12

 


12.

El funeral se llevó a cabo de manera silenciosa y calmada. Como de todos modos no había invitados que esperar, se realizó un velatorio sencillo de dos días y los restos fueron depositados en el columbario del Sector 8. Woo-won había sugerido trasladarlo al Sector 1, pero Cha Jae-hee se negó, argumentando que una vez terminado el contrato no podría poner un pie en dicho sector; por ello, prefirió el Sector 8, donde el tránsito era más libre.

Tras el funeral, Cha Jae-hee se sumergió en el sueño como si intentara escapar de la realidad. Había días en los que dormía más de catorce horas y siempre andaba bostezando. Era algo natural, considerando que había muerto su único familiar y la razón que tenía para vivir. Aun así, no olvidaba cumplir fielmente con la tarea de revisar la salud de Woo-won.

Jae-hee siempre pedía que hubiera penetración, pero Woo-won, alegando el estado de salud del chico, se abstenía de hacerlo y descargaba el semen mediante caricias ligeras o sexo oral. Aunque le preocupaba no realizar el acto completo, los niveles de toxicidad estaban, a diferencia de antes, muy estables. No había grandes problemas en su cuerpo.

Los días transcurrían en lo que podría describirse como la calma antes de la tormenta, o bien, una serenidad dentro del caos.

Woo-won regresó a su despacho tras terminar una reunión. Se quitó la chaqueta, la colgó en el perchero y se sentó en su silla tras el escritorio. Justo cuando iba a tomar una carpeta de documentos, escuchó unos golpes apresurados en la puerta.

"Adelante."

Kang Yu-chan se acercó a pasos rápidos y se plantó frente al escritorio. Woo-won frunció el entrecejo al observar la expresión de Yu-chan; su rostro visiblemente alterado le dio un mal presentimiento.

"¿Qué pasa?"

"Allá abajo está el director ejecutivo Seok Moon-seok... no, el representante Seok."

"¿Y por eso haces tanto escándalo? No es para tanto."

"¡Pero es que no vino solo, vino con Yang Pil-soo!"

La mano de Woo-won, que pasaba las páginas de la carpeta, se detuvo en seco. ¿Seok Moon-seok y Yang Pil-soo juntos? Era una mala señal. Seok Moon-seok había asumido recientemente el cargo de nuevo representante de Farmacéutica Sehwa. Antes de su nombramiento, oficializó la muerte del representante Han Tae-hwa y celebró su funeral. Han Tae-hwa pudo finalmente salir del frío congelador y volver a la tierra exactamente un mes después de su fallecimiento.

"¿Qué hacemos?"

"¿Sobre qué?"

"Digo... ¿les digo que no se encuentra?"

"¿Y si lo hacemos, qué sigue? Será lo mismo después. Diles que pasen a la sala de juntas de la directiva."

Le inquietaba que vinieran juntos, pero eran personas a las que tendría que enfrentar tarde o temprano. Sentía curiosidad por saber qué tonterías dirían esos dos sujetos que tanto habían contribuido a la desgracia de Cha Jae-hee.

"Secretario Kang, contacte al director Choi para que venga a la oficina y averigüe con mi hermano Lee-chan cómo va el caso de drogas del Sector 12."

"Entendido."

"Ah, y fije la fecha para que Cha Jae-hee vaya al laboratorio y me informa. Lo antes posible."

"¿Tan pronto? Solo han pasado dos semanas desde el funeral."

"Se la pasa durmiendo todo el día. Tengo que verificar si no hay algún problema de salud."

Ya no podía seguir tolerando ver a Jae-hee durmiendo todo el día con ese rostro apático. Su cabeza le decía que era comprensible, pero su corazón no opinaba lo mismo. No podía dejar de preocuparse por él. El chico comía apenas como un pajarito y ya no le respondía con descaro como antes. Verlo perder la vitalidad gradualmente lo ponía ansioso a pesar de sí mismo.

Woo-won organizó los documentos a un lado y se puso la chaqueta. Le resultaba irritante tener que ver esas caras desagradables al mismo tiempo, pero pensaba aprovechar la ocasión para dejar claro que Jae-hee jamás regresaría al Sector 12. Justo cuando iba a salir, recordó algo y tomó el teléfono de línea interna. Marcó el número habitual y se llevó el auricular al oído.

-Diga. Departamento legal de Farmacéutica Ido.

"Habla Kang Woo-won. ¿Se encuentra el jefe de equipo?"

-Sí, señor representante. Lo comunico de inmediato.

Tras unos tonos de espera, un hombre de voz profunda contestó.

-Sí, habla Kim Shin-won.

"¿Podría pedirle un favor personal?"

-¿Un favor? ¡Por favor, señor representante, no diga eso! ¿Qué puedo hacer por usted?

"Necesito un formulario de registro de matrimonio."

-¿Un registro de matrimonio? Ah... lo imprimiré y se lo llevaré enseguida.

"No envíe a ningún empleado, preferiría que usted mismo lo trajera a la sala de juntas de la directiva, ¿le parece bien?"

Con la muerte de Cha Jae-hyun, la razón para que Jae-hee regresara al Sector 12 había desaparecido. Aunque no pudo cumplir la promesa de trasladar a su padre al Sector 2 al momento del contrato, pensaba garantizarle a Jae-hee una libertad total cuando este terminara. En la situación actual, registrar el matrimonio era la vía más rápida y segura.

Al registrar el matrimonio, Jae-hee podría permanecer en el Sector 1. Podría conseguirle una casa en cualquier parte del sector y darle algún trabajo sencillo en la empresa para que pudiera mantenerse por sí solo. De esa forma, Jae-hee no tendría que vivir siendo explotado por Yang Pil-soo y él podría verle la cara de vez en cuando; era la mejor opción en todos los sentidos. Para ser sincero, sentía lástima por Cha Jae-hyun, pero era un alivio que ya no fuera un obstáculo en la vida de su hijo.

Bip, sonó el intercomunicador. Al presionar el botón, Kang Yu-chan le avisó que Seok Moon-seok había llegado. Woo-won se ajustó la ropa y abrió la puerta del despacho. La oficina de secretaría estaba alborotada. No era de extrañar, dado que el representante de otra compañía se había presentado personalmente.

"Si hubiera sabido esto, los habría citado en la sala de reuniones del segundo piso."

"Los invitados ya están en la sala de juntas de la directiva."

"Todos vuelvan a sus puestos y sigan trabajando."

Los empleados de secretaría se miraron entre sí y se sentaron en sus escritorios. Mientras Woo-won caminaba, Kang Yu-chan lo seguía de cerca con el rostro lleno de tensión.

"Usted también vaya a lo suyo, secretario Kang."

"No, entraré con usted."

"No es necesario, haga su trabajo. Cuando llegue el jefe del equipo legal, déjelo pasar."

Woo-won le dio una palmada ligera en el hombro a Yu-chan y abrió la puerta de la sala de juntas.

* * *

Jae-hee estaba sentado en el sofá de la sala, bajo la cálida luz del sol que se filtraba por el ventanal, librando una batalla contra el sueño mientras se envolvía en una manta. Por mucho que durmiera, el letargo volvía a caer sobre él una y otra vez. Era frecuente que cerrara los ojos apenas un instante y, al abrirlos, descubriera que habían pasado un par de horas como si nada. Había estado en este estado desde que su padre falleció. No tenía apetito ni deseos de hacer nada en particular.

Sin embargo, por extraño que pareciera, se sentía mejor de lo que había imaginado. Siempre había pensado que, si su padre moría, todo en su vida se tambalearía; que el mundo entero se vendría abajo y él se rompería junto con él. En sus momentos más oscuros, llegó a creer que incluso podría poner fin a su propia vida.

Pero la realidad que enfrentaba era distinta. Las lágrimas se secaron más rápido de lo esperado y la culpa que oprimía su pecho se disipó con prontitud. La razón era clara: había alguien que llenaba el vacío dejado por su padre. Y ese era Kang Woo-won.

Cada vez que despertaba tras quedarse dormido por el cansancio de tanto llorar, Kang Woo-won estaba allí, como por arte de magia. Si lloraba desconsoladamente bajo las mantas, él le daba unas palmaditas despreocupadas en la espalda y dejaba un vaso de agua tibia sobre la mesa de noche. Si se despertaba de madrugada y buscaba refugio en su pecho, él lo abrazaba con fuerza sin mostrar ni un ápice de molestia. Soportaba en silencio que Jae-hee desahogara su llanto hasta empaparle la ropa, manteniéndolo en su regazo firme y amplio.

Era como si, con ese gesto, le dijera que comprendía todo su dolor, que estaba bien estar triste con todas sus fuerzas y que estaba bien volver a vivir. Ese consuelo silencioso se convertía en la energía necesaria para seguir adelante.

Kang Woo-won permanecía al lado de Jae-hee de esa manera: indiferente pero tierno, dulce pero distante. Gracias a que él estaba cerca, Jae-hee podía respirar. Por eso, estaba aceptando la muerte de su padre de una forma bastante serena.

El problema era el apetito. Por más que la señora de llaves cocinara platos deliciosos, sentía náuseas y no quería probar bocado. Incluso ahora, al percibir el intenso olor de lo que ella preparaba en la cocina, su estómago volvió a revolverse. Sentía que, si se quedaba allí un minuto más, terminaría devolviendo.

Justo en ese momento, la señora salió a la sala secándose las manos en el delantal.

“Jae-hee, preparé un poco de avena, ¿quieres probar un bocado?”

“… Ah, lo siento.”

“Últimamente no has comido nada. Me preocupa que sigas así. ¿Quieres que le pida al doctor Moon que venga a ponerte una vía con suero?”

Jae-hee la miró con la vista perdida y negó lentamente con la cabeza. Quizás porque se sentía especialmente solo en estos días, pero incluso las palabras más simples hacían que sus ojos se humedecieran con facilidad.

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“Subiré a descansar un rato.”

“Si hay algo que quieras comer o algo que necesites, no dudes en decírmelo.”

“Ah...”

Jae-hee se detuvo mientras subía las escaleras del segundo piso al recordar un plato de repente. Solo de pensarlo, se le hizo agua la boca.

“¿Qué pasa? ¿Hay algo que se te antoje?”

“…… Sopa de pollo.”

“¡Vaya! Así que querías sopa de pollo. Si es algo que Jae-hee quiere comer, tengo que prepararlo como sea. Sube a descansar, iré rápido a comprar un pollo y te la cocinaré.”

“Es por mi culpa……. Siento darle tantas molestias.”

“No, no, ni pienses eso. Dime cualquier cosa que se te ocurra. Tienes que comer bien para recuperar las fuerzas.”

La señora se quitó el delantal a toda prisa y salió. Jae-hee se sentía mal por incomodarla, pero una vez que el pensamiento de la comida se instaló en su cabeza, no podía dejar de salivar. Tenía ganas de comer arroz sumergido en ese caldo blanco de pollo con cebollino picado.

Jae-hee se dirigió al dormitorio. Estaba acostado en la cama mirando el techo cuando, de pronto, escuchó el breve pitido de una notificación. Buscó a tientas el teléfono. En la pantalla aparecía un aviso de mensaje del vecino de al lado, a quien tenía guardado como “Tío Hee-bong”.

* * *

Tío Hee-bong

“Jae-hee, antes de que el presidente Yang se entere, revisa los seguros de tu papá.”

¿Seguros? ¿Acaso su padre había contratado algún seguro alguna vez?

Jae-hee se incorporó y sacó una pequeña maleta que guardaba debajo de la cama. Allí dentro se encontraban todos los documentos y rastros relacionados con su padre. Sacó una libreta de ahorros desgastada por el uso y soltó un leve suspiro. El dinero en esa cuenta era todo el patrimonio de su padre. Apenas unos diez millones de wones; una sonrisa amarga se le escapó.

Tras recibir el diagnóstico de la enfermedad de la Flor Caída, su padre recibía una ayuda estatal de unos quinientos mil wones al mes. Ese dinero se había ido acumulando poco a poco y ahora estaba en manos de Jae-hee. Por suerte, era un dinero que Yang Pil-soo no había logrado arrebatarle. Jae-hee apartó la melancolía y abrió la libreta. Al revisar los movimientos, notó rastros de transferencias automáticas mensuales a una compañía llamada Seguros HY.

