Historia Extra 3: Cita en el Parque de Atracciones
Historia
Extra 3: Cita en el Parque de Atracciones
Un día, poco después de que Yoo-geon, Yoo-jun
y Ju-ha finalmente aceptaran sus sentimientos mutuos, recibieron una recompensa
inesperada: unas vacaciones de dos días y una noche que comenzarían en tres
días. Con el permiso del director, finalmente podrían cruzar los muros del
Centro.
Incluso después de empezar a salir, habían
estado tan encerrados que no habían tenido ni una sola cita. Querían que ese
día fuera especial y aprovechar cada segundo.
"¿Hyung, hay algún lugar al que quieras
ir?"
Preguntó Yoo-geon, mirando a Yoo-jun desde el
suelo mientras este descansaba en el sofá.
"Mmm... no lo sé. Dicen que solo sabe
divertirse quien ya lo ha hecho antes. Que me digan de pronto que salga a jugar
me deja un poco perdido."
Respondió Yoo-jun, rascándose la cabeza sin
que se le ocurriera nada concreto. Ju-ha, que los observaba en silencio, lo
pensó un momento antes de hablar con cautela.
"¿Qué tal algo clásico como un parque de
atracciones? Yoo-jun hyung, dijiste una vez que nunca habías ido."
Ante la sugerencia de Ju-ha, Yoo-jun asintió
con entusiasmo. Yoo-geon, quien bajo la estricta tutela de su padre solo había
aprendido las "virtudes" de un alfa dominante, tampoco había puesto
un pie en un lugar así. Al ver los ojos brillantes de Yoo-geon junto a Yoo-jun,
Ju-ha soltó una pequeña risa y levantó su teléfono.
"Entonces, decidido. Iré reservando las
entradas."
Yoo-jun y Yoo-geon, con rostros llenos de
ilusión, se quedaron mirando fijamente la pantalla del teléfono mientras Ju-ha
hacía la reserva.
El día de las vacaciones, Yoo-geon se despertó
antes del amanecer. Entró en la habitación de Ju-ha y empezó a sacudirlo para
que despertara.
"¡Oye, Seo Ju-ha! Levántate. ¿No vamos al
parque? ¿Eh?"
"¿Pero qué hora es...?"
Ju-ha tanteó su teléfono, miró la hora con el
ceño fruncido y empujó el rostro de Yoo-geon lejos de él. Se cubrió hasta la
cabeza con la manta y murmuró:
"Apenas son las seis de la mañana... me
levantaré a las ocho. No me toques hasta entonces. Si me despiertas antes,
olvídate del parque de atracciones."
Yoo-geon quiso replicar ante las duras
palabras de Ju-ha, pero no quería arruinar las vacaciones que tanto les había
costado conseguir. Podía ir solo a un parque si quisiera, pero lo importante no
era el lugar, sino ir los tres juntos.
Salió en silencio y se sentó en el sofá junto
a Yoo-jun, quien ya estaba vestido y listo, tan emocionado como él. Yoo-geon
apoyó la cabeza en el hombro de Yoo-jun y, sin darse cuenta, se quedó dormido
de nuevo.
"¡Cha Yoo-geon! ¡Yoo-jun hyung! ¿No se
van a levantar? ¿Ya no quieren ir?"
Al escuchar la voz de Ju-ha que parecía venir
de lejos, Yoo-geon parpadeó y, al recordar que estaba apoyado en Yoo-jun, se
levantó de un salto. Frente a él estaba Ju-ha, ya listo para salir. Yoo-jun,
por su parte, parecía estar en un sueño tan profundo que no reaccionaba a los
gritos.
"Tanto que molestaste temprano
despertando a la gente, ¿y ahora resulta que te volviste a dormir y no puedes
ni levantarte? ¿Hyung? ¿No vas a ir al parque? Despierta, vamos."
Ju-ha decía esto mientras intentaba mover a Yoo-jun.
Yoo-geon, viendo que Ju-ha no podía solo, lo apartó suavemente y cargó a
Yoo-jun con facilidad para sacarlo de la cama.
Durante el trayecto en coche, Yoo-jun durmió
todo el camino, pero se activó en cuanto llegaron. Al mostrar las entradas y
cruzar la puerta, los tres sonrieron de forma natural. Especialmente Yoo-jun y
Yoo-geon, que nunca habían estado en un lugar así, miraban a todas partes con
los ojos muy abiertos.
Ju-ha había sugerido el parque solo porque no
se le ocurría nada más, pero al verlos tan felices, se sintió satisfecho con su
elección. Tomó las manos de ambos y los guió hacia un enorme árbol decorativo
que se veía a lo lejos.
"No sabemos cuándo podremos volver, así
que tomémonos muchas fotos primero."
Yoo-jun y Yoo-geon asintieron y sonrieron con
ganas hacia la cámara del teléfono que Ju-ha sostenia en alto. Después de
recorrer varios puntos fotográficos, decidieron que era hora de buscar algo de
acción.
"¡Subamos a ese! ¡A ese!"
Exclamó Yoo-jun señalando con emoción una
atracción que parecía un tren de alta velocidad. Ju-ha asintió, pero el rostro
de Yoo-geon se puso rígido de inmediato. Aunque intentó disimularlo rápido,
Ju-ha ya lo había notado.
"Oye, Cha Yoo-geon... ¿no me digas que te
dan miedo las atracciones fuertes? Tienes un cuerpo enorme, pero parece que tu
valentía es del tamaño de un guisante."
Le susurró Ju-ha al oído, dándole un codazo en
las costillas mientras Yoo-jun no miraba. Picado por la burla de Ju-ha,
Yoo-geon respondió con bravuconería:
"¡¿A quién le dan miedo?! Me encantan
esas cosas."
"Mmm, ¿ah sí? Pues vamos ahora
mismo."
Ju-ha, queriendo molestar un poco más a quien
claramente estaba aterrado pero fingía ser fuerte, lo arrastró de la mano con
una sonrisa maliciosa. A medida que se acercaban y los gritos de la gente se
hacían más fuertes, Yoo-geon consideró seriamente confesar la verdad.
"Me alegra que te guste, Yoo-geon. Como
vinimos los tres, no quiero subir a nada que a alguno no le guste."
Dijo Yoo-jun con una sonrisa brillante,
mirando a Yoo-geon.
"Realmente siempre quise probar algo
así."
Al ver la ilusión en los ojos de Yoo-jun,
Yoo-geon se tragó su miedo. No podía arruinar las expectativas de Yoo-jun solo
por un poco de pánico. Apretó los dientes y le devolvió la sonrisa, aunque
Ju-ha notó que las comisuras de sus labios temblaban ligeramente.
Ju-ha estaba encantado. El todopoderoso Cha
Yoo-geon tenía una debilidad.
"Hoy es tu día", pensó Ju-ha.
Se apresuraron a ponerse en la fila antes de
que se hiciera más larga. Desde ese momento, la piel de Yoo-geon empezó a
palidecer. A medida que avanzaban, sus dedos se movían con nerviosismo, incapaz
de ocultar su ansiedad. Yoo-jun estaba demasiado distraído con la emoción como
para darse cuenta.
"Hyung no lo ha notado todavía, pero está
blanco como un papel",
pensó Ju-ha, empezando a preocuparse de verdad.
"Oye, te ves fatal. Dile a hyung que vas
al baño y espéranos abajo."
Le susurró Ju-ha discretamente. Yoo-geon dudó
por un segundo, pero decidió que subiría. No era solo terquedad; era su primera
cita real, y no quería arruinar este "primero" por su culpa.
"Olvídalo. Sería patético echarse atrás
ahora."
Respondió Yoo-geon recuperando su tono arisco,
incapaz de aceptar la amabilidad de Ju-ha de forma directa. Ju-ha, que ya
conocía de sobra su carácter, tomó la mano de Yoo-geon, que estaba temblando
levemente, y la apretó con fuerza. Cuando Yoo-geon lo miró sorprendido, Ju-ha
miró hacia otro lado y dijo con indiferencia:
"Es una cita. Al menos deberíamos ir de
la mano."
