13 Un meteorito golpeando el mar
13 Un meteorito golpeando el mar
Al
día siguiente, Woo-joo salió a dar un paseo en coche con Tae-kyung. Como le
había dicho que tardarían bastante, pensó que irían al mar o a algún lugar
similar, pero simplemente pasaron mucho tiempo dentro del vehículo.
"¿Qué
diferencia hay entre esto y estar en casa?"
"Estamos
afuera."
"Pero
no nos bajamos del coche."
"Solo
observamos. Miramos a la gente, vemos la estación del año... Si te quedas
encerrado, esas cosas no se notan."
No
fueron a ver paisajes hermosos ni a comer algo delicioso. Simplemente dieron
vueltas y vueltas por el centro de la ciudad, donde la gente y los coches
desbordaban a cada paso, permaneciendo en el interior hasta que el cuerpo
empezó a sentirse entumecido.
Por
muy lujoso y caro que fuera el coche, quedarse quieto sin hacer nada acaba
agotando la paciencia. Woo-joo llegó a pensar que, tal vez, Tae-kyung había
planeado este paseo precisamente para que él experimentara esa sensación en
carne propia. Estuvo a punto de soltar una risa por lo absurdo de la idea, pero
guardó silencio al darse cuenta de algo.
Aunque
sonara disparatado, era la explicación más lógica. Si Tae-kyung no lo hubiera
arrastrado fuera, Woo-joo probablemente seguiría sin querer salir de la cama,
haciendo mucho menos de lo que hacía ahora sentado en el coche. Tae-kyung había
movido las ruedas en lugar de sus pies, sabiendo que él jamás habría aceptado
salir para "hacer algo".
"Cuando
mi madre falleció..."
En
ese momento, Tae-kyung habló mientras observaba por la ventana. Su mirada seguía
fija en las personas que caminaban apresuradas, por lo que Woo-joo, en
silencio, también dirigió su vista hacia el exterior.
"Pensé...
que entre toda esa gente, también debía haber personas que hubieran perdido a
sus madres."
"……."
"Algunos
estarían por pasar por ello, otros lo habrían vivido hace mucho tiempo. Pensé
que, tal vez, había mucha más gente de la que imaginaba sin sus padres."
Ante
esas palabras, Woo-joo observó con más atención a los transeúntes. No es que
buscara a alguien en su misma situación; simplemente quería ver a los que
habían logrado seguir adelante.
"Me
preguntaba cómo lo habrían hecho los que pasaron por este dolor antes que yo.
Deseaba que alguien me dijera si esto realmente llega a estar bien alguna
vez."
"……En
mi caso, creo que el resentimiento era mayor."
"¿Cuando
falleció su madre?"
"Sí.
Ella no estuvo enferma como la suya; un día, de repente, decidió que no podía
más y tomó esa elección. Me sentía culpable, pero también resentido, y eso me
hacía sentir más culpable aún. Además, los cobradores me perseguían y mi padre
tenía que salir a trabajar, así que ese sentimiento no pudo durar mucho."
Tae-kyung
giró la cabeza para mirar a Woo-joo. Ante la sonrisa amarga en su rostro,
Tae-kyung le acarició el cabello con suavidad, como diciéndole que lo había
hecho bien al resistir.
"Bueno,
en mi caso tampoco duró tanto. Al no ser un accidente, tuve algo de tiempo para
prepararme mentalmente. Además, tenía a alguien a quien volcar todo mi
odio."
"……¿Se
refiere al anterior presidente?"
"Sí.
Eso terminó siendo mi motor. Me propuse el objetivo de no permitir que se
quedara con la herencia de mi madre."
"Yo
también. Quería pagar todas las deudas y vivir bien con mi padre. Creo que...
simplemente seguí aguantando por eso."
No sé por qué fui tan necio aguantando así. Se tragó esas palabras junto con el aire que
respiraba. No podía despreciar todo ese tiempo como algo estúpido o inútil, no
por el valor del pasado en sí, sino porque en cada momento de esa espera
siempre estuvo pensando en su padre.
"El
día que nos conocimos, yo acababa de salir del funeral de mi padre. ¿Lo
recuerda?"
"Yo
estaba buscándolo sin saber siquiera que había fallecido."
"Tal
vez por eso nos encontramos. Como si fuera necesario que hubiera una muerte
para que hubiera un nacimiento."
Como
si su vínculo solo pudiera haber comenzado de esa manera. Tae-kyung tomó la
mano de Woo-joo, que jugueteaba sobre sus piernas. Acarició varias veces su
mano alargada y la zona del hueso de la muñeca. A Woo-joo le vino a la mente
aquel deseo que él mencionó una vez: que la acariciaba en lugar de su tobillo.
"Alguien
me dijo una vez que no hay respuesta a por qué debemos vivir. Si la pregunta
está mal planteada, es imposible que tenga respuesta."
"Eso
es……."
"Lo
correcto es preguntar cómo debemos vivir. Piénselo. ¿No cree que para
esa pregunta sí hay muchísimas respuestas?"
Woo-joo
asintió lentamente. La respuesta variaría drásticamente dependiendo de a quién
se le preguntara. Habría muchas soluciones sabias en lugar de una única
respuesta correcta, y sabía que habría mucha gente esforzándose por vivir de
acuerdo a ellas.
"Desde
el cielo, sentía que el mundo era mío, pero visto desde el universo, me di
cuenta de que yo también soy solo una mota de polvo."
Woo-joo
ladeó la cabeza, preguntándose por qué decía eso de repente. Tae-kyung soltó
una risita y le acarició la oreja. "Porque te encontré a ti, mi
Woo-joo", pareció decir su gesto.
"Sabía
que se veía así, pero al volver a pensarlo me pareció gracioso. Pensar que
todas estas motas de polvo vivimos compitiendo y esforzándonos tanto."
Woo-joo
lo comprendía. Había escuchado rumores de que, por eso mismo, mucha gente
llegaba a quitarse la vida. Al escuchar a Tae-kyung, pensó que quizás esas
personas también intentaban hallar la respuesta al por qué vivir, y tal
vez la encontraron finalmente en la muerte.
"Por
eso decidí que viviría de forma mucho más caprichosa."
"¿Eh?
Pero por qué... Esa conclusión es extraña."
"Al
final, vistos desde fuera de la Tierra, todos somos motas de polvo iguales. Así
que, aunque viva a mi antojo, no dejo de ser polvo."
"……No
creo que esa frase se diga con esa intención."
"¿Qué
más da? Ya que estoy vivo, solo es una excusa más para hacer lo que me dé la
gana."
Al
final, Woo-joo no pudo evitar reírse. Tae-kyung estaba obsesionado con hacer
que él tuviera ganas de vivir.
"No
tengo intenciones de morir ahora mismo, señor Tae-kyung."
"Lo
sé. Pero también sé que a veces se te pasa por la cabeza."
Tae-kyung
apretó con fuerza la mano de Woo-joo. La sujetó tan firmemente, como si no
pensara soltarla jamás, que las yemas de sus dedos empezaron a palidecer.
"Yo
seré la única razón por la que Woo-joo deba vivir."
"……."
"Haré
que vivas, igual que vive toda esa gente ahí afuera."
Woo-joo
movió los labios para decir algo, pero terminó mordiéndoselos para que no
escapara ningún sonido. Cuando piensa en Tae-kyung, le dan ganas de vivir. Y
por eso mismo, no quería querer vivir. Tenía miedo de que llegara el día en que
Tae-kyung soltara su mano y él se quedara solo.
Para
entonces, no tendría a sus padres para darle fuerzas, ni a Tae-kyung para
calentar su tobillo frío; sería mucho más difícil que ahora. Estar respirando
no significa estar vivo. A veces, la muerte parecía mejor que la realidad.
Woo-joo no quería querer vivir por miedo a ese día incierto.
"Demos
por hecho que hoy hemos vivido bien. ¿Volvemos a casa?"
"……¿Seguro
que hemos vivido bien? Siento que hemos perdido el tiempo."
"El
tiempo es el mismo, ya sea que lo aproveches o que lo desperdicies."
"Aun
así…… no siento que esto sea vivir bien."
Woo-joo,
con una sonrisa contenida, miró alternativamente a Tae-kyung y a sí mismo. Vio
sus pies juntos dentro del coche y observó a las personas que caminaban con
prisa. Si quería seducirme, mejor haberme llevado a un sitio con buenas
vistas y aire puro para comer algo rico, pensó.
"Yo
he pensado que hoy he vivido muy bien solo por estar así contigo. ¿Para ti
estar conmigo es perder el tiempo? ¿Tan insensible y fría es mi Woo-joo?"
Definitivamente,
no podía ganarle en una discusión. Aunque Woo-joo lo miró con incredulidad,
Tae-kyung solo se encogió de hombros. Ante su descaro, Woo-joo terminó soltando
una risita, y Tae-kyung, como si lo hubiera previsto, le dio varios besos en el
dorso de la mano.
"Como
hoy hemos llegado hasta aquí, mañana saldremos de verdad. Podemos ver una
película o ir de compras."
Ver
una película recomendada en casa. Luego, salir en coche. Después, bajar del
coche y elegir él mismo una película o un objeto. Era un plan donde las
intenciones de Tae-kyung eran evidentes: ampliar gradualmente su radio de
acción y obligarlo a pensar y decidir por sí mismo. Cuando todo eso estuviera
bien, el siguiente paso del paseo sería algo más clásico. Ver el mar de noche,
contemplar las luces de la ciudad o ir a un lugar con hermosas vistas a plena
luz del día.
"¿Esto
es como una especie de entrenamiento?"
"Vaya,
veo que no te falta perspicacia."
Tae-kyung
puso la mano de Woo-joo sobre la palanca de cambios y puso el coche en marcha.
Aunque Woo-joo hizo un puchero, no retiró la mano. Sentía un cosquilleo en el
corazón, como si estuvieran saliendo de verdad.
Una mota de polvo que hace lo que quiere.
Aunque
le aterraba el futuro en soledad, por ahora, sentía que estaba bien ser una
mota de polvo tal como él decía.
* * *
La
superficie brillaba siguiendo el suave vaivén de las olas.
La
piscina de la azotea del Hotel Genie, conocida por ser la más grande del país y
por no estar abierta a cualquiera, era una piscina infinita que daba la
sensación de estar conectada con el cielo azul.
Para
Woo-joo, los natatorios solían significar olor a desinfectante, aire húmedo y
el eco exagerado de hasta el más mínimo chapoteo; por eso, esta piscina
infinita, ajena a todo aquello, se sentía tan inmensa como el firmamento.
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Sobre
todo, al no percibirse el límite entre el agua y el cielo despejado, sentía que
sus pulmones se abrían por fin.
Tal
vez las ballenas pensaran lo mismo cada vez que subían a la superficie del mar
para respirar: al expulsar agua por su espiráculo, sentirían ese alivio de 'ah,
por fin vivo'.
Gracias
a eso, el sol abrasador de pleno verano no resultaba tan molesto; al contrario,
era el escenario perfecto para despertar el impulso de lanzarse al agua.
Fue
el momento en que comprendió la insistencia de Tae-kyung de que fuera
precisamente este lugar.
Además,
el hecho de que no hubiera ni demasiada ni poca gente, y que hubiera empleados
por doquier para la comodidad de los clientes, tenía la ventaja de que
Tae-kyung podía estar, al menos, un poco más tranquilo que en otros sitios.
Había
personas en cada rincón que podrían rescatar a Woo-joo de inmediato si volvía a
caer al agua como antes.
Por
supuesto, Woo-joo tampoco tenía intenciones de tomar una decisión extrema en un
lugar así.
Aunque
hubo más momentos de letargo en los que no quería hacer nada, gracias al
esfuerzo de Tae-kyung, venir aquí no le resultó tan difícil.
Además,
sabía que si él se quedaba en casa, Tae-kyung tampoco iría a trabajar, y sentía
que eso terminaría por arruinarlo; así que, aunque fuera por consideración a
Tae-kyung, no tenía más remedio que salir.
