04. El choque entre el cielo y el universo

 


04. El choque entre el cielo y el universo

El sonido del agua cortándose con rapidez llenaba todo el recinto. Desde diversos puntos, los gritos de ánimo se mezclaban en un solo eco. En medio de ese ruido que superaba cualquier límite, Tae-kyung permanecía en un estado de vacío, donde no escuchaba ni sentía nada.

Hasta que descubrió a Woo-joo, alguien que jamás pensó encontrar en ese lugar.

Ja.

De la boca de Tae-kyung escapó un sonido que no se sabía si era un lamento o un suspiro.

Aunque el inesperado reencuentro le resultaba grato, la situación no le gustaba en absoluto. Así que había un Alfa. Cerca de Shin Woo-joo.

“Woo-joo. Vamos a prepararnos para la siguiente carrera.”

“Sí, hyung.”

Una relación donde él llamaba a Woo-joo por su nombre con total naturalidad, y Woo-joo asentía como si fuera lo más lógico del mundo.

Aunque era una situación común entre compañeros de trabajo con jerarquía, Tae-kyung sintió que su humor empeoraba al ver las miradas y expresiones que intercambiaban. Más que simple envidia, sentía como si le hubieran volcado agua hirviendo encima.

No podía ser que, en este tiempo, Shin Woo-joo se hubiera convertido en alguien tan provocador que anduviera desnudándose frente a cualquiera.

Sin darse cuenta, apretó la mandíbula e inhaló profundamente. En el aire húmedo que apestaba a agua estancada, la tensión característica de la competencia llenó sus pulmones. El nerviosismo silencioso y el temblor de decenas de personas se transmitían desde dentro y fuera del agua hasta la zona de invitados.

Actualmente, Tae-kyung se encontraba en una provincia lejana para presenciar los Juegos Nacionales Juveniles que se celebran cada año, específicamente la disciplina de natación. Como era un lugar al que asistía anualmente, no le daba mayor importancia. Aunque brindaba patrocinio, no tenía un significado especial, pero tampoco le era tan indiferente como para ignorarlo.

Asistir siempre a estos juegos era el deseo de su difunto abuelo materno, el fundador del Grupo Won.

−En mis tiempos, bastaba con vivir con esfuerzo, pero hoy en día, aunque quieran esforzarse, no pueden. Solo estoy ayudando un poco y dándome el gusto.

El hábito de su abuelo nacía de la reflexión sobre sí mismo antes de fundar el Grupo Won.

Como él se consideraba a sí mismo más calculador y frío que nadie, Tae-kyung llegó a pensar que tal vez su abuelo intentaba asomarse a su lado humano de esta manera. Por supuesto, al haber criado a una hija a la que amaba con locura, quizás le dolía ver a niños que no tenían nada.

Por el contrario, su padre pensaba que, aunque el Grupo Won fuera patrocinador oficial de la federación, no había necesidad de ir personalmente a vigilar a los atletas juveniles y sus competencias. Decía que cuántos de esos niños llegarían realmente a ser seleccionados nacionales.

En otras palabras, su padre lo consideraba un desperdicio y un lujo. Le molestaba que el grupo gastara cientos de millones cada año en el pasatiempo de un anciano. Por supuesto, como no podía detener el patrocinio por una opinión personal, esa tarea recayó completamente en Tae-kyung.

Tae-kyung pensaba de forma más calculadora que su abuelo, pero más altruista que su padre. Los atletas adultos que reciben patrocinio oficial de la federación de natación suelen destacar desde los juegos juveniles, así que lo veía como una inversión.

Para que no fuera un desperdicio como decía su padre, solo tenía que elegir desde el principio a los talentos prometedores, vigilarlos de cerca y añadir cuidados profesionales para aumentar la probabilidad de que fueran seleccionados nacionales. Últimamente, esos resultados empezaban a notarse, por lo que no había sido una inversión fallida.

Ese corazón altruista que lo hacía parecer mejor persona que su padre no nacía del futuro de los atletas, sino simplemente del recuerdo de su abuelo materno. Porque el éxito de ellos era la alegría de su abuelo.

Si no fuera por eso, el cálculo altruista de Tae-kyung no existiría de ninguna forma. Tal vez escondería un método de cálculo mucho más atroz que el de su padre. Después de todo, incluso ahora, para Tae-kyung los atletas nacionales solo representaban publicidad para la imagen del grupo y modelos para la aerolínea.

Incluso los nadadores usan aviones cuando viajan al extranjero. Por supuesto, habrá quien use barcos, pero al menos nadie cruza el océano nadando.

Los atletas se convertían en anuncios andantes de Oneway, la aerolínea más representativa del Grupo Won. Incluso si no eran seleccionados, para quienes recibieron apoyo desde niños, Oneway quedaba grabado como la única opción. Como también contribuía a la imagen del grupo, no había razón para no hacerlo.

Por eso, Tae-kyung consideraba que apoyar a los atletas jóvenes era una inversión y una publicidad bastante buena. Gracias al patrocinio que continuaba desde la primera generación, la imagen de Oneway quedaría grabada en la cabeza de la gente y no desaparecería.

Personalmente, como era algo que continuaba desde que su abuelo vivía, no pasaba de ser un compromiso más en su agenda anual, cumplido por inercia. Era algo rutinario, ni bueno ni malo.

Por eso, encontrar aquí a Shin Woo-joo, con quien se separó tras pasar una sola noche, le resultó inesperado.

Woo-joo también habría venido para hacer su trabajo, pero precisamente por eso, sentía que alguna fuerza estaba actuando.

Como la Luna es atraída por la fuerza de gravedad de la Tierra, como aquella noche en que él descubrió a Woo-joo y Woo-joo nadó hacia él, hoy Tae-kyung y Woo-joo se volvían a encontrar debido a una fuerza invisible.

−Tsk. Es verdad que no tiene ninguna malicia.

Tae-kyung se frotó el labio inferior con la punta del dedo y lo observó durante un largo rato. A Woo-joo y al Alfa que andaba merodeando a su lado. Hacía tiempo que ya se había dado cuenta de lo ridículo que se veía actuando así.

Desde aquel momento en que, al ver el espacio vacío de Woo-joo al despertar, recordó el final del cuento donde la Sirenita desaparece convertida en espuma, supo que quería volver a verlo.

Pensó en él durante tanto tiempo que llegó a cansar a los que lo rodeaban, y por esa razón, también se sintió indignado con Woo-joo.

Aunque temía que Woo-joo se volviera pegajoso, al ver su ausencia sintió la boca seca. Le hormigueaban los dedos y su corazón latía rápido. Se apresuró a buscar cualquier rastro que Woo-joo hubiera podido dejar.

En cada rincón de la casa vacía, donde no había más ser vivo que él, el aroma a jabón que quedaba como si se hubiera derramado hacía que su pene ardiera.

Y aun así, Woo-joo no dejó ni un gramo de arrepentimiento. Era imposible no sentirse indignado con Woo-joo, quien se fue sin siquiera dejar un saludo.

Desde las feromonas que quedaron en la cama donde durmió y en la ropa que le prestó, hasta la cicatriz de quemadura en sus tobillos que parecían hechos para él; no, desde el momento en que pisó tierra firme tras nadar desnudo por el mar.

Todo lo relacionado con Woo-joo no salía de su cabeza. Varias veces al día, su pene aumentaba de volumen. Incluso mientras trabajaba en la oficina, en reuniones externas o durante las inspecciones en el aeropuerto, tenía erecciones frecuentes. La sangre se acumulaba tanto que no bajaba con facilidad, llegándole a provocar un dolor sordo.

Por supuesto, eso no significaba que pensara en buscar a Shin Woo-joo. Solo había sido alguien de una noche.

Con una sola palabra podría haber encontrado a Woo-joo fácilmente, pero no creía que deseara verlo hasta ese punto.

Después de todo, seguía yendo a trabajar como siempre; de hecho, manejaba más trabajo que de costumbre y no descuidaba asuntos triviales como darle su merecido al Omega que fue amante de su padre.

Aunque pensaba mucho en Shin Woo-joo, y además con frecuencia, se convencía de que no era que lo extrañara. Si alguien debía extrañar a alguien, ese debía ser Woo-joo, no él. Tenía que ser así, y pensaba que era lo natural.

Por eso se sentía indignado. Si se hubiera colgado de él de forma pegajosa, lo habría cortado sin piedad, pero si se trataba de alguien como Woo-joo, estaba dispuesto a aceptarlo hasta cierto punto. Como dio por sentado que sería así, también hubo algo de intención en sus palabras cuando lo despidió discretamente.

Sin embargo, le resultaba insolente que ni esa mañana, ni desde entonces hasta ahora, Woo-joo no hubiera mostrado ni el más mínimo esfuerzo por contactarlo primero.

Fue por eso.

Por lo que buscó a otros Omegas, especialmente a aquellos con cicatrices de quemaduras en los tobillos.

Era ridículo pensar tanto en él por una sola noche. Tanto que, si alguien lo escuchara, Joo Tae-kyung negaría rotundamente que algo así fuera posible.

Aun así, sintió el impulso de demostrarle a alguien, aunque no lo estuviera viendo, que no tenía por qué ser Shin Woo-joo.

Tal vez quería demostrárselo a sí mismo. Porque tuvo que negar varias veces que fuera posible que estuviera pensando solo en Shin Woo-joo.

Que el gran Joo Tae-kyung perdiera la cabeza por una noche pasada con un simple Omega era algo tan absurdo que hasta a él le daban ganas de reír.

Por lo tanto, que buscara a alguien que no fuera Shin Woo-joo era, más bien, algo natural.

Sin pensar ni por un momento que lo que era natural podría dejar de serlo.

Tae-kyung recordó los tobillos de Woo-joo mientras bebía. Exactamente, la cicatriz de quemadura que parecía el rastro de lo que habría sido una aleta caudal.

Ah. Realmente, fue lo mejor.

Aquel momento en que la sirena que nadaba por el mar caminó hacia él y le crecieron las piernas.

Fue la primera vez que descubrió que una cicatriz de quemadura podía ser tan atractiva. Se le hacía agua la boca y la sangre se acumulaba en su parte baja. Ante la sensación de pesadez y volumen, se pasó la lengua por los labios.

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Además, solo con imaginarlo, su pene se ponía duro como una roca. Solo con imaginarlo.

Como no le gustaba masturbarse a su edad, lo dejó estar, pero debido al deseo acumulado y a la excitación no resuelta, sus feromonas estaban desatadas. No podía andar exhibiéndolas como cualquier Alfa, así que tuvo que reprimirlas durante varios días.

Hoy también, fuera del reservado, hervían los Omegas ansiosos.

Era porque Tae-kyung llevaba varios días viniendo al bar sin disfrutar con nadie.

Él no permitía que nadie entrara al reservado excepto los Omegas que traía su jefe de secretaría. No le importaba qué clase de rumores corrieran, pero por eso había quienes, heridos en su orgullo, se le insinuaban con más fuerza que antes.

Toc, toc.

Se oyó un golpe en la puerta y luego esta se abrió con cuidado. El jefe de secretaría de Tae-kyung entró primero para abrir paso a la persona que traía.

−Lo he traído.

Incluso ante esas palabras, Tae-kyung bebió de su copa mientras observaba de arriba abajo a la persona que el secretario había traído. El intenso aroma a whisky llenó su boca.

−Los tobillos.

−¿Perdón?

−Que muestres las cicatrices de los tobillos. Secretario Yoon. ¿No le explicó por qué está aquí?

Tang.

La mano de Tae-kyung golpeó la mesa con fastidio. Antes de que el secretario pudiera intervenir, el hombre respondió casi gritando por la urgencia.

−¡Me los, me los subiré! ¡Solo tengo que subirlos un poco!

Bajo la pesada mirada de Tae-kyung, el hombre tragó saliva y se subió el bajo del pantalón. La tela de material rígido se detuvo justo bajo la pantorrilla, presionando la piel sin poder subir más.

−Tsk.

Al entrecerrar los ojos y chasquear la lengua, el hombre se sobresaltó y pronto, con manos temblorosas, desabrochó la hebilla de su pantalón. Acto seguido, se quitó cada prenda que llevaba puesta, una por una, hasta no dejar nada.

Tuduk. La última prenda cayó al suelo y el hombre agachó la cabeza avergonzado. De todos modos, no lo habían traído para verle la cara, así que no importaba.

−……Ja.

Un Omega con cicatrices de quemaduras en los tobillos.

Eran iguales, pero todo lo demás era diferente.

Ya debería admitirlo, pero no podía hacerlo. Porque pensaba que no tenía sentido.

Por qué él.

Por qué yo, por un tipo con el que disfruté una sola noche.

−Que se retire.

Tae-kyung agitó la mano con desdén. Si este no era, podía buscar a otro. Tenía que ser así.

Llevaba ya varios días deseando pero sin poder descargar la tensión, por lo que sus nervios estaban a flor de piel.

Pensó que bastaría con agarrar a cualquiera y correrse como antes, pero aunque se encontraba con Omegas con los que solía acostarse, no sentía ganas.

Debido al deseo sexual y a las feromonas no liberadas, sus nervios estaban tensos y se volvieron más afilados. Incluso en sueños deseaba los tobillos de Shin Woo-joo, y al despertar sentía la sed carnal de querer devorar los tobillos de Shin Woo-joo.

No.

No es Shin Woo-joo.

Es simplemente que mis gustos han cambiado.

Si he desarrollado un fetiche, basta con encontrar a la pareja adecuada.

Pensando que tal vez tenía un fetiche, eligió a propósito a personas que tuvieran quemaduras. Pero una vez que los tenía delante, en lugar de excitarse, ni siquiera quería seguir viéndolos y los despedía de inmediato.

En medio de eso, preguntándose si también le importaba la forma de la cicatriz, aprovechaba cualquier tiempo libre para buscar en su celular o tableta palabras como <cicatriz de quemadura>, <piel rugosa de quemadura>.

Deslizó los dedos por la pantalla mirando cientos de imágenes, pero no encontraba ninguna diferencia.

Eran todas más o menos lo mismo.

Lo único que le quedaba era la sensación de que en el mundo había muchísimas más cosas que ver aparte de este tipo de cicatrices.

Y aun así, el cuerpo desnudo y refinado que vio aquella noche y la piel rugosa de sus tobillos seguían desordenando su cabeza.

Tae-kyung estaba seguro de que pronto se olvidaría de alguien como Shin Woo-joo. Creía firmemente que para entonces sus gustos habrían vuelto a la normalidad.

Hasta que se dio cuenta de que, aunque Omegas bonitos entraran y se bajaran los pantalones para mostrarle sus cicatrices, no le llegaban ni a los talones al Shin Woo-joo de su imaginación.

−Entendido.

Cuando el ciclo de repetir lo mismo superó los dedos de una mano, el secretario de Tae-kyung dejó de cuestionarlo. Pensó que, si le seguía el juego en este nuevo entretenimiento, tarde o temprano se aburriría.

Al principio se desconcertó bastante.

Que le pidiera traer Omegas con cicatrices de quemaduras en los tobillos.

Era la primera vez que pedía acompañantes de cama con requisitos tan específicos, por lo que el secretario llegó a pensar que Tae-kyung había perdido un poco la cabeza tras la muerte de su padre.

−¿No hay más?

−¿Quiere que busque también en el extranjero?

−……Ja.

Tae-kyung echó la cabeza hacia atrás con el alcohol en la boca. Solo se arruinó el paladar.

−No me importa si es un Beta. Tampoco me importa si no es en el tobillo.

−Entonces creo que hay alguien a quien puedo llamar ahora mismo. ¿Lo traigo?

−Trae a todos los que puedas. Vamos a verlos de una vez.

El secretario salió del reservado con el celular en la oreja, pero Tae-kyung ya lo sabía. Que sin importar a cuántos trajeran, él seguiría igual que ahora.

No le importaba si era Omega o Beta. Daba igual dónde estuviera la cicatriz.

Él estaba en celo únicamente por Shin Woo-joo.

Tae-kyung soltó una risa amarga y bebió el alcohol a grandes tragos.

¿Cómo podría sentar a ese insolente de sirena frente a mí?

Al pensar en sentarlo entre sus piernas ahora mismo, su pene volvió a endurecerse. Era algo totalmente diferente a cuando el Omega estaba de pie desnudo hace un momento.

−Pobre Shin Woo-joo.

Qué mala suerte tuvo al caer en manos de una basura como yo.

Llegados a este punto, no había otra opción. No tendría más remedio que tenerlo a su lado hasta que se aburriera.