Ju-ha sabía perfectamente por qué le sujetaba
la mano, pero para no hacerlo sentir cohibido, entrelazó sus dedos con los de
Yoo-jun, que estaba al otro lado, y apretó con fuerza.
Yoo-jun, que hasta entonces solo tenía ojos
para las atracciones, abrió mucho los ojos sorprendido por el contacto. Ju-ha
le dedicó una sonrisa dulce y dijo:
"Es una cita, hyung. Vamos de la
mano."
"¡Claro, me encanta!"
A pesar de que sabían que estaban en una cita,
el hecho de ir tomados de la mano fuera del Centro les producía una sensación
de cosquilleo, una mezcla de timidez y emoción. Yoo-jun bajó la mirada hacia su
mano atrapada por la de Ju-ha y sonrió con ternura, apretando el agarre con la
esperanza de no soltarse nunca.
Aunque Ju-ha le daba apoyo moral y él mismo
había intentado mentalizarse, Yoo-geon sentía unas ganas locas de salir
corriendo ahora que estaba frente a frente con la máquina. Tomó aire
profundamente, mirando una vez más el rostro ilusionado de Yoo-jun para
intentar disipar el miedo. Siguiendo las instrucciones del empleado, se acomodó
en el asiento y comprobó la barra de seguridad una y otra vez.
En cuanto el empleado gritó con voz animada
"¡Salida!", el tren comenzó a moverse con un estruendo metálico. El
vehículo empezó a subir lentamente hacia las alturas. A medida que ganaban
elevación, el corazón de Yoo-geon latía tan fuerte que sentía que iba a
estallar.
"Fuuu... esto no es tan mal..."
Cuando la cabecera del tren llegó al punto más
alto, hubo un breve tramo llano. Yoo-geon, que esperaba caer al vacío de
inmediato, soltó un suspiro de alivio momentáneo.
En ese preciso instante, el tren se desplomó
sin previo aviso. Sintió que su cuerpo ignoraba la gravedad y flotaba hacia
arriba mientras caía a toda velocidad. Yoo-geon cerró los ojos con fuerza,
apretó la mandíbula olvidándose incluso de respirar y rezó para que el tiempo
pasara rápido. El tren lo sacudía de un lado a otro sin piedad.
'¡¿Cuándo... cuándo demonios va a terminar
esto?!'
Ya era difícil soportar la velocidad
vertiginosa, pero los ruidos de la estructura, que parecía que se iba a
desmoronar en cualquier momento, lo aterraban. Se aferró a los asideros,
soportando la ansiedad en soledad. Para algunos fue un tiempo corto, pero para
Yoo-geon se sintió como un milenio.
Al bajar del tren con el rostro completamente
pálido, Yoo-geon se tambaleó en cuanto sus pies tocaron tierra firme.
"¡Fue increíble! ¿Subimos otra vez?"
Yoo-geon, que apenas lograba bajar las
escaleras apoyado en Ju-ha, no oía nada. Todo le daba vueltas y sentía unas
náuseas insoportables. Al ver que no respondía, Yoo-jun se dio cuenta por fin
de que algo iba mal y su expresión de alegría se transformó en pura preocupación.
NO
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"Yoo-geon, ¿estás bien?"
"Yo... ba... baño... ¡ugh!"
Yoo-geon, que quería fingir que no pasaba nada
frente a Yoo-jun, no pudo contener la arcada. Se tapó la boca con la mano y
salió corriendo hacia el baño más cercano.
Tras pasar un buen rato encerrado, salió con
un color de cara un poco más recuperado. Aunque insistía en que ya estaba bien
y que debían ir a otra atracción, Ju-ha no pensaba dejarlo caminar en ese
estado. Lo obligó a sentarse en un banco y corrió a comprar botellas de agua
con hielo.
"¿Estás mejor? Bebe esto."
Ju-ha le puso una botella en la frente para
refrescarlo y le entregó la otra abierta. Yoo-geon se sentía culpable por haber
causado molestias, pero también agradecido por los cuidados de ambos. Mientras
bebía el agua fría y calmaba su estómago, se dedicó a observar a la gente que
pasaba.
"Por cierto, ¿no es hoy un día de semana?
Y además es por la mañana. ¿Esos chicos se han saltado las clases para venir a
jugar? Qué rebeldes."
Al oír a Yoo-geon, que probablemente era la
persona más rebelde de toda Corea, criticar a otros por lo mismo, Ju-ha no pudo
contener la risa. Se dobló de risa durante un buen rato antes de limpiarse una
lágrima del ojo.
"No creo que sean estudiantes. Son
personas que alquilan los uniformes escolares que prestan aquí."
Yoo-geon observó con atención. Tal como decía
Ju-ha, los uniformes no tenían el escudo de ninguna escuela real. Yoo-jun, que
tampoco sabía que se podían alquilar uniformes, miraba a la gente con
curiosidad.
"Pues parecen uniformes de verdad. Mira
ese, se parece mucho al que usabas tú en el instituto, Ju-ha."
Ju-ha asintió, reconociendo el parecido.
Yoo-geon, escuchando la conversación, recordó la época en la que su hermano iba
a clase. Aunque el recuerdo era borroso, recordaba que a Yoo-jun le sentaba muy
bien el uniforme.
'Me quedé con las ganas de verlo más... y
ahora también está Ju-ha.'
Había visto a Yoo-jun con el uniforme de
secundaria, pero se perdió la etapa de preparatoria. Y a Ju-ha solo lo conocía
con el uniforme del Centro o ropa casual. Verlos arreglados para una salida ya
era una novedad, pero esto...
"Mmm."
Yoo-geon miró a Ju-ha y preguntó:
"¿Dónde se alquilan esos?"
"¿Esos? Creo que en la entrada. Pero,
¿por qué?"
Ju-ha respondió sin pensar, pero al ver la
sonrisa de Yoo-geon, su rostro se desencajó por el horror.
"Tú... no estarás pensando...
¿verdad?"
Ju-ha esperaba un "no", pero
Yoo-geon simplemente arqueó las comisuras de los labios. Ju-ha negó con la
cabeza con firmeza, pero Yoo-geon ya había tomado una decisión. Agarró a Ju-ha
y a Yoo-jun de las manos y empezó a desandar el camino.
"¡Oye, Cha Yoo-geon! ¡¿Te has vuelto
loco?! ¡Hace siglos que nos graduamos, ¿cómo vamos a ir por ahí con uniforme?!
¡Yo no lo hago! ¡He dicho que no! ¡Suéltame!"
Ju-ha intentó zafarse, pero Yoo-geon era mucho
más fuerte.
"Oye, no sabemos cuándo volveremos.
Tenemos que hacer todo lo que se pueda hacer, ¿no crees?"
"¡Yo ya he venido antes, si quieres hazlo
tú con hyung!"
Ju-ha quería soltarle cuatro gritos bien
dados, pero había demasiada gente mirando y no podía montar un escándalo. Esperaba
que Yoo-jun, el más sensato, lo detuviera, pero parecía que a él también le
hacía ilusión la idea.
Al final, por no llamar la atención, Ju-ha
acabó arrastrado hasta la tienda de alquiler. Yoo-geon y Yoo-jun empezaron a
buscar emocionados los diseños que más les gustaban. Ju-ha, en cambio, se quedó
en un rincón, maldiciendo el momento en que sugirió ir al parque. Eso era algo
para chicos de veinte años recién graduados, no para alguien a mitad de sus
veintitantos.
"Ju-ha, ¿ya elegiste?"
Yoo-jun se acercó emocionado con un uniforme
en la mano. Ju-ha miró el traje de Yoo-jun, miró los estantes y soltó un
suspiro de resignación.
