03. El mundo de Woo-joo
03. El mundo de Woo-joo
Unas manos implacables rasparon su tobillo.
Sus piernas estaban siendo presionadas para que no pudiera moverse mientras se
retorcía de dolor.
Al reventar las ampollas y raspar la piel con
fuerza, la dermis quemada se desprendía y el líquido de la herida comenzaba a
brotar. Una sensación a la que jamás podría acostumbrarse cubrió todo su
cuerpo. Incluso tras tomar analgésicos antes de entrar a la sala de curas, en
esos momentos su cuerpo siempre escapaba a su control. Tanto como las lágrimas
que brotaban de sus ojos, su pijama de hospital estaba empapado en sudor frío.
Su mente, paralizada por el dolor, lo
transportaba cada vez a aquel instante. El agua hirviendo derramándose sobre su
tobillo y la piel, adherida al dobladillo de su ropa, derritiéndose en el acto.
Por mucho que pataleara, el agua que salpicaba
su tobillo no desaparecía. El dolor le bloqueaba las vías respiratorias. No
podía respirar.
* * *
Fue incluso antes de que sonara la alarma.
Woo-joo,
bajo la manta, se sujetó el tobillo y lo masajeó con insistencia. Cada vez que
tenía un sueño, sentía ese frío inusual que calaba hasta los huesos y un dolor
punzante bajo la piel. Sentía una calidez que nunca se llenaba y un dolor que
no se marchaba, pero ya hacía mucho que se había acostumbrado.
Masajeó su tobillo una y otra vez con la mente
en blanco. Lo hacía mecánicamente, solo porque sentía que, si no lo hacía, el
pie consideraría que ya no era necesario y empezaría a pudrirse.
Al principio, no podía controlar el frío y el
dolor incesantes y solía estallar en lágrimas. Sentía como si cada célula bajo
su piel se estuviera quemando. Ese dolor se sentía tan real que rogaba que, por
favor, alguien apagara el fuego pegado a su pie, pero al final terminó
desesperándose ante la frase de un médico que suspiraba por el cansancio
acumulado.
Aquello significaba que tendría que vivir con
ese dolor para siempre.
Se desesperó, sintió rencor, se resignó y, con
el tiempo, se acostumbró. Era más fácil pensar que así era su naturaleza. De
todos modos, se había quedado solo; por mucho que lo negara, nada iba a
cambiar.
Una vez que algo de calor volvió a su pie
gélido, pudo moverse lo suficiente. El dolor punzante persistía, pero aun así,
tenía que ponerse en marcha. Mientras movía el pie, soltó un largo suspiro que
había estado conteniendo. En cuanto recuperó el aliento, el aire frío de la
casa, donde ni siquiera funcionaba la calefacción, penetró profundamente en su
cuerpo.
Woo-joo suspiró y se levantó de la cama. Si
quería salir desde la madrugada, debía moverse con diligencia.
Se puso varias capas de ropa y se encimó un
abrigo acolchado. Era una prenda cuyo relleno ya estaba apelmazado, comprada en
un mercado de segunda mano al final del invierno. Había soportado el frío
pensando que era una suerte tener al menos ese abrigo viejo, pero tras conocer
la calidez de aquella villa y de aquel hombre, por mucho que intentara
controlarse, sentía que el frío era implacable.
Aunque era un abrigo viejo que ya no cumplía
su función térmica, no se atrevía a tirarlo para poder ir a trabajar de
madrugada. Como trabajaba tan temprano, a veces tenía que usar ropa de invierno
hasta principios de junio, así que debía estar agradecido de haberlo podido
comprar barato.
Si al menos no tuviera deudas, la vida sería
soportable.
Incluso sin las deudas, el simple hecho de
respirar costaba dinero. Se sentía como si estuviera de puntillas en el fondo
de una piscina, aguantando apenas. En el momento en que sus pies se relajaran,
no habría aliento para gastar dinero.
Reprimiendo el sentimiento de para qué servía
vivir así, Woo-joo metió los pies a la fuerza en sus zapatillas deportivas. El
talón estaba desgastado y los hilos sobresalían. Era una suerte que su trabajo
no requiriera usar ese abrigo y esos zapatos viejos mientras laboraba.
“Ah…….”
Fue solo después de abrir la puerta y salir de
casa que Woo-joo comprendió la razón de su dolor de tobillo y de ese sueño que
le había arruinado el humor.
La lluvia de primavera de mayo caía
tristemente desde la madrugada.
Woo-joo se dio la vuelta y entró de nuevo en
la casa. Al levantar la vista, su pequeña habitación se veía de un solo
vistazo. Era imposible que hubiera algo como un paraguas.
Soltó un suspiro y volvió a salir. Se puso la
capucha del abrigo y echó la cabeza hacia atrás. No es que eso le permitiera
saber cuánto más llovería o cuándo pararía, pero sentía que debía hacer algo
así. Como un niño que cree que, con solo hacer eso, la lluvia cesará de
inmediato.
Burlándose de sí mismo por esos pensamientos
inútiles, intentó dar un paso, pero soltó un suspiro de impotencia. Eran sus
únicas zapatillas deportivas.
Tras dudarlo un momento, regresó a casa y
salió calzando unas sandalias de tres mil wones. Las había recogido hacía unos
años cuando algún socio de la piscina las dejó abandonadas. A simple vista
parecen estar bien, pero el talón estaba tan gastado que, con solo quedarse
parado, el talón del pie se hundía.
Dudó un instante sobre si podía ir a trabajar
con esas sandalias, pero pensó que no importaba, ya que de todos modos no
trabajaba calzado.
La punta de sus pies descubiertos empezó a
enfriarse. La cicatriz de la quemadura que rodeaba su tobillo pulsó con más
dolor.
Tras cerrar y abrir los ojos con fuerza,
Woo-joo echó a correr bajo la lluvia. Si se demoraba más, perdería el autobús
sin duda. Los autobuses que circulaban desde la madrugada tenían intervalos muy
largos, así que tenía que subir a este sí o sí.
Ignorando el sonido de las gotas de lluvia
golpeando su abrigo, aumentó la velocidad. A medida que el intervalo del
chapoteo se acortaba, el aliento blanco que escapaba de sus labios se hacía más
grande.
Al ver que el autobús doblaba la esquina y se
acercaba a la parada, puso más fuerza en sus piernas. En el momento en que el
autobús estaba por pasar de largo la parada, bajó deliberadamente de la acera y
corrió.
Gracias a que casi no había coches circulando
a esa hora, el conductor del autobús vio de inmediato a Woo-joo corriendo sin
paraguas y detuvo el vehículo. También ayudó que ya se conocían de vista por los
turnos de madrugada.
“Gracias.”
“Toma.”
“¿Y esto por qué……?”
Woo-joo marcó su tarjeta e iba a entrar,
cuando el conductor, que normalmente solo lo saludaba con la mirada, le
extendió un paraguas que todavía chorreaba agua.
“Úsalo.”
“Ah……. No es necesario.”
“Puedes usarlo. Mucha gente olvida sus
paraguas en el autobús, así que hay montones rodando por la oficina de la
empresa.”
“……Gracias.”