Buscó el número de atención al cliente de Seguros HY en un portal de internet y llamó. Tras una larga espera, la operadora le informó que podía cobrar un seguro de vida de trescientos millones de wones y le indicó los documentos necesarios para el trámite. De pronto, sintió un nudo en la garganta. Un seguro de vida... cuánto debió esforzarse su padre para dejarle al menos ese dinero a su hijo, que se quedaría solo. Al pensar que ese era el último gesto de amor de su padre, sintió que el corazón se le partía.

Jae-hee se recostó de lado abrazando la almohada de Kang Woo-won. La almohada olía a él. El sueño volvió a invadirlo. Justo cuando estaba por quedarse dormido, el teléfono que había guardado bajo la almohada vibró ruidosamente. Jae-hee abrió los ojos con dificultad y revisó la pantalla. El remitente era Yang Pil-soo.

Frunció el ceño con fuerza y hundió el teléfono bajo la almohada. No quería atenderlo ahora. Sin embargo, el hombre insistió tenazmente. No tuvo más remedio que sacar el aparato y presionar el botón de contestar.

“¡Con qué cara te atreves a llamarme, asesino de mierda!”

“Hijo, ¿has estado bien?”

Las palabras de Yang Pil-soo le causaron un escalofrío que le espantó el sueño al instante. Jae-hee apartó las mantas y se incorporó. Era evidente que Yang Pil-soo finalmente se había vuelto loco. Los insultos se agolparon en su garganta.

“¿De qué estupideces hablas?”

“¿Estupideces? Un hijo no debería hablarle así a su padre.”

“¿Hijo? ¡¿Quién demonios es tu hijo?!”

“Así son las cosas. No lo sabías, pero tu papá y yo registramos nuestro matrimonio. Así que, legalmente, eres mi hijo. ¿No es así, hijo?”

Las yemas de los dedos de Jae-hee temblaron levemente. Su mente se quedó en blanco, incapaz de procesar nada.

¿Qué? ¿Qué clase de locuras estaba diciendo ese demente?

Jae-hee apenas logró asimilar el significado de esas palabras y se llevó la mano al pecho. Sintió que el aire le faltaba y tuvo la ilusión de que el mundo entero daba vueltas. Que Yang Pil-soo y su padre registraron su matrimonio... era mentira. Tenía que ser mentira. Jae-hee quería negarlo desesperadamente.

“Mentira. ¿Por qué mi papá registraría un matrimonio con alguien como tú? Tendría que haber estado loco.”

“No querrás creerlo. Pero la realidad no cambia. Legalmente te has convertido en mi hijo y yo soy tu único tutor. Así que, ¿por qué no empiezas a ser más cariñoso con tu padre? A menos que quieras que te muela a golpes. ¿Eh?”

“¡Cállate!”

“Pedazo de mierda. Tu jueguito de follar con Kang Woo-won se terminó, así que ve pensando en arrastrarte de vuelta al Sector 12. Ahora mismo voy de camino a informárselo a Kang Woo-won. Ah, maldición, solo pensar en meter mi pene en el agujero de mi hijo hace que me ponga tan duro que voy a reventar.”

La visión de Jae-hee se nubló. Sintió como si toda la sangre abandonara su cuerpo. Esto era una pesadilla. Había ocurrido algo que no podía, que nunca debía haber sucedido. Las náuseas lo golpearon con fuerza. Jae-hee se tapó la boca y corrió al baño. Levantó la tapa del inodoro con urgencia y vomitó todo lo que tenía dentro.

Nunca imaginó que la palabra "hijo" pudiera sonar tan asquerosa. Cuanto más rumiaba las palabras de Yang Pil-soo, más horrible se volvía todo; sentía que iba a perder la cabeza. Jae-hee hundió de nuevo la cabeza en el inodoro y siguió devolviendo. Se aferró al pecho por el dolor punzante, como si le estuvieran retorciendo las entrañas.

No podía haber sido una decisión de su padre. Seguramente lo obligaron a registrar el matrimonio mediante coacción y amenazas. Al pensar en su padre sufriendo hasta el último momento, Jae-hee sintió que no podía respirar.

De repente, la fuerza abandonó las manos que sujetaban el inodoro y su cuerpo se desplomó hacia atrás. Tendido en el frío suelo de baldosas, Jae-hee soltó una risa hueca, casi sin alma.

¿Cómo podría escapar de este infierno? ¿Realmente solo se terminaría con la muerte?

Con la mirada perdida fija en la luz del baño, las pupilas de Jae-hee fueron consumidas por una profunda oscuridad.

* * *

“Parece que subestimé demasiado a nuestro representante Kang.”

“No pierda mi tiempo con rodeos y diga a qué vino.”

“Hablo de Cha Jae-hee. Dicen que es un Pistilo Oculto. Uno de esos raros ejemplares de los que no hay ni cien en todo el país.”

“…….”

“No creo que lo tengas solo para usar su agujero. ¿Habrás sacado algo provechoso? Si planeas un lanzamiento revolucionario, dame al menos una pista.”

Woo-won, con una sonrisa de desprecio, fulminó con la mirada a Yang Pil-soo, quien se acomodaba los pelos de su abrigo de piel. Era un ser repulsivo que no se detendría ante nada por un beneficio inmediato; un tipo con una lengua más ligera que una pluma. Woo-won negó con la cabeza ante tanta pateticidad.

Por otro lado, ver que Seok Moon-seok había llegado hasta allí, a pesar de haber asumido recientemente como representante y tener mil asuntos pendientes, demostraba cuánto codiciaba a Cha Jae-hee. Woo-won se cubrió la boca y bostezó a propósito.

“Tengo una reunión por la tarde, así que…”

“Bien. Seré directo. Quiero que me devuelvas a Cha Jae-hee.”

“¿……?”

“Te devolveré el dinero que pagaste al instituto, así que quiero que anules el contrato que tienes con él. Después de haber disfrutado de su agujero todo este tiempo y encima recuperar tu dinero, ¿no es un negocio redondo para ti, representante Kang?”

“Señor Seok... o debería decir representante Seok. No sé con qué derecho dice eso, pero se está extralimitando. ¿Cree que me importa esa miseria de dinero?”

En un instante, el aire de la sala de juntas se volvió gélido. Seok Moon-seok, con rostro irritado, se llevó el café a la boca y dejó la taza con tal brusquedad que el sonido del cristal resonó en la sala.

“No está bien que el representante Kang se interponga en algo en lo que he puesto tanto empeño desde que estaba en el Sector 12. Solo pido que me lo devuelvas ahora. ¿Tan difícil es de entender?”

“Cha Jae-hee no es un objeto para andar devolviéndolo. Si va a seguir diciendo estupideces, mejor retírese.”

Woo-won mostró su desagrado abiertamente y se levantó de su asiento. En ese momento, Yang Pil-soo, que había permanecido observando en silencio, sacó un papel cuidadosamente doblado de su chaqueta y lo puso sobre la mesa. Ante la falta de reacción de Woo-won, Yang deslizó el papel hacia él.

“¿Qué clase de truco es este ahora?”, pensó Woo-won mientras entrecerraba los ojos, tomaba el papel y lo desdoblaba.

“¿Certificado de relación familiar?”

Al bajar la vista y leer el contenido, los ojos de Kang Woo-won se abrieron de par en par. Era el certificado de relación familiar del propio Yang Pil-soo. Sin embargo, el difunto Cha Jae-hyun figuraba como su cónyuge y Cha Jae-hee como su hijo. Increíblemente, decía que los tres eran una familia.

“¿Lo ves? Ahora, legalmente, Cha Jae-hee es mi hijo.”

“…….”

“Y en el contrato que firmaste con el instituto, se especifica claramente que los padres pueden retirar el contrato en cualquier momento si así lo desean. Siempre y cuando se reembolse la cantidad recibida.”

“Maldito demente.”

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Woo-won arrugó el papel, lo lanzó al suelo y murmuró para sí mismo. Que el tutor legal de Cha Jae-hee fuera Yang Pil-soo era una situación tan absurda que le daban ganas de soltar una carcajada amarga. Sentía una punzada de dolor en las sienes. Inspiró lentamente, tratando de reprimir la rabia que le hervía por dentro, pero su cuerpo temblaba por el asco y la irritación que le subían por la garganta.

“No tienes conciencia. ¿Cómo puede una basura como tú ser el tutor legal de Cha Jae-hee?”

“¿Y tiene conciencia el tipo que le mete el pene a un chico que apenas pasa los veinte y lo deja chorreando semen?”

“…….”

“El instituto ya dio su consentimiento, así que ¿por qué no dejamos de perder fuerzas?”

Yang Pil-soo mostró sus dientes amarillentos con una risa rastrera. ¿Atreverse a llamarse tutor? Woo-won golpeó la mesa con el puño y respiró agitadamente. Dejando de lado todo lo demás, que Shin Yong-ju hubiera aceptado aquello le hacía temblar de traición. Lo único afortunado era que, por diversos asuntos, aún no había enviado a Jae-hee al laboratorio. Por poco lo empuja él mismo al abismo con sus propias manos.

Justo cuando se sumergía en sus pensamientos, llamaron a la puerta y esta se abrió. Kim Shin-won, el jefe del equipo legal, apareció con un sobre amarillo en la mano. Al notar el ambiente pesado, vaciló un momento antes de entrar en silencio y dejar el sobre frente a Woo-won.

“Aquí tiene los documentos que pidió.”

“Ah, jefe Kim. Llega en el momento justo. Acabo de escuchar algo tan absurdo que estoy perdiendo el juicio.”

“¿Qué sucede? Si es algo en lo que pueda ayudar, lo haré.”

Woo-won tiró del nudo de su corbata para aflojarlo. Desabrochó un par de botones del cuello y soltó un gran suspiro. No lograba calmarse. Se agachó para recoger el certificado arrugado, comprobó una vez más que Jae-hee figuraba como hijo de Yang Pil-soo y soltó un insulto en voz baja. Por más que lo mirara, era inaudito.

“¿Este documento no tiene ningún problema legal?”

“Permítame revisarlo.”

“¡Maldita sea! Terminen de hablar de una vez y luego revisan lo que quieran. O mejor, representante Seok, ya puede irse. No necesito escuchar más. Ya hizo su notificación, así que lárguese.”

“No he terminado de hablar, así que siéntate.”

Woo-won le gritó ferozmente a Yang Pil-soo mientras se llevaba un cigarrillo a la boca. Quería encenderlo, pero sus manos temblaban tanto que no log raba hacer girar la rueda del encendedor. Escupió el cigarrillo con irritación y respiró hondo. Mientras tanto, Kim Shin-won, que examinaba con atención el certificado, miró de reojo al hombre sentado enfrente y susurró a Woo-won tapándose la boca.

“¿Este tal Cha Jae-hee, que figura como hijo, dio su consentimiento para la adopción?”

“… Probablemente no.”

“Incluso si Yang Pil-soo y Cha Jae-hyun registraron su matrimonio, la relación legal con el hijo no se forma automáticamente. Para que un hijo adulto figure en el certificado, debe pasar por un proceso de adopción de adultos. Es decir, si Cha Jae-hee no estuvo de acuerdo, Yang Pil-soo no puede ser su padre legal solo por el matrimonio.”

“…….”

“Pero si figura así, significa que se registró una adopción. Tendríamos que revisar esos documentos.”

Woo-won se mordió el labio y cerró los ojos con fuerza. Al escuchar a Kim Shin-won, sintió que recuperaba la cordura. El matrimonio era un asunto de la pareja, pero los hijos eran tema aparte. En el caso de una adopción de un mayor de edad, el consentimiento del interesado era obligatorio. Jae-hee había estado viviendo con él todo este tiempo, así que no pudo haber firmado nada. Y aunque hubiera tenido tiempo, a menos que le hubieran pegado un tiro en la cabeza, jamás habría aceptado ser adoptado por ese tipo. Era nulo.

Era algo obvio, pero al ver el certificado, su mente se había quedado en blanco.

