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08

Parecía que el inicio del invierno había sido ayer, pero cuando se dio cuenta, el fin de año ya estaba encima. A mediados de diciembre, a tan solo una semana de Navidad, el ambiente en todas partes era bullicioso.

Hoy, Woo-hyun se había reunido con sus excompañeros de la universidad. Lo llamaron "fiesta de fin de año", pero no era muy distinta a cualquier otra borrachera, solo que un poco más ruidosa y caótica de lo habitual. Aunque a Woo-hyun le gustaba beber, no disfrutaba de las reuniones estruendosas, así que para él era simplemente un compromiso más.

Finalmente, en pleno apogeo de la reunión, se escabulló temprano con la excusa de que no se sentía bien. Al ser una mesa llena de bebidas que ni siquiera le gustaban especialmente, no sintió ningún remordimiento al irse.

Al salir a la avenida principal para tomar un taxi, vio los árboles decorados con guirnaldas de luces que brillaban con intensidad. Era una decoración común y no precisamente artística, pero, por alguna razón, caminar por una calle así y sentir el ambiente festivo no le pareció mal. Woo-hyun cambió de idea sobre tomar un taxi de inmediato y decidió caminar lentamente por la amplia avenida.

Como eran casi las once de la noche, la mayoría de las tiendas, a excepción de bares y restaurantes, estaban cerradas. Aun así, la calle rebosaba color y algarabía. De los cafés y tabernas se escapaba el sonido de las risas y las charlas, y los transeúntes se veían animados, contagiados por el espíritu decembrino. Incluso los locales cerrados mantenían encendidas sus ostentosas decoraciones navideñas, por lo que la calle estaba bañada en un resplandor multicolor.

Woo-hyun caminaba solo, absorbiendo esa atmósfera frenética. Era algo inusual en él, que evitaba las multitudes y el ruido; de hecho, acababa de huir de la reunión precisamente por eso. Pero ahora, al estar a un paso de distancia de todo ese alboroto, se sentía mucho mejor. También agradecía haber salido del ambiente viciado del interior para respirar el aire fresco del invierno.

A paso lento, se abrió camino entre la gente, pasando junto a los árboles envueltos en luces y adornos navideños algo toscos. Acostumbrado a ir siempre en coche a sus destinos, hacía mucho que no caminaba disfrutando del paisaje. Mientras avanzaba, una tienda captó su atención y sus pies se detuvieron sin pensarlo. Era una florería que parecía fuera de lugar en esa calle tan escandalosa.

Una florería abierta a estas horas... La curiosidad pudo con él y entró. Al cruzar el umbral, el dueño, que estaba ocupado ordenando, lo recibió con sorpresa. Ante la vacilación de Woo-hyun, el hombre lo invitó a pasar con entusiasmo.

“¡Ay, pase, pase! Justo hoy tuve mucho trabajo y me quedé ordenando hasta tarde. Llegó justo a tiempo antes de que cierre.”

“Ah... ¿puedo pasar?”

“Sí, claro. No hay problema, el cliente es lo primero. No se preocupe y mire tranquilo. ¿Busca algo en especial?”

“Ah, bueno...”

Ante la amabilidad del dueño, Woo-hyun recorrió el local con una expresión algo incómoda. Solo se había asomado por curiosidad al verla abierta tan tarde, pero ahora que había interrumpido al dueño en su cierre, no podía irse sin comprar nada. De todas formas, a Woo-hyun le gustaban las flores, así que no era un mal plan.

‘Tener un ramo vistoso en casa seguro me pondrá de buen humor cada vez que lo vea’, pensó mientras escaneaba las flores, hasta que su vista se detuvo en unas peonías grandes. Eran imponentes, vibrantes y se veían muy frescas. Las de color rosa pálido y blanco eran especialmente hermosas. Curiosamente, al ver su esplendor, la imagen de Yoon-kang acudió a su mente.

El dueño, notando su interés, intervino con soltura:

“¿Las peonías? Son preciosas. Las traje hoy mismo, están grandes y muy frescas. Es difícil conseguir unas en tan buen estado, tiene buen ojo. ¿Le armo un ramo con ellas? Quedan muy bien solas, o mezcladas con unas florecitas blancas.”

“Sí... Entonces, prepáreme un ramo con peonías rosa claro, rosas blancas y... póngale también algunas flores pequeñas.”

Woo-hyun respondió impulsivamente. En ese instante, el propósito del ramo que planeaba dejar en su propia casa cambió.

‘...Yoon-kang siempre paga la cena, así que esto es una buena forma de retribuirle’.

“¡Vaya, tiene buen gusto! ¿De qué tamaño lo quiere? Si lo quiere bien pomposo sale un poco caro, ya sabe, estamos en invierno y estas son importadas.”

“No importa. El precio no es problema, solo hágalo bien lindo, por favor.”

“¡Por supuesto! De eso me encargo yo. Espere un momento, se lo voy a armar con las más frescas de todas.”

“Gracias.”

El dueño seleccionó las flores una a una con una sonrisa y empezó a armar el ramo mientras tarareaba.

“¿Qué le parece este tamaño? ¿Está bien?”

Era un ramo bastante grande y frondoso. Woo-hyun asintió.

“El último cliente resultó ser muy generoso. Ya casi nadie pide ramos así de grandes... Por eso digo que nunca hay que rechazar a un cliente. ¿Y para quién es? ¿Para su pareja? Se nota que es un muchacho apuesto, seguro tiene mucho éxito. Con un ramo así, su pareja se va a volver loca de alegría.”

“Ah... jaja.”

‘Pareja’. Woo-hyun soltó una risa incómoda ante el término totalmente equivocado. Sin embargo, el dueño interpretó esa risa de otra manera; con una mirada de complicidad, le sonrió como si entendiera su supuesta timidez.

Woo-hyun no agregó nada más y se dedicó a observar el resto de las flores. Todas estaban en un estado impecable. Pero, aunque tenía flores hermosas frente a sus ojos, su cabeza estaba en otro lado.

‘Pareja’. La palabra que usó el florista no dejaba de darle vueltas. ¿No era una suposición exagerada solo por regalar unas flores? Lo curioso era que, hasta que el hombre no mencionó la palabra, a él ni se le había ocurrido que el regalo pudiera interpretarse de forma inapropiada.

Para él, que amaba las flores, no tenían un significado especial, pero era cierto que, en general, las flores conllevaban una carga romántica. Al darse cuenta, empezó a sentirse inquieto ante la idea de entregarle el ramo a Yoon-kang. Para él era algo casual que compró al pasar, pero si Yoon-kang le daba un significado totalmente distinto...

Mientras se debatía en ese dilema, el ramo fue terminado con pericia. Woo-hyun se giró al oír la voz del dueño.

“¡Aquí tiene! Ya está listo. ¿Verdad que es hermoso? Me esmeré un poco. ¿Qué le parece?”

“…Es muy lindo.”

El ramo era espectacular. Tan pronto como lo vio, comprendió por qué el dueño asumió que era para un enamorado; se veía sumamente romántico. Las peonías rosas, las rosas blancas y el follaje verde creaban una composición lujosa. Un ramo así en pleno invierno se sentía casi como un exceso.

“¿Vio? No hay nadie que no se alegre al recibir esto. Pruébelo, sosténgalo. Con usted llevándolo, parece una pintura.”

Ante la insistencia del hombre, Woo-hyun tomó el ramo. Era tan grande que ocupaba todo su pecho. El aroma lo envolvió de inmediato. Las flores estaban perfectas, sin un solo pétalo dañado. Pero eso solo aumentó su agobio: el ramo era mucho más "serio" de lo que imaginó. Darle esto a Yoon-kang era un poco...

“¡Ay, pero qué bien le queda! Su pareja se va a poner muy feliz.”

El dueño hasta aplaudió con entusiasmo. Woo-hyun pagó con su tarjeta, sintiéndose algo avergonzado. Tras cobrarle, el hombre incluso le abrió la puerta con cortesía.

“Vuelva pronto cuando tenga oportunidad.”

“Sí, gracias.”

Al salir a la calle con el ramo en brazos, sintió cómo las miradas de la gente se clavaban en él. Un hombre con un ramo gigante en medio del invierno era, sin duda, un imán de atención. Caminó rápido y paró un taxi; por suerte, al ser zona comercial, había muchos disponibles.

“¿A dónde lo llevo?”

Woo-hyun dudó un segundo y luego dio la dirección de la casa de Yoon-kang. Ya le había avisado que iría para allá apenas terminara su reunión del viernes. Apoyado en el asiento, se quedó mirando el ramo. El perfume inundaba todo el vehículo. ‘...Se mire por donde se mire, es demasiado’, pensó.

Pero ya lo había comprado. No podía esconderlo ni tirarlo, y volver a su casa solo para dejarlo allí era una pérdida de tiempo. Suspiró y apoyó la frente en el vidrio.

‘...Estas cosas, cuanto más las pensás, más raras se vuelven. Solo vi flores lindas y las compré porque justo hoy iba para lo de Yoon-kang. Me sentía mal yendo siempre con las manos vacías y nada más’, se repitió a sí mismo como si intentara lavarse el cerebro.

Trató de mantener la calma, pero al bajarse y pararse frente a la puerta de Yoon-kang, los nervios lo traicionaron. Cruzó el jardín, que en invierno había perdido el verdor del verano y se veía algo deslucido.

“Fuuuu….”

Antes de abrir, respiró hondo. No entendía por qué estaba tan tenso; de hecho, le parecía absurdo ponerse así por algo tan simple, pero no podía evitarlo. Tras dudar un momento, apoyó la tarjeta y la puerta se abrió con un pitido. Entró.

En la sala vio a Yoon-kang sentado en el sofá. Su corazón empezó a latir con fuerza. Yoon-kang parecía ocupado con unos documentos, pero levantó la vista al sentirlo llegar.

“¿Llegaste? Viniste más rápido de lo que pen...”

La sonrisa ligera de siempre se transformó en una expresión de asombro total al ver el enorme ramo en los brazos de Woo-hyun. Este tragó saliva, sintiendo que las orejas le ardían.

Yoon-kang se levantó de un salto y se acercó a él a grandes zancadas. Una sonrisa radiante iluminó su rostro.

“¿Qué es esto? ¿Es para mí?”

Preguntó con voz emocionada mientras escudriñaba el rostro de Woo-hyun. Este, incapaz de sostenerle la mirada, le extendió el ramo con torpeza.

“Ah... sí. Tomá.”

“Jaja….”

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Yoon-kang soltó una risa cargada de felicidad mientras tomaba las flores. Se quedó mirándolas fijamente y luego cerró los ojos, acercando su nariz a las peonías para inhalar su aroma. Woo-hyun observó la escena conteniendo el aliento.

Cuando Yoon-kang volvió a abrir los ojos, sus pupilas brillaban con una alegría pura. Ver ese regocijo tan evidente le resultó abrumador, así que Woo-hyun desvió la vista.

“Haah... el perfume es increíble. Y las flores son hermosas. Gracias, Woo-hyun.”

“Eh... sí. Es que pasé por una florería y como eran lindas, las compré.”

Se mordió el labio apenas terminó la frase. Se dio cuenta de que esa excusa sonaba peor de lo que pretendía. Como era de esperar, Yoon-kang se echó a reír.

“¿Ah, sí? Bueno, siendo tan lindas, entiendo que no pudieras pasar de largo. Sé que te gustan mucho las flores.”

“…Sí, bueno…”

“Jajaja….”

Yoon-kang no paraba de reír, lo que hizo que Woo-hyun se sintiera un poco irritado. Sabía que su actitud de evitar la mirada y balbucear le resultaba graciosa a Yoon-kang. Se regañó internamente por sentirse tan cohibido por algo así y, haciendo un esfuerzo, levantó la vista.

Pero en cuanto sus ojos se toparon con el rostro de Yoon-kang, se quedó de piedra. Yoon-kang sonreía de una forma que Woo-hyun pocas veces había visto: era una expresión de felicidad absoluta.

Con las mejillas algo encendidas, Yoon-kang sonreía como un niño. Sus ojos entrecerrados y los hoyuelos que se marcaban en su rostro le daban un aire inusualmente tímido.

Era una sonrisa similar a la que Woo-hyun había tenido cuando vio el jardín de Yoon-kang. Recordar eso lo hizo reflexionar.

Al fin y al cabo, Yoon-kang había preparado todo un jardín para él, lleno de vida y belleza. Y él, en cambio, solo le traía un ramo de flores, y encima preocupado por si él le daba demasiada importancia. Al pensarlo así, su regalo le pareció de pronto muy insignificante.

Sin embargo, por ese simple ramo, Yoon-kang se veía tan feliz como si le hubieran entregado el mundo entero.

Yoon-kang apartó la vista de las flores y lo miró. En su rostro frío había una sonrisa de una pureza que Woo-hyun nunca creyó ver en él, y sus ojos negros brillaban con éxtasis.

“Gracias, Woo-hyun.”

Woo-hyun sintió un nudo en la garganta y no pudo decir nada. Solo atinó a soltar un torpe “sí” tras tragar saliva.

Después de colocar las flores con cuidado en un jarrón, Yoon-kang se abalanzó sobre Woo-hyun como si necesitara expresar toda la alegría contenida. Tras una sesión de sexo intensa, quedaron recostados con los cuerpos entrelazados. Al principio solían mantener cierta distancia tras terminar, pero con el tiempo sus cuerpos se habían vuelto tan familiares que ahora terminaban fundidos el uno con el otro.

Hoy, como Woo-hyun había puesto fin a la acción después de tres orgasmos, ninguno de los dos estaba exhausto. Antes, Yoon-kang se aferraba al sexo de forma desesperada, como si fuera el único motivo para estar juntos; intentaba llenar cada segundo con eso para sentirse conectado a él. Pero desde que Woo-hyun empezó a pasar tiempo con él sin necesidad de sexo, esa urgencia obsesiva había disminuido.

Woo-hyun estaba acostado junto a él, con los brazos rozándose y las manos entrelazadas. Aunque fue Yoon-kang quien buscó el contacto, Woo-hyun no lo rechazó.

Yoon-kang jugueteaba con la mano de Woo-hyun, como si tuviera algo que decir pero no se animara. Cuando Woo-hyun giró la cabeza hacia él, Yoon-kang captó su mirada y dejó de mirar sus manos para sostenerle la vista.

“¿Qué pasa?”

“Si tenés algo que decir, dilo. ¿Qué es?”

“Ah... ¿cómo te diste cuenta?”

La voz de Yoon-kang sonaba un poco ronca, seguramente por haber gemido tanto. Mientras se aclaraba la garganta, Woo-hyun insistió:

“Dale, ¿qué pasa?”

“Mmm….”

Yoon-kang vaciló, incluso evitando la mirada, algo impropio de él. Woo-hyun esperó en silencio. Tras juguetear con las yemas de los dedos de Woo-hyun, Yoon-kang habló con cautela:

“¿Crees que... si tenés tiempo en Navidad... podamos pasarla juntos?”

La nuez de Adán de Yoon-kang se movió con nerviosismo. Woo-hyun arqueó una ceja.

En ese instante recordó la palabra ‘pareja’ que usó el florista. ‘¿No sería actuar demasiado como una pareja si también pasamos Navidad juntos?’, pensó. Pero sacudió la cabeza para alejar esa idea. Si ya se veían todas las semanas, pasar un día más no iba a cambiar nada.

Además, la actitud inusualmente tímida de Yoon-kang hizo que no quisiera rechazarlo. Le pareció absurdo que hubiera dudado tanto para preguntar algo así, y soltó una pequeña risa.

“Pensé que era algo importante... Está bien.”

Sintió cómo la mano de Yoon-kang apretaba la suya con fuerza, al punto de que Woo-hyun frunció el ceño por el dolor.

Al oír su quejido, Yoon-kang aflojó la presión y lo miró.

“…….”

“Dije que pasemos Navidad juntos.”

Como parecía no creer una respuesta tan fácil, Woo-hyun lo repitió. La sorpresa en los ojos de Yoon-kang se transformó lentamente en una sonrisa. Apoyó la frente en el hombro de Woo-hyun con dulzura.

“Ah... genial. Qué bueno. ¿Hay algo que quieras hacer?”

“No se me ocurre nada especial. ¿Vos tenés algún plan?”

“No, todavía no. Honestamente, pensé que me ibas a decir que no.”

“…….”

“Gracias, Woo-hyun. Me hace muy feliz.”

Yoon-kang levantó su mano entrelazada y empezó a besar el dorso de la mano de Woo-hyun repetidas veces. Woo-hyun se estremeció por la sensación, pero Yoon-kang solo rió, encantado.

“Tengo muchas ganas de que llegue el día….”

Woo-hyun no respondió al susurro, pero su corazón latía con fuerza. Un día que no tenía ningún plan se había transformado, en un segundo, en una fecha especial.

* * *

Por suerte, ese año Navidad caía viernes. Si se sumaba el fin de semana, eran tres días completos de descanso. Algunos aprovechaban ese tiempo para viajar, y quienes podían tomarse vacaciones o no trabajaban a fin de año, directamente empalmaban todo hasta Año Nuevo.

Como Woo-hyun todavía no había empezado a trabajar formalmente, si quería hacerse tiempo, podía. Pero Yoon-kang estaba excesivamente ocupado, así que esos tres días de feriado eran todo lo que tenían. De hecho, poder pasar ese período íntegramente de descanso ya era para estar más que agradecidos.

Si se pensaba bien, que Yoon-kang pasara dos días enteros de fin de semana con él... considerando su posición, era algo asombroso. A veces, cuando había mucho trabajo, pasaban algún fin de semana sin verse, pero salvo esas excepciones, se encontraban casi todas las semanas. Eso significaba que Yoon-kang manejaba una carga laboral monstruosa mientras estaba en la oficina.

Antes, Woo-hyun no sabía que Yoon-kang entraba a trabajar de madrugada y se quedaba hasta altas horas de la noche solo para poder liberar tiempo para él. Pero a medida que pasaban más tiempo juntos y empezaba a dimensionar lo que implicaba el cargo de Yoon-kang, Woo-hyun se dio cuenta de que el otro estaba haciendo más sacrificios de los que imaginaba.