Woo-joo hizo una reverencia y aceptó el
paraguas. El conductor hizo un gesto indiferente con la mano y puso el autobús
en marcha. Al mirar alrededor, vio los rostros de siempre. Algunos cabeceaban
dormidos, otros miraban la lluvia con rostro inexpresivo o deslizaban el dedo
por la pantalla de su móvil.
Woo-joo caminó y se ubicó justo frente a la
puerta trasera. El agua de lluvia que resbalaba de su abrigo cayó sobre el
asiento. Tiró de su propia ropa hacia abajo y lo limpió a toda prisa. De alguna
manera, se sentía como una carga que solo causaba molestias, y sintió un sabor
amargo en la boca. Solo entonces reparó en sus pies empapados.
Tienes mala suerte de tener este dueño.
Pensando lo que siempre pensaba cada vez que
veía su pie y su tobillo, flexionó y estiró los dedos de los pies. Mientras
repetía el movimiento de doblar y estirar el tobillo, el calor del interior del
autobús fue desplazando lentamente el frío de sus pies. Al sentir que sus
músculos se relajaban gradualmente, soltó un suspiro de alivio sin darse
cuenta.
Entonces, de repente, recordó la sensación de
los labios de aquel hombre que succionaban y lamían incesantemente sobre su
quemadura, y tuvo que apretar los puños con fuerza.
Aquel día, que parecía una fantasía creada por
la luz de un fósforo de la pequeña cerillera, regresaba a su mente sin previo
aviso como ahora, y cada vez que sucedía, Woo-joo se inquietaba sin saber qué
hacer. Sentía una especie de hormigueo en el vientre, y le parecía que la
fuerza acumulada en todo su cuerpo tensaba al máximo sus paredes internas y su
entrada.
Fue precisamente porque él había embestido
sujetando su tobillo quemado con ambas manos. El calor que envolvió su tobillo
se convirtió en una temperatura hirviente que excitó todo su cuerpo. Como una
ola, el recuerdo de aquel día, en el que lloraba aferrado a él, inundó su
mente.
*
Fue en el momento en que, empapado por el
calor y el placer que cubrían todo su cuerpo, apenas podía recuperar el aliento
bajo él.
El mar que él le había mostrado hacía un
momento era profundo, de un azul intenso y viscoso. Woo-joo se hundía sin poder
salir de ese océano de feromonas. Se sentía como alguien que no hubiera
aprendido a nadar en toda su vida.
Él era implacable a la vez que tierno, y
travieso a pesar de su calidez. Se comportaba como si tuviera la misión de cumplir
su palabra de que solo tenía sexo sucio y desordenado.
Lamió cada rincón hasta que los cuerpos de
ambos estuvieron empapados y pegajosos, hasta que sus mentes se derritieron y
hasta que el aliento que exhalaban se volvió denso. Woo-joo se hundió indefenso
en el placer que él le brindaba, tanto que ni siquiera pudo pensar en que las
marcas serían visibles al quitarse la ropa en el trabajo.
Él, que lo había recostado en la cama para
devorarlo de pies a cabeza, se detuvo de repente y se quedó inmóvil. Fue justo
después de ver las cicatrices de quemaduras que cubrían ambos tobillos.
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Woo-joo, incapaz de ocultar su vergüenza y
desconcierto, se incorporó apresuradamente. Dobló las piernas y cubrió sus
tobillos con ambas manos, pero lo que él ya había visto no podía borrarse.
Woo-joo soltó palabras sin sentido y se mordió
los labios con fuerza. Pensó que, aunque fuera solo por una noche, nadie
querría abrazar un cuerpo así; se sintió frustrado consigo mismo por no haber
pensado en sus propias cicatrices. Solo ahora comprendía que no cualquiera
podía ser la pequeña cerillera.
Se humedeció los labios resecos con la lengua
y giró la cabeza para mirar a su alrededor. Buscó algo con qué cubrirse, pero
su ropa estaba tirada en el suelo de la cocina, mezclada con vino y semen.
Sin más remedio, se levantó con torpeza e
intentó salir de la cama desnudo, pero en ese instante lo sujetaron del tobillo
y lo obligaron a recostarse de nuevo. Forcejeó para liberar su tobillo
atrapado, pero cuanto más lo hacía, más aumentaba la fuerza de la mano que lo
sujetaba.
Antes de que Woo-joo pudiera procesar las
palabras de Tae-kyung, algo húmedo y firme empezó a rozar su tobillo.
Sobresaltado, giró la vista y se encontró con
los ojos de Tae-kyung, quien se masturbaba frotando su pene oscuro y rojizo
contra su tobillo.
El rostro desconcertado de Woo-joo se tiñó de
un rojo intenso. Intentó retirar el pie, pero Tae-kyung exhaló un aliento
pesado mientras untaba abundante líquido preseminal sobre las cicatrices de
quemadura que envolvían su tobillo. Finalmente, juntó ambos tobillos, colocó su
pene entre ellos y comenzó a mover la cintura.
Woo-joo no pudo soportar ver ese pene grueso
moviéndose de un lado a otro cerca de sus pies, así que terminó cubriéndose la
cara con ambas manos. A medida que sus tobillos se humedecían, sintió un
cosquilleo en el bajo vientre y su entrada palpitó. Si lo pensaba bien, él solo
se estaba masturbando contra su tobillo, pero no entendía por qué se estaba
excitando tanto.
Cuando el aliento caliente de Tae-kyung cayó
sobre él, sintió que todo su cuerpo se encendía como si le hubieran prendido
fuego. El líquido brotó de su entrada empapando las sábanas, y las feromonas
con aroma a jabón se esparcieron envolviendo a ambos.
Solo entonces Woo-joo comprendió por qué se
excitaba en esa situación tan absurda.
Era porque el Alfa dominante más cálido y
gentil del mundo estaba obsesionado con sus tobillos, la parte de sí mismo que
él más odiaba. El deseo sexual que él expulsaba como si vomitara era, tal como
había dicho, primitivo y desordenado; era la forma más impúdica e instintiva.
Sinceramente, Woo-joo agradecía esa lujuria
que él le mostraba.
Cada vez que él mordía y lamió su tobillo
cicatrizado hasta dejar marcas rojizas, Woo-joo lloraba escondido tras una
excitación y un placer incontrolables. Fue la forma más pacífica de la
amabilidad que él le mostró, y la mayor alegría que sintió dentro de las
oscuras intenciones de aquel hombre. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo.
Por primera vez, sus tobillos manchados de
semen blanco le parecieron eróticos. Al mismo tiempo, pensó que no le
importaría ser devorado por Tae-kyung en ese mismo instante.
No le importaba si era una sirena que seducía
a Tae-kyung o la Sirenita que obtuvo piernas humanas. Sentía que sería feliz
siendo cualquier cosa que él deseara.
El deseo de Tae-kyung por ese cuerpo que
incluso él mismo había abandonado y despreciado lo llenó de una emoción
incontenible. Deseaba que él se excitara y lo quisiera aún más al mirarlo.
Tae-kyung fue la primera muestra de afecto que
probó desde que se quedó solo en el mundo.
Ah. Basta.
Woo-joo sacudió la cabeza con fuerza para
alejar esos recuerdos. Era una atribución de significado inútil. El hecho de
que él hubiera tocado sus quemaduras con calidez y las hubiera besado durante
una sola noche no significaba que el dolor fuera a desaparecer.