“E incluso si se aceptara, si el señor Cha Jae-hee se casa, el tutor legal pasaría a ser su cónyuge. Sin embargo, para evitar problemas futuros, verifique los papeles de adopción; si hay indicios de falsificación, podemos iniciar una demanda de nulidad.”

“Entiendo. Le agradeceré esto personalmente después. Puede retirarse.”

El jefe legal hizo una leve reverencia y salió de la sala. Seok Moon-seok y Yang Pil-soo, que habían estado cuchicheando muy juntos, levantaron la cabeza.

“Bien. Los padres pueden cancelar el contrato si lo desean. Pero tú no eres el padre de Cha Jae-hee.”

“¿No viste el certificado? Ahora soy el papá de Cha Jae-hee. Su único tutor legal.”

“¿Ah, sí? Entonces trae los documentos de adopción firmados por él.”

“…….”

“Si esos papeles no tienen problemas, reconoceré que eres su tutor legal.”

“… Eso... mostrar esos papeles no es nada difícil.”

“Prepárate, porque voy a usar todo mi poder y todos los medios necesarios para demostrar que esos documentos son falsos.”

“… Maldito loco. Representante Seok, vámonos. No hay nada más que hablar aquí.”

Yang Pil-soo se levantó junto con Seok Moon-seok. Este último carraspeó con desdén y se dio la vuelta, pero Woo-won lo llamó antes de que saliera.

“¿Aún tienes algo que decir?”

“La verdad, por más que intenten ocultarla, siempre termina saliendo a la luz, representante.”

“No sé de qué hablas.”

“Piénselo como quiera, pero le aseguro una cosa: mientras viva, no podrá tocar ni un solo cabello de Cha Jae-hee, así que deje de soñar.”

Woo-won sonrió con amargura y les abrió la puerta personalmente para que se fueran. Seok Moon-seok y Yang Pil-soo salieron de la sala haciendo mucho ruido.

Woo-won se reclinó en la silla y miró al techo. Su cuerpo se sentía pesado tras el estallido de ira. Tendría que empezar de inmediato con la demanda de nulidad de la adopción. Si Jae-hee se enteraba, el pobre recibiría un impacto tremendo. Que la persona que lo explotaba fuera su tutor legal... Si él estaba así de furioso, no quería imaginar cómo se sentiría Jae-hee.

Tratando de despejar su mente, movió los pies y cerró los ojos. Ya eran las tres de la tarde. Pensó en salir temprano hoy para dar un paseo por el parque con Jae-hee.

Ya casi era primavera, pero Jae-hee seguía metido en la cama durmiendo como un oso en hibernación. ¿Estaría durmiendo todavía? Woo-won sacó su teléfono y abrió la aplicación de las cámaras de seguridad. Amplió la cámara del dormitorio, como de costumbre.

Sin embargo, Jae-hee, que debería haber estado en la cama, no aparecía por ningún lado.

Woo-won se enderezó y empezó a revisar las cámaras una por una. En la cocina se detectó movimiento; era la señora de llaves preparando algo. A pesar de revisar todas las cámaras de la casa, no encontraba a Jae-hee. Llamó de inmediato a la señora.

—¡Oh! Representante.

“¿Dónde está Cha Jae-hee ahora?”

—Pues... subió al segundo piso diciendo que iba a descansar.

“Por favor, verifique si está bien.”

—¿Ahora mismo? Ah, sí, espere un momento.

Woo-won prestó atención a los pasos que se escuchaban al otro lado de la línea mientras se llevaba un cigarrillo a los labios. Lo encendió y aspiró profundamente. Pronto escuchó a la señora tocando a la puerta del dormitorio.

“Entre directamente, señora.”

—¿Seguro? Podría asustarse.

“Entre.”

Su corazón latía con ansiedad. Era una sensación extraña. Woo-won apagó el cigarrillo tras apenas un par de caladas y se levantó de su asiento.

—No está en su cuarto... ¡Ah! ¡Jae-hee! ¡Representante, Jae-hee está desmayado en el baño! ¡¿Qué hago?!

El rostro de Woo-won se quedó sin una gota de sangre.

“Fíjese si está consciente, muévalo y revise su pulso y respiración.”

—No responde... está inconsciente. Creo que se desmayó.

“Voy para allá ahora mismo. Cúbralo con una manta para mantener su temperatura corporal.”

—Sí, venga rápido, por favor. ¡Rápido!

Woo-won salió disparado de la sala de juntas. Los empleados de secretaría se levantaron al unísono. Kang Yu-chan, que hablaba relajadamente por teléfono, también se puso de pie con rostro alarmado.

“Representante, ¿a dónde va?”

“Jae-hee se desmayó.”

“¿Qué? Ah, espera. ¡Hermano, ven a casa ahora mismo! Dicen que el señor Cha Jae-hee se desmayó.”

* * *

Moon Jin-woo se encontraba con un conocido en un lugar no muy lejano de la casa de Kang Woo-won, por lo que tardó menos de diez minutos en llegar. Sin tiempo siquiera para saludar a la señora de llaves, localizó la ubicación de Jae-hee y subió corriendo al dormitorio del segundo piso.

Cha Jae-hee yacía en el suelo del baño. En el momento en que Moon Jin-woo apartó la manta que lo cubría y sostuvo su cabeza, frunció el ceño al sentir un líquido empapándole la palma de la mano. Se apresuró a examinar la herida y detuvo la hemorragia.

“Jae-hee estará bien, ¿verdad?”

“No se preocupe. Yo lo llevaré al hospital, así que por favor contacte a Woo-won.”

“Está bien.”

Moon Jin-woo cargó a Jae-hee en brazos, sosteniéndolo por la espalda y los muslos, y se movió con rapidez. Jae-hee estaba mucho más demacrado que cuando lo vio en el funeral de su padre; el sufrimiento emocional debía de haber sido devastador. Al fin y al cabo, acababa de perder a su único familiar. Sintió una profunda lástima por él.

Justo cuando subía al ascensor, el teléfono en su bolsillo trasero sonó, pero con Jae-hee en brazos, no podía atenderlo. El tiempo que tardó el ascensor en bajar al sótano le pareció una eternidad.

Acomodó a Jae-hee en el asiento trasero y llamó al hospital para que el equipo médico estuviera preparado. Por si acaso, también solicitó la presencia de un especialista en obstetricia para Pistilos.

Desde que escuchó las insinuaciones sobre la manifestación del "agujero", ese órgano desconocido, no había dejado de preocuparse por el estado de Jae-hee. Aunque sugirió realizar exámenes médicos, Kang Woo-won se había mostrado inflexible, insistiendo en dejar la salud de Jae-hee en manos del laboratorio. Moon Jin-woo planeaba hacer que Jae-hee pasara por una revisión obstétrica antes de que llegara Woo-won.

Condujo de la manera más segura posible, pero sin demoras. Cada vez que se detenía en un semáforo, la ansiedad crecía. Si algo le pasaba a Jae-hee, Woo-won cargaría con una herida imborrable. Quería evitarlo a toda costa.

“¡Doctor!”

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Al detener el coche frente a urgencias, una enfermera que ya lo esperaba abrió la puerta trasera. Trasladaron a Jae-hee a una camilla y entraron al hospital. Aunque lo primordial era tratar la herida de la cabeza, primero debía confirmar si Jae-hee estaba embarazado. Mientras preparaban el equipo de ultrasonido, Gu Mi-young, la especialista en obstetricia, entró descorriendo la cortina.

“¿Qué pasa? ¿Vas a hacer una ecografía antes de curar la herida? Ah... es un Pistilo con la segunda evolución completada.”

“No preguntes nada y confíame solo si está embarazado.”

“Sabes que es peligroso dar a luz para alguien con la segunda evolución, ¿verdad?”

Gu Mi-young aplicó el gel en el abdomen de Jae-hee y, al deslizar el transductor, el saco gestacional apareció en el monitor. Moon Jin-woo se cubrió el rostro con ambas manos y soltó un suspiro. Tal como sospechaba, estaba embarazado. Probablemente ocurrió aquel día en que se manifestó el agujero. Según sus cálculos, tenía unas cinco semanas.

A diferencia de las mujeres, los Pistilos masculinos no tienen ciclos menstruales regulares, lo que hace muy difícil calcular las semanas de embarazo. Normalmente, solo se estima la fecha aproximada basándose en el día de la concepción.

“Veo dos sacos gestacionales.”

“¿Qué?”

“Pero por ahora no puedo confirmar que sea un embarazo múltiple. En los Pistilos masculinos es común ver dos sacos y que uno no crezca normalmente y desaparezca de forma natural. Habrá que observar.”

“Entiendo, buen trabajo.”

Moon Jin-woo limpió rápidamente el gel del abdomen de Jae-hee y apartó el equipo. Luego examinó la herida entre el cabello; afortunadamente no era grave, solo un corte de un centímetro en la base de la nuca. Quería hacer más pruebas para descartar otros traumas, pero estando embarazado, no se atrevía a someterlo a radiación.

“¿Lo subimos a tomografía?”

“Está en el primer trimestre, no se puede. Sustitúyanlo por una resonancia magnética y realicen las pruebas básicas. Necesito los resultados lo antes posible.”

“Sí, doctor.”

Moon Jin-woo salió un momento de urgencias para recibir el aire frío. Sabía que, si le decía a Woo-won que Jae-hee estaba embarazado, este le ordenaría abortar de inmediato. Sin embargo, dejarlo así ponía en riesgo la salud de Jae-hee.

La manifestación del agujero significaba que Jae-hee estaba sufriendo efectos secundarios graves. Sin saber exactamente cómo lo estaban afectando, no podía informar a Woo-won primero. Pensaba que Jae-hee era quien debía saberlo antes que nadie.

Mientras lo meditaba, un sedán negro se detuvo frente a él. Kang Woo-won bajó del asiento del acompañante.

“¿Dónde está Jae-hee?”

“Le están haciendo pruebas.”

“¿Pruebas?”

“… Parece que se golpeó la cabeza al caer hacia atrás. Tiene un corte de un centímetro en la nuca, así que pedí exámenes por precaución.”

“Él ya llama demasiado la atención, así que no lo dejes en un lugar donde pase mucha gente. Consigue una habitación privada.”

Woo-won tenía razón. Aunque la percepción social había mejorado, los Pistilos con la segunda evolución solían ser vistos como promiscuos. Jae-hee no era un Pistilo evolucionado común, sino un Pistilo Oculto con ramas extendiéndose por todo su cuerpo, pero para los ojos ajenos, solo parecería alguien entregado al libertinaje.

“¿Hay algún otro problema?”

Moon Jin-woo no pudo responder de inmediato. No podía medir el impacto que causaría decir que Jae-hee estaba embarazado. Además, sentía firmemente que Jae-hee debía ser quien decidiera sobre el bebé.

Incluso si Jae-hee era un Pistilo "cedido" a Woo-won, este no tenía derecho a intervenir en asuntos de salud tan personales. La vida de Jae-hee después del contrato le pertenecía solo a él. Por lo tanto, su opinión era lo más importante.

“Si hay un problema con él, no me ocultes nada. Si intentamos arreglar las cosas después de que exploten, será un dolor de cabeza.”

“… Jae-hee es joven. ¿Qué problemas podría tener a su edad? Te avisaré cuando salgan los resultados.”

“Está bien.”

“¿Cómo te has sentido tú últimamente?”

“Bien. Mi salud, mi condición, el sueño... todo es satisfactorio. Sin exagerar, creo que es el momento en que más sano me he sentido en mi vida.”

Moon Jin-woo sonrió con amargura ante las palabras de Woo-won. Era irónico: mientras Jae-hee perdía su salud absorbiendo el veneno, Woo-won, al descargarlo, se veía notablemente mejor. Sabía que era inevitable, pero no podía evitar sentirse incómodo.

“¿Cuánto tardarán los exámenes?”

“… ¿Unos cuarenta minutos?”

“Es un tiempo algo incómodo. Iré a resolver un asunto urgente y volveré. Cuida de él.”

“Entendido. Ve.”

Woo-won se llevó un cigarrillo a la boca y abrió la puerta del coche. Justo antes de subir, Moon Jin-woo lo llamó por su nombre. Woo-won se giró con el cigarrillo entre los dedos.

