#112

 


***

Bang, el sonido del fuerte golpe contra el escritorio hizo que el hombre que estaba de pie detrás se sobresaltara, y sus ojos temblaron involuntariamente. Sin prestar atención al movimiento de su subordinado, el hombre que había golpeado la mesa rechinó los dientes y fulminó con la mirada al hombre sentado frente a él.

“¿Qué demonios cree que está haciendo?”.

Jadeaba con brusquedad, incapaz de contener la furia. En realidad, quería darle un puñetazo a ese rostro impecable que tenía enfrente, pero en su lugar, golpeó una vez más el inocente escritorio y escupió sus palabras con violencia.

“Estábamos a punto de terminar. Todo estaba listo para atrapar a ese bastardo e interrogarlo. Si tan solo hubiera esperado un día, no, solo medio día, ¿por qué demonios fue a buscarlo? ¡Y, además, matarlo en el acto! ¿Está loco? ¿Usted también ha perdido la cabeza por las feromonas, igual que su padre?”.

“Je, Jefe...”.

El subordinado que estaba detrás, pálido de miedo, intentó detenerlo con urgencia. El jefe también se dio cuenta de que se había pasado de la raya, pero no tenía la menor intención de disculparse. Después de todo, este hombre descarado había arruinado un caso en el que habían trabajado durante más de tres años. Seguramente, para un miembro de la élite de la clase más alta, poco importaba cómo terminara este asunto, él seguiría viviendo bien. Al pensarlo, la ira volvió a estallar en el jefe, quien arremetió de nuevo con violencia.

“¿Cuál es el motivo de esto? ¿Era esa su intención desde el principio? ¡¿Arruinarlo todo al final para burlarse de nosotros?! ¡Maldita sea, diga algo!”.

“¡Jefe, cálmese! ¡Jefe!”.

Mientras el subordinado intentaba con todas sus fuerzas contener al hombre que soltaba insultos incapaz de controlar su rabia, Nathaniel Miller, que hasta entonces no había dicho ni una sola palabra, abrió la boca.

“...Jin”.

“¿Qué dijiste?”.

El jefe, que estaba en pleno arrebato, se detuvo jadeando. El subordinado también lo miró con ojos sorprendidos. Nathaniel Miller, con el rostro aún inexpresivo y como si el alboroto frente a él no tuviera nada que ver con su persona, habló con calma.

“Llamen al fiscal Chrissy Jin. Quiero hablar con él”.

“...Ha”.

Ante el jefe, que solo pudo soltar un suspiro de incredulidad, él añadió con naturalidad.

“Haré mi declaración después de eso”.

Y entonces, Nathaniel volvió a cerrar la boca.

***

<¡Nathaniel Miller, asesinato!>

El titular de la noticia era impactante. Dentro del coche en movimiento, el rostro de Chrissy se volvía cada vez más pálido mientras leía rápidamente el contenido.

<Nathaniel Miller, representante del bufete de abogados Miller, asesinó a Dennis Jin. La víctima recibió 17 disparos y murió instantáneamente en el lugar. Nathaniel Miller llamó personalmente al 911 y fue arrestado allí mismo. Dennis Jin, de 68 años, era una figura bien valorada en la región, conocido por su cariño hacia los niños y su labor voluntaria. Su esposa se desmayó al recibir la noticia, y la comunidad local está conmocionada por el hecho de que una celebridad fuera a buscar y asesinara a un ciudadano común...>

Chrissy cerró los ojos con fuerza, incapaz de seguir leyendo. ¿Cómo demonios había pasado esto? Era imposible comprender la situación. Los artículos publicados eran solo especulaciones vacías, no había ni un solo dato que fuera de ayuda real.

Nadie lo sabrá a menos que sea él mismo.

En cuanto Chrissy llegó apresuradamente al trabajo, el fiscal jefe le dijo rápidamente.

“Ve a ver a Nathaniel Miller de inmediato. Se niega a decir una sola palabra si no es contigo”.

¿Qué es lo que ha pasado?

Se repitió la misma pregunta varias veces, pero, como era de esperar, no obtuvo respuesta. Nadie más que Nathaniel Miller podía responder a eso. Y ahora, Chrissy se dirigía hacia donde estaba ese hombre.

A un lugar que no encajaba para nada con él.

Al abrir la puerta de la sala de interrogatorios, Chrissy contuvo el aliento sin darse cuenta. Nathaniel Miller estaba sentado allí solo. Él, que siempre había estado en ese lugar como abogado, ahora estaba sentado como sospechoso. Con las esposas puestas en las muñecas y la espalda recta.

“Fiscal”.

Él lo reconoció primero mientras Chrissy se quedaba de pie junto a la puerta. Parecía haber un atisbo de sonrisa en sus ojos largos y entrecerrados. Sin poder sentir aún la realidad de la situación, Chrissy cerró la puerta. Caminó lentamente y retiró la silla frente a Nathaniel para sentarse, sintiéndose todavía aturdido.

