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Jae-hee estaba encerrado en la habitación de la posada, pasando los canales de la televisión con desgano. ¿Por qué no daban las noticias a esta hora? Con el rostro apático, se desplomó sobre las mantas. A medida que el clima se volvía más cálido, ya empezaba a sentir calor al usar cuellos de tortuga; pero no tenía otra opción si quería ocultar las ramas que subían hasta el final de su cuello.

Tiró del cuello de la prenda hacia arriba y lo soltó, quedándose con la mirada perdida en el techo. En aquel techo amarillento por el paso del tiempo, se proyectaba el rostro de Kang Woo-won que acababa de ver en la televisión.

Esta mañana, mientras comía en el restaurante Sujin, los señores de la mesa de al lado reían a carcajadas diciendo que no había nada más entretenido que las noticias últimamente. No era para menos, pues todos los días el ambiente estaba agitado con los informes sobre el caso de drogas del Sector 12 y la noticia de que se había aceptado la solicitud de medida cautelar de Farmaceutica Lee-do contra Sehwa Farmaceutica para prohibir la venta de su fármaco. Incluso mientras comía, aparecía en pantalla la entrevista de Seok Moon-seok.

Ugh, qué cara tan odiosa. Jae-hee sintió un escobofrio de repulsión y se concentró en tomar solo el caldo de su sopa de pollo.

Justo cuando terminaba de comerse los trozos de carne y se disponía a mezclar el arroz, escuchó una voz familiar. Jae-hee levantó la cabeza de golpe y miró la televisión. El cuenco de arroz que sostenía cayó al suelo con un ruido estruendoso.

-“Hola a todos. Soy Kang Woo-won, representante de Farmaceutica Lee-do. Considero que esta decisión del tribunal reafirma una vez más la importancia de que la industria farmacéutica mantenga una competencia justa y estándares éticos.”

Jae-hee tragó con esfuerzo el llanto que subía por su garganta y clavó la mirada en el Woo-won de la pantalla. Era la primera vez que veía su rostro en casi un mes.

Sus rasgos definidos y su expresión calmada, casi gélida, seguían siendo los mismos; sin embargo, su rostro estaba terriblemente demacrado y el cansancio se filtraba en su voz grave y decidida. Su tez estaba oscurecida y sus ojos carecían de vitalidad. Su mirada, que normalmente caía con firmeza, parecía vacilar en algún punto. Parecía que, de nuevo, sufría por la intoxicación de su propio veneno, sin poder dormir ni comer.

‘El tipo que es el jefe de la farmacéutica parece una celebridad.’

‘¡Si parece un gigoló!’

Tras terminar la entrevista, Woo-won desapareció de la pantalla. Aunque seguían dando noticias relacionadas, Jae-hee permaneció sentado e inmóvil, mirando fijamente el televisor.

Un sentimiento punzante surgió desde lo más profundo de su corazón. Estaba feliz de poder verlo de nuevo, aunque fuera así. Pero, al mismo tiempo, lo extrañaba demasiado. No quería ver ese rostro atrapado en una pantalla, quería verlo en la realidad. Una nostalgia de forma indefinida lo inundó, haciendo que sus ojos escocieran y que su pecho se apretara con fuerza.

Al final, Jae-hee no pudo terminar de comer y regresó a la posada para pasar todo el día cambiando de canal, esperando a que la escena de la entrevista de Kang Woo-won apareciera de nuevo en las noticias...

Sintió un picor repentino en el cuello y empezó a rascarse con fuerza, hasta que recordó la flor y se incorporó de un salto. Se arrastró hasta quedar frente al tocador. Al bajar el cuello de su prenda, quedó a la vista una flor de color violeta, del tamaño de la mitad de un dedo índice. Al posar la punta de sus dedos suavemente sobre ella, pudo sentir el pulso latiendo rítmicamente.

Jae-hee soltó una risa desolada. Esta flor no se borraría sin importar cuánto tiempo pasara. Él era la persona a la que debía recordar a través de los rastros que quedaban en su cuerpo.

Mientras observaba la flor reflejada en el espejo con la mirada perdida, ladeó la cabeza. Pero, ¿cómo se llama esta flor? Al pensarlo, se dio cuenta de que siempre se había referido a ella simplemente como la flor violeta, sin conocer su nombre exacto.

Jae-hee sintió una inmensa curiosidad por saber el nombre de la flor propia de Kang Woo-won.

* * *

“Qué debilucho este jovencito, así no se puede. Tenés que comer bien, hijo.”

“Es que estoy haciendo mi mejor esfuerzo.”

Jae-hee se rascó la cabeza ante el regaño de la tía de la cocina. Como pasaba por el restaurante Sujin mañana y noche, como si estuviera fichando, en algún momento las señoras que trabajaban allí no solo empezaron a recibirlo con alegría, sino que le servían la comida sin que él tuviera que pedirla.

‘No comas más ese caldo descolorido todos los días. A partir de hoy, vas a comer el menú del día.’

‘... Sí.’

En el menú no figuraba el menú del día. Aunque aceptó intimidado por el tono tosco de la tía, no le apetecía mucho. Debido a las náuseas del embarazo, no podía comer casi nada que no fuera la sopa de pollo. Sin embargo, a diferencia de sus temores, el arroz blanco acompañado de estofado de kimchi, tortilla de huevo, kimchi blanco, raíz de bardo glaseada y caballa asada estaba delicioso; todo se adaptaba perfectamente a su paladar.

‘Estuve muy rico.’

‘¿Te gustó? Volvé mañana. ¿No hay algo que se te antoje?’

‘Eh... hojas de sésamo condimentadas.’

‘Ay, Dios, pide algo igualito a él. Está bien, concedido.’

Al día siguiente, la tía no solo le preparó las hojas de sésamo, sino también panqueques de hoja de sésamo. Extrañamente, toda la comida del restaurante Sujin le sentaba bien. A veces, la tía de la cocina salía a charlar con él. Al principio le resultaba incómodo, pero al darse cuenta de que eran regaños llenos de afecto y ganas de cuidarlo, Jae-hee empezó a comer con tranquilidad. Ahora, incluso se atrevía a responderle con timidez cuando lo regañaba. Entre la comida deliciosa y la generosa hospitalidad, no podía decidirse a dejar Gun-yeong.

Hace poco, incluso fue a confirmar si los bebés crecían bien. A unos 20 minutos en autobús desde Gun-yeong estaba la ciudad de Okseong. A diferencia de Gun-yeong, Okseong tenía hospitales generales y muchas clínicas privadas. Jae-hee recibió atención en la sección de obstetricia especializada en Pistilos del Hospital General de Okseong bajo el nombre de Joo Min-woo.

Los gemelos crecían a pasos agigantados. Los pequeños, que no medían ni 1 cm, ya superaban los 3 cm. Sus latidos seguían siendo fuertes y constantes.

‘Los bebés están creciendo sanos y fuertes, pero parece que el peso de la gestante ha bajado un poco.’

‘Ah...’

‘Ha bajado 3 kg respecto al peso que indicó en el cuestionario. Con dos bebés de buen apetito en el vientre, tiene que esforzarse más por comer. ¿Entendido?’

‘Sí.’

Aun así, le alegró saber que los bebés crecían sin problemas. Desde ese día, Jae-hee se esforzó más en sus comidas. Aunque le tomara mucho tiempo, intentaba terminar siempre su cuenco de arroz.

Justo ahora hacía lo mismo. Mientras daba un gran bocado al arroz mezclado con pasta de chile salteada, la tía que estaba sentada frente a él se levantó con una leve sonrisa.

“Cuando se está esperando un hijo, hay que comer de todo. ¿Me oíste?”

“Eh... ¿Cómo lo supo?”

“¿Acaso no ves cómo se te están ensanchando las caderas? Dejá de decir tonterías y comé. Y pedí más si te falta.”

Jae-hee, con la cara roja, se removió en el asiento. ¿De verdad se le habían ensanchado las caderas? Se rascó la frente y siguió comiendo. Terminó el arroz por completo y se tomó con cuidado el yogur que le dieron de postre. Se levantó acariciando su vientre ligeramente abultado.

Al extender un billete de diez mil wones, la joven en la caja le devolvió uno de cinco mil.

“Perdone, creo que me dio mal el cambio.”

“Es lo que mi mamá me dijo que cobrara.”

“Ah... gracias.”

Jae-hee salió del restaurante y caminó un poco. Gun-yeong era un pueblo rural tan pequeño que, apenas te alejabas de la terminal, todo eran arrozales y campos. No había sitios turísticos, por lo que casi no llegaban forasteros. Quizás por eso, al pasear, los residentes a veces lo miraban con curiosidad.

El clima primaveral y despejado también mejoró su ánimo. El próximo año, no estaría solo; serían tres los que recibirían esta brisa cálida y suave. Jae-hee susurró mientras acariciaba su vientre, pidiéndoles que crecieran rápido para conocerse pronto.

“Pero, ¿dónde voy a vivir...?”

Por ahora estaba de posada en posada porque los bebés estaban en su vientre, pero como su cuerpo pesaría cada vez más, necesitaba una casa estable. No le parecía mala idea establecerse en este pequeño pueblo, pero como aún no había noticias de la captura de Yang Pil-soo, dudaba en decidirse. Ojalá lo atraparan pronto.

Jae-hee se sentó un momento en un banco del camino para disfrutar del sol y la brisa. Aunque era el mismo sol bajo el mismo cielo, se sentía distinto al del Sector 12. Allí, aunque saliera el sol, siempre se sentía oscuro y lúgubre, pero en Gun-yeong todo era brillante, cálido y nítido.

