#113-#114

 


2

“¿De qué está hablando este hombre?”.

Chrissy solo podía mirarlo con fijeza, perdido. No podía creer nada de lo que acababa de escuchar, especialmente lo último. Nathaniel Miller guardó silencio tras soltar aquellas palabras. El vacío se instaló entre ambos. Chrissy tenía tanto que decir que, de repente, se quedó sin palabras. ¿Cuánto tiempo pasaron así, simplemente observándose en silencio?

Un breve golpe en la puerta interrumpió el momento. El policía que había guiado a Chrissy hasta allí asomó la cabeza.

“Se acabó el tiempo. Salga, por favor”.

Solo entonces Chrissy se dio cuenta de que no había logrado articular respuesta alguna. El arrepentimiento lo golpeó tarde, pero el tiempo ya se había agotado. Vaciló, pero terminó levantándose dócilmente. Justo cuando estaba a punto de cruzar el umbral, Chrissy abrió la boca.

“… Volveré”.

Al girarse y pronunciar esas palabras con esfuerzo, una tenue sonrisa asomó en los labios de Nathaniel. Esa fue toda su reacción. Chrissy se mordió el labio inferior, volvió la cabeza y salió de allí.

… Qué sofocante.

A pesar del día inusualmente soleado y el aire fresco, Chrissy sentía un nudo opresivo en el pecho. ¿Cómo debía procesar todo esto? La repentina confesión de Nathaniel Miller y la situación en sí eran un caos confuso. Se cubrió el rostro con una mano, deteniéndose un momento antes de recuperar la compostura y levantar la vista.

Lo primero es confirmar cómo avanza el caso.

El hecho de que Nathaniel Miller mató a su padrastro era una verdad inmutable. El problema era cómo procedería el caso de ahora en adelante. La fiscalía obviamente presentaría cargos por asesinato, pero ¿cómo sería la defensa? ¿Había alguna oportunidad de ganar? Una absolución era imposible, así que…

Al llegar a ese pensamiento, Chrissy frunció el ceño.

¿Por qué estoy pensando desde la perspectiva del asesino?

Si cometió un crimen, debe pagar el precio correspondiente. Sin importar la razón, el asesinato es el delito más atroz.

Sin embargo, ¿intentaba ajustar el juicio a favor de Nathaniel porque se trataba de él, o porque la víctima era ese hombre?

La justicia es un valor absoluto. La balanza no debe inclinarse bajo ninguna circunstancia. ¿Acaso la Dama de la Justicia no se venda los ojos para mantener el equilibrio perfecto? Pero la balanza de Chrissy ya estaba inclinada. No dejaba de pensar en cómo reducir la condena de Nathaniel. Al darse cuenta de esto, su confusión aumentó.

“… Haah”.

Justo cuando soltaba un profundo suspiro, sintió la vibración de su teléfono. Al revisar el número, recordó a la persona que había olvidado por completo.

“… Madre”.

Contestó y apenas abrió la boca, escuchó sollozos del otro lado.

—Chrissy… ayúdame, por favor… ¿qué es todo esto?…

Chrissy se quedó en silencio un momento, escuchando el llanto de su madre. En esta situación, ella también era una víctima. ¿Qué tan grande sería el impacto al descubrir la verdadera naturaleza del hombre en quien confió toda su vida?

“Iré hacia allá ahora mismo”.

Dijo Chrissy antes de colgar. Él era el único que podía consolarla en este momento.

***

El barrio, antes silencioso y pacífico, respiraba ahora una atmósfera agitada. Quizás debido al terrible asesinato, el aire se sentía gélido y lúgubre. Chrissy estacionó en la calle frente a la casa, probablemente en el mismo lugar donde Nathaniel había detenido su auto. El jardín, que su padre cuidaba constantemente, estaba hecho un desastre de tierra y hierba pisoteada por la gente. Parecía una señal de que ya no quedaba nadie para cuidarlo.

Entrar de nuevo en la casa de la que apenas había logrado escapar requería un valor inmenso. Frente a la puerta, antes de tocar el timbre, respiró hondo y apretó los puños para controlar el temblor de sus manos.

El familiar y espantoso sonido del timbre resonó tras la puerta. Poco después, oyó pasos apresurados y la puerta se abrió de par en par sin siquiera verificar quién era.

“¡Chrissy…!”.

“Madre”.

Chrissy la abrazó para consolarla mientras ella se deshacía en lágrimas. Ella lo apretó con fuerza y luego se apartó rápidamente para hablar.

“Pasa, rápido. No sé qué está pasando… hablemos adentro”.