No. Lejos de desaparecer, recordó que debido a eso tuvo que sufrir
bastante.
Cuando los fósforos de la pequeña cerillera se
apagaron y amaneció, Woo-joo regresó a su pequeña casa como si nada hubiera
pasado. En su hogar lleno de un frío que le recordaba al fuego de los fósforos
de la noche anterior, Woo-joo sufrió de fiebre alta y dolores musculares
durante tres días seguidos.
Pudo haber sido por nadar en el mar todavía
frío, o por haber aceptado por primera vez lo de un Alfa dominante. O quizás,
por haber sido atormentado durante toda la noche usando músculos que nunca
antes había utilizado.
Gracias a eso, para cuando tuvo que volver al
trabajo, las marcas que él había dejado ya se habían atenuado, así que no tuvo
que preocuparse de que alguien malintencionado le preguntara qué eran. Aunque
sí recibió algunas miradas de reproche de otros que tuvieron que cubrir sus
turnos mientras él descansaba.
De todos modos, al sentir que el tobillo que
él tanto había atormentado seguía doliendo, parecía que el dolor lo acompañaría
durante todo el día. Pensó que hoy debería ir con cuidado si no quería hundirse
y morir en el agua.
Por suerte, el director de la piscina sabía
que a él le dolía cuando llovía, así que haría la vista gorda si lo veía
tomárselo con calma. Aunque en realidad sería porque la lástima que sentía por
él lo hacía verlo con aún más compasión.
El director una vez compartió sueños con él, y
tuvo que presenciar cómo esos sueños se hacían pedazos.
Cuando Woo-joo dijo que no volvería a nadar,
él se arrodilló y gritó de dolor. Diciendo que no podía ser verdad. Creía que,
sin duda, él podría volver a levantarse.
Era un absurdo. Desde ese día, su sueño dejó
de existir. No había forma de que el director no supiera lo mismo que él ya
sabía.
Ese era un mundo donde la longitud del tendón
de Aquiles podía definir los segundos y determinar el ranking. Además, le
habían dicho que no entrara al agua por un tiempo justo antes de las
eliminatorias, así que no tenía forma de evitar que su cuerpo se entumeciera
hasta que llegara la siguiente temporada.
Al final, el director renunció a su cargo,
diciendo que le pesaba en el alma no haber podido proteger a su amado discípulo
mientras se derrumbaba. Pensando que ya no tenía derecho a ser entrenador,
dimitió y abrió una pequeña piscina en el vecindario.
Pasó un año hasta que Woo-joo terminó el
tratamiento de sus quemaduras y le dijeron que era seguro entrar al agua.
Woo-joo, que para entonces se había quedado
solo, fue a buscar de inmediato al entrenador que dirigía la piscina. Él miró
de reojo el tobillo de Woo-joo y, sin decir una palabra, le dio el puesto de
instructor de natación. Dijo que, después de todo, ninguno de los dos sabía
hacer otra cosa que no fuera eso.
Y así habían pasado seis años.
Él seguía viviendo a duras penas,
manteniéndose en el fondo de una piscina que se hundía, y ya se cumplían seis
años esperando a su padre, quien le prometió contactarlo en cuanto se
estableciera.
El mundo de Woo-joo, a sus 25 años, seguía
estando bajo el agua, y él vivía usando esa agua como su único apego. Era un
mundo de amor y odio del que no podía escapar, por mucho que lo detestara.
* * *
La mañana en la piscina comienza de forma
serena y silenciosa, pero rápida.
El equipo de mantenimiento llega antes de que
salga el sol para abrir las puertas y ventilar el aire húmedo de la noche. El
personal de limpieza externo termina su labor sin hacer ruido, y el empleado de
recepción enciende la computadora mientras suelta un largo bostezo.
Invariablemente, el olor a pescado del agua
mezclado con el desinfectante inunda las fosas nasales. Era el comienzo de un
día igual a los demás. La única diferencia era que hoy llovía desde la
madrugada.
"Shin Woo-joo, pedazo de indigente.
Vístete como corresponde. Si fuera yo, no me pondría ese abrigo ni aunque me lo
regalaran."
El aire húmedo por la lluvia irritaba el humor
de alguien, y ese alguien tenía a un subordinado que servía como saco de boxeo.
Eso era todo.
"Mierda, mira nada más esas sandalias.
¿No te da vergüenza que te vean los clientes?"
La lluvia incesante era suficiente para
absorber el ruido del entorno. Incluso el sol estaba oculto tras nubes que no
daban tregua, haciendo imposible calcular la hora. El recepcionista, con cara
de aburrimiento, miraba fijamente el reloj en la esquina inferior del monitor.
En momentos así, el tiempo parece avanzar más lento.
"Llego antes que los clientes y me voy
después que ellos, ¿cómo se supone que me importe lo que piensen?"
"¿Qué? Oye, imbécil. ¿Crees que el
trabajo es un juego? Nadie te pide que vengas de traje. Solo vístete como una
persona normal."
"Aunque venga así, me lo quito de
inmediato."
"Este desgraciado... ¡Oye, maldito sea!
¿Quién te enseñó a responder así de descarado? ¿Tus padres te educaron así? Ah,
claro. ¿Qué ibas a aprender de unos padres que te abandonaron y huyeron? Ah,
¿cierto que tu madre se suicidó?"
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Ante las palabras del jefe de equipo que
acosaba a Woo-joo, por un instante, todos en el lugar se estremecieron. Alguien
se puso pálido y otro frunció el ceño con asco.
Que el jefe tratara a Woo-joo como un saco de
boxeo no era nada nuevo, pero nunca había cruzado la línea de esta manera. Los
empleados intercambiaron miradas, preguntándose si no era momento de intervenir.
Al final, las miradas se centraron en el
empleado de recepción que seguía mirando el monitor. Siempre era él quien
detenía al jefe de equipo usando como excusa la hora de las clases.
Justo en ese momento, él también, al notar que
el nivel de la agresión era distinto al habitual, giró el cuerpo que estaba
hacia el monitor para mirar al jefe y a Woo-joo. Estaba debatiendo si
intervenir aunque aún no fuera la hora.
Si el rostro de Woo-joo se hubiera alterado lo
más mínimo, habría saltado de inmediato sin dudarlo.
Sin embargo, a pesar de que el contenido era
horripilante incluso para quienes no eran el blanco de los insultos, Woo-joo
parecía tan indiferente como siempre. Tenía una expresión que parecía decir que
nadie debía entrometerse o, por la razón que fuera, que no permitiría que nadie
se acercara.
Gracias a eso, el jefe se sintió con vía
libre. Parecía animado, incluso emocionado, como si no entendiera el peso de
sus propias palabras. Excitado por la situación, ni siquiera pensó en
moderarse.
"¿Qué? ¿Acaso tu madre no te enseñó cómo
suicidarse? Ya que vivir es una mierda, deberías seguirla."
Tal vez siempre lo había pensado. Por eso las
palabras salieron de forma tan natural como respirar.
Woo-joo pensó, mientras se mordía el interior
de la mejilla, hasta qué punto puede caer un ser humano en lo más bajo.
