PARTE 2

 


PARTE 2

 

“Ah”.

Como era un cuerpo tan bien entrenado y firme, estimuló varios puntos de la espalda de Se-jun sin dificultad. Pero eso no era lo importante... el miembro de Ju-wan no solo no se había ablandado, sino que parecía estar más duro que nunca.

Al sentir algo rígido frotándose contra él desde los muslos hasta las nalgas, intentó encogerse por instinto, pero Ju-wan presionó sus corvas con las rodillas y entrelazó sus manos por encima de su cabeza, inmovilizándolo.

“Creo que sería bueno buscar tus zonas erógenas ahora, Se-jun”.

“¡Ah!”.

“Parece que sientes placer en cualquier parte”.

Un escalofrío recorrió su nuca al sentir el aliento divertido de Ju-wan. Era una sensación que solía tener cuando estaba así, boca abajo ante él. Al principio pensó que era porque su primera vez fue por detrás, pero a partir de la segunda, sintió que se estimulaba algo más cercano al instinto de supervivencia que a la anticipación del sexo.

Sí, sentía que le iban a morder el cuello. El ‘marcado’ entre personas con naturaleza era algo animal pero romántico, pero con Ju-wan, tenía la extraña fantasía de que iba a ser desgarrado por sus colmillos.

¿Sería porque los Alfas son los seres más cercanos a las bestias? ¿Podía un aroma inexistente ser tan amenazante? Por muy ‘Dominante’ que no fuera, Se-jun nunca había perdido ante otro Alfa cuando solía alardear de sus feromonas.

Al sentir ese miedo repentino, su cuerpo empezó a enfriarse. Soltó una frase cualquiera para ocultar el temblor.

“Esto es un poco raro. Se siente como un local de masajes de esos ilegales y depravados, ¿no crees?”.

No esperaba respuesta, pero Ju-wan habló después de mucho tiempo.

“... ¿Has ido a alguno?”.

Su voz era extremadamente baja. Se-jun, intimidado, sacudió la cabeza con fuerza aunque estaba inmovilizado.

“No, no. No he ido, solo me lo imagino”.

“Incluso si hicieran algo así en esos sitios, sería diferente a lo que estamos haciendo nosotros”.

“.......”.

¿Qué era lo diferente? Decir algo así en esta situación... te hacía pensar inevitablemente en palabras como ‘amor’. Aunque la realidad fuera algo más parecido a ser ‘montado’.

Era la verdad, pero recordarlo le dio un vuelco al corazón. Se-jun preguntó con malicia.

“¿Porque no hay dinero de por medio?”.

Pero de nuevo no hubo respuesta. Ju-wan intentó girar el cuerpo de Se-jun, su parte inferior giró hacia el techo, pero su torso se mantuvo medio boca abajo, agarrando las sábanas.

“Oye, que no soy un panqueque para que me des vueltas así... ¡Ah!”.

¿Había dicho que no habría sexo pero las felaciones no cuentan? Quería decir eso, pero la sensación del glande entrando en su boca fue tan buena que le dio escalofríos. Ante la estimulación de algo que llevaba mucho tiempo erecto, estiró los dedos de los pies y luego los encogió de golpe.

Ahora que sabía reconocer como placer lo que antes le resultaba extraño, Se-jun ya era casi un experto en sexo.

“¡Ah...!”.

Cuando Ju-wan apretó con fuerza sus labios, Se-jun levantó por instinto la cintura y las nalgas. Un brazo se deslizó rápidamente por el hueco formado bajo su cintura y lo abrazó profundamente. Estaba atado con tal fuerza que no podía escapar.

“Qué...”.

Haber nacido Alfa y que otro Alfa te la chupe... sentía que estaba completando una lista de deseos secreta que ni sabía que tenía. Por supuesto, había imaginado muchas veces corrérsele en la boca y la primera vez le habían lamido el agujero.

Pero pensó que aquello fue algo inevitable que el Alfa hizo para calmar a un Omega que no lubricaba. Sin embargo, esta vez le estaban lamiendo una zona que no era necesario tocar, y sentía una tensión creciente en el bajo vientre y un cosquilleo por todo el cuerpo.

¿Será dermatitis...?

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En cuanto tuvo ese pensamiento absurdo para mantener la cordura, todas las sensaciones que cosquilleaban su piel se concentraron en el centro de su cuerpo. Aunque era la primera vez que se la chupaban, le excitaba aún más notar que Ju-wan también parecía extrañamente inexperto.

“¿Lo habías hecho antes? ¿Chuparla?”.

Parecía que no. Ju-wan, como si hubiera olvidado que tenía un miembro entero en la boca, intentó emitir un sonido y luego sacudió la cabeza. Al final, simplemente movió los ojos de lado a lado.

“Jajaja... para ser tu primera vez, no lo haces mal”.

Solo quería elogiarle porque agradecía que hiciera algo por él, no es que supiera de lo que hablaba. Pero, fuera lo que fuera lo que pensó Ju-wan, sus ojos se oscurecieron aún más.

“¡Ugh…!”.

Acto seguido, la succión fue tan fuerte que sintió que le iban a arrancar el miembro, y tuvo que apretar los dientes. Ya estaba hablando tonterías por miedo a correrse como un precoz, y ahora no podía controlar las ganas de eyacular.

Ju-wan no lo soltó ni mientras se corría retorciéndose. Se-jun forcejeó varias veces y finalmente se quedó jadeando con las piernas apretando la cabeza de Ju-wan. Por la postura, parecía que estuvieran en mitad de un combate de Jiu-jitsu, pero a ninguno le importó.

De verdad... haga lo que haga, es muy distinto a la masturbación.

Seguramente sería porque lo hacía Ju-wan. Al darse cuenta de que le estaba apretando la cabeza como si quisiera partírsela, abrió las piernas y, de inmediato, un dedo resbaladizo entró en su interior.

“Ah, dijiste que no...”.

O eso creía recordar. Ju-wan, que escupió el miembro ajeno junto con el semen, recogió el rastro viscoso y lo vertió en el agujero de Se-jun. Tras penetrarlo con los dedos alternativamente durante un rato para lubricarlo, dio una respuesta que llegaba muy tarde.

“No vamos a hacerlo. La inserción”.

“Te ha costado, ah, decirlo...”.

“No voy a meter la mía de ninguna de las formas. Los condones están en la otra habitación. No podemos permitir que te quedes embarazado...”.

Nunca se acostumbraría a lo del embarazo, por mucho que lo oyera mil veces. ¡Porque era obvio que ni podía ni iba a pasar! Mientras tanto, el tono de Ju-wan le estaba encendiendo la sangre de nuevo.

“No tienes ni idea de lo tierno que te pones cuando te corres después de estar dándome duro, ah. Me pregunto cómo sería si te corrieras dentro sin condón...”.

¿Estoy loco...?

Aun así, quizás por estar encaprichado, no sentía ganas de darle un puñetazo.

“Tú también te pones tierno cuando vas a.… ugh”.

Justo cuando iba a contraatacar verbalmente, el dedo medio se hundió profundamente en su punto sensible.

“Se-jun.… de verdad voy a aguantarme. Ni siquiera te morderé el cuello”.

Más que estar preparándolo, sintió que el dedo entrando tan profundo era un sustituto de la inserción. Se-jun ocultó su rostro con una almohada que había por ahí, conteniendo los gemidos que amenazaban con salir a gritos.

Sentía que, si gemía tan fuerte como antes, le daría demasiada vergüenza volver a ver a Ju-wan, y también le turbaba la forma en que este lo miraba desde arriba. Continuaba esa extraña fobia que le hacía sobresaltarse cada vez que cruzaban la mirada.

“Ah... ugh”.

“¿Aquí? ¿Te gusta? Lo recordaré”.

Cada palabra de Ju-wan iba acompañada de un gemido de Se-jun. Al notar que la respiración de Ju-wan se volvía pesada, supuso que se estaba masturbando con la mano que tenía libre. Se-jun, sintiendo una ira repentina por un detalle absurdo, le lanzó la almohada.

“¿Por qué... por qué lo haces solo?”.

“¿Eh...?”.

Se-jun jadeó un momento para recuperar el aliento y, manteniendo el contacto visual, se abrazó lentamente a Ju-wan. A pesar de que se sentó sobre sus muslos cara a cara, los dedos de Ju-wan seguían dentro de él. Se-jun agarró la mano con la que Ju-wan se estaba masturbando y la puso sobre su propio pecho, mientras sujetaba el miembro de Ju-wan con ambas manos.

“Si tanto te gustan mis pechos, ¿por qué no los tocas?”.

“Ah...”.

El miembro, sujeto firmemente, latía con fuerza y desprendía un calor húmedo que se sentía ardiente incluso en sus palmas. Se-jun se lamió el labio superior y le dio un beso ligero a Ju-wan. Luego, sin separar sus labios, susurró.

“Lo siento, pero todavía no estoy de humor para chuparle la polla a un Alfa, así que te lo haré con la mano. Tú la has chupado porque has querido, así que no tienes queja, ¿verdad?”.

“No... no tienes que disculparte. Ah, qué bien...”.

Su voz, mezclada con gemidos de dolor, era increíblemente baja, pero su forma de hablar era extrañamente mimosa. A Se-jun le gustó eso, introdujo su lengua entre los labios de Ju-wan, rozando solo la punta como si se burlara, y se separó de inmediato.

Al mover sus manos con más fuerza, los dedos que estaban dentro de él también se curvaron como si Ju-wan intentara contener el placer, haciendo que Se-jun arqueara la espalda. Sintiendo que se agotaría primero, Se-jun levantó las nalgas, sacó los dedos empapados de Ju-wan y los puso sobre su otro pecho.

Ju-wan parecía incómodo en esa postura, sujetando los pechos ajenos mientras le hacían una paja. Sin embargo, en cuanto Se-jun empezó a moverse, Ju-wan no pudo pensar en nada más y empezó a amasarlos hasta dejar marcas húmedas.

“Haaa...”.

Agachó la cabeza y hundió el rostro en el hombro de Se-jun mientras inhalaba profundamente. Como si el placer de la masturbación manual no fuera suficiente, empezó a mover la pelvis contra el hueco de las manos de Se-jun como si quisiera penetrarlo, haciendo que el cuerpo de Se-jun, sentado encima, se balanceara.

“Qué fuerte eres...”.

Debería haber traído las gafas de la ducha. Si tanto le gusta que le deje tocarme el pecho mientras se lo hago con la mano, ¿cuánto más le habría gustado si le hubiera dejado correrse en mi cara con las gafas puestas?

Ver ese rostro pulcro, que normalmente no mostraba emociones intensas, distorsionado por el calor le daba una satisfacción enorme. Se-jun besó a Ju-wan por toda la cara y luego llevó su propia mano, pringosa por el líquido preseminal, hacia su propio agujero.

Al disminuir la estimulación por usar solo una mano, Ju-wan buscó los labios de Se-jun como si le estuviera rogando. Sus cuerpos se pegaron tanto que sus miembros erectos y gruesos se presionaron entre sí, y el aire se cortó en sus gargantas.

“Ugh”.

Se-jun, con la respiración entrecortada por la excitación, apartó el pecho de Ju-wan pero enseguida tiró de su cuello. Entonces, mirándole fijamente a los ojos, preguntó.

“¿Qué te gusta más, mi cara o mis feromonas?”.

¿Sería porque la pregunta fue repentina? Ju-wan respondió como un concursante de un concurso de respuestas rápidas.

“Eh... las dos cosas, ¡ugh—!”.

Se-jun no estaba de humor para chupar una polla de Alfa, pero sí para ‘comérsela’ por abajo. Logró sentarse con decisión sobre el miembro erecto, pero ambos necesitaron tiempo para recuperar el aliento, por lo que durante un rato solo se oyeron sus respiraciones temblorosas.

Kwon Ju-wan fue el primero en hablar.

“No es... el celo...”.

“Sería un desperdicio, ah, haberlo preparado todo y no usarlo”.

“No, el condón... ¿qué? Eh...”.

La mente y la boca de Ju-wan iban por caminos distintos. Mientras se quejaba, su miembro desnudo ganaba volumen dentro de las paredes calientes de Se-jun y, gracias al líquido preseminal y al peso de Se-jun, se hundió profundamente hasta el fondo. A pesar de lo abrumador que resultaba, todo el cuerpo de Se-jun rodeaba a Ju-wan con suavidad gracias a lo bien que lo había preparado con la mano.

“Ha.… ugh”.

“No... no se puede...”.

¿Que 'no' se puede? ¿O que se puede 'dentro'?

Se-jun quiso hacer la broma, pero no le sobraban las fuerzas. Pero le molestaba que, aunque Ju-wan se moría de placer, su boca siguiera negándose.

“¿Por qué? ¿No quieres estar así conmigo?”.

“No es que no quiera, ese es... el problema”.

Cuando decía tonterías, lo mejor era callarlo con un beso. Si Ju-wan pensaba demasiado, Se-jun solo tenía que actuar sin pensar.

Con lenguas, brazos y miembros profundamente entrelazados, continuaron con el movimiento húmedo. A partir de cierto momento, Se-jun empezó a identificar una postura específica que le hacía sentirse especialmente tenso y le cortaba la respiración cada vez que Ju-wan rozaba cierto punto.

Ya decía yo que se me daría bien si lo hacía yo.

Supuso que eso era tener experiencia. Se-jun, orgulloso de sí mismo, cambió ligeramente de postura. Pero, en ese mismo instante, Ju-wan, que se había limitado a dejarse llevar, empujó con fuerza hacia arriba.

“¡Ugh...!”.

“Se-jun, ah...”.

Se-jun quiso dar su opinión sobre cómo moverse para mejorar la situación. Pero parecía que Ju-wan acababa de perder el último hilo de cordura.

Debido a las embestidas rápidas, como las de una bestia en celo, sentía que le dolían las nalgas y el abdomen, pero enseguida llegaba un nuevo estímulo que convertía su mente en papilla. Si no hubiera lubricado y relajado bien su interior, seguramente habría sangrado.

“Está demasiado estrecho...”.

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Relájate, me voy a correr ya mismo, ¿qué haremos si te quedas embarazado?, si eso pasa no quiero renunciar al niño pero sé que tu opinión es más importante, no creo que un niño hecho con mi esperma sea normal, pero no me importa, ah, me encanta tu interior, Se-jun, tus feromonas mezcladas con el aceite, me voy a morir de placer...

Quiso taparse los oídos por la sarta de palabras vergonzosas, pero no podía hacer nada. Después de todo, recordaba que el nivel de las palabras de Ju-wan cuando bromeaban en el pasado ya era bastante alto, así que no necesitaba tomarse en serio sus desvaríos de placer.

Lo único que podía hacer era agarrar con fuerza los antebrazos de Ju-wan, por la extraña obsesión de que si lo soltaba, caería por un precipicio. El aceite que se frotaba entre sus pieles se evaporaba por el calor y se mezclaba con el sudor y los fluidos corporales.

De repente, Se-jun estaba boca abajo como un perro. Cada vez que Ju-wan lo llenaba por completo y chocaba contra él, su mente se quedaba en blanco, y cuando se retiraba con fuerza, llegaba un placer con un segundo de retraso.

“¡Ugh... ah, ah! ¡Ah! ¡Ah, ah!”.

En el momento en que Se-jun, que estaba siendo penetrado a cuatro patas, dejó caer la frente sobre la cama, su pecho también colapsó contra el colchón. Finalmente, perdió la fuerza incluso en la cara interna de sus muslos y no pudo mantener la postura.

La presencia de lo que le llenaba por dentro era demasiado grande... Se-jun, tumbado en la cama como una rana, se tocó el vientre para calcular hasta dónde llegaba la penetración. Ju-wan, al darse cuenta de lo que hacía, se tumbó sobre él uniendo sus cuerpos y comenzó a besarle frenéticamente la nuca.

“Ugh, haa, ah, ah”.

Sus colmillos rozaban su piel intermitentemente, dándole escalofríos, pero como no era un Omega, no pasaría nada malo aunque lo ‘marcara’. Aunque pensando en su sentido de la decencia, no le parecía lo correcto.

Sin embargo, Ju-wan logró contenerse y solo lamió o succionó la nuca de Se-jun. Se-jun, que se sentía extrañamente insatisfecho, movió la cintura al ritmo de Ju-wan en un estado de semiinconsciencia.

“¡Ah, ah, ah, ah, sí, ah, me gusta...!”.

A medida que la penetración se hacía más profunda y el estrechamiento más perfecto, Ju-wan falló estrepitosamente en una de las cosas que intentaba reprimir.

“Se... Se-jun, no... no puede ser... ah...”.

“Ha...”

La mano que Ju-wan había extendido para intentar apartar a Se-jun de su cuerpo solo sirvió para inmovilizarlo y evitar que escapara. Se-jun estaba clavado a su miembro, como si estuviera disecado sobre la cama.

Debido a la eyaculación masiva de aquel miembro erecto al máximo, que se sentía como un oleaje turbulento dentro de su vientre, Jin Se-jun tuvo una arcada momentánea. La sensación del semen impactando directamente contra sus paredes internas sin la barrera de un condón fue tan abrumadora que sus párpados entornados temblaron violentamente.

Incluso postrado, sus rodillas, superadas por la intensidad del estímulo, cedieron y sus piernas patalearon sin control. Sus talones golpearon la parte posterior de los robustos muslos de Kwon Ju-wan, pero este parecía no notar nada que no fuera el acto de sembrar lo más profundo de aquel cuerpo que sostenía en brazos.

A pesar de haber alcanzado el clímax casi al mismo tiempo, la eyaculación de Ju-wan, hundido profundamente con la pelvis caída, fue increíblemente larga. Se-jun, siendo el primero en recuperar la conciencia, se estremeció y jadeó mientras se aferraba a las sábanas de la cama.

Cada vez que intentaba recuperar el juicio, el miembro que aún pulsaba en su interior provocaba que su cuerpo se contrajera involuntariamente por el estímulo. ¿No sería este un instinto irónico para un Alfa? Se-jun, excitado de nuevo a pesar de haber sido el receptor, se masturbó frotando su propia erección contra el colchón.

Mientras se movía así, ni siquiera imaginó que aquel miembro en su interior, algo más relajado pero aún enorme, volvería a endurecerse.

“Ugh, ah... ha, ah...”.

Se-jun, que perseguía el placer como un tonto, frunció el ceño al sentir que la masa de carne en su interior recuperaba firmeza. Las lágrimas acumuladas rodaron, aclarando su visión borrosa. Se sentía secretamente feliz de que Ju-wan lo hubiera disfrutado tanto, así que, a pesar del cansancio, movió la cadera intentando estimular un poco más el miembro insertado.

Sin embargo, las manos de Ju-wan lo inmovilizaron de inmediato, presionando sus huesos ilíacos con una fuerza tremenda. Justo cuando Se-jun sintió gotas de agua caer sobre su espalda y pensó que era sudor, intentó girarse, pero Ju-wan se retiró lentamente de su cuerpo.

Acto seguido, se escuchó un sollozo. Al incorporarse, Se-jun vio que los ojos de Ju-wan estaban rojos. En cuanto cruzaron miradas, Ju-wan bajó la cabeza, avergonzado. Pero las lágrimas que no pudo contener ni limpiar cayeron sobre las sábanas, impidiendo que Se-jun pudiera ignorar la realidad.

“Oye, ¿te has vuelto loco?... ¿Estás llorando?”.

Ju-wan sacudió la cabeza, pero eso solo hizo que las lágrimas acumuladas cayeran con más fuerza. Se-jun no se había sentido tan desconcertado ni siquiera cuando hizo llorar a un Omega que le gustaba en la escuela primaria.

¿Por qué llora? Ah, ¿será porque me subí encima y acabó corriéndose dentro cuando quería evitar un embarazo?

Esa fue su primera interpretación, pero no le parecía que fuera razón suficiente para que un Alfa adulto se pusiera a llorar...

¿O sí? ¿Tanto le disgusta?

Bueno, si ni siquiera quería ser su novio, probablemente odiaría aún más tener un hijo ilegítimo. Supuso que la mentalidad de los tipos con un nivel de riqueza superior era algo que la gente común no podía entender.

De entrada, Se-jun, siendo un Alfa que no tendría que preocuparse por el embarazo aunque ambos estuvieran en celo, sintió una profunda oleada de escepticismo...

“¿Acaso te he violado? ¿Te he presionado sin darme cuenta porque estaba excitado a pesar de que dijiste que no querías?”.

“No, no es eso...”.

“Si alguien tiene que llorar por recibir una descarga de semen en las entrañas, soy yo. ¿Por qué lloras tú?”.

“No es por eso... Lo siento”.

Ver a un Alfa enorme llorar como un niño con lágrimas como puños era desconcertante, pero debido a su atractivo físico, la escena no se veía tan mal como esperaba. ‘Quizás el más raro sea yo’, pensó Se-jun.

Sintió que ya había visto esta escena antes. ¿Sería porque la imagen de un hombre que parecía incapaz de derramar una lágrima resultaba impactante? Verlo tan afectado le causó lástima y desconcierto, hasta el punto de considerar contarle el secreto de su rasgo en ese mismo instante.

Si Ju-wan había dicho antes que no quería ni Alfas ni Omegas, pero al final estaba aquí porque le gustaba la cara y las feromonas de Se-jun, ¿no daría igual que revelara que era un Alfa? Se habían entendido tan bien en la cama que no debería cambiar nada.

".......".

¿Realmente no cambiaría nada? Por mucho que Ju-wan hubiera fingido ser Beta y fuera un Alfa criado en un ambiente liberal, que él mismo tuviera que ‘abrazar’ a otro Alfa podría ser un asunto diferente.

Mientras Se-jun dudaba, Ju-wan se recompuso y salió de la habitación. Al fin y al cabo, él había dicho desde el principio que no habría inserción y fue Se-jun quien lo presionó.

¿Me volví loco? No soy un Omega en celo, ¿por qué hice eso?

La culpa reemplazó al desconcierto. Se quedó solo en la habitación un buen rato, llegando a pensar que Ju-wan no regresaría.

“Tómate esto”.

Se-jun miró desde los pies con pantuflas, pasando por las piernas con pantalones, hasta la bandeja que sostenía un vaso de agua y una pastilla. Por alguna razón, le daba miedo mirarlo a los ojos.

“... ¿Qué es esto?”.

“Es la píldora del día después”.

“.......”.

Cuando Se-jun dudó sobre si realmente debía tomársela, Ju-wan puso una mano en su espalda, como queriendo tranquilizar al Omega que acababa de recibir su semilla.

“No pasa nada, casi no tiene efectos secundarios”.

“Ah, entiendo”.

Era la primera vez que descubría que una pastilla tan pequeña podía rasparle tanto la garganta al bajar. ¿Por qué se sentía tan mal? Incluso si hubiera sido un Omega, Se-jun no habría querido quedarse embarazado de un follamigo. Esta medida era racional y apropiada.

Ah, qué bajón...

Quizás le molestaba sentirse irritado por un detalle tan absurdo. Para cambiar de aires, Se-jun forzó un tono ligero.

“Vaya... tienes de todo en casa. Muy propio de un Alfa. Supongo que haces esto cada vez que alguien se queda embobado contigo. La anticoncepción es importante. Fui yo el que no tuvo cabeza. Si un follamigo se queda embarazado de repente, debe de ser un lío”.

“.......”.

“Dudo que haya un Alfa que pase su celo solo. Tú, que incluso tenías prometido, habrás contado con la ayuda de algún Omega. Es más, ¿no sería mejor que te hicieras la vasectomía?”.

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Intentó decirlo en tono de broma, pero sus palabras sonaban cada vez más frías. Se-jun cerró los ojos con fuerza, maldiciéndose por enfadarse por tonterías.

Por mucho que le gustara su cara y sus feromonas, su vida era la de un simple amante. Deseó ser un Beta. No, aunque fuera Beta, probablemente seguiría teniendo estos celos absurdos. Al final, Se-jun era simplemente un tipo de mente estrecha.

Sin embargo, Ju-wan, en lugar de defenderse, reaccionó como un niño regañado.

“... Lo siento, debí haberme contenido. Y aunque la vasectomía es sencilla, por mi constitución no es fácil evitar dejar a alguien embarazado. El problema fui yo por dejarte entrar en mi casa sabiendo que te miraba de esa forma. No pude contenerme, todo es culpa mía...”.

Si Se-jun hubiera estado en el lugar de Ju-wan, habría respondido con un escándalo mayor, así que se ablandó un poco y se encogió de hombros.

“... Yo también lo siento. En el futuro, si dices que no, te haré caso de inmediato”.