Pero,
por encima de todo, le gustaba el agua y le gustaba nadar.
Sin
necesidad de esforzarse por intentar algo nuevo, simplemente podía hacer lo que
amaba.
Una
mota de polvo dentro del universo haciendo lo que quería, tanto como quería.
Eso
era lo único que Tae-kyung esperaba de él ahora.
Aunque
siempre decía ser una mala persona, lo que mostraba cada vez era ternura. Su
amabilidad, calculada sin un solo error, lo hacía sentir seguro y cómodo.
Lo
único que alguien que no tiene nada como él podía hacer por Tae-kyung era eso:
ser una mota de polvo.
Y
Tae-kyung quería exactamente eso. Si hubiera sido un poco más, lo habría dejado
incluso antes de empezar.
¡Chas!
Tras
calentar un poco los brazos y las piernas, se lanzó al agua. La sensación de su
cuerpo siendo envuelto después de tanto tiempo fue tan placentera que sus
músculos se movieron por sí solos.
En
el agua conectada con el cielo azul, los músculos que no había usado en mucho
tiempo comenzaron a relajarse. No había carriles ni señales. Nadie lo miraba
mal por moverse de un lado a otro a su antojo.
Ondas
agradables seguían el rastro de sus manos y pies. En el momento en que hacía un
viraje de campana y se impulsaba contra la pared, sentía que solo existían él y
el agua. Una emoción electrizante recorría todo su cuerpo.
Tras
nadar a gusto cortando el agua, se detuvo al borde de la piscina que se unía
con el cielo y disfrutó de esa sensación de liberación, como si algo que lo
asfixibaba por fin hubiera explotado. La sensación de estar vivo se extendió
por todo su ser.
Entonces,
sintió ganas de ver a Tae-kyung.
Un
sentimiento de gratitud hacia él desbordó su corazón. Incluso sintió ganas de
vivir bien. Sus dedos hormiguearon ante ese impulso que subía como una marea.
Se
rió al recordar a Tae-kyung, quien seguramente estaría preocupado por él
durante todo el trabajo y vendría a buscarlo en cuanto terminara lo urgente.
Aunque
le había dicho que se divirtiera y volviera a casa tranquilo, por otro lado,
esperaba que apareciera incluso antes del almuerzo. Sabía que era avaricia,
pero no podía abandonar ese sentimiento, ya que él le había prometido que no
tardaría.
“¿Qué
es esto? ¿Qué hace aquí este mendigo muerto de hambre?”
En
ese instante, una voz afilada se clavó en sus oídos como si quisiera
desgarrarle los tímpanos. Era una voz que jamás podría olvidar, una que no
deseaba volver a escuchar nunca.
¿Por
qué lo había olvidado durante este tiempo?
Mientras
no cortara su vínculo con Tae-kyung, era alguien a quien vería una y otra vez.
“¿Esto
es en serio? ¿Cómo entra un muerto de hambre aquí?”
Cuando
Woo-joo giró lentamente el cuerpo, vio a Lee Ha-min gritando histérico.
¿Cómo
podía romper este destino funesto?
Si
Dios hubiera preparado este encuentro para recordarle que no debía ser
codicioso con Tae-kyung, Woo-joo querría aplaudirle a ese Dios en el que no
creía. Parecía que le estaban dando el empujón final para que dejara de vivir y
saliera expulsado fuera de la Tierra.
“Cliente,
por favor, un poco de silencio…”
“¿Qué?
¿No controlan quién entra y me pides silencio? ¿Para qué dicen que no
cualquiera puede entrar si el control de calidad de la piscina es una basura?
Atraen socios con cuotas carísimas y luego fallan en lo más importante.”
Ante
los gritos de Ha-min, uno de los empleados se acercó corriendo. La gente empezó
a amontonarse alrededor y Ha-min elevó aún más la voz mientras señalaba con el
dedo.
Al
principio pensó que era un lugar tranquilo y solitario por haber poca gente,
pero al empezar a reunirse, vio que eran bastantes. Woo-joo soltó un profundo
suspiro al darse cuenta de que ya no podría salir discretamente.
“Ja,
mierda. Oye, mendigo. No, ¿trapo sucio? ¿Prostituto? Como sea, dilo tú. ¿A
quién se la tuviste que chupar para venir aquí? ¡¿Quién es ese tipo
asqueroso?!”
Pateaba
el suelo con rabia, visiblemente fuera de sí.
Era
absurdo. Ni siquiera tenía ganas de responderle de la misma forma.
De
haber sabido que Lee Ha-min era socio de este lugar, jamás habría venido por
mucho que Tae-kyung se lo pidiera. No entendía por qué se ponía así de furioso
con solo verlo.
El
derecho a estar enfadado, a gritar y a odiar al otro debería haber sido suyo.
Por
el complejo de inferioridad de un tipo que lo tenía todo, él había tenido que
abandonar la natación que tanto amaba. Y aun así, el otro no recibió ni una
leve sanción bajo la excusa de que no se podía probar la intencionalidad.
Al
perder aquello a lo que había dedicado su vida, se volvió sensible y huraño.
Se
desquitaba con todos a su alrededor, y fueron sus padres quienes soportaron
todos esos berrinches sin sentido; él, estúpidamente, pensó que era lo normal
hasta que su madre murió.
Por
eso, la furia y el horror deberían ser sus sentimientos. No los de un tipo que,
teniéndolo todo, seguía ansioso por pisotear a los demás.
“Si
lo supieras… ¿qué cambiaría?”
“¿Qué?”
“Te
pregunto qué cambiaría si supieras con quién he venido.”
“Ja.
Pues claro que cambiaría. ¿Acaso no es obvio que ese tipo que se revuelca
contigo también debería ser expulsado? ¡¿Tú crees que alguien querría nadar en
agua sucia?!”
Ojalá
pudiera simplemente odiar y detestar a Lee Ha-min.
Pero
termina odiando incluso a Tae-kyung por considerarlo un hyung al que adorar.
Como era alguien a quien extrañaba tanto y a quien quería confesarle sus
sentimientos, el odio creció más rápido y cubrió sus emociones.
“Dilo.
No me digas que… ¿sigues moviéndole la cola a mi hyung sin saber cuál es tu
lugar?”
“Ja.
¿Y cuál es mi lugar?”
“¿Me
lo preguntas en serio? Todo el país lo sabe por las noticias. Tu padre, ese
muerto de hambre que no tenía ni un peso y terminó acabado por los usureros.”
“…….”
“Por
eso no hay que gastar dinero ajeno. ¿Tu padre no sabía ni eso? Solo había visto
en películas eso de hundir a la gente en el mar, ¿pero resulta que de verdad
pasa? Aunque, sinceramente, ¿no es malo comerse el dinero de otros y no
devolverlo? Le pasó porque se lo merecía.”
Una
bomba estalló en su cabeza.
Un
pitido agudo atravesó el centro de su cráneo. Sintió un hormigueo en la nuca y
su visión se tornó roja.
¡Pum!
“¡Ah!
Tú…”
¡Pum,
pum!
“¡Loco
de mier… ah!”
Tal
vez había estado anhelando este momento.
El
momento de vomitar todo el resentimiento que no podía confiar a nadie, el dolor
infinito y la furia incalculable.
Por
no poder hacerlo se había vuelto apático, había dejado de pensar y simplemente
sobrevivía aferrado a la mano de Tae-kyung.
Por
eso, Woo-joo se sintió casi agradecido con Ha-min por lanzarle esos insultos en
cuanto lo vio. Como era un momento que pensó que jamás tendría, no quería
dejarlo pasar.
Así
que, contra Lee Ha-min, que soltaba cualquier cosa que se le venía a la boca, lanzó
su puño con todas sus fuerzas.
Sintió
que golpeaba algún lugar de su cara, pero no sabía si lo estaba haciendo bien.
Uno solo sabe si hace algo bien después de haberlo intentado antes, así que no
había remedio.
Los
nudillos del puño con el que golpeó le dolían, pero apretó los dientes y agitó
ambos brazos. ¿No le dolerá a Lee Ha-min tanto como me duele a mí la mano? Con
ese único pensamiento, golpeó frenéticamente.
Era
algo que deseaba desde hacía tiempo: golpear sin descanso a Lee Ha-min, para
quien era tan fácil arruinar la vida de alguien.
Aquel
día en que tuvo que renunciar a participar en el campeonato mundial porque
coincidió con su manifestación como omega; el día antes de la competencia para
calificar para las Olimpíadas, cuando sufrió la quemadura en el tobillo.
En
cada momento en que se burlaba de él y de su familia por pedir una
investigación real, y cuando hacía que todos los nadadores le dieran la
espalda.
Siempre
había querido darle una paliza así.
No
es que no lo hubiera intentado. Es que los tipos que habían aceptado el dinero
de este sujeto lo retenían y no lo dejaban actuar.
Este
tipo era el que cometía todos los errores, pero la gente siempre se ponía de su
parte.
No
dejaban que se acercara y convertían todo lo que él decía en teorías conspirativas
para tratarlo como basura.
Así
que no había forma de que esta oportunidad no le resultara grata.
“¡¿Qué
hacen?! ¡Sepárenlos rápido!”
“¡Basta!
¡Deténganse!”
“¡Cliente!
¡No puede hacer esto!”
Alguien
le sujetó el brazo, alguien lo apartó de Lee Ha-min mientras lo sostenía.
Forcejeó con todas sus fuerzas para soltarse.
¡Zas!
“¡Aaah!”
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Entonces,
algo golpeó con fuerza su cabeza. Sus oídos se taponaron. Aunque se oían gritos
por todas partes, los sentía lejanos.
Parecía
que alguien intentaba calmarlo, pero las voces se mezclaban y no entendía nada.
Recibió un par de golpes más en la cara, pero debido a que sus sentidos se
habían entumecido momentáneamente, el dolor no se sentía tan fuerte.
Se
le escapó una risa.
De
todos modos, no esperaba ser el único en golpear.
Además,
como casi no sentía dolor, no podía ser mejor. Siguió agitándose hasta que
logró zafarse de las manos que lo sujetaban para detenerlo. En cuanto tuvo los
brazos libres, se lanzó de nuevo sobre Lee Ha-min.
¡Pum!
“Cállate.”
¡Pum!
“Cierra
esa boca de una vez, por favor.”
“¡Ah!
¡Estás loco! ¡Ah! ¡¿No vas a parar?!”
Woo-joo
supo entonces por primera vez que para golpear a alguien también se necesita
resistencia física.
Respiró
hondo porque le faltaba el aire. Sintió un dolor punzante en la muñeca y en el
dorso de la mano. Incluso agitar los brazos le costaba trabajo.
Finalmente,
Woo-joo apretó los dientes y entrelazó sus manos. Las levantó por encima de su
cabeza y las dejó caer con fuerza. No sabía si el lugar donde impactaban sus
manos era la cara de Ha-min o no. Tenía la vista borrosa y no veía nada con
claridad. Simplemente repetía el gesto de levantar y dejar caer sus manos
entrelazadas una y otra vez.
“¡Oye!
¡Suétenlo rápido!”
“¡Bloqueen
su cuerpo!”
Su
cuerpo fue levantado a la fuerza. Sus manos se soltaron y sus brazos fueron
inmovilizados. Luchó por liberarse, pero una fuerza aún mayor bloqueó sus
movimientos. Parecía que los empleados habían aprendido la lección después de
que se escapara la primera vez.
“Ugh…
maldito prostituto loco. Ugh.”
Le
había pedido que cerrara la boca.
Una
vez que los empleados separaron por completo a Woo-joo y a Ha-min, de la boca
de este último volvieron a brotar palabras sucias. Al ver la sangre que corría
por la comisura de sus labios, se excitó aún más y empezó a gritar como un
loco. Parecía que su orgullo estaba herido; a pesar del estado en que lo habían
dejado, señalaba a Woo-joo con el dedo y soltaba insultos.