“¿Qué pasa?”

“Dijiste que ibas a enviar a Jae-hee al laboratorio, ¿qué pasó con eso?”

“No lo enviaré. Tú hazte responsable de su salud. Ah, y si alguien viene diciendo que es el tutor de Jae-hee, llama a seguridad de inmediato y échalo. No es su verdadero tutor.”

“¿Tutor? Pero el padre de Jae-hee murió.”

“Es una historia larga. Solo tenlo en cuenta.”

Moon Jin-woo suspiró mientras veía el coche alejarse. La vida de Jae-hee realmente no tenía un momento de paz. Reprimiendo las ganas de fumar, volvió a entrar al hospital.

Dio instrucciones para trasladar a Jae-hee a una habitación VIP tras las pruebas y subió a su oficina. Se puso las gafas y comenzó a revisar los casos de efectos secundarios en Pistilos Ocultos que había recopilado.

Según los registros, si los efectos secundarios afectaban órganos internos como el corazón o los pulmones, solían dejar secuelas tras el parto. Sin embargo, cuando afectaban órganos sensoriales —vista, oído, tacto, gusto u olfato—, el parto a menudo resolvía el problema por completo.

El problema era que los síntomas de Jae-hee habían aparecido demasiado pronto. Normalmente, un Pistilo Oculto emparejado con un Estambre de Veneno empezaba a mostrar síntomas leves después de cuatro años. Jae-hee solo llevaba tres meses con Woo-won.

La causa probable era el veneno acumulado de Woo-won. Jae-hee había absorbido una toxicidad que no había sido descargada en mucho tiempo. En su primer encuentro, el nivel de veneno de Woo-won era superior a 999. Es posible que Jae-hee hubiera sufrido una intoxicación inmediata desde entonces.

Moon Jin-woo se frotó los ojos. Habría sido mejor si Jae-hee fuera un Pistilo normal. La falta de información sobre los Pistilos Ocultos, sumada a los síntomas únicos de Jae-hee, le causaba un gran dolor de cabeza. Primero debía identificar exactamente qué síntomas estaba sufriendo.

Envió un correo detallado solicitando asesoría a la Sociedad de Rasgos Especiales. Tenía que haber una solución. Justo cuando apagaba la computadora, su teléfono sonó. Era la enfermera de la planta VIP.

—Doctor Moon, el paciente está actuando raro. Debería venir.

Llegó al octavo piso en un instante. Al entrar, notó un ligero alboroto.

“¿Qué sucede?”

“El paciente está extraño. Cuando recuperó el conocimiento le pedí que se cambiara de ropa, pero se quedó allí sentado. Sus ojos no tienen foco y parece muy confundido.”

A través del cristal, Moon Jin-woo vio a Jae-hee tanteando la cama con torpeza. Actuaba como alguien que no podía ver. Cuando finalmente logró tomar la bata del hospital, bajó la cabeza y suspiró profundamente.

“¿Será que el efecto secundario afectó su vista?”, pensó con pesar.

“Yo me encargaré de la habitación. No entren, observen desde fuera.”

Entró haciendo ruido a propósito. Jae-hee, que apretaba la bata entre sus manos, levantó la cabeza lentamente. Sus ojos sin foco apuntaron no hacia él, sino hacia la puerta detrás de él. Moon Jin-woo tragó saliva y contuvo sus emociones.

“Jae-hee.”

“Ah, doctor Moon.”

Jae-hee intentó actuar con normalidad, queriendo ocultar que algo andaba mal con sus ojos. Pero su expresión de ansiedad y la forma en que aguzaba el oído lo delataban. Moon Jin-woo se acercó a la cama fingiendo no darse cuenta.

“¿Cómo se siente? ¿Le duele la cabeza o tiene náuseas?”

“… Me siento un poco mareado, pero no es nada grave.”

“¿Recuerda haberse desmayado en el baño?”

“… Sí, lo recuerdo.”

Parecía que no había daño neurológico grave por la caída. El problema era la vista, pero como Jae-hee se esforzaba tanto por ocultarlo, era difícil sacar el tema directamente.

“Doctor.”

“… Sí.”

“La intoxicación por veneno que sufre el señor Woo-won... ¿es imposible de curar por completo?”

“¿A qué viene eso de repente?”

“Solo curiosidad.”

Moon Jin-woo respondió con sinceridad.

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“En el caso de Woo-won, no se trata de una 'cura'. Ahora está estable gracias a usted, pero si vuelve a evitar las relaciones, el veneno se acumulará de nuevo y el ciclo se repetirá.”

“Entonces, esto...”

De repente, Jae-hee se cubrió el rostro con las manos y se encogió en la cama. Cuando volvió a levantar la vista, sus ojos se cruzaron con los de Moon Jin-woo. Sus pupilas temblaron levemente y recuperaron el enfoque.

“…… Jae-hee, ¿puede verme?”

“¿Perdón?”

“El efecto secundario afectó a sus ojos, ¿verdad? Hace un momento no podía verme, ¿cierto?”

Jae-hee se quedó sin palabras. Sintió un frío recorriendo su nuca. Pensó que lo había ocultado bien, pero Moon Jin-woo se había dado cuenta.

“Está bien, puede confiar en mí.”

Jae-hee se sintió expuesto. Si Moon Jin-woo lo sabía, sería cuestión de tiempo para que Woo-won se enterara. Había visto a tantas personas ser desechadas por Yang Pil-soo cuando dejaban de ser útiles; temía que Woo-won hiciera lo mismo.

“Jae-hee, si hay un problema, debemos buscar una solución.”

“… Yo... iré al laboratorio.”

“No, no puede ir allí. Woo-won dijo que no lo enviaría. Además, Shin Yong-ju no está de su parte.”

“… Soy del laboratorio, si tengo un problema, el líder del equipo me ayudará.”

Moon Jin-woo suspiró con frustración y se quitó las gafas.

“¿Desde cuándo están así sus ojos?”

“… ¿El señor Woo-won dijo que no me enviaría al laboratorio?”

“Sí. Y no cambiará nada si va allí. Es mejor resolverlo aquí. Si ocurre algo, el laboratorio lo ocultará, pero yo no. Haré todo lo posible por ayudarle. Y si teme que Woo-won se entere, no se lo diré.”

“Doctor…… ¿de verdad no se lo dirá?”

“No, si usted no quiere.”

Jae-hee vaciló. No estaba seguro de si debía confiar, pero el miedo a quedar ciego sin saber por qué lo empujó a hablar. Le contó todo lo que había estado experimentando. Moon Jin-woo escuchó con seriedad.

“Debió de estar muy asustado, pasando por eso sin saber la razón.”

Jae-hee sintió ganas de llorar ante la empatía del doctor. Tras la muerte de su padre, se sentía como un pequeño bote a la deriva en medio del océano. Solo Woo-won lo mantenía a flote, pero incluso en él no podía confiar plenamente.

“No sé si es el momento adecuado para decirle esto, pero... Jae-hee, está embarazado.”

“… ¿Qué? ¿Em-embarazado?”

“Estimamos que tiene unas cinco semanas.”

“No... no puede ser.”

Jae-hee se cubrió el rostro, sintiéndose desfallecer. ¿Un hijo de Kang Woo-won? Su corazón latía con una violencia que lo asfixiaba. Antes de sentir nada por el bebé, el rostro de Woo-won apareció en su mente. Él jamás querría un hijo.

“… Por favor, no le diga nada a él. Necesito tiempo para pensar.”

“¿Qué es lo que no quieres que sepa?”

Jae-hee levantó la vista asustado. Kang Woo-won estaba de pie en la puerta. Caminó hacia ellos y agarró a Moon Jin-woo del brazo con brusquedad.

“Woo-won.”

“Por esto quería enviar a Jae-hee al laboratorio y no contigo, hyung. No me pongas de mal humor y habla. ¿Qué es lo que Cha Jae-hee no quiere que yo sepa?”

* * *

Woo-won siguió a Moon Jin-woo hasta su oficina. Jin-woo le indicó que se sentara, sacó dos botellas de agua mineral de un pequeño refrigerador, deslizó una hacia Woo-won y bebió de la suya tras girar la tapa.

“Dime exactamente qué es lo que Cha Jae-hee quiere ocultarme.”

Moon Jin-woo dudaba si revelar que la vista de Jae-hee fallaba por los efectos secundarios del veneno o si era mejor confesar el embarazo. Sabía que Jae-hee no quería que se supiera ninguna de las dos cosas, pero tal como estaban las circunstancias, debía informar al menos una a Kang Woo-won.

Pensó que lo mejor sería soltar primero la noticia del embarazo y luego añadir lo de los efectos secundarios, planteándolo de modo que el parto pareciera la solución natural para salvar su salud. Jin-woo se lamió los labios resecos y comenzó a hablar lentamente.

“Woo-won, sobre Jae-hee...”

“¿Por qué das tantos rodeos? ¿Qué pasa con él?”

“…….”

“Habla de una vez, me estás desesperando.”

“…… Está embarazado.”

Al instante, el rostro de Woo-won perdió todo color. El impacto fue tal que ni siquiera atinó a preguntar de nuevo.

“¿Cha Jae-hee está qué?”

Olvidando que estaba en la oficina de Jin-woo, Woo-won sacó un cigarrillo con urgencia y se lo llevó a la boca. Justo cuando iba a encenderlo, Jin-woo se lo quitó suavemente de los labios y lo dejó sobre la mesa.

Tenía la boca seca por la ansiedad. Giró la tapa de la botella de agua, bebió un sorbo y se frotó la cara con las manos. La probabilidad de que un Pistilo como Jae-hee quedara embarazado de forma natural era apenas del 5%. Esto no tenía sentido.

“Es una broma, ¿verdad?”

La voz de Woo-won era extremadamente baja y temblaba con una mezcla de emociones contenidas. Cuando Moon Jin-woo negó ligeramente con la cabeza, Woo-won cerró los ojos con desesperación.

De repente, recordó aquel día en que, creyendo que Jae-hee solo tenía un resfriado, penetró con su pene una fina membrana en lo profundo de su cuerpo. Aquel día en que Jae-hee reaccionó de forma extraña y tuvo que llamar a Jin-woo. ¿Había sido entonces?

Recordó que, tras ese día, al preocuparle la reacción de Jae-hee, se había limitado a juegos eróticos ligeros o sexo oral para descargar su semen. Sin querer, terminó protegiendo al embrión.

Tenía las puntas de los dedos frías como el hielo. Esto no era algo que requiriera meditación. Woo-won soltó un largo suspiro y miró fijamente a Moon Jin-woo.

“Interrúmpelo.”

“Esa no es una decisión tuya, es de Jae-hee.”

“Ni se te ocurra decirme que ese niño tiene que dar a luz o algo parecido.”

“Pero esto no está bien...”

“No digas nada. No quiero escucharlo.”

“Woo-won, primero escúchame……”

“Si dices una palabra más, me olvidaré de que eres mi hyung. Deshazte de eso lo antes posible.”

Woo-won se puso de pie, indicando que no pensaba escuchar más. Jin-woo lo sujetó de la muñeca, pero él se soltó con frialdad y salió de la oficina.

¿Cha Jae-hee embarazado? Sus piernas flaquearon y tuvo que detenerse apoyándose en la pared.

Si Jae-hee decidiera tener al niño con el fin de eliminar sus efectos secundarios, Woo-won estaría dispuesto a adoptarlo y criarlo con gusto; pero si no era por esa razón, no quería que lo tuviera.

En realidad, Woo-won quería que Jae-hee viviera su propia vida, no una existencia en la que fuera explotado por otros. Deseaba que disfrutara, experimentara y fuera feliz con las cosas que solo se pueden vivir a su edad. La vida de Jae-hee era demasiado valiosa como para verse atada por un hijo. Eso era algo que no podía permitir.

Sacó el teléfono del bolsillo interior de su chaqueta y llamó de inmediato a Kang Yu-chan.

—Justo iba a llamarte. ¿Estás volviendo a la empresa?

“Reserva una semana en mi agenda y solicita una visita al laboratorio del Dr. Takashiro.”