“Sería mejor que lo hicieras, por tu propio bien. Ni siquiera yo confío en mí mismo...”.

Aunque no confíes en ti, lo peor que puede pasar es que follemos, para mí es una maravilla.

Pero Se-jun decidió dejar de atormentarlo, así que asintió y le acarició la espalda. Al final, uno siempre acaba cediendo ante el dolor de la persona que le gusta.

“... Puedes usar la habitación donde te quedaste la otra vez”.

“Ah, no tenía pensado quedarme a dormir”.

“¿Eh? Es tarde y debes de estar cansado...”.

Sinceramente, tenía sueño, pero los lloros y el drama de Ju-wan lo habían despejado por completo. Tenía el corazón revuelto y quería caminar un poco. Después de haber hecho llorar al tipo que lo acababa de penetrar, se sentía inquieto.

Curiosamente, era un sentimiento totalmente distinto al resentimiento. Una vez que se le enfrió la cabeza, llegó a la conclusión de que forzar a alguien que no quería no había estado nada bien.

Es que pensé que le gustaría...

Quizás había consumido demasiado contenido erótico. Aun así, le sorprendía que entre los Alfas, que básicamente son como bestias, existiera alguien tan sensible. ¿Sería por eso que fingía ser Beta?

Ju-wan insistió en que se quedara, pero al final se ofreció a llevarlo a casa. En ese momento, Se-jun recordó cuando de joven acompañaba a casa a sus parejas Omegas y sintió un escalofrío.

Al final, a pesar de haberse arrepentido un poco, Se-jun acabó casi ‘despachando’ a Ju-wan en la puerta. Al verlo alejarse con desgana, pareció que aquel hombre, normalmente inquebrantable, realmente había quedado impactado por lo sucedido.

“Fuu...”.

Sin embargo, en cuanto se sentó en el coche, le cayó encima todo el cansancio del día y, para colmo, empezó a notar cómo el semen se le escurría. Se preguntó por qué no había salido cuando estaban discutiendo, pero al pensar en lo profundo que se habían unido, recordó con nitidez los gemidos bajos y prolongados que le habían llenado los oídos.

¿Debería haberme quedado a dormir fingiendo que cedía? Si vuelvo ahora, pensará que soy idiota, ¿no?

¿Cuándo dejaría de hacer cosas de las que luego se arrepentía? Probablemente viviría así siempre. Ignorando el dolor sordo que empezaba a subir, Se-jun metió el cárdigan que llevaba puesto bajo sus nalgas.

A pesar de lo cansado que estaba, no pudo dormir al llegar a casa. Era inevitable, cuanto más pensaba en lo ocurrido, más humillante le resultaba en muchos aspectos.

Se-jun jugueteó con la cabeza de la bailarina de flamenco que Ju-wan le había cambiado y miró al techo.

Hay relaciones que son un veneno si se mantienen. Cuando solía mirar foros de sexo, veía a gente peleándose y pensaba que era mejor romper, y opinaba lo mismo cuando sus amigos del instituto le pedían consejo amoroso.

Pero la persona involucrada en esa relación no puede renunciar a lo dulce y, aun sabiendo que hay una influencia negativa, no puede escapar. Para Se-jun, su relación con Ju-wan empezaba a sentirse así. Y como Ju-wan también parecía pasarlo mal a veces, como hoy, parecía que no se estaban haciendo mucho bien mutuamente.

Al principio pensó que con que le diera su cuerpo ya era suficiente, pero inesperadamente Se-jun era más sensible de lo que creía. Le costaba soportar que Ju-wan lo escoltara como si fuera un Omega delicado, y también le resultaba asqueroso esperar con ansias el celo de un Alfa para que lo penetrara.

Ju-wan era guapo, tenía buen cuerpo, se movía bien en la cama y tenía su encanto, pero ¿valía la pena quedarse a su lado a costa de desgastarse a sí mismo? Por mucho que lo cuidara como a un amante, le dijera palabras dulces y le diera ‘besos deliciosos’, si al final no tenía intención de dejarlo entrar en su vida, no tenía sentido obsesionarse.

Aun así, no es que no hubiera ganado nada. Había probado lo que era tener un amigo con derechos, cruzando esa línea que el conservador Se-jun se había marcado. Incluso, siendo un Alfa, se había dejado abrazar por otro Alfa, una experiencia de lo más inusual.

Aunque una vez intentó una cita a ciegas con un Beta pensando en Ju-wan y fracasó, para buscar un amigo con derechos no necesitaba mostrar su carisma personal. El atractivo físico era su especialidad. Si antes se contenía por las feromonas, ahora le parecía un punto a favor que sus feromonas atrajeran a otros Alfas.

¿Cómo iba a saber si le atraerían otros Alfas que no fueran inodoros si ni siquiera lo intentaba? No podía desperdiciar su juventud mirando uvas que no podía alcanzar. Se-jun agarró la mano de la bailarina de flamenco y trazó un plan enérgico para un futuro positivo.

¡Voy a buscarme un amigo con derechos Alfa...!

A pesar de la gran resolución de Se-jun, pasaron varios días y no apareció ningún nuevo amigo con derechos Alfa. La resolución y la ejecución están cerca pero a la vez son las relaciones más distantes, especialmente para alguien perezoso como Se-jun.

De entrada, nunca había pensado en el atractivo de un Alfa... excepto cuando intentaba atraer a un Omega, así que no tenía ni idea de a quién conocer ni cómo.

Hacerse pasar totalmente por un Omega para seducir a un Alfa era algo que su orgullo no le permitía. Además, ¿existiría algún Alfa que quisiera estar con un ‘Omega’ tan enorme incluso antes de entrar en contacto con las feromonas?

Se-jun empujó con desgana la puerta de ‘Blings Cheerleading’. Como dicen que uno entra con un ánimo y sale con otro, al principio pensó que, aunque no hubiera sexo, sería bueno ver la cara de Ju-wan con la excusa de recoger a Yi-seo, pero ahora se sentía incómodo.

Quizás fuera porque pensaba que ser amable era un esfuerzo inútil. Calcular los beneficios en lugar de disfrutar el momento... parecía haber olvidado el significado del tatuaje de ‘Carpe Diem’ que se hizo hace años.

Si se hubieran conocido hace diez años, quizás se habría aferrado con valentía aunque acabaran rechazándolo... Pero el cansancio de vivir es el mismo aunque no se tenga experiencia, o quizás por no tenerla, se volvía aún más defensivo.

Ju-wan también parecía ser consciente de su error y aceptaba la actitud fría de Se-jun como algo natural. Se-jun, sintiéndose molesto por eso, no hizo ningún esfuerzo por consolarlo.

Un día, nada más abrir la puerta de la academia, vio a Ahn Sae-ha. Se-jun se sintió culpable por haber respondido con frialdad a sus mensajes anteriores, así que lo saludó con mucha efusividad.

“¡Señor Sae-ha, cuánto tiempo!”.

“Ah, señor Se-jun”.

Incluso en ese momento, la mirada de Se-jun buscaba a Kwon Ju-wan. Sabía lo mal que se pondría aquel tipo si veía la escena, ya que reaccionaba de forma exagerada con solo mencionar a Ahn Sae-ha.

“Ju-wan está hablando un momento con el director”.

“Ya veo. Bueno, no he venido para ver al subdirector”.

“Ha venido a por su sobrina. Es un tío excelente”.

“Jajaja...”.

Aunque conversaban con una sonrisa, la mente de Se-jun estaba en otra parte. Por ejemplo, se preguntaba si Ahn Sae-ha también se habría tomado alguna vez la píldora que Ju-wan le dio.

¿Realmente habrían roto por el tema de las rasgos? Si seguía en contacto con la familia, no sería porque los padres se opusieran... ¿entonces por qué rompieron el compromiso?

Al principio sintió una simpatía natural por el Omega que tenía delante. No es que quisiera salir con él, era más bien como un síntoma de su instinto Alfa. Luego sintió celos por su cercanía con Ju-wan, pero ahora sentía una extraña camaradería.

Cambio mi actitud hacia la gente cada vez que experimento un cambio de humor interno.

Se-jun alejó sus pensamientos negativos y preguntó a la ligera.

“¿Hoy también tiene algo que ver con la familia del subdirector?”.

“Mmm... no. En realidad, venía por si podía verle a usted, señor Se-jun.…”.

“¿A mí?”.

Se-jun volvió a comprobar por instinto si Ju-wan había salido. Se sintió aliviado al no ver ni un pelo de él, y un segundo después procesó lo que acababa de oír.

“¿Por qué a mí?”.

“Es que cada vez que le escribía... sentía que quizás había dicho algo inconveniente”.

“Ah...”.

Normalmente, nadie querría volver a contactar con alguien que responde con tanta frialdad por orgullo, pero parecía que Ahn Sae-ha no era de los que cortan vínculos fácilmente. Bueno, viendo que seguía hablando con la familia de su ex-prometido, era evidente.

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“Si hoy por la noche... o bueno, cualquier día entre semana de este mes me va bien. Si tiene tiempo, ¿le apetecería cenar? Conozco muchos restaurantes buenos...”.

La expresión de Ahn Sae-ha era lamentable. Últimamente se enfurecía internamente cada vez que se encontraba con un Omega por culpa de Ju-wan, pero Se-jun era extremadamente débil ante los Omegas guapos y delicados que le miraban con súplica.

“Hoy puedo. Vivo cerca, así que en cuanto deje a Yi-seo...”.

Pensó que alguien con ese físico y una familia tan importante como la de Ju-wan nunca habría tenido que pedir nada a nadie, así que agradeció que siguiera intentando acercarse.

Si fuera el Se-jun de un universo paralelo que no hubiera conocido a Ju-wan, nunca habría pensado esto, realmente Kwon Ju-wan era perjudicial para su autoestima. Por supuesto, también influía que Ju-wan no estuviera presente y que Se-jun sintiera un profundo escepticismo por seguir con una relación sexual indefinida, deseando ser penetrado por otro Alfa siendo él mismo uno.

Recordó su vieja superstición, pero al final Ju-wan tampoco había elegido a Ahn Sae-ha. Así que no había necesidad de rechazar a alguien que le trataba bien solo por no molestar a Ju-wan.

Quizás Ahn Sae-ha solo quería ser su amigo. Aunque Se-jun era de los que decían que no existe la amistad entre Alfas y Omegas, conocía su lugar y no tenía intención de intentar nada con él.

Como Yi-seo salió al vestíbulo antes que Ju-wan, Se-jun se apresuró a meter a su sobrina y a Ahn Sae-ha en el coche. Por mucho que pensara que no debía preocuparse por Ju-wan, no quería crear situaciones estresantes innecesariamente.

Parecía que Ahn Sae-ha había venido a la academia a menudo, pues Yi-seo lo reconoció. Se-jun se relajó al verlos charlar animadamente.

¡Sí, estaba tenso!

Incluso mientras iban al restaurante tras dejar a Yi-seo, Se-jun miraba a su alrededor más de lo necesario por miedo a cruzarse con el autobús de la academia.

“Tenía muchas ganas de cenar a solas con usted. Me alegra que hoy haya aceptado”.

“Me he hecho mucho de rogar, ¿verdad? ...”.

“Ajajá, para nada. Seguro que está muy ocupado”.

Al ver que en sus ojos de gacela no había ni un ápice de rencor, Se-jun sintió como si cien agujas se clavaran en su conciencia con cada palabra. Arrepentido por su frialdad pasada, le retiró la silla a Ahn Sae-ha para que se sentara.

Al escoltar a un Omega, sintió que recuperaba su verdadera esencia por primera vez en mucho tiempo. Con el ánimo renovado, Se-jun no paró de sonreír. La cena no fue tan incómoda como esperaba, ya que Ahn Sae-ha reaccionaba con interés y diversión a todo lo que decía.

Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, no podía evitar recordar a Eun Ga-ram, que siempre le reía las gracias a Ju-wan de forma exagerada.

Cuando Ju-wan se excusó diciendo que solo quería alejar a Eun Ga-ram de Se-jun, este pensó que Ju-wan realmente le quería, y que su desagrado por su cercanía con Ahn Sae-ha era por la misma razón. Pero si de verdad le quisiera, se le habría declarado y serían novios, no le habría pedido ser amigo con derechos...

“He oído que ya no va a la academia, pero parece que sigue siendo muy cercano a Ju-wan”.

El tono de Ahn Sae-ha era extrañamente cauteloso, y Se-jun sintió que llegaba el momento de la verdad. Fuera lo que fuera... respondió observando por instinto la reacción del otro.

“¿Cercanos? Para nada. Simplemente me soporta a regañadientes porque no puede conmigo cuando le molesto”.

“Pues para no ser cercanos, incluso salen a correr juntos”.

¿Cómo lo sabía todo? ¿Se lo había contado Ju-wan con pelos y señales?

¿Eran más cercanos de lo que pensaba?

Hacía un momento estaba animado, pero su humor se agrió en un instante. Aun así, mostrar su enfado a Ahn Sae-ha sería muy poco propio de un Alfa, así que respondió con naturalidad.

“Sae-ha, usted también hizo cheerleading, así que me da un poco de vergüenza decirlo... pero hace tiempo provoqué al profesor Kwon preguntándole si los animadores eran deportistas, y parece que quiso aplastarme con su físico. Y vaya si lo hizo”.

“Ah...”.

“Me dio una paliza, ya fuera corriendo o estirando, jajaja”.

A pesar de que intentó responder con consideración, la expresión de Ahn Sae-ha se volvió aún más tensa. Se-jun movió su copa con ligereza para animar el ambiente.

“No tengo ninguna razón para ser su amigo. Si fuera un Omega lindo, está bien. ¿Por qué? ¿El subdirector no quiere salir a correr con usted? ¿Acaso volvió a huir sin darse cuenta de la suerte que tiene de tener a alguien como usted?”.

“¿Huir...?”.

“No sé... tiene cara de ser el tipo de persona que huye en cuanto siente miedo de formar una familia o algo así”.

“.......”.

Maldición, el silencio de Ahn Sae-ha empezó a prolongarse. Fuera lo que fuera lo que causó la ruptura, no sería un buen recuerdo, y Se-jun no tenía derecho a opinar, así que había metido la pata hasta el fondo.

En realidad, era una queja sobre su propia situación más que sobre la de Ahn Sae-ha, pero sabía que no se interpretaría así. Justo cuando Se-jun iba a disculparse, Ahn Sae-ha se bebió su copa de un trago.

“... Ju-wan nunca tuvo intención de casarse conmigo”.

“¿Cómo?”.

Solo sé decir '¿cómo?', parezco tonto.

Pero en cuanto escuchó las palabras de Ahn Sae-ha, un sudor frío le recorrió desde la nuca hasta el coxis. ¿Acaso ese ‘estar con alguien’ significaba lo que Se-jun pensaba?

¿Conocía exactamente la relación entre Ju-wan y Se-jun? ¿Cómo? ¿Acaso Ju-wan se lo había contado todo a su ex-prometido?

¿Incluso lo que pasó a solas con Se-jun?

“Jajaja... ¿a qué se refiere?”.

Bueno, quizás no significaba eso. Quizás solo quería decir que, como Ahn Sae-ha sabía que Ju-wan era un Alfa, este no querría tener a otro Alfa ni siquiera como amigo. Al igual que se dice que no hay amistad entre Alfas y Omegas, la amistad pacífica en términos de igualdad entre Alfas tampoco es común.

¿Y eso de ‘estar con él’? ¿Acaso parecía que Se-jun era alguien tan inferior a Ju-wan?

... Ese no era el momento adecuado para enfadarse.

Sin embargo, al levantar la vista, vio que los ojos de Ahn Sae-ha estaban llenos de lágrimas. ¿Habría otro Alfa aparte de Se-jun que hubiera hecho llorar a una pareja de ex-prometidos en tan pocos días? Sin importarle el desconcierto de Se-jun, Ahn Sae-ha empezó a hablar.

“Ju-wan no suele hablar de sí mismo, pero nunca, bajo ninguna circunstancia, habla de su época universitaria. Al principio le costaba mucho enseñar a chicos que acababan de manifestar su rasgo, especialmente a los Alfas”.

“.......”.

“Ni correr, ni estirar... si no es por trabajo, no hace ejercicio con nadie. Normalmente sus servicios como entrenador personal son para Betas”.

“Ah...”.

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“Ju-wan… después de mí, no tiene a nadie tan cercano como usted, Se-jun”.

Jin Se-jun se sintió desconcertado, pero al notar que las comisuras de sus labios se relajaban de forma extraña, estuvo a punto de abofetearse a sí mismo.

Maldito seas, no tienes orgullo. No es momento de alegrarse.

Por ahora, lo primero era calmar a Ahn Sae-ha.

“Entiendo que haya un malentendido, pero simplemente trabajamos juntos y, como dije antes, nos volvimos un poco cercanos mientras yo lo molestaba. Tenemos la misma edad”.

Por alguna razón, sentía que entendía cómo se sentiría una concubina dándole excusas a la esposa legítima… Por supuesto, era una comparación muy distinta para la situación real. En primer lugar, ¿por qué estaba haciendo esto?

Justo cuando la cabeza de Jin Se-jun se enredaba por completo, Ahn Sae-ha lanzó la bomba.

“Desaparecieron dos pastillas de anticonceptivo de emergencia para Omegas”.

“¿Anticonceptivos…?”.

“El mayordomo dice que, aparte de mí, el único que ha venido a la casa de Ju-wan en los últimos meses ha sido usted”.

¡Realmente lo decía en ‘ese sentido’ y la analogía de la esposa y la concubina parecía encajar! Por supuesto, en este caso, al ser el ex-prometido y el actual compañero de sexo, no debería haber necesidad de ser cauteloso… pero aun así lo era. Se sentía pequeño ante el hecho de haber sido descubierto como un Alfa que se acostaba con otro Alfa, pero Jin Se-jun no se rindió.

“Eso es… bueno, tal vez Kwon Ju-wan las necesitaba para algo personal. Yo soy un Alfa… ¿Por qué un Alfa se acosaría con otro Alfa? Ya sería suerte si no terminamos vomitando por las feromonas. Cuando vi a Sae-ha por primera vez, me volví loco, soy un Alfa común y corriente”.

Balbuceó hasta el punto de que era evidente su pánico, palideciendo por completo. Además, cuanto más hablaba, más le costaba sostener la mirada y, por alguna razón, sentía ganas de llorar.

¿Qué es esto…?

Ahn Sae-ha le habló con una voz mucho más suave, como si estuviera alternando entre el palo y la zanahoria por su cuenta.

“Se-jun, no estoy intentando ser el villano. Le digo esto porque sé que usted es una buena persona”.

“Entonces… ¿Kwon Ju-wan es el malo?”.

“…Simplemente no podía quedarme mirando cómo usted sigue en una relación que lo destruye”.

Parecía que Jin Se-jun era quien consolaba a Ahn Sae-ha, pero de pronto la situación se había invertido. Además, ¿no había pensado él mismo recientemente que su relación con Kwon Ju-wan le estaba resultando tóxica?

“Pero… ¿cómo sabe exactamente el inventario de las medicinas?”.

Incapaz de contener su curiosidad, preguntó. Ahn Sae-ha respondió con una expresión que decía ‘era de esperarse’.

“Aunque estemos separados, Ju-wan no podría imaginar su vida sin mí”.

“……..”.

“Además, en esa casa hay muchos medicamentos de feromonas que no han salido al mercado. Como no deben filtrarse, los reviso de vez en cuando. Las feromonas de Ju-wan no se pueden detectar, ¿verdad? Para solucionar eso, he investigado y creado muchas cosas. Tengo recursos suficientes para financiarlo”.

“Ah…”.

“Por lo tanto, podría existir un medicamento que haga que no sea especialmente incómodo estar entre Alfas”.

Claro, eso si realmente Se-jun fuera un Alfa, añadió Sae-ha. En ese instante, el Jin Se-jun arrogante y seguro de sí mismo que trataba con Omegas murió por completo. Su rostro pálido no recuperó el color y realmente quería llorar. Odiaba haberse convertido en un Alfa que tenía que escuchar semejantes palabras de un Omega.

Sin embargo, Ahn Sae-ha continuó con el tono frío de un médico.

“Incluso si usted no es un Omega, sigue siendo un problema. Porque estar con Ju-wan es peligroso para usted”.

“¿Perdón?”.

“Resultará gravemente herido sin siquiera darse cuenta”.

“¿Por las feromonas?”.

“Sí. La primera vez que comimos juntos, Ju-wan lo atacó. En ese momento pensé que, si hubiera sido honesto con usted, no habríamos llegado a esto”.

“Ah…”.

Fue entonces cuando recordó que aquel día Ahn Sae-ha había golpeado la rodilla de Kwon Ju-wan o algo así. Hasta entonces, pensó que solo le estaba pidiendo que no fuera caprichoso en la mesa, pero ahora se daba cuenta de que Sae-ha notó el momento exacto en que la condición de Jin Se-jun se desmoronó.

En ese momento, Ahn Sae-ha pareció sentir curiosidad por la cercanía de Jin Se-jun con Kwon Ju-wan, no porque sintiera atracción por un Alfa guapo.

“Como él no siente las feromonas, no sabe que está dañando a la otra persona mientras lo hace. Ya le habré dicho que Ju-wan jugaba al fútbol americano, ¿cuántos prospectos cree que retiró así?”.

“¿Unos dos…?”.

Se sentía ridículo respondiendo como si fuera un concurso, pero Jin Se-jun estaba realmente aturdido. Cuando vio que Ahn Sae-ha extendía los dedos de una mano uno tras otro, sintió vértigo. Jin Se-jun agitó la mano antes de que Sae-ha levantara la otra. Es cierto que lo había escuchado antes.

Pensándolo bien, parece ser un… ‘Dominante Extremo’

Después de todo, a menos que sea un ‘Dominante Extremo’, generalmente es imposible dejar a alguien incapacitado mediante un ataque de feromonas. Aun así, la actitud distraída y falta de confianza de Kwon Ju-wan no encajaba con la imagen de un ‘Dominante Extremo’ de los casos de estudio. Además, aunque Jin Se-jun vomitó un poco después de su primer encuentro en España, no había vuelto a tener problemas graves de salud tras acostarse con él. Iba a opinar algo combinando estos pensamientos, pero Ahn Sae-ha gritó primero con una voz sorprendentemente alta.

“¿Va a quedarse indefenso y colapsar cada vez que Ju-wan se enoje?”.

“Sae-ha, por favor, baje la voz…”.

¿Era este el tipo de persona a la que no le importaba la mirada de los demás? ¿O estaba borracho? Debido a su apariencia y a su tono amable al principio, pensó que su personalidad sería igual. Ahn Sae-ha añadió sin cambiar su expresión.

“Durante el sexo probablemente no se enoje. Especialmente si es una relación reciente”.

Parecía que el que estaba enojado era Ahn Sae-ha. ¿Realmente se había convertido en el amante siendo regañado por la pareja oficial? Lo que más le dolía era que no había nada incorrecto en sus palabras.

Y aunque Jin Se-jun pensó que sufría malestar por ser un Alfa, ¿había sido Ahn Sae-ha también atacado por las feromonas de Ju-wan? Jin Se-jun movió los ojos y preguntó con cautela.

“Esto… lo siento, pero… ¿usted y Ju-wan siguen saliendo?”.

“……..”.

Quería preguntar sobre el ataque de feromonas, pero la otra pregunta salió sola. Jin Se-jun añadió con una sonrisa incómoda.

“Solo había oído hablar de la ruptura, por si acaso”.

“Nadie”.

Ahn Sae-ha respondió con solemnidad.

“Nadie puede reemplazarme para Ju-wan, y nadie puede reemplazarlo a él para mí. Somos los únicos el uno para el otro, y fuimos los primeros. Esa experiencia de confiar el uno en el otro en el extranjero no puede ser borrada por nada. Incluso el equipo de porristas que sostiene y conforma a Ju-wan hoy en día, se lo di yo”.

“Solo preguntaba, ¿por qué se enoja tanto…?”.

Es extremadamente sensible.

Aunque sabía que tenían un vínculo profundo, el hecho de ser un Alfa y estar escuchando esto le resultaba confuso.

“Yo nunca he sido atacado por las feromonas de Ju-wan, debe ser porque soy alguien especial para él”.

“……..”.

Escuchó claramente el subtexto: ‘A diferencia de usted, Se-jun’. Fue una frase que le arruinó el humor como pocas cosas. De todos modos, viendo cómo el rostro de Kwon Ju-wan se tensaba al mencionar a Ahn Sae-ha, era evidente que Sae-ha era especial para él.