“Un
tipo que no conoce su lugar… ahora que te hicieron omega deberías comportarte
como el trapo sucio que eres, ¿cómo te atreves a venir aquí? Ni siquiera sabes
cómo se murieron tu madre y tu padre, mierda. Ni que fueras el protagonista de
una tragedia. Haciéndote la víctima… qué despreciable.”
Ni
Woo-joo ni Ha-min tenían margen para pensar con racionalidad. Ha-min, poseído
por el odio, le gritaba a Woo-joo, y este solo sacudía la cabeza mientras
murmuraba en voz baja.
“Ja,
ja. ¿Por qué… ah… por qué a mí?”
Woo-joo
se dio cuenta recién entonces de que estaba llorando. Se percató de que las
lágrimas que no sabía que estaba derramando le nublaban la vista y que, por
eso, no había podido golpearlo a gusto.
Después
de tanto tiempo deseándolo, le frustraba no haber podido golpearlo todo lo que
quería por estar llorando y por falta de fuerzas.
Ese
pequeño caos, en el que ambos habían perdido la razón y solo decían lo que
querían, se solucionó mucho más fácil de lo esperado.
Por
un lado estaba el preciado hijo único del representante de una famosa
farmacéutica del país, y por el otro, alguien de trasfondo incierto que,
citando a algunos, era un 'trapo sucio' y un 'prostituto'.
“¿Cómo
ha entrado usted aquí?”
“Qué
ruidosos… por favor, que se callen todos…”
Alguien
sacudió el hombro de Woo-joo preguntándole, pero él bajó la cabeza y se tapó
los oídos. El mundo entero estaba cubierto de ruidos estridentes.
Lee
Ha-min, ese demonio.
Qué
horror.
Es
horrible que alguien como tú exista en este mundo.
Ah,
ojalá no te hubiera conocido.
Siempre
fue igual. Cada vez que abría la boca era así. ¿Qué rencor podías tener?
Solo
conmigo eras así. Qué ruido, qué ruido, qué ruido.
Muérete.
Tienes que morir.
Si
te mueres, habrá silencio.
¿Quién
tiene que morir?
¿Lee
Ha-min?
No.
Yo.
Tengo
que morir. Si muero, no se escuchará ningún sonido.
“¿Quién
está hoy en recepción? ¿Acaso no verificaron al registrar al socio?”
Woo-joo,
con los oídos tapados, sacudía la cabeza frenéticamente. Con el cuerpo hecho un
ovillo, temblaba sin parar. Ni siquiera sabía qué palabras salían de su propia
boca. El dorso de sus manos estaba lastimado y manchado de sangre seca.
En
un lado, los empleados estaban desesperados tratando con Ha-min, que no paraba
de montar un escándalo. No era otro que Lee Ha-min.
Su
trasfondo y su título de atleta nacional podían hacer que todos los empleados
se arrodillaran en un segundo e incluso los obligaran a gatear por el suelo. El
gerente vino corriendo para intentar calmarlo, mientras los demás empleados se
desviven por vigilar la reacción de los otros socios que usaban el lugar.
“Supervisor,
¿qué hacemos? ¿No es mejor echarlo primero?”
“Ja…
Cliente, ¿está volviendo en sí? Esto… ah…”
Tenía
que ser precisamente Lee Ha-min. El empleado murmuró como si estuviera ante un
gran problema.
Trabajar
aquí significaba estar acostumbrado a ver cosas desagradables. Cerrar los oídos
y callar la boca era parte de lo que justificaba un salario más alto que el de
los demás.
Entre
todas las reputaciones, el temperamento de Lee Ha-min era bastante famoso.
Se
había unido a este club siguiendo a Tae-kyung y, desde entonces, se había
convertido naturalmente en la reina del lugar.
Aunque
el mismo Tae-kyung, con quien había venido, no aparecía con frecuencia, el
hecho de haber venido con él y ser embajador de Oneway se convirtió en otro
respaldo para Lee Ha-min.
Y
ese Lee Ha-min estaba fuera de sí.
Además,
quien había puesto la mano encima primero fue la persona que tenían delante. No
importaba quién lo hubiera presentado. De todos modos, si era la recomendación
de un socio, seguramente sería uno de esos alfas que querían lamerle los pies a
Lee Ha-min.
O
tal vez un omega al que le desagradara cruzarse con él, pero como era poco
probable que un omega trajera a otro omega, lo más lógico era pensar que era
una recomendación de un alfa.
Y,
al final, ese alfa no querría hacerse responsable de este omega.
Lo
dejarían a su suerte para que Lee Ha-min hiciera lo que quisiera hasta que se
le pasara el enfado.
“Será
mejor llevarlo afuera primero. Yo me encargaré, tú ve a recepción. Averigua por
recomendación de quién vino y deja un mensaje pidiendo que se pongan en
contacto.”
“Supervisor,
¿estará bien usted solo? Si vuelve a arremeter…”
“No.
No parece tener fuerzas para eso.”
Los
empleados se dividieron las tareas y se movieron con rapidez. El hombre al que
llamaron supervisor trajo enseguida agua mineral y se la ofreció a Woo-joo.
“Cliente,
¿quiere un poco de agua?”
Woo-joo
enfocó entonces su mirada errática hacia el frente. Extendió sus manos
temblorosas para tomar el vaso y fue entonces cuando descubrió la sangre y las
heridas en el dorso. Solo entonces fue consciente de que había usado la
violencia.
“Ugh…”
Antes
de beber el agua, se rozó el dorso de la mano. Sus dedos se mancharon de sangre
roja. El dolor punzante e irritante le hizo fruncir el ceño sin darse cuenta.
Aun
así, no sentía arrepentimiento.
Porque
siempre había querido hacer algo así.
Sin
embargo, se sentía extraño por haberlo logrado. No podía creer que él fuera el
mismo que, sin poder ni respirar, había golpeado y odiado tanto a una persona.
“Si
se siente bien, lo acompañaré afuera. ¿Puede levantarse?”
“Ah…”
Woo-joo
miró fijamente la mano que le ofrecían y se levantó lentamente. Escuchó a
Ha-min teniendo un ataque de rabia ante su movimiento, pero ni siquiera lo
miró. No le quedaban fuerzas para prestarle atención a cada detalle.
“Lamento
decirle esto, pero el cliente Lee Ha-min podría denunciarlo. Por lo que hemos
visto, usted fue quien… primero… golpeó…”
Ah.
Woo-joo
escuchó la explicación del empleado mientras se sujetaba la cabeza dolorida con
una mano.
No
pensó en nada de eso cuando se lanzó sobre Ha-min, pero no le importaba. No
tenía nada más que perder. Más bien, le resultaba gracioso haber logrado por
fin aquello que tanto había planeado.
Lo
deseaba, pero no creía que fuera posible.
Siempre
apretaba los dientes y le daba una paliza en su imaginación, pero jamás lo
había planeado. Solo se limitaba a maldecir la realidad de no poder atravesar
el muro de personas que protegían y rodeaban a Lee Ha-min.
“Sí.
Lamento haber causado este alboroto.”
“No
es nada. Más bien… si le resulta difícil irse así, podemos contactar a alguien
por usted. Si vino por recomendación, podemos llamar a la persona que lo
recomendó.”
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Woo-joo
dudó un momento y luego sacudió la cabeza. No quería contactar a Tae-kyung por
algo así. En este momento, ver su cara le hacía sentir agradecido, odioso y
avergonzado a la vez.
“Más
bien, me disculpo con el representante del hotel.”
“¿Perdón?”
Había
oído que era un viejo amigo de Tae-kyung.
Gracias
a eso, con una sola llamada, recibió de inmediato el mejor casillero del
vestuario. Y aun así, armó semejante escándalo desde el primer día; sentía
lástima tanto por Tae-kyung como por el representante del hotel.
“Me
iré por mi cuenta. Gracias por sus atenciones.”
Woo-joo
se secó el cuerpo toscamente con una toalla y se inclinó para despedirse. Al
intentar caminar, sintió de pronto un dolor gélido que le golpeó el tobillo y,
sin quererlo, terminó desplomándose en el suelo.
“¡Cliente!
¿Se encuentra bien?”
“Ah,
sí. Estoy bi… ah… estoy bien, así que vuelva a sus labores.”
“¿Quiere
que lo ayude?”
“No.
Estoy bien.”
El
empleado tuvo que alejarse ante el rechazo cortés de Woo-joo. Se sentía
inquieto dejándolo ir así, pero ya no podía hacer nada más.
Woo-joo
rodeó su tobillo con ambas manos y respiró profundamente para calmarse. Ante el
dolor que no sentía hacía tiempo, recuperó la razón.
Desplomarse
sorprendido por un simple dolor punzante…
Al
parecer, había estado demasiado tiempo pegado a Tae-kyung. Era un dolor crónico
que lo había seguido como una sombra durante toda su vida desde aquel día, pero
en este breve tiempo lo había olvidado.
Le
dio risa su propia situación tan patética. El mundo lo estaba sacudiendo por
las solapas, diciéndole que no fuera codicioso y que conociera su lugar.
Recuperó
el aliento y se puso de pie. Con cada paso que daba, sentía que el frío calaba
hasta lo más profundo de sus huesos. A ese dolor gélido se sumaba el calor
sofocante del verano, haciendo que el sudor le corriera por la espalda como si
fuera lluvia. De nada había servido secarse con la toalla; no había forma de
que se secara.
Realmente,
era el momento perfecto.
Woo-joo
se alejó cojeando. Solo el pensamiento de que debía salir de allí cuanto antes
llenaba su cabeza.
Esta
vez, era hora de despertar de un sueño de una noche de verano, y no del sueño
de la pequeña cerillera en pleno invierno.
* * *
Al
regresar a la casa de Tae-kyung, Woo-joo intentó cambiarse los zapatos por las
pantuflas en la entrada, pero se detuvo. Levantó la vista y recorrió con la
mirada el interior de la vivienda vacía.
La
casa, que mantenía siempre la misma temperatura hubiera gente o no, se sentía
lo suficientemente fresca como para olvidar el calor sofocante del exterior,
que empapaba la ropa de sudor con solo quedarse quieto.
O
tal vez no era fresca. Tal vez era gélida.
Ese
silencio habitual de pronto le resultó extraño, y Woo-joo no pudo dar ni un
paso más. Se quedó allí, simplemente observando el interior, hasta que
finalmente, incapaz de moverse, terminó desplomándose en el suelo.
Parecía
que, como Tae-kyung siempre había estado con él, recién ahora empezaba a sentir
lo que un extraño debería haber sentido desde el principio.
Era
una sensación solitaria y extraña, como si lo hubieran soltado de repente en un
mundo desconocido del que no podía escapar, quedando atrapado en él.
A
pesar de que en esta casa no había nada que él no conociera, todo lo que
alcanzaba su vista le parecía tan ajeno como si lo viera por primera vez. Por
eso, esa extrañeza le resultaba aún más inusual.
Si
se trataba de tiempo, ya había pasado lo suficiente como para sentir el vacío
de estar solo.
Después
del incidente en el hotel —porque para Woo-joo fue un incidente—, comió y
durmió aquí por deseo de Tae-kyung. Pasó mucho más tiempo dentro de la casa que
afuera, y recorrió casi todos los rincones con familiaridad, a excepción del
estudio de Tae-kyung o la habitación de invitados.
Incluso
el vestidor, en el que antes no tenía razón para entrar, se había llenado con
sus pertenencias. Eran cosas compradas hace unos días con la tarjeta de
Tae-kyung, reflejando el gusto de Tae-kyung y siguiendo su voluntad.
Antes
de que pudiera sentirse incómodo o fuera de lugar —aunque en gran parte fue
porque no tenía energías para sentir nada—, este sitio se había vuelto
familiar, como si se hubiera filtrado en él de forma natural.
Y
pensar que ahora, de repente, se sentía tan extraño y solitario.
La
enorme casa sin Tae-kyung parecía gritarle que Shin Woo-joo no tenía lugar en
ninguna parte si él no estaba. No había ni una pizca de aire que sirviera de
consideración para un intruso, ya no para un invitado.
'Qué
tacaño'.
