11. Tiempo para pensar
Terminaron los
exámenes finales. Casi al mismo tiempo que empezaban las vacaciones, se
confirmó el regreso de Bo-dam al trabajo.
"Ah... qué bien,
¡sí! Sun-myung... Ahh, ahí..."
"¡Hah, ¿aquí?!
¡Ah, Bo-dam, Bo-dam hyung...!"
Tras dejar al pequeño
al cuidado de los abuelos, Sun-myung pudo abrazar sin restricciones a Bo-dam,
quien había recuperado por completo su figura de antes del embarazo. Sun-myung
se sintió avergonzado cuando, apenas el niño cruzó la puerta, Bo-dam empezó a
quejarse pidiendo "su pene al natural"; él no podía soltar esas
palabras con tanta ligereza como su marido. Bo-dam, burlándose de su timidez,
incluso pasó la lengua por la punta de su erección preguntándole por qué le
daba vergüenza entre esposos, ¡y esa actitud era precisamente lo que más lo
abochornaba!
Entre la vergüenza y
el pudor, Sun-myung se encogió para colocar el condón y finalmente entró en
Bo-dam, moviendo las caderas con un ligero temblor. Aunque ya no era virgen, su
experiencia era mínima comparada con la de su esposo, por lo que seguía
bailando al son que Bo-dam tocaba. Además, ahora que Bo-dam estaba más delgado
y él había ganado volumen muscular, le daba cierto reparo embestir con
demasiada brusquedad.
"Puedes entrar un
poco más, ¿por qué no la metes toda?"
"Es que... por si
te duele..."
Gracias a que se había
topado con un entrenador personal excelente, el cuerpo de Sun-myung se había
vuelto bastante robusto. Al ver el trasero delicado de Bo-dam, no se atrevía a
arremeter como antes. Al probar una estocada profunda, la sensación de las
paredes internas aferrándose a él fue indescriptiblemente buena, pero al ver
cómo la carne de los glúteos se aplastaba bajo su peso, le pareció que debía de
dolerle, así que se limitó a entrar solo dos tercios.
Sun-myung besó las
sienes de Bo-dam mientras estaba sobre él y terminó hundiéndose en su abrazo
cuando Bo-dam soltó una risita ante las cosquillas. Las manos que acariciaban
su espalda eran cálidas y cargadas de intención.
"Me gusta aunque
duela si eres tú quien me penetra. Así que, ¿podrías hacerlo con fuerza?"
"Ah, hyung, de
verdad, ah..."
"¡Hah! Ah, así
está bien. Sí, Sun-myung ¡ah, ahh...!"
'Muévete como te
enseñé'.
Ante esas palabras,
Sun-myung abrazó a Bo-dam como si fuera a estallar y comenzó a bombear con
fuerza. Aunque golpeaba tan duro que se oía el impacto sordo de la carne,
Bo-dam solo se encogía un poco, manteniéndose dócilmente entre sus brazos.
El fluido lubricante
se mezclaba con el roce en la base de su pene. Sin embargo, más que observar cómo
las paredes internas de Bo-dam se asomaban ligeramente arrastradas por el
movimiento, Sun-myung mantuvo la vista fija en el rostro de su esposo. Esas
mejillas teñidas como manzanas maduras eran tan adorables que sentía que iba a
eyacular en cualquier momento.
"¡Ahhh—!
Sun-myung, ¡ah! Voy, creo que me voy a correr, sí, ¡ah!"
"Juntos, hyung,
vayamos juntos, agh."
"Huu... ah...
abrázame."
"¿Cómo quieres
que te abrace más que esto...?"
Mientras acariciaba el
pene rosado de Bo-dam que goteaba un semen blanquecino, Sun-myung refunfuñó por
el pedido pero terminó dándole palmaditas en la espalda. Se sentía demasiado
bien. Si hubiera sabido que el sexo era así de increíble... bueno, aunque lo
hubiera sabido, su primera vez habría sido con Song Bo-dam de todos modos.
Envuelto en la
agradable languidez post-coital, Sun-myung dejó salir sus orejas y su cola y
golpeó suavemente su cabeza contra el pecho de Bo-dam.
"Pareces un bebé,
un bebé de verdad."
"¿No puedes
posponer el regreso al trabajo?"
"Ay, qué bebé.
Solo dices cosas de niño."
"Es que me
preocupo por ti, hyung."
"Te preocupa que
se me acerquen otros hombres, ¿verdad?"
"..."
"¿Ves? ¿Por qué
Sun-myung es tan lindo incluso cuando tiene celos? No puede ser, hagamos otra
ronda."
Sun-myung mordió con
fuerza la mejilla de Bo-dam, quien se reía mientras golpeaba sus talones contra
el trasero de Sun-myung pidiendo otra vez, y comenzó a moverse de nuevo. Aun
así, en un rincón de su corazón, seguía persistiendo la idea de que no quería enviarlo
a la oficina.
"Hah,
Sun-myung—"
Bajando los labios
hacia el rostro que suplicaba un beso, Sun-myung juró que iría a buscarlo a la
oficina a menudo. Aunque no quisiera admitirlo, estaba seguro de que sería
difícil encontrar a un híbrido de cobayo tan lindo en todo Seúl…
* * *
"¡Ang!"
"¡Hizo 'ang', mi
pequeño!— Ay, qué lindo. ¡Aigoo!"
"¡Ang-ang!"
Sun-myung soltó un
profundo suspiro al ver a Tae-hwa, quien, sin saber que su padre estaba por
salir de casa, se transformó en lobo y daba saltitos como un conejo. El
culpable del suspiro parecía no notar la angustia de Sun-myung, emocionado por
volver a la oficina después de tanto tiempo.
'He oído que los
oficinistas mueren por descansar, ¿por qué a Song Bo-dam le gusta tanto ir a
trabajar?'. Con el estómago revuelto, Sun-myung siguió ignorando a Bo-dam, que
le pedía un beso de despedida.
"¿Ya no se puede hacer
teletrabajo en tu empresa?"
"Se terminó el
Covid, ¿qué teletrabajo ni qué nada? Además, tengo tantas ganas de trabajar que
ya no aguanto. Voy a salir a trabajar. Sun-myung fue a la facultad todo este
tiempo, ¿por qué quieres que solo yo me quede en casa?"
"...No digo que
solo tú te quedes, digo que estemos juntos."
"¡Epa! No hagas
berrinches y cuida al bebé. Tae-hwa, juega bien con papá Sun-myung,
¿entendido?"
"Grrr... ¡ang,
ang-ang!"
Tae-hwa, que había
seguido a su padre hasta la entrada, fue llevado de vuelta al pasillo de la
sala. Al notar finalmente que algo andaba mal, empezó a ladrar. Últimamente se
había acostumbrado a usar el arnés sin protestar, y pensaba que hoy también
saldría a pasear con su papá cobayo.
'¿A dónde vas solo?
¡¿A dónde vas sin mí?!'. El bebé mordió el bajo del pantalón de vestir
perfectamente planchado de Bo-dam, tirando para que no se fuera. Bo-dam lo alzó
y, con rostro compungido, hundió sus labios en las mejillas suaves del pequeño.
"Papá tiene que
ir a trabajar, Tae-hwa. Volveré pronto, así que quédate sin llorar, ¿sí?"
"¡Ang-ang...!
¡Auuuu—!"
El pequeño no solo
aulló, sino que sacó su lengüita triangular y lamió los labios de Bo-dam.
Sun-myung, sintiendo que el niño estaba desolado preguntándose por qué lo
dejaban, le rascó suavemente la cabeza.
"Hyung, vete ya.
Vas a llegar tarde. Yo cuidaré bien de Tae-hwa."
"¡No se peleen y
jueguen bien los dos! Tae-hwa, come rico y duerme una siestita."
"Kiuung,
kking..."
Tras el portazo, solo
quedó el lastimero gemido del lobezno. Sun-myung abrazó al niño, que lloraba
tanto que el pelaje de su cara estaba empapado. Ver a esa bolita de pelo
pequeña y tibia temblando de tristeza le partía el alma.
"Tae-hwa. Papá
fue a trabajar. Tus papás nunca te van a abandonar."
Ver al niño llorar lo
hacía sentir mal. Recordando su pasado de abandono, Sun-myung se esforzó por no
abrazarlo con demasiada fuerza. Nunca olvidaría el día en que, por si acaso,
regresó al orfanato. El recuerdo de estar allí sentado, pasando la noche en
vela esperando a los padres adoptivos que lo habían devuelto, podía
desvanecerse, pero nunca borrarse del todo.
Al ver al lobo
sollozando con sus patitas apoyadas en su pecho, Sun-myung sacudió la cabeza
para alejar la imagen de su propio yo infantil. Tae-hwa nunca conocería ese
sentimiento de pérdida, porque él y Bo-dam siempre estarían a su lado.
"Me quedaré contigo
hasta que te hartes de mí. Aunque digas que no me quieres."
"Kkuung..."
"¿Si ya te
sientes mejor, quieres ir a pasear con papá?"
"¡Ang, ang!"
A pesar de haber
llorado hasta mojarse toda la cara, el niño se emocionó al oír la palabra
"paseo" y saltó de sus brazos. Sun-myung abrió los brazos para
recibir al pequeño, que venía trotando con el arnés celeste en la boca,
trayendo consigo el aroma de Bo-dam.
Acarició su cuerpo
esponjoso y le puso el arnés. Al oír el clic del cierre, el lobezno
aguzó las orejas, mordió la correa y volvió a saltar a los brazos de su padre.
"¡Ang!"
"Sí, vamos.
¿Estará hoy también el hyung Moeul?"
"¡Ang-ang!
¡Auu—!"
Los zapatos le
resultaban molestos, así que en su forma de lobo era imposible ponérselos. Como
Tae-hwa siempre se quedaba paralizado y no caminaba si le ponían calzado,
Sun-myung decidió sacarlo a pasear descalzo hoy también.
Moeul era el hijo del
guardia del edificio, un híbrido de gorrión. Tenía el pecho grisáceo, a
diferencia de otros gorriones, lo que lo hacía fácil de recordar. Bueno, en
realidad era más impactante verlo volar hacia la gente del edificio para
saludarlos con una pequeña inclinación de cabeza.
Había oído que los
híbridos de gorrión solían ser introvertidos y tímidos, pero ese niño era
especial. A Tae-hwa le gustaba ese gorrión, probablemente porque intentaba
morderle la cabeza con un '¡uang!' y el pajarito ni siquiera se inmutaba.
Bajo un sol radiante y
con un ventilador de mano, Sun-myung empezó a caminar despacio, siguiendo el
ritmo de Tae-hwa, que olfateaba las flores del jardín. Tae-hwa tenía la
costumbre de recoger una flor o una ramita que le gustara durante el paseo, y
hoy no fue la excepción. Tras encontrar una ramita con hojas verdes, la tomó
con la boca y caminó con energía, golpeando el suelo con sus patitas.
Cuando llevaban media
vuelta al complejo de departamentos, Sun-myung vio que el niño se detenía de
repente y empezaba a ladrar al aire. Efectivamente, el guardia y su hijo
gorrión se acercaban.
"¡Es
Tae-hwa!"
"¡Ang!"
"Tae-hwa, hola—
¡Hola, hyung!"
"Hola, Moeul.
Buenos días, Lee-eul hyung."
Moeul, de tres años,
estaba hoy en su forma humana. Sun-myung acarició con el dorso de la mano la
mejilla del niño, que lo miraba con ojos redondos llamándolo 'hyung', y saludó
al guardia. Lee-eul, que siempre vestía su uniforme impecable, se tocó
ligeramente la gorra en señal de saludo.
"¿Y Bo-dam? Ah,
¿hoy regresaba al trabajo, verdad?"
"Sí, sí. Hyung se
fue a la oficina y salí un momento a pasear con Tae-hwa. Tae-hwa, saluda al señor
guardia."
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"Arrrr—,
¡ang!"
"Tae-hwa siempre
finge estar enojado pero ofrece muy bien la patita. Oye, si quieres caerle bien
al hyung Moeul, tienes que portarte bien conmigo también."
"¡Ang-ang!"
Tras ofrecer la pata
derecha y la izquierda alternadamente, Tae-hwa corrió hacia Moeul. A Sun-myung
le hacía gracia y le parecía tierno ver cómo su hijo, a pesar de ser tan
pequeño, seguía al híbrido de gorrión haciendo ruiditos.
Mientras los padres
conversaban, los dos niños jugaron revolcándose en el césped hasta quedar
cubiertos de hierba. Sun-myung se despidió de Lee-eul, quien regañaba
suavemente a su hijo por ensuciar la ropa, y regresó a casa con Tae-hwa.
"Buen paseo,
¿verdad, Tae-hwa?"
"¡Ang!"
Después de bañarlo y
envolverlo en una toalla, Sun-myung lo llevó al dormitorio principal en lugar
de a su cuarto. El niño movió la nariz y se acomodó en la almohada de Bo-dam.
Al verlo quedarse dormido al instante, Sun-myung calculó a qué hora llegaría su
esposo.
Era la primera vez que
estaban solos tanto tiempo, pero el niño no había llorado y comió bien. Tras
darle el biberón y hacerlo eructar, Sun-myung vistió ligeramente al niño, que
ya se preparaba para dormir de nuevo, y salió de casa. Era la hora en que Bo-dam
debía llegar.
'¿Por dónde vienes?'
