14. El nacimiento de una familia
14. El nacimiento de una familia
[El asambleísta Min
Tae-gyu bajo investigación por presunta evasión de impuestos]
[El exfiscal Min
Kyung-jae arrestado por cargos de juego ilegal mediante cuentas con nombres
falsos]
[La caída de un
asambleísta de cinco mandatos: sus aspiraciones presidenciales se desvanecen y
su futuro en las elecciones generales es incierto]
Incluso en febrero, el
escándalo del asambleísta Min Tae-gyu seguía al rojo vivo. La escala de las
cuentas con nombres falsos y los fondos reservados en el extranjero era mucho
mayor de lo esperado; dado que el desvío sistemático de dinero se había
prolongado durante años, se preveía que la investigación sería a largo plazo.
Sin embargo, para
Seung-ju, todo aquello carecía de importancia.
No tenía tiempo para
regodearse en la desgracia de la familia Min, ya que el estado reciente de Yun
era alarmante.
Yun había contraído
una gripe tras un repentino episodio de fiebre. A pesar de haberse vacunado y
de haber tomado todas las precauciones, no pudo evitarlo. La enfermedad derivó
rápidamente en una neumonía, obligándolo a permanecer hospitalizado desde que
comenzó el año.
¿Debía considerarse
una suerte que, en medio de todo, el bebé creciera sano? A diferencia del niño,
que a partir del sexto mes crecía a pasos agigantados, Yun se debilitaba con
rapidez. Parecía como si el pequeño estuviera absorbiendo todos sus nutrientes.
“Yun, ya estoy aquí.”
Al terminar el
trabajo, Seung-ju visitó el hospital. Al abrir la puerta de la habitación VIP,
sintió que el corazón se le caía a los pies.
La cama estaba vacía y
perfectamente hecha.
Era la viva imagen de
la pesadilla que lo había atormentado la noche anterior.
Seung-ju no solía
soñar, pero últimamente las pesadillas eran frecuentes. Eran sueños de una
sencillez desoladora: se veía a sí mismo frente a una cama vacía con sábanas
blancas impecablemente dobladas.
Sin sonidos, sin
sucesos; solo la cama y él.
Al principio, ni
siquiera comprendía la situación. Pero tras observar la cama en aquel silencio
aterrador, la realidad lo golpeaba: esa era la cama de Yun, y él ya no estaba.
En el sueño, Seung-ju
salía de la habitación para buscarlo, pero al abrir cada puerta, solo
encontraba otra habitación con otra cama vacía. Vagaba por decenas de cuartos
sin hallar rastro de Yun; un sueño silencioso y aterrador hecho de ausencias.
Cada vez que
despertabas sobresaltado, lo primero que hacía era buscar a Yun. Como siempre
dormía en una cama auxiliar pegada a la del paciente, Yun solía estar a la distancia
de un brazo. Sin embargo, en esos instantes, Seung-ju dudaba en tocarlo,
temiendo que el tacto bajo sus dedos hubiera cambiado.
Solo cuando reunía el
valor para acariciar su rostro dormido y veía a Yun removerse con un ligero
fruncimiento de ceño, sentía una gratitud infinita por su presencia.
Pero ahora,
encontrarse con la misma escena de la que tanto quería escapar le cortó la
respiración.
Justo cuando estaba a
punto de salir a buscarlo, como en su sueño, escuchó pasos detrás de él.
“Hyung.”
Era Yun, en silla de
ruedas, entrando junto a Choi Jae-yoon. ¿A dónde lo habrían llevado, sabiendo
que no podía caminar tramos largos?
“Cuñado, ¿ya saliste
del trabajo?”
Al ver a Jae-yoon
bromear de forma casual, Seung-ju intuyó que algo inusual ocurría. Sin embargo,
pospuso cualquier pregunta, cargó a Yun en sus brazos y lo recostó en la cama.
El hecho de que el peso de Yun apenas hubiera variado a pesar del crecimiento
de su vientre confirmaba que algo no iba bien.
“¡Hyung, me dieron
permiso para salir!”
“¿Permiso?”
Seung-ju giró hacia
Jae-yoon, pidiendo una explicación con la mirada.
“Mañana es el
cumpleaños de Yun. Dijo que quería celebrar su fiesta en casa.”
Tras dar esa breve
explicación, Jae-yoon se despidió para dejarlos solos.
Por supuesto, Seung-ju
recordaba perfectamente el cumpleaños de Yun: el 14 de febrero. El hecho de que
hubiera nacido el día en que el mundo entero se declara su amor le sentaba tan
bien que era imposible olvidarlo.
“Hoy podré dormir
contigo, hyung.”
Los ojos de Yun
brillaban con expectación. Aunque Seung-ju podía predecir lo que diría, fingió
no entender.
“¿Acaso no dormimos
juntos todas las noches?”
“¿De qué sirve estar
en la misma habitación? Quiero que compartamos la cama.”
Ese era el verdadero
deseo de Yun. Estaba tan emocionado durante todo el proceso de cambiarse de
ropa que parecía que el simple hecho de volver a casa por una noche era el
mayor regalo del mundo.
“Hoy no te voy a dejar
dormir, hyung.”
“Qué atrevido. Rangi lo
está escuchando todo.”
“Es mi cumpleaños...
seguro que Rangi lo entiende.”
Seung-ju se tomó el
comentario como una broma ligera y sonreír. Sabía que, a pesar de sus palabras,
Yun sería el primero en quedarse dormido, aunque él mismo tuviera muchísimos deseos
acumulados, sin importar si Rangi escuchaba o no.
“Por cierto, hyung,
¿qué regalo me tienes preparado?”
“...Es secreto.”
Después de mucho
pensar, Seung-ju había llegado a la conclusión de que no podía comprar nada que
hiciera a Yun más feliz de lo que ya intentaba ser. Yun ya tenía todo lo
material que pudiera necesitar. Y dado que no podían viajar ni salir lejos del
hospital por mucho tiempo, sus opciones eran limitadas.
Finalmente, decidió
prepararle él mismo la cena de cumpleaños. Como no sabía cocinar, había estado
tomando clases particulares durante sus horas de almuerzo y practicando en
secreto en el anexo los fines de semana mientras Yun dormía la siesta.
Originalmente planeaba llevarle la comida al hospital, pero el permiso de
salida le permitiría servírsela recién hecha, lo cual era mucho mejor.
“¿Puedo tener
expectativas?”
“Sí, lo verás mañana
por la mañana.”
“¿Por la mañana? Pero
mañana... nos despertaremos tarde...”
Seung-ju rió ante la
picardía de Yun y besó esos labios que soltaban palabras tan audaces. Al
separarse, el rostro pálido de Yun había recobrado un poco de color por el
calor del momento.
“Bueno, puedes verlo
mañana por la tarde, si prefieres.”
Para Seung-ju, no
importaba el momento del día. Lo único crucial era que Yun estuviera a su lado.
No le importaría arruinar la comida y quedar en ridículo; aceptaría de buen
grado que Yun se quejara del sabor o de que no podía comerlo. Todo eso sería
tiempo compartido, y eso era lo único que quería.