"Hyung, de verdad que no quiero. Me da
vergüenza. Por favor..."
Ante las palabras de Ju-ha, el rostro de
Yoo-jun se ensombreció de inmediato. Agachó la cabeza y luego lo miró de reojo
con una expresión de cachorro abandonado.
'...Hyung.'
Al ver esa expresión, Ju-ha sintió que se le
partía el corazón.
Ju-ha se sintió culpable por haber apagado el
entusiasmo de Yoo-jun con su terquedad. Él ya había estado allí varias veces,
pero para Yoo-geon y Yoo-jun era la primera vez. Aunque prometieran volver en
el futuro, nadie sabía cuándo llegaría ese "después".
Realmente odiaba la idea, pero por amor a
Yoo-jun, no había nada que no pudiera hacer. Ju-ha puso una mano sobre la
cabeza de Yoo-jun y despeinó suavemente su cabello.
"Me lo pondré. Me lo pondré, así que no
pongas esa cara."
Yoo-jun, que hace un momento parecía sumido en
la desesperación como si el mundo se acabara, recuperó el brillo en su rostro
al instante. Ju-ha lo miró con ternura, pero al dirigir la vista hacia los
uniformes, su expresión volvió a ser de desconcierto.
"Entonces, Ju-ha, ¿puedo elegir el tuyo
yo mismo?"
"¿Eh? Sí..."
Ju-ha respondió sin pensar ante la voz animada
de Yoo-jun.
'Bueno, mejor así...'
Pensó que dejarlo en sus manos era la mejor
opción. No importaba cuánto mirara algo que no quería ponerse, nada le iba a
gustar. Si tenía que vestirse así de todos modos, al menos quería ahorrarse el
estrés de elegir.
En cuanto Ju-ha aceptó, Yoo-jun recorrió la
tienda de un lado a otro, seleccionando desde los pantalones hasta la corbata
con una agilidad sorprendente. Parecía que no estaba buscando algo al azar,
sino que ya tenía el conjunto ideal en mente desde que vio a Ju-ha parado allí
con cara de pocos amigos.
En realidad, Yoo-jun no tenía intención de
ceder ante las protestas de Ju-ha. Había usado esa expresión triste como una
táctica para doblegar su voluntad, y Ju-ha había caído redondito en su trampa.
'...Mientras él sea feliz, supongo que está
bien.'
Aunque se dio cuenta del truco, no pensaba
retractarse. No quería transformar esa cara de felicidad en una de tristeza
otra vez. Yoo-jun le entregó el uniforme seleccionado y, al mismo tiempo,
Yoo-geon se acercó con el conjunto que él mismo había elegido.
"Vamos a los probadores a
cambiarnos", dijo Yoo-jun.
Ju-ha entró en un probador vacío. Colgó el
uniforme en la percha y, antes de desvestirse, soltó una risa amarga seguida de
un largo suspiro. Se sentía ridículo haciendo esto a su edad; temía que la
gente se burlara al verlo pasar.
Sin embargo, como era algo inevitable, se
quitó la ropa, la dobló con cuidado y comenzó a ponerse la camisa. Suspiró al
ponerse la camisa, suspiró al ponerse los pantalones. Repitió lo mismo hasta
anudarse la corbata. Antes de abrir la puerta, suspiró una vez más y se aseguró
de borrar cualquier rastro de disgusto de su rostro para no preocupar a
Yoo-jun.
Al salir, Yoo-jun y Yoo-geon ya lo estaban
esperando. Ju-ha los escaneó de arriba abajo.
Había pensado que unos hombres a mitad de sus
veintitantos se verían absurdos en uniforme escolar, pero Yoo-jun y Yoo-geon no
tenían ninguna pizca de incomodidad. Se veían tan naturales que podrían haber
colgado sus mochilas e ido a clases en ese mismo instante.
Al verlos parecer estudiantes reales, Ju-ha
imaginó por un momento cómo habría sido ir al instituto con ellos. Yoo-jun
sería el estudiante modelo, callado, que escucha a los profesores y cuida de
sus amigos. Yoo-geon, por otro lado, sería sin duda el líder de los rebeldes;
caprichoso, con mal carácter y capaz de someter por la fuerza incluso a sus
superiores si alguien se atrevía a contrariarlo.
Ju-ha soltó una carcajada involuntaria al
darse cuenta de lo mucho que encajaban en esas imágenes.
'Ellos se ven bien... el problema seré yo.'
No quería ver su propia imagen, convencido de
que se vería fuera de lugar, pero sería más vergonzoso andar con la ropa mal
puesta y llamar la atención. Se giró hacia el espejo de cuerpo entero que había
en la puerta del probador.
"Ju-ha, elegí uno parecido al que usabas
en la escuela, ¿qué te parece? ¿Te gusta?" preguntó Yoo-jun.
"Mmm... esto no es parecido, es idéntico
al uniforme de mi instituto."
A diferencia de lo que esperaba, su reflejo no
se veía extraño. En el espejo parecía estar el Ju-ha de sus días de
preparatoria. Sus dedos, que ajustaban la corbata con pulcritud, reflejaban
perfectamente su personalidad meticulosa.
Mientras Ju-ha se observaba y Yoo-jun sonreía
a su lado, los ojos de Yoo-geon estaban llenos de intenciones ocultas. Él no
tenía nostalgia por sus días escolares, y ya estaba harto de usar uniformes
militares en el Centro; la verdadera razón por la que insistió en esto era otra
muy distinta.
'Je, je... no puedo esperar.'
Yoo-geon se prometió a sí mismo portarse bien
y ser paciente hasta que el parque cerrara para poder cumplir su verdadero
deseo.
"Bien, ya me vestí como querías. Ahora
dime qué quieres hacer", dijo Ju-ha.
"Hagamos eso", respondió Yoo-geon
sin dudarlo un segundo, como si hubiera estado esperando la pregunta.
Yoo-geon señaló hacia una máquina de fotos
instantáneas (purikura) que había dentro de la tienda. Ju-ha no lograba
entender por qué Yoo-geon, que normalmente no era así, estaba tan lleno de
sentimientos de "chica adolescente" hoy. Podía aceptar que se tomaran
fotos con el móvil mientras caminaban, pero tres hombres adultos metiéndose en
una cabina estrecha vestidos de uniforme era demasiado.
"No."
Esta vez Ju-ha rechazó la idea tajantemente,
sin dejar margen de maniobra. Yoo-geon, que ya esperaba esa respuesta, intentó insistir
cruzando su mirada con la de Ju-ha, pero se quedó sin palabras al instante. La
mirada de Ju-ha decía claramente que, si seguía insistiendo, lo mataría allí
mismo.
Yoo-geon abandonó el plan de convencer a Ju-ha
y decidió atacar por el lado de Yoo-jun.
"¿Y tú, hyung? ¿No quieres que nos
tomemos una foto ahí?"
Yoo-jun lo pensó un momento y respondió que sí
quería. Ju-ha, sabiendo perfectamente que Yoo-geon estaba manipulando la
situación, lo fulminó con la mirada.
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"¿Por qué me miras así, Ju-ha? No fui yo,
fue hyung quien dijo que quería. Yo iba a aceptar tu opinión, pero si él quiere
hacerlo, tenemos que hacerlo, ¿no?"
A Ju-ha le irritaba esa actitud de "yo no
tengo la culpa", pero no podía negarle nada a Yoo-jun. Con el ceño
fruncido, siguió a Yoo-jun y se apretujó dentro de la estrecha cabina.
Aunque al principio se confundieron con los
controles, Yoo-jun y Yoo-geon posaron con grandes sonrisas. A su lado, Ju-ha
sonreía con torpeza, deseando que terminara pronto. Al salir las fotos
impresas, Yoo-geon y Yoo-jun se divirtieron mirando sus expresiones, mientras
que Ju-ha guardó la suya en el bolsillo de inmediato.