Dejarlo en una sola noche fue una elección por el bien de Woo-joo y de sí mismo, pero a estas alturas, no podía permitirse tener consideraciones con Shin Woo-joo. Aun así, como era lindo que lo hubiera puesto tan duro, pensaba envolverlo bien y persuadirlo con cuidado.

Bastaría con darle dinero o lo que fuera y decirle un par de veces que era lindo; entonces, como aquella noche, abriría las piernas avergonzado mientras sus suaves feromonas brotaban sin parar.

−Fuuu.

Tae-kyung presionó su entrepierna con la mano. Sería un desperdicio masturbarse así. Pensaba guardárselo todo para dárselo en la boca a Shin Woo-joo y clavárselo en su entrada para descargarlo todo dentro de ese cuerpo delgado.

Si era por ese día, hasta aguantarse le resultaba grato.

−Espero que no me haga esperar mucho y venga rápido, así sufrirá menos.

Incluso tuvo ese pensamiento misericordioso.

No pensó ni por un momento que Woo-joo nunca lo buscaría. Para Tae-kyung, eso era algo tan natural como que el agua fluye de arriba hacia abajo o que donde hay luz, hay oscuridad.

Por eso, Tae-kyung estaba convencido de que Woo-joo regresaría a aquel mar y a la villa para buscarlo. Aunque Woo-joo no lo sabía, él ya había dado permiso especial para que pudiera entrar incluso sin su presencia. Dio órdenes de que, si Woo-joo aparecía, no lo detuvieran, lo dejaran pasar y le avisaran de inmediato.

Era la primera vez en su vida que permitía a alguien entrar en su espacio personal, pero como Woo-joo había sido una excepción desde el día en que se conocieron, esto ni siquiera le parecía algo especial. Era apenas una 'buena voluntad' que le concedía.

Sin embargo, Woo-joo nunca volvió a ese lugar.

No era que lo extrañara, en absoluto. Solo que, cuanto más lo pensaba, más insolente y atrevido le parecía.

Como castigo, juró que el día que fuera a buscarlo no lo dejaría ir jamás. Al imaginar que se portaría un poco cruel con él bajo el pretexto de castigarlo, la comisura de sus labios se elevó involuntariamente. Solo pensarlo ya le resultaba bastante divertido.

Aun así, no dudaba ni por un momento que algún día lo buscaría. Después de todo, él era Joo Tae-kyung, del Grupo Won, el dueño del 'Cielo'.

Y ese mismo Shin Woo-joo estaba ahora frente a sus ojos como por obra del destino. Incluso, a diferencia de aquella vez, con un Alfa pegado a su lado.

−Ja.

Nuevamente, la sangre se acumulaba en su parte baja. Quizás por la naturaleza de la piscina, sentía que el aroma a jabón vibraba por todas partes. Y eso que, por las características del lugar, lo primero y lo más frecuente que debería oler era el aroma a agua estancada.

Al darse cuenta de su propio estado, soltó una risa seca. Comprendió que, al final, todo eran excusas.

Su cuerpo simplemente había reaccionado en el instante en que vio a Shin Woo-joo. Imaginó poner a Shin Woo-joo bajo su cuerpo como aquella noche, untar viscosamente su líquido preseminal y su semen sobre ese tobillo que tanto lo excitaba, y luego susurrarle al oído palabras sucias y difíciles de repetir mientras Woo-joo se moría de vergüenza.

Quería verlo revolcarse de forma desordenada hasta quedar cubierto de un olor lúbrico, y verlo sin saber qué hacer cuando él le dijera que, por culpa del olor a semen, ya no podría ni salir a la calle.

Definitivamente, él era un tipo con la personalidad podrida que solo fingía ser un caballero. Por lo tanto, decidir que debía poseer a Shin Woo-joo era algo tan inevitable como natural. No podía ser una elección más propia de él.

Fue el momento en que el deseo de Joo Tae-kyung, esa basura humana, comenzó a arder en silencio, haciendo crecer una brasa ardiente.

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* * *

“Nos volvemos a ver.”

Woo-joo parpadeó un par de veces. Le sorprendía haber encontrado a Tae-kyung de nuevo, y más aún que él lo saludara primero. De hecho, el saludo sonaba tan familiar que Woo-joo giró la cabeza para mirar a su alrededor, pensando que tal vez se dirigía a otra persona.

“Me dolería que fingieras que no me conoces.”

“…….”

A su alrededor, se escucharon murmullos de sorpresa. La gente contenía el aliento o se daban codazos los unos a los otros, armando un revuelo.

“Oye, ¿oíste? Parece que conoce al presidente. ¿Será un Omega?”

“¿No era él un exatleta? Quizás recibió algún patrocinio.”

“¿Qué exatleta? Si solo fue a unos mundiales juveniles cuando era niño. Seguro lo está confundiendo con alguien más.”

La gente definía la situación bajo sus propios juicios y etiquetas. Woo-joo sabía que así sería, por lo que no les dio importancia. Pensó que lo mejor era fingir demencia. Tal vez, como decían los demás, Tae-kyung lo estaba confundiendo con otra persona.

Sin decir una palabra, Woo-joo se dio la vuelta para retirarse. Deseaba fervientemente que su intento de huida pareciera natural y no una situación incómoda.

“Shin Woo-joo.”

“……¿Sí?”

“¿Tengo que llamarte por tu nombre para que me mires? ¿Estás protestando? ¿O estás resentido conmigo?”

El rostro de Woo-joo se tiñó de rojo en un instante. Aturdido, sus labios se movieron sin emitir sonido, y solo logró calmarse un poco al ver a Tae-kyung sonriéndole. Aquella risa ligera estaba cargada de una picardía que delataba sus ganas de molestarlo.

“Hola…… buenas tardes.”

“Como Woo-joo fingió no conocerme, no creo que mis tardes sean tan buenas. Siento que voy a llegar a casa a llorar.”

“…….”

Aunque sabía que Tae-kyung estaba bromeando, Woo-joo no encontraba la razón para tales bromas, así que no supo qué responder. No entendía por qué él le hacía ese tipo de chistes que solo se dan entre personas de mucha confianza.

“Buenas tardes.”

Ante la vacilación de Woo-joo, Soo-hyun, que observaba desde el costado, dio un paso al frente para saludar. Sin llegar a tocarlo, su postura era como si estuviera escondiendo a Woo-joo detrás de su espalda.

La mirada de Tae-kyung, que aún sonreía, se volvió más afilada. −¿Y este tipo qué?−

Estuvo a punto de ignorar el saludo de Soo-hyun a propósito, pero recordó que Woo-joo lo consideraba una persona amable y gentil, así que entrecerró los ojos ligeramente. Por instinto, pensó que si actuaba según su verdadero carácter, Woo-joo podría salir huyendo.

Woo-joo era débil ante las personas amables. Tae-kyung solo le había mostrado un poco de hipocresía sin importancia, pero el chico se conmovió por esa supuesta buena voluntad y se desnudó ante sus segundas intenciones. Como un dibujo en la arena borrado por las olas, Woo-joo perdió en un instante todas sus barreras ante una compasión que Tae-kyung había lanzado como quien da una limosna.

Por supuesto, así como es fácil hacer un dibujo nuevo sobre la arena, también sería fácil volver a trazar esas líneas de defensa si Woo-joo llegara a ver su lado menos amable.

“¿Es un conocido suyo, Woo-joo?”

Tae-kyung atrajo deliberadamente a la conversación a Woo-joo, quien parecía haberse quedado un paso atrás debido a Soo-hyun. Al escuchar su nombre, Woo-joo se sobresaltó y miró alternadamente a los dos hombres con nerviosismo.

Gracias a eso, Tae-kyung tuvo que forzar otra sonrisa. Le molestaba que Woo-joo estuviera pendiente de la reacción de alguien que no fuera él.

−Shin Woo-joo. ¿Cómo vas a lidiar con las consecuencias después? Me dan ganas de amarrarte el pene para que no vayas a ningún lado y lamerte hasta que tu entrada quede floja.−

“Es el supervisor Park Soo-hyun, con quien trabajo.”

“…….”

−Mierda.

Tae-kyung inhaló profundamente. En el instante en que se dio cuenta de que casi confunde la palabra 'supervisor' con 'amo' y malinterpreta la situación, sintió una sensación desagradable, como si la sangre de su cuerpo se drenara hacia el suelo.

Sin darse cuenta, cerró y abrió la mano con la que quería rodear el cuello de Woo-joo. Al mismo tiempo, sintió vívidamente cuánto había estado pensando en él y deseándolo.

Lo admitía.

Había extrañado a Shin Woo-joo.

Con un deseo más voraz que el de un perro en celo, quería acostar a Shin Woo-joo debajo de él y ensuciarlo de forma lujuriosa y desordenada. Al mismo tiempo, anhelaba a un Shin Woo-joo que se aferrara ciegamente solo a lo que él le daba, con un ansia que hacía que la punta de su pene erguido ardiera.

“¿Y mi presentación?”

“¿Eh?”

“Dijiste quién es la persona con la que trabajas. Tendrás curiosidad por saber quién soy yo, así que deberías presentarme.”

Woo-joo se mordió levemente el labio. Aunque quisiera presentarlo, no sabía nada de él, así que no podía hacerlo. Lo había visto sentado en la zona de invitados durante toda la competencia, pero lo único que sabía era su nombre: 'Joo Tae-kyung'.

Sabía que era un hombre amable con un mar inmenso y una villa preciosa frente a él, pero como no podía presentarlo así, las palabras se quedaron rondando en su boca sin tomar forma.

“Lo sabemos. Es el presidente de la empresa patrocinadora oficial de la federación, es imposible no saberlo.”

Antes de que Woo-joo pudiera decir algo, Soo-hyun se adelantó. En las pupilas negras de Woo-joo, que siempre solían estar en calma, empezaban a formarse ligeras ondas.

Soo-hyun se movió ligeramente de lado para tapar a Woo-joo de la vista de Tae-kyung. No es que Woo-joo fuera a dejar de ser visible, pero ese simple gesto fue suficiente para irritar a Tae-kyung.

“……¿Quién?”

En ese momento, Woo-joo lanzó una pequeña pregunta llena de desconcierto. Sintiéndose extrañamente sofocado por la falta de visibilidad, dio un paso largo hacia un lado. Inclinó la cabeza a la izquierda y a la derecha mirando alternadamente a Soo-hyun y a Tae-kyung. −¿Quién es qué?−

“Es el presidente del Grupo Won. ¿No se conocían?”

“…….”

Woo-joo parpadeó y se llevó una mano a la frente con un leve suspiro. Bueno, supuso que uno tendría que ser de ese nivel para tener una playa privada.

“A propósito no se lo dije a Woo-joo. Porque nosotros somos del tipo de relación que no necesita esas etiquetas.”

Tae-kyung actuó con descaro y pasó su brazo sobre el hombro de Woo-joo. Como si aún no asimilara la realidad, Woo-joo simplemente asintió ante las palabras y acciones de Tae-kyung. Seguramente asintió antes de que su cerebro terminara de procesar la información.

Ese gesto pareció un hábito formado tras una larga relación, así que Tae-kyung decidió perdonar un poquito al insolente Shin Woo-joo. En lugar de amarrarle el pene, se conformaría con hacerlo venirse hasta que quedara vacío.

Al tenerlo entre sus brazos, sintió como si surgiera una espuma blanca y suave. En la punta de sus dedos, en su boca y en lo más profundo de su vientre que bullía de deseo.

Al mismo tiempo, comprendió que, tarde o temprano, no habría podido resistir y habría terminado buscando a Woo-joo. Que solo se sentiría satisfecho si poseía a este único y especial Woo-joo.

“Lo siento.”

“¿Mmm? ¿Por qué?”

“Es que…… no lo sabía.”

Woo-joo se reprochó a sí mismo por estar tan distraído.

Si tuviera que excusarse, diría que cuando nadaba su situación no era tan precaria como para necesitar patrocinios, y tras dejar la natación, apenas tenía fuerzas para sobrevivir, por lo que no se interesaba en nada más.

Esta era su primera vez asistiendo a unos Juegos Nacionales por trabajo, así que no había forma de que reconociera a Tae-kyung como el dueño del Grupo Won, patrocinador oficial de la federación.

Si hubiera asistido aunque fuera una vez, por muy hambriento y con frío que estuviera aquel día, jamás se le habría ocurrido poner un pie en la villa de Tae-kyung.

“Está bien. Gracias a que nos conocimos ese día, nos hicimos amigos. ¿Verdad?”

“Puede ser, pero……. Si lo hubiera sabido, no habría ido.”

“¿Por qué?”

Woo-joo cerró la boca con fuerza. Decirlo solo sería mostrar una pizca de celos sucios. La persona que lo dejó en este estado estaba teniendo más éxito que nadie, y Oneway lo tenía como modelo.

Lee Ha-min. Él era el atleta nacional que siempre recibía el apoyo y las expectativas de la gente, y para Oneway, era un modelo valioso que generaba dinero. Tan importante que, desde que fue seleccionado nacional, nunca habían cambiado de modelo en mucho tiempo.

No había red social ni anuncio de Oneway donde no apareciera Lee Ha-min. Él no era un simple modelo publicitario, sino el rostro y el símbolo de Oneway.

“¿No me lo vas a decir?”

“……Simplemente creo que es lo correcto.”

Woo-joo soltó un pequeño suspiro. ¿Qué importaba la razón a estas alturas? No es como si su frustración fuera a aliviarse.

Por eso le desagradaba Oneway. No es que tuviera motivos para odiar a Tae-kyung, bueno, pensó que quizás sí podría llegar a odiarlo un poco. Es natural que uno termine odiando a quien se pone del lado de la persona que detestas.

“¿Soy el único que quería ver a Woo-joo?”

“Eso es……”

“Tú también querías verme. ¿Me equivoco?”

Al igual que aquel día, Tae-kyung jugaba con las palabras a su antojo. Ahora se daba cuenta de que la amabilidad y buena voluntad de aquel día sí eran segundas intenciones.

Él mismo se había apoyado en él pensando que era cálido, como los fósforos de la pequeña cerillera. Así que no podía culpar a nadie. Simplemente fue el resultado de actuar de una forma que no era propia de él.

El problema era que, tal como decía Tae-kyung, él también lo había extrañado. Cada día, cada hora, recordaba su mar, su villa, la calidez que le dio, sus feromonas... todo lo relacionado con él.

Aquella noche debió terminar siendo solo un fósforo quemado al día siguiente. Tae-kyung así lo quiso, y él tampoco deseó oponerse.

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Como lo único que se le había concedido fue esa noche, así lo aceptó.

Como nunca pensó que volverían a encontrarse, jamás imaginó que estaría aquí parado a su lado escuchando que él quería verlo.

Mentiría si dijera que no estaba confundido. No entendía por qué Tae-kyung actuaba así, ni tampoco sabía qué quería él mismo. Era cierto que lo extrañó, pero no podía asegurar si realmente deseaba volver a verlo.

Aun así, si él lo hubiera visto y hubiera fingido no conocerlo, aunque pensara que era lo lógico, seguramente su corazón se habría sentido herido y habría estado mal por varios días. Independientemente de la brisa primaveral, se habría quedado aferrado a sus tobillos que dolían por el frío lacerante.

“Vámonos, Woo-joo. Los niños deben estar esperando.”

Soo-hyun tomó de nuevo la muñeca de un Woo-joo que se había quedado ido. Solo de observar a esos dos, sintió que se le secaba la boca.

A veces, al mirar a Woo-joo, Soo-hyun sentía una sed intensa. Para otros, el chico solo parecía distraído, pero Soo-hyun sentía de vez en cuando que Woo-joo podría desaparecer sin dejar rastro en cualquier momento. Como la espuma del mar.

En esos momentos, sentía que solo sujetando con fuerza la existencia de Woo-joo podría saciar esa sed. Especialmente al ver a Woo-joo casi abrazado por el brazo de Tae-kyung, un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Debido a algo que subió por su garganta, terminó sujetando la muñeca de Woo-joo por puro instinto.

“Ah, sí.”

“Entonces, nos retiramos primero.”

Soo-hyun solo inclinó levemente la cabeza ante Tae-kyung y se dio la vuelta. La muñeca de Woo-joo en su mano le confirmaba con claridad que su existencia no se había desvanecido y que seguía allí.

Había un total de cinco niños de su gimnasio participando en la competencia. Sus padres los habían traído, así que no era necesario que ellos se encargaran de llevarlos a casa, pero era la excusa perfecta para abandonar ese lugar.