Al descubrirlo, se sorprendió sinceramente. Fue como entender, aunque sea indirectamente, lo mucho que significaba para Yoon-kang el tiempo a su lado. Al principio le resultó un poco agobiante y no quería aceptar ese tipo de entrega. Incluso tuvo una época de rebeldía en la que pensaba: 'Él se hace el tiempo porque quiere, ¿por qué tendría que importarme a mí?'. Pero ahora... bueno. Al menos era consciente de que el tiempo que Yoon-kang le brindaba era sumamente valioso.

A pesar de estar tan atareado y frenético, Yoon-kang nunca faltaba a una cena o a una cita con Woo-hyun. Las cenas de los días de semana siempre las proponía él, y los fines de semana casi siempre también. Yoon-kang era quien elegía el menú que le gustaría a Woo-hyun o quien reservaba el restaurante. Por supuesto, quizás no buscaba cada detalle personalmente, pero era obvio que al final él supervisaba y decidía todo. Era algo que, de cualquier forma, requería tiempo y esfuerzo. Yoon-kang siempre ponía todo su esmero en Woo-hyun.

Pero, ¿qué había hecho Woo-hyun? Si lo pensaba, él casi nunca le había propuesto una cena primero. Y el único regalo real que le había hecho fue aquel ramo de flores. Aunque, claro, Yoon-kang se había puesto infinitamente feliz solo con eso.

Incluso la propuesta para esta Navidad había venido de Yoon-kang. Woo-hyun solo había pensado vagamente que se verían ese fin de semana; hasta que Yoon-kang sacó el tema, ni se le había pasado por la cabeza pasar el día de Navidad juntos.

No es que le molestara o le resultara incómodo pasarlo con él. A estas alturas, sentir esa incomodidad era ridículo. Era simplemente que, salvo cuando era muy chico, nunca le había dado importancia a la Navidad. Y si de niño la festejaba, era precisamente por Yoon-kang; así que no era raro que, tras distanciarse de él, la fecha se hubiera vuelto un feriado más.

Más allá del plan en sí, la actitud de Yoon-kang al proponerlo le había quedado grabada. Su rostro dubitativo y tenso mientras preguntaba se le quedó rondando en la cabeza. Que Yoon-kang, quien ya proponía cualquier salida con total naturalidad, se mostrara así, significaba que la Navidad tenía un significado muy especial para él.

Antes no le habría importado lo que la Navidad significara para Yoon-kang, pero esta vez era distinto. Como Yoon-kang siempre preparaba la mayoría de las cosas, quería que ese día fuera él quien hiciera algo por el otro.

Así fue como Woo-hyun se decidió a organizar esta Navidad por su cuenta, pensando en lo mucho que eso alegraría a Yoon-kang.

Al comunicarle su decisión, como era de esperar, Yoon-kang se mostró encantado.

“Ese... el día de Navidad... yo me voy a encargar de todo, así que no te preocupes. No reserves nada por tu cuenta.”

—...¿En serio? ¿Vos te vas a encargar, Woo-hyun?

A través del teléfono, se notaba el asombro en su voz. Woo-hyun, sintiéndose algo avergonzado, agregó una excusa:

“Es que... siento que siempre me estás invitando vos.”

—Jajaja... Podrías dejar que te invite toda la vida, no habría problema.

La risa de Yoon-kang sonaba cargada de buen humor. Al escucharla tan cerca del oído, Woo-hyun sintió una especie de cosquilleo. Se frotó la oreja mientras respondía:

“Como sea, yo lo organizo, así que quedamos así.”

—Está bien, de acuerdo. Lo voy a estar esperando.

Respondió Yoon-kang con voz suave. Cuando Woo-hyun estaba por cortar diciéndole que trabajara mucho, Yoon-kang lo llamó:

—Woo-hyun.

“Sí, ¿qué?”

—Si ves que se te complica con las reservas, avisame cuando quieras. No tengo problema en encargarme yo.

Al escuchar eso, se sintió un poco herido en su orgullo. Le dio la sensación de que Yoon-kang no confiaba en que pudiera conseguir un buen restaurante. Por eso, Woo-hyun cortó tras refunfuñar que lo haría él solo.

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'Por favor, como si no pudiera organizar algo así'. Le dio un ataque de terquedad. Él también sabía de buena cocina y conocía muchos lugares excelentes. Quizás no llegaran al nivel de los que elegía Yoon-kang, pero estaba seguro de poder seleccionar sitios que no se quedaran atrás. Woo-hyun se propuso llevarlo a un lugar que lo dejara impresionado.

Sin embargo, esa confianza desbordante no tardó en derrumbarse.

“Ah... entiendo que ya no hay lugar. Está bien. Sí.”

Woo-hyun apagó la pantalla del celular y se desplomó en el sofá, frustrado. No sabía cuántos rechazos llevaba ya. Todos los lugares decentes que conocía tenían las reservas agotadas o estaban alquilados por completo para eventos privados. Recién ahí entendió el verdadero significado de lo que había dicho Yoon-kang.

'...Lo decía porque ya se imaginaba esto'. Ahora las palabras de Yoon-kang cobraban sentido. Faltando tan pocos días para Navidad, era obvio que cualquier lugar decente estaría lleno. 'Tendría que haber sabido cómo funcionan estas cosas', pensó. Sabía que sería difícil, pero no esperaba que lo rebotaran en todos lados.

Sobre todo, no había tantos restaurantes que cumplieran con los requisitos para llevar a Yoon-kang: comida excelente y, obligatoriamente, un salón privado. Generalmente, si la comida era increíble, no tenían salones privados; y si los tenían, la comida no era para tanto. Los pocos que cumplían ambas condiciones estaban todos reservados desde hacía tiempo.

Woo-hyun se pasó la mano por el pelo y soltó un suspiro. 'Maldición, si lo hubiera sabido no me habría puesto tan cabezón diciendo que lo hacía yo'. Se arrepintió, pero ya era tarde.

Por supuesto, si llamaba a Yoon-kang ahora y se lo pedía, él conseguiría una reserva en un lugar espectacular. Con su dinero y poder, seguro encontraría la forma. Pero como ya había alardeado de que se encargaría él, su orgullo no le permitía volver a pedirle ayuda. 'Ay, ¿ahora qué hago?'.

En ese momento de duda, una idea cruzó su mente como un relámpago. ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Sus ojos volvieron a brillar con entusiasmo.

Estaba seguro de que a Yoon-kang esto le daría más alegría que comer en cualquier restaurante de lujo. Woo-hyun empezó a anotar varios platos en un papel que tenía a mano. Era una lista de las recetas en las que más confiaba.

Para este feriado de Navidad, Woo-hyun pensaba invitar a Yoon-kang a su casa y cocinarle él mismo.

* * *

“Ha... ya está todo listo”.

Nochebuena. Woo-hyun había ido personalmente al centro comercial para hacer las compras de los platos de mañana. Aunque hoy en día todo se puede pedir por internet, la calidad de los ingredientes seleccionados con sus propios ojos era radicalmente distinta a la de los que llegaban al azar en un envío. Como a Woo-hyun le encantaba cocinar, ya tenía en casa casi todas las especias y salsas necesarias, así que solo tuvo que comprar algunos productos frescos. No fue nada complicado.

Woo-hyun preparó los ingredientes, los cortó y los organizó meticulosamente en la heladera, de modo que mañana solo tuviera que sacarlos y empezar a cocinar. Tras terminar de ordenar la cocina, que había quedado hecha un caos, y completar una limpieza a fondo, repasó una vez más el menú y los materiales para el día siguiente. Por suerte, todo estaba perfectamente preparado. Salió de la cocina con una expresión de satisfacción.

Como se había pasado el día limpiando, tanto el living como el baño y la habitación estaban impecables. La casa de Woo-hyun era bastante amplia para una sola persona; normalmente, una propiedad de ese tamaño contaría con personal de limpieza, y él no estaba en una situación económica como para tener que ahorrar en esos gastos. Sin embargo, a Woo-hyun no le gustaba dejar entrar a extraños en su hogar. Por más que fueran empleados domésticos, le resultaba molesto que alguien ajeno anduviera por su territorio a su antojo.

Sobre todo, para Woo-hyun, su casa era un refugio. Era un lugar silencioso, aislado de todos los estímulos del exterior, y también un cofre de tesoros lleno de las cosas que le gustaban. Al ser un espacio que cuidaba con tanto esmero, no quería dejar entrar a cualquiera. Aunque fuera personal de servicio, detestaba mostrar su intimidad.

Por estas razones, la casa de Woo-hyun era un espacio exclusivo suyo que, hasta ahora, no había recibido a ningún otro invitado que no fueran sus padres. Por lo tanto, Yoon-kang sería el primer invitado en cruzar esa puerta. Al llegar a ese pensamiento, Woo-hyun se quedó paralizado un momento.

Si lo pensaba bien, esa tendencia suya a desconfiar de los extraños y a sentir seguridad solo en su propio territorio... ¿no había nacido justamente por culpa de Yoon-kang? Si él no lo hubiera aislado del mundo, quizás no sería tan obsesivo.

“Ha...”.

Una risa amarga escapó de sus labios. Era la ironía máxima: terminar recibiendo como primer invitado al responsable de que él se escondiera en una cueva. No podía haber una contradicción más grande. Quién hubiera dicho que llegaría el día en que dejaría entrar a Yoon-kang a su fortaleza personal... y encima, por invitación propia.

Pensó que odiaría a Yoon-kang para siempre, pero, sin darse cuenta, se habían convertido en algo que no se podía definir con palabras simples. Al pensar en él, una mezcla compleja de sentimientos difíciles de explicar lo invadió.

Woo-hyun contempló su espacio en silencio. El lugar que más amaba, donde más seguro se sentía, su rincón más privado. Mañana, Yoon-kang entraría allí. Al final, estaba dejando entrar voluntariamente a la persona de la que tanto intentó escapar.

Reprimiendo ese sentimiento de inquietud, se dirigió al dormitorio. De nada servía darle vueltas ahora; la decisión de dejarlo pasar ya estaba tomada.

En cuanto Woo-hyun entró a la habitación, las luces del living se apagaron. Solo las guirnaldas de un pequeño árbol de Navidad iluminaban un rincón de la sala oscura. En el árbol colgaban los adornos que el propio Woo-hyun había colocado para mañana. A diferencia de cuando era chico, mañana al despertar no habría ningún regalo bajo el árbol. No había nadie que fuera a dejarle algo durante la noche.

Pero, a cambio, en cuanto amaneciera, Yoon-kang llegaría. Como un regalo inesperado.

* * *

La mañana de Navidad, Woo-hyun abrió los ojos de par en par antes de que sonara la alarma. Despertarse temprano un día festivo era algo que solo le pasaba de chico, cuando esperaba con ansias los regalos que aparecerían durante la noche. Al ver que el reloj marcaba las siete, soltó una risa seca. No entendía para qué se había levantado tan temprano. Intentó volver a dormirse, pero el sueño se había esfumado. Al final, suspiró y se levantó de la cama.

Al descorrer las cortinas, la luz brillante inundó el dormitorio. Woo-hyun miró por la ventana distraídamente y sus ojos se abrieron con sorpresa. Bajo un cielo azul profundo, el mundo estaba completamente cubierto de nieve blanca.

“Vaya... una Navidad blanca.”

Murmuró embobado. La luz se fragmentaba sobre la nieve con un brillo cegador. La capa esponjosa que había caído durante la noche estaba intacta, blanca y pura, sin una sola huella. Al ver los árboles cargados de nieve y ese paisaje de alfombra blanca, sintió el impulso repentino de salir y formar parte de él. Era algo raro en él, que prefería quedarse en casa a menos que fuera estrictamente necesario.

Normalmente habría esperado a que se le pasara la idea para seguir haraganeando, pero hoy era distinto. Decidió dejarse llevar por el impulso.

Se lavó la cara y los dientes rápidamente y se abrigó bien. Se puso una campera impermeable, guantes, bufanda y hasta rescató del fondo del zapatero unas botas de invierno que casi no usaba. Mientras se terminaba de vestir, se rió solo. Le parecía gracioso estar haciendo estas cosas tan temprano, pero se sentía inusualmente animado.

En cuanto salió, el aire gélido lo golpeó en la cara. Caminó hacia el parque cercano. Croc, croc. El sonido de sus pasos sobre la nieve era gratificante. Sentir que era el primero en pisar ese manto blanco le daba una sensación agradable, y sin darse cuenta empezó a tararear una canción.

A esa hora, en un parque nevado y feriado, no había un alma. Le encantaba sentir que tenía todo el lugar para él solo. Caminó despacio, admirando los árboles decorados por la escarcha. Aunque la temperatura era bajo cero y el aliento se le escapaba en nubes blancas, no sentía frío; quizás por lo despejado del cielo o por lo bien abrigado que estaba.

Era el mismo lugar de siempre, pero la nieve lo transformaba por completo. Woo-hyun seguía caminando con una media sonrisa, sintiéndose casi como un nene otra vez.

Después de andar un buen rato, tanto que ya empezaba a entrar en calor, llegó al lago. Era el lugar donde solía descansar cuando salía a correr. Limpió la nieve de un banco y se sentó en su lugar de siempre. El lago estaba congelado por los días seguidos de frío extremo. En medio del silencio, solo se oía de vez en cuando el sonido de la nieve cayendo de las ramas. Se quedó un rato contemplando el paisaje en paz.

Mirar el lago helado le trajo de pronto un recuerdo de la infancia. No recordaba exactamente qué edad tenía, pero debía de tener unos siete años. Era esa época antes de empezar la primaria, cuando ya sentía una extraña incomodidad inexplicable con Yoon-kang, pero aun así lo seguía a todas partes. Recordó un viaje que hicieron juntos: su papá los había llevado a él y a Yoon-kang de viaje, reemplazando a los padres de Yoon-kang y a su propia madre, que estaban ocupados.

Habían recorrido varios lugares de Norteamérica, pero lo que más recordaba era haber patinado en un lago congelado en Canadá. Era tan chico que no recordaba la provincia ni el nombre del lago; suponía que no era un lugar muy famoso porque no había mucha gente. Casi todo lo demás se había borrado, pero la alegría de ese momento seguía intacta en su memoria.

‘¡Hyung, atrapame!’

Como era la primera vez que veía un lago congelado y patinaba sobre él, Woo-hyun recorría el hielo emocionado. Estaba fascinado por poder patinar al aire libre en un paisaje tan increíble, en lugar de hacerlo en una pista cerrada. Yoon-kang jugaba con él, persiguiéndolo justo como él quería.

A diferencia de las pistas de interior, que tienen el hielo liso, la superficie del lago era rugosa. Por eso, al principio se cayó varias veces, pero una vez que le agarró la mano, se desplazaba sin problemas. Incluso las irregularidades del hielo le daban un toque divertido.

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Habían pasado unas tres o cuatro horas cuando la gente que estaba en el lago empezó a irse. Al final, solo quedaron ellos. En la inmensidad del lago solo estaban Woo-hyun, Yoon-kang y su papá, que descansaba sentado a la orilla. Al no tener que preocuparse por chocar con nadie, Woo-hyun empezó a patinar a toda velocidad. Yoon-kang lo seguía, girando alrededor de él con una sonrisa radiante.

‘Woo-hyun, ¿patinamos de la mano?’

‘¡Sí, dale!’

No se cansaba a pesar de llevar horas. La emoción era más fuerte que el cansancio. Especialmente cuando patinaba de la mano con Yoon-kang, coordinando la velocidad, se sentía inmensamente feliz. A veces daban vueltas grandes agarrados de una mano, y otras se frenaban, se tomaban de ambas manos y giraban sobre su propio eje.

‘¡Ahaha!’

El rostro de Yoon-kang brillaba de alegría frente a él. Entre el paisaje nevado y el viento fresco, Woo-hyun pensó en ese momento: "Soy feliz". Deseó que ese instante fuera eterno.

En aquel entonces, su felicidad tenía la cara de Yoon-kang.

Woo-hyun soltó una risita ante el recuerdo. Pensándolo bien, habían cambiado muchas cosas desde entonces. Su relación con Yoon-kang, que antes era pura alegría, y también el hecho de que hacía años que no patinaba, un hobby que antes le encantaba pero que abandonó al crecer.

'¿Y si vuelvo a patinar? En Corea solo podría ir a pistas techadas... por mucho que el lago se congele, no es como en Canadá'. De repente, se preguntó si a Yoon-kang todavía le gustaría patinar. Recordó su cara riendo mientras lo hacían.

Ahora Yoon-kang estaba en una posición donde era difícil hasta ir a patinar tranquilamente. No solo le costaba hacerse el tiempo, sino que si quería ir, tendría que alquilar una pista entera para que no hubiera gente. De pronto, la vida de Yoon-kang le pareció un poco asfixiante. Él lo aguantaba porque podía, pero igual...

Entre recuerdos, se dio cuenta de que había pasado más tiempo del que creía. Llevaba media hora mirando el lago. Se levantó y emprendió el regreso a casa, esta vez caminando más rápido.

Yoon-kang había dicho que vendría al mediodía, pero para tener todo listo a esa hora, tenía que empezar a cocinar mucho antes. Seguramente llegaría a las doce. 'Si llego a casa entre las nueve y las diez, me baño y empiezo a preparar el almuerzo... voy a estar justo a tiempo', calculó mentalmente. Parecía que llegaba bien, sobre todo porque ya tenía los ingredientes pre-procesados desde ayer.

Salió del parque satisfecho tras disfrutar del aire fresco. A diferencia de cuando salió, ya había huellas sobre la nieve antes impecable. Se alegró de haber madrugado para pisar la nieve virgen y entró al edificio. El aire templado le calentó las mejillas. Se sacó la bufanda mientras subía en el ascensor.

Al llegar al último piso, las puertas se abrieron y Woo-hyun salió, pero se detuvo en seco tras dar apenas unos pasos. Había alguien apoyado contra su puerta.

Era un alfa alto, vestido con un elegante abrigo negro, que se enderezó al verlo. Era la persona a la que esperaba, pero no imaginó verla a esa hora.

“Mirá vos, saliendo desde temprano. Pensé que seguías durmiendo y por eso no me abrías.”

Yoon-kang arqueó una ceja y soltó una risita. Woo-hyun se acercó sorprendido.

“¿Qué hacés acá? Dijiste que venías al mediodía. No son ni las diez.”

“Nada... es que tenía muchas ganas de verte. Y estaba entusiasmado.”