Porque el silencio de
estar solo era lo único verdaderamente insoportable.
* * *
La cena, inusualmente
animada, llegó a su fin.
Parecía que el
cumpleaños tenía su propia víspera, pues toda la familia Choi —desde el
presidente y su esposa hasta las familias de Ki-yoon y Jae-yoon— se había
reunido, alargando la velada. Yun siempre había sido el miembro más frágil y
querido de la familia, y tras un largo periodo de visitas restringidas por
orden médica, todos estaban ansiosos por verlo.
Seung-ju apenas prestó
atención a la charla familiar, pues todos sus sentidos estaban enfocados en
Yun. Las conversaciones eran mundanas, sobre la vida cotidiana, nada fuera de
lo común.
Sin embargo, antes de
servir el té, Choi Jae-yoon llamó a Seung-ju aparte. Lo llevó a un rincón
apartado del jardín, donde la luz apenas llegaba, con la excusa de buscar algo.
“¿Son malas noticias?”
“Le hicimos unas
pruebas al mediodía.”
Ambos hablaron casi al
mismo tiempo. Jae-yoon miró a Seung-ju con expresión de apuro y asintió
lentamente, confirmando sus sospechas.
“Las feromonas de Yun
han alcanzado un nivel peligroso. Durante el embarazo, las feromonas no pueden
salir y se acumulan en el interior. Normalmente, las feromonas de un alfa
deberían neutralizarlas, pero como él no tiene un compañero alfa... los niveles
se mantuvieron bajos hasta ahora, pero han subido drásticamente al acercarse al
último mes.”
Seung-ju se sintió una
vez más golpeado por la barrera de su propia naturaleza. Nunca había envidiado
a los alfas, pero en ese instante, deseó con todas sus fuerzas ser uno. Le
dolía el pecho al pensar que, si pudiera darle feromonas, Yun estaría sufriendo
mucho menos.
“Mañana, en cuanto
regrese al hospital, programaremos la cirugía. No podemos esperar más o las
feromonas 'estallarán' internamente.”
Que las feromonas
“estallaran” era un concepto difícil de asimilar, pero al recordar lo que le
sucedía a Yun durante sus ciclos o su manifestación, no era difícil imaginar el
peligro. Seung-ju sintió que se le helaba la sangre.
“¿Cirugía? Te refieres
a...”
“Una cesárea.”
Para los hombres
omega, ocho meses se consideraba un embarazo a término, pero incluso con ese
cálculo, aún faltaba más de un mes. Aunque el bebé estaba sano, seguía siendo
muy pequeño.
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“Al ser prematuro, hay
riesgos.”
Riesgos. Esa palabra
escondía la posibilidad de que algo saliera mal con el niño. Sin embargo, para
Seung-ju, Yun era mucho más valioso que un hijo al que aún no conocía. Era una
verdad cruda, pero sincera.
“...¿Yun lo sabe?”
“No.”
Era obvio que no se lo
habían dicho. Yun se opondría con terquedad, y nadie sería capaz de
convencerlo.
“Ni siquiera nuestros
padres lo saben aún. Se lo diré después de que Yun se retire al anexo.”
“...Entonces me corresponde
a mí convencerlo.”
Seung-ju comprendió
por qué Jae-yoon le contaba esto. Al revelarle información que el propio Yun
desconocía, Jae-yoon no solo lo trataba como el padre del bebé, sino como la
única persona capaz de persuadirlo.
“Por favor, hazlo. No
quiero tener que llevarlo al quirófano por la fuerza.”
Jae-yoon le dio unas
palmaditas en el hombro y se marchó. Seung-ju recordó algo que Jae-yoon le dijo
en su primer día de trabajo como secretario de Yun, mientras recordaba el
pasado:
‘Sabía por la teoría
que las feromonas podían matar a una persona, pero nunca imaginé que eso le
pasaría a nuestro Yun.’
Seung-ju echó la
cabeza hacia atrás. El cielo nocturno, sin una sola estrella, reflejaba su
propia angustia. Una vez más, le tocaba ser el “villano”. Pero esta vez no
mentiría. Sería honesto, lo convencería y aceptaría todo el odio o
resentimiento que Yun pudiera sentir hacia él.
Hoy por la noche
dejaré que duerma tranquilo. Mañana, sí, mañana después de darle su regalo,
hablaremos con calma. Vaya momento más oportuno, maldita sea.
* * *
“Yun.”
“¿Mmm?”
“¿No me vas a comer?
¿Acaso no parezco sabroso?”
Yun soltó una risita
ante la tontería. En el hospital se había comportado como si fuera a atormentar
a Seung-ju durante toda la noche, pero ahora que estaban de vuelta en el anexo,
acostados frente a frente, se limitaba a acariciar el rostro de Seung-ju con
suavidad.
“Creo que comí
demasiado en la cena.”
Demasiado, ni hablar.
Seung-ju había visto con sus propios ojos que apenas si había probado la mitad,
pero prefirió guardar silencio. Si se hubiera forzado a comer más, podría
haberle sentado mal. Yun ya debía de estar más que harto de tener que controlar
su estado físico constantemente.
Las yemas de sus dedos
se movieron con cautela, como si estuvieran dibujando sus cejas, bajaron por el
puente de su nariz y juguetearon con sus labios. Luego, subieron por la
mandíbula hasta acariciar suavemente el lóbulo de su oreja. Seung-ju sentía que
el calor subía por su rostro ante cada roce, pero se quedó inmóvil,
entregándose a sus caricias.
“Si sigues así, soy yo
quien te va a comer.”
“Mmm, pero es que
quiero seguir viendo tu cara, hyung.”
Ante la suave amenaza,
Yun aceptó con naturalidad. Sin embargo, Seung-ju negó con la cabeza al ver
cómo el vientre abultado de Yun se interponía entre ambos. Físicamente era
imposible. Lo mejor sería contenerse.
“¿No te cansas de verla
todos los días?”
Sin darse cuenta,
Seung-ju empezó a imitar a Yun, recorriendo su rostro con los dedos. Desde la
frente redondeada, pasando por el tabique recto, hasta detenerse en las
mejillas que, aunque habían adelgazado, seguían siendo blandas. Al encontrarse
con esa mirada límpida dirigida hacia él, sintió ganas de llorar, aunque no
fuera él quien estaba embarazado.
“…Hyung, fuiste el
mejor evento de mi vida.”
¿Un evento? Y encima
hablado en pasado. Seung-ju se quedó sin palabras. Tuvo la sensación de que Yun
ya lo sabía todo. Incapaz de ocultar su desconcierto, apoyó su frente contra la
de él.
“¿Y Rangi es el
segundo?”
“Rangi es el mejor
regalo.”
No hagas eso. No
hables como si esto fuera el final, como si todo se hubiera acabado ya. ¿Por
qué dices esto ahora? Nos queda tanto tiempo por delante, ¿por qué te comportas
como si no hubiera más oportunidades?