Por supuesto, no era solo una excusa. Tenían que felicitar a los niños que ganaron premios y a los que no, y darles ánimos para la próxima vez.

Ese era el plan, pero tras dar un par de pasos, Soo-hyun se detuvo. Aunque seguía sujetando la muñeca de Woo-joo, los pies de este no se movían del sitio. De nuevo, la boca de Soo-hyun se secó y su garganta empezó a agrietarse.

“¿No vienes?”

“No. Sí voy. Esto... Tae-kyung. Por favor, suélteme.”

Woo-joo miró a Tae-kyung. El brazo de él, que rodeaba sus hombros como protegiéndolo, lo sujetaba con tanta firmeza que no podía zafarse. Aunque intentó retorcerse, solo sintió más clara la fuerza de agarre en su hombro.

“Tae-kyung.”

“Dime.”

“Tiene que soltarme para que pueda irme.”

Woo-joo miró alternadamente la mano de Tae-kyung sobre su hombro y su rostro. Sin querer, su mirada se detuvo en las largas pestañas de él. Los ojos de Tae-kyung se curvaron y una sonrisa atractiva se dibujó en sus labios. De nuevo, sentía que la belleza de aquel hombre lo hechizaba.

“¿A dónde vas?”

“A casa.”

“¿A casa? ¿Dónde vives?”

“……¿Por qué?”

“Para llevarte.”

Woo-joo intentó apartar la mano de Tae-kyung y bajó la mirada hacia su propia muñeca, que se sentía pesada. Soo-hyun todavía lo sujetaba.

Tras reprimir un suspiro que quería escapar, soltó primero la mano de Soo-hyun. Luego intentó apartar la de Tae-kyung, pero estaba tan pegada como si tuviera pegamento y no daba señales de soltarse. El suspiro que había contenido terminó escapando de su boca.

“Mi casa queda lejos.”

“Sí. Mi casa también queda lejos de aquí.”

“¿Qué haría si yo viviera en el pueblo del fin del mundo?”

“No parece que vivas allí.”

“¿Cómo lo sabe usted... el presidente? No es el fin del mundo, pero queda lejos de aquí. Así que, por favor, suélteme.”

En cuanto Woo-joo terminó de hablar, una risa baja escapó de la boca de Tae-kyung.

−Presidente−.

Incluso se había tragado el nombre que le salía con naturalidad para corregirse y llamarlo por su cargo. Lo que hizo apenas reencontrarse fue tan tierno que a Tae-kyung le hirvió más la sangre.

Tenía ganas de encerrarlo ahora mismo en esa villa y follárselo hasta que gritara su nombre llorando y se aferrara a él. Como las olas borran en un instante las letras escritas en la arena, quería borrar de la cabeza de Woo-joo la palabra 'presidente' sin dejar rastro.

A Tae-kyung le sorprendía haber encontrado a alguien por quien sentir este nivel de obsesión. Cuanto más lo reconocía y aceptaba, más sed sentía. Al mismo tiempo, le agradaba su propio sentimiento y la comisura de sus labios se elevó.

Cerró y abrió ligeramente sus ojos curvados mientras contenía la risa. Aun así, su risa se filtró entre sus labios. No podía evitarlo. Sentía que incluso devorando a Shin Woo-joo en ese instante, no sería suficiente.

“Woo-joo vuelve a portarse de forma linda.”

“¿Eh?”

−Vuelve−. −De forma linda−.

Ante esas palabras, Woo-joo inclinó lentamente la cabeza hacia un lado. No entendía el contexto. El tiempo que había pasado con Tae-kyung hoy apenas era de unos breves minutos. No había hecho nada lindo ni había tenido tiempo de pensar en ello.

Además, eso de 'vuelve'. Eso significaba que ya se había portado de forma linda antes, pero por más que lo pensaba, lo único que hizo aquella noche fue beber y dejarse abrazar por él.

A Woo-joo, realmente, desde que se reencontró con Tae-kyung, le resultaba difícil entenderlo.

“El nombre del gimnasio está escrito en tu uniforme. El lugar donde vives es obvio.”

“……Ah.”

“Incluso he visto un par de veces al director de allí.”

Ante eso, Woo-joo miró fijamente la mano de Tae-kyung en su hombro. Y pensó en cómo podría apartarla.

Tal vez, se sentía resentido con el director, quien no se interesaba por su situación personal tanto como cuando era atleta. Al ver que incluso hacia Tae-kyung, quien decía conocer al director, brotaba un sentimiento de antipatía.

“Yo simplemente…… me iré con el supervisor.”

“Si me abandonas y te vas, me va a doler el corazón.”

“No va a pasar eso.”

“Está bien, entonces.”

Woo-joo tomó la mano de Tae-kyung y la apartó con todas sus fuerzas. La mano que parecía que estaría pegada para siempre se soltó con demasiada facilidad.

Mientras parpadeaba, sorprendido por lo poco que le costó, Tae-kyung levantó la barbilla de Woo-joo para que se miraran a los ojos. El negro universo dentro de sus pupilas se expandía y explotaba repetidamente.

A Tae-kyung le gustaban los ojos de Woo-joo, que no sabían qué hacer cada vez que lo miraba. Los ojos de Woo-joo eran mucho más honestos que su boca, que siempre se tragaba las palabras.

“A cambio, si te duele el corazón, vendrás conmigo. ¿Entendido?”

“……No va a hacerme daño a propósito, ¿verdad?”

“¿Parezco esa clase de persona?”

“No es eso, pero…… como dice esas cosas, me siento un poco……”

“¿Por qué no me miras así?”

“…….”

“Mírame bien. Porque yo también tengo curiosidad por saber hasta dónde soy capaz de llegar con tal de tener a Shin Woo-joo a mi lado.”

Dentro de sus pupilas, el negro universo de Woo-joo estalló en un resplandor deslumbrante. Eran unos ojos que solían fingir estar vacíos, pero que en realidad escondían miles, millones de estrellas.

Precisamente porque conocía la inmensidad de ese universo, Tae-kyung no podía evitar estar ansioso por ver el cosmos que había descubierto. Sabía que, si lo dejaba ir así, Woo-joo jamás lo buscaría primero a menos que él fuera tras él.

Por eso se mostraba ansioso y lo acorralaba. Quería sacudir el mundo de Woo-joo.

“Bueno, está bien. Por ahora, ¿qué tal si envío unas aletas de natación a la piscina donde trabajas? Empecemos con cien.”

“¿Eh? ¿Por qué eso?…… No. ¿Qué tienen que ver conmigo las aletas?”

Como tampoco podía portarse realmente mal, se conformó con molestarlo un poco. El inocente Woo-joo no tenía defensas contra las bromas y reaccionaba ante la mínima provocación.

Sin embargo, si detectaba aunque fuera una pizca de malicia, se daría cuenta de inmediato; por eso, aunque fuera travieso, no debía lastimarlo. Si lo hacía, Woo-joo levantaría una barrera sólida y huiría a un lugar donde no pudiera verlo.

Así que decidió mantener en secreto el método más propio de Joo Tae-kyung y el más sencillo que se le había ocurrido primero.

Aquellas ideas de cortar los cables de los frenos del auto en el que se iría Woo-joo, o provocar un choque para disfrazarlo de accidente, solo para que 'le doliera algo' de verdad.

“Si aun así dices que no, duplicaré la cantidad. Serán doscientas, y luego cuatrocientas.”

“¡Espere! Un momento. Ni siquiera caben tantas en la piscina. ¿Y por qué tienen que ser aletas?”

“¿No es perfecto? Es el sustituto para que no te duelan los pies al caminar.”

“Casi preferiría que me dolieran los pies.”

Ante la respuesta resignada de Woo-joo, Tae-kyung soltó una risa seca. Tiró del cuerpo de Woo-joo para pegarlo al suyo. Se inclinó para quedar a su altura y le susurró al oído con una voz que solo él podía escuchar:

“Es que, si te duelen los pies y cojeas, terminaré excitándome solo de verte los tobillos.”

Sorprendido, Woo-joo se estremeció e intentó empujarlo, pero Tae-kyung no retrocedió; al contrario, frotó sutilmente su entrepierna contra el cuerpo de Woo-joo.

Solo una noche. Woo-joo sintió que los recuerdos de aquel día se volvían nítidos y su cuerpo empezaba a calentarse. Cerró los ojos intentando sacudirse la sensación, pero eso solo hizo que el pene de Tae-kyung, tal como lo recordaba, se sintiera aún más real y presente.

“¿Aun así vas a dejarme solo? De todas formas, la competencia ya terminó y los niños regresarán con sus tutores. La persona que realmente te necesita no está allá, sino aquí.”

La sutil seducción de Tae-kyung sacudió a Woo-joo con demasiada facilidad. Un hombre que no envidiaba nada en el mundo decía que lo necesitaba. Incluso esa amenaza de maldecirlo para que le dolieran los pies le parecía tierna. Sintió ganas de tomar la mano de ese hombre que pensaba en aletas de natación en lugar de heridas reales.

No. Tal vez estuvo confundido desde el mismo instante en que se reencontraron. Porque la persona que él pensó que nunca vería, o que fingiría no conocerlo, lo había llamado primero.

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Aunque la competencia había terminado, todavía quedaba mucha gente. Incluso entre ellos, las miradas que se posaban sobre Tae-kyung eran innumerables, sin importar el sector.

Atletas y entrenadores que querían su patrocinio, grupos relacionados que buscaban ganar su favor, e incluso periodistas que, aprovechando la cobertura del evento, querían una entrevista con el representante de la empresa patrocinadora oficial.

A pesar de todo eso, a Tae-kyung no le importaba en absoluto y permanecía pegado a él, sin intención de alejarse. Como cada una de sus células estaba enfocada únicamente en Tae-kyung, Woo-joo no podía ignorarlo.

Eso significaba que, aunque Tae-kyung no intentara retenerlo a la fuerza, Woo-joo ya estaba otorgando un significado a cada momento y a cada acción frente a él.

“Shin Woo-joo. Vámonos.”

“Ah, sí.”

Solo volvió a la realidad tras escuchar la voz de Soo-hyun.

El lugar donde Tae-kyung estaba parado era el cielo, mientras que el lugar donde él apenas sobrevivía era la superficie del mar. Un sitio donde permanecía sumergido hasta casi morir asfixiado, luchando por salir a flote solo para respirar un poco.

“Woo-joo. Si me abandonas, de verdad voy a enviar las aletas.”

“Ya debo irme. Tae-kyung…… presidente, usted también regrese con cuidado.”

Woo-joo se apartó de Tae-kyung y se despidió con una respetuosa inclinación de cintura.

No podía ser, pero por un momento tuvo una ilusión. La amenaza de las aletas de ese hombre, que era mayor que él, le pareció tan graciosa que terminó riendo sin darse cuenta. Parecía que, al igual que aquel día, quería creer que él también era alguien capaz de ser amado por alguien.

Si él realmente lo hubiera deseado, lo habría buscado antes de este reencuentro casual.

Simplemente, al igual que aquel día, necesitaba a alguien con quien pasar la noche. Tal como aquella vez que empezaron como compañeros de copas por casualidad y terminaron en una aventura de una noche.

“Shin Woo-joo.”

“Fue un gusto verlo. Hasta luego.”

“¿Estás seguro de que no te arrepentirás?”

“¿Debería arrepentirme?”

“Parece que estás muy seguro.”

Ante las palabras de Tae-kyung, Woo-joo simplemente se dio la vuelta en silencio. En este mismo instante, Woo-joo volvía a ser la excepción que se alejaba de los pensamientos de Tae-kyung.

A partir de ahí, Woo-joo no miró atrás ni una sola vez. A veces asentía o negaba con la cabeza ante lo que decía Soo-hyun, pero nada más. Caminaba en silencio, sin hacer ruido, como si no hubiera dejado ni un rastro de arrepentimiento.

Tae-kyung permaneció inmóvil hasta que Woo-joo desapareció como una pizca de polvo frente a él. Sabía que no volvería, pero por eso mismo quiso observar su espalda hasta el final. Solo así su sangre ardiente herviría con más desesperación, haciéndolo ansiar aún más ir a atraparlo.

Definitivamente, por eso es Shin Woo-joo. Tenía un talento innato para convertirlo en la peor de las personas. Era diferente a cualquier otro y siempre superaba sus expectativas. Debido a la impaciencia, sintió como si pequeñas llamas chispearan en la punta de sus dedos.

Alrededor de Tae-kyung siempre había personas pegajosas, y él ya estaba harto de quitárselas de encima. Al principio esperó que Woo-joo fuera igual, y se desconcertó cuando, al reencontrarse, no fue así. El hecho de haber sido él quien saludó primero e intentó retenerlo a su lado ya era una novedad.

No se daba cuenta de que Shin Woo-joo, quien siempre terminaba siendo la excepción, lo estaba haciendo actuar de una forma que no era propia de él. Aunque no lo percibía en absoluto, desde el momento en que llamó a Woo-joo, quien intentaba irse fingiendo no conocerlo, Tae-kyung ya había comenzado su expansión como la estrella de Woo-joo.

Simplemente sentía interés y asombro ante el hecho de que hubiera alguien que rechazara su mano y lo dejara allí. Por supuesto, el deseo de posesión y la obsesión por no haberlo obtenido en ese instante también avivaron el fuego en su sangre.

Shin Woo-joo era suyo.

Era su propia sirena, la que él había descubierto.

No podía permitir que nadie más pusiera sus manos sobre él. Especialmente ese maldito Alfa que andaba merodeando a su lado.

Ante un gesto de Tae-kyung, el jefe de secretaría, que esperaba detrás, se acercó rápidamente. Era un asistente competente que cumplía cualquier instrucción, fuera grande o pequeña, difícil o no, sin cuestionar los motivos.

“Secretario Yoon. Averigüe sobre el Gimnasio Gyeong-jin. Desde el director hasta cada uno de los tipos que trabajan allí, sin excepción.”

“Sí, presidente.”

“Especialmente ese Alfa. Investigue a su familia, qué ha hecho, su pasado, todo.”

“Entendido.”

El secretario Yoon sacó de inmediato su celular y comenzó a hablar con alguien. Cuando Tae-kyung empezó a caminar, lo siguió manteniendo una distancia adecuada.

“Ah, y las aletas.”

“¿Las usará usted, presidente?”

“Si lo escuchaste, ¿para qué preguntas? Envíalas a Gyeong-jin. Con cuatrocientas será suficiente.”

“Como es una cantidad grande, suministrarlas de inmediato sería difícil……”

Las palabras del secretario, que acababa de terminar su llamada, se cortaron a la mitad. Fue porque la mirada de Tae-kyung, que se detuvo para observarlo, lo dejó sin aliento. Del rostro que Woo-joo había considerado puramente hermoso, emanaba un frío que congeló el ambiente en un instante.

“No, no es nada. Me encargaré de ello.”

“Evitemos molestias innecesarias. ¿Tengo que desperdiciar mi tiempo hasta para cambiar una pieza de repuesto?”

“Tendré cuidado.”

Solo entonces Tae-kyung retiró la mirada y reanudó su marcha. Al mismo tiempo, por un brevísimo instante, cruzó por su mente el arrepentimiento de no haberle roto el tobillo a Woo-joo, como habría sido propio de él.

Desde el principio, la cantidad de aletas no era lo importante. Menos mal que el secretario se dio cuenta de ese hecho, aunque fuera tarde. Despedir al secretario Yoon implicaría mucho trabajo posterior; toma tiempo encontrar a alguien que trabaje tan bien, y no es un puesto que se pueda dejar vacante tras un despido.

En cualquier caso, las aletas eran solo una pequeña piedra angular para sacudir a Woo-joo. No era un asunto para obsesionarse tontamente con la cantidad.

Eran la excusa para volver a poner un pie en el universo que había descubierto, y un simple pretexto para que las pupilas negras de Shin Woo-joo se dirigieran hacia él.

Así que eran solo unas simples aletas. El precio por no haberle provocado una herida real y por no haber destruido el gimnasio, reprimiendo por ahora su deseo.

Además, ofrecer las aletas también tenía la intención de negar que alguna vez hubiera tratado a Woo-joo solo como una aventura de una noche.

Por supuesto, confiaba en que Woo-joo entendería sus verdaderas intenciones. Porque, aunque fuera tan puro como para ignorar cómo funciona el mundo, era una sirena astuta capaz de leer muy bien a los demás y su entorno.

Si Woo-joo no podía ir hacia él, bastaba con arrastrarlo hacia donde él estaba.