—¡Ah, de verdad! Hermano, te dije que yo iría. Explicaré bien la situación de Jae-hee y pediré asesoría, no te preocupes.

“Iré yo, así que prepáralo todo. Y si recibes llamadas de Jin-woo o de Jae-hee, bloquéalas.”

Su determinación de interrumpir el embarazo era firme. No quería escuchar argumentos persuasivos mediocres ni tampoco quería ver el sufrimiento de Jae-hee. Era un acto cobarde, pero en ese momento quería escapar de la realidad.

Justo cuando investigaba sobre los efectos secundarios de los Pistilos Ocultos, dio con un estudio que mencionaba que en la sangre de los Anti-Estambres existe una proteína de anticuerpo específica que inhibe la toxicidad absorbida.

Un Anti-Estambre, al mantener relaciones con un Pistilo que ha recibido el veneno de un Estambre de Veneno, puede neutralizar las toxinas transmitiendo enzimas específicas a través de sus fluidos corporales. El principio es que, al ser absorbido el semen del Anti-Estambre, se induce una respuesta inmunitaria en el cuerpo del Pistilo, cuya reacción visible es que las flores del Estambre de Veneno en su espalda se vuelven blancas.

Originalmente, los Anti-Estambres eran híbridos creados al cruzar Estambres de Veneno con individuos de rasgos genéticos específicos, resultando en seres con un sistema inmunológico fuerte y resistencia al veneno. Teóricamente, tenía sentido.

El Dr. Takashiro estaba llevando a cabo esa investigación y ya se había confirmado que dicha proteína mitigaba parcialmente las reacciones tóxicas. El plan inicial era enviar a Kang Yu-chan para obtener asesoría técnica precisa.

Cualquier excusa era buena. Woo-won ordenó sus pensamientos y se dirigió a la habitación de Jae-hee. A través del cristal, vio a Jae-hee sentado en el borde de la cama, mirando por la ventana. Estaba de espaldas a la puerta, por lo que no podía ver su rostro. No sabía en qué estaba pensando, pero su espalda se veía extrañamente solitaria.

Woo-won endureció su corazón y abrió la puerta. Jae-hee se giró con sorpresa y se levantó lentamente de la cama.

“Señor.”

“No quiero hablar mucho. Deshazte del niño.”

“…….”

“Es un ser que no te sirve para nada, así que no te aferres a algo así.”

“Pero……”

“Ya hablé con el doctor Moon, así que no repliques y hazlo.”

Los ojos de Jae-hee se llenaron de lágrimas. “Qué corazón tan débil tiene”, pensó Woo-won mientras chasqueaba la lengua brevemente y se daba la vuelta.

Solo quedaban unos tres meses de contrato. Estaba decidido a hacer todo lo posible para que la vida de Cha Jae-hee después de ese tiempo no fuera miserable.

* * *

Jae-hee salió de la habitación y subió al ascensor para dirigirse a su consulta de obstetricia. Mientras esperaba, se acarició el vientre distraídamente y dejó escapar una pequeña risa. Estaba completamente plano, por lo que la idea de que hubiera una vida allí dentro todavía le parecía irreal. Al principio, el pánico y la confusión lo dominaron, pero con cada minuto que pasaba, comprendía que este bebé era ahora su única familia. Llegó a pensar que, tal vez, su padre se había compadecido de su soledad en este mundo y le había enviado este regalo.

Sin embargo, no es que tuviera una determinación inamovible. El miedo al parto, la duda de si podría criar a un niño solo y la agobiante realidad de tener que regresar al Sector 12 pesaban sobre sus hombros. Le aterrorizaba que su hijo tuviera que vivir una vida de explotación, tal como él.

Además, sabía perfectamente lo difícil que era crecer bajo el ala de padres pobres. Recordó sus días de inmadurez, cuando le gritaba a su padre resentido por la miseria en la que vivían, y se le escaparon unas lágrimas. Cuanto más pensaba, más se enredaban sus sentimientos.

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El ascensor se detuvo en el segundo piso. Jae-hee asomó la cabeza con cautela y, al ver a Moon Jin-woo sentado en un banco del pasillo, salió al encuentro.

Jin-woo se levantó al verlo. A diferencia de antes, su rostro estaba sombrío, como cubierto por nubarrones.

“Le dije a Woo-won que estás embarazado.”

“Lo sé. Él vino a verme.”

“Lo siento. La situación no me dejó otra opción.”

Jae-hee recordó el rostro de Kang Woo-won cuando irrumpió en la habitación para ordenarle que abortara. Lo odió por escupir sus exigencias y desaparecer como si la vida de Jae-hee no valiera ni un segundo de reflexión, pero en el fondo lo entendía. Desde el principio, esto era solo un contrato. Jae-hee reprimió su tristeza y forzó una sonrisa radiante.

“Está bien.”

“Woo-won no quiso escucharme, así que no pude entrar en detalles. Pero, Jae-hee, debes tener a este bebé. De hecho, la forma de mitigar los efectos secundarios de un Pistilo Oculto es el parto.”

Los ojos de Jae-hee se abrieron de par en par.

“Iba a decírtelo antes, pero Woo-won apareció de repente... ¿Te asustó mucho?”

“…… Ah, es un método demasiado extremo.”

“Al dar a luz, junto con el bebé, salen grandes cantidades de sangre, líquido amniótico y la placenta. En ese proceso, el veneno acumulado en tu cuerpo también es expulsado, lo que aliviará tus síntomas.”

Jae-hee se sintió confundido. ¿Significaba eso que el parto curaría sus problemas de vista? Si era así, no tenía otra opción: debía dar a luz para salvarse. Pero le parecía cruel traer a un niño al mundo solo para recuperar su salud. Su corazón pesaba más que antes.

“Si viniste a consulta, ¿por qué no entras?”

La puerta del consultorio se abrió y una mujer con el cabello recogido asomó la cabeza. En su bata blanca se leía bordado: ‘Especialista en Obstetricia, Gu Mi-young’. Jin-woo se disculpó y le dio una palmadita suave en el hombro a Jae-hee.

Jae-hee saludó a Gu Mi-young con una reverencia y entró. Vio un escritorio con una computadora y otra puerta lateral.

“Pasa al fondo para la ecografía.”

“Sí.”

Intimidado por el ambiente desconocido, Jae-hee caminó con torpeza y entró. Siguiendo las instrucciones, se acostó en la camilla; ella subió su bata y aplicó un gel sobre su abdomen. Jae-hee apretó los puños y se mordió el labio ante la sensación de frío. Cuando Gu Mi-young colocó el transductor, algo apareció en la pantalla negra.

“Mira aquí. Este es el saco gestacional. Pero debajo hay otro más. Como le dije a Jin-woo, aún no podemos confirmar que sean gemelos. A veces, un embrión se reabsorbe de forma natural. Te dejaré escuchar el corazón.”

De pronto, un sonido fuerte y rítmico llenó la sala. A través del altavoz, el sonido retumbaba como truenos o como un tren pasando a toda velocidad. Jae-hee abrió los ojos de par en par. ¿Ese era el corazón de su hijo? Se quedó absorto mirando el monitor. Ese pequeño ser, casi invisible al ojo, tenía un corazón que latía con fuerza. Era una vida frágil, pero indudablemente real.

“¿De verdad es el sonido del corazón?”

“Sí, late con mucha salud.”

Los labios de Jae-hee temblaron. Le pareció asombroso y conmovedor que ese pequeño ser se hubiera aferrado a su vientre y estuviera creciendo solo con tanto esfuerzo.

Sintió que el pecho le estallaba y una emoción indescriptible lo recorrió. Incluso en este momento de duda, ese pequeño corazón seguía latiendo. Esos latidos apresurados le parecieron una súplica de amor. Como si le rogara que no lo abandonara, que no lo eliminara. Como si gritara: ‘Estoy vivo, por favor, no te rindas conmigo’.

De repente, recordó una conversación con su padre.

‘Papá, ¿cómo te sentiste cuando supiste que venía yo?’

‘Fui feliz. Ver cómo crecías, cuando eras como un pequeño osito de gelatina, era como un sueño cada día. Les pedí a todos los dioses del mundo que solo te permitieran nacer sano.’

Finalmente, su visión se nubló. No pudo contener la ebullición de sus sentimientos. Lágrimas calientes desbordaron sus ojos y corrieron por sus mejillas. Ahora él sentía lo mismo que su padre. No podía abandonar a esta pequeña vida que había echado raíces en su insignificante cuerpo.

“Jin-woo mencionó el aborto; si vas a decidirlo, debe ser cuanto antes.”

Jae-hee se frotó la cara y respiró hondo. Su determinación era firme. Aunque Kang Woo-won se opusiera, protegería al bebé a toda costa. El niño era el regalo que su padre le había dejado antes de irse.

Gu Mi-young limpió el gel y le entregó la foto de la ecografía. Jae-hee la miró fijamente. Todavía no podía creer que ese latido fuera real.

“Jin-woo está esperando fuera, ¿quieres que lo llame?”

“… No, yo... yo saldré.”

“Tienes la cara hecha un desastre. Sal de aquí cuando estés listo, les daré privacidad.”

Ella salió y Moon Jin-woo entró poco después. Él miró a Jae-hee y bajó la cabeza con aire de culpabilidad. Jae-hee bajó de la camilla y se paró frente a él.

“Voy a... voy a tener al bebé.”

“Es extraño que yo lo diga, pero... es una buena decisión. Cuando nazca, buscaremos una buena familia para que sea adoptado……”

“No. Yo lo voy a criar.”

El rostro de Jin-woo se puso pálido. Su mirada cayó en la foto de la ecografía que Jae-hee sostenía. Se llevó una mano a la frente y empezó a caminar de un lado a otro. Finalmente, hizo que Jae-hee se sentara en la cama.

“Sé que no es de mi incumbencia, pero diré algo.”

“…….”

“Siendo realistas, Jae-hee, eres joven y no tienes un trabajo estable. ¿Cómo piensas criarlo? ¿Tienes idea de cuánto dinero cuesta mantener a un niño? Parirlo es una cosa, pero criarlo es un asunto totalmente distinto.”

“…….”

“¿Dónde vivirán? ¿Vas a dejar que crezca en el Sector 12 como tú? ¿Quieres que viva de forma miserable, siendo explotado y humillado por Yang Pil-soo?”

Jae-hee se mordió el labio y cerró los ojos. Sus palabras eran tan crudas y realistas que se quedó mudo. Jin-woo tenía razón: no tenía a dónde ir, ni un buen trabajo, ni dinero. Frente al muro de la realidad, Jae-hee se sintió diminuto.

Apretó con fuerza la foto de la ecografía. Era solo un trozo de papel, pero su peso era inmenso. Quería protegerlo con sus propias manos.

“Cuando firmé el contrato con el señor Woo-won, me dijeron que me ayudarían a terminar mi relación con el laboratorio al final del plazo. No volveré al Sector 12. Mi padre ya no está, así que no tengo motivos para regresar, ni quiero hacerlo.”

“…….”

“Sé que mi pensamiento parece egoísta o ingenuo. Pero es mi hijo, y no es extraño que quiera hacerme responsable de él.”

Jin-woo se despeinó con frustración. Entendía los sentimientos de Jae-hee, pero cada decisión traía consecuencias. Como alguien con más experiencia de vida, sentía la necesidad de advertirle sobre la crueldad de la realidad.

“No es momento para decidir por emociones. La realidad nunca sale como uno planea. ¿Crees que un niño crece solo? Tienes que vestirlo, alimentarlo, llevarlo al médico cuando enferme... No puedes hacerlo solo. Y si son gemelos, será el doble de difícil. No es algo que se diga así de fácil.”

“…….”

“Te entiendo, pero es un asunto demasiado serio como para decidir por un impulso juvenil.”

“Lo sé. Pero si abandono a este niño, siento que mi vida perdería todo sentido.”

Jin-woo intentó persuadirlo de mil formas, pero la mirada de Jae-hee no vaciló. Al contrario, parecía fortalecerse con cada palabra. No tenía intención de dar marcha atrás.

Era un dolor de cabeza. Si al menos Woo-won fuera receptivo, podrían contar con él, ¿pero qué se podía esperar de alguien que ordenó abortar de inmediato? Jin-woo soltó un suspiro desesperado.