Woo-joo
apoyó la cabeza contra la pared y cerró los ojos.
Incluso
si nadie se lo recordaba, sabía de sobra que estaba solo. No era necesario que
el mundo se lo restregara detalle por detalle en un momento como este.
Sus
párpados pesaban. Sentía los ojos calientes, como si tuviera fiebre. Parecía
que haber llorado bajo el sol abrasador hasta casi perder el juicio le estaba
pasando factura.
'¿Se
sorprenderá Tae-kyung si llega y me ve así?'.
Aun
así, no tenía ganas de moverse.
Pensó
en recostarse en el sofá de la sala, pero no pasó de ahí. Ahora mismo no tenía
fuerzas ni para levantar los párpados. Solo imaginar el esfuerzo de ponerse de
pie y mover las piernas lo dejaba sin aliento.
Sentado
y apoyado contra la pared de la entrada, su conciencia comenzó a desvanecerse.
Sería bueno despertar antes de que llegara Tae-kyung, pero si no, tampoco
importaba mucho. Aunque se sorprendiera por un momento, conocía bien la ternura
con la que él lo llevaría hasta la habitación.
En
ese momento, se escuchó el pitido electrónico del teclado numérico.
Dudó
un instante entre abandonarse al sueño que lo arrastraba o intentar levantarse.
De cualquier forma, tendría que contarle lo ocurrido con Lee Ha-min, pero solo
pensarlo le hacía sentir que explotaría de rabia. Quizás, antes de terminar de
hablar, terminaría agarrando a Tae-kyung por las solapas y sacudiéndolo.
'Ja.
Por esto fue que rechacé la propuesta de Tae-kyung'.
“Tenías
que ser un mendigo muerto de hambre para estar haciendo estupideces aquí”.
En
ese instante, sus ojos se abrieron de par en par sin quererlo.
Al
levantar la vista, vio el rostro de Ha-min mirándolo desde arriba con las manos
en la cintura. Ante esa expresión de desprecio, Woo-joo evitó su mirada
inconscientemente.
“¿De
verdad te volviste loco? ¡¿Cómo te atreves a venir aquí?!”
Ah.
Woo-joo levantó su pesado cuerpo. Quizás por el esfuerzo, soltó un suspiro
involuntario.
'Realmente
te pasaste, Joo Tae-kyung'.
Había
dicho que nunca dejaba entrar a nadie, pero parecía que Lee Ha-min era la
excepción. Lo adoraba tanto que era la única persona que ni siquiera contaba
como 'cualquiera'.
Tragó
saliva junto con algo amargo que subía por su garganta. No quería seguir
discutiendo. Todo estaba mal desde el momento en que decidió buscar a
Tae-kyung.
¿Venganza?
En su situación, eso no existía.
Su
madre había muerto acosada por la gente, su padre había muerto perseguido por
delincuentes, y él estaba destinado a morir pisoteado por Lee Ha-min. Así
estaba escrito desde el principio, pero él se atrevió a mirar al cielo por un
momento y se volvió codicioso.
Aun
así...
Aun
así, si este era un lugar al que Lee Ha-min podía venir en cualquier momento,
Tae-kyung no debió traerlo aquí. Por mucho que no supiera qué había pasado
exactamente, al menos sabía lo que él sentía por Ha-min.
Estuvo
a punto de renunciar a su relación con Tae-kyung a causa de Ha-min.
Tae-kyung
debía recordarlo perfectamente. Ni siquiera era algo de hace mucho tiempo,
apenas habían pasado un par de meses. Esto era, de verdad, demasiado por parte
de Joo Tae-kyung.
“¡Oye!
¡Te estoy preguntando cómo llegaste aquí!”
“Me
voy a ir, así que no te metas”.
“¿Irte
a dónde? Responde a lo que te pregunto. ¡¿Qué demonios le hiciste a mi hyung?!”
Cuando
Woo-joo le dio la espalda, Ha-min, impaciente, estiró la mano rápidamente.
Woo-joo se estremeció por un momento al sentir su muñeca, tan delgada que
parecía que solo quedaba el hueso.
'Un
cadáver estaría en mejor estado que esto'.
Por
supuesto, era algo que él mismo había provocado con el deseo de verlo destruido
y arruinado. Sin embargo, estaba descubriendo por primera vez que planear algo
en la cabeza y recibir informes es totalmente distinto a tener el resultado
final entre las manos.
'Ah,
no sé. No es mi culpa'.
Ha-min
refunfuñó para sus adentros y apretó con más fuerza la mano con la que sujetaba
a Woo-joo. De todos modos, era algo inevitable. Y sobre todo, la causa de todo
era Shin Woo-joo.
Incluso ahora.
Shin
Woo-joo estaba en un lugar donde ni siquiera a él se le permitía estar. Incluso
el padre de Tae-kyung, el expresidente Joo Han-sung, no podía venir aquí. Las
únicas personas autorizadas para entrar desde hacía tiempo eran el encargado
Yang, encargado de la casa principal, y la gente bajo su mando que venía a
limpiar.
Pero
este mendigo de Shin Woo-joo se atrevía... alguien que ni siquiera habría sido
omega si no fuera por él, estaba comiendo y durmiendo aquí como si fuera su
propia casa.
Él,
en cambio, apenas había podido entrar tras sobornar a un subordinado del
Responsable Yang y amenazarlo usando a su familia para conseguir la tarjeta de
acceso.
'¿Por
qué para ti es tan fácil?'.
No
tienes nada, ¿por qué Tae-kyung es tan blando solo con Shin Woo-joo? No le
importaba que fuera difícil para él, porque así era Joo Tae-kyung. Por eso no
podía aceptarlo. Porque ese no era el Joo Tae-kyung que él conocía.
“¡Dime!
¡¿Cómo es que estás aquí?!”
“…Pregúntaselo
directamente a Joo Tae-kyung. Yo no vine por mi propia voluntad”.
Plac.
Woo-joo giró el cuerpo soltando su muñeca. No pensaba quedarse ni un segundo
más en un lugar donde Lee Ha-min entraba a su antojo, ni tenía deseos de volver
a ver la cara de Tae-kyung.
En
realidad, no había nada que agradecerle. Se había equivocado al pensar que él
se quedó a su lado solo por estar solo. Él fue quien lo buscó primero para
pedirle ayuda, y él simplemente aceptó la petición a cambio de quedarse con lo
único que le restaba. Solo estaba ejerciendo su derecho de propiedad para que
Shin Woo-joo no lo arruinara a su antojo.
Se
reprochó a sí mismo por haber dejado crecer sus sentimientos hasta ser
incontrolables. Al menos fue una suerte enterarse antes de confesarle lo que
sentía. Si no se hubiera encontrado con Ha-min allí, si Ha-min no hubiera
entrado a esta casa, casi habría cometido el error de decirle, sin conocer su
lugar, que le agradecía estar con él. Que lo quería mucho.
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Pero
ahora, de verdad, era el momento de terminar.
Eso
de pedirle que buscara a esos matones... pensó en buscarlos por su cuenta. Como
ya no tenía un lugar al cual regresar, sería más factible que cuando buscaba a
su padre. Por supuesto, encontrarlos no significaba que pudiera hacerles lo
mismo, pero al menos podría darles un golpe. Incluso si terminaba igual que su
padre por eso, se sentiría en paz.
“Ja”.
'¿Y
ahora qué hago con esto?'.
No
hubo necesidad de pensarlo mucho; nada más entrar al vestidor, soltó otro
suspiro. Había llegado sin equipaje, ¿así que dónde iba a estar la maleta para
empacar?
Justo
en el momento de entrar al vestidor recordó su llegada a esta casa. La ropa y
los zapatos que llevaba al salir del hospital eran todo lo que tenía, y
Tae-kyung los había tirado hacía mucho tiempo. Si hubiera sabido que los
necesitaría tan pronto, habría insistido más en que no los tirara.
Como
no tenía motivos para salir, la ropa que Tae-kyung le compraba le resultaba
simplemente estorbosa. Incluso pensó que no necesitaba la ropa que traía puesta
y la tiró, así que no veía por qué necesitaría ropa nueva.
Pero
como era obvio que por deseo de Tae-kyung tendría que salir, y como sentía que
él lo sacaría a rastras de casa de alguna forma, simplemente dejó que Tae-kyung
llenara el armario con ropa nueva sin oponerse más. De todos modos, daba igual
llenar el armario si el destino iba a ser tirarla también.
Al
ver la ropa nueva que llenaba un lado del vestidor, sintió una opresión en el
pecho.
'Déjenme
en paz'.
'Si
iba a ser así, ¿para qué me salvaste?'.
Se
tragó las palabras que no pudo pronunciar. Le retumbaba la cabeza y sentía
calor en los ojos. Se los presionó con ambas manos y giró la cabeza. Como no
podía atreverse a tocar la ropa nueva, pensó en elegir algo de Tae-kyung.
Si
era algo como un pantalón deportivo con cordón ajustable, como el que tomó
prestado en la oficina de Tae-kyung, aunque le quedara grande, podría usarlo
sin problemas. No tenía dinero ni energía para pagar nada, así que por
conciencia eligió lo que parecía más viejo. Por supuesto, no había ropa vieja
ni gastada entre las cosas de Tae-kyung, así que tuvo que inventar tres o
cuatro excusas para convencerse de que podía usarla.
¡Bang,
bang!
“¡Oye,
Shin Woo-joo! ¿No vas a abrir? ¡Abre ahora mismo!”
Mientras
se cambiaba, los golpes en la puerta y la voz histérica de Ha-min retumbaron en
la habitación. Era lógico. Lee Ha-min no se quedaría esperando tranquilamente
hasta que él desapareciera de su vista.
Incluso
pensó en darle otro golpe al salir, y se le escapó una risa amarga sin darse cuenta.
Ahora que no había nadie para detenerlo, quizás era una oportunidad mejor. Ah,
¿se pondría triste Tae-kyung al ver herido a su adorado hermano pequeño? Ese
pensamiento le provocó una nueva oleada de rabia. Le parecía injusto ser el
único tan enfadado.
Se
prometió a sí mismo que, al salir, le daría al menos un golpe más. No le
importaba si Tae-kyung se sentía triste o se enfadaba al ver el estado de
Ha-min; lo único que quería era destrozarlo por dentro de alguna forma.
“…Para
qué me lo presentó”.
Justo
cuando iba a arrojar la ropa que llevaba puesta, recordó el momento en que
Tae-kyung le presentó al dueño de la tienda departamental. Tae-kyung lo llamó
por su nombre con naturalidad, y esa persona también llamó a Tae-kyung de forma
amigable.
Era
la primera vez que veía una relación así en el entorno de Tae-kyung, y como le
presentó a alguien así, aunque se sentía cohibido bajo la mirada de Tae-kyung,
en el fondo se sintió feliz. El hecho de haberlo presentado a esa persona era
como si le estuviera diciendo que él era alguien que valía la pena.
* * *
Tal
como lo había anunciado, hace unos días Tae-kyung llevó a Woo-joo a la tienda
departamental Hansae. Fue en ese momento cuando Woo-joo se enteró, por la
explicación de Tae-kyung, de que no existía otro lugar en el país que superara
a Hansae en su categoría.
Era
un lugar inmenso, lujoso y tan brillante que resultaba deslumbrante. No
encajaba en absoluto con alguien como él, que siempre había vivido en lo más
bajo de la escala social.
Quizás
por eso sentía que todas las miradas estaban puestas sobre él.
Sin
saber siquiera dónde poner los ojos, estuvo desconcertado todo el tiempo.
Torturando las puntas de sus dedos, no podía dejar de inquietarse, pensando que
no debió haber salido de casa.
Tae-kyung,
aun sabiendo cómo se sentía, se limitó a sonreír a propósito hasta que el
mismísimo dueño de la tienda salió a recibirlos para guiarlos personalmente al
salón VIP.
−Cuanto tiempo, Yu-dam.
−Sí. Es la primera vez que nos vemos desde tu boda.
−Me han llegado rumores de que tienen unas peleas de pareja
bastante ruidosas.