18:30
Príncipe del Reino
Cobayo
Bo-dam, que solía
responder en menos de un minuto, tardó tres, lo que indicaba que el trabajo
había sido pesado. Hoy había ido conduciendo después de mucho tiempo; a
Sun-myung le preocupaba que pudiera quedarse dormido al volante. Con mil
preocupaciones en la cabeza, lo llamó por teléfono. No quería distraerlo con
mensajes mientras conducía.
"Hyung, te espero
con Tae-hwa en los juegos del edificio. Ven despacio."
—Sí... te extraño,
Sun-myung.
Al oír que lo
extrañaba, las comisuras de sus labios se elevaron sin control. Sintiéndose un
poco ridículo, se dio un par de palmaditas en la mejilla y respondió con voz
baja: "Yo también". Bo-dam hizo un sonido de beso por el teléfono, y
Sun-myung, tímidamente, pegó sus labios al auricular imitando el sonido antes
de colgar y dirigirse a los juegos.
De niño, Sun-myung
casi no había usado los parques de juegos. No vivía en un edificio tan bonito,
y en el orfanato solo había un columpio y un tobogán para demasiados niños.
Quizás por esa carencia infantil, solía ir a los columpios del complejo a
menudo. A veces con Bo-dam, a veces solo.
"¿A Tae-hwa
también le gustan los columpios?"
Para no despertar al
niño, en lugar de impulsarse con fuerza, mantuvo los pies en el suelo y solo
flexionaba y estiraba las rodillas rítmicamente. La brisa generada por el
movimiento despeinaba suavemente el pelo del bebé. Cuando el niño recién nació,
no terminaba de sentirse como un padre, pero desde que Tae-hwa aprendió a
transformarse en lobo, Sun-myung a veces sentía una opresión de ternura en el
pecho que lo obligaba a frotárselo.
'No puedo creer que
este niño tan lindo sea mi hijo'. Observó fijamente el rostro del pequeño que
dormía profundamente. Si se hubiera parecido a él, sería sensible y de mal
genio, pero como heredó el carácter de Bo-dam, el niño comía, evacuaba y dormía
de maravilla. Acarició con el dorso de la mano la mejilla suave y gordita y
soltó un suspiro.
"Para hacerme
cargo de Song Tae-hwa, papá también tendrá que empezar pronto su vida
laboral."
Le alegraba que
Tae-hwa se pareciera más a Bo-dam que a él. A menudo pensaba, aunque fuera un
cliché, que quería congelar el momento cuando veía a Bo-dam y Tae-hwa juntos.
"Mi pequeño
hermoso", susurró palabras que no solía decir, cuando sintió un toque rápido
en la nuca y alguien que escapaba. Giró la cabeza de golpe.
"¡Cariño! Casi me
muero hoy. ¡Abrázame!"
"¡Hyung, espera,
Tae-hwa está durmiendo!"
"Ay, ¿qué quieres
que haga si Tae-hwa duerme? Abrázame."
"Hah... tengo dos
hijos."
"¡El único niño
aquí eres tú, Ki Sun-myung!"
A pesar de los gritos,
Tae-hwa seguía durmiendo plácidamente, lo cual asombró a Sun-myung mientras le
daba palmaditas en la espalda a Bo-dam. Le preocupaba que hubiera perdido tanto
peso últimamente, y tras solo un día de trabajo, su rostro se veía demacrado.
Sun-myung, que creía que un híbrido de cobayo debía hacer honor a su nombre y
estar "rellenito", puso cara seria.
"¿Comiste bien?
No te habrás saltado comidas por el trabajo, ¿verdad?"
"Ni me lo digas,
comí muchísimo porque era mi regreso. Hasta tuve que tomar un digestivo. ¿Por
qué? ¿Se me ve la cara más delgada?"
"Tienes las
mejillas hundidas."
"...De verdad,
Sun-myung, eres un tonto por tu pareja muy extraño. Un poco extremo..."
'¿Extremo y molesto?'.
Debido a que Bo-dam siempre le recordaba lo de ser virgen y joven, Sun-myung se
sentía como un tipo ingenuo, así que frotó su frente contra el hombro de
Bo-dam. Sabía que a Bo-dam eso le parecía tierno. Afortunadamente, esta vez no
pareció que hubiera dicho nada raro.
"Eres encantador.
Definitivamente, un virgen así tiene que ser de Song Bo-dam."
"...Hyung, parece
un viejo que ha perdido el juicio..."
"¡¿Quieres
morir?!"
"Huuu...
¡uaaaaa—!!"
"¡Por tu culpa el
niño llora!", lo regañó Bo-dam. Sun-myung, decidido a compensarlo con
"servicios corporales", volvió a frotar su frente en el hombro de su
esposo. Esta vez recibió un pequeño coscorrón, pero aun así, estaba feliz de
que Bo-dam hubiera salido puntual del trabajo.
* * *
Con un sonido de
frotamiento limpio, Bo-dam le entregó su cuerpo ahora más esbelto a Sun-myung,
pero al escuchar los constantes refunfuños de su marido, terminó dándole un
cabezazo amistoso en la boca.
“¡Chüik!”
“¡Ay! ¡¿Ahora por
qué?!”
* * *
Felicitame por el
exito de mi dieta|
“Ya le dije que no me
gusta que hyung pierda peso. No puedo felicitarlo.”
* * *
Atrevido... felicita
ya|
“Dije que no.”
Sun-myung, cuya
insolencia había crecido de forma desmedida, seguía recitando como un mantra
que debía recuperar el peso perdido. '¿Se cree que por haberlo mimado tanto
puede subirse a mis barbas?'. Bo-dam apretó sus patitas y golpeó con energía la
boca de Sun-myung, que no paraba de insistir. Incluso mientras recibía los
golpes, Sun-myung seguía balbuceando: 'Hágalo por su salud', lo que provocó que
una de las patitas delanteras de Bo-dam terminara metiéndose accidentalmente en
su boca.
Sun-myung deseaba un
cuerpo voluptuoso, pero Bo-dam se sentía perfecto tal como estaba ahora. Estar
un poco más rellenito que antes del embarazo le permitía moverse sin molestias
y no afectaba su resistencia física. Además, quería mantener este peso para
poder seguir usando la ropa que tanto le gustaba antes de casarse.
“Cuiing,
coiing-coiing.”
“Ya basta, ¿se cree
que por ser lindo es suficiente?”
Sun-myung, que tenía
los labios hinchados de tanto recibir golpes de patitas, se quejó mientras
abría los brazos para que Bo-dam se acurrucara. Inconscientemente volvió a
llamarlo lindo, pero luego empezó a lloriquear diciendo: '¿Cómo voy a dejar que
alguien tan pequeño vaya a la oficina?'. Bo-dam no entendía de qué hablaba; a
la oficina iba el humano, no el cobayo... No era más que otro truco barato para
ablandarle el corazón con tonterías. Si engordaba como Sun-myung quería,
dejaría de ser un 'cobayo' para ser simplemente un 'cerdo'.
Bo-dam trepó por el
hombro de Sun-myung y frotó su suave hociquito contra el lóbulo de su oreja.
'No voy a dejar la dieta digas lo que digas, así que asúmelo'. Con esa
intención le susurró cu-cu-cu directamente al oído; aunque era imposible
que Sun-myung entendiera el mensaje exacto, este soltó un gran suspiro.
'Soy lindo y eso
basta, así que tú, Ki Sun-myung, entiéndelo'. Bo-dam intentó menear el trasero
con coquetería sobre el hombro para terminar de convencerlo, pero casi se cae;
por suerte, aterrizó a salvo en la palma de la mano de su marido.
“¡Cu-ccu, boing!”
“¿Sabe? No es ni un
poquito lindo.”
Por eso Sun-myung
estaba tan preocupado. Bo-dam era un cobayo sumamente calculador que meneaba el
trasero sin pensar y hacía vibrar sus orejas como si fuera un talento especial,
y a Sun-myung le enfurecía que cualquiera pudiera encontrar eso adorable. 'Ahora
que volvió al trabajo, ¿se cruzará seguido con aquel tipo que vi en el lobby de
la empresa?'. Bo-dam prefería a los hombres jóvenes, pero antes de casarse
había soltado la barbaridad de: 'Siempre me atraen los híbridos nuevos', así
que uno nunca sabía. No creía que fuera capaz de hacer algo tan ruin como
engañar a su cónyuge, pero quizás un escarceo de una noche...
“¡Ah! ¡Ni hablar, no
podría perdonarlo!”
“¿Chik...?”
El cobayo, acostado en
su palma, lo miró con ojos inocentes como diciendo: '¿De qué hablas?'. Pero a
Sun-myung le preocupaba más aquel hombre alto y apuesto que Bo-dam decía que
era su amigo. 'Bo-dam-a, si quieres seré tu marido de oficina...' ¿Quién le
aseguraba que Bo-dam, por mantener una amistad, no aceptaría una relación
limitada al trabajo?
Sun-myung, que ya
había imaginado en su cabeza las situaciones más sórdidas, se dejó caer en el
sofá como si hubiera recibido el impacto de presenciar una infidelidad en vivo.
Al ver al cobayo jugueteando con sus patitas sobre su pecho, ajeno a su drama,
decidió que antes de que terminaran las vacaciones debía visitar la oficina de
Bo-dam.
“¿Puedo ir mañana a la
oficina para almorzar juntos?”
“¿Chik-chik?”
“Si se puede, déme un
beso.”
Sin dudarlo, los
labios gorditos del cobayo rozaron su labio inferior. Sun-myung abrazó con
fuerza al animalito. 'Digas lo que digas, este cobayo es mío', pensó, mientras
imaginaba a Bo-dam estremeciéndose de miedo si llegara a saber lo que pasaba
por su cabeza.
* * *
Sun-myung,
impecablemente arreglado, se miró al espejo antes de salir hacia la sede
principal del Grupo Edam. Tae-hwa, en brazos de la niñera, ladeó la cabeza con
los ojos muy abiertos, extrañado de ver a su papá con el pelo engominado hacia
atrás. A Sun-myung le pareció un gesto tan infantil y tierno que no pudo evitar
reír.
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“¿Papá está guapo,
Tae-hwa?”
“¡Ah!”
“¿Eso es un sí? Te
traeré algo rico al volver. Señora, le encargo mucho a Tae-hwa. Estaré de
vuelta para las nueve, pero la llamaré antes.”
“Sí, sí, vaya tranquilo.
No se preocupe por el niño. ¡Tae-hwa, vamos a jugar con la tía!”
“¡Ee-ee—!”
Sun-myung saludó con
la mano al pequeño, que hacía gestos de abrir y cerrar las manos al despedirlo.
Sin embargo, le dolió un poco recordar que su hijo solo lloraba cuando el papá
cobayo se iba de casa. Aunque admitía que durante el semestre pasaba mucho
menos tiempo con el niño que Bo-dam, no esperaba que hubiera tanta diferencia
en el afecto.
'En estas vacaciones
tengo que llevar a Song Tae-hwa a muchos sitios'. Sabía que no podía superar a
Bo-dam, ni pretendía hacerlo, pero quería estar más cerca de su hijo.
Como aún no tenía
licencia de conducir, tomó el metro hasta el edificio de la empresa y usó la
pantalla apagada de su móvil como espejo. Su piel brillaba más de lo habitual
gracias al maquillaje para hombres que Bo-dam le había comprado, diciéndole que
solo lo usara cuando tuvieran una cita. '¿Pareceré demasiado engreído?'. Se
sentía extraño con el flequillo despejado y esa camisa de colores vivos que
tanto le gustaba a Bo-dam. Normalmente, si su marido no intervenía, solo vestía
tonos grises.
Mientras merodeaba
frente al edificio, notó que la gente lo miraba. Temiendo parecer un
sospechoso, entró en la cafetería del lobby, la misma a la que había ido una
vez cuando Bo-dam estaba en la recta final del embarazo.
'¡Hyung! Estoy en la
cafetería donde vinimos juntos en febrero jaja ¡Venga aquí luego!' 17:53
Pidió la bebida más
barata con la intención de no quedarse mucho tiempo y le envió el mensaje. Como
la gente seguía ojeándolo, volvió a revisar su rostro en la pantalla del móvil.
Estaba dispuesto a ir directo al baño a lavarse la cara si el maquillaje se
veía mal, pero la pantalla se iluminó con una respuesta.
Príncipe del Reino
Cobayo
'¡¡Quien te mando a
venir vestido asi!! No puede ser. Hoy Bo-dam tiene que ponerle limites a Ki
Sun-myung.' 17:58
Pensó que Bo-dam
saldría a las seis, pero ¿ya estaba en el lobby? 'Vaya, se nota que el hijo del
presidente se toma el horario a la ligera', pensó divertido. Emocionado por
verlo, Sun-myung escudriñó los alrededores y agitó la mano hacia alguien que
venía corriendo a toda prisa.
“¡Hyung! ¡Aquí!”
“¡Ki Sun-myung!”
“¡Se va a caer, venga
despacio!”
Dejando de lado su
bebida de la que apenas había tomado dos sorbos, caminó rápido hacia Bo-dam y
lo abrazó brevemente antes de soltarlo. Por dentro, se moría de ganas de
gritar: '¡Miren todos, oficinistas, yo soy el marido del subdirector Song
Bo-dam del equipo de planificación!', pero sabía que las represalias de Bo-dam
serían terribles. Aun así, quiso marcar territorio a su manera y puso su
expresión más atractiva. Bo-dam le hizo una seña para que se acercara.
“Dígame, hyung.”
