo… voy a tener a los bebés. Señor, no me los quite.”
Woo-won
soltó un quejido y jadeó. Parecía que Jae-hee creía que ir al hospital
significaba deshacerse de los bebés. Ese era su propio karma.
“Estás
herido. Vamos a que te curen.”
“No
me los quite. Los bebés… Mis pequeños…”
“Me
vas a volver loco.”
Aunque
se sentía un sinvergüenza, ese rostro sucio y desfigurado le parecía lo más
adorable del mundo. El vacío que sentía desde que Jae-hee se fue, finalmente se
estaba llenando.
Al
escuchar el sonido de un auto afuera, el Representante caminó cojeando. Un
sedán negro se detuvo frente al portón.
Il-jun
abrió la puerta trasera rápidamente. Woo-won acostó a Jae-hee en el asiento y
le dio unas palmaditas suaves en el pecho. De repente, Jae-hee le sujetó la
manga.
“…¿Y
usted? Si usted no viene, yo tampoco voy.”
“No
seas terco. No estás solo. Ya le avisé a Jin-woo, así que hacete los estudios.
Te alcanzo enseguida.”
Jae-hee
asintió mientras se acariciaba el vientre plano con sus manos delgadas. Al
Representante le costaba apartarse al ver todas las heridas de Jae-hee, pero
cerró la puerta con esfuerzo y dio un paso atrás.
Mientras
tanto, Il-jun salió con Kwon Su-hyeon. Este último hizo una reverencia. Era la
mano derecha de Il-jun, alguien que usaba más la cabeza que los puños.
“Representante,
tanto tiempo.”
“…Sí,
tanto tiempo.”
“Voy
a cuidar bien de Jae-hee, no se preocupe.”
Kwon
Su-hyeon sonrió con picardía y subió al auto. Woo-won observó el coche alejarse
hasta que desapareció de su vista. Luego, llamó a Moon Jin-woo para explicarle
la situación y pedirle que cuidara de Jae-hee.
Al
volver a entrar, los gritos desgarradores de Yang Pil-soo llenaban el lugar.
Estaba
tirado en el suelo, cubierto de sangre. Il-jun guardaba la daga mientras se
ponía de pie. Parecía que le había cortado los tendones de Aquiles para que no
escapara; los calcetines grises de Yang Pil-soo estaban teñidos de rojo oscuro.
Ante
un gesto de Woo-won, Il-jun le propinó una bofetada brutal. Yang Pil-soo abrió
los ojos y miró a su alrededor. El Representante se encendió un cigarrillo y
soltó una risita.
“Hijo
de puta, ugh.”
“Estuve
pensando que meter a alguien como vos en la cárcel es un desperdicio. Te dan
comida, ejercicio y cama. Sería injusto que los impuestos de la gente se gasten
en alimentar a un tipo como vos.”
“¿Y
qué? ¿Me vas a matar? ¿Tenés las pelotas para hacerlo?”
Il-jun
le pisó la cara con su bota con fuerza.
“La
gente que quemaste desapareció sin dejar rastro, ¿no?”
“…….”
“Pronto
te va a pasar lo mismo.”
La
mirada llena de veneno de Yang Pil-soo empezó a temblar. Parecía haber
comprendido su final. El Representante se secó el sudor de la frente y sonrió
de forma tétrica.
“…W-Woo-won.
¡No, no! Representante Kang.”
“Dijiste
que eran 6 horas a 1300 grados, ¿no?”
“¡No,
no! Sálvame. ¡Denunciame! ¡Llamá a la policía!”
El
termómetro del incinerador marcaba ya más de 1270 grados. Molesto por los
gritos, Woo-won frunció el ceño e Il-jun lo noqueó de otro golpe. El
Representante sacudió la cabeza porque sentía que perdía la visión; necesitaba
terminar con esto e ir al hospital.
Justo
cuando iba a llamar a Il-jun, recordó algo y miró a Yang Pil-soo tirado en el
suelo. Esbozó una sonrisa deliberada.
“Ahora
que lo pienso, cuando te mueras, todos tus bienes pasarán a ser de Cha
Jae-hee.”
“¿Qué?
¡¡Qué dijiste!!”