Su madre se dio la vuelta para entrar, pero Chrissy no podía dar el primer paso. Los recuerdos atroces revivieron como si hubieran ocurrido ayer, dejándolo pálido y paralizado. Ella se giró de nuevo y lo tomó del brazo.

“¿Qué haces? Entra de una vez. Está bien, ya limpiaron todos los rastros”.

Finalmente, Chrissy fue arrastrado al interior. Le pareció percibir un leve olor a sangre, pero seguramente era una alucinación. El interior estaba tan impecable que costaba creer que allí hubiera ocurrido algo tan terrible.

“Siéntate. ¿Quieres algo de beber?”.

“No, estoy bien”.

Chrissy negó con la cabeza y se sentó en un lugar alejado de donde ella le había indicado, buscó la mayor distancia posible de la silla donde solía sentarse su padre. En una situación así, la racionalidad de su madre al ofrecerle una bebida le resultaba casi admirable, a pesar de que su rostro demacrado evidenciaba lo mucho que estaba sufriendo.

Ella asintió ante el rechazo de Chrissy y se sentó en un sofá individual cercano, bajando la cabeza. Por el temblor de sus labios apretados, parecía estar conteniendo el llanto a duras penas.

Debe sentir que su mundo se derrumba, pensó Chrissy mientras tomaba su mano. Intentaba consolarla, pero ella retiró la mano sutilmente. Chrissy asumió que era para secarse las lágrimas.

“¿Qué vamos a hacer ahora?”.

¿Se refería a cómo viviría ella de ahora en adelante? Chrissy se inclinó hacia adelante con los brazos sobre los muslos y respondió.

“Tenemos que superarlo. Usted podrá hacerlo, madre”.

“Por supuesto. Yo también lo creo. Tú me ayudarás, ¿verdad?”.

Chrissy asintió ante la pregunta.

“Claro. Haré cualquier cosa que esté en mis manos”.

Hasta ahí, todo iba bien. Si hubiera terminado ahí, habría sido lo mejor, pero Chrissy soltó las palabras que no debía.

“Sé que usted también debe estar herida por lo que hizo ese tipo. Pero sé muy bien que no es culpa suya, así que…”.

Chrissy se detuvo en seco. La expresión de su madre no era la que él esperaba.

“¿De qué estás hablando?”.

El rostro de ella se volvió gélido, dejando a Chrissy desconcertado. ¿Acaso todavía no lo sabía? Pensó que quizás solo estaba en shock por la muerte repentina de su esposo, pero se equivocaba. Ella lo fulminó con una mirada gélida y continuó con frialdad.

“Él no es esa clase de persona. Todos están equivocados. La investigación está en curso y pronto se aclarará todo… se sabrá que todo es una acusación falsa e injusta…”.

Chrissy se sintió como si le hubieran dado un golpe. Su madre lo sabía, sabía qué clase de hombre era él. Simplemente se negaba a creerlo. Con los periódicos y todo el mundo hablando del tema, debía ser más difícil ignorarlo que aceptarlo. Chrissy sabía lo importante que era ese hombre para ella, tal como su madre biológica lo fue para su padre biológico.

Y su padrastro, al igual que su padre biológico, había traicionado a su esposa. Podía entender perfectamente cuán profundo era ese desespero. Pero eso no justificaba negar la realidad, ni los crímenes que ese hombre cometió.

“Madre, entiendo cómo se siente, pero mi padre no era la buena persona que usted cree”.

Aunque habló con calma, reprimiendo sus emociones, la actitud de ella fue tajante.

“Tu padre no es así. Era un hombre tan devoto, ¿cómo iba a hacer algo semejante? No digas tonterías”.

Al verla enfadarse con él, Chrissy sintió que ya no podía ocultarlo más. Tenía que decirlo. Si no lo hacía ahora, no lo diría nunca. Tenía que decirle cómo ese hombre la había traicionado.

“No, madre”.

Chrissy bajó la voz para contenerse, pero no pudo evitar que su tono temblara.

“Yo también fui víctima de ese tipo. Paso seis meses después de llegar aquí, durante años, me hizo eso”.

Las palabras salieron atropelladas, como un torrente. Confesar el secreto que había guardado tanto tiempo requería una energía inmensa. Sintiendo una debilidad que le recorría todo el cuerpo, miró a su madre y se quedó helado.

Esperaba verla paralizada por el shock, pero ella no mostró la menor vacilación. Al ver el ceño fruncido y sus ojos fijos en él sin una pizca de duda, Chrissy se quedó estupefacto.

¿Qué es esto? No puede ser. Es imposible.

“… Usted lo sabía”.