Sun-myung acercó el
oído esperando alguna palabra cariñosa, pero sintió un repentino dolor punzante
en el lóbulo de la oreja. Apretó los dientes para no gritar. No sabía cómo,
pero su marido tenía un talento especial: cuando era cobayo pegaba con las
patitas, y cuando era humano, pellizcaba y daba puñetazos.
“¡Ah, por qué otra
vez...!”
“Si hubiera sabido que
vendrías así de guapo, yo también me habría arreglado más. ¿Y quién te dijo que
entraras al edificio a la hora de salida? ¡Todo el mundo te está mirando, y
eres MI marido!”
'Ojalá pudiera sacarle
los ojos a todos'.
Tras decir esa frase
aterradora, Bo-dam lo tomó del brazo. Sun-myung apenas pudo contener la
sonrisa. Si Bo-dam lo encontraba guapo, no le importaba sentir la cara pesada
por el maquillaje o el pelo rígido por la cera. Sun-myung rodeó con su brazo
los hombros de un Bo-dam que no paraba de mirar con ojos de pocos amigos a
cualquiera que se cruzara, y se dirigieron al restaurante que había reservado.
“A esta hora habrá
gente en todos lados, ¿qué quieres comer, Sun-myung?”
“Es que... ya hice una
reserva.”
“¿Una reserva? ¿Mi bebé
planeó toda la cita hoy?”
“Hyung, de verdad,
¿por qué habla como si fuera un viejo?”
“¿Viejo? ¿Dónde vas a
encontrar a un viejo tan lindo y encantador como yo?”
Sun-myung había
ahorrado de su asignación para reservar en un famoso restaurante de fine
dining con la idea de tener una cena íntima. Escoltó orgulloso a Bo-dam
hasta... el estacionamiento. Como aún no tenía licencia, le abrió la puerta del
conductor a Bo-dam y luego corrió al asiento del copiloto; tarde se dio cuenta
de que aquello se veía bastante infantil. Aun así, para hacer las cosas bien,
se estiró para abrocharle el cinturón de seguridad a Bo-dam.
“Me acaba de dar un
vuelco el corazón.”
“¿Así de repente?”
“Supongo que aún somos
recién casados, porque todavía me emociono al verte, ¿verdad?”
“Ah, eh, por mi
culpa... ah...”
Mientras le abrochaba
el cinturón, Sun-myung no pudo evitar rozar el vientre bajo de Bo-dam; sintió
ganas de abofetearse a sí mismo por su mente impura. Su marido mayor decía que
su corazón palpitaba solo por tenerlo cerca, ¿y en qué estaba pensando él? A
este paso, más que un 'joven apuesto', lo iban a tachar de 'viejo verde'.
Justo cuando lamentaba
internamente tener la cabeza llena de pensamientos sucios, sintió una mano en
su muslo. Bo-dam apretó con fuerza lo que Sun-myung guardaba a su izquierda y
luego lo soltó. Sun-myung se cubrió la entrepierna con ambas manos de
inmediato.
“¡Vaya! Ki Sun-myung
se atreve a cometer acoso.”
“¡¿Cuándo hice yo
eso?! ¡¡Comparado con lo que usted hace, eso no llega ni a la 'a' de acoso!!”
“¿Cómo vas a
compararlo con lo que yo hago? Yo soy yo, y tú tienes veintiún años. A los
veintiuno yo ni soñaba con hacer esas cosas. ¿Cómo puedes tocar una parte
íntima sin parpadear? Eres un pervertido nato, menos mal que te rescaté yo,
porque si no, ¿quién?”
'¿Parte íntima?'. Él
solo había querido tocar un poco de la barriga suave que aún le quedaba a pesar
de la dieta. ¡La que realmente tocó una parte íntima fue Bo-dam!
Sun-myung gritó
temblando de indignación, preguntando cuándo le había tocado el pene, pero
Bo-dam lo ignoró olímpicamente y le plantó un beso. Sun-myung, que estaba en
medio de un discurso para demostrar que no era un acosador, terminó devorando
los labios de Bo-dam en un segundo. Cuando recobró el sentido, vio la cara de
Bo-dam riéndose con las orejas vibrando sobre su cabeza.
“Es demasiado
divertido burlarme de ti.”
“Ya está bien,
conduzca de una vez.”
“Mientras conduzco, mi
bebé debería esconder sus orejas y su cola.”
“Mierda...”
“¡¿Mierda qué?!”
“¡Es el final!
Mierda... y ya...”
Sun-myung, que no se
había dado cuenta de que sus rasgos de lobo habían salido, se apresuró a
esconderlos. Fue un secreto que se pasó todo el camino fingiendo estar enojado
solo para que Bo-dam lo acariciara y le pidiera que no se molestara.
Siguieron discutiendo
todo el trayecto hasta el restaurante, y solo se calmaron al sentarse a la
mesa. Sun-myung seguía de mal humor por haber sido tachado de acosador, pero al
ver a Bo-dam tan concentrado en el menú porque tenía hambre, no le quedó más
remedio que callarse. Le ardía la sangre ver que, a pesar de estar delgado,
Bo-dam seguía preguntándose: '¿Debería bajar más de peso?'.
Hoy lo había traído a
un restaurante de lujo que encajaba perfectamente con sus gustos, con la firme
intención de hacerlo engordar lo máximo posible. Aunque seguía indignado por el
trato de pervertido, le encantaba ver a Bo-dam debatiendo qué pedir. Frente a
él, Sun-myung ni siquiera podía controlar sus propios sentimientos.
“¿Qué quiere comer?
Pida todo. Pidamos dos menús de cena y un filete extra como plato principal.”
“No puedo comer tanto.
Me va a sentar mal.”
“¿Cómo que tanto?
¿Esto no es ni la mitad de lo que comía antes?”
“Si como demasiado me
siento pesado. Mi estómago se ha reducido.”
“¡¡Por eso mismo tiene
que agrandarlo!!”
'¡¿Qué vas a hacer si
te desmayas ahora que también trabajas?!'.
Sun-myung gritó y
luego cerró la boca al ver los ojos sorprendidos de Bo-dam. A pesar de que
Tae-hwa ya no era un recién nacido, Bo-dam insistía en amamantarlo mañana y
noche. El niño, que tenía el tamaño de un bebé de doce meses y tomaba biberón a
cada rato, succionaba con entusiasmo cada vez que Bo-dam se lo permitía. Bo-dam
elogiaba al niño por comer bien, pero Sun-myung, más que orgullo por su hijo,
sentía preocupación por su esposo.
Bo-dam siempre decía
que estaba bien por ser joven, pero lidiar con el trabajo y la crianza era
agotador. Al ver cómo su rostro se demacraba día tras día, Sun-myung se
esforzaba al máximo en el cuidado del niño, pero no podía reemplazarlo ni en el
trabajo de oficina ni en la lactancia.
“¿Estás triste porque
no te he prestado atención?”
“No es eso...”
“Es verdad que
últimamente no he podido cuidarte mucho... entre el regreso al trabajo y el
caos, lo siento. Pensé que podría con todo, pero está siendo un poco duro.”
Sun-myung sacudió la
cabeza, pero le costaba encontrar palabras para rebatirlo. A estas alturas,
llevarle la contraria o responder con brusquedad era casi un hábito. En
realidad, era su forma de crear excusas para estar cerca de Bo-dam.
'Para hyung debo
parecer un niño transparente. Menos mal que no se cansa de mí a pesar de mis
quejas'. Sun-myung miró a un Bo-dam que sonreía con cansancio y asintió. Pensó
que era mejor ser honesto como un niño que un marido que solo sabe refunfuñar.
“Usted ya trabaja, y a
mí pronto se me acaban las vacaciones... Pensaba que casi no nos queda tiempo
para estar solos.”
“Sí, es verdad.”
Sun-myung iba a
dejarlo ahí, pero al ver el rostro acogedor de Bo-dam animándolo a decir lo que
sentía, terminó soltando algo realmente infantil.
“Tae-hwa es un niño,
pero usted dijo que yo... yo también... también soy su niño.”
“¿Qué dijiste?”
“Dijo que era como
criar a dos hijos.”
“...¿Entonces lo que
quieres decir es que le preste atención al 'bebé Sun-myung'?”
“No digo que sea un
bebé...”
“¿Cómo que no? ¡Eres
un bebé de verdad, Ki Sun-myung!”
Sun-myung, que en el
fondo buscaba que lo trataran así pero se ofendió al escucharlo, iba a
protestar, pero terminó simplemente masticando el trozo de carne que Bo-dam le
puso en la boca.
“Tienes razón, nos
casamos sin haber tenido un noviazgo formal y he sido descuidada contigo. De
ahora en adelante, salgamos a tener citas así una vez por semana. A mí también
me encanta salir a jugar a solas contigo, Sun-myung.”
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Aunque fueran palabras
para animarlo, lo hicieron feliz. Sun-myung asintió con entusiasmo cuando
Bo-dam le pidió que lo trajera a comer cosas ricas de nuevo. Juró graduarse
rápido y sin pausas para entrar en Edam y ganar dinero. Investigaría y
actualizaría su lista de restaurantes y cafeterías que le gustaran a hyung.
Incluso llegó a pensar
que en el futuro no dejaría que Bo-dam gastara ni un centavo, y se sorprendió
tanto de sus propios pensamientos que dejó caer un trozo de comida. Bo-dam lo
regañó por ser sucio, pero Sun-myung estaba tan impactado por estar pensando
tanto en el bienestar de su esposo que no pudo concentrarse en nada más de la
conversación.
* * *
Sun-myung, quien
siempre había ignorado olímpicamente a sus amigos cuando le rogaban que les
mostrara al bebé aunque fuera una vez, se quedó mudo de asombro cuando Bo-dam
le sugirió que por qué no los invitaba a casa.
“¿Quiénes se creen
ellos para ver a nuestro hijo...? No, ni hablar, Tae-hwa se va a contaminar. ¿Y
si esos idiotas lo tocan con sus manos sucias?”
“¡Ajajá! ¿Cómo que se
va a contaminar? A mí me parece que tus amigos tienen ganas de verte a ti y
solo usan al bebé como excusa.”
“Hyung dice eso porque
no los conoce. Yo no me llevo bien con ellos.”
Al oír que Ji-chul e
In-hoon supuestamente querían verlo, la expresión de Sun-myung se arrugó tanto
que era difícil que se contrajera más. ¿Esos dos usando a Tae-hwa de pretexto
para verme a mí...? Qué asco.
Solo imaginar que
estaría en medio de ellos dos le dio tantas náuseas que tuvo una arcada. Bo-dam
no le importó y siguió con sus divertidas deducciones.
“¿Es porque tus dos
únicos amigos están saliendo y eso te hace sentir solo, Sun-myung?”
“No es eso, es que se
portan de una forma que no soporto verlos. Se toman de las manos a escondidas,
se dan besos... ¡hacen toda clase de ridiculeces!”
“Nosotros nos damos
placer mutuo con la boca.”
“¡Ah, hy, hyung!”
“¿Uu?”
“Vaya, despertamos a
Tae-hwa.”
“¡¿Cómo puede decir
esas cosas delante del niño...?!”
“Igual no entiende.
¿Verdad, Tae-hwa?”
“¡Ae!”
Que si ellos se daban
placer mutuo y de ahí hasta nació un bebé en la luna de miel, que si a estas
alturas debían ser lo suficientemente maduros para entender la cursilería de
otras parejas... Bo-dam soltó toda clase de razones extrañas para que invitara
a sus amigos, y Sun-myung no dejaba de fruncir el ceño.
Suponiendo que, como
dijo Bo-dam, se comportara como el padre de familia que era y decidiera ser
generoso invitándolos. Si los obligaba a lavarse manos y pies unas diez veces
apenas pusieran un pie en la casa, quizás podría permitirles estar en el mismo espacio
unos minutos, aunque jamás dejaría que tocaran a Tae-hwa.
El problema era que
esos dos eran pareja. No podía invitarlos el fin de semana porque el tiempo con
Bo-dam ya era insuficiente de por sí. Eso significaba que debía ser un día de
semana, pero si los llamaba durante el día para no cargar a Bo-dam, que volvía
agotado del trabajo, ¿no se quedaría él solo como el único sin pareja? Ji-chul
e In-hoon se la pasaban en un constante despliegue de afecto empalagoso, y solo
pensar en quedarse mirándolos como un pasmarote ya le revolvía el estómago.
“Yo también pediré
media jornada y vendré temprano.”
“¿Puedes pedir media
jornada...? ¿No estarás gastando tus vacaciones por mi culpa?”
“¿Por qué sería un
desperdicio usar mis vacaciones para estar con mi familia? Además, ¿quién le va
a decir algo al hijo del presidente? Podría irme sin decir nada y nadie se
atrevería a reclamarme.”
Sun-myung, que seguía
refunfuñando preocupado por si sus amigos hacían alguna ridiculez frente al
pequeño Tae-hwa, recuperó el color en el rostro como si se hubiera quitado un
peso de encima al oír que Bo-dam vendría temprano.
“Entonces les diré que
vengan el día que hyung pida la media jornada.”
“Sun-myung.”
“¿Sí?”
“Todo eso de que tus
amigos eran sucios y demás era solo por hablar, ¿verdad?”
“No. De verdad son
sucios. No voy a dejar que se acerquen a Tae-hwa.”
“Pero en cuanto dije
que venía temprano, aceptaste invitarlos de inmediato.”