¿Quizás Ahn Sae-ha ocupaba ese lugar de ‘ex-prometido’ como un número retirado en el corazón de Kwon Ju-wan? Tal vez por eso su corazón se había enfermado, al no tener intenciones de salir con él seriamente.

Ambos son agotadores…

Kwon Ju-wan era un caso, pero Ahn Sae-ha también tenía algo extraño. Actuaba como si estuviera enfrentando a un competidor que se acercaba a su pareja vinculada, en un asunto en el que objetivamente no debería interferir.

¿Eh? ¿Estarán vinculados?

Podría haber ocurrido cuando prometieron casarse…

Como el cerebro humano tiene la costumbre de querer entender las cosas, trata de crear razones incluso ante situaciones incomprensibles. Por eso, Jin Se-jun llenaba el repentino cambio de actitud de Ahn Sae-ha con las mejores justificaciones posibles:

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Lo amó mucho, son tan especiales que comparten hasta los detalles triviales, entra a su casa como si nada y por eso me notó, tal vez bebió y sus emociones se desbordaron.

Por supuesto, Jin Se-jun tuvo que soportar todo esto sin haber bebido ni una gota, ya que tenía que conducir.

Después de la cena, Ahn Sae-ha esperó naturalmente a que Jin Se-jun pagara. Por supuesto, al salir con un Omega era lo usual invitar, pero considerando lo que acababa de escuchar, la situación no parecía tan natural.

¡Odiaba tener este tipo de pensamientos mezquinos!

“Déjeme en la casa de Ju-wan”.

“Ah, sí…”.

¿Qué debería sentir en una situación así para no parecer extraño? Seguramente no intentaba marcar territorio frente a Kwon Ju-wan. Como la cena había sido abrumadora, Jin Se-jun condujo por el camino familiar en un estado de aturdimiento.

Justo cuando estaba pensando en buscar un nuevo compañero y cambiar de aires, sucede esto. No quería tranquilizar a Ahn Sae-ha diciéndole que ya había tenido esos pensamientos.

Sí, esto es porque Ahn Sae-ha se convirtió en una ‘uva agria’ que no puede comer, así que no hay necesidad de quedar bien con él. Esa debe ser la razón más natural.

Jin Se-jun detuvo el coche al comienzo del callejón en lugar de llegar justo frente a la casa de Kwon Ju-wan. En cuanto puso la marcha en estacionamiento, se bajó rápidamente para abrir la puerta del copiloto, incluso en este momento, le resultaba ridículo no poder abandonar sus ‘modales de Alfa’.

Justo cuando iba a cerrar la puerta tras ver que Ahn Sae-ha había bajado a salvo, este último agarró repentinamente la solapa de su chaqueta.

“Se-jun, usted entiende mis sentimientos, ¿verdad?”.

“¿Cómo?”.

“Me pondría triste si deja de contactarme solo porque hoy estuve un poco emocional y dramático”.

Su voz era pequeña y frágil. Después de hablarle todo el tiempo como si debiera apartarse de entre él y Kwon Ju-wan, ahora se hacía la víctima. Antes que cualquier ‘actitud de Alfa hacia un Omega’, Jin Se-jun estaba tan cansado que no pudo reaccionar.

Vaya par de tipos impredecibles se encontraron…

Pero en el momento en que pensó que Sae-ha probablemente también había sufrido por las desapariciones de Kwon Ju-wan, sintió una extraña similitud. Antes de retirarse, Ahn Sae-ha incluso abrazó al estupefacto Jin Se-jun.

¿Será porque vivieron en el extranjero?

Normalmente, Jin Se-jun, con su carencia de afecto, disfrutaría cualquier abrazo, pero este le resultó muy incómodo. Incluso después de que Sae-ha se fuera, se quedó allí de pie un buen rato antes de subir al coche. Quizás por el desconcierto, el sudor frío le corría por la espalda, se sentía como si hubiera estado bajo un hechizo.

Si hubiera sabido que la cena sería así, habría huido a casa.

Justo cuando soltó el freno tras suspirar, el vello de su nuca se erizó. Era una mirada afilada, familiar, casi con fuerza física. Al levantar la vista, vio a alguien de pie en el balcón de la gran mansión, apenas una silueta.

¿Es Kwon Ju-wan…?

Estaba oscuro y no podía ver bien, pero la sensación de frío en la espalda y la ubicación indicaban que era él. ¿Estaría furioso por haberse llevado a Ahn Sae-ha de la academia y haberlo hecho beber?

¿Y qué? Fue Ahn Sae-ha quien pidió el alcohol.

Jin Se-jun se frotó la nuca y rápidamente dio la vuelta al coche para salir del barrio. No podía soportar quedarse allí ni un segundo más con esa sensación en el cuello.

El agotamiento que le producía Kwon Ju-wan ya estaba superando su gusto por él, y ahora que Ahn Sae-ha empezaba con sus tonterías, no tenía energía para hacer más que levantar mentalmente el dedo medio.

Uno debe vivir tranquilamente según su naturaleza. Por andar de presumido con lo del compañero de sexo, terminó pasando por esto. Sin embargo, aún no había olvidado su deseo de encontrar a alguien nuevo. Quería conocer a alguien a quien entregarle su corazón y dejar de preocuparse por esos dos.

***

Al final, regresó al hospital de su hermano mayor antes de lo previsto; fue una decisión tomada porque tenía demasiados pensamientos como para seguir divirtiéndose. Volver era solo cuestión de presentarse, pero como había perdido sus gafas, tuvo que comprar unas nuevas.

¿Dónde las habría perdido? ¿Acaso las dejó en casa de Kwon Ju-wan? No sería extraño preguntar casualmente por ellas, pero simplemente no podía ser el primero en contactarlo.

Jin Se-jun ignoraba los saludos de bienvenida de la gente hasta que recordó preguntar algo.

“¿No vino hoy el cliente que me buscaba?”.

“Ah, ese señor ya terminó casi todos sus tratamientos, así que no tiene motivos para volver”.

“¿Ah sí? Parece que no le gusto tanto. Tenía expectativas”.

“Jaja, usted siempre bromeando, Gerente”.

*No es broma, realmente creo que necesito a alguien que me quiera…*

Jin Se-jun se tragó sus palabras y sonrió.

La sala de consultas, donde solía pasar la mayor parte del día, se sentía extraña, pero al ser un trabajo familiar, no sintió ningún vacío en sus tareas. Almorzó con los empleados Omegas después de mucho tiempo.

“Gerente, parece que ha cambiado un poco”.

“¿Eh? ¿Yo? ¿Me he vuelto más guapo?”.

“No es eso, es que ya no dice tantas tonterías sobre los géneros”.

“¿Tonterías…?”.

¿Significaba eso que antes decía muchísimas tonterías sobre el tema? Ahora recordaba que, cada vez que abría la boca, recibía reproches de que no dijera esas cosas en estos tiempos. Tal vez se había contagiado del lema de ‘Blingz Cheerleading’, donde se reunían diversos tipos de personas, o tal vez estar con Kwon Ju-wan le había hecho entender su lugar.

Tras varios días de su regreso, el hecho de no escribir comentarios maliciosos en la comunidad de calvos en sus ratos libres era un cambio definitivo. Tampoco miraba cuentas de sexo. De hecho, buscó si Kwon Ju-wan había reactivado su cuenta de ‘Beta’, pero parecía haberla borrado por completo.

¿Habrá creado una nueva?

Si fuera así, realmente tiene energía, ser un ‘Dominante Extremo’ lo hace diferente. Después de todo, quitando lo de los ataques de feromonas, son como máquinas sexuales de alto rendimiento. Supongo que, al ser poseedor de semejante súper esperma, hasta se preocupó por el embarazo con un Alfa.

Aunque le gusten los niños, parece que teme tener los suyos propios. Bueno, es normal tener miedo. Es mejor que andar sembrando semillas sin pensar como un desalmado…

Jin Se-jun soltó una risita burlona y mostró una sonrisa amable al escuchar un golpe en la puerta. Definitivamente, ser gentil y vender servicios de esta manera era lo más cómodo. No necesitaba esforzarse por ganarse el corazón de personas que solo vería un momento.

Hasta ahora, no había noticias de Kwon Ju-wan.

Sí, si yo no lo hago primero, él tampoco lo hará.

A pesar de que fue él quien me rogó ser compañeros de sexo. Bueno, como dijo que solo lo hiciéramos durante el celo, me contactará cuando lo necesite.

¿Qué esperaba? Cualquiera pensaría que firmamos un contrato de compañeros de sexo con la condición de charlar por chat. Jin Se-jun hojeó los papeles de consulta con irritación.

Fue un día en que Jin Se-jun salió del trabajo puntualmente, ignorando la petición de Jin Young-jun de ir a una cena de empresa. Aunque su antiguo trabajo era cómodo, no estaba de humor para beber y reír con otros, así que rechazó todas las insistencias.

Al entrar en el estacionamiento, un hombre de mediana edad que estaba en la entrada del centro comercial se le acercó. Era un Alfa de menor estatura que Se-jun, pero de complexión robusta.

“Gerente, ¡cuánto tiempo!”.

“¡Ah, sí, señor!”.

No recordaba quién era en absoluto, pero lo saludó con una sonrisa. El hombre sonrió, sonrojándose de forma extraña.

“Como no lo veía, pensé que había renunciado. Pero siendo el hermano menor del Director Jin, supuse que tarde o temprano pasaría por aquí”.

“¿Eh? Sí…”.

¿Quién es este tipo…?

Era cortés, pero extrañamente asqueroso. ¿Sería el cliente que solo buscaba a Jin Se-jun? Pensó que era solo un decir, pero verlo tan contento le hizo pensar que los demás habían sufrido bastante antes de avisarle. Además, por alguna razón, le dieron ganas de escupirle a esa cara sonriente. Pronto, el hombre confirmó sus instintos.

“No deberíamos estar así aquí, vayamos a cenar y a tomar algo… conozco un lugar al que voy seguido y que a usted también le encantará”.

“Ah, agradezco el ofrecimiento, pero no acepto invitaciones ni regalos de clientes fuera del trabajo”.

“¡Cliente! No sea tan frío. Empecemos siendo amigos”.

¿Por qué sería yo amigo suyo…?

Su enorme barriga, seguramente forjada en rondas de alcohol tras el golf, presionó el brazo de Jin Se-jun. Aunque hubiera estado expuesto a sus feromonas por error, y aunque Se-jun fuera guapo, no tenía el aspecto que un Alfa solía preferir, pero el mundo estaba lleno de gustos peculiares.

Aunque por muy raros que sean los demás, Kwon Ju-wan es el más raro de todos. Jin Se-jun frunció el ceño ante ese pensamiento y agitó la mano.

“No, gracias. Señor, si le queda algún tratamiento, espero que lo reciba bien…”.

“Si sigue así, voy a difundir rumores muy malos sobre ‘Moisés es un Milagro’ (el nombre de la clínica). ¿Eh? ¿Sabe quién soy yo…?”.

El hombre agarró con fuerza el brazo de Jin Se-jun con sus manos húmedas. Incapaz de contener la irritación repentina, Jin Se-jun gritó tan fuerte que retumbó en todo el estacionamiento.

“¡Ah, pues difúndalos! ¡Hágalo!”.

“¿Qué?”.

“Le agradezco mucho la publicidad negativa, de verdad”.

“¿De verdad te vas a poner así? Después de andar moviendo la cola y sonriendo mientras soltabas feromonas, ¿ahora te echas atrás?”.

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¡Puaj…!

Al oír eso, se le puso la piel de gallina.

¿Ahora resulta que todo es culpa mía? ¡Maldito Jin Se-jun pecador, malditas feromonas…!

Pensando en cómo quitarse de encima a este Alfa pervertido y loco, Jin Se-jun guardó sus gafas y levantó la barbilla con insolencia.

“Mis feromonas son… para mi pareja, así que no intente nada raro”.

Pero de inmediato, una mano subió a su trasero. Junto con una respuesta inesperada.

“¿Pareja? Nunca te he visto con un anillo de compromiso. Deja de mentir y te daré algo más caro que lo que tiene mi esposa”.

“Vaya, no hay necesidad de actuar como un perro callejero común y corriente…”.

Jin Se-jun soltó una sonrisa amarga y, tras calcular la ubicación de las cámaras de seguridad, empujó al hombre contra la pared. Luego, le dio unos golpecitos en la mejilla, solo lo suficiente para no dejar marca.

“No uso mis feromonas para someterlo aquí porque sería un desperdicio. Qué tendrá en los ojos para confundir una sonrisa de servicio con andar moviendo la cola”.

“Estás cometiendo un gran error. Si supieras quién soy… tendrías mucho que aprender de alguien con más experiencia de vida”.

“Simplemente no es mi tipo. ¿Y qué voy a aprender de usted? ¿Cómo acosar a alguien que podría ser su hijo?”.

“Me dicen mucho que parezco jov- ¡Ack!”.

Al presionarle el pecho con el antebrazo, el hombre tosió como si le faltara el aire. Aun así, se puso de puntillas intentando hundir la nariz en la nuca de Jin Se-jun.

“¡Ugh!”.

Al apartarse por instinto, el rostro del hombre se volvió aún más rojo y murmuró.

“Cielo, esas feromonas son tuyas… Sería perfecto si me dieras un hijo”.

“¿Qué…?”.

¿Se le habrían escapado otra vez? Era posible que hubiera cometido un error por el enfado. Dejando eso de lado, escuchó algo tan asqueroso que su cerebro no pudo procesarlo. Normalmente, incluso los locos no muestran lo extraños que son desde el principio, ¿verdad? ¿Tan fácil lo veía?

Jin Se-jun ocultó su desconcierto y agarró al hombre por las solapas para alejarlo de él.

“¿Ha bebido? Esto es un punto ciego de la cámara, ¿quiere irse después de una paliza o se va por las buenas?”.

Al final, el hombre no pudo salir por su propio pie. Como si tuviera un pequeño pene pero pene al fin, tuvo una erección y caminó torpemente retorciendo todo el cuerpo. Jin Se-jun lo arrastró de la nuca y lo tiró fuera del edificio como si fuera una bolsa de basura.

Qué mal día…

Jin Se-jun, que intentaba oler sus propias feromonas (aunque no podía), se revolvió el cabello bien peinado. Entonces, se dio cuenta de algo.

Mierda, sí que me importa el físico…

Si estaba buscando un compañero Alfa, ¿por qué lo echó? Si su intención era probar si era posible con un Alfa, podría haber ido a tomar algo.

Incluso Kwon Ju-wan creía que Jin Se-jun se había acostado con los clientes de la clínica. Si era un malentendido, era injusto, pero si fuera un hecho real, no tendría por qué sentirse así. Por supuesto, como se sentía inferior por ser virgen, él mismo había alimentado el malentendido de Kwon Ju-wan.

Ah, dijo que tenía esposa. Qué pensamientos más locos estoy teniendo.

¿Sabría su esposa lo que ese hombre andaba haciendo? Durante un tiempo no tuvo que recoger a Yi-seo y se concentró en las consultas de trasplante capilar, por lo que pensó menos en Kwon Ju-wan, pero ese calvo infiel lo arruinó todo.

Sintiéndose inquieto, Jin Se-jun, que no había ido a la cena de empresa, buscó solo el bar de un hotel.

Era el lugar con una buena vista nocturna al que Kwon Ju-wan lo había llevado durante el incidente del ‘Hotel Run’. ¿Por qué, de todos los lugares, buscó ese cuando su mente estaba complicada?

Pensándolo bien, se podría decir que todos los problemas de su salud mental comenzaron en este lugar. Aunque fundamentalmente fue la fiesta de intercambio de hace 10 años la que causó el problema de las feromonas.

Como planeaba llamar a un conductor para volver a casa, bebió lo que el barman le recomendó. De repente, alguien le tocó el hombro.

“¿Jin Se-jun?”.

“¿Eh?”.

Era un Alfa atractivo con cejas espesas y ojos ligeramente caídos. Agradecía que lo reconocieran, pero aunque le resultaba familiar, no lo recordaba bien. Si fuera un cliente del hospital, no lo habría llamado por su nombre de pila, así que…

“No me recuerdas. ¡Soy Shin Woo-kyung, tu compañero de facultad!”.

“Ah…”.

Aunque no recordaba el nombre, en cuanto oyó lo de la facultad, los recuerdos volvieron vívidamente. Era el tipo que fingía ser un caballero refinado, a quien odiaba a muerte porque se dividía la popularidad entre los Omegas con Jin Se-jun.

Al ver a Shin Woo-kyung siempre con una sonrisa, Jin Se-jun pensaba para sus adentros que solo fingía ser amable. Por supuesto, Jin Se-jun tampoco andaba con mala cara frente a él, pero parecía que su hábito de fingir tranquilidad en cualquier situación nació en aquel entonces. Quería ser mejor que él en todo, y bueno, así terminaron las cosas.

En realidad, la razón principal por la que odiaba a Shin Woo-kyung era… porque era uno de sus ‘gafes’.

A un Omega que le gustaba a Jin Se-jun, le gustaba Shin Woo-kyung. Pero Shin Woo-kyung, que era amable con todos, resultaba frío con ese Omega y se pegaba a Jin Se-jun, haciendo que el Omega se sintiera incómodo con él.

Por supuesto, no podía ser que Shin Woo-kyung estuviera interesado en el Jin Se-jun Alfa de antes de que cambiaran sus feromonas, así que solo pensó que estaba molestando.

Pero ahora que era mayor, al verlo de nuevo, no le molestaba tanto como antes. Ya sabía que no todos los Alfas se ponen a la defensiva con otros Alfas como él, y le agradecía que lo saludara primero a pesar de que él no lo reconoció.

Como no había mantenido contacto con nadie de la universidad, incluso se sintió emocionado por encontrar a alguien con quien hablar. Pero parecía que era un día marcado por la mala suerte, ya que la conversación con Shin Woo-kyung tomó un rumbo distinto al esperado.

“Supongo que tendrás pareja, ¿no?”.

Era el tema más trivial para dos Alfas excompañeros que se encuentran después de mucho tiempo. Pero como ‘pareja’, ‘sexo’ y ‘compañero’ eran los temas que más habían atormentado a Jin Se-jun estos días, no pudo pasarlo por alto tan trivialmente.

En cuanto Jin Se-jun se tragó el alcohol, se agarró la cabeza.

“¡No tengo! ¡No tengo pareja!”.

***

Kwon Ju-wan estaba sentado tranquilamente al borde de la cama. Sin embargo, en su interior, la lava en forma de niebla burbujeaba. A pesar de haber aumentado la medicación después del incidente anterior, la ansiedad seguía envolviendo todo su cuerpo.

Tras terminar las clases, mientras hablaba un momento con el director, Jin Yi-seo y Ahn Sae-ha desaparecieron. Como sabía que la última vez que se vieron había molestado a Jin Se-jun, pensó que Sae-ha no querría cruzarse con él, así que no le dio mucha importancia.

Supuso que Jin Se-jun se habría llevado a Yi-seo y que Sae-ha tendría sus propios asuntos, pero al terminar el turno del autobús escolar, le llegó un mensaje.

 

Sae-ha

Estoy cenando con Se-jun. Cena tú primero.

 

No es que le molestara tener que cenar solo, pero le desconcertó que no le avisara con antelación. ¿Además, cenando los dos solos? ¿Y Jin Se-jun aceptó eso?

¿Acaso, al haber nacido como un Alfa con alma de Omega, deseaba salir con un Omega después de todo? Ciertamente, más allá de actuar como un Alfa, el amor de Jin Se-jun por los Omegas siempre había sido especial.

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¿Sería que, aunque se estaba adaptando a Kwon Ju-wan por ser una persona blanda, en realidad no deseaba estar bajo el mando de un Alfa? En el pasado, Jin Se-jun había dicho que cualquier Beta u Omega estaba bien, pero que un Alfa nunca.

En aquel entonces tuvo miedo, pero después de saber que Kwon Ju-wan era un Alfa, Se-jun no mostró un gran rechazo. Al contrario, su relación se volvió más cercana, por lo que se sintió aliviado pensando que no sería un problema.

¿Por qué se había sentido aliviado…? Incluso Ahn Sae-ha, con quien tenía una relación reconocida ante los demás, causó problemas y terminó arrastrándolo a una fiesta de intercambio.

A pesar de ser un cobarde que no había podido proponerle a Jin Se-jun una relación normal, y mucho menos un compromiso, se sentía como un loco por estar celoso de cualquier Omega que se le acercara.

A Sae-ha le gustan las tácticas de celos…

Así que podría estar fingiendo pegarse a Jin Se-jun solo para llamar la atención de Kwon Ju-wan. Tratando de convencerse con eso, intentó esperar tranquilamente en lugar de enviar a alguien a vigilarlos, pero simplemente no podía quedarse sentado.

Parado en el balcón, pensando que el carácter de Jin Se-jun lo obligaría a traer a Ahn Sae-ha de vuelta, escuchó el familiar sonido del motor a pesar de lo tarde de la hora.

Pero…

Al bajar del coche, Ahn Sae-ha abrazó a Jin Se-jun.

Como Sae-ha no podía saber que él estaba mirando, no podía ser una táctica de celos. ¿Realmente habían tenido una cita? Kwon Ju-wan recordó el rostro de Se-jun iluminándose de alegría cuando conoció a Ahn Sae-ha por primera vez.

Hasta ahora, había intentado no odiar a Sae-ha, sintiéndose en parte responsable de haberlo ‘arruinado’. Pero ver cómo las convicciones de toda una vida se desmoronaban tan fácilmente era doloroso.

Todo esto era por culpa de su propia codicia.

Si se hubiera mantenido alejado de Jin Se-jun como pensó al principio, nada de esto habría pasado. Pero se volvió loco de deseo y lo tomó. De manera cobarde, puso condiciones para volver a poseer su cuerpo, y de forma furtiva, lo atrajo a su casa fuera de lo acordado…

Se sintió orgulloso solo por no haber llegado a la penetración durante el ciclo de calor de Se-jun. Por primera vez en años, exceptuando cuando hacía ejercicio, había sentido algo parecido a la confianza.

Eso fue… hasta que penetró sin condón y esparció sin reservas su sucia semilla en las entrañas de Se-jun.

¿Cómo fue la expresión de Jin Se-jun al recibir los anticonceptivos? Después de su primera noche juntos, lo consoló diciendo que no había podido ser lo suficientemente tierno y hasta le dio un masaje, pero aquel día, Ju-wan estaba tan aturdido por el hecho de haber eyaculado dentro que ni siquiera pudo detenerlo cuando Se-jun se arregló torpemente y se marchó.

A pesar de sentir ese autodesprecio, el recuerdo de la carne bajo sus manos y la fricción con la zona más tierna, débil y caliente volvía a él en cualquier momento. Incluso cuando estaban separados, deseaba compartir un beso tan largo que lo dejara sin aliento.

Honestamente, Se-jun pondría una cara de ‘¿qué tonterías dices?’, pero se sonrojaría y lo permitiría. Sin embargo, no debía usar la bondad de Se-jun para satisfacer sus deseos. Él, que siempre terminaba huyendo con la cola entre las patas diciendo que no podía hacerse responsable…

‘Me gustas’.

Esa confesión sin fuerzas que recibió en el avión también volvía a su mente. Pensó que Jin Se-jun siempre exigiría las cosas con orgullo, pero verlo bajando la mirada con ansiedad tras robarle un beso lo hacía parecer tan frágil y adorable a la vez.

Aunque claro, al ser rechazado, volvió a charlar como siempre, como alguien sin pudor…

Jin Se-jun había mostrado su afecto de forma constante hasta lanzarse a confesar, pero Kwon Ju-wan había actuado como una basura sin columna vertebral, lo suficiente como para que cualquiera perdiera el interés. Pero incluso así, Se-jun tenía ese carácter afectuoso que volvía a tratarlo bien una vez que se le pasaba el enfado, y eso le encantaba.

Por eso, ahora odiaba incluso a Ahn Sae-ha, su ex pareja de años y su único amigo. Ya le ponía ansioso que Se-jun tuviera tantos pretendientes y que en cualquier momento pudiera perder el interés en él.

Solo hay que recordar la cantidad de juguetes para adultos que encontró en la mesa de noche de Se-jun la primera vez que irrumpió en su casa… Además, Se-jun mencionó que a veces se acostaba con clientes, y Ju-wan se enteró de que recientemente había regresado a trabajar al hospital.

De hecho, Kwon Ju-wan se había convertido en el dueño del edificio donde está el hospital de Jin Young-jun hacía unos meses. No iba a menudo, pero fue en ese edificio, no en la academia, donde se enteró a través de Young-jun del viaje de Se-jun a España.

