13. En el Reino cobayo siempre está despejado
13. En el Reino cobayo
siempre está despejado
Un rayo de sol se
filtraba por una pequeña rendija de las cortinas. Ante un leve quejido de
sueño, Sun-myung estrechó con más fuerza a Bo-dam, a quien tenía rodeado entre
sus brazos, y le dio unas suaves palmaditas.
“Duerma un poco más,
hyung.”
“Sí...”
“Ah, qué lindo.”
Sun-myung observó a
Bo-dam, que tenía legañas en los ojos y el cabello hecho un nido de pájaros, y
sonrió como un tonto. Soltando un suave 'ejejé', lo volvió a tapar
meticulosamente con la manta y luego alzó en brazos a su hijo, que forcejeaba a
los pies de la cama queriendo subir. Así, los tres miembros de la familia
terminaron reunidos en una sola cama.
Acostó al pequeño lobo
entre Bo-dam y él, y al arrullarlo, el niño también se quedó dormido enseguida.
Sun-myung, con el rostro totalmente ablandado por la ternura al oír los
pequeños ronquidos del bebé, recordó por un momento las calificaciones que
habían salido ayer.
'Tus notas esta vez...
¿se fueron a la mierda, verdad...?'
'Ji-chul, ¿cómo puedes
decir eso...?'
'Pero cariño, si se
fueron a la mierda, se dice así. ¿Cómo quieres que lo llame?'
Tras terminar su
segundo semestre de segundo año de forma desastrosa, Sun-myung invitó a sus
amigos a casa para desahogarse una vez publicadas todas las notas. En realidad,
él solo quería salir un rato, pero Ji-chul e In-hoon insistieron tanto en ver
la cara de su sobrino que no tuvo otra opción.
Acariciando la cabeza
de Tae-hwa, quien ya se había acostumbrado a ellos y comía bocadillos sentado
en el regazo de sus amigos, Sun-myung asintió como si no hubiera esperado nada
mejor.
'Sí, me fue fatal.'
'¿Cómo puedes decir
que te fue fatal si no reprobaste ninguna materia?'
'Ahora que lo pienso,
este imbécil ni siquiera tiene una C. Como mucho tiene B-.'
'¡Maldita sea! ¡¿Te
estás burlando de nosotros, pedazo de perro?!'
'Si vas a hablar así
delante del niño, te haré salir por la ventana ahora mismo.'
'Lo siento.'
Ji-chul e In-hoon, que
solían actuar como una pareja cariñosa, se indignaron al ver que las notas de
Sun-myung eran mejores de lo esperado. Sin importarle lo que dijeran, Sun-myung
estaba ocupado tapándole los oídos a Tae-hwa, quien movía sus orejitas
triangulares con curiosidad por la charla de los adultos.
Como no eran tipos con
los que fuera imposible razonar, en cuanto Sun-myung les llamó la atención,
ambos se calmaron de inmediato. Daba ganas de vomitar al oírlos cambiar el tono
a un: 'Ay, ¿qué cosas dijimos frente a nuestro principito?'.
Sun-myung sabía que
habían venido pensando que sus notas serían malas para consolarlo. A diferencia
de la preocupación de esos dos, que sabían lo mucho que él solía obsesionarse
con el promedio, Sun-myung no se sentía para nada afectado.
'Estoy bien. Las notas
salieron algo mediocres, pero como me fue bien en los parciales, no es tan
terrible como pensaba.'
'Bueno, si es así, me
alegro. ¿Y qué dijo hyung?'
'¿Eh? Ah, bueno... a
hyung no le interesan mis notas. Dice que con que esté sano es suficiente.'
'¡Ah, Ki Sun-myung,
por favor...! ¡Prohibido poner esa cara de niño puro enamorado, por favor, es
el deseo de Ji-chul!'
'Sí, de verdad... das
un poco de asco, Ki Sun-myung...'
'¡Ang ang!'
'Tae-hwa también dice
que das asco.'
Sun-myung pensó que
sus amigos hablaban por hablar. Creyó que decían tonterías solo porque estaban
esperando cualquier oportunidad para burlarse de él, pero...
“¿De verdad parezco un
poco idiota?”
Al ver su reflejo en
el espejo del tocador, Sun-myung giró la cabeza a ambos lados pensando que su
rostro se veía como el de un tonto inflado de aire. No es que pudiera borrar
esa expresión de bobo de un plumazo.
'¿Hyung me dijo que
era guapo incluso viendo esta cara?' Sintiendo curiosidad por cómo lo vería
Bo-dam, Sun-myung se acercó rápidamente a él, que empezaba a parpadear
lentamente indicando que iba a despertarse, y le preguntó:
“Hyung, ¿qué tal me
veo?”
“¿Eh?”
Sun-myung se arregló
las patillas sin necesidad y se limpió el brillo de la frente con el dorso de
la mano mientras esperaba la respuesta. Al oír lo que dijo Bo-dam, volvió a
acostarse en la cama muy satisfecho.
“Te ves como algo que
me perteneceee...”
“... Usted también.”
“Sí... acuéstate,
Sun-myung.”
“Siii—”
Un fin de semana
despejado en el que daba lástima tanto seguir durmiendo como levantarse.
Sun-myung eligió quedarse un rato más retozando abrazado a su esposo y a su
hijo.
* * *
La relación de ambos, que
había crujido un poco pero fue reensamblada a martillazos, se volvió aún más
sólida. Sun-myung, que comprendió sus sentimientos durante el tiempo que
estuvieron distanciados, intentaba actuar de forma genial sin mucho éxito y,
cuando fallaba, se dedicaba a ponerse caprichoso.
“¿Qué pasa ahora, mi
bebé?”
“No soy un bebé.”
“Te llamo así porque
eres lindo, ¿no te gusta?”
“No es que no me
guste...”
“Pues quita la mano de
mis nalgas antes de ponerte caprichoso, de verdad.”