Eran cosas que no había hecho ni siquiera
cuando era estudiante. Si le preguntaran si se estaba divirtiendo, la respuesta
sería sí, porque estaba con sus amantes, pero se sentía extrañamente tímido y
fuera de lugar.
Yoo-geon, ya satisfecho con su uniforme,
empezó a planear la ruta por el parque. Ju-ha los observó en silencio y luego
miró a su alrededor. No hacía mucho calor, pero caminar bajo el sol sin sombra
le había dado sed.
"Voy a comprar algo de beber, esperen un
momento."
Aunque era un día de semana, el parque estaba
lo suficientemente lleno como para tener que hacer fila en cualquier puesto.
Mientras esperaba, una brisa suave despeinó su flequillo. Ju-ha se pasó la mano
por el cabello para apartar los mechones que le rozaban las cejas.
"Disculpe... ¿oppa?"
"¿Yo?"
Ju-ha seguía lidiando con su flequillo rebelde
cuando la voz de la chica lo sacó de sus pensamientos. Al ver que ella lo
miraba fijamente, Ju-ha se señaló a sí mismo con el dedo, preguntando con la
mirada si se refería a él. La joven, con las mejillas encendidas, asintió
tímidamente.
'Parece una estudiante, ¿por qué querría...?'
Ju-ha no era un experto calculando edades,
pero la chica frente a él no podía ser más que una colegiala. Probablemente se
había saltado las clases o su escuela tenía el día libre.
"¿Desea... algo?" preguntó Ju-ha con
vacilación.
Para no asustarla —ya que temía que su
expresión habitual fuera demasiado seria—, le dedicó una sonrisa algo forzada
pero amable. Sin embargo, la estudiante malinterpretó por completo la intención
de esa sonrisa: se puso roja como un tomate y se cubrió la cara con las manos.
"Esto... oppa, ¿has venido solo? ¿Quieres
venir a jugar con nosotras?"
Ju-ha levantó la vista y notó que, a pocos
metros, un grupo de dos o tres chicas lo observaban con expectación.
"No he venido solo..."
"¡Tus amigos también pueden venir! Por
favor, ven con nosotras, ¿sí?"
Antes de que Ju-ha pudiera procesar la
situación, la chica, interpretando su duda como una posibilidad, le agarró la
mano con ambas manos y tiró de él. Ju-ha sintió el impulso de reprenderla por
su falta de modales —era tan impulsiva como Yoo-geon—, pero suspiró
internamente pensando que solo era una niña que no sabía lo que hacía.
Con firmeza, retiró su mano.
"Creo que te confundes porque llevo este
uniforme, pero no quiero terminar en una comisaría por andar contigo, así que
vuelve con tus amigas y diviértete."
Ju-ha intentó ser lo más educado posible para
que se fuera sin resentimientos. Lo que no sabía era lo persistentes que podían
ser los jóvenes de hoy en día. Lejos de rendirse, los ojos de la chica
brillaron aún más.
"¡Oppa! ¿Eres adulto? ¡Pareces súper
joven! ¿Cuántos años tienes? No te estoy pidiendo nada raro, solo que pasemos
el rato juntos. Vamos, ¿sí?"
Ju-ha se quedó sin palabras ante la audacia de
la chica. Solo quería comprar una botella de agua y de repente se veía envuelto
en una situación molesta y absurda. Justo cuando estaba a punto de endurecer el
tono para quitársela de encima...
"Cariño, ¿qué haces aquí?"
Alguien rodeó su cintura con un brazo y
depositó un beso en su nuca. No hacía falta girarse para saber quién era capaz
de hacer algo así en público sin ninguna vergüenza: Yoo-geon.
"¿Ca... cariño?" balbuceó la
estudiante, atónita.
"Sí. ¿Tienes algún asunto con mi cariño?
¿O estabas intentando ligar con él?"
Yoo-geon besó la mejilla de Ju-ha con
ligereza, haciendo una demostración de posesividad absoluta. En cualquier otra
circunstancia, Ju-ha habría estallado, pero decidió que dejar que Yoo-geon
hiciera su teatro era la forma más rápida de deshacerse de la chica.
La estudiante, que jamás imaginó que Ju-ha
tuviera pareja —y mucho menos un "novio"—, se quedó lívida.
"Mi cariño es extremadamente exigente con
las caras. Mírame a mí. Tienes que ser al menos como yo para tener una
oportunidad. No pierdas el tiempo y vete a jugar, es una lástima desperdiciar
el día así. Adiós."
El rostro de la chica pasó del rojo al blanco,
y sus ojos se llenaron de lágrimas. Ju-ha supuso que no era por el rechazo en
sí, sino por la humillación de que Yoo-geon criticara su apariencia de forma
tan directa. Ju-ha empujó el rostro de Yoo-geon para apartarlo y, con ternura,
acarició la cabeza de la chica que intentaba ocultar su llanto.
"No le hagas caso. Es un idiota que habla
sin pensar. Eres muy linda tal como eres. Si yo no tuviera dueño y tú no fueras
estudiante, hasta me habrías convencido."
"¿De verdad?"
Ju-ha lo decía solo para consolarla, pero con
sinceridad. Sabía que las palabras descuidadas pueden herir a alguien durante
mucho tiempo y no quería que la chica se fuera con un trauma por culpa de
Yoo-geon.
"De verdad."
"¡Jeje! ¡Dijo que de verdad! ¡Espera un
segundo!"
La chica sacó un bolígrafo, tomó la mano de
Ju-ha y garabateó algo rápidamente. Luego, hizo el gesto de un teléfono con la
mano y le guiñó un ojo.
"¡Llámame si rompes con ese oppa! Estoy
en el último año de instituto. Me gradúo el año que viene, así que tienes que
llamarme. No cambiaré de número."
Ju-ha se quedó estupefacto mientras veía a la
chica correr hacia sus amigas agitando la mano.
"¡Ja! Maldita niña descarada. Oye, ¿qué
te escribió en la mano? ¿Eh?"
Yoo-geon le arrebató la mano y, al ver el
número y el nombre escritos en la palma, su expresión se volvió aterradora.
"¿A dónde se fue? ¡¿Cómo se atreve a
tirarle los trastos al novio de Cha Yoo-geon?!"
"Ya basta, quítate."
Ju-ha apartó a un Yoo-geon escandalizado, pagó
el agua y, ante sus ojos, usó una toallita húmeda para borrar el número hasta
que no quedó ni rastro.
"Solo tengo ojos para Yoo-jun hyung, y
lidiar contigo ya es más que suficiente. Sabes que no tengo interés en una
niña, ¿por qué te pones así? ¿Eres tonto?"
Aunque Ju-ha rara vez le decía cosas bonitas,
el hecho de que borrara el número de inmediato para calmarlo conmovió a
Yoo-geon. Este intentó atraerlo para besarlo, pero Ju-ha le tapó la boca con la
mano.
"Si sigues haciendo tonterías, volvemos
al Centro ahora mismo."
Ju-ha creía que estaba siendo amenazador, pero
su voz baja y firme tuvo un efecto muy distinto en Yoo-geon, aunque Ju-ha
parecía no darse cuenta. Yoo-geon decidió contenerse; no quería decepcionar a
Yoo-jun arruinando la tarde.
"Ju-ha, ¿por qué tardaste tanto? Te
estábamos esperando", dijo Yoo-jun cuando finalmente se reunieron.
"Seo Ju-ha estaba recibiendo el teléfono
de una colegiala. O mejor dicho, ¿se lo estabas pidiendo tú?".
"No le hagas caso a este idiota, hyung.
¿Ya decidiste a qué subiremos ahora?"
Preguntó Ju-ha rodeando los hombros de
Yoo-jun, mientras le hacía una señal silenciosa a Yoo-geon de: '¿Quieres
cerrar la boca?'.