Pero… ¿no dijo que había muchos Alfas entre los clientes del hospital? ¿Dijo que jamás saldría con un Alfa pero sí se veía con clientes Alfa? Había una contradicción, pero como el propio Ju-wan se había aferrado a Se-jun a pesar de decir que no podía estar con otros rasgos, supuso que habría una razón. O tal vez solo eran aventuras de una noche. No era muy distinto a las excusas que Ju-wan mismo ponía.

Siendo Se-jun alguien tan atractivo, no era lógico pensar que solo Ju-wan lo deseara, ni que Se-jun lo prefiriera a él por encima de tantas personas encantadoras a su alrededor.

Por supuesto, el hecho de que Se-jun tuviera una debilidad por el placer físico jugó a favor de Ju-wan, así que no todo era negativo.

“Ya llegué”.

Escuchó la voz familiar fuera de la habitación, pero se cubrió con la manta y fingió dormir.

No debía enfadarse con Ahn Sae-ha. Él era su único amigo, el que tenía contacto con su familia, y ahora se había vuelto cercano a Se-jun… Pero su cuerpo estaba rígido y no podía relajarse.

Cuando estaba con Jin Se-jun, su mente encontraba una paz incomparable. Al ver cómo Se-jun restaba importancia a sus preocupaciones con una risita, Ju-wan llegaba a pensar que quizás sus problemas no eran para tanto.

Quizás por eso, desde que conoció a Se-jun, dejó de preguntarle a Ahn Sae-ha qué partes de su personalidad debía arreglar o qué debía añadir o quitar para ‘ser humano’.

Incluso cuando salió con los niños hace poco, por un momento imaginó tener hijos con él. Por eso sufrió un autodesprecio aún mayor cuando eyaculó sin protección.

Porque, honestamente, se sintió feliz. En el fondo de su corazón, quería embestirlo y llenarlo de semen hasta que a Se-jun se le aflojaran las piernas y no pudiera dar un paso fuera de casa, hasta que no pudiera evitar quedar embarazado.

¿Debería haber aprovechado el ‘error’ para marcarlo (vincularse)? Si lo hubiera hecho, quizás no estaría sufriendo tanto ahora.

Pero, ¿de qué serviría un tipo que no puede cuidar los sentimientos ajenos por estar sumido en el odio a sí mismo, un tipo que imagina someter a alguien para volcar sus deseos oscuros? ¿Cómo podría alguien que no es capaz de una confesión normal arruinar la vida de la persona que ama mediante un vínculo forzado?

‘Aunque es imposible no tener miedos en la vida, espero que Se-jun pueda olvidarlo todo cuando esté conmigo’.

…Diciendo cosas como esa. Actuando emocionado como un amante cuando ni siquiera puede ser su novio…

Además, para Jin Se-jun esto sería solo un afecto ligero, no querría pasar el resto de su vida con Kwon Ju-wan. Nadie querría. Solo porque Se-jun es alguien que se toma a la ligera incluso los asuntos serios es que esto sigue en pie, cualquier otro ya habría cortado lazos con Ju-wan hace tiempo.

Sabiendo eso y aprovechándose de ello, ¿no era ya una basura?

Quería poseer a Se-jun, pero no quería destruirlo. Afortunadamente, no lo había vuelto a lastimar gravemente desde aquel primer incidente.

Pero Ju-wan sabía que, incluso sin feromonas, sus propias palabras y acciones solían desesperar a los demás. Ahn Sae-ha era la prueba viviente de cómo alguien podía volverse extraño a su lado…

Justamente, escuchó que recientemente había salido un nuevo método de extirpación de glándulas de feromonas basado en teorías actualizadas. Por supuesto, al igual que la cirugía que se hizo hace más de 10 años, no había casos reales aplicados.

Además, cuando le preguntó a su médico, este le dijo que el riesgo era mucho mayor que la anterior. Incluso si tenía éxito, podría quedar con una discapacidad grave o reducir drásticamente su esperanza de vida. En la cirugía anterior solo quedó el trastorno de feromonas, pero esta vez el impacto sería físico.

La investigación sobre feromonas que Ju-wan financiaba avanzaba lenta pero firmemente. Su vida también seguía un curso monótono, donde ninguna pasión lograba sacarlo de su ‘simulacro de ser humano’.

Por lo tanto, no tenía intención de correr riesgos innecesarios.

Si no fuera por Jin Se-jun, habría seguido así para siempre.

***

Cuando Jin Se-jun empezó a desvariar con palabras que no encajaban con su apariencia refinada, Shin Woo-kyung abrió los ojos de par en par.

“¿Tú, Jin Se-jun? ¿Que no tienes pareja?”.

“Sí. Sí, sí, sí”.

“Venga, lo dirás por decir…”.

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“¡¿Por qué iba a decir esta mierda por decir?! ¡No he salido con nadie desde que me gradué! Oye… tú salías mucho con Omegas en esa época. Debes haber tenido muchas relaciones”.

Normalmente, no habría mostrado sus debilidades de esa manera. Pero después de todo lo que había pasado últimamente, sus quejas salieron disparadas como un dialecto incontrolable.

Shin Woo-kyung parpadeó y respondió con suavidad.

“Bueno, lo mío fue normal”.

“Si me dices que ahora estás saliendo con alguien, dejamos de ser amigos”.

“……..”.

Jin Se-jun no recibió respuesta hasta que volvió en sí. ¿Se había pasado? ¿Acaso ya no podía tener una relación normal con alguien de su edad, aunque no fuera Kwon Ju-wan? ¿Su habilidad social estaba por los suelos? Al levantar la mirada con ansiedad, vio que Shin Woo-kyung le dedicaba una sonrisa inesperadamente dulce.

“Es increíble… Había mucha gente de otras facultades interesada en ti, me sorprende que no hayas tenido citas”.

“¿Te burlas? ¿Te hace gracia?”.

“¿Tan duro has trabajado?”.

“Preferiría que fuera porque sacrifiqué mi juventud por lograr algo”.

“Jaja, Jin Se-jun, tú…”.

“¿Qué?”.

“Nada”.

¿Cómo que nada?

Pero al ver a aquel compañero que recordaba como un insoportable mostrándole una sonrisa tan comprensiva, los insultos que tenía preparados se desvanecieron. Parecía que Se-jun también había madurado.

Shin Woo-kyung, riendo entre dientes, agarró el brazo de Se-jun.

“Entonces tenemos que ir a por la segunda ronda. Necesitamos más alcohol”.

“¿Para qué una segunda ronda? Qué pereza. Aquí hay mucha bebida. Además, traje el coche”.

“¿Ah sí? ¿Entonces por qué no reservamos una habitación aquí y seguimos bebiendo?”.

¿Reservar una habitación de hotel? A finales del año pasado, cuando vino con Kwon Ju-wan, las cosas empezaron igual y terminaron en desastre.

Bueno, con Ju-wan había ‘algo’, pero con este tipo no había nada. Era solo un viejo compañero, así que la propuesta debía ser para dormir cómodamente si la noche se alargaba. El Se-jun que Shin Woo-kyung conocía no soltaba feromonas de Omega.

Cuando Se-jun asintió, la comisura de los labios de Shin Woo-kyung subió. Tenía una impresión suave, pero no se parecía en nada a la sonrisa vacía o a la risa feroz de Kwon Ju-wan.

¿Por qué sigo pensando en Kwon Ju-wan? ¡Fuera de aquí!

Se-jun ahuyentó los pensamientos abstractos y siguió a Shin Woo-kyung. Casualmente, la habitación que pagaron tenía una estructura similar a la que ocupó con Ju-wan, lo que le provocó un déjà vu instantáneo y recuerdos dolorosos. Hasta recordó la melodía que tarareaba en la ducha aquel día.

A diferencia de su mentalidad de aquel entonces, ahora había terminado rogándole a Ju-wan que se la metiera. ¿Hasta dónde se había corrompido el Alfa Jin Se-jun?

En la universidad… en la época en que Shin Woo-kyung lo conocía, Se-jun era un Alfa lleno de confianza y positividad, con un futuro brillante. Por eso a Woo-kyung le hacía tanta gracia ver a Se-jun quejarse así.

Al sentarse en el cómodo sofá de la sala, un cansancio que parecía hundirlo hasta el subsuelo se apoderó de él.

“Fuuu…”.

Cuando vino con Kwon Ju-wan, estaba emocionado pensando que algo pasaría con aquel ‘Beta’ con el que compartía una química decente, tras una vida de rechazos. Luego se reencontraron en la academia de Yi-seo, se pegó a él, mostró demasiado su afecto y fue rechazado de nuevo.

Después tuvieron ese ‘algo’, pero Ju-wan rechazaba su confesión mientras seguía tratándolo bien, lo que agotó a Se-jun y lo hizo huir a España. Pero Ju-wan lo siguió diciendo que estaba preocupado y terminó envuelto en el celo de Se-jun.

Tuvieron buenas citas después de eso, pero en el avión, Ju-wan volvió a rechazar su torpe confesión pidiendo disculpas. Ver que Ju-wan rechazó a un Omega que lo quería en el viaje, pero le pidió a Se-jun ser ‘compañeros de sexo’ le hacía pensar que quizás Ju-wan sentía algún tipo de responsabilidad.

Parecía ser el tipo de persona que arrastra vínculos que no puede romper del todo. Solo hay que ver a su ex-prometido.

En fin, nació Alfa para terminar siendo acosado por el Omega Ahn Sae-ha, y tras ese golpe de realidad, decidió buscarse otro compañero de sexo Alfa.

Pero después de rechazar violentamente el cortejo de un cliente Alfa maduro, ahora estaba bebiendo con un compañero que odiaba en la universidad. Todo esto había pasado en apenas medio año.

Vaya mierda de vida tan dinámica.

Quería culpar a Kwon Ju-wan, pero al final la conclusión era que todo se debía a su anomalía crónica de feromonas. Era la repetición de sus lamentos de siempre. Después de aquella fiesta de intercambio, Shin Woo-kyung se graduó y Se-jun se tomó un descanso, así que perdieron el contacto.

Al soltar un suspiro profundo, Woo-kyung, que había estado charlando, le llenó la copa vacía.

“Se-jun, parece que te gustan los vinos con taninos presentes y poca acidez”.

“¿Ah? Sí… no sé mucho de vinos”.

Taninos o lo que fuera, simplemente bebía porque sentía que se quemaba por dentro. No sabía de vinos, pero el que bebió con Kwon Ju-wan estaba bastante rico. Mientras miraba la etiqueta del vino con la mirada perdida, Woo-kyung le acercó un aperitivo directamente a la boca.

Desconcertado, lo aceptó con la mano y se lo comió. Woo-kyung, sin dejar de sonreír, dijo.

“¿Ah sí? Entonces la próxima vez vayamos a un bar de vinos que me gusta”.

“…Parece que te gusta mucho el vino”.

“Solo lo normal”.

Cierto, no era de buena educación estar pensando en otras cosas mientras bebía con alguien a quien veía después de tanto tiempo. Se-jun le preguntó cómo le había ido la vida y cómo empezó su afición por el vino, hasta que se quedó sin preguntas y se quedó mirando la mesa.

Honestamente, no le importaba mucho la trayectoria de Woo-kyung ni sus ambiciones futuras… Sería mentira decir que no sentía envidia de que aquel tipo, que era un poco menos que él en la universidad, hubiera crecido como un Alfa normal, exitoso y con poder.

“……..”.

Como había bebido agresivamente en la primera ronda, estaba bastante borracho. Pero como no quería perder la compostura frente a Woo-kyung, bebió agua para intentar despejarse.

Sin embargo, Shin Woo-kyung, que hace un momento estaba sentado frente a él, ahora estaba justo al lado. ¿Cuándo se había movido? Se acercó diciendo que su impresión con gafas era muy distinta a la de la universidad.

Y ahora, Woo-kyung le quitó las gafas que Se-jun acababa de comprar. Las dobló y las dejó en la mesa, observando su rostro descubierto de forma minuciosa y persistente.

Incluso en ese momento, Se-jun seguía pensando cosas como: ‘De repente me apetece un soju con carne de cerdo o un ramen de mariscos’.

“¡Ah!”.

Pero cuando Shin Woo-kyung hundió la cabeza en su nuca y empezó a olerlo, se le erizó el vello hasta la coronilla y recuperó la lucidez de golpe. Cuando Kwon Ju-wan hacía eso, también se erizaba, pero esta era una sensación fundamentalmente distinta.

“¿Qué… qué haces?”.

“Jin Se-jun… tu olor… se ha vuelto mejor”.

“¿Eh?”.

“Incluso antes olías bien”.

“…No me he puesto perfume”.

¿Que antes también olía bien? ¿Esto… esto significa que el ambiente va por ahí?

Estaba tan desconcertado que su voz sonó un poco quebrada. Pronto, Woo-kyung puso su mano sobre la rodilla de Se-jun.

“Hablo de las feromonas”.

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La mano que se apoyó suavemente subió de forma natural hacia el muslo. Se-jun se quedó rígido, incapaz de reaccionar. No fue por quedar paralizado ante un Alfa superior, sino simplemente por la sorpresa.

“Pero es extraño. Antes tenías unas feromonas de Alfa punzantes, de esas que te ponen los pelos de punta de lo molestas que son. Pero ahora han cambiado, es como si dijeran ‘cómeme’”.

“……..”.

“Jin Se-jun… ¿eras un Omega?”.

En el breve silencio en que se quedó sin palabras, mil pensamientos cruzaron su mente. Vaya, últimamente era popular entre los Alfas. Viendo lo ocurrido recientemente, parecía atraer a los Alfas más que cualquier Omega.

Y…

Comparado con aquel cliente del hospital que parecía veinte años mayor, Woo-kyung, a quien conocía y que era apuesto, le producía menos rechazo. Así que pensó que, si podía funcionar con él, no tendría por qué seguir aferrado a Kwon Ju-wan.

Quizás solo estaba sufriendo por estrés innecesario al confundir el deseo físico (fruto de su vida sumergida en pornografía) con un anhelo sentimental.

¿Le gustaba Se-jun a Woo-kyung desde antes? ¿Un Alfa normal atraído por otro Alfa?

Mientras tanto, Woo-kyung se había acercado aún más. Cuando sus narices se rozaron, Se-jun cerró los ojos presintiendo el beso. Si este beso sabía tan ‘rico’ como los de Kwon Ju-wan, podría ser su vía de escape.

Pero justo antes de que los labios se tocaran, Se-jun se tapó la boca y empujó a Woo-kyung con un golpe seco.

“Ugh…”.

El que soltó un quejido fue Se-jun. Tuvo una arcada y bebió de un trago el vaso de agua que estaba en la mesa. En cuanto fue consciente de que las feromonas de Alfa que llenaban la habitación se estaban volcando intensamente sobre él, sintió un disgusto profundo e infinito. Era una reacción instintiva que no podía deberse solo al olfato.

Entre los dos, el que tenía el rango de Alfa superior era Se-jun, pero ahora él era el único que no podía soportarlo, era injusto. Con Kwon Ju-wan podía besarse y lamerse perfectamente, ¿por qué no podía soportar las feromonas de un Alfa común?

¿Solo porque Kwon Ju-wan no tiene olor?

A pesar de eso, recibió de lleno el ataque de feromonas de Ju-wan. Bueno, los atletas que Ju-wan hizo retirar habrían sufrido síntomas peores. Qué pobres tipos, sufrir mal de altura mientras caminan por el suelo.

Aparte de eso, no tuvo secuelas tras ser atacado. Dado que lo de los atletas fue hace más de 10 años, ¿habría tenido éxito la investigación que mencionó Ahn Sae-ha?

Al pensar en eso, recordó a Kwon Ju-wan tomando medicinas en el viaje o en el avión de regreso. Al principio no le dio importancia porque estaba de mal humor, pero luego supuso que serían inhibidores o algo parecido.

Otra vez pensando en Kwon Ju-wan. Esto era de mala educación. Se-jun sonrió con amargura y le dio una palmadita en el hombro a Woo-kyung a modo de consuelo.

“Ah… de verdad, lo siento, pero no puedo. Supongo que ambos tenemos gustos un poco raros”.

“¿Un Omega… rechazando a un Alfa?”.

Al mirarlo de nuevo, vio el rostro inexpresivo de Shin Woo-kyung.

Tenía una vena hinchada en la frente, se veía realmente furioso, lo que desconcertó a Se-jun. ¿No era este tipo alguien súper suave?, pensó.

Unos dos segundos después, Woo-kyung sonrió ampliamente como si todo hubiera sido una broma.

“Jaja… He presionado demasiado. Lo siento”.

“No, es que yo también me sorprendí”.

Pronto, una ligera expresión de apuro cruzó el rostro de Woo-kyung. Al ver su cara de arrepentimiento por haber creado una situación incómoda, Se-jun se relajó y volvió a tocarle el hombro.

Entonces, Woo-kyung levantó la cabeza y le agarró la muñeca.

“Pero ya que estamos… ¿No es que te resultan difíciles las feromonas y no yo en sí? ¿Qué tal si nos vemos un par de veces más?”.

“¿Vernos otra vez?”.

¿No se le acababa de herir el orgullo? A pesar de tener su misma edad, su persistencia era admirable. ¿Será que el mercado de las citas es para los tipos que insisten hasta que el árbol cae?

Mientras Se-jun solo movía los ojos, Woo-kyung ahora lo agarraba por los hombros.

“Perdona por reservar la habitación de sopetón. Es que tú fuiste mi primer amor”.

“¿Ah, s-sí?”.

¡No puede ser! ¡No tenía ni idea! ¡Jin Se-jun era el ‘primer amor’! ¡Y de Shin Woo-kyung…!

Si Se-jun tuviera que evaluar sus propios enamoramientos pasajeros y afectos moderados para ver por quién había sentido una obsesión real, Kwon Ju-wan era el número uno. Así que no podía criticar a Woo-kyung por tener un primer amor tardío.

Más que eso, era la primera vez que alguien le confesaba que le gustaba de forma tan seria siendo ya adulto, así que se quedó aturdido.

Quitando a los Omegas que se acercaban en su adolescencia atraídos por su físico y sus feromonas de Alfa, quitando a los que se acercaban en sus veintes por su físico y estatus, ¡quitando a los que se acercaban en sus treintas atraídos por sus locuras en las cuentas de sexo!

Además, la confesión después de 10 años de aquel Alfa por el que tenía mala imagen fue tan directa y sencilla que se sintió muy extraño…

Lo primero que pensó no fue alegría, sino lástima por Shin Woo-kyung. Él mismo era igual, ¿por qué los humanos no quieren a quienes los quieren?

Como ‘compañero de sexo Alfa’ para reemplazar a Kwon Ju-wan, Shin Woo-kyung parecía el candidato ideal. Pero por el problema de las feromonas era imposible por ahora, y simplemente… no sentía nada por él.

Supongo que soy un poco romántico…

Buscando a la persona del destino, por eso no tengo pareja. Aunque claro, había muchas otras razones.

“Después de graduarme, oí hablar de ti por los de cursos inferiores. No pensé que fuera verdad, pero supongo que tuviste tus razones para fingir ser un Alfa. De ahora en adelante, yo te protegeré”.

Ugh…

Al oír las palabras de Shin Woo-kyung sintió ganas de vomitar por un momento, pero no dijo nada. No tenía ni un solo buen recuerdo hasta justo antes de recibir el diploma. ¡Todo por culpa de esa anomalía de feromonas!

No era culpa de Shin Woo-kyung.

Aunque no hubiera aceptado la confesión, no podía quedarse a dormir. Se-jun, en un estado algo sentimental y aturdido, llamó a un conductor. No sabía si era por el alcohol o por haber recibido una confesión seria de alguien que lo conocía.

“¿De verdad te vas? Si te incomoda, me iré yo. Quédate a descansar”.

Para ser un Alfa, era casi asquerosamente caballeroso. Pero Se-jun solo quería irse a casa, así que se despidió y salió de la habitación. Por alguna razón, este hotel también podría convertirse en un gafe. Cuando alguien bebe con segundas intenciones y reserva una habitación, alguien termina huyendo.

¿Pero dice que soy su primer amor y lo primero que hace es reservar una habitación e intentar besarme?

Este pensamiento le vino mientras cruzaba el puente de camino a casa. Más que indignación…

Parece que todos estos Alfas, menos yo, han tenido una vida sexual súper abierta y promiscua…

Ese fue su primer pensamiento. ¿Debería tener envidia? Al fin y al cabo, Shin Woo-kyung era el ‘Alfa con futuro brillante’ que Se-jun habría sido en un universo paralelo donde no hubiera tenido el accidente de las feromonas, así que era inevitable que sus sentimientos fueran complejos.

Lo mío era pura fachada, qué envidia me da.

Jin Se-jun regresó a casa arrastrando los pies y con el pecho vacío.

 

Iba camino a recoger a Jin Yi-seo. Últimamente, Se-jun se sentía incómodo viendo a Kwon Ju-wan, así que no iba mucho por Blingz Cheerleading, pero aquel día las cosas se dieron así.

En cuanto abrió la puerta, cruzó la mirada con Ahn Sae-ha y estuvo a punto de darse la vuelta instintivamente. Pero Sae-ha lo saludó primero con voz alegre.

“Se-jun, bienvenido”.

“Ah, sí. Hola, Sae-ha”.

¿Bienvenido?

Ya parecía el dueño de la academia. Y honestamente, Jin Se-jun le tenía un poco de… miedo a Ahn Sae-ha. A diferencia de Kwon Ju-wan, que a veces daba un miedo animal por ser un ‘Dominante Extremo’, este le resultaba incómodo a nivel humano porque no sabía qué estaba pensando.

Probablemente era porque la última vez lo puso a prueba, luego se hizo la víctima apelando a las emociones, después presumió de su relación con Kwon Ju-wan y terminó cerrando su propio espectáculo hablando de su ‘amistad’ con Se-jun.

Logró no fruncir el ceño, quizás gracias a que había vuelto a su puesto de gerente de consultas.

Sin embargo, la actitud de Kwon Ju-wan, que estaba de pie a su lado, era distinta. Mientras Ahn Sae-ha presumía de su cercanía con Se-jun y charlaba de esto y aquello, Ju-wan no intentaba separarlos como antes ni se le tensaba la cara.

¿Qué pasa…? ¿Ya no le interesa Ahn Sae-ha? Entonces pronto cambiará a otro Omega, y Se-jun podría terminar perdiendo la cabeza como Sae-ha al convertirse en un Omega del pasado de Ju-wan…

Mientras se lamentaba internamente e insultaba a Ahn Sae-ha, Kwon Ju-wan, que siempre actuaba con madurez, se puso serio.

“Jin Se-jun, necesito consultarle algo sobre Yi-seo, ¿tiene un momento…?”.

“¿Sobre Yi-seo? ¿De repente?”.

“Sí. Pronto hay una competición… Sae-ha, quédate un momento mientras hago la consulta con el tutor”.

“Ah, claro. Adelante”.

¿Competición? ¿No era casi un hecho que Yi-seo no podría participar este año?

Kwon Ju-wan no dejaba de mirar atrás incluso después de llegar a una zona que no se veía desde el vestíbulo. Parecía preocupado de que Ahn Sae-ha los siguiera, así que Se-jun también miró hacia atrás.

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Se sentía extraño entrar como cliente en la sala de consultas de otro después de haber estado recibiendo clientes en la suya propia. Al verlo de pie y dubitativo, Ju-wan, en lugar de ofrecerle asiento, soltó algo inesperado.

“¿Por casualidad… tiene un momento?”.

“¿Cómo?”.

¿No se lo estaba dando ya? Al preguntar sin entender la intención, Ju-wan vaciló y volvió a decir algo raro.

“Como para ir a comer un tanghulu de mandarina”.

“¿No mucho? Me acabo de lavar los dientes”.

Si hubiera sido en la época en que hablaban seguido y bromeaban, Ju-wan habría bromeado con un ‘¿qué esperabas que hiciera que hasta te lavaste los dientes?’. Pero él miraba la puerta y las rodillas de Se-jun con ansiedad hasta que soltó de golpe.

“Tenga cuidado con Sae-ha. No le entregue su corazón”.

“¿Perdón?”.

“A diferencia de lo que parece… puede que no sea la persona que usted piensa”.

Antes estaba celoso y ahora, ¿qué es esto? Realmente se me va a partir la cabeza si me meto entre esta pareja. Se-jun intentó adivinar la intención, pero se rindió, se cruzó de brazos y respondió.

“Podría decir simplemente que no intente seducir a Sae-ha, ¿por qué dar tantas vueltas?”.

“No es eso”.