−¿Ah… sí? No estaba al tanto.
−Jajaja. Lo entiendo. Como eran amigos, supongo que pelear
también es posible.
−……Es que Baek Do-ha se portó mal.
Ha
Yu-dam, el representante de la tienda, se sonrojó hasta las puntas de las
orejas, pero recuperó la compostura de inmediato. Tae-kyung no insistió en el
tema; después de todo, no tenía intención de entrometerse en asuntos ajenos y
tampoco eran tan cercanos. Solo se conocían de toda la vida por haber acompañado
a los adultos a sus reuniones desde que eran niños.
−Yu-dam, ¿sigues sin asistir mucho a las reuniones?
−Sí. Ni a Baek Do-ha ni a mí nos gusta eso. Solo nos vemos con
Tae-gun de vez en cuando para comer.
−Ah, escuché que Ryu Tae-gun se compró una avioneta con el
dinero que les regaló por la boda, y que a su edad todavía se llevó un buen
regaño por eso.
−Ah……. ¿Acaso no debimos haberlo aceptado?
−¿Por qué no? Fue su manera de presionarlo para que se casara
pronto.
Ryu
Tae-gun era el primo segundo de Tae-kyung por parte de su familia materna.
Como
fue su abuelo materno quien fundó el Grupo Won, aunque no fueran los herederos
directos, muchos parientes consanguíneos ocupaban puestos clave en la empresa.
De
hecho, el abuelo se había asegurado de colocar estratégicamente a personas de
su lado materno, previendo que el padre de Tae-kyung pudiera intentar quedarse
con la compañía antes de que su nieto creciera.
−Hyung, ¿tú ya no vas a las reuniones?
Yu-dam
midió sus palabras con cuidado. No era tan tonto como para arruinar el ambiente
con comentarios innecesarios.
Tae-kyung
solía traer a sus nuevas parejas a la tienda, ya fueran reuniones sociales o
encuentros privados.
Eran
personas que deseaban vanidades materiales o que querían presumir su relación
con él para despertar la envidia de los demás.
Por
eso, que Tae-kyung trajera a alguien no era algo inusual, pero Yu-dam presintió
de inmediato que hoy era distinto.
Esa
sonrisa traviesa en el rostro de Tae-kyung no era la que solía mostrar ante las
cámaras. No quedaba ni rastro de aquel frío y hermoso hombre que solo ofrecía
sonrisas de negocios.
Yu-dam,
con naturalidad para no incomodar, desvió la mirada hacia Woo-joo.
Era
bastante alto, con líneas corporales rectas y elegantes; sus proporciones eran
excepcionales. Debido a su rostro atractivo, la gente a su alrededor se giraba
para mirarlo, aunque él parecía no darse cuenta en absoluto.
−Sí. Permíteme presentarlos. Él es Shin Woo-joo. Woo-joo, él es
el director Ha Yu-dam.
−Hola.
−Sí, encantado. ¿Es usted modelo?
−¿Eh? Ah, no, no lo soy.
−Ah. Disculpe el atrevimiento. Como tiene tan buenas
proporciones, pensé que lo era.
Cuando
Yu-dam sonrió con dulzura, dio la impresión de que todo el entorno se
iluminaba. Woo-joo se mordió el labio y bajó la cabeza. Era una persona
hermosa.
Eran
estas personas a las que llamaban omegas dominantes.
Era
la primera vez que veía a alguien así. Parecía que el género omega se había
creado exclusivamente para esa persona.
Por
otro lado, si se hablaba de alfas dominantes, Joo Tae-kyung era exactamente
eso.
Woo-joo
miró de reojo a Tae-kyung. Por alguna razón, se sintió aún más pequeño y no
sabía qué hacer consigo mismo.
−¿Se siente incómodo en algún aspecto?
−¿Eh?
Yu-dam
preguntó con curiosidad. La mayoría de los clientes que venían a la tienda
tenían rostros brillantes de anticipación, por lo que la expresión apática de
Woo-joo le llamó la atención.
−Debo conocer cualquier queja de los clientes.
−Ah……. No. Es solo que suelo no expresar mucho mis emociones.
−Si es solo eso, me quedo tranquilo. En el salón VIP solo
entrarán los empleados autorizados por hyung. Si algo le incomoda, dígamelo de
inmediato.
Tan
pronto como Yu-dam terminó de hablar, Tae-kyung rodeó la cintura de Woo-joo con
su brazo y lo atrajo hacia sí. Yu-dam abrió los ojos con sorpresa ante el
gesto, pero Tae-kyung solo sonreía mirando a Woo-joo.
Como
de costumbre, Tae-kyung empezó a acariciar la muñeca de Woo-joo y le susurró al
oído para que Yu-dam no lo escuchara:
−No se preocupe. Ayer ya vio a mucha gente; hoy haré que no vea
ni a diez personas. A cambio, tiene que elegir con esmero. Hoy solo compraremos
cosas para usted.
¿Dónde
quedó ese Shin Woo-joo indiferente y frío?
Parecía
que Tae-kyung se lo decía con la mirada.
Tae-kyung
era experto en notar las cosas que los demás no veían.
Aunque
era normal que Yu-dam no conociera su interior por ser la primera vez que se
veían, Tae-kyung siempre lo había entendido desde el primer día.
Y
le entregaba justo lo que él ni siquiera sabía que necesitaba: calidez, buena
voluntad y ternura.
−Yo no necesito nada.
Ante
la respuesta de Woo-joo, Tae-kyung sonreía suavemente. Recordó el momento en
que se interesó en él precisamente porque era demasiado diferente a los demás.
Al
pensar que quizás se había enamorado de Woo-joo desde aquel entonces, se le
escapaba la risa.
−Claro que a mí tampoco me gustaría comprarle nada. Si le doy la
túnica de plumas a la ninfa, se irá volando.
−No soy una ninfa pero…… tampoco tengo a dónde ir vestido así.
Yo estoy bien, mejor compre algo para usted, Tae-kyung.
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−¿Sabe que yo tiré la ropa y las zapatillas que traía cuando
vino a mi casa, verdad? En casa solo hay ropa deportiva. Por eso hoy también ha
salido con mi ropa.
−……A mí esto me parece bien.
Este
extraño Shin Woo-joo, que no tiene ni una pizca de ambición.
Tae-kyung
había traído parejas a la tienda en ocasiones. Estaban quienes brillaban de
codicia pensando cómo obtener más, y quienes fingían desinterés pero aceptaban
todo lo que se les daba.
Al
final, ambos eran predecibles.
Por
eso, Tae-kyung les compraba lo que querían sin sentir nada especial; sabía que
era más fácil darles lo que pedían y terminar la relación de forma limpia que
aguantar a alguien pegajoso.
Sin
embargo, solo Woo-joo, a quien quería entregárselo todo, lo rechazaba
constantemente.
Se
comportaba como si aceptar cualquier cosa significara que ya no podría estar a
su lado. Incluso si le entregaba la correa para que utilizara a Joo Tae-kyung,
el presidente del Grupo Won, él huía horrorizado.
Por
eso, Shin Woo-joo no se imaginaba cuánto lo impacientaba.
¿Cómo
puedo atarlo a mi lado para siempre?
Era
algo que nunca había pensado, y le resultaba difícil.
Incluso
intentó utilizar a las personas de su entorno para que Woo-joo dependiera de
él, pero él nunca lo buscó. Sin embargo, cuando Tae-kyung iba a verlo, su
rostro apático florecía en una sonrisa. Solo por ver ese rostro, lo visitaba
varias veces con la excusa de cenar.
Nadie
más lo sabía: la faceta brillante de Woo-joo, quien solía ser indiferente ante
el mundo.
Le
encantaba que solo le mostrara su interior a él, y eso lo volvía aún más
ansioso. Aunque pensar en Woo-joo lo ponía nervioso y le causaba sed, no
detestaba sentir esas emociones.
Por
eso, se sintió muy feliz cuando Shin Woo-joo vino a pedirle un favor. El
esfuerzo de grabar en su mente que él era el único que podía darle lo que
quería había valido la pena.
Incluso
ahora, con ese rostro tan hermoso, se quedaba siempre a su lado. Aunque fue
algo hecho de forma semicompulsiva e impulsiva, el solo hecho de que Shin
Woo-joo estuviera en su casa le llenaba el corazón.
Incluso
en este momento, era imposible que no le pareciera adorable Woo-joo, quien decía
que le bastaba con usar su ropa, aunque no le quedara bien.
−Ya me retiro. Si necesitan algo, díganlo a los empleados; ellos
se encargarán de todo. Son muy eficientes.
Yu-dam,
tras guiarlos a la sala de compras privada, los dejó a cargo del empleado responsable
que ya los espera. Gracias al aviso previo, la sala contaba con refrigerios
sencillos y catálogos preparados para ellos.
−Saben que son clientes importantes, ¿verdad? Confío en ustedes.
−Sí, director.
La
manera en que Yu-dam daba órdenes a los empleados no era excesiva ni
insuficiente; se sentía tan natural en su puesto que Woo-joo no pudo evitar
mirarlo varias veces.
Era
una persona hermosa y sofisticada, a quien el género de omega dominante le
sentaba a la perfección.
Era…
simplemente genial.
Hasta
el punto de envidiar lo natural que se veía conversando con Tae-kyung.
−Por cierto, quiero un asistente de compras diferente. Solo
vamos a ver cosas para Woo-joo, no para mí.
−Entonces le diré al jefe del equipo VIP. Enviaré a alguien
acorde a la edad de Woo-joo.
Tae-kyung
asintió hacia Yu-dam, quien saludó cortésmente a Woo-joo y se alejó. Woo-joo se
quedó mirando su espalda embobado hasta que sintió a Tae-kyung humedeciéndole
la muñeca.
−¡Ah!
Woo-joo,
sorprendido, giró la cabeza; Tae-kyung, ya sentado en el sofá, lo sujetaba de
la muñeca para invitarlo a sentarse.
Woo-joo
se mordió el labio y se sentó lentamente a su lado. Se dio cuenta de que ya se
había acostumbrado a entregarle su muñeca.
Entre
todas las cosas extrañas e incómodas, lo único familiar y que le daba seguridad
era Joo Tae-kyung. Era como si apenas hubiera metido los pies en el mar y, de
repente, su ropa estuviera empapada por el agua que se había filtrado.
−¿Acaso ahora tengo que estar celoso de un hombre casado y de un
omega?
−Es que…… me pareció asombroso.
−¿Qué fue lo que le pareció tan asombroso?
−El director de la tienda es un omega dominante, ¿verdad? Es la
primera vez que veo a uno.
−Vaya. ¿Y has visto a muchos alfas dominantes?
−¿Eh? Ah, no, ah. Sabe que no me refería a eso.
Como
si no tuviera intenciones de soltarle la muñeca, Tae-kyung empezó a mordisquear
la parte interna de esta. El dolor punzante se repetía una y otra vez.
−Si no era eso, ¿entonces qué? Piense bien lo que va a decir. Ya
se me han ocurrido decenas de formas de molestarlo aquí mismo.
−No es eso…… es que era muy guapo. Ah! Ah……. Me preguntaba si
todos los omegas dominantes eran así de guapos, y…….
−……¿Por qué? ¿Acaso Shin Woo-joo piensa que no es guapo por ser
recesivo?
Fue
entonces cuando los labios de Tae-kyung se alejaron de la muñeca de Woo-joo.
Sin
embargo, la muñeca seguía presa en su mano. Woo-joo simplemente negó con la
cabeza para responder.
Parecía
que la muñeca de Shin Woo-joo —no, el tobillo de Shin Woo-joo— ya le pertenecía
a Joo Tae-kyung. Aunque su mente no lo procesara, a Tae-kyung eso le encantaba.
Tal
como deseaba, sin que Woo-joo se diera cuenta, él ya se estaba filtrando y
grabando en su cuerpo y en sus instintos.
−Además de eso, yo soy más cercano a un beta. Estoy lejos de ser
guapo.
−…….