Chrissy soltó las palabras pesadamente, como si expulsara el aire que tenía atascado. Luego, murmuró con voz vacía, como si hubiera perdido el alma.

“Usted sabía lo que ese tipo me estaba haciendo”.

Su madre levantó la barbilla y entrecerró los ojos. Lo miró con una expresión de desprecio que Chrissy nunca antes había visto, y siseó.

“¿Y qué?”.

Su respiración, antes tranquila, se alteró levemente por la ira. Apretó los puños y, mirando a Chrissy con odio, apretó los dientes.

“Tú lo sedujiste. Sedujiste a mi marido”.

 

3

Chrissy se quedó con la mente completamente en blanco.

¿Qué es lo que acabo de escuchar?

El rostro de su madre, que siempre le había brindado una sonrisa apacible, estaba ahora deformado por una furia que él jamás había visto. Chrissy se sumió en el caos, nunca imaginó que ella pudiera poner esa expresión, y mucho menos que lo miraría así a él. ¿Qué estaba pasando?

“Madre”.

Apenas logró abrir la boca, esforzándose por mantener la razón y juzgar el estado de ella con la mayor frialdad posible.

“Sé que le resulta difícil aceptar la realidad. Muchas familias de criminales reaccionan de la misma manera que usted”.

Sí, lo había visto innumerables veces. Familias que se enfurecían, se desesperaban y negaban la verdad. Su madre solo era una más de ellos.

“Su reacción es muy natural. Por eso, yo también entiendo...”.

“¿Entender? ¿Entiendes? ¡¿Cómo te atreves tú a decir que me entiendes?!”.

Su madre lo interrumpió bruscamente, cortando sus palabras de consuelo. Como si no pudiera contenerse más, le gritó con una voz aguda y estridente que él nunca había escuchado.

“Qué descaro el tuyo. Tú fuiste quien lo sedujo y lo arrastró a esos actos lascivos, ¡y ahora finges inocencia! Yo pasé por alto la suciedad que hiciste e incluso te perdoné, ¡¿pero cómo te atreves a hacer esto frente a mí?! ¡¿Cómo te atreves a cargarle tus pecados a él?!”.

Ella estaba verdaderamente furiosa. Si hubiera tenido un arma cerca, probablemente habría apuñalado a Chrissy. Pero él ya no podía seguir ignorando el origen de esa rabia. Su madre lo creía de verdad: creía que su ‘inocente’ marido había caído en una trampa por culpa de Chrissy.

“Yo tenía seis años, madre”.

Por alguna razón, no sentía ira. Ni tristeza, ni ninguna otra emoción. Solo un vacío absoluto. Chrissy murmuró con una voz que parecía hundirse.

“En aquel entonces, yo solo era un niño de seis años”.

Recitó la realidad, pero la expresión de la mujer no cambió. Ella apretó los dientes y lo fulminó con la mirada.

“¿Y qué? Mi marido era la persona más pura del mundo. ¡Dennis fue quien sugirió adoptarte! ¿Quién querría criar a un niño nacido de unos padres tan terribles, donde el padre mató a la madre? Aun así, Dennis dio el primer paso y te acogió. ¡Y tú lo corrompiste y lo llevaste a la muerte! ¡Satanás! ¡Demonio! Nunca te perdonaré mientras viva. ¡Malagradecido! Nunca morirás en paz. ¡Oh, claro que no! ¡Dios te castigará!”.

Ella escupió maldiciones sin cesar. El corazón de Chrissy ya se había enfriado. Tras observarla con ojos vacíos, habló solo cuando ella se detuvo para recuperar el aliento.

“Si eso es lo que pensaba de mí... ¿qué esperaba que hiciera yo por usted?”.

Él ya no la llamó ‘madre’. Ante su pregunta seca, ella respondió con frialdad.

“¡El honor de tu padre, por supuesto! Si tuvieras algo de conciencia, ¿no deberías limpiar su nombre? Pensé que tendrías al menos un mínimo de decencia. ¿Pero vienes aquí a decirme esas descaradas mentiras? ¡Ni lo sueñes! No me dejaré engañar por ti. ¡No me engañarás como hiciste con mi pobre Dennis!”.

Ella gritaba poseída por la maldad. Chrissy no tenía nada más que decirle. Se limitó a observar a la mujer que alguna vez llamó madre. Sí, lo fue. Pero en realidad, ella solo había sido la esposa de Dennis. Quizás nunca fue la madre de Chrissy; solo había sido una ilusión suya.

“...Me retiro”.

Chrissy se limitó a decir eso y se puso de pie. Mientras caminaba hacia la entrada, ella le lanzaba maldiciones a la espalda sin dudarlo.