Era la primera vez que disfrutaba de un reencuentro inesperado. Como ese primer encuentro era con Shin Woo-joo, Tae-kyung creía que era absolutamente perfecto.

* * *

Fue al día siguiente cuando Woo-joo volvió a encontrarse con Tae-kyung. En términos de tiempo, no habían pasado ni veinticuatro horas; un lapso extremadamente corto.

“Nos volvemos a ver.”

Era el mismo saludo que había escuchado de la misma persona apenas diez horas atrás.

Woo-joo solo inclinó levemente la cabeza ante el saludo de Tae-kyung. Fue una respuesta incómoda, propia de alguien que no sabía cómo situarse entre ser el presidente del Grupo Won o un simple compañero de copas de una noche.

Tae-kyung tomó la mano de Woo-joo, quien permanecía de pie torpemente junto a la puerta, y tiró de él. Esa mano, que no sabía qué hacer con su propia ansiedad, pareció aliviarse ante el toque de Tae-kyung y lo siguió con cautela. Gracias a eso, Tae-kyung tuvo que contener las ganas de reír.

Tras guiarlo y sentarlo en una de las sillas de la mesa de reuniones en un rincón de la oficina, Woo-joo finalmente dejó escapar un largo suspiro. Parecía no ser consciente de lo tenso que estaba; ni siquiera era capaz de apoyar la espalda en el respaldo.

−No baja la guardia, pero está consciente de mí−.

Tae-kyung no sabía si Woo-joo estaba nervioso por él como persona o por su cargo como representante del Grupo Won, pero pensó que no importaba. Había vuelto a encontrar a Shin Woo-joo y su mano estaba entre las suyas.

“Me alegra verte aquí.”

“Mandó las aletas para que viniera, ¿no?”

“Exacto. Y como Woo-joo está ahora frente a mí, siento que hice lo correcto.”

Woo-joo movió los labios para replicar, pero finalmente reemplazó sus palabras con un pequeño suspiro.

Tae-kyung le había advertido de antemano y simplemente había cumplido su palabra, así que no podía decir que no lo sabía. Lo único que Woo-joo no imaginó fue que él llegaría a actuar de esa forma solo por el motivo de querer verlo.

“Por favor, lléveselas de vuelta. Las aletas.”

Las aletas que envió Tae-kyung no cabían en la piscina, ni siquiera en el gimnasio. Se apilaron cerca de la entrada hasta que obstaculizaron el paso, momento en el que empezaron a invadir el estacionamiento, que no era muy amplio.

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Parecía que las había recolectado al azar, sin importar la marca, solo para cumplir con la cantidad. Era evidente al ver que los tamaños y las tallas eran de lo más variados, incluyendo algunas que ni siquiera se usaban comúnmente. Era una clara rabieta de Joo Tae-kyung dirigida a Shin Woo-joo.

Y después de eso, dejó amablemente el contacto de su secretario a través del director del gimnasio, añadiendo que, si Woo-joo venía a la empresa y llamaba al secretario, lo guiarían hasta su oficina.

Gracias a eso, el director comprendió de inmediato que debía enviar a Woo-joo con Tae-kyung antes de que las cuatrocientas aletas se convirtieran en miles. Era lo que Tae-kyung deseaba.

Por supuesto, fue una táctica basada en que, aunque Woo-joo pudiera ignorar las cuatrocientas aletas, el director no podría ignorar el mensaje de Tae-kyung.

“¿Por qué? Ya que las recibieron, pueden usarlas.”

“Sabe que son demasiadas. Es una piscina pequeña; sobrarían incluso si se las repartiéramos a todos los miembros.”

“Todavía no llegan ni a trescientas. Tal como prometí, el resto llegará entre hoy y mañana.”

“¿Promesa?”

“Cuatrocientas.”

Woo-joo abrió mucho los ojos. Mientras el desconcierto se reflejaba en su mirada, las palabras de Tae-kyung cruzaron por su mente. Solo ahora se daba cuenta de que aquello de que 'duplicaría la cantidad' no era una fanfarronería ni una mentira.

Aunque no pensaba que fuera un mentiroso, creyó que lo de las cuatrocientas unidades era solo algo que dijo para retenerlo. Incluso teniendo en cuenta que era un hombre tan travieso como para bromear con él desde que se conocieron en la playa.

“Eso…… eso no fue algo que prometimos.”

Woo-joo sacudió la cabeza apresuradamente. Por alguna razón, se sentía incluso indignado. Solo había sido una notificación unilateral de Tae-kyung; él ni siquiera había respondido.

“¿No tenías curiosidad por saber hasta dónde soy capaz de llegar?”

“Nunca dije eso.”

“Apenas estoy empezando, no te pongas así todavía.”

“¿Dice que esto ni siquiera es el comienzo?”

“Esto es, por así decirlo…… mmm.”

Tae-kyung eligió sus palabras por un momento y sonrió. Una palabra perfecta estalló como una burbuja de jabón.

“Una rabieta.”

“……¿Rabieta?”

“Sí. Una rabieta. Mi rabieta para que Woo-joo me preste un poco de atención.”

Woo-joo se mordió el labio con fuerza. No podía entender por qué Tae-kyung llegaba a tales extremos con él.

Solo después de un rato levantó la cabeza para mirar a su alrededor. Fue entonces cuando se dio cuenta de que Tae-kyung ya no estaba en el asiento principal, sino sentado a su lado. Sin querer, sus orejas se enrojecieron y se mordió el labio. La distancia física entre ellos se filtró de golpe en sus emociones. Se sintió confundido sobre si esto era lo correcto.

En el autobús de camino hacia aquí, Woo-joo buscó por primera vez el nombre de Tae-kyung. Junto a su nombre aparecían como búsquedas relacionadas el Grupo Won y Oneway, y en todos los artículos figuraba el apelativo de 'dueño del cielo'.

De repente, sintió que él estaba a una distancia inalcanzable. Parecía que, por mucho que estirara el cuello, apenas alcanzaría a ver sus pies desde allá arriba en las nubes. La miseria de su propia situación, calzando unas zapatillas con las suelas tan desgastadas que ya no cumplían su función, se hizo evidente ante sus ojos. Al mismo tiempo, sintió en su piel la existencia de un sistema de clases invisible.

Una vida como el bajo de un pantalón mojado por la lluvia en verano.

Justo así de pegajosa y húmeda era su vida actual.

Cuando estaba en el agua se sentía ligero y libre, pero al subir a tierra firme, se sentía pesado y agobiado como si llevara ropa empapada. Caía sin fin, siendo arrastrado hacia lo más profundo.

Aquella noche con él fue, en realidad, una realidad absurda. Normalmente, el simple hecho de respirar el mismo aire en el mismo lugar ni siquiera habría existido, por lo que pensó en lo especial y excepcional que había sido esa noche.

Aquello que él dijo sobre ser 'excepcional', en realidad, lo habría sido aunque no se tratara de él. Esa noche en sí ya era diferente a lo habitual para Tae-kyung.

No pudo evitar sentir una punzada de tristeza ante ese pensamiento. Aun así, pensó que no había nada que hacer. Él era alguien que pertenecía a un lugar completamente distinto. No debía dejar ni nostalgia ni arrepentimiento. Sería una falta de respeto hacia el hombre que, por primera vez en su vida, le hizo sentir calidez.

Por eso, durante todo el trayecto, se propuso ser cauteloso. Su plan era pedirle educadamente que quitara las aletas y regresar rápido a la piscina. No tenía la menor intención de quitarle mucho tiempo.

Sin embargo, fue el propio Tae-kyung quien se situó al lado de Woo-joo. Era la distancia que él había decidido, y estos detalles de Tae-kyung hacían que su corazón se agitara. Si se mordía el labio hasta sentir un dolor punzante, era para intentar ignorar ese sentimiento.

Más allá de sus hombros, el cielo azul que llenaba el ventanal era el lugar al que él pertenecía. La brecha entre ambos era tan cruda y evidente que Woo-joo sintió ganas de cerrar los ojos.

“……Presidente.”

“Llámame por mi nombre. No soy yo quien te paga el sueldo, Woo-joo.”

“…….”

“¿Qué? ¿No quieres llamarme así?”

−No es eso−. Woo-joo sacudió la cabeza lentamente. Era natural que el nombre que había pronunciado durante toda la noche le resultara más familiar que un título extraño que pensó que nunca usaría. Si no se cuidaba, el nombre de Tae-kyung salía disparado de su boca.

“Si no te desagrada, llámame por mi nombre. Ya no queda mucha gente que lo haga.”

Woo-joo vaciló un momento antes de hablar. Al oír que ya no había mucha gente que lo llamara por su nombre, recordó que hacía poco que él había pasado por un funeral. Un deseo repentino de ser él quien lo llamara por su nombre, si eso lo ayudaba, lo invadió por completo.

“Entonces…… Tae-kyung.”

En cuanto pronunció el nombre, la brecha entre un nombre que cualquiera podía gritar y un nombre que nadie se atrevía a pronunciar se estrechó en un instante.

¿En qué puesto estaría él entre esa 'poca gente'? ¿Acaso seguía siendo una excepción para él?

“Definitivamente. Se oye bien.”

Incluso la risa baja de Tae-kyung le provocaba cosquillas a Woo-joo. Le costaba controlar su corazón agitado, así que bajó la mirada. Ni siquiera le resultaba fácil sostenerle la vista. −¿Por qué él...?−

“Woo-joo.”

“Sí.”

“Si te llamo, tienes que decir algo.”

“Es que…… todavía no lo entiendo. Por qué el presidente, no, por qué Tae-kyung actúa así conmigo.”

Ante las palabras de Woo-joo, Tae-kyung se apoyó en el respaldo y lo observó en silencio. La cabeza de Woo-joo caía más y más hacia el suelo hasta que solo su coronilla quedó a la vista. No le gustaba eso.

“Woo-joo. Mírame.”

“…….”

“Shin Woo-joo.”

“…….”

Al ver que Woo-joo ni siquiera respondía, se impacientó sin querer.

−Solo quería tenerlo en mi mano primero−. Esto apenas empezaba, y para evitar que Woo-joo huyera, incluso había reprimido su temperamento y se había limitado a enviarle unos juguetitos. −Mierda. ¿Desde cuándo me preocupo yo por lo que piensen los demás?−

Aun así, no sentía que fuera un desperdicio. Al contrario, solo quería tener pronto a su lado a este Woo-joo que lo hacía actuar de una forma tan impropia de él.

Pero, ahora que lo tenía enfrente, Woo-joo ni siquiera lo miraba a los ojos y no respondía con facilidad aunque lo llamara.

¿Estaría pensando que no debió venir? ¿Se arrepentiría de haberse acostado con él?

Si pudiera ver dentro de esa cabecita, querría romperla. Woo-joo albergaba en su interior un universo que él ni siquiera podía imaginar. Sentía que se le secaba la sangre al no poder alcanzar el universo de Woo-joo.

“¡Ah!”

Tae-kyung extendió la mano y levantó la barbilla de Woo-joo. Al aplicar fuerza en su agarre, un pequeño grito de sorpresa escapó de los labios del chico. Aun así, no tenía la menor intención de soltarlo. Al contrario, acercó su rostro para obligar a Woo-joo a levantar los párpados y encontrarse con su mirada.

Solo después de ver que el mar negro de Woo-joo lo reflejaba, su irritación desapareció.

“Ya lo sabes. Sabes por qué hago esto.”

“No lo sé.”

“¿De verdad no lo sabes?”

“…….”

Sabía que Tae-kyung quería tenerlo a su lado. Pero no sabía qué quería hacer teniéndolo allí. Desde el principio, Tae-kyung había dejado claro que no habría un 'después'.

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“¿Acaso quiere que tengamos se-sexo?”

“Si solo fuera eso, te habría citado en un hotel, no aquí.”

“¿Entonces qué es lo que quiere hacer?”

“Shin Woo-joo.”

“Realmente…… no lo entiendo. No sé qué quiere hacer conmigo ni qué espera de mí, Tae-kyung.”

Woo-joo bajó la mirada y sacudió la cabeza. Su mente era un caos.

Para él, Tae-kyung representaba todas sus 'primeras veces' desde que se conocieron. Así como esa noche fue su primera vez, estar a esta distancia de alguien así también lo era. Para Woo-joo era imposible medir las intenciones de Tae-kyung. Ante esta situación que nunca había experimentado ni escuchado, las palabras que Woo-joo podía decir estaban contadas.

“Así que, por favor, dígame. Qué es lo que quiere de mí.”

“Es sencillo.”

“¿Qué es?”

“Que vengas cuando te llame.”

Tae-kyung soltó una risita. Movió lentamente la mano que sujetaba la barbilla de Woo-joo, deslizándola hacia su oreja y la línea del cuello. Al sentir la piel enrojecida y el pulso vibrando bajo la punta de sus dedos, se le secaron los labios.

−Solo tengo que tenerlo a mi lado−.

Hasta que él se aburriera y lo desechara, Shin Woo-joo era suyo.

“Si te digo que vayas, ve; si te digo que te desvistas, desvístete.”

“…….”

“Pásate el día pensando solo en mí y esperando solo mis llamadas. Ah, y sería mejor si dejaras de trabajar. No me gusta que trabajes casi desnudo.”

“Nunca he trabajado desnudo.”

“¿Basta con taparse el pene y el agujero? Déjalo ya. Me pone de mierda  increíble pensar que otros ven lo que ni yo puedo ver.”

En ese instante, por la mente de Tae-kyung pasó rápido el deseo de que Woo-joo nadara solo frente a él, solo para él. Fue un deseo más rápido que la razón, por lo que ni siquiera consideró decirlo en voz alta y dejó que se desvaneciera.

Fue entonces cuando Tae-kyung comprendió con claridad qué era lo que deseaba de Woo-joo.

−Deseo que Shin Woo-joo permanezca exactamente como estaba cuando lo descubrí−.

Como mi propia sirena, nadando solo en mi mar.

Como mi propia Seiren, emitiendo sonidos solo para mí.

“¿Acaso me está pidiendo que seamos novios?”

“Novios. Bueno, puedes pensarlo así. Siempre y cuando no me salgas con cosas como que me amas.”

Era ridículo, pero no le resultaba desagradable. Si Woo-joo lo deseaba, podía seguirle el juego tanto como quisiera. No es como si fuera a amarlo o a casarse con él, así que, técnicamente, no era algo difícil. Solo tenía que tenerlo a su lado hasta que se cansara y luego deshacerse de él limpiamente.

“Lo siento. No tengo intención de tener una relación.”

Justo cuando él se había decidido a concederle eso, lo que escuchó fue un rechazo. Para ser exactos, no era un rechazo real, sino el sonido de alguien fingiendo rechazarlo.

Una sonrisa amarga se dibujó en el rostro de Tae-kyung. Pensó que Woo-joo sería diferente, pero parecía que no.

Al final, todos son iguales. Así como él se convertía en una basura para cualquiera, ante el dinero siempre terminan surgiendo ambiciones. Incluso este Shin Woo-joo, que parecía tan desapegado y ajeno a los deseos materiales.

“Si quieres algo, dímelo. Debo darte lo que necesites para jugar a los novios.”

Ni siquiera Woo-joo era la excepción. De hecho, su método era tan idéntico al de las personas que se le habían acercado antes que le dieron ganas de reír. Pero, gracias a eso, pensó que sería fácil.

Aquella noche no había tenido que preocuparse por si le hacía daño o no. Como hizo con los demás, bastaba con aburrirse rápido y terminarlo fácilmente. No podía contener la risa al ver lo patético que fue al dudar de una forma tan impropia de él.

“No es nada de eso. Simplemente…… de verdad no tengo intención de tener una relación.”

“¿Ah, sí? Entonces, ¿cuánto quieres?”

“¿Qué?”

Creyó que era diferente a los demás, que solo Shin Woo-joo era la excepción. No se sintió indignado con Woo-joo por haberle hecho creer ese error; el problema era él mismo por haberlo pensado.

Supuso que, al estar solo en la villa de su madre tras el funeral, actuó de forma inusual sin darse cuenta, pero no pensaba culpar a Woo-joo por ello.

Sin embargo, tenía curiosidad. Cuánto dinero le pediría este Shin Woo-joo.

“Que cuánto dinero necesitas para que te den ganas de ser mi novio.”

“Eso…… suena como si me estuviera pidiendo que me venda.”

“Depende de cómo lo veas. Para que tu conciencia esté tranquila, puedes pensar que es un regalo de tu pareja. No serías el primero en recibir dinero como regalo de mi parte.”