“Por qué...”.

Al lograr abrir la boca, el sonido de su propia voz despertó una parte de su cerebro. Solo entonces Chrissy aceptó con dificultad que el hombre frente a él era real. Inmediatamente, la pregunta que había estado rondando en su interior salió disparada.

“¿Qué demonios es esto? ¿Cómo ocurrió?”.

Ante su voz cargada de opresión, Nathaniel no respondió de inmediato. Se limitó a observar a Chrissy fijamente en silencio. Solo cuando Chrissy, incapaz de aguantar más, estaba a punto de presionarlo de nuevo, Nathaniel habló.

“Durante los últimos años, el FBI llevó a cabo una operación para atrapar a quienes producían pornografía infantil”.

“¿Qué?”.

Chrissy parpadeó desconcertado ante el cambio repentino de tema. Nathaniel continuó con su voz calmada de siempre.

“Llegó una solicitud pidiendo la colaboración de mi padre, y yo terminé asumiendo ese papel. Como sabes, mi padre entró en la política, así que para él moverse directamente era, por así decirlo... complicado”.

Solo entonces Chrissy entendió lo que quería decir.

“Entonces, lo que quieres decir es que... ¿estabas encubierto?”.

“Algo así”.

Tras decir eso, Nathaniel guardó silencio. Pero Chrissy seguía sin poder aceptarlo. ¿Qué tenía que ver eso con lo que acababa de pasar?

“El Hijo de la Luna”.

Ante ese nombre pronunciado en voz baja, Chrissy se estremeció. Nathaniel continuó hablando.

“En cuanto supe la identidad del ‘Hijo de la Luna’, fui allí lo más rápido posible. En realidad, el FBI planeaba capturarlo vivo, pero yo no quería eso”.

‘Lo más rápido posible’.

Esas palabras escondían un significado:

‘Después de dejar a Chrissy a salvo en su casa’.

El rostro de Chrissy, que reconstruyó mentalmente la secuencia de los hechos, se tornó pálido y rígido.

No puede ser. ¿Acaso la identidad del Hijo de la Luna es...?

Nathaniel no dijo nada. Sin embargo, por la sutil sonrisa que asomó en sus labios, Chrissy supo la respuesta.

Era una locura.

Chrissy pensó, completamente perdido. Esto era algo realmente absurdo. ¿Acaso este hombre lo sabía? ¿Por eso mató a mi padrastro? ¿Y de esa forma tan irracional?

Era algo que nunca debería haber sucedido. Desde un punto de vista racional, cualquiera diría lo mismo. ¿Por qué Nathaniel Miller haría algo así? No tenía ninguna relación con él, ¿por qué?

Pero lo que ocurría ante sus ojos era la realidad. Y el porqué este hombre cometió tal acto también tenía una respuesta clara.

Por increíble que pareciera.

“... ¿Por qué?”.

Chrissy finalmente logró despegar los labios.

“¿Por qué lo hiciste? Podrías haberlo dejado estar. De todos modos, el FBI lo habría arrestado. ¿Por qué fuiste tú personalmente a matarlo?”.

Incluso mientras hablaba, no podía creerlo.

¿Qué estoy diciendo? No hay razón para que este hombre haga eso. ¿Qué clase de delirio estoy teniendo?

“Bueno...”.

Nathaniel, que abrió la boca con su habitual tono pausado, esbozó una sonrisa autocrítica.

“No quería oír a ese bastardo mencionar el nombre de ‘Hope’ en un tribunal”.

Fue entonces cuando Chrissy lo comprendió. La razón decisiva por la que él lo había matado.

El testimonio.

En esta situación, sería imposible ocultar que Chrissy era su hijo adoptivo y una de las víctimas. Si eso ocurría, Chrissy inevitablemente se vería involucrado en el proceso del juicio. Tendría que declarar cómo era él como padrastro, cómo se grabaron los videos, bajo qué proceso fue abusado por él...

Todo saldría a la luz, desenterrando el pasado detalle por detalle. Aquellos videos horribles podrían ser mostrados a todos en la sala del tribunal. Seguramente su madrastra le rogaría llorando que testificara a favor de ese hombre, y en ese proceso, Chrissy quedaría completamente destrozado.

Nathaniel, que conocía bien los procesos judiciales por su profesión, también lo sabía.

“... ¿Por qué?”.

Articuló Chrissy con dificultad.

“¿Por qué llegar a ese extremo? No tienes ninguna razón para hacerme un favor así”.

A pesar de la confusión, se le hizo un nudo en la garganta. Por alguna razón, sintió un ardor en los ojos y parpadeó rápidamente mientras soltaba un suspiro. El hombre que estaba sentado en silencio habló.

“Bueno, yo mismo me lo he preguntado varias veces, pero no lo sé”.

Tras dar esa respuesta desalentadora, dejó escapar una breve risa tras un corto silencio y miró fijamente a Chrissy.

“¿Será que esto es lo que llaman amor?”.