#111
***
La casa, situada en un suburbio tranquilo,
estaba envuelta en una atmósfera aparentemente pacífica. El jardín bien
cuidado, que claramente había sido atendido con esmero durante mucho tiempo, y
las decoraciones de calabazas para el próximo Halloween en la puerta del
garaje, sugerían que el dueño era alguien hogareño y detallista. Sí, era la
típica vivienda normal donde residiría cualquier familia común de clase media.
Nathaniel Miller, tras aparcar el coche en la
calle delantera, bajó lentamente del vehículo sin apartar la vista de la casa.
♪♪♬♩♪♩…
El tono de llamada de un teléfono móvil rompió
el silencio del vecindario. Al contestar, una voz todavía adormecida se escuchó
al otro lado.
—... ¿Dónde estás?”.
Ante la pregunta de Chrisy, Nathaniel respondió
con una leve sonrisa.
“Salí un momento para ocuparme de un asunto.
Sigue durmiendo”.
Chrisy dejó escapar un corto suspiro y
murmuró.
—Después de dejarme en este estado, tienes el
descaro de andar por ahí... Está bien.
“Chrisy”.
Lo llamó Nathaniel justo antes de que colgara.
Nathaniel continuó hablando, manteniendo su mirada fija en la casa.
“Cuando vuelva... tengo algo que decirte”.
Chrisy guardó silencio un momento. Tras una
pausa de extrañeza, respondió con voz risueña.
—Más vale que vengas rápido, ya sabes que no
tengo paciencia.
Nathaniel también sonrió ante sus palabras.
“Vaya, tendré que darme prisa entonces”.
Después de que Chrisy colgara, Nathaniel
verificó el número escrito en el suelo y volvió a mirar al frente. En esa casa
estaba ese hombre.
El Hijo de la Luna
Y...
Incluso después de pararse frente a la
entrada, necesitó unos segundos antes de presionar el timbre. Un sonido
lánguido se escuchó desde el interior. Al retirar el dedo, el zumbido que había
persistido un momento se desvaneció. Lo siguiente fue una voz.
“¿Quién es?”.
Ante la voz brusca del hombre, Nathaniel
finalmente abrió la boca.
“Hope”.
Poco después, se oyó un ‘clac’. Al girar el
pomo, la puerta se abrió apenas un poco. Nathaniel sintió una brisa gélida en
su espalda mientras daba un paso lento hacia el interior.
En la sala alfombrada se veía un gran sofá.
Sobre la chimenea, una hilera de portarretratos de varios tamaños mostraba los
rostros de quienes vivían allí. Su mirada pasó por la pareja de mediana edad
que sonreía y se detuvo un momento en el rostro de un niño. El jovencito
parecía algo melancólico. Tras apartar la vista de la mano del hombre apoyada
en el hombro del niño, Nathaniel volvió a caminar. Sus pasos lentos resonaron
en el silencioso interior.
No fue difícil encontrar al dueño. Sentado
solo en lo que parecía ser un estudio, el hombre observaba una fotografía en un
portarretratos. Seguramente había escuchado los pasos acercarse, pero no se
movió. Nathaniel lo observó en silencio, sentado allí, inmóvil, sin siquiera mirar
al visitante que estaba en la puerta del estudio.
El Hijo de la Luna.
El hombre que había secuestrado a innumerables
niños para cometer actos atroces tenía el rostro de un padre de familia común y
corriente. Un rostro ordinario que podrías ver en cualquier lugar. El tipo de
hombre que no recordarías aunque te cruzaras con él en la calle, sin ningún
rasgo distintivo.
...Y.
Nathaniel habló.
“Dennis Jin”.
Llamó al hombre por su nombre con una voz más
grave de lo habitual. Solo entonces el hombre levantó la vista y miró a
Nathaniel. Con el rostro gélido, Nathaniel continuó.
“Supongo que sabes quién soy”.
Por supuesto que lo sabía. Además, parecía
saber perfectamente por qué Nathaniel estaba allí, ya que no mostró ni rastro
de sorpresa ni desconcierto.
“Ah...”.
Dennis Jin finalmente apartó la vista del
portarretratos para mirarlo. Con una sonrisa indescifrable en los labios, el
hombre dijo.
“Te luciste bastante en la última subasta. Me
preguntaba por qué...”.
Acto seguido, giró el portarretratos hacia
Nathaniel.
“¿Fue por mi hijo?”.