Sun-myung miró de
reojo a Bo-dam, que sonreía como invitándolo a inventar otra excusa, y le
plantó un beso sorpresa antes de retroceder. Fue un beso tan repentino y fuerte
que Bo-dam terminó cayendo sobre la cama.
“Los invitaré.”
“Está bien... si
intentas burlarte de mí otra vez, me vas a tumbar los dientes.”
Ignorando a Bo-dam,
que se miraba en el espejo haciendo una mueca para comprobar si sus dientes
seguían en su sitio, Sun-myung envió un mensaje al grupo de chat de sus amigos.
Vengan este viernes a
las dos 15:09
ADE_Han Ji-chul
Espero que no hagas la
estupidez de dejar a Tae-hwa en casa de sus abuelos 15:10
ADE_Kim In-hoon
Finalmente, ¡conoceré
a Tae-hwa-chan en persona...! 15:10
Juren que nada más
entrar se irán directo al baño a lavarse manos y pies a conciencia. 15:11
ADE_Kim In-hoon
Lo juro. 15:11
ADE_Han Ji-chul
Jurar, joder; 15:11
Solo después de
recibir el juramento de sus amigos, Sun-myung se relajó y se acostó al lado del
niño. Cuando el pequeño parpadeó con sus ojos enormes y le dedicó una sonrisa
radiante, Sun-myung también pudo sonreír, luciendo finalmente como el padre de
un hijo.
* * *
Sun-myung les dijo a
Ji-chul e In-hoon, quienes insistían en comprar un regalo para la inauguración
de la casa, que no necesitaba nada y que, si querían traer algo, simplemente
trajeran algo de comer por su cuenta. En cuanto colgó, se puso en contacto con Bo-dam.
“Hyung, ¿ya terminaste
en la empresa?”
—¡Sí! ¡Estaré en casa
en diez minutos!
“Vas a llegar antes
que ellos. La señora ya preparó el bulgogi y el japchae, y yo...”
¿Qué era lo que yo
había hecho? Al principio, la idea de mostrarles a sus amigos la imagen de los
tres juntos como familia lo emocionó tanto que se apresuró a llamarlos, pero
ahora que se acercaba el momento, se dio cuenta de que no había hecho nada
especial para el evento. ¿Acaso jugar un poco con Tae-hwa contaba...?
Aunque le había cocinado
varias cosas a Bo-dam cuando estaba embarazado, su habilidad no se comparaba
con la de la señora de la limpieza, que tenía licencias de cocina coreana,
occidental, china y hasta de repostería. Ante el despliegue de talento de la
señora para la cena, Sun-myung se limitó a darle de comer a Tae-hwa pequeños
trozos de comida con condimento suave, así que no tenía mucho que presumir.
“Eh... yo ayudé a
pasar el nabak-kimchi a otro recipiente.”
Al decirlo, se dio
cuenta de que era una tarea insignificante. De tantas cosas, ¿por qué mencioné
lo de pasar el kimchi? Se sintió extrañamente apenado frente al niño, que lo
miraba de abajo hacia arriba mientras masticaba una hoja de col, así que lo
llamó 'cerdito' en broma y lo acomodó en sus brazos, mientras la comisura de
sus labios temblaba al escuchar la voz de Bo-dam por el auricular.
—Sun-myung-ie no tiene
que hacer nada, porque ya es lindo así.
“¿Y si dejo de ser
lindo cuando envejezca?”
—Incluso si envejeces,
siempre serás siete años menor que yo. Serás un bebé para toda la vida, un
bebé.
Aunque le desagradaba
que lo llamaran 'bebé', viniendo de Song Bo-dam, en el fondo le gustaba. A
decir verdad, ya no le afectaba que Bo-dam lo tratara como a un niño.
Objetivamente, él era el menor, y aunque Bo-dam lo tratara con especial
ternura, ¿no era eso normal entre esposos? Además, por la noche soy yo quien
consiente a hyung, así que no hay razón para pensar mal...
Sun-myung se
sorprendió a sí mismo teniendo pensamientos tan pervertidos, así que se
despidió de Bo-dam diciendo que se verían pronto y terminó la llamada. Le
resultaba repulsivo estar pensando cosas de viejo últimamente. (Se sentía
extraño consigo mismo). No es que viera cosas raras, pero parecía que vivir con
Song Bo-dam lo estaba volviendo así.
Ante el temor de decir
o hacer algo extraño frente a sus amigos, Sun-myung hizo una promesa mirando al
niño.
“Ser un papá del que
Tae-hwa no tenga que avergonzarse.”
“¿Uu?”
“Beso.”
“Uu—”
Sun-myung plantó un
beso en los pequeños labios que masticaban col cruda y terminó de preparar la
mesa ayudando a la señora. Aunque mantenía su postura de que cuanto más tarde
llegaran sus amigos, mejor, lamentablemente ellos llegaron antes que Bo-dam.
“¿Ae-ae?”
“Ding-dong, sonó el
timbre, Tae-hwa. Son los amigos de papá.”
“Ung...”
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“Pero ¿por qué te
gustan tanto la col y el berro? Se nota que eres hijo de un cobaya.”
Con un tallo de berro
en la mano izquierda y una hoja de col en la derecha, el niño agitaba los
brazos mientras Sun-myung corría hacia la entrada con él en brazos. El sonido
crujiente de la verdura le hacía cosquillas en el oído.
“Ki Sun-myung, cuánto
tiempo... ¡Ah! ¿Él es tu hijo?”
“¡Ah...! ¡Qué lindo!
Tae-hwa, ¿hola?”
“No lo toquen, vayan
rápido a lavarse las manos y los pies.”
“bueno, bueno. Oye, es
tan pequeño que me da miedo tocarlo.”
Ante la aparición de
los extraños, Tae-hwa dejó caer la verdura que estaba masticando. Aunque ya
conocía un poco cómo eran los adultos por sus paseos, ver a dos hombres con
rostros tan emocionados lo asustó, por lo que se quedó rígido y se pegó a su
papá. Sun-myung hizo que Ji-chul e In-hoon, que ya se habían lavado, se sentaran
primero para calmar a Tae-hwa, cuyos ojos grandes parecían salirse de sus
órbitas por el miedo.
Aunque no quería que
lo tocaran, era necesario demostrarle a Tae-hwa que esas personas no eran
peligrosas. Sin otra opción, Sun-myung dejó que el niño sujetara un dedo de
cada uno.
“Tae-hwa, son amigos
de papá. Este es Ji-chul y este es In-hoon. Son los tíos de Tae-hwa, así que no
olvides sus caras, ¿sí?”
“Uu...”
“Ki Sun-myung, ¿no
puedo tocarle la mejilla una sola vez?”
“Es verdad. Si Tae-hwa
no está llorando.”
“¿Están locos? ¿Qué
creen que están tocando?”
“¡Oye, solo una vez!”
“¡Les dije que no lo
toquen!”
El niño, que sujetaba
las manos tranquilamente, se sobresaltó cuando un dedo rozó su mejilla
inesperadamente y pronto sus labios empezaron a temblar. Sun-myung, que sabía
que Tae-hwa no solía llorar mucho incluso al despertar, pensó que se le
pasaría, pero...
“¡Uu, huu... huaaa-!!”
“Oigan, les dije que
no lo tocaran...”
“¡Ah! ¿Qué hacemos?
Tae-hwa, perdón. ¡Los hyungs lo sienten...!”
“Cielos, qué pulmones
tiene. Debería ser cantante de mayor.”
“Han Ji-chul, tú mejor
lárgate...”
Para calmar al niño
que hipaba mientras lloraba, Sun-myung dejó a sus amigos en la sala y salió de
la casa. Acariciaba la mejilla del pequeño que lloraba con amargura mientras
repetía: '¡Desinfectemos, desinfectemos!', pero el niño solo lloraba agitando
sus extremidades.
Deambuló por el parque
con el niño que lloraba con todas sus fuerzas. Se preguntaba cuándo llegaría
hyung mientras miraba incesantemente hacia la entrada del complejo; Tae-hwa
gritaba tan fuerte que hasta el guardia de seguridad salió a preguntar qué
pasaba. Al bebé no le importaba lo que Sun-myung sintiera.
“Tae-hwa, ¿hoy tenías
ganas de llorar? ¿Por qué se puso así nuestro príncipe?”
“¡Kjuaaa—! Hic,
hic...”
Parece que el abrazo
del 'señor gorrión' favorito lo calmó un poco, ya que el niño apoyó la cabecita
en el hombro del hombre y recuperó el aliento. El guardia, que solía ser una
persona muy serena y sin exageraciones, limpió las lágrimas del rostro
enrojecido del niño con el dorso de su mano. Sun-myung explicó el motivo del
llanto para que no hubiera malentendidos, aunque sabía que no era necesario.
“Es que hoy vinieron
unos amigos para la inauguración de la casa... y le tocaron la mejilla.”
“Ah, fue por eso. Ya
pasó. Las mejillas de Tae-hwa siguen en su sitio, mira—”
“¡Ti-ye! Hic.”
Parecía que no le
molestaba el abrazo del guardia, y aunque decía que no, su llanto estaba
cesando, hasta que el sonido de un claxon lo hizo empezar de nuevo.
“¡Song Tae-hwa!
¡¿Quién hizo llorar a mi bebé?! ¡Papá tiene que ir a regañarlos, vamos adentro
rápido!”
“¡Ab, ap... ¡Abá!
¡Huaaa!!”
“Vaya, ya estaba
calmado pero volvió a llorar al ver a Bo-dam. Mucha suerte, Sun-myung.”
“Sí. Gracias,
hyung...”
Era común que un niño
que ya estaba llorando llorara más al ser consolado. Y más si su papá favorito
llegaba diciendo que iba a regañar a los culpables; para el niño, era como
tener un ejército a su favor, así que lo raro habría sido que no llorara.
A decir verdad, ya se
le habían acabado las lágrimas y solo salía el sonido, pero Tae-hwa persistía
en fingir que lloraba. Sun-myung siguió a Bo-dam, quien gritaba que irían a
regañarlos, mientras le tocaba la nariz al niño. Le daban ganas de reír al ver
la desfachatez del pequeño, que ya ni siquiera tenía lágrimas.
“Sun-myung, diles a
tus amigos que no se asusten si entro fingiendo estar enojado. Tengo que
consolar a nuestro bebé.”
“¡Ah, sí!”
Cuando Bo-dam empezó a
mimarlo preguntando quién se había atrevido a molestar a su príncipe, el niño
se puso de buen humor, lo rodeó por el cuello y empezó a balbucear, moviendo el
trasero con emoción al oír la voz de su papá regañando apenas entraron a la
casa. Sun-myung, para ayudar a calmar el enojo del niño, publicó un aviso en el
grupo de chat.
Aviso: No se asusten
si mi marido se enoja de repente, síganle la corriente. Es para consolar al
bebé. 14:20
Sun-myung entró
confiando en sus amigos, quienes respondieron con un pulgar arriba al instante,
y sintió ganas de llorar de gratitud al verlos fingiendo que se morían de
miedo.
“¡¿Quién fue el que
tocó la mejilla de Tae-hwa?!”
“¡Fui yo, lo siento
mucho!”
“¡Malvado, malvado!
Tae-hwa, ¡vamos a darle un castigo, un castigo!”
“No volveré a tocarlo
sin permiso. He cometido un pecado mortal, mi príncipe.”
Tae-hwa parecía un
poco desconcertado al ver a esos dos hombres ofreciéndose como esclavos de un
niño que ni siquiera cumplía el año, sin que nadie se los pidiera. Sun-myung,
escuchando la respiración agitada del niño, tomó su manita y golpeó suavemente
el hombro de Ji-chul.
“Nuestro buen Tae-hwa
va a perdonarlos por esta vez.”
“...¡Castigo!”
“¡Ay, me muero!”
“Jijiji...”
Al ver a Ji-chul
desplomarse en cuanto su puñito de algodón lo tocó, Tae-hwa se rió
radiantemente, muy satisfecho. Al ver al niño riéndose mientras frotaba su
nariz contra el hombro de Bo-dam, los adultos, incluido Sun-myung,
intercambiaron miradas de 'ya se le pasó el enojo' y cada uno ocupó su lugar.
“Como el príncipe ya
no está enojado, ¿qué tal si te sientas aquí un momento? Papá irá a lavarse las
manos.”
“¡Ung—!”
Tae-hwa se sentó en la
costosa mecedora que le regalaron sus abuelos, y aunque los hombres grandes se
acercaron, el niño parecía creer que él era el más fuerte allí, pues sonreía y
estiraba los brazos.
Recostado en su
pequeña cama acolchada, el niño miraba a los adultos con docilidad tras haber
llorado tanto. Los amigos de Sun-myung no dejaban de exclamar 'vaya' mientras
acariciaban y sujetaban con cuidado el dorso de sus manos y sus pies.
“Es lindo. Menos mal
que se parece a hyung y no a ti.”
“Dijiste que es un
lobo, ¿verdad?”
“Sí. Ya puede
transformarse en lobo.”
Al oír lo de lobo, el
bebé enderezó sus orejitas sobre su cabeza, lo que hizo que Ji-chul e In-hoon
casi se desmayaran de la emoción. Sun-myung acarició la frente del niño y lo
tomó en brazos, sintiendo su cuerpo cálido. Por la lentitud con la que parpadeaba,
parecía que ya tenía sueño.
“Abá...”
“Sun-myung, dámelo.
Iré a dormir al bebé, quédate un momento con tus amigos.”
“¿Quieres que vaya
contigo?”