“¡Sí, lárgate! ¡Púdrete en el infierno, hijo del demonio! ¡Tu padre debió matarte cuando le disparó a tu madre! ¡Alguien como tú debería arder en el fuego eterno...!”.

Los gritos continuaron incluso después de cerrar la puerta principal. Chrissy caminó derecho hacia su auto sin mirar atrás ni una sola vez. Solo cuando cerró la puerta del vehículo volvió el silencio. Arrancó el motor de inmediato y se alejó de allí sin dudarlo.

Curiosamente, no lloró. No sentía nada. Solo un rostro acudía a su mente. De repente, sintió un deseo desesperado de ver a ese hombre.

***

“Buenas tardes, Señor Jin”.

El guardia que custodiaba la entrada lo reconoció y lo saludó. Chrissy devolvió el saludo brevemente y preguntó de inmediato.

“¿Ha vuelto el Señor Miller?”.

“Sí, por aquí”.

Ante un gesto del guardia, un empleado lo guio hacia el ascensor privado. Era un camino familiar para Chrissy, pero caminó en silencio. Mientras subía, cerró los ojos al sentir que su ritmo cardíaco empezaba a acelerarse.

Hacía apenas unas horas que Nathaniel Miller había salido bajo fianza. Chrissy había intentado verlo antes, pero las visitas le fueron prohibidas. Solo después de una semana escuchó la noticia de su liberación y se dirigió directamente al ático donde vivía.

Una semana... en realidad era increíblemente rápido. Un proceso de fianza que normalmente tomaba meses se resolvió así solo porque él era un Miller. Chrissy se sorprendió a sí mismo sintiéndose aliviado por el hecho de que Nathaniel fuera un Miller; algo que antes no habría imaginado. Esbozó una sonrisa amarga justo cuando el timbre del ascensor anunció su llegada.

Cuando las puertas se abrieron, Chrissy respiró hondo y salió. Al entrar, experimentó una sensación extraña: una mezcla de nervios y.… emoción.

Y allí estaba él. En el lugar esperado, como de costumbre, con un vaso de whisky sobre la barra y observando a Chrissy.

“Llegaste antes de lo que pensaba”.

Fue lo primero que dijo Nathaniel. Chrissy contempló el rostro del hombre al que tanto había extrañado. Su corazón golpeaba con fuerza contra sus costillas.

“¿Qué se siente vivir la experiencia de la cárcel por ti mismo?”.

Afortunadamente, su voz sonó tan indiferente como siempre. Nathaniel torció la boca y soltó una pequeña risa nasal.

“Terrible. Tanto que no quiero repetirlo nunca más”.

“Me alegra oírlo”.

Continuó Chrissy, manteniendo su tono carente de emoción.

“Porque yo no me acuesto con exconvictos”.

Ante eso, Nathaniel soltó una carcajada auténtica, aunque breve.

“Vaya... tendré que conseguir la absolución total aunque tenga que matar al juez”.

Chrissy no supo si era broma o verdad, pero no se rió. Continuó observando a Nathaniel con el rostro serio.

“...Parece que has perdido peso”.

Tras una pausa, el hombre lo miró con ojos entrecerrados, como preguntando si eso era todo lo que tenía que decir. Sí, parecía que tenía mucho que decirle, pero su mente se había quedado en blanco.

“Mi madre lo sabía”.

Nathaniel, que estaba a punto de llevarse el whisky a los labios, se detuvo. Ante su mirada inquisitiva, Chrissy prosiguió, sintiendo sus labios moverse como si tuvieran voluntad propia.

“Ella sabía lo que ese hombre me hizo. ...Me gritó diciendo que yo lo había seducido”.

Nathaniel no dijo nada. Se limitó a fijar su mirada en Chrissy y bebió su whisky.

“Vaya, me precipité”.

Dijo Nathaniel al dejar el vaso sobre la barra.

“Debí haberle disparado a ella también”.

Habló con tanta naturalidad, como si comentara el clima, que Chrissy se preguntó si sus palabras tenían otro significado. Si no, no era posible hablar de matar a alguien con tanta ligereza. ...Aunque pensó que solo era una frase vacía.

“¿Estarás bien?”.

Preguntó Chrissy. Aunque intentó contenerse, su voz temblaba.

“Soy un Beta. No tengo feromonas y no puedo tener hijos”.

Nathaniel volvió a reírse entre dientes, como si le pareciera absurdo.

“Chrissy, tengo cinco hermanos menores. Estoy harto de cuidar niños”.

A Chrissy le escocieron los ojos. Su visión se nubló y ya no podía ver bien el rostro del hombre. Sin pensarlo más, se lanzó hacia él.