Bo-dam no paraba de
encontrar adorable a Sun-myung. A los ojos de Bo-dam, que tenía bastante
experiencia en citas, los intentos exagerados de Sun-myung por parecer maduro
no eran tanto 'geniales' como 'tiernos', pero el hecho de que Sun-myung se
frustrara por eso lo hacía ver aún más dulce. Verlo intentar aprender sobre el
amor en internet o libros a estas alturas, ya estando casado, soltando frases
cursis o presumiendo sutilmente de su fuerza, solo le hacía pensar: 'Realmente
actúa como un virgen'.
“No te esfuerces
tanto, que ya me muero de amor por ti, así que no hace falta. Apenas tienes
veintiún años; no tienes que amoldarte a mí, yo puedo amoldarme a ti.”
“¿Verdad que no soy...
simplemente como un niño?”
“¿Tú?”
Le dio un beso en la
frente a Sun-myung, quien jugueteaba con sus nudillos con expresión alicaída.
“¿Cómo podría vivir
con un hombre que fuera solamente como un niño?”
“¿Cierto?”
“Sí. Al contrario, me
gustaría que Sun-myung se portara un poco más como un niño a veces. Que fueras
más caprichoso conmigo, que me pidieras más cosas.”
“¿No sería molesto?”
“¿Cómo va a ser
molesta la persona que amo? Además, técnicamente no somos solo un matrimonio
consolidado, podríamos decir que somos casi como una pareja de novios, así que
está bien ser un poco inmaduros.”
En realidad, antes de
la pelea, Bo-dam a veces se sentía triste pensando que Sun-myung no le
entregaba su corazón por completo. Pero después de la disputa, Sun-myung
finalmente comenzó a actuar acorde a su edad. A Bo-dam le gustaba ese cambio.
Sun-myung parecía
pensar que le había mostrado su peor versión, pero Bo-dam pensaba que, siendo
él tan joven, era una suerte que lo hubiera conocido cargando solo con ese tipo
de heridas.
Bo-dam, que lo besaba
sin parar porque le resultaba adorable cómo lo miraba como un cachorrito dócil,
se rió entre dientes cuando Sun-myung lo abrazó de repente y empezó a murmurar,
y luego se preparó para salir.
“Voy a ir a la
peluquería, venga conmigo.”
“¿Es una invitación a
una cita?”
“... Sí, una
invitación a una cita.”
“¡Bien! Salgamos y
comamos algo rico también.”
“Yo pagaré.”
“Sun-myung, ¿con
qué...?”
'¿Con qué dinero?',
estuvo a punto de decir Bo-dam, pero al ver su rostro lleno de determinación,
volvió a sonreír con ganas. Le gustaba ver cómo intentaba tomar el liderazgo
como hombre y, ya que Sun-myung se ponía así, no quería desanimarlo sacando el
tema del dinero.
Se enganchó del brazo
de Sun-myung, quien se había quedado tieso esperando su respuesta. Parecía que
su cuerpo se volvía más firme y grande cada día; pensó que sería buena idea ir
juntos al gimnasio alguna vez para ver su rutina de ejercicios.
“¿A dónde me vas a
llevar? ¿A comprarme más Choco-Pang-Pang?”
“¡Ah, no voy a ir a
esos sitios! ¡No pienso volver a preguntarle nada a Kim In-hoon ni a Han
Ji-chul!”
“¡Jajaja! ¿Entonces es
un curso de cita planeado cien por ciento bajo el criterio de Ki Sun-myung?
Vamos rápido.”
“¡Espérelo con ansias!
... Pero tampoco demasiado.”
“Siento que el cuerpo
me va a estallar de la emoción.”
“¿No se suele decir
que el corazón es el que va a estallar...?”
“¡No me contradigas!”
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Bo-dam se pegó a
Sun-myung, quien refunfuñaba tras recibir un manotazo cariñoso, y empezó a
coordinar su ropa. Las mejillas de Bo-dam se inflaron de alegría con la idea de
salir vestidos de forma que cualquiera notara que eran pareja.
Tras ponerle un suéter
azul marino grueso, pantalones cargo negros y una chaqueta varsity, y hasta
envolverlo con una bufanda, Bo-dam le pidió a Sun-myung que él también eligiera
un conjunto que le combinara. Como siempre era Bo-dam quien elegía la ropa,
tenía la certeza de que Sun-myung, que solía vestir de forma pulcra, lograría
armar un conjunto que le gustara.
El pensamiento de
Bo-dam fue acertado a medias: la combinación de colores estaba bien. Parecía
tener el concepto de 'look de pareja' bastante claro, pues combinó tonos
similares a los del conjunto de Sun-myung, logrando una armonía sin que nada
desentonara.
“Pero esto... ¿la
gente de mi edad suele vestir así, normalmente...?”
“Si te ves de lo más
tierno.”
“... No quiero usar
esto.”
“¿Por qué? ¡Si te
queda genial!”
¿Vestirlo de forma
impecable para luego ponerle unas orejeras de Cinnamoroll...?
Bo-dam solía usar
accesorios atrevidos en su forma de cobayo de vez en cuando. Y desde que nació
el niño, compraba muchos accesorios o artículos de personajes que les gustarían
a los niños para combinar con él. Pero eso era para ir a un parque de
diversiones, no para salir a una cita a solas.
Unas orejeras de
Cinnamoroll cuyas orejas colgaban hasta los hombros encima de un conjunto tan
sobrio y perfecto... No podía haber algo que desentonara más. Bo-dam lo miró de
reojo pensando que se estaba burlando, pero Sun-myung parecía creer
sinceramente que era lindo, pues no paraba de tomarle fotos, así que no supo
qué decir.
'¡Ponte tú esta
porquería...!', las palabras le llegaron hasta la garganta, pero como no quería
desanimar a un Sun-myung tan emocionado, Bo-dam intentó buscar una excusa.
“Esto dejémoslo para
cuando salgamos los tres con Tae-hwa. Sería una pena que se ensuciara.”
“Si se ensucia, yo lo
lavaré.”
“No, no. Se te van a
agrietar las manos, mi bebé. Con que hoy usemos bufandas de pareja es
suficiente para mí. ¿Qué tal? Con esto puesto, cualquiera pensará que somos
esposos, ¿verdad?”