La expresión de Kwon Ju-wan parecía sumamente compleja. Pero como Se-jun no estaba en posición de compartir esa complejidad ni tenía energía mental para intentar comprenderlo, lo miró desde arriba mientras permanecía de pie con arrogancia.

“Parece que le tenía aprecio, Ju-wan. ¿Ahora que ya no somos nada, le va a hablar mal de mí a la próxima persona con la que salga? ¿Qué culpa tiene Sae-ha de que le digas estas cosas de su ex-prometido por la espalda? Qué mezquino es usted”.

Kwon Ju-wan agachó la cabeza como si estuviera en el banquillo de los acusados, abrumado por la culpa.

“Sé que es muy cobarde de mi parte decir esto, pero es lo único que puedo decir”.

“Si tanto le preocupa, hágase responsable de Sae-ha usted mismo. Para que no ande diciendo tonterías a los demás”.

“¿Tonterías? ¿Acaso Sae-ha dijo algo?”.

“Kwon Ju-wan, si ya tiene más de treinta, deje de meterse en las relaciones de los demás. No soy su alumno, no sé por qué tengo que escuchar esto”.

“…Lo siento”.

Su disculpa sonó profundamente afligida. A Se-jun también le dejó un sabor amargo en la boca no querer tener este tipo de conversaciones vacías.

Kwon Ju-wan era, en efecto, un hombre que sabía pedir perdón muy bien, ya fuera por una confesión, por una rabieta o por cualquier cosa, pero en la mayoría de los casos, Se-jun no quería sus disculpas. Le volvía loco que no fuera algo que se pudiera explicar y aclarar con palabras precisas.

Aun así, ahora había alguien a quien le gustaba Jin Se-jun. Su primer intento de beso fue un fracaso estrepitoso, se sintió como besar una bolsa de basura dejada bajo el sol de verano, pero supuso que se acostumbraría con el tiempo.

Así que, de verdad, no tenía por qué apresurarse a pensar que Kwon Ju-wan era su único destino ni dejarse manipular por él. De todos modos, habían acordado verse solo durante los periodos de celo, por lo que eran menos que ‘compañeros de sexo’, decirle algo como ‘terminemos’ resultaría extraño. Decidió considerarlo como un periodo de tregua hasta el próximo celo…

Mientras Jin Se-jun salía de la sala de consultas, Kwon Ju-wan se quedó allí, mirando fijamente al suelo. Una vez más, su rostro era una máscara ilegible.

“¿De qué hablan el subdirector y el tutor de un alumno? Tengo curiosidad”.

Ahn Sae-ha, que estaba en el vestíbulo, se acercó. Pero como no sonaba en absoluto como curiosidad genuina, Jin Se-jun respondió con total indiferencia.

“… De temas sobre el futuro del alumno y su progreso”.

“Qué interesante. Me da curiosidad”.

“Usted mismo se dedicó al cheerleading tanto tiempo, ¿qué tanto le puede interesar la consulta de una niña que apenas está empezando?”.

“Ah, yo…”.

En ese momento, Kwon Ju-wan salía al vestíbulo. Ahn Sae-ha lo miró de reojo y bajó la cabeza como un niño al que acaban de regañar severamente.

“No dije eso para hacer que Se-jun se enojara…”.

Al ver sus largas pestañas temblar como hojas de álamo, Jin Se-jun se desconcertó. Estuvo a punto de consolarlo por reflejo, pero desistió al pensar que solo complicaría las cosas. En ese instante llegó Jin Yi-seo, la tomó de la mano y salió de la academia casi huyendo.

¿Habría sido real la advertencia de Kwon Ju-wan? Quizás no estaba molesto por ver a Jin Se-jun cerca de Ahn Sae-ha, sino que…

Le pareció que Ahn Sae-ha fingió lástima al ver salir a Ju-wan. No, como Jin Se-jun no había ocultado su irritación al tratar con él, no podía estar del todo seguro.

Fuera lo que fuese, no era su problema. Si Sae-ha era una persona de la que debía cuidarse, ¿por qué Ju-wan lo llevaba pegado a él como si fuera su sombra?

De camino a casa, Se-jun sintió ganas de dar la vuelta, irrumpir en la academia y agarrar a Ju-wan por las solapas. Sumado a su irritación por Ahn Sae-ha, si pudiera hacerlo, le gritaría.

“¡Si vas a confundirme, di claramente que me quieres! ¡Y si no, vete a la mierda!

Sin importar que Jin Se-jun pasara la mitad del año debatiéndose entre la euforia y el tormento por culpa de Kwon Ju-wan, los días se volvieron más cálidos y las flores brotaron por doquier.

¿Acaso al principio de la primavera no había maldecido a los que pasaban el tiempo acompañados por aburrimiento? Camino al final de la primavera, Se-jun seguía igual. Si acaso, la ‘suciedad’ de su cuerpo y de su alma ahora guardaban un equilibrio más proporcional.

Debió proponerle ir de picnic otra vez cuando el ambiente era bueno. Ir a lugares como campos de supervivencia con los niños había sido realmente divertido. Pero de nada servía acumular buenos recuerdos si estos se convertían en papel higiénico usado en un instante por culpa del ánimo.

Hacía dos semanas que había vuelto al hospital, pero el ‘señor Alfa’ que lo acosaba no volvió a aparecer. Pensándolo bien, tanto Shin Woo-kyung como aquel cliente eran iguales: apenas lo veían después de mucho tiempo, le expresaban su afecto de golpe.

¿Habré sido muy duro?

Aunque Shin Woo-kyung fue rápido, siendo un Alfa y teniendo ya cierta edad, eso no debería ser un defecto. Era Se-jun quien era un humano con mentalidad promiscua mezclada con ramalazos conservadores.

Además, sintió que debía compensar de alguna forma a Shin Woo-kyung por esa página de su juventud donde el Se-jun universitario, que tanto lo despreciaba fue su primer amor. Al asqueroso viejo Alfa del hospital, que le dieran.

Justo entonces, recibió un mensaje de Shin Woo-kyung.

Shin Woo-kyung

¿Tienes tiempo esta noche? ¿Mañana también trabajas?

 

Mira, Kwon Ju-wan. Yo también tengo gente que quiere verme.

En cuanto reconoció ese pensamiento, Se-jun se sintió invadido por una vergüenza que nadie más notaría.

 

Jin Se-jun

No, mañana descanso. ¿Por qué?

Shin Woo-kyung

Pensaba en ir al bar de vinos que te dije. No te quitaré mucho tiempo.

Jin Se-jun

Vamos vamos jaja.

 

A Se-jun le sobraba tanto tiempo que no le importaba que alguien se lo ‘quitara’. Habría aceptado incluso sin tanta insistencia, pero le gustaba que le rogaran un poco con ternura.

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Ciertamente, si hubiera sido un Alfa cualquiera, no le habría interesado. Pero la caballerosidad de Shin Woo-kyung, que antes le resultaba irritante, ahora le parecía menos propia de un Alfa y lo hacía ver como alguien con quien se podía estar.

Tenía ganas de beber, pero tras su experiencia encerrado en casa por culpa de Ju-wan, sabía que beber solo era lo peor.

 

Jin Se-jun

Esta bien. Pero primero tengo que recoger a mi sobrina de la academia.

Shin Woo-kyung

Ah, entiendo. ¿Blingz Cheerleading, verdad? Está cerca de mi empresa, así que iré directo para allá.

 

¿Cuándo le dije el nombre de la academia?

Claro, aquel día se había emborrachado y se puso a gimotear diciendo que no tenía pareja, ni amigos, ni nadie que lo llamara, y que le sobraba tanto tiempo que solo servía para recoger a su sobrina. Esta vez bebería muy poco vino. No tenía idea de qué tonterías podría hacer si se emborrachaba frente a Shin Woo-kyung.

 

Jin Se-jun

Ah, si tu empresa está cerca, puedo pasarte a buscar y vamos juntos a la academia.

 

Añadió cualquier pregunta para disimular su torpeza.

 

Jin Se-jun

¿Estás en la oficina ahora?

Shin Woo-kyung

Sí, estoy buscando restaurante para un almuerzo de empresa.

Jin Se-jun

Debes conocer buenos sitios.

Shin Woo-kyung

Espera con ansias el bar de vinos jaja.

 

Este tipo casi no envía fotos.

Kwon Ju-wan solía adjuntar fotos a cualquier cosa que decía, como si fuera un manual con material gráfico.

Aun así, ver que Shin Woo-kyung tomaba la iniciativa para quedar lo hacía parecer alguien atento. Por supuesto, Ju-wan también era detallista a su manera… hasta le dio anticonceptivos.

Por un momento, estuvo a punto de soltar un insulto interno. Tenía que dejar de pensar en Ju-wan para todo. Entre ellos no había excusa para estar juntos si no era el celo, y por mucho que se ilusionara pensando que ‘incluso los amigos con derecho a roce pueden tener citas’, solo terminaría sintiendo la distancia.

Aun así, se sentía un poco emocionado por tener a alguien a quien ver al terminar el día, por el hecho de que ese vínculo existiera fuera de Ju-wan y por ser una cita propuesta por Shin Woo-kyung.

“Jin Se-jun”.

“Sube”.

“Gracias”.

Al ver la fachada de la academia, Shin Woo-kyung preguntó si podía entrar. Se-jun recordó cuando entró solo hace tiempo y lo pusieron a prueba para ver si era un pervertido, pero pensó que no habría problema si iba acompañado siendo ya un tutor conocido.

En el vestíbulo estaba Ahn Sae-ha. Poco después salió Kwon Ju-wan, su mirada rozó a Se-jun pero se detuvo largamente en Shin Woo-kyung.

En ese instante, Se-jun se dio cuenta de que quería que Ju-wan lo viera así. Eso de los ‘celos estratégicos’ que mencionó Ju-wan no era algo que solo les gustara a los Omegas.

“¿Un amigo…?”.

Ante la pregunta de Ju-wan, Se-jun vaciló, pero Shin Woo-kyung respondió en su lugar.

“Bueno… éramos amigos, pero ahora estamos, ¿cómo decirlo? Probando el terreno”.

“Esto no es un caldo para andar probando terrenos”.

Espetó Se-jun, extrañamente avergonzado.

Shin Woo-kyung, de repente, le pasó el brazo por los hombros. Se-jun miró el rostro indescifrable de Ju-wan y dejó que Woo-kyung hiciera lo que quisiera. Ahn Sae-ha, que parecía algo alegre, soltó información que nadie le había pedido.

“Hoy Ju-wan tiene un evento familiar y se tiene que ir temprano. El director se encargará de conducir el transporte escolar”.

“Ah, entiendo”.

Así que el ex-prometido también acompaña al evento familiar de Ju-wan. Gracias por la información que no pedí. Si vas a estar molestando todo el tiempo, mejor vuelve con él y ya está.

Tenía ganas de decir eso, pero como adulto no podía soltar semejante sarta de amarguras frente a Shin Woo-kyung. Aunque, por supuesto, si volvieran a estar juntos, se sentiría como la mierda.

Ahora Se-jun también podía disfrutar libremente con alguien que lo quisiera. El picnic podía hacerlo con Shin Woo-kyung.

Ahn Sae-ha también parecía feliz de ver que la ‘mosca’ que rondaba a Ju-wan ya tenía pareja, así que probablemente hasta lo ayudaría a avanzar en su relación con Woo-kyung.

Viendo que en casa de Ju-wan había tantas medicinas relacionadas con feromonas, luego le preguntaría a Sae-ha si existía alguna para que las feromonas de Alfa no le resultaran molestas.

De camino, Jin Yi-seo, que había sido bastante sociable incluso con Ahn Sae-ha, se mostró totalmente esquiva con Shin Woo-kyung. Se-jun, sintiéndose avergonzado, no paraba de contar chistes malos.

Al aparcar un momento en la urbanización, Se-jun dejó a Shin Woo-kyung en el coche y llevó a Yi-seo de la mano hasta la entrada.

“Oye, ¿por qué estás tan fría? Con los demás hablas bien”.

“¿Quieres que tu sobrina se encargue de tu vida social?”.

“No, no es eso… Da miedo decirte nada”.

Yi-seo se quedó callada un momento y, mientras ponía la mano en el panel de entrada, soltó de pronto.

“Tío, no te lleves bien con ese señor”.

“… ¿Por qué hablas como si fueras vidente? Me das miedo. ¿Conoces a Shin Woo-kyung?”.

“No, no lo sé. Simplemente no me gusta”.

“Ah…”.

Yi-seo desapareció tras la puerta después de criticar a Woo-kyung sin ton ni son. No era una niña que insultara a cualquiera, y como había estado en el asiento trasero, era imposible que se hubiera peleado con él.

Está en una edad rara.

Se sintió algo extraño, pero no podía abandonar a su antiguo compañero y candidato a ligue solo por las palabras de una sobrina que quizá estaba entrando prematuramente en la pubertad. Para sacudirse la incomodidad, preguntó en cuanto subió al coche.

“¿Adónde tenemos que ir?”.

“Ah, te marco la dirección”.

Shin Woo-kyung, que estaba mirando algo, lo guardó rápidamente en el bolsillo e introdujo la dirección en el GPS.

“¿Qué estabas mirando?”.

“Ah, nada”.

“¿El sitio no tiene letrero? Debes de ser cliente frecuente para saberte la dirección de memoria”.

Por un momento, una pizca de irritación cruzó el rostro de Shin Woo-kyung. Pero enseguida respondió con una sonrisa.

“Es porque es un sitio donde solo va gente que lo conoce de oídas. El dueño organiza catas de vino privadas y cosas así”.

“Ah, ya…”.

Se-jun no era tonto, pero no confiaba al cien por cien en su instinto. Debido a su complejo de inferioridad por su escasa experiencia en relaciones humanas, solía infravalorar su propia capacidad de juicio, y el principal culpable de eso era Kwon Ju-wan.

Por eso, ignoró esa mala sensación y arrancó el coche.

A pesar de decir que no le quitaría mucho tiempo, el lugar que marcó Woo-kyung estaba más lejos de lo esperado. Cuando tomaron la autopista hacia las afueras y empezó a llover de repente, estuvo a punto de decir que mejor fueran otro día.

Quiero irme a casa.

Pero si decía que no quería ir ahora, temía que Woo-kyung se enfadara. No es que pensara que perdería en una pelea, pero no quería decepcionar a alguien que le había confesado que era su primer amor…

Por suerte, la lluvia paró pronto.

Por alguna razón, le ponía nervioso estar a solas en un espacio cerrado, así que bajó un poco la ventanilla en cuanto bajaron la velocidad. Simplemente, no le apetecía oler las feromonas de Shin Woo-kyung y quería evitar cualquier posibilidad de sentirse molesto.

El sonido de la lluvia golpeando la carrocería disminuyó, pero entonces se oyó un potente rugido de motor detrás. Últimamente había muchos tipos presumiendo de superdeportivos, así que no le dio importancia, pero Shin Woo-kyung se giró y exclamó admirado.

“¡Guau! ¿Cuánto costará eso? He oído que solo hay unos pocos en el país”.

“¿Qué coche es?”.

“Ya sabes, un hiperdeportivo”.

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Shin Woo-kyung parecía mucho más interesado en los coches que Se-jun y no paraba de hablar de ellos. Ahora que se fijaba, la ropa que llevaba también parecía tener logotipos de marcas de lujo muy grandes.

Se-jun también era del tipo que escaneaba el coche y la ropa de la gente al conocerla, pero al ver a alguien que lo superaba en eso, de repente decidió que no quería volver a hacerlo.

De verdad… aunque fuera un poco tarde, ya no le apetecía la cita del vino.

Por otro lado, aquel hiperdeportivo negro conducía con bastante educación. Se-jun había visto a muchos dueños de supercoches haciendo locuras y zigzagueando en pleno centro de la ciudad hasta provocar mareos, así que pensó que los adelantaría pronto, pero incluso tras salir a la carretera nacional, el coche mantenía una conducción defensiva que resultaba refrescante.

“……..”.

Estaban llegando al lugar que indicó Shin Woo-kyung, pero el ambiente del barrio era muy distinto a lo que esperaba. Al principio parecía una ciudad dormitorio normal, pero a medida que se adentraban, se volvía tétrico.

Esto no es que el comercio esté muerto, es algo más.

El coche deportivo negro que venía por la misma carretera desapareció en algún momento. Se-jun pasó por calles que parecían una ciudad fantasma con edificios nuevos y entró en el parking que indicaba el GPS.

—Ha llegado a su destino. Finalizando ruta.

“El bar de vinos es… bastante discreto. ¿Tienen clientes?”.

“Claro. Los sitios difíciles de encontrar funcionan mejor cuando tienen una base de fans sólida”.

“¿Ah, sí?”.

Como Se-jun no sabía nada de ser un ‘entusiasta’ de algo que no fuera mirar perfiles de sexo, dio una vuelta lenta por el parking vacío. Apenas había coches aparcados, y como no se veía a nadie, no sabía si estaban aparcados o abandonados.

“Sabía que reaccionarías así. Deberías salir más de tu barrio. El dueño de aquí es casi de la primera o segunda generación de sumilleres del país”.

“Ah, ya…”.

Shin Woo-kyung era el tipo al que le gustaba Se-jun desde antes de que se le estropearan las feromonas, así que podía tener gustos peculiares. Además, Se-jun no tenía amigos cercanos ni pareja con quien salir de su zona, así que era cierto que el lugar le resultaba extraño.

Al fin y al cabo, aunque Se-jun fuera su primer amor, Woo-kyung habría salido con mucha gente. Aunque hoy subió al coche de Se-jun, ya no eran universitarios, así que para tener una cita de verdad habría visitado muchos sitios.

A diferencia de Se-jun, que solo iba de casa al trabajo cuando no estaba ayudando a la familia de su hermano.

Pero hoy, gracias a Woo-kyung, ¿no estaba en un sitio nuevo? Si el ambiente era bueno, quizás luego con Kwon Ju-wan…

Estás loco…

Eso sí que no. Se-jun se frotó la cara con una mano y aparcó en un lugar que parecía adecuado.

“Se-jun, ¿de verdad no me ves como un Alfa?”.

Fue una pregunta bastante repentina mientras aparcaba. Si tenía ojos, no podía verlo como otra cosa que un Alfa, pero por el contexto parecía referirse al atractivo sexual…

“Bueno, no es que te vea como un Omega”.

“No bromees, hablo en serio… Como valoro la eficiencia en mi trabajo, quiero tener una cita con posibilidades”.

“Oye, si querías decir eso deberías haberlo hecho antes, el momento es muy raro”.

De verdad… si se ponía así de incómodo, incluso si le hubiera gustado, dejaría de hacerlo. Por supuesto, Se-jun tenía toda la intención de usar a Shin Woo-kyung como un vibrador viviente o un sustituto de Ju-wan, pero no quería decirle esa fría verdad a alguien que decía que lo quería.

Pensó que, aunque no pudiera darle un amor apasionado u obsesivo, al menos podría darle afecto…

“Quédate quieto”.

“¿Eh…?”.

Hoy las acciones de Shin Woo-kyung eran muy impulsivas. Si había reservado un bar de vinos privado, debería haber esperado a que el alcohol creara ambiente, pero intentó besar a un Se-jun que ni siquiera se había quitado el cinturón de seguridad.

Además, Se-jun era un testarudo, si le decían que se estuviera quieto, era cuando menos quería estarlo. Someterse a alguien como Ju-wan, que tenía un rango de feromonas abrumador, era una cosa, pero no tenía motivos para hacerlo con un tipo mediocre como este.

¡BAM!

Jin Se-jun recibió un puñetazo en el momento en que apagaba el motor, ignorando el acercamiento de Woo-kyung.

Incluso se sentía mal por haber ido a la cita con la intención de usarlo mientras pensaba en Ju-wan, y se sentía mal por ser frío con alguien que decía ser su primer amor… y en ese momento de duda, recibió el primer golpe.

“¿Qué mierda…?”.

La situación era tan absurda que sintió que su cerebro se detenía. A pesar del mareo, un Se-jun furioso se soltó el cinturón y agarró a Woo-kyung por las solapas, estampándolo contra el asiento del copiloto.

“¡Agh…!”.

Su mano se deslizó de forma natural y le apretó el cuello. Si sus feromonas estuvieran bien, ni siquiera habría tenido que usar las manos. Aunque no pudiera hacer un ataque de ‘Dominante’, en su posición de superioridad habría podido detener a Woo-kyung por un momento.

“¿Qué clase de mierda estás intentando hacer, hijo de perra…?”.

Como no obtuvo respuesta, Se-jun no soltó el cuello y le golpeó la cara. A Shin Woo-kyung le empezó a sangrar la nariz de inmediato, y de pronto juntó las manos suplicante, con cara de lástima.

“Lo siento, tengo problemas de autocontrol… Me enfurecí porque me rechazaste”.

“¿Por mi culpa?”.

Al desconcierto y la furia les siguió una pesada tristeza. ¿Acaso quería pedirle dinero porque parecía alguien que gastaba mucho?

A este tipo tampoco le gusto tanto, ¿verdad?

Nadie le revienta la cara con todas sus fuerzas a su primer amor con el que aún quiere intentar algo. En ese sentido, aunque fuera en defensa propia, Se-jun era igual.

Visto así, le pareció que Kwon Ju-wan lo había querido bastante.

¿Por qué cada vez tengo pensamientos más tristes? Qué rabia.

Se-jun miró alternativamente sus nudillos hinchados y el rostro de Woo-kyung, que se estaba poniendo azul, y aflojó la presión por miedo a matarlo. No habría bajado la guardia si hubiera sabido que Shin Woo-kyung, al ganar un momento de libertad, le taparía la boca con un trapo mojado.

“¿Qué es es…?”.

“Cof, agh”.

“…Shin… Woo-kyung…”.

“…Te haces el difícil, ¿eh? Se-jun, ¿sigues siendo virgen por hacerte el digno sin saber cuál es tu lugar? Deberías venderte cuando puedes, si no, perderás todo tu valor y te arrepentirás”.

Sintió que las fuerzas abandonaban sus extremidades y su cuerpo se desplomaba. Pero eso fue solo una sensación, en realidad, se hundía lentamente en el asiento. Le hizo gracia ver que la cara de Shin Woo-kyung, que siempre fingía serenidad, chorreaba sangre por la nariz, pero objetivamente la situación no tenía ninguna gracia.

Sin haber probado ni una gota de alcohol, se sentía completamente ebrio. Se-jun se encogió en el asiento y agarró la ropa de Woo-kyung, sintiendo que se hundía aún más.

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“…Tú… no me quier…”.

“¿Lo de que eras mi primer amor? Mentira, claro. En esa época hasta pensaba que eras un Alfa”.

“Entonces por qué…”.

Shin Woo-kyung sonrió como un cazador que ha logrado abatir a un león. Con una actitud mucho más relajada, le dio unos golpecitos en la mejilla a Se-jun.

“Me despreciaste mucho delante de aquel Omega, ¿recuerdas? Por tu culpa él también me vio como a un imbécil”.

Qué raro, en los recuerdos de Se-jun, aquel Omega solo había sido frío con él. Incluso si hubiera rechazado a Woo-kyung, no habría sido por su culpa.

“…Pero tus feromonas, ¿por qué han cambiado y se han vuelto tan excitantes? ¿Cómo es que alguien que soltaba feromonas de Alfa ahora tiene esto?”.

Woo-kyung miró la lengua de Se-jun como hechizado y metió la mano para manosearla. A Se-jun le dio asco aquella mano sucia e intentó apartarlo, pero la mano parecía clavada.

“Eres un poco grande, pero si hubiera sabido que eras un Omega, te habría empapado con mis feromonas”.

Si fuera un Omega, no habría tenido arcadas aquel día en el hotel, quiso decir, pero su lengua estaba pesada y le costaba horrores articular palabra. Además, mientras hablaba, Woo-kyung arrastró a Se-jun y lo tumbó de espaldas en los asientos traseros.

“Actuando como un Alfa cuando estás goteando por todas partes”.

Y empezó a desabrocharse los pantalones. Se-jun tenía mil insultos en la boca, pero no podía mover ni un dedo. Algo iba muy mal. Desde que cambiaron sus feromonas había vivido como un Alfa por fuera, pero parecía que su vida se había torcido desde que conoció a Kwon Ju-wan.

A medida que Shin Woo-kyung dejaba caer más peso sobre él, le faltaba el aire, aunque comparado con el peso de Ju-wan, este parecía una pluma.

Quería gritarle que si quería sexo debería ser él quien fuera penetrado, que se detuviera, que él era un Alfa, pero todo se quedaba en pensamientos. Shin Woo-kyung, al ver el pánico en los ojos nublados de Se-jun, acarició con saña sus nalgas ahora al descubierto.