Las cejas de Woo-joo temblaron levemente. Gracias a eso, Tae-kyung se convenció de que su elección era la correcta. Si ese era el precio para ser el único en ver algo así, no le importaría pagar lo que fuera.

“……Voy a rechazarlo. Adiós.”

“¿Por qué no quieres? Si lo deseas, puedo comprarte incluso ese Gimnasio Gyeong-jin.”

Tae-kyung sujetó el brazo de Woo-joo, quien intentaba marcharse tras despedirse rápidamente. El rostro de Woo-joo, al girarse lentamente, tenía una expresión tan afligida que parecía que iba a romper a llorar en cualquier momento.

Las lágrimas acumuladas, los ojos enrojecidos, los labios apretados para contener el llanto y el leve temblor de los músculos faciales; todo quedó grabado en la vista de Tae-kyung.

“Parece que me equivoqué de persona. Si hubiera sabido que el presidente era esta clase de hombre, aquel día también……. Ja.”

Woo-joo no pudo terminar la frase y la reemplazó con un suspiro. La sonrisa también empezó a desaparecer del rostro de Tae-kyung.

“Dijimos que nos llamaríamos por el nombre”.

“……No quiero. De ahora en adelante, yo tampoco seré una excepción, seré simplemente uno más entre la multitud”.

De pronto, Tae-kyung sintió que ese vasto universo se le escapaba entre los dedos como arena. Su corazón dio un vuelco. Una ansiedad extraña e inexplicable cayó sobre su cabeza como una catarata, y sintió que la sangre que recorría su cuerpo se drenaba por completo hacia sus pies.

¡Bang!

“¡Ugh!”

La impaciencia hizo que sus manos se movieran primero. El acto de agarrar a Woo-joo y tumbarlo sobre la mesa fue más un impulso inconsciente que algo calculado. Un movimiento cargado de hábito.

“Shin Woo-joo”.

Woo-joo dejó escapar un quejido bajo mientras su cuerpo delgado se agitaba. El dolor sordo tras golpearse la parte posterior de la cabeza persistió más de lo esperado, atormentándolo. Tae-kyung sujetó ambas muñecas de Woo-joo con una mano por encima de su cabeza, mientras con la otra recorría lentamente su cuerpo, soltando un aliento caliente.

“Fuiste la primera persona con la que pensé que no quería ser violento”.

“Ja. ¿También va a decir que esto es una rabieta?”

“¿Me dejas verlo así?”

“……No”.

Woo-joo sacudió la cabeza mientras se mordía el labio con fuerza. Podía soportar el dolor físico. Sin embargo, la vista del techo desconocido frente a él lo hacía sentir aún más miserable. No estaba solo, pero se sentía solo y desolado. Nadie lo reconocía.

Incluso el hecho de que fuera Tae-kyung quien le hiciera sentir esta soledad lo hería más. Debido a que había creído que era un hombre cálido, la soledad que él le provocaba se sentía más grande que nunca.

“Hubiera sido mejor que simplemente fingiera no conocerme. Así no me arrepentiría de aquel día”.

“Ja. ¿Te arrepientes de haberte entregado a mí?”

Woo-joo respondió sacudiendo la cabeza.

“No. Me arrepiento de haber entrado en ese mar”.

Una risa seca escapó finalmente de la boca de Tae-kyung. Al enfrentarse a un Woo-joo que quería negar todo lo relacionado con él, la ansiedad que lo desbordaba comenzó a calmarse gradualmente.

Para querer negarlo todo, significaba que Shin Woo-joo había aceptado todo de Joo Tae-kyung. Sin importar el trasfondo o la posición de Tae-kyung, si se trataba de él, Woo-joo lo aceptaba.

Por eso mismo, no podía entender a Woo-joo. Poseía una fortuna que nadie podía siquiera imaginar. No solo en el país, sino también en el extranjero, era raro encontrar a alguien que no conociera al Grupo Won y a Joo Tae-kyung. Habiendo aceptado a ese Joo Tae-kyung, ¿por qué entonces?

“¿El problema es que te ofrezca dinero?”

“Sabe que no es eso”.

“¿Entonces qué? Solo cambia el tamaño del regalo que recibe una pareja. Te doy lo que otros no pueden darte porque yo sí puedo, ¿cuál es el problema? Ah. ¿Es porque no hay amor? Entonces lo haré. ¿Quieres que diga que te amo, que me arrodille frente a otros y me confiese? ¿Eso le daría más valor al regalo que te doy?”

Tae-kyung lo acorraló con sarcasmo. Fue tan crudo como absurdo le resultaba.

“Me trató como a un oportunista. A mí”.

“……”.

Tae-kyung se quedó mirando a Woo-joo, olvidando incluso respirar. La impaciencia que bullía se detuvo en seco, como si el tiempo se hubiera congelado.

“La persona que vi aquel día era traviesa, pero amable. Por eso estaba bien aunque no volviéramos a vernos. Ni siquiera me atreví a pensar en querer verlo de nuevo. Solo con eso, yo…… estaba bien”.

Woo-joo apretó los puños y se mordió el labio inferior con fuerza. Sabía que, aunque intentara empujarlo, no podría contra su fuerza, así que no hizo nada.

De todos modos, él no podía hacer nada contra Tae-kyung. No tenía fuerza, ni dinero, ni poder. Hasta que Tae-kyung decidiera soltarlo, tendría que quedarse así, atrapado.

Así que simplemente aguantó. Aunque sentía cierto rencor y odio hacia Tae-kyung, estaba demasiado cansado para hacer algo más. Su voluntad para enfrentarse a alguien se había agotado hacía mucho tiempo.

“Quien rompió las reglas…… fue el presidente”.

Ante esas palabras añadidas en voz baja, Tae-kyung soltó un gran suspiro. Dejó caer su cuerpo sobre el de Woo-joo, apoyando su cabeza al lado de la suya. Una vibración se extendió junto con un impacto sordo.

“Woo-joo”.

“Así que, no importa lo que quiera de mí, no lo haga. No pienso recibir nada”.

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Woo-joo tensó el cuerpo y apenas pudo articular las palabras. Tenía que evitar que esa sensación desconocida y vívida se extendiera por todo su ser.

La voz baja que le acariciaba el oído despertaba sus células de forma casi instintiva. Antes de que los recuerdos de aquella noche llegaran a su mente, su cuerpo reaccionó primero. Esa noche, Tae-kyung había pegado su boca a su oído de la misma forma, gimiendo su nombre una y otra vez.

“Lo siento, Woo-joo. Te pido perdón”.

“……”.

“Fui…… demasiado estrecho de miras. Sabía que Woo-joo era diferente, pero pensé que eras igual que los demás”.

La voz cargada de autorreproche de Tae-kyung aterrizó en su oído. Su aliento acariciaba el vello fino de su piel y su cabello. De repente, Woo-joo pensó que el lugar que ocupaba aquel hombre también debía de ser solitario.

Un puesto que todos envidiaban. Siempre rodeado de gente, pero seguramente personas que siempre esperaban algo o calculaban sus movimientos. El dinero, para bien o para mal, siempre atrae a la gente.

“Presidente”.

“'Tae-kyung'. Di mi nombre. Porque para mí, Woo-joo es alguien único”.

“……Tae-kyung”.

“Sí. Definitivamente. Se siente bien cuando Woo-joo me llama”.

Woo-joo giró la cabeza y soltó una tos falsa. La punta de sus orejas estaba ligeramente roja. Por esto terminaba teniendo esperanzas sin querer. Pensando que él era diferente a los demás. Un hombre cálido y amable.

“No me deja ni siquiera odiarlo”.

“Si fuera otro no lo sé, pero Woo-joo nunca podría odiarme”.

Incapaz de negarlo, Woo-joo se removió, y el gran cuerpo de Tae-kyung lo cubrió como una ola. Intentó zafarse gimiendo un poco, pero Tae-kyung soltó un largo suspiro y apretó con más fuerza el brazo con el que lo rodeaba.

Woo-joo, al leer alivio en ese aliento, se tragó su propio suspiro. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que realmente quería creer en Joo Tae-kyung.

“Yo…… aun así, no puedo tener una relación”.

“¿No puedes? ¿No es que no quieres?”

“No tengo tiempo para eso”.

“¿No tienes tiempo ni para acostarte conmigo?”

“No”.

Woo-joo soltó una pequeña risa. Tan crudo y directo, muy propio de Tae-kyung. Para ser un heredero de tercera generación, no intentaba dárselas de importante, ni tampoco lo ignoraba o despreciaba. Simplemente mostraba su deseo hacia él tal cual, como el primer día que se conocieron. Era muy diferente a los 'tipos con dinero' que había conocido antes.

“Ja. No debí dejarte ir. Debería haberte encerrado en la villa de mi madre, nadie se habría enterado”.

“No puede. Tengo que ganar dinero”.

“Tengo más que suficiente para mantener a Shin Woo-joo toda la vida. ¿Qué tan incompetente crees que soy?”

“No es eso…… es que tengo que trabajar para pagar las deudas y poder encontrar a mi padre”.

Tae-kyung frunció el ceño ligeramente. Ahora que lo pensaba, Woo-joo ya había mencionado algo así aquel día. Que había ido a buscar a su padre.

Chasqueó la lengua mentalmente, pensando que debía ordenar una nueva investigación. Se había centrado tanto en el Alfa que merodeaba a Woo-joo que solo pidió investigar a los empleados del gimnasio, y aún no le habían entregado un informe detallado sobre el pasado de Woo-joo.

Lo poco que decía el informe era que, tras la muerte de su madre, su padre se había marchado de casa y Woo-joo estaba pagando sus deudas, y que los prestamistas a veces iban al gimnasio a causar problemas, poniéndolo en una situación difícil.

“No hay de otra. Quien tiene el interés es quien debe insistir”.

Tae-kyung se incorporó lentamente. Cuando Woo-joo intentó levantarse también, Tae-kyung se adelantó y lo cargó de un tirón para sentarlo sobre sus piernas.

Aunque era un Omega, debido a que su manifestación fue tardía, Woo-joo era más alto que la mayoría de los Betas. Su complexión tampoco era pequeña, aunque no llegaba a ser grande como la de un Alfa.

Aun así, a Woo-joo le resultaba extraño y asombroso cómo lo levantaba con tanta facilidad. Además, como era la primera vez que se sentaba sobre las piernas de alguien, se sentía sumamente desconcertado y avergonzado.

“……Sé que no tiene por qué ser precisamente yo”.

Woo-joo intentó bajarse de las piernas de Tae-kyung, pero este lo sujetó firmemente por la cintura con una sonrisa. Woo-joo dudó sin saber qué hacer y finalmente optó por quedarse quieto como Tae-kyung quería.

Sobre todo, el hecho de que esas manos grandes rodearan su cintura hacía que su temperatura corporal subiera, lo cual lo ponía en un aprieto.

“¿Quién dice eso? ¿Que no tiene por qué ser Shin Woo-joo?”

“¿Va a seguir fingiendo que no después de haberme dado esas aletas?”

“¿Yo?”

“……Sinceramente, no lo entiendo. Por qué sigue insistiendo conmigo. Es obvio que podría ser cualquier otro”.

Tae-kyung eligió sus palabras por un momento antes de mover su mano. La caricia que empezó en la cintura de Woo-joo descendió lentamente hasta detenerse en su tobillo. El calor se extendió por el interior del bajo de su pantalón de entrenamiento.

“Creo que me enamoré de ver a Woo-joo nadando en el mar”.

“No es algo suficiente para tener una relación. Eso significa que no tengo por qué ser yo”.

“Quien dijo que no quería una relación no fui yo, fue Woo-joo”.

“Eso es…… ja. Ya sabe a qué me refiero”.

Cuando Woo-joo soltó un pequeño suspiro con tono de queja, Tae-kyung soltó una risa baja y asintió.

“No es que no crea en el amor. Alguien lo sentirá. Solo que ese no soy yo”.

“¿Por qué?”

“Es molesto”.

“¿Y una relación?”

“Eso es solo un juego de roles. Si no vas a estar lloriqueando para que te ame, una relación es mejor. Además, me da el derecho de evitar que cualquier bicho se te acerque”.

“……Aun así, es un alivio”.

“¿El qué?”

“Que yo tampoco lo ame hasta ese punto”.

“¿No vas a pedirme que te ame?”

“¿Acaso Tae-kyung me va a pedir que lo ame?”

“Ni hablar”.

“Por eso es un alivio. Ni yo ni Tae-kyung tendremos que pedirnos amor el uno al otro”.

−Ah. Definitivamente. Shin Woo-joo es Shin Woo-joo−.

Tae-kyung apoyó su frente en el hombro de Woo-joo y soltó una risa baja. Parecía que su instinto demoníaco le susurraba que por esto mismo quería poseer a Shin Woo-joo.

¿Hasta dónde tendría que elevarlo para luego dejarlo caer y ver cómo se rompía ese rostro inocente? Sentía curiosidad por saber cuánto de sí mismo tendría que mostrar esta persona excepcional para volverse igual a los demás.

“Woo-joo”.

“Sí”.

“Si no quieres dinero…… ¿quieres que me vengue por ti?”

“¿A qué viene eso de repente?”

Los ojos de Woo-joo se agrandaron. En ese lago negro quedó plasmado únicamente Tae-kyung. No, Tae-kyung sintió que la expresión más exacta era que él era el único contenido en ese universo oscuro. En ese universo único en el mundo, solo estaba él.

“Tengo que quedar bien con Woo-joo para que vuelvas a follar conmigo. Como el dinero es lo más fácil para mí pero me rechazaste, me vengaré por ti. ¿Qué te parece?”

“Vengarse……. ¿Vengarse de quién y por qué de repente?”

“El tobillo”.

“……”.

Las pupilas negras de Woo-joo dibujaron una gran onda. Incapaz de ocultar su desconcierto, incluso su cuerpo se agitó intentando alejarse de Tae-kyung. Sus labios, que se movían sin emitir sonido, perdieron el color bajo la presión de sus dientes.

A pesar de su rostro pálido, Tae-kyung habló con naturalidad.

Aunque para Woo-joo fuera algo grave, él no creía que fuera algo por lo que deba ser cauteloso. Al fin y al cabo, fue Woo-joo quien mencionó que había sido atleta. Tae-kyung solo usó ese recuerdo para investigar un poco más sobre él.

Aunque asistir a los Juegos Nacionales cada año era como una rutina, Tae-kyung pensaba que era imposible no saber nada.

Si Woo-joo fue atleta, era imposible que él no hubiera notado a alguien que nadaba de forma tan hermosa. Aunque no recordara el nombre o el rostro, definitivamente habría percibido su presencia. Como no recordaba nada específico, ordenó investigar ese periodo con más detalle.

Pensó que, si descubría la razón o el momento en que dejó de ser atleta, tal vez él también recordaría algo. Aun así, seguía sin recordar nada, pero pensó que podría usar la nueva información como pretexto para mantener a Woo-joo a su lado.

El resultado fue bastante interesante, y sintió que las cosas habían salido bien gracias a ello.

“Me enteré de que renunciaste a participar en las eliminatorias para la selección nacional por una quemadura en un accidente. Debido a la quemadura, no pudiste entrenar durante un año y, por eso, tu rendimiento bajó. Además, surgieron problemas en casa y no pudiste concentrarte en recuperar tu nivel”.

Ante las palabras de Tae-kyung, Woo-joo se mordió el labio. Intentó reprimir los recuerdos que surgían involuntariamente y se tranquilizó internamente. A menos que pudiera volver al pasado, su realidad actual no cambiaría.

No hay tumba sin excusa; si se analizaba, no era una historia tan especial.

El lugar donde sufrió la quemadura por agua hirviendo fue, precisamente, el tobillo. Cuando lo llevaron al hospital, le dijeron que incluso debían considerar una cirugía, pero afortunadamente pudo terminar el tratamiento sin ella.

Sin embargo, como la piel se derritió y no pudo regenerarse, en su lugar creció carne nueva y el tobillo quedó irregular; fue entonces cuando escuchó algo fatal para un atleta. Debido a que los músculos del tobillo también se dañaron, los músculos regenerados se habían acortado.

El médico añadió que no tendría problemas para caminar o correr, pero que hacer ejercicio durante mucho tiempo sería imposible.

La natación era una lucha por los registros. La alegría o la tristeza se decidían por 0,01 segundos. En medio de eso, le prohibieron entrar al agua durante seis meses, y durante los seis meses siguientes le prohibieron entrenar. Le dijeron que estaba bien sumergir los pies en agua tibia, pero que no debía estar en el agua el tiempo suficiente como para entrenar.