“Me dijeron... que puedo recibir el seguro de vida de mi padre. Son unos 300 millones, con eso puedo conseguir una casa y aguantar al menos dos o tres años. Y trabajaré.”

“¿Y en qué podrías trabajar?”

“Sé cocinar. Cuando vivía en el Sector 12, aprendí en la taberna de Yang Pil-soo. Me decían que tenía buen sazón y que era rápido. Si no es cocina, trabajaré en lo que sea. Puedo hacerlo. No planeo tener al bebé y no hacer nada, ni pretendo resistir sin un plan.”

Jin-woo lo miró en silencio. Podía sentir la voluntad inquebrantable de Jae-hee por proteger a su hijo.

“Uf... sinceramente, no entiendo por qué llegas a este extremo.”

“… Suena ridículo, pero este niño vino a alguien tan insignificante como yo. Ya me siento mal por tenerlo solo para salvarme, si encima lo doy en adopción, no podría seguir viviendo.”

Jin-woo se quedó sin palabras. Jae-hee tenía un fuerte apego por la familia; ¿realmente podría vivir dignamente si entregaba a su hijo? Pensaba que era un chico inmaduro, pero parecía haber reflexionado mucho más de lo que Jin-woo imaginaba. No parecía que fuera a dejarse convencer.

“Ahora que escuchaste su corazón y viste la foto, tus sentimientos están a flor de piel. Tómate un tiempo y piénsalo más. Yo volveré a hablar con Woo-won.”

Jae-hee suspiró aliviado y se frotó la cara. En realidad, no confiaba plenamente en Jin-woo. Por mucho que se preocupara por él, al final Jin-woo llegaría a la misma conclusión que Woo-won. No era por maldad, sino porque él era la persona de Woo-won. Su prioridad siempre sería su hermano.

Jae-hee tomó una decisión: si Woo-won persistía en obligarlo a abortar, escaparía para proteger a su hijo.

“Y... ¿alguna vez te has sentido extraño o confundido después de tener relaciones con Woo-won?”

“No estoy seguro.”

“Puedes hablar con confianza. Te pregunto como médico para un diagnóstico preciso.”

“Bueno... creo que después de que él eyaculaba, yo solía lamer las flores que crecían en sus muslos. Mis recuerdos no son claros, son fragmentos... pero ese aroma era muy peculiar.”

“¿Desde cuándo...? ¿Fue así desde el principio?”

Jae-hee asintió con el rostro encendido. Jin-woo suspiró. Aunque era pronto para asegurar nada, parecía que Jae-hee había sufrido síntomas de intoxicación desde su primer encuentro sexual con su pene. Eso también explicaba por qué los efectos secundarios aparecieron tan pronto. La situación era, en todos los sentidos, agobiante.

* * *

Moon Jin-woo caminaba con el cansancio marcado en el rostro hacia la cafetería del primer subsuelo, sosteniendo su termo verde. Tras pasar la noche en vela en el laboratorio, su aspecto era deplorable.

“¿Un expresso?”

“Sí. Cinco cargas, póngalas aquí, por favor.”

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El empleado tomó la tarjeta y el termo, procesó el pago y activó el molinillo. Mientras escuchaba el grano molerse y disfrutaba del aroma sutil, Jin-woo se presionó las sienes con los dedos para aliviar la punzada de dolor.

Anoche había llegado la respuesta de la Sociedad de Rasgos Especiales a la que había consultado días atrás. El representante propuso una videoconferencia a la 1:00 p.m. hora de Washington, lo que significaba las 3:00 a.m. en Corea.

Como el que tiene sed es quien cava el pozo, no tuvo más remedio que adelantar trabajo de sus tesis hasta esa hora para unirse a la reunión. Lo primero que hizo el representante de la Sociedad fue preguntar si había algún Pistilo Oculto sufriendo efectos secundarios en Corea. Jin-woo, tomado por sorpresa, soltó una risa incómoda y evadió la pregunta con vaguedades; no tenía intención de convertir a Cha Jae-hee en una rata de laboratorio.

La reunión fue tan interesante que valió la pena la espera. La Sociedad informó que estaban volcando todos sus esfuerzos en encontrar una forma de mitigar los efectos secundarios de los Pistilos Ocultos que no fuera el parto. Mencionaron que se estaba llevando a cabo una investigación en Japón y, aunque no podían revelar detalles aún, aseguraron con entusiasmo que los resultados preliminares eran positivos.

Jin-woo preguntó minuciosamente sobre casos previos, comparando mentalmente cada descripción con las reacciones de Jae-hee. Tras dos horas de conferencia, organizó sus notas y buscó material adicional hasta que empezó a amanecer. El cansancio le resecaba los ojos, pero tenía consultas por la mañana, así que debía despejar su mente a toda costa.

“Aquí tiene sus cinco cargas de expresso. Le agregué cinco cubitos de hielo.”

“Gracias.”

“Que tenga un buen día.”

Jin-woo se sentó en un lugar vacío y se llevó el termo a la boca. El café, algo tibio por el hielo derretido, le revolvió el estómago vacío, pero la acidez parecía agudizar sus sentidos. Con su dosis de cafeína inyectada, se dirigió a la planta VIP.

Al salir del ascensor, vio a varios hombres con trajes negros parados en grupo. “¿Qué es esto tan temprano? ¿Habrá ingresado algún jefe de la mafia?”, pensó mientras se acariciaba la barbilla áspera por la falta de afeitado. En la entrada, la enfermera de la planta VIP discutía con un hombre de aspecto vulgar.

“¡Que soy el tutor de Cha Jae-hee! ¿No ves esto? ¡Soy el padre y vengo por mi hijo, ¿con qué derecho me detienen?!”

“Lo siento, pero la planta VIP prohíbe el ingreso a cualquier tutor que no esté registrado.”

Jin-woo frunció el ceño, se acercó y le arrebató de un tirón el papel que el hombre sostenía. El encabezado decía: ‘Certificado de Relación Familiar’.

Era el certificado de Yang Pil-soo y, de manera inverosímil, en la casilla de ‘Hijo’ figuraba el nombre de Cha Jae-hee. Jin-woo soltó una carcajada de pura incredulidad.

¿El hombre que había abusado y maltratado a Jae-hee se había convertido en su padre?

“¿Y tú quién eres?”

“¿Acaso Jae-hee estuvo de acuerdo con esto? No hay forma de que lo hiciera.”

“Cierra la boca y trae a Jae-hee antes de que denuncie que lo tienen secuestrado aquí.”

“Enfermera Yoon, ¿verdad que esta situación es muy amenazante?”, preguntó Jin-woo enfatizando la palabra.

La enfermera, con los labios temblando, asintió levemente. Jin-woo sonrió con suficiencia y sacó el teléfono del bolsillo de su bata. En ese momento aparecieron los guardias de seguridad del hospital.

“Nuestra enfermera se siente amenazada, así que puedo denunciarlo por coacción ahora mismo, ¿verdad?”

“¿Qué?”

Cuando Jin-woo marcó el 112 y le mostró la pantalla, Yang Pil-soo torció el gesto. Tras fulminarlo con la mirada un momento, se marchó rápidamente con sus secuaces. La seguridad escoltó a la enfermera de vuelta al interior.

Jin-woo miró el certificado que le había quitado a Yang Pil-soo y suspiró. La vida de Jae-hee no tenía un segundo de paz. Dobló el papel, se lo guardó y fue a verlo. Antes de llamar a la puerta, observó por la pequeña ventana. Jae-hee estaba junto a la ventana abierta, mirando la foto de la ecografía. Acariciaba el papel con suavidad y sonreía tímidamente. Jin-woo sintió un sabor amargo en la boca.

Llamó suavemente. Jae-hee guardó la foto en su bolsillo a toda prisa y se incorporó.

“Buen día, Jae-hee.”

“Ah, hola, doctor.”

“¿Cómo se siente? ¿Le duele la cabeza o algo?”

“Estoy bien.”

“Recuerde que esta tarde iremos a ver los resultados de los exámenes de la vista de ayer. Vendré por usted cuando termine mis consultas.”

“… ¿Y el señor Woo-won?”

Jin-woo se rascó la cabeza, incómodo. La noche que habló con Jae-hee, fue a buscar a Woo-won a su casa porque no atendía el teléfono. Tras rogarle a seguridad del edificio, logró hablar por el intercomunicador, pero Woo-won fue tan tajante como Jae-hee: no pensaba cambiar de opinión.

Él quería que se interrumpiera el embarazo. Pero Jin-woo no tenía el valor de decírselo a Jae-hee.

“Bueno, él simplemente...”

“… Ya me lo imaginaba.”

Jae-hee sonrió con amargura. No se sentía decepcionado porque, en realidad, no esperaba nada. Por eso mismo había ocultado sus problemas de vista; sabía que la personalidad de Woo-won no era de las que ofrecen consuelo.

Le dolía ser rechazado por él, especialmente porque sentía que un sentimiento unilateral crecía en su pecho. Estaba preparado, pero aun así, su corazón se hundía. Se dio cuenta de que estaba verdaderamente solo en el mundo. Por eso deseaba proteger a este bebé con más fervor que nadie. Para salvar a esta pequeña vida, solo quedaba un camino.

“Doctor, lamento mucho pedirle esto, pero……”

Jae-hee jugueteó con el vendaje de su cabeza con expresión de apuro. Jin-woo temió que soltara otra bomba, pero esperó con paciencia. Jae-hee, casi a punto de llorar por la vergüenza, habló:

“Es que... tengo muchísimas ganas de comer sopa de pollo con arroz.”

“¿Eh?”

Mientras hablaba, Jae-hee tragaba saliva constantemente; sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso por la timidez. Jin-woo se sintió culpable: estando embarazado, era lógico que tuviera antojos y él no lo había tenido en cuenta.

“¿Cree que podría pedírselo a la señora que ayuda en la casa?”

Jin-woo lo pensó un momento y llamó a la señora que trabajaba para Woo-won.

“Señora, soy Jin-woo. Jae-hee tiene antojo de sopa de pollo, ¿podría prepararle un poco?”

—¡Ay! Justo hace unos días me pidió y preparé una olla, pero la tiré esta mañana porque nadie la comió. Iré a comprar los ingredientes ahora mismo.

“¿Y le molestaría traérsela usted misma? Es que tengo consultas toda la mañana.”

—Claro que sí, doctor.

“Avíseme cuando llegue al hospital.”

Al saber que la señora vendría con la sopa, Jae-hee aplaudió de alegría como un niño. Jin-woo sintió que su resolución flaqueaba.

Jae-hee, que probablemente nunca había decidido nada por sí mismo en su vida, había tomado la firme determinación de proteger a su hijo. ¿No sería mejor ayudarlo en lugar de obligarlo a desistir? Al fin y al cabo, se trataba de hacerse responsable de su propia sangre. Técnicamente, nadie tenía derecho a prohibírselo.

“Disfrute la sopa cuando llegue la señora.”

“Muchas gracias.”

Jin-woo le apretó suavemente el hombro y salió de la habitación con la mente hecha un lío. Subió al ascensor y llamó a Woo-won, pero el tono de llamada sonó hasta el final sin respuesta. Al salir, le dejó un mensaje pidiéndole que lo llamara.

Una brisa fresca entraba por las ventanas del pasillo. A pesar del frío de fin de invierno, el aire se sentía vivificante. Jin-woo dejó de lado sus preocupaciones y abrió la puerta de su consultorio.

* * *

Jae-hee se despertó sobresaltado por el vibrar incesante de su teléfono. Parpadeó aturdido un momento antes de recuperar la lucidez y revisar la pantalla. Era el número de la señora de la casa.

“¿Hola?”

-Jae-hee, soy yo. No sé si lo que estoy haciendo está bien.

“Lo siento mucho, señora. Pero de verdad quiero proteger a este bebé.”

-Ay, por Dios... Ya pedí un taxi en el segundo subsuelo. La matrícula es 6789. Le pedí a alguien que dejara el bolso con la gorra y la ropa en el armario de limpieza del baño de hombres, al lado de la tienda de conveniencia del primer subsuelo.