Desde los prestamistas que mencionaban a su
padre desaparecido para cobrar intereses inflados, hasta los tipos que llevaron
a su madre a tomar esa decisión extrema, o el maldito desgraciado que le vertió
agua hirviendo en el tobillo causando la quemadura.
Hacía mucho que dejó de pensar que el mundo
estaba lleno de gente mala. Cuando tipos así están por todos lados, no tiene
sentido clasificarlos por cantidad. Además, ya ni siquiera sabía si esas
personas eran realmente malas.
Simplemente era él quien había vivido mal.
Todas las personas que lo lastimaban tenían una razón, y él era quien creaba
esa razón. Viendo que todos se portaban así solo con él, claramente el problema
era él mismo.
"Por eso la gente sin educación no sirve.
Dime. Hiciste natación porque eras malo estudiando, ¿no? ¿No será que tus
padres se murieron porque no podían contigo?"
Tenía razón. Si no hubiera empezado a nadar,
su madre seguiría viva. No habría pasado de Beta a Omega, ni se habría quemado.
Por lo tanto, su madre no habría tomado esa decisión. Y si eso no hubiera
pasado, su padre no habría tenido que huir de los cobradores.
"Creo que para el jefe de equipo sería
mejor no tener padres así."
Fue entonces cuando alguien intervino entrando
a la oficina.
"Asistente Park. ¿No crees que te
pasaste?"
La puerta de la oficina solía estar abierta de
par en par. En parte por la limpieza y ventilación matutina, pero también
porque el flujo de gente era constante, así que se volvió un hábito dejarla
fija.
Por eso, aunque no estuviera dentro, lo habría
oído todo. Por supuesto, como no era la primera vez, quien intervino no entró
con cara de sorpresa o espanto. Simplemente emanaba un aire de estar harto de
la situación.
"No es algo que el jefe de equipo deba
decir."
El asistente Park Soo-hyun soltó un largo suspiro
y se paró al lado de Woo-joo. Al ver las pupilas vacías del chico, suspiró de
nuevo ligeramente. 'Tsk. Al menos deberías llorar.'
Park Soo-hyun tenía fama de ser quien elevaba
un poco el promedio de inteligencia en este mundo donde se decía que todos solo
tenían músculos en la cabeza.
A diferencia de Woo-joo, que no sabía hacer
nada más que nadar, Soo-hyun era bueno estudiando y sabía aprovechar sus
ventajas. Actualmente estaba terminando un curso de formación de líderes en la
escuela de posgrado, y en un futuro lejano aspiraba a formar atletas nacionales
en lugar de ser instructor en una piscina de barrio.
Al confirmar quién era el dueño de la voz, un
brillo momentáneo cruzó los ojos de Woo-joo. Como nunca hablaba seriamente con
nadie, jamás pensó que habría alguien que saldría en su defensa.
Además, exceptuando a sí mismo por su falta de
habilidades sociales, el asistente Park Soo-hyun era la persona más ruda del
lugar, por lo que verlo así resultaba extraño.
Eso no significaba que fuera irresponsable o
incompetente. Solo intervenía cuando era necesario por trabajo, por lo que
Woo-joo y los demás no pudieron evitar sorprenderse.
"¿No aprendió usted del jefe de equipo a
insultar y menospreciar a los padres? Si esos son los padres, creo que es mejor
no tenerlos."
"Ja. Mierda, ¿acaso dije algo que no
fuera cierto? ¿Por qué te metes tú? ¿Eres el portavoz de Shin Woo-joo?"
"No se ve bien que trate así a un
empleado débil. Deténgase. Y no use insultos."
Aunque era una piscina pequeña de barrio,
tenía bastante éxito gracias al historial del dueño. Las clases grupales
siempre estaban llenas, y las clases pequeñas o individuales costaban lo que
uno quisiera pedir.
Además, al ampliar el espacio para deportes
recreativos como tenis de mesa o bádminton, incluso esta pequeña organización
necesitó una estructura de rangos para supervisar cada tarea.
Park Soo-hyun fue alguien a quien el director
trajo específicamente bajo recomendación. No llevaba ni un año allí, pero
gozaba de la confianza total del director.
Incluso se decía que lo trajeron para
supervisar tanto al equipo de natación como al de deportes recreativos, pero él
rechazó el puesto para no ser explotado tanto, aceptando el título de
'asistente' como algo intermedio.
En otras palabras, para el jefe de equipo —que
ostentaba ese cargo solo por ser el mayor y tener más experiencia en deportes
recreativos locales—, Soo-hyun era el oponente más difícil de tratar.
Sobre todo, Soo-hyun era alto. Tenía buen
físico y era muy popular entre las socias de la piscina.
En comparación, el jefe era el típico hombre
que es fuerte con los débiles y débil con los fuertes. Uno de esos tipos de los
que se dice constantemente que parecen matones de barrio en lugar de
deportistas.
"Ja. Este tipo me vuelve a dejar en
ridículo."
Aunque fingía que no por orgullo, desde que lo
vio por primera vez, reconoció instintivamente que Soo-hyun estaba por encima
de él. Era el método de supervivencia de un tipo que solo usa el cuerpo y tiene
músculos en lugar de cerebro.
"¿Le parece ridículo que le pida que no
cometa violencia verbal?"
"Por qué no sigues murmurando por la
espalda como siempre, eh."
El jefe torció una comisura de los labios. Era
un intento de inflar el cuerpo para parecer más grande, aunque él mismo no se
daba cuenta. Estaba demasiado ocupado pensando en burlarse en su cara,
llamándolo hipócrita por fingir ser bueno ahora.
"Se te da bien. Ese tipo que ni siquiera
fuma, viniendo hasta la zona de fumadores para pedirme que cuide mi lenguaje.
¿Por qué no lo haces hoy también?"
Ante las palabras del jefe, las miradas de los
empleados se centraron en un solo punto. Soo-hyun, sintiendo esas miradas, se
frotó la cara con una mano. Se sintió avergonzado y apenado al recordar que no
había ayudado desde la primera vez que lo notó.
Sin embargo, a diferencia de la intención del
jefe, los empleados empezaron a ver a Soo-hyun con nuevos ojos.
"Ahhh. ¿Es que este tipo te abrió las
piernas?"
"¿A qué viene eso de repente?"
"Digo que si no se puso de su lado porque
le prometió abrir las piernas. Dicen que todos los Omegas son unos
regalados."
Soo-hyun soltó un suspiro de incredulidad.
Estaba atónito por el acoso sexual que ensuciaba sus oídos. Por el rabillo del
ojo, notó que las puntas de las orejas de Woo-joo estaban ligeramente rojas. Al
ver que seguía inmóvil, supuso que el chico escuchaba esas cosas constantemente
incluso cuando él no estaba presente.
"Oye, regalado. Dilo tú. ¿Abriste las
piernas solo porque eres un Omega? Dicen que los recesivos no tienen celo y
casi no sueltan feromonas."
Ante la estupidez de decir que no tenía celo,
Woo-joo cerró y abrió los ojos. El dolor punzante del tobillo trepaba por su
pierna. Solo quería que, fuera lo que fuera, terminara rápido.
No era la primera vez que el jefe lo llamaba
regalado, y no le importaba. Que el jefe lo viera así o no, no significaba que
fuera a acostarse con él.