Yoo-geon solo rió entre dientes, encontrando
adorable la reacción de Ju-ha. Siguieron el itinerario de Yoo-jun, subiendo a
atracciones y comiendo snacks hasta que finalmente almorzaron pasadas las dos
de la tarde. Durante la comida, Yoo-geon y Ju-ha se turnaron para darle bocados
a Yoo-jun mientras él seguía planeando qué más ver.
Cuando terminaron con casi todas las
atracciones del parque, el sol ya se había ocultado.
—En breve, comenzará el desfile más grande del
país.
El anuncio resonó por todo el parque. Por
deseo de Yoo-jun, se dirigieron a la plaza principal para conseguir un buen
lugar.
"¡Ah! Parece que va a empezar."
Mientras rememoraban las anécdotas del día,
una música alegre inundó cada rincón del parque, anunciando el inicio del
desfile. Ante los ojos llenos de expectación de los tres, aparecieron carrozas
adornadas con luces deslumbrantes y hadas que bailaban con entusiasmo.
"Guau, es realmente hermoso."
"Es cierto. Es agradable."
Ju-ha observaba a Yoo-geon y Yoo-jun,
cautivados por el espectáculo, y una sonrisa de satisfacción se dibujó en su
rostro. Aunque había venido al parque con amigos un par de veces, esta era su
primera vez en una cita. Todo le resultaba extraño, cursi y hasta vergonzoso,
pero se sentía feliz de estar con ellos.
Aunque el vínculo que los unía originalmente
era el de sus padres, ahora ellos no significaban nada en sus vidas. Ju-ha
deseaba seguir creando recuerdos preciosos con Yoo-jun y Yoo-geon, y esperaba
que su relación durara para siempre.
Cuando el desfile terminó, Ju-ha se puso de
pie y se sacudió los pantalones. Su plan era devolver los uniformes y regresar
a casa.
"Uf, estuvo divertido. Vámonos ya."
"Claro, vámonos."
Yoo-geon respondió con una sonrisa que
escondía algo sospechoso.
"Espera... ¿dónde estaba la tienda de
alquiler?"
Mezclados entre la multitud que se dirigía a
la salida, los tres se detuvieron un momento. Yoo-geon, vigilando la reacción
de Ju-ha, susurró al oído de Yoo-jun:
"Hyung, ¿hacemos algo divertido?"
"¿Algo divertido? ¿Qué?"
Yoo-jun escuchó la propuesta, lo pensó un
instante y asintió. Entre el gentío y la oscuridad de la noche, Ju-ha apenas
podía orientarse. Cuando finalmente divisó la tienda, se dispuso a caminar
hacia ella, pero antes de que pudiera dar un paso, Yoo-geon lo levantó en vilo
y se lo cargó al hombro.
"¡Aaaaaah! ¡¿Qué haces, Cha
Yoo-geon?!"
Sorprendido por el movimiento repentino, Ju-ha
gritó, atrayendo las miradas de todos los presentes. No sabía qué tramaba
Yoo-geon, pero estaba seguro de que sería algo descabellado.
'Ah... debería detenerlo, pero hay demasiada
gente...'
Quería reclamarle por la tontería, pero ya no
soportaba ser el centro de atención. Ju-ha pataleó intentando bajar, pero
Yoo-geon le propinó un fuerte azote en las nalgas que resonó claramente en sus
oídos.
'E-este loco...'
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Si él lo había escuchado así de claro, los
demás también. Esperaba que Yoo-jun lo detuviera, pero al verlo sonreír,
comprendió que ya eran cómplices. Ju-ha ya no quería que lo bajaran; solo
deseaba que lo llevaran pronto a un lugar sin gente.
Como si leyera su deseo, Yoo-geon lo metió en
el coche. Arrancó a toda prisa y, tras un corto trayecto, llegaron a un hotel
cercano al parque.
"¿Por qué estamos aquí...?"
"Nuestras vacaciones son de dos días y
una noche. Somos libres hasta mañana por la tarde, sería un desperdicio volver
al Centro tan pronto."
Ju-ha asintió, admitiendo que tenía razón, y
lo siguió a la habitación. Estaba exhausto tras caminar todo el día. Quiso
quitarse la ropa para ducharse, pero de repente se quedó helado.
"N-no los devolvimos. No podemos
quedarnos con esto puesto... ¿Q-qué vamos a hacer?"
Ju-ha tartamudeó por los nervios, mirando
alternativamente a Yoo-jun y Yoo-geon. A diferencia de él, Yoo-geon se limitó a
reír con naturalidad.
"No es que los hayamos robado a
propósito, no te asustes. Los devolvemos mañana. Además, tenemos que ir a
buscar nuestra ropa."
"¿De verdad estará bien?"
Ju-ha se relajó un poco ante sus palabras. No
tenía idea de que, al alquilar los uniformes, Yoo-geon ya había pagado una
fianza generosa avisando que los devolverían al día siguiente.
"Uf, me dejas más tranquilo."
Olvidado el asunto del uniforme, Ju-ha inspeccionó
la habitación. Era excelente para haber sido reservada de improviso: tenía una
gran vista y una cama amplia. Presionó el colchón con las manos.
"Vaya, ¿qué es esto?"
Era increíblemente suave, nada que ver con las
camas del Centro. Aunque ellos tenían mejores dormitorios que otros usuarios de
habilidades, la calidad de un hotel era otro nivel.
"¿Te gusta la cama?"
Yoo-geon, que planeaba revelar sus
intenciones, se paró detrás de Ju-ha.
"Sí, las camas de hotel son geniales.
Podremos dormir cómodamente."
Al oírlo, Yoo-geon apoyó la barbilla en el
hombro de Ju-ha mientras deslizaba una mano por su muslo hasta meterla bajo la
camisa.
"¡Ah...!"
La palma de Yoo-geon acarició lentamente su
piel. Aunque estaba un poco pegajosa por el sudor del día, a Yoo-geon le
pareció excitante.
"Oye, no me importa que lo hagamos, pero
quitémonos los uniformes primero."
Ju-ha esperaba que pasara esto al entrar los
tres al hotel, pero sentía que hacerlo con el uniforme puesto era algo que solo
haría un desvergonzado. Cuando Ju-ha intentó soltarse la corbata, Yoo-geon
detuvo su mano con urgencia.
"Espera."
"¿Eh?"
Le pareció extraño que lo detuviera. La mano
bajo su ropa lo estaba estimulando claramente, y sentía la dureza de Yoo-geon
contra su trasero.
"Tú, por qué..."
Ju-ha palideció al comprender la intención.
Empezó a forcejear para escapar de su abrazo.
"¡Oye, te lo digo en serio! ¡No lo haré!
¡No pienso hacerlo con el uniforme puesto!"
Yoo-jun, que estaba distraído mirando las
luces nocturnas por la ventana, se giró al oír el alboroto. Al ver el forcejeo,
se acercó rápidamente.
"¿Por qué lo hacen ustedes dos solos y me
dejan fuera?"
"¡Hyung, dile algo a Cha Yoo-geon!"
Aunque sabía que era inútil, Ju-ha se aferró a
él como a un clavo ardiendo. Yoo-jun, mirando a un Ju-ha desesperado, lo rodeó
por el cuello con una sonrisa encantadora.
"Ju-ha, en un día así, hay que hacer algo
especial."
"Pero esto es alquilado... ¡Mmph!"
Yoo-jun selló sus labios, silenciando sus
quejas. Ju-ha quiso apartarlo para protestar, pero la oleada de guiding
que fluyó a través del beso hizo que su cuerpo se encendiera. Un gemido nasal
escapó de sus labios y su cuerpo tembló bajo el contacto de Yoo-geon.
Al notar su excitación, Yoo-geon lamió y
succionó su cuello, dejando una marca violácea. Normalmente le habría arrancado
la camisa, pero hoy no pensaba desperdiciar el atuendo. Yoo-geon apretó y
retorció su pezón erecto con los dedos.