Ninguna de las
palabras que llenaban su cabeza logró salir. Seung-ju no se atrevía a
preguntarle nada. Temía que, si decía algo, Yun pudiera pronunciar aquellas
palabras que él se negaba a escuchar.
Así que cerró los ojos
para que Yun no viera el temblor en su mirada.
“Hyung, ¿no me puedes
dar un adelanto de mi regalo?”
“¿Por qué?”
“Para imaginarlo antes
de dormir. Así creo que tendré sueños bonitos.”
“…¿Tienes pesadillas?”
Se preguntó si, al
igual que él, Yun también estaba sufriendo por culpa de los malos sueños.
“No. Pero aun así
quiero tener sueños bonitos. Y si apareces tú, mejor.”
Al abrir los ojos con
cuidado, se encontró con la mirada firme de Yun. ¿Sabría él que era imposible
negarle algo cuando lo pedía con esos ojos?
“El regalo... es una
cena de cumpleaños.”
Con un ritmo pausado,
como si estuviera cantando una nana, Seung-ju fue soltando la información que
Yun quería.
“Lo voy a preparar
todo yo mismo, desde el principio hasta el fin. Haré la sopa de algas, asaré
pescado...”
“¿Todo?”
“También haré tortitas
de calabacín, estofado de tofu...”
“¿Sabes hacer... todo
eso?”
“Aprendí. Y también
practiqué.”
“…Qué rico.”
Eran todos platos
elegidos según los gustos de Yun. Yun dejó escapar una leve risa mientras
repasaba mentalmente lo que Seung-ju había preparado, pero sus palabras se
volvieron cada vez más lentas. El sueño empezaba a vencerlo y sus ojos estaban
entreabiertos. Seung-ju se disponía a decirle que durmiera bien cuando, de
pronto, de los labios de Yun escaparon unas palabras inesperadas.
“Yo... no me arrepiento
de nada. Tú tampoco te arrepientas, hyung.”
Seung-ju sintió como
si el corazón se le desplomara. Sin darle oportunidad de preguntar qué quería
decir, Yun se quedó profundamente dormido. Seung-ju se tapó la boca y tragó su
angustia en silencio.
* * *
Era ese sueño otra
vez.
La única diferencia
era que esta vez el escenario era el dormitorio del anexo. La cama estaba
vacía, perfectamente hecha, como si acabaran de cambiar las sábanas. Al igual
que en sus sueños anteriores, Seung-ju se quedó allí, de pie, observándola
fijamente.
Todo estaba en
silencio y tenía la certeza de que no había nadie más que él en ese espacio.
Seung-ju vio dos
puertas cerradas. Una era la del baño y la otra la de la habitación. Tenía que
abrirlas, pero ya no se sentía capaz. Sabía demasiado bien cómo terminaba
siempre este sueño.
Sin embargo, sus pies
se movieron independientemente de su voluntad. Caminó hasta el baño y sujetó el
pomo de la puerta. Cerró los ojos con fuerza y la abrió.
-Hyung.
Yun apareció desde
adentro. Sobresaltado, Seung-ju despertó al instante.
“¡Aaaaah!”
Se incorporó de un
salto y sus ojos se cruzaron con los de Yun. El rostro pálido de Yun estaba
empapado, como si hubiera sudado frío.
“¿Te asusté? Solo te
sacudí un poquito...”
“Yun, ¿te duele algo?”
“Me duele la panza...”
El sueño se esfumó por
completo. Seung-ju encendió la luz de inmediato. Mientras ayudaba a Yun a
incorporarse con cuidado, se fijó en sus pantalones y se quedó helado. Estaban
mojados desde la entrepierna hasta los tobillos.
“Vamos al hospital.”
A partir de ese
momento, no hubo ni un solo movimiento en vano por parte de Seung-ju.
Como era de madrugada
y las calles estaban desiertas, llegaron al hospital en poco tiempo, donde el
equipo médico ya los esperaba tras recibir el aviso.
Ayudaron a Yun, a
quien ya le costaba incluso respirar, a tumbarse en una camilla. Cuando los
médicos se disponían a llevárselo, una mano fría sujetó la muñeca de Seung-ju
con una fuerza increíble.
“Yo también voy.”
Se apartó el flequillo
empapado de sudor y se pegó a la camilla; solo entonces Yun pareció relajarse y
esbozó una pequeña sonrisa.
“Iremos directo al
quirófano.”
Seung-ju siguió la
camilla sin saber a dónde iban, con la muñeca aún sujeta por Yun. No esperaba
que esto ocurriera tan pronto. Si hubiera sabido que tendría que ir al
quirófano así, sin tiempo para convencerlo, se lo habría dicho anoche antes de
dormir.
¿De verdad estaría
bien operarlo ahora?
Por más que intentaba
pensar de forma optimista, la cabeza de Seung-ju se llenaba de pensamientos
oscuros.
‘Pero si me pasa algo…
te quedarás completamente solo.»
‘Quiero que siempre
seas feliz.’
‘…Fuiste lo más
importante de mi vida..’
Las palabras de Yun
sonaban como si... Seung-ju sacudió la cabeza para espantar los malos
pensamientos. Pero en ese momento, la voz de Yun volvió a llenar su mente.
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‘Da miedo. ¿Y si acabo
siendo como mamá…?.’
Al bajar la mirada,
vio a Yun respirando con dificultad, sin fuerzas ya ni para tener miedo. Su
rostro sin rastro de color hacía que incluso abrir los ojos pareciera un
esfuerzo titánico. Frente al quirófano, los médicos detuvieron a Seung-ju.
“Yun, la operación
terminará pronto. Me quedaré aquí esperando, así que...”
No estás solo. Su voz
se quebró por la urgencia. Quería decirle palabras más adecuadas, pero se
sintió frustrado por su propia torpeza al hablar.
“…Hyuuung.”
Yun susurró con una
voz casi imperceptible. Seung-ju ignoró las prisas de los médicos y acercó su
rostro al de él. Pegó su oído a sus labios para no perderse ni una sola
palabra.
“…Mi corazón... no va
a morir.”
Tras decir eso, Yun
perdió el conocimiento. La mano que había estado apretando la muñeca de
Seung-ju hasta hacerle daño, cayó inerte.
Solo ante la entrada
del quirófano, Seung-ju se derrumbó y quedó tendido en el suelo. Estaba
despierto, pero la pesadilla continuaba.
* * *
¿Cuánto tiempo habría
pasado?
Poco después de que
Yun entrara al quirófano, llegaron el presidente y su esposa. Luego aparecieron
Choi Jae-yoon y Choi Ki-yoon uno tras otro, lo que confirmaba que no se trataba
de una cesárea común y corriente.
Seung-ju se negó a ir
a la sala de espera y se quedó sentado en el suelo del pasillo, con la mirada
fija en la puerta del quirófano. No pensaba moverse de allí hasta que Yun
volviera a salir por esa puerta.
“Bebe esto.”
Choi Jae-yoon le lanzó
una botella de agua. Seung-ju la atrapó mecánicamente y se miró la muñeca, que
aún conservaba las marcas de los dedos de Yun. Sentía un nudo en el estómago.