Tras estar un rato bajo el sol, el cuerpo se le relajó y le entró sueño. A su pesar, se dio la vuelta para volver hacia la terminal.

Pero no pudo avanzar mucho antes de detenerse. En un instante, la oscuridad cayó frente a sus ojos como si bajaran una cortina negra. Jae-hee respiró con calma y movió las manos buscando algo de qué sujetarse. Por suerte, había un poste cerca.

Sujetándose al poste, se agachó lentamente. Como no estaba acostumbrado a no ver, a veces sentía mareos. Además, podía chocar con los transeúntes, así que prefería quedarse agachado.

Al principio parpadeaba y se frotaba los ojos desesperadamente, pero ahora simplemente los cerraba y esperaba. Con los ojos cerrados, contaba números despacio. Al llegar a diez, volvía a empezar desde el uno. Mientras contaba, no pensaba en nada. La oscuridad, el vacío, el miedo y la ansiedad se desvanecían entre los números.

Sentía el tacto frío del poste en las yemas de sus dedos. La superficie áspera del metal con la pintura descascarada rozaba su palma. Ese contacto sin calor, curiosamente, le resultaba reconfortante.

Su latido se ralentizó. Cuando no podía ver, su oído se agudizaba naturalmente. El sonido de los autos a lo lejos, las ramas mecidas por el viento o las voces de la gente se oían más claros y definidos que cuando tenía los ojos abiertos.

Había leído en alguna parte que las personas ciegas no sufrían de problemas cervicales. ¿Sería porque no se concentraban profundamente en algo visual? Jae-hee dejaba pasar el tiempo con esos pensamientos triviales.

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Después de un rato, la luz volvió a concentrarse frente a él y su visión se aclaró lentamente. Jae-hee se sacudió el pantalón y se levantó como si nada.

De pronto, se le antojó comer tteokbokki muy picante. ¿Habría alguna tienda de aperitivos en este pueblo? Buscó a su alrededor con la vista aún un poco borrosa. En las tiendas frente a las escuelas solían vender tteokbokki muy dulce; se sentía un poco caradura, pero pensó en pedírselo a la tía del restaurante Sujin.

Tras meditarlo, Jae-hee pasó por el mercado a comprar los ingredientes y se dirigió al restaurante. No podía aguantar las ganas de comerlo.

Sin embargo, la puerta corredera que siempre estaba cerrada se encontraba abierta de par en par. Y lo que era peor, desde adentro se oían gritos.

“¡Maldita sea, mirá bien esta foto! ¿Viste a este mocoso o no?”

“¡¿Acaso este desgraciado se volvió loco?! ¡¿A qué venís a hacer este escándalo aquí?!”

La bolsa de plástico que llevaba cayó al suelo. Los pasteles de arroz, el pastel de pescado, el repollo y la cebolla se desparramaron. Pero Jae-hee ni siquiera pensó en recogerlos; se quedó petrificado.

Increíblemente, esa voz áspera era, sin duda, la de Yang Pil-soo.

Su corazón latía tan fuerte que se asfixiaba. De pronto, se oyó un estruendo de algo rompiéndose y un grito agudo. Jae-hee protegió su vientre por instinto y soltó el aire que tenía atrapado. Retrocedió vacilante y luego se dio la vuelta para correr hacia la posada.

Subió las escaleras corriendo, agarró el pomo de la puerta e intentó meter la llave. Pero sus manos temblaban tanto que no atinaba al agujero. Su corazón palpitaba desbocado.

¿Cómo se había enterado Yang Pil-soo? ¡¿Cómo?!

A duras penas logró meter la llave y abrir. Empacó sus cosas a toda prisa, metiendo también la foto de la ecografía que tenía sobre la cabecera. Solo pensaba en que si lo atrapaban, moriría. Esta vez, Yang Pil-soo seguramente intentaría matarlo.

Se colgó la mochila al hombro y abrió la puerta. Pero no fue hacia la entrada principal, sino hacia el lado opuesto. Bajó unas escaleras estrechas hasta encontrar una pequeña puerta trasera desgastada. Era la salida posterior que conectaba con la parte trasera de la terminal. Había preguntado por ella a la dueña de la posada con antelación, por si acaso ocurría algo así.

Abrió la puerta con cuidado y asomó la cabeza para vigilar. Por suerte, los alrededores estaban tranquilos. Jae-hee se quitó el sombrero y se lo volvió a ajustar con firmeza. Deseaba que hubiera un autobús saliendo de inmediato mientras caminaba a paso rápido hacia la terminal.

No esperaba tener que dejar Gun-yeong tan de repente. Le daba mucha pena irse sin despedirse. Gracias a la dueña de Moranjang y a las tías del restaurante Sujin, pudo estar un poco tranquilo. Pensaba volver algún día a agradecerles formalmente.

Jae-hee miró hacia todos lados, entró en la terminal y tomó un teléfono público. Marcó de inmediato el 112.

“Emergencias 112, dígame.”

“Es en el pueblo Gun-yeong, en el condado de Yongwon. Yang Pil-soo, el cabecilla del caso de drogas del Sector 12, está aquí. Por favor, vengan rápido. Está causando disturbios en el restaurante Sujin... ¡Ah!”

Alguien lo agarró por la nuca y tiró de él hacia atrás. Un olor nauseabundo mezclado con rancio invadió su olfato. Una mano de dedos gruesos le tapó la boca.

“Te encontré, ratita.”

* * *

‘Hyung. ¿Hasta cuándo vas a seguir sin volver a casa?’

Kang Yu-chan preguntó mientras detenía el auto en el lobby del hotel. Pero Woo-won no respondió nada; simplemente mostró una sonrisa amarga. El botones se acercó y abrió la puerta del vehículo.

“Está lloviendo mucho. Maneja con cuidado.”

Woo-won dejó un breve saludo, bajó del auto y entró al hotel. Ya llevaba una semana viviendo en un hotel cerca de la empresa en lugar de su casa.

Como dicen que la familiaridad a veces se convierte en la cadena más poderosa, sentía que cada vez que abría la puerta de entrada, Cha Jae-hee saldría corriendo a recibirlo. Al enfrentarse al silencio sepulcral de la casa, se desmoronaba sin remedio. Soportó un día, luego otro, hasta que finalmente huyó. Escapó de esa casa llena de rastros de Jae-hee.

Aunque lograba vivir el día a día con normalidad, en los momentos más inesperados su rostro surgía en su mente y sentía que todo se derrumbaba. El trabajo fluía según lo planeado, pero Jae-hee no estaba.

Despertar por la mañana, beber café, pasar el día de forma corriente... hasta que cosas triviales como una brisa o un aroma pasajero le recordaban a él. Momentos que antes dejaba pasar sin importancia ahora se clavaban como espinas, uno a uno.

Si escuchaba a alguien llamar ‘Señor’ en alguna parte, su cabeza giraba por reflejo. No solo eso; si veía una espalda que se le pareciera, corría sin pensar para obligar a esa persona a darse vuelta. Sentirse miserable al confirmar que no era él se había vuelto una rutina. Su esperanza se tiñó de gris y su corazón no solo estaba vacío, sino que sentía un enorme agujero en medio del pecho.

El mundo al que Jae-hee tanto quería salir es así de pacífico y sigue fluyendo con indiferencia sin cambiar nada, pero Jae-hee no está.

Los sentimientos que pensó que mejorarían con el tiempo se transformaron en un anhelo que desgarraba su corazón. Ni siquiera se atrevía a pronunciar su nombre en voz alta. Temía que, al hacerlo, lo poco que sostenía su cordura terminara por colapsar.

Si tan solo hubiera mostrado un poco de su preocupación y afecto antes, él no se habría ido de forma tan despiadada. O al menos, si no le hubiera dicho palabras tan crueles cuando Jae-hee le contó que estaba embarazado. Cada momento era un lamento.

A pesar de haber pasado días enteros espiándolo a través de la aplicación de las cámaras de seguridad mientras sus sentimientos crecían. A pesar de haber deseado que el futuro de ese chico brillara con esplendor. Solo después de que Jae-hee desapareció, Woo-won pudo finalmente admitir lo que sentía.

¿Por qué no se dio cuenta antes de ese sentimiento que se dispersaba suavemente como flores de primavera tras soportar el frío intenso? Si todos sus sentidos estaban enfocados en Jae-hee, ¿por qué fue tan obstinado por culpa de un orgullo inútil?

Nada más abrir la puerta de la habitación del hotel, Woo-won se desplomó en el suelo. El corazón que apenas lograba sostener durante el día se vino abajo. Con cada jornada que pasaba, el miedo de no volver a ver a Jae-hee nunca más lo consumía.

“Te extraño.”

De repente, su teléfono sonó. Woo-won sacó el celular del bolsillo interior de su saco. El remitente era Kang Yi-chan. Soltó un breve suspiro y atendió.

“Hola.”

—Oye, Woo-won. Hace cuatro horas entró una denuncia al 112 diciendo que habían visto a Yang Pil-soo. Pero dicen que, mientras hablaba, se escuchó un grito y se cortó la llamada. Es muy extraño.

Su corazón dio un vuelco. Woo-won apretó el teléfono y tragó saliva.

“Hyung... ¿podría escuchar la voz de esa llamada? No, dígame dónde fue la denuncia.”