"¡Ah...! ¡Mmm!"
Ju-ha arqueó la espalda y soltó un gemido
agudo ante el fuerte estímulo.
"Ju-ha, ¿puedo liberar mis feromonas?"
Ju-ha intentó decir que no cuando escuchó esa
pregunta susurrada al oído con voz grave, pero su boca estaba sellada por el
beso de Yoo-jun.
Con Yoo-jun todavía revolviendo su interior de
forma caótica, Ju-ha ni siquiera podía sacudir la cabeza.
'Maldita sea, bastardo. Lo vas a soltar de
todos modos.'
No había ninguna razón real para que Yoo-geon
le preguntara a un beta como él si podía liberar sus feromonas. Si lo hacía,
era por una de dos razones: o era pura cortesía, o era una advertencia de que
él también tendría que lidiar con el frenesí de un alfa y un omega excitados.
Para Yoo-geon, preguntar era simplemente una
formalidad. El hecho de que preguntara significaba que ya estaba empezando a
liberarlas.
En cuanto las feromonas de Yoo-geon inundaron el
aire, un intenso aroma a menta golpeó a Yoo-jun. Ya encendido por el beso de
Ju-ha, el cuerpo de Yoo-jun reaccionó instantáneamente al aroma del alfa,
sintiendo cómo su parte inferior se tensaba con una dureza casi dolorosa.
Sin separar sus labios de los de Ju-ha,
Yoo-jun soltó su hebilla y liberó su pene. Luego, tomó la mano de Ju-ha y la
guió directamente hacia él.
A medida que el movimiento de Ju-ha se volvía
más rápido, los gemidos de Yoo-jun subían de tono y el líquido preseminal
comenzaba a humedecer la punta. Cuanto más errática se volvía la respiración de
Yoo-jun, más velocidad imprimía Ju-ha a su mano.
Yoo-geon, observando la escena, mordisqueó
ligeramente el lóbulo de Ju-ha mientras introducía sus dedos en su propia boca
para empaparlos de saliva. Luego, desabrochó la hebilla de Ju-ha, deslizó su
mano dentro de sus pantalones y empezó a frotar suavemente la entrada cerrada y
llena de pliegues.
"¡Ah! ¡Ha... mmm!"
Ju-ha sintió vívidamente cómo los dedos de
Yoo-geon empujaban hacia adentro, dilatando sus paredes. Era una sensación a la
que, por mucho que lo hiciera, nunca lograba acostumbrarse del todo, lo que lo
obligó a apretar involuntariamente el agarre sobre el pene de Yoo-jun.
Yoo-jun, que sentía que estaba a punto de
llegar al clímax, se frotó contra Ju-ha cuando este se detuvo por un segundo,
suplicando silenciosamente que continuara con el estímulo. Ju-ha quería
complacerlo, pero entre los dos dedos de Yoo-geon que se movían en tijera
dentro de él, apenas le quedaba cordura para concentrarse en Yoo-jun.
Incapaz de esperar más, Yoo-jun puso su mano
sobre la de Ju-ha y comenzó a masturbarse él mismo, usando el peso de Ju-ha
para intensificar la fricción.
Por detrás, Yoo-geon revolvía su interior; por
delante, Yoo-jun se masturbaba usando su mano. Ju-ha se había jurado que no lo
haría con el uniforme puesto, pero cada vez que estaba con ellos dos, sus
barreras morales parecían desmoronarse pedazo a pedazo.
Ju-ha soltó un gemido trémulo por el placer de
sentir sus paredes internas frotadas. Retomó el movimiento sobre Yoo-jun.
Sacudiéndose ante el tacto, Yoo-jun se aferró a la camisa de Ju-ha y, con un
gemido final, derramó su semen blanquecino.
"Haa... aquí. Ah... mételo, por
favor."
Jadeando tras la descarga, Yoo-jun se quitó
los pantalones y la ropa interior empapados de lubricante natural y se tumbó en
la cama, abriendo sus piernas por voluntad propia.
Ju-ha se quedó sin aliento ante esa imagen tan
carnal.
"Ah... no puedo."
Empujado por Yoo-geon desde atrás, Ju-ha
terminó sobre Yoo-jun. El deseo de hundirse en ese interior húmedo y acogedor
era casi insoportable, pero lo que lo hacía dudar en medio de esa situación
perfecta era el uniforme que ambos llevaban puesto.
A pesar de que el placer nublaba su mente, la
visión de la tela escolar le provocaba un respingo de culpabilidad. Sabía que
Yoo-jun no era un estudiante y que aquello no era un uniforme real, pero el
peso de la transgresión moral era más difícil de ignorar de lo que pensaba.
"Hyung, por favor, quitémonos esto
primero. Yo... no puedo así..."
"Ju-ha sunbae. No arruines el ambiente y
solo hazlo."
"¿Sun-sunbae? Tú... ¡ah!"
La palabra "sunbae" (superior)
saliendo de la boca de Yoo-geon dejó a Ju-ha en completo estado de shock. Antes
de que pudiera reclamarle por semejante tontería, Yoo-geon aprovechó para
bajarle los pantalones hasta las rodillas.
Y volvió a introducir sus dedos en la entrada
que ya estaba entreabierta por haberlos contenido antes. Ju-ha frunció el ceño
y gimió ante la sensación de ser invadido de nuevo, tragándose cualquier
protesta.
"Entonces, supongo que tendré que
llamarte 'hoobae' (junior escolar)."
"¡Ah...! ¡Ah! Hyung... tú también... por
qué... haaa... ¡mmm!"
Yoo-jun atrajo el cuello de Ju-ha hacia él,
silenciando sus quejas con otro beso profundo. Ju-ha tenía mucho que decir,
pero su cuerpo era débil ante el placer del guiding.
Pronto, su mente se nubló de nuevo. Mientras
Yoo-geon seguía trabajando su parte trasera, Ju-ha gemía sin descanso mientras
succionaba y mordisqueaba la lengua de Yoo-jun.
"Haa, haa... ¡Hyung!"
Ju-ha exploraba los labios de Yoo-jun con
frenesí hasta que los dedos de Yoo-geon frotaron su próstata. En ese momento,
soltó un jadeo agudo y apoyó la cabeza en el pecho de Yoo-jun, temblando
violentamente.
A Yoo-jun le pareció adorable verlo colapsar
de placer y besó suavemente su cabello con una sonrisa.
"Parece que el 'sunbae' tiene muchas
ganas de comerse mi pene, mira cómo se contrae ahí atrás. Normalmente no me
gusta usar esto, pero..."
Yoo-geon tomó el neceser que había dejado
sobre la cama. Tiró al suelo un preservativo que claramente no le quedaría bien
y sacó un sobre de lubricante. Lo abrió y vertió el contenido directamente en
la apertura dilatada de Ju-ha.
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Al contacto con el gel frío, que contrastaba
con su temperatura corporal elevada por la excitación, Ju-ha dio un respingo.
"Estaba frío, lo siento. Es la primera
vez que uso algo así."
Tras esa disculpa poco sincera, Yoo-geon
retiró sus dedos y liberó su pene, que había estado erecto desde que entraron.
Estaba congestionado, de un color púrpura oscuro, con las venas marcadas y
latiendo de forma violenta.
Sobreestimando el efecto del lubricante,
Yoo-geon no preparó más el interior y simplemente agarró las nalgas de Ju-ha
para abrirlas. Ju-ha, temblando por el gel frío, miró hacia atrás con ansiedad
al sentir la punta de Yoo-geon rozando su entrada.
"Oye, no estarás pensando... ¿verdad? El
gel no es una pócima mágica. No me has preparado suficiente... ¡Ah! ¡Aaah!"