“Legalmente,
Cha Jae-hee es tu hijo.”
El
Representante soltó una carcajada. Yang Pil-soo había caído en su propia
trampa. Su único familiar legal era Jae-hee. Yang Pil-soo quedaría como
desaparecido por los próximos cinco años.
Después
de ese tiempo, se podría solicitar la declaración de fallecimiento y Jae-hee
heredaría todo legalmente. Era un guion perfecto.
“Llevatelo.”
Bajo
las órdenes de Woo-won, los hombres se llevaron a Yang Pil-soo. Se escuchó el
sonido de la grúa del incinerador. El Representante tiró la colilla al suelo y
la pisó con fuerza.
Tendría
que haberlo hecho así desde el principio. No con la ley, sino fuera de ella.
Con
esto, el amargo vínculo entre Jae-hee y Yang Pil-soo terminaba.
Woo-won
sintió un mareo repentino y sacudió la cabeza. Estaba empapado en sudor frío.
Sus manos estaban heladas y su visión se tornaba borrosa.
Tengo
que ir con Jae-hee…….
“¡Representante!”
* * *
—Esta
mañana, un informante anónimo realizó una declaración de conciencia denunciando
a Farmacéutica Sehwa por sospechas de filtración tecnológica. El denunciante
afirmó que ‘Sehwa obtuvo de manera ilegal la tecnología de nuevos fármacos de
Farmacéutica Ido y sobornó a empleados internos para lograrlo’. Además, ha
causado una gran conmoción la revelación de pruebas que indican la
participación directa del Representante de Sehwa en este proceso.
Seok
Moon-seok estaba acorralado. Con las sospechas de asesinato del anterior
Representante y ahora la denuncia del informante, no solo enfrentaba la caída
de las acciones y la pérdida de imagen de la empresa, sino también una
investigación de la fiscalía.
Woo-won
apagó el televisor y se frotó los ojos cansados. Al lado de la cama, Kang
Yu-chan sonreía con orgullo, pero pronto frunció el ceño y le dio un golpecito
en el muslo a Woo-won. Este lo fulminó con la mirada.
“¿Querés
morir?”
“En
un momento tan importante como este, ¿cómo no me voy a enojar si el
Representante de la empresa está internado en un hospital?”
“…….”
“Y
creo que vamos a tener que adelantar el lanzamiento del tratamiento para el Flor
Caida.”
“Supongo
que sí.”
Dado
que el tratamiento ‘Hy-con’ de Sehwa tenía una orden judicial de prohibición de
venta, las peticiones para que Ido lanzara su nuevo tratamiento lo antes
posible no dejaban de llegar. Aunque aún quedaban etapas, debían acelerar el
cronograma.
“Preparalo
bien para que no haya problemas.”
“Sí,
sí, por supuesto. ¿Y qué hay de la cancelación del contrato de Cha Jae-hee?”
“Ay,
ese maldito de Shin Yong-ju. Solo de pensar en él me dan ganas de levantarme a
mitad de la noche. Se hacía el honesto y refinado, pero es un asco.”
Kang
Yu-chan se estremeció de asco. Siguiendo las órdenes de Woo-won de terminar el
contrato entre Jae-hee y el instituto sin ruidos, él e Il-jun habían
investigado a Shin Yong-ju. Resultó ser una basura total.
Shin
no solo robaba los cuerpos de Pistilos fallecidos por la floración para
venderlos a clubes de necrofilia, sino que él mismo era un necrófilo. Tenían
videos de él, por lo que la rescisión del contrato avanzaba sin problemas.
“Normalmente,
los que se hacen los refinados son los más pervertidos.”
“Bueno,
pronto habrá buenas noticias, así que no te preocupes. Por cierto, ¿qué pensás
hacer con Cha Jae-hee?”
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Woo-won
sonrió con amargura. Jae-hee estuvo inconsciente dos días tras ser
hospitalizado. Tenía cortes en la nuca, moretones por todo el cuerpo y sus
muñecas estaban tan dañadas por las bridas que necesitaba injertos de piel. Por
suerte, los bebés que tanto quería proteger estaban sanos.
“Haré
lo que Cha Jae-hee quiera.”