“¿Suele durar tanto?”
Debían de haber pasado
al menos dos horas sin noticias, y su impaciencia estaba empezando a
transformarse en rabia. Recordó la imagen de Yun, tan feliz anoche por volver a
casa, y sintió furia hacia el hospital por haberle dado el permiso de salida
sabiendo los resultados de las pruebas.
“Tenemos que proceder
liberando las feromonas poco a poco para que no se liberen de repente, así que
tardará más que una cirugía normal."
"Si sabías que
era peligroso, deberías haberle impedido salir.”
Aunque sabía que
culpar a Jae-yoon era una estupidez, Seung-ju no pudo ocultar el tono afilado
de su voz.
“Yun quería ir a casa.
...¿Sabes por qué nuestra familia nunca puede negarle lo que pide? Es porque no
queremos arrepentirnos. Nunca se sabe cuándo puede pasar algo, y no queremos
dejar asuntos pendientes.”
Justo cuando Seung-ju
levantaba la cabeza para disculparse por su mala actitud:
¡Biiiiiiiiip!
Un pitido estridente
de alarma retumbó por todo el pasillo, lastimando sus oídos. De inmediato,
médicos equipados con trajes de protección corrieron hacia el interior del
quirófano.
Seung-ju se quedó de
pie, desconcertado, sin entender qué pasaba, hasta que las palabras de Jae-yoon
lo golpearon:
“…Parece que las
feromonas han estallado.”
Seung-ju se derrumbó
de nuevo.
Pasó mucho tiempo
desde que sonó la alarma hasta que la puerta del quirófano volvió a abrirse. Un
médico con el traje de cirugía normal y otro con el equipo de protección
salieron juntos para informar de la situación.
“El bebé está sano.”
El que habló con calma
fue el médico con el traje salpicado de sangre. Probablemente el obstetra. El
bebé ‘está’ sano. Eso significaba que solo el bebé estaba bien. No eran esas
las palabras que Seung-ju esperaba escuchar.
“¿Y Yun?”
Seung-ju, con los ojos
inyectados en sangre, lanzó la pregunta al médico que llevaba el equipo de
protección. Su expresión sombría desde que apareció en el pasillo le hacía
temer lo peor.
“Sufrió un choque
debido al aumento repentino de feromonas. La sutura se retrasó y hubo una
hemorragia severa... también tuvo un paro cardíaco.”
“¿Y entonces? ¿Cómo
está Yun?”
El presidente no pudo
aguantar más y gritó.
“Su estado es
inestable y debemos esperar a ver si recupera el conocimiento. Lo trasladaremos
a la unidad de cuidados intensivos.”
Tras los médicos que
se marchaban apresadamente, aparecieron primero el bebé en la incubadora y
luego Yun, que yacía como muerto conectado a un respirador.
Todo parecía una
mentira. Yun volvió a desaparecer de la vista de Seung-ju al entrar en la
unidad de cuidados intensivos.
* * *
Ha pasado una semana
desde la cirugía. Yun aún no ha despertado. Aunque hace dos días lo trasladaron
a una habitación VIP porque su estado se estabilizó, sigue sin recuperar el
conocimiento.
“Seung-ju, ¿tampoco
vas a ir a verlo hoy?”
Seung-ju negó con la cabeza
en lugar de responder. Won-mi, que había subido a Seúl tras enterarse de la
noticia y no se había apartado de su lado, soltó un suspiro de frustración y
salió de la habitación. El silencio volvió a reinar en el cuarto donde solo
quedaban Seung-ju y Yun.
Seung-ju aún no había
visto el rostro del bebé ni una sola vez.
Al niño, que estaba en
la unidad de cuidados intensivos neonatales, solo se le podía visitar una vez
al día, pero él no había ido nunca. Sabía que su madre y la familia de Yun iban
puntualmente, pero él no quería hacerlo.
No se sentía capaz.
Temía que, si lo veía ahora, terminaría odiándolo.
Por tu culpa. Si no
fuera por ti. Por protegerte a ti.
Tenía miedo de
responsabilizar al niño de que Yun no despertara; por eso, no podía verlo.
“Es un niño. Como es
prematuro pesa poco, pero dicen que está muy sano. Su género secundario es
beta.”
Cada vez que su madre
volvía de verlo, soltaba información que a él ni siquiera le interesaba. Aunque
escuchara que crecía sano y fuerte, Seung-ju no sentía nada. No tenía confianza
en su capacidad para amar a ese niño por sí solo.
Yun, ¿qué haré si no
despiertas?
“Yo... no me
arrepiento de nada. Tú tampoco te arrepientas, hyung.”
¿Por qué dijiste eso?
Yo estoy lleno de arrepentimientos. Hay demasiadas cosas de las que me
arrepiento.
Te hice llorar
demasiado. Negué mis sentimientos y te engañé durante demasiado tiempo. Debería
haberlo aceptado antes para que solo tuviéramos buenos recuerdos. Me arrepiento
de haberte hecho sufrir tanto por mis huidas y evasiones.
No, no debí enamorarme
de ti. Si no lo hubiera hecho, tú te habrías rendido y habrías conocido a un
alfa que te hiciera la vida más fácil. No te habrías quedado embarazado de
repente y tu cuerpo no se habría destrozado así. También me arrepiento de no
haber podido reprimir lo que sentía.
¿Por qué te gusté
yo? Soy solo un beta que no puede darte ni una sola feromona. Soy brusco y
aburrido. Una persona rígida y sin flexibilidad. Lo único que puedo darte es mi
corazón.
Incluso me arrepiento
de haber entrado en DH. Si no me hubieras conocido, habrías vivido en paz.
Habría habido muchísima gente dispuesta a amarte aunque no fuera yo.
Abrumado por la
emoción, Seung-ju se levantó y fue al baño. Abrió el grifo con fuerza, se sentó
bloqueando la puerta y hundió el rostro en sus mangas. Unos sollozos ahogados
escaparon débilmente. Podía apagar el sonido, pero no podía detener las
lágrimas que fluían sin control.
Durante todo el tiempo
que Yun estuvo inconsciente, Seung-ju se escondía así cada día para llorar.
Won-mi, que regresaba
de ver al bebé, clavó la vista en la puerta cerrada del baño. Al oír el ruido
del agua, supuso que Seung-ju estaba metido allí otra vez.
Nunca imaginó que su
hijo, que siempre había sido alguien templado y que no se inmutaba por casi
nada desde pequeño, tuviera esa faceta. Cuando lo vio actuar de forma impropia
en Busan pensó que simplemente estaba enamorado, pero esto era distinto.
“Yun, deja de dormir
ya y despiértate.”
A este paso, él
también va a colapsar. Le daba mucha pena ver a Yun debatiéndose entre la vida
y la muerte, pero no podía evitar preocuparse más por su propio hijo, cuyo
cuerpo estaba sano pero cuyo interior se estaba pudriendo de angustia.