Intentó corregir su error técnico, pero
Yoo-geon no tenía intención de escuchar. Yoo-jun, excitado por las feromonas
del alfa, liberó también las suyas. El aroma dulce inundó la habitación,
nublando el juicio de Ju-ha y llevando su deseo sexual al límite.
En ese momento, tanto Yoo-geon como Yoo-jun
estaban siendo dominados por el instinto más que por la razón.
"Ah... duele... ¡duele! Hyung... Ugh...
¡me duele!"
"Hoobae, no llores y ven aquí. Te daré guiding."
"Maldito... hijo de... ya verás...
¡ah!"
Ju-ha lloró cuando su entrada, que no estaba
lista, fue forzada a abrirse. Por mucho que se quejara, sus palabras no
llegaban a los oídos de un Yoo-geon ebrio de feromonas. Al no estar bien
dilatado, el pene no entró del todo al primer intento.
Yoo-geon retiró un poco la cadera y volvió a
embestir con fuerza, haciendo que el cuerpo de Ju-ha saltara. Ante el dolor de
sentir que se partía en dos, Ju-ha buscó desesperadamente los labios de
Yoo-jun. A través de la mucosa, el guiding de alta calidad fluyó hacia
el interior de Ju-ha, mitigando un poco el dolor.
"¿Por qué solo se besan? Si quieres
recibir guiding de verdad, hay que hacerlo así."
Yoo-geon se retiró por un momento. Al sentir
el vacío repentino, Ju-ha soltó un gemido bajo y tembló. Yoo-geon tomó el pene
de Ju-ha y empezó a estimularlo suavemente. Debido al dolor inicial, Ju-ha se
había ablandado un poco, pero bajo el tacto de Yoo-geon y los besos de Yoo-jun,
el dolor fue reemplazado por el placer y volvió a endurecerse rápidamente.
"Ah... ¡mmm! Ha... quita... quita tu
mano."
Ju-ha, que no quería ser ayudado por Yoo-geon
para la penetración, apartó su mano. Empujó los muslos de Yoo-jun hacia abajo y
alineó su propio pene con su entrada, frotándolo suavemente.
El instinto del omega, que desea ser llenado
cuando está excitado, había hecho que la entrada de Yoo-jun estuviera empapada
y lista. El cuerpo de un omega sabe cómo abrirse sin necesidad de mucha
preparación externa.
Ju-ha introdujo la punta lentamente en ese
interior que desbordaba lubricante. Aunque el placer de ser llenado por detrás
era intenso, como beta y hombre, Ju-ha se sentía más cómodo en el rol de
penetrar. Al entrar y sentir cómo las paredes internas de Yoo-jun lo abrazaban
y contraían con suavidad, Ju-ha echó la cabeza hacia atrás y soltó un largo
suspiro de placer.
"Haaa... ¡ah!"
Al aceptar a Ju-ha en su interior, Yoo-jun
también sucumbió al instinto de omega. Su cuerpo se arqueó al sentir cómo se
dilataba, dejando escapar un gemido pastoso y profundo. Ju-ha, tras hundirse
hasta la raíz, retiró la cadera para volver a embestir con fuerza, haciendo que
el cuerpo de Yoo-jun se sacudiera rítmicamente sobre el colchón.
Mientras recibía el placer, Yoo-jun alargó la
mano y sujetó con suavidad la corbata de Ju-ha, que bailaba frente a sus ojos.
Tiró de ella con firmeza hacia sí mismo. Ju-ha, que estaba absorto en el vaivén
frenético de sus caderas, lo miró con sorpresa al sentir el tirón en el cuello.
"Hoobae... aunque no seas virgen, por
favor, trátame con cariño."
Yoo-jun besó ligeramente la corbata de Ju-ha y
le dedicó una mirada maliciosa y cargada de picardía. Ju-ha, estupefacto, se
quedó parpadeando sin saber qué decir. Con el rostro encendido de pura
vergüenza, no sabía dónde meterse, y Yoo-jun, divertido por su reacción, tiró de
la corbata con más fuerza hasta tener su cara a escasos milímetros de la suya.
Envolvió el cuello de Ju-ha con sus brazos y lo arrastró a otro beso denso y
profundo.
Ante un Ju-ha paralizado por la confusión, fue
Yoo-jun quien empezó a mover las caderas suavemente para incitarlo. Sin
embargo, antes de que Ju-ha pudiera protestar o recuperar el aliento, Yoo-geon
intervino para echar más leña al fuego.
"De todos modos, Ju-ha sunbae tampoco es
virgen. Ya fue 'devorado' por Yoo-jun sunbae y por mí."
"N-no digas... ¡ah!"
Ju-ha quiso reclamarle por mencionar de forma
tan cruda el hecho de haberlo tomado por la fuerza en el pasado, pero el
sentimiento de ser llenado nuevamente por detrás le robó el aire, obligándolo a
soltar un gemido agónico.
"Qué rebeldes somos los tres. Venir a un
hotel con uniforme escolar...", comentó Yoo-geon con tono burlón.
"¡Ah! No... no digas esas cosas...
¡mmm!"
Ju-ha sentía que iba a perder la cabeza.
Yoo-geon no dejaba de recordarle lo que estaba haciendo mientras él mismo lo
penetraba y era penetrado por Yoo-jun. La culpa y el placer se mezclaban de una
forma insoportable. Intentó llevarse la mano a la corbata para deshacer el nudo
de una vez por todas, decidido a quitarse el uniforme, pero Yoo-geon fue más
rápido: le atrapó ambas manos y se las inmovilizó tras la espalda.
"¡Ah! ¡Suéltame! He dicho... que no
quiero... ¡ah!"
"No gastes energías en cosas sin
importancia y sigamos divirtiéndonos, Ju-ha sunbae."
"¡Haa! Maldita sea... deja de llamarme...
¡ah! ¡Sunbae!"
Con las manos atadas y siendo embestido sin
piedad, Ju-ha se vio obligado a mantener el torso erguido. El esfuerzo físico
era agotador; sin poder apoyarse en sus brazos, sus piernas empezaron a temblar
violentamente por el peso de la doble penetración.
"Si no quieres que te llame sunbae,
¿quieres ser mi hoobae? Entonces tendrás que llamarme 'Yoo-geon sunbaenim',
¿no?"
"Ni hablar... ¡ah!"
Yoo-geon, que siempre había sentido cierta
frustración por el lenguaje mordaz de Ju-ha, decidió que esta era la
oportunidad perfecta para corregirle los modales. Con determinación, detuvo las
embestidas salvajes y empezó a mover las caderas con una lentitud exasperante,
apenas rozando su interior.
"Ah... Ugh... ¿por qué...?"
Cada vez que Yoo-geon lo penetraba con fuerza,
su próstata era presionada y frotada, enviando oleadas de placer por toda su
columna. Dentro de Yoo-jun, Ju-ha ya había llegado al clímax un par de veces.
Su cuerpo, ahora acostumbrado a ese estímulo violento, no podía soportar esa
nueva lentitud. Yoo-geon solo jugaba con la punta, entrando y saliendo apenas,
haciendo que toda la atención de Ju-ha se centrara agónicamente en su entrada.
'Quiero que me embista con fuerza...'
Deseaba que volviera a revolver su interior
como antes, aunque se moría de vergüenza de solo pensarlo. Yoo-jun también
estaba empezando a impacientarse por la falta de ritmo, pero sabía que Yoo-geon
estaba jugando y decidió esperar, estimulándose a sí mismo mientras observaba
la escena.
"Hoobae, llama a este 'Yoo-geon sunbae'.
Si lo haces, te daré lo que quieres."
Ju-ha comprendió por fin la artimaña. Su
cuerpo ardía y su interior suplicaba por más, pero no quería ceder. No quería
disfrutar de este juego de rol tan inmoral.
"Vete a la... ¡ah! ¡Aaah!"