Woo-hyun desvió la mirada ante esa sonrisa cargada de calidez. Cada vez que Yoon-kang le sonreía así, le costaba sostenerle la vista. Y lo que decía... aunque no era la primera vez que Yoon-kang soltaba esas frases melosas, siempre lo tomaban por sorpresa.

Intentó centrarse en la conversación. Si pensó que no abría porque estaba durmiendo, ¿habría tocado el timbre? ¿Por qué se quedó ahí en lugar de llamarlo por teléfono si no contestaba? Además, venía cargado de cosas: en una mano una caja de torta bastante grande y en la otra una bolsa que parecía pesada, probablemente un porta-vinos por la forma. '¿Cómo se quedó esperando con todo eso en la mano?'. Le pareció una tontería poco propia de alguien como él.

“Si ves que no abro, llamame. ¿Para qué te quedás acá parado?”

“Pensé que estabas durmiendo... y no te quería despertar.”

“…¿Y si no me levantaba, te ibas a quedar acá hasta el mediodía? Si vas a esperar, andá a sentarte a algún lado, no te quedes acá como un poste.”

“No pasa nada. No me voy a morir por esperar un rato... al final nos encontramos. Igual, pensé que estabas durmiendo, no me imaginé que habías salido a esta hora.”

“¿Esperaste mucho?”

Preguntó Woo-hyun mientras apoyaba la tarjeta en la cerradura. Mientras la puerta se abría con un pitido, Yoon-kang lo miraba en silencio. Woo-hyun notó la mirada y se giró hacia él. Sosteniendo la puerta abierta con una mano, preguntó:

“¿Por qué me mirás así?”

Yoon-kang sonrió con una dulzura infinita. Bajó un poco la vista y respondió:

“Nada... es que me gusta que me preguntes eso.”

La respuesta lo dejó mudo. Sin saber qué decir, entró al departamento. Sostuvo la puerta, pero al ver que Yoon-kang no lo seguía, volvió a mirar atrás. Yoon-kang lo observaba fijamente, como preguntando si de verdad podía pasar.

Recién ahí, Woo-hyun se dio cuenta de que, aunque Yoon-kang había ido muchísimas veces a la puerta de ese edificio, nunca había entrado. Por eso no le había resultado extraño verlo esperando afuera.

“¿Puedo... entrar?”

Preguntó Yoon-kang con cautela. Al ver sus ojos negros, Woo-hyun soltó un torpe "ah".

Como últimamente Yoon-kang ya no iba por allí sin avisar, se le había olvidado por completo. Le pareció increíble haber podido olvidar algo así.

Hacía apenas un año... Yoon-kang lo esperaba siempre frente a su casa. Solo para verlo, solo para intercambiar dos palabras. Y en aquel entonces, Woo-hyun lo trataba de acosador y no quería saber nada con él. A ese mismo hombre, hoy lo estaba dejando entrar por su propia voluntad. Woo-hyun tragó saliva.

Yoon-kang estaba pidiendo permiso. Quería que él decidiera, de forma clara, si realmente podía entrar en su espacio. Como aquella noche en que empezaron a dormir juntos sin sexo: dejaba toda la decisión en manos de Woo-hyun y acataría su voluntad.

Woo-hyun sintió que estaba de nuevo en una encrucijada. El ánimo ligero que traía del parque se volvió pesado. Si Yoon-kang cruzaba ese umbral... ya no habría vuelta atrás. Significaba entregarle su espacio más privado, tanto literal como figuradamente. La duda fue larga y, a la vez, un instante.

“…Pasá.”

Respondió Woo-hyun conteniendo el aliento. Solo entonces, Yoon-kang entró con cuidado. En cuanto ambos estuvieron dentro, la puerta se cerró suavemente y se oyó el sonido electrónico del cerrojo. Woo-hyun caminó hacia el living sintiéndose nervioso, consciente de que Yoon-kang lo seguía a unos pasos de distancia.

Aunque era más chico que la casa de Yoon-kang, el departamento de Woo-hyun no era para nada pequeño. Sintió cómo Yoon-kang recorría todo con la mirada. Al llegar al living, se giró y sus ojos se cruzaron. Yoon-kang le sonrió.

“Qué linda casa. Tenés todo muy bien puesto.”

“…Gracias.”

“Como es Navidad y también la inauguración, traje unos regalos.”

Dijo Yoon-kang levantando lo que traía en las manos. Woo-hyun se acercó para recibirlos.

“Gracias, los acepto. …Esperá que los guardo, sentate.”

“bueno.”

Woo-hyun llevó las cosas a la cocina. Hizo un lugar en la heladera para la torta y puso el vino en la cava. Eran una botella de tinto y otra de champagne. No sabía cómo, pero todo coincidía perfectamente con sus gustos.

Al terminar de acomodar todo, volvió al living. Yoon-kang seguía parado ahí, todavía con el abrigo puesto.

“Dame el tapado, así lo cuelgo.”

Yoon-kang se lo entregó sin decir nada. Woo-hyun lo llevó al vestidor y, tras colgarlo, asomó la cabeza:

“Quedate un segundo en el living. Me cambio de ropa y vuelvo.”

“Dale, no hay problema.”

Tras la respuesta, Woo-hyun se lavó las manos y se cambió rápido. El corazón le latía a mil. La idea de que Yoon-kang estuviera en su casa, de que finalmente lo hubiera dejado entrar en su territorio, lo mareaba un poco. Tuvo que respirar hondo un par de veces para calmarse antes de salir.

Yoon-kang seguía exactamente en el mismo lugar donde lo había dejado. Pensó que, con la curiosidad insaciable que siempre mostraba sobre él, Yoon-kang se pondría a chusmear todo en cuanto se quedara solo, pero no fue así. Se quedó esperando pacientemente, como indicando que solo iría a donde Woo-hyun lo invitara.

“…¿Qué hacés ahí parado? Sentate en el sofá. Te traigo algo de tomar.”

“Bueno, gracias.”

Solo después del permiso de Woo-hyun, Yoon-kang se movió. Al verlo sentado tranquilo en un extremo del sillón, Woo-hyun fue a la cocina. Se sirvió agua caliente del dispenser, pero notó que las manos le temblaban un poco. Soltó una risa nerviosa al darse cuenta de su estado.

'No es para tanto', se dijo. Mezcló el agua caliente con un poco de fría para que estuviera a una temperatura agradable y la puso en una bandeja. Respiró hondo un par de veces más y salió al living.

“Acá tenés.”

“Gracias.”

Dejó los vasos frente a ambos y tomó un trago. Hoy hasta los silencios breves le resultaban incómodos. Ninguno de los dos era de hablar mucho y tampoco es que tuvieran tanto de qué charlar, así que el silencio no debería ser raro, pero sentía la presión de ser el anfitrión y tener que llevar la conversación.

Mientras Woo-hyun pensaba qué decir, Yoon-kang habló primero:

“Tu casa es muy linda. Es muy prolija, como vos.”

“Ah... gracias.”

Sentirse halagado por segunda vez lo puso un poco tímido. Yoon-kang movía la cabeza despacio, observando cada rincón. Woo-hyun siguió su mirada.

Las paredes y el piso en tonos grises muy claros daban una sensación de limpieza absoluta, y los techos altos daban mucha amplitud. Gracias al ventanal del frente, se veía todo el paisaje exterior. El estilo era minimalista pero no aburrido; se notaba el gusto de Woo-hyun por la iluminación y los objetos de diseño en los detalles que daban personalidad al ambiente. Yoon-kang analizaba cada cosa con atención.

“¿La decoración y los muebles los elegiste vos?”

“Sí, claro. No estaba así desde el principio, fui juntando cosas que me gustaban de a poco.”

“Es espectacular.”

Woo-hyun se rascó la oreja ante el cumplido sincero. Sentía la nuca caliente. Miró a Yoon-kang de reojo: parecía concentrado en seguir mirando el departamento.

Lo observó con cuidado. Yoon-kang estaba sentado derecho, como siempre. Llevaba el pelo prolijamente peinado hacia atrás y vestía una camisa en un tono azul muy claro.

'Tendría que haber venido más cómodo. No hacía falta ponerse camisa hoy', pensó. De hecho, ¿alguna vez lo había visto vestido informal? Sin importar el día o el clima, Yoon-kang siempre iba de camisa y traje. Al menos hoy no llevaba el pantalón de vestir rígido de la oficina ni corbata. 'Y tiene un botón desabrochado...', notó.

Mientras analizaba su ropa, Yoon-kang giró la vista hacia él. Sus miradas se cruzaron y Yoon-kang sonrió:

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“¿Qué pasa?”

Woo-hyun se dio cuenta de que se había quedado mirándolo fijo y se levantó de un salto, sobresaltado.

“N-nada. Tengo que empezar a cocinar... avisame si necesitás algo, sentate tranquilo. Si querés leer algún libro, agarrá el que quieras.”

Habló todo de corrido por los nervios y se dio vuelta hacia la cocina, pero Yoon-kang lo frenó:

“un momento, Woo-hyun.”

“¿Eh? Sí, ¿qué?”

Se giró torpemente y vio que Yoon-kang lo miraba con sorpresa.

“¿Vas a cocinar vos? ¿No pediste comida o contrataste a alguien?”

“Sí, voy a cocinar yo casi todo. Ya compré todos los ingredientes.”

“Ah….”

Yoon-kang abrió un poco los ojos y luego los achinó en una sonrisa. Parecía haber recibido la mejor noticia del mundo.

“Mirá vos... qué bueno. No sabía que me ibas a cocinar vos mismo.”

“Va a tardar un rato. Avisame si necesitás algo, quedate acá.”

Incómodo ante esa sonrisa, Woo-hyun se rascó el cuello y volvió a la cocina. Entró rápido y se abanicó con la mano antes de abrir la heladera. Los ingredientes que había preparado anoche lo esperaban perfectamente ordenados. Miró la torta en un rincón y sacó lo necesario para el almuerzo. Pensaba preparar algo de comida coreana no muy pesada para el mediodía y dejar la comida occidental más elaborada para la cena.

El menú para el almuerzo consistía en dakbokkeumtang (pollo picante), tteokgalbi (hamburguesas de carne coreanas), gejang (cangrejo marinado) y otros acompañamientos pequeños, junto con una sopa clara de carne y nabo (sogogi muguk). Como Woo-hyun sabía más de cocina occidental que coreana, le había costado bastante decidir el menú del mediodía.

Al principio pensó en hacer galbijjim (costillas estofadas), pero el problema era que para la cena el plato principal iba a ser steak. Aunque eran platos totalmente distintos, le parecía que comer vaca al mediodía y a la noche era demasiado, a menos que fuera otro tipo de carne como pollo o cerdo.

Además, ya tenía planeada la cena con varios pasos. Le preocupaba repetir ingredientes o que el almuerzo fuera tan pesado que no llegaran con hambre a la noche.

Tras darle muchas vueltas, Woo-hyun terminó por rebuscar en sus recuerdos hasta dar con los platos que a Yoon-kang le gustaban de niño. Decidió que ese sería el menú para el banquete.

Woo-hyun se puso manos a la obra con diligencia. Como había dejado la masa lista anoche, el tteokgalbi solo necesitaba pasar por la sartén, y el dakbokkeumtang era cuestión de añadir los ingredientes en orden y dejarlo hervir. Con los ingredientes alineados sobre la amplia mesada, encendió el fuego. La sopa, el estofado y el tteokgalbi se cocinaban al mismo tiempo, ocupando cada rincón de la cocina con ollas y sartenes.

En medio del ajetreo, una voz inesperada sonó a sus espaldas.

“¿Te ayudo en algo?”

Woo-hyun, que estaba por darles forma a las piezas de carne, se dio vuelta sobresaltado. Yoon-kang estaba apoyado de lado contra la heladera.

“Ay, qué susto…. me hiciste saltar.”

“Perdón, ¿te asusté mucho?”

“¿Qué hacés acá adentro? Te dije que te quedaras sentado.”

“Es que me sentía mal estando ahí solo…. pensaba que quizás necesitabas una mano con la comida. ¿Qué estás preparando?”

Yoon-kang se acercó a curiosear. Woo-hyun no respondió y empezó a separar porciones de masa para bollarlas. Al ser consciente de que todo el menú estaba diseñado con los gustos de Yoon-kang en mente, lo invadió una vergüenza repentina. Si Yoon-kang se daba cuenta y empezaba a cargarlo con su tono pícaro…. se moriría de la vergüenza.

Yoon-kang observó el interior de la olla que empezaba a burbujear y se paró al lado de Woo-hyun, mirándolo cocinar en silencio.

“¿Esto qué es?”

“…Tteokgalbi.”

“Ah….”

Se hizo un silencio. Woo-hyun se preguntaba por qué preguntaba si después no iba a decir nada. Aunque mantenía la vista fija en la carne, todos sus sentidos estaban puestos en el hombre a su lado. Yoon-kang se quedó ahí, quieto como una estatua, hasta que de pronto se pegó a su espalda.

Antes de que Woo-hyun pudiera reaccionar al contacto, Yoon-kang lo rodeó con un abrazo firme. Sus brazos fuertes le ciñeron la cintura y hundió la cara en su nuca. El roce de la piel le provocó un escalofrío que lo hizo estremecerse.

—¿Q-qué hacés? Así de la nada —gritó Woo-hyun con la voz un poco quebrada por la sorpresa.

A Yoon-kang pareció hacerle gracia la reacción, porque soltó una risita contra su cuello. Con cada vibración, Woo-hyun sentía el calor y el movimiento traspándole la piel. El abrazo se volvió más apretado y Yoon-kang habló con una voz cargada de emoción.

“Woo-hyun…. te quiero.”

El cuerpo de Woo-hyun se tensó al instante, quedando rígido como una piedra. Tragó saliva, completamente descolocado por la confesión repentina. No se le ocurría qué decir para salir del paso; ni siquiera podía moverse con naturalidad.

Pero Yoon-kang pareció aceptar esa rigidez como algo normal, como si estuviera acostumbrado a que sus palabras fueran ignoradas. Cambió de tema con naturalidad:

“Me encanta esto…. soy feliz, Woo-hyun.”

Susurró apoyando la frente en su nuca. Su voz, algo ronca, transmitía una intensidad que coincidía con sus palabras. Woo-hyun podía sentir los latidos potentes del corazón de Yoon-kang golpeando contra su propia espalda: pum, pum. Se quedó ahí, atrapado en el abrazo, escuchándolo aturdido.

“Gracias, Woo-hyun. Gracias por preparar todo esto.”

Yoon-kang fue aflojando los brazos lentamente, pero antes de soltarlo del todo, le dio un beso corto y sonoro en el cuello. El contacto de los labios cálidos lo hizo respingar.

“Perdón, te interrumpí. Me voy a esperar tranquilo…. avisame cuando esté.”

Su voz sonaba profunda y dulce. Solo por el tono se notaba cuánto afecto sentía por él. El calor que le cubría la espalda desapareció y Woo-hyun escuchó los pasos alejándose de la cocina. Se quedó un buen rato ahí parado, con el corazón latiendo desbocado.

A causa de ese momento de distracción, Woo-hyun tuvo que terminar de cocinar a las corridas. Casi comete un par de errores por estar pensando en lo que acababa de pasar, pero por suerte la comida salió bien.

Acomodó el gejang y los demás platos pequeños uno a uno, y terminó de armar la mesa con el arroz humeante. Con el dakbokkeumtang y el tteokgalbi en el centro y las bebidas listas, el banquete estaba completo.

Sin embargo, dudaba antes de llamar a Yoon-kang. El abrazo de hacía un rato no se le iba de la cabeza. Le resultaba un poco ridículo no saber con qué cara enfrentarlo ahora. Sabía que lo mejor era actuar como si nada, pero no estaba seguro de poder lograrlo: el corazón le seguía yendo a mil y sentía las orejas calientes.

Pero no podía dejar que la comida se enfriara después de tanto esfuerzo. Respiró hondo, se armó de valor y salió al living. Yoon-kang estaba sentado donde antes, ojeando un libro de diseño que había en la mesa ratona. Al oírlo, levantó la vista y le regaló una sonrisa radiante.

“…Ya está la comida, vení a sentarte.”

Woo-hyun caminó directo al comedor sin esperar respuesta. Yoon-kang lo siguió enseguida. Al ver la mesa servida, soltó una exclamación de asombro y lo elogió con una sonrisa suave:

“Vaya…. podrías abrir un restaurante. Todo tiene una pinta increíble. Gracias por la comida.”

“…Sentate y comé antes de que se enfríe.”

“Sí, gracias, Woo-hyun.”

Woo-hyun se sentó evitando mirarlo a los ojos. Yoon-kang ocupó el lugar de enfrente con total naturalidad. Pero en vez de agarrar los cubiertos enseguida, dudó un momento y preguntó con timidez:

“¿Te molesta si…. le saco una foto?”

“…Sacá si querés.”

Con el permiso concedido, Yoon-kang sacó el celular y empezó a fotografiar los platos. Incluso se levantó para buscar mejores ángulos, ya que sentado no encuadraba todo. Woo-hyun miraba para otro lado, muerto de vergüenza. Cuando por fin terminaron los clics, Yoon-kang se volvió a sentar con una expresión de pura felicidad.

“Gracias de verdad, Woo-hyun. Buen provecho.”

“Igualmente.”

Yoon-kang empezó probando la sopa. Woo-hyun, aunque fingía desinterés, estaba pendiente de su reacción. Yoon-kang se dio cuenta, levantó la vista y lo enganchó mirándolo. Woo-hyun giró la cara rápido, pero ya era tarde para hacerse el distraído.

Yoon-kang le regaló una sonrisa.

“Está riquísimo, Woo-hyun.”

“…….”

Woo-hyun asintió apenas, cohibido. Yoon-kang siguió con el pollo picante y soltó un pequeño “mm” de satisfacción antes de pasar al tteokgalbi. Tras tragar un bocado, comentó sorprendido:

“En serio, todo está delicioso. Sabía que eras habilidoso, pero no tenía idea de que cocinaras tan bien.”

“Me alegra que te guste.”

Con ese veredicto positivo, Woo-hyun se relajó un poco. Se dio cuenta de que, inconscientemente, le importaba mucho la opinión de Yoon-kang. Recién ahí empezó a comer él también.