Tae-kyung,
que parecía que solo iba a tocarle la muñeca durante toda la compra, levantó a
Woo-joo de repente y lo sentó sobre sus piernas. Luego, tomó su rostro con
ambas manos y lo obligó a mirarlo solo a él.
Woo-joo,
con su perspectiva cambiada en un instante, parpadeó con sorpresa y confusión,
y pronto sus orejas se tiñeron de rojo. Por la vergüenza, bajó la mirada para
evitar la de Tae-kyung.
Cada
vez que él levantaba a un hombre adulto, un poco más alto que el promedio, con
la misma facilidad que a un niño, Woo-joo se sorprendía sin falta. Es cierto
que había una gran diferencia de edad y de complexión, pero eso no significaba
que él tuviera el cuerpo de un niño.
−¿Quién dice que no eres guapo?
−Es una opinión objetiva. Y si vamos al caso, el que es guapo es
usted, Tae-kyung.
Woo-joo
se mordía los labios.
Parecía
que Tae-kyung ya conocía los pensamientos que había tenido últimamente.
Woo-joo
siempre había tenido una autoestima normal, ni alta ni baja. Por supuesto, no
tenía absolutamente nada, y precisamente por eso no tenía el lujo de compararse
con los demás; así fue como pudo sobrevivir.
Ese
se convirtió en su método de protección.
Si
hubiera visto su vida miserable desde la perspectiva de los demás,
probablemente no habría podido soportarlo.
Por
eso, últimamente se sentía pequeño con frecuencia.
No
por compararse con otros, sino por el deseo de ser alguien digno de Tae-kyung.
No
le importaba si seguía siendo insignificante ante los demás, pero quería darle
a Tae-kyung tanto como recibía de él. La calidez y la ternura que comenzaron
como buena voluntad, y hasta el sentimiento que escondía dentro de ellas.
Le
entristecía darse cuenta recién ahora de que poseía tal deseo.
−Si estamos hablando de que Shin Woo-joo es guapo, ¿por qué me
mencionas a mí?
−Ese…… ah……. Gracias por verme así de bien…….
Por
eso surgía la codicia de querer ser más guapo.
Porque
Tae-kyung lo encontraba atractivo. Porque incluso amaba su tobillo lastimado.
Con
el rostro completamente rojo, Woo-joo bajó la mirada incapaz de sostener la suya.
No quería que descubriera su fea codicia.
Si
Tae-kyung se enteraba de que le había entregado su corazón, lo alejaría antes
de que ese sentimiento creciera más.
No
es que no lo supiera, pero quería retrasar ese día. Todavía no quería estar
solo.
O
quizás, tal como Tae-kyung había dicho, ahora quería vivir.
Sentía
demasiada culpa para enfrentar ese sentimiento, así que prefería ignorarlo por
ahora. Le daba miedo descubrir hasta dónde llegaba el vaivén de su corazón.
−¿Así que sabes que me pareces guapo?
−¿Cómo…… no saberlo?
−Eso también es tierno. Que te des cuenta.
−¿Sabe que usted es el único que me dice esas cosas?
−¿Y quién más se atrevería? Si alguien se atreve a decirle eso a
Shin Woo-joo, le desgarraré la boca y le arrancaré la lengua.
Woo-joo
movió sus ojos de un lado a otro y respondió en un susurro. Le resultaba
extraño que no le desagradaran esas palabras tan aterradoras.
−……Antes habría pensado que eso era una broma.
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−¿Ahora sabes que hablo en serio?
−Sinceramente…… todavía me cuesta creerlo. Pero cuando pasó lo
de mi papá, usted no se sorprendió mucho. Y dijo que buscaría a esa gente…….
Así que creo que sé que usted es alguien capaz de mandar a hacer esas cosas…….
−¿Y eso te decepcionó?
−……¿No ve que estoy confundido porque no me decepcionó?
−Lo veo. Y por eso eres aún más guapo.
Tae-kyung
se rió entre dientes y mordió suavemente los labios de Woo-joo. Cuando Woo-joo
soltó un pequeño gemido, lamió sus labios con la lengua como para consolarlo.
Debido a su falta de inmunidad, Woo-joo se apoyó en los hombros de Tae-kyung y
gimió ante ese simple estímulo.
Introdujo
su lengua entre los labios que se abrieron con naturalidad. Lamió su paladar y
enredó su lengua para succionarla. Al escuchar el sonido húmedo cerca de su
oído, Woo-joo se estremeció y su cuerpo tembló levemente por el estímulo.
Ese
pequeño gesto le resultó tan adorable que presionó su nuca para profundizar el
beso, metiendo y sacando la lengua repetidamente. Al imaginar su pene llenando
esa garganta estrecha, su cuerpo se calentó.
Sintió
el bulto en la parte interna de su pierna derecha y comenzó a frotarse contra
la cintura de Woo-joo.
Los
ojos enrojecidos, la saliva que corría por la comisura de su boca y las manos
que empujaban a Tae-kyung por falta de aire solo servían para avivar su
impulso.
Ante
el acto tan explícito de ser penetrado profundamente en la garganta, Woo-joo
aplicó fuerza en su vientre bajo sin darse cuenta.
Aunque
las lágrimas se acumulaban en el rabillo de sus ojos por la dificultad para
respirar, su entrada palpitaba liberando feromonas. Tembló ante la idea de que
Tae-kyung pudiera forzar su grueso pene en su boca hasta desgarrarla.
A
pesar de que sus músculos estaban tensos por el miedo, el calor acumulado en su
vientre bajo contraía y relajaba sus paredes internas, soltando fluido.
Parecía
ansioso por recibir al alfa que tenía delante, como si Tae-kyung fuera
realmente su alfa.
Era
porque Tae-kyung era el único alfa que su cuerpo conocía.
Intentó
calmar su cuerpo impaciente, pero no funcionaría con trucos tan superficiales.
Lo que había entregado antes que el cuerpo fue el corazón, y lo que más
ambicionaba era también el corazón.
Por
eso, aunque tuviera miedo, era un paso natural estar excitado y hasta esperar
que abriera su entrada y lo penetrara. Si Tae-kyung supiera de esta codicia,
terminaría la relación aún más rápido, así que debía ocultarlo como fuera.
Aunque
el corazón no dejaba de hincharse hasta un punto incontrolable cada vez que pensaba
en el fin de esta relación.
−Woo-joo, tenemos que probarnos la ropa, ¿qué vamos a hacer si
te pones así?
−Ah…….
Tae-kyung
mordió ligeramente el labio inferior de Woo-joo y rozó su bulto erecto.
Woo-joo, que no se había dado cuenta de su propia erección, se sobresaltó e
intentó levantar la cintura, pero Tae-kyung lo sujetó con más fuerza
presionando sus entrepiernas.
−Ah, basta…….
−¿A quién intentas seducir así? Ah, Woo-joo tenía ese fetiche de
excitarse más si alguien lo miraba, ¿verdad?
−Ah! ¡Yo no tengo ningún fetiche de ese tipo!
−¿Acaso no tuviste una erección pensando en mostrársela al
asistente de compras? Eres un pervertido que anda por ahí exhibiendo sus zonas
erógenas.
Ja.
¿Y quién es el que me está estimulando a su antojo?
Gracias
a eso, su pene estaba totalmente erecto y sentía que su entrada soltaría fluido
en cualquier momento. Últimamente, la idea de que no se lubricaba bien por ser
recesivo estaba quedando en el olvido.
¿Es
normal soltar fluido con un solo beso?
Pensó
que, si bien le habían dicho que sería más fácil si educaban su entrada, esto
ya superaba cualquier nivel esperado. Woo-joo frunció los labios y lo miró de
reojo.
Mientras
tanto, Tae-kyung sujetaba su pelvis y movía la cintura fingiendo el acto de la
penetración.
−Espera…… ah……. ¿Quién le dice pervertido a quién?……. Usted se
vuelve loco con solo ver mi tobillo.
−¿Quién dice eso?
−Usted mismo lo dijo.
−No. Woo-joo está equivocado.
Cuando
Tae-kyung negó sus palabras, Woo-joo ladeó la cabeza confundido. Ante ese
gesto, Tae-kyung soltó una risa profunda y le quitó los zapatos. Aunque había
estado jugueteando con su muñeca, nada se comparaba con tocar directamente su
tobillo.
−Soy un pervertido que solo se vuelve loco con el tobillo de
Woo-joo. Un maldito pervertido.
−…….
−¿Por qué? ¿Parezco un loco?
−Ese…… sí.
Woo-joo
vaciló un momento y luego asintió lentamente un par de veces. Trató de buscar
una palabra más suave en su cabeza, pero no encontró nada que reemplazara a
"loco". Confirmó que "loco" era la palabra más exacta y
precisa.
−Tienes razón. Soy un maldito pervertido y un loco que solo
entra en celo por Shin Woo-joo. Así que tienes que hacerte responsable.
¿Entendido?
Tae-kyung
lamió las lágrimas que se habían acumulado en los ojos de Woo-joo y, durante un
instante, debatió entre miles de opciones:
¿Debía
desnudarlo y devorarlo antes de comprar, o terminar las compras rápido para
luego devorarlo?
Su
corazón quería hacerlo de inmediato, pero el temor a que Woo-joo se negara a
volver a salir de casa frenó su impulso.
−Pero…… parece que a mí también me gustan los pervertidos y los
locos.
−Tú de verdad.
Tae-kyung
soltó una carcajada de incredulidad y metió la mano bajo la ropa de Woo-joo.
Shin Woo-joo era capaz de jugar con sus emociones con una sola frase.
Por
supuesto, no le desagradaba; al contrario, le parecía adorable y hermoso.
Deseaba que, de ahora en adelante y por siempre, él se quedara a su lado
sacudiendo su correa.
Como
era de esperar, aunque pasaron mucho tiempo en la sala de compras hasta que
Woo-joo casi se desmaya, no se probó ni una sola prenda.
Sin
embargo, Tae-kyung pagó por toda la ropa, zapatos, zapatillas y relojes que el
asistente de compras había preparado y ordenó que los enviaran a casa.
Fue
una sesión de "compras" que no pareció tal, pero que dejó satisfechos
a Woo-joo, a Tae-kyung y hasta a Ha Yu-dam, el dueño de Hansae.
Fue
un secreto a voces que, después de ese día, Yu-dam aumentó el número de
empleados betas encargados de las salas de compras privadas.
* * *
Tal
vez, de esa manera, habría vivido postergando poco a poco la idea de querer
morir.
Viendo
películas con Tae-kyung, yendo de compras, paseando. A veces discutiendo por
cosas triviales y absurdas, para luego derretirse bajo sus manos con un solo
beso, como si nada hubiera pasado.
Incluso
si a veces se sentía deprimido al imaginar el día en que Tae-kyung soltara su
mano, al final habría aceptado esa ruptura y habría terminado con la muerte
postergada. Después de todo, si vivió fue porque Tae-kyung estaba a su lado,
así que no tendría grandes apegos a una vida sin él.
Woo-joo
miró fijamente las prendas que nunca llegó a probarse y luego sacudió la cabeza
ante el estruendo de los golpes que volvían a resonar: ¡Pum, pum! Viendo que ni
siquiera llegó a vestirlas, era evidente que no estaban destinadas a ser suyas.
Exhaló
un suspiro, recorrió la habitación con la mirada y abrió de par en par la
puerta que temblaba como si hubiera un terremoto. Vio primero un pie suspendido
en el aire, como si fuera a dar una patada, y luego un rostro completamente
fruncido.
"Ja.
¿Qué pasa? ¿Habías entrado solo para cambiarte de ropa?"
"Quítate.
Me voy."
"Tú,
¿últimamente no sabes cuál es tu lugar y actúas como loco? ¿Te volviste loco?
¿Te atreves a darme un puñetazo en la cara?"
"Tú
también me pegaste."
"¡Tú
pegaste primero...! Ja. Olvídalo. Tú, dame la tarjeta llave de aquí."
"¿Qué?"
"¡Dámela!
¿Crees que no sé que saldrás así y luego volverás? ¡Déjalo todo y vete de una
vez!"