“Mmm... ¡sí! Entonces
salgamos así hoy.”
Menos mal que habían
comprado bufandas a juego para celebrar su reconciliación hace unos días.
Después de ponerse cariñosamente las bufandas rojas, que destacaban por sus
hilos de colores bordados como pequeños caramelos de estrella, ambos se
dirigieron a la casa de los padres de Bo-dam.
“Abu—”
“¿Dijiste 'papá'?
Quédate portándote bien con el abuelo y la abuela hasta que los papás vuelvan
por la noche, Tae-hwa.”
“Tienes que estar
tranquilo y no llorar. ¿Entendido?”
“¿Ue? ¡Ae!”
Normalmente siempre
tenían a la niñera cuando salían a una cita, pero hoy decidieron encargarle el
niño a los abuelos de Tae-hwa para aprovechar y saludarlos.
A diferencia de la
suegra, que saludó con un leve gesto de la mano cuando Sun-myung se inclinó
para saludar, el suegro salió corriendo descalzo para cargar al niño. Por
alguna razón, Tae-hwa parecía querer más al suegro que a la suegra, y a Song
Hak-do también le encantaba el niño.
Como Tae-hwa era el
vivo retrato de la infancia de Bo-dam y, además, era el niño lobo que tanto
deseaba, el nivel de satisfacción de Song Hak-do con su yerno estaba por las
nubes. Si antes se mostraba apático con el matrimonio, ahora incluso le parecía
bien que le dejaran al niño para irse de cita.
Tras haber mantenido a
su hijo emocionalmente cerca incluso después de casarlo, ahora parecía
reconocerlo finalmente como un individuo independiente.
“¿Has perdido algo de
grasa de bebé? Tienes la línea de la mandíbula muy afilada.”
“Gracias, suegro.”
“Nuestro Bo-dam
también ha perdido peso.”
“¿Verdad? ¡Ah, hyung!
De verdad, no haga dieta. Le digo que va a arruinar su salud.”
“¿Qué? ¡¿Dieta?!”
“¡Ae ae!”
“Ay. Qué exagerados
son los dos, de verdad.”
¡Pero qué dieta, si no
tiene de dónde quitar! Por lo visto, al yerno tampoco le hacía ninguna gracia
la dieta de Bo-dam. Song Hak-do aumentó una vez más su simpatía por el yerno y
levantó la voz.
“¡Por regla general,
los híbridos de animales pequeños deben tener una buena capa de grasa para
estar sanos! ¿Un híbrido pequeño y flaco? ¡Vaya, si ya es pequeño y encima baja
de peso para serlo más, va a ser difícil hasta encontrarlo en casa, hombre!”
“Tiene toda la razón,
suegro. Hyung, en su forma de cobayo no llega ni a un kilo ahora, ¿verdad? Es
un problema, de verdad, así se va a enfermar.”
“¡Escucha a tu esposo!
¿De dónde vas a quitar...? Hazle caso al yerno Gi y come cuatro o cinco veces
al día de ahora en adelante. ¿Entendido, hijo?”
“Ya entendí. Ya
entendí, ahora me voy con Sun-myung. Cuida bien de Tae-hwa, mamá, papá.”
“Sí— diviértanse
mucho, Bo-dam.”
Al ver la cara de
hartazgo de Bo-dam, parecía que el yerno ya le había insistido bastante en que no
bajara de peso. Song Hak-do observó con satisfacción la espalda de su apuesto
yerno y su esbelto hijo mientras amasaba suavemente la manita de su nieto en
sus brazos. El apretón del niño al apretarle la nariz ya era bastante fuerte,
lo que le llenó el corazón de alegría.
* * *
Bo-dam soltó una
pequeña risa al recordar la imagen de su hijo agitando la nariz del abuelo.
Como se rió de la nada mientras iban en el autobús, Sun-myung le dio un suave
toque con el hombro y abrió mucho los ojos, preguntándole en silencio de qué se
reía.
“Es que me acordé de
Tae-hwa. ¿Viste cómo le agarró la nariz a mi papá? Últimamente, en cuanto ve
algo que puede atrapar, intenta metérselo a la boca o apretarlo con la mano, es
muy gracioso.”
“Al suegro parecía
gustarle. Se ve que está encantado con su nieto.”
“Es un hombre que
estuvo esperando que yo tuviera un hijo por mucho tiempo, así que claro que
está feliz.”
Fue un comentario sin
doble intención. Su padre llevaba años esperando un nieto y Bo-dam también
deseaba al niño, por lo que no pensó que Sun-myung lo interpretaría de otra
manera.
Por eso, se sorprendió
un poco cuando Sun-myung le rodeó los hombros con el brazo. Se sorprendió para
bien.
“Esto es un secreto,
pero a mí me gustas más tú que Tae-hwa, hyung.”
“¿En serio?”
“Sí. No es que me
gustes por ser la persona que dio a luz a Tae-hwa; me gustas simplemente porque
eres tú.”
“... Qué conmovedor.”
“Siempre he querido
decírtelo.”
Decir que 'siempre'
había querido decírselo parecía demasiado oportuno dado el momento exacto. Bo-dam
acarició suavemente el dorso de la mano de Sun-myung, quien a pesar de su
juventud demostraba tener pensamientos profundos. Aquel esposo que al principio
le hacía dudar si sería un apoyo, se había convertido en alguien indispensable
para él.
Como querían tener una
cita acorde a la edad de Sun-myung, dejaron el coche en casa. Hacía mucho que
no subían a un autobús y resultaba algo incómodo, pero era divertido charlar en
susurros hombro con hombro. Sobre todo, le gustó que, al bajar del autobús y
caminar hacia la peluquería, Sun-myung le tomara la mano con firmeza para que
todos lo vieran.
“¿Cómo te vas a cortar
el pelo? ¿Tienes alguna foto?”
“Más que cortarlo,
estaba pensando en hacerme una permanente. Así, como en esta foto.”
“¿Permanente? A mí me
gusta el pelo liso de Sun-myung. Se siente muy bien cuando lo acaricio así.”