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Gracias a eso, todo se desmoronó. Ya era difícil recuperar el rendimiento perdido tras un año de descanso, pero con el músculo acortado, tenía que esforzarse el doble, no, una cantidad incalculable de veces más, sin resuello.

Hubiera sido bueno si al menos hubiera podido concentrarse solo en el entrenamiento y crear una hermosa historia de superación del accidente, pero tras aquel suceso, Woo-joo perdió sucesivamente a su madre y a su padre. A partir de entonces, soñar con ser el protagonista de una historia esperanzadora se convirtió en un lujo para él.

“¿Cómo lo supo?”

“¿De verdad tienes curiosidad por eso?”

Bueno. Aunque no lo asimilaba del todo, él era un hombre capaz de todo. No importaba cómo lo supo.

“Como ha dicho, fue un accidente. No hay nada de qué vengarse”.

“Pero Woo-joo no piensa así”.

“……”.

“Por supuesto, yo también recibí el informe de que se cerró como un accidente. Pero si realmente hubiera sido un accidente, tu madre no habría hecho una protesta individual. Tengo entendido que protestó frente a la escuela pidiendo una investigación adecuada”.

Woo-joo, sin palabras, observó lentamente a Tae-kyung y a sí mismo. Intentó bajarse de sus piernas, pero al final no pudo ni apartar la mano de Tae-kyung ni alejarse de él.

Siempre era así. Por mucho que se esforzara, sus planes siempre se veían frustrados. Era como si algo gigante bloqueara su camino. Si fuera una pared sólida, al menos habría intentado golpearla y gritar, pero lo que lo bloqueaba era una niebla que no desaparecía.

Hiciera lo que hiciera, se desvanecía como un espejismo en el aire. Aunque intentara chocar con todo su cuerpo, no había nada allí. Por mucho que intentara escapar, el entorno y lo que había más allá seguían siendo borrosos.

No se veía nada, no existía nada. Sus gritos desesperados desaparecían sin ruido en la niebla.

Por eso, las palabras de Tae-kyung no le llegaron de inmediato.

Venganza. ¿Era una palabra que podía pronunciarse con tanta facilidad?

“Aún no he escuchado los detalles de cómo ocurrió ese accidente. Pero dudo que Woo-joo se haya vertido agua hirviendo en su propio pie a propósito. Y para ser un error, ya sea tuyo o de alguien más, la reacción de tu madre después no tiene sentido. Eso me lleva a la conclusión de que alguien destruyó tu tobillo deliberadamente”.

Woo-joo inhaló lentamente. El nombre de la persona a la que jamás podría perdonar, ni siquiera muerto, rondaba en su boca. Pero, ¿realmente podía pronunciar ese nombre?

El dinero permite hacer muchas cosas. Y si se tiene en exceso, de una forma incomparable, el dinero puede convertir una intención deliberada en un simple error o un accidente. Podía empaquetar la angustia y la injusticia de un atleta con un futuro brillante como la ambición desmedida de un deportista mediocre.

Fueron días en los que sentía que el mundo entero los empujaba a él y a su familia hacia la muerte. Con el corazón sangrando, apenas había logrado enterrar aquello en su pecho, ¿y ahora le hablaban de venganza?

No podía creerlo. Jamás imaginó que llegaría un día así. La desolación de haber tenido que ignorar y sepultar sus propias heridas le oprimía el corazón.

¿Podría este hombre frente a él realmente vengarse en su nombre? ¿O terminaría siendo él quien saliera herido de nuevo?

“Yo lo haré por ti. ¿Eh? ¿No quieres hacerlo?”

Ante la mano grande que acariciaba su tobillo y la voz que le susurraba al oído, Woo-joo terminó soltando una carcajada.

El susurro de Tae-kyung era la tentación más dulce de un demonio. Lo que el demonio deseaba era su cuerpo, y como a él tampoco le disgustaba el placer que el demonio le ofrecía, la situación era perfecta.

“Realmente…… parece una persona distinta a la de aquel día”.

“Te dije que era una basura. ¿No lo recuerdas?”

“Pensé que solo era una forma de hablar, algo traviesa”.

“¿Y ahora? ¿Ahora te parezco la basura que dije ser?”

Woo-joo sacudió la cabeza en silencio.

Para él, Tae-kyung seguía siendo un hombre amable. Si él decía que no quería algo, Tae-kyung jamás lo presionaba ni lo obligaba.

Incluso si algo ocurriera en esta oficina, nadie lo sabría. Aunque gritara o suplicara que no, a Tae-kyung le bastaría con liberar sus feromonas para someter a un Omega como él.

Sin embargo, aunque lo tenía sentado sobre sus piernas y mostraba su deseo abiertamente, nunca lo trató con brusquedad. Personas con menos que él, más incompetentes y débiles, lo habían maltratado, pero solo Tae-kyung lo miraba al mismo nivel.

Incluso le gustaba esa dureza que presionaba entre sus muslos. Honestamente, le alegraba que Tae-kyung lo codiciara. De la mano que envolvía su tobillo emanaba un calor abrasador. Su tobillo, que siempre solía estar frío, ahora se sentía extrañamente sensible, como si se hubiera convertido en una zona erógena.

“Yo…… necesito tiempo para pensar”.

“Vaya. Viendo cómo cambiaste de parecer tan rápido, parece que no te disgusto, ¿verdad?”

Ante las palabras de Tae-kyung, Woo-joo sintió que sus verdaderos sentimientos habían quedado al descubierto, así que respondió con otra pregunta.

“¿Existe alguien que odie a Tae-kyung?”

“¿Existe alguien a quien le guste la basura?”

Woo-joo se mordió el interior de la mejilla antes de hablar. Tae-kyung no estaba siendo caprichoso ni lo trataba mal, pero al final, todo terminaba resultando como él quería. Parecía que Tae-kyung lo conocía mejor de lo que él mismo se conocía.

“He estado tan ocupado viviendo que no he tenido tiempo de pensar en nada más. No tenía tiempo para eso. Así que, sobre lo que dijo Tae-kyung…… lo pensaré un poco más”.

“¿Lo de ser novios? ¿O lo de follar?”

Woo-joo hizo un pequeño puchero, quejándose de forma casi imperceptible.

No es que pensara que debían usar palabras elegantes para referirse a su relación, pero sabía que Tae-kyung usaba términos vulgares a propósito para molestarlo. Ya había experimentado varias veces cómo Tae-kyung se relamía mientras jugueteaba con la punta de sus orejas, que se ponían rojas cada vez que decía algo así.

Pero había otra razón para su descontento: no le gustaba que Tae-kyung dijera que debía 'pensar' en lo de follar. ¿Acaso tener sexo era algo que requiriera tanto análisis?

Quizás para algunos sí, pero para él, no era algo que necesitara tanta meditación. No es que estuviera loco por el sexo ni que su deseo sexual fuera desbordante como para ofrecerse primero como compañero de cama.

“Dijo que no me había llamado solo para tener sexo”.

“Sí. Veo que tienes buena memoria. Por eso tienes que pensarlo bien. Si me traes una respuesta de mierda, no tendré piedad y te daré hasta cansarme. ¿Entendido?”

“¡Ah! Espere……. Sabe que eso no significa que Tae-kyung no me guste”.

Las manos de Tae-kyung rodearon la cintura de Woo-joo y empezaron a frotarla con insistencia. El bulto que sentía en una de las piernas de Tae-kyung se volvió más grueso, presionando con fuerza entre las piernas de Woo-joo.

Ante el deseo que sentía a través de la tela, Woo-joo se estremeció involuntariamente y tensó su interior. Incluso su entrada empezó a palpitar, como si recordara la experiencia de aquella noche. O quizás era el instinto del Omega reconociendo al Alfa que lo había poseído.

“Lo sé. Pero aun así, no aceptaré una respuesta de mierda. Huff. No te tomes demasiado tiempo. Puede que no me aguante y vaya a tu piscina a desnudarte y darte allí mismo”.

“Espere, Tae-kyung. Si sigue…… ah. Por qué dice esas cosas, huff. No. Deténgase……”.

Su cintura se agitaba ante el toque de Tae-kyung. Una sensación de cosquilleo se extendió por sus paredes internas. Intentó tensar el cuerpo, pero su entrepierna ya se había abultado naturalmente.

“Y no vuelvas a revolcarte con ese Alfa de pacotilla. ¿Eh? Si pierdo la cabeza, voy a devorarte justo enfrente de ese tipo”.

“Eso…… huff. Eso no va a pasar……”.

“¿Cómo que no? Tus pezones son excitantes y tu entrada también. Joder, ¿por qué hasta tu tobillo es tan sexy? ¿Eh? Woo-joo, ¿me prestas tu pie? Quiero masturbarme usándolo”.

Antes de que se diera cuenta, le había quitado un zapato y un calcetín. Woo-joo sintió vergüenza por su pie desnudo e intentó apartarlo, pero la mano grande de Tae-kyung masajeó su pie y su tobillo mientras soltaba un aliento caliente.

“Haah. El pie de Shin Woo-joo es lo más sexy que hay. ¿Cómo puedes ir por ahí mostrándolo? Siento que voy a correrme solo de verlo”.

“Ugh. Quién…… diría algo…… ah”.

“¿Acaso tengo que verlo para saberlo? Apuesto a que todos los que te ven por detrás se la pelan pensando solo en este pie”.

Tae-kyung acomodó a Woo-joo, que estaba frente a él, sobre su pierna izquierda y lo sujetó firmemente por la cintura con un brazo. Cuando las manos de Woo-joo se aferraron con fuerza a los hombros de Tae-kyung sin saber qué más hacer, Tae-kyung masajeó el pie de Woo-joo y le hizo doblar la pierna con naturalidad.

Su rodilla se dobló y su pie quedó perfectamente asentado sobre el muslo derecho de Tae-kyung. El pene erecto y duro, a través de la fina tela, llenó por completo el arco de la planta de su pie.

“¡Tae, Tae-kyung!”

“Solo un poco. ¿Eh? ¿Sabes que no he podido tener sexo decente desde aquel día? Woo-joo, me mal acostumbraste”.

Con solo pensar en Woo-joo, su pene se ponía rígido y el líquido preseminal fluía sin parar, pero si intentaba hacer algo con otra persona, no lograba tener una erección. Incluso si tenía a otro Omega enfrente, tenía que pensar en Woo-joo para excitarse, e incluso después de lograr la erección, no podía llegar al clímax si no lo imaginaba a él.

Llegó a pensar que había desarrollado un fetiche. Por mucho que intentara aliviar su deseo sexual, no había más solución que la masturbación. Intentó forzarse con otros, pero se sentía como si hubiera perdido el apetito; no podía excitarse con nadie.

Así que aquellas palabras infantiles que le dijo a Woo-joo sobre que era su culpa y que debía hacerse responsable, tenían una parte de verdad absoluta.

Aunque, por supuesto, su intención primordial era marcar el pie de Woo-joo con sus feromonas para que ningún insecto, incluyendo a ese Alfa con el que trabajaba, se le acercara.

Lo ideal habría sido bañarlo por completo con sus feromonas, pero supuso que eso asustaría a Woo-joo, así que llegó al acuerdo consigo mismo de hacer una marca discreta.

“Pero, ah. Esta es la empresa de Tae-kyung, ah, de-deténgase. Ah”.

“Por eso es perfecto. Nadie viene a menos que yo lo llame”.

Woo-joo no se atrevió a mirar su propio pie; rodeó el cuello de Tae-kyung con sus brazos y hundió el rostro en su hombre. Debido a la presión que sentía en toda la planta del pie, sentía como si estuviera pisando directamente el pene de Tae-kyung. Sorprendido, intentó apartar el pie, pero Tae-kyung lo sujetó por el tobillo y aumentó la presión, frotando sin detenerse.

Se sentía abrumado y avergonzado, pero al mismo tiempo no podía ocultar la excitación que se extendía desde su pie. Su cuerpo entero ardía como si hubiera caído en un pozo de placer, y su propio pene endurecido agitaba su cintura buscando estimulación.

Colgado prácticamente del cuello de Tae-kyung sin saber qué hacer, Woo-joo perdió por completo la razón. Sentía que se volvía loco.

Gemidos sin filtro escapaban de su boca y su cuerpo, que antes se agitaba, ahora se frotaba contra el de Tae-kyung. Sentía la planta de su pie húmeda, como si estuviera empapada por el líquido que brotaba del pene de Tae-kyung.

“Ah, ah. Tae-kyung. ¡Ah! Por favor, yo……. Ah”.

“Huff. Joder. Ah, Shin Woo-joo. Abre la boca”.

“Uhm, ah. ¡Ah!”

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El aire dentro de la oficina se volvió pesado, cargado de calor y humedad. El sonido húmedo de sus labios encontrándose y sus lenguas explorándose llenó la habitación. Lo único que se habían quitado era un zapato viejo y un calcetín de Woo-joo.

Tanto Woo-joo, que decía que no tendría sexo, como Tae-kyung, que decía que lo seduciría, sabían perfectamente que ya estaban teniendo un encuentro sexual sucio y profundo.

“Shin Woo-joo. ¿Aun así necesitas más tiempo? ¿Eh? Puedo sentir cómo palpita tu entrada”.

“Ah. Basta. Ahí…… ah. No puede ser. Por favor, deténgase……”.

Las yemas de los dedos de Tae-kyung trazaron el contorno de su entrada sobre el pantalón. Su entrada palpitaba con fuerza buscando el contacto, haciendo que la tela que los separaba resultara odiosa. En un instante, la excitación incontenible hizo que soltara un flujo repentino, liberando feromonas intensas.

“Ah. Lo siento. No estoy acostumbrado, ah. No puedo contenerme…… ah. Tae-kyung. Si sigue tocando…… ah”.

“No pasa nada, suelta más”.

“Entonces mancharé a Tae-kyung, ah. ¡Ah!”

“Así podré ir por ahí presumiendo que es de Shin Woo-joo. ¿No quieres verlo?”

“Ah……. No siga tentándome”.

Al escuchar las palabras de Tae-kyung, Woo-joo sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo. Al imaginar a Tae-kyung caminando con sus feromonas impregnadas, soltó aún más de forma involuntaria. Incluso podría decir que era 'propiedad de Shin Woo-joo'.

No era cualquier persona, era Joo Tae-kyung. El hombre que lo tenía todo a sus pies.

Era la tentación más dulce del mundo. Su razón gritaba que no debía, pero su cuerpo se negaba a escuchar. Al contrario, codiciaba al Alfa dominante frente a él y ardía de deseos de poseerlo.

“Haah. Shin Woo-joo, me vas a volver loco”.

Tae-kyung reprimió el deseo de poner a Woo-joo a cuatro patas y poseerlo en ese instante, conformándose con acariciar su entrada sobre el fino pantalón de entrenamiento. Sentir el temblor en la cintura de Woo-joo le secaba la boca.

Era algo absurdo. Era la primera vez que se excitaba hasta perder la razón en su oficina, y la primera vez que permitía que alguien lo marcara con sus feromonas. Si hubiera sido antes de conocer a Woo-joo, seguramente habría tachado de loco a cualquiera que hiciera algo así.

Tae-kyung se acostaba con cualquiera, pero siempre cuidaba el momento y el lugar. Su mente no alcanzaba a comprender cómo alguien no podía contener su deseo sexual y terminaba revolcándose en una oficina.

Esa era la razón por la que más despreciaba a su padre. Tenía que tratarlo como a un animal en celo para poder entenderlo.

Ahora que ni siquiera podía quitarle los pantalones a Woo-joo, no sentía deseos de reprocharse por haber odiado e insultado a su padre. Como Shin Woo-joo era la excepción en todo, le parecía natural que esto también fuera una excepción y una primera vez.

Sobre todo, por primera vez comprendió el vulgar deseo sexual de su padre. Al fin y al cabo, de tal palo, tal astilla.

Con Shin Woo-joo enfrente, ya fuera en el mar o en la empresa, el lugar dejaba de importar; su vulgar deseo sexual era definitivamente heredado de su padre.

“Ah, Tae-kyung”.

Woo-joo echó la cabeza hacia atrás y pronunció el nombre de Tae-kyung. Al mismo tiempo, Tae-kyung sujetó el pie de Woo-joo y lo presionó con fuerza contra su pene. Una luz blanca estalló ante sus ojos y sus entrepiernas quedaron empapadas.

“Haah……”.