Tras subirle la manta
a Yun hasta el cuello sin recibir respuesta, Won-mi salió sigilosamente de la
habitación. Pensó que regresaría en una hora más o menos.
* * *
Seung-ju regresó al
anexo casi obligado.
“¡Hueles mal, mocoso!”
Won-mi lo había echado
diciéndole que apestaba y que fuera a casa a bañarse y cambiarse de ropa.
Ahora que lo pensaba,
la jefa Joo le había traído ropa limpia, pero creía que no se la había puesto.
Debían de haber pasado unos dos días desde la última vez que se aseó un poco en
el baño del hospital.
Al entrar al baño,
quitarse la ropa y pararse frente al espejo, Seung-ju soltó una risa amarga.
Daba pena verlo. Tenía el rostro demacrado, ojeras profundas y la barba crecida
sin orden alguno. Con este aspecto, incluso si Yun despertara, no lo
reconocería.
Después de bañarse a
conciencia por primera vez en mucho tiempo, eligió con esmero la ropa que se
pondría. Y también eligió ropa para Yun. No se sabía cuándo despertaría ni
cuándo le darían el alta, pero tuvo el pensamiento descabellado de que, si
preparaba ropa adecuada y la dejaba allí, quizás él regresaría pronto a casa.
Al salir del vestidor
con el bolso ya bastante pesado, Seung-ju contuvo el aliento al ver la cama
impecablemente hecha. Justo cuando intentaba no mirar hacia allí y apuraba el
paso, su bolsillo vibró con fuerza.
Era su madre.
“Sí.”
—¡Yun despertó!
Yun había despertado.
Eso fue lo único que Seung-ju escuchó. Aunque ella siguió hablando, nada más
importaba.
Sin acordarse siquiera
de colgar el teléfono, Seung-ju corrió hacia el hospital.
Al llegar a la
habitación, ya estaban allí la presidenta Song Hwa-young, Choi Jae-yoon e
incluso Jung Da-hyun. Si no hubieran estado en el extranjero, el presidente
Choi Il-ho y Choi Ki-yoon también habrían estado presentes.
Hwa-young, que siempre
se mostraba impecable y elegante, abrazaba a Yun mientras lloraba a lágrima
viva. No le importaba que su maquillaje se estropeara siguiendo el rastro de
sus lágrimas.
“Yun... no vuelvas a
hacer esto a mamá, ¿entiendes?”
“...Mmm.”
Choi Jae-yoon, que
conocía mejor que nadie las posibilidades de que algo saliera mal, por fin se
sintió aliviado y se limpió las lágrimas con brusquedad usando el dorso de la
mano. Él también debía de haber sufrido mucho por dentro; se habría culpado
pensando que, por culpa del tratamiento que él inició, Yun quedó embarazado y
llegó a ese estado.
“Ay, de solo pensar en
el susto que me diste... Sentí que se me paraba el corazón, mocoso. Parece que
lo olvidas porque me veo muy joven, pero tu hermano va a cumplir cuarenta
pasado mañana. No me des estos sustos.”
Con los ojos rojos de
tanto llorar, Jae-yoon soltaba sus bromas habituales. Da-hyun, que lo regañaba
diciendo que no dijera tonterías, también tenía los ojos llorosos.
“Ya está, todo está
bien ahora que Yun despertó.”
Incluso Won-mi se
secaba las lágrimas en un rincón.
El único que no
lloraba en ese lugar era Seung-ju. Al contrario, sonreía de oreja a oreja.
Quizás era porque ya había llorado todo lo que tenía que llorar, pero ver a Yun
con los ojos abiertos le producía una emoción tan profunda que no le salían las
lágrimas.
Hwa-young, al notar la
presencia de Seung-ju, le cedió el lugar. Solo entonces Seung-ju pudo
encontrarse cara a cara con Yun.
Esos ojos marrón claro
que tanto había anhelado ver se fijaron en él. Solo en ese momento sintió que
era real: Yun había despertado.
“Hyung, ¿tú no
lloras?”
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Sin darle tiempo a
sentirse herido, Seung-ju estrechó a Yun entre sus brazos. No sabía cuánto
tiempo había esperado para sentir este cuerpo frágil y suave que encajaba
perfectamente en el suyo. Era el cuerpo que tanto había extrañado, cuyas formas
conocía tan bien que podría grabarlas hueso por hueso.
“...Estoy tan feliz
que podría morir. En días así, uno no llora.”
“Debes de haberme
esperado mucho.”
“Podría esperarte todo
el tiempo que hiciera falta.”
Con tal de que
volvieras. En realidad, hubo muchos más momentos de desesperación en los que
pensó que no regresaría, pero Seung-ju decidió guardarse eso para sí mismo.
Tardó más de una semana, pero al final Yun despertó a salvo. Había vuelto a su
lado. Con eso bastaba.
“Hyung, ¿y Rangi?”
Como era de esperar,
en cuanto pasó la emoción del reencuentro, Yun preguntó por el bebé sin perder
un segundo.
“Ah, dicen que está
sano.”
Al oírlo responder
como si hablara de algo ajeno, Yun frunció el ceño. Se quedó mirando a
Seung-ju, que evitaba su mirada, y poco a poco sus ojos se abrieron de par en
par al comprenderlo.
“¿No me digas que aún
no lo has visto?”
Para alguien que
acababa de recuperar el conocimiento, Yun era extremadamente perspicaz. O
quizás ya se esperaba esa reacción de Seung-ju.
Seung-ju bajó la
cabeza y asintió como quien admite una culpa.
* * *
Justo al día siguiente
de recuperar la conciencia, Seung-ju llevó a Yun a su primera visita.
[Unidad de Cuidados
Intensivos Neonatales]
Detrás de ese nombre
aterrador, se veían filas de incubadoras y cunas. Al verlo de cerca, era una
realidad tan abrumadora que daba miedo.
Todos se ven iguales,
¿será posible reconocer a Rangi?
“Hyung, rápido.”
Yun apresuró a Seung-ju,
que se había quedado allí parado distraído mientras sujetaba la silla de
ruedas. Aunque todavía no podía sostenerse por sí mismo y dependía de la silla,
se veía muy propio de él con los ojos brillantes de expectación por conocer
finalmente al bebé.
Siguiendo las
instrucciones, se lavaron las manos, se pusieron guantes higiénicos,
mascarillas, gorros y batas; era un lugar al que no se podía entrar sin pasar
por todo ese protocolo. Seung-ju sintió una nueva admiración por los adultos
que habían cruzado esa puerta con persistencia cada día, repitiendo el
complicado proceso.
“Jaah...”
“¿Estás bien?”
Aunque Yun respiraba
con dificultad como si ya estuviera agotado, asintió para indicar que estaba
bien.
Y finalmente, tanto
Seung-ju como Yun tuvieron su primer encuentro con Rangi.
La primera impresión
de Seung-ju al ver al niño fue que era pequeño. Era pequeño, mucho más de lo
que imaginaba, más que cualquier persona que hubiera visto jamás. Claro que, al
no haber tenido muchas oportunidades de ver bebés, su experiencia no era muy
fiable.