“Ah... ¿en serio?
¿Entonces mejor no me la hago?”
Aunque la Navidad ya
no se percibía como una fecha tan crucial para las parejas como antes, las
calles brillaban con árboles y guirnaldas. Mientras Bo-dam pensaba en lo bonito
que se vería de noche, sonrió con cierta ambigüedad al ver la foto que le
mostraba Sun-myung.
'En cuanto los chicos
empiezan a salir con alguien, lo primero que hacen es hacerse la permanente; Ki
Sun-myung es igualito. ¿Tanto quiere verse bien para mí?'
Era tan evidente lo
que pasaba por la cabeza de Sun-myung que a Bo-dam le resultaba asombroso lo
mucho que le gustaba. Pero como todo lo que hacía era para buscar su afecto, no
tenía motivos para que le desagradara.
Bo-dam alternó la
mirada entre el cabello actual de Sun-myung, algo descuidado pero con un aire
puro, y la foto de un estilo de permanente con raya al medio, un poco más
sofisticado y 'galán', que él había buscado. Finalmente, asintió.
“Pero creo que te
quedaría bien. Sun-myung nunca se ha hecho la permanente, ¿verdad? Entonces
sería bueno aprovechar esta oportunidad para probar.”
“¿Tú crees? Entonces
lo haré.”
“¡Sí, vamos rápido a
la peluquería que reservaste!”
A Bo-dam le encantó
que su esposo agachara la cabeza dócilmente cuando él le dijo que quería tocar
su cabello suave antes de la permanente, así que lo abrazó por la cabeza y lo
llenó de besos hasta que las orejas que sujetaba se pusieron hirviendo.
* * *
Sun-myung nunca se
había hecho una permanente ni se había teñido el pelo en su vida. Incluso el
hecho de aprender a peinarse hacia atrás ocurrió después de conocer a Bo-dam.
Su decisión de arreglarse el cabello fue puramente por culpa de sus amigos.
'Arréglate un poco...
Hyung anda por ahí luciendo como todo un soltero, y tú mírate.'
'¿Parezco un señor
mayor?'
'No como un señor,
pero sí pareces un estudiante que lleva tres años repitiendo el examen de
ingreso o alguien que se prepara para las oposiciones.'
'¿No es lo mismo...?'
'Tienes buena percha,
así que no estás mal, pero lo que decimos es que te cuides un poco. In-hoon y
yo vamos a una peluquería, ¿quieres que te diga cuál es? Ahí trabajan muy
bien.'
'Sí, gracias.'
Que su esposo, siete
años mayor, pareciera un soltero mientras que él, siendo el joven, pareciera un
estudiante agotado, era inaceptable. Se sintió aún más perturbado cuando sus
amigos lo elogiaron diciendo que, al menos desde que se casó, empezó a vestir
de forma muy impecable. Si supieran que todos sus conjuntos los elegía
Bo-dam... Ahora que lo pensaba, durante el tiempo que estuvo peleado con
Bo-dam, entró en tal estado de pánico que sus notas se hundieron y descuidó
totalmente su apariencia.
Tras mirarse en el
espejo después de mucho tiempo, Sun-myung confirmó su piel reseca, el cabello
lacio y sin vida, y las ojeras profundas, y decidió ponerse las pilas de
inmediato. 'Han Ji-chul y Kim In-hoon también se cambiaron el pelo en cuanto
empezaron a salir con alguien'. Sun-myung quería un cambio radical para
demostrarle a Bo-dam que se estaba esforzando. Investigó un poco y leyó que si
se teñía de un color claro, también tendría que decolorarse las cejas. Eso le
pareció demasiado cansado, así que pensó que la permanente sería cómoda y
elegante a la vez: matar dos pájaros de un tiro.
“Se lo encargo,
estilista.”
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“Sí, por supuesto.”
Sun-myung se sentó,
saludó con la mano al reflejo de Bo-dam en el espejo y cerró los ojos con la
confianza de que todo saldría bien. Recordando el cabello de Ji-chul e In-hoon,
no se sintió nada nervioso e incluso llegó a cabecear un poco de sueño.
Sin embargo, al
lavarse el pelo y verse en el espejo, Sun-myung se quedó con la boca abierta
por la impresión.
“¿Qué... qué es
esto...?”
“Me dijo que venía
recomendado por Ji-chul e In-hoon... y usted dijo que estaba bien si usábamos
el estilo que sus amigos sugirieron, ¿no? Me pidieron que le hiciera una 'baby
perm' con rizos bien marcados, así que hice exactamente lo que me pidieron.”
“¡¿Qué?!”
Había cerrado los ojos
esperando renacer como un hombre de ciudad intelectual, pero al abrirlos, lo
que vio fue a un idiota con el pelo esponjoso como un caniche. Sun-myung se
quedó sin palabras ante la atrocidad cometida por esos dos que se hacían llamar
sus amigos. Frente a un peluquero que parecía desconcertado porque el cliente
no reaccionaba bien a pesar de haber seguido las instrucciones, Sun-myung no
pudo ni quejarse; solo se tapó la frente con la mano hasta que volvió en sí al
oír un sollozo detrás de él.
“¡Ah, hyung!”
“Kjajajajaja...”
“No se ría, de
verdad... ah, en serio, ah...”
“Es demasiado tierno,
kjajaja, no te lo quites por nada del mundo. So lovely, la dulzura es
una locura, Sun-myung...”
“A su novio le gusta,
así que todo bien, ¿no?” comentó el estilista.
Al ver a Bo-dam
tomándole fotos sin parar mientras reía hasta llorar, el enojo de Sun-myung se
disipó un poco; asintió vagamente y se cubrió la cara con ambas manos.
Ciertamente parecía más joven, pero como no era para nada la dirección que
buscaba, le dieron ganas de llorar.
Bo-dam siguió
tomándole fotos a Sun-myung incluso después de salir de la peluquería, con ese
cabello que se volvía más esponjoso a medida que se secaba.
“No me tome fotos.”
“Me estoy tomando una
selfie.”
“A ver, déjeme ver.”