“Gracias. Y, por favor, llame al doctor Moon en unos treinta minutos.”

-No sé si esto es lo correcto, pero por favor, cuídate mucho. Me parte el alma verte así.

Jae-hee se frotó el rostro con fuerza y sacó la ropa del armario. Se puso una camiseta y pantalones debajo de la bata de hospital, y encima se colocó una campera acolchada. Dio unas palmaditas al pecho de la prenda y respiró hondo.

Anoche, mientras yacía en la cama, Jae-hee había analizado quién podría ofrecerle ayuda real. Los únicos nombres que le venían a la mente eran Moon Jin-woo, Kang Yu-chan o el tío Hee-bong del Sector 12. Pero descartó a los dos primeros por ser gente de su hyung, y al tío Hee-bong porque, si Yang Pil-soo lo descubría ayudándolo, no quedaría ni rastro de él. Salir solo del hospital parecía imposible... hasta que recordó a la señora. Ella era una mujer afectuosa y compasiva; había una posibilidad de que lo ayudara si conocía su situación. No perdía nada con intentarlo.

Llamó a la señora, le explicó todo y le suplicó. Aunque al principio ella se negó rotundamente, tras una súplica desesperada, terminó cediendo y preguntando qué podía hacer. Jae-hee se sintió culpable, pero era la única forma de salvar a este hijo que su hyung no deseaba.

Se guardó la billetera en el bolsillo, borró los mensajes y el historial de llamadas del teléfono, y lo dejó bajo la almohada envuelto en una nota que ya había preparado. Una vez listo, salió apresuradamente de la habitación.

Cruzó la entrada de la planta y se acercó al ascensor. Mientras esperaba, una enfermera salió y le preguntó a dónde iba.

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“Al área de descanso del primer subsuelo. Voy a comer algo. El doctor Moon está al tanto.”

“Está bien, adelante.”

Jae-hee terminó la conversación rápido y esperó a que el ascensor subiera. Exhaló un suspiro tembloroso y se frotó las palmas de las manos, húmedas por la tensión, contra el pantalón. Subió al ascensor con calma, pulsó el botón del primer subsuelo y se mordió los labios resecos.

Su plan era quitarse la bata en el baño, bajar al segundo subsuelo y tomar el taxi. Repasó el trayecto en su mente y salió del ascensor mezclándose con la multitud de pacientes que llenaba el hospital.

Se dirigió directo al baño y encontró el bolso que la señora le había preparado en el armario de limpieza. Revisó el contenido, se encerró en un cubículo, se quitó la bata y se encajó la gorra.

Ahora solo faltaba salir del hospital sin incidentes. Pero justo cuando iba a quitar el pestillo para salir, escuchó una voz masculina muy familiar desde afuera.

“En cuanto atrape a esa rata de Cha Jae-hee, nos vamos, así que ten todo listo. ¿Eh? ¡Que sí, que el jefe fue a administración para registrarse como tutor! Legalmente, nuestro jefe es el padre de esa rata, carajo. Oye, te digo que estaré allí pronto.”

Jae-hee se quedó petrificado, incapaz de moverse. Era, sin duda, la voz de Mangchi, uno de los secuaces de Yang Pil-soo.

Volvió a echar el pestillo sin hacer ruido y se dejó caer sobre el inodoro. Afuera, el hombre seguía soltando groserías mientras orinaba en el mingitorio. Tener a Mangchi tan cerca le provocó un mareo tal que le costaba mantener la consciencia.

“¡Que ya voy! No me presiones más.”

Se escuchó el sonido de un cierre subiéndose y la voz de Mangchi se fue alejando. Sin embargo, Jae-hee permaneció sentado, sin atreverse siquiera a pensar en salir.

Su corazón latía desbocado. ¿Por qué estaba Yang Pil-soo en el hospital? Se frotó la cara con manos temblorosas y respiró profundamente. Si Yang Pil-soo lo atrapaba, sería el fin. No sabía cómo reaccionaría el hombre al descubrir que Jae-hee era un Pistilo que no moría a pesar de la floración completa. No solo el bebé en su vientre, sino su propia integridad física estarían en grave peligro.

Pero no podía quedarse allí para siempre. Tenía que tomar el taxi que la señora le había enviado.

Jae-hee se dio unas palmaditas en las mejillas para recuperar el juicio. No había tiempo que perder. Se colgó el bolso al hombro, quitó el pestillo con cuidado y salió del baño hacia las escaleras de emergencia. Bajó corriendo, sintiendo que alguien estaba a punto de atraparlo por la nuca.

Abrió la puerta y oteó el estacionamiento subterráneo. El olor rancio característico del lugar le provocó náuseas. Tragó saliva y buscó desesperadamente un taxi con las balizas encendidas.

A lo lejos, vio un vehículo con las luces de emergencia parpadeando. Sin embargo, su vista estaba nublada y no logaba distinguir si era un auto particular o un taxi. No tenía más opción que acercarse.

Apretó con fuerza el bolso y corrió hacia el vehículo.

“¡Oye, hijo de puta! ¡Cha Jae-hee!”

De repente, la voz escalofriante de Mangchi resonó a sus espaldas. Jae-hee corrió con todas sus fuerzas sin mirar atrás. Abrió la puerta trasera del auto y se lanzó adentro.

“¡Señor, arranque! ¡Arranque, por favor! ¡Rápido!”

Mangchi, con el rostro enrojecido por la furia, estiró la mano hacia la puerta trasera. Jae-hee cerró los ojos con fuerza.

* * *

A veces, en la vida, hay días así. Días en los que una suerte pequeña pero inesperada se hace presente, dejando a uno con una sensación de inquietud. El clima era terriblemente radiante, la carretera hacia el aeropuerto estaba despejada y libre de congestión, e incluso logró estacionar al primer intento. No solo eso; aquel contrato que le había dado dolores de cabeza durante meses se cerró sin fisuras y el sabor del café era el punto justo.

A diferencia del bajo estado de ánimo de Woo-won, todo fluía a la perfección. Era como si la diosa de la fortuna estuviera totalmente de su lado. Por eso, en su interior, empezó a crecer la expectativa de que quizás también recibiría buenas noticias en Japón.

Woo-won terminó los trámites y esperaba el embarque en la sala VIP. Mientras navegaba por las noticias en su teléfono, la pantalla cambió repentinamente a una llamada entrante. Como había dejado su teléfono habitual en la empresa y traía consigo el secundario, la única persona que conocía ese número era Kang Yu-chan. Frunció el ceño y atendió.

“¿Qué pasa?”

-Hyung, ¿todavía estás en Corea?

“Estoy esperando para embarcar. ¿Por qué?”

-Te voy a enviar un enlace ahora mismo, revísalo.

Pronto llegó un mensaje. Al hacer clic en el enlace, apareció un artículo. En el instante en que leyó el titular, un insulto escapó de sus labios.

Sehwa Farmaceutica lanza 'Hyken', un nuevo fármaco para el tratamiento de la Flor Caída

Una risa vana y desolada brotó ante lo absurdo de la situación. Sehwa Farmaceutica se había adelantado a lanzar el tratamiento que Farmaceutica Lee-do planeaba sacar en la segunda mitad del año y que aún estaba en fase de pruebas clínicas.

El ex representante de Sehwa, Han Tae-hwa, era alguien que dirigía la empresa priorizando la seguridad. Tras el fracaso en el desarrollo de anticonceptivos para Pistilos, había declarado la suspensión provisional del desarrollo de nuevos fármacos para concentrarse únicamente en medicamentos genéricos, cuya estabilidad ya estaba comprobada.

Sin embargo, Sehwa, que siempre se había mostrado escéptica ante la innovación, lanzó de imprevisto un nuevo fármaco, y para colmo, el tratamiento para la Flor Caída. Era una situación imposible de comprender.

Ese tratamiento era un proyecto en el que Farmaceutica Lee-do había invertido seis largos años. Solo el monto destinado al llamado 'PPO-121' ascendía a decenas de miles de millones. No era solo el capital; era la entrega y el esfuerzo de investigadores que soportaron innumerables fracasos y frustraciones para que, finalmente, el fruto comenzara a madurar. Pero ahora, todo corría el riesgo de desvanecerse.

Era imperativo obtener el Hyken de Sehwa cuanto antes para analizar sus componentes. Woo-won reacomodó el teléfono y ordenó con voz calmada:

“Convoca a los equipos legal, de seguridad, de investigación e IT, y prepárate para armar un equipo de auditoría interna. Que confisquen todas las computadoras, laptops personales y tablets en el centro clínico, la sede y las fábricas. Incluye a los empleados que renunciaron recientemente.”

-Crees que hubo una filtración interna, ¿verdad?

“¿De qué otra forma iban a desarrollar un fármaco nuevo? Seguro hay algún empleado compinchado con Sehwa. Qué atrevimiento.”

-Me pongo en marcha de inmediato.

“Y consigue el tratamiento de Sehwa lo más rápido posible.”

Ya no podía seguir ignorando las excentricidades de Seok Moon-seok. De por sí ya le guardaba rencor por el asunto de Cha Jae-hee; aprovecharía esta oportunidad para destrozar el pedestal de flores sobre el que ese hombre estaba sentado.

Woo-won renunció por completo a su viaje y salió de la sala VIP. Mientras caminaba hacia el estacionamiento, estuvo a punto de llamar a Cha Jae-hee, pero al darse cuenta de que no tenía su número, frunció el entrecejo. Una risa amarga se le escapó. Maldita diosa de la fortuna; esto no era más que la calma antes de la tormenta.

Se sentó en el asiento del conductor, encendió el motor y se puso un cigarrillo en la boca. Como representante de la empresa, no le agradaba en absoluto tener que sospechar de sus empleados. Aunque la investigación exploraría todas las posibilidades, el peso de las sospechas se inclinaba hacia una traición interna.

Apartó sus pensamientos y encendió el cigarrillo. Justo cuando iba a poner la marcha para salir, el teléfono sonó. Era Kang Yu-chan. Parecía estar bastante alterado. Woo-won pisó el acelerador para salir del estacionamiento y conectó la llamada por Bluetooth.

“Voy camino a la oficina. La reunión...”

-Hermano, hay un problema grave. Cha Jae-hee desapareció.

¡Chirrido! El sonido de los neumáticos friccionando contra el pavimento fue seguido por el sacudón de su cuerpo hacia adelante. El corazón se le desplomó. Sintió que la vista se le oscurecía y se cubrió los ojos con una mano. Por un instante, la imagen de la espalda solitaria de Jae-hee, vista a través de la pequeña ventana de la habitación del hospital, cruzó su mente.

“¿De qué estás hablando? Explícate bien.”

-Acabo de recibir el aviso de Jin-woo hyung, así que no sé los detalles exactos. Pero hyung dice que parece que Jae-hee se fue por su propia cuenta.

“¿Por su cuenta? Envíame el número de Jin-woo hyung y dile al director Choi que vaya al hospital.”

-Sí. Y hermano, te digo esto solo por precaución... espero que priorices la empresa antes que el asunto de Cha Jae-hee.

Woo-won no respondió y cortó la comunicación. La mano que aferraba el volante temblaba. Lo sentía por Yu-chan, pero en el momento en que escuchó que Jae-hee había desaparecido, los asuntos de la empresa se borraron por completo de su mente.

Con todo lo que se le venía encima a la vez, su cabeza era un caos. Ambos problemas eran urgentes, pero Jae-hee le pesaba más en el corazón. ¿A dónde se habría ido con ese cuerpo que ya cargaba un hijo?

A medida que le daba vueltas, sentía que le faltaba el aire y un dolor punzante le oprimía el pecho. Más que enojo, sentía una preocupación tal por la seguridad de Jae-hee que no podía hacer nada.

Era demasiado peligroso conducir en ese estado. Woo-won volvió a estacionar el auto en el aeropuerto y tomó un taxi.

Esos ojos que lo miraban como si estuvieran a punto de estallar en llanto no dejaban de aparecer ante él. La decisión de interrumpir el embarazo había sido puramente por el bien de Jae-hee. Deseaba que él pudiera aspirar a una vida un poco mejor.

“¿A dónde lo llevo?”