“No, diviértete con
tus amigos. Ji-chul, In-hoon, empiecen a comer. Saldré pronto.”
“¡Entendido, hyung!”
“Duerme bien,
Tae-hwa.”
“Papá—”
Después de que el
niño, que era el vivo retrato de Bo-dam, desapareciera en la habitación,
Sun-myung fue atacado verbalmente por sus amigos.
“Oye, ¿quién te crees
para hacerte el difícil con hyung?”
“En serio, no hay
nadie más insoportable que tú. Bo-dam hyung tiene buen carácter y por eso te
aguanta, si fuera yo, ya te habría dado una paliza diaria.”
“Hyung dice que no
tiene dónde pegarme.”
“¡Ah! ¡Maldita sea,
qué asco de verdad!”
“Quita esa cara de
niño enamorado.”
Sun-myung se frotó la
cara al oír que tenía expresión de niño enamorado. ¿De verdad me veo así? Al
pensarlo, sintió que se ponía rojo, así que se frotó con más fuerza a
propósito.
Ji-chul e In-hoon no
se equivocaban en nada. Él todavía solía hacerse el difícil con Bo-dam y a
veces se portaba de forma insoportable. Bo-dam, a quien antes consideraba un
cobaya extraño, se había convertido en un cónyuge de gran corazón hacía mucho
tiempo.
Mientras recibía de
sus amigos los regaños que normalmente darían los suegros, Bo-dam salió de la
habitación y Sun-myung se pegó a él de inmediato.
“Bienvenido a casa,
hyung.”
“Llevo más de media
hora aquí, ¿y recién me saludas?”
“No pude saludarte
bien porque estaba consolando a Tae-hwa.”
Aunque todavía no
había anunciado su matrimonio a mucha gente, Sun-myung tenía ganas de presumir
su vida de casado con Bo-dam. Por eso, le plantó un beso a Bo-dam en los
labios, como hacía siempre, a pesar de que este se veía cansado tras el
trabajo.
“Puaj, joder...”
“¡De verdad, qué le
pasa a este tipo!”
“Seguro nos invitó
para esto. Oye, In-hoon-a, nosotros también hagamos lo mismo.”
“No se anden
besuqueando de forma asquerosa en casa ajena.”
“Tú... invitaste a
unos amigos y te pusiste a darle muestras de afecto unilaterales a hyung.”
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La reacción fue
intensa. Como estaba el bebé, no podían decir groserías fuertes, pero sus ojos
imploraban que se detuviera; Sun-myung disfrutaba besándolo frente a ellos.
Ji-chul e In-hoon empezaron a besarse entre ellos sin pizca de vergüenza, y
Sun-myung los fulminó con la mirada hasta que volvió en sí por un beso de
Bo-dam en su mejilla.
“Tengo hambre, ¿no me
vas a dar de comer?”
“¿Qu-quieres que te dé
de comer en la boca?”
“Sí, rápido.”
Bo-dam le siguió el
juego y la comisura de los labios de Sun-myung subió hasta el cielo. Durante
toda la cena, Sun-myung le sirvió de todo a Bo-dam, quien solo mantenía la boca
abierta. No le importaba que Ji-chul e In-hoon lo miraran con cara de '¿qué le pasa?'.
“¿Está rico, hyung?”
“Sabe mejor porque me
lo das tú, Sun-myung.”
“Prueba esto también.”
Sun-myung finalmente
entendía por qué las parejas en la calle siempre se andaban tocando y haciendo
ridiculeces.
Era la primera vez que
Bo-dam y sus amigos se reunían desde la boda. Aunque el inicio de Bo-dam y
Sun-myung fue por causas externas, ahora estaban tan unidos como cualquier
pareja de recién casados. Aunque ya era un adulto, Sun-myung estaba emocionado
por tener su propia familia y le contaba a Bo-dam hasta el más mínimo detalle.
Y uno de esos temas fue el noviazgo de Ji-chul e In-hoon.
“Me sorprendió saber
que salían. ¿No fue In-hoon quien le recomendó a Sun-myung el Juecopangpang?”
“¿Jueco...
pangpang...?”
“Y fue Ji-chul quien
recomendó el tonkatsu de mesa pegajoso.”
“¡Ah, ese sitio es muy
bueno! ¿Fueron?”
Aunque no eran muy
cercanos, tenían algunos temas en común y la conversación fluyó bastante bien.
Sun-myung recordó el año pasado, cuando recibió recomendaciones de rutas de
citas de Ji-chul e In-hoon y le mostró a Bo-dam el ejemplo perfecto de una cita
sin dinero. Pensándolo ahora, Bo-dam no tenía ninguna razón para seguirle la
corriente, pero aun así sonrió diciendo que era su primera vez en una cita así.
Aunque recordaba el parfait de chocolate como 'Juecopangpang'... a los ojos de
Sun-myung, incluso ese sentido del humor ridículo para poner nombres le parecía
divertido.
Sun-myung masajeaba
las pantorrillas y las manos de Bo-dam bajo la mesa para que sus amigos no lo
vieran, y apoyó la cabeza en su hombro inconscientemente. Se había acostumbrado
tanto a ser mimoso cuando estaban solos que ni siquiera se molestaba en
corregir su comportamiento frente a sus amigos.
“Vaya... Ki Sun-myung
se hace el rudo en la escuela, pero en casa es un completo perdedor.”
“¿Sun-myung se hace el
rudo en la escuela?”
“Es increíble. Se las
da de importante y si alguien le habla, solo responde con 'sí', 'no' o 'no
quiero', siempre lo mismo.”
“¿Cuándo hice eso?”
“¡¿Vieron?! ¡Habla con
una arrogancia total!”
Ante lo que no quería
oír, Sun-myung giró la cabeza y hundió el rostro en el hombro de Bo-dam. Cuando
Bo-dam le preguntó por qué estaba tan pegado a él si sus amigos habían venido
de visita, solo negó con la cabeza. '¿Cuándo se irán?', pensó. Hyung llegó
temprano después de mucho tiempo y él quería tener sexo. Aunque sus amigos
estaban allí, la cabeza de Sun-myung estaba llena de deseos propios de un
recién casado.
Por el contrario,
Bo-dam era quien hablaba más con sus amigos. Les preguntaba sobre su relación
sin invadir su privacidad y sobre todo se interesaba por la vida escolar de
Sun-myung. Más específicamente, preguntaba por las personas que mostraban
interés en Sun-myung.
“Sun-myung es muy
popular, ¿verdad?”
“No soy popular.”
“A los de cursos
inferiores les gusta. ¿Y a los de cursos superiores? A las noonas les encanta
Ki Sun-myung. Dicen que es lindo.”
“¿A las noonas?”
“Sí. A las noonas
sexys les gusta.”
“No hay nadie sexy en
toda la escuela, ¿de qué hablas?”
Sun-myung lo negó de
inmediato. ¿Por qué decían que era popular si no lo era? Ji-chul exageraba su
popularidad ante Bo-dam y a él le costaba entender de quiénes estaban hablando.
Las historias de que
era extremadamente popular entre misteriosas noonas sexys y que por eso ninguna
mujer podía acercársele, o que los de cursos inferiores le pedían su número y
él los rechazaba a todos dejándolos llorando, eran todas versiones muy
dramatizadas. Sun-myung se apresuró a explicar, temiendo que Bo-dam pensara que
era un marido infiel.
“Es absurdo decir que
les gusto a los de cursos superiores, y a los de cursos inferiores, a veces me
piden el número y yo les pregunto si son de mi grupo para algún trabajo, y si
no, simplemente los ignoro. No es nada importante.”
“¿Lo oyó? Él mismo no
lo niega. No estoy mintiendo.”
“Es verdad, a las
chicas les gusta mucho Ki Sun-myung. Pero como tiene un carácter tan difícil,
se puede decir que lo admiran en secreto desde lejos.”
“¿Qué admiración ni
qué nada? No les haga caso, hyung.”
¿Acaso estos idiotas
vinieron para hacerme perder los estribos? Solo trajeron un paquete de papel
higiénico de regalo y no paraban de decirle tonterías a Bo-dam; apenas pudo
contenerse para no echarlos de inmediato. Sun-myung abrazó a Bo-dam por la
cintura con la intención de jurar que nada de eso era cierto, y se tranquilizó
al ver que él sonreía con amabilidad.
“¡Como a Sun-myung no
le gustan las noonas sexys sino los hyungs sexys, no tienes de qué
preocuparte!”
“Ajajá, ¿hyungs
sexys?”
“Porque Sun-myung solo
tiene ojos para mí.”
Sun-myung miró
fijamente a Bo-dam, quien le daba palmaditas en la mejilla sin siquiera
preguntarle si lo que decía era cierto; solo le faltó gemir como un perro
mientras se acurrucaba en su regazo. Se quedó abrazado a él hasta el punto de
agobiarlo, mientras sus amigos se quejaban de que era un asco y no podían
seguir mirando. Cuando por fin se fueron, Sun-myung le susurró al oído a
Bo-dam:
“Tienes razón, hyung.
Yo solo tengo ojos para mi hyung cobaya sexy.”
“Y yo solo tengo ojos
para mi príncipe mendigo del país de los mendigos.”
“¡Ah, hyung!”
Bo-dam, experto en
burlarse de él, ignoró sus gritos pidiendo que por favor le quitara el título
de príncipe mendigo, y Sun-myung tuvo que seguir escuchándolo hasta que se
quedó dormido esa noche.
* * *
Llegó septiembre,
justo cuando Bo-dam ya se había readaptado por completo a la vida laboral y
Sun-myung empezaba a sentir que quedarse solo en casa era aburrido. Tras el
inicio del semestre, Sun-myung iba y venía entre la universidad y el hogar,
pensando: 'Definitivamente, uno se deprime un poco si solo se queda encerrado'.
Seguía sin participar mucho en las actividades de la facultad, pero como
siempre había sido una persona diligente, mantenía una vida rutinaria entre sus
clases y su casa.
“¡Ueb!”
“No se dice 'ebis', se
dice padre.”
“Ebi.”
“... Hyung, ¿está
seguro de que este niño de verdad no entiende lo que le digo?”
El niño crecía a pasos
agigantados. Sun-myung incluso llegaba al extremo de susurrarle al oído
mientras dormía: 'Deja de crecer, por favor', con la esperanza de que sus
ruegos ralentizaran su desarrollo, pero era en vano. El pequeño, que se
dedicaba a comer y beber (fórmula) en exceso, se había convertido en un lobo
cachorro realmente robusto. Sus carnes blanditas, se apretaran por donde se
apretaran, hacían felices a Sun-myung y a Bo-dam, aunque también significaba
que se había vuelto un niño impredecible que podía salir disparado en cualquier
dirección.
Ahora que se
desplazaba gateando con el vientre pegado al suelo, recorriendo la casa con
energía, el niño no paraba de meterse cosas en la boca. Se metía cualquier cosa
con tal desesperación que a una sola niñera le resultaba agotador vigilarlo, lo
que generaba ansiedad en la pareja cada vez que ambos tenían que ausentarse.
“¿Por qué comerá
tanto...?”
“Me dijeron que yo
también era así de pequeño. Que me comía todo lo que veía.”
“Entonces salió a
hyung.”
“¡Salió a mí de
enérgico, qué bueno!”
“Pero a este paso, con
una sola niñera no será suficiente...”
“En eso tienes
razón...”
Aún era imposible
dejar al niño con los padres de Bo-dam, quienes todavía tenían una vida social
muy activa, y para contratar a otra niñera les faltaban medios para verificar
si sería alguien de confianza. La señora que cuidaba al niño actualmente era una
híbrida de ardilla voladora que había sido la niñera de Bo-dam cuando era
pequeño, por lo que era totalmente digna de confianza. Trabajaba tan bien que
resultaba abrumador pensar dónde podrían encontrar a otra persona igual.
Para la pareja, cuyas
expectativas se habían vuelto muy altas, el regreso a las clases y a la oficina
no fue algo precisamente agradable. Sin embargo, Sun-myung solo tenía veintiún
años y Bo-dam ya era un subgerente de veintiocho. Ambos estaban en una etapa de
estudiar y trabajar intensamente, por lo que, aunque el niño fuera su
prioridad, la realidad era que les resultaba difícil llegar a casa siempre a la
hora exacta.
“¡Ab, aab—!”
“Qué vamos a hacer con
este cerdito.”
“Bu—a.”
“Mi pequeño precioso.”
El rostro de Bo-dam se
veía algo demacrado mientras palmeaba al bebé, que hundía la nariz en su pecho
haciendo ruidos de succión. Sun-myung, pensando que lo único que él podía hacer
era encargarse de la crianza, dijo:
“No te preocupes,
hyung. Como todavía soy estudiante, yo veré más a Tae-hwa. Tú trabaja.”
“¿O sea que me estás
diciendo que me dedique a ganar dinero?”
“¡No quise decir
eso...!”
“Es broma. Te entendí.
Si no fuera por Sun-myung, me habría costado mucho volver a la oficina.”
Mientras Sun-myung
abrazaba a Bo-dam, quien a su vez sostenía al bebé, nunca imaginó que
terminaría llevándose al niño a la universidad.
* * *
Tanto la empleada que
mantenía la casa impecable como la niñera que cuidaba al niño no pudieron
asistir por razones personales. Para colmo, Sun-myung también tenía clase ese
día. Tras decirle a Bo-dam que no se preocupara, Sun-myung se acercó al niño,
quien lo miraba con ojos vivaces después de haberse llenado con su leche.
“Song Tae-hwa.”