Yoon-kang probó el resto de los acompañamientos. Algunos eran comprados, pero las verduras las había condimentado Woo-hyun anoche una por una. Tras probarlo todo, Yoon-kang volvió a hablar:

“Estaba pensando mientras cocinabas…. pero es que todo esto es justamente lo que más me gusta.”

“…….”

“¿Lo preparaste así a propósito?”

“Y… sos el invitado….”

Yoon-kang soltó una risa baja. Ese sonido cálido hizo que a Woo-hyun le diera un vuelco el corazón. 'Ya sabía, se dio cuenta de que elegí sus platos favoritos'. Incapaz de sostenerle la mirada por la vergüenza, siguió comiendo cabizbajo.

“Gracias, en serio. No me imaginé que te ibas a tomar tanto trabajo. Está todo riquísimo.”

“…Ya entendí, comé antes de que se enfríe.”

Aunque no lo miraba, su tono era algo brusco, pero Yoon-kang solo sonrió sabiendo que era por timidez. Siguieron comiendo en silencio un rato.

Sin darse cuenta, Woo-hyun lo observaba de a ratos. Yoon-kang comía de forma prolija y pausada, pero sus cubiertos no paraban; se notaba que de verdad estaba disfrutando. Woo-hyun sintió un alivio interno; no habría tenido sentido cocinar sus favoritos si no comía bien.

Respetando la timidez de Woo-hyun, Yoon-kang no dijo mucho más y se concentró en la comida. Woo-hyun se asombró al ver que los platos, que pensó que eran abundantes, se estaban vaciando. Comparado con lo que solía comer cuando salían, Yoon-kang estaba comiendo muchísimo más. ¿Estaría haciendo un esfuerzo por quedar bien? Preocupado, Woo-hyun intervino:

“No hace falta que te fuerces a comer todo si ya estás lleno.”

“¿Eh?”

“Digo…. que no sigas comiendo solo porque yo lo preparé. No quiero que te caiga mal.”

“Ah, sí. Gracias por preocuparte.”

“A la noche también hay mucha comida, así que guardá lugar. …Si te gusta mucho, después llevate lo que sobre. Hice un montón y quedó bastante en la cocina.”

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“…….”

Al no recibir respuesta inmediata, Woo-hyun levantó la vista. Yoon-kang se había quedado congelado con los cubiertos en la mano, mirándolo fijo con cara de sorpresa. Woo-hyun arqueó una ceja.

“¿Qué pasa?”

Como Woo-hyun no desvió la mirada, esta vez fue Yoon-kang quien bajó la vista, mientras una sonrisa de pura alegría se le dibujaba en la cara.

“Jajaja….”

Yoon-kang dejó los cubiertos, se pasó la mano por la boca y tomó un buen trago de agua. Woo-hyun lo miraba sin entender nada. Tras evitarle la vista un momento, Yoon-kang lo miró con los ojos brillando de felicidad.

“Gracias, Woo-hyun. Por favor, después armame un paquete con lo que sobre.”

“Está bien.”

Woo-hyun no entendía por qué algo tan simple como llevarse las sobras lo ponía tan contento, pero verle esa cara le pareció bien.

Mientras juntaba los platos después de comer, Woo-hyun cayó en la cuenta de algo: se había centrado tanto en los preparativos que se olvidó de que todavía quedaban varios días de feriado. Si Yoon-kang se quedaba en su casa todo el tiempo…. quizás no sobrarían tantas cosas para llevarse. 'Bueno, después le cocino algo nuevo', pensó con una leve sonrisa.

Después del café, Woo-hyun le propuso salir a caminar. No quería ir a lugares llenos de gente habiéndolo invitado a su casa para evitar eso, pero tampoco quería quedarse encerrado sin hacer nada. Pensó que el parque frente a su casa, con el paisaje nevado que vio a la mañana y el lago helado, sería un buen lugar para bajar la comida.

El problema era la ropa de Yoon-kang. Como siempre andaba en auto o en interiores, solo llevaba una camisa de invierno, un abrigo y zapatos de vestir. No era ropa para andar por la nieve.

“¿Querés que te preste algo de ropa mía?”

“¿Me dejás?”

“Sí, seguro encuentro algo de tu talla. Ah, pero puede que tenga un poco de mi olor…. ¿te molesta?”

“Jajaja. Si es tu aroma, Woo-hyun, mucho mejor.”

Woo-hyun fingió no escuchar el último comentario coqueto y entró al vestidor. Aunque aparentaba calma, tenía las orejas rojas. Yoon-kang lo siguió con una sonrisa.

Woo-hyun seleccionó algunas prendas que podrían quedarle bien. Como Yoon-kang era más robusto que él, tuvo que buscar las prendas más holgadas.

Una remera de lana, una camisa gruesa de invierno, un suéter abrigado…. Yoon-kang se cambió por completo, de pies a cabeza, con la ropa de Woo-hyun, y se puso encima una campera gruesa. Por suerte, calzaban lo mismo, así que pudo prestarle un par de botas de invierno que tenía de repuesto.

Ya bien abrigados, salieron al pasillo. Mientras esperaban el ascensor, Woo-hyun observó el aspecto de Yoon-kang.

Ver a Yoon-kang con campera y botas le resultaba extrañísimo. No estaba acostumbrado a verlo tan informal; debían haber pasado casi diez años desde la última vez.

Al dejar de lado los trajes impecables, parecía mucho más joven. Por su apariencia siempre perfecta, solía parecer mucho mayor que él, pero así vestido se notaba que solo se llevaban un año.

Pero más que la ropa en sí, lo que le ponía nervioso era que Yoon-kang llevara puestas prendas impregnadas con sus feromonas. Por supuesto, cuando Woo-hyun se quedaba en casa de Yoon-kang, a menudo usaba su ropa prestada. Especialmente al principio, cuando aún no tenía sus propias cosas allí. Pero Yoon-kang no solía desprender feromonas perceptibles, y lo mismo pasaba con sus espacios privados o su ropa. Por eso no sentía nada especial al usarla…. pero ver a Yoon-kang con ropa que olía a él le revolvía los sentimientos. El aroma del perfume que Yoon-kang usaba a diario se mezclaba con sus propias feromonas, emanando de su cuerpo.

Yoon-kang desprendiendo sutilmente su aroma…. parecía como si lo hubiera marcado. Ante ese pensamiento, sintió que se le tensaba la nuca.

Quizás porque lo estaba mirando demasiado, Yoon-kang cruzó su mirada con la de él y preguntó:

“¿Qué pasa?”

Sus ojos negros brillaban con diversión. Era esa mirada dulce que solo mostraba cuando estaban a solas.

Woo-hyun carraspeó y desvió la vista. No quería por nada del mundo que Yoon-kang adivinara lo que estaba pensando. Intentó hablar con naturalidad.

“No, nada…. es que como siempre te veo de traje, se me hace raro verte así.”

“¿Me queda mal?”

“¡No! No es que te quede mal…. solo que es curioso.”

“Mmm….”

La llegada del ascensor cortó la conversación. Yoon-kang no dijo nada más hasta que llegaron a la planta baja.

Al salir del edificio, una brisa fresca de invierno los recibió. Como ya era por la tarde, se sentía un poco más cálido que por la mañana. El cielo seguía despejado y el sol de la tarde tenía un calor agradable. Era el clima perfecto para dar un paseo tranquilo.

Woo-hyun entró lentamente al parque con Yoon-kang. Le resultaba extraño recorrer con él el camino que hacía todos los días. Entre la comida en su casa y esto, sentía como si le estuviera mostrando su mundo cotidiano.

Seguramente Yoon-kang no paseaba por un parque así desde hacía mucho tiempo. Siempre estaba tan ocupado que no tendría tiempo para estas cosas.

Esa era una de las razones por las que Woo-hyun le propuso el paseo. Ya que eran vacaciones, quería que pasaran el tiempo de forma más relajada, en lugar de quedarse encerrados solo teniendo sexo como otras veces.

Al ser día festivo, el parque ya no estaba desierto como por la mañana; había bastante gente. Se veían parejas en citas, grupos de amigos y familias. Pero como el parque era inmenso, no se sentía agobiante y podían caminar con tranquilidad.

“…¿Y? ¿Hace cuánto que no venís a un lugar así?”

“¿A un parque?”

“Sí, a un parque o al aire libre…. no habrás tenido tiempo para esto.”

“Bueno, es cierto. Y menos a esta hora con sol. Los días de semana estoy a mil con el trabajo, y cuando tengo tiempo libre, prefiero estar pegado a vos.”

Woo-hyun carraspeó ante el comentario. Aunque ya lo sabía, escucharlo de boca de Yoon-kang siempre le daba vergüenza. Intentó cambiar de tema.

“…¿Te gusta? ¿Te sirve para despejarte? Estar siempre bajo techo debe ser agobiante.”

“Sí, es lindo. ¿Me sacaste de paseo porque te preocupaba que estuviera encerrado? Qué bueno que sos.”

“No es para tanto….”

“Pasear está bueno…. pero más me gusta caminar con vos. Gracias por pensar en mí.”

Woo-hyun murmuró algo vago ante la respuesta melosa. Yoon-kang soltó una risa baja, encontrando adorable su reacción, y continuó:

“¿Y vos? ¿Venís seguido?”

“Vivo acá enfrente y me gusta caminar…. siempre que tengo tiempo salgo a correr o a pasear. Cuando nieva como hoy, el paisaje cambia por completo.”

“¿A la mañana también estuviste acá?”

“Sí. Me desperté, vi que había nevado y me dieron ganas de caminar.”

“Qué aplicado. Te habrás levantado temprano.”

“Bueno, se dio así.”

Woo-hyun respondió con evasivas para no admitir que se le habían abierto los ojos solos por la mañana. No quería que pareciera que había estado esperando con demasiada ansiedad la visita de Yoon-kang.

Siguieron charlando mientras recorrían el parque con calma. La conversación fluía mejor de lo que esperaban. Como siempre que estaban juntos terminaban entregándose al deseo físico, hacía tiempo que no hablaban así. Incluso cuando salían a comer fuera, solían hablar del menú y poco más; no tenían muchas charlas personales.

Al estar al aire libre, los silencios tampoco resultaban incómodos. La charla moría y renacía de forma natural a cada paso.

Caminaron hasta que, casi sin darse cuenta, llegaron a la orilla del lago. Woo-hyun guio a Yoon-kang hacia el banco donde solía sentarse siempre. Quizás por el frío, no había mucha gente, y por suerte el lugar que Woo-hyun tenía en vista estaba vacío. Sacudió la nieve acumulada con unos golpecitos y le hizo una seña a Yoon-kang para que se sentara.

Se quedaron allí, uno al lado del otro, contemplando el lago completamente congelado. Tras un momento de silencio, Yoon-kang habló:

“Hace mucho que no veía un lago.”

“Es lógico. No hay tantos, y si no vivís cerca, es difícil cruzarte con uno. La gente suele ir al río o al mar, pero casi nadie planea un viaje para ver un lago.”

“Es cierto. Mirarlo me trae recuerdos... ¿Te acordás de ese viaje a Canadá cuando éramos chicos? Fuimos a un lago congelado.”

Al escucharlo, el corazón de Woo-hyun dio un vuelco pesado. Yoon-kang estaba recordando exactamente lo mismo que él. Woo-hyun giró la cabeza para observar su perfil; Yoon-kang mantenía una sonrisa suave, como quien acaricia un tesoro antiguo. Ver esa expresión cargada de ternura hizo que algo dentro de Woo-hyun se ablandara irremediablemente.

“Habíamos patinado. Me acuerdo de que estabas cansadísimo pero muy feliz.”

“…Yo también me acuerdo.”

“Jajaja…. Tu papá estaba en un aprieto porque le rogabas quedarte un día más para seguir patinando.”

“¿Tanto así?”

“Sí, y a mí también me insistías para que te apoyara….”

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El rostro de Yoon-kang estaba empapado de esa dulzura típica de quien evoca una nostalgia querida. Woo-hyun lo observaba sintiendo un latido extraño, cuando de pronto, Yoon-kang desvió la vista del lago y lo miró a los ojos.

Sus pupilas, negras como el abismo, brillaban con calidez bajo el sol de invierno. Lo miraba con una mezcla de afecto y una devoción añeja que, en un instante, se le clavó a Woo-hyun en el pecho.

En esa mirada, Woo-hyun vislumbró una sinceridad aterradora. Era una pureza tan afilada que resultaba maravillosa y temible a la vez; un sentimiento tan denso que casi le cortaba la respiración. Al enfrentarlo de lleno, sintió que el mundo se le hundía bajo los pies.

Quizás, al principio, la devoción de Yoon-kang había sido transparente y clara. Pero con el paso de los años, ese brillo se había transformado. Ahora, a los ojos de Woo-hyun, ese afecto se veía de un color oscuro.

O tal vez seguía siendo puro, y era él quien lo interpretaba mal. Sin embargo, cuando la transparencia se superpone demasiadas veces, termina volviéndose turbia. Hay cosas que, por exceso, terminan siendo peores que su ausencia. Así era el amor de Yoon-kang: tan intenso que llegaba a dar miedo. Era lógico que Woo-hyun sintiera rechazo.

Pero, ¿y si empezaba a encontrar belleza incluso en ese brillo oscuro?

Antes, encontrarse con esa obsesión negra lo habría hecho retroceder por puro pánico. Pero ahora, su corazón no latía por miedo o mal augurio. Era el impacto de descubrir una belleza que estuvo siempre ahí, pero que recién ahora se dignaba a ver.

Ese anhelo absoluto que llenaba los ojos de Yoon-kang, ese deseo agónico dirigido solo a él, lo estremecía. Incluso su carga emocional, pesada y sofocante, empezaba a parecerle algo valioso. Sabiendo que debajo de esa caballerosidad había una posesividad pegajosa, Woo-hyun sentía ganas de dejarse engañar por esa dulzura fingida. Es más, ahora hasta ese amor sombrío le parecía hermoso.

Una tensión eléctrica lo recorrió. Se sintió succionado por el negro de esas pupilas, atrapado por esa fascinación magnética que uno siente cuando descubre un encanto totalmente nuevo en alguien conocido.

Woo-hyun se quedó petrificado, devolviéndole la mirada. Fue apenas un instante, pero suficiente para que el universo de alguien cambie por completo.

Yoon-kang sostuvo la mirada un momento y luego levantó la mano con lentitud. Sus dedos recorrieron la mejilla de Woo-hyun con una delicadeza extrema. Como acababa de sacarse los guantes, su piel se sentía reconfortantemente cálida.

Acarició la mejilla enfriada por el viento y preguntó con preocupación, notando que Woo-hyun se había quedado rígido:

“¿Estás bien?”

Esa pregunta rompió el hechizo. Woo-hyun regresó a la realidad, tragó saliva con dificultad y recuperó el control de su cuerpo.

No estaba bien, para nada. Pero no podía dejar que Yoon-kang viera la tormenta que se había desatado en su interior. Hizo un esfuerzo sobrehumano por recomponerse y respondió con la voz un poco quebrada:

“Estoy bien.”

Tenía todos los sentidos puestos en esos dedos. Cada vez que Yoon-kang le rozaba la piel, sentía como si le tocara el alma. Woo-hyun movió la mano con torpeza y sujetó la de Yoon-kang, bajándola lentamente. Yoon-kang se dejó llevar sin oponer resistencia.

Como Woo-hyun rodeó el dorso de su mano al bajarla, pareció que era él quien buscaba tomarlo de la mano. Yoon-kang debió pensar lo mismo, porque soltó una risita y entrelazó sus dedos con los de él. A Woo-hyun se le volvió a cerrar la garganta.

Yoon-kang miró sus manos unidas y volvió a sonreír con una felicidad radiante.

“Creo que es la primera vez que nos agarramos de la mano así…. me gusta.”

“…….”

“hay que hacerlo más seguido, Woo-hyun.”

Woo-hyun no pudo responder. Quiso soltarlo enseguida, pero, extrañamente, sus dedos se apretaron con más fuerza. Se quedaron así un largo rato, sentados en el banco. Yoon-kang alternaba su mirada entre sus manos y el paisaje, siempre con una sonrisa serena.

Woo-hyun trataba de calmarse mirando el lago, pero ni el paisaje más pacífico lograba aplacar su agitación. Escuchaba el retumbar de su corazón en los oídos; le preocupaba que Yoon-kang pudiera sentir su pulso acelerado a través del contacto.

No se atrevía a hablar, solo miraba al frente concentrándose en el aire frío que le golpeaba la cara para intentar bajar la temperatura de sus mejillas.

Después de lo que pareció una eternidad:

“¿Volvemos?”

La voz de Yoon-kang lo sobresaltó.

“¿E-eh?”

“Jajaja, ¿en qué estabas pensando para asustarte tanto?”

Yoon-kang se rió bajito, encontrando adorable el respingo de Woo-hyun.

“La vista es linda, pero si no volvemos pronto no vamos a llegar con la cena. Dijiste que ibas a cocinar vos, ¿no? Mejor nos movemos.”

“Ah….”

“Igual, si querés quedarte más, nos quedamos.”

Yoon-kang sonrió de lado. Woo-hyun sacó el celular a las apuradas para ver la hora: habían pasado casi dos horas desde que salieron. Eso significaba que llevaban casi una hora sentados frente al lago.

¿Tanto tiempo había pasado? Woo-hyun lo miró con culpa. Lo había tenido sentado al aire libre, con un frío tremendo, durante una hora. Y encima, desde que se habían mirado a los ojos, él se había quedado mudo, sumergido en su propio caos interno sin dirigirle la palabra.

Cualquier otro se habría ofendido o enojado por ser ignorado de esa forma.

Pero Yoon-kang parecía no tener problema alguno, como si el simple hecho de estar sentados de la mano fuera suficiente para él. Al ver que Woo-hyun lo examinaba con cara rara, preguntó:

“¿Qué pasa? ¿Hice algo?”

“No…. perdón. No me di cuenta de que hacía tanto frío, fui un desconsiderado.”

Yoon-kang arqueó una ceja, sorprendido, y soltó una carcajada.

“Quién diría que iba a escuchar una disculpa de tu parte.”

“…Perdón.”

“No, no me pidas perdón. No lo dije por eso. De verdad estoy bien. La ropa que me prestaste es muy abrigada y no tuve frío. Al contrario, la pasé bárbaro.”