“Los esposos son un
solo cuerpo. Sun-myung eres yo.”
“... Me lo voy a
alisar.”
“¡¿De qué hablas?! ¡Ni
hablar!”
Al principio, cuando
recién salió con el pelo lavado, Bo-dam no pudo evitar la carcajada, pero
cuanto más lo miraba, más tierno y entrañable le resultaba. Siempre había
pensado que Sun-myung tenía un rostro que aparentaba más edad de la que tenía,
así que le sorprendió lo adorable que podía verse solo con rizarse el pelo.
“Es que es tierno. Me
pondría muy triste si te alisas el pelo, ¿eh?”
“Entonces bueno... no
me lo alisaré.”
“Ay, qué lindo. Qué
obediente es mi esposo.”
En cuanto recibió el
elogio, las orejas de lobo de Sun-myung brotaron, pero como solo las puntas
triangulares sobresalían entre los rizos, Bo-dam estalló en carcajadas de
nuevo; solo pudo parar cuando Sun-myung se desplomó avergonzado sobre la mesa
de la cafetería.
Bo-dam se secó las
lágrimas de la risa con la manga y se levantó cuando Sun-myung insistió en que
el siguiente punto del itinerario era ir a hacerse fotos en una cabina de 'Life
Four Cuts'. Sun-myung, que había planeado el itinerario minuciosamente, se comportaba
como alguien que moriría si los planes se torcían, como el hombre que ha
triunfado en su único amor y su único matrimonio.
'Este hombre... ya no
es virgen, ¿por qué sigue actuando como si lo fuera?'. A pesar de ser un
itinerario tan apretado que cualquiera diría 'qué poco progreso hay aquí',
Bo-dam lo siguió con gusto. No podía dejar que Sun-myung anduviera solo con ese
pelo que parecía haber recibido una explosión. Aunque Sun-myung fingía que no
le importaba, Bo-dam notaba que revisaba su reflejo en la pantalla del móvil a
cada rato, así que se esforzó en elogiarle aún más el cabello.
“No es fácil que ese
tipo de pelo le quede bien a alguien, pero a Sun-myung le queda perfecto.”
“Debería haberme ido
en cuanto hyung dijo que mi pelo liso era bonito... Han Ji-chul, Kim In-hoon,
esos malditos bastardos...”
“¡Ssh! ¡Qué son esas
palabrotas en una boca tan linda!”
“Un pelo difícil de
llevar... a mí tampoco me queda bien...”
“Te digo que eres
tierno y sigues con lo mismo. ¿No basta con que te veas bien para mí? Además,
la permanente quedó muy bien, parece que no se te va a quitar hasta que te lo
cortes.”
“Eso es una
maldición.”
“No hay ninguna mala
intención, ¿cómo va a ser una maldición? Entiéndelo como una serenata de amor.”
Aunque el pelo fue un
desastre, al llegar a la cabina de fotos ambos eligieron diademas y pelucas.
Bo-dam eligió una peluca afro arcoíris para burlarse de Sun-myung, y Sun-myung
eligió una diadema con orejas de osito.
“Sun-myung, ¿alguna
vez te has tomado fotos de estas?”
“No. ¿Y tú, hyung?”
En cuanto entraron al
pequeño cubículo, Bo-dam vio la evidente emoción de Sun-myung y soltó una
mentira piadosa.
“¡Yo tampoco, es mi
primera vez!”
Todas las fotos que se
había tomado con exnovios podían quemarse y listo. ¿Recuerdos? No los
necesitaba. Ahora tenía un esposo, no un novio; unas fotos viejas no podían ser
importantes.
Bo-dam se movió de un
lado a otro poniendo sus expresiones más lindas, conmovido por el hecho de que
Sun-myung traía preparadas ocho poses diferentes. Bo-dam abrazó fuerte a un
Sun-myung que estaba rígido a pesar de las poses y le dio un beso en la
mejilla; en la siguiente toma, cuando Sun-myung lo abrazó y lo besó sin previo
aviso, Bo-dam correspondió al beso.
“Esta foto hay que
guardarla sí o sí. La foto del hombre con permanente comiéndose al cobayo.”
“¡Ah, por favor,
hyung! ¿Cuándo te he comido yo?”
“En esta foto me estás
devorando. Tenemos que volver, la próxima con Tae-hwa también.”
“... Cuando se me
quite la permanente.”
“¡Si te la quitas, te
mato!”
Bo-dam se enganchó del
brazo de Sun-myung, quien hacía un mohín con los labios aunque se notaba que
las fotos le habían gustado, y le dijo que pasaran al siguiente punto. El
regalo que Bo-dam quería darle a Sun-myung desde hacía tiempo llevaba rato
esperando en su bolso el momento de salir.
* * *
Hacía mucho tiempo que
no tenían una cita a solas, por lo que ambos recorrieron las calles riendo por
cualquier tontería durante todo el camino. Bo-dam pensó que era curioso cómo
Sun-myung, quien al principio lo miraba como si fuera un bicho raro y lo
tachaba de exagerado, ahora llevaba la permanente más extravagante de todas
solo para intentar ganarse su corazón.
Tal vez, como
Sun-myung dijo alguna vez, ¿qué habría pasado si hubieran tenido la misma edad
y se hubieran conocido en el campus? Bo-dam pensó que, como él también era
inmaduro a principios de sus veinte, habrían peleado todavía más. Aunque
Sun-myung fuera un poco arisco, en el fondo era tan buena persona que
seguramente habría sido el primero en pedir disculpas la mayoría de las veces.
“¡Hyung! Viene un
coche, póngase del lado de adentro.”
“... Es una suerte que
nos llevemos estos años, Sun-myung.”
“¿Y ahora en qué está
pensando?”
Bo-dam pensó que era
una suerte ser mayor que Sun-myung y haberse casado con él casi por accidente
después de haber obtenido cierto reconocimiento social. Porque Ki Sun-myung era
el tipo de hombre que se volvía más tierno cuando alguien lo cuidaba.
“Pensaba en que los
rizos de tu permanente son bonitos.”