“¿Ung?”
“¿Qué tal si te
transformas en lobo y hoy vamos a pasear un poco lejos?”
“¡Paseo!”
“Como nuestro Tae-hwa
es un lobo obediente y formal, podremos salir, ¿verdad?”
Mientras lo mimaba
entre sus brazos, el niño, que movía sus deditos, no tardó en transformarse en
lobo. Sun-myung le puso el arnés al pequeño lobo, que era tan liviano que podía
cargarlo con una mano, y preparó todo lo necesario —portabebés, mameluco y
pañales— por si acaso el niño decidía volver a su forma humana de repente.
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La solución
desesperada que se le ocurrió fue ir a clase con él. Solo rogaba que se
mantuviera como lobo por mucho tiempo; si aguantaba así apenas cuatro horas, no
pediría nada más. Con la intención de asistir rápido a una sola clase y volver,
Sun-myung puso las cuatro patitas acolchadas del niño en el suelo.
“¡Ang!”
“Sí, vamos.”
Así fue como el niño
terminó haciendo su gran debut en la universidad de Sun-myung, saltando de
alegría simplemente porque le encantaba pasear.
Sun-myung solía
caminar hasta la universidad cuando hacía buen tiempo. Bo-dam siempre le decía
que no tenía que esforzarse caminando porque había un chofer disponible, pero a
Sun-myung no le gustaba llamarlo por algo tan trivial. Sin embargo, hoy estaba
con el niño. Aunque parecía tener más energía que él al corretear por todos
lados en su forma de lobo, seguía siendo un bebé y no podía hacerlo pasar
fatigas.
“Hola, señor
conductor.”
“¡Buenos días! ¡Vaya,
hoy el pequeño joven amo también nos acompaña!”
“Sí, para que le dé un
poco el aire.”
“Eso está muy bien,
para que vea las hojas de otoño.”
“¡Wang!”
“Nuestro Tae-hwa está
de buen humor.”
El pelaje gris, suave
como semillas de diente de león, ondeaba con la brisa que entraba por la
ventana ligeramente abierta. Durante los quince minutos de trayecto hasta la
universidad, el niño observó el paisaje que pasaba rápido tras el cristal y, al
llegar al campus, dio unos pasos valientes.
Quien dudaba era
Sun-myung. El niño pateaba el suelo con sus patas traseras, ansioso por ir a
cualquier parte, pero Sun-myung tenía la obligación de protegerlo. Primero,
envió un mensaje al chat grupal con Ji-chul e In-hoon, con un contenido que
sería imposible de ignorar.
(Foto) 11:20
'Surgió algo en casa y
traje a Tae-hwa a la facultad' 11:21
ADE_Kim In-hoon
'¿Frente al pabellón
Saebit? ¡Voy para allá!' 11:22
ADE_Han Ji-chul
'Estoy con In-hoon,
iremos juntos jajajajaja' 11:22
Sabía perfectamente
que la única razón por la que esos dos, que normalmente pasaban de sus mensajes
por estar en su propio mundo, vendrían volando era Tae-hwa. Sun-myung se sentó
en un banco cercano con el valiente niño en brazos.
“Parece un perrito,
qué lindo.”
“¿Así son los
perritos?”
“Claro que es un
perrito.”
“Krng... ¡ang ang!”
“Vaya, el pequeño es
agresivo.”
No es que fuera
agresivo, es que se quejaba porque lo llamaron perro cuando él era un lobo.
Sun-myung ignoró a los
estudiantes que pasaban comentando sobre Tae-hwa hasta que llegaron sus amigos.
De vez en cuando, cuando escuchaba que decían que era un perro, le tapaba
discretamente las orejas por si Tae-hwa se sentía mal. A pesar de la gente
indiferente que iba y venía, el niño estaba feliz solo por estar afuera y
agitaba la cola sin parar. Sun-myung estaba grabando un video por detrás de lo
tierno que se veía moviendo hasta el trasero, cuando el niño, que estaba
relativamente tranquilo sobre sus muslos, se puso de pie de un salto.
“¡Ang, ang ang! ¡Ang!”
“¡Tae-hwa—, ya
llegaron tus tíos!”
Al ver caras
conocidas, el niño saltó de alegría y pronto corrió a refugiarse en los brazos
de In-hoon. El lobito, que había echado las orejas hacia atrás pareciendo una
foca, le lamió la cara como si fuera un cachorro.
Mientras el niño e
In-hoon jugaban en su propio mundo, Ji-chul le preguntó a Sun-myung por los
detalles.
“Me sorprendió que
trajeras al niño así de repente. ¿Pasó algo?”
“Es que hoy las
niñeras no pudieron venir. Como hyung se fue a la oficina, tuve que traerlo
yo.”
“Oh, cielos... De
verdad pareces un padre.”
Como si no fuera un
padre de verdad. Aun así, no le molestó oírlo, por lo que Sun-myung acarició
con esmero la cabeza del niño que estaba en brazos de In-hoon.
“Pero, ¿cómo se lo vas
a explicar a los de la facultad?”
“¿Eh?”
“¿Ellos saben que
estás... bueno, que estás casado?”
“... No.”
En realidad, ese era
el único problema.
“¡Wang wang—!”
El hecho de que
Sun-myung aún no hubiera revelado su matrimonio.
“Ya me lo imaginaba.
Pero ¿por qué...? Por tu personalidad, dudo que estés pensando en llevar una
doble vida.”
“¿Estás loco?”
“Eso te lo pregunto
yo. ¿Estás loco? ¿Por qué ocultas que eres un hombre casado?”
“¿Qué dirían si les
digo que me casé? Y encima con el hijo del Grupo Edam. Dirían que qué tengo yo
de especial para que se fijara en mí.”
Tras recibir el regaño
de Ji-chul mientras In-hoon jugaba con el niño, Sun-myung negó con la cabeza.
No es que él estuviera tranquilo; también se sentía incómodo. El no poder decir
que era un hombre casado en la universidad era puramente por orgullo. Quizás
para otros no fuera gran cosa, pero para Sun-myung era difícil admitir que se
había casado y tenía un hijo antes de graduarse. Con el tiempo mejoraría, pero
aún no era el momento.
Ji-chul, al ver a
Sun-myung incapaz de articular más palabras por su complejo estado emocional,
frunció el ceño y le dio una palmada en el hombro. Para Ji-chul, eso era su
mejor intento de animarlo. Para un joven de veintiún años, consolar a alguien
era algo extremadamente raro, así que eso era lo máximo que podía ofrecer.
“Eres bastante guapo y
tienes lo tuyo, idiota. Además eres alto.”
“Ya lo sé.”
Ante esa respuesta tan
pedante, Ji-chul arrugó aún más su ya contraído rostro. Si ya lo sabía, ¿por
qué andaba con tonterías? Mientras Ji-chul refunfuñaba que no se le podía decir
nada, Sun-myung rectificó como indicando que ese no era el punto. Al escuchar
la respuesta, Ji-chul no pudo añadir nada más.
“Es que solo tengo
eso. Ser joven y tener una cara pasable.”
“... Oye.”
“Sinceramente... no
hay ninguna razón para que hyung se casara con alguien como yo, lo sé. Lo sé
tan bien que por eso no puedo decir nada más.”
“Pero habrá alguna
razón por la que Bo-dam hyung vive contigo, ¿no? En la inauguración se veía que
se llevaban bien. No te preocupes por adelantado, perdedor.”
Ji-chul, buscando
desesperadamente algo con qué consolarlo, terminó soltando que debía haber
alguna razón misteriosa, lo que solo angustió más a Sun-myung antes de que su
amigo se alejara.
¿Habrá alguna razón
misteriosa en mí? Sun-myung miró sus palmas vacías alternadamente y se movió de
lugar. Para entonces, Tae-hwa, que estaba ofendido por haber sido confundido
con un perro, ya estaba de nuevo en sus brazos.
“Tae-hwa, ¿vamos a
dormir?”
“Kkiung... ang.”
“Vamos a dormir.”
Sun-myung, que siempre
ocupaba los asientos delanteros del aula, eligió la última fila para pasar lo
más desapercibido posible. Tae-hwa, asustado al estar en un espacio
desconocido, movió la nariz y empezó a gimotear en sus brazos. Sun-myung le
sujetó suavemente la nariz y lo soltó mientras lo consolaba, ya que el niño
quería irse a casa.
“Está bien. Papá está
aquí, Tae-hwa.”
“Kkuung, kkiing...”
“Papá te va a cantar
para que duermas. Duerme, mi niño, duerme ya, que nuestro lobito se va a descansar.”
Pareció darle
palmaditas unas cien veces. Por suerte, antes de que llegara el profesor, el
niño se durmió como un muñeco con una respiración acompasada. Temiendo que se
despertara y llorara si lo soltaba, Sun-myung lo envolvió en el portabebés y
escuchó la clase manteniéndolo en su pecho todo el tiempo.
Sin embargo, a pesar
de sus esfuerzos, en cuanto llegó el breve descanso, sus compañeros de clase se
amontonaron alrededor de Sun-myung y el niño se despertó con los ojos bien
abiertos.
“¿Es el perro de Ki
Sun-myung?”
“¿Por dónde lo ves?
Con lo valiente que se ve, parece un lobo.”
“Sun-myung, ¿tú no
eres también un híbrido de lobo?”
“¡Ang!”
“¡Oh, ladra!”
Sus compañeros, que al
principio preguntaban cosas triviales, pronto empezaron a acariciar con cuidado
la cabeza del lobito. Tae-hwa arrugaba la nariz, pero se quedaba quieto en
brazos de su papá recibiendo las caricias. El niño, que siempre había sido bien
recibido por los adultos, solo se mostró tímido al principio; pronto empezó a
mover la cola agradeciendo el contacto.
“Pero ¿por qué
trajiste al pequeño?”
“Más bien, ¿quién es
él?”
“Se parece un poco a
ti.”
Tras respirar hondo
varias veces ante la ruidosa situación, Sun-myung respondió con evasivas.
“Es mi... primo
menor.”
“¡Wang!”
Se sintió tan culpable
que no pudo mirar al niño a los ojos.
Al presentarlo como su
primo, sintió las miradas fijas de Ji-chul e In-hoon. Sin saber que había
pasado de ser hijo de papá a ser su primo, Tae-hwa gimoteaba alegremente
entregándose a las manos de los estudiantes. Parecía disfrutar de que le
hicieran cosquillas en la panza y le acariciaran la cabeza con suavidad; a
pesar de su forma de lobo, su expresión de felicidad se leía con total
claridad.
“¡Ang ang!”
“Es realmente lindo.
¡Tráelo seguido! ¡Parece que al pequeño también le gustamos!”
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“¿Será porque es tu
primo? No se parecen tanto.”
“... No, cuando es
humano... se parece... mucho a mí.”
Solo aguantaré una
hora en silencio y me iré a casa. Así no pasará nada.
A pesar de haber
pensado eso, Sun-myung terminó diciendo que Tae-hwa y él se parecían bastante,
y que solo era difícil ver el parecido por su forma de lobo cachorro. Sus
mejores amigos, Ji-chul e In-hoon, no dijeron nada ante eso. Ji-chul se limitó
a darle un golpe en la espalda a Sun-myung, e In-hoon acarició con ternura el
lomo de Tae-hwa.
Tras haber jugado
tanto con los humanos adultos durante el descanso, el niño se cansó pronto y se
la pasó durmiendo profundamente el resto de la clase. Fue un alivio para
Sun-myung. Si el niño se hubiera puesto a corretear como de costumbre durante
la lección, habría sido difícil controlarlo sin la ayuda de Bo-dam.
“Jugaste mucho,
¿verdad, Song Tae-hwa?”
“Piyuuuuu...”
Incluso en el taxi de
regreso a casa, el niño dormía plácidamente. El taxista, al ver al lobito,
intentó iniciar una conversación preguntando quién era. Sun-myung le respondió
lo que había querido decir desde que estaba en la universidad.
“Es mi hijo.”
“¿No eres estudiante?
Eres joven pero todo un patriota, todo un patriota.”
“Visto así no se
parece mucho, pero cuando es humano se parece muchísimo. Los ojos, la nariz, la
boca, todo.”
“No, aun viéndolo así
parece tu hijo. El niño salió guapo como el estudiante.”
“Gracias.”
El día era radiante y,
aunque acababa de escuchar que Tae-hwa y él se parecían, por alguna razón
Sun-myung sintió ganas de llorar.
* * *
Bo-dam llegó a casa
mientras Sun-myung alimentaba al bebé, quien pedía comida a todas horas, y lo
sostenía en brazos para que eructara.
“¡Ab, cuic—!”
“¿Qué fue eso...?
¿Eructaste mientras intentabas llamar a papá? No sé si decir que eres un buen
hijo o uno muy rebelde.”
“Hii.”
Tras haber eructado a
gusto, el niño, como si ya hubiera terminado sus asuntos con el padre que le
dio su sustento diario, estiró los brazos hacia Bo-dam, que acababa de llegar.
Haciendo ruiditos de bu-bu, estampó sus labios en la mejilla de Bo-dam.
Su iniciativa para el afecto físico, incluso sin que se lo pidieran, era digna
del hijo de Bo-dam.
Bo-dam contempló al
niño, que se parecía a ambos por igual, y lo abrazó tan fuerte que parecía que
lo iba a reventar. De la boquita del pequeño salió un ¡cuaic!. A Bo-dam
le pareció tan tierno que giró el cuerpo para mostrárselo a su esposo, pero al
ver la expresión sombría de Sun-myung, terminó preguntando otra cosa.