Entonces, de repente, recordó al hombre con el
que pasó aquella noche. Si se llamaba regalado a alguien que tiene relaciones
con un desconocido, y si ese hombre pensaba lo mismo que el jefe al recordarlo,
se sentiría muy triste. Porque incluso sus oscuras intenciones fueron calidez
para él.
Al pensar en eso, el tobillo le dolió como si
lo cortaran con hielo. Ante el dolor inusual y difícil de soportar, frunció el
ceño y dejó escapar un quejido.
"Ah……."
Se mordió el labio con fuerza y tragó aire.
Sentía que hasta su aliento exhalaba dolor. Pero no quería demostrar que le
dolía.
No quería darle otra excusa al jefe, que lo
trataba como a un ser despreciable, ni quería que alguien que recordara la
época en que tuvo que abandonar su sueño por esa quemadura lo viera así.
Además, este dolor era suficiente con
recordarlo él solo. Quizás este dolor era lo único que le quedaba de aquel
hombre. A cambio de no poder volver a ver a aquel que liberó un deseo sexual
devorador sobre esa cicatriz tan fea.
"Voy a denunciarlo ahora mismo por acoso
sexual."
"¿Qué?"
"¿No lo ve? ¡Está aguantando la
respiración hasta ponerse rojo de la vergüenza!"
Lo que Woo-joo estaba aguantando al morderse
el labio era el dolor del tobillo, pero como resultado, terminó pareciendo un
empleado lamentable que apenas soportaba la vergüenza y el disgusto por los
comentarios sexuales del jefe.
Debería negar que fuera por eso, pero tampoco
tenía ganas. Si tuviera la voluntad de explicar o aclarar cada cosa, no habría
seguido trabajando allí escuchando lo mismo todos los días.
En este momento, solo quería sumergir los pies
en agua tibia. Antes de que el dolor de la pierna lo consumiera por completo.
"¡Maldición! ¡¿Por qué es mi culpa que
sea un regalado?! ¡Si no lo es, solo tiene que decirlo! ¿No será que se queda
callado porque es verdad? Oye, regalado. Habla. ¿Me equivoco?"
En ese momento, el cuerpo de Woo-joo se
tambaleó con fuerza. El puño que golpeaba repetidamente bajo su clavícula
llevaba una intención maliciosa evidente. Sin poder resistir, los pies de
Woo-joo retrocedieron tambaleantes. La maldad de una persona parecía no tener
fondo.
"¡Basta! ¡Esto ya es violencia
física!"
"No me jodas. ¿Esto es violencia? Ja.
Este tipo de verdad... Park Soo-hyun, parece que no lo sabes, pero este mundo
es pequeño. A los que se rebelan contra sus superiores no los contratan en
ningún lado. ¡Mierda, cuida tus palabras!"
Cuando Soo-hyun, incapaz de aguantar más, se
puso delante escondiendo a Woo-joo tras él, el rostro del jefe, que perdió su
blanco de ira, también se puso rojo. No desviaba la mirada, pero toda su
atención estaba dispersa en los otros empleados de la oficina.
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No quería que descubrieran que no podía
hacerle lo mismo a Soo-hyun que a Woo-joo. Quería mantener su autoridad como
jefe, y sentía que si retrocedía aquí, la vergüenza le impediría dar la cara
ante los empleados y subordinados. Como el mundo era pequeño, los rumores se
propagaban rápido.
Sin embargo, su instinto le susurraba que
debía alejarse de Soo-hyun.
Soo-hyun es un Alfa. Un Beta no podía
enfrentarse a un Alfa. Incluso los nadadores veteranos evitaban a los Alfas a
propósito. Al haber aprendido desde joven que no salía nada bueno de chocar con
ellos, se le secó la boca.
El hecho de que mirara de vez en cuando las
manos de Soo-hyun sin darse cuenta era puro instinto de supervivencia. Sin
siquiera ser consciente de que era su propia paranoia pensando que en cualquier
momento lo agarrarían del cuello.
"Ya veremos a quién se le acaba el
sustento."
Soo-hyun negó con la cabeza soltando un
suspiro. No podía resolver el problema siguiendo con ese enfrentamiento. Por
otro lado, tampoco era un problema que se solucionara dejándolo pasar.
Pronto empezaría la primera clase. Decenas de
socios entrarían y salirían, y quedarse así solo resultaría en una
victimización secundaria para Woo-joo. Los clientes, sin conocer el contexto,
escucharían solo al jefe gritón y hablarían de Woo-joo sin pensarlo dos veces.
"Su-jung. Por favor, encárgate de la
clase de Woo-joo por hoy. Woo-joo, ven conmigo un momento para hablar."
"Mierda. Park Soo-hyun. ¿Acaso mis
palabras te parecen broma?"
"Los que quieran serle fieles al jefe,
hablen ahora. Así incluyo sus nombres cuando haga la denuncia legal. Después de
todo, esa es la lealtad de la que habla este pervertido."
Soo-hyun echó un vistazo a la oficina como si
no escuchara en absoluto los gritos del jefe frente a él.
Aquellos que no habían visto ni oído nada
desviaron la mirada disimuladamente y luego, uno a uno, abandonaron el lugar
con la excusa de las clases. Por la misma razón por la que solo observaron,
esta vez cortaron lazos con el jefe limpiamente.
"Este, hyung."
"Ahora no. Salgamos de aquí primero. Me
da tanto asco que no puedo estar ni un segundo más."
Soo-hyun giró el cuerpo de Woo-joo a la fuerza
y se dirigió a la salida. Fue después de responder a los insultos del jefe que
se oían a sus espaldas, diciéndole que se callara antes de que llamara a la
policía de inmediato.
Para entonces, la lluvia había parado. Woo-joo
miró distraídamente a los socios que se dirigían a la piscina y luego echó la
cabeza hacia atrás mirando el cielo despejado donde brillaba el sol. Aunque
sentía frío en la punta de la nariz, recién ahora sentía que la primavera había
llegado por completo.
¿Cuánto hacía que no miraba el cielo a esta
hora?
Tenía que aguantar, y como no conocía otro
camino, pasaba cada día de la misma forma. Después de lograr pasar un año, el
siguiente, y el que le seguía, pasaron aún más rápido. En ese tiempo se volvió
indiferente a muchas cosas y dejó de importarle lo demás.
"Toma."
Soo-hyun le extendió un café de máquina. Del
café que llenaba la mitad del vaso de papel subía un vapor blanco.
"Quisiera invitarte un café caro, pero no
hay nada abierto. Por ahora toma esto, y la próxima vez te compraré uno rico y
caro."
Ante esas palabras tan extrañas para él,
imaginó la vida cotidiana de los demás.
El café de máquina, prometer un "la
próxima vez". Eran cosas que nunca podría hacer solo. Esas primeras veces
quizás eran también las últimas. Porque no habría otra persona que compartiera
un café de máquina con él y prometiera una próxima vez.
Woo-joo agachó la cabeza al recibir el café.
Era solo una palabra de agradecimiento, pero le costaba despegar los labios.
Era por falta de costumbre.
"Ah. Como soy mayor que tú, te hablaré de
forma informal, hyung te hablará así."
"Sí."
"Es que en momentos así no tengo remedio.