“Te seduje porque pareces un Omega fácil y mediocre si quitamos las feromonas. No hay ningún Alfa que quiera follarse esa cara tuya. ¿Cómo has vivido con ese hueco ahí abajo siendo tan grande? Normal que no tengas experiencia”.

Ah…

Se-jun comprendió por fin la ‘rebelión de los Alfas’ que estaba sufriendo últimamente. Aparte de su error al soltar feromonas, el hecho de no tener el físico que los Alfas suelen preferir hacía que lo vieran como alguien fácil. Pensaban que Se-jun no tendría confianza como Omega.

Si Kwon Ju-wan también pensaba así, le dolería muchísimo…

Parecía que para los tipos que no temían recibir una paliza, el tamaño, el físico y el carácter de Se-jun no servían de nada. Como nunca había querido ser popular entre los Alfas, sintió una leve desesperación. Se sintió patético y estúpido por haberse emocionado tanto con la mentira de Shin Woo-kyung sobre ser su primer amor.

“……..”.

Sintió algo rozando la hendidura de sus nalgas y se le erizó la piel. Pensó que sería un dedo, pero por lo húmedo que estaba, parecía ser el miembro soltando líquido preseminal.

Se-jun maldijo sus extremidades que no respondían y retorció el cuerpo desesperadamente. El aliento húmedo en su mejilla era asqueroso. La voz de Woo-kyung, entrecortada por la respiración agitada, se volvió aún más soez.

“Me va a encantar sembrarte con mi semilla, a ti, que desprecias a la gente y los miras por encima del hombro. Te voy a llenar hasta que te quedes embarazado”.

“… No…”.

“Ahora eres mi Omega, pedazo de cabrón”.

Ese hijo de puta, ¿no se supone que a los Omegas hay que tratarlos con más cuidado?

Justo cuando pensaba eso, su cabeza giró por un fuerte impacto.

Uno se puso a llorar en cuanto eyaculó dentro porque lo presionaron, y el otro está haciendo esta porquería…

Al recibir el golpe en la misma mejilla donde ya le dolía, sintió que todo daba vueltas, pero recuperó un poco más la lucidez. Se-jun no dejó pasar la oportunidad y le propinó una patada brutal en la espinilla con su zapato.

“¡Agh!”.

Quizás porque nunca le tuvo miedo a alguien como Woo-kyung, o porque sabía reconocer a los humanos que de verdad daban miedo, o simplemente porque era un Alfa, no sintió pánico a pesar de la gravedad de la situación.

Simplemente se sentía idiota por no saber juzgar a la gente.

Pero desgraciadamente, no pudo hacer más que esa patada, no podía huir. Shin Woo-kyung estampó la cabeza de Se-jun contra el suelo tras sacarlo del coche a rastras. Al final, mientras estaba aplastado contra el sucio suelo del parking, sus pantalones de traje y su ropa interior bajaron de golpe hasta sus pantorrillas.

Entonces, un rugido de motor familiar empezó a crecer. Shin Woo-kyung, que estaba terminando de endurecer su miembro a medio erguir, se detuvo en seco y miró hacia la entrada.

De repente, un estruendo resonó y la barrera del parking, ya averiada, se dobló por completo.

“¿Qué…?”.

Por su sorpresa, no parecía ser un aliado de Woo-kyung. Se-jun borró de su mente el peor escenario posible y miró hacia la entrada oculta por la carrocería del coche.

Pronto, un deportivo negro envuelto en una nube de polvo avanzó en línea recta y frenó en seco derrapando al lado de ellos. Como si hubiera embestido todo a su paso en la entrada, el parachoques y uno de los faros de aquel carísimo ‘hiper-algo’ estaban completamente destrozados.

Se-jun quiso aprovechar el desconcierto de Woo-kyung para escapar, pero lo único que pudo hacer fue arrastrar su cuerpo lánguido y apoyarse en el coche. La puerta del conductor del deportivo se abrió violentamente, y Se-jun fue el primero en cruzar la mirada con el conductor.

“¿Quién eres tú? ¿No eras el que venía detrás de nosotros? ¿Nos has seguido?”.

“……..”.

Shin Woo-kyung, que antes hablaba con admiración del modelo y el precio del coche, ahora increpaba al dueño. Cuando Kwon Ju-wan lo ignoró y solo miró a Jin Se-jun, Woo-kyung mostró una sonrisa desagradable.

“Ah… ¿eres el profesor de cheerleading? ¿Eres el ligue de Jin Se-jun? Qué cosas pasan en una cita”.

“Se-jun, ¿está bien?”.

No estoy nada bien… Y esto no es una cita.

Pero le resultaba difícil incluso expresar eso. Kwon Ju-wan se puso en cuclillas y comprobó el enfoque de los ojos de Se-jun o acarició su mejilla, donde empezaba a aparecer un hematoma rojizo. Shin Woo-kyung, desconcertado por ser ignorado por completo, agarró a Ju-wan por las solapas.

“¿Qué hace un Beta de mierda husmeando por aquí?”.

Sin embargo, Kwon Ju-wan terminó de vestir a Jin Se-jun, empezando por los pantalones, como si no le estorbara en absoluto que Shin Woo-kyung lo agarrara de las solapas o del brazo. De todos modos, Se-jun sabía bien cuán sólido era aquel cuerpo, pues él mismo había intentado empujarlo varias veces solo para acabar rebotando.

En medio de todo, el aroma a crema catalana de Ju-wan inundó el lugar. Se-jun estuvo a punto de reírse ante esa dulzura inoportuna, una vez más, pensó que aquel olor no encajaba para nada con él. Era el aroma que el propio Se-jun le había hecho elegir…

Entonces, ¿qué aroma le quedaría bien? Tal como cuando eligió aquel perfume de azahar, pensó que sería bueno volver a elegir un aroma para el cuerpo de Ju-wan, pero esta vez considerando también los gustos de este.

En fin, quería recriminarle algo, pero no podía hacer más que mirarlo. Ju-wan suspiró profundamente al ver la mejilla destrozada de Se-jun y finalmente dirigió su mirada hacia Shin Woo-kyung. Desde la posición de Se-jun, solo era visible el músculo tenso de la mandíbula de Ju-wan, indicando que apretaba los dientes con fuerza.

A este paso va a terminar yendo al dentista otra vez…

Al enfrentarse a Ju-wan, Shin Woo-kyung volvió a agarrarlo de las solapas mientras soltaba amenazas trilladas. Sin embargo, en cuanto Ju-wan le sujetó el cuello por un breve instante y lo soltó, Woo-kyung retrocedió tosiendo violentamente, sangre nueva comenzó a brotar de la nariz que Se-jun ya le había fracturado.

Con las rodillas flaqueando, Shin Woo-kyung vomitó todo lo que tenía en el estómago y se desplomó en el suelo, retorciéndose como si estuviera recibiendo descargas eléctricas. Ju-wan permanecía de pie, simplemente observándolo.

Se-jun quiso aplaudir y decir algo como: ‘¡Vaya, solo había oído hablar de los Dominantes Extremos, pero realmente son otro nivel!’, pero él mismo estaba en problemas. Las feromonas invisibles que Ju-wan había desatado o mejor dicho, que se habían desbordado sobre su objetivo también lo alcanzaron a él.

Debido a la droga de Shin Woo-kyung, sus sentidos estaban embotados y tardó en procesar lo que le estaba ocurriendo.

“Ha…”.

Ju-wan seguía allí de pie y se cubrió el rostro con ambas manos. Su suspiro sonaba tan atormentado que Se-jun quiso decirle que estaba bien o darle las gracias.

Sin embargo, sintió como si la gravedad o la presión atmosférica se hubieran multiplicado varias veces en un segundo. O quizás, como si hubieran desaparecido. Mientras Se-jun deliraba pensando que su cuerpo iba a aplastarse o explotar, se dio cuenta de que él también estaba sangrando por la nariz, igual que Shin Woo-kyung.

Antes de perder el conocimiento, lo último que vio fue el rostro de Kwon Ju-wan, con las pupilas dilatadas y una expresión de puro terror.

 

Desde que regresó de España, pasó varios días sintiendo que caminaba por el aire. El último día de turismo y la apasionada relación justo después de volver habían dejado el cerebro de Se-jun como una nube de algodón, por lo que buscaba con frecuencia en internet la ‘Feria de Abril’ que había dejado atrás en Sevilla.

Ahora, aquella fiesta de abril que ya había pasado se desplegaba ante sus ojos. Personas revividas desde la barra de búsqueda y las fotos de blogs ajenos bailaban sevillanas agitando faldas de lunares.

Mientras los pétalos caían en abundancia, el sol quemaba, el aire se llenaba de risas y el aroma del azahar envolvía su nariz. Entre la multitud jubilosa, divisó la nuca de Kwon Ju-wan.

Se-jun corrió tras él, abriéndose paso entre las faldas que ondeaban alegremente, pero por más que corría hasta quedarse sin aliento, no lograba alcanzarlo. En realidad, nunca había podido alcanzar a Ju-wan cuando este corría.

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Finalmente, frustrado, Se-jun gritó con todas sus fuerzas.

“¡Te quiero!”.

¿Habría llegado su confesión? Ju-wan, que corría sin descanso, se detuvo y miró a su alrededor. Aunque Se-jun estaba justo donde su mirada alcanzaba, Ju-wan parecía tener un punto ciego y seguía sin verlo.

“Se-jun, ¿dónde estás?”.

De pronto, Se-jun se dio cuenta de que Ju-wan también lo estaba buscando, corriendo por las calles en plena fiesta. Se sintió feliz…

Después de eso, su juego del escondite continuó. Cuando se dio cuenta, las personas vestidas de flamenca se habían transformado en muñecas de porcelana. Eran bailarinas rígidas y suaves, iguales a las que Se-jun tenía en casa, solo que de colores distintos.

Por alguna razón, los vestidos de lunares de las muñecas parecían la piel de una rana venenosa y no quería tocarlas. Cada vez que las muñecas de porcelana bailaban sevillanas con pasión, se agrietaban hasta que caían y se hacían añicos. Lo que parecían pétalos volando no eran más que trozos de cerámica volviendo a ser tierra.

En la plaza ahora silenciosa, Se-jun se encontró barriendo los fragmentos de muñeca y el polvo. Entonces se cortó la mano con un trozo afilado en forma de corazón. Se-jun pensó que, por supuesto, aquello debía ser el corazón de alguien y miró alrededor de la plaza vacía.

¿Dónde estaba Kwon Ju-wan?

Pero al bajar la mirada, el lugar donde debería estar el corazón de Se-jun estaba vacío.

¡Maldita sea, ¿por qué soy tan débil?!

Abrió los ojos de golpe.

Era el techo familiar… La habitación de invitados de la casa de Ju-wan ya se sentía como su propio hogar. Se-jun cerró los ojos de nuevo y recuperó los recuerdos de antes de desmayarse.

Qué estúpido…

Se sintió ridículo por haberse emocionado cuando Ahn Sae-ha lo invitó a cenar y cuando Shin Woo-kyung le dijo que era su primer amor. Retrocediendo más, se sentía infinitamente miserable y avergonzado.

Al final, parecía que él era un ser incapaz de tener una relación afectiva normal. Si no se hubiera hecho ilusiones desde el principio, no se sentiría tan patético ahora.

… ¿Cómo lo había seguido Kwon Ju-wan?

Cuando volvió a abrir los ojos, Ju-wan sostenía la mano de Se-jun firmemente entre las suyas. ¿Habría estado allí desde la primera vez que despertó? Al no sentirse bien, no podía saberlo.

“Se-jun…”.

“Haga que pierda las esperanzas, por favor”.

“¿Qué?”.

Una voz ronca salió de su garganta seca. Ju-wan parecía a punto de llevarlo a hacerse un escáner cerebral por si tenía algún daño. Se-jun suspiró y retiró su mano con un forcejeo.

“¿Acaso estaba a punto de morir? Esta escena es muy rara”.

“……..”.

“Sigue curándome a escondidas sin llamar a mis tutores”.

“Lo siento. Pero tratándose de mis feromonas, el profesor, mi médico de cabecera, es el mejor…”.

Otra vez, esa maldita disculpa. Se-jun iba a enfadarse, pero el mareo lo obligó a cerrar los ojos de nuevo. Ju-wan le ofreció agua tibia, Se-jun estuvo a punto de pedirle que se la diera en la boca, pero desistió. Tras beber, se sintió un poco mejor.

“¿Qué pasó con Shin Woo-kyung?”.

“… No necesita preocuparse por alguien así”.

“¿Ni siquiera puedo tener curiosidad?”.

“……..”.

“¿Quedó incapacitado? ¿Como esas promesas del fútbol americano?”.

El rostro de Ju-wan palideció rápidamente. Se-jun suspiró internamente y volvió a preguntar.

“Pregunto porque, si está bien, pienso ir a romperle las piernas en cuanto me recupere. ¿Qué pasó con él?”.

“… Me encargué de él adecuadamente”.

“Ahn Sae-ha me advirtió que podría morir si estaba con usted, ¿acaso lo mató?”.

“¿Sae-ha dijo eso? Bueno, imaginé que podría decir algo así”.

Ahora veía que la relación entre Ju-wan y Ahn Sae-ha no era tan fluida como parecía. Cuando Ju-wan le advirtió que tuviera cuidado con Sae-ha, Se-jun dudó de sus intenciones, pero parecía ser algo sincero.

Sea como sea…

“No me está respondiendo con claridad. ¿Qué pasó con Shin Woo-kyung?”.

“… No está muerto, pero sigue inconsciente. Ese hombre no podrá volver a acercarse a usted”.

“¿Ah, sí? Y yo que pensaba que me iría bien con él. Es un compañero de la universidad y me emocioné porque dijo que yo era su primer amor”.

“……..”.

“Parezco un idiota, ¿verdad?”.

“¿De qué habla…?”.

El hombre que acababa de aplastar a dos Alfas con sus feromonas ahora actuaba como un estudiante modelo temiendo ser regañado por un error. Se-jun quiso reír, pero mantuvo el rostro inexpresivo.

“¿Y cómo llegó allí? Ahn Sae-ha dijo que tenía un evento familiar”.

“Ese tipo me dio mala espina”.

“Jin Yi-seo tampoco soportaba a Shin Woo-kyung… parece que todos saben leer a la gente menos yo. O quizás solo yo soy tonto. Últimamente los únicos que dicen que les gusto son viejos verdes casados o criminales. Como siempre estoy aburrido, me siento atraído por cualquiera”.

La expresión de Ju-wan se oscureció aún más. Al fin y al cabo, el que más atraía al ‘ciego’ de Jin Se-jun era el hombre que tenía delante.

“¿No tiene nada que decirme?”.

“Ese tipo usó una droga con usted, pero me dijeron que se desintoxica con descanso. Ahora debería estar bien”.

“No me refiero a eso”.

“… Yo…”.

Al ver que Se-jun le tendía la botella de agua vacía, Ju-wan la tomó mecánicamente y aclaró su garganta.

“Yo… lo seguí porque estaba preocupado por usted”.

Otra vez la ‘preocupación’… ¿Y por qué estaba preocupado? Si Se-jun se hubiera sentido bien, se habría alegrado de que lo cuidaran. Pero la especialidad de Ju-wan era ser amable y luego, en el momento decisivo, hacerlo sentir como un amante clandestino.

“Sí, lo sé. No es la primera vez que me sigue por preocupación. El tubo de escape venía tocando fuerte desde la autopista. ¿Desaparecer a mitad de camino era una técnica de espionaje?”.

“Ah…”.

“¿No va a perder su puesto en la línea de sucesión por no ir a la reunión familiar? En los dramas pasa eso”.

“A mí me sacaron de esa línea hace mucho tiempo”.

“Así que es el papel del vago de la familia”.

Si lo habían sacado, significaba que sí era una familia que se peleaba por sucesiones. Se-jun entornó los ojos y Ju-wan, como si se sintiera presionado a confesar, añadió.

“Además, soy el primogénito, pero soy un hijo fuera del matrimonio”.

“Ah… entiendo”.

Pensó que habría una respuesta más adecuada, pero su cerebro recién despertado no daba para más. Seguramente habría pasado por muchas dificultades. ¿Significaba eso que no era alguien a quien usarían para un matrimonio de conveniencia? Si era así, no tenía necesidad de alejar a Se-jun.

Se sorprendió de que todavía tuviera ganas de intentar algo con Ju-wan. O quizás no era para tanto, considerando que aquel ‘loco’ lo seguía, se preocupaba por él y lo había rescatado de un tipo despreciable.

“En fin, gracias…”.

De cualquier modo, si Ju-wan no se hubiera ‘preocupado’, Shin Woo-kyung habría abusado de él mientras estaba drogado. Se-jun empezó a hablar atropelladamente para ocultar su incomodidad.

“En el futuro tendré que aprender a leer el rostro de la gente”.

“¿En el futuro?”.

Preguntó Ju-wan con expresión rígida, pareciendo aún más molesto.

“No creo que deba darme las gracias”.

“¿Eh? Claro que debo. Si no llega usted como un príncipe en un caballo… bueno, en un coche negro, Shin Woo-kyung me habría dejado embarazado”.

Es la naturaleza de un Alfa irritarse aún más cuando ve a otro Alfa molesto, y Se-jun no tenía energía para cuidar el humor de Ju-wan. Al decir aquello, los recuerdos del peligro antes de desmayarse se volvieron más nítidos.

Maldita sea…

La mejilla donde Shin Woo-kyung lo había golpeado palpitaba y su cuerpo empezó a temblar levemente. Se-jun ocultó sus manos bajo la manta, frunció el ceño y forzó una sonrisa.

“Dijo que me iba a sembrar su semilla y no bromeaba. Además, no parecía tener intención de darme anticonceptivos, a diferencia de otros”.

“……..”.

“Pensándolo bien, no estoy tan agradecido. Que nadie más que un pervertido como ese se interese en mí… Alguna cuenta que manejaba un Alfa que fingía ser Beta desapareció, y mi compañero de sexo solo quiere verme en su celo, así que estoy muy aburrido”.

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“… ¿Qué?”.

“Parece que no hay Alfas que quieran algo serio con un Omega de mi tamaño. Como creen que nadie querrá penetrarme, me ven fácil y solo quieren probarme por curiosidad”.

Ju-wan entreabrió la boca. Parecía querer decir algo, o quizás quería callar a Se-jun.

“Y como ya he dicho, estoy aburrido. ¿Sabe qué le pasa a una persona cuando está demasiado aburrida?”.

Solo recordaba los momentos más miserables, se sentía inútil y temía pasar los años viviendo en este tedio, espiando la felicidad de los demás. Sabía que debía de haber tenido buenos recuerdos y que su vida actual no era mala, pero una tristeza pantanosa seguía atrapando sus tobillos.

Al no haber respuesta, Se-jun contestó su propia pregunta.

“No se lo voy a decir, pero el mayor problema es que seguiré estando soberanamente aburrido. Hubiera dejado que Shin Woo-kyung hiciera lo que quisiera, total, no tiene nada que ver con usted”.

Hubo un tiempo en que pensó que el hombre frente a él era la llave para salir de ese sentimiento crónico, pero…

Ju-wan ahora estaba completamente inexpresivo. Esta escena tampoco era nueva. Seguramente iba a hacerlo sentir culpable de nuevo.

Tras un largo silencio, Ju-wan finalmente habló.

“¿Dices que debí dejar que te pasara cualquier cosa?”.

Su expresión era de hielo, pero su voz sonaba como si estuviera hirviendo.

Ah… quizás había hablado de más. No es que quisiera decir eso exactamente, solo estaba de mal humor. Pero a estas alturas, todo le hartaba. Estaba agotado. Como le daba pereza excusarse, se limitó a mirarlo, y Ju-wan habló de nuevo.

“¿Tienes idea de en qué he llegado a pensar… por tu culpa…?”.

¿En qué has pensado? ¿Y a mí qué?, quiso replicar, pero el aire se volvió tan pesado que no pudo articular palabra. Sintió que el aire se expandía y lo aplastaba. Ya sabía que eso era el preludio antes de ser sometido por las feromonas de Ju-wan. Pero al momento siguiente, Ju-wan se golpeó su propia mejilla y dio un paso atrás, la presión que agobiaba su cuerpo desapareció al instante.

“No. Jamás… jamás debo culparla a usted, Se-jun. Es mi problema”.

Preferiría que descargara su ira contra él antes que este agobio. Se-jun intentó agarrarlo de las solapas, pero al darse cuenta de que sus manos seguían temblando, se limitó a fulminarlo con la mirada.

“¿Cuál es su problema? Si no dice nada y se hace el mártir, ¿en qué lugar quedo yo? ¿Es por las feromonas?”.

Ju-wan guardó silencio.

“¡Ja! Si usted no pierde la cabeza, no hay problema. ¡Si no va a salir conmigo, ni siquiera se preocupe por mí!”.

¿Tenía que llegar a decir esto? Se-jun se dio cuenta de que lo que empezó como un grito terminó sonando miserable y pegajoso, lo que lo excitó aún más a seguir hablando.

“¿Acaso cree que soy idiota y por eso no me cuenta lo importante, tratándome solo como un agujero para follar en su celo?”.

“¿Qué has dicho?”.

“Si me trata solo como algo para penetrar cuando está caliente, ¡¿en qué se diferencia usted de Shin Woo-kyung, maldita sea?!”.

Sabía que había una diferencia. Pero estaba tan furioso que no podía razonar. Cuando su temblor se transformó en pura ira, sacó las manos y agarró las solapas de Ju-wan.

“Habla muy bien, fingiendo que piensa en mí. Ni siquiera está en posición de hacerlo”.

Tiró de él y sus rostros quedaron muy cerca. Mientras Se-jun jadeaba, Ju-wan rozó ligeramente el rostro de Se-jun e inhaló. Solo con eso, a Se-jun se le erizó el vello de todo el cuerpo, como si estuviera frente a un tigre.

“Incluso cuando estás así de enfadado, goteas feromonas. ¿Cómo no voy a preocuparme? Si siempre estás soltando feromonas de celo…”.

“Ha…”.

Así era, cualquier Alfa que percibiera estas malditas feromonas pensaría que Se-jun era un Omega siempre necesitado. Ahora entendía por qué antes de conocer a Ju-wan no lo cortejaban tanto los Alfas. No podía ser igual el estado de las feromonas antes y después de acostarse con un Alfa, antes y después de adquirir la mentalidad de un Omega realmente excitado.

La vergüenza y la ira se mezclaron, anudándole la lengua. Ante su mirada fulminante, Ju-wan presionó los labios de Se-jun con el pulgar.

“No creo que tener un deseo sexual fuerte sea un defecto en un Omega. Y entiendo que no puedas estar satisfecho solo conmigo, pero si sigues así, de verdad podrías estar en peligro”.

“……..”.

“Me da miedo romperte y tengo cuidado hasta para tocarte con un dedo, ¿por qué actúas de forma tan temeraria e imprudente?”.

“Ah, ¿así que ahora todo es culpa mía?”.

Si fuera un Omega normal capaz de controlar sus feromonas, seducir a un Alfa con ellas sin importar el sentimiento se vería como… bueno, para hablar claro, como una zorra barata. Ju-wan le estaba diciendo en la cara que eso era lo que Se-jun parecía. Y de paso, añadía que era "por su bien" para confundirlo más.

¿Cree que me voy a asustar porque me hable de tú? ¿Qué me va a hacer aunque sea un Dominante Extremo? De todos modos, si me desmayo peleando, no habrá nada que temer. Y el que más temía ese desenlace no era Se-jun, sino Ju-wan.

“Señor Kwon Ju-wan, si va a ser un cobarde, sea solo un cobarde, y si va a aplastar a la gente así, hágalo desde el principio. No me confunda”.

“……..”.

“Oyéndolo hablar, parece el amante del siglo. Usted también se excitó con mis feromonas y perdió la cabeza. ¿Dijo que era porque yo era más resistente que otros Omegas? ¿Que le gustaba que aguantara sus feromonas?”.

Se oyó el chirrido de Ju-wan apretando los dientes. Se-jun estaba asustado, pero su lengua no se detuvo.

“¿Si lo hacen otros es adulterio y si lo hace usted es romance? Deje de proyectar su odio a sí mismo en los demás”.

En ese punto, el rostro de Ju-wan era tan gélido como una máscara.

Me siento como un luchador por el derecho a la autodeterminación sexual de los Omegas, pensó Se-jun con una sonrisa amarga y empujó a Ju-wan. Pero, como solía ocurrir, Ju-wan resistió sin esfuerzo y agarró a Se-jun por los hombros, cerca de la nuca.