—La ubicación fue en la terminal de Gun-yeong, en el condado de Yongwon. Parece que llamó desde un teléfono público. La policía fue, pero Yang Pil-soo no estaba. Al investigar los alrededores, dijeron que justo antes de la llamada, un hombre de aspecto andrajoso andaba preguntando si habían visto a un chico, mostrando una foto.

Su corazón latía desbocado. Woo-won colgó y se puso de pie. Por instinto, tuvo la certeza de que quien denunció era Cha Jae-hee. Reprimió su agitación y ordenó sus pensamientos caóticos. Si el denunciante era Jae-hee, o bien huyó a otra región en autobús o, en el peor de los casos, fue atrapado por Yang Pil-soo.

Había pasado más de un mes desde que Jae-hee desapareció sin dejar rastro, y finalmente tenía una pista. Woo-won se presionó los ojos ardientes y respiró profundamente.

Primero debía ir al pueblo de Gun-yeong. Tras reflexionar un momento, llamó a Choi Il-jun. No sabiendo qué podría pasar, juzgó que era mejor llevar a Choi Il-jun que a Kang Yu-chan. El tono de espera se cortó y Il-jun respondió.

“Trae el auto ahora mismo al estacionamiento subterráneo del Hotel Sernia.”

—¿Voy de inmediato?

“Sí. Creo que Cha Jae-hee denunció a Yang Pil-soo.”

—Voy para allá. Estoy cerca, llego en diez minutos.

Woo-won entró y se quitó la ropa rápidamente. Quería ducharse, pero no había tiempo. Abrió su maleta y se cambió al traje negro que tenía preparado para el día siguiente.

No se puso corbata y dejó un par de botones de la camisa desabrochados. De repente, las lágrimas asomaron en sus ojos enrojecidos. Se las secó en silencio con el dorso de la mano y soltó una risa desolada. No sabía cómo explicar lo que sentía. El alivio y la ansiedad lo golpeaban al mismo tiempo, haciéndole perder el control de sus emociones. Se esforzó por recomponerse y respiró hondo.

Recogió sus cosas a toda prisa y salió de la habitación. Al bajar por el ascensor al estacionamiento, Choi Il-jun estaba llegando. Il-jun tomó el equipaje de Woo-won y lo puso en el asiento trasero.

“¿Cuál es la ubicación de la denuncia?”

“Pueblo de Gun-yeong, condado de Yongwon.”

“Si es Yongwon, nos tomará al menos tres horas llegar.”

“Solo arranca.”

Mientras Woo-won se abrochaba el cinturón en el asiento del acompañante, Il-jun buscaba el pueblo en el GPS. Al no tener la dirección exacta, puso la oficina municipal como destino.

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Justo cuando estaban por salir, el teléfono de Woo-won vibró. Era un archivo de audio enviado por Kang Yi-chan. Woo-won subió el volumen al máximo y reprodujo el archivo.

—Es en el pueblo Gun-yeong, en el condado de Yongwon. Yang Pil-soo, el cabecilla del caso de drogas del Sector 12, está aquí. Por favor, vengan rápido. Está causando disturbios en el restaurante Sujin... ¡Ah!

Un quejido bajo escapó de los labios de Woo-won. Era definitivamente la voz de Cha Jae-hee. Era esa voz que no lograba borrar por mucho que lo intentara.

La voz grabada de Jae-hee sonaba urgente y agitada. Y al final, quedaba ese grito que se cortaba abruptamente. No había tiempo que perder.

“Acelera.”

Woo-won escuchó la grabación una y otra vez. Cuanto más la oía, más se asfixiaba. Solo podía pensar en que Jae-hee había sido atrapado por Yang Pil-soo. Entonces, una idea cruzó su mente.

“Si fueras tú, si tuvieras que secuestrar a alguien para deshacerte de él, ¿a dónde irías?”

—Si fuera yo, iría a mi guarida.

“¿Y si el secuestro fuera a larga distancia?”

—Aun así, lo llevaría a mi escondite.

Woo-won pensaba lo mismo. Al cometer un crimen y tratar de encubrirlo, lo común era elegir un lugar que solo uno conociera. Si Yang Pil-soo había atrapado a Jae-hee, seguramente se dirigiría al Sector 12. Pero no podía tomar una decisión a la ligera. Si se equivocaba, perdería tiempo buscando en el lugar erróneo. Woo-won sentía la boca seca por la ansiedad. ¿Cuál sería el lugar donde Yang Pil-soo, tras haberlo perdido todo, daría su último golpe?

Tras observar la lluvia caer intensamente mientras reflexionaba, finalmente habló.

“Da la vuelta. Vamos al Sector 12.”

* * *

Al bajar del coche, una lluvia persistente empapaba el ambiente. Jae-hee, por instinto, encogió los hombros y miró a su alrededor. La atmósfera era extraña. Aunque había vivido en el Sector 12 desde los siete años, de repente este lugar se sentía sombrío y aterrador.

No era tarde en la noche, pero no había nadie en las calles. Los bares y salas de karaoke, que solían tener las luces encendidas los 365 días del año, estaban a oscuras, y los adictos que deambulaban como zombis al caer el sol no aparecían por ningún lado. Había un silencio y una soledad que ponían los pelos de punta. Yang Pil-soo parecía sentir lo mismo, ya que no dejaba de soltar maldiciones.

“Maldita sea, qué ambiente tan asqueroso.”

Jae-hee subía la cuesta casi siendo arrastrado por la mano de Yang Pil-soo. Sin embargo, mientras caminaba, se dio cuenta de que la dirección era extraña. Si seguían por ahí, no llegarían a Cheong-u-jang, sino a la zona de fábricas. Al comprender lo que eso significaba, Jae-hee se resistió con violencia.

“¡Soltame! ¡Hijo de puta loco!”

Yang Pil-soo lo agarró del pelo y, sin más, le lanzó un puñetazo. Se escuchó un golpe seco y un dolor terrible, como si se le hubiera fracturado el pómulo, lo invadió. Jae-hee se cubrió el rostro con las manos. Pensaba que ya estaba curtido en recibir golpes, pero tras haber pasado un tiempo viviendo como una flor de invernadero, el impacto fue devastador.

“Parece que solo entendés cuando te muelo a palos. Maldita sea, igualito que el viejo Cha.”

Al escuchar que mencionaba a su padre como ‘el viejo Cha’, Jae-hee apretó los dientes y lo miró con furia. La enfermedad de las Flores Caídas había influido, pero si su padre no hubiera recibido aquella paliza de Yang Pil-soo, habría vivido un poco más. Si hubiera sido así, al menos habría visto la caída del Sector 12. Eso se le quedó clavado como un resentimiento eterno.

“Asesino de mierda.”

“¿Asesino? Ey, mocoso, tené cuidado con lo que decís. ¿Acaso lo maté yo? El viejo murió por su enfermedad.”

“¡Si no le hubieras pegado ese día, mi papá no habría muerto así!”

“¿Y qué querés que haga? ¿Que te salve? Mejor roga por tu propia vida. Dejá de joder con un tipo que ya está bajo tierra.”

Yang Pil-soo tiró con fuerza del cabello de Jae-hee, arrastrándolo con brusquedad. Como su centro de gravedad estaba inclinado hacia adelante, Jae-hee se tambaleaba. Intentaba no caerse mientras era arrastrado como un perro; tenía que ser extremadamente cuidadoso para que su vientre no recibiera ningún impacto.

Tras ser arrastrado así durante un largo rato, se detuvieron frente a un portón de hierro que llevaba a la zona industrial. Yang Pil-soo sacó una llave de su bolsillo y abrió el candado.

La vieja puerta de hierro se abrió con un chirrido. Para llegar a la zona de fábricas, tenían que cruzar ese umbral y bajar por una pendiente. Yang Pil-soo soltó el cabello de Jae-hee y sonrió mostrando sus dientes amarillentos. Sintiendo un escalofrío, Jae-hee intentó desviar la mirada, pero en ese instante, Yang Pil-soo le propinó una fuerte patada en la espinilla.

Perdió el equilibrio y cayó pesadamente al suelo. Sin poder soltar ni un grito, Jae-hee rodó por la pendiente sin control.

Su cuerpo dejó de rodar solo cuando llegó a una superficie plana. Tenía la piel raspada y las articulaciones le dolían profundamente. Debido al impacto, no podía respirar bien. Se agarró el cuello jadeando hasta que finalmente pudo tragar algo de aire.

El polvo entraba sin cesar en sus pulmones, asfixiándolo. Su visión se volvió borrosa y sentía un zumbido en los oídos. Intentó apoyarse en el suelo con la mano, pero un líquido frío y pegajoso mojó sus dedos. Al mirar el suelo bajo la tenue luz, vio un líquido rojo oscuro esparciéndose mezclado con las gotas de lluvia.

Jae-hee se tocó la cabeza con expresión aturdida. Sintió un tacto cálido en su palma.

Era sangre. Debía de haberse golpeado la cabeza contra algo al caer.

“¿Ya te ubicás en la situación?”

Yang Pil-soo, de pie cerca del portón de hierro, sonreía de forma siniestra. Jae-hee sintió por instinto que hoy realmente iba a morir. El miedo, la miseria y la culpa hacia sus bebés lo inundaron como una marea. Quería vivir como fuera. Quería suplicar por su vida, incluso si tenía que arrastrarse como un perro ante Yang Pil-soo.