Yoon-kang levantó sus manos unidas y las sacudió ligeramente.

“Porque pudimos estar así.”

Se le marcaron los hoyuelos en las mejillas. Al ver esa sonrisa pícara, Woo-hyun se mordió el interior del cachete. Sentía un cosquilleo insoportable.

“Bueno…. aunque me da lástima, ¿nos levantamos?”

Yoon-kang se puso de pie. Como seguían agarrados, Woo-hyun se levantó por inercia.

Yoon-kang bajó la vista a sus manos. Como Woo-hyun todavía rodeaba su mano, parecía que era él quien no quería soltarlo. Yoon-kang usó su otra mano para cubrir el dorso de la de Woo-hyun. La piel de Woo-hyun estaba helada por la exposición al aire.

“Tenés las manos congeladas…. ponete los guantes.”

Lo dijo con tono protector y fue soltándolo despacio. Woo-hyun también relajó los dedos y las manos se separaron.

Woo-hyun se miró la palma. Por dentro, donde había estado la mano de Yoon-kang, sentía un calor extraño que persistía. Por fuera, el dorso estaba frío como el hielo. Le resultó curioso cómo una misma mano podía tener dos temperaturas tan distintas.

Sentía un vacío repentino ahora que no lo tocaba. Yoon-kang, al verlo mirar su mano en silencio, comentó:

“Qué lástima.”

Woo-hyun levantó la vista y se encontró con su sonrisa.

“No poder seguir agarrándote la mano.”

Woo-hyun sintió que las mejillas le ardían. No entendía cómo podía decir esas cosas con tanta naturalidad.

Pero, pensándolo bien, Yoon-kang siempre había sido así. Nunca escondía lo que sentía. Ni cuando todos lo señalaban, ni cuando el propio Woo-hyun lo despreciaba. Aunque el mundo entero le dijera que estaba mal, él no se rendía. Se mostraba tal cual era, como si fuera inmune al dolor…. aunque nadie lo es realmente.

Hubo un tiempo en que Woo-hyun pensaba que eso era puro egoísmo, una actitud caprichosa y horrible. Le resultaba repugnante. Pero ahora ya no podía verlo solo así. Esa honestidad brutal, esa persistencia que los había traído hasta este punto…. en cierto modo, era admirable. No es que perdonara todo lo que Yoon-kang había hecho, pero al menos respetaba el valor que tuvo para mostrar su corazón una y otra vez.

Woo-hyun se puso los guantes en silencio. Yoon-kang ya los tenía puestos. Se acomodaron la ropa y emprendieron el regreso.

Caminaron por un sendero que Woo-hyun había descubierto hacía poco. Si Woo-hyun aceleraba o frenaba el paso, Yoon-kang lo notaba al instante y se sincronizaba con él.

Al salir de casa, Woo-hyun se distraía con el paisaje, pero a la vuelta, sus ojos solo buscaban a Yoon-kang. Por más que intentaba mirar hacia otro lado, terminaba observándolo de reojo, como una brújula que siempre marca el mismo norte.

Yoon-kang no se cansaba de sonreírle cada vez que sus miradas se cruzaban. La curva perfecta de sus labios, sus hoyuelos, la calidez en sus ojos…. todo eso se le iba quedando grabado a Woo-hyun. Aunque ya estaba acostumbrado a ver su cara seguido, esta vez sus expresiones dejaban una marca distinta, una huella que presentía que duraría mucho tiempo.

Llegó a casa casi en trance, habiendo gastado toda su energía en intentar no mirar tanto a Yoon-kang.

Una vez adentro, se cambiaron por ropa cómoda. Las prendas que a Woo-hyun le quedaban holgadas, a Yoon-kang le iban perfectas. Woo-hyun pensaba que no había tanta diferencia física entre ellos más allá de la altura, pero viéndolo así, se notaba que Yoon-kang era bastante más robusto.

Verlo en su casa, usando su ropa, era una sensación extraña. Cada vez que veía a Yoon-kang sonreír con ese aroma sutil a sus propias feromonas en la tela, Woo-hyun sentía un calor en la pelvis que lo obligaba a mirar hacia otro lado. Menos mal que tenía que preparar la cena; esa excusa le sirvió para refugiarse en la cocina.

Decidió preparar comida occidental, que era su especialidad. Acomodó los ingredientes y respiró hondo para concentrarse.

Primero puso el agua para la pasta. Después preparó una ensalada de hojas tiernas con una presentación impecable y un aderezo de cidra y miel. Sacó unos platos nuevos, sirvió una salsa que había hecho el día anterior y acomodó encima unas rodajas de paté. Doró un poco de queso en la sartén y finalmente preparó la pasta con huevas de pescado (eoran).

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Concentrarse en la cocina lo ayudó a olvidar sus cavilaciones. Terminó todo más rápido de lo esperado y con éxito. Suspiró aliviado y fue llevando los platos al comedor. Yoon-kang entró justo en ese momento y soltó un suspiro de asombro al ver la mesa.

Woo-hyun, un poco cortado, explicó:

“En realidad esto debería ir por pasos, como un menú de pasos, pero como cocino solo, serví todo junto. El steak lo voy a sellar justo antes de comerlo.”

“¿Todavía falta más?”

“Es Navidad, no puede faltar el steak. Tengo pato y ternera, ¿qué preferís?”

“¿Tenés pato también?”

Yoon-kang sonrió sorprendido. Woo-hyun asintió y él comentó maravillado:

“De verdad, abrí un restaurante. ¿De dónde sacaste pato?”

“…Sentate. Voy a buscar el vino y la hielera.”

“Eso lo puedo hacer yo.”

“Entonces traé las copas.”

Se sentaron a la mesa con el vino, las copas y el hielo listos. Yoon-kang sirvió el vino y levantó su copa con naturalidad para brindar. Woo-hyun chocó su copa suavemente.

Empezaron a comer despacio después del primer sorbo. Mientras Yoon-kang probaba cada plato, Woo-hyun lo observaba de reojo fingiendo indiferencia. Por suerte, parecía que le gustaba todo. Tras probar la pasta, Yoon-kang soltó una risita de puro asombro.

“Guau…. no es por quedar bien, pero está increíble.”

“…Me alegro.”

“No hace falta ir a ningún chef famoso si cocinás así. ¿Siempre fuiste tan bueno?”

Yoon-kang lo miraba con genuina admiración. Woo-hyun intentó que no se le subiera el ego, aunque sentía que las mejillas le tomaban color. Desvió la vista y murmuró:

“Bueno…. de tanto hacerlo aprendí. Como me gusta la comida rica, me terminó interesando cocinarla.”

“Para ser un hobby, tenés un nivel impresionante. Ahora entiendo por qué sos tan exigente con la comida.”

“…Gracias por el cumplido.”

“Gracias a vos por este banquete. No pensé que iba a ser algo tan serio.”

“Es Navidad, hay que hacerlo bien.”

“Siento que te hice trabajar todo el día, perdón por eso.”

Yoon-kang sonrió. Debajo de sus cejas arqueadas, sus ojos brillaban con un afecto y una gratitud tan transparentes que Woo-hyun sintió que se quemaba.

Bajó la vista de inmediato, como quien mira directamente al sol y teme quedar ciego. Fue un contacto fugaz, pero la imagen se le quedó grabada. El corazón le latía con tal fuerza que sentía el eco en todo el cuerpo. Se olvidó hasta de responder; su única defensa fue empezar a comer mecánicamente lo primero que pinchó con el tenedor para disimular.

Yoon-kang no dijo nada, disfrutando de su vino y la comida con una expresión de éxtasis. Woo-hyun apenas saboreaba lo que masticaba. Pronto usó la excusa de los steaks para refugiarse otra vez en la cocina.

Estar solo lo ayudó a calmarse. Preparó las sartenes. Aunque Yoon-kang le había dicho que cocinara lo que él quisiera, le pareció un desperdicio no hacer los dos tipos de carne habiéndolos preparado.

Selló la carne con cuidado, controlando la temperatura y el punto exacto. Una vez listos, los emplató con la guarnición y volvió al comedor.

Yoon-kang lo siguió con la mirada. Al ver los dos platos, sonrió negando con la cabeza.

“Te dije que hicieras uno solo. Te tomaste el trabajo de hacer los dos.”

“Ya los tenía preparados, era una lástima no hacerlos.”

“A mí me encanta…. gracias, Woo-hyun.”

Yoon-kang no insistió más y empezó por el pato. Cortó un trozo perfecto, lo pasó por la salsa y lo acercó a los labios de Woo-hyun. Woo-hyun abrió los ojos como platos, totalmente desprevenido. Mientras él dudaba, Yoon-kang dijo con una sonrisa:

“Dale, vos trabajaste más, probá el primer bocado. A ver, abrí la boca.”

“No, dejá, yo puedo….”

Woo-hyun sentía que la cara se le encendía. Yoon-kang soltó una carcajada y, con una voz todavía más melosa, insistió:

“Me va a empezar a doler el brazo…. solo una vez, ¿sí?”

Era obvio que no iba a bajar la mano hasta que él aceptara. Woo-hyun debatió internamente si empujarle el brazo o ceder, pero al final cerró los ojos y abrió la boca despacio. Se dijo a sí mismo que solo lo hacía porque era Navidad, un día especial.

Yoon-kang depositó el trozo de carne en su boca con un gesto de triunfo. Woo-hyun masticó mecánicamente, mirando fijamente la cara de felicidad de Yoon-kang, sin poder distinguir siquiera el sabor de lo que comía. Estaba demasiado ocupado procesando la situación.

“¿Y? ¿Está rico? Seguro que sí, si lo hiciste vos.”

“…No está mal.”

Yoon-kang rió bajito y cortó otro trozo, esta vez para él. Woo-hyun se quedó tenso por un instante mientras esperaba su reacción al probar el pato.

 

El pato, aunque bien preparado para eliminar su fuerte aroma característico, seguía siendo una apuesta. Woo-hyun observó a Yoon-kang masticar unos trozos y luego cruzar su mirada con la de él. La comisura de sus labios se elevó en un gesto que despejó todas sus dudas.

“Está riquísimo, esto también.”

La tensión que le recorría el cuerpo se disipó de golpe. Woo-hyun soltó un suspiro imperceptible. Estaba tan extrañamente pendiente de cada movimiento de Yoon-kang que empezaba a dolerle la cabeza.

Al final, decidió dejar de comer y concentrarse en el alcohol. No era de los que se emborrachaban fácil, pero necesitaba desesperadamente algo que relajara sus nervios. El vino que trajo Yoon-kang se terminó pronto, y el champagne que abrieron después corrió la misma suerte. Sin decir mucho, Woo-hyun fue hasta la cava y regresó con varias botellas entre los brazos.

Mientras Yoon-kang disfrutaba de la comida y bebía con calma, Woo-hyun vació varias copas. A diferencia de su costumbre de saborear cada trago, esta vez bebía como si fuera agua. Cada vez que sentía un cosquilleo de nervios o un latido demasiado fuerte, empinaba la copa, terminando las botellas a una velocidad récord.

Yoon-kang lo observaba con preocupación. Cuando Woo-hyun liquidó la última botella que había traído, Yoon-kang preguntó con suavidad:

“¿Estás bien, Woo-hyun? Estás tomando muy rápido.”

“Ah…. estoy bien.”

A pesar de que no había llegado a su límite habitual, la velocidad le pasó factura y el alcohol empezó a nublarle la vista. Pero ese estado mareado era exactamente lo que buscaba. Esbozó una sonrisa tonta mientras sentía cómo la borrachera amortiguaba los latidos frenéticos de su corazón.

Se reclinó en la silla y se quedó mirando a Yoon-kang. Solo así, bajo los efectos del alcohol, podía sostenerle la mirada sin sentirse expuesto.

“¿Qué pasa?”

Yoon-kang sonrió al notar la intensidad de su mirada. Woo-hyun se quedó hipnotizado. ¿Cuándo había sido que esa sonrisa, que antes le parecía hipócrita, empezó a resultarle tan dulce y tentadora?

Para Yoon-kang, ver a Woo-hyun con la mirada perdida y los ojos vidriosos resultó ser algo encantador. Lo observaba con la curiosidad de quien estudia algo fascinante y único.

“Parece que mi Woo-hyun…. se emborrachó.”

Esa voz baja le sonó deliciosa. Woo-hyun no sintió la necesidad de hablar y simplemente asintió con la cabeza de forma exagerada. Los ojos de Yoon-kang se agrandaron antes de achinarse en una risa.

“Jajaja, hoy estoy teniendo muchas experiencias nuevas.”

“…….”

“Me encanta…. poder pasar este tiempo con vos.”

“…….”

Al ver que Woo-hyun seguía mudo, simplemente devorándolo con la mirada, Yoon-kang soltó una risita.

“Pero estando así de borracho…. creo que hoy no vamos a poder comer el pastel.”

“Comer…. sí puedo comer.”

Woo-hyun reaccionó de inmediato ante la mención del postre. Su pronunciación, algo arrastrada, delataba su estado, pero fue tajante. Yoon-kang sonrió y preguntó:

“¿Tanto querías comer pastel?”

“Sí…. hace mucho que no comemos pastel juntos en Navidad con hyung.”

“…….”

Los dedos de Yoon-kang, que tamborileaban rítmicamente sobre su copa, se detuvieron en seco. Pestañeó varias veces, quedando congelado con la sonrisa puesta por un instante antes de preguntar con voz contenida:

“…¿Te acordabas de eso?”

“Sí. En cada Navidad, hyung traía pastel…. y lo compartíamos.”

“Ah….”

Yoon-kang soltó una carcajada ligera, casi incrédula. Woo-hyun, sin ser del todo consciente de lo que decía, soltaba todo lo que le venía a la mente, incluso usando ese apelativo que tanto se había esforzado por evitar: hyung.

“A hyung le gustaba la Navidad.”

“…….”

“Decías que te gustaba la comida rica, que te gustaba el pastel….”

“…….”

“Y que te gustaba poder jugar conmigo todo el día.”

Yoon-kang se quedó en silencio un buen rato. Bajó la vista, como si estuviera intentando procesar o contener una emoción demasiado fuerte. Solo después de unos segundos, respondió:

“…Es cierto. Me gustaba porque podía estar con vos.”

“Claro…. por eso hay que comer pastel. Porque también te gustaba eso.”

Woo-hyun asintió con firmeza. Yoon-kang sonrió de lado y, antes de que Woo-hyun pudiera intentar levantarse con su torpeza de borracho, Yoon-kang ya estaba de pie. Se acercó a él y, con una mano firme pero suave en su hombro, lo obligó a sentarse de nuevo. Woo-hyun lo miró desde abajo, parpadeando con lentitud.

“Eh…. tengo que traer el pastel.”

Hyung lo trae. Esperá acá.”

“En la heladera…. está en la heladera.”

“Sí, ya sé.”

Yoon-kang susurró con voz dulce y le dio un toquecito juguetón con el índice en la mejilla antes de desaparecer hacia la cocina.

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Woo-hyun esperó obediente. Al poco tiempo, Yoon-kang regresó con la caja grande y se encargó de limpiar la mesa y traer platos limpios. Woo-hyun observaba cada movimiento como si estuviera viendo una película en cámara lenta.

Cuando Yoon-kang sacó el pastel, apareció una obra de arte en forma de árbol de Navidad. Era una base de crema de pistacho verde cubierta con chocolate blanco y crema chantilly, simulando capas de nieve.

“Qué lindo….”

Yoon-kang sonrió mostrando sus hoyuelos y colocó una vela en forma de estrella en la cima. Al apagar las luces, la pequeña llama en la punta del árbol brilló con intensidad.

“Hay que pedir un deseo.”

“Sí….”

“A la cuenta de tres, pedís el deseo en silencio y soplamos.”

“Sí….”

“Uno…. dos,”

Woo-hyun intentó pensar en algo, pero su mente estaba en blanco. De chico siempre tenía mil deseos, pero ahora parecía haberlos olvidado todos. '¿Qué pedía antes? Ah, creo que pedía casarme con él'. Mientras divagaba, sus ojos se encontraron con los de Yoon-kang. Sus pensamientos se evaporaron. Solo podía concentrarse en el hombre frente a él.

En las pupilas de Yoon-kang se reflejaba la llama de la vela, y dentro de ese reflejo, estaba él mismo. Le pareció algo tan hermoso y místico que no pudo desviar la mirada. Se quedaron así, conectados por la vista, pidiendo sus deseos.

O quizás solo Yoon-kang lo pidió. Woo-hyun solo pudo desear, en el fondo de su embriaguez, que ese momento no terminara nunca.

“Tres.”

La vela se apagó.

Woo-hyun parpadeó confundido. ¿Había pedido algo? No importaba. Estaba con su hyung en Navidad, y eso era lo único que su mente alcoholizada registraba con claridad.

Yoon-kang encendió las luces y Woo-hyun esperó a que él cortara el pastel. En su cabeza, las reglas de la infancia habían vuelto: hyung siempre se encargaba de estas cosas.

“Tomá, Woo-hyun. A ver, abre la boca.”

Yoon-kang le acercó un tenedor cargado de crema y bizcocho. Woo-hyun aceptó el bocado dócilmente. El sabor dulce del pistacho, el chocolate y la frescura de las fresas se mezclaron en su boca. Aunque sus sentidos estaban algo anestesiados por el vino, el sabor le pareció glorioso. Tragó y volvió a abrir la boca, como un pajarito esperando ser alimentado.

Yoon-kang rió suavemente y continuó dándole de comer. Woo-hyun le devolvía la sonrisa, feliz de verlo contento. Repitieron la secuencia varias veces: Woo-hyun abriendo la boca y su " hyung" dándole el pastel con infinita paciencia.

Al momento siguiente, se estaban besando. El beso sabía a pastel de Navidad. Sus lenguas se enredaron entre restos de crema dulce y saliva cálida. Los sonidos húmedos y los labios manchados no le importaron; se sentía demasiado bien.

Cada vez que sus labios se separaban por un segundo, Woo-hyun jadeaba su nombre. “Hyung, hyung…”. Y cada vez que lo llamaba así, la mirada de Yoon-kang se encendía con una mezcla de triunfo y deseo voraz.