Ah.
Woo-joo estaba realmente harto de Lee Ha-min. En lugar de la determinación de
golpear a Ha-min para irritar a Joo Tae-kyung, ahora solo sentía el deseo de
darle una paliza de muerte hasta que su rencor se disipara.
"Ya
registré mi huella dactilar, así que bórrala tú mismo."
"...
¿Qué? ¿Huella? ¿Registraste tu huella?"
"¿Por
qué? ¿Pensaste que solo te dejarían hacerlo a ti?"
"..."
"No
sé cómo borrarla, así que hazlo tú. No dejo nada, así que si ves algo que
parece mío, tíralo."
Woo-joo
empujó el hombro de Ha-min y salió al pasillo. El tobillo que le dolía desde el
hotel punzaba cada vez más. Apretó los dientes con fuerza para que no se le
escapara un gemido y obligó a sus piernas a moverse.
No
quería mostrarle su cojera al tipo que lo había dejado así, pero era mejor
mostrarse así que quedarse en esa casa escuchando insultos. Frente al agresor,
la víctima no tenía por qué andar con cuidado; sin importar si cojeaba o no,
quien debía estar orgulloso era la víctima, no el victimario.
"Ah,
es cierto. Ese tobillo. Ha pasado tiempo desde que lo vi, ¿verdad?"
"..."
Esa
voz desagradable lo detuvo. Intentó ignorarlo y seguir, pero ante las
siguientes palabras, su tobillo se quedó rígido como si fuera una piedra.
"Yo
te lo dejé así a propósito, pero he sido muy descuidado todo este tiempo. Lo
siento."
"...
¿A propósito?"
"Tú
ya lo sabías. Que lo hice a propósito. ¿No fue por eso que tu madre hizo esa
protesta a solas pidiendo que se aclarara la verdad?"
"Dijiste
que no era cierto."
"¿Eres
idiota? Por supuesto que diría que no frente a los demás. ¿Quién demonios diría
en su cara que lo hizo a propósito?"
"Tú...
¿y después de eso te burlas de la muerte de mi madre? ¿Tú... tú te haces llamar
humano?"
"Ja.
Este sigue diciendo estupideces sin saber cuál es su lugar."
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Todo
el cuerpo de Woo-joo empezó a temblar violentamente. Cualquier otra persona
podría haberlo hecho, pero Lee Ha-min era el único que no tenía derecho a
mencionar la muerte de sus padres a la ligera. Parecía que, después de haber
sido golpeado por mencionar lo de su padre, el infeliz seguía sin aprender.
Sintió
que la cabeza le hervía. La fiebre de su cuerpo se mezcló con la rabia y sintió
como si su cerebro estuviera a punto de estallar. Por qué su madre tuvo que
andar haciendo esas protestas. Por qué tuvo que soportar las miradas de
reproche de la gente.
Lee
Ha-min lo sabía mejor que nadie, mejor que él o sus padres, quienes solo tenían
sospechas sin pruebas. Al ser el agresor que disfrazó el accidente para
causarle la lesión a propósito, lo sabía mejor que nadie.
Y
aun así, mencionaba la muerte de su madre en cada oportunidad. No dudaba en
tratar con ligereza la muerte de una difunta con tal de insultarlo y
despreciarlo. Era aterrador. Terminó deliberadamente con la carrera de un
atleta y luego empujó la vida de otra persona al escarnio público. No contento
con eso, despreció y se burló sin cesar del muerto y del que quedó vivo.
"¿Qué
te hace creer que eres tan especial? ¿Qué demonios tienes de especial para
arruinar la vida de otros y burlarte incluso de los que murieron por tu
culpa?"
"Soy
especial. Muy diferente a ti. Si te sientes tan injusticiado, debiste haber
nacido mejor."
"¡Ja!
¡Hubieras seguido insistiendo hasta el final en que fue un accidente! ¿Qué
pretendes ahora? ¿Por qué decir esas cosas precisamente ahora?"
"Ah.
Porque quería fastidiarte otra vez. Ahora mismo estás en shock, ¿verdad?"
"..."
Woo-joo
no pudo decir nada. Tanto Woo-joo como Ha-min sabían perfectamente que Woo-joo
siempre había sospechado de él. Así que estas palabras que sonaban a confesión
no eran algo nuevo.
Sin
embargo, tal como dijo Ha-min, Woo-joo estaba en estado de shock. Al parecer,
en el fondo, todavía guardaba una pequeña esperanza. Quizás realmente no fue
intencional sino un accidente; parecía haberlo deseado en silencio desde un
lugar tan profundo que ni él mismo lo notaba.
Porque
pensar que sus padres y él fueron señalados por la gente y que su madre
finalmente murió por haber sospechado de una persona inocente, parecía ser la
única forma de explicar mínimamente esta injusticia absurda. Pero ahora le
dicen que ni siquiera fue eso.
Entonces,
¿por qué...? ¿Por qué tuvo que irse su madre de esa manera? Al final, incluso
el hecho de que tomó una decisión extrema terminó en boca de la gente,
convirtiéndose en objeto de burla. Su madre solo quería dar a conocer la
verdad, pero fue pisoteada y destrozada por aquellos que rechazaron esa verdad.
"Ah,
es cierto. ¿Sabes quién mató a tu madre?"
"...
¿Qué?"
"Yo
lo sé."
"¿De
qué estás hablando? ¿Cómo supiste que lo de mi madre no fue un suicidio?"
"Vuelves
a decir tonterías. Oye, ¿no te funciona el cerebro? Lo sé porque yo lo ordené,
¿cómo más lo sabría?"
"...
Espera. Tú ahora mismo."
Fue
el momento en que todo lo que no entendía sobre por qué había tenido que
arrastrarse por el fango cobró sentido de golpe. Su mente se quedó en blanco y
sintió que la sangre se le retiraba de todo el cuerpo. Era como si todas sus
células se asfixiaran y murieran en masa al mismo tiempo.
"Ah.
A tu padre también lo tiré al mar yo. Eso..."
Ha-min
buscó en sus recuerdos de aquel día y dejó la frase en el aire. En su rostro
apareció una sonrisa radiante, como si estuviera recordando un momento feliz.
"Sí.
Eso, incluso pensándolo ahora, es una obra de arte. Tengo el video grabado de
ese entonces. Si lo vuelves a ver, parecería una película de arte. Recibió una
paliza por culpa de su hijo y luego, ¡pum!, al mar junto con el cemento. Ese
día el señor te menciono mucho. Je, je. Solo pedía que lo dejaran vivir. Dijo
que viviría sin importar lo que le pasara a su hijo."
"¡Tú,
tú... maldito seas!"
En
ese instante, Woo-joo sintió que algo se rompía en su cabeza. No pudo pensar en
nada más. De hecho, no veía nada frente a sus ojos, así que era imposible
pensar en otra cosa.
No
sabía de dónde sacó tanta fuerza. Solo existía la voluntad de estrangular a Lee
Ha-min, el tipo que mató a sus padres. Esa voluntad, que parecía ajena y propia
a la vez, lo poseyó como una obsesión.
¡Pum!
"Maldición.
¿Crees que me dejaré ganar otra vez?"
A
pesar de todo, Woo-joo no pudo lograrlo. Ha-min, que ya había sido golpeado
primero por Woo-joo en la piscina del hotel, esquivó el ataque como si lo
estuviera esperando y empujó a Woo-joo.
Cuando
Woo-joo cayó de espaldas, Ha-min se subió rápidamente sobre él. La oportunidad
de golpear directamente a Shin Woo-joo no era común, y Ha-min no pensaba dejar
pasar esa oportunidad que tanto le había costado conseguir.
¡Pum!
¡Pum!
"¿Alguien
como tú se atreve a pegarme? ¿Pensaste que estarías bien después de tocar la
cara de un atleta nacional?"
Woo-joo
también luchaba por empujar a Ha-min y darle aunque fuera un golpe más.
"¡Y
tú! ¡Maldita sea, ¿por qué le hiciste eso a alguien como yo?! ¿Te haces llamar
humano? ¿Lo eres?"
Sentía
rabia e impotencia. Las lágrimas nublaban su vista, lo que le daba más rabia
aún. Quería devolverle el golpe como fuera, de cualquier manera. Pero no poder
hacer ni siquiera eso hacía que su furia creciera, que apretara los dientes y
que su resentimiento estallara.
"¡Aaaaaah!"
Era
horrible. Todo era simplemente horrible. Se sentía infinitamente estúpido y se
odiaba a sí mismo por no poder golpear lo suficiente al tipo que mató a sus
padres por su culpa. Haber sobrevivido para tener una vida que solo llegaba a
esto.
De
verdad, no podía soportar lo asqueroso que se sentía por estar respirando
tranquilamente. ¿Por qué se había esforzado tanto por aguantar y seguir
viviendo?
"¡Aaaaaah!
¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!"
Woo-joo
terminó soltando un grito que retumbó en toda la casa y luego se rindió. No le
importaba cuánto ni cómo le pegara Ha-min. Su boca empezó a sangrar por los
golpes, pero ese no era el único lugar herido.
Además,
morir de una forma u otra era siempre la muerte, así que si moría a golpes, el
final sería la muerte que tanto había deseado. No tenía el más mínimo deseo de
sobrevivir a toda costa.
Desde
el principio, incluso si lo hubiera hecho con un cuerpo sano, habría sido una
pelea que terminaría perdiendo. Con fiebre y un tobillo dolorido, pretendía
darle una paliza de muerte a un atleta nacional en plena forma; eso era haber
olvidado mirar la realidad con frialdad, cegado por el deseo de venganza.
Cuando
Woo-joo dejó de luchar, Ha-min finalmente soltó una risita y dejó de golpearlo.
En la piscina lo habían tomado por sorpresa, pero al final, el que ríe último
es él. Era como un destino decidido desde el momento en que él nació como Lee
Ha-min y Shin Woo-joo como Shin Woo-joo.
Cuando
Ha-min se quitó de encima, Woo-joo miró al techo con la mirada perdida y luego
se levantó en silencio. Todo su cuerpo le dolía tanto que le costaba mantenerse
en pie, pero no quería estar ni un segundo más en ese lugar.
"¡Ugh!"
Al
dar un paso, perdió el equilibrio. A pesar de estar en pleno verano, sentía un
frío punzante en el tobillo. Como avisándole de que no había ni una parte sana,
su cuerpo no obedecía a su razón.
"La
mayor tragedia es que, incluso si sales ahora y cuentas la verdad, nada
cambiará. Ya experimentaste que nadie cree en tu palabra."
Este
es el momento perfecto. Ha-min soltó una risa ligera. Al verlo comportarse como
alguien que comparte su vida cotidiana, Woo-joo sintió escalofríos hasta en la
nuca. El frío recorrió su cuerpo rápidamente.
"¿Por
qué...? ¿Por qué? ¿Acaso te dolió tanto no haber quedado en primer lugar?"
"¿No?
Solo me molestaba que alguien tan insignificante estuviera siempre estorbando
delante de mí."
"¿No
es eso lo mismo? ¡Si tanto odiabas que yo tuviera la medalla de oro, debiste
haberlo hecho mejor!"
"No.
Yo nunca quise ganar la medalla de oro."
"...
¿Qué?"
"La
medalla de oro. No la necesitaba."
La
expresión de Woo-joo se volvió extraña. Era algo que, por más que pensara, no
podía entender. Justo cuando empezaba a confundirse sobre qué estaba haciendo
allí, Ha-min se cruzó de brazos y volvió a hablar.
"Joo
Tae-kyung está involucrado. ¿Cómo iba a dejarlo pasar?"
"No
cambies de tema. ¡Estamos hablando de que me destrozaste el tobillo! ¡¿Por qué
me hiciste eso?!"
Woo-joo
se acercó violentamente como si fuera a agarrar a Ha-min por el cuello. A
diferencia de su voluntad, sus piernas seguían sin obedecer, por lo que la
distancia volvió a ensancharse.