“Te amo...”.

Las palabras brotaron de su boca como si algo estallara en su interior. Era la primera vez que pronunciaba ese término y sintió cómo le calentaba el pecho. Rodeó el cuello de Nathaniel con fuerza con sus brazos temblorosos. Nathaniel lo atrajo hacia sí sujetándolo firmemente por la cintura. Al contacto, su piel se sintió arder. Levantó el rostro dubitativo y sus ojos se encontraron con los de Nathaniel. El hombre lo miró fijamente y luego inclinó la cabeza. Chrissy no se apartó, solo cerró los ojos y abrió los labios.

Ah... cuando sus labios se unieron profundamente, Chrissy soltó un suspiro involuntario. Tal vez había pasado toda su vida esperando este beso. Se aferró a Nathaniel con todas sus fuerzas, pensando que no existiría en el mundo un beso más perfecto que ese.

 

Epílogo

 

[Nathaniel Miller, Inocente.]

El día que se dictó la sentencia, el país entero se vio sacudido por una conmoción masiva. Durante todo el juicio, el debate fue si se trataba de un ‘homicidio justificado’. Sin embargo, el historial criminal de la víctima revelado durante el proceso, sumado al hecho de que Nathaniel Miller cooperó con el FBI para desmantelar una red gigante de trata de blancas y prostitución infantil, fue suficiente para cambiar la opinión pública.

[¿Héroe o Asesino?]

Debido al nombre de Miller, a quien llamaban ‘el diablo’, la gente no lo creyó al principio. Pero con cada prueba que surgía en el juicio, la verdad se volvía innegable. Nathaniel Miller casi llegó a ser aclamado como un héroe, pero...

“Eso no borra las acciones malvadas que ha cometido hasta ahora”.

Aún quedaban opiniones negativas. Considerando los casos en los que el bufete Miller seguía involucrado, esa reacción era natural. No obstante, otros opinaban.

“En este caso en particular, merece un elogio. Es lo único bueno que Miller ha hecho, castigarlo por ello no tendría sentido”.

Aun así, que fuera declarado inocente fue un resultado sorprendente para todos. Incluso reconociendo su labor como infiltrado, se pensaba que la absolución total sería imposible.

Chrissy observó desde el auto cómo Nathaniel salía del tribunal. Los flashes estallaban por todas partes y le lanzaban preguntas, pero él no dijo ni una palabra y caminó a paso rápido, casi corriendo, hacia el vehículo.

“¡Abran paso! ¡Atrás!”.

Aprovechando que los guardaespaldas apartaban a los periodistas, Nathaniel se deslizó dentro del coche. Chrissy, que lo esperaba en el asiento trasero, habló.

“Buen traba...”.

Antes de terminar la frase, Nathaniel unió sus labios con los de él. Chrissy aceptó el beso con una sonrisa resignada.

“¿Cómo lo lograste?”.

Preguntó Chrissy finalmente cuando el auto ya estaba en la carretera.

Nathaniel mordió el labio inferior de Chrissy con una sonrisa.

“Conozco a mucha gente poderosa”.

Gente poderosa con secretos. Además, este asunto fue de gran ayuda para su padre, Ashley Miller. Sus oponentes políticos y las figuras influyentes del mundo económico y mediático que estaban implicadas en el caso terminaron en la ruina. Probablemente, esa fue la razón por la que Nathaniel aceptó el encargo desde el principio.

“Definitivamente, ustedes son unos villanos”.

Dijo Chrissy frunciendo el ceño.

Nathaniel rió y preguntó.

“Pero es más cómodo que un villano atrape a otros villanos, ¿no crees?”.

Luego, tomó la mano de Chrissy y besó sus dedos.

“Tú sigue haciendo lo correcto. Yo me encargaré del trabajo sucio”.

Nathaniel mordisqueó levemente la punta de sus dedos y lo miró con ojos entrecerrados.

“Seremos la pareja perfecta, ¿verdad?”.

Chrissy lo miró sin decir nada. Hacía un mes, su madrastra había muerto a manos de un ladrón que entró en su casa por la noche. No había pistas, mucho menos un sospechoso. La gente ni siquiera mostró interés y el caso parecía destinado al olvido...

Chrissy no preguntó sobre eso. En lugar de retirar la mano que Nathaniel sostenía, acarició la mejilla del hombre y volvió a inclinar la cabeza hacia él.

“Probablemente, la mejor”.

Con ese susurro bajo, sus labios volvieron a encontrarse. En la carretera, las hojas amarillas de los ginkgos revoloteaban en el aire, dispersándose de forma caótica.

 

Fin.