“Al Hospital Idal Stamen, por favor.”

En la empresa sobraba gente capaz de idear planes de contingencia aunque él no estuviera. En realidad, Farmaceutica Lee-do era fruto del crecimiento impulsado por Yu-chan, los ejecutivos y los empleados. A pesar de que su intoxicación era tan severa que pasaba más días fuera que dentro de la oficina, la empresa había mantenido un crecimiento constante. Por eso, confiaba en que sabrían lidiar con la situación sin él.

Sin embargo, a diferencia de la empresa, sentía la urgencia de que, si no actuaba ahora, Jae-hee se alejaría más y más hasta desaparecer para siempre.

Woo-won fijó la vista en el paisaje que pasaba velozmente. Poco después, llegó el mensaje de Yu-chan. Revisó el número y llamó de inmediato a Jin-woo. El tono de llamada se prolongó.

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Estaba perdiendo la paciencia debido a que Jin-woo no atendía. Fue al tercer intento cuando finalmente escuchó su voz.

-Sí, habla Moon Jin-woo.

“¿Qué pasó con Cha Jae-hee?”

-… ¿Kang Woo-won? ¿Qué es este número? ¡Y por qué diablos no atendías!

“Deja de decir estupideces y explícame qué demonios pasó.”

-Es lo que escuchaste, Jae-hee desapareció. No hay indicios de secuestro, pero no podemos descartar ninguna posibilidad. Yang Pil-soo estuvo aquí esta mañana.

Al oír ese nombre, la mirada de Woo-won se volvió gélida.

-¿Acaso lo sabías? Dicen que Yang Pil-soo es el tutor legal de Cha Jae-hee. Presentó el certificado de relación familiar y se registró como tutor en administración. ¿No me digas que Jae-hee estuvo de acuerdo?

“Imposible.”

Las palabras de Jin-woo hicieron que Woo-won recobrara la lucidez. Sin importar si los papeles de adopción eran falsos o no, actualmente Yang Pil-soo era el tutor legal y poseía los derechos correspondientes. Si Jae-hee, que se había marchado por su cuenta, sufría algún percance y el hospital o la policía debían contactar a alguien, no lo llamarían a él, sino a Yang Pil-soo.

No solo eso; si Yang Pil-soo quisiera, podría crear una empresa fantasma a nombre de Jae-hee, pedir préstamos usándola como garantía, o involucrarlo en lavado de dinero y tráfico de drogas. Jae-hee terminaría siendo cómplice de crímenes sin haberlo deseado. Si ese tipo fue capaz de falsificar una adopción para ser su "padre", era capaz de cualquier cosa.

Woo-won se recriminó haber sido tan ingenuo pese a las señales de que Yang Pil-soo quería invalidar el contrato con el laboratorio. Pero por ahora, no quedaba más que observar. Incluso para iniciar una demanda de nulidad de adopción, era necesario que el interesado, Jae-hee, estuviera presente.

Era lamentable que Yang Pil-soo tuviera otra vez la oportunidad de encadenar a Jae-hee.

“Voy camino al hospital, hablemos cuando llegue.”

-Y sobre Jae-hee...

“¿Qué clase de relación tienes tú con él para llamarlo Jae-hee, Jae-hee a cada paso? Es molesto.”

-Estás loco. Lo llamo por su nombre, ¿cómo quieres que lo llame? ¿Acaso 'Fulanito'?

“Es molesto.”

-Qué patético eres, de verdad.

“Hablemos cara a cara.”

Woo-won se guardó el teléfono y se desplomó contra el asiento. Su corazón seguía latiendo desbocado. En el instante en que supo que Jae-hee se había ido, tuvo la ilusión de que el mundo perdía todo color y sonido. La palabra "impacto" no bastaba para describirlo.

Su mente estaba llena de imágenes de Jae-hee en las peores situaciones imaginables. Imaginarlo siendo maltratado por alguien o atrapado por Yang Pil-soo era un tormento. Se sintió un estúpido por pensar que, mientras durara el contrato, él estaría bajo su ala sin falta. ¿Qué importancia tenía ese maldito contrato? Había olvidado que era una relación que podía terminarse así, con una huida.

Le había dado comida, ropa y techo sin que le faltara nada, ¿qué le era tan insuficiente como para escapar por su cuenta? No lograba entender la conducta de Jae-hee. ¿Acaso... era por el bebé? Si realmente había escapado para proteger a esa criatura que aún no tenía forma, sentía que estallaría de rabia.

El taxi se detuvo frente al lobby del Hospital Idal Stamen. Woo-won sacó su tarjeta de la billetera, pagó y bajó del vehículo. El día estaba excesivamente cálido. “Al menos no se morirá de frío en ninguna parte”, pensó con ironía mientras entraba al hospital.

“Kang Woo-won.”

Jin-woo se acercó a paso rápido y lo tomó de la mano. Woo-won intentó soltarse de ese contacto desagradable, pero el otro le puso algo en la palma.

“Es lo que dejó Jae-hee... digo, Cha Jae-hee.”

En su mano estaban el teléfono de Jae-hee y una nota de papel. Se guardó el móvil y desplegó la nota. Vio una caligrafía trazada con cuidado, con trazos redondeados que se parecían al mismo Jae-hee. El rostro de Woo-won se deformó en una expresión feroz mientras leía. Tal como sospechaba, la nota decía que sentía no poder cumplir el contrato y que se marchaba para proteger al bebé.

“Maldita sea, esto es una mierda.”

“Vamos al laboratorio, tenemos que hablar.”

“Olvídalo. No hay nada más de qué hablar. No hace falta.”

“Cierra la boca y entérate de lo que le hiciste a Jae-hee antes de hablar. No quiero montar una escena contigo aquí, así que sígueme al laboratorio.”

Woo-won observó desconcertado la espalda de Jin-woo mientras se alejaba.

Jin-woo no era alguien que soliera enfadarse. Generalmente prefería ceder o resignarse. Por eso, cuando Woo-won se ponía terco, él solía abandonar el intento de convencerlo y terminaba dándole la razón. Pero ahora estaba furioso. Woo-won estaba atónito.

De hecho, durante los últimos días Jin-woo había insistido constantemente en hablar. Woo-won lo había evitado deliberadamente porque sabía que saldría el tema del bebé, pero ¿había algo más que él no supiera?

Se frotó los labios y lo siguió al laboratorio. Al abrir la puerta de golpe sin llamar, Jin-woo, sin siquiera invitarlo a sentarse, desbloqueó una tablet y se la deslizó por la mesa.

“¿Qué es esto?”

Jin-woo no respondió. Woo-won chasqueó la lengua y tomó la tablet. En la pantalla aparecía una tesis titulada 'Teoría de la Evolución de los Pistilos'. ¿Existía una tesis así? Woo-won ladeó la cabeza y comenzó a leer el contenido.

Al ver el sello de "Confidencial" en la portada, supuso que no era un documento común. Sin entender a dónde quería llegar el otro, leyó por encima hasta que apareció una mención sobre los Pistilos Ocultos; entonces enderezó la postura y leyó con atención.

“¿El Hall?”

“Exacto. Recuerdas que dijiste que sentiste algo extraño cuando tuviste relaciones con Jae-hee. Probablemente fue en ese momento cuando se manifestó el Hall.”

“Espera un segundo.”

Woo-won volvió a leer desde el principio lo que había pasado por alto. En resumen, la función última del Hall es aumentar temporalmente las probabilidades de embarazo. Cuando un Pistilo Oculto desarrolla problemas físicos debido a los efectos secundarios de la toxicidad, la función del Hall se manifiesta para resolverlos a través del embarazo.

Esto significaba que Jae-hee había desarrollado efectos secundarios por el veneno, que el Hall se había manifestado para mitigarlos y que, por esa razón, se había producido el embarazo.

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“Lo que me preocupa es que la función del Hall se manifestó demasiado pronto. Solo han pasado unos tres meses desde que estás con él. Por donde se mire, es demasiado rápido.”

“Déjate de rodeos. ¿Lo que quieres decir es que Jae-hee está sufriendo efectos secundarios por mi veneno?”

“Así es.”

“No, espera. ¿Estás seguro de que se manifestó ese órgano? ¡Cómo puedes asegurarlo si dijiste que no se puede ver a simple vista!”

“Todos sufrieron síntomas similares cuando se manifestó el Hall. ¿Acaso no fue ese síntoma lo que te inquietó tanto como para llamarme aquella noche?”

Olvidando que estaba en el laboratorio de Jin-woo, Woo-won sacó un cigarrillo con urgencia y se lo puso en los labios. Justo cuando iba a encenderlo, Jin-woo se lo quitó de la boca en silencio y lo dejó a un lado. A Woo-won se le secó la boca por la ansiedad.

Esa sensación extraña de aquel día seguía vívida en su memoria. Había desgarrado una fina membrana en algún lugar del cuerpo de Jae-hee al penetrarlo. Las reacciones inusuales de Jae-hee después de ese día también lo habían inquietado. A decir verdad, si últimamente se había limitado a juegos ligeros o sexo oral para eyacular era precisamente porque ese incidente lo tenía preocupado.

Sabía que Jae-hee podía sufrir efectos secundarios por su veneno, pero enfrentarse a la realidad de golpe lo asfixiaba.

“¿De cuánto está?”

“Unas cinco semanas.”

Haciendo cálculos rápidos, las fechas coincidían. Woo-won se dio unas palmaditas en las mejillas para despejarse. Se hubiera manifestado el órgano o no, lo hecho, hecho estaba. No podía volver atrás, así que debía buscar una solución. Pero sin el interesado presente, de nada servía planear nada.

“¿Sabes qué efectos secundarios tiene?”

“Retinopatía tóxica. Es una enfermedad que aparece en los Pistilos que tienen relaciones con Estambres de Veneno; ocurre porque el veneno causa inflamación en la retina del Pistilo.”

“¿En los ojos?”

“Si se deja así, quedará ciego. Pero como él es un Pistilo Oculto, no sabemos qué pasará.”

Woo-won se levantó y empezó a caminar de un lado a otro. Los efectos secundarios habían afectado su visión.

Pensándolo bien, él mismo había notado algo raro en Jae-hee. Hubo varias veces en las que él miraba al vacío sin enfocar la vista, o se frotaba los ojos con fuerza durante el acto. Nunca imaginó que fuera por los efectos secundarios.

Si tan solo hubiera estado más atento entonces...

“... ¿Es un diagnóstico confirmado?”

“Sí, el resultado llegó esta tarde, pero Jae-hee se fue antes de escucharlo.”

Woo-won se cubrió el rostro con ambas manos y soltó un largo suspiro. Sin saber nada de esto, él solo le había exigido que abortara; no podía ni imaginar la ansiedad y el miedo que Jae-hee debió sentir.

Si tan solo se lo hubiera dicho. Si hubiera sabido de los efectos secundarios, él habría buscado una solución por cualquier medio.

“... El día que irrumpiste en la habitación, eso fue lo que Jae-hee me pidió que no te contara. Creo que tenía miedo de que lo abandonaras.”

“Maldición, esto me va a volver loco.”

“Le dije que tuviera al bebé y lo diera en adopción, pero se negó. Dijo que lo criaría él. Por más que intenté convencerlo de lo difícil que es criar a un niño, no hubo caso.”

“¡Si ni siquiera puede cuidar de sí mismo, ¿cómo va a criar a un hijo?!”

Woo-won sentía una rabia interna que le hacía doler la cabeza. Pensaba que con la muerte de Cha Jae-hyun la vida de Jae-hee finalmente tendría un respiro, pero ahora había surgido algo peor. Y era por su culpa.

Como un estúpido, sin saber nada, por pensar en el futuro de Jae-hee dentro de tres meses en lugar de su presente, terminó hiriendo profundamente el corazón de ese joven y provocando que huyera. Woo-won se apretó el pecho con un gemido sordo. Quizás por el ritmo cardíaco anormalmente acelerado de hace un rato, sentía una opresión dolorosa en el corazón.

“Te lo mereces.”

“…….”

“Cha Jae-hee es demasiado para ti. Pero por qué diablos tenía que ser compatible contigo.”

<Continuará en el Volumen 4>