La mirada de Nathaniel pasó del rostro de
Dennis al portarretratos. Allí estaba el niño de la foto que había visto antes
sobre la chimenea. Un niño que miraba al frente con ojos ansiosos y una
expresión melancólica.
Era el joven Chrisy Jin.
5. Dancing With Your
Ghost
Nathaniel no dijo
nada. Tras unos segundos
de silencio, observando al hombre con el rostro inexpresivo, habló.
“¿Lo trajiste con ese propósito desde el
principio?”.
Después de que el padre de Chrisy asesinara a
su madre, Chrisy pasó un tiempo en un hogar de acogida. Luego fue adoptado por
una pareja que no podía tener hijos, los Jin.
Eran tan normales que parecían perfectos. Un
esposo que dirigía una pequeña empresa con una casa en los suburbios y una
esposa ama de casa. Una pareja de clase media que deseaba fervientemente un
hijo para llenar la pieza que faltaba en su monótona rutina.
Por eso, nadie sospechó. Por qué ellos,
exactamente Dennis Jin habían adoptado a un niño de seis años en lugar de a un
bebé.
Ante la pregunta de Nathaniel, Dennis Jin
soltó una risita y dejó el portarretratos.
“Tú ya deberías saberlo. Lo perverso que es
ese niño2.
Se recostó en el respaldo de la silla y
continuó con tono pausado.
“Me sedujo desde la primera vez que lo vi. Me
miraba con ojos que suplicaban que lo abrazara. Así que simplemente hice lo que
él quería. ¿Qué podía hacer yo? Soy solo un hombre débil ante la tentación”.
El hombre se encogió de hombros y soltó una
risa vil con los ojos entrecerrados.
“Era tan insaciable, como ya sabrás...”.
No pudo terminar la frase. Nathaniel sacó algo
del bolsillo de su abrigo y un estruendo ensordecedor inundó la habitación.
¡Bang, bang, bang! Los disparos continuos
sacudieron el lugar como truenos. La cabeza del hombre voló, su cerebro estalló
y la sangre brotó de su pecho. Su cuerpo vibraba mientras los trozos de carne
saltaban, pero Nathaniel no se detuvo. Solo cuando escuchó el ‘clac, clac’ del
percutor vacío, se dio cuenta de que había gastado todas las balas.
Lo que solía ser Dennis Jin quedó desplomado
en la silla, sin vida. Estaba tan destrozado por las balas que atravesaron su
cuerpo que era difícil reconocer su forma anterior.
Nathaniel se acercó al cadáver. Deteniéndose
frente al escritorio, levantó el portarretratos. Al ver gotas de sangre roja
manchando el joven rostro de Chrisy, chasqueó la lengua brevemente. Limpió la
sangre del cristal con el dedo y, sin apartar la vista del rostro de Chrisy,
sacó su teléfono. Alguien respondió de inmediato.
—Sí, 911.
“NY 11747, envíen a la policía”.
Dijo Nathaniel mientras retiraba el panel
trasero del portarretratos.
Sacó la foto con calma, la guardó en el
bolsillo interior de su traje y añadió.
“He matado a alguien”.
***
“¿...?”.
Se despertó al sentir que había escuchado un
ruido. Chrisy frunció el ceño con los ojos cerrados antes de levantarlos
lentamente. ¿Habría sido una alucinación mientras dormía? Tras soltar un breve
suspiro, se incorporó con lentitud.
Todo a su alrededor estaba en silencio. Al
darse cuenta de que estaba acostado en la cama de Nathaniel, sintió curiosidad.
¿A dónde habría ido ese hombre?
Mientras intentaba recordar la llamada de
cuando se despertó brevemente, el teléfono celular comenzó a sonar. Pensó
naturalmente en Nathaniel, pero al revisar el remitente, era una persona
totalmente distinta.
“¿Fiscal Jefe? ¿Cómo...?”.
—¿Dónde estás ahora mismo?
La voz urgente del Fiscal Jefe, lanzada sin
preámbulos, dejó a Chrisy confundido y parpadeando.
“Eh, yo... ¿Qué sucede?”.
En lugar de responder, el Fiscal Jefe gritó
con la voz aún más alta.
—¡Ven de inmediato! ¡Ven aquí ahora mismo! ¡Se
ha armado un lío enorme!
“¿Qué? ¿De repente qué...?”.
No lograba entender la situación. Mientras
Chrisy seguía sin comprender, el Fiscal soltó la bomba.
—¡Nathaniel Miller ha matado a una persona!