Sintiendo una pérdida total de fuerzas, Woo-joo se derrumbó sobre el hombro de Tae-kyung, apoyándose hacia un lado. Aunque le preocupaba la ropa mojada, no tenía fuerzas ni para mover un dedo y solo dejó escapar un pequeño suspiro.

“Pediré que traigan ropa limpia, descansa antes de irte. O mejor aún, no te vayas”.

Al ver que Tae-kyung hablaba primero, como si leyera sus pensamientos, Woo-joo soltó una risa débil. Recordó el día en que se conocieron, cuando él también parecía leerle la mente.

“¿De qué te ríes?”

“De lo absurdo que es esto”.

“¿El qué?”

“Hacer estas…… cosas en la oficina. Si otros nos vieran, pensarían que estamos locos, ¿verdad?”

“Eso es lo que piensan los que no tienen su propia empresa”.

Ante las palabras de Tae-kyung, que eran más que seguras, casi descaradas, no sintió deseos de llevarle la contraria. Al contrario, sentía que ahora mismo podría reírse de cualquier cosa que él dijera.

“Es un hecho que los que tienen más son los más viciosos. Por las cosas que hacen cuando se juntan”.

“¿Qué clase de cosas hacen?”

“Es secreto. Si te lo digo, seguro que sales huyendo”.

“¿Entonces esa gente también le dice cosas malas a Tae-kyung?”

“¿Cosas malas?”

“Que es…… una basura……”.

“Todos son iguales. Solo que yo soy la basura que mejor luce por fuera”.

Woo-joo escuchó las palabras de Tae-kyung y lo abrazó con fuerza. Tae-kyung, sorprendido por un momento, también lo rodeó con sus brazos y soltó una risa baja. Su vibración placentera se transmitió directamente a Woo-joo, cuyos cuerpos estaban unidos.

“¿Qué te parece a ti? Eres la primera persona por la que me esfuerzo tanto”.

“Es…… amable”.

Woo-joo respondió en voz baja tras dudar un momento. Como su rostro seguía hundido en el hombro de Tae-kyung, su voz sonó como un susurro apagado.

“Tendré que seguir esforzándome para no perder puntos”.

Aun así, Tae-kyung presionó la nuca de Woo-joo para que se hundiera más en su pecho. En lugar de su hábito de ir a lavarse en cuanto terminaba el sexo, abrazó a Woo-joo e inhaló profundamente.

Como el jabón que crea una espuma suave al contacto con el agua, las feromonas de Woo-joo también se esparcían suavemente con un aroma tenue. Era como si ese aroma, encantado de estar allí, revoloteara alrededor de Tae-kyung y se le pegara con ternura.

Tae-kyung ya no se sorprendía ni se sentía extraño por actuar de una forma que no era propia de él. Desde el momento en que decidió que tendría a Woo-joo a su lado, lo que solía ser 'propio de Joo Tae-kyung' dejó de existir.

Si lo que Woo-joo deseaba era una persona amable, pensaba parecer la persona más amable del mundo. Si esa era la única forma de mantener a Shin Woo-joo a su lado.

¡Bang!

“¡Hyung!”

De repente, la puerta de la oficina se abrió violentamente con un gran estruendo. El cuerpo de Woo-joo se sobresaltó por el susto.

Tsk. Tae-kyung abrazó a Woo-joo para calmarlo y giró la cabeza. No tenía la más mínima intención de mostrarle a nadie el rostro de Woo-joo, sonrojado por la excitación que aún no se disipaba.

“Lee Ha-min. Te dije que avisaras antes de venir”.

“¿Desde cuándo aviso yo?”

“Si no tienes los dedos rotos, avisa primero. ¿A qué vienes hoy?”

“Vine a verte. Pero…… ¿qué es esto? ¿Y quién es este trapo?”

“Lee Ha-min. Cuida tus palabras”.

Tae-kyung lanzó una mirada feroz al hombre que intentaba entrar hasta el fondo de la oficina. El hombre llamado Ha-min se quedó helado, incapaz de moverse ante las feromonas afiladas que parecían estar a punto de cortarle el cuello. En su mirada errante y sus pies inquietos se reflejaba claramente un desconcierto que no podía ocultar.

Era natural. A diferencia de otros, él siempre había sido recibido con alegría por Tae-kyung, incluso en sus visitas inesperadas.

“Hyung”.

“Luego. Ahora tengo un invitado”.

Con un tono que parecía un lamento, el hombre se convirtió de golpe en un invitado no deseado.

*

Esta situación era una pesadilla absoluta. Lee Ha-min se quedó allí, mirando fijamente a Tae-kyung y al Omega en sus brazos, incapaz siquiera de pensar en irse. La oficina, con las ventanas cerradas y sin ventilación, estaba impregnada de un olor que le resultaba insoportable: el aroma de un Omega mezclado con ese aire húmedo y denso que delataba lo que acababa de suceder.

Y entonces, lo reconoció. Era imposible, pero conocía ese aroma.

El dueño de esas feromonas era un Omega recesivo, un ser insignificante que se había manifestado tarde y de forma defectuosa. No era alguien que mereciera ser tratado con tanta delicadeza, ni mucho menos estar envuelto en los brazos de un Alfa dominante.

“No me digas que tú eres... ¿Shin Woo-joo?”.

“……¿Lee Ha-min?”.

Woo-joo levantó la cabeza lentamente al escuchar su nombre. Antes de poder procesar el encuentro, una sensación nauseabunda reptó desde la punta de sus pies por todo su cuerpo.

Quizás lo había presentido desde que Tae-kyung pronunció ese nombre. Si no había querido confirmarlo era por puro miedo; miedo a que su ansiedad se volviera realidad y tuviera que enfrentar un presente aún más cruel.

“¿Se conocen?”, preguntó Tae-kyung, notando la tensión.

“¿Y tú, hyung? ¿Por qué estás con...? ¡Ah, no importa! ¡Tú, lárgate de aquí ahora mismo! ¿Qué haces tú aquí?”, gritó Ha-min histérico, dirigiéndose a Woo-joo.

El desprecio era tan explícito en su voz y en su mirada que no hacían falta palabras. Woo-joo lo miró en silencio y comenzó a incorporarse. Se sentía estupefacto. No entendía por qué el mundo se empeñaba en acorralarlo de esta manera.

Pero antes de que pudiera apartarse, Tae-kyung volvió a rodearlo con fuerza. Aunque Woo-joo intentaba mantener una expresión gélida, el ligero temblor de sus dedos le gritaba a Tae-kyung que no estaba bien. Su instinto le advirtió que no podía dejarlo ir así.

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“Suélteme”.

“Espera. Solo un momento, Woo-joo”.

“Ha llegado un invitado. Me voy”.

“Espera. Sacaré a Ha-min primero, así que aguarda un segundo. ¿Puedes hacer eso?”.

“¡Hyung!”, protestó Ha-min, indignado al verse relegado.

Era la primera vez que Woo-joo veía a Ha-min perder los estribos de esa forma. Parecía que él también era una excepción para Ha-min, pero en el sentido más oscuro posible.

“¡Hyung! ¿Acaso sabes quién es este tipo? ¡¿Por qué estás abrazando a esa basura?!”

“Te dije que cuidaras tus palabras”.

“¡Es que no lo entiendes! ¿Por qué...? ¡Ja, da igual! Seguro que este inútil planeó todo esto”.

“¿Planeó?”.

“¡Estás haciendo cosas que nunca haces! ¡Yo sé mejor que nadie que tú solo vives para trabajar en esta oficina!”.

“Es mi invitado, Lee Ha-min. Si vuelves a abrir la boca de esa forma, no te lo pasaré por alto ni siquiera a ti”.

Tae-kyung suspiró. El cuerpo de Woo-joo, al que sujetaba con firmeza, se sentía de repente increíblemente ligero. Tan liviano que parecía que fuera a desvanecerse en el aire como un espejismo.

Se dio cuenta de que Woo-joo ya no temblaba. Estaba calmado, pero era una calma vacía, carente de cualquier rastro de emoción. Woo-joo estaba borrando su propia presencia de ese lugar, preparándose para cortar cualquier vínculo con él.

“Fuera”, ordenó Tae-kyung.

“¡Hyung!”.

“He dicho que salgas. Quédate fuera hasta que te llame”.

“……Ja. Reacciona, hyung”.

¡Bang!

La puerta se cerró con estruendo cuando Ha-min salió. Tae-kyung lo echó sin dudar; si se hubiera resistido, habría llamado a seguridad. Aunque Ha-min era un 'dongsaeng' al que apreciaba, en ese momento lo único que importaba era Woo-joo, quien parecía estar a punto de escaparse entre sus dedos.

Sin embargo, la reacción de Woo-joo fue el silencio absoluto. Sus ojos estaban vacíos. Tae-kyung empezó a desesperarse; el hombre que antes ocupaba ese universo oscuro ya no estaba allí.

“Woo-joo”.

“¿Se conocen? Ah, claro. Por eso vino aquí”.

Y vino sin avisar. Entrando como si fuera su casa. Una relación donde alguien puede aparecer cuando quiera y ser bienvenido. Woo-joo cerró los ojos y los abrió lentamente. En medio de su confusión, una cosa estaba clara: el mundo era un lugar retorcido.

¿Por qué el destino se empeñaba en empujarlo al abismo? Justo cuando empezaba a sentir el calor de Tae-kyung, justo cuando escuchaba promesas de venganza... todo resultaba ser una broma cruel.

“Es solo un conocido, un dongsaeng. No tienes que preocuparte por él”.

Esa palabra, 'dongsaeng', se le clavó a Woo-joo como una espina en la garganta. Quería escupirla, pero no podía. Solo sentía cómo le desgarraba el interior. Recordó que Tae-kyung se llamaba a sí mismo "basura". Quiso no creerlo, pero ver que era tan cercano a Lee Ha-min le hacía pensar que quizás tenía razón.

“Me retiro”.

“Haré que traigan ropa. Espera un poco y luego te vas”.

“No es necesario”.

“Shin Woo-joo”.

“No finja que le importo. Estar aquí es... demasiado difícil”.

Woo-joo lo comprendió en ese instante: esa venganza de la que hablaba Tae-kyung nunca ocurriría. Si le hubiera contado la verdad, el único herido habría sido él mismo. Era obvio que Tae-kyung elegiría a Ha-min sobre él.

“¿Qué clase de relación tienen ustedes dos?”, preguntó Tae-kyung, incapaz de contenerse más, apretando el brazo de Woo-joo. No podía tolerar que Woo-joo lo tratara como si no fuera nada. “Te he preguntado qué relación tienes con Lee Ha-min para que te pongas así nada más verlo”.

“Pregúntele a su querido dongsaeng”.

“¿Crees que no lo haré? Pero antes quiero escucharlo de ti. Yo quiero que Woo-joo……”.

Tae-kyung inhaló profundamente. Woo-joo parecía estar al límite, como si respirar fuera una carga insoportable.

“En estas situaciones no se puede escuchar solo a una parte. Así que... cuéntame. Te escucharé”.

“No es nada del otro mundo. Uno es un atleta nacional y el otro es un Omega mediocre”.

Tae-kyung soltó un suspiro pesado ante esa respuesta tan monótona. No quería escuchar autodesprecio. Solo quería saber qué había pasado para que Ha-min, que siempre era dócil, reaccionara con tanta furia.

Sin embargo, Tae-kyung no supo cómo consolarlo. Nunca había sido el consuelo de nadie. Aun así, su instinto seguía aferrado a Woo-joo, queriendo ser el único cielo en su universo.

“Si crees que esto hará que te deje ir, te equivocas”.

“No. No pienso quedarme ni un segundo más. Y no volveremos a vernos”.

“¿Quién decidió eso?”.

“¿Es que no puedo hacerlo?”.

Woo-joo apartó el brazo de Tae-kyung con un golpe seco. El deseo del Alfa, que antes le resultaba gratificante, ahora era una carga insoportable. Quería volver a la noche en que no sabía nada.

Tae-kyung lo acorraló de nuevo contra la mesa, encerrándolo entre sus brazos. Woo-joo ni siquiera intentó empujarlo, sabiendo que era inútil.

“¿Vas a dejar de verme solo por Lee Ha-min?”.

“Sí”.

“¿No te parece un desperdicio? Renunciar a mí por alguien a quien odias”.

“Para nada”.

“¿No has pensado que sería mejor quedarte a mi lado? Solo con estar conmigo podrías joder a esa persona que tanto detestas”.

Woo-joo guardó silencio ante ese susurro tan racional. Era cierto que, si se quedaba con Tae-kyung, Ha-min se volvería loco de rabia. Pero Tae-kyung hablaba desde la ignorancia.

“No se equivoque. No soy tan estúpido como para tomar su mano después de esto”.

“¿'me equivoque'?”.

“Como usted dice, ni soy su empleado ni volveremos a vernos, así que lo llamaré como quiera”.

“Vaya... 'me equivoque'...”.

Tae-kyung soltó una carcajada fría que inundó la oficina.

“Parece que me has tomado a la ligera porque he intentado ser amable contigo”.

“¡Ah!”.

Tae-kyung agarró la mandíbula de Woo-joo y mordió sus labios con violencia. Woo-joo forcejeó, pero eso solo hizo que el beso fuera más salvaje. Tae-kyung saboreó la sangre y la saliva de Woo-joo, devorándolo hasta que la resistencia de este cesó.

“Shin Woo-joo. ¿Sabes una cosa?”.

Woo-joo bajó la mirada, negándose incluso a verlo. Tae-kyung soltó una risa baja y unió sus frentes.

“Me da igual todo. Me da igual que me llames basura o que te hayas revolcado con Lee Ha-min en el pasado. No es que me encante, pero no puedo cambiar ni quién soy yo ni lo que fue tu pasado”.

“Ugh…… suélteme”.

“Pero hay una cosa”.

“¡Que me suelte!”.

“Que me trates como si no fuera nada. Eso es lo que más me jode. ¿Me entiendes?”.

Tae-kyung no podía procesar que Woo-joo estuviera dispuesto a renunciar a él por alguien como Ha-min. Ya le había advertido varias veces que no pensaba dejarlo ir.

“¿Tanto quiere tener sexo conmigo? ¿Es por eso que se pone así?”, espetó Woo-joo desde la mesa, con los ojos inyectados en rabia. Le dolía porque, en el fondo, todavía quería creer en él.

“¡Ja! Shin Woo-joo, ¿quién te ha pedido que abras las piernas? Te lo dije desde el principio: si solo quisiera follar, te habría desnudado y poseído en cuanto entraste”.

“¡¿Entonces qué quiere que haga?! Ahora lo veo a usted también como una mala persona. Me paso el tiempo dudando de si es tan malo como dice. ¿Es correcto que sigamos viéndonos? ¡¿Esto tiene sentido?!”.

Woo-joo no quería odiarlo. No quería que el recuerdo de aquella noche se manchara. Pero ahora, por culpa de Lee Ha-min, sentía que debía hacerlo. No era solo por las deudas de su padre o la muerte de su madre; era porque Lee Ha-min fue el inicio de su desgracia. Sin él, Woo-joo habría sido un atleta nacional exitoso, con o sin su naturaleza Omega. Siempre había sido mejor nadador que Ha-min.

“Bien. Mírame así. Nunca dije que no fuera una basura”.

“¿Entonces por qué tengo que verlo? ¿Por qué querría estar con una basura?”.

“Porque esta basura así lo ha decidido”.

Woo-joo apretó los dientes. Quería gritarle que nunca debió ser cercano a alguien como Ha-min. Tae-kyung decía que no le importaba el pasado, pero Woo-joo había visto con sus propios ojos que Ha-min no era "pasado", sino un presente constante en la vida de Tae-kyung.

“Quiero irme. Por favor, déjeme ir”.

Woo-joo respondió con voz débil. Quería cerrar los ojos, pero Tae-kyung no permitía que su mirada se apartara ni un segundo. Tae-kyung no parecía entender que eso solo lo hacía sufrir más.

"No tengo intención de dejarte ir. Preferiría encerrarte ahora mismo en la villa. Así no tendría que ver a ese Alfa de pacotilla merodeando a tu alrededor".

"¿Y si no me deja ir? ¿Tae-kyung me va a mantener y a pagar mis deudas? ¿Y mi padre? ¿También lo buscará por mí? ¿Entonces solo tengo que estar al lado de Tae-kyung?".

"¿Eso tiene algo de malo?".

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"Sí. Hágalo, entonces. Al menos una cosa ha quedado clara: Tae-kyung es quien me trata como a un prostituto, como a un trapo".

"Te he dicho mil veces que no es así. ¿Por qué sigues fingiendo que no entiendes?".