“Tu vida siempre fue así: miserable y hecha pedazos. ¿Ya te olvidaste? Sentado en el cojín de flores que te puso Woo-won, moviendo la colita, ¿te creíste que eras alguien importante?”

“……”

“Jae-hee, dicen que ese infeliz de Woo-won ya metió a otro Pistilo en su casa para que lo use. Vos no significás nada para ese tipo.”

“……”

“Te usó como un simple agujero y después te descartó. Pobre Cha Jae-hee.”

Jae-hee contuvo el aliento sin darse cuenta. ¿Que Woo-won había metido a otro Pistilo en la casa? Desde la posición de Woo-won, que sufría de envenenamiento, era algo lógico, pero sintió que algo se derrumbaba estrepitosamente en su interior.

¿Qué demonios esperaba? Realmente, como decía Yang Pil-soo, después de estar sentado en el cojín de flores que Woo-won le había preparado, se creyó alguien especial. Jae-hee soltó una risa vacía. Le ardían los labios, probablemente por los raspones al rodar por el suelo.

“Cada cual tiene que saber cuál es su lugar.”

“……”

“Levantate, pedazo de basura.”

Jae-hee se quedó tumbado en el suelo bajo la lluvia, sin moverse un ápice. Tenía una sensación extraña. Solo por el hecho de oír que Woo-won tenía a otro Pistilo, se sintió sumido en una apatía absoluta.

Soltando un breve insulto, Yang Pil-soo se agachó y cargó a Jae-hee sobre su hombro como si fuera un fardo. Luego, empezó a caminar rápido con él a cuestas. A medida que se acercaban a la zona industrial, un olor metálico y aceitoso le golpeaba la nariz. Sentía que la garganta le ardía solo con respirar.

La puerta de hierro oxidada de un viejo edificio se abrió con un crujido. Al entrar, un aire pesado oprimió todo su cuerpo. Yang Pil-soo dejó caer a Jae-hee en el suelo con brusquedad y entró en lo que parecía ser un almacén. Pronto se escucharon insultos y el sonido de algo rompiéndose.

“Maldita sea, estos desgraciados. ¿Cómo supieron de este lugar para venir a saquearlo?”

Jae-hee recobró el sentido de golpe y se levantó con esfuerzo. Siempre había pasado por delante, pero era la primera vez que entraba en el incinerador. Sintió que el lugar apestaba a carne rancia. Sus piernas temblaban como hojas al viento.

La función original del incinerador era quemar los residuos de la fábrica. Pero, en algún momento, una o dos veces por semana, empezaron a quemar personas en lugar de basura. Un terror inmenso le oprimió el pecho. Solo podía pensar en que debía escapar de allí.

Aprovechando que Yang Pil-soo estaba distraído, Jae-hee empujó la puerta de hierro y salió corriendo. Las gruesas gotas de lluvia golpeaban su rostro. Cada vez que movía el cuerpo, sus músculos gritaban de dolor. Pero ese dolor era preferible a ser arrojado vivo al incinerador.

Todo estaba oscuro y no veía nada. Corrió sin rumbo, habiendo perdido el sentido de la orientación. Tras correr un largo rato, vio lo que parecía un gran cartel. Jae-hee se escondió detrás de él y trató de recuperar el aliento. Sentía punzadas en el fondo de la garganta por el esfuerzo.

¿Dónde estaba? Al mirar alrededor, Jae-hee abrió mucho los ojos. Era ‘Nara Clean System’, la fábrica donde su padre había trabajado cuando era joven, lavando parillas de carne contaminadas. De repente, sintió un nudo en la garganta. En toda esta enorme zona industrial, este era el único lugar que conocía. Se sentía como si su padre lo hubiera guiado hasta allí al verlo perdido.

Sin embargo, pronto frunció el ceño con frustración. Estaba justo en el centro de la zona de fábricas. Hacia arriba estaba el monte y hacia abajo el incinerador. Si Yang Pil-soo subía, no tendría escapatoria.

“Por favor, aguanten, mis pequeños.”

Jae-hee se acarició el vientre una vez y se adentró en el oscuro sendero del monte. Caminaba sobre el barro pegajoso por la lluvia. Su ropa, empapada, pesaba cada vez más, y tenía las manos y los pies cubiertos de tierra. Las ramas le azotaban las mejillas con saña. Aun así, no podía detenerse. Sentía que en cualquier momento Yang Pil-soo aparecería y lo agarraría por la nuca.

Pero poco después, Jae-hee se detuvo. Se apoyó en un gran árbol jadeando con fuerza. Tenía que seguir, pero sus pies no respondían. Su resistencia física estaba agotada. Miró hacia arriba con resentimiento por la lluvia incesante y se sentó apoyado en el árbol.

Aunque ya era primavera, la temperatura bajaba drásticamente por la noche. Además, al estar completamente empapado, sentía el cuerpo helado. Sentía que se moriría congelado antes de que Yang Pil-soo lo matara a golpes.

Intentó masajearse los brazos y las piernas para recuperar fuerzas, pero fue en vano. Se quedó apoyado en el árbol mirando hacia la oscuridad del monte.

De repente, un crujido rompió el silencio.

Yang Pil-soo estaba muy cerca. Jae-hee se levantó y movió sus pies con dificultad. Una luz brillante surgió a sus espaldas; Yang Pil-soo debía de llevar una linterna.

“Cha Jae-hee.”

“……”

“Bajá de una vez antes de que te entierre vivo.”

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Jae-hee se movía a pesar de su respiración agitada. Sin embargo, no pudo avanzar mucho y se detuvo de nuevo. Había llegado a su límite. Sus piernas temblaban y fallaron. En ese instante, Yang Pil-soo acortó la distancia rápidamente.

“Tanto drama para no llegar a ningún lado.”

En un segundo, Yang Pil-soo lo agarró por la nuca y lo estampó contra el suelo. Su rostro quedó aplastado contra el barro. Jae-hee cerró los ojos con resignación y perdió el conocimiento.

* * *

Jae-hee abrió los ojos de golpe, sobresaltado por el chorro de agua que caía sobre su cabeza. Yang Pil-soo le estaba vaciando una botella de agua de dos litros sobre la cara y el cuerpo. Mientras Jae-hee escupía y jadeaba por el aire, escuchó una risa burlona. Tras verter cinco botellas para quitarle el barro de encima, Yang Pil-soo, con un cigarrillo en la boca, entró en la sala de control del incinerador y manipuló varios botones. De inmediato, la maquinaria comenzó a funcionar con un rugido imponente.

Jae-hee miró la espalda de Yang Pil-soo con una expresión de total desesperación. A decir verdad, no le temía a la muerte, pero sentía una lástima infinita por las vidas que llevaba en su vientre.

Yang Pil-soo se acercó a Jae-hee envuelto en una nube de humo. Cuando Jae-hee desvió la cabeza por el olor acre del tabaco, el hombre le agarró las muñecas y las sujetó con fuerza usando una brida de plástico.

“Maldita sea, ahora que estás mojado te ves más provocativo. ¿Querés ofrecerme un poco?”

“Largate.”

“Te voy a arrancar la lengua, mocoso maleducado.”

Yang Pil-soo le dio unos golpes secos en la cabeza a Jae-hee mientras fruncía el ceño con fastidio. Él también estaba hecho un desastre tras haberlo perseguido por el monte.

“Me pregunto por qué te alejaste de Woo-won para terminar metido en ese pueblo perdido de Gun-yeong... A menos que hayas escapado por tu cuenta. ¿No es así?”

“……”

“Si llamo a Woo-won ahora mismo y le digo que estás acá, ¿creés que ese infeliz vendría?”

“¡No lo hagas!”

Al oír ese nombre, Jae-hee se sobresaltó y sacudió la cabeza con desesperación. No había forma de que Woo-won viniera aunque lo llamaran, ni tenía razones para hacerlo. No podía arrastrar a este lodazal a alguien que ya estaba viviendo bien con otro Pistilo. Jae-hee apretó los puños con fuerza.

“Para empezar, no tenés opciones. Si Woo-won viene, te dejo vivir; si no viene, morís quemado ahí adentro. ¿Qué te parece?”

“...Sos un cobarde y un desalmado hasta el final.”

Jae-hee le escupió en la cara. Tras limpiarse la saliva con el dorso de la mano, Yang Pil-soo le cruzó la cara con una palma enorme como la tapa de una olla. El cuerpo de Jae-hee se estampó contra el suelo. El dolor era tan inmenso que ni siquiera pudo gritar; sentía la mejilla como si estuviera en llamas. Notó algo caliente bajo la lengua, indicando que se le había cortado el interior de la boca, pero aun así clavó la mirada en él con odio mortal.

“¿Vas a relajar la mirada o no?”

“¡A mi papá también le pegaste así! ¡Le pegaste y lo humillaste cuando era alguien a quien le quedaba poco tiempo de vida! ¿Acaso te hacés llamar humano?”

“Sí, soy un humano. Tipos como yo tienen que existir para que este mundo sea divertido.”

Yang Pil-soo agarró a Jae-hee del cabello con brusquedad y le lamió la mejilla. La sensación de esa carne viscosa rozando su piel fue asquerosa y terrorífica. No conforme con eso, metió la mano bajo la camiseta de Jae-hee y le apretujó el pecho. Por más que Jae-hee pataleó para soltarse, no pudo moverse ni un centímetro.

“¡No lo hagas! ¡Ugh, detente!”

“Cuando me cogí a tu viejo por primera vez, le brotó una caléndula amarilla en esa espalda tan limpia... Sentí que me iba a explotar la cabeza, no solo la entrepierna.”