A pesar de haber dicho que no lo haría si no
obedecía, Yoo-geon volvió a embestir frenéticamente por puro capricho. Ju-ha,
desesperado por no perder el contacto, empezó a mover sus propias caderas para
recibirlo lo más profundo posible, olvidando cualquier rastro de dignidad.
Yoo-geon respondió dándole un fuerte azote en
la nalga.
"¡Ah! ¡Duele...!"
Entre el deseo contenido de eyacular y el
dolor del golpe, Ju-ha sintió que las lágrimas asomaban a sus ojos. Yoo-jun se
las secó con ternura. Siempre había pensado que Ju-ha se veía increíblemente
hermoso cuando era amado por ambos al mismo tiempo. Yoo-jun desabrochó un par
de botones de la camisa de Ju-ha y presionó con el pulgar uno de sus pezones
erectos.
"Hoobae no se porta bien y eso nos hace
sufrir a nosotros también. Vamos, obedece y sigamos con lo que se siente bien,
¿sí?"
Yoo-jun reforzó sus palabras contrayendo con
fuerza las paredes internas que rodeaban el pene de Ju-ha. Fue como beber una
gota de agua en medio del desierto; el estímulo era tan fuerte que Ju-ha no
pudo más. El guiding y el sexo lo habían dejado sin defensas.
"...bae."
"¿Eh? No te oigo", fingió Yoo-geon,
queriendo escucharlo con total claridad.
Ju-ha se mordió el labio, odiando su propia
debilidad, pero terminó por claudicar ante la necesidad de su cuerpo.
"Yoo-geon... sunbae."
"Dime, ¿qué pasa?"
Ju-ha abrió los ojos de par en par, indignado.
Pensaba que con solo decir la palabra, Yoo-geon lo complacería de inmediato.
"¡Dijiste... dijiste que lo harías si te
llamaba así!" reclamó Ju-ha con voz entrecortada.
Yoo-geon deslizó un dedo por su nuca y bajó
lentamente por su columna, provocándole un escalofrío. El cuerpo de Ju-ha, al
límite, reaccionó violentamente ante ese pequeño toque, y su pene volvió a
palpitar con fuerza dentro de Yoo-jun, quien soltó un pequeño quejido de
placer.
"Hoobae, tienes que llamar al sunbae y
decirle qué es lo que quieres que haga por ti. ¿No es así como funciona?"
Solo cuando Yoo-geon pronunció aquellas
palabras, Ju-ha comprendió que lo que el alfa realmente quería era escucharlo
pedir, por su propia boca, que lo poseyera con fuerza.
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Quería empujarlo y decirle que dejara de decir
estupideces, pero con las manos atadas y el cuerpo temblando por el placer,
sabía que era imposible escapar. Y lo más importante: deseaba ardientemente el
sexo de Yoo-geon.
Ju-ha se mordió el labio con fuerza, vaciló un
instante y finalmente abrió la boca.
“Yoo-geon… sunbae. Por favor, métela… métela
ya…”
“Bien hecho, hoobae.”
Yoo-geon depositó un beso ligero en la mejilla
de Ju-ha, retiró su cadera y luego se hundió en él con una embestida feroz.
Como él también estaba al límite de su paciencia, sujetó las manos de Ju-ha y
empezó a mover la cintura con un ritmo frenético.
“¡Ah! ¡Ugh! ¡Ah…! ¡Un poco… más despacio…!”
“¡Ahhh! ¡Ugh! ¡Me encanta… Ju-ha, Yoo-geon…
ah!”
Yoo-jun, finalmente invadido por completo,
perdió el sentido y gimió sin control, olvidándose incluso de seguir con el
juego del “hoobae”. Ju-ha también estaba fuera de sí ante la oleada de placer
que recorría su cuerpo. Cada vez que el pene de Yoo-geon lo atravesaba y
llenaba su vientre, su bajo abdomen sufría espasmos, y sentía que el semen se
filtraba continuamente dentro de Yoo-jun.
“¡Ah! Sunbae… Yoo-geon sunbae… ugh, me gusta…
¡ah!”
Parecía que la espera había valido la pena;
Ju-ha llamaba a Yoo-geon “sunbae” con naturalidad mientras contraía sus paredes
internas y gritaba de placer. Yoo-geon soltó las manos de Ju-ha y rodeó su
cintura con ambas manos. Aunque Ju-ha era robusto, su cintura era mucho más
delgada que la de un alfa como él. Sosteniendo esa cintura estrecha en
contraste con sus hombros anchos, continuó con las estocadas violentas.
Solo cuando sintió que había llenado el
interior de Ju-ha por completo, Yoo-geon se retiró. Ju-ha, tras haber soportado
a un alfa excitado por el fetiche del uniforme, colapsó agotado sobre el pecho
de Yoo-jun. Yoo-geon pensó en seguir con Yoo-jun después de Ju-ha, pero el
omega ya se había quedado profundamente dormido tras un día de emociones. Ju-ha
también cayó rendido poco después.
A pesar de estar al límite, Yoo-geon no era
tan desconsiderado como para forzar a alguien que ya dormía. Con cuidado,
apartó los mechones sudados de la frente de ambos y les quitó los uniformes que
Ju-ha tanto había querido sacarse.
“Gracias por nuestra primera cita. Estuvo
bien.”
Yoo-geon le apretó la nariz a un Ju-ha dormido
y besó suavemente la frente de Yoo-jun antes de acomodarse junto a ellos.
“¿Perdón?”
“La ropa se dañó y no podemos devolverla. Lo
siento mucho, pagaremos por ella.”
Cuando los clientes, ya vestidos con su ropa
normal, dijeron de repente que pagarían la compensación, la empleada los miró
con desconcierto. Los uniformes se veían perfectamente bien. Decir que estaban
“dañados” sin que se viera ninguna rotura era sospechoso.
Ante la reacción de la empleada, el rostro de
Ju-ha se puso rojo carmesí. Aunque Yoo-geon había lavado los uniformes, Ju-ha
no soportaba la idea de que otras personas usaran ropa que había sido testigo
de semejante escena. El hecho de que su propio semen hubiera manchado esas
telas lo hacía sentir que debía destruirlas.
La empleada observó al trío: uno que no podía
levantar la cara de la vergüenza, otro que se veía agotado, y un tercero que
sonreía de forma sospechosa por detrás. Al unir los puntos, la empleada llegó a
una conclusión inevitable. Su propio rostro se encendió y, sin más preguntas,
cobró el valor de los uniformes.
“Muchas gracias.”
“…Esto, disculpe.”
Ju-ha tomó su tarjeta e intentó salir rápido,
pero la empleada lo sujetó del brazo y le susurró algo al oído de forma
discreta. Ju-ha se quedó de piedra. Sin encontrar respuesta, salió casi
corriendo del local.
“Oye, ya que los pagamos, podemos llevarlos al
Centro y…”
“Cállate.”
Yoo-geon, que planeaba llevarse los uniformes
para jugar de nuevo, cerró la boca ante el tono gélido de Ju-ha. Ju-ha miraba
la bolsa mientras las palabras de la empleada resonaban en su cabeza: “Si
alguna vez necesitan otros estilos de uniforme, por favor, contáctenme”.
Sintiendo que todavía escuchaba su voz
burlona, Ju-ha apretó la bolsa con las manos temblorosas y la lanzó de un golpe
al cubo de basura más cercano.
“¡¿Quién demonios volvería a ponerse algo
así?!”
Ju-ha se sacudió las manos como si hubiera
tocado algo sucio y echó a caminar delante de ellos. Yoo-geon miró con
nostalgia la bolsa tirada, pensando que, la próxima vez, quizá podrían intentar
algo con disfraces diferentes.
“¡Yoo-geon, date prisa!”
“¡Hyung, Ju-ha, espérenme!”
Yoo-geon aceleró el paso para alcanzar a
Yoo-jun y Ju-ha, poniendo fin a sus accidentadas pero intensas vacaciones.