“Uh”.

Una fuerza y un peso abrumadores cayeron sobre él, y Se-jun no pudo resistir, quedando boca abajo en la cama. Sintió un aliento húmedo sobre la zona donde Ju-wan lo sujetaba con fuerza, y pronto algo mojado lo rozó.

“¿Qué… qué haces?”.

En medio de la discusión, Ju-wan lo inmovilizó y comenzó a lamer vorazmente su nuca. Se-jun no entendía por qué le escocía tanto sentir solo la lengua, pero por más que retorcía el cuerpo, no podía escapar. Además, sus colmillos afilados rozaban constantemente la piel sensible, haciendo que perdiera la fuerza en la cintura. Sentir que lo tocaba como si fuera a morderlo, pero sin que ocurriera la acción que esperaba o temía, le provocó una extraña decepción.

Estaba harto de ser tratado como un Omega con un deseo sexual demente por un par de encuentros con Alfas, y también le enfurecía estar sometido por un ‘Dominante Extremo’ de esos que solo aparecen en una o dos líneas de los artículos científicos…

Mientras frotaba su rostro contra la manta porque su visión se nublaba, Ju-wan seguía exhalando un aliento febril sobre su nuca. Se-jun habló cuando estuvo seguro de que su voz no sonaría quebrada.

“Te sientes aliviado, ¿verdad? ¿Te excita?”.

“¿Qué?”.

“Un tipo con complejo de niño bueno como tú perdería la cabeza si no tuviera una forma de soltar el estrés así. Sí, échame la culpa a mí”.

“¿Complejo de niño bueno…? Si duermes con clientes del hospital, miras cuentas de sexo y en cuanto sales a la calle seduces a cualquier Alfa, y yo no puedo dejarte solo… si eso es fingir ser bueno, fingiré todo lo que quieras”.

“Ha…”.

“Al menos yo tengo que agotarte para que ni siquiera pienses en mirar a otros tipos. Ya que no puedo hacer estallar a cada imbécil con el que hablas”.

Ju-wan murmuraba como si estuviera ebrio de algo. Se-jun se encogió al ver sus pupilas, antes sin vida, hundirse aún más en la oscuridad, pero no sirvió de nada. Es decir… como Se-jun soltaba feromonas incluso mientras peleaba, Ju-wan, como Alfa, inevitablemente tuvo una erección.

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Por sus palabras y acciones, parecía que Ju-wan sentía un deseo de posesión abrasador por Se-jun. Pero ¿por qué? Sus actos no coincidían con sus palabras, creando una confusión constante. Aun así, Ju-wan seguía murmurando con aliento ardiente.

“Estábamos bien si solo teníamos sexo. No tengo intención de arruinar mi vida vinculándome más profundamente contigo, así que quédate tranquilo”.

¿Arruinar la vida? ¿La de quién? Seguramente la de Ju-wan. ‘Hijo de puta…’

El peso sobre la cama aumentó. El aliento sobre su piel era caliente, pero le dio escalofríos. Aunque no olía nada, Se-jun sabía por la reacción de su organismo que su cuerpo se estaba empapando de las feromonas de Ju-wan.

Se preguntó cómo reaccionarían otros Alfas si saliera ahora mismo a la calle tras recibir ese ‘baño de feromonas’. ¿Seguirían percibiendo solo su aroma de Omega excitado o no se atreverían a acercarse por las feromonas del Alfa ‘Dominante Extremo’ que lo envolvían? Al fin y al cabo, un sentimiento parecido a la posesión no es raro entre personas que han tenido sexo, especialmente del Alfa hacia el Omega. Así que no tenía por qué alegrarse por este comportamiento de Ju-wan…

Aparte de eso, ¿piensa hacerlo en medio de una pelea?

Debido a lo de Shin Woo-kyung, por mucho que le gustara este tipo, no tenía ganas de volver a ser aplastado por un Alfa. Mientras tanto, la mano de Ju-wan acariciaba su pecho y su costado. Al sentir la piel de su mano, ahora mucho más suave que antes, sintió que volvería a llorar. Hasta hace poco, Ju-wan era amable, como si consolara a un niño…

Se-jun, con el cuerpo rígido, siguió hablando.

“No quiero acostarme con usted ahora. Está enfadado conmigo. Dijo que si se enfadaba podría llegar a matarme”.

Los movimientos de Ju-wan se volvieron mucho más lentos, pero no se detuvieron. Se-jun presionó contra lo que sentía cerca de sus nalgas y volvió a preguntar.

“¿Va a seguir aunque diga que no quiero? ¿Como Shin Woo-kyung?”.

“……..”.

“¿Quiere que abra las piernas y sonría como una ramera para seducirlo? ¿Así podré sobrevivir a usted? Si no quiere arruinar su vida, tenga un poco de cuidado”.

Se oyó un gemido doloroso. Aunque Ju-wan lo había inmovilizado como si fuera a penetrarlo salvajemente, retrocedió lentamente tras esas pocas palabras. Fue como un gran tsunami que se retiraba sobre sí mismo.

Ju-wan, todavía con una erección amenazante, le arregló la ropa a Se-jun y se ajustó la suya. En cuanto terminó, golpeó su frente contra el marco de la cama con un ruido sordo. Se-jun, harto de la escena, chasqueó la lengua.

“No me voy a sentir mejor viendo cómo se autolesiona, así que pare”.

“……..”.

“De todos modos, aunque lo diga de palabra, sus disculpas ya no valen nada de tanto que las he oído”.

Ju-wan levantó la cabeza lentamente, su rostro volvía a estar inexpresivo. Se-jun murmuró con amargura.

“… Como sabe que me gusta, ¿creía que abriría las piernas babeando con tal de que me penetrara en cualquier situación? De verdad, es usted demasiado”.

El rostro de Kwon Ju-wan, de donde emanaba un aura fría, se parecía al de hace un momento, pero sus pupilas estaban oscurecidas por el calor de la excitación. Dio un paso atrás y habló.

“Mientras mantengamos esta relación durante los ciclos, procure no verse con otras personas. Si es insoportable, podemos vernos aunque no sea durante el celo o el rut, pero... asegúrese de usar protección”.

Su tono era profesional, como si estuviera dando un informe, pero su voz temblaba de forma inestable. Jin Se-jun intentó calibrar qué emoción impulsaba la agitación de Ju-wan, pero desistió.

“Yo no quiero. Voy a dejar de hacer esto contigo. Ya te dije antes que quería terminar, ¿entonces por qué me perseguiste hasta el otro lado del mundo?”.

“La preocupación...”.

“¡Maldita sea esa preocupación! ¿Ciclos? Al carajo con eso. No lo necesito. Deja de decir estupideces”.

Ju-wan agachó la cabeza profundamente. Se sumió en un largo silencio mientras Se-jun intentaba imaginar qué pasaría a continuación. De repente, Ju-wan habló en un momento inesperado.

“Entonces, preferiría buscarte yo mismo a alguien para una aventura de una noche”.

“¿Qué?”.

“Investigaré sus antecedentes y filtraré a los candidatos, usando métodos legales o no, para asegurarme de que no te traten mal... Con eso bastará, ¿no?”.

¿Cómo diablos iba eso a ‘bastar’? Se-jun se quedó atónito, dudando de sus propios oídos. ¿Por qué estaban peleando en primer lugar? Al escuchar algo tan absurdo, hasta las ganas de pelear se le esfumaron.

“De repente tengo curiosidad, ¿acaso olvidaste que me declaré?”.

“... No”.

“¿Entonces no te resulta difícil decirme algo así? ¿Siendo humano?”.

“... Tal vez”.

Ju-wan se frotó la cara con fuerza y continuó con voz agonizante.

“Tal vez no sea un ser humano”.

A Se-jun se le puso la piel de gallina y se abrazó a sí mismo.

“Si puedes obtener de forma segura lo que yo no puedo darte, eso es lo mejor. Tú también buscaste a otras personas porque no te bastaba con vernos solo en el celo. Por cierto, el Alfa que vino como cliente a ese hospital resultó ser un hombre casado”.

“¿Qué? ¿Cómo supiste eso...?”

“Me pareció que tampoco encajaba contigo, así que lo corté por mi cuenta. Young-jun mencionó de pasada que había un cliente al que le gustabas, así que revisé las cámaras de seguridad”.

“¿Qué...?”.

“Y no vuelvas a salirte del alcance de las cámaras aunque te dejes llevar por el ambiente, es peligroso”.

Las palabras de Ju-wan solo aumentaban la confusión de Se-jun. ¿Young-jun se refería a Jin Young-jun? Sabía que tenían la misma edad, pero no sabía cuándo habían empezado a llamarse por su nombre de pila. Además, las grabaciones de seguridad no las podía revisar cualquiera...

“No sé si tú también sentías atracción por él... pero está claro que no sabes elegir”.

El objeto del amor no correspondido de Se-jun resultó ser extremadamente atento, a su manera. Se-jun miró a los pies de Ju-wan y preguntó en voz baja.

“¿Es posible?”.

“Dime”.

“Digo, por si acaso... ¿No sales conmigo no porque no estemos al mismo nivel o por alguna otra razón, sino porque tienes miedo de lastimarme? ¿No es que no quieras arruinar tu vida, sino que no quieres arruinar la mía?”.

“........”.

“Sé que suena raro dicho por mí. Me da vergüenza porque parece un delirio, pero es que lo que dices y lo que haces siempre es contradictorio”.

Ju-wan dio un paso al frente, tambaleándose como si estuviera mareado. Cuando levantó la vista, sus ojos vacilantes estaban muy cerca. Agarró los hombros de Se-jun como si suplicara.

“... Realmente soy una persona que no debería estar a tu lado. A menos que pudiera cambiar una sola cosa”.

“¿Podrías responder a mi pregunta? Sé que no lo harás, pero...”.

“... Pero sería todo o nada. ¿Arrastrarte a ti también a una apuesta así? Yo...”.

“Kwon Ju-wan, cálmate y explícate bien...”.

Sus miradas, que se habían cruzado erráticamente, finalmente se encontraron.

“No te aprecio, Se-jun. ¿Qué Alfa podría soportar ver a su Omega... saliendo con otros hombres? ¿Qué Alfa trataría así a su Omega después de haberlo dejado inconsciente?”.

“Pero si no lo soportaste... ¿Por qué hablas como si quisieras tenerme en exclusiva pero al final huyes?”.

Ju-wan continuó con lo suyo como si no hubiera oído nada.

“Te daré el contacto de mi médico de cabecera. Contáctalo cuando necesites ayuda, y yo... viviré como si nunca hubiera aparecido en tu vida. Es una suerte que no te haya mordido el cuello ni siquiera por error”.

“Jaja, ¿qué?”.

“Puedes irte de aquí cuando te hayas recuperado”.

“¿Vas a cerrar el tema así y no volver a aparecer? ¿De qué estás hablando...?”.

“¿Necesitas más explicaciones?”.

“¡Te digo que yo también salgo herido!”.

“No se puede evitar”.

Tras soltar esa sarta de tonterías sin titubear, Ju-wan salió de la habitación con la botella de agua vacía. Se-jun se quedó mirando fijamente la puerta, que se cerró con un estruendo antes de que pudiera replicar.

***

Ah…

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Kwon Ju-wan estaba igual de confundido. Como siempre, Se-jun era más perspicaz de lo que parecía y desmantelaba sus pobres estratagemas como si mirara a través de agua transparente.

Había tachado a Se-jun de ser un Omega en celo perpetuo esclavo de la lujuria, pero al final, el que lo deseaba era él mismo.

Sintió que el corazón le latía tan rápido que tenía ganas de vomitar. ¿Qué acababa de hacer? Solo cuando la puerta se cerró se dio cuenta de que había sentido un ataque de pánico durante la conversación. Pensó que había anestesiado sus emociones con medicación, pero al enfrentarse a Se-jun y hablar de sus problemas, siempre acababa perdiendo los estribos.

¿Realmente podría dejar de verlo? Ahn Sae-ha le había dicho a Se-jun que Ju-wan podría matarlo, no había necesidad de asustarlo tanto recordando accidentes de la época escolar. Era cierto que tenía miedo de lastimarlo, pero nunca había causado la muerte de nadie hasta ahora.

Aunque en el futuro, quién sabe...

Ju-wan sintió que parte de su ira hacia sí mismo se desviaba hacia Ahn Sae-ha. Era responsabilidad suya por no haber marcado límites claros debido a su larga amistad. Aun así, recordar sus actos malintencionados le resultaba sumamente desagradable.

Le enfurecía que Sae-ha se hubiera alegrado tanto cuando Se-jun visitó la academia con Shin Woo-kyung, y que hubiera intentado separarlos fingiendo que había tenido una cita con Se-jun. Por supuesto, Ju-wan también estaba alejando a Se-jun, pero que un tercero interfiriera era un asunto distinto. ¿Y por qué se abrazaron al despedirse? No sabía si Sae-ha lo había hecho sabiendo que era un Omega o pensando que todavía era un Alfa.

Después de todo, Sae-ha tenía el historial de haber aniquilado a todos los Alfas que rodeaban a Ju-wan en la universidad.

Y Shin Woo-kyung... lo había mirado a los ojos con presunción, como si Se-jun fuera suyo. Ver eso e ir a una reunión familiar hubiera sido demasiado. Pensó que debía llevar un coche discreto, pero Se-jun ya conocía su sedán, el coche de la academia estaba descartado y los otros coches eran de colores llamativos.

Al verlos entrar juntos en un lugar apartado, pensó que debería dar media vuelta. Pero por un extraño presentimiento, se escondió en otro camino y, tras confirmar que entraban al sótano de un edificio vacío, los siguió lentamente.

Como no parecía haber tráfico, dejó su coche bloqueando la entrada del estacionamiento subterráneo. Ni un alma se acercaba. La elección del lugar era extraña para una cita, y en cierto momento empezó a oír sonidos alarmantes.

Incluso estando lejos, le pareció sentir las feromonas de Se-jun, y su cuerpo se movió antes de que pudiera procesar la situación. La escena que vio al bajar del coche...

Ha.

Por más pastillas que tomara, la rabia volvía una y otra vez. Por eso terminó descargando su ira injustamente contra Se-jun. Aunque nunca había matado a nadie con sus feromonas, realmente quiso matar a Shin Woo-kyung. Si no hubiera estado saturado de supresores, tal vez lo habría hecho.

Por otro lado, se sentía avergonzado de las excusas tontas que le dio a Se-jun. Se sentía patético por no aceptar completamente al menor que se le acercaba declarándole su amor, pero enfurecerse tanto solo porque se relacionaba con otros Alfas.

Había dejado a Se-jun solo tras despertar, pero no podía desaparecer como hizo en el hotel. Porque cada vez que volvían a verse tras una larga ausencia por sus desapariciones, Se-jun estaba visiblemente más delgado.

Había intentado ignorarlo pensando que no se podía evitar, pero ahora que todo había salido a la luz, quizá sería mejor pedir comprensión y llegar a una ruptura pacífica de mutuo acuerdo. Aunque el hecho de que su relación ni siquiera pudiera llamarse ‘ruptura’ también era culpa de Ju-wan.

Pero al menos quería entregarle el aceite con el aroma que Se-jun había elegido. Ser egoísta una vez más no cambiaría mucho las cosas después de todo lo que había hecho. En realidad, solo quería grabarse la imagen de Se-jun en los ojos.

Si Se-jun realmente se alejara de él, ¿habría alguna razón para arriesgarse a una cirugía? ¿No sería mejor explicarlo sinceramente? Pero si algo salía mal durante la cirugía, ¿qué tan culpable se sentiría Se-jun?

Ju-wan se sentía un hombre despreciable por caer frecuentemente en la tentación de acercarse a él mientras intentaba mantener las distancias. Pero como Se-jun había adivinado sus verdaderos sentimientos, que lo quería y no quería lastimarlo, y por eso creía que no podía estar a su lado, lo correcto era reconocerlo y explicarlo como una persona decente.

A veces pensaba que Se-jun seguía vivo por pura suerte. Estaba furioso con el cliente del hospital y con Shin Woo-kyung, pero con este último realmente perdió la razón. Si no hubiera visto a Se-jun desplomarse, no sabía qué habría llegado a hacer.

De hecho, Se-jun, que solo estaba en el rango de ataque, recuperó el conocimiento más tarde que Shin Woo-kyung. Se-jun perdió el conocimiento por un par de días, durante ese tiempo, Ju-wan encerró al Alfa casado del hospital y a Shin Woo-kyung en habitaciones separadas y vacías.

Había pensado en tumbarse fríamente en la mesa de operaciones en cuanto tuviera fecha, pero llevado por la ira, cruzó por primera vez en su vida la línea que él mismo se había trazado. Técnicamente, desde que tuvo relaciones sexuales con Se-jun, la línea ya casi no existía, pero era la primera vez que atacaba a alguien intencionadamente desde que se manifestó su género.

Pero ¿cuándo iba a enfadarse si no era en un momento así?

El instinto de defensa personal de Ju-wan era bastante torpe, así que mientras crecía, solía recordarse a sí mismo las normas sociales. Había vivido así toda su vida, pero ante el peligro de Se-jun, empezó a reaccionar de forma extremadamente sensible.

Shin Woo-kyung era una basura que merecía ser castigada, y aquel hombre casado, aunque no tanto como Shin Woo-kyung, también era un canalla. Se-jun, que parecía muy experimentado por fuera, en realidad era extrañamente ingenuo. Si lo dejaba encontrarse con cualquiera, seguramente saldría lastimado.

A Se-jun le gustaban los abrazos, y prefería los besos cortos por toda la cara antes que los besos profundos y sensuales; era natural que extrañara el calor corporal mientras Ju-wan huía diciendo que no podía hacerse responsable. Por eso quizá pensó que quería que alguien más lo abrazara, aunque fuera a través de otras manos.

No sabía si realmente sería posible, pero cuando soltó esa estupidez en la habitación de invitados antes de salir, no estaba en sus cabales y le pareció el menor de los males.

Ojalá fuera posible controlar sus feromonas milagrosamente. Si fuera así, Ju-wan lo cortejaría con orgullo. Por eso, durante los últimos días, trató a los prisioneros de forma inhumana. Exceptuando el tiempo que pasaba autocriticándose y autolesionándose al ver a Se-jun tumbado como Blancanieves tras comer la manzana envenenada, se podría decir que estuvo atacando a esos dos con sus feromonas constantemente. Fue en una medida moderada y sus vidas no corrieron peligro, pero el resultado no fue muy bueno.

‘Ju-wan, eres un monstruo. ¿Cómo puede un ser humano lanzar ataques de feromonas que no se sienten? No existe un género que no pueda controlar sus feromonas. Así que tú probablemente seas un tercer tipo de existencia, ni Alfa ni Omega ni Beta. Escúchame bien, la medicina amarga es la que mejor cura’.

‘Solo yo estoy de tu parte’.

Las palabras de Ahn Sae-ha, quien estuvo a su lado mucho tiempo y a quien ahora había decidido alejar, resonaban hoy con especial fuerza en sus oídos. Al observar su actitud mientras estaba con Se-jun, Ju-wan se dio cuenta de que la amistad de Sae-ha también era extraña, pero a estas alturas, parecía que nunca le había dicho ninguna mentira.

Tal vez no sea un ser humano. Si lo fuera, esto no pasaría...

Una vez más, la idea de si era posible encontrar un ‘compañero de sexo seguro’ para Se-jun dominó su mente. Incluso, tras investigar y amenazar al Alfa casado, sintió que debía traer también a todos los clientes del hospital que se habían visto con Se-jun antes. Pero al no haber registros de encuentros dentro del hospital tras revisar cámaras y testimonios, lo dejó en pausa por el momento.

Solo de imaginar a Se-jun jadeando dulcemente en brazos de otro, sonriendo con picardía y diciendo sus ocurrencias, sentía deseos de matar a ese alguien. Era extremadamente egoísta, pero quería mantener a Se-jun encerrado entre sus brazos para siempre, sin importar si salía herido por sus feromonas o no.

“……..”.

Ese era un ‘pensamiento irracional’. Como estaba en una posición en la que podía actuar de forma antisocial sin muchas consecuencias, no debía cruzar la línea más allá...

La disputa interna en su cabeza continuó sin fin. Mientras hacía rodar el frasco de aceite en su mano, Ju-wan sintió el impulso de autolesionarse, pero finalmente volvió a pararse frente a la puerta de la habitación de invitados. Sintió el aroma familiar de las feromonas de azahar, pero por alguna razón era diferente al estado habitual en el que parecía seducir a cualquier Alfa.

Antes de pensar en qué estaba pasando, Ju-wan abrió la puerta de golpe. Fue un acto casi impulsivo. Se-jun estaba sentado en la cama en la misma posición, con la cabeza gacha.

“... Este aceite, es el que elegiste tú, pensé que debía dártelo...”.

¿Para qué había vuelto? ¿Para pedir perdón? ¿No había dicho Se-jun que estaba harto de las disculpas? Justo cuando la confusión iba a invadirlo de nuevo, Ju-wan vio que la manta donde Se-jun tenía agachada la cabeza estaba salpicada de gotas.

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“¿Se-jun...?”.

El aceite, el teléfono y otras cosas que llevaba cayeron al suelo. Al levantarle la barbilla, vio que su rostro estaba completamente empapado en lágrimas. Ante esa imagen desconocida, la mente de Ju-wan se bloqueó, se quedó atónito un momento y luego se apresuró a abrazarlo y darle palmaditas.

“Suéltame...”.

Como la fuerza para apartarlo era débil, lo abrazó con más ímpetu. Al ver que no retrocedía, Se-jun se apoyó en él y hundió el rostro en su hombro. El cuerpo que llenaba sus brazos temblaba intermitentemente.

Desde que Ju-wan salió de la habitación, Se-jun había estado llorando en silencio... y con mucha tristeza.

Solo después de un largo rato, la mente y el cuerpo de Ju-wan salieron del estado de parálisis. Parecía haber pensado muchas cosas, pero no quedaba nada, su mente estaba en blanco.

“Lo... lo siento. Me equivoqué. Siento tener que pedir perdón siempre... ugh”.

Mientras escuchaba sus balbuceos, Se-jun golpeó la mandíbula de Ju-wan con la cabeza. Ju-wan estuvo a punto de morderse la lengua y rápidamente agarró los hombros de Se-jun para asegurar una distancia de seguridad.

Se-jun tenía las mejillas y la frente rojas, y sus ojos estaban llenos de lágrimas; solo mirarlo provocaba un sentimiento de culpa. Con cada jadeo, las lágrimas rodaban por sus mejillas. Ju-wan lo miraba como si el tiempo se hubiera detenido, pensando que la imagen era, de alguna manera, maravillosa. Aunque se habían acostado un par de veces, era la primera vez que veía llorar a Se-jun fuera de esos momentos de intimidad extrema.

Nunca se había imaginado al hombre que siempre actuaba con ligereza y soltura, al hombre alto y corpulento, al hombre de rostro insultantemente suave, llorando como un niño...

Se veía bien. Incluso puro.

Justo cuando se dio cuenta de que pensar así era demasiado cruel, Se-jun sorbió por la nariz y habló.

“No salí con ese señor del hospital porque me gustara. Estaba por irme a casa tras reincorporarme y de repente apareció en el estacionamiento...”.

“Era un acosador”.

“Sí, y me salí del plano de la cámara para darle una paliza en un punto ciego, ¿cree que iba a besarlo o algo así? Sabe que soy un superficial que se fija en el físico... maldita sea”.

Mientras Se-jun hablaba rapidamente, las lágrimas seguían cayendo. Ju-wan las secaba constantemente con el pulgar mientras asentía, y Se-jun continuó balbuceando.

“¡Maldita sea, ni siquiera me gustan! Tanto Shin Woo-kyung como ese señor, es por mis feromonas. Pero como él dijo que yo era su primer amor y que me quería, yo, como un idiota...”.

“Era un mal tipo”.

Ju-wan deseó poder retirar todas las meteduras de pata que había cometido hasta ahora y volvió a abrazar a Se-jun para que no se escurriera. Al notar que todo su cuerpo estaba muy caliente, su estado de ánimo se volvió aún más extraño.

Fue entonces cuando Ju-wan reconoció el origen del aroma a azahar húmedo que flotaba en la punta de su nariz. Estaba percibiendo por primera vez las feromonas de un Se-jun que no estaba excitado. Ju-wan hundió la nariz en el cabello de Se-jun y le acarició la espalda.

“Olvide a esas personas. Fue como pisar mierda”.