“¡Loco, estás loco, hijo de puta!”

Si pudiera, Jae-hee le habría arrancado la lengua. Cada palabra le clavaba en el corazón el dolor, el insulto y la humillación que su padre debió sufrir por culpa de ese hombre.

“Tu viejo ni siquiera derramó una lágrima cuando un montón de drogadictos se le pegaron a la entrepierna para morderlo, lamerlo y ensartarlo, pero cuando le dije que te iba a tirar a vos, se puso a llorar y a suplicarme de rodillas.”

“¡Basta! ¡Hic... pará de una vez!”

Jae-hee forcejeó y gritó desesperado. No podía soportar que insultara a su padre difunto. Gritó con rabia mientras la brida le cortaba la piel de las muñecas por la fuerza que ejercía. Cuando la mano de Yang Pil-soo intentó bajar por sus pantalones, Jae-hee mordió con todas sus fuerzas el brazo del hombre que lo sujetaba por el cuello. Yang Pil-soo soltó una maldición y se apartó. La parte inferior de su cuerpo, donde el hombre lo había tocado, se sentía ardiente de asco.

“Maldito seas.”

Tras revisar su brazo mordido, Yang Pil-soo miró a su alrededor buscando algo. Al no encontrar nada útil, entró en una oficina y rompió de un pisotón la pata de un viejo escritorio. Al oír el crujido de la madera, Jae-hee encogió los hombros y se hizo un ovillo. Tenía pavor de que ese demente le diera una patada en el vientre.

Poco después, Yang Pil-soo apareció con el trozo de madera en la mano. Jae-hee temblaba de puro miedo.

Lanzando insultos, el hombre descargó el palo sin piedad. El golpe seco impactó en su espalda. Un dolor abrasador, como si el fuego se extendiera por su piel, lo recorrió por completo. No satisfecho con el golpe de madera, Yang Pil-soo empezó a darle patadas brutales. La violencia era tal que toda su espalda retumbaba.

Jae-hee aguantó con la boca cerrada, abrazando sus rodillas. Soportó con tenacidad a pesar de sentir que sus órganos iban a estallar. Antes de entrar en la casa de Woo-won, los golpes y las heridas eran su pan de cada día. Había aprendido con su propio cuerpo que llorar o gritar solo hacía que la violencia fuera más cruda. Era como un parásito que se alimentaba de la debilidad.

“Mocoso obstinado, ni siquiera soltás un grito.”

Jadeando, Yang Pil-soo sacó su teléfono y empezó a sacarle fotos a Jae-hee, que yacía tirado en el suelo. Jae-hee no podía moverse; sentía que el aire no le llegaba a los pulmones, probablemente por algún golpe mal dado en la espalda.

Con el rostro enrojecido y el pecho apretado por la asfixia, tuvo que arrastrarse un buen rato por el suelo antes de poder inhalar un poco de aire.

Yang Pil-soo tiró el teléfono al suelo y se encendió otro cigarrillo. La temperatura dentro del incinerador estaba subiendo y el ambiente se sentía sofocante. Jae-hee logró recomponerse un poco y se sentó apoyado contra la pared. Un líquido, que no sabía si era sudor o agua, le resbalaba por las sienes.

Sentía que no aguantaría mucho más. Respiraba entrecortadamente mientras parpadeaba con lentitud.

“Estuve pensando seriamente.”

“……”

“¿Por qué el Sector 12, que resistió como la maleza en las sombras desde los tiempos de mi padre, se fue a la mierda justo ahora?”

“……”

“Todo es culpa de ese infeliz de Woo-won.”

Yang Pil-soo apretó los dientes con rabia.

Tal como decía, el Sector 12 era un lugar que, a pesar de la infamia de ser una zona delictiva, funcionaba a su manera. Sus habitantes sufrían bajo su tiranía, pero a nadie le importaba, y aunque los drogadictos de todo el país se reunieran allí, la ley nunca intervenía.

Pero ese reino sólido de Yang Pil-soo se había convertido en ruinas de la noche a la mañana. Ahora había manifestaciones masivas pidiendo el cierre del Sector 12 y la prensa informaba sobre ello constantemente. Aquellos que antes ignoraban cualquier denuncia o reporte, ahora se desvivían por agitar a las masas. Era la prueba evidente de que alguien poderoso estaba alzando la voz.

Sin embargo, Jae-hee no creía que ese alguien fuera Woo-won.

En medio del ruido de las máquinas, sonó el teléfono de Yang Pil-soo. El hombre ni siquiera hizo ademán de contestar; se desabrochó los botones de la camisa empapada y se la echó hacia atrás sobre los hombros. Jae-hee desvió la mirada por reflejo.

“Desde el principio, mi objetivo no eras vos, Cha Jae-hee, sino Woo-won.”

“¡...!”

Una chispa de locura brilló en los ojos de Yang Pil-soo.

“Va a ser un espectáculo divertido.”

* * *

El auto cortó el viento con suavidad mientras la lluvia caía como agujas sobre el asfalto. Woo-won jugueteaba con la punta de sus dedos, manteniendo la vista fija fuera de la ventana. La ciudad a oscuras pasaba veloz ante sus ojos. El Sector 12 estaba cada vez más cerca. Sin embargo, en un rincón de su mente, la duda lo carcomía: ¿debería dar la vuelta e ir a Gun-yeong ahora mismo?

El lugar desde donde Cha Jae-hee había llamado era Gun-yeong. Albergaba la débil esperanza de que quizá Yang Pil-soo lo hubiera perdido, pero ese maldito víbora jamás dejaría escapar a Jae-hee. Si lo había atrapado, seguramente se habrían movido a otra parte, y lo más probable era que fuera al Sector 12.

Aun así, no tenía la certeza absoluta. Yang Pil-soo era ahora un fugitivo, y podía haber decidido que el Sector 12 ya no era seguro.

“Representante.”

Choi Il-jun, al volante, le habló con cautela. Woo-won se frotó el entrecejo y soltó un suspiro en lugar de responder.

“¿Quiere que demos la vuelta ahora?”

La mente de Woo-won era un caos. Sus pensamientos chocaban y se desviaban. Quizás la elección de este momento decidiría la vida o la muerte de Cha Jae-hee. El coche seguía avanzando sin reducir la velocidad; pronto verían la entrada al Sector 12.

¿Debía volver? ¿O seguir adelante? Sentía el pecho apretado, como si una mecha se estuviera consumiendo. Quedaba poco tiempo para decidir.

De repente, el teléfono de Woo-won vibró con un mensaje corto. Se pasó la mano por la cara y lo sacó. Era un mensaje de un número desconocido. A medida que leía el contenido, el rostro del Representante perdía el color.

‘Si querés encontrar a Cha Jae-hee, aparecé en 30 minutos.

Incinerador de la zona industrial.

Vení solo. No traigas a nadie más si no querés que le arruine la cara a tajos.

El olor de la piel de Cha Jae-hee es una delicia.’

En la foto adjunta, Cha Jae-hee tenía el rostro cubierto de moretones y los labios partidos, con sangre seca. Su ropa empapada estaba marcada por numerosas huellas de pisadas. Por un instante, los circuitos de su cerebro se paralizaron. Solo la imagen del estado deplorable de Jae-hee llenaba su visión.

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“Yang Pil-soo, hijo de puta….”

“¿Representante?”

Una furia gélida se filtró hasta lo más profundo de sus huesos. Se sintió un estúpido por haber planeado castigar a Yang Pil-soo mediante la ley. Había sido un método demasiado caballeroso y refinado. Para un tipo así, era un desperdicio darle siquiera un grano de arroz pagado con los impuestos de la gente. Sentía que la sangre le hervía.

“Detené el auto.”

Choi Il-jun frenó en la banquina a cien metros de la entrada del Sector 12. Woo-won hizo que Il-jun bajara y se sentó en el asiento del conductor. Abrió la guantera, tomó la daga que Il-jun solía usar y se la guardó en el bolsillo trasero. Al notar que algo andaba mal, Choi Il-jun abrió la puerta del conductor.

“Representante.”

“Es asunto mío. No te metas.”

“No sé qué está pasando, pero mis muchachos están por llegar. Vayamos juntos…….”

Woo-won cerró la puerta e ignoró la advertencia de Il-jun mientras pisaba el acelerador. Cruzó rápidamente la entrada y se adentró en el Sector 12.

Recorrió las calles silenciosas como una tumba, vigilando por el retrovisor. La única luz provenía de las farolas de la carretera. Era un lugar donde no resultaría extraño que alguien muriera. La atmósfera lúgubre y sombría le revolvió el estómago.

Pensar que el pequeño Jae-hee había tenido que luchar desesperadamente por sobrevivir cada día en un lugar como este le producía una sensación extraña. No solo estuvo expuesto a la violencia, sino que seguramente le pusieron deudas como grilletes invisibles en sus tobillos desde niño. Cada momento debió de ser horrible, y le dolía imaginar a Jae-hee aceptando esa realidad para poder seguir vivo.

‘No intente justificar o dar validez a lo que eligió hacer. Simplemente admita que eligió vender su cuerpo porque era más fácil que un trabajo duro y agotador.’

Una risa amarga y corta escapó de sus labios. Jae-hee no se había vendido por voluntad propia, sino por obligación. Lo único que tenía con valor monetario era su propio cuerpo. ¿Qué expresión puso Jae-hee en aquel entonces? Recordaba que se mordió los labios con una mirada llena de injusticia. Seguramente se sintió herido por esas palabras lanzadas al azar sin saber nada.