Por otro lado, le
resultó fascinante. Era tan pequeño y, sin embargo, no le faltaba nada: brazos,
piernas, dedos de las manos y de los pies... todo estaba allí. Que en una cara
más pequeña que un puño cupieran perfectamente los ojos, la nariz y la boca
también le resultaba asombroso.
“Es lindo.”
Lo primero que dijo
Yun fue que era lindo. Sinceramente, Seung-ju pensaba que era tan pequeño que
ni siquiera podía distinguir si era lindo o no, pero como Yun lo decía, él
asintió en silencio.
Después de eso, Yun no
dejó de hablarle a ese pequeño ser vivo que difícilmente entendería sus
palabras. Desde pedirle perdón por haber nacido antes de tiempo hasta
disculparse por haber tardado una semana en venir a verlo. Incluso se disculpó
de antemano por su papá tan brusco, diciéndole que no lo decía en serio y que
por favor lo entendiera.
Cuando terminaron los
escasos treinta minutos de visita, durante los cuales ni siquiera pudieron
cargarlo, Seung-ju se dio cuenta de varias cosas.
El bebé es mucho más
pequeño de lo esperado. Es difícil distinguir las facciones de un recién
nacido. A él no le gustan mucho los niños. No es que uno sienta una emoción
arrolladora por ser su hijo nada más verlo.
Sin embargo, Yun,
sonriéndole con tanta dulzura al bebé, era hermoso. Incluso con la mascarilla
puesta, Seung-ju podía imaginar perfectamente su expresión completa.
Al regresar a la
habitación, Yun se dejó caer en la cama, agotado.
“Duerme un poco.”
“...¿No fuiste a verlo
porque tenías miedo de que se te quedara grabado en los ojos?”
Seung-ju, que estaba
acomodando la cama, se quedó rígido. Parecía que Yun había malinterpretado por
completo el motivo por el cual él no había ido a ver al bebé. Si le decía la
verdad, ¿pensaría que es una persona despiadada?
“No tenía confianza
para hacerlo solo.”
Tras un momento de
duda, Seung-ju terminó confesando la verdad.
“Porque no podía ver
al niño sin ti. No tenía confianza en poder amarlo.”
“…….”
“...¿Te decepcioné?”
“Parece que tú... no
puedes estar sin mí, hyung.”
Ante un Seung-ju tenso
por miedo a decepcionarlo, Yun sonrió interpretando las palabras a su favor. Seung-ju
asintió confirmando que así era. Si en algo debía parecerse el niño a Yun,
esperaba que fuera en ese carácter suyo.
“Ahora que lo pienso,
no he preguntado nada.”
Yun lamentó no haber
comprobado antes la salud o el género secundario del bebé.
“Dicen que está muy
sano, solo que pesa poco. Su género... es beta.”
“¿De verdad? ¿De
verdad es beta?”
“Sí.”
“Qué alivio...”
Al ver cómo se le
humedecían los ojos, comprendió que ese tema le preocupaba en el fondo.
Habiendo sufrido tanto por su condición y las feromonas, era lógico que deseara
que el niño naciera beta.
“¿Está bien aunque no
sea un alfa?”
“A mí me gustan los
betas. La persona que más quiero en el mundo es un beta.”
Dijo aquello sin
pestañear, y le sentaba tan bien. Seung-ju unió sus labios con calma a los de
él, que solo soltaban palabras hermosas. Como si lo estuviera esperando, Yun
rodeó el cuello de Seung-ju con sus brazos.
Esa carne suave que
por poco no vuelve a encontrar nunca más sabía hoy más dulce que nunca. Cuando
la lengua recorría perezosamente el interior de la boca y se retiraba, un hilo
transparente atraía a la otra lengua. Los dos órganos se encontraban de nuevo
en la otra boca, grabando su forma con la punta y rastreando los recuerdos que
quedaban en las papilas gustativas.
“Jaah... ja...”
Yun, que alcanzó su
límite antes de lo habitual, golpeó con urgencia el brazo de Seung-ju para
separarse. Su rostro pálido ahora lucía un tono rojizo muy saludable.
“Ahora sí tienes que
descansar, de verdad.”
Parecía que el
esfuerzo le había pasado factura, pues Yun cerró los ojos dócilmente. Y, como
quien no quiere la cosa, preguntó algo:
“Pero, hyung... ¿le
pusiste nombre?”
Era un asunto que
había olvidado por completo. Como Yun había estado inconsciente, parecía que a
nadie se le había ocurrido preguntar por eso todavía.
“Fiuu... hyung, antes
de que yo me despierte...”
“Está bien. Lo haré.”
Yun se quedó dormido
antes de terminar la frase, pero Seung-ju sabía perfectamente lo que tenía que
hacer. Tenía que pensar de inmediato en el nombre del niño.
Parecía que, desde que
Yun despertó, solo aumentaban las cosas por las que le regañarían, pero
Seung-ju se sentía feliz de todos modos. Creía que, aunque Yun le lanzara
insultos, los recibiría con alegría.
Porque Yun estaba a
salvo. Nada era más importante que eso.
* * *
El problema de elegir
el nombre para el bebé resultó ser más difícil de lo esperado.
Como nadie preguntaba
nada, Seung-ju pensó que todos se habían olvidado del asunto, pero no era así.
Los adultos de ambas familias ya habían obtenido nombres de varios expertos en
onomástica, aunque ninguno le convencía demasiado.
“Dicen que el nombre
debe ser imponente para que logre grandes cosas. ¿Qué te parecen Tae-san o
Hae-bok? Kang Tae-san, Kang Hae-bok. ¿No te suenan con fuerza?”
“Mamá, hoy en día
nadie usa esos nombres.”
La propuesta de Won-mi
incluía nombres que difícilmente se usarían en esta época, y por otro lado:
[Gi-hwa o Seok-je
estarían bien. El significado de los caracteres es...]
[Creo que esos nombres
son demasiado complicados.]
Los nombres que el
presidente enviaba desde el extranjero eran igualmente difíciles de digerir.
Seung-ju se dedicó a
buscar nombres populares y a filtrar aquellos que combinaran bien con el
apellido, pero parecía haber una tendencia de nombres tan similares que ninguno
terminaba de gustarle. A medida que la duda se prolongaba, sus suspiros se
volvían más profundos. ¿Por qué no habría pensado en esto antes?
“Consúltalo con Yun.
Seguro que tiene algún nombre guardado en su corazón.”
Fue Hwa-young quien le
tendió una mano amiga en medio de su dilema. Al fin y al cabo, era una decisión
que debía contar con la aprobación de Yun. Seung-ju decidió confiar en el
criterio de él.
Y así fue. En cuanto
Yun recuperó fuerzas tras una buena siesta, se quedó horrorizado al ver los
nombres propuestos por los adultos.
“Hyung, ¿tú no habías
pensado en nada?”
“Tú elegiste un nombre
precioso para el embarazo. Confío en ti.”
“Chis, seguro que te
habías olvidado.”