Los que hicimos deporte tenemos la costumbre de hablarle informalmente a los
más jóvenes desde el principio."
"Está bien. Yo también hice
deporte."
"Cierto. Te agradezco que lo veas
así."
Soo-hyun bebió su café con una pequeña risa. A
diferencia de alguien que llamó a otro para "hablar", no parecía
tener intención de abrir la boca.
En el breve silencio, Woo-joo repasó lo
ocurrido. Estaba agradecido de que Soo-hyun interviniera, pero pensó varias
veces que no era necesario.
No creía ser la persona que el jefe describía
cuando lo insultaba y menospreciaba. Por eso se quedaba callado sin importar lo
que dijera. No es que fuera un tonto incapaz de decir lo que quería por
debilidad ante el poder.
A menos que uno de los dos renunciara, lo de
hoy se repetiría siempre como hasta ahora. No esperaba que alguien interviniera
cada vez. Él tampoco deseaba eso. Para ser herido por cada palabra del jefe,
estas estaban llenas de malicia pero eran demasiado romas.
Lo que realmente le asustaba era la vida que
llevaba respirando. Una vida que se secaba y agrietaba, o que era húmeda y
pegajosa; eso era lo que más pavor le daba a Woo-joo en el mundo.
Además, los empleados lo saben. Aunque no lo
digan en voz alta, saben que el jefe es una basura. Así que lo de hoy no era
necesario. Al ser un sector tan pequeño, esto podría perjudicar a Soo-hyun
algún día.
"Hyung."
"Dime."
Woo-joo movió sus labios, que se sentían
pesados, varias veces. Eligió con sumo cuidado las palabras para empezar a
hablar.
Las personas con las que Woo-joo solía
conversar eran los socios de la piscina, y estrictamente hablando, aquello no
era una conversación, sino simplemente una instrucción unilateral. Para alguien
como él, que no estaba acostumbrado a tratar con la gente, la situación actual
era como enfrentarse a un problema sumamente difícil.
“Eso... lo de hace un momento.”
“¿Lo de hace un momento? ¿Te refieres a lo que
le dije al jefe de equipo?”
“Sí. Eso.”
Respondió asintiendo hacia Soo-hyun, quien
continuaba la frase por él. No es que fuera tan tímido como para no poder decir
lo que quería, pero hoy, especialmente, se sentía perdido y torpe.
“Eso... por favor, no vuelva a hacerlo.”
“¿Por qué?”
“¿Eh?”
“Hice lo correcto, ¿por qué me pides que no lo
haga?”
Woo-joo apretó el vaso con ambas manos. El
calor, que aún no se había enfriado, le calentaba las palmas.
“No es necesario que lo haga. En realidad, el
jefe de equipo tiene muchos contactos.”
“¿Estás preocupado por mi sustento?”
“……Sí.”
Asintió levemente. Todavía no había probado ni
un sorbo de café. Sabía que sabía mejor y calentaba el cuerpo si se bebía
mientras estaba caliente, pero sentía que, de alguna manera, le estarían
arrebatando esa calidez frente a sus ojos.
“Woo-joo.”
“Sí.”
“Por muy importante que sea el sustento, uno
no puede ver algo así y fingir que no pasa nada.”
Soo-hyun bebió el resto de su café en
silencio. Aunque mantenía la mirada perdida en algún punto frente a él, Woo-joo
entendió de inmediato lo que quería decir.
Él estaba criticando a los demás empleados del
mismo equipo que, durante los últimos seis años que Woo-joo había trabajado
allí, solo observaron sin detener al jefe de equipo.
“Hyung no lo sabe bien, pero todos son
conocidos o colegas de una u otra forma. Los demás también deben haberlo
pensado.”
“Lo sé. Sé que en este mundo del deporte
todavía hay muchos tipos que amenazan con el puesto de trabajo hablando de
insubordinación y esas cosas. Sé que si te dicen que te agaches, tienes que
agacharte.”
Ante el comentario añadido en voz baja,
Woo-joo se mordió los labios. Aunque le daba pena que el café se enfriara,
seguía sin beberlo, limitándose a mirarlo.
“Lo siento. Debí haberlo solucionado antes.”
“Me dijeron que lo detenía por detrás.”
“Por eso lo siento. Me daba pereza
involucrarme directamente, pero como no podía simplemente ignorarlo, solo
intervenía por detrás.”
Era extraño. Que todavía hubiera alguien que
quisiera intervenir por él.
En algún momento, el dolor punzante de su
tobillo se había desvanecido. No sabía si era porque la lluvia había parado o
por el café caliente que sostenía con ambas manos, pero de cualquier modo, era
un alivio poder respirar de forma decente.
“¿Por qué lo hizo hoy? Podría haberlo detenido
por detrás como siempre.”
“Insultar a los padres es cruzar la línea.”
“Ah…….”
“Bueno, además de eso... lo de hoy es como
debe ser originalmente. Antes no lo hacía porque no quería crear conflictos
innecesarios. Lo siento.”
Soo-hyun arrugó la nariz y mostró una leve
sonrisa. Fue una disculpa que no se sentía pesada, pero que tampoco le pareció
ligera en absoluto.
Solo entonces, Woo-joo levantó el vaso de
papel y se lo llevó a los labios. Seguía pensando que no era algo por lo que
debiera disculparse, pero sintió que no debía rechazar el gesto tajantemente.
Porque ahora comprendía que Soo-hyun debió de haberlo debatido consigo mismo
muchas veces al día antes de decidirse a intervenir.
“Vine aquí con la idea de ayudar solo por un
tiempo. Por eso intenté no involucrarme profundamente a propósito.”
“Pero al final no pudo seguir fingiendo que no
veía nada.”
“No. No pude. Yo hice algo de deporte y luego
me pasé al área de educación, así que no me importaba mucho eso de las
relaciones entre veteranos y novatos que tanto cuidan los deportistas. Pero...
cosas como las de hoy no pueden seguir pasando. ¿Verdad?”
“Con lo bien que hablas ahora, ¿por qué hace
un rato solo te quedaste escuchando? ¿Tanto miedo le tienes al jefe?”
“Es para que termine rápido.”
“……¿No es porque te sentías intimidado?”
NO
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Soo-hyun se detuvo un momento y giró
lentamente la cabeza para mirar a Woo-joo. Pensándolo bien, el rostro de
Woo-joo, que siempre se mantenía en silencio, siempre se veía inexpresivo. Él
pensaba que el chico simplemente reprimía lo que quería decir, pero al parecer,
realmente no le afectaba.
Soo-hyun soltó una risa seca después de
encontrarse con las pupilas negras de Woo-joo. Pero eso no significaba que se
arrepintiera. Él simplemente había hecho lo que creía correcto. Si eso ayudaba
a Woo-joo, qué bueno. Y si no, bastaba con que él mismo pudiera estar tranquilo
con su conciencia.
Woo-joo tomó un sorbo del café frío. Lentamente,
lo movió en su boca y, solo después de que pasó por su garganta, habló con un
suspiro.
“No tengo... suficiente energía como para
sentirme herido por cada una de esas palabras. No tengo fuerzas para
preocuparme por lo que ese hombre piense o ande diciendo por ahí.”
“……No lo sabía.”