Ha-min
se encogió de hombros y sonrió. Incluso detrás de esa sonrisa había un aire de
nostalgia al recordar el pasado, lo que hizo que Woo-joo se estremeciera de
asco. El puño de Woo-joo temblaba violentamente. De verdad quería pegarle solo
una vez más, pero se contuvo mordiéndose el interior de la boca.
Se
preguntaba por qué un tipo que lo tenía todo, al que ni siquiera le importaba
la medalla de oro, había hecho tal porquería. Por qué él tuvo que ser la
víctima de esa basura. Por qué tenía que vivir esta vida miserable; solo quería
saber esa razón.
"Sí.
Joo Tae-kyung. Como siempre ganabas la medalla de oro frente a mi hermano
mayor, él solo se fijaba en ti."
"¿De
qué... de qué hablas? ¿Por qué él? Nos conocimos por primera vez este
año."
"Sí.
¿Él también cree eso? No sabía que eras tan insignificante para él, ja, perdí
el tiempo actuando. Aunque al final fue un alivio deshacerme de ti."
"Deja
de decir tonterías y habla claro. ¿Qué tenemos que ver Tae-kyung y yo?"
"Mi
hermano solía ir a ver las competencias con frecuencia, sin importar el tamaño.
Es el patrocinador oficial de la federación. Iba a todas partes en lugar del
presidente. Pero tú siempre quedabas en primer lugar. Pensé que él te miraba
cada vez que pasaba eso, ja, ja, pero no fue así. Ni siquiera te
recordaba."
Ahora
mismo... ¿qué acabo de escuchar? Las pupilas de Woo-joo temblaron
violentamente.
Al
final, ni siquiera había una razón especial. Shin Woo-joo simplemente había
tenido la mala suerte de estar en ese lugar. Era horrible. Que alguien se riera
de haber destrozado la vida de una persona y haber empujado a otra a la muerte
por un malentendido le parecía algo imposible para un ser humano.
Joo
Tae-kyung no era diferente. Lee Ha-min estaba ahora mismo dentro de la casa de
Tae-kyung por su propia voluntad. El espacio propio de Joo Tae-kyung donde
nadie más podía entrar.
Parecía
mentira que hubiera encontrado paz en ese lugar. Sin saber que todo podía
volverse tan terrible, confió y dependió solo de Joo Tae-kyung. Sentía náuseas
al recordar esos momentos. Lee Ha-min podía entrar cuando quisiera a cualquier
lugar donde estuviera Joo Tae-kyung, y si quería, podía despreciarlo, ignorarlo
y fastidiarlo como ahora.
No
es que le reprochara a Joo Tae-kyung que Ha-min fuera alguien más cercano que
su familia. No es que no lo supiera. Sabiendo que podía pasar algo así por esa
relación, lo dejó pasar y lo permitió. Joo Tae-kyung y Lee Ha-min eran la misma
clase de personas.
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La
rabia lo consumía. Todo su cuerpo temblaba y no le salían las palabras. Se
sentía avergonzado de sí mismo por haber querido que lo amaran sin saber nada
de esto. Claramente se había prometido darle un golpe más a Lee Ha-min antes de
irse, pero ahora ni siquiera recordaba eso. Sentía una gran frustración, pero
era la misma que había sentido cada día desde aquel entonces.
De
hecho, nunca le importó Lee Ha-min. Aparte del deseo de vengarse de alguna
manera, no tenía ni el interés ni la energía para gastar en alguien como Lee
Ha-min. Enojarse ahora por culpa de Ha-min era como echarle un poco de aire a
un fuego que nunca se apagó.
Por
eso, en este momento, solo el resentimiento hacia Joo Tae-kyung estalló como un
volcán. Si al menos no me hubiera hecho enfrentar a Lee Ha-min de esta manera.
Ja.
No. Al final, esto también era culpa suya. Por haber ambicionado a Joo
Tae-kyung sin saber cuál era su lugar. Estaba pagando el precio tanto en la
piscina del hotel como aquí.
Fue
un error quedarse al lado de Tae-kyung después de haber ido a pedirle venganza
y escuchar que era algo insignificante. Quizás el error fue pedir venganza a
través de otra persona. La gente común y corriente no tendría la capacidad de
vengarse de algo así.
Él
también debería haber sido una de esas personas en lugar de ser ambicioso.
Simplemente rendirse, o sentarse a rezar para que la policía atrapara al
culpable y se hiciera justicia, o morir intentándolo aun sabiendo que no
funcionaría.
"¿Pero
también sabes esto? Esa forma de omega incompleta que tienes, mi hermano la
creó."
"¿Te
volviste loco? Yo ni siquiera hablé con esa persona. Viví sin saber siquiera
que existía alguien llamado Joo Tae-kyung."
"Mmm...
es cierto. Probablemente habló con tus padres."
"¡Esa...!
Ja. ¡Deja de hablar así y habla claro! ¡¿Cómo iba él a conocer a mis
padres?!"
"El
hecho de que fueras internado en el hospital para manifestarte como omega, eso
también lo hice yo."
"...
Ja. Qué tipo tan perverso. De verdad eres repugnante."
"Qué
dices, maldita sea. Tú eres el que es terriblemente persistente, ¿sabes?"
"Ya
cállate y habla claro. Mi condición, ¿por quién es?"
"Por
los dos."
"..."
"Mi
hermano me quiere mucho. Por eso, cuando causaba problemas, él iba a solucionarlos.
Ese día también fue al hospital para arreglar las cosas, pero resultó que él
estaba justo antes de su celo. Dicen que te viste envuelto en sus feromonas.
Bueno, si quieres detalles, pregúntalo en el hospital."
Woo-joo
sintió un mareo repentino. Parecía que su cerebro no podía procesar tanta
información a la vez y se había bloqueado.
"Ah.
Así aprendí. Cómo usar a las personas. Mi hermano es muy buen maestro, pero es
que yo también le hago mucho caso. Por eso, siguiendo lo aprendido, me deshice
de tus padres uno por uno. ¿Qué tal? ¿Buen guion, verdad? Viendo que vives como
un prostituto hasta ahora, parece que tengo talento para esto."
"Ja.
Ja, ja."
Soltó
una risa sarcástica por la indignación. Al mismo tiempo, se le saltaron las
lágrimas y sintió náuseas. No podía saber qué es lo que había estado viendo
todo este tiempo. Se creía el más listo del mundo, pero resultó ser el más
idiota de todos.
Por
su culpa, su hogar se desmoronó y sus padres fueron asesinados uno a uno, pero
él no sabía nada y solo culpaba a la gente. ¿Cómo podían hablar así sin saber
nada? ¿Acaso nosotros habíamos cometido algún pecado? Solo por haberse cruzado
con la persona equivocada. Solo por haber conocido al loco equivocado.
"Ja,
ja."
Lee
Ha-min era realmente un tipo aterrador. Le dolía no poder matarlo con sus
propias manos. Quería gritar de rabia, pero ya no tenía fuerzas para nada.
Quería morir, pero no le quedaban fuerzas ni para morir; deseó fervientemente
que Lee Ha-min lo matara también. Así podría escapar de esta realidad
insoportable.
"...
No vuelvas nunca. Solo con verte siento que voy a vomitar hasta las
entrañas."
Woo-joo
soltó las palabras en voz baja y se dio la vuelta. Escuchó a Lee Ha-min
gritando detrás de él, pero lo dejó pasar. De verdad, ahora quería cortarlo
todo.
"¿Por
qué no te mueres? ¿Te haces llamar hijo? ¿Quieres seguir viviendo después de
que tu padre murió así? ¡Vete con él!"
Cuando
Woo-joo intentó irse ignorándolo, Ha-min corrió hacia él lleno de rabia. Agarró
a Woo-joo por el cabello cuando este intentaba tomar el picaporte de la puerta
y le dio una patada en el tobillo lastimado.
"¡Ugh!
¡Guh!"
Woo-joo
estiró las manos y forcejeó mientras gemía. Sentía el cuerpo pesado y le dolía
todo. Veía borroso a Ha-min, que lo sujetaba por el cabello y lo increpaba
frente a sus ojos.
"Dime.
¡¿Cuándo demonios te vas a morir?! ¡¿Qué tengo que hacer para que te mueras?!"
"Ugh.
Ah."
"De
verdad eres una porquería. ¡¿Por qué apareces siempre frente a mí para
molestar?!"
"Ya
detente, maldito..."
Las
palabras que logró soltar se dispersaron sin fuerza. La rabia que hervía
parecía golpear su propio cuerpo. Solo entonces recordó que tenía fiebre. Ya no
tenía fuerzas para golpear a Lee Ha-min como en el hotel, ni para darle una
patada. Gracias a eso, pudo saber claramente qué era lo que tenía que hacer.
No
era difícil. El resentimiento profundo de querer golpearlo hasta que su rencor
acumulado desapareciera no se había apagado en años. Mover una mano o un pie
requería mucha fuerza, como si fuera algodón empapado, pero por eso mismo sabía
que debía ponerlo todo en este único intento.
¡Pum!
"Ja.
El que hizo de la vida de otro una porquería... a quién le dices... ja..."
Woo-joo
se lanzó sobre Ha-min con todas sus fuerzas. Al caer Ha-min hacia atrás, él
también chocó contra el rostro de Ha-min o contra algún hueso que no supo
identificar, pero no le importó. Solo lanzó todo su cuerpo sobre Ha-min.
Ni
siquiera intentó ver bien lo que tenía delante. Sin escatimarse, lanzó su
cuerpo sobre el de Ha-min varias veces. Mientras era golpeado y pateado por
Ha-min, quien contraatacaba, el cuerpo de Woo-joo se fue destrozando y quedando
hecho un guiñapo.
"Guh.
Este loco... Se volvió loco desde hace rato. ¿Qué mierda te pasa...?"
"¿Crees
que eres el único? Ja. Ah. De verdad, por favor... lárgate de mi vida ya."
"Maldita
sea. Eso lo digo yo. Eres un prostituto. Ah, de verdad, qué asco. No vuelvas a
tocar a mi hermano. No te atrevas a actuar sin saber cuál es tu lugar."
"...
Ja."
No
valía la pena escuchar más. Tanto Joo Tae-kyung como Lee Ha-min, ahora todo se
había terminado de verdad. Como ya había dejado la piscina, Joo Tae-kyung no
tenía a dónde ir a buscarlo. No. ¿Acaso iría a buscarlo?
Al
principio, lo que él quería era un compañero sexual para jugar a los novios. No
fue mucho tiempo, pero ya habían jugado a los novios y habían tenido el sexo
que a él tanto le gustaba, así que él tampoco querría nada más de su parte.
Quizás ya estaba pensando en cuándo terminar la relación.
Le
dolía haber sido el único que entregó algo en una relación de mutuo acuerdo,
pero podía considerarlo como el precio por su ambición.
Woo-joo
movió su cuerpo lentamente y abrió la puerta. Una sonrisa amarga apareció en su
rostro al darse cuenta de que, una vez cruzada esa puerta, estaría realmente
solo. Sin embargo, no necesitó pensarlo mucho ni dudar. Al darse cuenta de que
era ambición, fue fácil rendirse. Así que cruzar una puerta no era nada.
Woo-joo
salió por el recibidor y cerró la puerta. No caminó mucho hasta encontrar el
ascensor y se subió. Acercó la tarjeta de acceso al teclado y activó el
ascensor que estaba detenido en silencio.
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Justo
antes de que se cerrara la puerta, lanzó al pasillo la tarjeta que ya no
volvería a usar. Como solo había una vivienda por piso, nadie más la recogería.
Se apoyó contra la pared y cerró los ojos. En este momento, no quería pensar en
nada, ni siquiera en querer morir. Se rió como un idiota al darse cuenta de que
incluso para morir se necesitaba energía para mover el cuerpo.
Vámonos
a casa. Aquella habitación pequeña que en verano se ponía húmeda y donde nunca
entraba el sol. Solo quería llegar allí y acostarme rápido. Estaba tan cansado
hasta de morir, que deseó fervientemente que alguien lo matara en su lugar.