El mundo empezó a dar vueltas. Guiado por Yoon-kang, Woo-hyun terminó recostado sobre algo mullido. El aliento con olor a alcohol se escapaba de sus labios entrecortados. La comodidad de la cama y el cansancio acumulado hicieron que sus párpados pesaran demasiado. El sonido de la ropa rozando y el clic de un cinturón abriéndose llegaron a sus oídos, pero su conciencia se desvaneció en la oscuridad del sueño.

“¡Ah, ah…!”

Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que despertara de golpe, jadeando como un animal sacado del agua. Una presión pesada en su parte inferior y una oleada de placer electrizante lo sacudieron por completo. Bajó la vista, desorientado.

Allí estaba Yoon-kang. Desnudo, montado sobre él con las piernas abiertas.

Woo-hyun intentó procesar la situación con su cerebro entumecido, pero el placer era más rápido que la lógica. Con un sonido húmedo, Yoon-kang bajó las caderas y se tragó su pene por completo.

Woo-hyun apretó las sábanas con fuerza y llamó a su salvador, al único que su mente borracha reconocía en ese caos de sensaciones:

“Ah, hyung…. hyung…. ¡Ah!”

“Mm, ¡ah…! Woo-hyun, ah…. ¿te despertaste…?”

“¿Qué…. esto…. hyung! ¡Ah!”

Cada vez que Woo-hyun pronunciaba esa palabra, el interior de Yoon-kang se contraía espasmódicamente, apretándolo con fuerza. Yoon-kang soltaba gemidos agudos mientras su cuerpo temblaba sobre él.

Woo-hyun soltó las sábanas y buscó a ciegas hasta que sujetó las muñecas de Yoon-kang con fuerza. La luz de la lámpara de noche iluminaba la escena de forma pecaminosa. Yoon-kang estaba sentado encima de él, devorándolo a su antojo. A juzgar por la humedad entre sus muslos y el olor a sexo, no era la primera vez que llegaban al clímax mientras él dormía; su propio cuerpo parecía haber respondido mecánicamente durante su inconsciencia.

Sus miradas se cruzaron. Yoon-kang, con la cara roja y la respiración rota, intentó dedicarle una sonrisa angelical, como si no estuviera haciendo algo tan impúdico.

“Woo-hyun…. mm, llamame…. hyung, por favor….”

Esa petición encendió un fuego repentino en las entrañas de Woo-hyun. El deseo primario, libre de las cadenas de la razón por el alcohol, tomó el mando.

Woo-hyun llegó al orgasmo casi de inmediato. Su pene, enterrado profundamente, pulsó con violencia liberando su semilla dentro de Yoon-kang.

“¡Ah, sí, mm…! Ah, ah….”

Yoon-kang abrió la boca, aturdido, mientras sus piernas temblaban. Casi al mismo tiempo, él también eyaculó sobre el abdomen de Woo-hyun, alcanzando el clímax al sentir el calor llenándolo por dentro.

La imagen de Yoon-kang así, totalmente entregado y manchado, hizo que el pene de Woo-hyun se endureciera de nuevo al instante. Sus instintos tomaron el control total.

Woo-hyun empujó sus caderas hacia arriba con fuerza. El sonido de los fluidos chocando llenó la habitación.

“¡Ah, sí! ¡Más, más…!”

“Ah, hyung…. hyung….”

Woo-hyun lo llamó como él quería. En ese estado, el título le salía natural. ¿A quién más llamaría así? Yoon-kang era el único, su único hermano, su único dueño en ese momento.

Notó que Yoon-kang gemía con más fuerza cada vez que lo llamaba así. Woo-hyun sujetó las muñecas de su hyung contra la cama y empezó a embestir con ritmo constante.

Las muñecas de Yoon-kang temblaban. Su cabello, siempre tan peinado, estaba hecho un desastre, pegado a su frente por el sudor. Pero a él no parecía importarle nada más que sentir cómo el pene de Woo-hyun golpeaba el fondo de su cavidad con sonidos obscenos.

“¡Ah, sí! ¡Qué bien se siente…. Woo-hyun…!”

La velocidad aumentó. Los golpes contra la entrada de su cuello uterino hacían que Yoon-kang soltara saliva y sus piernas flaquearan. El líquido seminal blanco se desbordaba de su unión, manchando la base del pene de Woo-hyun y los muslos de ambos.

“¡Ah, hyung…!”

Woo-hyun estaba fuera de sí. Con cada embestida, veía cómo el pecho firme de Yoon-kang subía y bajaba. Sus pezones, agrandados por las constantes atenciones de Woo-hyun en los últimos días, se veían irresistibles. Sin poder contenerse, se incorporó y atrapó uno de ellos con la boca, succionando con fuerza.

“¡Ah!”

Pero al incorporarse, perdió el equilibrio y Yoon-kang terminó cayendo de espaldas sobre el colchón. Las posiciones se invirtieron en un segundo.

Yoon-kang, ahora con la espalda contra las sábanas, lo miró con los ojos muy abiertos antes de soltar una risa jadeante. Abrió las piernas de par en par, invitándolo a continuar. La vista del sexo empapado en fluidos hizo que Woo-hyun tragara saliva. La embriaguez y la lujuria lo estaban volviendo loco.

Se hundió de nuevo en él mientras volvía a atacar su pecho con la boca. Jugando con el pezón con la punta de la lengua mientras clavaba su pene hasta el fondo, los gemidos de su hyung se volvieron una música adictiva.

Las manos de Yoon-kang se perdieron en el cabello de Woo-hyun, acariciando su cabeza como si lo estuviera premiando. Woo-hyun lamió y mordisqueó el pecho firme, con ganas de dejar marcas permanentes, aunque se contenía para no lastimarlo demasiado.

“¡Ah, sí…. más…. Woo-hyun…!”

Ese nombre pronunciado con voz quebrada era todo lo que necesitaba oír. Los sonidos húmedos de sus cuerpos chocando rítmicamente eran lo único que se escuchaba en el cuarto. Woo-hyun restregó su cara contra el pecho de Yoon-kang, buscando su calor.

Cuando sintió que el orgasmo estaba cerca, las manos de Yoon-kang tiraron suavemente de su cabeza hacia arriba. Woo-hyun obedeció, confiando plenamente en él.

Al levantar la vista, se encontró con Yoon-kang ofreciéndole su lengua húmeda, con los ojos cargados de una súplica que Woo-hyun no pudo ignorar. Su corazón dio un vuelco.

Se lanzó a sus labios. Sus lenguas se encontraron y se entrelazaron en un baile sucio y desesperado. La saliva corría por sus mentones, pero Yoon-kang sonreía entre el beso, inmensamente feliz.

No se separaron durante mucho tiempo. Se devoraban las bocas como si quisieran recuperar todos los besos perdidos de los últimos años. Woo-hyun ya no solo se dejaba llevar, sino que imitaba los movimientos de Yoon-kang, explorando su boca con la misma intensidad. Sentir la mano de su hyung acariciándole el cabello mientras lo hacía era la mejor sensación del mundo.

Woo-hyun descargó su simiente dentro de Yoon-kang una y otra vez, repartiéndola por sus paredes internas con cada movimiento. La cama no dejaba de rechinar y los gemidos agudos no cesaban, pero sus labios seguían pegados.

Yoon-kang jadeaba buscando aire a través del beso, pero cada vez que Woo-hyun intentaba separarse para dejarlo respirar, él apretaba el agarre en su cabeza, negándose a soltarlo. Preferiría morir asfixiado antes que romper ese contacto.

Esa terquedad le pareció a Woo-hyun increíblemente tierna. Ver cómo prefería ahogarse con tal de seguir compartiendo saliva lo hizo sonreír internamente. Woo-hyun terminó rindiéndose y acunó la cara de su hyung entre sus manos, entregándose por completo al beso.

Era una sensación maravillosamente terrible. Sentir cómo Yoon-kang succionaba su lengua le provocaba escalofríos que recorrían toda su columna. '¿Por qué no hicimos esto antes?', pensó por un segundo antes de que el placer borrara cualquier rastro de lógica.

Se pegó a él, eliminando cualquier espacio entre sus cuerpos. La fricción aumentó y sus movimientos se volvieron frenéticos. Con cada golpe profundo contra su fondo, Yoon-kang se estremecía violentamente.

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“¡Mm, ah…. sí…!”

El pene manchado de blanco golpeaba el interior de su hyung rítmicamente. Las paredes internas, empapadas, parecían masticar su pene, pidiendo siempre más. 'Tan codicioso como él…. qué lindo', pensó Woo-hyun mientras seguía embistiendo.

Sus movimientos se volvieron casi violentos por la excitación. Tras unos golpes finales contra el fondo, Yoon-kang soltó un gemido agudo y sus piernas temblaron sin control. Había llegado al clímax, empapando el abdomen de ambos con su propia descarga.

“Ah…. hyung….”

Woo-hyun presionó la cabeza de su pene contra el fondo, sintiendo las contracciones del interior de Yoon-kang mientras él también liberaba su carga una vez más. Sintió cómo el cuello uterino de su hyung parecía succionar su simiente.

Incluso en ese momento, sus labios no se separaron. Yoon-kang seguía aferrado a su boca a pesar de la falta de aire, y Woo-hyun simplemente se dejó llevar, disfrutando de la calidez mutua hasta que, una vez más, la conciencia se le escapó entre las sombras del sueño y el alcohol.

* * *

“Ugh….”

Le estallaba la cabeza. Woo-hyun frunció el ceño y se llevó una mano a la sien. ¿Qué había pasado ayer? ¿Por qué le dolía tanto…? Mientras intentaba rastrear sus recuerdos, se dio cuenta de que se trataba de una resaca.

Soltó una risa seca y amarga. Una resaca. Era la primera vez en su vida que pasaba por algo así. Siempre había tenido una tolerancia alta al alcohol y, aunque bebiera algo fuerte, solía hacerlo despacio, disfrutando el sabor; jamás se había emborrachado hasta perder el control o la conciencia. Pero ayer….

“Ah, maldita sea….”

Intentó forzar la memoria, pero una puntada de dolor le recorrió el cráneo, arrancándole un insulto. ¿Qué recordaba? Recordaba haber cocinado con esmero y cenar con Yoon-kang. Después de eso, con la intención de aflojar los nervios, bebió como un loco hasta quedar completamente ebrio. El problema era que, a partir de ese punto, no había nada. Un vacío absoluto.

Emitió un quejido largo. Haber perdido el hilo de la noche…. Era una sensación desagradable. Abrió los ojos lentamente, luchando contra la punzada en las sienes, pensando que lo primero que debía hacer era buscar algún remedio para la resaca.

Lo primero que vio fue el techo familiar de su propia habitación. Parpadeó y se incorporó con lentitud, pero al mirar a su alrededor, se le cortó el aliento.

Mierda. No sabía qué demonios había hecho la noche anterior, pero la cama era un desastre. Había manchas secas de fluidos corporales esparcidas por las sábanas y el edredón de una forma caótica.

¿Había tenido sexo mientras estaba inconsciente por el alcohol? ¿Y de una forma tan salvaje? No recordar nada de eso le provocaba escalofríos. ¿Habré cometido alguna falta grave con Yoon-kang? Empezó a preocuparse de verdad.

Lo que aumentaba su ansiedad era que Yoon-kang no estaba a su lado. Woo-hyun se bajó de la cama sosteniéndose la cabeza; cada paso que daba le retumbaba en el cerebro. Se juró a sí mismo, con los dientes apretados, que nunca más volvería a beber de esa manera tan irresponsable.

Necesitaba encontrar a Yoon-kang. Él era el único testigo de lo que había ocurrido durante su laguna mental.

Justo cuando se acercaba a la puerta para salir, esta se abrió de par en par. Woo-hyun retrocedió sobresaltado. En el umbral estaba Yoon-kang, vestido con el pijama de Woo-hyun y sosteniendo una taza.

“Ah…. justo te despertaste. Buen día.”

Yoon-kang le dedicó una sonrisa radiante. Se lo veía mucho más fresco y animado que de costumbre. Al verlo así, Woo-hyun se relajó un poco; su aspecto sugería que, al menos, no se había mandado ninguna macana imperdonable.

“…Buen día.”

“Te preparé agua con miel…. Si ya estás levantado, ¿querés venir al living a tomarla?”

“Sí…. eso haré. Gracias.”

Woo-hyun siguió a Yoon-kang hasta el salón y se sentó en el sofá. Recibió la taza que él le tendía. No sabía cuándo había buscado la miel para prepararla, pero por ahora estaba agradecido.

Woo-hyun no añadió ninguna palabra y bebió a grandes tragos el agua con miel que Yoon-kang le había preparado. Debía de haberle puesto mucha miel porque estaba bastante dulce, pero gracias a que estaba caliente, era fácil de beber. Woo-hyun terminó el agua de un solo trago y dejó la taza vacía sobre la mesa ratona.

“Haaa…. Gracias.”

“¿Cómo te sentís? Parecía que tenías resaca porque estuviste gimiendo de dolor durante la madrugada.”

Yoon-kang preguntó con una sonrisa. Al pensar que Yoon-kang debió haber visto todo su estado lamentable mientras se quejaba, Woo-hyun se sintió un poco avergonzado.

“…Gracias a esto, estoy un poco mejor.”

“Me alegro entonces. Quedate descansando acá un poco. Por cierto, ya es hora del almuerzo…. ¿Estás para comer algo? ¿Cómo tenés el estómago? Mmm, ¿querés que pida una sopa de brotes de soja o algo para la resaca?”

“Ah…. Sí. Te lo agradecería mucho.”

Yoon-kang asintió con una sonrisa. Al verlo tomar su celular, Woo-hyun lo miró con un poco de duda.

“¿Vas a pedir por delivery?”

“Sí, eso pensaba. ¿Por qué?”

“¿Sabés cómo pedir?”

Ante esa pregunta, Yoon-kang soltó una pequeña risa.

“¿No me estás subestimando demasiado? Me tratás como a un niño rico que no sabe nada del mundo real.”

“No, no es eso…. Es que pensé que no tendrías necesidad de pedir por aplicaciones.”

“Es cierto, pero aun así las he usado un par de veces.”

Bueno, viendo la época en la que vivían…. Woo-hyun guardó silencio, un tanto apenado. Yoon-kang, que sostenía el celular mientras lo pensaba un momento, lanzó una pregunta.

“Entonces, ¿qué querés comer? ¿Sopa de brotes de soja?”

“Eh…. por ahora con eso estará bien.”

Tras ver a Yoon-kang asentir, Woo-hyun se hundió en el sofá. Un suspiro se le escapó solo. Al cerrar los ojos, el dolor de cabeza regresó y Woo-hyun gimió suavemente. No mucho después, escuchó la voz de Yoon-kang.

“Ya pedí. Parece que todavía no te sentís bien. Quedate recostado un rato, te aviso cuando llegue.”

“Gracias.”

Woo-hyun le respondió a Yoon-kang manteniendo los ojos cerrados. Yoon-kang, que estaba sentado un poco lejos, hizo un ruido de movimiento y pronto se trasladó al lugar de al lado. Al sentir su calor tan cerca, de alguna manera todo su cuerpo se tensó.

Es cierto, tengo que preguntarle qué pasó anoche.

Tras tragar saliva, Woo-hyun abrió los ojos lentamente. En cuanto los abrió, se sobresaltó por la escena que entró en su campo de visión. El rostro de Yoon-kang estaba más cerca de lo esperado. Cuando su aliento rozó su mejilla, su mente se puso en blanco y su corazón empezó a latir con fuerza. Yoon-kang, con una expresión de preocupación, examinó el semblante de Woo-hyun. Su mano cubrió cuidadosamente su frente.

“Mmm…. No parece que tengas fiebre.”

“…….”

“¿Querés que te prepare un poco más de agua con miel?”

Woo-hyun vaciló un momento y, tras pensarlo mucho, respondió.

“Te lo agradecería.”

Yoon-kang, con una suave sonrisa en los labios, desapareció hacia la cocina. Woo-hyun se quedó mirando el techo fijamente y, al recordar algo de repente, soltó un pequeño sonido de exclamación.

Había dicho que le preguntaría, pero se había quedado embobado con el rostro de Yoon-kang que se le acercó de golpe. Tenía que confesarle que se le había borrado la película y preguntarle si no había cometido algún error o qué había pasado. Viendo el humor actual de Yoon-kang, no parecía que Woo-hyun hubiera hecho nada malo en especial, pero por si las dudas.

Recién después de beberse el segundo vaso de agua con miel que Yoon-kang le trajo, Woo-hyun abrió la boca.

“Perdón. Debería ser yo quien te atienda como invitado….”

“Lo hago porque quiero, ¿por qué te disculpás? No te preocupes por eso.”

Dijo Yoon-kang con una sonrisa amable. Woo-hyun observó su expresión y sacó el tema principal.

“Pero, mmm…. esto es la primera vez que me pasa y yo también estoy desconcertado, pero desde que bebimos ayer… no recuerdo nada.”

La expresión de Yoon-kang se endureció levemente. Woo-hyun, sintiendo ansiedad, continuó con cuidado.

“Perdón. Se me borró la película. …¿Quizás no cometí algún error ayer?”

Yoon-kang examinó lentamente el rostro de Woo-hyun. Como si estuviera confirmando si sus palabras eran ciertas. Ante una atmósfera que de alguna manera se sentía inusual, el rostro de Woo-hyun también se endureció. ¿Será que realmente pasó algo ayer? Woo-hyun, que estaba preocupado, volvió a abrir la boca.

“¿Pasó algo ayer?”

“…….”

Yoon-kang no respondió de inmediato. En lugar de responder, recorrió cada detalle del rostro de Woo-hyun. Como si buscara algún rastro. Luego, abrió la boca lentamente.

“¿De verdad no recordás nada? ¿Hasta dónde recordás?”

“Eh…. hasta que estuvimos bebiendo mientras cenábamos.”

“…¿Y lo de comer la torta? ¿Eso tampoco lo recordás?”

“¿También comimos torta?”

Ante la pregunta de Woo-hyun, Yoon-kang se tensó aún más. Luego, soltó una risa irónica que sonó como un suspiro. Sobre su rostro, que hasta hace un momento era afable, la decepción se extendió rápidamente. Decepción, vacío, una sensación de pérdida como si hubiera extraviado algo. Esas cosas permanecieron en el rostro de Yoon-kang como una tormenta antes de marcharse. Yoon-kang se cubrió la boca con una mano y se la frotó. Como si intentara contener de alguna manera las emociones que sentía.