“Honestamente, solo estoy ahí presente. Por
eso ni siquiera recuerdo bien lo que ladra. No sé si conoce mi situación,
pero... no tengo energía para andar pendiente de lo que cada quien ande
diciendo.”
Incluso en este preciso instante, su deuda y
los intereses seguían creciendo. No había noticias de su padre, y cada vez que
tenía tiempo, corría a la terminal para tomar un autobús. Tenía que mantener su
lugar para que, cuando su padre volviera, supiera dónde encontrarlo.
“Escuché algo sobre tu situación. Por eso
pensé que con mayor razón te dejabas intimidar por ese tipo asqueroso. Pensé
que no podías cambiar de trabajo por su culpa y que estabas aguantando a la
fuerza.”
“Aunque no fuera por él, no tengo intención de
cambiar de trabajo. Es cierto que no puede ser en otro lugar que no sea este.”
Woo-joo estaba esperando a su padre. No quería
que, cuando él regresara algún día, tuviera que recorrer todo el país
buscándolo y que terminaran desencontrándose. Ya había perdido demasiado tiempo
en las calles. Quería que cuando su padre volviera, no perdieran más tiempo y
pudieran concentrarse únicamente en vivir juntos.
Debido a eso, de forma natural, terminó
aguantando seis años en este lugar sin siquiera considerar cambiarse. Solo
ahora se daba cuenta de que todos a su alrededor pensaban como Soo-hyun.
Cuando su padre volviera, entonces pensaría en
buscar cualquier otro lugar. Sabía que no podría alejarse del agua, pero al
menos esperaba que fuera un sitio donde no se viera ni se recordara su pasado;
era algo que pensaba vagamente.
“¿O sea que no vas a renunciar y seguirás
trabajando?”
“Sí. Así que de ahora en adelante no tiene que
hacer eso. Puede simplemente escucharlo y dejarlo pasar.”
“Si pudiera hacer eso no me lo habría pensado
tanto, muchacho. Si no quieres que intervenga, entonces no te quedes ahí parado
sin hacer nada como hoy.”
“Si eso hace que hyung se sienta más
tranquilo, puede hacerlo. Solo se lo decía para que no se esfuerce
innecesariamente.”
“Oye, tú sí que eres... hmph. Está bien. Haré
lo que me deje la conciencia tranquila.”
Solo con esta breve conversación, empezó a ver
a Woo-joo de otra manera. Soo-hyun sacudió la cabeza y soltó una risa ligera,
dándose por vencido.
Sus esfuerzos por no involucrarse demasiado
con los empleados habían resultado inútiles. Aunque no muchos lo sabían, la
razón por la que el director había reclutado a Soo-hyun era para contrarrestar
al jefe de equipo, quien concentraba demasiado poder.
El jefe de equipo trataba incluso a los de
otros equipos como si fueran sus subordinados, los menospreciaba y pretendía
que el funcionamiento de la piscina se ajustara a sus caprichos. El problema
era que, al ser un entorno de jerarquías muy marcadas, hasta los empleados
aceptaban que eso era lo normal. Si uno o dos presentaban objeciones, sus voces
terminaban sepultadas por otras más fuertes y numerosas.
De hecho, el año pasado varios empleados
renunciaron sin siquiera dar una razón clara. Aunque es un sector con mucha
rotación, la situación era sospechosa. Y los rumores que surgían tras las
renuncias no podían ignorarse.
Por supuesto, el director también era como un
veterano lejano para los empleados. Quizás por eso algunos entraron con más
confianza. Sin embargo, con el tiempo, empezaron a mostrar más lealtad al jefe
de equipo, quien estaba más cerca de ellos tanto física como psicológicamente.
Con el paso del tiempo, o sobrevivían al lado
del jefe o terminaban saliendo disparados por la presión. Por eso, tras mucho
investigar, el director trajo específicamente a Park Soo-hyun.
Esa era la segunda razón por la que él había mantenido
su distancia con el resto del personal.
“Como sea, ya no puedo hacer la vista gorda.
Lo de hace un momento lo voy a reportar formalmente como un problema. Esto ya
cruzó la línea para resolverse solo internamente. ¿Entiendes?”
Tampoco le importaba que lo menospreciaran por
ser Omega. Su manifestación como tal fue algo tan repentino y fuera de lugar
que el médico que lo diagnosticó y el mundo de la medicina lo llamaron un
milagro.
Estaba en el nivel más bajo, incluso entre los
recesivos cuyas características de Omega apenas se notan. Su concentración de
feromonas era tan tenue que casi no influía en los demás.
Incluso su ciclo de celo era irregular, y
cuando llegaba, no ocurría nada drástico. A lo mucho, una temperatura corporal
un poco más alta de lo normal y un ligero escape de feromonas. Sus feromonas
con aroma a jabón eran tan sutiles que incluso los Alfas que podían olerlas no
pensaban que fueran feromonas. Después de todo, era natural que en una piscina
oliera a jabón. Además, su ciclo ocurría apenas dos o tres veces al año y no
duraba más de dos días.
Quizás por eso Woo-joo solía olvidar a menudo
que era un Omega. No es que lo negara, sino que no era algo por lo que se
sintiera herido si alguien lo mencionaba para burlarse.
Su falta de reacción inmediata ante los
comentarios sobre ser un "regalado" por ser Omega se debía a esto.
Por supuesto, el hecho de que el jefe fuera un bocón habitual también ayudaba a
que Woo-joo simplemente lo ignorara sin procesar del todo las palabras.
Aunque, siendo exactos, en ese momento Woo-joo
estaba recordando la calidez y las oscuras intenciones de Tae-kyung de aquella
noche, así que no tenía tiempo para sentirse herido.
“¿Por qué no le dijiste nada al director? Me
dijeron que fuiste su atleta.”
“…….”
“Sé que lo dejaste por un accidente. Y escuché
que el director se sintió responsable y dejó de entrenar por eso.”
Woo-joo se quedó en silencio un momento y
luego se bebió el café frío de un trago. El regusto dulce permaneció en su
boca. El café que pensó que sería delicioso se convirtió en un instante en agua
azucarada y pegajosa.
“Nada cambiaría si lo hiciera.”
“¿Cómo que no? Bastaría con despedir a ese
tipo.”
“¿Despedir al jefe de equipo solo por mí? Eso
es imposible.”
Woo-joo sonrió con amargura. Siempre creyó que
se había vuelto indiferente para no tambalearse en ningún momento, pero de
pronto pensó que tal vez no tuvo otra opción. Su subconsciente lo sabía. Sabía
por qué tenía que ser así.
“¿Dices que es imposible?”
Soo-hyun preguntó frunciendo ligeramente el ceño.
Su expresión mostraba claramente que le parecía un absurdo.
“Usted no puede no saberlo. Lo que pasó en la
piscina.”
“¿No estás haciendo conjeturas? Él no viene a
trabajar todos los días, tiene otros asuntos. Mira lo de los Juegos Nacionales
Juveniles de ahora. No solo enviamos atletas de nuestra piscina, él está
ayudando a la federación desde las preliminares regionales.”
“Exactamente por eso.”
“¿Qué?”
“Él nunca se ha alejado de este mundo. Creer
que es alguien intachable me parece una conjetura más grande.”