Tras lanzarle una
mirada de reojo, Yun finalmente reveló el nombre que tenía en mente.
“¿Hae-rang?”
“Lo concebimos en las
montañas, pero fue en el mar donde decidimos ser padres. Fue allí donde tú...
me dijiste que me amabas...”
Yun, que hasta hace un
momento hablaba con total seguridad, bajó la cabeza avergonzado. Era curioso:
podía pedir sexo sin que se le inmutara el rostro, pero se volvía tímido al
hablar de estas cosas. Al pensar que Yun había guardado aquel recuerdo de la
confesión en la playa con tanto cariño todo este tiempo, Seung-ju también se
sintió conmovido.
“¿Y cómo haremos con
el apellido?”
“Por supuesto que debe
llevar el tuyo, hyung. ¡Desde el principio lo decidí así: Kang Hae-rang!”
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Kang Hae-rang. El
nombre era bonito, aunque le preocupaba un poco que pudieran burlarse de él por
sonar tan sonoro. Sin embargo, Seung-ju decidió aceptar la decisión de Yun. Más
allá del significado de los caracteres, sentía que en ese nombre residía el
deseo de Yun de que el niño creciera con fortaleza.
* * *
“Fiuu...”
Después de cuidar de
la cena de Yun, Seung-ju pasó por el anexo, revisó los ingredientes que habían
llegado a la cocina y respiró hondo.
‘Aún no he recibido mi
regalo de cumpleaños.’
‘Ah, es cierto.’
‘...¿Cuándo me lo vas
a dar?’
‘¿A-ahora?’
Yun había parpadeado
con insistencia, reclamando el regalo que se había perdido por la cirugía.
Decía que nunca en su vida había dejado pasar un cumpleaños sin regalo, y dio
un largo discurso sobre cómo recibirlo este año era un asunto de una dimensión
totalmente distinta a recibirlo el año que viene.
Seung-ju pidió los
ingredientes de inmediato. Solo habían pasado quince días, pero le parecía que
había sido en otra vida. Había logrado alcanzar cierto nivel a base de clases y
práctica, y le aterraba haberlo olvidado todo tras unos días de interrupción.
Por suerte, Yun le dio
tiempo suficiente, diciéndole que podía entregárselo al día siguiente, ya fuera
en el desayuno, el almuerzo o la cena.
La noche era larga y
tendría tiempo de sobra. Si no salía bien, lo intentaría las veces que hiciera
falta.
Con el espíritu de
lucha encendido mientras todos dormían, Seung-ju puso primero las algas en
remojo.
Pudo entregar el
regalo de cumpleaños con el primer desayuno del día. Aunque le faltaba algo de
sueño, se sentía orgulloso porque el resultado parecía mejor de lo esperado.
“...Dame de comer.”
Alegando que no tenía
fuerzas por ser temprano, Yun abrió la boca para que lo alimentaran. Como
Seung-ju ya tenía planeado hacerlo de todos modos, tomó la cuchara sin dudar.
Sopló la sopa de algas
para que no estuviera caliente y, tras dársela a probar con un poco de arroz,
esperó su reacción.
“...¿Qué tal? ¿Se
puede comer? Intenté que no quedara muy salada...”
Dicen que uno habla de
más cuando no tiene seguridad. Con la vista clavada en la boca de Yun mientras
este masticaba, Seung-ju no dejaba de dar explicaciones que parecían excusas.
Yun solía comer despacio, pero por ser de mañana, Seung-ju sintió que tardaba
una eternidad. Le parecieron diez minutos.
Glup.
Seung-ju tragó saliva
al ver cómo la comida bajaba por la garganta de Yun.
“Come tú también,
hyung.”
“Es solo una ración.
¿Es que... no está rico?”
“...De todos modos,
sabes que no puedo terminármelo todo.”
Como le pareció
sospechoso que evitara dar una opinión sobre el sabor, Seung-ju probó rápido
con una cuchara limpia. Estaba bien. A su parecer, estaba bastante aceptable.
Mientras ladeaba la cabeza observando la expresión de Yun, este finalmente
estalló en carcajadas.
“Está rico.”
“Ah, qué alivio.
Estaba preocupado.”
“Yo también. ...Como
lo hiciste tú, estaba decidido a comerlo con gusto aunque supiera mal, pero...”
“Si sabe mal, tienes
que decirlo. No debes forzarte a comer algo feo.”
“Aun así.”
Recuperada la
confianza, Seung-ju fue dándole a probar los otros platos uno por uno. Yun
comía con ganas y lo invitaba a probar con él cada vez.
“Gracias por el
regalo.”
Aunque lo llamara cena
de cumpleaños, solo era una sopa de algas con algunos acompañamientos. No era
nada del otro mundo, pero Seung-ju se sentía agradecido de que Yun lo
disfrutara tanto.
“Yo te doy las gracias
a ti. De ahora en adelante, te cocinaré mucho más.”
“¿En el futuro
también?”
Los platos estaban
casi vacíos. Al ver a Yun apoyarse hacia atrás con expresión relajada, Seung-ju
sacó un papel de su pecho. Era un asunto importante que no podía posponerse
más.
“Yun, firmemos esto
hoy.”
Era el registro de
matrimonio. Al ver el documento, Yun miró a Seung-ju con ojos asombrados.
“Hyung...”
“Ya no hay razón para
seguir retrasándolo. Yo tampoco puedo esperar más.”
Yun sostuvo el papel y
guardó silencio durante un largo rato, como si estuviera leyendo cada detalle
del formulario.
“...Si es por el niño,
no hace falta que hagas esto.”
“Yun, la verdad es que
no me gustan los niños. Todavía no sé si Hae-rang es más lindo que tú. Si... si
algo te hubiera pasado, yo... quizás habría renunciado a él.”
“Hyung... cómo
puedes...”
“Nunca, ni por un
instante, el niño ha estado por delante de ti. Y seguirá siendo así. Si llega
el día en que me desviva por Hae-rang, será porque es nuestro hijo. Como tú lo
valoras tanto, yo me esforzaré por sentir lo mismo.”
Era una confesión
fría, desprovista de cualquier romanticismo. Seung-ju eligió mostrar su
interior con crudeza en lugar de hacer promesas dulces. Pero no había ni una
pizca de mentira en sus palabras. Eso podía jurarlo.
“Es una forma muy fría
de decirlo, hyung. Pero... que a mí me gustes más así significa que no seremos
unos buenos padres.”
“De lo que estoy
seguro es de que seré un buen esposo.”
“...En mi diccionario
no existe el divorcio. Si firmo esto, no podrás escapar nunca.”
“De acuerdo.”
Tras lanzar esa
advertencia de que lo mantendría a su lado de por vida, Yun comenzó a completar
el formulario letra por letra. Aunque a veces se detenía porque se le entumecía
la mano, rellenó cada espacio con meticulosidad.
* * *
Seung-ju regresó a la
empresa después de mucho tiempo y contempló el edificio con cierta extrañeza.