"No. No diga que no me ve así. Es asqueroso".

"……".

Por un instante, Tae-kyung se quedó sin palabras.

Había escuchado todos los insultos existentes en el mundo hasta el cansancio. No había razón para que una palabra como 'asqueroso' lo afectara. Sin embargo, tuvo que guardar silencio porque Woo-joo lo decía con total sinceridad.

Podía jurar que no era así, pero cuanto más lo codiciaba, más se alejaba Woo-joo de su verdadero sentir.

−Solo quería tenerte, aunque fuera de esta forma. Si fuera a tratarte como a un prostituto, no habría pasado todo este tiempo imaginándote mientras me masturbaba, ni habría intentado negarte−.

−Si hubiera dado una sola orden de que te buscaran, la gente cegada por el dinero se habría peleado por traerte ante mis ojos−.

"¿Basta con no abrir las piernas? Mientras intenta solucionar mi vida, mis deudas y lo de mi padre con dinero... ¿espera que no piense de esa forma?".

"No exageres. Solo elegí el camino más fácil para mí".

Woo-joo se mordió el labio con fuerza. La sangre metálica brotó de la herida. Le resultaba ridículo estar enfrentándose a Tae-kyung en una situación así.

"Entonces, llame a la policía. Me iré con ellos".

"¿Qué?".

"Diga que entré aquí por mi cuenta. Esta vez, añada allanamiento de morada y obstrucción del trabajo, y sería mejor que me denuncie directamente sin posibilidad de acuerdo".

Resistir significaba que, al menos, aún no se había rendido. Si se hubiera rendido con Tae-kyung o consigo mismo, ya lo habría dejado hacer lo que quisiera. Incluso si le atara de pies y manos. No, aunque no lo atara, se habría movido solo según sus órdenes.

Por lo tanto, esta resistencia era para sí mismo, para el Woo-joo que aún quería creer en Tae-kyung.

Tras caer al precipicio del mundo y perderlo todo, vivió sin esperanza de recuperar nada jamás. Si no respondía cuando el jefe de equipo lo insultaba o lo acosaba, era porque no tenía voluntad ni para escuchar ni para dejarse herir.

Todo, desde respirar hasta comer y dormir, se sentía como materia flotando en el universo; todo le resultaba indiferente. Se despertaba cada mañana, pero sentía que esa vida no le pertenecía.

Y ese mismo hombre estaba resistiendo por primera vez. Con la tonta confianza de que él era alguien que jamás haría algo que Woo-joo no deseara.

Parecía que, aunque estaba decidido a volver al mundo donde él no existía, seguía queriendo creer en Tae-kyung. Aun sabiendo que no tenía derecho a ello.

"Jajajaja. Muy propio de Shin Woo-joo".

De repente, una carcajada escapó de los labios de Tae-kyung. No fue una risa fingida ni una burla; fue una carcajada sincera.

"Bondad. Eso es lo que esperas ahora. Sabiendo perfectamente que lo que he mostrado desde aquella noche son malas intenciones".

A medida que la risa de Tae-kyung se extendía, Woo-joo sintió como si el mar donde se conocieron se desplegara ante sus ojos. A pesar de que la luna y el mar nocturno lo rodeaban, no sentía ni un poco de frío.

No es que Woo-joo sintiera las feromonas de Tae-kyung. Como Alfa dominante, Tae-kyung había mantenido sus feromonas bajo control incluso cuando usaba el pie de Woo-joo para masturbarse, para no excitar al Omega.

Simplemente, a Woo-joo le gustaba su risa placentera y le alegraba que recordara el recuerdo que solo ellos dos compartían. Para Woo-joo, el agua era amor y odio, pero ese mar en particular era consuelo y calidez.

"No pienses que esto termina aquí".

Tae-kyung finalmente aflojó la fuerza de las manos que sujetaban a Woo-joo. Lo ayudó a levantarse, retrocedió un paso para observarlo de pies a cabeza y soltó una risita ligera.

"Si no quieres esperar a que traigan ropa, llévate la mía. Si sales así, te llamarán pervertido y podrías terminar en la comisaría por exhibicionismo".

Woo-joo iba a rechazar la oferta, pero entonces bajó la cabeza para revisar su ropa.

Como se había corrido con la ropa interior puesta, pensó que por fuera no se notaría mucho. El problema era la entrepierna, que aunque fuera poco, se veía más oscura, y el olor que emanaba sutilmente. No creía que alguien lo notara, pero no podía estar seguro. Sentía que, con solo una mirada, se delataría y se pondría rojo de inmediato.

"Pero... ¿de verdad podrás irte con ella?".

"¿Perdón?".

Tae-kyung ya estaba sacando ropa cómoda de un armario que Woo-joo no sabía que existía. Era ropa interior nueva en su empaque y un conjunto de entrenamiento ligero y cómodo.

Al principio tomó unos pantalones cortos considerando la estatura de Woo-joo, pero luego cambió por unos largos que cubrieran hasta el tobillo. Fue una elección nacida de un celo mezquino: sus tobillos eran demasiado hermosos como para que otros los vieran.

Tendría que doblarlos varias veces porque eran largos, pero era mejor eso que dejar que otros tipos vieran sus sexys tobillos en lugares donde él no pudiera vigilar.

"Si te vas con esto puesto, sospecharán más sobre nuestra relación. Bueno, por mí encantado. Pero te lo digo porque no quiero que me guardes rencor después".

"……".

Woo-joo se mordió el labio y se cubrió los ojos con una mano, soltando un suspiro. Después de actuar como si fuera a irse de inmediato, tenía que esperar a que le trajeran ropa para cambiarse. Si se iba con la ropa de Tae-kyung, los rumores en el gimnasio serían inevitables.

Por supuesto, no le importaba lo que dijeran a sus espaldas. Excepto por el hecho de que Tae-kyung fuera la otra persona involucrada.

"Póntela. Es ropa que uso a menudo, así que por mucho que intentes, el aroma de mis feromonas no se irá fácilmente".

De la ropa que Tae-kyung le ofrecía emanaba el aroma de feromonas que ya conocía. A pesar de ser las feromonas densas de un Alfa dominante, antes que excitación sexual, sintió una extraña sensación de seguridad.

Incluso sin que se lo dijeran, podía notar lo cómodo que se sentía Tae-kyung con esa ropa. Y también entendía por qué había elegido precisamente esas prendas.

Woo-joo hizo un puchero y se quejó.

"Parece que está de buen humor".

"Es obvio. Los demás se darán cuenta sin que yo diga nada. Ya sabes cómo son los rumores. Empiezan con 'hay algo entre Shin Woo-joo y Joo Tae-kyung' y terminan en 'Shin Woo-joo y Joo Tae-kyung se acostaron'".

"¿Y no es que quiera alimentarlos a propósito?".

"Exacto. Si hay rumores, los haré crecer. Como echar leña al fuego y soplar con un abanico".

Tae-kyung agitó ligeramente la mano que sostenía la ropa. Era una señal para que se cambiara rápido.

Gracias a eso, las feromonas impregnadas en la ropa se esparcieron y acariciaron la nariz de Woo-joo. Solo con eso, su corazón se agitó y el pulso en sus dedos se aceleró. No había nada que hacer.

Tenía que esperar a que Tae-kyung enviara a alguien a traer la ropa que debía ponerse.

"Esperaré".

"¿Cómo sabes cuándo vendrán?".

"Dijo que sería pronto".

"¿Crees que sería así? Tú tampoco creíste mis palabras al pie de la letra, Woo-joo".

"……¿Cuánto va a tardar?".

La mirada de Woo-joo no se apartaba de la ropa de Tae-kyung, como si tuviera apego por ella. Seguramente era una artimaña de Tae-kyung, pero si decía que tardarían mucho, no tendría más remedio que ponerse esa ropa. Después de todo, el maldito Lee Ha-min debía de estar acechando en algún lugar de la empresa.

Una mirada gélida apareció en los ojos de Woo-joo. Fue solo un instante, pero los ojos de Tae-kyung, que solo lo observaban a él, no lo pasaron por alto.

Tae-kyung lo observó en silencio, luego deslizó la pantalla de su teléfono y abrió la aplicación de mensajes. Calculando un tiempo ni muy corto ni muy largo, ordenó que trajeran la ropa de Woo-joo.

Aun así, Woo-joo se mantenía de pie, negándose a sentarse y optando por la incomodidad, por lo que Tae-kyung terminó por atraerlo hacia sí para obligarlo a tomar asiento.

El lugar que Tae-kyung le asignó no fue otro que su propio regazo, mientras él estaba sentado en la silla de oficina frente al escritorio.

“Me quedaré de pie”.

“Siéntate. Desde que elegiste la opción de quedarte parado, mis piernas se convirtieron en tu asiento reservado”.

Ante el tono natural de Tae-kyung, a Woo-joo no le quedó más remedio que cargar con toda la vergüenza. Con las puntas de las orejas enrojecidas, intentó bajarse de sus piernas, pero Tae-kyung, sin apenas esfuerzo, rodeó su cintura con un brazo y comenzó a trabajar con total tranquilidad.

Woo-joo dudó un momento si debía decir algo para que lo soltara o si debía empujarlo para bajar. Sus labios se agitaron por la indecisión y sus manos quedaron suspendidas en el aire.

Sin embargo, sabía que Tae-kyung seguramente fingiría no escucharlo ni sentirlo. Ya había experimentado varias veces que no podía ganarle en nada. Pensó que, tal vez, era mejor quedarse quieto y tratar de no notar su propia presencia allí.

Además, Tae-kyung miraba la pantalla de trabajo y chasqueaba la lengua como si ya no sintiera el peso de Woo-joo sobre él.

Debido a esto, Woo-joo no pudo evitar ver lo que aparecía en el monitor y movía sus ojos de un lado a otro. Tae-kyung no debería reprocharle nada después; él estaba haciendo lo posible por no mirar.

“¿Tienes miedo?”.

De repente, una pregunta inesperada salió de los labios de Tae-kyung. Como su mirada seguía fija en el monitor, Woo-joo dudó un instante si se dirigía a él. El contenido de la pregunta tampoco terminaba de encajar.

“¿Perdón?”.

“Que si tienes miedo”.

“¿De qué?”.

Solo entonces Tae-kyung apartó la vista del monitor y miró a Woo-joo. Aunque Woo-joo no era bajo, no hubo necesidad de que Tae-kyung levantara la cabeza para nivelar sus miradas. De pronto, Woo-joo se preguntó si este hombre, un Alfa dominante, tendría a alguien a quien mirar hacia arriba.

“De Lee Ha-min. ¿Es por miedo a él que quieres irte tan rápido?”.

“No diga tonterías”.

“¿Entonces es solo porque lo odias? ¿Me estás diciendo que tu odio por Lee Ha-min es más grande que lo mucho que te gusto yo?”.

Como si no tuviera sentido, Tae-kyung sacudió la cabeza y se reclinó profundamente en la silla.

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Woo-joo, que solo estaba apoyado en el borde, perdió el equilibrio por un momento y, sin darse cuenta, estiró las manos para aferrarse a la solapa de Tae-kyung. Solo cuando quedó completamente envuelto en su pecho, se dio cuenta de que había sido la intención de Tae-kyung desde el principio.

“……¿Sabe que ahora mismo parece un niño? Parecía que me estaba preguntando: '¿soy yo o es el trabajo?'”.

“Si para verle la cara a Shin Woo-joo soy capaz de hacer berrinches enviando aletas de buceo, ¿qué importa que parezca un niño?”.

Woo-joo respondió con un suspiro y separó un poco su cuerpo. Las cejas de Tae-kyung se contrajeron ligeramente, pensando que Woo-joo iba a levantarse. Al final, solo cambió de postura y volvió a apoyarse en él.

Como el brazo de Tae-kyung seguía rodeando su cintura, ni siquiera consideró la posibilidad de levantarse. Sabía que no necesitaba recostarse en su pecho de nuevo, pero esto era una fuerza mayor inevitable. Le gustaba ver cómo esas cejas perfectas y rectas se fruncían por su culpa.

Sobre todo, había algo que finalmente empezaba a procesar.

Esta era la última vez que estaría al lado de Tae-kyung. Ahora él hablaba como si nunca fuera a dejarlo ir, pero seguramente lo olvidaría pronto. Habría muchos Omegas mejores que él a su alrededor, especialmente Omegas dominantes con buenos antecedentes, incluyendo a Lee Ha-min.

Suponía que Tae-kyung mostraría interés por un tiempo, tal como cuando le enviaba las aletas. No iba a negar que el tiempo que pasaron juntos aquella noche también fue especial para él.

Sin embargo, eso no duraría mucho. Si lo ignoraba, Tae-kyung perdería el interés pronto y buscaría a otra persona para tener a su lado. Su obsesión actual era solo porque esa noche le resultó un poco diferente.

“Por favor, deje de enviar las aletas. Aunque envíe las que faltan, no volveré”.

“Si dejo de enviarlas, ¿vendrás?”.

“Tampoco vendré”.

“¿Y si en lugar de aletas te envío a Lee Ha-min, vendrás? Puedes enojarte conmigo si quieres, pero ven”.

“¿Para qué me enojaría? No creo que haya nada mejor que eso para cortar los lazos”.

En cuanto a ser travieso, nadie podía superar a Tae-kyung.

En lugar de enfadarse o estallar de irritación, Woo-joo respondió en voz baja. Pensar que este era el final hacía que enojarse o empujarlo pareciera algo sin sentido.

“¿Por qué lo odias tanto?”.

La punta de los dedos de Tae-kyung acarició el cabello de Woo-joo. En el toque que recorría su oreja y la línea de su cuello se escondía el deseo, pero Woo-joo fingió no darse cuenta hasta el final.

“¿Tae-kyung conoce bien a Lee Ha-min?”.

“Es el hijo de una amiga de mi madre. Mi madre lo quería mucho. Se preocupó por él hasta el día en que murió”.

Woo-joo se quedó callado un momento y luego soltó una carcajada suave. Fue un verdadero alivio.

Fue un alivio no haber creído en las dulces palabras sobre la venganza, y fue un alivio haber decidido volver a como era todo antes de conocerlo.

El día en que él se vengara en su nombre nunca llegaría. Estaba realmente agradecido de no tener que salir herido por ese hecho.

“¿De verdad no me lo vas a decir?”.

“No”.

“¿Es porque soy cercano a Lee Ha-min? ¿Te preocupa que me ponga de su lado?”.

“Simplemente no quiero volver a estar vinculado con él de ninguna manera. Si va a seguir hablando de eso, me iré ahora mismo”.

“¿Entonces tampoco quieres que lo escuche de Lee Ha-min?”.

“……”.

Lo odiaba. Lee Ha-min, astuto como siempre, hablaría a su favor. Tal como en el pasado, lo empaquetaría todo como un simple accidente.

Incluso Tae-kyung, quien había investigado su pasado, acabaría pensando que la protesta individual de su madre no fue más que una terquedad sin fundamento. Consideraría el suicidio de su madre y la desaparición de su padre como simples golpes de mala suerte.

Sin embargo, no pudo decir que no quería. Intervenir en su elección era lo mismo que decir que seguiría viéndolo.

“Pregúntele. De todos modos, la gente ya lo sabe, así que dará igual si investiga por su cuenta”.

“¿Pero aun así no quieres decírmelo tú?”.

“No”.

La respuesta de Woo-joo fue firme y rápida. Sentía que si dudaba un solo segundo, querría contárselo todo. Querría decirle que, aunque en el pasado y ahora el mundo entero se puso del lado de Lee Ha-min, por favor, Joo Tae-kyung se pusiera del lado de él.

“Shin Woo-joo”.

“Sí”.

“Woo-joo”.

“Sí”.

Le gustaba que pronunciara su nombre.

Solo ahora, cuando ya era demasiado tarde, se daba cuenta de que ese era el momento en que su nombre se volvía especial por primera vez en su vida. De todos modos, era un alivio poder detenerse antes de que fuera más profundo.

“Cuídate bien hasta que vaya a buscarte”.

“¿Qué?”.

“Y no le andes mostrando tus tobillos a cualquiera”.

Al ver que se reía incluso de semejante locura, era evidente que todo el tiempo que pasó con él fue bueno. Sentía que la herida que solo le había causado dolor finalmente comenzaba a sanar después de seis años.

“La próxima vez ni pienses que te dejaré ir tan fácil. La amabilidad termina hoy”.

Ante las palabras de Tae-kyung, Woo-joo solo escuchó en silencio. Pensó que con eso era suficiente.

<Continuará en el Volumen 2>