“No
sé. Ese es problema tuyo, yo ya tengo suficiente con la empresa.”
Yu-chan
se preparó para irse. Cuando Woo-won intentó levantarse, su hermano lo detuvo.
“Quedate
acostado. Si no fueras un Estambre Venom, ya estarías bajo tierra, ¿sabías?”
“No
seas atrevido.”
“Y…
Jae-hee me pidió que no te dijera, pero ayer a la mañana vino a tu habitación.
Se quedó sentado en la cama auxiliar llorando un largo rato antes de irse.”
“…….”
“Sé
que yo tampoco me porté bien con él, pero… valoralo mientras lo tienés.”
Tras
la partida de Yu-chan, Woo-won suspiró profundamente. La puñalada de Yang
Pil-soo había llegado al músculo, requiriendo cirugía. Gracias a su naturaleza
de Estambre Venom, su recuperación era asombrosamente rápida.
Aun
así, el dolor era inevitable. Ayer, tras recibir analgésicos, se quedó dormido.
Al despertar, sintió el aroma a menta en el aire, pero pensó que era una
ilusión de su cerebro por extrañarlo tanto. No imaginó que realmente había
estado allí.
Woo-won
se levantó y tomó las muletas. Necesitaba verlo. Al abrir la puerta de su
habitación, vio a alguien de espaldas con ropa de paciente. El aroma a menta lo
golpeó.
“Eh…
Cha Jae-hee.”
Jae-hee,
sobresaltado, echó a correr por el pasillo. Woo-won intentó seguirlo con las
muletas, pero le era imposible alcanzarlo.
“¡Jae-hee,
no corras! Te vas a caer.”
A
pesar del grito, Jae-hee desapareció rápidamente doblando la esquina. Woo-won
soltó una carcajada. ‘Es demasiado tierno’.
Se
sentía tan bien solo con verlo moverse, que se arrepentía de todo el tiempo
perdido. Pero le quemaba por dentro no poder abrazarlo ni hablar con él.
“Qué
ridículos, ¿qué están haciendo?”
Moon
Jin-woo apareció con las manos en los bolsillos del delantal.
“Viste,
te dije que te ibas a arrepentir, pedazo de idiota.”
“Es
cierto, tendría que haberte escuchado.”
“Parece
que Jae-hee no te guarda rencor, considerando que vino a tu habitación.”
“Es
demasiado bueno, ese es el problema.”
Jin-woo
le advirtió que Jae-hee sería dado de alta pronto, ya que sus heridas podían
tratarse de forma ambulatoria. Woo-won se apresuró. No podía dejar que se fuera
sin pedirle perdón.
Llegó
a la habitación de Jae-hee, que estaba vacía, y se sentó a esperarlo. Pensó
que, si Jae-hee lo rechazaba, le compraría un departamento en el Sector 1 y lo
apoyaría económicamente. Se le partía el alma imaginar a Jae-hee solo, criando
a los gemelos. Quería estar a su lado, aunque tuviera que suplicar.
Woo-won
se quedó dormido por el cansancio y el aroma familiar.
Jae-hee
regresó a su habitación tras dar una vuelta por el hospital. Todavía le latía
el corazón por haberse cruzado con Woo-won. Se sentía culpable porque el
Representante había sido operado por su culpa. Al entrar, vio a Woo-won
durmiendo en el sofá. Se acuclilló frente a él. Estaba más flaco que en la
televisión, pero seguía siendo apuesto.
Cuando
Jae-hee intentó levantarse, Woo-won le sujetó la muñeca. Se miraron en
silencio.
“…¿Cómo
estuviste?” preguntó Woo-won.
“Bien.
¿Y usted, señor?”
“Yo
no estuve bien. Me sentía muy culpable con vos.”
Jae-hee
apartó la mano. Recordó lo que Yang Pil-soo le dijo sobre que Woo-won ya tenía
otro Pistilo.
“No
tiene que sentirse culpable. Siento no haber cumplido el contrato. Si quiere
una compensación, cuando trabaje……”
“No,
Jae-hee, yo me equivoqué en todo.”
“Como
estoy embarazado no puedo seguir el contrato. Además, ya metió a otro Pistilo
en su casa, así que con esa persona……”
“¿Qué?