Había estado pegado al
hospital desde la cirugía de Yun, por lo que llevaba tres semanas sin
presentarse a trabajar. Justo cuando empezaba a preocuparse porque ya casi no
le quedaban días de vacaciones, Choi Ki-yoon lo citó en la oficina. Daba la
impresión de que tenía algo importante que decirle.
Seung-ju buscó la
oficina de Planificación Estratégica aprovechando la hora del almuerzo, cuando
la mayoría del personal ya se había retirado. Aunque su cargo ahora era el de
presidente, el despacho de Choi Ki-yoon seguía en el mismo lugar de siempre.
“Adelante.”
Antes incluso de que
pudiera llamar a la puerta, Ki-yoon la abrió y lo recibió. Seung-ju notó que su
actitud había cambiado de manera sutil.
“Me enteré de que
decidieron hacer primero el registro de matrimonio.”
“Sí.”
Siguiendo el gesto de
Ki-yoon, se sentó y vio que sobre la mesa había dos cajas de almuerzo
preparadas.
“Aún no has almorzado,
¿verdad? Come.”
Era un tono de voz
suave, algo poco común en el entorno laboral. Recordando la vez que fue
invitado a su casa, Seung-ju tomó los palillos.
“…El cuerpo de Yun
quedó muy debilitado, ¿cierto?”
“Sí. Su recuperación
es lenta.”
“Las secuelas serán
considerables…. Debes de estar pasando por mucho a su lado.”
“No es nada.”
“Licencia por
maternidad y permiso por paternidad. ¿Cuál vas a usar primero?”
Aquella pregunta lo
tomó totalmente por sorpresa. No eran palabras que uno esperaría de alguien
como Choi Ki-yoon, un adicto al trabajo confeso. Seung-ju se preguntó si esto
sería otra clase de prueba; a estas alturas, no sabía si le estaba sugiriendo
que las tomara o si lo estaba desafiando a no hacerlo.
“A partir de ahora,
cuando seas parte de nuestra familia, habrá chismes incluso por las cosas más
insignificantes. Es mejor hacer las cosas correctamente para no dar motivos de
crítica por tonterías.”
“…Tenía pensado pedir
la licencia una vez que se procesara el registro de matrimonio.”
“¿Crees que con eso
bastará? Yun ni siquiera ha salido del hospital.”
“La verdad es que… no
es suficiente. Conseguimos una niñera, pero Yun insiste en cuidar al bebé él
mismo y yo no quiero que lo haga. No quiero que se sobreesfuerce de forma
innecesaria….”
Sin habérselo
propuesto, Seung-ju terminó desahogando sus preocupaciones sobre la crianza con
Ki-yoon.
“Utiliza el sistema.
Como eres tan rígido, parece que si no te empujan de esta manera ni siquiera se
te ocurriría usarlo.”
Parecía estar dándole
una pista. Si a Yun le resultaba difícil cuidar al bebé, tendría que hacerlo
Seung-ju, y para eso existían mecanismos…. La confusión que nublaba su mente se
despejó de pronto.
“Creo que te he
atormentado bastante hasta ahora, pero bueno, ya que vamos a ser familia,
llevemos la fiesta en paz.”
Choi Ki-yoon le tendió
la mano con una sonrisa elegante. Seung-ju pensó que esa clase de sonrisa solía
reservarla solo para Yun. Por primera vez, sintió que realmente lo estaba
aceptando.
“Cuento con su apoyo,
hyung-nim.”
La mano que estrechó,
casi por instinto, estaba inesperadamente cálida.
* * *
Llegó la noticia de
que los padres de Seung-ju habían decidido buscar una casa en Seúl.
“¿Y qué pasará con la
tienda?”
“No es que vayamos a
vivir en Seúl permanentemente.”
Won-mi, que había
bajado a Busan tras esperar a que Yun despertara, regresó a la capital
coincidiendo con el retorno de Kang Young-do al país. La razón por la que ambos
visitaron el hospital juntos era una sola: ver al nieto.
“Papá, ¿ya no vas a
volver a salir al extranjero?”
“Bueno, no puedo dejar
de salir para siempre.”
Incluso mencionaron
que estaban buscando una casa donde pudieran quedarse los dos juntos, lo cual
era inaudito. Nadie diría que ese par estaba divorciado.
“No es que queramos
molestarlos. Es solo que buscar alojamiento cada vez que subamos a ver al nieto
es un fastidio. Por cierto, ¿qué decidieron sobre la casa de recién casados?”
“Por ahora pensamos
seguir viviendo como hasta ahora.”
“¡Vaya, Seung-ju se va
a ahorrar un buen dinero!”
“¡Ay, por Dios! ¿Cómo
puedes decir eso? ¿No te parece que se están casando con las manos demasiado
vacías? Más adelante, yo me haré cargo de los gastos de la boda y la luna de
miel. Tengo solvencia suficiente para eso.”
Boda y luna de miel.
Con las prisas, Seung-ju solo había tenido cabeza para el registro civil; aún
no se había detenido a pensar en lo demás. Al oírlo, decidió que debía empezar
a hacer planes desde ese mismo momento.
“¿Se van a quedar a
vivir en Seúl?”
Yun, que se había
despertado en ese momento, salió tambaleándose hacia la sala de estar. Seung-ju
se levantó de inmediato para sostenerlo.
“¿Hacíamos mucho
ruido?”
“No. Si llegaron tus
padres, deberías haberme despertado.”
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Algo que Seung-ju
había pasado por alto era que Yun se llevaba mucho mejor con sus padres que él
mismo. Envuelto en una manta y sentado junto a Seung-ju, Yun conversó sin parar
con sus suegros hasta que llegó la hora de la visita de Hae-rang.
Solo cuando se
marcharon, Seung-ju pudo tomar un respiro y preguntó:
“¿No te sientes
incómodo con mis padres?”
“¿Por qué? Son
encantadores.”
“A veces parece que
tienes más confianza con ellos que yo.”
“Jeje…. Me gusta que
la familia crezca. Significa que habrá más personas que amen a Hae-rang. A mí
me basta con tenerte a ti, pero Hae-rang podría sentirse solo….”
“Si sale a mí, no
sentirá la soledad.”
“Pero si sale a mí….”
Quizás porque él mismo
se había sentido solo muchas veces, Yun ya se preocupaba por la posible soledad
de Hae-rang. A Seung-ju le invadió una sensación agridulce al percibir la
soledad que Yun había cargado.
“Haré que no se sienta
solo.”
“Hyung, yo me siento
solo aquí.”
Yun se dio unos golpecitos
juguetones en los labios. Seung-ju le siguió el juego:
“Leí por ahí que los
miembros de una familia no se besan.”
“¡Hyung, nosotros no
somos cualquier familia!”
“¿Qué clase de familia
somos entonces?”
“Una que se besa y
tiene se…”
Adivinando lo que iba
a decir, Seung-ju devoró rápidamente los labios de Yun. Tal como él decía, no
eran una familia común. Eran una pareja especial que primero conoció el
embarazo antes que el amor, y que solo tras dar a luz a un hijo, finalmente se
convertían en esposos.