“¿Nuestro gordito hizo
alguna travesura en la universidad?”
“¿Uu?”
“No, se portó muy
bien.”
“¿Entonces por qué esa
cara? Deberías sonreír para que tu esposo se sienta bien al volver del
trabajo—”
Para Bo-dam, Sun-myung
era alguien cuyos sentimientos se leían con facilidad, pero eso también
significaba que Sun-myung no era de los que confesaban sus preocupaciones
abiertamente. Bo-dam tenía que suponer y adivinar muchas de las cosas que
Sun-myung no decía. Si no le reclamaba nada era porque ese lado reservado
también formaba parte de la personalidad de Sun-myung, y porque Bo-dam tampoco
le contaba absolutamente todo al cien por ciento.
Aun así, tenía
curiosidad por lo que había pasado en la universidad. En casa no lloraba mucho,
crecía sano y era el mejor de los hijos, pero no sabía nada de cómo se
comportaba el niño afuera, rodeado de extraños. Al salir del trabajo, quería
escuchar cuánto amor había recibido el pequeño en la facultad, pero Sun-myung
no parecía estar de humor para hablar hoy.
“Nuestro bebé debe
estar cansado hoy. Entra a descansar pronto; cuidar al niño en la universidad
no debe ser tarea fácil, te esforzaste mucho. Qué orgulloso estoy de ti,
nuestro Sun-myung-ie.”
“No es para tanto...”
“¿Cómo que no? ¿Me vas
a llevar la contraria?”
“De verdad no es
nada...”
Bo-dam, para indicarle
que dejara de hablar y fuera a descansar, le lanzó diez besos seguidos. Vivir
con un esposo que a veces parecía un niño también tenía lo suyo.
* * *
Pasó un mes sin que
pudiera revelar que su hijo era, en efecto, su hijo. Como los bebés crecen a
pasos agigantados incluso en un descuido, Sun-myung no tuvo más remedio que
llevarlo a la universidad al menos una vez por semana. Y eso fue puramente
porque Bo-dam así lo quiso.
Antes de volver a la
oficina, Bo-dam solía llevar al niño a todas partes para que le diera el aire,
y se sentía culpable por no poder hacerlo ahora que trabajaba de nuevo. A
diferencia de los híbridos herbívoros, los carnívoros tenían niveles de
actividad notablemente más altos. Al notar que el niño sonreía con especial
alegría los días que iba con Sun-myung a la facultad, Bo-dam le sugirió que hiciera
el esfuerzo de llevarlo siempre que pudiera.
Sun-myung podría haber
rechazado la propuesta, pero él también deseaba que Tae-hwa conociera el mundo
exterior en la medida de sus posibilidades, así que el pequeño empezó a
frecuentar la universidad de su papá.
“¡Tae-hwa, la pata!”
“¡Wang!”
“¡Vaya! Da la pata de
maravilla, ya es todo un adulto. El primo de Sun-myung crió muy bien a su
hijo.”
La culpa por decir que
su hijo era su primo menor se fue desvaneciendo poco a poco. En apenas un mes,
Sun-myung se acostumbró a los comentarios de sus compañeros tratando al niño
como a un primo. Bueno, al menos eran elogios, ¿no? Que dijeran que Tae-hwa
estaba bien criado era un cumplido, y el hecho de que él fuera el padre no
cambiaba, así que solo tenía que filtrar lo que escuchaba. No había problema.
Absolutamente ningún problema.
El tiempo voló y llegó
el invierno. El primer día de los exámenes finales, Sun-myung pensó que ya no
podría traer al niño más adelante, así que lo llevó el día que solo tenía un
examen. Como era una materia optativa, pensó que sería ideal terminar en una
hora al mediodía, recoger al niño e ir juntos a una cafetería temática para
cachorros de lobo.
“Tae-hwa, quédate
jugando con este hyung, ah, hyung volverá pronto. Pórtate bien, ¿sí?”
Casi se llama a sí
mismo 'papá', pero se corrigió rápido para referirse a sí mismo como 'hyung'.
Sun-myung acarició repetidamente al niño, quien lucía decaído con su pequeño
abrigo acolchado de marca. Parecía que desde que le puso la ropa ya estaba de
mal humor, y ahora no le gustaba que su papá intentara dejarlo para irse a otro
lado.
“Kkiung...”
“Está bien. Este hyung
es bueno.”
“No te preocupes y ve
a hacer tu examen.”
“Sí, yo te invito a
comer luego. Te lo encargo.”
“¡Arrrr... ang...!”
“Ya eres grande, Tae-hwa.
Quédate tranquilo.”
“Tae-hwa, juguemos.
Sun-myung hyung dice que vuelve pronto.”
Dando la espalda al
niño, que lloraba con una fuerza inusual pidiéndole que no se fuera, Sun-myung
se dirigió apresuradamente al aula del examen. Si se concentraba, podría
terminar incluso en menos de una hora. Salir a las cuatro e ir a la cafetería
con el niño. El plan no tenía fallas.
“Ah, joder. ¿A dónde
se fue...?”
O eso debería haber
sido.
Sun-myung resolvió las
diez preguntas rápidamente y salió del aula antes de las cuatro y veinte.
Durante todo el examen solo había pensado en el niño, así que corrió hacia el
terreno baldío de la facultad de humanidades donde se había despedido de su
amigo, pero no había rastro ni del niño ni de él.
“¡Atiende! ¡Atiende de
una vez!”
Llamó a su amigo al
menos diez veces, pero fue en vano. Sun-myung, desesperado, recurrió al chat
grupal con Ji-chul e In-hoon.
'¿Alguien vio a Park
Seung-cheol? Le encargué a Tae-hwa durante el examen y no está por ningún lado,
joder. Si saben dónde está este idiota, avísenme' 16:34
Hacía frío, pero sus
manos estaban empapadas de sudor. Mientras buscaba por todos los rincones donde
podrían haber llevado al niño, sintió la vibración en el bolsillo y contestó de
inmediato. No era Seung-cheol, a quien le había encargado el niño, sino
In-hoon.
“¿Viste a Park
Seung-cheol?”
—No, oye, ¿viste el
foro de la facultad?
“¡¿Cómo carajos voy a
tener tiempo de ver el foro ahora...?!”
—Tae-hwa, hay un lío
tremendo porque dicen que hay un lobo suelto por la universidad.
“¡¿Qué?!”
Sin siquiera
despedirse, Sun-myung colgó y entró rápido a la aplicación de la comunidad
universitaria. En la sección de 'lo mejor en tiempo real', había una foto de un
pequeño animal de cuatro patas dirigiéndose hacia los arbustos.
* * *
Joder, ¿quién soltó un
lobo en la facultad?
No sé si es un perro o
un lobo, pero por el color del pelo parece un lobo;; juzguen ustedes por la
foto.
(foto_lobo_perro.jpg)
●
Anónimo 1: ¿Eh?
o
Autor: ¿Lobo? ¿Perro?
●
Anónimo 2: ¿Un lobo
suelto en la universidad?
o
o
Anónimo 3: ¿Cómo vamos
a saber si es lobo o perro solo viendo la cola?
o
Anónimo 4: ¿Es por el
lado de la facultad de ciencias?
o
Anónimo 2: Si es un
animal salvaje hay que denunciarlo, podría tener enfermedades.
●
Anónimo 11: ¡Es un
cachorro híbrido de lobo y su familia es estudiante de nuestra universidad! ¡Si
alguien lo ve, por favor llévelo a la oficina del departamento de
Administración!
Al ver la publicación,
el rostro de Sun-myung se puso pálido.
El lobo de la foto
era, sin duda, Tae-hwa. ¿Dónde se habría quitado la ropa? Y además, la correa
también había desaparecido. Sun-myung intentó procesar cómo el niño había
terminado en ese estado, pero su mente estaba en blanco.
No debió encargárselo
a nadie por muy tranquilo que fuera el niño. Los adultos tenían razón: no se
puede quitar el ojo de encima a un bebé ni por un segundo. Si hubiera sabido
que en el tiempo que se lo dejaba a un amigo el niño terminaría recorriendo la
universidad como un animal salvaje, jamás, por mucha reserva que tuviera en la
cafetería, lo habría sacado de casa.
Ya era tarde para
arrepentirse. El niño estaría deambulando por cualquier rincón y la publicación
se seguiría difundiendo. Con la idea fija de encontrarlo, volvió a llamar a
In-hoon.
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—Sí, estoy buscándolo
con Ji-chul. Yo estoy por la facultad de música y Han Ji-chul se fue a la de
ciencias.
“¿Y... y los demás?”
—¡Hoy es el examen de
Fundamentos de Administración, así que todos están rindiendo!
“¿Aún no encuentran a
Tae-hwa? ¿Nadie dijo haberlo visto? ¡Ah, joder...! ¡¿Cómo rayos cuidó al niño
ese maldito de Park Seung-cheol?!”
Sun-myung gritó tan
fuerte que todos a su alrededor se quedaron mirando. Intentó regular su
respiración agitada mientras se movía. In-hoon trató de tranquilizarlo diciendo
que el niño no podría haber ido muy lejos, pero al no tenerlo a la vista,
sentía como si alguien le estuviera apretando el corazón y le costaba respirar.
“¡Tae-hwa! ¡Song
Tae-hwa!”
Si tan solo pudiera retroceder
el tiempo, jamás se lo confiaría a nadie. No tenía sentido culpar a su amigo.
Él mismo había fallado como padre. El error fue dejar a un bebé que ni siquiera
tenía doce meses en manos de otra persona.
Sun-myung recibió un
mensaje de Seung-cheol pidiendo perdón y diciendo que el niño desapareció
mientras él iba un momento al baño y que también lo estaba buscando; Sun-myung
le respondió tajante que se diera prisa en encontrarlo. Ya eran las cinco. Los
días eran cortos y ya estaba atardeciendo, y Tae-hwa, sin una sola prenda
encima, seguía desaparecido. Si se mantenía en forma de lobo quizás sería una
cosa, pero si volvía a su forma humana...
“¡Por favor, Tae-hwa!
¡Tae-hwa, ¿dónde estás?!”
Mientras gritaba,
sintió otra vibración y contestó sin siquiera mirar quién llamaba.
“¡¿Lo encontraste?!”
—¿Encontrar qué?
Lamentablemente, no
era la llamada que esperaba.
—Te pedí que me
mandaras fotos de la cafetería y no me hablas. ¿Pasa algo? ¡Mándame fotos!
Cinco y veintiocho de
la tarde. Era la hora en que Bo-dam estaba por salir del trabajo. Sun-myung no
pudo darle una respuesta clara a Bo-dam, que insistía en ver fotos del niño, y
empezó a balbucear. Al notar lo extraño que estaba, la voz de Bo-dam se volvió
seria al otro lado de la línea.
—... ¿Le pasó algo al
niño?
Ante la cautelosa
pregunta, Sun-myung se tiró de los pelos. Como aún no sabía qué le había pasado
exactamente, pensó si no sería mejor buscar un poco más; al ser un bebé no
podría haber ido lejos y lo encontraría pronto.
... ¿Pero y si no lo
encontraba? ¿Y si lo hallaba después de que le hubiera pasado algo grave?
“En la universidad, el
niño...”
—Voy para allá ahora
mismo.
Tras colgar con
Bo-dam, Sun-myung volvió a buscar al niño con sus amigos. No solo Ji-chul e
In-hoon, sino unos diez compañeros de facultad andaban metidos entre los
arbustos con aspecto andrajoso buscando al pequeño. Cuando escuchó que dos
compañeros híbridos de ave se habían transformado para sobrevolar incluso el
pequeño monte cercano ante la falta de rastro, sintió que se le helaba la
sangre.
Sun-myung estaba
considerando transformarse él mismo en lobo para buscarlo cuando escuchó una
voz detrás de él.
“¡Sun-myung! ¿Qué le
pasó al niño? Cuénteme con detalle, rápido.”
Al girarse, vio a
Bo-dam con el rostro completamente pálido.
No sabía por dónde
empezar, pero Sun-myung se acercó a él. Cuando le explicó balbuceando que le
había encargado el niño a un amigo durante el examen y que este había
desaparecido, y que ahora lo buscaban con sus compañeros, Bo-dam puso cara de
querer romper a llorar.
“Nuestro bebé... ¿Y si
alguien lo secuestra? ¿Y si piensan que es un perro abandonado y se lo llevan a
su casa para criarlo?”
Sun-myung no pudo
decir nada. Todo lo que Bo-dam decía eran posibilidades reales. Aunque le
aseguraba que nada de eso pasaría, en su mente se imaginaba lo peor. Sintió
tantas náuseas que estuvo a punto de vomitar.
Justo cuando iba a
decirle que encontraría al niño a como diera lugar...
“¡Hyung!”
En la mano que
sujetaba el hombro de Bo-dam solo quedó la ropa. Al mirar al suelo, vio a un
cobaya que corría hacia los arbustos con más agilidad que nunca. Sun-myung, sin
siquiera detenerse a ver el asombro de sus compañeros, persiguió al cobaya,
pero ese cuerpito parecido a un pastel de arroz desapareció rápidamente entre
la maleza.
Pensando que ahora
sería mejor buscar cada uno por su cuenta, Sun-myung se dirigió de nuevo al
edificio donde solía tener las clases de Administración. Con la esperanza de
que, tal vez, Tae-hwa recordara el aula a la que había ido y venido durante
tres meses.