Él mismo sería uno de ellos... Al darse cuenta de eso, suspiró profundamente, y el cuerpo entre sus brazos se sobresaltó. Ju-wan besó discretamente el cabello de Se-jun y continuó.

“Usted es alguien que no sabe lo que es la soledad. Siempre tiene mucha gente alrededor. Así que podrá encontrar a alguien bueno”.

Se-jun, que estaba tranquilo, gritó antes de que terminara la frase.

“¡¿Qué mucha gente?! ¡No tengo mucha gente alrededor!”.

“¿Cómo que no? Si siempre tiene planes”.

“¡Es todo fachada! Aparte de mi hermano... de la familia Young-jun, este año a quien más he visto es a usted”.

Si una confesión así le hacía feliz, definitivamente algo no funcionaba bien en él como ser humano. Ju-wan le peinó el cabello con la mano mientras lo miraba en silencio. Las lágrimas de Se-jun, que se habían detenido un momento, volvieron a brotar.

Deseaba secar esa humedad con sus labios, pero no se atrevía... no debía.

“... Lo que hice con usted fue mi primera vez. Nunca he salido con nadie, ni he besado ni he tenido sexo. Porque soy alguien a medias”.

“¿A medias?”.

“No es aburrimiento, es soledad. No podía decir que me sentía solo porque perdería el estilo...”.

¿Por qué era tan sincero? ¿Sería verdad? Seguro que sí. No podía creerlo. No es que no le creyera, sino que las cosas que confesaba eran sorprendentes...

Ju-wan sostuvo con firmeza el peso de Se-jun, que se apoyaba cada vez más en él. El pecho de Se-jun subía y bajaba y su respiración era débil.

¿Qué significaba ser ‘a medias’? Primero debía darle algo de agua. Cuando intentó levantarse, Se-jun le agarró el brazo por instinto. Como sus ojos suplicantes daban lástima, Ju-wan le acarició el dorso de la mano y el hombro para calmarlo. Le tendió una botella de agua del refrigerador integrado y Se-jun la bebió como si se aferrara al agua de la vida.

Ju-wan escuchó el sonido del agua al pasar y el crujido de la botella de plástico al apretarse, y preguntó impulsivamente.

“Entonces... tampoco se ha visto nunca con los clientes del hospital, ¿verdad?”.

Se-jun soltó un suspiro largo y respondió con aspereza, ya más calmado.

“¿Cree que sí? Antes de conocerlo a usted, aparte de cuando el ambiente se ponía raro peleando, no hubo nada de nada. Supongo que después de hacerlo con usted las feromonas se me escaparon un poco más”.

“¿Entonces por qué hablaste de esa forma?”.

Como alguien barato... Por supuesto, nunca pensó eso de él, pero era un hecho objetivo que el comportamiento de Se-jun sugería algo así. Ante la pregunta tranquila de Ju-wan, las mejillas de Se-jun se tiñeron de rojo, no por las lágrimas, sino por la vergüenza.

“Es que usted estuvo en Estados Unidos y tuvo un prometido... y como dijo que hasta subia vídeos dándose placer, parecía que tenía muchísima experiencia. Pensé que para estar a su nivel tenía que fingir que yo también era un experto...”.

¿Por una razón así...? Ju-wan se quedó sin palabras y Se-jun, avergonzado, aplastó la botella vacía y le puso el tapón.

“Me daba vergüenza que un Alfa guapo y con deseo sexual no tuviera experiencia a esta edad. ¿Tan malo es eso?”.

“No, no es malo, pero...”.

¿Un Alfa? Se refería a fingir ser un Alfa. Ju-wan habló únicamente para calmar a Se-jun.

“Pero es que para mí Se-jun también es el primero”.

“¿Qué? ¿Qué ha estado haciendo hasta esa edad? Me está mintiendo para consolarme, ¿verdad?”.

¿No debería habérselo dicho? Al ver la reacción de Se-jun, entendió por qué había fingido tener experiencia. En el mundo de Se-jun, era algo vergonzoso que provocaría esa reacción. Aunque para Ju-wan no lo fuera. Se-jun preguntó con cara de asombro.

“¿Entonces qué hay con Ahn Sae-ha? ¿Cree en alguna secta que pida castidad prematrimonial? Dicen que hay más creyentes en el extranjero que aquí. Sospechaba de ustedes dos desde hace tiempo”.

Míralo..., pensó Ju-wan. Después de llorar a moco tendido, ya había recuperado las fuerzas. Ju-wan le secó las mejillas manchadas de lágrimas con la palma y el dorso de la mano y dijo.

“No tengo experiencia de llegar hasta el final. Casi cometo un error en mi primer rut y eso se convirtió en un trauma. Ya lo habrá oído, pero soy un ‘Dominante Extremo’”.

Y por cierto, soy ateo. Ju-wan fue quien sospechó si Se-jun pertenecía a una secta cuando se conocieron, pero las cosas habían cambiado. Se-jun se dejaba llevar por el movimiento de las manos de Ju-wan y sacudió la cabeza como un perrito mojado. Su cabello quedó hermosamente despeinado.

“Ha... ya veo por qué Ahn Sae-ha está tan amargado”.

Al ver las comisuras de sus labios elevarse en una pequeña sonrisa, Ju-wan también se sintió mejor. Pero la expresión de Se-jun se torció en un instante.

“Si es su primera vez, ¿por qué lo hace tan bien?”.

¿Hacia dónde iba esta conversación? Al menos ya no lloraba. Ju-wan respondió con voz más profunda y suave.

“Me alegra que le pareciera bien... No sé, quizá sea porque tengo la confianza de que, haga lo que haga, a cualquier Omega le gustaría”.

“¿Tiene la autoestima baja o alta?”.

“... El tema del género es un hecho objetivo donde no caben opiniones personales. Usted también lo hizo bien, Se-jun”

La cara de Se-jun se arrugó. Ju-wan pensó que quería un cumplido, pero parece que no.

“Si es su primera vez, ¿cómo sabe si lo hago bien o mal? Y yo soy un Alfa de verdad. Solo tengo las feromonas estropeadas... En España incluso llegamos al nudo, ¿es usted tonto?”.

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“¿Fue así...? Bueno, en ese momento no estaba en mis cabales. ¿Por eso dijo que era ‘a medias’?”.

Se-jun frunció el ceño. Parecía que no quería decirlo pero que terminó confesándolo por accidente. Pronto abandonó sus intentos de evadir el tema y respondió con sinceridad.

“... Sí, dicen que en cualquier situación emito feromonas que se sienten como las de un Omega en celo para un Alfa. Es desesperante solo de pensarlo, ¿verdad? Así que entiendo que me confundiera con un Omega en celo eterno”.

“... Ah”.

“¿Que busque a otra persona? Un Alfa con feromonas normales no querría verme porque le daría asco. A los Omegas les desagradan mis feromonas. ¿Betas? Cuando usted me rechazó también conocí a un Beta”.

“Sí”.

“Pero no funcionó. No puedo salir con nadie. Simplemente viviré solo toda mi vida y moriré en soledad”.

“……..”.

Se-jun ya no mostraba ninguna expresión, pero Ju-wan sabía que estaba conteniendo las lágrimas de nuevo. Al darle palmaditas en la espalda, Se-jun se acurrucó en sus brazos como si fuera lo más natural del mundo.

Vivir solo y morir en soledad... cavar ese tipo de túneles depresivos era más propio de Ju-wan que de Se-jun. Pero independientemente de la lástima que le daba ver esa faceta tan débil, se sintió inmensamente feliz. Lo pensaba a menudo, ese hombre que siempre fingía ser tan genial y serio sabía ser muy cariñoso cuando tenía la oportunidad, y eso era adorable...

En la cama era igual de adorable, pero para ser alguien que decía ser un Alfa, era tan sensible que Ju-wan nunca llegó a dudar de su género. Por supuesto, nunca se lubricaba por sí mismo y en España, durante el ‘celo’ de Se-jun... mejor dicho, su rut, llegaron al nudo, pero más que tener sexo propiamente dicho, solo se habían tocado y frotado, y Ju-wan estaba tan ido que no se dio cuenta de los detalles.

Pensó que el hecho de que Se-jun mantuviera la razón tras exponerse a las feromonas de un Alfa Dominante Extremo se debía a la medicación mejorada o a su propio autocontrol. Ju-wan también se consideraba relativamente cuerdo a pesar de estar dominado por la excitación.

Si realmente se hubieran dejado llevar por las feromonas del otro, ¿habría sobrevivido Se-jun? Si así fuera, Ju-wan no habría podido seguir pegado a él hasta este momento. El hecho de que Se-jun fuera un Alfa era una suerte, pero no quitaba el hecho de que Ju-wan fuera un monstruo capaz de aplastar incluso a los Omegas, y por tanto seguía siendo peligroso para Se-jun. Y Ju-wan sentía que no era alguien por quien valiera la pena correr tales riesgos y salir herido. Menos para alguien tan atractivo... Pero odiaba aún más la idea de que cualquier otro ocupara el lugar al lado de Se-jun.

¿Qué podía hacer? Ju-wan pensó un momento y, en lugar de decepcionar a Se-jun de inmediato, tanteó el terreno.

“... ¿Sus feromonas siempre fueron así? Porque si fuera así, lo habrían clasificado como Omega al manifestarse”.

“Usted dijo que un Alfa nunca funcionaría, pero para usted soy un Omega, así que ¿qué más da?”.

Fue una respuesta bastante defensiva. Ju-wan recordaba que su médico le dijo que su propia agresividad hacia Se-jun cambiaba según cómo lo percibiera. Como Se-jun también era un Alfa, se vio envuelto en el ataque dirigido a Shin Woo-kyung. Aunque tardó en despertar, no parecía tener secuelas y sus síntomas eran más leves que los de Shin Woo-kyung, lo cual era un alivio.

Eso significaba que Ju-wan no era un monstruo capaz de atacar a dos personas del mismo género a la vez o de derribar a un Alfa y a un Omega al mismo tiempo. Tal vez, si reunía todas las esperanzas posibles, sería posible estar juntos...

Ju-wan sintió que sus problemas disminuían un poco y preguntó con más ligereza.

“Siento preguntar tanto, puedes no contestar si no quieres, pero es que nunca había visto a nadie con problemas de feromonas aparte de mí”.

La mirada de Se-jun recorrió la habitación antes de detenerse en los labios ligeramente sonrientes de Ju-wan y luego en sus dedos largos. Sus palabras se volvieron lentas, como si estuviera rebuscando en sus recuerdos.

“Bueno... fue hace poco menos de 10 años. Un amigo de un amigo me dijo que había una especie de fiesta de intercambio (swapping party)”.

¿Una fiesta de intercambio hace unos 10 años...? Ju-wan se encogió ante un extraño presentimiento. Había mucha gente excitada, así que ese tipo de fiestas debían de ser comunes. Se-jun, malinterpretando la razón por la que Ju-wan se puso tenso, empezó a balbucear excusas sobre el pasado.

“En aquel entonces, bueno... pensé que al entrar a la universidad me la pasaría de fiesta en fiesta, pero por un extraño aguafiestas... Ah, esto ya se lo conté. Fui para cambiar de aires porque me acababan de dejar y estaba por los suelos. No tenía intención de hacer nada allí”.

Podría haber sido ridículo verlo actuar de forma tan humilde, pero resultaba extrañamente desgarrador. Kwon Ju-wan acarició los párpados irritados de Jin Se-jun para consolarlo.

“Yo ya he cometido errores. No voy a juzgarte precipitadamente, así que cuéntame”.

“... Fui allí, y como todo el mundo llevaba máscaras de animales, me puse una cualquiera que había por ahí. Los amigos que fueron conmigo fingiendo ser pareja se dispersaron en cuanto entramos, parece que también hacían tríos, así que no era obligatorio estar en pareja. Gracias a eso, me sentí libre”.

Una fiesta de intercambio con máscaras de animales, como un baile de máscaras. Ju-wan sintió un escalofrío recorriéndole la espalda, pero asintió con calma. Hasta ese punto, era una fiesta sexual de lo más común.

“Estaba caminando por curiosidad... cuando vi un pequeño vestíbulo frente a una habitación. Debajo de unas escaleras había una especie de mesa, y un hombre corpulento con máscara...”.

“... ¿Qué máscara?”.

“Era una máscara de perro negro. No sé la raza... pero no era de esas baratas de guardería, tenía mucha calidad, parecía un animal real”.

“... Una máscara de perro”.

“Pero ese hombre estaba llorando con una copa en la mano que ni siquiera había probado. Las lágrimas caían por debajo de la máscara y, al verlo tan melancólico en un lugar así, pensé: ‘Ah, a este tipo no le van estas fiestas, su pareja lo ha traído a fuerza’”.

Ju-wan se tambaleó un momento ante la sensación de vértigo. Se sentó en el borde de la cama intentando parecer natural mientras Se-jun recordaba el pasado con soltura. Probablemente, a partir de cierto punto de esa historia, Ju-wan lo sabía mejor que él.

Hace unos nueve años, Ahn Sae-ha se había llevado a Ju-wan a una fiesta sin decirle que era de intercambio. Incluso después de enterarse de que Sae-ha era uno de los organizadores, no se sintió decepcionado, era demasiado tarde para sentir traición por un prometido que ya le había hecho de todo.

Lloró porque, en aquel entonces, Ju-wan aún era joven y sentía lástima de sí mismo. Le daba asco estar sentado entre gente que solo buscaba intercambios sexuales, y se sentía patético por no haberse dado cuenta de qué tipo de fiesta era hasta que su prometido le sirvió una copa... o mejor dicho, hasta que él entró en la habitación de enfrente con otro Alfa. Quizás se puso sentimental por los efectos secundarios de los supresores que tomaba entonces.

Estaba llorando sin probar ni un sorbo del whisky que Sae-ha le había dejado. Por suerte, las habitaciones estaban bien insonorizadas y no se oían jadeos, pero el simple hecho de estar en un espacio manchado de feromonas le daba ganas de vomitar.

En ese momento decidió romper el compromiso, ya era una relación tóxica. Pensándolo bien, quizás Ju-wan también quería casarse con un Omega y fingir que era un Alfa normal. Su padre dejaba de mirarlo como a un monstruo cuando Sae-ha estaba cerca, así que había arrastrado esa relación sabiendo que no tenía futuro. Mientras tanto, Sae-ha se había destruido a sí mismo buscando atención...

Estaba debatiéndose entre quedarse sentado allí sintiéndose patético o irse a casa, cuando entre los olores densos y sucios, apareció una feromona fresca que no contenía rastro de lujuria. Ahora sabía que era aroma de azahar, pero en aquel entonces solo pensó que, aun siendo de un Alfa, era una fragancia que calmaba el corazón. Quizás fue porque aquel hombre lo percibió como un Beta y no fue arrogante con sus feromonas.

Un Alfa de cabello rasgoño con una máscara de ciervo dorado se acercó con curiosidad y se sentó de golpe frente a Ju-wan.

‘Hola, estás llorando’.

Ju-wan no recordaba cada palabra exacta, pero para él, tanto el Se-jun de entonces como el de ahora no tenían sombras de amargura. Recordándolo bien, aunque llevaba máscara, aquel joven Alfa era la personificación de la frescura. Alguien que no dudaba del futuro y cuyas preocupaciones eran simples relaciones interpersonales...

A pesar de que Ju-wan lo miraba sin responder, el chico no se acobardó ni se sintió incómodo.

‘Todo el mundo está que se muere de placer, ¿por qué tienes esa cara de funeral? Sabes que en un sitio así, actuar como si estuvieras en un velatorio te hace más atractivo. Pero no te preocupes, no tengo intención de intentar nada con un Beta que llora por estar lejos de su pareja’.

Aunque decía no tener intenciones, sus ojos brillaban con simpatía. ¿Qué pensó Ju-wan en aquel momento? Simplemente pensó que era muy joven. La diferencia de dos años a principios de los veinte se siente muy distinta que a los treinta. No sintió un vínculo de ‘forasteros’ por no participar en el sexo grupal, Ju-wan no podía participar, pero el chico era un Alfa atractivo al que todos querrían si él quisiera.

La máscara de ciervo mantuvo una actitud ligera, restándole importancia a las preocupaciones de Ju-wan. Tras continuar la plática, señaló la copa que Ju-wan sostenía sin descanso.

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‘No he bebido mucho alcohol fuerte así que no sé, ¿eso es whisky? ¿A qué sabe eso?’.

Por muy amigables que fueran sus feromonas, al ser un Alfa, era imposible que no resultaran molestas. Sin embargo, eso sirvió para que los nervios afilados de Ju-wan encontraran un pararrayos. La base del aroma de aquel Alfa desconocido calmó sus nervios. Ju-wan dejó de ensimismarse y le tendió la copa. Recordaba sus propias palabras a la perfección.

‘¿Quieres probarlo? Yo tampoco sé mucho de whiskys, pero sé que este es bastante bueno’.

‘¿Puedo bebérmelo? Yo no rechazo estas cosas. ¿Me lo has ofrecido de verdad?’.

‘No voy a cambiar de opinión, puedes beberlo’.

Para entonces, las lágrimas habían cesado y una sonrisa asomó en sus labios. Era la primera vez que conocía a alguien que profundizaba tanto en su espacio personal con una actitud tan transparente.

‘Entonces me lo beberé. Ojalá pudiera beberme también todas tus penas y preocupaciones’.

Ju-wan pensó que era alguien... encantador o quizás insolente. ¿En qué entorno habría crecido un Alfa así? Además, aunque lo viera como un Beta, la mayoría de los Alfas solían ponerse a la defensiva con Ju-wan, así que aquella actitud tan relajada fue refrescante.

Y había una razón por la que Ju-wan recordaba ese momento con tanta claridad.

“No debí haber bebido eso entonces”.

Se-jun se frotó la cara varias veces al llegar a la parte donde vació la copa.

“Creo que mis feromonas se volvieron así, que mi vida se arruinó, por culpa de eso. Hay demasiados desgraciados que juegan con la bebida, ¿verdad?”.

“........”.

“Como bien sabes, no se sabe mucho sobre las feromonas. Si me hubieran llevado a urgencias más recientemente, tal vez me habrían curado”.

Ju-wan escondió sus manos temblorosas en los bolsillos. Se-jun continuó frunciendo el ceño.

“Si pudiera volver al pasado, me golpearía la mano para romper esa copa. O simplemente no le dirigiría la palabra a ese llorón. ¡Ah! ¿No será culpa de ese tipo? No parecía que tuviera malas intenciones, pero...”.

Ju-wan no sabía que por haberle ofrecido una copa, la vida del hombre frente a él se había torcido. La frase ‘no le dirigiría la palabra a ese llorón’ resonaba una y otra vez en sus oídos.

Definitivamente, no traía nada bueno que Se-jun se involucrara con él...

‘Ju-wan, eres un monstruo’.

Los matices de la palabra ‘monstruo’ en coreano eran diferentes, si Se-jun lo oyera, pensaría que es una tontería. Fue solo una coincidencia, y si pedía perdón... Intentó consolarse, pero las palabras que Sae-ha le había susurrado durante tanto tiempo revivían sin cesar en su mente.

¿Y perdón? ¿No había dicho Se-jun que las disculpas de Ju-wan ya no valían nada? Por muy bueno que fuera Se-jun y por mucho que le costara resistirse a Ju-wan, ¿habría imaginado que había tantas cosas que perdonar? Podría perdonarlo por haberlo alejado, pero no por haber destruido su vida como el Alfa orgulloso que quería ser.

Ante el pesado silencio, Se-jun suspiró brevemente y añadió con voz más alegre.

“Arrepentirse no sirve de nada. En el hospital dijeron que fue por el estrés... bueno, es verdad que me estresé mucho cuando me dejaron entonces. Pero al intentar vivir mi vida normal, empezaron a surgir situaciones problemáticas. A mi familia no le afecta porque no huelen mis feromonas, pero fuera de casa, siempre...”.

En casos normales, cuanto más cercano es el parentesco, más difícil es percibir las feromonas entre familiares. Ju-wan era un caso especial cuyas feromonas afectaban incluso a su propia sangre antes de aprender a ocultarlas... Y Se-jun emitía feromonas de Omega en celo en cualquier situación.

“... Debe de haber sido difícil”.

“Fue un problema. Desde pequeño vi a mis tres hermanos mayores manifestarse como Alfas, así que pensé que yo también tendría una vida de Alfa normal. Mi sueño era conocer a un Omega guapo, tener hijos en una casa de ensueño y vivir felices, pero todo se estropeó”.

“Ah...”.

Mientras Ju-wan se consumía por dentro, Se-jun seguía hablando. Con un solo suspiro parecía haber borrado el rastro de sus lágrimas, mostrando un rostro despejado.

“Si es el destino, maldigo al destino mismo. No soy religioso. Si Dios existiera, habría ido a pegarle. ... ¿Eso sonó un poco inmaduro?”.

¿Qué pasaría si realmente se peleara con Dios y ganara?, pensó Ju-wan mientras Se-jun reía. Se notaba que no quería que el ambiente fuera pesado a pesar de estar contando su momento más desesperado. Eso avivó aún más la culpa de Ju-wan.

Aunque la frase ‘Carpe Diem’ es común para un tatuaje, solo había visto a una persona con ella en el costado del torso. La vio cuando le aflojó la ropa al chico de la máscara de ciervo que se desplomó nada más terminar la copa. Le quitó la máscara, pero no pudo verle bien la cara porque tuvo que entregarlo a los médicos. Al final, la persona que arruinó a Se-jun fue Ju-wan, pero tenía mucho que preguntarle a Ahn Sae-ha.

“Entonceeees...”.

Se-jun alargó la última sílaba. Era ese tono mimoso que usaba cuando bromeaba.

“Si te sientes mal por haberme llamado ‘fácil’, creo que podrías disculparte trayéndome un ramo de rosas...”.

“¿Un ramo de flores?”

Ju-wan lo miró extrañado.

Se-jun sostuvo su mirada tras desviarla un segundo.

“Pronto sera mi cumpleaños. Bueno, yo también pensé que usted era un fiestero. Estamos en paz”.

¿Es que el rencor era soluble en agua? Parecía que Se-jun había superado todo lo malo tras llorar a gusto. Era el momento de volver a enamorarse de él, pero la culpa de Ju-wan ya aplastaba todo su cuerpo y su mente. Hacer pasar por esto a alguien cuyo cumpleaños estaba cerca...

Se-jun agitó la manga de Ju-wan, que mantenía la vista clavada en el suelo.

“¿Quedan más razones para no salir juntos? Yo no me quedo embarazado y no me vuelvo loco con tus feromonas. Solo tienes que... no sé, no enojarte demasiado frente a un ‘Alfa’. E incluso si pasa, bueno, supongo que habría una razón”.

“........”.

“Pero mira, me he despertado perfectamente. ¿Qué pasó con Shin Woo-kyung? ¿Estará peor que yo? Sería una lástima que no fuera así”.

“... Se-jun, ¿por qué para ti todo es tan fácil? ¿Cuántas veces te has desmayado ya por mi culpa?”.

Ju-wan no sabía qué cara tenía en ese momento, pero al ver que la comisura de los labios de Se-jun se elevaba ligeramente, estaba seguro de que debía de ser una cara patética.

“Sinceramente”

La sonrisa de Se-jun se volvió un poco pícara.

“¿No se siente bien aplastar a un Alfa?”.

“¿Perdón...?”.

“Antes de que se me estropearan las feromonas, era casi mi pasatiempo. No es que me excitara sexualmente, pero me gustaba. Pero como a usted también le atraigo sexualmente, ¿no es matar dos pájaros de un tiro si salimos? Ya cerro su cuenta de ‘Beta’, así que ¿qué tal si me convierto en tu vía de escape?”.

“Se-jun...”.

¿Cómo podía decir esas cosas? Ju-wan se cubrió la cara y retrocedió unos pasos. Una de las razones por las que le gustaba Se-jun era precisamente esa forma de ser tan directa. Pero...

“... Siento que soy un monstruo que puede hacer desaparecer una ciudad con solo mover un brazo. Si te ves envuelto en eso, ¿qué se supone que debo hacer?”.

“No es para tanto. Ju-wan no tiene nada que hacer contra ‘Godzilla’, ¡Godzilla ganaría!”.

“Ha...”.

Ju-wan miró a Se-jun con ganas de reír y llorar a la vez, y notó que él se estaba mordiendo la uña del pulgar. Al obligarle a apartar la mano, Se-jun sonrió con timidez.

“... Me he puesto nervioso. Pensé que ya me había quitado esta manía”.

 

 

 

Continuará en el volumen 4...