“¡¡Ah, ah!! Me la voy
a quitar ahora mismo. No me detenga, no lo soporto.”
“Mira cómo te pones
aunque te diga que eres guapo; de verdad, no puedo leer el corazón de este
hombre. ¡Vamos a que nos lean las cartas del tarot para ver qué tienes en la
cabeza!”
“Vaya, hyung, de
verdad hace siempre lo que quiere, ¿lo sabe? Si no fuera por mí, ¿quién cree
que, eh... le aguantaría tanto?”
“Qué forma tan directa
de promocionarte.”
Bo-dam observó con
satisfacción a Sun-myung, quien se había vuelto realmente dulce después de que
él lo mimara y le repitiera lo lindo que era, a pesar de sus malas pulgas
iniciales. Ver su perfil mientras buscaba con esmero un lugar de tarot, aunque
fingiera desgana, le resultaba conmovedor.
Tras hacer rabiar a
Sun-myung pasando los dedos uno a uno por sus rizos gruesos y definidos, Bo-dam
fue directo al grano en cuanto estuvieron frente a la vidente.
“Queremos ver nuestra
suerte en el amor. Mi esposo y yo. Yo estoy bien, pero tengo curiosidad por
saber qué piensa mi esposo de mí.”
“...”
“Entiendo. Entonces,
piense en su esposo y elija tres cartas, por favor.”
“Sí...”
'Yo te veo como a un
príncipe, así que solo necesito saber qué piensas tú'. Ante ese susurro,
Sun-myung extendió la mano hacia las cartas con una mirada de resignación que
decía: 'claro, este hyung siempre es así'. Bo-dam, queriendo parecer la pareja
más empalagosa del mundo, se pegó al brazo de Sun-myung. Cuando la vidente
volteó las tres cartas, se sintió tan satisfecho que incluso le dio un beso en
la mejilla a su esposo.
“A juzgar por esta
carta, parece que la ve a usted como a una reina. Y viendo que eligió la carta
de Cupido y la de Los Enamorados, se nota que ama muchísimo a su esposo.”
“¿Es cierto,
Sun-myung? ¿La explicación de la señora coincide exactamente?”
Con el rostro
encendido de rojo, Sun-myung apenas pudo asentir.
“Sí, la señora lee muy
bien el tarot.”
Al escucharlo decir
eso con voz grave y avergonzada, el calor también subió al rostro de Bo-dam.
La vidente, incapaz de
creer que esa pareja ya tuviera un hijo, sonrió mientras deseaba internamente
que se marcharan lo antes posible.
Tal como la dueña
deseaba, tras escuchar la predicción anhelada, ambos salieron y se dirigieron a
un room cafe. Sun-myung se opuso rotundamente diciendo que no quería ir
a un sitio así, pero no tuvo opción porque Bo-dam insistió en que debían hacer
un 'viaje a los recuerdos' sí o sí.
“Un batido de
chocolate y... ¿qué va a tomar usted, Sun-myung?”
“Para mí un americano
helado. Hyung, ¿no va a comer pastel?”
“Es que quiero cenar mucho
después. Solo esas dos cosas, por favor.”
Una vez que entraron
en la habitación del rincón y les trajeron las bebidas, cerraron la puerta y
sus labios chocaron de inmediato. Tras llenar la cara de su esposo de besos
cortos sin descanso, Bo-dam apoyó la cabeza en el hombro de Sun-myung.
“Parecemos
adolescentes haciendo tonterías en un room cafe, ¿verdad?”
“Ah, bueno...”
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“¿Eh?”
“Pensaba que... todo
el mundo se da besos, al menos.”
A Bo-dam se le
cerraron los ojos en forma de media luna al ver que Sun-myung, quien antes le
habría soltado un comentario mordaz diciendo que era un inmaduro, ahora le
rozaba la mejilla con los labios con timidez.
Sun-myung sentía que,
aunque la cita no fuera perfecta, le gustaba bastante. Bo-dam no paraba de
demostrar cuánto lo quería, así que él también dejó de fingir desinterés; le
tomó la mano y lo rodeó con el brazo todo el tiempo. Ver la sonrisa de Bo-dam
cada vez que lo hacía le llenaba el corazón de orgullo.
'Yo también soy joven
todavía', Sun-myung seguía teniendo presentes las palabras que Bo-dam dijo
mientras lloraba. Por eso, aunque pensara que estaba por encima de sus
capacidades, quería convertirse en un hombre en el que él pudiera apoyarse.
Para eso, primero tendría que deshacerse de esta maldita permanente. Aunque la
apariencia no lo fuera todo, esto... este maldito Han Ji-chul...
Al ver su pelo de
caniche reflejado en la pantalla del móvil, sintió que le hervía la sangre.
Sun-myung solo se calmó al mirar a Bo-dam, que succionaba su batido de
chocolate a su lado.
“Me pregunto si
Tae-hwa se lo estará pasando bien.”
“Tae-hwa ya es mayor,
seguro que se está divirtiendo.”
“Ay, pero si Ki
Sun-myung todavía es un bebé, ¿de qué hablas con que nuestro Tae-hwa ya es
mayor?”
“Hyung me trata
demasiado como a un niño.”
“Con ese pelo pareces
todavía más un niño.”
Chico-rizos,
hombre-permanente, lobo-ondulado, caniche-lobo... Tras mirar de reojo a Bo-dam,
que le había puesto toda clase de apodos en lugar de usar su nombre desde que
cambió de look, Sun-myung cambió de parecer y hundió su cabeza esponjosa con
fuerza contra el hombro de su esposo. Luego, se acurrucó hasta rodearle la
cintura. Era su forma de ser cariñoso, y a su esposo pareció gustarle, porque
buscó en su bolso y le entregó una tarjeta plana.
“Te doy esto ahora
porque, si te lo doy delante de Tae-hwa, podría intentar quitártelo. Es un
regalo.”
“¿Un regalo?”
“No es gran cosa. Lo
entenderás cuando lo veas.”