Tratando de compensar la atmósfera que se había vuelto pesada en un instante, Yoon-kang se esforzó por sonreír.

“…Realmente parece que no recordás nada.”

“¿Por qué? ¿Qué pasó?”

Woo-hyun le preguntó a Yoon-kang con un tono un tanto apurado. La reacción de Yoon-kang no era normal. Era evidente que algo había pasado mientras no recordaba. No parecía algo malo, pero…. al menos parecía ser algo que debía recordar. La actitud de Yoon-kang lo decía.

Sintió inquietud. Qué demonios pasó para que pusiera esa expresión de decepción.

“¿Qué fue lo que pasó, eh?”

Woo-hyun volvió a preguntar con una voz un tanto ansiosa. Sin embargo, Yoon-kang, que mientras tanto había recobrado la compostura, solo levantó las comisuras de los labios para sonreír. Sacudió la cabeza en silencio.

“No, si no te acordás, está bien. Solo…. comimos torta y tuvimos sexo. Eso es todo.”

En la verdad que dijo Yoon-kang había bastantes partes omitidas. Dentro de esa oración simple, se habían cercenado tanto el hecho de que compartieron besos intensos como el apelativo de hyung que había recuperado después de mucho tiempo. Sin embargo, Yoon-kang solo dijo eso.

“…¿En serio? ¿Eso es todo?”

Woo-hyun miró a Yoon-kang con una mirada en la que incluso se sentía desesperación. Preguntándole si realmente podía recordarlo así, si con eso le bastaba. Yoon-kang, al encontrarse con esos ojos, mostró su sonrisa habitual, suave pero un tanto sin fuerzas.

“Sí.”

“…Está bien.”

Tampoco podía seguir presionando a Yoon-kang si no le respondía. Era obvio que algo había pasado…. se sentía incómodo. Sentía que debía saber lo que ocurrió anoche, pero como el único testigo cerraba la boca, Woo-hyun no tenía forma de saberlo. No es como si hubiera cámaras de seguridad en la casa. Woo-hyun soltó un suspiro ligero. Y tras dudar, soltó una frase.

“Perdón por no acordarme.”

Yoon-kang soltó una pequeña risa ante esas palabras y sacudió la cabeza.

“Ya está. No pasa nada….”

En ese momento, sonó el timbre de la entrada. Yoon-kang presionó con fuerza el muslo de Woo-hyun y se levantó.

“Yo lo traigo, andá al comedor.”

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Y tras decir eso, se alejó con pasos largos. Woo-hyun miró su espalda aturdido y luego se levantó lentamente.

Tras poner los platos y cubiertos en la mesa y esperar, pronto Yoon-kang entró al comedor con una bolsa grande. Woo-hyun recibió la bolsa de las manos de Yoon-kang. Dejó la sopa de brotes de soja empaquetada sobre la mesa y la pasó con cuidado a los cuencos. Así, con un cuenco de sopa frente a cada uno, ambos comenzaron formalmente la comida.

“Gracias, voy a comer bien.”

“De nada. Comparado con lo que Woo-hyun preparó ayer, esto es pobre. Comé rápido para que se te pase el malestar.”

Woo-hyun tomó una cucharada del caldo caliente. Al entrar el caldo refrescante en su estómago revuelto, sintió que se aliviaba por completo. Recién ahora sentía que podía vivir un poco. Cuando Woo-hyun exhaló un suspiro corto sin darse cuenta, Yoon-kang rió suavemente.

Woo-hyun terminó lentamente la comida frente a él. Al principio pensó si algo llegaría a entrarle, pero al contrario, al llenarse el estómago, las náuseas se calmaron.

Recién después de devorar la comida con entusiasmo, Woo-hyun levantó la cabeza lentamente. Yoon-kang lo miraba fijamente, como si le resultara asombroso lo bien que comía. Al encontrarse con esa mirada, se sintió un poco avergonzado. Era porque sentía que solo había comido sin prestar atención a nada más. Aunque parecía que a Yoon-kang incluso ese aspecto suyo le resultaba tierno.

Yoon-kang, al confirmar que Woo-hyun había terminado, también dejó los cubiertos con una sonrisa. Sin embargo, a diferencia del de Woo-hyun, el cuenco de Yoon-kang solo estaba vacío por la mitad.

“¿No comés más?”

Preguntó Woo-hyun mirando a Yoon-kang que se levantaba. Viendo los rastros de anoche, el desgaste físico no debió ser poco…. ¿No debería comer más? Pero Yoon-kang solo respondió con una sonrisa radiante.

“Estoy bien. Quizás sea porque comí tan bien lo que Woo-hyun hizo ayer que no tengo mucha hambre.”

Woo-hyun no insistió más. Solo observaba de reojo la reacción de Yoon-kang. Después de que Woo-hyun se encargó de limpiar todo, ambos se sentaron de nuevo en el sofá del living.

Mientras apreciaban el paisaje nevado de afuera, ambos bebieron té y agua con miel respectivamente. Beber una bebida caliente mientras se miraba el paisaje invernal tenía su encanto.

A diferencia de lo que se esperaría de un lugar ubicado en pleno centro de la ciudad, el paisaje que se veía desde la casa de Woo-hyun combinaba adecuadamente la naturaleza y la ciudad. Justo enfrente había un parque enorme, por lo que no solo se podía ver una vista llena de árboles, sino que también se podía disfrutar simultáneamente del paisaje de los rascacielos que se elevaban detrás.

Quizás gracias a haber bebido varias tazas de agua con miel y haber calentado el estómago con la sopa caliente, la resaca ya había desaparecido. Woo-hyun observó a Yoon-kang de reojo. Yoon-kang parecía intentar que no se notara, pero desde que Woo-hyun confesó que no recordaba lo de anoche, parecía estar un tanto decaído. Yoon-kang, que jugueteaba con la taza mientras miraba el paisaje, notó tarde la mirada de Woo-hyun y lo miró a los ojos.

“¿Qué pasa?”

El rostro que preguntaba con una sonrisa parecía no mostrar ninguna alteración. Pero Woo-hyun lo sabía. Ese ‘rostro para el exterior’ con esa sonrisa impecable era precisamente la máscara que Yoon-kang usaba para ocultar sus sentimientos. Pero aun así, no es como si pudiera interrogar a Yoon-kang. La responsabilidad de haber olvidado todo y haberlo puesto de mal humor era suya.

Woo-hyun estaba experimentando una sensación extraña ahora. Ansioso, tenso, un poco arrepentido, pero al mismo tiempo sin saber qué hacer. Tras dudar mientras miraba el rostro de Yoon-kang, pronto abrió la boca. El deseo de animar a Yoon-kang de alguna manera prevaleció.

“…¿Hay algo que quieras hacer? O algún lugar al que quieras ir.”

“Mmm…. No sé. No se me ocurre nada en especial. Estoy bien solo estando así con Woo-hyun.”

“¿O algo que quieras comer? Si es algo que pueda hacer con los ingredientes que tengo, te lo preparo para la cena. O si no, podemos ir a hacer las compras juntos más tarde.”

“Jajaja, está bien. ¿No sobró lo que hiciste ayer? Creo que con eso sería suficiente.”

Yoon-kang soltó una risa ligera al ver a Woo-hyun inquieto. Ante esa risa, Woo-hyun se sintió un poco avergonzado. Pero afortunadamente, parecía que el verlo esforzarse por animarlo había suavizado un poco el corazón de Yoon-kang. Yoon-kang mostró una sonrisa mucho más natural que antes.

“De verdad estoy bien.”

“…Aun así.”

“Mmm, si tanto insistís….”

Yoon-kang habló tras pensar en algo por un momento.

“Entonces, ¿me mostrarías tu casa?”

Así que Woo-hyun le mostró a Yoon-kang cada rincón de la casa lentamente, como si estuviera recibiendo a un nuevo inquilino. Pensó que ya habría terminado de ver la casa mientras él dormía, pero parecía que su suposición había fallado. Yoon-kang estaba siendo más cuidadoso de lo que pensaba para no cruzar la línea. Esa actitud excesivamente cautelosa era extraña, pero por otro lado, le daba tranquilidad.

Tras pasar por la habitación de invitados, el baño, la sala de entrenamiento y el estudio con sala de computación, ahora solo quedaba el último espacio en el que Woo-hyun había puesto más esmero. Woo-hyun abrió lentamente la pesada puerta y dejó entrar a Yoon-kang.

“Este es mi taller.”

Yoon-kang soltó una exclamación mientras entraba. En el centro de la habitación había una mesa de madera tan grande que cabrían más de diez personas sentadas alrededor, y más allá había un ventanal enorme. A diferencia de la ventana del living donde se veía el parque junto con la ciudad, este lado mostraba principalmente el parque. La ventana tenía instaladas unas persianas blancas impecables, pero ahora estaban totalmente levantadas, por lo que la luz del sol entraba radiante.

En la pared izquierda había equipos mecánicos, incluyendo una impresora 3D y computadoras, y en la pared derecha había herramientas de todo tipo, incluyendo reglas largas, cúteres y lápices de colores. En la pared del lado de la puerta había estantes de hierro instalados, que estaban repletos de todo tipo de libros de diseño y arquitectura. Cerca de la ventana también había un sillón reclinable y una mesa auxiliar para descansar.

Los ojos de Yoon-kang recorrieron lentamente el interior del taller. Básicamente, al ser una casa diseñada con techos altos, las otras habitaciones también se sentían amplias, pero no tanto como este espacio.

“Es lindo. Los otros espacios también eran buenos, pero el taller es el más increíble.”

“Gracias.”

Respondió Woo-hyun en voz baja. Sobre los estantes también había adornos que Woo-hyun parecía haber coleccionado con esmero. Yoon-kang los recorrió rápidamente con la mirada y se acercó a la mesa. Sobre la amplia mesa había muchas cosas desparramadas. Cuadernos de bocetos, libros de referencia, portaminas, lapiceras, reglas….

Como si le diera vergüenza que Yoon-kang viera los rastros que no había llegado a ordenar, Woo-hyun se acercó y fue ordenando poco a poco las cosas desparramadas. Yoon-kang sujetó ligeramente la muñeca de ese Woo-hyun.

“No hace falta que ordenes. Si te molesta, no voy a mirar.”

“…Es solo que me da un poco de vergüenza.”

“Dicen que el escritorio de cualquiera que trabaje es el más desordenado. No tenés por qué avergonzarte.”

Ante el consuelo de Yoon-kang con voz suave, Woo-hyun dudó y luego retiró la mano. Yoon-kang movió sus pasos como para cumplir sus palabras. Estando ya frente a la ventana, dijo mientras miraba hacia afuera.

“Es lindo, el bosque se ve justo ahí.”

La mirada de Woo-hyun se posó en el perfil de Yoon-kang. Yoon-kang estaba mirando hacia afuera con una expresión pacífica. Woo-hyun recordó de repente el hecho de que a él le gustaba la naturaleza más de lo que pensaba. Pensándolo bien, cuando era niño, a Yoon-kang le gustaba especialmente ir a la villa en el bosque. También le gustaba correr por el césped o mirar el río o el mar. Quizás por eso también había disfrutado mucho el viaje a Norteamérica que hicieron juntos de niños, porque pudieron ver muchos paisajes naturales imponentes.

Como si el paisaje repleto de árboles fuera de su agrado, Yoon-kang miraba hacia el parque con una leve sonrisa. Al ver eso, se imaginó de alguna manera la oficina de Yoon-kang a la que nunca había ido.

Su oficina probablemente estaría en el piso más alto de uno de los edificios corporativos en medio de Seúl, rodeado de rascacielos. Para Yoon-kang, a quien le gusta la naturaleza, sería un espacio sumamente asfixiante. El único paisaje que se vería por las ventanas abiertas sería el de la ciudad desolada, y estaría rodeado de capas de personas destinadas a asistirlo y vigilarlo al mismo tiempo. Estaría lleno de cosas que no van con su temperamento de amante de la naturaleza.

Entonces sintió un poco de lástima por él. Al pensar que quizás su taller se parecía a la oficina ideal que Yoon-kang soñaba, Woo-hyun soltó estas palabras sin darse cuenta.

“Vení a trabajar acá de vez en cuando.”

Ante esas palabras, la cabeza de Yoon-kang se giró hacia Woo-hyun. Tenía una expresión de haber escuchado algo impensado. Woo-hyun continuó hablando mientras se tocaba la nuca innecesariamente. Woo-hyun se esforzó por poner una expresión como si nada, pero no pudo ocultar del todo la vergüenza que se filtraba.

“Si este lugar te gusta, los fines de semana…. cuando vengas a mi casa, trabajá acá.”

Eso no era meramente compartir el taller. Significaba que los encuentros que solo ocurrían en la casa de Yoon-kang ahora continuarían también en su propia casa. Significaba abrir su propio espacio, que siempre mantenía bajo llave, y también significaba darle a Yoon-kang la autoridad para entrar y salir de aquí en cualquier momento. Al captar el significado implícito, los ojos de Yoon-kang se abrieron de par en par. Pronto, Yoon-kang sonrió radiante.

“Gracias, Woo-hyun.”

Woo-hyun miró el rostro de Yoon-kang aturdido. Una sonrisa radiante florecía en el rostro de Yoon-kang. Woo-hyun, como quienes presencian la belleza, no pudo apartar la mirada de su rostro. Tun-tun, los latidos del corazón se extendieron lentamente desde lo más profundo del cuerpo hasta el último extremo.

Tras mirar el rostro de Yoon-kang por un largo rato, Woo-hyun se sobresaltó y giró la cabeza. El sonido de la risa de Yoon-kang que resonaba en sus oídos ya no era extraño.

* * *

Había pasado poco tiempo desde el fin de semana de Navidad cuando las vacaciones regresaron. Era el día para despedir el último momento del año y dar la bienvenida al comienzo de uno nuevo. Gracias a esto, Woo-hyun y Yoon-kang volvieron a encontrarse en casa de Woo-hyun después de apenas unos días. Aunque Woo-hyun pensaba que, por inercia, se verían en casa de Yoon-kang, este último le había pedido pasar el Año Nuevo en el hogar de Woo-hyun.

Como el último día del año no era feriado, Yoon-kang decidió ir tras terminar su trabajo en la oficina. Woo-hyun, naturalmente, preparó la cena para él. Solo después de llenar la mesa con cosas que a Yoon-kang le gustarían, junto con la bebida adecuada y el postre, pudo descansar un momento.

“Haaa….”

El pasado fin de semana, cuando coincidió la Navidad, algo parecía haber cambiado por completo a partir de ese día. Por supuesto, Woo-hyun ya venía transformándose poco a poco hacia una dirección favorable para Yoon-kang, pero hasta entonces se había esforzado por ignorar ese cambio en su interior. Al menos, no había definido sus sentimientos de forma explícita.

Sin embargo, a raíz de la Navidad, ya no pudo seguir evadiendo esa transformación. En el momento en que dejó entrar a Yoon-kang en su territorio, y en el instante en que sintió su belleza, Woo-hyun tuvo que admitirlo: el afecto hacia Yoon-kang había florecido por completo en su interior.

Al ser consciente de ese hecho, el corazón de Woo-hyun latió con fuerza durante todo el fin de semana que pasó con él. Empezó a ser cuidadoso al tocar la piel de Yoon-kang, algo que antes hacía sin pensar, y se encontraba prestando atención a cada una de sus reacciones sin darse cuenta.

Una vez que se rompió el dique que contenía el cauce del agua, ya no pudo detener ni contrarrestar el flujo. Woo-hyun no tuvo más remedio que observar cómo su corazón se inclinaba hacia él, deseando únicamente que Yoon-kang no notara este cambio monumental.

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Antes, podía afirmar con seguridad que odiaba a Yoon-kang. En los tiempos en que todo era tan claro, no había ninguna confusión. Pero ahora que la lujuria y el afecto se habían filtrado lentamente en un corazón donde solo existía el odio, ya no podía expresar sus sentimientos hacia él con una sola palabra.

Ya no podía decir con naturalidad que lo odiaba o que le desagradaba. Pero, al mismo tiempo, tampoco podía quererlo incondicionalmente sin ningún rencor. Quizás porque los años de odio fueron más largos que los de amor, el hecho de sentir afecto no significaba que el rechazo hubiera desaparecido por completo. Los residuos de los sentimientos negativos de la adolescencia eran más persistentes de lo esperado.

Por eso, Woo-hyun estaba aún más confundido. Hasta ahora, no había nadie que le hiciera sentir emociones tan complejas como Yoon-kang. Si alguien le preguntaba si alguien le caía bien o mal, Woo-hyun siempre podía responder con claridad. Podía haber matices, pero nunca le había resultado difícil distinguir entre lo que le gustaba y lo que no. Sin embargo, por primera vez, había aparecido alguien que se saltaba esa regla: Yoon-kang era la excepción.

Respecto a Yoon-kang, no podía llegar a una conclusión clara. Lo quería y lo odiaba a la vez. Sentía atracción y deseo por él, pero al mismo tiempo se sentía avergonzado de sí mismo por sentir eso. Cuando Yoon-kang sonreía, se alegraba secretamente por haber sido él quien lo hizo reír, pero al mismo tiempo quería arruinar esa sonrisa. Era un sentimiento que él mismo no lograba descifrar.

Por eso, Woo-hyun estaba ansioso. A medida que se acercaba la hora de llegada de Yoon-kang, sentía su corazón agitarse. Deseaba que llegara pronto y, a la vez, esperaba que su visita se retrasara un poco más. No tenía idea de cómo tratarlo; los nervios solo aumentaban momento a momento.

Woo-hyun miró lo que había preparado. La comida para Yoon-kang dispuesta pulcramente sobre la mesa. Lo que preparó sin pensar mucho, ahora le daba reparo mostrarlo al verlo servido. Era evidente que lo había preparado con todo su esmero para Yoon-kang. ¿Estaba bien ofrecérselo así? ¿No parecería demasiado servicial? En el momento en que pensó eso, sintió el impulso de dar vuelta la mesa. El deseo de darle lo mejor a Yoon-kang y el deseo de no permitirle nada de eso surgieron a la vez. Mientras esos dos pensamientos luchaban con fuerza en el corazón de Woo-hyun…

Sonó el timbre.