Siguiendo las señales, entró en la zona industrial. Woo-won reafirmó su determinación. Si Jae-hee podía escapar a salvo de las garras de Yang Pil-soo, no le importaba lo que le pasara a él. Para ser sincero, justo antes de conocer a Jae-hee, él era casi un cadáver viviente. Sus niveles de toxicidad marcaban 999 a diario y nada lograba aliviar el veneno. En cierto modo, esta vida miserable se la debía a Jae-hee.

‘Vivamos juntos. Usted y yo.’

Jae-hee era tonto de tan bueno. Woo-won saboreó las palabras de Jae-hee mientras estacionaba el auto en un lugar adecuado. Comprobó la daga en su bolsillo trasero y bajó. La lluvia torrencial empapó su cabeza y sus hombros.

Al cerrar la puerta, el portón de hierro se abrió como si lo estuvieran esperando. Yang Pil-soo, con los botones de la camisa desabrochados, lo saludó con la mano como si fuera un viejo amigo.

“¿En serio viniste solo? Qué poco miedo tenés.”

“¿Dónde está Cha Jae-hee?”

“Vení primero. Entrá y hablamos.”

Woo-won apartó a Yang Pil-soo de un empujón y entró. En ese espacio donde se mezclaba el olor al hierro y a madera húmeda, brotó el aroma a menta que tanto había extrañado. Miró a su alrededor y sus ojos dieron con Jae-hee, tirado de cualquier manera en el suelo.

Al ver a Jae-hee tendido en un estado mucho más deplorable de lo que mostraba la foto, un instinto asesino lo invadió. Respiró hondo y se acercó lentamente a él.

“…Cha Jae-hee.”

El cuerpo de Jae-hee se contrajo. Abrió sus ojos hinchados y lo miró. No, su mirada apuntaba a otro lado. Sus pupilas vacías vagaban desesperadamente. De pronto, recordó las palabras de Moon Jin-woo.

‘Toxicosis del nervio óptico; es una enfermedad que aparece en los Pistilos que mantienen relaciones con un Estambre Venom. Se produce porque el veneno inflama la retina del Pistilo.’

……Cha Jae-hee no podía ver nada en este momento.

La culpa le impidió controlar su expresión. Tragando el llanto que amenazaba con brotar, Woo-won se agachó y se acercó casi a rastras para abrazar el cuerpo de Jae-hee.

“Jae-hee. Cha Jae-hee.”

“……¿Señor?”

Esos ojos sin enfoque lo miraban, pero no captaban nada. El corazón de Woo-won se hundió pesadamente. Estaba cubierto de sangre por los golpes y la ropa empapada lo hacía ver aún más frágil. Verlo así, roto y desmoronado, le estrujaba el alma.

Woo-won examinó con cuidado el rostro de Jae-hee. Tenía los ojos tan hinchados que apenas podía abrirlos, y la sangre se había secado en sus labios partidos. Al acariciarle la mejilla con la punta de los dedos, Jae-hee se estremeció. Sus pupilas vacías se movían erráticamente.

“Está bien, todo va a estar bien ahora.”

“¿Por qué vino…?”

Las bridas estaban hundidas en la piel de las muñecas de Jae-hee. Sin dudarlo, Woo-won sacó la daga y cortó el plástico. En el momento en que las manos de Jae-hee cayeron sin fuerza, sintió que su propio corazón se estrellaba contra el fondo.

“Perdón. Lo siento mucho.”

“Tendría que haberme ignorado. No tendría que haber venido.”

“Perdón…….”

Con la voz quebrada, lo abrazó con fuerza. Jae-hee, con sus dedos delgados, le devolvió el abrazo tanteando su espalda. Sentir que tenía a Jae-hee entre sus brazos parecía un sueño.

Pero la culpa que lo llenaba era inmensa. Se odiaba a sí mismo más que a Yang Pil-soo. Después de todo, él fue quien arrinconó a Jae-hee hasta obligarlo a huir.

“Qué patéticos. Están locos.”

Ignorando el sarcasmo de Yang Pil-soo, Woo-won se quitó el saco y cubrió el cuerpo de Jae-hee. De haberlo sabido, habría traído un abrigo grueso. Al menos el interior del incinerador estaba templado. Woo-won dejó a Jae-hee apoyado contra la pared y se puso de pie.

Se sacudió el pelo empapado por la lluvia y soltó un largo suspiro. Para salir de allí lo antes posible, tenía que negociar con Yang Pil-soo o matarlo.

“Decime qué querés de mí.”

“Definitivamente, ustedes los Estambres Venenosos no tienen ni un poco de educación.”

“…….”

“Parece que todavía no entendés la situación. Ponete de rodillas y rogá por tu vida.”

Woo-won se arrodilló dócilmente. Sintió el líquido sucio filtrándose en sus pantalones, pero no le importó. Si Jae-hee podía salir ileso, se arrodillaría cientos de veces.

“Dejá que al menos Jae-hee se vaya. Si sigue así, va a morir.”

“La gente no muere tan fácil. La vida es más resistente de lo que creés.”

“…….”

“Parece que me tenías miedo. Mirá que traer un cuchillo.”

Yang Pil-soo se acercó lentamente y le arrebató la daga que Woo-won tenía en la parte trasera del pantalón. Tiró la funda y examinó la hoja bajo la luz. El filo bien afilado brillaba de forma amenazante; era lógico, siendo un arma de Il-jun.

Fue en ese momento cuando Woo-won giró la cabeza para comprobar cómo estaba Jae-hee. De repente, sintió un dolor punzante en el hombro.

Cuando la punta de la daga atravesó su piel, se tapó la boca por instinto. Jae-hee no podía ver; si dejaba escapar aunque fuera un gemido, Jae-hee se angustiaría. Por primera vez, pensó que era una suerte que Jae-hee estuviera ciego; no quería que lo viera así.

La sensación gélida que recorría su hombro se transformó pronto en un dolor abrasador. Woo-won apretó los dientes y contuvo la respiración.

Yang Pil-soo no clavó la daga profundamente. Parecía que no quería matarlo, sino solo hacerlo sufrir. Con una risa despreciable, retiró el arma lentamente. Antes de que el entumecimiento pudiera actuar, el dolor palpitante se intensificó.

“Este también es de los duros.”

Woo-won levantó la vista y miró a Yang Pil-soo. El hombre sonreía divertido mientras pasaba el dedo por el filo ensangrentado. A pesar del dolor que llegaba hasta sus huesos, el Representante lo miró con odio.

“Dicen que una sola anguila enturbia todo el estanque. ¿Por qué te metiste a enturbiar el agua?”

“Porque valía la pena. Si no querías terminar así, no tendrías que haber vivido destruyendo y explotando la vida de los demás.”

“¿Y vos qué? ¿Acaso viviste de forma tan pura y honesta?”

“…….”

“No te importó nada cuando le dabas a ese mocoso por atrás, pero ahora te hacés el santo.”

Woo-won se quedó sin palabras. Era cierto. Se había aprovechado del cuerpo de Jae-hee, así que no tenía derecho a replicar sobre ese punto.

“Solo decime qué tengo que hacer para que dejes ir a Jae-hee.”

“A 1300 grados, en 6 horas, solo quedan cenizas de una persona. Al principio odiaba el olor a carne quemada, pero ahora necesito olerlo de vez en cuando para sentirme vivo.”

“…….”

“Y ahora mismo tengo muchas ganas de sentir ese olor.”

Yang Pil-soo se lamió los labios con morbo. Recordó que Jae-hee mencionó una vez que quemaban gente en el Sector 12. En aquel momento pensó que era una exageración, pero parecía ser verdad.

Ahora que lo pensaba, Jae-hee siempre decía la verdad. Era él quien no le creía.

El Representante jadeó levemente. No sabía si era por el dolor del hombro o por la alta temperatura del lugar, pero el sudor frío no dejaba de caer. Pensaba esperar a que Yang Pil-soo se descuidara, pero su paciencia llegó al límite.

Se frotó los labios y vigiló a Yang Pil-soo. Este, notando algo extraño, se movió hacia Jae-hee. Antes de que pudiera tocarlo, Woo-won se lanzó sobre él y lo derribó. Jae-hee se cubrió la cara con las manos y gritó.

“¡Jae-hee!”

Mientras lo llamaba para calmarlo, Yang Pil-soo clavó la daga de arriba abajo. El arma se hundió profundamente en el muslo de Woo-won. Esta vez, el golpe llevaba fuerza y el filo penetró profundamente.

Woo-won cerró el puño y le propinó un golpe directo al rostro. En el momento en que impactó en el pómulo, la electricidad del lugar se cortó y todo quedó en penumbras.

“Ugh.”

“¡Representante!”

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La puerta de hierro se abrió y se escuchó una voz conocida. Finalmente, Choi Il-jun había llegado. Woo-won tanteó el rostro de Yang Pil-soo para localizarlo y, estando encima de él, le lanzó otro puñetazo. Sintió cómo el rostro del hombre cedía ante el golpe.

“¿Se encuentra bien?”

Preguntó Il-jun iluminando con la luz de su teléfono. En ese instante, Yang Pil-soo estiró la mano para alcanzar la daga clavada en el muslo de Woo-won. Este le sujetó la cara con la palma de la mano con todas sus fuerzas y le clavó la rodilla en el plexo solar. El cuerpo de Yang Pil-soo saltó por el impacto.