Sun-myung jugueteó con
el papel, que parecía algo viejo, y al darle la vuelta no pudo evitar una
expresión de desconcierto, a pesar de que Bo-dam dijo que lo entendería.
Era una photocard
de un idol que fue popular hace más de diez años. Tras observar la tarjeta,
algo descolorida y con un tono azulado, miró a Bo-dam. Este, con una timidez
impropia de él, comenzó a hablar.
“Es que... antes de
casarnos, una vez que Sun-myung estaba borracho, dijiste que de pequeño te
gustaba este idol y que querías tener su photocard. Así que...
bueno, me habría gustado dártela antes, pero como es un grupo tan antiguo, fue
difícil conseguirla incluso de segunda mano.”
“Ah...”
“¡Por eso tenías que
haber elegido a un idol más moderno!”
Era algo que Sun-myung
no recordaba. ¿Acaso dijo eso el día que se emborrachó e intentó meterse a
Bo-dam en forma de cobayo a la boca? Al mirar la tarjeta desgastada, Sun-myung
sintió un nudo en la garganta y solo pudo carraspear.
“¿No te gusta? Bueno,
es normal, ahora Sun-myung solo tiene ojos para mí.”
Al ver que Bo-dam se
sentía inseguro porque él no decía nada y solo miraba el regalo, Sun-myung
intentó abrir la boca para decirle que le encantaba. Sin embargo, en contra de
su voluntad, en cuanto despegó los labios las lágrimas empezaron a caer y terminó
llorando a moco tendido abrazado a aquel cuerpo pequeño.
“Yo ni siquiera... lo
recordaba...”
“... Piensa que es un
regalo para el pequeño Sun-myung. No llores, ¿sí? Has trabajado duro, nuestro
Sun-myung.”
Mientras estaba
abrazado a un Bo-dam que soltaba quejidos de consuelo, Sun-myung tomó una
decisión: él también le daría a Bo-dam un regalo que fuera imposible de
olvidar.
* * *
Durante varios días,
Sun-myung no pudo evitar que se le escaparan las lágrimas con solo mirar el
regalo que recibió de Bo-dam. Sentía una inmensa gratitud hacia su esposo por
recordar un comentario trivial de cuando estaba borracho y tomarse la molestia
de buscarlo, pero el sentimiento que le seguía de cerca era la culpa. Cuanto
más lo pensaba, más sentía que Bo-dam era una persona demasiado buena para él.
Sin embargo, sabía que quedarse atrapado en esos pensamientos no lo ayudaría a
crecer. Si quería estar a la altura del cariño que Bo-dam le brindaba, no podía
quedarse de brazos cruzados.
“Tae-hwa, mira hacia
aquí un momento. Haz 'V'—”
“¡Ji—!”
“¡Ay, qué lindo!
¿Hacemos una pose bonita también? ¡Tae-hwa, pose bonita!”
“¡Jya—!”
Sun-myung sacaba fotos
una tras otra con el celular frente a la nariz de su hijo, quien chapoteaba en
una piscina llena de pelotas blandas, combinando el juego sensorial con algo de
ejercicio aeróbico. Se sentía muy orgulloso al ver que, en cuanto le enfocaba
con la cámara, el niño se pinchaba la mejilla con sus dedos cortos y gorditos o
hacía el signo de la victoria cerca de sus ojos; era el vivo retrato del hijo
de Song Bo-dam.
Después de tomarse
incluso una selfie con el niño dentro de la piscina, Sun-myung revisó su
galería con satisfacción. A este paso, creía que podría preparar el regalo a
tiempo para Navidad, tal como lo había planeado.
Originalmente ya tenía
la intención de regalarle algo por Navidad, pero se estaba rompiendo la cabeza
porque no se le ocurría nada adecuado. Había un límite para lo que podía
comprar con su propio dinero y, además, Bo-dam tenía gustos muy firmes y ya
poseía de todo en abundancia.
Fue en medio de eso
que Sun-myung recibió la photocard. Aunque no fue una idea puramente
suya, pensó que sería genial imprimir fotos de Tae-hwa y suyas en formato de photocard
para que Bo-dam pudiera llevarlas consigo todos los días. Además, si él llevaba
sus fotos en la cartera, se reducirían las posibilidades de que algún tipo
inútil anduviera rondándolo en la oficina; era matar dos pájaros de un tiro.
“Bya-bya.”
“¿Llamaste a papá?”
“Bee, be.”
“Vaya, quién iba a
decir que eres hijo de quien eres... ya tienes hambre otra vez.”
“¡Ung!”
“Vamos a comer—”
Ante la palabra
'comida', el niño empezó a patalear con su cuerpo ya bastante crecido mientras
babeaba. Sun-myung lo acomodó en sus brazos y se dirigió a casa. Su objetivo
era dejar las tareas del hogar impecables antes de que Bo-dam llegara.
* * *
Al llegar el invierno
y comenzar la época de muda, la rutina nocturna de Sun-myung y Bo-dam consistía
en transformarse en sus formas animales y cepillarse el pelaje mutuamente. Para
Bo-dam, era una de sus mayores alegrías ver a Sun-myung, quien normalmente
evitaba transformarse en lobo, recostado con la barbilla apoyada en su muslo
mientras recibía el cepillado plácidamente.
“¿Cómo puedes ser tan
guapo? ¿Por qué no te transformas más seguido en lobo? ¿Es porque tienes miedo
de que me enamore de ti por segunda vez de lo genial que te ves?”
“Krung, kung.”
“Tae-hwa, ¿qué dice
papá?”
“An-nya.”
“¿Dice que no es por
eso?”
“Uung.”
Acarició la cabeza del
niño, quien parecía feliz de que su papá fuera un lobo y estaba sentado sobre
él, concentrado en entresacar pelos con sus manos pequeñas. El niño, que
empezaba a mostrar rasgos más definidos, tenía facciones tan claras que
cualquiera diría que es hijo de Ki Sun-myung. 'Cuando crezca, va a hacer llorar
a más de un híbrido de animal pequeño', pensó Bo-dam mientras depositaba un
beso corto en la mejilla del pequeño, que siempre recibía cumplidos por lo
guapo que era, y luego retomó el cepillado.