* * *
Anocheció por
completo. Los compañeros de facultad se habían dispersado para registrar cada
rincón una y otra vez, pero no habían logrado ver ni un pelo de Tae-hwa.
Además, Bo-dam también había desaparecido.
“Ah, joder...”
Nada salía bien. No
podía encontrar al niño e incluso su esposo se había esfumado.
Eran ya las siete y
media. Sun-myung, agachado frente a un banco sumido en la oscuridad, no podía
llorar, así que solo respiraba con dificultad. Aunque de labios para afuera
decía que todo saldría bien, en su cabeza solo rondaba la idea de que lo había
arruinado todo.
Podía ver los pies de
sus compañeros amontonándose a su alrededor sin saber qué hacer. Estaba
furioso, pero como todo era culpa de su propia negligencia, no podía culpar a
nadie más. Seguía jadeando cuando un sonido familiar llegó a sus oídos.
“¡Juiiiiiic—!”
“... ¿Hyung?”
“¡Ang ang!”
“¡Tae-hwa!”
De entre los arbustos
donde antes no había absolutamente nada cuando buscaron, aparecieron su hijo y
su esposo. Sun-myung cargó al lobo y al cobaya, ambos en un estado andrajoso, y
se quitó el abrigo acolchado para envolverlos. Al liberarse la tensión, las
lágrimas finalmente brotaron.
“¡Tae-hwa, ¿a dónde te
habías ido...?! ¡Me tenías preocupado!”
“Kkiing...”
“¡Kkuing kkuing!”
¿Qué habrían estado
haciendo y dónde para terminar tirando la ropa y la correa? Entre la
indignación por el susto que le dieron y el alivio de que ya todo estaba bien,
Sun-myung les riñó, y la cara del lobito se ensombreció de inmediato. Sun-myung
abrazó con fuerza al cobaya, que le daba golpecitos en el dorso de la mano como
regañándolo para que no le dijera nada al niño. Estaba tan preocupado por
Bo-dam como por el pequeño, temiendo que a él también le hubiera pasado algo.
Justo cuando estaba
besando frenéticamente la cara del niño y al cobaya, pensando que con haberlos
encontrado era suficiente, Seung-cheol —a quien le había encargado al bebé— se
acercó con un ave posada en cada hombro.
“Lo siento mucho,
hyung... Debería haber cuidado mejor de su hijo.”
“Jic jic.”
“¿Podría escoltar a su
hijo por el resto de mi vida?”
“Jiii—ic.”
Hasta ahí todo estaba
bien. No hubo problema mientras Bo-dam hacía ruiditos de cobaya y golpeaba la
mano de Park Seung-cheol con su pequeña pata delantera, como aceptando sus
exageradas disculpas.
“Usted es el primo
mayor de Sun-myung, ¿verdad?”
“¿Jic?”
“¡Oye, Park
Seung-cheol!”
“Seung-cheol,
cállate.”
“Ah, ¿por qué?”
Ji-chul e In-hoon
intentaron taparle la boca, pero Seung-cheol fue más rápido. Sun-myung solo
pudo abrazar con más fuerza al cobaya, que lo miraba con desconcierto.
“Tae-hwa es el primo
de Sun-myung y él le dice 'hyung, hyung', así que pensé que usted era su primo
mayor.”
Ya no había nada más
que pudiera hacer.
“Jic jic.”
“¡Ah, ya veo!”
Mientras Ji-chul e
In-hoon, que conocían la situación, se quedaban petrificados, Seung-cheol, que
podía entender el lenguaje de los cobayas y roedores, continuó la conversación.
Sun-myung solo bajó la mirada hacia Bo-dam, que emitía ruiditos explicando
algo.
“Ah, así que solo eran
hyung cercanos. Y yo que pensaba...”
Tras ese comentario de
Seung-cheol, Sun-myung detuvo un taxi y subió. Podría ver a sus compañeros
mañana, pero sentía que si no consolaba hoy mismo el corazón de Bo-dam, quien
se había presentado como un 'conocido cercano', sería difícil hacerlo después.
Sun-myung dobló con
cuidado la ropa de Bo-dam, que había quedado desparramada en el suelo cuando se
transformó en cobaya para buscar al niño, y acostó encima al pequeño que ya se
había dormido. Parece que se divirtió mucho por su cuenta, pues el niño incluso
roncaba suavemente.
Bo-dam se quedó
acurrucado en silencio al lado del niño. Originalmente se dejaba abrazar por
Sun-myung, pero en cuanto subieron al taxi, se alejó de su regazo. Sun-myung no
lograba organizar sus pensamientos y no sabía qué palabras decir primero
incluso cuando llegaran a casa.
Durante todo el
trayecto a casa, ninguno de los dos abrió la boca. Sun-myung notó que Bo-dam
estaba pegado al niño y ni siquiera quería mirarlo, así que lo cargó en
silencio.
En cuanto llegaron a
casa, Bo-dam entró en la habitación, se transformó en humano y limpió las
patitas del niño con toallitas húmedas. Sun-myung preferiría que le gritara.
Merodeó a su alrededor buscando algo que hacer, pero no encontró nada. De
repente, sintió que si él se marchara de esa casa, nadie notaría su ausencia.
“Dúchate y hablemos un
momento.”
“... Sí.”
“Nos vemos en la
habitación de invitados que está al fondo.”
“Sí.”
Pensó que tal vez lo
dejaría pasar sin decir mucho, pero Bo-dam sacó el tema primero. Su voz, sin
altibajos, sonaba plana. No parecía estar ni de buen ni de mal humor, pero como
Sun-myung sabía lo que había hecho, se duchó a toda prisa y se dirigió a la
habitación de invitados. Sus piernas, que habían estado corriendo todo el día
para buscar al niño, se sentían rígidas.
Caminando como si
arrastrara los talones hacia el final del pasillo, Sun-myung llamó a la puerta
que estaba entreabierta. Una voz baja le indicó que pasara.
“Ni siquiera pudiste
comer... Debes haberte asustado mucho cuando el niño desapareció. Te esforzaste
mucho, Sun-myung.”
Aunque no parecía que
fuera a gritarle de inmediato, el hecho de que Bo-dam se preocupara primero por
él hizo que a Sun-myung se le escapara una lágrima. Bo-dam tampoco había comido
y fue quien salió corriendo al oír que el niño se había perdido. Fue Bo-dam
quien, transformándose en cobaya, encontró al pequeño.
En lugar de responder,
Sun-myung negó con la cabeza. Sabía que no era el momento de quejarse con
Bo-dam sobre lo difícil que había sido para él.
“Bueno... dejando eso
de lado.”
NO
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“Sí.”
Ya venía lo inevitable.
Sun-myung, que se arrancaba los padrastros de las uñas junto a un Bo-dam que
dudaba inusualmente, solo pudo balbucear ante la pregunta directa.
“¿No les... dijiste a
tus amigos que estabas casado?”
“Eso... i-iba a
decírselo, pero...”
“... ¿Cuándo?”
“Pronto...”
“O sea, ¿cuándo es ese
pronto? ... Nosotros tenemos un hijo, ¿cuándo pensabas que sería el momento
adecuado?”
Afuera hacía frío,
pero la habitación estaba cálida. Aun así, la voz de Bo-dam temblaba como nunca
antes. Sun-myung no se atrevía a levantar la cabeza para mirar a su esposo.
El momento adecuado.
Solo entonces se dio cuenta de que nunca lo había pensado. Sun-myung dudó entre
dar una fecha específica o ser honesto con Bo-dam, quien esperaba una
respuesta, pero terminó diciendo algo que lo puso en una situación difícil.
“¡Por esto es que no
confío en Sun-myung y puse a alguien a seguirte!”
“¡¿Cómo puedes decir
eso...?!”
“¿Acaso miento? No es
así, ¿cómo voy a confiar en alguien que anda diciendo que Tae-hwa es su hermano
menor...?”
“¡¿Acaso hyung y yo
estamos en la misma posición?!”
“...”
Sabía que no estaba en
situación de enojarse. Pero lo de seguirlo... eso era cien por ciento culpa de
Bo-dam. Sun-myung le gritó a Bo-dam, quien lo miraba con expresión endurecida.
“Si digo que estoy
casado con el hijo del representante de Edam, que es siete años mayor que yo, y
que tengo un hijo, ¿qué crees que pensarían mis compañeros de mí?”
Basta.
“¡¿Hyung se ha puesto
en mi lugar?! Como me habían dado dinero todo este tiempo, me dijeron que me
casara con alguien a quien no había visto en mi vida y me casé apenas fui
adulto. ¡Sin que mi voluntad contara para nada!”
No era esto lo que
quería decir.
“Si yo anduviera
haciendo cosas raras no diría nada, pero hyung incluso me puso un seguidor...”
Sun-myung, que soltaba
todo lo que se le venía a la boca, se calló al ver a Bo-dam frotándose los ojos
con fuerza.
Bo-dam estaba sentado
erguido, secándose las lágrimas frenéticamente con ambas manos. Sun-myung pensó
frente a un Bo-dam que estaba empapado por las lágrimas que no paraban de
brotar por mucho que se las limpiara.
“Sun-myung. Quizás
porque aún eres joven no lo sepas...”
Ah, hyung ni siquiera
se ha duchado todavía.
“Yo también, hip...
veintiocho años también es una edad joven.”
“...”
“No es que para mí no
sea difícil...”
Bo-dam no añadió nada
más. Sun-myung pensó que debía consolarlo, pero no pudo decir nada y se quedó
allí, de pie, mirándolo desde arriba.
* * *
Por primera vez desde
que se casaron, Bo-dam y Sun-myung durmieron en habitaciones separadas. Bo-dam,
quien le había pedido que se marchara diciendo que no quería que lo viera
llorar, no salió de su cuarto en mucho tiempo. Sun-myung, en lugar de
presionarlo, decidió que debía esperar hasta que él viniera por su cuenta... y
no pudo pegar un ojo. La puerta del dormitorio no se abrió en toda la mañana.
Antes de que terminara
de amanecer, Sun-myung salió primero a la sala. Vio a Bo-dam sentado en un
rincón del sofá dándole el biberón al niño. Verlo con gafas se le hizo algo
extraño, por lo que Sun-myung no se acercó y se sentó a una distancia
considerable.
“...”
“... ¿Pudiste dormir
bien?”
“Sí, ¿Sun-myung
también durmió bien?”
“Yo no pude dormir
bien.”
Al escuchar la voz
ronca de Bo-dam, Sun-myung supuso que él tampoco habría dormido nada, así que
soltó de golpe que no había podido descansar. Solo entonces la mirada de Bo-dam
se apartó del niño para dirigirse a él. Sus ojos estaban rojos y su rostro
demacrado se veía agotado.
“... Anoche, durante
toda la noche... sentí que yo estaba equivocado.”
Esperaba que le dijera
algo como: '¿Cómo que no pudiste dormir?', 'Qué falta de modales',
'Definitivamente los vírgenes no saben cómo contentar a nadie', o 'Es mi karma
por vivir con un hombre joven'... Esperaba ese tipo de frases, pero la expresión
de Bo-dam seguía endurecida.
¿Acaso Bo-dam no había
hecho nada malo y solo decía eso para que él se sintiera mejor? El corazón de
Sun-myung latía con ansiedad, pero intentó aferrarse a la esperanza. Tal vez
podrían dejar pasar esto de forma vaga, como si no hubiera sucedido nada.
Mientras esperaba que
Bo-dam continuara y trataba de deducir qué diría, Sun-myung se quedó
simplemente mirándolo, incapaz de responder a sus siguientes palabras.
“Sun-myung tiene
razón. No hay necesidad de que Sun-myung y yo solo tengamos ojos el uno para el
otro.”
“...”
“Independientemente de
que amemos a nuestro hijo Tae-hwa, es verdad que Sun-myung y yo tenemos una
relación unida por el dinero. ... Sun-myung tiene razón. Apenas tienes veintiún
años, y creo que le puse una carga demasiado grande a un joven universitario.”
Bo-dam hablaba con
indiferencia, como un actor novato que recita los diálogos que memorizó hasta
el cansancio el día anterior al estreno de una obra. Sun-myung pensó que quizás
lloraría como ayer, y que eso le daría un hueco para intervenir. Sin embargo,
Bo-dam no cedió ante la cobarde y mezquina expectativa de Sun-myung.
“Tal como dijiste
ayer... yo también soy joven aún, así que no sería extraño que ambos
conociéramos a otras personas. Recién ahora me doy cuenta de eso.”
Bo-dam limpió con la
mano la comisura de los labios del niño, que se había quedado dormido
chorreando saliva tras succionar hasta saciarse, y se levantó de al lado de
Sun-myung. Sun-myung lo tomó de la mano, pero no encontró ninguna excusa para
mantenerlo sentado a su lado y se quedó allí, como clavado al sofá, durante un
largo rato.
“Hyung, espera un
momento, solo un momento.”
“Si lo pienso bien,
Sun-myung nunca ha dicho que le gusto.”
“...”
“... Que te vaya bien
en el examen, yo me iré primero al trabajo.”
Era el día de un
examen importante de su especialidad. Se sentía confiado porque se había
quedado hasta tarde memorizando el libro entero. Sin embargo, Sun-myung entregó
el examen casi en blanco.
Al día siguiente, y al
siguiente también, entregó los exámenes de la misma forma.
Hasta que terminó el
segundo semestre de su segundo año, hasta que finalizaron todos los exámenes
finales, Bo-dam no volvió a entrar al dormitorio principal.