“…….”
Sintió como si algo caminara sobre la cicatriz
de su tobillo. En las yemas de sus dedos, que jugueteaban con el vaso de papel,
creyó sentir la piel rugosa que había crecido para reemplazar a las células
muertas. Los recuerdos grabados en las células a veces escapaban al control del
cerebro, como ahora, y traían sensaciones falsas. Como si fueran reales, como si
nunca fuera a escapar de ese dolor.
Woo-joo se mordió el labio y cerró los ojos
lentamente antes de abrirlos. Al mismo tiempo, contuvo la respiración un
momento y soltó un largo suspiro.
Aunque el clima estaba algo frío, en su
tobillo solo estaba la cicatriz fea de siempre; no había nada más. Sus dedos
solo tocaban el cartón plastificado del vaso. Repitió para sí mismo varias
veces que solo era una sensación, que estaba bien, engañando a esa percepción
falsa.
“Se retiró sintiéndose responsable por perder
a un atleta prometedor, pero nunca se alejó. Debe estar al tanto de cada uno de
los jóvenes atletas en las preliminares regionales. Incluso se comunica
directamente con los tutores de los niños que compiten representando a nuestra
piscina.”
“¿Entonces dices que sabe lo que pasa y
simplemente lo ignora?”
“Tal vez no con exactitud, pero debe estar al
tanto de que algo sucede.”
“Mmm……. Aun así, no parecía ese tipo de
persona.”
“Hyung podría tener razón. Pero no quiero
poner al director en una situación difícil mencionándolo. Tampoco quería
decepcionarme al ver al director actuar así.”
Al ver que Soo-hyun seguía dudoso, Woo-joo
asintió como si ya lo esperara. Era natural. Él mismo deseaba que Soo-hyun
tuviera razón. Quería creer que aquellas palabras del jefe de equipo, cuando lo
atormentaba diciendo que ni al director le importaba alguien como él, eran solo
mentiras. Incluso cuando escuchaba a los empleados murmurar por lo bajo que ni
el director podía salvar a un indigente.
Sin embargo, lo intuía vagamente. Porque había
visto varias veces al director acercarse a la oficina y desaparecer en silencio
sin entrar.
Por eso, así como el director fingía no saber,
él también fingía no saber. Que el director ya lo sabía todo. Desde el momento
en que él eligió fingir ignorancia, dejó de ser omisión para convertirse en
complicidad. Y Woo-joo no podía odiarlo por eso. Sabía muy bien que, en el
momento en que empezara a odiarlo, ya no podría seguir trabajando allí.
“Bueno, supongo que tú lo conoces mejor que
yo. Y debe de haber... una razón por la que sigues trabajando bajo sus órdenes
sin decir nada.”
“…….”
Woo-joo se mordió el labio. No era un gran
secreto y, si él le pedía que se lo contara por curiosidad, no era algo que no
pudiera decir. Simplemente era una historia que no quería contar.
Soo-hyun miró fijamente a Woo-joo y chasqueó
la lengua en silencio. No tenía intención de preguntar, pero verlo ponerse
tenso de antemano le dio amargura.
“No tengo curiosidad. No voy a preguntar, así
que no te pongas tenso.”
“Sí.”
Ante la respuesta concisa de Woo-joo, Soo-hyun
se frotó los ojos con una mano y miró hacia lo lejos. Le daba tanta lástima
verlo aguantar solo sin poder hablar con nadie con total libertad, que siempre
se le escapaba un suspiro sin querer. Aunque sabía que no debía sentir lástima
a la ligera, tampoco podía negar que la sentía. Incluso intentando ignorarlo,
Woo-joo atraía su mirada por el simple hecho de existir allí.
Así que no tuvo más remedio que admitir y
aceptar que, atrevidamente, sentía lástima por él. Fue por aquel entonces
cuando se prometió a sí mismo ser, al menos, un pequeño respiro para ese joven
tan digno de compasión que ni siquiera podía ser ignorado.
“Hyung.”
“Dime.”
“Gracias. Y lo siento.”
“¿Por qué?”
“Es que hyung es el primero. Por eso no se me
ocurrió de inmediato que debía darle las gracias.”
“¿Te refieres a qué?”
“A ponerse de mi lado. Nadie lo había hecho
antes.”
NO
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Soo-hyun giró la cabeza para mirar a Woo-joo.
Unas pupilas negras, limpias y claras, lo reflejaban por completo.
En ellas, Soo-hyun vio un nuevo universo.
Dentro del "pobre Shin Woo-joo", ese
indigente y Omega, descubrió a un ser que permanecía en su lugar, silencioso y
constante como el mar profundo, sin dejarse ensuciar por nada. Al mismo tiempo,
tuvo el presentimiento de que nunca en su vida podría apartar la mirada de él,
tal como le sucedía en ese instante.
Lo que lo atraía no era el Shin Woo-joo de situación
lamentable que daba lástima por haber sido una joven promesa.
“……Ah. Por esto es que me metí.”
“¿Perdón?”
“Porque das mucho trabajo.”
“La próxima semana, ven conmigo a los Juegos
Nacionales.”
“Pero las personas que van ya están
decididas.”
“Solo piénsalo como una escapada legal del
trabajo. De todos modos, no quieres estar aquí, ¿verdad?”
Woo-joo asintió lentamente. Ya fuera porque el
jefe de equipo renunciara por su cuenta o porque lo despidieran, era un hecho
que ese hombre se iría, pero quería evitar compartir el mismo espacio con él
hasta que eso sucediera.
Si Soo-hyun reportaba el problema de manera
formal, era obvio que el jefe no lo dejaría en paz. Decía que bastaba con
ignorarlo, pero eso era solo cuando no había otra opción. No quería
desperdiciar energía enfrentándolo si podía evitarlo. Ahorrar ese esfuerzo era
lo más beneficioso para él.
“De ahora en adelante, haz las cosas conmigo.
Comer, tomar café, charlar.”
“No tiene por qué hacerlo.”
“Oye. Cuando te diga que lo hagas, solo di que
sí. Me estás haciendo quedar como un viejo autoritario.”
“Es que no hace falta que se esfuerce a
propósito…….”
“Shin Woo-joo.”
“Sí.”
“Eso es. Solo di 'sí'. Con eso basta.”
“……Sí.”
Ante la respuesta tardía de Woo-joo, Soo-hyun
se rio a carcajadas, divertido. Sentía que empezaba a conocer la personalidad
de Woo-joo. Parecía tener la guardia alta, pero era tan blando que bastaba con
insistir un par de veces para que mostrara su interior. Quizás por eso el jefe
de equipo lo subestimaba tanto; porque el inocente Woo-joo parecía no solo
blando, sino demasiado fácil de manipular.
Soo-hyun inhaló profundamente a escondidas. En
cuanto sintió el deseo de ayudar a Woo-joo, se impacientó sin motivo, aunque
sabía que eso no resolvería las cosas de inmediato.
“Y no te preocupes por nada.”
“……Sí.”
Woo-joo asintió. Su cabello fino se agitó
levemente. Al verlo, Soo-hyun levantó la mano sin darse cuenta y le dio un par
de palmadas en el hombro.
La otra mano, que guardaba en su bolsillo,
permanecía apretada en un puño.