Mientras cepillaba al
enorme lobo de pelaje gris plateado, no pudo evitar reír al ver cómo Sun-myung
hundía de vez en cuando el hocico entre sus piernas o en su abdomen para
olfatearlo. 'Ahora hasta en forma de lobo se pone mimoso'. Bo-dam acarició al
gran lobo y lo comparó con la época en que Tae-hwa se transformaba. Por alguna
razón, el lobo adulto parecía ser más caprichoso que el lobito bebé. Pero eso
le gustaba aún más; era divertido ver esa faceta infantil de su esposo.
Bo-dam estalló en
carcajadas al ver las nalgas del niño, que estaba tumbado boca abajo sobre el
lomo de su padre, moviendo brazos y piernas como si estuviera nadando, mientras
el lobo agitaba la cola con alegría por el cepillado.
“Supongo que por esto
la gente se casa.”
“¡Auuuuuu—!”
“Fue una gran decisión
casarme con Sun-myung.”
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Le dio un beso en esa
nariz húmeda del tamaño de un pan de castaña. Sun-myung cerró los ojos
dócilmente y agitó la cola con tanta fuerza que el pelo que habían amontonado a
su lado salió volando por todas partes; Bo-dam le dio un pequeño golpe de
advertencia, pero le gustó que él no se desanimara en absoluto.
* * *
Nochebuena. Sun-myung
y Bo-dam estaban absortos decorando un gran árbol de Navidad. Tae-hwa, que gateaba
de un lado a otro intentando sabotearlos, se puso caprichoso al ver que sus
padres no le prestaban atención, se transformó en lobo y empezó a ladrar 'ang
ang'.
“¡Ang!”
“Tae-hwa tiene que
poner la estrella. Tae-hwa, trae el adorno más grande de ahí. Papá te alzará
para que lo pongas.”
'¡Hmm, por fin nos
entendemos!'
El lobito, golpeando
el suelo con sus patas delanteras con mucha dignidad, caminó hacia Sun-myung
contoneando el trasero con un adorno en forma de estrella en la boca. En
realidad, el lobito prefería que lo alzara su papá cobayo, pero pensó que para
poner la estrella en la cima de un árbol tan alto, era mejor que lo alzara su
papá lobo, que era más alto.
Con la estrella en la
boca y en brazos de su papá lobo, Tae-hwa colocó la estrella de forma algo
torcida sobre la punta del árbol que señalaba al cielo. Cuando agitó la cola
con orgullo, su papá cobayo le acarició la cabeza diciéndole que lo había hecho
muy bien, lo que le hizo sentir una felicidad inmensa.
“Está un poco torcida,
pero así se ve tierna.”
“Dejémosla así. Creo
que tiene más estilo porque la puso Tae-hwa, hyung.”
“¡Ang ang, ang!”
“Buen trabajo, nuestro
principito.”
Tae-hwa ladró feliz
hacia sus padres, orgulloso de haber puesto el toque final al árbol, pero
pronto empezó a forcejear para que lo bajaran porque las manos que lo sostenían
estaban húmedas.
Y no era para menos;
su papá lobo se había pasado los últimos días persiguiéndolo para documentar cada
uno de sus movimientos en fotos, y ayer incluso desplegó casi cien fotos y le
exigió que eligiera con la pata cuál era la más bonita. Aunque fue divertido,
para un lobito aquello era un evento inusual que lo tenía algo desconcertado.
Tras bajar al suelo
soltando un quejido, Tae-hwa ignoró a sus padres, que estaban ocupados dándose
besos, y empezó a hurgar entre las cajas de regalos amontonadas bajo el árbol.
Tras olfatear un rato, el lobito encontró una caja muy pequeña que podía
levantar perfectamente con la boca. Era una caja que olía intensamente a su
papá lobo.
Con la caja de
envoltorio amarillo y una calcomanía de corazón en la boca, se dirigió trotando
hacia los pies de su papá cobayo.
“¡Ang!”
“¿Eh? ¿Qué pasa,
Tae-hwa?”
“¡Ah, todavía no!”
“Como este es el más
pequeñito, tendré que abrirlo primero. A ver con qué regalo me va a hacer
enojar esta vez—”
A pesar de sus
palabras, el papá cobayo sonreía de oreja a oreja. El lobito, al ver que su
papá favorito estaba de buen humor, también empezó a mover la cola y aullar
imitando la risa de su papá.
“¿Qué es esto? Es
precioso.”
“No es gran cosa...”
Tae-hwa ladró 'kang
kang' mientras tironeaba del pantalón de su papá lobo. Era una señal para que
dijera la verdad y, por suerte, su papá lobo no dudó ni un segundo en expresar
sus sentimientos con total sinceridad.
“Como yo me paso todo
el día pensando en hyung y en Tae-hwa, quería que hyung hiciera lo mismo...
míranos de vez en cuando en la oficina, ¿de acuerdo?”
Incluso para un
lobito, era una confesión tan directa y falta de elegancia que le dio vergüenza
y se le puso la cara roja. 'Es una confesión bastante mediocre por donde se
mire; cuando sea grande, nunca haré una confesión así', pensó el pequeño
resoplando. Pero a su papá cobayo parecía encantarle.
“El fondo de pantalla
de mi computadora en la oficina también es una foto de nuestra familia.”
“¿De verdad?”
“Sí, ¿qué otra cosa
puedo hacer si quiero verlos todo el día? Gracias por el regalo, me encanta. Lo
veré todos los días.”
“Sí. ... Feliz
Navidad, Bo-dam hyung.”
“¡Feliz Navidad a mis
bebés también—!”
“¡Ang ang!”
Los tres miembros de
la familia se sentaron bajo el árbol, encendieron una vela en un pastel con
forma de tronco y cantaron villancicos. El lobito pensó que ojalá todos los
días fueran como Navidad y ladró 'ang ang' con fuerza. Aunque no lo recordaría
cuando fuera mayor, quería que todo el vecindario supiera lo especial que fue
su primera Navidad junto a sus papás.
(Fin)