A través del resquicio de la puerta se veían las mejillas sonrojadas de Yoon-kang. Woo-hyun abrió la puerta sin decir nada y retrocedió para dejarlo entrar. En cuanto se cerró la puerta, Yoon-kang le dio un beso sonoro en los labios. Los ojos de Woo-hyun se agrandaron ante el contacto físico inesperado. Sin embargo, Yoon-kang sonrió con picardía, como si hubiera hecho algo natural, y habló con normalidad.

“Perdón por la demora. Como es el último día, tuve algunas cosas que terminar.”

“…No, está bien.”

“Me hace bien verte, Woo-hyun. Te extrañé.”

Woo-hyun giró la cabeza por la vergüenza. Con ese corto beso, la confusión que llenaba el interior de Woo-hyun desapareció en un instante.

Cuando Yoon-kang cruzó la entrada y entró por completo en la casa, su corazón volvió a latir con fuerza. Al mismo tiempo, los nervios le oprimieron el pecho. ¿De dónde venía esta tensión? ¿Recelo y ansiedad? ¿O tal vez un exceso de ilusión y nerviosismo? Quizás eran ambas cosas.

Woo-hyun fingió una expresión tranquila mientras recibía el abrigo de Yoon-kang. Mientras lo colgaba en el vestidor, su corazón latió sin remedio ante el perfume de Yoon-kang que emanaba de la prenda. No eran feromonas, era solo una fragancia artificial, pero era más intensa que cualquier feromona que hubiera olido antes. Probablemente porque él lo identificaba como ‘el aroma de Yoon-kang’.

Woo-hyun guio a Yoon-kang directamente al comedor. Allí estaba servida la última cena del año que Woo-hyun había preparado con tanto esmero. Yoon-kang sonrió con admiración.

“Guao…. ¿Cocinaste vos de nuevo?”

“No hice todo yo solo.”

“Pero igual, casi todo lo hizo Woo-hyun.”

Woo-hyun balbuceó una respuesta por la timidez. Yoon-kang lo miró con una sonrisa cálida. Al presenciar el afecto en sus ojos brillantes, Woo-hyun desvió la mirada rápidamente. Su corazón volvió a latir fuerte y sus orejas se pusieron rojas. ¿Cuándo podría recibir esa mirada con naturalidad? Por ahora, parecía algo muy lejano.

“Gracias, Woo-hyun. Voy a comer bien.”

Yoon-kang se sentó feliz. Woo-hyun también se sentó frente a él. Tras servirse vino y brindar ligeramente, comenzó la cena.

“Está rico, como siempre.”

Durante toda la comida, una sonrisa relajada colgaba de los labios de Yoon-kang. Woo-hyun movía los cubiertos mientras lo miraba de reojo. La cena con Yoon-kang, que antes era algo normal, hoy le resultaba increíblemente incómoda debido a lo mucho que le latía el corazón. Incluso llegó a preguntarse cómo antes podía sentarse frente a él y comer como si nada. Para escapar de los nervios, Woo-hyun buscó naturalmente la bebida.

Woo-hyun ya iba por su tercera copa de vino. Cuando volvió a tomar la botella para llenarla, Yoon-kang sujetó la mano de Woo-hyun con suavidad pero con firmeza. Ante el contacto repentino, Woo-hyun levantó la vista. Yoon-kang, manteniendo el contacto visual, le habló para calmarlo.

“Woo-hyun, tomá despacio. Vas muy rápido.”

“…Ah.”

“Es que me preocupa que se te vuelva a borrar la película como la otra vez.”

…¿Tan rápido estaba tomando? Woo-hyun asintió con un poco de desconcierto. Al mirar de reojo la copa de Yoon-kang, vio que él todavía no terminaba ni la primera copa que se había servido. Ante la mirada de Woo-hyun, Yoon-kang habló con voz preocupada.

“¿Estás bien? Me parece que desde la otra vez empezaste a tomar más rápido de golpe. A vos siempre te gustó tomar despacio. Por más que seas vos, si tomás así de rápido se te va a subir a la cabeza.”

“…Perdón. Sin darme cuenta.”

“No es para pedir perdón…. Solo que me preocupa. ¿No pasó nada malo, no?”

Woo-hyun no respondió a eso. Y en lugar de vaciar la copa de vino, vació el vaso de agua que estaba al lado.

“Cocinaste con tanto esfuerzo y no estás comiendo nada…. Si solo tomás es un desperdicio. Preparaste algo tan rico, ¿por qué no comés, eh?”

Dijo Yoon-kang como si estuviera apenado y le sirvió un poco de gratín en el plato de Woo-hyun. Woo-hyun miró fijamente la comida que le sirvió y empezó a comer. En cuanto Woo-hyun terminó lo que había en el plato, Yoon-kang le sirvió lasaña a continuación. Woo-hyun se la comió también sin decir palabra. Después de eso, le cortó un pedazo de bacalao y se lo puso. Al hacerlo, Yoon-kang soltó una risita.

“Si comés tan bien, ¿por qué estabas así? Solo tomando alcohol, te vas a arruinar el estómago.”

“…….”

“¿Solo comés si hyung te sirve? ¿Cuándo te volviste tan malcriado y tierno?”

Ante esas palabras, Woo-hyun se atragantó. Mientras Woo-hyun tomaba agua y tosía, los ojos negros de Yoon-kang lo miraban fijamente. Woo-hyun evitó la mirada y apenas pudo soltar una frase.

“…Voy a comer solo.”

“Sí. Si dejás de comer te voy a servir yo, así que fijate de comer bien por tu cuenta, Woo-hyun.”

Yoon-kang dijo eso con voz burlona mientras lo observaba. Si era Yoon-kang, seguro cumpliría lo que decía. Woo-hyun aguantó el impulso de bajarse un cajón de vino y apenas respondió que estaba bien.

Cuando Woo-hyun empezó a comer bien, Yoon-kang le sirvió un poquito de vino como si fuera un premio. Cuando Woo-hyun se lo tomó de un trago, Yoon-kang levantó una ceja, como si hubiera visto algo que no le gustaba.

El hecho de que la copa estuviera vacía no significaba que Yoon-kang la llenara constantemente. Yoon-kang controlaba la velocidad a la que llenaba la copa de Woo-hyun según lo que él consideraba adecuado. Se aseguraba de que Woo-hyun no tomara con el estómago vacío, ni demasiado rápido, ni en exceso. Gracias a eso, Woo-hyun no se emborrachó como la otra vez. En lugar de vino, Woo-hyun no paraba de tomar agua, ya que quería taparse la cara aunque fuera por los breves instantes en que levantaba el vaso para beber.

Lo bueno era que, a medida que avanzaba la cena, se fue adaptando poco a poco al tiempo a solas con Yoon-kang. Su corazón, que latía como loco, no recuperó la calma total, pero al menos el pulso se estabilizó un poco. Gracias a eso, podía responder sin alterarse cuando Yoon-kang le hablaba de vez en cuando.

Gracias al esfuerzo de Yoon-kang, Woo-hyun pudo terminar la cena sin emborracharse. Tras limpiar por completo la mesa llena de platos, Woo-hyun preparó el postre.

Sacó el sorbete de damasco que había hecho y lo sirvió con cuidado en un bol para helado. Al lado, también acompañó con una panacota casera. Cuando Woo-hyun apareció con el postre dispuesto en una bandeja, la mirada de Yoon-kang se dirigió a él.

“¿El postre también lo hiciste vos?”

“Sí.”

“Promete mucho.”

Yoon-kang miró su plato con una sonrisa. Tras probar el sorbete lentamente, sonrió de inmediato.

“Está rico, como esperaba. ¿Es damasco?”

“…Sí. ¿Cómo lo supiste? Normalmente la gente no lo saca de una.”

“Mmm…. ¿Será por haber seguido tanto a Woo-hyun?”

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Dijo Yoon-kang inclinando la cabeza con picardía. Woo-hyun no pudo evitar bajar la mirada y soltar una risita. Como si se hubiera dado cuenta de que su estado era diferente al habitual, Yoon-kang soltó bromas y chistes durante todo el día, como intentando relajar los nervios de Woo-hyun. Cada vez que notaba esa actitud, la tensión se aflojaba y, sin remedio, su corazón se derretía.

A partir de cierto momento, cada vez que estaba con Yoon-kang, la barrera de su corazón se debilitaba. Por eso, Woo-hyun se esforzaba por reforzar ese muro cada vez que estaba lejos de él, ya que el odio residual le susurraba que no podía dejar que esa barrera se cayera. Pero… cada vez que se daba cuenta de que Yoon-kang se preocupaba por él y trataba de adaptarse, el muro se derrumbaba irremediablemente, hasta un punto en que no podía repararlo por más que se esforzara mientras no estaba con él.

Después del postre, los dos se dirigieron al living en silencio, en lugar de andar pegados como otras veces, porque Yoon-kang dijo que quería celebrar con Woo-hyun el momento en que empezara el Año Nuevo.

Tras preparar algo para picar y vino en la mesa, se sentaron juntos en el sofá con una pequeña distancia entre ambos. Como el sofá estaba orientado hacia la ventana, solo con sentarse allí podían apreciar la vista nocturna que se extendía ante sus ojos. En el living, con la luz tenue, sonaba un jazz con mucho ambiente. Tanto Woo-hyun como Yoon-kang bebieron el vino y comieron el picoteo lentamente, sin decir mucho.

Cuando Yoon-kang dijo por primera vez que quería celebrar el Año Nuevo, a Woo-hyun le pareció bastante raro, ya que no pensó que Yoon-kang celebrara esas cosas. Como Woo-hyun tampoco era de los que celebran mucho, se quedó pensando un momento. ¿Qué se supone que hay que hacer para celebrar el Año Nuevo? ¿Había que prender la tele? Como la mayoría de la gente, la primera imagen que le venía a la mente al pensar en celebrar el Año Nuevo eran las campanadas de Bosingak. En la tele siempre pasan eso en vivo y hacen la cuenta regresiva. Woo-hyun también lo había visto alguna vez haciendo zapping.

Por eso, al escuchar que Yoon-kang quería celebrar el Año Nuevo, le preguntó discretamente: “Mmm…. pero en mi casa no hay tele, ¿qué hacemos?”. Yoon-kang soltó una carcajada al oír eso. Tras reírse un buen rato, Yoon-kang le dijo al desconcertado Woo-hyun que eso no era necesario, que solo quería pasar el momento en que empezaba el año tranquilamente entre los dos.

Así que, siguiendo el deseo de Yoon-kang, estaban pasando juntos el final del año, esperando el Año Nuevo que se acercaba. Como habían tomado algo incluso después de la cena y el postre, ya eran casi las diez cuando se sentaron en el sofá. Al principio se sentaron con algo de distancia, pero con el paso del tiempo, esa distancia se fue acortando cada vez más, hasta que en un momento quedaron pegados sin ningún espacio entre ellos.

Muy lentamente, Yoon-kang apoyó su cabeza en el hombro de Woo-hyun. Woo-hyun se estremeció al sentir el cabello de Yoon-kang haciéndole cosquillas cerca del cuello. Al mismo tiempo, la mano de Yoon-kang tomó suavemente la de Woo-hyun. Él jugaba con la mano de Woo-hyun con delicadeza, presionando la palma y acariciando suavemente los nudillos. Cada vez que Yoon-kang hacía eso, Woo-hyun contenía el aliento en silencio. Sin saber si la respiración de Woo-hyun temblaba o no, Yoon-kang solo seguía jugueteando con su mano.

Las conversaciones que se daban de vez en cuando se interrumpieron después de que él le tomó la mano. Woo-hyun sentía que su corazón iba a explotar por el calor que recorría desde su hombro derecho hasta el antebrazo y la mano. Su corazón, que se había calmado por un momento, volvió a agitarse. Woo-hyun simplemente se quedó quieto y aceptó el contacto afectuoso de Yoon-kang.

Ya eran las 11:55. Mientras miraba el reloj que estaba sobre la mesa, Yoon-kang habló.

“Woo-hyun.”

Era una voz baja. Ante el sonido de su nombre, Woo-hyun respondió lentamente, sintiéndose algo tenso.

“Sí.”

“Gracias por invitarme hoy.”

“…De nada.”

Lentamente, los dedos de Yoon-kang se entrelazaron con los de Woo-hyun. Woo-hyun tragó saliva y cerró el puño con la mano que tenía libre. Con los dedos entrelazados, los dedos de Yoon-kang tamborilearon suavemente sobre el dorso de la mano de Woo-hyun siguiendo un ritmo. Yoon-kang susurró con voz suave:

“Qué bien se siente.”

“…….”

“Se siente tan bien…. que desearía que el tiempo se detuviera así.”

“……."

“Jajaja…. Hacía mucho que no pedía un deseo tan tonto.”

Yoon-kang se rió para sus adentros, como si algo le hiciera gracia. Parecía estar un poco ebrio por haber seguido tomando incluso después de pasar al living. Woo-hyun se esforzó por concentrarse en la vista nocturna que tenía delante, para vencer el impulso de apoyar su mejilla sobre la cabeza de Yoon-kang o de acariciar su sedoso cabello. La música llenaba el espacio en silencio, sin que se sintiera pesado.

El reloj ya marcaba las 11:59. Woo-hyun, mientras seguía mirando por la ventana y a la vez era consciente del peso sobre su hombro, preguntó:

“¿Qué deseo vas a pedir para el Año Nuevo?”

Era una frase que sacaba a relucir recuerdos guardados de ambos. Cuando eran chicos, siempre se tomaban de la mano y cerraban los ojos para pedir un deseo juntos cuando llegaba el Año Nuevo. Por el dicho de que si decís el deseo no se cumple, lo mantenían en secreto a toda costa, pero aunque no lo escuchara, podía saberlo: ambos pedían deseos parecidos.

En aquel entonces, Woo-hyun siempre pedía casarse con Yoon-kang lo antes posible. El deseo de Año Nuevo de Woo-hyun siempre era el mismo que el de Navidad. Como eso era lo único que el pequeño Woo-hyun quería, su deseo nunca cambiaba. Probablemente Yoon-kang hacía lo mismo.

“Mmm”, Yoon-kang hizo un sonido como si lo estuviera pensando ante la pregunta de Woo-hyun. A través de las manos entrelazadas se sentían los latidos del corazón de cada uno. Woo-hyun también tenía que pensar qué deseo pedir, pero como toda su atención estaba en la respuesta de Yoon-kang, no tenía margen para pensar en otra cosa. Por eso, Woo-hyun se propuso algo: en lugar de elegir un deseo que ni siquiera sabía qué pedir, pediría en secreto el deseo que Yoon-kang dijera. Si el deseo no se cumple al decirlo en voz alta, entonces él lo pediría por Yoon-kang, que lo estaba diciendo.

En el momento en que el reloj marcó las 12, Yoon-kang susurró bajito:

“Desearía que este momento fuera eterno.”

El corazón de Woo-hyun dio un vuelco. Repitió la misma frase para sus adentros: que este momento fuera eterno. Tenía que pedir el deseo por Yoon-kang. Curiosamente, esa frase le resultaba familiar, como si él también hubiera pedido el mismo deseo alguna vez.

“Desearía que este momento fuera eterno….”

Dijo Yoon-kang con una voz aún más baja que antes. Ante esa voz que sonaba incluso desesperada, Woo-hyun tragó saliva. Hubo un breve silencio. Poco después, se escuchó una risita suave.

“Ya son las doce. Como dije el deseo, no se va a cumplir. Qué lástima.”

Como si la desesperación de antes fuera mentira, Yoon-kang habló con voz normal. Pero Woo-hyun podía saberlo: que esas palabras que él dejó pasar, ese deseo que dio por perdido, era lo que él realmente quería. Sin embargo, Yoon-kang siguió hablando de otra cosa, como si no quisiera que Woo-hyun leyera ninguna urgencia en él.

El peso sobre su hombro desapareció y el calor de su brazo se alejó. Woo-hyun miró a Yoon-kang, que se había distanciado un poco. Yoon-kang sonreía suavemente como siempre.

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“Feliz Año Nuevo.”

La voz baja resonó en los oídos de Woo-hyun. Woo-hyun le devolvió el saludo a Yoon-kang y añadió:

“Que tengas un buen comienzo de año.”

Al escuchar eso, Yoon-kang sonrió tanto que se le marcaron los hoyuelos.

“Sí, vos también. No pude pedir el deseo, pero como recibí el año con Woo-hyun, seguro este año voy a tener suerte.”

Woo-hyun miró ese rostro sin decir nada. Por alguna razón, ahora quería seguir mirando ese rostro que hace un rato le costaba mirar directamente. Woo-hyun no apartó la mirada de él hasta que la sonrisa de Yoon-kang se desvaneció. A través de las manos que aún seguían entrelazadas, se sentía el calor de ambos.

Yoon-kang se inclinó lentamente hacia Woo-hyun. Woo-hyun también acercó la cabeza tanto como él se aproximaba. En el momento en que el espacio entre los dos finalmente desapareció, sus labios se unieron suavemente. Su corazón latió con fuerza. Sin que nadie empezara primero, sus bocas se abrieron con naturalidad. Sintió escalofríos ante la sensación de las lenguas rozándose lentamente.

Era el primer beso estando sobrios, un primer beso que difícilmente olvidaría.

La luz que se filtraba por la ventana iluminaba tenuemente el perfil de ambos. En el interior oscuro donde flotaba el aroma del jazz y del vino, los dos mantuvieron sus labios unidos por un largo rato. Las lenguas se entrelazaron y se escuchó un suave sonido húmedo. A pesar de que no fue un beso muy profundo, a través de las manos entrelazadas podían sentir cómo el corazón del otro latía con fuerza.

Cuando los labios se separaron, Yoon-kang soltó una pequeña risa mientras apoyaba su frente contra la de Woo-hyun. Woo-hyun miró fijamente el rostro de Yoon-kang, que tenía los ojos cerrados con una sonrisa. Una escena memorable que decoraría la primera página de este año.

Tras contemplar el rostro de Yoon-kang por un largo rato, Woo-hyun volvió a cerrar los ojos. Tal como cuando hacían sus propias ceremonias de casamiento siendo muy chicos, cuando miraba a escondidas el rostro de Yoon-kang y volvía a cerrar los ojos.

Por fin, era el comienzo de un nuevo año.