“Choi, subí la térmica.”

Pronto volvió la luz y el incinerador, que se había detenido por un momento, volvió a funcionar. Detrás de Il-jun, aparecieron los rostros de sus subordinados.

El Representante, sin poder calmar su furia, golpeó el rostro de Yang Pil-soo una y otra vez. Solo cuando el rostro del hombre quedó irreconocible, se apartó. Los hombres de Il-jun arrastraron a Yang Pil-soo y le ataron pies y manos.

Fue entonces cuando sintió el dolor ardiente en su muslo. Il-jun revisó la herida y dijo que, por suerte, parecía haber fallado la arteria femoral, pero que era mejor no sacar la daga por el momento.

“Sacala.”

“Va a sangrar mucho.”

“No importa. Sacala.”

No podía ir hacia Jae-hee con un cuchillo clavado. Ante la firmeza del Representante, Il-jun no tuvo más remedio que sujetar la daga y retirarla lentamente. Woo-won apretó los dientes ante el dolor agudo. La sangre brotó a borbotones del orificio.

“Voy a hacer presión.”

Il-jun se quitó la camiseta para presionar la herida y usó las vendas que llevaba en las manos para envolver el muslo. Una vez terminados los primeros auxilios, le tendió un pañuelo. Por la pérdida de sangre, la vista de Woo-won empezaba a nublarse. ¿Cuánto tiempo aguantaría?

Se limpió la cara y las manos con el pañuelo y miró a Jae-hee. Él estaba encogido, con la cara entre las rodillas y las manos tapándose los oídos, temblando violentamente.

Woo-won se acercó cojeando. Se dio cuenta de que, a pesar del calor, Jae-hee llevaba un cuello alto; seguramente para ocultar las flores de su cuello. Una sonrisa amarga se dibujó en su rostro.

“Jae-hee.”

Jae-hee levantó la cabeza y lo miró con el rostro ausente. A diferencia de antes, sus ojos tenían algo de brillo. Al cruzar sus miradas, los ojos grandes de Jae-hee se llenaron de lágrimas.

El Representante se arrodilló sobre una pierna y lo abrazó. Jae-hee rompió a llorar, soltando todo el llanto contenido. Lloraba entre sollozos, sin poder emitir un sonido fuerte, lo cual le partía el corazón a Woo-won.

Después de un rato, Jae-hee tanteó el hombro de Woo-won. Al notar la herida abierta, volvió a llorar con más fuerza.

“Está sangrando. Hic… Señor, está sangrando.”

“Está bien. No es nada.”

Il-jun se acercó a revisar. Al ver que no era una herida mortal, se rascó la sien y dio un paso atrás. Woo-won pasó sus manos bajo los muslos y el cuello de Jae-hee y lo levantó en brazos. El dolor en su pierna era atroz, pero no dejó que se notara. ¿Qué importaba este dolor ahora?

“Primero al hospital.”

Il-jun asintió y salió corriendo hacia afuera. El Representante consolaba a Jae-hee, que seguía llorando con la cara tapada.

“¿Por qué seguís llorando?”

“…Hic, yo… voy a tener a los bebés. Señor, no me los quite.”

Woo-won soltó un quejido y jadeó. Parecía que Jae-hee creía que ir al hospital significaba deshacerse de los bebés. Ese era su propio karma.

“Estás herido. Vamos a que te curen.”

“No me los quite. Los bebés… Mis pequeños…”

“Me vas a volver loco.”

Aunque se sentía un sinvergüenza, ese rostro sucio y desfigurado le parecía lo más adorable del mundo. El vacío que sentía desde que Jae-hee se fue, finalmente se estaba llenando.

Al escuchar el sonido de un auto afuera, el Representante caminó cojeando. Un sedán negro se detuvo frente al portón.

Il-jun abrió la puerta trasera rápidamente. Woo-won acostó a Jae-hee en el asiento y le dio unas palmaditas suaves en el pecho. De repente, Jae-hee le sujetó la manga.

“…¿Y usted? Si usted no viene, yo tampoco voy.”

“No seas terco. No estás solo. Ya le avisé a Jin-woo, así que hacete los estudios. Te alcanzo enseguida.”

Jae-hee asintió mientras se acariciaba el vientre plano con sus manos delgadas. Al Representante le costaba apartarse al ver todas las heridas de Jae-hee, pero cerró la puerta con esfuerzo y dio un paso atrás.

Mientras tanto, Il-jun salió con Kwon Su-hyeon. Este último hizo una reverencia. Era la mano derecha de Il-jun, alguien que usaba más la cabeza que los puños.

“Representante, tanto tiempo.”

“…Sí, tanto tiempo.”

“Voy a cuidar bien de Jae-hee, no se preocupe.”

Kwon Su-hyeon sonrió con picardía y subió al auto. Woo-won observó el coche alejarse hasta que desapareció de su vista. Luego, llamó a Moon Jin-woo para explicarle la situación y pedirle que cuidara de Jae-hee.

Al volver a entrar, los gritos desgarradores de Yang Pil-soo llenaban el lugar.

Estaba tirado en el suelo, cubierto de sangre. Il-jun guardaba la daga mientras se ponía de pie. Parecía que le había cortado los tendones de Aquiles para que no escapara; los calcetines grises de Yang Pil-soo estaban teñidos de rojo oscuro.

Ante un gesto de Woo-won, Il-jun le propinó una bofetada brutal. Yang Pil-soo abrió los ojos y miró a su alrededor. El Representante se encendió un cigarrillo y soltó una risita.

“Hijo de puta, ugh.”

“Estuve pensando que meter a alguien como vos en la cárcel es un desperdicio. Te dan comida, ejercicio y cama. Sería injusto que los impuestos de la gente se gasten en alimentar a un tipo como vos.”

“¿Y qué? ¿Me vas a matar? ¿Tenés las pelotas para hacerlo?”

Il-jun le pisó la cara con su bota con fuerza.

“La gente que quemaste desapareció sin dejar rastro, ¿no?”

“…….”

“Pronto te va a pasar lo mismo.”

La mirada llena de veneno de Yang Pil-soo empezó a temblar. Parecía haber comprendido su final. El Representante se secó el sudor de la frente y sonrió de forma tétrica.

“…W-Woo-won. ¡No, no! Representante Kang.”

“Dijiste que eran 6 horas a 1300 grados, ¿no?”

“¡No, no! Sálvame. ¡Denunciame! ¡Llamá a la policía!”

El termómetro del incinerador marcaba ya más de 1270 grados. Molesto por los gritos, Woo-won frunció el ceño e Il-jun lo noqueó de otro golpe. El Representante sacudió la cabeza porque sentía que perdía la visión; necesitaba terminar con esto e ir al hospital.

Justo cuando iba a llamar a Il-jun, recordó algo y miró a Yang Pil-soo tirado en el suelo. Esbozó una sonrisa deliberada.

“Ahora que lo pienso, cuando te mueras, todos tus bienes pasarán a ser de Cha Jae-hee.”

“¿Qué? ¡¡Qué dijiste!!”

“Legalmente, Cha Jae-hee es tu hijo.”

El Representante soltó una carcajada. Yang Pil-soo había caído en su propia trampa. Su único familiar legal era Jae-hee. Yang Pil-soo quedaría como desaparecido por los próximos cinco años.

Después de ese tiempo, se podría solicitar la declaración de fallecimiento y Jae-hee heredaría todo legalmente. Era un guion perfecto.

“Llevatelo.”

Bajo las órdenes de Woo-won, los hombres se llevaron a Yang Pil-soo. Se escuchó el sonido de la grúa del incinerador. El Representante tiró la colilla al suelo y la pisó con fuerza.

Tendría que haberlo hecho así desde el principio. No con la ley, sino fuera de ella.

Con esto, el amargo vínculo entre Jae-hee y Yang Pil-soo terminaba.

Woo-won sintió un mareo repentino y sacudió la cabeza. Estaba empapado en sudor frío. Sus manos estaban heladas y su visión se tornaba borrosa.

Tengo que ir con Jae-hee…….

“¡Representante!”

* * *

—Esta mañana, un informante anónimo realizó una declaración de conciencia denunciando a Farmacéutica Sehwa por sospechas de filtración tecnológica. El denunciante afirmó que ‘Sehwa obtuvo de manera ilegal la tecnología de nuevos fármacos de Farmacéutica Ido y sobornó a empleados internos para lograrlo’. Además, ha causado una gran conmoción la revelación de pruebas que indican la participación directa del Representante de Sehwa en este proceso.

Seok Moon-seok estaba acorralado. Con las sospechas de asesinato del anterior Representante y ahora la denuncia del informante, no solo enfrentaba la caída de las acciones y la pérdida de imagen de la empresa, sino también una investigación de la fiscalía.

Woo-won apagó el televisor y se frotó los ojos cansados. Al lado de la cama, Kang Yu-chan sonreía con orgullo, pero pronto frunció el ceño y le dio un golpecito en el muslo a Woo-won. Este lo fulminó con la mirada.

“¿Querés morir?”

“En un momento tan importante como este, ¿cómo no me voy a enojar si el Representante de la empresa está internado en un hospital?”

“…….”

“Y creo que vamos a tener que adelantar el lanzamiento del tratamiento para el Flor Caida.”

“Supongo que sí.”

Dado que el tratamiento ‘Hy-con’ de Sehwa tenía una orden judicial de prohibición de venta, las peticiones para que Ido lanzara su nuevo tratamiento lo antes posible no dejaban de llegar. Aunque aún quedaban etapas, debían acelerar el cronograma.