¿De qué estás hablando?” preguntó Woo-won frunciendo el ceño.
“Yang
Pil-soo dijo que ya tenía a otro en su casa….”
Woo-won
suspiró y soltó un insulto bajo. “Eso no es verdad. Yang Pil-soo mintió.”
“¿En
serio? ¿No metió a nadie más?”
“No.”
El
rostro de Jae-hee se iluminó. Se sentía aliviado, aunque todavía creía que
debían estar separados.
“Te
amo.”
Woo-won
lo dijo de repente, con las orejas rojas de vergüenza. “Es en serio. Fui un
estúpido y no entendía mis sentimientos. Sé que no tengo cara para pedirlo,
pero… ¿podrías darme otra oportunidad?”
“…¿Usted
me… me ama?” Jae-hee no podía creerlo.
“Nunca
ame a nadie, por eso no sabía qué era esto. Pero creo que empezó ese día en el
invernadero… o quizás antes. Solo quería que fueras feliz, que no fueras
explotado por Yang Pil-soo. Por eso te dije que no tuvieras al bebé, porque
temía que tu vida fuera difícil, no porque odiara al niño o a vos. Solo pensaba
en tu futuro.”
Jae-hee
se conmovió al entender que aquellas palabras crueles nacieron de la
preocupación por él. Sus deseos siempre habían sido similares: ambos querían la
paz y el bienestar del otro.
Woo-won
se bajó del sofá y se arrodilló ante él.
“Sé
que el daño que te hice es muy grande. Podés decirme que soy un egoísta y un
malvado, pero… siento que no puedo vivir sin vos.”
“Levántese,
por favor. Se acaba de operar.”
“No
sé cómo pedirlo de forma elegante. Solo quiero ser como un nene caprichoso y
pedirte que me dejes estar a tu lado, sin orgullo y sin vergüenza.”
Jae-hee
terminó abrazándolo. El corazón de ambos latía con fuerza.
“Usted
siempre hace lo que quiere.”
“Voy
a cambiar.”
“No
me escucha.”
“Me
voy a portar bien.”
“Solo
dice cosas malas.”
“Perdón.”
“Y
siempre me hace llorar.”
“No
lo voy a hacer más. No me dejes, por favor.”
Jae-hee
besó el cabello de Woo-won. Decidió ser honesto también.
“Lo
extrañé mucho. Yo también lo amo.”
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Woo-won
lo abrazó con fuerza. Recordaron los pequeños gestos de afecto que habían
tenido: el vaso de agua en la mesa, los mimos mientras dormían. Eran como niños
que no sabían expresar su amor, pero su sentimiento finalmente había florecido.
“¿Puedo
poner las macetas de mis bebés junto a la suya en el invernadero?” preguntó
Jae-hee.
“Lo
que quieras. Todo lo que quieras.”
Woo-won
acarició la flor de acónito en el cuello de Jae-hee. “¿Sabés qué significa esta
flor?”
“¿Qué?”
“‘No
me toques’.”
Woo-won
se dio cuenta de que siempre había vivido así, alejando a todos. Pero Jae-hee
era diferente.
“No
me importa, lo voy a seguir tocando.”
Woo-won
se enterró en el hombro de Jae-hee y sollozó de felicidad.
“Ahora
tiene que hacerse responsable de mí y de los bebés.”
“Sí,
me voy a hacer responsable de todo.”
“¿Aunque
me quede ciego?”
“No
me importa. Solo te necesito a vos.”
Al
principio, el acónito nació con veneno para protegerse, alejando a todos con
sus espinas. Pero entonces conoció a un árbol de raíces fuertes. El árbol no se
alejó a pesar de las espinas y el veneno. Le dio sombra y calor. Al lado del
árbol, el veneno de la flor se suavizó.
La
flor aprendió a estar allí sin herir al árbol. Se lastimaron y no fue fácil,
pero al final, la flor y el árbol terminaron pareciéndose.
Como
Kang Woo-won y Cha Jae-hee.
Aunque
empezaron con torpeza y dolor, terminarían siendo personas capaces de abrazar
incluso el veneno y las heridas del otro.
<Fin de Pistilo Oculto>