“Preparalo bien para que no haya problemas.”

“Sí, sí, por supuesto. ¿Y qué hay de la cancelación del contrato de Cha Jae-hee?”

“Ay, ese maldito de Shin Yong-ju. Solo de pensar en él me dan ganas de levantarme a mitad de la noche. Se hacía el honesto y refinado, pero es un asco.”

Kang Yu-chan se estremeció de asco. Siguiendo las órdenes de Woo-won de terminar el contrato entre Jae-hee y el instituto sin ruidos, él e Il-jun habían investigado a Shin Yong-ju. Resultó ser una basura total.

Shin no solo robaba los cuerpos de Pistilos fallecidos por la floración para venderlos a clubes de necrofilia, sino que él mismo era un necrófilo. Tenían videos de él, por lo que la rescisión del contrato avanzaba sin problemas.

“Normalmente, los que se hacen los refinados son los más pervertidos.”

“Bueno, pronto habrá buenas noticias, así que no te preocupes. Por cierto, ¿qué pensás hacer con Cha Jae-hee?”

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Woo-won sonrió con amargura. Jae-hee estuvo inconsciente dos días tras ser hospitalizado. Tenía cortes en la nuca, moretones por todo el cuerpo y sus muñecas estaban tan dañadas por las bridas que necesitaba injertos de piel. Por suerte, los bebés que tanto quería proteger estaban sanos.

“Haré lo que Cha Jae-hee quiera.”

“No sé. Ese es problema tuyo, yo ya tengo suficiente con la empresa.”

Yu-chan se preparó para irse. Cuando Woo-won intentó levantarse, su hermano lo detuvo.

“Quedate acostado. Si no fueras un Estambre Venom, ya estarías bajo tierra, ¿sabías?”

“No seas atrevido.”

“Y… Jae-hee me pidió que no te dijera, pero ayer a la mañana vino a tu habitación. Se quedó sentado en la cama auxiliar llorando un largo rato antes de irse.”

“…….”

“Sé que yo tampoco me porté bien con él, pero… valoralo mientras lo tienés.”

Tras la partida de Yu-chan, Woo-won suspiró profundamente. La puñalada de Yang Pil-soo había llegado al músculo, requiriendo cirugía. Gracias a su naturaleza de Estambre Venom, su recuperación era asombrosamente rápida.

Aun así, el dolor era inevitable. Ayer, tras recibir analgésicos, se quedó dormido. Al despertar, sintió el aroma a menta en el aire, pero pensó que era una ilusión de su cerebro por extrañarlo tanto. No imaginó que realmente había estado allí.

Woo-won se levantó y tomó las muletas. Necesitaba verlo. Al abrir la puerta de su habitación, vio a alguien de espaldas con ropa de paciente. El aroma a menta lo golpeó.

“Eh… Cha Jae-hee.”

Jae-hee, sobresaltado, echó a correr por el pasillo. Woo-won intentó seguirlo con las muletas, pero le era imposible alcanzarlo.

“¡Jae-hee, no corras! Te vas a caer.”

A pesar del grito, Jae-hee desapareció rápidamente doblando la esquina. Woo-won soltó una carcajada. ‘Es demasiado tierno’.

Se sentía tan bien solo con verlo moverse, que se arrepentía de todo el tiempo perdido. Pero le quemaba por dentro no poder abrazarlo ni hablar con él.

“Qué ridículos, ¿qué están haciendo?”

Moon Jin-woo apareció con las manos en los bolsillos del delantal.

“Viste, te dije que te ibas a arrepentir, pedazo de idiota.”

“Es cierto, tendría que haberte escuchado.”

“Parece que Jae-hee no te guarda rencor, considerando que vino a tu habitación.”

“Es demasiado bueno, ese es el problema.”

Jin-woo le advirtió que Jae-hee sería dado de alta pronto, ya que sus heridas podían tratarse de forma ambulatoria. Woo-won se apresuró. No podía dejar que se fuera sin pedirle perdón.

Llegó a la habitación de Jae-hee, que estaba vacía, y se sentó a esperarlo. Pensó que, si Jae-hee lo rechazaba, le compraría un departamento en el Sector 1 y lo apoyaría económicamente. Se le partía el alma imaginar a Jae-hee solo, criando a los gemelos. Quería estar a su lado, aunque tuviera que suplicar.

Woo-won se quedó dormido por el cansancio y el aroma familiar.

Jae-hee regresó a su habitación tras dar una vuelta por el hospital. Todavía le latía el corazón por haberse cruzado con Woo-won. Se sentía culpable porque el Representante había sido operado por su culpa. Al entrar, vio a Woo-won durmiendo en el sofá. Se acuclilló frente a él. Estaba más flaco que en la televisión, pero seguía siendo apuesto.

Cuando Jae-hee intentó levantarse, Woo-won le sujetó la muñeca. Se miraron en silencio.

“…¿Cómo estuviste?” preguntó Woo-won.

“Bien. ¿Y usted, señor?”

“Yo no estuve bien. Me sentía muy culpable con vos.”

Jae-hee apartó la mano. Recordó lo que Yang Pil-soo le dijo sobre que Woo-won ya tenía otro Pistilo.

“No tiene que sentirse culpable. Siento no haber cumplido el contrato. Si quiere una compensación, cuando trabaje……”

“No, Jae-hee, yo me equivoqué en todo.”

“Como estoy embarazado no puedo seguir el contrato. Además, ya metió a otro Pistilo en su casa, así que con esa persona……”

“¿Qué? ¿De qué estás hablando?” preguntó Woo-won frunciendo el ceño.

“Yang Pil-soo dijo que ya tenía a otro en su casa….”

Woo-won suspiró y soltó un insulto bajo. “Eso no es verdad. Yang Pil-soo mintió.”

“¿En serio? ¿No metió a nadie más?”

“No.”

El rostro de Jae-hee se iluminó. Se sentía aliviado, aunque todavía creía que debían estar separados.

“Te amo.”

Woo-won lo dijo de repente, con las orejas rojas de vergüenza. “Es en serio. Fui un estúpido y no entendía mis sentimientos. Sé que no tengo cara para pedirlo, pero… ¿podrías darme otra oportunidad?”

“…¿Usted me… me ama?” Jae-hee no podía creerlo.

“Nunca ame a nadie, por eso no sabía qué era esto. Pero creo que empezó ese día en el invernadero… o quizás antes. Solo quería que fueras feliz, que no fueras explotado por Yang Pil-soo. Por eso te dije que no tuvieras al bebé, porque temía que tu vida fuera difícil, no porque odiara al niño o a vos. Solo pensaba en tu futuro.”

Jae-hee se conmovió al entender que aquellas palabras crueles nacieron de la preocupación por él. Sus deseos siempre habían sido similares: ambos querían la paz y el bienestar del otro.

Woo-won se bajó del sofá y se arrodilló ante él.

“Sé que el daño que te hice es muy grande. Podés decirme que soy un egoísta y un malvado, pero… siento que no puedo vivir sin vos.”

“Levántese, por favor. Se acaba de operar.”

“No sé cómo pedirlo de forma elegante. Solo quiero ser como un nene caprichoso y pedirte que me dejes estar a tu lado, sin orgullo y sin vergüenza.”

Jae-hee terminó abrazándolo. El corazón de ambos latía con fuerza.

“Usted siempre hace lo que quiere.”

“Voy a cambiar.”

“No me escucha.”

“Me voy a portar bien.”

“Solo dice cosas malas.”

“Perdón.”

“Y siempre me hace llorar.”

“No lo voy a hacer más. No me dejes, por favor.”

Jae-hee besó el cabello de Woo-won. Decidió ser honesto también.

“Lo extrañé mucho. Yo también lo amo.”

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Woo-won lo abrazó con fuerza. Recordaron los pequeños gestos de afecto que habían tenido: el vaso de agua en la mesa, los mimos mientras dormían. Eran como niños que no sabían expresar su amor, pero su sentimiento finalmente había florecido.

“¿Puedo poner las macetas de mis bebés junto a la suya en el invernadero?” preguntó Jae-hee.

“Lo que quieras. Todo lo que quieras.”

Woo-won acarició la flor de acónito en el cuello de Jae-hee. “¿Sabés qué significa esta flor?”

“¿Qué?”

“‘No me toques’.”

Woo-won se dio cuenta de que siempre había vivido así, alejando a todos. Pero Jae-hee era diferente.

“No me importa, lo voy a seguir tocando.”

Woo-won se enterró en el hombro de Jae-hee y sollozó de felicidad.

“Ahora tiene que hacerse responsable de mí y de los bebés.”

“Sí, me voy a hacer responsable de todo.”

“¿Aunque me quede ciego?”

“No me importa. Solo te necesito a vos.”

Al principio, el acónito nació con veneno para protegerse, alejando a todos con sus espinas. Pero entonces conoció a un árbol de raíces fuertes. El árbol no se alejó a pesar de las espinas y el veneno. Le dio sombra y calor. Al lado del árbol, el veneno de la flor se suavizó.

La flor aprendió a estar allí sin herir al árbol. Se lastimaron y no fue fácil, pero al final, la flor y el árbol terminaron pareciéndose.

Como Kang Woo-won y Cha Jae-hee.

Aunque empezaron con torpeza y dolor, terminarían siendo personas capaces de abrazar incluso el veneno y las heridas del otro.

<Fin de Pistilo Oculto>